En el embarazo se puede hacer ejercicio para mantenerse en forma, pero si no hay costumbre
y entrenamiento mínimo previos no es el momento de iniciar ejercicio intensos. Antes de iniciar
un programa de ejercicio físico hable con su médico especialista. Los motivos evidentes para no
hacer ejercicio incluyen cualquier hemorragía genital o si tiene historia previa de parto
prematuro. Si no tiene enfermedades graves, puede hacer ejercicio suave como caminar o nadar. La
natación es muy buen ejercicio para las embarazadas, así como el ejercio aeróbico suave, pasear o
bailar. El ejercicio mejora el tono muscular, la capacidad ventilatoria y la sensación de
bienestar.
Es muy importante una buena hidratación durante y después del ejercicio y evitar el ejercicio al aire libre
si las temperaturas son altas o hay un alto grado de humedad. La deshidratación es una complicación grave
tanto para la madre como para el feto.
Las mujeres que son deportistas desde antes de su embarazo puede mantener el mismo hasta los 5-7 meses de gestación, si no hay hemorragia
o riesgo de traumatismo. No obstante la capacidad respiratoria se limita durante la gestación por la ocupación
de la cavidad abdominal, limitación de movimientos ventilatorios, reducción de la masa de glóbulos
rojos y aumento de peso materno. Estos cambios limitan poco a poco la capacidad física en relación
con su situación pregestacional.
Los ejercicios violentos y el entrenamiento de alta competición no son aconsejables, asi como
los deportes que implican riesgo como esquiar, deportes competitivos, gimnasia intensa, etc. El
ejercicio muy intenso puede reducir la oxigenación fetal e interferir con la nutrición y crecimiento
del producto de la concepción.
Cualquier hemorragia, aparición de contracciones o patología de la gestación obligan a interrumpir el
ejercicio físico.
Ultima revisión: 28 de abril 2001