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decorativo Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos
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Textos y documentos


Textos de Alta Edad Media


  1. 1. La invasión de la Península Ibérica por los pueblos germánicos según Hidacio
  2. 2. La Crónica de Zaragoza
  3. 3. La persistencia de las instituciones antiguas: los impuestos
  4. 4. La conquista musulmana: el pacto con Teodomiro
  5. 5. La instalación de los musulmanes en al-Andalus y el reparto de tierras
  6. 6. El soberano de Córdoba Abd al-Rahman III toma el título califal (316 H/929)
  7. 7. Las relaciones entre musulmanes y cristianos en el siglo XI
  8. 8. La reforma militar de Almanzor (siglo XI)


1. La invasión de la Península Ibérica por los pueblos germánicos según Hidacio

Los alanos, vándalos y suevos entran las Españas en la era 447; según unos recuerdan el día 4 de las calendas y según otros el 3 de los idus de Octubre, que era la tercera feria, en el octavo consulado de Honorio y el tercero de Teodosio, hijo de Arcadio,...

Los bárbaros que habían penetrado en las Españas, las devastan en luchas sangrientas. Por su parte la peste hace estragos no menos rápidos.

Los bárbaros se desparraman furiosos por las Españas, y el azote de la peste no causa menos estragos, el tiránico exactor roba y el soldado saquea las riquezas y las vituallas escondidas en las ciudades; reina un hambre tan espantosa, que obligado por ella, el género humano devora carne humana, y hasta las madres matan a sus hijos y cuecen sus cuerpos para alimentarse con ellos. Las fieras, aficionadas a los cadáveres de los muertos por la espada, por el hambre y por la peste, destrozan hasta a los hombres más fuertes, y cebándose en sus miembros, se encarnizan cada vez más para destrucción del género humano. De esta suerte, exacerbadas en todo el orbe las cuatro plagas: el hierro, el hambre, la peste y las fieras, cumplense las predicciones que hizo el Señor por boca de sus Profetas.

Asoladas las provincias de España por el referido encruelecimiento de las plagas, los bárbaros, resueltos por la misericordia del Señor a hacer la paz, se reparten a suertes las regiones de las provincias para establecerse en ellas: lo vándalos y los suevos ocupan la Galicia, situada en la extremidad occidental del océano; los alanos, la Lusitania y la Cartaginense, y los vándalos, llamados silingos, la Bética. Los hispanos que sobrevivieron a las plagas en las ciudades y castillos se someten a la dominación de los bárbaros que se enseñoreaban de las provincias.

HIDACIO: Chronicon. 7.1.

2. La Crónica de Zaragoza

Ad a 450. His diebus Gotthi contra Hunnos dimicant in campis Catalaunicis, in quo proelio Theodoredus rex occubuit et Gotthi victores extiterunt et dimicant Thurismundo rege. Attila rex Hunorum numquam comparuit.

Ad a 451. Post Theodoredum Thurismundus filius eius Gotthorum regna regit an. VI.

Ad a 458. His diebus Gotthi contra Suevos dimicant in campo Paramo iuxta flumen Orbicum, in quo proelio Gotthi extitere victores.

Ad a 460. His diebus Maioranus imp. Caesaraugustam venit.

Ad a 461. His conss. Maioranus imp. a Ricimiro interfectus est.

Ad a 462. Leone et Severo.

Ad a 463. Viviano et Basilio.

Ad a 466. His diebus Theodoricus rex Gotthorum a suis gladio interfectus est et Euricus frater eius Gotthorum rex efficitur. Regnat ann. XVI.

Ad a 473. His coss. Arelatum et Massilia a Gotthis occupata sunt.

Ad a 485. His diebus Euricus rex moritur et Alaricus filius eius pro eo rex Gotthorum efficitur. Regnat an XXIII.

Ad a 490. Hoc cos Theudericus Ostrogotthorum rex a Thracia et Pannonia Italiam venit.

Ad a 492. Hoc cos. Odoacrus tyrannus a Theuderico rege interfectus est.

Ad a 494. His coss. Gotthi in Hispania ingressi sunt.

Ad a 496. His coss. Burdunelus in Hispania tyranidem assumit.

Ad a 497. His coss. Gotthi intra Hispanias sedes acceperunt et Burdunelus a suis traditus et Tolosam directus in tauro aeneo impositus igne erematus est.

Ad a 504. His coss. Caesaraugustae circus spectatus est.

Ad a 506. His cons. Dertosa e Gotthis ingressa est. Petrus tyrannus interfectus est et caput eius Caesaraugustam deportatum est.

Ad a 507. His diebus pugna Gotthorum et Francorum Boglada facta. Alaricus rex in proelio a Francis interfecus est: regnum Tolossanum destructum est.

Ad a 508. Post Alaricum Gesalecus rex ex concubina eius filius Gotthorum rex efficitur: regnat an. VII.

Ad a 510. His coss. Gesalecus Goericum Barcinone in palatio interfecit quo anno idem Gesalecus ab Hebbane Theodorici Italiae regis duce ab Hispania fugatus Africam petit.

Ad a 511. Comes vero Veila Barcinone occiditur.

Ad a 513. 1. His coss. Gisalecus de Africa rediens ob motum Hebbanis Aquitaniam petiit ibique latuit annum unum. 2. (ad verba p. 195, 19, simulquo est). Post Alaricum Theodoricus Italiae rex Gotthos regit in Hispania. an XV.Amalarici parvuli tutelam gerens.

Ad a 525. (scilicet p. c. Iustinianni II et Apionis). His coss. Amalaricus Gotthorum rex efficitur: regnat an. V.

Ad a 529. His diebus Stephanus Hispaniarum praefectus efficitur, qui tertio anno praefecturae suae in civitate Gerundensi in concilio discinctus est.

Ad a 531. His coss. Amalaricus rex cum Hildiberto Francorum rege in Gallia superatus Narbonensi in proelio Barcinonem fugiens venit ibique a Franco nomine Bessone angone percussus interiit.

Ad a 541. Hoc anno Francorum reges numero V per Pampelonam Hispanias ingressi Caesaraugustam venerunt, qua obsessa per quadraginta sevem dies omnem fere Tarraconensem provinciam depopulatione attriverunt.

Ad a 542. His diebus inguinalis plaga totam paene contrivit Hispaniam.

Ad a 544. Thiudi mortuo Thiudisclus Gotthos regit an. I an VII.

Ad a 545. Thiudisclo mortuo Agila Gotthos regit annos V m. VI.

Ad a 552. Agilane mortuo Athanagildus, qui dudum tyrannidem assumpserat, Gotthorum rex efficitur. Regnat an. XV.

Ad a 568. (Ioh. Bicl. Ad verba p. 212,1 his temporibus). Hic Athanagildus Hispalim civitatem Hispania provinciae Baeticae sitam bello impetitam suam fecit, Cordubam vero frequenti incursione admodum laesit.

Chronicorum Caesaraugustanorum Germaniae Historica. A.A. t. XI. Ed. Th. Mommsen, Monumenta 1984, reed. 1961. Pp. 222-223

3. La persistencia de las instituciones antiguas: los impuestos

DE FISCO BARCINONENSI.

A los sublimes y magníficos señores hijos y hermanos numerarios Artemio y todos los obispos que contribuyen al fisco en la ciudad de Barcelona.

Habiendo sido elegidos para el cargo de numerarios en la ciudad de Barcelona de la provincia de la Tarraconense, por designación del señor e hijo y hermano nuestro Escipión, conde del Patrimonio en el año séptimo del feliz reinado de nuestro glorioso señor el rey Recaredo, solicitasteis de nosotros, según es costumbre, la aprobación en nombre de los territorios que están en nuestra administración. Por tanto, por el testimoniaje de esta aprobación nuestra decretamos: que tanto vosotros como vuestros agentes y ayudantes habéis de exigir del pueblo, por cada medio legítimo, nueve silicua y por vuestros trabajos otro más y por los daños inevitables y por los cambios de precios de los géneros en especie, cuatro silicuas, lo que hace una total de catorce, la avena incluida. Según nuestra determinación y tal como lo dijimos, todo esto ha de ser exigido tanto por vosotros como por vuestros agentes y ayudantes; pero no pretendáis exigir o tomar nada más y si alguien no se quiere avenir a nuestra declaración, o si se descuidaba de darte en especie aquello que te conviniese procura pagar la parte fiscal y si nuestros agentes exigían algo por encima del tenor que nuestra declaración señala, ordenaréis vosotros que se corrija y se restituya a aquel a quién fue injustamente arrebatada. Aquellos que damos nuestro consentimiento a este acuerdo firmamos más abajo con nuestras propias manos. Consentimiento dado el día 4 de Noviembre del año séptimo de reinado de nuestro señor.

Artemio, obispo en nombre de Cristo, firmé este nuestro consentimiento..

Sofronio, obispo en nombre de Cristo, firmé este nuestro consentimiento..

Galano, obispo en nombre de Cristo, firmé este nuestro consentimiento..

Juan, obispo en nombre de Cristo, firmé este nuestro consentimiento..

4. La conquista musulmana: el pacto con Teodomiro

En el nombre de Allah, el misericordioso, el compasivo: éste es el escrito de Abd-al-Aziz ibn Musa para Tudmir ibn Gandaris; ya que se ha sometido a la paz, que tenga el pacto de Allah y su confirmación, y no se le retrasen sus noticias y sus enviados, y que tiene la protección de Allah y de su Profeta, de que no se le impondrá a nadie sobre él ni se rebajará a nadie de sus compañeros para mal, que no serán cautivados, y que no se separará entre ellos y sus mujeres y sus hijos; que no se quemarán sus iglesias, y que no se les forzará en su religión, y que su paz es sobre siete ciudades: Auriola, Mula, Lorca, Balantala, Locant, lyih y Elche, y que no deje de cumplir lo pactado, y que no deshaga lo acordado, y que cumpla lo que le hemos impuesto y le hemos obligado a cumplir; que no nos oculte noticia que sepa, y que él y sus compañeros tienen el impuesto de las parias, que son: para el hombre libre un dinar, cuatro almudes de trigo, cuatro de cebada, cuatro medidas de vinagre, una medida de miel y una de aceite; y para todos los esclavos, la mitad de esto.

Atestiguaron esto: Utman ibn Ubayda al-Qurasi, Habib ibn Abi Ubayda al-Qurasí, Sadun ibn Abd Allah al-Rabii, Sulayman ibn Qays al-Tuyibi, Yahya ibn Yamar al-Sahmí, Bisr ibn Qays al-Lajmi, Yiguis ibn abd Allah al-Azdi y Abu Asim al-Hadli. Se escribió en rayab del año 94.

Ambrosio HUICI MIRANDA, Historia musulmana de Valencia. Novedades y rectificaciones. Valencia, 1969. 3 vols. En vol. 1, págs. 86-87. Publicado por J. A. García de Cortázar Nueva Historia de España en sus Textos. Edad Media, Pico Sacro, Santiago de Compostela, 1975, p. 138.

5. La instalación de los musulmanes en al-Andalus y el reparto de tierras

Dice Abdelmélic hijo de Habib "Cuando en el año 100. en el califato del emir de los creyentes Ornar, hijo de Abdelaziz (Dios le haya sido propicio), fue nombrado gobernador de España Asámah, hijo de Melic el Jaulaní, las tropas que te acompañaban quisieron tener participación en lo que poseían los primeros militares que vinieron a la conquista; Pero entonces algunos de estos se fueron a Ornar, hijo de Abdelaziz Y te dijeron que Muza había dividido entre ellos las tierras, después de haber asignado el quinto al Tesoro, y que Algualid les habla confirmado en sus derechos, como lo probaban los documentos que éste los había expedido. El emir de los creyentes Ornar, hijo de Abdelaziz, entonces les confirmó a su vez los derechos que les había concedido Algualid, hijo de Abdelmélic expiándoles otras cédulas reales parecidas a las anteriores; además escribió a Asámah, hijo de Abdelmélic, una carta en que le recomendaba que se respetase lo dispuesto en esas cédulas Y se llevase a efecto lo que ordenaba en favor de los peticionarios. Estos volvieronse muy regocijados alabando la generosidad y justicia del Califa, el cual ordenó a Asámah que diera en feudo a los soldados que lo habían acompañado a España tierras del quinto."

Otro sabio dice lo siguiente: "Las propiedades pertenecientes al quinto en España no dejaron de ser bien conocidas y cultivadas en beneficio del Tesoro público durante la época de los gobernadores o emires; luego, durante el imperio de los Beniomeya, se las cultivó a nombre suyo, hasta que por todas partes se les sublevaron jefes insurrectos y acreció la guerra civil; de modo que por largo tiempo y a través de diversas dinastías subsistieron cultivandose conocidarnente. Después de todo, Dios es el heredero de la tierra y de los que la habitan; no hay duda que es el mejor heredero."

ABENCOTAIBA, Al-imamato ua as-siasato narración de la conquista de España Edición: Julián RIBERA en el mismo volumen que la obra de ABENALCOTIA EL Cordobés, Historia de la conquista de España Madrid, 1926, págs. 103-186. El presente texto corresponde a las págs. 174-175. Publicado por J. A. García de Cortázar Nueva Historia de España en sus Textos. Edad Media, Pico Sacro, Santiago de Compostela, 1975, pp. 139.140

6. El soberano de Córdoba Abd al-Rahman III toma el título califal (316 H/929)

En este año ordenó al-Nasir li-din Allah que se le llamase en las cartas a él dirigidas y se le invocase en los púlpitos con el título de "Príncipe de los Creyentes", por cuanto era digno de esta denominación, que en realidad era sólo suya, y en cualquier otro plagiada y postiza. Vistióse, pues, dicho título en este momento como túnica adecuada a su dignidad y como herencia .... a él .... [borrado]

En este sentido, el sábado día 2 de du-l-hiyya de este año [= 17 enero 929], fueron despachadas cartas suyas dirigidas a los ummal de sus diferentes provincias, conforme a una redacción única. He aquí la copia de una de estas cartas:

En el nombre de Dios Clemente y Misericordioso.

Bendiga Dios a nuestro honrado profeta Mahoma.

Los más dignos de reivindicar enteramente su derecho y los más merecedores de completar su fortuna y de revestirse de las mercedes con que Dios Altísimo los ha revestido, somos nosotros, por cuanto Dios Altísimo nos ha favorecido con ello, ha mostrado su preferencia por nosotros, ha elevado nuestra autoridad hasta ese punto, nos ha permitido obtenerlo por nuestro esfuerao, nos ha facilitado lograrlo con nuestro gobierno, ha extendido nuestra fama por el mundo, ha ensalzado nuestra autoridad por las tierras, ha hecho que la esperanza de los mundos estuviera pen-diente de nosotros, ha distuesto que los extraviados a nosotros volvieran y que nuestros súbditos se regocijaran por verse a la sombra de nuestro gobierno (todo ello por la voluntad de Dios; loado sea Dios, otorgador de los beneficios, por el que nos ha otorgado, pues Él merece la máxima loa por la gracia que nos ha concedido). En consecuencia, hemos decidido que se nos llame con el título de Príncipe de los Creyentes, y que en las cartas, tanto las que expidamos como las que recibamos, se nos dé dicho titulo, puesto que todo el que lo usa, fuera de nosotros, se lo apropia indebidamente, es un intruso en él, y se arroga una denominación que no merece. Ademas, hemos comprendido que seguir sin usar ese título, que se nos debe, es hacer decaer un derecho que tenemos y dejarse perder una designacion firme. Ordena, por tanto, al predicador de tu jurisdicción que emplee dicho título, y úsalo tu de ahora en adelante cuando nos escribas. Si Dios quiere.

En consecuencia, y conforme a estas ordenes, el predicador de Córdoba comenzó a hacer la invocacion en favor de al-Nasir li-din Allah, dándole el título de los Creyentes, el dia 1 de du-l-hiyya de este año [= 16 enero 929]. Fué éste el primer sermon en que se le dio ese titulo, que empezó a llevar con mejor derecho que los demás que se lo arrogaban, y que luego siguieron usando los Califas descendientes suyos. Dios concede su gracia a quien quiere

E Levi Provençal y E.García Gómez, Una crónica anónima de Abd al-Rahman III al-Nasir, editada por primera vez y traducida, Madrid, 1950. En Textos y documentos de historia antigua, media y moderna hasta el siglo XVIII, Historia de España,M. Tuñón De Lara,, dir. tomo XI, Barcelona, 1984

7. Las relaciones entre musulmanes y cristianos en el siglo XI

Los habitantes de la ciudad musulmana de Tudela intentan oponerse al paso del conde de Castilla Sancho García en 1016

Ibn Hayy‰n dice: el katib Abu Umayya b. Hashim al-QurtubiÐque formaba parte de los que habían abandonado nuestro partido en la época de la fitna para instalarse en la marca de Tudela y yo no he visto entre las grandes familias una personalidad de un mérito comparableÐ me ha contado lo que sigue: el conde Sancho b. García, señor (s‰hib) de Castilla pasó ante las puertas de Tudela al principio del gobierno del hadjib Mundhir. Entonces nos gobernaba en su nombre su amigo Sulayman b. Hud. [El conde] se dirigía hacia los confines de la Marca Superior para encontrarse con el conde Ramón, señor (s‰hib) de Barcelona, a fin de establecer una alianza matrimonial entre ambos, estando la novia al lado de Sancho. Nuestro gobernador Mundhir estaba al corriente de su entrada en nuestro territorio, y había obtenido la garantía de que su ejército se abstendría de hacernos ningún mal. Pero las gentes de Tudela, que gozaban en esta época de una condición poderosa, lo desaprobaron y decidieron desobedecer a su emir Mundhir para evitarle el deshonor [de recibir al conde]. Esto fue dicho al tirano Sancho que, cuando se acercaba a la ciudad, envió mensajeros para convocar a una comisión de notables, con los que discutir su ruta.

Abu Umayya prosiguió: yo estaba entre los que entonces acudieron a su campamento, del cual estimé el efectivo de caballeros e infantes en alrededor de seis mil hombres, sin que hubiera reunido el grueso de su ejército. Llegamos a su pabellón; estaba sentado sobre su silla señorial, vestido a la manera de los musulmanes. Tenía la cabeza descubierta, estaba calvo, era de edad madura sin ser todavía viejo. Tenía la piel morena y un buen aspecto. Nos habló de manera agradable y correcta, exponiéndonos el motivo de su viaje y haciendo mención a la alianza mutua con la cual nuestro gobernante le había distinguido. Nosotros le informamos de la grave contrariedad de los que representabamos y de su decisión de entablar combate. Él nos disuadió, evocando los males de la guerra. Nosotros le dejamos y trasladamos sus palabras a nuestras gentes; pero al conjunto de las gentes del pueblo no les agradaron, y la presunción les empujó a efectuar una salida contra los carros que estaban en la retaguardia cargados de provisiones del ejército, a fin de saquearlos, en oposición con los notables de la ciudad. Cuando esto le fue contado, envió unos quinientos caballeros, que surgieron delante de las gentes, atacándoles. Todos los habitantes de la ciudad salieron entonces para rechazarlos, pero una parte de esos quinientos hombres les atacó, y las gentes volvieron la espalda y huyeron, precipitándose para entrar por la puerta de la ciudad.

No he visto nunca, entre los cristianos de esta época, nadie como Sancho, ni entre los reyes tiranos que puedo colocar a su nivel, en cuanto a su pose grave y equilibrada durante las audiencias, su virilidad, su fineza, la perfección de sus conocimientos, la expresividad de sus palabras, salvo a su pariente por alianza y homónimo, Sancho b. García, señor de los vascos, que tiene el poder sólo después de él y que es semejante a él, que Dios disperse a su facción.

IBN BASSAM, Al-Dhakira fi mahasin ahl al-Djazira, I/1, El Cairo, 1939, pp. 154-155 (trad. a partir del texto francés). Publicado en Pays d'Islam et monde latin. Xe-XIIIe siecle. Textes et documents, Lyon, 2000

8. La reforma militar de Almanzor (siglo XI)

Abrigaba al-Mansur el temor de que sus tropas regulares, las cuales formaban al principio un grupo homogéneo, se pusieran de acuerdo para tratar de arruinar su poderío, o se coaligaran para resistirle, cuando les ordenaba algo que habrían de cumplir de buena o mala gana. Tras de examinar este hecho con ojos bien despiertos, llegó a la conclusión de que sus tropas deberían estar compuestas de gentes de diferentes tribus y de elementos heterogéneos, para que, si uno de los grupos intentaba rebelarse, pudiera reducirlo apoyado en los demás. Por otro lado, sentía la necesidad de reformar su ejército y acrecentarlo con el mayor número posible de soldados, para poder penetrar en territorio enemigo y sembrar en él la devastacion cuando quisiese.

Movido por estas razones, hizo venir a al-Andalus aquellos señores, guerreros y soldados beréberes de cuyo espíritu militar y valor tenia noticia. Al mismo tiempo, difundida entre las gentes la noticia de la guerra santa, acudieron a reunirse con él desde la Berberia oriental caballeros cuyas hazañas, virtudes y valentía son harto notorias, y con los cuales pudo al-Mansur organizar contra los cristianos campañas en las que ellos formaban el núcleo más sólido del ejército; núcleo en el que, llegado el momento del combate y del encarnizamiento de la lid, podia depositar mayor confianza. Entre estos jefes beréberes, de los que tenían una inteligencia más sutil y unas miras mas elevadas eran nuestro tío abuelo Zawi ibn Ziri, y, tras él, su sobrino Habus ibn Maksan ( Dios esté satisfecho de entrambos ). Ellos daban siempre su opinión, cuando se les consultaba en los asuntos, y, además, tenían jurisdicción sobre los demás elementos del ejército, que les estaban subordinados.

Fue de esta suerte como Ibn Abi Amir llevó a cabo su reforma militar, realzó el prestigio del Califato, subyugó a los politeístas y exhortó a todos los musulmanes a participar en sus campañas. Los súbditos de las tierras de al-Andalus se declararon, sin embargo, incapaces de participar en ellas, haciendo valer ante Ibn Abi Amir que no se hallaban preparados para combatir y, por otra parte, que su participación en las campañas les impediría cultivar la tierra. No eran, en efecto, gente de guerra, y, en vista de ello, Ibn Abi Amir los dejó emplearse en la explotacion del suelo, a cambio de que todos los años, previo acuerdo y a satisfaccion de todos ellos, le entregasen de sus bienes los subsidios necesarios para equipar tropas mercenarias que los sustituyesen. Les fijó, pues, tributos, ingresó en las cajas del Tesoro aquellas sumas que le entregaban las gentes, y les sacó [todo el dinero que podian darle], con lo cual equipó su ejército. Dichos tributos continuaron pesando sobre los andaluces... [laguna]... e Ibn Abi Amir pudo así lograr el fin que se habia propuesto, como ya hemos explicado.

Hasta entonces la población había podido vivir tranquilamente, sin mas que pagar el azaque sobre sus bienes, ya consistiesen en numerario, o en cereales o en ganado; azaque que era distribuido entre los menesterosos de cada localidad, sin que los gobernantes tomasen nada de él, a no ser para el sostenimiento de los ejércitos y la organización del gobierno, sin los cuales nada subsistiría en el mundo, porque si los soberanos no protegiesen y defendiesen a sus súbditos, ni fortificasen sus Estados, entonces los súbditos no encontrarían gusto a la vida ni les sería agradable vivir fijos sobre un determinado territorio. Todo iba, pues, perfectamente en el país, donde reinaban el orden y el bienestar. Al-Andalus, tanto en lo antiguo como en lo moderno, ha sido siempre un país de sabios, alfaquies y gentes de religión, que eran a quienes estaban confiados todos los negocios, salvo lo concerniente al séquito, esclavos y mili-cias del soberano. Podía éste sacar dinero a los unos y dárselo a los otros, con objeto de constituir un ejército y elegirlo entre lo mejor para ofrecer a los musulmanes la conveniente defensa, tanto mas cuanto que tales sumas que le entregaban no pesaban sobre los bienes raíces ni sobre las ganancias de sus súbditos, y estaban destinadas únicamente a velar por el interés de los musulmanes. Las injusticias de que éstos podian ser victimas, asi como las diferencias que podian surgir, y en general todos los litigios, se resolvian conforme a la Zuna y eran de la competencia del cadi del lugar.

Cuando concluyó la dinastía amiri y la población se quedo sin imam, cada caid se alzo con su ciudad o se hizo fuerte en su castillo, luego de prever sus posibilidades, formarse un ejército y constituirse depósitos de víveres. No tardaron estos caides en rivalizar entre si por la obtencion de riquezas, y cada uno empezo a codiciar los bienes del otro. Ahora bien: si es difícil de resolver un asunto entre dos personas, cuánto más no había de serlo entre múltiples soberanos y pasiones contradictorias?... [laguna de tres líneas ilegibles por la humedad]... en virtud de un decreto previo establecido por la voluntad de nuestro Señor, que carece de asociado.

Abd Allah, El siglo XI en 1» persona, Madrid, 1980, 81-84. En Textos y documentos de historia antigua, media y moderna hasta el siglo XVIII, Historia de España, M. Tuñón De Lara, dir., tomo XI, Barcelona, 1984


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