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31 de octubre de 2004, domingo No sé cómo pudo ser, ni por qué. Me lo he preguntado muchas veces, durante mucho tiempo. Hubo un momento (bastante prolongado) en que aquella agua tranquila que yo siempre creí que era, se agitó. Cómo lo pudiste hacer, cómo lo conseguiste. De todas formas, no se lo digas a nadie.
30 de octubre de 2004, sábado Vemos lo que queremos ver, lo que llevamos en la cabeza. Aquella nube que era un poco extraña porque iba como al revés, como vertical, altísima, mantuvo durante unos instantes como si fuera una forma de caballo, aunque sólo del cuello para arriba y una pata delantera. El pelaje blanquísimo comenzó a deshilacharse y cuando llegué al puente se deshacía en cortinas de agua. Entrando ya en la ciudad era un vendaval que desbarataba las calles y atemorizaba a la gente. Pero con la misma celeridad vino la calma. El día aún tuvo tiempo de que luciera el sol y con él de nuevo el cielo azul y una nube que parecía un caballo blanquísimo.
29 de octubre de 2004, viernes Ella ha aparecido. Claro, sigue siendo aquella gran aficionada al cine, es clienta habitual de los Renoir. Conocedora de historias y de cómo se cuentan, siempre sonriente. Pues ahora resulta que en su pueblo se aparece la Virgen (la de siempre) pero a las dos de la mañana, en plena noche y sólo con luna llena. No sé qué pensar, quizá se ríe un poco de mí (tan sonriente) con esa historia. Ahora espero que me cuente el final.
28 de octubre de 2004, jueves Estos días no preguntes
por mí,
27 de octubre de 2004, miércoles Miraba casi por mirar, discos antiguos de esos pequeños, los singles de antes, y en uno aparece Ray Charles con sus inmensas gafas negras delante del micrófono mostrando su potente dentadura (foto clásica de la época), y en la cara posterior el título de las cuatro canciones que lleva el disco. Una de ellas: “I can’t stop loving you” va subrayada a bolígrafo azul y pone: "Tu canción", al lado, en el margen blanco la dedicatoria: “En memoria de nuestro primer aniversario, 10 de julio de 1972. Rosalba. Recuérdame.”
26 de octubre de 2004, martes “A veces una equivocación nos puede dar un bonito resultado.” Antonio Santos, pintor desde siempre, casi desde antes de nacer (por sus antecedentes familiares) y desde ahora mismo conferenciante (confiesa que la de ayer ha sido su primera conferencia) nos ha regalado esta frase mientras nos mostraba su linóleo a dos colores, técnica muy querida para él, según confiesa (y según podemos deducir de su obra). Uno de los colores se había impreso involuntariamente invertido, lo que propiciaba que la obra ofreciera un resultado insospechado a la par que atractivo. Lástima no poder aplicar lo mismo en otros ámbitos en los que equivocarnos sí que nos da resultados insospechados y novedosos y hasta momentáneamente bonitos, pero en un terreno ajeno a lo plástico, insospechado y novedoso, lo más probable es que no corresponda a bonito.
25 de octubre de 2004, lunes Provisto de ropa que permita la comodidad y a una hora que esté bien pensada, te sientas en el suelo con las piernas extendidas y juntas, colocas el talón derecho, pasando por encima de la pierna izquierda, tras el muslo cerca de la rodilla, posando la planta del pie en el suelo. La mano derecha se coloca sobre ese mismo tobillo derecho y le acompaña. La mano izquierda va atrás, a la espalda. Mientras la cabeza gira hacia la derecha. Puedes permanecer en esa postura unos minutos respirando acompasadamente. A la larga, aunque te parezca mentira, lo vas a agradecer. Llámalo como quieras, por ejemplo "Ardha-Matsyendrasana." Mientras tanto no es necesario que pienses en mi, pero puedes hacerlo tranquilamente, yo no me voy a enterar si no me lo dices.
24 de octubre de 2004, domingo Yo también hice un viaje en moto con un amigo. Emprendimos el viaje un día dos de enero (después de una farragosa Nochevieja y un día de Año Nuevo muy mal planteado). Fuimos a Italia y recorrimos algunos lugares del sur de Francia y las ciudades del norte de Italia que más nos llamaban la atención: Por San Remo, a Turín, Pisa, Florencia, Bolonia, Venecia, Milán y por no volver a pasar por donde ya habíamos estado (una vieja manía que mantengo), en vez de volver por la costa, por San Remo y Mónaco, atravesamos los Alpes (eran Alpes, aunque fueran los Alpes Marítimos) en pleno enero abriéndonos camino entre la nieve con la moto. En el recuerdo, siempre me ha quedado la impresión de una alegre e irrepetible aventura juvenil, pero mi amigo (mi compañero de viaje) me dice ahora: “fue un viaje inconsciente.” Será que, por fin, hemos madurado.
23 de octubre de 2004, sábado Mira, he estado revisando (remirando) mis pequeños papeles (basuras, según se miren), etiquetas, sobres de azúcar y otros papelitos impresos (de pequeño o pequeñísimo tamaño) y de repente me he quedado pasmado pensando en la cantidad de cafés (en sus diferentes formas) que he podido llegar a tomar en establecimientos públicos a lo largo de mi vida autónoma, de los cuales son una pequeña prueba esos saquitos. Seguramente deben ser muchos miles. Algunos tomados en soledad, con amigos o con enemigos, aquí cerca de casa, o en aquella ciudad lejana, donde nadie sabía nada de mí, cafés intrascendentes y cafés imprescindibles. Hubo algunos memorables, por diversas circunstancias: por el momento, por el lugar, por la compañía, porque lo tomé con mi padre, porque a mi lado lo tomaba aquella chica a la que adoraba y sigue habiendo algunos que son importantes: por el lugar, por el momento, por la compañía, o porque los sigo tomando con la chica que sigo adorando, aunque las bolsitas de azúcar nunca hayan sido importantes para ella.
22 de octubre de 2004, viernes Primero están nuestras compañías, las de todos los días, las personas que te ayudan a vivir, con las que puedes contar, esas que cada vez te van conociendo más (y tú a ellas) y que te aceptan como eres (y tú a ellos). Luego están los encuentros, esos en los que pensabas en ese momento y esos en los que no pensabas, esos que aunque en general no te cambien la vida, sí que ayudan, son como un refresco (¡Hola! ¡Cuánto me alegro de verte!). Y luego están las ausencias, las involuntarias y las voluntarias, las que no te queda más remedio que aceptar (es que es así la vida) y perdonar y aquellas que van acompañadas de un incomprensible silencio que no perdonarás nunca (es un decir), las de aquellos que siguen en tu memoria pero se niegan a comparecer, las que son temporales y las que serán ya para siempre.
21 de octubre de 2004, jueves ¿Qué nos diría una cuchara si pudiéramos someterla a psicoanálisis, qué una cucharilla de café, qué un cuchillo y qué un tenedor, qué una mesa, qué un espejo, qué una cama? ¿A qué traumas (pobres objetos indefensos) no les habrá llevado esa azarosa vida tan llena de sobresaltos que sus dueños (a veces sucesivos) les han regalado?
20 de octubre de 2004, miércoles “Las relaciones humanas son irracionales y locas y absurdas, pero continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos”. Así termina Annie Hall la película que Allen (Woody) nos regaló junto a Diane Keaton en el 77. Ya sé que tú eras muy pequeña (¿que aún no habías nacido?) y que quizá por eso no te gustan (no entiendes) su humor y sus genialidades. Lo de los huevos es que antes de esa frase contaba el chiste ese de uno que le dice a otro que su hermano está loco y que se cree que es una gallina y el otro le contesta que lo encierre en un manicomio y él responde que no puede porque necesita los huevos.
19 de octubre de 2004, martes No sé de dónde había sacado la idea. Yo había creído que los poetas tenían licencia para desear (perdón, para amar) indiscriminadamente, que eran libres, que se les perdonaba todo, pero no es así, son como todos, como tú y como yo y se tienen que apañar como pueden (como nosotros). No hace falta más que ver los problemas de Neruda con sus mujeres o el descrédito actual que pesa sobre Picasso a ese respecto.
18 de octubre de 2004, lunes No se puede volver a un sitio sólo para oír silbar. ¿Recuerdas?
17 de octubre de 2004, domingo Mientras tú permaneces fiel a una profesión, él lo mismo puede ser médico que antropólogo que peluquero, según venga al caso. Tú estás atado a unas circunstancias que a veces sientes que te empequeñecen un poco, y él puede decirte: "nos veremos en las estrellas". Su desatada imaginación no tiene límites y a su lado te sientes como en el país del aburrimiento. Es capaz de proponerte los negocios más inusitados, que teóricamente son de lo más rentable, pero que tú no acabas de ver claros. Es capaz de gastar el dinero sin ninguna cortapisa y también de pedírtelo de la misma forma, aunque harías bien en no prestárselo nunca. Normalmente lo que dice tiene sentido, aunque le has descubierto algunas mentiras, a veces espectaculares. Llegas a la conclusión de que no es de fiar o que al menos te ha hecho perder mucho tiempo y que el mundo (ese espacio donde tú estás) funciona gracias a las personas que son como tú.
16 de octubre de 2004, sábado Nunca hubo un amor tan puro, tan limpio, tan falto de egoísmo y tan sin temores como el que sintieron, sin encomendarse a nadie, aquel paraguas y aquella máquina de coser, que se habían conocido casualmente a las puertas de un quirófano. Dentro se debatía entre la vida y la no vida un amigo de ambos, el motor de gasóleo que estaba emparejado a su vez con la mujer barbuda, aunque aun así sorprendentemente bella. Se comprende que la vida en común de estas parejas tan dispares no es nada fácil, los gustos y las costumbres son muy distantes y hay a veces episodios sorprendentes, pero el verdadero amor todo lo puede y con buena voluntad siempre se encuentran soluciones. El motor salvó su vida, se recuperó y pudo dar todavía mucho calor y muchas satisfacciones y alegrías.
15 de octubre de 2004, viernes Para
arruinarse sin ninguna dificultad uno puede creerse sin más eso de “si
quieres ser rico lo eres” y después no preocuparse ya de nada, que todo
transcurre por su camino, de forma natural.
14 de octubre de 2004, jueves Una niña con su madre, ambas con aspecto endomingado, arrastraban un vagón de tren por el paseo central, aquí mismo en la ciudad. No aparentaban esfuerzo, caminaban sin más, como si el vagón simplemente las acompañara a corta distancia y sin estruendo, casi en silencio. La niña adornaba su pelo con una cinta y la madre se había quitado el abrigo y lo llevaba en la mano. Venían madre, niña y vagón por el paseo central, como si eso fuera lo más natural del mundo, cosa de todos los días. Adivina quién imagina la escena: ¿un zapatero artesano, un perro desorientado, un empleado de banca, un escritor pensativo que se come una magdalena, un viejo concupiscente pero ya arrepentido o una monja deshabitada que no se casa con nadie? Si lo crees necesario consulta el Nuevo Diccionario Panhispánico de Dudas (allí está todo).
13 de octubre de 2004, miércoles Para pensar un libro, hay que dejarse de otras cosas, no pensar por el momento en nubes o en caminos, trenes o montañas, ni en ausencias, soledades o afectos. Conviene saber de qué tratará el libro, si formará parte de una colección o va a ir siempre solo. Hay que pensar qué formato va a tener y sabiendo el formato se deciden los márgenes que en los libros clásicos van aumentando progresivamente: interior, superior, exterior e inferior, pero que en los actuales esa relación, aun teniéndose en cuenta, puede variar. Entonces conociendo el formato de la página y decididos los márgenes tendremos el espacio para el texto (la mancha) y se decide el tipo de letra (también puede haberse decidido de antemano) y su tamaño. Y puestos ya en la página hay que pensar dónde va y como será el número de página y si la página llevará cornisa o no y si la lleva con qué letra a qué tamaño y en qué lugar. También a qué altura de la página comienzan los capítulos y si llevan título con qué letra y de qué tamaño. Después qué datos van a ir en la portada, y luego el exterior: las tapas y el lomo, intentando que además de ser coherentes hagan que el libro destaque entre los demás. Y por descontado, habrá que pensar en el tipo, textura y tono del papel, que podría estar condicionado a que el libro lleve ilustraciones y a si son a color o no. Pensado y decidido todo esto y algunos detalles más, ya puedes volver a lo tuyo: las nubes, los trenes, las ausencias…
12 de octubre de 2004, martes Yo esperaba morirme, pero el mosto: simple zumo de uva (recientemente prensada) con no sé qué producto para que fermente y se transforme en vino no ha debido ser suficiente. En la elaboración del vino todo son secretos. Tu vecino de bodega no debe enterarse de lo que se trama en la bodega de al lado y menos de lo que haces en la tuya. Ocurre en otras actividades (en muchas), pero en el arte del vino ya es una obsesión y a todo el mundo le parece lo más natural del mundo. ¿Qué pasaría si todos nos enterásemos de cómo Luisito (el padre), nuestro vecino, cual nuevo Jesucristo, transforma sus tres mil litros de vino en cinco mil sin acarrear más uva? Menos mal que no me he muerto, espero ver todavía muchos más milagros.
11 de octubre de 2004, lunes Hola nube. Así empecé, en tiempos, una carta. Es que las nubes me fascinan. Las hay de tantas formas, de tantos colores, van y vienen y casi siempre con buenas intenciones. Se pasean presumidas pero riegan amablemente nuestros campos y alimentan nuestras plantas y aunque a veces, celosas del sol, nos lo ocultan, o nos tapan el azul del cielo para que sólo nos fijemos en ellas, o aunque a veces nos acercan tempestades, nos lanzan rayos, piedras y hasta ranas, no son ellas las culpables. Es que se enfadan porque tal como vamos no todo el mundo les hace caso. Y también dije: nube te quiero.
10 de octubre de 2004, domingo Ya está, hoy voy a tomar altura y voy a ir más allá de esas colinas. Seguramente habrá un río y después otro río y después una tierra árida y blanca y después fértil y verde y después gris y después roja y después mucho más allá estará el mar y después del mar otra tierra y habrá gente y habrá pueblos y ciudades. Y aun así, es casi seguro, que cuando vuelva no estaré satisfecho porque no habré encontrado lo que estaba buscando.
9 de octubre de 2004, sábado Al llegar a la ciudad, muy pronto nos instalamos en el que sería nuestro domicilio durante mucho tiempo, en la calle Juegos Florales. Los libros de mitología dicen que los Juegos Florales se celebraban en las fiestas (florales) que los romanos dedicaban a la diosa Flora, a la que se representaba coronada de rosas y con ramos de flores en las manos. Esas fiestas fueron instituidas hacia el año 1702 antes de nuestra era. ¿Recuerdas cuando me mandabas tus cartas, aquellos sobres rojos, a esa dirección?
8 de octubre de 2004, viernes Los sonidos según nacen se van haciendo cada vez más pequeños... y botan de pared a pared...cuando una casa se derruye, las minúsculas ondas se liberan. Son frases tomadas de una libretilla de la miniexposición de Belén Rodríguez (otra vez Belén) ¿Dónde han ido a parar aquellas palabras que susurramos? ¿todavía están en el lugar?
7 de octubre de 2004, jueves La primera carta llegó
a finales de la semana. Era una carta larga y repleta de detalles
domésticos: la maceta de cintas que había comprado para adornar el
apartamento, el desapacible tiempo reinante aquel día, la visita que había
realizado a la librería Cody y sus proyectos para el curso. Explicaba su
preferencia por las cartas. " No me agrada ver las palabras desnudas, como
sucede en un fax o en un ordenador. Me gusta que lleguen protegidas por un
sobre que hay que rasgar para alcanzarlas. Procuro dejar un tiempo de
espera; una pausa entre la escritura y la lectura. Y quiero que tengamos
cuidado con las cosas que nos decimos. Quiero que los kilómetros que nos
separan sean kilómetros prolongados y reales. (...)"
6 de octubre de 2004, miércoles Una mañana cualquiera. Pedía unas tijeras y le daban un sacacorchos; pedía un vaso y le daban una cuchara; pedía un sacapuntas y le daban un portaminas. Quién sabe, es que son tiempos espléndidos, de grandes y sorprendentes oportunidades.
5 de octubre de 2004, martes ¿Qué es lo que hace que ahora, de repente, contarme tus sueños te resulte importante, divertido o interesante?
4 de octubre de 2004, lunes Los pies han de estar juntos y los brazos que comienzan a lo largo del cuerpo van subiendo lentamente hasta alcanzar la altura de los hombros, entonces se doblan trayendo las manos hacia la cara hasta que llegan a tocarse, con las palmas hacia abajo. Se ha acompañado ese movimiento con una larga inspiración y a partir de ahí, flexionando ligeramente las piernas, se comienzan a bajar ambas manos mientras se expulsa todo el aire que se había recogido. Entonces giras la cabeza y miras hacia el norte y siempre piensas que el norte es para ti atractivo pero misterioso y frío, que la línea que une el este y el oeste es la línea de las grandes rutas, el camino del sol, que por ella ha venido desde oriente el mundo antiguo, el pensamiento y el arte, que el sur en cambio resulta amable, agradable y cálido y que allí se encuentra tu casa.
3 de octubre de 2004, domingo ¿Sabes que nuestra galaxia está chocando con una gigantesca nube de polvo interestelar? Ya me parecía a mí. Y ese polvo es muy parecido al polvo dorado que Campanilla reparte en Peter Pan, sólo que éste nos toca a todos, nos transforma y nos dota de calidades que no sospechábamos, de las que hemos sabido porque los demás las ven en nosotros. De otra forma muchas cosas no tendrían explicación, ¿no te parece? Campanilla, te quiero.
2 de octubre de 2004, sábado Un híbrido compuesto de cola de serpiente y cabeza de pato (un patito gracioso). Emite el sonido de un grillo y tiene el cuerpo (qué sabia es la naturaleza) desdibujado por abundantes emanaciones pilosas que apuntan a muchas direcciones. Qué inquietante la visión de esos seres maravillosos.
1 de octubre de 2004, viernes Toma una superficie que sea suficientemente consistente y de un tamaño asequible, divídela por la mitad con una línea y pinta una parte con un color y la otra parte con otro color, después deja que esos colores se hablen, seguramente tienen mucho que decirse. Y puede que también hablen contigo.
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