... Únete a nosotros. Nos
anuncian que hoy, hoy treinta y
uno de octubre de dos mil once,
llega el planeta Tierra a siete mil millones de habitantes, en
crecimiento continuo y de momento imparable. Por... suerte, digamos.
Sólo grandes catástrofes lo pararán, mayores que las que ya hay, quiero
decir—con epidemias, tsunamis, volcanes, hambrunas, guerras, crisis y
abortos masivos e industrializados. De momento, seguimos creciendo felizmente,
como los gusanos en un queso, hasta que el agotamiento de los recursos
nos reduzca a proporciones más adecuadas a lo que serán las
circunstancias. En un queso agusanado, si hay muchos gusanos, pronto
habrá muchos más. Y enseguida muchos más—hasta que de repente no
queda ninguno, o muy pocos, cuando se ha agotado el queso.
Pobres de los que vivan en esas circunstancias—pobres de los que ya
están viviendo en ellas, porque el futuro no llega de golpe, como no se
va de golpe el pasado. Para viajar al pasado, para viajar al futuro
(quién dice que no existen las máquinas del tiempo, se llaman coches y
aviones) basta con ir al lugar adecuado, a Los Angeles, a Mexico, a
Lagos.
No hace tanto, la última vez que se habló de este tema, quizá,
cuando
me mudé a esta casa—éramos sólo seis mil millones. Y aún me acuerdo
como si fuera ayer, que cuando era yo adolescente, éramos cuatro mil
millones. Y tres mil
cuando yo nací.
Los crecimientos continuos se nos presentan como una situación estable,
controlada y normal. No lo son. Alfred Bartlett ha llamado a esta
ilusión o falacia mental el secreto
matemático mejor
guardado del siglo XX.
Nos hemos acostumbrado a vivir con un crecimiento exponencial. Cuando
está claro cuál es el final de ese camino—todos los gráficos lo
enseñan, esos que muestran los índices de las ordenadas escalando
súbitamente a medida que las abscisas se acercan al año dos mil y se
adentran en nuestro siglo. ¿Les sugiere algo este gráfico? Aquí habla más al
respecto Bartlett: "Aritmética,
población y energía"—una
conferencia que es imprescindible para poner estas cuestiones en
perspectiva.
Oigan un dato que repiten estos días. En el año 2050, la
población se habrá duplicado. Las tierras de cultivo, sin embargo, sólo
habrán aumentado un cinco por ciento. ¿Sería posible alimentar
adecuadamente a esa población con esas tierras? Posible, quizá, con
muchas condicionantes. ¿Se hará? Lo dudo mucho.
La disponibilidad de recursos
materiales y energéticos.
Siguiendo su razonamiento, nuestro futuro como especie será más
o menos largo y próspero (o breve y terrible) según la disponibilidad
de recursos, y sobre todo de energía: al estar muchos recursos
dispersos y ser de difícil utilización, de no tener energía barata para
extraerlos y aprovecharlos, "se sigue que la disponibilidad de energía
guarda una muy estrecha relación con la disponibilidad de otros
recursos" (414).
Spier, a quien algunos podrán considerar pesimista, peca para mí de
optimismo casi descabellado en algunos aspectos. Por ejemplo,
argumenta, y con razón, que "una de nuestras necesidades primordiales
pasa por
mantener controladas las cifras demográficas humanas"—o de lo contrario
caeremos en una profunda crisis (y no hablamos de que quiebre algún
banco, no, o de que recorten las pensiones, sino de cosas espantosas).
"Por fortuna", dice Spier, "el crecimiento demográfico global parece
estar manteniéndose de forma espontánea en niveles estables, y da la
impresión de que dicho fenómeno está ligado con el creciente proceso de
urbanización" (414-15).
—¡Pero de qué está hablando!— como
diría Bartlett, What's he
talking about?!!!!
Mil millones de habitantes más en estos diez años, y llama a esto ¡"un
nivel estable"! — Es un caso ejemplar del espejismo a que aludía
Bartlett,
la confusión entre un crecimiento
sostenido y la estabilidad. No,
la población no es estable en su
crecimiento,
porque el crecimiento no es estabilidad, en absoluto, y menos a estas
alturas de la película. Me temo que el crecimiento exponencial de la
población frente a los recursos va a pillar a más de uno por sorpresa,
incluido a mí que escribo estas líneas. Y yo pensando en releer a
Malthus, a estas alturas.
Si los desincentivos urbanos al crecimiento a los que alude Spier han
de
funcionar, no será antes de que el mundo esté tan superpoblado como
Ciudad de México. Un panorama nada envidiable, en el que
lamentablemente habrán de vivir nuestros nietos, si no nuestros hijos.
Es como para aconsejarles que no tengan hijos, como nos lo
aconsejábamos nosotros en tiempos, viendo el futuro tan dudoso como hoy
lo vemos. Pues que nos sigamos equivocando—qué más se puede pedir.
Los humanos sobrevivirán (algunos) de una manera u otra, eso sí. Los
propios
humanos son un recurso energético y material explotable, como bien se
ha
venido demostrando en cien mil años de historia. La explotación de los
recursos naturales siempre ha pasado en el caso de los humanos por un
filtro humano: por la explotación del hombre por el hombre, o de la
mujer por el hombre—y en el futuro, tanto más lo hará. No nos
preocupemos por
el planeta—el planeta sobrevivirá, y posiblemente la vida en una forma
u otra. Con extinciones masivas de especies, eso sí. Incluso
en circunstancias espantosas,
sobrevivirán también humanos durante mucho tiempo. Lo que no
sobrevivirá, sino que se transformará enormemente, como viene
haciéndolo sin cesar, es nuestro mundo globalizado y nuestra cultura
actual. Para Spier,
"la
interrogante decisiva parece ser la que gira en torno a la cantidad de
energía de la que podamos disponer para construir el volumen de
complejidad que necesitamos, manteniendo al mismo tiempo la entropía
dentro de unos márgenes deseables" (415).
A lo cual cabe matizar, dos preguntas que no son evidentes de por si. ¿Qué es deseable? ¿Qué necesitamos? —O,
quizá, una tercera, ¿qué es
soportable, pujando a la baja, entre la oferta de condiciones y la
demanda de vida? Son
límites que algunos ya exploran, terrenos baldíos de la experiencia
humana que serán cada vez más frecuentados, siquiera sea por que cada
vez habrá más gente apretándose para ocupar ese espacio.
Aun contando (de modo optimista) con la posibilidad de descubrimientos
de recursos energéticos insospechados (pero reléase la fábula de las
botellas de bacterias de Bartlett), Spier considea altamente
preocupante la actual dependencia de recursos energéticos no
renovables, los combustibles fósiles. Estamos, quizá ("quizá", dice) en
el principio del fin. No son buenas las perspectivas para lograr
reactores de fusión nuclear viables. Pero no nos detendremos en el
impulso de quemar todo el combustible fósil, hasta que no sea a la
fuerza:
"será
difícil inciar una transición que nos lleve a utilizar fuentes de
energía renovable mientras los combustibles fósiles sigan resultando
asequibles, ya que el actual régimen económico impulsa la
competitividad" (417)
El candidato de Spier para la renovación energética es la energía
solar, aunque augura unos problemas asociados a su desarrollo—quizá no
los más obvios. Lo que a mí me parece es más bien que la actual energía
solar va
a caballo de la energía de los combustibles fósiles, que son los que
impulsan nuestra sociedad avanzada. No sabemos si llegaremos a tiempo a
la cita con la energía solar—quién llegará, quiero decir, y cómo. Puede
leerse al respecto la curiosa novela Solar,
de Ian McEwan. No sabemos qué va a pasar con la producción industrial
cuando deje de ser viable el actual régimen de transportes. Desde
luego, como señala Spier, habrá que potenciar lo local—pero no sabemos
cómo de difícil va a ser la transición de un régimen a otro.
"Será
preciso diseñar y producir un gran número de nuevas formas de
complejidad construida. Todo esto significa que el futuro de los
ingenieros presenta unos visos excepcionalmente halagüeños" (420).
Hay formas de complejidad cultural energéticamente costosas van a verse
seriamente afectadas, en especial transporte por avión y coche. Pero
también la agricultura moderna industrial, que depende de las máquinas.
Spier considera que "El mantenimiento de la actual complejidad
electrónica global es probablemnte menos costoso, y por consiguiente es
posible que se vea expuesto a una reducción menor" (421)—ójala, y
seguiremos retransmitiendo. Pero, si se
transforman la agricultura, y el transporte, la industria ha de
cambiar,
de maneras inimaginables. O únicamente imaginables en un registro cyberpunk, me temo.
El agotamiento de los recursos clave
y el aumento de la entropía
No es sólo el agotamiento del petróleo lo que amenaza a la
agricultura industrializada. También el agotamiento de los fosfatos,
señalado por Spier como un recurso en disminución y que será
insustituible—hoy va a parar al mar, se vuelve inutilizable allí, y
habrá que
economizarlo. Otros procesos entrópicos están en curso: los gases
causantes del efecto invernadero, la pérdida de la biodiversidad debida
a la urbanización, la tala masiva de bosques y la agricultura
industrial, la proliferación de desechos industriales y basuras... Si
ha de haber una transicón a un régimen sostenible a largo plazo, el
desarrollo de una
energía renovable será crucial, y no sabemos cómo podrá usarse para
contener estos procesos entrópicos. Todo parece apuntar a la necesidad
de una transformación radical en los hábitos humanos de consumo de
energía, pero también de organización social, de consumo y de
alimentación. Esta transformación alcanza más allá de los seres
humanos, pues implica a una buena parte de la biosfera controlada por
ellos e implicada en sus procesos de producción y sus sistemas de
organización. La transición a un régimen de energía renovable y de
población estable habrá de producirse—y habría de ser pronto...
... Pero
estamos muy lejos de que se produzca esa transición. Hemos pasado
varias niveles de alarma de gravedad creciente (esto no lo dice Spier
sino yo) y sin embargo no nos detendremos hasta haber comprometido
seriamente, qué digo comprometido, abocado a la destrucción, cualquier
tipo de régimen económico semejante a los que hemos conocido en el
pasado. El futuro será distinto, quizá bonito para algunos, pero el
futuro de la mayoría de la humanidad futura no nos parece envidiable,
visto desde aquí. Aunque hay ambientes para todos los gustos.
Una reflexión de orden general sobre el pasado, y sobre el futuro. No
hemos
estado en ellos, y sin embargo, a vista de pájaro, podemos verlos desde
aquí. La complejidad actual es producto de una larguísima etapa de
formación, sistemas complejos acumulándose sobre sistemas más simples,
desde un origen absolutamente simple—y el futuro verá el decrecimiento
de la complejidad, a más corto o a más largo plazo. Esto sucederá, y
sobre eso hay pocas dudas. Lo que desconcemos es si estamos en una fase
relativamente temprana, o relativamente tardía, de la historia de los
sistemas complejos. Todo es evolución, panta reï, como
decía Heráclito, todo fluye. No hay ningún sistema que de por sí sea
estable, sólo
estabilidad aparente o parcial, o ciclos como vueltas de peonza que se
repiten, cada vuelta aparentemente como la anterior, pero en realidad
distinta, mientras la peonza va perdiendo energía. No hay sistemas
estables, ni desarrollos sostenibles.
Herbert Spencer, en First Principles, ya habló de
los procesos complejos de equilibración
relativa, o estabilidad, y de su disolución a más largo plazo. Hay que
decir que Spencer ve el crecimiento de la población humana con relativa
poca preocupación; como Spier, parece creer que se equilibrará (aunque
igual su altura olímpica es demasiado remota para observar los procesos
por los cuales ésto se lleve a cabo):
"Evidentemente,
este progreso industrial tiene su límite, lo que el Dr. Mill ha llamado
'el estado estacionario'. Cuando la población se haya hecho densa en
todas las partes habitables del mundo; cuando los recursos de todas las
regiones hayan sido completamente explorados; y cuando todas las artes
productivas no admitan mejoras ulteriores; entonces habrá de resultar
un equilibrio casi completo, tanto entre la fertilidad y mortalidad de
cada sociedad, y entre sus actividades productoras y consumidoras. Cada
sociedad no exhibirá sino desviaciones menores de su número medio, y el
ritmo de sus funciones industriales continuará de un día a otro con
perturbaciones comparativamente insignificantes" (First Principles 459).
—Esto sucederá cuando nos hayamos comido todo el queso que son los
combustibles fósiles. De qué viviremos, no se dice. De la luz del sol.
Y los cataclismos posibles de la adaptación a este
régimen, no los menciona Spencer.
Desde
este punto del mundo
vemos lo que es el mundo, vemos su pasado remoto y su futuro lejano,
dentro de los límites que nos son dados. A esa escala, casi parece
ocioso preguntar cuánto tiempo tenemos, y sin embargo es una cuestión
que no puede sino preocuparnos. Y cuánto tendrán nuestros
descendientes, y qué es lo que les va a tocar vivir.
¿Emigrarán los seres humanos a otros
planetas?
La respuesta, en breve, es no.
Mucho la matiza Spier, hasta extremos casi ridículos, especulando con
la posibilidad improbable de un viaje interestelar que (en cualquier
caso) seguiría dejando en la Tierra a la totalidad de la especie humana
en bloque, y que no resolvería nada sino una precaria continuidad de
algunas tradiciones culturales. Ni eso, habría que decir. Un puñado de
astronautas no podrían, ni con auxilio informático, mantener una
compleja tradición cultural, que depende de una amplia población y una
extensa organización social. Serían a la vez los últimos hombres y los
nuevos primitivos, antes de su muerte fría que sería más temprana que
tardía.
Pero no sucederá, ni siquiera ese epílogo de la
historia. No
disponemos de la tecnología y de la energía necesaria para impulsar ese
viaje, y con toda seguridad nunca dispondremos de ellas. No
habrá naves interestelares, pues sólo el derroche industrial del siglo
XX ha hecho posibles nuestras diminutas incursiones en el vecindario
extraterrestre. Para recorrer el futuro precario, la Tierra es nuestra
única nave espacial, y el destino de una hipotética nave o flotilla
interestelar no haría sino remedar, en versión abreviada y a modo de
farsa tecnológica, un grotesco théâtre
de la cruauté,
la tragedia de la historia humana. Las dejaremos esas naves para el
cine, compensación imaginaria, y ya tenemos en cualquier caso las
Historias Futuras de Olaf Stapledon y otros
a modo de consuelo. Pronto tendremos otros asuntos que resolver, y
otros futuros más apremiantes. He de decir que Spier también concluye,
con lúgubre parquedad, que esos sueños de la razón no son sino sueños
de la imaginación: "en la actualidad, no se dan las circunstancias
Goldilocks necesarias para la realización de viajes espaciales a largas
distancias" (427).
Los viajes a las estrellas son una fantasía de la era industrial, del
mismo modo que el Más Allá era una fantasía de la era de la
servidumbre. Huímos a los cielos—pero sólo en la imaginación. Muchos no
lo han entendido aún.
Unas palabras para concluir
La conclusión de Spier es un interrogante—¿seremos capaces de
desarrollar un régimen sostenible, no para la eternidad, pues el ser
humano está abocado a la extinción, sino durante un tiempo
razonablemente largo? ¿Un régimen en el que sea posible mantener la
complejidad cultural alcanzada o al menos gran parte de ella?
Para eso tendremos que hacer algo que no hemos hecho. A saber,
remodelar, culturalmente, nuestros hábitos despilfarradores de consumo,
que probablemnte vienen (y aquí Spier parece concurrir con los
sociobiólogos evolucionistas) de un desfase cultural. Somos
depredadores de la sabana
(es nuestro origen) trasladados a otro entorno, pero seguimos
comportándonos de manera depredadora—refinados, eso sí, nuestros
hábitos depredadores y convertidos en una compleja estructura de
trabajo y explotación a nivel mundial.
"es
posible que los seres humanos estén genéticamente programados
para extraer una mayor cantidad de materia y energía de la que precisan
para asegurar su supervivencia y su reproducción. De ser esto
efectivamente cierto, ¿habrá que pensar que los seres humanos tienden
genéticamente a rebasar las circunstancias Goldilocks que delimitan su
existencia en el planeta Tierra? Si así fuera, ¿habrá esperanza de
poder domeñar este instinto biológico con ayuda de la cultura? ¿Cuáles
son las circunstancias sociales que podrían favorecer este tipo de
conducta? (428)
Puesto así, la pregunta de si lograremos cambiar(nos) o no es ociosa, o
retórica, o nos embarca en un
razonamiento dialéctico. No cambiaremos,
no nos cambiaremos, a menos que las circunstancias nos cambien y nos
fuercen a cambiarnos, y no será bonito de ver. El pasado es una
larga
historia de brutalidad y horrores, que también tiene muchos elementos
de sweetness and light.
Probablemente también lo será el futuro—en gran parte de él no nos
reconoceríamos, como no nos reconoceríamos a gusto en nuestros
ancestros no tan remotos. Queda por ver si es tan largo como el pasado,
el futuro éste incierto y no muy agradable. Entretanto, seguimos
quemando la sabana, como si fuese la Tierra plana, "inmersos en una
forma de sociedad que por lo general prima los resultados a corto
plazo, ya sea en el ámbito económico o en el político" (429). La
sabana parece muy plana, e inacabable. Pero la
Tierra es redonda, decía mi padre, y avanzando tras la hoguera,
pronto nos encontraremos con tierra quemada por
delante.
Concluye Spier su libro, sobre la complejidad y la sostenibilidad:
"Sea
como fuere, espero haber dejado claro que el principio centrado en el
estudio pormenorizado de los efectos que tiene el hecho de que los
flujos de energía, al recorrer la materia en el marco de unos
determinados límites Goldilocks, conduzcan tanto al aumento como al
declive de la complejidad a todos los niveles, no sólo venga a
simplificar muy notablemente nuestra comprensión del pasado remoto,
sino que ayude a esclarecer las cuestiones clave a que habrá de
enfrentarse la humanidad en un futuro inmediato". (430)
Pero no hace falta
esperar a que llegue el futuro, para verlo, como
decíamos antes—nosotros, y Radio Futura (en "Enamorado
de la moda juvenil") —"el futuro ya
está aquí".
JoseAngel: Nos vamos a ver INSIDE JOB,
al Cerbuna, a las diez y media.
29 oct 11, 12:54
JoseAngel: Y UPyD no apoya la
manifiestación. Vaya coherencia.
29 oct 11, 12:47
JoseAngel: Aunque las víctimas tiran
piedras sobre su propio tejado, no se apoyan ni a sí mismas. Según la
web de la AVT, "no hay eventos programados" http://www.avt.org/actualidad/agenda-de-eventos/
29 oct 11, 12:32
JoseAngel: Con las víctimas del
terrorismo que se manifiestan en Madrid: No a la "generosidad" con la
ETA.
28 oct 11, 23:10
JoseAngel: Cierra Fírgoa, al parecer.
Aquí un dossier sobre el gobierno de las universidades, incluyendo un
enlace mío: http://firgoa.usc.es/drupal/node/28486
JoseAngel: Empieza a desmoronarse la
Facultad de Filosofía y Letras: se hunde el techo de un aula. No hay
muertos.
24 oct 11, 06:10
JoseAngel: ... condiciones
especiales. Con eso está dicho todo.
24 oct 11, 06:09
JoseAngel: La "nueva ETApa," la que
nos venden el gobierno, los políticos y los informadores. ETApa que al
parecer, necesitará tratamiento especial para según qué delincuentes.
Que obtendrán...
JoseAngel: Buenas noches, me voy a
leer "Mantícora".
21 oct 11, 19:24
JoseAngel: Y que se suicidó, nadie
sabe por qué.
21 oct 11, 19:24
JoseAngel: El discurso de Leonard
Cohen. Ha venido a España a agradecer su música a un guitarrista
español desconocido, que tocaba en un parque de Montreal y que, cuando
era chaval, le enseñó las notas básicas.
JoseAngel: Viendo Crazy Stupid Love.
En el cine, digo.
8 oct 11, 21:50
JoseAngel: Perspectivas electorales.
Por favor, rodillo del PP, NO. Votar PSOE, NI BORRACHOS. Nacionalistas
NOOO!!! IU=franquicia PSOE. YO VOTARE UPyD.
En Los
enamoramientos, de
Javier Marías, ésta la respuesta que da Díaz-Varela a la narradora,
cuando le pregunta por su amiga Luisa, cómo sigue, unos meses después
de perder súbitamente a su esposo Miguel Deverne. ¿Cómo sigue?
—Pues no bien —respondió por fin—,
y ya me voy preocupando. No es que haya pasado demasiado tiempo, desde
luego, pero no acaba de reaccionar, no avanza un milímetro, no es capaz
de alzar la cabeza ni siquiera fugazmente y mirar a su alrededor y ver
cuánto le quedea. Después de la muerte de un marido aún quedan muchas
cosas; a su edad, de hecho, queda otra vida entera. La mayoría de las
viudas salen adelante pronto, sobre todo si son más o menos jóvenes y
además tienen hijos de los que ocuparse. Pero no son sólo los niños,
que en seguida dejan de serlo. Si ella pudiera verse dentro de unos
pocos años, de un año incluso, comprobaría que la imagen de Miguel que
ahora la ronda incesantemente se le difumina cada día que pasa y cuánto
se le ha adelgazado, y que sus nuevos afectos no le permiten acordarse
de él más que de tarde en tarde, con una quietud hoy sorprendente, con
invariable pena pero sin apenas desasosiego. Porque tendrá nuevos
afectos y su primer matrimonio acabará por parecerle algo casi soñado,
un recuerdo vacilante y amortiguado. Lo que hoy es visto como anomalía
trágica será percibido como normalidad irremediable, y aun deseable,
puesto que habrá sucedido. Hoy le resulta inadmisible que Miguel ya no
sea, pero llegará un momento en que lo incomprensible sería que
volviera a ser, que sí fuera; en que la mera fantasía de una
reaparición milagrosa, de una resurrección, de su vuelta, se le haría
intolerable, porque ya le habría asignado su lugar definitivo y su
rostro apaciguado en el tiempo, y no consentiría que ese retrato suyo
acabado y fijo se expusiera de nuevo a las modificaciones de lo que
permanece vivo y por lo tanto es imprevisible. Tendemos a desear que
nadie se muera y que nada termine, de lo que nos acompaña y es nuestra
querida costumbre, sin darnos cuenta de que lo único que mantiene las
costumbres intactas es que nos las supriman de golpe, sin desviación ni
evolución posibles, sin que nos abandonen ni las abandonemos. Lo
que dura se estropea y acaba pudriéndose, nos aburre, se vuelve contra
nosotros, nos satura, nos cansa. Cuántas personas que nos parecían
vitales se nos quedan en el camino, cuántas se nos agotan y con cuántas
se nos diluye el trato sin que haya aparente motivo ni desde luego uno
de peso. Las únicas que no nos fallan ni defraudan son las que se nos
arrebata, las únicas que no dejamos caer son las que desaparecen contra
nuestra voluntad, abruptamente, y así carecen de tiempo para darnos
disgustos y decepcionarnos. Cuando eso ocurre nos desesperamos
momentáneamente, porque creemos que podríamos haber seguido con ellas
mucho más, sin ponerles plazo. Es una equivocación, aunque
comprensible. La prolongación lo altera
todo, y lo que ayer era estupendo mañana habría sido un tormento. La
reacción que tenemos todos ante la muerte de alguien cercano es
parecida a la que tuvo Macbeth ante el anuncio de la de su mujer, la
Reina. 'She
should have died hereafter',
responde de manera algo enigmática: 'Debería haber muerto a partir de
ahora', es lo que dice, o 'de ahora en adelante'. También podría
entenderse con menos ambigüedad y más llaneza, esto es, 'más adelante'
a secas, o 'Debería haber esperado un poco más, haber aguantado'; en
todo caso lo que se dice es 'no en este instante, no en el elegido'. ¿Y
cuál seríaa el instante elegido? Nunca nos parece el momento justo,
siempre pensamos que lo que nos gusta o alegra, lo que nos alivia o
ayuda, lo que nos empuja a través de los días, podía haber durado un
poco más, un año, unos meses, unas semanas, unas cuantas horas, nos
parece que siempre es temprano para que se les ponga fin a las cosas o
a las personas, nunca vemos el momento oportuno, aquel en el que
nosotros mismos diríamos, 'Ya. Ya está bien. Es suficiente y más vale.
Lo que venga a partir de ahora será peor, un deterioro, un
rebajamiento, una mancha'. A eso nunca nos atrevemos, a decir 'Este
tiempo ha pasado, aunque sea el nuestro', y por eso no está en nuestras
manos el final de nada, porque si dependiera de ellas todo continuaría
indefinidamente contaminándose y ensuciándose, sin que ningún vivo
pasara jamás a ser muerto'.
Después
de conocerse la sanción que le ha sido impuesta al
profesor Jorge Lirola Delgado, por denunciar públicamente al Rector de
su Universidad,
y en vista de las distintas irregularidades detectadas en todo el
proceso, sus compañeros, los profesores Estela Navarro i Ortiz
(estelapv@gmail.com) y Antonio Rodríguez Figueroa
(figueroa71@hotmail.com), han elaborado el escrito de apoyo que sigue:
El
pasado 21 de octubre de 2011 se le comunicó al profesor de la
Universidad de Almería, D. Jorge Lirola Delgado, la imposición de una
sanción de “suspensión en firme de funciones” por un periodo de cuatro
años y tres meses, sanción que entrará en vigor el próximo 1 de
noviembre. Entre los actos presuntamente cometidos por el profesor de
los que se le acusa se encuentran la perturbación del servicio, la
desconsideración con sus superiores y haber atentado contra la dignidad
de los funcionarios.
No
cabe duda de que los hechos imputados al profesor D. Jorge Lirola
Delgado, de ser ciertos, constituyen una falta grave. Pero también son
graves aquellos que, según denuncia el profesor Lirola, ha cometido
presuntamente en el ejercicio de su cargo el rector de la Universidad,
D. Pedro Molina García: prevaricación, fraude, acoso laboral, abuso de
poder y corrupción. Dichas actuaciones siguen
inexplicablemente sin ser investigadas por las autoridades competentes,
lo cual atenta claramente contra el estado de derecho en el que “el
gobierno en su conjunto y sus funcionarios son públicamente
responsables ante la ley”.
Por
otra parte, consideramos inaceptable que la misma persona acusada de
presuntas faltas graves, el rector de la Universidad de Almería, sea
también el encargado de impartir justicia e imponer la sanción, actuando descaradamente como juez y parte,
y atentando por tanto contra otro de los puntos esenciales en los que
se fundamenta el estado de derecho: la objetividad de los
representantes jurídicos competentes, que deben ser independientes y
éticos. Ante
tales irregularidades, los firmantes del presente escrito expresan su
apoyo al profesor D. Jorge Lirola Delgado, y solicitan:
-
que se paralice la aplicación de la sanción al profesor D. Jorge Lirola
Delgado dada la evidente falta de objetividad con la que ha sido
impuesta; -
que se investiguen con carácter inmediato los hechos denunciados por el
profesor D. Jorge Lirola Delgado; -
que de probarse que dichas acusaciones son contrarias a la verdad, y
únicamente en ese supuesto, se sancione al profesor D. Jorge Lirola
Delgado como proceda en la legislación vigente; -
que, por el contrario, de probarse que dichas actuaciones ilegales
denunciadas son ciertas, se actúe en consecuencia y se proceda a
sancionar al responsable de las mismas.
Todos aquellos que deseéis adheriros al mismo, solamente tenéis que
escribir a cualquiera de los dos direcciones antes del próximo domingo
30, mencionando vuestro nombre y apellidos, profesión/estudios y lugar
de residencia. Asimismo, agradeceríamos que le dierais la mayor
difusión posible.
El próximo paso será hacer llegar dicho escrito al Consejo de
Universidades, al Ministerio de Educación y a distintos medios de
comunicación.
Llega al volumen 30 la serie Narratologia:
Contributions to Narrative Theory, publicada en Berlín y Nueva York
por De Gruyter. A mí me llega a domicilio, porque los editores tuvieron
la gentileza de incluirme en el consejo de redacción, y algún informe y
revisión les he hecho, hasta coedité un volumen, Theorizing
Narrativity, si bien debería contribuir más. Ahora ha salido Strange
Voices in Narrative Fiction, de un grupo de narratólogos
nórdicos (más Brian Richardson).
La serie entera es una imponente enciclopedia de teoría narrativa, de
las que no existían hace no tantos años, cuando andábamos a la caza de
cuatro libros de Barthes, Todorov y Genette.
Y, aparte de esto, una bonita canción que reaparece por la red—de Elena
Frolova es, cantando un poema de Brodsky.
Voy a la conferencia de Sánchez Dragó en el Patio de la
Infanta,
"Y el mono se irguió y habló" (foro "Aprendiendo de los mejores"). El
otro día habló José Manuel Blecua sobre la RAE a principios del XXI.
Hoy público añoso, no veo a casi nadie que baje de los 50—ni siquiera
yo, que solía hacerlo. El arte de una conferencia, supongo, está como
el arte de todo, tanto en el cómo como en el qué. Pero esto no es una
grabación, y me centraré en cuatro notas sobre el qué dice. Se
autodefine como "ni español ni extranjero, ni blanco ni negro, ni mujer
ni varón…" Un hombre sin etiquetas, que quiere que emerja el yo
profundo. Ayn Rand: "para decir Yo te amo, antes hay que decir yo" (Bueno, pero en realidad se dice "te amo"
o "te quiero", digo… yo). Colabora ahora en El Mundo, en La Razón, en Telemadrid. Días Azules: memorias de un niño raro,
es su último libro (1 de cuatro libros de memorias, quizá).
Va a hablar del lenguaje, y opta por ser ameno, aunque es un tema muy
serio. Se autodefine como lingüista, filólogo, ha sido profesor de
semiótica, lingüística, etc. —en 13 universidades de 7 países. Se
moverá entre lingüista y narrador aquí. Días ajetreados, estos: se
publica el primer vol. de sus memorias. (Viene el título de Machado: el
papelote póstumo de "estos días azules, este sol de la
infancia..." encontrado en su abrigo).
Evoca el azul asociado a su madre, sus ojos, sus trajes: color de la
felicidad, siempre ha sido feliz y ha disfrutado de la vida – cuestión
de carácter, como ser joven o viejo, o desdichado. Lo han llamado niño
raro, joven raro.. y ahora viejo raro. Le gustó ir a la cárcel,
vivencias útiles para un escritor. 5 veces, si no no hubiera ido tanto.
Al exilio, también, con pasaporte falso. Dio la vuelta al mundo y ganó
dinero. Fue a Italia, estuvo indocumentado, profesor y periodista
indocumentado, hoy no se podría. Le gustó que le operaran del corazón,
le gusta hasta coger la gripe, por salir de lo habitual. Sus memorias
son las de un niño feliz, que decidió ser escritor a los 3 años de
edad. El mono era él, se irguió y leyó y escribió. Un libro de
autoanálisis escribió Dragó en Días
azules, echando un sedal al fondo del subconsciente y se sacan
cosas que se ignoraban antes, conforme se escribe.
Cuenta desde el momento de su concepción: concebido quizá la noche del
31 de diciembre del 35, noche alegre y excesiva. Es posible, le agrada
la idea de ser concebido en una noche de desenfreno, con burbujitas de
champán. Ahí arranca el libro, pero luego gracias al ordenador
(instrumento importante en su vida hoy) – nació en una casa llena de
máquinas de escribir, de niño hacía los deberes a máquina – pero se
pasó al ordenador, rindiendo honores fúnebres a su máquina de escribir,
en un ataúd de velorio, y con obituario. Va a poner todos sus libros en
el ataúd, vanidad de vanidades, y va
pensando en su epitafio:
"Ná de ná", por ej,. o ahora "Escritor y viajero", "Hombre humilde y
errante" o "Fuése, y no hubo nada". El caso es que el primer recuerdo
salió al ponerse al ordenador. Su estilo antes era farragoso, barroco,
fruto de la máquina de escribir: el ordenador ahora le ha depurado y
simplificado el estilo. Y ante el ordenador sale su primer recuerdo, en
el trance del artista: se dibuja el primer recuerdo propio (no recuerdo
de cosas que le han contado): Una señora, Conri, viene a visitar al
niño, que ya leía muy bien, y se lucía ante las visitas. Aplausos, y el
nene se va a jugar. Al despedirse de ella, le dice con aplomo que a
todos sorprende: "Yo voy a ser escritor", cuando le preguntan qué va a
ser de mayor. Es su carácter, su destino, y se dedica a ello 1)
corriendo aventuras y "mezclándose estrechamente con la vida" como
aconsejaba Hemingway. La propia calle estaba llena de aventuras en
Madrid. Corría libremente, no había coches. Correteaba todo Madrid. Y
2) la otra escuela: leer, leer, leer de todo a la vez, Peter Pan y
Dostoyevski, en plan trituradora de libros. Se crea ante él un santoral
de las figuras que poblarán su universo: Guillermo, Tom Sawyer, los
héroes de las novelas de aventuras…. Y se pone a imitar sus vidas
para poder contarlas.
Todo
esto tiene que ver con el lenguaje. Hablar, leer y escribir lo
desarrolló al mismo tiempo. También leía diccionarios, con la pasión
con la que se leen las novelas, y tiene cientos de ellos, los usa, mira
palabras incluso obvias, "botella". Tiene un diccionario de
onomatopeyas. Ha habido cien mil lenguas, y se van extinguiendo, y cada
vez que se extingue una es una herida para la condición humana. A
Hemingway le preguntaron por qué había reescrito tanto el final de A Farewell to Arms.
"Encontrar las palabras justas". Lo crucial en cualquier libro es
encontrar las palabras justas, quizá pasión inútil, que sólo entenderán
los escritores. A. Huxley: "la literatura son las personas que sienten
un irrefrenable deseo de jugar con las palabras". Y para Valéry, la
literatura tiene una condición puramente verbal. Pero vida = viaje =
literatura, la palabra también hace la condición humana. Somos hombres
porque hablamos, no por las cosas que hacemos. Es el lenguaje, la
capacidad de expresar objetos, abstracciones, conceptos, etc. por medio
del lenguaje articulado, es lo que nos hace humanos. ¿Pensamos o
hablamos primero? ¿Piensa el niño? De un modo elemental, siente, pero
no piensa porque pensar es verbalizar con lenguaje externo o interno la
vida, los conceptos necesitan palabras. "El principito que todo lo
aprendió en los libros" lo llamaba su padrastro. Pero no, también ha
aprendido mucho en la vida. Tiene Sánchez Dragó 3 hijos de madres
distintas, con 10 años de diferencia entre sí, los hijos son de las
mujeres y quizá tenga un cuarto. Dice que tiene un hijo de su edad, se
casó en la cárcel… se llevarán 50 años con el que tenga con su actual
esposa, si tiene otro.
Los niños de hoy, que han crecido con la tele y los medios, no aprenden
a hablar. El niño aprende a hablar escuchando. Y no oye modelos en las
tertulias o en la telebasura, se ha empobrecido el lenguaje de los
jóvenes hoy. En una conferencia un chaval le preguntó el sentido de la
palabra "eximio" Dragó le dijo "Vd. no es un exsimio, usted no se ha
erguido ni ha hablado". El idioma que recibimos es el que nos permite
erguirnos y ser los que somos. La gente del campo todavía habla bien, y
la gente mayor, pero los jóvenes y su uso de los medios y los SMS
empobrecen el lenguaje, los sms son gruñidos de chimpancé, dice.
Volveremos a la selva húmeda. Sus hijos decían siempre "super-" tal,
supercual, y él les corregía. En Las
noches blancas
usa campanillas, que usa para dar campanillazos a cualquiera que hable
mal, que cometa un herror lingüístico. Si no hay educación no hay
democracia posible. En Grecia no nace la democracia, sino la
Aristocracia. No, la aristocracia es el gobierno de los que han sido
educados, los que han pasado por la paideia. Poesía, gramática, y
retórica, por ahí se empezaba. Antes se medía la calidad de un centro
por el número de suspensos. Ahora al revés, su prestigio se mide por el
número de aprobados. Únicamente los educados eran ciudadanos en Grecia,
y eran quienes organizaban la cosa pública.
Estudió el bachillerato que no separaba las letras de las ciencias (el
de Pedro Sáinz Rodríguez). Poesía y filosofía nacen unidas. Sánchez
Dragó era muy malo en matemáticas, pero se los aprendía de memoria los
libros, y al final iba pasando. Siete cursos de gramática, con
Morfología, Sintaxis, Léxico. Y latín y griego, 10 años del primero. La
primera gran enciclopedia española, las Etimologías
de San Isidoro, une la comprensión del lenguaje a la comprensión de las
cosas. Quien sabe latín sabe etimologías. Es una barbaridad que el
latín haya desaparecido de la enseñanza – es una lengua que enseña a
pensar, una lengua matemática. Y con él se aprende la historia de la
lengua. En el principio era el Verbo,
dice el evangelio de San Juan, y también en el principio era la
respiración. Palabra y respiración van unidas: el aparato fisiológico
del ser humano es único en este sentido; respiración
y aprendizaje van
unidos en muchas actividades humanas aparte del lenguaje. Hoy no
sabemos respirar. La respiración abdominal es un consejo que nos da a
todos. En ocho tiempos. Sólo eso permite llegar a la meditación. Pero
también se puede acomodar al ritmo cotidiano. El lo hace, y es mano de
santo. Es gratuito, y lo cura todo y lo enseña todo. En nuestra
sociedad se cobra por todo, hasta en China, filas y filas de autobuses.
En Soria cobran por pescar cangrejos, antes eso no existía: ahora
licencias, carnets, reglas…. Y hasta copias plastificadas del DNI en
las redes. Antes todo era gratuito, hoy por todo cobran.
La vida empieza con los seres vivos que empiezan a espirar. Lázaro, al
resucitar, obedece la palabra de Jesús. La literatura cura, la palabra
cura. Por eso una mujer se enamora de un hombre que tiene labia—es ése
el truco de seductor que él confiesa. Nunca le han dado calabazas
porque las mujeres se enamoran de la labia. Es una terapia, eso y el
ronrón de los gatos, sonido de la paz universal. No sabemos cómo
empezamos a hablar, no hay restos fósiles de las zonas blandas del
cerebro. No se sabe qué pasó en el cerebro humano para que empezásemos
a hablar. Tampoco se entiende el ronroneo de los gatos.
Los mejores libros no son los grandes clásicos, sino los que nos marcan
en la infancia y la adolescencia. Los gatos son también grandes
maestros: pero no les cabe el concepto de orden, sumisión y obediencia,
nunca se domestica. Son los príncipes de la libertad. Ha escrito Dragó
una novela sobre un gato, uno de sus libros mejor escritos, más zen.
Hay un libro por ahí, El alma de los gatos: los escritores y sus
gatos. Lo hojeó en una estación… ¡Salía él, y su gato! El
Tao Te King de Lao Tsé (el mejor de todos los libros) dice que
la sabiduría máxima es estar alerta y
en reposo: como los gatos. Ahora tiene F.S.G. 5 gatos, y va a escribir
más
sobre gatos, dice. Una pesadilla administrativa, traerlos desde Japón.
Viendo una película sobre el perro japonés Hachiko, una de Richard
Gere, en el momento en que muere el perro fiel, ve a su dueño: una
revelación: se vuelve a Naoko y le dice—¿cuándo nació mi gato Bufanda?
Las fechas coinciden, es la reencarnación de su gato Soseke.
Sólo los humanos tienen lenguaje articulado (el de los loros no es
lenguaje conceptual, con significado). ¿Por qué empieza a hablar el ser
humano? Los animales no necesitan hablar. Un gato no lo necesita. Sabe
el mundo, sabe cuándo viene su dueño—es un despertador. Los animales se
comunican, pero no con un lenguaje articulado. Ha leído muchos libros
sobre el lenguaje, Dragó, sobre el lenguaje como capacidad, su origen,
su estructura, su tradición. (La tradición es la aurea catena, la
entrega de una generación a la siguiente sin que se rompa la cadena del
saber humano. Y es crucial la tradición del lenguaje). Oskar
Kismayer llegó a la conclusión de que los monos se irguieron y echaron
a hablar por el canibalismo: porque devoraron el cerebro de animales de
su misma especie. El cerebro es una droga de recreo: aumenta la
actividad sexual. Y crece la inteligencia: aumenta la masa encefálica.
Dice que tenían la virtud de la telepatía, la comunicación sin lenguaje
articulado, pero que la presión debida al aumento de la masa
encefálica, eso coincidiría con la aparición (en todas partes de las
culturas humanas) de las trepanaciones. Tentativa torpe de los chamanes
para dar salida a las dolencias que resultaban del exceso de masa
encefálica. Allí perdieron los humanos la capacidad telepática, y esto
coincide con la leyenda bíblica de la Torre de Babel. (Bueno,
yo creo que sería más bien la pérdida de la lengua única no verbal, y
el desarrollo de lenguajes verbales y gramáticas y vocabularios
incomprensibles. Sea como sea... ). Las leyendas y los
mitos no son gratuitos—son maneras de transmitir la aurea catena. Los
hombres dejan de entenderse entre sí, es el origen del lenguaje común
que sustituya al lenguaje telepático que han perdido.
El hombre se yergue en Africa, del que procedemos todos, y se extiende
por todo el mundo. ¿Pero por qué no hay en Africa alfabetos—y ni
siquiera lenguas, pues sólo hay dialectos? ¿Por qué no hay alfabeto
escrito donde crece el hombre? Esa necesidad al parecer surgió luego,
fuera de Africa. Surgen cien mil lenguas, algunas disparatadas,
enrevesadas—el español o el japonés son modélicos, pero el chino, el
euskera o el magiar son lenguas endiabladas y extrañas.
Terence McKenna sostenía que lo que convierte al mono en ser humano es
la ingesta de drogas enteogénicas: las drogas que inducen al nacimiento
del espíritu dentro de uno, como las que se tomaban en los misterios de
Delfos. Los chamanes promovían la génesis del concepto de Dios mediante
drogas. No todas las culturas generan el concepto de Dios. Es una
noción que no admite demostración científica, sólo fe u otras actitudes
emocionales. La ingesta de drogas produciría la conciencia de que somos
seres vivos, de la existencia, de Dios... y de allí a Internet,
etc.
Salimos de la selva y nos adentramos en la sabana. Allí todo cambia,
estás a pecho descubierto. Debes avistar a los depredadores, erguirse,
y luego correr deprisa, a dos piernas. El desarrollo de la masa
encefálica y su relación con el cuerpo es mucho mayor en los humanos.
Las hembras humanas tuvieron que correr, y no podían tener la pelvis
muy ancha. La Australopiteca, u Homo, que tenía la pelvis ancha no
podía correr y era devorada por los depredadores en la sabana.
Los nacimientos son difíciles. Portentosa paradoja: una
especie con cerebro desproporcionadamente grande, pero que tiene que
dar a luz a seres con un límite de tamaño en la cabeza, y por tanto con
un cerebro a medio formar, que se seguirá desarrollando tras el
nacimiento. A diferencia de
lo que sucede con la mayoría de los animales, las mujeres empiezan a
dar a luz a seres que madurarán fuera del útero de la madre, en
contacto con la sociedad exterior. El ser humano se nace inepto, y se
forma ya en sociedad, socializado. Su cerebro se va desarrollando no
dentro del vientre de la madre, sino fuera, en un mundo social. Lo que
produce las zonas del cerebro que permitirán la creación del lenguaje
articulado y la autonconciencia es el crecimiento que se produce fuera
de la madre, a pecho descubierto, socializando. Los niños-lobo no
aprenden a hablar nunca. (Esta
cuestión del desarrollo externo del cerebro, en un mundo social,
explica muy bien por qué el cerebro humano se hace con el lenguaje—la
coevolución del lenguaje y el cerebro, por usar una expresión de
Terrence Deacon. Ver lo que decíamos al respecto en un comentario sobre
la
encefalización y la neotenia).
El tiempo apremia, las ideas se amontonan, los excursos florecen, y
no nos puede contar Sánchez Dragó la mayoría de lo que quiere decir….
Por ejemplo el
nacimiento del pensamiento mágico. Las personas establecen una relación
causa-efecto entre cosas que nada tienen que ver entre sí: pero eso lo
hace el pensamiento mágico. Y confunde el significante con el
significado. Saussure habla de langue y parole. Cada comunidad, grupo,
región… introduce variaciones de tono. El acento, la tonalidad, viene
de la noche de los tiempos en una comunidad. Otra cosa son los
topónimos, también antiquísimos. Y otra cosa que no cambia con la
fragmentación del latín es la sílaba tónica de cada región. Distinta en
francés, en italiano (proparoxítono) o en el español, oxítono. Pervive
el acento. Esto hay que enseñarlo a los niños. Los niños tienen que
estudiar lengua para entender su tradición, la cultura del país en el
que viven. En la Romania, los países más alejados de Roma son más
revolucionarios, lingüísticamente hablando. El italiano es más cercano
al latín. Todo esto tiene una lógica— Como lo tiene el ritmo de la
poesía popular en otros países. En España, el octosílabo, en italiano
el endecasílabo, en francés el alejandrino. Las palabras populares han
cambiado mucho, y las cultas continúan con el modelo latino. Pues bien,
siempre la palabra popular tiene un sentido más directo. La lingüística
es una ciencia exacta que exige ser estudiada con el mismo rigor que
las matemáticas.
Dos palabras sobre el español. La dimensión política de las lenguas y
los ciscos que se montan con la inmersión lingüística; la gente
defiende la propia lengua, aunque esa lengua haya llegado a estar casi
extinta como el euskera. Tenemos que estar orgullosos del español, pero
tenemos que lamentar algunas carencias. Tiene gran riqueza léxica,
debido a la aportación árabe, griega, etc… Borges decía que el francés
es rico en significados y el español en sinónimos. También es
extraordinaria la distinción entre ser
y estar.
Son cosas muy distintas que las demás lenguas confunden, ser borracho y
estar borracho. También la distinción entre cosas y personas en el
objeto directo: a si es una persona: eso evita la cosificación de las
personas.
El español ha sido algo tan crucial que, dice Sánchez Dragó, él se
esforzó durante el exilio en mantener el contacto con el español vivo,
no la langue sino el habla. En Estambul (1966) se emocionó al hablar
con sefardíes, que hablaban en español del Renacimiento. "¡Qué mal
fabla aqueste mançebo!" dijo uno sobre él. Tras el exilio, vuelve a
España—le escribe una carta al Ministro de Justicia, harto del exilio,
y le pide un indulto. La envía al Ministerio de Justicia, Madrid. (Era
Oriol y Urquijo, "perfecto caballero"). Y llegó la carta al ministro,
que le contestó de su puño y letra, y le dio un salvoconducto, y le
indultó en el Consejo de Ministros, tras otro paso por la cárcel (en
1970), un arresto educado y amistoso y casi voluntario. Lo indultó
personalmente Oriol, que era potestad suya. Y volvió a Madrid y a su
habla, y mirando las calles ve una hermosa palabra, una palabra jugosa,
"TAHONA". Y se echó a llorar, ante la tahona cerrada.
Y termina con una anécdota india, y un soneto de Dámaso Alonso.
Había un santón mudo, venerado por la muchedumbre. En su vejez,
agonizante, por una ventana se veía una montaña cubierta de árboles. Y
un instante antes de morir, se volvió hacia el bosque y dijo, "¡Fuego!"
—y el bosque ardió. Concentró todo el poder del lenguaje de su vida en
una palabra.
Sánchez Dragó estudió en una universidad franquista donde no había
grandes pensadores, pero sí había grandes lingüistas: Rafael Lapesa,
García de Diego... Y Dámaso Alonso…. que luego presentaría Gárgoris y Habidis.
Termina, pues, con el soneto de Dámaso Alonso, "Una voz de
España": "tiernos
monstruos ruidos me decían…"
—en el que el poeta se despide de las palabras que aprendió desde niño
y que le han permitido hacer su mundo, ser el dios de su propia
creación, palabras que pronto ya no sonarán más para él.
Desde el caos inicial, una mañana desperté. Los colores rebullían. Mas tiernos monstruos ruidos me decían: «mamá», «tata», «guaguau», «Carlitos»,
«Ana».
Todo - «Vivir», «amar» - frente a mi gana, como un orden de vínculos prendían. Y hombre fui. ¿Dios? Las cosas me servían; yo hice el mundo en mi lengua castellana.
Crear, hablar, pensar todo es un mismo mundo anhelado, en el que, una a una, fluctúan las palabras como olas.
Cae la tarde, y vislumbro ya el abismo. Adiós, mundo, palabras de mi cuna; adiós, mis dulces voces españolas.
_____
En el turno de preguntas, le pregunto a Sánchez Dragó cómo vive
él su habla, su
extraordinaria facilidad de palabra, y cómo ve a los demás que no la
tienen, aunque me dirá que no es un
mérito, sino una manera de ser, que siempre ha sido así, es como
es... Que tampoco tiene que ver con la inteligencia o el conocimiento,
que él considera un mérito lo que trabaja, sí, que es mucho, pero no su
manera de ser, eso se tiene o no se tiene, como la facilidad ante las
cámaras...
—y me pregunto, a mí, si sabe lo que va a decir antes de decirlo,
y me pregunto cuál es la fuente detrás de las mentes, la radio que nos
dicta lo que decimos, la que organiza las palabras y prioriza una
palabra antes que otra, una idea antes que otra. Sánchez Dragó,
desde luego, sería un fascinante objeto de estudio para alguien
interesado en las
asociaciones de ideas, y en lo que pasa en el cerebro para que
alguien abra la boca, y hable, y una cosa lleve a otra.
Now you see it, now you don't. An experiment in photography.
Miércoles 26 de octubre de 2011
Globalización y sostenibilidad
Cuatro notas sacadas del final de El lugar del hombre en el cosmos,
de Fred Spier. Estas obras sobre Gran Historia, sobre el ser humano en
el contexto de la evolución cósmica, y de la ecología de los recursos,
son muy iluminadoras–ayudan a comprender mejor la historia humana como
una historia de organización para uso de recursos, unos tradicionales y
otros resultado de innovaciones, inventos y nuevos modos de
explotación. Así, por una parte se refuerzan las categorías
tradicionales del estudio histórico (el Neolítico y el desarrollo de la
agricultura, la aparición de los Estados y de las ciudades, etc.) y,
por otra, el nuevo énfasis lleva a replantearse la cuestion de en qué
época vivimos. ¿No convendría llamarla, por ejemplo, la Era de los
Combustibles Fósiles?
Claro que eso es un único criterio. Otros hablan, fijándose en otros
aspectos, de la era de la globalización, pero es que una cosa lleva a
la otra. Globalización siempre ha habido en mayor o menor medida, desde
que el ser humano salió de África por su propio pie y se fue
globalizando sin saberlo. Los imperios antiguos o modernos también
"globalizaban" a su manera, que ya desde entonces tiene mal nombre esto
de la globalización. Y la Iglesia católica era iglesia globalizada, o
aspiraba a serlo. Pero con la potencia de los combustibles fósiles, de
la máquina de vapor, del motor de explosión, o de los reactores, la
globalización se acelera. Todo lo existente se acelera. Nuestra
agricultura depende de los combustibles fósiles, para empezar, y la
estructura de nuestros estados y nuestra economía. Cabalgamos a lomos
de combustibles fósiles, y son ellos los que han permitido,
indirectamente, por vía del comercio acelerado y del crecimiento
industrial, que se produzca otro fenómeno globalizador: la comunicación
electrónica, la informática, y la red de comunicaciones global en la
que ahora mismo estás—hipócrita lector, a lomos de tus combustibles
fósiles. Como quien va a lomos de un tigre, y no sabe qué es lo que lo
mueve.
Esto es insostenible.
Lo de los combustibles fósiles, digo—eso es obvio. Los quemaremos, y
antes de lo que pensamos, por el crecimiento continuo de nuestra
economía. Ver a este respecto el vídeo sobre Aritmética,
población y energía, de Alfred A. Bartlett, que transcribo aquí. La
duda está en si la humanidad es sostenible. Ese es el interrogante que
cierra los últimos capítulos del libro de Spier (como otros—se me
ocurre Solar, de Ian McEwan,
a este respecto). Que nuestra economía no es sostenible, ni nuestra
sociedad, en su estado actual, ofrece pocas dudas. No está en
equilibrio, a pesar de algunas engañosas apariencias, sino en
desequilibrio inestable, en avance perpetuo con correcciones
improvisadas sobre la marcha. No es un avance controlado, ni dirigido,
aunque haya elementos de control y dirección: las medidas económicas y
financieras de la Unión Europea, por ejemplo, las que se toman este año
para paliar la crisis de deuda, tienen efectos calculados, y otros
incalculados–hay que seguir avanzando, y evitando el colapso y el caos.
Como buenamente se pueda.
Pero volviendo a Spier. Habla de la informatización como la tercera oleada de la globalización,
último paso en el establecimiento de redes de comercio, producción,
intercambio, dependencia e información a nivel global:
"La
actual revolución en curso de la tecnología informática ha venido a
reforzar notablemente todas estas transformaciones Los últimos sesenta
años han asistido al surgimiento de una nueva capacidad: la de
manipular un volumen de datos electrónicos que no conoce precedentes"
(381).
Por una errata dice que esto comenzó en el siglo XVIII—claro, se
refiere al XIX, cuando con la red telegráfica se estableció la versión
decimonónica de Internet. Y (qué poco se sospechaba en el siglo XX) al
tender los cables eléctricos se estaba tendiendo también la futura red
de Internet. Información es energía, a su manera, pues la
información permite reorganizar los procesos y rentabilizar el trabajo
de modo mucho más eficiente. Así, con una producción bruta
relativamente menor, la producción de la era electrónica genera una
rentabilidad económica mucho mayor, y así, "En los países pioneros en
la iniciación del proceso de la industrialización, el surgimiento de la
moderna tecnología informática ha dado lugar a la aparición de un gran
número de industrias de servicios. Hasta el momento presente, esta
nueva oportunidad de arrancar en cabeza de la comunidad internacional
ha permitido que estos países sigan siendo competitivos y que conserven
un nivel de vida relativamente elevado" (383)—aunque ahora la formación
y producción informáticas ya se extienden por países anteriormente
subdesarrollados.
La globalización ha acelerado los procesos de disolución de las
comunidades y creencias tradicionales, sus economías, sus costumbres y
sus modos de vida, dando lugar a "nuevos sentimientos de inseguridad,
tanto entre los ricos como entre los pobres. Y a su vez, la expresión
de estas percepciones adquiere muy a menudo la forma de un nuevo fervor
religioso." (385-86). La globalización también fomenta la imagen de un
mundo no sólo interconectado y mutuamente dependiente, sino también
frágil y aislado frente al cosmos. Spier retorna en diversos puntos del
libro a una imagen que le impactó, la de la Tierra vista desde el
espacio, imagen que "habría de estimular muy notablemente la idea de
que la Tierra es en realidad un frágil 'vehículo espacial'" (386). La
consciencia ecologista, en sentido amplio, se ve reforzada por estas
transformaciones globalizadoras y estas nuevas percepciones de nuestro
planeta como un conjunto.
Y ahí sitúa Spier, de modo reflexivo a modo de self-begetting narrative
de las descritas por Steven Kellman, el origen de su propio interés por
la Gran Historia, por enmarcar de modo más insistente la historia
"histórica" en la historia de la evolución cultural de la Humanidad,
incluyendo historia y prehistoria, y éstas en el marco de la evolución
de la vida y de la formación de nuestro planeta y del cosmos:
"Estas
instantáneas iban a proporcionar un fuerte impulso tanto al naciente
movimiento de defensa del medio ambiente como a los enfoques
científicos de carácter holístico que por entonces comenzaron a surgir,
como la cosmología asociada con la Gran Explosión, la tectónica de
placas o la hipótesis de Gaia de James Lovelock—todos los cuales
terminarían haciendo posible la presente síntesis de la Gran Historia"
(386-87).
Cierto, en parte—Y sin embargo hay que recordar que hay precursores de
estos enfoques holísticos que han sido injustamente postergados durante
los últimos cien años, cuando podrían haber servido de inspiración para
este tipo de aproximación. Spier piensa en Alexander von Humboldt, y yo
pienso más concretamente en Herbert Spencer. En Spencer encontramos un
esfuerzo por explicar en términos de dinámica energética y de su
eficiencia los
distintos procesos evolutivos a nivel cósmico primero,
geológico después (con la formación de distintos entornos diferenciados
en la corteza terrestre), biológico, con una definición de la vida como
un proceso energético de especial complejidad e intensidad. Y luego
también aplica su principio básico a la cultura, el pensamiento,
etc. Simplista, han dicho muchos—pero también un esfuerzo
intelectual titánico, y una perspectiva, la de Spencer, que nos lleva
como la cosmología actual, desde una Fuerza indiferenciada en el origen
del cosmos, a la generación de complejidad local diferenciada, y luego
a la decadencia entrópica de dicha complejidad, y a la destrucción de
los entornos locales complejos. Es la historia del universo, en la
medida en que la podemos apreciar desde
aquí. Yo, desde luego, no puedo sino recomendar la lectura de
First Principles,
una obra que en su línea decimonónica podríamos llamar un intento de
una "Fenomenología de la Energía", y de sus efectos complejos, incluido
el Espíritu.
Los humanos hemos sido grandes acaparadores y gastadores de energía.
Calcula Spier que nuestra especie ha multiplicado por treinta millones
la cantidad de energía controlada y gastada, desde su origen en una
población de unos pocos miles de individuos. Hemos desarrollado también
no sólo cantidad, sino calidad—maneras increíblemente diversas, todas
únicas, de extraer, almacenar o gastar energía. Este crecimiento tiene
un lado triunfante, y un lado alarmante—de ahí la consciencia ecológica
de los estudiosos de la Gran Historia. ¿Es sostenible? Ya hemos visto
que no en el sentido de estable. La mayor integración informativa y
productiva mundial podría resultar especialmente vulnerable a ciertos
tipos de catástrofe global—aunque ayude a paliar otras carencias y
problemas. Un exceso de organización podría desmoronarse al
contagiarse la desorganización rápidamente por las redes globales
de interdependencia y de comunicaciones.
"Sin
embargo, todavía más serio es el hecho de que todas las sociedades
industriales dependan hoy tan notablemente de las menguantes reservas
de recursos naturales, y fundamentalmente de los combustibles fósiles.
Hasta la fecha, la utilización de combustibles fósiles a gran escala ha
posibilitado la consecución de unos niveles de complejidad cultural
global inimaginables a costa del declive de las viejas formas de
complejidad local y regional." (393-94)
Un nivel de producción sin precedentes, en las sociedades modernas, que
es—insostenible. Si toda la Humanidad se volviese Occidente, estaríamos
perdidos. Y ese camino llevan, pero no llegará a tanto la cosa. El
despilfarro de combustibles fósiles llega a su límite natural, y
empiezan los años de penurias graduales, donde habrá que rentabilizar
la energía y cuidar más el medio ambiente. La entropía generada por la
producción amenaza con ahogarnos una vez alcanzado un nivel máximo de
desarrollo.
"Por
consiguiente, uno se pregunta si los seres humanos serán o no capaces
de inventar un sistema de reciclado de basuras eficiente, y cuáles
podrían ser, en caso negativo, las consecuencias. O por expresarlo en
términos de la teoría de Gaia que formulara James Lovelock, surge la
interrogante de si Gaia procederá o no a eliminar de forma no aleatoria
a la especie humana debido a que puede estar socavando las
circunstancias Goldilocks [las circunstancias que permiten determinado
tipo de complejidad] que su propia continuidad requiere. (395)
Lo de Gaia interprétenlo como una manera de hablar. No necesitamos a
Gaia tomando decisiones, cuando están ahí las consecuencias de nuestras
propias acciones,
"we but teach Bloody
instructions, which, being taught, return To plague the
inventor"
—decía
Macbeth. Yo no peco de optimista: Spier sí, pues arguye que
"Podría darse perfectamente el caso de que, a largo plazo, la principal
característica de la historia humana fuera la de constituir un proceso
marcado por la consecución de una eficiencia cada vez mayor." (397)
No lo refutaré, pues ha sido el caso hasta ahora—pero ha tenido un
precio, el socavamiento de las propias condiciones de la existencia a
que antes se refería Spier. La eficacia tiene un límite. Y en cualquier
caso, aun si respetásemos nuestro entorno ecológico y alcanzásemos un
equilibrio con él (cosa que la humanidad jamás ha hecho), hay que tener
en cuenta que nuestro entorno no depende únicamente de nosotros, sino
de fuerzas naturales muy superiores, que no lo han alterado
radicalmente en los últimos milenios, pero que bien pueden hacerlo—y de
modo súbito, para nosotros.
La humanidad tiene un límite, y sería optimista ver ese límite en el
límite de la energía del universo. Ese límite para el universo existe,
desde luego, para la cosmología moderna:
"Según
parece, únicamente el universo joven en el que ahora vivimos dispone de
suficiente abasto de materia y de energía, y sólo ese abundante
suministro alcanza a producir—en combinación con los equilibrios que
tienden a generar las fuerzas de la naturaleza—unas circunstancias
Goldilocks capaces de conducir inevitablemente al surgimiento de estos
tipos de gran complejidad" (406)
—como el autor, por ejemplo. Pero es optimista, decimos el horizonte
del Universo. Porque estamos atados no al Universo, sino a nuestro
planeta, mal que nos pese, y a pesar de alguna sonda espacial y de
muchas películas de ciencia ficción. Se pregunta así pues Spier, al
cerrar su libro, por las perspectivas de futuro para la vida y la
humanidad en el planeta Tierra.
"A
estas alturas nadie se sorprenderá si digo que el destino de la
humanidad parece estar íntimamente vinculado con la disponibilidad de
materia y energía. No se trata de nada nuevo. Son muchos los autores
que resaltaron ya este planteamiento a lo largo de la década de 1970. Y
sin embargo, en años posteriores, sus duros mensajes se convertirían
primero en materia disputada y caerían después poco menos que en el
olvido" (408).
Aún recuerdo cómo hace casi cuarenta años nos hablaban de estas cosas
en la escuela de Biescas: de la contaminación, del agotamiento futuro
del carbón y del petróleo. El año dos mil aparecía remoto y envuelto en
crisis y colapso. Hoy, en la década de 2010, el futuro vuelve a
aparecer envuelto en crisis y colapso. Al menos en un duro aterrizaje
en el reality principle,
conforme toca a su fin la era de los combustibles fósiles. En 1971
Marion King Hubbert denunciaba la imposibilidad de un crecimiento
exponencial continuado. En fin, Malthus ya lo había hecho casi
doscientos años antes, y se le creyó desautorizado. Y ahora Alfred
Bartlett también habla de Hubbert en su conferencia sobre "Aritmética, población y
energía". Cuando nos acordamos de él, por algo será: el futuro va
filtrando a los profetas. Cita Spier a Hubbert:
"A
las personas que vivimos en la época actual y que nos hemos
acostumbrado a un constante crecimiento exponencial del consumo de
recursos energéticos derivados de los combustibles fósiles nos resulta
difícil comprender cabalmente que la era de los combustibles fósiles
revela tener en último término un carácter notablemente transitorio tan
pronto examinamos un período más amplio de la historia humana. La mejor
manera de apreciar la situación es contemplar las cosas en un arco
temporal de unos diez mil años, cinco mil a un lado del presente y
otros cinco mil al otro. Desde esta perspectiva se constata que el
ciclo completo de la explotación de los combustibles fósiles presentes
en el planeta se extende quizá por espacio de unos mil trescientos
años, con la particularidad de que el principal segmento del ciclo
(definido como el periodo en el que se extrae y se quema la totalidad
del combustible fósil, salvo la primera y la última franjas, de un 10
por 100 cada una) apenas abarca más de tres siglos." (Hubbert, en Spier
410-11).
Hay quien confía ingenuamente en el ingenio humano para mantener
indefinidamente este régimen de consumo. Ingenuity... Ya. Habrá que tener en
cuenta lo que dice Howard Thomas Odum, citado por Spier:
"El saber y el ingenio son los medios con los que se consigue que el
suministro de energía resulte operativo—suponiendo que se disponga de
él—, sin olvidar
que el desarrollo y la conservación del conocimiento también dependen
de la disponibilidad energética" (410, énfasis mío).
La investigación sobre energías sostenibles, por tanto, no tiene lugar
en el vacío—también cabalga a lomos de un tigre, en una carrera contra
el tiempo. Una manera de contar esa carrera puede verse en la novela de
Ian McEwan, Solar,
sobre un decadente científico occidental que investiga sobre cómo hacer
la energía solar aprovechable y rentable. Una carrera contra el tiempo,
y contra sí misma, en la que está atrapada la sociedad postindustrial.
La humanidad sobrevivirá, de alguna manera. Nuestra sociedad actual,
hiperproductiva y despilfarradora, es más que probable que no. Tendrá
que transformarse radicalmente, a
sea-change,
y no se reconocerá a sí misma, posiblemente, en la nueva Edad Media sin
final determinable que seguirá a la Era de los Combustibles Fósiles.
Spier lo pone de manera más interrogativa, como correponde a los
interrogantes abiertos:
"En
otras palabras, la incógnita a la que nos enfrentábamos [en los 70,
pero también ahora] pasaba por averiguar si nos resultaría posible o no
disponer de la suficiente materia y energía como para producir la
complejidad que deseábamos—y obviamente sin asfixiarnos con la entropía
resultante—. (410)
Los modelos informáticos desarrollados por el equipo de Dennis Meadows
en el MIT, para calcular la interacción futura de desarrollo,
crecimiento, producción y consumo, resultaron terriblemente pesimistas:
"en todos los casos observaron que la estructura sistémica se venía
abajo. Al final trataron de hallar otras formas de estabilizar el
sistema mundial, pero no obtuvieron sino una mayoría de resultados
negativos. Sus descubrimientos desembocarían en una serie de turbadoras
conclusiones y recomendaciones que deberían ayudarnos a luchar por un
mundo más sostenible" (412). Contribuirían las primeras previsiones al
informe del Club de Roma de 1972, sobre Los Límites del Crecimiento, que
fue un hito en la conciencia sobre estas cuestiones.
Ignoro si Meadows et al. incluyeron en su modelo, me temo que no, las
hipotecas subprime
y la crisis de la deuda soberana. Datos que no harían nada, supongo,
por mejorar sus perspectivas. El futuro siempre tiene la capacidad de
sorprendernos, a veces incluso de modo agradable; a la larga, siempre
de modo inesperadamente desagradable.
El concepto de "desarrollo sostenible" (que Bartlett considera una
contradicción en términos) fue en cierto modo un avance, y se introdujo
en un informe de la ONU de 1987, Nuestro
futuro común.
Desarrollo sostenible, definen, "es aquel que alcance a satisfacer las
necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras
generaciones". (412). Bonito concepto, pero, releyéndolo, hay que decir
que el desarrollo sostenible es algo que
ni ha existido ni existirá.
El desarrollo siempre ha sido insostenible a largo plazo, siempre
consumiéndose a sí mismo como un combustible fósil; siempre ha
comprometido al futuro y lo ha privado de opciones, y las opciones
serán cada vez menores, a pesar del creciente desarrollo de la
complejidad cultural e industrial.
No acabo de terminar con el libro de Spier sobre El lugar del hombre en el cosmos.
Otro día vuelvo, si tengo world
enough, and time.
Un sueño de esta
noche. Me desplazaba yo en una silla telekinética, en
dirección a Biescas, siguiendo la carretera—un día extraordinariamente
oscuro, o quizá cerca del anochecer. Sólo hacía un breve alto en el
camino, para darme un abrazo con una morena estupenda, cerca de unos
depósitos de agua donde chapoteaban unos chavales. La silla
telekinética puede parecer un vehículo práctico, pero en realidad no lo
era. Aparte de que no llevaba ni cinturón de seguridad ni nada,
requería bastante concentración el hacer que se levantase y fuese
flotando por cerca de la cuneta. Para salir al
tráfico había que tener cuidado porque era peor que un ciclomotor,
realmente. Le
costaba coger velocidad, y altura—apenas unos palmos levantaba, e iba
inclinada—había que agarrarse a ella, aunque en un momento dado sí se
podían hacer unas quebradas mentales bastante descontroladas, y
cabriolas aéreas, y rápidos desplazamientos que no llegaba a dominar
bien. En fin, después del episodio de la morena seguía camino, camino
de la sierra de Guara, y el futuro no auguraba nada bueno, parecía el
final de Terminator.
En otra parte del sueño, o era quizá otro, pues en éste no llevaba
traza yo de llegar jamás al pueblo, seguía unos caminos de Biescas,
bien familiares, con mi silla creo, a lo largo de las acequias. Pero
ahora eran sendas realmente invadidas de maleza y de hierba muy espesa,
apenas se reconocía por dónde pasaba el camino.
El sueño provocaba una sensación especial, una sensación que no tengo
desde que perdí la costumbre de darme largos paseos en solitario
alrededor del pueblo, hace treinta años. También había otros
ingredientes emocionales en el cocido, apañados de una manera que sólo
pertenece a los sueños, y sólo en ellos se puede sentir. Ni con
concentración suficiente para levantar una silla del suelo, se podría
recuperar la sensación de ese sueño que se escapa, flotando, por la
parte de atrás de la cabeza de uno.
The Libertine(2004)es
una buena película sobre John Wilmot,
conde de Rochester, poeta cínico, escéptico y libertino del siglo XVII.
Con Johnny Depp, conocido en español como "Johnny Deep", en uno de sus
papeles más profundos. Dirigida por Lawrence Dunmore y escrita por
Stephen
Jeffreys. El conde éste existió, casi punto por punto tal como aquí se
le muestra—aunque les debía parecer a sus
contemporáneos una especie de extraterrestre. Inserto la película en
español, El libertino:
Un tema importante en Mantícora, de Robertson Davies,
es el de la búsqueda de la relación con el padre, por parte de
protagonista, David Staunton, abogado alcohólico y solitario, agobiado
por su familia rica y por verse desheredado. Tras una relación difícil
en vida con su padre Boy Staunton, mezcla de rivalidad y admiración,
sufre una crisis debida a la muerte traumática de éste—al parecer un
suicidio, pero en extrañas circunstancias. Apareció ahogado al volante
de su coche, y con una piedra como un huevo de granito en la boca.
Siguió a eso una escena de pesadilla grotesca con el cadáver, durante
el velatorio, que mejor es leerla. Y todo esto trauma un tanto al
narrador, aunque se las da de tipo emocionalmente curtido.
David busca aclararse con su padre y consigo mismo a través del
psicoanálisis jungiano, y cuenta esta historia a su psicoanalista, la
Dra. von Haller.
—¿Una
piedra? —Sí, esta piedra.
Se la tendí, colocada sobre el pañuelo de seda en el que la llevaba.
Era la prueba "A" en la investigación sobre el asesinato de Boy
Staunton: un trozo de granito rosa, canadiense, más o menos de la forma
y el tamaño de un huevo de gallina.
Ella la examinó con atención. Luego, despacio, se la introdujo en la
boca y me miró solemnemente. ¿O no fue solemnemente? ¿Hubo un destello
en su mirada? No lo sé. Demasiado me desconcertó lo que había hecho
para saber, encima cómo lo hizo. Se la sacó, la limpió cuidadosamente
con el pañuelo y me la devolvió. —Pues sí, se
podría hacer —dijo. (21)
La piedra tiene una curiosa historia en la trilogía de Deptford: se la
tiró Boy al narrador de El Quinto en
Discordia, el profesor Dunstan Ramsay, cuando eran niños, dentro
de una bola de nieve. Y éste
la guardó durante años—siempre un personaje secundario entre
bambalinas, en las vidas de Boy, de su esposa y de David. Falló el tiro
Boy, con la piedra en la bola de nieve, y le dio a una mujer
embarazada, que como consecuencia dio a luz
prematuramente al que será el narrador de la tercera novela, Mundo prodigioso, el mago Magnus
Eisengrim. Cincuenta años después, tanto Eisengrim como Ramsay darán a
David pistas sobre la muerte de su padre, y lo guían en cierto modo
hacia sí mismo y hacia su psicoanálisis. Y al final de Mantícora, Ramsay le coge la piedra
a David, que siempre la llevaba encima, y la tira por un
precipicio—liberándolo así simbólicamente del peso del pasado. O de una
cierta relación con el pasado. También le da Ramsay una importante (y
ambigua) respuesta a David cuando éste le pregunta si en realidad es
él, Ramsay (y no Boy) su padre:
"No
voy a decir ahora lo convencional en estas situaciones, no voy a
decirte que ójala fueras hijo mío. Tengo hijos más que de sobra:
hombres buenos a los que he enseñado, hombres que llevarán una parte de
mí a lugres que yo nunca conoceré. Mira, Davey, pedazo de flagrante
aprendiz de detective, hay una cosa que a tu edad deberías saber:
cualquier hombre que valga algo tiene varios padres, y el hombre que lo
procreó por lujuria, por estar borracho, por ganar una apuesta o
incluso en la dulzura del amor sincero, posiblemente no sea el padre
más importante que tiene. Los padres que uno elige tener son los que
realmente importan.Y tú no elegiste a Boy, además de que nunca llegaste
a conocerlo. No; no hay un solo hombre que conozca a su padre. Si
Hamlet hubiera conocido a su padre jamás habría armado el lío
monumental que armó a propósito del hombre tan lerdo que se casó con
Gertrudis. No me seas ahora un Hamlet de tres a cuato, aferrado al
fantasma de tu padre hasta quedar destruido. Boy ha muerto. Ha muerto
por su propia voluntad, aunque no del todo por su propia mano. Acepta
mi consejo, ocúpate de las cosas que te preocupan de veras". (344-459)
Está claro que uno de los padres elegidos por David es (como su nombre
indica) Pargetter, un
complejo y solitario personaje, ciego, profesor de leyes en Oxford, que
juega múltiples partidas simultáneas de ajedrez por correspondencia,
almacenando eso y mucho más en su memoria prodigiosa. De la
feísima amiga de Ramsay, Liesl, también aprenderá David cosas que le
sacuden la personalidad. Y el psicoanálisis lo ha desbloqueado,
verbalizar sus experiencias le ha permitido ir más allá del que se
creía que era—y el final de la novela está abierto al futuro (aunque
continuará en Mundo prodigioso).
Y,
hay que preguntarse, no sólo quienes son los varios padres
imaginarios de cada cual, los elegidos y los no elegidos—porque
contrariamente a Staunton no creo que sea cuestión de elección,
normalmente, sino más bien de inevitabilidad. Y si elegimos, es una
elección que era inevitable, siendo cada cual quien es en cada momento.
No sólo, digo, quiénes son los padres, sino también quiénes son los
abuelos, los padres espirituales que el destino asignó a los padres
espirituales de cada cual. Esa sí que es una red social virtual, que
nos liga al pasado y a los demás no con el ADN sino con el lenguaje, el
pensamiento, y el mundo imaginario que vamos construyendo y en el que
acabamos viviendo. T. S. Eliot hablaba algo al respecto de ésto, en "La
tradición y el talento individual", al respecto de que un escritor
comienza sometido a alguna influencia dominante, hasta que va sufriendo
otras fuertes influencias y va construyendo su personalidad a medida
que se despersonaliza. Al final (y esto lo añadió Harold Bloom, sin
mencionar a Eliot) negará al más influyente de sus padres, por angustia de la influencia, y la
mayor de las influencias que ha recibido no la mencionará—estará
presente de modo invisible
en su escritura, vale decir en su personalidad, sea por acción directa,
sea por reacción.
Nadie conoce de entrada el mundo en el que nace,
como nadie conoce a su padre. Pero acabamos habitando en él cuando lo
conocemos, de manera diferente, y también lo hemos adaptado a nosotros,
lo hemos hecho nuestro. Como hacemos nuestro a nuestro padre, al menos
en parte, con el tiempo, y el padre de nuestro cuerpo se vuelve también
el padre, o uno de los padres, de nuestra mente. Yo no he tenido tantos
problemas como David Staunton en ese sentido, pues mi padre fue además,
desde el principio, mi maestro—y el más influyente, supongo. Pero
él, por su parte, no lo tuvo tan fácil: la historia de mi padre fue más
complicada, y
tuvo que hacerse con su padre poco a poco, en su ausencia y la
distancia, muchos años después de que él muriera en la guerra. Fue, me
parece, asunto de toda una vida. Y así mi abuelo llegó a ser mi abuelo,
como el otro que conocí de niño, el padre de mi madre. Pero para
averiguar
quiénes fueron otros padres, y otros abuelos, de nuestros padres y de
nuestros abuelos, habría que escribir otra
trilogía de Deptford, o un estante de ellas.
Y un corolario de todo esto, quizá, es que hay dos tipos de padres
del espíritu, como puede haber de padres del cuerpo: los que conocemos,
y los que no. A veces tampoco identificamos bien a las personas que más
nos han influido, sea directamente, sea a través de nuestros padres—y
algunas de esas influencias sólo es capaz de verlas algún buen
observador, uno que no esté implicado en la relación, y que se halle a
distancia suficiente.
Sobre el mundo imaginario de cada cual, una última cita. En esto sí me
parezco más a David, cuando su mentor Pargetter le reprocha su mal, sus
tendencias solipsistas, ser una persona "cuyo credo es esse in intellectu solo":
"Tú
crees que el mundo es una idea tuya —me dijo un día de noviembre en una
sesión de tutoría, luego de que le propusiera yo algunas torías mías un
tanto caprichosas—, y si no lo entiendes así, si no le pones fin ahora
mismo, toda tu vida terminará por ser una gigantesca alucinación." Lo
cual, a pesar de mis éxitos, debo decir que es en gran medida lo que ha
pasado. Mis amplios experimentos como artista del frasco estuvieron
dirigidos ante todo a poner coto a toda incursión de las verdades más
hostiles en mi mundo ilusorio." (321).
Yo al frasco le doy menos que moderadamente—y sin embargo, hay otras
maneras de enfrascarse. En la lectura, por ejemplo, o en la escritura.
Cuando mi padre me veía encerrado con mis libros, me decía "Ya estás
otra vez con la droga...". Mi
padre no leía ficción, al igual que no aguantaba las películas. Tantas
horas que se van, dedicadas a los espejismos de las palabras. Pero
puestos a leer, Robertson Davies está realmente bien. Y su ficción en
la trilogía de Deptford se basaba, cómo no, en su propia vida,
convenientemente transformada, la que, como la biografía de Eisengrim
que Ramsay escribió,
expresa no la literalidad de las cosas, sino su verdad esencial—es
decir, el mundo imaginario que él se hizo, y que estaría distorsionado
por lo que pasaban por ser los hechos.
Muy buena película, Contagion, de Steven Soderbergh—que
decididamente está entre los directores que más me gustan. Con guión de
Scott Z. Burns. Arrow in the Head
pensaba darle una tunda... pero no, tiene que reconocer que la película
funciona, aunque no es "cine de terror". (TRAILER AQUí).
Pertenece al
género "catástrofe - multiprotagonista", aquí potenciado por varias
circunstancias. La catástrofe es mundial y creíble, una epidemia de una
gripe mortífera, como la Peste Negra, o como la Peste Escarlata de Jack
London. Y la catástrofe se difunde por las relaciones entre los
personajes, cosa que no sucede con terremotos o incendios de
rascacielos, o trasatlánticos vueltos del revés. De este modo la
temática de la película y su estructura narrativa alcanzan una cohesión
especial, y se retroalimentan mutuamente. Aunque supongo que toda
retroalimentación es mutua, ésta es bastante mutua, o bastante bien
llevada en el ritmo de su aceleración. El lema de la película es "nothing spreads like fear"—O sea,
una película sobre información, y sus redes de difusión.
La película evita el catastrofismo "barato" cuando se halla una cura
para la pandemia, después de una rápida extensión en unas pocas
semanas—se nos muestra el desarrollo cada pocos días, en una variedad
de circunstancias: los investigadores que tratan de desarrollar
vacunas, las víctimas que mueren y las que sobreviven, las
organizaciones médicas buscando el foco y controlando daños, etc.
También, cómo no, la colisión entre el yo profesional y el yo personal
de los médicos, como el interpretado por Lawrence Fishburne—acusado de
pasar información privilegiada a su familia. Las circunstancias de una
pandemia grave y del caos al que lleva están muy bien presentadas desde
una serie de puntos de vista magistralmente integrados y relacionados.
El ritmo es trepidante para lo que podría ser esta historia (aunque
algún espectador se quejaba, o comentaba, que parecía un documental)—y
la música ayuda mucho, realmente eficaz, resulta en una película
impresionante y contundente, excepto el final quizá, un poco flojillo
(nos remite al principio de la epidemia, dándole un toque circular al
asunto).
Como en otras películas de plagas y catástrofes, tras el
apoteosis de la tormenta viene la calma. Ya me avisaban que iba a ser
un tanto parecida a A Ciegas, de Fernando Meirelles,
sobre la novela de Saramago—ésa sobre una plaga de ceguera
contagiosa, y así es. Pero
ésta es más realista, más "documental" y menos alegórica sobre la
naturaleza human, sin que por ello deje de verse claramente en cada
personaje. Es también más esperanzadora que otra memorable película de
catástrofe universal vista hace poco,La
carretera.
Pero muestra cómo la reacción colectiva a una catástrofe hay de
todo—colaboración, organización, y también caos y lucha por la vida.
Tras la rápida difusión por las redes sociales globalizadas, sigue el
colapso de la sociedad, el homo homini lupus—"No hables con nadie, no toques a nadie,
apártate de los demás"— y
una visión pasajera del derrumbamiento de la civilización. Aquí no
llega a haber un colapso de todas las instituciones, como en La Carretera, o en Soy
Leyenda,o, pongamos, en Earth
Abides,
memorable novela de George R. Stewart sobre otra plaga universal. Es
que hay tantas sobre este tema... Desde The Last Man de Mary Shelley, y aun
antes, en la tradición de los relatos sobre pestes. Bien, aquí
las autoridades siguen
firmes y controlan el desorden, y distribuyen la vacuna, y acaban con
la plaga. Realmente esperanzador. Esperemos.
Siendo interesante la narración del control, también lo es la del
desorden y caos. Cómo se filtran rumores unos ciertos y otros falsos
por Internet y las redes sociales—es el contagio número dos
de la película, y podríamos decir su especialidad, lo que añade ésta a
otras películas sobre plagas. Es una película hipermediática—como suele
ser el caso ahora con las de acción; hay grabaciones por todo,
seguimiento del pasado en vídeos, modelos en ordenador del virus, mapas
electrónicos en tiempo real de la extensión de la plaga, boletines,
comunicados... y también hay blogs, y Facebook, y twitter, y redes
sociales tanto online como offline. Uno de los hilos argumentales tiene
que ver con el filtrado de información confidencial a través de las
redes sociales, y del caos a que da lugar, con alarma pública,
vandalismo, pánico generalizado. Otra tiene que ver con un bloguero
supuestamente "auténtico" que denuncia las manipulaciones de las
autoridades y la prensa, aunque en realidad busca lucrarse promoviendo
un remedio que no es sino un placebo. Aquí salen mal parados los
blogueros, y vemos la cara de este trendsetter
julay
en carteles como los que salieron de Julian Assange y su Wikileaks con
el lema "Truth Will Out" (o
como los de Obama, presidente de Facebook), aquí con las palabras "Prophet / Profit". Mala
imagen les sacan aquí a los gurús de la red. Una película muy
informática, en suma, que combina de manera excelente los temas de la
información viral y de los virus en sí. Son cosas que pasan, y más que
pasarán, si los profetas no se equivocan.
Hoy mismo
continuaba con el vídeo sobre Aritmética,
población y energía,
donde se usa la imagen del crecimiento exponencial de las bacterias en
un frasco—alegoría del colapso del capitalismo y de Occidente. Ya
Malthus decía que el exceso de población se controla, entre otras
maneras, con grandes epidemias. Vamos comprando boletos, después de la
Gripe Española, del Sida y de la amenaza de la gripe A—también
referenciadas aquí.
La multiplicación exponencial que lleva al caos es un motivo
especialmente
característico de estos tiempos apocalípticos que llevamos viviendo,
sumidos ya en pleno milenio de la incertidumbre, y atrapados en una red
de dependencias mutuas e interconexiones globales, todos en el mismo
barco. Viendo Titanic el
otro día, también se veía allí una buena dosis de hasta qué punto
Occidente (el mundo hoy, vamos) es un barco autocontenido dirigido
hacia ni se sabe qué oscuros icebergs. Ofrece Contagio, como Titanic,
una perspectiva desengañada sobre la ignorancia en que seguimos, la
generalidad del personal, hasta segundos antes de que nos llegue la
catástrofe—cuando ya se ha desatado ésta y sigue su curso inevitable,
cuando ya están los virus circulando de
boca en boca, y las bodegas inundándose, la botella a punto de reventar
de bacterias— y nosotros bailando con la
orquesta, mientras aún suena la música.
Un par de poemas de Thomas Carew— GIVE
me more love, or more disdain;
The torrid or the frozen zone
Bring equal ease unto my pain,
The temperate affords me none;
Either extreme, of love or hate,
Is sweeter than a calm estate.
Give me a storm; if it be love,
Like Danae in that golden shower,
I swim in pleasure; if it prove
Disdain, that torrent will devour
My vulture hopes; and he's possessed
Of heaven, that's but from hell released. Then crown my joys, or cure my pain;
Give me more love, or more disdain.
En los años setenta hubo gran preocupación por la cuestión de la
energía, pero esta preocupación desapareció en los años ochenta. La
preocupación por la energía en los años setenta condujo a que los
expertos, los periodistas y los científicos le aseguraran al pueblo
americano que no había motivo de preocupación. Así que volvamos atrás
ahora, y miremos algunas de esas aseveraciones de los años setenta,
para que sepamos qué esperar a medida que vuelve la crisis energética.
Esto dice el director de la sección de energía de los Laboratorios
Nacionales de Oak Ridge, contándonos lo caro que es importar petróleo,
y diciendo que tenemos que aumentar mucho el uso del carbón: "Nos
gastamos unos 25.000 millones de dólares el año pasado en importaciones
de petróleo", dijo Beall, añadiendo que cualquier reducción del
petróleo importado se vería muy favorecida por un incremento del uso
del carbón. Calcula que las reservas de carbón de los Estados Unidos
son tan enormes que podrían durar "un mínimo de 300 años y probablemnte
un máximo de mil años" (Boulder Daily Camera, 5 julio
1976).
Pero acabáis de ver los hechos. Ahora veis lo que nos dice un experto.
¿Qué vais a sacar en conclusión...?
Hubo un programa especial de televisión sobre la energía en la CBS (31
agosto 1977); el periodista Wagner dijo que "Tirando por el cálculo más
bajo, tenemos bastante carbón para doscientos años, y por el más alto,
tenemos bastante para más de mil años". Acabáis de ver los hechos.
Ahora veis lo que nos dice un periodista, tras un estudio cuidadoso.
¿Qué podéis concluir?
En el Journal of Chemical Education
(abril 1978), en la página para profesores de química de instituto,
artículo "Energy Review", p. 263, un artículo escrito por la plantilla
científica de la revista, podemos leer que "nuestras reservas de carbón
demostradas son enormes (al menos 120.000 millones de toneladas): estas
podrían satisfacer las necesidades actuales de energía de los EE.UU.
durante casi mil años".
Vamos a hacer una división larga: cogéis el carbón que dicen que hay,
lo dividimos para la ratio de consumo actual, y salen 180 años.
120.000.000.000 toneladas
__________________________ = 180 años
670.000.000 toneladas/año
Ahora bien, no dijeron "ratio de consumo actual", dijeron "necesidades
energéticas actuales". Digamos que la producción de hoy sea cerca un
quinto, cerca del veinte por ciento, de la energía que gastamos en este
país. Así que si queréis calcular cuánto tiempo podría satisfacer esta
cantidad de carbón las necesidades
energéticas actuales, tenéis que multiplicar el denominador por
cinco...
—y cuando lo hacéis, el resultado son 36
años— y decían ellos casi
mil años.
La revista Newsweek, en
una historia de portada sobre energía (16 de julio de 1979) dijo que
"con las ratios de consumo actual" tenemos bastante carbón para "666,5
años". El "coma cinco" quiere decir que se acabará en julio, en lugar
de en enero. Vale, si redondeamos la cifra y decimos "bueno, unos seiscientos años"...
"Seiscientos"
está bastante cerca de "quinientos", está dentro del ámbito de nuestro
desconocimiento del tamaño de los recursos. Con esa observación, la
afirmación es correcta. "Con la ratio actual", en el sentido de
"crecimiento cero", tenemos bastante carbón para unos seiscientos años.
Pero el punto clave de toda esta historia es que tenemos que tener un crecimiento rápido en el consumo de
carbón en los Estados Unidos. Ahora bien, es obvio que si tenemos el crecimiento
al que se refieren, no durará tanto como dicen que duraría con
crecimiento cero. Esto nunca lo
dijeron.
Les escribí una carta larga, diciéndoles que en pensaba que esto
presentaba la cuestión de modo seriamente erróneo, dándoles a los
lectores la impresión de que podíamos tener todo el crecimiento que
decían ellos, y a la vez tener carbón para seiscientos cincuenta años.
Me contestaron con una carta formal y amable, que no mencionaba para
nada lo que yo intentaba explicarles.
Dí esta charla en un instituto de Omaha, y después de la charla, el
profesor de física del instituto vino a verme, con un libro, y me dice,
"¿Ha visto esto?" - "No, no lo he visto" - "Mire. Tenemos carbón
saliéndosenos por las orejas":
"La
energía y la independencia económica Compañía
de Combustibles Energéticos, junio de 1976
La
magnitud de las reservas de carbón en el interior de nuestro país es
difícil de comprender. Se ha llamado a los Estados Unidos el 'Golfo
Pérsico' del carbón. Según diversos cálculos, tenemos entre la quinta
parte y la mitad de las reservas de carbón del mundo. El Dr. Thomas
Falkie, director de la Secretaría de Minas de los Estados Unidos, ha
dicho que 'tenemos el carbón saliéndosenos por las orejas'. Según
informa la revista Forbes, 'los Estados Unidos tienen 437.000 millones
de toneladas de reservas conocidas. [La cifra está bien—.A.B.] Esto
equivala a 1.8 billones de barriles de petróleo en Unidades Termales
Británicas, es decir, suciente energía para mantener a 100 millones de
grandes centrales electrotérmicas en marcha durante los siguientes
ochocientos años aproximadamente. Es diez veces la energía contenida en
el petróleo de Arabia Saudita, y 2.6 veces la cantidad disponible en
todas las reservas mundiales de petróleo conocidas."
Y me dijo el profesor, "¿cómo puede ser verdad eso? ¡Eso es una gran
central para cada dos personas en los Estados Unidos!" – Le dije, ¡pues claro que no puedes ser verdad! No
tiene el menor sentido. Vamos a hacer una división larga, para ver lo
disparatado que es:
437 x 109 toneladas ______________________
= 670 años 655
x 106 toneladas/año
Coges el carbón que dicen que hay, lo divides para el consumo actual, y
ves que no podrías mantener ese consumo durante ochocientos años.
Y no tenemos ni 500 "grandes centrales electrotérmicas" en los Estados
Unidos—cuando decían que tendríamos bastante para cien millones de centrales de ésas.
No dice la revista Time (17
de
abril de 1978, p. 74) que "bajo los pozos mineros de los Apalaches y
del valle del Ohio, y bajo las extensísimas minas a cielo abierto del
oeste, hay vetas de carbón bastante ricas como para abastecer las
necesidades de energía del país durante siglos, por mucho que pudiera
crecer el consumo de energía".
Así que os voy a hacer una observación muy fundamental:
No os creáis ninguna predicción de la
expectativa de vida de un recurso no renovable hasta que la hayáis
confirmado repitiendo el cálculo vosotros.
A modo de corolario, hay que saber que
cuanto más optimista es la predicción, tanto mayor es la probabilidad
de que se base en un error de aritmética o que ignore totalmente la
aritmética.
Otra vez de la revista Time (19
de mayo de 1975, p. 55): "Las industrias de la energía convienen en que
para poder lograr algún tipo de autosuficiencia energética, los EE.UU.
deben extraer todo el carbón que puedan". Pensad en eso sólo un
momento. Voy a parafrasearlo: "cuanto
más rápido consumamos nuestros recursos, más autosuficientes seremos". ¿No
dice eso?
David Brower llamó a esto la política de "fuerza por vía de
agotamiento". Aquí hay un ejemplo de "fuerza por vía de agotamiento".
William Simon, consejero del presidente de los EE.UU. Gerald Ford, dice
"Deberíamos perforar todos los pozos que podamos lo antes posible, para
extraer las reservas conocidas [de petróleo]" (CBS, 31 de agosto de
1977). Cuanto más rápido extraigamos
ese petróleo y lo agotemos, mejor estaremos.
Veamos el gráfico del Dr. Hubbert referido a la producción de
petróleo en los 48 estados continuos de los EE.UU.
Hubo un periodo largo de crecimiento aproximadamente estable, indicado
por la línea recta del la mitad inferior izquierda del gráfico. Pero ya
llevamos mucho tiempo en el que la producción ha caído por debajo de la
curva de crecimiento, mientras que la demanda ha continuado a este
ritmo de crecimiento hasta los setenta. Es obvio que la diferencia
entre esas dos curvas ha de compensarse mediante importaciones.
Fue en el año 1995 cuando nos dijeron las noticias que el año 94 había
sido el primer año de la historia en el que tuvimos que importar más
petróleo del que conseguimos extraer de nuestro propio suelo.
Quizá se estén Vds. preguntando si tiene algún sentido imaginarse que
podemos mantener un ritmo de consumo de algún recurso que crece de modo
continuo hasta que todo se agota, y entonces cae de repente a cero. Y
digo, no, eso no tiene sentido. Entonces, dirán, ¿por qué molestarse
con los cálculos de este tiempo de expiración?
La respuesta que doy es esta. Todos los segmentos de nuestra
sociedad—nuestros líderes sociales, nuestros líderes empresariales,
gubernamentales, políticos, a nivel local, a nivel estatal, a nivel
nacional— todos aspiran a mantener una sociedad en la que todos los
índices de consumo material continúan creciendo a ritmo continuo año
tras año tras año, de aquí a la eternidad.
Bien, ya que eso es algo tan central a todo lo que hacemos, deberíamos
saber a dónde conduce.
Pero deberíamos admitir que hay un modelo mejor. Nos volvemos otra vez
a los trabajos del difunto Dr. Hubbert; aquí hay un seguimiento de los
índices de consumo de recursos que ya se ha agotado, y vemos que sí,
hay un periodo de crecimiento continuo del índice de consumo, pero
luego el índice pasa por un máximo, y baja en forma de curva de campana
asimétrica. Cuando adaptó esta curva a la producción petrolífera de los
EE.UU., allá por los años setenta, encontró que en ese momento
estábamos más o menos allí [en el máximo, comenzando a descender].
Estábamos ya a mitad del consumo de esos enormes recursos. Eso es más o
menos lo que decía ese experto de Texas, en la cita que veíamos antes.
Vamos ahora a ver lo que significa. Quiere decir que a partir de ahora,
la producción doméstica de petróleo puede ir sólo cuesta abajo, y que
irá cuesta abajo todo el camino que queda. Y no importa lo que digan al
respecto en Washington.
Podemos trabajar duro, y poner algunos baches en la pendiente
descendente de la curva; veis que hay baches en la pendiente
ascendente. Se está calentando el debate sobre si hay que perforar en
el Parque Natural del Ártico. Veo un cálculo de que podrían encontrar
hasta 3.200 millones de barriles de petróleo allí. 3.200 millones de
barriles es el tamaño de ese cuadradito amarillo, menos del consumo de
un año en los Estados Unidos.
Ahora vamos a mirar la curva de esta otra manera:
La superficie que hay bajo el conjunto de la curva representa
los recursos petrolíferos completos de los EE.UU. antes de que se usase
ninguna parte. Esa área se ha dividido aquí en tres partes: la parte
sin sombrear a la izquierda es la parte que hemos extraído del suelo,
la hemos gastado, ha desparecido. La banda oscura vertical es el
petróleo que estamos extrayendo, lo hemos encontrado, lo estamos
bombeando. Coloreado de verde, a la derecha, está el petróleo aún no
descubierto. Tenemos ahora maneras muy buenas de calcular cuánto
petróleo queda por descubrir. Este es el petróleo sin descubrir, el que
estamos buscando en todos los sitios en los que hay perforaciones, este
es el petróleo que hemos de encontrar si queremos bajar por la curva
según el calendario previsto.
De vez en cuando alguien me recuerda que hace cien años hubo
alguien que hizo un cálculo y predijo que los Estados Unidos se
quedarían sin petróleo quizá en veinticinco años. Obviamente no sucedió
así; el cálculo debió tener algún error... y por tanto, todos los
cálculos están equivocados.
Vamos a comprender lo que hicieron hace cien años. Este gráfico de
petróleo descubierto estaba aquí (cerca del extremo izquierdo)
entonces; en aquel momento no tenían
ni idea
de cuánto petróleo estaba por descubrir. Así que cogieron sólo el
petróleo ya descubierto, lo dividieron por lo rápido que se estaba
consumiendo, y les salieron veinticinco años. Ahora bien, está claro
que tienes que hacer un cálculo nuevo cada vez que haces un
descubrimiento nuevo. Hoy no preguntamos cuánto durará el petróleo ya
descubierto. Estamos preguntando cuánto durará el petróleo ya
descubierto y el que aún está por descubrir, el resto del petróleo.
¿Y qué nos dicen los informes geológicos?
Allá por 1984, decían que "La cantidad disponible calculada en los
EE.UU. incluyendo los recursos aún por descubrir y las reservas
demostradas equivale a 36 años a los ritmos actuales de producción, o
19 años si no hay importaciones" (Science,
27 enero 1984, 382).
Cinco años más tarde, en 1989, "... Estas reservas y el petróleo que se
calcula que aún está por descubrir representan sólo el consumo de 16
años; con las importaciones que abastecen el 50% de las necesidades de
los EE.UU., las reservas domésticas se extienden hasta 32 años".
36 se ha vuelto 32, los 19 se vuelven 16, así que los números avanzan
juntos a medida que vamos bajando por la pendiente derecha de la curva
de Hubbert.
Así que quizá se estén preguntando ustedes, ¿por qué esto no nos lo ha
dicho nadie?
Fue allá por 1956. El Dr. M. King Hubbert se dirigía a un congreso de
especialistas en petróleo, geólogos e ingenieros (en San Antonio,
Texas, 7 de marzo de 1956). Les dijo que sus cálculos le llevaban a la
conclusión de que "puede esperarse que los puntos máximos [de
producción de petróleo y gas de los EE.UU.] se alcancen durante los 10
o 15 años próximos" (1966-1971). Nadie se lo tomó en serio. Pero veamos
lo que ha pasado. Los datos siguientes vienen del Departamento de
Energía.
Esta es la producción petrolífera de los EE.UU. Vemos un período de
crecimiento aproximadamente constante. Aquí está el año 1956, cuando el
Dr. Hubbert hizo su análisis, y dijo en ese momento que el máximo
tendría lugar entre 1966 y 1961. Bien, pues el pico tuvo lugar en 1970.
Fue seguido por un declive muy rápido. Luego, empezó a llegar petróleo
por el oleoducto de Alaska, y hubo una recuperación parcial. Esa
producción ha tenido ya un pico y todo sige en unísono pendiente abajo.
Voy a una hoja de cálculo de mi ordenador casero, y busco los
parámetros de la curva que mejor se ajustan a estos datos dispersos de
los Estados Unidos.
Según esa curva más ajustada, me parece que hemos consumido ya
[hacia el año 2000] tres cuartas partes de los recursos recuperables
que ha habido jamás en nuestro suelo. Y ahora vamos cuesta abajo por
ese último veinticinco por ciento del petróleo.
Bien, hay que preguntar qué está haciendo el Departamento
de Energía al respecto. Y aquí, en 1998, leemos sobre una nueva
estrategia global de energía, una política encaminada a una serie de
objetivos, entre ellos, detener la caída de la producción de petróleo y
gas para el año 2005 (Oil & Gas
Journal,
13 Abril 1998). Ahora preguntaos, cuál es la posibilidad de que podamos
hacer algo más que poner un pequeño saliente en la pendiente
descendente de la curva.
Y esto, ¿qué significa? Vamos a mirar la definición de la agricultura
moderna:
DEFINICIÓN: La agricultura
moderna es el uso que se hace de la tierra para convertir petróleo en
comida. Y podemos ver el final del petróleo.
Bien, tenemos que preguntar sobre el petróleo mundial. En 1972, el Dr.
Hubbert elaboró esta curva y predijo que el máximo de la producción de
petróleo mundial se alcanzaría alrededor del año 1995.
Así que tenemos que ir a los datos y ver qué ha pasado. Esto también
viene de nuestro Departamento de Energía, pero se refiere a la
producción petrolífera mundial, y vemos un largo período de crecimiento
continuado de la producción petrolífera; hubo una caída bastante grande
allí [crisis del 73], luego una recuperación, seguida de una caída
sencillamente enorme, y luego aquí una recuperación parcial.
Así que está claro que todavía no hemos pasado el máximo. Las caídas
que han visto aquí se debieron a una subida de precios de la OPEP. Y
creo que son esas caídas que retrasan la llegada del máximo las que
hacen que el máximo se dé más tarde de lo que había predicho el Dr.
Hubbert.
Bien, vuelvo a mi hoja de cálculo en el ordenador casero, y ahora,
visto que la curva no ha empezado a bajar, no puedo conseguir un ajuste
muy bueno para la curva, para la superficie que hay debajo de la curva.
Lo que tengo que hacer entonces es ir a la literatura sobre geología y
ver cuál es la cifra consensuada entre los geólogos sobre cuál es la
cantidad total de petróleo que jamás vayamos a encontrar en esta
Tierra. Bien, pues la cifra consensuada es de dos billones de barriles.
Pero eso es incierto. Tiene una incertidumbre de quizá el 40%—eso es
una cifra muy incierta. Pero si tomo esa y hago el ajuste sale esa
curva [la pequeña], que llega a un pico en el año 2004. Ahora bien, si
supongo que hay un cincuenta por ciento más de petróleo del que
convienen los geólogos en que hay, entonces nos da el pico en el año
1020, y si supongo que hay el doble de la cifra consensuada por los
geólogos, entonces el pico se retrasa hasta el año 2030.
Ahora, mirad esas curvas. En vuestro tiempo de vida vais a ver cómo se
alcanza el máximo de la producción petrolífera mundial, y os tenéis que
preguntar, ¿cómo va a ser la vida en esta Tierra, cuando la producción
esté bajando, y tengamos una población creciente, y una demanda per
cápita creciente de petróleo. Pensadlo sin más. Esto no es ingeniería
aeroespacial; esto es una cosa sobre la que todos podemos pensar.
En el número de marzo de 1998 del Scientific
American,
salió un importante artículo de dos geólogos auténticos especialistas
en petróleo, uno inglés, otro francés. Decían que su cálculo de este
pico es que se daría antes del año 2010.
[Nota del traductor: Según los datos
disponibles en 2010 (Wikipedia: Petróleo),
el pico o cénit de la producción de petróleo se produjo en el año 2006.
Ver Crisis
energética].
Así que sus cálculos y los que os enseño aquí están dentro de los
mismos parámetros—estamos hablando de unas cifras similares.
Ahora bien, ese análisis que apareció en Scientific American produjo muchas
discusiones. Y en concreto en la revista Fortune, en
1999 (22 Nov., p. 194), comentando un análisis sobre el petróleo hecho
por geólogos expertos en petróleo, encontramos un profesor emérito de
Económicas del M.I.T., M. A. Adelman, diciendo que este análisis era
una necedad. "Al mundo nunca se le acabará el petróleo—ni en diez mil
años". Así que tenemos a los no científicos diciéndonos que las
reservas de petróleo son más grandes que nunca en la historia, y a la
vez tenemos a geólogos que nos dicen que por cada cuatro barriles de
petróleo que extraemos y consumimos, sólo encontramos un barril de
petróleo nuevo. ¿Pero qué está
pasando aquí?
Ya han visto las cifras. Aquí, en 1999, la producción de los 48 estados
contiguos alcanza un mínimo de los 50 años anteriores en
enero—exactamente los que esperarías cuando bajas por la pendiente
derecha de la curva de Hubbert:
Market News (17 de
febrero de 1999, 10.28 AM EST)
17 feb. 10.00: La
producción de los 48 estados inferiores de EE.UU. alcanza un mínimo de
50 años. Washington, 17 de febrero (Reuters). - La
producción de crudo petrolífero en los 48 estados inferiores durante el
mes de enero se hundió hasta 4.8 millones de barriles por día (bpd), el
nivel más bajo en más de cincuenta años y bajando un 6% con respecto a
hace un año, dijo el miércoles en su informe estadístico mensual sobre
energía el Instituto del Petróleo Americano (API). El API dijo que la
produccón de enero en Alaska había bajado un 15% respecto del año
pasado.
Ahora, uno de los gráficos favoritos del Dr. Hubbert es éste:
Éste está a una escala temporal que va desde hace cinco mil años hasta
el futuro dentro de cinco mil años, y la era de los combustibles
fósiles es un saltito del gráfico en medio de la pantalla. Pensad en
esto.
Bien, hay que preguntar por nuevos descubrimientos...
Aquí, en 1993, leemos sobre el mayor descubrimiento de petróleo del
Golfo de México en los veinte últimmos años, se calcula que unos 700
millones de barriles de petróleo
Shell Oil Co.
dijo el martes que planea gastar 12.000 millones de dólares para
desarrollar el mayor descubrimiento del Golfo de México de los últimos
20 años. El descubrimiento, llamado Marte, se calcula que tiene unas
perspectivas de extracción total de más de 700 millones de barriles de
petróleo y gas.
[El (curioso) título es inconscientemente irónico, hoy... Quizá alguno
recuerde, por otra parte, el fiasco de la explotación de la Shell en el
Golfo de México, despilfarrando millones de barriles de petróleo y
causando una catástrofe ecológica. Por lo que se ve, no gastaron
bastante en medidas de seguridad.... n.
del trad.]
—eso es mucho petróleo. ¿Pero mucho, comparado con qué? En ese momento,
estábamos consumiendo en los EE.UU. 16.6 millones de barriles cada día.
Cuánto duraría esto?
700 millones de barriles
_____________________
= 42 días
16,6 millones de barriles/día
Haced la división y veréis que este descubrimiento atendería nuestras
necesidades durante 42 días. Y es el mayor descubrimiento que hicieron
en el Golfo de México en veinte años.
Del Wall Street Journal, en
1997. Leemos sobre el campo petrolífero Hibernia, de la costa sur de
Terranova:
El Viejo Manador
Cuatro décadas
más tarde, un campo petrolífero frente a la costa de Canadá está listo
para producir.
La política, el
dinero y la naturaleza pusieron al enorme depósito en congelación.
Ahora, durará 50 años. "Un disparo en el brazo para los EE.UU."
Fijaos sólo en esta línea de los titulares: "Ahora durará 50 años". Y
vamos a esa historia en el Wall
Street Journal, y leamos sobre el campo de Hibernia.
Wall Street Journal, 1 de abril de
1997, p. 1.
Está previsto que
el campo de Hibernia, uno de los mayores hallazgos petrolíferos de
Norteamérica en décadas, empiece a producir petróleo antes de fin de
año. Pueden seguirle al menos unos veinte campos más, ofreciendo
bastante más de mil millones de barriles de crudo de alta calidad, y
prometiendo que habrá un flujo constante de petróleo a un corto viaje
de petrolero de la costa Este, sedienta de energía.
Puede que encuentren mil millones de barriles en ese depósito
submarino. Así que mil millones... ahora estamos consumiento unos 18
millones de barriles al día; haced la división....
1
x 109 barriles __________________
= 56 días! No "50 años"
18 x 106
barriles/día
... y todo esta reserva atendería nuestras necesidades durante 56 días.
¿Y qué decía ese titular? ¿Decía 50 años?
Bien, hay gente que dice que no hay motivo de
preocupación. Y aquí tenemos una figura muy prominente (Paul Harvey)
que dice que deberíamos cultivar maíz, destilar etanol, y que podríamos
mover toda la flota de vehículos de los EE.UU. con etanol derivado del
maíz. En apoyo de esto, dice que "Hoy la producción de etanol desplaza
anualmente a más de 43,5 millones de barriles de petróleo de
importación". Vaya, eso suena muy bien. Hasta que piensas.
Ahora lo primero que hay que hacer es preguntar, "Vale, 43,5
millones.... ¿qué fracción del consumo de los EE.UU. de petróleo para
vehículos es eso? Y la
respuesta es que es un uno por
ciento.
Tendrías que multiplicar la produccón de etanol derivado del maíz por
un factor de CIEN. Sólo para hacer que saliesen las cuentas. Y
se ha sugerido que eso requeriría dedicarle toda la tierra de cultivo
de los EE.UU. La segunda cuestión es que se gasta combustible diesel
para arar la tierra, para plantar el maíz, se gastan combustibles
fósiles para obtener el fertilizante que hace crecer al maíz, hace
falta más diesel para cuidar y cosechar el maíz, más energía para hacer
el destilado, y al final te sale un galón de etanol. Tendrás suerte si
en el galón de etanol hay tanta energía como la que costó producirlo.
Aquí se pierde.
Sí, este tipo dice, no os preocupéis, todo irá bien... Aquí hay
una lección y la lección es:
No
podemos dejar que otras personas piensen por nosotros.
Vamos a echar otro vistazo a la producción mundial de petróleo. El
gráfico aquí es algo diferente del que he enseñado antes. Lo que
muestro aquí es la producción per cápita de petróleo:
—es decir, que en cada punto tomo la producción mundial, y la divido
por la población mundial de ese año. La escala del eje vertical dice
"Litros por persona/día." Ahí está la cifra de dos litros, medio galón
más o menos; fijaos que el pico tuvo lugar en los años 70. Y ha ido
bajando. En los años 70 estaba algo por encima de dos litros por
persona/día, y ahora ha bajado a cerca de un 1.7 litros por persona
cada día. Así que podemos decir con seguridad que cada día que uno de
nosotros emplea más de 1,7 litros de petróleo, directa o
indirectamente, estamos gastando más de la parte que nos corresponde.
¿Y cuál es el consumo medio de los EE.UU? Es de unos ocho litros por
persona al día. Pensad en la desigualdad que eso representa.
Hay una cosa más en ese gráfico. Ese pico de los años 70. Creo que los
historiadores del futuro mirarán hacia atrás, a ese pico, y dirán que
eso fue un punto de inflexión de la máxima importancia en toda la
historia humana.
[Y fueron los años en que los hombres
iban a la luna. No volveremos a hacerlo. — n. del t.]
Ese es el momento en el que el consumo de petróleo de los años 70
alcanzó su punto máximo antes de empezar su declive inevitable—y no veo
que haya ninguna manera en que podamos invertir esa tendencia, dado el
crecimiento de la producción mundial, y dado que estamos cerca de
alcanzar el punto de la producción mundial [punto ahora ya superado desde 2006—n. del
t.].
El Dr. Hubbert, dirigiéndose a una comisión del Congreso, les dijo que
"La
fase exponencial de crecimiento industrial que ha dominado las
actividades humanas durante los dos últimos siglos va a llegar ahora a
su fin. Sin embargo, durante los dos últimos siglos de crecimiento
industrial ininterrumpido, hemos desarrollado lo que viene a ser una
cultura del crecimiento exponencial." (Subcomisión de
medio ambiente, Comisión de Asuntos Interiores e Insulares, 4 de junio
de 1974)
Yo diría que es más que una cultura: es nuestra religión nacional:
GROWTH IN GOD WE TRUST
—porque ADORAMOS al crecimiento.
Coged cualquier periódico que queráis, con titulares como éste: "El Estado prevé un crecimiento 'robusto'"
—¿habéis visto alguna vez a un médico que le diagnostique un
cáncer a un paciente, y que le diga 'tiene
vd. un cáncer robusto'?" Hay americanos a los que matan en la
guerra del Golfo:
Un economista: La situación del Golfo
perjudicará al crecimiento de Colorado. Associated Press. El
crecimiento económico de Colorado sufrirá duros efectos en 1991 por la
crisis del Golfo Pérsico, dice el economista legislativo Stacy McCallin.
¿A esta persona le preocupaba...? No le importa que estén matando
gente, lo único que le preocupa es "oh, la situación del Golfo afectará
al crecimiento de Colorado".
Ahora bien, esta increíble adicción no se limita a los
Estados Unidos. Nos dice el Wall
Street Journal
(4 de diciembre de 1992) que "los japoneses están tan acostumbrados al
crecimiento que los economistas de Tokyo normalmente hablan de recesión
cuando el ritmo de crecimiento cae por debajo del tres por ciento
anual".
Así que, ¿qué hacemos?
En palabras de Winston Churchill, "a veces tenemos que hacer lo que hay que
hacer".
Debemos educar a toda nuestra población para que entienda la
aritmética y las consecuencias del crecimiento, especialmente en
términos de las poblaciones y en términos de la finitud de los recursos
de la Tierra.
Debemos educar a la gente para que
reconozca el hecho de que el crecimiento de las poblaciones y el
crecimiento de los índices de consumo de los recursos son insostenibles.
Ahora, el mundo está lleno de personas que parlotean
sobre la "sostenibilidad". Algunos sí que están haciendo cosas serias,
como tratar de reducir el consumo de energía y cosas así. Otros sólo
están pegándole la etiqueta de la "sostenibilidad" a lo que sea que
estén haciendo, sea o no sostenible.
Tenemos que entender la primera ley de la sostenibilidad, que se deriva
directamente de lo que he estado diciendo:
Primera
ley de la sostenibilidad: El crecimiento de la población y/o el
crecimiento de los índices de consumo de recursos... ¡NO ES SOSTENIBLE!
Esto se desprende de la aritmética del crecimiento
continuo, que llevamos desarrollando un rato. Así que esto no es una
opinión—las opiniones son debatibles—esto
es un hecho.
Aquí no hay nada que debatir: no se puede sostener el crecimiento
poblacional, y no se puede sostener el crecimiento de los índices de
consumo de recursos. ¡Es una deshonestidad intelectual hablar de
sostenibilidad sin subrayar el hecho obvio de que detener el
crecimiento de la población es una condición necesaria para llegar a la
sostenibilidad! Ahora bien, no es suficiente. Detener el crecimiento de
la población no es de por sí suficiente, pero no hay manera alguna en que pueda
alcanzarse la sostenibilidad sin detener el crecimiento de la población.
Hemos de educar a la población para que vean la necesidad de examinar
cuidadosamente las afirmaciones de los optimistas tecnológicos que nos
aseguran que la ciencia y la tecnología siempre van a ser capaces de
resolver todos nuestros problemas de crecimiento poblacional, de
alimentos, energía, y recursos.
Como ejemplo destacado de estos optimistas, seleccionamos al Dr. Julian
Simon, antiguo profesor de Económicas y Administración de Empresas en
la Universidad de Illinois, y en 1992 profesor de Administración
empresarial de la Universidad de Maryland, y Académico adjunto de la
Fundación del Patrimonio. Con respecto al cobre, Simon ha escrito que
nunca se nos acabará el cobre, porque "el cobre puede hacerse a partir
de otros metales" (Science,
Vol. 208, p. 1431, 27 de junio de 1980). Bien, las cartas al editor le informaron sobre la química...
pero bah, lo ignoró sin más, dijo, no preocuparse, si alguna vez llega
a ser importante, ya nos las arreglaremos, para hacer cobre con otros
metales.
Simon tenía un libro que publicaron las Prensas de la Universidad de
Princeton. En ese libro habla de obtner petróleo de muchas fuentes,
incluyendo la biosmasa, y dice, "Está claro que no hay límite que tenga
sentido para esta fuente, si no es la energía del Sol." Y pasa a
observar, "Pero incluso si nuestro Sol no fuese tan inmenso como es,
puede que haya otros soles en otras partes". (The Ultimate Resource,
Princeton UP, 1981, p. 49). Simon está en lo cierto. Hay otros soles en
otras partes. Pero la cuestión es, ¿basaríais una política pública
sobre la creencia de que si necesitas otro sol, puedes ir a buscarlo y
remolcarlo aquí hasta el Sistema Solar? Pero no os riáis. Durante
décadas, antes de su muerte, este hombre fue un asesor de confianza a
los niveles más altos en Washington D.C.
Aquí hay una cita de alguien que lo apoyaba firmemente. Había un
informe de la ONU que hablaba de la posibilidad de que era posible un
"hundimiento catastrófico de los recursos" cuando la población mundial
llegase a 10.200 millones antes del año 2050—25 años antes de lo que se
esperaba previamente. Cuando se le preguntó por el informe, el
secretario del HUD, Jack Kemp, dijo, "Tonterías. La gente no es una
carga para los recursos del planeta".
Malcolm Forbes, Jr., editor en jefe de Forbes Magazine, nos dice en un
editorial (8 de junio de 1992, p. 25) que
"La
CNN hace poco pasó una serie estúpida que pretendía demostrar que el
mundo está en peligro mortal porque somos demasiados. Que en los países
pobres esas muchas bocas significan pobreza. Que en los países más
ricos estamos destrozando la atmósfera de la tierra con la contaminación. Es todo una estupidez".
Bill Moyers entrevistó a Isaac Asimov (A World of Ideas, Nueva York,
Doubleday, 1969, p. 276):
Moyers: ¿Qué pasará con la idea de
la dignidad humana si este crecimiento poblacional continúa a su ritmo
actual?
Asimov:
Se destruirá por completo. Me gusta utilizar lo que llamo la metáfora
del cuarto de baño. Si dos personas viven en un apartamento, y hay dos
cuartos de baño, entonces los dos tienen libertad de cuarto de baño.
Puedes ir al cuarto de baño cuando quieras y quedarte todo el rato que
quieras para lo que necesites. Y todo el mundo cree en la libertad del
cuarto de baño. Debería estar directamente en la constitución.
Pero
si tienes veinte personas en el apartamento y dos cuartos de baño, por
mucho que todo el mundo crea en la libertad de cuarto de baño, es una
cosa que no existe. Tienes que ponerle horarios a todo el mundo, tienes
que dar golpes en la puerta, '¿Acabas ya?', y demás.
Y Asimov concluye con lo que creo que es una de las observaciones más
profundas que he visto en años. Dice:
De
la misma manera, la democracia no puede sobrevir con la superpoblación.
La dignidad
humana no puede sobrevivir con la superpoblación.
La conveniencia y
la decencia no pueden sobrevivir con la superpoblación.
A
medida que vas poniendo más y más gente en el mundo, el valor de la
vida no sólo disminuye, sino que desaparece. No importa si alguien se
muere. Cuanta más gente hay, menos importa un individuo.
Déjenme que les ponga dos ejemplos de esta destrucción de la democracia
por el crecimiento poblacional. Yo entré como profesor en esta
Universidad en 1950. Por entonces, la población de Boulder era de sólo
veinte mil personas. Había nueve concejales en el ayuntamiento. Hoy se
acerca a cien mil. Hay nueve concejales en el ayuntamiento. En un poco
más de cincuenta años, el número de personas por concejal se ha
multiplicado por cinco. La democracia en Boulder ha bajado a un veinte
por ciento de lo que era hace cincuenta años.
El segundo ejemplo tiene que ver con el censo nacional de los EE.UU.
del año 2000. Este mostraba que en la década de los 90, la población de
los EE.UU. aumentó cerca de un 13%. Esto quiere decir que cada asiento
del Congreso tiene ahora una media de 13% más de representados de los
que tenía hace diez años.
En la última hora, la población mundial ha aumentado en unas diez mil
personas. ¡Y la población de los EE.UU. ha aumentado en esta hora en
unas 280 personas!
Y tenemos que preguntar—¿por qué no hay más ecologistas y más
organizaciones medioambientales en los EE.UU. que hablen públicamente
del problema del crecimiento poblacional aquí en los EE.UU?
¡La simple aritmética deja absolutamente claro que a largo plazo la
conservación del medio ambiente es imposible en los EE.UU. visto el
crecimiento continuo de la población de los EE.UU.! Pero oiréis a todo
tipo de líderes políticos decir, "Bah, podemos seguir creciendo, lo
llamaremos crecimiento inteligente, salvaremos al medio ambiente".
Bien, pues una cosa que hay que saber sobre el crecimiento inteligente,
es que el crecimiento inteligente destruye el medio ambiente. El
crecimiento estúpido destruye el medio ambiente. Sólo que el
crecimiento inteligente lo destruye con buen gusto. Así que es un poco
como comprar un billete en el Titanic. Si eres listo, vas en primera
clase. Si eres tonto, llevas el timón, pero el resultado es el mismo.
Así que algo central a todas las
cosas que hemos de hacer es reconocer que el crecimiento de la
población es la causa inmediata de todas nuestras crisis de recursos y
medioambientales.
Y de todas las crisis, creo que ésta—el calentamiento global—es la
mayor y la más amenazante de toda la historia humana.
The Denver Post, 9 de junio de 2000: Previsiones para el siglo: Hará calor Una
previsión a cien años vista ve ciudades que se quedan sin invierno.
Gran parte de los EE.UU. pueden quedarse sin invierno antes del año
2099.
Ahora bien, debido a nuestro enorme consumo de recuros per cápita,
podemos decir con toda seguridad que el
peor problema de crecimiento poblacional se encuentra aquí en los
Estados Unidos. Veréis a todo tipo de gente con buenas
intenciones señalando a lejanos países del Tercer Mundo y diciendo que ellos tienen
un problema de superpoblación. Una persona en Estados Unidos consume
durante su vida unas treinta veces la cantidad de recursos que consume
una persona en un país subdesarrollado. Tenemos el problema nosotros,
tenemos la autoridad nosotros y tenemos la responsabilidad de tratar
con el problema como un problema doméstico aquí, en los Estados Unidos.
Hace algunos años, hablando en el campus de la Universidad de Colorado,
el senador de los EE.UU. Tim Wirth dijo que la mejor cosa que podemos
hacer para ayudar a que otros países detengan su crecimiento
poblacional es dar nosotros ejemplo y detener el crecimiento de nuestra
propia población aquí en los EE.UU. Hemos enviado representantes a
naciones subdesarrolladas a decirles "vosotros sois un problema, tenéis
que detener el crecimiento de vuestra población". Y ellos se ríen y
dicen, "mira, el problema sois vosotros, con todo vuestro elevado
consumo per cápita".
Con la excepción de los gráficos del petróleo, las cosas que os digo no
son previsiones del futuro. Sólo estoy informando sobre los hechos y
los resultados de una aritmética muy sencilla. Pero hago esto confiando
en que estos hechos, esta aritmética, y (más importante aún) nuestro
nivel de comprensión de los mismos, tendrán un papel importante a la
hora de dar forma a nuestro futuro.
Ahora bien, no aceptéis lo que digo de manera ciega o acrítica, por la
retórica o por cualquier otra razón. Por favor, revisad los hechos vosotros. Revisad
mi aritmética. Si encontráis errores, por favor decídmelo. Pero si no
encontráis errores, espero que os toméis esto muy, muy en serio.
Sois gente importante. Sabéis pensar. Y si hay un momento en el que la
raza humana necesita gente que pueda pensar, es ahora mismo. Es
responsabilidad nuestra, como ciudadanos de una democracia, pensar.
Pero para tener éxito en este experimento que es la vida humana en la
Tierra, tenemos que entender las leyes de la naturaleza tal como nos
las encontramos estudiando las ciencias y las matemáticas. Tenemos que
recordar el mensaje de este chiste:
"Pensar es una cosa que te altera
mucho. Te enteras de cosas que preferirías no saber".
Deberíamos recordar las palabras de Galileo (1584-1642), que decía "No
me siento obligado a pensar que el mismo Dios que nos ha dado sentido,
razón e intelecto, pretenda que renunciemos a utilizarlos".
Deberíamos recordar las palabras de Aldous Huxley, que
observó que "Los hechos no dejan de existir porque uno los ignore".
Y deberíamos recordar la filosofía social de H. L. Mencken. Es en
esencia muy sencilla. Creía que por
naturaleza la especie humana rechaza lo que es cierto pero
desagradable, y abraza lo que es obviamente falso pero reconfortante.
Y deberíamos recordar la Ley de Eric
Sevareid. Era un periodista que hizo la transición de la radio a
la televisión allá por los años cincuenta; y observó que "La principal fuente de problemas son las
soluciones" (CBS News, 29/12/1970).
Vamos a mirar un ejemplo sin más. El río Nilo, durante miles de años,
se desbordaba en primavera, y los depósitos que arrastraba se quedaban
en la tierra agrícola de las dos márgenes del río, y esto renovaba la
fertilidad de la tierra. Tuvieron una agricultura sostenible durante
miles de años. Pero la inundación era algo molesta; cuando se
desarrollaron ciudades por allí, a la gente de la ciudad no le gustaban
las inundaciones... y esta gente de ciudad necesitaba electricidad.
Vale, eso era un problema. ¿Y la solución cual fue? La gran presa de
Asuán.
Ahora miremos los problemas que causó la solución. Primero, todos los
depósitos que arrastra el río se quedan en el embalse que hay detrás de
la presa, lo cual quiere decir que la presa tiene una esperanza de vida
de unos cien o doscientos años, ciertamente no mucho. Se llenará, y no
tendrá la capacidad para la que se diseñó. El agua que suelta la presa
hoy es agua muy clara, y esto quiere decir que todos los patrones de
erosión río abajo han cambiado, antes el río solía depositar aquí,
arrastrar allá, y así—ahora lo que hace es básicamente arrastrar,
porque empieza como agua limpia en la presa. Río abajo, en Alejandría,
donde el Nilo se junta con el mar Mediterráneo, está llevándose la
tierra agrícola, porque ésta ya no se deposita, y el río sólo la va
arrastrando al Mediterráneo. Había antes muchos nutrientes biológicos
que llevaba el agua siempre, y que alimentaban a una importante
industria pesquera en el Mediterráneo. Esa industria pesquera ha
entrado en un serio declive, porque ya no llegan allí los nutrientes. Y
ahora, para la agricultura, tienen que irrigar, y añadir fertilizantes
biológicos. Cuesta energía obtener los fertilizantes; fácilmente podría
venir de la presa parte de la energía para obtener los fertilizantes. Y
ahora hay muchos trabajadores agrícolas esperando descalzos en las
acequias de riego, y sufren de esquistosomiasis, que resulta de un tipo
de parásito que hay en el agua, y atraviesa la piel, y si estás
descalzo
en el agua puedes coger esto... Bien, todo se ha estropeado por la
solución al problema. Nadie pensó en los problemas que serían causados
por las soluciones. Esta es una de las cosas más importantes de las que
tenemos que acordarnos.
Aquí hay un reto (el gran reto): ¿Se os ocurre algún problema,
a
cualquier escala, de microscópica a global, para cuya solución a largo
plazo se ayude o se contribuya de manera demostrable por el hecho de
tener poblaciones mayores, a nivel local, estatal, nacional, o global?
¿Se os ocurre algo que vaya a ir mejor si apiñamos más gente en
nuestras localidades, en nuestro estado, en nuestra nación, o en esta
Tierra? Pensadlo bien. ¿Mejorará algo, con más población?
Me gustan las palabras del reverendo Martin Luther King, Jr., que dice,
"Al
contrario que las plagas de las Eras Oscuras, o al contrario que las
enfermedades modernas que no comprendemos todavía, la plaga moderna de
la superpoblación puede resolverse con medios que hemos descubierto y
con recursos que poseemos. Lo que falta no es un conocimiento
suficiente de la solución, sino una consciencia universal de la
gravedad del problema, y la educación de los miles de millones que son
víctimas suyas".
Así que espero haber defendido de modo razonable la afirmación que
hacía al principio, cuando decía que la
limitación más grande de la especie humana es nuestra incapacidad de
entender la función exponencial—esta aritmética tan simple. Gracias
por su atención, y responderé a sus preguntas.
________
(Puede pedirse un ejemplar en DVD de la charla del Prof.
Bartlett a la librería de la Universidad de Colorado, Boulder, tradedesk@cubookstore.com.
La dirección en YouTube de la serie completa de vídeos es http://www.youtube.com/view_play_list?p=6A1FD147A45EF50D)
Qué se puede decir que no esté dicho, cuando aquí estamos todos
comentando el comunicado de un trío de asesinos encapuchados—no por
vocación
propia,
sino por el caso que les hacen nuestros políticos, y por la gigantesca
moto
que entre todos (políticos y encapuchados) le venden al personal. Los
simples son muchos, y los buenistas, y los amedrentados— y allí cala el
mensaje de la paz etarra y la bondad de negociar con ellos.
En el caso
del PSOE, la querencia hacia la
ETA ya es cosa de vocación y gusto, como el perro volviendo al vómito.
Pero
ahora, al parecer, hasta el PP va a comprar la moto averiada de la
"negociación
para la paz" y
los favores especiales al matón del barrio—con Mariano el desactivador
al frente.
El gran Reconducidor, y pastoreador.
Menuda pandilla de engañadores autoengañados. Del Rey abajo todos se
lucen una vez, y otra, y otra más por si había dudas. Más
acertado está el análisis de esta tertulia de EsRadio.
Y en fin, qué voy a decir. Que no pienso votar a ningún político que se
ande con paños calientes con los asesinos, y con sus corifeos. Ni al
PSOE, ni al PP, ni por supuesto a ningún nacionalista ni a Izquierda
Unida, todos encantados con el comunicado de los etarras. Voy a votar
en noviembre a UPyD, mientras se mantengan en lo que están.
Mentira ocasional y mentira sistemática—lies white and black. La mentira es
ambiental, y en absoluto excepcional, en todo tipo de circunstancias.
Sin olvidarnos,
por otra parte, de la falsedad y el
error— que son casi el medio líquido por el que nadamos y el
que nos sustenta, a los humanos. Seres que creen que la verdad los hará
libres, pero qué es la verdad,
como dijo el otro. Si la vieran, no la conocerían.
Jueves 20 de octubre de 2011 Palacios
en el viento y crisis de deuda
En economía capitalista, las crisis
financieras y burbujas especulativas
son un fenómeno recurrente, que ya cuenta con sus propios clásicos,
como la burbuja de los tulipanes en la Holanda del siglo XVII, y la
Burbuja de los Mares del Sur en la Inglaterra del XVIII. Pero aún hay
un clásico más antiguo: el Cuento
de la lechera
de Esopo, y sus variantes. Somos simples, y en última instancia a estas
lecciones se reduce la crisis de deuda soberana— y para la del euro,
podríamos añadirle algún apólogo sobre el manirroto de la
familia.
Samaniego le dio esta moraleja a estas especulaciones basadas en el
control y previsión del futuro, y en
el éxito de los planes y proyectos y gastos por adelantado:
¡Oh loca fantasía!, ¡Qué palacios fabricas en el viento! Modera tu alegría; no sea que saltando de contento, al contemplar dichosa tu mudanza, quiebre tu cantarilla la esperanza. No seas ambiciosa de mejor o más próspera fortuna; que vivirás ansiosa sin que pueda saciarte cosa alguna. No anheles impaciente el bien futuro: mira que ni el presente está seguro.
La diferencia es que la lechera sólo soñaba, y que aquí ha vendido por
anticipado los pollitos, ha comprado toneladas de comida para gallinas,
y se ha abierto lista de boda.
Todo porque el futuro se vendía como seguro, y se vendía caro. Ahora
que las acciones del Futuro han bajado en la bolsa,
que se vende como incierto, y que ya no vale nada... hala, a pagar la
diferencia de precio.
Anonymous, de Roland Emmerich: una divertida película
sobre Shakespeare y la "teoría de la conspiración" anti-stratfordiana.
Pura literatura-ficción, claro:
Very
few commoners of his time are as well-documented as William
Shakespeare. There seems little good reason to doubt that he wrote the
plays performed under his name. If he had been an ordinary playwright,
there would be no controversy over their authorship. But he was the
greatest of all writers in English, in some ways the engine for the
language's spread around the world, and one of the supreme artists of
the human race.
There have long been those not
content with his breeding. He was the son of an illiterate, provincial
glover, an itinerant actor in a disreputable profession with no
connections to royalty. Surely such an ordinary man could not have
written these masterpieces. There is a restlessness to reassign them,
and over the years, theories have sprung up claiming the real author of
the plays was the Earl of Oxford, Sir Francis Bacon, the 6th Earl of
Derby or Christopher Marlowe. "Anonymous" argues the case for Edward de
Vere, the 17th Earl of Oxford.
You perhaps know little enough about
Shakespeare and next to nothing about the other candidates. That's no
reason to avoid this marvelous historical film, which I believe to be
profoundly mistaken. Because of the ingenious screenplay by John
Orloff, precise direction by Roland Emmerich and the casting of
memorable British actors, you can walk into the theater as a blank
slate, follow and enjoy the story, and leave convinced — if of nothing
else — that Shakespeare was a figure of compelling interest.
This movie cruelly stacks the deck
against him. The character of Shakespeare (Rafe Spall) is drawn a notch
of two above the village idiot. Witless and graceless, there is no
whiff of brilliance about him, and indeed the wonder is not that this
man could have written the plays but that he could articulate clearly
enough to even act in some of them (about which there seems to be no
doubt).
Edward de Vere, the Earl of Oxford
(Rhys Ifans), however, seems the very template of genius. His manner,
his bearing, his authority, his ease in the court of Elizabeth all
conspire to make him a qualified candidate. He was so well-connected
with the crown in fact that the movie speculates he may have been the
lover of the young Elizabeth (Joely Richardson) or the son of the older
Elizabeth (Vanessa Redgrave). Not both, I pray ye.
The film also plunges us into the
rich intrigue of the first Elizabethan age, including the activities of
the Earl of Essex (Sam Reid), whose plot to overthrow the queen led to
the inconvenience of beheading. Incredibly, for a film shot mostly on
German soundstages, "Anonymous" richly evokes the London of its time,
when the splendor of the court lived in a metropolis of appalling
poverty and the streets were ankle-deep in mud. It creates a realistic,
convincing Globe Theater, which establishes how intimate it really was.
The groundlings could almost reach out and touch the players, and in
the box seats, such as Oxford himself could witness the power of his
work, which was credited to the nonentity Shakespeare.
All of that makes "Anonymous" a
splendid experience: the dialogue, the acting, the depiction of London,
the lust, jealousy and intrigue. But I must tiresomely insist that
Edward de Vere did not write Shakespeare's plays. Apparently Roland
Emmerich sincerely believes he did. Well, when he directed "2012,"
Emmerich thought there might be something to the Mayan calendar.
In a New York Times article, the
Shakespeare scholar James Shapiro has cited a few technicalities: (a)
de Vere writes and stars in "A Midsummer Night's Dream" when he was 9
years old, and (b) "he died in 1604, before 10 or so of Shakespeare's
plays were written."
I have a personal theory. The most
detailed and valuable record of life in London at that time is the
diary of Samuel Pepys, who attended plays in court and in town, and as
Secretary of the Navy, was an inveterate gossip, well-wired for
information. He wrote his diary in a cipher, not intending it to be
read. If he had knowledge of the true authorship of the plays, I don't
believe he could have suppressed it.
En
este sitio web hay vídeos de los sonetos leídos con imágenes de la
edición original de Shake-speares, Sonnets. —laeditada por Thomas Thorpe
en 1609.
"que el
Programa Oficial de Doctorado en Estudios Ingleses de la UZ ha
obtenido la Mención hacia la Excelencia según Resolución de 6 de
octubre de 2011, de la Secretaría General de Universidades, por la que
se concede la Mención hacia la Excelencia a los programas de doctorado
de las universidades españolas (pendiente de publicación en BOE). De las 25 solicitudes cursadas por la
UZ, 21 han conseguido la concesión de la Mención. Los datos concretos aquí
(sección de la página web sobre "Resoluciones")."
Sigo repitiendo y recolgando mis vídeos, ocasionalmente,
en mi canal de Vimeo. Aquí hay un par de "Undertows" —insuficientemente
practicados. Pero la vida es corta, y la marea se nos lleva. No hay
tiempo de practicar, y ya tenemos todo entre manos.
Seguimos en el
universo, y en el cosmos, a pesar de nuestros paseos por el
multiverso y por la dimensión hipercósmica, de la mano de Stephen
Hawking y de Olaf
Stapledon.
Stapledon nos presentaba su hipercosmos como un mito heurístico o
ficción filosófica. Por su parte, Hawking no está convencido de no
estar en un
multiverso— más bien al contrario:
"La suposición habitual en cosmología es que el
universo tiene una única historia definida. Se pueden usar las leyes de
la
física para calcular cómo se desarrolla esta historia con el tiempo.
Llamamos a
esto el enfoque de la cosmología 'de abajo arriba' (bottom-up)." (139)
Es decir, partiendo de un origen del universo, se puede
describir el estado presente —Pero si tenemos en cuenta la naturaleza
cuántica
del universo, y la "suma de historias" definida por las ecuaciones de
Feynman, hay muchas historias posibles que satisfacen la descripción
del estado
actual del universo.
"En cosmología, dicho de otro modo, no habría que
seguir la historia del universo de abajo arriba porque eso presupone
que hay
una única historia, con un punto de inicio y una evolución bien
definidos. En
lugar de eso, habría que trazar las historias de arriba abajo, hacia
atrás
desde el momento presente. Algunas historias serán más probables que
otras, y
la suma será normalmente dominada por una historia única que empieza
con la
creación del universo y culmina con el estado que se considere. Pero
habrá
diferentes historias para diferentes estados posibles del universo en
el
presente" (140).
Esto suena, en parte, no tanto como una paradoja sino como
una admisión de las limitaciones del conocimiento científico, y de su
precisión, introduciendo la teoría de probabilidades. Es decir, que es
en parte
una reformulación no tanto del universo, sino de la imagen del universo
resultante de la epistemología revisada una vez habida cuenta de los
límites de
la observación.
"Las historias que contribuyen a la suma de Feynman no
tienen una existencia independiente, sino que dependen de lo que se
esté
midiendo. Creamos la historia mediante nuestra observación, en lugar de
crearnos la historia a nosotros" (140).
Aquí adquiere el razonamiento de Hawking-M una dimensión
retrospectiva no carente de interés, si bien se muestra de manera es
especialmente estrafalaria el choque de los presupuestos de una mente
puramente
matemática cuando se "reencuentran" con la realidad de los fenómenos
históricos (pues el universo lo es). En puridad matermática, muchas
historias o
estructuras descriptibles son posibles, pero en su encuentro con la
descripción
de un fenómeno histórico, se encuentran los matemáticos en que deben
pasar por
algún tipo de análisis probabilístico como el de Feynman—y que deben
explicar
la constitución no de un universo probable en términos abstractos, sino
del
nuestro, que de por sí es altamente improbable (aunque posiblemente no
más que
cualquier otro, observándolo desde el nuestro). Así pues, exponen H-M.,
es
matemáticamente más probable que "otros universos" tengan un número
de dimensiones espaciales distinto de tres, pero al estar en un
universo de
tres, nos interesan especialmente las historias que generan un universo
de tres
dimensiones.
Aquí nos encontramos otra vez con el razonamiento central
del principio antrópico, algo que tratarán Hawking y Mlodinow en los
capítulos
finales si el universo fuese ligeramente distinto, seres como nosotros
no podrían
existir; y esta adecuación entre nuestra existencia y el universo nos
levanta
sospechas e interrogantes sobre el lugar especial de la mente en un
universo en
el que hay mentes: la explicación que demos de nuestro universo debe
ser
compatible con un universo en el que sean posibles tales explicaciones.
En un univeros simple no habría mentes, fenómenos complejos.
Un universo con mentes, como el nuestro, es un universo que se
desarrolla en
sus inicios de manera irregular, aunque las probabilidades matemáticas
de un
universo regular sean en principio mayores. Me interesa resaltar, sin
embargo,
que de los muchos universos teóricos de Hawking-M, seguimos estando en
uno que
es único. Proclaman Hawking-M que "nuestro universo mismo es también
uno
de muchos, y que las leyes que en él se manifiestan no están
determinadas de
modo que sea único" (143). Pero no proporcionan un contacto entre este
universo y los (hipotéticos) otros universos, un contacto que sea
físico, digo:
la conexión entre este universo y los universos alternativos es
puramente
matemática, con lo que la teoría del multiverso debe su
espectacularidad en
gran medida a la manera en que se expone. No se abre la posibilidad de
un
contacto físico entre este universo y otros, lo cual en realidad sería
abrir
otra serie de paradojas, pues un universo que pudiese tener contacto
físico con
otros universos sería meramente una parte
de un universo mayor, con lo cual se reduciría al absurdo, por otra
vía, la
teoría del multiverso… Y es que ésta no puede ser sino hipotética,
producto de
un modelo mental, como las especulaciones de Stapledon en Star
Maker.
O bien una fantasía
epistemológica, basada
en las limitaciones de nuestra medición y observación—tendría tanto
sentido
hablar de multiversos a nivel cósmico como de los multiversos que
generan las
acciones de nuestros conocidos y amigos cuando no los estamos
observando, y
podrían estar haciendo mil cosas hipotéticamente diferentes. Eso
también es un
multiverso, según como se describa.
Con lo cual no salimos de la gran sorpresa y paradoja que es
nuestra existencia en concreto en este universo: un límite del
conocimiento que
muy posiblemente no lleguemos a superar nunca. Es paradójico, digo, el
que
Hawking multiplique los universos posibles a la vez que seguimos en uno
muy
determinado, sin nada (al margen de la hipótesis) que indique que
efectivamente
hay otros además de éste y de sus leyes en apariencia arbitrarias, o
inanalizables. Cito de nuevo, a ver si se aprecia la paradoja:
"Parece ser que estamos en un punto crítico de la
historia de la ciencia, en el que debemos alterar nuestra concepción de
los
objetivos y de lo que hace aceptable a una teoría física. Nos
encontramos con
que los números fundamentales, e incluso la forma, de las leyes
naturales que
se manifiestan, no vienen exigidos por la lógica o por principios
físicos. Los
parámetros son libres de tomar muchos valores, y las leyes pueden tomar
cualquier forma que lleve a una teoría matemática consistente en sí
misma, y de
hecho adoptan valores y formas diferentes en universos diferentes".
(143).
El "de hecho" se refiere a un pura hipótesis
matemática, pues lo que sabemos es que "de hecho" las leyes adoptan una
única forma, la que conocemos en nuestro universo. Las otras formas
son, en lo
que se nos alcanza, probables a nivel matemático, pero inexistentes en
física—en
física no puramente teórica, es decir, en la única física que
conocemos, la de
nuestro universo. La irregularidad que adopta la Fuerza inanalizable
que da
lugar al universo es la que es, y no podemos ir más allá en su
análisis, al
margen de decir que, sí, en principio, podría haber sido otra—e
inventar
universos mentales, matemáticos, en los que sí es otra. Pero esos son
universos
contenidos en libros, y esas especulaciones no nos sacan de nuestro
universo, y
de la paradoja de que las cosas sean, en efecto, como son, y no de otra
manera.
Y con una única historia, aunque resulte de la suma de muchas.
En su capítulo seis, "Eligiendo
nuestro universo", el libro de cosmología de Hawking y Mlodinow, El
Gran Diseño(2010),me recuerda más
que nunca al Hacedor
de Estrellas ideado por Stapledon en su novela de cosmología-ficción Star Maker (1937). En un artículo
anterior hablé de la dimensión narrativa y reflexiva de esta novela
(ver "Apocalipsis
de la Comunicación Total").
Ahora me interesa más su teoría del multiverso, en relación a estas
especulaciones de la física actual. Por tanto, haremos un breve excurso
hacia Stapledon antes de volver a la "elección de universo" según
Hawking.
Hacedor de Estrellas está
disponible en español en la red, aquí
o bien aquí.
¿Necesito decir que es una lectura memorable, imprescindible si las
hay? No se diga que no recomiendo cosas.
La novela de Stapledon es un viaje por la complejidad y diversidad del
universo, y de los universos, usando de modo muy reflexivo algunas
convenciones de la ficción. Así, el narrador observa diversas razas
cósmicas, en una especie de visión o ensoñación, y contempla la
creación de redes de información y de conexión cósmica, que ligando
diferentes mundos y diferentes razas y tipos de mente, dan lugar
a una
mente cósmica, una mente a través de la cual el universo llega a
conocerse a sí
mismo, a modo de Noosfera expandida. Supongo yo que Teilhard de Chardin
debió leer
mucho Stapledon; son, en todo caso, dos mentes paralelas en cierto modo.
Por cierto, observo que no he escrito nada sobre Teilhard—y le tendré
que dedicar algún capítulo en tanto que teorizador de la evolución
cósmica, y narrativizador del universo; igual que también lo hacen Vico,
Hegel,
Spencer,
o Darwin,
o Spier.
O Hawking
mismo: cada uno lo hizo como Frank Sinatra, a su manera, y por sus
Obras los conoceréis. Me interesan todos estos autores no sólo por sus Grandes
Historias de todas las cosas, sino más en concreto por el asidero
que proporcionan estos marcos teóricos a una teoría del anclaje
narrativo, de la cual más aquí.
Decididamente, habrá que coger el toro por los cuernos y escribir un
día esa obra tanto tiempo postpuesta, The
Key to All Mythologies—aunque se quede en un post, o en un
post-scriptum.
El viajero
de las estrellas,
encarnado ahora en la obra de Stapledon, tras haber pasado quizá por la
de Jack London, se identifica visionariamente con la mente cósmica, y
usando esa mente superior como vía, llega a averiguar una realidad
sobre el universo que está más allá de todas las estrellas y planetas
por los que ha viajado, pues todos ellos estaban contenidos en un mismo
universo. Lo que descubre esa mente cósmica es un multiverso,
subyacente a la estructura del universo, de la misma manera que el
juego del ajedrez, y todas las partidas posibles en él, subyacen a una
partida en concreto que pudiéramos conocer en primera instancia.
Este tipo de relación entre universo y multiverso es lo que Espen J.
Aarseth (en Cybertext)
ha denominado la dimensión ergódica del texto—un texto ergódico es un
sistema generador de textos, que puede ser recorrido en múltiples
trayectos o dar lugar a muchos fenotextos a partir del genotexto (y
aquí derivo de Aarseth hacia Kristeva y Le Texte du roman, pero es que esta
noción de literatura ergódica es inherentemente estructuralista, y
tiene todo un aire de época con los generadores
automáticos de obras de arte,
o de poemas). Esta analogía entre el multiverso como genotexto, y el
universo como fenotexto, en un análisis ergódico de la cuestión, nos
llevaría en otra dirección, y a todo un artículo sobre la cuestión, o
sea que dejo el tema aquí aparcado, por si un día me animo a
desarrollarlo.
El descubrimiento de Dios de Stapledon, llamado Hacedor de Estrellas,
es gradual. El capítulo VI, "Intimations of the Star Maker", empieza de
modo memorable y lapidario: "No ha de suponerse que el destino habitual
de las razas inteligentes de la galaxia sea el triunfo". Narra allí
cómo en diversos planetas, las criaturas inteligentes desarrollan
religiones en busca de una inteligencia cósmica que explique la
totalidad del universo: una entidad poderosa primero, a la que se
intenta propiciar, luego un ser bondadoso, o sabio. Veremos que lo más
sabio es no reducirlo a proporciones humanamente comprensibles, y así,
en una fase avanzada de la búsqueda de una inteligencia divina, los
seres pensantes llegan a aceptar que el universo no se ha hecho para
ellos, y según sus parámetros. Es un poco la fase de resignación deísta
que correspondería al pensamiento de Pope en el Essay
on Man. El
universo tiene un orden propio, pero no es un orden a la escala de la
moralidad humana. Traduzco del capítulo que narra esta primera
intuición del Hacedor de Estrellas.
"Si
el Hacedor de Estrellas es Amor, sabemos que eso ha de ser lo correcto.
Pero si no lo es, si es algún otro, algún espíritu inhumano, entonces eso
ha de ser lo correcto. Y si no es nada, si las estrellas y todo lo
demás no son sus creaciones sino que subsisten por sí mismas, y si el
espíritu adorado es sólo una exquisita creación de nuestras mentes,
entonces esto ha de ser lo
correcto, esto y ninguna otra posibilidad. Porque no podemos saber si
el lugar más elevado que ocupa el amor está en el trono o en la cruz.
No podemos saber qué espíritu gobierna, pues en el trono está sentada
la oscuridad. Sabemos, hemos visto, que en el desperdicio de las
estrellas el amor es, en efecto, crucificado; y con razón, para
probarse a sí mismo, y por la gloria del trono. El amor y todo lo que
es compasivo lo preciamos en nuestros corazones. Pero también saludamos
al trono, y a la oscuridad que se sienta sobre él trono. Sea Amor o no
Amor, nuestros corazones lo alaban, elevándose más allá de la razón."
(320).
Reconocemos
aquí el dios enigmático de los racionalistas, pero también una imagen
del poder absoluto propia de la era de los fascismos y los
totalitarismos.
En los capítulos finales, el narrador cuenta cómo al final, alcanzado
el nivel de mente cósmica, se le concede contemplar en acción a lo que
él llama "la realidad hipercósmica", es decir, el multiverso detrás del
universo: al creador de estrellas, que ha creado su cosmos (nuestro
cosmos) como uno más entre otros, a una escala de inmensidad que
desafía todo lo hasta entonces concebido por el narrador. Todo esto se
presenta en el lenguaje mítico de la religión, en una tradición
cosmogónica que se remonta no sólo al Génesis o a las cosmogonías de
Hesíodo, sino también a las narraciones platónicas sobre el Demiurgo.
Pero el narrador deja muy claro que es no tanto una narración teísta, o
creacionista, cuanto un artificio narrativo que acude a la tradición de
estos mitos para dar una forma expresable a una idea o intuición—en
esencia, que nuestro mundo, en el sentido más amplio, puede no ser sino
uno de muchos. Podemos en lo que sigue poner entre paréntesis mentales
el lenguaje creacionista e intencionalista, para quedarnos con la
visión del sistema generativo de cosmos detrás del cosmos.
Reproduzco aquí la descripción del Hacedor de Estrellas del
capítulo XIV, y los multiversos del capítulo XV.
Este
pobre mito, esta mera parábola es lo que trataré de narrar aquí, tal
como lo recuerdo en mi estado humano. Más no puedo hacer. Pero aun esto
no podrá ser cumplido apropiadamente. No una vez sino muchas he escrito
unas descripción de mi sueño, y luego la he destruido, como totalmente
inadecuada. Con una impresión de fracaso total balbucearé aquí solo
unas pocas de sus características más inteligibles. Mi mito reproduce
sobre todo muy inadecuadamente uno de los aspectos de la visión real.
(...)
De
acuerdo con ese sueño raro o mito que se posesionó de mi mente, en su
estado creador y finito el Hacedor de Estrellas era en verdad un
espíritu que se desarrollaba y despertaba. Que ocurriera así, y que al
mismo tiempo él fuese eternamente perfecto es inconcebible desde el
punto de vista humano; pero mi mente, abrumada con una visión
sobrehumana, no encontró otro modo de expresar el mito de la creación.
Eternamente,
y así me dijo mi sueño, el Hacedor de Estrellas es perfecto y absoluto;
sin embargo, en los comienzos del tiempo que corresponde a su modo
creador era una deidad infantil, inquieta, ansiosa, poderosa, pero sin
una voluntad clara. Era dueño de todo el poder creador. Podía crear
universos con los más variados atributos físicos y mentales. Solo la
lógica lo limitaba. Podía ordenar, por ejemplo, las leyes naturales más
sorprendentes, pero no podía hacer que dos mas dos sumasen cinco. En su
fase primera estaba limitado también por su inmadurez. Se encontraba
todavía en la etapa infantil. Aunque la fuente inconstante de su mente
creadora, exploradora y consciente no fuese sino su propia esencia
eterna, el Hacedor de Estrellas no era al principio sino un vago anhelo
de creatividad.
El
Hacedor probó sus poderes desde un principio. Objetivó parte de su
propia sustancia inconsciente, como materia para su creación, y la
modeló con un propósito consciente. Así, una y otra vez, fue creando
sus juguetes: los cosmos.
Pero
la propia sustancia inconsciente del Hacedor de Estrellas creador no
era sino el espíritu eterno, el Hacedor de Estrellas mismo en su
aspecto eterno y perfecto. Así ocurrió que en estas fases primeras,
cada vez que el Hacedor sacaba de sus propias profundidades la materia
prima de un cosmos, esta materia no era nunca informe sino plena de
determinadas potencialidades: lógicas, físicas, biológicas,
psícológicas. A veces estas potencialidades se resistían a los
propósitos conscientes del joven Hacedor de Estrellas. El Hacedor no
podía en ciertas ocasiones acomodarlas a sus fines, y menos aún
realizarlas plenamente. Se me ocurrió que esta idiosincrasia del medio
lo obligaba a alterar a menudo sus planes, pero que también le sugería
una y otra vez más fértiles concepciones. Una y otra vez, de acuerdo
con mi mito, el Hacedor de Estrellas aprendía algo de su criatura, y
así superaba a su criatura y anhelaba trabajar en un plan más amplio.
Una y otra vez apartaba un cosmos terminado y evocaba en sí mismo una
nueva creación.
Muchas
veces, en la primera parte de mi sueño, me pregunté que pretendería
alcanzar el Hacedor con sus creaciones. No pude dejar de pensar que
este propósito no era al principio muy claro. El mismo lo había ido
descubriendo gradualmente, y muy a menudo, me pareció, su obra era una
búsqueda, y su meta algo confuso. Pero ya en su madurez su voluntad era
la de crear tan plenamente como fuese posible, realizar enteramente la
potencialidad de su medio, idear obras de creciente sutileza, y de una
creciente diversidad armónica. A medida que este propósito se hizo más
claro, me pareció que incluía también la voluntad de crear universos
que alcanzaran un nivel único de conciencia y expresión. Pues la
percepción y la voluntad de las criaturas eran aparentemente el
instrumento con que el Hacedor mismo, cosmos tras cosmos, despertaba a
una mayor lucidez. Fue así que, a través de sucesivas criaturas, el
Hacedor de Estrellas avanzó de etapa en etapa desde el estado infantil
de la divinidad a su madurez.
Fue
así que en la eternidad el Hacedor de Estrellas llegó a ser lo que ya
era en el principio, la raíz y coronamiento de todas las cosas. En el
modo típicamente irracional de los sueños, este sueño-mito representó
el espíritu eterno como siendo a la vez causa y resultado de la
multitud infinita de los existentes finitos. De algún modo
ininteligible todas las cosas finitas, aunque fuesen en algún sentido
imaginaciones del espíritu absoluto, eran también esenciales para la
existencia misma de ese espíritu. Separado de ellas, no tenía ser. Pero
no puedo decir si esta oscura relación representaba alguna verdad
importante o era meramente un sueño trivial.
15 - El Hacedor y sus obras
1. CREACION
INMADURA
De
acuerdo con el mito o sueño fantástico que evocó mi mente luego de
aquel momento supremo de experiencia, el cosmos particular que llegue a
confundir conmigo, no fue, en la vasta serie de creaciones, ni uno de
los primeros ni uno de los últimos. Era, en cierto modo, la primera
creación madura del Hacedor de Estrellas, pero comparada con creaciones
posteriores parecía en muchos aspectos una obra de juventud. Aunque las
primeras creaciones expresaban la naturaleza del Hacedor de Estrellas
en su fase inmatura, en su mayor parte se apartan totalmente de la
dirección del pensamiento humano, y por lo tanto no puedo describirlas
ahora. No me dejaron mucho mas que una vaga impresión de la
multiplicidad y diversidad de las obras del Hacedor de Estrellas. Sin
embargo, aun en ellas hay unos pocos aspectos inteligibles para los
hombres y que pueden ser recogidos aquí.
El
primer cosmos apareció en mi sueño como algo sorprendentemente simple.
El Hacedor de Estrellas niño, atormentado -así me pareció a mí- por su
potencia inexpresada, concibió y objetivó en sí mismo dos cualidades.
Con ellas creó el primer cosmos, un ritmo temporal, compuesto de sonido
y silencio. De este primer ritmo sonoro, premonitorio de mil
creaciones, desarrolló con un celo infantil pero divino, una música
vacilante, de cambiante complejidad. Luego contemplando la forma simple
de su criatura, concibió la posibilidad de una creación más sutil. Así
la primera de todas las criaturas engendró en su creador una necesidad
que ella misma no hubiese podido satisfacer. Por tanto el Hacedor de
Estrellas niño consideró que el primer cosmos era obra terminada.
Contemplando desde afuera el tiempo que ese cosmos había engendrado,
aprehendió todo su ciclo como presente, un presente, que fluía sin
embargo. Y cuando hubo valorado serenamente su obra, dejó de prestarle
atención y meditó en una segunda creación.
Desde
entonces de la ferviente imaginación del Hacedor de Estrellas brotó un
cosmos tras otro, cada uno más complejo y sutil que el anterior. En
algunas de las primeras creaciones solo se preocupó, aparentemente, por
el aspecto físico de la sustancia que había objetivado en sí mismo. No
advertía sus posibilidades psíquicas. Uno de esos cosmos primeros, sin
embargo, era de una estructura física que podía interpretarse como vida
e individualidad, características ajenas realmente a ese mundo. Pero
quizá no. En una creación ulterior hubo, si, verdadera vida, la que
apareció de pronto del modo mas extraño. Este era un cosmos que el
Hacedor de Estrellas sentía físicamente, así como los hombres sienten a
veces la música. Era en sí una compleja secuencia de diversos tonos e
intensidades. El Hacedor de estrellas niño jugaba complacido con este
mundo, inventando infinitas melodías y contrapuntos. Pero antes que
hubiera agotado todas las sutilezas de estructura de esta música
matemática y fría; antes de haber creado mas mundos sin vida, mas
criaturas musicales fue evidente que algunas de las otras creaciones
estaban manifestando signos de vida propios, que se resistían a los
propósitos conscientes del Hacedor de Estrellas. Los temas musicales
comenzaron a ordenarse de acuerdo con cánones ajenos a los dictados por
el Hacedor. Me pareció que el Hacedor los observaba
con intenso interés, y que esos temas lo impulsaron a nuevas
concepciones, que las criaturas eran incapaces de realizar. Decidió
entonces dar por terminado este cosmos, pero de un modo nuevo, y
dispuso que el ultimo estado del cosmos fuera una fase que
llevaba inmediatamente al primero. El final quedó así atado al comienzo
de modo que el tiempo cósmico formaba ahora un circulo infinito. Luego
de considerar esta obra desde afuera, desde su propio tiempo, la hizo a
un lado y meditó en una nueva creación.
Para
el cosmos siguiente el Hacedor proyectó conscientemente algo de su
propio conocimiento y voluntad, ordenando que ciertas estructuras y
ritmos fuesen los cuerpos visibles de mentes perceptivas. Aparentemente
estas criaturas estaban destinadas a trabajar juntas produciendo así la
armonía que el Hacedor había concebido para este cosmos. Pero cada una
de ellas, en cambio, trató de modelar la totalidad del cosmos de
acuerdo con su propia forma. Las criaturas lucharon desesperadamente,
convencidas de la rectitud de sus propósitos. Y así conocieron el
dolor. Esto, pareció, era algo que el Hacedor de Estrellas no había
experimentado ni concebido jamás. Asombrado, con un sorprendido
interés, y (creí) con una satisfacción casi diabólica, observó las
penas y sufrimientos de las primeras criaturas vivientes, hasta que las
guerras y los crímenes hicieron de este cosmos un caos.
Desde
entonces el Hacedor de Estrellas no olvidó nunca que sus criaturas eran
capaces de una vida propia. Me pareció, sin embargo, que algunas de sus
primeras experiencias en el campo de la creación vital fueron
curiosamente deformes, y que a veces, aparentemente disgustado con el
mundo biológico, volvía durante un tiempo a las fantasías meramente
físicas.
Solo
puedo describir brevemente las miríadas de primeras creaciones. Baste
decir que brotaron una tras otra de la imaginación aún infantil, aunque
divina, como burbujas brillantes pero triviales, de animado color, con
toda clase de sutilezas físicas, amores y odios líricos y a menudo
trágicos, y los anhelos, aspiraciones y empresas comunes de las
primeras creaciones conscientes y experimentales del Hacedor de
Estrellas.
Muchos
de estos primeros universos no nacieron en el espacio, aunque no fueron
por eso menos físicos. Y de estos, no pocos pertenecieron al tipo
"musical". En ellos el espacio estaba curiosamente representado por una
dimensión que correspondía al tono musical, con muy variadas
diferencias tonales. Estas criaturas se aparecían unas a otras como
figuras y ritmos complejos de caracteres de tono. Movían sus cuerpos en
una dimensión musical y a veces en otras dimensiones inconcebibles para
el hombre. El cuerpo de la criatura era una figura tonal
aproximadamente constante, con grados de flexibilidad y capacidad de
cambio similares de algún modo a los del cuerpo humano. Atravesaban
también otros cuerpos vivientes en la dimensión del tono como se
entrecruzan las ondas de un lago. Pero aunque estos cuerpos eran
capaces de deslizarse a través de otros, podían alterar y aun dañar los
tejidos tonales de los demás. Algunos en verdad vivían devorando a sus
semejantes, pues los más complejos necesitaban integrar a sus propias
estructuras vitales las estructuras más simples que fluían directamente
del poder creador del Hacedor de Estrellas. Las criaturas inteligentes
manejaban así para sus propios fines elementos arrancados al ambiente
tonal fijo, construyendo artefactos de estructura tonal. Algunos de
estos artefactos servían como herramientas para una más eficiente
consecución de las actividades "agrícolas", que aumentaban los recursos
de alimentos naturales. Estos universos fuera del espacio, aunque
incomparablemente más simples y más reducidos que nuestro propio
cosmos, eran bastante ricos como para producir sociedades capaces no
solo de desarrollar una "agricultura" sino también una "industria", y
aun un arte puro que combinaba las características de la canción, la
poesía y la danza. La filosofía, de un tipo que podríamos llamar
pitagórico, apareció por vez primera en un cosmos de esta especie
"musical".
En
casi todas las obras del Hacedor de Estrellas, tal como se me
aparecieron en aquel sueño, el tiempo era un atributo más fundamental
que el espacio. Aunque en algunas de las primeras creaciones el Hacedor
excluyó el tiempo, contentándose con corporizar una idea estática,
pronto abandonó este plan, demasiado estrecho. Excluía, además, la
posibilidad de vida física y mental, y solo podía interesarle como una
primera etapa.
El
espacio, advertí en mi sueño, apareció al principio como desarrollo de
una dimensión ajena en uno de los cosmos "musicales". Las criaturas
tonales de este cosmos no solo podían moverse hacia "arriba" y hacia
"abajo" en la escala sino también hacia los "lados". En la música
humana ciertos temas particulares parecen acercarse o retroceder de
acuerdo con variaciones de altura y timbre. De un modo bastante similar
las criaturas de este cosmos "musical" se acercaban unas a otras, o se
alejaban unas de otras, hasta que al fin eran inaudibles. Cuando se
movían a los "lados" atravesaban ambientes tonales que cambiaban
incesantemente. En un cosmos ulterior este movimiento de las criaturas
se transformó en una verdadera experiencia del espacio.
El
espacio alcanzó en creaciones subsiguientes caracteres de varias
dimensiones, euclidianas y no euclidianas, muestras de una gran
diversidad de principios geométricos y físicos. A veces el tiempo, o el
espacio-tiempo, fue la realidad fundamental del cosmos, y las entidades
no se manifestaban sino como manifestaciones fugaces del mismo, pero
más a menudo los acontecimientos fundamentales eran cualitativos, y se
relacionaban en un orden espacio-temporal. En algunos casos el sistema
de relaciones de espacio era infinito; en otros finito aunque limitado.
La extensión finita del espacio era también a veces una magnitud
constante en relación con los constituyentes atómicos materiales del
cosmos. En otras ocasiones, como en nuestro propio cosmos, el espacio
se manifestaba "en expansión", o se "contraía", de modo que este
cosmos, donde abundaban a veces las comunidades inteligentes, terminaba
en una colisión y congestión de todas sus partes, que coincidían
al fin y se desvanecían en un punto sin dimensión.
En
algunas creaciones la expansión y el reposo ultimo eran seguidos por
una contracción y actividades físicas enteramente nuevas. A veces, por
ejemplo, la antigravedad reemplazaba a la gravedad. Todas las
acumulaciones mayores de materia tendían a estallar, y las más pequeñas
a apartarse unas de otras. En uno de estos cosmos hubo una reversión de
la ley de la entropía. La energía, en vez de extenderse gradual y
uniformemente por el cosmos, se acumuló a sí misma en las ultimas
unidades de materia. Llegué a sospechar que nuestro propio cosmos
continuaba en un cosmos invertido de esta especie, y donde, por
supuesto, la naturaleza de los seres vivientes era totalmente ajena a
las concepciones del hombre. Pero esto es una digresión, pues los
universos que describo ahora eran mucho más simples y muy anteriores.
Muchos universos eran físicamente un fluido continuo donde nadaban las
criaturas sólidas. Otros estaban construidos como series de esferas
concéntricas, pobladas por diversos órdenes de criaturas, y algunos de
estos universos primeros eran casi astronómicos: un vacío rociado con
diminutos centros de energía. A veces el Hacedor de Estrellas creaba un
cosmos que carecía de naturaleza física simple y objetiva. Las
criaturas de este cosmos no influían unas en otras, pero estimuladas
directamente por el Hacedor de Estrellas concebían separadamente un
mundo físico ilusorio pero útil, poblado de elementos imaginarios. El
genio matemático del Hacedor relacionaba entre sí estos mundos
subjetivos de un modo perfectamente sistemático.
No
diré mas de la inmensa diversidad de formas físicas que asumieron las
primeras creaciones, según las vi en mi sueño. Mencionaré solamente que
cada cosmos era en general más complejo, y en cierto sentido más
voluminoso, que el anterior. En verdad, en cada uno de ellos las
unidades físicas ultimas eran más pequeñas en relación con el todo, y
más multitudinarias. En cada uno de ellos, también, las criaturas
individuales conscientes eran más numerosas, y de tipos más diversos, y
las más despiertas de estas criaturas alcanzaban una mentalidad más
lúcida que cualquier otra criatura de un cosmos previo.
Biológica
y psicológicamente las primeras creaciones fueron muy distintas entre
sí. La evolución biológica fue en ciertos casos como la que nosotros
conocemos. Una pequeña minoría de especies ascendía precariamente hacia
una mayor individualización y una mayor claridad mental. En otras
creaciones de especies biológicamente fijas, el progreso, sí lo había,
era solo cultural. Había también unas pocas y sorprendentes creaciones
donde la primera de las etapas cósmicas era la más lúcida y el Hacedor
de Estrellas asistía luego serenamente a la decadencia de esta
conciencia.
En
ciertas ocasiones un cosmos nacía como un organismo simple y primario
en un ambiente interno e inorgánico. El organismo se propagaba luego
por fisión en un creciente número de criaturas cada vez más pequeñas y
cada vez mas despiertas. En algunos de estos universos la evolución
continuaba hasta que las criaturas llegaban a ser demasiado pequeñas y
no podían albergar la compleja estructura orgánica necesaria para el
desarrollo de una inteligencia. El Hacedor de Estrellas asistía así a
la lucha desesperada de sociedades cósmicas que trataban de detener la
fatal degeneración de la raza.
La
realización ultima del cosmos era en algunas creaciones un caos de
sociedades mutuamente ininteligibles, dedicada cada una de ellas a un
modo del espíritu, y hostil a todos los otros. El clímax era una única
sociedad utópica de mentes distintas, o una única y compleja mente
cósmica. El Hacedor de Estrellas se complacía en determinadas ocasiones
ordenando que cada criatura fuese la expresión determinada e inevitable
del ambiente. En otras creaciones los individuos gozaba del poder de la
elección arbitraria, y algo de la propia creatividad del
Hacedor. Así me pareció en mi sueño. pero aún entonces pensé que para
algún observador más sutil ambas especies aparecían como determinadas,
y a la vez como espontáneas y creadoras.
En
general, el Hacedor de Estrellas, una vez que determinaba los
principios básicos, deun cosmos y creaba la etapa inicial, se
contentaba con ser testigo de los acontecimientos ulteriores; pero a
veces decidía intervenir, ya infringiendo las leyes naturales que el
mismo había establecido, ya influyendo en las mentes de las criaturas
mediante la revelación directa. Esto, de acuerdo con mi sueño, tenía
como objetivo a veces mejorar un plan cósmico, pero más a menudo la
interferencia estaba ya prevista en el plan original.
Algunas
creaciones del Hacedor de Estrellas eran grupos de muchos universos
unidos entre sí, sistemas completamente distintos de muy diferentes
tipos, y que vivían sucesivamente en un universo tras otro, asumiendo
en cada uno de los ambientes una forma física indígena, aunque llevando
con ellos en esa transmigración recuerdos débiles y confusos de las
existencias anteriores. Este principio de transmigración era a veces
empleado de otro modo. Creaciones semejantes que no estaban ligadas
sistemáticamente podían contener criaturas que percibían mentalmente
ecos vagos aunque también obsesivos de las experiencias o temperamentos
de algún otro cosmos opuesto.
Una
característica muy dramática aparecía en un cosmos tras otro. Mencioné
antes que (en mi sueño) el inmaturo Hacedor de Estrellas parecía haber
reaccionado ante el trágico fracaso de su primer experimento biológico
con una suerte de alegría diabólica. En muchas creaciones subsiguientes
parecía también que se le dividiese la mente. Cada vez que una
potencialidad insospechada de la sustancia que había objetivado y
sacado de las honduras del inconsciente perturbaba de algún modo su
plan creador consciente, el Hacedor parecía sentir no solo frustración
sino también una satisfacción sorprendida, como si hubiese satisfecho
inesperadamente un apetito que no había reconocido hasta ese entonces.
Esta
dualidad mental dio a luz con el tiempo un nuevo modo de crear. Hubo
una vez, en el desarrollo del Hacedor de Estrellas, tal como me lo
representaba en este sueño, en que llegó a disociarse en dos espíritus
independientes: el ser esencial, el espíritu que perseguía la creación
positiva de formas espirituales y vitales y una conciencia mas y más
lúcida, y por otra parte un espíritu destructivo, rebelde y cínico, que
no podía haber existido sino como parásito de las obras del otro.
Una
y otra vez el Hacedor disoció estos dos modos de sí mismo,
objetivándolos, como espíritus independientes, y permitiéndoles que
luchasen entre ellos por el dominio de un cosmos. Uno de estos cosmos
-un eslabón de tres universos- recordaba de algún modo a la ortodoxia
cristiana. El primer universo estaba habitado por individuos dotados
con diversos grados de sensibilidad, inteligencia e integridad moral.
Aquí los dos espíritus se disputaban las almas de las criaturas. El
espíritu "bueno" exhortaba, socorría, recompensaba, castigaba: el
espíritu "malo" engañaba, tentaba, y destruía moralmente.
En
la hora de la muerte las criaturas pasaban a uno o a otro de los dos
universos secundarios: un cielo intemporal y un infierno intemporal.
Allí experimentaban un instante eterno de extática comprensión y
adoración o un tormento extremo de remordimiento.
Cuando
el sueño me presentó esa imagen bárbara y vulgar, sentí al principio
incredulidad y horror. ¿Cómo era posible que el Hacedor de Estrellas,
aun en su inmadurez, condenara a la agonía a sus criaturas por una
debilidad que él mismo les había impuesto? ¿Cómo una deidad vengadora
podía exigir adoración?
En
vano me dije que sin duda mi sueño había falsificado la realidad. Yo
estaba convencido de que en este aspecto mi sueño no era falso, y que
expresaba por lo menos una verdad simbólica. No obstante, aun ante esta
actitud brutal, aun sacudido por la repulsión y el horror, veneré al
Hacedor de Estrellas.
Para
excusar mi adoración me dije a mí mismo que este terrible misterio
escapaba a mi comprensión, y que en el Hacedor de Estrellas aun una
crueldad tan obvia debía de tener justificación. Quizás la barbarie
había aparecido solo en la inmadurez del Hacedor de Estrellas. Quizá
mas tarde, cuando fuese completamente él mismo, la dejaría atrás. Pero
no. Yo sabía ya, profundamente, que esta crueldad se manifestaría aun
en el ultimo cosmos. ¿Era posible que se me hubiese escapado algún
hecho clave que podía explicar este humor vengativo? ¿No era posible
que todas las criaturas no fuesen más que ensoñaciones del poder
creador, y que al atormentar a sus criaturas el Hacedor de
Estrellas se atormentara también a sí mismo en esta aventura en la que
intentaba expresarse? Quizá el mismo Hacedor de Estrellas, aunque
poderoso, estaba limitado por algunos principios de lógica absoluta, y
uno de estos principios era quizá el de la indisoluble unión entre la
tradición y el remordimiento en todos los espíritus despiertos a
medias. ¿Había aceptado entonces el Hacedor en este extraño cosmos, las
ineluctables limitaciones de su arte? ¿No era posible que yo respetara
en el Hacedor solo el espíritu "bueno" y no el "malo"? ¿No estaría
tratando él de arrancar el mal de sí mismo mediante este recurso de la
disociación? Esta ultima explicación me fue sugerida por la rara
evolución de aquel cosmos. Los habitantes del primero de los mundos
tenían una inteligencia y una integridad moral muy bajas y pronto
el infierno estuvo atestado mientras que el cielo permanecía casi vacío.
Pero
el Hacedor de Estrellas, en su parte "buena", amaba y compadecía a sus
criaturas. El "buen" espíritu decidió por lo tanto entrar en la esfera
mundana y redimir a los pecadores con su propio sufrimiento. Y así se
pobló el cielo, aunque sin despoblarse por eso el infierno. ¿Adoraba yo
entonces, únicamente, el aspecto "bueno" del Hacedor? No.
Irracionalmente, pero con convicción, me inclinaba ante los dos
aspectos de aquella dual naturaleza: el "bien" y el "mal", la gentileza
y el terror, lo humanamente ideal y lo incomprensiblemente inhumano.
Como un amante ciego que niega o excusa los defectos flagrantes de su
amada, yo trataba de paliar la inhumanidad del Hacedor de Estrellas,
glorificándola positivamente al mismo tiempo. ¿Había entonces algo
cruel en mi propia naturaleza? ¿O mi corazón reconocía vagamente que el
amor, la suprema virtud en las criaturas, no era un valor absoluto en
el creador?
Este
tremendo e insoluble problema se me presentó una y otra vez en el curso
de mi sueño. Hubo por ejemplo una creación en la que se permitió que
los dos espíritus lucharan de un modo nuevo y más sutil. En su primera
etapa este cosmos manifestó sólo caracteres físicos, pero el Hacedor de
Estrellas dispuso que la potencialidad vital se expresara allí
gradualmente en distintas especies de criaturas que emergían generación
tras generación desde el plano puramente físico hacia la inteligencia y
la lucidez espiritual.
En
este cosmos el Hacedor permitió que los dos espíritus, el "bueno" y el
"malo", compitieran aun en la creación misma de las especies. En
las primeras y prolongadas edades los espíritus lucharon tratando de
modificar la evolución de innumerables especies. El espíritu "bueno" se
empeñó en producir criaturas mas organizadas, más individuales, mas
delicadamente relacionadas con el ambiente, más aptas para la acción,
dotadas de una conciencia más vívida y comprensiva del mundo, de sí
mismas y de los otros. El espíritu "malvado" trató por su parte de
obstaculizar esta empresa.
Los
órganos y tejidos de todas las especies manifestaron en su estructura
el conflicto de los dos espíritus. A veces el espíritu "malo" lograba
incorporar a una criatura algunas características aparentemente poco
importantes, pero insidiosas, como una habilidad especial para albergar
parásitos, alguna debilidad de la maquinaria digestiva, alguna
inestabilidad de la organización nerviosa. En otros casos este espíritu
"malo" equipaba a una especie inferior con armas especiales capaces de
destruir a los pioneros de la evolución, logrando que éstos sucumbieran
ya a una enfermedad nueva, o a las plagas o microbios de este cosmos
particular, ya a la brutalidad de otros seres de la propia especie.
El
espíritu malvado empleaba a veces un plan aún más ingenioso y efectivo.
Cuando el espíritu "bueno" descubría algo promisorio, y había provocado
en las especies favorecidas la aparición de una estructura orgánica
nueva, o alguna nueva costumbre adecuada, el espíritu malvado trataba
de que la evolución continuase mas allá de las necesidades reales de la
criatura. Los dientes se hacían tan largos que era extremadamente
difícil comer, los cuernos tan curvos que presionaban el cerebro, el
impulso individualista tan imperioso que destruía la sociedad, o el
impulso social tan obsesivo que aplastaba la individualidad.
Así
en un mundo tras otro de este cosmos, mucho más complejo que todos los
anteriores, casi todas las especies llegaban tarde o temprano a
encontrarse en dificultades. Pero en ciertos de estos mundos una de las
especies alcanzaba el nivel humano de inteligencia y de sensibilidad
espiritual. Una combinación semejante de poderes debieran de haber
bastado para levantar una defensa contra cualquier posible
ataque. Pero el espíritu "malo" lograba siempre pervertir muy
hábilmente tanto esta inteligencia como esta sensibilidad espiritual.
Pues aunque por su misma naturaleza estas cualidades eran
complementarias, no era imposible ponerlas en conflicto, exagerándolas,
por ejemplo, hasta que se convirtieran en algo tan letal como los
cuernos y dientes extravagantes de las primeras especies. De este
modo la inteligencia, que llevaba por una parte al dominio de la fuerza
física, y por otra a la sutileza intelectual, podía ser causa de
desastre divorciada de la sensibilidad espiritual. El dominio de la
fuerza física provocaba a menudo una manía de poder, y la disección de
la sociedad en dos clases antagónicas, la de los poderosos y la de los
oprimidos. La sutileza intelectual podía producir de un modo semejante
una manía por el análisis, y la consiguiente ceguera a todo lo que no
perteneciese al orden del intelecto. La sensibilidad misma, apartada de
toda critica intelectual y de los reclamos de la vida cotidiana, se
perdía en sueños.
2. CREACION MADURA
De
acuerdo con el mito que concibió mi mente cuando el momento supremo de
mi experiencia cósmica quedó atrás, el Hacedor de Estrellas entró al
fin en un estado de extática meditación, operándose en su propia
naturaleza un cambio revolucionario. Así al menos me pareció de acuerdo
con las transformaciones que advertí en su actividad creadora.
Luego
de haber revisado con nuevos ojos todas sus obras tempranas,
desechándolas, así me pareció, con respeto e impaciencia a la vez, el
Hacedor de Estrellas descubrió en sí mismo una nueva y fértil creación.
El cosmos que creó entonces es el que contiene al lector y al redactor
de este libro. El Hacedor recurrió en esta tarea, aunque con un arte
más perfecto, a muchos de los principios que había utilizado ya en sus
primeras creaciones, entretejiéndolos para formar una unidad más
espaciosa y más sutil que las otras.
Me
pareció, en mi fantasía, que el Hacedor intentaba esta nueva empresa
con una disposición distinta. Los cosmos anteriores parecían haber sido
formados con la voluntad consciente de corporizar ciertos principios,
físicos, biológicos, psicológicos. Como se dijo antes, muy a menudo se
producía un conflicto entre el propósito intelectual del Hacedor y la
materia prima que había evocado desde las profundidades oscuras de su
propio ser para formar a sus criaturas. Esta vez, sin embargo, manejó
con mayor sensibilidad los medios de su creación. El “material”
espiritual que había objetivado sacándolo de sus propias honduras
ocultas fue adaptado a sus propósitos aún en esbozo con una
inteligencia más atenta, con mas respeto por la naturaleza y la
potencialidad del "material", y más desprendido de las demandas
extravagantes del mismo. Hablar así del espíritu creador universal es
casi infantilmente antropomórfico. Pues la vida de un espíritu
semejante, si en este caso puede hablarse de vida, tiene que ser
completamente inconcebible para el hombre. No obstante, y ya que este
simbolismo infantil se me impone de algún modo, lo registro aquí
pensando a la vez que contiene probablemente algún reflejo de la
verdad, aun distorsionado.
En esta nueva creación apareció una rara discrepancia entre el tiempo
propio del Hacedor de Estrellas y el tiempo propio del cosmos. Hasta
ese momento, aunque el Hacedor podía desprenderse a sí mismo del tiempo
cósmico cuando la historia cósmica se había completado a sí misma, y
observar así todas las edades cósmicas como presentes, no había podido
crear las últimas fases de un cosmos antes de haber creado
las anteriores. En esta nueva creación no se encontraba limitado de
este modo. Por este motivo, aunque este cosmos era el mío, pude
observarlo desde un sorprendente punto de vista.
No
se me apareció como una familiar secuencia de acontecimientos
históricos, que comenzaban con una primera explosión física y
terminaban luego en la muerte. Observe este cosmos no desde dentro del
flujo cósmico sino de un modo completamente distinto. Asistí a las
modificaciones del cosmos desde el tiempo propio del Hacedor de
Estrellas, y la secuencia de los actos creadores del Hacedor era,
advertí, muy distinta de la secuencia de los acontecimientos históricos.
En
un principio el Hacedor de Estrellas concibió en las profundidades de
su propio ser algo que no era ni mental ni material, sino de abundante
potencialidad, pleno de sugestiones y estímulos para la imaginación
creadora. El Hacedor meditó largo tiempo sobre esta delicada sustancia:
un medio en el que la unidad y la multiplicidad dependían muy
sutilmente una de otra, en el que todas las partes y todos los
caracteres invadían las otras partes y caracteres y eran invadidos por
ellos, en el que todas las cosas parecían tener influencia en todas las
otras cosas. Sin embargo, la totalidad no era mas que la suma de todas
las partes, y cada parte un determinante del todo. Era una sustancia
cósmica en la que todo espíritu individual debía ser, misteriosamente,
a la vez un ser absoluto y una mera ficción del todo.
El
Hacedor de Estrellas dio a este medio extremadamente sutil la forma
general de un cosmos, con un espacio-tiempo aún indeterminado y ajeno a
la geometría: una entidad física amorfa sin cualidades o direcciones,
sin intrincadas leyes físicas; una tensión vital mas distintamente
concebida y una épica aventura de la mente, un clímax sorprendentemente
definido y una cima de lucidez espiritual. Esto ultimo, aunque ocupaba
en el tiempo cósmico una posición que podríamos llamar tardía, fue
diseñado con cierta precisión en la secuencia del trabajo creador antes
que ningún otro factor del cosmos. Y me pareció que esto era así porque
la sustancia inicial había manifestado claramente su propia capacidad
para adquirir esta forma espiritual. Por este mismo motivo el Hacedor
de Estrellas no presto atención en un principio a las minucias físicas
de su obra, descuidando asimismo las primeras etapas de la historia
cósmica, y dedicándose casi exclusivamente a modelar el
clímax espiritual de la criatura.
Sólo
luego de haber construido en su interior la fase indiscutiblemente más
despierta del espíritu cósmico, esbozó el Hacedor las variadas
tendencias psicológicas que conducirían a ese espíritu en el tiempo
cosmológico. Solo luego de haber dibujado los increíblemente diversos
temas del crecimiento mental presto el Hacedor verdadera atención al
trazado de las evoluciones biológicas y a la complejidad física y
geométrica más capaces de evocar las sutiles potencialidades del
espíritu cósmico aun apenas desbastado.
Pero,
mientras ordenaba las formas geométricas, volvía también de cuando en
cuando a modificar y elucidar el clímax espiritual. Solo cuando casi
había completado las formas físicas y geométricas del cosmos logró dar
al clímax espiritual una individualidad plena y concreta. Mientras el
Hacedor de Estrellas trabajaba aún en los detalles de las vidas
individuales, innumerables e inquietas, de la fortuna de los hombres,
de los ictioideos, de los aracnoides y el resto, me convencí de que la
actitud del Hacedor hacia sus criaturas era muy distinta de las que yo
había conocido en todos los otros cosmos. Pues el Hacedor no se
mostraba ahora ni frío con ellas ni simplemente enamorado de ellas. Las
amaba aún, por cierto, pero había dejado atrás, aparentemente, todo
deseo de salvarlas de las consecuencias de la finitud y del cruel
impacto del ambiente. Las amaba sin piedad. Pues sabía ahora que la
finitud, las particularidades mínimas, el torturado equilibrio entre la
torpeza y la lucidez eran precisamente la virtud distintiva de estas
criaturas, y que evitarles todo esto era aniquilarlas. Cuando hubo dado
los últimos toques a todas las edades cósmicas desde el momento supremo
y luego hacia atrás hasta la explosión inicial, y luego hacia adelante
hasta la muerte ultima, el Hacedor de Estrellas contempló su obra. Y
vio que era buena. Mientras el Hacedor, amorosa, pero críticamente,
revisaba nuestro cosmos en toda su infinita diversidad y en su breve
momento de lucidez, sentí que él sentía de pronto una honda reverencia
por la criatura que había hecho, o que había sacado de su propia y
secreta profundidad por una suerte de autopartería divina. El Hacedor
de Estrellas sabía que esta criatura, aunque imperfecta, aunque una
mera criatura, una mera ensoñación de su propio poder creador, era de
algún modo más real que él mismo. ¿Pues que era él sino una mera
potencia abstracta de creación comparado con este resplandor concreto?
Además, y en otro sentido, esta criatura que él había hecho era su
maestro, su superior. Pues mientras contemplaba con alegría y también
con angustia la más sutil y más hermosa de sus obras, sintió un
impacto, se sintió él mismo transformado, con una voluntad más clara y
más profunda. Mientras examinaba las virtudes y las debilidades de esta
criatura, sintió que su propia percepción y su propio arte maduraban en
él. Así al menos se presentó a mi mente confundida y estupefacta.
De
esta manera, poco a poco, llegó un tiempo, como tantas veces antes, en
que el Hacedor de Estrellas dejó atrás a su criatura. Poco a poco se
sintió alejado de la hermosura de esa criatura que amaba aún. Luego,
aparentemente con un conflicto de reverencia e impaciencia, puso a
nuestro cosmos en su lugar entre las otras obras.
Una
vez mas el Hacedor de Estrellas cayó en una profunda meditación. Una
vez mas se sintió poseído por la urgencia creadora. De las muchas
creaciones que siguieron me veo obligado a no decir casi nada, pues en
muchos aspectos eran para mis incomprensibles. Yo no podía tener ningún
conocimiento de ellas, excepto en tanto contenían -además de muchos
elementos inconcebibles- ciertas características que eran la
corporización fantástica de algún principio que yo había encontrado
antes. Las novedades más vitales se me escapaban, pues, siempre. Puedo
decir, por supuesto, de todas estas creaciones, como de nuestro propio
cosmos, que eran inmensamente vastas, inmensamente sutiles, y que por
alguna razón todas tenían un aspecto físico y un aspecto mental; pero
en muchas de ellas lo físico, aunque crucial para el crecimiento del
espíritu, era mas transparente, mas patentemente fantasmal que en
nuestro propio cosmos. En algunos casos esto era igualmente cierto para
lo mental, pues esos seres se confundían menos con la opacidad de los
procesos mentales individuales, y parecían más sensibles a la unidad
básica.
Puedo
decir también que en todas estas creaciones la meta que deseaba
alcanzar el Hacedor de Estrellas (o así me pareció) era la riqueza, la
delicadeza, la hondura y la armonía de ser. Pero me es difícil explicar
el significado íntimo de estas palabras. Sentía yo que en algunos
casos, como en nuestro propio cosmos, el Hacedor perseguía este fin por
medio de un proceso evolutivo que concluía en una mente cósmica
despierta, una mente que anhelaba traer a su conciencia todos los
bienes de la existencia cósmica, y acrecentar estos bienes mediante la
acción creativa. Pero en muchos casos esta meta era alcanzada con una
economía de esfuerzos incomparablemente mayor y con mucho
menos sufrimiento, sin ese peso muerto de vidas ineficaces, consumidas
en vano que es tan doloroso para nosotros. Sin embargo, en otras
creaciones, el sufrimiento parecía tan hondo y extendido como en
nuestro propio universo.
El
Hacedor de Estrellas concibió en su madurez muchas formas raras de
tiempo. Algunas de las ultimas creaciones, por ejemplo, fueron
diseñadas con dos o más dimensiones temporales, y las vidas de las
criaturas eran secuencias de tiempo en una u otra dimensión del "área"
o "volumen" temporal. Estos seres experimentaban su cosmos de un modo
muy curioso. Mientras vivían durante un breve período en una dimensión,
percibían continua y simultáneamente una imagen -aunque fragmentaria y
oscura- de toda una evolución cósmica -"transversal" en otra dimensión.
En algunos casos la criatura tenía una vida activa en todas la
dimensiones temporales del cosmos. El artificio divino que ordenaba la
totalidad del "volumen" temporal, de tal modo que los infinitos actos
espontáneos de las distintas criaturas se unían para producir un
sistema coherente de evoluciones transversales, sobrepasaba
notablemente el ingenio que había establecido en las primeras
experiencias una "armonía preestablecida".
En
otras creaciones la criatura tenía solo una vida, pero era ésta una
"línea zigzagueante", que pasaba de una dimensión temporal a otra de
acuerdo con la cualidad de las elecciones de la misma criatura. Las
elecciones morales o fuertes llevaban a una dirección temporal, las
elecciones inmorales o débiles a otra. En un cosmos inconcebiblemente
complejo, cada vez que una criatura se encontraba ante varios posibles
cursos de acción, los tomaba todos, creando así muchas dimensiones
temporales distintas y muchas historias del cosmos. Como en cada una de
las secuencias evolutivas del cosmos había numerosas criaturas, y cada
una de ellas se enfrentaba constantemente con muchos cursos posibles, y
las combinaciones de estos cursos eran innumerables, de todos los
momentos de todas las secuencias temporales de este cosmos nacía una
infinitud de universos distintos.
Había
otras creaciones donde los individuos tenían una percepción sensoria de
todo el cosmos físico desde muchos puntos de vista en el espacio, o aun
desde todos los posibles puntos de vista. En este caso, por supuesto,
la percepción de cada una de las mentes era idéntica en cuanto al
alcance en el espacio, pero variaba de mente en mente en cuanto a
penetración o comprensión. Esto dependía del calibre mental y de la
disposición de las mentes particulares. A veces estos seres no solo
tenían una percepción omnipresente sino también una volición
omnipresente. Podían actuar así en todas las regiones del espacio,
aunque con precisión y vigor distintos de acuerdo con el nivel mental.
En cierto modo eran espíritus desencarnados, que luchaban en el cosmos
físico como jugadores de ajedrez, o como dioses griegos en los campos
de Troya.
Otras
creaciones tenían un aspecto físico pero sin relación con el universo
físico sistemático y familiar. La experiencia física de estos seres
estaba enteramente determinada por los mutuos impactos de unos contra
otros. Cada uno inundaba a sus semejantes con "imágenes" sensorias, y
la cualidad y la secuencia de estas "imágenes" dependían de las leyes
psicológicas de los impactos mentales. En otras creaciones los procesos
de percepción, memoria, inteligencia y aun deseo y sensibilidad eran
tan distintos de los nuestros que podían entenderse realmente como una
mentalidad de otro orden. De estas mentes, aunque creí percibir unos
ecos remotos, nada puedo decir.
No
obstante, aunque soy incapaz de describir los extraños modos físicos de
estos seres, puedo hablar aquí de un hecho muy sorprendente. Aunque las
fibras mentales básicas y las formas en que estas fibras se entretejían
fuesen para mi incomprensibles, había algo en estas criaturas que no se
me escapaba. Eran seres con vidas muy extrañas, pero que pertenecían a
mi especie. Pues todas estas criaturas cósmicas, mas dotadas que yo,
enfrentaban constantemente la existencia como yo trato aún de aprender
a enfrentarla. Aun en el dolor y en la pena, aun en la lucha moral y en
la compasión al rojo vivo, aceptaban con alegría las vicisitudes del
destino. Quizá el hecho más sorprendente y
alentador de toda mi experiencia cósmica e hipercósmica fue este
sentido de relación y de comprensión mutua que encontré entre los seres
más ajenos a la experiencia espiritual pura. Pero yo pronto iba a
descubrir que en este sentido no había visto todavía todo.
3. EL COSMOS
ULTIMO Y EL ESPIRITU ETERNO
En
vano mi fatigada, mi torturada atención trataba de seguir las
creaciones cada vez más sutiles concebidas por el Hacedor de Estrellas,
de acuerdo con mí sueno. Cosmos tras cosmos salieron de esta
imaginación ferviente, cada uno de ellos con un espíritu distinto
infinitamente diversificado, cada uno de ellos con un momento de
plenitud mas despierto, pero cada uno de ellos, también, menos
comprensible para mí. Al fin (así me informó mi sueño, mi mito) el
Hacedor de Estrellas creó el cosmos ultimo y más sutil. De esta
criatura final solo puedo decir que comprendió en su propia textura
orgánica las esencias de todos sus predecesores, que no eran mas que
primeras pruebas, y muchos otros mas. Fue como el ultimo movimiento de
una sinfonía, que puede abarcar, por la significación de sus temas, la
esencia de los primeros movimientos, y muchos otros mas.
Esta
metáfora extravagante no alcanza a expresar la sutileza y complejidad
del cosmos ultimo. Me sentí forzado gradualmente a creer que la
relación de este cosmos con cada uno de los anteriores se parecía a la
de nuestro propio cosmos con la de un ser humano, o un solo átomo
físico. Todos los cosmos que yo había observado hasta entonces no me
parecían ahora sino un ejemplo de una clase compuesta por miríadas de
individuos, como una especie biológica, o la clase de todos los átomos
de un elemento. La vida interna de cada cosmos "atómico" tenía
aparentemente la misma suerte de relación (y la misma suerte de falta
de relación) con la vida del cosmos ultimo que esos acontecimientos que
ocurren en el interior de una célula cerebral, o en uno de sus átomos,
con la vida de una mente humana. Sin embargo, y a pesar de esta
discrepancia enorme, creí sentir en toda esta vertiginosa jerarquía de
creaciones una sorprendente identidad de espíritu. En este acto final
la meta era unir la comunidad a la mente creadora y lúcida. Traté una y
otra vez, de que mi debilitada inteligencia capturase algo de la forma
del cosmos ultimo. Con admiración, y protestando también, vislumbré de
cuando en cuando las sutilezas finales del mundo, la carne y el
espíritu, y de la comunidad de seres más individuales y diferentes, que
despertaban a un pleno conocimiento de sí mismos y a la comprensión
mutua. Pero mientras yo trataba de escuchar mas íntimamente esa música
de espíritus concretos en mundos innumerables, recogí ecos no solo de
alegrías inexpresables sino también de inconsolables tristezas. Algunos
de estos seres últimos no solo sufrían, sino que además sufrían en la
oscuridad. Pues sus poderes de discernimiento eran estériles. No eran
capaces de alcanzar la visión pura. Sufrían como los seres inferiores
no habían sufrido nunca. Una intensidad semejante de duras experiencias
era insoportable para mí, frágil espíritu de un mundo bajo. En una
agonía de horror y de piedad cerré los oídos de mi mente. Grité otra
vez en mi pequeñez contra el Hacedor, grité que ninguna gloria de lo
eterno y lo absoluto podía redimir una agonía semejante en las
criaturas. Aunque esa miseria que yo había vislumbrado no fuese mas que
unas pocas franjas oscuras tejidas en un dorado tapiz, y todo el resto
fuese beatitud, no debiera existir, no, grité, no debiera existir una
tal desolación de espíritus despiertos.
¿Por
que diabólica malicia, pregunté, no solo se torturaba a estos espíritus
sino que se los privaba también de la consolación suprema, el éxtasis
de la contemplación y alabanza que merecen por derecho propio todos los
espíritus plenamente despiertos? Había habido un tiempo en que yo
mismo, como mente comunal de un cosmos inferior, había contemplado la
frustración y la pena de mis pequeños miembros con ecuanimidad,
consciente de que el sufrimiento de estas criaturas somnolientas no era
un precio demasiado grande para alcanzar la realización de la lucidez,
tarea en la que yo también colaboraba. Pero los seres sufrientes de
este cosmos ultimo, aunque pocos comparados con el número de seres
felices, eran, me pareció, de mi propia estatura mental y cósmica, y no
esas frágiles y sombrías criaturas que habían contribuido con sus
grises vicisitudes a mi propia aparición. Y esto yo no podía soportarlo.
Sin
embargo, oscuramente, yo entendía que el ultimo cosmos era hermoso, y
de forma perfecta, y que todas sus frustraciones y agonías, aunque
crueles para el ser sufriente, conducían finalmente sin desviaciones a
la acrecentada lucidez del mismo espíritu cósmico. En este sentido, al
menos, ninguna tragedia individual era vana. Pero esto nada significaba
para mí. Como a través de lágrimas de compasión y ardiente protesta, me
pareció ver que el espíritu del cosmos ultimo y perfeccionado
enfrentaba a su hacedor. En ese mismo cosmos, me pareció, la alabanza
dominaba la compasión y la indignación. Y el Hacedor de Estrellas, ese
poder oscuro y esa lúcida inteligencia, descubrió en la belleza
concreta de su criatura la realización del deseo. Y en la mutua alegría
del Hacedor de Estrellas y el cosmos ultimo fue concebido, del modo más
extraño, el espíritu absoluto, el que comprende todos los seres y en el
que están presentes todos los tiempos; pues el espíritu que fue
consecuencia de esta unión se presentó a mi inteligencia vacilante como
siendo a la vez el campo y la salida de todas las cosas temporales
y finitas.
Pero
para mí esta perfección mística y remota no significaba nada. Yo sentía
piedad por aquellos seres últimos y torturados, sentía vergüenza y
furia, y desprecié mi derecho al éxtasis ante aquella perfección
inhumana; y deseé volver a mi cosmos inferior, a mi propio mundo,
humano y torpe, y a unirme con mi propia especie semianimal contra los
poderes de las tinieblas, si, y contra ese tirano invencible,
despiadado, indiferente, cuyos pensamientos eran mundos sensibles y
torturados.
Luego,
junto con esta actitud de desafío, mientras cerraba de un portazo y
echaba llave a la celdita oscura de mi ser separado, la presión de una
luz irresistible aplastó y derribó mis muros hacia adentro, y mi visión
desnuda ardió una vez más en una lucidez insoportable. ¿Una vez más?
No. Yo solo había vuelto en mi sueño interpretativo al mismo momento de
iluminación, cerrada por la ceguera, en que yo había tendido las alas
para ir al encuentro del Hacedor y había sido derribado por una luz
terrible. Pero ahora entendía más claramente lo que me había abrumado.
Yo
me había enfrentado realmente con el Hacedor de Estrellas, pero el
Hacedor de Estrellas era ahora para mí más que el espíritu creador y
por lo tanto finito. Se me aparecía ahora como el espíritu perfecto y
eterno que comprende todas las cosas y todos los tiempos, y que
contempla fuera del tiempo las multitudes infinitamente diversas que él
mismo encierra. La iluminación que me inundó y me golpeó y me obligo a
una ciega adoración fue un centelleo (o así me pareció) de la
experiencia absoluta del espíritu eterno. Con angustia y horror, y no
obstante también con aceptación, y aun con alabanza, sentí o creí
sentir algo de los modos del espíritu eterno tal como él aprehende en
una visión intuitiva e intemporal todas nuestras vidas. Aquí no había
piedad, ninguna propuesta de salvación, ninguna ayuda bondadosa. O
quizá no había sino piedad y amor, pero dominados por un éxtasis
helado. Nuestras vidas rotas, nuestros amores, nuestras locuras,
nuestras traiciones, nuestras justificaciones, eran aquí diseccionadas
serenamente, tasadas y clasificadas.
Es
cierto que eran vividas con completa comprensión, con discernimiento y
simpatía, aun con pasión. Pero en los modos del espíritu eterno no era
la simpatía lo más importante, sino la contemplación. El amor no era
absoluto, si la contemplación. Y aunque en los modos del espíritu había
amor, había también odio, y el espíritu se deleitaba cruelmente en la
contemplación del horror, y se complacía con la caída de los virtuosos.
El
espíritu, creí ver, comprendía todas las pasiones, pero dominadas,
fríamente encerradas en el éxtasis de la contemplación, cristalino,
claro, helado. Es difícil admitir que éste sea el resultado final de
todas nuestras vidas, esta apreciación que podría llamarse científica,
o mejor aún estética. Y sin embargo yo adoré.
Pero
esto no fue lo peor. Pues al decir que el espíritu era ante todo
contemplación, le atribuía yo una experiencia humana finita, y una
emoción, consolándome así a mí mismo, aunque éste fuese un triste
consuelo. Pero, en verdad, el espíritu eterno era inefable. Nada
realmente
se podía decir de él. Aun llamarlo "espíritu" era quizá decir
demasiado. No obstante, negarle tal nombre no sería un error menos
grave, pues, de un modo o de otro, era más y no menos que espíritu, más
y no menos que cualquier posible interpretación humana de esa palabra.
Y desde el nivel humano, y aun desde el nivel de la mente cósmica, este
"más", oscura y agónicamente vislumbrado, era un terrible misterio, un misterio que
obligaba a la adoración.
Hay quien no aguanta a Javier Marías—yo, en cambio,
disintiendo a menudo con el columnista, disfruto con el novelista, con
sus análisis minuciosos de las impresiones e interpretaciones, y con
sus reflexiones sobre cómo vivimos las cosas, y cómo las recordamos. En
la narración, y en la memoria: lo que llama la negra
espalda del tiempo. De sus reflexiones sobre la
retrospección, y cómo nos condiciona la manera en que vivimos por
anticipado nuestra vida, o nuestro personaje, ya apunté algo a cuenta
de su novela Tu rostro mañana—es
lo que ahí llamaba el
pánico narrativo. Ahora me estoy leyendo Los enamoramientos, infinitamente
más recomendable que Crazy Stupid
Love. Y allí vuelve a atacar la temática retrospectiva, a
cuenta de un personaje que fue inesperadamente asesinado—claro que
pocas veces alguien es esperadamente asesinado, aunque casos hay. La
muerte atroz, o todo final atroz, proyecta una sombra retroactiva sobre
toda la vida de aquél a quien no es que le esperase esa muerte
entonces, pero ahora sí, ahora ya le esperaba.
Hasta
cierto punto era como si su muerte anómala hubiera oscurecido o borrado
todo lo demás, eso ocurre a veces: el final de alguien es tan
inesperado o tan doloroso, tan llamativo o tan prematuro o tan
trágico—en ocasiones tan pintoresco o ridículo, o tan siniestro—, que
resulta imposible referirse a esa persona sin que de inmediato la
engulla o contamine ese final, sin que su aparatosa forma de morir
tizne toda su existencia previa y en cierto modo la prive de ella, algo
de lo más injusto. La muerte
chillona se hace tan predominante en el conjunto de la figura que la
sufrió, que cuesta mucho recordarla sin que sobre el recuerdo se cierna
al instante ese dato último anulador, o pensarla de nuevo en los largos
tiempos en que nadie sospechaba que pudiera ir a caerle tan abrupto o
pesado telón. Todo se ve a la
luz de ese desenlace, o, mejor dicho, la luz de ese desenlace es tan
fuerte y cegadora que impide recuperar lo anterior y sonreír en la
rememoración o el ensueño, y podría decirse que quienes así mueren
mueren más profunda y cabalmente, o quizá es doblemente, en la realidad
y en la memoria de los demás, porque ésta es una memoria para siempre
deslumbrada por el hecho estúpido clausurador, amarga y distorsionada y
también acaso envenenada. (Los
enamoramientos 98)
Toda muerte marca la vida previa, pero la muerte inesperada, o
chocante, lo hace más. Quizá por esta fatalidad retroactiva del destino
trágico es por lo que decía Sófocles, al final de Edipo Rey, "no llaméis a un hombre
feliz hasta que haya llegado el día de su muerte.
Es injusto, como piensa la narradora, la Joven Prudente. Deberíamos
poder retroceder imaginativamente a la vida que no fue envenenada por
el final que llegó—muerte o desastre, o divorcio, o riña, o golpe del
destino, y rescatar el tiempo que entonces era inocente, sobre el que
no se proyectaba la negra sombra retroactiva de la catástrofe. A veces
lo hacemos, podemos hacerlo un poco, pero poquito, está obligado a
vivir ese tiempo con la compañía indeseable del final que le esperaba. Para liberar el
tiempo escribió un libro Gary Saul Morson, Narrative and Freedom, y otro
Michael André Bernstein: Foregone
Conclusions: Against Apocalyptic History.Aquí
hablo algo de ellos, y del noble empeño de rescatar los pasados tal
y como fueron entonces, con sus futuros correspondientes—los
que no llegarían a ser. Son libros medicinales; alivian la presión
retroactiva. Pero también
tengo que reconocer que el tiempo que pasó vive siempre atado,
indisolublemente, al que luego le ha seguido, para bien o para mal. Si
lo pierde de vista un momento, enseguida se le descubre un poco más
allá, mirando desde la sombra, retirado ahí de pie y quizá fumando
mientras observa, con sombrero y abrigo negro, man in the long black coat.
Especiación y
retrospección: Darwin en el retrovisor
Fichando fichando libros antiguos, llego a uno que fue el último
que me compré en la librería Hesperia, de la plaza de los Sitios, antes
de que cerrara. Entonces era nuevo, y aún me lo leí de nuevas. Es Evolucionismo y racionalismo,
editado por Eustoquio Molina, Alberto Carreras y Jesús Puertas (1998).
Me gustó mucho allí el artículo de Gustavo Bueno, "Los límites de la
evolución en el ámbito de la Scala Naturae", y ahora veo que tiene unas
interesantes consideraciones que relacionan teoría de la evolución con
retrospección. Algún aspecto relativo a esto ya lo traté con respecto
a una teoría de presupuestos creacionistas en "Especiación
y
retrospección: El diseño inteligente de Vladimir Nabokov".
Bueno quiere acotar la especificidad gnoseológica de la aportación de
Darwin, y claro, concluye que frente a teorías evolutivas que
reformulaban toda la "Scala Naturae" como las de Herbert
Spencer, la aportación
de Darwin se encuentra en la especificidad de la evolución biológica y
la delimitación de los parámetros que le son únicos. Hay que
subrayar que, según Bueno, Darwin no comprendió adecuadamente la
naturaleza y extensión de su propia aportación. De hecho, parece creer
que desconstruye la noción de especie, y de modo que podría parecer
paradójico, utiliza el término "especie" muy poco en su obra El origen de las especies, aparte
del título. Podría parecer que ha reducido Darwin las especies a un
concepto nominalista, flatus vocis,
una convención clasificatoria sin base (bio)lógica sólida. Ahora bien,
Bueno señala que el concepto
de especie sí que lo usa Darwin, y que de esta disjunción puede
inferirse que no acabó de entender el alcance de su revolución
conceptual:
"Podría
aducirse que Darwin ni siquiera utilizó actu signato—salvo en el título de
su obra Origen de las especies
y en algún otro pasaje más—el término "especie", sólo que, como esto no
quiere decir que no utilizase actu
exercito
el concepto correspondiente, lo que resulta con ello corroborada es la
tesis de que Darwin no alcanzó una re-presentación lógica mínimamente
adecuada de su propia revolución, lo que, por otra parte, es habitual
en la Historia de las Ciencias." (56)
Asi
pues, una gran revolución científica sólo puede ser adecuadamente
conceptualizada una vez hay una distancia que permita apreciar el
efecto de esta revolución sobre el campo cognitivo. Y de ahí surge una
primera dimensión retrospectiva de la teoría de la evolución. Pero no
me refiero a esta cuestión retrospectiva, sino más específicamente a la
especificidad de la especie, valga la re-redundancia. La ironía vendría
a ser que, al escribir el Origen de
las Especies,
Darwin no estaría disolviendo la sustancialidad del concepto (pongamos
que Linneano) de especie, sino que estaría, efectivamente, escribiendo
un libro sobre el Origen de las
Especies,
y en efecto en el capítulo 14 reconoce la necesidad de un "fijismo
lógico" del concepto de especie al modo de Linneo—en justa
correspondencia, señala Bueno, pues Linneo había a su vez reconocido un
posible "transformismo lógico" de las especies en sus cartas a Abraham
Bäck (57). "Habrá que resolver el dilema entre el supuesto esencialismo
de Linneo y el supuesto nominalismo de Darwin, replanteándolo" (58).
En su Isagoge, Porfirio había
rehusado entrar a discutir (por lo arduo del problema) si los géneros y
las especies de las cosas existían realmente, o si eran sólo categorías
de nuestro entendimiento. Bueno comenta distintos tipos de nominalismo
(atomístico y continuista) y de realismo (jorismático y ajorismático).
El supuesto nominalismo de Darwin sería más bien continuista—el que
rechaza la existencia de especies porque oscurecen las semejanzas entre
los individuos englobados en especies distintas. De ahí su insistente
uso de las genealogías en forma de árbol. Otra dimensión
retrospectiva de la cuestión aparece en el concepto que introdujo G. C.
Simpson de la "especie cronológica", para acomodar estructura y
evolución. Y en la medida en que Darwin era realista, podría hablarse
de su realismo jorismático,
en el sentido de que la especie sería un tipo mental independiente de
los individuos concretos—por ejemplo, cuando habla de selección
artificial con vistas a conseguir un tipo predeterminado. El
elemento jorismático del darwinismo se acenturaría cuando se fusionó
con la genética primero en el neodarvinismo de Weissmann y luego en la
teoría sintética—actuando la codificación genética como modelo lógico.
"En
cualquier caso, la distinción lógico-material fundamental que es
preciso tener en cuenta en el análisis del significado de la revolución
lógica de Darwin es la distinción entre las clases distributivas y las
clases atributivas" (61).
Las
taxonomías de Linneo tienen una naturaleza porfiriana, con todas
las complicaciones resultantes de clasificaciones basadas en diferentes
rasgos clasificativos distribuidos, que dan lugar a árboles lógicos,
especies, géneros, órdenes... todo ello sin necesidad de apelar a una
teoría de la evolución—Ahora bien, la especificidad de la teoría de
Darwin consiste en la introducción de una lógica que Bueno llama plotiniana, a cuenta de este pasaje
de las Enéadas
donde dice Plotino que "los heráclidas pertenecen al mismo género no
porque se asemejen entre sí, sino porque todos descienden de un mismo
tronco" (62)—y comenta Bueno el uso lógico de categorías plotinianas en
otros ámbitos, por ejemplo en la generación de unas curvas matemáticas
a partir de otras. Llama la atención Bueno, por cierto, sobre la
naturaleza genética (genética de génesis, no de gen) de las especies
Linneanas, puesto que los individuos participaban de una especie a
través de sus progenitores, y de un sistema de generación que Linneo
esperaba poder contabilizar y tabular. (Por cierto, habría que ver en
la moderna genética una realización, por otra vía, de este sueño
lógico-computacional de Linneo). Bueno lleva a su propio terreno
lógico-formal la lógica propia de la bioquímica evolutiva. Ahora
conocemos, dice, la composición atómica y elemental de la naturaleza, y
también la estructuración característica de las moléculas de ADN que
codifican los rasgos generados en los cuerpos, "de forma tal que esas
macromoléculas podrán considerarse como partes formales definitorias de
los cuerpos vivientes (el hecho de que una misma estructura
macromolecular esté presente en todos los cuerpos vivientes relacionada
con los procesos de reproducción y de herencia, es una de las pruebas
más decisivas de la comunidad de origen de todos los vivientes)." (66)
Y de esta confluencia lógica/biológica sale otro razonamiento de
interés para analizar la dimensión cognitivo-retrospectiva del concepto
de especie:
"El
principio de cierre [categorial] plantea la cuestión de la posibilidad
de considerar a los organismos primigenios como elementos de alguna
especie de vivientes; cuestión que, por nuestra parte, resolveríamo
negando a estos supuestos organismos primigenios no ya su carácter de
vivientes, pero sí el de elementos de una especie o clase que, antes de
su reproducción, todavía no existe" (66)
Es la descendencia (lo que Darwin llamaba "descendencia con
modificación") lo que da lugar a las especies como géneros plotinianos,
es decir, ligados por origen común. Hay en esta noción de género
plotiniano una dimensión inherentemente retrospectiva—la perspectiva
histórica es esencial para delimitar las especies plotinianas. Y así se
"abre la posibilidad lógica de una ramificación no-porfiriana de
relaciones genealógicas" (67); una especie-madre puede coexistir con
sus especies-hijas, y los individuos pueden participar del género o
tipo de modo real y no sólo abstracto. Pero subraya Bueno que Linneo
también había pensado en
la posibilidad de especiación plotiniana, uan
especie de proto-evolucionismo linneano:
"El
mismo Linneo, en su trabajo de 1759 Generatio
Ambigena, sostuvo,
sin menoscabo de su creacionismo, que las especies de un género podrían
ser descendientes de una esecie-madre singular revestida con los trajes
(córtices) de diferentes
padres, 'la sustancia medular (medulla)
estaría como aprisionada por la sustancia cortical (cortex)'. De hecho, a partir de los
años 1762 y 1767, Linneo se habría inclinado a sustituir la idea de una
creación divina de las especies
por la idea de una cración de los tipos
(unos 60 tipos u órdenes de plantas y unos 50 prototipos de animales)
encarnados en individuos (o parejas) 'genéricas' o 'prototípicas', de
cuya hibridación ulterior resultarían las especies" (67).
Es éste un planteamiento de la relación entre géneros y especies que
todavía vemos en muchos biólogos creacionistas o idealistas durante el
XIX y XX, por ejemplo en
el caso que comentábamos de Vladimir Nabokov.
—Es decir,
podemos apreciar en Linneo un protoevolucionismo, según el cual las
especies se formaron gradualmente, siendo la diferencia originaria de
los géneros creados el elemento diferenciador, y la hibridación el
mecanismo. En Darwin, si bien no queda aclarada la fuente de la
variación sobre la que trabaja la selección natural, ésta última es el
mecanismo, y la hibridación tiene un papel en todo caso opuesto, pues
tiende a anular diferencias creadas con trabajo, no a establecerlas. Y
Darwin presupone que no hay géneros creados cuyas diferencias sean
infranqueables para el trabajo de la selección natural.
Observa Bueno que sólo determinados fenómenos son estudiables como
clases plotinianas o procesuales: han de tener una relación especial
con el tiempo, una relación que podríamos decir que tiene una dimensión
informática: han de mantener, a través del tiempo, la norma connotativa
que los define como elementos de la clase (en este caso, el código
genético). Introduce aquí el término de "sistema teleoclino" o sistema
"en marcha", donde el tiempo se ordena no como desde la perspectiva
físico-quiímica, desde el presente al pretérito, sino inversamente: del
presente al futuro (o a un "pretérito posterior"). No porque esté
"previendo el futuro" sino porque
"sólo
podemos hablar de un sistema teleoclino 'en marcha' cuando sus procesos
se contemplan como si sólo alcanzaran su unidad real en el momento en
el que están reproduciendo un ciclo" (68)
Y esta es precisamente la manera en que concebimos a las especies, con
esta dinámica inscrita de prospección-retrospección cuando las
consideramos a la manera darwinista, como producto de la evolución.
Aquí insiste Bueno en la importancia (que a primera vista no parecería
evidente, más bien al revés) del concepto de especie para la teoría
darwinista:
"La
cuestión decisiva en el contexto de nuestro análisis es la
determinación de las relaciones entre los géneros plotinianos, en
general, y de las clases plotinianas de vivientes, en particular, y los
géneros porfirianos (linneanos) porque es a través de esta relción como
podrá empezar a configurarse la idea de especie (de vivientes) y, por
tanto, de género (de
vivientes).
La Idea de Evolución, en el sentido estricto y
peculiar que Darwin le imprimió, está vinculada precisamente a las
especies, y sólo a través de ellas a los géneros y a los individuos. La
evolución es una idea que se constituye 'a escala de especies', y por
ello la evolución sólo tiene sentido en una symploké
de especies vivientes, y eso dicho en un sentido análogo en el que se
afirma que el concepto de polígono se conforma 'a escala' de lados y
ángulos y supone múltiples lados y ángulos." (69)
Habrá que admitir entonces, en todo caso, que la obra de Darwin (máxime
unida a sus efectos posteriores) no sólo explica de distinta manera la
relación entre individuos y especies, sino que por lo mismo reconfigura
radicalmente estos conceptos, a pesar de la permanencia de los nombres
como etiquetas engañosas. También queda reconfigurada,
retrospectivamente, la noción misma de evolución, pues habrá que
especificar
a qué tipo de objeto lógico o de proceso físico o biológico estamos
aplicando este término. Así, por
ejemplo, niega Bueno que pueda aplicarse el concepto de "evolución" a
la microevolución de eucariotas primigenios, o a la microevolución tal
como se concibe en la deriva genética de la teoría sintética. La
"evolución" como tal, en el sentido darwinista, sólo podrá aplicarse a
la generación de especies, pues está articulada en torno a este
concepto. (Habrá que reconocer, por tanto, que tanto el concepto de
especie como el de evolución han seguido evolucionando después de
Darwin, y que de hecho evolucionan siquiera sea mínimamente con cada
innovación conceptual y científica introducida).
"(Aun
en la hipótesis—defendida por la 'teoría sintética'—de que la
macroevolución fuera el resultado de una microevolución previa, habría
que mantener la tesis de que esa microevolución sólo podría comenzar a
ser considerada 'retrospectivamente', es decir, una vez que hubiera
tenido lugar una macroevolución). Ocurre aquí como con la distinción,
debida a H. Reichembach, entre 'contexto de descubrimiento' y 'contexto
de justificación': aquellos no pueden considerarse tales más que una
vez que la justificación haya sido establecida" (70).
—Lo cual apunta a una dimensión retrospectiva más del trabajo
científico, y de la verdad científica, que a veces pasa desapercibida.
El artículo de Bueno viene a subrayar la importancia soterrada que
tienen nuestros conceptos linneanos o porfirianos de especie a la hora
de conceptualizar los conceptos plotinianos o darwinianos de especie.
Una relación que entiendo viene a ser paradójica, pues las especies no
son resultado de una lógica de diferenciación inherente, sino también
de accidentes, azares, extinciones masivas, y toda la historia que
arrastra la generación efectiva de una genealogía en un entorno
determinado. Viene a admitir este problema Bueno cuando observa que la
misma lógica retrospectiva no sólo se aplica a las especies, sino
también a ramificaciones sucesivas, como las poblaciones. Así, dice que
"Definiciones
de especies similares a la propuesta por Bonde—'un
segmento dado dentro de un árbol filogenético delimitado por dos
ramificaciones sucesivas'—son definiciones dibujadas en esta
perspectiva" (71)
Si
bien parece perderse aquí de vista qué es lo que delimita a esas
ramificaciones como tal objeto cognitivo. Porque de lo no establecerse
un principio alternativo, y
aplicado estrictamente éste, ¡la definición de especie acabaría
coincidiendo
con la de individuo! En
el caso de las especies con diferencia sexual, apunta Bueno, habría que
tener en cuenta la diátesis no lineal o compositiva que requiere la
reproducción sexual, con lo cual "equivale a admitir una vinculación,
al menos virtual (aleatoria) entre todos los elementos de la clase,
transformándola de este modo en lo que suele llamarse una 'población
reproductora'." (71). Y pasa a hablar de "clases de pares posibles"
creados por composición aleatoria. Pero hay que recordar que la
aleatoriedad nunca es total, sino probabilística. Aquí se introduce un
elemento de virtualidad, es
decir, no la efectividad reproductora, sino la hipotética posibilidad de reproducción,
que viene a introducir una nueva dimensión de idealidad en la
definición de especie. En efecto, se plantean problemas como el de
poblaciones efectivamente separadas, con diferencias estructurales, y
capacidad reproductiva parcial, o hipotética, o meramente artificial—
los casos de hibridación imperfecta, con baja fertilidad, etc. El
concepto de especie parece ser muy relativo a las necesidades humanas
efectivas en lo relativo a clasificaciones, y también a los accidentes
de la distribución de poblaciones.
Arguye pues Bueno por la realidad de las especies biológicas así
entendidas,
"una
entidad real, en cuanto separada de otras especies del género
(...) pero solamente en tanto que esta situación se reproduce y puede
ser probada (lo que no ocurre, en general, con las especies
'paleontológicas'" (73).
La discontinuidad teorizable entre especies queda sin embargo puesta en
cuestión, entiendo yo, en cuanto que criterio determinante, por la
discontinuidad efectiva entre los rasgos potenciales combinables de una
especie, y los que efectivamente se combinan en los individuos de una
nueva generación. Sigue habiendo un elemento de idealidad en toda
conceptualización de la especie. Y
hay que reconocer desde el punto de vista lógico, dice Bueno, "esa
suerte de inconmensurabilidad entre las especies biológicas y las
especies tipológicas de las que hemos venido hablando" (75). Termina
subrayando Bueno que las
distintas concepciones de especie, en todo
caso, no pueden sintetizarse en una "definición definitiva" que aúne
criterios biológicos, fenéticos, cladísticos, tipolóticos,
morfológicos, paleontológicos.... Esta especie hipotética sí que es una
auténtica quimera.
Pero también hay un cierto elemento quimérico, o al menos una
circularidad casi más viciosa que hermenéutica, a la hora de establecer
criterios tipológicos para una especie biológica:
"sólo
en los momentos en que podamos mantener el círculo
lógico-dialéctico de las definiciones (la especie biológica presupone
una especie tipológica establecida y ésta sólo se establece a su vez a
través de la especie biológica)—que es el momento en el que se
mantiene, no la evolución, sino la revolución o rotación de la
reproducción de los individuos de una misma especie—, entonces podremos
hablar de especie biológica" (75)
Las especies las estamos constryendo lógicamente, concluye Bueno, a
cada momento, desde el punto de observación que establecemos, y éste es
inherente a la esencia de la especie, "una regla de construcción que ha
de considerarse actuando en cada momento en que esté teniendo lugar la
constitución de las 'esencias genéricas' a partir de los 'fenómenos'"
(75).
La "nebulosa viviente" de la materia viva puede clasificarse según
diversas tipologías, y la relación entre grupos, poblaciones y especies
es muy variable y diversa—aún suena idealista Bueno cuando pone a la
especie humana como ejemplo de especie en la que todos los individuos
pueden llegar a estar interrelacionados, formando una única sociedad.
(77).
Termina Bueno el artículo comentando diferentes nociones de "evolución"
(distintas especies de evolución, por así decirlo) pero enfatizando el
carácter distintivo de la aportación de Darwin: que no consistió en
generalizar el principio de evolución a toda la scala naturae,
sino por el contrario en acotar (dentro de los límites disponibles en
su tiempo) los elementos evolutivos característicos de los seres vivos
como tales, o sea, una parte muy concreta de esa Escala del Ser:
"La
revolución lógica de Darwin podría definirse entonces como la
sustitución de la lógica de las especies y géneros porfirianos
(linneanos), común a todas las regiones del universo, por la logica de
las especies y géneros plotinianos que, por otro lado, no excluyen a
aquellas, sino que necesitan ser reconstruidas incesantemente" (87)
—o, reformulo yo, "sino que hacen, junto
con los demás accidentes de la historia, que las especies y
géneros porfirianos en el ámbito de la vida necesiten ser reconstruidos
incesantemente".
Lo cual me hace apuntar que (reconociendo que algo de esto aporta
Darwin, en efecto) no es menos importante la influencia de Darwin a la
hora de
hacer visibles en otros campos, no biológicos, algunos de los procesos
evolutivos que también
operan en el nivel específico de los seres vivos. Y apuntar también que
éste que comentamos es Darwin visto a través del retrovisor de Gustavo
Bueno: pues
Darwin no planteaba las cuestiones en estos términos lógicos, y (como
bien dice Bueno) no entendía bien del todo lo que hacía, entendiendo
aquí por "bien" la manera en que lo entendemos nosotros, con nuestro
propio retrovisor.
Oigo por la calle a Bunbury, creo. Imposible saber si es él o si
es una grabación, todo es megafonía. Igual que aquí, imposible saber si
soy yo o si soy una grabación.
Conforme se acercan los Pilares, la megafonía me invade
la plaza, donde tan aficionado soy a tocar la guitarra en mi rincón,
tranquilo como Juan Bala. Se pone la cosa imposible, y le dan a uno
ganas de irse a Antigua, o al Rif. O a Biescas.
Redes articuladas: El sujeto
individual, el libro y el mundo
Reseño aquí el capítulo "Articulate Networks: The Self, the Book
and
the World", de Neil Rhodes, publicado en el libro de estudios
mediáticos retrofuturistas The
Renaissance Computer: Knowledge Technology in the First Age of Print
(ed. Neil Rhodes y Jonathan Sawday, 2000). Según su propio resumen,
"El
ensayo final de este volumen abre un nuevo ámbito de estudio: ¿cómo
pueden 'las transformaciones de las maneras en que el
conocimiento se organiza, se almacena y se transmite . . . tener
un impacto sobre nuestro sentido de la identidad individual'? Rhodes
arguye que un factor de la disolución de los elaborados sistemas de
correspondencias y analogías, tan fundamentales para las 'visiones del
mundo' tanto pre-renacentistas como renacentistas, resultó del impacto
del libro impreso. La historia habitual sobre el 'derrumbamiento' de un
antiguo sistema de organización del conocimiento cuenta que representó
una forma de fragmentación del entendimiento, y del sentido que
tenían los individuos de su propio lugar en el mundo: un derrumbamiento
con el que aún estamos aprendiendo a vivir. El ensayo contesta la
última parte de este aserto, defendiendo, en cambio, que hay 'maneras
en que el mundo digital [moderno] está invirtiendo este proceso
anterior de desintegración'. La 'articulación' es el núcleo del
problema, en el sentido de articulación que se refiere a la conexión de
estructuras (como en las articulaciones del esqueleto), y también a la
enunciación diferenciada del habla, controlada mediante una gramática
organizada. En su sentido latino, articulus también alude a un nudo, o
un nodo, una parte fundamental del diseño de una red. Refiriéndose a
las obras de Donne (en especial a sus Devociones),
el ensayo de Rhodes
medita sobre los sutiles procesos de transformación mediante los cuales
el mundo, el sujeto individual, el libro y el conocimiento, se
mantienen en equilibrio mutuo e inestable."
Empieza Rhodes hablando de los almanaques, publicación primitiva (lo
que me trae a la mente que aún se sigue publicando anualmente el
Almanaque Zaragozano),
compendio de calendario, información útil,
meteorología, astrología, consejos agrícolas, curiosidades,
instrucciones prácticas..... Se difundieron masivamente gracias a la
imprenta a mediados del XVI, aunque ya existían antes:
"Así pues, el almanaque es una versión del Ordenador Renacentista. De
hecho, sus predecesores son los muchos tratados de cálculo y
computación medievales derivados del Computusde
Beda el Venerable, que exponía datos astronómicos y meteorológicos"
(185). Vaya, nos encontramos con Beda el Venerable como uno de los
primeros computadores, u
ordenadores...
Muchos almanaques se combinaban con diario, al incluir páginas en
blanco para notas o a modo de agenda dietario—primeros precedentes,
quizá, del blog
de notas.
"De modo que el almanaque es paradójicamente, a la vez, un tipo de
libro que se reproducía en cantidades enormes según una fórmula
estandarizada, pero que también existe en miles de versiones únicas"
(186). El hombre zodiacal de los almanaques es un individuo "cableado",
wired, conectado al universo que lo rodea. Un ejemplo, el almanaque de
Digges en sus primeras ediciones difundía un modelo ptolomeico del
sistema solar; más adelante, uno copernicano. La imprenta ha diseminado
nuevos modelos de relaciones entre el individuo y el universo, nuevos
modelos de ubicación de constitución del sujeto, y "esta relación viene
mediatizada por formas cambiantes de textualidad, puesto que es a
través de esas formas como se produce nuestro conocimiento del yo y del
mundo" (187).
La noción de un orden universal basado en analogías o correspondencias
domina el universo premoderno. Por ejemplo así expresa la Mikrokosmographia de Helkiah Crooke
(1615) las relaciones entre el macrocosmos y el
microcosmos humano:
"The
admirable structure, and accomplished perfection of the body, carrieth
in it a representation of all the most glorious and perfect workes of
God, as being an Epitome or compend of the whole creation, by which he
is rather signified than expressed . . . For his body is, as it were, a
Magazine or Store-house of all the vertues and efficacies of all bodies
. . .The Divines call him Omnem
Creaturum, every creature, because he
is in power (in a manner) All things; not for matter and substance, as
Empedocles would have it, but Analogically by participation or
reception of the severall species or kinds of thinges" (187).
—ver para estas ideas la Literatura
Europea y la Edad Media latina de E. R. Curtius, o The Elizabethan World Picture de
Tillyard—y también el análisis de Michel Foucault en Las palabras y las cosas.
Señala Foucault que el mundo se percibía como organizado por una enorme
gramática, y que las relaciones entre las palabras y entre las cosas se
veían como estructuras correlativas: el conocimiento consistía en
relacionar una de esas gramáticas con la otra. Con el desarrollo de la
era científica, se concibieron nuevas maneras de clasificar y de
comunicar el conocimiento, y se
va desacreditando la Gran Cadena del Ser:
"nuevos tipos de texto enciclopédico aparecieron, junto con nuevas
taxonomías. Los métodos jerárquicos o concéntricos de organización
fueron desplazados por categorías científicas diferentes, o simplemente
sustituidos por la arbitrariedad de la alfabetización, un sistema de
referenciación que no estaba muy difundido antes de mediados del siglo
XVII" (189).
Si podemos hablar de las técnicas de la imprenta como "el ordenador de
Renacimiento" hay que señalar otro tipo de analogías que relacionan el
mundo digital de hoy con el mundo anterior a la imprenta, "revirtiendo
el anterior proceso de desintegración, restaurando lazos entre el yo y
el mundo que se cortaron en el siglo diecisiete" (189).
La noción de "articulación" por ejemplo sirve para conectar también los
mundos del lenguaje y del cuerpo. Crooke por ejemplo habla de la
"sintaxis" de los huesos, y de las articulaciones; es éste un término
que hacia 1600 se difunde en la filosofía natural, y que combina a la
vez conexión y separación. En gramática también se venía usando, por
ejemplo Santo Tomás de Aquino define los artículos y también la
articulación en el sentido de morfosintaxis, la combinación de partes
en una oración, "un sistema de distinción que produce interconexión"
(191), y usa como analogía las articulaciones del cuerpo; "el rasgo
crucial de la articulación es que es a la vez lo que nos hace a
nosotros y a las cosas distintos, y lo que nos conecta" (191). También
en la era digital, "La red, como el libro del mundo, nos conecta"
(192).
John Donne nos remitía al ser humano como libro, o como índice del
libro de Dios, y a la Anatomía como lectura. En un sermón dice que
"quien desea Imprimir un libro, mucho más debería desear, ser él mismo
un libro"—y en las Devotions upon
emergent occasions enfatiza la conectividad del hombre y el
mundo, "Ningún hombre es una isla". En el memorable soneto "O
to Vex Me",
la expresión de Donne diciendo que "mis mejores días son aquellos en
los que tiemblo de miedo" se remite a una expresión característica de
los almanaques, los días buenos o malos, favorables o
desfavorables.
En todas las Devotions de
Donne, se gira alrededor de la alternativa doble: el hombre es a la vez
un individuo diferenciado, y un ser conectado por todo tipo de
relaciones a los demás, "un
punto de una red universal"
(193); es "un texto que deja al lector con un sentimiento reforzado
tanto de la singularidad del yo individual, como de su desplazamiento"
(193). Recapitula la vieja filosofía analógica, pero es consciente de
la nueva ciencia, "y del nuevo aislamiento del yo que trata con tanta
fuerza de negar ('No man is an island')". A nosotros nos sucede al
revés: estamos acostumbrados a al yo individual, y la conexión en red
la vemos como una novedad.
"Ahora
que la tecnología electrónica reorganiza nuestras percepciones del
mundo y nuestro lugar en él, podemos darnos cuenta de que las
antiguas metáforas del libro y del cuerpo,
junto con la nueva metáfora de la red, nos podrían permitir ver el
futuro no en términos de una ruptura radical, sino como la
reconfiguración de un orden ya imaginado con anterioridad" (194).
El fraile capuchino Gumersindo de Estella (1880-1974) era
una persona bondadosa y tolerante, y en sus escritos se le aprecia
totalmente dedicado a la causa de su religión y de lo que él entendía
era su misión predicadora. Había sido misionero en China entre 1927 y
1930, y tenía ciertas simpatías socialistas y quizá nacionalistas
vascas, aunque esto último no se echa mucho de ver en sus memorias. En
todo caso no se concebía a sí mismo como un ente político sino como un
misionero, confesor y predicador.
Con el alzamiento militar contra la república en 1936, se hizo
sospechoso a sus superiores. No celebraba con la debida alegría los
éxitos del "propio bando", y se mostraba apenado por las desgracias que
veía y por las matanzas de republicanos. El, por su parte, cuenta la
desilusión que sufrió al ver cómo sus compañeros religiosos eran
indiferentes, cuando no favorables, a las injusticias y los crímenes
del bando franquista, y aceptaban sin el menor sentido crítico que la
Iglesia tomase partido de modo abierto. Esto lo considera él un error,
y cree que no sólo terminó de alejar a los izquierdas de la Iglesia,
enconando su actitud hacia ella, sino que ante todo supone un error de
ética y de religión, una incomprensión del papel y misión de la
Iglesia—que él no entendía en términos políticos sino teológicos y
doctrinales. Alude repetidamente a la "Gloriosa Cruzada" en términos
que dejan claro su uso irónico del término—es la expresión usada
por otros, y la expresión de su error. Sobre el Cardenal Gomá, a
quien dice que trató en su lecho de muerte, dice que no sólo se prestó
a la manipulación política de la Iglesia, sino que sugiere que el mismo
cardenal se arrepentiría de haberlo hecho más adelante—"la prudencia
sella mis labios", apunta. En todo caso, "Gumersindo", de nombre
original Martín Zubeldía, no abandonaría la Iglesia, convencido de que
la culpable no es la institución, sino los individuos que pervirtieron
su misión; no se plantea nunca cederles el terreno, sino más bien hacer
lo posible por promover su propia creencia y doctrinas dentro de lo que
las circunstancias permitían. Con frecuencia dice a los presos de
izquierdas que comparte sus ideas, ideas socialistas, con el fin de
conciliarse con ellos o atraerlos a su terreno. Aunque es ante todo un
profesional, un misionero, que piensa en administrar sus sacramentos y
reconciliar con Cristo a los condenados.
Sus superiores, conscientes de su desafección, lo enviaron un tanto
forzosamente a Zaragoza, cosa que él aceptó, a modo de exilio y
mortificación. Y pidió atender a los condenados a muerte, deseoso de
darles "asistencia espiritual". Había habido muchos fusilamientos en
Torrero, y luego en Valdespartera los primeros meses, dice, "cuando
comenzó a actuar como juez de penas de muerte el Delegado de Orden Público".
Cuando comenzó él a acompañar a los presos, las ejecuciones eran
ordenadas ya por tribunales militares, a presos de la cárcel de
Torrero, y se realizaban en las tapias del cementerio, a menos de medio
kilómetro de la cárcel.
Cuando uno piensa en esa época, y en los sacerdotes que acompañaban a
los piquetes de ejecución, puede hacerse uno la idea de que el cura era
sólo el brazo que bendice a los que aprietan el gatillo—y que su papel
con los presos era todo lo más el de hacer de "poli bueno" frente al
"poli malo" (malísimo) de los fusiladores. El papel del cura parece un
tanto falsario, una manera de limpiar las conciencias de los asesinos,
y sin duda así lo veían, con razón, muchísimas de las víctimas. Pero en
la narración de Gumersindo aparecen matices mucho más incómodos y
complicados de lo que permitiría suponer una separación tajante entre
verdugos y víctimas. Para empezar, es obvio que el propio Gumersindo
desaprobaba las ejecuciones —sin llegar a condenarlas explícitamente.
Se apresura a decir a los presos que los tribunales de la tierra se
equivocan muchas veces, que Dios será quien juzgue a todos, que quién
sabe si ellos son mejor gente que quienes los condenan. Todo ello en
parte para congraciarse con ellos, y adopta un tono afable, que muchos
aceptan y agradecen (otros lo rechazan). Cuando un preso muy
desesperado le pide que interceda in extremis por él, lo hace en alguna
medida, aunque sabe lo limitado de su influencia. En algún caso, con
tiempo para hacer papeleo, ayuda a preparar apelaciones y a presentar
testimonios de apoyo, consigue algún indulto. Normalmente, sin embargo,
da las condenas por hechas e inapelables (como efectivamente resultaban
serlo) y procura más bien convencer a los presos de que acepten su
destino sin desesperación. Si de él dependiera no habría ejecuciones,
eso está más que claro, pero también es cierto que está ocupando una
pieza en el sistema que lleva a la muerte a tantos inocentes de manera
injusta.
Porque una cosa sí subraya, en sus relatos: aunque entre los ejecutados
se encuentre algún criminal violento quizá, o alguna persona
responsable a su vez de ejecuciones sumarias de inocentes, la inmensa
mayoría de los condenados lo eran sólo por sus ideas, por denuncias de
algún vecino malevolente, por incapacidad de defenderse... meros
simpatizantes de la República, o individuos que se habían visto
atrapados en sus circunstancias, sin ningún afán criminal ni ninguna
acción que pudiera justificar su condena a muerte, ni siquiera en los
supuestos términos del código penal imperante. Eran, sencillamente,
víctimas de unos jueces criminales y prepotentes, ellos sí auténticos
canallas de la peor especie—de la especie que sobrevive camuflándose en
el medio ambiente, y flota en todo tipo de líquido. Observa Gumersindo
que se había extendido entre la gente una retórica de adhesión cruel y
fanática al nuevo régimen, y que cuanto más inflexible y despiadado se
mostrara uno, tanto más los demás interpretaban que era una persona de
orden y un adicto a Franco y al Movimiento. Esto llevaba, por lógica
propia, a la injusticia y a los abusos más indignantes.
Y se indigna Gumersindo, en efecto, pero su prudencia por sobrevivir y
su deseo de llevar a cabo su misión le lleva a evitar críticas abiertas
al régimen. Más bien colabora (él también) con los poderes
establecidos, y se limita en general al papel que se espera de él:
reconciliar al preso con su destino, hacer que acepte (a través de su
aceptación de Dios) el final que le espera. No da por buena el fraile
la sentencia del juez, pero sí la ve como parte de un orden que no
puede cambiar. De
estos jueces, por supuesto, no han juzgado nunca a ninguno—ni siquiera
se han aireado sus nombres en aras de una "memoria histórica" más
exacta. Y eran ellos, unas pocas personas, muy pocas, los responsables
directos de estas matanzas—pues todos los demás, si bien colaboraban o
ejecutaban órdenes, sólo apoyaban sus decisiones, fueran las que
fueran.
La vigilancia mutua se llevaba a cabo entre todos, pero muy
especialmente entre este puñado de personas y sus superiores, el
gobierno militar de Mola primero y Franco después. Los demás, algunos
eran matones asesinos, otros unos mandados u obedientes, y muchos unos
Gumersindos como éste, que vivían con desasosiego y sufrimiento lo que
veían hacer a su bando pero se mantenían en su puesto a pesar de su
desafección.
Observa uno de los (frailes) editores del manuscrito una cuestión que
llama la atención, al leer este relato de una ejecución tras otra, un
caso tras otro, un reo tras otro al que se confiesa o al que se ofrece
en vano la confesión:
"queremos
aludir al misterio de la libertad humana que tan descarnadamente
aparece en los reos en el momento del difícil trance de la muerte,
experiencia humana que sobrecoge y llena de estupor, sobre todo en
circunstancias como las que vivían los desdichados condenados a muerte.
En el momento final la actitud de las personas, dada la idiosincrasia e
historia de cada uno, es distinta, pero sobre todo inesperada,
incalculable, impredecible. Ninguno podría haber vislumbrado sus
reacciones, sus gritos, sus espantos, sus horrores, sus silencios, sus
lágrimas, su frío paralizador, sus espasmos, sus sudores. Y sus
conversiones, su reencuentro con los sentimientos religiosos más
profundos sembrados en los años infantiles por los padres; o el rechazo
pertinaz y radical de toda trascendencia hasta el final. Misterio de
libertad, de la variedad humana, de la pluralidad radical del género
humano". (José Ángel Echeverría,p.
15).
Y es cierto: algunos reos lloran, otros se muestran altivos o
indiferentes, otros se atreven a gritar "¡Viva la República!" unos, o
"¡Viva Franco!" otros, ante el paredón; unos se derrumban, otros
tiemblan y apenas creen lo que les pasa... Una chica regordeta con
jersey blanco se resiste y hay que llevarla a rastras al paredón (cosa
que los hombres no hacen), y hay que matarla de mala manera, sin
respetar el protocolo postural debido, y en plan "muchos hombres
armados contra una mujer indefensa". A unos les saltan los sesos o se
quedan sin cabeza de un disparo; otros en cambio no hay manera de
matarlos ni siquiera con muchos balazos, en la cabeza directamente.
Nadie insulta al parecer al piquete—todo lo más se les afea su actitud,
o se les llama fascistas alguna vez, pero la desesperación no da para
muchas últimas palabras memorables, ni para insultos creativos. En
general, tanto como la "pluralidad radical" del género humano ante la
muerte, lo que me llama la atención leyendo estos relatos de
ejecuciones masivas es lo obediente y ordenado del género humano: nadie
se resiste peleando con los guardias, a que lo aten, nadie se lanza
contra ellos para llevarse a alguno por delante—algunos reconvienen al
juez, que está en la misma capilla, lo injusto de su sentencia, pero
nadie se le tira encima a sacarle los ojos. Todos suben al camión
ordenadamente, se colocan donde les dicen, normalmente besan el
crucifijo.
Me sale el retrato de una nación, o una raza, de personas bien
mandadas, fundamentalmente de orden. Gumersindo también: prefiriendo
que las ejecuciones no se llevasen a cabo, ni que sucediese nada de
ésto, cosa que es una fantasía de imposibilidad, lo que sí procura es
que todo se haga según convenido y por orden: que el reo se confiese y
arrepienta, que realice sus "actos sobrenaturales" como él los llama, y
que muera de la manera más eficaz posible. Se queja repetidamente el
fraile de que los soldados no disparan bien, y que eso hace sufrir a
los condenados. Muchas veces, de hecho constantemente, dice, tras las
ráfagas no ha muerto nadie, y con frecuencia sólo tienen los reos
heridas superficiales. Hay que fusilarlos dos veces, o tres, pues
siempre, y en todo caso, pasa el oficial a dar un tiro de gracia (y
antes vuelve a pasar él mismo, el cura, a dar la absolución al herido
con su mirada perdida, o fija en él, o que gime y se retuerce, o que
tiene masa encefálica colgándole de la cabeza...). Los soldados,
sabedores de que va a haber tiro de gracia, parece que prefieren no
matar ellos a nadie, aunque sea a costa de hacerles sufrir más. Ya que
el oficial es quien manda, para él la responsabilidad: y al final son
los oficiales quienes efectivamente han matado a todo el mundo. Con
frecuencia les conmina el fraile a los soldados que apunten mejor, de
camino al cementerio. A veces lo piden los propios presos, "Apuntad
al corazón", y acabemos pronto. Muchos
de ellos ven en los soldados no a enemigos personales, sino que saben
que están frente a otros "mandaos", atrapados en su papel de ejecutor
como ellos en el de condenado. (Sabiendo de estas cosas se entiende
bastante mejor en su contexto de posguerra la famosa escena de la
película El verdugo de
Berlanga—el verdugo puede ser una víctima, también, pues se le obliga a
ser verdugo si no quiere ser víctima). "Muchachos, tirad bien". Apenas
podría creerse que esto lo pueda decir el fraile con su mejor voluntad
hacia los reos, pero así es.
Es un retrato de un sistema nazi bien engrasado, ese
nazismo ambiental siempre latente,
y que instala sus reales espontáneamente en situaciones de terror, en
las cuales hay una sumisión absoluta a las órdenes de la superioridad,
un deseo de pasar desapercibido y de no significarse, y un cumplimiento
escrupuloso de la pequeña misión de cada cual: y pocos son los que de
hecho tienen que darle a la llave del gas, o apretar el gatillo. El
psicópata burócrata asciende entonces al poder por flotación natural.
Los demás sólo tienen que hacer lo que les ordenan, y actuar con
naturalidad, o con un poco de fingida adhesión de más al régimen.
Por supuesto otra persona con buenas intenciones lo que haría sería,
dada su impotencia, alejarse todos los kilómetros que pudiera de
semejante papel y semejante situación—pero en fin, Gumersindo es un
profesional, y cree en sus "actos sobrenaturales" sin cuestionarse de
eso un ápice. Con frecuencia emplea este argumento con sus presos
escépticos: "El hecho de que usted crea que algo no existe, no quiere
decir para nada que eso no exista", con una certidumbre tan simplista
que ni siquiera ve lo reversible del argumento. Y muchas veces
tiene éxito, apelando a los sentimientos infantiles, y en un contexto
de desesperación personal, les da a los presos un agarradero
imaginario, una manera de concluir su vida por así decirlo con una
conclusión bajo control, con una decisión personal de apropiarse en
cierto modo de su propio destino. Les ofrece una especie de solución
narrativamente "satisfactoria", dentro de las circunstancias, una
oportunidad de reorganizar mentalmente el trayecto de su vida y su
identidad personal. En fin, los consuelos imaginarios de
la religión, que aquí tiene un papel extremadamente ambivalente—a la
vez justifica al sistema y ayuda a la víctima; suaviza la situación, y
proporciona un terreno de encuentro imaginario y desplazado entre los
presos y el sistema que los ejecuta; les da un alivio, y a la vez los
manipula emocionalmente—es como la última cena del condenado a muerte,
puedes comértela o estampársela en la cara al pobre guardia que te la
trae
con su mejor voluntad, o porque es el menú que hay.
Impresionan en cierto modo los personajes bien mandados, o más bien lo
bien mandado de los personajes, los que se avienen al papel que espera
Gumersindo de ellos. Pero más impresionan los que lo descolocan, los
que lo obligan a llamar al Gobernador Civil a medianoche para pedir el
indulto (o a fingir que lo llama...), los que se niegan a ser
consolados, los que se desesperan y no quieren aceptar su papel de reos
en fila india. La gordita del jersey blanco, pataleando y gritándoles
cobardes a todos; o ese otro que llora y se agacha y se agarra a las
faldas del cura, y se esconde detrás de él, y que se niega a ponerse
firmes para que lo fusilen, y que de repente echa a correr como un
gamo, y se escapa a toda velocidad por el cementerio, y nadie sabe qué
hacer.... —no está previsto al parecer que los que van a matar se echen
a correr, en ningún caso se desperdigan a la carrera en direcciones
distintas, ni le arrancan la oreja de un mordisco al oficial, no. Pero
da igual, al muchacho éste igual le disparan, y le dan por casualidad,
y lo tienen que matar de mala manera y sin estilo, esto es lo que a
nadie le gusta ni le parece bien, estos reos desmandados y
desobedientes, cuánto mejor que ya puestos las cosas se hagan con
estilo, o todo lo más con un viva la República. Qué quieren que les
diga, que yo le alabo el gusto a la chica del jersey blanco, y a este
chaval que indiferente a la dignidad y a las buenas maneras corrió como
un gamo: éste sí que luchó hasta el final contra
el fascismo.
_________
Gumersindo de Estella. Fusilados
en Zaragoza 1936-1939: Tres años de asistencia espiritual a los reos.
Ed. Tarsicio de Azcona & José Ángel Echeverría. Zaragoza: Mira
Editores, 2003.
Desde el Tribunal Constitucional al fiscal del Tribunal Superior
de Justicia Vasco, todos pudriendo la justicia. Selectivamente, claro,
y según sopla el viento: en la línea nacionalista-socialista, por el
momento. Y a quienes exigen que la ley se aplique, tururú, que eso no toca, como decía un famoso capo.
Albricias, me han puesto otro enlace en el MIT. (O sea,
el Massachusetts Institute of Technology, en Cambridge, quizá la
universidad más valorada del mundo aparte de la otra universidad de
Cambridge —me refiero a Harvard). Aquí
en la sección de referencia. Están reorganizando su web y han
vuelto a incluir mi
bibliografía de teoría y crítica literaria, esta vez en una brevísima lista de recursos
seleccionados como los mejores disponibles en red para estudios de
literatura inglesa.
Esta bibliografía que la hago
yo a pulso y single-handed (bueno, no, both-handed) —y la ponen
al mismo nivel teórico que cosas como el Diccionario Oxford, la
bibliografía de la MLA, la enciclopedia de Historia de la Literatura
Inglesa de
Cambridge... Es decir, monumentos de la Filología, celebérrimas obras
multivolumen de prestigio
internacional, elaboradas por decenas, o ejércitos a veces, de
colaboradores. Me parece francamente excesivo. Sin embargo, permítanme
que me hinche como un pez-blog, y que incluya
una reproducción de la página ésta de mi historia. Que la humildad se
retire a
un ladito humildemente, y le deje la escena un rato a la MITomanía.
Hoy sale mi primera publicación en una revista del género "café
magazine", en mi descargo diré que es una revista filosófica, Cafe Philosophy, repartida por
bares y cafeterías de Nueva Zelanda. Aparecerá en red aquí
en el número de octubre y noviembre. Es un número sobre la identidad
narrativa: "Story as the Basis of the Self." Mi artículo (que también
es mi primera publicación con foto mía y todo incluida) se titula
"Narrative and Identity", y es una selección de mi artículo más largo
sobre el tema que apareció en inglés en Interculturalism (2006) y en
español en Paradojas de la
interculturalidad (2008)—aquí está la versión en español, "Narración,
identidad, interacción—relectura".
Bien, con esta publicación bato también mi record de brevedad (dos
páginas) y de distancia, veinte mil kilómetros hasta Auckland. Mi
siguiente publicación tendrá que hacerse en alguna estación espacial, o
en la Luna—o quizá se la descargue algún astronauta en vuelo a Marte,
vete a saber, surfeando por el cosmos adelante para matar el rato. A
saber quién será la última persona que lea alguno de nuestros escritos,
que tan alegremente vamos desparramando por el planeta.
Me pregunta una corresponsal de la Argentina por mis proyectos
profesionales o intelectuales, y le digo:
Proyectos... Soy
un poco "el hombre
de-proyectado", es el título del libro de un colega mío aquí en la
Universidad de Zaragoza. Aquí los investigadores universitarios suelen
unirse a otros para obtener eso, "proyectos" lo llaman, o sea,
subvenciones para proyectos de investigación (en equipo). A mí se me da
mal, lo de
obtenerlas y hasta lo de pedirlas, voy un poco por libre. Improviso.
Hago más o menos lo que puedes ver por la web, cuelgo todos mis
escritos como un poseso. Eso no lo hacen mis colegas, procuran escribir
libros, y venderlos, con éxito variable, poco en general, aunque hay
excepciones. Yo hago blogs, y artículos en red. Aquí por ejemplo los
cuelgo: http://papers.ssrn.com/sol3/cf_dev/AbsByAuth.cfm?per_id=889468 Escribo a veces sobre lo que voy
leyendo, sobre teoría de la narración,
sobre evolución y el origen de la humanidad... lo que me llama la
atención y me divierte. Bueno, también hago cosas aburridas, una
bibliografía que empecé hace más de veinte años, http://tinyurl.com/garcialanda
- y... no sé, proyectos no tengo, me quedo pensando, si es ético vivir
sin proyectos. Intelectuales, digo. ¡Si resuelvo algo al respecto, te
lo cuento! Gracias por tu interés.
Creo que en cierto modo estoy bajo el
"shock of the new" de las nuevas tecnologías de la escritura. Ha dejado
de tener sentido para mí escribir en revistas académicas (digo para mí
en concreto, no digo que hubieran de desaparecer, o que a otro no le
puedan servir). También es cierto que no estoy intentando promocionarme
profesionalmente, o al menos no en serio. Me resulta mucho más
estimulante intelectualmente que cuando sí escribía escritos más
académicos, y publicaba en sitios académicos. Eso me paralizaba si no
todas las ideas, sí al menos el ochenta por ciento de ellas: el corsé
que impone el género del "artículo para revista", o del libro, corsé
ante todo por la misma forma impresa (sin hipertexto ni multimedia),
pero también por los protocolos editoriales, que si cita a cual (aunque
no vayan tus ideas por allí), que si recorta dos mil palabras, que si
esto está fuera de tono, etc. Quizá sea
un proyecto viable, el quitarles los corsés a las ideas (al menos a las
ideas). Sin embargo, más que como un proyecto, lo vivo como un "dejar
pasar", quizá en el sentido de sentarse y ver el mundo explicarse ante
uno, levantando acta en parte. Igual es la forma de estudio adecuada a
mi provecta edad, como decía mi padre, ir entendiendo mejor quién eres,
qué es el mundo, y lo poco que depende el mundo de lo que uno proyecte
o haga. Aunque sin duda también puede tener su lado bueno grandes
ilusiones de que el mundo sí depende de uno, no es por allí por donde
me llevan mis reflexiones, precisamente. Kafka escribía en una de sus
meditaciones cómo por contemplación pasiva el mundo se volvía activo
frente a uno y se revelaba, "extasiado se retorcerá ante tí". No digo
que llegue a tanto, pero...
También me viene a la
cabeza"Il Penseroso" de Milton, a veces me siento yo así: And missing thee, I walk unseen On the dry smooth-shaven green, To behold the wandering moon, Riding near her highest noon, Like one that had been led astray Through the heaven's wide pathless
way; And oft as if her head she bowed, Stooping through a fleecy cloud. Oft on a plat of rising ground, I hear the far-off curfew sound Over some wide-watered shore, Swinging slow with sullen roar; Or if the air will not permit, Some still removèd place will fit, Where glowing embers through the room Teach light to counterfeit a gloom, Far from all resort of mirth, Save the cricket on the hearth, Or the bellman's drowsy charm, To bless the doors from nightly harm; Or let my lamp at midnight hour Be seen in some high lonely tower, Where I may oft outwatch the Bear, With thrice-great Hermes, or unsphere The spirit of Plato to unfold What words or what vast regions hold The immortal mind that hath forsook Her mansion in this fleshly nook...
—El estudio, o la contemplación, que acaban por converger, supongo, son un proyecto sin fin.