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La práctica de ejercicio regular tiene un efecto similar al de los fármacos en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares

Nuria Garatechea, investigadora de la Universidad de Zaragoza, participa en una revisión científica que demuestra que la actividad física es una alternativa saludable y económica a las polipíldoras cardiacas

(Zaragoza, viernes 20 de septiembre de 2013). El ejercicio físico practicado regularmente es preventivo y terapéutico en enfermedades cardiovasculares y otras patologías y tiene un efecto similar al logrado con los tratamientos farmacológicos, con la ventaja añadida de su bajo coste y  sus efectos beneficiosos sobre el estado de salud de los pacientes. Es la principal conclusión de una revisión científica de más de 500 estudios recientemente publicada en la revista “Physiology” y en la que participa Nuria Garatachea, profesora de la Universidad de Zaragoza, y que está coordinada por el investigador de la Universidad Europea de Madrid Alejandro Lucía.

Mientras que las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el mundo, uno de cada tres adultos prácticamente no realiza ningún tipo de actividad física. Ante esto, cada vez se recurre más a las llamadas “polipíldoras”, fármacos que combinan diferentes medicinas en una sola cápsula, aunque según los autores de esta investigación, la prevención y tratamiento de estas enfermedades a través del ejercicio tienen beneficios y efectos similares, cuando no superiores, al obtenido con ellas.

El equipo de investigadores ha analizado los efectos preventivos y terapéuticos del ejercicio sobre la salud ante cualquier tipo de enfermedad cardiovascular o asociada a la misma y los ha comparado con los de la polipíldora cardiaca. Así, en el caso de la hipertensión, se ha demostrado que los efectos de ambos tratamientos son similares, aunque la actividad física permite, frente al uso de medicamentos, obtener un óptimo estado de salud y  mayor longevidad, mejorar el peso corporal y el tono muscular y asegurar una buena aptitud cardiorrespiratoria.

Asimismo, la práctica regular de ejercicio se asocia con la reducción de episodios trombóticos y de los niveles de triglicéridos, mientras que el ejercicio aeróbico reduce la presión arterial en personas sanas y con hipertensión más que un fármaco, aunque en la misma medida o ligeramente menos que con el uso de fármacos combinados.

Por otra parte, el trabajo ha revisado los estudios que asocian el ejercicio físico con los beneficios sobre la disfunción autonómica, y sobre la producción de mioquinas y su modulación de la inflamación y la regulación del metabolismo. Además, el ejercicio también estimula la migración de células angiogénicas circulantes y la liberación en la sangre de células madre mesenquimales. Además, la evidencia científica sugiere que la práctica intensa de ejercicio genera radicales libres que pueden producir adaptaciones como una mayor respuesta antioxidante del músculo.

Los expertos opinan que se debería invertir más en actividad física puesto que es más barata que los fármacos y ya han demostrado que tiene igual o incluso mayores beneficios que estos; de esta forma se tendría una población más saludable. Las recomendaciones actuales indican que es necesario realizar unos 30 minutos de actividad vigorosa al día, aunque los estudios más recientes apuntan a que el mínimo debería alcanzar los 450 minutos a la semana. También es importante la dosis-respuesta y para ellos debe estar bien diseñada y controlada por un profesional cualificado.



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