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El calor extremo reduce la productividad laboral un 36%: mujeres y remunerados por hora, los más perjudicados

Un estudio pionero de investigadores del Instituto de Investigación en Economía, Sociedad Digital y Sostenibilidad (IEDIS) de la Universidad de Zaragoza cuantifica las caídas invisibles de rendimiento cuando el termómetro alcanza o supera los 37,8 °C
El trabajo “Extreme temperatures and non-work at work” analiza las actividades diarias realizadas por la población de EEUU entre los años 2003 y 2019 bajo estrés térmico
Las mujeres y los empleados remunerados por horas absorben el mayor impacto, en parte debido a las ocupaciones y flexibilidad laboral que caracterizan a ambos grupos
Los investigadores proponen jornadas flexibles, teletrabajo y mecanismos de refrigeración como herramientas macroeconómicas esenciales para proteger la economía y la salud
José Alberto Molina

(Zaragoza, miércoles, 8 de julio de 2026).  A medida que España encadena olas de calor cada vez más rigurosas, los efectos del clima extremo han dejado de limitarse a la salud pública y al sector agrícola. El calor sofocante ha invadido despachos, oficinas y fábricas, convirtiendo la jornada de trabajo en una lucha silenciosa contra el bochorno.

El reciente estudio científico (Extreme temperatures and non-work at work), publicado en la prestigiosa revista internacional Economics and Human Biology, cuantifica por primera vez una pérdida invisible de productividad: el tiempo que pasamos en nuestro puesto de trabajo, pero siendo incapaces de producir a causa del estrés térmico. La investigación ha sido desarrollada por los investigadores Ignacio Belloc, José Ignacio Giménez-Nadal y José Alberto Molina, miembros del Instituto de Investigación en Economía, Sociedad Digital y Sostenibilidad (IEDIS) de la Universidad de Zaragoza, expertos en Análisis económico, especializados en el análisis económico de la familia, la asignación del tiempo y el bienestar social.

El impacto en cifras: los minutos perdidos frente al calor
Para este estudio, los investigadores han utilizado datos de usos de tiempo procedentes de la Encuesta Americana de Uso de Tiempo (ATUS, por sus siglas en inglés) para el periodo comprendido entre los años 2003 y 2019. Esta encuesta recoge las actividades diarias realizadas por la población estadounidense durante las 24 horas del día, recogiendo también información sobre la localización donde se realizó la actividad, lo que permite definir el tiempo destinado a actividades no relacionadas con el trabajo mientras se está en el lugar de trabajo. Finalmente se analizan un total de 31035 observaciones correspondientes a trabajadores localizados en 402 condados para 5844 días distintos. 

La investigación demuestra que en los días en los que el termómetro alcanza o supera los 37,8 °C (100 °F), los trabajadores experimentan un incremento del 35,9% en el tiempo dedicado a actividades no laborales dentro de su puesto de trabajo, en comparación con los días de temperatura confortable. Este resultado es robusto a una gran cantidad de pruebas de sensibilidad. 

“Esto se traduce en minutos diarios adicionales por empleado en los que se está en el trabajo, pero sin producir, excluyendo las pausas reglamentarias para comer. Ese viaje extra a la máquina de agua, los instantes mirando la pantalla por fatiga mental o la necesidad de buscar alivio no demuestran falta de profesionalidad. Son, en realidad, una respuesta biológica inevitable: el cuerpo y la mente se detienen para protegerse del agotamiento, la deshidratación y la pérdida de concentración”, explican los autores del estudio. 

Brecha social y de género ante el termómetro
El aspecto más alarmante del estudio es que este impacto no se distribuye de manera uniforme, destapando una profunda brecha social y de género en el mercado laboral. El fenómeno se concentra de forma masiva en los trabajadores remunerados por horas, mientras que los empleados con salarios fijos mensuales apenas ven alterado su comportamiento. Quienes cobran por horas suelen estar atados al reloj y carecen de la autonomía o la flexibilidad temporal y espacial para trasladar su carga de trabajo a los momentos más frescos del día. De la misma manera, en los días de calor extremo, el estudio señala a las mujeres como las más afectadas, debido principalmente a una mayor precariedad en sus puestos de trabajo. 

Mecanismos subyacentes
El estudio aporta además dos matices sociológicos y geográficos clave:

  1. La falta de aclimatación técnica: El desplome del rendimiento en días calurosos es drásticamente mayor en regiones históricamente más frías o menos preparadas tecnológicamente, debido a la falta de infraestructuras de aire acondicionado adecuadas. 
  2. El factor económico: Esta bajada en el esfuerzo inducida por el clima se intensifica durante los periodos de expansión económica. Cuando el mercado laboral goza de buena salud, el trabajador siente un mayor "poder de negociación" implícito, lo que facilita que su cuerpo dicte las pausas necesarias para autorregularse. 

Soluciones urgentes de adaptación
"El cambio climático no solo vacía los campos o provoca bajas por enfermedad; distorsiona lo que ocurre minuto a minuto dentro de las empresas", advierten los investigadores. Obligar al presentismo presencial en entornos asfixiantes ya no es rentable económicamente. 

A fin de amortiguar dicho impacto económico, las conclusiones del estudio apelan directamente a la intervención de las organizaciones empresariales y los organismos reguladores. No se requiere una monitorización más estricta del personal, sino el diseño e implementación inmediata de estrategias de flexibilidad temporal y espacial

  • Adaptación de horarios: Implementación efectiva de la jornada intensiva de mañana durante el verano. 
  • Teletrabajo adaptativo: Fomento real del trabajo a distancia en los días de alerta roja para minimizar la exposición en las horas centrales y los desplazamientos. 
  • Inversión en infraestructura: Inversión obligatoria en sistemas eficientes de refrigeración y ventilación en naves, despachos y oficinas. 

“Proteger a los trabajadores del estrés térmico ya no es solo una cuestión de salud laboral básica; en la era del cambio climático, es una herramienta macroeconómica esencial para evitar pérdidas millonarias en el tejido productivo y sostener la economía del país”, concluyen los autores.  

El IEDIS es un centro de investigación de la Universidad de Zaragoza que propone llevar a cabo investigaciones sobre Economía, Sociedad Digital y Sostenibilidad y, de esta forma, proporcionar respuestas a estos desafíos globales de nuestro tiempo desde distintas perspectivas (económica, empresarial, jurídica, social, educativa, cultural…), todo ello con el propósito final de construir puentes entre la investigación académica, los responsables de las políticas y la sociedad.

Web del instituto: https://iedis.unizar.es/