El espermatozoide tiene capacidad fecundante cuando penetra en el óvulo y activa el proceso
de fusión nuclear.
Tradicionalmente el estudio masculino de infertilidad se centraba en el número de espermatozoides,
morfología y motilidad en el semen. Sin embargo, estos parámetros no suponen los criterios más
eficaces para determinar la fertilidad. Tan solo un 10% de los casos de infertilidad masculina
se deben
a la subproducción de espermatozoides por detención de la maduración o aplasia germinal.
Otro 10%
adicional se pueden relacionar con trastornos de la motilidad. El 80% de los casos corresponden a
casos que oscilan entre la oligospermia (menos de 50 millones por eyaculado) hasta fallos en la
reacción acrosomial. El acrosoma permite la penetración del esperma a través de la zona pellucida para
alacanzar el espacio perivitelino y finalmente unirse a la membrana ovular u oolema y penetrar en
el óvulo. La reacción acrosómica in vitro es un buen método de evaluación clínica de la infertilidad
dado que tiene un valor predictivo negativo del 80%.
En 1992 se publicó la técnica de inyección intracitoplasmática
de espermatozoides (ICSI) que ha revolucionado el tratamiento de la infertilidad en un enorme
número de
casos en que los espermatozoides son incapaces de penetrar en el óvulo. El procedimiento consiste en
la
inyección de un espermatozoide en el interior del óvulo. De esta forma cualquier varón del que se
pueda obtener un espermatozoide del semen, epidídimo o testículo puede convertirse en padre, situación
que antes no se podía corregir en muchos casos. La ICSI permite tratar muchos casos de infertilidad
que antes eran
intratables, con malos resultados y los casos antes denominados de infertilidad "inexplicable".
Además, los pacientes sometidos a vasectomía no tienen que someterse a la repermeabilización a condición
de hacer una aspiración de espermatozoides a partir de las vías genitales masculinas y proceder a
la ICSI. Si quiere ver una película de 16 segundos (archivo *.MPG, aproximadamente 2700 K)
de la técnica de ICSI,
marque aquí .
A pesar de que la ICSI es un tratamiento muy efectivo, a veces el único efectivo, se le venía
prestando poco interés al factor masculino dentro de la ecuación reproductiva dónde las mujeres
son sometidas a estudios exhaustivos. Además, las pruebas genéticas (particularmente en caso
de alteraciones genéticas como la fibrosis quística y las microdelecciones del cromosoma Y)
a veces aconsejan la ICSI para mejorar los resultados reproductivos. Por otra parte, el reconocimiento
de las lesiones producidas por los radicales libres sobre el genoma del esperma (e.g. tabaquismo,
manipulación in vitro) indican un patrón deletereo masculino en la fase de desarrollo preimplantativo
que enfatiza la utilidad de la ICSI.
La ICSI representa la última opción, cuando han fracasado los procedimientos no invasivos, para
conseguir un embarazo.
Efectos de la ICSI sobre el feto
Las técnicas de reproducción asistida se han difundido ampliamente y al mismo tiempo ha existido
preocupación por las consecuencias que pudieran tener sobre el feto. Las preocupaciones más
corrientes han sido la tasa de embarazos múltiples y los partos prematuros, pero también constituye
una preocupación el riesgo de malformaciones congénitas. La mayoría de publicaciones iniciales se
referían a grupos reducidos de casos (Lancaster 1987, Morin et al. 1989; Bonduelle et al. 1995).
En los últimos años existen datos procedentes de registros con amplia casuística. Así, el grupo
de estudio francés (FIVNAT 1995) ha controlado 6.879 niños obtenidos por fecundación in vitro
(FIV) en los que se detectaron 2,8% de malformaciones, proporción similar a la de los niños
obtenidos por procedimientos naturales. Un estudio británico (MRC Working Party
1990) basado en 1.581 niños concebidos por FIV o transferencia de gametos intratubáricos,
da también una incidencia baja de malformaciones: 2,2-2,9% (según el tiempo de control).
El estudio de Bonduelle et al. (1999) incluye 1.987 niños obtenidos mediante ICSI en Bélgica,
concluye que dicha técnica no aumenta el riesgo de malformaciones fetales. En la experiencia de
Australia y Nueva Zelandia (4.260 niños) la tasa de malformaciones fue de 2,5% para la ICSI (Lancaster
et al. 2000). Sin embargo, algusnos estudios tienen defectos metodológicos y sesgos.
Recientemente, se ha publicado el estudio sueco (Ericson y Källen 2001) con una metodología más
precisa que la empleada hasta ahora. El análisis incluye casi todos los niños nacidos en
Suecia mediante FIV entre 1982-1997 (n=9.111) y se compararon con el resto de niños. Se detectó
un lígero aumento de malformaciones (odds ratio = 1,47), pero desapareció cuando se estratificó
según el año de nacimiento, edad materna, paridad y embarazos no deseados. Algunas condiciones aumentaron
hasta 3 veces como los defectos del tubo neural, atresia del tracto digestivo, onfalocele e hipospadias.
El exceso de casos de hipospadias relacionado con la ICSI puede estar vinculado con la subfertilidad masculina. La conclusión
global es que el aumento de malformaciones con las técnicas de FIV es mínimo.
Bibliografía