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La explosión del meteoro sobre la ciudad de Cheliabinsk (Rusia) provocó un pequeño terremoto en la Tierra a miles de kilómetros

La onda de choque que impactó contra el suelo, causando destrozos materiales y personales el pasado mes de febrero, originó vibraciones a más de 4.100 km de distancia

Álvaro González, investigador de la Universidad de Zaragoza, es coautor de la investigación sísmica que publica la revista científica Seismological Research Letters

(Zaragoza, miércoles, 20 de noviembre de 2013). La onda de choque del meteoro que explosionó el pasado mes de febrero sobre el cielo de la ciudad rusa de Chelyabinsk impactó contra el suelo y causó un pequeño terremoto. Las ondas sísmicas y vibraciones que se originaron se llegaron a registrar a más de 4.100 km de distancia, tal como se recoge en el estudio sísmico internacional que se publica en la revista científica Seismological Research Letters y en el que ha participado Álvaro González, investigador del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Zaragoza, junto a otros cuatro autores de Suiza, China, Italia y Alemania.

Los meteoros son pequeños cuerpos, de menor tamaño que los asteroides, que se encuentran en el espacio orbitando alrededor del sol y que al caer en la atmósfera terrestre se queman y se desintegran. La fuerza de roce que se produce entre las partículas que forman la atmósfera terrestre y la roca entrante genera calor haciendo a la roca quemarse y brillar por una fracción de segundos.

El meteoro de Cheliabinsk generó una potente onda de choque, causante de la rotura de ventanas y otros destrozos, que a su vez hirieron a miles de personas. La investigación sísmica de este meteoro muestra que, cuando esa onda de choque impactó contra el suelo, lo hizo vibrar a modo de un pequeño terremoto, tal como explica Álvaro González, que participó en esta investigación durante una estancia en el Centro Alemán de Ciencias de la Tierra (GFZ Deutsches GeoForschungsZentrum), en Potsdam, cerca de Berlín, patrocinada por Fundación Caja Madrid.

Ese temblor se propagó después por la superficie de la Tierra como ondas Rayleigh, que hacen oscilar la superficie de la Tierra de manera semejante a las olas causadas por el viento en la superficie del agua, pero son mucho más rápidas. Estas vibraciones viajaron a cerca de 4 kilómetros por segundo y llegaron a registrarse por sismómetros situados hasta distancias de más de 4.100 kilómetros desde el lugar de origen.

Este trabajo concluye que la principal onda de choque la causó la explosión final (terminal) del meteoro en la estratosfera, a 23 kilómetros de altitud. El temblor fue equivalente al de un terremoto de magnitud 3.6, comparable al causado por una explosión nuclear atmosférica. Esta es la segunda mayor sacudida sísmica jamás registrada causada por un meteoro, sólo superada por la de Tunguska (Siberia) del año 1908, que tuvo magnitud 5.

La altitud calculada explica que la onda de choque tardase al menos casi un minuto y medio en llegar al suelo. Así, los vídeos grabados en las proximidades de la explosión muestran ese desfase entre el momento de máximo brillo del meteoro y la llegada de la onda de choque. Estos cálculos son comparables a averiguar la distancia a una tormenta, teniendo en cuenta la diferencia de tiempo entre el rayo y su trueno correspondiente, sabiendo la velocidad a la que viaja el sonido en el aire.

Tales conclusiones concuerdan plenamente con las reconstrucciones de la trayectoria del meteoro y de su explosión final, publicadas recientemente en Nature y Science, y calculadas a partir de las observaciones directas del meteoro (testimonios, fotografías y vídeos). Por tanto, si un meteoro semejante cayese en el futuro sobre el mar o sobre un terreno deshabitado, sin ser observado directamente, sería posible localizarlo y caracterizarlo parcialmente a distancia usando sólo las ondas sísmicas.

 
Se adjunta mapa.Comparación entre el epicentro de la explosión y la trayectoria del meteoro. La estrella muestra el epicentro de la explosión terminal del meteoro, determinado a partir de las ondas sísmicas. La trayectoria del meteoro fue la indicada por la flecha. Al suroeste de Cheliabinsk el asteroide se desintegró explosivamente y el meteoro alcanzó su máximo brillo (traza más gruesa). Después se desvaneció (traza más fina). El fragmento de meteorito de mayor tamaño cayó en la superficie helada del lago Chebarkul.

 
Referencia: Sebastian Heimann, Álvaro González, Rongjiang Wang, Simone Cesca y Torsten Dahm (2013): Seismic characterization of the Chelyabinsk meteor’s terminal explosion. Seismological Research Letters, 84 (6), 1021−1025.

Un vídeo de la llegada de la onda de choque puede descargarse en:


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