De orden del Sr. Director, quedan
convocados a la Sesión Extraordinaria del Consejo de Departamento (...)
en la que se tratará el siguiente
ORDEN DEL DÍA: 1. Fase 2 de POD 2010-2011 del
área de Filología Inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras:
Asignación a profesorado o plaza de la docencia de las asignaturas
23421 Introducción a la Literatura Norteamericana, grupos de
mañana y tarde (baja por IT de la profesora Silvia Martínez Falquina) y
23409 Lengua Inglesa II (*), grupo de tarde (desasignación de docencia
de la profesora Beatriz Penas Ibáñez a resultas de los acuerdos de
Consejo de 23 de diciembre de 2010) y, si procediera, reasignación de
otra docencia a resultas.
(*)Sobre la asignatura 23321
Literatura de la Segunda Lengua (inglés) (profesor José Ángel García
Landa), aunque también fue docencia asignada de oficio por Consejo,
pesa una orden no solo posterior sino de mayor rango, por
proceder del Sr. Rector de la Universidad directamente a dicho
profesor, de fecha 29 de septiembre de 2010 "de que, de inmediato
proceda a impartir la docencia asignada en la asignatura en cuestión",
por lo que esta Dirección entiende que su desasignación no es un
trámite que entre dentro de las competencias del Consejo.
Zaragoza, 31 de enero de 2011
LA PROFESORA SECRETARIA DEL
DEPARTAMENTO
_____________
Bien, por lo menos se ha resuelto parcialmente el enigma.
Lo cierto es que esta asignatura por la que se me nombra ya está
impartida en el primer cuatrimestre, y lo mejor será que
ponga yo las notas, ya que la he impartido. Entiendo que lo
oportuno sería, visto que el Rector me ordenó dar la asignatura sin
mucha lógica y a resultas de una asignación irregular, que el mismo
Rector anulase su orden y la cambiase por una PETICION para que me haga
cargo de la asignatura, ya que no hay justificación para la orden, y sí
parece haberla para la petición. Ahora bien, no tengo ni idea de
si el Rectorado cuenta con hacer eso, o no. Tampoco estaría de más, ya
que el Rector instaba a cumplir una asignación docente irregular del
departamento, que el departamento desasignase ahora, en lo que a ellos respecta, lo que en su momento asignó o intentó asignar.
Por otra parte, le hemos escrito hoy a la Coordinadora del Máster, Dra.
Onega, para ver si cuida de que aparezca correctamente la información
sobre profesorado del máster, a cuenta de la sentencia, que sigue
siendo incorrecta en una decena de páginas web,
o sea en toda la información pública que depende del departamento—donde
todavía no figuramos como profesores del dichoso máster.
También presentaremos alegaciones sobre estos asuntos a la Comisión de
Control de la Calidad del Máster—que al parecer no se ha enterado de
las sentencias judiciales que afectan al máster cuya calidad controla.
JoseAngel: Toda la noche conduciendo un autobús
altísimo, con el puesto del conductor en el sexto piso lo menos, y que
se me iba para atrás cuesta abajo.
24 ene 11, 22:41
JoseAngel: Toda la noche escondiéndome de King Kong, en una especie de catedral llena de mesas gigantes.
JoseAngel: Los cegatos selectivos, los que
corrompen el cargo para ponerlo al servicio del poder -- esos son los
que ascienden en este país hasta los más altos puestos.
JoseAngel: Tanto hablar de "castellano" ahora
resulta que los políticos creen que hay varias lenguas que son el
español, o quizá ninguna. Para esto sirve la terminología.
JoseAngel: Empiezo el año con un buen trancazo. De gripe, digo.
1 ene 11, 20:41
JoseAngel: Felis Navidad y brosbero año nuevo. Te
deseo un 2011 lleno de bas y brosberidad. No estoy borracho (aún), es
que estos años he cogido alergia a las letras Z y P. Un abraso.
Aún
me quedan como quinientas fotos atrasadas por mirar a ver cuáles
cuelgo, antes de alcanzar el presente. Si es que el presente es
alcanzable—en todo caso, en el futuro será.
La Calidad Bolonia, Certificada
Estudiado el sistema de los créditos ECTS (European Credit
Transfer System) de Bolonia, con sus horas teóricas presenciales, sus
horas de actividades no presenciales, sus tutorías grupales, sus grupos
de prácticas, sus metodologías activas y su discurso de la Calidad....
... deduzco que para que cuadren las cuentas, jamás se
podría poner en el programa de una asignatura de literatura que los
estudiantes lean diez o quince libros (cinco novelas, dos dramas, un
libro de poesía, una colección de ensayos críticos, y el manual de
clase). No salen las horas. Pero ni
con mucho. La
planificacion de actividades da para que se lean y discutan en clase,
como mucho, unos recortillos y selecciones (poemas sueltos, capítulos
de aquí y de allá) que no creo que sumen entre todos ni siquiera el
volumen de un libro. Ni de medio Quijote.
Un curso de literatura entendido a la manera tradicional, como los que
yo hice en Brown, y sin ir tan lejos, en Zaragoza mismo, a mí me
suponía leerme una pila de libros. No diez, sino quizá veinte por
asignatura. Con respecto a la infinitud de la literatura eso era un
chiste, claro, pero eso era la Universidad. Y yo era el primero de
clase, lo reconozco.
¿Incluir la lectura del Ulises de
Joyce, por ejemplo, en una asignatura con veinte horas asignadas para
lectura? ¿Con ocho libros más, de Dickens y Thackeray y George Eliot?
¿Y un manual o
dos de historia literaria? No me hagan reír.
Con este nuevo plan no sé qué hará el primero de clase—pues en realidad
siempre tiene cancha libre, there's
room at the top.
Pero le acaban de rebajar la exigencia teórica a la quinta parte. Que
se dice pronto. El plan está adaptado ahora a las capacidades del
último de la clase. Que saldrá, eso sí, con su certificado de experto
en literatura inglesa.
Todo esto, con mucho discurso pedagógico, mucho humo y tinta de calamar
y cháchara sobre competencias y objetivos y guías docentes, y
Comisiones de Garantía de la Calidad, etc. etc., para envolverlo y
distraer la atención.
La derecha del caso, es que hay que rebajar el nivel universitario a
nivel de FP, o de bachillerato light—y organizar unos talleres prácticos.
Y aprobar por supuesto a todos los clientes que sepan juntar la pe con
la a—que saldrán contentísmos de haber cumplido los Objetivos Docentes,
y realizado unos estudios con Certificación de Calidad Europea. Y el
ministerio, feliz de haber acabado con el Fracaso Escolar.
Así que permítanme que me ría un poco de la lista de
lecturas y de la Calidad de bote.
Estoy en medio de un cursillo del
ICE sobre Guías Docentes. (Anécdota:
el profesor comenta, sobre los líos que hay con las nuevas
titulaciones, que a un departamento
le han obligado a rehacer la ordenación docente de los últimos años.... ¡les digo a la clase que yo soy el presunto implicado!).
Eso, el sábado, y de vuelta el lunes, programando una guía para el
grado y de paso viendo las guías del
postgrado.
Y entretanto, reunión familiar, con tío Agus primero y luego con
Gerardo y Carolina, que andaban de visita por Zaragoza.
Sábado 29 de enero de 2011
Changing of the Guards (2)
No es que el público lo haya pedido exactamente, pero visto que
esta es mi la canción mía que más se ha visto en YouTube, ahí va una
segunda versión. Bueno, reconozco que la compuso Bob Dylan, pero de eso
nadie se acuerda ya.
Si sigues llevando el blog de "Blogs de Zaragoza"
quizá pudieras incluir el mío. Se llama "Vanity Fea" y se publica por
triplicado en estas tres direcciones:
Aquí hay una
buena reseña (en inglés) de The
King's Speech, en The
Economist—película que por cierto fuimos a ver ayer. Una bonita
película del género heritage,
al que ya puede acceder el siglo XX y la gente viva—y con toda la
dinámica de stuffiness
y ligeras pseudo espontaneidades de los personajes navegando entre las
convenciones de clase, que son propias del género. Junto con una
ambientación admirable. En realidad la
película es francamente laudatoria con la monarquía británica, pues
nunca la suegra de Diana salió más favorecida en pantalla, ni siquiera
en The Queen.
La promesa de
tanto Oscar parece francamente exagerada, pero la película sí va
cogiendo cierta fuerza conforme avanza, culminando en el famoso
discurso al principio de la Segunda Guerra Mundial, en el que la voz
del rey acaba coincidiendo, un poco a trancas y barrancas, con la de la
institución que encarna a la nación. (El título prepara esa
coincidencia y juega con ella, pues significa a la vez "la manera de
hablar del rey" y "el discurso del rey").
En toda narración monárquica sobre la Monarquía moderna, debe
justificarse la institución haciendo que el heredero, aparte de recibir
la Corona, se la gane. La ceremonia de coronación es ritual (festiva o
artificiosa) pero emocionalmente vacía. El nuevo rey debe hacerse con la corona en un gesto
que lo caracterice como un líder ante su pueblo. El Discurso del rey se atiene a
esta mitología monárquica: al final el pueblo inglés,
dispuesto a sufrir sangre, sudor y lágrimas en su lucha contra el gran
orador Hitler, escucha por la radio el discurso del rey como si oyera a
Churchill (cosa que desafía a la memoria histórica). Hacia esa
coincidencia de
voces, o esa asunción del papel Real, se mueve la película, y también
hacia la amistad entre el rey y su terapeuta del habla australiano—una
cierta humanización de un personaje envarado no sólo en sus cuerdas
vocales.
Viene a ser, en tonos shakespeareanos convenientemente rebajados, el
acto de ganarse la corona en la batalla y en el contacto con la sabia
savia del pueblo llano. Sugerencia trabajo de curso: el uso de
Shakespeare
en The King's Speech, a
nivel obvio y a nivel menos obvio... Eh,
qué queréis... —que es una película conservadora, tradicionalista y
nacionalista, The History of King
George VI. Para eso mantenemos a la monarquía.
Sobre las rebajas: obsérvese
por
cierto que en ningún momento se sugiere aquí que el rey sea el autor de
los discursos que pronuncia o intenta pronunciar. Igual eso es lo que
le ata la lengua, aparte de sus propias frustraciones infantiles.
Por aquí, por cierto, también hay problemas de fonación y elocuencia, y
aún estamos
a la espera de tener una buena película sobre los negros que escriben
los discursos del Rey, o sobre lo que
pasó en relación al propio discurso histórico de nuestro rey... aquél
que también se hizo esperar, el del 23-F.
Cuando se gestó el mito de la Conquista de la Propia Corona. Para
desmitificarlo un poco, digo. Pero el cine está más para cosas
laudatorias,
alegorías de la unidad, y mitologías y propagandas nacionales.
Después de sentencias judiciales, autos de ejecución, órdenes del
Rector, cartas al Decano, Consejos de Departamento al respecto,
intercambios de correspondencia entre la Dirección del Departamento y
la Coordinadora del Máster, etc.... la información de estas páginas
sigue siendo errónea:
Los profesores de la asignatura La
representación / Issues in Representationno son
los Dres. Luis Miguel García Mainar y María Dolores Herrero Granado, ni
tampoco las Dras. Herrero y Loyo, sino únicamente el Dr. José Angel
García Landa. Y la profesora de la asignatura Alternativas al canon / Alternatives to
the English Canonno es la
Dra. Marita Nadal, sino la Dra. Beatriz Penas Ibáñez.
(PS: El vicedecano de ordenación
académica de la Facultad me dice que no controla él esas páginas que
sin embargo sí
figuran como información sobre los estudios que ofrece la Facultad,
y me sugiere que le haga la petición del cambio... a la coordinadora
del Máster. Le pido que sea él quien le haga la solicitud del cambio a
la coordinadora del máster, ya que es más que probable que a mí no me
va a hacer ningún caso, si nos atenemos a la experiencia de los últimos
años).
________
Re-PS. En efecto, le escribimos a la coordinadora Dra. Onega y nos
contesta (algo es algo) que no es responsabilidad suya hacer esos
cambios en la información pública sobre el máster, ni pedir que se
hagan.
En febrero, volvemos a dirigir la petición de que se corrija la
información, esta vez al Director del departamento Dr. Guillén. Por
cierto, la información sobre el profesorado en los tablones de anuncios
del departamento sigue siendo errónea, creo que iré yo a tacharla con
un boli.
_____
El Director del Departamento nos comunica que se han cambiado las
páginas que él administra, pero que no puede dar instrucciones sobre
las guías docentes (y la coordinadora al parecer tampoco; ambos nos
remiten al Vicerrector de Profesorado).
Y el 15 de marzo, visto que nadie se hace responsable de corregir las
guías docentes ni emite instrucciones a nadie sobre cómo hacerlo,
comunicamos esta situación al Vicerrector, pidiéndole que se corrijan
las guías docentes. El Vicerrector no contesta, aunque el Rectorado sí
escribe al Juzgado comunicando que toda la sentencia relativa al Máster
se ha cumplido según las instrucciones del Juez. A eso alega nuestra
abogada que no es así—que los cambios en las guías siguen sin hacer, a
pesar de nuestras reiteradas solicitudes.
____
Y Post-scriptum muy post, en abril: No sólo estaban sin cambiar esas
webs, sino también las aplicaciones Odile y Sigma, de ordenación
docente, relativas a los años anteriores, a los que supuestamente se
había aplicado la retrotracción. Pedimos al Decano de la Facultad de Filosofía y Letras que
corrija eso...
... y entretanto, el Juez emite un nuevo auto que nos viene a dar la
razón una vez más. La sentencia está sin cumplir todavía plenamente, y
el Juez ordena que se corrijan los datos en la información pública de
las guías docentes, una instrucción que al parecer el Vicerrector de
Profesorado se resistía a dar, por motivos que desconocemos. Lo que sí
parece claro es que les resulta muy desagradable cumplir la normativa
por obligación... pero eso nos toca a todos, ¿no? Y normalmente nos
resistimos menos.
—hala. Cosa que no suelo hacer. De hecho acabo de caer en la
cuenta de que no me gusta recibir premios.... y normalmente mis deseos
suelen quedar ampliamente satisfechos. Pero en esta ocasión me he
dejado tentar por la tentación. Es el Premio
Santander para la Colaboración en las Nuevas Tecnologías en la
Formación Universitaria.
Supongo que habrá tecnologías más innovadoras, o más colaboradoras, que
las mías, pero... al menos yo las uso mucho. Y cada cual presenta lo
que tiene. Aquí está mi solicitud y exposición de actividades. Como en
cualquier hipertexto, los enlaces son sólo la entrada del laberinto y
te llevan mucho más lejos de donde empiezas.
Datos generales:
Título del
trabajo: Comentario de textos literarios
ingleses
Responsable: García Landa, José Angel
Facultad de Filosofía y Letras /
Filología Inglesa y Alemana /
Descripción
del trabajo: Síntesis:
El proyecto realizado en este año y
otros anteriores consiste en el uso de blogs y de otros recursos en red
para la gestión del trabajo de clase y para la integración de docencia
en comentario de textos y crítica literaria, de investigación en estas
materias en Filología, y para la difusión de las mismas dentro y fuera
del ámbito universitario.
Descripción
detallada: objetivos, contexto, ... (si la información, materiales,
etc. están accesibles en red, indíquese la dirección):
Importancia de las TIC en los
objetivos declarados en la actividad (cómo se han formulado los
objetivos dependiendo del uso que se ha realizado de las TIC, qué
objetivos se ven potenciados por las TIC, etc..). Renovación de la
metodología docente por medio de las TIC (en qué medida la metodología
tradicional se ha modificado por medio de las TIC).
El proyecto que presento es el uso
de páginas web, blog y publicaciones en repositorios como apoyo docente
para el desarrollo del trabajo de curso y como medio de difusión de la
actividad realizada en torno al ejercicio de la actividad docente e
investigadora, en concreto la que vengo llevando a cabo en relación a
la asignatura "Comentario de textos literarios ingleses", y que puede
centrarse (en la medida en que una red tiene un centro) en la página
web de la asignatura http://www.unizar.es/departamentos/filologia_inglesa/garciala/comentario.html
A lo largo del curso, esta página
sirve de punto de referencia para el trabajo realizado durante la
semana en la asignatura: se planifica el orden de exposición, las
lecturas a realizar, las exposiciones o presentaciones en clase de los
estudiantes. Se introducen enlaces a recursos de internet útiles para
el estudio, y muy especialmente a explicaciones adicionales,
comentarios de texto, recursos bibliográficos, etc. que a la vez
aligeran considerablemente la información que se hace necesario
transmitir en clase, y por otra parte permiten su expansión y abren al
estudiante el camino al trabajo realizado por el profesor en relación
menos inmediata con la asignatura—a las investigaciones en curso sobre
semiótica y teoría narrativa, a perspectivas críticas adicionales sobre
otros textos, comentarios críticos sobre películas o libros de
actualidad, etc. Sobre todo, resulta un ejemplo práctico de cómo los
diversos recursos de Internet pueden servir como portafolio personal de
organización de información y gestión de recursos para el aprendizaje.
Es de notar que algunos de los
recursos facilitados a los alumnos, como por ejemplo la bibliografía "A
Bibliography of Literary Theory, Criticism, and Philology", suponen una
labor ingente de organización de información, llevada a cabo a lo largo
de muchos años.
Este recurso en concreto ha sido
enlazado por numerosísimas webs académicas en todo el mundo, incluyendo
algunas de las más prestigiosas universidades: Oxford, Harvard, el
M.I.T., Universidad de Chicago, Brown University, Universidades de
Hamburgo, de Frankfurt, París, etc. Un listado de los principales
sitios que han enlazado la bibliografía puede encontrarse aquí:
En cuanto a la sección crítica y
teórica del blog personal del autor, hay que decir que es uno de los
blogs más antiguos y voluminosos realizados en nuestro entorno, y de
mayor constancia y regularidad en su actualización desde 2004. Nuestra
intención no es hacer un blog estrictamente académico, sino un entorno
que sirva de mediación entre las actividades académicas y su difusión
en la sociedad para lectores con intereses culturales, empezando por
los propios estudiantes, pero no limitándonos a ellos. Por esa vocación
de no establecer barreras hemos mantenido el blog en páginas web de
diseño propio y en plataformas de publicación abiertas, sin limitarlo a
los sistemas docentes (Moodle, etc.) de acceso restringido a la
Universidad. Las principales webs del autor pueden encontrarse en estas
direcciones:
Página web académica en el
Departamento de Filología Inglesa y Alemana:
Los artículos allí se clasifican
temáticamente, siendo los más relevantes para la enseñanza de
comentario de textos y crítica literaria las siguientes secciones:
Otra web con numerosos recursos y
publicaciones se encuentra en la red social ACADEMIA, que he procurado
difundir entre los profesores de filología inglesa:
Y por último, la página de
comentario de texto y el blog remiten con frecuencia a publicaciones
personales sobre crítica y narratología que se encuentran en diversos
repositorios digitales. Destacaremos el Social Science Research Network:
Orientamos a los estudiantes (así
como a los lectores de los blogs) a cada uno de estos recursos y de los
trabajos concretos contenidos en ellos según las oportunidad del tema
estudiado en cada momento.
Aspiramos, más que a la realización
de un proyecto acotado, a la integración de todos esos recursos como
parte del trabajo de docencia, de investigación, y de difusión de la
misma en el nuevo ámbito de la información posibilitado por las nuevas
tecnologías. Por cierto, la reflexión sobre estas nuevas tecnologías y
su impacto en la labor filológica constituye una parte significativa de
nuestro trabajo en filología. Véase por ejemplo dos trabajos incluidos
en publicaciones internacionales y accesibles aquí en versión
electrónica que versan sobre la nueva ecología mediática:
Metodologia
Docente utilizada: Importancia de
las TIC en la metodología usada (desarrollo de las clases teóricas, de
las prácticas, tutorías, método de evaluación y/o autoevaluación,
trabajo colaborativo entre los estudiantes, seminarios, etc..).
La asignatura Comentario de Textos
Literarios, en concreto el cuatrimestre que tengo asignado, se organiza
en clases teóricas y prácticas. La web de la asignatura permite un
seguimiento y ordenación del trabajo de las clases teóricas: llevar al
día las lecturas que trabajamos cada semana, explicar cuestiones
suscitadas en clase, expandir temas de interés con lecturas
adicionales, proporcionar información bibliográfica sin perder tiempo
en clase, etc. Sirve como un punto de referencia al que puede acudir el
alumno, integrado con las consultas al profesor por correo electrónico,
para llevar al día el trabajo de clase y solventar dudas. Por otra
parte, las prácticas consisten, aparte de los comentarios de texto
realizados en clase, en seminarios presentados por los propios
estudiantes donde comentan textos que ellos seleccionan entre los
propuestos. La web sirve para llevar al día qué textos se van a
comentar, completar las perspectivas ofrecidas en los seminarios, y
planificar el trabajo del curso.
Tecnologías
usadas: Valoración de las TIC usadas en el
diseño y desarrollo de la actividad tanto desde el punto de vista de la
implementación de las mismas por parte del profesor como de la
sencillez, amigabilidad y utilidad por parte de los estudiantes.
Correo electrónico: para consultas,
dudas, y organización del trabajo en clase. Ocasionalmente para la
entrega de trabajos, aunque se estimula el intercambio de trabajos
impresos. El correo electrónico suple perfectamente la falta de
un sistema de comentarios en el blog de la asignatura—una posibilidad
que estudié pero que rechacé por centrar más a los estudiantes en los
textos a comentar que en el medio de comunicación (evitar que adquiera
excesivo protagonismo, pues pretende ser auxiliar y con el correo
cumple su cometido a la perfección).
Página web de la asignatura,
actualizada varias veces por semana durante el curso, añadiendo
recursos, lecturas, instrucciones, etc. Como se ha señalado, la web de
referencia para la asignatura no admite comentarios (con lo cual se
evitan también problemas de suplantación de identidades, etc.).
Blogs, en diversas plataformas
(Blogger, Blogia) a los que se remite para cuestiones auxiliares,
lecturas suplementarias, explicaciones de cuestiones concretas... En
estos blogs sí es posible la participación de los estudiantes con
comentarios, por otra parte como la de los demás lectores, pero esto no
forma parte del sistema de evaluación, que se centra en torno al
trabajo de clase, de los seminarios y exámenes. Con lo cual se obvian,
insistimos, algunas posibles complicaciones del uso de la comunicación
mediada por ordenador como método docente—se trata, después de todo, de
una asignatura presencial, donde las TICs son un apoyo y no el medio
fundamental de comunicación.
Repositorios de publicaciones en
red (Zaguán, SSRN, etc.), bibliografías online, etc., que permiten
acceso a materiales de apoyo para la asignatura. Otros recursos
(plataformas de vídeo, podcasts, etc.) se usan de modo más esporádico.
Por otra parte, en los seminarios
se utilizan con frecuencia las presentaciones de PowerPoint, según las
preferencias de los estudiantes.
Carácter
innovador a destacar en la actividad: Desde el punto de vista docente en
todo el sistema de enseñanza- aprendizaje (innovación en el sistema de
evaluación, de tutorías, de aprendizaje continuo por parte de los
alumnos, de desarrollo de competencias genéricas, de planificación de
la asignatura por parte del estudiante, etc..).
El carácter innovador a destacar
es, entiendo, una mayor integración entre la docencia de la asignatura,
la investigación del profesor, y la difusión cultural a partir de la
Universidad mediante la web, sin que se establezcan barreras fijas
entre estas actividades, sino más bien se potencie la fluidez. Por otra
parte, hay que señalar que en el trabajo de día a día de la asignatura
no siempre es lo más innovador lo que más contribuye a mejorar la
docencia mediante las TICs, sino precisamente el uso continuado y
familiar de un recurso de apoyo que en sí poco tiene de innovador. (Por
ejemplo, un blog de una de las plataformas más habituales, o un
repositorio que permita al estudiante acceder a textos en red desde su
domicilio).
Indicadores
que permitan cuantificar las mejoras obtenidas en el proceso de
aprendizaje de los alumnos: Contemplar
indicadores objetivos como pueden ser el número de estudiantes
presentados y aprobados en la asignatura en relación con otros cursos
en que no se haya llevado a cabo la actividad innovadora que se
presenta, encuestas realizadas a los estudiantes sobre dicha
innovación, opiniones de los profesores implicados en el proceso, etc..
. En general, todo aquel indicador cuantificable que se acompañe a la
solicitud.
No dispongo de indicadores
cuantificables específicos. Unicamente puedo aducir la utilidad que me
dicen los estudiantes que encuentran en ver una mayor integración de su
trabajo en clase con la experiencia de la web. El apoyo en la web va
integrado con un trabajo continuado basado en la evaluación continua, y
aunque así hay mayor proporción de estudiantes presentados y aprobados
es difícil atribuir lo que corresponde a cada elección metodológica.
Renuncio por ello a aportar datos al respecto, aunque dispongo de
copias de actas de los años anteriores al uso de este sistema y de los
posteriores que puedo adjuntar si se solicita, y sin duda podrían
presentarse de modo que apoyasen estas afirmaciones. Los cambios en el
diseño de la docencia de la asignatura a lo largo de los últimos años,
con más énfasis en la evaluación continua y en el trabajo de los
seminarios, van en línea con las recomendaciones docentes de la
adaptación al plan de Bolonia, y puede considerarse que (aunque se
trata de una asignatura de Licenciatura) ya está preadaptada a la
modalidad de docencia en los nuevos Grados—también en lo referente a la
incorporación de recursos informáticos.
Puedo aducir asimismo que mis
evaluaciones tanto de docencia como de investigación han resultado
uniformemente positivas, habiéndoseme concedido cinco quinquenios de
docencia y tres sexenios de investigación, todos ellos recientes.
Sostenibilidad
de la actuación a lo largo de otros cursos: Obviamente, a
valorar el número de cursos en que se lleva realizando esta actividad
así como la posibilidad real de continuar (mejorando) desarrollándola
en cursos posteriores.
En concreto, para la asignatura
"Comentario de textos literarios en lengua inglesa" el apoyo en recusos
web se viene realizando desde hace unos cuatro años, y evidentemente
tengo intención de continuar haciéndolo. Cada año se integran nuevos
recursos (blogs, plataformas...) según se prestan espontáneamente a su
uso (por ejemplo es de reciente creación la red social Academia, o la
sección de humanidades del SSRN). Los recursos centrales siguen siendo
los originales: la página web de la asignatura y el correo electrónico,
aunque han crecido enormemente los recursos adicionales que he hecho
disponibles a través de blogs y repositorios, en concreto durante el
último año. La bibliografía por otra parte sigue actualizándose
regularmente. Experiencias similares a la de esta asignatura
pueden extenderse a otras en el futuro, y ya en el pasado se ha llevado
a cabo una tarea similar durante varios años en la asignatura
"Shakespeare" (también de Filología Inglesa) que en la actualidad no
imparto por cambios en la ordenación docente.
Transferibilidad
de los diseños y tecnologías a otras materias o disciplinas: Posibilidad
real de extrapolar el diseño de la actividad a otras materias y
disciplinas, debidamente justificada.
El diseño no es sino un uso
integrado de recursos fácilmente disponibles, pero que a mi entender no
suelen usarse por parte de los profesores con la intensidad y asiduidad
con que los vengo usando e integrando en la docencia: webs, blogs,
repositorios, publicación en red. Algunos materiales son directamente
utilizables en otras asignaturas: por ejemplo, la bibliografía (no la
específica de la materia, sino la gran bibliografía de teoría, crítica
literaria y filología), es un recurso de utilidad para cualquier
materia filológica, en especial para los estudios literarios y
textuales de Filología Inglesa. Las tecnologías son de uso común y
están disponibles para todos: lo que se ha intentado es hacer un uso
más sistemático e integrado de ellas, y usarlas para pasar de modo
natural del trabajo de clase a la investigación y a la difusión
cultural, estimulando además a los propios alumnos a que organicen sus
estudios mediante un blog o portafolio en red.
_________
PS: La hacemos buena. Un fallo informático me destroza la página
inicial de Comentario de Textos que presentaba como "proyecto
realizado" para el concurso éste. La reconstruyo a partir de la del año
pasado como buenamente puedo, pero... it's not the same. Se repite la eterna lección de hacer copias cada día de todo lo que hagas... pero claro, no acabaríamos nunca, ni haríamos nada.
Rompemos de un cabezazo súbito el techo de cristal de un millón
de resultados de búsqueda—en Bing:
En
Google, voy por los 215.000 resultados.
Ojo: búsqueda de cuatro palabras del nombre, con comillas. Sin comillas
no vale. Y Yahoo nos da sólo 32.000 resultados—todo es relativo, y lo
que aún no lo es, pues será relativizable.
Voy a una
conferencia de Ángel Cristóbal Montes sobre La verdad,
en Ibercaja. El conferenciante es catedrático emérito de derecho civil
de la UZ, y antiguo presidente de las Cortes de Aragón. Inaugura un
ciclo titulado "Tres nuevas lecciones sobre lo trascendente" con
conferencias sobre lo verdadero, lo bueno, y lo bello. El año pasado,
en un primer ciclo, dio "Tres lecciones sobre lo
trascendente" y trató sobre Dios, hombre, y la idea del mundo. Las
nuevas
conferencias versarán sobre la verdad, la bondad, y la belleza.
Presento aquí notas sueltas con algún comentario marginal mío en
cursiva:
Verdad, bondad y belleza son valores permanentes en la filosofía
occidental, y a ellos se dedican cada una de las 3 Críticas de
Kant.
Crítica de la Razón Pura, o de la conducta teórica, trata lo relativo a
la verdad. Un tema complicado.
La sensación de lo verdadero, es fácil tenerla o sentirla—pero es
difícil explicarlo, aunque el sentimiento sea claro.
Históricamente, en Occidente, 3 (o 4) versiones de la Verdad:
- En la antigua Grecia, la noción de la verdad como
"no ocultamiento" (Heidegger), desvelamiento, desocultamiento, lo que
se arranca al ocultamiento. Aletheia.
Es una conquista contra los factores que la ocultan: hay que
desvelarla con esfuerzo y capacidad de penetración. (Yo
apuntaría que a veces se desvela sola para nosotros, por la fuerza de
los hechos, por la acción de los otros, o por azar... Por cierto que
hay una interesante dimensión retrospectiva y narratológica, en la
verdad como desvelamiento.)
- Pese a Heidegger, no todos los griegos vieron así
la verdad. Aristóteles decía que la verdad y la falsedad no están en
las cosas, sino en la mente de los hombres ("in intellectu", dirán sus
seguidores). En sí no son las cosas ni verdaderas ni falsas. Es nuestra
mente la que encierra la verdad o falsedad.
- Una derivación particular y hegemónica de esta noción aristotélica
fue la de la Escolástica, p. ej. En Santo Tomás de Aquino. La verdad se
alcanza mediante la indagación del sujeto pensante: no está oculta en
las cosas, sino en nuestra mente. La verdad como adecuación entre el
intelecto y la cosa, "Adequatio intellectus ad rem".Hay
un importante cambio, el protagonismo cambia. Se llega a la verdad
trabajando, como en los griegos, pero es un trabajo más tranquilo y
cómodo: trabajo de reflexión que busca adecuar el pensamiento a la
cosa.
(Claro que es una noción inadecuada
de la verdad: porque ¿qué concepción tenemos de la cosa aparte de la
que podamos tener en nuestro intelecto? La cosa que nuestro intelecto
compara con "lo que tenemos en nuestro intelecto" tiene que habérsenos
aparecido de alguna manera, para ejercer este criterio. El problema es
que "la cosa" así definida también es una "cosa" intelectual, y esta
definición no está lo bastante atenta a las consecuencias de ese hecho).
- Tercera (o cuarta) concepción: frente a la verdad
metafísica, la verdad social.
Una noción que también puede remontarse a Aristóteles (toda la
filosofía da vueltas en torno a Aristóteles). (Tenía Aristóteles por
cierto una
gran desconfianza de la historia – la ficción, dice, es más verdadera
que la historia).
(Esto lo dice en la Poética. Y esta noción de la verdad como opinión
también explica algunas expresiones extrañas de la Poética:
por ejemplo, la noción de que las cosas verdaderas no son siempre
verosímiles. Aquí vemos contrapuesta la verdad "objetiva" o vista por
el pensador a la verdad "comúnmente aceptada" que es la que rige más
adecuadamente para Aristóteles en poética. Por cierto que este gusto
aristotélico también tiene sus límites. Podríamos decir que el realismo
entendido así es poco realista, desde un punto de vista más filosófico.
Las imágenes de la realidad auténtica suelen herir o trastocar nuestra
concepción de la realidad verosímil o comúnmente aceptada, y son una de
las vías hacia el arte innovador—y casi siempre feísta).
La verdad, dice Aristóteles, está en
la apariencia.(Podríamos
decir que lo que es verosímil es la verdad comúnmente aceptada, aunque
Aristóteles lo opone a lo "verdaderamente verdadero" que es lo que sabe
el filósofo, o el que sabe más que la media, por oposición a la opinión
común). Parece una boutade o contradicción, pero señala a la
noción de una verdad social. "lo que aparezca como verdadero debe ser
tenido como verdadero". La realidad nos muestra en efecto, que en los
EEUU ha funcionado esta noción en la filsofía actual: el pragmatismo.
Busca cosas que funcionen en la sociedad—y así se define la verdad en
términos sociales. La apariencia es lo que cuenta, a todos los niveles.
Un asesor de Carter decía que en Washington se tiene el éxito que se
aparenta tener. (Sería una verdad
democráticamente entendida… Pero claro, los pragmatistas también
distinguen entre tipos de consenso, y es distinto el consenso de los
expertos que el consenso popular). Cuando algo aparece
públicamente como verdad, desconocerlo como tal e intentarlo sustituir
por una verdad venida de fuera es tarea casi imposible. La verdad, en
esta concepción, se nos muestra, no hay que desescombrarla. La vemos contemplando la
apariencia.
(Yo
creo que esto no es así ni siquiera para un pragmatista convencido,
porque para el pragmatista nunca va a haber un consenso global sobre la
verdad. Lo que va a haber es un conflicto de verdades a distintos
niveles, todas contestadas en algún contexto o por algún grupo. La
verdad que un grupo se construye como seña de identidad es verdadera,
claro... dentro de ese grupo. Desde fuera, es ideología, o consigna, o
fe injustificada, o autoengaño). Así para Richard Rorty
("pragmatista vivo" dice Cristóbal Montes por error, cuando murió en
2007) la verdad es aquello que aparenta ser verdad , "es lo que
funciona" (cf. Stanley Fish... o Woody Allen, whatever works).
Pero añade: "¿funciona para qué?" Cf. el Utilitarismo europeo de
hace 200 años. Lessing decía ¿cuál es el uso del uso? por entonces).
Para los pragmatistas, la libertad
de la sociedad va unida al razonamiento filosófico, una noción extraña
a la filosofía occidental. Esta asociación no se había hecho en la
tradición occidental. Los pragmatistas ligan la reflexión filosófica a
la sociedad libre. Mientras que los mejores filósofos europeos, observa
Cristóbal Montes, han vivido en sociedades autoritarias.
Un enunciado verdadero es aquél en que una sociedad libre se muestra de
acuerdo en que es verdadero. Rorty dice, "cuidemos la libertad, que la
verdad se cuidará sola". Vendrá por añadidura, no tendrá enemigos. Así
se dice que el hombre no es "descubridor" de la verdad, como en las
concepciones anteriores, sino autor o fabricante de la verdad.
(Lo es—pero hay que enfatizar que no
es el hombre aislado quien fabrica la verdad, sino que se genera en el
seno de grupos sociales—ideologías que los cohesionan, a veces por el
procedimiento de enfrentar esa verdad a la verdad de otro grupo. La
noción de conflicto de las verdades es esencial, porque ¿a quién
interesa una verdad que no es discutida o contestada en modo alguno? Ni
siquiera nos paramos a pensar en ella, no nos llega a la atención. Es en
la dialéctica verdad/error donde vive más propiamente la verdad,
donde se alimentan sus consensos, y también sus iluminaciones
retrospectivas).
Probablemente los hombres somos, para Montes, a la vez autores y
descubridores de la verdad. Autores porque la formulamos y la emitimos,
y descubridores porque se requieren datos e indicaciones de algo
externo a la mente.
Todo esto debería matizarse con afirmaciones como las de Goethe: que la
verdad ha estado siempre con la minoría. Y para Einstein, el mejor
conocimiento no es más que una maraña de sospechas. Algo que poco tiene
que ver con lo dicho hasta ahora.
(Pero que sí tiene mucho que ver con
la verdad entendida como conflicto entre verdades sostenidas por grupos
diferentes. Contra Goethe, yo diría que la verdad mayoritariamente
creída siempre ha estado con la mayoría. Y que sólo deja de ser verdad
vista desde fuera. —¿Y nosotros? A veces somos mayoría, a veces
minoría).
Verdad e intuición:
Parecen contradictorias, en principio. Reflexión vs. intuición. Se
pueden tener intuiciones, pero la intuición no es un proceso de
descubrimiento, es un relámpago, un golpe de luz, no se basa en
indagaciones previas. Es una aparición. ¿Para qué pensar, pues?
Es una pregunta falaz, porque la intuición respecto a la verdad no se
da para todas las personas. (Los filósofos, como los poetas, han de ser
pocos, dice Cristóbal Montes). La intuición sólo suele darse para
aquellas personas que tienen por costumbre pensar. No se dan las
súbitas intuiciones entre aquellos que no se dedican a la reflexión—y
esto supone la conjunción de ambas modalidades de acceso a la verdad.
El ejemplo de Descartes: una noche de 1616, tuvo un golpe de intuición
que le llevó al cogito ergo sum.
No llegó allí reflexivamente, pero llevaba muchos años reflexionando, y
la intuición se producce sobre la base de una conjunción de pensamiento
hondo y reflexivo. Poincaré también encontraba la solución al problema
que buscaba, por intuición súbita…. Pero "la cuestión es cómo encontrar
el camino para llegar a ella". Todavía faltaba trabajo de razonamiento.
La intuición, pues, es una forma de conocimiento—para Kant: todo
conocimiento no es intuición, la mayor parte es reflexión, pero en
cambio toda intuición es conocimiento.
Admitida la verdad— que estemos en posesión de ella, una cualquiera
(que a veces ha costado mucho llegar a ella o conservarla). Por ej. la
concepción astronómica de la tierra. (Se
atiene Cristóbal Montes a la noción un tanto simplista de que la Tierra
geocéntrica era plana—cuando no lo era así para muchos de los
entendidos, fuese cual fuese el concepto popular más generalizado).
Para los árabes como los romanos, se temía el occidente donde se pone
el sol. Esto se juzgó verdadero durante siglos, hasta la
revolución copernicana. Esta nueva verdad, la del heliocentrismo,
le costó la vida a Giordano Bruno, y casi a Galileo.
¿Qué sucederá pues con la contraposicón entre estos conceptos—
- verdades absolutas / verdades relativas
- verdades temporales / eternas?
Lo primero parecería un requisito de
la verdad, el absolutismo. Pero de hecho es más bien al contrario. Es
más bien "verdad absoluta" lo que es una contradicción en teérminos. Si
la verdad emana del hombre (como lo hace en las tres concepciones
discutidas, por unos u otros caminos).
(Aclara repetidamente Cristóbal
Montes que no está atacando a ninguna creencia, que es un punto de
vista filosófico, no un ataque a la relición. Es otro campo. Aunque me
quedo con las ganas de observar que la noción misma de un concepto
filosófico de la verdad desacredita de entrada las verdades reveladas,
como el logos racional desacredita al mito—nos resulte incómodo o no
para los tabiques mentales de cada cual).
Si el hombre es finito, temporal, limitado—entonces la verdad absoluta
también está fuera de lugar, en un ser relativo por sustancia.
(El ergo que extraigo es que las
verdades dogmáticas decretadas por la religión están fuera de lugar en
esta concepción. Aunque, siendo ficticias, siempre gozarán de
predicamento en determinadas comunidades: después de todo es nuestra
especialidad, la de los humanos, vivir en una realidad virtual o ficción
consensuada).
Karl Popper decía que no hay saber seguro, que todo saber o verdad es
contingente, aleatorio, o acomodado a las circunstancias. Ingluso las
leyes naturales, son verdades hipotéticas o relativas, son
conjeturales. También Wittgenstein decía que seguramente "mañana
amanecerá" pero que no tenemos la seguridad. Es una verdad conjetural o
contingente. En Grecia, decía Popper, había dos tipos de saberes: el
saber absoluto, de los dioses, episteme,
y el saber de los hombres: doxa—opinión,
conjetura.
Para Cristóbal Montes, toda verdad humana es relativa. Una verdad
absoluta no nos serviría sólo para abocarnos al estancamiento, para
caer en la excesiva confianza y en la soberbia iintelectual. La verdad
relativa es una verdad estimulante. Constituye acicate para continuar
avanzando. Lleva a mayores honduras en el pensamiento.
¿Es temporal o es eterna la verdad? (Insiste
el conferenciante en respetear el plano religioso, muy respetable,
etc., cuando un subtexto de su conferencia lleva a su descrédito
intelectual para seres pensantes—no para beatas o integristas, claro.
El conferenciante quiere muy deliberadamente evitar esta alternativa. A
mí las religiones me parecen respetables a un nivel emocional, ético,
en su contexto adecuado, etc.—pero intelectualmente hablando, no son
presentables ni cotejables—me parece mucho más respetable la verdad que
la creencia errónea que a otro le dicte su dogma de turno, o sus
compromisos con la tradición).
Filosóficamente, no hay verdades eternas. Toda verdad corresponde a un
tiempo, brota cuando puede brotar y refleja las circunstancias del
momento. La verdad eterna trasladaría a su autor a un campo distinto de
la estricta humanidad. (Cuando yo
creo que la verdad absoluta es precisamente muy humana.... si bien es
contemplada como un error humano por el filósofo). Para
Heidegger, "cada verdad tiene su tiempo", y esto es así. Nace cuando
tiene que nacer, asume las características que ha de asumir, y dura lo
que tiene que durar, y se esfuma cuando le toca desaparecer. Einstein
negaba haber llegado al fin del conocimiento, los sistemas se suceden,
e indefectiblemente vendrá otro que será mejor que el de Einstein.
¿Sufre quebranto la verdad con esta noción? - ¿su santidad?
No, más bien lo contrario. Esta concepción engrandece la verdad, a
juicio del conferenciante. El hombre no puede contar más que con
verdades relativas y temporales. Para las verdades absolutas y eternas
existe el camino de la fe y la creencia (Si
es que eso son verdades.... son verdades sólo para la comunidad de
creyentes, porque para los demás serán creencias, no verdades),
o la resolución de que hay una verdad revelada, absoluta (Es
decir: la resolución de creer en un error, si nos atenemos al punto de
vista filosófico... contraposición que como digo Cristóbal Montes
quiere a toda costa evitar). Creer no es pensar, decía
Wittgenstein. Ratzinger dice que a Dios se le puede ver con el corazón,
la simple razón no basta. (Pues allí
no es tomista, Ratzinger). Schopenhauer decía: o creer, o
filosofar—lo que se elija, que sea del todo. (Pues
hay que decir entonces que el conferenciante no está con Schopenhauer,
pues pretende compatibilizar ambas opciones. Claro que yo tampoco estoy
con Schopenhauer, pues en unas cosas filosofamos, y en otras creemos
sin plantearnos más cosas. Y además tenemos la mente modular que nos
permite continuamente el credo autem impossibile... Insiste el
conferenciante en que la fe y la razón son compatibles—y lo son en la
misma cabeza, pero difícilmente si van referidas a la misma cuestión. Y
más importante, por compatibles que sean con la razón, sobre todo para
quien no la ejerza a fondo, por desconexión selectiva, y no explore sus
últimas consecuencias, PARA MÍ es más importante el hecho de que las
creencias infundadas o irracionales son
combatibles con
la razón. No siempre con éxito, pues la creencia busca sobrevivir, y
desconecta oportunamente la razón, o le prohíbe el acceso a ciertas
circunvoluciones cerebrales).
La fe trae consuelo y seguridad, que son valiosos (aunque sean falsos consuelos, es cierto,
a veces se necesitan... "miénteme, Pinocho" como decía el chiste).
La filosofía trae dudas y problemas, pero la duda es la quintaesencia
del hombre: "Señor, dame la duda" decía Unamuno.
Juvenal: vitam impendere vero. Dedicar
su vida a la verdad.
(Es loable, pero verdades hay muchas
como hemos visto. Quizá más loable sea dedicarla a la duda, o a la
verdad que se descubre, no a la verdad que se cultiva o que se protege
celosamente contra la crítica. Pero no hay tribunales de última
instancia de la verdad, ni de lo loable. Lo que yo sé es que siempre me
ha parecido un sarcasmo tremendo el lema cristiano de "la verdad os
hará libres". Y no, sobre todo, porque no comparta yo esas concretas
verdades reveladas—sino porque creo que la verdad no te hace
necesariamente más libre. Ni tampoco más feliz—y menos aún, más
popular).
Un aspecto importante de cambiar de medio de comunicación—del
papel académico, pongamos, al blog en la red—es el cambio de género que
supone. En tanto el género se mantiene fluido, también se vuelve
posible decir muchas cosas que no había dónde decir antes, y adoptar
muchos tonos de voz que estaban out
of the question
en el antiguo género y en el antiguo medio. Tengo pocas dudas de que
estas sacudidas súbitas dinamizan el discurso—una expansión de las
convenciones de la comunicación es también una expansión del
pensamiento. Por eso no es suficiente limitarse a seguir escribiendo
artículos académicos (hijos de la era del Papel y la Revista) y usar la
red sólo para difundirlos o colgarlos en repositorios. Aunque desde
luego el cambio de actitudes académicas aún va mucho más despacio que eso.
Porque al menos en lo que se refiere a la Universidad de Zaragoza,
pocos investigadores usan el repositorio digital—y me
parece que yo soy el que encabeza la lista. También en la web
social Academia,
de momento he subido yo más de cien artículos, frente a cincuenta y
tantos del resto de mis colegas del departamento juntos. Por otros
repositorios no he visto aún a nadie de mi entorno local, ni académico
ni geográfico.
Y los blogs se utilizan menos aún—con una mano se cuentan. Tampoco ho
he visto
hasta ahora por mi entorno ningún blog más abundante, persistente,
variado y trabajado que el mío. Antes la gente se hacía blogs—ahora ya
no, con el facebook se apañan en general para la dosis diaria de
interacción virtual. Y en mi blog, la verdad, es que la interacción
brilla por su ausencia, al menos en relación al esfuerzo que le echo.
Con lo cual... casi retiro lo dicho, sobre el medio que transforma la
comunicación, pues no sé qué es lo que ha cambiado en el panorama,
realmente. Quizá sólo yo, y se me haya transformado sólo la
autocomunicación.
Aparte de dar la última clase de este cuatrimestre, hoy me he
dedicado a más cosas que no voy a listar, y entre ellas a guitarrear un
poco. Aquí probando suerte con "Stand By Me", que aún le falta un
hervor o dos.
Estaba Oscar mirando un viejo tebeo de Sandokán, y le digo,
"Vaya, ese me lo regalaron cuando yo tenía tu edad más o menos".
Y me dice:
—Ah, pues te cuento un chiste de Mafalda. Está el papá de Mafalda y oye
jugar a Mafalda, y Miguelito y Felipe, en otro cuarto, y se oye "¡Pum!
¡Craaak! ¡AAaaaah! ¡Zass! ¡BANG!..." y el papá de Mafalda piensa
con una
lagrimita en el ojo, "Ah, esto me recuerda cuando era niño..."
—¡Sí, sí—le digo—el papá de Mafalda sí que es muy dado a pensar estas
cosas!
—Y va el papá y coge una regla larga de madera como si fuera una espada
y entra corriendo en el cuarto: "¡SANDOKAN AL ATAQUEEE!" —y los niños
se paran y lo miran y se callan todos, que están vestidos de vaqueros,
y dice Mafalda—... "Sando...¿qué?
—y se va el papá de Mafalda triste, arrastrando la regla, y pensando,
"¡...cuando YO
era niño!"
—Hum... Sando-qué. Muy bueno... eh, ¿te lo has inventado tú, Oscar?
Ahora culmina la implantación del Plan Bolonia en la Universidad, y
como complemento nos anuncian (partiendo de Cataluña) una
transformación total del
sistema de
gobierno de la Universidad, de la toma de decisiones y del
establecimiento de prioridades en el
sistema universitario—lo que tantas veces se ha venido llamando la
"venta de la Universidad al mercado laboral". Ya
sonaban campanas desde hace tiempo, asociadas a la Bricallización
de la universidad encaminada a hacerla sostenible y eficaz. Desde el
discurso
plausiblemente loable de que la Universidad se debe a la sociedad, de
que
debe ser socialmente responsable, algunos pasan pronto al pronto al
ergo de que la
Universidad debe dedicarse a la formación profesional. Y al ergo ergo
de que esto tiene que funcionar como una empresa de proveedores de
servicios a las empresas.
Ya hablé algo de estas cuestiones en artículos de este blog como Se Vende
o
Que
llega la Gobernanza. Ahora me parece oportuno presentar una crítica
al discurso de la gobernanza (nos llega el palabro a la vez que el
conceto), recordando un artículo que escribió Paul du Gay hace quince
años. Y la cosa viene de mucho antes, del thatcherismo. En Inglaterra
lo llevan todo
mucho más adelantado, y aquí vamos a remolque.
Lo que pasa en la Universidad no es por
otra parte, bien lo muestra du Gay, sino un caso más de la
empresarialización de servicios públicos, parte sin duda de este
aligeramiento del estado del bienestar que se nos promete como plan de
vida para este siglo que ya ni siquiera se puede decir que esté
comenzando. El mismo fenómeno se da en todo tipo de instituciones antes
dirigidas por funcionarios y ahora dirigidas por funcionarios atentos a
la mercadotecnia, si no por unidades deslocalizadas y externalizadas que ya más bien son
proveedores de servicios contratados.
El artículo en cuestión aparecía en Questions
of Cultural Identity, ed.
Stuart Hall y Paul du Gay (Sage, 1996), pp. 151-69, y se titula
"Organizing Identity: Entrepreneurial Governance and Public
Management". Añadiré comentarios en cursiva relativos a la Universidad
española y su boloñización en curso. Traduciré lo que pueda, comenzando
por el principio, y conservaré en la traducción la horrenda palabra
gobernanza, que tanta fortuna
está teniendo entre nuestros rectores,
asesores y gestores.
Paul du Gay:
Organizando
la identidad: La gobernanza empresarial y la empresa pública
Estos días parece cada vez más difícil desentenderse de la "cultura".
En el seno de la academia, por ejemplo, el tema de la "cultura" viene a
dominar debates en las ciencias sociales y humanas. Al mismo tiempo,
cuestiones de importancia sustancial en otros ámbitos de la existencia
vienen a representarse en términos "culturales". En el ámbito de la
política propiamente dicha en el Reino Unido durante los años 80, el
programa de reformas radicales del Partido Conservador en el gobierno
se representó en gran medida como una cruzada "cultural", involucrada
con las actitudes, valores y formas de autoconceptualización que iban
inscritas tanto en las actividades individuales como en las públicas.
En otros términos, el proyecto político de reconstrucción que tenía el
gobierno se definió como un proyecto de reconstrucción cultural—un
intento de transformar al Reino Unido en una "Cultura de la Empresa".
(También
aquí se nos habla a menudo de actitudes que hay que cambiar—por ejemplo
actitudes ante la formación, ante la conceptualización del alumnado
como clientes, y del propio profesor como un
proveedor de servicios a
los clientes... actitudes, instituciones y procedimientos van,
naturalmente, unidos).
A mi entender, uno de los casos
más interesantes, muy notable de hecho, del giro contemporáneo hacia lo
cultural ha ocurrido en el ámbito del discurso prescriptivo relativo a
la organización. En años recientes, es muy probable que las personas
que trabajen en grandes organizaciones se hayan visto expuestas a
programas de "cambio de cultura" como parte de los intentos de hacer a
las empresas más eficientes, eficaces y rentables. Incluso en los
ámbitos más explícitamente "materiales"—como los de la empresa y la
organización—los programas de reforma han venido a definirse en
términos culturales. Un rápido examen de cualquier
conjunto de textos empresariales recientes revela la primacía que se
concede a la "cultura" a la hora de gobernar la vida contemporánea de
las organizaciones. En esta literatura se concede a la "cultura" un
lugar privilegiado porque se considera que estructura la manera en que
las personas piensan, sienten y actúan en las organizaciones. El
problema es de "normas", "actitudes" y "valores" cambiantes, de modo
que la gente esté capacitada para contribuir de la manera necesaria y
correcta al éxito de la organización para la que trabajan. Con este
fin, se estimula a los directivos a ver que las organizaciones más
eficaces o "excelentes" son las que tienen la "cultura" adecuada—aquel
conjunto de normas y técnicas de conducta que capacita al potencial de
actualización de sí mismos que tienen los individuos, de modo que se
alineen con los fines y objetivos de la organización para la que
trabajan.
Este centrarse en la "cultura" como medio de producir entre los
miembros de una empresa una relación específica a su propia identidad
sugiere que su despliegue como técnica de gobierno está íntimamente
ligado con cuestiones de identidad. Como ha sugerido Renato Rosaldo
(1993: xi), es una característica prominente del presente el hecho de
que "cuestiones de cultura (...) rápidamente se convierten en (...)
cuestiones de identidad", algo que parecen confirmar los recientes
desarrollos en el contexto de las modalidades de organización.
Según el popular gurú de técnicas de dirección Tom Peters (1992: 227),
los intentos contemporáneos de gobernar la "cultura" de una
organización tienen implicaciones cruciales en el tipo de identidades
que pueden florecer en el seno de una empresa. Arguye que "las formas
organizativas emergentes" convertirán a cada empleado en un
"negociante" o "empresario". Es decir, la actual reforma de las
organizaciones concede prioridad ontológica a cierto tipo de persona—el
"negociante" o "empresario"—proporcionando a este menslichen Typus con lo que Max
Weber llama "las oportunidades óptimas de convertirse en el tipo
dominante" (cit. en Hennis, 1988: 59).
En este capítulo, examino las nuevas normas y técnicas de conducta—o
"cultura" que se están instituyendo en las organizaciones, y la
prioridad que otorgan al "empresario" como tipo de persona. De modo más
específico, interrogo los efectos políticos y éticos que tiene el
reimaginar a los burócratas del sector público como "empresarios",
prestando atención especial a la cuestión de si semejante paso es
suficientemente pluralista (considerando que presupone una única
jerarquía ética que tiene al empresario en su vértice).
(A este
examen dedica du Gay el resto de su artículo—y a una defensa del
antipático concepto de burocracia del sector público como un baluarte
contra intereses particularistas y una garantía de equidad social. El
enfoque de du Gay es certero y adecuadamente generalista—incluyendo no
sólo a las transformaciones de la "gobernanza" en la educación del
sector público, sino también a lo que sucede para todas las burocracias
y funcionarios de empresas públicas y semipúblicas. La cuestión se
vuelve más específica y aparecen tonalidades problemáticas más
concretas cuando nos centramos en la Universidad en tanto que "empresa"
rentable y sometida a una gobernanza empresarial. Sobre el lugar
especial que ocupa la Universidad como un espacio acotado donde las
normas sociales de relevancia y eficacia a la vez actúan y no actúan,
recomiendo leer los ensayos de Jacques Derrida "La
Universidad incondicional"y
"La Universidad en los ojos de sus pupilas: el principio de razón y la
idea de Universidad". Algo al respecto de este último artículo
comentaba yo en "La
Universidad al servicio de la sociedad").
Explorando el ethos de la empresa
En
enero de 1994, la Comisión de Cuentas Públicas (PAC) de la Cámara de
los Comunes del Reino Unido emitió un informe sin precedentes titulado Gestión Adecuada de la Empresa Pública.
El informe se publicó a secuelas de una serie de fallos muy
publicitados en los "sistemas y controles administrativos y
financieros" en el seno de secretarías del gobierno y en otros entes
públicos, que habían hecho que "se derrochase dinero o hubiese otro
tipo de gastos inadecuados" (1994: v). Según la comisión, estos fallos
suponían un desvío significativo de las normas de gestión pública que
era de esperar en las sociedades democráticas en general y en el Reino
Unido en concreto.
Jonto con muchas secciones de la prensa británica (Financial Times, 28 de enero: 17; Guardian, 28 enero: 1 y 6; Independent,
28 enero: 1), la Comisión de Cuentas Públicas indicó que estos fallos
habían ocurrido a la vez que se introducían sistemas de organización
más empresariales y más orientados al mercado en el seno del sector
público. También se mostraban de acuerdo en que los dos fenómenos
estaban de alguna manera emparentados. Sin embargo, a diferencia de
algunos sectores de la prensa, la Comisión de Cuentas Públicas no dio
crédito alguno a la posibilidad de que la "revolución cultural" que
estaba teniendo lugar en el sector públido estimulase entre los
funcionarios conductas que puediesen considerarse "impropias". De
hecho, se trató con pocas contemplaciones a quienes se hacían preguntas
sobre la adecuación ético-política de las reformas en curso. Se les
reprendió por no querer "aceptar el reto de lograr un cambio que ha de
resultar beneficioso" (1994: v).
El lenguaje del "cambio"—que inevitablemente plantea retos—es un
elemento constitutivo del discurso empresarial contemporáneo. Forma
parte de una cadena discursiva de equivalencias que comprende entre
otras "empresa", "capacitación", y "cliente". Este discurso tiene,
naturalmente, un carácter relacional—sus elementos constitutivos llegan
a significar lo que significan por relación a lo que no son. Por
ejemplo, las normas y valores de conducta inscritos en el discurso
empresarial contemoráneo se articulan en oposición explícita a las que
constituyen la identidad de las organizaciones "burocráticas". Mientras
que el ethos burocrático estimula en sus sujetos el desarrollo de
capacidades y predisposiciones concretas—la adhencia estricta al
procedimiento, la renuncia al entusiasmo moral personal, y así
sucesivamente—el discurso empresarial contemporáneo enfatiza la
importancia de que los individuos adquieran y exhiban rasgos y virtudes
más "proactivos" y más "emprendedores".
Poca duda hay de que el informe de la Comisión de Cuentas Públicas
habla desde el universo del empresarialismo contemporáneo. En el
informe, el ethos empresarial, con su "mayor delegación de
responsabilidades, líneas más aerodinámicas, y (...) enfoque más
emprendedor", se compara favorablemente con el "ethos de la función
pública" tradicional, siendo asociado este último invariablemente con
el despilfarro, la inercia y la reglamentación innecesaria (1994: v-vi).
Como he indicado, empero, aunque expresa su confianza en los beneficios
del actual cambio organizativo, el informe lamenta la disminución de
los "principios y estándares" de conducta que se esperan de los
servidores públicos en las democracias liberales (1994: v). Que estos
"principios y estándares" han surgido y se han promovido en gran medida
en un contexto burocrático no parece ser algo relevante. En lugar de
eso, la comisión parece dar por supuesto que las reformas organizativas
encaminadas a hacer que las instituciones públicas sean menos
burocráticas y más empresariales son uniformemente positivas; que
aumentarán la eficacia económica y proporcionarán mejoras en los
servicios reduciendo los costes—sin afectar a "los valores
tradicionales del sector público".1 Esto, sin embargo, puede
interpretarse más o menos como un acto de fe, si no como una obvia
incongruencia.
Para empezar, suponer que la identidad de un ámbito determinado siga
siendo la misma a lo largo de todos los cambios que experimenta es algo
extremadamente cuestionable. Como ya he señalado, dado que cualquier
identidad es básicamente relacional en lo que se refiere a sus
condiciones de existencia, cualquier cambio en éstas ha de afectarle.
Si, por ejemplo, la gestión (burocrática) de la administración se
reimagina en términos de principios empresariales, entonces en lugar de
quedar la misma identidad—la administración pública (burocrática)—en la
misma situacion, se establece una nueva identidad.
Además, la producción de esta nueva identidad inevitablemente
conllevará ventajas y desventajas. En lugar de suponer, como parece
hacer el informe de la CCP, que la gestión empresarial de lo público es
de modo incontrovertible "algo bueno"—que es inherentemente
positivo—podría ser más productivo examinar las condiciones de su
emergencia, para analizar qué debe necesariamente ser excluido por su
instauración, y para evaluar cuáles podrían ser los efectos
político-éticos de esta exclusión.
La gobernanza
empresarial, y la crítica de la cultura burocrática
La crítica a la burocracia, en favor de las formas y prácticas
"flexibles" y "emprendedoras", tal como se concibe en los discursos
contemporáneos sobre reforma de las organizaciones, empieza con cambios
en lo que se denomina "el entorno externo". Las condiciones de la
existencia de esta formación discursiva descansan en diversos
desarrollos que a menudo se reunen bajo el epígrafe de "la
globalización". Aunque textos diferentes llaman la atención sobre
diferentes combinaciones de fenómenos—los efectos de dislocación que se
derivan de la introducción cada vez más generalizada de las
"tecnologías de la información"; los asociados a las presiones
competitivas que resultan de los sistemas globales de comercio,
finanzas y producción, et.— todos coinciden en que la intensificación
de los lazos de interconexión global tiene repercusiones serias para la
vida en las organizaciones, tanto en el sector público como en el
privado.
(En la Universidad, una
materialización obvia de este entorno globalizado es el Espacio Europeo
de Educación Superior, marco de las reformas denominadas a veces "plan
Bolonia"—un espacio globalizado en el que se pretende no sólo
reconocer, sino estimular la competitividad entre universidades. Porque
a su vez es un espacio que (aun siendo continental) se presenta como
agobiado por la necesidad de mantener la competencia y la
competitividad frente a las universidades norteamericanas—quizá por la
vía de imitar en lo posible su modelo—y asiáticas. El razonamiento de
Du Gay, según el cual la 'burocracia' (en este caso de la enseñanza
universitaria tradicional) se presenta como enteramente negativa, y se
tiende precipitadamente a ignorar sus valores positivos y constructivos
de un entorno propio, parece totalmente aplicable a nuestro caso. Este
razonamiento sobre la universidad "burocrática" como un entorno con
ritmo propio, generador de dinámicas autónomas con respecto a las del
mercado globalizado, debería leerse en conjunción con la defensa que
hace Jacques Derrida de la Universidad como un entorno a la vez
integrado en la sociedad, pero problemáticamente separado, acotado, por
una dinámica propia y un tiempo propio que sería un error reducir al
resto del tiempo social. Véanse los artículos arriba mencionados.
Observemos que son tanto los gobiernos socialistas como los del Partido
Popular, idénticos en esto, los que quieren estimular la
especialización, competitividad, Calidad, y ránking relativo de las
universidades).
Si la "globalización" constituye la "situación problemática", la
"burocracia" se representa como el impedimento crucial para la gestión
adecuada de los efectos de aquélla. La globalización, se razona, crea
un entorno caracterizado por una incertidumbre generalizada. En
semejante entorno, sólo las organizaciones que puedan cambiar
rápidamente su conducta y aprender a volverse cada vez más
emprendedoras, vivirán y prosperarán. Como "la burocracia" se considera
una forma "mecánica" de organización más adecuada para condiciones de
relativa estabilidad y predecibilidad", se convierte en la primera
víctima de un entorno tan incierto.2
En
este entorno, las instituciones burocráticas (...) —públicas y
privadas—nos fallan cada vez más. El entorno actual exige instituciones
que sean extremadamente flexibles y adaptables. Demanda instituciones
que sean extremadamente flexibles y adaptables. Exige instituciones que
produzcan resultados en forma de bienes y servicios de alta calidad,
exprimiendo cada vez más ruido y más nueces de cada duro [sic].
Exige instituciones que respondan ante sus clientes, ofreciendo una
gama de servicios no estandarizados; que lideren por perusuasión e
incentivos, no por órdenes; que den a sus empleados un sensación de
sentido y de control, incluso de sentido de la propiedad. Exige
instituciones que den poder a los ciudadanos, en lugar de simplemente
servirles. (Osborne y Gaebler, 1992: 15)
Los efectos dislocatorios generados por la intensificación de los lazos
de interconexión global, requieren una "creatividad" constante y una
construcción continua de espacios operativos colectivos que descansen
menos en formas objetivas mecánicas y en las prácticas con ellas
relacionadas—la "burocracia"— y cada vez más en el desarrollo de
organizaciones y tipos de conducta más empresariales o emprendedores.
La noción de "empresa" ocupa una posición absolutamente crucial en los
discursos contemporáneos sobre la reforma de las organizaciones.
Proporciona una crítica de la "cultura burocrática" y se ofrece como
una solucón a los problemas planteados por la "globalización" por la
vía de delinear los principios de un nuevo método para gobernar la
conducta tanto de la organización como de las personas.
De modo muy obvio, un rasgo clave de la "empresa" en tanto que
principio de gobierno es el papel central que le asigna a la "empresa
comercial" en tanto que modelo preferido para cualquier forma de
organización institucional de bienes y servicios. Sin embargo,
igualmente importante es la manera en que el término se refiere a los
hábitos de acción que manifiestan o expresan "cualidades emprendedoras
por parte de los implicados", ya sean individuos o colectividades.
Aquí, "empresa" se refiere a una plétora de características tales como
la iniciativa, la toma de riesgos, la autogestión, y la capacidad de
aceptar responsabilidades propias y por las propias acciones (Keat,
1990: 3).
Así pues, como ha observado Burchell (1993: 275) la característica
definitoria de la gobernanza empresarial es "la generalización de una
'forma empresarial' a todas las
formas de conducta—a la conducta de las organizaciones que hasta ahora
se veían como no económicas, a la conducción del gobierno, y a la
conducción de los propios individuos". Mientras que los modos concretos
en los que esta racionalidad gubernamental se ha gestionado
operativamente en la práctica han variado de modo muy considerable, las
formas de acción que hacen posibles para diferentes instituciones y
personas—escuelas, médicos de atención primaria, comunidades de
vecinos, prisiones y demás—sí que tienen en común una consistencia
general y un estilo.
Tal y como ha argumentado Burchell (1993: 276, siguiendo a Donzelot),
un rasgo característico de este estilo de gobierno es el papel
fundamental que le otorga al "contrato" a la hora de redefinir las
relaciones sociales. (Por
ejemplo, ahora se nos dice a los profesores que la programación de
clase es un contrato—que las nuevas "guías docentes" elaboradas para
las materias de estudio del Plan Bolonia tienen un carácter
contractual: la Universidad ofrece el servicio a un cliente, el
estudiante, y el profesor es un mero dependiente que atiende al cliente
según las especificaciones del contrato. El discurso que
reconceptualiza a los estudiantes como clientes estaba satirizado ya en la novela de David Lodge Small World. Pero
eso no ha hecho que deje de proliferar. En nuestra universidad en
concreto, puede datarse el momento en el que el Director de nuestro
departamento volvió con las nuevas instrucciones, y el nuevo papel, y
lo presentó a los profesores como un cambio de terminología crucial.
Ibamos a ser proveedores de servicios a unos consumidores que eran los
clientes, ya no los estudiantes.
Lo mismo se aplica, por supuesto, al diseño de los planes de estudio
según especificaciones, y a los propios procesos y agencias de control
de tales planes de estudio, en una escala ininterrumpida y
estandarizada de control y evaluación de objetivos). Los cambios
que afectan a las escuelas, los hospitales, los departamentos del
gobierno y demás, a menudo conllevan la reconstitución de los roles
institucionales en términos de contratos estrictamente definidos
y, con mayor frecuencia todavía, suponen el representar de una manera
contractual las relaciones entre las instituciones y entre los
individuos y las instituciones (Freedland, 1994: 88). Un ejemplo de lo
primero se da, pongamos, cuando los servicios médicos a los que se
conceden fondos contratan compañías hospitalarias para proporcionar
atención sanitaria a pacientes concretos, cuando antes esa atención la
proporcionaba directamente el Servicio Nacional de Salud. Ejemplos del
segundo tipo son las relaciones entre departamentos del gobierno
central y las nuevas agencias ejecutivas del programa Next Steps—donde
no existe contracto como tal, pero donde la relación entre los dos está
regida por un "Documento de Base" de tipo contractual, que define las
funciones y objetivos de la agencia, y los procedimientos mediante los
cuales el departamento determinará objetivos para la agencia y
controlará su consecución.
Así pues, la "contractualización"consiste típicamente en asignar la
realización de una función o de una actividad a una unidad de gestión
concreta—individual o colectiva—que se contempla como alguien a quien
se pueden pedir cuentas de la realización eficaz de esa función o del
desempeño de esa actividad. Al asumir una responsabilidad activa por
estas actividades y funciones—tanto por su desempeño como por sus
resultados—estas unidades de gestión están de hecho afirmando un cierto
tipo de identidad o de personalidad, que es de carácte esencialmente
empresarial. La contractualización requiere que estas unidades de
gestión adopten una cierta forma empresarial de relacionarse consigo
mismas "como condición de su efectividad y de la efectividad de esta
modalidad de gestión" (Burchell 1993: 276). O, por decirlo con el
lenguaje de Tom Peters (1992. 273), la contractualización
"empresarializa" a los individuos y a las colectividades.
Como ha sostenido Colin Gordon (1991: 42-5), las formas empresariales
de gobernanza, como la contractualización, suponen la
reconceptualización de lo social concibiéndolo como una forma de lo
económico. "Esta operación funciona", dice, "mediante la ampliación
progresiva del territorio de la teoría económica por medio de una serie
de redefiniciones de su objeto".
La
economía se convierte así en un "enfoque" capaz en principio de tratar
sobre la totalidad del comportamiento humano, y en consiguiente, capaz
de plantear un método coherente puramente económico para programar la
totalidad de las acciones de gobierno. (Gordon 1991: 43)
La función niveladora llevada a cabo por este proceso hace que
instituciones, prácticas, bienes, etc., que antes eran diversos, se
sometan a juicio y cálculo en términos exclusivos de criterios
económicos—dando lugar a un dominio cada vez mayor de lo que Lyotard
(1984: 46) denomina como "el principio de rendimiento". Sin embargo,
sería erróneo ver este desarrollo como simplemente la última y más pura
manifestación del auge irresistible del homo economicus.
Como ha indicado Gordon (1991: 43), el sujeto de la "empresa" es
a la vez una "reactivación y una inversión radical" del "hombre
económico" tradicional. La reactivación consiste "en sentar una
capacidad humana fundamental, la de elección, como
principio que capacita efectivamente al cálculo económico para barrer a
un lado las categorías económicas y los esquemas de las ciencias
humanas y sociales." La gran innovación se da, sin embargo, en la
conceptualización del agente económico como una creación inherentemente
manipulable. Mientras que originalmente el homo economicus
se concibió como un sujeto cuyas motivaciones, la fuente de su
actividad, eran en última instancia "intocables para el gobierno", el
sujeto de la empresa se imagina como un agente "que está constantement
respondiendo a las modificaciones de su entorno". Como señala Gordon,
"El gobierno económico aquí se da la mano con el behaviorismo" (ibid.).
El sujeto resultante es, en un sentido nuevo, no sólo una "empresa"
sino "el empresario de sí mismo o de sí misa". En otras palabras, el
gobierno empresarial "construye" al individuo como tipo de persona
concreta—como "empresario de la propia identidad" (Gordon, 1987: 300).
Esta idea de una vida humana entendida como "empresa de la propia
identidad" sugiere que sean cuales sean las cartas que el azar de las
circunstancias haya repartido a una persona, él o ella se está siempre
perpetuamente comprometida (aunque esté técnicamente "en paro") con esa
empresa concreta, y que es "parte del negocio continuo de la vida el
prever adecuadamente la conservación, reproducción y reconstrucción del
propio capital humano de uno mismo" (Gordon, 1991: 44).
Como se considera que un ser humano está continuamente comprometido en
un proyecto para dar forma a su propia vida como individuo autónomo,
sujeto de elecciones, impulsado por el deseo de optimizar la valía de
su propia existencia, la vida para esa persona se representa como una
arena única y básicamente indiferenciada en la que llevar a cabo la
consecución de dicho empeño. Como las formas de vida antes
diferenciadas ahora se clasifican en primer lugar, si no
exclusivamente, como "formas de empresa", las concepciones y prácticas
de la personalidad a la que dan lugar tienen una consistencia notable.
Al reimaginarse las escuelas, las prisiones, los departamentos del
gobierno, etc., en tanto que "empresas", en todas partes se concede una
prioridad mayor al "emprendedor" como tipo de persona. En
este sentido, el carácter del emprendedor ya no puede representarse
como uno má entre una pluralidad de personalidades éticas, sino que
debe considerarse que asume una prioridad ontológica.
(Un
ejemplo muy directo en la Universidad es el cambio que se dió durante
los años 90 hacia la gestión de la investigación exclusivamente a
través de "proyectos de investigación", y la gestión empresarial que se
lleva a cabo de dichos proyectos, en términos de rentabilidad,
organización del personal, promoción del "empresario-jefe" o director
del proyecto... Pero este discurso y transformacion alcanza, como bien
dice Du Gay, a todos los aspectos de la organización universitaria, a
los departamentos o titulaciones concebidos como "proyectos" o
"empresas a gestionar", y a las propias universidades como proyectos
colectivos que han de justificar y gestionar su sostenibilidad en un
entorno competitivo—perpetuamente revisables y condenados a desaparecer
si no prueban continuamente su rentabilidad inmediata. Como señala la
Dra. Penas, esto conduce a una desnaturalización y una destrucción de
la noción misma de universidad—de la "idea de Universidad" que decía
Newman. O Derrida. Si el fin es la rentabilidad y la sostenibilidad, pierden
sentido y valor los fines tradicionales de la Universidad… la
producción, sea de caramelos o de papel higiénico, es lo principal, y
lo que justifica la continuidad de la empresa; los valores definibles
mediante otros criterios—criterios de valor—quedan arrinconados.).
Esta concepción del individuo como "empresario del yo" está firmemente
establecida en el centro de los programas contemporáneos de reforma de
las organizaciones. A juego con la imbricación empresarial de economía
y behaviorismo, los programas contemporáneos de reforma organizativa
caracterizan al empleo no como una penosa obligación impuesta a los
individuos, ni tampoco como una actividad que se desempeña para
responder a necesidades puramente instrumentales, sino antes bien como
un medio de desarrollo personal. El éxito de la organización se funda
pues en que ésta comprometa los impulsos de auto-optimización de todos
sus miembros, sea cual sea su papel formal. Esta ambición ha de hacerse
practicable en el lugar de trabajo mediante una variedad de técnicas
como son la "externalización" y los emolumentos por incentivos. Estos
últimos, que se han extendido de modo dramático en el empleo público
durante la década pasada, a menudo suponen el desarrollo de un
"contrato" entre un empleado individual y su jefe de sección, según el
cual la paga de un empleado se hace depender en mayor medida de si ha
cubierto o sobrepasado determinados objetivos productivos (Millward et
al, 1992: 268, 361; Marsden y Richardson, 1994).
Así pues, la gestión del desempeño de las funciones laborales y las
técnicas relacionadas con ella conllevan una relación
característicamente "contractual" entre los empleados individuales y la
organización para la que trabajan. Esto supone "ofrecer" a los
individuos que se impliquen en actividades—como el control de
presupuestos, formación de personal, prestación de servicios— que antes
se consideraban responsabilidad de otros agentes como inspectores o
departamentos de personal. Sin embargo, el precio de esta implicación
es que los propios individuos deben asumir responsabilidadesa para
desempeñar esas actividades y por sus resultados. A tono con los
principios constitutivos de la empresa entendida como una racionaliddad
de la actuación de gobierno, la gestión empresarial y las técnicas a
ella asociadas funcionan como formas de "responsabilización" que se
consideran económicamente deseables y que a la vez "dan poder" a nivel
personal.
La gobernanza empresarial de las organizaciones, por tanto, supone la
reconstrucción de una amplia gama de instituciones y de actividades, en
línea con los principios de la empresa comercial. A la vez, el
garantizar que resulten óptimas ventajas de la reestructuración de las
organizaciones en línea con los principios del mercado requiere
producir de formas particulares de conducta por parte de los miembros
de una organización. En este sentido, el gobierno de la vida de la
organización al modo empresarial supone "inventarse" nuevas maneras de
ser para la gente; se refiere a la importancia de que haya individuos
que adquieran y exhiban ciertas actitudes y capacidades que sean
"emprendedoras".
Refractada a través de la mirada de la empresa, la "cultura
burocrática" aparaece como contraria al desarrollo de esas "virtudes" y
por tanto a la producción de personas emprendedoras. La dedicación de
los burócratas a normas de impersonalidad, de adherencia estricta a los
procedimientos, y la aceptación de la subordinación y de la
superordinación jerárquica se ve como algo antitético al cultivo de
esas destrezas y sensibilidades empresariales que son la única garantía
de un futuro "gestionable" y por tanto sostenible.
Mientras que los partidarios de la gobernanza empresarial no son
aversos a admitir que las normas y técnicas burocráticas han demostrado
ser eficaces y efectivas en determinadas circunstancias, está claro que
creen que esas circunstancias ya no se dan, y que no es probable que se
den en un futuro previsible. Lo que se deduce es que la supervivencia
de las organizaciones y su florecimiento en los dislocados entornos del
presente requieren el cultuvo de una competencia y un estilo
empresariales adecuados, que a la vez sirva para que las organizaciones
lleven a cabo su función, y para que las personas se conduzcan en el
seno de esas organizaciones.
Como he expuesto antes, dado que el discurso de la empresa presupone
que no hay ningún contexto organizativo que sea inmune a los efectos de
la "globalización", da por hecho que organizaciones aparentemente
diferentes—como hospitales, sociedades caritativas y de ayuda, bancos,
departamentos del gobierno—tendrán que desarrollar normas y técnicas de
conducta similares, porque si no lo hacen les faltará la capacidad para
llevar a cabo los proyectos que desean. El apremio con el que se
difunden estas afirmaciones transmite una impresión muy clara de que
"No Hay Alternativa". Como declara enérgicamente Kanter (1990: 356),
las organizaciones "deben o bien desplazarse abandonando las garantías
burocráticas hacia una flexibilidad post-empresarial, o (...)
estancarse—cancelando así por definición cualquier misión a la que se
hayan comprometido".
Si bien una singularidad tan insistente tiene atractivos obvios—por decir sólo uno, ofrece el tipo de Weltanschauung fácilemente
captable y comunicable que puede actuar como catalizador para el
cambio—descuida el hecho de que la generalización de la forma de la
empresa a todos los tipos de conducta puede de por sí servir para
incapacitar la capacidad de una organización para llevar a cabo sus
proyectos prioritarios, por la vía de redefinir su identidad y por
tanto la naturaleza efectiva de sus proyectos.
En el sector público, que es una parte del gobierno y que por tanto
debería estar sometido al imperio de la ley, las organizaciones se
ocupan de cosas como la equidad y tratar los casos similares de manera
similar. Esto no son valores que sean atendidos prioritariamente por
las empresas comerciales, y no hay razón obvia por la cual
deberían serlo. Sin embargo, son centrales para el gobierno y para el
imperio de la ley en los regímenes democráticos liberales. Hay aquí un
claro peligro de que la introducción de principios empresariales en las
organizaciones del sector público pueda socavar esos principios básicos
del servicio público, y esto sirve para destacar el hecho de que en las
sociedades democráticas liberales hay buena razón para suponer que los
mercados tienen límites políticos y morales, y que "trazar algunos de
los límites de los mercados también supondrá poner a la empresa en su
lugar legítimo" (Plant, 1992: 86).
El empresarialista puede replicar que sin "activar empresarialmente"
las organizaciones del sector público, las libertades e igualdades que
los ciudadanos dan por sentadas podrían tener costes inasumibles; pero
este argumento una vez más supone que la generalización de formas
empresairales a la gestión de la administración pública, por ejemplo,
no afectará a la identidad ni a la integridad de la administración
pública, sino que simplemente la hará "funcionar mejor". Sin embargo,
en lo referente al informe de la Comisión de Cuentas Públicas, es
extremadamente problemático dar por sentado que la identidad de un
ámbito de actividad puede permanecer igual cuando sus principios
organizativos básicos sufren una alteración fundamental.
En lugar de simplemente aceptar la posición de que la
"empresarialización" que hoy se está dando en el sector público es una
evolucón uniformemente positiva además de inherentemente necesaria,
pretendo proponer una perspectiva que no está muy de moda, a saber, que
hay diversas razones políticas y éticas importantes para representar a
la burocracia como la forma de organización del sector público más
eficiente y eficaz. Al presentar argumentos para sostener esta postura,
empezaré por especificar en qué consiste el ethos burocrático,
indicando a qué tipo de concepciones y prácticas de la personalidad da
lugar la burocracia, y delineando la relación entre éstas y lo que
Michael Walzer (1984) denomina "el arte liberal de la separación".
La función pública como vocación
La idea de que las organizaciones del sector público necesitan una
reforma ha adquirido un status casi axiomático. En qué medida y en qué
direcciones, sigue siendo un asunto bastante debatido. En años
recientes hay un enfoque concreto que se ha vuelto dominante, y es este
enfoqu el que subyace a muchas de las reformas del sector público que
ahora están teniendo lugar a lo largo y ancho de las economías
"avanzadas".
A este nuevo modus operandi se
le denomina con frecuencia la "Nueva Gestión Pública", y más
recientemente la "gobernanza emprendedora". Según dos de sus promotores
más a de moda —Osborne y Gaebler, 1992: 19-20)— la "gobernanza
emprendedora" consiste en diez "principios esenciales" que se engarzan
entre sí para "reinventar" el sector público:
Las gestiones emprendedoras promueven la competencia entre los proveedores de servicios. Dan poder
a los ciudadanos, al retirar el control a la burocracia y dárselo a la
comunidad. Someten a medida el rendimiento de sus agencias, centrándose
no en lo que se invierte sino en los resultados. Se impulsan en base a sus objetivos—a sus misiones—no en base a sus reglamentos y normas. Redefinen a sus clientes como consumidores y les ofrecen elecciones—entre escuelas, entre programas de formación, entre posibles tipos de vivienda. Impiden los problemas antes de que surjan, en lugar de simplemente ofrecer servicios después. Invierten sus energías en ganar dinero, no simplemente en gastarlo. Descentralizan la autoridad, abrazando una gestión participativa. Prefiern los mecanismos de mercado a los mecanismos burocráticos. Y se centran no simplemente en ofrecer servicios públicos, sino en catalizar
a todos los sectores—públicos, privados, y voluntarios—llevándolos a la
acción para resolver los problemas de la comunidad. (160)
(Puesto
así es bellísimo, claro. Y me suena mucho como un plan que, si no en
toda su pureza, es el que viene orientando la política universitaria
que nos afecta desde hace años. En interferencia, eso sí, con las
actitudes y normativas burocráticas tradicionales. Se me ocurre que el
conflicto docente que nos ha enfrentado durante cinco años con el
departamento de Filolología Inglesa y la coordinadora de su máster, en
la Universidad de Zaragoza, puede leerse en en parte en estos términos.
Se nos ha vendido el Plan Bolonia como un nuevo modelo de gestión, en
el que dejaban de valer las normas administrativas tradicionales, en
aras de una mayor Calidad y Competitividad. Así, la empresarial
catedrática ha gestionado su Máster, en parte, como si de un proyecto
privado se tratara, ignorando por ejemplo las normativas
administrativas para la selección de profesorado. Al final (por lo de
las interferencias) intervinieron los tribunales, y hubo que deshacer todo lo hecho.
La clave del asunto venía siendo que se primaba indebida y
desproporcionadamente la pertenencia a grupos de investigación. La
pertenencia obligatoria a grupos que recibían proyectos subvencionados.
Naturalmente, aparte de la buena gestión empresarial y competitiva, en
esta dinámica de grupos de investigación convergían los intereses
tradicionales de camarillas burocráticas por promoverse a sí mismas,
amén de actitudes feudales más primitivas todavía.
Pero esto tiene lugar en un ambiente de notable confusión
administrativa, en el que los gestores universitarios han dado una
especie de manga ancha o carta blanca a los gestores locales... un
laissez-faire normativo en el que el catedrático venía a dictar las
normas en su propio corrillo, como en los viejísimos tiempos— Y eso,
¿por qué? Quizá porque aparte de generar gasto, generaban dinero.
Primar a los grupos subvencionados era la idea original y la piedra de
toque de todo el plan (que por fin se ha visto desautorizado).
Naturalmente, esto no era un proyecto empresarial puro, pues estamos
hablando de un contexto de subvenciones procedentes de organismos
públicos que tienen sus propias historias burocráticas detras... y
además nada hay más codiciado que infiltrarse en los organismos de
concesión de proyectos y acreditaciones, CNEAIs, ANECAS, y demás, y
controlar hacia dónde van los fondos y recursos, si es posible hacia mi
grupo o sus aliados. Pero todo el entorno universitario actual, con la
precariedad de financiación de la Universidad de Zaragoza, las
maniobras de reducción de costes del Gobierno de Aragón, el desarrollo
del Espacio Europeo/plan Bolonia, etc., la promoción de
competitividades y ránkings entre las universidades, y las continuas noticias y planes anuales al respecto... todo crea un
ambiente de competencia agudizada, en el que interesan las enseñanzas
que sean si no rentables, al menos no inmediatamente gravosas. Interesa
primar las actuaciones que atraen fondos a la Universidad. E interesa
recortar las enseñanzas no demandadas —suprimiendo asignaturas
optativas minoritarias, promoviendo titulaciones poco académicas pero
sí rentables, etc. Y los estudiantes, desde luego, se conceptualizan
como clientes desde hace tiempo, con los sistemas de evaluación de las
titulaciones y la competencia instalada entre los distintos
estudios. Sometiendo, en suma, la Universidad a la ley del
mercado, de la oferta y la demanda, como criterio si no todavía único,
sí mucho más prominente de lo que venía siendo en el burocrático
sistema anterior).
El blanco principal de la
"gobernanza empresarial"—es decir, aquello en oposición respecto a lo
cual se define—es la burocracia del sector público. Ésta se representa
como el enemigo de la "buena gobernanza" por muchas de las razones
antes esbozadas. Por jemplo, el "modelo burocrático" se ve como
inadecuado a la dinámica del "mercado global", de la "era de la
información" y de la "economía basada en el conocimiento", al ser
demasiado "lento, ineficaz e impersonal" para responder a sus
imperativos. (1992: 14-15).
Aunque quienes abogan a favor de la gobernanza empresarial, como
Osborne y Gaebler, son críticos con todas las formas de conducta
burocrática, lo que recibe algunas de las críticas más duras es lo que
se considera como la incapacidad de la burocracia para implicar la
acción personal y los ideales de las personas—para "darles poder".
Según Osborne y Gaebler (1992: 38) muchos empleados de las organizaciones burocráticas "se sienten atrapados":
Atados
por normativas y reglamentos, entumecidos por tareas monótonas que
saben que podrían hacerse en la mitad de tiempo si se les permitiese
emplear las mentes, llevan unas vidas resignadamente desesperadas.
Cuando tienen la oportunidad de trabajar para una organización que
tiene una misión clara y un mínimo de papeleo... a menudo sienten que
renacen. Cuando se les traslada al sector público, con frecuencia
experiementan el mismo sentimiento de liberación.
Puede uno reconocer una cierta dosis de verdad en su afirmación
inicial—que la organización burocrática puede crear, y a menudo crea,
problemas de "motivación" para los individuos, en particular para los
que se hallan en los peldaños inferiores de la jerarquía—pero parecen
desatender el hecho de que algunas formas de organización tienen
"defectos" como resultado de producir "virtudes" políticamente
deseadas. Las normativas y reglamentos contra los que protestan Osborne
y Gaebler no se inventaron con el propósito único de inhibir la
actividad emprendedora individual, sino para impedir la corrupción y
para asegurar la equidad, la probidad y la fiabilidad en el tratamiento
de los casos. El arrojar por la borda normativas y reglamentos a la
búsqueda de la innovación empresarial no erradicará los problemas sino
que simplemente los cambiará. En lugar de ofrecer una situación de
permanentes "ganancias frente a ganancias", en oposición a una
situación burocrática en la que "nunca se gana nada", las formas
empresariales de conducta manifiestan tanto "virtudes" como "defectos".
La cuestión es si en el balance global los "defectos" asociados con la
administración ordenada, cauta y fiable son más generalmente aceptables
que los asociados con un estilo más creativo, arriesgado y empresarial
(Jordan, 1994; du Gay, 1994).
Una cosa es segura: quienes abogan por la gobernanza empresarial no
pueden ni siquiera concebir la cuestión en estos términos. Parecen
incapaces de representar a la "burocracia" en términos que no sean
negativos. La incitación a los lectores a que alimenten un "odio
público y apasionado a la burocracia" (Peters, 1987: 459) deja poco
espacio para ninguna evaluación positiva de la conducta burocrática. De
hecho, textos como los de Osborne y Gaebler (1992) o Peters (1987,
1992), les dicen a sus lectores muy poco sobre la organización técnica,
ética o social de las instituciones burocráticas, y punto. En lugar de
eso, su papel principal parece ser representar la diferencia entre la
la ética vocacional del burócrata y la del empresario, desde la
perspectiva de los principios empresariales. En lugar de describir el
ethos de la función pública, la crítica empresarializante busca evaluar
la burocracia en términos de la incapacidad de ésta paa realizar
objetivos que sólo le son impuestos por la empresa.
Delineando el ethos burocrático
Según los promotores de la gobernanza empresarial, la
burocracia está desacreditada tanto económica como moralmente.
Sostienen que la organización burocrática significa siempre con toda
probabilidad costes humanos, y por tanto financieros, puesto que el
privilegio que concede a la "racionalidad instrumental" conlleva
simultáneamente la represión y marginalización de su Otro—lo personal,
lo emocional y demás.
En
la organización burocrática tradicional, los roles estaban tan
circunscritos que la mayoría de las relaciones tendían a ser más bien
formales e impersonales. Unos empleos estrictamente definidos,
constreñidos por reglamentos y procedimientos, también tendían a ahogar
la iniciativa y la creatividad, y la atmósfera era emocionalmente
represiva. (Kanter, 1990: 280)
Según esta interpretación, la organización burocrática se basa en una
serie de exclusiones "fundacionales" cuya "presencia ausente" irrumpe a
la superficie de la organización en la forma de una serie de
"disfunciones" que sumadas la invalidan. Para respaldar esta
afirmación, los abogados de la gestión empresarial continuamente
señalan, entre otras cosas, a lo que ven como faltas de compromiso, de
motivación y de identificación en la fuerza laboral burocrática, faltas
que atribuyen directamente a los sistemas "racionalistas", "que aprecen
calculados para destruir la auto-imagen de sus empleados" (Peters y
Waterman, 1982: 57).
La ineficiencia, el despilfarro y la inercia son relacionadas
directamente con el hecho de que la organización burocrática no
funciona como un instrumento de "auto-optimización" para sus miembros.
En lugar de eso, su "esencia" misma se percibe como basada en una
separación de "la razón y de la emoción" y de "el placer y el deber",
que es desastrosa para la salud productiva de la nación, de la
organización, y para el carácter moral y emocional de los individuos
empleados.
Aunque al defender su argumentación la crítica empresarializante
instrumentaliza algunos elementos (muy seleccionados) de la obra del
más importante teorizador de la cultura burocrática, Max Weber—en
concreto aquellos párrafos en los que se ve la burocratización como
equivalente a un proceso general de desencanto y de deshumanización: la
infame "jaula de hierro" de la burocracia—sus conclusiones sobre los
defectos éticos de la burocracia son de hecho precisamente las
contrarias de las expresadas por Weber.
En su estudio clásico sobre la cultura burocrática, Weber (1968) se
niega a caracterizar el carácter impersonal, experto, procedimental y
jerárquico de la razón y de la acción burocrática como ineficaz y
moralmente desacreditado. Antes bien, deja bien claro que la función
burocrática consiste en un ethos concreto, o lo que él llama Lebensführung—no
sólo un conjunto de propósitos e ideales en el seno de un determinado
código de conducta, sino también modos y maneras de conducirse en un
determinado "orden vital". Insiste que la función burocrática debe ser
juzgada en sus propios términos como una institución moral específica,
y que los atributos éticos del burócrata deben contemplarse como logros
contingentes y a menudo frágiles de esa esfera de existencia moral
socialmente organizada.
Según Weber, la burocracia comprende las condiciones sociales de una
organización de la persona que es distintiva e independiente. Entre las
más importantes de esas condiciones están: que el acceso al puesto
público depende de una larga formación en una especialización técnica,
normalmente certificada por un examen público; y que la función pública
misma constituye una "vocación", un foco de compromiso ético y de
deber, con autonomía (y superior) frente a los lazos extraoficiales del
burócrata a su clase, parentela o conciencia. En el análisis que Weber
hace de la burocracia, estas condiciones definen a la función
burocrática como un departamento específico de la vida social, y le
proporcionan al burócrata un porte ético, y unas modalidades de
conducta, específicos. Los atributos éticos del buen burócrata—la estricta
adherencia al procedimiento, la aceptación de la jerarquía superior e
inferior a él, la dedicación a los propósitos de su puesto— no
representan una sustracción incompetente efectuada sobre una concepción
empresarial de la persona "completa". Antes bien, deberían contemplarse
como un logro moral positivo en sus propios términos. Representan el
producto de determinadas técnicas y prácticas éticas mediante las
cuales los individuos desarrollan la disposición y la capacidad de
conducirse según el ethos del puesto público burocrático (Hunter, 1991;
Minson, 1993).
En lugar de apoyar el estereotipo empresarial que entiende a la
burocracia como enemiga de la realizacion personal, Weber señala la
especificidad histórica del carácter "racional" de la burocracia. En
lugar de representar la negación de la implicación personal en el
desempeño del puesto, o la posibilidad de derivar un placer personal de
eso, el énfasis de Weber (1968: 359) en la naturaleza "impersonal",
"funcional" y "objetiva" de las normas y técnicas burocráticas se
refiere simplemente a dejar a un lado las formas pre-burocráticas de
clientelismo (...)
(Inciso. En nuestro departamento de la
Universidad de Zaragoza nos ocupó largos años un contencioso
administrativo, defendiendo las atribuciones de nuestro puesto docente
frente a una gestión de corte "empresarializante" promovida por los
catedráticos. Estos
querían organizar el acceso a la docencia sobre la base de la
pertenencia a sus
grupos de investigación—prioritariamente sobre los criterios
"burocráticos" del puesto, jerarquía y otros méritos de los profesores.
Y aquí denunciamos repetidamente, de hecho,
que los "nuevos" criterios de Calidad, de Competitividad, etc. que
invocaban dichos catedráticos, entroncaban de manera más que sospechosa
con "viejos modos" que no eran sino clientelares y feudales:
los catedráticos se reservaban el derecho de dar prioridad en los
puestos a quienes les rendían pleitesía y apoyo perteneciendo a sus
grupos de investigación—frente a profesores superiores jerárquicamente
(y en méritos, por cierto) pero que no pertenecían a esos grupos. Es
decir: el clientelismo y el favoritismo, plaga de la función pública y
que pervierte sus principios, adoptaba aquí la retórica de la Calidad y
de la Competitividad, típicas de la Gobernanza Empresarial, para seguir
perpetuando esas relaciones en un ecosistema cambiante. Y continuamos
en el mismo párrafo:)
(...) Lo que ha de excluirse como
"irracional" mediante esta forma de conducta no son los sentimientos
personales de por sí, sino una serie de prerrogativas e intereses
"privados" de grupos, que "gobernados como estaban por un ethos
enteramente distinto, en otros tiempos se habían considerado una
conducta legítima y 'razonable'" (Minson, 1991: 15). El ámbito
normativo de la racionalidad burocrática es muy particular. Como
observa Weber (1968: 973) observa: "esta administración libremente
creativa no constituiría un ámbito de acción y discrecionalidad libre y
arbitraria, de favor y valoración personalmente motivado, como el que
encontramos en las formas pre-burocráticas".
Weber procede a indicar que la racionalidad burocrática no funciona de
manera que excluya todos los sentimientos de la existencia en las
organizaciones. Semejante acusación (lanzada por quienes abogan por la
empresa, entre otros muchos) pierde de vista por completo el hecho
esencial de que la cultura burocrática no engendra antipatía hacia las
relaciones personales o emocionales en el seno de la función pública en
tanto que éstas no abran camino a la posibilidad de corrupción, por
ejemplo mediante el uso inadecuado del clientelismo, la tolerancia a la
incompetencia, o la traición a la confidencialidad. Como arguye Minson
(1993: 135), "la suposición de que existe una antipatía esencial entre
la burocracia y las relaciones informales, como la amistad, se basa en
una identificación romántica de tales relaciones con verse libre de
sujeción a normas, con la atracción espontánea, con la intimidad, y la
libre elección". Por tanto, cuando Weber describe la conducta
burocrática como algo que impide las acciones "personalmente motivadas"
es importante no seguir aquí a los promotores de la empresarialización,
que extienden la intención de Weber fuera de su ámbito propio, relativo
al ejercicio del clientelismo personal, para referirla a una exclusión
universal de los ámbitos personales o "privados".
En un paso similar, Weber también indica que lejos de ser moralmente y
emocionalmente vacuos, los modos de conducta "formalmente racionales"
sí que tienen una base ética. Como ha argumentado Charles Larmore
(1987: xiii-xiv), el concepto de "racionalidad formal" de Weber ha sido
indebidamente apropiado de manera continuada, y se le ha hecho servir
para unas funciones que nunca estuvieron en sus intenciones. Se
diferencia de su concepto gemelo de "racionalidad sustantiva" no por el
hecho de ser estrechamente "instrumental" y dependiente de fines
asignados arbitrariamente—como sugieren los abogados de la
empresarialización—sino por tener en cuenta la heterogeneidad de la
moralidad. En otras palabras, mientras que es cierto que el ethos
asociado con la racionalidad formal sí se basa en la premisa del
cultivo de la indiferencia a ciertos objetivos morales, esa misma
indiferencia se predica sobre la base de una consciencia de
la pluralidad irreducible, y de la frecuente inconmensurabilidad, entre
creencias morales que son objeto de adhesión apasionada—y
por tanto, sobre los posibles costes morales de atenerse a cualquiera
de entre ellas. Vista en este marco, la racionalidad formal va asociada
no al desarrollo de un instrumentalismo amoral, sino al cultivo de una "ética de la responsabilidad" pluralista y liberal,
que sí tiene en cuenta las consecuencias de intentar realizar unos
valores esencialmente contestables y que frecuentemente entran en
conflicto con otros valores.
En este sentido, la función burocrática representa un importante
instrumento ético y político en los regímenes democráticos liberales,
porque sirve para efectuar una separación entre la administración de la
vida pública por una parte, y el absolutismo moral privado por otra. Se
ha convertido, como indica Larmore (1987: 41-2) en "una condición de
libertad", porque permite "una separación significativa y liberadora de
lo público y de lo privado". Sin la emergencia de la esfera ética de la
burocracia y del rol del burócrata, jamás habría sido posible
establecer un amortiguador entre las virtudes cívicas y los principios
personales (uno de los principios constitutivos de la democracia
liberal moderna). Como arguye Michael Walzer (1984: 320), el "arte
liberal de la separación" que desempeña la burocracia es una fuente de
pluralismo, igualdad y libertad:
Bajo
la égida del arte de la separación, la libertad y la individualidad van
juntas. De hecho, invitan una definición única: podemos decir que una
sociedad (moderna, compleja, diferenciada) disfruta tanto de libertad
como de igualdad cuando el éxito en un ámbito institucional no es
convertible en éxito en otro—es decir, cuando las separaciones se
mantienen.
Empresarializando la burocracia: La empresa y la gestión pública
El ethos de la función pública, junto con su punto de honor principal,
que es la capacidad de dejar a un lado los otros compromisos privados
de uno, políticos, morales, regionales y de otro tipo, no deberí
contemplarse como algo obsoleto.4Sigue en
pie, por tanto, la cuestión de qué efecto posible tendrá sobre este
ethos un desplazamiento hacia formas de gestión empresariales.
La identidad misma de la gobernanza empresarial se constituye como una
oposición a la cultura burocrática. Quienes abogan por la empresa
tienden a representar a la burocracia en un lenguaje que no deja lugar
para evaluaciones positivas. Sin embargo, sólo es posible comenzar a
contestar la pregunta arriba formulada indicando las maneras en que las
normas y técnicas de la gobernanza empresarial podrían suponer una
amenaza para el "arte de la separación" burocrática.
Según la filósofa Amélie Rorty (1988: 7), el arte liberal de la
separación queda socavado, con frecuncia, cuando las prioridades de un
contexto determinado de ordenación vital se imponen sobre otros ámbitos
diferentes de la existencia. El discurso de la empresa está implicado
precisamente en ese tipo de "opa hostil", intentando como lo hace que
distintos tipos de ámbitos éticos queden reducidos a un mismo método de
gobernanza.
El rasgo definitorio de la gobernanza empresarial es la generalización
de la forma de la empresa a todas las formas de conducta: públicas,
privadas, voluntarias, etc. De este modo, una determinada concepción de
la persona como emprendedor, que se deriva de un determinado
ámbito de la existencia y pertenece propiamente a él (el ámbito vital
del mercado) se impone sobre otras esferas de la vida (cada una de las
cuales ha dado lugar a su propia concepción y sus propias prácticas y
modalidades de persona). Esto difumina los límites entre las diferentes
esferas de la existencia y, a mi entender, las libertades e igualdades
que se basan en el "arte de la separación" quedan puestas en entredicho.
Como argumentaba Weber (1968: 1404), el ethos que gobierna la conducta
del "burócrata", el del "empresario" y el del "político" no son
idénticos. Al examinar los distintos tipos de responsabilidad que estas
"personas" tendrían por sus acciones, Weber insistió en la
irreducibilidad de diferentes ámbitos de la vida ética y en la
necesidad concomitante de aplicarles diferentes protocolos éticos:
Un
funcionario que recibe una directiva que considera equivocada puede, y
debe, presentar sus objeciones a ella. Si su superior insiste en que se
ejecute, es su deber e incluso su honor el llevarla a cabo como si
correspondiese a su convicción interna y demostrar de esta manera que
su sentido del deber está por encima de sus preferencias personales.
(...) Éste es el ethos de la función pública. Un líder político que
actuase de esta manera merecería desprecio. A menudo se verá obligado a
hacer compromisos, lo que quiere decir sacrificar lo menos importante a
lo más importante. (...) "Estar por encima de los partidos", en
verdad, mantenerse fuera de la lucha por el poder—es el papel del
empleado público, mientras que la lucha por el poder personal, y la
resultante responsabilidad política, es la sustancia vital del
político, como también del empresario (énfasis añadido)
(Siendo los catedráticos funcionarios, tienen también fama de ser un cargo político
infiltrado en la academia—no necesariamente de la gran política, pero
sí desde luego de la búsqueda de poder y de influencia. Así, no
es sorprendente que sean los catedráticos los mayores promotores de la
gobernanza empresarial—sus instrumentos y sus capataces—máxime cuando
esta nueva gobernanza
entronca con viejas tradiciones feudales que también casan mal con el
arte liberal de la separación a que se refiere du Gay. No cabe duda de
que las separaciones entre político, funcionario y empresario señaladas
por Weber son hasta cierto punto ideales, y que política hay en todos
los ámbitos de la vida, y políticos también—pero hay grados. En la
academia, son los más políticos quienes llegan a catedrático, y quienes
son detectados por otros catedráticos como los que pueden pertenecer al
club. Y esto se hace detectando en los candidatos su disposición al
intercambio de favores mutuos, y al respeto del feudo ajeno—o sea,
precisamente por la corrupción de su papel como funcionarios. Y la
hipotética promoción a cátedras es el mejor instrumento de manipulación
de que los que ya son catedráticos disponen, para torcer las voluntades
de funcionarios ya aposentados, y tentarlos con el intercambio de
favores).
Al exigir —en nombre del "mercado", del "cliente" o de lo que sea— que
la conducta ética del administrador público se juzgue según el ethos de
la emprendedor, el discurso de la empresa exige a los burócratas del
sector público que asuman el rol de hombres de negocios. Como aduce
Larmore (1987: 99), semejante "confusión de ámbitos" puede tener
consecuencias desastrosas. Al buscar instilar un fuerte sentimiento de
"propiedad" personal para determinadas políticas entre los
administradores públicos, por ejemplo, quienes promueven a los
"emprendedores" (Osborne y Gaebler 1992) parecen haber perdido de vista
por completo el crucial papel cívico y ético de la función pública a la
hora de separar la administración pública de los entusiasmos morales personales.5
(A este respecto, casi no hace falta añadir que en la Universidad
española, no hay que esperar a la Gobernanza Empresarial para que
determinados departamentos, o "cátedras" como los llaman aún algunos, o
determinados programas, se vean como una cuestión de propiedad personal de
la figura en cuestión que resulte ser el mandamás de determinado
corral. Es curioso que desde las propias administraciones
universitarias se conocen estas actitudes, y se promueven por la vía de
no ponerles coto. En mi propio departamento, repetidamente he tenido
que oír que mi departamento pertenece en realidad a tal persona catedrática, o que el máster es el máster de Cual...
y no sólo he tenido que oírlo, sino
tambien hay que apechugar día a día
con las consecuencias de estas actitudes y presuposiciones. A esto me
refiero cuando digo que la Gobernanza va a encontrar terreno abonado
para estas políticas de implicación personal, por no decir de
apropiación personal
de ámbitos de actuación públicos—si bien en este terreno abonado va a
toparse con un ingrediente de continuidad con el feudalismo que no sé
si entrará en los cálculos de quienes promueven la Gobernanza, pero que
desde luego nunca aparece reconocido como un posible problema en sus
entusiastas planteamientos. Añádase a esto que cuando hablamos de
empresa en la Universidad pública, habría que ponerlo muy entre
paréntesis, pues es una empresa
fuertemente subvencionada—la habilidad empresarial estriba no tanto en
atraerse clientes, como en lograr que sigan derivándose fondos públicos
al ámbito en cuestión, aduciendo su valor estratégico, su papel
cultural, o su ubicación estructural).
Semejante "olvido" se inscribe en
el marco de demasiadas de las reformas del sector público que están
teniendo lugar en la actualidad en todas las sociedades democráticas
liberales. En el Reino Unido, por ejemplo, la introducción de normas y
técnicas "empresariales" en la función pública como resultado de la
iniciativa Next Steps ("Próximos Pasos") parece destinada a socavar el
ethos burocrático. Los funcionarios de alto nivel, según parece, se ven
cada vez más alentados a adoptar un estilo "yo puedo" de conducta,
caracterizado por "una actitud decidida y una capacidad de sacar los
asuntos adelante, en lugar del estilo más tradicional que pone mayor
énfasis en el análisis de opciones y en recomendaciones de actuación
basadas en ese análisis" (RIPA, 1987). El peligro obvio aquí es que a
los empleados públicos se les exige ahora que desarrollen entusiasmos
"personales" hacia determinadas políticas y proyectos, y como
consecuencia el "ethos de responsabilidad" burocrático (liberal y
pluralista) se está erosionando. Como ha comentado Richard Chapman
(1991b: 3) en relación a estas reformas, "El énfasis que se pone en el
carácter emprendedor, en la iniciativa, y en un estilo de gestión más
empresarial (...) parece estar extrañamente en desacuerdo con las
expectativas de los funcionarios que trabajan en una burocracia".
El paso central de Next Steps—la sustitución de una función pública
"unificada" para reemplazarla por una multitud de agencias
"autónomas"—está explícitamente representado como una manera de
empresarializar el sector público. (Esto
de las "agencias autónomas" no sólo nos recuerda en España a todas las
privatizaciones y "externalizaciones" por capítulos de antiguos
servicios centrales del Estado—Hacienda, Renfe, Telefónica, Correos,
Aena, etc... sino a otro fenómeno emparentado con éste que ha tenido
lugar en la Universidad: la profusión de agencias evaluadoras, ANECAS,
Anequillas locales, CNEAIs, etc. para organizar la competitividad del
sector público, la adjudicación de incentivos a la producción, de
ayudas a proyectos, etc. Y, de modo más general, la orientación
exclusiva de los fondos de investigación no a través de las estructuras
de las universidades, sino únicamente a través de "concursos" de proyectos.
La proliferación de universidades privadas que ofrecen títulos
oficiales es otra cara de este proceso. En el futuro, al igual que la
Academia Militar de Zaragoza llegó a contratar a una empresa de
seguridad privada para controlar la seguridad en la Academia y vigilar
y proteger a los soldados (¡!), el Estado planificará —sin duda a
través de una agencia de éstas— las características de los servicios
educativos, titulaciones, etc. que haya que ofrecer al ciudadano, y
seleccionará a las empresas educativas que hayan de ofrecerlos, ya
completamente externalizados, tras un concurso que ganará quien mejor
recorte gastos). Se aduce
que las "nuevas" agencias están estructuradas para permitir que los
funcionarios públicos "obtengan una sensación de propiedad y de
identificación personal con el producto" (Goldsworthy, 1991: 6). Antes
que buscar moderar los entusiasmos perfectamente comprensibles de los
funcionarios públicos hacia determinados proyectos y políticas, el
sistema de las agencias parece diseñado para incitarlos.
(Ver aquí dos comentarios jocosos más, de mi blog, sobre esta cuestión de los proyectos y equipos de proyectistas. Uno: IDI OT; otro: Esto apesta; otro: Investigaciones oficiales; y otro: Investigación en grupo... o tribu.
José Carlos Bermejo Barrera ha comentado certeramente la extraña lógica
que produce la interferencia de criterios financieros y competitivos en
el seno de la función pública, hablando del "capitalismo imaginario" de los proyectistas universitarios).
El
personal, se nos dice, ahora con frecuencia se conciben a sí mismos
como miembros de un departamento o agencia específica, no a un cuerpo
funcionarial más amplio.
(En nuestro departamento, al menos, sí se ha llevado mucho el discurso
de contraponer los intereses del departamento o la filosofía del
departamento a los intereses o normas o filosofía de la Universidad. O
a la filosofía, sin más). Trabajan
en unidades que, lejos de manifestar un espíritu de equipo con un ethos
común, compiten entre sí (...). Se hacen ahora esfuerzos por estimular
en ellas sentimientos de empresa e iniciativa, y no puede haber duda de
que éstos han resultado en un cambio fundamental, abandonando un ethos
(...) que contribuía a la identidad de la función pública (Chapman
1991b: 3).
Los defensores de estas reformas
parecen incapaces de imaginar que la gestión empresarial y la
administración pública no son idénticas en todo punto. Aunque sí hay un
sentido en el que el estado y la empresa privada son tanto uno como
otro "empresas" racionales—deliberada y explícitamente dirigidas a la
promoción de objetivos y fines de una manera eficaz y efectiva—la
administración pública difiere de de la gestión empresarial ante todo
por las restricciones impuestas por el entorno político en el seno del cual los procesos de gestión se llevan a cabo. Como ha sostenido Neville Johnson (1983: 193-4) entre otros:
Sin
duda, el funcionario del sector público (...) está ocupado en gran
medida en el uso y despliegue de recursos que se han quitado al público
al que sirve, y que se le devuelven en forma de prestaciones y derechos
legitimados por el sistema de gobierno. Está claro que en estas
circunstancias tiene una responsabilidad respecto del uso eficiente de
los recursos, y con este fin debe estar dispuesto a (y ser capaz de)
usar los métodos de gestión que ofrezcan las mejores perspectivas de
funcionamiento óptimo. Pro la función de los empleados públicos no
puede definirse sin más en términos de lograr resultados de manera
eficaz. También existe el deber de respetar los diversos límites
impuestos sobre su acción por las instituciones públicas y de
satisfacer los imperativos políticos de la gestión pública—la lealtad a
quienes son políticamente responsables, la deferencia hacia la opinión
parlamentaria y pública, una sensibilidad ante la complejidad de los
intereses publicos, honestidad a la hora de dar consejo, y demás. A
partir de estos compromisos es de donde se formó una ética profesional
en la función pública. Aunque en los últimos años se ha debilitado, no
podemos permitirnos el prescindir de ella. Y eso porque un sistema de
gobierno representativo exige que los funcionarios custodien los
valores relativos al proceder que en van encanados en él. No debería
permitirse que este hecho quede oscurecido por la actual preocupación
por una gestión eficaz, por la productividad, y por la obtención de
resultados. La busca de una gestión mejor en el gobierno, por
importante que sea, tiene que reconocer los límites políticos a los que
va subordinada.
El representar a la burocracia simplemente en términos económicos como
una forma ineficaz de organización, no tiene en cuenta el papel ético y
crucial de la función pública en las sociedades democráticas liberales.
Si la burocracia ha de reducirse o abandonarse, y se va a adoptar una
modalidad de gestión empresarial, entonces ha de reconocerse que aunque
la "eficiencia económica" podría mejorar a corto plazo, entre los
costes a largo plazo asociados con esta aparente "mejora" podrían
encontrarse la equidad, la probidad, la igualdad compleja, y otros
rasgos "cualitativos" cruciales del gobierno democrático liberal. Como
aduce Chapman (1991a: 17):
Cuando
se centra la atención en la gestión del sector público como algo
diferente de la gestión en otros ámbitos, un tipo claramente
burocrático de organización, con ordenación de la responsabilidad tanto
en la jerarquía como frente a los representantes electos, puede
significar que lejos de ser ineficaz, es de hecho el tipo más adecuado
de organización. (...) Consiguientemente, el contemplar a la burocracia
como un tipo de organización ineficaz puede reflejar una comprensión
superficial de la burocracia y, quizá, una perspectiva miope sobre la
gestión del sector público. Puede que la burocracia sea más costosa que
otros tipos de organización, pero no es sorprendente, visto que la
democracia tampoco es necesariamente la forma de gobierno más barata.
No hay peligro de que olvidemos los desastres y riesgos a que son
proclives las democracias si de vez en cuando hacemos memoria de las
amenazas contra las que nos protegen—entre otras, la que plantea un
empresarialismo desbocado.
Observaciones finales
Bien puede ser que haya
motivos apremiantes para hacer que ciertas burocracias respondan más al
los públicos a los que sirven. También es posible que determinados
enfoques "emprendedores" a este proyecto no carezcan de mérito—ciertos
servicios de entre los que ahora proporcionan las burocracias estatales
podrían quizá estar mejor gestionados por organizaciones cívicas,
de forma que se potenciase, en lugar de ponerse en peligro, el
arte liberal de la separación. Sin embargo, estas decisiones deberían
tomarse atendiendo caso por caso. El admitir la sagacidad de este paso
en un caso no significa que todos los servicios puedan o deban
eliminarse de las burocracias públicas para entregarlos a
organizaciones cívicas. Alimentar el deseo de que sí debería hacerse
esto es perder de vista el crucial papel ético y político de la función
pública a la hora de separar la administración pública del absolutismo
moral.
La burocracia pública es una institución clave de las sociedades
democráticas liberales. Las reformas de esta institución—por ejemplo
las reducciones de su tamaño y costes—pueden ser bienvenidas, en tanto
no socaben su papel ético y político arriba expuesto.
De modo paralelo, el sostener que hay límites claros para la eficacia
de la difusión de normas y técnicas empresariales en el sector público
no supone decir que semejantes formas de gobernanza sean uniformemente
malas. Quiere decir simplemente que esas normas y técnicas, y las
concepciones de la persona a que dan lugar, no deberían imponerse de
modo unilateral en otros ámbitos de la existencia.
Sectorializadas de modo adecuado, tanto la forma burocrática de gestión
como la empresarial pueden conciliarse, aunque nunca sea de manera
definitiva. No será de manera definitiva porque el "arte de la
separación" democrático liberal nunca consigue lograr algo parecido a
la sectorialización total. Dado que las fronteras son ambiguas, siempre
pueden ser trazadas de nuevo aquí o allá, de modo experimental y a
menudo equivocado. Es el riesgo inevitable de la democracia liberal.
Como ha expuesto Lefort (1988: 19), el surgimiento de los regímenes
democráticos liberales significa "la disolución de los marcadores de
certidumbres".
Sin embargo, aun en los casos en que las separaciones sí se mantienen,
siempre han de estar en tensión, puesto que los hábitos de acción
característicos de los diferentes "ámbitos" constitutivos tenderán a
entrometerse uno con otro. Es dudoso que lleguen jamás a estabilizarse
las líneas fronterizas, y el carácter cambiante de los estados y de los
mercados requiere, en cualquier caso, su revisión constante, "de modo
que no hay final previsible a la debate y a la lucha por la
demarcación de los límites" (Walzer, 1984: 328-3).
Notas
1. William Waldegrave, el ministro responsable de
administraciones públicas, admitió que "le resultaba muy reconfortante
el decidido apoyo expresado en el informe al convencimiento por parte
del Comité de Cuentas Públicas de que no hay en absoluto ninguna
contradicción entre las nuevas estructuras de eficiencia que hemos
incorporado y el mantenimiento de los estándares adecuados" (citado en
el Guardian del 28 de enero
de 1994, p. 1).
2. Es interesante observar que la burocracia siempre se representa como
una forma enteramente pasiva. Jamás hay reconocimiento alguno de las
capacidades productivas de las organizaciones burocráticas—del hecho de
que la "burocracia" construye activamente un entorno predecible, en
lugar de simplemente "acomodarse" a algún espacio estable ya existente.
3. A este respecto hay que recordar que en el momento en que
surgió—en la época de las guerras religiosas llevadas a cabo en nombre
de absolutos morales— la capacidad de la burocracia consistente
precisamente en divorciar la administración pública de los entusiasmos
morales privados, fue lo que ayudó a establecerla como el instrumento
privilegiado de las políticas gubernamentales pragmáticas. La capacidad
burocrática para establecer un amortiguador entre los principios
personales y las virtudes cívicas es un logro político siempre fácil de
subestimar. (Querría agradecer a Ian Hunter el hecho de atraer mi
atención sobre este punto y sobre el siguiente).
4. Piénsese en los escenarios políticos en los que la conducta pública
y los ideales personales no están divorciados—entre ellos la antigua
Yugoslavia y el Líbano. Es demasiado fácil, sobre todo para los
"radicales" de las ciencias humanas y sociales, olvidar que la
capacidad que tiene la burocracia de divorciar la política de los
principios absolutos es un logro histórico contingente y frágil, que no
deberíamos dar por sentado quienes vivimos en sociedades pacificadas.
5. Hay varios ejemplos famosos de los desastres que pueden acaecer
cuando los funcionarios públicos actúan de formas propias de un
empresario o de un político. Con respecto a la administración pública
británica, puede verse por ejemplo la exposición que hace Richard
Chapman del caso de Crichel Down. (Y para un caso local, hispano-zaragozano, aquí está el "Epílogo al Asunto"—
comentario sobre un contencioso administrativo que nos enfrentó, en la
Universidad de Zaragoza, a los profesores que sin éxito solicitábamos
docencia en un máster oficial gestionado de modo altamente
"empresarial", "competitivo" y "personalista"—un caso que se
resolvió, al cabo de cinco años, cuando un juez ordenó aplicar los
criterios generalmente vigentes en la función pública, y no los
criterios "de calidad competitiva" generados por la propia unidad para uso interno).
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Siendo que nunca podemos saber cuándo nos falta información
esencial para entender una situación—o la estructura de la realidad—hay
que reconocer que poco se sabe, que todo conocimiento es provisional y
falible, y que nunca sabemos a ciencia cierta que entendemos algo
correctamente.
Que
cuando se nos abren los ojos o salimos del error se produce un efecto
de verdad luminosa por contraste—pero que eso no garantiza la solidez
de
nuestras suposiciones en aquellos casos en los que no se produce una
iluminación retrospectiva.
Mucho de lo que consideramos conocimiento es ignorancia compartida. Y
de la mayoría de nuestras ilusiones no nos veremos liberados.
De dioses y hombres
Pues no me ha gustado tanto como esperaba la película de Xavier
Beauvois, "Des hommes
et des dieux."
Síntesis para quien no sepa de qué va: Unos benedictinos franceses
viven en un pequeño monasterio de un pueblo de Argelia, a mediados de
los años 90—tienen excelentes relaciones con la gente del pueblo. Pero
empieza a haber asesinatos fundamentalistas que horrorizan al gobierno,
a la población y (claro) a los propios monjes. Tienen miedo y dudas de
si correr el riesgo de seguir, o si marcharse por no arriesgarse al
"martirio". Deciden quedarse, no por voluntad de mártires sino por
seguir su trabajo y su vocación, sobreponiéndose al temor. Al final,
son asesinados (todos menos dos que se esconden a tiempo). Unos títulos
de crédito finales nos informan sobre la realidad de la película y el
destino de los personajes.
La película tiene la Palma de Oro de Cannes de 2010, o sea que muy mala
no va a ser, partamos de eso. Pero es excesivamente lenta, minimalista,
basando gran parte del argumento en los rituales estáticos de los
monjes, que a ellos (y al espectador por identificación) le comunican
serenidad, estabilidad, buena voluntad y paz de espíritu. Está muy bien
logrado el retrato de la comunidad, sus relaciones con los vecinos, la
confusión que rodeó a las matanzas de Argelia—no quedaron bien
explicadas entonces, no las interpreta más la película, no se entienden
aún hoy, y seguramente no hay quien las entienda. El conflicto humano
consiste en el compromiso que retoman los monjes con su fe y con su
elección de vida, cada cual con sus matices—hay quien ha perdido la fe,
hay quien no tiene otra vida a la que volver... en realidad ése es el
caso de todos. Al principio, el abad, Christian (nombre casi propio de Pilgrim's Progress),
un punto iluminado, impone a los demás la decisión de quedarse y de no
pedir protección policial. Se lo reprochan—y llegan a entederse, y los
que tenían dudas eligen quedarse. Los conflictos en la comunidad son
tan minimalistas como los cantos religiosos de la banda sonora y como
la vida austera de rezos y trabajos que llevan. En la fila de atrás
comentaba un espectador despistado a su vecino "Pues de tías no es la
película precisamente".... En muchos aspectos, en el retrato de
una comunidad religiosa bajo el terror, en las actitudes ante la muerte
y de renovación de compromiso con la vocación, parece la película una
adaptación o remake de Diálogos de
las carmelitas de Georges Bernanos.
Bien, pues hasta aquí, cine de
cineclub, acción lenta y repetitiva, visión religiosa y modestamente
abnegada ante el mundo y ante los dilemas de la vida y la muerte, le
dan el premio, todo bien. No es el cine que más me va, pero pase.
Lo que no me ha gustado es algunos gestos estilísticos que llevan al
director a ser más papista que el papa, o sea, más buenista que los
monjes mismos, en su representación de los terroristas y de la actitud
de los monjes hacia ellos. Los monjes son buenistas, a la vez que
resignados y críticos con la violencia ambiental que enfrenta a los
terroristas con la sociedad. Bueno, críticos podrían ser más—pero un
monje no está sobre todo para ser crítico, sino supongo que para
aceptar lo que ellos interpretan como la voluntad de Dios. Dicho sea de
paso que interpretar la vida como resultado de la Voluntad de Dios es
la mejor receta para una empanada mental que te impida entender nada en
el mundo, y lleva inevitablemente a la renuncia de todo lo terreno
porque acaba siendo un valle de lágrimas—los monjes viven orientados al
más allá imaginario, viviendo por anticipado la redención y la
salvación y compensando con eso la frustración de sus vidas reales, a
las que por así decirlo han renunciado por anticipado. Una receta
vital lamentablemente errónea, esta de vivir en el otro mundo (para mí,
no para la película), y remito a la crítica que hace Nietzsche de estos
mundos transcendentales. Claro que los monjes también han de seguir
viviendo en
este mundo, y sus acciones han de seguir teniendo sentido humano a
pesar de estar con un pie fuera de la realidad. Este mundo nuestro está
hecho,
en gran medida, de personas que actúan según normas de mundos
imaginarios en él incluidos—los fundamentalistas también, por ejemplo—y
en este sentido los monjes son muy preferibles. En sus propios
términos, ni siquiera son mártires vocacionales, aunque tenga gran
dignidad y aún mayor mérito su elección de seguir allí. En este sentido
no critico a los monjes ni a sus opciones (una vez aceptado que son
monjes). Pero sí a algunas cosas que hace el director con ellos. Acepto
también como maniobra retórica cristiana el paralelismo que hace entre
la pequeña comunidad y Cristo con sus apóstoles—ver ilustración—aunque
Christian es, claro, un Cristo muy humano, limitado y falible. Medita
sobre su influencia en las vidas y destinos de sus compañeros, pero
elige el camino de la coherencia y del riesgo, antes que la retirada o
que doblegarse ante el terrorismo, y acepta su destino aunque no lo
hubiera deseado. Ahí poco que criticar, aunque dan pena estas gentes,
cuya identidad depende tanto de su grupo, no tiene en realidad ningún
otro asidero, que unos por otros acaban tomando una decisión que les
resultará fatal, no buscada pero no prudentemente evitada tampoco.
Pero el director va más allá, y presenta a los monjes como casi
equidistantes entre los terroristas y el Estado argelino, o igualmente
ajenos a ambos. La policía es desagradable, se sugiere que es opresiva
y brutal—aunque de modo poco coherente, porque aquí no se les muestra
en realidad oprimiendo a la población. Matan a un líder terrorista, y
les parece mal que Christian rece por él. Tienen pocas contemplaciones
con la gente—pero se nos dice que la gente es a los terroristas a
quienes odian, porque los masacran indiscriminadamente. No parece
apropiada una equidistancia, ni los gestos del director de
contemporizar con esas bestias con dos patas que van degollando
extranjeros o nacionales, mujeres u hombres, musulmanes o cristianos.
Son los bandoleros de siempre, matones subidos de testosterona y bajos
de empatía, que aquí cuentan además con ciertas esperanzas de
apoderarse del poder y poner a todo el país a bailar a su son. Quienes
los condenan sin paliativos son los más lúcidos o elocuentes miembros
de la comunidad musulmana. Pero la película contemporiza con ellos:
pasa de mostrarlos bajo esta luz—canalla sanguinaria— a presentarlos
como unos guerrilleros en lucha contra un régimen opresivo—para al
final, identificarlos casi con los monjes en un destino común. La
película termina con una fila abyecta (nunca personas han andado así en
fila) de monjes y terroristas perdiéndose en la niebla—compartiendo una
humanidad por así decirlo, y la voz en off los perdona en boca de
Christian, cosa que, puestos a perdonar, se le perdona a un monje, pero
no a un director de cine. El director no es monje que yo sepa, pero es
un buenista occidental, de eso no me cabe la menor duda, y está más que
dispuesto a hacer gestos de cristianismo excesivo para decirnos que
estas bestias pardas del kalashnikov son sólo pobres pecadores que
merecen el perdón tan pronto como cualquiera, o antes. La procesión que
se pierde en la niebla parece que vayan rezando juntos y en paz, pero
unos son los que van a cortar la cabeza del que va con ellos, y otros a
que se la corten mansamente. El tono es, trágicos pelillos a la mar,
aquí estamos todos en la Tierra cada cual con sus penalidades y pasando
nuestro calvario, pero en el Cielo todos nos reconciliaremos. Es
ofensivo y grotesco que una película sobre este tema adopte este tipo
de buenismo aguachinado—al menos es propio de una marca de cristianismo
que no comparto yo en absoluto.
En otros aspectos de la película se ve esta inexplicable
contemporización del director con la peor canalla, por prurito de
cristiandad—esforzándose por hacernos entender su humanidad y sus
posibilidades (hipotéticas) de redención. Cuando vemos al terrorista
muerto, una especie de mezcla entre Barrabás, Jesucristo y el Che. O,
también, es un detalle pero afea a la película como un grano, cuando
uno de los terroristas heridos se nos presenta en escorzo calcando la
postura y perspectiva exactas del escorzo de Cristo
muerto pintado por Mantegna.
Pues no, señores, de Jesucristo nada tiene ese mozarrón paleto asesino,
y la cámara que nos lo intente mostrar bajo esa luz está bastante
desenfocada, y los que la premian también. Este tipo de prédicas yo, al
menos, las dejo para la Iglesia vasca.
En fin, que el éxito inesperado de la película es, además, poco
justificable. Y, por otra parte, debería traducirse el título como Hombres y dioses—no De dioses y hombres.
Los dioses por cierto se echan poco de ver, a no ser en las fantasías
de los hombres; aquí todos son humanos, demasiado humanos, aunque
piensen otra cosa. Ya se sabe que los humanos habitamos en un mundo
virtual—estos terroristas y estos monjes, aún más que los demás, y es
humano hacerlo—pero sólo en eso se parecen unos a otros, y no hay que
ponerlos en el mismo saco ni en la misma fila india.
Des hommes et des dieux. Dir.
Xavier Beauvois. Written by Xavier Beauvois and Etienne Comar. Cast:
Lambert Wilson, Michael Lonsdale, Olivier Rabourdin, Philippe
Laudenbach, Jacques Herlin, Loïc Pichon, Xavier Maly, Jean-Marie Frin,
Abdelhafid Metalsi, Sabrina Ouazani, Abdellah Moundy, Olivier Perrier,
Farid Larbi, Adel Bencherif, Benhaïssa Ahouari. Photog.France: Why Not
Productions / Armada Films / France 3 Cinéma, 2010.
Origen y estructuración emergente de
la interioridad
Distintas teorías sobre el origen de la interioridad se pueden
encontrar, pero según las mejores autoridades donde hay que buscar el
origen de la interioridad es en la exterioridad—en las relaciones
sociales. La interioridad sería, pues, una exterioridad internalizada,
una especie de socialidad virtual que, desplazada y convertida en una
representación, divide al sujeto por dentro en varios papeles que
vienen a representar dentro
una especie de psicodrama simbólico de lo que sucede fuera—de las relaciones sociales
que han constituido al sujeto como tal en primer lugar.
Esta noción se puede encontrar en la teoría freudiana de la
constitución del sujeto: es a través del establecimiento de relaciones
y de la ubicación en la pequeña comunidad de la familia como el sujeto
va generándose, estructurándose, y desarrolla un ego que es una especie
de representación o relación a sí—un sistema de relaciones agónicas del
sujeto consigo mismo y con otras partes del conjunto psíquico que lo
constituye, partes que también son resultado de una interiorización de
fuerzas de relación entre el sujeto y lo que le rodea—el superyó por un
lado, el inconsciente o el ello
por otra, etc., en las diversas formulaciones de la teoría freudiana. A
la teoría de Freud se le achaca que se centra demasiado en la infancia
y en las estructuras más básicas de constitución del sujeto, y es
cierto que el pequeño teatro del drama familiar se vuelve asfixiante si
queremos reducir a él los matices y la complejidad de la constitución
interna del yo. Necesitamos tener en cuenta relaciones sociales mucho
más complejas.
Otra teoría clásica de la génesis de la interioridad, muy influyente
sobre el pensamiento postestructuralista del siglo XX, es la de
Nietzsche, tal como la expone en La
Genealogía de la Moral.
Este es una pasaje clásico, en el que expone cómo la conciencia
compleja de sí se genera a través de la mala conciencia y de la
frustración—que a su vez resulta de un proceso de internalización de
relaciones sociales de conflicto, dominio, leyes y poder—y una
psicomaquia que enfrenta al sujeto autorrepresentado a las figuras de
autoridad simbólica, jefes o dioses, interiorizadas por la imposición
de la norma social:
16.
Al llegar aquí no puedo dejar de
formular provisionalmente mi hipótesis respecto al concepto de "mala
conciencia". No es fácil conseguir que se escuche esta hipótesis, que
aspira a ser meditada largo tiempo, custodiada y rumiada. (Yo
recuerdo cómo leí este pasaje a los dieciséis años y desde luego me ha
vuelto a menudo a la cabeza y lo he rumiado con frecuencia—y a los
cincuenta vuelvo sobre él, para relacionarlo con otras teorías de la
subjetividad. Ya me vale, como rumiar). Creo
que la mala conciencia es la profunda dolencia a la que habría de
sucumbir el hombre bajo el peso de la más radical modificación de todas
las experimentadas, la cual no es otra que la que se produjo cuando se
vio definitivamente encerrado en el sortilegio de la sociedad y de la
paz. Lo mismo que hubo de pasarles a los animales marinos cuando se
vieron ante la alternativa de o transformarse en animales terretres o
perecer, les ocurrió a estos medio animales adaptados felizmente a la
selva, a la guerra, a andar errantes y a la aventura. De golpe, todos
sus instintos quedaron degradados e "inutilizados". A partir de
ahoradebían andar de pie y "cargar consigo mismos", cuando hasta ese
momento les había sostenido el agua. Una terrible pesadez les
aplastaba. Se veían incapaces de realizar las más sencillas funciones;
para este mundo nuevo y desconocido, no disponían ya de esos viejos
guías suyos que eran los instintos reguladores e inconscientemente
infalibles. Estos desdichados se veían reducidos a pensar, razonar,
calcular, combinar causas y efectos: se verían reducidos a su
"conciencia", su órgano más pobre y más expuesto a errar. Creo que
nunca se ha dado en la tierra una sensación tal de miseria ni un
malestar tan pesado. Por otra parte, los viejos instintos no habían
dejado, de golpe, de reclamar sus exigencias; sólo que era difícil, y
pocas veces posible, satisfacerlas. Para lo principal, hubo que buscar
formas nuevas y subterráneas, por así decirlo, de apaciguarlos. Todos
los instintos que no se descargan hacia fuera se vuelven hacia el
interior. A esto le llamo
la interorización
del
hombre. Sólo con esto se desarrolla en él lo que más tarde se
denominará "alma". Todo el mundo interior, originariamente enjuto, como
encerrado entre dos pieles, se fue separando y creciendo, fue logrando
profundidad, anchura y altura, en la medida en que se fue inhibiendo
la descarga del hokmbre hacia fuera. Los baluartes con los que se
protegía la organización social de los viejos instintos de libertad—los
castigos, principalmente, entran dentro de tales baluartes—lograron que
todos los instintos del hombre salvaje, libre y vagabundo retrocedieran
y se volvieran contra el propio
hombre. El
origen de la "mala conciencia" no es otro que la vuelta contra su
poseedor de los instintos de hostilidad y de crueldad, del placer de
perseguir, agredir, trastocar y destruir. A falta de enemigos y de
resistencias externas, encerrado en la estrechez opresora y en la
regularidad de las costumbres, el hombre se desgarraba a sí mismo, se
persuguía, se mordía, se intranquilizaba y se hacía daño con
impaciencia. El inventor de la "mala conciencia" fue ese animal al que
se trataba de "domesticar" y que se golpeaba enfurecido contra los
barrotes de su jaula, este ser al que le faltaba algo, devorado por la
nostalgia del desierto, que hubo de crearse a partir de sí mismo una
aventura, una cámara de torturas, una comarca insegura y peligrosa,
este loco, este encarcelado lleno de añoranza y de desesperación. Pero
con la "mala conciencia" se había introducido la mayor y más siniestra
enfermedad, una dolencia de la que hasta ahora no se ha curado la
humanidad: el hombre enfermado por
el hombre, por sí mismo.
Y ello como resultado de su separación violenta de su pasado de animal,
de un salto y una caída, por así decirlo, en nuevas situaciones y en
nuevas condiciones de existencia; como resultado de una declaración de
guerra contra los viejos instintos en los que hasta ese momento
descansaban su fuerza, su placer y su fecundidad. Añadamos
inmediatamente, por otra parte, que, al volverse un alma animal contra
sí misma y tomar partido contra sí misma, y tomar partido contra sí
misma, había surgido en la tierra como algo tan nuevo, profundo,
inaudito, enigmático, contradictorio y lleno de futuro,
que el aspecto de la tierra cambió radicalmente. De hecho se
necesitaron espectadores divinos para que valoraran en sus justos
límites el espectáculo que entonces empezó y cuyo final resulta todavía
totalmente imprevisible. Era un espectáculo demasiado admirable y
demasiado paradójico como para que pudiera representarse en un ridículo
astro cualquiera, siendo absurdo que no lo presenciara nadie. Desde
entonces el hombre es una de las más inesperadas y apasionantes jugadas
de suerte que juega el "gran niño" de Heráclito, llámesele Zeus o Azar.
Desde entonces suscita un interés, una tensión, una esperanza y casi
una certeza, como si con él se anunciara o se preparara algo, como si
el hombre no fuera una meta, sino sólo un camino, un incidente, un
puente, una gran promesa...
(En este párrafo final
se verá naturalmente, en Nietzsche, como un anuncio del Superhombre,
sea eso lo que sea. Me interesa más mostrarlo como evidencia de la
consciencia de Nietzsche de que el hombre es un ser en
evolución—evolución que lo constituye primero, y evolución cultural y
conceptual después que lo convierte en un ser maleable, flexible, en
proceso, un ser cuya organización social y psíquica no es estable sino
fundamentalmente, inherentemente, emergente. E inestable, claro. Por
otra parte, se aprecia claramente una continuidad entre este
razonamiento de Nietzsche, profundamente evolucionista para la época en
que se formuló, y las perspectivas actuales de la sociobiología—quizá
más reconocibles aquí en su vertiente un tanto extremista que ve en el
hombre al mono desnudo, un primate con jet lag cuya evolución acelerada
le ha dejado un tanto desorientado, acarreando a cuestas muchos
instintos aptos para la vida del Paleolítico pero que están fuera de
lugar en el ambiente urbano civilizado, o en las formas sociales
complejas sin más. O, más bien: que
estarían
fuera de lugar si no fuese porque esas formas sociales no son todo lo
civilizadas que parecen a primera vista, sino que de hecho son, de
principio a fin, obra del mono loco que juega a ser civilizado, y que
está en ellas en su salsa (de ahí la diferencia crucial entre la
gramática y la gramática parda. Ver para más debate sobre esta cuestión
del Cromañón que llevamos a cuestas el artículo Ficción
narrativa y evolución).
17. Como condición de esta
hipótesis sobre el origen de la mala conciencia se incluye, ante todo,
la afirmación de que esa modificación no fue sensible ni voluntaria, y
que no se dio como una adaptación orgánica a nuevas condiciones, sino
como una ruptura, un salto, una coacción, una fatalidad inevitable,
contra la cual no se luchó y ni siquiera suscitó resentimiento. Pero,
en segundo lugar, el hecho de que la inserción de un pueblo, no
sometido hasta ese momento a formas ni a inhibiciones sociales, en un
contexto riguroso no sólo se inició con un acto de violencia, sino que
fue un proceso que sólo se consumó mediante otros actos de
violencia. En consecuencia, la forma más antigua de "Estado"
surgió como una tiranía terrible, como una máquina implacable y
trituradora, que siguió actuando así hasta que la materia bruta del
pueblo sumido en la animalidad no sólo acabó siendo maleable y quedar
bien amasada, sino que adquirió
también una forma.
Ya se entiende a qué me refiero cuando uso la palabra "Estado": a una
horda cualquiera integrada por rubios animales de presa, a una raza de
conquistadores y de señores que estaba organizada para la guerra y que
tenía la capacidad de organizar, y que pone sin ningún escrúpulo sus
terribles zarpas sobre un pueblo tremendamente superior en número, pero
sin forma y vagabundo aún. Así es como empieza, efectivamente, el
"Estado" en la tierra. De este modo creo que queda rechazada la tesis
fantástica que veía sus orígenes en un "contrato". ¿Qué tiene que ver
con contratos quien tiene capacidad de mando, quien es "señor" por
naturaleza, quien se muestra despótico en actos y en gestos? Con seres
así no se cuenta; llegan, como el destino, sin motivo ni razón ni
contemplaciones ni excusas; existen como el rayo; son excesivamente
terribles, repentinos, convincentes y "distintos" para que ni siquiera
se les odie. Su acción consiste en crear e imprimir formas de una
manera instintiva; no hay artistas más involuntarios e inconscientes
que ellos. Donde aparecen, surge al poco tiempo algo nuevo, una
concreción de dominio dotada de
vida, en
la que han quedado delimitadas y conectadas partes y funciones, en la
que no tiene sitio nada a lo que no se haya conferido previamente un
"significado" en relación al conjunto. Estos organizadores natos
desconocen la culpa, la responsabilidad y la consideración; en ellos
domina el egoísmo espantoso del artista que mira las cosas con
broncíneos ojos y que se siente justificado, previamente y para toda la
eternidad, por su "obra", al igual que le sucede a la madre con
respecto a su hijo. Ya puede suponerse que la "mala conciencia" no nace
en ellos, no existiría si,
con sus martillazos y su violencia de artistas, no hubiera quedado
fuera del mundo—o por lo menos fuera de la vista—una ingente cantidad
de libertad que , por así decirlo, quedó en estado latente. Ya he explicado que ese instinto de libertad que
se volvió latente a la fuerza y que fue repreimido, apartado y
aprisionado en el interior, acabó descargándose y desahogándose sólo
contra sí mismo. En sus comienzos, sólo eso es la mala conciencia.
(Lo de las "bestias rubias" como artistas
"a martillazos", prefiero pensar que lo dice Nietzsche cum grano salis. En
todo caso, son artistas inconscientes, y la consciencia interior que
surge por la represión violenta que imponen no es buscada ni calculada
por ellos. El amo no pretende crear nada ni se hace esas
reflexiones—las reflexiones son más bien para el esclavo.
Estos capítulos de
Nietzsche son un puente muy conveniente entre el protoevolucionismo, o
evolucionismo cultural, de Giambattista Vico, y las perspectivas
actuales sobre el origen de las estructuras sociales. También
tienen estas reflexiones un aire de familia más que notable con otros
capítulos famosos de la historia de la filosofía—los de la
Fenomenología del Espíritu de Hegel que narra otra versión de la épica
de la interioridad. Una versión que, en sus reflexiones sobre
la dialéctica del Amo y del Esclavo,
está muy próxima en este caso a Nietzsche. Observemos que Nietzsche
cita muy raramente a Hegel—bueno, tan raramente que no recuerdo yo
ninguna cita, aunque sin duda las habrá; quizá sea un caso de Angustia
de la Influencia, de los que decía Bloom en The Anxiety of Influence;
quizá similar a la modalidad de represión que comentaba tan
deliciosamente Pierre Bayard en lo referente a la relación tortuosa de
Freud con el propio Nietzsche—en El
plagio por anticipación.
Sobre Vico, Hegel, y otros protoevolucionistas, que muestran cómo lo
complejo deriva a partir de lo simple, puede leerse El
orden natural y la complejidad: Paley, Vico, Lamarck y el Génesis.
Esta noción básica—lo complejo evoluciona a partir de lo simple— un
modo de pensamiento evolucionista que no tiene que esperar a Darwin, ni
siquiera a Vico, es la que permite concebir una derivación de la
complejidad de la vida social y de las formas psíquicas actuales a
partir de estructuras sociales y psíquicas más sencillas. Si nos
atenemos a nuestro principio básico basado en la interiorización de lo externo,
este proceso funciona por retroalimentación. Una vez las relaciones
sociales simples "externas" o interpersonales se han interiorizado en
la autorrepresentación del sujeto, ese sujeto transformado, con
consciencia psíquica expandida—ese esclavo resentido de Hegel o
Nietzsche—transforma también las relaciones sociales en las que
interviene, y esto da lugar a relaciones más complejas, que a su vez se
interiorizan).
Bien, el tema del del origen,
desarrollo y emergencia de la interioridad
puede llevar en muchas direcciones. Pero por señalar sólo un par más,
me referiré a dos. Una es la teoría del sujeto de Goffman, o quizá la
que yo extraigo de Goffman, y que desarrollaba en este artículo: "Interacción internalizada:
el desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico".
Aquí parto de la idea básica goffmaniana de que el sujeto tiene una
estructura relacional, o sea, que está estructurado por dentro como por
fuera, por así decirlo—por interiorización de las relaciones sociales
en las que interviene. Y relaciono esta constitución del sujeto
(humano, se entiende) con el origen interactivo del lenguaje, que
posibilita y retroalimenta esta estructura interaccional del sujeto. Es
una reflexión que lleva a cuestiones neurológicas a través
fundamentalmente de las ideas sobre el origen del lenguaje de Michael
Arbib. En cuanto a la noción de Goffman del teatro interno del yo como
resultado o reflexión de la organización teatral del mundo social,
también ayudará otra obra de Goffman a percibir ciertos aspectos de
cómo llega a constituirse este sujeto, por la interacción grupal en la
que participa. Es La presentación
del yo en la vida cotidiana— y aquí hay unos comentarios
iniciales sobre este libro y sobre la teatralidad social interiorizada
por el yo:
Bien, ésta es una dirección de las que quería hilar con las reflexiones
de Nietzsche et al. La otra se encuentra en un autor de la escuela
postestructuralista foucaultiana, Nikolas Rose—que presenta lo que es a
grandes líneas una teoría foucaultiana del sujeto (que por tanto es de
por sí una teoría algo
nietzscheana del sujeto), en su artículo "Identity, Genealogy, History"
(en Questions of Cultural Identity,
ed. Stuart Hall y Paul Du Gay, Sage, 1996). Ayer comentaba algunas de
sus observaciones sobre las tecnologías
de generación del yo. Al proceso de interiorización de la
exterioridad que venimos señalando lo denomina Rose con el bonito
nombre de pliegues en el alma—
"folds in the soul", una noción que adapta de Deleuze. El exterior
social se "pliega" dando lugar a la interioridad subjetiva. Traduzcamos
un trocito, en el que Rose expone muy foucaultianamente su noción de la
genealogía del sujeto (pensemos en una genealogía del sujeto moral
y veremos lo cerca que estamos de Nietzsche, también. La ventaja es que
no tenemos aquí sólo amos y esclavos, sino un mundo más complejo de
identidades sociales más diversas y variadas, un mundo complejo que
pasa a estructurar, desde dentro, la identidad personal del sujeto que
debe habitarlo.
Una
genalogía tal, propongo, requiere sólo una concepción mínima, débil o
delgada, del material humano sobre el que escibe la historia (Patton,
1994). No nos ocuparemos aquí de la construcción social o histórica de
"la persona"o de narrar cómo nace la moderna "identidad personal". Nos
ocuparemos de las diversas estrategias y tácticas de sujetificación que
han tenido lugar y se han desplegado como prácticas diversas en
diferentes momentos, y en relación a diferentes clasificaciones y
diferenciaciones de personas. El ser humano, aquí, no es una entidad
con una historia, sino el objetivo de una multiplicidad de clases de
trabajo, más bien algo así como una latitud o una longitud en la que se
interseccionan vectores diferentes de velocidades diferentes. La
"interioridad" que tantos se sienten impelidos a diagnosticar no es la
interioridad de un sistema psicológico, sino una superficie
discontinua, una especie de plegamiento hacia adentro de la
exterioridad.
Extraigo esta noción de plegamiento de modo general de la obra de
Gilles Deleuze [Foucault,
Pourparlers, The Fold....]
El concepto de pliegue o plisado sugiere una manera en la que podríamos
concebir al ser humano sin postular ninguna interioridad esencial, y
por tanto sin sujetarnos a ninguna versión particular de la ley de esa
interioridad cuya historia buscamos incomodar y diagnosticar. El
pliegue indica una relación sin un interior esencial, tal que lo que
está "dentro" es meramente la involución de una exterioridad. Esghtamos
familiarizados con la idea de que aspectos del cuerpo que normalmente
concebimos como parte de su interioridad—el tubo digestivo, los
pulmones—no son sino la invaginación de un exterior. Esto no les impide
que sean valorizados en términos de una imagen corporal aparentemente
inmutable que se toma como norma para nuestra percepción de los
contornos y límites de nuestra corporeidad. Quiza, pues, podamos
concebir la presa que sobre los seres humanos hacen los modos de
subjetificación, en términos de un plegamiento interior similar. Los
pliegues incorporan sin totalizar, internalizan sin unificar, reúnen
conjuntamente de modo discontinuo, en forma de plisados que hacen
superficies, espacios, flujos y relaciones.
En el seno de una genealogía de la sujetificación, lo que se plegaría
hacia dentro sería cualquier cosa que pueda adquirir autoridad:
instrucciones, consejos, técnicas, pequeños hábitos del pensamiento y
de la emoción, toda una serie de rutinas y normas para ser humano—los
instrumentos mediante los cuales el ser se constituye a sí mismo en
diferentes prácticas y relaciones. Estos pliegues internos están
parcialmente estabilizados en la media en que los seres humanos han
venido a concebirse a sí mismos como sujetos de una biografía, a
utilizar ciertas "artes de la memoria" para volver estable esa
biografía, a emplear ciertos vocabularios y explicaciones que les hagan
esto inteligible a ellos mismos. Sin embargo, esto revela los límites
de la metáfora del pliegue. Porque las líneas de estos pliegues no
corren por un dominio que coincida con las mismas fronteras que los
límites físicos del individuo humano. El ser humano es situado,
realizado o actuado, mediante un sistema complejo de dispositivos,
miradas, técnicas que se extienden más all´de los límites de la carne,
a los espacios y reuniones de individuos. El recuerdo de la biografía
de uno mismo no es una simple capacidad psicológica, sinosino que está
organizado por medio de rituales de narración de historias, está
sustentado por artefactos como los álbumes
de fotografías,
y demás. Los regímenes de la burocracia no son meramente procedimientos
éticos plegados al interior del alma, sino que ocupan una red de
oficinas, archivos, máquinas de escribir, hábitos de control del
tiempo, repertorios conversacionales, técnicas de notación. Los
regímenes de la pasión no son meramente pliegues afectivos en el alma,
sino que se realizan en ciertos espacios recogidos o valorizados,
mediante un equipamiento sensualizado de camas, sábanas y sedas,
rituales de vestirse y desvestirse, instrumental estetizado que
proporcina música y luz, regímenes de división del tiempo, y demas [O.
Ranum, "Los refugios de la intimidad", en Chartier, Historia de la vida privada].
Podríamos de este modo contreponer una espacialización del
ser a la narrativización del ser emprendida por los sociólogos y los
filósofos de la modernidad y de la postmodernidad. Es decir,
necesitamos volver inteligible al ser,
en términos de la localización de comportamientos, hábitos o técnicas
rituales o repetitivos, en el seno de ámbitos específicos de la acción
y de los valores: las bibliotecas y los estudios; los dormitorios y
casas de baños; los tribunales de justicia y las aulas, los
consultorios y las galerías de los museos; los mercados y grandes
almacenes. Los cinco volúmenes de
Historia de la vida privadacompilados
bajo la dirección de Philippe Ariès y Georges Duby proporcionan una
abundancia de ejemplos de la manera en que las capacidades humanas
novedosas, tales como los diversos estilos de escritura o de
sexualidad, dependen de, y dan lugar a, formas particulares de
organización espacial del hábitat humano (Veyne, 1987; Duby, 1988;
Chartier, 1989; Perrot, 1990; Prost y Vincent 1991 [—a estas les sumaría yo, y de modo muy
destacable, la teoría dramatúrgica de los espacios humanos formulada
por Goffman: ver Redes,
regiones y públicos]. Sin
embargo no hay nada privilegiado, en lo que se ha venido a llamar "vida
privada", para el emplazamiento de regímenes de sujetificación—es en la
fábrica al igual que en la cocina, en el ejército tanto como en el
estudio, en la oficina tanto como en el dormitorio, donde se requiere
al sujeto moderno que identifique su subjetividad. A la aparente
linealidad, unidireccionalidad e irreversibilidad del tiempo [N.B: sólo
aparente— ver p. ej. Tecnologías
de manipulación del tiempo],
podemos contraponer la multiplicidad de lugares, planos y prácticas. Y
en cada uno de estos espacios, se activan repertorios de conducta que
no quedan limitados por la envoltura formada por la piel humana, y que
no se llevan de modo estable en el interior de un individuo: son más
bien redes de tensión a través de un espacio, que proporcionan a los
seres humanos capacidades y poderesen la medida en que las captan
mediante ensamblajes híbridos de conocimientos, instrumentos,
vocabularios, sistemas de juicios, y artefactos técnicos.
En esta medida, una genealogía de la sujetificación necesita concebir
al ser humano como una especie de artefacto maquinado, un híbrido de
carne, conocimiento, pasión y técnica [Donna Haraway, Simians, Cyborgs, and Women: The
Reinvention of Nature].
Una de las características de nuestro actual régimen del yo es una
manera de reflexionar sobre y de actuar sobre todos estos diversos
ámbitos, prácticas y ensamblajes, en términos de una "personalidad"
unificada que hubiera de revelarse, descubrirse, o sobre la que hubiera
que actuar en cada uno: un artefacto maquinado del ser que hoy form el
horizonte de lo pensable. Pero es necesario reconocer a este artefacto
maquinado como régimen específico de la subjetificación que tiene un
origen reciente—y la finalidad de una genealogía de la sujetificación
es alterarlo lo suficiente como para revelar la fragilidad de las
líneas que lo han construido y que lo mantienen en su sitio.
(143-44)
La fragilidad—o la fuerza, añadiría yo.
Porque no todas las líneas y pliegues son igual de profundos, ni todas
las instituciones igual de estables. Una consciencia de esta génesis
diferencial, o un estudio geológico de la antigüedad y profundidad de
los plegamientos que constituyen al sujeto humano—qué estratos de estos
pliegues se originan después de cuáles otros, y reposan sobre ellos—
sería también una de las finalidades de una genealogía, una
arqueología, y una geología, del sujeto humano. Una que no presente
todos los pliegues del alma como un plisado uniforme y superficial,
sino como un complejo sistema de pliegues dentro
de pliegues.
Leyendo un artículo de Nikolas Rose, "Identity, Genealogy, History", se
ve lo interesante que sería pensar los procesos de autorrepresentación
(y de mutua representación) en las redes sociales, blogs e Internet,
como una de esas "tecnologías del yo" que generan y acotan al sujeto
desde el punto de vista foucaultiano, en el análisis que desarrolla
Rose. Traduzco aquí un fragmento al respecto:
Estas direcciones de investigación
vienen inspiradas, en gran medida, por los escritos de Michel Foucault.
Más en concreto surgen, naturalmente, de las sugerencias de Foucault
sobre una genealogía de las artes del gobierno—entendiendo por
gobierno, en el sentido más general, todo lo que incluye los programas
o estrategias más o menos racionalizados relativos al "control de la
conducta"—y también en su concepto de la gobernación—que se refiere a
la emergencia de racionalidades políticas, o mentalidades de gobierno,
donde el gobierno es una cuestión del manejo calculado de los asuntos
de cda cual y de todos para conseguir ciertos objetivos deseados.
(...). El gobierno no se refiere aquí a una teoría, sino más bien a
cierta perspectiva desde la cual se podrían hacer inteligibles la
diversidad de intentos por parte de autoridades de diversos tipos,
intentos de intervenir en las acciones de los otros con vistas a
objetivos de prosperidad nacional, armonía, virtud, productividad,
orden social, disciplina, emancipación, autorrealización, etc. Y esta
perspectiva es significativa también porque dirige nuestra atención
hacia las maneras en que las estrategias de conducción de la conducta
operan, con harta frecuencia, tratando de dar forma a lo que Foucault
también llamó "tecnologías del yo"—"mecanismos para el gobierno de sí",
es decir, a las maneras en que los individuos tienen experiencias de sí
mismos, se entienden a sí mismos, se juzgan o se conducen [Foucault, Histoire de la
séxualité—le souci de soi; "Technologies
of the Self"... etc]. Las tecnologías del yo adoptan la forma de la
elaboración de ciertas técnicas para la conducción de las relaciones de
uno consigo mismo, por ejemplo requiriendo a uno que se relacione
consigo mismo epistemológicamente (conócete a tí mismo), despóticamente
(domínate a tí mismo), o de otras maneras (cuida de tí mismo). Se
encarnan en prácticas técnicas concretas (la confesión, la escritura de
diarios, las discusiones en grupo, el programa de doce pasos de
Alcohólicos Anónimos). Y siempre se practican bajo la autoridad
efectiva o imaginada de algún sistema de verdad y de algún individuo
que ejerce la autoridad, sean de carácter teológico y sacerdotal,
psicológico y terapéutico, o disciplinario y tutelar. (Rose, en Questions of
Cultural Identity, ed.
Stuart Hall y Paul du Gay, 135).
En el caso de Facebook, los blogs, etc., los aspectos tecnológicos
tienen un lado evidente, pero la autoridad en referencia a la cual se
definen no son tanto los propietarios de las redes (Zuckerberg etc.) o
los gurús de Internet, cuanto la comunidad virtual generada en el seno
de la comunidad global. Para el caso concreto de la
autorrepresentación del yo en los diarios en Internet era muy
interesante el libro de Viviane Serfaty The Mirror and the Veil. Una
reseña de éste publiqué en tiempos en Atlantis.
O, ayer mismo, "Construcción
del espacio-tiempo humano"—que
nos hace derivar a cuestiones como habilitación de una realidad
simbolica en la que habitar, generada socialmente, y que tiene algunas
dimensiones específicamente narrativas. Obsérvese cómo Blogger va
colocando trackbacks a todos estos artículos, haciendo su propia red de
conexiones entre estas cuestiones, complementando la que aquí trazamos.
Only connect, eso lo decía
Forster, y también lo dice Turner en sus artículos sobre la integración
de esquemas conceptuales.
Bien, pues de la convertencia entre el yo narrativizado y el yo tecnologizado
surge el ámbito específico al que aquí quería señalar, el que se
refiere a la narratividad de las tecnologías informáticas del yo. Una
narratividad en gran medida ya inscrita en la propia estructura
informacional de los espacios en red, y de su conectividad intrínseca y
en gran medida automatizada. Sobre la base de esa automatización, que
viene a sentar las reglas del juego, luego cada cual juega sus propias
variaciones. Y el trayecto de todo ello va quedando inscrito en la red,
a la manera en que una conversación mediada por ordenador pasa de ser
una interacción en tiempo real, a ser una pieza dramática autogenerada
y archivada.
Hace poco leía una reflexión interesante en esta línea sobre las
tecnologías y la narrativización del yo en el artículo "¿Qué somos? La convergencia
del yo y de las tecnologías de la comunicación"—regrettably en inglés, en el que
Mark Turner lleva a este terreno su teoría de la fusión de esquemas
conceptuales o "blending":
Communications
technologies frequently include a representation of self: a
videoconference, for example, presents a virtual self. This
representation of the communicating self can be viewed either as an
instrument that is deployed by the "true" self or as a being with a
mind of its own. The general self and the communicating self, unpacked
into separate but related selves, can be recaptured by a human-scale
blend. The blend might have the two related selves in conversation. Or
it might have a new version of the self that inherits aspects of both
the general self and the communicating self. This unpacking and
repacking of the self has been imagined in many fictional works,
ranging from stories of avatars or disguises or masked performances to
the explicit separation of self and daimon in Philip Pullman's His Dark Materials. Second Life
contains a representation of the communicating self: an on-line avatar,
a digital citizen. The avatar presents many possibilities for unpacking
and reblending the self. The avatar can be designed so as to be a
separate self, a site of experimentation with selfhood. (...)
Traduzco: "Las
tecnologías de la comunicación frecuentemente incluyen una
representación del yo: una videoconferencia, por ejemplo, presenta un
yo virtual. Esta representación del yo comunicante puede verse ya sea
como un instrumento desplegado por el yo "auténtico" o bien como un ser
con mente propia. El yo general y el yo comunicativo, desembalados en
forma de yos separados pero relacionados, puede recapturarse mediante
una fusión a escala humana. La fusión podría presentar a los dos yos
relacionados conversando. O podría presentar una nueva versión del yo
que hereda aspectos tanto del yo general como del yo comunicativo. Este
desembalaje y reembalaje del yo ha sido imaginado en muchas obras de
ficción, que van desde historias de avatares o de disfraces o
representaciones con máscaras, hasta la separación explícita del yo y
el daimonion en La materia oscura de Philip Pullman [--Que es, por cierto,
el libro que les estoy leyendo a los niños por la noche estos días].Second Life contiene una representación del yo comunicante: un avatar
en red, un ciudadano digital. El avatar presenta muchas posibilidades
para el desembalaje y nueva fusión del yo. El avatar puede diseñarse
para que sea un yo separado, un lugar de experimentación con la
identidad. (...)"
Cierto
es que aparte de las tendencias generales, cada red social o cada blog
y cada elemento
concreto de representación o de interacción en red podrían merecer un
análisis individualizado, de la manera en que el yo se filtra o
reelabora o conduce dentro de los márgenes acotados por las capacidades
del medio, y en el seno del entorno social a la vez real y virtualizado
o tecnológicamente filtrado que a su vez se ha formado en un contexto
"externo" histórico, social y tecnológico muy específico. Aquí sucede
como en otros casos: las tecnologías de la representación multiplican y
enriquecen la realidad de tal manera que el fenómeno emergente (el yo
virtualizado frente al "real", la comunidad virtual y sus normas
cambiantes, o la interacción virtual de que se trate en concreto) está
tan sobredeterminado que el análisis promete ser interminable una vez
se emprende.
Destinatario: Sr. Director del
Departamento de Filología Inglesa y Alemana Asunto: Asignación docente 2010-11 Fecha: 19/01/11
Sr. Director:
El Dr. José Angel García Landa solicita que Ud. le comunique por
escrito, para su necesaria información y conocimiento, cuál es su
asignación docente real o efectiva (y horario correspondiente) para el
curso 2010-2011, en cada uno de sus semestres.
Quedando a la espera de su comunicación para poder hacerse cargo de su
encargo docente.
Fdo.: José Angel García Landa
Esto viene a que en los horarios
publicados no se ha introducido ningún cambio a consecuencia de la
aplicación del Auto judicial que nos dio acceso al Máster. Ni en los
tablones de anuncios ni
en la web del departamento, donde seguimos sin aparecer, aunque
supuestamente el Consejo de Departamento aceptó
acatar la orden del Juez en diciembre pasado.
Tampoco sé qué ha pasado con la asignatura que se me impuso
irregularmente, y
luego por orden del Rector, por encima de mi docencia—si la tengo
que evaluar o no o qué. Según el Auto
judicial,
esta asignación ha quedado anulada, pero... vaya usted a saber. Desde
luego no hemos recibido noticias de que la orden se haya hecho
efectiva, ni instrucciones sobre sus consecuencias. Al Vicerrector le
preguntamos lo mismo, por escrito, el mes pasado— y no sabe/no contesta.
Por otra parte, en una reunión de la Comisión Permanente de la semana
pasada, veo que dan por todavía no ejecutada la orden del Juez de
cambiar la normativa departamental que se utilizó para excluirme del
Máster. Dice el acta (nº 213), de hecho, que "se suprime el párrafo" en
cuestión
pero no el acuerdo mismo, o
sea, no la norma recogida en él (y anulada por el juez). Que se
estudiará su supresión en Consejo de Departmento... "si procede",
cágate lorito, cuando lo suprimía el juez directa y literalmente, ver
auto. Y
cuando pensábamos que el Consejo de departamento se había reunido de
urgencia, la víspera de Nochebuena, para hacer precisamente esto.
Con los antecedentes que hay en este asunto, desde hace cinco años (por
contar sólo los cinco últimos)—y con la querencia demostrada que tiene
este departamento a reincidir
en la reincidencia
¿me dirán que soy desconfiado por preguntar? Además no es una pregunta
retórica precisamente, la que le hago al Director y al Vicerrector,
sino muy práctica. ¿Quién va a clase el día tal, quién firma las actas
el día cual?
Un interesante artículo de Susan Savage-Rumbaugh en On the
Human, "Human
Language—Human Consciousness",
comparando las modalidades de cognición humanas con las de los bonobos,
parientes biológicos cercanos pero cognitivamente lejanos. Enfatiza la
importancia del lenguaje en la construcción de un orden simbólico
virtual que es el que habitan los humanos (ver más en "La
caverna del cerebro: el lenguaje como realidad virtual").
El punto central y más debatido es su aserción de que el contacto con
el lenguaje transforma de por sí la cognición de una especie como el
bonobo, si se le expone a él desde edad temprana, aproximándola un
tanto a la cognición humana (lo cual parece innegable, pero... en qué
grado, allí es demasiado optimista Savage-Rumbaugh).
Me interesa este párrafo que especifica las consecuencias del logos para la
autoconceptualización vital humana, mostrando cómo somos seres
cognitivamente narrativos, que construimos una historia particular en
la que habitamos.
A
personal narrative then arises through the vehicle of language. Indeed
a personal narrative is required, expected and placed upon every human
being, by the very nature of human language. This personal narrative
becomes organized around the anticipated bodily changes that it is
imagined will take place from birth to old age. The power of the
bifurcated mind, through linguistically encoded expectancies, shapes
and molds all of human behavior. When these capacities are jointly
executed by other similar minds — the substrate of human culture is
manufactured. Human culture, because it rides upon a manufactured
space/time self-reflective substrate, is unique. Though it shares some
properties with animal culture, it is not merely a natural Darwinian
extension of animal culture. It is based on constructed time/space,
constructed mental relationships, constructed moral responsibilities,
and constructed personal narratives — and individuals, must, at all
times, justify their actions toward another on the basis of their
co-constructed expectancies.
Hoy mismo, por cierto, ponían este enlace en el grupo de LinkedIn de
Narratividad: you
are a living story,
nos dice Juliet Bruce, y el trabajo de construir y reconstruir y
reescribir la historia personal—aparte del de vivirla—es continuo. El
libro de Gary Saul Morson Narrative
and Freedom: The Shadows of Time
analiza algunas maneras patológicas, y otras críticas y saludables, de
vivir la relación con el tiempo y el pasado y el futuro, y de construir
una imagen de nuestra experiencia temporal que sea habitable y no nos
encarcele en nuestras propias ficciones.
En el seno de otras historias la construimos esa historia personal,
claro, y esto me hace insistir en la importancia de la noción de anclaje
narrativo,
sobre la que pienso volver próximamente. El anclaje narrativo de unas
historias en otras, es parte de una construcción
cognitiva de la realidad—más en concreto parte de la dimensión
narrativa de esa construcción cognitiva de la realidad, lo que
podríamos llamar narrative mapping
o la construcción de mapas narrativos.
En "Interacción
internalizada: El desarrollo especular del lenguaje y del orden
simbólico"
comentaba más aspectos de esta interacción entre cognición y lenguaje
que crea la realidad simbólicamente estructurada propia de los humanos. Podríamos concebir La
Máquina de E. M. Forster como una expresión límite de dicha
construcción humana de una realidad virtual en la que habitar. La
Máquina, la Caverna, Matrix—se
le pueden dar distintos nombres a la realidad mental en que habitamos.
Y cierto que elijo unas versiones inquietantes o sofocantes, de esa
realidad artificial que creamos—versiones que se han vuelto en exceso
artificiales. Pero es difícil concebir la vida humana en un espacio y
en un tiempo no
amueblados y habilitados por las tecnologías de generación social. El
espacio en que habitamos está socializado,
estructurado artificialmente e interaccionalmente—y asimismo el tiempo.
(Sobre la teoría del tiempo social de Julio Iglesias de Ussel escribí
en Tecnologías
de sincronización).
Y también es una construcción social la interioridad humana—el espacio
y el
tiempo interiores. En
este artículo sobre la realidad como expectativa autocumplida
desarrollo más esta idea: la realidad en la que habitamos es, en
principio, la que esperamos encontrar, la pactada socialmente—y ese
pacto social se aplica a nuestras relaciones con nosotros mismos. Son
consecuencias ulteriores de ese carácter construido del espacio-tiempo
humano al que se refiere Savage-Rumbaugh.
(Lo que no me queda claro es el matiz antidarwinista de
Savage-Rumbaugh—por qué no habría de estar la capacidad cognitiva
humana sometida a leyes darwinianas. Si ha resultado seleccionada hasta
ahora la cognición humana, es precisamente por sus beneficios
competitivos en el ecosistema en el que competían los humanos. Otra
cosa es que den lugar esa cognición humana y esa socialidad humana a
otro ecosistema emergente, propiamente humano).
________
Y otro corolario más, sobre esto de habitar espacio-tiempos virtuales.
Una observación sobre la vida
personal como historia o narración me ha venido a la cabeza, a
cuenta de La Carte et le territoire
de Michel Houellebecq. Oyendo hablar a su padre, observa el
protagonista de la novela cómo la obra y carrera de su padre, un
arquitecto, parecen resumirse en la recreación y reelaboración de una
obsesión infantil. Las vidas son resumibles: lo que tienen de
característico o individual, si es identificable o reconocible, se
resume al fin en poco espacio:
Son
père se tut à nouveau, resta comme suspendu dans ses souvenirs, pus se
tassa sur lui-même, parut se rapetisser, s'amenuiser, et Jed prit alors
conscience de la fougue, de l'enthousiasme avec lesquels il avait parlé
pendant ces dernières minutes. Jamais il ne l'avait entendu parler
ainsi, depuis qu'il était enfant—et jamais plus, songea-t-il aussitôt,
il ne l'entendrait parler ainsi, il venait de revivre, pour la dernière
fois, l'espérance et l'échec qui formaient l'histoire de sa vie. C'est
peu de chose, en général, une vie humaine, ça peut se résumer à un
nombre d'événements restreint, et cette fois Jed avait bel et bien
compris, l'amertume et les années perdues, le cancer et le stress, le
suicide de sa mère aussi. (229) (...) Les
derniers dessins réalisés par son père n'évoquaient en aucun cas un
bâtiment habitable, en tout cas par des humains. Des escaliers en
spirale montaient vertigineusement jusqu'aux cieux, rejoignant des
passerelles ténues, translucides, qui unissaient des bâtiments
irréguliers, lancéolés, d'une blancheur éblouissante, dont les formes
rappelaient celles de certains cirrus. Au fond, se dit tristement Jed
en refermant le dossier, son père n'avait jamais cessé de vouloir bâtir
des maisons pour les hirondelles. (406)
Ahora que tanto se lleva la crítica a las redes sociales, y a
Facebook (por ejemplo a cuenta de la película La Red
Social),
comentábamos hoy en clase con los estudiantes de tercero la primera
referencia (y primera referencia negativa) a las redes sociales
virtuales, en el relato Bienvenido a la
máquina, uf qué digo, en el relato The
Machine Stops,
de E. M. Forster. Aunque no existe allí la Web como texto en red, ni
existe el email (eh, que este relato se escribió hace más de cien
años...) sí existen las redes sociales virtuales, una especie de
videochat o Skype, en el que las personas que viven aisladas se
conectan con multitud de "amigos de facebook" a quienes sólo conocen a
través de la Máquina.
Observa Forster a propósito de Vashti, la protagonista que vive colgada
de la Máquina en ese mundo futuro, y que cuando ve a alguien cara a
cara le dan los terrores de la
experiencia directa,
que a través de su máquina tiene miles de contactos, como estos
compulsivos coleccionistas de amistades que nos coleccionan a veces en
Facebook si nos dejamos.
"En algunas direcciones" observa el narrador, "las relaciones sociales
se habían desarrollado enormemente", y Vashti "conocía" a miles de
personas. Demasiadas sin duda, diría Robin Dunbar, que le
ve un límite a toda red social operativa...
Me ponen un enlace a la Bibliografía
Que Elaboro, ¡en la Universidad de Shanghai! Más en concreto, en la Universidad
Jiao-Tong de Shanghai,
en un centro de estudios culturales, el Graduate Institute for Social
Research and Cultural Studies. Aquí está mi enlace en concreto, entre
los sitios web recomendados para teoría crítica y cultural: http://www.srcs.nctu.edu.tw/srcs/link/link_02.htm
Por cierto, ésta es la universidad que elabora el famoso
ránking mundial de universidades de la universidad de Shanghai—el
más reconocido internacionalmente. En el ránking de 2010, observo que
la Universidad de Zaragoza aparece entre las ocho o diez mejores
universidades españolas que figuran allí—bueno, la última figura de las
allí seleccionadas, que son pocas:
En tercera fila nacional, por así
decirlo. Y a nivel mundial está entre el puesto 400 y el 500. No es tan
mal puesto, con las que hay, pero... eh, que casi parece como si
ayudase yo a subir el ránking... B-]
Me he topado con esta foto por Lagüés, y me ha traído recuerdos de mi
primer portátil, hace unos quince años... o más. Tenía esta foto de
pantalla de arranque.
Las modelos aún deben
estar de buen ver, supongo, y lo que es la foto sigue como estaba, pero
al fotógrafo le ha ido peor—Herb Ritts era, se murió a mi edad, a los
cincuenta. En cuanto a mi Mac, ni se sabe por dónde andará.
Una vez consiguió ese ordenador asomarse a la red, y ver una página
web, con Netscape.... y no más. Fue, en palabras de la condesa de
Pembroke,
as the embryo, whose vital band Breaks ere it holds, and formless
eyes do fail To see the sun,
though brought to lightful land.
—a los que se les negaba el derecho
a tener un ISSN, al parecer por desconfianza a que no fuesen regulares
en el futuro .... (criterio que al parecer no se aplicaba a las
revistas de papel, que con un número publicado ya les valía).
Lo cierto es que si Internet es inabarcable, también lo es el mundo de
la edición. Siempre se puede seleccionar lo que más destaque entre el
maremágnum, por muy discutible que vaya a ser todo seleccionador.
Les pongo este comentario a los del blog de la BN. Aún me acuerdo de
ese episodio del IBSN hace cinco años—es lo más cerca que he estado de
hacer algo viral en Internet. Mi segundo minuto de fama ha
llegado esta semana pasada, cuando tras una vida de ausencia aparecí
nombrado en un periódico y fue ésa la noticia más leída en mi
universidad.
Ivo y Oscar nos aclaran que todos los libros que les mandan leer
en el cole, a todos los niños, en todos los cursos, son horribles y
aburridísimos. Y Álvaro concurre. —Se refieren a los típicos libros de
lectura de esas series para niños— con ilustraciones feas y
desagradables, argumentos y personajes carentes de interés. Vaya, qué
fracaso, digo, si se supone que están escritos con la intención de
combinar la moralización de los niños con el entretenimiento. Es la
idea, vamos... Parece que
aún hay algún hueco en el
mercado para alguien que escriba algo que pueda gustar de verdad a los
niños, y no por obligación... Pero Oscar va más allá, y exclama:
—¡Esos escritores de libros para niños debieron pasar unas infancias
terribles, si se imaginan que a los niños les puede gustar eso que
escriben!
Pasan corriendo unos perros
Me pregunta Oscar por las diferencias de cotización entre las
obras de Picasso y las de otros pintores. Lamento haber perdido el
cuento "El Conejo", uno que tenía Álvaro de pequeño. Era una obrita
crítica, con cierta penetración satírica en el mundo del arte, similar
a la que se muestra en la
última novela de Houellebecq, La
Carte et le territoire.
Reconstruiré el texto de memoria, aunque lástima de las ilustraciones,
no desmerecían de los cuadros de Rabanito. El Topo como crítico era
impagable. Y los Perros
vienen a simbolizar, a mi entender, el funcionamiento azaroso de los Torbellinos
de Información.
El Conejo
El artista Rabanito
trabaja con gran ardor;
nuestro amigo el Conejito
quiere ser un gran pintor.
Expone con ilusión sus
cuadros para venderlos:
pero, ¡qué desilusión!
Nadie se acerca a mirarlos. Pasan
corriendo unos Perros
sin mirar por dónde van.
—¡Mis cuadros!—grita el conejo—
¡Que me los vais a ensuciar!
—¡Gamberros!—llora el conejo
con la mayor amargura—
¡Habéis dejado mis cuadros
buenos para la basura!
Cuando ya iba a tirarlos,
surge el primer comprador:
—¡Esto es Arte!—dice el Topo—
¡Qué armonía! ¡Qué color!
—¿Borrones quiere la gente?
¡Pues vaya gustos más raros!
Cuantos mamarrachos pinta
Se los quitan de las manos.
Rico y famoso el artista,
de nada se ha de privar.
Con zanahorias y alfalfa
hoy se podrá regalar.
¡Rabanito está contento!
Y como pintar borrones
le lleva muy poco tiempo,
pasa el resto en diversiones.
No había visto esta
página con la noticia de El Periódico donde
se informó sobre nuestro contencioso. Si llego a saber lo de la edición
en red pongo algún comentario, ahora están cerrados. Es curioso
ver las opiniones de la gente al respecto; unos desprecian todo lo que
tenga que ver con jerarquías académicas (claro que habrá que verlos a
ellos en la cola del supermercado, si alguien quiere pasar antes...) y
otros critican bastante al departamento. Las intervenciones van en
orden blog, las más recientes arriba.
gentuza - 13/01/2011 - 18:50:38 h. Los
servicios jurídicos de la
Universidad han tenido que defender a una catedrática que se negaba a
acatar las órdenes del rector???? PUES QUE SE LE PASE LA MINUTA Y SE
PUBLIQUEN SUS NOMBRES Y APELLIDOS, que no tenemos que pagar sus
cacicadas el resto de gente. Marcar como inadecuado
Universitario. - 13/01/2011 - 18:43:55 h. ESte
proceso ha puesto en
evidencia cómo se las gastan los poderes fácticos en esta universidad
de provincias, a la que no hace mella La Constitución. Los de siempre
siguen mandando a su modo, cubriendo sus actos con apariencias de
legalidad. Esto
es una universidad cazurra. Así llegará al núm 1 del ranking mundial...
de cazurrez.
fede - 13/01/2011 - 18:21:58 h. Esta
gente que quiere imponer sus
criterios desluce el papel de la Universidad y dice mucho de su calidad
humana e investigadora. Ahí quede en el recuerdo, en prensa escrita y
digital para el resto de sus vidas. Que todos los estudiantes sepan who
is who entre sus profesores.
reverte - 13/01/2011 - 18:14:26 h. Menuda
novedad... universidades españolas politizadas y con enchufismo
galopante...
Generalmente
sociatas ya doctrinadoras.
Filólogo - 13/01/2011 - 15:12:57 h. Bravo
por los dos profesores.
Bebo - 13/01/2011 - 14:46:30 h. Pues
no hay mas que buscar en el blog del que ha ganado el juicio:
Elo
-
13/01/2011 - 14:15:11 h. Sería bueno
que se publicase
nombres y apellidos de las personas que querían imponer sus criterios,
nada de ampararse en departamentos.
María - 13/01/2011 -
13:56:51 h. Quien lea lo
sucedido aquí sabe que esto no es más que la punta del iceberg. Un caso en el
que los afectados no
se han dejado pisotear, como es sana costumbre si quieres salir en la
foto en la Universidad española. Lo malo es
que el resto de estas
situaciones siguen en el mayor de los silencios porque si pides
justicia, ya puedes ir buscando otra profesión, dado que la universidad
española, por medio de llamadas telefónicas entre amigos, te habrá
cerrado las puertas.
Traviesa
(
http://www.sitiosdezaragoza.com ) - 13/01/2011 - 13:27:20 h. Hay mas
mamoneo en unizar que en el tranvia... Que retiren
al fumador!
Gothic
-
13/01/2011 - 13:11:32 h. Ahora podrían
investigar si algún
doctorando ha plagiado trabajos y encima ha aprobado, porque es vox
populi y vergüenza ajena da a los que defendemos a capa y espada a
nuestra institución universitaria.
Preguntón - 13/01/2011 -
13:02:58 h. La endogamia
con la que funciona
la universidad, unida a la arbitrariedad departamental en asignación de
asignaturas es algo clásico que perdurará ad aeternum.
Una pena...es
lo que tenemos. Así
se llega al ejemplo de que un profesor especialista en X le asignen
otra asignatura Y que nada tiene que ver con su especialidad por el
mero hecho de haber llegado el último al departamento.
Atención
atención
- 13/01/2011 - 12:52:30 h. Es que hasta
alumnos han ido al
defensor del universitario por cuestiones que atañen a este
departamento. Y cuestiones graves. A ver en qué queda la cosa.
Qué
penica -
13/01/2011 - 12:40:37 h. A mí tampoco
me
sorprende...Burocracia universitaria en estado puro. Quinquenios por
aquí, sexenios por allá...jerarquías...No conozco un sitio con más
jerarquías y escalafones...y sin embargo no manda nadie. Todos saben
quién está por encima -y elige antes- y quién por debajo -y se queda
con los restos-. Pero allí no hay nadie que mande, gestione, de
instrucciones...y se responsabilice de ello. Así va la Universidad, que
es un refugio de incompetentes donde el que menos importa es el alumno.
por
desgracia - 13/01/2011 -
12:21:50 h. A mi tampoco
me sorprende la noticia, por desgracia gran parte de la universidad
funciona asi.....
no
me extraña - 13/01/2011 -
11:46:09 h. A mí no me
sorprende nada esta noticia por lo que tengo entendido de este
departamento.
En mi
blog de Blogia también me han
puesto algún comentario, así como en
la página de El Periódico en la
que figuraba la respuesta del Director justificando la actuación del
departamento.
Javier - 14/01/2011 - 17:16:15 h. Blablabla,
profesores, doctores, catedráticos de universidad y lo que quieran ser,
dando pena y ningún ejemplo de inteligencia. Uno espera
algo más de la docencia universitaria.
elenita - 14/01/2011 - 13:36:01 h. No se puede
justificar lo injustificable. Vergonzoso.
En el capítulo 4 de The Grand Design, Hawking y Mlodinow equiparan el
comportamiento del universo al de un sistema subatómico regido por
leyes cuánticas.
La física cuántica nos presenta un panorama extraño sobre el
comportamiento de la naturaleza a escala atómica y subatómica. Por
ejemplo, el famoso experimento de las dos ranuras lelvado a cabo por
Davisson y Germer, del que parece deducirse que cada partícula puede
interferir consigo misma, y pasar por las dos ranuras a la vez... O el
principio de incertidumbre de Heisenberg, que formula la imposibilidad
de medir simultáneamente la posición y la velocidad de una partícula.
"La física cuántica parecería socavar la idea de que la naturaleza está
gobernada por leyes, pero no es así. En vez de eso, nos lleva a aceptar
un nuevo tipo de determinismo: Dado el estado de un sistema en algún
momento dado, las leyes de la naturaleza determinan las probabilidadesw de varios futuros y
pasados, en lugar de determinar el futuro y el pasado con certidumbre".
(72).
Estas probabilidades cuánticas revelan la estructura aleatoria de la
realidad—por mucho que nuestra "realidad aparente" sea menos aleatoria.
Lo subyacente pocos lo entendemos—nadie entiende la mecánica cuántica,
dijo Feynman, supongo que incluyéndose a sí mismo. Feynman sin
embargo explicó cómo un mundo de apariencia newtoniana (o sea, "de
andar por casa") puede surgir a partir de un universo regido por leyes
cuánticas.
En el caso de la partícula que pasa por las dos ranuras, decía Feynman,
lo que sucede es que las partículas siguen todos los trayectos, y los
siguen simultáneamente:
"Suena a ciencia ficción, pero no lo es. Feynman formuló una expresión
matemática (la suma
de historias de Feynman)
que refleja esta idea y que reproduce todas las leyes de la física
cuántica. En la teoría de Feynman las matemáticas y la representación
física son diferentes de la formulación original de la física cuántica,
pero las predicciones son las mismas" (75).
En sustancia, aunque las partículas individuales tienen este
comportamiento pongamos que impredecible, "para los objetos grandes, las
trayectorias muy similares a la trayectoria predicha por Newton tendrán
fases similares y se sumarán para dar un resultado cuya contribución a
la suma es la mayor con gran diferencia, así el único destino que tiene
una probabilidad efectivamente mayor que cero es el destino predicho
por la teoría newtoniana, y ese destino tiene una probabilidad que es
casi de uno. De ahí que los objetos grandes se muevan igual que predice
que lo van a hacer la teoría de Newton." (79).
Esto parece una manera razonable de reducir la mecánica newtoniana a
mecánica cuántica. Lo que parece más dudoso (y contradictorio) es la
suposición continuada que se insinúa en este libro de que cualquier sistema es en principio
igualmente azaroso, sea subatómico o no. Por ejemplo cuando se dice que
"Feynman mostró que, para un sistema general, la probabilidad de
cualquier observación se construye de todas las historias posibles que
podrían haber llevado a esa observación. Por eso su método se llama la
formulación de 'suma de historias' o de 'historias alternativas' de la
física cuántica" (80).
Insistamos sólo en que la observación de objetos grandes no es lo mismo
que la de partículas subatómicas, y que por tanto la relevancia de esas
historias alternativas es proporcionalmente tanto menos relevante en un
ámbito que en otro. Más confusión puede surgir todavía si la noción de "pasado"
definido en términos físicos, de física cuántica, se extiende
indebidamente a la construcción del pasado en otros ámbitos o
disciplinas—además de otras escalas. Por tanto, cuando Hawking/Mlodinow
reescriben el pasado newtoniano, habría que ser muy prudentes y no
extenderlo indebidamente del modo que decimos:
"Esta idea [las historias alternativas de Feynman] tiene importantes
implicaciones para nuestro concepto del 'pasado' En teoría newtoniana,
se presupone que el pasado existe como una serie definida de
acontecimientos. (...) La física cuántica nos dice que por muy
exhaustiva que sea nuestra observación del presente, el pasado (no
observado), como el futuro, es indefinido, y existe sólo como un
espectro de posibilidades. El universo, según la física cuántica, no
tiene un único pasado, o una única historia" (82)
Perdón: pero yo diría más bien que sí tiene una sola historia a gran escala, aunque sea borrosa, o un jardín de senderos que se bifurcan, a pequeña escala.
"En este capítulo hemos ilustrado la física cuántica empleando el
experimento de la doble ranura. En lo que sigue aplicaremos la
formulación de Feynman de la mecánica cuántica al universo en su
conjunto. Veremos que, como una partícula, el universo no tiene una
única historia, sino todas las historias posibles, cada una con su
propia probabilidad; y nuestras observaciones de su estado actual
afectan a su pasado y determinan las diferentes historias del universo,
igual que las observaciones de las partículas en el experimento de la
doble ranura afectan al pasado de las partículas. Ese análisis mostrará
cómo las leyes de la naturaleza surgieron del Big Bang". (83)
Cada una con su propia probabilidad: la
desigualdad de probabilidades es aquí crucial, y sus implicaciones
podrían pasar desapercibidas en la formulación de Hawking/M, que peca
un tanto de matematizar la cuestión en exceso (cosa no sorprendente,
claro, viniendo de un matemático). El Universo no es un entorno subatómico, y no lo conocemos del
mismo modo que a las partículas. Aquí el peligro sería pasar
alegremente a presuponer que todos los universos imaginables existen al mismo título —como en Star Maker
de Stapledon—, y al mismo tiempo, sólo que
estamos en uno de ellos nada más—una biblioteca de Babel de tiempos
diferentes e historias entrecruzadas. Mientras que la conclusión más
correcta quizá sea la opuesta: que el pasado no existe (en el sentido en
el que existe el presente). La indeterminabilidad del nivel subatómico
no implica, ni mucho menos, la existencia
cierta
de muchas líneas de pasado y futuro en la evolución del universo
macroscópico—más bien muy al contrario. Para más detalles sobre la no
existencia del pasado, y del futuro, encuentro conveniente remitir a la
Filosofía del Presente de
George Herbert Mead.
Puesto que el pasado no existe (ya), habrá que construirlo,
constantemente—pero ese pasadoh construido existe en tanto que operación
cognitiva en unos agregados macroscópicos llamados astros, cuerpos, seres
vivos, humanos, etc. Por supuesto reconstrucciones de ésas habrá
muchas y alternativas—incluso las hechas por científicos, cuando se topan con la
imposibilidad de determinar el nivel subatómico. Como se ve, es
compleja la cuestión de a qué nivel y en qué medida existe el pasado, y
en qué muchos sentidos puede decirse que es un espectro de
posibilidades según a qué nivel de abstracción hagamos el corte. Y en
una teoría física, cuántica o no, no cabe una epistemología, ni una
hermenéutica. La cuestión del pasado no quedará otra solución que
tratarla al nivel macroscópico o microscópico adecuado para cada
circunstancia y necesidad, y disciplina. O, lo que es lo mismo, con los
instrumentos cognitivos apropiados para cada uno de los fenómenos
emergentes que se dan a los distintos niveles de escala física.
Volvemos al Hotel California, uno de esos sitios suspendidos
fuera del tiempo que solemos visitar—y en los que quizá siga embebido
nuestro fantasma, tomando champán rosa, cuando nosotros pasemos a otros
asuntos.
Vaya, me ha salido tolerable. Me voy a tomar un Château d'Ayud para celebrarlo.
La
noticia de ayer de El Periódico
sobre la resolución del contencioso docente en Filología Inglesa
aparece hoy recogida de nuevo en la sección de "las noticias más
valoradas" del periódico de ayer. Enlace
que también nos pasa
el resumen de prensa de la Universidad (excelente servicio, éste).
También aparece como la noticia de ayer más leída en el dossier de
prensa de la Universidad. O sea que algún eco ha tenido la cosa.
También me han escrito unos pocos colegas que habían pasado por asuntos
parecidos, para felicitarnos por la resolución favorable del asunto.
Otra noticia recogida en El
Periódico y el dossier es la
respuesta que al parecer ha dado la Dirección del departamento (o sea,
Ignacio Guillén) al periódico en relación a la noticia publicada ayer.
Merece un pequeño comentario—en puridad merecería una notita enviada al
periódico, pero tampoco están las naciones pendientes del tema. Y es
difícil enfocar el asunto de modo breve para quien no esté dentro de la
Universidad. Dice la nota de hoy que Filología defiende su forma de
adjudicar la docencia , aunque acata la sentencia del Juez, y el meollo
de la argumentación del Director del departamento de Filología Inglesa
y Alemana para "defender su método" es como sigue:
"Seguramente
sea más práctico recurrir a la jerarquía académica o a la antigüedad en
el cuerpo, pero nosotros creemos que, por ejemplo, impartir una
asignatura que tiene que ver con la Commonwealth sea impartida por
alguien con experiencia en la lengua inglesa", advirtió Ignacio
Guillén, director del departamento y sobre quien recaen las principales
acusaciones vertidas por los dos profesores que llevaron la
adjudicación a los tribunales.
Este razonamiento cambia de modo grotesco las proporciones del asunto,
pues ignora que la adjudicación se hace siempre entre profesores de la
misma área de conocimiento. Vamos, que parece sugerir como si yo no
supiera inglés, cuando soy Profesor Titular de esta materia, me doctoré
en ella en los años ochenta, tengo un máster en ella en una universidad
americana, y cinco quinquenios de experiencia docente reconocida y tres
sexenios de investigación.
El ejemplo sugiere que mi único mérito es la jerarquía o antigüedad en
la función pública. Pues no, señores. En la función pública y en el
área de conocimiento a la que pertenece la materia. Y con abundantes
méritos en ella, bastantes más que los demás candidatos reunidos.
Lo que pasa es que ante la imposibilidad demostrada de que el
departamento valore estos méritos de manera objetiva, pues por votación
decidieron que yo tenía cero publicaciones y cero años de experiencia
docente, y ante nuestras reclamaciones al respecto, el Juez optó por
anular todo el proceso y atenerse a los criterios más objetivables. O
sea que el criterio experto
del Departamento, al que parece aludir el Director, se ha aplicado de
manera tan torcida que ha habido que prescindir de él. Pero no llegará
la sangre al río, ni vendrán a hablarnos de la Commonwealth los viejos
catedráticos de teología, porque créanme que todo profesor de Filología
Inglesa es experto en Filología Inglesa, acreditadamente.
Otra cosa es que quizá a estos profesores a los que les hemos pasado
por delante, por currículum, o sea por jerarquía y antigüedad,
hubiesen trabajado más en los detalles del temario que ellos habían
programado. Pero es que ese temario y programa lo habían hecho ellos, y
no nosotros, porque los pusieron allí a dedo mientras que a nosotros se
nos excluía de entrada, en plan "no tienen ustedes derecho". Así que
hay una cierta petición de principio en toda esta cuestión de quién es
experto en lo suyo y quién es más idóneo para qué. Sobre estas cosas
guarda el Director un tupido silencio.
También defiende su postura el Director acudiendo a las cifras y al
voto popular (pues todos sabemos que las mayorías democráticas nunca se
equivocan): el Consejo de departamento, arguye, "votó con una balance
de 25 a favor de lo que defendíamos nosotros por sólo dos votos en
contra". Pues vaya, mire, resulta que los veinticinco se equivocaron, y
los veinticinco decidieron desoír la sentencia anterior del juez. Son
cosas que también pasan, que veinticinco vayan agarrados de la mano
hacia no se sabe dónde.
Y, por cierto, sí hemos señalado al Dr. Guillén como máximo responsable
a nivel administrativo de esta cuestión, porque lo es— él o la
Universidad que no enmendó su actuación. Eso no es una opinión nuestra,
es la responsabilidad atribuida por el Auto judicial, que no ha sido
recurrido. Pero la inspiración de esta política no proviene del Dr.
Guillén, eso también lo hemos dicho. Él, que no es catedrático, se ha
limitado, como los otros veinticinco y otros tantos más que dejaron
hacer, a seguir los deseos de los catedráticos en lugar de atenerse a
la normativa
o a las órdenes del Juez. Pero la inspiración originaria de todas estas
actuaciones erróneas proviene, y eso es de dominio público, de la Dra.
Susana Onega, que es la que siempre ha defendido la primacía docente e
investigadora de los profesores que pertenecen a los grupos de
investigación, por encima de los derechos de los demás profesores. El
mérito de pertenecer al grupo de investigación de los catedráticos
había de eclipsar y anular
todos los demás. Esto es también no una opinión sino un hecho que ella
misma supongo que no tendrá ningún problema en reconocer, pues ha sido
siempre su postura explícita y decidida y transmitida a todos los demás
profesores. Que sepamos, la sigue sosteniendo a pesar de la sentencia
del juez. Y lo mismo los Dres. Francisco Collado y Celestino
Deleyto, que han defendido lo mismo también por activa y por pasiva,
cosa que yo no me invento, en absoluto. En múltiples actas consta. En
la última acta que hemos recibido vuelve a defender el Dr. Collado la
"idoneidad" (entiéndase: definida
por los catedráticos) como criterio para asignar la docencia,
frente a la jerarquía y a la antigüedad que ordena utilizar el juez.
Lo que no consta en acta, pero también es muy cierto, es que si estos
doctores cambiasen de criterio, todos los demás irían de la mano
detrás, el Director el primero. Y por esa dejación de criterio pasa lo
que pasa, y acaban las cosas como acaban.
Nos pasan esta propuesta de
call for papers por la lista de distribución Narrative-L:
As editor of an upcoming
volume of literary criticism, I am looking for scholars interested in
contributing essays on the theme of technology and humanity. The book
will be published in 2011 as part of Salem Press' and EBSCO's Critical
Insights series, a literary criticism series designed to introduce high
school and undergraduate students to commonly studied works, authors,
and literary themes. Forty volumes in the series have appeared in the
past two years, and an additional twenty books are scheduled for
publication by the end of 2012.
Original essays will cover a
range of authors, works, genres, and technologies; most will consist of
approximately 5,000 words. Each writer will receive $250 for his/her
completed essay, which is due June 15, 2011. (This deadline is
inflexible due to the series' publication schedule.) Topics, works
covered, and order of the essays will evolve based on writers'
preferences, but here is a draft table of contents that includes press
suggestions of works and authors familiar to high school and college
students:
Technology and Humanity [Draft
Table of Contents]
About This Volume [by Carol
Colatrella]
On Technology and Humanity [by
Carol Colatrella]
Critical Contexts
1. Critical Reception: an essay
surveying major criticism about technology and literature
2. Critical Lens: a close
reading of an exemplary text that explores technology and explains a
particular critical standpoint
3. Cultural/Historical
Contexts: an essay surveying how works from different cultures and
periods reference technology and literature
4. Compare/Contrast:
comparative analysis of technology as a feature of two to three
literary works Critical Readings
5. Technology in Classical
Mythology
6. Narratives of Exploration,
Discovery, Space
7. Landscape and Agriculture in
Romantic Literature
8. Industrialization, Business,
Domestic Technologies in 19th-century Literature (Dickens, Gaskell,
Zola)
12. Robots and Cyborgs in
Fictions and Films (Stanislau Lem, Gibson's Neuroromancer, Blade Runner)
13. Technologies in Utopian
Literature (Bellamy, Piercy's He, She, and It)
14. War and Machines (Vonnegut,
Pynchon)
15. Narratives about
Detectives, Spies, and Surveillance (Eco's The Name of the Rose, Cory
Doctorow's Little Brother)
If you are interested in
writing one of the essays to appear in Technology and Humanity, please
email me your choice of topic and a one-paragraph description of what
you propose to write along with your contact information by February 1,
2011. thanks, Carol
-- Carol Colatrella
Professor, School of Literature, Communication, and Culture
Co-Director, Georgia Tech Center for the Study of Women, Science, and
Technology office phone: 404 894 1241 email:
carol.colatrella@lcc.gatech.edu
—¡Unos que pagan! Lo nunca visto. Y el tema es interesantísimo—me
tienta escribir el número 12, o el 13. Pero quizá soy ya demasiado
alérgico a los deadlines, y
además voy a tener un semestre ajetreado, así que no sé. Otra
cosa que en cambio igual acepto es una invitación que me ha llegado,
personal ésta, del grupo de narratología de la Universidad de Hamburgo,
para colaborar con ellos en el Manual
Viviente de Narratología. Es una responsabilidad, no
crean, unirse a tan selecto club.
Me he leído con mucho interés la última novela de Michel
Houellebecq, Premio Goncourt 2010, La
carte et le territoire. Me
dijo mi amiga Tere que había una polémica a cuenta de que había copiado
a la Wikipedia, y en efecto, la había—en la Wikipedia mismo puede
encontrarse el debate, en el artículo dedicado a Michel Houellebecq, el
cual no ha copiado el autor, a pesar de su notable interés por sí
mismo. Realmente merece un artículo en Vanity Fea,
el tema éste del uso de sí mismo que hace Houellebecq. En líneas
generales supongo que se le puede ubicar en la línea de este
razonamiento que hacía yo a cuenta de David
Lodge y Quin Dai,
hace poco. En una sociedad mediática en la que la literatura es
espectáculo, los best-sellers son espectáculo, y los autores son parte
del espectáculo, era de esperar que surjan usos experimentales de la
figura del autor, o curiosidades si se quiere, como el caso de
Houellebecq, que es uno de los principales personajes de esta novela,
ficcionalizado en parte, no puede ser de otra manera porque está
ambientada en el futuro, dentro de unos años. Si Houellebecq
copia a la Wikipedia, ha dicho, es en parte buscando un estilo neutro y
objetivo—quizá también como parodia anticipada del tipo de literatura
que puede tener éxito hoy en día. A Jonathan
Littell
lo llamaban novelista de wikipedia (por su documentación): bien se ve
que merece mucho más el calificativo Houellebecq, que a ratos también
aspira al estilo de la Wikipedia (a veces hay trozos mal pegados
incluso, pero no les criticaré yo el gusto a los jueces del Premio
Goncourt).
En suma, la novela va (al menos en parte) sobre la carrera artística de
Jed Martin, primero fotógrafo, luego pintor y luego cineasta
experimental por llamarlo algo. El título se refiere en parte a los
mapas Michelin que fotografiaba Jed, en una fase que le lanzó como
artista, después de unos estudios de arte un poco pasmados. De hecho
Jed está algo pasmado toda la vida, mira
la vida pasar,
como si no tuviese mucho que ver con él. En realidad es un artista muy
dedicado, aunque a un nivel se tome su arte tan poco en serio como su
vida—como Houellebecq copiando cachos de Wikipedia y haciéndolos pasar
por arte. A Jed le acaban lloviendo los millones cuando su obra (por
efectos del capitalismo) alcanza cotizaciones extravagantes y
ridículas, es un pintor bueno, lo sabe él mismo, pero en cuanto a la
lluvia de millones, dice, "Il ne faut pas chercher de sens à ce qui
n'en a aucun" (395). Y so it goes,
en efecto. El dinero no hace más feliz a Jed, ni más desgraciado. Se
aísla y vive el resto de su vida solo, dedicado a hacer unas películas
experimentales sobre la vegetación invadiendo las obras humanas, una
especie de pronunciamiento cósmico sobre la falta de sentido no sólo de
su existencia, sino de la existencia humana en general—lo superfluo de
las aspiraciones humanas vistas desde fuera, un punto de vista que Jed
(y su sosias Houellebecq) logran atisbar. Por cierto que la narración
simpatiza abiertamente, en la medida en que la simpatía es una emoción
de su registro, con este personaje totalmente carente de calor humano,
de empatía y de interés por sus semejantes. Suponiendo que los haya.
Pero tampoco es tan raro, Jed—le llega una carretada más de millones
mientras veía La Bande à Picsou
en Disney Channel, a falta de cosas más interesantes que hacer con su
vida. Conoce a una mujer hermosísima, inteligente, que lo aprecia—Olga,
que trabajaba para Michelin—pero la deja irse de su vida sin mover un
dedo. Cuando tiene oportunidad de volver con ella años después, una vez
medida la profundidad del vacío que ha dejado, vuelve a rechazarla, y
elige el absurdo de su existencia solitaria—más fiel quizá a la última
realidad humana, no sé, pero en todo caso más fiel a su vocación de
solitario. Con Olga había explorado el territorio,
además del mapa. Francia, la Francia rural en la que acabará
viviendo—por cierto, parece ser que Houellebecq había ido a parar al
cabo de Gata, como José Angel Valente, no sé si aún seguirá por allí.
En Jed vemos una versión parcial del propio autor, sin duda. Otra la
vemos en el propio personaje de Houellebecq, con quien siente Jed una
afinidad temperamental, y que será el tema de su último cuadro, de
precio disparatado. Se lo va a entregar a Houellebecq—y la
siguiente vez que volverá a su casa será para decirle a la policía que
el cuadro falta. Un detalle
que permitirá resolver el crimen que investigaba la policía.
Bien, porque otro episodio central de la novela es el asesinato
espectacular de Houellebecq, a quien encuentran en su casa hecho
jirones de carne, distribuidos por todo el salón imitando un poco una
pintura de Pollock. Su cabeza, y la de su perro, las han dejado
contemplando la escena. La policía pensaba en un asesinato ritual,
maníaco—y no sé por qué revisan sus ideas cuando descubren que lo ha
matado un coleccionista, por el cuadro al parecer. Cada cual que piense
lo que quiera—el asesino sí era un maníaco, un fabricante de monstruos
aunque a su manera es otro eco más del propio autor, con su mundillo
inhumano separado de la humanidad. Insisto en que estos
Houellebecq y Jed son sólo avatares
o humores del autor, aunque con el primero coincidan ciertos hechos
autobiográficos (como su estancia en Irlanda, o su depresión). Espero,
y supongo,
vamos—el mapa nunca coincide con el territorio, aunque esta novela
juegue con la idea—por muy hiperrealista que sea la pintura del mapa. Y
desde luego Houellebecq tiene aparte de mucha indiferencia a muchos
intereses humanos, un gran sentido del humor y una ironía olímpica
sobre sí mismo, o sobre la persona en la que podría convertirse en una
vida posible. Se presenta a sí mismo, en las visitas de Jed y en la
investigación policial, como un personaje asocial, aislado del mundo y
de la amistad, borracho, desorganizado en su vida
personal—probablemente ve mucho La
bande à Picsou
en Disney Channel entre cheque y cheque de sus editores. Aunque su vida
social es mucho más intensa, como se ve por el frenesí de nombres de
personajes reales, mediáticos, periodísticos etc. de Francia que
aparecen por la novela. El name-dropping
del que habla la Wikipedia: por una parte es una estrategia
transparente para lanzar la novela, para que hablen de ella los famosos
que en ella aparecen (Beigbeder, Sollers, etc.) y todos los que les
siguen la pista—parte del márketing mediático bien estudiado que
decíamos. Por otra, es obvio que es una estrategia interesante, y que
en cierto modo Houellebecq está cogiendo por los cuernos el toro de la
realidad con la que tiene que lidiar, en su labor de artista. El arte
aparece aquí como algo divorciado de la inteligencia—digamos que sigue
su propio instinto, su visión u obligación inexplicable, y son los
críticos (en el caso de Jed, el propio Houellebecq y otros) quienes
aportan una justificación intelectual para las labores del artista. El
mismo artista está viendo las aventuras del tío Gilito; y por supuesto
es el mercado quien decide la cotización, un absurdo del cual no
hablaremos más, como Wittgenstein (395).
"Nous aussi, nous sommes des produits", le dice Houellebecq a Jed,
viendo su coche, "des produits culturels. Nous aussi, nous serons
frappés d'obsolescence. Le fonctionnement du dispositif est identique—à
ceci près qu'il n'y a pas, en général, d'amélioration technique ou
fonctionnelle évidente ; seul demeure l'exigence de nouveauté à l'état
pur" (172)
—Y a eso aspira la novela, a estar atenta a su tiempo, y al futuro
inmediato que la va a desplazar y a revelar su irrelevancia.
Otros hilos tiene la novela, que como digo es un retrato rico,
sarcástico, de la soledad occidental hipermediatizada e
hiperrepresentada. Por ejemplo la relación de Jed con su padre. Es
también tema de un cuadro suyo (de la serie de cuadros hiperrealistas
sobre profesionales que lo hace multimillonario). Lo ve una vez al año,
un ritual absurdo de comida navideña, y poco más. El propio Houellebecq
tampoco tuvo buena familia, y podría decirse que se ve. El padre de Jed
va a morir, no tiene apego a la vida, le parece una triste broma que le
hayan tenido que poner un ano artificial, y se va a Suiza a una
floreciente empresa dedicada a la eutanasia—mucho más floreciente que
el burdel de la puerta de al lado, al parecer atiende esta empresa a
cien clientes diarios. Jed va a preguntar por su padre, que fue
"atendido debidamente"—y acaba dándole una paliza a la gerente. Pero
sin gran pasión tampoco, sólo quizá por justicia estética o sentido del
deber. Las despedidas de los padres suelen ser malas e insuficientes;
ésta capta lo malo de modo muy logrado.
Bueno, quizá me despida yo con una descripción de Houellebecq visto por
Jed visto por Houellebecq. Tenía el autor unos cincuenta años aquí, es
varios años antes de su muerte que tendrá lugar en el futuro inmediato,
hacia 2015, y esperemos que no esté calculada. Jed llama a la puerta de
Houellebecq, en Irlanda:
Tocó
y redobló durante al menos dos minutos a su puerta, bajo una lluvia
violenta, antes de que Houellebecq viniese a abrirle. El autor de Las Partículas Elementales
iba vestido con un pijama rayado gris que le daba una vaga apariencia
de presidiario de culebrón televisivo; llevaba el pelo revuelto y
sucio, la cara colorada, casi como si tuviese rosácea, y apestaba un
poco. La incapacidad de asearse es una de las señales más seguras de la
caída en estado depresivo, se acordó Jed. (....) Las cajas de las
mudanzas seguían sin abrir. Había echado barriga desde la última vez,
pero su cuello, sus brazos, seguían igual de descarnados; parecía una
tortuga vieja y enferma. (166)
¡La figure de l'auteur,
indeed! Como decía, no le falta humor ni autoironía, dentro de la
desolación. Cierto que es un experimento literario logrado, La carte et le territoire, aunque
adolezca de obsolescencia prevista, si no planificada. Take it sudden as it flies / Though you
take it not to hold...
And still those voices are calling
from far away.... Así sin ensayar, agarro la guitarra y esto es lo que sale bajo
el epígrafe "Hotel California". Siempre prometo que algún día las
ensayaré más, y a veces cumplo.
Quizá no esté de más aclarar que no conozco al periodista ni he tenido
ningún contacto con él, aunque desde luego le agradezco que dé a
conocer la cuestión a sus lectores.
La noticia ha sido difundida a través del servicio de prensa de
la Universidad (también está en
este enlace). Se señala que "La asignación de la docencia en
Filología acaba en los tribunales. El juez da la razón a dos profesores
contra la ordenación seguida por el departamento. La sentencia obliga a
apelar a la jerarquía académica y a la antigüedad".
Una pequeña inexactitud en la formulación de El Periódico es que yo no
digo que haya trato de favor "hacia los catedráticos" (lo hay de oficio
y por norma, vamos, que no es de favor sino de sistema)—a lo que iba es
que hay trato de favor a los miembros de los equipos de los
catedráticos -- no catedráticos ellos mismos, pero que ejercen como
tales con el único mérito decisivo de tener alianzas adecuadas.
Este departamento sigue estando infradotado de catedráticos, aunque la
cosa se va remediando (es un decir) con las promociones de estos
últimos años. Yo recomiendo a los catedráticos que si tan interesados
están en promocionar a los miembros de sus equipos, que los hagan
catedráticos, en lugar de hacerlos pasar por delante por la puerta
falsa. Se lo agradecerán ellos, los primeros.
En cuanto a mí, diría yo a lo Groucho Marx que es un club, el de los
catedráticos, al que prefiero tener el honor de no pertenecer, visto lo
visto. Les envidio (un poquito, tampoco es para tanto) su sueldo, pero
sus maneras son detestables, y el criterio que ejercen es casi
invariablemente torcido, parcial e interesado, guiado únicamente por
alianzas pasadas, presentes y futuras, favores mutuos y dependencias
feudales. Un mismo mérito puede valer cien
o cero, indistintamente,
según sople el viento, en el tipo de valoración en que es especialista
un catedrático. El instrumental requerido para la profesión es un
embudo de tamaño natural, y en la medida en que se puede vender
efectivamente el alma, es en estos tratos donde se vende.
Además, las uvas de la promoción a cátedras están verdes: otros tienen
más "méritos acumulados" que yo, con todo este asunto a cuestas; van
mucho mejor encaminados a la cátedra, y sería necedad pretender
competir con currículos tan abultados.
Podría ser el título de algún grabado de los Caprichos de Goya. Y tiene
ironía la cosa. Ahora resulta que algunas de las mejores pinturas de
Goya, de las más geniales y originales, son como son porque resultaron
gravemente dañadas en su traslado y "restauración".
Graves daños que, como se ve, las mejoraron y las hicieron menos
convencionales de lo que eran en un principio. Así, el famoso perro
enterrado que pintó Goya era menos abstracto y minimalista que el que
ahora se exhibe en el Museo del Prado. Y la Pelea a Garrotazos no
presentaba a los dos personajes enterrados en el suelo hasta las
rodillas.
Era una pelea más vulgar y menos expresionista. Parece que los
desperfectos les sentaron bien a las pinturas, y el pincel de Goya se
volvió más suelto y atrevido, retroactivamente.
Aquí hay una
noticia de El Heraldo de Aragón que da más detalles, y que sin
embargo no capta la deliciosa ironía de la situación. Sic transit
Goya...
____
PS, febrero 2011:
Aún mas sobre las pinturas negras de Goya, en La Vanguardia y en The Times. Tampoco la mirada del Saturno era de Goya—luego sí, y ahora, menos.
Me suscribo al canal de YouTube de Regina Spektor. Eh, que sólo
tiene 33544 suscriptores, conmigo. Merece más—me recuerda algo a Kate
Bush, en lo chiflada e imaginativa. En Spotify también hay mucha Regina
Spektor—lástima, así no le voy a comprar ningún disco.
It’s like forgetting the words to
your favorite song You can’t believe it You were always singing along It was so easy and the words so sweet You can’t remember You try to move your feet
It was so easy and the words so sweet You can’t remember, you try to feel
the beat...
Me ha gustado pasablemente este fragmento de Lawrence Grossberg
sobre el posicionamiento y constitución social del sujeto. Más en
todo caso que la conclusión global del artículo, que termina con un
suspiro utópico en pos de una política de la identidad en la que el
Sujeto fuese totalmente autónomo y eligiese sin condicionante alguno a
qué grupos o colectivos se habría de adherir para autodefinirse y
autoarticularse. (Supongo que la admisión a todos los clubs también
sería libre y sin condicionantes, jjj...). Mundo celestial,
parece mentira que un materialista cultural admita siquiera semejante
planteamiento angélico. En fin, aquí "la cuestión del sujeto" según
Grossberg, traduzco:
La
cuestión del sujeto es una cuestión epistemológica, en el sentido más
amplio del término. El sujeto describe una posición en el seno de un
ámbito de subjetividad o de un ámbito fenomenológico, producida por una
maquinaria subjetivizadora específica (ya que no todas las
subjetivizaciones son sujetificadoras). En la medida en que todos
tienen una experiencia del mundo, la subjetividad debe ser en cierto
sentido un valor universal (que de hecho puede ser accesible a más
seres además de los humanos). Todos tienen alguna forma de subjetividad
y así, en al menos un sentido, existen como sujeto, aunque
investigaciones más detalladas habrían de especificar las diferentes
formas de la existencia del sujeto. Todos existen en el centro de un
ámbito fenomenológico y por tanto tienen algún tipo de acceso a la
experiencia, a algún tipo de conocimiento sobre sí mismos y sobre su
mundo. Por supuesto, bien puede ser que la subjetividad en tanto que
valor necesario para la vida esté también desigualmente distribuida,
que algunos individuos puedan tener la posibilidad de ocupar más de una
de esas posiciones, que algunas de esas posiciones ofrezcan
perspectivas específicas sobre la realidad que sean diferentes de
otras, o que algunas posiciones vengan a ser más valoradas que otras.
Podemos
especificar algo acerca de la forma moderna de la subjetividad
remitiéndonos al argumento de Althusser (1971) —y releyéndolo: la
subjetividad moderna ha de funcionar, hasta cierto punto, en el sentido
de "autorizar" la experiencia misma, aunque, de nuevo, algunas
posiciones bien pueden ser más capaces que otras de dar expresión a su
"autoridad" y de defenderla. En este sentido, la subjetividad no es una
cuestión ontológica sino un valor epistemológico contextualmente
producido. En términos de Deleuze, es el producto de una máquina
estratificadora que produce lo real como una relación de contenido
(cuerpos) y de expresión (subjetividad como valor).
Naturalmente, la subjetividad en este sentido es abstracta. Y al menos
en el seno de las sociedades humanas, siempre está inscrita o
distribuida en códigos culturales que organizan a los sujetos
definiendo identidades sociales. Tales códigos valoran de modo
diferencial determinadas posiciones concretas en el ámbito de la
subjetividad. En otros términos, aunque todo el mundo existe en los
estratos de la subjetividad, también están localizados en posiciones
particulares, cada una de las cuales capacita dando posibilidades de
experiencia y limitándolas, posibilitando la expresión de esas
experiencias, y proporcionando legitimaciones para esas
representaciones. Así, la cuestión de la identidad es una cuestión de
poder social y de su articulación, de su anclaje, en el cuerpo de la
población misma. En ese sentido, el yo en tanto que encarnación
material de las identidades, los puntos materiales en los que los
códigos de diferencia y distinción se inscriben en el ente social,
existe sólo tras la inscipción de las diferencias históricas. Hall
(1992: 16), por ejemplo, describe la función del racismo como "dirigida
a sujetarnos a nosotros 'aquí' y a ellos 'allá', para fijar a cada cual
en el lugar designado para su especie". En términos deleuzeanos, el yo
es el producto de una maquinaria diferenciadora.
Aunque está
claro que las estructuras de la subjetividad y del yo pueden influir
en, y pueden articularse con cuestiones de poder y posibilidades
agentivas, no hay razón para suponer que sean las mismas o
equivalentes. De hecho, la cuestión de la agentividad es cosa de acción
y de la naturaleza del cambio. En su forma más común, es la cuestión de
Wittgenstein: ¿Qué diferencia hay entre que yo levante el brazo y que
mi brazo se levante? Plantea cuestiones de intencionalidad pero sin
presuponer una respuesta mentalista ni voluntarista. Obviamente, en el
ámbito de los estudios culturales la cuestión de la agentividad supone
más que una simple pregunta sobre si la gente controla sus propias
acciones mediante algún acto volitivo. En términos de la modernidad
clásica, la cuestión de la agentividad plantea cuestiones sobre el
libre albedrío, o sobre cómo puede ser que la gente sea responasable
por sus acciones determinadas. Pero en términos culturales más amplios,
las cuestiones de agentividad implican la cuestión de las posibilidades
de acción como intervenciones en los procesos mediante los cuales la
realidad se está transformando continuamente, y en los que se ejerce el
poder. Es decir, en términos de Marx, el problema de la agentividad es
el problema de comprender cómo la gente hace la historia en condiciones
que no son obra suya. ¿Quién llega a hacer historia?
(de "Identity and Cultural
Studies", en Questions of Cultural
Identity, ed. Stuart Hall y Paul Du Gay. Sage, 1996, pp. 98-99).
Aún no había escrito esto Lawrence Grossberg cuando adquirí mi primer
libro suyo—sin comprarlo, por cierto. Era Marxism and the Interpretation of Culture,
y servía de tope para mantener abierta una puerta en mi residencia de
estudiantes, en Providence, Rhode Island. En 1989, cuando aún no había
caído el Muro. La URSS cayó, recuerdo, años después—un verano, mientras
yo limpiaba una piscina cerca de Chimillas.
Volviendo de la plaza con Ivo y Oscar me explican sus gustos
literarios—aclarándome que no incluyen a Jane Austen, pero sí en cambio
exquisita literatura como por ejemplo Tolkien. Y especifica más Ivo: Ivo:—El otro día probé los
libros, para ver a qué sabían. Y los de Tolkien saben salados, muy bien
sabían. Los de Christopher Tolkien, que me estoy leyendo ahora Los hijos de Húrin, saben dulces.
Los de C. S. Lewis saben agridulces; los de Terry Pratchett casi
agrios. Y los de J. K. Rowling saben ácidos.
Oscar: —Hum, pues es una
suerte que así los ciegos podrán también disfrutar de esta literatura,
sobre todo si se les agudizan los sentidos, incluido el gusto.
Oía yo ésta en Wish You Were
Here... creo.
Allá por 1980, o antes. Entonces no tenía hijos, ni máquinas a las que
dar la bienvenida. Ahora... bienvenidos a la máquina.
Llevo años ya
republicando mis viejos escritos, sin llegar a
alcanzarme. Cierto es que lo hago por triplicado. Hoy subo a Academia
un viejo artículo, escrito en los ochenta y publicado hace veinte años,
sobre teoría de la interpretación.
Apareció en la Miscelánea
departamental, pero veo que ese volumen no está en red. Ya en
tiempos lo
colgué en html, y ahora con Zamzar lo he convertido limpiamente a
PDF para subirlo a mis repositorios habituales como el SSRN y Zaguán.
Otro artículo procedente de mi tesis de máster de Brown sobre "El
Monstruo" de Stephen Crane, también de la misma época, y que también
apareció en la Miscelánea.
En html está aquí.
También lo subo al SSRN.
Mucho escribí sobre cuestiones de intencionalidad por esa época, y aún
sigo en ello a veces. Algunos artículos más sobre el tema hay en mi página de publicaciones.
Recomiendo no perderse esta película, en especial a quien
le gusten las películas de judíos perseguidos y de nazis—más en
concreto el tipo de público al que le gustó La decisión de Sophie, con
la que tiene algunos puntos estructurales de contacto. O, por traer la
cosa más cerca, a quien le gustase Il y a longtemps que je t'aime,
de Philippe Claudel, que no es de nazis pero sí de secretos y culpas
del pasado enterrados largo tiempo. Y que es otra película francesa
reciente que también recomiendo mucho. Por cierto que en las dos hacen
papeles
memorables tanto Frédéric Pierrot como Kristin Scott-Thomas.
Aquí siguen muchos spoilers, no suelo avisar yo de estas cosas. En IMDb
hay más datos sobre esta película, llamada allí Her name was Sarah.
Tiene mucho mérito la película al retratar el colaboracionismo y
antisemitismo francés, con ocasión del episodio del Velódromo de
Invierno, de París, en el que miles de judíos fueron hacinados tras una
redada por los barrios parisinos en el verano de 1942, y fueron
deportados luego a los campos de exterminio. Todo a cargo de la policía
francesa, a las órdenes de los nazis.
La película se origina en torno a dos personas que ocupan sucesivamente
el mismo piso del barrio del Marais—Sarah Starzinsky, una niña, es
apresada allí con sus padres—pero antes de salir deja a su hermanito
Michel escondido en el armario y lo encierra con llave, diciéndole que
volverá, que espere...
El piso es ocupado desde ese verano por la familia Tezac, y muchos años
más tarde, la protagonista de la película, Julia Armond (Kristin Scott
Thomas) va a trasladarse a él, con su marido Bertrand Tezac (Pierrot),
hijo de los viejos ocupantes. Pero Julia está escribiendo un artículo
sobre los judíos deportados de París, y decide investigar qué pasó para
que ese piso quedase libre en el verano del 42. Descubre Julia un
esqueleto en el armario de la familia, por así decirlo. Sarah
consiguió escaparse del campo, y consiguió volver con su llave a
colarse en el piso y abrir la puerta a su hermanito—pero lo encontró
allí muerto, y de eso fueron testigos el abuelo de Bertrand y su padre.
Éste le cuenta a Julia lo que sabe, un secreto bien guardado, del cual
Bertrand no sabía nada. La película alterna entre la historia de Sarah
y la de Julia, sacando poco a poco a la luz los años ocultos.
Julia investiga, y
descubre en los archivos, entre tantos y tantos muertos con nombres,
apellidos y fotos, la constancia de la muerte de los padres de Sarah,
en los campos nazis. Pero Sarah no consta; ha desaparecido. Tras
las revelaciones de su suegro, descubre
Julia que Sarah estuvo unos años en el campo con una familia que la
había recogido tras su fuga, pero luego se fue a América. Allí le sigue
la pista Julia, y acaba descubriendo más cosas—que Sarah se casó
allí y que se suicidó poco después de tener un hijo. Su familia
americana no sabía nada de su pasado europeo. También localiza al hijo,
para quien todo era secreto—ni idea de su identidad judía oculta, pues
Sarah temía las persecuciones. Algún trauma mal asumido la llevó a
suicidarse—posiblemente la angustia que siente por la muerte de su
hermanito. Trae a la vida a un niño, y luego se suicida,
inexplicablemente, como Primo Levi, una más de los salvados ahogados.
Al principio el hijo de Sarah, William, no quiere saber nada de esta
historia que le descubre un secreto de familia doloroso, y le vuelve
irreconocible a su madre. Son cosas que pasan—a veces la gente más
próxima arrastra estos secretos, y nos
da sorpresas póstumas. Hay que reescribir la historia
recibida, como decía Oscar Wilde—es un deber. Con
el tiempo comprenderá mejor William su propia historia, y se
reconciliará con Julia, a quien había despachado con malos modos. Quizá
incluso acaban juntos como pareja.
Porque aquí interviene la otra línea argumental de la película: la
crisis matrimonial de Julia. Tras muchos años de intentar tener un niño
con Bertrand, se ha quedado embarazada—y éste no lo quiere. De hecho,
la presiona para que aborte. Y a punto está Julia de hacerlo, por él,
porque ella sí quiere tener el niño... (cosas que hace la gente,
también, incluso gente supuestamente inteligente). Pero se interfiere
la otra historia, y sale corriendo de la clínica abortiva. Y tendrá a
su niña, y se separará de Bertrand. La niña se llamará Sarah.
La película es una soterrada polémica contra el aborto. Es la
convergencia entre las persecuciones judías y la práctica del aborto
gratuito donde se apoyan tanto el argumento como el simbolismo de la
película. Establece un
paralelismo, en su doble línea argumental, entre la chocante
indiferencia de los parisinos a la persecución y exterminio de los
judíos, y la indiferencia y falta de sensibilidad de todos los
civilizados occidentales que rodean a Julia, frente a la cuestión del
aborto. Julia paseándose entre las fotos de los judíos exterminados
también se está paseando en cierto modo entre las fotos de quienes
podrían haber nacido y no lo hicieron por decisión de los que habrían
sido sus padres. La lista de judíos masacrados no es más larga que la
lista potencial de bebés que fueron abortados. Hay una
continuidad en la
ceguera selectiva y en la aceptación cotidiana de la crueldad—muchas
personas viven esto con angustia y ven en la cultura del aborto
contemporánea una "cultura de la muerte" con más analogías de las
deseables con otros exterminios industriales masivos del siglo XX. (No nos centraremos ahora en las
diferencias que por supuesto también hay).
Y analogías hay —la película las señala de modo no insistente
sino más bien indirecto y simbólico. Lo que da fuerza a Sarah para huir
del campo y vivir es la llave que tiene, la que sacará a su hermanito
del armario donde lo ha encerrado—a la vez un útero acogedor y
protector, y una tumba que le espera sin él saberlo. La existencia de
su propio hijo, William, quizá se deba al recuerdo traumático de ese
pequeño tío suyo, Michel, del cual nada sabía. Sarah se quita la vida
cuando William tenía aproximadamente la edad de Michel—quizá demasiado
hastiada de responsabilidades, o abrumada sin más por un profundo
trauma. Y la historia de Sarah, al entrecruzarse subliminalmente con la
del embarazo de Julia, hará que ésta tome la decisión de seguir por su
cuenta y marcar distancias con respecto a un marido que la quiere hacer
abortar. Julia consigue hacer salir del armario de su vientre a la
pequeña víctima simbólica. A la niña que nace le pone de nombre Sarah,
en homenaje consciente a la pequeña superviviente. La película
propone que con la salida a la luz de los secretos ocultos el trauma se
supera, y se puede seguir adelante, siendo conscientes del peso de la
historia pero también liberados en parte de él. Bertrand era partidario
de enterrar los secretos de familia; Julia prefiere enfrentarse a
ellos, aunque las consecuencias sean desagradables. Asumir las
responsabilidades del pasado a veces requiere reorganizar el presente,
y tomar una dirección que quizá nos transforme y nos haga ver las cosas
de otra manera, y nos separe de la gente a la que queríamos.
Entretanto, han quedado víctimas por el camino.
Her Name Was Sarah. (La llave
de Sarah). Dir. Gilles Paquet-Brenner. Screenplay by Gilles
Paquet-Brenner and Serge Joncour, based on Tatiana de Rosnay's novel Elle s'appelait Sarah.
Cast: Kristin Scott Thomas (Julia Armond), Mélusine Mayance (Sarah
Starzynki), Niels Arestrup (Jules Dufaure), Frédéric Pierrot (Bertrand
Tezac), Michel Duchaussoy (Édouard Tezac), Dominique Frot (Geneviève
Dufaure), Gisèle Casadesus (Mamé), Aidan Quinn (William Rainsferd),
Natasha Mashkevich (Mme. Starzinski), Arben Bajraktaraj (M.
Starzinski), Sarah Ber (Rachel), Karina Hin (Zoe Tezac), James Gerard
(Mike Bambers), Charlotte Poutrel (Sarah jeune femme). Music by Max
Richter. Cinemat. Pascal Ridao. Ed. Hervé Schneid. Prod. des. Françoise
Dupertuis. Exec. Prod. Gaetan Rousseau. Prod. Stéphane Marsil. France:
Hugo Productions – Studio 37 – TF1- France 2 (…), 2010.*
Estoy en buena compañía con lo mejorcito de la Filología—entre
asociaciones de prestigio, referencias a otras universidades alemanas,
y publicaciones como éstas:
Stanford Encyclopedia
of Philosophy Diccionario de
la Lengua Española Encyclopaedia
Britannica Encyclopedia of
Judaism Internet
Encyclopedia of Philosophy The Living
Handbook of Narratology Oxford English
Dictionary Oxford
Reference Online... etc.
Mi enlace está al final, entre las bibliografías, que además de la mía
son éstas:
Annotierte
Bibliographie zur Literaturtheorie Bibliographie
der Deutschen Sprach- und Literaturwissenschaft (BDSL Online) Les
bibliographies annotées de ADARR MLA
International Bibliography Studienbibliographie
zur Neuskandinavistik
Tampoco es sean del mismo nivel todas, pero... —"albricias y otras
palabras alegres", como decía Leoncio el León.
Nos anunciaban ayer la puesta en marcha remozada de la
aplicación Sideral, para poner el currículum en red.
(Ya arrancó en 2007, y ahora han introducido más datos). "Además se han
completado todos aquellos campos necesarios para el desarrollo del
Currículum Vítae Normalizado (CVN) y se han establecido los
procedimientos de carga y validación de datos coordinando a las
diferentes unidades". Está en la intranet universitaria en https://gestiona.unizar.es/sideral
Tiene algunas arbitrariedades incorporadas por sistema: por ejemplo, se
puede subir un ejemplar en PDF de los artículos, pero no de los
capítulos de libro. No sé por qué para la evaluación habrían de
requerirse unos sí y otros no. Tampoco puedes
elegir entre opciones de visionado, público o privado—es de uso
confidencial y limitado a cada funcionario y sus evaluadores, con lo
cual, como base de datos, deja bastante que desear. No sé ni por qué me
he molestado en subir una copia de los artículos, pero allí ha ido—a la
lista de artículos que me admiten, que entiendo son estrictamente los
publicados en revistas académicas.
Por lo que veo el aspecto más antipático de Sideral no va a ser la
interfaz, sino esta separación con tiralíneas entre lo académico y lo
no académico, lo que ha recibido el visado de algún editor o revista y
lo que no. Como principio me parece (y hablo desde el punto de vista de
las humanidades) un tanto pernicioso—aunque supongo que precisamente
esa es la misión de estos sitios web, y de hecho de la Academia:
estandarizar, poner filtros formales, y encauzar las actividades y
esfuerzos del personal hacia los procedimientos y actividades
(supuestamente) deseables, que serán lo único que cuente en estas
evaluaciones administrativas, o sea evaluaciones de lo ya evaluado:
artículos ya aceptados, proyectos de investigación subvencionados, etc.
Aquí está una lista de mis artículos supuestamente válidos, según las
reglas del juego de Sideral—los demás no cuentan, es el all-or-nothingism que es inherente
a estas Normalizaciones y Estandarizaciones. No se molesten en pinchar
en los enlaces.
Su ordenación, como se ve, es
caótica—tampoco puede cambiarse. Luego, aparte, están los capítulos de
libro. Y los congresos, proyectos subvencionados, méritos de gestión,
etc. No hay ninguna sección para publicaciones en repositorios. Bien,
yo venía pidiendo que nos pusiesen un sitio centralizado para el
currículum en red, y se han cumplido mis deseos, pero como suele pasar,
no es exactamente lo que se esperaba uno. No
sé si este paso adelante hacia la Normalización me producirá el efecto
de normalizarme, y volver al redil de las publicaciones académicas en
revistas, o si quizá precisamente pasará todo lo contrario...
El volumen de información es relativo al uso que se hace de ella. Doce
segundos de película de alta definición tienen tantos bits como las
obras completas de Shakespeare. Las imágenes y el sonido son
especialmente golosos de megas; el texto no. Mi bibliografía sólo tiene
la ilustración de arriba. Según los cálculos de J. T. Huggins ("How Much Data
Is That"?)
los cerca de 300 megas de texto de esta bibliografía ocuparían, en
letra impresa, unos dos metros y medio de libros en una estantería.
Permítanme observar que en mi bibliografía no figura ninguna otra obra
más extensa de un solo autor. Suponiendo que una bibliografía pueda
tener un solo autor.
Empecé a hacerla, me parece recordar, en 1989, con mi primer Macintosh,
cuando vivía en la calle Albareda. Comencé reuniendo referencias que ya
tenía recogidas para el máster que hice en Brown, otras de la tesis
doctoral,
desde 1985, y de la tesina, desde 1984. Luego aún he incluido los
libros que he tenido desde siempre—total, que (retroactivamente
hablando) no se puede saber cuándo empecé a hacer esta bibliografía.
Supongo que terminarla la terminaré cuando se me acaben las fuerzas, o
la vida. Ganas y motivaciones no es que me queden, realmente, pero en
ello seguimos.
Os regalo, de Reyes, una bonita canción de Holly Cole, Waters of March
(en realidad una bossa nova jazzeada). Recomiendo oírla con el volumen
más bien alto. La he encontrado con el buscador
de canciones BeeMP3, donde se
puede bajar gratis, ésta y varios miles
más. http://beemp3.com/download.php?file=8464725&song=Waters+of+March A tu iPod, si lo tienes.
Este es el cuento escrito por
Oscar, para Deberes—es un deber, esto de los Reyes Magos. En el cuento
se juntan el cariño y la nostalgia por los abuelos... y la
Sospecha que corroe a los chavales, y que tan unida va a estas
ceremonias y tradiciones. Pero alguien ha decidido entrar en un pacto
de silencio, no me
cabe la menor.
Los
reyes magos
Había una vez un niño llamado Daniel.
Daniel esperaba con ganas la Navidad. Le gustaban los regalos y también
le gustaba el acto religioso. Unos días después llegó su abuelo. Quería
mucho a su abuelo, que tenía una gran barba blanca y espesa.
Justo el 5 de Enero, el anterior día a los reyes, dijo que tenía cosas
pendientes con sus dos amigos. Daniel no quería que su abuelo se fuese.
Al final se fue, y Daniel se puso a buscar la razón por la que se había
ido. Buscó en su agenda de cosas pendientes. Buscó en el 5 de Enero y
decubrió una cosa muy interesante. Decía:
Ir con Gaspar y Baltasar. Esos nombres le sonaban;
- ¡ah!, exclamó. Ya se acordó de esos nombres tan extraños.
Eran dos de los reyes magos.
-¿Qué tendrá que ver mi abuelo con los reyes magos? Se preguntó.
Quizá tenga unos amigos con esos nombres, pero; que casualidad que se
vaya el 5 de Enero, se parezca a como describen a Melchor y tenga DOS
amigos llamados Gaspar y Baltasar ¿no?
A la Navidad siguiente, solo que aún en Diciembre, sus amigos Gaspar y
Baltasar fueron a comer a casa de su abuelito, y Daniel le preguntó a
su abuelito:
¿Puedo ir contigo?
Y su abuelo dijo
-Vale Daniel, y se fueron. En esa casa se entretuvo mucho, y cuando
Gaspar y Baltasar llegaron, Daniel vió que también se parecían a la
descripción de la mayoría de personas sobre los reyes magos.
Después de una partida de parchís, le dijeron a Daniel que viese
la tele.
Daniel se fue, pero se puso a escuchar por detrás de la puerta.
Hablaron de que tenían que comprar todos los regalos que
necesitaban.
A Daniel le extrañó todo lo que dijeron.
También dijeron que esa noche prepararían los camellos.
Cada vez estaba más seguro de que su abuelo era Melchor, o que
trabajaba con los reyes magos. Subió a la buhardilla y vió unas túnicas
lujosas de seda oriental de gusano de seda. Ahora sí que estaba seguro
de que su abuelo y sus dos amigos eran Melchor, Gaspar y Baltasar, pues
decía los nombres en cada túnica.
En el siguiente 5 de Enero el abuelo también dijo que tenía que hacer
cosas con sus amigos, pero Daniel se escondió en el maletero del coche
donde el supuesto Melchor iba a reunirse con sus amigos. Llegó a
donde sus amigos esperaban con unos camellos con bolsas. Como a Daniel
le adelantaron sus regalos por ser bueno,había espacio.Se metió en una
de las bolsas y empezó el viaje. En unas horas que parecieron segundos
ya casi habían repartido todos los regalos del mundo, quitaron el
último regalo de la bolsa, descubrieron a Daniel,y al mismo tiempo
gritaron los cuatro:
¡AAAAAAAAAAhh! . Desde entonces solo Daniel y los reyes magos
saben quién es Melchor, y Daniel no se lo dijo nunca a nadie.
Arguyen Hawking & Mlodinow que si nuestro mundo fuera una
burbuja de realidad, una ilusión contenida en el seno de otra realidad,
todavía tendría sentido hablar de nuestra propia realidad, limitada, en
la medida en que la ilusión fuera consistente y siguiera
leyes.
Un pez en una pecera ve la realidad distorsionada, pero en la medida en
que la distorsión es coherente, su realidad es real. Si hubiese un más
allá de nuestra realidad pero esta mantuviese consistencia perfecta, no
podríamos deducir si existía o no una realidad detrás de la simulada.
Es de hecho lo que sucede en Matrix:
para todos los habitantes de Matrix, la realidad ilusioria en la que
viven es la única que hay, y son sólo las inconsistencias que se
infiltran "desde afuera" hasta individuos como Neo lo que les permiten
romper la ilusión y descubrir la auténtica naturaleza (limitada y
derivada) de la realidad en que vivían. No es una experiencia ajena a
la humanidad: de hecho construimos realidades autocontenidas, y a veces
una ruptura del marco que rodea o acota esas realidades nos permite ver
la naturaleza construida de la realidad que tomábamos por "natural" o
espontánea: charadas, bromas pesadas, espionaje… lo que Goffman analiza
en Frame Analysis bajo la
denominación de fabrications.
Una realidad, en la medida en que es consistente, depende pues de las
leyes que aseguran su consistencia. Los sueños son una realidad efímera
e inconsistente, pues no enlazan unos con otros, de una noche para
otra, y es nuestra experiencia despierta la que los enmarca y los
acota, no viceversa: los sueños no tienen la continuidad necesaria para
llegar a rivalizar con la realidad, por muy vívida que sea la realidad
limitada que se genera en el seno de cada cual. Vemos pues que la
naturaleza de la realidad es cognitiva, comunicativa, estructural, y
semiótica. Dicho al modo de Hawking y Mlodinow,
"no
hay un concepto de realidad que sea independiente de una representación
o de una teoría. En lugar de esto adoptaremos un punto de vista que
llamaremos realismo modelo-dependiente: la idea de que una teoría
física o una imagen del mundo es un modelo (generalmente de naturaleza
matemática) y un conjunto de reglas que conectan los elementos del
modelo con observaciones. Esto proporciona una infraestructura con la
cual interpretar la ciencia moderna" (42-43).
El problema (aunque no parece un problema a Hawking y Mlodinow) a la
hora de definir la naturaleza de la realidad de este modo es que puede
haber varios modelos que justifiquen la existencia y apariencia de los
fenómenos que observamos: así,
"teorías
diferentes pueden describir con éxito el mismo fenómeno mediante
infraestructuras conceptuales diversas. De hechom, muchas teorías
científicas que habían tenído éxito probado fueron más adelante
reemplazadas por otras teorías igualmente exitosas, basadas en
conceptos de realidad totalmente nuevos" (44)
Claro que el cambio y el desplazamiento no era caprichoso o arbitrario.
Las nuevas teorías y el nuevo modelo global del mundo era más
consistente con otras observaciones o fenómenos que escapaban al marco
del primero. El realismo modelo-dependiente no elige lados entre el
realismo filosófico y el idealismo, entre Johnson y Berkeley.
"Según
el realismo modelo-dependiente, no tiene sentido preguntar si un modelo
es real, sólo hay que preguntar si concuerda con las observaciones. Si
hay dos modelos que concuerdan con las observaciones, como el del pez
en la pecera y el nuestro, entonces uno no puede decir que uno sea más
real que el otro" (46)
Se advertirá aquí la tendencia matematizante y formalizante del
argumento de H&M: si los modelos son matemáticamente consistentes,
son igualmente válidos de por sí. A la vez, queda la pregunta de
qué pasa con el conflicto que se da entre el modelo más simple y
natural a aplicar en una situación (por ejemplo, "el sol gira alrededor
de la Tierra") y el modelo más complejo pero que más fenómenos ayuda a
explicar, aunque la relación entre ellos no sea obvia para la mayoría
de
los observadores ("la tierra gira alrededor del sol"). ¿Qué
observaciones son las que hemos de tener en cuenta? La respuesta de
H&M es, "depende del fenómeno que queramos explicar". Hay de hecho
un continuo entre la construcción de modelos por parte del científico y
los modelos mentales tanto conscientes como inconscientes que generamos
y aplicamos para entender el mundo—de hecho para generar su
representación en el cerebro, pues el mundo es a la vez el entorno
físico en el que nos movemos y el modelo mental de dicho entorno:
"No
hay manera de separar al observador—a nosotros—de nuestra percepción
del mundo, que se crea mediante nuestro procesamiento sensorial y
mediante la manera en que pensamos y razonamos. Nuestra percepción—y
por tanto las observaciones en las que están basadas nuestras
teorías—no es directa, sino que más bien recibe forma a través de una
especie de lente, la estructura interpretativa de nuestros cerebros
humanos". (46)
El cerebro combina la información de los sentidos, llena huecos,
construye hipótesis, y en suma genera una versión viable y coherente de
la realidad. De modo similar, una hipótesis científica formula un
modelo coherente de la realidad, y el único criterio para elegir entre
modelos alternativos es la simplicidad (siendo preferible el modelo más
simple que sea coherente con las observaciones, y que permita hacer
predicciones).
Así, los modelos van incluyendo no ya sólo cosas difícilmente
observables, como los electrones, sino también objetos en principio
inobservables, como los quarks, con tal de que permitan hacer
predicciones correctas. No se puede decir que los quarks existan como
objeto perceptible, pero, "según el realismo modelo-dependiente, los
quarks existen en un modelo que concuerda con nuestras observaciones
del modo en que se comportan las partículas subnucleares" (49).
Dicen, de paso, H&M que el modelo de universo del Big Bang es más
explicativo que el del Génesis pero que "no se puede decir que ninguno
de los dos sea más real que el otro" (!). Y que los criterios sobre
"simplicidad" de los modelos son "obviamente subjetivos" (!!). Aquí no
puedo estar de acuerdo, aunque matizando siempre entramos en
complicaciones. Hay modelos de realidad más generalmente aceptados que
otros entre quienes usan un criterio coherente… aunque sea ésta una
comunidad borrosa.
Sobre los límites de lo observable, en Historia del Tiempo
Hawking mostraba cómo el horizonte de acontecimientos para la ciencia
humana se encuentra entre el Big Bang y los agujeros negros, que son
efectivamente los límites posibles para nuestro universo… y
reducen en cierto modo al absurdo la cuestión de si hay otros universos:
"Hay
quienes sostienen un modelo en el que el tiempo se remonta más allá del
big bang. Todavía no está claro si un modelo en el que el tiempo
continuase hacia atrás más allá del big bang sería mejor explicando las
observaciones presentes, porque parece que las leyes de la evolución
del universo pueden dejar de ser efectivas en el big bang. Si lo hacen,
no tendría sentido crear un modelo que comprenda el tiempo anterior al
big bang, porque lo que existiese entonces no tendría consecuencias
observables para el presente, y así daría igual atenernos a la idea de
que el big bang fue la creación del mundo" (51).
En suma, que nuestro mundo, aparte de fantasías y gustos particulares,
tiene límites desde el punto de vista científico, sea o no una pecera,
sus límites son opacos. Parte importante del saber es reconocer los
límites de hasta dónde pueden llegar nuestros conocimientos, y qué
cuestiones son pseudo-cuestiones… aunque, naturalmente, esos límites
del conocimiento también están sujetos a variación de modo no
previsible.
La coherencia y simplicidad de los modelos existentes está sujeta a
debate. El modelo estándar sobre la interacción de las partículas
elementales no está generalmente aceptado, pues "contiene docenas de
parámetros ajustables cuyos valores han de fijarse para atenerse a las
observaciones, en lugar de ser determinados por la propia teoría" (52).
Es decir, es un modelo "poco elegante"—un hecho que suele anunciar el
fin próximo de un modelo, como pasó con el ptolemaico y sus epiciclos,
o con el modelo del universo estático, tras la llegada del modelo de
Hubble a final de los años 20. El ejemplo de la luz (con los modelos
ondulatorio y corpucular) nos muestra cómo dos modelos pueden coexistir
mucho tiempo puesto que cada uno ayuda a explicar aspectos distintos
del fenómeno que no pueden ser explicados por el otro—eso hasta que los
integró Einstein.
Con respecto a los principios básicos de la física, la cosa está como
sigue:
"No
parece haber un modelo matemático o teoría única que pueda describir
todos los aspectos del universo. En su lugar (…) parece estar la red de
teorías conocida como Teoría-M. Cada teoría de la red M explica bien
fenómenos de un cierto ámbito. Cuando los ámbitos se solapan, las
diversas teorías concuerdan, así que pueden considerarse parte de la
misma teoría. Pero no hay una única teoría de la red que pueda
describir todos los aspectos del universo—todas las fuerzas de la
naturaleza, las partículas que experimentan esas fuerzas, y la urdimbre
de espacio-tiempo en la que todo se juega. Aunque esta situación no
cumple el sueño tradicional de los físicos de una única teoría
unificada, es aceptable dentro del ámbito del realismo
modelo-dependiente" (58)
H&M anuncian a continuación que van a exponer una teoría en la cual
está basada "nuestra visión moderna de la naturaleza" – y el problema
está en "nuestra", que no queda claro si se refiere a los dos autores o
a la "generalidad de la comunidad científica", si es que puede
generalizarse hasta este punto en este ámbito de la reflexión, y no se
puede, ni siquiera hablando de "la comunidad de los físicos", otra
comunidad más o menos imaginaria. En fin,
"un
principio fundamental en el que se basa nuestra visión moderna de la
naturaleza: la teoría cuántica, y en particular el enfoque sobre la
teoría cuántica llamado historias alternativas. Según esa visión, el
universo no tiene una sola existencia o historia, sino que más bien
cada versión posible del universo existe simultáneamente en lo que se
llama una superposición cuántica. Eso puede sonar tan disparatado como
la teoría según la cual la mesa desaparece cada vez que salimos de la
habitación, pero en este caso la teoría ha pasado todas las pruebas
experimentales a la que se ha sometido." (59)
Dos puntos me parecen dudosos en este párrafo que termina el capítulo 3
de The Grand Design.
Uno, el grado de consenso científico en torno a esta teoría. Pasan
Hawking y Mlodinow de hablar una teoría "estándar" (la física cuántica)
a una versión especial de la misma (la teoría del multiverso) de modo
un tanto solapado, como si hubiese igual consenso en torno a ambas. En
cuanto a la comprobación experimental, habrá que especificar si es la
teoría cuántica la que ha superado las comprobaciones experimentales
(en cualquiera de sus versiones) o si esta teoría del multiverso ha
superado comprobaciones experimentales que otras versiones de la teoría
cuántica no han superado.
El problema viene a ser que todas nuestras nociones de la realidad,
religiosas, científicas, históricas, de andar por casa… todas, excepto
en algunas ficciones marginales, se basan en la noción de que la
realidad es una: cognoscible o incognoscible, pero una. Existen, en
esta noción comúnmente aceptada del mundo, otras líneas paralelas de
realidad, cómo no—pero son ficticias, o hipotéticas, o falsas, o
potenciales. Van marcadas con respecto a la realidad efectiva que es
aquella en torno a la cual se articulan los consensos y las
percepciones.
Una de esas subrealidades alternativas que destacaremos, por su interés
para la noción del multiverso, es la novela de Olaf Stapledon Star Maker.
Es una ficción en nuestro mundo, pero es una ficción generadora de
mundos. La divinidad que el narrador llega a conocer al final de la
novela, el Hacedor de Estrellas, hace un mundo tras otro, y aunque para
las criaturas de ese mundo sea ése el único mundo real, desde el punto
de vista panorámico u omnisciente en que nos sitúa la novela no puede
decirse que un mundo de entre ellos sea más real que otro.
Esa divinidad de Star Maker es
una figura desplazada del propio autor–con quien comparte la
responsabilidad e irresponsabilidad a la vez de crear múltiples
invenciones, mundos paralelos o alternativos, cada uno con sus propias
leyes y su propia consistencia. (Más sobre esta perspectiva sobre Star Maker en este artículo, "An
Apocalypse of Total Communication").
El multiverso propuesto por Hawking y Mlodinow seguiría manteniendo,
supongo, esta jerarquía de realidades que distinguimos entre los
distintos mundos que hay en este, pero ya se trataría de una jerarquía
puramente perspectivística: todos los mundos son equivalentes o
coexistentes desde el punto de vista de la teoría, si bien nuestra
perspectiva nos sitúa solamente en uno, desde el cual concebimos los
demás como coexistentes—sin muchas posibilidades, sin embargo, de
interferencia o comunicación con el nuestro. Si la única comunicación
entre estos mundos es la que se da en los parámetros de una teoría
matemática, hay que decir que tienen una realidad muy tenue, apenas más
densa (en términos de interacción humana) que las ficciones de
Stapledon.
Porque desde el punto de vista del formalismo matemático, todas las
soluciones de la ecuación pueden ser igualmente viables, pero nuestra
experiencia del mundo no está matematizada. La realidad humana
inmediata compartida mediante la existencia corpórea, la comunicación,
y la interacción social, son la base de la realidad primaria que
habitamos, y sobre la base de la cual se edifican todas las demás
hipótesis en tanto que mundos posibles subordinados a éste. Tiene el
mundo éste que llamamos real una solidez considerable, en comparación a
ficciones, sueños, imaginaciones y teorías matemáticas sobre
multiversos—y sin embargo es también, él mismo, un espacio múltiple y
problemático—de coherencia siempre provisional y límites borrosos.
Vivimos los humanos en un mundo de sentido elaborado colectivamente,
una compleja realidad lingüística de presuposiciones e interacciones,
que consta en realidad de muchas realidades presupuestas entrelazadas
entre sí, y parcialmente solapadas: la realidad en la que yo vivo, y la
realidad en la que tú vives, y la realidad de este tercero que es
musulmán, y en ella nos comunicamos, pero es una realidad con bordes
deshilachados y borrosos, sólo lo que más nos une a la experiencia
física directa es la base más cierta que podemos presuponer como el
centro de la realidad. Sus fronteras más remotas ya derivan hacia
conflictos de ecuaciones, ficciones hipotéticas y paraísos de huríes,
realidades alternativas que van unidas de modo cada vez más remoto a la
experiencia de cada cual. Es el espacio de interacción comunicativa el
que llamamos la realidad, y es a la vez predecible e impredecible,
conocido y familiar pero desfamiliarizable, es sólido y a la vez
evanescente—una
sombra, una ficción.
En el sentido más generalmente humano del término "realidad", entendido
como un espacio común de interacción y comunicación, ya vivimos en una
realidad múltiple, o en diversas realidades cuyas fronteras inciertas
podemos atravesar a veces en con un gesto, asumiendo otro papel. Decía
Christine Kenneally con relación a los científicos que empiezan a
hablar de un multiverso, que gracias al lenguaje ya vivimos los humanos
en un multiverso. (Era en el capítulo final de The First Word).
Realidades, las hay de muchos tipos, en el seno de la realidad: las hay
más y menos acotadas, más y menos aisladas. Si es la existencia de
conexiones entre unas realidades y otras (la islámica y la occidental,
por ejemplo) la que nos permite hablar de una única realidad que
engloba a todas esas realidades humanas, hay también que hacer notar
que esas conexiones (por el mero hecho de existir) no existen con la
misma fuerza entre todas las realidades humanas. Así, el llamado
"Descubrimiento de América" suposo el establecimiento de contactos
entre dos realidades, la América precolombina, más difusa de por sí, y
la civilización europea—dos realidades culturales cuyos puntos de
contacto directos eran mínimos hasta ese momento, en la medida en que
existían. (Porque haberlos, los había indirectos y abundantes, en la
medida en que ambas se fundaban en un base común de experiencialidad
humana). Así pues, las realidades se solapan, se infiltran unas a
otras, tienen puntos críticos de circulación—la traducción, pongamos
por ejemplo. De modo parecido, los universos múltiples de la física, si
son totalmente autocontenidos, vale decir que no existen para nosotros
sino como una hipótesis matemática, sin puentes que permitan pasar de
uno a otro o puntos mínimos de conexión directa. Ahora bien, si la
ciencia llega a formular las bases comunes de la generación de
múltiples universos, bases que sustenten tanto el nuestro como otros
potenciales, en ese sentido los multiversos estarían conectados con el
nuestro de modo objetivo, tal y como lo estaban los aztecas y los
alemanes (sin ellos saberlo) durante la Edad Media. La máxima conexión
posible sería con todo, como vemos, muy tenue, y estaría justificada la
noción de universos diferentes en el seno de un universo más global y
remoto.
La formulación extrema de la noción del multiverso humano podríamos
remontarla (dice la Dra. Penas) a Protágoras, con su aserto de que el
hombre es la medida de todas las cosas—cuando la entendemos en el
sentido relativista de que cada individuo vive en un mundo a su medida,
incomunicado o imperfectamente comunicado con los demás (una
interpretación frecuente en los testimonios de Sexto Empírico, Platón,
o Aristóteles sobre Protágoras). Protágoras negaba el criterio y la
razón—que son las vías que permiten comunicar estas diversas realidades
o mónadas humanas. Los diversos solipsismos, relativismos y
subjetivismos también participan de esta percepción. (Recordemos por
ejemplo la formulación crítica de Anatole France en La
Vie Littéraire).
Cada sujeto sería el centro definitorio de una realidad aislada de los
demás sujetos. La moderna teoría del sujeto, naturalemente, hace mucho
por refutar semejantes nociones—el sujeto es más bien un efecto de una
realidad colectivamente producida—será en todo caso un nódulo
fenoménico en el que se puedan entrecruzar diversos sistemas de
generación de realidades normativas. Más sobre esto podemos leer en la
teoría de Goffman sobre la identidad social, explicada por ejemplo en "Equipos
y sujetos... al equipo".
Bien entendida, la teoría de Goffman imbrica de modo muy interesante la
interacción social, como generadora de diversos planos de realidad (o
"marcos") y la estructura interna del sujeto. La profundidad individual
del sujeto, su experiencia subjetiva, aun siendo hasta cierto punto
original e intransferible, está generada por la interacción social:
viene a consistir en la complejidad con que se interioriza y se
gestiona esa realidad social colectivamente elaborada. Más diserto
sobre esta extensión de la teoría goffmaniana en "Goffman: La realidad como
expectativa autocumplida y el teatro de la interioridad".
Muy
lejos nos estamos yendo de la física—pero no. Vista desde la sociología
interaccional, la física teórica es una actividad comunicativa que,
como tal, genera sus propias realidades y marcos de referencia. En un
sentido, la realidad definida desde el punto de vista de la física poco
se toca con la realidad definida desde el punto de vista del
interaccionalismo simbólico. La física tiene sus propios criterios para
definir qué es una realidad—y ya hemos visto que hasta muy
recientemente (Feynman, etc.) no entraba en sus presupuestos la noción
de que pudiese haber "otras" realidades en un sentido físico—de hecho,
el concepto de universo físico era la negación misma de la noción de
multiverso. Ahora vemos que los universos de la experiencia humana y
los de la física, tan aislados entre sí, pueden tener un tenue punto de
contacto a través de esta noción de multiverso.
Desde el punto de vista físico, y mientras no se alternen
sustancialmente las teorías hasta hoy existentes, nuestro universo está
autocontenido en todos sus elementos, excepto en la
Fuerza original e inanalizable
que traza su límite, y que podría interpretarse como la ventana a un
universo más allá del nuestro. Pero esa ventana está fuera del alcance
de nuestra ciencia—entra el viento con demasiada fuerza para asomarse.
Otros universos, y por tanto un multiverso, que sería la Realidad más
allá del universo, pueden concebirse, como modelos teóricos, en la
mente de algunos científicos. Como en cualquier noción
semiótico-comunicativa del término realidad, esa realidad puede
concebirse como la misma que la nuestra en la medida en que existen
vías de comunicación. Pero los puntos de contacto son escasos y sujetos
a debate—las matematizaciones presentes en teorías que muy pocas
personas entienden. Y si son puntos que tengan alguna solidez, o puedan
servir de apoyo a una comprensión más firme de la realidad, y mayores
capacitaciones para manipularla, eso lo habrá de decidir el desarrollo
posterior de la ciencia. Hay quien dice que la hoy la física teórica se
agota y halla sus límites en los límites de lo medible y computable—que
habiendo llegado a las fronteras del tiempo y del universo, la ciencia
nada más tiene que decir sobre la naturaleza de la realidad. Pero el
tiempo es largo, y el progreso que se ha hecho en el último siglo no
hace suponer que pronto vayamos a dar por cerrado el debate sobre la
realidad. Que se sigue transformando día a día, y ya no es la que era.
Que
el cine es percepción almacenada y organizada es obvio. Pero viendo
viejos vídeos caseros se tiene una visión especialmente
desfamiliarizada de este hecho—desfamiliarizada precisamente por la
familiaridad de lo representado (o sea, por la familiaridad de la
familia).
Mi padre era muy aficionado a la
tecnología. De hecho estudió electrónica, con la ayuda de mi tío
Agustín que era un hablante nativo-- de los que se montaban televisores
caseros, por entretenimiento, allá por los años sesenta. Aparecía mi
tío con un magnetófono de esos de bobinas, como un maletín gordo, y mi
padre empezaba a grabar allí lecciones de inglés y francés, para
organizar grupos simultáneos de clases a hijos y sobrinos. O grababa
entrevistas a los abuelos que se dejaban y colaboraban. Luego, apenas
llegados los setenta, apareció con el primer "radiocassette"—¿Qué es
eso?, le preguntábamos. O la primera calculadora Hewlett-Packard que
aparecía por el horizonte. Luego, el primer ordenador Spectrum, y hala,
a dar clases de programación, que era lo que se hacía entonces. Luego
ya perdió la comba tecnológica, pero aún les animaba a sus cuñados
setentones a ponerse videochat para seguir en contacto.
Bien, pues a la fotografía fue
moderadamente aficionado -- tenemos varios cientos de fotos de cuando
éramos críos, pero de lo que verdad se hizo asiduo es de los vídeos
caseros. Muchos han comprado el aparato, pero pocos lo han utilizado.
Mi padre, desde luego, le hizo gasto, aunque la mitad de sus
grabaciones consistan en familiares quejándose de que los estan
grabando—"déjalo ya, Ángel" -- "Papá, para de grabar, ven a comer".
"Las mismas frases toda la vida", dice mi madre-- "no sé cuándo comía,
si se pasaba la vida grabando". En los vídeos caseros, como en las
fotos viejas, queda retratado quieras que no el ambiente de la época,
el estilo de cada cual, los gestos que revelan personalidad y
actitudes... no son películas con guión, pero tienen el guión sin
ensayar que va escribiendo la vida, y por tanto, a su manera, no les
falta ni puesta en escena, ni argumento ni actuaciones memorables.
Además llevan grabada, estas grabaciones caseras, una experiencia
vívida del paso del tiempo a la que no puede imitar ninguna película de
ficción, ni siquiera las que versan sobre el paso del tiempo y los
contrastes y superposiciones entre presente y pasado. Porque aquí es
nuestro tiempo, nuestro presente como espectadores y nuestro pasado
como figurantes el que proporciona la tensión a esta narratividad tan
irrepetible del vídeo casero.
Les amenazaba a los vídeos de mi
padre la obsolescencia tecnológica, pero mi hermano Gerardo (ahora en
pantalla, en versión más juvenil) encontró un conversor automático de
vídeos magnéticos a digitales. Si no, la pereza nos puede. Nadie
volverá a ver las filminas de aquellos proyectores que deben estar en
algún trastero, probablemente averiados.
Hemos estado viendo a Ivo de
pequeño, en el año 1999. A Álvaro aprendiendo a nadar en la piscina de
Biescas, también el milenio pasado. Saltamos ahora a la boda de Eva en
2006. Ahí aparezco yo como patético fotógrafo oficiante—son mucho
mejores los vídeos, qué vas a comparar.
"¿A que no te suponías que esto
había quedado registrado para la eternidad?"—Pero allí estaba el tío
del vídeo, otro oficiante imprescindible.
En el caso de los vídeos de mi
padre, que murió el año pasado, tiene la experiencia almacenada en los
vídeos una dimensión añadida. Una persona ha muerto, y de repente
reaparece una porción de su experiencia resucitada—porque estos vídeos
los grababa mi padre, pero jamás los veía nadie. De repente, ves en
ellos a mi padre—no desde fuera, porque allí poco abunda él—sino desde
dentro, ves lo que él veía exactamente, miras lo que miraba, te ves a
tí mismo tal como te filmaba. A veces le pasaba la cámara a alguien,
para aparecer él, mínimamente—a nadie le interesaba especialmente la
filmación ni el proyecto del Vídeo Casero, aunque ahora los vemos con
más interés del que esperábamos. "¡Mira Pinza!"- "Y esta es Elsa".
"Pero no llevas coletitas". Era un mal necesario, y eso que la gente sí
se compra vídeos para comparar sus prestaciones, o humillar a los
cuñados-- pero pocos los emplean. Los pequeños tampoco les prestan
ahora mucha atención, están más interesados en jugar a videojuegos que
en verse a sí mismos en la pantalla jugando a videojuegos. "¿Os dais la
mano como entonces, niñas, que le hago una foto?" Al vídeo, y a
las niñas dándose la mano delante.
Los demás pasamos por delante de la
cámara, pero es el punto de vista de mi padre el que se mantiene, y el
que vemos desde dentro, tal y como era entonces.
Es una pequeña incursión contra el
tiempo, de las que permite la tecnología, recuperando el pasado o
viajando por él con nuestras limitaciones. Si toda
narración es una máquina del tiempo,
el vídeo casero lo es de una manera muy vívida y directa. Y es además
una máquina intersubjetiva: te introduce en la experiencia desde otro
punto de vista, viendo otro ángulo de la situación, cuando parecía
irremediablemente perdido, parte de una vida que desapareció. Fast
forward. Retroceso. Pasa la primera cinta otra vez. Se descubren nuevos
matices de la realidad mediatizada por la tecnología, del pasado y de
la nostalgia filtrados tecnológicamente. Porque sí es una experiencia
nostálgica, inherentemente melancólica, aunque también da para ratos
divertidos. Nos estamos acercando al presente irremediablemente,
nuestra cara en la pantalla empieza a parecerse a la que lucimos, allí
reflejada, cuando apagamos el ordenador.
En 2010 me ha dado con especial virulencia el síndrome
fotográfico, y he hecho muchísimas fotos. En mi fotoblog de Flickr ya
llevo colgadas 5000 fotos, y la mitad de ésas son de este año
pasado. Habrá que moderarse, por falta de megas, o por temor al
absurdo. El otro día le decía a una amiga que este proceso tiene
un fin lógico e irremediable: a medida que hago fotos, se me despierta
la atención e interés por las cosas, y pasan a parecerme fotografiables
cosas que antes no me hubieran parecido fotografiables. En potencia,
todo es fotografiable, pero de hecho nunca lo puede ser. El problema de
la selección es por tanto acuciante como siempre. Además, está el otro
problema asociado--que el afinamiento de tu percepción, derivando por
derroteros particulares, puede que se vaya separando del gusto de la
generalidad. Este otoño pasado yo hubiera inventariado cada hoja que
caía, pero por muchas fotos de hojas que haya hecho, no lleva camino de
cumplirse ese proyecto—todo lo más aburriré al personal. Y sin embargo
me han dicho dos o tres personas que les gustan mucho mis fotos, y a mí
mismo me gustan. Que por qué no organizo una exposición, me dicen. Yo
respondo que la exposición ya está allí, en Internet, qué digo allí, aquí
está.
De las cerca de dos mil quinientas fotos subidas a Flickr en 2010, hay
en este album una selección de trescientas cincuenta—supongo que muchas
de las mejores, aunque varias de las mejores también se habrán quedado
por el camino. Una manera cómoda de navegar por mi fotoblog es poner
este enlace en la barra del navegador: http://www.flickr.com/photos/garciala/page137/
Este en concreto lleva a la mitad de mi fotoblog—a las fotos que ponía
yo a principios de 2010. Cambiando el número de página al final, se va
rápidamente a la página que se quiera. Con los enlaces de a pie de
página de Flickr es más lento.
Acabo de acordarme de que esto es un blog temático llamado "Vanity
Fea", así que, volviendo a lo de la exposición, es forzoso decir que a
pesar de las ventajas de las exposiciones virtuales, las fotos lucirían
mucho más, a efectos de engordar el ego, en una exposición real y
física, con vino español de inauguración. Las mías o las de cualquier
aficionado entre miles que presentase una buena selección de su Obra.
Muchísimo más lucirían, a dónde va a parar, y especialmente si era cara
la exposición: montadas las fotos en paneles de metro y medio por dos,
y en una sala de exposiciones enorme, céntrica y prestigiosa, con
carteles y banderolas gigantes fuera anunciando a los cuatro vientos la
muestra, con críticos y reseñistas enviados por los periódicos, unos
minutejos en el cultural del telediario, y entrevistas en la radio no
al artista, que estaría apartado del vulgo y no concedería entrevistas,
sino a los organizadores de la muestra, que disertarían sobre la
importancia, variedad y originalidad de la obra, y su significado en el
contexto de las artes visuales hoy en día. Vamos, todo el envoltorio
que en tantas exposiciones de fotografías viste un contenido no siempre
normalito, pero muchas veces no mucho más interesante ni bonito de ver
que el que se ve en mi exposición virtual, modestia aparte. Ni más
variado. Bueno, todo el mundo es variado dentro de unos límites, y yo
fotografío demasiados reflejos y demasiadas hojas—pero por otra parte,
la variedad es más dañina que beneficiosa para el pretencioso o
aspirante a artista. En arte, para mercar tu mercancía, debes hacerte
un estilo fácilmente identificable, inconfundible, aunque sea estricto
o estrecho, o perjudique la especialización estilística a tu propia
percepción de las cosas. Un producto tiene que tener una marca—y
Picasso no puede pasar a hacer Warhols, estaría fuera de tiesto. El
artista debe mimar su figura construida. Además, debe dosificarse y
hacerse escaso, no producir demasiado. Los auténticos esfuerzos del
artista han de ejercerse en un arte a veces más difícil y oculto—han de
ir encaminados a la autopromoción, a la búsqueda de contactos,
intercambio de favores con políticos y comisarios culturales, contratos
bajo mano, aperitivos en las jornadas culturales, tirar de hilos para
mover reseñistas, formar parte de algúna generación o movimiento
identificable y socializar a distancia con otros que tal.... hay que
dedicarse mucho más a eso que a hacer arte, por dios. Es lo que se
llama una carrera artística, que pocos tienen el tiempo o la dedicación
o las ganas o el talento de emprender. Podríamos llamarlo una técnica y
estrategia para la gestión
de la atención—de
esa atención sin la cual el arte vale decir que no existe. Y
parte del arte por allí va: es puro envoltorio organizado, para
encauzar la atención concertada de un público que quiere asegurarse de
que lo que ve es Arte, y que atrae la atención de otros. Otra faceta
del arte, por supuesto, se encuentra donde menos espera uno, muchas
veces en una hoja tirada en el suelo, a la que nadie le hace una foto.
Esta noche he tenido un sueño cibernético. Muchas veces, producto de
pasar demasiadas horas ante la pantalla, sueño con paisajes modulados
por la experiencia de navegar por la red, donde se pueden desplegar
menús para encontrar rincones ocultos, aparecen objetos que contienen
enlaces hipertextuales a otros objetos o dan paso a nuevos niveles del
sueño o diversos planos de realidad irreal. Hoy no era un paisaje
informático el de mi sueño, sino la calle Santa Teresa de Zaragoza, por
la que yo iba andando, hacia el parque, por la acera de la derecha. Al
pasar frente a la casa nueva de ladrillo y ventanas metálicas me doy
cuenta de que había un grupito de gente que al parecer me miraban y
hablaban de mí, en la otra acera. Paso de largo, y unos dicen, "¡Eh,
Landa!" y cruzan la calle, para ponerse delante de mí. Unos
mocetones jóvenes, como de la ribera, coloradotes y con pintas de jugar
mucho al guiñote, no los conocía yo.
—Qué pasa, les digo.
—Nada, tío. ¿Eres Landa, no? Sólo que te queríamos decir, que nos caes
de puta pena.
Yo, algo demudado:
—Pues no veo cómo os puedo caer tan mal, si no nos conocemos.
—Tú a nosotros no nos conocerás. Pero nosotros a ti sí, y mucho.
—Que leemos tu blog, dice otro. Y nos caes de puta pena.
Un inconveniente, siempre me lo han dicho, éste del exceso de
publicidad de uno mismo. Con mis hermanos lo comentaba hoy, y les
contaba el sueño. A algunos les horrorizaba la idea de que se pudiese
localizar información sobre ellos buscando con Google.
Y es cierto que el blog, como cualquier escrito, va dirigido a una
especie de lector implícito, uno que si no es totalmente idéntico al
propio autor (pues entonces no habría nada que contar) sí comparte con
él ideas, valoraciones, presupuestos, emociones... al menos en gran
medida, la cuestión puede variar de un artículo a otro. En todo texto
está el lector implícito, el que Walker Gibson llamaba mock reader. Es
una de las estrategias retóricas usadas por el escritor para organizar
su discurso. Como tal estrategia puede ser usada por el lector también
para comprender el discurso, reconociendo y reconstruyendo la figura
del lector implícito, e incluso adoptando esa máscara a ver si le va,
situándose en la piel del lector implícito a ver qué efectos de
coincidencia y no coincidencia hay, entre el receptor implícito y el
real. También desarrolla la empatía, eso de situarse en la posición del
receptor implícito de un discurso que no va dirigido a nosotros.
En su Teoría de los sentimientos
morales
habla Adam Smith de cómo este espectador virtual que generamos puede no
coincidir con los receptores reales de nuestro discurso. Y ve Smith en
esa no coincidencia ciertas virtudes educativas, no en este caso para
el receptor, sino para el autor o emisor. Traduzco:
"En
soledad, tenemos tendencia a sentir con demasiada fuerza cualquier cosa
que esté relacionada con nosotros: tendemos a sobrevalorar los buenos
servicios que podemos haber prestado, y las ofensas que podemos haber
sufrido. (...) La conversación de un amigo nos conduce a un
temperamento mejor, y la de un extraño, a uno todavía mejor. El hombre
que tenemos dentro del pecho, el espectador abstracto e ideal de
nuestros sentimientos y conducta, a menudo requiere que lo despierten y
le recuerden su deber, mediante la presencia del espectador real: y es
siempre de ese espectador, del que podemos esperar menos simpatía e
indulgencia, del que podemos aprender la lección más completa de
dominio de nosotros mismos".
Total, que ateniéndonos a la tesis de Smith igual debería yo estar
agradecido a mis mocetones de la ribera, a quienes les había causado
una pésima impresión, y que veían todos mis razonamientos e intereses
con desagrado. Parece una lección demasiado dura—sobre todo
habida cuenta de que el grado máximo de desacuerdo (pienso ahora en
Internet) es la respuesta del troll, el que rechaza gratuitamente y
ofensivamente, sólo por buscar la confrontación. También se puede
aprender, de tratar con trolls, pero no parece la lección más
importante a aprender sobre uno mismo. Un espectador comprensivo pero
crítico, inteligente y constructivo pero no favorable a nuestras tesis,
es desde luego mucho más educativo.
De hecho, en el sueño aún dialogaba yo más con mis lectores
desconocidos:
—Bueno, decís que me conocéis pero en realidad no me conocéis. Porque
sólo habéis leído lo que he escrito, pero nunca habéis entrado a
dialogar conmigo. Así no es como se conoce a la gente.
Supongo que de lo que me quejaba era que los mocetones no me habían
puesto comentarios. El otro día comentábamos con JMC, por cierto, que
había ahora menos trolls y menos comentarios, que casi nadie comenta
nada en los blogs, puesto que todo el mundo tiene ya su propio medio, y
no se ocupa del del vecino, es la reducción al absurdo del ombliguismo.
Las redes sociales también han hecho mucho por desviar la cháchara
hacia otro sitio.
Aquí los dejo, y allí los dejaba, a mis disgustados espectadores. No sé
si me daban una paliza luego entre todos o no. Me interesa más ahora
apuntar en la teoría de Adam Smith esta noción dialógica del espectador
interno, creado a nuestra imagen y semejanza, que nos acompaña. Y de
cómo viene a modularse y retroalimentarse con el contacto con los
receptores reales de nuestro discurso. Es especialmente interesante la
manera en que expone el contraste entre el interlocutor virtual o
ideal, cortado a medida de uno mismo, y el interlocutor efectivo, menos
dócil a las intenciones del enunciador—y cómo valora la no coincidencia
entre uno y otro. En Smith encontramos una valoración muy positiva de
la disensión. Sobre esta cuestión, la adecuada distancia crítica, entre
la confrontación y el asentimiento acrítico, escribí aquel artículo
sobre "Crítica acrítica,
crítica crítica",
que pronto sale en papel. Y sobre el papel de la disensión y de los
lectores imprevistos inesperados y sobrevenidos, también escribí un
artículo sobre narratología que tengo que colgar cualquier día de estos
("Overhearing Narrative," en The
Dynamics of Narrative Form: Studies in Anglo-American Narratology,
ed. John Pier, 2004).
En la ausencia de disensión efectiva, todo discurso requiere que se
elabore una disensión parcial o virtual, para tener lugar, o cuanto
menos que se establezca una no-coincidencia, una distancia operativa
entre el emisor y un receptor al que haya que explicarle algo, o
convencerle de algo. Esto es necesario, como mínimo, para permitir que
la explicación tenga lugar, y que el debate comience, aunque luego el
receptor ideal se parezca como una gota de agua al emisor implícito.
También podemos dirigirnos a un interlocutor "resistente", pero no
demasiado resistente, a lo largo de ciertas líneas ideológicas que nos
permiten establecer un debate argumental que probablemente ganaremos
llevándolo a una conclusión satisfactoria para nuestros puntos de vista.
Contenemos, si no multitudes, sí al menos una consciencia de cuáles son
otras miradas que pudieran echarse sobre nuestro discurso, u otras
respuestas que pudieran darse a él. Eso permite que el pensamiento
tenga curso, por autosocratismo a veces, y también hace que soñemos con
lectores ideales, o menos ideales.
JoseAngel: Ivo y sus deberes:
"Primero me
dicen, Halla sus divisores. Luego me dicen, Halla EL CONJUNTO de sus
divisores. Creo que lo hacen para liarme".
30 dic 10, 00:39
JoseAngel: Se acaba el 2010, y se
acabará el 2011, y tantas cosas seguirán sin resolver.
JoseAngel: El gobierno empieza la
liquidación de
MUFACE. Después de la rebaja de sueldo, nos vienen más rebajas de
condiciones laborales a los funcionarios.
En el número 6 de Erata, la
revista de la asociación cultural de Biescas, salen unas páginas de
homenaje y recuerdo a mi padre. Aparece allí un poema suyo sobre el
otoño en Biescas, creo que el único que escribió, en el que se
aprecia lo bien que conocía mi padre el paisaje de su pueblo, y lo
mucho que lo disfrutaba.
En estos versos de Ramón J. Duaso, fechados en agosto, se ve el buen
recuerdo que dejó en él, como en todas las personas que lo conocieron.
Poema
dedicado a Don Angel, a título póstumo, con afecto
Te has marchado de este mundo Y huérfanos nos has dejado a numerosa familia Y a los que te hemos amado.
Muchos hombres como tú el mundo los necesita como necesita el sol o el agua bendita.
Con tu tesón y constancia has hecho una gran labor, educando y enseñando para el mundo hacer mejor.
No sé si te han valorado tus proyectos e inquietudes, tu sencillez y humildad y tus enormes virtudes.
Pues de sobras es sabido que somos incomprendidos, —falta sensibilidad— valores que se han perdido.
Sin embargo, tú has cumplido todo aquello que Dios quiere: trabajo, paz y honradez, y dar pan al que no tiene.
La huella que tú has dejado es difícil superar en la docencia y deportes y en otras facetas más.
Quedaste huérfano niño, por el odio y el rencor, sin causa justificada, tal vez por un malhechor.
Pero has sido generoso y no has guardado rencor, Le has dejado la justicia a Jesús el Salvador.
Biescas ha tenido un hijo de los que siempre dan suerte. Te admiramos en la vida y hemos llorado tu muerte.
La perfección nunca existe entre los seres humanos. Sin embargo tú tuviste un buen puñado en tus manos.
Tus proyectos y trabajo te hicieron muy valioso, por algo fuiste un año en la fiesta el Pregonero.
Ahora tu cuerpo descansa después de tanto luchar para criar a tu prole, educar y alimentar.
Por esto y por tantas cosas que no se te han valorado, ahora en el más allá las estarás disfrutando.