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SALUDO DEL DIRECTOR

La Escuela Práctica Jurídica, de nuevo en marcha.

Por Alfonso Pérez Gordo Catedrático de Derecho Procesal y director de la Escuela de Práctica Jurídica de la Universidad de Zaragoza.

Publicado en la Revista "Universidad". Zaragoza 10 de febrero - 10 de marzo de 1.982.

 

1. ‑ La Universidad y la Escuela de Práctica Jurídica.

Sólo unos meses escasos han transcurrido desde que quien escribe estas líneas tomara posesión de la Cátedra de Derecho Procesal de la Universidad de Zaragoza, y como universitario, ya traía en su conciencia el hacer realidad, por lo que respecta al Derecho Procesal, el cumplimiento de lo que deberían ser las tres misiones fundamentales. de una Universidad, es decir, la transmisión de la cultura, la investigación científica y la formación profesional. Sí,' no se nos oculta que son muy altos esos ideales, casi irrealizables a la vista del estado actual de la Universidad, española, y que, sin confesarlo, subyaciera en mi interior un justificado escepticismo, tan sólo superable si, tras él, y con más fuerza, no hubiera una fe en un modelo distinto de Universidad. Así, por qué no decirlo, esperaba encontrarme una Universidad, como tantas otras, postrada en su letargo, dormida en sus laureles multiseculares, pero sin perspectivas de futuro. Pero e aquí que mi error era grande, y mi sorpresa más que grata, al encontrarme una Facultad de Derecho viva, pujante, que tenía a gala el no ignorar el mundo que la rodeaba, así corno tratar de servir a la sociedad en la que se encuentra ubicada, pero todo ello, con ser mucho, no era suficiente para cumplir las metas deseadas, aun cuando sí para dejar de lado aquel escepticismo, y dar rienda suelta a hacer realidad lo que, en principio, eran sueños, y que, a partir de entonces, ya eran objetivos, que, si dificultosos; sin embargo, parcelan posibles. Una esperanza más, quizás la decisiva, para hacer realidad la triple finalidad de toda Universidad ‑producir, transmitir y utilizar profesionalmente el conocimientos la proporcionó nuestro actual Rector, universitario sin par, del que ignorábamos su entusiasmo por recuperar para la Universidad de Zaragoza todas, absolutamente todas sus instituciones, y una de ellas, quizás la más difícil de reintegrar, era la Escuela de Práctica Jurídica.

Así, con esos sueños, con esas ilusiones, los que, para mi sorpresa, eran también los de la Universidad misma, y los de la Facultad de Derecho, consciente, con su Decano, de la responsabilidad contraída, el Departamento de Derecho Procesal se puso a trabajar, y de este modo, todo, aunque difícil, fue más asequible pese a sus estructuras si se quiere inadecuadas para el tiempo en que vivimos, pero que hace ya casi tres lustros hicieron posible que, no sin traumas, el Que fuera Catedrático de Derecho Procesal de esta propia Universidad, Don Vicente Herce Quemada, pusiera en marcha esta misma Escuela de Práctica Jurídica. Con estas bases, con estos apoyos. con los esfuerzos de todos, ese equipo, hasta entonces exclusivamente universitario. recabó la ayuda moral de todas las instituciones jurídicas de Aragón, y así colaboraron con ilusión, con entusiasmo, y con desinterés, el Poder Judicial, los Abogados y Procuradores, los Notarios y Registradores, es decir, todos los estamentos integrados en esa sociedad del Derecho que espera de su Universidad un modelo de formación y de transmisión de conocimiento, lo que nunca dejó de ser, pero que, con tales limitaciones, no paraba de ser una «desilusión instalada», por lo que es necesario, quizás volviendo a pasado, pero con la mirad puesta en el futuro, hacer además, de la Universidad una institución que proporcione a sus Licenciados una integración total en la sociedad. Fueron largas, difíciles interminables, las sesiones reuniones de todos los componentes del Consejo, Rector de la Escuela de Práctica Jurídica, en las que actuó como el moderador más idóneo y adecuado el Rector, quien, en los momentos de máxima tensión, que los hubo; fue el catalizador, el cauce de la eficacia, el mentor que. al fin, hizo posible que el día 23 de noviembre de 1981. abriera sus puertas dé nuevo, en el seno de la Facultad de Derecho, la Escuela de Práctica Jurídica de la Universidad de Zaragoza.

 

2. ‑ La Escuela de Práctica Jurídica y la reanudación de sus actividades.

La apertura, sin rigores formalistas, fue llana, sencilla, con la asistencia de 50 alumnos matriculados; v de muchos más que no pudieron inscribirse por haberse agotado el cupo de posibilidades: de jueces, abogados, notarios, procuradores, registradores de la propiedad, etc., con sus principales dirigentes al frente: y del colectivo de profesores de la Escuela que se ponía de nuevo en marcha, así como del Claustro de Profesores y alumnos de la Facultad de Derecho. Todos ellos, y nosotros también, estábamos satisfechos. y nos mostrábamos lógicamente agradecidos á todos cuantos hicieron posible este momento en que el Excmo. Sr. Presidente de la Audiencia Territorial de Zaragoza, don Perpetuo Benedicto Sánchez Fuentes. trazaba las líneas maestras de lo que debe ser la formación profesional del jurista; o en que el Ilmo. Sr. Decano de la Facultad de Derecho, profesor don Juan Rivero Lamas, nos sorprendía gratamente con la noticia de que ya en el Aragón del siglo XIX existía una denominada «Academia Jurídico Práctica», y de su ilusión de que esta Escuela de Práctica jurídica sea la continuadora de aquélla. Finalmente, fue el Excmo. y Mgco. Sr. Rector de nuestra Universidad, profesor don Federico López Mateos, el que mostró también su fe en esta Escuela, su esperanza en su eficacia, su ilusión de que el futuro de esta Universidad esté en la integración en ésta de las grandes escuelas de especialización que no es tratar de reformar una Universidad antigua, sino incorporarla a las demandas sociales, lo que no es más que una nueva dimensión del «Alma Mater», a fin de poder atender con dignidad las necesidades de un mundo distinto y en constante evolución.

 

Ante tanta ayuda y colaboración, y ante la nobleza de la tarea a cm prender, nuestra responsabilidad era mayor, y, por ello, nuestro esfuerzo, el mío y el de los demás componentes del Departamento de Derecho Procesal, debía de adecuarse a esas circunstancias, siquiera oca como gratitud hacia los que nos impulsaron a caminar, a fin de hacer realidad esa formación profesional del arista, dentro del recinto de la Universidad, para que ésta sea el modelo cultural que le demanda la. sociedad, no ya sólo como vehículo de transmisión de conocimientos, sino también como satisfacción de esa legión de Licenciados en Derecho que, con su flamante título bajo el brazo, ya no lo consideran como un medio útil y decorativo, sino como un instrumento para devolver a la sociedad, lo que ésta les legó a través de la Universidad.

 

3. ‑ La Escuela de Práctica Jurídica en la historia de Aragón.

Es así, con estas perspectivas, con las que reemprendemos esta tarea, que, si noble y ardua, sin embargo, no es nueva, ni tan siquiera de 1966, sino muy anterior, ya que los archivos y bibliotecas el Real e Ilustre Colegio de Abogados de Zaragoza, y la Biblioteca de nuestra Universidad, ya nos hablan de que en Aragón, concretamente en Zaragoza, y ello antes que en Madrid o en cualquier otro lugar de España, concretamente en 1733, comenzó su andadura una denominada «Muy Ilustre Academia de Práctica Jurídica», bajo los auspicios de don Manuel José de Gaspar y de Segovia, con la finalidad de «erigir un hermofo Templo a la Jufticia, un Tribunal bien imitado a la Abogacía moderna, para que eftudiando radicalmente los Principios Practicos, fe adieftren los nuevos Abogados en el manejo de las Causas, difciernan los Derechos de las Partes, procedan juntos con los clientes, y fean bien admitidos en los Tribunales». Así, con tales fines, inició su andadura ese primer antecedente de la que hoy es la Escuela de Práctica Jurídica de la Facultad de Derecho de Zaragoza. Tras ello, aquella institución adquiere mayores apoyos, que, posteriormente, ya con la nueva denominación de «Academia Jurídico‑Práctica», se vio re­frendada por Real Acuerdo de 27 de noviembre de 1.747, y que por Real Cédula de 5 de julio de 1.772, se vio honrada con el nuevo nombre de '(Real Academia de Jurisprudencia Práctica», fue en esta época, cuando comienza el gran desarrollo de la institución, por cuanto lo ya previsto en las Leyes Reales de que quien intente recibirse de abogado en la Real Audiencia tenga cuatro años de práctica, se transformó por Real Provisión de 14 de agosto de 1.784, en la necesidad de que no se admitiese al examen de abogado en esta Audiencia a nadie que no acreditase extendida por la Academia la asistencia a la misma por espacio de dos años.

De este modo, transcurrió la vida de la Academia hasta 1.808, que ya en esos años contaba con 330 académicos, y que vio frustradas sus esperanzas a causa de la guerra, la que, sin embargo, ni impidió el que, tras de 33 años de suspensión de actividades, el 14 de febrero de 1.841, y como si ese largo silencio no se hubiera producido, se restauraran sus actividades, surgiendo con vigor de sus propias cenizas; fue en esa fecha, cuando el nuevo presidente de la ya denominada «Academia Jurídico‑Práctica Aragonesa», don Mariano Nougués Secan, adelantándose en más de un siglo a la creación de las Escuelas de Práctica Jurídica, en la época más cercana a nosotros, señalara que «peligroso es pasar de las Universidades al foro para el alumno y para la sociedad», ya que «no basta con saber las leyes, poseer una multitud de noticias sin haberlas aplicado a algunos casos y sin haber adquirido aquel tacto fino, aquel juicio pronto que sólo se adquiere con la experiencia y con el ejercicio»; «hacer ensayos con los litigantes ‑añadía don Mariano‑ es un género de inhumanidad: aprender errando, de modo que cada yerro sea una lección, es una máxima abominable en la abogacía y en la judicatura»; así ‑concluía‑ a modo de interrogatorio, ¿«Quién restituirá la hacienda a un ciudadano cuya defensa malogró un abogado inesperto?, ¿quien el honor?, ¿quien acaso la vida?». Por ello, decía en definitiva, que «un fin no sólo científico sino moral se proponen las Academias».

 

4. ‑ La Escuela de Práctica Jurídica y su identidad con el pasado y el futuro.

Esa es esta propia Escuela de Práctica Jurídica de la Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza, que quisiera, de una vez por siempre, servir de vehículo de unión entre la Universidad y los juristas profesionales. Era necesario terminar con un divorcio. que, si iniciado en 1847, sin embargo, no empezó a deshacerse hasta que empezó a resurgir de entre las ruinas aquella «Muy Ylustre Academia de Práctica Jurídica» de 1.733, que si llevó a ello lo más florido de nuestra Universidad, ésta, antes de 1890, al hacerse cargo de la Academia, con la denominación de «Academia Jurídico‑Literaria», llevó a la Universidad a lo más prestigioso de los curiales de la época.

Así. fue en 1966, cuando bajo una legislación netamente superada en los momentos actuales, se «reinstauró» esta Escuela, la que tras de tiempos difíciles, indudablemente conectados con la profunda crisis de la Universidad de la época, inició sus actividades, que, tras de unos cursos de brillante trayectoria, se vieron interrumpidas, por dificultades materiales, pero también morales, traducidas en promesas incumplidas y en incomprensiones incalificables, pese a la entrega total y desinteresada de hombres tan prestigiosos cuales fueron los Profesores don Vicente Herce Quemada y don Ángel Duque Barragués, con la colaboración, con la que seguimos contando nosotros, del prestigioso jurista don Pedro Baringo Rosinach.

 

5. ‑ Reflexión final.

Tras la reapertura de la Escuela de Práctica Jurídica de esta Universidad, con la ayuda de todos, de los alumnos y de los profesores, y de los estamentos profesionales de la ciudad, pretendemos proseguir la tarea, tantas veces incomprendida, que ya iniciara en 1841 don Mariano Nougués Secall, o a partir de 1885 la Universidad de Zaragoza, v hombre tan prestigioso del foro aragonés como don Marcelino Isabal Bada o don Manuel Maynar Barnolas, o, incluso en tiempos más cercanos a nosotros, siquiera sea con su afán de investigador e historiador, don Francisco Oliván Bayle. Con ese propio punto de partida, el propio con el que inició su caminar don Vicente Herce Quemada en 1966, pero con la gran labor hecha por él, comenzamos esta nueva etapa, en la que el que estas líneas escribe, en su calidad de director de la Escuela de Práctica Jurídica, que, como ya señaló, no acepta más que como proyección del Departamento de Derecho Procesal de esta Universidad, pretende, en definitiva, acercar la Universidad a la propia sociedad a la que ha de servir, proporcionándole unos Licenciados, que sean, por sí, la gloria y prestigio de la Escuela y de la Universidad, y también del foro aragonés.

Para la realización de este trabajo, sobre todo por lo que se refiere a su apunte histórico, ha sido muy útil para nosotros la ayuda y colaboración del Departamento de Historia del Derecho de la Universidad de Zaragoza, a través del cual hemos tenido acceso a todos los materiales citados, que, si tenidos en cuenta por don Francisco Oliván Bayle en su meritorio trabajo «La Academia Jurídico‑Práctica Aragonesa» (publ]. en el Boletín del Real e Ilustre Colegio de Abogados de Zaragoza, núm. 12. 1 de enero de 1.963), hemos creído conveniente consultar en sus originales, tanto en la Biblioteca del Colegio, como en la de la Universidad y en la del Departamento de Historia del Derecho de la Facultad de Derecho.

 

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