|
días
pasados |
||
|
28 de noviembre de 2004, domingo Me he reencontrado con Vázquez Díaz, ese pintor del que tenía muy pocos datos, del que tan sólo tengo un libro, del que sólo sabía que era estrictamente coetáneo de Picasso, que pintó los murales de la Rábida, que de camino a París se encontró con el paisaje del País Vasco y quedó tan cautivado como tú de los verdes de los montes y del esmeralda que hay detrás de la espuma del mar, y durante mucho tiempo se sintió voluntariamente atado a las tierras y las aguas, las barcas y las nieblas de Fuenterrabía. Primero, como un marino solitario atraqué mi barquita en la Avenida de América (números pares) pegando al territorio de Albania (es zona de embajadas), y aunque en busca de otros tesoros, descubrí, como casi sin mirar, la placa que informa de cual es la casa donde el pintor vivió e incluso murió (1969). Más tarde cuando el día ya oscurecía, cuando ya faltaban sólo unas horas para cambiar mi barca por el tren y una enorme luna llena (la Luna de Madrid) quería alumbrar desde el sur de la ciudad, pude descubrir también los 91 cuadros, 47 dibujos y 15 grabados (el trabajo de toda una vida) que alguien ha tenido el acierto de reunir (en el Reina Sofía) para que los blancos de espuma y los verdes esmeralda de Vázquez Díaz acompañen nuestro viaje.
27 de noviembre de 2004, sábado No es más estúpido, necesariamente, el que se deja llevar y de vez en cuando hace estupideces, a veces con decirlas ya puedes ganar, y ganas seguro si eres tan vigilante que nunca te permites hacerlas. Con esta filosofía me consuelo.
26 de noviembre de 2004, viernes La historia es que para burlarse de un hombre aunque bueno, también un tanto dado a la imaginación alocada, ella hace ver que le abrasa un incontrolado amor hacia él, montando verdaderas escenas de desespero y desgarro al ver que la simple declaración no hace mella en ese corazón (o mollera), no por simple dureza, sino por estar ya colmado suficientemente de ese dulce veneno llamado por todos amor que hace que dedique ya sus pensamientos a otra mujer. Lo divertido es que al ser rechazada serena y respetuosamente por el hombre y aun habiendo sido todo urdido burlescamente, ella se siente ofendida de verdad por el rechazo y termina insultando al requebrado hombre bueno, aunque un tanto alocado de imaginación. Y lo contrario, es un hombre que casi por juego (a veces el grupo de ociosos amigos es muy pernicioso) requiebra y se declara interesado e incluso enamorado de cierta damita que lo rechaza olímpicamente, a lo que él reacciona enfadándose de verdad y colmando de improperios a la supuesta ingrata. Ya lo dice el poeta, todo ello son ofensas (la burla es inadmisible) producto del exceso de remanente ocioso (quieras que no un descontrol) y que tienen muy cierta solución en el quehacer cotidiano, llenando las horas de honrado trabajo, que tanto puede llevarse a cabo en el seno del propio hogar como fuera de él o combinando.
25 de noviembre de 2004, jueves ROJO BIEN, AMARILLO MAL
24 de noviembre de 2004, miércoles RÖHRICHT
23 de noviembre de 2004, martes Me has dicho que cuando eras pequeña te gustaba el rojo, pero que ahora no. Y yo no te hacía mucho caso (no quería enredarme) y no te he preguntado qué color te atrae ahora, quizá sea el azul (somos mayoría, somos del azul el 46% de los hombres y el 44% de las mujeres). Pero lo que de verdad te agradezco es que me hayas revelado, así, entre extrañas sonrisas, algo en lo que nunca había reparado: que algunos cuadros piensan. Claro, es normal, cómo no había caído en ello, sabía que algunos cuadros hablan y para hablar tienen que pensar.
22 de noviembre de 2004, lunes Sí, se pasó el mes de julio y luego el veintiséis de agosto y después el primero de septiembre y luego el quince y dieciséis y el veintidós, veintitrés y veinticuatro en Madrid y después octubre con el puente del Pilar y enseguida noviembre, y en noviembre el uno y el quince y seguimos estando en lo nuestro, en aprender cosas y enseñar las que sabemos, atentos al mundo, a lo que tenemos cerca, a la música, a los libros, a las calles, al teatro, a los mapas, al teléfono, al frío y al calor, al lápiz y a la pluma, al cine, a los viajes, a las plantas y a los ríos, a las ciudades, al cielo, al día y a la noche y yo por lo menos también atento a esos atardeceres que vemos juntos desde casa y también a ti.
21 de noviembre de 2004, domingo Una nota en el buzón del
patio:
20 de noviembre de 2004, sábado Cosas que me admiran:
19 de noviembre de 2004, viernes Una calva es, desde
luego, eso que todo el mundo sabe lo que es, y también es la ausencia de
algo que debería estar y no está o debería haberse producido y no se ha
producido o algo que debería haberse hecho y no se ha hecho: una falta, un
hueco.
18 de noviembre de 2004, jueves “No molesta, perdona de
mi”
17 de noviembre de 2004, miércoles ¿También este señor tiene sueños fantásticos? También. Esas fantasías son patrimonio de todos, hasta para el más despreciable ser existe un país idílico de los sueños, donde en cualquier momento, en cualquier retazo de la noche (o incluso del día) puede abrirse un fragmento de cielo azul que lo traslade por ejemplo de regreso al paraíso perdido de la infancia o de nuevo a la juventud apenas estrenada. Otra cosa será tener a mano a alguien que esté dispuesto a escuchar (pacientemente) su ensoñación del día. Y más si han dado ya las tres de la tarde o más.
16 de noviembre de 2004, martes Pues, en efecto, la persona que había entrado en su vida, había entrado a través de la correspondencia, por cierto, iniciada por ella misma, y aunque le quería (por sus libros, que conocía de pe a pa) y se lo había dicho, y aunque él sólo tenía compromiso con su perro (y con su trabajo) y ella aparentemente con nadie, al final resulta que no podían ni siquiera conocerse personalmente, porque ella (¡oh!) a pesar de ser inteligente y hasta bonita, era monja y además quería seguir siéndolo. Ha sido una gran sorpresa, porque hoy en día, ¿quién piensa que la persona que te está escribiendo puede ser monja?
15 de noviembre de 2004, lunes Tenía efectivamente la
singular sensación de que una persona había entrado en su vida. Y tenía
también, muy claro, un sentimiento de responsabilidad. No es que rehuyera la
responsabilidad, pero le habría gustado elegirla él mismo.
14 de noviembre de 2004, domingo Y cuando despertó la mesa todavía estaba sin recoger.
13 de noviembre de 2004, sábado Cual la manzana que se
cubre de rojo en la alta rama,
12 de noviembre de 2004, viernes Tres mil golpes (de rayos ultrasónicos) en tu riñón derecho, no son nada si mientras los estás recibiendo tienes en quien pensar y si al mismo tiempo tienes a unas cuantas personas que se preocupan por ti y te llaman enseguida, apenas desintegrada la piedra y si mientras tanto (un poco transpuesto) sueñas que en los anillos de Saturno se produce música armónica cuando chocan los meteoritos. Gracias a todos, sois no meteoritos o planetas, sino verdaderos soles.
11 de noviembre de 2004, jueves Unos leían lo mismo, al mismo tiempo, en distinto lugar. Otros en el mismo lugar, leían lo mismo a distinta hora. Pero otros en el mismo momento y en el mismo lugar leían cosas distintas. Y aún otros, a la misma hora, leían lo mismo en el mismo lugar. Pero ni unos ni otros se conocían. Eran buenos lectores.
10 de noviembre de 2004, miércoles De todos los amigos que
tuve en Berlín Oriental, sólo Sven y Paula siguieron siéndolo después de la
caída del Muro. Las otras amistades no sobrevivieron al cambio. Siempre
pasaba lo mismo: empezábamos a vernos cada vez menos, y un día el encuentro
quedaba anulado en el último minuto. Había mucho que hacer: buscar trabajo,
reformar pisos y edificios, aprovechar ventajas fiscales, hacer negocios,
enriquecerse, viajar. Antes en el Este no había nada que hacer, porque el
Estado no dejaba hacer nada, y en el Oeste no había que hacer nada , porque
tarde o temprano el dinero de Bonn llegaba infaliblemente. Teníamos tiempo
de sobras.
9 de noviembre de 2004, martes Cuando cruzas el Spree hacia Charlottenburg, antes pueblo vecino y después barrio (pequeñoburgués) de Berlín, descubres que de la primera casa de la calle Winterstn, por la pared medianera emerge un barco a toda máquina, echando nubes de humo como para borrar su propia estela. Parece salir huyendo del interior de la casa, transformada en un abigarrado conjunto portuario. En el barrio que da comienzo allí (Charlottenburg como se ha dicho), vivió de niño y fue a la escuela Walter Benjamin, quien luego tanto se interesó por el significado del arte y que desenamorado ya de Asja Lacis (la bolchevique que lo aleccionó), logró descubrir y dar nombre a esa intuición que muchos sentían: el aura que envuelve a la obra artística.
8 de noviembre de 2004, lunes El petirrojo y el ruiseñor son los últimos pájaros que se van a dormir y por la mañana cuando muy temprano, antes del alba, sales a tantear el día ya están otra vez cantando. No tienen remedio están hechos así, son como tú, que siempre te propones dormir más horas, pero nunca lo consigues, y aún a pesar de eso eres capaz de lograr que, a tu lado, casi todas las mañanas nos parezcan una fiesta.
7 de noviembre de 2004, domingo Y cuando despertó, al curso todavía le faltaba mucho para concluir. Y eso no le produjo ninguna tristeza porque estábamos en esa mágica estación del año (el otoño) en la que esas notorias transformaciones vegetales o climáticas en otras ocasiones le habían invitado a planear ciertas maquinaciones (quizá descabelladas) o a urdir ciertos planes (casi arriesgados) cuya puesta en práctica había resultado interesante y hasta enriquecedora, al menos momentáneamente. Ahora estaba abierto a sugerencias y así iba dejando que el tiempo pasara aceptablemente, pues lo sentía como algo externo y ajeno que se iba agotando y ante lo que no podía ser sino un simple espectador.
6 de noviembre de 2004, sábado Y la diosa no quiso ser fotografiada (¿otra fototímida?). Hacía tiempo que la había visto desde lejos. Sobresalía por encima de un grupo de curiosos que la rodeaban. Era muy admirada por su belleza, por sus proporciones, por su sonrisa eterna, por su vestimenta, por su peinado, por su actitud y su porte en general. Cuando al fin me acerqué, también yo quedé admirado y quise fotografiarla para después, ya lejos, poder seguir viéndola de vez en cuando. Pero la cámara no me obedeció y se negó a actuar (por falta de memoria). La diosa sonreía maliciosa: si quieres verme tendrás que volver.
5 de noviembre de 2004, viernes ¿Conoces el lema de Paul Klee?: Nulla dies sine linea, es decir, dibujar (pintar) todos los días. Claro que Cennino Cennini en Il libro dell'arte (1435) ya dice: "Practique dibujando cada día sólo un poco, para que no se canse de hacerlo...Pero sea constante y haga algo cada día, aunque sólo sea un rato; ese rato valdrá la pena y le ayudará a hacer grandes progresos." Es un buen consejo, es la única manera.
4 de noviembre de 2004, jueves A veces puede ser que esté hablando contigo y tenga en la mano una o varias semillas de dondiego, esas semillas que son como unas minúsculas granadas oscuras, cargadas no de metralla sino de vida potencial en forma de flores (campanillas de colores), tallos y hojas de un verde intenso y que estallará el verano que viene, cuando la deposite en el suelo, la alimente la tierra y el agua la humedezca.
3 de noviembre de 2004, miércoles En los bocetos, el
primer instrumento que se usa habitualmente es el lápiz de plomo. No hay
nada que deslice con tanta facilidad sobre el papel y que ejecute tan
rápidamente una idea. Tiene además, otra ventaja, su color gris conviene
mejor a una aguada que la tiza negra, la sanguina o cualquier otra barra.
Por otra parte, admite fáciles correcciones.
2 de noviembre de 2004, martes Hola, me han dicho que me llame Ángel y soy eso, un ángel. Me han enviado aquí para acompañar a una diosa, pero vengo con retraso. He comprobado que esa diosa fue importante hace tres mil años, ahora ya no interesa a nadie. Es increíble que tengamos la información tan poco actualizada. Ya he conseguido que mi aspecto sea casi humano aunque aún me falta algo de destreza. Espero otra misión que tal vez me será revelada en cualquier momento. Mientras tanto voy y vengo, procuro no molestar a nadie, me entretengo viendo cómo juegan los niños y cómo charlan los ancianos en los parques, voy a las peluquerías, entro en las tiendas a preguntar cualquier cosa, leo la prensa, hago quinielas, visito museos. Hago una vida tranquila, de momento, es mejor pasar desapercibido.
1 de noviembre de 2004, lunes Primero de noviembre, las veintitrés horas. Miro hacia arriba la noche oscura. En el cenit (sobre mi cabeza) está ahora Almak de la constelación de Andrómeda. Los aviones, juegan con las estrellas, llevan mensajes, trazan caminos. De este a oeste el de Roma a Nueva York, en diagonal el que viene de Frankfurt y va a Madrid y Lisboa, de sur a norte el de Madrid París. Cuando quiera regresar, una noche cualquiera, elegiré una ruta y trazaré ese mapa.
|