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El investigador aragonés Carlos Pobes considera que ha participado en un capítulo de la historia de la ciencia tras pasar un año en la Antártida

El físico natural de Gallur regresa a la Universidad de Zaragoza tras su experiencia al control del IceCube, un detector de neutrinos instalado en la base Amundsen-Scott

El científico califica el panorama de la ciencia en España de “bastante desalentador”

(Zaragoza, miércoles, 20 de marzo de 2013). Acaba de volver de pasar un año aislado en la Antártida cuidando de IceCube, un telescopio de neutrinos que estudia el Universo a partir de las señales de esta misteriosa partícula “fantasma”. El físico Carlos Pobes, natural de Gallur, regresa a la Universidad de Zaragoza, cargado de experiencias inolvidables y destaca la importancia de participar en este tipo de colaboraciones científicas internacionales.
 
No obstante, el científico, que se ha formado y trabajado en el Grupo de Investigación de Física Nuclear y Astropartículas (GIFNA), que coordina José Ángel Villar, director adjunto del Laboratorio Subterráneo de Canfranc, ve el panorama de la ciencia en España “bastante desalentador”.
 
Carlos Pobes (1976) ha pasado 379 días en la Antártida, con temperaturas que llegaron a -76º centígrados y en completa oscuridad durante meses. En ese tiempo, ha sido el tercer español en pasar el invierno antártico en la base Amundsen-Scott, lo que se llama “winter-over”, el primero operando el experimento IceCube. Regresó a España a principios de año y reconoce que le cuesta un poco adaptarse. “Tienes que volver a hacer papeleos y trámites, o cosas como hacer la compra o aparcar el coche, de las que no te tienes que preocupar en el Polo. Por lo demás la vuelta ha sido normal, es todo tan familiar que es como si no me hubiese ido”.
 
De su experiencia en la Antártida destaca los buenos recuerdos sobre los malos: “La belleza de la noche polar, el club de los 300 (una forma de celebrar la llegada a los -73ºC consistente en meterse un buen rato en la sauna y salir luego al exterior desnudo hasta tocar la marca del Polo Sur), los paseos y carreras por la nieve, algunas celebraciones y momentos de complicidad con los compañeros. Momentos malos, algunas alarmas en mitad de la noche, incidencias con el detector o algunos problemas de sueño en el invierno”.
 
Para pasar estas largas noches de invierno, Pobes contaba con el aliento de los numerosos seguidores de su blog “El día más largo de mi vida”, una mezcla de diario personal y página web de divulgación científica por el que recibió un accésit en la tercera edición de los premios de divulgación del Centro Nacional de Física de Partículas, Astropartículas y Nuclear (CPAN). Ahora no descuida esta labor de divulgación, y desde su regreso ha impartido numerosas conferencias por todo Aragón llegando a un millar de estudiantes.
 
Una de las preguntas que le suelen hacer en estas charlas es cómo era un día típico en la base. Pobes reconoce que allí, como aquí, “hay que intentar llevar una rutina”. Horarios de desayuno, comida y cena, tareas programadas de mantenimiento del telescopio, ocio (películas, gimnasio o partidos en una pista de baloncesto, por ejemplo)… “A nivel personal ha sido una experiencia intensa”, asegura. “He aprendido a no preocuparme demasiado por lo que está por venir. A veces vivimos atenazados por el miedo a fallar o al fracaso. Los problemas son algo objetivo, pero cómo reaccionamos no, depende de nosotros. Te da mucho tiempo para pensar y para conocerte un poco mejor”.
 
En el plano científico, Pobes destaca la experiencia de participar en un experimento internacional como IceCube, con 38 instituciones de 10 países y más de 200 científicos involucrados. “Yo venía de colaboraciones más pequeñas y no tenía experiencia en telescopios de neutrinos ni astrofísica de alta energía. Ha sido muy interesante participar en esta colaboración, aprender cómo funcionan este tipo de experimentos y la física y el hardware que hay detrás”.
 
Para Carlos Pobes, estos proyectos son imprescindibles. En su opinión, no hay otra alternativa para detectar neutrinos ultra-energéticos (el objetivo de IceCube), al igual que se necesita el LHC para producir bosones de Higgs. Desde el punto de vista de la gestión, estas colaboraciones internacionales “necesitan una estructura mucho más organizada que experimentos más pequeños, por lo que ciertas decisiones no son sencillas de tomar. Como investigador no tienes tanta libertad para publicar, pero eso mismo hace que cada análisis se debata entre más gente y se aprende mucho. En ocasiones se discuten artículos que sabes que van a tener un gran impacto, por lo que no puedes evitar sentir que un capítulo muy importante de la historia de la ciencia se está escribiendo ante tus ojos”, concluye. 
 
 
Se adjunta fotografía. Imagen de Carlos Pobes en la base Amundsen-Scott.

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