Dicen de mí, hablando de la construcción narrativa del sujeto:
Siguiendo
esta misma línea de discurso, José Ángel García Landa abordará la misma
construcción narrativa del sujeto, pero esta vez como formación
discursiva de la identidad, en tanto transmisión de articulaciones
sociales. En este sentido, la narrativa contendrá una posibilidad como
mecanismo cognitivo, con una clara función formativa, en cuanto
dinamismo interactivo que genera una dimensión autoformativa de la
conciencia crítica. La teoría narrativa del sujeto será una fuente de
construcción tanto de identidades como de diferencias. Desde Hume hasta
Heidegger o Ricoeur, pasando por la estética de la recepción, sobre
todo por Wolfgang Iser, su concepto de “lectura resistente” terminará
con el análisis de Kerby en su Narrative
and the Self.
Aunque no termino. Como decía Felipito Tacatún, "yo... ¡sigo!"
La identidad es, según Zygmunt Bauman, "esa obra de arte que queremos
modelar a partir de la dúctil materia de la vida":
"la
búsqueda de identidad es la lucha constante por detener el flujo, por
solidificar lo fluido, por dar forma a lo informe. Nos debatimos
tratando de negar o al menos de encubrir la pavorosa fluidez que reina
debajo del envoltorio de la forma; tratamos de apartar los ojos de
visiones que esos ojos no pueden penetrar ni absorber. Sin
embargo, lejos de disminuir el flujo, por no hablar de deternerlo, las
identidades son semejantes a la costra que se endurece una y otra vez
encima de la lava volcánica, que vuelve a fundirse y disolverse antes
de haber tenido tiempo de enfriarse y solidificarse. Así, siempre hay
necesidad de una prueba más, y otra—y esos intentos sólo se concretan
aferrándose desesperadamente a cosas sólidas y tangibles, que prometen
duración, sean o no adecuadas para combinarse entre sí, y aunque no nos
den motivos para creer que, una vez combinadas, seguirán reunidas—. En
palabras de Deleuze y Guattari, 'el deseo acopla constantemente el
flujo continuo con objetos parciales que son, por naturaleza,
fragmentarios y fragmentados' (Anti-Oedipus).
"Las identidades únicamente parecen estables y sólidas cuando se ven,
en un destello, desde afuera. Cuando se las contempla desde el interior
de la propia experiencia biográfica, toda solidez parece frágil,
vulnerable, y constantemente desgarrada por fuerzas cortantes que dejan
al desnudo su fluidez y por corrientes cruzadas que amenazan con
despedazarla y con llevarse consigo cualquier forma que pudiera haber
cobrado.
"La identidad experimentada, vivida, sólo puede mantenerse íntegra con
la fuerza adhesiva de la fantasía, tal vez de la ensoñación. Sin
embargo, dada la obstinada evidencia de la experiencia biográfica,
cualquier adhesivo más fuerte—una sustancia con mayor poder de fijación
que la fantasía, de fácil disolución y eliminación—resultaría una
perspectiva tan repugnante como la falta de ensoñación. Por ese motivo,
según observó Efrat Tseëlon, la moda funciona tan bien: es la sustancia
correcta, ni más fuerte ni más débil que la fantasía. Proporciona
'maneras de explorar los límites sin comprometerse con la acción . .
. y sin sufrir las consecuencias'. 'En los cuentos de hadas', nos
recuerda Tseëlon, 'el atuendo soñado es la clave para revelar al
identidad de la princesa, tal como lo sabe muy bien el hada madrina que
viste a Cenicienta para el baile'. (Bauman, Modernidad líquida 89-90)
La compra compulsiva se convierte en una modalidad de construcción y
destrucción de identidades desechables. Pero aparte de objetos,
compramos imágenes que nos representan. Y así habla Bauman de
"el
formidable poder que los medios de comunicación masivos ejercen sobre
la imaginación popular, individual y colectiva. Las imágenes poderosas,
'más reales que la realidad', de las ubicuas pantallas establecen los
estándares de la realidad y de su evaluación, y condicionan la
necesidad de hacer más agradable la realidad 'vivida'. La vida deseada
tiende a ser como la vida 'que se ve en la TV'. La vida en la pantalla
empequeñece y quita encanto a la vida vivida: es esta última la que
parece irreal, y seguirá pareciendo irreal en tanto no sea recuperada
en imágenes filmables. (Para completar la realidad de la propia vida,
uno tiene que 'grabarla' primero, usando para ese propósito, por
supuesto, la cinta de video... esa materia reconfortantemente borrable,
siempre dispuesta a eliminar viejas imágenes y a registrar otras
nuevas.). (91)
El vídeo está periclitado, claro (aunque aún venden VHS con grabadora
DVD). Pero llámenlo digital, y el formato es aún más plástico,
modelable y borrable. Estas reflexiones de Bauman pertenecen a un
tiempo mental anterior a las webs personales, blogs y redes sociales,
pero en gran medida parece aplicable lo que dice a estos medios
electrónicos y sus respectivas pantallas, personalizadas esta vez a
medida de la identidad del sujeto y (además) convertidas en moda. El
sujeto se reconoce al menos parcialmente en la proyección multimedia
que va generando de sí (a veces incluyendo vídeos caseros insertos, en
efecto)—recopilando cosas que se dicen, dichos de moda, objetos que
remitan a su identidad ideal y cambiante. Al parecer el aprecio por la
autoimagen va positivamente correlacionado con la actividad en
Facebook, nos decía un experimento hace poco. No es la menor de las
ventajas del "cuerpo angélico" de la web personal que ésta va cambiando
día a día, como una identidad a la vez permanente y fluida. Bauman cita
a Christopher Lasch, en The Culture
of Narcissism, que también parecía muchos años antes anticipar
el análisis de estos fenómenos típicamente postmodernos:
"la
vida moderna está tan completamente mediada por imágenes electrónicas
que no podemos evitar responder a otros como si sus acciones —y las
nuestras— fueran filmadas y transmitidas simultáneamente a un público
invisible, o fueran a guardarse para ser vistas con detenimiento más
tarde." (cit en Bauman 91)
Siempre me ha parecido un defecto de Facebook el que sus archivos sean
en la práctica inaccesibles—no hay un sistema ordenado para ir a buscar
la información relativa a tal o cual día, si lo comparamos con los
blogs. Pero quizá sea sólo una fase más avanzada de esa contradicción a
que alude Lasch—en el blog, a veces aún consultas (o la gente consulta)
artículos anteriores; en Facebook, queda el archivo para el Juicio
Final, o para uso deshonesto de la propia empresa. Y lo único que queda
del trayecto del sujeto por la red es, en la práctica, su huella
inmediata, la de moda, podríamos decir. Facebook es mucho más
evanescente, más atado a la inmediatez—está entre el chat y el blog, no
en vano se escribe en la misma página en que se lee, sin tener que
pasar a un modo de edición. En modalidades distintas, los facebooks y
los blogs parecen encarnaciones ideales de esa cultura del narcisismo
de la que hablaba Lasch: una
imagen electrónica de la identidad que es
a la vez automodelable, fluida y variable, personalizada a voluntad, y
muy mediatizada por la moda,
como una vestimenta electrónica del cuerpo y de la mente para lucirla
en
"las ubicuas pantallas".
Unterwegs zur Sprache,
podríamos decir, en la versión de T. S. Eliot. En un apéndice o notas
finales a su artículo sobre Pantallas
Terminológicas, Kenneth Burke hace unos comentarios interesantes a
cuenta de la tesis doctoral de T. S. Eliot Knowledge and Experience in the Philosophy
of F. H. Bradley
(1916, publicada en 1964), que muestran un lado un tanto heideggeriano
del pensamiento de Eliot. El artículo de Burke iba sobre el papel del
lenguaje y de distintos tipos de discurso a la hora de orientar la
atención, o de "dar forma" al objeto del que se habla, presentándolo
desde determinada perspectiva. Burke ve que comparte con Eliot una
concepción similar, pues en un excurso de la tesis Eliot proclama la
importancia crucial de las palabras o de los nombres para dar forma a
los objetos de atención:
"Sin
palabras, no hay objetos", asevera. Y así cuestiona si "el
reconocimiento explícito de un objeto como tal" puede darse "sin un
principio de lenguaje". El amasijo de cosas que llamamos un objeto "no
sería un amasijo si no lo mantuviese unido el momento de objetividad
que se realiza en el nombre" (Burke 61)
Y sigue Eliot:
"En
cualquier conocimiento previo al lenguaje, el objeto es no tanto una
identidad reconocida como tal, cuanto un modo similar de actuar; la
identidad es experimentada en la vida, más que conocida. Lo que nos
ocupa aquí es el reconocimiento explícito de un objeto como tal, y no
creo que esto pueda darse sin un inicio de lenguaje. (...) Nuestra
única manera de mostrar que estamos atendiendo a un objeto es mostrar
que él y nosotros somos entidades independientes, y para hacer esto
hemos de tener nombres. (...) No tenemos objetos sin lenguaje". (Cit.
por Burke 61)
Es, en versión de T. S. Eliot, una teoría del lenguaje
como realidad virtual,
realidad virtual que se superpone a la realidad y le da forma efectiva
constituyendo efectivamente el mundo conceptual que habitamos... Aunque
luego Eliot parece retractarse y murmura si acaso no estaremos
concediendo al lenguaje más prestigio filosófico del que merece (una
reflexión que contradice este privilegio ontológico que parecía
dispuesto a concederle).
Burke, algo decepcionado por esta retractación, reformula sin embargo
la propuesta de Eliot moderando el papel constitutivo del lenguaje, muy
en la línea pragmática, y a la vez concediendo un lugar clave al papel
de la simbolización. Una bonita síntesis, por tanto, efectúa
Burke—síntesis que me gusta pensar que también es heideggeriana pero
sin nieblas teutónicas—pasada por un saludable baño de William James y George
Herbert Mead.
Hay, señala Burke, una conceptualización previa al lenguaje, sobre la
que éste se apoya—no conceptualización lingüística, que estamos
diciendo que es previa al lenguaje, sino un conocimiento
intelectualizado y mentalizado de las cosas del mundo. Sobre esta
semiosis de las sensaciones, de la acción, y del comportamiento, se
asentará la conceptualización que es propia del lenguaje:
"Debemos
postular un conjunto de 'términos' puramente fisiológicos, meros movimientos
de la sensación, cuando el cuerpo traduce ciertas clases de
acontecimiento 'en términos de' vista, sonido, gusto, etc.—del mismo
modo que la experiencia del placer y del dolor constituye un
rudimentario equivalente fisiológico del par Sí-No. Los experimentos
behavioristas nos ayudan a ver cómo incluso estos primeros elementos de
consciencia pueden verse infundidos con rudimentos de conocimiento
(que, en lo que respecta a los tests de simbolicidad, alcanzan su
compleción en las posibilidades 'reflexivas' o 'autoconscientes' o 'de
segundo nivel' de los sistemas simbólicos, que pueden reflexionar sobre
los problemas y principios de los sistemas simbólicos". (61).
Y Burke también alude al papel simbólico crucial que tiene el lenguaje
en la conceptualización continuada de lo no lingüístico o de lo
preconceptual, o de lo semiótico perceptual y procedimental, que sigue
por supuesto presente en la actividad humana como en la de los demás
animales, si bien potenciado por el nivel de complejidad potencial
mucho mayor que le proporciona este puente hacia el lenguaje. El
lenguaje proporciona un asidero para orientar la atención sobre el
mundo preconceptual y reelaborarlo cognitivamente. Arguyendo (contra
las dudas de T. S. Eliot) en pro del papel ontológico del lenguaje en
la constitución del mundo, señala Burke que el papel de la filosofía
consiste en centrar esa atención reflexiva sobre el mundo para darle
una forma lingüística—con lo cual está también enfatizando, de paso, la
naturaleza lingüística y simbólico-textual de la filosofía, algo que a
muchos filósofos les ha pasado por alto, creyendo al parecer que
construyen sus sistemas con ideas puras.
"Y
sin embargo ¿qué es la filosofía si no es el desarrollo sistemático de
una atención
que depende del lenguaje para cada uno de sus pasos? ¿Qué está haciendo
por necesidad el filósofo, si no es intentar traducir lo que es
más-que-lingüístico, lo menos-que-linguístico, y lo
diferente-de-lo-lingüístico, a términos de lo lingüístico?"
La filosofía es por tanto, no menos que la poesía, la creación de
ficciones, o el uso de la palabra en conversación, una modalidad
más del lenguaje como
acción simbólica,
título de este libro de Burke. Título que no quiere decir "acción no
efectiva, sino meramente simbólica", sino más bien lo contrario,
"acción efectiva mediante el uso de símbolos"—modalidad de acción que
es la más inherentemente humana, si aceptamos la definición que da
Burke del hombre como "el animal que se caracteriza por usar símbolos".
El camino de la experiencia al lenguaje lo rehacemos todos
constantemente, pues volverlo a andar es algo inherente a usar el
lenguaje. Y el retorno reflexivo sobre sobre ese camino, comprender en
qué consiste, y explorarlo y desbrozarlo en sus últimos límites, donde
lo no nombrado se nombra—es una buena manera de concebir el pensamiento
filosófico.
Inauguramos el Skype hablando con mi madre, que aprovecha para
enseñarnos cómo van quedando las reformas de su piso.
Y esto es una captura de pantalla:
Por cierto que me dice mi madre que se ha caído de la bici mi hermano
Luis, y está bastante dolorido (pero nada roto, uf). Así que ánimos y a
mejorarse, que ya está en ello sin duda. Del suelo, a mejor—no hay otra.
Aunque tuerce el morro. En las actas etarras que publica El
Mundo, consta por escrito la implicación del gobierno dando
órdenes
para que no se detengan etarras. Zapatero nombró a Rubalcaba ministro
del interior pensando en favorecer las conversaciones con los etarras e
impedir sus detenciones. Y ahí lo tenemos, camino de la presidencia del
país, si no acaba antes en la cárcel. Aquí está la
noticia según Libertad Digital.
Por menos que esto no digo ya que deberían caer gobiernos; es que
debería haber redadas para meterlos en chirona, a que dialoguen a gusto
con los otros.
Un párrafo jugoso:
"Sobre
la extorsión de ETA, el emisario [del gobierno] afirma, en relación a
Alfredo Pérez Rubalcaba que "el ministro tiene un montón de cartas que
no ha hecho públicas. Sabiendo que se pide dinero, decimos que no
consta que se pide". Además, añade que "si el problema es el dinero
siempre se podrá arreglar por medio de una organización
internacional". "Hemos intentado minimizar ciertos hechos por y
para el proceso: lo que perjudica al Gobierno os perjudica también a
vosotros y al contrario", dijeron, tal y como consta en las actas de
negociación."
¿Cuántos delitos constan aquí? Ocultación de la extorsión, no
persecución del delito, engaño a la opinión pública, colaboración con
los extorsionadores, ofrecimiento a subvencionar a una banda
terrorista, malversación de fondos públicos...
Estos apaños eran obvios ya entonces, pero siempre da "tranquilidad"
verlos negro sobre blanco, y ver que en efecto las peores sospechas
eran ciertas. Por entonces escribía yo esta
conversación apócrifa entre Zapatero y Rubalcaba, cuando las
detenciones de etarras del juez Grande Marlaska les estropeaban el
"Proceso".
En fin. Yo ya no entiendo quién puede estar aún pensando en votar a
esta gente—y cómo aún hay quien se considera decente y no sale del PSOE
por piernas.
Es de Roland Joffé, el de La Misión pero
también (ojo) el de La Letra
Escarlata.
Buena película ambientada en la guerra civil española, con hagiografía
discreta pero aun con todo excesiva, no gustará a los del bando rojo,
ni a los antiescrivadebalagueristas, que por lo que se ve hay
abundantes. Haciendo abstracción del personaje, en la medida en que se
puede, es una buena película sobre actitudes ante la vida y ante la
guerra—contrastando la actitud conciliadora, cristiana, bondadosa y
bienintencionada del personaje, con la de otro personaje generado para
representar al bando contrario—no al bando republicano, digo, sino al
bando de los canallas que usan las guerras para cultivar y agrandar sus
demonios interiores, o dragones. A estos últimos, que los hay, tampoco
les gustará la película, supongo, porque los malos quedan mal parados.
El alter ego negativo de Escrivá de Balaguer es Manolo, un colega suyo
del seminario, que se retira de cura—un personaje huraño, resentido y
vengativo, que empieza de conspirador fascista y acaba de infiltrado en
una milicia, sin saber casi en qué bando está. Vive una historia de
enamoramiento celoso y criminal con una miliciana, y acaba
convirtiéndose en la plaga de ella. Manolo el espía buscaba
incriminarla a ella por espía, y cuando es condenada se suicida la
pareja de ella, que iba a ser su ejecutor, antes de matarla. Ella se
libra por otra artimaña de Manolo, pero este acaba matándola un día por
sorpresa, como el canalla que es. Una cosa sí hace: criar al hijo de
ella y el miliciano tras la guerra, como si fuese hijo suyo. Pero es un
padre frío y acabronado, que asciende en el régimen pero resentido con
todo y consigo. El supuesto hijo pone tierra por medio, pero se acaba
enterando de la historia cuando convence a su padre para que le hable
de Escrivá de Balaguer, al que había conocido de joven: el hijo quería
escribir un libro sobre él, y esta historia sirve de excusa para el
arranque de la película, y para que salgan a la luz las revelaciones
del viejo criminal. El final de la película aplica las enseñanzas de
Escrivá, cuando el falso hijo se reconcilia con el padre en el lecho de
muerte, tras superar el despecho que siente al principio.
Mientras, Escrivá de Balaguer vive una vida de cura activo primero,
promoviendo el Opus, y luego de perseguido, ocultándose en el Madrid
republicano y salvándose por los pelos; escenas que recuerdan bastante
a algunos episodios de Un Millón de
Muertos
de José María Gironella.
Los dos personajes no vuelven a hablar, aunque el malo le
perdona la vida a Escrivá y su grupo, cuando están huyendo a través de
los Pirineos a Francia. Para ello mata a uno de su propio bando—a otro
más. Se nos dice que Escrivá le siguió escribiendo a su antiguo amigo
de infancia rebrincado toda su vida, sin que el otro le contestase.
Como se ve, se evita cuidadosamente identificar al malvado con uno de
los dos bandos de la contienda: mezcla a los dos y representa a los
dos, a lo peorcito de los dos. Ah, y al ateísmo, que es un ateo
irredento que no cree en el orden moral del universo, y al final ha de
rendirse a la evidencia (del guión). Es una guerra civil portátil en sí
mismo, el Manolo. Por otra parte, tampoco se muestra
a
Escrivá apoyando la causa fascista—si bien sí se muestran escenas de la
España republicana y del bando rojo, bien filmadas, que muestran
adecuadamente la brutalidad que se veía en ese bando, como en el
otro. En conjunto, pues, una película del "bando nacional" y
eclesiástica, para mayor gloria del Fundador, y que evita sin embargo
tomar una postura excesivamente polémica o militante, enfatizando el
mensaje cristiano, la reconciliación y el perdón, etc. Muy en la línea
de Gironella, realmente. Como La
Llave de Sarah
y otras tantas, es también una película de viejos traumas que salen a
la luz y buscan una resolución, aquí en forma de absolución. Le dicen
al final al periodista que su falso padre le había contado la historia
no tanto para librarse de ella, como para darle a él la oportunidad del
perdón. Oportunidad que aprovecha el hijo volviéndole a llamar "padre",
y dando un final cristiano a la película.
Lo que desagrada en la película es la mezcla de motivos
biográficos/hagiográficos reales con una historia más alegórica o
emblemática, la del alter ego diabólico Manolo. Eso sí que produce una
sensación de intento de potenciar la vida del santo artificialmente—sin
lograrlo, claro, porque el artefacto se desmonta obviamente a sí mismo
en tanto que "historia". Como drama de guerra con moral cristiana, sí
que funciona, y también en general como película de acción y
conflicto—a pesar de la relativa desconexión de sus dos tramas. Gustará
especialmente la reconstrucción de las escenas de batalla y del
ambiente de la época (de los setenta finales, de principios de siglo y
de los treinta). Y también ofenderá a unos más que a otros, que estamos
en un país muy ofendible con todo lo que suene a aquellas batallas, a
intrusiones divinas, y a la Iglesia predicando. País además que lleva
una dieta única de cuarenta años de películas de izquierdas sobre la
Guerra Civil; bienvenida sea ésta para variar.
Es ésta película, basada en la novela homónima de Kazuo
Ishiguro, un producto tristón y desilusionado, no apto para quienes
gusten de finales felices. Aquí el final es como el principio: es una
película "distópica", basada en el retrato de una sociedad que
rechazamos, pero en la que no se ofrece un remedio narrativo a ese mal
social en la forma de una derrota del sistema opresivo—ni siquiera en
la forma de una huída del sistema, posibilidad que ni llega a
plantearse. Más bien se nos sugiere (al final, y durante) que la
sociedad hipócrita y cruel retratada allí es fundamentalmente igual a
la sociedad en la que vivimos. O, aún más: que toda sociedad humana es
así. En este sentido, la película nos propone ponernos unas gafas de
lucidez que (aceptando que su perspectiva y su verdad sobre lo humano
sea sólo una de las posibles) son a la vez unas gafas distorsionantes;
nos revela y nos oculta la realidad. Y se plantea como una pequeña
agresión a los educados occidentales, únicos que irán a ver la
película, y únicos dispuestos a pagar por la autoagresión.
Es una película de clones (descubrimos al rato, si no nos ha llegado la
onda preliminar). Los crían como ciudadanos infrahumanos, con el fin de
abastecer de órganos a la industria de transplantes. Y hasta aquí, y no
más, se parece a La Isla. Hay
granjas de
clones, en forma de internado estilo señorita Rothenmeier—en las que el
agobiante ambiente de colegio hiperregulado se mezcla con una dinámica
de campo de exterminio. Los niños se hacen a su ambiente, sin embargo,
y se les educa para aceptar su destino, que van conociendo poco a poco.
Incluso cuando una profesora algo desencantada les precipita la
revelación de la verdad, no hay pánico ni angustia, sólo disciplina
condicionada... y un ambiente parecido a cuando se les dice a los
niños que Dios no existe, o cuando reciben información sobre el uso de
sus genitales. Recuerda mucho el ambiente de limitación mental a las
discusiones que llevan los chavales sobre si habrá otra vida en el más
allá, o si existe la reencarnación, o si cada uno tenemos un alma
gemela en algún sitio.
Nos dice Roger Ebert: "One of the most dangerous concepts of human
society is that children believe what they are told. Those who grow out
of that become adults, a status not always achieved by their parents."
Y esta película usa casi a la perfección este concepto—se nos muestra
un sistema educativo manipulador, que mantiene a los niños ignorantes
de las cosas más importantes que se pueden saber. (Por ejemplo, en
nuestro sistema educativo nunca se enseña a los niños cómo el mundo
está dominado, en general, por tiranos, mafiosos y criminales, que son
los que llegan a los puestos de poder—y es una verdad que muchos no
llegan nunca a descubrir por sí solos). Nos muestra la película cómo
ellos van organizando sus vidas, viviéndolas humanamente, en la medida
en que pueden, moviéndose en ese mundo disminuído y en esa nube de
ignorancia. Se sugieren muchos paralelismos simbólico-alegóricos,
claro, y es eso lo que tiene la película de crítica a la sociedad
occidental actual. Por ejemplo, la crianza para extraer órganos se
asemeja, por desplazamiento simbólico, a la fabricación de sujetos
aptos para la maquinaria social—para ser órganos adecuados en sus
puestos de trabajo que ni les van a aportar satisfacción ni plenitud,
sino que van a suponer un lento desgaste en el que los individuos,
generalmente hablando, no van a extraer todo el potencial de sus
capacidades. Es la historia de una vida disminuida, y de personajes que
(como dice Ebert) nunca llegan a madurar, en el sentido de que nunca
cuestionan al sistema ni se plantean una huída, un cambio, una
rebelión. Son conformistas, creen en el orden social en el que han
crecido, aceptan sus valores aunque les asigne de entrada el puesto de
perdedores. Son como negros bien mandados en una sociedad de apartheid, o como los esclavos
romanos—pero en unos años 70-80-90 retratados de modo muy deprimente y
aburrido. E irreal, claro, todo hay que decirlo: apenas se nos muestra
la sociedad "externa" al mundo mental de los clones, aunque ellos son
libres de moverse por ella dentro de un orden, llevan vidas muy
reguladas. La protagonista, Kathy (Carey Mulligan), se hace
"cuidadora", o sea, clon con ventajas especiales para pastorear clones,
hacer de mediador entre los opresores y los oprimidos y ayudar a
mantener el sistema. Nunca cuestiona ella este papel—lo más crítico que
se le oye decir o pensar es que "en realidad, los originales (los
ciudadanos de primera para quienes ellos se sacrifican) no llevan una
vida muy diferente de la nuestra". Y es verdad, y es mentira—y en ese
dilema se construye la película.
Como digo, tiene mucho de falsaria, por su misma osada elección de no
mostrar un mundo diferente al nuestro, en el que sin embargo hay esa
diferencia tan notable entre seres humanos. Eso no es posible, como no
serían posibles tantas cosas: un control de la información tan férreo,
una plaga de nazismo clónico uniforme en todo el planeta, una tal
unanimidad y falta de sentido crítico ante tal estado de cosas... O por
lo menos ofende pensar que fuera posible eso, y la idea disminuye al
ser humano—y de ahí extrae también su potencia la película. Se nos hace
pensar en regímenes no ya espectacularmente pervertidos como el nazi,
sino grises y desengañados y mal peinados, como el comunismo de
Alemania Oriental. Y pensamos que es posible, que la gente después de
todo sí es así, que funciona con ideas recibidas y que en general no
las cuestiona, ni crece.
Otras analogías surgen: las granjas de clones que recuerdan a criaderos
de pollos nos recuerdan, claro, a los criaderos de pollos, o de cerdos,
y los activistas de los derechos animales harán su lectura de la
película en este sentido, porque el desengaño con la humanidad es
libre, y toda sociedad vive presa de sus convenciones éticas y de sus
definiciones sobre lo que es aceptable o no. Surgirán, por supuesto,
analogías con los movimientos de la "muerte digna" tan a menudo
asociados actualmente a la donación de órganos de muertos casi vivos,
con elecciones terribles que hay que hacer en los hospitales—la
película también nos coloca frente a esas situaciones desagradables que
surgen de tener demasiado control sobre el cuerpo humano y sus partes.
Cuándo deja un humano de ser humano, y pasa a ser considerado
despiezable. Cuándo empieza a serlo—y también nos hace pensar la
película en la relativa unanimidad occidental ante la cuestión del
aborto. No tanta unanimidad, claro, como aquí— que la película busca
irritar mostrando una unanimidad excesiva, —y sin embargo, no sé cómo
lo diga, la hace inefectiva lo mismo que la hace efectiva. De la
misma manera que, retratando a unos pobres ignorantes, pasivos y
bastante patéticos, en sus amores torpes y en su pequeño mundo
disminuido, también nos muestra lo que son las relaciones humanas en
sus limitaciones, en términos generales. Y divierte verlo, y
aburre—porque son aburridos y limitados ellos, y ahí está otra fuerza y
limitación simultánea de la película. Emplea una sociedad alternativa,
posible e imposible a la vez, para mostrar ciertos aspectos de la
nuestra, y criticarla—pero a la vez la crítica va más allá, y nos lleva
a una desilusión fundamental con los seres humanos, con lo que es la
vida en sí, siempre vivida de manera disminuida frente a los ideales. Y
no se ve salida, porque en la sociedad hay que ser un sujeto, y todo
sujeto está sujeto a su puesto.
Never Let Me Go. Dir.
Mark Romanek. Screenplay by Alex Garland, based on the novel by Kazuo
Ishiguro. Cast: Carey Mulligan, Andrew Garfield, Keira Knightley, Izzy
Meikle-Small, Charlie Rowe, Ella Purnell, Charlotte Rampling, Sally
Hawkins, Nathalie Richard. Exec. prod. Alex Garland, Kazuo Ishiguro,
Tessa Ross. Associate prdo. Joanne Smith. Coprod. Richard Hewitt. Prod.
Andrew Macdonald and Allon Reich. Music by Rachel Portman. Photog. Adam
Kimmel. Ed. Barney Pilling, Prod. des. Mark Digby. DNA Films / Film 4 /
Fox Searchlight, 2010.
En su libro Modernidad Líquida
(2000), Zygmunt Bauman disecciona las características de la sociedad
que otros llaman postindustrial
o postmoderna,
que para él se caracteriza por la livianidad, la rapidez y la movilidad
que evita asentarse. Por la proliferación del mercado de consumidores—y
por la individualidad autogestionada, que se da forma a sí misma.Bauman emplea un estilo
portentoso y exagerado de descripción, es lo que podríamos llamar un all-or-nothingist,
en el sentido de que detecta una tendencia o un síntoma hacia donde
parece que se mueve la cosa, un signo de los tiempos, y lo convierte ya
en la regla general—tiende a hablar de lo emergente como si fuera lo dominante. Pero
es la condición de hacer su análisis llamativo, el aumentar
desmesuradamente las formas, caricaturizar las tendencias culturales
para reducirlas a su rasgo más distintivo y grotesco. Un botón de
muestra, su discusión de la autoridad y la verdad postmodernas, en el
capítulo "Individualidad":
El
capitalismo pesado, de estilo fordista, era el mundo de los
legisladores, los creadores de rutinas y los supervisores, el mundo de
los hombres y mujeres dirigidos por otros que perseguían fines
establecidos por otros de una manera establecida por otros. Por esa
razón era también un mundo de autoridades: líderes que sabían qué era
mejor y maestros que enseñaban a seguir adelante.
El capitalismo liviano, amistoso con los consumidores, no abolió las
autoridades creadoras de la ley, ni las hizo innecesarias. Simplemente
dio existencia y permitió que coexistieran una cantidad tan numerosa de
autoridades que ninguna de ellas puede conservar su potestad durante
mucho tiempo, y menos aún calificarse de 'exclusiva'. A diferencia del
error, la verdad es única, y puede reconocerse como verdad (es decir,
tener el derecho de afirmar que todas las otras opciones son erróneas)
sólo en tanto sea única. 'Numerosas autoridades' es, en realidad, una
contradicción en los términos. Cuando las autoridades son muchas,
tienden a cancelarse entre sí, y la única autoridad efectiva es la de
quien debe elegir entre ellas. Una autoridad en potencia se convierte
en autoridad por cortesía de quien la elige. Las autoridades ya no
mandan, sino que intentan congraciarse con los electores por medio de
la tentación y la seducción. (69-70)
A esto lo podríamos llamar el hipermercado
postmoderno de las verdades—nueva Feria de las Vanidades, a
escala globalizada, que marearía al peregrino de Bunyan.
Es un diagnóstico que dice también mucho de los modos políticos que
hemos visto en años recientes, en particular en el PSOE. Y hasta el PP
actual es postmoderno ligero, precisamente por la vía de evitar
caracterizarse en demasía, frente a lo que se le supone, y mantener una
ambigüedad que viene a ser una fluidez posmoderna, utilizando contra el
adversario incluso los movimientos que presumiblemente habrían de ser
compartidos por los dos.
He encargado un sello para la Asociación de Personas
Mayores de Biescas, y le he puesto esta ilustración:
—que es, claro, la
ermita de Santa Elena, de Biescas. Decía mi padre que en Biescas hay
muchos que no creen en Dios pero creen en Santa Elena. Y es cierto que
las romerías a Santa Elena son muy populares y nunca falta gente el día
de las Cruces. Uno de la quinta de mi padre, Maxi, ha sido el que más
ha hecho por mantener la ermita además de otras muchas tradiciones
locales de Biescas. Junto con los curas correspondientes, claro. Yo me
acuerdo que de críos subíamos el día de Santa Elena a la misa, y me
gustaba ponerme al lado de donde se encendían todas las velas, para ver
cómo se derretían unas a otras con el calor, y hacían churretones
churriguerescos de cera. También nos echábamos la cera por encima de
las manos, aunque dolía, por el gusto de quitárnosla luego. De pequeño
también tenía mis dudas de si no sería aquí donde habían encarcelado a
Napoleón, lejos del mundo. En
Santa Elena hay una fuente milagrosa, la Gloriosa—que tiene de
milagroso que sale a veces de golpe sin previo aviso y luego se
interrumpe. "¡Que sale la Gloriosa!"—y la gente salía de misa para
verlo. Unos espeleólogos exploraron el sistema de cuevas de Santa
Elena, largo y complicado, con lagos subterráneos y sifones que son los
que explicaban el comportamiento errático de la fuente. También
concluyeron que el agua milagrosa no era potable—pero la gente la ha
seguido bebiendo como venían haciendo desde hace siglos. Aquí ha debido
de haber un santuario desde épocas remotas. La leyenda, claro, se
remonta explícitamente a tiempos de Santa Elena, la madre de
Constantino, que no sé qué haría por estos andurriales—y menos aún
perseguida por un moro, que es como nos lo contaban. En fin, que se
refugió la santa en el fondo de la cueva que hay al fondo de la ermita,
y llegó una araña y tejió su tela delante de ella. Llegó luego el moro
perseguidor, y con gesto de detective, se volvió hacia la cámara y
dijo, levantando el dedo: "Donde la araña tejió, Elena no pasó". Bien,
luego siguió el hallazo de la Auténtica Cruz de Jesucristo, la señal en
el cielo durante la batalla, la conversión del Imperio Romano, y todo
lo demás—todo gracias a esto que pasó en Biescas. Como digo, el sitio
pedía ser un santuario: de hecho, cerca hay restos prehistóricos, el
dolmen de Biescas (ahora en versión reconstruida) y algún indicio de
habitáculo de tiempos prehistóricos. Pero estos sitios con manantiales
extraños siempre tienen algo sagrado—sobre todo si están en un sitio
tan espectacular—desde la carretera de abajo se ve la ermita en un
prado que luego cae a pico sobre el río con un desnivel impresionante,
sobre todo cuando mana la fuente y cae una cascada desde una especie de
concha de roca en la que se asienta el prado. Me recuerda mucho al
santuario de la Virgen de la Hoz, allá por Guadalajara. Y otros
parecidos, con manantiales que surgen del suelo inexplicablemente y que
han hecho a los antiguos geólogos hacer especulaciones curiosas sobre
la conexión subterránea entre ríos muy distantes. Una de esas leyendas
conectaba el manantial de Santa Elena con el río Jordán—supongo que
para enfatizar la conexión con Tierra Santa y con la cruz. Algunas
leyendas semejantes las cuenta con mucha documentación John Livingston
Lowes en The
Road to Xanadu.
Más abajo de la ermita, donde cruza el río el camino que lleva a Santa
Elena, surgen del suelo las Traconeras, cuevas que también tienen su
propio misterio y su geología curiosa—también llevan a largas galerías
y salas subterráneas no aptas para no espeleólogos. Y el paisaje
de Santa Elena se completa con un fuerte del siglo XIX, restos de
fortines y castillos vigilando el paso desde el valle hasta Biescas,
búnkers y trincheras excavados en la roca.... y otra ermita más
pequeña, y un puente que da auténtico vértigo cruzarlo, aunque mi
hermano Luis era muy aficionado a hacerlo pasando por la barandilla. En
fin, que Santa Elena es uno de esos sitios a donde volvemos una y otra
vez como sin querer; tiene la magia de muchas historias acumuladas, las
de todos y las vividas por uno mismo—hemos pasado allí muchos momentos
inolvidables, y seguiremos volviendo supongo. Ah, me olvidaba de contar
los contenciosos.... resulta que, por estar en el mismo lado del río
que la parroquia de El Salvador, correspondía la ermita en puridad (por
esas divisiones parrroquiales en quiñones y demás que se hacían antes) más bien a ellos,
y no a todo el pueblo de Biescas—cuestión en general olvidada, pero que
al parecer ocasionó alguna rencilla, que si no les dejaban entrar a los
de la Parroquia de San Pedro cuando llovía... así que los de San Pedro
se hicieron su propia ermita más a mano, la Virgen de la Collada. Pero
esa acabó decayendo, y decaída sigue—los de Biescas siguieron yendo
todos juntos a Santa Elena. Otro contencioso tiene que ver con los del
Valle: la fiesta reúne a Biescas y al valle, y es en cierto modo un
punto de encuentro e intercambio pacífico desde aquellos tiempos en que
eran todos más picajosos y más belicosos con el vecino. Pues bien, la
ermita está en realidad más allá del punto más estrecho, de hecho para
llegar a ella se pasa por una especie de puerta tallada en la roca, que
es donde realmente empieza el Valle de Tena si es que empieza en un
punto en concreto. Los del valle, pues, cuestionaban la pertenencia a
Biescas de la ermita. Hasta que quisieron oír al cura jurar
solemnemente que la ermita era de Biescas, y si no mal rayo le fría.
Así que el cura declaró "Juro que la tierra que pisan mis pies es
tierra de Biescas" y todos se quedaron convencidos—pero el cura se
había llenado los zapatos de tierra en Biescas, antes de subir. En fin,
eso dicen. Yo sólo transmito la leyenda.
Ya desmelenados y pasando de todo, jueces y fiscales y políticos van a
por lo suyo atropellando a quien se les ponga por medio en su huída
para adelante, a coger el botín de su Grupo.
El juez Garzón denuncia al Tribunal Supremo español, que
presumiblemente lo va a empapelar por alguno de sus múltiples
delitos—lo denuncia ante el tribunal de Estrasburgo, pero lo malo es
que el Tribunal Supremo aún no lo ha condenado a nada: con lo cual el
juez sigue olvidando sus cursos de primero de derecho cuando le
conviene. En Estrasburgo le recordarán que no puede presentar recursos
antes de la sentencia, pero da igual. Aquí, seguramente, lo que busca
es hacerse la víctima internacional ante los simplistas que son mayoría
siempre, y quizá buscarse una excusa mediática para cuando decida
declarase prófugo y fugarse de la justicia española.
El Fiscal General del Estado, Conde Pumpido, sigue siendo un agente de
la la manipulación y la corrupción de la justicia al más bajo precio.
Este era el que decía, cuando la negociación con la ETA, que a veces
los jueces tenían que manchar sus togas con el polvo del camino. Bien,
pues ahora quiere cortar por lo sano el caso Faisán, cambiando la
tipificación del delito—resulta que avisar a los etarras para que
huyeran no era colaborar con
ellos, sino una mera revelación de
secretos,
un defectillo administrativo que tendría pocas consecuencias. Este
individuo sí que arrastra por el barro su toga, y la de todos los que
lo rodean. Qué vergüenza de país, el que lo tiene como Fiscal
General—pero visto el gobierno que tenemos, muy ocupado en cubrir sus
propias vergüenzas, qué se puede esperar. Es evidente que este
individuo está donde está precisamente para torcer las leyes y aplicar
la del embudo—no para velar por la justicia. Nos gobiernan, nos
presiden y
nos vicepresiden los manipuladores a los que han votado los
manipulados. Así, el menú está servido.
Y el Tribunal Supremo, a punto ha estado de admitir otra vez a los
pro-etarras en los ayuntamientos, a recoger fondos públicos y a
subvencionar a los del tiro en la nuca—y a mantener el chiringuito de
la recaudación intacto. Que por cierto aquí nunca se ha denunciado a
nadie por colaborar con la Eta pagándole
los fondos que le hayan solicitado, y así sigue por tanto la Hacienda
paralela funcionando sin problemas. Bien, pues ahora los "progresistas"
(entiéndase con sarcasmo) del Tribunal Supremo querían tener etarras en
los ayuntamientos—el PSOE se desvive por conseguirlo, no para de
promover declaraciones y mociones a su favor. Y en el grupo Prisa están
indignados de que no haya salido adelante la cosa, pero se frotan las
manos pensando que tienen mayoría en el Tribunal Constitucional. La
cadena SER, tan amada por todos los españoles, no para de intentar
convencerles de que lo que necesitan en realidad es un etarra en el
ayuntamiento. Genial. Unos canallas, vamos. ¿Y por qué los sintoniza
tanta gente? ¿Será que quieren convencerse de eso también?
Yo, porque tengo un buen puesto de trabajo en este país—que si no, me
parece que emigraba. No es normal que tengamos a esta pandilla
gobernando y llenándonos las ondas aún y pontificando, después de dejar
al país hecho unos zorros. No se puede ser tan memos.
Habla
Brian Greene de su libro HiddenReality,donde expone
la tesis del multiverso basada en la teoría de cuerdas.
Vuelve entre otras cosas la teoría del Eterno Retorno, cansinamente...
pero ello no es prueba suficiente del Eterno Retorno. La clave del asunto es, dice Greene,
si los universos pueden influir
de alguna manera unos con otros, de manera experimentalmente
comprobable: si no, se trataría de una pura construcción matemática, un
problema en la cabeza de alguien, o un pseudo-problema desde el punto
de vista científico. La prueba que propone es la
existencia de interferencias en la radiación de fondo, y también la
investigación de variaciones en la energía procedente de la colisión de
partículas—si desaparece energía, sería que ha pasado a esa "otra
dimensión" de un universo paralelo. En los últimos diez años, dice, se
han hecho no sólo progresos instrumentales haciéndose con aparatos de
medición (el Gran Colisionador de Hadrones) sino también grandes
avances teóricos en el desarrollo matemático de la teoría de cuerdas.
Así que seguiremos escuchando la radiación de fondo...
Pero evidentemente la discusión
matemática está aquí a un nivel que no
va a producir claridad ni acuerdo ni entre los propios matemáticos,
sino más bien una proliferación de teorías y escuelas
sobre lo que es aceptable o no aceptable como modelo, cuánto menos a la
hora de buscarle un correlato físico. Y las indicaciones
experimentables que propone Greene son tan remotas e indirectas que
podrían ser prueba de la teoría, o de un deseo desmesurado de que se
verifique... o quizá de un enchufe defectuoso en
algún sitio.
George Ellis reseña
este libro en Nature
y concluye que es más teoría y especulación que hechos probados. De
momento, seguiremos encerrados en nuestro universo único, que de hecho
nos viene grande, y los demás, en la medida en que se nos alcanzan,
estarán contenidos en éste—en teorías y en novelas de ciencia-ficción y
de ficción-ciencia.
Recuerda esta discusión sobre el multiverso a la que se producía en el
siglo XVII, cuando comenzaba a calar en las mentes ilustradas la idea
de la enormidad del universo y la existencia de "otros mundos"—pienso
en obras como las Conversaciones
sobre la Pluralidad de los Mundos (1686) de Fontenelle.
Siglos después, hemos aprendido bastante sobre la realidad de esos
mundos—pero quizá la realidad más importante nos resistimos a
admitirla: que son inhabitables para la humanidad y siempre lo serán,
al margen de incursiones simbólicas o imaginarias.
Por cierto que habría que diferenciar la teoría de los mundos
paralelos de Greene, o de Hawking, de otras especulaciones parecidas
pero no tanto, o diferentes pero no tanto—otras teorías que parecen el
alter ego de esta teoría del multiverso, clonadas en otra realidad
alternativa. Abundar, abundan, los mundos paralelos y si no paralelos,
al menos divergentes. Ahora estamos leyendo con los niños Luces del Norte (Northern Lights, 1995) el primer
volumen de la saga de Philip Pullman His
Dark Materials—el que se filmó en la película La Brújula Dorada. El
padre de la heroína Lyra, Lord Asriel, explica así su propósito de
tender un puente entre las diversas realidades:
–¿Qué es ese otro universo?—le preguntó
ella. —Uno más de los
innumerables billones de mundos paralelos. Hace siglos que las brujas
tienen noticias de ellos, pero los primeros teólogos que demostraron su
existencia de forma matemática fueron excomulgados hace cincuenta años
o más. Pese a todo, es verdad; no hay forma posible de negarlo.
"Pero nadie había considerado jamás la posibilidad de transitar de un
universo a otro. Nos figurábamos que era una violación de las leyes
fundamentales. Pues bien, estábamos equivocados; aprendimos a ver el
mundo de arriba. Si la luz puede atravesarlo, ¿por qué no hemos de
poder hacerlo nosotros? Pero tuvimos que aprenderlo, Lyra, de la misma
manera que también tú has aprendido a usar el aletiómetro [la "brújula
dorada"].
"Ahora bien, este mundo, como otro universo cualquiera, es resultado de
la posibilidad. Tomemos el ejemplo de una moneda: la arrojamos al vuelo
y el resultado puede ser cara o cruz. Antes de que toque el suelo
ignoramos de qué lado caerá. Si el lado es cara, significa que la
posibilidad de que fuera cruz ha quedado eliminada. Pero hasta ese
momento las posibilidades eran las mismas.
"Sin embargo, en otro mundo podría ser cruz. Cuando ocurre tal cosa,
los dos mundos se separan. Utilizo el ejemplo de arrojar una moneda
para que resulte más claro. En realidad, estos fallos de lo posible
ocurren al nivel de las partículas elementales, pero se producen de la
misma manera: en un momento determinado son posibles varias cosas, un
momento después ocurre una sola y las restantes dejan de ser
posibles... salvo que hayan surgido otros mundos donde podrían serlo."
(389)
Y de ahí pasa Lord Asriel a grandiosos planes de pasar de un mundo a
otro y (es más) acabar con la Muerte y la Destrucción del Mundo. Está
más claro quizá en este ejemplo que los deseos de materializar otros mundos u otras alternativas realizadas
es (antes que una estructura posible de la realidad) ante todo un sueño
característicamente humano, de corregir la vida como es— ligado a la
frustración por la mortalidad y
del paso irremediable del tiempo, y por las elecciones y opciones que
quedan atrás, sin realizarse en ningún mundo que no sea un mundo
inventado. Mundos alternativos hay muchos en la ficción, no sólo en Ada de
Nabokov—y de hecho es en ese sentido en el que nuestra realidad es
inmediatamente un multiverso; hay muchas ficciones, pero están en ésta.
Aparte, cada cual vive en su mundo particular, imperfectamente
coincidente con el de otras personas. Y los mundos generados por los
matemáticos son
especialmente inhabitables para los demás.
Último de momento, o
quizá el último último. Ya
hace tiempo que me parece
que nunca más volveré a publicar nada en forma de libro, y sin embargo siguen goteando los
volúmenes impresos; hoy nos ha llegado de la editorial
Reichenberger
el último libro ("último" o "no último") en el que colaboro con mi
señora esposa. Este es el que editó Beatriz junto con Micaela Muñoz y
Marta Conejero, Con/Texts
of Persuasion; mi capítulo es el último; va sobre teoría
crítica y tiene el curioso título de "Crítica acrítica, crítica
crítica".
En su versión española, digo: en este libro aparece en inglés, como
"Acritical Criticism, Critical Criticism: Critical Interaction,
Reframing, and Topsight".
Estuve en un trís no sólo de escribir un capítulo, sino también de
aparecer de reclamo publicitario en la portada; ésta es la foto que le
propusimos a la editorial para la cubierta del libro, pero por fin
eligieron otra. Para Los Caminos de
la Lengua no me consultaron siquiera, aunque también saldrían
ideas.
También me ha enviado amablemente su editor esta edición española de La Filosofía del Presente de
George Herbert Mead: resultó que descubrimos que los dos estábamos
trabajando en la traducción del mismo libro. (Que por cierto recomiendo
a todos los interesados en el cruce entre la filosofía del tiempo, la
consciencia y la nueva física—increíble casi que hubiese alguien
trabajando en el cruce de caminos este complejo de cosas en los años
20). Mi propia traducción, en la que aún faltan por añadir los ensayos
suplementarios, está en
esta página.
Hoy hemos ido con Ivo a su primera lección en la
Universidad: en el Aula Magna de Filosofía, para hacerle buena
impresión, con una conferencia sobre su adorado Tolkien. Ivo ha
disfrutado de lo lindo, sobre todo visto que la conferencia estaba
presidida por una figura de Gandalf con su bastón iluminado. Era en el
marco de los X Encuentros sobre Tolkien, de la Sociedad Tolkien local.
Daba una conferencia Fernando Cid Lucas, sobre la fortuna de Tolkien en
el mundo académico y su trabajo como filólogo; y ha estado muy amena e
interesante, con un coloquio animado al final. Varios tenían allí la
impresión de que a Tolkien le ha perjudicado en el ámbito académico, a
pesar de la calidad de sus trabajos, el haberse convertido en un
fenómeno de "literatura popular". Yo he defendido que si bien puede ser
el caso en ciertos ámbitos, también sucede al revés: que el éxito de
Tolkien como novelista ha llamado la atención sobre sus trabajos
filológicos a mucha gente, mientras que otros muchos filólogos con
trabajos igualmente meritorios yacen en el olvido más absoluto de las
estanterías, para nunca resucitar.
Bueno, aunque he intentado demostrar que yo sí conocía un poquito
(poquito) la obra crítica de Tolkien, no sé si los he convencido de la
no indiferencia de la Academia a Tolkien-- visto que de nuestros muchos
profesores de filología inglesa y más alumnos todavía, me parece que
era yo el único representante allí asistente, o casi. Que hay muchos
libros en el mundo, y algunos muy gordos... Por otra parte, les he
dicho, la gente tiende a hiperespecializarse en su ámbito, y de lo
demás conocemos poco o menos que poco, aunque sea supuestamente nuestra
disciplina.
Bueno, pues a Ivo el conferenciante le ha firmado un libro editado por
él, titulado Quince caminos para
seguir a Tolkien. "Yo voy a seguirlos
todos", comenta Ivo a la salida. No cabe duda de que es un optimista.
Hoy hay una jornada de recuerdo y homenaje a mi padre
organizada por el Ayuntamiento y la escuela de Biescas.
Aquí sale mi padre
hacia 1970, con una de las numerosas promociones de chavales de la
escuela de Biescas que pasaron por sus clases, entre los años cincuenta
y los noventa. Era aún la época del apartheid por sexos, como se ve.
Creo que yo soy (era) uno de los de la fila de delante.
___________
El la web de Biescas (del 22 de
marzo) aparece la noticia de la jornada; también en Europa Press y en
el Diario del Alto Aragón lo anunciaron.
En esta
noticia de Europa Press aparece él en una foto en lo
suyo—enseñándonos a esquiar. Y hoy salía esta noticia en el Heraldo de Huesca:
________
Pues en Biescas estuvimos, y fue un acto muy sentido y
conmovedor. Estaba el salón de actos lleno a rebosar, con gente de
Biescas y de otros pueblos, pues por la escuela de mi padre pasaron la
mayoría de los habitantes del Valle de Tena. Le dieron a mi madre una
placa de recuerdo a mi padre como maestro y un ramo de flores que le
llevó mi ahijadica Lucía. Y hubo aplausos y un vino al final, donde
puede hablar con viejos amigos que veo raramente, y también con gente
que no conocía yo pero que sí que conocían a mi padre, y todos lo
recordaban con cariño y admiración. Hacía poco que había sido el pregonero
de las fiestas de Biescas.
Sus antiguos compañeros de la escuela habían hecho un video
entrevistando a gente del pueblo y del valle, donde recordaban cómo era
mi padre, su carácter especial, altruista y dedicado, su vocación de
enseñar y ayudar y conciliar conflictos donde los hubiese, la manera en
que se salía de su camino para solucionar los problemas que él veía, y
cómo conseguía aunar las voluntades de la gente para hacer pueblo entre
todos y para buscar soluciones donde cada cual aportase algo... Y hubo
momentos de llorar recordándolo y viendo el aprecio que todos le
tenían—a poca gente se nos recordará así, desde luego... Y también hubo
risas con las salidas que tenía la gente, sus antiguos alumnos rebeldes
que ahora lo recordaban con agradecimiento—uno que acabó de socorrista,
y le decía mi padre: "Ves cómo por fin acabaste ayudando a los
demás en lugar de fastidiar", y se reía. Sus viejos colegas del pueblo
recordaban su empeño en sacar adelante proyectos que mejorasen el
pueblo: que si la piscina, que si el centro de mayores, y su manera de
convencerles para que colaborasen para evitar conflictos, cuando fue
juez de paz. Y su vida en el pueblo día a día, hablando con todos,
interesándose por sus problemas, buscando ayudar, siempre dando
ejemplo, que es como él entendió su profesión y su vida. El vídeo,
en menos de media hora, dio para mucho: risas,
lloros y recuerdos agradables. Fernando Gracia, el director, y uno de
los autores, hizo además de maestro de ceremonias con sencillez y
soltura; comenzó recitándonos el abecedario (que tanta ocupación le dio
a mi padre, por cierto, con sus métodos
para enseñar a leer), y a cada
letra le atribuyó una cualidad que tenía mi padre: todas buenas, y a
veces muchas salían en cada letra. Lo bueno es que además de ser
ingenioso y
divertido, era todo verdad. Nos puso muy alto el listón, mi padre—pero
Fernando y sus amigos han sabido demostrar que no era tan incomprendido
como parecía a veces, sino que mucha gente le apreciaba, ayudaba y
apoyaba. Y que de bien nacidos es ser agradecidos. Fue quizá uno de los
momentos más conmovedores, y que mejor retrataron a papá, cuando sus
colegas en la escuela, los demás maestros, dijeron que habían tenido en
él no sólo a un excelente compañero y amigo, sino también a un maestro
también para ellos.
La jornada había empezado en las pistas de esquí, a donde habían subido
los chavales de la escuela con sus maestros para pasar un día de juegos
en la nieve, de concursos y de esquí. Subió con ellos mi tío Agustín
(que por cierto abría y cerraba las entrevistas del vídeo) y me contó
lo bien que lo habían pasado allí los chavales y lo bien que esquiaba
esta generación. Mi padre y él empezaron a esquiar subiendo a los
montes andando, y aserrando un árbol para hacerse los esquís, eran
otros tiempos desde luego. Todos recuerdan a mi padre, además de
como una persona muy sociable y atenta a los demás, como alguien que
también se encontraba a sí mismo y feliz subiendo solo a un monte, o
yéndose a esquiar. En recuerdo de lo que hizo por promocionar este
deporte, cantaron al final los niños la canción de los esquiadores de
Panticosa, que yo aún recordaba perfectamente, de cuando estuve en la
Operación Aguilucho
hace... pues eso, cuarenta años. Lo recordamos como un momento feliz
más de la vida de mi padre, que fue una vida feliz y ejemplar.
Cuando amanece, y huyen las estrellas Y en Panticosa empieza a clarear La vista al frente, al hombro los
esquíes A Selva Verde nos vamos a esquiar Vámonos ya, que el día nace Y el blanco manto solo está Y si no vamos a poblarlo, muy
solitario quedará Y si no vamos a poblarlo, muy
solitario quedará
Desde Petrosos cantamos tu grandeza Valle de Tena tendido a nuestros pies Y la gran mole de Peña Telera Su blanco manto nos brinda por doquier Y al descender por la pendiente Ligeros vuelan los esquís Y mientras bajo voy pensando que en
Panticosa soy feliz Y mientras bajo voy pensando que en
Panticosa soy feliz
El libro Sobre la
realidad,
de Xavier Zubiri, se publica sobre unas lecciones impartidas por el
autor en 1966. Explica el editor José A. Martínez en su introducción
cómo
"en sus dos grandes obras creadoras realiza Zubiri una doble y
formidable liberación: la del concepto de realidad de su ascripción a
la sustancia y la del inteligir de su primordial función de juzgar. En
efecto, sostiene Zubiri, en Sobre la
esencia, que las cosas reales no son sustancias ni sujetos
sustanciales, sino sustantividades o sistemas sustantivos, y, en Inteligencia sentiente,
que el acto primario y formal de la intelección no es el idear o
juzgar, sino el tener impresión de las cosas mediante la aprehensión
primordial de realidad: un único acto elemental, exclusivo y radical de
la inteligencia que, por lo que tiene de impresión, es sentiente y, por
lo que tiene de realidad, es intelectivo." (ii)
Naturalmente se sitúa Zubiri en la línea de diversos idealistas y
fenomenólogos... y también en la de otros coetáneos estructuralistas y
estructuralizantes. Por ejemplo, compárese con las tesis de Zubiri
sobre el conocimiento las observaciones de Kenneth Burke sobre las
pantallas terminológicas. O la teoría de los marcos de Goffman: ya
expliqué en este artículo sobre la realidad como expectativa
autocumplida
de qué manera nuestra sensación de la realidad, la organización misma
de nuestra percepción tanto del mundo externo como del mundo interno,
no es "pura sensación" sino que está mediatizada por esquemas de
representación y por relaciones semióticas importadas de actos
cognitivos anteriores (y así más que conocer, reconocemos). Las mismas
reflexiones podrían remontarse hasta la teoría de las ideas de Platón,
y su tesis de que vivimos en un mundo de representaciones. Por
cierto, a este respecto—una cita interesante de las Leyes
de Platón, una que viene a erigirse en precedente de todas las teorías
dramatísticas de la realidad—las de Goffman, las de Burke, o las de Shakespeare. El
legislador de la república ideal de Platón, tras expulsar a los poetas
y dramaturgos de la ciudad, justifica así su medida:
"también
nosotros, en la medida de nuestras capacidades, somos dramaturgos, y
nuestra drama es el mejor y el más noble, porque la totalidad de
nuestro Estado es una imitación de la vida mejor y más noble, lo cual
afirmamos que es efectivamente la verdad misma del drama. Vosotros sois
poetas y nosotros somos poetas . . . rivales y antagonistas en el más
noble de los dramas."
Pero derivo. A lo que iba es a que la realidad no está previamente
constituida, sino que hay que constituirla mediante un acto de
intelección que no es puramente receptivo, sino también proyectivo,
una intervención en lo real, una ordenación del mundo en el acto de
percibirlo, o una proyección cuasi cinematográfica que va de la mente
al mundo—como en los viejos tratados de óptica que mostraban rayos
saliendo de los ojos y proyectando el campo visual desde el cerebro.
La neurología moderna conviene en parte (todavía le falta desarrollo)
en este planteamiento, pues muestra cómo gran parte de la actividad
cerebral está "fuera de línea" o desconectada—y consiste en la
comunicación del cerebro consigo mismo, no con los sentidos. Los
circuitos cerebrales que crean la impresión de realidad que recibimos
son muy complejos, y en absoluto pueden reducirse a una mera
decodificación de las señales que envían los sentidos—hay mucha
circulación por recónditas áreas del cerebro de desarrollo "reciente",
regiones corticales muy separadas de las regiones sensoriales más
centrales o más primitivas o reptilianas.
En un par de notas sobre un libro de neurología, Cajal and Consciousness,
planteaba el entronque de esta teoría de la proyección a nivel
cerebral, con otras nociones más clásicas de la hermenéutica y la
fenomenología—la interacción entre el sujeto de la percepción y el
objeto percibido (ver "Más
consciencia" y también "Interacción
internalizada: El desarrollo especular del lenguaje y del orden
simbólico"). Así, las neuronas espejo
"Son un sistema neurológico que abre un camino para relacionar, en
términos biológicos y evolucionarios, reflexividad e interacción. Y que
permiten concebir un punto de contacto entre neurología, lingüistica y
esas reflexiones sobre fenomenología que tanto han enfatizado la
relación entre yo y otro (la teoría de la mirada de Sartre, la teoría
de la alteridad de los otros como sujetos y no objetos en
Merleau-Ponty, o las reflexiones sobre soi-même comme un autre de
Ricoeur). Casi nada, ¿verdad? Bien, pues tanto Ramachandran como Arbib
dan un papel crucial a este sistema neurológico en la génesis de la
autoconsciencia."
O bien, también:
siguiendo la teoría de la retroalimentación
cortical - tálamo-cortical,
los sistemas sensoriales primarios han de evolucionar si no sólo han de
procesar el input de los sentidos, sino proyectarlo a un sistema de
monitorización o interacción más evolucionado, y, aún más, recibir el
feedback de este sistema y volver a reenviar quizá varias veces las
señales modificadas.
En fin, con toda esta línea de pensamiento viene a entroncar (sin
saberlo, creo) la teoría de Zubiri sobre la realidad, abstracción hecha
de sus disquisiciones o pseudosoluciones teológicas. Cito del final del
libro,
"No
hay un mundo propio de los sentido, un mundo sensible, y un mundo
propio de la inteligencia, el mundo inteligible; no hay sino un solo
mundo real. Esta mismidad del objeto sentido y del inteligido envuelve
innegablemente para ser aprehendido en su mismidad alguna unidad en el
acto aprehansor mismo. Esta unidad consistiría en que ambos actos, el
sensible y el intelectivo, son conocimientos, son actos cognoscitivos.
El intelectivo es cognoscitivo porque conoce y juzga lo que los
sentidos aprehenden, y el acto de sentir es también un conocimiento
intuitivo, una gnosis. Son
dos modos de conocimiento. En su virtud, el propio Aristóteles atribuyó
a veces caracteres noéticos al sentir." (256)
Y remite también Zubiri a Kant y Husserl, pero quiere ir más allá,
arguyendo que "inteligir no es formalmente idear, sino aprehender las
cosas como realidad"—en nuestra misma aprehensión de la realidad está
ya el momento cognoscitivo que une sensibilidad e inteligencia, y no
viene dado por la unidad del objeto, sino por el acto de conocer como
"inteligencia sentiente". Aunque el sentir es a determinados niveles
más "animal" y primario, admite Zubiri, esto no obsta para su
argumentación:
"Hay,
pues, un sentir puro, esto es, un sentir que no es intelectivo, que
para nada necesita del momento intelectivo de versión a la realidad.
Pero la recíproca no es cierta. Toda aprehensión de la realidad lo es
precisamente por vía impresiva; la inteligencia no tiene acceso a la
realidad más que impresivamente [compárese con la proyección
mental del objeto conocido en el acto de la percepción, a la que
aludíamos antes]. Y el momento de versión a la realidad es intrínseco y
formalmente un momento intelectivo, sólo por esto es por lo que existe
una impresión de realidad en los sentidos. En cierto nivel humano,
cuando faltan las respuestas adecuadas al estímulo, el hombre se hace
cargo de la situación real, esto es, siente la realidad o, lo que es lo
mismo, intelige sentientemente lo real. En este nivel no hay dos actos:
uno, de sentir, y otro, de inteligir, sino un solo acto para un mismo
"objeto": la formalidad de realidad. Inteligencia sentiente expresa, no
la subordinación de lo inteligible a lo sensible ni tan sólo la unidad
del objeto, sino la estricta unidad numérica del acto aprehensor de la
formalidad de realidad. La inteligencia humana, en tanto que
inteligencia en su acto formal y propio (la aprehensión de realidad),
está constituida y unitariamente inmersa en el acto del puro sentir; y
el sentir, en su nivel no-puro, está formalmente constituido por un
momento intelectivo. Trátase, pues, de la unidad de un solo acto de
intelección sentiente. No es una unidad objetiva, sino una unidad
subjetiva del acto en cuanto acto. La inteligencia aprehende la
realidad sintiéndola, así como la sensibilidad humana siente
intelectivamente. La inteligencia no "ve" la realidad impasiblemente,
sino impresivamente. La inteligencia humana está en la realidad no
comprensiva, sino impresivamente." (257-58)
Así se superaría el dualismo aristotélico (como hace a su manera
Husserl con la reducción fenomenológica, que no veo tan diferente del
planteamiento de Zubiri). En cualquier caso, Zubiri propone que esta
unidad estructural de sentir e inteligir es propiamente humana, y que
su adecuada comprensión es algo "decisivo en el problema del hombre
entero) no sólo en su aspecto intelectivo) y en especial en el problema
de todos sus conocimientos, inclusive los científicos y los
filosóficos." (259)
Habrá que buscar la comprensión de esta unidad estructural de
sensibilidad y conocimiento en la peculiaridad del simbolismo humano—en
las características únicas del ser humano como animal simbólico. Turner
formula algunas propuestas interesantes al respecto en "The
Scope of Human Thought".
Y sobre ciertas conexiones entre estos planteamientos cognitivos y el
papel del lenguaje en esta modalidad de cognición típicamente humana
puede leerse mi nota sobre "La
caverna del cerebro: el lenguaje como realidad virtual".
Esto está yendo a más. Los nuevos modelos de cagada ya
habían hecho su aparición antes, pero creo que podemos decir que es esta semana
cuando han tomado la calle, definitivamente. Bueno, la calle, los
bancos, los coches... y que ande con cuidado el personal, porque si no
acabará cagado.
Las nuevas cagadas aparecen a veces aisladas, pero con mucha frecuencia
acumuladas en chaparrón. Son amplias y generosas, de color verde claro
/ amarillento, de textura granulosa con tendencia al líquido pastoso.
Salpican, caen con energía, y se extienden de tal manera que bien
pueden cubrir todo un capó o un parabrisas a manchones. No sé aún si
además son corrosivas. Pero son pruebas de un sistema digestivo
potente, vigoroso y decidido, y de una afición incontrolable a cagar en
grupo.
No sé si atribuirlo a una epidemia de diarrea entre las palomas. Pero
mucho me sospecho que las responsables son realmente de importación
reciente— a saber, las
cotorras que poco a poco han proliferado en Zaragoza y están
cotorreando en todos los árboles, construyendo además unos nidos bien
voluminosos. Anden con cuidado, y no miren para arriba. Además,
hablan—y no sé si harán comentarios sobre su puntería.
Corrupción en la Universidad
es un libro de José Penalva Buitrago. Me pasa Fer el enlace, y cito de
su autopresentación en Criteria: "Corrupción en
la Universidad" es el relato de un profesor universitario [José Penalva
Buitrago] que ha
decidido romper la ley del silencio. Como su caso hay cientos. Pero
este es el primero que sale a la luz pública [Aquí habría que matizar, claro...]
La Universidad, como algunas otras
instituciones, goza de una suerte de respetabilidad que no es sino una
efectiva cortina de humo. Tras ella se esconden numerosos casos de
corrupción y endogamia que ni mucho menos son marginales. Es una guerra
sucia en todas las instancias entre profesores, doctores, catedráticos,
etc., que luchan por mantener su campo de influencia, su particular
parcela de poder. Todo ello, a costa de los alumnos y de los
contribuyentes, que con sus impuestos sostienen un imperio de
ineficacia y nepotismo.
«Por desgracia, -escribe Alejo
Vidal-Quadras en el prólogo- las cosas demasiado horribles también
suceden y la historia desarrollada en Corrupción en la Universidad así
lo demuestra para nuestra vergüenza colectiva. […] Como en tantos otros
puntos débiles de nuestro sistema institucional, cultural y económico,
las desgracias presentes tienen a sus espaldas una larga historia de
errores de planteamiento, de dogmatismos ideológicos y de políticas de
vuelo corto. Hemos construido un mundo universitario fuertemente
politizado, teñido de localismo y rígidamente funcionarial. […] Es
imprescindible una reforma radical en este ámbito porque el grado de
deterioro es tan alto que horrores como los expuestos en Corrupción en
la Universidad, lejos de ser una ficción de novela negra, constituyen
la realidad cotidiana de no pocos departamentos universitarios
españoles».
Algo parecido comentaba yo hace ya unos años en un artículo sobre endogamia
y corrupción.
El epígrafe del libro es memorable:
A mis enemigos, los únicos que nunca me han fallado.
Como algunos episodios de esta historia me suenan familiares, iré
citando algún pasaje interesante o "divertido". Por ejemplo, éste de la
presentación:
"el
problema más grave que tiene planteado España hoy es el ocultamiento de
la realidad y la connivencia académica ante la mentira. El motor de la
connivencia académica, y el consiguiente ocultamiento de realidad y
fabricación de mitologías varias: la endogamia universitaria. La
endogamia, en suma, se ha instaurado como un cáncer en la universidad
española, en general, y en los departamentos de pedagogía, en
particular. El motor que genera su metástasis es una forma de agresión
contra el 'intruso' o 'candidato-no-oficial' o 'candidato-sin-padrino',
etcétera. Una agresión de forma piramidal y laberíntica, pero agresión.
(...) Y el caso que se trata en este libro reúne un altísimo número de
rasgos esenciales de esta realidad. El caso que ofrece este libro se
refiere a la experiencia ocurrida a un profesor cualquier en una
universidad pública española cualquiera. Es un caso particular en el
mapa general de España." (26)
Redactada mentalmente por Oscar, en uno de sus riffs
fumaos:
Esta es una guía para sobrevivir en
el planeta Plutón. Son consejos útiles.
1. Plutón no es un planeta.
2. En Plutón puedes sobrevivir comiendo castores.
3. Si no te has llevado el castor tú, no tienes nada que hacer.
4. Se puede pedir socorro haciendo teléfonos con chocolate. 1) Prepara
el teléfono. 2) Échale chocolate por encima.
5. Hay arañas gigantes. Cómo matar a una araña con tus gafas de sol: 1)
Ponte las gafas. 2) Saca la pistola. 3) Mata a la araña.
6. Cómo huir del planeta construyendo
una nave espacial: 1) Encarga las piezas. 2) Encarga el manual
de instrucciones de montaje. 3) Sigue las instrucciones del manual.
7. Si necesitas sobrevivir en Plutón, es importante hacerse con una
buena guía de supervivencia. Esta no sirve.
8. Pero si estás leyendo esta guía, es que no tienes muchas
probabilidades
de ir a Plutón, así que igual da.
_______
PS: Vaya, veo que esta historia la han ido reelaborando Ivo y Oscar, y
la han utilizado para estrenar un nuevo blog que acaban de abrise ellos
solitos. Se titula Nuestras
Incompetencias. Así que allí puede leerse la nueva versión o
versión original de la Guía
para sobrevivir en Plutón.
Recibimos este mensaje del Director del departamento, sobre las
complicadas consecuencias de la sentencia judicial que nos dio la razón
en el contencioso del Máster:
Estimados Beatriz y José Ángel:
Hemos consultado tanto con la Secretaría de la Facultad de Filosofía y
Letras como con la Unidad de Planificación del POD sobre cómo
actualizar el histórico de SIGMA, para reflejar los cambios en la
asignación docente de cursos anteriores al actual en el Máster de
Estudios Textuales... a raiz de la ejecución definitiva de la sentencia
del contencioso-administrativo sobre las asignaturas en litigio. Ambos
órganos de la Universidad coinciden en señalar que es cierto que SIGMA
toma los datos de forma automática de ODILE, pero que luego son los
Centros los que extraen datos de SIGMA para preparar las actas de
calificación de asignaturas. En el caso que nos ocupa, hay actas
firmadas por la Profesora Secretaria de la Facultad, aparte de por los
profesores del Departamento Nadal, Herrero y García Mainar; está claro
que en el contexto actual esos actos administrativos de firma de actas
oficiales fueron erróneos y contrarios a derecho. Por ello, estimo que,
si para modificar adecuadamente el histórico de SIGMA lo que queréis es
que las actas de calificación de las asignaturas figuren a vuestro
nombre, os pongáis en contacto con el Decanato de la Facultad de
Filosofía y Letras, o bien con su Administradora, ya que es el Centro
el que no ve claro modificar el histórico de SIGMA sin afectar a las
actas. Como comprenderéis, la resolución de vuestra petición sobre el
histórico de SIGMA se escapa a las competencias del Departamento dada
la naturaleza de los documentos y actos administrativos concernidos.
Sobre el resto de peticiones, os puedo comunicar que ya se han
efectuado los cambios pertinentes sobre aspectos en los que tiene
competencia el Departamento (http://titulaciones.unizar.es/est-text-cult-leng-ing/profesorado.html, web del Departamento). Un cordial saludo, EL DIRECTOR DEL DPTO. Ignacio Guillén Galve
(Le hemos pedido, por
tanto, al Decano, que se encargue de ordenar la corrección de guías y
actas de años pasados, en cumplimiento de la sentencia del Juez—ya que
parece que del Vicerrector no ha salido llevar hasta allí el
cumplimiento de la sentencia, sino sólo comunicar al juzgado "que ya
estaba cumplida". Y es que es muy fácil hacer mal y deprisa, pero más
difícil retrotraer lo hecho).
Riofrío es un
libro de Santiago Muñoz Machado, abogado y profesor de derecho, sobre
el juez Garzón—a cuenta de un largo proceso en el que Garzón intentó
empapelar a la una serie de inversores que iban desde Berlusconi hasta
Miguel Durán, en un macroproceso pésimamente instruido, pero muy bien
filtrado a la prensa, que duró casi diez años, y en el que el autor
actuó como abogado defensor de los encausados. Al final, después de
todo el aparato mediático filtrado por el juez, los argumentos de la
Fiscalía y el
proceso de instrucción resultaron irrelevantes, si no delictivos—y
todos los acusados fueron absueltos tras diez años de pena "de
banquillo". A continuación se puso una denuncia a Garzón por
prevaricación y otros delitos.
Había oído hablar de este libro, que pretende pasar por "novela de no
ficción" o roman à clef, y
me interesó leerlo. Y ciertamente parece desprenderse del relato una
actuación en la línea de otras que tienen a Garzón ahora mismo ante el
banquillo: y surge la figura de un juez ególatra, arbitrario,
interesado, manipulador, obcecado y redentorista, con un alto concepto
de sí mismo que parece bastante injustificado. Concluye el autor que el
proceso Garzón es una piedra de toque: si no resulta condenado y
apartado de la carrera judicial, será que no hay en España más que una
ficción de estado de derecho, y que la justicia está totalmente
supeditada a oscuras maniobras e intereses políticos. Muñoz Machado
mismo fue uno de los acusados en el juicio, además de defendido: aquí
está su autorretrato, en la figura de "el Profesor" que al final
resulta ser uno mismo con el abogado narrador:
"escogí
para la prueba a uno de mis defendidos que era con el que más,
y con menos fundamento, se estaba cebando el juez. Se trataba de un
profesor de Derecho y abogado prestigioso que había sido cogido en
aquella trampa sin que nos explicáramos la razón, que no se deducía,
desde luego, de nada de lo actuado en la instrucción. En las largas y
penosas conversaciones que mantuve aquellos años con él, me asombraba
su serenidad y firmeza frente a la adversidad. Nunca faltó a sus clases
diarias ni durante la instrucción ni durante el juicio, ni dejó de
dictar conferencias por todas partes, ni de asistir a jornadas ni
congresos, ni de escribir artículo y libros de su especialidad. Ni
siquiera le hacían resentirse lo más mínimo las fabulaciones que se
habían levantado contra su persona. Los más proclives a la envidia no
podían disimular a hurtadillas cierto regocijo por lo que estaba
ocurriendo. Mi estimado profesor sufrió lo indecible por las tibias
respuestas de algunos colegas y las dudas sobre su conducta que, a sus
espaldas, llegaron a exponerse según pudo saber en los cenáculos de la
Villa y Corte, que es extraordinariamente pequeña si de guardar
secretos se trata. Pero nunca contestó de ninguna manera que
estudiando, escribiendo y trabajando. (52)
Y ahora con este libro, que tiene un tono de ajuste de cuentas con
Garzón, a quien retrata al final leyéndolo y a la espera de su propio
Juicio Final.
Repetidamente manifiesta el autor su fe en la honorabilidad de los
jueces (en general) y en la fiabilidad del Derecho, y de los mecanismos
y procedimientos del sistema judicial (aunque sí observa que en la fase
instrucción de procesos está insuficientemente garantizados los
derechos de los acusados si se topan con un juez arbitrario).
Bien, pues a pesar de ese relato, lo que se desprende del deprimente
relato del proceso es para mí todo lo contrario: la ineficacia total y
absoluta del sistema judicial, la monstruosa inoperancia de un
procedimiento que puede ser infiltrado a cada paso por intereses
espúreos, sin capacidad de reacción ni de intervención de nadie, pues
todos están agazapados detrás de un procedimiento que parece pensado
para permitirles echar balones fuera, y rodar hasta el infinito como
una Oficina de las Circunlocuciones kafkiana, acumulando legajos y
toneladas de expedientes que nadie lee pero todo el mundo hace
circular. El procedimiento judicial, supuesto garante de objetividad,
es en realidad una máquina de creación de una realidad alternativa, en
la que sólo pueden navegar quienes tengan tiempo o dinero para ello. Su
misma estructura es una máquina de generar desigualdades,
arbitrariedades manipulables por los mandarines expertos, y cegueras
selectivas entre los aliados en intereses. Como digo, nada de esto es
lo que pretende transmitir el autor, pero es lo que se transmite de una
visión interna a cualquier proceso de éstos que duran años. Como este otro,
por ejemplo. Yo también tengo mi propio "Riofrío", publicado por
capítulos, a cuenta del proceso de varios años en torno al examen
de cátedra que me suspendieron.
El relato de Muñoz Machado es interesante en lo que tiene de revelación
(semiinconsciente, como digo) de las cárceles de papel que genera no
sólo el sistema judicial, sino también las estratagemas de magnates y
mangantes para trabajar al límite de la legalidad, donde ésta se vuelve
interpretable y por tanto los jueces fácilmente torcibles por razones
espúreas. Como novela no vale nada,
está escrito el libro de manera torpe y confusa, con nula generación de
suspense argumental, y con desmañados intentos locales de introducción
de
anécdotas o personajes pintorescos. Tampoco es especialmente fino ni
lúcido en tanto que ensayo sobre el sistema judicial o la
jurisprudencia. No se lo lea nadie intentando sacar de aquí otra cosa
que un retrato detallado de las detestables maneras de Garzón, vistas
desde el banquillo.
"Las
conductas de este tipo, si se toleran, acaban generando otras iguales y
multiplicándose a toda velocidad, y concluyen en un quebranto
irreparable de instituciones esenciales. La convivencia deja de estar
regida por el Derecho y se convierte en un cuerpo a cuerpo en el que
nadie gana al final, porque no hay un solo valor constitucional que
pueda sobrevivir en medio de semejante refriega". (201).
Convengo en que
malo sería que el sistema se malease más, pues bastante malo es
ya—más apto para corros de mandarines intrigantes, o de escolásticos
ceremoniosos, que para producir nada que pueda parecerse a la justicia.
El
arte de la justicia es tratar a todos por igual, aunque todos no son
iguales, y cada caso es diferente. Hay que hacer caer el caso concreto
bajo el caso abstracto contemplado por la ley, pero entre la
particularidad del caso y la generalidad de la ley hay un amplio
espacio de maniobras, espacio en el que a menudo resultan
indistinguibles la incompetencia de un juez, su mala fe o interés, o
sus nociones sobre cuánto hay que afinar a la hora de aplicar las
normas. Proporcionen un caso con un mínimo de criterios dispares
contemplables, y el resultado del peritaje judicial viene a ser como el
de echar una moneda a cara o cruz, ni mejor ni peor. Y si el juicio se
anula o se repite o se recurre, el resultado del segundo juicio
respecto del primero viene a ser como volver a echar la moneda al aire.
Así de mal está el tema.
A veces es cierto que a Muñoz Machado le asalta la duda sobre si
efectivamente vivimos en la selva, disfrazada de Estado de Derecho, por
ejemplo cuando más allá de la maldad de un individuo se pregunta por
qué el sistema no lo ha detenido antes: "El juez transgrede la
legalidad y asume atribuciones que las leyes no le otorgan. Pero los
poderes públicos afectados, que lo saben y lo consienten, y no
defienden los valores esenciales del Estado de Derecho, son cómplices o
cooperadores necesarios de esta ignominiosa situación" (85). Pues
claro—pero cuando alguien es poderoso, es porque no le faltan
cooperadores. Y cuando se perpetúan en el sistema legal y
judicial leyes absurdas, procedimientos inoperantes, y arbitrariedades
sin otra justificación que el poder del juez, es para preguntarse en
qué oficio está uno—si en el de la justicia o en el del abuso
organizado, cuando procede. Por ejemplo (y esto lo dice tras muchos
años de Derecho y Jurisprudencia teórica, sólo cuando se convierte en
acusado él):
"Aprendí
de una vez por todas que la incongruencia omisiva es un rasgo esencial
del diálogo entre el juez instructor y las defensas. Es decir, el
abogado hace un fundado alegato sobre la improcedencia, la ilegalidad o
la inconstitucionalidad de una decisión, pide su revocación o
levantamiento, y el juez no responde a los argumentos sino que contesta
con dos líneas en las que no ofrece más motivación que la que cabe en
un contundente no me da la gana. Yo no sabía nada de estas prácticas
entonces, porque no había ejercido como penalista (....). Nunca se debe
recurrir nada porque nunca te darán la razón. Y además, al recurrir te
señalas y puedes perjudicar a tu cliente." (23-24).
Esta
manera de escamotear las cuestiones es, por lo visto, un procedimiento
habitual a todos los niveles de la actuación judicial. Hablando el otro
día con un amigo abogado, me decía que, en base a su experiencia, los
jueces se hacen una idea previa primero de si van a dar una sentencia
favorable o desfavorable, y ello por múltiples razones, entre las
cuales la argumentación presentada por las partes es sólo una, y a
veces la menor. En muchos casos se olfatea el ambiente, se atiende a
"la manera habitual de resolver estos casos" (sea lógica o no); otras
veces se detectan los contactos y apoyos de una y otra parte, hay
telefonazos de conocidos. E incluso hay casos de corrupción, de la de
maletín, seguramente mucho más frecuentes de lo que imaginamos (...).
En fin, una vez tomada la decisión previa, por las razones públicas u
ocultas que resulten operativas, pasan los jueces a argumentar esa
decisión por la vía rápida, creando una ficción de razonamiento que les
lleva a esa decisión: o sea, estructuran una argumentación considerando
sólo los aspectos de la cuestión que favorecen la decisión que ya han
tomado. (Esto tiene su interés desde el punto de vista de una teoría de
la retroactividad). Los demás aspectos del caso, los argumentos de la
parte contraria, los refutan a veces de malísima gana. Los minimizan en
lo posible, y con argumentos malos si no los hay buenos. (Y en esta
sentencia sí vemos un caso acabado de este proceder). De tal manera
que, si la parte "contraria" —que ya lo es, parte contraria—presenta un
argumento demasiado fuerte, o irrefutable, éste suele desaparecer sin
más de la argumentación del juez, y de la sentencia. De tal modo que,
decía este abogado, a veces es una estrategia más provechosa para un
abogado presentar únicamente el argumento más incontrovertible, aunque
haya muchas otras razones que aducir y muchas irregularidades de
procedimiento... y fundar la apelación exclusivamente sobre este punto
incontrovertible. De esta manera, el juez no puede ignorarlo, pues como
no puede entregar una sentencia en blanco, no puede dar un simulacro de
sentencia donde la verborrea sobre cuestiones menores disimule el pufo
grande. Algo tiene que escribir el juez, y se retrata vivamente si
resuelve un asunto bien visible de modo chapucero.
Una
estrategia favorita, pues, es escamotear sin más la argumentación del
apelante—sin llegar a refutarla. Se pierde por el camino, entre punto y
punto, o en el rincón de una frase, y ya está. Como si no hubiese
existido.
—¿No
son éstas las descripciones de un proceder general
corrupto, fosilizado y devorado por su propio procedimiento? ¿Una
máquina absurda de rituales supuestamente garantistas, que no
garantizan nada en absoluto,
a no ser la
arbitrariedad del juzgador? Por otra parte,
el propio Muñoz Machado relata cómo una de las estrategias de defensa
seguidas, por lo eficaz, supongo, en otros casos, era la de compadreo
extraoficial, en ambientes de ocio del caro, con el juez en cuestión de
que se trate. En fin, todo un panorama judicial.
El
título del libro viene de un cruce entre la cafetería Riofrío,
frecuentada por jueces y abogados en Madrid, donde el autor redacta
esta novela, y una novela del XIX, Los
bandidos de Río Frío,de
Manuel Payno, en la que aparece un juez
canalla que "es un charlatán, un intrigante y un malvado, que ha
logrado sorprender con embustes, con servicios fingidos y con mentiras,
la buena fe del gobierno". Lo malo es que el nombre del juez nunca está
dicho—y que el libro se subtitula "la justicia del señor Juez", así en
genérico. Justicia poética, quizá. Que no tengas pleitos, porque
los ganes o los pierdas, y sea quien sea el juzgador, razones suele
haber más que suficientes para
pensar que los razonamientos del señor juez—los de cualquier señor
juez—o sus simpatías
subterráneas, o sus omisiones selectivas, o su interpretación
particular de la norma, podrían haber sido los que
son, o exactamente los contrarios, si cae la moneda del otro lado, o si
pasamos al juzgado de la puerta vecina. Y los razonamientos y criterios
del abogado, eso ya depende de
quién lo contrate, directamente.
Me pregunto en qué
sociedad está pensando Zygmunt Bauman, por contraste, cuando habla de
que ennuestra sociedad hay carencia de
pensamiento crítico. ¿En qué sociedad ha habido jamás abundancia de pensamiento crítico
—o más
abundancia de pensamiento crítico que en la nuestra? ¿Quién ha echado
en falta jamás, al margen de los filósofos mismos, a los filósofos?
Naciones enteras, generaciones enteras, civilizaciones enteras de seres
humanos viven y mueren sin que en sus anales quede rastro de un mínimo
intento de reflexión teórica sobre lo que son o lo que hacen. Es el
estado natural de la humanidad, si puede decirse que la humanidad tiene
un estado natural. El pensamiento crítico es, como decía Oscar Wilde,
un desarrollo gratuito y justificado en sí mismo. A la gente no le
ayuda ni a cultivar más judías ni a ser más feliz, y tanto la
producción de alimentos, como la de felicidad, son prioridades más
urgentes. Como lo es cualquier ritual o icono que cree comunidad
y atención colectiva—más que remotas reflexiones que dividen las mentes
entre sí, en lugar de unirlas. No es extraño que la humanidad sea, en
general, refractaria al pensamiento teórico-crítico. Somos todos, pero
especialmente los filósofos, un lujo inútil, una lovely rose que se contempla a sí
misma en un panorama desolado.
Para orientarse, les diré que la obra está entre Strindberg
y Pinter, tanto cronológica como estéticamente—o anímicamente. La
señora Conway se
resiste a envejecer, pero el tiempo pasa para ella y para su familia
numerosa, unos años tras la muerte del Sr. Conway. La obra contrasta
dos momentos a dos décadas de distancia, el final de la Primera Guerra
Mundial, con el optimismo
de la juventud, las expectativas del futuro, los sueños de éxito,
proyectos de amores y de parejas, y de carreras exitosas... y, veinte
años después, tras la Crisis y los conflictivos años 30, al borde de
una nueva guerra, los personajes envejecidos, desilusionados y alejados
unos de otros por la muerte, el olvido, la dejadez, los intereses
económicos, la falta de apego, el fracaso vital, profesional y amoroso.
Es un poco la Historia de una
escalera
de Buero Vallejo (y ese tipo de teatro también, clásico y a la vez
moderno, al borde de lo experimental). El contraste irónico entre dos
momentos separados por la obra del tiempo aparece, claro, en muchas
otras obras, de distinta manera—por ejemplo en Krapp's Last Tape,
de Samuel Beckett, donde son unas cintas magnetofónicas que oye el
protagonista lo que permite contrastar al joven Krapp con el viejo que
escucha las cintas.
Una peculiaridad sí tenía Time and
the Conways cuando se estrenó, y es que es de las poquísimas
obras de teatro que contienen un flashforward.
La escena situada en 1938 ocupa el acto central (o la escena central—en
el montaje de ayer no separaban actos)—y las escenas de 1919 son la
primera y la segunda parte de una misma velada, una fiesta de
cumpleaños. Los Conway, ayer familia pudiente, tienen crisis
financiera, y salen a la luz las tensiones a la hora de poner orden en
los ingresos de su madre y en las propiedades que han de heredar. La
reunión para hablar de las finanzas y herencias tiene un cierto
ambiente de Huis clos. La
hija más joven, Carol, llena de ilusión por el futuro en el primer
acto, hace años que ha muerto; pocas veces piensan ya en ella los
demás. Unos son solterones frustrados; otros, parejas prometedoras de
enamorados en el primer acto, son ahora matrimonios fracasados. Los
sueños de Kay de ser una gran escritora han quedado en
nada (aunque aún los acaricia...) y es periodista, escribe para
sobrevivir sin más, no crea nada. Su hermana, Madge, ahora muy distante
de
todos, es una profesora frustrada y solitaria, cuya máxima ambición es
llegar a directora... la madre aún está fuerte de carácter, pero se ha
distanciado de sus hijos, y su carácter caprichoso y arbitrario se ha
acentuado con los años. Alan, el mayor, es un mediocre funcionario,
aunque tiene cierta paz de espíritu, y en un momento de desesperación
de su hermana la "escritora", le recita unos versos de Blake para
consolarla: la vida está hecha de alegría y pena entretejidas, y cuando
sabemos que unas y otras van necesariamente unidas, vemos el mundo con
mayor seguridad. Le expone además la teoría
del tiempo de
la obra: siendo lo que somos, seremos lo que lleguemos a ser, y todos
nuestros seres pasados conviven con nosotros a la vez, los llevamos
encima. Nada se pierde (noción idealista, claro) y presente, pasado y
futuro coexisten, con sus alegrías y penas. Sólo cuando somos ancianos
conoceremos el conjunto de alegrías y penas de nuestra vida, pero
debemos saber que a un nivel, coexiste con nosotros nuestra juventud
ilusionada, en un tiempo más allá de ese tiempo en el que creemos
estar.
Es la teoría del tiempo como un todo simultáneo, que expuso J. W. Dunne
en su libro An Experiment with Time, y
antes que él por H. G. Wells en La
Máquina del Tiempo— una idea ya implícita en la idea de la vida
como texto, a la vez secuencial y simultáneo.O en Platón, cuando en el Timeo define al tiempo como "una
imagen móvil de la eternidad."Aquí
utiliza Priestley la idea de simultaneidad temporal de Dunne como
hipótesis o experimento mental con el tiempo,
al parecer creyendo en ella personalmente—si bien utilizó otras
concepciones del tiempo en otras obras de sus "Time
Plays." Para Alan, o para el espectador ideal de la obra, todo está
transcurriendo a la vez, una manera de pensar que facilita los viajes
mentales a otras épocas de nuestra vida, sabiendo que están
cuidadosamente almacenados en la eternidad. A esta visión consoladora
hay que contrastar la realidad de lo que nos
muestra la obra: las ilusiones y pesares no van bien mezclados en la
vida, o en esta obra: la juventud y 1919 son casi todo ilusión y
alegría, y 1938 es todo pesar y penar. Quizá Alan, frustrado en su amor
en la velada de 1919, es el único que vea las cosas así. Y tras este
acto penoso, en el que la familia se reúne quizá por última vez,
volvemos a ver a los personajes tal y como eran en 1919, embarcándose
en las ilusiones que ahora sabemos destinadas al fracaso.
La sensación de retrospección irónica del espectador está aumentada,
como he dicho, por la alteración del orden cronológico. Estas
"anacronías" como las llamaba Genette, son mucho más frecuentes en la
novela, o en el cine, pero prácticamente inexistentes en el teatro (al
menos las anacronías "objetivas", las que no se presentan en el
discurso de los personajes sino como una reorganización autorial de la
línea narrativa. Esto convertiría a esta obra en un caso llamativo,
quizá influenciada por la experiencia de la cinematografía.
Pero perspectiva irónica sobre el tiempo puede generarse, de maneras
muy distintas, y quizá la más frecuente, que contribuye a que El tiempo y los Conway
no sea muy diferente de cualquier otra obra en este sentido, es la que
se da cuando conocemos ya una obra—la segunda representación, efectiva
o imaginada, produce el mismo efecto de contraste irónico entre los
actos y sus consecuencias. Cualquier narración se basa en este
contraste, implícito si no explícito, entre el lo que se sabe en el
presente y lo
que se creía saber en el pasado—se
basa en desvelar los secretos que guarda el tiempo sobre todas sus
provincias: sobre el futuro, sobre el pasado, o sobre aquél presente
ahora pasado.
La herencia del teatro clásico evitaba las alteraciones en el orden de
la representación con una rigidez realmente pasmosa: es quizá la
herencia de la poética aristotélica
en parte, pero en realidad, toda una tradición de lo que se ha
entendido por teatro no es ya que rechazase, sino que ni siquiera se
planteaba el que el orden de la historia representada no dictase el
orden de la representación. (Una rigidez mental o formal que
evidentemente no se aplicaba a las narraciones verbales dentro del
drama, como tampoco se suponía de manera tan rígida que la duración de
una escena hubiese de dictar la duración de su representación). La
alteración del orden narrativo en el drama parecía más que ofensiva, inconcebible
para los dramaturgos clásicos, los previos al siglo XX. Y sin embargo
es una manera muy vívida de contrastar cuestiones de desarrollo de
carácter, el éxito o fracaso (en este caso) de planes y proyectos de
vida, al margen de ser un experimento interesante con el tiempo "vivido
al revés"—pero siempre lo vivimos al revés, pues representar el tiempo
pasado es sacarlo de su momento y contrastarlo implícitamente con el
presente. Toda narración, decíamos, es una
máquina del tiempo, y un agente de lo que podemos llamar la falacia narrativa,
entendiendo por falacia esa manera "imposible" y a la vez muy
típicamente humana de superponer y contrastar presente y pasado, y ver
en qué van a parar las cosas, viéndolas desde la
atalaya de la retrospección.
Aquí el contraste entre los dos tiempos no se da únicamente a nivel de
la manipulación "olímpica" de la anacronía objetiva hecha por el autor;
este nivel de reorganización "autorial" se infiltra por así decirlo en
la acción misma, y contamina de una angustia por el futuro la
percepción de uno de los personajes, la escritora Kay—que tiene una
sensación, o visión imperfecta del futuro, que coincide con el segundo
acto de la obra. Por tanto este segundo acto también queda
psicologizado, no es sólo una "presentación objetiva" que sea única
responsabilidad del autor, a espaldas de sus personaje. Tal vez le
pareció a Priestley demasiado cruel el presentarlos totalmente ciegos a
la realidad de lo que sería. Por suerte se nos ahorra la visión
de los mismos personajes, tras otros veinte años, sesentones y con
menos ilusiones si cabían—porque siempre caben menos de las que hay, y
siempre hay escamas en los ojos—pero ese lado de la vida ya se lo
dejamos a Beckett. El tiempo y los Conway. J.
B. Priestley (1937). Con dirección y escenografía de Juan Carlos Pérez
de la Fuente, e interpretada por Lusia Martín (Sra. Conway), Nuria
Gallardo (Kay), Alejandro Tous (Alan), Juan Díaz (Robin), Chusa Barbero
(Madge), Débora Izaguirre (Hazel), Ruth Salas (Carol), Alba Alonso
(Joan Helford), Román Sánchez Gregory (Ernest Beevers) y Toni Martínez
(Gerald Thornton).
It
is right it should be so;
Man was made for Joy and Woe;
And when this we rightly know
Thro' the World we safely go. Joy
and Woe are woven fine,
A Clothing for the Soul divine;
Under every grief and pine
Runs a joy with silken twine.
Estaba releyendo mi artículo sobre "El
realismo como idolatría" con vistas a publicarlo en Ibercampus, y
veo que le sigo dando vueltas y más vueltas a cuatro cuestiones
básicas. Somos gente de costumbres: vengo de tocar la guitarra en el
parque, como hace treinta años, y además, por no cambiar de lecturas,
me he comprado Sobre la realidad,
de Xavier Zubiri, a ver si me ilumina. En el artículo, que empieza con
San Pablo y la Patrística, pasaba a relacionarlos con la teoría de la mente de la
psicología actual:
"El hecho de que conozcamos el mundo mediante teorías de la mente, o
intencionalidad interaccional, complica notablemente los conceptos de
realidad y de representación. Aprendemos ya de niños a distinguir entre
la realidad y lo que los otros creen que es la realidad, e incluso
entre la realidad y lo que nosotros creemos que es la realidad.
Experimentos de psicología muestran cómo se desarrolla pronto en los
niños la capacidad de pasar de una visión "directa" del mundo a una
visión mediatizada por una teoría de la mente (de la mente ajena). Así,
un niño que ve que alguien no ha visto algún objeto de su entorno se
adapta rápidamente en su respuesta ajustando sus interpretaciones a lo
que sabe que la otra persona sabe, y a lo que sabe que no sabe."
El tema éste de la
realidad como modelada por las expectativas es relacionable con la
teoría de Goffman (o mi lectura de la teoría de Goffman) según la cual
habitamos en una
realidad que es una expectativa autocumplida.
No sólo es que la realidad que habitamos (en gran medida artificial)
haya sido contruida, y esté siendo reconstruida constantemente, en "lo
que es", por las prácticas culturales y el trabajo, atendiendo a nuestras expectativas y
planes,
sino que también, justamente, es interpretada, ella y la "realidad
natural" también, de acuerdo con esquemas de anticipación, conocimiento
implícito de leyes y procesos, proyección anticipada de planes,
intenciones y expectativas... de tal modo que la realidad, cultural o
natural, está continuamente respondiendo a nuestras expectativas.
Incluso en los casos en que no responde y nos llevamos la sorpresa,
normalmente es en el marco de una gramática de las sorpresas posibles o
esperables.
También hace unos días comentaba la
teoría dialógica de Bajtín,
muy retroalimentativa e interactiva también, y la noción coetánea de
Kenneth Burke según la cual todo lo que conocemos nos llega filtrado a
través de unas "pantallas
terminológicas"
o gafas interpretativas que modelan la manera en que organizamos los
hechos del mundo y les damos sentido—sean textos o sean comportamientos
o situaciones, pues el corolario de la teoría de Burke es que (como en
Derrida) todo es texto, que la
realidad humana tiene naturaleza semiótica o (diría Heidegger)
hermenéutica.
Nuestro mismo comportamiento es comunicativo e interaccional; presupone
receptores implícitos. La idea de que ajustamos nuestro comportamiento
a los procesos interpretativos de un receptor ideal fue formulada por
Adam Smith en su Teoría de los
sentimientos morales; allí también observaba el contraste entre
el receptor ideal proyectado por nuestro discurso y el receptor efectivo,el
interlocutor real,
que con frecuencia no acepta el papel que le asigna nuestro discurso y
requiere que reformulemos, que nos ajustemos mejor a la realidad de la
persona a la que nos estamos dirigiendo efectivamente, o con quien
estamos interactuando. En lo referente a la comunicación escrita,
escribí yo sobre este "desfase" entre receptor intencional y receptor
efectivo un artículo titulado "Overhearing Narrative". Las
formulaciones clásicas de este concepto aparecen en Walker Gibson
("Author, Speakers, Readers and Mock Readers") y en la
Retórica de la Ficción de
Wayne Booth; luego vinieron, claro, la estética de la recepción,
Iser y su lector implícito, y la influencia del dialogismo de Bajtín.
A lo que iba hoy, y a ver si apunto la idea antes de que se me pase,
que cada vez necesita más contextualización. La
teoría de la mente
tan en boga actual/mente, proporciona un marco adecuado para replantear
todas estas cuestiones, o para formularlas en su propio lenguaje o
pantalla terminológica, si se prefiere. Así, puede servir para definir
en términos de cognición interactiva y de "lectura
mental"
la relación entre un narrador y un narratario, o un autor y un lector
implícito, o un hablante y un oyente sin más. Todo lo que dice un
hablante va configurado (es la teoría de las funciones del lenguaje) no
sólo por quien el hablante es,
y por la naturaleza del tema tratado,
sino también por la naturaleza del
receptor, o más bien por la
naturaleza de la idea que el hablante se hace del receptor.
Y aquí ya nos aproximamos a estas cuestiones de retroalimentación que
plantea la teoría de la mente. Todo tipo de señales procedentes del
receptor pueden hacer que un hablante o escritor modifique su
"interlocutor ideal" sobre la base de esas señales procedentes del
interlocutor real y efectivo. Todo lo que se dice, de hecho, presupone
una figura de un interlocutor implícito al cual esto "necesita decirse"
en cierto modo: la organización del discurso se hace sobre la base de
comunicar lo que el oyente desconoce, o explicitar en a partir de lo ya
dicho lo que se juzga que no
está suficientemente explicitado para el interlocutor. Lo curioso es
que el propio autor del discurso (yo en este caso) se coloca en la
posición de tal oyente, lo interioriza—a la manera en que construimos
toda interioridad a partir de elementos externos. Y así todo discurso
se organiza en parte sobre la orientación a ese Otro interiorizado, que
(exista en realidad o sea mero artefacto retórico) requiere que nuestro
discurso diga lo que tiene que decir, y explique lo que tiene que
explicar.
Observemos que el Otro ideal, siendo como es configurado por el
discurso, va cambiando a lo largo del discurso—en efecto, ya no es el
que era al principio, ya es
él más el discurso precedente,
que ha contribuido a formarlo y a poner en sintonía parcial al hablante
y al oyente, ya es menos
lo que queda por decir (al menos menos de lo ya dicho). Aunque por otra
parte lo ya dicho abra a su vez nuevas posibilidades de desarrollo
discursivo o posibles direcciones apoyadas en lo precedente— de las
cuales el discurso seguirá unas, y otras no. Lo que es éste, aquí se
queda por hoy. Sólo una cosita más apuntar: que el receptor
(narratario, lector implícito, oyente, espectador...) se construye por
tanto como una mente virtual
que está reaccionando constantemente a otra mente (real y virtual
ésta), la de la voz que estructura el discurso y se estructura a sí
misma ordenadamente, en relación al discurso y al interlocutor,
tratando primero lo primero, luego lo de en medio, y lo último —¿dónde?
Al final.
El Farmerama es uno de los juegos favoritos de Oscar, según nos
explica en su blog Recomendación
de juegos.
En realidad es de lo más tiernico verlo aquí tan inocente plantando sus
acelgas virtuales y cuidando a sus pollos imaginarios, pobrecico. Ójala
los tuviese de verdad en una granja como la de mis abuelos de Francia,
pero ese tipo de cosas ya han pasado a la historia, con nuestros
abuelos quedaron en el siglo pasado, y aún tuvimos la suerte de
vivirlas.
También cría pavos. Me informa de que el pavo (el pavo "no real") es su
ave preferida: "Gracias al Farmerama, he descubierto su belleza."
Ya llega el primer día del padre... sin padre.
Papá, cuánto te
echamos de menos, y qué bueno has sido con todos nosotros, desde el más
mayor hasta el más pequeño.
The
Rhetoric of Fiction
Uno de los libros esenciales para el estudio de las técnicas
narrativas—donde Booth contribuyó al desarrollo del análisis práctico
de textos y desarrolló conceptos clave como el de autor implícito
frente a autor "de carne y hueso" y frente a narrador ficticio, el
lector implícito (aunque no utiliza este término en concreto), el
uso
de narradores no fiables (unreliable
narrators), las distancias de diverso tipo (moral, afectiva,
intelectual, cognitiva...) que separan a los distintos sujetos
textuales. También un estudio de las técnicas narrativas "intervenidas"
o mediatizadas, por el narrador frente a la narración "dramática", la
que muestra los
acontecimientos en lugar de contarlos. En fin, gran parte del terreno
del que me ocuparía yo
repasando y revisando en Acción,
relato, discurso. Aquí la versión Google Books del texto de
Booth, segunda edición de 1983 (de la primera se hacen ahora cincuenta
años, que fue en 1961).
Basta pasar por el blog de Blogger
Buzz
y siempre saca uno ideas. Le he añadido a mi blog de Blogger nuevos
gadgets, en la columna de la izquierda: suscripción por correo
electrónico, contador de visitas, y un buscador interno. Hablando hoy
en clase, por cierto, de las tecnologías
informáticas del yo... on se
gadgette. Según el contador veo que llevo 62.380 visitas desde que lo
abrí. Subo, porque otro contador que le añadí "extraoficialmente" al
Blogger (Trendcounter) me da sólo
26.000 contadas desde que lo puse. En el Vanity fea original
de Blogia llevo hoy 139.949 visitas desde que le instalé el contador —
supongo que otras cincuenta mil o cien mil desde que lo abrí. Y
en el heroico blog
de Unizar (este mes titulado Doctor
& Mister),
que empecé cuando aún no empleaba plataformas de blogs, llevo 99.377
páginas vistas... desde que puse el contador, hará unos años.
Por cierto, ya puestos a mirar contadores, en la bibliografía llevo
desde el 20 de noviembre de 2004 un total de 86.320 visitas. Eso se lo
hace Lady Gagá a la pata coja en dos días.
Es interesante probar a buscar contenidos en el blog. Aunque no es todo
mi blog, pues migré a Blogger hace exactamente dos años, ya tengo en él
un buen número de artículos, más de mil doscientos. En total serán más
bien unas cinco mil entradas, y en versión impresa un estante de
volúmenes tamaño tesis doctoral. El viejo blog aún
completo sigo actualizándolo en Blogia, renqueando tras éste, y
mientras el cuerpo aguante, ahora que vamos camino de los cincuenta.
Veía yo resucitar lo de "Nucleares no, gracias" a cuenta de los
desastres de Japón, y me extrañaba que nadie dijera "TSUNAMIS NO, GRACIAS", visto que no
hay ningún muerto que yo sepa por el accidente en la central nuclear,
pero seguro que hay más
de diez mil muertos por el tsunami, sobre los que nadie debate.
Me aclararon que sólo hay que protestar por los males debidos a las
decisiones del hombre. Así que he decidido modificar mi mensaje de
protesta:
Martes 15 de marzo de 2011 La UZ se abre (un poquitín...) a las
redes sociales
Nos comunican que se abre un blog para la biblioteca de la
Universidad de Zaragoza, llamado Tirabuzón, aquí: http://blog.biblioteca.unizar.es/.
Así que lo inauguro poniéndole este
comentario: Enhorabuena al primer blog
institucional de la Universidad de Zaragoza
(si no me equivoco). Llevamos mucho retraso en estas cuestiones. Otras
universidades tienen sus propios servicios de blogs para la comunidad,
y han adelantado el establecimiento de redes sociales. Esperemos que
vayamos también a más en la nuestra. Aquí pongo el enlace a un artículo
al respecto que puse hace años en la web de la universidad (desde
entonces cerrada). No tuvo ningún eco. Y seguimos estando prácticamente
igual: lo malo es que, desde entonces, el mundo se ha movido. http://garciala.blogia.com/2008/022401-asalto-a-unizar-2008.php
Empecé a hacer una lista de blogs de gente de la Facultad
de Filosofía y Letras
y de la universidad; nunca han salido muchos a la luz: Facebooks me
imagino en cambio que habrá miles, pero a esos espacios cerrados y
mayormente inanes me interesa menos seguirles la pista (aunque parece
que el futuro va por allí). Blog de la Facultad como tal, o de los
departamentos, o de la universidad, no los hay—bueno, ahora ha salido
éste blog de la biblioteca. En
mi página de enlaces sigo poniendo los
blogs (interesantes) que descubro asociados a la Universidad de
Zaragoza, a mi centro o a mi departamento. Aquí hay algunos más.
Más interesantes que éste, aún no he encontrado ninguno.
La noción de "pantallas terminológicas", o "terministic
screens", la expone Kenneth Burke en el capítulo 3 de su libro Language as Symbolic Action(1966).Está
directamente relacionada con su noción pragmatista del lenguaje y de la
significación como una modalidad de acción, antes que de
representación—lo que él llama su "teoría dramatística" del lenguaje,
de "drama" en el sentido de "actuar". Es interesante la manera en que
estas ideas de Burke han influido sobre Erving Goffman y sobre muchos
otros (ver aquí su
Wikipedia). El enfoque dramatístico sobre el lenguaje y la
comunicacióni enfatiza, pues, la interacción,
antes que la referencia.
Lo podríamos situar en el marco de otras teorías sobre las funciones
del lenguaje, como las de Bühler o Jakobson—en Burke, veríamos la
función "apelativa" o "conativa" de estos autores como la dominante,
inflada e hipertrofiada de manera irreconocible, dejando ver en ella
detalles y complejidades que escapan a esas otras teorías.
Comentaré un poquito el capítulo de Burke sobre las pantallas
terminológicas: es una noción que se sitúa en la intersección de otras
primas hermanas suyas, como los "juegos lingüísticos" de Wittgenstein,
los "discursos" de Foucault, y de modo más general la teoría de las
disciplinas o la teoría de las ideologías.
En última instancia, veremos, la noción de pantallas terminológicas se
emparenta con la noción idealista o estructuralista que entiende la
realidad humana como una construcción conceptual, lingüística, o
semiológica.
I. Dirigiendo la atención
Empieza Burke dirigiendo nuestra atención hacia la cuestión de dirigir la atención. Es un tema que
ya nos ha ocupado antes aquí, a cuenta del libro de Boyd sobre poética
evolucionaria On the Origin of
Stories ("Atención
a la atención"). En enfoque "cientifista" del lenguaje lo concibe
como esencialmente referencial,
se ocupa de cuestiones de nombrar, de definir, de significar. Para
Burke, esta capacidad o uso del lenguaje es un derivado, y se
fundamenta sobre una función más básica del lenguaje, la que pretende
resaltar su concepción dramatística: según ésta, el lenguaje ante todo
es acción, y es una manera de
dirigir la atención.
No se pronuncia Burke sobre la manera en que apareció
el lenguaje, que considera "misteriosa", aunque casi nos da la
respuesta él mismo: "las diversas hablas tribales incuestionablemente
se desarrollan mediante su
uso como instrumentos en la forma de vida de la tribu". Nos remite al
uso práctico del simbolismo, según Malinowski, en un contexto de situación. (A lo que
voy es que no veo sino una continuidad entre origen y desarrollo del lenguaje,
allí donde Burke mantiene las dos cuestiones separadas). Bien, una
teoría del origen del lenguaje no completamente satisfactoria pero que
sí tiene en cuenta el papel básico y originario del lenguaje como una
manera de dirigir u orientar la atención puede encontrarse articulada
en el libro y blog de Edmund Blair Bolles Babel's Dawn. La teoría de Burke es notablemente autorreflexiva, pues observa
que el hecho mismo de definir (básico en el enfoque "cientifista") es
un acto simbólico, es acción
dramatística—y
que el hecho mismo de que él distinga estas distinciones es una
actuación simbólica. Es decir, hablar es actuar, y la ciencia es, a un
determinado nivel, pragmática comunicativa—especializada, si se quiere.
El enfoque cientifista empieza por cuestiones de definición ("es" o "no
es") y culmina en concepciones como la lógica simbólica (es, podríamos
decir, el ideal de lenguaje científico tal como fue definido para su
uso por la Royal Society por Thomas Sprat, ya en el siglo XVII).
Por contra, el enfoque dramatístico enfatiza según Burke las cuestiones
hortatorias (apelativas, diría
Bühler): harás esto, o no harás tal y cual...
Culmina en la liteatura con su interés ético, en la oratoria, el uso
retórico o pragmático del lenguaje, y la filosofía clásica (aunque yo
diría que mucha filosofía se ha concebido a sí misma como
"cientifista"). Esto me recuerda también a las direcciones señaladas
por las tres Críticas de Kant—y Burke no deja de proponer una solución
"filosófica" en esta línea crítica, aunque el propio proyecto
metafilosófico de Kant parece concebirse a sí mismo como definitorio o
cientifista antes que como práctico.
Para Burke, en todo caso, hasta la ciencia más taxonómica tiene
una naturaleza en última instancia persuasiva
o apelativa; dramática.
Todo
sistema cognitivo, disciplina, teoría o terminología es un sistema de
representación de la realidad—aceptado. Pero representar requiere seleccionar, y
por tanto orientar la atención hacia determinados aspectos de lo que se
representa. Por tanto la teoría mimética del simbolismo, y la
dramatística, no están reñidas:
"Aun
si cualquier terminología dada es un reflejo
de la realidad, por su propia naturaleza en tanto que
terminología, debe ser una selección
de la realidad; y en esta misma medida ha de funcionar también
como una desviación de la
realidad." (45)
La expresión "dirigir la atención" la adapta Burke de un doublethink jesuítico que se
llamaba "dirigir la intención", para
lograr el efecto deseado sin pasar intencionalmente por las pecaminosos
caminos que llevaban a él (lo satirizaba Pascal en las Provinciales). Pero esto es un
excurso: a lo que se refiere Burke es a que "cualquier nomenclatura" (y
podríamos añadir, cualquier discurso,
teoría, disciplina, ciencia... )
"dirige la atención por ciertos canales antes que por otros" (45). Es,
decíamos, la base misma del lenguaje: una palabra dirige la intención
hacia algo determinado. Obvio, pero no tan obvio dice Burke. Una
primera aproximación intuitiva a la cuestión de las pantallas
terminológicas nos lo da el dicho de que "todo es del color del cristal
con que se mira"—o del filtro fotográfico que usamos, dice Burke. Lo
mismo las teorías para interpretar sueños: un mismo sueño significa
diferentes cosas para un psiconalista freudiano, adleriano, etc. O
recordemos la fábula de los ciegos y el elefante (aunque en esa fábula
se presupone que hay unos videntes mirando también, que sí saben lo que
es un elefante...)
II. Observaciones implícitas en los
términos
O, dicho de otro modo, nuestro lenguaje, nuestra teoría,
condiciona la naturaleza de los hechos que son observables a través de
él. Una observación que podríamos relacionar con aquella hipótesis
Sapir-Whorf, aunque Burke no está pensando en un condicionamiento
estrictamente gramatical o léxico. En todo caso, "muchas
de las 'observaciones' no son sino implicaciones de la terminología
particular en términos de la cual se hacen las observaciones" (46).
Por ejemplo, una vez sentado el término "Dios" como un concepto clave,
las explicaciones religiosas del mundo siguen caminos digamo
predecibles. En cambio, en una terminología o sistema epistemológico
que no incluya ese término, sino otros, hará sus explicaciones... en
esos términos. Observa Burke que a veces los términos no se introducen
inicialmente sino solapadamente, o por la puerta de atrás. Así, algunas
metafísicas acaban en "teologías tímidas", al ir introduciendo términos
teológicos sin justificación lógica.
Aquí remite Burke a la llamada teoría
de las ficciones
de Jeremy Bentham: según este utilitarista, todos los términos que
designan estados mentales, relaciones sociopolíticas, etc., son ficciones en el sentido de que
estos conceptos referidos a intangibles se desarrollan a partir de
conceptos de cosas físicas.
Había algo parecido en Emerson, pero en una versión "tierna" o diríamos
ahora "light": las ideas valorativas o espirituales encuentran su
analogía o expresión metafórica en objetos y relaciones del mundo
material: una línea recta como emblema de la rectitud, etc. Ahora bien,
la teoría de Bentham (según Burke) es una versión más "dura" de lo
mismo: "nuestras palabras para decir 'recto', 'equivocado', 'espíritu',
etc., son 'ficciones' desplazadas a partir de su uso estrictamente
literal en el ámbito de las sensaciones físicas" (47). Observemos que
esta noción metafórica del lenguaje está de plena actualidad, como
puede verse en los escritos de lingüística cognitiva de Pinker o de
Turner. Y que, remontándonos a antes de Burke, entronca con la primera
teoría evolucionista propiamente dicha de la cultura: la de Vico. Según
la Ciencia Nueva, los objetos
e instituciones culturales elaborados se edifican sobre la base de
otros más simples o inmediatos, y así el lenguaje es inherentemente
metafórico en su origen y crece por desplazamiento metafórico. Lo que
Bentham pretendía con su teoría de las ficciones era racionalizar el
lenguaje y descontar de nuestro uso de los términos el ingrediente
"ficticio" que contenían. (Ignoro por cierto si los actuales
propugnadores de la fusión conceptual como Turner y Fauconnier han
vuelto a examinar la teoría de Bentham en estos términos cognitivistas).
Burke extiende esta noción de las ficciones para explicar todo tipo de
conocimiento. Lo hace con una formulación "literal" de este principio
que encuentra en la teología cristiana: "Crede, ut intelligas":
"cree, para que puedas entender"—o sea, hay que sentar algún tipo de
base o terminología para poder a continuación desenvolver esos
presupuestos en un sistema de interpretaciones de la realidad. En La retórica de la religión,
Burke llamaba "logología" a este análisis de los términos teológicos
desde el punto de vista semiótico o semántico. Hablar de Dios es en
última instancia hablar sobre palabras (y Burke nos recuerda muy
adecuadamente el comienzo del Evangelio de San Juan: "En el principio
estaba la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era
Dios"—es decir, todo sentido y comprensión humana, todo el universo
humano en sentido amplio se asienta en última instancia en la palabra).
"La 'logología' sería un estudio puramente empírico de la acción
simbólica" (47). Y Burke se cuida de decir que esta reducción de la
teología a "palabrería" o a "filología" fuese a tener consecuencia
alguna para la religión—pero bien podemos imaginar que la religión no
acepta concebirse a sí misma en estos términos, y menos cuanto más
literalista sea. (En el cristianismo parece haber mucho espacio para
teólogos logólogos e incluso ateos, pero el Islam tiene mucho terreno
que andar en este sentido). En suma, ampliando la teoría de la fe como axioma inicial, tenemos
que:
"El equivalente 'logológico' o 'terminológico' de 'Cree' en esa fórmula
sería: Elige algún tipo de
nomenclatura, alguna pantalla terminológica. Y en lugar de
"para que puedas entender", el equivalente sería: 'Para
que puedas proceder a seguirle la pista a los tipos de observaciones
que están implícitas en la terminología que has elegido, ya fuese
deliberada o espontánea tu elección de esos términos'." (47)
III. Ejemplos La realidad humana tiene para Burke un carácter imaginativo,
semiótico o construido mediante símbolos. Como decíamos en otro momento
("La
caverna del cerebro: el lenguaje como realidad virtual") habitamos
una realidad no preexistente
a nosotros—un universo cultural que es un nicho ecológico construido
por las sociedades humanas para habitarlo, como las termitas construyen
sus galerías acondicionadas. El lenguaje es la argamasa que
regurgitamos.
Este fragmento clave y repetido está retomado del capítulo I de Language as Symbolic action:
"¿Podemos
siquiera llegar a darnos cuenta de la inmensa medida en que
lo que denominamos 'la realidad' se nos ha construido usando nada que
no sea nuestros sistemas simbólicos? Que nos quiten nuestros libros, y
qué poco sabemos de historia, de biografía, incluso de algo tan
'sólido' como la posición relativa de mares y continentes? ¿Qué es
nuestra 'realidad' de hoy (más allá de la línea, delgada como el papel,
de nuestras propias vidas) sino esta acumulación de símbolos sobre el
pasado, combinados con unas cosas u otras que conocemos a través de
mapas, revistas, periódicos, y lo mismo pasa con el presente? En la
escuela, al pasar de un curso a otro, los estudiantes pasan de un
lenguaje a otro. Las diversas asignaturas del currículum no son de
hecho sino otras tantas terminologías. Y por muy importante que sea
para nosotros la pequeña astilla de realidad que hemos experimentado de
primera mano, el conjunto del 'cuadro' no es sino un constructo de
nuestros sistemas simbólicos. Meditar sobre este hecho hasta que uno ve
sus implicaciones es en gran medida como asomarse al borde de las cosas
para mirar a un abismo final. Y sin duda ésa es una razón por la cual,
aunque el hombre es característicamente el animal que usa símbolos, se
aferra a una especie de realismo verbal ingenuo que se niega a dejarle
darse cuenta del auténtico papel y dimensión de lo simbólico en sus
nociones de la realidad." (48)
Borges decía algo parecido, en uno de sus ensayos: "Cabe ir más lejos;
cabe sospechar que no hay universo en el sentido orgánico, unificador,
que tiene esa ambiciosa palabra." El mismo universo, o nuestra noción
de él, es concebible por la existencia de la palabra universo—
pero el universo en sí es algo mucho más carente de forma—no existe
para uso humano al margen de su ordenación simbólica. Y así la realidad
que habitamos es real en un sentido, pero en otro tiene la realidad de
una ficción mantenida colectivamente.
Es inquietante en la cita anterior de Burke la resistencia casi
instintiva que tenemos a examinar la naturaleza de lo simbólico (o, por
decirlo de otra manera, la naturaleza simbólica de la realidad). Por
eso quizá tanta gente cree en Dios como un ente antropomorfo, y no como
un símbolo. Examinar la naturaleza de los símbolos es
desconstruir la realidad, y mirar directamente al sol. Y sin embargo a
un nivel también lo hacemos constantemente: gran parte de nuestra
conversación es análisis del lenguaje—y al sol lo vemos continuamente
de refilón, si bien no de frente.
Es una falacia, nos dice Burke, creer que nuestra experiencia, aun la
de estar en un sitio determinado, por ejemplo, es una experiencia
directa. Viene mediatizada por toda una serie de protocolos culturales,
presuposiciones, esquemas de comportamiento, planes interaccionalmente
establecidos, etc. Quizá, de hecho, nuestra mayor aproximación a la
experiencia directa está en la inconsciencia
de todas estas condicionantes, volviéndolas inconscientes, y
centrándonos en un aspecto diminuto de la situación, una sensación, un
objetivo a alcanzar... aunque eso no quiere decir que por no estar
siendo consciente de las condicionantes, éstas dejen de existir. La inmersión
en la experiencia, el sentimiento de estar en la acción diría, pero no
propiamente, porque no es un sentimiento reflexivo en absoluto, sino un
desaparecer de la consciencia para centrar la atención en algo, en otra
persona, en la actividad realizada, etc.— esa inmersión, digo, es lo
contrario de la alienación reflexiva y analítica que requiere la
semiótica. Y se da o bien en cuando "desaparecemos" en nuestro
entorno, en soledad, por ejemplo en un paseo en la naturaleza, o
descansando en nuestra habitación, o, conversamente, también puede
darse como un ejercicio de atención concentrada, ya sea en un objeto o
actividad, o en una atención a la otra persona con quien interactuamos,
o en el seno de un grupo atento a lo mismo. Pero, en suma, la
capacidad de perderse en una inmersión en lo "inmediato" es ella misma
una situación interaccional especial, y no quiere decir que la realidad
humana no esté organizada y estructurada de modo complejo, semiótico e
interactivo.
Burke mismo señala en su artículo que ni siquiera podemos hablar del
comportamiento (de éste o de cualquier otro) de una manera neutra. A la
hora de describirlo, estaremos utilizando una terminología, una pantalla terminológica,
ya sea una teoría behaviorista, psicologista, etc. (contrasta los
vocabularios usados por John B. Watson, John Bowlby, y San Agustín):
"En breve, 'el comportamiento' no es algo que se pueda observar sin
más: incluso algo que está tan 'objetivamente allí' como el
comportamiento debe observarse a través de un tipo u otro de pantalla terminológica,
que dirige la atención de modo acorde con su naturaleza" (49).
Habría que señalar que esta pantalla por una parte selecciona qué datos
son los relevantes para la observación, de entre todos los posibles
(es decir, establece qué es
un dato y qué no lo es)—y por otra proporciona maneras preferentes de
interpretar y relacionar esos datos.
Los términos de estas terminologías, dice Burke, hacen dos operaciones
diferentes: unir cosas, o separarlas—cosas, personas, conceptos,
representaciones... Es lo que podríamos llamar síntesis y análisis, o el establecimiento de similaridades o diferencias, redibujando los marcos
conceptuales que organizan el mundo. Los propios instrumentos
científicos, y las operaciones científicas, son instrumentales
simbólicos según Burke, ocupados en establecer nuevas diferencias o
nuevas similaridades en los fenómenos observados. Composición y
división, los momentos básicos que distinguía Sócrates en la
dialéctica.
"A menudo esto se muestra como una distinción entre las pantallas
terminológicas que establecen diferencias de grado y las que establecen
diferencias de naturaleza" (50)—por
ejemplo, el Darwinismo plantea una diferencia de grado entre el hombre y los demás
animales; un teólogo plantea una diferencia de naturaleza,
enfatizando la discontinuidad. Para Burke, Darwin sobreenfatizó la
continuidad entre el hombre y los animales, en el sentido de que dijo
muy poco sobre las capacidades del hombre como usuario de símbolos—pues es todo lo derivado
del uso de símbolos lo que lo diferencia de los (demás) animales y lo
convierte en un caso especial.
IV. Más ejemplos. En resumen,
"Tenemos
que usar pantallas terminológicas, ya que no podemos decir nada sin
usar términos; sean cuales sean los términos que utilicemos, por
necesidad constituyen una clase de pantalla, y cualquier pantalla
semejante dirige la atención a un ámbito antes que a otro. En ese
ámbito puede haber diferentes pantallas, cada cual con sus propias
maneras de dirigir la atención y de dar forma a la gama de
observaciones que están implícitas en la terminología dada. Todas las
terminologías, sea de modo explícito o implícito, representan
elecciones entre el principio de continuidad y el de discontinuidad."
(50)
Más sobre continuidad y discontinuidad—cada operación cognitiva
determinada, o bien establecerá
analogías entre fenómenos, o bien verá diferencias entre ellos los
subdividirá.
(Podríamos ver en estas operaciones que señala Burke también unos
principios básicos que actúan a la hora de delimitar nuestro discurso
crítico de otro discurso objeto de comentario: el discurso crítico o
metadiscurso puede partir de una identidad fundamental con el discurso
objeto, o discurso criticado—con lo cual tenemos lo que llamamos
crítica amistosa o hermenéutica de la comprensión—o bien nuestro
discurso crítico puede diferenciarse del discurso objeto, y señalar
discontinuidades entre ambos, o en el seno del discurso objeto: es la
crítica antipática, crítica
crítica,
o hermenéutica de la sospecha. Por cierto—se acaba de publicar la
versión inglesa de mi artículo sobre la crítica crítica, en el libro Con/Texts
of Persuasion, Reichenberger, 2011).
En política, las "pantallas terminológicas" actúan de igual manera para
establecer identidades o diferencias. Un ejemplo que se me ocurre, de
estos días: la identidad o diferencia entre la primera y segunda
intervención aliada en Irak—o entre la intervención en Irak y la
intervención en Libia. Burke observa cómo se usan los términos para
crear comunidades ("comunidades imaginarias", podríamos decir) o para
establecer diferencias entre grupos—a veces se une a un grupo mostrando
su identidad frente a un chivo expiatorio, o a un enemigo común.
Las identidades sociales, pues, dependen también de las pantallas
terminológicas que utilicemos para representarlas.
Y más ejemplos. Una disciplina como el psicoanálisis es una pantalla
terminológica que favorece ver determinados tipos de problemas—por
ejemplo, liga la dificultad de reconocer algo conscientemente al efecto
de la represión. Y por eso
puede iluminar algún tipo de relaciones, y oscurecer otras—porque
tenderá a presentar en términos de represión cuestiones para las que no
sea relevante ese enfoque. Por ejemplo, un objeto "remoto" no lo vemos
claramente, pero no porque esté "reprimido". Así pasa con otras
cuestiones intelectuales.
Una disciplina tiende pues a plantear el análisis de un objeto en sus
propios términos, y por tanto a distorsionarlo. La sociología, por
ejemplo, sobresocializa las
acciones humanas, como señaló (acertadamente) Wrong. Y Burke señala que
en filología conviene distinguir términos apropiados para la poética de
los que sean apropiados para el lenguaje en general. Una terminología
especializada necesariamente limita el ámbito de observación. Y se
plantea entonces el problema:
"En
la medida en que todas las terminologías científicas, por el papel
mismo que desempeñan en disciplinas especializadas, están pensadas para
enfocar la atención en uno u otro campo determinado de observación, no
sería acaso técnicamente imposible que cualquiera de esas terminologías
especializadas proporcionase una definición adecuada para la discusión
del hombre en general? Cada
una podría servir para arrojar luz sobre uno u otro aspecto de las
motivaciones humanas. Pero la definición del hombre en general sería
formalmente posible sólo para una terminología de motivos filosófica
(en la medida en que la filosofía es el ámbito adecuado para los
pensamientos sobre el hombre en general). Cualquier definición del
hombre en términos de nomenclaturas científicas especializadas estaría
necesariamente 'sobresocializada', o 'sobrebiologizada' o
'sobrefisicalizada' o 'sobrepoetizada', y así sucesivamente, según cuál
fuese la pantalla terminológica que estuviésemos estirando de más para
cubrir no sólo su campo específico sino también una área más amplia".
(51-52)
Esto sucedería, me parece, no sólo con "el hombre" sino con cualquier
problema más concreto, de hecho. Y así se plantea Burke la necesidad de
alguna disciplina que contemple esta problemática en general (es en lo
que está él, desarrollando su semiótica de la acción).
V. Nuestro intento de evitar el mero
relativismo
Estrictamente hablando, el mundo humano es perspectivístico ("Tot
homines, tot sententiae") y habrá tantos puntos de vista como personas
haya. Cada cual es "su propio tirano", imponiéndose a sí la perspectiva
que le proporciona la combinación única de experiencias que ha
acumulado. (Estamos haciendo aquí lo que Burke decía antes, diferenciar al máximo—pero ahora
nuestra pantalla terminológica también requiere crear una comunidad— que vendrá dada por la
común naturaleza simbólica de la humanidad).
"En
el otro extremo, cada uno de nosotros comparte con todos los otros
miembros de nuestra clase (la a menudo inhumana especie humana) el
hecho fatal de que, comoquiera que haya sucedido, todos los miembros de
nuestra especie conciben la realidad de modo un tanto indirecto, a
través de diversos medios de
naturaleza simbólica" (52)
—y estos medios a la vez nos separan unos de otros, pero nos unen si
desde un nivel de consciencia superior vemos que todos comparten una
naturaleza simbólica. Privilegio, o calamidad, o una mezcla de ambos,
esta naturaleza simbólica de nuestras actividades y perspectivas sirve
de base para una definición general o filosófica de "este animal", dice
Burke. ¿Será esta definición simbólica, esta semiótica de la realidad
humana, una pantalla más? ¿O
puede reclamar un status especial? No como invento del propio Burke,
nos dice, sino en tanto que está basada en una consciencia general de
este hecho, en una revelación
colectiva de
la naturaleza simbólica de la actividad humana—la distinción básica y
de naturaleza pragmática, que se da en todas partes, entre personasy cosas.
Para Burke, esta distinción es universal: distinguimos entre las
acciones (intencionales) de
las personas, y el movimiento
(carente de mente o intenciones) de las cosas. Pero me temo que,
por muy extendida que esté la distinción, el propio Burke nos
señala algunos puntos flojos de la misma.
Para empezar, el animismo— el
pensamiento primitivo que atribuye intencionalidad a las cosas, fuerzas
de la naturaleza, etc. Dicho pensamiento primitivo no es tan
primitivo—quiero decir que, aunque lo sea, sigue más que vigente, en
las creencias religiosas sobre el destino, la voluntad de los dioses,
el creacionismo y la "finalidad del universo" o de la vida, etc. Señala
el propio Burke que "si un objeto está asociado con una persona a la
que conocemos íntimamente, fácilmente se imbuye de la identidad de esa
persona" (53). Es lo que creo yo que sucede con el universo en que
vivimos—asociado a la vida humana, por tanto, y casi imperceptiblement
humanizado hasta el punto de que la frontera entre "personas" y "cosas"
que señala Burke no es en absoluto clara, sino fuzzy.
Llegando hasta el extremo de que en última instancia todo el universo
en que habitamos está impregnado de intenciones y humanidad—aunque así
no lo pensemos nosotros en concreto, por el hecho de que muchas
personas que nos rodean sí lo piensan, y lo impregnan.
El propio Burke admite que "quizá sólo seamos cosas en movimiento"—pero
sostiene que no podemos evitar interpretar nuestras acciones como las
de personas. Eso es cierto, hasta cierto punto. (Hoy en día, el estudio
científico de las motivaciones, a nivel genético y neurológico, está
contribuyendo seriamente a replantear conceptos como los de decisión,
consciencia, responsabilidad... y otros elementos muy necesarios para
la consideración de las personas como personas. Estos científicos del
comportamiento humano son los equivalentes actuales, claro, de los
"behavioristas" a los que alude Burke, esos que en otros contextos
tienen que tratar a sus colegas al modo tradicional, como personas con
intenciones y responsabilidades). Pero, aparte de la psicología
behaviorista, hay otros muchos contextos en los que las intenciones y
acciones de las personas, individualmente intencionales, se vuelven en
su conjunto como una masa de materia en movimiento, como una ola. Por
ejemplo, para intentar escapar de una ola, de una catástrofe. O los
movimientos de la Bolsa—resultados de decisiones intencionales, y así
reconocidos por los analistas, pero a la vez observables a la manera de
una subida de temperaturas o de mareas.
La distinción de Burke sin embargo es relevante en su propio ámbito.
Nos recuerda, por cierto, a la que establecía Bajtín entre las
disciplinas que han de interpretar textos (las humanidades) y las
disciplinas de las otras ciencias (ver "El
problema del texto".
Y más allá, a la oposición de Dilthey entre las ciencias humanas, que
son hermenéuticas, y otras ciencias. Para Burke, esta distinción la
hacemos de modo natural y tiene raíces universales. Burke
reconoce que la distinción entre cosas y personas puede ser en sí una
ilusión, pero que es una ilusión necesaria para los humanos, y la única
manera en que la raza humana puede concebirse a sí misma. (Y si no la
única, sí una muy importante, admitamos). En cierto modo pues, todos
participamos de esta perspectiva simbólica,intencionalista o (como la
llama Burke) dramatística. Y
de ello concluye que
"una
pantalla Dramatística posee el carácter filosófico adecuado para
discutir al hombre en general, en contraposición al tipo de
conocimiento que resulta de la aplicación de terminologías científicas
especiales" (53)
Lo que propone Burke, pues, es una filosofía de la acción simbólica—o
sea, una semiótica de las acciones, comportamientos, culturas y
representaciones humanas. Y quiere verla, a un nivel
"religioso-místico" digamos, como algo que entronca con la "revelación
colectiva" que ha dado lugar a creencias y "conceptos clave como tao, karma, dike, energeia, hodos, actus—que
son todos palabras que significan acción
(a las cuales podríamos añadirles Islam,
nombre de una actitud de
sumisión con sus propias posibilidades obviamente activas)" (54).
Todos los idiomas, mitologías, etc., dan un lugar promientne a la
acción. También las teorías sociológicas contemporáneas—transacciones,
cooperaciones, teorías de "juegos", etc. (o, podríamos añadir,
"interacciones" como las del interaccionismo simbólico de G. H. Mead o
Herbert Blumer, o la sociología también dramatística de Erving Goffman).
"Básicamente,
la pantalla Dramatística supone un seguimiento metódico
de las implicaciones que tiene la idea de acción simbólica, y del
hombre como el tipo de ser que está distinguido particularmente por una
aptitud para este tipo de acción" (54).
La definición de Webster's,
inspirada en Burke, es como sigue. El dramatismo es "Una técnica para
el análisis del lenguaje y el pensamiento considerados básicamente como
modalidades de acción, antes que como medios de transmitir
información". (54)
Le vuelve a Burke, sin embargo, a modo de retorno de un pensamiento
molesto, la idea de que con frecuencia se puede reducir a las personas
a términos de masas que se mueven—ejércitos masacrados, por ejemplo: y
de hecho cuenta cómo la noticia de una masacre tal, cómo se podía
tratar a los soldados como oleadas
de carne
para reventar minas, fue lo que le convirtió en un pensador, allá por
los tiempos de la Primera Guerra Mundial. Y así también reconoce una
cadena de asociaciones deprimente:
"Si
acción ha de ser nuestro
término clave, entonces hay drama,
porque el drama es la forma culminativa de la acción (...) Pero si hay drama, entonces hay conflicto, y si hay conflicto, entonces hay victimización.
El dramatismo siempre está al borde de este problema irritante, que
culmina en la tragedia, o sea en la canción sobre el chivo expiatorio".
(55)
Quizá por compensar, deberíamos recordar otras direcciones posibles de
la acción, aparte de hacia el drama y el conflicto: la acción lleva a
la creación (como en el
Génesis que nos recuerda Burke, o en la propia composición de
tragedias)—y la creación centra la atención de la comunidad. Por tanto,
la creatividad que potencia
la comunicación y la atención colectiva, y la cooperación, es otra
dirección y resultado del enfoque dramatístico.
Burke también pone un acento final en el optimismo, terminando su
reflexión con un himno Platónico,
que señala las implicaciones filosóficas y místicas de su pensamiento.
Así explica esta transición hacia un optimismo filosófico:
"en la medida en que el hombre es el animal que usa símbolos, su mundo
está necesariamente imbuido del espíritu de lo Simbólico, de la
Palabra, del Logos—a través del cual lo concibe".
Quizá al Himno del Dialéctico de Burke podría apostillársele un énfasis
demasiado unitario en el Logos—mientras que vemos que lo que nos rodea
son logoi—o sea, palabras,
no "La Palabra". Toda revelación es parcial y limitada, no llega a ser
Revelación... y en esa misma medida, la Pantalla Dramatística,
erigiendo su metalenguaje, su "Palabra-sobre-las-Palabras—
/ y por encima de ésta, una Palabra-sobre-las-Palabras-sobre-las
Palabras",
es a la vez es una noble ambición, y está sin embargo sumida en la
palabrería humana, un discurso más entre otros, que como ellos aspira a
la Verdad, pero que no tiene posibilidades de ser una Palabra más
verdadera que las demás—excepto para
quien la sepa escuchar, claro. Lege
atque cogita, ut intelligas.
Es ésta una película antibelicista, o quizá más bien
antimilitarista, combinada con investigación de un crimen. La
estructura del thriller detectivesco se adapta bien a combinarla con un
trasfondo "de mensaje", pongamos por ejemplo en Silver Cityde
John Sayles, película contra la corrupción e intereses societarios
ocultos tras la política—o en esta película en la que también se
investiga una muerte. En este caso es el asesinato de un soldado, Mike
Deerfield, recién vuelto de Irak a su base
en USA. La investigación la llevan un poquito y de mala gana los
militares, un poco más una voluntariosa agente de policía con problemas
en el trabajo (Charlize Theron), y sobre todo el padre del soldado,
Hank (Tommy Lee Jones), investigador militar retirado, que se
encabezona en seguir pistas que a los demás no les parecían tales.
Bien, es una película un poquito "con sorpresa" pero a la manera
clásica, la de esos thrillers provenientes de la antigüedad, como Edipo Rey.
Al igual que allí el rey detective descubre que él mismo era el
criminal que andaba buscando, aquí el viejo soldado descubre que es él
quien ha mandado a su hijo a la muerte. Bueno, en cierto modo ya lo
sabía (y por si acaso se lo recuerda su mujer), pero a lo largo de la
película se van viendo las implicaciones profundas de los valores y la
personalidad del padre, que había hecho seguir a sus dos hijos sus
pasos en el ejército (el anterior también había muerto años antes).
Lo que va descubriendo el padre no es sólo su propia implicación, sino
también cosas desagradables sobre su hijo que hubiera preferido no
saber, pero a las cuales quiere enfrentarse por conocer la verdad (una
actitud prefigurada cuando le aconsejan que no vea los restos
destrozados y carbonizados de su hijo, pero los mira, y también permite
que los vea su esposa, y maldito el bien que les hará....). El
argumento nos hace suponer que hay algún trapo sucio de las
autoridades, pero al final el trapo sucio acaba siendo el ejército como
tal. El asesinado Mike, hijo ejemplar, llevaba en el ejército una vida
brutal y estúpida, de puterío, drogas y borrachera, y se había
convertido en un auténtico sádico (lo llamaban "Doc" porque en Irak se
divertía hurgando en las heridas de los prisioneros haciendo ver que
los curaba). Esto como quien no quiere la cosa, en ambiente de
chavalotes gamberros al borde del nazismo. Y es, para la película, el
ambiente habitual y normal de la soldadesca en tiempo de guerra.
El padre lo va redescubriendo fragmentariamente en los vídeos que van
reconstruyendo del teléfono móvil de Tommy. En sus tiempos al parecer
el ejército no era así, y eso que éste debió pasar por Vietnam. En todo
caso, su investigación le lleva claramente más allá de donde pretendía
llegar—pero el personaje no reacciona por ello, es impávido—a lo más
que llega es a comprender lo que hay, y a colgar la bandera americana
al revés en señal de desesperación. Pero el mensaje va dirigido
al espectador más bien que al protagonista.
Lo del Valle de Elah es un tanto indirecto, pero da (cómo no) la clave
de la película. Se refiere a David derrotando a Goliath en el valle de
Elah, lección de valor y sangre fría, etc— es una fábula que le contaba
Hank a su hijo, para su formación militar, y que aquí le cuenta una
noche al hijo de la detective, un niño que anda a la búsqueda de role model
o figura paterna. El niño pronto pide una honda—y la detective dice
"por lo menos no es una escopeta de pistones", resignada al mundo
violento y americano en el que le va a tocar crecer. El propio Hank no
parece que capte del todo las limitaciones de su fábula del Valle de
Elah (pues Estados Unidos mal le sienta el papel de pequeño David
frente al Goliath iraquí). O al menos no le queda a Hank margen de
acción para remediar el pasado, ni el futuro. No es una película
esperanzada, y en ese sentido está vacía de militarismo patriotero:
como sucede en Full Metal Jacket,
de Kubrick, en el ejército no aprendes aquí a hacerte hombre y a
descubrir la humanidad con tus compañeros, a través del sufrimiento—la
lección de tantas películas bélicas... No: en Full Metal Jacket o en El Valle de Elah
aprendes tan sólo a embrutecerte, toda una educación mal encarada. Lo
peorcito del barrio va al ejército—al final vemos en ésta alistarse al
tarado cazurro que les sacaba los ojos a las gallinas en la granja, y
seguro que se adapta a las mil maravillas al grupo homosocial de
reclutas. Uno de los colegas de Mike (que lo asesinaron en una pelea
tonta) recomienda como solución al problema de Irak sencillamente
volatilizar el país. Y bueno, Bush casi lo hace. Esta es una película
contra esta clase de América, y revela detrás de la gente de orden y
disciplina del ejército, y del patriotismo de escaparate y bandera
(encarnados en lo que ha sido Hank) el embrutecimiento moral de las
vidas de los soldados, y las consecuencias de esta estructura de la sensibilidad a la
hora de ir a hacer de policía del mundo.
In the Valley of Elah. Dir. Paul Haggis. Screenplay by Paul
Haggis, based on a story by Mark Boal. Cast: Tommy Lee Jones, Charlize
Theron, Jason Patrik, Susan Sarandon, James Franco, Josh Brolin, Wes
Chatham, Jake McLaughlin, Jonathan Tucker, Wayne Duvall, Victor Wolf,
Brent Briscoe. USA: Warner Independent Pictures / NALA Films / Summit,
2007.
De esta película, traducida como Más allá de la vida,
está uno tentado de quedarse con la impresión inicial—que las escenas
primeras, las del tsunami, son increíbles, de lo mejor que se puede ver
en cine, y que la película decae a continuación. Es especialmente
fuerte la impresión que produce la escena inicial después de ver en la
televisión lo que ha pasado en Japón hace un par de días, el terremoto
seguido por un maremoto que arrasaba con coches, casas y gente como si
fueran basura o colillas depositadas en la esquina de la calle a las
que se les echa un cubo de agua. La película hace una recreación
realmente pasmosa de la experiencia de la periodista Marie Lelay
(Cécile de France) al llevársela una ola gigante en un pueblo de
vacaciones, mientras compraba en un mercadillo; también vemos el
panorama desde el punto de vista de su compañero Didier que ve la
panorámica, horrorizado, desde la relativa seguridad de un piso alto de
su hotel. Marie "muere" golpeada y ahogada, y un estúpido osito de
peluche blanco es lo último que ve, flotando hacia ella en el agua.
Pero hay muertos que están mal muertos, así que luego "resucita" Marie,
rescatada del agua, y vuelve aparentemente a lo que dejó. Pero la
experiencia del "más allá" que ha tenido la llevará a descentrarse
profesionalmente, a incumplir su contrato de escribir un libro sobre
Mitterrand, y a romper con Didier que es ateo materialista—y tiene en
la película, previsiblemente, el papel de asshole (suelen
ser cincuentones con barba). La película es sobre un cambio de pareja a
mejor, Marie reuniéndose al final con el vidente George Lonegan (Matt
Damon) que huye de su don de poder hablar con los muertos—y se promete
un romance en una visión prospectiva. Es una resolución por vía
erótica que no conjuga adecuadamente los temas planteados en la
película: la existencia de una vida después de la muerte, el más allá,
etc.—es como un gambito lateral que si quiere decir algo parece que
sólo quiere decir que los creyentes tienen que buscar a otros creyentes
y evitar a los ateos materialistas, que tienen una perspectiva limitada
y torcida sobre el mundo, y les impiden realizarse como personas. Es
una película, considérenla fantástica o seria, que se basa en la
existencia del más allá y de los médiums que pueden verlo (Aquí le
falla la interpretación a Roger
Ebert,
cuando arguye que la película no se pronuncia al respecto, pues está
claro que Lonegan sí se nos presenta como un médium auténtico, que o
bien contacta con el más allá o bien les lee la mente a sus pacientes
con poderes sobrenaturales). Sea hipótesis estética o convencimiento
religioso de los autores, la película, desde luego, se coloca sin dudas
ni matices del lado de quienes creen en la inmortalidad del alma y la
persistencia de los muertos —no en nuestros recuerdos, imaginación,
etc., sino como sujetos individuales y flotantes que están en un más
allá viviendo otra vida de la cual nada sabemos. En fin, precisamente
lo que no son y donde no están, qué quieren que les diga. Que son
creencias mayormente americanas, y residualmente europeas, aquí
llevadas con cierta mala conciencia. Y que la película, a pesar
de hacerlas suyas, lo hace también con una especie de falta de
convencimiento o falta de seriedad fundamental, a pesar de la propia
sustancia de la historia, que requeriría tomarse su tema en serio—pues
en tanto que película no sabe muy bien cómo resolver luego el tema
planteado. Sí sugiere a los creyentes que no deberían dejarse acogotar
por el escepticismo ambiental, y defender lo que consideran como un
"hecho probado" con "demostraciones científicas". Pues hala, adelante,
pierdan la vergüenza, que desde luego por lo que se ve hay más
creyentes que no creyentes, siempre los ha habido y probablemente
siempre los habrá. No es extraño que alguna película con ribetes
religiosos salga, por tanto; raro es que no haya más, y ahí le doy la
razón—pero es que muchos supuestos creyentes en realidad se sospechan
lo que todos de hecho sabemos a un nivel u otro, y por eso guardan sus
creencias en el armario, que ventilarlas demasiado no les hace ningún
bien ni a ellos ni a ellas.
Por
supuesto sí hay elementos aprovechables en la película, de hecho todo
menos el guión—e incluso en el guión, por ejemplo, la historia de los
dos gemelos Marcus y Jason separados por la muerte cuando atropellan a
uno. Se nos ha mostrado a los chavales protegiendo a su madre
drogadicta, haciendo los deberes, yendo mano a mano, y echándose por la
noche—y es desgarrador ver luego a Marcus solo, en su cuarto de las dos
camas, mirando la urna con las cenizas de Jason. El chaval irá a la
caza de videntes que le permitan hablar con su hermano—y aquí está la
mala fe de la película, en que después de mostrar todos los fraudes,
explotadores y cantamañanas que pueblan este mundo, nos propone que sí hay auténticos videntes, que se trata
de localizarlos...
La película está bien al mostrar cómo muchas veces la gente desea o
cree desesperadamente que quienes murieron sigan vivos de alguna
manera, pero es errónea al dar pruebas de esa vida o presentarlo como
un hecho demostrable. Realmente creo que al guionista Peter Morgan le
patina una neurona con esta cuestión, o que aquí le ha fallado el
toque. Si
es cierto como dicen que el
guionista en realidad no cree en el más allá, la empanada implausible
que le ha salido es buena fe de que no se pueden manejar estas
cuestiones a la ligera, en una mitad de camino indefinida, entre la fe
en la otra vida, la sinceridad fingida y el género thriller
parapsicológico. O peor aún, pasa la
película a situarse al nivel de las consolaciones fraudulentas que
retrata y parodia.
En fin, que Marcus persigue al vidente George Lonegan hasta que
consigue hablar con su hermano a través de él, y despedirse de él. Y se
utiliza esta historia como puente para unir a George y a Marie, con
unas casualidades no sólo implausibles sino también innecesarias, unas
pasarelas endebles que son la mejor prueba de que aquí el guión falla
seriamente y no sabe a dónde va. Como digo, hay elementos bonitos
en estas historias—la historia de Lonegan y su compañera de clase de
cocina, romance incipiente que fracasa al llegar a saber demasiado él
de los traumas infantiles de ella; o la despedida de los gemelos,
primero en el accidente y el funeral, y luego la necesidad de Marcus de
tener una despedida formal—siempre hace falta un ritual de despedida, o
público, o privado, o los dos... Pero la película es simplista, claro,
o falsa, al convertir esa despedida simbólica en una despedida literal.
Es lo malo de las películas sobre el más allá de siluetas y luces
blancas y voces a los médiums: que ignoran la auténtica naturaleza del
más allá, cuando deberían situarlo más acá. Vamos, que hay otros
mundos, pero están en éste. Y relaciones con los muertos las tenemos
constantemente, pero no vayan a buscar médiums en Google para
mejorarlas—that way madness (and)
lies.
Nos vemos esta película (en español Atormentada
la llaman) situada en un ambiente poco hitchcockiano—la Australia
colonial de los años 1830. Según la Dra. Penas, es un pastiche revuelto
de Jane Eyre, Cumbres Borrascosas,
Rebecca, y
otras ficciones románticas, y es cierto que gustará a los amantes de
ellas. De hecho es un cóctel muy acertado de todas ellas, y de alguna
más, mezclando bien todos los ingredientes de traumas del pasado,
castigos de la vida, rivalidades femeninas, hipersensibilidad clasista,
etc. Puede verse entera, por cierto, en el Archivo de Internet, por
ejemplo en su página
del IMDB.
Es una historia de irlandeses exiliados en Australia: un matrimonio
socialmente ostracizado, los Flusky, recibe en su casa al buscador de
fortunas recién llegado (y primo del gobernador) Charles Adare. Charles
redescubre en Lady Flusky a una vieja conocida de su familia, hace
muchos años, que se fugó con el mozo de cuadras. El pasado oscuro que
ocultan se redondea con una historia de asesinato: Flusky fue condenado
por disparar "accidentalmente" y matar al hermano de su esposa, y por
eso está en Australia, donde ha hecho fortuna—pero Lady Flusky le
confiesa a Adare que fue ella quien disparó, y que Flusky la protegió y
le hizo jurar que guardaría el secreto. Ahora se apunta un romance
entre Adare y Lady Flusky, que tras años de soledad en Australia está
deprimida, borracha, y arrinconada en su propia casa por la intrigante
ama de llaves, Milly, prima hermana de la Sra. Danvers de Rebecca—
que ayudada por la dejadez de Flusky, mantiene a su esposa en un estado
de atontamiento alcohólico, y aspira a sustituirla. Bien, tras un
enfrentamiento entre el marido y el aspirante a amante, éste recibe un
disparo. Y Flusky está amenazado con la horca, por reincidente. Su
esposa intenta salvarlo rompiendo su juramento y contando a las
autoridades que Flusky era inocente de su primer crimen. Pero Flusky se
niega a corroborar la declaración. Adare salva la situación declarando
galantemente que el disparo que recibió de Flusky era accidental—y a
continuación deja Australia, y vuelve a su país pues "se le hace
pequeño el territorio" según dice. Lo despiden el matrimonio
agradecido, que llevan camino de reconstruir su relación amorosa tras
el incidente pasional—aunque es presumible que la señora Flusky seguirá
siendo tan paria social como lo llevaba siendo. Entretanto la malvada
Milly ha sido despedida, tras haber intentado volver loca a Lady Flusky
alimentando sus delirios, drogándola y ya directamente envenenándola.
Es una película que juega con la figura del cicisbeo
o galán consentido de la esposa, el papel de Adare, hasta que se corre
riesgo real de adulterio (y de pelea con el marido, por las
maledicencias no del todo mal encaminadas de Milly). El "romance" con
Adare ayuda a Lady Flusky a salir de su sopor y a
desalcoholizarse—me gusta la escena en la que Adare le devuelve su
autoimagen, que estaba por los suelos, convirtiendo una puerta de
cristal en un espejo: pone su chaqueta tras ella, y se ve allí la
señora reflejada por primera vez en muchos años, pues había mandado
tirar todos los espejos de la casa por odio a lo que veía en ellos:
ahora se ve a través de los ojos del enamorado Adare, y le gusta lo que
ve.
Otro plano típicamente hitchcockiano, de esos que se han vuelto
clásicos pero que eran raros en él, es un travelling que nos lleva de
la pareja Adare/Lady Flusky, enfrascados en su conversación ilusionada
sobre futuros proyectos, a la figura de Flusky que se aleja por un
pasillo cabizbajo y preocupado—pasando antes por unos buenos segundos
de desplazamiento de la cámara por la habitación y por el mobiliario
sin figuras humanas, con las voces de ellos hablando continuadamente en
el sonido de fondo.
Bien, como se ve, el tema de la clase pesa mucho: estamos en un
ambiente hiperbritánico, máxime siendo que estamos entre irlandeses
(británicos de segunda, aunque sean angloirlandeses) y en las colonias
australes: en el otro extremo del mundo hay que dejar aún más claras
las barreras de clase que hacen a cada cual lo que es. El gobernador no
recibe a Flusky, por muy rico que sea y muy señorial que sea su casa,
pues es un ex-presidiario: la colonia está habitada por muchas clases
de gente, pero hay líneas especialmente importantes que separan no sólo
a ricos y pobres, sino también administradores y administrados, y
hombres
libres y hombres con antecedentes. Cuando Flusky invita a unos socios
de negocios a una cena, todas sus esposas se encuentran indispuestas y
no pueden acudir, para marcar la distancia entre la respetabilidad de
ellas (que ni siquiera son aristócratas) y la escandalosa Lady Flusky,
que se saltó a la torera las barreras de clase y decencia.
Bien, sólo un detalle más. Lady Flusky, con toques de histeria, creía
ver ratas en su habitación, y Milly alimenta esos horrores quizá
entendiendo que vienen de fuentes profundas, y que puede volverla loca.
En la escena climática, coloca un objeto de horror entre las sábanas de
su cama, quizá aludiendo al trauma erótico que ha marcado su vida. El
objeto en cuestión es una cabeza humana disecada—trabajo de los
aborígenes, y probablemente cabeza de un aborígen. (En una escena
anterior vemos cómo un mercachifle intenta vendérsela a Flusky, y éste
lo rechaza indignado). Observemos que es la única aparición de
los aborígenes en la película: ni se les nombra, ni se les muestra—como
por otra parte no aparece ningún inglés, pues al parecer aquí han
dejado la administración de los márgenes del imperio a los irlandeses,
ciudadanos de segunda. La película dibuja muchas líneas sociales y
solidaridades de grupo diferentes, pero siempre dentro de la esfera
colonial británica: lo que hay fuera de esa esfera está separado por
una barrera social tan enorme que sólo puede aparecer dentro de la
película a modo de afloramiento traumático del inconsciente—como objeto
de horror innombrable y asociado a lo que está totalmente fuera de lugar, como la
rata entre las sábanas.
Pero en fin, la intrigante Milly, sin ser psicoanalista, sabía muy bien
lo que vale un símbolo—y los autores de la película por supuesto
también. En una película sobre la respetabilidad y la identidad social,
hay distancias sociales e identidades de grupo que sólo pueden
figurarse de modo traumático, como retorno de lo reprimido. Cine australiano
clásico, en este sentido, donde las ansiedades frente al aborígen, y la
abyección de éste, encuentran una formulación modélica. Es
curioso que aquí lo reprimido innombrable, objeto de represión política
y colectiva, sirva de símbolo o señal excesiva de lo reprimido
individual, la traumática historia personal que sí acaba saliendo a la luz y
siendo asimilada por los personajes.
Under Capricorn (Atormentada).
Dir. Alfred Hitchcock. Screenplay by James Bridie, based on the novel
by Helen Simpson. Cast: Ingrid Bergman, Joseph Cotten, Michael Wilding,
Margaret Leighton, Jack Watling, Cecil Parker. Photog. Jack Cardiff and
Paul Beeson. 1949. Spanish DVD. (Hitchcock Gold Collection). Barcelona:
RBA / Suevia Films, 2008.
En tiempos no me gustaba especialmente esta canción de John
Denver. Pero todo va y viene con el tiempo. Aquí está la
recomendable
versión a dúo entre John Denver y Plácido Domingo. La mía la toco hoy
por primera vez, ya me perdonarán, perhaps.
Oía en un cassette (sí, cassette) esta canción, y me arranco a
imitar a Sarah Brightman. Realmente en este blog tienen ustedes la
exclusiva de mis primeras versiones sin ensayar—esta canción es la
primerita vez que la toco, aquí y ahora. Con una semana
de ensayo y unos coros y una sinfónica y una discográfica, y una
soprano, esto quedaría mucho más apañado, pero aquí estamos en un blog.
Algunos dirán que por lo menos tenemos al fantasma, claro...
Segunda versión: Más ensayada, pero el techo del do de pecho está
bajo y no hay quien lo suba...
Hoy en clase de máster, comentando Crash (la del todavía por entonces
cienciólogo Paul Haggis), y The
Constant Gardener, dirigida por Fernando Meirelles, y basada en
la novela de John Le Carré.
Observo que es una película que apela (como Crash,
por otra parte) a la mala conciencia racial del Occidente blanco, esta
vez con respecto al África negra; aquí es explotada África, cuando no
directamente envenenada, por las compañías farmacéuticas que "simulan"
aportar ayuda ... claro que habría que ver cuántas películas de éxito
similar se han hecho sobre ONGs que de verdad ayuden a los africanos,
supongo que las habrá—aunque hay quien critica y rechaza la idea misma
de dar ayuda, que convierte a los africanos en dependientes—lo cual
coloca a los occidentales en una situación de no poder acertar en modo
alguno. En cualquier caso,
no faltan actitudes prepotentes y postcoloniales hacia Africa, a veces
en buen entendimiento o excelente colaboración con los poderes
africanos locales—y en eso se centra el meritorio mensaje-denuncia de
esta película. Ofrece "una solución imaginaria a males reales", en el
sentido de que el malvado Bernard Pellegrin (o sea el delicioso Billy
Nighy) es públicamente desacreditado y sus maniobras corruptas para
favorecer a las poderosas multinacionales, ocultar sus desmanes, y
entenderse con la élite local, se ven expuestas. "Ganan los
buenos"—aunque el protagonista Justin Quayle (Ralph Fiennes) muere
siguiendo los pasos de su esposa, la activista onegera Tessa (Rachel
Weisz), tras completar su misión de denuncia. Aquí hay pues un doble
final, malo y bueno, con el malo muy presente (e incluso reordenado
cronológicamente, tras el bueno, que es el funeral de Justin) para
maximizar el impacto emocional de la historia.
La película está muy hábilmente filmada combinando escenarios reales y
construidos en su parte africana, y es espectacular en su colorido y
movimiento. Y sin embargo falla por el guión, donde tantas películas:
allí se revelan las costuras que tan bien ocultas quedan en la factura
técnica de la fotografía, en el engarce de escenas, en las actuaciones
tan sobresalientes, en la ambientación memorable. El guión, en el que
se muestra la voluntad de la película de torcer la realidad a la medida
de su deseo.
Dos detalles. Me desagradó, ya la primera vez que la ví, el final
"buenista" pacifista, en el que Quayle espera pacientemente a que
vengan los sicarios que lo van a matar—e incluso tira el cargador de su
arma, para que quede bien claro que no tiene ninguna intención ni de
suicidarse, ni de resistirse, ni de luchar contra ellos (los considera,
acertadamente, instrumentos—pero oiga, ¿no iba ésto de que todos
tenemos nuestra parte de responsabilidad, incluso los instrumentos? A
los sicarios hay que recibirlos a tiros, hombre, no poner la nuca. Es
un final de un buenismo pestosiño; creo que Tessa era más luchadora que
esto, o al menos lo parecía. La película nos muestra a Justin,
diplomático convencional, sacando los pies del tiesto y convirtiéndose
en un seguidor de la causa de su esposa: una elección ética. Pero va un
poquito demasiado más allá, y comete Justin lo que otros llaman un
"suicidio", y razón no les acaba de faltar—tiene Justin una falta de
resistencia muy activa, y una querencia desagradable a la hora de
buscar su propia muerte. ¿Que es que se va a reunir con Tessa? Ah—aquí
topamos con el "más allá" o el otromundo
de la película, pero estas dimensiones religiosas, que el personaje
puede tener como parte de su relación emocional privada con su esposa,
está feo que se nos presenten como la postura ética tomada por la
propia película. A la orilla del lago Turkuana, donde empezó la
humanidad, Justin se sienta y mira el horizonte, sin atender a los
sicarios que le dicen "¡Mister Quayle!" (quizá para cerciorarse de que
no matan a otro, hasta los sicarios africanos pueden ser mínimamente
prudentes). Me parece en suma un programa derrotista allí el de Quayle,
demasiado paciente inglés, y
la película lo presenta casi como una invitación a que el espectador
ponga su propia nuca llegado el caso.
Como dicen, y digo, Quayle ha buscado la situación, y lo hace de manera
imposible en términos realistas. Había visitado al doctor Lorbeer
(Peter Postlethwaite) en Sudán, siguiendo la pista de las farmacéuticas
(era este doctor el inventor del Dypraxa, el medicamento venenoso, y
ahora se muestra arrepentido). Hay que suponer que será Lorbeer el que
denuncie dónde han apeado a Quayle, igual que señaló dónde estaba su
esposa para que le enviasen los sicarios. Sólo que ahora Lorbeer lo
sabe, sabe el destino que espera a Quayle si dice algo de él, lo cual
hace un tanto incomprensible su personaje. Pero aún peor: la idea de
Quayle de "apearse" en Turkuana (aparte de totalmente implausible en
términos prácticos: convenza usted a un piloto que no ha querido salvar
a una nenita de los guerrilleros, llevándosela en su avión—ni por 800
dólares, para ponérselo más difícil)—como digo, la idea de Quayle de
apearse le ha sobrevenido en el avión mismo— pero al poco rato de estar
en Turkuana, échenle un día si quieren, ya tiene ahí a los
sicarios. Esto es señal de que en Africa hay algunas cosas que
por lo menos sí funcionan bien—pero como digo es totalmente
implausible, funciona sólo en términos de intensificar el toque
paranoico de la película, la vigilancia constante a que está sometido
Quayle, aunque se tire en paracaídas en medio de Sudán. Como digo, las
farmacéuticas serán bordes a veces, pero les aseguro yo que así
no funcionan. Se ve el dedazo del guionista apretando la balanza,
fuerte, para abajo. Más desagradable todavía es que Quayle dé por hecho
que sí funcionan así, y que
se apee allí eligiendo el lugar de su muerte. Y fiándose de dejar el
mensaje que contiene la razón de su lucha... en el correo. Unas
prioridades bastante mal puestas, para el personaje, y para la película
que nos vende su perspectiva como plausible y no delirante. Aquí
estamos en un guión delirante en la manera en que tira de causa y
efecto para fines específicos—decía yo en clase que estas películas,
que a primera vista parecen casi documentales, o hiperrealistas,
examinadas de cerca no son menos artificiosas o extravagantes que la
ópera china, o el teatro Nô.
Otra escena que redondea el delirio del deseo es la inmediatamente
anterior. Hay un funeral en Westminster Abbey, solemne, por el alma de
Quayle—el funeral donde el primo de Tessa va a leer la carta
incriminadora que demuestra el mal hacer de diplomáticos y
multinacionales. Primero habla el falsario Pellegrine / Billy Nighy,
presentando como un suicidio la muerte de Quayle. Luego el primo,
leyendo la "epístola no canónica", dice, que hace que Pellegrine se
levante y salga desacreditado de la iglesia (antes de llegar a leer el
nombre del firmante incluso). Pero es bastante implausible que haya una
versión oficial de la muerte de Quayle que sea inconsistente con el
estado de su cuerpo tiroteado. Y más implausible todavía es que los
primos, colegas y cuñados asistentes al funeral, que no han estado viendo la película,
vean de qué va la misa, y perciban algún tipo de sentido,
desacreditador o no, en la carta de Pellegrine que les lee el primo de
Tessa. Esta escena, por cierto, tiene ciertas reminiscencias de la que
ofreció el hermano de Diana de Gales recriminando a la familia real
británica en el funeral de la princesa... aunque aquí la princesa
activista es Quayle, no su esposa, hay un cierto desplazamiento. A lo
que voy: es una escena imposible en la realidad, únicamente posible en
el cine, pues mezcla el público del funeral con el público
cinematográfico como si fuesen el mismo. Está dictada por la lógica del
guión (lógica carente de lógica, o lógica autogenerada)—una vez más, ni
las farmacéuticas ni los diplomáticos de Su Majestad caen así ni son
vulnerables a estos golpes de teatro.
Y un detalle más que incrimina a la película, dentro de su mensaje
"pro-africanista" y políticamente correcto. Es la historia de un
matrimonio primero incongruente (de diplomático y activista), luego
distante ("un matrimonio de conveniencia" cree oír Quayle decir a
Tessa, y es lo que él piensa que ella piensa, cuando están atravesando
su crisis tras la muerte del bebé—pero ella se refería al matrimonio
entre multinacionales y farmacéuticas). Y por último un matrimonio
recuperado cuando Quayle se desmelena y sigue, contra todo consejo, las
investigaciones que ella ha dejado inconclusas. Quayle sospechaba que
ella le era infiel con su colega (negro) de la oenegé, el médico
activista Arnold Bluhm (Hubert Koundé). Y esto se mantiene como el
posible objeto de horror de
toda la película, no plausible en realidad para el espectador, pues no
se enfatiza (y en ese sentido está bien llevado) pero sí plausible para
el punto de vista de Quayle. Lo peor que podía haber hecho Tessa, y que
sí que la desacreditaría, era acostarse con un negro... pero el negro
era gay, por tanto no se acostó con él. También esta explicación es de
un simplismo simple, como si no hubiera negros bisexuales. En fin, que
siendo la historia la historia del ennegrecimiento de Tessa como mujer
posiblemente incontrolable y frívola, y de su blanqueo como activista
eficaz y certera, y esposa fiel e impoluta, queda un tanto
desagradablemente ubicada en el infierno de la película la posibilidad
remota de que ella se enrollase con un colega negro. Como castigo
imaginario, quizá, digo castigo muy real pero imaginario castigo en el
nivel fantasmático de la película, el colega negro es brutalmente
mutilado y crucificado por los sicarios—siempre están éstos a sueldo de
Occidente.
The Constant Gardener.
Dir. Fernando Meirelles. Written by Jeffrey Caine, based on the novel
by John Le Carré. Ralph Fiennes, Rachel Weisz, Hubert Koundé, Danny
Huston, Daniele Harford, Bill Nighy, Archie Panjabi, Pete
Postlethwaite, Keith Pearson, Nick Reading. Photog. César Charlone.
Music by Alberto Iglesias. Prod des. Mark Tildesley. Art dir. Christian
Schaefer and Denis Schnegg. Ed. Claire Simpson. Exec. prod. Gail Egan,
Robert Jones, Donal Ranvaud, Jeff Aberley and Julia Blackman. Co-prod.
Tracey Seaward, Henning Molfenter, Thierry Potok. Prod. Simon Channing
Williams. UK/Germany: Focus Features / UK Film Council / A Potboiler
Production / Scion Films, 2005.
El problema del texto en la lingüística, la filología y las ciencias
humanas: Ensayo de análisis filosófico
Nota: Traduciré
y comentaré aquí el ensayo de Mijaíl Bajtín titulado "The Problem of
the Text in Linguistics, Philology, and the Human Sciences: An
Experiment in Philosophical Analysis", que apareció en versión inglesa
en el libro de ensayos de Bajtín Speech Genres and
Other Late Essays,
traducido por Vern V. McGee. (Austin: University of Texas P, 1986,
103-31). El original ruso, "Problema teksta v lingvistike,
filologii i drugikh gumanitarykh naukakh. Opyt filosofskogo analiza"
consta de notas sin terminar de redactar, escritas hacia 1959-61. Se
publicó en Voprosy Literatury 10 (1976), y en un libro de escritos de
Bakhtin, Moscow, 1979. 281-307. En español apareció éste como Èstetika slovesnogo
tvorchestva.Estética de la creación verbal (Mexico:
Siglo XXI, 1982). Añadiré, además de las notas de la edición inglesa,
que aparecen al final, mis comentarios intercalados en cursiva, a modo de glosa explicativa integrada en el texto.
Un aviso: al ser este ensayo más bien el plan de un estudio más amplio
y mejor redactado, los temas quedan a veces sólo apuntados, y las
transiciones sugeridas de modo inconexo. Respeto, claro, esa naturaleza
del original a la que se amolda la traducción inglesa que sigo, aunque
a veces trato de explicitar en mis comentarios el sentido de las notas
fragmentarias de Bajtín.
____________
El problema del texto en la lingüística, la filología y las ciencias humanas: Ensayo de análisis filosófico
Nuestro análisis debe llamarse filosófico ante todo por lo que no es:
no es análisis o estudio específicamente lingüístico, filológico,
literario ni de nigún otro tipo específico. La ventaja de esto es que
nuestro estudio se moverá en un ámbito liminal, es decir, en las
fronteras de todas las disciplinas mencionadas, en sus junturas y
puntos de intersección.
(Como siempre en Bajtín, priman la
interconexión, la interactividad y el diálogo como principios
metodológicos: aquí el diálogo interdisciplinar que evite que estas
disciplinas ya definidas, lingüística, filología, teoría de la
literatura, se encierren en sí mismas—el análisis filosófico las hace
entrar en una dialéctica productiva y las abre a las demás. Es en
cierto sentido lo contrario de lo que se entiende por la
especialización).
El texto, escrito u oral, es el dato primero en todas estas
disciplinas, y de todo pensamiento en las ciencias humanas y en la
filosofía en general (incluyendo el pensamiento teológico y filosófico
en sus fuentes). El texto es la realidad inmediata (realidad de
pensamiento y de experiencia), la única a partir de la cual pueden
emerger estas disciplinas y este pensamiento. Donde no hay texto, no
hay objeto de estudio ni tampoco objeto de pensamiento.
El texto "implícito": si la palabra "texto" se entiende en sentido
amplio (en tanto que cualquier complejo coherente de signos)—entonces
incluso el estudio del arte (el estudio de la música, la teoría e
historia de las bellas artes) tiene que vérselas con textos (obras de
arte). Pensamientos sobre pensamientos, experiencias de experiencias,
palabras sobre palabras, y textos sobre textos. (Vemos
aquí a Bajtín promoviendo un enfoque semiótico global de las
disciplinas de las ciencias humanas, un poco como Saussure y los
estructuralistas, pero, en la tradición de Dilthey y su noción de las
ciencias humanas como ciencias interpretativas, Bajtín enfatiza que el
metalenguaje utilizado por el teorizador o analista será a su vez otro
texto que, como decía T. S. Eliot, habrá de ser interpretado a su vez.
Apunta así la noción de un diálogo de textos que siempre está abierto a
nuevas intervenciones, sin clausura definitiva). Aquí se
encuentra la distinción básica entre nuestras disciplinas (las ciencias
humanas) y las ciencias naturales (que versan sobre la naturaleza),
aunque no hay fronteras absolutas o impenetrables tampoco aquí. (Por
ejemplo, añadamos, en el sentido de que el estudio de las ciencias
naturales también se hace en torno a la semiotización de la naturaleza,
la construcción de modelos interpretativos, teorías y paradigmas, y la
elaboración de textos, géneros y discursos disciplinarios que entran en
su propio diálogo mutuo). El pensamiento sobre las
ciencias humanas se origina como pensamiento sobre los pensamientos,
sobre las intenciones, manifestaciones, expresiones y signos de otros,
tras los cuales se manifiestan dioses (por medio de la revelación) o
personas (las leyes de los gobernantes, los preceptos de los ancestros,
dichos anónimos, adivinanzas, etc.). (Apuntemos
aquí que la alusión a los dioses y demás ha de entenderse
productivamente en el sentido de que en determinados discursos o
contextos culturales, algunas manifestaciones se entienden como
procedentes de dioses, ancestros, etc. Lo importante no es aquí la
verdad o no de este origen, sino el hecho de que así se entienda o
interprete en determinados contextos o determinados usos de los textos.
Aun habiendo un dios en discordia, el diálogo tiene lugar siempre entre
humanos que interpretan ciertos textos como si vinieran de un dios. No
nos interesa aquí tanto si Bajtín creía o no literalemente en tales
revelaciones, sino el hecho de que un texto entendido como Revelación
Divina pertenece a un género discursivo diferente de uno que no se
entiende como tal). Una autenticación científicamente precisa,
por así decirlo, de los textos, y la crítica de los textos, vienen
después (en el pensamiento de las ciencias humanas representan una
revolución total, el origen del escepticismo).
Inicialmente, la creencia requería sólo la comprensión—la
interpretación. (Aquí
opone Bajtín la interpretación, entendida como interpretación
consonante, o lo que Ricœur llama hermenéutica de la comprensión, de la
sumisión al texto, frente a la hermenéutica de la sospecha que aporta
la crítica—crítica que no toma el texto como una verdad incuestionable
sino que analiza sus presupuestos y somete a juicio racional al texto.
Ver sobre esta cuestión mi artículo "Crítica acrítica, crítica
crítica").
Esta creencia se aplicó luego a los textos profanos (el estudio de los
idiomas, etc.). No pretendemos aquí profundizar en la historia de las
ciencias humanas, y por supuesto tampoco en la filología y la
lingüística. Nos interesa más bien la naturaleza específica del
pensamiento en las ciencias humanas, que va dirigido hacia otros
pensamientos, ideas, significados, y demás, que se realizan y que son
accesibles al investigadora sólo en forma de texto. Independientemente
de los objetivos de la investigación, el único punto de partida posible
es el texto. (Lo cual supone retomar
el problema de las ciencias humanas según lo definía Dilthey, pero con
una orientación más discursivista y más dialógica que le va a imprimir
Bajtín).
Nos ocuparemos sólo del problema de los textos verbales, que son los
datos iniciales de las respectivas ciencias humanas—principalmente la
lingüística, la filología, los estudios literarios y demás.
Todo texto tiene un sujeto o autor (hablante o escritor). Son posibles
varios tipos, subcategorías y formas de autoría. (Remitamos aquí para completar el análisis
de Bajtín al ensayo de Michel Foucault, "Qu'est-ce qu'un auteur?").
Dentro de ciertos límites, el análisis lingüístico puede ignorar por
completo la autoría. (En según qué
tipos de lingüística formal, estudios gramaticales, etc.)
El texto se puede interpretar como un ejemplo (modelos de proposición,
silogismos en lógica, oraciones en gramática, "conmutaciones" en
lingüística, y demás.1 Hay textos imaginados (ejemplos, y de
otros
tipos) y textos construidos, para fines de experimentación lingüística
o estilística. En este ámbito aparecen tipos especiales de autores por
todas partes: los que inventan ejemplos, y los experimentadores
con su modalidad especial de responsabilidad autorial (hay incluso un
segundo sujeto aquí: "la persona que hablaría de esta manera"). (Es
decir, el lingüista, autor de su texto técnico, crea además otros
personajes-hablantes, autores imaginarios de los textos construidos por
el lingüista a modo de ejemplo de tal o cual construcción gramatical o
estilística).
El problema de los límites del texto. El texto como enunciación.
El problema de las funciones del texto y de los géneros
textuales.
Dos aspectos que definen al texto como una enunciación:
su plan (intención) y la realización de este plan. Las interrelaciones
dinámicas de estos aspectos, su enfrentamiento, que determinan la
naturaleza del texto. La divergencia entre uno y otra puede
revelar mucho. "Pelestradal" (León
Tolstoy).2
Los lapsus linguae freudianos y los lapsus calami (expresión de lo
inconsciente). Cambio de plan en el proceso de su realización. No se
consigue cumplir la intención fonética (Es
decir, en un lapsus linguae hay un plan o intención consciente, la
emisión de una determinada cadena fonética, que no logra realizarse se
ve interrumpido por una intención inconsciente que interfiere con otra
cadena fonética).
El problema del segundo sujeto que está reproduciendo (con uno u
otro fin, incluyendo fines de investigación) un texto (de otro) y que
está creando un texto-marco (que comenta, evalúa, objeta, y demás). (La noción de cambio de marco
sugerida aquí por Bajtín, y visibilizada en la forma de un texto que
reencuadra a otro y lo recontextualiza, podría entenderse en el sentido
más amplio propuesto por Goffman. Un texto o enunciación repetido en
otro contexto está siempre reenmarcado, y su intencionalidad inherente,
su sentido comunicativo que lleva consigo, se ven supeditados a los
fines de un nuevo encuentro comunicativo, el propuesto por el
texto-marco que lo está reutilizando).
El carácter especial del pensamiento en las ciencias humanas,
que involucra a dos planos y a dos sujetos. La textología como la
teoría y práctica de la reproducción científica de textos literarios.
El sujeto textológico (el textologista) y sus particularidades. (El
estilo telegráfico de Bajtín nos hace concebir una expansión de este
ensayo al tamaño de un tratado, en el que cada una de estas oraciones
sería el encabezamiento de un capítulo o epígrafe).
El problema del punto de vista (la posición espacio-temporal) del
observador en la astronomía y en la física. (En
esta nota abreviada alude Bajtín a una analogía con la teoría de la
relatividad y con la implicación del observador en lo observado, tal
como es descrita en la física cuántica. Más adelante retoma esta
analogía).
El texto como un enunciado incluido en el discurso (cadena textual) de
un ámbito dado. El texto como una mónada única que en sí misma refleja
todos los textos (situados dentro de los límites) de un ámbito
determinado. La interconexión de todas las ideas (ya que todas se
realizan en los enunciados).
(En este punto la formulación de
Bajtín podría pecar de idealismo—más precisamente por no mencionar aquí
el papel de la consciencia del receptor. ¿En qué sentido puede un texto
reflejar en sí todos los textos de un ámbito discursivo determinado?
Sólo si así lo concibe alguien. Y, en realidad, todos es mucho decir,
se trata de un "todos" potencial. Un texto puede concebirse como
relacionado dialógica o intertextualmente con cualquier otro texto con
el que se le esté comparando, pero esa comparación y esa relación
existe una vez es percibida, una vez la atención se ha visto guiada
hacia ella por una consciencia—la del lector—y quizá por un tercer
texto. Así pues, todas las ideas están potencialmente o concebiblemente
interconectadas, en principio, pero si esa conexión ha de activase o
actualizarse, hace falta un acto de consciencia o de atención que las
conecte—de vuelta por así decirlo, y no sólo de ida).
Las relaciones dialógicas entre textos y en el interior del
texto. Su naturaleza especial (no lingüística). Diálogo y dialéctica. (Nota
importante: las relaciones dialógicas tienen una dimensión no
lingüística, en el sentido de que son las cosas mismas, el sentido de
las cosas, acciones, situaciones, etc., representadas en los textos, lo
que está implicado en las relaciones que éstos establecen entre sí. El
mundo está hecho de relaciones de sentido. Y por tanto los textos que
lo representan también adquieren entre sí una relación mutua basada en
ese sentido previo. Pero hay que distinguir esa relación previa de la
relación establecida por el texto, o que es obra del texto. Con
respecto a "diálogo y dialéctica", mucho habría que escribir—sólo
apuntaremos la manera en que la relación dialógica transforma la
relación con las cosas, y hace emerger aspectos de ellas que no eran
accesibles a la consciencia antes del trabajo del diálogo. Por tanto,
los aspectos y relaciones de las cosas emergen dialécticamente, en la
acción de las consciencias en el mundo, y esta acción tiene una
dimensión esencial en el diálogo).
Los dos polos del texto. Cada texto presupone un sistema de
signos generalmente comprendido (es decir, convencional en el seno de
una determinada colectividad), un lenguaje (aun si sólo es el lenguaje
del arte). Si no hay lenguaje tras el texto, no es un texto, sino un
fenómeno natural (no significante), por ejemplo, un complejo de gritos
y gemidos naturales desprovisto de ninguna repetibilidad lingüística
(significante). (Aquí habría que
matizar más, y distinguir entre el carácter significante de los
fenómenos lingüísticos y o generalmente comunicativos, y el carácter
también significante de los fenómenos naturales. El paisaje, las
plantas, la geología, etc., están llenos de signos interpretables y
significantes, una vez hay una mente capaz de leer esos significados
(significados no intencionales). Por otra parte, no es tan tajante como
sugiere Bajtín la diferencia entre el lenguaje y la comunicación no
lingüística, en el caso de los animales. Y no podría ser de otro modo,
ya que si no no se explicaría el origen del lenguaje a partir de la
comunicación animal, como requiere la teoría de la evolución. Ver sobre
esta cuestión mi
reseña del libro de Derek Bickerton Adam's
Tongue). Naturalmente,
cada texto (tanto oral como escrito) incluye un número significativo de
varios tipos de aspectos naturales desprovistos de significación, que
se extienden más allá de los límites de la investigación en las
ciencias humanas (lingüísticas, filológicas y demás), pero que todavía
se tienen en cuenta (el deterioro de un manuscrito, la mala
pronunciación, y demás). (De hecho,
muchos de estos aspectos paralingüísticos manifiestan una semiótica muy
interesante, que se reapropia comunicativamente, dada nuestra
propensión a echar mano de todos los significados que nos ayudan a
interpretar una situación dada. Estoy pensando en cuestiones
normalmente tratadas bajo el epígrafe de "lenguaje no
verbal"—proxémica, kinésica, paralenguaje, gestualidad... Sobre estas
cuestiones hay un interesante libro en tres volúmenes de Fernando
Poyatos [La comunicación no verbal. I. Cultura, lenguaje y
comunicación. II. Paralenguaje, kinésica e interacción. III. Nuevas
perspectivas en novela y teatro y en su traducción. (Biblioteca Española de Lingüística y
Filología). Madrid: Istmo, 1994] amén de toda una bibliografía
aquí. Sobre la reapropiación comunicativa de signos "no
intencionales", ver Strategic Interaction de Erving Goffman, o mi comentario sobre
él, "Teoría
paranoica de la observación mutua"). No
hay ni puede haber textos puros. En cada texto, además, hay un cierto
número de aspectos que pueden llamarse técnicos (el lado técnico de la
gráfica, la pronunciación, y demás).
Y así, tras cada texto se encuentra un sistema lingüístico. Todo
aquello en el texto que es repetido y reproducido, todo lo repetible y
reproducible, todo lo que pueda darse fuera de un texto dado (lo dado)
se ajusta a este sistema lingüistico. Pero al mismo tiempo cada texto
(en tanto que enunciación) es individual, único e irrepetible, y en
esto se encuentra su significado (su plan, el propósito para el cual se
creó). Éste es el aspecto del texto que se refiere a la honestidad, la
verdad, el bien, la belleza, la historia. En lo que a este aspecto se
refiere, todo lo repetible y reproducible resulta ser un material, un
medio con vistas a un fin. Esta noción va algo más allá de los límites
de la lingüística o de la filología. El segundo aspecto o polo es
inherente al texto mismo, pero se revela únicamente en una situación
concreta y en una cadena de textos (en la comunicación discursiva de
una determinada área). Este polo va ligado no a elementos (repetibles)
en el sistema del lenguaje (signos), sino a otros textos
(irrepetibles), mediante relaciones especiales dialógicas (y
dialécticas, cuando se desligan del autor).
(Esta idea de los dos polos del
texto, hacia lo lingüístico/general y hacia lo situacional/individual,
proviene directamente de la hermenéutica de F. D. E. Schleiermacher,
quien hablaba de dos direcciones en la interpretación, dialécticamente
relacionadas: la interpretación gramatical, referida a los aspectos
generales y repetibles del texto, al sistema de la lengua, podríamos
decir, y la interpretación técnica, unida a cuestiones de psicología
del autor, situación contextual del enunciado, estilística personal,
etc. Como mayor originalidad en la exposición de Bajtín quizá se
encuentra la idea de una cadena de textos irrepetibles como uno de los
correlatos de la situación concreta, individual, de comunicación. La
noción de "repetibilidad" como uno de los aspectos inherentes al signo
puede leerse también, naturalmente, a la luz de los comentarios de
Jacques Derrida sobre la iterabilidad del signo,por ejemplo en Limited Inc.). El segundo polo va inseparablemente ligado a cuestiones de
autoría, y no tiene nada que ver con unidades naturales, aisladas y al
azar: se realiza íntegramente por medio del sistema de signos del
lenguaje. Se realiza por medio del puro contexto, aunque también entran
en él aspectos naturales. Relatividad de todos los límites (por
ejemplo, ¿dónde se incluyen el timbre de la voz del recitador, del
hablante y demás?). Un cambio de funciones también efectúa un cambio de
límites. Distinción entre fonología y fonética.3
Está el problema de las interrelaciones semánticas (dialécticas) y
dialógicas entre textos en el seno de una esfera determinada. El
problema especial de la las interrelaciones históricas entre textos.
Todo esto a la luz del segundo polo. El problema de los límites de la
explicación causal. La cosa más importante es evitar que se produzca un
aislamiento del texto (aunque sea sólo potencial, imaginado o inferido).
La ciencia del espíritu.4 El espíritu (tanto el de uno
mismo como el de otro) no se nos da como una cosa (que es el objeto
directo de las ciencias naturales); sólo puede hacerse presente
mediante la significación, mediante su realización en textos, tanto
para sí mismo como para otros. Crítica de la autoobservación. (Aquí
quizá haya que entender a Bajtín, que no esboza esta crítica, en el
sentido de que la conciencia no está inmediatamente presente a sí
misma, sino que nos comunicamos con nosotros mismos mediante
representaciones, mediante "exterioridad interiorizada", podríamos
decir—la autocomunicación está mediada y potenciada por los mismos
signos, representaciones y discursos que permiten la comunicación
interpersonal). Pero debe haber una comprensión profunda, rica y refinada del texto. La teoría del texto. (Presumiblemente
es esa teoría, cuya necesidad se aduce para una comprensión refinada de
la textualidad, la que aquí se está desarrollando. Aquí y en el trabajo
teórico-crítico en general, naturalmente).
El gesto natural adquiere una cualidad significativa en la
interpretación de un actor (como arbitrario, como interpretativo, como
algo sometido al diseño de un papel).5 (Hay que observar que, por supuesto, el gesto natural ya tiene
una significación, o un potencial de significación, y que esa primera
significación es la que el actor imita, subraya, enfatiza y delimita
con su gesto que es la representación convencionalizada o
reinterpretada de un gesto natural—quizá, con su interpretación y
modificación gestual, ayudando a delimitar o hacer emerger el
significado oscuro o potencial del gesto natural representado).
El carácter único en las cosas de la naturaleza (por ejemplo, una
huella dactilar) y la irrepetibilidad semántica (significativa) del
texto. Lo único posible para una huella dactilar es la reproducción
mecánica (de un número cualquiera de copias); es posible, claro,
reproducir un texto de la misma manera mecánica (es decir,
reimpresión), pero la reproducción del texto por el sujeto (un retorno
al mismo, una lectura repetida, una nueva cita que lo ejecute) es un
acontecimiento nuevo e irrepetible en la vida del texto, un nuevo lazo
en la cadena histórica de comunicación discursiva. (Pueden
plantearse objeciones al planteamiento de Bajtín, desde el momento
mismo en que el objeto natural puede ser reinterpretado de manera
distinta... o teniendo en cuenta que la reproducción de una huella
dactilar ya no es la huella dactilar, sino un texto que la representa.
Una continuación de estas reflexiones nos lleva en la dirección de las
reflexiones derrideanas sobre la iterabilidad de los signos, y en
última instancia al reconocimiento de la semioticidad de toda
experiencia humana. Una semioticidad que es cierto que está presente de
manera especialmente intensa y evidente en los textos. La diferencia
específica entre cada "ejecución" de un signo sólo deviene un signo
relativamente estable a su vez mediante más trabajo semiótico—más
textos, más discurso y más atención en torno a esa ejecución textual
determinada, por ejemplo un comentario crítico de una reseña de un
libro. Es el trabajo de la atención y la actividad discursiva en torno
a ciertos fenómenos semióticos lo que les confiere el carácter de
"acontecimientos irrepetibles" que en sí ya tenían de hecho—y se lo
confiere, paradójicamente, posibilitando la diseminación de su sentido
ahora que han devenido–esa relectura, esa iteración histórica, esa
reseña—objetos de atención discursiva con entidad propia).
Cualquier sistema de signos (es decir, cualquier lenguaje),
independientemente de lo pequeño que sea el grupo que produce sus
convenciones, puede siempre en principio descifrarse, es decir,
traducirse a otros sistemas de signos, otros lenguajes. Por
consiguiente, los sistemas de signos tienen una lógica común, un
lenguaje de lenguajes único en potencia (que, por supuesto, nunca puede
convertirse en un lenguaje único y concreto, uno de esos lenguajes).
Pero el texto (a diferencia del lenguaje entendido como un sistema de
medios) nunca puede traducirse por completo, pues no hay en potencia un
único texto de textos. (Sobre el "lenguaje de lenguajes" en potencia, pueden compararse las reflexiones de Bajtín con las de Kenneth Burke, en Language as Symbolic Action, cuando habla de los distintos lenguajes como "pantallas terminológicas",
y de la teoría de los signos y los símbolos entendida como un
metalenguaje que permite ir más allá de un mero relativismo en la
comparación de estos distintos lenguajes).
El acontecimiento de la vida del texto, es decir, su esencia auténtica, siempre tiene lugar en la frontera entre dos consciencias, dos sujetos. (Noción
intersubjetiva, por tanto, inherentemente dialógica, de la dinámica
textual. La noción de la "vida del texto" de la que habla Bajtín puede
haber sido sugerida por el libro de Roman Ingarden La obra de arte literaria. Esta
noción de que la semiosis textual siempre está en circulación, y es
respuesta o traducción de otra semiosis previa, recordará a algunos la
teoría peirceana del signo, y en particular el concepto de
interpretante. Sobre la analogía entre las teorías dialógicas del
círculo de Bajtin y la semiótica peirceana hice algunos comentarios en
mi artículo "The Chains of Semiosis".Un
desarrollo suplementario de esta noción—a saber, que un texto siempre
está "acentuado", como diría Bajtín, desde la perspectiva de su
receptor, puede encontrarse en mi artículo sobre "La espiral hermenéutica").
La transcripción del pensamiento en las ciencias humanas siempre es la
transcripción de un tipo determinado de diálogo: las complejas
interrelaciones entre el texto (objeto de estudio y reflexión) y el contexto
creado que lo enmarca (cuestionando, refutando, etc.), en el que tiene
lugar el pensamiento cognitivo y evaluativo del estudioso del texto.
Aquí se da el encuentro de dos textos—del texto ya hecho y del texto
que a él reacciona y que se está creando—y, por tanto, el encuentro de
dos sujetos y dos autores. (Yo diría más bien que son tres,
una vez tenemos en cuenta que el académico o crítico estudioso del
texto no está creando su texto para leerlo sólo él: el texto crítico,
que toma una determinada postura con respecto al texto objeto, es a su
vez objeto de respuesta por el lector del texto crítico. Para más
desarrollo sobre esta cuestión, remito a mi artículo "Crítica acrítica, crítica crítica".
Se verá, por otra parte, el parentesco de la noción de "enmarcamiento"
del texto según la expone aquí Bajtín, y la noción goffmaniana de marco
situacional —ver Erving Goffman, Frame Analysis. En "El interlocutor interiorizado"
comento algo más la relación entre la teoría de la interacción de
Goffman y las nociones de dialogismo y de interlocutor implícito).
El texto no es una cosa, y por tanto la segunda consciencia, la
consciencia del que percibe, en modo alguno puede eliminarse o
neutralizarse. (La formulación de Bajtín recuerda en cierto modo a la
manera en que se suele formular el "principio de indeterminación" de
Heisenberg en la física subatómica—con la implicación necesaria del
observador que modifica la relación de los objetos observados. En otra
línea de razonamiento, también sugiere la formulación de Bajtín que el
encuentro entre dos consciencias que se da en el acto de lectura es un
fenómeno emergente—en donde surgen sentidos novedosos e imprevisibles a
partir del texto mismo, o del lector solamente, tomados de modo
aislado).
Es posible avanzar hacia el primer polo, es decir, hacia el lenguaje—el
lenguaje del autor, el lenguaje del género, del movimiento literario,
de la época; hacia el lenguaje nacional (lingüística), y en última
instancia hacia un potencial lenguaje de lenguajes (estructuralismo,
glosemática).6 También es posible avanzar hacia el segundo polo: hacia
el acontecimiento irrepetible del texto. (El texto es un
acontecimiento irrepetible, y su lectura también es un acontecimiento
irrepetible, observemos. Al señalar estas dos direcciones divergentes
de la investigación filológica, Bajtín sigue muy de cerca el
planteamiento de la hermenéutica de Schleiermacher, quien hablaba de
"interpretación gramatical" en el primer caso, y de "interpretación
técnica" o estilística individualizada en el segundo).
Todas las disciplinas posibles de las ciencias humanas que parten del
texto como lo inicialmente dado se sitúan en algún punto entre estos
dos polos.
Ambos polos son incondicionales: el lenguaje de lenguajes en potencia
es incondicional y el texto único e irrepetible es incondicional. (Para
mí, esta "incondicionalidad" es una ilusión producida por la
divergencia de estas dos direcciones de investigación. Pero ambas son
en realidad condicionadas y en última instancia sólo definibles por la
manera en que cada una de ellas está condicionada por el otro polo. En
síntesis: una teoría de la gramática (lenguaje de lenguajes) ha de
formularse en un texto concreto, con una lógica estilística concreta
que ha sido por ejemplo objeto del análisis de los desconstructivistas
como Derrida. Y, en la otra dirección, lo irrepetible de un texto
irrepetible sólo es identificable en relación a lo repetible y repetido
de ese mismo texto: la individualidad sólo es definible en base a la
gramática social que genera los sujetos u objetos individuales. Aún
más: hay una cierta gramática de la individualida, porque en gran
medida lo individual es un "efecto de individualidad", una determinada
retórica de posicionamiento interaccional del sujeto o de su obra. En
suma: ambos polos se quieren incondicionales o absolutos, pero ambos
son relativos o condicionados mutuamente. Tengamos esto presente
mientras leemos la exposición de Bajtín que sigue).
Cualquier texto auténticamente creativo es en alguna medida una
revelación libre de la personalida, no predeterminada por la necesidad
empírica. Por tanto (en su núcleo libre) no admite una explicación
causal ni una predicción científica. (Ahora bien, veíamos que hay una
doble creatividad: la del texto y la de su lectura. La lectura del
texto, en la medida en que es libre del texto, lo comprende en
perspectiva retrospectiva: no como algo inexplicable, sino como algo
comprensible—algo que surge en un momento dado, pero que surge a partir
de fuerzas que, por el mismo hecho de hacerlo surgir, se vuelven más
comprensibles). Pero esto no excluye, claro, la necesidad interna, la
lógica interna, del núcleo libre del texto (sin la cual no podría
entenderse, reconocerse, ni ser efectivo).
El problema del texto en las ciencias humanas. Las ciencias humanas son
ciencias sobre el hombre y su naturaleza específica, y no sobre una
cosa sin voz o un fenómeno natural. El hombre y su naturaleza
específicamente humana siempre se expresa (habla), es decir, crea un
texto (aun si sólo es potencial). Cuando el hombre se estudia aparte de
un texto e independientemente de él, la ciencia ya no es una de las
ciencias humanas (anatomía humana, fisiología, etc.). (Puesto así, la
fonética no sería una ciencia humana, y la fonología sí—pero como se
ve, las ciencias humanas han de fundarse en cierta medida en las
ciencias no humanas. Lo mismo podríamos decir de ciencias
relativas a la comunicación o a la economía, que se enraizan en
ciencias relativas a la ecología de los grupos humanos. Así por ejemplo
los estudios sobre el origen del lenguaje se hallan a mitad de camino
entre las ciencias humanas y las biológicas).
El problema del texto en la textología. El lado filosófico del problema.
El intento de estudiar el texto como una "reacción verbal" (behaviorismo).7
La cibernética, la teoría de la información, la estadística, y el
problema del texto. El problema de encarnar el texto. Los límites de
esta encarnación. (Una cuestión a tener en cuenta en relación a estas
notas de Bajtín es el hecho señalado por el mismo Bajtín, así como por
Goffman, de que un texto es sólo la "punta del iceberg" por así decirlo
de la situación comunicativa que encarna—que está constituida por el
diálogo global intertextual o contextual en el que se sitúan los
textos, o también (Goffman) por la situación interaccional en la están
situados los interlocutores, en la que el texto es a menudo sólo una
manera de (re)orientar la atención o de modificar un sentido que ya
está parcialmente presente. En este sentido el texto es un fenómeno
local a contextualizar en una relación interaccional más amplia, aunque
este planteamiento va mucho más allá de estudiar el texto como una
"reacción verbal". Téngase en cuenta además el aspecto de reacción a lo
no dicho o al pensamiento del propio sujeto hablante, según se observa
en la nota 7. La misma cuestión, la naturaleza relacional del texto,
afecta a la manera en que se encarna el texto: un texto cuyo contexto
haya que reconstruir puede ser un texto con presentación, edición
crítica, etc.—el texto sin más es a veces insuficiente expresión "de sí
mismo" o de lo que significaba).
Un acto humano es un texto en potencia, y puede entenderse (en tanto
que acto humano y no en tanto que acción física) únicamente en el
contexto dialógico de su tiempo (como réplica, como posicionamiento
semántico, como sistema de motivos…).
"Todo aquello que es bello y sublime…"—Esto no es una unidad
fraseológica en sentido ordinario, sino un tipo especial de combinación
de palabras tonal o expresiva. (Hay que entender la frase puesta entre
comillas por Bajtín como la parodia de una expresión romántica cursi
desfasada e identificable como tal, "situable" como perteneciente al
discurso del romanticismo, diríamos hoy). Esto representa un estilo,
una visión del mundo, un tipo humano. Rezuma contextos: supone dos
voces, dos sujetos (la persona que hablaría así en serio, y la persona
que la parodia). Tomadas individualmente (al margen de su combinación),
las palabras "bello" y "sublime" pierden su doble voz: la segunda voz
sólo se da en la combinación de las palabras, que se convierte en una
enunciación (es decir, adquiere un sujeto del discurso, sin el cual no
puede haber segunda voz). (¡De hecho no puede haber ni "primera voz"!).
Una palabra puede también adquirir una segunda voz si se convierte en
una enunciación abreviada (es decir, si adquiere un autor). La unidad
fraseológica no es creada por la primera, sino por la segunda voz.
(Disintiendo algo, diríamos que la segunda voz recalca el carácter
fraseológico e identificable de la enunciación "romántica", pero que
dicha fraseología ya estaba, si bien quizá no inmediatamente
perceptible como tal, en la voz del primer sujeto que emplea esa
expresión en serio, sin intención paródica).
La lengua y el discurso, la oración y la enunciación. (Aquí contrapone
Bajtín las dos direcciones posibles antes señaladas en el estudio del
texto: hacia la generalidad abstracta de la lengua, o hacia el acto
concreto y situado de la enunciación. Pensemos en la contraposición
entre dos tipos de análisis de una oración: a los escolares se les
propone que en la oración "Juan entrega el regalo a María", que
analicen quién es el sujeto, cuál el objeto directo, el indirecto, el
predicado… pero en este análisis "lingüístico" nunca se les pide que
identifiquen al hablante, al su interlocutor, etc.—y con razón, pues el
mismo planteamiento clásico del análisis oracional ya está orientado
hacia la lingüística abstracta de la lengua, no hacia el estudio de los
textos como enunciaciones concretas y situadas). El sujeto hablante
(una individualidad "natural" generalizada) y el autor de la
enunciación. (Dos figuras diferenciables: un mismo autor puede hablar
por boca de dos sujetos hablantes, pongamos. A título de comparación,
en la lingüística pragmática de Goffman, éste distingue en la
producción de un discurso al "principal" o productor-promotor del
discurso, al autor efectivo del texto que vehicula ese discurso, y al
animador-locutor encargado de presentar ese texto ante un público. Son
figuras que pueden coincidir o disociarse, según tipos de discurso y
casos concretos). El cambio de sujetos hablantes y el cambio de
hablantes (autores de la enunciación). (No queda muy claro en la
formulación de Bajtín a qué roles goffmanianos se está refiriendo en
concreto con esta diferenciación). La lengua y el discurso pueden ser
idénticos, ya que en el discurso quedan borrados los límites dialógicos
de las enunciaciones. Pero la lengua y la comunicación discursiva (en
tanto que intercambio dialógico de enunciaciones) nunca pueden ser
idénticas. Dos o más oraciones pueden ser absolutamente idénticas
(cuando se superponen, como dos figuras geométricas, coinciden);
además, debemos admitir que cualquier oración, incluso una compleja, en
el flujo ilimitado del habla puede repetirse un número ilimitado de
veces con una forma totalmente idéntica. Pero en tanto que enunciación
(o parte de una enunciación) ninguna oración, aunque sólo tenga una
palabra, puede jamás repetirse: siempre es una nueva enunciación (aun
si es una cita). (Es decir, la lingüística de la lengua estudia
ciertas propiedades formales o "geométricas" del lenguaje; la
lingüística de la enunciación o del discurso estudia el uso
contextualizado de esas formas lingüísticas, y los contextos nunca son
enteramente idénticos, aunque también hay que tener en cuenta que hay
una gramática de los contextos).
Surge la cuestión de si la ciencia puede tratar con fenómenos
individuales tan irrepetibles como son las enunciaciones, o si se
encuentran más allá de los ímites de la cognición científica
generalizable. (Aquí recuerda la formulación de Bajtín a ese principio
aristotélico que dice que no hay ciencia, o regla, para las
excepciones, o para los fenómenos únicos, pues la ciencia se basa en
generalizaciones o universales). Y la respuesta es, naturalmente, que
sí puede. En primer lugar, cada ciencia parte de fenómenos únicos
irrepetibles, y la ciencia continúa ligada a ellos en todo su
recorrido. En segundo lugar, la ciencia, y sobre todo la filosofía,
puede y debe estudiar la forma y función específicas de esa
individualidad. Es necesario tener claramente presente un correctivo
constante a la pretensión de que el análisis abstracto (la lingüística,
por ejemplo) ha agotado completamente la enunciación concreta. El
estudio de los tipos y formas de relaciones dialógicas entre las
enunciaciones y sus formas tipológicas (factores de las enunciaciones).
(Aquí parece proponer Bajtín una hermenéutica de la ciencia que
investigue la relación entre el caso individual o fenómeno único, y la
ley que se utiliza para explicarlo. Así como un gradación de leyes
detrás de la ley—como podría ser en lingüística la teoría de los actos
de habla, todavía abstracta, pero que sin embargo ya está atenta a
tipos concretos de enunciación contextualizada y de posibles funciones
generalizables de las enunciaciones). Estudio de los aspectos
extralingüísticos y a la vez extrasemánticos (artísticos, científicos,
y demás) de la enunciación. Todo el ámbito que se halla entre el
análisis lingüístico y el puramente semántico. Este ámbito está
desaparecido para la ciencia.
Una oración se puede repetir en el seno de una misma enunciación
(repetición no arbitraria, autocita), pero cada repetición la convierte
en una nueva parte de la enunciación, puesto que su posición y su
función en el conjunto de la enunciación ha cambiado.
La enunciación en su conjunto está conformada como tal por aspectos
extralingüísticos (dialógicos), y también está en relación con otras
enunciaciones. Estos aspectos extralingüísticos (dialógicos) también
permean la enunciación desde dentro.
Las expresiones generalizadas del hablante en el lenguaje (nombres
propios, formas personales de los verbos, formas gramaticales y léxicas
de la expresión de la modalidad, y expresiones de la actitud del
hablante hacia su discurso) y el sujeto del discurso. El autor de la
enunciación. (Parece aquí que vuelve a aludir Bajtín a la
diferenciación posible entre estas dos figuras—a saber, que, como decía
Barthes, quien narra no es quien escribe, y quien escribe no es quien
"es". El enunciador es un rol textual, una construcción lingüística que
puede ser instrumentalizada).
Desde el punto de vista de los propósitos extralingüísticos de la
enunciación, todo lo lingüístico es sólo un medio para un fin. (Téngase
aquí en cuenta lo antes dicho sobre la pragmática de Goffman—o, en otra
línea de reflexión, el asentamiento del lenguaje en el mundo tal como
lo describe Merleau-Ponty, quien habla del "silencio" sobre el cual se
asienta el lenguaje—un silencio significativo, naturalmente).
El problema del autor y de las formas en que se expresa en una obra.
¿En qué medida puede uno hablar de la "imagen" del autor? (Tengamos en
cuenta a propósito de esto, y de lo que sigue, algo que a veces se
olvida: que Bajtín no ha leído The Rhetoric of Fiction de Wayne Booth
ni Der Implizite Leser de Wolfgang Iser. Aquí está apuntando a
cuestiones que son tratadas en mucho más detalle en la obra de todos
quienes han teorizado sobre el autor implícito, frente al narrador.
Véanse también los desarrollos sutiles que sobre estas cuestiones
ofrecen libros como La Figure de l'Auteur de Maurice Couturier, o The
Magician's Doubts de Michael Wood).
Encontramos al autor (lo percibimos, comprendemos, lo notamos y lo
sentimos) en cualquier obra de arte. Por ejemplo, en una pintura
siempre notamos a su autor (al artista) pero nunca lo vemos de la
manera en que vemos a las imágenes que ha representado. Lo notamos en
todo como un puro origen de la representación (sujeto representador),
pero no como una imagen representada (visible). Incluso en un
autorretrato, por supuesto, vemos no a su autor representador, sino
únicamente la representación hecha por el artista. Estrictamente
hablando, la imagen del autor es una contradictio in adjecto. La
llamada imagen del autor es, ciertamente, un tipo especial de imagen,
diferente de las otras imágenes de la obra, pero es una imagen y tiene
a su propio autor que la ha creado. La imagen del narrador en un relato
es diferente del yo, de la imagen del protagonista de una obra
autobiográfica (aubiografía, confesiones, diarios, memorias y demás),
del héroe autobiográfico, el héroe lírico, etc. Todos se miden y se
definen por su relación con el autor como persona (en tanto que es un
objeto de representación determinado), pero todos son imágenes
representadas que tienen sus autores, son vehículos del origen
puramente representacional. Podemos hablar de un autor puro en tanto
que diferente de un autor parcialmente representado, designado, que
entra a formar parte de la obra como uno de sus elementos. (Por
ejemplo, lo que en narratología se llama la diferencia entre el autor
implícito y el narrador autorial).
El problema del autor de la enunciación más corriente, estándar y
cotidiana. Podeos crear una imagen de cualquier hablante, podemos
percibir objetivamente cualquier obra o cualquier discurso, pero esta
imagen objetiva no entra en la intención o proyecto del hablante mismo,
y no es creada por él en tanto que autor de la enunciación. (Aquí
alude Bajtín a la cuestión de la especificidad de la enunciación
literaria: una modalidad enunciativa que conlleva el juego con la
persona enunciativa, la creación de una persona enunciativa
diferenciada del "autor" mismo en tanto que hablante. Habría que
matizar que tanto en la vida como en la literatura sí estamos
constantemente jugando con la diferencia entre el sujeto virtual de la
enunciación y el sujeto real efectivo presente ante nosotros por
ejemplo en la interacción conversacional cotidiana. Sea como sea, la
construcción de figuras enunciativas está sujeta a debate, a
reconstrucción por parte del interlocutor; y de la misma manera podemos
señalar que el "autor implícito" proyectado como objeto estético o como
parte de la obra por un escritor no es exactamente el mismo que el
autor implícito reconstruido por un lector concreto).
Esto no significa que no haya caminos que lleven desde el autor puro al
autor como persona—existen, naturalmente, y existen en el núcleo mismo,
en la profundidad misma del ser humano. Pero este núcleo no puede nunca
convertirse en una de las imágenes de la obra misma. La imagen está en
la obra en conjunto, y en grado sumo, pero este núcleo no puede nunca
volverse una parte constitutiva figurada (objetiva) de la obra. (Parece
referirse Bajtín al hecho de que la imagen del autor se extrae del
conjunto de la obra, y no de un elemento compositivo concreto de
ella—aun si ese elemento es, deliberadamente, una imagen del autor. Y
esto es así, en parte, porque la figura del autor extraída a partir de
la obra es históricamente variable, percibida de manera distinta según
cuál sea el punto de vista desde el que se contempla a distancia). Esto
no es natura creata (naturaleza creada) ni natura naturata et creans
(naturaleza engendrada y creadora) sino una pura natura creans et non
creata (naturaleza creadora y no creada).
¿En qué medida son posibles en la literatura las palabras puras, sin
objeto y de voz única? ¿Es posible que se vuelva material para la
construcción de una obra literaria una palabra en la que el autor no
oiga la voz de otro, que incluya únicamente al autor y al autor
completo? ¿No será necesaria una cierta medida de no literalidad como
condición para cualquier estilo? ¿no está el autor siempre fuera del
lenguaje en tanto que material para la obra de arte? ¿No es cualquier
escritor (incluso el poeta lírico puro) siempre un "dramaturgo" en el
sentido de que dirige todas las palabras hacia las voces de otros,
incluyendo hacia la imagen del autor (y hacia otras máscaras del
autor)? Quizá toda palabra literal, en la que haya una sola voz,
es ingenua e inadecuada para la auténtica creatividad. Cualquier voz
que sea verdaderamente creativa no puede ser sino la segunda voz del
discurso. Sólo la segunda voz—la pura relación—puede ser completamente
carente de objeto y no proyectar una sombra de la figura, una sombra
sustancial. El escritor es una persona que es capaz de trabajar en un
lenguaje a la vez que está fuera del lenguaje, alguien que tiene el don
de hablar indirectamente. (Estas reflexiones de Bajtín parecen
sugerentes para definir el drama y la ficción narrativa, o incluso la
lírica—toda literatura en la que entre un elemento de ficcionalización
de la voz o del hablante. Pero no parecen tan adecuadas para géneros
ensayísticos o filosóficos, que sin embargo no son menos creativos).
Expresarse uno mismo significa convertirse en un objeto para otro y
para uno mismo ("la actualización de la consciencia"). Este es el
primer paso de la objetivación Pero también es posible reflejar nuestra
actitud hacia nosotros mismos en tanto que objetos (segundo paso de la
objetivación). En este caso, nuestro propio discurso se convierte en un
objeto y adquiere una segunda voz, la suya propia. Pero esta segunda
voz ya no proyecta (de por sí) una sombra, puesto que expresa una
relación pura y toda la carne objetivadora, materializadora, de la
palabra, queda atribuida a la primera voz. (Aunque aquí se juntan
diversas cuestiones, una de las cosas que parece sugerir Bajtín que la
voz del personaje de ficción, del personaje dramático, o del
narrador ficticio, queda desligada de la voz del autor. Esto no es así,
sin embargo, puesto que la palabra del personaje está enraizada en la
palabra del autor y tiene un grado mayor o menor de valoración
implícita; no es una voz que se vuelva independiente, sino más
dependiente y condicionada aún que la primera voz —más que la expresión
no ficcional del autor—en tanto que presenta una estructuración
enunciativa más compleja).
Expresamos nuestra relación con la persona que hablaría de esa manera.
En el habla cotidiana esto se expresa con una entonación ligeramente
humorística o irónica (el Karenin de León Tolstoi), una entonación que
expresa sorpresa, incomprensión, interrogación, duda, afirmación,
refutación, indignación, admiración, etcétera. Este es el fenómeno
bastante primitivo y muy corriente de doble vocalidad en la
comunicación hablada cotidiana, en diálogos y en debates sobre
cuestiones científicas y otras cuestiones ideológicas. (Como vemos,
Bajtín no considera que el estilo indirecto libre sea un fenómeno
exclusivamente literario, sino que tiene su germen en este dialogismo
cotidiano, la cita con "acento" o entonación valorativa de las palabras
de otro hablante). Este es un tipo doble vocalidad bastante tosco y
menos generalizador, que con frecuencia es directamente personal: las
palabras de uno de los hablantes presentes se repiten con acentos
exagerados. Hay diversos tipos de estilización paródica que representan
la misma forma tosca y menos generalizadora. La voz del otro es
limitada, pasiva, y no hay profundidad ni productividad (creativa,
enriquecedora) en las interrelaciones que se dan entre las voces. En la
literatura, caracteres positivos y negativos.
Una doble vocalidad literal y, podríamos decir, física, se manifiesta en todas estas formas.
La situación es más compleja cuando se trata de la voz del autor en el
drama, donde, según toda apariencia, no aparece en el discurso. (Por
así decirlo, porque evidentemente todo el drama es la voz del autor
recreando la voz de los personajes, y esto se reconoce de modo
intuitivo cuando decimos que es una obra de tal autor—podríamos decir
que es la convención básica del género, y sólo en ese sentido tan
evidente puede decirse que "no aparece" la voz del autor. Lo mismo
puede decirse de las novelas con narrador ficticio, en las que la voz
narrativa es "dramática" y se presenta como explícitamente desligada de
una voz narrativa autorial).
Ver y comprender al autor de una obra significa ver y comprender a una
consciencia que es otra, ajena, y a su mundo, es decir, a otro sujeto
("Du"). (Aquí la palabra alemana parece remitir a los estudios de
Martin Buber sobre la alteridad y la comunicación intersubjetiva, quizá
en concreto a Ich und Du, Berlín, Schocken, 1922). En la explicación
sólo hay una consciencia, un sujeto; en la comprensión hay dos
consciencias y dos sujetos. No puede haber relación dialógica con un
objeto, y por tanto la explicación no tiene aspectos dialógicos
(excepto los retóricos y formales). La comprensión siempre es dialógica
en alguna medida. (Quizá la cuestión de "en qué medida" no deba
perderse de vista. En efecto, la comprensión del punto de vista del
otro requiere ponerse en su lugar, pero también hay en la
interpretación de las acciones de los otros seres humanos una dimensión
de explicación, en la medida en que vemos sus acciones determinadas por
una naturaleza determinada, de su carácter, o de las fuerzas que los
impelen, y comprensibles por relación a esas fuerzas que van más allá
de la intención del otro en el sentido de que la constituyen. La
dicotomía que establece aquí Bajtín es en parte coincidente con la
oposición entre la hermenéutica de la comprensión y la hermenéutica de
la sospecha comentada por Ricœur, o con la diferencia entre la "crítica
acrítica" que acepta la posición del otro, y la "crítica crítica" que
la desconstruye o se opone a ella. En última instancia es la crítica
crítica, o la hermenéutica de la sospecha, la que explica de manera más
comprensiva la subjetividad ajena, pues incluye a la comprensión como
uno de sus momentos, mientras que la comprensión no incluye
necesariamente la desconstrucción de los motivos del otro).
Los diversos tipos y formas de la comprensión. La comprensión del
lenguaje de signos, es decir, la comprensión (dominio) de un sistema de
signos específico (por ejemplo un idioma concreto). La comprensión de
una obra en un idioma ya conocido, es decir, ya comprendido. La
ausencia, en la práctica, de distinciones tajantes , y las transiciones
entre un tipo de comprensión y otro.
¿Puede decirse que la comprensión de un lenguaje como sistema es
carente de objeto y está completamente desprovista de aspectos
dialógicos? ¿En qué medida puede hablarse del tema de un lenguaje como
de un sistema? Descifrar un lenguaje desconocido: intercambiando
posibles hablantes indeterminados, construyendo enunciaciones posibles
en un lenguaje dado.
Comprender cualquier obra en un lenguaje conocido (aunque sea nuestra
lengua materna sin más) siempre enriquece además nuestro conocimiento
del lenguaje en cuestión en tanto que sistema.
De la temática de un idioma a las temáticas de las obras literarias.
Varias etapas transicionales. (La noción de "temática de un idioma" no
es muy adecuada—quizá pueda entenderse como los discursos vehiculados a
través de un idioma, o las interacciones culturales más típicas de un
idioma, en un momento dado… pero es una noción demasiado vaga para
poderla acotar de manera útil). Las temáticas de los estilos
lingüísticos (del burócrata, del mercader, del académico, etc.). (Esta
cuestión de los discursos sociales la trata Bajtín más por extenso en
The Dialogic Imagination). Las máscaras del autor (las imágenes del
autor) y el autor mismo.
La imagen socioestilística del pobre contable, del consejero titular
(Devushkin, por ejemplo).10 Ese tipo de imagen, aunque se produce por
métodos de autorrevelación, se produce como un él (una tercera persona)
y no como un tu. Queda objetificado y paradigmático. No hay relaciones
auténticamente dialógicas con él. (Quizá podríamos decir, con E.
M. Forster, que estos personajes son "personajes planos", concebidos
como tipos o caricaturas, y no con la complejidad de un personaje
"redondo", menos instrumentalizado para una función única o un rol
único).
Acercar los medios de representación al objeto representado como señal
de realismo (autodescripción, voces, estilos sociales; no descripción,
sino cita de los protagonistas como personajes que hablan). (Aquí
podríamos remitir a los extensos debates de la crítica formalista y
estructuralista sobre la contraposición entre "decir" y "mostrar",
showing/telling— por ejemplo en The Craft of Fiction de Percy Lubbock,
The Rhetoric of Fiction de Wayne Booth, o "Discours du récit" de Gérard
Genette. Es lo que a veces se denomina "modo" del relato, Ver por ej.
mi artículo "El modo del género narrativo: Diversas interpretaciones")
Los elementos objetivos y puramente funcionales de cualquier estilo.
El problema de comprender la enunciación. Para entender, es necesario
ante todo establecer los límites principales y bien definidos de la
enunciación. La alternancia de temas del discurso. La capacidad de
determinar la respuesta. La inherente tendencia a la respuesta
manifestada en toda comprensión ("Kannitverstan").11
Cuando hay una multiplicidad deliberada (consciente) de estilos ,
siempre hay relaciones dialógicas entre los estilos.12 No se pueden
entender estas interrelaciones de manera puramente lingüística (ni
mecánica). (Aquí apunta Bajtín a un enfoque más integral del estilo, un
enfoque no reducible a un método predeterminado. Es un tipo de crítica
a los métodos que recuerda en parte al razonamiento de Feyerabend en
Contra el método).
Una descripción y definición puramente lingüística (y puramente
discreta) de varios estilos en el seno de una única obra no puede
revelar sus interrelaciones semánticas (incluyendo las artísticas). Es
importante comprender el sentido total de este diálogo de estilos desde
el punto de vista del autor (no como una imagen, sino como una
función). Y cuando uno habla de acercar el medio de representación a la
cosa representada, uno entiende que la cosa representada es el objeto y
no otro sujeto (un tú).
La representación de una cosa frente a la representación de una persona
(el hablante y su esencia). El realismo con frecuencia reifica al
hombre, pero esto no es una manera adecuada de representarlo. El
naturalismo, con su tendencia a la explicación causal de los actos y de
los pensamientos del ser humano (su posicón semántica en el mundo)
reifica al hombre todavía más. El enfoque "inductivo", que se supone es
inherente al realismo, es, en esencia, una explicación causal que
reifica al hombre. Las voces (en el sentido de estilos sociales
reificados) se transforman así en meros signos de las cosas (o síntomas
de procesos); ya no es posible responder a ellas, ya no se puede
polemizar con ellas, y se desvanecesn las relaciones dialógicas con
este tipo de voces.
Los grados de objetificación y de subjetivización de los personajes
representados (la naturaleza dialógica de las relaciones que tiene el
autor con ellos) varían drásticamente en literatura. A este respecto,
la imagen de Devushkin difiere en principio de las imágenes
objetificadas de oficinistas pobres en otros autores. Y está
polémicamente contrapuesto a esstas otras imágenes, en las que no hay
un tú auténticamente
dialógico. Las novelas comúnmente presentan argumentaciones
completamente definitivas resumidas desde la posición del autor (eso
cuando hay algún tipo de argumentaciones). La obra de Dostoyevski
contiene transcripciones de argumentaciones inacabadas e inacabables.
Pero cualquier novela está por lo general llena de connotaciones
dialógicas (no siempre con sus protagonistas, claro). Tras Dostoyevski,
la polifonía irrumpe con ímpetu en toda la literatura mundial.
Con respecto a una persona, el amor, el odio, la compasión, la ternura
y las emociones en general siempre son dialógicas en alguna
medida. (Hay pues un continuo
entre empatía y dialogismo—la conceptualización del dialogismo de
Bajtín no es sólo intelectual o argumental, sino también emocional).
En su tratamiento dialógico (en lo que respecta a la
subjetificación de sus protagonistas), Dostoyevski cruza un cierto
umbral, y su tratamiento dialógico adquiere una nueva cualidad (más
elevada).
La objetificación de la imagen del hombre no es una pura
sustancialidad. Puede amársele, compadecerse de él, etc., pero lo
principal es que se le puede (y se le debe) comprender. En la
literatura artística (como en el arte en general) hay un hálito de
sujetificación que se deposita incluso sobre las cosas inanimadas
(correlacionadas con el hombre).
El habla entendida de manera orientada hacia el objeto (y esa habla
requiere necesariamente una comprensión, pues si no no sería habla,
pero en esta comprensión se debilita el aspecto dialógico) puede
incluirse en una cadena de explicaciones causales. El lenguaje literal
(puramente semántico, funcional) se mantiene en un diálogo referencial
de final abierto (por ej. la investigación científica).
Una yuxtaposición de enunciaciones-demostraciones en física. (Apunta
aquí a Bajtín a la ciencia como una "conversación", podríamos decir, un
discurso ordenado lógicamente en el que cada intervención tiene en
cuenta intervenciones precedentes, responde a ellas ordenadamente, y es
por tanto un discurso interentemente dialógico. Lo mismo puede decirse,
por supuesto, de la conversación crítica en torno a una obra literaria
u otro objeto cultural— ver un desarrollo de de este razonamiento en mi
artículo "Tematización retroactiva, interacción e interpretación", en español en Hans-Georg Gadamer: Ontología estética y hermenéutica, ed. Teresa Oñate y Zubía, Cristina García Santos and Miguel Ángel Quintana Paz, Madrid: Dykinson, 2005).
El texto como reflejo subjetivo del mundo objetivo: el texto es
una expresión de la consciencia, algo que refleja. Cuando el texto se
convierte en objeto de nuestra cognición, podemos hablar del reflejo de
un reflejo. La comprensión del texto es el correcto reflejo de un
reflejo. A través del reflejo en otra persona, al objeto reflejado. (Aquí
hay un problema en cuanto que la comprensión adecuada no es sólo la
comprensión de lo reflejado, sino de la distorsión efectuada durante el
proceso de reflexión—una refracción, podríamos decir. A una teorización
de esta refracción dedico el artículo mencionado antes, "Retroactive Thematization").
Ningún fenómeno natural tiene "significado"; sólo los signos
(incluyendo las palabras) tienen significado. Por lo tanto, cualquier
estudio de los signos, independientemente de las diferentes direcciones
que pueda tomar luego, empieza por necesidad con con la comprensión. (Aquí
hay que recordar, empero, que muchos signos son fenómenos
"naturales"—que de hecho todos lo son, en el sentido amplio del término
"natural", incluyendo el lenguaje. Pero algunos signos son naturales en
sentido más estricto, en el sentido de que son ajenos al mundo
humano. La semiosis de la comunicación animal es todo un mundo en
este sentido. Otros signos son fenómenos producidos por el mundo
"natural" que son interpretados o resignificados por la comunicación
humana—por ejemplo, como indicios de algo. En suma, que en lugar de una
diferencia tajante entre lo semiótico y lo no semiótico, que parecería
sugerir la exposición de Bajtín en este punto, hay más bien una
continuidad y transición gradual de lo no semiótico a formas semióticas
primitivas y a otras complejas. Ver por ejemplo mi artículo Interacción internalizada: El desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico).
El texto es el dato primario (la realidad) y el punto de partida
para cualquier disciplina de las ciencias humanas. Es la agregación de
diferentes tipos de conocimiento y métodos llamados filología,
lingüística, estudios literarios, estudios científicos, etc. A partir
del texto, se separan en direcciones distintas, captan fragmentos
diversos de la naturaleza, de la vida social, estados mentales, e
historia, y los combinan—a veces con lazos causales, a veces
semánticos, y entremezclan aseveraciones con evaluaciones. A partir de
las indicaciones del objeto real, uno debe proceder a delimitar
claramente los objetos de la investigación científica. El objeto real
es el hombre social (público), que habla y se expresa por otros medios.
¿Es posible acaso encontrar otra perspectiva sobre él y su vida
(trabajo, esfuerzo, etc.) que no sea a través del texto significativo
que ha creado o está creando? (Observemos
que aquí Bajtín está al menos implícita o potencialmente incluyendo en
el concepto de texto no sólo todo tipo de objetos culturales
artificiales, sino también las acciones, los gestos, la organización
social e instituciones, la apariencia física y otros aspectos legibles
aunque no necesariamente intencionales ni comunicativos de la realidad
humana.... una noción de texto quizá demasiado extensa para la
teorización explícita que le acompaña). ¿Es posible observarlo
y estudiarlo como un fenómeno natural, como una cosa? La acción física
del hombre debería entenderse como un acto, pero es imposible
comprender el acto al margen de su expresión significativa potencial
(es decir, recreada por nosotros)—motivos, objetivos, estímulos, grado
de consciencia, etc.). (Aquí retoma
Bajtín una preocupación con el análisis de la acción que se encuentra
ya en su ensayo de hacia 1920 "K filosofi postupka", publicado en Filosofiia i sotsiologiia nauki i tekhniki (1984-85). Moscú: Nauka, 1986). Es
como si estuviésemos haciendo que el hombre hablase (reconstruimos sus
testimonios importantes, sus explicaciones, confesiones, admisiones, y
completamos el desarrollo de un discurso interno posible o efectivo, y
así sucesivamente). Por todas partes está el texto efectivo o
potencial, y su comprensión. La investigación se vuelve interrogación y
conversación, es decir, diálogo. No dirigimos preguntas a la naturaleza
y no nos contesta. Nos hacemos preguntas a nosotros mismos y
organizamos la observación y el experimento de modo tal que obtengamos
una respuesta. Al estudiar el hombre, buscamos y encontramos signos por
todas partes, e intentamos captar su significado. (A
lo cual poco puede objetarse, a no ser lo siguiente: que la
investigación de la naturaleza también es dialógica e interrogativa, y
también conlleva un diálogo. Más indirecto o metafórico es el diálogo
con la naturaleza, pero más directo y efectivo en el seno de la propia
institución o disciplina que reúne en un discurso común, o parcialmente
común, a los investigadores).
Nos interesan ante todo las formas concretas de los textos, y
las condiciones concretas de la vida de los texto, sus interrelaciones,
y sus interacciones.
Las relaciones dialógicas entre enunciaciones que también permean desde
dentro las enunciaciones individuales caen en el ámbito de la
metalingüística. (Creo que hay que
entender en este término de Bajtín no una "lingüística sobre la
lingüística", sino más bien una "lingüística más allá de la
lingüística"—es decir, la lingüística del discurso o la pragmática
textual que está articulando aquí). Difieren radicalmente de
todas las posibles relaciones lingüísticas entre elementos, tanto del
sistema lingüístico como de la enunciación individual.
La naturaleza metalingüística de la enunciación (de la producción del habla). (Aquí
como en otros lugares, Bajtín está intentando formular la noción de una
pragmalingüística del discurso, que entienda a los textos como parte de
un proceso comunicativo interactivo, una forma de 'hacer cosas con los
textos').
Los lazos semánticos en el interior de una única enunciación (aunque
potencialmente infinitos, por ejemplo en el sistema de la ciencia) son
referencialmente lógicos (en sentido amplio), pero los lazos semánticos
entre varias enunciaciones se vuelven dialógicos (o, al menos,
adquieren una coloración dialógica). Las ideas se distribuyen entre
varias voces. Importancia excepcional de la voz, de la personalidad.
Los elementos lingüísticos son neutrales con respecto a esta división
en enunciaciones; se mueven libremente sin reconocer los límites de la
enunciación, sin reconocer (sin respetar) la soberanía de las voces.
Pero ¿cómo se determinan los límites firmes de la enunciación? Mediante fuerzas metalingüísticas. (Hoy diríamos quizá: a nivel pragmático).
Las enunciaciones extraliterarias y sus delimitaciones
(respuestas, cartas, diarios, lenguaje interior, y demás) se
transfieren a una obra literaria (por ejemplo, a una novela). Aquí su
sentido total cambia. Caen sobre ellas los ecos de otras voces, y la
misma voz del autor las penetra.
Dos enunciaciones yuxtapuestas pertenecientes a personas diferentes que
no saben nada una de otra, con sólo que converjan ligeramente sobre un
único tema (idea) inevitablemente entran en relaciones dialógicas
mutuas. Entran en contacto una con otra en el territorio de un tema
común, una idea común. (Esta
noción de Bajtín propone una expansión interesante del concepto de
intertextualidad. Ahora bien, podría resultar de por sí un tanto
idealista, pues ¿en qué terreno, en qué empíreo se encuentran dos
enunciaciones que no saben nada una de otra? La respuesta no idealista
ha de ser obvia: en el discurso de un tercero. Donde Bajtín presenta
dos enunciaciones, debemos tener en cuenta tres enunciaciones —y si no,
al menos, un proceso mental o "enunciación interna" de alguien que
conozca y compare esas dos enunciaciones previas. El análisis de esta
triangulación puede verse más desarrollado en mi artículo sobre la espiral hermenéutica.
La relación entre las dos enunciaciones puede ser más o menos evidente
u obvia, en cuyo caso el Tercero se limita a constatar un terreno
común. O bien el trabajo del Tercero puede consistir en descubrir un
terreno común allí donde no parecía haberlo—en cuyo caso hablaremos de
fusión conceptual, de congruencia, de consiliencia incluso... Sobre el
ingenio como relación entre fenómenos ocultamente conexos, ver mi nota Conectando con Heráclito el Oscuro).
La epigrafía. El problema de los géneros de las inscripciones
antiguas. El autor y el destinatario de las inscripciones. Patrones
obligatorios. Las inscripciones funerarias ("Alegraos"). Los difuntos
dirigiéndose a los vivos que pasan. Formas estandarizadas obligatorias
para evocaciones, encantamientos, oraciones, etcétera. Las formas de
los elogios y de la gran alabanza. Formas de insultos y de lenguaje
obsceno (rituales). El problema de la relación de la palabra con el
pensamiento, y de la palabra con el deseo, la voluntad, la exigencia.
Ideas sobre el carácter mágico del la palabra. La palabra como acción (Pensemos en J. L. Austin, y su How to Do Things with Words, libro en el que se tratan algunas dimensiones de lo que Bajtín denomina 'translingüística'). La
inversión radical que se da en la historia de la palabra cuando se
convirtió en expresión y en información pura, sin acción (la función
comunicativa). El sentido de lo propio y de lo ajeno en la palabra. Más
adelante, el origen de la consciencia autorial.
El autor de una obra literaria (una novela) crea una obra lingüística
unificada y entera (una enunciación). Pero la crea a partir de
enunciaciones heterogéneas, ajenas o extrañas, por así decirlo. E
incluso la palabra directa del autor está llena de palabras que
reconocidamente son de otros. El hablar indirecto, una actitud hacia el
propio lenguaje de uno mismo como uno de los lenguajes posibles (y no
el único lenguaje posible, incondicional).
Individuos finalizados, o "cerrados", en la pintura (incluyendo los
retratos). Presentan al hombre exhaustivamente; está ya allí por
completo, y no puede cambiar. Los rostros de las personas que ya han
dicho todo, que ya han muerto (o) bien podrían haber muerto. El artista
concentra su atención sobre los rasgos finalizantes, definitorios, los
que cierran. Vemos todo de ellas y no esperamos nada más (ni nada
diferente). No pueden renacer, rejuvenecer o transformarse—esta es su
fase finalizante (última y definitiva). (Apreciamos
aquí el interés de Bajtín por la apertura, la emergencia, y la
auto-transformación—la posibilidad de un yo fluido y no cerrado, frente
a los caracteres que aparecen en el rostro ya como la caricatura de sí
mismos).
La relación del autor hacia lo que representa siempre entra en la
imagen. La relación del autor es un aspecto constitutivo de la imagen (Como
lo que Wayne Booth llamó el 'autor implícito' en literatura— Bajtín
parece ver una evaluación implícita en toda representación, y un
perspectivismo: no hay representación, palabra, o imagen que sea neutra
y que no retrate también a su autor en cierto modo. Esto, a relacionar
con lo que Jakobson denominaba la función expresiva del signo). Esta
relación es extremadamente compleja. No debe reducirse a una evaluación
directa. Tales evaluaciones destruyen la imagen artística. No se
encuentran ni siquiera en la sátira cuando es de calidad (Gógol,
Shchedrin). Ver algo por primera vez, darse cuenta de algo por primera
vez, ya significa asumir una actitud hacia eso: no existe ni en sí ni
para sí, sino para otro (ya son dos consciencias correlacionadas). La
comprensión es una actitud muy importante (comprender nunca es una
tatología o duplicación, puesto que siempre implica a dos, y a un
tercero potencial). (En términos
estructuralistas, diríamos que la comprensión de algo implica a un
emisor que comprende, a un receptor implícito, a modo de modelo del
antiguo yo que no comprendía y a quien se explica ahora lo que ahora se
comprende—y un tercero, el lector efectivo que recibe el mensaje, ese
mensaje que tiene un lector implícito como una parte de su estructura
retórica, y asume el papel de comprender que de él se espera, o
reacciona de modo imprevisto frente al mensaje recibido). La condición de no ser oído y no ser comprendido (ver Thomas Mann).13
"No sé", y "Era así, pero a mí qué más me daba", son actitudes
importantes. La destrucción de las evaluaciones directas que se agregan
al objeto y la destrucción de las actitudes generalmente crea una
actitud nueva. Una clase especial de actitudes emocionales-evaluativas.
Su diversidad y complejidad.
El autor no puede separarse de las imágenes y caracteres, ya que entra
dentro de estas imágenes como una parte indispensable de las mismas
(las imágenes son duales, y a veces tienen dos voces). Pero la imagen
del autor puede separarse de las imágenes de los personajes. Esta misma
imagen, empero, es creada por el autor y por tanto es también dual. Con
frecuencia sucede como si las imágenes de los caracteres hubiesen sido
reemplazadas por personas vivas.
Los diversos planos semánticos en los que se ubican el discurso de los
personajes, y el discurso del autor. Los caracteres hablan como
participantes en la vida que se representa, por así decirlo, desde
posiciones privadas. Sus puntos de vista están limitados de una manera
u otra (saben menos de lo que sabe el autor). El autor está fuera del
mundo representado (y en cierto modo creado) por él. Interpreta todo
este mundo desde posiciones superiores y cualitativamente distintas.
Por último, todos los personajes y su discurso son objetos de una
actitud autorial (y de un discurso autorial). Pero los planos del
discurso de los caracteres y el del discurso autorial pueden tener una
intersección, es decir, son posibles las relaciones dialógicas entre
ellos. En Dostoyevski, donde los personajes son ideólogos, el autor y
este tipo de personajes (los pensadores-ideólogos) terminan en el mismo
plano. Los contextos dialógicos y las situaciones de los discursos de
los personajes difieren esencialmente de los del discurso del autor. El
discurso de los personajes participa en los diálogos representados en
el interior de la obra y no entra directamente en el diálogo ideológico
de la contemporaneidad, es decir, en la auténtica comunicación
lingüística en la que participa la obra en su conjunto y en la cual es
comunicada (participan en ella sólo como partes de ese todo). Sin
embargo el autor ocupa una posición precisamente en este diálogo
auténtico, y es definido por la situación real del día. A diferencia
del autor real, la imagen creada del autor carece de esa participación
directa en el diálogo real (participa en ella sólo a través de la obra
completa), pero puede participar en el argumento de la obra y entrar en
un diálogo representado con los personajes (la conversación entre el
"autor" y Onegin). El discurso del autor representador (el autor real),
si existe, es un discurso de un tipo fundamentalmente diferente, que no
puede existir en el mismo plano que el discurso de los personajes. Esto
es precisamente lo que determina la unidad última de la obra, y su
presencia semántica última, por así decirlo, su palabra final. (Una
vez más, aparece en Bajtín la noción de la obra como macro-acto de
habla, o de discurso, del autor, compuesto por una jerarquía estética
de actos de habla de los personajes, de los narradores, y del autor
implícito).
Las imágenes del autor y las imágenes de los personajes vienen
determinadas, según V. V. Vinogradov, por estilos lingüísticos, y sus
diferencias se reducen a diferencias en lenguajes y en estilos, es
decir, a diferencias puramente lingüísticas. Vinogradov no revela las interrelaciones no lingüísticas entre
ellos. Pero, después de todos, estas imágenes (estilos lingüísticos)
que hay en una obra no se encuentran una al lado de la otra como datos
lingüísticos; entran aquí en un complejo especial de relaciones
semánticas dinámicas. Este tipo de relaciones pueden definirse como
relaciones dialógicas. Las relaciones dialógicas
tienen una naturaleza específica: pno se pueden reducir ni a las
puramente lógicas (aunque sean dialécticas) ni a las puramente
lingüísticas (sintáctico-composicionales). Son posibles únicamente
entre enunciaciones completas de varios sujetos hablantes (el diálogo
con uno mismo es secundario, y en la mayoría de los casos ya
efectuado). No nos ocupamos aquí del origen del término "diálogo"
(véase Hirzel).14
Donde no hay palabra ni lenguaje, no puede haber relaciones dialógicas;
no pueden existir entre objetos ni cantidades lógicas (conceptos,
juicios, y demás). Las relaciones dialógicas presuponen un lenguaje,
pero no residen en el sistema del lenguaje. Son imposibles entre
elementos de un lenguaje. La naturaleza especial de las relaciones
dialógicas requiere un estudio especial. (Lo
que parece requerirse es una interacción comunicativa, una
intencionalidad, y un empleo acorde del lenguaje, subordinado a esta
intencionalidad. Podríamos intentar determinar, por ejemplo, si las
relaciones comunicativas entre animales, o de las madres con los bebés
antes de la adquisición del habla, tienen una dimensión dialógica, o
pre-dialógica). La concepción estrecha del diálogo como una de las formas
compositivas del habla (habla monológica y dialógica). Podría decirse
que cada réplica en sí y de por sí es monológica (el monólogo
absolutamente mínimo) y que cada monólogo es una réplica proviniente de
un diálogo más amplio (la comunicación lingüística de determinada
esfera). El monólogo como habla que no va dirigida a nadie y no
presupone una respuesta. Varios grados de monologismo. (Como
se ve, Bajtín está barajando aquí diversas nociones y dimensiones del
dialogismo—en otros sentidos bajtinianos, no es sostenible decir que
una réplica en una conversación no es dialógica, que no va orientada al
otro ni está "poseída desde dentro" por la situación dialógica).
Las relaciones dialógicas son relaciones (semánticas) entre cualquier
enunciación en la comunicación lingüística. Cualquier par de
enunciaciones, si se yuxtaponen en un plano semántico (no como cosas, y
no como ejemplos lingüísticos), terminan en relación dialógica. Pero
ésta es una forma especial de dialogicidad no intencionada (por
ejemplo, la selección de varias enunciaciones de diversos estudiosos o
sabios de distintas épocas sobre una única cuestión). (Habría
que señalar que el dialogismo no es intencional para los autores de
esas enunciaciones, pero sí existe una relación dialógica intencional
establecida por el autor de la selección—el dialogismo es articulado
por la enunciación que recopila esas enunciaciones previas).
"¡Hambre, frío!"— una enunciación de un único sujeto hablante.
"¡Hambre!" — "¡Frío!" —dos enunciaciones dialógicamente
correlacionadas, de dos sujetos diferentes: aquí aparecen relaciones
dialógicas que no existían en el caso anterior. Lo mismo con dos frases
enteras (pensar un ejemplo que venga al caso).
Cuando una enunciación se usa con fines de análisis lingüístico, se
ignora su naturaleza dialógica, se contempla en el seno del sistema del
lenguaje (como actualización del mismo) y no en el ámbito más amplio de
la comunicación lingüística. (Es lo
que sucede con las oraciones de las gramáticas tradicionales, que
tienen "sujeto" o "predicado" pero nunca tienen "enunciador" o
"receptor" —al menos en el análisis que convencionalmente se les
aplica. Ahora bien, se observará que 1) esto no es realmente así, en
otro modelo de análisis ajeno al de la propia gramática; 2) en una
"gramática textual" o una teoría de los actos de habla, pongamos, sí se
tienen en cuenta al menos ciertas dimensiones dialógicas de los
ejemplos utilizados, aun si se hace abstracción de otras; 3) El intento
tener en cuenta la dimensión dialógica de los propios ejemplos nos
embarca en una especie de recursión infinita).
La inmensa diversidad de los géneros del discurso, todavía sin
estudiar: desde las esferas inéditas del habla interior a las obras
artísticas y los tratados científicos. La diversidad de los géneros
callejeros (ver Rabelais), de los géneros íntimos, y demás. En las
diversas épocas, en los diversos géneros, continúa la emergencia del
lenguaje.
El lenguaje y la palabra lo son casi todo en la vida humana. Pero no
hay que pensar que esta realidad multifacética y que todo lo abarca
pueda ser objeto de una única ciencia, la lingüística, o que pueda
comprenderse con métodos únicamente lingüísticos. El objeto de la
lingüística es sólo el material, sólo el medio de la comunicación
lingüística, y no la comunicación lingüística misma, no las
enunciaciones en su esencia, y no las relaciones entre ellas
(dialógicas) ni las formas de comunicación lingüística, ni los géneros
del discurso. (Como vemos, Bajtín
sigue oponiendo la concepción estricta o estrecha de la lingüística a
la nueva translingüística que él está fundando—aunque a la vez deja
traslucir su percepción de que esta translingüística se entremezcla de
manera compleja con los diversos ámbitos de la actividad y de la
comunicación humana, y que tal vez no sea una 'única ciencia' en el
sentido en que pudiera serlo una lingüística formalista o una
gramática—en última instancia, se funde con el estudio de la conciencia
humana y de la comunicación humana en los distintos ámbitos en que ésta
tiene lugar).
La lingüística estuda únicamente las relaciones entre los
elementos del sistema lingüístico, no las relaciones entre las
enunciaciones ni las relaciones de las enunciaciones con la realidad, o
con el hablante (autor). (Lo cual es
una manera a la vez de delimitar el ámbito propio de la lingüística
—tradicional— y de señalar sus insuficiencias)
Con respecto a las enunciaciones reales y a los hablantes
reales, el sistema de una lengua es puramente potencial. Y el
significado de una palabra, en la medida en que es estudiado de modo
puramente lingüístico (semasiología lingüística), viene determinado
únicamente con la ayuda de las otras palabras de la misma lengua (o de
otras lenguas) y por sus relaciones con ellas; adquiere una relación
con un concepto, o con una imagen artística, o con la vida real,
únicamente en el seno de una enunciación y por medio de una
enunciación. Tal es la palabra en tanto que objeto de la lingüística
(pero no la palabra real en tanto que enunciación concreta o parte de
ella, parte y no instrumento). (Una
noción que recuerda la concepción de Schleiermacher: la doble dimensión
de una palabra, en sus relaciones con la actuación enunciativa de un
sujeto, por una parte, y con el sistema lingüístico, por otra. Bajtín
sin duda recibió fuertemente el influjo del pensamiento de
Schleiermacher).
Empezar con el problema de la producción del discurso como la
realidad inicial de la vida del discurso. Desde la réplica cotidiana a
la novela en varios volúmenes o el tratado científico. La interacción
del discurso actúa en varios ámbitos del proceso discursivo. El
"proceso literario", el enfrentamiento de opiniones en la
ciencia, el conflicto ideológico, etc. Dos obras discursivas, dos
enunciaciones, yuxtapuestas, entablan una serie especial de relaciones
que llamamos dialógicas. (Aquí
habría que cuidar de especificar lo siguiente. Una obra o discurso
puede estar respondiendo a otro o refiriéndose a él de alguna manera,
en cuyo caso el primer discurso o la relación dialógica con él es parte
constitutiva del segundo discurso, normalmente parte de su intención
comunicativa. O bien dos discursos mutuamente desconocidos pueden
entrar en esta relación dialógica a través de un tercer discurso, o en
la mente de un lector que sí los conoce a ambos. Son quizá dos casos a
distinguir). La naturaleza especial de estas relaciones. Los
elementos lingüísticos en el sistema de la lengua o en el "texto" (en
sentido estrictamente lingüístico) no pueden entablar relaciones
dialógicas. ¿Pueden las lenguas y los dialectos (territoriales,
sociales), los estilos funcionales del lenguaje (por ejemplo, el habla
familiar cotidiana, el lenguaje científico, etc.) entablar estas
relaciones, es decir, pueden hablar entre sí y demás? Sólo si se adopta
hacia ellos un enfoque no lingüístico, es decir, si se convierten en
una "visión del mundo" (o algún sentido lingüístico o discursivo del
mundo), en un "punto de vista", en "voces sociales", etc.
El artísta efectúa una transformación tal cuando crea enunciaciones
típicas o características de personajes típicos (aun cuando no estén
completamente corporeizados y no sean siquiera nombrados); la
lingüística estética (la escuela de Vossler, y especialmente, al
parecer, la obra más reciente de Spitzer) efectúa una transformación
tal (en un plano un tanto diferente). Con esta clase de transformación,
el lenguaje adquiere un "autor" único, un sujeto hablante, un oyente
colectivo de discursos (un pueblo, una nación, una ocupación, un grupo
social, etc.) Una transformación de este género siempre significa ir más allá de los límitesde la lingúística
(en sentido estricto o exacto). ¿Son apropiadas tales transformaciones?
Sí, son apropiadas, pero sólo en condiciones estrictamente definidas
(por ejemplo, en la literatura, donde con frecuencia, en especial en la
novela, se encuentran diálogos entre "lenguajes" y estilos
lingüísticos), y con una intención metodológica estricta y clara. Tales
transformaciones no son admisibles cuando , por una parte, se declara
que la lengua en tanto que sistema lingüístico es extraideológica (y
también impersonal) o, por otra parte, cuando las características
socio-ideológicas de los los lenguajes y estilos se hacen entrar por la
puerta de atrás (hasta cierto punto en la obra de Viktor Vinogradov).
Esta cuestión es muy compleja e interesante (por ejemplo, en qué medida
puede uno hablar de la temática de un lenguaje, o del sujeto hablante
de un estilo lingüístico, o de la imagen del estudioso que se halla
tras un lenguaje científico, la imagen de un burócrata tras el lenguaje
burocrático, etc.). (La alusión a la
lengua como un sistema extraideológico se refiere a un artículo de
Stalin sobre la cuestión; con "la imagen del burócrata" etc. se refiere
Bajtín al sujeto enunciativo o hablante implícito del discurso
burocrático; evidentemente es un rol políticamente —burocráticamente—
definido, al margen del sujeto individual que lo adopte como parte de
su repertorio lingüístico; es otro aspecto de lo que en literatura se
suele tratar como la diferencia entre "el autor real o histórico" y "el
autor implícito").
La naturaleza única y peculiar de las relaciones dialógicas. El
problema del dialogismo interno. Las costuras de los límites entre
enunciaciones. El problema de la palabra con doble voz. La comprensión
como diálogo. Aquí nos
acercamos a las fronteras de la filosofía del lenguaje y del
pensamiento en las ciencias humanas en general, territorio virgen. (De hecho Bajtín se aproxima a una cuestión tratada por la tradición hermenéutica— Buber, Jaspers, Gadamer, Ricœur o Lévinas). Un nuevo planteamiento del problema de la autoría (el individuo creador).
Lo dado y lo creado
en una enunciación discursiva. Una enunciación no es nunca un mero
reflejo o una expresión de algo ya existente fuera de ella, que sea
dado y final. Siempre crea algo que nunca existió antes, algo
absolutamente nuevo e irrepetible, y, además, siempre tiene alguna
relación con los valores (verdad, bondad, belleza, etc.). Pero algo que
se crea se crea siempre a partir de algo dado (el lenguaje, un fenómeno
observado en la realidad, un sentimiento experimentado, el propio
sujeto hablante, algo finalizado en su visión del mundo, etc.). Lo dado
queda completamente transformado en lo que se ha creado. Análisis de
los diálogos cotidianos más sencillos ("Qué hora es?"—"Las siete"). Uno
tiene que mirar al reloj. La respuesta puede ser verdadera o falsa,
puede ser significativa, etc. ¿En qué zona horaria? La misma pregunta
hecha en el espacio exterior, etc.
Las palabras y las formas como abreviaciones o representantes de la
enunciación, de la visión del mundo, punto de vista, etc., efectivos o
posibles. Las posibilidades y perspectivas insertas en la palabra; son
esencialmente infinitas.
(Aquí habría que distinguir entre la
"visión del mundo" —o ideología— o punto de vista que epitomiza una
palabra, o que por así decirlo "va inserta" en ella, en el uso
deliberado e intencional del hablante, o reconocible generalmente en su
contexto— y por otra parte, el eco asociativo, ideología o contexto que
UN RECEPTORes capaz de
reconocer en la palabra, al margen de los que han sido reconocidos en
ella por anteriores receptores o por el enunciador mismo. En efecto,
las asociaciones que despierta una palabra, si bien tienen sus razones
y su contextualización, han de ser "activadas" o percibidas por una
mente en concreto, o resaltadas en un acto de discurso específico—ya
sea una réplica al pasar, o un análisis del discurso en toda regla).
Las demarcaciones dialógicas se entrecruzan por todo el ámbito
del pensamiento humano viviente. Monologismo del pensamiento en las
ciencias humanas. El lingüista está acostumbrado a percibir todo en un
único contexto cerrado (en el sistema de la lengua o en el texto
lingüísticamente comprendido, que no se percibe como dialógicamente
correlacionado con otro texto que le responde), (—o, relación que es más estrecha, con otro textoAL QUE ÉSTE RESPONDE—), y
en tanto que lingüista, claro, actúa correctamente. Naturaleza
dialógica de nuestro pensamiento sobre obras, teorías, enunciaciones—en
general, de nuestro pensamiento sobre personas.
¿Por qué se acepta (la noción de) el estilo cuasi-directo (es decir, el estilo indirecto libre), mientras que no se acepta comprenderlo como una palabra con dos voces?
Es mucho más fácil estudiar lo dado
en lo que se crea (por ejemplo, la lengua, los elementos prefabricados
y generales de la visión del mundo, los fenómenos de la realidad
reflejados, etc.) que estudiar lo que se crea. Con
frecuencia el conjunto del análisis científico se reduce a revelar todo
lo que ha sido dado de antemano, que ya estaba a mano y prefabricado
antes de que la obra existiera (lo que el artista encuentra y no es
creado por él). Es como si todo lo dado se crease de nuevo en lo que se
ha creado, transformado en ello. (Podemos
entender de este modo diversos tipos de acercamiento a la
intertextualidad: relaciones intertextuales a nivel de materiales
preexistentes, antes de considerar la aportación específica o
intransferible de la obra analizada). Una reducción a lo que
estaba previamente dado y prefabricado. Un objeto está prefabricado, el
medio lingüístico para su representación está prefabricado, el artista
mismo está prefabricado, y su visión del mundo está prefabricada. Y
aquí con medios prefabricados, a la luz de una visión del mundo
prefabricada, el poeta prefabricado refleja un objeto prefabricado.
Pero de hecho el objeto se crea en el proceso de la creatividad, al
igual que el poeta mismo, su visión del mundo y sus medios expresivos.
(Esta noción de la manera en que el
acto creativo rehace al poeta parece heredarla —¡o recrearla!—Bajtín a
partir de Schleiermacher; ver la selección de Hermeneutics (From "The Outline of the 1819 Lectures") en The Norton Anthology of Theory and Criticism, ed. Vincent B. Leitch et al.; New York: Norton, 2001. Habría que añadir, corolario lógico quizá—o dialógico—, y
como herencia de la crítica de la recepción, que si el proceso creativo
supone esa recreación de materiales anteriores, otro tanto supone el
proceso de la recepción o de la interpretación de la obra. Ver a este
respecto mi artículo "Retroactive Thematization, Interaction, and Interpretation: The Hermeneutic Spiral from Schleiermacher to Goffman", que también comenta el caso de Bajtín).
La palabra usada entre comillas, es decir, sentida y usada como
algo ajeno, frente a la misma palabra (u otra palabra) sin comillas.
Gradaciones infinitas en cuanto al grado de ajenidad (o de asimilación)
de las palabras, sus diversas distancias respecto del hablante. Las
palabras se distribuyen sobre varios planos y a distancias variables
del plano de la palabra del autor.
No sólo el estilo cuasi-directo (indirecto libre) sino diversas formas del habla de otros, escondidas, semiescondidas, y difusas, etc. Todo esto no se ha utilizado.16 (En
el sentido de 'ha pasado desapercibido para el análisis'. Cf. las
reflexiones sobre los discursos que contienen una "polémica oculta" en
el ensayo de Bajtín sobre "El discurso en la novela").
Cuando empieza uno a oír voces en las lenguas, las jergas y los
estilos, éstos dejan de sermedios potenciales de expresión y se
convierten en expresión efectiva y realizada; la voz que los ha
dominado ha penetrado en su interior. Se les invoca para que desempeñen
su papel único e irrepetible en la comunicación lingüística (creativa).
Iluminación mutua de las lenguas y estilos. La relación con la cosa y la relación con el significado
encarnado en la obra o en algún otro tipo de material sígnico. La
relación con la cosa (en su pura cosidad) no puede ser dialógica (es
decir, no puede haber conversación, debate, acuerdo, etc.) La relación
con el significado siempre es dialógica. Incluso el entendimiento mismo es dialógico. (Es
una distinción sin embargo que pierde su validez cuando nos preguntamos
qué es la cosa sin el significado de la cosa. Aceptamos, claro, que hay
diversos planos de significado; pero sin embargo, la misma noción de la
cosa, en su identidad ontológica, contiene ya intenciones y
significados inherentes, o constituyentes. Como el famoso martillo,
hecho para golpear, sin que ello sea óbice para que cualquier
herramienta se pueda convertir en martillo cuando llegamos a un grado
de irritación suficiente).
La reificación del significado, con el fin de incluirlo en una serie causal. (Con
la finalidad, podríamos decir, de poder usarlo, fijándolo aunque sea
precariamente o provisionalmente; de ahí los diccionarios).
La noción restringida de dialogismo entendiéndolo como debate,
polémica, o parodia. Estas son las formas externamente más obvias, pero
toscas, del dialogismo. La confianza en la palabra del otro, la
recepción reverente (la palabra con autoridad), la fase de aprendizaje,
la búsqueda de un sentido profundo y su naturaleza imperativa, el acuerdo,
sus infinitas gradaciones y matices (pero no sus limitaciones lógicas y
no las reservas puramente referenciales), la acumulación de capas sobre
capas de sentido, de voces sobre voces, reforzándose mediante la fusión
(pero no la identificación), la combinación de muchas voces (un pasillo
de voces) que aumenta la comprensión, el partir más allá de los límites
de lo comprendido, etc. (Sobre estas
cuestiones, y sobre el terreno que se extiende entre la respuesta
consonante al texto y la disonante o desconstructiva, ver mi artículo "Acritical criticism, Critical Criticism: Reframing, Topsight and Critical Dialectics").
Estas relaciones especiales no se pueden reducir ni a lo puramnte
lógico ni a lo puramente temático. Aquí se encuentra uno con posiciones
integrales, personalidades
integrales (la personalidad no requiere una revelación muy amplia—puede
articularse en un único sonido, revelarse en una sola palabra), voces, exactamente. (Frente
a las categorizaciones de tipos de voz—narrativa, etc.—de la crítica
estructuralista, vemos que Bajtín propone una conceptualización
integracionalista de la voz. Y a través de este término podemos ver
cómo enlaza su concepción del análisis lingüístico con las propuestas
de la lingüística integracionalista, de Harris, Wolf, Toolan, etc. Ver
mi nota sobre la introducción a Total Speech de Michael Toolan). La palabra (o en general cualquier signo) es
interindividual. Todo lo que se dice, lo que se expresa, se ubica fuera
del "alma" del hablante y no le pertenece sólo a él. La palabra no
puede asignarse a un hablante único. El autor (hablante) tiene su
propio derecho inalienable a la palabra, pero el oyente tiene también
sus derechos, y aquellos cuyas voces se oyen en la palabra antes de que
el autor llegue a ella tienen asimismo sus derechos (después de todo,
no hay palabras que no pertenezcan a nadie). (Podríamos
apuntar que, junto con los derechos, se adquieren obligaciones, y si el
autor tiene una responsabilidad por su palabra, la tiene asimismo el
receptor por lo que hace con ella o cómo la recibe. Así, J. Hillis
Miller hablaba de "la ética de la lectura"). La palabra
es un drama en el que participan tres personajes (no es un dúo, sino un
trío). Se representa fuera del autor, y no puede introyectarse al
autor. (Quizá haya que postular
todavía más personajes en el drama: el hablante o autor, pero también
los hablantes del discurso previo al que arrebata las palabras, o con
el que mantiene una polémica oculta o explícita; el receptor implícito
—y van tres— al que se dirige el hablante con su discurso, y —cuatro—
el receptor efectivo que quizá no coincida en sus presupuestos o
ideología con el receptor implícito que el autor está teniendo en
cuenta).
Si no esperamos nada de la palabra, si sabemos de antemano todo lo que tiene que decir, se separa del diálogo y se reifica.
La auto-objetivación (en la lírica, en la confesión, etc.) como
auto-alienación, y, hasta cierto punto, como superación del propio yo.
Al objetificarme (es decir, al situarme en el exterior) obtengo la
oportunidad de tener una auténtica relación dialógica conmigo mismo. (Quizá
las reflexiones de Bajtín deban aquí algo a las reflexiones sobre la
"ironía romántica" de Friedrich Schlegel o K. W. F. Solger, que
enfatizaban la superación del yo más allá de sus máscaras en
posicionamientos intelectuales o emocionales adoptados irónicamente y
luego abandonados o ridiculizados, en un gesto de libertad. De modo más
general, haciendo de uno mismo un personaje representado—un yo
narrado—o proyectando en forma de personaje una posición intelectual o
emocional, el autor se distancia de la simple identificación con esa
posición y establece una relación dialógica con ella).
Sólo un enunciado tiene una relación directa
con la realidad y con la persona viva y hablante (el sujeto). En el
lenguaje hay únicamente posibilidades potenciales (esquemas) de estas
relaciones (formas pronominales, temporales y modales, recursos
léxicos, etc.). Pero un enunciado viene definido no sólo por su
relación con el objeto y con el sujeto hablante - autor (y por su
relación con el lenguaje en tanto que sistema dado de posibilidades
potenciales) sino que también viene definido—y es lo más importante
para nosotros—por su relación directa con otros enunciados en el seno
de un determinado ámbito comunicativo. De hecho no existe fuera de esta
relación (únicamente como texto). Sólo un enunciado puede ser fiel (o infiel), sincero, verdadero (falso), hermoso, justo, etc. (Bajtín
está apuntando aquí a dimensiones analíticas que pertenecen a la
pragmática del discurso y no a la estructura gramatical de la lengua. Por
emplear términos austinianos, no perfectamente coincidentes por lo
demás con su planteamiento, está atendiendo a las dimensiones
ilocucionaria y perlocucionaria de los enunciados, no a su nivel
locucionario).
La comprensión de una lengua frente a la comprensión de un enunciado (incluyendo la dimensión de respuesta a la misma, y por tanto, la evaluación).
Lo que nos interesa no es el aspecto psicológico de la relación con los
enunciados (y el entendimiento) de otros, sino el modo como se refleja
en la propia estructura del enunciado.17
(Ahora pasa Bajtín a examinar la
cuestión de en qué medida es la "estilística" una descripción de los
textos o de la literatura utilizando herramientas puramente
lingüísticas:) ¿En qué medida pueden usarse definiciones
lingüísticas (puras) de una lengua y de sus elementos con fines de
análisis artístico-estilístico? Pueden servir únicamente como términos
de partida para la descripción. Pero lo más importante no es descrito
por ellas, y no se encuentra en ellas. Porque aquí lo que importa no
son los elementos (unidades) del sistema lingüístico que se hayan
convertido en elemntos del texto, sino los aspectos del enunciado.
El enunciado como un todo semántico.
La relación con los enunciados de otros no puede separarse de la
relación con el objeto (puesto que de él se habla, sobre él se llega a
un acuerdo, convergen perspectivas sobre él), ni puede separarse de la
relación con el hablante mismo. Es una unidad viviente tripartita. Pero
el tercer elemento todavía no se suele tener en cuenta. E incluso
cuando se le tiene en cuenta (en un análisis del proceso literario, en
las obras de los periodistas, en las polémicas, en la confrontación de
opiniones científicas) la naturaleza especial de las relaciones con
otros enunciados en tanto que enunciados, es decir, con todos
semánticos completos, ha seguido sin ser estudiada y sin sacarse a la
luz (estas relaciones se han estudiado de modo abstracto, temática y
lógicamente, o psicológociamente, o incluso de modo mecanicista y
causal). La naturaleza dialógica especial de las interrelaciones entre
todos unitarios semánticos, entre posiciones semánticas, es decir,
entre enunciados, no se ha comprendido. (Aquí habría que matizar que no se ha teorizado
suficientemente. Comprenderse sí se ha comprendido de modo espontáneo,
en el sentido de que precisamente en ésto consiste la comprensión de un
enunciado en su contexto interaccional, comunicativo, cultural, etc.
Bajtín está pidiendo el desarrollo de una lingüística del discurso, o
un análisis del discurso, que dé cuenta del uso que realmente hacemos
de nuestra comprensión entre las relaciones intertextuales o
interdiscursivas).
El experimentador constituye parte del sistema experimental (en la microfísica o física cuántica).
Podría uno decir, análogamente, que la persona que participa en la
comprensión constituye parte del enunciado que se comprende, del texto
(por ser más precisos, los enunciados y su diálogo mutuo entran a
formar parte del texto como un nuevo participante). (Un
ejemplo sería el análisis ideológico. No puede llevarse a cabo desde
una posición neutral, con lo cual la ideología no es un "producto"
identificable contenido en un texto y aislable de modo objetivo, sino
que siempre hay una interacción relacional entre las dimensiones
ideológicas identificadas en un texto y el instrumento analítico, el
discurso crítico, etc., que extrae esas dimensiones ideológicas o las
identifica. La ideología sólo puede analizarse desde la ideología; no
es una sustancia, sino una relación que implica no sólo al autor de un
texto cuya ideología se está disenccionando, pongamos aquí Bajtín, sino
también al analista —yo— y al lector que sigue su razonamiento y
examina tanto el texto analizado como el texto que lo analiza— usted,
lector). El encuentro dialógico de dos consciencias en las
ciencias humanas. El acto de encuadrar los enunciados de otro con un
contexto dialogizante. Puesto que incluso cuando proporcionamos una
explicación causal de la enunciación de otra persona, en el mismo gesto
de hacerlo, la refutamos. La reificación de los enunciados de otros
como una manera especial (falsa) de refutarlos. Si la enunciación se
entiende como una reación mecánica y el diálogo como una cadena de
reacciones (tal como lo entienden los behavioristas en la
lingüística descriptiva), entonces esta manera de entenderlo incluye
tanto a los enunciados verdaderos como a los falsos, tanto a las obras
geniales como a las que carecen de talento (la diferencia se hallará
únicamente en los efectos mecánicamente concebidos, la utilidad, etc.).
Esta perspectiva, que es relativamente válida, como lo es la
perspectiva lingüística (aun con todas las diferencias que existen
entre ellas), no llega a tocar la esencia del enunciado como un todo
semántico, como un punto de vista semántico, etc. (Quizá
el término "pragmalingüístico" sea más adecuado para entender lo que
quiere decir Bajtín, pues la semántica, lo semántico, etc., suelen
entenderse a nivel de semántica de sistema, de diccionario por así
decirlo). Cada enunciado aspira a la justicia, la
sinceridad, la belleza y la verdad (un modelo de enunciado), etc.
Y estos valores de los enunciados se definen no por su relación con la
lengua (como puro sistema lingüístico) sino por varios modos de
relación con la realidad, con el sujeto hablante y con otros enunciados
(ajenos, en particular los que evalúan a los primeros como sinceros,
hermosos, etc.).
La lingüística se ocupa del texto, pero no de la obra. Lo que dice de
la obra entra de contrabando, y no se sigue del análisis puramente
lingüístico. Claro que la lingüística es de por sí, normalmente desde
el principio, de naturaleza conglomerada, y está saturada de elementos
no lingüísticos. Por simplificar un tanto el asunto: las rlaciones
puramente lingüísticas (es decir, los objetos de la lingüística) son
relaciones de signo a signo y con los signos en el límite del sistema
lingüístico o texto (es decir, relaciones entre signos sistémicas o
lineales). Las relaciones de los enunciados a la realidad, al auténtico
sujeto hablante, y a otros enunciados reales (las relaciones que hacen
que las enunciaciones sean verdaderas o falsas en primer lugar,
hermosas, etc.) nunca pueden ser objeto de la lingüística. Los signos
individuales, el sistema del lenguaje o el texto (en tanto que unidad
significativa) nunca pueden ser verdaderos, falsos, hermosos, etc.
Toda unidad verbal extensa y creativa es un sistema de relaciones muy
complejo y polifacético. Con una actitud creativa hacia el lenguaje, no
hay palabras sin voz que no pertenezcan a nadie. Cada palabra contiene
voces que a veces son infinitamente distantes, sin nombre, casi
impersonales (voces de matices léxicos, de estilos, etc.), casi
indetectables, y voces que resuenan cercanas y simultáneamente.
Cualquier observación viva, competente y desapasionada desde cualquier
posición, desde cualquier punto de vista, siempre conserva su valor y
su sentido. La naturaleza unilateral y limitada de un punto de vista
(la posición del observador) puede siempre corregirse, aumentarse,
transformarse (transferirse) con ayuda de otras observaciones similares
desde los puntos de vista de otros. Los puntos de vista despojados de
observaciones vivas y nuevas son estériles. (Una prevención bajtiniana "contra el método", o contra los procedimientos analíticos estandarizados y prefijados, un tanto en la línea de Feyerabend).
El aforismo bien conocido de Pushkin sobre el vocabulario y los libros.18
Sobre el problema de las relaciones dialógicas. Estas relaciones tienen
un carácter profundamente individual y único, y no pueden reducirse a
relaciones lógicas, lingüísticas, psicológicas, mecánicas, o a
cualquier otro tipo de relaciones naturales. Constituyen un tipo
especial de relaciones semánticas cuyos miembros pueden ser únicamente enunciados completos (ya sea que se consideran completos o que son potencialmente completos), tras los cuales se hallan (y en los cuales se expresan)
sujetos hablantes auténticos, autores de los enunciados en cuestión. El
diálogo real (la conversación cotidiana, la discusión científica, el
debate político, etc.). Las relaciones entre las réplicas de estos
diálogos son un tipo de relación dialógica más simple y más visible
desde el exterior. Pero las relaciones dialógicas, naturalmente, no
coinciden en modo alguno con la relación entre las réplicas del diálogo
real—son mucho más amplias, más diversas, y mas complejas. Dos
enunciados, separados uno de otro tanto en el tiempo como en el
espacio, sin saber nada uno de otro, cuando se comparan semánticamente,
revelan relaciones dialógicas si hay alguna clase de convergencia
semántica entre ellos (aunque sólo se trate de un tema parcialmente
compartido, algún punto de vista, etc.). (La
cuestión es, y no queda claro en su exposición, si estas relaciones las
concibe Bajtín como inherentes a esos enunciados o discursos, o si son
resultado en cierta manera de la labor del analista—ya sea en un
sentido débil, en el sentido de hacer esas relaciones visibles,
traerlas a la luz, o en un sentido fuerte, en el sentido de
transformación por así decirlo retroactiva de esas obras o discursos
por acción del analista. Para una perspectiva sobre esta cuestión,
véase mi artículo "Understanding Misreading: A Hermeneutic-Deconstructive Approach"). Cualquier
examen de la historia de una cuestión científica (independiente, o
incluido en una obra científica sobre una cuestión dada) también
produce comparaciones, enunciados, opiniones, puntos de vista
dialógicos sobre los enunciados de científicos que no podían ni podían
saber nada unos de otros. (Aquí el término clave es "produce". Podríamos hablar, pues, de una acción retroactiva de la hermenéutica, de una "distorsión retrospectiva" o hindsight bias productiva, inherente, a la reflexión histórica). Aquí, la naturaleza compartida del problema da lugar a relaciones dialógicas. (Pero no
sólo lo que la cuestión tenga en común, de por sí o en abstracto, sino, además,
el conocimiento que un analista tiene de esos elementos comunes y la
manera en que los traba o relaciona en su discurso).
En la literatura artística—"diálogos de los muertos" (en Luciano, en el
siglo XVII) se da, de modo acorde con los rasgos específicos de la
literatura, una situación imaginada de encuentro en el más allá. El
ejemplo contrario, que se usa ampliamente en la comedia, es la
situación de un diálogo entre dos sordos, donde se entiende el
auténtico contacto dialógico pero donde no hay ningún contacto
semántico entre las réplicas (ni hay contacto imaginable). Relaciones
dialógicas en grado cero. Aquí el punto de vista de una tercera persona se revela en el diálogo (uno que no participa en el diálogo, pero que lo entiende). La comprensión de una enunciación completa es siempre dialógica.
Por otra parte, las relaciones dialógicas no han de entenderse de modo
simplista y unilateral, reduciéndolas a contradicción, conflicto,
polémica o desacuerdo. El acuerdo
es muy rico en variedades y matices. Dos enunciados que sean idénticos
en todo punto ("¡Qué tiempo tan bueno!" — "¡Qué tiempo tan bueno!"), si
realmente son dos enunciaciones que pertenecen a voces diferentes y no una, están ligados por relaciones dialógicas de acuerdo.
Esto es un acontecimiento dialógico determinado en sus interrelaciones,
y no un eco. Pues, después de todo, también podría no haber acuerdo
("No, no hace buen tiempo", etc.).
Las relaciones dialógicas van por tanto mucho más allá del discurso
dialógico en el sentido estricto del término. Y las relaciones
dialógicas siempre se hallan presentes, incluso en obras lingüísticas
profundamente monológicas.
No puede haber relaciones dialógicas entre unidades del lenguaje,
independientemente de cómo las entendamos e independientemente del
nivel de estructura lingüística del que las extraigamos (fonemas,
morfemas, lexemas, oraciones, etc.). La enunciación (como un todo
discursivo) no puede verse como una unidad de siguiente nivel o piso de
la estructura lingüística (por encima de la sintaxis), puesto que entra
en un mundo de relaciones completamente distintas (dialógicas) que no
pueden compararse con las relaciones lingüísticas de otros niveles. (Habría
que matizar esta afirmación tan categórica, puesto que los niveles
lingüísticos son en última instancia abstracciones efectuadas sobre el
discurso, y modelos construidos a partir de él. Una teoría
evolucionista del lenguaje, por tanto, no sería tan categórica como lo
es aquí Bajín, aunque entendemos la motivación heurística que le lleva
a enfatizar la discontinuidad del discurso. Piénsese, sin embargo, en
modelos discursivos parcialmente "gramaticalizados" como los que se
pueden ver en la teoría de los actos de habla de Austin o Searle, y se
entenderá que si una oración aseverativa no es una aseveración, tampoco
un modelo de aseveración analizado por Austin es estrictamente hablando
una aseveración, sino un ejemplo de aseveración). (A determinado nivel, sólo es posible la yuxtaposición del enunciado completo a la palabra).
La enunciación completa ya no es una unidad de la lengua (y no es una
unidad del "flujo del habla" o de la "cadena hablada"), sino una unidad
de comunicación lingüística que no tiene una mera definición formal,
sino un significado contextual
(esto es, un significado integrado que se relaciona con los valores—con
la verdad, la belleza, y demás— y que requiere una comprensión en forma
de respuesta, una que incluya una evaluación). La comprensión responsiva de un todo lingüístico siempre es, por naturaleza, dialógica.
La comprensión de enunciados completos y de las relaciones dialógicas
entre ellos siempre tiene una naturaleza dialógica (incluyendo la
comprensión de los investigadores de las ciencias humanas). La persona
que comprende (incluido el investigador mismo) se convierte en un
participante en el diálogo, aunque a un nivel especial (dependiendo del
ámbito de comprensión o de investigación. (Es
decir: no hay un metalenguaje que no sea también lenguaje, en el
sentido de discurso, no hay metalenguaje en las ciencias humanas que no
dialogue en cierto modo con le lenguaje objeto de su análisis, y que no
esté interactuando con él en un plano efectivo. Se aprecia el énfasis
de Bajtín en la comprensión de la actividad cognoscitiva, intelectual,
disciplinaria, etc., como una extensión de la actividad dialógica). La
analogía de incluir al experimentador en el sistema experimental (como
parte del mismo) o al observador en el mundo observado en la
microfísica (teoría cuántica). el observador no tiene posición exterior al mundo observado, y su observación entra a formar parte como parte constitutiva del objeto observado.
(CONTINUARÁ...)
Notas
1. Término de lingüística estructural introducido por Louis
Hjelmslev, fundador de la escuela de Copenhague llamada también Escuela
Glosemática. Define la conmutación como una "mutación entre miembros de
un paradigma", siendo un paradigma una clase en el seno de un sistema
semiótico (Prolegomena to a Theory of
Language, trad. de Francis J. Whitfield [Madison: University of
Wisconsin Press, 1961], págs. 134-35.
2. En Anna Karenina, parte 4,
cap. 4, Anna acusa a Karenin de ser cruel durante el enfrentamiento en
el que él le anuncia su decisión de divorciarse de ella. Responde él
que ella no es consciente de lo que él ha sufrido. Pero se le traba la
lengua y no puede pronunciar la palabra rusa que significa "he sufrido"
o "soportado", perestradal.
Después de varios intentos, por fin se conforma con decir pelestral (que David Magarshak ha
traducido como "shuffered" en
la edición de Signet Books).
3. Disciplina lingüística creada por el lingüista ruso y miembro del círculo de Praga N. S. Trubetzkoy. Ver su Osnovy fonologii(Fundamentos de Fonología, Praga, 1939; Moscú, 1960). Basándose en la distinción saussureana entre langue y parole,
Trubetzkoy también distingue entre fonética (la ciencia de los sonidos
del habla en tanto que fenómeno material que se estudia mediante los
métodos de las ciencias naturales) y fonología, el estudio de los
sonidos del lenguaje que realizan determinadas funciones de
diferenciación semántica en el sistema lingüístico.
4. "Ciencia del espíritu" se refiere a lo que en alemán se conoce como Geisteswissenschaften
en alemán (es decir, las ciencias humanas).Una de las grandes
preocupaciones del movimiento neokantiano en las universidades alemanas
en las últimas décadas del siglo diecinueve era superar la disparidad
creciente entre las ciencias naturales (o exactas) y las ciencias
humanas. El trabajo de toda la escuela de Marburgo (Hermann Cohen, Paul
Natorp, Ernst Cassirer) es en realidad una filosofía de la ciencia. Las
ideas más fácilmente asimiladas sobre la relación entre las ciencias
humanas y las exactas se hallan en la obra de la escuela de Friburgo,
entre ellos Wilhelm Windelband (cuya distinción de 1894 entre las
modalidades homeotéticas e idiográficas del conocimiento resultó muy
productiva) y su discípulo Heinrich Rickert (ver su Science and History,
ed. Arthur Goddard, trad. George Reisman (Princeton: Van Nostrand,
1962). En "Autor y protagonista en la actividad estética", Bajtín
distingue entre el espíritu (duj), el impulso general hacia la comprensión o el impulso hacia el sentido compartido por todos los seres humanos, y el alma (dusha),
que son los rasgos de cualquier persona particular que sirven para
situarle en un punto particular de la existencia no ocupado por ninguna
otra persona.
5. Aquí y en sus obras muy tempranas vemos otro interés que Bajtín
compartía con Vygotsky: la fenomenología de la actuación (ver "Autor y
protagonista", en Estetika slovesnogo tvorchestva,
pp. 63-75). Compárencse las notas de Bajtín con L. S. Vygotsky, "K
voprosu o psijologii tvorchestva aktera"("Sobre la cuestión de de la
psicología en el arte del actor"), en P. M. Jakobson, Psijologiia stenicheskij chustv aktera (Psicología de los sentimientos de los actores en el escenario) (Moscú: Gosizdat, 1936).
6: Ver nota 1 arriba. La glosemática fue el intento de
Hjelmslev de crear una teoría lingüística general haciendo abstracción
máxima del material concreto de las lenguas: "… la teoría lingüística
debe servir para describir y predecir no sólo cualquier texto posible
compuesto en un determinado lenguaje, sino también, en base a la
información que proporciona sobre el lenguaje en general, cualquier
posible texto compuesto en cualquier lenguaje" (ver Prolegómenos a una
teoría del lenguaje).
7: Ver nota 3 de "El problema de los géneros del discurso". Sobre
las "reacciones verbales" y el behaviorismo, ver las observaciones de
Bajtín en V. N. Voloshinov, Freudianism, trad. I. R. Titunik (New York:
Academic Press, 1976), p. 21, donde se discute la relación de reacción
verbal al discurso interior en Vygotsky.
8: Ver nota 2 de "De notas tomadas en 1970-71".
9: La referencia aquí es a Anna Karenina, parte 1, capítulo 30:
"'Sí, como ves, un afectuoso marido, tan afectuoso como en el primer
año del matrimonio, ardiendo de impaciencia por verte', dijo con su voz
aflautada y con ese tono que casi siempre usaba con ella, un tono de
burla hacia alguien que de hecho hablase así".
10: Makar Devushkin es el protagonista de la novela corta de Dostoyevski Pobres gentes (1845).
11: Un ejemplo que viene de "Dos cuentos y uno más" de Vasily
Zhukovski (1831), el tercero de los cuales es una versión poética de un
relato de Johann Hebel sobre un artesano alemán que se encuentra en
Amsterdam sin saber nada de holandés; a todas sus preguntas recibe la
misma repuesta, "Kannitverstan" ("No entiendo"). El artesano acaba por
suponer que esto es un nombre propio, y crea en su mente la figura
fantástica de Kannitverstan. Vytogsky también emplea el ejemplo de
Kannitverstan en un artículo que Bajtín cita en su libro sobre Freud:
"La consciencia como un problema de la psicología del comportamiento",
en Psikhologija i Marksizm, ed. K. Kornilov (Moscú-Leningrado, GIZ,
1925): pp. 179-80.
12: Bajtín investigó el diálogo de estilos en obras que
deliberadamente incluyen muchos estilos, usando como ejemplo el Eugenio
Onegin de Pushkin (ver "Discourse in the Novel", en The Dialogic
Imagination). En "De notas hechas en 1970-71", Bajtín señala
diferencias importantes en su enfoque de Eugenio Onegin con respecto al
que adopta Yuri Lotman en sus estudios de la misma obra.
13: Ver nota 19 abajo.
14: Rudolph Hirzel (1846-1917), filólogo alemán que escribió Der Dialog: Ein literarhistorischer Versuch, 2 vols. (Leipzig, 1895). También importante, para distinguir la cualidad distintiva del dialogismo de Bajtín frente a otros enfoques, son Gustav Tarde, L'Opinion et la foule (París, 1901); L. V. Shcherba, "Sobre el habla dialógica", Russkija rech (Petrogrado, 1923), vol. 1, pp. 96-194; y Jan Mukarovsky, "Two Studies on Dialogue", en The Word and Verbal Art, trad. John Burbank y Peter Steiner (New Haven: Yale University Press, 1977), pp. 81-115.
15: Entre las dos categorías gramaticales tradicionales del discurso directo (prjamaja rech) y discurso indirecto (kosvennaja rech), Bajtín postula un término intermedio, el estilo cuasi-directo(nesobstvenno-prjamaja rech). Esta categoría recibe un tratamiento detallado en el capítulo 4 de Voloshinov, Marxism and the Philosophy of Language, trad. Ladislav Matejka e I. R. Titunik (Nueva York: Academic Press, 1973), pp. 141-59. El estilo cuasi-directo (indirecto libre)
se refiere a un discurso que pertenece formalmente al autor, pero que
en su "estructura emocional" pertenece a un personaje representado,
cuyo lenguaje interior es transmitido y regulado por el autor. (Puede
verse también el libro de Dorrit Cohn sobre la relación entre la
representación del discurso y la representación del pensamiento,Transparent Minds. A la representación por medio de estilo indirecto libre de un discurso interior la llama Cohn "narrated monologue").
17: Desde el inicio de su carrera, a Bajtín le preocupó mucho el
peligro del psicologismo. El más potente y sutil de sus ataques al
psicologismo se encuentra en las secciones de "Autor y protagonista en
la actividad estética" en los que critica a la llamada escuela
Expresionista de estética, en particular la obra de Johann Volkelt
(1848-1930) y Theodor Lipps (1851-1914) (ver Estetika slovesnogo tvorchestva, pp. 58-81).
18: Del artículo de Pushkin "Sobre los deberes del hombre, ensayo para
Silvio Pellico" (1836): "(...) la razón es inagotable en cuanto a su examen de los conceptos, al igual que el lenguaje es inagotable en cuanto a la unión de
las palabras. Todas las palabras están en el léxico; pero los libros
que constantemente aparecen no son una repetición del léxico. (...)
Tomada aisladamente, una idea nunca puede ofrecer nada nuevo, pero las ideas pueden variarse hasta el infinito" (The Critical Prose of Alexander Pushkin, trad. Carl Proffer [Bloomington, Indiana University Press, 1969], p. 205).
No soy muy dado a efemérides, porque para
ephemera la vida misma, pero resulta que sí me gustan las fotos. Y
acabo de darme cuenta de que llevo más de cinco años con mi fotoblog de
Flickr a vueltas. Aquí
anunciaba cuando lo abrí, en enero de 2006. Antes había colgado
fotos en un par de páginas, y por supuesto tengo como todo el mundo
álbumes enteros escondidos en oscuros estantes y manojos de fotos en
cajas de Colacao y cajones llenos de negativos.
Igual un día escaneo algunas de esas; precisamente ayer veía en CD unas
fotos de mi tío Agustín rescatadas de unas diapositivas de los años
setenta; algunas cosas acaban saliendo a la luz, nada de eso está
absolutamente muerto, aunque no estoy yo muy de acuerdo con Bajtín en
que "todo significado acabará teniendo su fiesta de vuelta a casa"...
pues muchas de esas fotos no volverá a verlas nadie más.
En fin, hago lo que puedo por visibilizar las que hago. Mi página de
estadísticas dice que tengo unas seis mil fotos, y más de 102.000
visitas: tocan a 17 visionados por foto. Las que están en los álbumes
menos gente las ha visto y las verá, creo. Últimamente he acelerado la
ratio de colgamiento, de modo que casi la mitad de las fotos son del
último año... espero que esto no siga acelerando, o no voy a dar abasto.
En la URL del navegador es fácil ir a úna página dada, cambiando el
último número, por ejemplo en esta dirección, que ahora es la página
324 de mi fotoblog:
Aunque igual es más recomendable ir a las fotos que he puesto en los álbumes
seleccionados de cada año. No son las más populares precisamente en
número de visitantes, pero son las mejores.
Notes extraites de l'article de Philippe Hamon, "Pour un
statut sémiologique du personnage." Deuxième version, parue dans Roland
Barthes et al., Poétique du récit
(Paris: Editions du Seuil, 1977). 115-180.
Pour un statut sémiologique du
personnage
Selon Genette, la psychologie est dans le texte, dans les conditions du
vraisemblable de l'époque, et non pas dans "le personnnage". Cependant,
les modèles psychologiques ("character") et dramatiques des personnages
restent prédominants. La psychanalyse renforce cela. Le psychologisme
appliqué aux personnages n'a pas de fondement. Une analyse structurelle
du personnage peut seulement se poser dans une sémiologie plus
dévelopée que l'actuelle.
Le personnage n'est pas une notion nécessairement littéraire ni
anthropomorphique; il est autant une reconstruction du lecteur qu'une
construction du texte. Mais la sémiologie n'explique pas tout: il y a
ausi le jeu à part de la communication. En plus, chaque texte a sa
propre "grammaire". Il y a de différents niveaux aussi qui doivent être
considérés: Napoléon n'est pas le même chez Tolstoï.
On peut distinguer trois types de signes: référentiels, déictiques
(comme les embrayeurs) et anaphoriques (ceux qui renvoient à l'énoncé,
au texte même). Également, on peut distinguer:
- Des personnages référentiels:
historiques, mythologiques, ou sociaux… par exemple des types, comme
"l'ouvrier"). Ils renvoient à un sens culturel, et il produisent un
"effet de réel" quand ils sont reconnus.
- Des personnages-embrayeurs: des
porteparole, des chœurs, des interlocuteurs socratiques, des bavardes,
etc.
- Des personnages-anaphore. Ce sont des
signes mnémotechniques pour le lecteur. Ils sont prédicteurs, ou bien
ils ont une mémoire, etc. (Les informateurs
de Propp). Ce sont des éléments à fonction organisatrice et
cohésive.
Un personnage donné peut être polyvalent.
124- Hamon définit le personnage, du poit de vue sémiologique, comme un
morphème doublement articulé, migratoire, manifesté par un signifiant
discontinu (constitué par un certain nombre de marques) renvoyant à un
signifié discontinu (le "sens" ou la "valeur" d'un personnage): il sera
donc défini par un faisceau de relations de ressemblance, d'opposition,
de hiérarchie et d'ordonnancement (sa distribution) qu'il contracte sur
le plan du signifiant et du signifié, successivement ou/et
simultanément, avec les autres personnages et éléments de l'œuvre, cela
en contexte proche (les autres personnages du même roman, de la même
œuvre) ou en contexte lointain (in
absentia: les personnages du même genre).
1. Le
signifié du personnage
Le personnage peut être considéré, suivant l'approche sémiologique de
Jakobson, comme un faisceau d'éléments différentiels. Il se construit, ne se reconnaît pas (Lévi-Strauss); selon
Todorov, c'est une "forme vide que viennent remplir les différents
prédicats (verbes ou attributs)" par un effet cumulatif du texte. Les
réferences historiques ou géographiques son reconnues et comprises à la
fois, donnant lieu à un effet de réel, à un soulignement du destin
(connu d'avance) et à un condensement de rôles stéréotypés.
Chaque œuvre oppose ses personnages selon des traits distinctifs:
certains ont plus d'importance que d'autres (ils opposent tous les
personnages). On peut classifier et opposer les personnages selon le
nombre de traits qui leur sont appliqués: aussi selon les fonctions
qu'ils assument. Chaque trait est analysable à son tour: le sexe n'est
pas simplement masculin et féminin: aussi non sexué, non féminin, etc. Cette information
peut venir du personnage ou d'un autre. L'information peut être
presentée comme qualification,
virtualité ou action.
Problèmes pour l'analyse:
a) Réperer les axes sémantiques, et les traits pertinents à
leur intérieur.
b) Classer les axes et traits en fonction de leur
"rendement" narratif.
c) Étudier les changements et influences mutuelles des
traits au cours d'un récit.
d) Étudier les faisceaux stéréotypés de traits que se
forment et répétent.
2. Les
niveaux de description du personnage
Comme les autres signes, un personnage est composant et composé: il
fonctionne dans une unité plus large. L'actant est une classe d'acteurs,
de personnages, définie par un groupe permanent de fonctions et de
qualifications original et par sa distribution le long d'un récit.
L'actant ne coïncide pas avec l'acteur,
il peut avoir des syncrétismes, selon la description de Greimas.
Il faut classifier les acteurs et les actants. Descriptions comme des
actants collectifs.
Par exemple, un contrat:
(1) Mandement: le Destinateur propose un Objet à un Destinataire.
(2) Acceptation ou Réfus
(3) (Si acceptation): Transfert de vouloir: Le Destinataire
devient un sujet virtuel.
(4) Réalisation (ou non) du programme (le sujet devient réel).
Le lecteur peut situer un personnage et prévoir certains
déroulements-types (lisibilité du texte). Le texte est plus lisible si
les personnages sont très configurés (typiques).
Le personnage est défini:
1) Par son mode de relation avec les fonctions qu'il prend
en charge.
2) Par son intégration particulère (isomorphisme,
démultiplication, syncrétisme).
3) Par son mode de relation avec d'autres actants
4) Par sa relation à une série de modalités (vouloir,
savoir, pouvoir) et leur ordre d'acquisition.
5) Par sa distribution au sein d'un récit
6) Par le faisceau de qualifications et des rôles dont il
est le support (spécialisation, etc.).
3. Le
signifiant du personnage
Le signifiant du personnage est discontinu. L'étiquette du récit
classique à la troisième personne est caracterisée par l'usage du nom
propre, la récurrence, la stabilité, la richesse et la motivation des
signifiants. Le texte moderne par contre est caractérisé par
l'instabilité du personnage (chez Beckett, ou Robbe-Grillet). Un
exemple de la richesse du
signifiant: "il / Julien Sorel / notre héros / le jeune homme…) à la
fois homogène et riche. Le personnage est un système d'équivalences
réglées destiné à assurer la lisibilité du texte. Mais il est une
construction du texte: le nom propre, le "vide sémantique", est rempli
par des définitions, descriptions, etc. Il faut étudier la distribution
d'un nom ou un autre selon le contexte, le point de vue, etc. Il y a un
jeu avec les systèmes d'équivalences grammaticales et leur ordre.
4. (Les noms)
Différents degrés d'arbitraire du signe. Les noms des personnages ne
sont pas gratuits: il peuvent signaler un sens allégorique, un type,
une onomatopée… La motivation du nom peut être
a) visuelle. Un nom avec un O peut désigner un type gros.
b) acoustique
c) articulatoire (t+k = un coup)
d) morphologique (dérivations…)
Ces noms sont des condensés de programmes narratifs. Mais parfois les
pistes peuvent être déceptives (p. ex., une "Albine" impure).
5.
Tout signe se définit par ses restrictions sélectives: linguistiques,
logiques, esthétiques, ou idéologiques.
Le "héros" se définit par des considérations esthétiques et
idéologiques. La perception du héros dépend du mode de présentation du
texte, mais aussi de l'univers culturel du lecteur. On peut dire qu'un
texte est lisible (pour telle société à telle époque donnée) qund il y
aura coïncidence entre le héros et un espace moral valorisé reconnu et
admis par le lecteur.
153- Le héros a une qualification,
une distribution et une fonctionnalité différentielles:
a) (Qualification): Le personnage sert de support à un
certain nombre de qualifications que ne possèdent pas, ou que possèdent
à un degré moindre, les autres personnages de l'œuvre.
b) (Distribution): apparition des personnages aux moments marqués ou non marqués; apparition fréquente
ou pas.
c) (Combinaison): Le héros peut être combiné avec n'importe
quel autre personnage, ou apparaître seul.
d) Fonctionnalité différentielle: Le héros est un
médiateur, il fait, il agit, il vainct, il est glorifié, il sait, il
participe à un contrat qui le pose en relation à la fin du récit. Le
héros, cependant, peut être aussi n'importe quel actant.
e) Il a aussi une prédesignation conventionnelle. Chaque
genre a son héros, désigné avec des marques…
6.
Le héros peut être désigné par un commentaire explicite. Pour Lukács,
il faut avoir un héros:
"Toute œuvre dont la composition est vraiment serrée contient une (…)
hiérarchie. L'écrivain confère à ses personnages un 'rang' déterminé,
dans la mesure où il en fait des personnages principaux ou des figures
épisodiques. Et cette nécessité formelle est si forte que le lecteur
cherche instinctivement cette hiérarchie" (Lukács, Problèmes du réalisme, Paris,
1975, p. 40).
7.
161-162 -"Tout énoncé se caractérise par la redondance des marques
grammaticales". "Sur le plan du signifié, l'œuvre (…) va employer toute
une série de procédés émergents pour renforcer l'information véhiculée
par et pour les personnages, que sonte les supports de la conservation
et de la transformation du sens. C'est ce que les formalistes russes
appellaient les procédés de 'caractérisation indirecte'."
Le nom propre du personnage, la description du décor, les signes du
personnage sont "en accord" (par métonymie). On penserait que ce
procédé n'est pas commun dans les auteurs réalistes, mais voir Propp
107: l'habitat est pour lui un attribut du personnage.
Selon Jakobson "l'auteur réaliste opère des digressions métonimiques de
l'intrigue à l'atmosphère et des personnages au cadre spatio-temporel.
Il est friand de détails synecdochiques" (Essais de linguistique générale,
Paris: Minuit,, p. 63).
Pour Wellek et Warren, "le décor, c'est le milieu, et tout milieu,
notamment un intérieur domestique, peut être considéré comme
l'expression métonymique ou métaphorique du personnage" (La Théorie littéraire, Paris:
Seuil, 1971, p. 309).
La description opère comme un actant collectif. Il faut étudier ses
relations avec la narration. (Voir l'article de Philippe Hamon,
"Qu'est-ce qu'une description?" Poétique
12 (1972).) Selon Bremond, il est presque toujours
possible de convertir les descriptions en propositions dont le
véritable sujet (du point de vue narratif) est une personne. On peut
parler d'un anthropocentrisme du récit, d'une circulation romantique
entre description et narration. L'information sur les personnages se
déterminera indirectement. C'est d'ailleurs une doctrine naturaliste:
pour Zola, un personnage est "un organisme complexe qui fonctionne sous
l'influence d'un certain milieu." Détermination du personnage par le
milieu:
- Description de ses vêtements, etc.
- Objets auxiliaires comme concrétisation
de certaines de ses qualités (la massue d'Hercule, etc.)
- Référence à des histoires connues – qui
peuvent servir pour la détermination de leur destin.
- Le texte se répète soi-même, "en
abîme", lorsqu'une séquence particulière reproduit le schéma global du
récit, ou quand il y a un tableau, une image que fonctionne comme un
symbole réduplicateur.
- Le personnage est aussi caractérisé par
ses actions réiteratives non fonctionnelles.
Certains types de relations sont préférés dans certains textes; aussi,
l'information peut être unique ou reiterée.
En somme, le récit est construit de signes dont on peut décrire la
distribution, combinaison, opposition… et le personnage a donc une
dimension, voire une constitution, sémiologique.
Entrevistan a David
Herman en Sociodicea, el 15 de febrero pasado, uno de los más eminentes
narratólogos del momento. Sobre el estado
actual de los estudios en narratología. Y me llevo la agradable
sorpresa de que me cita, junto con la Dra. Onega con quien coedité hace
años una antología sobre teoría de la narración:
"Su primera pregunta me remite a las obras sobre narratología
publicadas en español. Me gustaría mencionar las contribuciones
cruciales de José Ángel García Landa (http://www.garcialanda.net/) y de
Susana Onega Jaén, ambos vinculados a la Universidad de Zaragoza, y que
han contribuido sustancialmente en este campo."
Seguiré intentando contribuir... aunque es difícil escribir algo
que tenga un mínimo eco. Así que bienvenidas las referencias positivas.
Una explicación de la perspectiva cognitiva sobre la narratología tal
como la ve David Herman:
"En
un libro aún por salir llamado Practicing Narrative Theory: Four
Perspectives in Conversation, uso la idea de construcción de mundos
narrativos como marco para explorar las interconexiones entre narrativa
y mente. El análisis que hago trata sobre la creación (más o menos
sostenida) de una “reubicación imaginativa” hacia los mundos narrativos
como un aspecto central de todas las experiencias narrativas, es decir,
como una condición activa para las prácticas de fabulación. La creación
de mundos narrativos está imbricada con habilidades mentales que
constituyen la investigación en los entrecruzamientos entre narrativa y
mente.
Desde esta
perspectiva, conceptos de tiempo, espacio y personaje trazados por
los teóricos de la narrativa pueden redescribirse como parámetros clave
para la construcción de mundos narrativos. A través de los actos
de narración, los creadores de historias producen un esbozo para la
construcción de mundos. Esos esbozos, cuya complejidad varía, instan a
los intérpretes a construir mundos marcados por un perfil
espaciotemporal particular, una secuencia determinada de situaciones y
hechos, y un inventario de habitantes. Sugiero que las historias abren
la puerta a las dimensiones del cuándo, qué, dónde, quién, cómo y por
qué de mundos configurados mentalmente. En otras palabras, la
narrativa no sólo evoca mundos, sino que constituye intervenciones en
un campo de discurso, un rango de las estrategias representacionales,
una constelación de formas de ver (y a veces hay un grupo de
narrativas en competición, como en un proceso jurídico, una campaña
política o una disputa familiar).Entendiendo esto desde su proceso de
recepción, la construcción de mundos narrativos extrae al menos dos
inferencias: aquellas sobre el mundo que se evoca por el acto de
narrar, y aquellas sobre por qué ese acto se desarrolla..."
Y termina Herman animando a los jóvenes investigadores a dedicarse a la
teoría narrativa, como un campo con gran potencial de desarrollo:
"El campo de
los estudios sobre narrativa está en plena efervescencia y goza de
mucha vitalidad. Es más, la disciplina está aún creciendo, de modo que
los
estudiantes y académicos más jóvenes están en posición de hacer avanzar
el trabajo que está haciéndose en este campo de investigación. Mi
recomendación es que los lectores interesados empiecen a sumergirse en
esta área de estudio, ya que se puede ser un participante activo en
este campo infinitamente fascinante (y relevante)."
Lo que es en España está
la cosa mayormente por hacer... Aunque muchos académicos utilizan la
teoría narrativa de modo accesorio, aplicado o accidental, no hay
muchos que se especialicen en este tema. Yo (quizá por mis limitaciones
inherentes, o por las institucionales) no he conseguido desde luego que
se interese ningún estudiante por estas cuestiones hasta el punto de
animarse a hacer una tesis conmigo. Alguna propuesta me ha llegado del
extranjero, pero con pocas posibilidades de llegar a término. No sé si
terminaré mi carrera como el narratólogo solitario, o si en algún
momento llegará a arrancar la cosa y tendré estudiantes de postgrado
trabajando en estas cosas. Por el cariz que han ido tomando los
estudios de postgrado aquí, parece bastante dudoso, ya que son los
catedráticos y sus proyectos subvencionados de investigación quienes
atraen a los becarios como la miel a las hacendosas abejitas. Y con
razón, claro: la ley número uno en la universidad es ir sobreviviendo y
colocándose, otras consideraciones tales como el interés intrínseco de
una cuestión ya son más debatibles, y en todo caso secundarias. Y
de los proyectos que he pedido de teoría narrativa no me han dado nunca
ninguno, ni para un remedio, ya hace tiempo que he dejado de pedirlos.
Y en las cátedras me suspendieron con mis investigaciones en esta
cuestión. Así que en eso se quedarán mis investigaciones y mi
hipotética
"escuela".
EL INTERROGATORIO
(Przesluchanie) Película polaca. Año: 1989
Duración: 118 min. Color
Dirección: Ryszard Bugajski. Guión: Ryszard Bugajski y
Janusz Dymek. Fotografía: Jacek Petrycki. Música: Danuta Zankowska. Diseño de producción: Janusz
Sosnowski. Vestuario: Jolanta
Gerneralczyk y Jolanta Jackowska. Montaje: Katarzyna
Maciejko-Kowalczyk. Intérpretes: Krystyna Janda,
Adam Ferency, Janusz Gajos, Agnieszka
Holland, Anna Romantowska, Bozena Dykiel, Olgierd Lukaszewicz, Tomasz
Dedek, Jan Jurewicz.
Estamos en Polonia hacia 1950, bajo
el comunismo stalinista. Antonina
'Tonia' Dziwisz es una actriz de cabaret que mantiene relaciones con
altos oficiales militares. Esos encuentros la hacen sospechosa y la
policía secreta la encarcela cuando durante la investigación a uno de
sus amantes. Comienza un proceso kafkiano de opresión y tormento que no
tiene otro sentido que el de perpetuarse a sí mismo—un sistema de
burocracia policial, infernal y cruenta, gozando de sí y de sus
productos en los que se reconoce: miseria moral, sumisión forzada,
recreación en la falsedad abusiva. La película, en formato de pantalla
estrecha para más agobio,
transcurre durante dos horas claustrofóbicas de celda en celda, de
interrogatorio en interrogatorio y de tortura en tortura, dando al
espectador una impresión vívida de haber estado allí y ser un interno
más. Tonya no es muy inteligente, pero tiene un tono vital innato y una
alegría de vivir que le ayudan a mantenerse la primera temporada, entre
la pequeña sociedad opresiva de reclusas hacinadas. Estas energías
quizá también sean su perdición, al llevarla a la cabezonería de no
confesar lo que le exigen que confiese (cuando es obvio que este
sistema todo se lo guisa y todo se lo come él mismo, y tritura a quien
se interpone).
Va Tonya de paliza en paliza y de
ducha helada en ducha helada, pasa
por ejecuciones simuladas, la desnudan y patean y humillan y maltratan
y torturan, pero ella resiste por esa mezcla de dignidad humana, de
estupidez, y de valor mal enfocado, que nadie le va a apreciar si no es
el inexistente público de la película. El director sí parece
apreciarla, y la convierte en una heroína ambigua o contradictoria—pues
a pesar de aguantar, al final acaba firmando confesiones, claro, y —es
más— desarrolla una descerebrada mezcla de síndrome de Estocolmo y
frivolidad de cabaretera, y copula voluntariamente con su torturador.
Este es un antiguo interno de Auschwitz, que ahora está crecido en su
papel de torturador, pero arrastra sus propios traumas y se retuerce
por dentro cuando ella lo llama Gestapo (parece que al hombre le
faltaban dotes de autoobservación). En fin, una película que muestra
cómo los guardianes (simpáticos y gente normal cuando están fuera de su
trabajo) son ni más ni menos que torturadores nazis en horario laboral;
como
lo sería cualquiera
en este sistema... es una de las sugerencias que se hacen. Y sin
embargo, no queda menos claro que el sistema, aunque se compone de
piezas normales, hace flotar hacia arriba como corcho blanco a las
ratas humanas, los capataces psicópatas, los pequeños mandamases
canallas que disfrutan reinando en su cuarto cerrado y maltratando,
humillando a los demás, castigando y acorralando a la gente. De
debajo de las piedras salen, cuando el clima es favorable, o sea que
por allí están, y abundan mucho más de lo que uno se sospecha, igualito
que los cocainómanos.
La película es pesada en cierto
modo, por la monotonía del agobio
continuo y el maltrato al personaje con quien se identifica el
espectador (en esa opresión continua basa su impacto), aunque como
todas las películas de maltratos, especialmente a
mujeres, tiene su propio encanto pornográfico. También es algo
inconsistente, debido a la inconsistencia de los propios personajes. Un
torturador psicópata agrietado por dentro, y que diríamos que acaba
rompiéndose antes que su víctima si no fuese porque Tonya ha intentado
de hecho suicidarse antes de su "romance" con el carcelero, con menos
éxito que él—y sólo por casualidad no lo consigue. La inconsistencia de
la película es necesaria quizá, la inconsistencia de ofrecernos un
personaje en parte admirables o consistentes, cuando a la vez muestra
claramente cómo el sistema torturador desmonta al personaje en piezas y
los vuelve inconsistente y poco admirable. Esta ambivalencia no
funciona del todo a favor de la película; con estos mimbres no puede
haber un desarrollo coherente, por definición.
Quizá la incoherencia sea parte del
mensaje. Aunque sea de modo errático y mal calculado, y un poco por
casualidad, Tonya consigue sobrevivir. Esto le había pasado, les relata
a sus compañeras de celda, en otras situaciones en las que debería
haber muerto, y se salvó precisamente por no hacer lo correcto. Observa
la Dra. Penas, sentada junto a mí en el cine, que Tonya puede que no
sea especialmente brillante, pero que una cosa sí que tiene que acaba
salvándola: no se deja encasillar en los papeles que le proponen o que
le imponen; se resiste, y redefine la situación de maneras inesperadas,
dentro de las limitadas posibilidades que le da el sistema.
Tonya sale de la cárcel tras unos
años, y quizá
rehaga su vida, pues parece que su
marido ha adoptado a la niña que tuvo ella con el torturador durante
los años que pasó en la cárcel. El marido la fue a visitar y suelta una
declaración de repudio que no puede ser sino prueba de su estupidez y
desconocimiento del sistema, si cree las confesiones de su mujer que le
han pasado, o prueba de su vileza y crueldad indiferente hacia Tonya,
si es que el sermón que le suelta en la cárcel es una treta para
exonerarse él frente a los guardianes. Este aspecto también es
inconsistente en la película, o en los personajes, o tal vez en la
vida, que en muchos rincones del siglo XX fue una auténtica mierda para
quienes tuvieron que aguantar a nazis o a comunistas, y millones
fueron, durante muchos años. La corrupción del sistema corrompe al
individuo por dentro. La crítica que le podríamos hacer a esta
película, en este sentido, es en todo caso de un exceso de optimismo y
fe en el individuo, aunque sea sólo uno.... dicen que esos son los
imprescindibles, y la pobre protagonista, por inconsistente que sea, sí
resulta ser aquí una pequeña piedra en los engranajes del régimen. Para
poco más da la cosa, y el precio a pagar es alto.
Colección
de recursos web Esta
selecta colección viene de la página de la
Stillwater Middle School,
de Stillwater, Nueva York. Veo con satisfacción que también me colocan
la bibliografía entre algunos recursos de primera línea mundial — como Luminarium, la Cambridge History of English and American
Literature, DMOZ, GALE's Literary Index, etc... Y oigan, la mía
no valdrá en realidad tanto, pero una cosa sí que es cierta: la he
hecho yo solito y solitario, no con un equipo de decenas o cientos de
personas.
Literary Criticism & Information
In
addition to our databases , try some of
these internet sites to help you find literary criticism and
information.
Una sesión de fotos sin luz,
por la
plaza de los Sitios.
Cine
gratis en Zaragoza Lo hay continuamente, sin
contar con
las descargas y las videotecas.
Cosa útil ahora que está tan caro en las salas. Les pongo esto en el
Moodle a las estudiantes de cine:
Ghost
in the Shell 2: Innocence Ada Byron, hija de Lord
Byron,
fue a
juicio de algunos la primera
persona que hizo un programa informático; más mérito cuando no había
ordenadores. Sobre fabricación de humanos artificiales
conversaban Byron y Mary Shelley. Andando el tiempo, llegó no sólo
Frankenstein, sino los replicantes de Blade
Runner, y el mundo virtual interno a la red de Neuromante—una vez convergieron la
informática de Ada Byron y los humanos artificiales de Mary Shelley.
Bien, pues de la conjunción de Neuromante
y de Blade Runner, con un
toque de Matrix, surge el
manga y serie de películas de animación Ghost in the Shell, cuyo segundo
capítulo, Innocence, fui a
ver a la serie de cine tecnológico que se proyecta en el edificio Ada
Byron. Para terminar de redondear el tema, aparqué el coche frente a la
sede del Instituto Tecnológico de Aragón, en el que según Steven
Spielberg se diseñaban los Pinochos vivientes de la película AI (Artificial Intelligence).
La película no puede
desagradar a
ningún ciberpunkero que guste de Neuromante,
o de película de animación como A Scanner Darkly. Creo. Tiene
un toque melancólico, un LeitMotiv que da título a la película: tanto
el cyborg Batô como su amada, que ahora es sólo una mente circulando
por la Red, viven divididos entre la melancolía por un pasado humano al
que no pueden volver, y el deseo de hallar la paz interna en su nueva
dimensión cibernética y virtual: aspiran a una vida estoica "sin pecado
y con pocos deseos, como los elefantes en la selva". Porque una selva,
claro, es el paisaje ciberpunk en el que se mueven—corrupción, crimen,
mafias, intrigas y explotación de inocentes... En realidad son más
justicieros de lo que sugeriría su lema, y la película gira en torno a
la liberación de unas jovencitas secuestradas y atrapadas en unos
tanques de animación suspendida, tal como los de Matrix, donde se las
guardaba para robarles el espíritu e infundirlo a las androides
eróticas que creaba una ilegal corporación del crimen.
Abundan en la película las
reflexiones sobre los límites de lo humano,
a lo Blade Runner, con alusiones a la Eva Futura y a la Olympia de
Hoffman; el erotismo del maniquí está aquí a la vez explorado y
explotado, con una ambivalente actitud hacia la Mujer Objeto
(característicamente, se descarga abundante violencia contra los
maniquís eróticos, creando cortocircuitos de actitudes en el
espectador). Los personajes reflexionan a menudo en voz alta sobre
estas cuestiones, dando voz a un discurso típicamente postmodernista y
postestructuralista sobre la identidad: si es replicable, si es
imitable, si consiste en signos, ¿dónde está la esencia de la
humanidad? No existe, somos todos androides. Pero a la vez está la
contradicción, claro: si somos androides, no haría falta robar la mente
a las niñas para infundirla a los robots. Y aún más, ¿qué es lo
que se les infunde a esos robots? Aquí el alma parece ser una sustancia
transferible y autocontenida—como si la identidad o actitudes de esas
niñas en los tanques de animación suspendida pudiese ser la misma que
en un mundo social. En fin, que la película usa dos nociones
incompatibles de identidad, la esencialista de una sustancia
espiritual, como parece ser también la amada de Batô, su "ángel
protector" como lo llama su colega, que está a la vez muerta o viva
pero a la manera de un alma—y la noción materialista de la inteligencia
artificial, que dejaría poco lugar para esos lujos de la individualidad
y el espíritu.
Los movimientos y gestos de las
figuras son torpes e inexpresivos, en
la tradición del manga animado japonés, mientras que los fondos son
obras de arte barrocas-cyberpunk, muy inventivos visualmente, y uno de
los puntos atractivos de la película. Como la música, por otra parte,
opresiva y posthumana como el mismo argumento. Otro detalle
bonito, aparte de la sinfonía de variaciones entre lo humano y lo
artificial: el episodio en el que Batô y su colega, asaltando la
guarida del malo, se ven pillados en un bucle de realidad virtual, del
que lograrán salir con una pista que ha introducido el ángel guardián
para que puedan romper el hechizo. Esto está introducido de manera muy
efectiva, usando una escena repetida varias veces sin previo aviso, que
al principio parece un fallo de montaje de la película, hasta que ves
las variaciones sobre la escena ya vivida. Es un modo muy vívido de
sumergir al espectador en la experiencia de la realidad virtual sufrida
por los personajes, y entramos allí sin transición, claro, pues en el
cine todo es realidad virtual. Los personajes se preguntan si han
salido al mundo real, un poquito como los del argumento de Total Recall antes del beso
final—pero lo cierto es que una vez el argumento se adentra por según
qué derroteros, ya no hay manera de volver a la realidad sólida, pues
ésta está inerpenetrada de experiencia virtual. Es en cierto modo una
película sobre cómo la cibernética añade planos a la realidad, y crea
mundos dentro de mundos, de complejidad creciente, y transformando
experiencia directa, y no mediatizada tecnológicamente, en un recuerdo
nostálgico o en el sueño de una inocencia imposible. Eso sí logra
transmitirlo muy vívidamente, como si nos hiciese falta recrearnos en
ello.
Seleccionado
en la ipl2 Esta
es la página de recursos web para Artes y Humanidades de la ipl2,
"Internet Public Library 2", mega sitio web académico de reciente
creación. Selecciona 182 recursos de entre todo el orbe planetario y
conocido, páginas del tipo The
Victorian Web, Mr William Shakespeare on the Net, The New York Times
Books, The House of Usher, Luminarium... y entre ellos se
encuentra (se busque o no) mi
bibliografía. No estoy, por tanto, en mala compañía. Según explican en esta página, "en
enero de 2010 se puso en marcha el sitio web ipl2: Información de la cual fiarse,
fusionando llas colecciones de recursos de los sitios en red de
la Biblioteca Pública de Internet
(IPL) y del Catálogo de
Internet de las Bibliotecas (LII). Este sitio web está alojado
en en la Facultad de Ciencias y Tecnologías de la Información de la
Universidad Drexel, y hay un consorcio de universidades y centros de
enseñanza superior con programas en ciencias de la información que se
encarga de desarrollar y de mantener la ipl2."
Estas son los principales miembros
del consorcio:
The iSchool at Drexel College of
Information Science and Technology Florida State University College of
Information
Y además:
University of Illinois at
Urbana-Champaign Graduate School of Library
and Information Science University of North Carolina at
Chapel Hill School of Information and
Library Science University of Pittsburgh School of
Information Sciences Rutgers School of Communication,
Information and Library Studies Syracuse University - The School of
Information Studies University of Texas at Austin -
School of Information University of Washington Information
School
Bien, pues albricias. Veo también
hoy que en el Centro de Investigación
Narrativa de la Universidad de Londres han puesto un enlace a mis
artículos. En esta
página, donde también hay muchas cosas interesantes sin duda.
LA OREJA (Ucho)País: Checoslovaquia
Año: 1970 Duración: 94 min. B/N
Sinopsis:Ludvik,
miembro del Partido Comunista checo, vuelve a casa tras haber
descubierto que varios de sus compañeros ya no están en su puesto. Una
vez en casa descubre que está siendo escuchado por el Partido y que un
grupo de hombres le esperan fuera de su casa, por lo que teme ser el
siguiente en ser 'relegado' de sus funciones.
Estuve
viendo esta película en un ciclo de cine de Europa del Este sobre el
comunismo, en el Cerbuna. Queda recomendadísima. Es una especie de
cruce entre 1984 y ¿Quién teme a Virginia Woolf?.
Las tensiones de pareja del diputado Ludvik se agudizan cuando sospecha
que va a ser purgado, y su esposa Anna, borracha y harta de él, le va
cantando las cuarenta sin importarle que los oiga "La Oreja", los
espías que han plantado la casa con micrófonos y que les escuchan desde
coches y camionetas estacionados alrededor.
Se han enterado de la purga gubernamental en una fiesta, y dedican toda
la noche a recriminarse, en deliciosas escenas nocturnas con
candelabros (les han cortado la luz)-- también a destruir pruebas, a
desvincularse de contactos comprometedores, y a repasar angustias. En
una escena de pesadilla reciben a unos falsos amigos juerguistas, que
supuestamente vienen a continuar la borrachera, pero en realidad son
espías que los controlan. Llega
Ludvik al borde del suicidio, máxime cuando descubre los micrófonos que
han dejado constancia archivada de la doblez de su carácter. Pero le
han robado la pistola.
Sin embargo termina la película con Ludvik recibiendo una llamada:
acaba de ser nombrado ministro— se supone que precisamente porque
consta su voluntad de plegarse y adaptarse a un sistema tan corrupto y
a unos superiores tan oportunistas como él. Un plegamiento ante el
poder más voluntario, y por eso más triste y patético quizá que el de
Winston en 1984 de Orwell.
No es mala persona Ludvik, especialmente, pero no tiene madera de
héroe; sólo tiene miedo y busca sobrevivir a costa de los demás—y gente
como ésa es la que necesita el régimen. "Tengo miedo", dice Anna al
recibir la noticia de su ascenso (pues más dura será la caída en el
futuro, seguramente...).
En fin, una película sarcástica, satírica, cruel. Muestra cómo la Oreja
externa plantada por el régimen, con chivatos, espías y micrófonos,
acaba siendo interiorizada, y corrompe y divide a la personalidad por
dentro. Decía yo en el coloquio subsiguiente que todo es cuestión de
grado: que siempre somos conscientes, bajo Franco o bajo ahora, de que
no conviene hablar demasiado alto en público, ni decir cosas muy
comprometedoras, que puede haber una Oreja en cualquier esquina. Y que
por tanto todos interiorizamos la Oreja ésa. Claro que hay momentos
históricos espectaculares en esa manipulación de la consciencia por
parte del régimen: los totalitarismos, el nazismo, el fascismo, el
comunismo... o el nacionalismo vasco.
Recuerda también la película, cómo no, a la exitosa "La
Vida de los Otros", de Florian Henckel von Donnersmarck; pero La Oreja
es menos autocomplaciente, no sólo por haber sido hecha bajo el régimen
que denuncia, sino también en el sentido de que vemos al Régimen
espiándose a sí mismo, no a los opositores; el espiado no está
idealizado, y aquí no son los espías quienes flojean en sus
convicciones. Esto es más fiel a la realidad estadística, me parece, y
más satisfactorio desde el punto de vista satírico (aunque Nabokov hizo
una gran obra de arte satírico con un protagonista idealizado, contra
un régimen totalitario, en Barra
Siniestra).
Esta película, La Oreja,
estuvo veinte años criando polvo en los sótanos de la Policía checa; el
director desde luego era un peleón, pues por la película se echa
claramente de ver que no era ningún ingenuo ni optimista. Quizá
esperase para ella mejor destino en un futuro próximo; tal como van las
cosas me alegro de haber tenido la oportunidad de haberla visto, pues
lo pasado pasado queda y a otra cosa, mariposa, los resistentes,
normalmente en la sombra están y a la sombra se quedan, y los expertos
en sobrevivir flotan como corchos en todos los líquidos políticos.
Una escena quería comentar, aunque muchas hay dignas de comentario. Más
que una escena, un recurso fílmico peculiar. Sabido es que en el cine
clásico no es aceptable que el personaje mire a la cámara, por lo que
esto tiene de llamar la atención sobre el propio procedimiento y
atentar contra la invisibilidad del Ojo. Bien, pues repetidamente, en Ucho, en
varias escenas de flashback (cuando Ludvik y Anna recuerdan escenas de
la fiesta de la que vienen), vemos la escena filmada en cámara
subjetiva, posicionada exactamente en la mirada de Ludvik (y de Anna en
una escena), y vemos por tanto cómo sus interlocutores se dirigen a
ellos mirando directamente al ojo de la cámara. Este recurso funciona,
en este contexto, de manera muy particular y eficaz. Por una parte
supone una experiencia desagradable—muchas veces se ve que no son caras
bonitas ni encuentros agradables: se produce una cierta nota de
falsedad acentuada por lo atípico del procedimiento. Y si atípica es la
cámara subjetiva, más atípico es aún que alterne, en plano-contraplano,
con la mirada del interlocutor: en efecto, la perspectiva dominante e
interna del personaje de repente se ve interrumpida bruscamente para
presentarnos a ese mismo personaje, a Ludvik sobre todo, visto desde
fuera, mirando a la cámara también, y normalmente balbuceando palabras
esquivas. Son las escenas de "la negación de San Pedro" que podríamos
decir, en las que Ludvik recibe la noticia de la purga de sus
camaradas, e intenta desvincularse de ellos, negar que fuesen un grupo,
etc. El uso de este violento plano/contraplano subjetivo acentúa la
impresión de contraste entre interno y externo que se produce en la
mente del personaje, y lo que vemos es una máscara externa negando,
negando, en brusco contraste con la desagradable impresión producida
por sus interlocutores "desde dentro".
Al
margen de las escenas claustrofóbicas de la casa, en la oscuridad, hay
que resaltar el momento en que se encienden todas las luces (les
devuelven la corriente por decisión de la Oreja) y quedan expuestos a
un exceso de luz deslumbrante, como si todos sus secretos fuesen
repentinamente visibles. Y
la grotesca escena de la fiesta del Partido, con gorritos de papel,
falsa jovialidad, bailes ridículos y borrachera. Me recordó a la fiesta
de los próceres del Antiguo Régimen en esa vieja película de von
Stroheim,
La Marcha Nupcial. O a las fiestas de empresa corrupta en The Firm. Lo
que quieren mostrar los autores es que las élites del poder son las
mismas con comunismo o sin comunismo, y que cuanto más corrupto y
arbitrario es el régimen y sus bandazos, tanto más se internaliza la
corrupción y penetra, por la oreja o por donde sea, hasta el interior
de la vida privada del sujeto, sujeto y maleable, poniendo a prueba su
doblez.
Ucho (La oreja).
Dirección: Karel Kachyňa.Guión: Karel Kachyňa y Jan Procházka
según un argumento del segundo y Ladislav Winkelhöfer.Fotografía: Josef
Illík.Música:
Svatopluk Havelka.Dirección artística:
Oldrich Okác.Decorados: Ester
Krumbachová.Montaje: Miroslav
Hájek.Intérpretes:
Jiřina Bohdalová,
Radoslav Brzobohatý, Gustav Opocenský, Miroslav Holub, Lubor Tokos,
Borivoj Navrátil, Jirí Císler, Jindrich Narenta, Frantisek Nemec.