Vemos en el cineclub Katyn, de Andrzej Wajda—llevo
más de treinta años viendo películas de Wajda en cineclubs, parece. Es
una película muy bien llevada, a la manera un tanto gélida del
director, con una música impresionante de Penderecki. Sigue las
andanzas de varios personajes alrededor de la matanza de Katyn—algunos
de los polacos asesinados, alguno que se salva, los familiares, los
resistentes a la Polonia comunista... y da una imagen tremenda del
siglo XX, de los totalitarismos y de las circunstancias que llevan a la
gente a doblegar su voluntad y su conciencia, o bien a resistir y
mantener el estandarte de la verdad y de los principios, en lugar de
acomodarse a lo que hay y a lo que quiere el poder. Impresionante la
película—y lástima que la vea tan poca gente (cuatro gatos en el
cineclub, pero bueno, así anda el país, con "otra de gambas" como dice
Jiménez Losantos). Aquí
hay una buena reseña de Roger Ebert.
En Katyn, Rusia, para quien no se acuerde, el ejército ruso organizó,
siguiendo instrucciones del abyecto Stalin, una masacre de unos
veintidós mil prisioneros polacos. No contento con pactar en secreto
con Hitler para invadir Polonia, el supuesto "bastión frente al
nazismo" (que aún hay algunos que así interpretan su intervención en la
guerra de España) organizó un matadero sistemático en el que miles y
miles de oficiales polacos prisioneros fueron trasladados
organizadamente de sus campos de concentración a un matadero donde se
les daba un tiro en la nuca y se les enterraba en fosas comunes. Todo
bien tabulado y administrativamente controlado: el modelo comunista no
tenía nada que envidiar al nazi, y hay un tipo de persona que se queda
satisfechísimo negando un pasaporte, o dando un cupón, o pegándole un
tiro a alguien, siempre que quede convenientemente registrado y anotado
y tabulado. El metodismo administrativo del horror masivo, y el
acogotamiento público de la verdad—son algunos de los rasgos
definitorios del siglo XX.
Luego Rusia cambió de bando... y esta matanza masiva fue un recuerdo
incómodo para los comunistas polacos, y para la Polonia sometida a
Rusia tras la Segunda Guerra Mundial. Por tanto, hubo que reescribir la
verdad, con
tácticas orwellianas (justo por entonces estaba Orwell escribiendo 1984)
y crear una ficción conveniente: que habían sido los nazis quienes
mataron a los polacos, no en 1940, claro, porque entonces no habían
invadido Rusia aún, sino en 1943. Para eso hubo expertos forenses,
etc., que falsificaron los datos. Y en la película se convierte el
reconocimiento o no de esta verdad en una piedra de toque para la
dignidad o bajeza de los personajes. Uno de los supervivientes (por
error) de Katyn es ahora miembro del ejército rojo polaco—pero le
atormenta lo que sabe. Busca un perdón privado contando la verdad a la
familia del oficial que había muerto en su lugar—pero no quieren saber
nada de él. Al final, atormentado por la situación falsa en la que se
ha metido, se pega un tiro. Otro muchacho, antiguo resistente antinazi,
quiere estudiar tras la guerra, pero en su currículum figura la verdad
incómoda: insiste en mantener que es hijo de un militar muerto en Katyn
en 1940. La directora del
colegio le pide que ceda, que se adapte a lo que se le pide—que corrija
el currículum. "Currículum sólo hay
uno"—le
contesta él, y poco después muere en un enfrentamiento con la polícia
comunista. Otra muchacha insiste en poner a su hermano muerto una
lápida donde figura la fecha "inconveniente" de Katyn: y no sólo es
prontamente destruida la lápida, sino que ella es encarcelada al
insistir en decir la verdad. Queda muy claro quiénes eligen mentir
sabiendo la verdad, y el valor moral de esa opción al perpetuar y
reforzar el indigno totalitarismo manteniendo las
ficciones impuestas por el poder.
En suma, es un análisis memorable de los mecanismos mediante los cuales
el totalitarismo impone la docilidad y la sumisión, de arriba abajo,
por instrucciones del vértice de la pirámide que se transmiten
férreamente por todo el aparato—siendo la falsificación de la verdad, y
la sumisión voluntaria, auténticos requisitos del sistema, para que el
poder demuestre su eficacia, su control de la situación y su capacidad
de torcer toda otra consideración en la mente de las personas mediante
el miedo y el conformismo. Otro aspecto del conformismo es
expuesto en la película: las propias víctimas son llevadas como
borregos al matadero, a veces por guardianes escasos o simplemente
siguiendo instrucciones—todo por una comprensión inadecuada de la
situación en la que estaban y de la barbarie a la que se enfrentaban.
Es memorable otra escena en la que los universitarios de Cracovia van a
una "conferencia" del un supuesto doctor alemán, un militar nazi, y
reciben de éste desde el estrado sólo la comunicación de que van a ser
internados en un campo de concentración. Se les saca a culatazos de la
sala de conferencias y se les mete en vagones que los llevarán al
matadero. Me recuerda la escena a otra
junta de Facultad, ésta de una novela de Nabokov sobre el fenómeno
totalitario, Barra Siniestra. Lo
siniestro está a veces incómodamente cercano.
Katyn, la película sigue una
estructura temporal que muestra primero los preliminares de la matanza
de Katyn, y luego sus consecuencias en las vidas de los
supervivientes—y reserva las imágenes de la matanza en sí para el final
mismo, cuando en un flashback uno de los protagonistas es llevado como
un cerdo al matadero, recibe su disparo, y es enterrado en la fosa
común por los bulldozers. Logra así la película un impacto tremendo en
la mente del espectador—y la estructura narrativa en flashback queda
justificada por el hallazgo de una libreta en la que este protagonista
anotaba hora a hora lo que veía suceder. Es esa libreta la que permite
conocer más de cerca el horror que se quiso borrar de la historia y que
no acababa de tomar forma.
Una película como ésta es un documento necesario en la historia de un
país—y se pregunta uno, aquí en España, para cuándo veremos una
película similar sobre el Katyn español, la matanza de Paracuellos.
Parece que, a pesar de su obsesión con la guerra civil, el cine español
está en otra película, para vergüenza suya.
En Polonia ha costado tiempo hacer la película de la vergüenza
nacional. El padre de Wajda fue uno de los
asesinados, y su hijo ha esperado a ser octogenario para hacer una
película sobre este asunto.
El horror de Katyn no acaba allí, sin embargo, cuando la tierra de la
fosa común cubre la pantalla del cine. Al poco de filmarse la película
de Wadja, hubo una espeluznante continuación a modo de epílogo, para
sentar bien clara la perpetuación del trauma histórico. Los rusos, tras
haber negado durante el período soviético la responsabilidad de Rusia
en la matanza, acabaron reconociéndola. Y hace poco organizaron, en
abril de 2010, un solemne acto de desagravio en Katyn, al que iban a
asistir las autoridades soviéticas y las polacas en pleno.
El primer ministro polaco, Lech Kaczynsky,
acudió al homenaje en un avión, con gran parte de su gobierno—y el
avión sufrió un accidente y se estrelló.
Murió allí Kaczynsky (uno de los dos célebres políticos gemelos, cuyo
nombre no deja de recordar a Katyn)—y los demás ocupantes del avión, 95
personas, dejando a Polonia sin sus principales autoridades, y
añadiendo un espanto adicional a la historia de Katyn. Así dice la
Wikipedia:
Según el gobernador de Smolensk y la
agencia PAP de Polonia, citando a fuentes rusas, no hubo supervivientes
y en el accidente murieron los noventa y seis pasajeros, entre ellos se
encontraban su esposa Maria Kaczyńska, 8 miembros de la tripulación, la
cúpula militar polaca como son el jefe del Estado Mayor y los
comandantes en jefes de los Ejércitos de Tierra, Mar, Aire y Fuerzas
Especiales, el gobernador del Banco Central, el Defensor del Pueblo,
varios viceministros, miembros del Parlamento, una delegación del
Gobierno, su gabinete político, prelados de la Iglesia Católica y otros
altos cargos, lo que provocó la desaparición de la élite del poder en
Polonia en lo que se ha denominado ya como "la maldición de Katyn"
“Si no aterrizo, me matarán”.
Según el canal privado de televisión, TVN24, esas palabras pertenecen
al piloto del avión siniestrado. El ministro de Justicia se ha negado a
comentar esta información y solo ha añadido que "es una buena noticia:
han logrado descifrar los extractos incomprensibles hasta ahora". (Cope)
Aquí hay otra
versión,
pero parece que se va a correr un tupido velo sobre el asunto.
Kaczynsky provenía de los niños mimados del régimen, sindicalista
oficial, hasta que se convirtió en uno de los activistas sindicales que
llevaron a la revolución anticomunista de Polonia. Putin, con quien se
iba a reunir, también es un "demócrata" reciclado, que viene de los más
turbios recodos del régimen soviético. Dos supuestos anticomunistas,
antiguos comunistas, personajes que crecieron y treparon en un régimen
totalitario que bien conocían, organizan una ceremonia patriótica, en
una ambigua maniobra de reconciliación obligada. Para quedar bien rusos
y polacos unos con otros, los rusos
que ya no son los rusos los que hicieron la matanza— pero
todos antiguos comunistas, unos y otros... Y los tortuosos caminos de
la violencia y de las actitudes autoritarias, del trauma histórico, y
de la casualidad, llevan a repetir el trauma en lugar de curarlo.
La película de Wajda es magistral, e impresionante. Pero la historia se
ha encargado de que ahora sólo cuenta la mitad de la historia—hay que
volver a hacer otra película sobre Katyn, que incluya este epílogo, uno
de los sarcasmos más crueles que ha dado la historia.
Me gusta muchísimo la última novela de
Antonio Muñoz
Molina, La
noche de los tiempos—entre otras cosas por el juego de la
memoria en la
narración. Está escrita inspirada en los pensamientos y asociaciones y
recuerdos del protagonista Ignacio Abel, en "la noche de los tiempos",
el principio de la guerra civil, cuando se han derrumbado, además de su
país, su matrimonio con Adela y su aventura amorosa con Judith. El
contraste entre presente y pasado, la diferencia irónica de
perspectivas que da el paso del tiempo, está llevada de modo magistral.
Por ejemplo en esta escena en la que Ignacio se recuerda (recuerdo
sobre recuerdo) mirando fotos encerrado solo en su piso de Madrid,
antes de poder escapar al exilio. Y las fotos tienen la propiedad
de ir cambiando de significado con el tiempo. Como todo, pero más que
ninguna otra cosa quizá, son víctimas de la
distorsión
retrospectiva—por el contraste brutal entre el tiempo entre ellas
contenido y el que las rodea al contemplarlas años después de haber
sido hechas. Son los álbumes de fotos, como las cartas viejas, una de
esas estelas narrativas que vamos dejando por el tiempo, autobiografías
espontáneas que generamos casi sin darnos cuenta, y que muchas veces no
tienen otro lector distinto de ese dios imaginario que archiva todo lo
vivido. Pero todos volvemos a releernos al menos en parte, al repasar
fotos viejas:
Con qué cuidado las había
clasificado Adela, álbum tras álbum, desde
las fotos más formales de estudio de los primeros años a las tomadas
con una cámara Leica que ella misma le había regalado a su marido en
uno de sus cumpleaños más recientes, y que él usaba sobre todo para
tomar fotografías de los proyectos en marcha (la cámara que llevó en su
viaje de tres días al sur con Judith Biely; con la que hizo las fotos
que guardó luego en el escritorio que cerraba siempre con llave).
Quizás Adela habría tardado en
darse cuenta de lo que Ignacio Abel
advertía ahora pasando las hojas de dura cartulina a la luz débil de
una lámpara en la casa donde él ahora era el único habitante, en la que
las figuras de las fotos habían cobrado una repentina cualidad de
fantasmas, como de personajes muertos hacía mucho tiempo, tan ajenos
parecían al tiempo presente, al Madrid en sombras de las noches de
guerra (alumbrado tan sólo por faros de automóviles veloces,
solitarios, que aparecían de pronto al fondo de una calle, que se
detenían con el motor en marcha junto a un portal del que se vería
salir al cabo de un rato a un hombre en camiseta o en pijama, a veces
descalzo, con el aturdimiento del sueño reciente y del pánico, con las
manos atadas, empujado a culatazos, custodiado por pistolas y fusiles).
Cegada voluntariamente por el amor, Adela no se habría fijado al
principio en la expresión que él tenía en todas las fotos, incluso las
primeras que le mandó como recordatorios cuando se comprometieron, o
las del día de la boda, o los retratos que se hicieron juntos por
capricho de ella en un estudio de la Gran Vía, al poco tiempo de
casarse, cada uno acomodado en un sillón antiguo, delante de un paisaje
pintado, él con las piernas cruzadas y mostrando los botines, ella con
un libro en una mano y la barbilla descansando en el dorso de la otra,
con una sonrisa indolente en la que podía advertirse lo que en ese
momento aún no sabían ninguno de los dos, que estaba embarazada. En la
cara de él había un gesto como de no estar del todo allí, la mirada
vuelta hacia un lado o fija en un punto intermedio del aire, en un
ensimismamiento del que ni él mismo se daba cuenta, pero que ya estaba,
tan pronto, teñido de fastidio. Pero quizás se engañaba, mirando las
fotos quince años más tarde; quizás, por falta de buena memoria o de la
imaginación suficiente para verse a sí mismo en lo que a todos los
efectos era otra vida, atribuía al hombre más joven de entonces una
desgana precoz que aún tardaría en surgir, y que se iba haciendo mucho
más visible según adelantaban las páginas de los álbumes. La vida
entera, custodiada por Adela, por su afición a guardarlo todo, bien
ordenado y en su sitio, no sólo las fotos sino también las cartas, cada
una de las que él le escribió durante el noviazgo y las que le mandó
durante el año en Alemania, ordenadas cronológicamente, guardadas en
montones manejables sujetos con gomas, las que él no quería sacar de
los sobres para no detectar en ellas las notas falsas de lo rutinario y
también para evitarse el disgusto retrospectivo de encontrar
expresiones de amor escritas con su propia letra indudable. Ya no te acuerdas
de cómo te quejabas si tardaba en llegarte una carta mía.Miraba
hechizado las fotos, mientras a lo lejos se oían ráfagas de
disparos o motores de aviones, todavía no explosiones de bombas,
repasaba la secuencia del crecimiento de sus hijos y la sucesión
abrumadora de fiestas familiares, los cambios en la cara y en el cuerpo
de Adela, que también había sido más grácil de lo que él recordaba
(pero quién podía fiarse de la memoria: cómo estaría acordándose de él
ahora mismo Judith Biely, tal vez ya corrigiendo el pasado, suprimiendo
fervores, borrándolo de su nueva vida cualquiera sabía dónde, con qué
hombres más jóvenes, en París o en América). En muchas fotos no
apareceía él (estaría de viaje, o entregado al trabajo, o habiendo
inventado un pretexto ineludible que justificara su ausencia); en
algunas estaba pero tenía una expresión distinta a la de los demás,
absorto, ligeramente disgustado, mirando al suelo, como preservando un
espacio que lo separaba de los otros, refractario a la alegría
colectiva, a la celebración que hubiera reunido a la familia, bautizo o
comunión o cena de onomástica o de Navidad o de Año Nuevo; Adela a su
lado, casi siempre, a veces cogida de su brazo, o un poco echada sobre
él, orgullosa de su presencia masculina, sin darse cuenta de nada,
sobre todo al principio, en las fotos más antiguas, quizás
comprendiendo más tarde, cuando las ordenaba para pegarlas en el álbum,
o mucho después, cuando volvía a ellas para buscar los signos de lo que
habría existido siempre o para consolarse de la soledad creciente y el
sentimiento de estafa y fracaso reviviendo un tiempo que recordaba más
feliz: los primeros años, el nacimiento de Lita, aquellos dos días en
los que le parecía que la criatura que no llegaba a nacer la estaba
desgarrando por dentro, la mudanza a la nueva casa, el edificio recién
terminado en la calle Príncipe de Vergara, con sus balcones ue se
abrían a las anchuras ilimitadas de Madrid, el "Madrid moderno,
blanco", de un poema de Juan Ramón Jiménez que le gustaba mucho. El
malestar secreto aún podía disiparse, responder tan sólo a un episodio
pasajero, al exceso de trabajo de su marido, tan empeñado siempre en
demostrar a los otros su propia valía, en comprometer su inteligencia
entera, su vida misma en el cumplimiento de cada encargo, inseguro tal
vez de la posición que había adquirido, temiendo que por algún defecto
de su origen le fuera arrebatada, queriendo demostrar que si prosperaba
no era gracias a la influencia de la familia de su mujer, hacia la que
mostraba cada vez una frialdad más seca, que a ella le dolía tanto;
sobre todo por el cariño que les tenía a sus padres, por el miedo que
sentía a que su marido los hiriera con un desplante o un comentario
sarcástico, o simplemente con esa indiferencia que era ya muy visible
en la realidad pero que se manifestaba sobre todo en las fotos:
incluso, se daría cuenta mucho después, en las de la boda, hasta en
aquellas en las que Ignacio Abel tenía en brazos a sus hijos recién
nacidos o les pasaba la mano por el hombro en el día de su comunión. No
miraba a la cámara, como si temiera que al hacerlo quedara revelado un
secreto, y tampoco establecía relación alguna con los que le rodeaban,
ni siquiera sus hijos, ni siquiera ella. Levantaba una copa en un
brindis y miraba hacia otro lado. En la hilera de los invitados a una
boda él era el único que no parecía formar parte del grupo familiar. En
una foto de la comunión de su hija la niña resplandecía de orgullo de
posar junto a su padre y él permanecía erguido y lejano, como
disgustado, como impaciente por que el fotógrafo terminara cuanto antes
su trabajo. Pero Adela no había dejado de completar sus álbumes, de
anotar fechas exactas, circunstancias y lugares, con una letra siempre
idéntica, al paso de los años, tan regular como su misma apariencia en
las fotografías, una mezcla de pasividad y de ilusión pueril, como si a
pesar de todo las promesas pudieran acabar por cumplirse, como si la
única condición para evitar el desastre y no sufrir la devastación del
desengaño y hasta de la cruda mentira fuese mantener una actitud
serena, una sonrisa apenas esbozada, levantar la barbilla y erguir el
torso para no incurrir en la antigua acusación familiar de que desde
muy joven tendía a encorvarse, fingir que era invulnerable a la
mordedura de la frialdad, que no la desvelaban las sospechas, que la
rectitud era siempre el mejor camino posible. En la primera página de
cada álbum Adela había inscrito las fechas del tiempo que abracaba. El
último sólo tenía la indicación del comienzo, septiembre, 1935. En
las fotos Ignacio Abel veía no lo que fue captado por la cámara sino
lo que ya estaba sucediendo en otra parte y en secreto. Adela, la niña,
él mismo, la tarde de la charla en la Residencia de Estudiantes; la
reunión familiar en la casa de la Sierra el día de la onomástica de don
Francisco de Asís: la primera foto había sido tomada unos minutos
después de que él viera de cerca y escuchara por primera vez el nombre
de Judith Biely; en la segunda buscó indicios del recuerdo de ella que
estaba invocando mientras alguien pulsaba el disparador de la cámara_
la larga mesa llena de gente y de platos de comida, al sol cálido del
mediodía de octubre, las caras ya remotas, la vida familiar que
entonces parecía una sentencia a cadena perpetua y ahora había
desaparecido sin rastro: don Francisco de Asís, doña Cecilia, las tías
solteras, sonrientes y mustias, idiotizadas o infantilizadas por la
soltería y la vejez, el tío cura, hinchado dentro de la sotana como en
una tripa de embutido (qué habría sido de él: habría tenido tiempo de
esconderse, si el estallido de la guerra lo sorprendió en Madrid,
habría yacido corrompiéndose al sol y cubierto de moscas en alguna
cuneta), el cuñado Víctor, con su cara turbia de agravio, sus dos
hijos, Lita sonriendo sin reserva a la cámara y Miguel con su expresión
de fragilidad y timidez, y Adela, cerca de ellos, una mujer madura de
pronto, más envejecida y ancha en esa foto que en el recuerdo,
inclinada hacia él, su marido, con el gesto idéntico de las fotografías
más antiguas, sólo que ahora atenuado, un gesto que es una costumbre y
sobrevive a los cambios irreversibles en el estado de ánimo, como si el
cuerpo aún no hubiera aprendido lo que ya sabe la conciencia, que ese
apoyo físico que se busca y parece encontrarse ya es ilusiorio, y que
las cosas han cambiado sin remedio aunque las apariencias se mantengan
idénticas. Y él, en una esquina, esta vez sonriendo, no en guardia, ni
del todo ausente, como en la mayor parte de las fotos, con una sonrisa
indolente, bien visible a pesar de que la sombra cubre la mitad de su
cara, un poco adormecido por la comida y el vino y el sol dulce de
octubre, pero sobre todo porque la noche anterior apenas había dormido
nada, ebrio de su primer encuentro con Judith Biely. Pero lo que
muestra de verdad una fotografía no sabe verlo casi nadie. ¿Habría
distinguido Adela (cuando la miró detenidamente después de pegarla en
el álbum, de alisarla con la palma de la mano y anotar al pie en una
etiqueta la fecha y el lugar) que en esa foto su marido tenia ya la
cara del engaño, que el desahogo y hasta el afecto que mostraba y que
ella tanto agradecía eran los síntomas no del regreso del amor sino de
su pérdida definitiva? Había una foto más en el álbum, pero no estaba
pegada, ni tenía en el reverso ninguna indicación del día y del lugar,
aunque había sido tomada aquella misma tarde, junto a la laguna de la
presa abandonada. Miguel y Adela se disputaban la cámara Leica, y fue
Miguel quien al final prevaleció, pero Ignacio Abel no recordaba el
momento en que tomó la foto, sin que ni él ni su mujer lo adviertan,
quizá escondido entre los pinos, imaginándose que era un reportero
internacional: una foto borrosa, quizás porque la tarde ya declinaba y
no había luz suficiente, o porque Miguel era muy atolondrado manejando
los aparatos, demasiado ansioso siempre y demasiado impaciente por
llegar cuanto antes al momento supremo de lo que se proponía: sus
padres sentados en la hierba, muy cerca de la orilla, inclinados el uno
hacia el otro, absortos en una conversación distraída y plácida que
Ignacio Abel no recordaba haber tenido, ligeramente echado hacia atrás,
una rodilla flexionada, un codo apoyado en el suelo, las dos figuras
tan en calma como el agua en la que se reflejaban parcialmente,
oscurecida por la sombra oblicua de los pinos.
Jueves 29 de junio de 2010 Prohibiendo y defendiendo "los toros"
El parlamento catalán ha prohibido las
corridas de toros,
alegando la protección de los derechos de los animales. Es de suponer
que a partir de ahora en Cataluña los toros serán criados en sus
dehesas hasta su muerte en una cómoda vejez—sería terrible que esta
medida supusiera que en realidad, en lugar de matar a los toros en una
lucha mano a mano, ya crecidos y habiendo vivido en libertad, los
fuesen a matar unos carniceros a los tres meses de vida estabulada,
haciéndolos pasar por "ternera".
A los toros se les protege de maltrato público,
pues es el espectáculo lo que parece ofender aquí sobre todo. A cambio,
se les priva de otro "derecho" por así llamarlo: el derecho a morir
matando, si lo consigue—derecho que no tiene ningún otro animal de la
ganadería. Intentando supuestamente proteger a los toros (los
animales), y prohibir "los toros" (el espectáculo), en efecto lo que se
hace es impedir que lleguen a existir los
toros, los animales.
¿Protección a los toros? Bullshit. A
los toros sólo se les puede proteger eliminando la especie humana—o
haciéndolos transexuales y nombrándolos vacas sagradas. Creo que los
nacionalistas catalanes no están por ninguna de estas dos cosas. Sí se
les ha visto antes cierta voluntad de prohibir y expulsar todo lo que
(justificadamente o no) asocian a España.
Una
replicación de la
actividad neuronal entre el hablante y el oyente subyace a la
comunicación efectiva, según este abstract que nos pasa Norman Holland.
Y se interrumpe cuando no hay comunicación.
Joseph Henry Laboratories of Physics,
Princeton University, Princeton, NJ 08544.
Abstract
Verbal communication is a joint activity; however, speech production
and comprehension have primarily been analyzed as independent processes
within the boundaries of individual brains. Here, we applied fMRI to
record brain activity from both speakers and listeners during natural
verbal communication. We used the speaker's spatiotemporal brain
activity to model listeners' brain activity and found that the
speaker's activity is spatially and temporally coupled with the
listener's activity. This coupling vanishes when participants fail to
communicate. Moreover, though on average the listener's brain activity
mirrors the speaker's activity with a delay, we also find areas that
exhibit predictive anticipatory responses. We connected the extent of
neural coupling to a quantitative measure of story comprehension and
find that the greater the anticipatory speaker-listener coupling, the
greater the understanding. We argue that the observed alignment of
production- and comprehension-based processes serves as a mechanism by
which brains convey information.
PMID: 20660768 [PubMed - as
supplied by publisher]
In
a recent book, “Delete: The Virtue of Forgetting in the Digital Age,”
the cyberscholar Viktor Mayer-Schönberger cites Stacy Snyder’s case as
a reminder of the importance of “societal forgetting.” By “erasing
external memories,” he says in the book, “our society accepts that
human beings evolve over time, that we have the capacity to learn from
past experiences and adjust our behavior.” In traditional societies,
where missteps are observed but not necessarily recorded, the limits of
human memory ensure that people’s sins are eventually forgotten. By
contrast, Mayer-Schönberger notes, a society in which everything is
recorded “will forever tether us to all our past actions, making it
impossible, in practice, to escape them.” He concludes that “without
some form of forgetting, forgiving becomes a difficult undertaking.” It’s often said that we live in a
permissive era, one with infinite second chances. But the truth is that
for a great many people, the permanent memory bank of the Web
increasingly means there are no second chances — no opportunities to
escape a scarlet letter in your digital past. Now the worst thing
you’ve done is often the first thing everyone knows about you.
La idea moderna de una identidad fluida y modelable estaría en peligro.
(El self-made man, ideal
americano, un término popularizado por Henry
Clay en 1832). Internet prometia en principio mayores perspectivas de
fluidez en el manejo del yo: avatares, identidades selectivas según
círculos sociales, etc.
Pero
"now that so many people use a single platform to post constant status
updates and photos about their private and public activities, the idea
of a home self, a work self, a family self and a high-school-friends
self has become increasingly untenable."
Y el aspecto más llamativo de la red es la persistencia de la memoria
en ella.
"In
February, the European Union helped finance a
campaign called “Think B4 U post!” that urges young people to consider
the “potential consequences” of publishing photos of themselves or
their friends without “thinking carefully” and asking permission"
—y
hubo el debate sobre los controles de privacidad de Facebook. Hay una
tensión entre la persistencia de la memoria en la red y la voluntad de
las personas de
mantener una identidad controlable y fluida, "to escape our pasts and
to improve the selves that we present to the world." Así, Michael
Fertik formó la empresa Reputation Defender, que hace un seguimiento de
la imagen de sus clientes en la web y contacta con los administradores
de sitios pidiendo la retirada de materiales indeseados… o puede inflar
artificialmente los aspectos positivos o neutrales de una identidad
web. Pero la tecnología de la red avanza y crea problemas: así,
ya se empieza a poder buscar fotografías no etiquetadas
de una persona, con lo cual la visibilidad universal está más que
asegurada. Y hay múltiples agregadores que coleccionan información
sobre una persona.
"Increasingly
these aggregator
sites will rank people’s public and private reputations, like the new
Web site Unvarnished, a reputation marketplace where people can write
anonymous reviews about anyone"
—aún peor, o mejor, serán los servicios y agencias de información y
valoración de reputaciones—para ligues, para trabajo... Todo
esto son cuestiones que plantean problemas legales inauditos hasta
ahora. En el nuevo régimen de comunicaciones deberíamos tener la
opción, dice Zittrain, de declarar nuestra reputación en bancarrota
cada diez años o así—como en las bancarrotas financieras (es el autor
de The Future of the Internet and
How to Stop It).
En especial es urgente la legislación sobre la interferencia entre las
esferas laboral y privada, y los límites del uso de material privado
para la definir la reputación laboral de una personal, o para eliminar
información falsa o calumniosa sobre las personas en la red. Son
problemas distintos, la información falsa que pueda venir de otros o la
auténtica (y dañina) que pueda venir de uno mismo—o la falsa que pueda
venir de uno mismo, o la auténtica (y dañina) que pueda venir de otros.
Si alguna perspectiva se ve en este asunto clara, es multiplicidad de
pleitos y grandes ingresos para los abogados—pues como es previsible
chocan de maneras indecidibles los derechos propios a la imagen y los
derechos ajenos a la libertad de expresión (o viceversa). Es difícil
detener el proceso del rumor y del word of mouth:
"Generally,
American judges hold that
if you disclose something to a few people, you can’t stop them from
sharing the information with the rest of the world."
Se pueden desarrollar protocolos de caducidad: así, "Google not long
ago decided to render all search queries anonymous after nine months
(by deleting part of each Internet protocol address)", y se está
desarrollando el sistema Vanish para hacer desaparecer los documentos
digitales al cabo de un tiempo. Será relevante hacia dónde se muevan
las grandes plataformas: Facebook se ha ido moviendo hacia mayor
publicidad, no hacia mayor privacidad. Un estudio de Pew Internet
revela sin embargo que los usuarios jóvenes son más conscientes de los
peligros de la exposición de la privacidad y más cuidadosos cada vez.
Se desarrollan también normas sociales sobre el uso aceptable de los
medios: compromisos de no bloguear o no fotografiar tal cosa o evento,
etc.—y a veces la gente te lo pide explícitamente, conscientes de la
nueva Visibilidad Universal: "¿No irás a poner esto en tu blog, eh?"
Los experimentos (además del sentido común) parecen demostrar que la
información negativa sobre las personas tiende a ser más llamativa y a
durar más tiempo en la memoria que la información positiva.
Estudios realizados por Samuel Gosling y un equipo de psicólogos sobre
los perfiles de Facebook muestran cómo se corresponden de manera
bastante estrecha y fiable con la manera en que son percibidas las
personas en su vida real. Aunque también señalan que la fiabilidad es
mayor en el caso de personas sociables y extrovertidas, y menos fiable
en el caso de personalidades neuróticas e introvertidas que se aferran
a una auto-imagen idealizada (se pregunta uno si será éste el caso
propio...).
Enfatiza Rosen que las nuevas modalidades de comunicación y la
visibilidad aumentada de la web requerirá encontrar nuevos protocolos
para tratarnos y nuevas maneras de tratar con el rastro digital que
dejamos—entre otras cosas, nuevas maneras de perdonarnos las
impropiedades de imagen cometidas en el pasado. Cierto es que el caso
con el que comienza y termina el artículo es terrorífico: una
profesora, Stacy Snyder, a la que no se le permitió continuar en su
puesto porque aparecía en una foto de MySpace, en sus ratos de ocio,
con un gorro pirata y bebiendo. Allí se juntaron el puritanismo, el
culto a la imagen de empresa, y la hipocresía. La alternativa a la
tolerancia, y al cambio de chip, sería que personajes como los que
despidieron a Snyder, los que no toleran este tipo de "interferencias"
de la vida privada, sean los que pongan su rasero para determinar qué
es lo que hace la reputación de una persona. De estos escarabajos
mentales hay muchos más de los que sospechamos, por lo visto, entre
quienes promueven el culto a la eficiencia profesional.
—hoy, en el que nos hemos reunido un buen número
de familiares y amigos
a celebrar unos cuantos bautizos, una comunión, y las bodas de oro de
mis padres, que hace unos días cumplieron cincuenta años de casados. Mi
padre estaba tan flojico estos días que no sabíamos si podría asistir o
no, pero por fin ha estado y muy a gusto, tanto en el banquete en el
hotel Tierra de Biescas como en la iglesia del Salvador. Allí les han
dedicado a él y a mamá una ceremonia muy emocionante, hasta con una
canción sobre ellos, basada en la popular de Lo Molinero, e
interpretada memorablemente por la rondalla de Biescas; ha sido un
momento conmovedor:
De niños vuestra vida está llena
Los vuestros y de los demás
A todos nos habéis enseñado
Lo mucho que hay que estudiar...
–decía la ronda. Por cierto, es la primera vez que me nombran a mí en
una canción, espero que no sea la última:
Y así de julio
un catorce
comienzan a formar
una extensa y gran familia
Nace primero José Angel
Tras él vendría Luis
Jesús, Alfonso, Susana,
Berta María, Eduardo Miguel,
Sonia, Gerardo,
también Eva y Amaya
Todos son fruto
de un gran amor
que la vida os regaló
como un tesoro...
Pocos de estos llegaremos a celebrar las bodas de oro, me temo, hoy la
gente se casa tarde. Pero como novedad familiar, se ha instituido hoy
la figura de la abuelina, o
sea, la madrina del padrino. Así, Susana es la abuelina de Íñigo. Nos
han regalado una foto de los bautizados, con marco: con Marco, Elsa, y
con Iñigo—todos vestidos de los colores de la Selección. A Víctor por
su parte le ha tocado una bicicleta. Y los demás primos han aprovechado
para estar juntos en esas acumulaciones de primos típicas de cuando
éramos niños.
¿Y quién más había? Aparte de los nombrados ya, estaban Sebastián y
Angelines, Fernando y Fina, Chipi, los Oliver, el cura Ricardo Mur,
Agustín y tía Pilar, Paulo, Beatriz, Tere, David, Pilindrín, Salva,
Alberto grande, Alberto pequeño, Oscar grande, Oscar pequeño, Ivo,
Álvaro, Quique, Montse, Lizara, Blanca, Iván, Rosario, Trini, Miguel
Angel y Mónica, Patricia y Javier, Maite, Irene, Carolina, Lucía,
Michiel, Franqui, Nolan—y más primetes de su tamaño.
En la imagen, Alberto pequeño (hijo de la abuelina, y primo por
excelencia) haciendo la cabra—es otra foto que me han regalado hoy.
Ha empezado Beatriz a leerse El Escondite, de Trezza Azzopardi,
y a título de no sé qué resulta que empezamos a comentar la foto de la
portada—una foto bastante conocida, de Dorothea Lange, una madre
americana de los años 30 con sus hijos, una refugiada del Dust Bowl. En
fin, a lo que voy, es que no sólo está leyendo ese libro con esa
portada, sino que (por alguna razón) la comentamos, yo identificándola
erróneamente, porque la asociaba con el libro de James Agee Let Us Now Praise Famous Men. Pero
total, que me digo, voy a empezarme yo otro libro. Y voy al salón y
cojo al azar otro libro que andaba por allí—The American Future, de Simon
Schama. Y, mystery of mysteries,
lo abro al azar, y allí está la misma foto de Dorothea Lange. Lo más
llamativo es que así de golpe no me ha llamado la atención, sino que he
ido a Beatriz a decirle, "pues es cierto, la foto es de Dorothea
Lange"... ¿pero cuántos millones de fotos hay en el mundo y en sus
libros? Es una rara
coincidencia
disfrazada de acontecimiento normal. He investigado cómo habían llegado
esos dos libros allí, y habían llegado por caminos distintos: nadie
había calculado que se pudiesen encontrar esas dos fotos en ese
momento. Debe ser el efecto imprevisto de uno de esos remolinos de información producidos
por la Web. Eso, o la hipótesis Matrix.
A mi Flickr.
Llevo una media de unos ocho visionados por foto, y bajando. No está
mal, como manera de compartir y exponer las fotos que hace uno—pero
algunas cajas de zapatos llenas de fotos tienen un índice de visitas
superior, no lo dudo.
Aparte me he leído este
artículo sobre "Cultural Evolution" y consiliencia,
de Bill Benzon. La idea es buena, pero el tratamiento caótico. Lo que
más me ha gustado es el epílogo, en el que nada se concluye sobre el
camino a seguir. Ese siempre es una incógnita, claro: si valdrá la pena
seguir subiendo fotos al blog, o seguir blogueando, o qué haremos este
fin de semana, o si nos pasaremos al microblog—en el que cabe casi todo
lo que hacemos o queremos decir.
Hasta la frontera nos hemos acercado hoy con mi
padre. Y hemos
pisado Francia. Esta foto es de la Foratata, ya casi allí. Está
precioso el valle, con los diluvios que han caído estos días.
Hasta las narices, de tanto presidente
autonómico comportándose
como el presidente de una nacioncilla—y sobre todo de Zapatero dándole
alas a Montilla, prometiéndole
hallar vías "legales" para sortear la sentencia del Tribunal
Constitucional,
y seguir tratando a Cataluña como si fuese una
nación extranjera. Encantado está el presidente con que Cataluña
siga su camino infinito hacia el iilimitado autogobierno, y va a ayudar
en lo que pueda. Ya hay aquí mil leyecillas distintas en cada ciudad y
cada región y cada rincón—como para poder presuponer que estamos en el
mismo país, en algún sentido práctico; como no conozcas las normas
locales, vas dado, pues todo son ya normas locales. Y aquí tenemos a
Montilla,
insistendo en que Cataluña es una nación diga lo que diga el Tribunal
Constitucional—como si el cargo que ocupa él no dependiese del sistema
constitucional español. En otro país, esto se llamaría desviación de
poder, y alta traición al cargo. Aquí, se le recibe en palacio con
alfombra roja. Este individuo (y tantos catalanes con él) ya están
comportándose de hecho como si fuesen país aparte, que razón no les
falta, quejándose por las injerencias de un tribunal constitucional que
les es ajeno. En un país con un sistema judicial coherente, estos
individuos (Montilla, Zapatero) hubieran sido retirados del cargo e
inhabilitados hace
tiempo, pero en la dinámica balcanizante tomada por España, son los que
se crecen y van viento en popa, a donde sopla el viento. En España,
hacemos como que no
pasa nada, como si nada tuviera consecuencias, dejándoles hablar como
si no fuera con nosotros lo que hagan—y que
vayan trampeando la ley o vaciándola de sentido. Parece mentira la
importancia que tiene un liderazgo bueno o malo, y los ejemplos que dan
los gobernantes, el clima que imponen. Si desde arriba se nos mandan
señales de que las leyes están para trampearlas, o que da igual lo que
digan porque ya las torceremos a conveniencia, eso no deja de tener
consecuencias. Más bien se derrama esa influencia desde el vértice
bajando por toda la pirámide—así de patético es el personal, y así se
deja llevar por el clima—y el trilerío y mangoneo de los líderes,
instaurando sus leyecillas en lugar de la ley, acaba por instaurar el
trilerío y el mangoneo, y las leyes impuestas por corrillos en sus
taifas, como la
manera establecida e inteligente de hacer las cosas. Como si fuesen
esos ejemplos
los que hacen falta en España, que ya desde siempre está demasiado
dispuesta a hacer que la ley sea letra muerta, y a dejar que mande
quien manda.
De este país es de donde salen estos individuos, claro—y lo hacen cada
vez más a su imagen y
semejanza. Aquí una tertulia de Libertad Digital crítica con todas
estas cosas:
Aunque a nadie se le ha ocurrido, "aún",
dedicarme un artículo
propio en la Wikipedia, sí
que figuro
en varios artículos
a título de fuente, sobre todo a cuenta de la bibliografía. En conjunto
está enlazada en unos quince o veinte artículos de los que tengo
localizados hasta la fecha: sobre todo en la enciclopedia inglesa, pero
también en
algún artículo de la española, la alemana, la francesa, la rumana, la
noruega, la turca, la árabe, la malaya
y la tailandesa.
No lo digo yo, lo dice Bob Dylan. Esta canción (o una parecida)
estaba en un caset que me compré allá por 1977 thereabouts. Hoy
estaba probando con ella y con un nuevo iTunes. Aquí las versiones uno
y dos, sin ensayar, o con ensayos incluidos.
Otro artículo más subo hoy a la red, en el protracted hanging
de mis Obras Completas. El de hoy lo publiqué hace veinte años en una
revista de Illinois, y me lo pidieron para reimpresión en un volumen de
Palgrave Macmillan sobre George Eliot. Ahora va a la web, por
donde no había pasado aún, y eso que se inventó a la vez que él más o
menos.
Se titula"The Chains of
Semiosis: Semiotics, Marxism, and the Female Stereotypes in The Mill on the Floss"—y
sus palabras clave podrían ser George
Eliot, estereotipos femeninos,
intertextualidad, semiótica, Bajtín, Voloshinov, Charles S. Peirce,
materialismo
cultural... etc. Aquí
está en Academia, y aquí en
el Social Science Research Network. (Aquí en Zaguán).
Recomiendo además la
lectura de la obra de George Eliot que analizo allí, The Mill on the Floss, excelente novelón
victoriano.
_______
Observo por cierto que en Academia se han "bloguificado", y que ahora
aparecen en primera página, al menos para tus contactos tus cambios de
status o "qué estás haciendo ahora"—como en Facebook— y que los
artículos han pasado a ordenarse inversamente, el más reciente primero
(una sugerencia que les hice ya hace tiempo y que me dijeron que iban a
aplicar).
"Scire: Representación y Organización del Conocimiento" es una
publicación semestral de carácter interdisciplinar sobre la
representación, normalización, tratamiento, recuperación y comunicación
de la información y el conocimiento.
La revista Geographicalia es editada por el Departamento de
Geografía y Ordenación del Territorio de la Universidad de Zaragoza
dando cabida a aportaciones científicas relacionadas con los dominios
de la Geografía, siendo Aragón y su entorno su marco espacial
preferente.
Miscelánea: A Journal of English and American Studies es una
publicación anual del Departamento de Filología Inglesa y Alemana de la
Universidad de Zaragoza. Difunde artículos sobre lingüística inglesa,
literaturas escritas en inglés, pensamiento, cine y estudios culturales
del ámbito anglosajón.
This is a bibliography of literary studies and criticism, with
special focus on English-speaking authors and literary theory. It lists
bibliographical information on hundreds of authors, critical schools
and subjects.
Esta revista es el órgano oficial de la Sociedad Española de
Filosofía Medieval (SOFIME). Incluye trabajos originales, informaciones
y crítica de libros. En sus páginas tienen cabida todos los temas
relacionados con el pensamiento medieval: ética, metafísica, estética,
ciencia, religión.
End of quote. Hay
allí varias revistas
que precedieron a "la mía", aunque fuese por poco: Scire, creada el año anterior, que
la llevaba Javier García Marco; Geographicalia,
Interletras y la Revista Española de Filosofía Medieval. Pero
de éstas, sólo Interletras
publicaba sus artículos íntegros en la red y en acceso abierto. Además
era multimedia, con archivos de sonido (que casi nadie por entonces
estaba preparado para reproducir). La llevaba un adelantado a sus
tiempos, Gonzalo Corona, que por desgracia murió prematuramente poco
después. Las demás revistas sólo ofrecían una presentación de la
revista, índices y un abstract de los artículos.
También estaba por allí una
bibliografía sobre geografía, que quizá apareció a la vez o un
poquito antes que la mía sobre crítica y teoría literaria. Pero
modestia aparte no hay comparación, pues
la mía ya era por entonces unas mil veces más voluminosa que ésa.
Además ya
había colgado en la red una primera versión un año antes, sin página
web y por tanto
poco consultable, todo vía ftp, nada más que se instaló la red de
Internet de la Universidad de Zaragoza en 1995. Allí me ayudó un
estudiante, Sergio Salvador, que me presentó a Fetch, el programa del
perrito—que aún sigo utilizando.
Total, que entre bibliografía propia y revista editada, allá por 1996
contribuía yo cerca del 90% de las publicaciones electrónicas de la
Facultad, en este su primer año registrado en la Memoria Histórica de
la Wayback Machine.
Aunque hoy la página de publicaciones de la Facultad no está mucho más
lucida, en la última versión han eliminado de ella mi
bibliografía, por no formar parte de un proyecto de investigación
subvencionado—supongo. Es el nuevo criterio. Ni a título de antigüalla
histórica la conservan, en un anaquel con los Anales de Çurita.
Tu vida en un día Hoy, recital de poesía. He visto que
en YouTube hay un concurso para
mostrar en un vídeo lo que es un día típico de la vida. Me ha traído a
la memoria este soneto de Borges, "James Joyce", inspirado por el Ulises, libro de un día, o de toda
una vida. Así que aquí lo presento, fuera de concurso.
Para citas. Autobuscándome por la red
("Quaere te ipsum,
et inventum
eris") doy con un sitio-motor para localizar .docs, .pdfs y otros
documentos de la Web Profunda, que se llama Books168.com. Encuentro bastantes
"García Landas" propios y ajenos, la mayoría ya conocidos. Pero doy
también con un par de citas atípicas que no tenía localizadas: me ponen
como ejemplo en unos manuales de estilo. No como ejemplo ejemplarizante, entiéndase
bien, sino como ejemplo
ejemplificado.
Aparezco en las indicaciones para autores de
Rhetoric Society Quarterly, revista de la Rhetoric Society of
America, publicada en la Universidad de Carolina del Norte. Y en otra guía para el
estilo de citas de la MLA, en la Central Washington University.
Para demostrar cómo citar determinado tipo de materiales—en este caso,
mi bibliografía, citada como ejemplo de obra existente sólo en red.
(Claro que no cuenta mi autoimpresión parcial de la misma, en
veintiséis volúmenes). Yo que siempre había desconfiado de las
referencias bibliográficas esas de los manuales de citas, como si
fuesen inventadas por el autor del manual...
Lo que es menos ejemplo de estilo es esto: una bibliografía
sobre
Hemingway que he encontrado, puesta para acompañar a una conferencia
titulada "The
Old Man and the Gun". Buen título—comparable a The Gun Also Rises—pero es que la
bibliografía ésa está fusilada íntegramente de mi sitio web. Tch tch...
Hombre, me podría haber citado, por lo menos.
La investigación individual sobra en
la Universidad
Veo que se ha remozado la
página web de la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza.
Con diseño más moderno y algo más de información. Sigue, sin embargo,
sin ser interactiva. Por no aparecer, no aparece ni el e-mail del
webmaster. Sin embargo, intentaré localizarlo, y preguntarle una
cosilla. Desde hace más de diez años, en la página de la Facultad
aparecía mi bibliografía entre los diversos trabajos realizados en la
Facultad—revistas, etc. Ahora se ha suprimido—al subdividirse esa
página de enlaces en dos distintas: "Revistas" y "Grupos de
investigación". Mi bibliografía, al parecer, se ha caído por el hueco
de enmedio.
En mi opinión, está muy bien poner lo que hagan los grupos de
investigación—aunque en la práctica muchos no hagan constar allí sino
su nombre y existencia. Lo que está muy mal es la presuposición
consistente en poner sólo proyectos,
y no resultados.
Está muy bien proyectar, y aún mejor obtener fondos por proyectar, y
ponerse medallas a la calidad considerando el proyecto mismo como un
mérito. Pero aún está mejor que los proyectos den resultados, y que
estos sean accesibles. De hecho, con la nueva Ley de Ciencia
zapaterina, todos los resultados
de investigación financiados con fondos públicos deben ser publicados
en la red, en acceso abierto, y en un plazo breve. (Me parece que esto
no lo han procesado aún la mayoría, ni piensan).
Otra cosa que está un poquito mal
es la
presuposición de que toda investigación que se hace la hacen unos
"grupos" de gente.
Que tienen que tener una subvención oficial para hacerla, o si no, no
es investigación. El signo de los tiempos, desde hace ya unos años, es
que quien no está en un grupo, no
investiga. Y si investiga, da igual, porque no se le va a tener en
cuenta.
Como, total, sólo cuenta y figura la pertenencia a grupos y el código
del grupo, y no los resultados, que al parecer ni son requeridos ni se
les espera... Es un Zeitgeist
éste especialmente pernicioso en las Humanidades. Ahora, a quienes sí
que les viene muy bien es a los catedráticos, que por esa conjunción de
reverencia natural que
despiertan entre los demás profesores, y de las redes tácitas de
contactos, acaban siendo vez sí vez y otra también los directores de
los grupos de investigación. Y oigan, que parece como si aquí todo se
hiciese a iniciativas o a lomos de catedrático. Esto crea una dinámica
pernicisosa que se retroalimenta. Porque, si tu investigación es
ignorada al no estar en un grupo, las opciones más razonables son o
bien meterse en un grupo, a rendir pleitesía y engordar el currículum
del vecino, o no investigar. Total, pa qué.
—Si es lo que quieren. Apropiarse de la investigación cuatro, y de los
fondos disponibles, claro—y decir que eso es "la investigación". Es
oficializarla, lo que buscan. Y tendrás que investigar lo que te dicen
que hay que
investigar—lo que importa, lo
que ya está hecho y demostrado y certificado oficialmente que
importa. Lo demás, mejor ni tocarlo. Investigar por investigar...
mejor, que no investigues. Lo esencial son los grupos. La
investigación en sí, sobra, mientras haya grupos de investigación y
tengan su código y su subvención.
Asesinato en la plaza A unos pasos de casa nada más. Ayer
encontraron una mujer
que había sido asesinada la noche anterior, al parecer por el hombre
con el que vivía, en la Plaza
de los Sitios (en el número 1)—el
portal de al lado de la floristería. Cecilia, al parecer, de 48 años. Y
Alejandro, dicen. Ecuatoriana, y ecuatoriano—las estadísticas de
violencia doméstica de los inmigrantes son tremendas. Era la
portera sustituta,
y trabajaba allí desde principios de mes; vívían cerca y su "compañero
sentimental" era el portero de su casa. El presunto se ha dado a la
fuga. Alguien oyó una discusión—yo también oigo discusiones a veces,
pero paran en nada. Y cuando oyes en los periódicos las palabras
"compañero sentimental" ya casi es para echarse a temblar. ¿Salen
alguna vez para algo bueno en las noticias, los compañeros sentimentales?
Viernes
16 de julio de 2010
Cinco mil páginas de Blog
Empecé este blog hace más de cinco años, en
2004. Y una de
las cosas que he ido haciendo ha sido imprimirlo
y encuadenarlo—en plan
tesis doctoral—convertirlo en códice, como homenaje nostálgico a fases
pasadas de la comunicación, o en un vano intento de dignificarlo y
darle solidez a lo que no es más que palabrería evanescente. Hoy he
recogido dos volúmenes correspondientes a 2009—lo de este año aún está
en curso, ya lo iré añadiendo—y en conjunto veo que suma ya, lo escrito
e impreso y encuadernado, diez
volúmenes—gordos—y unas cinco
mil páginas—que
las tengo sin numerar. Cinco mil páginas a una cara, o sea, cinco mil
hojas, o diez mil páginas de las cuales la mitad están en blanco, para
añadir glossae, marginalia &
castigationes.
O sea, en estos cinco años, he escrito en el blog más de lo que
Shakespeare escribió en toda su vida, y hay quien le critica que
escribió demasiado (Ben Jonson, sin ir más lejos). No pretendo
compararme con él en calidad, que eso son méritos imponderables y
dependen del punto de vista y del gusto de cada cual, las cosas
cualitativas—pero hoygan, en cantidad ya le gano y eso es
incontestable.
Bueno, no todo es escrito por mí, cierto. He incluido algún pequeño
texto de otros por gusto o para análisis, o por traducción—y también
ilustraciones, dibujos, fotos... de todos modos, queda el hito de diez
volúmenes que si, de momento, todavía se los salta un gitano, desde
luego
no le aconsejo que pruebe a levantarlos todos juntos: se le podrían
caer en un pie, con serias consecuencias para futuros saltos.
Al pie de
esta página están los archivos completos y desencuadernados. En su
medio natural, que es, dígase lo que se diga, el hipertexto en red.
Por cierto, además habré escrito estos años otros tantos folios de
bibliografía, y al menos mil de recursos
y pleitos. Ya no cuento las publicaciones en libros, revistas y
repositorios digitales, que también las hay.
Todo ello equivale a mover imperceptiblemente algunas conexiones
invisibles en un chip digital del tamaño de la uña del meñique. Es un
trabajo, créanlo o no.
Un vídeo de Matt Ridley en TED: Retomando
viejas ideas de David
Ricardo sobre los beneficios del comercio y
de la división del trabajo. Es lo que ha causado la prosperidad
humana: el intercambio, la especialización, la comunicación, el
comercio. El "sexo" que practican las ideas es ponerse en común,
mezclarse, transmitirse: eso permite ya no sólo el progreso, sino
sencillamente conservar un determinado nivel de conocimientos y
tecnología. Para eso hace falta un público mínimamente global—los
habitantes de Tasmania, que quedaron aislados durante miles y miles de
años, experimentaron una regresión tecnológica espectacular.
Otra cosa que me ha gustado del vídeo es que retoma una idea que yo
también suelo repetir por ahí: que
nadie sabe hacer nada—ni
un motor a reacción, ni un ordenador, ni nada. Todo es producto del
intercambio, el comercio y la inteligencia colectiva. Todos somos
especialistas en una cosa, porque es imposible ser especialista en
todo. Y por eso necesitamos a otros especialistas con otras
tecnologías, otros productos y otras ideas también.
Dado este planteamiento, es previsible que la explosión comunicativa de
Internet y la WWW va a tener consecuencias espectaculares para el
desarrollo. Las está teniendo ya, claro. También, siguiendo la
analogía de que nadie sabe hacer un ratón de ordenador, o un lápiz, es
previsible que cada vez dependamos más para todo de la tecnología y de
los artefactos elaborados colectivamente, y que cada vez entendamos (o
dominemos), como individuos, menos aspectos de la realidad en que
vivimos.
Nos vamos a ver en comandito la exposición
de pintura que hay en
el Palacio de Sástago, una retrospectiva de José María Martínez Tendero.
Este es un pintor nacido en Albacete que vive en Zaragoza desde 1971. Y
hay un buen número de cuadros, algunos de los setenta, más de los
ochenta y noventa, y de este siglo. Una estética algo atormentada, con
rojos y negros y grises y mezclas de máquinas y vísceras, explosiones
de colores a lo Viola, o paisajes infernales, pero a la vez muy
interesante de ver—se juntan en este pintor así en plan olla podrida
todas las tendencias pictóricas del siglo anterior, que si geometrías y
espacios a la Kandinski, gotelés a la Mathieu y borrones a lo Pollock,
pero que de repente se vuelven figurativos, y se convierten en figuras
tipo Natalio Bayo, o en formaciones vegetales salidas de Max Ernst o de
algún amigo suyo. También figuras embozadas magritteñas, o
semiborradas, o que sufren una invasión de elementos pictóricos
y colorines abstractos surgidos de otra dimensión estilística...
Bocetos (muy acabados) de
edificios y ciudades, como una Zaragoza retrofuturista de ensueño o
pesadilla, pero con ingredientes de realismo a lo Antonio López— una
panorámica de la ciudad donde la historia parece pasar sobre las torres
y las casas en gris a modo de sinfonía de colores y splashes y
desconchados... Aparecen en algún cuadro las Torres Gemelas de Zaragoza
(el World Trade Center), o la Torre del Agua, o el Pabellón Puente, con
toques casi de promoción municipal de la Expo. En los títulos, mucho módulo, mucho espacio de reflexión,
y mucha línea constructiva y desconstructiva alrededor de las figuras,
como el Hombre de Leonardo, o como mostrando la pintura en proceso o
integrando el proceso en el resultado. En otras obras muestra sus
cualidades de retratista hiperrealista, con toques un poco a lo
carboncillo para tienda de fotos. En fin, una batidora de estilos
pictóricos, que se puede ver con mucho provecho. Son trabajos
extremadamente cuidados, y sin duda caros de la muerte. O merecen serlo.
Miércoles
14 de julio de 2010 Hace Cincuenta Años...
Por casualidad (a veces el Ministerio hace bien las cosas) tanto
mi padre como mi madre, que no tenían planes de ser ni mi padre ni mi
madre, fueron destinados como maestros al mismo pueblo del Pirineo,
en los años cincuenta. Y el Destino, que aunque funciona siempre
hacia atrás, también hace algunas cosas bien, los destinó—los acabó
destinando, resultaron así las cosas—a casarse y a tener muchos hijos.
El primero, yo...
Y así resultó ser lo que iba a resultar siendo. Las cosas empiezan
sucediendo como por casualidad,
pero acaban siendo nuestra vida y destino, nada menos.
¡Y hoy hacen mi padre y mi madre sus bodas de oro!
¡Felicidades,
papá y mamá!
—que a todos nos tocan. El quatorze
juillet de 1960 se casaron, y a Francia se fueron de viaje de
novios.
Así contaba mi madre su vida de hace cincuenta años:
Mi primer destino
fue Linás de
Broto. Allí conocí a Ángel, que era el maestro, y nos hicimos novios.
Él pidió al año siguiente una plaza en Biescas y yo continué un curso
más en Linás como interina y comencé a prepararme las oposiciones. Los
fines de semana nos veíamos con Angel en Borrés o en Linás, a donde
subía en bicicleta.
Aquel año 1958, me presenté a
las oposiciones y aprobé el ejercicio escrito con el número dos, pero
el oral lo suspendí. Al curso siguiente pedí la escuela de Yésero para
estar más cerca de Biescas y allí Ángel subía en bicicleta a verme un
rato todos los días. Yo seguía preparando las oposiciones, estudiando
cuando salía de la escuela. Me presenté y aprobé con el número ocho y
tuve la suerte de conseguir la escuela de Gavín.
Ese curso 1959, lo
inicié en la escuela de Martillué. Allí iba todos los días en bicicleta
desde Borrés, donde vivía con mi tía Felisa y mosén Benito , que
estaba muy enfermo ya y murió ese año.
En el mes de abril, tomé
posesión de la escuela de Gavín como maestra propietaria y ya decidimos
casarnos. Antonia me preparó mi ajuar y de la casa donde ella servía
como cocinera para los ingenieros de la fábrica de Energías de
Sabiñánigo, salí a celebrar mi boda que tuvo lugar el día
14 de julio en la iglesia de Cristo Rey, un mes más tarde de la de mi
cuñada Angelines.
Hicimos un desayuno en
el hotel Alpino y a continuación salimos de viaje de novios. Fuimos
hasta Pamplona en el coche de mi hermana Encarnita que había venido a
la boda con su marido Ramón y su hija Elianne que tenía
entonces tres años. En Pamplona cogimos un autobús y nos fuimos a San
Sebastián donde permanecimos tres días en el hotel San Ignacio. Allí
acudieron a recogernos de nuevo, mi hermana y cuñado y nos
marchamos con ellos a Francia. Estuvimos un mes con mis padres y tío
que vivían en un pueblo del departamento de l’Allier llamado Chez
Gouet.
Mi hermana y cuñado nos
llevaron en el coche a conocer la Alta Savoya, una región hermosísima
al pie de los Alpes. Visitamos varias ciudades de la región, Chambery,
Aix- les-Bains y Chamonix. Allí cogimos un tren de cremallera para
subir a visitar el glaciar llamado “ La mer de glace”que nos impresionó
mucho. También visitamos al regreso Lyon. Fueron unos días muy bonitos
y mis padres se sentían felices de tenernos allí.
Pronto nos reuniremos en Biescas a celebrarlo con padres y hermanos y
madres y hermanas y enanos y enanas: a ver si pasamos
allí también unos días muy felices. Y si no—que nos
quiten lo bailao.
PS, finales de julio: Y lo celebramos, en efecto, en un
día memorable.
La Constitución española se molesta en especificar a qué
edad se vuelve uno mayor de edad y por tanto titular de ciertos
derechos políticos, pero se le pasa por alto especificar a quién se
aplica el artículo 15, que garantiza a “todos” el derecho a la vida.
Todos, así sin especificar, no puede entenderse en sentido restrictivo:
es TODOS. Claro que… ¿quiénes somos todos? A lo que voy: la
Constitución es defectuosa, pues deja sin definir un aspecto esencial
del sujeto de derechos: su identidad, o calidad de persona, o cuándo la
adquiere. ¿Parecerá escándalo que la cualidad de persona tenga que
definirse o establecerse por ley? Más escándalo es que esté sin definir
legalmente, allí donde hay opiniones tan dispares al respecto. Lo que
puede tener valor jurídico no son esas opiniones, sino la ley. Y la ley
tiene un serio problema de apoyatura. O quizá contase allá por los años
setenta con unas presuposiciones que hoy en absoluto pueden darse por
generalmente compartidas. Antes que falsear retroactivamente la
intención del legislador (como se hizo en
el caso de la ley de matrimonios homosexuales)
sería más coherente reformar la Constitución, y atender en ella a
cuestiones verdaderamente insoslayables, y no trasladables a una mera
ley. Pero en España no se va a hacer eso, por supuesto, y seguiremos
adelante a bandazos incoherentes, y sometidos al cálculo de los
intereses partidistas, en esta y en otras cuestiones.
Vidéo où
Emmanuel Carrère
parle notamment de la frontière entre la "fiction" et la "non fiction",
et de l'écriture de L'Adversaire, d'Un roman russe et de D'Autres vies
que la mienne (P.O.L), lors d'un entretien avec Nelly Kapriélian à la
BPI du Centre Pompidou (Paris), dans le cycle" écrire, écrire,
pourquoi", le 11 janvier 2010:
Je transcris ici quelques-uns de ses propos sur l'usage des noms réels
des gens dans ses livres.
Emmanuel
Carrère: Ça
c'est
extrêmement... disons que ça, ça fait partie des choses qui vraiment
tracent une frontière extrêmement nette entre ce qui est la fiction et
ce qui n'est pas la fiction. Non, c'est marrant parce que je pense—
j'avais il y
a peu de temps une discussion avec une amie écrivain et qui me disait,
"enfin, toutes ces histoires de fiction, non-fiction, enfin ça n'a
aucune importance, en réalité c'est tellement confondu, tellement
mêlé"... et je ne suis pas du tout d'accord! J'ai dit, je ne dis pas
nécessairement qu'il faille
attacher à cette frontière et au fait de franchir ou non cette
frontière une telle grande importance—mais que cette frontière existe,
et
qu'elle soit parfaitement claire, je le soutiens. Et je pense que un
des critères... enfin qui, voilà, qui déterminent cette frontière,
c'est notamment le fait de nommer
les gens par leur nom—tout
simplement. Je me souviens, je–il y avait dans un livre de
Christine
Angot, il y avait une phrase qui m'avait frappé, que j'avais trouvée
très.. très forte, elle disait juste—ben, parlant effectivement de
gens qui étaient de son entourage, et tout ça, elle—et qu'elle ne
nommait pas par leur nom, elle s'en, elle s'en excusait, enfin, dans le
livre,
quelcomme, pour autant que cela soit dans le genre de Christine Angot
de s'en excuser, mais quand même elle disait, elle s'adressait aux
lecteurs en disant, "voilà, l'avocat de..." —ça devait être, je sais
pas, Stock—"l'avocat de Stock m'a dit, non, c'est pas possible, il
faut—il faut.. il faut changer les noms" —accepter, —et elle dit,
"mais, quand on change les noms, c'est moins bien". Heu...en tout
cas... —dans cette logique-là, hein, j'entends bien sûr il s'agit
pas que, bien sûr, c'est pas la logique de Madame Bovary ou un truc
comme ça, mais,
dans un petit quelque chose qui se réfère et se soumet à la réalité et
tout ça, la question du nom propre est totalement... en fait, non
seulement elle est très importante, mais elle est totalement opératoire
pour constituer une frontière, cette frontière n'a rien de flou, elle
existe. Ça veut dire que, dans un cas, vous avez à répondre de ce que
vous dites; dans l'autre vous pouvez parfaitement vous abriter derrière
la... l'irresponsabilité de l'auteur, et dire, mais non, vous vous
reconnaissez là-dedans, mais non, le personnage—le personnage s'appelle
monsieur
Dupont et vous vous vous appellez monsieur Durand, non, c'est pas ce...
Alors que, à partir du moment où on dit c'est Jean-Claude
Romand, c'est Étienne
Rigal, c'est Hélène Carrère d'Encausse, c'est Sophie, voilà,
cette... il y a là une... alors—ensuite, là, heu, on peut s'y prendre
de mille façons différentes, et quant à moi j'en ai experimenté surtout
plusieures, sur la façon de... oui, enfin disons, les diverses
modalités de... de
la façon dont on endosse cette responsabilité à l'égard des gens dont
on parle. Mais c'est très... ben, c'est à la fois... compliqué, ça
complique la vie, heu, et c'est très... heu, ça crée—je ne sais pas,
une espèce... j'ai du mal a théoriser
là-dessus, mais enfin—une espèce quand-même de contrat de lecture qui est très...
très particulier, quoi, et qui, et qui pour ma part, m'intéresse, comme
auteur.
Nelly
Kapriélian: Pour chaque
livre en tout cas tu t'es posé la question différemment...?
Emmanuel
Carrère: Pour ces...
pour chacun de ces trois livres, en tout cas... je... la question ne
s'était
jamais posée auparavant, pour moi enfin; eventuellement, dans—pour la
biographie de Dik où je connais des... mais en plus, je dois dire,
si—le
livre a été traduit aux États-Unis, et de cette... ça...ça...
voilà, je disais des trucs sur certaines personnes, sur certaines des
ex-femmes de Dik, et des gens de son entourage, mais enfin, comme fait
tout biographe, c'est à dire, qui s'expose éventuellement à ce que les
gens aient à râler en disant "je trouve que vous m'avez pas bien
traité", c'est à dire, mais... [...] ... mais, heu, mais— non, pourL'Adversaire...L'Adversaire, je l'ai fait lire à
Jean-Claude Romand, mais terminé,
et en lui disant, ce qui est une règle du jeu qui peut paraître très
cruelle, mais qu'il a parfaitement comprise, et qu'il n'a jamais air de
discuter, en lui disant, "le livre est fini, je n'y toucherai plus un
mot, et je..." –parce que, pour ça j'avais une bonne raison, qui
était de dire, heu, "même si vous me faites une remarque tout à fait
factuelle et que je pourrais aisément intégrer, même si vous me dites,
ah, voilà, vous écrivez que ma voiture était bleue, en réalité elle
était verte," heu, je lui ai dit, "même une correction de ce genre, je
ne la ferai pas, parce que à ce stade, au point où l'on est arrivés, je
préfère, enfin, prendre en charge, assumer la responsabilité de mes
erreurs ou mes inexactitudes éventuellement, je ne peux pas, si peu que
ce soit, prendre en charge votre vérité, elle n'appartient qu'à vous."
Et c'est précisément toute la difficulté que j'avais eue comme auteur
à me mettre à une place où je ne pouvais parler—je parlais de lui,
certes, mais je ne parlais que pour moi, je ne prétendais pas une
seconde parler pour lui. Et je pense que c'était vraiment la seule, va,
position moralement acceptable... je me souviens, j'en ai été très
surpris, j'avais été, il y avait... je crois qu'à l´époque, Apostrophes
éxistait encore, ou ça s'appelait autrement déjà, oui, quelque chose
comme... mais, en tout cas, j'y étais allé parler de ce livre, et il y
avait,
parlant d'un livre qu'il venait de publier aussi, Michel Polac, et
Polac m'avait dit, il m'avait dit d'abord je trouve qu'il est mauvais,
et ça... j'y peux rien, j'ai rien à dire, mais il me disait, je trouve
que vous avez manqué de courage, que la seule façon honnête de—enfin,
la façon qui valait le coup, c'était de dire "moi, Jean-Claude Romand",
de parler, et là j'étais en total—autant de dire que mon livre est
mauvais, je peux rien dire, mais là j'étais en total désaccord, j'avais
l'impression que c'était une position moralement inadmissible que
de—parce que on aurait toute l'histoire de Romand, sa vie, qui n'a
jamais pu
parler en son nom propre, jamais pu exister en son nom propre, et si
tout à coup je parlais pour lui... j'ai l'impression qu'il y avait
quelque chose qui était vraiment—criminel, d'une certaine façon. Alors
que, laisser donc–quels que soient les défauts éventuels de ce livre,
ou même son manque éventuel de miséricorde à l'égard de son
protagoniste, en tout cas je n'ai pas parlé pour lui, je n'ai fait que
parler pour moi et, au fond, j'ai l'impression que tout le travail,
toutes ces années si laborieuses, si douloureuses passées à essayer de
faire ce livre, c'était pour arriver, consciemment, mais en tout cas
pour y arriver à occuper cette position où je ne parlais que pour mon
compte. Cette... bon, et—donc, lui, je lui ai donné le
livre, le
livre à lire, mais terminé... pour le, pour Un Roman russe
je ne l'ai donné à aucune des personnes que ça concernait, ni bien sûr
les personnages russes—mais de toute manière, ils sont loin, ils le
liront pas et tout ça—ni les personnages principaux qui sont ma mère et
Sophie, ma compagne de l'époque, et—bon, ça a été compliqué, disons—ça
a été fort compliqué. Maintenant, personne n'en est mort, personne n'a
fait—il n'y a pas eu de drame, mais en fait c'était, heu... et disons,
la dernière, le dernier cas de figure, c'estD'autres
vies que la mienne, où
j'ai—en fait, les principaux personnages, je leur ai fait lire le livre
avant sa parution, et en leur disant, le contraire de ce que j'avais
dit à Romand, c'est à dire, tout ce que vous me
demandez de changer, je le changerai. Éventuellement,
je plaiderai ma cause, s'il y a des trucs avec lesquels je ne suis
pas... je suis pas
d'accord, mais enfin, c'est vous qui aurez le dernier mot (...)
Ce qui rend la chose beaucoup plus facile, c'est que
les rap... enfin, c'est aussi pour ça que bizarrement ce livre qui
enfin, qui raconte des histoires... terribles, de très douloureuses,
n'a pas été écrit de façon très douloureuse, à la différence des deux
précédents, parce qu'au fond, je l'ai écrit avec les personnages, les
personnes dont il parle, dans un rapport d'amitié, de confiance très
grande, enfin, qui faisait qu'au fond, cette proposition que j'ai fait
de le
lire me paraissait... allait de soi, et du coup j'étais... au
fond, mon... mes éditeurs [...], ci-présents, me disaient tu es
fou ça
va très mal se passer, ils vont te demander de virer la moitié du
livre, etc. Et en fait j'étais surprenant parce qu'il ya avait une
espèce de ils allaient pas revenir sur ce...
qu'éventuellement ils me diraient, est-ce que tu peux changer tel ou
tel truc, bien sûr, je le changerai, ou éventuellement on le
discuterait et tout ça, mais il y aurait pas de... je ne... j'allais
pas me
retrouver en face de gens qui tout à coup allaient me dire, "ah ben,
non!" je suis d'accord, si c'était ce qui s'était passé, il y aurait
pas de livre. Effectivement c'était courir le risque que quelqu'un me
dise, non je suis pas d'accord pour que tu publies ce livre, tu le
gardes dans ton tiroir, heu, j'aurais été très très très très embêté,
c'est
sûr, mais au fond j'étais... je pensais que cela ne se produirait pas,
et cela ne s'est pas produit. Et du coup, c'était une position très...
oui, je dirais confortable, psychologiquement... heu, je ne suis pas
sûr que c'est quelque chose que j'aurai l'occasion de refaire, mais ça
a rendu le fait de l'écriture de ce livre, même si certaines des choses
qu'il raconte n'ont pas été une partie de plaisir à écrire, mais ça a
été écrit de façon paisible et de, même je dirais, détendue—en fait, en
me disant, ça va, je suis absolument au clair avec les gens dont ça...
dont ça
parle, ils sont contents, ça va, on ne peut pas toujours compter sur
ça, c'est sûr...
______________
Especialista en historias espantosas, en L'Adversaire
contaba Carrère la vida auténtica del parricida múltiple Jean-Claude
Romand. Pero luego pasó a un experimento más peligroso aún, que era
escribir sobre sí mismo y sobre la gente que conoce, en Un Roman Russe, explorando
además los lados desagradables de su propia personalidad, en una
especie de autoconfrontación o descenso a los propios infiernos. El
decalaje a que se refiere como tema de L'Adversaire,
el contraste entre la imagen pública y la privada del yo (extremo allí,
es cierto) pasa a explorarlo en sí mismo en primera persona, en Un Roman Russe. Es
un experimento poco aconsejable, ciertamente—exhibir al Mr Hyde interno
no sólo no lo hace desaparecer sino que tampoco mejora la vida social
de Jekyll.
En esta última fase de su carrera (con D'Autres vies que la mienne)
Carrère parece estar más a gusto en la vida y a ser más
mirado y atento con la gente que le rodea—tras darse cuenta, quizá, de
los estragos que puede causar en su vida personal el rebote de
exponerla en público y convertirla en literatura. Sobre eso sigue yendo
D'Autres vies que la mienne,
libro en el que trata historias dolorosas—de cáncer, enfermedad,
muerte,
dolor profundo, pérdida de hijos, de parejas... de gente que lo
rodea. Pero con prudencia y respeto al dolor de ellos—y convirtiendo
también en tema los límites que hay que ponerse, las reacciones de
ellos a su escritura, el proceso de construcción del propio libro...
Los personjes ya lo conocen como autor de otros libros (La Moustache, L'Adversaire)
y el propio autor comenta allí (contrariamente a lo que dice en la
entrevista) los dramas familiares que causó la publicación de Un Roman Russe, por tratar
historias desagradables de su familia, historias que no quería su madre
que se contasen. (Su madre, Hélène
Carrère D'Encausse, es una ilustre femme de lettres,
secretaria perpetua de la Academia Francesa, y como tal aparece en la
novela). Hablar de conocidos, mencionarlos sin más en un libro, cuánto
más juzgarlos, contar intimidades, revelar aunque sea sólo un poco la
vida privada... son experimentos literarios y vitales explosivos, que
no dejan de tener consecuencias. Y, quieras que no, los demás siempre
ponen límites: están ahí, y aunque los escritos sobre ellos puedan
parecerles escandalosos, siempre se les ha tenido en cuenta, siempre
han puesto límites a la escritura por el hecho mismo de existir. Tras
leerme D'Autres vies que la mienne,
por recomendación de Thérèse Force, me he terminado ahora Un Roman Russe,
un poco picada la curiosidad por esas historias de interferencia entre
escritura y
vida personal que comentaba el propio autor en su último libro.
Hay allí la historia de un emigrante atormentado, su abuelo, padre de
su madre, un personaje dostoyevskiano, con carácter destructivo, y
asesinado por colaboracionista al final de la Segunda Guerra Mundial. Y
el suicidio de un sobrino se nombra también—el que paga la especie de
maldición familiar que el autor siente que ha dejado el abuelo flotando
sobre ellos. El la nota, al menos, y quiere deshacerse de ella—y vaga
no sabe muy bien por qué a Rusia, a una pequeña población de mala
muerte,
Kotelnich, donde hay vagos planes de hacer una película no se sabe
sobre qué... quizá sobre el efecto que tiene sobre los habitantes el
hecho de
que se haga una película sobre ellos. Muy metaficcional todo, y
es que la vida es metaficcional si no se depura por convención de
silencio:
nada más nombrar cómo se inserta la propia actividad del creador en la
realidad, la realidad y las representaciones de la misma se complican,
como observa Carrère en la
entrevista. Abrir la puerta a la realidad y a la autorreferencialidad
en la literatura puede tener efectos más terroríficos de los pensados
originalmente, y desbaratar todos los planes literarios y vitales del
autor que iba a representarla.
Y de esto va en gran medida Un Roman
Russe.Buscando
alguna solución, alguna historia, el autor la encuentra, pero
no es la que buscaba. Su visita a esa población rusa es un documental
de
realismo sórdido, de borracheras, alienación y aburrimiento, y acaba la
historia en las páginas de sucesos, al ser asesinada a
hachazos una amiga del equipo de cineastas franceses, una de las chicas
que protagonizaban el documental. El
narrador deriva entre el análisis lúcido de lo que hace y ve, y la mala
cabeza—inquietud vital y mala cabeza lo han
llevado a partes iguales a un sitio donde manifiestamente no pinta nada
y que sin embargo acaba siendo parte de su vida, no la más deseable—una
especie de alegoría viviente de lo que es estar de más en el mundo.
Mientras, entre
sus visitas a Rusia, obsesionado con recuperar (un tanto a ciegas) la
parte rusa de su
historia, descuida su vida "real". Pero eso le da más tema: y así narra
la crisis y ruptura con su pareja de entonces,
Sophie—crisis enteramente explicable dadas las descripciones que hace
el propio autonarrador de su comportamiento con ella. Y comportamiento
de ella—es una historia de
celos, tormentos, dudas, rupturas y reconciliaciones, reproches,
infidelidades, pasión sexual y arrebatos autodestructivos. Está
aderezada metaficcionalmente con la historia de cómo planeó el autor
publicar, en homenaje de mal gusto a Sophie, una desvergonzada historia
erótica en Le Monde,
para que la leyese ella a determinada hora en determinado tren... plan
cuidadosamente trazado,
que acaba fallando, pues el futuro es incalculable. Y la frustración
del
autor por ese fallo de su maquinación literaria es uno de los
ingredientes que llevarán a la ruptura—en lugar de fortalecer su
pareja, el retrato de su vida erótica y la publicación de la misma, la
representación, se infiltra como elemento perturbador en la realidad.
La representación complica la realidad, y la altera con efectos
impredecibles.
Algo parecido pasa con la relación con su madre. Quería Carrère que su
madre estuviera orgullosa de él, viéndole realizarse como escritor,
pero comprueba que no es ni el tipo de escritor que ella quería ni el
tipo de persona que ella aprecia. Las distancias con la familia y los
conflictos están a la orden del día aquí. (No es de extrañar viendo el
tiempo que dedica este hombre a sus hijos, sin ir más lejos—el relato
es una historia sobre egocentrismo y autodestrucción narrada por un
egocéntrico autodestructivo). Si bien al final apunta un rayo de
esperanza, con la catarsis de la novela
rusa
por la que ha pasado el autor, la ruptura definitiva con Sophie, y una
nueva pareja, Hélène, que se llama como su madre por cierto.
En las últimas páginas le ofrece a su madre el libro acabado, que sabe
que no le va a gustar, y sin embargo le impone su indeseable ofrenda,
esperando lograr la única aceptación que puede tener sentido, la de la
persona que efectivamente es él. Y que a veces lo pone duro para
hacerse querer, con su egocentrismo pueril, su irresponsabilidad, y sus
indeseables ofrendas. Así termina el libro, dirigiéndose a
su madre:
Escribo
estas últimas páginas y te
imagino leyéndolas, dentro de algunos meses, cuando aparezca este
libro. Sospecho que lo que precede te ha hecho sufrir, pero creo que
has sufrido todavía más durante todos estos años en que sabías, aunque
no te he dicho nunca nada, que estaba escribiéndolo. No nos
hablábamos, o bien poco. Tenías miedo, yo también tenía mideo. Ahora,
está hecho.
Querría contarte un recuerdo de infancia. Era en la piscina, en
vacaciones, al sol. Debía tener yo cinco o seis años, estaba
aprendiendo a nadar. El monitor, a la vez que me sujetaba, me hacía
cruzar la poza. Y tú estabas sentada al borde, en los escalones, con
los pies en el agua, y no me quitabas la vista de encima mientras
tomaba la lección. Llevabas un bañador de una pieza con rayas negras y
blancas. Eras joven, eras guapa, me sonreías. Cruzar la poza, quería
decir ir hacia tí. Me mirabas cómo me acercaba, y yo, con la barbilla
fuera del agua, con la mano del monitor bajo el vientre, te miraba
mirarme, y estaba increíblemente orgulloso y feliz de acercarme a tí
nadando, de que me mirases nadar.
Es extraño pero, a veces, al escribir este libro, he recuperado esa
sensación inolvidable, la de nadar hacia tí, de cruzar la poza para
reunirme contigo.
Es hora de irme. Voy a cerrar este cuaderno, apagar la luz, devolver la
llave de la habitación. La recepcionista que, cuando llegué ayer, me
acogió como un viejo conocido, me dirá sin duda riendo, da
skorovo, hasta pronto, y responderéda skorovo,
pero será una mentira. Por última vez, andaré por las calles nevadas de
Kotelnich, hasta la estación. Esperaré en el frío a que llegue el tren.
Mañana por la mañana estaré en Moscú, pasado mañana en París, al lado
de Hélène, de Jeanne, de mis chicos. Continuaré viviendo y peleándome.
El libro, ahora, está terminado. Acéptalo. Es para tí.
La portada de la edición de bolsillo es
significativa, y subraya este momento importante del libro, con una
variante. Aparece en ella el autor, reconocible aun buceando bajo una
piscina—no de pequeño, sino de mayor, siempre cruzando la piscina al
parecer, sin acabar de llegar. Es que al pasado no se llega, ni
buceando en él.
¿Doctorandos añosos, o Doctores con
Calidad Acreditada?
Según la futura e inminente regulación de estudios de doctorado
(un ámbito fluyente éste, panta reï), las tesis doctorales tendrán que
hacerse en tres años. (Aquí
la noticia de El País).
Yo la hice en cuatro años: 1985-1988. Pero en mi departamento soy la
honrosa excepción (bueno, yo y alguna más)—porque aquí las tesis vienen
a tardar una media de diez años en completarse y defenderse.
Alguien se va a tener que poner las pilas y adaptarse al nuevo sistema,
en el que una tesis será más bien, según parece, una tesina. El
plan Bolonia quiere que todo el mundo salga con su título bajo el
brazo, que la Universidad procese rápidamente y con eficacia su
material estudiantil, y que las tasas de fracaso escolar sean bajas,
para que la Universidad presuma de estadísticas, y de programas de
doctorado eficaces. Así que todo quisque a doctorarse en tres años.
Can anyone help me with this question: are there studies
suggesting that the effects of _hearing_
about actions being performed is similar to the effects (mirror
neurons) of _seeing_ an action performed? It
would make sense in a way, but some rather different symbolic
processing is involved in either case.
Thank you in advance!
Aranye Fradenburg, Ph.D.
Director, Literature and the Mind
UC Santa Barbara
Clinical Associate
New Center for Psychoanalysis
www.aranyefradenburg.com
Ejecución bajo mínimos
Tras recibir nuestra
reclamación exigiendo criterios objetivos para asignar docencia,
el Rectorado nos ha contestado, en lugar de aplicarnos el silencio
administrativo como suele hacer. Un detalle que es de
agradecer—pero eso sí, ha contestado poco.
A regañadientes, dio trámite administrativo a la sentencia de los
Juzgados, que exigía que la asignación de docencia se haga con
criterios objetivos. Y nos comunica ahora que "con fecha 26 de abril"
comunicó a los Juzgados la ejecución de una sentencia, la 268/09, y
"con fecha 5 de mayo" remitió la documentación relativa a la ejecución
de la otra sentencia, la 203/09.
Y nos dice que todo trámite futuro con la ejecución de estas sentencias
tiene que hacerse a través del Juzgado (o sea, que el Rectorado no va a
atender ninguna petición que no sea ordenada por los jueces).
Tampoco nos da a conocer a los interesados qué documentación es la que ha
enviado al Juzgado—o sea, qué dice el escrito en el que justifica haber
cumplido (supuestamente) las sentencias. Se presupone que si lo hemos
de conocer, no será a través de la Universidad, como elementos ajenos
que al parecer somos, sino como reclamantes en el Juzgado. Como si los
perjudicados por la actuación ilegal del departamento, apoyada por la
Universidad y corregida por sentencia, fuésemos la parte contraria a los intereses
de la Universidad. Al
parecer, a juicio del Rectorado, si nunca se hubiesen enmendado en los
tribunales estas actuaciones ilegales, mejor estaríamos todos, y con menos
trabajo. Es una manera de entender lo público que—por decirlo
suavemente—no comparto.
Esto es cumplir con la ley bajo mínimos, y sólo si hay obligación
perentoria de hacerlo. Si han de aplicarse las sentencias, desde luego
no será por el entusiasmo que ha manifestado el Rectorado por
aplicarlas, ni por facilitar las cosas a quienes hemos denunciado
fechorías administrativas en los recovecos de la Universidad. Luego,
claro, se encuentran con que tienen lo que tienen.
Antes de reírsen, prueben a cantarlo en dos
octavas,
oigan. Yo sigo intentándolo. Igual de fondo se oyen ruidos de la
celebración del mundial, cada cual en su nuit enchanteresse.
Por cierto, es tan de Bizet como esa del toréador.
__________
Pero la versión acelerada que quería tocar yo era tal que así...
_________________
Sorpresa, sorpresa—visita de mi amiga Ramona, a la que ví por última
vez en Sagunto hace cinco años... y la vez de antes, quince o
veinte años atrás. Los ochenta, en el recuerdo quedaron.
José Angel García
Landa I'm going to start a topic for discussion. There's a
PsyArt list. How do you think discussions on this page, if they do
develop, will differ from those on the list? Because of the medium or
format, I mean. Perhaps we've got to see how things get done to gauge
the powers of this new medium. Is it a blog, is it worse, better? I'm a
bit skeptic about the archiving capabilities of Facebook, i.e. the
access to previous posts, as comparted to blogs, but maybe that's not
important.
and on the Wall:
José Angel García Landa
I just "started a discussion" (see above, right hand tab) but I see
these don't show up automatically on the wall. Getting familiar with
the medium.
Mis Greatest Hits Hacia el verano de 2007 empecé a colgar canciones
en YouTube. No
he causado sensación, y he tenido pocos comentarios—eso sí, mayormente
favorables. Pero a base de muchos vídeos, tengo bastantes visitas, más
de setenta mil a estas alturas. Como un concierto en un campo de
fútbol, jeje... sin repetición ni aplausos. O quizá más bien como un
concierto en
un auditorio, visto que hay que dividir el número de reproducciones por
el número de canciones de un concierto. Estos son, por el
momento, mis mayores éxitos, con su número de reproducciones a fecha de
hoy. No quiero decir que sean las mejores, eh.. ni siquiera que sean
buenas. Una canción destaca al parecer, en el number one:
—etc. etc. Se verá que mi repertorio tira a gravitar hacia los años
sesenta, aunque hay un poco de todo—en inglés, en francés, y hasta en
español.
Lo que me sorprende, más que la escasez de comentarios y de feedback,
es la ausencia prácticamente total de comentarios hostiles, despectivos
e insultantes. Sorpresas te da la vida.
Y para terminar una de las canciones que menos éxito han tenido—visto
el tiempo que lleva, para 62 visitas:
De El País de hoy,
sobre uno de los puntos de la sentencia del Tribunal Constitucional
sobre el Estatuto de Cataluña:
El alto tribunal aclara que "no cabe
pretender legítimamente" que la enseñanza se imparta "única y
exclusivamente en una de las dos lenguas cooficiales". "Es
constitucionalmente obligado que las dos lenguas cooficiales sean
reconocidas (...) como vehiculares", concluye. El consejero de
Educación del Gobierno catalán, Ernest Maragall, manifestó ayer que
considera que la interpretación del Constitucional no conduce a ningún
cambio en el modelo lingüístico escolar.
Esto puede tomarse como representativo, sobre todo tras ver ayer cómo
el presidente autonómico encabezaba una manifestación independentista.
O sea, que la ley se va a seguir trampeando e incumpliendo, y que la
mafia nacionalista va a seguir imponiendo sus políticas de facto, diga
lo que diga el Constitucional, o la ley, o quien sea. Las
"interpretaciones" que se hagan de la sentencia pueden contradecir sin
más lo que dice el texto, mientras mande quien manda. Aquí la ley que
va a misa es la ley de la fuerza—la que impone quien manda, pasándose
el derecho, la constitución, la jurisprudencia y las sentencias por el
arco de triunfo, para interpretar la voluntad inequívoca del pueblo.
Ese es el mensaje que más claro queda después de tanto comentario
jurídico—un mensaje del más puro corte... sí, —fascista.
Pero este cáncer de ilegalidad catalán va a tener efectos fatídicos en
el resto del sistema. Un país que permite que sus gobernantes actúen
así— socavando e ignorando las leyes, o cumpliéndolas cuando conviene
al que gobierna, está comprando boletos para la ruina total.
––––––––––––––––
PS, sobre la manifestación de Barcelona de ayer, un comentario pongo en
Facebook:
La manifestación supongo que junta
tanto catalanismo sentimental de ese inexplicable como un proyecto
independentista muy directo y poco vago. Ahora bien, quienes hayan
asistido no siendo partidarios de la secesión con España, esos sí que
creo que no han entendido gran cosa de la situación presente.
Bastante atinado me parece el
comentario de Pío Moa al respecto. Y lo que dijo Vidal-Quadras:
“Efectivamente –vino a decir—los nacionalistas tienen un plan, el plan
de disgregar España, y lo siguen en cuanto tienen oportunidad. Pero
enfrente no hay plan alguno. Y quienes actúan de acuerdo con un plan,
terminan ganando a los que no lo tienen”.
Acaba de llegar a Biescas por lo que me
dicen el pequeño Íñigo,
sobrino que debe ser el número diecinueve por lo menos—que nació
anteayer pero aún no se anima a tetar como es su obligación. Bueno,
todo se andará.
De momento, aquí hay un par de foticos del
chavalín—¡qué
majete!
Aquí exactamente ha nacido:
Hace bien Iñigo en huir de los calores de Zaragoza, que
está sofocada y atascada con las malditas obras del tranvía. Y supongo
que su intención, además, es ser pelaire. Nosotros, por nuestra
parte, después de despedirlo nos hemos ido a poner un rato a remojo.
Continuamos colgando por la web nuestros viejos
artículos, trabajo que
al parecer no llega a su fin. Hoy va a los repositorios uno sobre
narración, identidad, interacción y relectura: "Rereading(,)
Narrative(,) Identity(,) and Interaction (iPaper en Academia) y PDF en el SSRN.
Estaba ya en versión html en
mi página local de artículos, tanto en inglés como en español;
versiones que aparecieron en libros en 2006 y 2008.
Casi no doy abasto a hacer todo lo que hago
(y algunos dicen que
estoy de vacaciones), cuánto menos a hacerlo y además contarlo. A ver,
rápido rápido, hoy:
a) un poco de bibliografía—todos
los días añado unas cuantas referencias, o decenas o cientos—
b) unas fotos
añadidas al fotoblog de Flickr.
c) descubro que me han colgado el último artículo (sobre el
Tribunal Constitucional y el Estatut) en Ibercampus.
d) una notilla enviada a la Red
Fulbright.
e) Me sigo por la red en sitios marginales como éste de GetCited, o esta
entrada de la Wikipedia sobre Crítica
Literaria.
f) Le envío esta opinión sobre la nueva simbología de la Universidad al
blog universitario Fírgoa.
g) Observo que aún no me han contestado a esta sugerencia/solicitud
sobre comunicaciones en la Universidad.
h) Sí me llega viento, sin embargo, del Rectorado—de que nuestro
contencioso docente sigue atascado allí sin visos de solución ni
intervención.
i) Cuelgo una
bibliografía sobre teoría de la historia
en el Narrative Wiki de la Universidad de Georgetown. Y otra más, sobre
David Bordwell. Claro que algunas de estas informaciones ya las pone en
mi cBox.
j) Observo algunas visitas que mandan Google y Bing a mis
artículos de Academia.
k) Me regala Mrs. B. unas sandalias MTB.
l) Reviso un artículo y lo envío a la revista Cuadernos
de Investigación Filológica.
m) También me paso por
el SSRN: pocas novedades por allí. Voy el 6.042 de 139.000.
n) Me bajo la nueva versión de Spotify. Pero en tanto baja me oigo un
disco de Cassandra Wilson.
o) Estreno el podómetro que me regaló JMC.
p) Consulto con un Mutante, sobre modelos obsoletos de Mac.
q) Me encargo un volumen con los ensayos completos de José Angel.
Valente. ¡Caro! r) Vamos a comprarle a Alvaro, para marcar el final de su
ESO, un ordenador— un Vaio
serie VPCE. ¡Caro! s) Le cuento a mi hermana, que llevaba un peluche de Goofy, los
primeros regalos que pidió Alvaro en cuanto aprendió a hablar: "un
oenaor. Y una tooña eBufi"—(un ordenador. Y una colonia de Goofy).
t) Sigo colgando mi vieja traducción de La Pasión.
u) Me veo un
programa de Libertad Digital.
v) Y me hago o me hacen socio
de la FNAC.
w) Vamos a ver al Sobrinete—y nos encontramos por el camino con Amaya,
Alberto, Lucía, Quique, Sonia... Y con el enanocomo
lo llama su padre Oscar pruebo mi nueva cámara, la Canon. Evita está
muy bien, pero el enanete aún no mama. Ese es su defecto.
x) Hoy no escampa: día pesado y sofocante. Vamos a dar un paseo por la
noche. Mientras, me visitan
de Córdoba, provincia de Córdoba, Argentina.
y) Algo haré por Facebook—y
si no lo hará Facebook por mí, anunciando automáticamente algunas de
las cosas que voy colgando.
z) Actualizo mis blogs atrasados—un
trabajo, tonto pero trabajo. Y también escribo mi entrada de blog de
hoy, o sea, ésta.
Miércoles 7 de julio de 2010 País de idiotas—y de golfos
Este país no tiene remedio. En plena
campaña del impuesto de la
renta, es que ya ni se molestan en disimular más, saca el gobierno una
ley para legalizar dinero negro, de criminales, defraudadores,
desfalcadores, etc., dándoles unos tipos impositivos ventajosísimos y
condiciones especiales para comprar deuda pública. Con lo
cual les ha salido muy a cuento su maniobra—hagan o no hagan aflorar el
dinero— y en cambio se trata con tipos impositivos comparativamente
brutales a los honrados ciudadanos que no han ido por allí escondiendo
dinero negro en paraísos fiscales (ir
a minuto 16).
Si es que con esto el paraíso fiscal es España—pero sólo con la
condición previa de que seas un golfo financiero. Y los socialistas han
hecho esto continuamente: con Felipe y con Zapatero, con Boyer, con
Solchaga, y ahora con Salgado. Constantemente
quienes hacen trampas a gran escala son beneficiados por los
socialistas. Y lo hacen abiertamente, y anunciándolo a los cuatro
vientos. Y el país les sigue votando. Les
seguimos votando.
A los funcionarios, que les votan, a bajarles el sueldo; mientras
pregonan que van a castigar las grandes fortunas, pero les ponen
alfombra roja mientras lo dicen.
Así la cosa no tiene remedio—un país de votantes imbéciles tiene lo que
se merece, y la repetición de la jugada es garantía de que las cosas no
van a cambiar. Esto sí que son lecciones prácticas de economía
aplicada—a la española.
En cambio, con "investigación en Filología Inglesa" sale el primero, y
muchísimo antes que yo, Juan Manuel Hernández Campoy, de la Universidad
de Murcia. Oigan, que no puede uno estar en todo.
Por último, una comparativa gúglica
entre algunas figuras representativas de nuestro departamento, y un
menda. Suponiendo que los catedráticos sean
representativos, que nadie los elige por representativos, desde luego.
Así, por orden jerárquico...
Ahora, adivina adivinanza—¿cuál de estos cinco
doctores viene siendo
excluido desde hace años de los postgrados de Filología Inglesa, por
unánime decisión de los otros cuatro y sus coadláteres, alegando que su perfil y calidad no dan la talla?
No es lo que dicen que hacen, pero me
parece que es lo que
hacen. Nos anuncian a
través del boletín de la Universidad de Zaragoza
la aprobación de nueva simbología y logotipos para la Universidad. Se
recordará que hace poco había una polémica por el asunto de los
patronos de los centros, y que algunos colectivos sugerían retirar la
simbología cristiana del escudo de la Universidad, por impropia de una institución aconfesional.
Parece que se ha optado por una solución de compromiso, así que vamos
diciéndole adiós a San Pedro poquito a poco. A San Braulio parece que
no se le apea de su puestecillo de patrón de la Universidad, de momento:
La
Universidad de Zaragoza ha aprobado hoy en Consejo de Gobierno su
Manual de identidad corporativa, que define su imagen institucional,
así como los criterios para su gestión y uso. El manual define por
primera vez el logotipo de la Universidad (compuesto de símbolo y
marca), distinguiendo entre el uso solemne y protocolario (para el que
se utilizará el escudo tradicional de la Universidad, que se remonta al
siglo XVI, acompañado de la marca Universidad Zaragoza) y el uso
académico, administrativo y social (para el que se utilizará una imagen
simplificada del Paraninfo, edificio más significativo de la
Universidad, con la misma marca).
El manual recoge también los logotipos de centros e institutos
universitarios (para los que se parte de sus símbolos tradicionales,
acompañándolos de su nombre y la marca Universidad Zaragoza), así como
de departamentos y servicios. La aprobación, por primera vez, de la
imagen corporativa de la Universidad permitirá un reconocimiento
unívoco e inmediato de la institución, así como su convivencia en
condiciones de igualdad con las de otras instituciones.
Bueno, hablando de edificios significativos, aquí los edificios
tradicionales e históricos de la Universidad se los dejaron caer o
quemar. Eso es algo que no pasa mucho en América, donde cuidan más la
tradición—y hasta te dan los títulos académicos en latín, si hace
falta, como el de Magister Artium que me dieron a mí en Brown
University.
"El diseño de la imagen de la institución académica", nos
dice el Heraldo de Aragón, "se
ha hecho gracias a un mecenazgo y se dará un plazo de adaptación a la
comunidad universitaria hasta el 31 de diciembre, según explicó ayer la
vicerrectora de Relaciones Institucionales y Comunicación, Pilar
Zaragoza."
Una decisión aún más rarita es el cambio de nombre de la universidad,
al menos en su marca y promoción pública. Ya no es la "Universidad de
Zaragoza", sino laUniversidad Zaragoza. Hale. Como
quien dice la vicerrectora Zaragoza.
Será que alguien se ha dado cuenta de que la Universidad de Zaragoza
llevaba cuatro siglos y medio sin bautizar—y no la iban a llamar
Universidad San Pedro, desde luego.
_______________
Aquí el Manual
de Identidad Corporativa de la Universidad de Zaragoza.
Por cierto, no sólo cambia el nombre de la Universidad, sino que se
recomienda que cambie el nuestro—tiene el manual una sección sobre
estandarización de firmas para adaptarlas a normativas internacionales,
en las que no caben los nombres españoles ni sus curiosas estructuras.
Así que para evitar ser JAG Landa, como soy en Google, debería yo ser
José García-Landa. Oigan, pues no, gracias—que estandarice quien tenga
que estandarizar, y que aprenda cómo son las cosas quien tenga que
aprenderlas.
El Ordenador Renacentista The Renaissance Computer: Knowledge Technology in the First Age of Print,libro editado por Neil Rhodes y Jonathan Sawday (Routledge, 2000).
Los editores presentan el libro con una recomendación de Stephen
Greenblatt ("an exciting and adventurous book"), y un planteamiento
general de la cuestión, que traduzco. El paradigma es, digamos, McLuhaniano, en la línea de La Galaxia Gutenberg (—un antecedente importante son también las reflexiones de W. J. Ong sobre la imprenta al final de Orality and Literacy).
"En el siglo XV, la imprenta era
la 'nueva tecnología'. La primera revolución informática empezó con la
llegada del libro impreso, que permitió a los estudiosos del
Renacimiento formular nuevas maneras de organizar y diseminar el
conocimiento.
Para 1500 había ya veinte millones
de libros circulando por Europa. ¿Cuál fue el impacto sobre nuestra
manera de entender el mundo que tuvo esta enorme explosión en la
circulación de textos e imágenes?
El Ordenador del Renacimiento
examina el fascinante desarrollo de nuevos métodos de almacenamiento y
búsqueda de información que tuvo lugar con la llegada de la letra
impresa. Ahora que nos embarcamos en la segunda revolución de la
información, un deslumbrante plantel de importantes expertos en cultura
renacentista explora asuntos que hoy son significativamente urgentes;
entre ellos: - La contribución de las tecnologías del conocimiento a la formación de los estados y a la identidad nacional. - el efecto de la multimedialidad, de la oralidad y de la memoria, en la educación. - La importancia de la
presentación visual de la información y de cómo los artefactos de
búsqueda reflejan y dirigen las maneras de pensar."
Un breve índice traducido, antes de pasar a algunas notas sobre cada capítulo:
Neil Rhodes y Jonathan Sawday, "Introducción. Mundos de papel. Imaginando el ordenador del Renacimiento,"
Leah S. Marcus, "El silencio del archivo y el ruido del ciberespacio,"
Jonathan Sawday, "Hacia el ordenador renacentista,"
Timothy J. Reiss, "Del Trivum al Quadrivium: Ramus, el método, y la tecnología matemática,"
Stephen Orgel, "Iconos textuales: Leyendo las ilustraciones de la primera Edad Moderna,"
Thomas S. Corns, "El buscador de la primera Edad Moderna: Índices alfabéticos, páginas de título, marginalia, contenidos."
Andrew Hadfield, "Saberes nacionales e internacionales: Los límites de las historias de las naciones."
Sarah Annes Brown, "La Red de Aracne: La mitografía intertextual y el Acteón renacentista."
Nonna Crook y Neil Rhodes, "Las Hijas de la Memoria: el Gunaikeion de Thomas Heywood y el Ordenador Femenino."
Anne Lake Prescott "La Academia Francesa de Pierre de La Primaudaye: Volviéndose enciclopédico."
Claire Preston. "En la selva de las formas: Ideas y cosas en los gabinetes de curiosidades de Thomas Browne."
Neil Rhodes, "Redes Articuladas: El Yo, el Libro y el Mundo"
Una adivinanza. Teniendo en cuenta que la portada reproduce una
representación gráfica de una red de servidores y sitios web conectados
entre sí, ¿por qué las letras de la palabra cOmPuTEr en el título
tienen distinto tamaño? (Respuesta aquí: http://www.opte.org/history/).
Neil Rhodes y Jonathan Sawday, "Introduction: Paperworlds: Imagining the Renaissance Computer." 1-17.
Se subestima con frecuencia el impacto que produjo la imprenta no sólo
en la compra y distribución de libros, sino también en su producción.
Antes, cada libro se encargaba en los copistas un poco "a medida": el
contenido y forma de cada libro era "resultado de una negociación entre
el productor y el consumidor" (2). Esto empezó a cambiar a partir del
siglo XIII con la producción de libros de texto para los estudiantes
universitarios—y la imprenta sería la transformación definitiva. Los
libros habían sido ejemplares raros, únicos, personalizados por su
amanuense y por las notas de sus usuarios."La nueva tecnología de la
imprenta con capital intensivo de principios del siglos XVI podía
reproducir réplicas casi libres de errores de un texto dado, una y otra
vez" (4). Observan los autores la prudencia y moderación de Lutero
(lejos de presentarse como un revolucionario incendiario) cuando en
lugar de imprimir sus tesis si más las sometió a debate en la Iglesia
según el procedimiento escolástico establecido. Más bien se queja
Lutero en una carta de 1518 a Christopher Scheurl de que no quería que
circulasen tanto sus tesis, sino sólo entre unos pocos entendidos,
hasta que fuesen aprobadas—y que con la imprenta se difunden y traducen
por todas partes. Si damos esto por bueno, dicen los autores, sería
"uno de los primeros ejemplos en que el medio se lleva la culpa del
mensaje" (5). Pero inmediatamente se apunta Lutero al nuevo medio, y
anuncia la próxima publicación de su Sermón sobre las Indulgencias y la Gracia (1518)—el primer best-seller, según Mark U. Edwards (Printing, Propaganda, and Martin Luther,
1994). "La gente está engañada", dice Lutero, y procede a desengañarla
mediante el debate público y publicado. Observan Rhodes y Sawday: "No
hay sugerencia ahora de dirigirse a un grupo elitista de académicos y
de colegas eclesiásticos. Más bien, Lutero ha entendido que el medio,
tanto como sus propias palabras, había creado un público, y que había
que inventar ahora nuevas maneras de dirigirse a ese público" (6). La
imprenta sería un importante medio de difusión de las ideas
reformistas. Se hizo posible el desarrollo de las bibliotecas
particulares, y personajes como Lutero se volvieron autores— autores
vivos, o contemporáneos, hechos por el público lector, no autores
pasados cuya autoridad derivaba de un lento proceso de filtrado
educativo mediatizado por las autoridades. Se desarrolla así, con la
prensas, el espacio de debate público característico de la mentalidad
europea moderna.
Es un paso similar al que se dio hace poco con la difusión del
ordenador personal y de la publicación personalizada. Hay analogías
interesantes entre el desarrollo de las técnicas de uso y búsqueda de
información en una y otra época. De hecho ya antes de la imprenta
habían empezado a desarrollarse instrumentos de "búsqueda" para
permitir el acceso a la información: índices, listas de contenidos para
los voluminosos códices. La misma forma del códice invitaba a "buscar"
infomación de manera más manejable que la del rollo de pergamino.
"Pero fue la multiplicidad misma de los
libros impresos la que rápidamente educó a sus lectores en cómo leer.
El lector tenía que aprender a participar en la construcción de un
texto, buscando en él de maneras que el autor podría no haber
anticipado nunca, ligando juntas ideas que aparecen localizadas en
partes diferentes de la obra, incluso comparando las ideas o textos que
se encuentran en fuentes distintas con relativa facilidad. La mesa de
trabajo del investigador moderno, atestada de hojas de papel y
artefactos de escritura, desbordante de libros apilados unos sobre
otros, había llegado" (7).
La página impresa pronto genralizó instrumentos como secciones y
subsecciones, notas al pie o al margen, divisiones de párrrafos a veces
en distinto tipo de letra para señalar jerarquías informativas, claves
para relacionar ilustraciones y letra impresa, etc. La llegada de la
imprenta puede compararse a la creación de un nuevo sistema operativo
para la transmisión y almacenamiento de ideas. La imprenta dio a los
textos una fijeza que no tenían antes, para bien o para mal (Martin
Davis, "Humanism in Script and Print"). La uniformidad establece nuevos
protocolos de lectura, y enfrentarse a textos previos al desarrollo de
la imprenta requiere dominar todo un universo de capacidades lectoras
diferente. El orden alfabético, sin más, se desarrolló como
consecuencia de la imprenta, aunque no se difundió como medio de
organizar la información hasta el siglo XVII. Observa Tom MacArthur que
en un principio el orden alfabético "debió parecer un orden perverso,
inconexo y en última instancia carente de sentido, para hombres que
estaban interesados en marcos bien definidos para contener todo tipo de
conocimientos" (8-9).
"Las bases de datos del ordenador del
Renacimiento son las grandes colecciones de conocimientos reunidas por
los humanistas: los tesauros retóricos, diccionarios, mitologías,
historias, atlas y cosmologías. Estos se pasaban a los impresores y
emergían como 'enciclopedias', 'espejos', 'anatomías', 'teatros',
'digestos' y 'compendios', términos que proliferaron repentinamente en
el siglo XVI" (9).
(—y que son efecto de la nueva
tecnología, igual que los cibergéneros, blogs, foros, etc., lo son de
la tecnología de la Web 2.0)
En The Faerie Queene de
Spenser, la mente humana aparece retratada bajo la imagen de un viejo
escritorio con pergaminos imperfectos y apolillados—No había en la
época métodos fiables de indexación, búsqueda y ordenación de la
información. Y en un universo que se percibe como fragmentado,
cualquier imposición de orden, siquiera sea arbitrario, será bienvenido:
"Entonces, como ahora, la nueva
tecnología parecía prometer la realización de ese viejo sueño de los
escolásticos de amasar el conocimiento universal (omne scibile—todo lo que se puede saber) en una biblioteca infinita, pero la realidad era más dura de lograr" (9)
McLuhan y Ong ya estudiaron cada uno a su estilo la relación entre la
era de la imprenta y la era electrónica, "planteando cuestiones que
sólo ahora están empezando a ocupar un papel central en el debate
académico en las humanidades" (9). Seguidos por D. F. McKenzie, Roger
Chartier, etc. "La experiencia multimedia moderna a través del
ordenador nos estimula a pensar de nuevo sobre las relaciones entre voz
y escritura, texto e imagen en periodos anteriores" (10).
Ong llamó la atención sobre la reconceptualización del conocimiento, su presentación y transmisión en Petrus Ramus:
"no hay duda de que explotó las
posibilidades de las formas visuales de la imprenta para crear maneras
innovadoras de transmitir el conocimiento, y de que pedagógicamente su
influencia fue inmensa. La idea del 'Método' de Ramus la adoptaron los
impresores, de manera que hacia la segunda mitad del siglo XVI, mucho
antes de que la adoptase Descartes, la palabra 'método' aparece más
frecuentemente como parte del título de los libros, más aún que los
familiares espejos, teatros y anatomías" (10)
A veces pasa desapercibida la manera en que la nueva tecnología también
supone una perpetuación de la antigua, prolongando su vida. (Algo parecido sucede ahora en el caso de mi bibliografía—artefacto informatico pero relativo a libros,
tecnología pasada pero también presente, diseñada a caballo entre la
letra impresa y la pantalla, en parte un resto del pasado superado, y
también quizá una manera de ese pasado de perpetuarse en el ámbito de
los nuevos medios. Este párrafo es especialmente adecuado al caso):
"El Ordenador del Renacimiento tiene
así rostro de Jano, mirando a la vez hacia delante y hacia atrás.
Prometiendo acceso a un nuevo medio de explorar y comprender el mundo,
su tendencia, inicialmente, fue simplemente la de acumular catálogos en
expansión permanente de todo lo que ya se conocía" (11)
—sólo más tarde pasaría a hacerse uso crítico y conectivo de esas
acumulaciones de saber. Los renacentistas eran también medievales a su
modo. La circulación de colecciones manuscritas de poesía continuó, por
ejemplo durante doscientos años tras la invención de la imprenta. (Esto
nos indicaría analógicamente que los libros impresos podrían durar,
como forma marginal de distribución, hasta la segunda mitad del siglo
XXII—más o menos).
Más notable aún, señalan los autores, la lección académica o
conferencia ha sobrevivido hasta hoy, a las fotocopiadoras y al acceso
en red a materiales de enseñanza.
La era de la imprenta creó la era del
libro como objeto fijo y texto estable (dentro de unos límites). Hoy,
el ordenador y el hipertexto "están rápidamente deshaciendo esa
idealización de la estabilidad, y están devolviéndonos a un tipo de
textualidad que puede tener más en común con la era previa a la
imprenta" (12).
—y se alteran los nexos creados por la estabilidad tecnológica previa:
de producción, financiación, distribución, derechos, venta… En red no
hay finales, todo es más colaborativo, interactivo. Donde sí se parecen
las nuevas tecnologías de la imprenta y el ordenador es en la
multiplicación del volumen de la información—produciendo el peligro de
la sobrecarga informativa: necesitaremos desarrollar técnicas, dicen
Rhodes y Sawday, para enfrentarnos a la sobreabundancia (copia) y que
ésta no nos empobrezca. La respuesta de los humanistas, en su momento,
fue el desarrollo de un nuevo género, los libros de notas o de lugares
comunes, como el De copia verborum atque rerum de
Erasmo. Se organizaba temáticamente más bien que alfabéticamente, y era
según Ann Moss un "sistema de recuperación de información" que
respondía a "la explosión del conocimiento en forma de libros impresos
a lo largo del siglo XVI" (13). (Podríamos comparar estos libros de lugares comunes a las misceláneas y collectanea varia que
tienen algo de antepasados del blog personal—pues éste es, en cierto
modo, el libro de lugares comunes o de anotaciones que corresponde al
nuevo régimen de las comunicaciones en red. El blog como blog misceláneo de notas y de enlaces).
Como hoy el ordenador, la imprenta produjo una sensación a la vez de
caos universal del la información, y de conexión o conectividad
universal. En el Renacimiento proliferan los sistemas de analogías y
correspondencias para ordenar e interpretar el mundo; según Montaigne
"toutes choses se tiennent par quelque similitude", y hay una
consciencia de una interconexión de sentido, con "el libro de la
Naturaleza como un intertexto gigante de múltiples conexiones y
alusiones" (13). (Hoy, los enlaces hipertextuales parecen ofrecer una
nueva versión de esa conectividad universal. Remito aquí a algunas
reflexiones de mi artículo sobre intertextualidad e hipertextualidad, "Linkterature: from Word to Web").
"Los ensayos de este libro, pues,
exploran la tecnología de los textos impresos en época temprana, para
revelar cúantas de las funciones y efectos del ordenador contemporáneo
se imaginaron, anticiparon o incluso se iban buscando mucho antes de la
invención de la tecnología digital de los ordenadores modernos."
Hay en el proyecto de The Renaissance Computer una
dosis inevitable (y quizá no indeseable) de distorsión retrospectiva,
pues evidentemente los esfuerzos precibernéticos de los escritores e
impresores del Renacimiento tienen un aspecto muy distinto hoy del que
tenían para quienes estaban inmersos en ellos. Pero surgen de esta
perspectiva retrospectiva unas dimensiones muy interesantes de las
tecnologías de la textualidad y de la información de la primera Edad
Moderna, y un cierto espejo en el que contemplarnos, y especular sobre
lo que estamos haciendo, ordenando estos textos en este ordenador.
Esta la conocí en un disco de Gordon
Lightfoot que debieron
comprar allá por los años 70 en el colegio Cerbuna, a donde iba yo a
descubrir cosas a la sala de música.
Vamos los cinco juntos a ver el musical Grease en el Teatro principal, y
éxito total, los niños flipan no antes, pero sí durante y después.
Bueno, en realidad Summer Nights
ya era la canción favorita de Ivo. Esta otra es la canción de
despedida, we'll always be
together...
Bueno, ahora ya es lunes, y sin embargo estuvo
bien mientras duró.
Y este lunes, por cierto, nos dicen si Álvaro se cambia de centro para
el
Bachillerato, o si sigue un rato en el que está.
_______
PS: parece que Álvaro hará el
bachillerato en el instituto de al lado de casa: adiós al cole de los
últimos diez años.
Holding His Complete Works Mientras acariciaba mi currículum, me doy
cuenta de que acaba de
superar las trescientas, 300, páginas
de longitud,
en su versión extensa. Merecería la cosa hacer un PDF y colgarlo—o una
versión online modificable, para pasarles a las distintas
administraciones que me lo pidan sólo una URL, en lugar del
tocho. Ya hay quien tiene su currículum en red, pero me corto yo
aún por lo de la protección de los datos (?). Quizá lo ponga en un
Google
docs de esos que sólo son accesibles para quien tiene la dirección...
Lo malo es que en cualquier caso siempre hay que adaptar su longitud y
especificidad, cada vez, a los gustos y requisitos y manías de quien te
pide el currículum. En fin, igual un día me pongo, aunque de momento me
me apaño con tener en red la
lista de publicaciones que figura en mi bibliografía. La mayoría
son artículos de blog, irrelevantes para la Administración—no se
piensen que todos los días publico algo en Critical Inquiry.
Mi bibliografía de teoría y crítica cada vez tiene
menos visitas—de una
media de cien diarias ha pasado a unas veinte. Pero en lugar de dejar
de trabajar en ella, me consuelo pensando que quizá en realidad la
consulte más gente. El contador sólo mide los visitantes que entran por
la puerta principal, la página de presentación de la bibliografía—pero
en realidad la bibliografía consta de más de cuatro mil quinientos
archivos, y los buscadores localizan cualquiera de ellos sin pedirle
permiso a la página principal.
Muchos de esos archivos bibliográficos, originalmente escritos en
MsWord, aparecen aislados por la red, coleccionados por la gente en
Scribd o sitios similares, y convertidos en PDFs. Pero el gran
coleccionista es Google—que envía sus arañas por la red, agarra los
archivos de Word y genera versiones html de los mismos, automáticamente
se va multiplicando la cosa. Así que sigamos pensando lo que nos
da satisfacción pensar—que hay quien busca información en Google y va a
parar a mi bibliografía sin pasar siquiera por mi sitio web, y que en
realidad tengo muchas visitas imaginarias. Por cierto que en los
últimos años he tenido que simplificar algunos caracteres de la
bibliografía para que estas transformaciones automáticas no generen
errores.
Ahora la transformación automática ha dado una vuelta de tuerca más, y
el sitio web Academia, donde colecciono algunos de mis peipas, se
ha puesto a buscar por su cuenta (también automáticamente, supongo)
trabajos míos no localizados, y tras pedirme permiso hace una versión
en iPaper, y la incluye en la lista. Así me aparecen ahora de repente
entre mis trabajos listados bibliográficos sacados de la bibliografía,
como éste sobre Colonialismo
y Postcolonialismo.
Otro uso que le estoy dando a la bibliografía es desgajarle algunos
listados sobre teoría narrativa, e incluirlos en el wiki de la International Society for the
Study of Narrative (ISSN),
a la que pertenezco y me temo además que de momento soy el miembro más
activo de ese wiki. Esto está en la universidad de Georgetown, la de
Aznar y el Príncipe Felipe—a la que recuerdo que intenté ir a estudiar
en los años ochenta y allí no me quisieron. Mira por dónde acabo
apareciendo por allí de todas maneras. (Y además en última instancia
acabé yendo a Brown, que es Ivy League, y otros quisieran).
Mi duda es si incluir estas sub-bibliografías en la Bibliografía—puesto
que la cosa amenaza con una recursión al infinito.
Vida conyugal de Aragorn Ivo y Otas han decidido arrancar a leer libros "de
mayores" con El Señor de los Anillos,
tras ver las películas unas cuantas veces, pero no contentos con la
versión original también se inventan episodios nuevos y versiones
expandidas:
—Yo creo que el matrimonio de Arwen y Aragorn parece muy bonito al
principio, pero luego la cosa cambiará, se volverá más normal.
—Sí. Cuando a Aragorn le toque ir a la oficina, o lo manden a hacer la
compra. Y luego a cocinar, con delantal blanco: "Arwen, yo creía que por
lo menos cocinarías".
—Y no podrá salir con Gimli y Legolas, porque dirá que iba a batallas y
se iba de borrachera.
—Y mirará la espada del rey, y dirá, "snif"—la guarda otra vez en el
armario.
—Y Arwen, "Ya estás otra vez con la espada que forjó mi padre, no la
vayas a romper. Hoy no te vas a tomar los filetes de ternera".
—A Aragorn le tocará dormir en el sofá me temo.
—¿Y mientras qué hace Arwen?
—Arwen mientras, tumbada en su cama, se fuma un purito.
—Eso, de los puritos de Aragorn.
Hasta este año 2010, la página de la Universidad
de Zaragoza
tenía un espacio de opinión para comentarios, quejas, sugerencias,
debate, etc: el llamado "Rincón de Opinión". Ahora se ha suprimido, y
en su lugar aparece el boletín iUNIZAR, que tiene sin embargo una
función distinta: dar noticias institucionales, y permitir anuncios de
actividades culturales y actos académicos. No es lo mismo, en absoluto.
Aquí las opiniones no se admiten, y menos si molestan a alguien. Pero
una universidad necesita un espacio de opinión y debate, aun si este es
molesto para algunos. Sugiero que las personas interesadas en que haya
un espacio de opinión en la página de la Universidad hagan lo siguiente:
a) Se dirijan al Vicerrectorado de Relaciones Institucionales y
Comunicación solicitando la restauración del Rincón de Opinión,
b) O pidan que el boletín iUNIZAR permita la difusión de artículos de
opinión, denuncias, quejas, sugerencias, etc.
a) O que en su defecto utilicen el Google Sidewiki, un espacio que no
está bajo el control del servicio de comunicaciones de la Universidad.
Sería triste que ésta fuese la única opción.
con referencia a: Universidad de
Zaragoza (ver
en Google Sidewiki)
Yo por mi parte he enviado una sugerencia a través del buzón de
sugerencias del Vicerrectorado de Relaciones Institucionales y
Comunicación de la Universidad de Zaragoza:
Sra.
Vicerrectora, Sres. responsables de comunicaciones de la Universidad de
Zaragoza:
Al parecer ha desaparecido
de la página web de la Universidad de Zaragoza el Rincón de Opinión,
espacio que se creó en 2005 para permitir la expresión de opiniones de
la comunidad universitaria. El hecho de que no sea una comunidad muy
dada a opinar a través de este medio, o de ningún otro, no justifica
que se haya suprimido este espacio. No encuentro por otra parte (y por
favor corríjanme si me equivoco) en el Boletín de la Universidad
ninguna referencia a un cambio de normativas al respecto ni una
derogación del acuerdo del Consejo de Gobierno que regulaba su
existencia. La normativa regulatoria de su uso sigue figurando en la
página de normativa universitaria. Si su desaparición fuese simplemente
"de facto" por la vía de los hechos consumados no parece que fuese lo
más adecuado (de hecho sería seguramente irregular). Los espacios de
opinión en la Universidad deberían fomentarse, no suprimirse. La
desaparición del Rincón de Opinión ha coincidido al parecer con la
inauguración del boletín iUnizar, pero éste es explícitamente de
información sobre actividades, etc. y no deja lugar a la expresión de
opiniones (los envíos que no se ajustan a sus estrictas normas de uso
son rechazados). ¿Ha quedado la Universidad privada de todo espacio
público de opinión? ¿Quién ha estimado que esto es conveniente, o
deseable, y ha dado instrucciones al respecto? ¿Se tiene intención de
habilitarlo de nuevo, o de abrir otro espacio semejante? ¿O se
considera inadecuada su existencia en la Universidad? ¿Por qué?
Son cuestiones que creo
merecen una reflexión, y una respuesta. Visto que este espacio está
destinado a las sugerencias, SUGIERO que se restaure el Rincón de
Opinión y que se establezcan normas claras, justas y democráticas para
su uso. O que, alternativamente, se abra una sección de "opinión" en el
boletín iUnizar, con criterios de censura que sean los adecuados a una
institución pública, ni más ni menos.
Atentamente,
José Ángel García Landa
Me pregunto si recibiré alguna respuesta.
Es curioso que la Universidad vea tan problemático habilitar un espacio
de opinión como correspondería a una institución dedicada al
pensamiento, y que se atuviese este espacio meramente a normas constitucionales —libertad
de expresión, etc. Y ceder mínimamente la palabra a sus profesores como
mínimo—que los contrata y les paga, se entiende, por sus conocimientos
y capacidad reconocida. Bien entendidas las cosas, no podría dejar de
haber un espacio de opinión en una institución pública, universitaria,
aconfesional, no partidista, etc... Pero no. La Universidad
prefiere ahorrarse problemas, cortar
por lo sano, y sencillamente no
dejar espacio alguno a la opinión,
como si en el mundo no la hubiese ni fuese necesaria. A ver si
así, por la vía de la supresión total, no se nota que falta algo.
Los medios informáticos, desde luego, no faltan para habilitar un
espacio de
opinión. Cualquiera tiene un blog o un foro: la Universidad, en cambio,
no los quiere ni les ve finalidad. Tampoco tiene ni un canal
institucional de YouTube, por no tener. Medios no faltan, sino sobran.
A la Universidad le sobran. Es la
voluntad de los rectorados lo que está claramente en contra de que haya
un espacio en la Universidad donde puedan expresarse y oírse opiniones
libremente. Menuda lección para la sociedad.
Buscando información
en archivos sobre mis abuelos expedientados en los primeros tiempos del
franquismo,
llegué al archivo de la Comisión Depuradora del Magisterio Provincial
de Huesca, en el Archivo Histórico, donde figura el expediente de mi
abuelo Angel
García Benedito, asesinado por los falangistas al principio de la guerra.
Desde ahí me han enviado el expediente completo, con informes de
alcalde, teniente de alcalde, cura y Guardia Civil; quizá algún día lo
publique entero; si a alguien de la familia le interesa le puedo pasar
una copia. Nada que no esté a tono con la época en estos informes. Pero
llama algo la atención la vileza del informe del cura en concreto, así
que para muestra un botón.
______________________________________________
Comisión D) Depuradora del
Magisterio Provincial —Huesca—
HOJA INFORMATIVA
(de carácter estrictamente confidencial y secreto).
Maestro nacional D. .....Angel García
Benedicto [sic]....... Localidad en la que ejercía su
profesión ......Escuer....... Escuela que
regentaba.................... Categoría y número del Escalafón......741...... _________
Persona que suscribe el documento.
- Sr. D. ....Agustín Pueyo cura
encargado de Escuer.., de ...54.... años de edad, estado.....célibe.....y profesión .....Párroco......, que ocupa el cargo de .....Párroco de la
de S. Pedro de Biescas....
en.......... _________
Sr. Presidente de la Comisión D)
Depuradora del Magisterio Provincial de HUESCA.
Muy señor mío: En contestación a
su atento oficio de fecha....diez y
siete de Dibre.... y en cumplimiento de lo que ordena el Decreto
número
66 del Gobierno del Estado Español (Boletín Oficial del Estado de 11
Noviembre) para la depuración del personal del Magisterio Nacional,
tengo el honor de elevar a V. I. el presente informe, que garantiza su
veracidad con mi solemne juramento y firma.
Dios guarde a V. I. muchos años. .....Escuer....a ...29... de ...Diciembre... de 1936.
(Firmado): Agustín Pueyo
cura encargado de Escuer
¡VIVA ESPAÑA! CUESTIONARIO
INFORMATIVO
I. Qué concepto profesional se tiene
del interesado. A)
Competencia...Era competente... B) Celo
profesional...Regular... C)
Moralidad...Como ciudadano
buena. Como católico mala. II. Qué clase de enseñanzas ha divulgado entre sus
discípulos ....Malas... III. Qué enseñanzas e ideales ha divulgado de manera pública y
privada en el ambiente social de la localidad donde ejercía. ...Las del "frente
Popular"... IV. A qué partidos políticos ha pertenecido o ha simpatizado o
ha realizado por él, labor de propaganda. ....A los de
izquierda.... V. Qué concepto público y privado se tiene del interesado en esa
localidad. ....Entusiasta de las
doctrinas izquierdistas.... VI. A qué clase de centros y reuniones asistía con
frecuencia. ....Al
centro del
"frente Popular" que había en Biescas.... VII. Cuáles eran sus creencias y su
conducta religiosa. ....Incrédulo....
VIII. Cuál era su vida familiar o privada. ....Buena....
IX. Si se conoce a qué
asociaciones pertenecía. ....Lo ignoro..... X. A qué diarios y
revistas estaba suscrito o leía con frecuencia.
...."Heraldo de Madrid" y otros de izquierda.... XI.
Otros detalles,
episodios o cualquier clase de noticias que pueden añadirse para
completar el informe sobre la conducta profesional, social y particular
del interesado.
....Aunque era propietario de la Escuela de Escuer, vivía en Biescas
por tener aquí su domicilio su esposa, que es maestra de niñas de una
de las Escuelas de Biescas y con tal motivo hacía propaganda de las
ideas izquierdistas en los dos pueblos a la vez. XII.
Qué conducta ha seguido o qué se sabe del interesado a partir del
Movimiento Nacional Salvador de España. ....La
Justicia se encargó de darle su merecido en los primeros días del
glorioso movimiento nacional.... Todo lo cual declaro
bajo mi juramento, haciéndome de
ello responsable con mi firma y autorizándolo con el sello de mi
Dependencia.
En ....Escuer.... a ...29... de ....Diciembre.... de 1936.
(Firma y sello de la parroquia de
Escuer):
Agustín Pueyo
Cura de S. Pedro de Biescas y encargado de Escuer.
NOTA: Las contestaciones
deben ser claras y concretas. En aquellas que no se tenga seguridad,
declárese de esa manera.
______________________________________________
Este cura era obviamente enemigo de mi abuelo, quizá público, quizá
secreto—y quién sabe si delator suyo. Pero obsérvese sin embargo que a
pesar de las ganas que le tenía, lo puede acusar sólo de sus ideas
izquierdistas, de militar en algún partido de izquierdas (ni sabe
cuál), de leer periódicos, y de hacer propaganda a favor de la
izquierda. Hasta le reconoce buena moralidad como ciudadano, y
competencia como maestro, y dice que su vida privada y familiar era buena.
Y sin embargo se felicita el cura de su asesinato, y lo juzga como un
acto loable y muy
merecido, de justicia sin más. O sea, que este célibe personaje
hubiera pasado por las
armas a millones
y millones de españoles,
si nos atenemos a ese criterio. Y les predicaba el Evangelio, a los de
Biescas. Por cierto, aunque dice el cura que fue "la Justicia" quien le dio su merecido,
conviene aclarar que mi abuelo no tuvo ningún juicio, ni militar ni
civil ni fingido ni sumarísimo. El capricho asesino de unos
matones, eso es lo que llama justicia el infame cura éste, Agustín
Pueyo. Pero este tipo de canallas eran los que acabaron
imponiendo su ley, y los que estaban como pez en el agua en el nuevo
régimen. Muchos
espectros dejaron tras de sí—e impusieron sus enseñanzas buenas a generaciones enteras de
españolitos. Como para volverse "incrédulo" quien no lo fuese ya.
Aparte de otros testimonios parecidos a éste (con la salvedad de que
los demás reconocen a mi abuelo no sólo buena "eficacia" sino también
buen "celo profesional"), el expediente concluye con un sorprendente
"Pliego de Cargos"dirigido a mi
abuelo, es decir, a alguien que sabían perfectamente que
había sido asesinado, con fecha de 3
de marzo de 1937. En
él, dos chupatintas (Presidente y Secretario, de firmas ilegibles) le
requieren que remita su hoja de servicios, y que haga alegaciones en su
defensa, con respecto a las acusaciones que contra él se formulan.
Transcribo, sic:
Comisión
D) Depuradora del Magisterio Provincial de Huesca PLIEGO DE CARGOS Expediente núm. ....335.... Maestro nacional D. Angel García
Benedicto [la c de
Benedicto aparece tachada] Localidad ....Escuer....
En
expediente que se halla instruyendo esta Comisión en virtud del Decreto
núm. 66 del Gobierno de Estado Español (B. O. 11 de Noviembre),
aparecen contra V., por informes recibidos, los siguientes cargos:
1º. Pertenecer
al Frente Popular, figurando en el partido de Izquirda republicana. Ser
propagandisda del cirado Frente entre sus vecinos 2º. Ser socio
e inspirador del Centro de izquierda de Biescas, y organizador, también
del Frente Popular en dicha localidad, ejerciendo una gran influencia
entre sus consocios, a los que con mucha frecuencia arengaba en las
tertulias. 3º Ser ateo. 4º
Remita la hoja
de servicios legitimada, y reintegre el pliego de descargos y demas
documenos que acompañe.
Lo que comunico a V. para que en
el plazo improrrogable de diez (10) días, formalice por escrito los
descargos y aporte la documentación que crea conveniente a su defensa,
lo que entregará a la Presidencia de esta Comisión Depuradora o lo
enviará a la misma por correo certificado.
Dios guarde a V. muchos años.
Huesca a 3 de Marzo de 1937. Vº Bº
El SECRETARIO El presidente
(firma) (firma y sello de la
Comisión Depuradora del Magisterio de Huesca)
Sr. D. Angel
García Benedicto. —aestro Nacional de Escuelr
Es curioso que uno de los informes aludidos lleva el sello de la
República Española—los demás se lo saltan. Plausiblemente, la finalidad
de este papeleo en apariencia absurdo no era en absoluto realizar
ninguna investigación sobre lo sucedido, sino meramente dar los pasos
administrativos necesarios para retirar la pensión de viudedad a mi
abuela.
Pero ni en las peores pesadillas burocráticas de Kafka lo hubieran
hecho mejor. Sobre todo lo de Dios
Guarde a V. muchos años—o
la ele tachada en la última palabra, ele de escuela. Es un tachón que
me produce el mismo efecto que la la huella del dedo del maestro, en
esta otra historia de la guerra y del frente de Biescas.
El pueblo de Escuer parece que contenga la palabra "escuela". Y fue el
maestro de la escuela de Escuer, mi abuelo, quien organizó la
edificación del pueblo donde ahora está, bajándolo del monte (tras otra
pesadilla administrativa). Más exactamente, el traslado del pueblo se
hizo a instancias del cura de Escuer (no de este párroco de Biescas encargado de Escuer), y del
maestro. Trasladar un pueblo también deja huella, claro—el pueblo
entero, como huella de algunas
de las cosas que allí pasaron.
Algo más disonante que la de Leonard Cohen
& Sharon
Robinson. Pero ahí va. (Vaya, en este momento entran Álvaro y Beatriz
por la puerta, que vienen de Lausana).
Y me traen de regalo... ¡un micrófono! Que no
tenía más que el
incorporado, con su ruido de fondo. Primera grabación con el nuevo
micro; seguimos con "Undertow":