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El Premio Nobel de Física, el profesor Douglas Osheroff, impartirá mañana a las 12.30 una conferencia en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias

La sesión se centrará sobre la vida y obra científica de otro premio Nobel, Richard Feynman, uno de los últimos mitos de la Física del siglo XX

El rector, la decana de Ciencias y el director del ICMA acompañarán al prestigioso científico en este acto, organizado por el Instituto de Ciencia de Materiales de Aragón

(Zaragoza, martes, 5 de febrero de 2013). El Premio Nobel de Física, el profesor Douglas Osheroff, impartirá una conferencia mañana, a las 12.30 en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza. En este acto, organizado por el Instituto de Ciencia de Materiales de Aragón (ICMA), el profesor Osheroff analizará la figura de otro Nobel, el célebre físico Richard Feynman, y sus importantes contribuciones a la Física que, en ocasiones, quedaron desapercibidas frente a su impactante personalidad y su peculiar carácter.
En esta conferencia, el ponente intentará trazar la vida de Feynman, desde su paso por el MIT como estudiante hasta su muerte debida a un cáncer de estómago en 1988. Sus contribuciones a la ciencia incluyen su propia versión de la Electrodinámica Cuántica, por la cual compartió el Premio Nobel en 1965, y su desarrollo de un tercer formalismo de la Mecánica Cuántica basado en el principio de mínima acción (el formalismo de la integral de camino que complementa los formalismos de Schrödinger y Dirac).
 
El rector de la Universidad de Zaragoza, Manuel López Pérez, la decana de la Facultad de Ciencias, Ana Isabel Elduque, y el director del ICMA, Javier Campo, acompañarán al Premio Nobel en su conferencia. D.Osheroff mantendrá una sesión de trabajo con los directivos del ICMA, en la que, además de visitar los laboratorios, se le expondrá las líneas de investigación que desarrolla este Instituto Mixto de Investigación de la Universidad de Zaragoza y del CSIC.
 
El profesor Douglas Osheroff, que desde 1987 es Profesor de Física en la Universidad de Stanford, es en la actualidad miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y compartió el Premio Nobel de Física en 1996 por el descubrimiento de la superfluidez del Helio-3 cuando hacía su tesis doctoral en la Universidad de Cornell.
 
Este hallazgo, sin embargo, fue fortuito. En Noviembre de 1971, Douglas Osheroff, estudiante de doctorado de la Universidad de Cornell (Estados Unidos), quería estudiar el magnetismo del Helio-3, un isótopo del Helio que, a diferencia del normal o Helio-4, tiene sólo un neutrón en el núcleo. Esa pequeña diferencia le confiere interés como detector en sistemas de seguridad nuclear, agente de contraste en resonancia magnética y como refrigerante para alcanzar regiones cercanas al cero absoluto (273,15ºC bajo cero). Desgraciadamente, es enormemente escaso.
 
Osheroff obtenía Helio-3 sólido a partir del líquido comprimiéndolo en una cámara cerrada, lo que además le permitía enfriarlo hasta temperaturas de tan solo una milésima de grado sobre el cero absoluto. Douglas observó en efecto que algo cambiaba en el Helio-3. Sin embargo, ese algo no era el magnetismo del sólido que andaban buscando, sino la formación de un nuevo estado superfluído en el líquido que quedaba en la cámara. Este fenómeno recuerda mucho a la superconductividad, en el que los electrones, que tampoco son bosones por separado, forman también parejas. El estudio del Helio-3 ha permitido, de hecho, testear modelos teóricos sobre diferentes interacciones que pueden dar lugar a la superconductividad de alta temperatura crítica, descubierta en 1986 y cuyo origen aún permanece oscuro. Douglas Osheroff tuvo que cambiar su tema de tesis pero, a cambio, descubrió un nuevo fenómeno que ilustra cómo pequeñas diferencias en el mundo microscópico pueden dar lugar a enormes efectos en el mundo real. En 1996, la academia sueca le concedió el premio Nobel de Física por este descubrimiento, junto a sus directores de tesis, David Lee y Robert Richardson.
 
El ICMA, a la vanguardia de la física de bajas temperaturas
El profesor Douglas Osheroff visitará mañana el Instituto de Ciencia de Materiales de Aragón (ICMA), instituto mixto de la Universidad de Zaragoza y del CSIC, por ser pionero en el desarrollo de la Física de Bajas Temperaturas en España.
En los años setenta se consolidó en Zaragoza el primer grupo de una Universidad española dedicado a la investigación de la materia a muy bajas temperaturas. Un hito sobresaliente que permitió comenzar esta línea de trabajo y que ha seguido hasta el presente fue la capacidad de producir Helio líquido en las instalaciones de la Facultad de Ciencias mediante un licuador de Helio obsequiado por la Universidad de Hoboken, EEUU en el año 1971.
Tanto el Laboratorio de Física del Estado Sólido a Bajas Temperaturas de la Facultad de Ciencias de Zaragoza como, desde su creación en 1986, el ICMA, han aportado resultados notables en superconductividad, magnetismo y dinámica molecular. Una actividad no menor ha sido la colaboración con otros laboratorios españoles para extender la utilización de estas técnicas.
Desde 1981, el ICMA dispone de la capacidad de alcanzar temperaturas de apenas unas milésimas de grado sobre el cero absoluto mediante la operación de refrigeradores basados en el Helio-3, lo que ha abierto nuevos campos de investigación como son el entrelazamiento cuántico, los fenómenos túnel cuánticos, fenómenos de avalancha en superconductores, nanomagnetismo y magnetismo molecular. Mención especial merece toda la actividad realizada en el ICMA sobre superconductividad aplicada, que incluye el desarrollo de instrumentación científica, sensores criogénicos e incluso patrones cuánticos de resistencia y voltaje.
En la actualidad se trabaja intensamente en temas muy variados: fenómenos cuánticos y transiciones de fase, materiales para computación cuántica o nuevas técnicas de refrigeración y de licuación de Helio. En efecto, haciendo virtud de la necesidad de disponer de un licuador eficiente se ha desarrollado una nueva tecnología comercial de producción de Helio líquido, en colaboración con las empresas del ramo, que se están exportando a nivel mundial.
El ICMA es el ejemplo paradigmático de que la investigación básica y aplicada, sostenida a lo largo del tiempo, puede influir en el tejido social y económico en una sociedad tecnológicamente avanzada, a la que parece que aspiramos pertenecer.

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