días pasados
2004
junio

 

 
 

30 de junio de 2004, miércoles

Vale, ya sé que no debo dirigirme a ti, no gano nada con ello, no me conviene y a ti tampoco. Pero (cualquier motivo es bueno)… Vengo acumulando correos (voy por 1015) y claro, pienso que en algún momento tengo que hacer una limpieza y de ese pensamiento he pasado a recordar que cuando empecé, uno de los primeros correos que me llegaron (el tercero de esos 1015) era tuyo. Ya sabes que yo también soy guardador y que no soy capaz de tirar nada. Tengo amigos que están muy contentos porque han desarrollado una estrategia de conservar lo mínimo y en consecuencia han restringido también las adquisiciones. Se sienten tan bien que no paran de comentar lo felices que son y de invitar a que todos hagamos lo mismo. Pero quizá la humanidad se divide entre los que tiran y los que guardan. Y los que guardan también tienen su mérito, pensemos en los coleccionistas y en sus colecciones (algunas de interés). Aunque soy de los guardadores puedo comprender también a los tiradores: Me recuerdo en mi época de mochilero (viajaba por ahí de forma precaria con una mochila a la espalda). En aquellas circunstancias era fundamental que todas tus pertenencias cupieran en la mochila para poder desplazarte con libertad. Fui pues, por circunstancias, temporalmente tirador. Para nosotros entonces el colmo del aburguesamiento era no poder transportar tus cosas por ti mismo. El pobre Aschenbach de La muerte en Venecia de Thomas Mann, nos daba pena no por su sufrimiento al haberse enamorado (a su edad) de un muchacho sino porque tenía que encontrar quien portara sus baúles, cosa para él imposible. Aunque, sinceramente, lo importante no era eso sino que carecía de una persona a quien confiar sus inquietudes, no tenía con quién comentar lo que le estaba pasando.

 

29 de junio de 2004, martes

Ya sé, ya sé, cuando he llegado tú ya estabas. Mirabas un libro concentrada, ensimismada, con aire de trabajo, como si hubieras instalado tu oficina en la mesa de mármol en la que tomamos café. Era un libro antiguo, del siglo XVIII, uno de esos con gruesas tapas cubiertas de piel, con las guardas de papel de aguas y con hojas blanquísimas que se estremecen y suenan cuando las tocas. Un libro de Antonio De Sancha, el editor madrileño. Me has dicho que en esa época (la de Goya), el editor imprime, encuaderna y vende, y que a De Sancha se le cuentan 586 libros entre 1771 y 1790, muchos de ellos ilustrados. Sí, ya sé, hoy no leías, mirabas el libro ensimismada y pasabas sus hojas para que sonaran estremecidas y querías contarme muchas cosas.

 

28 de junio de 2004, lunes

"Qué cosa más rara -pensaba-. Se diría que media humanidad ha nacido para vivir y la otra media para que alguien viva por ella."
Y volviendo inmediatamente a pensar en su caso concreto, se dijo: "Angelina puede que sólo exista a fin de que viva yo".
Echó a andar tranquilo, sintiéndose resucitado en la noche que había seguido a aquel día sofocante.
(Italo Svevo en Senectud)

 

27 de junio de 2004, domingo

Entre morir y no morir
me decidí por la guitarra
(Neruda)

 

26 de junio de 2004, sábado

"Pensamos que si unimos el puente en la posición correcta, puede ser que sostengamos la cadena en el lugar adecuado". Aunque no lo parezca estamos hablando de la conformación única del taxol en T que invita a la construcción de una zona de unión entre dos átomos de la estructura tridimensional de la molécula que aparece distante cuando se dibuja en un papel en dos dimensiones. Además de que el paclitaxel se une a la tubulina, como parece lógico, al llegar a los microtúbulos. En fin, un poco de lío ¿verdad? Pero tiene lógica.

 

25 de junio de 2004, viernes

Ahora puedo imaginarme lo que siente una camisa o un traje colgado dentro de un armario. Mi habitación, la habitación en la que me encuentro (esos pocos metros cuadrados con ventana), ha sufrido una transformación y prácticamente se encuentra todo su interior forrado de estanterías. La madera (más o menos artificial) me rodea casi por completo. Me siento camisa, traje o corbata dentro de un armario, aunque todavía no he aprendido a colgarme (sin daño). Antes de eso deberé devolver los libros a los estantes.

 

24 de junio de 2004, jueves

Hay libros que no tienen suerte, hay libros olvidados,  libros que hace años que nadie los abre, que nadie los toca. Hay libros que llevan unos meses esperando. En el expositor de la Biblioteca del Estado se ofrece al público desde hace mucho tiempo el "Fly Fishing" (Pesca con mosca) del Vizconde Grey de Follodon (justamente cuando los vendedores callejeros te ofrecen cañas de pescar en cualquier momento), pero nadie lo coge. En esta ciudad hay muy pocos pescadores o los pescadores leen poco o ni siquiera pasan por la biblioteca o pasan y leen, pero están embebidos en otros temas acuciantes: el amor, las finanzas, las aves rapaces, el estructuralismo, los horóscopos, el teatro de Artaud, la cría de caracoles. Puedes leer el "Fly Fishing" en cualquier momento si quieres.

 

23 de junio de 2004, miércoles

Quiero tener un huequecillo en tu vida, ¿es posible?

 

22 de junio de 2004, martes

Durante mucho tiempo me preguntaba qué habría detrás de esas montañas. Ahora lo sé, y es bonito pero no fascinante.

 

21 de junio de 2004, lunes

He oído decir muchas cosas bellas y Antonio Gala es de los que mejor las dicen. Por ejemplo dice que vive permanentemente en un largo noviembre, aquel mes que tanto nos gusta cuando llega. Y yo le envidio aunque preferiría vivir aún en un largo octubre o todavía mejor en un largo septiembre. Y dice que te ama tal como eres y estés donde estés, sin intentar cambiarte.

 

20 de junio de 2004, domingo

Traían a la ciudad (un primitivo núcleo de población) cobre, conchas, pigmentos, comida, todo lo necesario para el sustento y las actividades de, en aquel tiempo, un numeroso grupo de gente. Para que eso fuera posible se necesitó domesticar animales y cultivar plantas y fue la gran revolución cultural del neolítico. Esa es la teoría en torno a Nueva Obsidiana, esa ciudad tan antigua (8500 a. C.) en la que sus habitantes se dedicaban a extraer, trabajar y comercializar la obsidiana. La teoría contradice aquello de que las ciudades surgieron cuando fue posible conservar los alimentos. Fue necesario aprender a hacerlo cuando hubo que alimentar a aquellos incurables de la obsidiana.

 

19 de junio de 2004, sábado

No era el bandido doblemente armado (qué título tan ingenioso). Era el bandido que no sabía. Al filo de las doce de la mañana ya lo había decidido. Se hizo fuerte en un banco del centro. Tomó un sinnúmero de rehenes. Cuando llegó la policía amenazó con provocar una gran explosión y matar a muchos. Pero preguntado sobre cuales eran sus pretensiones, ¿qué era lo que quería?, respondió, tras una reveladora pausa y con cierto acento extranjero: “Pues no lo sé...” Quizá tenía problemas de comprensión en nuestro idioma.

 

18 de junio de 2004, viernes

Se había llamado Manolita, después Basul y ahora, desde hoy, Manuel: “Llamadme Manuel.” Era el primer día que oficialmente era hombre. Se mostraba entusiasmado y para ser el primer día no estaba mal, ya le tiraba los tejos a la chica gritando para que todos le oyeran: “Qué atractiva está Amaranda.” Amaranda era la muchacha espigada y sonriente, que no sabía llegar a casa por sí misma y que nunca miraba a la cara, delante de la gente siempre mantenía los ojos entornados, como si no viera.

 

17 de junio de 2004, jueves

Desde ayer, durante unos días, en una pared de doce metros por tres, en el interior de un local público, junto a otros cuadros hay un marquito modesto con un cristal que protege un dibujo extraño, trazado con diferentes e inseguras presiones de lápiz, en el que no se adivina ni el motivo ni la intención y bajo el dibujo escrito en rojo, con letra no del todo mala, puede leerse: “Alegría. Entusiasmo. Tener alegría y estar como ahora estoy es lo mas grande que hay y se disfruta de todo.” ¿Cosa de locos?

 

16 de junio de 2004, miércoles

Hoy es un día importante. Hay varias razones para que lo sienta así. Una no la confesaré, por si acaso (últimamente los miércoles me eran muy gratos). 
El 16 de junio es el cumpleaños de un amigo y con suerte puedo felicitarlo personalmente, lo que no siempre sucede. 
Además es el gran día en Dublín, el gran día de Joyce y el gran día de su obra el Ulysses. Primero hay que leer la novela. Parece general la idea de que es un texto difícil pero imprescindible (poderla leer en inglés ya es el colmo según dicen). La obra recrea lo que sucede en un solo día, el 16 de junio de 1904, justo hoy hace cien años. 
Cada año se celebra en Dublin el Bloomsday en honor del principal personaje de la novela Leopold Bloom. Por cierto (por si no lo sabías) su mujer es la más famosa Molly de la literatura. El otro personaje importante es Stephen Dedalus. Lo que les sucede en esa jornada tiene un claro paralelismo con las peripecias vividas por Ulises, su mujer Penélope y el hijo de ambos Telémaco en la Odisea de Homero.

 

15 de junio de 2004, martes

Sin ningún género de duda he logrado rebajar mi tono vital. La cosa no es fácil, hay que trabajarla. Primero deberás demostrar una obstinada tendencia a la hipertensión, así después de mucho tiempo se te administra una droga diaria que te baja la euforia en unos grados (y de paso te salva de algunos peligros). Después, cuando estás distraído, una puñalada traicionera se te incrusta en el riñón y durante horas pugna por mantenerte (entonces te parece que para siempre) en el inusitado reino del dolor físico. Así se tambalea de repente ese castillo de naipes que venías construyendo y eres de nuevo (durante unos días) ese ser indistinguible que se hace el distraído y al que le parece inconcebible cualquier riesgo.

 

14 de junio de 2004, lunes

¿Nos hemos imaginado unos a otros o estás ahí de verdad?

 

13 de junio de 2004, domingo

Vivo oteando el horizonte dirección sur. Desde mi ventana "indiscreta" no puedo espiar las ventanas del vecino, no puedo descubrir qué crímenes se cuecen tras sus cristales, cual ocioso James Stewart siendo conducido por Hitchcock. Vivo demasiado en alto o las casas cercanas son demasiado bajas y sólo me muestran los tejados. Lo que yo espío son los alocados vencejos (que duermen volando) y el paisaje panorámico que termina en  las lejanas montañas. Desde aquí se ve el Moncayo dirección suroeste y más a la izquierda las alturas de Alcubierre. A la derecha, en las primeras colinas, han empezado a asomar esos esbeltos molinos de viento que tanta gracia nos hacían al principio (por fin la tecnología limpia) y que tanto han infectado las sierras y las montañas de las comarcas vecinas (debe ser un gran negocio). Pueblos que sólo tenían la compañía del viento ahora disfrutan también la de los molinos: Quién recuerda cómo era el campo de La Muela en Zaragoza,  ahora transformado en un inquietante y gigantesco "parque eólico". Si Alonso Quijano visitara esos parajes, no sólo se volvería loco con sus confusiones (que es lo suyo) sino que caería en la desesperación al verse imposibilitado de entrar en batalla por tan descomunal e imbatible número de gigantes.

 

12 de junio de 2004, sábado

Esta mañana he tenido a Javier Tomeo no a un tiro de piedra (que no se trataba de eso) sino al alcance de mi mano (sentado en la mesa de al lado). Pero además de mi natural timidez (que me impide dirigirme a una persona si no he sido presentado), he recordado la máxima de Augusto Monterroso (al que tampoco me hubiera dirigido sin más) según la cual lo mejor para dejar de leer a un poeta es conocerlo personalmente. Y he desistido definitivamente: quiero seguir leyendo a Javier Tomeo.

 

11 de junio de 2004, viernes

Me encantan tus lapsus (el lapsus linguae como acto fallido inconsciente): que me nombres a mí cuando quieres nombrar a otro. ¿Quiere eso decir que al menos en ese momento estoy en tu cabeza?
Prefiero pensar que lo contrario no te sucede.

 

10 de junio de 2004, jueves

Qué bien se hace contigo. Me gusta esa frase por su ambigüedad precisamente (multiplicidad de lecturas). Desde luego no conviene divulgar todo aquello que se hace bien contigo. Al mismo tiempo no quiero dar imagen de frivolidad, tampoco de ligereza. No quiero correr el riesgo de ofenderte intentando ser tontamente gracioso, tampoco me gustaría resultar obsceno, ni mucho menos provocador. Dejémoslo entonces, sin entrar en detalles. Pero se hacen tantas cosas bien contigo... 

 

9 de junio de 2004, miércoles

En mi casa somos poco planificadores. Constatar eso simplemente me hace gracia, no me proporciona ninguna inquietud. Nos hemos juntado gentes a las que no nos preocupa cómo viviremos mañana. Creemos tenerlo solucionado, pero nada es seguro, ya veremos (creo que mi frase favorita). Así, hemos estado varios años (cinco o seis) sin lámparas en la casa. Nuestras habitaciones se iluminaban con la triste bombilla de obra colgadita del propio cable alimentador (y algunas luces indirectas para disimular). Pero hoy, de repente, ha llagado la iluminación y de un golpe (somos así: o todo o nada) hemos puesto lámparas bellísimas en todas las habitaciones. “Qué bonita que es, no me canso de mirarla”. Sí, es verdad, todo está más bonito, todo completo, como terminado. Ya pueden venir los amigos, los mismos que venían cuando sólo teníamos la triste bombillita, y disfrutar con nosotros de las estancias terminadas, de repente embellecidas, artísticamente iluminadas. Ha llegado la luz organizada. Todo resplandece. Casi tanto como aquel pabellón que (en nuestras noches de sueños revolucionarios o amorosos) en la Zona Franca de Barcelona, una empresa multinacional de la bombilla hacía estallar de luz. Creíamos nosotros que de esa forma probaban la durabilidad de las bombillas recién inventadas.

 

8 de junio de 2004, martes

La tiré desde el séptimo piso. Hice mal, ya lo sé. Pero qué iba a hacer. Me quemaba en las manos. Era una foto antigua, me la había encontrado explorando una vieja vivienda abandonada. Para empezar había entrado en un recinto al que no me habían invitado. En esas ocasiones, en las que te puede la curiosidad, los espíritus de la casa, aquello que ha quedado de los que vivieron allí, te permiten el paso pero te vigilan, si entras debes descubrirte, saludar con respeto. Pero lo mejor es dejarlos tranquilos, pasar de largo, ocupar tu lugar en campo abierto o cerca de un árbol en un camino o a la orilla de un pequeño río, esperar que esas casas
dejen de ser casas, que separen lo mineral de lo vegetal y se hagan tierra y roca y desaparezcan engullidas en la vegetación siempre renovada. Antes, mucho antes de que eso sucediera, unos doscientos años antes, encontré una foto, era una niña de unos siete años, tal vez vestía de primera comunión, la foto mostraba las huellas de un cuchillo que se había clavado varias veces en su cuerpo. No encontré otro medio de deshacerme de ella.



7 de junio de 2004, lunes

Eres como un gran descubrimiento, como un continente nuevo. Eres como un mar nuevo nunca visto, con su línea de costa, con sus rocas, con sus playas, con sus peces, sus algas, todo nuevo. Una geografía sorprendente, totalmente desconocida e imprevista con sus lagos, sus montañas, sus nubes, sus volcanes, sus desiertos y sus selvas. Una tierra nunca imaginada con sus noches, con su luna, sus estrellas, sus cometas. Un nuevo planeta inexplorado. Un alma perfecta, una risa distinta, una mirada nueva, una gran alegría, un gran misterio.

 

6 de junio de 2004, domingo

Hola:
Ya he terminado de leer la novela, ¿sabes? (me refiero a "Una música constante" de Vikram Seth). Y la cosa acaba como era previsible (pero no voy a desvelar el final): sólo diré que es mejor no dejar pasar tu oportunidad (sí, como tú decías, hay que estar atento siempre, y yo añado: y además acertar), después es demasiado tarde y las cosas no pueden volver a ser como eran. ¡Ah! Y “El arte de la fuga” (Die Kunst der Fuge) de Bach se impone al final con la misma potencia que antes “La Trucha” de Schubert. Vale. Nos vemos. Ya dirás algo.

 

5 de junio de 2004, sábado

El trenecito había bajado hacia la llanura dando tumbos y trompicones, resoplando y lanzando alaridos, no sabía si de alegría, de alborozo o eran sólo efecto de su excitación nerviosa. Iba tratando de imaginar lo que iba a pasar, cómo se desarrollaría el encuentro: ¿una nueva oportunidad? Después, a la hora de marchar no estaba contento del todo, volvía pensativo, no estaba seguro: ¿todo se había parecido a lo previsto, había sido completamente diferente, había sido inútil, había sido como tenía que ser porque no podía ser de otra manera? En el reloj de la estación eran ya las cuatro, habían pasado muchas horas. No sabía, pero le parecía que había pasado una oportunidad, no del todo perdida pero tampoco aprovechada del todo.

 

4 de junio de 2004, viernes

Era tan azul el cielo que me puse a llorar. El sol, al que pedía ayuda lo impregnaba todo. La luz era extraordinaria. Todo más luminoso de lo esperado. Una temperatura perfecta, ni frío ni calor. Era tan hermoso, sentía tanto pesar por no compartirlo todo que mirando hacia el mar (el gran río), con la montaña a mi espalda, tuve que gritar. Y sólo hallaba algo de consuelo en aquella música y en aquel libro.  

 

3 de junio de 2004, jueves

Recuperar sí, o al menos intentarlo. Recuperar algo de lo que en el tiempo parece perdido, pero para vivir ahora, no para volver al pasado que ya no puede ser. Prefiere no añorar (no recordar con añoranza) cómo fue el año pasado, cómo era hace dos años, hace tres, hace diez, hace treinta (ya reúne recuerdos de cierta antigüedad). No quiere repasar su propia iconografía, esas diez o doce fotos de momentos estelares: esta en Barcelona, yo en Estocolmo en casa de Ramón, aquí con Kiki en Zaragoza, yo en aquel viaje a Madrid... Reconciliarse con su imagen actual, vivir ahora. No caer en la melancolía, en la tristeza, no abandonarse al recuerdo de aquello que fue o que no pudo ser, en un tiempo que no fue mejor ni peor. Recuperar lo que es recuperable porque aún está vivo (si aún le queda un latido) o al menos intentarlo.

 

2 de junio de 2004, miércoles

Sólo la rosa rosa huele a rosa
Porque
Sólo de verdad es rosa la rosa rosa

 

1 de junio de 2004, martes

Hay unas cuantas personas (no muchas) en el planeta cuyo pelo me interesa, me causa admiración o me sorprende. Uno de esos pelos es el tuyo, claro. Esa cabellera, que yo conocí formando una melena sólo ligeramente ondulada al principio y que al final se alborotaba en aquellos maravillosos bucles que tanto me gustaban, que ahora tienes la costumbre de llevar muy corta (te has vuelto muy práctica) pero igualmente cuidada e igualmente bonita.
Otro es el tuyo, esa otra hermosa cabellera en cascada de pelo negro que baja a borbotones hasta rozar tus hombros y que algunas veces olvida algunos armoniosos bucles delante de la cara, que con un movimiento o un leve gesto de tu mano deben regresar al rebaño, y que entre tanto colman de misterio tu presencia.
O ese otro en forma de festival de pelo liso en movimiento en varias direcciones, tan cuidado, que tantas veces te cubre parte de la cara, que a mí me parece de varias longitudes, que a veces lleva alguna trencita por ahí, casi siempre suelto y que a veces va recogido en la nuca pero como pugnando por escapar de su atadura.
O tu locura de pelo rojizo del último verano, que parecía una total revolución en la que todo revolucionario tiene su sitio concreto y que te hacía vivir en la duda de si era intencionado o casual, o casual intencionado, pero que armonizaba totalmente contigo  en el ambiente en que nos movíamos.
Y está esa mata de pelo de ese anciano peinado a raya (un caso especial) que yo conocí en la última boda a la que fui de invitado, tan tupida y compacta como la de un niño, que era la envidia y la admiración de muchos jóvenes invitados que ya, a sus veinte años, apenas necesitan ir a cortarse el pelo ni siquiera una vez cada dos meses.