23/6/2026

INVESTIGACIÓN Y TRANSFERENCIA

INVESTIGACIÓN

La primera ola de calor del verano evidencia la necesidad de adaptar ciudades y territorios al contexto climático actual

El fenómeno de la isla de calor urbana agrava la situación. En Zaragoza, más de un tercio de su población sufre incrementos significativos de temperatura durante el verano, especialmente en zonas del Centro y del Casco Histórico
Las olas de calor ya no pueden ser tratadas como episodios excepcionales. Constituyen un riesgo climático recurrente que exige planificación, anticipación y coordinación entre administraciones
El Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón (IUCA) insta a reforzar las políticas públicas ante un riesgo climático cada vez más relevante para la salud, las actividades económicas, la planificación urbana y en general la calidad de vida de la ciudadanía

Durante estos días, Aragón y buena parte de España están experimentando la primera ola de calor del verano de 2026. En el caso de Zaragoza, alcanzar los 40ºC ha sido históricamente un hecho excepcional, mientras que en las últimas dos décadas este umbral se observa con mayor frecuencia e incluso durante varios días consecutivos, con un número cada vez mayor de noches tropicales

“Este cambio no debe interpretarse como una anomalía aislada, sino como una señal coherente con la evolución reciente del clima y con las proyecciones disponibles para las próximas décadas”, señala Miguel Ángel Saz, coautor del recientemente publicado libro “El clima urbano de Zaragoza: la isla de calor” y subdirector del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón (IUCA), desde el que se apunta hacia la necesidad de fortalecer las estrategias de adaptación al contexto climático actual, en el que los episodios de temperaturas extremas tienden a ser más frecuentes, más prolongados y de mayor intensidad.

Las medidas de mitigación, especialmente las orientadas a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, siguen siendo imprescindibles. Sin embargo, la urgencia inmediata obliga a avanzar de forma decidida en estrategias de adaptación que reduzcan la exposición y la vulnerabilidad de la población ante estos eventos, especialmente en los espacios urbanos. 

En las ciudades, las olas de calor se ven agravadas por el fenómeno de la isla de calor urbana, es decir, por la acumulación de calor en áreas densamente construidas respecto a su entorno periurbano o rural. En Zaragoza, por ejemplo, más de un tercio de la población de Zaragoza sufre incrementos significativos de temperatura durante el verano, especialmente en zonas del distrito Centro y del Casco Histórico, donde la falta de vegetación y la elevada ocupación del suelo reducen el confort térmico. 

Esta acumulación de calor es especialmente importante durante la noche, cuando las temperaturas mínimas pueden mantenerse elevadas y dificultar la recuperación térmica de la población. En Zaragoza, las mediciones realizadas en distintos entornos urbanos muestran que, en determinados episodios, las temperaturas nocturnas en el interior de la ciudad pueden superar en varios grados celsius—hasta 7 ºC en invierno y 5 ºC en verano— los valores registrados en el observatorio de referencia de AEMET, situado en el Aeropuerto.

“Las olas de calor ya no pueden ser tratadas como episodios excepcionales. Constituyen un riesgo climático recurrente que exige planificación, anticipación y coordinación entre administraciones. Adaptar nuestras ciudades y territorios al nuevo contexto climático es una obligación ambiental, sanitaria y social”, destaca Saz. Especialmente, cuando estas condiciones impactan de forma desigual en las diferentes zonas de la ciudad, afectando con mayor intensidad a personas mayores y colectivos socialmente vulnerables, dificultando el descanso nocturno, la movilidad cotidiana o la salud física y mental, tal y como puso de manifiesto la exposición Zaragoza: mapa a mapa. Los efectos del clima en la ciudad y sus habitantes, impulsada por el IUCA el pasado mes de febrero en la Facultad de Filosofía y Letras. 

“Desde el IUCA consideramos necesario que la planificación urbana y territorial incorpore de forma transversal la realidad del cambio climático y, en particular, la creciente frecuencia e intensidad de los episodios de calor extremo”, señala Miguel Ángel Saz, quien defiende que “la adaptación no puede limitarse a recomendaciones individuales durante los días de mayor riesgo, sino que debe formar parte de las políticas de vivienda, urbanismo, movilidad, salud pública, educación, trabajo, servicios sociales y gestión de los espacios públicos.”

En este sentido, desde el grupo de investigación en Clima, Agua, Cambio Global y Sistemas Naturales, en el que se integran los autores del libro “El clima urbano de Zaragoza: la isla de calor” liderado por el catedrático de Análisis Geográfico Regional, José María Cuadrat, instan a las administraciones a avanzar en medidas como la mejora del confort térmico en edificios y equipamientos públicos, la revisión de determinadas actividades laborales al aire libre durante episodios de calor extremo, el aumento de zonas de sombra y vegetación, la reducción de superficies urbanas que acumulen calor, la identificación de población vulnerable y la incorporación sistemática de la climatología urbana en los proyectos de transformación de la ciudad.

Imágenes:

  1. Portada del libro “El clima urbano de Zaragoza: la isla de calor”, recientemente publicado. 
  2. Mapa de vulnerabilidad sociodemográfica y afección por isla de calor (temperatura máxima de verano) – Visor del Espacio de datos del Ayuntamieniento de Zaragoza. Proyecto USAGE (Cátedra Territorio, Sociedad y Visualización Geográfica UZ-Ayuntamiento de Zaragoza)
  3. Termómetro marcando 40ºC en Zaragoza. Imagen: Ayuntamiento de Zaragoza (web)

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