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días pasados 2004 mayo
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31 de mayo de 2004, lunes
Hola:
Estoy escuchando "La Trucha" de Schubert. Esta obra fue compuesta para un quinteto: piano, violín, viola, violoncello y contrabajo. La he encontrado en la sección de música clásica de la Biblioteca Pública. Me ha interesado porque es el motivo central en la novelita de Vikram Seth: "Una música constante". En la novela la chica toca el piano, el chico el violín, pero la chica se casó hace tiempo con una persona ajena a la música (aunque buena) y ahora chico y chica se han reencontrado (habían sido novios de estudiantes), ya te puedes imaginar la problemática a la que se enfrentan (porque todavía se quieren). Y de momento (en la página 350) se encuentran en Viena tocando "La Trucha", a ver como acaba la cosa. ¡Ah! La situación se complica todavía más porque la chica (que además ya tiene un niño) se está quedando sorda (lo que es un inconveniente para alguien que se dedica a interpretar música). Como puedes imaginar es una historia con un ambiente muy muy musical. Nos vemos y hablamos, chao.
30 de mayo de 2004, domingo Me dijiste cuenta hasta
diez y después miras.
29 de mayo de 2004, sábado En el campo de las figuras hogareñas de adorno se perpetran verdaderos abusos sobre la inteligencia humana. ¿Qué decir de ese jarroncito tumbado al que se le ha practicado en el costado un agujero para que salga por allí una desdichada planta, montado sobre un carrito hecho con ramas flexibles (como aquella cunita del niño Jesús), dotado de unas primitivas ruedas macizas de madera, cual si fueran lonchas de un chorizo gigante, todo ello rematado (nunca mejor dicho) aquí y allá con unas verdísimas manchas de falso musgo? Pues de ese nivel estético era aquel horrible pingüino que me daba tanto miedo en mi primera infancia: cerámica toscamente esmaltada en negro, con unos acusadores ojos saltones que aterraban y que castigaban tus inocentes maldades induciendo los peores sueños posibles. Mi tío cuando nos lo trajo a casa (regalo de aniversario) demostró una gran superación en su comprobado mal gusto. Cumplidos ya mis veinte años, los sueños no me los inducía ya el pingüino, pero de acuerdo con mi madre (mi padre mostraba absoluta indiferencia) decidimos liberarnos ya de aquella fiera y sin compasión alguna, fue a parar a la basura. Pensamos que mi tío, que para entonces perdía tanto pelo como memoria, ya no se daría cuenta. Pero en la primera visita, sólo colgar el abrigo en la percha, desde el mismísimo pasillo, mirando hacia el comedor, exclamó: “¿Y el pingüino?”
28 de mayo de 2004, viernes Dos no se aman si uno no quiere.
27 de mayo de 2004, jueves Durante
mucho tiempo pensé que el trabajo, el esfuerzo, es lo que te proporciona los
buenos resultados y todavía lo creo en parte. Y eso es lo que hay que
decirles a los niños para que no se desmadren en sus adolescencias y en sus
juventudes, pero ahora comprendo (y casi experimento) que en lo creativo
muchas veces te visita la "inspiración", esa señora que cuando viene es
mejor que te encuentre trabajando, pero que otras veces basta con que se
encuentre contigo. Quizá entonces ya te conoce y ya sabe que llevas
trabajado lo tuyo. Entonces tienes la sensación de que de algún sitio
alguien te trae algo gratis, sin esfuerzo. Esa sensación es la que describen
algunos de nuestros admirados creadores. A Ángel González, nuestro poeta tan
cercano, alguien (¿un ángel?) le dicta los poemas, y eso se ve en esa
sencillez, esa facilidad para decir las cosas más difíciles. A Carlos
Edmundo de Ori,
26 de mayo de 2004,
miércoles
25 de mayo de 2004, martes Los colores, a veces, son muy parecidos a las personas, unos influyen en otros, no son indiferentes cuando están uno al lado del otro, se afectan y entonces se producen cambios: lo que era oscuro se ve claro o lo que era claro se ve oscuro. Hay momentos en los que llegan a estar preocupados y no saben qué es lo que les conviene: es la duda. Cuando están alejados, por un tiempo, creen olvidarse unos de otros, pero siempre queda un recuerdo, como una huella aunque sea leve de lo que significó el uno para el otro. A veces piensan: "estaré mejor sólo", pero un color sólo no es nada, ha nacido para estar con otros y adquiere su máximo esplendor, su máxima brillantez en contacto con los demás e incluso se pone a vibrar cuando encuentra su complementario: es la teoría de los complementarios. Aunque algunas personas piensan en ese ideal, muchas saben que nosotros nos complementamos de muchas maneras y que lo hacemos con mucha gente.
24 de mayo de 2004, lunes Pasa el tiempo y no hay noticias. Yo me entretengo con mis cosas, no juego al póker con el ordenador porque nunca me han gustado los juegos de cartas. El ordenador me lo reprocha, dice que soy un aburrido. Miro al cielo y el cielo es azul, gris o negro (según los momentos). Imagino que allá los campos están verdes casi virando ya un poco al amarillo (falta menos de un mes para la llegada oficial del verano). Llevo días viendo un destello, debe ser la galaxia del Sombrero (descubierta en febrero del 2000). Yo lanzo mensajes como he hecho siempre pero las respuestas que llegan son de otros lugares, la estación más deseada permanece muda. Hace meses que partí. Cada vez es más difícil comunicar, no sé si estoy más cerca o más lejos (aunque me temo que me alejo). El destino final ya no está en mis manos. El ordenador propone juegos u otras distracciones pero yo no las acepto, prefiero que me dé lecturas, no sé si eso le gusta, pero no quiero que me organice el tiempo, además no me fío mucho de él, de vez en cuando lanza un resoplido, como si algún ventilador se acelerara, espero que aguante mucho tiempo y el viaje no se me complique. Pero las noticias, que tan feliz me harían no llegan y tampoco es tan lejana la estación de origen: unos cientos (de millones) de kilómetros al sur en línea recta, dos horas de viaje.
23 de mayo de 2004, domingo
22 de mayo de 2004, sábado Qué
frágiles nos sentimos y qué frágiles somos a veces, pero a veces qué
fuertes. Nos gustaría tener más resistencia a la adversidad, al desengaño, a
la decepción. Pero a veces qué bien resistimos. Estamos hechos de células
calientes y en ocasiones nos empeñamos en esperar de alguien lo que parece
que no nos puede dar. El desaliento puede con nosotros algunas veces y nos
hunde. Pero nada puede acabar con nosotros fácilmente. Y qué felices somos
muchas veces. Casi sin modelo hemos aprendido a reflotar como un corcho.
Sacar la cabeza y aspirar con confianza el aire limpio que todavía nos ha
sido dado sin ningún motivo. Ver amanecer y ver cómo se hace de noche,
comunicarnos, no dejar nada por decir, crecer, reír y sonreír, confiar,
descubrir, reconocer, querer. Ése es nuestro cometido. Para eso hemos venido
hoy.
21 de mayo de 2004, viernes Ya decía yo que era interesante echar una mirada (aunque sea discreta), a los contenedores de basura. No estoy pensando en esos contenedores cerrados de basura basura que son demasiado asquerosos y nos los imaginamos como próximos a lo que podría ser un habitáculo infernal, me refiero a esos otros descubiertos que son como una caja de camión, como una pesada barca varada junto a un bordillo, casi siempre dispuestos a recibir los escombros de alguna obra cercana, pero que casi siempre (acogedores) reciben todas las cosas de las que la gente quiere deshacerse consciente o inconscientemente (ver Freud). Entre mis amigos es famoso aquel conocido de Goyo (sucedió en Madrid) que, una afortunada mañana, encontró una colección de grabados de Rembrandt en uno de esos recipientes. Ahora es una enfermera (también por la mañana) la que ha encontrado un violoncelo (un poco viejo), con el que quería que su novio hiciera un decorativo archivador de CDs. Suerte que el chico no es muy rápido (lo dice ella) y ha habido tiempo para que se difundiera (y llegara a sus oídos) que ese instrumento era un Stradivarius de 1648 con un valor de 3,5 millones de dólares (el dólar parecido al euro) y una recompensa para quien lo encontrara de 50.000 dólares (ya sabes, parecido al euro). Yo voy a seguir lanzando una mirada (aunque sea disimulada) a los contenedores, quién sabe si no me está esperando ahí mi propio tesoro, o por lo menos algo que me sirva para almacenar los CDs (y que sea decorativo).
20 de mayo de 2004, jueves Últimamente
se detecta con claridad, la aparición de unas señales inusitadas que se
ciernen sobre nuestros cielos. La gente empieza a mirar hacia arriba. Nada
más salir de casa, desde tu mismo portal, ya ves alguna persona en la acera
mirando hacia el cielo, sigues adelante y en el primer semáforo, mientras
esperas que las luces te franqueen el paso, ves, entre las personas que se
alinean enfrente (las que hacen tu camino pero a la inversa), alguna con la
cabeza vuelta hacia los cielos. No estamos habituados a mirar hacia arriba y
hacerlo supone una posición hasta cierto punto forzada, nuestros músculos
del cuello, los que controlan y facilitan el movimiento de la cabeza,
prefieren con toda claridad la mirada hacia el suelo. Somos de la tierra y
volar siempre nos ha costado mucho. Pero en la tierra también están
apareciendo señales. Hay momentos y lugares en los que no es difícil
descubrir pequeñas estrellitas e incluso corazoncitos, de todos los colores
y todos ellos de desconocidos materiales brillantes. Normalmente se acumulan
en forma desordenada por los suelos, en los rincones de los portales, al pié
de las escaleras, en el ángulo que hacen los bordillos. A veces, de forma
inesperada, descubres alguna estrella solitaria, algún corazón perdido en el
alcorque de una falsa acacia. Su aparición, en el tiempo, es totalmente
irregular: hay días en los que, a determinadas horas, se produce una gran
acumulación que después se va disipando poco a poco, y días en los que es
difícil descubrirlos. En cuanto a los lugares, parecen tener marcada
preferencia por las cercanías de edificios de uso religioso. Por ello
algunos empiezan a atribuirles, tanto a unas señales como a otras, cierta
procedencia divinal, que podría relacionarse con alguna práctica del
ritualismo religioso (o social) dominante.
19 de mayo de 2004, miércoles En mi
reconocido oficio de mirador del suelo, he descubierto la gran
riqueza (por la variedad) que tiene el suelo de la calle San Jorge en su
inicio. Esa calle, que es bastante larga, se ha ido prolongando según los
sucesivos espasmos de crecimiento de la ciudad. Nace del Coso y tiene su
límite cuando ya no puede más y choca con el mismísimo Cerro de San Jorge.
En ese trayecto va cambiando de anchura, de adornos, de aceras, de casas, de
gente y de temperatura, según los tramos por los que transcurre. El primer
tramo, bastante corto, a la salida del Coso, se inicia casi como un callejón
y se va ensanchando hasta abarcar la plaza Mesnaderos, en lo que fue La
Judería. Esa plaza es solamente la encrucijada de los antiguos caminos que
salían de esta parte de la ciudad hacia las huertas, hacia los campos o
hacia la Fuente del Ángel, por ello esa irregularidad de anchuras y de
trazado. Ese primer tramo, el más antiguo, en su suelo es como un verdadero
tapiz de empedrados de diferentes épocas, diferentes gruesos, diferentes
texturas, como diferentes lienzos, como un mosaico, o como solemos decir a
veces perezosamente (para no pensar más): como un cuadro de
Tàpies.
¡Ah! y además es tu calle. Y un día dijiste voy con vosotros y viniste a nacer con esos ojos tan claros, tan sorprendentes y tan bonitos, tan como el cielo, que nadie sabía de dónde venían. Nadie se acordaba cómo eran los ojos de sus abuelos: ¿color miel, café, grises, verdes, marrones, negros, arco iris...? Igual que un día que yo no me acordaba de qué color estaba pintada, desde hacía años, nuestra habitación. Para rememorar bien, es mejor no confiar en el tequila. El tequila te dará otras cosas: coraje, atrevimiento, alegría desbordante, cierta elocuencia, pero no memoria. Y esos antepasados tuyos, aún no sabemos cuales, quizá esos que nunca abandonaron los campos de Castilla, o esos otros que se paseaban entre la línea de Navarra y Aragón, que no bebían tequila sino aguardiente para atreverse a salir al fresco del amanecer, te guardaron como un regalo (saltándose varias generaciones) el color para tus ojos, tan bonitos, tan como el cielo.
17 de mayo de 2004, lunes En ese reparto diario y matinal de ocupaciones: tú enciende el sol, tú pinta el día, tú tiñe el mar*, etc … a mí me ha tocado ser mirador de la luna. Pero muy pronto, un descuido del pintor del día lo ha embadurnado todo y la luna me ha desaparecido en el azul del cielo. Entonces yo mismo he debido buscarme otra ocupación y he repasado los oficios que quedaban: estornudador primaveral, contador de pájaros, transeúnte distraído, aclarador de intenciones, portador de paraguas, abrazador de árboles, animador de apesadumbrados, mirador del suelo, solitario tomador de café, lector de prensa en el parque... Finalmente he optado por colocarme de admirador de personas raras**. No son muchas las personas raras, pero yo las detecto con facilidad. Una persona para ser rara debe hacer muchos méritos, no basta con que se califique así ella misma. Éste es un oficio que yo no conocía y me ha resultado aunque muy contradictorio muy gratificante. Ahí se conoce gente agradable, misteriosa y de mucho pensar. Las personas raras están llenas de sorpresas y no te aburres nada con ellas. Quiero seguir en este oficio mucho tiempo.
* Lo canta Serrat.
16 de mayo de 2004, domingo Quiero ver las cosas con distancia pensaba T de L cuando salía de Hollywood camino de Cuernavaca (antes había dejado París). Cuernavaca le gustó tanto que decidió quedarse para siempre y eligió como lecho definitivo el mismísimo cráter del Popocatépetl. México debe tener algo que atrae a la gente rara (ser raro en esto es una cualidad no un defecto). Se cuenta que en 1925 visitó al poeta D'Anunzzio pero no llegaron a entenderse: Ella quería pintarle un retrato y él quería acostarse con ella. Ninguno de los dos consiguió su propósito. Tamara de Lempicka sabía lo que quería y demostró una fuerte voluntad para lograrlo (y lo logró). Por ello es una de las artistas que figuran en nuestra lista. ¿Recuerdas? Aquella lista (cien mujeres artistas) que hicimos en el año 2002.
15 de mayo de 2004, sábado LLAMANDO A LA TIERRA He visto
una luz Soy el
capitán de la nave tengo el control Quisiera
volver (Steve Miller/ Chris Mc Carty en Serenade from the stars)
14 de mayo de 2004, viernes "Imagina un comité de pintores,
escultores, escolares, viajeros, que unen sus planes y descripciones de
todas las ciudades conocidas, se escuchan las ideas de todos los pobladores
incluso los extranjeros, se discuten todas las ventajas y desventajas de
las propuestas, y se elige entre todos la mejor opción...
13 de mayo de 2004, jueves En efecto, el tren estaba tan triste, tan angustiado que llegó a pararse sin alcanzar siquiera la estación, mientras decía: "yo de aquí no me muevo". Y es que iba como sin rumbo, había sido tan desmemoriado, tan distraído, que (ya lo sabe todo el mundo) olvidó la hora en que había quedado contigo y claro cuando llegó a aquel apeadero regional, tú ya te habías ido con otro (es comprensible). Ahora ese tren estaba totalmente deprimido, le parecía que el sol ya no le quería, que el mundo (todo), se le había vuelto en contra. Sin duda habrá algún procedimiento para volver a animar todo este sistema ferroviario casero, que en otro tiempo fue tan armonioso, tan madrugador, tan alegre, que a tantos hizo soñar y que ahora se muestra tan sentido y tan desconsolado.
12 de mayo de 2004, miércoles Me he enterado de que un viejo no es más que un joven que no tiene fuerza (por fin me lo ha confesado el triestino Italo Svevo). Esto es muy importante, me aporta mucha tranquilidad. Por un lado, es evidente, yo todavía no soy viejo pues tengo la misma fuerza de siempre, sólo que debo usarla con cuidado, con unas precauciones, que antes no me planteaba (por si acaso). Por otro lado sigo viviendo deseos juveniles, los de siempre. Así pues, tranquila la conciencia, tranquilo el corazón. No es que me cueste llegar a la madurez (asumir la vejez), es que toda la vida va a ser lo mismo, sólo que, poco a poco, la fuerza se irá evaporando. Ya veremos.
11 de mayo de 2004, martes Cortázar me
dijo antes que nadie, porque así vino el orden desordenado de mis lecturas,
que esto de estar solo, de sentirse un día alegre y otro desconsolado, era
de tantos otros, que por más original y devastadora que pareciera la pena,
había sido ya en el cuerpo y la índole de seres que nos eran entrañables y
resultaron sobrevivientes. Esto de siempre amar el mundo como se ama lo
insólito, de no querer morirse nunca y andar muriéndose una mañana
cualquiera, esto de enamorarse hasta un día parecer perros callejeros y al
otro dioses repentinos, esto de querer salir a ahogarse una tarde y querer
revivir a medianoche, esto de perder el horario oyendo música, de perderse
en el cuerpo de otro y luego no saber dónde quedó uno, de ser joven como
quien es invulnerable y ser invulnerable hasta despertar envejeciendo.
Tantas cosas: Cortázar. Julio.
10 de mayo de 2004, lunes Has rebrotado como la hierbabuena, fresca, verde y olorosa. Se ha alargado el duro invierno que casi no nos daba ya esperanza y a la primavera le ha costado decidirse. Pero al fin te has hecho amiga de las flores y has brotado de nuevo, fresca, verde, hierba, buena.
9 de mayo de 2004, domingo Una mañana, un sábado cualquiera, se despierta el niño de la casa y lo primero que hace es ir al comedor y encender el televisor, pero no aparece nada en la pantalla. Llama, con cierto desespero, a toda la familia pero nadie sabe qué sucede y ninguno logra que aparezca la imagen. Hay que llamar al portero de la finca, pero el portero no logra nada. Llaman a las casas vecinas, pero en todas sucede lo mismo. Cunde la alarma y se palpa la preocupación en la vecindad. Hay que llamar al técnico, pero el técnico no puede resolverlo e informa que el fallo es general, afecta a toda la ciudad. La gente va bajando a la calle, allí se congregan las familias asustadas. Poco a poco va pasando el día en esas condiciones y ya parece que llegará la noche sin ningún cambio. Nadie sabe qué sucederá entonces, qué se podrá hacer, cuales serán las consecuencias de este suceso.
8 de mayo de 2004, sábado En mi otro oficio de desmemoriado callejero me he encontrado con una mujer que hacía caso omiso de las indicaciones que alguien le hacía desde arriba, desde el balcón saledizo y cargado de áridas macetas, que hay justo encima del rótulo de la ferretería Koala, en la calle que va directa al mercado. La mujer se ha dirigido a mí y me ha sonreído elevando levemente las cejas, con ese gesto que parece decir: "ya ves, aquí estamos". Llevaba levantadas las solapas de la gabardina y las sujetaba con las manos apretándolas contra las orejas. La imagen denotaba que el ambiente era frío e incluso desapacible, pero también una excesiva preocupación por los oídos, quizá producida por el temor a alguna dolencia. Esa mujer era agradable. Una de esas que te reciben con simpatía, sin temores, segura de sí misma y sin desconfiar de ti. Y dice que lleva casada conmigo muchos años y que tenemos tres hijos.
7 de mayo de 2004, viernes La vida, tal como la disfrutamos estos días es un milagro. Por segunda vez que yo recuerde, ha ocurrido un incidente similar, allá en las lejanas costas de mis pies. Ha sido en el pié izquierdo. Un descuido, al cortar la uña de un dedo, ha hecho que la tijera hiciera un corte en el dedo vecino. La sangre ha brotado bella y generosa. La levedad de la herida y una cura rápida ha dejado el incidente en el terreno de lo intrascendente. Pero sólo esa pequeña inseguridad al plantar el pié, para evitar una pequeña molestia, me recuerda qué necesario es, para el buen trazado del paso, para andar por la vida, hasta el dedo más insignificante. Que todo siga como hoy, o como ayer o como ese día en que te sentiste tan bien.
6 de mayo de 2004, jueves Hacía un sol radiante. Todos los ciudadanos paseaban con un paraguas en la mano. Una de dos o el tiempo estaba loco o lo estaban los ciudadanos.
5 de mayo de 2004, miércoles Hoy toca
adivinar a quién pertenece este texto:
4 de mayo de 2004, martes El tren esta vez, paseaba más lento que nunca, casi triste, aún más distraído. Hacía la ruta de siempre. El reloj le había informado, era demasiado tarde. No lograría encontrarse contigo. Iba hacia el sur, pero le parecía que el sol ya no le miraba, que le daba la espalda.
3 de mayo de 2004, lunes
PREGUNTAS QUE NO SE HICIERON EN SU MOMENTO PERO CUYA
RESPUESTA ME GUSTARÍA CONOCER
2 de mayo de 2004, domingo No sé nada de mujeres. A lo único que he llegado es a intuir algunas constantes: ciertos niveles de sensibilidad, cierto tipo de sensibilidad. Las admiro y veo sobre todo lo diferentes que son de nosotros, eso a fuerza de serme cada vez más evidente me resulta lógico pero siempre me sorprende y maravilla. Parece que, ahora, algunos hombres se empiezan a interesar por su propio embellecimiento. Pero una cosa he aprendido: toda mujer, hasta la más despreocupada, sabe de eso que ellas llaman “ponerse guapa” y agradece la ocasión para llevarlo a la práctica.
1 de mayo de 2004, sábado Estoy contento y descontento, bien y mal, triste y alegre, me siento grande y pequeño, y es que las galaxias deambulan por el universo, algunas colisionan y otras se acarician. Y luego dicen que los cuerpos celestes no influyen en nosotros.
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