días pasados

2004 diciembre

31 de diciembre de 2004, viernes

¿Por qué detesto los balances anuales? Tantos sucesos. Odio pasar revista (y recordar) los acontecimientos del año, lo mejor es olvidarlos y esperar a lo que venga. No hay otro remedio. ¿Quién sabe? Quizá en el futuro, tú vuelvas a reconocerme; o tú (perdida la gracia) tal vez me olvides para siempre; o tú (nunca sabré por qué) tal vez me sigas odiando; o tú (para mi sorpresa) quizá me admires; o a ti, te siga siendo indiferente; o tú (qué extraño) quieras saber algo más de mí; o quizá sea yo quien te admire (como hasta ahora); o quien te descubra, de nuevo, o por primera vez; o quien te olvide; o quien se disguste contigo; o quien se acerque o se distancie de ti; o quien te siga queriendo, o te quiera de nuevo o te quiera por primera vez.

 

30 de diciembre de 2004, jueves

A vos que me leés, ¿no te habrá pasado eso que empieza con un sueño y vuelve en muchos sueños pero no es eso, no es solamente un sueño? Algo que está ahí pero dónde, cómo; algo que pasa soñando, claro, puro sueño pero después también ahí, de otra manera porque blando y lleno de agujeros pero ahí mientras te cepillás los dientes, en el fondo de la taza del lavabo lo seguís viendo mientras escupís el dentífrico o metés la cara en el agua fría, y ya adelgazándose pero prendido todavía al piyama, a la raíz de la lengua mientras calentás el café, ahí pero dónde, cómo, pegado a la mañana, con su silencio en el que ya entran los ruidos del día, el noticioso radial que pusimos porque estamos despiertos y levantados y el mundo sigue andando.
(Julio Cotázar en no depende de la voluntad de Octaedro)

 

29 de diciembre de 2004, miércoles

Todo permanece verdadero. Ilusiones, proyecciones, agonías, pulmones heridos, paradas cardíacas; secreciones de la carne y del alejamiento. ¿Todo falso? Es verdad que sólo las verdades, sin acontecimiento, las creencias, son absolutamente, personalmente, verdaderas: el amor, la vida, lo que no sucede, lo que es, lo que no pasa; lo que no se puede contar; la muerte. Todo lo demás es ficción.
(Hélène Cixous en Angst. Deseo de escritura)

 

28 de diciembre de 2004, martes

Era más apacible la noche que el día. Espera que venga la noche y hablamos. Espero.

 

27 de diciembre de 2004, lunes

Callando, ni el uno ni el otro se parapetan tras su pensamiento, ni pisan la tierra de la otra patria. En el silencio, extraño frente a extraño, ambos intiman. Es el estado de extrañeza íntima. En el verdadero abrazo descubrimos que el cuerpo habla una lengua extranjera, extraordinariamente silenciosa. Hablando no la entendemos. Pero si escuchamos el silencio, podemos aprenderla.
(Pascal Quignard en Vida Secreta)

 

26 de diciembre de 2004, domingo

CORAZONES MARCADOS: EL GOFRADO
Si un día, por tu forma de ser o por alguna causa, sin saber por qué o quizá sabiéndolo, te sintieras atraída a manipular planchas metálicas o láminas de algún otro material de características no tan permanentes pero igualmente superficiales como cartones o plásticos, consiguiendo relieves destacables, a base de añadir materias duras a la superficie o de quitar y disminuir la lámina metálica, y después, sin añadir tinta a ese resultado pasaras por la prensa esa plancha confrontándola con un papel un poco húmedo (como si pretendieras una impresión tradicional), esos relieves quedarían marcados en el papel y a ese resultado lo llamaríamos gofrado. Sería también gofrado si la plancha entintada gozara de relieves considerables que quedaran igualmente marcados en el papel impreso (a la vez que la tinta). De esa forma, sin dañar a nadie, obtendrías improntas duraderas no en corazones predispuestos sino en materias insensibles e inertes.

 

25 de diciembre de 2004, sábado

NO AVANZAR NI UN METRO
Hay un país en el que todo es posible. Ser valiente y cobarde, osado y pusilánime, veloz y pausado. Allí es posible hacer cosas peligrosas sin ningún riesgo, se puede asistir a una guerra y hasta ser tocado en ella sin ninguna consecuencia. Hasta es posible quererte y desconfiar de ti al mismo tiempo. Se puede correr desesperadamente sin avanzar ni un metro. Se puede llevar un avión en una bolsa con el ánimo y con la seguridad de que después funcione contigo dentro. Se pueden mantener conversaciones absurdas con la mayor naturalidad con personas conocidas o con gente desconocida y en ellas pronunciar tu nombre y sentir tu presencia sabiendo al mismo tiempo que ya no significas nada. Es un lugar que en el mismo momento existe y no existe. Está dentro de ti pero no puedes dirigirlo, funciona por sí mismo. Es un país posible e imposible.

 

24 de diciembre de 2004, viernes

SOÑABA
El nadie es un color
. Frase críptica de verdad pronunciada (y escrita) por  Lin Ho Chan (guerrero y calígrafo del siglo XVII), al recibir en el rostro una ráfaga de aire fresco entre sueño y sueño en plena campaña militar de otoño (1652) al norte de Sin Chiang. ¿Qué estaría soñando?

 

23 de diciembre de 2004, jueves

EL SOL EN LA CARA
Eran dos hermanos y ninguno de ellos podía percibir nada más allá de un débil resplandor y eso cuando el sol les bañaba directamente la cara. Dime, ¿cómo se ve ahora el cielo? preguntaba. Se ve azul. ¿ Y cómo es el azul?

 

22 de diciembre de 2004, miércoles

EL ESTUPOR DE A. F.
Nadie se explica todavía cómo pudo ser. Cuando el camión (no demasiado grande) de Labarta Oil enfilaba la esquina del Coso con la cuesta de la plaza Lizana, estalló como una bomba, dejando apenas tiempo para que el conductor saliera despavorido y se tirara sobre el asfalto cuan largo era (por eso de que tumbados se nos ve menos) salvando milagrosamente la vida. Se supone que al girar el vehículo para alcanzar la cuesta, rozó en la pared y se inflamó la (peligrosa) carga, lo que provocó la desgracia. En ese mismo suceso, A. F. no perdió la vida (ni mucho menos) pero sí un valioso cuadro al óleo que representaba a su abuela materna (a la que tanto quiso). No sabemos (nunca lo dijo) por qué llevaba el cuadro en ese momento. Cuando se produjo el accidente A. F. se encontraba a diez metros de distancia por lo menos y aún así, con el ímpetu de la explosión el cuadro se le fue de las manos y por alguna ley física (¿la del llenado de vacíos?) fue absorbido por el fuego y desapareció para siempre, sumiendo a A. F. en el estupor, estado desde el que tardaría un largo tiempo en regresar.

 

21 de diciembre de 2004, martes

HILDE
Se llamaba Hilde Eberhardt (por ejemplo). Esa mujer tuvo un libro y ahora está en mis manos. Lo he encontrado en el mercado que se abre (sólo los domingos) en la vieja fábrica (hace años parada) de Treptower, al sureste de Berlín, tocando al río. Mientras a ti te atraen, sobre todo, los adornos, las joyas o la bisutería, yo me paro, con preferencia, ante los desordenados y mal cuidados montones de libros (casi todos de escaso interés) por si encontrara algo que aun estando en un (por ahora para mí) indescifrable alemán, se parezca a aquel que no compré (otro domingo) en las cercanías del mercado de Sabadell: de papel un poco tostado, preciosas ilustraciones de los años treinta y que parecía que trataba de astronomía porque tenía dibujadas muchas estrellas y muchos planetas. Ya no recuerdo el título de aquel, ni tampoco me interesa el título de éste. Me atrae mucho más el modesto exlibris de Hilde: simplemente una estrecha tira de papel de libreta con el nombre escrito a máquina y pegada con esmero. Es un libro de 1929 y ya no exhibe la agobiante letra gótica alemana sino una tipografía moderna, ancha y clara. Está editado (como casi todos) en la no muy lejana ciudad de Leipzig.

 

20 de diciembre de 2004, lunes

HÁBLEME POR FAVOR
Hábleme por favor de su coche, hábleme de su armario por favor, hábleme de sus tijeras, dígame por favor algo de su silla, ¿qué puede decirme de su bicicleta?  ¿y la jaula de su pájaro? dígame algo de su cinturón por favor, hábleme de su bolígrafo, ¿y su reloj de pulsera? dígame algo de su monedero. Ahora, dígame algo por favor de su cafetera, y ahora de la mesa de la cocina y ahora del calendario que tiene en el despacho. Sin duda esta entrevista va a favorecer el bienestar psicológico de todos estos objetos, que habiendo visto tantas cosas no pueden hablar por sí mismos  y que habitualmente suelen tener enormes traumas generados por todo eso que han visto y sobre todo por el trato que han recibido por parte de sus propietarios anteriores (aquellos que los han tenido) y de usted mismo (los que no) y que suele ser como mínimo injustamente desdeñoso.

 

19 de diciembre de 2004, domingo

EL SOL Y TÚ
Yo tengo muy buenos amigos y todos ellos importantes. El más importante de todos es el sol. Soy amigo del sol porque me conviene, porque es muy generoso, porque sin él no existiría nada, porque está siempre y nunca falla, aunque algún día cansado de protagonismo descanse un poco (y nos deje descansar de él) permitiendo que las nubes y la lluvia (otra amiga) lo oculten por un tiempo, porque él sabe que así enseguida lo echamos en falta y deseamos verlo de nuevo. Así que al sol lo saludo todos los días  por lo menos diez veces seguidas, sin que él diga nada y sin que le parezca extraño y nunca se me olvida insistirle en que ilumine con sus rayos mi corazón (o mi mente) para ver si de esa forma, ese día, puedo hacer algo bonito y seguidamente siempre me acuerdo de todos mis demás amigos. Y ahí estás siempre tú y no sé muy bien por qué todos los días, con sol o sin sol, me entran tantas ganas de volverte a ver.

 

18 de diciembre de 2004, sábado

QUE HACEN LOS CUADROS POR LAS NOCHES
Las noches anteriores a la apertura de una exposición es bueno que los cuadros duerman juntos, así se relacionan unos con otros. Puede ser que algunos ya se conocieran, bien porque han nacido juntos o porque se han visto en una misma casa (algunos hasta en la misma pared) o quizá se han encontrado ya en ese lugar tan concurrido: la tienda de enmarcación, o incluso han podido estar pegados, cara con cara, al ser guardados en un mismo almacén, durante algún tiempo. Así, todos reunidos (los conocidos y los hasta ahora desconocidos) y colocado cada uno en su sitio, habrán pasado unas noches en el mismo espacio, habrán hablado entre ellos, habrán cambiado impresiones sobre el lugar que les ha tocado, cada uno habrá contado cual es su historia y qué previsiones tiene para el futuro, habrán tenido tiempo de ensayar la manera de recibir a la gente, y de esa forma, hasta los más pequeños y los más tímidos se habrán dado ánimo para no tener miedo de ver tantas caras desconocidas, ni sentir vergüenza al ser mirados y remirados, examinados de arriba abajo, en todos sus detalles, si no por todo el público, sí por algunos conocedores interesados. Es bueno que los cuadros duerman juntos. 

 

14 de diciembre de 2004, martes

UNA APARICIÓN
No fue un flechazo, debió ser un verdadero rayo de amor lo que atravesó a este hombre, de manera que además de paciente (que ya lo era) debió volverse loco (si es que no lo era). Verás. Estaba junto a un amigo (en estas circunstancias siempre te acompaña alguien) al atardecer, no se sabe en qué localidad ni en qué provincia, pero sí que al mirar hacia el oeste, a la caída del sol, la ve venir con una amiga (siempre te acompaña alguien) tapando el disco solar, por lo que al verla a contraluz tiene algo de aparición deslumbrante con su halo de luz celeste. La visión le hace gritar: “¡la virgen!” La muchacha finalmente no es la virgen, con su metro setenta, morena, con su pelo rizado, pero es una maravilla que él de inmediato se propone cautivar (esa es la palabra empleada en su relato). Y cautivar lleva su tiempo, se hace poco a poco. Ahora son siete años y todavía no está plenamente cautivada. El hombre piensa que si en breve no está cautivada del todo, la va a cautivar (ahora sí) al sorprenderla llegando montado a caballo vestido de marinero y (sobre todo) desvistiéndose poco a poco al modo “striper”

 

13 de diciembre de 2004, lunes

UN ENCUENTRO
Me has dicho que a esa misma hora vas a estar donde siempre sueles estar. Iré a tu encuentro tal como hemos quedado, nos saludaremos, tal vez me des un beso. Procuraré que no se me note cómo se me acelera la respiración, hablando despacio como manteniendo la calma. Cuando eso se me haya pasado, te enseñaré el muestrario de colores y tal vez te lo deje si ves que te hace falta, tú pondrás en mi mano esas monedas (de países extranjeros) que me has prometido y nos despediremos otra vez, como siempre, como si nada hubiera pasado.

 

12 de diciembre de 2004, domingo

ENTRAR EN TU VIDA O EL PLANO DEL TESORO
Tenía que conseguir la llave, tenía que abrir la puerta y pasar adentro y a la derecha habría dos mesas, de las dos en la primera habría unos cajones en la parte derecha, debería mirar en el segundo y allí tendría que haber dos llaves, una con etiqueta amarilla y otra con etiqueta verde, debería coger la amarilla y en la pared de la izquierda habría un armario empotrado (muy feo) con dos puertas, una encima de la otra, con la llave amarilla se tendría que abrir la puerta de abajo, allí habría dos estantes, tendría que mirar en el de arriba y allí encontraría varios montones de papeles, el más abultado no era, sería el que está a su izquierda y en él, debajo del todo lo encontraría, y en efecto allí estaba.

 

11 de diciembre de 2004, sábado

Los árboles del paseo
Alineados como si fueran soldados
Hacen caso omiso de las órdenes
Y cada uno mira para un lado
Se salen de la línea
Y se retuercen
Alargan los brazos
Y tocan a quien quieren

 

10 de diciembre de 2004, viernes

UN ERROR
Ha habido un error, lo siento, inténtalo de nuevo.

 

9 de diciembre de 2004, jueves

LAS FUNCIONES DEL ALERO
El tejado es como el sombrero de las casas y los aleros son las alas del sombrero. El alero es la prolongación del tejado para que supere en más o en menos la vertical de la pared y de esa sencilla manera la casa obtiene el beneficio de que esa pared y sus ventanas queden protegidas y a salvo no sólo de la lluvia directa (que no siempre viene estrictamente de arriba) sino sobre todo del escurrido del agua recogida por el plano del tejado. Así el agua, lo mismo que la nieve, es alejada lo más posible de la fachada y de la base de la casa. Una segunda función que el alero resuelve es la posibilidad de regular el alcance de la fachada por parte del sol a lo largo del año. Resolver de forma adecuada ese problema nos dará un alero más o menos prolongado, lo mismo que si eligiéramos un sombrero de alas más o menos grandes en función de cuanto nos tiene que proteger del sol. El invento es tan sencillo que tiene que venir del primer día (o todo lo más del segundo) en el que se abandonó la cueva y se construyó un cobijo de nueva planta.

 

8 de diciembre de 2004, miércoles

MONTAÑAS
Las montañas son, por lo general, ajenas a la voluntad humana. Aun así existen algunas elevaciones creadas intencionadamente en ese afán tan humano de deshacerse de cosas sin saber muy bien en qué lugar dejarlas. Entre esas destaca la montaña (el Monte dei Cocci) de cascotes de alfarero que podemos encontrar en el sur de Roma, en el barrio del Testaccio (cerca de la Pirámide Cestia) y que tanto ha dado a la arqueología y a la imaginación de los historiadores. Hay también elocuentes montañas de basura antigua (siempre hemos dejado desperdicios) procedentes de civilizaciones pasadas. Y entre las sorpresas que ofrece Berlín (al norte de Grunewald) está la montaña de 115 metros que los laboriosos berlineses hicieron después de la gran guerra con los escombros en que se habían convertido la mayoría de sus casas. De lo que queda en el recuerdo de mi feliz infancia extraigo con facilidad la imagen de mi barrio (el Torrero zaragozano) y en él la de un abandonado descampado, al que llamábamos “los montones” tocando a los pinos y a mitad de camino entre nuestras casas y el colegio (donde aprendimos a leer). Allí se arrojaban los escombros generados en el barrio y nosotros (con ayuda de nuestra encendida imaginación infantil) convertíamos el lugar en escenario de épicas contiendas. Y todavía conocimos (para nuestra alegría) en el mismo barrio, entre las calles de Checa y Venecia, una insólita montaña de barro endurecido que alcanzaba con facilidad la altura de las casas y que había sido formada, aprovechando la ancha bocacalle (la actual calle Aguas) quizá con la tierra procedente de la limpieza de unos cercanos depósitos de agua.

 

7 de diciembre de 2004, martes

QUÉ HACER CON LOS BRAZOS
Visitaba la colección de arte de Taschen (el editor alemán) y entre muchas otras obras había cinco (o seis) enormes fotos ocupando una pared: fotos en blanco y negro de preciosas mujeres de cuerpo entero con zapatos de tacón como única indumentaria. Eran fotos de Helmut  Newton quien, no hacía mucho, había muerto (cuán frágiles somos) en accidente de tráfico. Las obras eran un tanto turbadoras: mujeres rubias o morenas aunque de cuerpos perfectos poseedoras de una belleza creíble, todas ellas de pie en poses naturales sin un ápice de provocación ni de innecesario recato. Enseguida pasé a otras obras, pinturas de gran impacto, llenas de color, con texturas y formatos espectaculares. Cuando más tarde quise recomponer en la memoria esas mujeres de Newton pude reconstruir más o menos esos cuerpos aunque quedé sorprendido conmigo mismo al descubrir que de ninguna manera podía recordar qué hacía ninguna de ellas con los brazos.

 

6 de diciembre de 2004, lunes

SOBRE GATOS
Recuerdo (entre satisfecho y arrepentido) que una vez, aunque por breve tiempo (y con consecuencias desastrosas) fui gato. Por ello conozco mejor que muchos cual es la esencia de estos animales. Los gatos suelen ser inteligentes y están más organizados de lo que se cree. Ahora cansados de insidias y calumnias sobre su manera de ser y hartos de sufrir perrerías sin cuento, han decidido pasar al ataque, aunque de una forma civilizada y con talento, porque saben que a veces la voz baja de un poeta llega más lejos y a un número mayor de personas que el griterío desaforado de la esquina. De momento han recurrido a uno de los suyos y con la ayuda de Antonio Burgos (ese andaluz tan fiel al credo bético) han redactado su “Alegato de los gatos” en el que para dejar las cosas claras de una vez y para siempre y para alejar esa idea tan extendida de que son desprendidos de afectos además de egoístas y desagradecidos, no olvidan mostrar reconocimiento hacia aquellos que para pagarles el alquiler de su vivienda, comida, calefacción e impuestos generales, trabajan sin rechistar mientras ellos pasan las mañanas y gran parte de las tardes durmiendo acurrucados en el mejor sillón de la casa.

 

5 de diciembre de 2004, domingo

PARA UN GUIÓN CINEMATOGRÁFICO SIN PALABRAS
Se trata de ir alternando imágenes de la persecución de una liebre (da lo mismo que sea conejo o hasta gazapo) por parte de dos esforzados perros de caza y la persecución de un hombre por parte de otros. Los hombres, tanto el perseguido como los perseguidores, se distinguirán poco en sus vestimentas. Su aspecto será corriente e irán ataviados como se suele estilar en otras películas ya pasadas, como la gente se vestía en el centro de Europa hace unos años y como se siguen vistiendo los políticos oficiales, sin estridencias, con trajes, corbatas y abrigos largos o gabardinas. Los perros estarán varias veces a punto de dar alcance a la liebre, pero siempre en el último instante el animal logrará alguna corta distancia que lo impida. Lo mismo ocurrirá entre los hombres, ya van a encajarle la pistola en la espalda al fugitivo para decirle eres nuestro acompáñanos sin gritar, cuando se les desliza del metro al andén lleno de gente. Finalmente la liebre consigue frustrar las intenciones de sus perseguidores atravesando, gracias a su tamaño, una complicada red de espinos que los perros no pueden ni atravesar ni saltar y tras un titubeo se ven obligados a rodear para cuando la perseguida ya ha desaparecido. En cuanto a los hombres ya no será necesario el montaje de la escena equivalente, se sobreentiende que sucede algo similar.

 

4 de diciembre de 2004, sábado

Sin que me diera cuenta, ha llegado un momento en el que yo que siempre (hasta donde llega el débil recuerdo) me había mordido las uñas, he dejado de hacerlo. Seguramente eso tendrá un sentido para los que hurgan profesionalmente en nuestras acciones, pero porque desconfío de sus juicios me abstendré de revelar para ellos algún dato más que les sirva de ayuda. Estoy muy contento y no necesito más explicaciones. Mis uñas crecen con rapidez y puedo usar, como tanta gente, esas herramientas cortantes tan prohibidas actualmente en nuestros aviones: tijeras y cortaúñas. Y hasta puedo sugerir, a alguien de confianza, el arreglo de la mano derecha, aduciendo que al ser diestro me es dificultoso el uso de la izquierda. Así se rompe el hielo y empiezan las confianzas, tan necesarias y tan útiles entre los de nuestra especie.  

 

3 de diciembre de 2004, viernes

Es una tienda donde casi todo lo que se vende es casi basura, de esas que en un esfuerzo de imaginación anuncian: todo a uno, dos, tres o más euros. Y allí, cómo no, Eva vende, entre otras cosas, angelitos de plástico y cuando lo hace, cuando hay demanda de angelitos y los está envolviendo para un cliente, se acuerda de ese otro ángel, una especie de cupido dorado ya adolescente, que se sostiene sobre un solo pie por uno de esos milagros que inventó la escultura manierista y que en pleno centro de nuestra ciudad, en la plaza donde está el Café Newton, dicen que señala hacia París, aunque nadie sabe qué interés puede tener en atraer nuestras miradas en esa dirección. Eva, es un misterio.

 

2 de diciembre de 2004, jueves

PARA SER SINCERO
El uno es taciturno, reconcentrado, la mirada baja, encerrado en sí mismo, no sabes qué estará pasando por su cabeza, qué estará pensando, no sabes si se comporta así por propia voluntad, para descansar de los demás, para que no cuenten con él, para que lo dejen en paz. El otro es todo lo contrario, ojos como platos, cara muy expresiva, dice todo lo que piensa, habla continuamente  o escribe o dibuja, se esfuerza demasiado, sin medida, sin control. Casi todas sus alocuciones comienzan con una coletilla: “Para ser sincero…” Tal vez tengan que aumentarles la medicina, estas salidas les van bien pero les afectan mucho.

 

1 de diciembre de 2004, miércoles

El angelito de Urartu es pequeño, no levanta más de un palmo y aun éste de mano pequeña. Ha perdido el colorido de otro tiempo, ahora es blanquecino, como de azúcar o harina. Se muestra desnudo sin vergüenza, hasta se diría que sonríe con picardía mostrando su cuerpo con los brazos en jarras, las manos en las caderas. Tiene sexo y está claro que es masculino aunque en conjunto tiene el aire de un niño. Su historia es oscura, no se sabe qué pasó. Se despistó un momento, se fue con alguien un tiempo, quedó encerrado en algún sitio o se entretuvo jugando y cuando se dio cuenta (el tiempo aunque existe es muy distinto para estos seres) su reino se había pulverizado, habían pasado mil doscientos años. Ahora (con tres mil doscientos años) vive como único superviviente de su especie, aunque junto a otras figurillas de su tamaño, mujeres y hombres, unos de yeso, otros de bronce y otros de tierra en una urna expositiva del Pergamonmuseum en la isla berlinesa de los museos. La mayor parte del tiempo, como otros, se coloca sobre un pequeño pedestal mirando al espectador. Sí, entonces sonríe.