JoseAngel: Los niños se van a ver ALICIA EN
EL PAIS DE LAS MARAVILLAS, y nosotros MÁS ALLÁ DEL TIEMPO
24 abr 10, 18:38
JoseAngel: Y aparte bonitos. Un sitio
más que recomendable para un paseo.
24 abr 10, 15:59
Toni:
Sobre los eucaliptos del Souto da Retorta, el eucalipto más grande "O
Avó" (el abuelo) dicen que es el más grande España en volumen de madera
(67 metros alto,10,5 perímetro,75 volumen)
Toni:
Sobre la playa de Covas, esto supongo lo sabrías, los Castelos fue el
lugar donde se fueron a pique el Bergantín Palomo y la Fragata
Magdalena. Este año se cumple el 200 aniversario.
24 abr 10, 14:55
Toni:
Hola Jose Angel, he estado leyendo algo de tu viaje a Viveiro. Sobre
las tallas que viste en la playa de Portonovo, a mi me han comentado
desde pequeño que ese fue el refugio de un maqui.Un saludo
JoseAngel:
Por fin se les ha ocurrido a los de YouTube poner un sistema de
reproducción automática de vídeos relacionados, sin tener que hacerlo
uno manualmente.
22 abr 10, 22:54
JoseAngel: Nuevo disco de Françoise
Hardy, LA PLUIE SANS PARAPLUIE. Me lo regalo.
JoseAngel:
Recibido libro: OFICIALES Y CABALLEROS, novela de Evelyn Waugh sobre la
2ª Guerra Mundial, ed. Carlos Villar Flor (Cátedra, 2010). ¡Gracias!
Acabo de oír por la radio a Celestino Corbacho,
ministro de Trabajo, diciendo, tal cual: "No se va a crear empleo por
el hecho de que hagamos una reforma laboral." Es para releerlo, oigan.
"No se va a crear empleo por el hecho de que hagamos una reforma
laboral."
O sea, que este individuo desconoce el mecanismo básico de la oferta y
la demanda, y el efecto de las subidas o bajadas de precio sobre la
demanda de los productos. Las reglamentaciones que hacen subir el
precio y la calidad del empleo, y restringen las condiciones bajo las
cuales se puede contratar a alguien, evidentemente tienen un efecto
sobre el empleo creado. Puedes tener poco empleo muy bien pagado y
garantista, o mucho empleo peor pagado y con menos garantías. Pero esto
no lo sabe el ministro de trabajo, o (peor aún) hace como que no lo
sabe.
No es que se lo diga yo, no. Se lo dice la oposición, se lo dicen sus
socios parlamentarios (algunos), se lo dice la Comisión Europea (hasta
Almunia), se lo dice el Fondo Monetario Internacional, y hasta su
propio secretario de Estado se lo dice. Pero el ministro, como que la
cosa del trabajo y del paro no va con él.
¿En qué tómbola le ha tocado el puesto a este sujeto—a este ignorante?
En la tómbola Zapatero— ya se sabe: populismo, línea de partido, y
negación de la realidad, mientras el cuerpo aguante. Y leña al mono,
que es de goma.
Qué plaga de estupidez ha descendido sobe este país para que nos esté
gobernando gente de este calibre. Ya ha conseguido otra vez el PSOE su
veinte por ciento de parados, el logro de Felipe González, pero esta
vez con abundantes estrategias para perpetuarse en el poder. Como por
ejemplo subvencionar energías renovables ruinosas—o introducir la
traducción simultánea en el Senado, para que los nacionalistas puedan
hablar en idiomas que no entiendan los demás, y sigan así apoyando al
gobierno.
Y los sindicatos, a celebrar el primero de mayo exigiendo, claro, que
se mantengan los privilegios para los ya colocados. Incluidos ellos
(los primeros). Y mientras, la deuda creciendo, que ya pagará el último
que se quede. El país ha venido comprando boletos para darse un buen
batacazo—y ya se lo está dando, por capítulos.
"No se va a crear empleo por el hecho de que hagamos una reforma
laboral." Es para saborearlo. Todo un plan de incompetencia, y de
engaño.
Jueves 29 de abril de 2010 Causa General vs. el
abuelo En el buscador del Portal
de Archivos Españoles (PARES) se
puede acceder con una sencilla búsqueda a los archivos digitalizados de
la Causa General franquista, relativos a la localidad que se desee.
Introducir el nombre de la localidad en "búsqueda" y restringir si se
desea la fecha, por ej. a partir de "1936". Los enlaces indicados como
"Fiscalía del Tribunal Supremo" contienen los documentos disponibles
(pinchar en el icono de la cámara a la derecha, para ver las imágenes).
Me lo comunica un investigador sobre la guerra civil, Manuel Ballarín
Aured, que buscaba información sobre mi abuelo Severiano, uno de los
izquierdistas encausados en el municipio de Sigüés—y que salvó la vida
huyendo a Francia al principio de la guerra, perseguido por furibundas gentes de orden, de esas que
pacificaban el país a base de fusilamientos masivos. En Sigüés no murió
nadie con los rojos, pero
poco hubiera vivido mi abuelo de haberse quedado allí.
También he buscado por los archivos de Biescas, algo más abultados que
los de Sigüés. Pero hay poca cosa, menos de lo que se podría esperar
uno. Aquí hay un espécimen del expediente relativo a mi abuelo (el
resumen general, más o menos):
Intentaremos obtener más datos sobre las andanzas guerreras del
Abuelo... Según Manuel Ballarín, "su
nombre aparece en la constitución del
radio comunista (agrupación de células) del Batallón Alto Aragón en
diciembre de 1936, en el Pirineo aragonés." Parece ser que anduvo por la
zona de Biescas, seguramente con la 43ª División, y quizá acabó,
como otros de este batallón, en la Bolsa de Bielsa. Salió
de la guerra de España para aterrizar en Francia en la
Segunda Guerra Mundial, donde fue miembro de una
célula comunista de la Resistencia, combatiendo esta vez contra los
invasores nazis.
Lo que sí sé es que acabó harto de
guerras y de quienes las organizan. A España sólo volvió de
vacaciones (las únicas que tuvo en su vida, probablemente). Eso sí,
militante del PCF fue toda la vida. Defectillos los tiene todo el mundo.
Ya llevamos bastantes años de Gormitis, y no es la primera vez
que irrumpe HipnoRana la Mofadora en nuestras vidas. Oscar me
llama la atención sobre sus capacidades, y me pregunta que qué es ironía...
Desde luego los creadores de estas series de Pokemones y Digimones y
Gormitis y similares han dado con una veta en la imaginación infantil
que esperaba ser explotada, y ha resultado un auténtico filón. Como los
dinosaurios—que en tiempos teníamos que apañárnoslas sin videojuegos ni
figuritas de plástico ni
Parque Jurásico, dibujándolos como podíamos o admirando un solitario
diplodocus en alguna enciclopedia. O en King Kong. Y en cuanto a
monstruos y
mutantes... aún me acuerdo yo de los gigantones grotescos, animales
mezclados y superhéroes absurdos que me sacaba del magín siendo crío, y
buenas historias que me contaba a mí mismo, y que me inventaba para mis
hermanos y amigos, y hasta los dibujaba cuando se terciaba, como Oscar
ahora, que sus dibujos tienen lo suyo. Hipno-Rana in person nunca me llegó
a brotar del inconsciente, pero seguro que hubiera sido bienvenida. Sin
ironía lo digo.
A estas alturas del siglo XXI, resulta que en la Universidad de
Zaragoza no se pueden hacer grabaciones ni a profesores ni a alumnos ni
a nadie, ni con su consentimiento ni sin él... y todo lo que se haya
grabado hay que destruirlo. ¡País!
Nos pasan esta información por correo interno. Cito.
Ante
la consulta planteada desde un centro relativa a la realización de
grabaciones, tanto de alumnos como de terceros ajenos a la universidad,
para docencia e investigación, se ha solicitado un informe al Servicio
Jurídico cuyas conclusiones paso a resumirle para su conocimiento:
1. La grabación y tratamiento de imágenes de personas físicas
identificadas o identificables es un dato de carácter personal.
2. No puede procederse, en ningún caso y por ningún motivo, a la
grabación de imágenes personales ni a su tratamiento sin contar
previamente con un Fichero legalmente creado y notificado a la Agencia
Española de Protección de Datos.
Los ficheros de datos que existen actualmente en la UZ no contemplan la
posibilidad de captación de imágenes, por lo tanto, no se pueden
almacenar ni difundir grabaciones de personas (ni alumnos ni terceros
ajenos a la UZ y, menos aún, menores o discapacitados) hasta tanto
exista un fichero en cuya norma de creación se indique la finalidad
concreta que deberán tener esas grabaciones.
3. No puede procederse, en ningún caso y bajo ningún motivo, a la
grabación de imágenes personales ni a su tratamiento sin contar
previamente con el consentimiento expreso del afectado al que se le
debe proporcionar también toda la información legalmente establecida.
4. De haberse realizado alguna grabación de imágenes personales éstas
deberán destruirse de inmediato, siendo de quien las haya realizado, de
quien lo haya consentido y de quien las guarde, la exclusiva
responsabilidad, pudiendo, en su caso, ser objeto de sanción
disciplinaria previa incoación del correspondiente procedimiento.
En caso de que sea necesaria la realización de dichas grabaciones,
deberá solicitarse autorización por escrito a esta Gerencia, quien
determinará el procedimiento a seguir.
Un saludo,
P Antes de imprimir este mensaje, por favor, compruebe que es necesario.
El Medio Ambiente es cosa de todos.
-------------------------------------
Rosa Cisneros Larrodé
Gerente
Creo que están incluidas las fotografías entre el Material
Prohibido.
Si a estas alturas de la Revolución Mediática estamos así, será que
esta institución viaja hacia el pasado, o hacia su obsolescencia, a una
velocidad mayor de la que cabía suponer.
He encontrado este vídeo por el ordenador, al parecer es un
intento de Ivo de saltar a los medios con un programa matinal, y
encontrar su público el chavalillo.
(Ivo, extrañado al ver su vídeo... "¿De qué lo he sacado? ¿De la mañana
de Federico?")
Premisas básicas de esta película: Henry (Eric Bana) tiene un problema
genético que le hace viajar en el tiempo, sin control, a ciertos
momentos del pasado o del futuro; esto complica su relación con Clare
(Rachel McAdams) pero también le añade un picantillo. (—Por ejemplo,
Clare, harta de Henry tras unos años de matrimonio se echa de amante a
Henry joven, que así se pone los cuernos a sí mismo. Eso es adulterio
dentro de un orden y guardando las formas). Henry viaja en
pelotas, como un Terminator
sensible: lo malo es que tiene que
robar ropa lo primero de todo, allá donde llega. No puede cambiar lo
que pasa, ni saber todo lo que va a pasar: viaja selectivamente, sin
control pero controlado, sólo a aquellos puntos del pasado que no
estropean el guión. Para quien quiera una reseña centrada en los
absurdos del viaje en el tiempo, aquí
está la de Roger Ebert. Claro que como a quien no admita el género
de la comedia romántica con
paradojas temporal/dimensionales,
al que nos ha llevado la historia del cine, se le va a hacer bastante
durilla, le será mejor no verla. Les gustará en cambio a quienes les
guste Ghost (mismo guionista); o
más recientemente El
curioso caso de Benjamin Button. O aquélla de Robin
Williams, Más allá de los sueños; o
La casa del lago; Ójala fuera cierto, o Frequency. También les gustará a
quienes toleren la
comedia romántica en todas sus variantes. Y seguramente también a
los amantes de las paradojas temporales de todo tipo, que los habrá:
los gustosos de Regreso
al futuro, Deja vu, El día de la marmota, Kate&Leopold, Next,
Minority Report, Paycheck, A Sound of Thunder, The Terminator, Time
Cop, Star Trek (2009)... La madre de todas estas
películas en su versión dura está en La
máquina del tiempo, de H.G. Wells, pero recordemos que la
versión familiar aún es más clásica: el Villancico de Navidad de
Dickens, y si aceptamos la Divina
Comedia
como comedia romántica, allí están ya algunas paradojas y una visión de
las relaciones amorosas con Beatriz, desde más allá del tiempo.
En la reseña de Stephanie
Zacharek
se apunta a los aspectos desagradables de la película (en especial para
quienes les desagraden las comedias románticas). Aquí el viaje en el
tiempo lleva a una relación entre Henry adulto y Clare niña que combina
en dosis calculadas la pedofilia y el romanticismo lacrimógeno. "Qué
monada serías de pequeña", le decimos a nuestra pareja. La película es
muy consciente del terreno peligroso, y de ahí las alusiones veladas a
la escena de la niña en Frankenstein,
y a Lewis Carroll, en esta escena del prado.
Una reseña más sensible a la intención y logros de la película es la de
Mick
LaSalle:
The truth is, "The Time
Traveler's Wife," in its clumsy way, does something significant. It
takes, as its subjects, the sadness and grandeur of life and the
mystery of time, and it offers a full experience to those who find its
wavelength.
Time travel is a natural topic for movies. Take a moving picture camera
and point it at anything, absolutely anything. Then wait a year or two,
or 50 or 100. Eventually, those images will become heartbreaking to
somebody. It's the nature of the medium. In the same way, The Time Traveler's Wife makes us
aware of the ephemerality and preciousness of all things.
En las fotografías, en las películas, está contenida la muerte
del tiempo pasado y a la vez su supervivencia. En una escena de armonía
familiar salen filmando Henry y Clare a su hija Alba, con una cámara de
video ya ahora demasiado grande, de los años 90. La proliferación de
imágenes de vídeo casero de nosotros mismos (mías pocas por cierto),
sumadas a los ya tradicionales álbumes de fotografía, llevan a esta
superconsciencia del paso del tiempo como una historia personal que
queda registrada, y a la que podemos regresar en cierto modo. Esto
lleva a su vez a un deseo de explorar los sentimientos de incongruencia
así producidos, y las posibles paradojas que imaginamos.
Ya la narración es de por sí una máquina del tiempo—de viajar
en el tiempo, y de reorganizarlo
y recombinarlo
de maneras imprevisibles. Nuestra propia experiencia es narrativa, y
cada nuevo medio de comunicación, cada nueva tecnología, aporta consigo
sus propias posibilidades de narrativización, y su propia dinámica
temporal. Estas vienen a intensificar y complicar nuestra experiencia
del tiempo, pues lo experimentamos en sus formas complejas mediante la
representación y sus tecnologías. En el artículo sobre los blogs y la narratividad de la
experiencia desarrollé algo esta línea de razonamiento. En cuanto al cine, con su temporalidad alternativa, que
avanza tan inexorablemente como la flecha del tiempo del Universo, y la
imita y la duplica—el cine es quizá el mayor experimento de
representación temporal desarrollado hasta la fecha. Aunque supongo que
los videojuegos lo están alcanzando rápido... con otras posibilidades
de inmersión e interacción. Con el cine no interactuamos: progresan las
películas al margen de nuestra intervención, en un tiempo que a la vez
es y no es el de este mundo. Ya las primeras películas de los Lumière
proporcionaban esa inmersión en un espacio y un tiempo alternativos:
esas eran tan lineales como nuestra noción ingenua del tiempo real.
Pero pronto aprendió el cine a combinar distintas espacialidades y con
ellas distintos tiempos: en las películas de Griffith ya se aprecia esa
multiplicidad temporal, y con el desarrollo de los flashbacks el cine desarrolla su
potencial de manipulación temporal. En Ciudadano Kane,
las narraciones verbales se convierten en imágenes, y el supuesto
relato verbal de los narradores se vuelve por primera vez una
experiencia de viaje en el tiempo tan vívida como la experiencia de
primer nivel en la que se apoya. Claro que pronto mostró
Hitchcock (en Stage Fright)
que la narración verbal convertida en imágenes podía pertenecer a una
línea temporal ficticia, inventada por el personaje. Y en general el
cine ha ido explorando esta dimensión del status dudoso de cada una de
sus imágenes, asociándolas a recuerdos, a
ensoñaciones—subjetivizándolas, uniéndolas a un punto de vista poco
fiable. Eso lo hacía a su manera discreta el cine clásico de
Hollywood—pero lo intensifica el cine de autor típicamente europeo,
alrededor de los años 60. Y la naturaleza inestable de la realidad
cinematográfica se vuelve un estándar del cine comercial en ese tipo de
películas sobre realidad virtual, cada vez más frecuentes desde los
años 80, en las que la
realidad flojea. Ahora ya flojea hasta en la comedia romántica,
género inocuo por excelencia.
Existe cada vez más consciencia en Norteamérica del carácter narrativo
de la identidad personal: ver por ejemplo este artículo de "On
the Human" sobre la identidad narrativa. Es algo quizá muy
relacionado con la ideología del logro personal, y con la
ritualización extrema de la identidad pública en esta cultura. A esa
narrativización, y a esa ritualización, contribuyen mucho las
tecnologías de la representación. Pronto hasta los obituarios serán
cinematográficos, o multimedia, archivando la personalidad públicamente
presentable y haciéndola accesible en diversos momentos del tiempo.
Sobre esto había una película muy interesante de Omar Naim, The Final Cut (La memoria de los muertos).
Y mucho hay de funeral en esta película de Más allá del tiempo.
Gran parte de su intención parece ser acomodarnos a la pérdida, en
especial a la de padres y cónyuges, desconstruyendo la linealidad
ineluctable de la vida, para espacializarla, hacerla accesible y
rewindeable en diversos puntos. También los vídeos caseros, o las
fotografías del álbum, son viajeros en el tiempo que inciden de manera
sorpresiva y poco controlable, en nuestras emociones, y volvemos a ver
aquellas caras del pasado, unas veces más jóvenes, otras más viejas;
unas veces son mosmentos de antes de que naciésemos, otras, reaparecen precious friends hid in death's dateless
night, o
amores perdidos por el mundo y por el tiempo y a quienes nunca
volveremos a tener cerca. Con lo cerca que estuvieron, y si el
tiempo fuese un lugar al que ir, allí seguiríamos con ellos, siempre en
algún momento de nuestra historia, o allí podríamos ir a pasar un rato,
a hablar del presente, del pasado y del futuro.
En la película, hay mucho de preparación para la muerte. Empieza con la
escena de la muerte de la madre de Henry, un personaje rememorado (y
visitado) a lo largo de la película. Siguen las premoniciones y
visiones parciales de la muerte del mismo Henry. Aparece Alba niña
hablando con Alba mayor, también ésta una time traveler,
que le anuncia la muerte de su padre, y le enseña cosas al respecto que
sólo terminará de aprender cuando sea más mayor. La imagen de Henry
desapareciendo inopinadamente a cada momento y dejando sólo su ropa,
por una parte sirve para lucir el físico de Eric Bana, pero por otra
parte remite a lo que queda de los muertos, sus cosas—sus zapatos
especialmente, en la última escena donde los recoge Alba tras la última
(?) aparición y desaparición de Henry, años después de su muerte. En
recuerdo nos visitan, los fantasmas
de los difuntos, a veces cuando
menos lo esperamos. Nos ayuda a los humanos, prisioneros del tiempo
como cualquiera, el ensanchar un poquito los muros de la cárcel, y
concebir nuestra existencia como algo que trasciende al tiempo. Como
una película, que tiene una dimensión secuencial, temporal, pero
también una dimensión espacial—es tiempo almacenado, y podemos volver a
cualquir momento de ella. En películas como Más allá del tiempo
esta dimensión formal del cine se ha tematizado, y ha invadido el
argumento, organizando la experiencia de los personajes de modo
puramente cinematográfico. Y es que no sólo querríamos ser estrellas de
cine, que para eso se hicieron las estrellas, para vivir virtualmente
en ellas, sino que también querríamos que todo el tiempo que hemos
vivido estuviese almacenado y accesible en alguna parte—que nuestra
identidad no se perdiese con el paso del tiempo, sino que pudiese
permanecer, y volver y volver otra vez a los mismos sitios donde
vivimos y fuimos, a veces, felices.
Para
eso se hicieron las almas, y los rituales de recuerdos. Esta película
es uno más. ¿Viajeros en el tiempo? Todos lo hemos sido, lo
somos—viajando despacito—y lo seremos, más súbitamente, queramos o no.
Por eso han hecho esta
película, que es menos absurda de lo que parece.
The Time Traveler's
Wife. Dir.
Robert Schwentke. Screenplay by Bruce Joel Rubin, based on the novel by
Audrey Niffenegger. Cast: Eric Bana, Rachel McAdams, Michelle Nolden,
Alex Ferris, Arliss Howard, Brooklynn Proulx, Jane McLean, Roy
Livingston, Brian Bisson Maggie Castle, Fiona Reid, Philip Craig,
Stephen Tobolowsky, Hailey McCann, Tatum McCann. Music by Mychael
Danna. Photog. Florian Ballhaus. Ed. Thom Noble. Prod. des. Jon Hutman.
Art dir. Peter Grundy. Exec. prod. Richard Brener, Justis Greene,
Brad Pitt, Michele Weiss. Prod. Dede Gardner and Nick Weschler. USA:
New Line Cinema / Nick Wechsler / Plan B, 2009.
—opinan los niños.
El libro éste siempre ha sido desagradable y sólo apto para filósofos
analíticos. O para niños ingleses y victorianos (castigados, ignorados
y vestidos con ropas rígidas). Necesitaba timburnotizarse, sin duda,
para sacarle sus posibilidades siniestras, inquietantes
y grotescas. Alice in
Wonderland @ IMDb.
"With those battle scenes in place to please the boys, Burton
and company have taken special care to provide pictures of Alice as a
warrior princess in full Joan of Arc armor as a female empowerment icon
for the girls in the audience.
While that kind of thing is always in short supply, it would be nicer
if that image -- and the movie as a whole -- felt less like corporate
moves and more like situations that came from the heart."
Alice in Wonderland. Dir. Tim Burton. Screenplay by Linda
Woolverton, based on Lewis
Carroll's
Alice books. Cast: Mia Wasikowska, Johnny Depp, Helena Bonham Carter,
Anne Hathaway, Crispin Glover, Matt Lucas, Marton Csokas, Tim
Pigott-Smith, Frances de la Tour, Lindsay Duncan, Leo Bill, Jemma
Powell, John Hopkins, Eleanor Gecks, Eleanor Tomlison, voices of
Stephen Fry, Michael Sheen, Alan Rickman, Barbara Windsor, Paul
Whitehouse, Timothy Spall, Michael Gough, Imelda Staunton, Christopher
Lee. Music by Danny Elfman. Photog. Dariusz Wolski. Ed. Cris Lebenzon.
Prod. des. Robert Stromberg. Casting by Susie Figgis. Art dir. Tim
Browning, Todd Cherniawski, Stefan Dechant, Andrew L. Jones, Mike
Stassi, Christina Ann Wilson. Set decor. Karen O'Hara, Peter Young.
Costume design Colleen Atwood. Coprod. Katterli Frauenfelder, Linda
Wolverton. Assoc. prod. Derek Frey. Exec. prod. Chis Lebenzon, Peter M.
Tobyansen. Prod. Joe Roth, Jennifer Todd, Suzanne Todd, Richard D.
Zanuck. Walt Disney Pictures / Roth Films / Zanuck Company / Team Todd,
2010.
En el Repositorio
Institucional de la Universidad de Alicante, RUA,
acabo de descubrir unos pocos artículos míos (o en colaboración) que no
sabía que andaban ya por la red. Un artículo sobre Samuel Beckett, una
bibliografía de las obras del mismo (incluyendo UPTHEREPUBLIC!), y una
comunicación sobre lexicología computacional, en la que aparecía yo de
"artista invitado".
Aparte, en la rúa he estado tocando la guitarra al sol, y luego a la
sombra, que hacía muy buen día y muy buena tarde. Aún está la Plaza de
los Sitios llena de tenderetes de la fiesta de San Jorge. Los niños se
han ido con Rosa de cinecena; como les cuidó tanto de pequeños, les
encanta cuando reaparece por su vida, que ya va siendo pocas
veces. Y ahora nos vamos a ver Más
allá del tiempo, una romantic
comedy. Al Elíseos,
hablando de épica clásica.
Está bien, parece que el tema va a más, y va a haber que opinar
sobre esta cuestión que no sé por qué se pone de actualidad
precisamente ahora, como si el pañuelo en la cabeza o el velo lo
hubiesen inventado este año. Por mí a las musulmanas que las dejen ir
con pañuelo por donde
quieran, pobrecillas, hasta a bañarse en la piscina... que a mí me
obligan a ponerme gorro de baño, aunque soy calvo, y bien que me
revienta esa normativa.
Por la calle, me parecería inadmisible, y un abuso sólo propio de
abusones, o mejor de fanáticos, que se les recriminase o no se les
dejase circular con su pañuelo. En los edificios privados y
públicos creo que la cosa cambia un tanto. Admito que tienen que
seguir, como todo Cristo, la
normativa interna de las instituciones relativas a vestimenta. Tanto si
a esas normativas les da por hacer reglas distintas para musulmanes y
para cristianos, como si no. Y si no les gusta, que se vayan a otra
institución, que hay para elegir.
Ahora bien, resulta que cuando
las instituciones de las que hablamos son instituciones públicas, me parece mal
que hagan normativas cada cual a su aire y de su padre y de su
madre. Aquí debe seguirse un criterio atento a la
tolerancia con la
diversidad que es admisible en espacios públicos. La tolerancia,
creo, es requerible. Porque
si a una junta
de colegio le da por prohibir la manga corta, o la falda, pues
prohibida queda, pero ¿por qué habrían de estar los ciudadanos,
copropietarios de esa institución, sometidos al gusto arbitrario de
unos gestores en concreto? Esos gestores habrían de atenerse, por
cortesía cuando no por ley, a lo que es
admisible según las leyes y costumbres del país. Y deberían hacer uso
de cierta
tolerancia para prácticas que aunque no sean generales sí sean comunes
en grupos minoritarios, y sean admitidas sin problemas en la
convivencia normal fuera de ese local donde ellos rigen y reinan. Que es de todos, como la calle.
No entra en las costumbres mayoritarias del país llevar pañuelo en la
cabeza, OK. Pero ¿por qué habría que acogotar a quien quiera llevarlo?
Porque tú haces una lectura que te parece ofensiva para el género
femenino, etc etc... Pero oye, que a tí no te ponen el pañuelo. Déjale
a quien lo lleva que haga su lectura
del asunto, que seguro que no es como la tuya. Si no pañuelos, sí
pañoletas, mantillas, sombreros, gorros y boinas se llevan o han
llevado con normalidad sin que nadie (menos Esquilache) intentase venir
a arrancárselos al personal. Estaba la ley no escrita de que los
hombres se descubriesen bajo techado, pero nunca he sido yo partidario
(más bien al revés) de convertirla en ley escrita, y de irle a tocar
las narices a la gente diciéndoles que se tienen que quitar el sombrero
por mis gustos particulares. Yo por cierto voy con gorra a donde me da
la gana, a veces hasta a dar clase, y cuando alguien me ha dicho que me
la quitase le he dicho educadamente que se metiese en sus asuntos.
Evito llevarla en las iglesias, que no son públicas, y donde sé que
molesta tradicionalmente, pero también evito las iglesias en lo
posible. (Por cierto que no hace tanto que las mujeres tenían que ir
con mantilla a la iglesia, y supongo que hace un poquito más también
fuera de la iglesia. De tener que
a no poder va un trecho).
Más inhabitual es taparse parte de la cara en público, aunque hay
precedentes, claro, más desaconsejables, esos embozados y chulapones de
tiempos de Esquilache. Entramos en terreno dudoso. Yo aquí soy
partidario de respetarle a la gente el derecho a ir semitapada, si
quiere, pero también el derecho de los demás a manifestarles su
extrañeza o a pedirles que dejen ver la cara, sobre todo si ésto tiene
consecuencias administrativas. Y especialmente en los edificios
públicos. Por la calle, que cada cual vaya como le dé la gana, opino
yo, mientras cumpla la normativa municipal contra escándalos públicos.
Que es bastante laxa, que yo sepa: aquí en Zaragoza al menos se puede
ir en pelotas sin que nadie arreste a nadie; yo particularmente
prefiero ver a un tipo con chilaba integral que en pelotas. Y la
mayoría de las mujeres también ganan bastante tapándose un poco.
En cuanto a lo de ir con burka a los sitios, ahí sí que me parece bien
que las normativas sean más estrictas. En sitios privados, por
supuesto, "reservado el derecho de admisión y de vestimenta": ni gente
con calcetines blancos ni con burka. En edificios públicos, sí me
parece una prenda detestable e intolerable, y soy partidario de que
quien la quiera llevar, que la lleve en su casa, y por la calle. Eso
sí, con recomendaciones a los policías de que investiguen
constantemente si quien va así tapada (con el burka o con una máscara
del Joker, me da igual) es alguno de los criminales más Wanted de los
carteles. Les enviaría a los asistentes sociales a asegurarse de que
realmente quieren las pobres cabezas vestir así, y a educarlas si se
dejan. Pero sí que les dejaría vestir así si realmente quieren.
Mal camino, el de suponer que las mujeres (hasta
las musulmanas) han de ser orientadas y guiadas incluso contra su
propia opinión. O el de suponer que no tienen, ni pueden expresar, su
propia opinión. Si alguien ha de ser libre, deberá liberarse a sí
mismo, ineludiblemente—se puede ayudar a crear el ambiente propicio
para ello, pero las liberaciones demasiado entusiastas desde fuera,
contra la propia opinión del liberado, suelen provocar la reacción de vivan las caenas.
En fin, así entiendo la combinación de tolerancia e imposición que
inevitablemente todos trazamos en un punto u otro. Aborrezco las
religiones cuando pasan a regular el espacio público. Y un poquito más
al Islam, que es muy militante en estas cuestiones allá donde domina, e
incluso donde no domina. Pero me parece
mal suprimir la tolerancia y restringir derechos por algo que en última
instancia es una opinión mía—y me parece alarmante ver con qué
velocidad se lanza la gente a prohibir cosas cuando parece que es un
grupo minoritario y extranjero el directamente afectado. Con muy buenos
argumentos feministas, eso sí—pero la prisa que se ve por imponer, por
prohibir, y por dictar ideas y comportamientos, combina mal con tantas
proclamas de ilustración y tantas ganas de liberar las cabezas.
(PS: Un par de columnas periodísticas al respecto. La primera, bastante
razonable e informada, de Guillermo
Fatás en el Heraldo,
conciliando el interés general y la lucha contra el machismo, en
difícil equilibrio con el respeto a los derechos y gustos individuales.
En
cambio en ésta de Antonio
Domínguez El Periódico de Aragón
se introduce un simplismo y una falacia frecuente en estas discusiones:
se equipara la supresión de símbolos religiosos en edificios públicos a
la prohibición de que los individuos
los lleven—como
si una cosa fuese igual de razonable que otra, o como si la apariencia
del individuo también fuese propiedad del Estado. Mal camino ése.)
Veo que me colocan este
enlace en la sección de Religión y Espiritualidad de UFOSeek.
Yo mi bibliografía la tengo mejor considerada como bibliografía de
crítica, teoría literaria, y filología, pero como trata muchos temas, a
veces me la enlazan desde sitios variopintos. Teológicos. Judaicos.
Afroamericanos. Desconstructivistas.
Sobre el Rasselas de Samuel Johnson
En
1988 o 1989, cuando estaba estudiando en aquella universidad
norteamericana de la Ivy League, no me recuerden cuál, escribí dos
artículos sobre The History of Rasselas, Prince of Abyssinia, novela
filosófica de Samuel Johnson. Por extraño que pueda parecer, aunque
escribí dos artículos sobre Rasselas, no son el mismo. Los dos están en
inglés: no creo que pueda reunir ánimos para traducirlos un día, pero
si lo hago aquí pondré los enlaces también.
El otro artículo se titulaba "'The Enthusiastick Fit': The Function and
Fate of
the Poet in Samuel Johnson's Rasselas"
apareció en Cuadernos de
Investigación Filológica
17.1 (1991): 103-26. Y de ahí pasó a la red hace años:
La Administración, la Justicia, y la Administración de
Justicia, manga por hombro. Aquí se comentan ciertas
interferencias y caos causados por el desgobierno y el inflamiento de
las autonomías:
Por alguna razón, bajo las antiguas leyes y estatutos
universitarios no me tocó jamás estar en un tribunal de oposiciones
("concursos" los llaman). Aunque había bombo para sortearnos, no se
sabe si real o mítico, resulta que mi bolita debía ser muy gordita, y
no pasaba nunca por el tubo. Con el cambio de leyes a la LOU y a la
LOMLOU y demás, y la autonomía total ya de las universidades y su
rarefacción absoluta, ya pensaba yo que no me iba a tocar en toda mi
carrera, lo de estar en una oposición. (Y poca pena que tenía– hay
quienes se crecen en un tribunal, sobre todo presidiéndolo, pero yo
prefiero buscar mis expansiones egóticas por otro lado).
Pero resulta que no: sigue
existiendo el Bombo de las Oposiciones... Hay
universidades que, aun con sus nuevos estatutos y las ricas
posibilidades que abren a la endogamia, han establecido procedimientos
de designación de tribunales menos endogámicos que los de la la
nuestra. En la nuestra, se propone a los miembros del tribunal,
normalmente por afinidades y buena sintonía con el Departamento y con
las fuerzas vivas que apadrinan o promueven la plaza, y al
emplazado. Pero parece que en algunas universidades, y la de
Santiago de Compostela está entre ellas, aún recurren al sorteo
impersonal entre todos los profesores del área de conocimiento, para
formar el tribunal. Al menos lo hacen para nombrar algún miembro.
(Imagínense, recurrir al área de conocimiento–ese concepto desfasado
y desacreditado. Si es que dicen que en Galicia se lleva lo
tradicional...).
Así que, con ganas o sin ganas, a Galicia que me voy en un par de
semanas. Me acercaría a ver mis propiedades allí, de paso, pero lo
cierto es que hasta ahora Hacienda no me ha descubierto ninguna, ni yo
tampoco.
Por cierto, un chiste oposicional
que he oído hoy, sobre el honrado presidente del Congreso, Bono, y sus
crecientes fortunas y fincas:
—¿En qué se parece Bono al aloe vera? —¿?
Me lo diga.
—Pues en que cuanto más le investigan, más propiedades le descubren.
Iré en tren. El avión he
decidido ignorarlo. Hale, a Galicia otra vez, que la veo poco. Igual me
quedo allí, en una de éstas. Pero no será opositando... Lo que es
a una oposición me parece que no me vuelvo a presentar yo: si le tengo
repelús al asiento del tribunal, al del opositor ya va convirtiéndose
en fobia. Así que no accederé al Cuerpo de Catedráticos, snif. Me
conformaré con estar en
la oposición.
O: lo familiar, y su doble... He estado releyéndome "Das
Unheimlich", de
Sigmund Freud; no quiero llamarlo "the uncanny" aunque lo leo en
inglés—en la Norton Anthology of
Theory and Criticism— porque
nunca me ha gustado esa traducción... Me gusta más la española de "lo
inquietante". Lo inquietante es para Freud una experiencia que mezcla
de modo extraño y paradójico experiencias familiares (infantiles con
frecuencia) con una sensación
de extrañeza y miedo, de modo que lo familiar queda desfamiliarizado...
Lo
analiza buscando sus raíces psíquicas en distintos estratos de la
constitución del sujeto, desde la fase del narcisismo (que puede
generar proyecciones inquietantes como la del "doble") hasta otras
posteriores y anteriores. Si bien la experiencia del doble está
"sobredeterminada" podríamos decir, pues convergen en ella otras causas
psíquicas más tardías, como el hecho mismo de la autobservación
reflexiva y autoobjetivación, que se manifiesta también en fenómenos
como la conciencia moral.
Aún otros materiales pueden entrar en la constitución del doble, y aquí
muestra Freud cómo llevamos a cuestas otros dobles fantasmales que
pueden volver nuestras experiencias irreales e inquietantes:
"No
es sólo este material posterior (...) el que puede incorporarse a la
idea de un doble. Están también todos los futuros no realizados pero
posibles a los que aún nos gusta aferrarnos en la fantasía, todos los
empeños del ego que han sido aplastados por circunstancias externas
adversas, y todos nuestros actos de volición suprimidos que alimentan
en nosotros la ilusión de un Libre Albedrío". (941)
En el doble está la noción de una repetición inquietante. Esta también
se da en otros casos analizados por Freud, como los de coincidencias
extrañas, series de números que se repiten, el mal de ojo y signos
ominosos... Los remite Freud, cómo no, a una extrapolación de maniobras
mentales infantiles tempranas: para los pequeños la repetición
compulsiva es un factor importante, y tienen además una concepción
animista del universo. Aquí el concepto de lo inquietante de Freud
recuerda a lo que comenté en otra ocasión en referencia a Vladimir
Nabokov y a
William Gibson: la apofenia o "manía referencial", una enfermedad
de la
hermenéutica que lleva a encontrar sentidos ocultos o mensajes alusivos
a nuestro destino en todas las cosas. Especialmente dependiendo de
nuestro estado de ánimo: para el obseso, para el enamorado, para el
paranoico o perseguido, para el angustiado, el mundo está lleno de
mensajes que le conciernen, signos y símbolos que expresan
elocuentemente su estado de ánimo.
"Estos
últimos ejemplos de lo inquietante deben relacionarse con el principio
que he llamado 'omnipotencia de los pensamientos', tomando el nombre de
una expresión usada por uno de mis pacientes. Y ahora nos encontramos
en terreno conocido. Nuestro análisis de casos de lo inquietante nos ha
llevado de nuevo a la antigua concepción animista del universo. Ésta se
caracterizaba por la idea de que el mundo estaba poblado por los
espíritus de seres humanos; por la sobrevaloración narcisista de los
procesos mentales del propio sujeto; por la creencia en la omnipotencia
de los pensamientos y en las técnicas de magia basadas en esa creencia;
por la atribución de poderes mágicos cuidadosamente graduados (o
'mana') a diversas personas u
objetos externos; además de por todas
esas otras creaciones con las que el hombre, en el narcisismo sin
límites de esa fase de su desarrollo, se esforzaba por vencer las
prohibiciones manifiestas de la realidad. Parece que cada uno de
nosotros ha pasado por una fase de desarrollo individual que
corresponde a la fase animista en los hombres primitivos, y que ninguno
de nosotros ha pasado por ella sin conservar ciertos residuos y huellas
de la misma que todavía pueden manifestarse, y que todo lo que ahora
nos parece 'inquietante' cumple con la condición de afectar a esos
residuos de actividad mental animista que se hallan en nostros, y de
darles expresión" (944)
Freud alude a la dualidad vida/muerte como algo que tiende a producir
estos efectos de lo inquietante (en especial cuando la distinción entre
lo animado y lo inanimado no está clara, como también sucede de otra
manera en el caso de los autómatas). Otros casos de lo inquietante los
relaciona con fantasías psíquicas de castración (en el caso de los
desmembramientos), o con asociaciones mentales a los retornos
intrauterinos—a veces de una manera un tanto reductiva, como si no
fuesen fenómenos sobredeterminados... Me interesa más otro caso,
relacionado también con la ambigüedad de status, o la transgresión de
límites—una dificultad cognitiva para situar un fenómeno como mental o
real:
"a
menudo se produce el efecto de lo inquietante, de modo muy fácil,
cuando se borra la distinción entre la imaginación y la realidad, como
sucede cuando algo que tomábamos por imaginario se nos aparece en la
realidad, o cuando un símbolo asume todas las funciones de la cosa que
simbolizaba, y demás. Es este factor el que contribuye en no poca
medida al efecto inquietante que va unido a las prácticas mágicas. (946)
En general, asocia Freud lo inquietante a algo familiar que ha sufrido
un proceso de represión. Quizá una experiencia básica reprimida (aunque
no en un sentido muy freudiano, sino más bien cognitivista) es la que
nos lleva a tomar el signo por la cosa. Luego aprendemos
a distinguir,
al menos a veces, entre las cosas y sus signos. El propio Freud
distingue entre dos tipos de sensación inquietante, la que nos lleva a
experiencias reprimidas de la infancia (el caso más freudiano) y la que
revive modos animistas de pensamiento superados en nuestra
civilización. En este caso, el retorno del signo que es la cosa misma,
o la experiencia de la cosa inherentemente significante, signo natural
de sí misma, nos devuelve a una experiencia primigenia y casi olvidada.
Habrá quienes no crean en la llamada mitología
freudiana, de
Edipos y envidias de pene y demás, y puedan pensar que esta idea de la
mente inconsciente "primitiva" frente a la mente consciente "moderna"
también está trasnochada o distorsionada... Pero despacio: habría que
tener en cuenta los hallazgos de Roger Sperry
(neurocirujano premio Nobel) que inauguró la "nueva frenología" podemos
decir, al mostrar la especialización y diferenciación funcional de las
áreas cerebrales. Su discípulo Michael Gazzaniga (ver Human: The Science Behind What Makes Us
Unique, HarperCollins,
2008) presenta "una extensa descripción del conflicto entre la mente
emocional inconsciente, y la mente consciente, de desarrollo tardío,
analítica, y considerada racional" (cito la reseña de Harold Fromm,
"Two Brains Better than One", en la Evolutionary Review).
En la literatura, arguye Freud, regresamos en parte a este mundo
regido por el deseo y la fantasía, en el que el paisaje puede
legítimamente ser una proyección de las fantasías del autor, o del
protagonista, y las coincidencias, repeticiones y simbolismos
significativos rigen el sentido del mundo narrado. Distingue pues
Freud, por tanto, entre estos dos tipos de manifestación de lo
Inquietante: en literatura, y en la realidad. Claro que la situación es
más compleja, observa, pues distintos géneros y estilos literarios
están sometidos en distinto grado a esta "mentalidad primitiva",
animista o mítica. Así,
los relatos populares y fantásticos están en un extremo, y la ficción
realista en otro. (Quizá habría que incluir, todavía más allá, la
metaficción que critica las modalidades de representación y juega con
ellas). Si bien muchas veces la literatura seria nos vende
aparentemente realidad, y
burla a las fantasías de géneros más simples, cuando en realidad vuelve
ella misma a utilizar subrepticiamente dosis subidas de simbolismo y de
pensamiento mítico.
También son interesantes las observaciones de Freud al final del
ensayo, sobre el uso del punto de vista, y de la distribución de la
información, para crear sensaciones inquietantes. En general,
situaciones parecidas potencialmente inquietantes (por ej.,
desmembramientos) son transmitidas al lector si se le presentan desde
el punto de vista de un personaje que experimenta esa sensación, pero
no si su perspectiva se contempla (irónicamente) desde la visión
superior o la información privilegiada del autor. La literatura tiene
pues la capacidad de orientar nuestra reacción, haciendo que un mismo
fenómeno aparezca como inquietante o no, según cómo se representa o
focaliza. No es de subestimar su capacidad de recrear experiencias y
asociaciones inquietantes, y de hacérnoslas revivir en ese medio
virtual.
Lo que siente uno es que Freud no escribiese sobre el cine, pues
algunas de sus observaciones en La
interpretación de los sueños
sobre las limitaciones de las artes plásticas y visuales para organizar
y narrativizar el sentido se verían revisadas: el cine, con su punto de
vista orientado, aún está más cercano a la experiencia virtual guiada
en un mundo de sentido construido—es un sueño despierto, o un sueño
lógico, podríamos decir, y a la vez sigue siendo obediente a esa otra
lógica literaria o lógica inquietante de lo reprimido y del pensamiento
mítico.
O en prospectiva, porque se trata de un texto profético. Por
casualidad releía Hyper-Text-Theory,
de George Landow y otros, un libro escrito hace dieciséis años cuando
la Web estaba arrancando, no había Google ni Firefox ni Explorer, ni
YouTube ni Yahoo. Lo
reseñé poco después mientras empezaba a montar mi sitio web. Hace
poco lo volvía a comentar a cuenta de lo
mucho que han cambiado el hipertexto y la red en estos últimos veinte
años de su existencia. Y ahora me llamaba la atención este párrafo
tan presciente:
La respuesta a esta pregunta
fundamental, "¿qué hará el crítico y teorizador de la literatura con el
hipertexto?", está íntimamente relacionada con otra pregunta, "¿Cómo
hará el crítico lo que vaya a hacer, sea lo que sea?" Naturalmente, si
el hipertexto marca realmente un cambio importante de paradigma, uno
puede esperar que la mayor parte de los académicos, críticos y
teorizadores de la literatura impresa no harán nada en absoluto al
respecto. Apartarán la vista, negarán, cuando se les apremie, que la
ficción o la poesía hipertextual sean ficción o poesía de verdad, y en
general expresarán gran afecto hacia el libro impreso—ocasionalmente
hasta contrastando la experiencia de enfrentarse a los efectos
supuestamente desnaturalizados y desnaturalizantes del texto en
ordenador, con la de acariciar una novela victoriana encuadernada en
lujoso cuero (....) Sin embargo, he de preguntar otra
vez, ¿qué debería hacer un crítico? La respuesta, al fin, ha de ser,
escribir en hipertexto mismo. (...) Los primeros intentos de escribir
crítica y teoría en un entorno hipertextual sugieren que
inevitablemente comparten la característica multivocalidad de este
medio, su final abierto, su organización multilineal, su mayor
inclusión de información no textual, y la manera en que reconfigura de
modo fundamental el concepto de autoría, incluyendo las ideas de
propiedad intelectual y de relaciones de status en el texto. (...) Lo
que llamo de modo tentativo el género de crítica y teoría en hipertexto
sufre el cambio de naturaleza que uno se encuentra al tratar con las
concepciones de la textualidad, autoría y argumento basadas en el texto
impreso; y esta reconceptualizacióin fundamental deriva del mismo
factor: el enlace, en especial en un entorno de red. (...). Antes
comenté la manera en que el uso de enlaces anima al autor y al lector a
violar las fronteras de las disciplinas. No mencioné que tambien les
anima a violar las fronteras estilísticas y genéricas. (Landow,
"What's a Critic to Do? Critical Theory in the Age of Hypertext").
Profético ha resultado el texto para mí al menos, si mirando atrás veo
cómo ha cambiado mi manera de escribir (para mal, dirían algunos) en
los últimos años, y más específicamente desde que arrancó la Web 2.0
con los blogs. También es profético el texto en lo que se refiere a la
reacción del mundo académico.
Muchos de los escritos pseudo-académicos que hago aún tienen grandes
herencias de la forma impresa, en especial los que redacto para el
formato PDF. El PDF es una especie de texto impreso pasado a
electrónico, y no es extraño que los universitarios y académicos lo
hayan adoptado como su formato favorito cuando se ven obligados (por
ley, por ejemplo) a difundir sus textos por internet. Ahora bien,
donde Internet está en su salsa es en las formas donde hay mayor interacción
de oralidad y escritura:
en los blogs, en las redes sociales, en el e-mail. Se observará que en
los PDFs el enlace está normalmente sólo para permitir acceder al PDF
en sí, y quizá en alguna referencia bibliográfica. Las redes sociales
quizá sean demasiado refractarias (todavía) a la actividad del
pensamiento académico. Pero en los blogs sí puede observarse la
transformación de la manera de pensar y escribir a que aludía
Landow. En especial cuando están podridos
de enlaces.
Claro que ni el propio Landow sabía a qué se refería cuando nos animaba
o se animaba a sí mismo a escribir "en hipertexto". Los blogs estaban
en el futuro, y quizá todavía lo estén.
Recupero para webearlo este artículo que escribí hace diez años,
sobre el tema de la distorsión retrospectiva o hindsight bias:
"Catastrofismo y retrospección: Hermenéutica narrativa en la biología y
en la historia." Comento en él un paralelismo observable entre algunas
teorías de la evolución biológica por una parte y de la hermenéutica
textual por otra. Centro el análisis sobre dos obras: Wonderful Life, de Stephen
Jay Gould, y Foregone Conclusions,
de Michael André Bernstein. En ambas se observa una alta consciencia de
la naturaleza inevitablemente narrativa de la historia, así como una
llamada de aviso ante la interpretación direccional de la historia, en
la que ven una ilusión perspectivística que resulta de esta
narratividad. La versión española ya
estaba aquí en html; ahora la subo a mi colección de repositorios
digitales: PDF en SSRN
y en Zaguán; iPaper
en Academia y en
ResearchGate (también PDF en ambos).
La versión inglesa apareció en Beyond
Borders: Redefining Generic and Ontological Boundaries. Ed.
Ramón Plo-Alastrue and María Jesús Martínez-Alfaro. (Anglistische
Forschungen, 303). Heidelberg: Winter, 2002. 105-119. (Por cierto,
entiendo que los propios editores del volumen éste votaron hace poco,
junto con casi todos mis colegas, que esta publicación mía, y suya, también vale cero
puntos en un baremo. Un caso curioso de distorsión retrospectiva.
En fin...)
"Catastrophism
and Hindsight: Narrative Hermeneutics in Biology and in Historiography"
This paper examines some
analogies between some contemporary views on the evolution of life on
one hand and present-day textual hermeneutics on the other. For the
purpose of my analysis, these disciplines will be represented by two
works: Wonderful
Life, by Stephen Jay
Gould, and Foregone
Conclusions, by
Michael André Bernstein. Both evince an intense awareness of the
inescapably narrative nature of historical studies, and both warn
against teleological interpretations of history. Such directionality is
denounced as the product of hindsight, a perspectival illusion
resulting from the narrative nature of history.
Una obra memorable, el Discurso
de la servidumbre voluntaria, o Contra el Uno,
escrito por Étienne de La Boétie hacia 1546. Lo escribió a los
dieciocho años, al comenzar sus estudios universitarios, aunque es una
lección que algunos nunca aprenderán, ni después de terminar la
carrera. Es un discurso contra la tiranía política, pero también contra
la monarquía absoluta, contra el pesebrismo político, contra los
intereses creados y contra las dinámicas feudales y caciquiles. Y más
generalmente contra el borreguismo y el esclavizamiento voluntario de
uno mismo—esa renuncia voluntaria al criterio, a la independencia de
juicio, a la decencia y a la dignidad de ser independientes, en lugar
de corvas almas.
—"Ah, pero esto son cosas que sólo
pasaban en el siglo dieciséis..."
Traduzco algunos fragmentos siempre aplicables.
•
No quiero debatir aquí la cuestión
tantas veces agitada, a saber, "si otras clases de repúblicas son
mejores que la monarquía". Si tuviese que debatirla, antes de buscar
qué rango debe ocupar la monarquía entre los diversos modos de gobernar
la cosa pública, preguntaría si acaso es que hay que concederle alguno,
pues es difícil de creer que haya nada de público en ese gobierno en el
que todo es de uno solo. Pero reservemos para otro momento esta
cuestión que bien merecería un tratado aparte, y que provocaría todo
tipo de disputas políticas.
•
Por el momento desearía tan sólo
comprender cómo puede ser que tantos hombres, tantos pueblos, tantas
ciudades, tantas naciones soporten a veces a un tirano solo que no
tiene otro poder que el que ellos le dan, y que no tiene poder para
dañarles sino en tanto quieran aguantarlo, y que no podría hacerles
ningún mal si no prefirieran sufrir todo a sus manos antes que
contradecirle. Cosa verdaderamente pasmosa—y sin embargo tan común que
hay que gemir por ella antes que quedarse boquiabiertos—ésta de ver un
millón de hombres tan miserablemente reducidos a servidumbre, con la
cabeza bajo el yugo, no porque se vean obligados a ello por fuerza
mayor, sino porque están fascinados y por así decirlo hechizados con el
mero nombre de uno, a quien no deberían temer, puesto que está solo, ni
amar, puesto que es con todos ellos inhumano y cruel. Tal es sin
embargo la debilidad de los hombres: forzados a la obediencia,
obligados a contemporizar, no pueden ser siempre los más fuertes.
•
Dos hombres, e incluso diez,
podrían bien temer a uno; pero que mil, un millón, mil ciudades no se
defiendan contra un solo hombre, eso no es cobardía: no llega ésta
hasta allí, igual que la valentía no exige que un solo hombre escale
una fortaleza, ataque a un ejército, conquiste un reino. ¿Qué vicio
monstruoso será pues éste, que no merece ni siquiera el título de
cobardía, que no encuentra un nombre lo bastante feo, repudiado por la
naturaleza y al que la lengua se niega a nombrar?
•
Es el pueblo quien se reduce a la
servidumbre y quien se corta a sí mismo el cuello; quien, pudiendo
elegir entre estar sometido o ser libre, rechaza la libertad y toma el
yugo; el que da su consentimiento a su mal, o más bien lo busca... Si
le costase algo recobrar su libertad, no le apremiaría yo a ello;
aunque lo que más habría de desear sería recuperar sus derechos
naturales y, por así decirlo, convertirse de bestia en hombre otra vez.
Pero ni siquiera espero de él un atrevimiento tan grande; admito que
prefiera no sé qué seguridad de vivir miserablemente antes que una
esperanza dudosa de vivir tal como él lo entendería. ¡Pero, qué! Si
para tener la libertad basta con desearla, si no se precisa sino un
simple querer, habrá acaso alguna nación en el mundo que crea pagarla
demasiado cara cuando la adquiere con un simple deseo?
•
Resolveos a no servir más, y ya
sois libres. [Al tirano] no os pido que lo empujéis, que lo derribéis,
sino sólo que no lo apoyéis más, y lo veréis, como un gran coloso al
que le han roto la base, desmoronarse bajo su propio peso y hacerse
pedazos.
•
Es verdaderamente lamentable
descubrir todo lo que hacían los tiranos de tiempos pasados para fundar
su tiranía, ver qué medios tan pequeños utilizaban, encontrando siempre
al populacho tan bien dispuesto hacia ellos que no tenían más que
tender una red para cogerlo; nunca han tenido más facilidad para
engañarle ni lo han sometido mejor, que cuando más se burlaban de él.
•
Llego ahora a un punto que es,
creo, el resorte y secreto de la dominación, el sostén y fundamento de
toda tiranía. Quien pensara que las alabardas, los guardias y los
vigías garantizan a los tiranos, se equivocaría mucho. Los utilizan,
creo, por cuestiones de forma y a modo de espantapájaros, más que
porque se fíen de ellos. Los arqueros cierran la entrada del palacio a
los torpes que no tienen ningún modo de hacer daño, no a los audaces
bien armados. Fácilmente se ve que, entre los emperadores romanos, son
menos los que escaparon al peligro gracias al socorro de sus arqueros
que los que resultaron muertos por esos mismos arqueros. No son las
bandas de gentes a caballo, las compañías de infantería, no son las
armas las que defienden a un tirano, sino siempre (al principio costará
creerlo, aunque sea la verdad exacta) cuatro o cinco hombres que lo
apoyan y que le someten todo el país. Siempre ha sido así: a cinco o
seis les presta oído el tirano y se han acercado de por sí, o bien han
sido llamados por él para ser cómplices de su crueldad, compañeros de
sus placeres, celestinas de sus vicios, y beneficiarios de sus rapiñas.
Estos seis entrenan tan bien a su jefe que se vuelve malvado para la
sociedad, no sólo con su propia maldad, sino también con la de ellos.
Estos seis tienen bajo ellos seiscientos, a quienes corrompen tanto
como han corrompido al tirano. Estos seiscientos tienen dependientes de
ellos a seis mil, a quienes elevan en dignidad.
•
Grande es la serie de quienes los
siguen. Y quien quiera tirar del hilo verá que no seis mil sino cien
mil y millones están aferrados al tirano por esta cadena ininterrumpida
que los suelda y los ata a sí, como Homero le hace decir a Júpiter que
se jacta, diciendo que tirando de una cadena así traería hasta él a
todos los dioses. De ahí venía el aumento del poder del Senado bajo
Julio César, el establecimiento de nuevas funciones, la institución de
nuevos cargos—no ciertamente para reoganizar la justicia, sino para dar
nuevos apoyos a la tiranía. En suma, por los beneficios y favores que
dispensan los tiranos, llegamos al punto de que resultan ser casi tan
numerosos los que sacan provecho de la tiranía, como aquéllos que
gustarían de la libertad.
•
Según dicen los médicos, aunque no
parezca haber ningún cambio en nuestro cuerpo, en cuanto un tumor se
manifiesta en un único sitio, todos los humores se dirigen a esa parte
infectada. Del mismo modos, en cuanto un rey manifiesta ser un tirano,
todo lo malo, todas las heces del reino, no digo ya un montón de
pícaros y pillastres que no pueden hacer ni mal ni bien en un país,
sino antes bien quienes están poseídos de una ambición ardiente y una
avidez notable, se agrupan en torno suyo, y lo apoyan para tener parte
en el botín y para ser, bajo el gran tirano, otros tantos tiranuelos
pequeños.
•
Así es como el tirano somete a los
súbditos, sujetos unos a la servidumbre por otros.
•
¿Es esto vivir felices? ¿Es
siquiera vivir? ¿Hay algo en el mundo más insoportable que este estado,
no digo para toda persona de corazón, sino sólo para quien tenga mero
sentido común, o forma humana siquiera? ¿Qué condición es más miserable
que la de vivir así, no teniendo nada propio y derivando de otro el
propio bienestar, la libertad, el cuerpo y la vida?
•
Ciertamente el tirano no ama
nunca, y nunca es amado. La amistad es un nombre sagrado, una cosa
santa. No existe más que entre gentes de bien. Nace de una estima mutua
y se alimenta menos de los favores mutuos que de la honestidad. Lo que
hace a un amigo seguro de otro, es el conocimiento de su integridad.
Tiene por garantes su buena naturaleza, su fidelidad, su constancia. No
puede haber amistad allí donde se encuentran la crueldad, la
deslealtad, la injusticia. Entre malvados, cuando se reúnen, se forma
un complot, y no una sociedad. No se quieren pero se temen. No son
amigos, sino cómplices.
—oOo—
Étienne de La Boétie: Contr'Un, ou Discours de la servitude
volontaire (extraits):
Je ne veux pas débattre ici la question tant de fois
agitée, à savoir, "si
d'autres sortes de républiques sont meilleures que la monarchie". Si j'avais à la
débattre, avant de chercher
quel rang la monarchie doit occuper parmi les divers modes de gouverner la chose publique, je
demanderais si l'on doit même
lui en accorder aucun, car il est difficile de croire qu'il y ait rien de public dans ce gouvernement où tout
est à un seul. Mais
réservons pour un autre temps cette question qui mériterait bien un traité à part, et qui
provoquerait toutes les disputes politiques.
•
Pour le moment, je voudrais
seulement comprendre comment il se peut que tant d'hommes, tant de bourgs,
tant de villes, tant de nations supportent quelquefois un tyran seul qui n'a de
puissance que celle qu'ils lui donnent, qui n'a pouvoir de leur nuire
qu'autant qu'ils veulent bien l'endurer, et qui ne pourrait leur faire aucun
mal s'ils n'aimaient mieux tout souffrir de lui que de le contredire. Chose
vraiment étonnante --- et pourtant si commune qu'il faut plutôt en gémir
que s'en ébahir ---, de
voir un million d'hommes misérablement asservis, la tête sous le joug, non qu'ils y soient
contraints par une force majeure, mais parce qu'ils sont fascinés et pour
ainsi dire ensorcelés par le seul nom d'un, qu'ils ne
devraient pas redouter --- puisqu'il est seul --- ni aimer --- puisqu'il est
envers eux tous inhumain et cruel. Telle est pourtant la faiblesse des hommes :
contraints à l'obéissance,
obligés de temporiser, ils ne peuvent pas être toujours les plus forts.
•
Deux hommes, et même dix,
peuvent bien en craindre un
; mais que mille, un million, mille villes ne se défendent pas contre un seul homme, cela n'est
pas couardise : elle ne va pas jusque-là, de même que la vaillance n'exige pas
qu'un seul homme escalade une
forteresse, attaque une armée, conquière un royaume. Quel vice monstrueux est donc celui-ci, qui
ne mérite pas même le titre
de couardise, qui ne trouve pas de nom assez laid, que la nature désavoue et que la langue refuse de
nommer ?
•
C'est le peuple qui
s'asservit et qui se coupe la gorge ; qui, pouvant choisir d'être soumis ou d'être libre,
repousse la liberté et
prend le joug; qui consent à son mal, ou plutôt qui le recherche... S'il lui coûtait quelque chose pour
recouvrer sa liberté, je ne
l'en presserais pas ; même si ce qu'il doit avoir le plus à coeur est de rentrer dans ses droits
naturels et, pour ainsi dire, de bête redevenir homme. Mais je n'attends
même pas de lui une si grande
hardiesse ; j'admets qu'il aime mieux je ne sais quelle assurance de
vivre misérablement qu'un
espoir douteux de vivre comme il l'entend. Mais quoi ! Si pour avoir la liberté il
suffit de la désirer, s'il
n'est besoin que d'un simple vouloir, se trouvera-t-il une nation au monde qui croie la payer trop cher
en l'acquérant par un simple
souhait ?
•
Soyez résolus à ne plus
servir, et vous voilà libres.
Je ne vous demande pas de le pousser, de l'ébranler, mais seulement de ne plus le soutenir, et vous le
verrez, tel un grand colosse dont on a brisé la base, fondre sous son poids
et se rompre.
•
C'est vraiment lamentable
de découvrir tout ce que faisaient les tyrans du temps passé pour fonder leur
tyrannie, de voir de quels petits moyens ils se servaient, trouvant
toujours la populace si bien disposée à leur égard qu'ils n'avaient qu'à
tendre un filet pour la prendre ; ils n'ont jamais eu plus de facilité à la
tromper et ne l'ont jamais mieux asservie que lorsqu'ils s'en moquaient le plus.
•
J'en arrive maintenant à un
point qui est, selon moi, le ressort et le secret de la domination, le
soutien et le fondement de toute tyrannie. Celui qui penserait que les
hallebardes, les gardes et le guet garantissent les tyrans, se tromperait fort. Ils
s'en servent, je crois, par forme et pour épouvantail, plus qu'ils ne s'y
fient. Les archers barrent
l'entrée des palais aux malhabiles qui n'ont aucun moyen de nuire, non aux audacieux bien armés. On
voit aisément que, parmi
les empereurs romains, moins nombreux sont ceux qui échappèrent au danger grâce au secours de leurs
archers qu'il n'y en eut de tués par ces archers mêmes. Ce ne sont pas
les bandes de gens à
cheval, les compagnies de fantassins, ce ne sont pas les armes qui
défendent un tyran, mais
toujours (on aura peine à le croire d'abord, quoique ce soit l'exacte vérité) quatre ou
cinq hommes qui le soutiennent et qui lui soumettent tout le pays. Il
en a toujours été ainsi :
cinq ou six ont eu l'oreille du tyran et s'en sont approchés d'eux-mêmes, ou bien ils ont été
appelés par lui pour être
les complices de ses cruautés, les compagnons de ses plaisirs, les maquereaux de
ses voluptés et les bénéficiaires de ses rapines. Ces six dressent si
bien leur chef qu'il en devient méchant envers la société, non seulement
de sa propre méchanceté
mais encore des leurs. Ces six en ont sous eux six cents, qu'ils
corrompent autant qu'ils
ont corrompu le tyran. Ces six cents en tiennent sous leur dépendance six mille, qu'ils élèvent
en dignité.
•
Grande est la série de ceux
qui les suivent. Et qui
voudra en dévider le fil verra que, non pas six mille, mais cent mille et des millions tiennent au
tyran par cette chaîne ininterrompue qui les soude et les attache à lui,
comme Homère le fait dire à
Jupiter qui se targue, en tirant une telle chaîne, d'amener à lui tous les dieux. De là
venait l'accroissement du
pouvoir du Sénat sous Jules César, l'établissement de nouvelles fonctions,
l'institution de nouveaux offices, non certes pour réorganiser la justice, mais pour
donner de nouveaux soutiens à la tyrannie. En somme, par les
gains et les faveurs qu'on reçoit des tyrans, on en arrive à ce point
qu'ils se trouvent presque aussi nombreux, ceux auxquels la tyrannie
profite, que ceux auxquels la liberté plairait.
•
Au dire des médecins, bien
que rien ne paraisse changé
dans-notre corps, dès que quelque tumeur se manifeste en un seul endroit, toutes les humeurs se portent
vers cette partie véreuse.
De même, dès qu'un roi s'est déclaré tyran, tout le mauvais, toute la lie du
royaume, je ne dis pas un tas de petits friponneaux et de faquins qui ne
peuvent faire ni mal ni bien dans un pays, mais ceux qui sont possédés
d'une ambition ardente et
d'une avidité notable se groupent autour de lui et le soutiennent pour avoir part au butin et pour être,
sous le grand tyran, autant
de petits tyranneaux.
•
C'est ainsi que le tyran
asservit les sujets les uns par les autres.
•
Est-ce là vivre heureux ?
Est-ce même vivre ? Est-il rien au monde de plus insupportable que cet
état, je ne dis pas pour
tout homme de coeur, mais encore pour celui qui n'a que le simple bon
sens, ou même figure
d'homme ? Quelle condition est plus misérable que celle de vivre ainsi, n'ayant rien
à soi et tenant d'un autre
son aise, sa liberté, son corps et sa vie ?
•
Certainement le tyran
n'aime jamais, et n'est jamais aimé. L'amitié est un nom sacré, une chose sainte.
Elle n'existe qu'entre gens
de bien. Elle naît d'une mutuelle estime et s'entretient moins par les bienfaits que par l'honnêteté. Ce
qui rend un ami sûr de
l'autre, c'est la connaissance de son intégrité. Il en a pour garants son bon naturel, sa
fidélité, sa constance. Il
ne peut y avoir d'amitié là où se trouvent la cruauté, la déloyauté, l'injustice. Entre
méchants, lorsqu'ils
s'assemblent, c'est un complot et non une société. Ils ne s'aiment pas mais se craignent. Ils ne
sont pas amis, mais complices.
(...)
Aquí está el texto completo en
francés, y en
español, por si alguien cree que vale la pena leerlo.
Al contrario que La Boétie, no creo que haya ninguna pena especial en
el infierno para los tiranos. De hecho, muchas veces no pagan ni la
pena de Historia, sino que pasan a la misma como Grandes Hombres—y lo
son, allí donde el tamaño importa.
Es una de mis canciones favoritas, del musical Notre Dame de Paris. Aunque me
falte mucho para dominarla, por lo menos creo que ya he sacado la
secuencia de acordes... y algo es algo. Diré en mi descargo que
en lugar de ser tres o cuatro acordes, como suelen, ésta tiene
veintitantos acordes distintos, uf.
Además, en el original la cantan entre tres (Quasimodo, Frollo y
Phébus), y tres contra uno ya se
sabe, oigan. Al menos me queda el consuelo de que cualquiera
puede cantar de modo creíble como Quasimodo.
Reflexivity in the Narrative Technique
of As I Lay Dying
Este es un artículo sobre algunos aspectos metaficcionales de la novela
de Faulkner As I Lay Dying (Mientras
Agonizaba, 1930). Lo escribí en 1988, mientras estaba en Brown
University, y apareció publicado en English Language Notes,
una revista de Colorado (vol. 27.4, 1990: 63-72). Lo habría
puesto en red antes, pero primero no pude tener un sitio web en
condiciones hasta 2004, y luego me secuestraron durante años (y años)
el único ejemplar que tenía de la revista, pues me tuvieron toda mi
documentación y mis publicaciones retenidos en el Rectorado mientras se
dirimía un pleito que tuve por una oposición. Y apenas me devolvieron
los papeles, me los secuestró mi departamento (Filología Inglesa y
Alemana), esta vez para baremar mis méritos de docencia e
investigación...
Cuando me hice con un sitio web ponía mis publicaciones académicas
allí, o en el blog: últimamente las vengo colgando en tres repositorios
diferentes—un exceso, lo reconozco... aunque creo que de hecho tienen
pocos lectores en común, y es menos redundante de lo que podría
parecer. Ya que nos molestamos en escribir algo, por lo menos que
se pueda localizar y leer. Así que aquí irá la versión del artículo en
cada uno de ellos, empezando por Academia.
Un estudiante clona la web de la Universidad de Zaragoza para
hacerse con claves personales de los usuarios y acceder a información
confidencial. Ha sido identificado y está en libertad con cargos. http://www.ibercampus.es/articulos.asp?idarticulo=12526
Me está gustando el último
libro de Antonio Muñoz Molina, La noche de los tiempos,
sobre los años de la República y guerra civil. Aquí hay una bonita
estampa, la de un artista secundario, ignorado, o fracasado, encarnado
en la figura de José Moreno Villa. Ahora ya no tiene ambiciones, está
viviendo una vida ya como anticipadamente póstuma, aunque aún esperando
de la caída de la tarde alguna revelación o última oportunidad... que
sin embargo se verá interrumpida o impedida por ese visitante que
siempre, procedente de la realidad, hace esfumarse la visión del
artista—la Persona de Porlock.
Dalí
pronto sería tan rico y déspota como Picasso: nunca volvería a mandarle
a él, Moreno Villa, una postal llena de declaraciones de admiración y
gratitud y faltas de ortografía, nunca diría su nombre cuando
mencionara a los maestros de los que había aprendido, quién fue el
primero que le enseñó fotografías de esos nuevos retratos alemanes en
los que se recobraba con técnica asombrosa y de una manera plenamente
moderna el realismo de Holbein. Tampoco Lorca reconocería nunca su
deuda: pero quién había sido el primero en yuxtaponer la expresión
poética de vanguardia y la métrica de los romances populares, quién
había viajado antes a Nueva York y concebido una poesía y una prosa que
se correspondieran con la trepidación de esa ciudad, con el ruido de
los trenes elevados y la discordancia de las bandas de jazz. Con la
mayor desenvoltura Lorca había dado en la Residencia un recital con
poemas e impresoines en prosa sobre Nueva York, ilustrándolo con
grabaciones musicales y proyecciones fotográficas: y teniendo sentado
en primera fila a Moreno Villa no había mencionado ni una sola vez su
ejemplo evidente.
La celebridad de los otros lo
volvía invisible; convenía borrar su existencia para que su sombra no
se proyectara reveladoramente sobre las caras triunfales de sus
deudores. Preferible el retiro, ya que no la magnanimidad. Escribir
versos con aquel raro conflicto de fervor y desgana sabiendo que por
algún motivo serían refractarios al éxito. Investigar cosas en los
archivos que nadie había visitado durante siglos, vidas de enanos y
bufones en la corte tenebrosa de Felipe IV, en la de Carlos II. No
pensar en todo el trabajo hecho, ni en el porvenir dudoso de su
pintura, ni en su probable lejanía de una moda que a él no le
importaba, pero que le dolía como una afrenta a todos los años que
llevaba dedicados a la pintura sin ningún reconocimiento. No imaginarse
a uno mismo pintor: limitar las expectativas, el campo de visión.
Concentrarse en el problema relativamente simple, pero también
inagotable, de representar sobre un pequeño lienzo ese cuenco con unas
pocas frutas. Pero ¿y si en realidad se merecía el lugar mediocre al
que se encontraba relegado? Quizás, después de todo, no era que Lorca
callara la deuda que tenía con él, sino que simplemente no había leído
sus poemas de Nueva York y el libro de prosas sobre la ciudad que había
escrito en el viaje de regreso y publicado luego por entregas en El Sol,
ante una indiferencia unánime (en Madrid no parecía que hubiera mucho
interés por el mundo exterior: llegó al café al día siguiente de su
regreso de Nueva York, excitado de antemano por todas las historias que
le sería preciso contar, y los amigos lo recibieron como si no hubiera
faltado y no le hicieron ninguna pregunta). ¿Y si se había hecho viejo
y estaba envenenándolo lo que más le había desagradado siempre, el
resentimiento? Con muchos más méritos que él Juan Ramón Jiménez estaba
infectado de una innoble amargura, de una obsesiva mezquindad
alimentada por cada mínimo desdén imaginado o real que se le hubiera
infligido, por cada brizna de reconocimiento que no era dedicada a él,
agua sucia que envilecía su luminoso talento. Qué sórdido sería que le
faltara a uno no sólo el talento, sino también la nobleza, que se
hubiera ido dejando intoxicar sin remedio por el rencor del que se hace
viejo hacia los que son más jóvenes, por la vejación de sentirse
ofendido por la fortuna celosamente observada de otros que ni siquiera
reparaban en él, que lo insultaban por el simple hecho de haber logrado
sin apariencia de esfuerzo lo que a él se le negaba, mereciéndolo más.
Pero ¿habría querido ser él de verdad como lorca, con su éxito entre
folklórico y taurino, con su afición a las fiestas de los diplomáticos
y las duquesas? ¿No se había dicho alguna vez a sí mismo que sus
modelos secretos eran Antonio Machado o Juan Gris? A Juan Gris no se lo
imaginaba resentido contra el triunfo de Picasso, agraviado por su
obscena energía, por su histrionismo simiesco, llenando lienzos con la
misma prisa con la que seducía y abandonaba mujeres. Pero Juan Gris,
solo en París, no ya ensombrecido, sino borrado por el otro, enfermo de
tuberculosis, probablemente había tenido en el fondo de su alma una
certeza que a él, Moreno Villa, le faltaba, había obedecido a una sola
pasión, había sabido despojarse como un asceta o un místico de todas
las comodidades del mundo a las que él no sabría nunca renunciar, por
modestas que fueran: su sueldo fijo de funcionario, sus dos cuartos
contiguos en la Residencia, sus trajes bien cortados, sus cigarrillos
ingleses. No era verdad, él no se había retirado del mundo. La
iluminación que había estado a punto de recibir mirando el cuenco con
los frutos del otoño y la tipografía seductora y vulgar de una revista
ilustrada se malograría porque no era capaz de sostener la disciplina
exigente de la observación, el estado de alerta que habría afilado su
pupila y guiado su mano sobre la cartulina blanca del cuaderno. Alguien
llegaba por el corredor, pisando con una determinación casi violenta,
alguien golpeaba con los nudillos en su puerta y aunque la visita fuera
muy breve él ya no podría recobrar aquel recogimiento brevemente
intuido, aquella especie de estado de gracia.
es también un recordatorio de la Interrupción Definitiva. Así lo vio
Stevie Smith en su poema sobre la Persona de Porlock:
Stevie Smith - Thoughts about the
Person from Porlock
Coleridge received the Person from
Porlock And ever after called him a curse Then why did he hurry to let him
in? He might have hid in the house.
It was not right of Coleridge in
fact it was wrong (But often we all do wrong) As the truth is I think, he was
already stuck With Kubla Khan.
He was weeping and crying, I am
finished, finished I shall never write another word
of it, When along comes the Person from
Porlock And takes the blame for it.
It was not right it was wrong, But often we all do wrong.
(...)
I long for the Person from Porlock To bring my thoughts to an end I am becoming impatient to see him I think of him as a friend
Often I look out of the window Often I run to the gate I think, He will come this evening I think it is rather late.
I am hungry to be interrupted For ever and ever amen O Person from Porlock come quickly And bring my thoughts to an end.
*
I felicitate the people who have a
Person from Porlock To break up everything and throw
it away Because then there will be nothing
to keep them And they need not stay.
*
Oh this Person from Porlock is a
great interrupter He interrupts us for ever People say he is a dreadful fellow But really he is desirable.
Why should they grumble so much? He comes like benison They should be glad he has not
forgotten them They might have had to go on.
*
These thoughts are depressing, I
know (...)
______________
Sobre el tema del éxito, el fracaso,
y la narrativa vital que da forma a nuestra experiencia, hay un
interesante artículo en On
the Human: "Narrative and Personal Good",
de Connie S. Rosati. Quizá las experiencias del éxito y del
fracaso, el mismo planteamiento de vivirlos como tales a modo de
narración vital, sean eminentemente narrativas y narrativizante. Aquí
hay un par de párrafos finales:
I am suggesting that it is,
in part—though only in part—through our storytelling that we secure a
relatively ongoing relation of fit to our lives and to ourselves as the
author/protagonist of those lives. I say only in part, because, of
course, the way that we secure a fit with ourselves and our lives is,
in the first instance, by doing what it takes to provide the materials
from which attractive stories can be constructed. Lives in which we
have successful relationships, careers, commitments, and pastimes, not
merely at a time, but over time, naturally provide the makings for
compelling narratives. So do lives which develop in ways that can be
represented in stories of overcoming hardship, of redeeming past
mistakes, of steady improvement — lives, that is, with generally uphill
trajectories. Part of the reason for this, of course, is that in living
such lives, we actually achieve things of value that benefit us; we
actually succeed in aims that matter to us. But we also get the benefit
that comes of being the controlling authority over ourselves and our
lives, of being able to make sense of our lives and to represent them
to ourselves as a product, ultimately, of our own autonomous efforts.
If my speculations are on the
right track, we can see why our storytelling would be especially
important in the face of failure, while contributing to our welfare
across the range of more or less successful lives we might find
ourselves living. When we have experienced relative success in securing
our good—when we have embarked on careers we find stimulating and in
which we can find some real success, when our principal relationships
are healthy, when we are able to pursue our aims effectively—we will
almost automatically thereby have secured a fit with ourselves and our
lives; we will have a sense of ourselves as controlling authority over
ourselves and our lives. It is when we fall short, when our careers are
marred by failure or misfit, our principal relationships are unhealthy,
we are ineffective in pursuing our aims, that effort may be needed to
prevent ourselves from becoming alienated or disconnected from
ourselves and our lives or to restore a connection when disconnect has
occurred. I conjecture that it is the effects of our storytelling which
I have been describing that psychologists try to exploit insofar as
they seek to enable us to be happier autobiographers.
He estado en
una conferencia de G. E. R. Lloyd,
reputado historiador del pensamiento, sobre el tema de "La historia al
servicio de la filosofía de la ciencia". Y ha resultado ser una
exposición de los problemas teóricos sobre las nociones de verdad,
objetividad, realidad, racionalidad... que para Lloyd resultan ser
intratables con una teoría general, por lo que propone atender a las
circunstancias especiales del contexto intelectual en que se trate, la
época, la disciplina y sus convenciones, etc. No hay una noción general
de la verdad, objetividad, etc. que sea universalmente válida; la
ciencia no tiene un programa general. Me gustaría haber resumido su
ponencia con la frase de que no hay
tribunales de última instancia para la cuestión de la verdad- aunque
claro, puede haberlos en la práctica en un contexto determinado o para
un fin determinado.
—Pero entonces usted SÍ que tiene una
teoría general y global de la verdad,
le he dicho. Bueno, se ha reído y lo ha negado, ha dicho que la
suya era general sólo en el sentido de que es imposible
generalizar. Le he propuesto caracterizar su posición como pragmática y constructivista— pragmática,
pensaba yo, en el sentido de que me recordaba a la
teoría de la verdad de William James, y al interaccionismo
simbólico
de G. H. Mead. Lo ha aceptado en parte, aunque matizando que hay
muchas acepciones y variedades de pragmatismo. En cuanto a lo de
constructivismo, tal como lo he entendido yo, podría considerársele
constructivista en el sentido de que los criterios de relevancia (para
la verdad o para cualquier otra función social) son locales y
variables, aun si se asientan sobre una naturaleza humana general. Así,
por ejemplo, podríamos definir la verdad como la generación de efectos de verdad,
en el seno de una sociedad determinada, un discurso o disciplina
determinada, o un grupo determinado. En mi intervención, he propuesto
que hay allí verdad y objetividad donde no hay disensión, e incluso
donde la hay, pues la disensión siempre se formula sobre la base de
unas ciertas presuposiciones compartidas (por ejemplo, esto que he
dicho será cierto o no, pero podemos estar de acuerdo al menos en que
lo he dicho). En fin, que en suma resulta que estoy bastante de acuerdo con
el, al menos en la medida en que he entendido su posición. Esto debería
alarmarme, visto que es un señor bastante mayor que yo, y no deberíamos
compartir el mismo paradigma... Tendré que inventarme otro, para no
echar musgo. Aquí hay algunas reflexiones previas sobre la cuestión de
la verdad y la realidad, tal como la vemos los humanos:
-
Alucinación consensuada (que
es lo que es la realidad...). El consenso es esencial, no sólo el de
los
expertos, sino el de quien sea que haya de conseguir en cada contexto
determinado. El consenso de los expertos sobre la realidad es
también crucial y determinante, por supuesto, en ciertos contextos y
situaciones influyentes.
-
Qué es la verdad, pregunta de Poncio Pilato que debe responderse. (Ya
se sabe la respuesta de Nietzsche: "un ejército móvil de metáforas....
cabalgando a lomos de un tigre". Así hallamos, nos dicen, las
soluciones a nuestras preguntas).
-
El realismo como idolatría—o,
contra la ingenuidad de creer que las cosas son los signos que las
representan, y no una reverberación de esas cosas, y de esos signos, en
otras mentes.
-
La
caverna del cerebro: El lenguaje como realidad virtual.There is no getting out of the Cavern of
language...
el lenguaje genera una realidad virtual, caverna acogedora, o complejo
nicho ecológico en el que habitamos. Somos símbolos y habitamos
símbolos, como decía Emerson. Claro que se ubica ese nicho en un mundo
real, y de ahí que no todo sea
lenguaje...
En fin, que los humanos somos seres hipersociales y lo que es verdad
para nosotros exige reconocimiento por parte de los demás, interacción
continua, consensos locales o
globales. Si no, acabamos por no reconocer esa verdad ni nosotros
mismos.
La conferencia de Lloyd giraba, como muchos de sus libros, en torno al
contraste entre Grecia y China, entre sus dos "racionalidades" tan
distintas, que para Lloyd se remiten en última instancia a diversas
organizaciones políticas. El logos griego surgió en el seno de la
polis, en un debate público entre ciudadanos; la concepción china es
más práctica, menos teórica y abstracta, busca resultados concretos y
no la confrontación racional de posturas—y se gestó en un ambiente
cortesano, donde la persuasión no se dirigía a un espacio público de
ciudadanos sino hacia el Emperador o los poderosos.
Criticó los planteamientos tanto del realismo filosófico como del
relativismo, diciendo que a la vez necesitamos los dos, según en qué
contexto, y en última instancia ninguno. Y también criticó las teorías
de la verdad como correspondencia, y de la verdad como consistencia
interna de un sistema, ambas insuficientes: pues en la primera, no
disponemos de ninguna manera de acceder al objeto "en sí" y comprobar
la exactitud de la correspondencia de nuestras aserciones; en la
segunda, parece claro que un sistema de creencias puede ser muy
consistente en sí mismo pero completamente equivocado. Más me ha
extrañado que no discuta Lloyd explícitamente las teorías de la verdad
como un resultado generado por un
proceso comunicativo:
el resultado de la generación de un consenso, o de una traducibilidad
entre distintas concepciones o perspectivas. En este sentido, la verdad
es lo que se comparte, o la base sobre la que construimos no sólo
nuestros acuerdos sino también nuestras disensiones. (No es extraño, en
este sentido, que las cuestiones relativas a la experiencia física
inmediata, la cualidad corporal de los humanos, la percepción, el
dolor, los límites físicos... sean las verdades más generalmente
compartidas, y que sea "más verdad" esa situación común a todos que
cualquier teoría más consistente lógicamente pero más remotamente
relacionada con esa inmediatez física de lo humano—la física cuántica,
pongamos).
Se ha planteado en diversos momentos de la charla el problema de
la
inconmensurabilidad—de Grecia y China, o de diversas concepciones de la
verdad (realista, relativista) o de sistemas científicos y paradigmas
(ptolemaico, copernicano). Para Lloyd no hay inconmensurabilidad
completa, y es crítico con teorías radicalmente constructivistas, con
las nocioines de las revoluciones científicas de Kuhn y Feyerabend, o
con las nociones de la mente modular. Siempre podemos aprender algo de
los otros, nos dice—y aun defiende la racionalidad parcial de las
pseudociencias (que quién lo duda, también generan "efectos de
verdad")....
Sobre esta cuestión de la conmensurabilidad parcial de las
concepciones, creo que una noción que no se tiene en cuenta a veces es
que al confrontar dos concepciones (ideológicas, etc.) siempre lo
hacemos en el seno de una tercera concepción, la articulada por nuestro
discurso, aunque a veces se halle en construcción o se haga pasar
por una de las dos concepciones que confronta. En este sentido,
el discurso crítico es un contexto propio, con sus propias prioridades
y objetivos, y suele seleccionar alegremente las cuestiones que le
interesa tratar y combinar de una y otra concepción. Con lo cual genera
una imagen de la una, una imagen de la otra, y una imagen (generalmente
más favorable) de sí mismo como una perspectiva dialécticamente
superior, generadora de consensos y de verdades, allí donde no había
sino incomprensión e inconmensurabilidad antes de la llegada de este
discurso crítico. Que es iluminador,
pero quizá también reductivo, y que desde luego tiene su propio
proyecto, agenda o axe to grind,
y busca satisfacer a su propio público y generar efectos de verdad no
en los contextos de recepción de los discursos analizados, sino en su
propio contexto discursivo y ante su propio público.
Un análisis del discurso hermenéutico-crítico en este sentido, como
diálogo generador de verdades locales, puede encontrarse en mi artículo
titulado "Tematización retroactiva, interacción e interpretación: La
espiral hermenéutica de Schleiermacher a Goffman." Un día de estos
cuelgo la versión española, espero que antes de que deje de ser
verdadera esta teoría de la verdad... aquí está entre tanto la
versión inglesa.
Miércoles 14 de abril de 2010 En el Sumo Cuerpo Virtual Anda circulando "por ahí" un
borrador del próximo Real Decreto
de estudios de Doctorado, el enésimo de los que ya he visto en los
años que llevo en la Universidad. No le voy a dedicar mucha
atención,
porque si además de los numerosos decretos ya tenemos que atender a los
borradores, nos crecen los enanos. Sí observaré así de paso que se
vuelven a rehacer cosas deshechas... el Eterno Retorno, que decía
Nietzsche. Por ejemplo, se vuelve a poner límite de tiempo, y breve,
para la realización de la tesis. (En nuestro departamento no iba a
pasar ni una, menos quizá la mía, que la hice en cuatro años). También
se reinventan los seminarios de doctorado, por no llamarlos cursos,
aunque no contabilizarán en créditos ECTS. (Ahora bien, será cuestión
de tiempo hasta que alguien diga... ¿por
qué no nos contabilizan los
cursos de doctorado en el Plan de Ordenación Docente? ¡Con el trabajo
que llevan! ¡¡Vamos a modificar el Real Decreto otra vez!!—Y así
siguió rodando
la invención de la rueda).
Otro desarrollo notable: se crean Escuelas de Doctorado, en el seno de
una Universidad o en asociación de varias—y estas escuelas llevarán
adelante programas con orientaciones específicas, parece que atendiendo
a una mayor integración entre programas de doctorado y programas de
investigación. Si sigue esta modificación adelante por esta
línea, se primará en los programas de Doctorado la integración con
grupos de investigación consolidados, programas competitivos de ayudas,
etc. Esto son noticias que van a gustar MUCHO en nuestro
departamento, que lleva años intentando reservar los doctorados (y es
más, los postgrados) a los miembros de los equipos de investigación.
Claro que no llega a tanto este borrador de Real Decreto... sólo
considera un mérito para el programa el que haya proyectos competitivos
y subvencionados. Y lo es, qué duda cabe. Otra cosa distinta
serán las movidas para intentar excluir de los programas a quienes no
pertenezcan a esos equipos. Se promete la cosa movidita. Como
viene siendo, sin más.
Como observa Comisiones Obreras, que nos pasa el borrador, a las
Escuelas de Doctorado "El RD las dota de grandes potestades y confiere
a sus gestores amplia capacidad para normar los derechos y deberes de
doctorandos, tutores y directores de tesis". En todo caso, no serán
obligatorias al parecer esas Escuelas, y la universidad puede apañarse
con una comisión de doctorado sin más. Que también regulará las
normativas
propias de la universidad al respecto (porque ahora todo es autonómico,
y lleno de normativas propias distintas, y derechos y deberes
distintos, aquí y en Logroño. Viva la globalización y la
europeización....).
Se propone también limitar la concesión de la mención del "cum
laude"—al 20% de las tesis como máximo. Lo que no queda claro es cómo
se va a hacer esto. No sé si han caído bien en que no será entonces el
tribunal quien otorgue el cum laude:
tendrá
que ser la comisión de doctorado de la Universidad, con lo cual se
convierte en una especie de equivalente del Premio Extraordinario de
Doctorado (—ese que yo tengo, además del cum laude, y otros no). Con lo
cual quizá el Premio Extraordinario se convierta en redundante, o quizá
pase a darlo el Consejo de Ministros, qué sé yo.
Pero bah, basta de comentar borradores. Sólo un punto más, que éste sí
me favorece en mis aspiraciones de reconocimiento y atención.
Resulta que se establecen, por lo bajini, diversas categorías entre
doctores y profesores. No todos los
doctorados son doctores del mismo calibre.
Así, tendrán capacidades administrativas distintas. ¿Será dependiendo
de que sean catedráticos, esos doctores, o de que tengan "cum laude" o
Premio Extraordinario de Doctorado....? ¿Tendrán acaso que estar
dirigiendo un proyecto vivo,
o tener muchos esbirros bajo su mando? Quiá, como
diría Arcadi Espada. Para nada. Las categorías las
establecen las tesis dirigidas, y los sexenios. Sobre todo, los
sexenios. Esta es la nueva colección de jerarquías angélicas
según el fantasmagórico y futuro Decreto:
- No doctores— que aquí
ni cuentan, todo lo más se les considera doctorables: cuando se
matriculan en un programa de doctorado pasan a la categoría de Doctorandos.
- Doctores Vulgaris, mi terminología extraoficial.
(Los hay por cierto de diverso pelaje: con sobresaliente, con laude,
con unanimidad....). Están
doctorados pero no han hecho nada notable. Pueden participar, se
supone, en los programas de doctorado, en esos seminarios y
"formaciones complementarias". Pero sin dirigir tesis doctorales
ni participar en tribunales. Eso está reservado a otros Cuerpos que aún
deben adquirir, en metamorfosis sucesivas.
- (Otro Cuerpo Virtual más es, observaré de paso, el que generan la
Aneca y sus Anequillas, al acreditar a un doctor para poder acceder al
puesto de Contratado Doctor).
- Doctores con experiencia
investigadora acreditada. No se especifica qué es lo que
"acredita" esa experiencia; pero ateniéndonos a la práctica reciente,
viene a significar tener un sexenio
de investigación reconocido. Estos Doctores Acreditados podrán
ser directores de tesis, y ser miembros de los tribunales de tesis.
- Investigadores relevantes,
que podrán dirigir programas de doctorado. Según el pseudo-RD, "Esta
condición debe al menos estar avalada por haber dirigido con
anterioridad al menos tres tesis doctorales o contar con dos sexenios
de investigación". Aquí aparece la dirección de tesis como
alternativa a los dos sexenios; pero no vuelve a utilizarse como
criterio para el cuerpo superior, que es,
- Top of the top, Investigadores de
reconocido prestigio. Estos
son los que pueden ser directores de Escuelas de Doctorado. No es un
prestigio reconocido así a voleo y en términos vagos: "Esta condición
debe al menos estar avalada por contar con tres sexenios de
investigación." Que son los que yo tengo, mal que algunos les pese.
Total, cuatro o cinco Cuerpos Virtuales de doctores, donde antes
había... ya no uno, no, pero esto se va multiplicando. Nos
entretendremos, pasando de un nivel a otro. Hasta podíamos hacer
ceremonias de investidura, con Muceta y Birrete.
Se supone quizá que las normativas propias de las universidades pueden
imponer condiciones adicionales, más restrictivas, para el acceso a
cada uno de estos cuerpos. Con lo cual los Cuerpos Virtuales se van
multiplicar dando lugar a subespecies locales y razas endémicas ... Y
no sólo eso, sino que estas variantes definidas por la normativa local
pueden volver patas arriba la escala general de Cuerpos Doctorales: un
doctor capacitado para dirigir una Escuela de Doctorado en esta
universidad, quizá no pueda ni siquiera dirigir una tesis en la
universidad de al lado. Siendo ambas
públicas.
Pero mientras no aparezcan estas normativas, y ateniéndonos al Real
Decreto inexistente éste, resulta que de momento soy un investigador de
reconocido prestigio, capacitado para los más altos destinos de la
gestión e impartición del Doctorado.
En mi departamento, sin embargo, hace años que llevan redactando por su
cuenta la normativa propia específica—No me dejan participar ni en el
Máster, argumentando que no doy la talla académica. Y
me ponen ceros zapateros para excluirme de la docencia, alegando
que no tengo calidad, porque no
estoy en su proyecto de investigación. Estos sí que tienen morro
fino... Y Proyectos, muchos Proyectos, eso sí.
Más de éstas movidillas veremos, cuando los grupos de investigación (y
de presión) se lancen a la conquista de la letra pequeña y de las
Normativas Propias.
Interesante noticia sobre las
neuronas espejo pasa Norman Holland a Psyart. Cortopego y comento:
UCLA Researchers Make First
Direct Recording Of Mirror Neurons In Human Brain
Such cells appear to have
wider distribution than previously thought
Mirror neurons, many say, are what
make us human.
They are the cells in the brain
that fire not only when we perform a particular action but also when we
watch someone else perform that same action.
Neuroscientists believe this
"mirroring" is the mechanism by which we can "read" the minds of others
and empathize with them. It's how we "feel" someone's pain, how we
discern a grimace from a grin, a smirk from a smile.
Problem was, there was no proof
that mirror neurons existed — only suspicion and indirect evidence.
Now, reporting in the April edition of the journal Current Biology, Dr.
Itzhak Fried, a UCLA professor of neurosurgery and of psychiatry and
biobehavioral sciences, Roy Mukamel, a postdoctoral fellow in Fried's
lab, and their colleagues have for the first time made a direct
recording of mirror neurons in the human brain.
The researchers recorded both
single cells and multiple-cell activity, not only in motor regions of
the brain where mirror neurons were thought to exist but also in
regions involved in vision and in memory.
Further, they showed that specific
subsets of mirror cells increased their activity during the execution
of an action but decreased their activity when an action was only being
observed.
"We hypothesize that the decreased
activity from the cells when observing an action may be to inhibit the
observer from automatically performing that same action," said Mukamel,
the study's lead author. "Furthermore, this subset of mirror neurons
may help us distinguish the actions of other people from our own
actions."
The researchers drew their data
directly from the brains of 21 patients who were being treated at
Ronald Reagan UCLA Medical Center for intractable epilepsy. The
patients had been implanted with intracranial depth electrodes to
identify seizure foci for potential surgical treatment. Electrode
location was based solely on clinical criteria; the researchers, with
the patients' consent, used the same electrodes to "piggyback" their
research.
The experiment included three
parts: facial expressions, grasping and a control experiment. Activity
from a total of 1,177 neurons in the 21 patients was recorded as the
patients both observed and performed grasping actions and facial
gestures. In the observation phase, the patients observed various
actions presented on a laptop computer. In the activity phase, the
subjects were asked to perform an action based on a visually presented
word. In the control task, the same words were presented and the
patients were instructed not to execute the action.
The researchers found that the
neurons fired or showed their greatest activity both when the
individual performed a task and when they observed a task. The mirror
neurons making the responses were located in the medial frontal cortex
and medial temporal cortex, two neural systems where mirroring
responses at the single-cell level had not been previously recorded,
not even in monkeys.
This new finding demonstrates that
mirror neurons are located in more areas of the human brain than
previously thought. Given that different brain areas implement
different functions — in this case, the medial frontal cortex for
movement selection and the medial temporal cortex for memory — the
finding also suggests that mirror neurons provide a complex and rich
mirroring of the actions of other people.
Because mirror neurons fire both
when an individual performs an action and when one watches another
individual perform that same action, it's thought this "mirroring" is
the neural mechanism by which the actions, intentions and emotions of
other people can be automatically understood.
"The study suggests that the
distribution of these unique cells linking the activity of the self
with that of others is wider than previously believed," said Fried, the
study's senior author and director of the UCLA Epilepsy Surgery
Program.
"It's also suspected that
dysfunction of these mirror cells might be involved in disorders such
as autism, where the clinical signs can include difficulties with
verbal and nonverbal communication, imitation and having empathy for
others," Mukamel said. "So gaining a better understanding of the mirror
neuron system might help devise strategies for treatment of this
disorder."
Other authors on the study included Arne D. Ekstrom, Jonas Kaplan and
Marco Iacoboni, all of UCLA. The project was supported by the National
Center for Research Resources, a component of the National Institutes
of Health (NIH). The authors report no conflict of interest.
________________________
Me parece especialmente interesante
que se hayan encontrado neuronas espejo en más partes del cerebro
humano de las que se pensaba antes: en especial las ligadas a la visión
y a la memoria. Sin conocer el estudio original, poco se puede decir,
pero habría que profundizar en las implicaciones de este hallazgo para
entender la percepción mutua, y también la naturaleza de la memoria
como experiencia virtual. Teniendo en cuenta, además, el bien conocido
hecho de que los recuerdos son parcialmente reconstruidos o
"inventados" por el cerebro acudiendo a procesos cognitivos habituales
y asociaciones.
En cuanto a la visión, creo que las neuronas espejo no pueden sino
tener un papel muy importante en el procesamiento de la mirada ajena.
"El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas,
es ojo porque te ve."
—Machado dixit. En
este artículo sobre las neuronas espejo de Babel's Dawn
(aunque el autor no estaba muy entusiasmado con la cuestión de las
neuronas espejo) observaba yo que la experiencia de la mirada ajena, en
especial de la mirada humana, ha llamado con frecuencia la atención de
diversos observadores (no sólo la de Sartre, atrapado en la Mirada del
Otro). Ver un par de ojos es una experiencia totalmente distinta de
mirar cualquier otra figura. En el momento que procesamos una mancha,
etc... como dos ojos, se produce un salto perceptual bien perceptible
en nuestra experiencia del objeto visto. En mi opinión (pendiente de
confirmación experimental) esto se debe a la acción de las neuronas
espejo. Me felicito de ver que en efecto se puede medir su actuación en
diversas interacciones de gesto y mirada, pero, insisto: —La experiencia perceptual de la
mirada es distinta de cualquier otra
experiencia que pueda desencadenarse con las neuronas espejo.
Y lo es, porque además del "espejo" habitual, se crea aquí un circuito
reflexivo. La acción de "ver a alguien coger algo" activa determinadas
neuronas espejo, OK. Pero la acción de "ver a alguien mirar algo"
también lo hace —probablemente, pues esto todavía no está bien
fundamentado en la literatura que conozco. "Ver a alguien
mirar algo" puede parecer una acción un tanto indirecta, o de baja
intensidad, pero no lo es tanto, en especial en una especie hipersocial
como los humanos, donde la lectura de intenciones ajenas es tan crucial
que hasta nos ha influido en el diseño del blanco de los ojos. Ver a
alguien mirar algo es adivinarle las intenciones, o los deseos, o por
lo menos tener algo adelantado en esa dirección. Aunque la
dirección de la mirada pueda ser imprecisa, y el objeto mirado sea
incierto, este objeto inmediatamente atrae nuestra mirada.
Especialmente, ¿cuándo?
La respuesta es fácil. Especialmente cuando el objeto mirado somos
nosotros mismos. Ahí no hay dudas ya sobre cuál pueda ser el objeto al
que miran los ojos ajenos. Nuestros intereses sociales (o quizá nuestra
integridad física como posibles presas) depende de la captación
inmediata de esa mirada, por lo cual se trata de un mecanismo
perceptual de primordial interés para su selección natural.
Y además se da la cuestión del cortocircuito reflexivo a que aludía
antes. VER realizar una acción invita a recrearla "virtualmente"
en las neuronas espejo de nuestro cerebro. Y a realizarla, por
delegación o directamente. Ahora bien, VER realizar la acción de VER,
más bien desencadena un feedback repentino entre dos sistemas
cerebrales que ven y son vistos y se autoestimulan mutuamente a seguir
viendo—de ahí en parte el horror a la mirada, y el reflejo también
potente de apartar la mirada de otra mirada directa. Que quema como el
sol. Light seeking light doth light of light beguile:
So, ere you find where light in darkness lies,
Your light grows dark by losing of your eyes.
Study me how to please the eye indeed,
By fixing it upon a fairer eye,
Who dazzling so, that eye shall be his heed,
And give him light that it was blinded by.
Study is like the heaven's glorious sun,
That will not be deep-search'd with saucy looks...
... y cuidando mi catarrazo. Las fotos del
balneario abandonado vienen al pelo, expresivamente hablando. "Hay
días que uno siente / que nunca pasa nada..."
Aparte, arrastrando un gripazo...
hasta clase, uf. Comienza el último trimestre.
Domingo 11 de abril de 2010
Cappo di Mafia
Dos relatos, de los
pseudo-gemelos Ivo y Otas. El de Ivo:
La taberna de la MUTACION
-Harrison Blumenberg
estaba siguiendo a un mafioso, el famoso Leporetto, cappo di
mafia. Al cabo de un mes pasó por una taberna y le preguntó a Johnson, el tabernero, si había
visto algo raro cerca. Le respondió que solo había pasado ese día por
ahí un italiano.
Harrison fue a ver las despensas, y cuado entró, vio a Leporetto junto
a unas cápsulas con embriones. Pero no eran embriones normales, eran
mutaciones entre dos animales diferentes. De pronto se encontró con un
lobo-escorpión frente a el. El lobo-escorpión dio la señal de alarma y
salieron otras trece mutaciones. El Chetodile, mezcla entre
guepardo y cocodrilo y el Whalila,
mezcla entre ballena y gorila. De repente se oyo a Leporetto y
dijo que le dejaran en paz y ellos le obedecieron. Harrison le dijo a
Leporetto:
-Sabía que estabas tras esto Leporetto.
-Y el respondió:
Sabía que acabarías descubriéndome señor BLUMENBERG.
-En ese mismo instante entró el señor Johnson con la policía y sedaron
a las mutaciones, les cogieron ADN y apresaron a Leporetto. También
soltaron a Harrison los reporteros lo bombardearon a preguntas sobre el
caso.
El les respondió que estaba vivo gracias a Johnson
y que había visto la cosa mas espeluznante, la boca de un Wholfcorpion,
la mezcla entre lobo y escorpión. Al día siguiente Leporetto y su banda
fueron apresados y llevados a la cárcel tras el juicio en contra suya.
A partir de ese día ya no se volvió a hablar de Leporetto y de su
banda, y Harrison Blumenberg siguió haciendo casos, pero menos
peligrosos que aquel, pero tenía una duda, como había hecho las
mutaciones Leporetto.
Ese mismo día se puso a buscar la máquina, no le resultó dificil,
pues estaba en la despensa de la taberna. Llamó a un camión y se llevó
la máquina a un lugar donde la desmontasen y la estudiasen.
Esa noche durmió tranquilo, ya que sabía que ese caso ya había acabado,
pero también pensó que fue una aventura muy divertida.
—Y ahora el de Otas:
SÚPER
GORRINO
Érase una vez,una pocilga normal, hasta que, un día, uno de los
cerdos se convirtió en SUPERGORRINO
gracias al plutonio que le daban de merienda. El gorrino se había dado
cuenta de sus poderes cuando empezó a volar y hablar cada vez que veía
una bellota en su árbol. Decidió entonces combatir la Mafia, el
raterismo y el carterismo con sus poderes. Pero tenía un enemigo aún
mas poderoso, El Granjero,
y decidió vencerle a él primero. Preguntó donde estaba en bares,
cafeterías y otras granjas. Al fin lo encontró en una feria y descubrió
que era el cappo di maffia, el jefe de los rateros y miembro de una
banda de carteristas. Se enfrentó a sus hombres y los venció y luego
llegó hasta el
, lo venció también y luego descubrió que había encerrado a sus buenos
cuidadores, Super
mario y luigi. Los liberó y les deseó buena suerte,
mientras que él combatiría el crimen.
Me he dado de alta en iVoox, un
excelente sitio web de podcasts y radio en red; y estreno mis
recomendaciones con este
audio sobre el Big Bang y la historia del universo. Procede
al parecer de un DVD del History Channel, pero está tan bien hecho que
se sigue perfectamente sin las imágenes.
Y lo que cuenta es en realidad dos historias: una, la historia del
Universo, tal como ahora la entiende la ciencia, y otra, la historia de
cómo se llegó a construir esta historia del universo—es decir, la
historia de la astronomía y de la física, clásica y relativista. Son
dos tramas engarzadas de modo muy interesante (aunque conviene
distinguir una de otra). Me ha motivado para dar un repaso a la
historia de Todo, hoy que tengo un rato libre.
Una potente historia de todo la proporciona una teoría evolucionista
del siglo XIX, más ambiciosa que la de Darwin (y hoy injustamente
ignorada o minusvalorada). Es la de Herbert Spencer, que presenta un
grandioso panorama
de la evolución de todo lo existente: cómo lo complejo se genera a
partir de lo simple. Busca Spencer entender los principios
comunes de
todo lo que pasa—en un razonamiento que va desde la naturaleza de las
fuerzas elementales del universo, pasando por la generación de sistemas
planetarios y seres vivos, hasta las dinámicas de la economía y del
comportamiento humano. Sobre Spencer y sus grandes narrativas he
escrito diversas cosas, entre ellas éstas:
También he comentado algo sobre la historia de
la teoría evolucionista de
Charles Darwin—que no es propiamente una historia de todo, pero sí una
historización de la biología, y una historia panorámica de la
vida, en la que tenemos un trocito reciente que
protagonizar. Sobre la historia de la humanidad y del
lenguaje dentro del paradigma darwiniano he examinado diversas
panorámicas: aquí hay algunas de ellas.
- La evolución de las especies y el origen del hombre según
Darwin: una grandiosa secuencia de acontecimientos según la
caracterizó él mismo—una Gran Narración en efecto, analizable pero no
disoluble por la crítica postestructuralista.
- Evolutivamente hablando, soy más de Stephen Jay Gould que de Darwin,
en realidad. La
Estructura de la Teoría de la
Evolución de Gould es otro gran relato del desarrollo de la
vida, y del desarrollo de la teoría que nos permite entenderla.
Una historia de Todo, o de casi todo, incluirá la historia del origen
de la especie humana—y de otras especies humanas, y
antropoides, que nos precedieron. Sobre eso también pueden leerse aquí
algunos
artículos y reseñas:
Filósofos de la cultura como Giambattista
Vico o como G.
W. F. Hegel escribieron
grandes panorámicas evolucionistas del desarrollo de la cultura y de
las formas
espirituales—la Ciencia Nueva,
la Fenomenología del Espíritu. Pero
al carecer de un concepto claro de evolución biológica y del origen del
hombre, no
consiguen engarzar esta historia de las formas mentales con una
historia de las formas vivas, ni llevar la noción de emergentismo a sus
consecuencias más radicales.
Más promete en este sentido la filosofía (pragmática, o simbólica
interaccionista) de George
Herbert Mead. En su Filosofía
del Presente
se contiene, entre otras cosas, el origen e historia de las mentes, y
de cómo llegaron a aparecer en ellas el pasado, y el futuro—pues éstos
son objetos mentales en un mundo que en cierto sentido es todo
presente. Esta posibilidad del surgimiento del pasado, y del
tiempo como objeto mental, es desde luego un preliminar necesario para
toda historia, y para toda historia de todo.
Vico y Hegel sí contribuyen, tanto como Mead, a desarrollar el
análisis del
emergentismo: a saber, el estudio del desarrollo de fenómenos complejos
a partir
de los
simples. El hecho es que cuando algo simple da lugar a procesos
complejos, éstos requieren una
disciplina especial para su estudio. Y sería un error pretender reducir
una disciplina a la otra—la biología a física, por ejemplo. Hay que
hallar un modus vivendi y
reparto de labores entre las disciplinas del conocimiento. No resulta
práctico analizar un
jaguar como un conjunto de quarks: más vale acercarle la lupa de la
zoología. Las disciplinas del conocimiento buscan engarzarse unas con
otras (en un anclaje cognoscitivo o conceptual que también tiene sus
dimensiones historicas). Pero conviene estar atentos a la
especificidad de los fenómenos emergente, y comprender el concepto de
reducción sin aplicarlo indebidamente. Aquí hay un post sobre Gell-Mann,
consciencia, reducción y emergencia. Y aquí hay un comentario
sobre el
concepto de consiliencia,
o convergencia y armonización de las disciplinas de conocimiento, las
que nos cuentan distintas historias sobre la realidad, historias que
deben conciliarse o combinarse de modo coherente. El concepto de
consiliencia lo ha
promocionado E. O. Wilson, pero en mi post examino la crítica que le
hace Stephen
Jay Gould, quien considera que en esa prometida armonización de las
disciplinas o gran Consiliencia de Todo lo Sabido hay que ser
especialmente cuidadoso con el papel y lugar de las humanidades.
Una historia que podríamos escribir es la historia de las
historias—de las narraciones y de su origen. Mucho se podría
decir al
respecto, pero por abreviar remitiré en este punto por ejemplo a Brian
Boyd, y a su libro Sobre
el origen de las historias,
que tiende un puente interesante entre narratología y evolucionismo,
entre ciencias y humanidades. Tan bien lo hace que podría dejar
satisfechos tanto a Wilson como a Gould.
Y hablando de humanidades, historias y disciplinas del
conocimiento... También está, por cierto, la historia de la Historia—de
la historiografía, digo, aunque lo que normalmente entendemos por historia no es sino un pequeño
capítulo de esta gran historia panorámica que es la realidad, o la
evolución de todo. Sobre historia de la
historiografía, he escrito este comentario sobre "El
surgimiento de la crítica histórica" de Oscar Wilde. Con una
cierta atención al concepto de retrospección,
tan necesario para entender la dinámica de cualquier tipo de historia,
pues mirando hacia atrás las contamos, desde la
atalaya del presente.
En la Historia, esa pequeña historia, situamos las historias de todo lo
que hicieron y dijeron los humanos, y de
todo lo que quedó escrito. Pues la escritura es una frontera
entre la historia y la prehistoria.
Las diversas historias de las civilizaciones con escritura, y las
diversas historias del desarrollo de la
cultura, se ubican, claro, como una fase tardía de la historia
humana entendida en sentido amplio. Como muestra un botón, aquí
hay una historia (la
Galaxia Gutenberg de McLuhan)
de cómo distintos medios de comunicación suponen otras tantas fases de
la cultura y pensamiento humanos—las sociedades iletradas preceden a
las culturas
con escritura y a las alfabetizadas. De ahí pasamos a la era de la
imprenta, y
luego a la de las comunicaciones electrizadas y electrónicas—y aquí es
donde
estás, lectriz.
Como Gran Narrativa, también está, como medio para entender la
dinámica de lo que
pasa, la historia de la globalización—la historia de la división del
trabajo y de la producción, del intercambio de bienes y procesos
productivos, y del desarrollo de los fenómenos económicos y
comunicativos que nos están encogiendo la aldea global. Casi cualquier
cosa de la que hablamos en la vida moderna (teléfonos móviles, tiendas
chinas...) es un capítulo
de esa historia. La macdonaldización de la sociedad
postmoderna no es sino un episodio tardío y característico.
Tantas historias hay que organizarlas. Sobre todo cuando tanto
abarcan todas.
De hecho, se organizan espontáneamente, solapándose, complementándose o
acabando una donde empieza la otra—cada historia encuentra su lugar, ya
sea dentro de la otra, o englobando a la otra. Uno de los conceptos que
me interesa desarrollar últimamente es el de anclaje narrativo:
el
engarce espontáneo de un proceso narrativo en otros procesos
narrativos, la ubicación de una historia dentro de otras
historias, o con respecto a otras historias.
Para un análisis conceptual de estas historias (que en ello
estamos) supone una cierta dificultad el que se ubiquen en distintas
disciplinas y se refieran a fenómenos de distinta naturaleza
conceptual. Pero no es un problema insalvable: antes bien, la
noción misma de consiliencia
exigiría que habrá de ser salvable de
alguna manera. Así,
habrá que ubicar primero si las narraciones que intentamos conciliar,
anclar y engarzar, son historias de procesos físicos... o si son
historias de
representaciones de los mismos, y de disciplinas y discursos que tratan
de entenderlos (y de narrativizarlos).
—(un mínimo de consciencia del emergentismo de los fenómenos nos dirá
que sólo puede haber representaciones
de procesos una vez hay procesos
que representar, y que sólo puede haber narratologías, y análisis de
las mismas, una vez hay narraciones, y análisis de las mismas).
El concepto de anclaje narrativo lo inauguré en este post: "El
anclaje narrativo". Puede verse algo más desarrollado y aplicado al
estudio de una novela "evolucionista" en este post: "Harry
Thompson, This Thing of Darkness:
Narrative Anchoring".
He dicho hace poco que el anclaje narrativo resulta de un engarce
"espontáneo" entre unas historias y otras. Entiéndase bien que
esta "espontaneidad" requiere por supuesto un trabajo conceptual
activo. En el mundo de los objetos conceptuales el emergentismo tiene
lugar por medio de nuestras cabezas, y por eso podemos decir que la
comprensión de los procesos, y el análisis narratológico de los mismos
y de la misma, es un fenómeno emergente. Un fenómeno que para tener
lugar requiere de la evolución y desarrollo de herramientas
conceptuales, tecnologías comunicativas, e instrumentos cognitivos para
la representación (como por ejemplo el
alfabeto, o este blog). Sobre estas cuestiones pueden leerse mis
posts sobre narratividad
emergente (en inglés) y sobre los
blogs y la narratividad de la experiencia.
Con esto me parece que queda tratada la historia de todo, tal como se
ve desde
esta esquina del tiempo—en la
medida en que hoy podemos tratarla, y en la medida en que podemos
organizar todas las historias que en ella se reúnen y combinan. Ya he
hablado antes del concepto de consiliencia. Sobre la convergencia o
consiliencia entre consiliencia y anclaje narrativo versa este
post, y también éste.
On Apr 10, 2010, at 1:02 AM, Alexandra Antonopoulou
wrote:
Hello,
I am looking at how narrative and in particular story-making has been
used as a methodology for designing. I am aware of instances where
designers (eg.Dune and Raby) design objects to encourage people to
create narratives about them but I am rather interested in cases that
story-making has been used as a method to create the initial
concept/object/product etc rather than to be created by that. I would
really appreciate any literature references on the subject.
All the best,
Alexandra Antonopoulou
______
Nothing theoretical comes to mind, just now, but all advertising is in
a sense about this, and I'm sure many of the writings of design
historian Stephen Heller contain direct or indirect references to
stories shaping products. In the series MAD MEN, you constantly hear
the *creative* people talk about stories that
describe a product or, sometimes, make it something (that it often
isn't).
And of course you see the same type of thinking, at another scale, in
both politics and planning, especially--but not exclusively-- in
utopian schemes. In both these practices, you see stories driving
visions, a scheme beautifully analyzed in Howard Gardner's LEADING
MINDS. Two excellent books, the first less and the second more directly
related to storytelling, at the level of the creation of political and
social structures, are James C. Scott's SEEING LIKE A STATE, and James
A. Throgmorton's PLANNING AS PERSUASIVE STORYTELLING.
Apostolos Doxiadis
________
(And my own contribution):
On the other side of the balance, there is an incisive argument against
the vogue for entrepreneurial "storytelling" in Christian Salmon's Storytelling: La Machine à fabriquer des
histoires et à formater les esprits (Cahiers libres, Paris, La
Découverte, 2007.
The conclusion can be read online ("alas") in French:
Esta era de los Rolling, su primera canción creo. También es de
Marianne Faithfull, y de Nancy Sinatra, y de María del Mar Bonet, y mía
a ratos. Esta tarde la he estado practicando en la plaza con mi
guitarra chatarrosa. La oí una vez, a lo lejos, ¿dónde?...
había una pradera y un río de por medio... ¿En Cambridge? Sí, en
Cambridge creo que fue, al otro lado del río. Pero ya la
tenía en un caset que me
compré en 1989. En septiembre creo que era.
Hablar es en cierto modo mentir—atraer la atención sobre algo
que no está, o no estaba, allí.
De ahí que la mentira —la mentira sobre la mentira, o la vuelta de la
mentira sobre sí misma— o la ficción hayan sido especialmente
problemáticas en su consideración, condenada la una, altamente
sospechosa la otra.
Si la vida es sueño, siendo como es una estructura de representaciones,
el ensoñamiento en sí, o los sueños flotantes de la noche, son también
una vuelta del sueño sobre sí, un sueño al cuadrado que también es
sospechoso. Quizá los animales piensen en imágenes, como Einstein y los
autistas, pero no se comunican en imágenes, a no ser (parcialmente)
consigo mismos. La otra vida que puedan vivir en sueños, o la que
vivimos nosotros como ellos, es algo inquietante, es irreal, es
ficción, es mentira... precisamente porque el sueño contiene su propia
realidad autónoma, su propia verdad autocontenida.
Qué significarán los sueños... Ya se pueden partir los cuernos las
escuelas para interpretarlos. Está claro que a veces piden un sentido
que no es el que expresan en su superficie, son un reto a la
explicación. Para mí sólo hay una interpretación auténtica que nos da
la verdad de los sueños: aquella que, pasándolos por el tamiz de la
palabra, les asigna un sentido, y provoca un consenso—es cierto, eso significaba mi sueño. Esto
se puede dar entre los lectores de Artemidoro, entre los de Macrobio, o
los de Freud: cada sistema interpretativo genera sus propios efectos de
verdad y sus propias interpretaciones satisfactorias y fiables.
(Fiables en ese contexto, discurso, o ámbito). Es significativo el
papel del discurso como clarificador de las imágenes: con el uso del
lenguaje extraemos o creamos el sentido, seleccionando, ligando,
enfatizando, relacionando... añadiendo este discurso su propia red de
relaciones sobre la red de relaciones que presumiblemente generó el
sueño. La interpretación, aquí como en otras partes, es una
determinada
dirección de la atención. (O
redirección, o reorientación).
Como lo es, en otro sentido, el lenguaje. El lenguaje es mentiroso,
decíamos, porque fija nuesta atención sobre algo que no hay, que no
está, el signo ausente. O sobre un aspecto específico de lo que tenemos
delante, ignorando los demás. El discurso es crítico—selecciona, krinein.
Y seleccionar es (entiéndaseme bien) mentir, elegir unas cosas y dejar
otras que también están allí, pero nos parecen menos relevantes.
También podemos ignorar la situación presente y evocar un mundo de
ideas que no está aquí, pero que es más importante o significativo que
lo que tenemos delante, y de él hablamos. (Oscar Wilde tenía muy
claro, en su teoría del arte y de la crítica, en "La decadencia de la
mentira", o en "El crítico como artista", que quien representa algo en
una obra de arte o en una crítica de la misma, no
hace una copia fiel, sino que más bien lo modifica, selecciona,
subraya, enfatiza, transforma... o podríamos decir dirige la atención
de su público sobre ciertos aspectos del objeto, y sobre sí
mismo. Lo mismo nos decía Anatole France: ver "La
crítica autobiográfica").
Los animales son autistas. No hablan, no se comunican representaciones,
sino únicamente señales. Están más atentos a lo que tienen delante, no
se pierden en abstracciones. Actitudes tienen, e intenciones y
deseos—a veces muy bien definidos en los animales superiores: ideas,
tienen pocas y flojas, pues les faltan palabras en las que apoyarlas.
Nuestras ideas por contra son abundantes, complejas y ensamblables. Son
manejables gracias a las representaciones simbólicas. Como por ejemplo
las matemáticas—pero sobre todo gracias al lenguaje. Que volviéndose
sobre las demás representaciones, (como por ejemplo sobre los sueños),
incluyéndolas en sí, puede también comunicarlas, extraerlas de la mera
autocomunicación, e incluir a todos en un mundo social... mayormente
imaginado y convencional, un mundo comunicado y
comunicativo—constantemente reformulado en este intercambio colectivo.
(Esto lo podríamos relacionar con la teoría del interaccionismo
simbólico, de Mead, Blumer, et al., según la cual los sentidos y
significados de los objetos, o de los fenómenos, no están contenidos en
el objeto o fenómeno en sí, ni tampoco son una pura creación de la
mente del observador—sino que son constantemente elaborados,
reelaborados y negociados, en un proceso de comunicación social).
Cuando hablo de atención, me estoy refiriendo a dos cosas diferentes,
pero relacionadas entre sí—por la manera en que funciona la
comunicación social entre los humanos.
• Por una parte, me refiero a atraer
la atención sobre uno mismo.
Es algo que nos va mucho a los humanos (y no sólo a mí, como dicen las
malas lenguas). Lo hacemos según infinitas modalidades o estrategias,
algunas más directas o evidentes, otras más disimuladas o podríamos
decir institucionalizadas.
Así, por ejemplo, obtener un título universitario o un puesto laboral
es hacerse con una garantía de atención... sedimentada o fosilizada,
podríamos decir.
• Por otra parte, me refiero a dirigir
la atención de los demás sobre algo.
Dirigir la atención, orientarla conjuntamente sobre un hecho o
fenómeno, es algo que está en la base misma de la consciencia humana.
En el blog Babel's Dawn de
Edmund Blair Bolles puede seguirse la teoría sobre el origen y
naturaleza del lenguaje según la cual lo
característico del universo lingüístico humano es la capacidad de
orientar y dirigir la atención.
Está especialmente ligada esta tesis también a la teoría cognitiva de
Michael Tomasello. (Ver p. ej. Tomasello, "Joint Attention as Social
Cognition", en Joint Attention: Its
Origins and Role in Development, ed. C. Moore y P. Dunham;
Erlbaum, 1995).
Especialmente notable en el lenguaje humano es la capacidad de orientar
la atención del oyente sobre un objeto no presente, o un objeto
ideal—como ya hemos dicho. Así superponemos al mundo presente, en
el que estamos directamente inmersos, una realidad virtual de sentido,
y de interacción comunicativa, una realidad virtual que modula u
organiza la realidad física sobre la que se superpone.
Estas dos modalidades de la atención son distintas, como se ve, pero
están imbricadas mutuamente.
De la manera siguiente: podríamos decir que atraer la atención sobe uno mismo
es también dirigir la atención de
los demás,
y una persona que concentra la atención sobre sí también es capaz (como
un espejo reflectante) de dirigir esa atención sobre otros objetos de
su interés. Los influyentes (famosos, poderosos, autoridades
intelectuales) atraen nuestra atención sobre sí, y la dirigen con su
palabra y sus acciones. El discurso del famoso es un potente
instrumento óptico, que modela la realidad observable, nos hace ver
determinadas cosas, o verlas de determinada manera. Quizá diga lo mismo
que lo que dice uno de a pie (yo pongamos) pero ahí está amplificado,
ahí mueve masas—es verbo divino. En fin, hablando de verbo
divino, recordemos sin más el poder que tiene el discurso canónico,
sagrado, sancionado: la Biblia, Shakespeare, Darwin, Derrida—discurso
repetido, enmarcado, amplificado, puesto sobre un pedestal, y que crea
ondas de realidad y de atención en torno a sí.
Y viceversa. Dirigir la atención de los demás,de
modo productivo, provechoso, divertido, llamativo, interesante... es
también dirigir la atención sobre uno mismo. Con lo cual el discurso
futuro de uno se verá amplificado correspondientemente. En fin, que
orientar la atención de los demás hacia otras cosas también es
orientarla hacia uno mismo, y viceversa, tanto más cuanto más
provechosa para el interés general ("interés" en ambos sentidos) sea
esa orientación. En el caso de una obra de arte o literatura, se
da un tipo mezclado de estos dos tipos de atención. La obra no es "uno
mismo", pero sí una proyección o avatar de uno mismo, carne de mi
carne. Y atrayendo la atención sobre ella, la atraemos también sobre su
tema, y sobre su autor o sobre quien la presenta al público.
(Se observará además que, aparte de las autoridades intelectuales o
gente que
hace o dice cosas interesantes, hay en el arte y en la vida ciertos
fenómenos que son puros torbellinos
de atención, puros objetos de
discurso, autoalimentados
por los medios y por la misma atención de gente que habla de ellos como
hago yo ahora... pero ya hemos dicho bastante con sólo aludir a este
fenómeno colateral. Dada la dinámica de la atención, la generación de
estos torbellinos de atención es un fenómeno inherente a la
comunicación humana, y de ahí salen burbujas, best-sellers, modas
súbitas y famosillos inanes. Internet, como un gran fenómeno de
intercambio y organización de atenciones, posibilitando la atención
global, ha potenciado extraordinariamente estos torbellinos
de información).
Brian Boyd termina su libro On the Origin of Stories
llamando la atención sobre un aspecto importante del arte, y de la
narración, y de la teoría del propio Boyd Boyd sobre el arte y la
narración. A saber, llama resalta la importancia de la atención en esta teoría.
Otras teorías sociobiológicas sobre el arte y la narración enfatizan
los aspectos informativos (Michelle Scalise Sugiyama) o los cognitivos (Joseph Carroll) de estos
fenómenos. Y habrá que concurrir con Gordon
Burghhardt
que en fenómenos tan complejos no hay que ser reduccionista, sino que
hay que recurrir a una explicación multidimensional, atenta a múltiples
causas. Pero atendamos a lo que dice Boyd—pues fijar la atención en un
aspecto determinado puede ayudar a conocerlo mejor.
"1. La atención es importante para
todo tipo de arte, literatura, y narración,
como han sabido los artistas y el público (y Aristóteles) desde hace
milenios" (Boyd 392). La atención es ciertamente crucial para el
artista y para el narrador. El arte y la narración (y podríamos decir
que, de modo más general, el uso de la palabra) aspiran a atraer la
atención sobre sí, y a mantenerla atrapada. De hecho, en sus formas más
elaboradas (desde una pintura hasta una conferencia, una novela o hasta
Avatar)
la obra de arte y el discurso narrativo generan una realidad
alternativa, enmarcada y absorbente, que mantiene fija la atención del
receptor en ese mundo virtual). ¿Cuáles son las mejores obras de arte?
La pregunta es redundante... no podemos contestar sino que son las que
más atención atraen— ya sea la atención del vulgo, o la atención
selecta de la comunidad crítica con la que nos identificamos. O la
atención de la selecta comunidad de uno mismo: lo mejor es lo que mejor
atrae nuestra atención, o lo que atrae nuestra mejor atención. (No esto, por
ejemplo).
"2.
Los efectos del arte en las mentes humanas dependen de su poder de
gobernar la atención.
Como el juego, el arte puede reconfigurar las mentes de modo
asistemático porque sus altas dosis de esquemas regulares nos absorben
de modo compulsivo y, con el tiempo, a través de muchas experiencias,
pueden alterar nuestras capacidades de producir o de procesar las
pautas regulares (pattern)."
(Boyd 392)
(La detección de regularidades es una tendencia cognitiva del cerebro,
que tan pronto puede resultar selectivamente ventajosa, como producir
pseudofenómenos mentales, tales como la
apofenia, o como la proyección cognitiva de intenciones
inexistentes, imaginadas, y de espíritus
sobrenaturales que nos vigilan y controlan).
"3.
La captación de la atención puede explicar los rasgos del diseño de las historias de un modo que no
pueden hacerlo otras explicaciones". (Boyd 392)
Quizá subestime Boyd las dimensiones cognoscitiva e informativa que se
dan no sólo en las narraciones factuales, como dice, sino también en la
ficción—que está hecha de realidad, mayormente. Hasta la ficción
fantástica tiene un valor cognitivo en el sentido de que (como decía
Wolfgang Iser en Prospections)
la fantasía e irrealidad se define por contraposición negativa con una
realidad que presupone y en cierto modo contiene. Esa realidad es un
principio cognitivo activo en la recepción de la ficción y de la
fantasía. (Algo más sobre realidad y ficción trataba yo en
este capítulo de Acción, Relato,
Discurso, 3.1.4.4).
También conviene hacer notar que los valores informativo y cognoscitivo
de la ficción contribuyen a su interés, o a su potencial de captar la
atención, aunque no basten para explicarlo. Sea como sea, es cierto,
como dice Boyd, que
"el objetivo de hacerse con la atención
puede explicar aspectos del diseño de los relatos, desde los chistes o
los juegos infantiles de 'hacer como si', hasta las obras maestras
atemporales o los desafíos vanguardistas. Debido a nuestra
ultrasocialidad, tenemos un apetito enorme por saber sobre
acontecimientos sociales. La ficción puede mantenernos atrapada la
atención durante horas. Como mostré al comentar la Odisea y Horton Oye a un Quién!,
las opciones que a gran o pequeña escala adoptan continuamente los
relatos de éxito sobre cuestiones de género literario, carácter,
argumento, medio comunicativo, estructura, contraste de personajes,
ironía, y muchas más cosas, pueden explicarse en términos de atención,
en términos de ofrecer alicientes, en especial alicientes emocionales,
para mantener al público absorto y sin responder a su entorno
inmediato, mientras se absorben a medias en el extravagante mundo del
relato." (Boyd 393).
Matizaré aquí que Boyd no parece distinguir mucho entre los dos tipos
de atención que diferenciábamos arriba; por eso aquí parece que se está
refiriendo a la atención que atrae una narración u obra de arte sobre sí misma—
cuando en realidad, para atraer la atención sobre sí y sobre su
creador, estos objetos semióticos dependen en gran medida de su
capacidad para atraer la atención sobre los objetos (virtuales) que
representan, o sobre aspectos del mundo real con ellos
relacionados. Una cierta confusión no es de extrañar cuando
consideramos que (torbellinos informativos aparte) una orientación provechosa
de la atención que efectúe una narración u obra de arte hacia
determinados acontecimientos, esquemas perceptuales, relaciones
sociales, etc., será también una orientación de la atención que revierte sobre la obra misma y
contribuye a promocionarla, a ella y a su autor.
Obsérvese que una representación de un objeto—un cartel, un retrato—puede
atraer la atención
más que la realidad que la circunda, incluso más que el objeto
original mismo—y esto es porque la representación es
un objeto intencional, que apela a sí misma como captador de atención:
está imbricada en el juego social de intercambios de señales y llamadas
de atención—(aunque no negaré que una cosa o una persona puede ser
también la representación de sí misma, especialmente en el caso de
estrellas e iconos como Madonna o Bob Dylan, y puede tener por tanto
este valor de autoimagen).
A pesar de que la literatura puede ser muy absorbente para muchas
personas, es conocida la capacidad de fomentar la inmersión que tienen
los relatos multimedia. Pueden captar la atención de un público más
amplio y de sectores menos formados del mismo: así, el cine y la
televisión apelan a dos sentidos simultáneamente además de a la
atención interpretativa del cerebro. Y los juegos de ordenador
interactivos, al implicar respuestas motoras, reflejos, y capacidad de
toma de decisiones del jugador, son
capaces de proporcionar una experiencia de inmersión mucho más
absorbente, por no decir adictiva. (Lo mismo se ha dicho, por
cierto, sobre los blogs, o sobre Facebook,
por su potencial interactivo-comunicativo esta vez).
En literatura, aun admitiendo que hay mucha interacción virtual con el
lector, sólo la absorción del narrador o del poeta en la composición y
manipulación de su texto, o la del actor teatral o cantante en la
interpretación de su papel o su canción, pueden proporcionar una
experiencia de inmersión que sea comparable a la de los videojuegos en
su capacidad de absorción e interacción. De ahí que con los
videojuegos abandonamos propiamente el terreno de la recepción o
lectura y entramos en el de la experiencia virtual y la acción en
segundo grado, en el universo acotado por el juego. (Ya comenté
que algunos aspectos de la película Avatar
buscaban reapropiarse intermedialmente de esta experiencia de inmersión
del videojugador, para inyectar en la historia cinematográfica su
potencial de mantener la atención).
La realidad social se estructura mediante estrategias comunicativas y
de atención mutua. Es la atención la que traza alrededor de los signos
los marcos invisibles que los organizan—son rituales de atención
compartida. También los análisis de Goffman sobre la proyección del
sujeto, sobre la
acción coordinada en grupos, y sobre la
organización del espacio social,
podrían relacionarse con esta perspectiva sobre la atención compartida
y su significación social. Lo mismo digo de su visión estratégica
sobre la
gestión y control de las impresiones proyectadas. El maquiavelismo
requiere mucha atención, y mucho disimulo de la atención.
Por cierto, que nos recuerda Boyd que en una sociedad basada en el
intercambio de atenciones mutuas, esta moneda también puede devaluarse.
Por ello, casi tan importantes como las estrategias para atraer o
dirigir la atención de los otros, son las estrategias de resistencia,
encaminadas a evitar que nuestra preciosa atención (nuestro tiempo y
energías limitados) se malgaste dejando que cualquiera la atraiga: hará
falta una buena razón para convencernos para atender—con lo cual las
estrategias para atraer la atención tendrán que tener en cuenta por
anticipado las estrategias de contraatención, y buscar desactivar esa
resistencia.
Menos convincente resulta Boyd en lo que sigue:
"4.
La atención puede explicar los
efectos sociales del arte. La atención mutua nos es tan natural
que
apenas pensamos en su significado biológico. En los animales sociales
en general, y especialmente en los primates, la capacidad de gobernar
la atención está estrechamente correlacionada con el status social, que
indica una prioridad de acceso a los recursos y por tanto tiene
normalmente una alta correlación con la supervivencia y con el éxito
reproductivo."
La sociedad humana ya es demasiado complicada para estas
generalizaciones. No parece que los artistas y escritores (a pesar de
mitos y auras) sean especialmente favorecidos por los cocineros y por
las señoras con sus favores, ni que tengan particular éxito en hacer
sobrevivir a sus genes (ni Homero ni Shakespeare ni Cervantes).
Lo que sí sobrevive de artistas y escritores son sus ideas, sus memes,
no sus genes. El arte es incierto como vía para el éxito
económico (dependiendo como depende del azar del talento, y del azar de
los torbellinos). Y quien esté interesado en perpetuar sus genes, le
recomiendo que dedique sus atenciones a las señoritas, y viceversa, —no
a las obras de arte ni a la composición de libros, que suele ser un
pasatiempo hosco y solitario, una sociabilidad ersatz muchas veces.
Hay que reconocer, sin embargo, que sí hay un "mercado de status" entre
los artistas y literatos, como observa Boyd—no de otra cosa están
hechos los cánones y los museos y las galerías. Cuando leemos o
estudiamos literatura leemos o estudiamos el resultado de múltiples
filtrajes y refuerzos de atención realizados por públicos anteriores,
instituciones, editores, vendedores... Y otra cosa
interesante dice Boyd:
"El poder de captación de atención del
arte puede conducir no sólo a un mercado de status primario para los
artistas, sino también a un mercado secundario de aceptación o status
para el público. Quizá deseemos pertenecer a algún público determinado,
o destacar allí, ya sea uno grande (los interesados en los cuarenta
principales o las listas de bestsellers o los estrenos
cinematográficos) o uno pequeño y selecto (los que tienen gustos de
culto o elitistas, como el blues de los años 30, o las novelas de
detectives de Julian Barnes firmadas como 'Dan Kavanagh', o el cine de
vanguardia. Podemos ganarnos la atención de los demás mediante nuestro
acceso a los artistas o a sus obras, especialmente cuando está
restringido: una primera edición, un ejemplar firmado, un manuscrito,
un cuadro original, una función de encargo, un asiento caro en la
ópera, una noche en un cuarto de hotel con una estrella del rock". (394)
También los géneros y variedades artísticas se pueden interpretar como
estrategias de atención—aquí habría que combinar el
estudio del receptor implícito
de una obra en concreto, con el estudio del tipo de recepción a que
apelan los diversos géneros literarios y narrativos, y las diversas
modalidades artísticas:
"5. La atención explica las
variedades de arte. Los
artistas pueden buscar muchos públicos diferentes con su arte, incluso
con el arte de la ficción. '¿A la atención de quién apela?' puede que
sea la primera pregunta que hacemos sobre una historia: define su
público por edades (niños, adolescentes, adultos), por nivel literario
(subliteratura, popular, literario, experimental), por género (romance,
misterio, thriller, western, ciencia ficción, fantasía)? ¿Promete una
satisfacción de la atención inmediata y de bajo esfuerzo, o un
compromiso de la atención a más largo plazo y más esforzado, que dure
en el tiempo, y con relecturas repetidas? ¿Es el tipo de libro que
tiraríamos tras leerlo, o que guardaríamos y al que volveríamos? 6.La atención ofece una guía para la
apreciación y la evaluación. Un
enfoque sobre las narraciones enfocado en la atención respetará los
logros de la narrativa popular que apela con éxito al público de su
elección, aunque también valorará de modo diferente la narrativa que
pueda mantener la atención a través de múltiples lecturas y muchas
generaciones. (394).
Por último, volviendo a la cuestión del arte y la literatura como modos
de hacerse con una reputación social, veremos que la vanidad proverbial
de autores y artistas no es una coincidencia continuada, sino una
condición inherente a su actividad. La literatura, la narración, el
arte y la escritura, son un juego de atención social. (Cada vez me
alegro más de haber llamado a mi blog Vanity
Fea,
en alusión al aspecto inmodesto y vergonzante de esta actividad). Esto
es así aun en el caso de quienes eligen llamar la atención con su
desaparición, o con su humildad, o con su discurso clínico, distante, y
académicamente impecable.
7. La
atención también puede explicar el papel de la reputación artística. (394).
Así, atendemos a lo que otros atienden, nos imitamos, nos pasamos modas
e influencias y gustos, intercambiamos cromos de status, construimos
clásicos y famas casi sin enterarnos.
Y aquí encontramos un momento interesante y curioso de la teoría de
Boyd, un momento reflexivo o autoexplicativo.
No es sólo que la atención sea crucial para la literatura: también lo
es para la crítica, y el argumento se vuelve de modo reflexivo sobre la
propia argumentación de Boyd, y sobre la actividad crítica en la que
está inmerso como cualquier otro artista de la palabra: intentando
captar la atención de un público, monstruo refinado (—¿aún me sigues, hypocrite lecteur?).
Boyd, como cualquier artista de la palaba o vendedor de discursos,
quiere atención para su libro, y por eso lo ha escrito, por eso se han
escrito todos los libros, y todos los blogs:
"En la Teoría Crítica con T mayúscula,
los críticos rara vez vuelven sus críticas sobre sí mismos. Un
Teorizador proclama, de hecho, 'El significado es infinitamente
irresoluble, pero espero que tú entiendas exactamente esto cuando yo insisto en este punto'— o, 'El autor es un concepto desfasado,
pero por favor cítame
diciendo que lo dije'. En este libro también yo estoy compitiendo por
la atención (la de un cierto tipo de público: la tuya, querido,
inteligente y educado lector) y puedo hacerlo así en parte
enganchándome al carro de obras importantes, al igual que Homero
escogió el principal ciclo narrativo de sus tiempos. Podría pergeñarme
una historia nueva, si pensase que haciéndolo podría hacerme con la
atención del público durante generaciones, y competir por un público
aún mayor, pero subido al status clásico de Homero y la perenne
popularidad del Dr. Seuss, espero evitar el destino de los novelistas
que se encuentran totalmente ignorados". (395).
Es el argumento que ya tuvimos ocasión de ver en la teoría subjetivista
de Anatole
France,
cuando habla de la crítica como una forma de apropiarse de las obras
literarias para un ejercicio de promoción personal de la atención.
Acudimos al crítico pensando que nos va a desvelar la verdad de las
cosas, o del libro... pero ay, el crítico tiene sus propias
prioridades, a la hora de dirigir la atención del lector.
Observa Boyd que esta atención al interés de las obras y a la atención
del público ha estado demasiado ausente de la atención de la crítica.
Una teoría panorámica de la literatura en el marco de la actividad
social y cognitiva, o en el seno de una perspectiva crítica
sociobiológica y evolucionista, habrá de empezar por fijar su atención
en el arte, el discurso y la narración, como estrategias de
atención. Y de interacción
comunicativa, añadiría yo.
Hace mucho mucho tiempo oía yo este disco de Don Maclean, cuando
era estudiante y los discos eran de vinilo. Hablaba de nostalgias
musicales, pero como entonces era nuevo a mí no me parecía
nostálgico. Ya sí me empezaba a sonar como parte de mi vida
pasada, y retro retro, cuando lo oía en América años después. En el
césped del
campus de Providence era, donde se jugaba por entonces al frisbee, y la
moda aquel año, I remember I
remember, era ir descalzos por la calle. Esa moda aquí no
llegó,
que yo recuerde.
También me dedicaba a estudiar, no piense la gente... que escribí
muchos trabajos allí. But February
made me shiver / With every paper I delivered...
Desde entonces mucho musgo han echado las piedras del camino, dice la
canción, y era
profecía...
I met a girl who sang the blues And I asked her for some happy news, But she just smiled and turned away. I went down to the sacred store Where I'd heard the music years
before, But the man there said the music
wouldn't play.
Sin embargo, aún la volveremos a cantar, quizá. Este vídeo es sólo la
primera vez que me arranco a tocarla... y estas canciones tienen la
virtud de volver y volver.
Veo que YouTube ha cambiado bastante de formato últimamente,
suprimiendo las estrellitas para puntuar y rediseñando la distribución
de las páginas. Por allí causan furor los vídeos de Lady Gaga, con
decenas o cientos de millones de visitas. Son una cosa muy bien
hecha de un género que no me va mucho. Me quedo antes con este de
Mylene Farmer, ya casi un clásico, que también va un poquito por allí:
Sigo leyéndome a ratos perdidos la novela de Gironella Un millón de muertos, posiblemente
la mejor novela "nacional" sobre la Guerra Civil; si bien no es
fascista ni siquiera propiamente franquista, sino más bien humanista
cristiana. Es panorámica, y sigue los destinos de varias decenas de
personajes, en el triángulo Cataluña / Madrid / País Vasco, a la vez
que narra el desarrollo global de la guerra y retrata el ambiente o
mejor dicho los centenares de ambientes característicos de la guerra.
Por ejemplo esta caracterización del hambre en Madrid, donde la gente
pasó a comer más cacahuetes que otra cosa:
"En Madrid, el hambre metamorfoseaba las cosas o, por lo menos, su
figura. Todo se relacionaba con el comer, y el léxico sufría violentos
virajes que a buen seguro hubieran interesado a Fanny, a Bolen y a los
filólogos. El cañón que disparaba sobre la ciudad cada día, al
amanecer, era llamado 'el lechero' y también 'el churrero'. Las petacas
eran palpadas como si fuesen de chocolate, los vasos boca abajo eran
'flanes', los huevos de cristal para zurcir medias eran huevos de
verdad y las sábanas limpias parecían nata. El pan... El pan era lo
básico y todas las piedras eran panes. El pan y las patatas y el
aceite. Todo lo verde eran legumbres; y la sangre sería vino... Era la
metamorfosis, la transubstanciación. Cuando un caballo paseaba por la
calle, todo el mundo le miraba a las obscenas ancas. Cuando en el cine
aparecía una mesa bien servida, lo mismo podía ocurrir que se desatara
un escándalo fenomenal como que se hiciera un silencio cobarde. Por lo
demás, el piso de los cines, lo mismo que el de las paradas de los
autobuses, estaba lleno de cáscaras que crepitaban un poco como la
arena de las avenidas del cementerio, y las tiendas que decían
'Comestibles', 'Ultramarinos', eran miradas con sarcástico fatalismo".
(653)
Aun después de ver lo panorámico y detallado de la novela, me ha
sorprendido encontrarme con este trozo del capítulo 44, que habla de mi
comarca, donde estos días también he estado admirando paisajes
fenomenales, como estos protagonistas que llegan a ella destinados a
una compañía de montaña. Hasta en las piedras del río me venía fijando
yo, como si fuese un forastero, paseando ayer por este paisaje:
"'¡Qué maravilla!', exclamó Ignacio. Llevaba lo menos una hora soltando
adjetivos desde el interior de la cabina del camión. A su izquierda, el
conductor; a su derecha Moncho, cambiando de expresión a cada recodo de
la carretera. Habían salido de Jaca a mediodía, pero el conductor tuvo
que pararse repetidas veces para recoger víveres destinados a la
Compañía de Esquiadores. La carretera avanzaba paralela al río, al
Gállego. Río parlanchín, río pulidor de guijarros perfectos. A cada
kilómetro el desfiladero se hacía más angosto, hasta que, de improviso,
rebasados Biescas y el fuerte de Santa Elena, entraron en el valle de
Tena y el paisaje se abrió a sus ojos como una doble página de revista.
El valle parecía al otro lado de la guerra, debía de regirse por otro
calendario. La nieve lo cubría sin exceso, sin el drama de Teruel. Allí
no asomaban, entre el blanco polar, carroñas de mulos, sino pueblecitos
diseminados, caseríos con tejados de pizarra y árboles que se habían
sacudido a sí mismos la nieve que los cubría. '¡Qué maravilla!' Ignacio
lo miraba todo con los ojos que perdió siendo niño, lamentando que el
roncar del vahículo le impidiese oír la canción del río entre los
guijarros perfectos. ¡Montañas! En las cumbres, el espesor de la nieve
debía de ser sobrecogedor.
—¿Cuántos pueblos hay en el valle?
—Dieciséis. —El conductor agretó—: Dieciséis pueblos y el Balneario.
—¡Ah, sí! El Balneario de Panticosa...
Panticosa era la capital del valle. Pronto dieron vista al pueblo,
dormido aquella tarde en la pendiente que bajaba hacia el río. El
Balneario se hallaba unos doce kilómetros más arriba y disponía de
piscina, que debía de estar helada." (662)
Más adelante, la compañía de esquiadores recibe órdenes de avanzar
hacia los el este, hacia Ordesa... pasarían por Yésero, por Linás de
Broto, donde se conocieron mis padres de maestros, unos años después...
por Viu, por Torla...
"El avance se efectuó sin encontrar
resistencia. Los esquiadores
'rojos' se habían replegado. Conmovía ocupar aquellos puertos que a lo
largo de casi dos años de espera habían rebotado contra los
prismáticos. En las húmedas trincheras 'rojas', el único vestigio era
la ceniza de las hogueras, todavía caliente. Los pueblos habían sido
abandonados. Sólo quedaba en ellos algún anciano, caída la boina, la
cabeza apoyada en el bastón, éste apuntalado en el suelo, entre las
piernas. También se habían quedado algunas mujeres sin edad, las manos
amoratadas y llenas de sabañones. Los esquiadores dormían en los
pajares o en las cuadras. Las viviendas, cuya miseria encogía el ánimo,
se componían de algunos muebles roídos y de un calendario del Anís del
Mono o de alguna fábrica de Jaca, con una bolsa en la que se guardaban
las dos o tres cartas que la familia había recibido en los últimos
años. fuera, alguna gallina y alguna cabra junto a unos palmos de
terreno pedregoso, que era preciso arar. Ignacio estaba muy
impresionado. 'Ni un hogar sin lumbre ni un español sin pan'. Moncho,
aleccionado por su padre, veterinario, amaba aquellos animales. Ignacio
sopesaba el fusil y se preguntaba: '¿Verdaderamente las balas
procurarán a esas gentes una vida mejor?' Ignacio leyó algunas de las
cartas guardadas en los calendarios. En todas ellas, firmadas por
parientes lejanos, aparecían las palabras 'querer', 'ver' y 'deseo'.
¡Las escuelas! Ignacio y Moncho recorrían en
silencio la escuela de
cada pueblo. Una estancia ruinosa, con cartones en las cristaleras. Al
huir, el maestro había olvidado en la pizarra una multiplicación y en
el mapa de España que presidía la pared se entrecruzaban líneas rojas y
verdes que no se sabía si eran carreteras, ríos o venitas de sangre. En
estos mapas aparecía invariablemente un pequeño redondel, la huella del
índice del maestro, que borraba por entero el nombre del pueblo.
Ignacio evocaba sin querer la escuela de David y Olga. '¿Vosotros
también creéis que el hombre es portador de valores eternos?' Sobre los
pupitres, o en el suelo, yacían cuadernos escolares forrados de azul
ultramar, lo mismo que los de Gerona. Por lo visto, la costumbre había
alcanzado también aquellos trasmundos de congoja". (695)
En tiempos tocaba yo en la guitarra esta canción, "Romance Anónimo". La
segunda parte de lo que sale en este vídeo. Hoy me lo recordaba una
amiga por el Facebook, la de veces que me la oyó tocar... Le he dicho
que ahora he cambiado de estilo, por ejemplo a este.
Pero en fin, en tempus fugit sonaba yo casi tal que así...
PS: Más chat en red, y más música para el recuerdo. Oyendo a MJ
llamando a Biescas en su estreno de Yahoo Messenger...
Yo calladico.
Un día muy complicado. Esta mañana estaba en Zaragoza. También he
estado con los nenes, andando por el camino de Santa Elena, buscando
trincheras enterradas; alguna ha salido.
- Sobre los desequilibrios en la ratio profesor / alumno: "Los
desequilibrios se explican porque la creación de Centros y dotación de
plantillas se han llevado a cabo siguiendo criterios e intereses
locales, y sobre todo en función de los intereses de los grupos de
profesores que actúan de una manera corporativa. Los profesores desean
ampliar sus grupos, según sus campos, y no les importa a costa de qué.
Los grupos de profesores débiles son los que se quedan con las grandes
masas de alumnos."
- Sobre los evaluadores como instrumento de control y disciplina del
profesorado: "Los evaluadores son un nuevo grupo dirigente que con sus
prácticas, y el asentimiento de los demás profesores pretenden hacerse
con el control de las universidades al margen de las leyes, o
utilizándolas de un modo torticero" (...) "los nuevos evaluadores son
personas intelectualmente mediocres, que se afirman con el control
burocrático de la universidad porque saben que no poseen altura
intelectual."
- Sobre las causas de la degradación de la Universidad: "La degradación
actual es básicamente moral y política y es inseparable de la situación
política española actual."
- Y sobre su crisis: " Lo que ocurre es que a las universidades aun no
les ha afectado la crisis. Sus gobernantes viven fuera de la realidad,
aun siguen pidiendo más fondos públicos, son incapaces de la más mínima
autocrítica y se creen los salvadores del mundo. Si no causasen
indignación, darían pena."
- Sobre la Ley de la Ciencia y el endeudamiento de las universidades:
"Es una tomadura de pelo. No se trata de hacer empresas de base
tecnológica. Para lograrlo es necesario tener mercados, sino de
facilitar al capital financiero su control de las universidades, a
través de los mecanismos del endeudamiento. ¿Por qué los bancos no
crean sus universidades privadas de élite? Como las que hay en los
EEUU. ¿Por qué no se incentiva que las empresas reales creen sus
infraestructuras de investigación? Porque se entiende que la economía
importante es la financiera, no la productiva."
No acabo yo de entender, sin embargo, la posición de Bermejo Barrera
sobre los remedios a tomar para atajar estos males. Mucho me temo que
opine que no hay solución posible, y que será sólo el descrédito del
sistema el que lleve a un derrumbe selectivo del mismo. O, más
probable, que esta élite seguirá (seguiremos) prosperando a costa unos
de otros y del erario público... en la medida de lo posible.
Once in a hundred years the Lemmings
come
Westward, in search of
food, over the snow;
Westward, until the salt sea drowns them dumb;
Westward, till all are drowned, those Lemmings go.
Once, it is thought, there was a western land
(Now drowned) where there was food for those starved things,
And memory of the place has burnt its brand
In the little brains of all the Lemming kings.
Perhaps, long since, there was a land beyond
Westward from death, some city, some calm place
Where one could taste God's quiet and be fond
With the little beauty of a human face;
But
now the land is drowned. Yet still we press
Westward, in search, to death, to
nothingness.Este soneto lo
escribió John Masefield en 1916— y seguramente se
detecta en él algo del sentimiento de irracionalidad, absurdo y
desesperación que acompañó a las matanzas de la Primera Guerra Mundial.
Pero otras raíces del poema van más lejos, a la crisis de fe provocada
por el desarrollo de la ciencia ya en el siglo XIX. La misma que haría
decir a Matthew Arnold que "en el pasado había religión... hoy hay
organizaciones religiosas". Para Arnold, la eficacia de la religión no
estaba en su sentido literal (desacreditado por la ciencia moderna)
sino en su sentido mítico: los valores éticos y espirituales que
compartía con la gran literatura. Sería Arnold en gran medida quien con
su influencia añadió al estudio de la literatura la solemnidad de quien
está tratando con las fuentes mismas de la espiritualidad. Aunque se
cuidaba mucho de ir por allí como Nietzsche dando voces de que "Dios ha
muerto".
En el soneto de Masefield se detecta una nota inquietantemente moderna,
darwinista podríamos decir, si Darwin hubiese llegado tan lejos, pues
en estas cuestiones andaba Darwin más de puntillas todavía que Arnold,
por no ofender a su entorno victoriano. La nota que digo no es sólo la
analogía general entre el comportamiento humano y el animal (los seres
humanos como lemmings guiados por instintos), sino más específicamente
la idea de que la creencia en la otra vida, en Dios y en la
inmortalidad del alma, es una especie de reflejo condicionado de
nuestra naturaleza. Es la tesis desarrollada por la sociobiología
actual en cuanto se plantea el examen del fenómeno religioso y la
creencia en espíritus, dioses, almas y realidades trascendentales.
Hace algunos días comentaba, en
"Programados para creer", una conferencia de Adolf Tobeña en la que
se exponía esta concepción sociobiológica de la religión como un
potente cohesionador social: tan potente, que el escepticismo ha sido
con frecuencia considerado como un
atentado a las bases mismas de la sociedad. Un más que pequeño
problema, el del Occidente moderno: en el que la religión ha pasado de
ser el centro del sistema educativo a ser un molesto elemento marginal,
que no se sabe muy bien dónde ubicar. Es curioso el caso de Estados
Unidos: un estado laico (debido a su origen multiconfesional) y a la
vez cristiano por definición, In God We Trust.... ¿He dicho cristiano?
Vaya, se le olvidó especificar lo del cristianismo, aunque estaba dado
por supuesto, y ahora tienen tanto sitio en él los musulmanes como
cualquier credo cristiano. Un sitio a la vez incontestado y
curiosamente descentrado con respecto al discurso oficial: la religión
de cada cual es como una costumbre étnica impresentable y molesta que
mejor se mantiene fuera de la vida pública. Sin embargo, todavía se
puede ir por allí presponiendo que todo el mundo es "creyente", e
incluso hacerle jurar a Obama el cargo sobre la Biblia. Aunque mejor
sea no indagar mucho en qué cree nadie, exactamente.
Hace poco leía el magnífico libro de Brian Boyd On the Origin of Stories. Allí
Boyd también comenta sobre el papel sociobiológico de la religión y de
la creencia en la inmortalidad. Es en parte una respuesta adaptativa a
la consciencia reflexiva de la muerte: una manera de impedir que ésta
paralice la acción y el compromiso de los individuos con los valores de
la comunidad. La creencia en espíritus quizá sea también adaptativa,
por la ventaja que supone el detectar esquemas intencionales, pero es
en parte también un efecto colateral indeseable de nuestra
hipersensibilidad a las intenciones. (De esto hablábamos en "La
fe como exaptación"). Con lo cual, el examen crítico del
pensamiento religioso y el escepticismo consiguiente podrían tener
tanto efectos beneficiosos (librándonos de ver intenciones allí donde
no las hay) como perjudiciales (atacando la base de unas ilusiones muy
ligadas a la percepción de sentido en la vida y a la fuente de los
valores).
Boyd es respetuoso con la religión, señalando sus aspectos adaptativos,
e incluso la liga al desarrollo de la teoría de la mente: sería la
creencia en agentes invisibles una modalidad del desarrollo de la
crítica a las falsas creencias de los otros.
"La religión comparte elementos
tanto del arte como de la ciencia. No podría haber empezado sin una
comprensión de las falsas creencias—nuestra consciencia de que puede
ser que no dispongamos de todo lo necesario para entender una
situación—que ha amplificado nuestra curiosidad y nos ha impelido hacia
la ciencia. Tampoco podría haber comenzado sin la capacidad de elaborar
historias que surgió de nuestra teoría de la mente y de nuestras
primeras inclinaciones hacia el arte, como el canto y la ornamentación
corporal. La narración echó a navegar mil relatos. Los relatos narrados
con más frecuencia no sólo incluían a agentes con poderes
memorablemente excepcionales, sino que también ayudaban a resolver
problemas de cooperación, insinuando la idea de que somos continuamente
vigilados por espíritus que hacen un seguimiento de nuestras acciones y
las castigan o las recompensan. Además de ayudar a resolver los
problemas de asegurar la atención y promover la cooperación, los
relatos religiosos también podían tranquilizar las inquietudes que
surgían de nuestra consciencia del fenómeno de las creencias falsas. La
inteligencia social de la cual emergió nuestra
comprensión de las creencias falsas
también nos permitió imaginar estar muertos y ver por anticipado el
mundo sin nosotros. Trajo consigo una nueva angustia sobre la posible
falta de finalidad y sentido de nuestras vidas, aunque esta angustia
podía calmarse en cierta medida con historias de espíritus que
garantizaban el sentido con
anterioridad a la vida humana, o que prometían una continuación
de la existencia después. La religión y el poder requisaron
el arte, no completamente, pero sí sustancialmente, durante milenios.
No es que no persistiera el arte como juego, entre padres e hijos, o
entre niños, o entre adultos soltando presión. Pero en donde podían, la
religión y el poder se apropiaron para sus propios fines la capacidad
del arte de apelar a las imaginaciones humanas. Sólo cuando la ciencia empezó a
ofrecer explicaciones de la naturaleza del mundo alternativas,
empezaron la religión y el arte a separarse por completo. Cuando la
ciencia ofreció una explicación detallada del diseño natural sin
necesidad de un diseñador—la
teoría de la evolución por medio de la selección natural—eso,
más que ninguna otra idea específica, nos despojó de un mundo al que
hacían confortable un sentido y finalidad aparentemente garantizado por
seres mayores que nosotros." (414)
Aunque se priva Boyd de
decir claramente que la religión sea a su vez una fuente de falsas
creencias y angustias: sólo entre líneas
alude a la desmitificación de la creencia religiosa como algo que tenga
que ver a su vez con una teoría de la mente y una crítica a las falsas
creencias. ¿Quizá porque tenga dudas de que la iluminación que trae el
evolucionismo sea tan promotora de valores sociales, de consuelo
existencial, y de entusiasmo vital, como lo es la religión?
"No sabemos", nos dice en las palabras finales de su libro, "de ningún
propósito garantizado desde fuera de la vida, pero podemos hacer
enormes contribuciones a la creatividad de la vida. No sabemos qué
otros propósitos la vida puede acabar generando, pero la creatividad
nos proporciona nuestra mejor posibilidad de alcanzarlos" (414).
Boyd adopta una postura no tan distinta de la de Matthew Arnold cuando
atribuye al arte, y a la creatividad, nuestra capacidad de elaborar
respuestas nuevas para enfrentarnos a esta situación descrita por
Masefield—en la que "la tierra prometida" se ha sumergido, y nos
preguntamos qué hacemos corriendo hacia ella. La creatividad del arte,
o la de la ciencia y la tecnología—o la creatividad expresada de otras
maneras en la vida social y en el trabajo. Para unos será
suficiente el sentido proporcionado creativamente—otros preferirán
recurrir a las viejas certidumbres, por inciertas que sean. (Aquí
hay otra defensa
de las humanidades frente a la ciencia, de Michael Allen Gillespie,
que tampoco deja de recordar a Arnold:
y también contiene una alusión a los lemmings de Masefield).
Es dudoso que la gente prefiera la verdad por la verdad, si esa verdad
resulta ser desagradable, o desilusionante. No sería extraño que, tras
este Apocalipsis o Revelación de cómo son las cosas, los humanos
descubramos "un nuevo cielo y una nueva tierra", o los inventemos
artísticamente, como venimos haciendo desde tiempo inmemorial. Somos
creadores de mitos—incluido el mito de la desmitificación. Y es
probable que nuestra imaginación artística construya algún nuevo cielo,
en otra dimensión, donde queden almacenados los logros humanos para la
eternidad. Pero en esa invención no nos ayudará mucho el poema de
Masefield, que termina con la palabra "nada", y es por ello
fundamentalmente desmitificador, desagradablemente moderno y escéptico.
Y lúcido.