En Field Notes from Elsewhere:
Reflections on Dying and Living (2009),
de Mark C. Taylor, está este capítulo sobre la última despedida de su
padre, que me ha recordado la despedida para siempre del mío, hace bien
poco:
Life
is a tale of leavings, not all of which end well. Paging through
one of my notebooks recently, I stumbled on the following entry:
July 10, 1992
A certain
melancholy accompanies departures—especially when leaving alone for a
foreign country. Often the sense of loss is stronger thatn the
anticipation of gain. I suppose part of it is the solitude and the
recognition of the isolation that lies ahead.
But there is something else at work, for such
departures often have as their last stop a visit with my father. I know
he enjoys the visits, and yet I also realize that he dreads the
partings. When you are eighty-four, you have suffered too many losses
for leave-taking to be casual. I know how much my visits mean to him
and yet they are difficult for me. It is depressing—terribly
depressing—to watch him struggle with age. He will never get over my
mother's death and seems convinced that his life ended with hers. With
little to look forward to, there is nothing I can say to comfort him.
He gets frustrated by the betrayal of his body. As I look at him , he
is growing smaller, not just thinner but smaller—as if his body were
slowly disappearing. Every death sentence ends with the contraction
into a point. His shoulders are becoming rounded and his gait is steady
but not as quick as it once was.
Even more depressing than watching my father
struggle with age is anticipating myself in his place. His days are
long, his nights longer still. There is never enough conversation to
fill the emptiness. In the midst of this silence, I feel guilty for not
spending more time with him. But time seems too precious to spend
sitting in New Jersey doing nothing. And yet, when I reverse the
situation and think of what Aaron and Kirsten's visits mean to me, I
have a sense of how important my trips are to him. Perhaps idleness and
silent conversation are not a waste of time, but the most valuable way
to spend it.
Confronting—or at least acknowledging—such thoughts
as I depart deepens the sense of loss and dislocation. I realize more
and more that all departures are glimpses of the unavoidable departure
toward which we are inexorably moving.
(...)
With the passing of years leave-taking becomes more and more difficult.
For reasons I did not understand at the time, it was especially hard
for me to leave my father that August. But the first hints of color
were in the leaves, a new semester was beckoning, and there was work I
thought had to be done. As I waved to him standing alone in the
driveway, it would be the last time I should see my father alive.
(... ) "Life becomes death, and it is
as if this death has owned this life all along. Death without warning.
Which is to say, life stops. And it can stop at any moment."
Quizá convenga aclarar que esta bibliografía, la MLA digo, está
elaborada por la
asociación de filólogos más importante del mundo, la Modern Language
Association norteamericana—con todo una industria editorial a su
servicio, y cientos de editores y colaboradores, en lugar de este señor
con su ordenador portátil, trabajando single-handed
a dos manos.
Disculpen si pongo una notita para llamar la atención sobre el
particular, despueés de todo esto es un blog (casi temático) llamado Vanity Fea.
Pero no sólo esto. La página de Google tiene dos opciones de visionado,
por PageRank y alfabéticamente. Y
por orden alfabético estoy el PRIMERO.
Daba por hecho yo que si bien mi
bibliografía incluye la de la MLA, la de ellos no incluía la mía. De
hecho hasta
hace poco no tenían en cuenta recursos electrónicos, pero como han
cambiado de política, les envío ahora mismo esta atenta solicitud:
/A Bibliography (...)/ includes
approximately 250,000 records, grouped under several thousand subject
headings, on topics such as authors, literary periods and movements,
concepts, schools, critical approaches, motifs, topics in cultural
studies, etc.
The bibliography has already been
listed as a recommended resource by such qualified institutions as the
Library of Congress, Harvard University, Brown University, the M.I.T.
library, the University of Chicago library, and many more worldwide.
I would very much appreciate its
inclusion in the MLA bibliography (it is an exclusively web-based site,
with no print edition). I look forward to your answer.
Pero vaya, me responden inmediatamente los
editores como sigue—que ya me habían incluido (al parecer en su primera
remesa de recursos electrónicos):
Dear
Professor García Landa
You may be pleased to learn that we
had already listed the online 12th ed ition of A Bibliography of Literary Theory,
Criticism and Philology in the
MLA International Bibliography database. Today I revised our record to
note publication of the 15th editon.
Thank you for informing me of the
update. Please don't hesitate to
contact me when your Bibliography is revised again . Also feel free to
send me notice of additional publications you may have authored.
Se las enviaré, vaya que sí.
Otra diferencia entre esa bibliografía
de la MLA y la mía que también vale la pena mencionar, es que la mía
es de acceso libre y gratuito, mientras que la de la MLA cuesta un pico
suscribirse a ella a través de bases de datos institucionales, y así
sólo la pueden consultar los universitarios que tienen la suerte de
contar con ellas. ¿Que es mejor que la mía? Pues claro, pero quien algo
quiere, algo le cuesta.
Estos días me bajo la guitarra a la playa y toco las canciones
de siempre, las que siempre he tocado. Todo lo más añado al repertorio
alguna de las que aún no tocaba pero siempre he oído, como ésta de
Simon y Garfunkel, que tanto gustaba allá por los lejanos setenta.
Quizá cuando tenga setenta años toque las canciones de la primera
década del dos mil. Esa que ya pasó.
Jerárquica mente (Niveles de
intencionalidad y lectura
mental)
En La Odisea de la Humanidad,
Robin Dunbar especula con el desarrollo evolutivo de las capacidades
mentales que caracterizan a los humanos. Limitando un tanto el
papel del lenguaje, pone más énfasis en otro fenómeno asociado a la
humanización: la llamada Teoría de la Mente—término que se refiere a
algunos aspectos de lo que en otras tradiciones de pensamiento se llama
intersubjetividad.
La experiencia humana tiene lugar en un espacio de
comunicación intersubjetivo, en el que nuestro pensamiento está en
constante imbricación con el de los demás, y de hecho consiste en gran
parte en la interpretación y reconstrucción hipotética de los
pensamientos de los demás. Todos somos un poco Profesor X, y vivimos
inmersos en un proceso constante de lectura mental. Por supuesto, la
representación de otras mentes también es una cuestión central para la
teoría literaria y la narratología—De esto hablé algo en "Leyéndonos
la mente" , y también en una serie de artículos sobre Topsight o perspectiva dominante
en la comprensión de las situaciones. Y también especulé un tanto
sobre el origen simultáneo de la intersubjetividad humana y de la
comunicación simbólica, en aquel artículo sobre "Interacción internalizada:
El desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico".
Los fenomenólogos ya estudiaron la intencionalidad, y a ellos alude
brevemente Dunbar. Intencionalidad en sentido amplio: referida no sólo
a intenciones y planes, sino a cualquier tipo de estado mental relativo
a la representación, "estados mentales como saber, creer, pensar,
querer, desear, esperar, proponerse algo, etcétera." La intencionalidad
tiene que ver para Dunbar con la consciencia reflexiva—está
relacionada "con el hecho de ser consciente de los contenidos de la
propia mente" (51), y en su dimensión intersubjetiva puede concebirse
como "una serie de estados de creencia jerárquicamente organizada". Y
pronto empiezo a disentir con algunos aspectos de su análisis:
"los ordenadores son entidades
intencionales de grado cero: no son conscientes del contenido de sus
'mentes'. También algunos organismos vivos, como las bacterias (y quizá
algunos insectos), son seres de grado intencional cero. La mayoría de
los organismos que tienen algún tipo de cerebro probablemente son
conscientes de los contenidos de sus mentes: 'saben' que tienen hambre
o 'creen' que hay un depredador debajo de aquel arbusto. Se dice que
estos organismos tienen un primer grado de intencionalidad." (51)
Aquí matizaría yo: no es lo mismo a) alimentarse, que b) tener hambre,
y que c) saber que se tiene hambre. Un animal que tiene hambre tiene un
grado de intencionalidad inferior al animal que sabe que
tiene hambre, pues en este último caso ya estamos dando un paso más
hacia la conceptualización y la consciencia reflexiva. Con respecto al
caso del depredador, tampoco es lo mismo, supongo que convendría
Dunbar, creer que hay un depredador porque
se ha percibido alguna señal
de su presencia, que temer que hay un depredador invisible porque se
sabe que los depredadores se ocultan en arbustos. Este segundo
proceso
es mucho más elaborado, mentalmente hablando.
Y, por otra parte, quizá
los grados de intencionalidad no estén tan bien definidos y
acumulados por inserción simple como haría pensar la exposición
de Dunbar.
"Tener una creencia acerca de una
creencia (o intención) de un tercero constituye un segundo grado de
intencionalidad y constituye el criterio para la teoría de la mente.
Jane cree que Sally piensa que la pelota está debajo del cojín. Jane
tiene dos estados de creencia en mente (el suyo y el de Sally), de modo
que la teoría de la mente es equivalente al segundo grado de
intencionalidad.
Haciendo la equivalencia, Peter quiere que
Jane
suponga que Sally cree que la pelota está todavía debajo del cojín.
Sally está en el primer orden de intencionalidad, Jane en el segundo, y
Peter, en el tercero. (Y según la
terminología que veníamos usando, diremos que Peter tiene topsight o perspectiva dominante sobre la
situación—JAGL). La
sabiduría popular señala que los humanos adultos experimentan un límite
máximo absoluto en un quinto o sexto grado con respecto a los niveles
de intencionalidad que podemos plantearnos:
Peter cree
[1] que Jane piensa [2] que
Sally quiere [3] que Peter suponga [4] que Jane pretende [5] que Sally crea [6] que la pelota está debajo
del cojín." (51)
Nos perdemos, y es normal, dice Dunbar: la mayoría de las situaciones
cotidianas tienen que ver con un segundo grado de intencionalidad, y en
la práctica la gente llega a resolver problemas hasta un quinto grado
de intencionalidad; menos de la mitad llegan a un sexto grado....
mientras que por ejemplo se resuelven sin gran dificultad problemas con
siete grados de causalidad.
Los esquizofrénicos, depresivos, autistas o personas con síndrome de
Asperger tienen dificultades para tratar con la intencionalidad
compleja—y también los varones, que según algunos tienen un punto de
autistas:
"El psicólogo Simon Baron-Cohen ha
argumentado que, en realidad, el autismo es un síndrome normal de los
machos de nuestra especie, llevado al extremo en unos pocos individuos
desafortunados, pero subyacente bajo la estructura mental de todos
ellos". (57)
Dunbar sí arguye que las mujeres tienen más habilidades sociales y
comunicativas y son más sensibles a los signos. Al parecer son
estadísticamente más capaces de resolver problemas de segundo y tercer
grado de teoría de la mente (58).
En la hipersociabilidad de nuestra especie, su hipersensibilidad a
la
intencionalidad ajena, puede encontrarse una de las raíces de la
religiosidad, de la creencia en espíritus y en un mundo
intencionalmente ordenado típica de los mitos creacionistas de todas
las épocas. Nos equivocamos, atribuimos intenciones inexistentes a
pseudo-agentes: al mar, al sol, a las tormentas—y también quizá
sobreinterpretamos la intencionalidad de los animales. "De hecho,
interpretar el comportamiento de otros organismos de este modo nos
resulta tan natural que incluso atribuimos estados mentales a objetos
del mundo inanimado" (58). (Más sobre esta raíz intersubjetiva y
psicoevolucionista de la religiosidad puede verse en este post, "Programados
para creer").
Dunbar concluye su libro con una especulación sobre el origen y papel
de la religión como cohesionador social, como interpretación de la
realidad,
y como generador de fuertes emociones y experiencias de trascendencia.
Las
creencias religiosas son ilusorias, pero resultaron en su momento
beneficiosas evolutivamente, y siguen desempeñando el mismo papel en
las sociedades humanas, minorías racionalistas aparte.
Algunos casos de comportamiento maquiavélico entre los simios parecen
sugerir a algunos estudiosos que tienen una elemental teoría de la
mente, es decir, que son
capaces de entender que los demás pueden tener falsas creencias y así
manipularlos en beneficio propio. Dunbar explica numerosos experimentos
que no le permiten dar una respuesta clara—y sin embargo parecería que
muchos casos de interacción social compleja de los chimpancés y de
algunos monos como los vervets o los macacos sí sugieren una capacidad
de representación mental de varios niveles de mundos posibles
representados en otras mentes. Eso sí, muy inferior a la de los
humanos; entre los cuatro y los seis años los niños desarrollan una
capacidad de comprensión de las creencias de otros que desbordan las de
animales inteligentes como chimpancés o delfines:
"aun haciendo la interpretación más benevolente, una cosa parece clara:
ni los chimpancés ni los delfines obtienen resultados que se acerquen a
los resultados de los niños de seis años, que, en su mayoría, sí tienen
teoría de la mente. Y, por mucho que los simios puedan hacer,
sencillamente no están en la misma escala que un humano adulto en
términos de la habilidad de resolución de problemas de un cuarto o
quinto grado de intencionalidad" (64)
La teoría de la mente es una propiedad emergente de una capacidad
mental mucho más básica: la imaginación, la capacidad de desligarse de
las circunstancias inmediatas y construir un esquema mental de algo que
no está presente. Los animales viven inmersos en el aquí y ahora:
carecen de la capacidad para trazar planes complejos y para
representarse
las consecuencias de distintas vías de acción—excepto a un nivel
bastante simple, habría que matizar. Es esta capacidad de
representación mental, o de imaginación, la que nos separa más de
ellos. La parte del cerebro que más se ha desarrollado en la evolución
de los primates, señala Dunbar, es la anterior: los lóbulos frontales
responsables de la mayor inteligencia de simios y humanos:
"Existe una correlación entre la
dimensión de los grupos sociales de los primates y el volumen del
neocórtex que presentan que señala que fue la necesidad de afrontar el
complejo mundo social en el que vivían lo que los llevó a desarrollar
cerebros más grandes" (75)
Dunbar quizá subestime el papel del lenguaje (un sistema de
representación social al fin y al cabo) como parte de ese universo
social; y quizá en teorías
como la de Bickerton sobre el desarrollo del lenguaje
se eche en falta un mayor énfasis (como el que sí pone Dunbar) en el
desarrollo de la teoría de la mente necesaria para la interacción
social típicamente humana.
Por métodos estadísticos se puede hacer una
estimación sobre la correlación entre el volumen cerebral y el
desarrollo de una intencionalidad compleja en nuestros antepasados:
"Esto sugiere que el tercer grado de
intencionalidad apareció por primera vez en el Homo erectus,
hace unos dos millones de años. El cuarto grado de intencionalidad, sin
embargo, no debió de aparecer hasta hace aproximadamente quinientos mil
años, cuando el arcaico Homo sapiens
(nuestra propia especie) entró en escena. Como el tamaño del cerebro
continuó creciendo considerablemente en el linaje humano, el quinto
grado de intencionalidad debió de haber surgido bastante rápido." (78)
Unos doscientos mil años atrás, lo sitúa Dunbar.
Un capítulo interesante de La Odisea
de la humanidad
está dedicado a las culturas animales—repasa Dunbar las distintas
modalidades de recolección de las hormigas y de uso de
herramientas que
tienen los chimpancés según la población a la que pertenezcan; esto son
desarrollos culturalmente transmitidos, por elementales que sean. Pero
el desarrollo cultural avanzado y la transmisión del mismo requieren
del lenguaje y de una capacidad intencional superior a la que tienen
los simios. Y aquí introduce Dunbar un ejemplo shakespeareano de cómo
la comprensión cultural humana requiere una elaborada intencionalidad
jerarquizada:
"Cuando escribió Noche de reyes, Shakespeare pretendía [1] que su público se diera cuenta [2] de que el muy
ridiculizado Malvolio creía
[3] que su señora Olivia quería
[4] casarse con él en lugar de que fuera su mayordomo (los niveles
intencionales están marcados numéricamente). Y, cuando escribió Otelo, lo que quería [1] era que su público comprendiera [2] que el moro creía [3] que Yago, un hombre a su
servicio, era honesto con él cuando declaraba saber [4] que su amada Desdémona amaba
[5] a Casio. Los esfuerzos literarios de Shakespeare llegan
a un cuarto—e incluso un quinto—grado de intencionalidad, y las pruebas
de cinco niveles de intencionalidad, como hemos visto en el capítulo 3,
son complicadas incluso para los seres humanos de inteligencia superior
a la media. Aun si un chimpancé pudiera hablar, no podría seguir las
circunvoluciones de la trama, por más que para comprenderlas se
requiera un nivel menos de intencionalidad de los que necesitó el gran
bardo para escribirla. No hay indicios de que niveles de
intencionalidad por encima del segundo excedan el ámbito estrictamente
humano" (156)
Como he dicho antes, dudo que la cosa funcione así exactamente. Aun
aceptando la utilidad analítica provisional de la teoría de los niveles
de intencionalidad simplemente "acumulados" o superpuestos. Una
cuestión es que algunos comportamientos de primates descritos por el
propio Dunbar parecen sugerir una intencionalidad más compleja—pero en
eso no entraré. Más en lo mío, haré una observación sobre la estructura
intencional de las obras literarias.
La descripción que hace Dunbar de los niveles de intencionalidad
involucrados en la comunicación literaria es, me parece, inadecuada. No
creo que en la práctica puedan superponerse los niveles del modo
sencillo presupuesto aquí. Más bien funciona la intencionalidad en
forma de paquetes
complejos, orquestados convencionalmente mediante géneros comunicativos
y esquemas situacionales. Estas estructuras organizativas permiten a
los comunicantes manejar una compleja estructura intencional sin ser
conscientes en cada momento de cada uno de los niveles de
intencionalidad involucrados en ella—que vienen por así decirlo ya por
defecto con el género usado o el marco comunicativo. (Más sobre marcos
en mi comentario a la teoría de la organización social de Erving Goffman).
Obsérvese que en Noche de Reyes la
situación es mucho más complicada de lo dicho hasta ahora: Maria y Sir
Toby preparan una trampa
para que Malvolio crea que Olivia le ama, y la escena es divertida
precisamente porque la vemos a través de los ojos de los intrigantes
que controlan la escena... y a la vez por encima de su hombro. Con lo
cual los niveles de intencionalidad se
multiplicarían. Tenemos que suponer que el público disfruta viendo cómo
Malvolio actúa manipulado por un mensaje que ha encontrado,
supuestamente escrito por Olivia. Pero nada más tender esa trampa ya
presupone toda una serie de niveles de intencionalidad: el espectador observa cómo Mariaplanea que Malvoliocreerá que Olivia le ama.
También la actuación de Maria parece guiada por un plan cuyo objetivo
último no es sólo ridiculizar a Malvolio, sino también seducir a Sir
Toby. Los disfraces de Viola aún dan lugar a situaciones más
complicadas: Shakespeare diseña una situación para
que el espectador disfrute
viendo cómo Olivia cree que
está casándose no con Sebastian sino con Cesario—situación divertida
para el espectador porque Cesario oculta
una identidad secreta (la de Viola, gemela de Sebastian)—con lo cual no
sólo es divertida la confusión de Olivia como tal, sino también es
divertido lo que Olivia
cree que sucede y en realidad no está sucediendo, por suerte para ella,
porque si
no estaría casándose con una mujer... etc.
A lo que voy: en esta descripción de las complicaciones intencionales
de Shakespeare, estamos dando por supuesto, y ni siquiera mencionando,
la estructura intencional de toda representación dramática. El
espectador no ve directamente a Viola disfrazada de Cesario, puesto que
no está en Iliria—sino que ve a un actor (o actriz) disfrazado de Viola
disfrazada de Cesario. La actuación dramática presupone un nivel más de
intencionalidad no mencionado en el análisis de Dunbar, y es uno de
esos package deals
intencionales a que aludíamos (la prueba de que se presupone, es que ni
siquiera se le ha mencionado en el análisis). Lo mismo sucede con el
uso de la palabra: el lenguaje es de por sí un complejo sistema
intencional, y más cuando entramos en las complejidades de usos
figurados del lenguaje, ironía, actos de habla indirectos, etc. Tampoco
esta compleja intencionalidad lingüística es mencionada en el análisis
de Dunbar.
¿Cuántos niveles de intencionalidad, contados uno a uno, habría en una
frase de Twelfth Night
pronunciada por Viola-Cesario, o por un muchacho interpretando el papel
de Viola-Cesario, si esa frase es figurativa? Por ejemplo, esa de que soy todos los hijos de la casa de mi
padre...
frase que, pronunciada para desorientar a Orsino, es sin embargo
inadvertidamente irónica, puesto que el gemelo de Viola, Sebastian, no
se ha ahogado como cree Viola, y ya ha reaparecido para el
espectador. Si
empezamos a contar, quizá nos plantemos en doce o catorce niveles de
intencionalidad. Demasiado para un primate: y es que uno de los grandes
inventos del primate humano ha sido la orquestación compleja de la
intencionalidad en esquemas, marcos,
géneros...
de tal manera que se pueda gestionar sin necesidad de suponer una
consciencia sobrenaturalmente potente y atenta, ni un lóbulo frontal
del tamaño de una sandía.
Un caso en el que se aprecia la posible complejidad, y a la vez la
sencillez, de las estructuras intencionales complejas, es el caso de la
inserción narrativa múltiple. Los niveles de intención descritos por
Dunbar recuerdan al caso arquetípico de relato dentro del relato:
el narrador A introduce al personaje B que narra una historia en la que
el personaje C narra una historia en la que el personaje D narra....
Aquí nos encontramos pronto con el límite que señala Dunbar, de sólo
unos
pocos niveles que caben en la consciencia si han de estar activos. Pero
estas narraciones presuponen también la intencionalidad compleja de la
comunicación lingüística, y más en concreto de la ficción literaria—con
un autor implícito y un autor histórico, además del mencionado
narrador. Aquí la estructura de la comunicación literaria es como el
andamiaje presupuesto en el que se juega la complejidad de los diversos
niveles narrativos, pero ese andamiaje que sujeta la estructura
intencional compleja también es, a su vez, una estructura intencional
compleja. Hay obras literarias que sacan gran partido a la inserción
narrativa múltiple. El Quijote puede
ser un ejemplo, pero también el Manuscrito encontrado en Zaragoza
de Potocki, en el que los niveles narrativos son complicados de seguir,
y la narración de un personaje se interrumpe con frecuencia para darnos
paso a un nivel que ya habíamos olvidado de momento. John Barth lleva
esta estructura a límites paródicos y grotescos en su cuento
"Menelaiad", de Lost in the
Funhouse. La
inserción enunciativa, por cierto, no es sino una de las maneras en que
se puede introducir un nivel ontológico en el seno de otro (ver "Enunciación,
ficción y niveles semióticos en el texto narrativo").
Este verano de 2010 tenía gran éxito la película Inception,
basada en una forma similar de inserción narrativa múltiple—en este
caso, sueños dentro de sueños, a los que se puede tener acceso y que
son
compartidos por los personajes. Como en el caso del Manuscrito encontrado en Zaragoza o
de la Menelaíada,
parte de la dificultad de seguir el argumento de la película consiste
en mantener los distintos niveles de inserción ordenados y
diferenciados.
Es una especie de gimnasia mental a la que nos retan algunos
artistas—pero estas construcciones de intencionalidad compleja ya se
edifican sobre otros andamios intencionales preexistentes, que pasan a
ser confundidos con terreno sólido. El mundo humano que habitamos está
hecho de intencionalidad compartida, y es difícil siquiera concebir un
terreno firme que pisar que no esté ya estructurado por las intenciones
intersubjetivas que nos permiten explorarlo. Podemos entender que a
esto se refería Derrida cuando decía que no podemos ver el lenguaje desde afuera.
En suma, que en la práctica no podemos distinguir claramente un primer
nivel de
lectura mental de un segundo, porque en el mundo humano ya estamos, de
entrada, en un mundo intencionalmente estructurado, un mundo en el que
siempre estamos ya leyendo las mentes de los otros sin saber que lo que
leemos son mentes. Paseamos por un paisaje mental sin darnos
cuenta, y creemos que es el mundo exterior— así como sin enterarnos
leemos nuestra propia mente como si fuera nuestra sin más, y no
estuviese ya surgiendo en un mundo de sentido compartido.
(PS: Una versión alternativa de este razonamiento, en el
lenguaje cognitivista de Mark Turner, puede leerse en su artículo The
Scope of Human Thought).
Still Walking (Aruitemo aruitemo,
2008) es una excelente película japonesa, escrita y dirigida por
Hirozaku Kore-eda. Recomiendo verla a todo el que tenga esa cosa
llamada una familia, porque de relaciones familiares va la cosa, de las
generaciones y el paso de los años, de las relaciones entre padres e
hijos, cuando los padres ya se vuelven abuelos, de las miradas al
pasado que se arrastra, y de la muerte que anda cerca, de la ausencia
que ya se ha instalado de alguna manera entre los presentes. Me ha
recordado mucho a mi propia familia, no tanto por coincidencias uncanny,
sino por la maestría de Kore-eda, que encuentra aquí, en una familia
muy
concreta, con unas personalidades inconfundibles e irrepetibles, y
excelentemente retratados todos, el elemento de universalidad que la
une a todas las familias. Porque todos pasamos por el trance de
hacernos mayores cuando somos niños, de hacernos mayores
en el sentido políticamente correcto del término, luego—o sea,
envejecer, ir perdiendo a los hijos de vista, excepto para visitas
ocasionales, ir sobrellevando las desgracias y tragedias que aunque
están en el pasado siguen muy presentes, y forman ya parte de los
sobreentendidos familiares—en esta familia están todas las familias (y
sí, también la mía). Recomiendo ver la película, desde luego, aunque
puede ser una experiencia dura así entre líneas y como quien no quiere
la cosa. No hay gore, ni desgracias, ni gritos ni escenas violentas,
nada—todo es muy tranquilo, muy cotidiano, muy japonés y muy
tradicional. Pero al poco rato de verla parece que estás con gente que
has conocido toda la vida—esa gente precisamente que has conocido toda
la vida. Es una obra maestra del detalle, de la penetración psicológica
y de la sutileza. Y sí, en efecto se parece mucho a Tokyo Story de Ozu, pero es mucho
más absorbente, intensa y ligera a la vez.
Los abuelos viven cerca del mar, en un paisaje japonés que parece
talmente Galicia, en la vieja casa de toda la vida, toda paneles
corredizos, mobiliario viejo, y montones de chismes acumulados. La
ocasión
de la película es la visita a casa de los padres de un hijo y una hija
con sus familias respectivas; el protagonismo mayor se lo lleva la
familia de Ryo,
el hijo segundo, que hace poco se ha casado con una joven viuda,
Yukari. Ella y
el hijo de ella lo acompañan en la visita un tanto problemática—habrá
mucha ocasión para observar al detalle las relaciones a la vez cercanas
y distantes entre familia carnal y política. La hija y yerno
tienen una parejita; son todos simpáticos y tratables, el yerno
discreto ha aprendido a quitarse de enmedio y se echa la siesta todo el
día o se va de paseo con los chavales; la hija Chinami es un encanto
(como Yukari por otra parte),
cariñosas, atentas, despiertas y observadoras—hay planes de que Chinami
y el yerno
se muden a casa de los padres para ayudarlos ahora que son viejos, pero
una de las cosas que se descubren a lo largo de la película es que
después
de todo ni el abuelo ni la abuela quieren volver a tener gente en casa.
El abuelo es un viejo médico jubilado, extremadamente orgulloso,
caprichoso, irritable e impaciente, hasta la mala educación con
frecuencia. Son una vieja pareja que vamos conociendo poco poco, hasta
que al final ni él parece tan malo ni ella tan buena: la abuela que
está todo el día dedicada a la cocina y a la familia esconde una
colección de resentimientos que la llevan a cometer pequeñas crueldades
o venganzas casi invisibles, en realidad bastante inofensivas. Tanto el
abuelo como la abuela viven colgados del pasado, del hijo mayor que
perdieron, Junpei, el que iba a continuar la tradición del padre
haciéndose médico—y más pendientes están de él hoy, que es el día de su
aniversario, para lo cual se ha reunido la familia. Hay varias
ceremonias shintoístas alrededor de un altarcillo con su foto, y el
ausente está realmente muy presente. Murió salvando a un chaval vecino
de ahogarse... y se ahogó él. Hoy les visita como cada año ese vecino,
un hombre joven poco agraciado, gordo, nervioso y sudoroso, sin pareja
ni perspectivas de
trabajo. Les expresa como cada año su agradecimiento a su salvador
Junpei... es una escena entre grotesca y sentimental, y el visitante
provoca las risas de los niños. Sobre todo cuando el abuelo comenta que
el mundo no es justo, visto que por
este mierda se ahogó mi hijo.
"Papá, aún es joven, aún puede encontrar trabajo", le dice su hijo Ryo
(parado vergonzante él)... A Ryo, el hijo segundo, ahora el mayor, le
da pena este ritual, pena
por el superviviente—pero descubre que su madre piensa invitarlo todos
los años precisamente para que sufra.
La abuela también lo atormenta a él
haciéndole que se bañe al estilo tradicional con su "hijo"—y es que no
es su hijo, se ha casado el segundo con una viuda con niño, mantienen
ante los padres la ficción de hacerse llamar "papá" e "hijo" cuando en
realidad siempre se llaman por su nombre... y ni el abuelo ni la abuela
los consideran
de la familia, a la viuda Yukari y al niño, y se lo dejan ver entre
líneas a Yukari en
multitud de ocasiones. Este hijo Ryo, al contrario que la hija mayor,
tiene una
relación difícil con los padres: se siente fracasado, comparado con su
hermano mayor difunto, que era el favorito—Ryo no está a la altura, no
pudo hacerse médico, ahora mismo está en paro, su hijo no es hijo suyo,
tiene esposa "de segunda mano"—es curioso lo extremadamente
tradicionales que son para algunas cosas, estos japoneses de clase
media. No está presente en el aniversario la viuda de Junpei el hijo
mayor, a la que han perdido de vista desde hace años ("si hubiesen
tenido niños podríamos invitarla"... etc.). Se ven fotos familiares, se
hacen discretamente preguntas indiscretas, se estudian planes de
futuro, se tantean momentos de familiaridad y de comunicación, que con
frecuencia llegan a un callejón sin salida... por ejemplo, el tema de
que Ryo está en paro no debe mencionarse ante sus padres, y va
manteniendo la ficción bien que mal. Su cuñado le quiere vender un
coche, un monovolumen "ahora que tiene familia", y debe fingir que no
le interesa. Vaya, su madre quería que sus hijos la paseasen en coche,
la visita al cementerio se le hace cuesta arriba. Allí van todos
también a hacer más rituales. Todo esto le trae a la cabeza a la joven
viuda casada al que fue su marido, parece que guarda algún secreto
recuerdo de él que no airea mucho—a estas japonesas jóvenes les va
mucho lo de suavizar las relaciones, que ya bastante difíciles son los
hombres... Le dice a su niño que visitarán la tumba del padre muerto.
La abuela había hecho una cosa muy rara que ha impresionado al chico:
había entrado una mariposa por la noche, y la abuela se ha emocionado
toda, diciendo que igual era el alma de su hijo que les visitaba, y en
efecto se posa la mariposa en el retrato de Junpei el Ausente... Bah,
tonterías, supersticiones, dice el abuelo, y Ryo el hijo mayor pero no
primogénito coge la mariposa y la suelta a la noche, la ven irse... La
abuela se va a dar un baño, también ella, emocionada. Ha tenido también
una pequeña venganza contra su marido, sin que nadie se entere:
hablando de recuerdos personales, les pone una canción "que le trae
recuerdos", una de los sesenta... todos imaginan que de los tiempos en
que el abuelo era rómántico, "Bah,
no tiene nada que ver conmigo", dice
él, siempre desaborío—pero luego nos enteramos los espectadores de que
era la canción que le gustaba a una amante que tuvo el abuelo, y que la
abuela le va dando recordatorios a veces, no olvida y perdona sólo a
medias. Las viejas parejas afinan sus rituales comunicativos, y también
las familias—muchos mensajes se envían de modo no explícito, signos
y símbolos
que sólo los avezados pueden leer bien. Los niños observan todo esto,
especialmente el pequeño falso nieto—que encuentra un lugar ambiguo en
la casa, con sus primos y sus abuelos. Los muertos nunca se van del todo,
le dice al niño su madre Yukari, comentando la escena de la abuela y la
mariposa. Tu padre está en tí,
dentro de tí—le
dice que está hecho mitad de él, mitad de ella. —¿Y Ryo?,
pregunta el niño. Bueno, de él también, con el tiempo, también se irá
haciendo
de él, le dice su madre....
La familia de la hermana se volvieron para casa en el día
mismo; los de Ryo su hermano se quedan a hacer noche en casa de los
padres, con resultados agridulces. Los abuelos investigan si esta
pareja van a tener hijos propios o no... la madre ni lo espera ni lo
quiere, y se lo deja semiclaro
a la nuera.Es
más fácil divorciarse si no hay hijos de por medio. Los vemos pasear al
día siguiente hasta el mar, al falso padre y al falso hijo, con el
abuelo, y el viejo se ablanda un poco, le habla a su hijo de ir
al estadio juntos, de llevar al chaval... como lo llevó a él cuando era
niño. Pero no se dará el caso. Al final de la película vemos una visita
años después de Ryo y familia: pero vienen en coche, han prosperado
algo... y tienen una niña, además del chaval ya adolescente. Visitan el
cementerio, a hacer los rituales familiares: el abuelo murió al poco, y
la abuela pocos años después. Nunca
fuimos al estadio juntos con mi padre, y por fin nunca paseé a mi madre
en coche. (Siempre acaba pasando así, le digo a mi esposa).
Será casualidad, pero esta noche ha tenido lugar la primera visita o
aparición de mi padre, tras su muerte. En un sueño, claro, ha sido—el
hombre no tenía ninguna intención de asustarme. De hecho, acababa yo de
hablar por teléfono con mi madre, dando por hecho que estaban lejos,
los dos, en el pueblo seguramente—pero al poco rato entraba mi padre
por el cuarto, trayendo unos papeles, a preguntarnos qué tal nos
encontrábamos. Y estábamos bien, era una visita normal, sólo pasaba por
allí, a saludar, aunque mi padre siempre se fija en las cosas más de lo
que parece, con su fama de distraído. Bien, pues luego resulta que, más
adelante en el sueño, no me casaban las fechas, y me entraba la
sospecha de que cuando hablé con mi madre por teléfono mi padre ya
estaba muerto—¿y entonces, esa visita? ¿Me había olvidado yo de que se
había muerto, cuando vino, o no lo sabía aún? Era urgente examinar los
papeles, ver si se me confundían las fechas, o si efectivamente había
venido a vernos una aparición cotidiana—iba a decir y no mi padre, pero
de eso nada, porque aparición o no, era mi padre el de siempre. Pero
las fechas estaban confusas, no quedaba claro al examinar los papeles
cuándo habían sido escritos, o quizá no se encontraban. Esa era la
aparición de esta noche, a vision in
a dream
supongo que podría decirse. Otro tipo de apariciones no espero, pero
¿apariciones, así en general? Haberlas, claro que las hay, en Japón y
aquí.
Me leo El Escondite,
novela de Trezza Azzopardi (2000)—sobre vergüenzas y malos rollos
familiares. Bastante malos; versa sobre una mísera familia de Cardiff,
los Gauci, con esposa e hijas de un inmigrante maltés. Si no la hubiese
escrito un persona de la comunidad, podría leerse como un elegante
panfleto contra la mugre mental de la comunidad inmigrante; viniendo de
una insider supongo que no se
lee así. (O quizá con más razón). El paterfamilias, Frankie, es un
impresentable bien plantado, jugador, violento, cruel e irresponsable.
Acaba robando a su socio, y fugándose, dejándolo que se ahogue en el
barro del puerto tras un forcejeo, cuando sale corriendo a pedirle lo
que se ha llevado. Desaparece de su familia, y su mujer, prostituta
extraoficial, depresiva y con
tendencias suicidas, es incapaz de cuidar a la recua de hijas que
tienen. Las dan en adopción, y la narradora, Dol, no vuelve a ver a su
familia en treinta años. Era la pequeña de la casa, muy pequeña por
entonces—y va rememorando la historia y el ambiente de su infancia con
ocasión de haber recibido la noticia de la muerte de su madre. La
primera parte de la novela narra la infancia, sin ninguna referencia al
presente de la narradora, y distinguiendo poco entre lo importante y lo
irrelevante—como visto a través de los ojos de una pequeña. Allí va
trasluciendo la historia de la problemática relación de la niña con la
familia, y una circunstancia importante que la marcó, literalmente: se
quemó en un incendio, en esa casa de dejadez, quedándole deshecha una
mano. La segunda parte narra el reencuentro con personajes
tan desagradables como su hermana Rose, que treinta años después vuelve
a llamarla la Lisiada, sin la menor autocrítica, y sin que eso parezca
afectar a la narradora. Más le ofende su hermana mayor, Celesta, que ha
querido dejar el pasado atrás y lleva una vida convencionalmente
respetable. La narradora le reprocha que no cuidase más de ellas siendo
la mayor, que sólo pensase en bailar como una idiota, allá en los años
sesenta... pero Celesta era una cría, irresponsable como todos allí,
parece mucho pedirle. Recuerda con cariño a su hermana Fran, vapuleada
por su padre, y aficionada a las autolesiones, y a lesionarla a ella
también... y poco a poco, revolviendo en los trastos viejos de la casa
de su madre, van saliendo las cosas y descubre una jaula de conejos
donde al parecer la tenían encerrada de niña, por orden de su padre,
que la aborrecía y temía por su desfiguración ("un hombre supersticioso
(...) un hombre estúpido"). Creía Dol recordar que sus hermanas la
encerraban allí para atormentarla, uno entre otros juegos crueles que
jugaban con ella—pero le aclara su hermana Luca, tras el funeral, que
lo que hacían ellas era sacarla de cuando en cuando. La escena en la
que la familia estalla en risas tontas en el entierro
de su madre puede entenderse a la vez como una liberación del pasado
(al que la narradora se promete no volver) y como un
síntoma más de lo mal que está el personal después de semejante
crianza. Una novela pues sobre el trauma y los recuerdos imperfectos.
Demasiado perfectos a veces, claro, por la técnica narrativa elegida,
llena de detalles y gestos casi irrelevantes observados y recordados;
también podría atribuirse al trauma otra curiosa convención elegida por
la novela: no hay ninguna referencia a qué ha sido de la vida de la
narradora durante los últimos treinta años—el foco cae únicamente sobre
los traumáticos años de la infancia. Que sin embargo se recuerda con
nostalgia a veces, como toda infancia, que es la única que tiene todo
el mundo. En realidad, en este punto no se puede decir que la novela
sea ni imperfecta ni realista; ni que sea una narración insincera y
parcial, ni que ese enfoque obsesivo sea adecuado como una
dramatización del trauma. Es el resultado un tanto amanerado de una
cierta convención literaria para representación de traumas: la
revelación gradual, y parcial, tiene una intención estética
(curiosidad, supense, etc.) que interfiere un tanto, de base, con la
exposición del trauma. Sólo puede narrarse así un trauma superado (o no
vivido), y por tanto ha de parecer parcial la restricción de todo el
mundo mental de la narradora a lo que eran las circunstancias y
momentos del trauma. Un trauma que no deja otras huellas que su
rememoración y superación parece poco trauma. Después de todo, la marca
que lleva la narradora en el cuerpo ha tenido que señalarla de por
vida—pero de eso poco vemos, como si el pasado hubiese realmente
quedado contenido en aquellos años, una solución narrativa quizá poco
convincente, pues un trauma que tan poco aflora luego es un trauma de
poca intensidad. Esos traumas de baja intensidad son la textura misma
de la vida, claro, pero normalmente no nos dedicamos a volver sobre
ellos con tanta dedicación y exclusividad.
Hoy hace diez años que nació el pequeño Oscar—el último de mis
hijos. Entonces no lo
sabía, claro, que sería el último, pero poco a poco el tiempo y la vida
van tomando la que iba a ser su forma.
Me acuerdo de una página web que se presentaba chistosamente
titulándose "Internet empieza
aquí"—como
si en la Web hubiese algún punto de entrada o portal privilegiado. (La
idea misma de "portal" contiene el mismo chiste, con menos autoironía).
Acabo de leerme ahora Electronic Literature: What Is It?
de N. Katherine Hayles, muy interesante, cómo no, pero que me ha
producido una sensación parecida, como si no acabase de captar la
medida en que la web ha transformado el concepto de literatura
electrónica. O más bien como si estuviese acotándolo en una fase (la de
los hipertextos autocontenidos) ya superada. Como está superada (y a la
vez conservada) toda la literatura por Internet, donde se realiza
plenamente el ideal de poem unlimited o de jardín
de senderos que se bifurcan, partiendo de cualquier enlace, por ejemplo
de cualquiera de estos—de
éste, pongamos.
Un blog vendría a ser una especie de modelo reducido, o a escala, de
ese laberinto que es la red, o una travesía determinada del mismo.
Travesía, o, a veces, inmersión sin salida posible. Ahora paso a leer "The
Labyrinth Unbound: Weblogs as Literature" de Steve Himmer.
Oyendo sobre la resolución del secuestro de "los cooperantes catalanes"
en el Sahel, en la Cadena Ser. Entrevistando a la encargada del
gobierno, no se le pregunta si se ha pagado secuestro, y "se pierde la
comunicación" tras cuatro formalismos y felicitaciones sobre la
resolución del caso—sin ningún intento de recuperar la conexión con
otro teléfono, que bien lo habrá en el mundo. No hay asomo de
preguntarle cómo se ha resuelto el caso, si se ha pagado y cuánto,
etc.—aunque los contertulios se apresuran a admitir que es lógico que la encargada del Ministerio
sea prudente.
Se escuchan las siguientes cosas de estos
periodistas que sin duda reflejan el punto de vista del gobierno /
Prisa / PSOE:
- "No hay que hurgar en lo
que se ha hecho". (¿Ni siquiera en
pro de la información y el interés del público? Pues vaya periodistas
los...)
- "Ha habido sin duda importantes concesiones económicas y políticas". (No detalladas).
- "La oposición ha hecho lo que tenía que hacer, que es callar". (Genial, como plan para la oposición).
- "La vida humana está por encima de todo". (Se entiende: por encima de la dignidad,
de la justicia, y del honor de las naciones).
-
"Los terroristas, no lo olvidemos, secuestran extranjeros para colocar
en apuros a esos gobiernosque son extraordinariamente débiles". (No queda claro a cuáles se refieren).
- "Que no se debe negociar, que no se debe ceder al chantaje, son
principios que todos podemos compartir pero que es imposible llevarlos
a cabo". (O sea, que hay que tener
principios que no podamos cumplir).
- "En este caso nuestras convicciones últimas no nos han permitido
sacarlas a la mesa". (Tampoco parece
que hubiese mucho interés en sacarlas, puesto que son meramente
teóricas).
- "¿Cómo se debe tratar con el terrrorismo? Pues como se está
tratando". (Es
decir, negociando, pagando y haciendo concesiones. Porque de perseguir
a los secuestradores no se dice nada, ni siquiera por quedar bien).
- Por supuesto que ha habido un desafío al Estado español. (Y
por supuesto que los que lo han retado, cuatro pelagatos con
metralleta, han triunfado en esta puja, solución de la que se felicitan
los periodistas en conjunto, a pesar de la derrota y aunque reconocen
que "no es un triunfo de la democracia").
- (Y, el más disidente con la opinión
de los demás, línea PP): "No se
puede decir que la vida sea el valor supremo; eso sería un criterio
zoológico. El valor supremo es la vida digna, que a veces requiere
sacrificar la vida" (—pero
no la vida de los demás, le replican. O sea: con la vida de los demás
no se juega. Con el dinero y la dignidad de los demás, se sobreentiende
que sí, porque están más repartidos y nadie se va a quejar mucho).
Y también, dando por hecho que se ha pagado a los secuestradores, dice
el Pepero: "Yo
también hubiera pagado, y luego hubiera dicho que no había pagado". (Y
yo también, si me secuestran, quiero que trate Fernández de la Vega con
los piratas. Ahora, que no la pienso votar en la vida).
Así está el tema, visto desde el Estado Español.
Luego, oyendo a los cooperantes, uno (supongo que el que fue herido) se
queja de que el secuestro ha sido muy duro, y que es un crimen (—vamos,
lo mínimo que se puede decir). ¡Pero el otro declara que los
secuestradores los han
tratado bien—"dentro de las carencias que tiene esta gente, que son
muchas, graves"! Vamos, como sugiriendo que lo poco que tenían lo han compartido con
nosotros.
Y creo que esto es un error—el creer que tenemos que ponernos en el
punto de vista del otro, aun cuando el otro nos tenga a punta de
pistola. Aquí hay una falta de coincidencia de intereses no reconocida:
entre los secuestradores y los cooperantes, entre los cooperantes y los
españoles, entre el gobierno y los periodistas, entre el PSOE y el
interés general, entre la SER y los oyentes... y el minimizar el
hecho de que hay intereses contrapuestos sólo lía las cosas.
________________
Aquí el comentario de EsRadio, más incisivo y crítico, como cabía
esperar.
Así se llama, al parecer, nuestro edificio. Es el de la derecha,
visto desde el satélite, en este saliente que se llama la Punta de
Petís, aunque parece el peñón de Vélez
de la Gomera. Por la mañana la playa siempre está vacía:
Y hoy en concreto había más delfines que personas en esta esquina.
Por cierto, el
peñón de Vélez de la Gomera también se ve en los mapas de
Google—pero hay que buscarlo con cuidado. Aún se encuentra antes el de
Alhucemas. Estos peñones son algunos de los rincones del fin del mundo.
Comentarios a diversas páginas
web
relativas al Tribunal Superior de Justicia de Aragón:
Me resulta difícil creer que esto
sea la página oficial de los tribunales de justicia españoles, pero
lo cierto es que no encuentro una web del Tribunal Superior de Justicia
aragonés, aparte de ésta. Supongo que es una señal del lamentable
estado de la administración de justicia. Ni datos, ni enlaces, ni
archivo de sentencias, ni recursos, ni información sobre el personal,
ni nada de nada. Con transparencia como ésta va apañada la Justicia. A
mí, desde luego, ya me ha perjudicado la inopia e incompetencia del
Tribunal Superior de Justicia de Aragón. Aquí comento una sentencia en
la que se echa de ver el lamentable nivel de la jurisprudencia que aquí
se ejerce.
http://firgoa.usc.es/drupal/node/43715
Pongan a un becario o a una secretaria a hacer una web mínimamente
mejor, al menos.
Me resulta difícil creer que esto
sea la página oficial
de los tribunales de justicia españoles, pero lo cierto es que no
encuentro una web del Tribunal Superior de Justicia aragonés, aparte de
ésta. Supongo que es una señal del lamentable estado de la
administración de justicia. Ni datos, ni enlaces, ni archivo de
sentencias, ni recursos, ni información sobre el personal, ni nada de
nada. Con transparencia como ésta va apañada la Justicia. A mí, desde
luego, ya me ha perjudicado la inopia e incompetencia del Tribunal
Superior de Justicia de Aragón. Aquí comento una sentencia en la que se
echa de ver el lamentable nivel de la jurisprudencia que aquí se
ejerce.
http://firgoa.usc.es/drupal/node/43715
Pongan a un becario o a una secretaria a hacer una web mínimamente
mejor, al menos.
PS: Añado el mismo comentario usando Reframe It, una aplicación para
Firefox que hace más o menos lo mismo que el Google Sidewiki, y permite
añadir comentarios a cualquier página, visibles para quien tenga la
misma aplicación. Pero de momento no consigo conectar este Reframe It a
mi cuenta de Blogger ni a la de Facebook.
_____________
¿Es esto una página oficial?
Me resulta difícil creer que esto sea la página
oficial de los tribunales de justicia españoles, pero lo cierto es
que no encuentro una web del Tribunal Superior de Justicia aragonés,
aparte de ésta. Supongo que es una señal del lamentable estado de la
administración de justicia. Ni datos, ni enlaces, ni archivo de
sentencias, ni recursos, ni información sobre el personal, ni nada de
nada. Con transparencia como ésta va apañada la Justicia. A mí, desde
luego, ya me ha perjudicado la inopia e incompetencia del Tribunal
Superior de Justicia de Aragón. Aquí comento una sentencia en la que se
echa de ver el lamentable nivel de la jurisprudencia que aquí se
ejerce.
http://firgoa.usc.es/drupal/node/43715
Pongan a un becario o a una secretaria a hacer una web mínimamente
mejor, al menos.
Mucho se ha escrito sobre los sorprendentes criterios jurídicos (o
políticos) que viene aplicando el Tribunal Constitucional en sentencias
importantes que afectan, como ésta, a la estructura del Estado y a
derechos fundamentales. No sería bueno que semejante actuación quedase
sin comentario en la web del Tribunal Constitucional. Aquí hay un par
de comentarios al respecto. http://vanityfea.blogspot.com/2010/06/el-constitucional-pone-el-huevo.html
con referencia a:
"Pleno. Sentencia 31/2010, de 28 de junio de 2010Recurso de
inconstitucionalidad 8045-2006. Interpuesto por noventa y nueve
Diputados del Grupo Parlamentario Popular del Congreso en relación con
diversos preceptos de la Ley Orgánica 6/2006, de 19 de julio, de
reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña."
- Sentencias
(ver
en Google Sidewiki)
Ivo nos lee una bonita elegía que ha encontrado en El Señor de los Anillos, la
canción de un poeta olvidado de Rohan. Hela aquí en la Lengua Común, en
una versión aproximada:
¿Dónde están ahora el caballo y el
caballero? ¿Dónde está el cuerno que sonaba? ¿Dónde están el yelmo y la coraza, y
los luminosos cabellos flotantes? ¿Dónde están la mano en las cuerdas
del arpa y el fuego rojo encencido? ¿Dónde están la primavera y la
cosecha y la espiga alta que crece? Han pasado como una lluvia en la
montaña, como un viento en el prado; Los días han descendido en el oeste
en la sombra de detras de las colinas. ¿Quién recogerá el humo de la
ardiente madera muerta, O verá los años fugitivos que vuelven
del Mar?
Recuerda la poesía de Tolkien, claro, a los melancólicos poemas
anglosajones—y también a las Coplas de Jorge Manrique.
Ha muerto esta semana Frank Kermode, uno de los críticos que más han
ayudado a reflexionar sobre la retrospección y sobre la imbricación de
tiempo, vida y narración. Aquí
un obituario en el New
York Times.Yo
lo oí en una conferencia en Norwich en 1991, hablando sobre el futuro
del canon literario inglés. Quizá lo más significativo del futuro será
que en él estaremos todos o muertos, o rodeados de muertos—de la gente
que conocimos, y de los que habitaron el mundo con nosotros, todos
muertos ya.
En el cineclub nos vemos esta película de Gus Van Sant, que la
tenía yo atrasada. Película de cierto culto semifringe, tanto por su
estética un tanto errática como por la temática marginal de chaperos,
drogadictos y alusiones shakespeareanas. Casi lo que más me gustó
fueron los colores y la
fotografía. El protagonista, Mike (el malogrado River
Phoenix) es un
desvalido prostituto narcoléptico—vamos, que se cae dormido o desmayado
constantemente en los momentos más inoportunos. Esto no le facilita la
vida, aparte de que el muchacho no tiene ni muchas luces ni formación
ni oficio ni beneficio ni talento visible aparte de vender el culo, y
hasta eso se le da mal. No es sorprendente que siempre se encuentre en
la vida como perdido en una carretera que va a ninguna parte (una
imagen en concreto, la de esa carretera en Idaho, que se repite al
principio, a mitad y a final de la película). Depende de quienes se
apiadan de él o le cogen afición, para ir tirando unos metros más allá.
Ahora, que el chaval no mueve nunca un dedo para superar su situación,
no da para más—es tan inútil y de nivel tan bajo que en cierto modo
está más allá de la moralidad. De hecho es un niño mal crecido que
nunca llegará a madurar, y lo más proactivo que hace es de hecho
regresivo—volver a intentar localizar a su familia, una mierda de
familia que debió dejar en algún recodo de esa carretera. Su padre, o
quizá no sea su padre, es un pintorzuelo dejado que vive en una
caravana, y su madre, al parecer una destalentada que cometió un
asesinato pasional, se pierde en el pasado en algún viejo super 8 que
es la imagen inalcanzable de un cielo infantil, inalcanzable y más que
dudoso. El
futuro no promete más: la película acaba con River (que tampoco parecía
tener mucho más criterio que su personaje) tumbado en la carretera,
saqueado por dos malos samaritanos y rescatado por un buen samaritano
que se lo lleva a un horizonte vaquero demasiado bonito en ese último
fotograma. Es que las valoraciones de la película van un poco a
voleo—el director (como algún otro personaje) parece encariñado en
demasía con Mike, por una mezcla de pura piedad y de cara bonita, o por
su pura indefensión— porque no da para más el chaval. Igual el director
está más cerca de Scott Favor, uno de los buenos samaritanos de
Mike—del cual éste se enamora, pero Scott no es homosexual y es chapero
sólo por vicio, no por gusto. Scott está forrado, hijo de un alcalde,
prohombre y magnate, y se mete en la mugre de la prostitución como
forma de hiperreacción adolescente contra el mundo de su padre. Pero
volverá a por la herencia. Esta parte de la película repite
(literalmente a veces) la historia del príncipe Hal y su padre Enrique
IV en la obra de Shakespeare. El personaje de Mike no pega mucho en esa
historia, por cierto—no sabemos que nadie se enamorase de Hal, a no ser
Falstaff. El papel de Falstaff aquí lo hace Bob Pigeon, un viejo ratero
que es el jefe extraoficial de la banda de chaperos
drogatas—entre Fagin y Falstaff está el hombre. El tema shakespeareano,
teniendo su interés inherente (el hijo pródigo que vuelve al mundo del
padre, se hace cargo de la herencia, rechaza a sus malas compañías....
etc.) rechina un tanto en varias ocasiones—sobre todo cuando caes en la
cuenta de que ninguno de estos personajes tiene la menor noción de
teatro clásico, pues si no se verían a sí mismos repitiendo paso por
paso las escenas de Enrique IV,
incluyendo el robo de Gadshill (dios mío, hasta con trajes de fraile).
En fin, que la película toca muchos palos, y siempre tiene algo
interesante, pero a veces no acaban de combinar bien los ingredientes
del guiso. El director, como decía, parece colocarse más en el papel de
Scott (Keanu Reeves), como alguien que ve ese mundo marginal desde
dentro pero sabe que lo tiene superado, que madurará y saldrá de él en
cuanto elija, o que ya ha salido—tiene topsight—mientras
hay otros como Mike, o como River, que son desvalidos y no tienen la
capacidad de abrirse camino en la vida. La de Mike, por mucho que se lo
lleven al horizonte infinito de Idaho, va a ser corta, sin dirección, y
vivida como en un sueño. Al fin toda vida viene a ser vivida como
un sueño en una carretera infinita, igual viene de allí la fascinación
que despierta el protagonista, aparte de ser delgadito y con buen
peinado.
Estimado cliente, en su cuenta ha ingresado
una transferencia de 939.12
euros. Remitente: Pepito Pelayo. Número de control: EU3393633308. Sigael
enlace para consultar la información.
Atentamente, su banco CajaMurcia.
Bueno, lo siento por Pepito Pelayo,
pero me da igual los motivos por los que me haya ingresado esos 939.12
euracos—me basta y me sobra con saber que los tengo en la cuenta.
También diré que a veces me cuesta entender los criterios de negocio y
la estilística
de esta gente.
Hoy hemos dado una vuelta por Pontevedra la vieja, y por la Isla
de las Esculturas. También es el día en que Ivo y Oscar han flipado al
comprarles un grueso volumen con todo El
Señor de los Anillos—aunque no en la librería Michelena, que
(lástima) ha cerrado. Por fin
seguirán a gusto las aventuras de Gollum, ese pegadizo personaje, en
busca de su tesoro.
Y de regreso a nuestra comarca hemos recalado en la playa de Lapamán...
—Espec-Tacular, y
vacía. Bueno, hace unos días al parecer se vio por allí a Rajoy, en un
alto de sus vacaciones. Lo que es en cuestión de playas no le patina el
criterio.
following this
thread leads me once again to a question that – in one version another
– has bugged me for years: does any account of anything that
includes a cause and effect dimension count as narrative . . . if i
remember some of seymour chatman’s work accurately, it would seem that
even verbal description [as distinguished from pictorial depiction] can
have a cause/effect implication . . . . so maybe what i’m asking
is “what _isn’t_narrative?”
My response:
On the issue of narrative-ness, narrativity, etc. there are of course
many positions. Some are discussed in a volume I co-edited with John
Pier,
2) Aparezco también en la página de recursos para Filología Alemana de
la Universidad
de Yale. Es mi cuarta crucecita de la Ivy League—porque
ya me pusieron otros enlaces antes en Pennsylvania, en Brown, donde
hice un máster, y
varios en esa universidad de Cambridge que lleva fama de ser la mejor
del mundo.
La Apropiación de la Universidad y la
Promoción del Conformismo
Una vez me dijo una directora
de mi departamento—totalmente en serio lo decía—que el departamento, a
pesar de ser en apariencia parte de una institución pública, de hecho
pertenecía a la catedrática, era SUYO. Puede que el caso no sea tan
extraño, aunque normalmente las maneras en que los funcionarios se
apropian de las instituciones son más indirectas. Pero son muy reales,
sin embargo, las génesis de oligarquías funcionariales, redes de
dependencias, grupos de gatekeepers o de trepadores asociados de
escalafones... Cada
vez se define más estrictamente, para la promoción dentro de la
Universidad, lo que han de ser una carrera política y un expediente
académico promocionables—que han de ser estándar, impolutos, con las
afiliaciones convenientes, y con sellos de calidades y acreditaciones
que hacen muy fácil descabalgar a quien no vaya recto por la vía
trazada. Sobre todo eso tiene algo que decir José Carlos Bermejo
Barrera,en la última sección
de su libro La Fábrica de la Ignorancia (Akal, 2009).Algunos párrafos de esa sección final,
titulada como sigue: "Se
está gestando un proceso de patrimonialización de la Universidad,
mediante el cual grupos de funcionarios pasan a monopolizar el control
de la misma".
En ese proceso, a su vez, están teniendo lugar dos procesos paralelos:
a) la monopolización de los beneficios académicos y materiales que se
pueden obtener de la misma universidad por parte de oligarquías de
profesores, y b) la degradación del ejercicio de la autoridad académica,
que sufre un proceso de deslegitimación y que progresivamente pasa a
ser monopolizada y ejercida por personas de menor jerarquía
intelectual, lo que se reflejaría en la necesidad obsesiva de
incrementar el control de la institución y el debilitamiento de de la
capacidad de argumentación y el debate público e institucional. Un
proceso éste último paralelo al de la degradación general de la vida
política y de los partidos políticos españoles.
El incremento de la necesidad de control por parte de grupos de
funcionarios en crisis es una consecuencia no sólo de la crisis de los
propios sistemas en los que viven, sino de su incapacidad de analizar
la realidad circundante. Esto les ha llevado, y les sigue llevando, a
incrementar los procedimientos administrativos y de control de las
instituciones y de la población, y a hacerlos cada vez más complejos y
farragosos, con lo que se puede conseguir que lleguen a ser casi
inútiles, además de perder su credibilidad propia.
Ese incremento de los procedimientos puede justificar y justifica la
necesidad de la existencia de los propios cuerpos de funcionarios y del
incremento de su número, pero a su vez el creciente alejamiento de la
realidad circundante y la inutilidad de los propios procedimientos no
pueden hacer otra cosa que alargar la agonía del sistema, a veces en
plazos desesperadamente largos, si la caída no se ve precipitada por
circunstancias externas.
Todo ello está ocurriendo también en la universidad española actual, en
la que se ha creado una agencia de acreditación y control: la ANECA.
Una agencia que viola los principios básicos del ejercicio de la
función pública, puesto que suele ser más bien afín al partido político
gobernante en cada momento, cuyos mandatos ejecuta. Esta agencia
establece criterios de control de la calidad que no tienen ningún valor
ni ninguna eficacia.
Se trata de unos procedimientos complejos hasta el barroquismo,
meramente verbales y vacíos de contenido, construidos en torno a un
lenguaje pseudopedagógico y pseudoempresarial, que sirven para
justificarlo todo. Con ellos se puede conseguir aprobar cualquier plan
de estudios que sea exactamente igual que el anterior, o en el que
grupos de profesores ofrezcan sus materias sin ton ni son,
superponiendo cada uno las suyas con las de los demás. Con ellos se
pueden acreditar másteres carentes de valor en el mercado, y esteblecer
toda clase de clasificaciones científicas, que en muchos casos ni
siquiera coinciden con las establecidas internacionalmente, como es el
caso de muchas revistas científicas.
Los participantes en los procesos
de evaluación son los propios funcionarios, evaluados previamente con
ese mismo sistema, y a veces ni siquiera los que han merecido las
evaluaciones más altas. Unos funcionarios que creen poder controlarlo
todo, desde los baremos para nombrar profesores hasta la distribución
de todo tipo de recursos. Unos recursos que se controlan muy poco, una
vez han sido asignados, debido a que da la impresión de que el mayor
mérito es haber conseguido cada recurso específico, independientemente
de los resultados que se obtengan con él. Y todo ello se debe a que en
el caso de la ANECA, como en muchos casos cuando se trata de cuerpos de
funcionarios, lo importante es el propio procedimiento, un
procedimiento que puede llegar a constituirse en un verdadero ritual,
tal como ocurría en la China antigua.
Como se trata, pues, de
funcionarios aislados del mundo real, rentistas del Estado, que se
hipervaloran a sí mismos y la importancia de su labor, complican
voluntariamente los procedimientos, de tal modo que lo que se
valora es la voluntad
de someterse al propio procedimiento, de aceptar las normas y los
sistemas cada vez más arbitrarios y complejos, a la vez que
progresivamente menos creíbles.
En este caso, como en el de todo
sistema funcionarial en descomposición, cunde la sensación de que todos
esos procedimientos en realidad son inútiles y meramente verbales. Se
predica, por ejemplo, la movilidad y el cosmopolitismo, pero en
realidad no hay movilidad de profesores entre las universidades
españolas, y prácticamente ningún profesor español es promovido a
puestos fijos en las universidades que sí poseen un prestigio en el
mundo. Se alaba la tecnología, la industria y la flexibilidad del
mercado, pero casi ninguno de los que se proclaman tecnólogos
cosmopolitas se marcha a formar parte de industrias existentes al
margen de las universidades, sino que prefieren seguir dentro de las
propias universidades, en ese mundo que cada vez parece más ficticio.
Sin embargo el sistema sigue en
pie tal como está porque pequeños grupos de profesores, que gustan de
denominarse a sí mismo elites académicas, y a los que otros simplemente
llaman oligarquías, encuentran beneficioso que las universidades sigan
así. Para ellos es beneficioso porque se han hecho con el control de la
institución y sus órganos de gobierno, de evaluación y de control a
nivel autonómico y estatal. (...)
Del mismo modo que en España ha
desaparecido el debate político real, basado en ideas y programas
concretos, para ser sustituido por una crónica más o menos escandalosa
de la vida y milagros de los dirigentes y militantes de los partidos
políticos, cuyos nuevos líderes son incapaces de argmentar con seriedad
y rigor, en las universidades se está dando una dejacion de
responsabilidades por parte de muchos profesores que permite, y a veces
incluso obliga, a que personas menos capacitadas o muy inexpertas
asuman cargos para los que no están preparados. Unas personas que por
su excesiva juventud y a veces por su falta de perspectiva son las
únicas capaces de creer en un nuevo sistema académico en el que su
promoción y su futuro laboral dependen de evaluaciones sin sentido,
basadas en la cantidad de sus publicaciones y en las técnicas de
gestión del currículum (....).
Para estos nuevos profesores toda
la universidad es un simulacro en el que se trata de manejar y acumular
los signos externos de prestigio, que permiten ascender académicamente,
sean los que sean esos signos, a los que siempre tendrán que
someterse, a pesar de que saben perfectamente que esos signos pueden
resultar arbitrarios.
Ellos tienen que vivir en ese
mundo cerrado de funcionarios rentistas, evaluadores de sí mismos,
carentes cada vez más de un sistema de valores específico, y en el que
sólo se puede ascender a costa de los demás, en el que hay que pelearse
para conseguir unos recursos, que por definición siempre serán escasos
para cualquier rentista, y en el que lo fundamental es llegar a formar
parte de la pequeña oligarquía de evaluadores, contoladores y
autoridades de todo tipo, para poder así estar seguro al juzgar a los
demás y no ser juzgado.
En un sistema funcionarial en
descomposición las oligarquías están regidas, como en cualuqier
sistema, por la ley de hierro de la oligarquía de Mitchels, según la
cual el gurpo dirigente tiene que ofrecer la opcion de formar parte de
él a algunas personas, con el fin de que la mayoría pueda reconocer su
legitimidad, a cambio de poder integrarse en el futuro en él. Sin
embargo, por tratarse precisamente de una oligarquía muy cerrada, en
este caso el número de cooptados de be ser muy pequeño, por lo
que ese mecanismo debe ser reforzado por los mecanismos de control de
la mayoría, mientras las circunstancias externas a la institución
permitan que esta misma siga existiendo de la misma manera en la que lo
hace.
¿Hasta cuándo será así? No lo
podemos saber, puesto que los historiadores, como alguien dijo, sólo
sabemos profetizar el pasado. Sin embargo si desembocamos en el mundo
real, con el que habíamos comenzado este artículo, podemos conjeturar
que la situación de las universidades españolas deberá cambiar en el
futuro, ya sea con una reforma radical, impuesta desde el exterior,
pero que trate de salvar los caracteres básicos de la institución, con
el fin de que pueda seguir cumpliendo sus funciones específicas, o bien
con una reconversión más o menos salvaje, que sería impuesta cuando la
absoluta disonancia entre las universidades y la realidad llegue a ser
realmente conocida.
La posibilidad de una reforma
integral y coherente no parece de momento posible, debido a la
situación de crisis económica mundial en la que estamos. Pero no sólo
por ella, sino porque la mentalidad de las propias oligarquías
dirigentes, de evaluadores, controladores y autoridades académicas y
políticas en cada uno de sus niveles la hace difícilmente concebible,
por una parte, y nada deseable, por la otra. (...)
R. A. Baker ha señalado que el
problema actual del capitalismo, un sistema que él considera
esencialmente bueno, es el excesivo peso del capital financiero, o
especulativo, frente al capital productivo. Por ello sería lógico
pensar que, si algún capital va a entrar en las universidades
españolas, será precisamente el capital financiero, que encarna la
banca.
Dicho capital buscará beneficios
rápidos en las universidades, a las que le interesará endeudar. Es en
el mundo de ese capital donde el riesgo de descontrol fiscal y de
corrupción puede ser más grande, como señala Baker, y por ello podría
ser un peligro para nuestras universidades que unos funcionarios
obsesionados por el control de sus instituciones decidiesen ponerse
excesivamente en manos de ese capital, que por definición no mejoraría
la calidad de esas universidades, sino que trataría de hacerlas entrar
en sus circuitos de búsqueda de una alta rentabilidad inmediata.
Deberíamos evitar esa tentación, y
la de todos los grupos de funcionarios en decadencia: la corrupción
económica, que quizá pueda llegar a ser posible en el futuro. Y sobre
todo deberíamos intentar que la pérdida de los valores específicos de
la universidad permita que, gracias a la burocracia más desmedida e
inútil, entremos en un proceso de control y normalización de las
personas y las instituciones en el que sólo puedan llegar a sobrvivir
los intelectuamente más mediocres, pues sólo ellos pueden hallar
satisfacción y reconocimiento en un mundo académico en el que han
desaparecido los verdaderos debates de ideas y en el que los controles
más obsesivos y rutinarios se imponen por doquier por parte de quienes
se saben incapaces, por su falta de conocimientos y valores, de
controlar todas las universidades de un país de otra manera.
Por el contrario este nuevo tipo
de funcionarios mediocres podrían sentirse muy a gusto y encontrar el
reconocimiento en unas nuevas universidades en las que una docencia
anodina, simplificada y regulada hasta la saciedad, unida a una
pseudoinvestigación que desea más enterar en los moldes de los
controles y las evaluaciones que la búsqueda del conocimiento en sí
mismo, puedan llegar a convertir a estas viejas instituciones en
pequeñas fábricas de producción en serie de los recursos humanos que
requiera en cada momento el mercado, cada vez más degradado, del
trabajo.
Por cierto, sí vi Inception /
Origen, la aclamada película de Christopher Nolan, después de
haber visto hace poco El caballero
oscuro, y ambas me han gustado. Podría haber ido a repetir Origen otra vez, que no estaría de
más (las malas lenguas dicen que es una película diseñada para
conseguir dos ingresos de
taquilla por espectador)—con Álvaro y Beatriz que fueron a verla ayer,
pero en su lugar me fui con los pequeños a Toy Story 3, que también recomiendo
y recomiendan ellos. Y eso que Ivo tenía muchas ganas de ver Origen, aunque iba avisado de que
supondría un reto para su redonda cabeza.
Aquí hay una
reseña de Roger Ebert,
para quien lea inglés y no sepa de qué va la fiesta. Y aquí otras más
elaboradas, una de David
Hudson, otra de Vanessa
Thorpe y otra de
David Bordwell y Kristin Thompson.
Ésta con interesantes apuntes narratológicos, y hasta una
interpretación con referencia a la teoría de las múltiples inserciones
de representaciones mentales de Robin Dunbar. Cierto que la película es
una obra de arte de construcción compleja, y una mina para los
aficionados a las paradojas narrativas y a los
relatos con múltiples niveles, como yo.
De la reseña de Ebert, lo
que más modificaría yo es esa noción de que la película es tan
original... está hecha íntegramente (como todo, decía Barthes) de
materiales reciclados, entrecruzados y recombinados. Algunos de ellos
de películas previas de Leonardo DiCaprio, según entiendo—hay que
cuidar el Star System. Y las peleas espectaculares con efectos de
gravedad cero, el argumento de videojuego, los paisajes imposibles, los
niveles de realidad, la duda ontológica sobre si el mundo es
sólido—todo se puede encontrar en películas anteriores. Citemos así
rápidamente: Total Recall, Solaris,eXistenz,
Abre los ojos / Vanilla Sky, The Matrix, Eternal Sunshine of the
Spotless Mind, La memoria de los muertos, El imaginario del Doctor
Parnassus, World Builder, o aquélla de Robin Williams sobre el
mundo de los sueños... con
angustia de pérdida de pareja incluida, en estos casos. Eso sí, Inception está
muy bien hecha en todos sus aspectos, y si hay costuras están bien
alisadas. La pequeña señal ambigua del final, la peonza que termina o
no termina de girar, y nos deja con la duda de si hemos llegado a la
realidad o estamos atrapados todavía en una ficción onírica—y lo
estamos, claro, pero por poco tiempo, porque pronto termina la
película, y el cine es el modelo de ficción onírica que inspira todas
estas ambivalencias de la realidad.... La pequeña señal, digo, la
peonza, me recuerda al caballito de papiroflexia que aparece al final
de Blade Runner—una pequeña
pista de que quizá la realidad que hemos estado viviendo por delegación
admite ser interpretada de otra manera. También es, claro, como el beso
final de Total Recall, un
homenaje a la ficcionalidad del cine y su capacidad para hacernos vivir
mundos dentro de mundos.
En cuanto a mí, todo el que me conozca sabrá que Inception sí siembra hábilmente
dudas sobre si, una vez despertamos a la realidad de la sala, y los zombis abandonan el local
como decía Mecano—sobre si hemos vuelto realmente a la realidad, o
seguimos atrapados en un sueño apofénico, en el que oscuras señales nos
dan pistas de que estamos viviendo una realidad virtual artísticamente
diseñada por el Genio Maligno. Recordemos la inquietante investigación
filosófica de Nick
Bostrom, "Are
You Living In a Computer Simulation?". Son estas dudas a la vez un
tema eterno—que toda la vida es sueño—
y un Leitmotiv de nuestros tiempos acelerados por la realidad virtual y
los niveles de representación insertos unos dentro de otros, la
facilidad para manejarlos que nos han dado la novela, el cinematógrafo
y la cibernética. Inception se
pone sus propias normas, arbitrarias, claro—la diferencia de duración
entre los tiempos de un nivel y otro, la permeabilidad de los niveles
de sueño, que da lugar a divertidas correspondencias entre una realidad
y otra, las arquitecturas paradójicas que son una especie de símbolo
visual de la película misma... todo manejado con una soltura y un
acabado que son los que le han dado a esta película el éxito que ha
tenido, no pensemos que es el tema cartesiano
(ése de la duda sobre la sustancialidad de la realidad) el que más
vende en cine, por muy sustancialmente cinematográfico que sea. Y lo
es—esta película, lejos de ser original como creía Ebert, es una obra
de género, de un género, el de las múltiples realidades, que se ha ido
asentando poco a poco en el cine,
que asoma mucho en algunas películas como ésta, y menos explícitamente,
apenas esbozado,
en otras—pero con el cual el cine ha encontrado un auténtico filón,
una vocación—y un puente más que lo une a nuestra experiencia
cotidiana, que una vez la interpretamos como lo que es, es compleja, y
nos lleva a lo largo del día, y de la noche, a través de múltiples
mundos virtuales, ensoñaciones, imaginaciones, pesadillas y
despertares—abre los ojos—parciales, antes de ese gran despertar al
sueño eterno que es la muerte.
Dos detalles. La exposa de Cobb/DiCaprio, interpretada por Marion
Cotillard—Mal, creo que se llamaba—ha acabado confundiendo sueños y
realidad, con todos esos experimentos metaficcionales, y se suicida
creyendo que así va a salir al mundo exterior fuera de todos los
sueños. Sólo logra, claro, morir—y seguir viva únicamente como
personaje del mundo más profundo de los habitados por Cobb, un mundo
que va arrastrando en secreto a través de todas sus labores y trabajos
de fino ingeniero—pero que no cesa de producirle interferencias y de
poner en peligro la estabilidad de todos los demás mundos en los que
habita. En el centro de todas las redes de mundos de Cobb, allí está la
femme fatale, la araña o mujer
monstruo de quien no puede escapar, a la vez añorada y temida—con ella
vivió una vida entera, virtual, y llegó por lo que se ve a celebrar las
bodas de oro y a morir de viejo con ella—antes de verse arrojado a
través de otras dimensiones en las que eran otras vidas las vividas.
Todos los tiempos de la vida (de la real y de las posibles) son
virtualmente simultáneos, en cierto modo, y también eso lo recoge la
película, esa eternidad del recuerdo o esa simultaneidad de los muchos
mundos mentales en que habitamos.
Y el otro detalle: la idea que
quiere implantar
Cobb, como encargo de Saito, para acabar con el imperio concurrente. La
duda sobre cómo haría Fischer Jr., el joven heredero capitalista, para
no decepcionar
a su padre Fischer Sr. Pues el joven heredero tiene una relación
problemática con
su padre, y ése es el punto débil a atacar, según Cobb y Saito. Se le
hará creer que Fischer Sr. estaba decepcionado con Jr. porque no había
intentado vivir su propia vida, sino únicamente imitarle a él y seguir
sus pasos (que llevan a la decepción). Aquí hay una escena que retoma
un tema de Ciudadano Kane: el
millonario moribundo nos da una señal que remite a la infancia—Rosebud—pero
en este caso no a la propia infancia, como señal de su insatisfacción
con su propia vida, sino a la infancia de su hijo. Guarda el anciano
agonizante, en la caja fuerte, el testamento que anula sus
disposiciones anteriores sobre su fortuna, y también un molinillo de
viento de su hijo cuando era pequeño. Como señal de la decepción que
supone que crezca todo hijo, supongo, pues no queda claro aquí, viva la
vida que viva, cómo podría haber satisfecho las aspiraciones de su
padre, si era al niño a lo que echaba de menos. Llegados a este punto
sugiero cambiar de nivel de realidad, e ir a ver Toy Story 3.
____________________
Addenda: En primicia, o segundicia, la reseña de Inception según Álvaro, publicada
en su facebook:
Origen
es, sin duda, una de las mejores películas que he visto, y la encuentro
al mismo nivel que Matrix (aunque le falta el Agente Smith :D). Guau,
en serio, es que lo tiene todo: la dosis justa de acción (es decir, un
huevo), sueños, tren...es, unos efectos especiales de la leche, un
guión muy bueno y bien explicado... Bueno, empecemos analizando el
principio. Es difícil de la leche, así de claro. Te sacan a unos
chinos, una peonza y al DiCaprio medio ahogado y no sabes qué leches
pasa ahí. Luego, a los diez minutos, ya pillas el ritmo y el estilo de
la peli, te empiezan a explicar conceptos y la sigues bien, pero vamos,
que empieza fuerte XD. Además, más tarde el asunto se complica mucho y
hay momentos en los que piensas “Me pierdo, me pierdo”, pero no hay que
tener miedo, que todo está explicado ¿vale?. Llegados a este punto,
para seguir con el post voy a tener que explicar un poco del argumento
(nada que no podáis ver en cualquier blog, en serio): el prota, Cobb,
es un especialista en espionaje industrial que tiene un método un tanto
curioso; el equipo que lidera seda a la persona de la que quieren
extraer la información y crea un escenario virtual en su mente (un
“sueño artificial”), que el sujeto se ocupa de rellenar con la
información de su cerebro. En ese “sueño” siempre incluyen un lugar
seguro (una caja fuerte, una cárcel...), que el cerebro del receptor
reconoce automáticamente y llena con la información que desea mantener
en secreto. Luego, Cobb se inyecta un sedante, se introduce en el mismo
sueño que el receptor y roba la información que necesita de su mente.
Así de simple XDD Bueno, el caso es que un día un japonés le contrata
para que haga lo contrario; introducir una idea en la mente del
heredero de un imperio financiero rival para que decida disolver la
empresa de su padre cuando éste muera (de ahí el título de la peli:
“Origen”, el Origen de una idea, aunque deberían haberla traducido como
“Concepción”, más bien...). Los personajes están muy bien, la verdad, y
la peli también tiene momentos graciosos ("Tienes que soñar a lo
grande, tío" -lanzagrazadas- PTUI-KABOOM!!!!) Finalizando ya la parte sin
Spoilers, os digo que es una peli MUY buena y muy entretenida, pero que
te obliga a estar con la CPU mental a toda leche las dos horas y media
que dura.
Fischer es un pobre pardillo, así
de claro. Pero pobre chaval, joder, la de meneos que le meten para, al
final, manipularle la mente...y la pena que me dio cuando entra,
engañado, en su propia cabeza, abre la cajita fuerte de su padre...y se
encuentra con su propio Rosebud...imaginario, porque eso sólo significa
que, en el fondo, él, y sólo él, quería creer que su padre le quería.
Es una mentira imaginada por él mismo, pero el pobre se lo traga porque
piensa que está en la mente de su tío. Ahí sí que tuve ganas de meterle
de leches a Cobb...cretino...¬¬ Y me parecieron muy guays las
escenas en el segundo sueño, cuando están en la nieve. Parecía que
estaban en el Call of Duty: Modern Warfare, o algo así...lol Ah, por cierto, las
proyecciones-gente de negocios de cara seria daban cague, ¿eh? XD
Bueno, la próxima peli que veré
será un poco más facilona: "Los Mercenarios" (OOOOH!! Sesentones cachas
metiendo caña!!) XD
(Buen punto lo del Rosebud imaginario, este
Álvarez...)
Comentario que pongo a un artículo sobre Hiroshima y Nagasaki,
de Fernando Peregrín, en Tercera Cultura:
El Estado de Derecho de los norteamericanos, como el de otras
muchas naciones, tiene elementos endebles en sus raíces— como la
exterminación masiva e indiscriminada de civiles en Hiroshima o
Nagasaki, por la que jamás se ha juzgado a Truman, por ejemplo, ni se
le ha apeado de ningún panteón. Son crímenes de guerra nunca
reconocidos como tales, sino justificados y medio escondidos, medio
aceptados como parte de la tradición patriótica. Pero en eso no somos
distintos los demás occidentales. Todos los Estados son, en cuanto
tales, administradores de violencia, y muchas veces esa violencia legal
se ha llevado por delante a inocentes, sin que se exijan
responsabilidades. Por eso la historia es trágica, porque aun en el
caso de llegue a prevalecer lo relativamente mejor (desde un punto de
vista ético, digo), va imbricado indisolublemente con mucho de lo peor.
Nosotros colaboramos con quienes sostienen el sistema que no exige
responsabilidades— aun manteniendo una distancia crítica con respecto a
lo que menos nos gusta de nuestra sociedad, estamos pillados todos en
una cadena humana.
Este texto lo escribió mi padre para el libro Maestras
(Zaragoza: Prames, 2004), un volumen colectivo de relatos, recuerdos y
notas sobre las maestras de los pueblos. En la cubierta
aparece mi tía Angelines, su hermana, como maestra arquetípica, en la
clásica foto rodeada de los niños de la escuela.
LA MAESTRA
(A Eusebia Pomar Guillén)
¿Un relato? ¿Una historieta? ¿Una
historia? La realidad superaa la ficción. Allá va.
En un lugar del Pirineo, cuyo
nombre tendrás tú que averiguar, bastante más de cien años ha nació una maestra. Y digo que nació maestra porque eso quiso ser desde que
balbuceó sus primeras palabras, aunque al principio sólo lograba decir
que quería ser 'maeta'. A ese fin dedicó todos sus afanes.
Vosotros juzgaréis.
Su padre, Benito, agricultor en
los Monegros, había hecho el servicio
militar en Cuba y al regreso, cansado de ver sequías y deseoso de ver
España, compró una galera y unas mulas y, junto con uno de sus
hermanos, durante varios años, ése fue su menester. Para sufragar los gastos compraban
lo que más abundaba en el país que
atravesaban e iban vendiéndolo a lo largo del camino. Naranjas en
Valencia, mantas en Palencia... Decía su hija, la maestra,
que contaba anécdotas de cualquier lugar de España donde llegase una
carretera, de carro, lo mismo de Galicia como de Andalucía.
Pero todo tiene su término y a él
se le acabó la carretera antes de
llegar a Sallent de Gállego. Era lógico porque en aquél entonces
estaban empezando a construirla. Y, cosa atípica, empezaron a
construirla por el fin. En Sallent decían que que si se empezaba por el
final siempre se encontraría presupuesto para llegar a enlazarla si
éste se acababa. Como siempre, tenían sus buenas influencias y las
emplearon.
Sallent estaba rebosante de
obreros con dinero y sin tiendas donde
comprar. Así pues, allí llegaron, aunque no me explico cómo, nuestros
incansables viajeros y, encontrando un vacío comercial, montaron el
primer comercio fijo del Valle de Tena de que tengo noticia. Eso fue
hacia 1880-84.
Allí, con Dámasa, una sallentina
vecina, fundaron su familia. Pero aquí no nació la maestra
sino un hermano suyo. Valle abajo avanzó la carretera, con ella los
obreros y la tienda tras ellos. En el pueblo de esta segunda tienda del
Valle de Tena nació la maestra que nos ocupa.
Al bautizo no asistieron sus
abuelos, tíos ni parientes de Sallent,
porque aquel año, por Todos los Santos, cayó una gran nevada. Su madre
tampoco fue a la iglesia, pues no era prudente salir de casa con esa
gran nevada y un parto tan reciente. Pero sí tuvo una gran sorpresa:
—¿Sabes cómo se llama tu hija? —le
preguntó la madrina al regresar de la iglesia. —María, como dijimos—contestó la madre. —No; se llama Eusebia. El cura ha dicho que no se le debía
quitar un nombre tan bonito como se ha traído.
Dos años más tarde, en 1892,
finalizadas las obras de la carretera, comercio y familia se
trasladaron a Biescas.
Aquí hicieron una gran amistad con
dos maestros jóvenes que acababan de
llegar y que pronto contrajeron matrimonio: D. Amadeo y Dª Maximina.
Ambos influyeron grandemente en el destino de nuestra maestra.
De los 6 a los 13 años
Eusebia asistió a la escuela de Biescas
con toda normalidad. Debe subrayarse, eso sí, su aplicación y sentido
de la responsabilidad.
Por aquel entonces, no existía el
Ministerio de Educación, ni con este
nombre ni con los que sucesivamente se le van adjudicando, y los
maestros, aunque conseguían su plaza por oposición, dependían
económicamente del Ayuntamiento. Según costumbre recibían, al final del
año, un canastillo lelno de duros, pesetas, perras gordas (10
céntimos), perras chicas (5 céntimos) y céntimos propiamente dichos
(gordos y chicos).
Al comercio de Biescas acudían
muchos clientes, siendo habituales los
de Sallent, que no pasaban sin visitar a su paisana. El más destacado
de todos, al menos por su estatura, era el Gigante de Sallent,
que también era admirado por su fuerza. Los sacos que un hombre normal
llevaba apurado en sus espaldas los llevaba él sin esfuerzo bajo el
brazo, y no uno, sino dos. Cuando entraba en la cocina debía instalarse
encogido, con la cabeza entre dos vigas. Tapaba con la punta del dedo
pulgar un dur ode los "Amadeos" sin que pudiera verse nada en absoluto.
Destacaba también por su carácter bonachón.
En 1903, cuando Eusebia contaba 13
años y sólo le quedaba uno de ir a
la escuela, murió el Maestro, idóneo, o enseñante que se ocupaba de los
niños de 4 a 6 años, y a D. Amadeo y Dª Maximina se les vino el cielo
encima de pensar que sus nuevos alumnos ingresaran sin distinguir
siquiera las vocales. He de aclarar que, por aquellas fechas, la
matrícula normal en las escuelas de Biescas rondaba los 130 alumnos y
otras tantas alumnas, atendidos por un maestro y una maestra. Se
hicieron muchas gestiones para mantener la escuela de 4 a 6 años
abierta, pero nadie en el pueblo quería hacerse cargo de esa tarea.
Como la alumna, Eusebia, de 13
años, era despierta, aplicada, responsable y tenía una indudable
vocación de Maestra,
D. Amadeo le propuso que se encargara de esa clase. Tras muchas dudas
por parte de todos, pues había que buscar también un local, prepararon
una sala grande en lo alto de la casa, y ayudada por su madre, que de
tanto en tanto subía de la tienda para colaborar, empezó su tarea.
Cobraba una peseta al mes por
cada niño. Esto lo pagaban los padres. Si el niño se constipaba o tenía
el sarampión, se reducía la aportación a 80, 60, 40... céntimos.
Todo lo que ganaba lo dedicó,
desde el primer momento, para sufragar sus estudios de maestra. Sus estudios de
Magisterio los hizo por libre, ayudada
principalmente por Dª Maximina, su vecina y maestra y que, con el
tiempo, llegaría a ser su cuñada. Pero con sus 130 alumnas, la casa,
los hijos y preparando las labores de costura, que entonces se hacían
en la escuela, quedaba muy poco tiempo. Así pues, tuvo que afrontar sus
estudios casi sin ningún apoyo. La vida era sencilla y en las largas y
oscuras tardes de invierno se juntaban las dos familias para contar los
sucesos del día, narrar cuentos o leer historias del periódico, a la
luz de la vela o de las teas, aunque, a partir de 1901, ya pudieron
hacerlo a la luz de las bombillas. Cuando Eusebia acabó sus
estudios, comenzó a preparar las oposiciones al Magisterio. El lugar
más cercano para hacerlas era Zaragoza y ya debía haber tren, pues no
recuerdo oírla hablar de ir en diligencia. Dª Maximina, en 1890, vino a
Biescas, desde Huesca, en diligencia de caballos, haciendo noche en
Santa María de la Peña.
Seis veces se presentó a las
oposiciones, con sus correspondientes
desilusiones, pero siempre fue tenaz y constante y al final, a sus 26
años, fue destinada a Otal. Hoy ahí no vive nadie. Llegó la lluvia
amarilla.
Otal tenía entonces 16 hogares.
Entre 100 y 120 habitantes en verano.
En invierno, solamente quedaban en el pueblo los ancianos, las mujeres
y los niños. Los hombres iban con el ganado a la tierra baja. Saliendo
de Biescas, al este, tras una montaña cubierta de nieve la mitad del
años, se encuentra Otal. Para llegar a Otal, que está a 1470 m. y es el
pueblo más alto de toda la comarca, si se va andando, lo mejor es subir
a Erata por Barbenuta y Espierre. Una vez en la punta, a 2005 m., ves
el pueblo abajo en un valle muy solano. Esta es la ruta que eligieron
Eusebia, sus padres, D. Amadeo y los acompañantes que desde Otal
vinieron a buscarlos con caballerías.
Como siempre, con los machos
cargados a tope, les costó 6 horas llegar
al pueblo. Todos alabaron la valentía de la maestra, que sin
descabalgar, había llegado al pueblo atravesando los tramos más
peligrosos, donde era frecuente que las caballerías resbalasen e
incluso cayesen. Había una explicación: la maestra iba aterrorizada y
confiaba más en el instinto del animal que en sus propias fuerzas. Por
otra parte, si se desmontaba, no había en todo el trayecto un punto
donde volver a montarse en aquellas bestias enormes, tranquilas y
sensatas.
Todo esto aconteció el día de San
Ramón, 31 de agosto de 1916, en plena
Primera Guerra Europea. Cuando llegaron ahí, sólo se escuchaban la
bandurria, guitarra y acordeón, usuales en las fiestas de los pueblos
en aquél entonces, y qes que ese día se celebraba la fiesta en
Otal. Del sol de la montaña llegó roja y quemada, y, visto el
panorama de aislamiento y soledad que le esperaba, le entró tal
llantina que, a pesar de la fiesta, los halagos de todos y su natural
comedido, no se pudo contener. A esto habían venido a parar todas sus
ilusiones, todos sus esfuerzos, todos sus sacrificios, estudiando
después de las horas de clase, incluso a la luz de la luna, ahorrando
peseta a peseta, céntimo a céntimo, para poder desplazarse a Zaragoza a
unas oposiciones tantas veces fallidas.
Ya más calmada, pues, eso sí,
sabía sobreponerse a las situaciones más
adversas, se hizo cargo de la situación y resolvió que tenía que
aceptar la realidad por dura que le pareciese. Para consolarla, los
vecinos le explicaron que en invierno, durante muchos días, a veces
meses, no se abría la escuela a causa de las nevadas y las ventiscas
que envolvían las puertas de nieve y por lo tanto no tendría que ir a
trabajar.
"¿Ve Vd. esa borda? Pues cuando
nieva en invierno todo se queda parejo
y los terneros, cuando salen a beber, se pasean por el tejado lo mismo
que por la calle".
A Eusebia, que ante todo estaba
allí para ser maestra y no concebía
pasarse el invierno sin trabajar, no le gustó la perspectiva, así que,
cuando llegaron las grandes nevadas, consiguió que le abrieran camino
hasta la escuela, adonde iba a veces por trincheras de nieve más altas
que ella, y no era pequeña.
En las Navidades y Pascuas, las
únicas salidas que hacía durante el
curso, el paso a través de la montaña de Erata, con la nieve, estaba
impracticable. Hacían el viaje por Escartín, Ainielle, Berbusa, Oliván,
Orós Bajo y Orós Alto, con paradas en las casas de familiares y
conocidos de los acompañantes, lo cual, unido al paso seguro pero
cansino de las caballerías, hacía que empleasen todo el día.
Llorando entró y llorando se marcó
de Otal, tras seis años de estancia.
Todo el pueblo salió a despedirla. Allí djaba, enterrado en el pequeño
cementerio, a su padre, que la acompañó en sus últimos años y que, tras
haber recorrido todas las carreteras habidas, vino a terminar sus días
en un pueblo en el que ni siquiera llega, hoy en día, una pista
forestal.
Por concurso salió destinada a
Belber de Cinca, un pueblo ya mayor y
con mejores comunicaciones, de donde recordaba las grandes
celebraciones que hacían para la fiesta del árbol.
Durante su estancia en Belber,
contrajo matrimonio con Ángel, hermano
de sus antiguos maestros y vecinos, con los cuales seguía teniendo una
estrecha relación. Era el amor de su vida.
Fue ahí donde se le presentó un
gran dilema: debía escoger entre
marchar a vivir a Escuer (hoy Escuer Alto), sin carretera, y
abandonando la profesión que tanto esfuerzo le había costado, o bien
continuar en Belber, separada de su marido. Sin dudarlo, pero con gran
duelo, optó por lo primero.
En el año 1930, en un concurso de
traslados, consiguió la escuela de
Biescas, que además acababa de estrenar edificio. Todo iba de frente.
Su marido, Ángel, animó al
Ayuntamiento, y tras muchas gestiones en
Madrid habían conseguido trasladar el pueblo de Escuer, muchas de cuyas
casas presentaban grietas por corrimientos de tierras, al actual
emplazamiento junto a la carretera. Muchos de sus vecinos, que
trabajaban en las obras de los barrancos de Arás y Arratiecho, vieron
acortada sensiblemente la distancia al trabajo, y él mismo podía
desplazarse y vivir en Biescas. Pero eso es otra historia, y larga:
sigamos con la Maestra.
Y llegó la guerra. A los quince
días de comenzar ésta, cuando aún nadie
sabía muy bien por dónde venían los tiros, Eusebia se enteró bien de
dónde iban a parar. Su marido fue la primera víctima de toda la
comarca.
Llorando, sin consuelo posible,
comprobó que perdía la vista. No podría
dar clases. Era viuda y con tres hijos a su cargo. Tomó la
determinación de no llorar más. Se hizo a sí misma un pacto silencioso
de silencio. Ese tema era tabú y naadie quiso en adelante provocar más
llantos.
Respetaremos el pacto. Pasarmos
por alto los momentos y escenas más
tristes, y nos ceñiremos en lo posible a los aspectos más profesionales.
Toda Maestra lleva en su interior
un instinto de segunda madre. Muchas
de las maestras, durante la guerra, tuvieron, bien a su pesar, que
ejercerlo a tope.
A ifn de sacar a los niños de los
peligros del frente, se crearon las
Colonias Escolares. A una de ellas, en las Vilas del Turbón (Huesca)
fueron a parar los niños y maestras de Biescas. Allí la dedicación a
los alumnos era exclusiva, incondicional e ineludible. Día y noche. 24
horas.
Era la supervivencia. Era suplir a
cada madre, que estaría llorando y
que sólo tenían el pequeño consuelo de pensar que sus hijos estaban en
manos de personas en las que siempre habían confiado y que no los
abandonarían. Pero era la guerra...
Fueron maestras y madres de día y
de noche, con los enfermos y con los
díscolos, procurando sufrir la falta de amor maternal y los momentos
tristes que a veces embargaban sobre todo a los más pequeños. Nadie
estaba seguro de que volviesen a ver a sus padres y eso los niños
instintivamente lo percibían.
Como premio a esta gran labor, al
reincorporarse con sus alumnos a la
zona llamada nacional, fueron suspendidas de empleo y sueldo,
probablemente por haber ejercido su profesión en el bando contrario.
Esta situación duró varios meses.
El dinero ya no valía, pues había una
nueva moneda, los ahorros se acababan y su situación no se resolvía.
Así pues Eusebia, que como maestra siempre había impartido la justicia
entre sus alumnos, creyó que aquella nueva sociedad no podía funcionar
sin, al menos, un atisbo de justicia. Se armó de valor y junto con
Maximina, su antigua maestra y ahora inseparable compañera de
desgracias, ésta no muy convencida, solicitaron una entrevista con el
entonces Director General de Enseñanza Primaria.
Hasta el año 1959 ejerció su labor
en Biescas, luchando tenazmente por
que sus hijos alcanzasen al menos los mismos estudios que ella. No era
tarea fácil. En primer lugar, sólo había un Instituto Oficial en Huesca
y en aquellos tiempos de racionamiento ya era un logro conseguir la
supervivencia. Para desplazarse a Huesca se necesitaba un salvoconducto
de fronteras cuyo costo venía a ser bastante más de la mitad de un
jornal y sólo valía, cuando más, para 15 días.
Jamás profirió Eusebia una
palabra de odio o venganza. Fue cristiana en el sentido más profundo de
la palabra. No concebía la mentira ni como broma.
Entre 1929 y 1959, junto con su
cuñada que ejerció cincuenta años, todos ellos en biescas, fueron
maestras de abuelas, hijas y madres de toda esta villa. En total, desde
1903 hasta 1960, fecha en que se jubiló a los setenta años,
trancurrieron cincuenta y siete, todos dedicados a la enseñanza. Quizá
vosotros sepáis de otros récords.
Tras una permuta, acabó su carrera
en Saqués, y justamente aquel día, tras un gran temporal de lluvias se
cortó, en el Zoque, la carretera que construían cuando nació. Hoy,
desde el pueblo en que nació hasta el que finalizó su profesión (quién
iba entonces a pensarlo), como dice la Ronda de Boltaña, puede uno
desplazarse en un barquito de vela. Pero esta vez de verdad.
Sirvan estas líneas de homenaje,
aunque breve, para estas dos y en general todas las maestras que,
muchas veces incomprendidas, han dejado su vida y su alma esparcida por
los yermos, como decía, no hace tanto, una de ellas.
Tres han sido los motivos que me
han llevado a escoger a esta maestra. 1) La conocía muy
bien. 2) No tengo noticia de nadie que
haya dedicado más tiempo a la enseñanza. 3) Era, y seguirá siendo siempre,
mi madre y maestra.
En mayo nos pasaron por Psyart este post; comentaba Norman
Holland que la idea de la retroalimentación cerebral está desarrollada
(con vistas a sus consecuencias para la teoría literaria) en su libro Literature and the Brain.
Does the Brain Use the Scientific
Method?
Our senses—sight, hearing, taste, touch, and smell—are bombarded with
input from the ever-changing world around us. For centuries,
philosophers and scientists have tried to make sense of just how our
brains make sense of our environments. A neuroimaging study in the Feb.
24 issue of the Journal of
Neuroscience
by researchers at the Max Planck Institute in Germany suggests that our
brain does so by a process similar to the scientific method.
The predictive brain
The idea of a 'little scientist' inside in our heads making and testing
predictions is not a new one. It is at the crux of the mind/body
problem—or the nature of the relationship between our mental and
emotional processes and our brains—and has been hotly debated since
Plato was on the lecture circuit.
"I've been studying how brains give rise to minds for over 50 years,"
says Stephen Grossberg, director of Boston University's Center for
Adaptive Systems. "And part of examining the mind/body problem is
understanding it in terms of the real-time adaptation of an
individual's behavior to a changing world filled with unexpected
events."
How are human beings able to suss out the environment around them so
quickly and efficiently? One idea is that our brains are forming
predictions from the top down. That is, we use data from our past
experiences to help cull all the extraneous sensory data that is
flowing in from the environment. Neuroanatomy seems to support this
idea.
"Everywhere you look in the brain,
almost every connection you see has one going in the other direction,
too," says Moshe Bar, a neuroscientist at Harvard Medical School. "The
more we thought about this anatomical set-up, the more it seemed like
there must be some kind of feedback happening."
Arjen Alink, a researcher at the Max Planck Institute, thinks this
feedback has everything to do with the brain actively making
predictions about the environment—and then testing them against sensory
input. "We believe that the brain actually constantly has some kind of
expectation about what will happen next," says Alink. "Sensory input
provides information about whether those predictions are correct."
Less activation for predictable stimuli
Alink and his colleagues decided to test this hypothesis by measuring
brain activity in Area V1, the area of the occipital cortex linked to
early pattern recognition.
"There was a previous finding that
the brain has less activation when perceiving coherent motion, or lots
of objects moving in a similar pattern, than when seeing random
motion," says Alink. "This and other studies provided a context that if
a stimulus is predictable the brain doesn't have to make as much as an
effort to process it."
To see if this finding held at V1,
the first stage of visual processing in the cortex, the researchers
scanned study participants using fMRI while showing them visual images
that moved in predictable and unpredictable manners. "If anticipation
or prediction is a fundamental principle, then we should see reduced
activation in V1 for a more predictable stimulus even at this early
stage of processing."
And that is what the group found—suggesting that V1 processing is more
efficient when the stimulus is predictable. But going further, the
group also found a direct correlation between predictability and brain
activation."
As the stimulus becomes less predictable, we'd expect the signal in the
brain to increase. And as it becomes more and more predictable, the
activation should systematically reduce," says Alink. "That's what we
found. With the least predictable stimuli, we saw the highest response
in V1. In the most predictable, the lowest. And in between the two, an
intermediate level of activation. It seems that our brain works hard to
hypothesize and then test what's going to happen next."
Prediction and mood
Bar says the finding is consistent
with other work going on in the field. "More and more, you see the
top-down facilitation of perception and action everywhere. Evolution
has shaped our brains to be proactive and anticipate what is happening
around us and what could happen later."
But he also argues that motivation
is required to do this—and the brain's reward for making these
continuous hypotheses about the outside world is a better mood.In a review published in the
November 2009 issue of Trends in
Cognitive Sciences,
Bar suggests that the healthy brain is always generating predictions to
help us minimize uncertainty, prepare future actions, and make the
right decisions. An unhealthy brain, on the other hand, is unable to
make these predictions, leading to more uncertainty and, ultimately,
depressed mood.
"Imagine a population that can't generate predictions often enough.
They live in a constant state of uncertainty and anxiety," says Bar.
"Prolonged anxiety leads to mood-related mental disorders and
depression."
He argues that depression leads to a chemical imbalance in the brain
that prunes synaptic connections in the hippocampus, making it more
difficult for the brain to generate predictions. Bar does acknowledge
the hypothesis has a bit of a chicken/egg problem—does the brain stop
predicting leading to the lack of those connections and then a lack of
neurotransmitter release? Or does a lack of neurotransmitter lead to
fewer connections and less predictions? But it is an area, he contends,
that requires further study.
"The idea is that there are links between serotonin and associations
that help the brain make predictions," he says. "And there may be
promising treatments for depression that come out of this line of
research."
Next steps
Alink cautions that his work is preliminary but promising. In future
work, he hopes to look at predictions making use of other senses and
investigate the role memory plays. Bar plans to focus his efforts on
the relationships between predictions and mood disorders. Both agree
there is plenty still to learn. But Grossberg is excited about all the
possibilities'and future studies that may offer new insights to the
age-old mind/body problem.
"This is where the revolution is. It's not about predicting in a
stationary world where things don't change. That's classical, that's
known. And it's not just about prediction," says Grossberg. "It's about
how our brains can learn to make predictions about a world that's
changing in unexpected ways. It's understanding how new fast learning
and information processing can occur in response to a non-stationary
world without destabilizing our current memories and knowledge."
_______________
Y en septiembre, también via PsyArt:
Speaker-listener neural coupling underlies
successful communication.
Stephens GJ, Silbert LJ, Hasson U.
Joseph Henry Laboratories of Physics, Princeton University, Princeton,
NJ 08544, USA.
Proc Natl Acad Sci U S A.
2010 Aug 10;107(32):14425-30. Epub 2010 Jul 26.
Abstract
Verbal communication is a joint activity; however, speech production
and comprehension have primarily been analyzed as independent processes
within the boundaries of individual brains. Here, we applied fMRI to
record brain activity from both speakers and listeners during natural
verbal communication. We used the speaker's spatiotemporal brain
activity to model listeners' brain activity and found that the
speaker's activity is spatially and temporally coupled with the
listener's activity. This coupling vanishes when participants fail to
communicate. Moreover, though on average the listener's brain activity
mirrors the speaker's activity with a delay, we also find areas that
exhibit predictive anticipatory responses. We connected the extent of
neural coupling to a quantitative measure of story comprehension and
find that the greater the anticipatory speaker-listener coupling, the
greater the understanding. We argue that the observed alignment of
production- and comprehension-based processes serves as a mechanism by
which brains convey information.
PMID: 20660768 [PubMed - indexed for MEDLINE]
La neurolingüística parece así encontrar
una manifestación neurológica de fenómenos bien conocidos y estudiados
desde el punto de vista de otras disciplinas lingüísticas, como
análisis del discurso o la hermenéutica. A este respecto, quizá venga
bien recordar que los procesos interactivos de anticipación,
retrospección y estructuración del sentido que Teun A. van Dijk y
Walter Kintsch llaman top-down y bottom-up processing, en su libro
Strategies of Discourse Comprehension, tienen unos análogos o
precedentes muy interesantes, y normalmente ignorados por los
discursivistas, en la lingüística hermenéutica de Schleiermacher. La
teoría del círculo hermenéutico se abre, con estos últimos
experimentos, a un desarrollo e interpretación neurolingüísticos.
Mi padre, Ángel García Pomar, maestro de Biescas, y mío, ha
muerto hoy,
a las siete de la tarde, en Huesca. En paz y ejemplarmente, como ha
vivido.
Viernes 6 de agosto de 2010
El último hospital
Parece que mi padre está en el último hospital, aunque nunca sabemos
nada de cómo resultan ser las cosas. Esta tarde vuelvo de Vigo a
Zaragoza, y de allí a Huesca, donde está ingresado, sin perspectivas de
tener más vida por delante. Nos esperan malos días, por mucho que
estemos avisados de la muerte y casi estemos acostumbrados a tenerla
rondando por casa.
Jueves 5 de agosto de 2010
Citado en reseña beckettiana
Se refiere a mi libro sobre Beckett José Francisco Fernández en
una de sus reseñas sobre literatura irlandesa en Irish
Studies in Spain 2007— en concreto a cuenta del libro Tentativas sobre Beckett editado
por Julián Jiménez Heffernan. Unos párrafos:
Julián Jiménez Heffernan writes what I consider to be the best chapter
of the book. He posits the thesis that if Beckett, as is commonly
asserted, dismantled the Western tradition of narrative, he must have
known it well in the first place. In any case for Jiménez Heffernan the
novel as a literary genre was doomed to obliterate itself from the very
beginning, it was destined to meet the end of the God-like author, a
state of things that Beckett’s writing perfectly symbolizes and which
is widely accepted today.
Jiménez Heffernan claims that
Beckett did not destroy anything and advances powerful reasons: he
wrote novels (not anti-novels, Jiménez Heffernan stresses); there is
plenty of evidence in the form of echoes and allusions to show that his
novels are deeply embedded in the long history of novel writing
(Jiménez Heffernan speaks of Beckett’s seven novels. I would say there
are eight of them as Dream of Fair
to Middling Women
is not a mere draft but a fully completed work); this same tradition
has always shown a great capacity to reshape itself and to give birth
to new forms which have renewed the genre. Beckett would belong to this
category of alternative writing as old as the novel itself.
This appreciation is not
completely new. José Ángel García Landa in Samuel Beckett y la
Narración Reflexiva
(Zaragoza: Prensas Universitarias, 1992) also placed Beckett’s prose
fiction in the tradition of the novel. In his study on Beckett’s
trilogy, García Landa claimed that Beckett’s subversion of the
novelistic genre implied in fact the conquering of new territories for
this fictional form. It must also be said, however, that the concept of
anti-novel does not necessary cancel any kinship with a previous
tradition. In his A Dictionary of
Narratology
(Lincoln: University of Nebraska Press, 1987) Gerald Prince defines
antinarrative merely as “A (verbal or nonverbal) text adopting the
trappings of narrative but systematically calling narrative logic and
narrative conventions into question”, and he mentions Molloy as an example of
antinarrative.
Neurología de la intencionalidad y
Perspectiva Dominante
Brian Boyd, en "Literature,
Evolution, and Cognition"—con Hamlet
como ejemplo analizado—dice lo siguiente sobre la neurología de
la intencionalidad:
Nervous
systems, consciousness and intelligence allow information to be
gathered rapidly to recognize new problems and manipulated flexibly to
try to reach new solutions. Social learning often offers still better
solutions than individual intelligence, since it enables individuals to
avoid the cost of solving problems on their own. Evolution has attuned
social species to understand others in terms not just of actions and
expressions but also in terms of intentions, in terms of the problems
they are trying to deal with and the solutions they are trying to
achieve. We interpret social events not just in terms of patterns of
action but especially in terms of patterns of intention (Tomasello et
al.). One way we understand others is through the help of mirror
neurons: neurons in our brain’s motor cortex that fire not only, say,
when we grasp something, but when we see another grasp something.
Mirror neurons fire more intensely at an intention than at an
apparently undirected action (at a directed move toward something
graspable, say, rather than a casual stretching of the arm in the same
direction) (Iacoboni), or to think of this in another way, we can
intuit in a flash the problems we think others’ behavior is trying to
solve. Experiments show that even infants interpret actions in terms of
goals, in terms of the problem that an action solves (Premack and
Premack).
Las neuronas
espejo, otra vez—esenciales para entender el mundo intersubjetivo
en el que vivimos: un mundo de intenciones, en el que las intenciones
de otros (reconstruidas, hipotéticas, deducidas, ligadas a percepciones
repetidas)—son una parte esencial. Ahora resulta que son especialmente
sensibles a las acciones que se perciben como intencionales. Esto
supondría que en su actividad se da un proceso de retroalimentación, en
interacción con otros sistemas cerebrales (memoria, etc.) que asignan intencionalidad a un
comportamiento.
El mundo que cada ser construye es una estructura de información: de
informacióin sobre lo que hay, sobre lo que ha habido (intepretación de
huellas, pistas, etc.) y sobre lo que puede haber en el futuro: sobre
todo reconstruyendo las intenciones y los mundos intencionales de los
demás, un juego en el que los humanos destacamos con ventaja sobre
cualquier otro animal por la complejidad de nuestro mundo social.
Es importante, en el juego de mundos enfrentados entre dos seres vivos
que interactúan, el mayor o menor dominio perspectivístico de la
situación: lo que en otros sitios se ha llamado topsight— "vista desde arriba" o
"perspectiva dominante".
Claro que esta vista dominante hay que definirla con respecto a alguna
intención particular—puede haber vistas dominantes entrecruzadas en una
situación concreta, en la que los actores persiguen objetivos distintos
o parcialmente distintos—por ejemplo, un ladrón puede estar vigilándome
a ver si me roba la cartera, y mientras yo observo, ajeno a ello, su
pésimo gusto en cuestión de cortes de pelo.
Boyd sobre la Teoría de la Mente como marco analítico:
Probably
the most active research area in comparative, developmental and
evolutionary psychology over the last thirty years has been Theory of
Mind. Theory of Mind covers the ways in which creatures develop an
understanding of others of their kind—develop, that is, both at the
species and the individual level: understanding others first in terms
of desires, then intentions, then also, in humans, from about the age
of four, of beliefs (Perner; Saxe and Baron-Cohen). In the 1980s Theory
of Mind research tended to stress what was then called the
Machiavellian Intelligence hypothesis (Byrne and Whiten). This proposed
that intelligence had arisen especially out of the pressure to
understand others, and above all to try to compete with, to outwit,
deceive and manipulate others. Competition certainly remains a
sharpener of intelligence, and Hamlet and Claudius in particular hone
their wits in the back-and-forth of probe and concealment.
The struggle of one mind to read
another that wants not to be read has an inherent fascination. We know
these struggles from both sides, and the experience may make us more
aware than anything else of the thin knife-edge between cooperation and
competition, between shared understanding and our strategic hoarding of
information to ourselves. No wonder the struggle of mind-reader against
would-be mind-reader repeatedly provides so much of the shape and force
of revenge tragedy.
La comprensión de las falsas creencias que es tan crucial en la Teoría
de la Mente es crucial para una definición de topsight:
la visión dominante es la que ve las visiones de los demás como falsas
creencias, y se sabe no englobada por la intencionalidad ajena—es la
posición que consigue una y otra vez Hamlet en la obra de Shakespeare,
a pesar de todas las trampas que le tiende Claudio.
Vemos cómo la comprensión de la intencionalidad nos lleva desde la
neurología de la percepción a la teoría de los marcos de acción y de
los mundos posibles—pues unos y otros han de ser cotejados para
descifrar la intencionalidad ajena, reconstruir el mundo de las otras
intenciones, y determinar sobre esa base las acciones a tomar.
Once
we clearly grasp false belief we can also realise that we can have
false beliefs if we happen to have missed out on key information. We
realize we may not know what we need to know. That recognition
amplifies human curiosity far beyond that of chimpanzees, the next most
curious species, but it also lays the ground of our unique human
anxiety. There may be things we feel we need to know about that we know
we do not know. We want to understand ultimate causes and consequences.
Where do we come from? Where do we go to?
Es decir, nos preguntamos sobre quién
goza del topsight sobre
determinada situación, o sobre el universo—de ahí pasa Boyd a una
discusión sobre la religión. Combatimos la ansiedad que produce el no
saber sentando que (aunque no sepamos) al menos sí hay alguien que
sabe, que domina perspectivísticamente la realidad, y a quien se puede
propiciar con rituales o comportamientos adecuados.
La creencia en espíritus omniscientes, aparte de ser una consecuencia
gratuita o desplazada de la evolución de nuestra inteligencia social
(lo que Gould llamaría una
enjuta o spandrel)—
tendría por tanto un
cierto valor adaptativo,
al hacer más utilizable esa inteligencia social, evitando embarcarla en
problemas recursivos o apaciguando ansiedades surgidas de la percepción
misma de las falsas creencias. (Sobre el valor adaptativo de la
religión, como cohesionadora del grupo social y motivadora de acciones
altruistas, también hablamos en "Programados
para creer").
La cooperación típica de los humanos requiere según Boyd unas
capacidades de la teoría de la mente todavía más elaboradas que los
escenarios competitivos típicos asociados
con los maquiavélicos chimpancés. El esconder las propias
creencias—para competir—es más sencillo que compartir
de modo elaborado las propias creencias, un proceso que da lugar a la
compleja colaboración social humana, al lenguaje, y a posibilidades de
inteligencia social mucho más elaboradas (tanto para la colaboración
como para la competición maquiavélica) que se abren en este mundo
propiamente humano.
En el análisis de Hamlet que
hace Boyd, quizá se eche en falta la cuestión de la perspectiva
dominante. La perspectiva de Hamlet, por potente que sea, no puede ser
la dominante en la obra, aunque domine las de los demás personajes—el
propio Hamlet muere debido en parte a las limitaciones de su
perspectiva. En drama no hay narrador, y ninguno de los personajes, ni
siquiera el más intrigante o inteligente, es dueño de la acción de la
obra. Pero sí hay autor, e intencionalidad autorial. El autor nos sitúa
(sistemáticamente es así en Shakespare) al público en la perspectiva
dominante, aquélla en la que, aupados por él mismo y por Hamlet,
podemos contemplar el panorama de las acciones, intenciones y
motivaciones humanas. Pero la lucha por el topsight continúa en las
interpretaciones críticas. (Ver otro ejemplo de enfrentamiento de
inteligencias críticas en "Poe-tics
of Topsight").
Pero una cuestión que sí sugiere el análisis de Boyd es el esfuerzo
reflexivo de la mente de Hamlet por entenderse a sí misma—como un
empeño cognitivo. Quién se conocerá a sí mismo—quién tendrá topsight
sobre su propia mente. Para ello se requiere, seguramente, no sólo una
capacidad reflexiva superior, sino también el paso del tiempo, que nos
da esa elevación espontánea sobre las intenciones y proyectos del
pasado, hace surgir planes ocultos, y que se publique todo lo que se
guardaba en un cajón. De esto obtenemos conocimiento. Pero el
éxito en la acción depende no del conocimiento retrospectivo, sino del
prospectivo, de la capacidad de construir y representar la
intencionalidad más relevante o comprensiva en una situación dada,
rápidamente, en medio de la acción para permitir
reorientarla—anticipándonos a lo que será nuestra propia evaluación
retrospectiva de ese encuentro de mundos mentales, y del éxito o
fracaso de nuestras intenciones.
Me encanta la gramática del
phishing, pero este mensaje se supera, va in creschendo (sus tuteos,
sus subjuntivos, su Lenguaje Piel Roja...) hasta la despedida de traca.
Estimado / a (garciala@unizar.es),
Este mensaje es de los Servicios de Tecnologías de la Información
(ITS) de la Universidad de Zaragozato todo nuestro Staff y
Estudiantes. En estos momentos estamos actualizando nuestra base de
datos y e-mail centro y esta es nuestra última notificación a usted.
hemos enviado varios mensajes a usted sin respuesta.
Estamos borrando todas sin usar la cuenta de correo para crear
espacio
para las cuentas nuevas. A fin de no ser suspendido, usted tendrá que
actualizar su cuenta, proporcionando la siguiente información:
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Si usted no puede confirmar su uso continuo de nuestros servicios
mediante la confirmación de su contraseña de correo electrónico ahora,
su cuenta se desactive y no poder tener acceso a su correo electrónico.
Inmediatamente debe responder este correo electrónico y escriba su
contraseña en la columna por encima de la contraseña.
Gracias por su comprensión.
A veces tengo la sensación de pertenecer a una Burocracia
Celestial, y de ser yo mismo un Burócrata Celestial, o un escriba asentado.
Así ve a los funcionarios universitarios José Carlos Bermejo Barrera en
el libro La fábrica de la
ignorancia: La Universidad del "como si" (2010).
Los
funcionarios públicos han sido y son parte fundamental de la estructura
de los diferentes estados, desde el Antiguo Egipto o la China imperial
hasta la actualidad. Los funcionarios públicos (...) se caracterizan en
primer lugar porque poseen un conocimiento
especializado,
en el cual es fundamental, desde hace ya cinco mil años, el uso de la
escritura. Un uso asociado a sus capacidades de organización, de
cálculo y de previsión, y al control de los recursos públicos, ya
fuesen en forma de rentas en especie o en dinero. Fue este saber letrado y la
capacidad organizativa de los escribas y los funcionarios lo que
permitió la coordinacióin de la fuerza de trabajo de los grandes
imperios y la movilización de los recursos necesarios para el
reclutamiento de los ejércitos y la planificación o ejecucuón de la
guerra o para la construcción de las grandes obras públicas y la
prestación de determinados servicios necesarios para la comunidad
(Wittfogel, 1966). En ese sentido podríamos afirmar que, al hablar de
los funcionarios, no hay nada nuevo bajo el sol.
Ahora bien, es necesario
distinguir (...) las funciones necesarias que los funcionarios
desempeñan de la idea que los
funcionarios se hacen de sí mismos.
Una idea mediante la que intentan, también desde hace unos cinco mil
años, marcar la distinción entre ellos mismos y el resto de la
población con el find de justificar sus privilegios económicos,
sociales y políticos. Y es una parte fundamental de esa idea la
importancia que los escribas, letrados y funcionarios otorgan a sus
largos, trabajosos y complejos procesos de formación. La educación
letrada pasaría así a ser una de las bases esenciales que les
permitirían reivindicar sus privilegios, como ha señalado Pierre
Bourdieu (1984).
Los escribas y los funcionarios
tienden a mantenerse alejados de la realidad económica y social. Los
funcionaros suelen tender a creer que se puede vivir en un mundo
perfecto, en el que todo está regulado al milímetro, en el que todo se
puede explicar, y en el que por lo tanto todo está perfectamente
justificado. En el caso de la Antigua China, algunos sociólogos
denominaron a este tipo de funcionarios, eficaces, sí, pero
obsesionados por la jerarquía y los rangos, así como por los signos
externos de distinción, los gestos y el ceremonial, la burocracia
celestial. (...)
Los funcionarios se describen
siempre a sí mismos como letrados, y por eso aman los textos, su
estudio y su comentario, pudiendo llegar a obsesionarse con los
detalles de la corrección gramatical, con las sutilezas de la exégesis
y la interpretación textual, sea legal o no, y siempre estarán
orgullosos de poder producir ellos mismos esos textos, o al menos sus
comentarios. Esto ocurre desde hace milenios y sigue ocurriendo
exactamente igual en la actualidad. (...)
Como los funcionarios y los
letrados viven de las rentas del rey o el emperador, del Estado, de la
Iglesia o de la nobleza (recueérdese ue las universidades europeas
anteriores al siglo XIX vivían de las rentas de sus tierras), tienden a
situarse por encima de la realidad económica, del mundo de la
producción y el consumo, puesto que siempre tienden a tener unos
ingresos garantizados. Por esta razón solían despreciar el trabajo
físico, como se puede ver en la Sátira de los
Oficios
que leían los escribas egipcios, en los textos sumerios o acadios, o en
los textos de los mandatarios chinos, para los que el cultivo de unas
muy largas uñas era un símbolo de distinción social porque mostraba su
libertad de no tener que trabajar con las manos.
Es ese aislamiento de la realidad
económica y de sus fluctuaciones, unido al alto concepto que los
funcionarios suelen tener de sí mismos, lo que hace que tiendan a
sobrevalorar la importancia de su trabajo, cuya necesidad no se puede
discutir, y a creer que siempre merecerían estar mejor pagados y a aque
sus instituciones son merecedoras de recibir más dinero. Como los
funcionarios poseen una mentalidad de
rentista
suelen tener una cierta tendencia, típica de esa mentalidad, a no medir
los gastos, e incluso a despilfarrar el dinero en lo que ellos
consideran como lo más importante: su propia promoción y el cultivo de
sus propios sistemas de honores y valores. (...)
[E]sos valores específicos pueden
correr el riesgo de convertirse en meros instrumentos de justificación
de los privilegios económicos, sociales y políticos de los que pueden
disfrutar los distintos tipos de funcionarios. Y así la solidaridad d
grupo o el "espírigu de cuerpo" necesario para la existencia de
cualquier grupo de funcionarios pueden transformarse en una solidaridad
de clase, cerrada frente al exterior, y orientada ante todo al
mantenimiento y a la expansión del propio grupo, a costa de la
supervivencia de otros grupos y en perjuicio del bien común.
Alvaro acaba de diseñar un frikitest para Facebook: "¿Sobrevivirías
a un brote zombi?".
Los pequeños están también empeñados en ser frikis, hacen el frikitest
online, ese de los cientos y cientos de preguntas... y se documentan lo
que pueden en cuestiones de frikismo. De momento su campo de
especialización es El Señor de los
Anillos, centro de todas sus imaginaciones y especulaciones: Oscar:
Papá, ¿tú crees que habrá un friki tan friki que vaya a un cirujano
plástico para que le implante el tumor de Gothmog en la cara?
Yo: ¿Que qué? ¿Qué es eso?
—Ah, ya caigo.... Uf... no creo que haya frikis que hagan eso... aunque
hay gente para todo.
Oscar: Eso sí que sería un
frikitest útil, mira—para descubrir si tu novia te quiere de verdad o
por interés. Te implantas el tumor de Gothmog encima del ojo, y si ves
que tu novia te sigue queriendo... —es que es por interés.
(—¡Parece que está Oscarelo en la fase de dejar a las novias sin muchas
opciones!)
Es una distinción a la que se refiere José Carlos Bermejo
Barrera en su libro crítico-satírico sobre la universidad española, La fábrica de la ignorancia,
y que ciertamente tiene su dosis de verdad. Parte del mal que
diagnostica Bermejo se debe a la proyectitis,
de la cual ya hablábamos aquí
otro día ("La
investigación individual sobra en la Universidad"). A través de los
grupos de investigación subvencionados, los profesores se embarcan en
una dinámica que Bermejo denomina capitalismo
imaginario:
"Unos profesores que últimamente
valoran más la actividad investigadora basándose no en los resultados
científicos obtenidos y publicados, sino en el dinero gastado en los
años anteriores, de acuerdo con el llamado por R. Merton efecto
san Mateo,
conocido desde hace más de cuarenta años en las universidades
norteamericanas, un efecto que, de acuerdo con las palabras de ese
evangelio dice que al que tiene, se le dará, y al que no tiene incluso
eso se le quitará.
Unos profesores que no dudan a la hora de cambiar
todo tipo de criterios para la valoración de la docencia y la
investigación de sus colegas, según cada caso y cada persona, y que
pueden llegar a considerar cosas como que si es necesario publicar en
revistas de prestigio, eso puede lograrse bien accediendo a esas
revistas, o bien pasando a considerar como revistas de prestigio
aquellas revistas en las que ellos ya publican, lo que se puede
conseguir fácilmente convirtiéndose en evaluador en las comisiones que
establecen las catalogaciones de las revistas científicas." (68)
—enlaces añadidos. Pongo aquí algunas de las observaciones más jugosas
sobre la universidad,
vista desde dentro por este experto conocedor de la fauna académica. En
especial en el capítulo IV, "¿En qué creen los profesores y por qué es
tan fácil manipularlos?". No le sorprenderá a nadie que se trate
aquí de cuestiones muy relacionadas con el
feudalismo en la academia,
por mucho que Bermejo no entre de lleno en el tema.
"En la universidad española actual además parece estar vigente el
concepto de servidumbre
voluntaria.
al que el amigo de Michel de Montaigne, Étienne de la Boétie, había
dedicado un libro que citábamos en el capítulo primero. Los profesores
españoles, en efecto, parecen haberse convertido de unos años a esta
parte en unos seres aparentemente sumisos dispuestos a aceptar toda
clase de normas y a someterse a todo tipo de pruebas, a cambio de unas
mínimas compensaciones económicas" (71).
La docilidad de los profesores viene, según Bermejo, de la misma manera
en que se constituye su identidad como sujetos de reconocimiento mutuo.
"Los profesores somos seres empalabrados,
debemos construir discursos en los que se comunique el conocimiento, y
nuestra identidad depende de los discurso que seamos capaces de
construir y de nuestra capacidad de comunicarnos con los demás" (73).
El reconocimiento mutuo, tan importante en toda sociedad humana, es
todavía más crucial en la Academia, que no es sino una sociedad
organizada de reconocimiento mutuo. De allí que se produzcan en ella
fenómenos patológicos ligados a los procesos, necesidades y ansiedades
de reconocimiento mutuo.
"En una institución determinada cada sujeto asume uno o varios roles y
logra consolidar un lugar propio o estatus, y de este modo construye su
identidad. Se da la paradoja, como señalaba J L. Moreno, que la
identificación entre cada sujeto y su rol puede llegar a ser tan fuerte
en algunos casos, que los ataques más profundos que se le pueden hacer
a una persona no serán aquellos que vayan dirigidos a los aspectos más
íntimos de su personalidad, sino a su yo externo, al yo que desempeña
en una institución con la que se siente identificado" (72)
Lo mismo comentábamos a propósito de la teoría de Goffman sobre la
generación grupal de identidades, en el post sobre "Equipos
y sujetos... al equipo".
Parece lógico que el academicismo al cuadrado, o sea, la pertenencia a
grupos específicos dentro de la academia, producirá patologías
académicas elevadas asimismo al cuadrado. La raíz de esas patologías:
la inseguridad y endeblez de la identidad académica—
"El carácter fuertemente lingüístico de la institución académica hace
que el grado de identificación entre lo que podríamos llamar el ego
interno y el ego externo sea mucho mayor que el resto de las
profesiones (...). Podríamos decir que en el mundo universitario más
que definir a una persona mediante la fórmula: yo soy lo que hago, o he hecho, se
la define mediante la fórmula alternativa: yo soy lo que digo, o lo que he dicho.
En términos literarios podríamos traducir esta proposición por yo soy mi obra, que en los términos
académicos actuales sería: yo soy mi
currículum. (73).
Siguiendo a Pierre Janet y a J. L. Moreno, ve Bermejo una implicación
intelectual de la persona con su discurso, o quizá más bien con su
imbricación en el discurso de la academia, que lleva a un mayor gasto
de energía psíquica y mayor vulnerabilidad psíquica, a que
"esa energía que mantiene la tensión necesite un ayor grado de
reconocimiento social. Ésa esa la razón que puede explicar la tendencia
a la vanidad de los profesores universitarios y su búsqueda constante
de ser reconocidos por los demás. Por la misma razón estrá allí su
flanco más vulnerable: podrán ser manipulados mediante el halago,
humillados mediante la injuria verbal y controlados gracias a la
creación de sistemas que dosifiquen la alabanza y la crítica individual
y colectivamente.
El carácter empalabrado
de los profesores, unido a su constante necesidad de búsqueda del
reconocimiento y al hecho de que por su profesión siempre están
juzgando a sus alumnos y a otros profesores, valorando sus grados de
conocimiento, hace que el uso del lenguaje pueda adquirir en el mundo
universitario unas características muy particulares en el campo de la
agresión verbal.
La agresión verbal
en las universidades no se realiza básicamente mediante el insulto,
sino mediante el uso y manejo constante de argumentos y
contraargumentos, de alabanzas, de juicios de aprobación y de
refutaciones. Cuando un profesor intenta atacar verbalmente a otro, lo
que suele hacer es atacar su rol, su yo externo, siguiendo la lógica
implícita, a la que ya habíamos aludido, según la cual: yo soy lo que digo o lo que he dicho."
(74).
Sobre la vanidad de los académicos ya había disertado antes Bermejo—ver
este
post sobre "Enfermedad profesional".
Vanidad que, aclaremos, no siempre se manifiesta haciendo ostentación,
sino también conversamente en forma de inseguridad.
"La necesidad de reconocimiento
académico por parte de los profesores es perfectamente natural, puesto
que en primer lugar godos los seres humanos necesitamos el
reconocimiento de los demás en todos los terrenos y por otra parte el
gasto de energía psíquica que implica el trabajo intelectual hace que
la necesidad de ese reconocimiento sea aún mayor, lo que los convierte
en blanco fácil para la credulidad. Una credulidad que puede llegar a
ser incluso un poco infantil y que resulta paradójica en unas personas
y en unas instituciones que deberían estar dedicadas al cultivo de la
inteligencia. Y es precisamente en esa crédula necesidad de
reconocimiento en donde reside la gran debilidad de los profesores
españoles actuales, una debilidad que será sistemáticamente manipulada
por el sistema universitario español, de un modo especialmente perverso
en el momento presente." (74)
Cosas como ésta suceden, es de suponer, en cualquier departamento
universitario. Y
también en el mío, qué cosas—véase algún ejemplo relacionado con
evaluación de méritos, en "Más Aneca".
Siendo el reconocimiento un bien tan ambicionado, es previsible que se
intentará conseguirlo por diversas vías, o incluso mediante
sucedéaneos. Explica Bermejo en otros capítulos cómo tiende a
confundirse la unidad de valoración (el artículo) con la unidad de
conocimiento, primando la cantidad de calidad sobre la calidad de
calidad, por así decirlo. O cómo tiende a supeditarse el reconocimiento
del conocimiento al reconociento del poder institucional—o directamente
a primarse la influencia económica en forma de contratos y proyectos
como medida de calidad. Es lo que Bourdieu (a quien se remite Bermejo)
ha identificado en su libro Homo
Academicus como dos formas de deseo y ambición en la
institución universitaria, la libido
sciendi y la libido
dominandi. El
ansia de saber puede estar muy oculta, no se sabe quién la tiene y
quién no—la otra, la ambición de dominio, suele manifestarse de modo
bastante más evidente y visible.
"Podríamos, para sintetizar, establecer
una contraposición ya consagrada en los estudios de sociología de las
universidades entre dos tipos ideales de profesores: el profesor monje,
que valora el cultivo del conocimiento por el conocimiento mismo, que
asume el gran esfuerzo intelectual y personal que ese cultivo exige y
que sólo espera el reconocimiento de sí mismo en términos puramente
intelectuales, no aspirando a salirse del marco académico ni a lograr
grandes riquezas. Y el profesor
cortesano,
que se da cuenta de que, en último término, lo único que importa es el
prestigio, que todo prestigio es externo, ya que depende de la
valoración que los demás hagan de nosotros, y que ese prestigio se
puede conseguir manipulando los mecanismos que le son propios." (78-79)
Por supuesto, entre los cortesanos los hay serviles, meros pajecillos,
y los hay conde-duques, cada cual intentando situarse en la corte según
sus posibilidades. Cuando esta lógica llega a imponerse en el sistema,
por diversas circunstancias que Bermejo analiza en detalle, en relación
con la estructura político-económica de España y la evolución de su
sistema universitario, puede generarse un sistema bastante perverso "en
el campo del conocimiento, en el que a partir de ahora estarán
destinados a sobrevivir los más hábiles y oportunistas, es decir,
aquellos que—como los virus—sepan encontrar y manipular los puntos
débiles de los demás" (81)
Son procesos sin duda siempre presentes, pero que según lo ve Bermejo
pueden proliferar de manera especialmente virulenta en la actual
situación de la Universidad española. Así, se pervierten los sistemas
de supuesta evaluación de la calidad, que operan sobre un sistema
universitario políticamente irreformable, por el galimatías de la
descentralización autonómica y la proliferación de normas y
administraciones—En este contexto la evaluación de la calidad tiene
efectos, pero son quizá tan perversos como beneficiosos:
"esa universidad está
sobredimensionada, es disfuncional y se halla en un estado caótico. Sin
embargo no se puede reformar por razones políticas y sindicales, y por
la imposibilidad de coordinar las universidades de las diecisiete
autonomías existentes. Por esta razón debería dar igual evaluar a las
universidades que no evaluarlas, si se buscase algún fin real. Ese fin
real no se busca, porque si se hallase no se podría aplicar, pero la
evaluación cumple sin embargo un papel fundamental, del mismo modo que
la instrucción en orden cerrado en el patio de un antiguo cuartel
franquista: mantener a los soldados ocupados y disciplinados" (86).
En Fírgoa pueden encontrarse más artículos de
Bermejo Barrera, por ejemplo algunos textos preliminares de La Fábrica de la ignorancia, o una
entrevista sobre el actual proceso de reforma universitaria.