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Discurso del Rector de la Universidad de Zaragoza en la festividad de San Braulio

(Zaragoza, miércoles 27 de marzo de 2013). No quiero empezar mi intervención sin expresar en primer lugar y públicamente mi agradecimiento al esfuerzo realizado por la Consejera de Educación, Universidad, Cultura y Deporte para conseguir que de una forma no ligada directamente a la asignación presupuestaria dedicada a la Universidad de Zaragoza en las cuentas públicas de la Comunidad Autónoma para el 2013, haya gestionado la financiación restante necesaria para la finalización de las obras de la Facultad de Educación. Muchas gracias, Consejera, rogándole transmita este agradecimiento a la propia Presidenta del Gobierno de Aragón. Esperamos poder tener la obra finalizada a lo largo del próximo curso, obra con la que nuestros estudiantes se verán beneficiados en su ánimo y en la calidad de las enseñanzas por esta actuación, a la vez que con ello dispondremos del requisito material necesario para poder pensar en un inicio de la restauración de la Facultad de Filosofía y Letras. Siempre he visto en Vd. esta voluntad de responder a esta necesidad; lo reconozco, lo agradezco y sigo confiando en ella.

Quisiera dedicar el pensamiento central de esta intervención a unas reflexiones sobre el impacto de la crisis en el sistema universitario español, concretándolo en cuestiones muy actuales en esta casi mitad de la segunda década del siglo XXI.

Quiero empezar explicando el efecto negativo que la crisis tiene sobre nuestros jóvenes, que son el objetivo fundamental de una Universidad, y tanto más de una Universidad pública como ésta. La disminución de ingresos y el aumento del desempleo familiar, la disminución de ayudas al estudio, el aumento de las tasas de grado y muy particularmente las de postgrado, implican en su conjunto una dificultad de acceso a la Universidad. En este sentido, quiero agradecer también la comprensión de la Consejería en el no incremento de las tasas de grado en la Universidad de Zaragoza, lo que ha supuesto que se mantenga el incremento de nuestro nuevo ingreso que viene produciéndose en los últimos años. Sin embargo, el incremento de tasas de postgrado ha afectado y temo que seguirá afectando aún más a los estudios de postgrado.

Quizás alguien entienda como oportunidad que la disminución de la escolarización universitaria que puede traer consigo la crisis es beneficiosa. Yo mismo y el consejo de dirección que lidero discrepamos de que esto beneficie a la sociedad. Lo que sería una gran oportunidad social es que disminuyera el altísimo porcentaje de población que sólo tiene estudios secundarios obligatorios. En palabras más fáciles de entender, esta sociedad no necesita menos titulados universitarios, sino más formación profesional procedente de los estudios secundarios obligatorios. En mi opinión, la dificultad del acceso a la Universidad producido por la crisis tiene una incidencia social muy negativa.

Por otra parte, el desempleo juvenil, y en particular el que afecta a jóvenes con formación superior es, mi opinión, el problema social de mayor penetración temporal que se produce en esta crisis económica. Afecta a una generación que en absoluto está perdida porque tiene los mejores recursos de formación y la mejor reputación internacional que nunca ha habido. Estos hechos le ofrecen la mejor preparación para buscar nuevas oportunidades en España o fuera de ella. Pero aquellos que salen al extranjero, si en algún momento no pueden volver, serán una pérdida para este país que habrá prescindido de su capacidad generacional de impulso.

Y si esto que comento es importante en todos los ámbitos de la formación superior en el caso de los jóvenes investigadores, o de investigadores senior que pretenden volver a nuestro país pero que no encuentran recursos para su incorporación adquiere una dimensión de gravedad estructural muy importante. Me alegro con los éxitos que tiene nuestro fútbol internacional tanto de clubs como de selección, pero me pregunto si un país que logra este éxito internacional en el fútbol no podría conseguirlo en algo tan prestigioso y rentable para la sociedad como es la investigación.

El segundo aspecto que quisiera tocar es el efecto que produce la crisis sobre la investigación y la innovación. El efecto que produce sobre los investigadores jóvenes lo he comentado anteriormente, pero quisiera decir que la permanente caída en financiación de gasto corriente y en inversiones, así como en la dificultad de su gestión derivada de la complejidad añadida, entiendo que con fines de ahorro y recaudación, supone una dificultad que no sólo afecta al presente sino que puede afectar irreversiblemente al futuro. Este déficit de financiación es aún más difícil de entender cuando afecta a cuestión de innovación tecnológica directamente ligada al cambio de modelo productivo que todos queremos.

En este caso quisiera agradecer particularmente la voluntad manifestada por la Consejería de Industria e Innovación al apoyar acciones concretas que han permitido spin-off universitarias innovadoras y de prometedores beneficios así como el interés mostrado que puede hacer posible la construcción de los próximos Institutos Universitarios Mixtos con el CSIC.

En tercer lugar, quiero añadir varios comentarios sobre el efecto de la crisis en la autonomía universitaria. Debo explicar que es una singularidad de su institución ligada a su naturaleza, fuertemente vinculada a que la investigación y la docencia en la enseñanza superior exigen unas especificidades que son difíciles de organizar y sostener sin un conocimiento muy específico de ella. Permítanme decir en contra de lo que pueda pensarse, que la Universidad española es calificada en Europa como un sistema universitario con déficit de autonomía de gestión. Pero la autonomía universitaria no es ni aislamiento ni corporativismo ni mucho menos un privilegio institucional. La actuación de la Universidad debe estar sometida a las mismas normas de rendición de cuentas que cualquier otra organización. En el caso español debe hacerlo a las administraciones autonómicas y a sus representantes legítimos del pueblo, rendición de cuentas a los órganos contables del Estado, rendición de cuentas a las evaluaciones docentes, a las evaluaciones de investigación y a cualquier fórmula que se le exija para dar cuentas de su rendimiento, su eficiencia, su calidad o el servicio que presta.

La autonomía universitaria implica responsabilidad y transparencia social en esta rendición de cuentas. Esta Universidad de Zaragoza tiene plena conciencia de ello y actuará siempre con honradez y transparencia al servicio social que debe. No somos perfectos, pero sí queremos responder con honradez a nuestras obligaciones.

Sin embargo, la reactivación de los procesos de rendición de cuentas, lentamente ejercidos durante los años anteriores a la crisis, tiene ventajas claras producidas por ésta. En dos años hemos visto los informes del Tribunas de Cuentas de 2006, 2007, 2008, 2009, 2010 y empieza a realizarse el del 2011. La eficiencia de estas auditorías contables anuales aumentará cuando se acompasen debidamente a lo largo del tiempo. Por otro lado, esta Universidad lleva ya años solicitando su presencia para dar cuentas en las Cortes de Aragón de su gestión, y yo como Rector me pongo a disposición de las mismas cuantas veces sea necesario. Transparencia y rendición de cuentas van juntas; nosotros creemos en ellas como instrumento necesario y complementario a la autonomía de gestión, pero pedimos que ésta se comprenda y se nos facilite.

En este sentido, permítame Sra. Consejera que le diga que esa voluntad mostrada nos permite confiar en que podamos tener en un futuro corto, como se ha aprobado en Las Cortes en la Ley de Presupuestos de la Comunidad Autónoma, el inicio de una vía para establecer una financiación previsible, estable y suficiente de la Universidad de Zaragoza para que ésta dentro del necesario marco de austeridad que vivimos, pueda responder con perspectiva, con programación a sus obligaciones marcadas en nuestro marco legislativo y en el ADN de la naturaleza de la institución.

El acuerdo de financiación aprobado por el Gobierno de Aragón, aunque no ejecutado en sus previsiones presupuestarias, obliga a la creación de una Comisión de Seguimiento entre Gobierno y Universidad. Creo que éste sería un marco obligado y muy conveniente de crear una línea de diálogo y de acuerdo que marcara un horizonte para ambos en una cuestión tan fundamental como es la universidad, en todas sus vertientes. Estoy seguro que cuento con su trabajo en esta materia.

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