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Recordando a Mariano
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Ya han pasado casi dos años desde que Mariano nos dejó.

Mariano dedicó la mayor parte de su vida al Departamento de Química Física, y con dedicar quiero enfatizar que fue en cuerpo y alma. Se jubiló casi al final de su existencia pero aún siguió viniendo por la Facultad, tan apegado se sentía a ella, hasta que ya no le quedaron fuerzas para seguir caminando. Su dilatada vida académica había comenzado en 1963 cuando fue contratado como Profesor Ayudante recién terminados sus estudios de la Licenciatura en Ciencias Químicas. Sus primeros pasos como profesor los dio pues, en la antigua Facultad ubicada en la Plaza Paraíso y los buenos recuerdos que conservaba de aquel edificio y de aquella época me los contaría, muchos años más tarde, cuando acudimos juntos a algunos de los muchos actos oficiales celebrados allí. Su carrera académica prosiguió y culminó al alcanzar el puesto de Catedrático de Universidad en 1983. Autor principal de un centenar de artículos de investigación, ponencias en congresos científicos, investigador principal de proyectos de investigación nacionales, director de numerosas tesinas de licenciatura, de tesis doctorales….  su laboriosidad y virtuosismo experimental, su pulcritud en los tratamientos teóricos, su honradez científica son y serán siempre recordados en el Departamento de Química Física. Ocupó puestos de gestión, fue vicedecano, director de departamento y hemos de reconocerle también su trabajo en esa vertiente, su entrega, su eficacia y su autoridad moral. Pero para mí, la faceta académica más importante y destacada de Mariano fue su labor docente, en eso era especial, mimaba la docencia, no reparaba en ningún esfuerzo a la hora de preparar los temas, de leer de forma insaciable libros de texto, de preparar ejercicios, aplicaciones, etc. y, como no podía ser de otro modo, los alumnos estaban entregados a él. Recuerdo que uno de aquellos años en los que las huelgas eran frecuentes y largas, Mariano, preocupado por sus alumnos de segundo curso de Químicas, les escribió a mano unos apuntes de Termodinámica, soberbios, enormes, con los conceptos tan claros que reconozco fueron mi guía más apreciada cuando me correspondió impartir esa asignatura.

Como compañero de trabajo Mariano no tuvo rival, todo aquél que necesitó su ayuda, su consejo, su colaboración desinteresada, su apoyo, lo obtuvo con creces, actuó en cuantos tribunales de tesis y plazas le pidieron que estuviese, sin importarle afinidades u otras miserias humanas que a veces aparecen en la Universidad, y no solo eso sino que sacrificó muchas horas de su bien merecido descanso por revisar y corregir trabajos que otros defenderían.

Yo le conocí en 1974, fue mi profesor de Termo, y pronto noté que aquél era un profesor especial, se notaba que le gustaba la materia y la manejaba con soltura, hacía que lo complejo pareciese asequible, lo oscuro más claro, lo difícil sencillo. Tiempo más tarde cuando le traté en proximidad supe que su gran virtud era el trabajo, “es lo único que vale en la vida” me repitió muchas veces y a fe mía que cumplió su máxima a rajatabla. Cuando me incorporé al Departamento tuve la suerte de que Mariano fuese mi tutor y director de tesis, él me enseñó a trabajar experimentalmente, a aplicar modelos teóricos, vi como diseñaba y construía aparatos de medida prácticamente sin medios, con las uñas como él decía, en aquellos tiempos en los que en vez de repartir los recursos se repartía la ausencia de los mismos y el ingenio y el trabajo eran el único capital a nuestra disposición.

Con el tiempo llegamos a ser amigos y es una de las cosas de las que más orgulloso me siento, porque entonces además de admirarle como científico y docente extraordinario también le admiré como persona. Su integridad, su solidez moral, su independencia, su altruismo, su buen hacer estarán siempre presentes en el Departamento de Química Física.

Al  Profesor Dr. Mariano Gracia Torrecilla de su discípulo y amigo

Pascual Pérez Pérez