Vanity Fea: Blog de notas de José Ángel García Landa  (Biescas y Zaragoza)—Julio  2009
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Viernes 31 de julio de 2009

Teoría hegeliana de la apropiación (y de la vanidad de las obras)

La apropiación ideológica es una cuestión muy central en la teoría materialista de la cultura, en concreto en el estudio de la recepción de obras clásicas. Los clásicos tienen un gran potencial ideológico, un "nombre", digamos, que conviene reclutar para que milite en las filas de uno. O, si la energía del clásico resulta ser intratablemente contraria o refractaria, conviene al menos desarrollar un discurso crítico que lo contenga o reoriente de modo que quede claro que es nuestro discurso el dominante y el que contiene al clásico y sabe explicarlo. Hay que señalar que por supuesto en el contexto adecuado, que es el que definimos nosotros mismos, nuestro discurso es siempre el más autorizado, el dominante y el que sienta cátedra—la medida que juzga a los demás discursos. Otra cosa será en otros contextos.

De esta cuestión de la apropiación han hablado entre otros, en relación a la obra de Shakespeare, Barbara Hodgdon (The Shakespeare Trade) y los autores de los ensayos reunidos en Political Shakespeare, editado por Alan Sinfield y Jonathan Dollimore, y en Shakespeare and Appropriation, editado por Christy Desmet y Robert Sawyer. De todos los bienes culturales británicos, Shakespeare es el mayor objeto de codicia y apropiación; quizá el mayor del mundo con la excepción de la Biblia (pero allí son muchos contra uno).

Bien, pues esta teoría, que algunos podrían considerar filomarxista y demás, puede encontrarse claramente expuesta en Hegel, que no era filomarxista. Claro, Hegel no lo plantea en términos de grupos sociales enfrentados, o culturas dominantes, sino que nos da el planteamiento individualista de la cuestión. Es precisamente en su discusión de las formas de realización del individuo en su acción, en la Fenomenología del Espíritu, donde se encuentra su exposición de la apropiación de la obra ajena. Allí habla de cómo un individuo se realiza en su trabajo, una noción que también deja huella en Marx. (Marx dijo de viejo "lo cierto es que no soy marxista"—no aclaró si hegeliano sí que era). La exposición de Hegel es de entrada un tanto exagerada: se explaya sobre cómo la acción humana puede considerarse como expresión del individuo, construcción de hecho del sujeto mismo, pues la individualidad es algo que se construye no mediante proyectos o ideas sino mediante las acciones que definen al individuo. Lo que me parece exagerado o extremo, o idealista, es la manera en que considera que la acción pueda caracterizar tan nítidamente al individuo: llega a decir que a este nivel no puede considerarse ni buena ni mala, ni lamentable ni loable, sino sólo característica.

Sea lo que sea que haga el individuo, y le pase lo que le pase, eso lo ha hecho él, y eso es él. Puede tener sólo la consciencia de la simple transferencia de sí, desde la noche de la posibilidad a la luz del día del presente, desde lo abstracto en sí mismo al significado de lo que efectivamente tiene ser, y puede tener  sólo la certidumbre de que lo que le suceda en este último no es sino lo que yacía durmiente en el primero. (....) El individuo, por tanto, sabiendo que en el mundo efectivo no puede encontrar otra cosa que su unidad consigo mismo, o sólo la certidumbre de sí en la verdad de ese mundo, no puede experimentar sino alegría de sí. (§ 404)

Las frustraciones y fracasos se le pierden a Hegel por el camino, al parecer, y las desilusiones del individuo consigo mismo, aunque ya acabarán apareciendo. Exagerado, digo, pues más a menudo me parece que la acción del individuo no lo caracteriza ni lo retrata tanto, ni se espera de ella que lo haga, sino que queda desdibujada en la acción colectiva, en el trabajo reglamentado, etc. y bien poco hace al individuo como tal—como no lo haga individuo estandarizado, claro. Hace contar muy poco Hegel, en esta discusión del sujeto trazando su acción u obra, al azar, a la resistencia del material, a las circunstancias difíciles de amoldar, a lo imprevisible de la acción y reacción de los otros, que hacen que nuestra obra no sea tanto un retrato de nosotros mismos cuanto más bien un borfollo indefinible y heterogéneo de proyectos, logros, circunstancias e intenciones atisbadas. Luego volverá sobre ello.

Pero en fin, Hegel tiene claro qué es lo que nos lleva a actuar, y comienza ofreciéndonos una versión extremadamente intencionalista y optimista de la acción y del trabajo; nos muestra un individuo self-made, en el que lo que sale a la luz es lo que estaba implícito en él. Lo que se lleva a la acción efectiva es lo que el inviduo es, o más bien lo que iba a ser y efectivamente se hace. Aquí hay un poquillo de círculo vicioso, y de prospección retrospectiva de las que me gustan. O quizá esté mejor definido como un círculo hermenéutico de la acción y la temporalidad humana:

La consciencia ha de actuar aunque no sea sino para que lo que es en sí mismo pueda volverse explícito para sí; dicho de otro modo, la acción es simplemente el llegar a ser del Espíritu en tanto que consciencia. Lo que la última es en sí, lo llega a saber por tanto a partir de lo que es. Así pues, un individuo no puede saber lo que es hasta que se haya hecho a sí mismo realidad mediante la acción. Sin embargo, esto parece implicar que no puede determinar  efectivamente  el Fin de su acción hasta que la haya llevado a cabo; pero al mismo tiempo, siendo que es un individuo consciente, ha de tener ante sí su acción de antemano como enteramente suya, es decir, como un Fin. El individuo que va a actuar parece, por tanto, encontrarse en un círculo en el que cada momento presupone el anterior, y así parece incapaz de encontrar un principio, porque sólo llega a conocer su naturaleza original, que ha de ser su Fin, a partir del acto, aunque, para actuar, debe tener ese Fin de antemano. Pero por esa misma razón ha de empezar inmediatamente, y sean cuales sean las circunstancias, sin más escrúpulos sobre principios, medios, o Fin, proceder a la acción, porque su esencia y su naturaleza esencial es principio, medios y fin, todo en uno. (§ 401).

Vale: el sujeto se tira a la piscina, y hace su Acto, o su Obra. Lo divertido, o lo triste, es lo poco que queda de este Acto u Obra una vez va parar a la consideraciíon de los otros—los Otros, deberíamos llamarlos, tan ominosos son para el optimista Sujeto, que iba a retratarse y esculpirse mediante su acción. Ahora resulta que para los Otros esa acción no es sino una circunstancia más, no un Fin, sino un medio, porque los Otros no están por la labor de tu realización como Consciencia bla bla,  sino que van a lo suyo, y cogen los materiales de que puedan echar mano, entre ellos tu Obra, o tu Retrato, o la Cosa que Hiciste, para su propio auto-bricolaje. Se apropian sin más ni mas de lo que hay, y van a lo suyo, que era lo nuestro, que es lograr su Fin, hacerse a sí mismos, externalizar su Esencia-que-será, por medio de su Acción. Este es el fragmento donde Hegel formula la teoría interaccional de la Apropiación. Lo traduciré teniendo en mente el ejemplo de la recepción de una obra literaria de la cual se apropia un antipático crítico: pero puede aplicarse a todo tipo de acción u obra humana, y a la respuesta que recibe por parte de los demás.

En primer lugar, tenemos que considerar en sí misma la obra producida. Ha recibido dentro de sí la naturaleza completa de la individualidad. Su ser es por tanto en sí mismo una acción en la que todas las diferencias se interpenetran y quedan disueltas. La obra es expulsada así a una experiencia en la cual la cualidad de la naturaleza original de hecho se vuelve contra otras naturalezas determinadas, las invade o usurpa, y se pierde como un elemento que se desvanece en este proceso general. Aunque, en el interior de la Noción de la individualidad objetivamente real, todos los momentos —circunstancias, fin, medios, y realización— tienen el mismo valor, y la naturaleza específica original no tiene más valor que el de un elemento universal, por otra parte, cuando este elemento se convierte en un ser objetivo, su carácter específico como tal sale a la luz en la obra hecha, y obtiene su verdad en su disolución. Más exactamente, la forma que asume esta disolución es que, en este carácter específico, el individuo, en tanto que este individuo particular, se ha vuelto consciente de sí mismo como efectivo, actual; pero el carácter específico no es sólo el contenido de la realidad, sino igualmente su forma; dicho de otro modo, la realidad simplemente como tal es precisamente esta cualidad de estar opuesta a la consciencia de sí. Considerada desde este aspecto, la realidad se revela como una realidad que se ha desvanecido de la Noción, y es meramente una realidad ajena que se encuentra como algo dado. La obra es, o sea, existe para otras individualidades, y es para ellas una realidad ajena, que ellos han de reemplazar con la suya propia para obtener por medio de la acción de ellos la consciencia de la unidad y realidad de ellos; dicho de otro modo, el interés de ellos en la obra, que se deriva de la naturaleza original de ellos, es algo diferente del interés propio y particular de esta obra, que queda por esto convertida en algo diferente. Así la obra es, en general, algo perecedero, que es aniquilado por la acción contraria de otras fuerzas e intereses, y realmente exhibe la realidad del individuo como algo que se desvanece, más bien que como algo que se ha logrado. (§ 405).

Aquí sí recibe atención la vanidad (la nada, digo) de los esfuerzos y logros, tras la vanidad (la fatuidad o presunción) que le lleva a uno a esculpirse a sí mismo en su acción, o en su Obra. Hegel lo expone como si esto siempre nos pillase de nuevas.

La obra pues, no permanece, sino que desaparece. Luego, esta "Desaparición" de la obra queda relativizada, al desaparecer también su "Desaparición". Y Hegel también se ocupa de contrastar (ahora sí) la distancia entre la intención y el resultado, entre lo que se pretendía hacer y lo que se ha hecho de verdad. (§ 408-9). Pero esto ya es una fase posterior a la acción creativa, una fase en la que sería inútil para el sujeto buscar su realización mediante el trabajo. Es en el trabajo en curso, o en curso de proyección, donde el sujeto se realiza más propiamente.

También relativiza Hegel la realización que el sujeto puede encontrar en el trabajo, o en su Obra, con otra constatación, que podríamos relacionar con la teoría de los torbellinos de información. A saber, que no hay relación racional entre la intención y el resultado, ni entre la calidad y la recepción. Una obra bien hecha, de intención acertada, planificación cuidadosa, y bien ejecutada, no tiene por qué tener mejor éxito o fortuna que una obra defectuosa. Así, el azar contribuye a la frustración de quien quiera realizarse en la acogida de su obra, más allá del acto de realización de la misma:

la Noción y la realidad se separan de nuevo en tanto que transición  a la realidad y en tanto que propósito; dicho de otro modo, es por accidente si se elige un medio que exprese el propósito. Y finalmente, la totalidad de estos momentos internos (posean unidad interna o no), es decir, la acción del individuo, se halla una vez más en relación accidental con la realidad en general; la fortuna decide tanto a favor de un propósito mal agenciado, o de unos medios mal elegidos, como en contra. (§ 407)

Es en el momento de la creación donde se experimenta la auténtica obra, la que dura (aunque sólo sea una permanencia ideal), "independientemente de lo que es sólo el resultado contingente de una acción individual, el resultado de circunstancias, de medios, y de una realidad contingentes" (§ 409). Es un trabajo en gran medida ilusorio o ideal: observa Hegel que a veces para hacer el trabajo ése basta con apropiarse imaginativamente de una situación, o hacer el plan. Lo de llevarlo a cabo ya es una fase ulterior y contingente, tan idealista es su noción del trabajo. De aquí se podría sacar también, ready-made, una teoría del ready-made à la Duchamp. Esto también es una forma de apropiación, claro, y una forma de realizar la obra de uno por el camino más directo posible, sólo como idea. Es el nacimiento de la noción del arte conceptual.

Pero hoy me interesaba más la teoría de la apropiación como reacción crítica a la obra original. Esta triangulación del sujeto, su Expresión u Obra, y el reciclaje de la misma en la respuesta del Receptor, la traté desde otro punto de vista en mi artículo sobre "Tematización retroactiva, interacción e interpretación: la espiral hermenéutica de Schleiermacher a Goffman". Retroactivamente, podemos incluir a Hegel en el diálogo, aunque sus ideas queden un tanto desposeídas en este nuevo contexto.

La atalaya retrospectiva





Jueves 30 de julio de 2009

Mon fils chante 2

Bueno, en este caso más bien escucha, Ivolo, mientras practico sin mucho éxito la canción de Juliette Gréco. Lo que sí le encanta es saludar a la cámara, es un chaval mediático.






No os perdáis el detalle, cómo se apoya primero en un pilar, y luego hace como que se apoya en el borde de la imagen... Experimentos de Ivo. Cada cual con sus probatinas.  A ver si luego me sale una versión mejor.

.......


Ya es luego. Aquí sigo produciendo versiones, sin encontrar la buena. Esta otra la estropeamos entre yo y el perro del vecino.




(PS: con esta ya llevo doscientas entradas en la nueva ubicación Blogger de este blog. Varios miles en total, claro, así que ni cuento ni celebro. La vieja versión de Blogia la sigo actualizando, pero a veces con retraso, por lo lentísima que va).

Mon fils chante





Miércoles 29 de julio de 2009



La sentencia de la cátedra (III)

Fallamos
La sentencia de la cátedra (I)
La sentencia de la cátedra (II)

En estos enlaces previos puede leerse cómo un tribunal dejó vacante una cátedra a la que me presenté, y cómo tras desoír mis recursos el Rectorado de la Universidad de Zaragoza, un juzgado de lo contencioso administrativo dictó que no procedían mis reclamaciones—con argumentos tan pobres que merecieron este comentario. Una vez presentado el recurso de apelación al Tribunal Superior de Justicia de Aragón, aquí está la sentencia que dictó éste (PDF), dos años después, fallando también en contra mía.  Fue redactada por el ponente Fernando García Mata, con el visto bueno de Jaime Servera Garcías (presidente) y Eugenio Ángel Esteras Iguácel (magistrado). Esta sentencia no será recurrida, pues considero inútil de hecho (además de improcedente en lógica jurídica) acudir al Tribunal Constitucional con esta cuestión. En estas cuestiones este tribunal es la última instancia, o debería serlo. Lo que sonroja es que un tribunal de última instancia juzgue con semejantes criterios, aunando despropósitos y falacias.

Por lo menos sí puede la sentencia comentarse públicamente, expondiendo sus contradicciones e injusticias. El otro día rebatí el punto 1; hoy toca el 2. Lo transcribo íntegro, y comento sobre la marcha.

SEGUNDO.- En segundo término alega el apelante la incorrecta valoración de la sentencia de instancia en relación a la aplicación del perfil a los méritos de los concursantes por parte de la Comisión Juzgadora.
    En este punto la sentencia, tras señalar que la parte debió haber recurrido la resolución que convocó la plaza y poner de manifiesto la doctrina jurisprudencial sobre el control de la discrecionalidad estima que lo que se pretende es sustituir el criterio de la Comisión por el del recurrente en lo que constituye una decisión discrecional del Tribunal, por lo que rechaza la impugnación formulada, decisión que impugna la parte apelante puesto que, según afirma, ante la amplitud del perfil de la plaza fijado en la convocatoria; que no se corresponde con ninguna asignatura en concreto de la licenciatura, el que varios miembros de la Comisión manifestaran que el currículo del apelante no resultaba acorde con el perfil de la plaza resulta arbitrario y ausente de motivación, máxime atendidos los sexenios de investigación y demás méritos del recurrente.

A ver, a ver. Primero, qué mal puntúan los juristas; la última frase es un borfollo sintáctico casi incomprensible: hay que cambiar el punto y coma por una coma. A la sentencia aludida de ese juez alegué en el recurso que "una vez fijado dicho perfil, la Comisión Juzgadora no puede proceder a limitarlo a su antojo, como realizó en el presente proceso selectivo". Y es eso lo que se debe juzgar: si ha hecho eso la Comisión Juzgadora, o no lo ha hecho. Que el perfil estaba mal definido de entrada, es una cuestión de la que yo sólo informaba al juez, no para su conocimiento, que debería suponérsele aunque sea mucho suponer, sino para su conocimiento de que yo era consciente de esta cuestión. Y punto: no estaba yo recurriendo ese perfil, "Lingüística inglesa", que se fijó y aprobó en su momento sin que nadie lo recurriese, años antes, cuando todos estábamos pensando en otra cosa.

Pues bien, "lingüística inglesa" habemus. Lo que yo alego es que, habiéndose convocado la plaza con ese perfil, la comisión debía atenerse a él, y no cambiarlo implícitamente, como hizo, por otro que en ningún momento aparece por escrito, pero que podríamos llamar "Gramática inglesa". Yo presenté mis publicaciones en el currículum, cada una clasificada según los identificadores de la UNESCO, para que quedase claro que eran publicaciones de lo que se considera, oficialmente, por organismos acreditados y de referencia del propio Ministerio, "lingüística". Es decir, cuestiones como semiótica, teoría de la narración, estilística, análisis del discurso, pragmalingüística, etc. Si la Comisión creía que mis publicaciones (acreditadas, que habían dado lugar a sexenios, etc.) no eran de Lingüística debería haber procedido a demostrar que no eran publicaciones de estilística, teoría de la narración, semántica, teoría de la interpretación, etc.

Otra opción hubiera sido echarse al río y llevar la contraria a la Unesco, o al Ministerio, o a la Comunidad Científica, o a quien sea, y argumentar que la estilística, análisis del discurso, etc., no son lingüística—LINGÜISTICA INGLESA, cuando se refieren a textos, cuestiones, teorías y debates del área anglófona. Naturalmente, eso hubiera sido bastante más difícil y problemático que coger todo a rebullón y decir que "el currículum del candidato no se corresponde al perfil de la plaza", así panorámicamente, sin justificar ni razonar—pero incurriendo en falsedad a la vista de la documentación. El  primer juez decía, y repiten aquí los jueces del TSJA, que yo pretendo que los jueces se atengan a mi criterio en lugar de al de la Comisión.  Pues no: lo que pretendo es que se atengan a criterios objetivables, tanto la Comisión, como los jueces, pero parece mucho pedir: y eso que acudir a criterios objetivables, en caso de disensión, es lo que se supone que ha de hacer la justicia. Esto comentaba yo hace dos años, y sigo comentando, sobre la actuación recurrida:

Jamás he pretendido yo que se sustituya el criterio de la Comisión por el mío, según sugiere el Juez que hago—antes bien, he apelado a que se consulten y apliquen los criterios generales, universalmente aceptados, y establecidos por organismos internacionales, como la UNESCO, para determinar qué es y qué no es "lingüística"—en lugar de una misteriosa discrecionalidad técnica que de hecho es arbitraria al no estar basada en ningún criterio técnico reconocible ni contrastado. O sea, no mi criterio, sino el de la UNESCO. Que no somos la misma persona, ojo.

[La sentencia] sigue con un argumento un tanto dudoso, según se entienda su alcance. La discrecionalidad técnica de la Comisión o tribunal se extiende al parecer a redefinir el perfil, según el Juez. Cosa que en absoluto es así. El perfil estará bien dado, o mal dado (bien dado, según estima el juez), pero la Comisión no puede (o más bien no debe) valorar la prueba como si de otro perfil se tratase. Es cuestionable que a una oposición con semejante perfil (Lingüística) fuese adecuado presentar un proyecto sobre una materia mucho más concreta—fonética, pongamos por caso—aunque el juez lo dé por bueno. Cuestionable, digo, y quizá entre en la discrecionalidad técnica de la comisión, al menos tal como aquí se entiende. Pase. Pero lo que nunca puede hacer la Comisión es hacer un gambito lateral y, teniendo que juzgar sobre un perfil de lingüística, hacer como si estuviese juzgando un perfil de gramática, o de fonética, excluyendo arbitrariamente los méritos que según criterios objetivables, internacionales, no subjetivos del recurrente ni de la comisión, etc.—son méritos relativos al campo de la Lingüística. Por todo lo cual, el razonamiento del Juez no es adecuado para el caso aquí presente, pues no centra bien la naturaleza del problema, ni responde a las objeciones que he presentado a la actuación de la Comisión. Y que son, en sustancia, objeciones a una actuación demostrablemente injusta. Si se atiende a la demostración, claro, y a los criterios de validez usados por la propia Administración en sus evaluaciones oficiales (como son esas clasificaciones de materias de la UNESCO).

Eso en el caso de que no se quiera dar por válido el principio administrativo más general: que los méritos de investigación en el área de conocimiento, es decir, en Filología Inglesa, han de ser los determinantes en el primer ejercicio, ya que el perfil ("lingüística") en este caso, se refiere únicamente a labores docentes por realizar en el Departamento, y no a investigación realizada en el área.

Es decir, que el Juez nunca entra a valorar lo que aquí se recurría:  a saber, si entra en la discrecionalidad técnica de la Comisión lo que yo digo que ni entra ni puede entrar: el dejar fuera de consideración, a su voluntad, el trabajo realizado en según qué tipos, ramas, o modalidades de "lingüística". Admitir la discrecionalidad técnica para hacer esto sería admitir que el perfil de la oposición lo fija la Comisión evaluadora, en lugar de ser algo establecido por la Universidad—y esto es algo que nadie ha defendido abiertamente, ni dispondría de argumentos legales para defender.

Bien, pues por eso fue recurrida la actuación de la Comisión, y luego la del juez. Ahora veamos qué sentencia al respecto el TSJA (continuamos citando el texto de su sentencia):

Centrada en los anteriores términos la impugnación y aunque es cierto que a la hora de abordar el tema de la discrecionalidad técnica las posiciones doctrinales resultan cuanto menos dispares—van desde la que niega, sin distingos, cualquier posibilidad de revisión a la decisión de los tribunales en materia de oposiciones y concursos, hasta la que asume la postura absolutamente contraria por estimar que negar la posibilidad de revisión constituye una postura contraria a la Constitución (art. 24 CE), en cuanto supone un reconocimiento de zonas inmunes de control jurisdiccional—,

(Observemos que entre las posiciones dispares a que se alude unas son acordes a la constitución y otras sencillamente la ignoran y vulneran—pequeño detalle que debería impedir igualar unas con otras, como si de criterios igualmente respetables se tratase desde el punto de vista jurídico).

no puede desconocerse que los tribunales han tenido la ocasión de ir delimitando cuál es el ámbito propio de la discrecionalidad técnica y sus límites. Así, la jurisprudencia ha venido sosteniendo que si bien es cierto que los Trinunales que juzgan oposiciones o concursos gozan de discrecionalidad técnica en sus funciones de valoración de conocimientos o méritos, no obstante sus decisiones pueden y deben ser revisadas por los Tribunales de Justicia cuando para efectuar dicha valoración se hayan infringido las bases de la convocatoria, cuando haya sido producida mediante desviación de poder o cuando de forma patente incurra en arbitrariedad. Partiendo de lo expuesto es indudable que las posibilidades de revisión de los Tribunales son más limitadas cuando, como sucede en le presente caso, se trata de enjuiciar la valoración en fase de concurso/oposición, fase en el que ("en la que", será más bien) el control de la discrecionalidad por medio de la interdicción de la arbitrariedad se convierte en la técnica de control fundamental.

Es decir, el tribunal sí está de acuerdo en que hay que controlar que la Comisión no incurra en arbitrariedad. O sea, que si hay denuncia de arbitrariedad, tendrá que arbitrar el Tribunal alguna manera de establecer si se ha incurrido en arbitrariedad o no, en lugar de atenerse automáticamente al criterio de la comisión (que es precisamente lo que se está sometiendo a juicio). Esto sería lo razonable desde el punto de vista jurídico (y del sentido común). Pues bien:

Pues bien, en el presente caso la sentencia da una solución satisfactoria a la alegación aquí formulada que es reproducción de la planteada en primera instancia, puesto que en modo alguno cabe estimar la existencia de ausencia de motivación, ni de arbitrariedad, a la vista de los informes razonados obrantes a los folios 112 y siguientes del expediente—cuyo contenido damos por reproducido—.

Yo también los puedo dar por reproducidos, pues lo que importa aquí es la súbita quebrada lateral efectuada por el razonamiento de los jueces. Ahora resulta que el criterio a que apelan para determinar que no ha habido arbitrariedad en la sentencia del juez son las actas de la Comisión... ¡o sea, el criterio de la propia Comisión!—cuando dicen que mi expediente no es adecuado a la plaza, que no presento proyecto de investigación, y otras falsedades. En ningún momento se plantean los jueces el confrontar las alegaciones de la comisión con las mías, y someterlas a un criterio objetivo, sino que se someten de entrada al criterio de la Comisión que supuestamente era objeto de investigación en este proceso. Justicia de juez y parte, llamo yo a esto.blind justice

Podrá la parte discrepar, como de hecho lo hace, de lo razonado en cuanto a la adecuación al perfil, pero lo cierto es que nos encontramos aquí ante el núcleo propio de la decisión técnica de los Tribunales calificadores, cuya corrección no ha quedado desvirtuada por alguno de los medios de control de la discrecionalidad enumerados en la sentencia de instancia, por lo que procede en consecuencia rechazar este motivo de impugnación.

Es decir, que no cabe alegar arbitrariedad en la actuación de la Comisión, porque los jueces se van a atener al criterio de la comisión en cualquier caso. El juez, recordemos, arguía que "
podrá discutirse si debía o no de concretarse o especificarse más el perfil, pero ello es una decisión discrecional del Tribunal". Cosa palmariamente falsa: el tribunal de oposición lo que tiene que hacer es valorar el currículum del candidato con respecto al perfil que les viene predefinido, nunca concretar o especificar más ese perfil, así sobre la marcha y según su inspiración.

El perfil es algo a lo que la comisión debe de atenerse. No puede, en una oposición con perfil de "Matemáticas", decir que el currículum de un candidato que ha trabajado en "Geometría" no es adecuado porque no es de "Aritmética". Esto es manipular el perfil, y la oposición, y pervertir el criterio experto. Del mismo modo, no se puede valorar en esta oposición, como de hecho se hizo, un perfil de Lingüística como si fuese un perfil de Gramática o de Didáctica del inglés—que es la idea de Lingüística con la que al parecer trabajaba el tribunal, sin ninguna apoyatura ni administrativa ni teórica para ello. Con esa idea en mente, claro, los trabajos que se les presenten de análisis del discurso, estilística, etc., "no son adecuados al perfil": pero no lo son al perfil que se han sacado de la manga: sí lo son al que marca la convocatoria. Pero al juez le parece cojonudo. Me pregunto qué hubiera pensado si le hubieran aplicado la misma en su oposición.

Ahora este despropósito viene a ser avalado por el TSJA. Si le han dado el cambiazo al perfil por el camino de facto, declarando que mi perfil académico no es adecuado para optar a una plaza de lingüística inglesa, pues ahí no van a entrar los jueces ni ven indicios de manipulación. Pues para ver si el primer Juez ha juzgado bien la actuación de la Comisión, van a sentar su criterio.... ¡sobre las actas de la Comisión! Como si de documentación objetiva para resolver el caso se tratara, y no de la materia objeto de recurso y juicio. Es un proceder, por ponerlo suavemente, inaudito.

Con lo cual viene a ser como cerrar el lazo de la contradicción, deshacer lo antes dicho sobre la "interdicción de la arbitrariedad" y confesar que en efecto hay aquí una área que escapa al control jurisdiccional, vulnerando así la Constitución de modo palmario. Porque con este planteamiento, sólo si la Comisión declarase en sus actas que su actuación ha sido arbitraria podría intervenir el Juez, visto que no va a aplicar otro criterio que no sea el de la Comisión—o sea, el de una de las partes en el contencioso. Este razonamiento es kafkiano y no merece mayor comentario, sino sólo desprecio. Su lugar propio estaría en alguna ciencia-ficción grotesca, en alguna cultura marciana de Star Wars—en la Alianza del Comercio, pongamos, o en la corte de Jabba el Hutt; es justicia-ficción.
Por desgracia lo tenemos que aguantar en el Tribunal Superior de Justicia de Aragón.

Si el punto 1 de la sentencia era un cachondeo, el segundo es una tomadura de pelo; al recurrente, y a la Justicia—esa entelequia que parece rehuir la compañía de los jueces.

La sentencia de la cátedra (IV)








Friki friki

Friki tenemos a Álvaro. Ayer lo pillé tocando la ocarina con un iPhone—se ha bajado una aplicación que soplando por el micrófono te lo transforma en ocarina. Para luego se le ocurre tocar una de verdad.

Y ahora he encontrado en mi escritorio este mensaje, supongo que típico suyo, enviado a un foro de discusión de es'Dni, cosa ya bastante friki de por sí. Va sobre si conviene volver a Mac después de haberse pasado a Windows:

Je, je  :) Gracias, Agraffal. Pues si; yo creo que sí que se puede volver, sobre todo ahora que, como bien dice Rigel, se les puede instalar windows usando Bootcamp, una aplicación que te particiona el disco y te instala Windows (bueno, se necesita un disco de instalación, pero nada que no se pueda arreglar...) Yo tardé un porrón de horas porque soy bastante torpe, y... bueno, es bastante largo de contar, pero lo conseguí y tengo un Macwindows que funciona a las mil maravillas...Bueno, vamos, que puedes tener todas las aplicaciones, programas y diseño feo de un windows en la preciosa carrocería de un Mac.

Además ha hecho otra cosa: se ha pegado un adhesivo, una manzanita mordida de mac, en la tapa de su portátil windows, que también lo tiene. Como quien quisiera dar el pegolete.

El avatar Cachalotito

 


Martes 28 de julio de 2009

Cosas que mueren, cosas recién nacidas

Capítulo 13 del libro de James Shapiro 1599: A Year in the Life of William Shakespeare (Londres: Faber and Faber, 2005)

(Capítulo 12: El bosque de Arden)

13. Things Dying, Things Newborn. Muere la Caballería representada por Essex. Nace el capitalismo.

"Thou met'st with things dying, I with things newborn" (The Winter's Tale).

El conde de Essex había desembarcado en Irlanda el 14 de abril de 1599, en una campaña rodeada de murmuraciones, y sintiendo él mismo oscuras premoniciones del fracaso de su empresa, quizá debido a sus tensas relaciones con la reina. Se encontró allí con mala intendencia que hacía imposible un ataque directo contra el rebelde Tyrone, y el Consejo Privado del reino le negó refuerzos. Además, las fuerzas rebeldes resultaron ser mucho más numerosas de lo previsto: les duplicaban en número. Lejos de poder atacar a Tyrone en Ulster, sólo podía aspirar a contener la rebelión en el sur y el oeste. Shapiro observa que la única posibilidad de victoria hubiera sido seguir la estrategia sugerida por Spenser: sembrar el terror, arrasar las cosechas, y doblegar Irlanda con el hambre y la brutalidad salvaje. Pero tal estrategia repugnaba a Essex, que aspiraba a un enfrentamiento honorable en el campo de batalla.

Intentó Essex promover a amigos y parientes suyos para los puestos de responsabilidad en Irlanda, pero la reina repuso desautorizándolo.

"Detrás de estas maniobras, detrás de toda la campaña irlandesa, había un enfrentamiento sobre la cuestión de la cultura del honor" (285)

(Y en realidad de las relaciones entre aristocracia y monarquía absoluta:)—los aristócratas, los caballeros tradicionales, habían visto sus filas reducidas bajo los Tudor, y Elizabeth continuó con esta política, sometiendo y estrangulando la independencia de la nobleza. Essex era el representante de esta tradición aristocrática, y su portavoz más explícito. Había conseguido el puesto muy codiciado por él de mariscal de la corte (Earl Marshal), encargado del ceremonial de caballería de la corte. Y lejos de interpretar su puesto como una mera cuestión ceremonial, intentó resucitar el papel de la caballería de modo activo, irritando a la reina. Se negó a firmar como su "sirviente" e insistió en que era su "vasallo", ligado por tradiciones de ceremonial y jerarquía feudal, no por servidumbre.  Cuando fue comandante, en Rouen y en el ataque a Cádiz, se dedicó a armar caballeros a numerosos partidarios suyos, en grandes números, algo fuera de lo corriente. Y en Dublín organizó un festival caballeresco fastuoso, en contraste con la ceremonia cortesana donde Isabel premió a cortesanos "poco caballerosos", en su continuada subversión de la tradición de la caballería. También respondió privando a Essex de un jugoso monopolio que codiciaba y dándoselo a su rival el burócrata Cecil.

Shakespeare en esto parece estar del lado de Essex: en sus obras se ve el contraste entre caballeros guerreros tradicionales, y los advenedizos cortesanos y cobardes: por ejemplo cuando a Sir John Fastolfe le arrancan la insignia de la jarretera en Enrique VI 1. Su propio interés en procurarse un blasón muestra cómo participaba de estas ambiciones aristocráticas, y quizá también le remordiese el contraste entre la pura formalidad administrativa y el contenido caballeresco y marcial.  

En Irlanda, los rebeldes nativos luchaban una guerra de guerrillas, evitando el enfrentamiento directo y dejando agotarse a los ingleses con su estrategia tradicional. Las batidas inglesas tenían algún éxito ocasional, otras veces terminaban en emboscadas y expediciones sin sentido ni rumbo. El país los ignoraba en la medida de lo posible, Essex entretenía a sus hombres con la esperanza de honores y victorias, nombrando más caballeros aún. Le llegaron noticias de la muerte de su hija en Inglaterra. Contra sus tropas derrotadas en Wicklow aplicó Essex una medida de antigua tradición pero repugnante: la ejecución de uno de cada diez supervivientes. Las deserciones se sucedían, y aumentaban la mala prensa del conde en Inglaterra con testimonios de primera mano. La moral bajaba, las enfermedades y bajas proliferaban, la intendencia era corrupta, el equipamiento inadecuado. Isabel le envió a Essex órdenes de atacar directamente a Tyrone y le prohibió volver a pisar Inglaterra sin su permiso. La paranoia del conde se alimentaba sola, pero también tenía motivos por la actividad de su partido contrario en la corte. Essex preparaba expediciones con sus malas fuerzas, pero al parecer también le tentaba la idea de desembarcar en Milford Haven y defender su causa en Inglaterra (una idea que Shapiro dice pudo haber sacado de Ricardo III, donde desembarca allí la exitosa fuerza contra el tirano). Los espías de Cecil ciertamente barruntaban estos planes del conde. En un consejo militar, Blount y Southampton (el antiguo patrono de Shakespeare) le convencieron a Essex de que más bien fuese con un grupo de hombres a hablar con la reina. Pero la reina estaba cada vez más irritada con Essex, su independencia de criterio, su teatralidad y su autocompasión.

Y Essex acabó por salir contra las fuerzas superiores de Tyrone, pero éste eligió esquivarlo y marearlo y frustrarlo. Fue retado por Essex a combate singular, pero lo ignoró. Ofreció una sumisión ceremonial de forma y sin sustancia real, y parlamentó con Essex a principios de septiembre. Pero esto iba en contra de las instrucciones de éste, que se hizo sospechoso de buscar algún interés propio o algún plan de traición. La reina reiteró sus órdenes, pero Essex ya se había embarcado a finales de septiembre y fue a Inglaterra para ser recibido por la reina. A la vez, en su bando se debatían planes de matar a Cecil y sus partidarios antes de hablar con la reina, aunque Essex no lo consintió.  Essex irrumpió en las habitaciones de la reina, sin adecentarse antes, y pillándola a ella sin arreglar, para obligarla a escucharle. Elizabeth no sabía si estaba ante una rebelión o no, pero siguió la corriente a Essex cuando éste hizo ademanes de sumisión feudal. Prometió recibirlo enseguida: mientras, se informó de que venía sin su ejército, y lo despidió ordenándole que esperase sus instrucciones. Essex estuvo esperando hasta que su impaciencia lo llevó a montar un intento de rebelión, que lo llevó al cadalso. Con él moría una parte de la caballería tradicional.

A la vez, estaba naciendo el imperialismo capitalista y comercial, que abre una nueva era de la historia de Inglaterra. También estos días de finales de septiembre, un consorcio de comerciantes londinenses elevaron una petición a la Reina y fundaron la East India Company, para comerciar con la India. Se empezaban a poner las bases del todavía inexistente "Imperio Británico" del cual llevaba hablando el mago John Dee veinte años. Imitaban a los mercaderes holandeses, que acababan de obtener beneficios de un 400% en sus inversiones en la ruta oriental del comercio. Los mercaderes ingleses de la Compañía de Levante tenían una ruta de distribución por tierra, a través de Turquía, pero eran quienes más tenían que perder, así que se apresuraron a abrir la nueva ruta. No eran aristócratas, pero buscaban el apoyo de la corte y de sus nuevos hombres. Y lo tendrían en Cecil, más que en la tacaña reina. Cecil fue el dedicatario de los viajes de Hakluyt, una útil propaganda de estas aventuras de navegación, cuyo segundo tomo, sobre viajes a la India y más allá, se estaba terminando este otoño. En la reedición de 1599 suprimió la narración de la campaña de Cádiz de Essex del primer tomo, y toda alusión al conde. Las fortunas de éste caían estrepitosamente a la vez que nacía el nuevo imperio, comercial y no caballeresco. Los nuevos aventureros eran los mercaderes—Shakespeare usa la palabra en ambos sentidos  (y recordemos también la dedicatoria de los Sonetos, de Thomas Thorpe, que alude a una empresa comercial y aventurera).

Shakespeare no tenía fondos suficientes, si tenía interés, para invertir en estas empresas. Aunque queda la anécdota de la representación de Hamlet en uno de los tempranos viajes a oriente, a bordo del navío Dragon, en 1607, cerca de África.

Del escepticismo de Shakespeare hacia los ideales heroicos queda sus desencantadas aventuras homéricas en la cáustica obra Troilus and Cressida. En Hamlet también se nota la huella del desencanto, en el contraste entre el mundo caballeresco del viejo Hamlet y las intrigas cortesanas y dudas metafísicas del presente. La armadura del viejo rey es un anacronismo, como lo eran los torneos de Essex en la Inglaterra isabelina. También en la representación que hace Shakespeare de los duelos, sus tecnicismos y decadencia, está el signo de los tiempos y la decadencia de la auténtica caballería—la transformación de la tradición marcial en deporte.

La expedición de Essex en Irlanda se frustró. El poema de Thomas Churchyard para darle la bienvenida al conde en su regreso quedó sin publicar; la comparación de Essex con Enrique V en la obra de Shakespeare se suprimiría de la publicación. A Essex unos le intentaban convencer de que forzase a la reina a reconocerle; otros le sugerían que escapase al extranjero: Essex mismo prefería el combate a la huída, y muchos de sus partidarios le abandonaban viéndole en desgracia y temiendo verse implicados en algún intento desesperado. Algunos dicen (Fulke Greville) que eran los enemigos de Essex los que hacían circular rumores de sus intenciones, para terminar de hacerle caer. Mountjoy fue nombrado Lord Deputy en Irlanda para suceder a Essex, y también allí había intrigas: estaba dispuesto a hacer una demostración de fuerza junto con Essex y el rey escocés para asegurar una sucesión escocesa a la corona. Pero de estos planes, en los que estaba involucrado también Southampton, se descolgó Mountjoy, y no quiso involucrase en ellos el futuro Jacobo I.  Estos planes eran secretos, pero los tiempos estaban listos para ellos; estaban en el aire—y así encontramos conspiraciones semejantes en Hamlet (1600) que muestra pues la marca de su tiempo, como según dice el príncipe debe hacer el teatro.

Capítulo 14: Ensayos y soliloquios



Lunes 27 de julio de 2009

Adam's Tongue 6: Nuestros ancestros en sus nichos

Reseña del libro de Derek Bickerton sobre el origen del lenguaje, Adam's Tongue (2009)

Adam's Tongue 5: Los nichos no son todo (son lo único)

De nuestros parientes los simios nos separa la serie de nichos ecológicos que fueron desarrollando nuestros ancestros, distintos de los de ellos: un nicho de alimentación omnívora terrestre, un nicho como carroñeros de última fila, un nicho como carroñeros de primera, un nicho como cazadores-recolectores, un nicho pastoril, un nicho agrícola. Y podríamos añadir un nicho urbano-industrial. Hasta ahora se ha solido ignorar esta construcción activa de nichos como factor evolutivo, enfatizando en su lugar la mera adaptación AL ambiente, como consecuencia de cambios genéticos que alteraban las capacidades intelectuales y comportamiento de los humano(ide)s: como si los ancestros no hubiesen jugado un papel activo en estas transformaciones, cambiando de costumbres antes de ningún cambio genético.

Bickerton critica las explicaciones genéticas sobre el origen del lenguaje (tan en boga hoy entre los lingüistas de la escuela de Chomsky). No se encontrará ningún "gen del lenguaje", ni el FOXP2 ni ningún otro. Los genes hoy se ven como algo más flexible, capaz de cambiar su expresión para producir múltiples resultados. El origen del lenguaje no tiene por qué deberse a ningún cambio genético.

Es simplista creer que nuestro último antepasado común era "algo así como un chimpancé", dice Bickerton—como si los chimpancés no hubiesen cambiado, y sólo lo hubiésemos hecho nosotros. Pero los bonobos y los chimpancés tienen culturas, alimentación, y relaciones sociales muy distintas entre sí. Los conservadores nos ven como chimpancés, los progres como bonobos. Pero esto es ridículo. El ancestro común era seguramente diferente de todos los simios actuales. Y ninguno tiene ni rastro de lenguaje. En respuesta a cambios climáticos surgió el linaje de los australopitecos; los tipos "robustos" no están en nuestra línea evolutiva. Los tipos gráciles no eran tan diferentes de los demás simios—si bien eran diferentes. No hacían herramientas de piedra, con posible excepción del último, el Australopithecus garhi, y su sistema de comunicación no sería muy distinto del de los simios "a no ser porque es muy probable que añadiesen llamadas de aviso sobre depredadores" (113), en respuesta al nuevo entorno de la sabana.
afarensis
Como se explica en Man the Hunted, los australopitecos eran más presa que cazadores. Se volvieron más omnívoros que los simios, pero no es probable que desarrollasen una vida social tan complicada como los actuales simios. Estos no tienen depredadores que evitar en su ambiente, y han desarrollado complejas estrategias maquiavélicas para competir unos con otros. A veces se aduce este maquiavelismo como una de las fuentes del lenguaje, con el desarrollo de niveles más complejos de lectura de la mente del otro, pero es más probable que las estrategias maquiavélicas hubieran interferido con las capacidades de supervivencia de nuestros ancestros. De hecho lo que se potenció entre los ancestros humanos fue la cooperación, no la competencia con otros miembros del grupo.

"El único sentido en el que la vida social de los australopitecinos habría sido más rica que la vida social de los simios es precisamente en la atenuación de la competencia interna al grupo (y, en última instancia, en el nacimiento de la cooperación) que sigue inevitablemente cuando tienes que competir con miembros de otras especies, más que con miembros de tu propia especie". (115)

La potencialidad genética para desarrollar una vida social compleja existía, pero a veces la gente olvida que los genes no dictan el comportamiento, excepto en criaturas muy simples. Simplemente lo posibilitan. Son las circunstancias las que deteminan si esas posibilidades se realizan, y cuándo. El entorno se asegura de que quienes obedecen a sus genes, y no al entorno, sean eliminados.

Los gritos de alarma serían en los australopitecos un sistema de comunicación más parecido al de los monos que los tienen, diferenciados, que al de los simios. Y aunque estas llamadas de alarma no son "palabras", sí podrían haber supuesto un primer paso hacia el lenguaje, preparando a nuestros ancestros para las palabras, "acostumbrando a sus usuarios a la noción de que una señal pueda expresar algo más que meros sentimientos, necesidades y deseos" (117). Al menos dirigen la atención hacia un elemento objetivo del mundo externo (aunque no pueda decirse que lo signifiquen), y son gritos arbitrarios. Tienen así dos de las propiedades de las palabras.

El cambio climático, con las sabanas cada vez más secas, planteó presiones evolutivas y cambios de comportamiento a nuestros ancestros omnívoros. Hubo mayor tendencia a la dieta carnívora, menos con caza de acecho que con persecuciones de aguante. Allí da una ventaja la locomoción bípeda. Pero no se hace en grupos grandes, y se requiere también un desarrollo de armas defensivas, pues se es cazador y presa a la vez.  Otra fuente de alimentos era la carroña. Pero los grandes felinos, hienas, etc., son carroñeros también, y siguen un orden de prioridad en su acceso a la carroña. Los humanos empezaron por la base de la pirámide: aprovechando la médula de los huesos. Esto también añadió presión para el uso de herramientas de piedra para partir los huesos. Este cambio de dieta, a su vez, propulsó el desarrollo cerebral, que requiere mucho consumo energético. Pero de por sí no hace surgir el lenguaje.

"Un cerebro más grande por supuesto habría venido bien una vez arrancase el lenguaje, y el propio lenguaje llevaría a seleccionar cerebros más grandes" (121)—pero hace falta explicar cómo se dio este desarrollo. Y "para el lenguaje, lo que se necesitaba no eran sesos, ni siquiera inteligencia. Sólo el nicho adecuado" (121).

Bickerton asocia este desarrollo a un cambio de dieta, y de status en la pirámide carroñera. De ser carroñeros de última fila, y comer médula, pasaron los homínidos a consumir la carne de grandes animales muertos, y a acceder a ella en primer lugar. Esto queda probado por el estudio de la posición relativa de las incisiones de dientes y de instrumentos de piedra en los huesos fósiles de grandes animales. En los más antiguos, las huellas de dientes vienen primero, y las de hachas después. En los más recientes, más recientes de dos millones de años,  pasa poco a poco a ser al revés: primero llegan al hueso las hachas, y luego las huellas de dientes. Los grandes carnívoros no pueden acceder inmediatamente a los cuerpos de paquidermos, pues sus dientes no pueden desgarrar esa piel y han de esperar a que reviente. Pero las hachas de piedra sí pueden cortarla. Cita Bickerton estadísticas que calculan la accesibilidad relativa de grandes cadáveres en la sabana. Una organización de los grupos en torno al seguimiento de manadas, con vistas a una fuente de proteínas sistemática, y no ocasional, hubiera supuesto un cambio importante en la dieta y en el comportamiento.  Son aspectos de la construcción de un nuevo nicho ecológico, como carroñeros de primera categoría.  Una indicación adicional la proporciona la teoría de la búsqueda óptima de alimentos de Robert MacArthur y Eric Pianka, según la cual cualquier especie seleccionará, de entre los alimentos disponibles, los que proporcionen mayor cantidad de calorías en relación a la energía gastada en obtenerlos.

El inconveniente para pasar a carroñeros de primera era la presencia de los otros carroñeros alrededor de los cuerpos de paquidermos. La única ventaja posible de los homínidos, arguye Bickerton, estaba en los grandes números y en la cooperación, pero los grandes números se contradicen con la dispersión de la sabana y con los pequeños grupos en que trabajarían los cazadores-batidores. Ahí es donde entra en acción el factor lenguaje.

Adam's Tongue, 7: Fíjate en la hormiga, holgazán






Domingo 26 de julio de 2009

El buenismo aburre

El buenismo aburre, y las llamadas a la virtud, y los sermones idealistas, y las quejas contra el egoísmo del personal. Ya le aburrían al "idealista" Hegel hace doscientos años—y eso que Hegel aburre a las ovejas.

Así pues, la manera en que funciona la gente [el egoísmo] triunfa sobre lo que, en oposición a ella, constituye la virtud—triunfa sobre lo que es una abstracción inesencial de la esencia. Sin embargo, no triunfa sobre algo real, sino sobre la creación de distinciones que no son tales distinciones; [el supuesto virtuoso] se gloría en este discurso pomposo sobre hacer lo que es lo mejor para la humanidad, sobre la opresión de la humanidad, sobre hacer sacrificios en aras del bien, y sobre el mal uso que se da a las capacidades. Las entidades y propósitos ideales de este tipo son palabras vacías, ineficaces, que elevan el corazón pero dejan a la razón insatisfecha, que edifican, pero sin levantar edificio; declamaciones que específicamente no declaran sino esto: que el individuo que alega actuar por tan nobles fines, y que emplea tan magníficas frases es, a sus propios ojos, una criatura excelente: un inflarse a sí mismo con un sentimiento de su propia importancia, a sus propios ojos y a los ojos de otros, cuando de hecho no está hinchado sino de su propio engreimiento.
   La virtud en el mundo antiguo tenía su significado cierto y definido, puesto que tenía en la sustancia espiritual de la nación un fundamento lleno de sentido, y para su propósito un bien real que ya existía. Consiguientemente, además, no iba dirigida contra el mundo real como quien se enfrenta a algo generalmente pervertido, ni contra la manera en que funciona la gente. Pero la virtud que ahora estamos examinando tiene su ser fuera de la sustancia espiritual; es una virtud irreal, una virtud sólo de nombre y en la imaginación, que carece de aquel contenido sustancial. La vaciedad de esta retórica que denuncia la manera en que funciona la gente quedaría revelada de inmediato si hubiese que especificar el significado de sus magníficas frases. Estas, por tanto, se suponen que se refieren a algo cuyo sentido ya es conocido. Si se pidiese una aclaración de ese sentido, la petición se respondería con una nueva catarata de frases, o con una invocación al corazón, que en el fuero interno nos dice lo que significan—lo cual viene a ser como admitir que de hecho se es incapaz de decir cuál es el sentido. La fatuidad de esta retórica parece, además, haberse convertido en algo presupuesto por la cultura de nuestros tiempos, ya que todo interés en esta masa retórica, y en la manera en que se usa para potenciar el propio ego, se ha volatilizado—una pérdida de interés que se expresa en el hecho de que produce sólo un sentimiento de aburrimiento. (Fenomenología del Espíritu § 390).

 Dialéctica insalubre del amo y el esclavo






Sábado 25 de julio de 2009

Vérone

Eh! vous qui venez chez nous ce soir
Par erreur ou par hasard...



Esta es la primera canción del musical Roméo&Juliette. Y la primera que grabo con mi nuevo iMovie en el portátil, que por cierto tiene una "calidad" de sonido que no me gusta. Pero oigan, estamos con los medios de a bordo, como siempre. Tampoco canta uno como Juan Bau.

Yira, yira






Viernes 24 de julio de 2009

Victorian Dark Matter

En First Principles, Herbert Spencer desarrolla una pasmosa filosofía evolucionista, sugestiva para muchas de las cuestiones hoy relevantes en lo que se viene denominando "tercera cultura" o integración de las ciencias humanas y las ciencias duras. Comenzando, por ejemplo, por la misma noción de consiliencia o unificación del conocimiento. Para Spencer, la filosofía es, o habría de ser, tal empresa de unificación de los conocimientos, y a sentar sus bases dedica estos principios básicos.

Así pues, comienza deslindando el terreno propio de la religión del de la ciencia. La religión, una religión evolucionariamente entendida, se atiene al ámbito de lo Incognoscible. Es un error por parte de la religión pretender darnos un "conocimiento" (revelado, etc.) de lo que es Incognoscible. La ciencia tiene para sí el terreno de todo lo cognoscible, incluidos los orígenes de nuestras concepciones de los dioses. Pero siempre hay un más allá de lo que la ciencia puede llegar a saber—hoy hablamos de las singularidades y del Big Bang; Spencer también ve que los conceptos básicos de la ciencia no se apoyan en nada, no pueden explicarse, hay que tomarlos como datos irreducibles, y (como diría Aute) "el misterio se oculta detrás", a donde ni llegamos ni podrá llegar jamás el ámbito de nuestro conocimiento, pues nuestro conocimiento se limita, está claro, a lo cognoscible.
vía láctea
Dentro de lo cognoscible, Spencer relaciona todos los aspectos de la realidad con unos pocos "principios básicos", como son la conservación de la fuerza, la ley del mínimo esfuerzo, la tendencia de las fuerzas a equilibrarse entre sí, la creación de sistemas a la vez unificados y complejos... y en última instancia, la tendencia de todo el universo hacia la disolución. Tenemos un ámbito en el que nos movemos, la complejidad—somos parte de esa complejidad intermedia entre el origen caótico y el fin diríamos entrópico del universo, y desde nuestro rincón podemos captar, como hace Spencer, mediante la pura observación de los fenómenos y deducción racional, cómo son las cosas, cómo se originan, cómo se desarrollan y cómo mueren. Esta ley se da a pequeña y a gran escala, y así, para cada uno de los principios que enuncia, Spencer muestra cómo se ejemplifica a nivel astronómico, con el origen de los astros y la formación de sistemas; a nivel geológico, con la evolución de la dinámica terrestre y la formación de climas y paisajes; a nivel biológico, con la aparición de la vida y la evolución de formas complejas; a nivel social, en la economía y organización de las estructuras sociales; y por último a nivel psicológico, en el comportamiento de cada individuo. De la raíz común de todos estos fenómenos en los primeros principios—en la ley de la evolución, en la ley de la conservación de la fuerza, en el progreso de la complejidad y la heterogeneidad—surge la consiliencia o unificación del conocimiento en estos ámbitos (si bien Spencer no emplea el término 'consiliencia', que rescató E. O. Wilson en Consilience).

Traza Spencer, hilando estos diversos capítulos o niveles de aproximación a los fenómenos naturales, un gran panorama evolucionista, que comprende desde la formación del universo conocido hasta su previsible disolución. La observación racional no puede concluir otra cosa, atendiendo a cómo sabemos que son las cosas y los procesos, y cómo funciona la energía y su redistribución. El universo que vemos se ha originado, y se va a disolver. ("Dissolution", tras "Evolution", es el capítulo final de First Principles, antes de su magnífica conclusión). Hasta allí llega nuestro conocimiento. Y sin embargo se aventura Spencer a especular más allá, sobre el destino e historia global del universo, aunque matiza que "de una indagación tan especulativa, no se puede esperar sino una respuesta especulativa" (474).

Hay que tener en cuenta que Spencer está escribiendo en una época anterior a la formulación de la actual teoría del universo (las galaxias, el Big Bang, la expansión del universo, etc.) en el siglo XX—la primera edición de First Principles es de 1862; cito la de 1900. Por tanto los confines últimos del universo y de su historia, pasada y futura, los formula en términos bastante diferentes a los que se pueden encontrar, por ejemplo, en la Historia del Tiempo de Hawking.

Y sin embargo hay un aire de familia entre la perspectiva general de Spencer y los actuales dilemas sobre el Big Bang, el Big Crunch, y muerte fría del universo. Este aire de familia lo vemos cuando se pregunta si es posible deducir algo sobre la forma última y global de la evolución en el conjunto del universo—más allá del universo que conocemos y observamos y que, eso sí lo sabemos, tiene un origen, y se encamina a una disolución.

Spencer parece no querer afirmar que el destino del universo es la Muerte Universal, que es hacia donde parecían encaminarle sus reflexiones. Primero matiza que más allá de la formación y disolución de nuestro sistema estelar, parece haber otros sistemas en otras fases de evolución, y que podrían volverse escenarios de la complejidad y de la vida en algún periodo futuro. Y con respecto al conjunto del universo, merece citarse su conclusión, in which nothing is concluded. Spencer dice que no se pronuncia—que no podemos pronunciarnos—sobre si el universo globalmente es un fenómeno único, un gigantesco proceso que va del origen hacia la disolución, o si es un proceso cíclico, una alternancia de generaciones y disoluciones. Me ha llamado la atención que su discusión sobre este punto anticipa, de una manera casi uncanny, las discusiones de un siglo más tarde sobre la materia oscura, la equilibración del universo, los agujeros negros y los horizontes de eventos más allá de los cuales nada podemos saber.  La tendencia general a  la entropía y a la Muerte Universal, por tanto, hay que matizarla con esta alternativa:

"cuando contemplamos nuestro sistema sideral como un todo, algunos de los grandes hechos establecidos por la ciencia implican renovaciones potenciales de la vida, ahora en una región, luego en otra; seguidos, posiblemente, en un periodo inimaginablemente remoto, por una renovación más general. Esta conclusión queda sugerida cuando tomamos en consideración un factor que hasta ahora no se ha mencionado.
   Puesto que hasta ahora hemos considerado únicamente la equilibración que está teniendo lugar en el seno de nuestro Sistema Solar y en sistemas similares: sin atender a la equilibración inconmensurablemente mayor que ha de tener lugar todavía: terminando esos movimientos a través del espacio que poseen estos sistemas. Que las estrellas antes consideradas fijas, están todas en movimiento, se ha vuelto ya una verdad familiar, y que se mueven con velocidades que se encuentran entre digamos 10 millas por segundo hasta unas 70 millas por segundo (siendo esta última la velocidad de una 'estrella escapada' que se supone esté atravesando nuestro Sistema Sideral) es una verdad deducida a partir de observaciones por los astrónomos de hoy. Ha de unirse a esto el hecho de que hay estrellas agonizantes y probablemente estrellas muertas. Más allá de la evidencia que proporcionan los diversos tipos de luz que emiten, de entre los cuales el rojo indica una edad relativamente avanzada, está la evidencia de que en algunos casos las estrellas brillantes tienen acompañantes que son oscuros o casi oscuros: el caso más evidente es el de Sirio, alrededor de la cual gira un cuerpo de cerca de un tercio de su tamaño pero de sólo 1/39.000 de su luminosidad—una estrella, cercana al tamaño de nuestro Sol, que se ha apagado. Parece deducirse que más allá de las masas luminosas que constituyen el Sistema Sideral visible, hay masas no luminosas, quizá menores en número o quizá más numerosas, que juntamente con las luminosas están impelidas por una gravedad mutua. ¿Cómo pues habrán de equilibrarse los movimientos de estas gigantescas masas, luminosas  y no luminosas, y que se mueven a grandes velocidades?" (474-475)

Escribiendo antes del desarrollo de la teoría del colapso de las estrellas, Spencer sigue a Helmholtz y supone que las estrellas acabarán disueltas en gas interestelar y materia nebulosa. Y que este medio ofrecerá tal resistencia que es concebible que a la difusión máxima de la materia interestelar seguirá un movimiento de concentración (una especie de versión decimonónica del "Big Crunch"), con una nueva agregación de masas y un nuevo comienzo de procesos evolutivos.  De lo que le cabe más duda a Spencer es de si este proceso comprende la totalidad del Universo, o si Universo es sólo "una ambiciosa palabra", como decía Borges, y en realidad no existe un proceso unificado que pueda englobar todo lo existente. Se inclina a creer que sí, y que "si debemos contemplar el universo visible como un agregado, sujeto a procesos de evolución y disolución de la misma naturaleza esencial que los que son discernibles en agregados menores, no podemos evitar preguntarnos cuál es su futuro probable" (479). Aquí parece dudar el autor, y su razonamiento vuelve a replantearse el mismo problema, a escalas cada vez mayores donde la vista se pierde. Pero, en última instancia, acaba por recurrir al principio básico donde asienta su razonamiento, el principio de la conservación del movimiento (esto era, claro, antes de Einstein):

"Reducido a su forma abstracta, el argumento es que la cantidad de movimiento implicado por la dispersión debe ser tan grande como la cantidad de movimiento implicado por la agregación, o más bien debe ser el mismo movimiento, adoptando ahora la forma molar, ahora la molecular; y si nos autorizamos a concebir esto como un resultado último surge la concepción no sólo de evoluciones y disoluciones locales por todo lo largo y ancho de nuestro Sistema Sideral, sino también la de evoluciones y disoluciones generales, alternándose indefinidamente.
   Pero no podemos extraer semejante conclusión sin suponer tácitamente algo que se encuentra más allá de los límites del conocimiento posible: a saber, que la energía contenida en nuestro Sistema Sideral permanece inalterada." (481).

Era la época del éter: y no sabermos, dice Spencer, si el universo pierde energía más allá de sus límites, o si el éter no tiene fin y la energía de nuestro sistema se conserva sin irradiar hacia un "afuera", un límite más allá del universo donde funcionan las leyes que conocemos. Y nunca podremos, dice Spencer, saber si el caso es uno u otro. Lo que sabemos es que si la razón nos muestra que nuestro universo conocido tiende hacia la disolución universal, también hay procesos racionales que podrían hacer concebir una alternancia de evoluciones y disoluciones universales, no uno, sino infinitos procesos universales. Aunque por su misma naturaleza nos lleva esta especulación más allá de los límites del universo conocido y por tanto de la razón. Y allí ya deberíamos empalmar con las especulaciones de Nietzsche.

La unidad universal que Spencer se inclina, finalmente, a suponer que existe, es, precisamente, lo que viene a reforzar la teoría del Big Bang, tan unificador él, y generador de un proceso universal de evolución. Pero quién sabe qué misterios se ocultan (para siempre quizá) detrás del Big Bang...

(Para un poquito de luz actual sobre la materia oscura, aquí hay un vídeo sobre nuevas teorías del universo: "How Large Is the Universe?"—Aunque la conclusión sigue siendo que vivimos en una burbuja).

De casualidad, poca, en lo que estas especulaciones de Spencer anticipan a la ciencia de hoy. Más bien habrá que atribuirlo a un intelecto gigantesco, como  T. W. Hill en su introducción a la edición de 1937 de First Principles. También anticipa First Principles, de manera reveladora, algunos aspectos de las fantasías de Olaf Stapledon en Star Maker, esa curiosa historia de este universo y de otros posibles e imposibles. Lo que no anticipa de Stapledon es el aspecto creacionista: el universo de Spencer no ha sido diseñado ni tiene sentido la pregunta sobre el diseño de las leyes y el por qué de las cosas y de los primeros principios. La inteligencia la sitúa Spencer únicamente en la cabeza de quien contempla el universo, y en una fase de la historia del mismo, la compleja fase en la que nos encontramos y, en lo que a nosotros respecta, nos encontraremos siempre. Los oscuros procesos que sigan después tendrán lugar en las tinieblas más absolutas.


Spencer y la narratología evolucionista











Jueves 23 de julio de 2009

El bosque de Arden

Capítulo 12 del libro de James Shapiro 1599: A Year in the Life of William Shakespeare (Londres: Faber and Faber, 2005)

(Capítulo 11: Simple Truth Suppressed)

12. The Forest of Arden. Viaje a Stratford, y antipastoralismo en As You Like It.

Los viajes entre Londres y Stratford eran uno de los ingredientes habituales de la vida de Shakespeare. Es probable que Shakespeare viajase a Stratford en la segunda mitad de 1599; si no para final de verano, al funeral de su suegra, sí  con  probabilidad a  la boda de su hermana Joan en otoño. Era la única hermana que sobrevivía, tras la muerte de dos niñas pequeñas antes de que él naciese, una primera Joan y Margaret, y la muerte de Anne, a los ocho años, en 1579. Sus hermanos, Gilbert, Richard y Edmund, morirían solteros.  Joan (II) fue la única de sus hermanos en casarse, y William fue probablemente el padrino del hijo de Joan, llamado como él.  Tenía William buena relación con su hermana, pues la incluye en su testamento y le permitió vivir toda la vida en la casa que había heredado él, con un alquiler nominal.

El viaje a Stratford duraba tres días, y era más aconsejable hacerlo en verano que en invierno. Es posible que utilizase los servicios del transportista Greenaway, que cobraba cinco chelines. Debieron ser compañeros de viaje frecuentes: Greenaway era vecino suyo de Stratford, y tenía una ruta fija entre Londres y Stratford. Seguramente sería él quien le llevase a Shakespeare la noticia de la muerte de su hijo, y de los incendios de Stratford de 1594 y 1595, que estuvieron a punto de destruir su casa.

No se viajaba mucho en la Inglaterra isabelina. Ya no había peregrinaciones, y había reglamentos contra vagabundos, y controles. Había, claro, mercaderes, funcionarios en viaje oficial, emigrantes a Londres, y actores itinerantes como lo había sido más a menudo Shakespeare unos años antes. Debió ver bastante Inglaterra, en una época de malas cosechas, y con el paisaje tradicional cambiando, con los cercados de terrenos comunes y la deforestación. Se iba a caballo o a pie: los coches de caballos no se solían mover muy lejos de las ciudades, y los caminos estaban en pésimo estado. A todo esto hay alusiones en la obra de Shakespeare, y en 1611 firmó una petición al Parlamento, de unas 70 personas, solicitando una mejora de las carreteras. Del soneto 50 se puede colegir quizá que el viaje a Stratford no era cuestión de placer sino una pesada obligación familiar ("Mi pena está delante mío, mi alegría atrás").

Por el camino vería las labores de la cosecha, quizá sus fiestas, y quizá encontraría soldados volviendo de la campaña irlandesa, como la disfrazada Rosalind en As You Like It. Era época de mucho trabajo en el campo. El camino pasaba por Holborn, St Giles in the Field, Tyburn (y su cadalso), Hanwell Common, Northcote, Hillingdon Heath, Uxbridge, hacia Buckinghamshire; con una primera noche quizá en High Wycombe. Luego, por Stokenchurch, Aston Rowant, Tetsworth, Wheatley, a otra noche en Oxford. Allí la tradición dice que pasaba la noche en la Crown Inn. Con el tiempo, se embelleció la tradición y se especuló si Shakespeare tendría un asunto amoroso con la esposa del posadero. El hijo de éste sería el dramaturgo William Davenant, que decía que se daba por contento de que lo considerasen hijo de Shakespeare. (Es curioso que Shapiro parece quitar toda autoridad e interés a esta historia curiosa, hasta el punto de que ni siquiera menciona la amistad entre Shakespeare y los posaderos, ni el hecho de que Davenant fuese ahijado de Shakespeare). La última etapa era la más larga: de Oxford a Wolvercote, Begbroke, Woodstock. Allí la reina Elizabeth había vivido en jaula de oro antes de ser reina: un tema que Shakespeare no se permitió tratar. De Woodstock a Kiddington, Neat Enstone, Chipping Norton, por el monumento megalítico de las Rollright Stones, Shipston-on-Stout, Tredington, Newbold, cruzando la calzada romana de Fosse Way, por Ettington, Alderminster, Atherstone, y por fin Stratford, por el puente de Clopton (él le había vendido al ayuntamiento la piedra para repararlo hace poco). Vería un Stratford muy cambiado con respecto al de su infancia, por los incendios que habían destruido 200 casas. El puritano Thomas Beard dijo en The Theatre of God's Judgement que el incendio era castigo de Dios por no respetar el domingo (recordemos a este respecto los muchos católicos en secreto de Stratford, y en la familia del propio Shakespeare). Pero probablemente se originó por el combustible acumulado para el negocio de la malta. Habría pues mucha reconstrucción en marcha todavía. La población había pasado de 1.500  cuando nació él a 2.500, pero la cuarta parte pobres, no una campiña idílica y pastoril de los poetas de la época. (En este capítulo Shapiro describe las realidades económicas del paisaje inglés, y cómo influyen en transformación que da Shakespeare al pastoralismo).

Dos años antes, Shakespeare había comprado New Place, la segunda mejor casa de la villa, por 120 libras: una mansión del siglo XV, de tres pisos y diez habitaciones, con jardines y establos. También había adquirido recientemente un escudo de armas para su familia, que estaría bien expuesto.

"Invirtiendo tanto dinero en una vivienda enorme lejos de donde trabajaba, Shakespeare podría estar intentando compensar un sentimiento de culpabilidad por vivir tan lejos de su esposa e hijas. Podría haber estado pensando en el futuro, en una jubilación temprana. O quizá era meramente una buena inversión, que pocos en un Stratford en crisis podían permitirse". (268)

Lo que desde luego no hizo Shakespeare, pudiendo hacerlo, es llevarse a su familia a Londres. Decidió vivir separado de ellos, y no conocemos las relaciones que tenía con su esposa. Sobre las buenas relaciones entre padres e hijas de muchas de sus obras, avisa Shapiro que también se podrían interpretar de modo compensatorio—con el escritor proyectando a sus escritos lo que le gustaría haber tenido, no necesariamente lo que tenía. En Stratford no trabajaría mucho en sus obras: llevaba asuntos económicos, tenía amistades a quien ver, familia... aunque sí encontraría un ritmo de vida más relajado que el de Londres. Sería un próspero ciudadano que vuelve a su pueblo para una breve visita: ante todo un hombre de negocios. Allí no actuaría nunca su compañía, seguramente, pues las autoridades puritanas de Stratford se oponían al teatro, no como cuando el padre de Shakespeare era alcalde.

Shakespeare especuló acumulando malta para que subiesen los precios del grano (algo que estaba prohibido, y muchos consideraban práctica aborrecible de ricachones abusones).  También era pequeño prestamista. Visto que en sus obras muchas veces se denuncian estas cosas, parece claro que su moral era flexible y oportunista.

En As You Like It, los protagonistas escapan de la corte supuestamente al bosque de "Arden", las Ardenas—pero para Shakespeare estaba lleno de asociaciones del bosque de Arden en Warwickshire, de donde procedía su familia; su madre se apellidaba Arden. El contraste ciudad-campo estaba cargado para él de reminiscencias personales. El bosque iba siendo sido talado, convertido en pastos, cercados... ya desde la Edad Media: un emblema del cambio de los tiempos. Drayton, paisano de Shakespeare, también expresa el contraste y se queja por la deforestación en Poly-Olbion. En As You Like It, encontramos los dos, un bosque más mítico y primitivo, y un campo de terratenientes, trabajadores mal pagados, y crisis. La gradual transformación del campo por la agricultura de propietarios, las enclosures, es un tema visible en la obra de Shakespeare, pues él lo veía en directo. El personaje de Corin difiere de la fuente de Shakespeare, la Rosalind de Lodge: ahora es una víctima de los cambios económicos en el campo y de la crisis en la agricultura tradicional. El empobrecimiento de los campesinos se muestra también en la figura del viejo Adam (que por cierto se dice lo interpretaba el propio Shakespeare). Y quizá revelador de un sentimiento ambivalente ante la situación es un detalle relativo a un personaje muy secundario:

"Mientras algunos se morían de hambre, otros sacaban beneficio. Hay un breve diálogo hacia el final de la obra en el que Touchstone le habla a William, un joven de veintitantos que nació en el bosque, y le pregunta de golpe, "¿Eres rico?" William, a quien para ser un campesino con tierras de Warwickshire le ha ido muy bien, lo admite, si bien a la manera cauta del campesino, "Bueno, señor, pues así así" (V, i, 24-5). No hace falta ver una autoparodia taimada aquí en este William criado en Arden para saber que otro hombre de Warwickshire con el mismo nombre también le iba "así así", gracias en parte a actividades como su reciente especulación con la malta. Shakespeare entendía demasiado bien que se podía sacar beneficio de las penalidades económicas sufridas por otros." (274).

Otros asuntos había que tratar en el viajes a Stratford esta vez. Un asunto de propiedades de su madre, que habían sido hipotecadas, y acabarían perdiéndose a pesar de los intentos de recuperarlas. Y otra cosa con su padre: el blasón familiar, de 1596; no estaban contentos cómo se había hecho, y querían modificarlo en 1599; se redactó una solicitud para añadir las armas de la familia Arden. (Esto ya sería cosa del propio Shakespeare, claro, y no propiamente del escudo de su padre). Pero es curioso que la petición se hace sobre la base del matrimonio de John Shakespeare con una hija de Robert Arden. Esto era pretencioso, pues el padre de Mary Arden nunca había aspirado a gentilhombre ni hay constancia de que se reclamase pariente de los Arden aristócratas. Es una historia ambivalente, pues al final quedó en nada la modificación, pero los borradores del proyecto de blasón muestran incertidumbre sobre a qué rama de la familia Arden atenerse. Quizá en las dudas tuviese que ver también un deseo de distanciarse de los Arden implicados en el atentado contra la reina Isabel, o quizá no interviniese directamente en esto Shakespeare. Sea como sea, muestra una ambición de promoción aristocrática, con una base endeble. El tema de la hipoteca también puede estar asociado al del blasón: eran tierras "de Arden", pero Shakespeare y su padre no consiguieron recuperarlas. Puede que hubiese un arreglo privado, pues el caso no llegó a los tribunales.

Shapiro encuentra mucho en común en las actitudes de Shakespeare hacia el Arden poético de As You Like It y el Arden de su escudo de armas. Hay una mezcla de lo soñador y de lo pragmático, una tensión de realidad y nostalgia:

"Una de las cosas más misteriosas sobre Shakespeare y que pican nuestra curiosidad es su capacidad para mantener tales contradicciones: el mismo escritor cuya obra exponía cómo de embellecidas estaban las narraciones históricas, a menudo se encontraba, cuando se refería a su propio pasado, improvisándolo sobre la marcha" (279)

(Un caso más quizá, éste, de la 'capacidad negativa' que atríbuía Keats a Shakespeare, o de la habilidad de éste para disolverse en diferentes actitudes, y lograr ser él mismo—y sacar beneficio—del arte mismo de proyectarse en puntos de vista múltiples. También Borges escribió sobre esta cualidad, aunque Shapiro nos muestra el lado prosaico "businessman", y no poético, de la misma).

Capítulo 13: Cosas que mueren, cosas recién nacidas





Miércoles 22 de julio de 2009

La sentencia de la Cátedra (II)

Fallamos
La sentencia de la Cátedra (I)

En estos enlaces previos puede leerse cómo un tribunal dejó vacante una cátedra a la que me presenté, y cómo tras desoír mis recursos el Rectorado de la Universidad de Zaragoza, un juzgado de lo contencioso administrativo dictó que no procedían mis reclamaciones. Con argumentos que merecieron este comentario. Una vez presentado el recurso de apelación al Tribunal Superior de Justicia de Aragón, aquí está la sentencia que dictó éste (PDF), dos años después, fallando también en contra mía. La sentencia que, como voy a mostrar, es una vergüenza procesal, por sus irregularidades jurídicas. Fue redactada por el ponente Fernando García Mata, con el visto bueno de Jaime Servera Garcías (presidente) y Eugenio Ángel Esteras Iguácel (magistrado).

Hoy rebatiré sólo el punto 1 de esta sentencia. Lo transcribo íntegro, y comento sobre la marcha.

PRIMERO: La parte apelante, que reproduce en esta apelación los motivos de impugnacióin aducidos en la instancia, comienza alegando la incorrecta interpretación por parte de la sentencia de instancia de la normativa reguladora de la composición de las Comisiones Juzgadoras, en cuanto trató como una ausencia lo que en realidad era una renuncia, que debía haberse remitido al Rector, para que apreciara si concurría o no causa justificada, añadiendo que ello determinó que la calificación se realizara por cuatro personas cuando estamos en procesos selectivos en los que hacen falta tres votos para ser propuesto para la plaza.
    A la vista de dicha alegación y examinado el expediente debe reconocerse que el vocal D. Berndhard [sic] Dietz Guerrero, presentó un escrito—folio 103—en fecha 4 de febrero de 2003, en el que manifestaba "a los efectos de su renuncia al citado tribunal", que había fallecido un tío en Madrid "motivo por el cual excusa su participación en los trabajos",

debe reconocerse. Como si doliera. Como veremos, la actuación de estos magistrados emplea una descarada Ley del Embudo para favorecer a lo que consideran la Administración—o sea, para respaldar en todo caso la actuación del tribunal (refrendada por las administraciones posteriores), sin sopesar de modo ecuánime si es una buena administración o una mala administración. A primer golpe de vista, otro tribunal menos predispuesto reconocería de lejos que el motivo alegado no es excusa administrativamente hablando, pues la ley contempla sólo el fallecimiento de familiares en primer grado como causa de renuncia. Esto no despierta la curiosidad de sus señorías, ni es indicio de nada. Podría la comisión juzgadora de la oposición haber aplazado las sesiones, o al menos haberlo solicitado el Dr. Dietz, etc.—pero no era esa la cuestión, ni queda de eso rastro administrativo. Sólo de su renuncia, sin más solicitudes ni negociaciones. Eligió renunciar, y renunció. Por otra parte, también advertiría una administración menos deliberadamente cegata que en ningún momento de este proceso contestado aparece ningún justificante ni certificado de defunción por ningún sitio, ni hay asomo de que en ningún momento se materialicen las "responsabilidades en que hubiera incurrido" según la ley un miembro del tribunal que renuncie sin causa justificada. Porque la ausencia de justificantes, etc., también es un dato administrativo objetivo. Imagínense que soplase viento del otro lado, y al tribunal le diese la ventolera de empapelar a alguien, con semejante planteamiento. Pero nada de eso. Continúa la sentencia, atentos,

"sin embargo, debe negarse que la expresión de 'renuncia' contenida en su escrito sólo pueda ser considerada en un sentido técnico jurídico."

Y de argumentar que no sólo pueda interpretarse en sentido técnico jurídico,  pasan los magistrados rápidamente a argumentar que no puede interpretarse en un sentido técnico jurídico. Esto ya es más grave, y de traca. En un documento oficial, como es el expediente de una oposición, se incluye un escrito enviado por uno de los miembros a la presidenta, renunciando. Y nos dice ahora el tribunal que no procede aplicar el sentido técnico-jurídico de "renuncia" a este escrito de renuncia. ¿Por qué? Como veremos, no hay ninguna razón que se sostenga. La única razón visible en el horizonte es que no es oportuno, porque entonces habría que desautorizar al tribunal, al Rector, y al juez de lo contencioso administrativo. Hagamos otra vez el experimento contrafactual: que un tribunal viene digamos "bien predispuesto" para sentenciar que tal señor ha renunciado a su nombramiento. Y que se encontrasen en el expediente con un escrito del tal señor a la presidenta del tribunal, comunicándole su renuncia. Oye, blanco y en botella, ¿no?

Por tanto, no son los hechos o los datos objetivos lo que está dictando esta interpretación en este caso, sino únicamente la voluntad del tribunal de atenerse a una interpretación preestablecida, sean cuales sean los datos objetivos que tienen ante sí. Y esto no es justicia. Lo que podría dictaminar un tribunal no sesgado que se encontrase con un escrito oficial de renuncia, sobre la cuestión de si había habido renuncia o no, lo podemos dejar a la imaginación de cada cual. Este tribunal, que no se encuentra en este caso, está buscando una interpretación alternativa. Admite a regañadientes que la expresión "renuncia" sí podría ser considerada en un sentido técnico jurídico (incluso quizá admita que es la interpretación que primero viene a la cabeza), pero se apresura a saltar sobre la interpretación contraria—pues hay otras interpretaciones posibles. En efecto, las hay, en el contexto administrativo adecuado. Así, un vocal podría decir "yo renuncio a estar en este tribunal", pero si no lo hace constar por escrito, por ejemplo, no procedería interpretar esa expresión en un sentido técnico jurídico. Ahora bien, si se encuentra en un escrito de renuncia incluido en un expediente, se pregunta uno de dónde sale la elección de estos magistrados, y si tratan la documentación que tienen delante con la misma ligereza interpretativa en todos los casos. Se huele uno más bien que en unos casos sí, y en otros no. Con el dedico en la balanza.

La argumentación, que no existe, se expone en lo que sigue:

"Así debe tenerse en cuenta que es el artículo 6.10 del Real Decreto 1888/1984—derogado por el Real Decreto 774/2002, de 26 de julio, por el que se regula el sistema de habilitación nacional para el acceso a Cuerpos de Funcionarios Docentes Universitarios y el régimen de los concursos de acceso respectivos, que fue a su vez derogado por el Real Decreto 1313/2007, de 5 de octubre, por el que se regula el régimen de los concursos de acceso a cuerpos docentes universitarios— [todo esto de las derogaciones es humo jurídico, pues es irrelevante para la cuestión que se trata, que ha de ser dilucidada con respecto a la norma entonces en vigor  - JAGL] el que regula la renuncia disponiendo que 'el nombramiento como miembro de las comisiones será irrenunciable, salvo cuando concurran causas justificadas que impida su actuación como miembro de la Comisión', cuya aprobación corresponde al Rector,"


—hasta ahí no se dice nada muy extraño, pero fíjense en esta frase—

y que en el presente caso el citado vocal no renunció a su cargo,

¡Vaya! Lástima entonces que haya un escrito de renuncia en el expediente. El tribunal quiere dictaminar si hubo o no renuncia, dado ese escrito. Y como prueba aduce.... que no hubo renuncia, a pesar de ese escrito. Genial. Un procedimiento jurídico impecable, por lo circular. El círculo es la figura geométrica más perfecta, ya lo decían los griegos. Hay un asomo de argumentación, empero: examinémoslo:

... no renunció a su cargo, participando en el acta de constitución de la comisión de 3 de febrero de 2003 y en la decisión adoptada el mismo día sobre los criterios de valoración y ulterior sorteo —folios 97 y siguientes—.

O sea, que la prueba de que no renunció el día 4 es que no había renunciado aún el día 3. Sopesen ustedes lo que vale, en lógica y en Derecho, esta argumentación. Análogamente, en otro caso, nos podrían contar los magistrados que la prueba de que la víctima no fue asesinada el día 4 es que el día 3 estaba viva.

A lo que parece que va la argumentación (para no ser propia de un imbécil sin más) es a presuponer, aunque cucamente sin decirlo, que una vez constituida la Comisión ya no se puede renunciar a formar parte de ella. Pero eso no lo dice la ley por ninguna parte, me temo, por mucho que lo quieran aducir o meramente sugerir los magistrados. Y aun si se interpretase así la ley, habría que valorar cómo se actúa si alguien hace algo prohibido o no previsto por la ley, como es renunciar cuando no ha lugar. Lo más próximo que dice la ley para tratar todo esto es que es el Rector quien ha de dictaminar, antes de proceder con el caso. Y no después.

Bien, pero los magistrados se ven obligados a admitir que sí consta por escrito la renuncia del Dr. Dietz, con posterioridad a la constitución de la Comisión—

"Ciertamente el día 4 de febrero presentó el escrito antes referido, que el Presidente de la Comisión—folio 102—estimó constituía un supuesto de ausencia—"

Esta es otra irregularidad que se produjo en la prueba: como señala mi recurso, ante la renuncia procedía aplazar las sesiones y nombrar un nuevo miembro del tribunal. El tratar una renuncia como ausencia y seguir como si tal es no sólo demostrar una falta notable de respeto a los opositores, que se ven perjudicados por esta "ausencia"—es también desconocer la normativa, actuar con irregularidad sólo por una necesidad que se echó de ver cada vez más claramente en el tribunal de dar carpetazo al asunto lo antes posible, como hicieron al suspendernos a todos los concursantes en el primer ejercicio: otra falta de respeto mayúscula a los concursantes, como si no hubiese nadie en este departamento que mereciese un puesto de catedrático.

"el artículo 7.5 dispone que 'los miembros de la comisión que estuvieran ausentes en alguna de las pruebas correspondientes a alguno de los concursantes cesarán en su condición de miembros de la misma, sin perjuicio de las responsabilidades en que pudieran haber concurrido'"

Concurrido no, señores, incurrido. Pero aquí nadie incurre en nada, cuando el viento sopla a favor.

Varios meses tras la prueba, y habiéndole llegado noticias de mis protestas al respecto, el Dr. Dietz se puso en contacto conmigo para hacerme saber su molestia por verse nombrado en este asunto (pero claro, la alternativa sería no denunciar las irregularidades). También para asegurarme a título personal que en efecto tuvo lugar el fallecimiento de su tío el día 4.  A lo cual le repuse que, sin animosidad personal por mi parte, me atenía meramente a los hechos documentados. Y documentado queda, y certificado por todos los tribunales, aunque sea sin consecuencias de ningún tipo, que su ausencia de la comisión fue irregular, al margen de las razones personales que hubiera, e independientemente también del tratamiento administrativo que se le diese luego por parte de la presidenta.

Observemos, en un inciso, con respecto a la ausencia del Dr. Dietz, que para los casos de ausencia hay un impreso normalizado para dar de baja a un miembro del tribunal. Tan atípica es la ausencia de un miembro justo tras constituir la comisión, y antes de iniciar las pruebas, tan imprevisto administrativamente es el tema, que al rellenar el acta la comisión tuvo que tachar el impreso y reescribirlo. En cursiva lo rellenado por la Comisión:

CONCLUIDO EL ACTO DE PRESENTACIÓN
Iniciada la ..... prueba del Concurso para la provisión de una plaza para el Cuerpo de .... Catedráticos de Universidad .... correspondiente al área de concocimiento:....Filología Inglesa.... convocada por Resolución de....25-oct.-01... B.O.E. ...(12-nov.-01)... y ausentándose: D. ....BERNDHARD [sic] DIETZ GUERRERO, por fallecimiento de un familiar, del acto de realización de la prueba durante la actuación del concursante D.....   REMISION DE INFORMES... procedo en mi condición de Presidente, a determinar su cese como miembro de la Comisión de conformidad con lo dispuesto en el artículo 7.6 del Real Decreto 1888/84 de 26 de septiembre. Y para que conste, etc. ... (Firman la presidenta, Susana Onega, el secretario, Francisco Garrudo, y los vocales Montserrat Martínez Vázquez y Constante González; no firma el vocal 3º).


Es inaudito, en efecto, que se constituya un tribunal para acto seguido desaparecer de todas las pruebas uno de los miembros. Yo por lo menos no conozco ningún otro caso.  La tentación era pensar que el Dr. Dietz se presentó sólo para desaparecer con una excusa, y dejar que los demás miembros del tribunal hicieran lo que vieran oportuno. Y fuesen cuales fuesen las intenciones, desde luego fueron esos los hechos. No especularé más sobre ello, sino que me centraré en la cuestión de si esto fue una ausencia o una renuncia.

Es crucial para determinar la justicia de la valoración de este punto por parte del TSJA distinguir jurídicamente los casos de ausencia y de renuncia. Repetiré aquí la argumentación de mi recurso a este respecto, argumentación que no es refutada por los magistrados, sino meramente ignorada:

La renuncia deberá ser cursada por escrito, la ausencia no. Por cuanto, tal y como establece el artículo 6.10 del RD 1888/1984 de constante referencia, el Rector tiene cinco días desde la recepción de la renuncia para resolver sobre la causa alegada por el miembro del Tribunal que desea renunciar. Sin embargo, la ausencia de algún miembro es la falta de asistencia del mismo a alguna de las pruebas, ésa es la razón de que ésta pueda conllevar responsabilidad del que se ha ausentado.

En el caso que nos ocupa, por lo tanto, nos encontramos ante la renuncia del Vocal Sr. Dietz a ser miembro de la Comisión que juzgaba el concurso para la provisión de la plaza para el Cuerpo de Catedráticos de Universidad correspondiente al Área de Conocimiento de Filología Inglesa, por cuanto lo que hace constar en su escrito el Sr. Dietz es "su renuncia al citado Tribunal"; además "excusa su participación en los trabajos". En todos los trabajos, por cuanto su voluntad es dejar de formar parte de la Comisión Juzgadora.

En efecto, de no existir la diferencia entre ausencia y renuncia en el hecho de la comunicación por escrito, incorporada al expediente, las dos figuras legales, ausencia y renuncia, serían indistinguibles, lo cual sería un absurdo jurídico. Se podría hacer pasar toda ausencia por renuncia, o toda renuncia por ausencia, o podría el presidente dictaminar indistintamente que se había producido una, o la otra, a su antojo. Pero no es así. Para eso están las comunicaciones oficiales por escrito. Y menos es así en este caso, en el que la comunicación escrita no es un simple escrito de excusa por no asistir, sino un escrito cursado "a los efectos de su renuncia al citado Tribunal". En ningún proceso judicial se ignora un documento puesto así en la mesa, que yo sepa. Al existir un escrito de renuncia del Dr. Dietz, escrito que se incorpora a las actas de la prueba y al expediente judicial, no puede alegarse que el Dr. Dietz meramente se "ausentó". A un ausente se le echa de menos, e incluso se puede certificar que falta a la prueba; pero a alguien que renuncia por escrito a formar parte del tribunal se le debe sustituir. Para atender a los términos de la ley, la argumentación del TSJA debería haber intentado justificar, por ejemplo, que no existe la figura de "renuncia" una vez se ha constituido el tribunal. Pero esto requeriría muchos estudios jurídicos, citar precedentes, normas, etc., y la argumentación vendría a ser igual de endeble en última instancia: pues es evidente que se puede renunciar a cualquier cargo en cualquier momento, sea oportuna la renuncia o no; y para este tipo de situaciones la ley no especifica que sea más irrenunciable el cargo a partir de un momento dado.

En suma, el carácter oficial de renuncia, y no de ausencia, del Dr. Dietz, viene dado precisamente por la incorporación de su escrito de renuncia a las actas y al expediente. Eso es lo que lo convierte en una renuncia oficial, y no en una notita privada dirigida al aquí llamado Presidente (la Dra. Onega). A partir de ahí, su tramitación es errónea, uno más de los defectos de procedimiento de esta oposición, que son incomprensiblemente justificados por una administración tras otra.

¿Que la renuncia del Dr. Dietz era improcedente, injustificada, inoportuna procesalmente, y contraria a derecho? Eso es otra cosa. Allí podríamos estar de acuerdo. Eso es precisamente lo que alegamos, y por lo que recurrimos. Pero del hecho de que fuese improcedente, injustificada, inoportuna procesalmente y contraria a derecho, no se deduce en modo alguno que no se produjese. Y tampoco se deduce que tenga que pagar el pato el opositor, en lugar del tribunal que actúa tan a la ligera.

Pero como vemos, todos los tribunales actúan aquí muy a la ligera.

Empezó actuando muy a la ligera la Dra. Onega, permitiendo que una oposición siguiese adelante siendo que uno de los miembros del tribunal se había presentado únicamente para constituir la comisión, renunciando seguidamente a su puesto antes de comenzar las pruebas (cosa bastante inaudita y que hubiera requerido un poquito de pausa). El TSJA justifica así la actuación de la Dra. Onega interpretando la renuncia como ausencia:

"el artículo 7.5 dispone que 'los miembros de la comisión que estuvieran ausentes en alguna de las pruebas correspondientes a alguno de los concursantes cesarán en su condición de miembros de la misma, sin perjuicio de las responsabilidades en que pudieran haber concurrido', calificación que, discutida por la parte apelante, no resulta disconforme a derecho, ya que lo que se exterioriza con dicho escrito, no es su renuncia al nombramiento por causa justificada, sino su voluntad de no asistir a los trabajos—de ausentarse—motivada por el hecho referido, supuesto de ausencia que determina el cese acordado, sin que el funcionamiento con cuatro miembros invalide la actuación del Tribunal en cuanto el artículo 7.4 del Real Decreto 1888/1984 dispone expresamente que 'para que la comisión pueda actuar válidamente será necesaria la participación de, al menos, tres de sus miembros'—en este caso actuaban 4—."

Oye, qué abundancia de miembros, aún nos sobra uno. Bien, aquí el tribunal da por buena la actuación de la Dra. Onega. Pero veamos el punto central, el sancta sanctorum del razonamiento, o el vértice donde se apoya la argumentación. La razón por la que no resulta disconforme a derecho todo esto.

Es conforme a derecho porque... el Dr. Dietz no renuncia por causa justificada. Sino que decide ausentarse de un modo que el tribunal considera injustificado. Sin que eso dé lugar a ningún tipo de efectos que no sean los de perjudicar al opositor y a su recurso, claro.

Y también es "no disconforme a derecho", se supone, por lo siguiente. Porque en su escrito, nos dicen, el Dr. Dietz no renuncia al nombramiento, sino que sólo comunica su voluntad de no asistir. Pero esto ignora de modo palmario y escandaloso el escrito en el que Dr. Diez comunica oficialmente que renuncia, y lo cito:

El abajo firmante, Bernhard Dietz Guerrero, catedrático de Filología Inglesa de la Universidad de Córdoba y Vocal 3º del tribunal para la oposición de una cátedra de Filología Inglesa convocada por resolución de 25 de ocubre de 2001 (BOE de 12 de noviembre) perteneciente a la Universidad de Zaragoza, manifiesta y hace constar, a los efectos de su renuncia al citado tribunal, que en el día de hoy, 4 de febrero de 2003, se ha producido el fallecimiento en Madrid de un tío suyo, motivo por el cual excusa su participación en los trabajos a fin de acompañar a su familia y honrar al muerto.
   Tal extremo ha sido ya notificado a la Ilma. Sra. Presidenta de la citada comisión, quien ha dado su aprobación.
   En Zaragoza, a 4 de febrero de 2003.
    Fdo. Bernhard Dietz Guerrero

De este escrito parecen deducirse dos cosas: uno, que no va dirigido a la Sra. Presidenta, puesto que la nombra en tercera persona y comunica que se le ha comunicado algo.  Parece propiamente un escrito para su traslado al Rector o para su inclusión en el expediente (se hizo lo segundo). Otra cosa: que la Presidenta de la comisión ha dado "su aprobación" (cosa no desmentida por escrito de la presidenta) para una ausencia injustificada, cosa administrativamente inaudita. Recuérdese que aquí estamos tratando con el aspecto administrativo de la cuestión, y no con otros aspectos que no vienen al caso. No es papel de un presidente de comisión aprobar ausencias injustificadas, como aquí nos dice el TSJA que se ha hecho, y menos aceptar la renuncia de un miembro del tribunal, que es a todas luces lo que se produce, según el escrito aquí citado.

Más elaborado jurídicamente (aunque un berenjenal de cuidado) sería que el TSJA argumentase que el Dr. Dietz no renunció "al nombramiento" sino que renunció "al cargo" y por tanto no se aplica la norma que regula la renuncia. Como digo, esto requeriría volúmenes propiamente, pues la diferencia sería para un jurista como discutir el sexo de los ángeles... aunque para un no jurista la cosa se parezca más a una prevaricación deliberada o a un fraude de ley. Pues el renunciar "al cargo" sin renunciar "al nombramiento" es concepto que no viene en modo alguno avalado por el Real Decreto a que nos referimos, y cualquiera que piense que es ésto lo que se está haciendo, o que es éste el razonamiento que se intenta introducir, puede con razón pensar que algo huele a podrido en Dinamarca.

Pero el TSJA prefiere no adentrarse explícitamente en este razonamiento perverso, aunque su interpretación parece utilizarlo sin nombrarlo. En lo que sí se dice de modo explícito, corta más por lo sano la sentencia, y nos dice, así por simplificar, que en ningún momento existe una renuncia del Dr. Diez, cosa que es palmariamente falsa.

O sea que el TSJA falsea los hechos cuando dice que el Dr. Dietz no renuncia, cuando aduce que meramente comunica su voluntad de no asistir. El hecho de que una renuncia sea injustificada (caso éste previsto, que no justificado, por la ley) no invalida el hecho de que en efecto se trate de una renuncia. Querer escamotear este hecho, ignorando un documento oficial, un escrito de renuncia— ¡que sin embargo se sigue incluyendo en el expediente! —es falsear la situación y aplicar un supuesto legal que no viene al caso. Es ignorar, por presuposicion, y contra la norma, que existen las renuncias improcedentes, irregulares e injustificadas.

Aún más, es utilizar una actuación irregular en una comisión como argumento "válido" para rechazar los recursos planteados a la actuación de esa comisión—apoyar una actuación viciada en otra también viciada, como si eso pudiera justificarla.

Como he venido diciendo, aquí hay una arbitrariedad TOTAL en la interpretación de los hechos relativos al punto 1 de la sentencia. Con los mismos hechos, y la misma documentación, y con sólo el viento soplando de otro lado, es fácil imaginar lo que podría dictaminar un tribunal que se encontrase con semejantes pruebas documentales. Y esto no es justicia—es, como bien decía aquel alcalde, un cachondeo.

Y al siguiente punto se le dió un tratamiento igual de arbitrario, como se verá en el siguiente post de esta serie.

La sentencia de la Cátedra (III)



Martes 21 de julio de 2009

Contando cómo le paramos los pies

En su libro sobre la narración conversacional, Neal Norrick menciona como uno de los tipos de relatos más frecuentes lo que llama "put-down stories", es decir, los relatos en los que el narrador cuenta cómo salió airoso de una situación de confrontación con un tercero. A esta misma costumbre se refiere Javier Krahe, en esa canción donde el hablante, airado porque tiene la cena sin preparar, descubre que su mujer ha cogido una maleta y se ha ido de casa:

"Yo que le iba a contar lo de García
y de cómo le paramos los pies,
lo del bulto que tengo en la rodilla...
¿dónde se habrá metido esta mujer?"

Sólo podemos imaginar los relatos que le hará esta señora a sus amigas de cómo dijo hasta aquí he llegado.  Como vemos, en el acto de narrar cómo se le pararon los pies a un tercero, el hablante y el oyente u oyentes crean una especie de pequeña comunidad solidaria, y el tercero queda caracterizado como el representante de los Otros, o de lo indeseable, la fuerza de resistencia frente a la cual se ejerce la solidaridad grupal. El otro puede ser un maleducado, o un abusón, o un jefe, o un subordinado rebelde, o un gitano, o un blanco, blanco de las iras e ironías agrupadas del grupito narrativo.

Como se evidencia por la canción de Krahe, el consenso o comunidad buscados puede ser endeble de base; en realidad es un efecto de la misma situación narrativa. El acto de ceder la palabra a alguien para narrar una anécdota es siempre una cesión de derechos, y requiere una compensación. Esta puede ser de muy diversos tipos: la historia narrada puede ser novedosa, entretenida, informativa y con valor práctico... pero muchas veces la compensación está en el mismo hecho de formar comunidad, en el momento tranquilizador de saberse en un círculo en el que no va a surgir confrontación, por ritual establecido, sino que la confrontación se escenifica para todos como público. Muchas veces, en este tipo de relatos, se da un elemento de repetición, como requiere todo ritual. Si la historia no es novedosa, al menos aportará el valor ritual de crear comunidad. Y tanto mejor por supuesto si es a la vez repetitiva y novedosa: en las variaciones está el arte, o en la recombinación de elementos conocidos y esperables (por ejemplo, nuestro jefe de siempre, con sus muletillas y sus tics y sus manías bien conocidas) con un elemento imprevisto o novedoso, o con una cuarta persona, que proporciona la ocasión para el nuevo despliegue de carácter, de confrontación y de victoria simbólica.

En muchas ocasiones se echa claramente de ver en estos rituales narrativos, en los relatos de parar los pies, cómo el acto narrativo es una compensación simbólica para suplir las deficiencias de la realidad. La realidad no se ajusta al deseo, decía Bacon antes de Freud, y por eso está ahí la fantasía para suplirla. Por supuesto también se pueden narrar victorias reales: si las hay, y son públicas y confirmables por cuartas personas, o por certificación oficial, tantos más puntos que acumulará el hablante. A veces se narra una auténtica loss of face del tercero en discordia: si de hecho se ha producido, se volverá a narrar aunque todos los presentes hayan sido testigos, para exprimir mejor la situación y comparar versiones. Pero las victorias reales en estas confrontaciones sociales son sólo uno de los polos de un continuo, que lleva desde ellas a la pura fantasía compensatoria a la que hemos aludido—a derrotas convertidas a posteriori en victorias. Pues a veces la victoria ni siquiera se ha dado en la realidad, o al menos no se ha dado en la realidad pública: el hablante le paró los pies al vecino pelma sólo en su pensamiento, y ahora exterioriza ese pensamiento mediante la narración, y contribuye así a hacer la victoria mínimamente más tangible. Obtendrá al menos, si no la vergüenza pública de su vecino, humillado por su hábil e ingenioso revés, obtendrá al menos, decimos, la aprobación y solidaridad de sus oyentes, que aportarán sugerencias alternativas sobre lo que le podría haber dicho.

También Fredric Jameson decía que la narración es una solución imaginaria dada a problemas reales. Bueno. A veces una solución imaginaria vale más que tener sólo el problema.

Si la única solución al enfrentamiento que tuvo lugar es la propia narración que lo remodela, o si la victoria simbólica sólo se da en el propio acto de repasar, repetir y corregir el final, el hablante corre el riesgo de perder puntos puntos sociales en lugar de ganarlos, sólo por buscar la aprobación de su auditorio. De hecho, pocas veces se da la victoria perfecta, y la mayoría de las victorias parciales requieren una corrección narrativa, que seleccione, amplifique, elimine elementos indeseables, y enfatice la narratividad y la rotundidad de la victoria del narrador.  Las mejores respuestas siempre se nos ocurren después, decía Goffman, y no es cuestión de desaprovecharlas. Vamos a reunir a los colegas. La narración permitirá explorar puntos de vista alternativos, completar la secuencia real con pseudo-secuencias hipotéticas, posibles circunstancias colaterales, o variaciones en los finales; también se podrá reconstruir para mayor disfrute el punto de vista del Tercero, y experimentar por delegación la derrota, para mayor disfrute de la situación.

No carecen de interés interaccional los experimentos que se hacen introduciendo variaciones sobre este género. Por ejemplo, contando cómo el otro me paró los pies, o cómo el oyente me paró los pies, o cómo le pararon los pies al oyente, etc. O bien baring the device,poniendo de manifiesto cómo se está manipulando retrospectivamente lo que en realidad sucedió, exponiendo (ante nuestros incómodos oyentes) la falacia narrativa de la propia situación. Pero naturalmente estos experimentos conllevan su riesgo social, no son aconsejables para el buen éxito de la interacción. Lo mismo sucede con tratar temas socialmente arriesgados, que creen controversia o dividan a nuestros oyentes, en grupos o por medio a cada uno de ellos. Pues muchas veces se aparcan dudas o desavenencias en el grupo para crear solidaridad y unirse frente al chivo expiatorio, y es una reglade oro no poner peros ni matices a la perspectiva del hablante que se explaya, ni solidarizarse lo más mínimo con la persona cuyos pies se pararon.  Así pues, se suele estar sobre terreno seguro. Pero claro, podría suceder que tentásemos demasiado la línea que separa a nuestro público del tercero en discordia, del Chivo. Si nuestro oyente piensa que también a él se le podrían haber parado los pies... puede crearse una respuesta conflictiva (que a su vez podría ser narrada, no cabe duda). Es cuestión importante, pues, la selección de los oyentes. No se le pueden parar los pies a cualquiera delante de cualquiera. Estas historias tienden a producirse en secuencias repetitivas donde se va dando solución imaginaria provisional a un problema persistente, o a un conflicto no superable en una sola ocasión. Así, las líneas de fuerza sociales se establecen, y el carácter habitual de los oyentes, la repetición, y el conocimiento mutuo contribuyen a la naturaleza ritual del acontecimiento narrativo. Es mejor saber a qué atenernos.  Las narraciones tienen que ver con situaciones de riesgo, siquiera sea riesgo para el rostro social (face) de los sujetos, y por tanto es habitual remitir el riesgo al momento narrado, y maximizarlo allí, a la vez que lo minimizamos en el acto narrativo que modela ese momento de riesgo y victoria.

Lo que todos pensamos





Lunes 20 de julio de 2009

Narraciones generadas automáticamente

Antes esto parecía una extravagancia para teorizadores de la cibernética; hoy lo hace montones de gente. En su libro Blogging (Polity Press, 2008), Jill Walker presta más atención de lo habitual a las características narrativas de blogs y similares.

Quizá "narrativas" es mucho decir, pues desde luego lo que hacen estos medios es transformar la narratividad, de igual modo que transforman la experiencia (ver "Los blogs y la narratividad de la experiencia"). Me releo estos días Towards a 'Natural' Narratology de Monika Fludernik, que también tiene sus problemas para incluir dentro de la "narración", dentro de "contar", entendido como acto de habla, todo lo que sucede en la literatura narrativa, y recurre a otros marcos de la experiencia como "percepción", "experiencia", "reflexión" o "visión" como base organizadora para la ficción narrativa.  A lo que voy, quizá los nuevos medios no "narren", en sentido literal, ni pretendan transformar la narración; lo que sí está claro es que representan la experiencia en su aspecto secuencial, una selección de la experiencia, claro, la que queda filtrada, registrada o grabada en el medio. Y que de ahí resulta un texto narrativizable, un texto (escrito, grabado, visual, multimedia...) que hace muchas de las cosas que antes sólo hacía la narración, y que se presta fácilmente a su recuperación como texto narrativo, una nueva modalidad de vida narrativizada por la tecnología.

Walker observa que esto pasa en los blogs, pero también en sistemas de redes sociales como Facebook y otros. (A Facebook se le ha descrito como una simple plantilla normalizada para blogs... hoy lo llamaba yo "el blog de los que no tienen blog"). Dice Walker:

"Ya hay muchos nuevos tipos de herramientas para publicación personalizada que son similares a los blogs. El feed de noticias automatizado de Facebook es un ejemplo, pero hay muchos otros. Lifelog, de Nokia, promete converitr los contenidos mediáticos creados o recibidos con tu teléfono móvil y organizarlo como un diario generado automáticamente que podrías mantener privado en tu propio ordenador, o subirlo a la red en forma de blog. Los elementos que podrían incluirse en tu Lifelog serían fotos y vídeos que tomases con tu teléfono, mensajes de texto y multimedia que hubieses enviado o recibido, acontecimientos anotados en el calendario del teléfono, y datos de localización asociados a todos estos. Pocos de nosotros querríamos subir todos y cada uno de dos elementos de nuestro Lifelog para visionado público en Internet, pero el software demuestra claramente cómo cada vez más y más parte de una vida se documenta hoy—parte de ella deliberadamente, como cuando tomas una foto, y parte casualmente, como cuando tu teléfono recuerda que enviaste un SMS, o cuando tu ordenador archiva mensajes de e-mail viejos." (Blogging 80)

Es, dice, "una narración extendida, una autobiografía creada sobre la marcha" (82). Muchas estructuras narrativas de estos dispositivos son generadas por el propio sistema, son "una autobiografía generada automáticamente", en la que muchas decisiones no son tomadas por el usuario, sino delegadas al sistema, aunque sea el usuario el sujeto de las actividades y quien accione el sistema.

De estas narraciones no es la menos interesante la que almacena Google, inquietantemente accesible para ellos que cada vez disponen de más medios que registran nuestra actividad como usuarios. Por lo bien que lo hacen, claro, y sin embargo... tiene la cosa algo de Vigilancia y Control, siquiera sea potencial. Sobre eso nos dice Walker que la tecnología de los blogs o de Internet, como un cuchillo o como cualquier otra tecnología, se puede usar bien o mal. Pero que para usarla bien conviene comprender cómo funciona y cómo se está usando (Blogging 160).

En el capítulo 5, "Blogs as Narratives", describe Walker a los blogs como "una forma de escritura episódica que conduce a determinadas clases de estructura narrativa" (111).  Los posts pueden ser pequeñas narraciones, y su conjunto es una estructurta narrativa más amplia, una narración episódica, similar en cierto modo a los diarios, las novelas por entregs, los comics...  Hay blogs que tienen un planteamiento específicamente narrativo, con una historia en curso, un objetivo a cumplir, etc. Los blogs planteados en torno a un proceso en curso están más adaptados a la propia forma de su medio que los que se plantean objetivos a corto plazo.  La narración global del blog es fragmentaria, depende mucho de cómo se lea, o incluso de información extraída de otras fuentes (especialmente quienes conocen al bloguero—pero entre esos también se cuentan los lectores atentos). Muchas veces la experiencia personal o íntima se calla o se vela, pero puede traslucirse para quienes saben leer entre líneas o conocen en detalle el blog. Analiza Walker distintos tipos de interés y ligazón narrativa en diferentes ejemplos de blogs.

Hay que tener en cuenta que el blog no está diseñado globalmente a priori, como lo está una novela (al menos una novela no serial). Y en consonancia, Walker identifica en los lectores de los blogs un tipo de interés narrativo distinto del que se encuentra en las novelas:

"Es una clase de deseo narrativo diferente del que según Peter Brooks despiertan las novelas. Mientras que Brooks comentaba el deseo del lector de novelas por llegar al final, el deseo de un lector de blogs es siempre deseo del siguiente post. El lector de blogs espera que no haya final. Un final no ataría todos los cabos sueltos, ni contestaría a todos los interrogantes ni convertiría la narración en un todo ordenado y comprensible. Sería simplemente un parón." (Blogging 118).

Un blog, como cualquier narración, también requiere la elección y manejo de una voz narrativa: incluso de una personalidad ficcionalizada, un narrador "diferente" del autor. Muchos blogs son anónimos, y eso no sólo da libertad, también limita la manera en que puede el bloguero tratar determinados tipos de cuestiones.  Como decía la bloguera (anónima) de Chronicles of Dr. Crazy, comentando sobre esto antes de cerrar su blog:

"Llevo tiempo sintiéndome algo encasillada por el espacio que me diseñé en la blogosfera. El pseudónimo que se suponía que iba a darme libertad de hecho me limitaba: a causa de la voz que había elegido para "Dr. Crazy" y debido a algunas de las cosas sobre que había elegido escribir, sentía que tenía que tener mucho cuidado con lo que revelaba sobre mi trabajo. Inicialmente había tenido el objetivo de componer un blog que me permitiese contemplar lo profesional y lo personal de modo conjunto, pero no era eso lo que había conseguido. Lo que había conseguido era la construcción de un espacio, una identidad y una voz que me permitían hablar de cosas de la vida personal, pero eso en última instancia me privaba de toda autoridad (y de toda capacidad de defender mis posiciones) en las cuestiones profesionales." (Chronicles of Dr. Crazy 4 enero 2006, cit. en Walker 119)

Curiosa también la experienca de Justin Hall, uno de los primeros blogueros, al retirarse de hablar de temas personales, porque su blog le había invadido la vida, y la gente no se fiaba de él por si hablaba de ellos en su blog. Hall firmaba con su nombre, y lo sigue haciendo, pero ahora sólo sobre temas técnicos. Y es que el blog plantea unos problemas de manejo de la identidad que son novedosos como lo es el medio: lo personal y lo profesional, los distintos roles y voces del bloguero, pueden superponerse de maneras inesperadas, sorprendentes, interesantes, o desagradables (ver "El obsceno blog"). Incluso en los blogs temáticos suele mezclarse un elemento personal impredecible, una perspectiva subjetiva o la mera reacción personal a las cuestiones temáticas tratadas. Lo personal y lo profesional, en suma, no tienen una separación nítida. Pueden adquirir interacciones distintas en cada blog (o en cada post, si queremos llevarlo a un extremo—en éste, digamos).  Un blog puede dar una imagen más completa, multifacética, o más limitada, de la vida, personalidad y actividades del bloguero. Pero siempre hay variaciones dentro de la línea general elegida, con lo que los blogs devienen una especie de strip-tease psicológico, social, o también literal, claro. 

Si a ello se añade que la narración tiene una dosis de ficcionalización.... (para Fludernik las diferencias entre narrar y ficcionalizar no parecen muy claras, ciertamente).... pues entonces la fluidez de los blogs como género narrativo adquiere su dimensión final.  Lo personal, no digamos ya lo temático o profesional, puede ficcionalizarse. En esto no hay contratos firmados con los lectores, claro, pero pueden producirse reacciones de hostilidad si los lectores que tomaban un blog por no ficticio descubren dosis importantes de ficción en él, o descubren que todo es un montaje, como en el caso de lonelygirl15 en YouTube.

Todo esto no es automático, claro, ni resulta automáticamente generado por el sistema... pero sin embargo sí resulta en cierto modo de las potencialidades y tendencias inherentes al medio. De la autorrepresentación en el blog resulta un feedback para el bloguero, que muchas veces encuentra que la imagen generada en el blog no es la prevista ni controlada por él. De ahí puede salir, como en otros géneros autobiográficos, pero también con acentos personales de este género, una reflexión sobre la propia personalidad, intereses, actividades, gustos e ideas—una autoexploración o una autocomunicación mediada por red.


Ficcionalidad e inutilidad del blog personal







Domingo 19 de julio de 2009

Ecología prospectiva

He retomado la traducción de La filosofía del presente, de G. H. Mead, que dejé colgada cuando me enteré de que publicaba una traducción un profesor de filosofía de Navarra, Ignacio Sánchez de la Yncera. También me deprimió un poquillo perder, hace un año, varias decenas de páginas de mi traducción en un lápiz USB que me olvidé en un ciber, y que nadie tuvo el detalle de devolverme. (Buitres carroñeros...).

A estas alturas he terminado el tercer capítulo, "La naturaleza social del presente". Mead comenta algunos fenómenos emergentes que le permiten relacionar la teoría de la relatividad y el surgimiento del pasado y del futuro como fenómenos accesibles a la consciencia (y, por complementariedad, del presente que no es ni pasado ni futuro). Me ha llamado la atención, en su definición de cómo los organismos vivos dan lugar a un entorno con su acción, un aspecto emergente de este entorno. Es interesante porque permite encontar en G. H. Mead un fundamento o formulación filosófica para la teoría de los nichos ecológicos. La idea fundamental es que la relación entre el ser vivo y su entorno es dialéctica o de retroalimentación (algo en realidad implícito en la idea misma de ecología). Es decir, que el ser vivo no sólo se adapta a su ambiente, sino que adapta su ambiente a él, y eso hace surgir nuevos fenómenos (emergentes) que para John Odling-Smee, Marcus Feldman, y otros proponentes de esta teoría, son uno de los motores principales de la evolución. Los seres vivos no son pasivos, sino que intervienen activamente en su propia evolución, diseñando su entorno y diseñándose así a sí mismos, el único diseño inteligente que interviene en la evolución. Esta teoría tiene la ventaja de que permite repensar la evolución humana como un proceso de autoconstrucción, pues en los humanos este fenómeno adquiere unos niveles realmente espectaculares. Hace poco comentaba un aspecto de esta teoría de la generación de nichos ecológicos en relación a la teoría del origen del lenguaje de Derek Bickerton.

Lo interesante de G. H. Mead es cómo introduce esta cuestión de la emergencia y de la prospeccción, del futuro que será, en su definición de lo que constituye un entorno ecológico. El futuro, implícito en los objetos del entorno a través de nuestra capacidad de acción sobre ellos, carga de valores y sentidos a ese entorno. Este mismo proceso, de por sí, contribuye a dar estructura a la experiencia temporal, a contrastar presente y futuro. Esto es muy obvio en el caso de los humanos, los seres que desarrollan una experiencia temporal más compleja, pero también es así en menor medida para organismos más simples.

La filosofía de G. H. Mead es para los pensadores evolucionistas un paso intermedio muy sugestivo entre las concepciones de Herbert Spencer, a quien parece haber leído con atención sobre estas cuestiones de vida, consciencia y entorno, y el pensamiento ecológico contemporáneo, que viene a añadir importantes matices al darwinismo clásico o al de la síntesis: matices especialmente relevantes en el caso de los seres vivos y conscientes, que mediante su reacción al entorno, y mediante la generación mental de un futuro, intervienen como agentes en en su propio diseño y destino.

Spencer, en su teoría general de la evolución expuesta en First Principles, no trata sino muy someramente de la evolución biológica, pues pretende establecer los principios generales del conocimiento y desarrollar una teoría general de la evolución de todos los fenómenos, no sólo los biológicos, sino también los físicos en general, cosmológicos, geológicos, y pasando más allá de los biológicos a los sociales, económicos, culturales, y psicológicos. Pero por el camino sí que encuentra tiempo para hablar de la adaptación del ser vivo al entorno, y viceversa, como un factor en la evolución. El viceversa es lo que más me interesa resaltar en este post. Traduzco un fragmento del capítulo sobre "Equilibration", donde habla de cómo los procesos evolutivos tienden a pasar por una fase de equilibrio dinámico relativamente estable. Aquí habla de la adaptación de costumbres, pero el mismo razonamiento lo aplica a todo tipo de adaptación entre un individuo y su entorno:

"Unas verdades generales similares se manifiestan en el proceso de la adaptación moral, que es una aproximación continua al equilibrio entre las emociones y los tipos de conducta requeridos por las condiciones que lo rodean. Al igual que el repetir la asociación entre dos ideas facilita el que una sea excitada por la otra, de la misma manera la descarga de sentimientos en la acción vuelve más fácil una descarga subsiguiente de tal sentimiento en tal acción. Así sucede que si un individuo se sitúa permanentemente en situaciones que requiren más acción de determinado tipo de la que se ha requerido hasta entonces, o de la que le viene por naturaleza—si por cada vez que la realiza de modo más frecuente o más duradero bajo tal presión, la resistencia queda algo disminuida, entonces, claramente, hay un progreso hacia un equilibrio entre la demanda de este tipo de acción y su producción. Ya sea en sí mismo, o en sus descendientes que continúen viviendo bajo tales condiciones, la repetición forzosa debe al final producir un estado en el que este modo de dirigir las energías no le sea más repugnante que los otros modos que antes eran naturales a su raza." (§ 456)

Spencer es heredero de la gran tradición de la economía política, de la que tanta inspiración derivó Darwin—la "mano invisible" de la selección natural viene a ser una versión de la mano invisible del mercado descrita por Adam Smith. En Spencer, pues, también encontraremos una reflexión sobre la economía como un proceso evolutivo que no sólo adapta la cultura humana al entorno natural, sino que también adapta el entorno natural a la cultura humana.

"Una tribu de hombres que vivian de los animales salvajes y de la fruta estará, está claro, siempre oscilando de un lado a otro de ese número medio que pueda mantener el lugar en cuestión. Aunque, mediante una producción artificial mejorada sin cesar, una raza superior continuamente altere el límite que las condiciones externas le ponen a la población, sin embargo siempre hay una retención de la población en el límite temporal que se haya alcanzado." (§ 457).

Es decir, el ser humano, en sus culturas avanzadas, sí modifica deliberadamente su entorno, y lo construye según sus necesidades. Esta concepción proactiva del entorno pasa fácilmente de un contexto económico humano a un contexto adaptativo en general: "Tanto en el organismo individual como en el organismo social, la equilibración de funciones genera equilibraciones de estructuras" (§ 458). Spencer no llega a formular esta teoría con precisión en lo que respecta a la relación entre las especies y su entorno. Su definición de la adaptación enfatiza que "las fuerzas nuevas que han venido a actuar sobre el sistema, han sido compensadas por las fuerzas opuestas que han despertado" (§ 452). Esta definición no deja claro si, en el caso de un ser vivo en un entorno, el entorno queda modificado, o meramente contrarrestado. Pero sí podría considerarse que la teoría de la adaptación del ambiente al ser vivo se deduce, implícitamente, de la formulación general que da Spencer de los múltiples efectos a que da lugar una colisión de fuerzas (en este caso, la del ser vivo y la de su entorno). Según esa definición general, la acción provoca una reacción que transforma la fuerza inicial: en este caso, que transforma el entorno. Una fuerza externa modifica una entidad determinada (un "agregado", dice Spencer), pero los resultados de esta composición de fuerzas son complejos, y resultan cambios que afectan a la fuerza incidente, cambios tan numerosos como los que se producen sobre el objeto sobre el cual actúa la fuerza. (First Principles § 156). 

La teoría de la evolución de Spencer, por tanto, favorece, por tanto, un concepto complejo y recíproco de la relación entre el organismo y el entorno, que resulta en una modificación mutua: algo que se vuelve muy claro en el caso de la acción intencional humana sobre el entorno. Esta concepción quedará más explícitamente desarrollada en la teoría del entorno expuesta por G. H. Mead en The Philosophy of the Present, que enfatiza el papel de la consciencia, incluidos los niveles de consciencia básicos, en la interacción dinámica y proactiva del ser vivo con su entorno.


Ideology and Evolution













Sábado 18 de julio de 2009

La sentencia de la cátedra (I)


Fallamos
La sentencia de la cátedra (II)
La sentencia de la cátedra (III)
La sentencia de la cátedra (IV)
La sentencia de la cátedra (V)
La sentencia de la cátedra (VI)

Este es un comentario de la sentencia de fecha 1 de julio del Tribunal Superior de Justicia de Aragón, recurso de apelación contra el procedimiento abreviado 459/06, de José Ángel García Landa contra la Universidad de Zaragoza. El asunto se refiere a una oposición a cátedra de Filología Inglesa a la que me presenté, que fue dejada vacante en 2003 por una comisión evaluadora presidida por la catedrática Dra. Onega.

La sentencia del TSJA va  sin numerar ni firmar (al margen de un garabato, uno, mal totoñado) por los Ilustrísimos Señores D. Jaime Servera Garcías (presidente), D. Eugenio Ángel Esteras Iguácel (magistrado) y D. Fernando García Mata (ponente de esta sentencia). La inopia administrativa que esto demuestra va a juego con la pobreza del tratamiento jurídico dado a este caso. Pobreza por no decir algo más, pues este documento merecería un suspenso no ya en primero de Derecho, sino en primero de bachillerato. Es una sentencia que me es desfavorable, pero no la comento aquí porque me sea desfavorable (—"yo no soy Tonto"—), sino porque el exponerla a la luz pública les es desfavorable a estos magistrados, y al tribunal de oposición que pudiera sentirse justificado en su actuación por semejante sentencia.

Es una sentencia plagada de despropósitos jurídicos y lógicos. Sólo una voluntad insensata de querer dar la razón a la Administración, aunque soplen chuzos, podría servir para entender de dónde puede salir esta... cosa, viniendo de gente con estudios. Digo con estudios, y no con criterio, pues de ése ya se verá su talla. Presento la sentencia, pues, como documento autoexplicativo de por qué he perdido el caso, y como un ejemplo acabado del mal hacer de nuestro sistema judicial: es una vergüenza para el Aragón y la Justicia que supuestamente representan estos magistrados—un pequeño modelo a escala (por lo irrelevante del caso) de las honduras a que puede descender lo judicial en este país. Tiembla uno de pensar cómo actuarán en casos de mayor trascendencia estos Togados.

Pondré el nombre de los jueces al lado de su obra en cada uno de los posts. Lo siento, pero hoy en día todo va a Internet. Ya no estamos en los años en que estas cosas dignas de verse y exhibirse se pudrían en el fondo de un legajo.

Esto no es sino un capítulo (no el menos vergonzoso) de una larga historia. Aquí pueden leerse algunos episodios previos. Una comprensión completa de todo el caso requeriría publicar, cum commento, los detallados recursos enviados al Rectorado de la Universidad de Zaragoza. Estos fueron desoídos, y contestados por el rector Pétriz con silencio administrativo, antes de llegar el caso a los tribunales de lo contencioso-administrativo (—que llegó, pese a las triquiñuelas de la Universidad). Quizá un día publique esos recursos presentados al Rector. Pero ahora, por atenerme a los antecedentes inmediatos, me limitaré al recurso de apelación que ha resuelto esta segunda sentencia de lo contencioso administrativo. En su momento ya comenté la primera sentencia, del juez Javier Albar—también sentencia de traca. Puede leerse aquí el comentario. El recurso de apelación que presenté a esa primera sentencia lo transcribiré al pie de este post, antes de pasar, en una serie de posts sucesivos, al comentario detallado de cada uno de los puntos del razonamiento, por así llamarlo, de los magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Aragón, en su respuesta al mismo.

Recuérdese que en todo este caso sólo pueden someterse a recurso irregularidades formales, es decir, atentados contra el correcto proceso administrativo. Atentados contra la Filología, por parte de los miembros del tribunal, los hubo todavía más graves, pero ahí están resguardados los miembros por la cláusula de discrecionalidad técnica que ampara a las comisiones juzgadoras: ya se utilice para aplicar criterios de especialista, como deberían, o para hacer de su capa un sayo, cuando así lo deciden. Así que no entraremos para nada en las cuestiones de fondo (de filología y de lingüística): toda esta discusión se refiere únicamente a las numerosas irregularidades de forma y procedimiento que se alegaron contra la comisión juzgadora compuesta por los Dres. Francisco Garrudo, Bernhard Dietz, Constante González Groba y Montserrat Martínez Vázquez, y presidida por la Dra. Susana Onega, catedrática de mi departamento. Los jueces han sentenciado que no hubo irregularidad. Un lector atento puede, sin embargo, hacerse su propia opinión sobre la cuestión. Sobre todo si conoce cómo se cuecen las habas en la Universidad, o en los juzgados.

La sentencia de la cátedra (II)

AL JUZGADO DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO Nº DOS DE ZARAGOZA

Dña. PAULA HORMIGON SOLAS, abogada del R. e I. Colegio de Abogados de Zaragoza, colegiada nº 4375, con despacho abierto en esta Ciudad, Plaza de los Sitios, nº 18 - 3º Izda., ostentando la representación de D. JOSÉ ANGEL GARCÍA LANDA, tal y como tengo acreditado en autos de recurso contencioso administrativo que se siguen ante el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº Dos de Zaragoza con el nº 459/2006-BM, ante dicho Juzgado comparezco y, como mejor en derecho proceda, DIGO:

Que con fecha 6 de julio de 2007 me ha sido notificada la sentencia nº 224 de ese Juzgado, dictada en los presentes autos el día 3 de julio anterior, por la que se procede a desestimar el recurso interpuesto por D. José Ángel García Landa contra la resolución desestimatoria presunta del recursode alzada interpuesto el 14 de noviembre de 2005 contra resolución de 7 de febrero de 2003 que había declarado desierta la plaza nº 1 del Cuerpo de Catedráticos de Universidad del Área de Conocimiento de Filología Inglesa en la Universidad de Zaragoza, convocada por Resolución de 25 de octubre de 2001.

Que, comoquiera que esta parte considera, dicho sea con el debido respeto, que la sentencia de referencia no es acorde a derecho y resulta ser lesiva para sus legítimos intereses, formula, al amparo de lo dispuesto en los artículos 81 y siguientes de la vigente Ley Jurisdiccional, el presente RECURSO DE APELACIÓN que basa en las siguientes

ALEGACIONES

PRIMERA.- Preliminar

La sentencia de instancia, después de rechazar la causa de inadmisión opuesta de contrario, desestima el recurso contencioso-administrativo formulado por esta parte. Las causas de denegación se recogen en cuatro fundamentos jurídicos de la sentencia. El primero de ellos viene a considerar que la composición del ribunal fue en todo momento conforme a derecho, el segundo de ellos considera que las cuestiones alegadas en relación al perfil formaban parte de la discrecionalidad técnica de la Comisión Juzgadora, el tercero considera que la valoración del proyecto investigador no suponía una vulneración de la normativa aplicada a este tipo de procesos, y el cuarto entiende que el establecer como prioritario el mérito de la actividad investigadora no implica que éste sea el mérito mayoritario.

A la impugnación de estos fundamentos, junto con dos cuestiones más, alegadas a lo largo del procedimiento, pero a las que no se ha dado respuesta en la sentencia de instancia, como es el hecho de que mi mandante sí que presentó proyecto de investigación, junto con las irregularidades a la hora de las votaciones por parte de la Comisión Juzgadora, se dedican las siguientes Alegaciones.

SEGUNDA.- Incorrecta interpretación por parte de la sentencia de instancia de la normativa reguladora de la composición de las Comisiones Juzgadoras

En relación a la composición de la Comisión Juzgadora, los hechos acaecidos son los siguientes: En fecha de 3 de febrero de [2003] se procede a constituir la Comisión encargada de juzgar el concurso para la provisión de una plaza de Catedrático. En el Acta de Constitución de la Comisión (folio 97 del expediente) figura la presencia de los cinco miembros de la misma. Ese mismo día se fijan los criterios de valoración del proceso selectivo. En el acta correspondiente (folio 98 del expediente) sigue figurando la presencia de todos los miembros de la Comisión. Ese mismo día se realiza el acto de presentación de los concursantes admitidos, los cuales hacen entrega de la documentación correspondiente a la primera prueba; la Comisión hace constar orden de actuación de los aspirantes, así como el lugar y hora para la realización de las mismas. Todo esto figura en el Acta de Presentación (folio 100 del expediente) donde siguen figurando las firmas de los cinco miembros de la Comisión juzgadora del proceso.

El día siguiente, 4 de febrero de 2003 (folio 102 del expediente) se levanta un Acta Incidental en la cual figura que "Concluido el Acto de Presentación del Concuros para la provisión de la plaza para el Cuerpo de Catedráticos de Universidad correspondiente al área de conocimiento de Filología Inglesa convocada por resolución de 25 de octubre de 2001 (BOE de 12 de noviembre) y ausentándose D. Berndhard Dietz Guerrero, por fallecimiento de un familiar, del acto de Remisión de Informes, procedo en mi condición de Presidenta, a determinar su cese como miembro de la Comisión de conformidad con lo dispuesto en el artículo 7.6 del Real Decreto 1888/1984 de 26 de septiembre".

A dicha Acta incidental se adjuntaba escrito del Sr. Dietz (folio 103 del expediente) en el cual literalmente manifiesta y hace constar  "su renuncia al citado tribunal, en el día de hoy, 4 de febrero de 2003, se ha producido el fallecimiento en Madrid de un tío suyo, motivo por el cual excusa su participación en los trabajos (...)"

El incorrecto tratamiento por parte de la Comisión Juzgadora primero, y de la sentencia de instancia, después, en relación a la diferencia entre ausencia y renuncia, viene a ser uno de los motivos de impugnación de la misma.

El Juzgador de instancia considera conforme a derecho que aunque el Sr. Dietz manifestara su renuncia, el tratamiento que diera la Comisión fuera el de ausencia injustificada, aplicando el procedimiento del artículo 7.5 del RD 1888/1984 y procediendo a cesarle en su condición de vocal. A partir de lo anterior, el hecho de que durante todo el proceso la Comisión estuviera constituida por cuatro de sus miembros resultaba, según el juzgador de instancia, conforme a la legalidad.

Ante esta cuestión, hay que señalar la importancia que tiene la diferencia entre la renuncia de un miembro a seguir formando parte de una Comisión y lo que supone la ausencia de un miembro a alguna de las pruebas del proceso. El procedimiento a seguir difiere, y en el presente caso se trató como una ausencia lo que en realidad era una renuncia, hecho [que] constituye una actuación disconforme a derecho, lo que produce que en la realización de las pruebas la Comisión Juzgadora estuviera incorrectamente constituida.

Como venimos manifestando, el tratamiento que la normativa realizaba de la renuncia y de la ausencia es diferente.

En este sentido el Real Decreto 1888/1984, de 26 de septiembre, por el que se regulan los concursos para las plazas de los Cuerpos docentes universitarios, en su redacción dada por el Real Decreto 1427/1986 establecía en relación a la Renuncia en el apartado 10 del artículo sexto que "el nombramiento como miembro de una Comisión es irrenunciable, salvo cuando concurra una causa justificada que impida su actuación como miembro de la misma. En este caso, la apreciación de la causa alegada corresponderá al Rector de la Universidad que convoca la plaza, que deberá resolver en el plazo de cinco días, a contar desde la recepción de la renuncia, actuándose a continuación en su caso, según el procedimiento establecido en el apartado 12 de este artículo". Por su parte el apartado 12 de este mismo artículo establece que "En los casos de abstención, recusación o de causa justificada que impidan la actuación de los miembros de la Comisión Titular, serán sustituidos por sus respectivos suplentes".

Por su parte y en relación a la Ausencia de alguno de los miembros de la Comisión, el artículo 7.5 del RD 1888/1984 establece que "Los miembros de la Comisión que estuvieran ausentes en alguna de las pruebas correspondientes a alguno de los concursantes cesarán en su calidad de miembros de la misma, sin perjuicio de las responsabilidades en que pudieran haber incurrido".

La diferencia entre renuncia y ausencia en el marco de un proceso selectivo es que la primera se refiere a la voluntad de un miembro de la Comisión de dejar de participar como miembro de la misma a partir de un determinado momento (luego habrá de determinarse por el Rector si la causa alegada es justificada o no); sin embargo la ausencia se refiere a la no concurrencia de un miembro a alguna de las pruebas.

En palabras del Diccionario la Renuncia es la "Dimisión o dejación voluntaria de algo que se posee, o del derecho a ello." La Ausencia es la "Acción de ausentarse o estar ausente. Tiempo en el que se está ausente. Falta de alguna cosa."

La renuncia deberá ser cursada por escrito, la ausencia no. Por cuanto, tal y como establece el artículo 6.10 del RD 1888/1984 de constante referencia, el Rector tiene cinco días desde la recepción de la renuncia para resolver sobre la causa alegada por el miembro del Tribunal que desea renunciar. Sin embargo, la ausencia de algún miembro es la falta de asistencia del mismo a alguna de las pruebas, ésa es la razón de que ésta pueda conllevar responsabilidad del que se ha ausentado.

En el caso que nos ocupa, por lo tanto, nos encontramos ante la renuncia del Vocal Sr. Dietz a ser miembro de la Comisión que juzgaba el concurso para la provisión de la plaza para el Cuerpo de Catedráticos de Universidad correspondiente al Área de Conocimiento de Filología Inglesa, por cuanto lo que hace constar en su escrito el Sr. Dietz es "su renuncia al citado Tribunal"; además "excusa su participación en los trabajos". En todos los trabajos, por cuanto su voluntad es dejar de formar parte de la Comisión Juzgadora.

El Sr. Dietz renunció a ser miembro de la Comisión Juzgadora del proceso de referencia.

En este marco, la Presidenta de la Comisión no podía considerar como ausencia lo que constituía una renuncia; a este respecto, en la sentencia de instancia, se manifiesta que posiblemente la razón de que se tratara como ausencia lo que era una renuncia era porque "posiblemente no se estaba ante una causa justificada, ya que se trataba de un familiar no directo y no se aportó el justificante del fallecimiento ni del día en que el mismo se produjo".

Sin embargo, el órgano competente para juzgar si se trataba de una ausencia justificada, no era ni la Presidente ni los demás miembros de la Comisión, sino el Rector de la Universidad de Zaragoza.

En este sentido, la actuación correcta por parte de la Comisión debía de haber comportado la remisión del escrito de renuncia al Rector, órgano encargado de apreciar si concurría causa justificada para ello (artículo 6.10 del RD 1888/1984), circunstancia que no aconteció en el proceso selectivo de referencia, donde fueron los demás miembros de la Comisión los que decidieron calificar a la renuncia como ausencia y seguir el procedimiento para esta última establecido en el artículo 7.5 del RD 1888/1984.

El que la sentencia de instancia considere conforme a derecho esta actuación de la Comisión, dicho con el debido respeto, supone una incorrecta aplicación de las normas que regulan las Comisiones Juzgadoras en este tipo de procedimientos (RD 1888/1984).

En resumen y en relación a esta cuestión, hay que manifestar que la sentencia de instancia realiza una incorrecta interpretación de los artículos 6.10 y 7.5 del Real Decreto 1888/1984, de 26 de septiembre, por el que se regulan los concursos para la provisión de plazas de los Cuerpos docentes universitarios, por cuanto otorga una potestad no reconocida a las Comisiones Juzgadoras como es cursar como ausencia lo que en realidad es una renuncia; y en segundo lugar como es el juzgar si se está ante una causa justificada o no, cuando no es el órgano encargado para ello.

La consecuencia de la actuación de la Comisión tratando como ausencia lo que era una renuncia fue importante, por cuanto determinó que las pruebas las juzgaran cuatro personas, cuestión a resaltar cuando estamos en procesos selectivos donde hacen falta tres votos para poder ser propuesto para la plaza objeto de provisión.

TERCERA.- Incorrecta valoración de la sentencia de instancia en relación a la aplicación del perfil a los méritos de los concursantes por parte del a Comisión Juzgadora.

La sentencia de instancia viene a entender que la actuación de la Comisión Juzgadora en relación al perfil de la plaza se enmarca en la discrecionalidad técnica que poseen todas las Comisiones Juzgadoras. En este sentido, viene a entender que la Comisión Juzgadora del proceso selectivo de referencia, aun a sabiendas de que el perfil establecido de "lingüística inglesa" era un perfil amplio (por cuanto englobaba muchas asignaturas de la licenciatura) no había querido limitar dicho perfil, por un posible carácter polivalente que se le quería dar a la plaza en cuestión.

Pero es que la cuestión que se dilucidaba en relación al perfil de la plaza, no se circunscribía únicamente a esto.

Una cosa cierta es que el perfil que se había fijado para la plaza en cuestión no respetaba la definición que a este respecto establecía el Real Decreto 1888/1984, de 26 de septiembre, por el que se regulan los Concursos para la provisión de Plazas de cuerpos docentes universitarios, que viene a definir el perfil de la plaza como las actividades docentes e investigadoras concretas que deberá realizar quien obtenga la plaza que la Universidad convoca. Es decir, que el perfil de la plaza no se correspondía con ninguna asignatura de la licenciatura de filología inglesa.

En el presente caso, el perfil propuesto venía a encuadrar casi la mitad de las asignaturas que comprenden la licenciatura de referencia. Sin embargo, y en lo que constituye una actuación arbitraria, la Comisión, en sus informes, manifiesta una inadecuación de los méritos de mi mandante al perfil de la plaza.

Esta manifestación de inadecuación al perfil de la plaza resulta arbitraria, por cuanto contraviene los hechos. Hechos que avalan la trayectoria de mi mandante en el ámbito de la lingüística. En este sentido figuran sus publicaciones avaladas en revistas, libros y editoriales de reconocido prestigio, Sexenios de Investigación, etc.

La Comisión Juzgadora parece haber procedido a limitar el perfil tan amplio fijado a priori, estableciendo que el currículum de mi mandante no se correspondía con tal perfil, eso sí, sin dar ninguna explicación que motive tal decisión.

El perfil de la plaza se fija en la convocatoria del proceso selectivo del que se trate; en este caso, y a juicio de esta parte, el pefil no se ajustaba a la normativa puesto que no se corresponde con ninguna asignatura del plan de estudios, sino a un conjunto de las mismas. Pero una vez fijado dicho perfil, la Comisión Juzgadora no puede proceder a limitarlo a su antojo, como realizó en el presente proceso selectivo, donde procedió a manifestar que el currículum de mi mandante no se correspondía a la Cátedra objeto de provisión, sin dar ninguna argumentación, y cuando esto contraviene los propios méritos de mi mandante puestos de manifiesto tanto en los sexenios de investigación, como en los artículos, revistas, libros, etcétera, publicados en editoriales de reconocido prestigio.

Establecido lo anterior, habrá que colegir que según la interpretación que da la propia sentencia de instancia en relación a los límites de la discrecionalidad técnica de las Comisiones Juzgadoras, la actuación de la Comisión Juzgadora no se adecuó al perfil de la plaza, actuación que resulta disconforme a derecho tal y como se ha manifestado.

En resumen, teniendo en cuenta la amplitud del perfil de la plaza fijado en la convocatoria de referencia, perfil que como se ha manifestado, y quedó probado en la fase de prueba del procedimiento de referencia, no se corresponde con ninguna asignatura en concreto de la licenciatura, sino que puede enmarcar casi la mitad de las mismas, el hecho de que varios miembros de la Comisión manifestaran que el currículum de mi mandante no resultaba acorde con el perfil de la plaza resulta totalmente arbitrario, y absolutamente ausente de motivación, más, cuando, como se viene manifestando, dicha afirmación contrasta con los sexenios de investigación y demás méritos que ostenta mi mandante.

CUARTA.- Incorrecta valoración por parte del juzgador de instancia en relación a la valoración del proyecto de investigación en este tipo de concursos.

En relación a la exigencia de proyecto investigador, la sentencia de instancia viene a reconocer que la normativa de aplicación al proceso selectivo de referencia no exigía la presentación de proyecto de investigación. Sin embargo, viene a manifestar que el que no fuera necesario no quiere decir que no fuera aconsejable su presentación.

Sobre este particular se manifiesta que aunque es cierto que la referencia al proyecto investigador desapareció tras la modificación realizada por el RD 1427/1986, el hecho de que en el punto 9.2 se haga referencia a dicho proyecto investigador, lo hace compatible con una valoración del mismo.

Sin embargo, una interpretación sistemática del articulado nos permite afirmar que la normativa no recogía la valoración de proyecto de investiga[ción] para la primera prueba de esta clase de procesos selectivos, hecho que reservaba para el segundo de los ejercicios.

En este sentido, si se trae a colación el punto tercero de este artículo nueve del RD 1888/1984, se observa que éste contempla en relación a la primera prueba lo siguiente:

"La primera prueba de estos concursos será pública y consistirá en la exposición oral por el concursante, en el tiempo que estime oportuno, de los méritos alegados y la defensa del proyecto docente presentado. Seguidamente la Comisión debatirá sobre sus méritos, historial académico e investigador y proyecto docente presentado. Esta prueba tendrá carácter eliminatorio para todos aquellos concursantes que no obtengan en la misma, al menos tres votos".

Es decir, que el hecho de que se haga referencia al proyecto docente e investigador en el punto segundo del artículo 9.2 del RD 1888/1984, sólo puede imputarse a una incorrección de la técnica legislativa, en el sentido de que la modificación llevada a cabo por el RD 1427/1986 no tuvo en cuenta que en el apartado segundo del artículo 9 se hacía también referencia a dicha cuestión.

No obstante, y como se viene manifestando, una lectura sistemática de la normativa relativa a los concursos regulados en los artículos 35 a 38 de la Ley de Reforma Universitaria sólo puede llevar a la conclusión de que la primera de las pruebas de este tipo de concursos no contempla la valoración de un proyecto investigador. Y el hecho de que se contemplara como uno de los criterios de valoración en primer lugar, y valorando negativamente su no aportación por parte de la Comisión, supone un comportamiento totalmente disconforme a derecho.

En este sentido, se hace necesario recordar que los criterios de valoración recogían la valoración del proyecto investigador como uno de los requisitos a tener en cuenta para la provisión de la plaza en cuestión. Y los miembros de la Comisión recriminaron su no presentación al Sr. García Landa, tal y como consta en los informes razonados.

En relación a esta cuestión, la sentencia de instancia viene a entender que es posible la interpretación que suponga la valoración de un proyecto de investigación aunque no sea obligatoria su presentación en este tipo de procedimientos. Sin embargo, esta afirmación, dicho sea con el debido respeto, no puede considerarse conforme a derecho.

Y esto por cuanto y como se ha manifestado, este criterio estaba contemplado en la normativa de aplicación a los concursos regulados por los artículos 35 a 38 de la Ley de Reforma Universitaria (sin embargo, sí que estaba contemplado para los concursos regulados en el apartado 3 del artículo 39 de la Ley de Reforma Universitaria).

En relación a esta cuestión, se trae a colación la sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Constitucional nº 138/2000, de 29 de mayo (rec. 3061/1996) que señala lo siguiente:

"los criterios que para la valoración de las pruebas ha de fijar y hacer pública la Comisión evaluadora deben respetar y ser compatibles en todo caso con las normas reguladoras del procedimiento selectivo, las cuales, en consecuencia, no pueden ser desconocidas e ignoradas en el establecimiento e interpretación de tales criterios"

Esta conclusión trae causa en una argumentación anterior en relación a los criterios exigibles en un concurso para acceder a profesor titular de universidad, que a la sazón también estaba regulado en el artículo 9 del RD 1888/1984, de 26 de septiembre, por el que se regulan los concursos para la provisión de plazas de los Cuerpos docentes universitarios en la redacción dada por el RD 1427/1986. En este sentido, la sentencia entiende que hay que respetar la normativa reguladora de los procesos respetando los límites que ésta impone. En la sentencia traída a colación, se otorga el amparo al recurrente por cuanto en el proceso al que se había presentado se había aplicado el mérito de la experiencia docente como requisito encubierto para acceder a la plaza.

En relación a esta cuestión, esta sentencia, en su Fundamento Noveno, señala lo siguiente:

"No cabe duda, ciñéndonos al caso que ahora nos ocupa, que la experiencia docente, a tenor de lo dispuesto en los arts. 37.2 LORU y 9.3 y 4 del Real Decreto 1888/1984, de 26 Sep., en la relación dada por el Real Decreto 1427/1986, puede ser uno de los méritos aportados por los candidatos a plazas de Profesor Titular de Universidad y que ha de ser valorado por la Comisión evaluadora en la selección de los aspirantes en el marco de la primera de las pruebas del concurso junto con otros méritos, el historial académico e investigador y el proyecto docente presentado por cada candidato."

En lo que aquí interesa, llamamos la atención sobre que el Tribunal Constitucional, en este tipo de procesos (como el que nos ocupa) regulados en los artículos 35 a 38 de la Ley de Reforma Universitaria, y en virtud de lo establecido en el artículo 9 del RD 1888/1984, en la redacción dada por el RD 1427/1986, considera como méritos valorables: la experiencia docente, historial académico e investigador, proyecto docente presentado, y otros méritos.

Es decir, que no se contempla como mérito la valoración de proyecto investigador, ni por la normativa de aplicación ni por la jurisprudencia que la interpreta.

Establecido lo anterior, habrá que afirmar con rotundidad la total disconformidad a derecho de que en los criterios de valoración se contemplara como mérito a valorar el proyecto investigador. Por lo tanto, la sentencia de instancia, al considerar la posibilidad de valoración del proyecto de investigación como mérito, vulnera la normativa de aplicación (RD 1888/1984, en la redacción dada por el RD 14271986), así como la jurisprudencia.

Una vez determinado lo anterior, se hace necesario señalar que, dicho con el debido respeto, el Juzgador de instancia minimiza el alcance que hay que darle a esta cuestión, señalando que como en el apartado en el que se valoraba el proyecto investigador se compartía también la valoración del proyecto docente y era de un 20%, la máxima puntuación que se podía obtener por este concreto apartado era de 10.

Sin embargo, la incidencia de un incorrecto criterio de valoración no se limita a la puntuación asignada al mismo (puntuación que además no se hubiera limitado a lo manifestado en la sentencia, por cuanto el porcentaje indebidamente asignado a este criterio hubiera recrecido a otro) sino que el hecho de haber incluido incorrectamente como mérito la valoración de un proyecto [investigador] supone una actuación irregular de la Comisión Juzgadora del proceso selectivo de referencia, lo cual permite afirmar que existe una quiebra de la presunción de legalidad de la actuación de esta Comisión en el concurso para la provisión de una plaza de Catedrático en el Área de Conocimiento de Filología Inglesa en la Universidad de Zaragoza.

Pero es que, en relación a esta cuestión, aún hay más. Consta en el expediente administrativo cómo desde el principio mi mandante ha sostenido que en la voluminosa documentación que se entregó a la primera prueba del proceso selectivo de referencia sí que se incluía proyecto investigador; este hecho también se puso de relieve en el acto del juicio.

En este sentido, consta en las carpetas 81 y 82 de la documentación listada en el currículum el proyecto investigador que tiene como título "Narración, Interacción e Interpretación".

Es decir, que mi mandante que presentó proyecto investigador.

Por lo tanto, resulta doblemente arbitraria la actuación de la comisión, en primer lugar incluyendo como mérito a valorar un proyecto investigador cuando esto no lo permite la normativa de aplicación a este tipo de concursos, y en segundo lugar por cuanto, si se observa la documentación que se acompañó a la prueba del proceso de referencia, se observa cómo sí que había proyecto investigador; por tanto resultan arbitrarias las afirmaciones de los Informes razonados de los miembros de la Comisión que manifiestan su inexistencia.

Por lo tanto y también por esta razón procede la revocación de la sentencia de instancia.

QUINTA.- Incorrecta interpretación por parte de la sentencia de instancia de la normativa de aplicación en relación a la obligación en este tipo de procesos de que se considere la actividad investigadora como mérito prioritario.

En relación a esta cuestión, hay que recordar que los criterios de valoración otorgaban un 40% a la actividad investigadora, un 30% a la experiencia docente, un 10% a la experiencia de gestión, y un 20% a la valoración del proyecto docente e investigador.

Dice la sentencia de instancia que la prioridad no puede interpretarse como que el mérito deba computarse de forma mayoritaria; en este sentido además considera que si tenemos en cuenta la valoración del proyecto investigador, las cuestiones relacionadas con la investigación llegan al 50%.

A este respecto, hay que manifestar con rotundidad que no puede considerarse conforme a derecho la valoración como mérito en este tipo de procesos del proyecto de investigación; por lo tanto, no puede resultar conforme a derecho su inclusión como mérito investigador. Por otra parte, una cosa es un proyecto de investigación, y otra la actividad investigadora desarrollada por un candidato.

El artículo 8.2 del RD 1888/1984 establece con relación a los criterios, además de que al primer ejercicio deberá asignársele como mínimo un valor doble y como máximo un valor triple que al segundo ejercicio, también que se deberá evaluar como mérito prioritario las actividades de investigación.

En este sentido, habrá que considerar, tal y como establece la jurisprudencia, que mérito prioritario supone, de algún modo, que esta actividad investigadora representa una prima adicional en el conjunto de méritos de cada uno de los concursantes, y que se incorpora como un factor valuable privilegiadamente en comparación con el resto de su actividad y su currículum profesional.

En este sentido, la actividad investigadora no puede contemplarse por parte de la Comisión como un mérito más de entre todos los que deben de tenerse en cuenta.

Siguiendo con lo anterior, el hecho de que la valoración de la actividad investigadora únicamente tuviera un peso del 40% no supone su caracterización como mérito prioritario, por cuanto un candidato sin absolutamente ninguna actividad de este tipo, pero con unas puntuaciones elevadas en los demás apartados, podía superar esta primera prueba por delante de un candidato con el máximo de puntuación en el apartado de la actividad investigadora.

Esta circunstancia precisamente es la que se pretende evitar con el establecimiento como mérito prioritario de la actividad investigadora en el artículo 8.2 del RD 1888/1984; por lo tanto, la interpretación que sobre esta cuestión realiza el juzgador de instancia tampoco resulta conforme a derecho.

SEXTA.- Incongruencia omisiva de la sentencia de instancia en relación a la irregularidad en la votación de la primera prueba por parte de la Comisión Juzgadora.

En relación a esta cuestión, la sentencia de instancia guarda silencio. No obstante, se hace necesario llamar la atención sobre la falta de conformidad de las votaciones de los miembros de la Comisión con la puntuación otorgada al candidato y con, lo que es más grave, los informes razonados de los miembros de la Comisión, [que] no se corresponden con las votaciones otorgadas.

En este sentido, la propia sentencia de instancia, en su fundamento octavo, señala que los miembros de la Comisión fueron más críticos con [el Sr. García Landa] que con el resto de candidatos, "especialmente la señora Onega y el señor Garrudo, folios 112 y 113". Sin embargo, el único voto que le fue otorgado a mi mandante fue de la Sra. Onega, precisamente uno de los miembros de la Comisión más críticos con el Sr. García Landa.

Y es que una cosa es la valoración que se realice de los méritos de los concursantes para motivar la decisión de la Comisión, y otra que, como parece desprenderse de la actuación de la Comisión, ésta haya trasladado dicha puntuación a un número determinado de votos, cuestión que resulta disconforme a derecho.

Mientras que en la primera prueba los miembros de la Comisión pueden votar a todos los candidatos o a alguno de ellos, en la segunda de las pruebas deben seleccionar a uno de los mismos, en orden a proponerlo para la provisión de la misma.

Como se ha manifestado, el hecho de que precisamente una de las personas más críticas con mi mandante en su informe razonado ha sido la que le ha otorgado el voto, resulta un comportamiento arbitrario y por lo tanto vedado en nuestro ordenamiento jurídico.

En este sentido, y tal y como señala el TSJ de Cataluña en su sentencia de 8 de marzo de 2006, dictada al recurso 673/2002:

"(...) una cosa es el voto para superar el primer ejercicio y otra diferente es la puntuación que cabe otorgar al mismo. La primera prueba del concurso tiene carácter eliminatorio, según dispone el art. 9.3 del RD 1888/1984, por lo que los miembros de la Comisión han de votar si estiman que los concursantes han "aprobado" la primera prueba, por reunir los méritos suficientes para ocupar la plaza convocada; lógicamente, en esta primera prueba, los miembros de la Comisión pueden votar a todos los concursantes según consideren que reúnen méritos suficientes para ocupar la plaza, a diferencia de la segunda prueba donde el voto sólo puede ser otorgado a uno de los concursantes, que es el finalmente elegido por cada miembro de la Comisión en el procedimiento de concurrencia competitiva".

Sobre este particular, también se puede traer a colación [la] sentencia de la sala de lo contencioso-administrativo del TSJ de Galicia de 4 de marzo de 2002, dictada al recurso 877/2000

Esta sentencia se enmarca en un procedimiento sobre provisión de plaza de Catedrático en la Universidad de Santiago de Compostela. En la misma se procede a desestimar el recurso planteado contra la propuesta de la Comisión de Reclamaciones de la Universidad, en la cual, estimando las alegaciones de uno de los concursantes, no ratifica la propuesta de la Comisión Juzgadora.

En este sentido, precisamente uno de los argumentos de la no ratiticación de la propuesta era la incoherencia entre los informes y votos emitidos por los miembros de la Comisión Juzgadora. Pronunciándose en los siguientes términos:

"(...) el Presidente tras calificar de "Brillante" y "Excelente" el currículum del aspirante Sr. E., vota sin embargo al Sr. U. cuyo currículum había calificado de "Meritorio" o "Bueno". El Vocal 3º que, por un lado, calificó la exposición y defensa del currículum y proyecto docente del Sr. E. como "Muy buena" y la exposición y defensa del proyecto de investigación como "Aceptable" y, por otro, calificó, por iguales apartados, al actor Sr. S. con las calificaciones de "Aceptable" y "Muy buena", teniendo en cuenta el valor doble o triple de la primera prueba tendría que haber votado a favor del Sr. E. y, sin embargo, lo hizo a favor del Sr. S. Al recurrente se le valora negativamente la exposición de su proyecto docente y, pese a ello, le otorgan cinco votos y una calificación global de 7,4 puntos."

Dicho lo cual, la sentencia de este Tribunal entiende que en dicho proceso selectivo se habían producido irregularidades de magnitud suficiente, para afirmar que habían alterado los principios de igualdad, mérito y capacidad que deben regir en estos procedimientos de selección, razón por la cual estimaban conforme a derecho la no ratificación por parte de la Comisión de Reclamaciones de la propuesta realizada por la Comisión Juzgadora.

Por lo tanto, y aplicado al caso que nos ocupa, el hecho de que una de las personas más críticas en su informe otorgara su voto a mi mandante, junto con el hecho de que parece que este voto responde a una traslación de la puntuación otorgada a los candidatos a un número determinado de votos, resulta una actuación disconforme a derecho y vulneradora de la normativa de aplicación a este tipo de concursos.

De todo lo anterior se infiere que la sentencia de instancia no ha interpretado correctamente la normativa de aplicación a este tipo de procesos (Ley de Reforma Universitaria y RD 1888/1984, modificado por el 1427/1986), por cuanto la actuación de la Comisión Juzgadora del concurso de referencia resutó arbitraria y vulneradora de los principios de igualdad de mérito y capacidad que deben concurrir en todo proceso selectivo.

En este sentido y teniendo en cuenta que los Tribunales jurisdiccionales pueden y deben controlar que no exista interdicción de la arbitrariedad de la Administración en el ejercicio de sus potestades discrecionales, procede la estimación del presente recurso, con la consiguiente revocación de la sentencia de instancia.

SÉPTIMA.- Conclusión

En resumen de todo lo expuesto, habrá que colegir que la sentencia de instancia, dicho con el debido respeto, debe ser revocada por cuanto adolece de vicios de antijuridicidad.

En este sentido, dicha sentencia realiza una incorrecta interpretación de las normas reguladoras de los procesos selectivos regulados por los artículos 35 a 38 de la Ley de Reforma Universitaria, aplicados al proceso selectivo en el que participó mi mandante para una plaza de Catedrático en el Área de Conocimiento de Filología Inglesa en la Universidad de Zaragoza.

En primer lugar, y en relación a los criterios de valoración, la sentencia de instancia realiza una aplicación incorrecta del requisito contemplado en el artículo 8.2 del RD 1888/1984, en relación a que los criterios de valoración de este tipo de procesos selectivos deben tener en cuenta la actividad investigadora como mérito prioritario. Asimismo, la sentencia de instancia, al considerar conforme a derecho que los criterios de valoración incluyeran como mérito a valorar el proyecto investigador, también incurren en vulneración de lo establecido a este respecto en el artículo 9 del RD 1888/1984, en la redacción dada por el RD 1427/1986, así como en la jurisprudencia que se ha traído a colación.

En segundo lugar, también la sentencia de instancia resulta incorrecta en relación a la aplicación del perfil de la plaza a los méritos de los concursantes. En este sentido, y aun siendo que había un perfil muy amplio (por cuanto se corresponde con la mitad de las asignaturas de la licenciatura) la Comisión había procedido a limitar en su aplicación el perfil, considerando que los méritos de mi mandante no se correspondían al mismo, cuando éste en ese ámbito tiene sexenios de investigación, así como multitud de artículos publicados en revistas de reconocido prestigio. La sentencia, de forma incorrecta, a juicio de esta parte, da por buena la aplicación realizada del perfil a los méritos de los concursantes en el proceso selectivo de referencia.

En tercer lugar, la sentencia de instancia realiza una incorrecta interpretación de la normativa en relación a la constitución de las Comisiones Juzgadoras, a partir de la renuncia de uno de sus miembros. Tal y como se ha traído a colación, resultó antijurídico el procedimiento seguido por parte de la Comisión ante la renuncia del vocal Sr Dietz. A juicio de esta parte, la sentencia a este respecto vulnera lo establecido en el artículo 6.10 del RD 1888/1984, de constante referencia.

En cuarto lugar y por último, también se ha hecho referencia a la falta de pronunciamiento por parte de la sentencia en relación a dos cuestiones. Sobre el hecho de que mi mandante sí que presentó proyecto de investigación (documentos nº 81 y 82 del currículum) lo cual contraviene lo establecido por los miembros de la Comisióin en sus informes razonados, y en segundo lugar en relación a la falta de pronunciamiento de la sentencia sobre la arbitrariedad en los puntos otorgados por la Comisión, sobre todo en relación a que el único voto otorgado al Sr. García Landa fue por la Sra. Onega, que había sido uno de los miembros más críticos con el mismo (tal y como reconoce la propia sentencia de instancia).

Establecido todo lo anterior, se está en condiciones de exigir una sentencia estimatoria del presente recurso de apelación, por la cual se proceda a la revocación de la sentencia de instancia, anulando la resolución recurrida, nombrando una nueva Comisión Juzgadora y procediendo a la retroacción del proceso selectivo al momento en que debieron de fijarse los criterios de selección.

Por lo expuesto,

SUPLICO AL JUZGADO PARA LA SALA, que teniendo por presentado este escrito se sirva admitirlo, tenga por interpuesto recurso de apelación contra la sentencia nº 224/2007 de este Juzgado, dictada en los presentes autos el día 3 de julio de 2007, y, en su virtud y previos los trámites pertinentes, proceda a remitir los autos a la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Aragón, de la que se solicita dicte en su día sentencia estimatoria del presente recurso de apelación por la que, con revocación de la sentencia de instancia, proceda a anular las resoluciones recurridas, y nombrando una nueva Comisión Juzgadora, se proceda a retrotraer el procedimiento al momento en que debieron de fijarse los criterios de valoración. Y todo ello con imposición de las costas a la Administración demandada.

(...)

Es justicia que pido en Zaragoza a 26 de julio de 2007.


Comentario de la sentencia










Viernes 17 de julio de 2009

Adam's Tongue 5: Los nichos no son todo (Son lo único)

Reseña del libro de Derek Bickerton sobre el origen del lenguaje, Adam's Tongue (2009)
Adam's Tongue 4: ¿Simios parlanchines?

El problema del origen del lenguaje requiere relacionarlo con la biología de nuestra especie. Si somos la única especie con lenguaje, hay que estudiar en qué modo está inserto éste en la biología humana, y cómo su desarrollo es parte de la evolución humana (y no una "invención cultural" cualquiera). La teoría de la construcción de nichos ecológicos permite repensar esta cuestión.

El neo-darwinismo imperante durante la segunda mitad del siglo XX enfatizaba la adaptación al medio. La teoría de construcción de nichos enfatizará más bien la adaptación del medio: es "una teoría que hace jugar a los animales mismos un papel vital en su propia evolución" (93), y da así un papel más proactivo a los seres vivos (en especial, diría yo, a los más inteligentes):

"Entre sus muchas virtudes, esta teoría puede explicar tanto las rápidas cascadas de cambios que dieron lugar a la teoría del equilibrio puntuado de Stephen Jay Gould, como la emergencia ocasional de factores que parecen ser al principio totalmente novedosos (el lenguaje es sólo uno de entre muchos ejemplos)."  (93).

Por ejemplo, los castores se construyen de modo obvio su propio entorno, y también se han hecho a él. Es una adecuación tal la que se da en tantas especies entre estructura corporal y entorno, que la explicación darwinista clásica no parecía suficiente a muchos (y de ahí la tentación del Diseño Inteligente): algo faltaba por añadir a la presión ambiental y la selección natural.

Bickerton habla de "la evolución de la evolución": Lamarck, el primer gran zoólogo evolucionista, quedó atrás al ser insuficientes sus explicaciones. Darwin propuso unos mecanismos evolutivos más flexibles y variados (¡incluyendo los lamarckistas!) pero si hoy hablamos de darwinismo es sobre todo por la exitosa combinación de sus teorías con la ciencia genética de Mendel, la "nueva síntesis" darwinista del siglo XX: "Los genes no son lo único, claro, aunque sería perdonable el pensar que lo son. En el consenso neodarwinista que ha dominado la biología durante un siglo, los animales son sólo vehículos para sus genes" (95)—son ante todo una fuente de variación genética sometida a un entorno activo y a unos genes hiperactivos. El comportamiento se hace depender implícitamente de los genes. Pero en realidad, con mayor frecuencia, el cambio de comportamiento se da primero, y los cambios genéticos van a remolque.

Un ejemplo es la tolerancia a la lactosa en los humanos adultos. Es producto de una mutación, pero una mutación que se ha difundido gracias a un cambio cultural. Antes hubiera sido disfuncional. Hoy, la práctica totalidad de los suecos y la inmensa mayoría de los americanos blancos son tolerantes a la lactosa: pero sólo un pequeño porcentaje de chinos, y no lo son los indios americanos. Esta diferencia genética se debe a un comportamiento cultural: a la cultura del pastoreo en los antepasados.

"Lamarck se había equivocado en su elección de mecanismo: el motor que impulsa la evolución son los genes, no los logros vitales del individuo. Pero su intuición de que son los propios animales quienes guían su evolución era certera. Porque es la interacción de los genes y del comportamiento la que hace arrancar el motor evolutivo, y la retroalimentación entre los genes y el comportamiento es lo que lo mantiene en marcha. Es la comprensión de esto lo que hizo nacer la teoría de la construcción de nichos." (97)

Esta teoría fue desarrollada por John Odling-Smee, Marcus Feldman y Kevin Laland (se expone en su libro Niche Construction: The Neglected Process in Evolution,  Princeton UP, 2003). Contribuyó algunos aspectos Richard Dawkins en The Extended Phenotype (aunque en conjunto es muy crítico con la teoría, y un defensor de la predominancia del factor genético); también antes había ideas de Waddington, Lewontin, y otros estudiosos del comportamiento y la ecología.

"La idea básica que hay que tener en mente es que los propios animales modifican los entornos en que habitan, y que estos entornos modificados, a su vez, causan la selección de más variaciones genéticas del animal. Así empieza un proceso de retroalimentación, una vía de doble sentido en la que el animal va desarrollando el nicho, y el nicho va desarrollando al animal, hasta que se llega al ajuste como entre una llave y una cerradura que hace que la gente diga: '¡Pero es que tiene que haber un diseñador!' Los animales no son sólo vehículos pasivos para sus genes; desempeñan un papel activo en el diseño de su propio destino". (100).

Los nichos ecológicos tienen tres componentes esenciales: un hábitat o entorno físico, un tipo de alimentación, y los medios de obtenerla. Se suele concebir el medio como algo a lo que el animal se adapta: pero en realidad muchísimas especies construyen activamente su nicho, adaptando el ambiente a sí mismas: los castores, las hormigas cultivadoras de hongos, las lombrices. Darwin mismo mostró cómo las lombrices (descendientes de gusanos acuáticos) construyeron el suelo cultivable. Y la construcción de nichos por parte de una especie puede alterar significativamente el hábitat de otras especies.

Bickerton propone que la construcción de nichos es la clave para entender el origen del lenguaje, algo que faltaba en las teorías anteriores, especialmente en las de los lingüistas: "uno de los aspectos más flojos de de los estudios sobre la evolución del lenguaje era que no estaban integrados en una explicación global de cómo había evolucionado la especie humana en su conjunto" (103). La habilidad simbólica de nuestra especie es simplemente un caso de construcción de nicho ecológico, como lo son las capacidades especiales de otros seres para desenvolverse en su entorno (y no sólo casos como las "culturas" de los chimpancés, etc.): "la teoría de la construcción de nichos liga a los humanos con otros seres de una manera mucho más amplia y válida que las afirmaciones sobre la cultura de los chimpancés" (105). Esta teoría nos permite ver cómo el hiperdesarrollo de comportamientos aprendidos que se da en los humanos es un caso de construcción de nicho, y está basado en un instinto, el instinto del lenguaje, desarrollado evolutivamente: fue un comportamiento que guió un cambio genético, y continuó como cambios genéticos que guiaban el comportamiento. El lenguaje es tanto cultural como biológico, pero hasta ahora faltaba una teoría que permitiese integrar adecuadamente la interacción de biología y cultura que permitió la aparición del lenguaje.

Hay que buscar el origen del lenguaje, algo que no compartimos con otras especies, no en lo que compartíamos originalmente (el material genético) sino en lo que hacía a nuestros antepasados diferentes: es mucho más probable que la diferencia se hallase en el nicho ecológico construido por nuestros ancestros, un nicho muy distinto del de todos los demás simios. Bickerton propone identificar ese nicho y cómo contribuyó al origen del lenguaje y a la humanización.

Adam's Tongue 6: Nuestros ancestros en sus nichos







Jueves 16 de julio de 2009

Sentencia, nombramiento y recurso

Ya es firme la sentencia por la cual se anulan los criterios propios usados en el postgrado de Estudios Ingleses, introducidos a instancia e inspiración de su coordinadora, la Dra. Susana Onega. Tales criterios impedían el acceso a la enseñanza en Máster y a la dirección de tesis doctorales —cosa inaudita— a quien no perteneciera a su equipo de investigación, o al de sus socios en la coordinación: los Dres. Vázquez y Deleyto, así como el Dr. Collado, han apoyado como un solo hombre esta normativa, a pesar de nuestras reiteradas denuncias de su ilegalidad, y a pesar de que ya hace años la anuló el Rectorado.

El asunto llegó a los tribunales, visto que la normativa seguía allí impertérrita, y visto que seguía surtiendo efectos: a los "disidentes" no se nos incluía en el programa de doctorado (aún no se nos ha incluido), y se desestimaba nuestra solicitud de docencia en el Máster: sin baremar méritos ni nada, se nos pasaba a la cola detrás de profesores más recientes sólo porque ellos sí eran de los grupos de investigación de los coordinadores.

Esto venía hecho por la coordinadora y sus co-coordinadores, pero era votado en el Consejo de departamento de Filología Inglesa y Alemana por todos los grupos y apoyado por el Director, a pesar de nuestras protestas, y a pesar de las órdenes del Rector. Salía la cosa con pocos votos, muchas abstenciones, muchas ausencias (según costumbre en nuestro departamento), pero con todos los grupos de investigación votando juntos, salía aprobado, "democráticamente". Poca cultura democrática hay allí donde no se respetan las leyes.

Ahora la sentencia del juzgado de lo contencioso administrativo es firme: se ordena anular estos criterios inauditos, y retrotraer la ordenación docente de los dos últimos años (que es a lo que llega la sentencia desde que se presentó el contencioso, aunque el asunto éste de las exclusiones empezó en 2005).

Inexplicable es, por tanto, que una labor de coordinación que por su irregularidad ha tenido que llegar a los tribunales y ser corregida por orden judicial, se vea ahora avalada por el Rectorado, nombrando de nuevo a la Dra. Onega coordinadora del máster (bajo la nueva normativa aprobada en mayo). O confirmándola en el puesto, si se quiere. Con esta actuación, el Rectorado parece venir a avalar la tesis feudal de que los másteres, o doctorados, o estudios son propiedad de alguien, de algún capo local que organiza la cosa y que es quien corta el bacalao, caiga quien caiga. Esto de las propiedades particulares se lo oí decir, tal cual, a una antigua directora de nuestro departamento, en el caso que nos ocupa: "Te guste o no", me dijo, "el departamento le pertenece a Susana".

El Rector, desde luego, parece que comparta esta opinión, tan obscena en una institución de enseñanza pública. Que alguien incumpla la normativa de modo público, reiterado, recalcitrante, en oposición a las órdenes del propio rectorado, y que se le reafirme en el puesto, parece todo un espaldarazo al sistema feudal que tanto caracteriza a la universidad española. Si ni siquiera con sentencias judiciales en contra se reconsidera la cuestión de quién se elige para realizar una labor, y quién hace de su capa un sayo, pues entonces poco remedio hay: queda claro que lo que ha de contar son las normas no escritas. Al menos para la Universidad de Zaragoza. Ya dio muestras de esta manera de actuar el Rectorado cuando se personó en los juzgados para defender la postura del Departmento que nos excluía, en lugar de insistir en la aplicación de sus propias resoluciones, como pedían la lógica y la ley.  Si ésta es la manera en que el Rectorado entiende la "descentralización" de funciones en la Universidad—que quien manda mande a su aire en su corralillo local—pues vamos aviados.

Así que aquí va nuestro brindis al sol:


Excmo Sr. Rector Mgfco.

Por la presente deseamos interponer RECURSO DE REPOSICIÓN contra la resolución de fecha 26/06/2009 por la que se nombra coordinador(a) del Máster Universitario en Estudios Textuales y Culturales en Lengua Inglesa, nombramiento que recae en la Dra. Susana Onega Jaén.

La Dra. Onega venía actuando como coordinadora del postgrado de Estudios Ingleses en los cursos anteriores, tanto en el máster como en el programa de Doctorado, y en ambos ha incurrido repetidamente en actuaciones antijurídicas, que han supuesto repetidas veces la anulación de los criterios de asignación docente del Máster y del Doctorado, tanto por parte del Rectorado (resoluciones de fecha 22/12/2006 y 14/5/2007) como por los juzgados de lo contencioso administrativo.

En fecha inmediatamente anteriores a este nombramiento, los juzgados de lo contencioso administrativo de Zaragoza nº 2 (sentencia 268/09, de fecha 16/6/2009) y nº 3 (sentencia 00203/2009, de fecha 23/06/2009) han dictado que los criterios aceptados por el Departamento de Filología Inglesa y Alemana para su uso en Máster y Doctorado (criterios por los que se nos ha venido excluyendo a los aquí recurrentes de manera reiterada) son antijurídicos. Los tribunales han ordenado nuestra inclusión en el Doctorado,  anular los criterios antijurídicos introducidos, y retrotraer la ordenación docente del Máster de los dos últimos años. Estos criterios contrarios a derecho surgieron de las propuestas de la Dra. Onega, que aun hoy continúa defendiéndolos.

Recordamos a V.E.M. que este Departamento tiene decenas de profesores funcionarios plenamente capacitados por ley en igualdad de condiciones, y con trayectoria docente e investigadora acreditada, para ejercer este cargo.

Rogamos por tanto a V.E.M. que, habida cuenta de estos antecedentes, se anule el nombramiento de la Dra. Onega como coordinadora del Máster de Estudios Textuales y Culturales en Lengua Inglesa, y se proceda a nombrar a otro profesor o profesora que no haya creado tantos conflictos con su normativa particular.


No es que pensemos que el Rector vaya a deshacer nada de lo hecho; hasta ahí ya llegamos. Pero tenemos que presentar este recurso, porque en la Administración, quien calla, otorga. Y no podemos aceptar sin protestar la manera en que ejerce la coordinación la Dra. Onega, pues ha convertido la cuestión de excluirnos del postgrado de Estudios Ingleses en una prioridad absoluta, un proyecto personal. Un proyecto que narturalmente no puede fundarse en derecho, sino sólo valerse de maniobras torticeras y normativas locales ilegales, que no conducen sino a envenenar el ambiente laboral. Pues se crea una red de intereses y presiones por la que los miembros del departamento acaban viéndose embarcados (muy irresponsablemente por su parte, dicho sea de paso) en un apoyo a estos criterios inauditos por los que nunca se había regido nada hasta entonces, ni se rige en ningún otro caso ni en ningún otro máster de este departamento. Ni de éste ni de ningún otro: somos caso muy especial.

Patología de grupo de investigación




Miércoles 15 de julio de 2009

Camino del norte

catedrais
Foto hecha en la costa norte de Galicia, "hoy". Antes, terminamos el año académico, interponiendo un último recurso contra la organización del Máster de Estudios Textuales y Culturales en Lengua Inglesa en Zaragoza.

To the Lighthouse


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Martes 14 de julio de 2009

Álbumes

He puesto cuatro fotos de Biescas en mi fotoblog. Y también he seleccionado las que podrían ser mis mejores fotos de 2009, las mejores de 2008, y las mejores de 2007. Mucho verano hubo también ese año. Vale la pena hacer álbumes en Flickr sólo por ver los arreglos tan bonitos que resultan de las miniaturas de las fotos. Como que dan ganas irresistibles de volver a colgar en Flickr un pantallazo de sí mismo. Y así sucesivamente.




Your photostream
























Lunes 13 de julio de 2009

Dos días en Biescas

Es lo que nos toca de Pirineo este verano. Igual un poquito más en septiembre, suponiendo que septiembre sea verano.

pirineo
Regreso a Biescas

Domingo 12 de julio de 2009

Semiótica del Subgesto

Aparece este pasaje sobre la semiótica de los subgestos en la novela El hombre duplicado, de José Saramago, un excurso con ocasión de una reunión de profesores de instituto, tras una perorata del protagonista Tertuliano Máximo Afonso, cargante él como yo: la alocución versaba sobre el estudio de la Historia, "si debemos enseñarla desde detrás hacia delante o, como es mi opinión, desde delante hacia atrás" (58). Se puede argumentar ciertamente que si la Historia la vemos desde el presente, quizá sería más honesto enseñarla explicítamente de esta manera, menos sujeta a la falacia narrativa. Sea como sea, Tertuliano observa los efectos que tiene su rollo sobre la retrospección en los profesores:

"Los efectos de la perorata fueron los de siempre, suspiros de mal resignada paciencia del director, intercambios de miradas y murmullos entre los profesores. El de Matemáticas también sonrió, pero su sonrisa fue de amistosa complicidad, como si dijera, Tienes razón, nada de esto se puede tomar en serio. El gesto que Tertuliano Máximo Afonso le envió con disimulo desde el otro lado de la mesa significaba que le agradecía el mensaje, aunque, al mismo tiempo, algo que iba adjunto y que, a falta de un término mejor, designaremos como subgesto, le recordaba que el episodio del pasillo no había sido olvidado del todo. En otras palabras, a la vez que el gesto principal se mostraba abiertamente conciliador, diciendo, Lo que pasó, pasó, el subgesto, de pie detrás, matizaba, Sí, pero no del todo. En este medio tiempo la palabra había pasado al profesor siguiente y, mientras éste, al contrario que Tertuliano Máximo Afonso, discurre con facundia, y competencia, aprovechemos para desarrollar un poco, poquísimo para lo que exigiría la complejidad de la materia, la cuestión de los subgestos, que aquí, por lo menos hasta donde llega nuestro conocimiento, se expone por primera vez. Se suele decir, por ejemplo, que Fulano, Zutano o Mengano, en una determinada situación, hicieron un gesto de esto, de eso, o de aquello, lo decimos así, simplemente, como si el esto, el eso o el aquello, duda, manifestación de apoyo o aviso de cautela, fuesen expresiones forjadas en una sola pieza, la duda, siempre metódica, el apoyo, siempre incondicional, el aviso, siempre desinteresado, cuando la verdad entera, si realmente quisiéramos conocerla, si no nos contentásemos con las letras gordas de la comunicación, reclama que estemos atentos al centelleo múltiple de los subgestos que van detrás del gesto como el polvo cósmico va detrás de la cola del cometa, porque los subgestos, para recurrir a una comparación al alcance de todas las edades y comprensiones, son como las letritas pequeñas del contrato, que cuesta trabajo descifrar, pero están ahí. Aunque resguardando la modestia que las conveniencias y el buen gusto aconsejan, nada nos sorprendería que, en un futuro muy próximo, el análisis, la identificación y la clasificación de los subgestos llegaran, cada uno por sí y conjuntamente, a convertirse en una de las más fecundas ramas de la cencia semiológica en general. Casos más extraordinarios que éste se han visto. El profesor que hacía uso de la palabra acaba de concluir su discurso, el director va a seguir con la ronda de intervenciones, pero Tertuliano Máximo Afonso levanta enérgicamente la mano derecha, en señal de que quiere hablar. El director le preguntó si lo que tenía que comentar estaba relacionado con los puntos de vista que acababan de ser expuestos, y añadió que, en caso de ser así, las normas asamblearias en uso determinaban, como él no ignoraba, que se aguardase hasta el final de las intervenciones de todos los participantes, pero Tertuliano Máximo Afonso respondió que no señor, no es un comentario ni tiene que ver con las pertinentes consideraciones del estimado colega, que sí señor, conoce y siempre ha respetado las normas, tanto las que están en uso como las que han caído en desuso, lo que simplemente pretendía era pedir licencia para retirarse porque tenía asuntos urgentes que tratar fuera del instituto. Esta vez no fue un subgesto sino un subtono, un armónico, digamos, que vino a dar nueva fuerza a la incipiente teoría arriba expuesta sobre la importancia que deberíamos dar a las variaciones, no sólo segundas y terceras, también cuartas y quintas, de la comunicación, tanto gestual como oral. En el caso que nos interesa, por ejemplo, todos los presentes habían percibido que el subtono emitido por el director expresaba un sentimiento de allivio profundo bajo las palabras que efectivamente pronunció, Faltaría más, usted manda, a su servicio. Tertuliano Máximo Afonso se despidió con un ademán amplio de mano, un gesto para la asamblea, un subgesto para el director, y salió." (58-60).
mascara
Hasta aquí la semiótica del subgesto de Saramago. Podría relacionarse con esta teoría un episodio clave de la novela: cuando Tertuliano le envía una barba postiza a su doble Daniel, el gesto de por sí ya es indirecto, le indica que es él, Daniel, el actor, el imitador, que Tertuliano es el "doble" original, metafísicamente más sólido, y que le conviene a Daniel disfrazarse. El subgesto podríamos decir, o el acto indirecto (acto de comunicación, aunque no de habla como los de Searle) es un insulto o incluso un desafío, que da lugar a un enfrentamiento del cual saldrán los dos mal parados.

Esta cuestión de los subgestos podría relacionarse por tanto con los actos de habla indirectos de la teoría de los actos de habla, rama de la semiótica que en efecto (como sospechaba o no sospechaba Saramago) ha dado mucho que hablar, directa e indirectamente. Una vez un sentido locucionario está lingüísticamente asentado, puede utilizarse de modo indirecto para transmitir sentidos ilocucionarios que no guardan correspondencia estricta con su sentido literal. Más allá de este nivel ilocucionario, también comunicativo, puede calcularse, un tanto maquiavélicamente, la producción en el oyente de efectos perlocucionarios que (dada la situación) causarán nuestras palabras. Aunque los cálculos siempre son arriesgados, y los efectos perlocucionarios, que en cualquier caso se producen, están sujetos a probabilidades e imponderables.

Pongamos, por ejemplo, puedo afirmar algo—sentido locucionario, afirmación—sabiendo que será captado como una amenaza por mi interlocutor—sentido ilocucionario, amenaza. Con la finalidad perlocucionaria de asustarlo—pero quizá el efecto perlocucionario efectivo, y no buscado, sea que se ría de mí.

En suma, que un signo siempre puede servir de apoyatura para construir sobre él sentidos suplementarios en una situación dada. Lo teorizado sobre los actos de habla indirectos es aplicable en principio a otros actos comunicativos o rituales de interacción más o menos codificados: una vez establecido su sentido principal, abstracto, o de referencia, puede éste reutilizarse o reorientarse sin por ello desaparecer del todo, usándose como apoyatura o instrumento para sentidos secundarios o contextuales. Y ésa sería una dirección posible por la que encaminar el estudio de la semiótica del subgesto.

Hay aún otra teoría semiótica en la que ubicar este estudio de los subgestos: el análisis que realiza Erving Goffman de los múltiples canales de comunicación que se superponen en una situación dada (en libros como Strategic Interaction o Frame Analysis). Goffman, por ejemplo, distingue entre lo que se comunica intencionalmente y lo que se interpreta a partir de expresiones, por ejemplo cuando dos sujetos (aquí Harry y su oponente) están enzarzados en una situación de juego o competición que implica la manipulación del otro. Harry debe evaluar la situación, pero su evaluación ha de incluir al otro y sus acciones:

"Podemos considerar que este segundo jugador, el otro u oponente, contribuye de dos maneras a esta evaluación. Primero, puede emitir expresiones que, cuando son recogidas por Harry, permiten a éste interpretar algo de lo que está pasando, y preecir en cierto modo lo que sucederá. (En esto el oponente, presumiblemente, no es mejor que los animales inferiores e incluso que los objetos inanimados, pues todos ellos pueden servir como fuente de información). Segundo, el oponente puede transmitir comunicaciones, es decir, trasladar declaraciones lingüísticas (o sustitutos de ellas). Estas Harry las puede recibir (y se supone abiertamente que ha de recibirlas), y se supone que ha de ser informado por ellas." (Strategic Interaction 102).

El libro de Goffman está dedicado a la manera en que tanto las supuestas expresiones exudadas involuntariamente por el sujeto, como la información lingüística intencional, pueden desviarse de su sentido primario, y utilizarse para anticipar y manipular la respuesta del otro. Las señales supuestamente naturales, expresivas, son susceptibles de volverse intencionales, e incluso comunicativas a un segundo nivel, ofrecidas a la interpretación del otro con esperanza de manipularlo, haciéndole creer que tiene el dominio perspectivístico (o topsight) de la situación interaccional. Los signos "naturales", expresivos, pueden construirse artficialmente: las emociones, simularse, las huellas inconscientes, plantarse deliberadamente. Es lo que Goffman llama la degeneración de la expresión. Pero esa degeneración puede también recuperarse comunicativamente, y volverse manejable como parte de la situación mutuamente entendida. Por aquí podríamos acercarnos al tratamiento de la cuestión de los subgestos, que en el texto de Saramago aparecen funcionando justo en la frontera donde la expresión se vuelve comunicación.

Los subgestos son analizables de la misma manera que son analizables los cambios de tono en el discurso, o sus paréntesis, con la teoría de los marcos de Goffman. A veces ponemos entre comillas una palabra, o la subrayamos, por ejemplo para expresar ironía, "huy qué cosa tan interesante", y ésto se puede hacer con cualquier marca gráfica o fónica, con la cursiva que he utilizado, o con un cambio de tono al pronunciarlo. O con el gesto de las comillas, levantando y moviendo dos dedos en cada mano. Son señales de que un marco de referencia diferente al principal está activo; señales quizá incompletas, claro, pues requieren del oyente adecuado para completarlas: no están gramaticalizadas, sino que son esencialmente situacionales. Aunque se pueda desarrollar, hasta cierto punto, una gramática de las situaciones, o de las transformaciones de señales, como hace Goffman.zapatero

Goffman distingue varios canales de comunicación que pueden estar activos en una situación dada. Puede haber uno principal: la situación socialmente codificada en la que diversos sujetos interactúan (por ejemplo la reunión de profesores del libro de Saramago). Pero alrededor de éste pueden surgir canales secundarios: una comunicación subordinada "extraoficial" entre dos sujetos, o fenómenos de interpretación expresiva como los ahora mencionados. Habrá que considerar por tanto en qué nivel se produce el subgesto: puede ser más o menos abierto para todos los interlocutores, o restringido en un canal comunicativo subordinado, accesible sólo para algunos. O bien puede ser un subgesto no intencional, que sea significativo para el intérprete, pero no emitido deliberadamente por el gesticulador.  En otro lugar he observado que la teoría del sujeto de Goffman presupone una internalización de la interacción: el sujeto humano y complejo se constituye mediante la división interna de roles y actitudes, interiorizando en un teatro interno de la consciencia las voces y papeles socialmente definidos. Es interesante que, de la misma manera, los subgestos de Saramago, que originalmente parecen un gesto subordinado a la interacción principal, pueden devenir, según una interpretación à la Goffman, un gesto que es "extraoficial" con respecto al propio gesto del sujeto, una vez este sujeto se ha convertido él mismo en una compañía teatral viviente que desempeña papeles secundarios, además de los principales.

Los subgestos sí que han sido observados por otros, además de Saramago, y esto nos permite un breve apunte sobre su genealogía. En The First Word, Christine Kenneally remite a las investigaciones de Michael Tomasello sobre los gestos de los primates. Los gestos de los simios, dice Tomasello, caen en dos grupos principales: uno, gestos para atraer la atencion; dos, los movimientos de intención. Estos últimos parecen parientes (o antepasados antropoides) de los subgestos de Saramago. "Los movimientos de intención son los principios de un movimiento efectivo, como levantar un puño para indicar una amenaza entre los humanos" (The First Word 124). Según Tomasello, estos gestos evolucionan entre los individuos de modo interactivo, como sigue: "yo hago de verdad una cosa, tú llegas a anticiparla, yo me fijo en tu anticipación, así que ya sólo hago el principio del movimiento" (125)—es decir, un principio de codificación de la comunicación gestual. (Y una de las raíces para el desarrollo del lenguaje). Estos gestos no están restringidos a los simios, claro. Los humanos, como los simios, y como otros mamíferos, hacen a veces fintas, movimientos amagados, que bastan para establecer una interacción comunicativa en un contexto dado.

Y también son a veces intencionales, y a veces subconscientes, como el gesto de los babuinos nerviosos al pasarse la mano por el morro, o el de los humanos mentirosos al tocarse la nariz. Pero no porque los subconscientes sean subconscientes para el sujeto, dejan de ser interpretables, ya sea espontánea o reflexivamente, por los demás.

Un subgesto presupone, como señala Saramago, el gesto principal. Por tanto es una variación o modulación del gesto principal.  Es decir, que los subgestos, aparte de ir subordinados a "otro" gesto que es el principal, pueden considerarse a su vez derivados o atenuaciones de un tercer gesto— otro gesto principal, o mejor original, que no es realizado sino de forma transformada, a través del subgesto. (Por ejemplo, en lugar de tocarnos la nariz tras mentir, podríamos sólo amagar este gesto). Esta modulación será más interpretable como tal (podrá afinarse más la comunicación) entre quienes conozcan las características gestuales e interaccionales del sujeto gesticulante: es decir, los subgestos, como otros matices de la comunicación indirecta o de la interpretación elaborada, encuentran su lugar más propio entre sujetos que guardan entre sí una estrecha familiaridad, que son capaces de captar los matices o de modularlos en base a interacciones anteriores y gramáticas locales. Desarrolladas por sujetos que se tienen estudiados, y han desarrollado una larga familiaridad entre sí, o consigo mismos. Es una de las apoyaturas de aquél relato de Nabokov sobre un viejo matrimonio, "Signs and Symbols". Son grandes lectores de signos y símbolos, y de subgestos, los viejos matrimonios.


Teoría paranoica de la observación mutua




Sábado 11 de julio de 2009

Si on parlait d'autre chose

Sigo subiendo mis vídeos a Vimeo, aunque allí no los mira nadie, sigh. Este es una canción de Francis Cabrel, de antes de que me diese la cosa paralizante esa que me ha dado en la mano izquierda; igual llega hasta aquí mi carrera de guitarrista online. Aunque si bien los dedos están insensibles, aún aprietan teclas. Y hasta trastes, si hace falta.


L'instant d'amour from Jose Angel García Landa on Vimeo.

Entre mis recuer-Dos



El hombre duplicado

El libro de Saramago El hombre duplicado tiene premisa de libro de Saramago (qué pasaría si cayese una plaga de ceguera, qué pasaría si todas las mujeres se creyesen hombres, etc.). En esta ocasión un poquito endeble de planteamiento, pues se trata únicamente de un señor, Tertuliano Máximo Afonso, un soporífero profesor de instituto, que descubre en una película un actor secundario igual que él. Lo investiga, sigue la pista (con demasiada lentitud) al actor, un tal Daniel Santa Clara (o Antonio Claro), y descubre que en efecto son idénticos en todo. Digo que la premisa es floja porque yo veo mucha gente idéntica por la calle (aunque es cierto que no soy bueno con las caras), y hay hermanos gemelos (aquí ignorados), y clones en Star Wars, y no parece que les suponga una crisis existencial tremenda como la que les da a estos dos personajes. En suma, que demasiada sobrerreacción para poco motivo (y demasiada novela para un argumento de cuento corto o de novella a todo tirar). Sobre todo porque luego resulta que no son tan idénticos, o no más que cualquier par de machetes precipitados, chulescos y desagradables (que también pueden parecerle idénticos a cualquiera, en la circunstancia adecuada). En fin, el argumento consiste en intentar demostrarse uno al otro quién tiene más sustancia original y quién es la copia, problema irresoluble e incluso implanteable a no ser en la mente de un Autor, estos personajes parecen metafísicos sin reconocerlo. Pero metafísica mema, porque buscan la confirmación cómo no en las interioridades de las señoras, parece que su entidad y su Ser sustancial vienen unidos a ligarse a la mujer del otro, haciéndose pasar por él, uno pensaría que eso les haría dudar más de su sustancia, en lugar de afirmarla, pero vamos, yo es que aunque soy géminis no me identifico para nada con estos personajes y me parecen cargantes y llenos de actitudes innecesarias y estúpidas sin más; también suelo ver a gente idéntica a mí por la calle, y no por eso me obsesiono con ir a ligarme a su señora; como digo, la ocasión parece desproporcionada. Más alarmante, digo yo, podría ser encontrar a un duplicado que hiciese exactamente lo que tú, trabajar en lo mismo usando las mismas herramientas, escribir artículos con las mismas ideas, cantar canciones del mismo cantante, y tener hijos idénticos a los tuyos. En este punto no se parecen en nada Tertuliano y Daniel, desde luego; sus vidas no tienen mucho que ver, y su alarma parece fuera de lugar totalmente. mirror twins  Tras los rocambolescos intercambios de pareja Daniel muere en accidente mientras reñía con Mari Paz, la novia a quien Tertuliano trataba despectivamente: ella acababa de descubrir el intercambio tras una noche, viendo la huella del anillo de casado que se había quitado Daniel (mira, en eso no eran idénticos en señales, se fastidió la premisa). Y Tertuliano, que mientras ha pasado la noche, naturalmente, con la esposa de Daniel, vuelve arrepentido a confesarse con ella y acabarán juntos, y acabará usurpando la identidad de Daniel (pues Tertuliano "ha muerto" se supone en el accidente). Un poco como el Enrique IV de Pirandello, que se ve obligado a continuar para siempre interpretando su papel en el que no creía; Tertuliano se vuelve realmente actor al ocupar el lugar del actor Daniel. Mucho arrepentimiento pero ni siquiera va al entierro de Mari Paz, por cierto, y a su madre inválida parece que la ha de partir un rayo. Hay aquí como una extraña fantasía desplazada de adulterio, y de la "otra identidad" o la vida alternativa que proporciona el adulterio. Las historias de gemelos idénticos, aunque no sean gemelos como en este caso, parecen pedir a gritos los intercambios y confusiones de parejas (desde Twelfth Night a Dead Ringers). Curioso que sea el anillo de casado, o más bien su huella, lo que determina la única diferencia corporal entre los personajes. Tertuliano no quería casarse con su ligue Mari Paz; y es justo cuando ha decidido irse a vivir con ella cuando aparece el alter ego Daniel a interponerse, para hacerlo imposible–él que sí se había casado, con la mima mujer con quien acabará casado Tertuliano. Quizá en la manera en que se expresa este tema, la duplicidad que producen el engaño y el distanciamiento de la pareja, en la manera de expresarlo por medio de circunloquios e indirecciones, bloqueos mentales, y símbolos materializados en la persona de los dos dobles, está lo mejor de la novela de Saramago.  Como historia de dobles y obsesión me gustó más Desesperación, de Nabokov. (Como clásicos, están "William Wilson" de Poe y los dobles de Dostoievski y de los románticos alemanes. Tengo en mi bibliografía toda una sección sobre dobles y alter-egos...). Y eso que en cierto modo El hombre duplicado es muy entretenida e interesante: se lee muy bien, porque (o a pesar de que) está llena de excursos a veces un tanto innecesarios o desconectados de los personajes, como por ejemplo la alusión a la semiótica de los subgestos, o la teoría de Tertuliano Máximo Afonso de que la Historia debería enseñarse al revés, partiendo del presente, y no del pasado. Como digo a veces los personajes salen con cosas interesantes u originales que decir o pensar, y sin embargo estas cosas no llegan a caracterizarlos, siguen siendo personajes sin vida, desvaídos, pues sospechamos que esas ideas no las piensan ellos sino su autor. En la construcción del personaje, Saramago parece buscar, y desde luego consigue, personajes anodinos, desconocidos que no nos interesan, y que siguen siendo desconocidos en cierto modo por mucho que los sigamos día a día; no nos interesa conocerlos, no les ponemos cara tampoco. Quizá se echa de ver demasiado que la historia ésta del hombre duplicado sí se ha escrito del final hacia atrás, como la historia de Tertuliano (el cambio de identidades en que ha de culminar) y eso hace que todos los gestos sean un poco innaturales aun en lo que habría de ser imprevisible. Me recordó esta historia, por cierto, a la de Ian McEwan encontrando a su hermano desaparecido, y también a otra que se produjo hace unos meses, en que alguien presentó a dos personas que conocía tras un tiempo en que venía asegurándoles que eran idénticos. Resultaron ser gemelos descolocados en el hospital el día que nacieron (uno tenía un gemelo que resultó ser falso gemelo). En la novela de Saramago no se buscan explicaciones creíbles o increíbles como éstas, sus duplicados son gemelos kafkianos, metafísicos, a la vez que no son en absoluto gemelos. Y se resiente el tema por el anodino tratamiento que da a los personajes: en realidad, todos podrían ser gemelos en Saramago, igual sale de ahí la hostilidad que se despiertan mutuamente.

A ciegas








Viernes 10 de julio de 2009

El mal no es noticia

Bonito artículo de Arcadi Espada, "Todo va bien, menos el futuro". Contra el pesimismo crónico de los acomodados europeos, que creen que viven mejor que sus padres pero que sus hijos van a vivir peor que ellos. Improbable para Arcadi, pero....

"Sin embargo ahí está la percepción de las cosas. Obstinada. E incorporando el riesgo de la profecía autocumplida. Confirmando el agudo pronóstico del economista Julian Simon que no me cansaré de repetir, aunque sea sintetizándolo groseramente, y que el estudio francés reafirma: en los próximos siglos las cosas irán cada día mejor pero mucha gente creerá que van a peor. Simon, que yo sepa, no aclaró las causas de ese pesimismo inasequible al aliento. Mucho menos lo voy a hacer yo. Pero algún día habrá que preguntarse hasta qué punto ha contribuido el dictamen (¡durante dos siglos!) de que las buenas noticias no son noticia y el camuflaje del meditable reverso: esto es, que el mal es anómalo."

También NN Taleb termina su libro sobre catástrofes económicas, cataclismos imprevistos, y torbellinos informativos, El cisne negro, con una llamada a disfrutar de lo que somos y tenemos:

"dejemos de preocuparnos por menudencias. No seamos como el ingrato al que le regalan un castillo y se preocupa por la humedad del cuarto de baño. Dejemos de mirarle los dientes al caballo regalado: recordemos que somos un Cisne Negro."

Es altamente probable que nos sucederán desgracias: un cien por cien de boletos tenemos. Pero hey, que también nos pasarán cosas buenas imprevistas, como el email y el iphone que dice Arcadi. Por no poner otro ejemplo.

Every Man Can Be Replaced







Coordinando con criterio propio

En el correo de hoy:

"Adjunto le remito Resolución de fecha 26 de junio de 2009, del Rector de la Universidad de Zaragoza, por la que se nombra a Doña Susana Ónega Jaén Coordinadora del Máster Universitario en Estudios Textuales y Culturales en Lengua Inglesa."

A los cargos de los catedráticos también se les aplica el efecto Mateo de "tened y se os dará". Aunque, como en el caso de la Dra. Onega, sus criterios de coordinación del Máster hayan tenido que ser anulados repetidas veces por el Rectorado, por ser contrarios a derecho al favorecer indebidamente a los miembros de los grupos de investigación, y también seguidamente por los juzgados de lo contencioso administrativo.

Nada nuevo de todos modos, porque la Dra. Onega lleva años ejerciendo la coordinación del máster, o su dirección deberíamos decir en este caso, antes de que se refundase puesto o cargo académico, con el nuevo reglamento de titulaciones.

Está bien tener criterio propio, mientras esto no suponga que se vulneran las normas que se supone rigen para todos. Pero si a quien se salta las normas se le confirma en el puesto... por este camino seguirá habiendo ocasiones de contencioso, eso parece claro.

Parece ser que los coordinadores de los másteres (y grados) van a tener amplias prerrogativas, comparables a las de director de departamento. Pero es de suponer que hasta en ese caso tendrán que atenerse a la normativa. Y además, como decía Supermán, con grandes poderes llegan grandes responsabilidades.

Alegaciones al reglamento de Calidad





Sistemas de mandos de respuesta

Cursillo en el ICE de Zaragoza sobre sistemas de mandos para uso educativo. Un sistema tecnológico para interacción computerizada en el aula, con mandos a distancia parecidos al de zapear en la tele. Este sistema se ha probado para introducirlo en encuestas de evaluación para las nuevas titulaciones en la Universidad de Zaragoza, y se han adquirido equipos para quien lo quiera introducir en la docencia. Un kit completo para un aula viene a salir por unos 50 euros por mando (la versión más sencilla) incluyendo el receptor. Mandos con pantalla, teclado, etc. son más caros.

Hay un manual de uso en en http://www.unizar.es/3w/mandos/manual.pdf

Puede verse la página del sistema utilizado, de H-ITT, en http://www.h-itt.com/index.html

El sistema consta de un receptor de señales (infrarrojas o de radiofrecuencia), que se conecta al ordenador del profesor, una serie de mandos de respuesta repartidos para los estudiantes del aula, y (opcionalmente) un proyector para que toda la clase vea las respuestas (si no, se ven en el ordenador del profesor). El sistema se instala con un disco en el ordenador del profesor, o bien se baja de la red: de todo esto se encuentran las últimas versiones siempre en la página de H-ITT.

Cada mando va individualizado, y su respuesta queda registrada por el sistema.

En el ordenador del profesor hay que configurar una clase, y luego se eligen tipos de preguntas. El mando del profesor se preconfigura para que la respuesta que da ése sea considerada la correcta. Hay opciones para mostrar u ocultar a la clase la respuesta correcta (ocultándola al primer intento, por ejemplo).

Aparece una modalidad preconfigurada para respuestas de elección múltiple con cinco opciones: al pulsar aparecen en la pantalla del proyector (o del ordenador del profesor) las respuestas identificadas con el últímo dígito del mando. Se pueden reconfigurar con más respuestas. O bien se eligen respuestas de sí/no, verdadero/falso... Con otro tipo de mandos hay teclado para introducir palabras, textos breves como respuesta, etc. Entre las modalidades de configuración está el asignar los nombres de los estudiantes, o su NIP, etc. a cada uno de los mandos.

El profesor determina cuándo se puede empezar a contestar y cuándo se termina. El sistema elabora inmediatamente gráficos de barras con la frecuencia de cada respuesta. Se puede configurar también el número de correcciones posibles a las respuestas (ninguna, dos, varias, ilimitadas...).

Otras opciones son para habilitar otros tipos de examen: que el estudiante sea quien pueda pasar a la siguiente pregunta, por ejemplo (útil si se les da un examen en papel para que contesten con el mando, cada cual a su marcha).

O bien para añadir etiquetas (se pueden añadir a cada pregunta, o al conjunto de la clase....). Otra opción activable sirve para que el estudiante pueda determinar el "nivel de confianza" con el que selecciona cada respuesta. Se pueden también determinar grupos de alumnos bloqueando la respuesta de los mandos para cada grupo, estableciendo listas. Así se pueden adaptar los mandos a diversos tipos de examen.

Con el programa Analyzer se pueden analizar los datos obtenidos. Queda registro informático de toda la información intercambiada por los aparatos (en archivos CSV). Luego se pueden exportar los datos, para hacerlos disponibles a otros programas de bases de datos como File, Excel, etc., o como archivos de texto. También se puede guardar simultáneamente una copia en otro formato de datos. O activar una opción para enviar los datos por correo electrónico de modo automático.

Se va a ir implementando la comunicación entre plataformas: con Blackboard/WebCT, con Moodle, y también para el OpenCourseWare, para poder integrar este sistema a los sistemas utilizados por la Universidad de Zaragoza. El sistema en sí tiene opción de utilizar una variedad de formatos para diseñar las preguntas: archivos html, texto, powerpoint, etc... (en la opción "slides" del menú "Options"). Podemos llevar un Powerpoint preparado e interconectarlo a los mandos. El sistema H-ITT también se integra fácilmente con la red: se puede partir la pantalla en dos, mostrando una página web en la mitad de arriba de la pantalla (donde tengamos materiales: ejercicios en red, encuestas, etc) y se responden en la parte inferior de la pantalla con el sistema de mandos. Así se pueden contestar materiales en red cuando no hay ordenadores disponibles para todos los alumnos, si hay mandos.

Esencial: comprobar que todo funciona al principio de cada sesión. Y llevar pilas de repuesto.

Powernet-Ethernet Adapter with Filter





Jueves 9 de julio de 2009

El efecto Mateo y la calidad retroactiva

El "efecto Mateo" es una ley de distribución y redistribución de bienes y atenciones, que con más justicia podría llamarse "el efecto Jesucristo". Viene la cosa del evangelio de San Mateo, donde dice aquéllo de "A quien tiene, se le dará más; y a quien no tiene, se le quitará aun lo que tiene." Una cita que no creo que sea del gusto de esos que veían en Cristo una especie de socialista utópico... aunque cabe que no esté describiendo una utopía, sino una realidad.

Me he leído un libro que podríamos decir que es de estadística, si de algo en concreto va: El cisne negro, de Nassim Nicholas Taleb, subtitulado "sobre el impacto de lo altamente improbable". Lo altamente improbable va desde los cisnes negros (en aquellos tiempos en los que se suponía que todos eran blancos), pasando por sucesos catastróficos imprevistos, o torbellinos de información inexplicables, hasta fenómenos tan extraños e improbables como tú mismo, hipócrita lector. Todos ellos son sucesos que desafían la probabilidad y la estadística, pero son sin embargo muy reales y causan efectos que desequilibran las previsiones formalizadas.

De esas previsiones formalizadas, Taleb les tiene tirria especial a los modelos matematizados de inversiones económicas y cálculos de inversiones y beneficios supuestamente "científicos"; y sobre todo a una bestia negra de su libro, no un cisne sino una campana, la campana de Gauss, emblema de lo que él llama "Mediocristán":

"el aspecto principal de la campana de Gauss es (...) que la mayor parte de las observaciones se sitúan en torno a lo mediocre, la media, mientras que las probabilidades de una desviación disminuyen de forma cada vez más rápida (exponencialmente) a medida que nos alejamos de la media." (El cisne negro 356)

Según los habitantes de este Mediocristán, podemos ignorar esas excepciones. Pero en realidad, nos dice Taleb, no habitamos en Mediocristán, sino en Extremistán. En teoría evolutiva, diríamos que vamos regidos por fenómenos extremos como la explosión de la vida, o del lenguaje, o por las catástrofes y extinciones masivas. Y rige Extremistán, muy en especial, en lo referente a todos los fenómenos que tienen que ver con la información—desde el arte a Internet o a las inversiones en bolsa: y allí la campana de Gauss es una engañadora.

Por lo que veo, la campana de Gauss se pega de narices con la otra curva que define y organiza la realidad—en especial la realidad de la información y la de la red: la cola larga. Aquí las tengo superpuestas, comparando por ejemplo lo que supondrían en un factor como la venta de libros, o los éxitos musicales, o la popularidad y fama mundial, o las citas académicas:

gauss

Con éxitos me refiero, en el ejemplo de los libros, a bestsellers. Hay relativamente muy pocos, y su éxito no es, como diría Taleb, escalable. Forman la alta cabeza de la larga cola (verde). Del primero al segundo de la lista podría haber una diferencia de centenares de millones de ejemplares vendidos. La mayoría de los libros (sigamos con el ejemplo típico de fenómeno informativo, tipo Extremistán) venden pongamos mil ejemplares, o quinientos, o los que sean: son el grueso de la campana (que es la línea roja del gráfico). Según cómo midamos, el fenómeno más significativo podría parecer ese gran bloque central de libros que venden ni mucho ni poco. Pero desde otros parámetros, son los poquísimos libros de la parte izquierda del gráfico (los fenómenos extremos) los que crean influencia, moda, opinión, orientación, beneficios espectaculares, etc.

Es concebible, claro, que para distintos tipos de fenómenos informativos, la curva superior de la campana esté más o menos escorada hacia la derecha o hacia la izquierda: tienen desfases variables. Los torbellinos de información, que crecen hasta extremos incalculables, por efectos azarosos, se encuentran en la parte izquierda del gráfico, y son los que se rigen por lo que hemos llamado el efecto Mateo ("tened y se os dará aún más"). La expresión viene del sociólogo de la ciencia Robert K. Merton ("The Matthew Effect in Science", Science 159, 1968: 56-63). Otro caso que observa Taleb que se rige por el efecto Mateo es el uso de las lenguas francas: el crecimiento del inglés como lengua franca también viene regido por este efecto—es su propia difusión la que hace que continúe siendo la lengua franca preferida, en progresión creciente. Pero me ha gustado especialmente la aplicación del fenómeno a las citas académicas y a las reputaciones intelectuales:

"Imaginemos que alguien escribe un artículo académico en el que cita a cincuenta personas que han trabajado en el tema y han aportado materiales de fondo para su estudio; supongamos, para hacerlo sencillo, que todas ellas reúnen los mismos méritos. Otro investigador que trabaje exactamente en el mismo tema citará de forma aleatoria a tres de esas cincuenta personas en su bibliografía. Merton demostró que muchos académicos citan referencias sin haber leído la obra original: leen un artículo y sacan sus propias citas de entre las fuentes de ese artículo. De modo que un tercer investigador que lea el segundo artículo selecciona para sus citas a los tres autores antes citados. Estos tres autores recibirán cada vez mayor atención ya que sus nombres se van asociando con mayor derecho al tema en cuestión. La diferencia entre los tres ganadores y los otros miembros del grupo original es, en su mayor parte, cuestión de suerte: fueron escogidos inicialmente no por su mayor destreza, sino sencillamente por la forma en que sus nombres aparecían en la bibliografía anterior. Gracias a su fama, estos académicos de éxito seguirán escribiendo artículos y les será fácil publicar su obra. El éxito académico es en parte (pero en parte importante) una lotería." (315)

La idea central es que el éxito informativo no depende sustancialmente del valor intrínseco o de las destrezas especiales de quienes triunfan. Habrá que admitir que juegan con más cartas quienes tienen un mínimo, y no siempre triunfa un Bienvenido, Mr Chance—pero en gran medida el éxito de quien llega, de quien llega a vender, a sonar, a triunfar—es producto del azar y de los torbellinos de información creados en torno a estas ventajas acumulativas. El mundo académico es especialmente dado a ellas, y cada vez más, según priman criterios como los famosos "índices de impacto" de las publicaciones:

"a los eruditos se les juzga ante todo por las veces que su obra es citada en la de otras personas, y así se forman las camarillas de personas que se citan mutuamente (es aquello de 'si me citas, te cito')." (316)

Lo mismo sucede, supongo, en el mundo de los blogs.

Y el arte, aunque los artistas juegan a ignorarse unos a otros, no está sin embargo exento de procesos demenciales de acumulación informativa; es lo que llamamos las grandes obras, o el canon, o las obras de éxito. Se creó un vistoso torbellino en torno a El Código Da Vinci; y el último torbellino descontrolado se ha formado en torno a las novelas de Stieg Larsson, que son como cientos de otras. Así nos explica Taleb estos fenómenos:

"el arte, dada su dependencia del boca a boca, es extremadamente propenso a estos efectos de ventaja acumulativa. (...) Nuestras opiniones sobre el mérito artístico son el resultado del contagio arbitrario, más aún de lo que lo son nuestras ideas políticas. Una persona escribe una reseña de un libro; otra la lee y escribe un comentario que usa los mismos argumentos. Enseguida tenemos varios cientos de reseñas que en realidad se reducen, por su contenido, a no más de dos o tres, porque hay mucho solapamiento. Para un ejemplo anecdótico, léase Fire the Bastards!, cuyo autor, Jack Green, recoge sistemáticamente las críticas de la novela de William Gaddis The Recognitions. Green demuestra claramente que los autores de las críticas del libro anclan éstas en otras críticas, y revela una potente influencia mutua, incluso en su forma de redactar. Este fenómeno recuerda la actitud gregaria de los analistas financieros...." (317)

En fin, argumentación suficiente como para poner entre comillas los "índices de impacto" y otras mediciones metódicas y matematizadas de la calidad intelectual o artística de nuestros escritos. A menos que incluyamos como parte de la calidad intelectual o artística (y de hecho lo incluimos) el efecto producido a posteriori, efecto quizá deseado pero incalculable a priori: a saber,—la subida disparatada del valor informativo de las acciones. Parte esencial del razonamiento de Taleb en El Cisne Negro es el efecto del hindsight bias, la distorsión retrospectiva que afecta a nuestros juicios y valoraciones una vez se ha producido el fenómeno de la distribución informativa; en ese sentido es un libro altamente recomendable para los interesados en estudiar la falacia narrativa—y en aprender a desconfiar de ella.


Torbellinos de información







Miércoles 8 de julio de 2009

Me compro un MacBook

Cada vez que tengo un disgusto... o me voy al MacDonalds, o me compro un Mac. Bueno, exagero, y tampoco es que tenga la casa llena de Macs... pero esta vez tengo la excusa de que mi portátil de estética ya cyberpunk, con desgastes, remiendos, bisagras rotas, esparadrapo y que me da garrampas, ha ido al hospital. Así que entretanto vuelve a casa, lo sustituyo, que el disgusto se lo lleve él. Me he comprado un MacBook Pro de diecisiete pulgadas.

Además el acontecimiento ha dado lugar a una obra de arte del cinéma-vérité: El Desembalaje del Mac, con Ivo a la cámara, Álvaro de protagonista, y Oscar poniendo la banda sonora.




Oscar se las promete muy felices creando monstruitos en el Spore Creature Creator, su juego favorito desde hace tiempo. Yo prefiero lo de la webcam con micrófono incluida, la wifi, la tarjeta gráfica Nvidia, y todo lo demás que lleva incorporado en su cintura de avispa de un centímetro. Y que no me dé garrampas.

Hay Phone




Martes 7 de julio de 2009

Servicio público

Ya nos dicen los gitanos que pocas cosas se consiguen con pleitos. Sobre todo si los pierdes. Aunque para mí, perder un pleito sobre una cuestión de oposiciones es poco significativo: está el tema tan blindado, entre las maquinaciones de la Comisión, el blindaje de silencio administrativo del Rectorado, las limitaciones impuestas por la discrecionalidad técnica, y la renuencia general de la administración a corregirse a sí misma, que milagro sería conseguir algo en ese terreno.

Así pues no me he llevado mucha sorpresa con la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Aragón sobre la cátedra que quedó vacante, aunque no deja de caerse la mandíbula al ver la mísera categoría, por no decir calaña, de los argumentos a que se ven obligados a recurrir sus Ilustrísimas para correr un tupido y mandar el caso al archivo de los pleitos perdidos. Con sello, eso sí: es lo esencial, los papeles en su sitio, y las quejas por los atropellos lógicos y jurídicos, al maestro armero.

Más mérito tiene lograr que la Administración sí intervenga sobre sí, y mande deshacer algo de lo hecho, como ha pasado en el otro juicio contencioso administrativo, el motivado por las maniobras de los Grupos para apropiarse del máster y el doctorado. Aquí en Ibercampus explico un poco más el tema.

La cuestión es que a estas alturas aún no sabemos qué asignaturas daremos el año que viene: si el Departamento va a obedecer la orden del juez, tratarnos sin discriminaciones ilegales, y rehacer el plan de ordenación docente de los dos últimos años, o si van a intentar torear la resolución del juez, como ya hicieron en su día con la del Rector.

Por supuesto habíamos advertido a la Dirección del departamento, y a los coordinadores del máster, y a nuestros compañeros que les votan, por activa y por pasiva, que por ese camino no iban a ninguna parte, más que a estrellarse contra un muro. Pero bueno, ellos habrán considerado que iban mejor aconsejados siguiendo al Líder.

De momento la cosa sí ha cambiado algo: quizá gracias a nuestra resistencia, hemos conseguido que se nos empiece a tener en cuenta. Así como en años anteriores primero ni siquiera se nos tenía en cuenta a la hora de solicitar docencia en máster, o se nos eliminaba sin baremarnos diciendo que no éramos de los equipos de investigación, este año ya empieza a cambiar la cosa. Se empieza a seguir un sistema con visos de legalidad, albricias. Este año hemos solicitado docencia por orden de jerarquía y antigüedad (como toda la vida) y no se nos ha dicho que no estábamos capacitados ni cosas parecidas. Y han tenido que ser los profesores más recientes que ahora están en el máster,  quienes gracias a la normativa ilegal se nos habían colado puesto, quienes aleguen que también quieren dar esa docencia ya elegida por nosotros. Una pequeña cuestión de orden formal. Aunque el resultado es, también, que de momento no se nos ha asignado docencia en postgrado.

Ahora se supone que el conflicto éste lo tiene que dirimir, mediante un informe de "idoneidad", a ver quién es más "idóneo", la Comisión de Docencia. Pero lo primero que ha hecho la Comisión de Docencia es pasarle la pelota a la Comisión de Postgrado. Ya veremos en qué queda la cosa. De momento, lo que queda claro de la sentencia del juez (si se opta por acatarla) es que la "idoneidad" se habrá de determinar por criterios que sean
a) objetivos,
y
b) justos.
Porque "la pertenencia a grupos de investigación subvencionados" es un criterio objetivo, pero lo ha anulado sin embargo el juez, como todos los criterios que se establecían en postgrado en base a consideraciones especiales por la orientación de la investigación etcétera... y lo ha anulado "por incurrir exactamnte en la misma antijuridicidad que se denunció y resolvió en la resolución de 12-5-2007 del Rector". Ya anuncia el juez que la normativa departamental de "resolución de conflictos" es de "díficil aplicación por lo confuso y contradictorio".

En efecto, resulta que si ahora un profesor de los que no tienen docencia fijada se queda sin la que ha solicitado, por no ser "idóneo", pues entonces no queda claro si puede desplazar a otro de los que ya han elegido docencia, con lo cual se crea otro conflicto, otra propuesta de resolución, y vuelta a empezar. Por eso digo que es un procedimiento de generación de conflictos, no de resoluciones, eso de que un profesor pueda solicitar la docencia que otro ya ha elegido en base a su mayor antigüedad.

Luego está por ver cómo se aplica el baremo de resolución de conflictos: porque ya se hizo un baremo para esto hace años, pero jamás se ha aplicado. Parece que in extremis siempre se encuentra la manera de no recurrir a baremar méritos. Dicho sea que, aparte de todo, baremar es todo un arte, y el mismo baremo se puede aplicar de mil maneras distintas, unas más objetivas y otras más subjetivas.

Y también está por ver si nuestra dirección, nuestra coordinadora del Doctorado, nuestras comisiones y nuestro Consejo optan por hacer caso al otro juez, el que les ha ordenado que incluyan nuestros nombres en el programa de doctorado visto que es contrario a derecho excluirnos (otra cosa que también les ordenó el Rector, y que si quieres).  Por lo que se resisten desde hace años a hacerlo, la coordinadora y sus co-coordinadores, debe ser muy doloroso, pero que muy doloroso, eso de incluirnos. O igual es por eso que decía la Dra. Onega, que había una aplicación informática que le impedía hacerlo.... Igual están pidiendo asesoramiento a algún ingeniero informático.

Si es que cuando pleiteamos es por algo, no por afición a los juzgados. Y cuando pleiteamos contra la Universidad de Zaragoza, no es para jorobar a la Universidad, ni por afán destructivo, sino para que la Universidad aplique su propia normativa y sea lo que tendría que ser. Para que sea un sitio donde hay normas, no dobles raseros; para que no sea un cúmulo de intrigantes inventando protecciones especiales para sus feudos y corrillos. Mis buenos euros me cuesta pleitear, así que considérenlo un servicio público.

A juicio
















Lunes 6 de julio de 2009

Fallamos

FALLAMOS:
Primero:
Desestimamos el recurso de apelación interpuesto por Don José Angel García Landa, contra la sentencia 224/2007, de 3 de julio, del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 2 de Zaragoza, recaída en el Procedimiento Abreviado 459/06.
Segundo: Imponemos las costas a la parte apelante.
Así lo acuerdan y firman los Ilmos. Señores anotados al margen.

Aunque en el margen no hay nada anotado, hay que entender que son los que figuran en el encabezamiento:

ILUSTRÍSIMOS SEÑORES
PRESIDENTE:
D. Jaime Servera Garcías
MAGISTRADOS:
D. Eugenio Ángel Esteras Iguácel
D. Fernando García Mata

—son jueces del Tribunal Superior de Justicia de Aragón, Sala de lo Contencioso-Administrativo (Sección 2ª), fallando sobre el "Rollo de apelación nº 2306 del año 2007", en un caso más de la serie "José Ángel García Landa contra Universidad de Zaragoza". La sentencia ésta es del 1 de julio, y me ha llegado hoy la notificación.

Termina así, supongo, un largo proceso que empezó en 2003, con la malhadada oposición a cátedras a que me presenté en el Departamento de Filología Inglesa y Alemana de la Universidad de Zaragoza (la vacante dejada por la jubilación de la Dra. Olivares). Que vacante quedó en la oposición, y vacante sigue, y vacante seguirá hasta que se presente alguien más del agrado (discrecional) de los catedráticos de nuestro departamento.

Como se dice aquí, ya perdí un primer juicio sobre esta cuestión en primera instancia, hace un par de años. En su momento ya comenté esa sentencia. El juez consideró, con argumentos de muy baja categoría lógica, ética y jurídica, que la Comisión evaluadora constituida por los catedráticos Dres. Garrudo, Dietz, González Groba y Martínez Vázquez, y presidida por la Dra. Onega, no cometió irregularidades. Y la presente sentencia de los magistrados del TSJA corrobora esa postura, con argumentos de solidez similar.

Como el asunto lo merece, iré comentando puntos de esta sentencia por partes, en una serie de posts. Sin mucha prisa.

Para mí vale la pena volver al tema, porque en mi trabajo y mi carrera este asunto de la cátedra ha sido un antes y un después. Para empezar, me ha desilusionado de intentar promocionarme, en un sistema donde lo que cuenta realmente no son los méritos objetivos, sino los sistemas de alianzas, y donde toda la parafernalia de las oposiciones es una pantalla destinada a ocultar las auténticas razones por las cuales se aprueba o se suspende a un candidato. A eso ya no juego más, una vez conocidas las reglas invisibles.

Por otra parte, todas las personas que se trataban conmigo en la Universidad antes de la oposición dejaron de tratarse después, haciendo piña alrededor de la catedrática y presidenta del tribunal de oposiciones. Salvo tres o cuatro colegas con quienes mantengo trato, ninguno de los profesores de mi departamento se ha interesado en ningún momento por saber si el procedimiento de la oposición había sido correcto o no, o qué razones tenía yo para recurrir y sentirme agraviado por el resultado de esa oposición. Todos han dado por bueno que, tras una carrera académica brillante, un tribunal me cascase así porque sí, por discrecionalidad, una calificación de uno coma ocho sobre diez, no para darle la plaza a otro (ni siquiera para eso), sino para dejarla vacante. Eso, en un departamento que por entonces tenía unos noventa profesores y una sola catedrática—la Dra. Onega, presidenta del tribunal. Ha sido un proceso de cierre de filas espectacular—como trazar una raya en el suelo y hacer que la gente se posicione a un lado o a otro. Sin necesidad ninguna aparente de hacerlo—y sin que la gente, a la hora de posicionarse, estudie el tema así con el cerebro o con el criterio, claro: el posicionamiento se da sólo por motivos de estrategia y conveniencia. Son cosas que, naturalmente, le abren a uno  los ojos sobre las personas y las maneras de actuar.

Aparte, estos grupos han cerrado filas alrededor de la catedrática desde entonces también en otros casos, apoyando decisiones contrarias a derecho tomadas por ella y que me perjudicaban directamente. Así, una normativa impulsada por la Dra. Onega como coordinadora del postgrado de Estudios Ingleses ha llevado a excluir del máster o del doctorado a quien no pertenezca a los "grupos de investigación" de los coordinadores, sin entrar a baremar sus méritos ni respetar su jerarquía ni capacitación profesional. Este asunto también ha acabado en los tribunales de lo contencioso administrativo, con mejor fortuna de momento.

De los miembros del tribunal de oposiciones de la cátedra, sólo diré que el proceso estuvo plagado de irregularidades de todo tipo, de fondo y de forma, y que en ningún momento han intentado justificar su actuación o sus criterios con argumentos sostenibles públicamente, ni administrativos ni filológicos. Yo sí justifico, dando razones, por qué digo que la oposición fue una merienda de negros. El debate es público: está aquí, o donde decidan iniciarlo ellos. Pero es más seguro atenerse al silencio. Porque es muy de temer que no tengan argumentos más sólidos que los que aportan estos jueces en sus sentencias.

Y la categoría de estos argumentos (la categoría jurídica y la intelectual) la vamos a ir viendo en detalle aquí, punto por punto.


La sentencia de la Cátedra (I)








Domingo 5 de julio de 2009

Belle

Después de Billy, Belle. Aquí las estoy pasando canutas ensayando mi versión pòvera para guitarra de la canción de Notre Dame de Paris,de Plamondon y Cocciante. De un musical plagado de canciones perfectas es quizá la mejor; y fue elegida en una ocasión como la mejor canción del siglo XX... pero claro, es complicada y endiabladamente difícil. Le tendré que poner una vela a Lucifer para que me inspire...





Y también para que se me pase una pequeña parálisis que me ha dado en dos dedos de la mano izquierda. Así no hay quien toque bien.


Belle


Sábado 4 de julio de 2009

Spencer y la narratología evolucionista

El gran pensador evolucionista del siglo XIX fue Herbert Spencer, hoy injustamente menospreciado y prácticamente ignorado. Suele considerársele un epígono de Darwin, cosa pasmosamente injusta para quien conozca su obra. En First Principles sienta las bases de una filosofía que hoy se llamaría "consiliente", una sistema unificador de la realidad y de las disciplinas del conocimiento, una especie de metafísica fenomenológica, que tras dividir el ámbito de la realidad entre lo cognoscible y lo incognoscible, establece principios de conocimiento e interpretación para lo cognoscible. Por ejemplo, la ley del mínimo esfuerzo, o la ley de la complejidad y unificación progresiva de las formas en su evolución.

En este capítulo, llamado la "Ley de la Evolución", nos plantea su narratología particular. Ya nos ha hablado de las formas lingüísticas, cómo progresan de formas simples o parcialmente integradas al desarrollo de complejas estructuras de integración—que muchas veces conllevan una aparente simplificación de las formas gramaticales: pero al nivel sintáctico y discursivo, observa Spencer, la complejidad e integración se hacen mayores en las lenguas de pueblos desarrollados.

"Si comparamos, por ejemplo, las Escrituras hebreas con los escritos de los tiempos modernos, se aprecia una marcada diferencia de agregación entre los grupos de palabras. En el número de proposiciones subordinadas que acompañan a la principal; en los varios complementos de los sujetos y predicados; y en las numerosas oraciones modificadoras—todas ellas unidas formando un todo complejo—muchas oraciones en las composiciones modernas exhiben un grado de integración que no se encuentra en las antiguas." ( § 113)

También presta atención Spencer a las estructuras narrativas y argumentales propiamente dichas, en las obras de arte literarias:

"Una vez más las artes del diseño literario, narrativas y dramáticas, nos proporcionan ejemplos. Los relatos de tiempos primitivos, como esos con los que los contadores de historias orientales todavía siguen entretendiendo a su audiencia, están hechos de sucesivos acontecimientos, en general fantásticos, que no guardan conexiones naturales: son sólo otras tantas aventuras puestas juntas sin secuencia necesaria. Pero en una buena obra de imaginación contemporánea, los acontecimientos son producto adecuado de personajes que viven en circunstancias determinadas, y no se puedn cambiar en su género o en su orden sin estropear o destruir el efecto general. Es más, los propios personajes , que en las obras de ficción tempranas desempeñan su papel sin mostrar que sus mentes se vean modificadas unas por otras, o por los acontecimientos, ahora se nos presentan como sujetos unos a otros por complejas relaciones morales, y actuando y reaccionando a las naturalezas de los demás" (§ 114)

Se me dirá que esto ya lo dijo Aristóteles en la Poética, cuando hablaba de la unidad de argumento y de la superioridad de Homero a los demás poetas épicos. Y en cierta medida, así es: antes de Spencer, mucho antes, tenemos que ir a Aristóteles a buscar no sólo las raíces de la narratología, sino también las de la narratología evolucionista.

Pero la diferencia es en realidad la que explica Spencer: una diferencia de integración. El principio evolutivo de la narración está aquí integrado como parte coherente de toda una filosofía de la realidad que es de naturaleza evolutiva, como no podía serlo en Aristóteles.

Para Spencer, lo simple deriva de lo complejo—es el principio central del evolucionismo—de un modo no sólo conceptual sino histórico y genético. Su filosofía aplica este principio interpretativo sistemáticamente, para explicar la génesis de los astros, de las formas vivas, de los niveles de consciencia, de las instituciones culturales, de las relaciones económicas (pasando de las sociedades primitivas a la economía globalizada), de la política—predice Spencer la creación de una federación europea— o  de la tecnología, pues las máquinas complejas son diseñadas a partir de una composición de máquinas simples.  Y el mismo principio aplica, según vemos, al pensamiento, a la narración y al discurso. Incluyendo, de modo reflexivo, su propia filosofía.

Es díficil imaginar una base conceptual más amplia y sólida para un estudio de la historia y estructura del discurso o para la narratología evolucionista.

El orden natural y la complejidad: Paley, Lamarck, Vico, y el Génesis


Viernes 3 de julio de 2009

Gonna Change My Way of Thinking

Aquí haciendo probatinas para la canción de Dylan, con mi guitarra chatarrosa. Igual un día la toco entera, ya no digo bien.




Gonna change my way of thinking,
Make myself a different set of rules.
Gonna change my way of thinking,
Make myself a different set of rules.
Gonna put my good foot forward,
And stop being influenced by fools.

Simple Twist of Fate


Rockollection (versión 2009)

On a tous dans le cœur la version de 1977, pero esta nueva es casi conmovedora: las transiciones están mejor llevadas, y la canción-marco absorbe energía de sí misma, al haberse vuelto un clásico celebrándose a sí mismo, uno más de los hits de aquellos tiempos que recopila y recuerda.





Recolectando Rockollections



Les Sans papiers / Condamnés / Finale

—del musical Notre Dame de Paris:









Ça marche



Jueves 2 de julio de 2009

Va tomando forma el Grado

Ayer tuvimos consejo de departamento, el último del año espero, y nos informaron de que ya hay una propuesta de titulación de Grado en Estudios Ingleses de la Universidad de Zaragoza,  elaborada por la comisión correspondiente. Comisión que según los estatutos de la Universidad ha sido nombrada a dígito por el Rector—claro que el Rector recibe inspiración telefónica consultando al director del Departamento y a las fuerzas vivas que estime oportuno. Sistema piramidal total. Esto parece mucho menos democrático que dejar que sean los departamentos implicados quienes elijan a representantes para elaborar el grado, pero bueno, son los estatutos que eligió darse la Universidad. Y el resultado viene a ser el mismo.

Aún le faltan muchos trámites por pasar al plan de estudios, pero esta es la estructura general que probablemente tendrá:

Resumen por materias

1. Bases lingüísticas y culturales de los estudios ingleses    12 ECTS (12 básicos)
2. Lengua inglesa     36 ECTS (18 básicos, 18 obligatorios)
3. Segunda lengua (Alemán, Francés, Italiano, Árabe o Catalán)    12 ECTS (12 básicos)
4. Inglés académico    18 ECTS (12 obligatorios, 6 opcionales)
5. Gramática inglesa    18 ECTS (12 obligatorios, 6 opcionales)
6. Literatura inglesa    42 ECTS (30 obligatorios, 12 opcionales)
7. Literatura norteamericana    30 ECTS (24 obligatorios, 6 opcionales)
8. Comentario de textos literarios y audiovisuales en lengua inglesa    18 ECTS (12 básicos, 6 obligatorios)
9. Historia de la lengua inglesa    18 ECTS (6 obligatorios, 12 opcionales)
10. Historia y cultura de los países de habla inglesa    18 ECTS (12 obligatorios, 6 opcionales)
11. Fonética y fonología del inglés    12 ECTS (12 obligatorios)
12. Lingüística aplicada a la lengua inglesa    12 ECTS (6 obligatorios, 6 opcionales)
13. Otras literaturas en lengua inglesa    12 ECTS (6 obligatorios, 6 opcionales)
14. Tendencias y contextos del cine en lengua inglesa    12 ECTS (12 opcionales)
15. Lingüística contrastiva    18 ECTS (18 opcionales)

Y entre las asignaturas optativas:

Géneros literarios en la literatura inglesa I
Tendencias y contextos del cine en lengua inglesa I
Lingüística contrastiva aplicada a la traducción
Traducción de textos literarios y audiovisuales
Cultura popular en los países de habla inglesa
Pragmática de la comunicación
Inglés moderno
Géneros literarios en la literatura inglesa II
Tendencias y contextos del cine en lengua inglesa II
Traducción de textos profesionales y académicos
Diseño de actividades de aprendizaje del inglés como lengua extrajera
Narrativa estadounidense contemporánea
Literatura irlandesa
Variedades geográficas de la lengua inglesa
Comunicación y lingüística intercultural

Observo que "mi" asignatura de teoría y crítica se ha evaporado del plan. Es lo que pasa cuando no está uno mismo en la comisión. Aunque claro, es una asignatura minoritaria que bien podría entenderse que esté mejor a nivel de máster, según cómo se entiendan las prioridades de una carrera de "Estudios" (que al no ser ya Filología ya no son necesariamente estudios filológicos, supongo). Echo en falta Derecho inglés, Economía inglesa, Cocina inglesa (yeuch), Política inglesa, Historia inglesa, Arte inglés, Filosofía inglesa, Tecnología y Ciencia inglesa, Geografía Inglesa, Televisión y periodismo ingleses, Matemática inglesa, y Música celestial inglesa. O hacemos Filología, o no hacemos filología, right?

Va a haber un plazo de exposición pública, para realizar alegaciones, etc. E incluso se publicarán en la web de la Universidad. Lo malo es que el plazo será durante el verano, mire usted qué mala suerte, después de tantos años de planificación.

El Graduado









Miércoles 1 de junio de 2009

Harry Thompson, This Thing of Darkness: Narrative Anchoring

Envié este artículo a la Evolutionary Review, pero les parece largo, académico en exceso (aburro a las ovejas), y lo que publicarán será una versioncilla ligera, donde se pierde toda la sustancia de la teoría del anclaje narrativo que lo justifica. Allí se quedará en una reseña de la novela Hacia los confines del mundo. Lástima—pero ya se sabe, lo que otros te publican es al gusto de ellos. Por eso opto una vez más por la autopublicación del texto completo, visto que a lo que aparecerá en la revista no lo va a reconocer ni su padre, entre las sugerencias del editor y sus recortes. En español lo puse aquí (sí, está en español, a pesar de las apariencias...). Pero volveremos a la carga con el anclaje narrativo—o, dicho de otro modo, cómo combinamos todas las historias de las cosas en una gran historia de todo. Es un conocimiento de la realidad como proceso, y por tanto un conocimiento narrativo, la zona de intersección de la teoría narrativa y del evolucionismo. Como dice Herbert Spencer, "una historia completa de todo ha de incluir su aparición a partir de lo imperceptible y su desaparición en lo imperceptible". Esta novela hace mucho por mostrar no sólo a la teoría de la evolución como una teoría de cómo surgen las cosas, sino que también sitúa esa teoría históricamente de modo que nos muestra el surgimiento de la propia teoría evolutiva... visto desde hoy, desde su futuro. Por volver a Spencer,

"Si el pasado y el futuro de cada objeto es un ámbito de conocimiento posible; y si el progreso intelectual consiste en gran medida, si no principalmente, en ampliar el conocimiento que tenemos de ese pasado y de ese futuro; es obvio que el límite hacia el que progresamos es una expresión de todo el pasado y de todo el futuro de cada objeto  y del conjunto de los objetos" (First Principles § 93).

No es que Thompson nos explique la Historia de Todo (eso no lo hace ni Spencer), pero sí explica mucho—y de paso nos hace vivir una aventura inolvidable. ¿Quién da más?
________________________
segelboot
Abstract - This paper articulates an "evolutionary" reading of Harry Thompson's novel This Thing of Darkness, a historical fiction on Darwin's Beagle voyage and the life of Captain FitzRoy. Special attention is paid to the novel's narrative anchoring of its events within the grand narratives of modernity and imperialism, of scientific and cultural development, and of human evolution at large.


***

This paper will examine the novel  This Thing of Darkness (2005) by Harry Thompson (1960-2005), which is a historical fictionalisation of Darwin's Beagle voyage and of the life of vice-Admiral Robert FitzRoy, then captain of the Beagle. Special attention will be paid to what I will call the narrative anchoring of these events within the master narratives of modernity and imperialism, of scientific and cultural development and, more generally, the all-encompassing "grand sequence of events", in Darwin's phrase, of human evolution.

It was the Turner illustration on the cover of the Headline Review edition of This Thing of Darkness that made me buy the book. Also the Shakespeare quote in the title—(although the American edition has been retitled To the Edge of the World). "This thing of darkness I / Acknowledge mine", says Prospero in The Tempest, referring to Caliban, the barely human native of the island he rules. Shakespeare's play has been read as an allegory, commentary or symptom of colonialism, a subject which is also prominent in Thompson's novel—Thompson's outstanding novel, all too brief at 875 pages.

Harry Thompson was an active television producer, celebrated in Britain for his humour series (see Wikipedia, "Harry Thompson"). But this novel, written in the tradition of critical realism, some would say of neo-Victorianism, shows a very different side of his talent. It deals with British imperialism and colonialism, with Western attitudes towards indigenous peoples, and with the genocides perpetrated in Patagonia and Oceania. It is, also, a first-rate sea novel, which will delight the followers of Patrick O'Brian and of this quintessentially British genre. But This Thing of Darkness also depicts the intellectual impact of evolution theory—another reason why I bought it on impulse is that Charles Darwin was one of its protagonists.  The novel dramatizes the religious and philosophical conflict unleashed by the advance of science and rationalism in the 19th century, leading to a crisis of faith and to skepticism in Darwin's case, and to pessimistic disenchantment in Robert FitzRoy.

The breadth of the novel is panoramic, almost planetary, ranging from first contacts with primitive peoples to sophisticated English salons; from unspoken tensions between colleagues in the office, to the grandeur of South American landscapes and vividly described tropical storms—to immense horizons. And to a grand timescape, as well. The centerpiece is Darwin's voyage round the world in FitzRoy's Beagle, and thus the novel is to some extent a "remake" of Darwin's own narrative in The Voyage of the Beagle. But the narrative also includes the preliminaries of former Beagle expeditions—it begins with the former captain's suicide in Patagonia—then goes back to Britain, retaking the celebrated debate on human evolution between Thomas Henry Huxley and a primate of the Church, Bishop Wilberforce, with FitzRoy playing a slightly ridiculous or impotent role… And yet the dignity and gravity of FitzRoy's character is vividly portrayed in all his actions, as a captain dedicated to his mission and his men, as a stern but just colonial administrator in New Zealand, and as a scientist dedicated to the development of weather prediction. A life story ending in FitzRoy's own suicide, a remarried widower who misses his first wife. He is disappointed with his fortune and his career, tormented by a sense of impotence, and by the advance of skepticism and of a modern world he sees as devoid of sense unless it should be designed by a benevolent deity.

And FitzRoy's belief in the Deity's benevolence is severely shaken. The natives he tries to civilize and christianize are unpredictable: the results are sometimes almost too good, with the Fuegian Jemmy Button adopting British values and manners almost to the point of caricature—or alternatively the natives may be incomprehensible, brutal and enigmatic. Whenever FitzRoy manages to reach an understanding with the natives, it is the Europeans that become a problem, with their single-mindedness, their brutal greed and their contempt for the natives' life and interests.

Although he is more often than not in the position of the leader of a small community, or perhaps because of that, FitzRoy finds only an uneasy fit in social life. He navigates from isolation to despond, with occasional bouts of dementia. Although he had managed to marry, after many years of solitude, the woman who took his breath away (a regular angel in the house, moreover), she dies prematurely. FitzRoy's projects to develop techniques of weather prediction are hampered by bureaucratic absurdities and by the ignorance of authorities; his attempt to grant British judicial guarantees to the natives, when he is named Governor of New Zealand, clashes with the double standard his superiors and the colonists apply, and which they also expect him to apply.

FitzRoy believes in an ordered world in which everyone has their appointed place. In contrast, the world inaugurated by Darwin's thought justifies the superiority of Western man, and foresees the eventual extinction of "inferior races" in a selective struggle for survival, embodied here at a worldwide scale in British imperialism—and, by extension, in American or Western contemporary postcolonial imperialist practices, through a transparent analogy established by the author: the words used by General Rosas to justify his war on the Indians in Argentina are lifted from Tony Blair's speeches on the so-called "War on Terror." In this novel, Darwin is an out-and-out social Darwinist: while he doesn't endorse the genocide by any means, he predicts that the primitive peoples and the great apes alike will be exterminated in order to deepen the difference between civilised man and the animals.

Much to his disgust, FitzRoy finds himself linked by association to Darwin's doctrines, and cannot prevent his own actions from contributing to globalizing ends he did not wish to endorse. Fitzroy was an explorer, not a conqueror, and he is nauseated by the rapacious progress of the machinery of Empire.

Moreover, his initial friendship with Darwin, his companion in the lengthy Beagle voyage, cools down, and ends up as a spiritual conflict of almost cosmic proportions—of emblematic proportions, anyway. Darwin demotes God and installs himself, an old primate, in his stead, growing a long white beard in order to underline the parody. His initially harmless biological observations, a gentleman's pastime, develop into a whole theory of reality, of the structure of the natural world, and of the origin and place of mankind—a theory repellent and horrifying for FitzRoy, who did not expect that his own search for enlightnenment and knowledge would yield this result.  The novel dramatizes therefore the confrontation between two world-views: on the one hand, a cosmos designed and overseen by God, seen from the prism of an aristocrat whose mindset was at home in eighteenth-century assumptions and attitudes; on the other, the universe of twentieth-century science, as anticipated in Darwin's insights, a world devoid of transcendental meaning, in which human phenomena are only the  complex outcome of physical processes.

Fiztroy closes the circle with his suicide—a man financially bankrupt by his benevolent undertakings, prematurely aged, emotionally detached from his wife, and disillusioned by the advance of a bureaucratic, mechanistic, regimented civilization, one lacking in any ideals he might share.

When I was young, thought FitzRoy, I was a voyager, traversing unknown seas, the master of my own destiny. The wind and the waves may have dashed themselves against me, but I fought through to discover new shores and unknown worlds. Then I became part of a machine, a mere cog in a wheel. They took away my liberty, my independence. But at least my toil served to smooth the way for other travellers, who followed in my footsteps. Now, they have removed even that small comfort from me. I must voyage once more, to the furthest shore. I must undertake the ultimate journey. A journey without maps. (p. 852)

Fizroy dreams that he will maybe see again one day his beloved first wife Mary, and Jemmy Button, the native who befriended him with loyalty, and his young sailors who drowned while doing their duty. Will he see them again, or is Darwin right? Was FitzRoy merely just another evolved primate, too complex for his own good?

This Thing of Darkness is a magnificent historical novel. But it is not just a novel whose characters and events have been drawn from history, in order to be masterfully portrayed and dramatized. It is also a novel about human history, about the place of human history in a wider evolutionary process.  It offers immense temporal and geographical horizons, encompassing the origin and sense of mankind, of modernity and of the Western expansion through the globe, in exploration and conquest; it deals with the grand narratives of globalization and of the Enlightenment, of the development of sciences and of empires—great narratives whose slow-moving progress can nevertheless be seen and felt from our limited vantage point.  Thompson grasps the mode in which the small narratives of people's lives—but these are big narratives for the people involved, too—are embedded in those wider historical and indeed geological processes, are intersected by them, and historical processes become especially visible as the clash of the different time frames of different cultures collapses whole ages of mankind together, in the experience of a single individual, in a telling moment of perception, in a gesture or a detail which assumes a symbolic proportion, the way a galaxy can be seen though a keyhole.  A life, FitzRoy's life, is grounded in a world of human significance built through history, and the ideals and achievements of a life, of a moment, can be gauged against the background of this gigantic process of world-making. FitzRoy is sorry he has been instrumental in bringing the plague of modernity through the world, and in desecrating the world by furthering Darwin's conceptions much against his will. In the one major moment of public recognition FitzRoy gets for his efforts in weather prediction, his life achievement turns sour and irrelevant:

Still in a daze, FitzRoy stumbled forward. Everyone was looking at him, applauding. The Prince de la Tour d'Auvergne was beaming at him, and thrusting a little wooden box towards him. He took it, and opened it. Inside, nestled on a meagre bed of straw, lay a small, mass-produced, bedside travelling clock. (846)

Any development, any experience, any perception in the narrative of everyday life is shaped by the greater lines of force of the greater narratives in which human lives are embedded. In this sense, this novel effects an exemplary exercise of what I have elsewhere called (García Landa 2008) narrative anchoring, a notion which requires some additional unfolding at this point.

It is to be noted that what I understand by narrative anchoring, in spite of some areas of overlap, refers to something different from David Herman's "contextual anchoring" in narrative (2002, ch. 9). Herman defined this contextual anchoring as the cognitive process whereby narratives ask their interpreters to search for analogies between the semiotic model built by the narrative on one hand, and cognitive models of the world in which the interpretation takes place, on the other (Herman 2002: 331).  It is clear that these models may be narrative or non-narrative—it is also apparent that "my" narrative anchoring may take place "inside" a narrative (e.g. in the characters' own cognitive and narrativizing moves) and not necessarily refer to the contextualizing maneuvers of the interpreter. Therefore, Herman's "contextual anchoring" only partially overlaps with what I call narrative anchoring.

Narrative anchoring is the process whereby a narrative refers us to other narratives and to the prenarrative and metanarrative phenomena it is embedded in. Narratives refer us to (1) processes and sequences of events, (2) to their mental representations, to (other) narratives (3), and finally to (4) narratologies or metanarrative phenomena, as four phases or emergent levels of narrative complexity.

Let us take, as a global unifying frame, and as the background or groundwork of any narrative, the most encompassing master narrative of our culture. This is the global process of Time. I am referring here to the only existing Time, apart from the pseudo-times of theoretical or fictional worlds which are anyway embedded in it—real time, linked to the existence of the Universe, as the ultimate seabed for narrative anchoring. There are many possible "histories of  (human) Time"—a mode of narrative, level 3 (take, for instance, Plato's Timaeus, or Stephen Hawking's Brief History of Time), and, faced with them, a possible role for students of narrative anchoring is the intertextual projection of cosmic histories upon one another; to situate them, articulate and map them with respect to one another, and—why not—to choose one of them as as a main frame, as the true history of time, at least insofar as it is the most adequate modelling of Time that we can devise; a true history of events which contains everything and includes the other histories of time as individual narrative events, as ideological versions or historically situated approximations to the history of Time.

This formulation suggests some degree of heuristic relativism, which is perhaps inevitable given the contentious nature of ultimate narratives about the origin and sense of the universe. But, more to the point, an intellectually significant narratology can hardly be grounded on mythical versions of cosmic processes; it will have to deal with the narratives of contemporary science as a one of its preliminary components. It is with science, and on science, that a methodological and philosophical dialogue needs to be established, or rather with the sciences of Time in its different aspects—with cosmological and astronomical, physical, biological, psychological and cognitive approaches to time. One must take in to account, too, that there is a science of science, that is, cultural theories of the functions and proper limits of science, and of the historical unfolding of scientific (meta)theories. As a consequence, a narratological approach to level (1), processes and sequences of events, must have a philosophical-scientific orientation, and be aware of this reflexive meta dimension: of the histories of histories (and the histories of theories)—and of the theories of histories (and the theories of theories).

Narrative anchoring is one prime mode of cognitive mapping, both in building a narrative and in trying to make sense of it. Any given narrative (a novel, a piece of conversation) may, or may not, present anchoring points at an initial level, at what might be called a cosmological level, through an explicit mapping of its own small model or representation of temporality with reference to more widely known narratives (e.g. traditional or culturally authoritative ones). This referring may range from common assumptions about situational scripts or shared histories—as any human interactional sequence is a continuation of previous interactions, or acquires sense on the background of those interactions—to more explicitly ideological assumptions about versions of social and political processes or historical narratives. The latter are what is usually referred to as "great narratives". But there are greater narratives than the narratives of human culture and history—such as the "grand sequence of events" of human evolution. Darwin uses this expression in a key (and ambiguously self-critical) passage of The Descent of Man: "The birth both of the species and of the individual are equelly parts of that grand sequence of events, which our minds refuse to accept as the result of blind chance" (in Appleman 2001: 249).  Taking a panoramic view, it can be argued that discourses about human evolution and the rise of human cultures and civilizations serve as an interface between the discourses of historical disciplines and the humanities on the one hand, and the discourses of scientific disciplines such as biology, geology and cosmology on the other.  A consilient view of the overall development of physical phenomena must acknowledge some kind of narrative anchoring as a basic cognitive instrument in relating to one another the overarching narratives of science and those relative to specific human experiences and social phenomena.

Anchoring may be explicit or implicit, in a grading scale. The notion of an "explicit" narrative anchoring begs the question of explicitness (of how such a relatively novel notion might be explicit in human communicational interaction). My point being of course that I may be using a relatively new name or trying to isolate the phenomenon, giving it a sharper focus and making it so to speak fully explicit—but that the phenomenon itself is hardly new and "we do it all the time without thinking about it".  For instance, a complaint about stress in city life may lead to a reference about the way things were "before", in a semi-historical, semi-mythical village life, or in rural/traditional ways of living, or olden times, which is one of the many stories we share, and refer to, as basic narrative patterns. Reference to specific historical processes or episodes may be even more explicit, of course, as we all share a common temporal frame and a calendar, or calendars we can match to one another.

One should also take into account that narrative anchoring (which might be contemplated as a mode of extended intertextuality) is subject to the dynamics of dialogism and interaction. Even when it is present in a latent or implicit sense in a given speaker's discourse or in a given text, the interlocutor may respond to that element of anchoring and expand on it, making it more explicit, e.g. A says "I can't stand travelling by bus, I mean, it's not just that I keep losing my balance at the bends, it's that it gets on my nerves" and B says "Yes it's city life at its worst, I wish I lived somewhere I could just walk to work, the way people did before"—etc.

A discourse analyst's bringing out into relief the anchoring dynamics in narratives under analysis, whether in a literary, sociological or anthropological context, is just another manifestation, or an extension, of this interactional dynamics. For instance, in my discussion, most of the groundwork for the analysis of the narrative anchoring of evolutionary theory and of FitzRoys's colonial experiences in This Thing of Darkness has been laid by the novel itself. Narratives build on previous narratives, just as discourse is a response to earlier discourse and builds on it.  The element of anchoring in a narrative may be incipient, a mere allusion to a narrative frame, or a suggestion that an event might be narrativized into a sequence or a plot. Bakhtin's notion of the chronotope (1981a) overlaps in part with this conception of narrative anchoring—narratives may be anchored, or may become anchored through interaction, to a specific place, so that narrativity is attached to space or settings—places remind us of stories linked to them, and so forth: "There's a story in everything", and narrative anchoring is the way we have of bringing out these stories, sorting them, and mapping them into one another. Bakthin also extended his notion of the chronotope, in a rather imperialistic way, to account for "the shapes of time" articulated through different narrative modes. —But a more extensive comparison of the notion of narrative anchoring with Bakthinian ideas need not concern us at this point. Suffice it to say that narratives enter fully into dialogic play in modes which are specific to them. Being a device to shape and structure time, narratives call for further narratives—to correct, complete or contrast with them, to nest themselves into larger structures, or to branch into multiple lines of action, alternative viewpoints or "takes", or into hypothetical, nonrealized temporalities. Uri Margolin's (2009) analysis of the modes of "non-factivity" in narrative (hypothetical narratives, non-realized developments, etc.) is relevant in this respect.

Actually, our phrase "there is a history in everything" might be reworked into an side take, "there is history in everything". Herbert Spencer's evolutionary philosophy argued that "the past and the future of each object is a sphere of possible knowledge; and if intellectual progress consistes largely, if not mainly, in widening our acqauintance with theis past and this future; it is obviou that the limit towards which we progres is an expression of the whole past and the whole future of each object and the aggregate of objects" (1937: 247). Spencer's thought provides, therefore, a well-articulated philosophical grounding for a theory of narrative anchoring. But there are many other narratives, and narratologies, in other influential philosophical interpretations of reality.

Historical materialism and other schools of historical thought have taught us to see any cultural object, any human ideologeme, social mode of interaction, or structure of feeling, as historically grounded and generated—a product of history. The historicity of human phenomena can be extracted through critical analysis—squeezing out the history of objects or situations, or perhaps restoring it to our perception (to use another image), is a major dimension of narrative anchoring. The main thesis of Georg Lukács's The Historical Novel may be taken to be a theoretical undepinning for a specific mode of narrative anchoring: the representation of individual lives against the backdrop of historical processes—imperialist expansion, modern nationalism, or the dissolution of feudal social structures with the advance of capitalism.

Any narrative initiates the work of narrative anchoring—perhaps through its very existence, and its implied invocation of narrative patterns and procedures which will make it readable or understandable for the addressee. But intentional or explicit narrative mapping—which shades off into the built-in intentionality of signs—can be expanded or supplemented through the receiver's own strategies of narrative anchoring. A receiver's (or a critic's) response need not stick to the intentional narrative mapping put forward by the narrative. Bakhtin's dialogics is again relevant at this point—more specifically his notion of conflicting discourses (Bakhtin 1981b). For instance, a mythological narrative may be countered with a demythologizing narrative, proposing a for instance a scientific account of human phenomena—or of nature and of the world—instead of a mythical or traditional narrative. Which leads us back to Darwin as a prime example of natural narratologist, substituting the scientific narrativity of non-teleological natural selection for previous teleological narrative accounts of the way in which human nature came into being.

We can see more clearly now the sense in which This Thing of Darkness presents the narratives of its characters' lives as narratively anchored in historical processes—some of them specific to its nineteenth-century immediate context, some of them much larger: European imperial ventures, globalization, civilization, and the whole human history considered as a process of cultural and scientific development. And, beyond that, it is anchored in the evolutionary processes in which Darwinian theories situate the origin of mankind. In the last instance, this element acquires a reflexive dimension in the novel, insofar as we are dealing with narrative self-knowledge, through a focus on the development of a "grand narrative" as self-knowledge. Of course, as the novel shows as well the conflict between this great narrative of evolutionary theory and another influential mythical-religious narrative, Christianity or theism (a.k.a. "intelligent design"), which provides a completely different account of the origin and place of man in the world, a more traditional grand narrative or grand myth. As the conflict is artfully portrayed both in its 19th-century and its 21st-century intellectual relevance, the novel's operation of narrative anchoring can only be described as rich, complex, and significant.

This Thing of Darkness is a historical novel which goes beyond its confines, to open vast narrative vistas of globalization, civilization, evolution and geological time. A novel about history, and a novel for history, too—Harry Thompson's only one, as he died of cancer soon after the publication of his book. Silence would seem to be an adequate sequel to a book which sets out to sum up a life, an age, history itself and, why not, the human odyssey of species—and which somehow gets the wind it needs to pull these worlds inside worlds into motion, and sail along on an adventurous journey of discovery.
 

Bibliography

Appleman, Philip, ed. 2001. Darwin. (Norton Critical Edition). 3rd ed. New York: Norton.

Bakhtin, M. M. 1981a. "Forms of Time and the Chronotope in the Novel." In Bakhtin, The Dialogic Imagination: Four Essays. Ed. Michael Holquist. Austin: U of Texas P, 1981. 84-258.
_____. 1981b. "Discourse in the Novel." In Bakhtin, The Dialogic Imagination: Four Essays. Ed. Michael Holquist. Austin: U of Texas P, 1981. 259-422.

Brown, Maggie. 2005. "Harry Thompson." Obituary. The Guardian Nov. 9. Accessed May 27, 2009.
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Darwin, Charles. 1839. Voyage of the Beagle. In The Complete Work of Charles Darwin Online. 2002-09. Accessed May 27, 2009.
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Darwin, Charles. 1871. The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex. In The Complete Work of Charles Darwin Online. 2002-09. Accessed May 27, 2009.
    http://darwin-online.org.uk/content/frameset?viewtype=text&itemID=F955&keywords=grand+sequence&pageseq=636

García Landa, José Ángel. 2008. "Blogs and the Narrativity of Experience / Los blogs y la narratividad de la experiencia." Online at Social Science Research Network (March 27). Accessed May 27, 2009.
    http://ssrn.com/abstract=1113321

"Harry Thompson." In Wikipedia: The Free Encyclopedia. Accessed May 27, 2009.
    http://en.wikipedia.org/wiki/Harry_Thompson

Hawking, Stephen W. 1988. A Brief History of Time: From the Big Bang to Black Holes. New York: Bantam.

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Lukács, Georg. 1969. The Historical Novel. 1937. Trans. Hannah and Stanley Mitchell. London: Merlin.

Margolin, Uri. 1999. "Story Modalised, or the Grammar of Virtuality." In Recent Trends in Narratological Research. Ed. John Pier. (GRAAT 21). Tours: Publications des Groupes de Recherches Anglo-Américaines de l'Université François Rabelais de Tours. 49-62.

Plato. 1961. Timaeus. In The Collected Dialogues of Plato. Ed. Edith Hamilton and Huntington Cairns. Princeton: Princeton UP.

Rampton, James. 2005. "Harry Thompson." Obituary. The Independent Nov. 9. Accessed May 27, 2009.
    http://www.independent.co.uk/news/obituaries/harry-thompson-514508.html

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Thompson, Harry. 2006. This Thing of Darkness. 2005. London: Headline Review. (US title: To the Edge of the World).



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