Teoría hegeliana de la apropiación (y
de la vanidad de las obras)
La apropiación ideológica es una cuestión muy central en la
teoría materialista de la cultura, en concreto en el estudio de la
recepción de obras clásicas. Los clásicos tienen un gran potencial
ideológico, un "nombre", digamos, que conviene reclutar para que milite
en las filas de uno. O, si la energía del clásico resulta ser
intratablemente contraria o refractaria, conviene al menos desarrollar
un discurso crítico que lo contenga o reoriente de modo que quede claro
que es nuestro discurso el
dominante y el que contiene al clásico y sabe explicarlo. Hay que
señalar que por supuesto en el contexto adecuado, que es el que
definimos nosotros mismos, nuestro
discurso es siempre el más autorizado, el dominante y el que
sienta cátedra—la medida que juzga a los demás discursos. Otra cosa
será en otros contextos.
De esta cuestión de la apropiación han hablado entre otros, en relación
a la obra de Shakespeare, Barbara Hodgdon (The Shakespeare Trade) y los
autores de los ensayos reunidos en Political
Shakespeare, editado por Alan Sinfield y Jonathan Dollimore, y
en Shakespeare and Appropriation,
editado por Christy Desmet y Robert Sawyer. De todos los bienes
culturales británicos, Shakespeare es el mayor objeto de codicia y
apropiación; quizá el mayor del mundo con la excepción de la Biblia
(pero allí son muchos contra uno).
Bien, pues esta teoría, que algunos podrían considerar filomarxista y
demás, puede encontrarse claramente expuesta en Hegel, que no era
filomarxista. Claro, Hegel no lo plantea en términos de grupos sociales
enfrentados, o culturas dominantes, sino que nos da el planteamiento
individualista de la cuestión. Es precisamente en su discusión de las
formas de realización del individuo en su acción, en la Fenomenología del Espíritu, donde
se encuentra su exposición de la apropiación de la obra ajena.Allí
habla de cómo un individuo se realiza en su trabajo, una noción que
también deja huella en Marx. (Marx dijo de viejo "lo cierto es que no
soy marxista"—no aclaró si hegeliano sí que era). La exposición de
Hegel es de entrada un tanto exagerada: se explaya sobre cómo la acción
humana puede
considerarse como expresión del individuo, construcción de hecho del
sujeto mismo, pues la individualidad es algo que se construye no
mediante proyectos o ideas sino mediante las acciones que definen al
individuo. Lo que me parece exagerado o extremo, o idealista, es la
manera en que
considera que la acción pueda caracterizar tan nítidamente al
individuo: llega
a decir que a este nivel no puede considerarse ni buena ni mala, ni
lamentable ni loable, sino sólo característica.
Sea
lo que sea que haga el individuo, y le pase lo que le pase, eso lo ha
hecho él, y eso es él. Puede tener sólo la consciencia de la
simple transferencia de sí, desde la noche de la posibilidad a la
luz del día del presente, desde lo abstracto en sí
mismo al significado de lo
que efectivamente
tiene ser, y puede tener sólo la certidumbre de que lo que le
suceda en este último no es sino lo que yacía durmiente en el primero.
(....) El individuo, por tanto, sabiendo que en el mundo efectivo no
puede encontrar otra cosa que su unidad consigo mismo, o sólo la
certidumbre de sí en la verdad de ese mundo, no puede
experimentar sino alegría de sí. (§ 404)
Las frustraciones y fracasos se le pierden a Hegel por el camino, al
parecer, y las desilusiones del individuo consigo mismo, aunque ya
acabarán apareciendo. Exagerado,
digo, pues más a menudo me parece que la acción del individuo no lo
caracteriza ni lo retrata tanto, ni se espera de ella que lo haga, sino
que queda desdibujada en la
acción colectiva, en el trabajo reglamentado, etc. y bien poco hace al
individuo como tal—como no lo haga individuo estandarizado, claro. Hace
contar muy poco Hegel, en esta discusión del sujeto trazando su acción
u obra, al azar, a la resistencia del material, a las
circunstancias difíciles de amoldar, a lo imprevisible de la acción y
reacción de los otros, que hacen que nuestra obra no sea tanto un
retrato de nosotros mismos cuanto más bien un borfollo indefinible y
heterogéneo de proyectos, logros, circunstancias e intenciones
atisbadas. Luego volverá sobre ello.
Pero en fin, Hegel tiene claro qué es lo que nos lleva a actuar, y
comienza ofreciéndonos una versión extremadamente
intencionalista y optimista de la acción y del trabajo; nos muestra un
individuo self-made,
en el que lo que sale a la luz es lo que estaba implícito en él. Lo que
se lleva a la acción efectiva es lo que el inviduo es, o más bien lo
que iba a
ser y efectivamente se hace. Aquí hay un poquillo de círculo vicioso, y
de prospección retrospectiva de las que me gustan. O quizá esté mejor
definido como un círculo hermenéutico de la acción y la temporalidad
humana:
La
consciencia ha de actuar aunque no sea sino para que lo que es en sí mismo pueda volverse explícito para sí; dicho de otro modo, la acción es
simplemente el llegar a ser del Espíritu en tanto que consciencia. Lo que la última es en sí, lo llega a saber por tanto a partir de
lo que es. Así pues, un individuo no puede saber lo que es hasta que se
haya hecho
a sí mismo realidad mediante la acción. Sin embargo, esto parece
implicar que no puede determinar efectivamente
el Fin de su acción hasta que la haya llevado
a cabo; pero al mismo tiempo, siendo que es un individuo consciente, ha de tener ante sí su acción de
antemano como enteramente suya, es decir, como un Fin.
El individuo que va a actuar parece, por tanto, encontrarse en un
círculo en el que cada momento presupone el anterior, y así parece
incapaz de encontrar un principio, porque sólo llega a conocer su
naturaleza original, que ha de ser su Fin, a partir del acto,
aunque, para actuar, debe tener ese Fin de antemano. Pero por esa misma
razón ha de empezar inmediatamente, y sean cuales sean las
circunstancias, sin más escrúpulos sobre principios, medios, o Fin,
proceder a la acción, porque su esencia y su naturaleza esencial es
principio, medios y fin, todo en uno. (§ 401).
Vale: el sujeto se tira a la piscina, y hace su Acto, o su Obra. Lo
divertido, o lo triste, es lo poco que queda de este Acto u Obra una
vez va parar a la consideraciíon de los otros—los Otros, deberíamos
llamarlos, tan ominosos son para el optimista Sujeto, que iba a
retratarse
y esculpirse mediante su acción. Ahora resulta que para los Otros esa
acción no es sino una circunstancia más, no un Fin, sino un medio,
porque los Otros no están por la labor de tu realización como Consciencia bla
bla, sino
que van a lo suyo, y cogen los materiales de que puedan echar mano,
entre ellos tu Obra, o tu Retrato, o la Cosa que Hiciste, para su
propio auto-bricolaje.
Se
apropian sin más ni mas de lo que hay, y van a lo suyo, que era lo
nuestro, que es lograr su Fin, hacerse a sí mismos, externalizar su
Esencia-que-será, por medio de su Acción. Este es el fragmento donde
Hegel formula la teoría interaccional de la Apropiación. Lo traduciré
teniendo en
mente el ejemplo de la recepción de una obra literaria de la cual se
apropia un
antipático crítico: pero puede aplicarse a todo tipo de acción u
obra humana, y a la respuesta que recibe por parte de los demás.
En primer lugar,
tenemos que considerar
en sí misma la obra producida. Ha recibido dentro de sí la naturaleza
completa de la individualidad. Su ser
es por tanto en sí mismo una acción en la que todas las diferencias se
interpenetran y quedan disueltas. La obra es expulsada así a una
experiencia en la cual la cualidad de la naturaleza original de hecho
se vuelve contra otras naturalezas determinadas, las invade o usurpa, y
se pierde como un elemento que se desvanece en este proceso general.
Aunque, en el interior de la Noción
de la individualidad objetivamente real, todos los momentos
—circunstancias, fin, medios, y realización— tienen el mismo valor, y
la naturaleza específica original no tiene más valor que el de un
elemento universal, por otra parte, cuando este elemento se convierte
en un ser objetivo, su carácter
específico
como tal sale a la luz en la obra hecha, y obtiene su verdad en su
disolución. Más exactamente, la forma que asume esta disolución es que,
en este carácter específico, el individuo, en tanto que este individuo
particular, se ha vuelto consciente de sí mismo como efectivo, actual;
pero el carácter específico no es sólo el contenido de la realidad,
sino igualmente su forma; dicho de otro modo, la realidad simplemente
como tal es precisamente esta cualidad de estar opuesta a la
consciencia de sí. Considerada desde este aspecto, la realidad se
revela como una realidad que se ha desvanecido de la Noción, y es
meramente una realidad ajena que se encuentra como algo dado. La obra es,
o sea, existe para otras individualidades, y es para ellas una realidad
ajena, que ellos han de reemplazar con la suya propia para obtener por
medio de la acción de ellos
la consciencia de la unidad y realidad de ellos; dicho de otro modo, el
interés de ellos en la obra,
que se deriva de la naturaleza original de ellos, es algo diferente del
interés propio y particular
de esta obra, que queda por esto convertida en algo diferente. Así la
obra es, en general, algo perecedero, que es aniquilado por la acción
contraria de otras fuerzas e intereses, y realmente exhibe la realidad
del individuo como algo que se desvanece, más bien que como algo que se
ha logrado. (§ 405).
Aquí sí recibe atención la vanidad (la nada, digo) de los esfuerzos y
logros, tras la vanidad (la fatuidad o presunción) que le lleva a uno a
esculpirse a sí mismo en su acción, o en su Obra. Hegel lo expone como
si esto siempre nos pillase de nuevas.
La obra pues, no permanece, sino que desaparece. Luego, esta
"Desaparición" de la obra queda relativizada, al
desaparecer también su "Desaparición". Y Hegel también se ocupa de
contrastar (ahora sí) la distancia entre la intención y el resultado,
entre lo que
se pretendía hacer y lo que se ha hecho de verdad. (§ 408-9). Pero esto
ya es una fase posterior a la acción creativa, una fase en la que sería
inútil para el sujeto
buscar su realización mediante el trabajo. Es en el trabajo en curso, o
en curso de proyección, donde el sujeto se realiza más propiamente.
También relativiza Hegel la realización que el sujeto puede encontrar
en el
trabajo, o en su Obra, con otra constatación, que podríamos relacionar
con la teoría de los torbellinos
de información. A saber, que no hay relación racional entre la
intención y el
resultado, ni entre la calidad y la recepción. Una obra bien hecha, de
intención acertada, planificación cuidadosa, y bien ejecutada, no tiene
por qué tener mejor éxito o fortuna que una obra defectuosa. Así, el
azar contribuye a la frustración de quien quiera realizarse en la
acogida de su obra, más allá del acto de realización de la misma:
la
Noción y la realidad se separan de
nuevo en tanto que transición a
la realidad y en tanto que propósito;
dicho de otro modo, es por
accidente si se elige un medio que exprese el propósito. Y
finalmente, la totalidad de estos momentos internos (posean unidad
interna o no), es decir, la acción del
individuo, se halla una vez más en relación accidental con la realidad en general; la fortuna
decide tanto a favor de un propósito mal agenciado, o de unos medios
mal elegidos, como en contra. (§ 407)
Es en el momento de la
creación donde se experimenta la auténtica obra, la que dura (aunque
sólo sea una permanencia ideal), "independientemente
de lo que es sólo
el resultado contingente de una acción individual, el resultado de
circunstancias, de medios, y de una realidad contingentes" (§ 409).
Es
un trabajo en gran medida ilusorio o ideal: observa Hegel que a veces
para hacer el trabajo ése basta con apropiarse imaginativamente de una
situación, o hacer el plan. Lo de llevarlo a cabo ya es una fase
ulterior y contingente, tan idealista es su noción del trabajo. De aquí
se podría sacar también, ready-made, una teoría del ready-made à la Duchamp. Esto
también es una forma de apropiación, claro, y una
forma de realizar la obra de uno por el camino más directo posible,
sólo como idea. Es el nacimiento de la noción del arte conceptual.
Pero hoy me interesaba más la teoría de la apropiación como
reacción crítica a la obra original. Esta triangulación del sujeto, su
Expresión u Obra, y el reciclaje de
la misma en la respuesta del Receptor, la traté desde otro punto de
vista en mi artículo sobre "Tematización
retroactiva, interacción e interpretación: la espiral hermenéutica de
Schleiermacher a Goffman". Retroactivamente, podemos incluir a
Hegel en el diálogo, aunque sus ideas queden un tanto desposeídas en
este nuevo contexto.
Bueno, en este caso más bien escucha, Ivolo, mientras practico
sin mucho éxito la canción de Juliette Gréco. Lo que sí le encanta es
saludar a la cámara, es un chaval mediático.
No os perdáis el detalle, cómo se apoya primero en un
pilar, y luego
hace como que se apoya en el borde de la imagen... Experimentos de Ivo.
Cada cual con sus probatinas. A ver si luego me sale una versión
mejor.
.......
Ya es luego. Aquí sigo produciendo versiones, sin encontrar la buena.
Esta otra la estropeamos entre yo y el perro del vecino.
En estos enlaces previos puede leerse cómo un tribunal dejó vacante una
cátedra a la que me presenté, y cómo tras desoír mis recursos el
Rectorado de la Universidad de Zaragoza, un juzgado de lo contencioso
administrativo dictó que no procedían mis reclamaciones—con argumentos
tan pobres
que merecieron este
comentario. Una vez presentado el recurso
de apelación
al Tribunal Superior de Justicia de Aragón, aquí
está la sentencia que
dictó éste (PDF),
dos años después, fallando también en contra mía. Fue redactada
por el
ponente Fernando García Mata, con el visto bueno de Jaime Servera
Garcías (presidente) y Eugenio Ángel Esteras Iguácel (magistrado). Esta
sentencia no será recurrida, pues considero inútil de hecho (además de
improcedente en lógica jurídica) acudir al Tribunal Constitucional con
esta
cuestión. En estas cuestiones este tribunal es la última instancia, o
debería serlo. Lo que sonroja es que un tribunal de última instancia
juzgue con semejantes criterios, aunando despropósitos y falacias.
Por lo menos sí puede la sentencia comentarse públicamente, expondiendo
sus contradicciones
e injusticias. El otro día rebatí el punto 1; hoy toca el 2. Lo
transcribo íntegro,
y
comento sobre la marcha.
SEGUNDO.- En
segundo término alega el apelante la incorrecta valoración de la
sentencia de instancia en relación a la aplicación del perfil a los
méritos de los concursantes por parte de la Comisión Juzgadora. En este punto
la sentencia, tras señalar que la parte debió haber recurrido la
resolución que convocó la plaza y poner de manifiesto la doctrina
jurisprudencial sobre el control de la discrecionalidad estima que lo
que se pretende es sustituir el criterio de la Comisión por el del
recurrente en lo que constituye una decisión discrecional del Tribunal,
por lo que rechaza la impugnación formulada, decisión que impugna la
parte apelante puesto que, según afirma, ante la amplitud del perfil de
la plaza fijado en la convocatoria; que no se corresponde con ninguna
asignatura en concreto de la licenciatura, el que varios miembros de la
Comisión manifestaran que el currículo del apelante no resultaba acorde
con el perfil de la plaza resulta arbitrario y ausente de motivación,
máxime atendidos los sexenios de investigación y demás méritos del
recurrente.
A ver, a ver. Primero, qué mal puntúan los juristas; la última frase es
un borfollo sintáctico casi incomprensible: hay que cambiar el punto y
coma por una coma. A la sentencia aludida de ese juez alegué en el
recurso que "una vez fijado dicho
perfil, la Comisión Juzgadora no puede proceder a
limitarlo a su antojo, como realizó en el presente proceso selectivo".
Y es eso lo que se debe juzgar: si ha hecho eso la Comisión Juzgadora,
o no lo ha hecho. Que el perfil estaba mal definido de entrada, es una
cuestión de la que yo sólo informaba al juez, no para su conocimiento,
que debería suponérsele aunque sea mucho suponer, sino para su conocimiento de que yo era
consciente de esta cuestión. Y
punto: no estaba yo recurriendo ese perfil, "Lingüística inglesa", que
se
fijó y aprobó en su momento sin que nadie lo recurriese, años antes,
cuando todos estábamos pensando en otra cosa.
Pues bien, "lingüística
inglesa" habemus. Lo que yo alego es que, habiéndose convocado la plaza
con ese perfil, la comisión debía atenerse a él, y no cambiarlo
implícitamente, como hizo, por otro que en ningún momento aparece por
escrito, pero que podríamos llamar "Gramática inglesa". Yo presenté
mis publicaciones en el currículum, cada una clasificada según los
identificadores de la UNESCO, para que quedase claro que eran
publicaciones de lo que se considera, oficialmente,
por organismos acreditados y de referencia del propio Ministerio,
"lingüística". Es decir, cuestiones como semiótica, teoría de la
narración, estilística, análisis del discurso, pragmalingüística, etc.
Si la Comisión creía que mis publicaciones (acreditadas, que habían
dado lugar a sexenios, etc.) no eran
de Lingüística debería haber procedido a demostrar que no eran publicaciones de estilística,
teoría de la narración, semántica, teoría de la interpretación, etc.
Otra opción hubiera sido echarse al río y llevar la contraria a la
Unesco, o al Ministerio, o a la Comunidad Científica, o a quien sea, y
argumentar que la estilística,
análisis del discurso, etc., no son lingüística—LINGÜISTICA
INGLESA,
cuando se refieren a textos, cuestiones, teorías y debates del área
anglófona. Naturalmente, eso hubiera sido bastante más difícil y
problemático que
coger todo a rebullón y decir que "el currículum del candidato no se
corresponde al perfil de la plaza", así panorámicamente, sin justificar
ni razonar—pero
incurriendo en falsedad a la vista de la documentación.
El primer juez decía, y repiten aquí los jueces del TSJA, que yo pretendo que los jueces se atengan a mi
criterio en lugar de al de la Comisión. Pues
no: lo que pretendo es que se atengan a criterios objetivables, tanto
la Comisión, como los jueces, pero parece mucho pedir: y eso que acudir
a criterios objetivables, en caso de disensión, es lo que se supone que
ha de hacer la justicia. Esto comentaba yo hace dos años, y sigo
comentando, sobre la actuación recurrida:
Jamás he pretendido yo que se
sustituya el
criterio de la Comisión por el mío, según
sugiere
el Juez que hago—antes bien, he apelado a que se consulten
y apliquen los criterios
generales, universalmente aceptados, y establecidos por organismos
internacionales, como la UNESCO, para determinar qué es y
qué no es "lingüística"—en
lugar de una
misteriosa discrecionalidad técnica que de hecho es
arbitraria
al no estar basada en ningún criterio técnico
reconocible
ni contrastado. O sea, no mi
criterio, sino el de la UNESCO. Que no
somos la misma persona, ojo.
[La sentencia] sigue con un argumento un tanto dudoso,
según se entienda su alcance. La discrecionalidad
técnica
de la Comisión o tribunal se extiende al parecer a redefinir
el
perfil, según el Juez. Cosa que en absoluto es
así. El
perfil estará bien dado, o mal dado (bien dado,
según
estima el juez), pero la Comisión no puede (o más
bien no
debe) valorar la prueba como
si de otro perfil se tratase. Es
cuestionable que a una oposición con semejante perfil
(Lingüística) fuese adecuado presentar un proyecto
sobre
una materia mucho más
concreta—fonética, pongamos
por caso—aunque el juez lo dé por bueno.
Cuestionable,
digo, y quizá entre en la discrecionalidad
técnica de la
comisión, al menos tal como aquí se entiende.
Pase. Pero lo que
nunca puede hacer la Comisión es hacer un gambito lateral y,
teniendo que juzgar sobre un perfil de lingüística,
hacer
como si estuviese juzgando un perfil de gramática, o de
fonética, excluyendo arbitrariamente los méritos
que
según criterios objetivables, internacionales, no subjetivos
del
recurrente ni de la comisión, etc.—son
méritos
relativos al campo de la Lingüística. Por todo lo
cual, el
razonamiento del Juez no es adecuado para el caso aquí
presente,
pues no centra bien la naturaleza del problema, ni responde a las
objeciones que he presentado a la actuación de la
Comisión. Y que son, en sustancia, objeciones a una
actuación demostrablemente injusta. Si se atiende a la
demostración, claro, y a los criterios de validez usados por
la
propia Administración en sus evaluaciones oficiales (como son esas
clasificaciones de
materias
de la UNESCO).
Eso en el caso de que no se quiera dar por válido
el principio administrativo más general: que los
méritos
de investigación en el área de conocimiento, es
decir, en
Filología Inglesa, han de ser los determinantes en el primer
ejercicio, ya que el perfil ("lingüística") en este
caso,
se refiere únicamente a labores
docentes por realizar en el
Departamento, y no a investigación
realizada en el
área.
Es decir, que el Juez nunca entra a valorar lo que aquí se
recurría: a saber, si entra en la
discrecionalidad
técnica de la Comisión lo que yo digo que ni
entra ni
puede entrar: el dejar fuera de consideración, a su
voluntad, el
trabajo realizado en según qué tipos, ramas, o
modalidades de "lingüística". Admitir la
discrecionalidad
técnica para hacer esto sería admitir que el
perfil de la
oposición lo fija la Comisión evaluadora, en
lugar de ser
algo establecido por la Universidad—y esto es algo que nadie
ha
defendido abiertamente, ni dispondría de argumentos legales
para
defender.
Bien, pues por eso fue recurrida la actuación de la Comisión, y luego
la del juez. Ahora veamos qué sentencia al respecto el TSJA
(continuamos citando el
texto de su sentencia):
Centrada en los anteriores
términos la impugnación y aunque es cierto que a la hora de abordar el
tema de la discrecionalidad técnica las posiciones doctrinales resultan
cuanto menos dispares—van desde la que niega, sin distingos, cualquier
posibilidad de revisión a la decisión de los tribunales en materia de
oposiciones y concursos, hasta la que asume la postura absolutamente
contraria por estimar que negar la posibilidad de revisión constituye
una postura contraria a la Constitución (art. 24 CE), en cuanto supone
un reconocimiento de zonas inmunes de control jurisdiccional—,
(Observemos que entre las posiciones dispares
a que se alude unas son acordes a la constitución y otras sencillamente
la ignoran y
vulneran—pequeño detalle que debería impedir igualar unas con otras,
como si de criterios igualmente respetables se tratase desde el punto
de vista jurídico).
no puede desconocerse que los
tribunales han tenido la ocasión de ir delimitando cuál es el ámbito
propio de la discrecionalidad técnica y sus límites. Así, la
jurisprudencia ha venido sosteniendo que si bien es cierto que los
Trinunales que juzgan oposiciones o concursos gozan de discrecionalidad
técnica en sus funciones de valoración de conocimientos o méritos, no
obstante sus decisiones pueden y deben ser revisadas por los Tribunales
de Justicia cuando para efectuar dicha valoración se hayan infringido
las bases de la convocatoria, cuando haya sido producida mediante
desviación de poder o cuando de forma patente incurra en arbitrariedad.
Partiendo de lo expuesto es indudable que las posibilidades de revisión
de los Tribunales son más limitadas cuando, como sucede en le presente
caso, se trata de enjuiciar la valoración en fase de
concurso/oposición, fase en el que ("en la que", será más bien) el
control de la discrecionalidad por medio de la interdicción de la
arbitrariedad se convierte en la técnica de control fundamental.
Es decir, el tribunal sí está de acuerdo en que hay que controlar que
la Comisión no incurra en arbitrariedad. O sea, que si hay denuncia
de arbitrariedad, tendrá que arbitrar
el
Tribunal alguna manera de establecer si se ha incurrido en
arbitrariedad o no, en lugar de atenerse automáticamente al criterio de
la comisión (que es precisamente lo que se está sometiendo a juicio).
Esto sería lo razonable desde el punto de vista jurídico (y del sentido
común). Pues bien:
Pues bien, en el presente caso la
sentencia da una solución satisfactoria a la alegación aquí formulada
que es reproducción de la planteada en primera instancia, puesto que en
modo alguno cabe estimar la existencia de ausencia de motivación, ni de
arbitrariedad, a la vista de los informes razonados obrantes a los
folios 112 y siguientes del expediente—cuyo contenido damos por
reproducido—.
Yo también los puedo dar por reproducidos, pues lo que importa aquí es
la súbita quebrada lateral efectuada por el razonamiento de los jueces.
Ahora resulta que el criterio a que apelan para determinar que no ha
habido arbitrariedad en la sentencia del juez son las actas de la
Comisión... ¡o sea, el criterio de
la propia Comisión!—cuando dicen que mi expediente no es
adecuado a la plaza, que no
presento proyecto de investigación, y otras falsedades. En ningún
momento
se plantean los jueces el confrontar las alegaciones de la comisión con
las mías, y someterlas a un criterio
objetivo, sino que se someten de entrada al criterio de la Comisión que
supuestamente era objeto de investigación en este proceso.
Justicia de juez y parte, llamo yo a esto.
Podrá la parte discrepar, como de
hecho lo hace, de lo razonado en cuanto a la adecuación al perfil, pero
lo cierto es que nos encontramos aquí ante el núcleo propio de la
decisión técnica de los Tribunales calificadores, cuya corrección no ha
quedado desvirtuada por alguno de los medios de control de la
discrecionalidad enumerados en la sentencia de instancia, por lo que
procede en consecuencia rechazar este motivo de impugnación. Es decir, que no cabe alegar arbitrariedad
en la actuación de la Comisión, porque los jueces se van a atener al
criterio de la comisión en cualquier caso. El juez, recordemos, arguía
que "podrá
discutirse si debía o no de concretarse o
especificarse más el perfil, pero ello es una
decisión
discrecional del Tribunal". Cosa palmariamente falsa: el tribunal de
oposición lo que tiene que hacer es valorar el currículum del candidato
con respecto al perfil que les viene predefinido,nunca concretar o especificar más ese
perfil, así
sobre la marcha y según su inspiración.
El perfil es algo a lo que la comisión debe de
atenerse. No puede, en una oposición con perfil de "Matemáticas", decir
que el currículum de un candidato que
ha trabajado en "Geometría" no es adecuado porque no es de
"Aritmética". Esto
es manipular el perfil, y la oposición, y pervertir el criterio
experto. Del mismo modo, no se puede valorar en esta oposición, como de
hecho se hizo, un perfil de Lingüística como si fuese un perfil de
Gramática o de Didáctica del inglés—que es la idea de Lingüística con
la que al parecer trabajaba el tribunal, sin ninguna apoyatura ni
administrativa ni teórica para ello. Con esa
idea en mente, claro, los trabajos que se les presenten de análisis del
discurso, estilística, etc., "no son adecuados al perfil": pero no lo
son al perfil que se han sacado de
la manga: sí lo son al que marca la convocatoria. Pero al juez
le parece cojonudo. Me
pregunto qué hubiera pensado si le hubieran aplicado la misma en su
oposición.
Ahora este despropósito viene a ser avalado por el TSJA. Si le han dado
el cambiazo al perfil por el camino de
facto,
declarando que mi perfil académico no es adecuado para optar a una
plaza de lingüística inglesa, pues ahí no van a entrar los jueces ni
ven indicios de manipulación. Pues
para ver si el primer Juez ha juzgado bien la actuación de la Comisión,
van a
sentar su criterio.... ¡sobre las actas de la
Comisión! Como si de
documentación objetiva para resolver el caso se tratara, y no de la
materia objeto de recurso y juicio. Es un proceder, por ponerlo
suavemente, inaudito.
Con lo cual viene a ser como
cerrar el lazo de la contradicción, deshacer lo antes dicho sobre la
"interdicción de la arbitrariedad" y confesar que en efecto hay aquí
una
área que escapa al control jurisdiccional, vulnerando así la
Constitución de modo palmario. Porque con este planteamiento, sólo si
la Comisión declarase en sus actas que
su actuación ha sido arbitraria podría intervenir el Juez, visto que no
va a aplicar otro criterio que no sea el de la Comisión—o sea, el de
una de las partes en el contencioso. Este razonamiento es
kafkiano y no merece mayor
comentario, sino sólo desprecio. Su lugar propio estaría en alguna
ciencia-ficción grotesca, en alguna cultura marciana de Star
Wars—en la Alianza del Comercio, pongamos, o en la corte de Jabba el
Hutt; es justicia-ficción. Por
desgracia lo tenemos que aguantar en el Tribunal Superior de Justicia
de Aragón.
Si el punto 1 de la sentencia era un cachondeo, el segundo es una
tomadura de pelo; al recurrente, y a la Justicia—esa entelequia que
parece rehuir la compañía de los jueces.
Friki tenemos a Álvaro. Ayer lo pillé tocando la ocarina con un
iPhone—se ha bajado una aplicación que soplando por el micrófono te lo
transforma en ocarina. Para luego se le ocurre tocar una de verdad.
Y ahora he encontrado en mi escritorio este mensaje, supongo que típico
suyo, enviado a un foro de discusión de es'Dni, cosa ya bastante friki
de por sí. Va sobre si conviene volver a Mac después de haberse pasado
a Windows:
Je, je :) Gracias, Agraffal.
Pues si; yo creo que sí que se puede volver, sobre todo ahora que, como
bien dice Rigel, se les puede instalar windows usando Bootcamp, una
aplicación que te particiona el disco y te instala Windows (bueno, se
necesita un disco de instalación, pero nada que no se pueda
arreglar...) Yo tardé un porrón de horas porque soy bastante torpe,
y... bueno, es bastante largo de contar, pero lo conseguí y tengo un
Macwindows que funciona a las mil maravillas...Bueno, vamos, que puedes
tener todas las aplicaciones, programas y diseño feo de un windows en
la preciosa carrocería de un Mac.
Además ha hecho otra cosa: se ha pegado un adhesivo, una manzanita
mordida de mac, en la tapa de su portátil windows, que también lo
tiene. Como quien quisiera dar el pegolete.
13. Things Dying, Things Newborn. Muere la Caballería
representada por Essex. Nace el capitalismo.
"Thou
met'st with things dying, I with things newborn" (The Winter's Tale).
El conde de Essex había desembarcado en Irlanda el 14 de abril de 1599,
en una campaña rodeada de murmuraciones, y sintiendo él mismo oscuras
premoniciones del fracaso de su empresa, quizá debido a sus tensas
relaciones con la reina. Se encontró allí con mala intendencia que
hacía imposible un ataque directo contra el rebelde Tyrone, y el
Consejo Privado del reino le negó refuerzos. Además, las fuerzas
rebeldes resultaron ser mucho más numerosas de lo previsto: les
duplicaban en número. Lejos de poder atacar a Tyrone en Ulster, sólo
podía aspirar a contener la rebelión en el sur y el oeste. Shapiro
observa que la única posibilidad de victoria hubiera sido seguir la
estrategia sugerida por Spenser: sembrar el terror, arrasar las
cosechas, y doblegar Irlanda con el hambre y la brutalidad salvaje.
Pero tal estrategia repugnaba a Essex, que aspiraba a un enfrentamiento
honorable en el campo de batalla.
Intentó Essex promover a
amigos y parientes suyos para los puestos de responsabilidad en
Irlanda, pero la reina repuso desautorizándolo.
"Detrás de estas maniobras, detrás de toda la campaña irlandesa, había
un enfrentamiento sobre la cuestión de la cultura del honor" (285)
(Y en realidad de las relaciones
entre aristocracia y monarquía absoluta:)—los
aristócratas, los caballeros tradicionales, habían visto sus filas
reducidas bajo los Tudor, y Elizabeth continuó con esta política,
sometiendo y estrangulando la independencia de la nobleza. Essex era el
representante de esta tradición aristocrática, y su portavoz más
explícito. Había conseguido el puesto muy codiciado por él de mariscal
de la corte (Earl Marshal), encargado del ceremonial de caballería de
la corte. Y lejos de interpretar su puesto como una mera cuestión
ceremonial, intentó resucitar el papel de la caballería de modo activo,
irritando a la reina. Se negó a firmar como su "sirviente" e insistió
en que era su "vasallo", ligado por tradiciones de ceremonial y
jerarquía feudal, no por servidumbre. Cuando fue comandante, en
Rouen y en el ataque a Cádiz, se dedicó a armar caballeros a numerosos
partidarios suyos, en grandes números, algo fuera de lo corriente. Y en
Dublín organizó un festival caballeresco fastuoso, en contraste con la
ceremonia cortesana donde Isabel premió a cortesanos "poco
caballerosos", en su continuada subversión de la tradición de la
caballería. También respondió privando a Essex de un jugoso monopolio
que codiciaba y dándoselo a su rival el burócrata Cecil.
Shakespeare en esto parece estar del lado de Essex: en sus obras se ve
el contraste entre caballeros guerreros tradicionales, y los
advenedizos cortesanos y cobardes: por ejemplo cuando a Sir John
Fastolfe le arrancan la insignia de la jarretera en Enrique VI 1.
Su propio interés en procurarse un blasón muestra cómo participaba de
estas ambiciones aristocráticas, y quizá también le remordiese el
contraste entre la pura formalidad administrativa y el contenido
caballeresco y marcial.
En Irlanda, los rebeldes nativos luchaban una guerra de guerrillas,
evitando el enfrentamiento directo y dejando agotarse a los ingleses
con su estrategia tradicional. Las batidas inglesas tenían algún éxito
ocasional, otras veces terminaban en emboscadas y expediciones sin
sentido ni rumbo. El país los ignoraba en la medida de lo posible,
Essex entretenía a sus hombres con la esperanza de honores y victorias,
nombrando más caballeros aún. Le llegaron noticias de la muerte de su
hija en Inglaterra. Contra sus tropas derrotadas en Wicklow aplicó
Essex una medida de antigua tradición pero repugnante: la ejecución de
uno de cada diez supervivientes. Las deserciones se sucedían, y
aumentaban la mala prensa del conde en Inglaterra con testimonios de
primera mano. La moral bajaba, las enfermedades y bajas proliferaban,
la intendencia era corrupta, el equipamiento inadecuado. Isabel le
envió a Essex órdenes de atacar directamente a Tyrone y le prohibió
volver a pisar Inglaterra sin su permiso. La paranoia del conde se
alimentaba sola, pero también tenía motivos por la actividad de su
partido contrario en la corte. Essex preparaba expediciones con sus
malas fuerzas, pero al parecer también le tentaba la idea de
desembarcar en Milford Haven y defender su causa en Inglaterra (una
idea que Shapiro dice pudo haber sacado de Ricardo III,
donde desembarca allí la exitosa fuerza contra el tirano). Los espías
de Cecil ciertamente barruntaban estos planes del conde. En un consejo
militar, Blount y Southampton (el antiguo patrono de Shakespeare) le
convencieron a Essex de que más bien fuese con un grupo de hombres a
hablar con la reina. Pero la reina estaba cada vez más irritada con
Essex, su independencia de criterio, su teatralidad y su autocompasión.
Y Essex acabó por salir contra las fuerzas superiores de Tyrone, pero
éste eligió esquivarlo y marearlo y frustrarlo. Fue retado por Essex a
combate singular, pero lo ignoró. Ofreció una sumisión ceremonial de
forma y sin sustancia real, y parlamentó con Essex a principios de
septiembre. Pero esto iba en contra de las instrucciones de éste, que
se hizo sospechoso de buscar algún interés propio o algún plan de
traición. La reina reiteró sus órdenes, pero Essex ya se había
embarcado a finales de septiembre y fue a Inglaterra para ser recibido
por la reina. A la vez, en su bando se debatían planes de matar a Cecil
y sus partidarios antes de hablar con la reina, aunque Essex no lo
consintió. Essex irrumpió en las habitaciones de la reina, sin
adecentarse antes, y pillándola a ella sin arreglar, para obligarla a
escucharle. Elizabeth no sabía si estaba ante una rebelión o no, pero
siguió la corriente a Essex cuando éste hizo ademanes de sumisión
feudal. Prometió recibirlo enseguida: mientras, se informó de que venía
sin su ejército, y lo despidió ordenándole que esperase sus
instrucciones. Essex estuvo esperando hasta que su impaciencia lo llevó
a montar un intento de rebelión, que lo llevó al cadalso. Con él moría
una parte de la caballería tradicional.
A la vez, estaba naciendo el imperialismo capitalista y comercial,
que
abre una nueva era de la historia de Inglaterra. También estos días de
finales de septiembre, un consorcio de comerciantes londinenses
elevaron una petición a la Reina y fundaron la East India Company, para
comerciar con la India. Se empezaban a
poner las bases del todavía inexistente "Imperio Británico" del cual
llevaba hablando el mago John Dee veinte años. Imitaban a los
mercaderes holandeses, que acababan de obtener beneficios de un 400% en
sus inversiones en la ruta oriental del comercio. Los mercaderes
ingleses de la Compañía de Levante tenían una ruta de distribución por
tierra, a través de Turquía, pero eran quienes más tenían que perder,
así que se apresuraron a abrir la nueva ruta. No eran aristócratas,
pero buscaban el apoyo de la corte y de sus nuevos hombres. Y lo
tendrían en Cecil, más que en la tacaña reina. Cecil fue el dedicatario
de los viajes de Hakluyt, una útil propaganda de estas aventuras de
navegación, cuyo segundo tomo, sobre viajes a la India y más allá, se
estaba terminando este otoño. En la reedición de 1599 suprimió la
narración de la campaña de Cádiz de Essex del primer tomo, y toda
alusión al conde. Las fortunas de éste caían estrepitosamente a la vez
que nacía el nuevo imperio, comercial y no caballeresco. Los nuevos
aventureros eran los mercaderes—Shakespeare usa la palabra en ambos
sentidos (y recordemos también
la dedicatoria de los Sonetos, de Thomas Thorpe, que alude a una
empresa comercial y aventurera).
Shakespeare no tenía fondos suficientes, si tenía interés, para
invertir
en estas empresas. Aunque queda la anécdota de la representación de Hamlet en uno de los tempranos
viajes a oriente, a bordo del navío Dragon,
en 1607, cerca de África.
Del escepticismo de Shakespeare hacia los ideales heroicos queda sus
desencantadas aventuras homéricas en la cáustica obra Troilus and Cressida. En
Hamlet también se nota la huella del desencanto, en el contraste entre
el mundo caballeresco del viejo Hamlet y las intrigas cortesanas y
dudas metafísicas del presente. La armadura del viejo rey es un
anacronismo, como lo eran los torneos de Essex en la Inglaterra
isabelina. También en la representación que hace Shakespeare de los
duelos, sus tecnicismos y decadencia, está el signo de los tiempos y la
decadencia de la auténtica caballería—la transformación de la tradición
marcial en deporte.
La expedición de Essex en Irlanda se frustró. El poema de Thomas
Churchyard para darle la bienvenida al conde en su regreso quedó sin
publicar; la comparación de Essex con Enrique V en la obra de
Shakespeare se suprimiría de la publicación. A Essex unos le intentaban
convencer de que forzase a la reina a reconocerle; otros le sugerían
que escapase al extranjero: Essex mismo prefería el combate a la huída,
y muchos de sus partidarios le abandonaban viéndole en desgracia y
temiendo verse implicados en algún intento desesperado. Algunos dicen
(Fulke Greville) que eran los enemigos de Essex los que hacían circular
rumores de sus intenciones, para terminar de hacerle caer. Mountjoy fue
nombrado Lord Deputy en Irlanda para suceder a Essex, y también allí
había intrigas: estaba dispuesto a hacer una demostración de fuerza
junto con Essex y el rey escocés para asegurar una sucesión escocesa a
la corona. Pero de estos planes, en los que estaba involucrado también
Southampton, se descolgó Mountjoy, y no quiso involucrase en ellos el
futuro
Jacobo I. Estos planes eran secretos, pero los tiempos estaban
listos para ellos; estaban en el aire—y así encontramos conspiraciones
semejantes en Hamlet (1600)
que muestra pues la marca
de su tiempo, como según dice el príncipe debe hacer el teatro.
De nuestros parientes los simios nos separa la serie de nichos
ecológicos que fueron desarrollando nuestros ancestros, distintos de
los de ellos: un nicho de alimentación omnívora terrestre, un nicho
como carroñeros de última fila, un nicho como carroñeros de primera, un
nicho como cazadores-recolectores, un nicho pastoril, un nicho
agrícola. Y podríamos añadir un nicho urbano-industrial. Hasta ahora se
ha solido ignorar esta construcción activa de nichos como factor
evolutivo, enfatizando en su lugar la mera adaptación AL ambiente, como
consecuencia de cambios genéticos que alteraban las capacidades
intelectuales y comportamiento de los humano(ide)s: como si los
ancestros no hubiesen jugado un papel activo
en estas transformaciones, cambiando de costumbres antes de ningún
cambio genético.
Bickerton critica las explicaciones genéticas sobre el origen del
lenguaje (tan en boga hoy entre los
lingüistas de la escuela de Chomsky).
No se encontrará ningún "gen del lenguaje", ni el FOXP2 ni ningún otro.
Los genes hoy se ven como algo más flexible, capaz de cambiar su
expresión para producir múltiples resultados. El origen del lenguaje no
tiene por qué deberse a ningún cambio genético.
Es simplista creer que nuestro último antepasado común era "algo así
como un chimpancé", dice Bickerton—como si los chimpancés no hubiesen
cambiado, y sólo lo hubiésemos hecho nosotros. Pero los bonobos y los
chimpancés tienen culturas, alimentación, y relaciones sociales muy
distintas entre sí. Los conservadores nos ven como chimpancés, los
progres como bonobos. Pero
esto es ridículo.
El ancestro común era seguramente diferente de todos los simios
actuales. Y ninguno tiene ni rastro de lenguaje. En respuesta a cambios
climáticos surgió el linaje de los australopitecos; los tipos
"robustos" no están en nuestra línea evolutiva. Los tipos gráciles no
eran tan diferentes de los demás simios—si bien eran diferentes. No
hacían herramientas de piedra, con posible excepción del último, el Australopithecus garhi,
y su sistema de comunicación no sería muy distinto del de los simios "a
no ser porque es muy probable que añadiesen llamadas de aviso sobre
depredadores" (113), en respuesta al nuevo entorno de la sabana.
Como se explica en Man the Hunted,
los australopitecos eran más presa que cazadores. Se volvieron más
omnívoros que los simios, pero no es probable que desarrollasen una
vida social tan complicada como los actuales simios. Estos no tienen
depredadores que evitar en su ambiente, y han desarrollado complejas
estrategias maquiavélicas para competir unos con otros. A veces se
aduce este maquiavelismo como una de las fuentes del lenguaje, con el
desarrollo de niveles más complejos de lectura de la mente del otro,
pero es más probable que las estrategias maquiavélicas hubieran
interferido con
las capacidades de supervivencia de nuestros ancestros. De hecho lo que
se potenció entre los ancestros humanos fue la cooperación, no la competencia con
otros miembros del grupo.
"El único sentido en el que la vida
social de los australopitecinos habría sido más rica que la vida social
de los simios es precisamente en la atenuación de la competencia
interna al grupo (y, en última instancia, en el nacimiento de la
cooperación) que sigue inevitablemente cuando tienes que competir con
miembros de otras especies, más que con miembros de tu propia especie".
(115)
La potencialidad genética para desarrollar una vida social compleja
existía, pero a veces la gente olvida que los genes no dictan el
comportamiento, excepto en criaturas muy simples. Simplemente lo posibilitan. Son
las circunstancias las que deteminan si esas posibilidades se realizan,
y cuándo. El entorno se asegura de que quienes obedecen a sus genes, y
no al entorno, sean eliminados.
Los gritos de alarma serían en los australopitecos un sistema de
comunicación más parecido al de los monos que los tienen,
diferenciados, que al de los simios. Y aunque estas llamadas de alarma
no son "palabras", sí podrían haber supuesto un primer paso hacia el
lenguaje, preparando a nuestros ancestros para las palabras,
"acostumbrando a sus usuarios a la noción de que una señal pueda
expresar algo más que meros sentimientos, necesidades y deseos" (117).
Al menos dirigen la atención hacia un elemento objetivo del mundo
externo (aunque no pueda decirse que lo signifiquen), y son gritos
arbitrarios. Tienen así dos de las propiedades de las palabras.
El cambio climático, con las sabanas cada vez más secas, planteó
presiones evolutivas y cambios de comportamiento a nuestros ancestros
omnívoros. Hubo mayor tendencia a la dieta carnívora, menos con caza de
acecho que con persecuciones de aguante. Allí da una ventaja la
locomoción bípeda. Pero no se hace en grupos grandes, y se requiere
también un desarrollo de armas defensivas, pues se es cazador y presa a
la vez. Otra fuente de alimentos era la carroña. Pero los grandes
felinos, hienas, etc., son carroñeros también, y siguen un orden de
prioridad en su acceso a la carroña. Los humanos empezaron por la base
de la pirámide: aprovechando la médula de los huesos. Esto también
añadió presión para el uso de herramientas de piedra para partir los
huesos. Este cambio de dieta, a su vez, propulsó el desarrollo
cerebral, que requiere mucho consumo energético. Pero de por sí no hace
surgir el lenguaje.
"Un cerebro más grande por supuesto habría venido bien una vez
arrancase el lenguaje, y el propio lenguaje llevaría a seleccionar
cerebros más grandes" (121)—pero hace falta explicar cómo
se dio este desarrollo. Y "para el lenguaje, lo que se necesitaba no
eran sesos, ni siquiera inteligencia. Sólo el nicho adecuado" (121).
Bickerton asocia este desarrollo a un cambio de dieta, y de status en
la pirámide carroñera. De ser carroñeros de última fila, y comer
médula, pasaron los homínidos a consumir la carne de grandes animales
muertos, y a acceder a ella en primer lugar. Esto queda probado por el
estudio de la posición relativa de las incisiones de dientes y de
instrumentos de piedra en los huesos fósiles de grandes animales. En
los más antiguos, las huellas de dientes vienen primero, y las de
hachas después. En los más recientes, más recientes de dos millones de
años, pasa poco a poco a ser al revés: primero llegan al hueso
las hachas, y luego las huellas de dientes. Los grandes carnívoros no
pueden acceder inmediatamente a los cuerpos de paquidermos, pues sus
dientes no pueden desgarrar esa piel y han de esperar a que reviente.
Pero las hachas de piedra sí pueden cortarla. Cita Bickerton
estadísticas que calculan la accesibilidad relativa de grandes
cadáveres en la sabana. Una organización de los grupos en torno al
seguimiento de manadas, con vistas a una fuente de proteínas
sistemática, y no ocasional, hubiera supuesto un cambio importante en
la dieta y en el comportamiento. Son aspectos de la construcción
de un nuevo nicho ecológico, como carroñeros de primera
categoría. Una indicación adicional la proporciona la teoría de
la búsqueda óptima de alimentos
de Robert MacArthur y Eric Pianka, según la cual cualquier especie
seleccionará, de entre los alimentos disponibles, los que proporcionen
mayor cantidad de calorías en relación a la energía gastada en
obtenerlos.
El inconveniente para pasar a carroñeros de primera era la presencia de
los otros carroñeros alrededor de los cuerpos de paquidermos. La única
ventaja
posible de los homínidos, arguye Bickerton, estaba en los grandes
números y en la
cooperación, pero los grandes números se contradicen con la dispersión
de la sabana y con los pequeños grupos en que trabajarían los
cazadores-batidores. Ahí es donde entra en acción el factor lenguaje.
El buenismo aburre, y las llamadas a
la virtud, y los sermones idealistas, y las quejas contra el egoísmo
del personal. Ya le aburrían al "idealista" Hegel hace doscientos
años—y eso que Hegel aburre a las ovejas.
Así
pues, la
manera en que funciona la gente
[el egoísmo] triunfa sobre lo que, en oposición a ella, constituye la
virtud—triunfa sobre lo que es una abstracción inesencial de la
esencia. Sin embargo, no triunfa sobre algo real, sino sobre la
creación de distinciones que no son tales distinciones; [el supuesto
virtuoso] se gloría en este discurso pomposo sobre hacer lo que es lo
mejor para la humanidad, sobre la opresión de la humanidad, sobre hacer
sacrificios en aras del bien, y sobre el mal uso que se da a las
capacidades. Las entidades y propósitos ideales de este tipo son
palabras vacías, ineficaces, que elevan el corazón pero dejan a la
razón insatisfecha, que edifican, pero sin levantar edificio;
declamaciones que específicamente no declaran sino esto: que el
individuo que alega actuar por tan nobles fines, y que emplea tan
magníficas frases es, a sus propios ojos, una criatura excelente: un
inflarse a sí mismo con un sentimiento de su propia importancia, a sus
propios ojos y a los ojos de otros, cuando de hecho no está hinchado
sino de su propio engreimiento. La virtud en el mundo
antiguo tenía su significado cierto y definido, puesto que tenía en la sustancia espiritual
de la nación un fundamento lleno de sentido, y para su propósito un
bien real que ya existía. Consiguientemente, además, no iba dirigida
contra el mundo real como quien se enfrenta a algo generalmente
pervertido, ni contra la manera en que
funciona la gente. Pero
la virtud que ahora estamos examinando tiene su ser fuera de la
sustancia espiritual; es una virtud irreal, una virtud sólo de nombre y
en la imaginación, que carece de aquel contenido sustancial. La
vaciedad de esta retórica que denuncia la manera en que
funciona la gente
quedaría revelada de inmediato si hubiese que especificar el
significado de sus magníficas frases. Estas, por tanto, se suponen que
se refieren a algo cuyo sentido ya es conocido. Si se pidiese una
aclaración de ese sentido, la petición se respondería con una nueva
catarata de frases, o con una invocación al corazón, que en el fuero interno nos dice lo que significan—lo cual
viene a ser como admitir que de hecho
se es incapaz de decir cuál es el sentido. La fatuidad de esta retórica
parece, además, haberse convertido en algo presupuesto por la cultura
de nuestros tiempos, ya que todo interés en esta masa retórica, y en la
manera en que se usa para potenciar el propio ego, se ha
volatilizado—una pérdida de interés que se expresa en el hecho de que
produce sólo un sentimiento de aburrimiento. (Fenomenología del Espíritu § 390).
Eh! vous qui venez chez nous
ce soir Par erreur ou par hasard...
Esta es la primera canción del musical Roméo&Juliette. Y la primera
que grabo con mi nuevo iMovie en el portátil, que por cierto tiene una
"calidad" de sonido que no me gusta. Pero oigan, estamos con los medios
de a bordo, como siempre. Tampoco canta uno como Juan Bau.
En First Principles,
Herbert Spencer desarrolla una pasmosa filosofía evolucionista,
sugestiva para muchas de las cuestiones hoy relevantes en lo que se
viene
denominando "tercera cultura" o integración de las ciencias humanas y
las ciencias duras. Comenzando, por ejemplo, por la misma noción de
consiliencia o unificación del conocimiento. Para Spencer, la filosofía
es, o habría de ser, tal empresa de unificación de los conocimientos, y
a sentar sus bases dedica estos principios
básicos.
Así pues, comienza deslindando el terreno propio de la religión del de
la ciencia. La religión, una religión evolucionariamente entendida, se
atiene al ámbito de lo Incognoscible. Es un error por parte de la
religión pretender darnos un "conocimiento" (revelado, etc.) de lo que
es Incognoscible. La ciencia tiene para sí el terreno de todo lo
cognoscible, incluidos los orígenes de nuestras concepciones de los
dioses. Pero siempre hay un más allá de lo que la ciencia puede llegar
a saber—hoy hablamos de las singularidades y del Big Bang; Spencer
también ve que los conceptos básicos de la ciencia no se apoyan en
nada, no pueden explicarse, hay que tomarlos como datos irreducibles, y
(como diría Aute) "el misterio se oculta detrás", a donde ni llegamos
ni podrá llegar jamás el ámbito de nuestro conocimiento, pues nuestro
conocimiento se limita, está claro, a lo cognoscible.
Dentro de lo cognoscible, Spencer relaciona todos los aspectos de la
realidad con unos pocos "principios básicos", como son la conservación
de la fuerza, la ley del mínimo esfuerzo, la tendencia de las fuerzas a
equilibrarse entre sí, la creación de sistemas a la vez unificados y
complejos... y en última instancia, la tendencia de todo el universo
hacia la disolución. Tenemos un ámbito en el que nos movemos, la
complejidad—somos parte de esa complejidad intermedia entre el origen
caótico y el fin diríamos entrópico del universo, y desde nuestro
rincón podemos captar, como hace Spencer, mediante la pura observación
de los fenómenos y deducción racional, cómo son las cosas, cómo se
originan, cómo se desarrollan y cómo mueren. Esta ley se da a pequeña y
a gran escala, y así, para cada uno de los principios que enuncia,
Spencer muestra cómo se ejemplifica a nivel astronómico, con el origen
de los astros y la formación de sistemas; a nivel geológico, con la
evolución de la dinámica terrestre y la formación de climas y paisajes;
a nivel biológico, con la aparición de la vida y la evolución de formas
complejas; a nivel social, en la economía y organización de las
estructuras sociales; y por último a nivel psicológico, en el
comportamiento de cada individuo. De la raíz común de todos estos
fenómenos en los primeros principios—en la ley de la evolución, en la
ley de la conservación de la fuerza, en el progreso de la complejidad y
la heterogeneidad—surge la consiliencia o unificación del conocimiento
en estos ámbitos (si bien Spencer no emplea el término 'consiliencia',
que
rescató E. O. Wilson en Consilience).
Traza Spencer, hilando estos diversos capítulos o niveles de
aproximación a los fenómenos naturales, un gran panorama evolucionista,
que comprende desde la formación del universo conocido hasta su
previsible disolución. La observación racional no puede concluir otra
cosa, atendiendo a cómo sabemos que son las cosas y los procesos, y
cómo funciona la energía y su redistribución. El universo que vemos se
ha originado, y se va a disolver. ("Dissolution", tras "Evolution", es
el capítulo final de First Principles,
antes de su magnífica conclusión). Hasta allí llega nuestro
conocimiento. Y sin embargo se aventura Spencer a especular más allá,
sobre el destino e historia global del universo, aunque matiza que "de
una indagación tan especulativa, no se puede esperar sino una respuesta
especulativa" (474).
Hay que tener en cuenta que Spencer está escribiendo en una época
anterior a la
formulación de la actual teoría del universo (las galaxias, el Big
Bang, la expansión del universo, etc.) en el siglo XX—la primera
edición de First Principles es
de 1862; cito la de 1900. Por tanto los confines últimos del universo y
de su historia,
pasada y futura, los formula en términos bastante diferentes a los que
se pueden encontrar, por ejemplo, en
la Historia del Tiempo de
Hawking.
Y sin embargo hay un aire de familia entre la perspectiva general de
Spencer y los actuales dilemas sobre el
Big Bang, el Big Crunch,
y muerte fría del universo. Este aire de familia lo vemos cuando se
pregunta si es posible deducir algo sobre la forma última y global de
la evolución en el conjunto del universo—más allá del universo que
conocemos y observamos y que, eso sí lo sabemos, tiene un origen, y se
encamina a una disolución.
Spencer parece no querer afirmar que el destino del universo es la
Muerte Universal, que es hacia donde parecían encaminarle sus
reflexiones. Primero matiza que más allá de la formación y disolución
de nuestro sistema estelar, parece haber otros sistemas en otras fases
de evolución, y que podrían volverse escenarios de la complejidad y de
la vida en algún periodo futuro. Y con respecto al conjunto del
universo, merece citarse su conclusión, in which nothing is concluded.
Spencer dice que no se pronuncia—que no podemos pronunciarnos—sobre si
el universo globalmente es un fenómeno único, un gigantesco proceso que
va del origen hacia la disolución, o si es un proceso cíclico, una
alternancia de generaciones y disoluciones. Me ha llamado la atención
que su discusión sobre este punto anticipa, de una manera casi uncanny,
las discusiones de un siglo más tarde sobre la materia oscura, la
equilibración del universo, los agujeros negros y los horizontes de
eventos más allá de los cuales nada podemos saber. La tendencia
general a la entropía y a la Muerte Universal, por tanto, hay que
matizarla con esta alternativa:
"cuando
contemplamos nuestro sistema
sideral como un todo, algunos de los grandes hechos establecidos por la
ciencia implican renovaciones potenciales de la vida, ahora en una
región, luego en otra; seguidos, posiblemente, en un periodo
inimaginablemente remoto, por una renovación más general. Esta
conclusión queda sugerida cuando tomamos en consideración un factor que
hasta ahora no se ha mencionado. Puesto que hasta
ahora hemos considerado únicamente la
equilibración que está teniendo lugar en el seno de nuestro Sistema
Solar y en sistemas similares: sin atender a la equilibración
inconmensurablemente mayor que ha de tener lugar todavía: terminando
esos movimientos a través del espacio que poseen estos sistemas. Que
las estrellas antes consideradas fijas, están todas en movimiento, se
ha vuelto ya una verdad familiar, y que se mueven con velocidades que
se encuentran entre digamos 10 millas por segundo hasta unas 70 millas
por segundo (siendo esta última la velocidad de una 'estrella escapada'
que se supone esté atravesando nuestro Sistema Sideral) es una verdad
deducida a partir de observaciones por los astrónomos de hoy. Ha de
unirse a esto el hecho de que hay estrellas agonizantes y probablemente
estrellas muertas. Más allá de la evidencia que proporcionan los
diversos tipos de luz que emiten, de entre los cuales el rojo indica
una edad relativamente avanzada, está la evidencia de que en algunos
casos las estrellas brillantes tienen acompañantes que son oscuros o
casi oscuros: el caso más evidente es el de Sirio, alrededor de la cual
gira un cuerpo de cerca de un tercio de su tamaño pero de sólo 1/39.000
de su luminosidad—una estrella, cercana al tamaño de nuestro Sol, que
se ha apagado. Parece deducirse que más allá de las masas luminosas que
constituyen el Sistema Sideral visible, hay masas no luminosas, quizá
menores en número o quizá más numerosas, que juntamente con las
luminosas están impelidas por una gravedad mutua. ¿Cómo pues habrán de
equilibrarse los movimientos de estas gigantescas masas,
luminosas y no luminosas, y que se mueven a grandes velocidades?"
(474-475)
Escribiendo antes del desarrollo de la teoría del colapso de las
estrellas, Spencer sigue a Helmholtz y supone que las estrellas
acabarán
disueltas en gas interestelar y materia nebulosa. Y que este medio
ofrecerá tal resistencia que es concebible que a la difusión máxima de
la materia interestelar seguirá un movimiento de concentración (una
especie de versión decimonónica del "Big Crunch"), con una nueva
agregación de masas y un nuevo comienzo de procesos evolutivos.
De lo que le cabe más duda a Spencer es de si este proceso comprende la
totalidad del Universo, o si Universo es sólo "una ambiciosa palabra",
como decía Borges, y en realidad no existe un proceso unificado que
pueda englobar todo lo existente. Se inclina a creer que sí, y que "si
debemos contemplar el universo visible como un agregado, sujeto a
procesos de evolución y disolución de la misma naturaleza esencial que
los que son discernibles en agregados menores, no podemos evitar
preguntarnos cuál es su futuro probable" (479). Aquí parece dudar el
autor, y su razonamiento vuelve a replantearse el mismo problema, a
escalas cada vez mayores donde la vista se pierde. Pero, en última
instancia, acaba por recurrir al principio básico donde asienta su
razonamiento, el principio de la conservación del movimiento (esto era,
claro, antes de Einstein):
"Reducido
a su forma abstracta, el
argumento es que la cantidad de movimiento implicado por la dispersión
debe ser tan grande como la cantidad de movimiento implicado por la
agregación, o más bien debe ser el mismo movimiento, adoptando ahora la
forma molar, ahora la molecular; y si nos autorizamos a concebir esto
como un resultado último surge la concepción no sólo de evoluciones y
disoluciones locales por todo lo largo y ancho de nuestro Sistema
Sideral, sino también la de evoluciones y disoluciones generales,
alternándose indefinidamente. Pero no podemos
extraer semejante conclusión sin suponer
tácitamente algo que se encuentra más allá de los límites del
conocimiento posible: a saber, que la energía contenida en nuestro
Sistema Sideral permanece inalterada." (481).
Era la época del éter: y no
sabermos, dice Spencer, si el universo pierde energía más allá de sus
límites, o si el éter
no tiene fin y la energía de nuestro sistema se conserva sin irradiar
hacia un "afuera", un límite más allá del universo donde funcionan las
leyes que conocemos. Y nunca podremos, dice Spencer, saber si el caso
es uno u otro. Lo que sabemos es que si la razón nos muestra que
nuestro universo conocido tiende hacia la disolución universal, también
hay procesos racionales que podrían hacer concebir una alternancia de
evoluciones y disoluciones universales, no uno, sino infinitos procesos
universales. Aunque por su misma naturaleza nos lleva esta especulación
más allá de los límites del universo conocido y por tanto de la razón.
Y allí ya deberíamos empalmar con las especulaciones de Nietzsche.
La unidad universal que Spencer se inclina, finalmente, a suponer que
existe, es, precisamente, lo que viene a reforzar la teoría del Big
Bang, tan unificador él, y generador de un proceso universal de
evolución. Pero quién sabe qué misterios se ocultan (para siempre
quizá) detrás del Big Bang...
(Para un poquito de luz actual sobre la materia oscura, aquí hay un
vídeo sobre nuevas teorías del universo: "How
Large Is the Universe?"—Aunque la conclusión sigue siendo que
vivimos en una burbuja).
De casualidad, poca, en lo que estas especulaciones de Spencer
anticipan a la ciencia de hoy. Más bien habrá que atribuirlo a un
intelecto gigantesco, como T. W. Hill en su introducción a la
edición de 1937 de First Principles.
También anticipa First
Principles, de manera reveladora, algunos aspectos de las
fantasías de Olaf Stapledon en Star
Maker,
esa curiosa historia de este universo y de otros posibles e imposibles.
Lo que no anticipa de Stapledon es el aspecto creacionista: el universo
de Spencer no ha sido diseñado ni tiene sentido la pregunta sobre el
diseño de las leyes y el por qué de las cosas y de los primeros
principios. La inteligencia la sitúa Spencer únicamente en la cabeza de
quien contempla el universo, y en una fase de la historia del mismo, la
compleja fase en la que nos encontramos y, en lo que a nosotros
respecta, nos encontraremos siempre. Los oscuros procesos que sigan
después tendrán lugar en las tinieblas más absolutas.
12. The Forest of Arden.
Viaje a Stratford, y antipastoralismo en As You Like It.
Los viajes entre Londres y Stratford eran uno de los
ingredientes habituales de la vida de Shakespeare. Es probable que
Shakespeare viajase a Stratford en la segunda mitad de 1599; si no para
final de verano, al funeral de su suegra, sí con
probabilidad a la boda de su hermana Joan en otoño. Era la única
hermana que sobrevivía, tras la muerte de dos niñas pequeñas antes de
que él naciese, una primera Joan y Margaret, y la muerte de Anne, a los
ocho años, en 1579. Sus hermanos, Gilbert, Richard y Edmund, morirían
solteros. Joan (II) fue la única de sus hermanos en casarse, y
William fue probablemente el padrino del hijo de Joan, llamado como
él. Tenía William buena relación con su hermana, pues la incluye
en su testamento y le permitió vivir toda la vida en la casa que había
heredado él, con un alquiler nominal.
El viaje a Stratford duraba tres días, y era más aconsejable hacerlo en
verano que en invierno. Es posible que utilizase los servicios del
transportista Greenaway, que cobraba cinco chelines. Debieron ser
compañeros de viaje frecuentes: Greenaway era vecino suyo de Stratford,
y tenía una ruta fija entre Londres y Stratford. Seguramente sería él
quien le llevase a Shakespeare la noticia de la muerte de su hijo, y de
los incendios de Stratford de 1594 y 1595, que estuvieron a punto de
destruir su casa.
No se viajaba mucho en la Inglaterra isabelina. Ya no había
peregrinaciones, y había reglamentos contra vagabundos, y controles.
Había, claro, mercaderes, funcionarios en viaje oficial, emigrantes a
Londres, y actores itinerantes como lo había sido más a menudo
Shakespeare unos años antes. Debió ver bastante Inglaterra, en una
época de malas cosechas, y con el paisaje tradicional cambiando, con
los cercados de terrenos comunes y la deforestación. Se iba a caballo o
a pie: los coches de caballos no se solían mover muy lejos de las
ciudades, y los caminos estaban en pésimo estado. A todo esto hay
alusiones en la obra de Shakespeare, y en 1611 firmó una petición al
Parlamento, de unas 70 personas, solicitando una mejora de las
carreteras. Del soneto 50 se puede colegir quizá que el viaje a
Stratford no era cuestión de placer sino una pesada obligación familiar
("Mi pena está delante mío, mi alegría atrás").
Por el camino vería las labores de la cosecha, quizá sus
fiestas, y quizá encontraría soldados volviendo de la campaña
irlandesa, como la disfrazada Rosalind en As You Like It. Era
época de mucho trabajo en el campo. El camino pasaba por Holborn, St
Giles in the Field, Tyburn (y su cadalso), Hanwell Common, Northcote,
Hillingdon Heath, Uxbridge, hacia Buckinghamshire; con una primera
noche quizá en High Wycombe. Luego, por Stokenchurch, Aston Rowant,
Tetsworth, Wheatley, a otra noche en Oxford. Allí la tradición dice que
pasaba la noche en la Crown Inn. Con el tiempo, se embelleció la
tradición y se especuló si Shakespeare tendría un asunto amoroso con la
esposa del posadero. El hijo de éste sería el dramaturgo William
Davenant, que decía que se daba por contento de que lo considerasen
hijo de Shakespeare. (Es curioso que
Shapiro parece quitar toda autoridad e interés a esta historia curiosa,
hasta el punto de que ni siquiera menciona la amistad entre Shakespeare
y los posaderos, ni el hecho de que Davenant fuese ahijado de
Shakespeare). La última etapa era la más larga: de Oxford a
Wolvercote, Begbroke, Woodstock. Allí la reina Elizabeth había vivido
en jaula de oro antes de ser reina: un tema que Shakespeare no se
permitió tratar. De Woodstock a Kiddington, Neat Enstone, Chipping
Norton, por el monumento megalítico de las Rollright Stones,
Shipston-on-Stout, Tredington, Newbold, cruzando la calzada romana de
Fosse Way, por Ettington, Alderminster, Atherstone, y por fin
Stratford, por el puente de Clopton (él le había vendido al
ayuntamiento la piedra para repararlo hace poco). Vería un Stratford
muy cambiado con respecto al de su infancia, por los incendios que
habían destruido 200 casas. El puritano Thomas Beard dijo en The Theatre of God's Judgement que
el incendio era castigo de Dios por no respetar el domingo (recordemos a este respecto los muchos
católicos en secreto de Stratford, y en la familia del propio
Shakespeare).
Pero probablemente se originó por el combustible acumulado para el
negocio de la malta. Habría pues mucha reconstrucción en marcha
todavía. La población había pasado de 1.500 cuando nació él a
2.500, pero la cuarta parte pobres, no una campiña idílica y pastoril
de los poetas de la época. (En este
capítulo Shapiro describe las realidades económicas del paisaje inglés,
y cómo influyen en transformación que da Shakespeare al pastoralismo).
Dos años antes, Shakespeare había comprado New Place, la segunda
mejor casa de la villa, por 120 libras: una mansión del siglo XV, de
tres pisos y diez habitaciones, con jardines y establos. También había
adquirido recientemente un escudo de armas para su familia, que estaría
bien expuesto.
"Invirtiendo tanto dinero en
una vivienda enorme lejos de donde
trabajaba, Shakespeare podría estar intentando compensar un sentimiento
de culpabilidad por vivir tan lejos de su esposa e hijas. Podría haber
estado pensando en el futuro, en una jubilación temprana. O quizá era
meramente una buena inversión, que pocos en un Stratford en crisis
podían permitirse". (268)
Lo que desde luego no hizo Shakespeare, pudiendo hacerlo, es llevarse a
su familia a Londres. Decidió vivir separado de ellos, y no conocemos
las relaciones que tenía con su esposa. Sobre las buenas relaciones
entre padres e hijas de muchas de sus obras, avisa Shapiro que también
se podrían interpretar de modo compensatorio—con el escritor
proyectando a sus escritos lo que le gustaría haber tenido, no
necesariamente lo que tenía. En Stratford no trabajaría mucho en sus
obras: llevaba asuntos económicos, tenía amistades a quien ver,
familia... aunque sí encontraría un ritmo de vida más relajado que el
de Londres. Sería un próspero ciudadano que vuelve a su pueblo para una
breve visita: ante todo un hombre de negocios. Allí no actuaría nunca
su compañía, seguramente, pues las autoridades puritanas de Stratford
se oponían al teatro, no como cuando el padre de Shakespeare era
alcalde.
Shakespeare especuló acumulando malta para que subiesen los precios del
grano (algo que estaba prohibido, y muchos consideraban práctica
aborrecible de ricachones abusones). También era pequeño
prestamista. Visto que en sus obras muchas veces se denuncian estas
cosas, parece claro que su moral era flexible y oportunista.
En As You Like It, los
protagonistas escapan de la corte supuestamente al bosque de "Arden",
las Ardenas—pero para Shakespeare estaba lleno de asociaciones del
bosque de Arden en Warwickshire, de donde procedía su familia; su madre
se apellidaba Arden. El contraste ciudad-campo estaba cargado para él
de reminiscencias personales. El bosque iba siendo sido talado,
convertido en pastos, cercados... ya desde la Edad Media: un emblema
del cambio de los tiempos. Drayton, paisano de Shakespeare, también
expresa el contraste y se queja por la deforestación en Poly-Olbion. En As You Like It, encontramos
los dos, un bosque más mítico y primitivo, y un campo de
terratenientes, trabajadores mal pagados, y crisis. La gradual
transformación del campo por la agricultura de propietarios, las enclosures,
es un tema visible en la obra de Shakespeare, pues él lo veía en
directo. El personaje de Corin difiere de la fuente de Shakespeare, la Rosalind
de Lodge: ahora es una víctima de los cambios económicos en el campo y
de la crisis en la agricultura tradicional. El empobrecimiento de los
campesinos se muestra también en la figura del viejo Adam (que por cierto se dice lo interpretaba el
propio Shakespeare). Y quizá revelador de un sentimiento
ambivalente ante la situación es un detalle relativo a un personaje muy
secundario:
"Mientras
algunos se morían de hambre, otros sacaban beneficio. Hay un breve
diálogo hacia el final de la obra en el que Touchstone le habla a
William, un joven de veintitantos que nació en el bosque, y le pregunta
de golpe, "¿Eres rico?" William, a quien para ser un campesino con
tierras de Warwickshire le ha ido muy bien, lo admite, si bien a la
manera cauta del campesino, "Bueno, señor, pues así así" (V, i, 24-5).
No hace falta ver una autoparodia taimada aquí en este William criado
en Arden para saber que otro hombre de Warwickshire con el mismo nombre
también le iba "así así", gracias en parte a actividades como su
reciente especulación con la malta. Shakespeare entendía demasiado bien
que se podía sacar beneficio de las penalidades económicas sufridas por
otros." (274).
Otros asuntos había que tratar en el viajes a Stratford esta vez. Un
asunto de propiedades de su madre, que habían sido hipotecadas, y
acabarían perdiéndose a pesar de los intentos de recuperarlas. Y otra
cosa con su padre: el blasón familiar, de 1596; no estaban contentos
cómo se había hecho, y querían modificarlo en 1599; se redactó una
solicitud para añadir las armas de la familia Arden. (Esto ya sería cosa del propio
Shakespeare, claro, y no propiamente del escudo de su padre). Pero
es curioso que la petición se hace sobre la base del matrimonio de John
Shakespeare con una hija de Robert Arden. Esto era pretencioso, pues el
padre de Mary Arden nunca había aspirado a gentilhombre ni hay
constancia de que se reclamase pariente de los Arden aristócratas. Es
una historia ambivalente, pues al final quedó en nada la modificación,
pero los borradores del proyecto de blasón muestran incertidumbre sobre
a qué rama de la familia Arden atenerse. Quizá en las dudas tuviese que
ver también un deseo de distanciarse de los Arden implicados en el
atentado contra la reina Isabel, o quizá no interviniese directamente
en esto Shakespeare. Sea como sea, muestra una ambición de promoción
aristocrática, con una base endeble. El tema de la hipoteca también
puede estar asociado al del blasón: eran tierras "de Arden", pero
Shakespeare y su padre no consiguieron recuperarlas. Puede que hubiese
un arreglo privado, pues el caso no llegó a los tribunales.
Shapiro encuentra mucho en común en las actitudes de Shakespeare hacia
el Arden poético de As You Like It
y el Arden de su escudo de armas. Hay una mezcla de lo soñador y de lo
pragmático, una tensión de realidad y nostalgia:
"Una
de las cosas más misteriosas sobre Shakespeare y que pican nuestra
curiosidad es su capacidad para mantener tales contradicciones: el
mismo escritor cuya obra exponía cómo de embellecidas estaban las
narraciones históricas, a menudo se encontraba, cuando se refería a su
propio pasado, improvisándolo sobre la marcha" (279)
(Un
caso más quizá, éste, de la 'capacidad negativa' que atríbuía Keats a
Shakespeare, o de la habilidad de éste para disolverse en diferentes
actitudes, y lograr ser él mismo—y sacar beneficio—del arte mismo de
proyectarse en puntos de vista múltiples. También
Borges escribió sobre esta cualidad, aunque Shapiro nos muestra el
lado prosaico "businessman", y no poético, de la misma).
En estos enlaces previos puede leerse cómo un tribunal dejó vacante una
cátedra a la que me presenté, y cómo tras desoír mis recursos el
Rectorado de la Universidad de Zaragoza, un juzgado de lo contencioso
administrativo dictó que no procedían mis reclamaciones. Con argumentos
que merecieron este
comentario. Una vez presentado el recurso
de apelación
al Tribunal Superior de Justicia de Aragón, aquí
está la sentencia que
dictó éste (PDF), dos años después, fallando también en contra mía.
La
sentencia que, como voy a mostrar, es una vergüenza procesal, por sus
irregularidades jurídicas. Fue redactada por el
ponente Fernando García Mata, con el visto bueno de Jaime Servera
Garcías (presidente) y Eugenio Ángel Esteras Iguácel (magistrado).
Hoy rebatiré sólo el punto 1 de esta sentencia. Lo transcribo íntegro,
y
comento sobre la marcha.
PRIMERO:
La parte apelante, que reproduce en esta apelación los motivos de
impugnacióin aducidos en la instancia, comienza alegando la incorrecta
interpretación por parte de la sentencia de instancia de la normativa
reguladora de la composición de las Comisiones Juzgadoras, en cuanto
trató como una ausencia lo que en realidad era una renuncia, que debía
haberse remitido al Rector, para que apreciara si concurría o no causa
justificada, añadiendo que ello determinó que la calificación se
realizara por cuatro personas cuando estamos en procesos selectivos en
los que hacen falta tres votos para ser propuesto para la plaza. A la vista
de dicha alegación y examinado el expediente debe reconocerse que el
vocal D. Berndhard [sic] Dietz
Guerrero, presentó un escrito—folio 103—en
fecha 4 de febrero de 2003, en el que manifestaba "a los efectos de su
renuncia al citado tribunal", que había fallecido un tío en Madrid
"motivo por el cual excusa su participación en los trabajos",
—debe reconocerse. Como si
doliera. Como veremos, la actuación de estos magistrados emplea una
descarada Ley del Embudo para favorecer a lo que consideran la
Administración—o sea, para respaldar en todo caso la actuación del
tribunal (refrendada por las
administraciones posteriores), sin sopesar de modo ecuánime si es una buena administración o una mala
administración. A
primer golpe de vista, otro tribunal menos predispuesto reconocería de
lejos que
el motivo alegado no es excusa administrativamente hablando, pues la
ley contempla sólo el fallecimiento de familiares en primer grado como
causa de renuncia. Esto no despierta la curiosidad de sus señorías, ni
es indicio de nada. Podría la comisión juzgadora de la oposición haber
aplazado las sesiones, o al menos
haberlo solicitado el Dr. Dietz, etc.—pero no era esa la cuestión, ni
queda de eso rastro administrativo. Sólo de su renuncia, sin más
solicitudes ni negociaciones. Eligió renunciar, y renunció. Por otra
parte, también advertiría una administración menos deliberadamente cegata
que en ningún momento de este proceso contestado aparece ningún
justificante ni certificado de defunción por ningún sitio, ni hay asomo
de que en ningún momento se materialicen las "responsabilidades en que
hubiera incurrido" según la ley un miembro del tribunal que renuncie
sin causa justificada. Porque la ausencia de justificantes, etc.,
también es un dato administrativo objetivo. Imagínense que soplase
viento del otro lado, y
al tribunal le diese la ventolera de empapelar a alguien, con semejante
planteamiento. Pero nada de eso. Continúa la sentencia, atentos,
"sin
embargo, debe negarse que la expresión de 'renuncia' contenida en su
escrito sólo pueda ser considerada en un sentido técnico jurídico."
Y de argumentar que no sólo
pueda interpretarse en sentido técnico jurídico, pasan los
magistrados rápidamente a argumentar que no puede interpretarse en un sentido
técnico jurídico. Esto ya es más grave, y de traca.
En un documento oficial, como es el expediente de una oposición, se
incluye un escrito enviado por uno de los miembros a la presidenta,
renunciando. Y nos dice ahora el tribunal que no procede aplicar el
sentido
técnico-jurídico de "renuncia" a este escrito de renuncia. ¿Por qué?
Como veremos, no hay ninguna razón que se sostenga. La única razón
visible en el horizonte es que no es
oportuno,
porque entonces habría que desautorizar al tribunal, al Rector, y al
juez de lo contencioso administrativo. Hagamos otra vez el experimento
contrafactual: que un tribunal viene digamos "bien predispuesto" para
sentenciar que tal señor ha renunciado a su nombramiento. Y que se
encontrasen en el expediente con un escrito del tal señor a la
presidenta del tribunal, comunicándole su renuncia. Oye, blanco y en botella, ¿no?
Por tanto, no son los hechos o
los datos objetivos lo que está dictando esta interpretación en este
caso, sino únicamente la voluntad
del tribunal de atenerse a una interpretación preestablecida,
sean cuales sean los datos objetivos que tienen ante sí.
Y esto no es justicia. Lo que podría dictaminar un tribunal no sesgado
que se encontrase con un escrito oficial de renuncia, sobre la cuestión
de si había
habido renuncia o no, lo podemos dejar a la imaginación de cada cual.
Este tribunal, que no se encuentra en este caso, está buscando
una interpretación alternativa. Admite a regañadientes que la expresión
"renuncia" sí podría ser considerada en un sentido técnico jurídico
(incluso quizá admita que es la interpretación que primero viene a la
cabeza),
pero se apresura a saltar sobre la interpretación contraria—pues hay otras interpretaciones posibles.
En efecto, las hay, en el contexto administrativo adecuado. Así, un
vocal podría decir "yo renuncio a estar en este
tribunal", pero si no lo hace constar por escrito, por ejemplo, no
procedería interpretar esa expresión en un sentido técnico jurídico.
Ahora bien, si se encuentra en un escrito de renuncia incluido
en un expediente, se pregunta uno de dónde sale la elección de estos
magistrados, y si tratan la documentación que tienen delante con la
misma ligereza interpretativa en todos los casos. Se huele uno más bien
que en unos casos sí, y en otros no. Con el dedico en la balanza.
La argumentación, que no existe, se expone en lo que sigue:
"Así
debe tenerse en cuenta que es el artículo 6.10 del Real Decreto
1888/1984—derogado por el Real Decreto 774/2002, de 26 de julio, por el
que se regula el sistema de habilitación nacional para el acceso a
Cuerpos de Funcionarios Docentes Universitarios y el régimen de los
concursos de acceso respectivos, que fue a su vez derogado por el Real
Decreto 1313/2007, de 5 de octubre, por el que se regula el régimen de
los concursos de acceso a cuerpos docentes universitarios— [todo
esto de las derogaciones es humo jurídico, pues es irrelevante para la
cuestión que se trata, que ha de ser dilucidada con respecto a la norma
entonces en vigor - JAGL] el
que regula la renuncia disponiendo que 'el nombramiento como miembro de
las comisiones será irrenunciable, salvo cuando concurran causas
justificadas que impida su actuación como miembro de la Comisión', cuya
aprobación corresponde al Rector,"
—hasta ahí no se dice nada muy extraño, pero fíjense en esta frase—
y
que en el presente caso el citado vocal no renunció a su cargo,
¡Vaya! Lástima entonces que haya un escrito de renuncia en el
expediente. El tribunal quiere dictaminar si hubo o no renuncia, dado
ese escrito. Y como prueba
aduce.... que no hubo renuncia,
a pesar de ese escrito. Genial. Un procedimiento jurídico impecable,
por lo circular. El círculo es la figura geométrica más perfecta, ya lo
decían los griegos. Hay un asomo de argumentación, empero: examinémoslo:
...
no renunció a su cargo, participando en el acta de constitución de la
comisión de 3 de febrero de 2003 y en la decisión adoptada el mismo día
sobre los criterios de valoración y ulterior sorteo —folios 97 y
siguientes—.
O sea,
que la prueba de que no renunció el
día 4 es que no había renunciado aún
el día 3.
Sopesen ustedes lo que vale, en lógica y en Derecho, esta
argumentación. Análogamente, en otro caso, nos podrían contar los
magistrados que la prueba de que la víctima no fue asesinada el día 4
es que el día 3 estaba viva.
A lo que parece que va la argumentación (para no ser propia de un
imbécil sin más) es a presuponer, aunque cucamente sin decirlo, que una vez constituida la Comisión ya no se
puede renunciar a formar parte de ella.
Pero eso no lo dice la ley por ninguna parte, me temo, por mucho que lo
quieran aducir o meramente sugerir los magistrados. Y aun si se
interpretase así la ley, habría que valorar cómo se actúa si alguien
hace algo prohibido o no previsto por la ley, como es renunciar cuando no ha lugar. Lo
más próximo que dice la ley para tratar todo esto es que es el Rector
quien ha de dictaminar, antes de proceder con el caso. Y no después.
Bien, pero los magistrados se ven obligados a admitir que sí consta por
escrito la renuncia del Dr. Dietz, con posterioridad a la constitución
de la Comisión—
"Ciertamente
el día 4 de febrero presentó el escrito antes referido, que el
Presidente de la Comisión—folio 102—estimó constituía un supuesto de
ausencia—"
Esta es otra irregularidad que se produjo en la prueba: como señala mi
recurso, ante la renuncia
procedía aplazar las sesiones y nombrar un nuevo miembro del tribunal.
El tratar una renuncia como ausencia y seguir como si tal es no sólo
demostrar una falta notable de respeto a los opositores, que se ven
perjudicados por esta "ausencia"—es también desconocer la normativa,
actuar con irregularidad sólo por una necesidad que se echó de ver cada
vez más claramente en el tribunal de dar carpetazo al asunto lo antes
posible, como hicieron al suspendernos a todos los concursantes en el
primer ejercicio: otra falta de respeto mayúscula a los concursantes,
como si no hubiese nadie en este departamento que mereciese un puesto
de catedrático.
"el
artículo 7.5 dispone que 'los miembros de la comisión que estuvieran
ausentes en alguna de las pruebas correspondientes a alguno de los
concursantes cesarán en su condición de miembros de la misma, sin
perjuicio de las responsabilidades en que pudieran haber concurrido'"
Concurrido no, señores, incurrido.
Pero aquí nadie incurre en nada, cuando el viento sopla a favor.
Varios meses tras la prueba, y habiéndole llegado noticias de mis
protestas al
respecto, el Dr. Dietz se puso en contacto conmigo para hacerme saber
su molestia por verse nombrado en este asunto (pero claro, la
alternativa sería no denunciar las irregularidades). También para
asegurarme
a título personal que en efecto tuvo lugar el fallecimiento de su tío
el día 4. A lo cual le
repuse que, sin animosidad personal por mi parte, me atenía meramente a
los hechos documentados. Y documentado queda, y certificado por todos
los tribunales,
aunque sea sin consecuencias de ningún tipo, que su ausencia de la
comisión fue irregular, al margen de las razones personales que
hubiera, e independientemente también del tratamiento
administrativo que se le diese luego por parte de la presidenta.
Observemos, en un inciso, con respecto a la ausencia del Dr. Dietz, que
para los casos de ausencia hay un impreso normalizado para dar de baja
a un miembro del tribunal. Tan atípica es la ausencia de un miembro justo tras constituir la comisión, y antes
de iniciar las pruebas,
tan imprevisto administrativamente es el tema, que al rellenar el acta
la comisión tuvo que tachar el impreso y reescribirlo. En cursiva lo
rellenado por la Comisión:
CONCLUIDO
EL ACTO DE PRESENTACIÓN Iniciada la ..... prueba
del Concurso para la provisión de una plaza para el Cuerpo de .... Catedráticos de Universidad ....
correspondiente al área de concocimiento:....Filología Inglesa.... convocada por
Resolución de....25-oct.-01...
B.O.E. ...(12-nov.-01)... y
ausentándose: D. ....BERNDHARD [sic]
DIETZ GUERRERO,por fallecimiento de un familiar, del
acto de realización de la
prueba durante la actuación del concursante D.....REMISION DE INFORMES... procedo
en mi condición de Presidente, a determinar su cese como miembro de la
Comisión de conformidad con lo dispuesto en el artículo 7.6 del Real
Decreto 1888/84 de 26 de septiembre. Y para que conste, etc. ... (Firman
la presidenta, Susana Onega, el secretario, Francisco Garrudo, y los
vocales Montserrat Martínez Vázquez y Constante González; no firma el
vocal 3º).
Es inaudito, en efecto, que se constituya un tribunal para acto seguido
desaparecer de todas las pruebas uno de los miembros. Yo por lo menos
no conozco ningún otro caso. La tentación era pensar que el Dr.
Dietz se presentó sólo para desaparecer con una excusa, y dejar que los
demás miembros del tribunal hicieran lo que vieran oportuno. Y fuesen
cuales fuesen las intenciones, desde luego fueron esos los hechos. No
especularé más sobre ello, sino que me centraré en la cuestión de si
esto fue una ausencia o una renuncia.
Es crucial para determinar la justicia de la valoración de este punto
por parte del TSJA distinguir jurídicamente los casos de ausencia y de
renuncia. Repetiré aquí la argumentación de mi recurso a este respecto,
argumentación que no es refutada por los magistrados, sino meramente
ignorada:
La
renuncia deberá ser cursada por escrito, la ausencia no. Por cuanto,
tal y como establece el artículo 6.10 del RD 1888/1984 de constante
referencia, el Rector tiene cinco días desde la recepción de la
renuncia para resolver sobre la causa alegada por el miembro del
Tribunal que desea renunciar. Sin embargo, la ausencia de algún miembro
es la falta de asistencia del mismo a alguna de las pruebas, ésa es la
razón de que ésta pueda conllevar responsabilidad del que se ha
ausentado.
En el caso que nos ocupa, por lo
tanto, nos encontramos ante la renuncia del Vocal Sr. Dietz a ser
miembro de la Comisión que juzgaba el concurso para la provisión de la
plaza para el Cuerpo de Catedráticos de Universidad correspondiente al
Área de Conocimiento de Filología Inglesa, por cuanto lo que hace
constar en su escrito el Sr. Dietz es "su renuncia al citado Tribunal";
además "excusa su participación en los trabajos". En todos los
trabajos, por cuanto su voluntad es dejar de formar parte de la
Comisión Juzgadora.
En efecto, de no existir la diferencia entre ausencia y renuncia en el
hecho de la comunicación por escrito, incorporada al expediente, las
dos figuras legales, ausencia y renuncia, serían indistinguibles, lo
cual sería un absurdo jurídico. Se podría hacer pasar toda ausencia por
renuncia, o toda renuncia por ausencia, o podría el presidente
dictaminar indistintamente que se había producido una, o la otra, a su
antojo. Pero no es así. Para eso están las comunicaciones oficiales por
escrito. Y menos es así en este caso, en el que la comunicación escrita
no es un simple escrito de excusa por no asistir, sino un escrito
cursado "a los efectos de su renuncia al citado Tribunal". En ningún
proceso judicial se ignora un documento puesto así en la mesa, que yo
sepa. Al existir un escrito de renuncia del Dr. Dietz, escrito que se
incorpora a las actas de la prueba y al expediente judicial, no puede
alegarse que el Dr. Dietz meramente se "ausentó". A un ausente se le
echa de menos, e incluso se puede certificar que falta a la prueba;
pero a alguien que renuncia por escrito a formar parte del tribunal se
le debe sustituir. Para atender a los términos de la ley, la
argumentación del TSJA debería haber intentado justificar, por ejemplo,
que no existe la figura de "renuncia"
una vez se ha constituido el tribunal.
Pero esto requeriría muchos estudios jurídicos, citar precedentes,
normas, etc., y la argumentación vendría a ser igual de endeble en
última instancia: pues es evidente que se puede renunciar a cualquier
cargo en cualquier momento, sea oportuna la renuncia o no; y para este
tipo de situaciones la ley no especifica que sea más irrenunciable el cargo a partir
de un momento dado.
En suma, el carácter oficial de renuncia, y no de ausencia, del Dr.
Dietz, viene dado precisamente por la incorporación de su escrito de
renuncia a las actas y al expediente. Eso es lo que lo convierte en una
renuncia oficial, y no en una notita privada dirigida al aquí llamado
Presidente (la Dra. Onega). A partir de ahí, su tramitación es errónea,
uno más de los defectos de procedimiento de esta oposición, que son
incomprensiblemente justificados por una administración tras otra.
¿Que la renuncia
del Dr. Dietz era improcedente, injustificada, inoportuna
procesalmente, y contraria a derecho? Eso es otra cosa. Allí podríamos
estar de acuerdo. Eso es precisamente lo que alegamos, y por lo que
recurrimos. Pero del hecho de que fuese improcedente, injustificada,
inoportuna procesalmente y contraria a derecho, no se deduce en modo
alguno que no se produjese. Y
tampoco se deduce que tenga que pagar el pato el opositor, en lugar del
tribunal que actúa tan a la ligera.
Pero como vemos, todos los tribunales actúan aquí muy a la ligera.
Empezó actuando muy a la ligera la Dra. Onega, permitiendo que una
oposición siguiese adelante siendo que uno de los miembros del tribunal
se había presentado únicamente para constituir la comisión, renunciando
seguidamente a su puesto antes de comenzar las pruebas (cosa bastante
inaudita y que hubiera requerido un poquito de pausa). El TSJA
justifica así la actuación de la Dra. Onega interpretando la renuncia
como ausencia:
"el
artículo 7.5 dispone que 'los miembros de la comisión que estuvieran
ausentes en alguna de las pruebas correspondientes a alguno de los
concursantes cesarán en su condición de miembros de la misma, sin
perjuicio de las responsabilidades en que pudieran haber concurrido',
calificación que, discutida por la parte apelante, no resulta
disconforme a derecho, ya que lo que se exterioriza con dicho escrito,
no es su renuncia al nombramiento por causa justificada, sino su
voluntad de no asistir a los trabajos—de ausentarse—motivada por el
hecho referido, supuesto de ausencia que determina el cese acordado,
sin que el funcionamiento con cuatro miembros invalide la actuación del
Tribunal en cuanto el artículo 7.4 del Real Decreto 1888/1984 dispone
expresamente que 'para que la comisión pueda actuar válidamente será
necesaria la participación de, al menos, tres de sus miembros'—en este
caso actuaban 4—."
Oye, qué abundancia de miembros, aún nos sobra uno. Bien, aquí el
tribunal da por buena la actuación de la Dra. Onega. Pero veamos el
punto central, el sancta sanctorum del
razonamiento, o el vértice donde se apoya la argumentación. La razón
por la que no resulta disconforme a
derecho todo esto.
Es conforme a derecho porque... el
Dr. Dietz no renuncia por causa justificada. Sino que decide
ausentarse de un modo que el tribunal considera
injustificado. Sin que eso dé lugar a ningún tipo de efectos que
no sean los de perjudicar al opositor y a su recurso, claro.
Y también es "no disconforme a derecho", se supone, por lo siguiente. Porque en su
escrito, nos dicen, el Dr. Dietz no
renuncia al nombramiento,
sino que sólo comunica su voluntad
de no asistir. Pero esto ignora de
modo palmario y escandaloso el escrito en el que Dr. Diez comunica
oficialmente que renuncia, y
lo cito:
El
abajo firmante, Bernhard Dietz Guerrero, catedrático de Filología
Inglesa de la Universidad de Córdoba y Vocal 3º del tribunal para la
oposición de una cátedra de Filología Inglesa convocada por resolución
de 25 de ocubre de 2001 (BOE de 12 de noviembre) perteneciente a la
Universidad de Zaragoza, manifiesta y hace constar, a los efectos de su
renuncia al citado tribunal, que en el día de hoy, 4 de febrero de
2003, se ha producido el fallecimiento en Madrid de un tío suyo, motivo
por el cual excusa su participación en los trabajos a fin de acompañar
a su familia y honrar al muerto. Tal extremo ha sido ya
notificado a la Ilma. Sra. Presidenta de la citada comisión, quien ha
dado su aprobación. En Zaragoza, a 4 de
febrero de 2003. Fdo. Bernhard
Dietz Guerrero
De este escrito parecen deducirse dos cosas: uno, que no va
dirigido a la Sra. Presidenta, puesto que la nombra en tercera persona
y comunica que se le ha comunicado algo. Parece propiamente un
escrito para su traslado al Rector o para su inclusión en el expediente
(se hizo lo segundo). Otra cosa: que la Presidenta de la comisión ha
dado "su aprobación" (cosa no desmentida por escrito de la presidenta)
para una ausencia injustificada, cosa administrativamente inaudita.
Recuérdese que aquí estamos tratando con el aspecto administrativo de
la cuestión, y no con otros aspectos que no vienen al caso. No es papel
de un presidente de comisión aprobar ausencias injustificadas, como
aquí nos dice el TSJA que se ha hecho, y menos aceptar la renuncia de un miembro del
tribunal, que es a todas luces lo que se produce, según el
escrito aquí citado.
Más elaborado jurídicamente (aunque un berenjenal de cuidado) sería que
el TSJA argumentase que
el Dr. Dietz no renunció "al nombramiento" sino que renunció "al cargo"
y por tanto no se aplica la norma que regula la renuncia. Como
digo, esto requeriría volúmenes propiamente, pues la diferencia sería
para un jurista como discutir el sexo de los ángeles... aunque para un
no jurista la cosa se parezca más a una prevaricación deliberada o a un
fraude de ley. Pues el renunciar "al cargo" sin renunciar "al
nombramiento" es concepto que no viene en modo alguno avalado por el
Real Decreto a que nos referimos, y cualquiera que piense que es ésto
lo que se está haciendo, o que es éste el razonamiento que se intenta
introducir, puede con razón pensar que algo huele a podrido en Dinamarca.
Pero el TSJA prefiere no adentrarse explícitamente en este razonamiento
perverso, aunque su interpretación parece utilizarlo sin nombrarlo. En
lo que sí se dice de modo explícito, corta más por lo sano la
sentencia, y nos dice, así por simplificar, que en ningún momento
existe una renuncia del Dr. Diez, cosa que es palmariamente falsa.
O sea que el TSJA falsea los hechos
cuando dice que el Dr. Dietz no
renuncia, cuando aduce que meramente comunica su voluntad de no asistir.
El hecho de que una renuncia sea injustificada (caso éste previsto, que
no
justificado, por la ley) no invalida el hecho de que en efecto se trate
de una
renuncia. Querer escamotear este hecho, ignorando un documento oficial,
un escrito de
renuncia— ¡que sin embargo se sigue
incluyendo en el expediente!
—es falsear la situación y aplicar un supuesto legal que no viene al
caso. Es ignorar, por presuposicion, y contra la norma, que existen las renuncias improcedentes, irregulares e
injustificadas.
Aún más, es utilizar una actuación irregular en una comisión
como argumento "válido" para rechazar los recursos planteados a la
actuación de esa comisión—apoyar una actuación viciada en otra también
viciada, como si eso pudiera justificarla.
Como he venido diciendo, aquí hay una arbitrariedad TOTAL
en la interpretación de los hechos relativos al punto 1 de la
sentencia. Con los mismos hechos, y la misma
documentación, y con sólo el viento soplando de otro lado, es fácil
imaginar lo que podría dictaminar un tribunal que se encontrase con
semejantes pruebas documentales. Y esto no es justicia—es, como bien
decía aquel alcalde, un cachondeo.
Y al siguiente punto se le dió un tratamiento igual de arbitrario, como
se verá en el siguiente post de esta serie.
En su libro sobre la
narración conversacional, Neal Norrick menciona
como uno de los tipos de relatos más frecuentes lo que llama "put-down
stories", es decir, los relatos en los que el narrador cuenta cómo
salió airoso de una situación de confrontación con un tercero. A esta
misma costumbre se refiere Javier Krahe, en esa canción donde el
hablante, airado porque tiene la cena sin preparar, descubre que su
mujer ha cogido una maleta y se ha ido de casa:
"Yo
que le iba a contar lo de García y de cómo le paramos los pies, lo del bulto que tengo en la
rodilla... ¿dónde se habrá metido esta mujer?"
Sólo podemos imaginar los relatos que le hará esta señora a sus amigas
de cómo dijo hasta aquí he llegado. Como vemos, en el acto de
narrar cómo se le pararon los pies a un tercero, el hablante y el
oyente u oyentes crean una especie de pequeña comunidad solidaria, y el
tercero queda caracterizado como el representante de los Otros, o de lo
indeseable, la fuerza de resistencia frente a la cual se ejerce la
solidaridad grupal. El otro puede ser un maleducado, o un abusón, o un
jefe, o un subordinado rebelde, o un gitano, o un blanco, blanco de las
iras e ironías agrupadas del grupito narrativo.
Como se evidencia por la canción de Krahe, el consenso o comunidad
buscados puede ser endeble de base; en realidad es un efecto de la
misma situación narrativa. El acto de ceder la palabra a alguien para
narrar una anécdota es siempre una cesión de derechos, y requiere una
compensación. Esta puede ser de muy diversos tipos: la historia narrada
puede ser novedosa, entretenida, informativa y con valor práctico...
pero muchas veces la compensación está en el mismo hecho de formar comunidad,
en el momento tranquilizador de saberse en un círculo en el que no va a
surgir confrontación, por ritual establecido, sino que la confrontación
se escenifica para todos como público. Muchas veces, en este tipo de
relatos, se da un elemento de repetición, como requiere todo ritual. Si
la historia no es novedosa, al menos aportará el valor ritual de crear
comunidad. Y tanto mejor por supuesto si es a la vez repetitiva y
novedosa: en las variaciones está el arte, o en la recombinación de
elementos conocidos y esperables (por ejemplo, nuestro jefe de siempre,
con sus muletillas y sus tics y sus manías bien conocidas) con un
elemento imprevisto o novedoso, o con una cuarta persona, que
proporciona la ocasión para el nuevo despliegue de carácter, de
confrontación y de victoria simbólica.
En muchas ocasiones se echa claramente de ver en estos rituales
narrativos, en los relatos de parar
los pies,
cómo el acto narrativo es una compensación simbólica para suplir las
deficiencias de la realidad. La realidad no se ajusta al deseo, decía
Bacon antes de Freud, y por eso está ahí la fantasía para suplirla. Por
supuesto también se pueden narrar victorias reales: si las hay, y son
públicas y confirmables por cuartas personas, o por certificación
oficial, tantos más puntos que acumulará el hablante. A veces se narra
una auténtica loss of face
del tercero en discordia: si de hecho se ha producido, se volverá a
narrar aunque todos los presentes hayan sido testigos, para exprimir
mejor la situación y comparar versiones. Pero las victorias reales en
estas confrontaciones sociales son sólo uno de los polos de un
continuo, que lleva desde ellas a la pura fantasía compensatoria a la
que hemos aludido—a derrotas convertidas a posteriori en victorias.
Pues a veces la victoria ni siquiera se ha dado en la realidad, o al
menos no se ha dado en la realidad pública: el hablante le paró los pies al
vecino pelma sólo en su pensamiento, y ahora exterioriza ese
pensamiento mediante la narración, y contribuye así a hacer la victoria
mínimamente más tangible. Obtendrá al menos, si no la vergüenza pública
de su vecino, humillado por su hábil e ingenioso revés, obtendrá al
menos, decimos, la aprobación y solidaridad de sus oyentes, que
aportarán sugerencias alternativas sobre lo que le podría haber dicho.
También Fredric Jameson decía que la narración es una solución
imaginaria dada a problemas reales. Bueno. A veces una solución
imaginaria vale más que tener sólo el problema.
Si la única solución al enfrentamiento que tuvo lugar es la propia
narración que lo remodela, o si la victoria simbólica sólo se da en el
propio acto de repasar, repetir y corregir el final, el hablante corre
el riesgo de perder puntos puntos sociales en lugar de ganarlos, sólo
por buscar la aprobación de su auditorio. De hecho, pocas veces se da la victoria perfecta,
y la mayoría de las victorias parciales requieren una corrección
narrativa, que seleccione, amplifique, elimine elementos indeseables, y
enfatice la narratividad y la rotundidad de la victoria del
narrador. Las mejores respuestas siempre se nos ocurren después,
decía Goffman, y no es cuestión de desaprovecharlas. Vamos a reunir a
los colegas. La narración permitirá explorar puntos de vista
alternativos, completar la secuencia real con pseudo-secuencias
hipotéticas, posibles circunstancias colaterales, o variaciones en los
finales; también se podrá reconstruir para mayor disfrute el punto de
vista del Tercero, y experimentar por delegación la derrota, para mayor
disfrute de la situación.
No carecen de interés interaccional los experimentos que se hacen
introduciendo variaciones sobre este género. Por ejemplo, contando cómo
el otro me paró los pies, o cómo el oyente me paró los pies, o cómo le
pararon los pies al oyente, etc. O bien baring the device,poniendo
de manifiesto cómo se está manipulando retrospectivamente lo
que en realidad sucedió, exponiendo (ante nuestros incómodos oyentes)
la falacia narrativa de la propia situación. Pero naturalmente estos
experimentos conllevan su riesgo social, no son aconsejables para el
buen éxito de la interacción. Lo mismo sucede con tratar temas
socialmente arriesgados, que creen controversia o dividan a nuestros
oyentes, en grupos o por medio a cada uno de ellos. Pues muchas veces
se
aparcan dudas o desavenencias en el grupo para crear solidaridad y
unirse
frente al chivo expiatorio, y es una reglade oro no poner peros ni
matices a la perspectiva del hablante que se explaya, ni solidarizarse
lo más mínimo con la persona cuyos pies se pararon. Así pues, se
suele estar sobre terreno seguro. Pero claro, podría suceder que
tentásemos
demasiado la línea que separa a nuestro público del tercero en
discordia, del Chivo. Si nuestro oyente piensa que también a él se le
podrían
haber parado los pies... puede crearse una respuesta conflictiva (que a
su vez podría ser narrada, no cabe duda). Es cuestión importante, pues,
la selección de los oyentes. No se le pueden parar los pies a
cualquiera delante de cualquiera. Estas historias tienden a producirse
en secuencias repetitivas donde se va dando solución imaginaria
provisional a un problema persistente, o a un conflicto no superable en
una sola ocasión. Así, las líneas de fuerza sociales se establecen, y
el carácter habitual de los oyentes, la repetición, y el conocimiento
mutuo contribuyen a la naturaleza ritual del acontecimiento narrativo.
Es mejor saber a qué atenernos. Las narraciones tienen que ver
con situaciones de riesgo, siquiera sea riesgo para el rostro social (face)
de los sujetos, y por tanto es habitual remitir el riesgo al momento
narrado, y maximizarlo allí, a la vez que lo minimizamos en el acto
narrativo que modela ese momento de riesgo y victoria.
Antes esto parecía una extravagancia para teorizadores de la
cibernética; hoy lo hace montones de gente. En su libro Blogging (Polity Press, 2008),
Jill Walker presta más atención de lo habitual a las características
narrativas de blogs y similares.
Quizá "narrativas" es mucho decir, pues desde luego lo que hacen estos
medios es transformar la narratividad, de igual modo que transforman la
experiencia (ver "Los
blogs y la narratividad de la experiencia"). Me releo estos días Towards a 'Natural' Narratology
de Monika Fludernik, que también tiene sus problemas para incluir
dentro de la "narración", dentro de "contar", entendido como acto de
habla, todo lo que sucede en la literatura narrativa, y recurre a otros
marcos de la experiencia como "percepción", "experiencia", "reflexión"
o "visión" como base organizadora para la ficción narrativa. A lo
que voy, quizá los nuevos medios no "narren", en sentido literal, ni
pretendan transformar la narración; lo que sí está claro es que representan la experiencia en su aspecto
secuencial,
una selección de la experiencia, claro, la que queda filtrada,
registrada o grabada en el medio. Y que de ahí resulta un texto
narrativizable, un texto (escrito, grabado, visual, multimedia...) que
hace muchas de las cosas que antes sólo hacía la narración, y que se
presta fácilmente a su recuperación como texto narrativo, una nueva
modalidad de vida narrativizada por la tecnología.
Walker observa que esto pasa en los blogs, pero también en sistemas de
redes sociales como Facebook y otros. (A Facebook se le ha descrito
como una simple plantilla normalizada para blogs... hoy lo llamaba yo
"el blog de los que no tienen blog"). Dice Walker:
"Ya hay muchos nuevos tipos de
herramientas para publicación personalizada que son similares a los
blogs. El feed de noticias automatizado de Facebook es un ejemplo, pero
hay muchos otros. Lifelog, de
Nokia, promete converitr los contenidos mediáticos creados o recibidos
con tu teléfono móvil y organizarlo como un diario generado
automáticamente que podrías mantener privado en tu propio ordenador, o
subirlo a la red en forma de blog. Los elementos que podrían incluirse
en tu Lifelog serían fotos y vídeos que tomases con tu teléfono,
mensajes de texto y multimedia que hubieses enviado o recibido,
acontecimientos anotados en el calendario del teléfono, y datos de
localización asociados a todos estos. Pocos de nosotros querríamos
subir todos y cada uno de dos elementos de nuestro Lifelog para
visionado público en Internet, pero el software demuestra claramente
cómo cada vez más y más parte de una vida se documenta hoy—parte de
ella deliberadamente, como cuando tomas una foto, y parte casualmente,
como cuando tu teléfono recuerda que enviaste un SMS, o cuando tu
ordenador archiva mensajes de e-mail viejos." (Blogging 80)
Es, dice, "una narración extendida, una autobiografía creada sobre la
marcha" (82). Muchas estructuras narrativas de estos dispositivos son
generadas por el propio sistema, son "una autobiografía generada
automáticamente", en la que muchas decisiones no son tomadas por el
usuario, sino delegadas al sistema, aunque sea el usuario el sujeto de
las actividades y quien accione el sistema.
De estas narraciones no es la menos interesante la que almacena Google,
inquietantemente accesible para ellos que cada vez disponen de más
medios que registran nuestra actividad como usuarios. Por lo bien que
lo hacen, claro, y sin embargo... tiene la cosa algo de Vigilancia y
Control, siquiera sea potencial. Sobre eso nos dice Walker que la
tecnología de los blogs o de Internet, como un cuchillo o como
cualquier otra tecnología, se puede usar bien o mal. Pero que para
usarla bien conviene comprender cómo funciona y cómo se está usando (Blogging 160).
En el capítulo 5, "Blogs as Narratives", describe Walker a los blogs
como "una forma de escritura episódica que conduce a determinadas
clases de estructura narrativa" (111). Los posts pueden ser
pequeñas narraciones, y su conjunto es una estructurta narrativa más
amplia, una narración episódica, similar en cierto modo a los diarios,
las novelas por entregs, los comics... Hay blogs que tienen un
planteamiento específicamente narrativo, con una historia en curso, un
objetivo a cumplir, etc. Los blogs planteados en torno a un proceso en
curso están más adaptados a la propia forma de su medio que los que se
plantean objetivos a corto plazo. La narración global del blog es
fragmentaria, depende mucho de cómo se lea, o incluso de información
extraída de otras fuentes (especialmente quienes conocen al
bloguero—pero entre esos también se cuentan los lectores atentos).
Muchas veces la experiencia personal o íntima se calla o se vela, pero
puede traslucirse para quienes saben leer entre líneas o conocen en
detalle el blog. Analiza Walker distintos tipos de interés y ligazón
narrativa en diferentes ejemplos de blogs.
Hay que tener en cuenta que el blog no está diseñado globalmente a
priori, como lo está una novela (al menos una novela no serial). Y en
consonancia, Walker identifica en los lectores de los blogs un tipo de
interés narrativo distinto del que se encuentra en las novelas:
"Es una clase de deseo narrativo
diferente del que según Peter Brooks despiertan las novelas. Mientras
que Brooks comentaba el deseo del lector de novelas por llegar al
final, el deseo de un lector de blogs es siempre deseo del siguiente
post. El lector de blogs espera que no haya final. Un final no ataría
todos los cabos sueltos, ni contestaría a todos los interrogantes ni
convertiría la narración en un todo ordenado y comprensible. Sería
simplemente un parón." (Blogging 118).
Un blog, como cualquier narración, también requiere la elección y
manejo de una voz narrativa: incluso de una personalidad
ficcionalizada, un narrador "diferente" del autor. Muchos blogs son
anónimos, y eso no sólo da libertad, también limita la manera en que
puede el bloguero tratar determinados tipos de cuestiones. Como
decía la bloguera (anónima) de Chronicles
of Dr. Crazy, comentando sobre esto antes de cerrar su blog:
"Llevo tiemposintiéndome
algo encasillada por el espacio que me diseñé en la blogosfera. El
pseudónimo que se suponía que iba a darme libertad de hecho me
limitaba: a causa de la voz que había elegido para "Dr. Crazy" y debido
a algunas de las cosas sobre que había elegido escribir, sentía que
tenía que tener mucho cuidado con lo que revelaba sobre mi trabajo.
Inicialmente había tenido el objetivo de componer un blog que me
permitiese contemplar lo profesional y lo personal de modo conjunto,
pero no era eso lo que había conseguido. Lo que había conseguido era la
construcción de un espacio, una identidad y una voz que me permitían
hablar de cosas de la vida personal, pero eso en última instancia me
privaba de toda autoridad (y de toda capacidad de defender mis
posiciones) en las cuestiones profesionales." (Chronicles
of Dr. Crazy 4 enero 2006, cit. en Walker 119)
Curiosa también la experienca de Justin Hall, uno de los primeros
blogueros, al retirarse de hablar de temas personales, porque su blog
le había invadido la vida, y la gente no se fiaba de él por si hablaba
de ellos en su blog. Hall firmaba con su nombre, y lo sigue haciendo,
pero ahora sólo sobre temas técnicos. Y es que el blog plantea unos
problemas de manejo de la identidad que son novedosos como lo es el
medio: lo personal y lo profesional, los distintos roles y voces del
bloguero, pueden superponerse de maneras inesperadas, sorprendentes,
interesantes, o desagradables (ver "El
obsceno blog").
Incluso en los blogs temáticos suele mezclarse un elemento personal
impredecible, una perspectiva subjetiva o la mera reacción personal a
las cuestiones temáticas tratadas. Lo personal y lo profesional, en
suma, no tienen una separación nítida. Pueden adquirir interacciones
distintas en cada blog (o en cada post, si queremos llevarlo a un
extremo—en éste, digamos). Un blog puede dar una imagen más
completa, multifacética, o más limitada, de la vida, personalidad y
actividades del bloguero. Pero siempre hay variaciones dentro de la
línea general elegida, con lo que los blogs devienen una especie de
strip-tease psicológico, social, o también literal, claro.
Si a ello se añade que la narración tiene una dosis de
ficcionalización.... (para Fludernik las diferencias entre narrar y
ficcionalizar no parecen muy claras, ciertamente).... pues entonces la
fluidez de los blogs como género narrativo adquiere su dimensión
final. Lo personal, no digamos ya lo temático o profesional,
puede ficcionalizarse. En esto no hay contratos firmados con los
lectores, claro, pero pueden producirse reacciones de hostilidad si los
lectores que tomaban un blog por no ficticio descubren dosis
importantes de ficción en él, o descubren que todo es un montaje, como
en el caso de lonelygirl15 en
YouTube. Todo esto no es automático, claro, ni resulta
automáticamente generado por el
sistema... pero sin embargo sí resulta en cierto modo de las
potencialidades y tendencias inherentes al medio. De la
autorrepresentación en el blog resulta un feedback para el bloguero,
que muchas veces encuentra que la imagen generada en el blog no es la
prevista ni controlada por él. De ahí puede salir, como en otros
géneros autobiográficos, pero también con acentos personales de este
género, una reflexión sobre la propia personalidad, intereses,
actividades, gustos e ideas—una autoexploración o una autocomunicación
mediada por red.
He retomado la traducción de La filosofía del presente, de G.
H. Mead,
que dejé colgada cuando me enteré de que publicaba una traducción un
profesor de filosofía de Navarra, Ignacio Sánchez de la Yncera. También
me deprimió un poquillo perder, hace un año, varias decenas de páginas
de mi traducción en un lápiz USB que me olvidé en un ciber, y que nadie
tuvo el detalle de devolverme. (Buitres carroñeros...).
A estas alturas he terminado el tercer capítulo, "La
naturaleza social del presente".
Mead comenta algunos fenómenos emergentes que le permiten relacionar la
teoría de la relatividad y el surgimiento del pasado y del futuro como
fenómenos accesibles a la consciencia (y, por complementariedad, del
presente que no es ni pasado ni futuro). Me ha llamado la atención, en
su definición de cómo los organismos vivos dan lugar a un entorno con
su acción, un aspecto emergente de este entorno. Es interesante porque
permite encontar en G. H. Mead un fundamento o formulación filosófica
para la
teoría de los nichos ecológicos.
La idea fundamental es que la relación entre el ser vivo y su entorno
es dialéctica o de retroalimentación (algo en realidad implícito en la
idea misma de ecología). Es decir, que el ser vivo no sólo se adapta a
su ambiente, sino que adapta su ambiente a él, y eso hace surgir nuevos
fenómenos (emergentes) que para John Odling-Smee, Marcus Feldman, y
otros proponentes de esta teoría, son uno de los motores principales de
la evolución. Los seres vivos no son pasivos, sino que intervienen
activamente en su propia evolución, diseñando su entorno y diseñándose
así a sí mismos, el único diseño inteligente que interviene en la
evolución. Esta teoría tiene la ventaja de que permite repensar la
evolución humana como un proceso de autoconstrucción, pues en los
humanos este fenómeno adquiere unos niveles realmente espectaculares.
Hace poco comentaba un aspecto de esta teoría de la generación de
nichos ecológicos en relación a la
teoría del origen del lenguaje de Derek Bickerton.
Lo interesante de G. H. Mead es cómo introduce esta cuestión de la
emergencia y de la prospeccción, del futuro
que será,
en su definición de lo que constituye un entorno ecológico. El futuro,
implícito en los objetos del entorno a través de nuestra capacidad de
acción sobre ellos, carga de valores y sentidos a ese entorno. Este
mismo proceso, de por sí, contribuye a dar estructura a la experiencia
temporal, a contrastar presente y futuro. Esto es muy obvio en el caso
de los humanos, los seres que desarrollan una experiencia temporal más
compleja, pero también es así en menor medida para organismos más
simples.
La filosofía de G. H. Mead es para los pensadores evolucionistas un
paso intermedio muy sugestivo entre las concepciones de Herbert
Spencer,
a quien parece haber leído con atención sobre estas cuestiones de vida,
consciencia y entorno, y el pensamiento ecológico contemporáneo, que
viene a añadir importantes matices al darwinismo clásico o al de la
síntesis: matices especialmente relevantes en el caso de los seres
vivos y conscientes, que mediante su reacción al entorno, y mediante la
generación mental de un futuro, intervienen como agentes en en su
propio diseño y destino.
Spencer, en su teoría general de la evolución expuesta en First Principles,
no trata sino muy someramente de la evolución biológica, pues pretende
establecer los principios generales del conocimiento y desarrollar una
teoría general de la evolución de todos los fenómenos, no sólo los
biológicos, sino también los físicos en general, cosmológicos,
geológicos, y pasando más allá de los biológicos a los sociales,
económicos, culturales, y psicológicos. Pero por el camino sí que
encuentra tiempo para hablar de la adaptación del ser vivo al entorno,
y viceversa, como un factor en la evolución. El viceversa es lo que más
me interesa resaltar en este post. Traduzco un fragmento del capítulo
sobre "Equilibration", donde habla de cómo los procesos evolutivos
tienden a pasar por una fase de equilibrio dinámico relativamente
estable. Aquí habla de la adaptación de costumbres, pero el mismo
razonamiento lo aplica a todo tipo de adaptación entre un individuo y
su entorno:
"Unas
verdades generales similares se manifiestan en el proceso de la
adaptación moral, que es una aproximación continua al equilibrio entre
las emociones y los tipos de conducta requeridos por las condiciones
que lo rodean. Al igual que el repetir la asociación entre dos ideas
facilita el que una sea excitada por la otra, de la misma manera la
descarga de sentimientos en la acción vuelve más fácil una descarga
subsiguiente de tal sentimiento en tal acción. Así sucede que si un
individuo se sitúa permanentemente en situaciones que requiren más
acción de determinado tipo de la que se ha requerido hasta entonces, o
de la que le viene por naturaleza—si por cada vez que la realiza de
modo más frecuente o más duradero bajo tal presión, la resistencia
queda algo disminuida, entonces, claramente, hay un progreso hacia un
equilibrio entre la demanda de este tipo de acción y su producción. Ya
sea en sí mismo, o en sus descendientes que continúen viviendo bajo
tales condiciones, la repetición forzosa debe al final producir un
estado en el que este modo de dirigir las energías no le sea más
repugnante que los otros modos que antes eran naturales a su raza." (§
456)
Spencer es heredero de la gran tradición de la economía política, de la
que tanta inspiración derivó Darwin—la "mano invisible" de la selección
natural viene a ser una versión de la mano invisible del mercado
descrita por Adam Smith. En Spencer, pues, también encontraremos una
reflexión sobre la economía como un proceso evolutivo que no sólo
adapta la cultura humana al entorno natural, sino que también adapta el
entorno natural a la cultura humana.
"Una
tribu de hombres que vivian de los animales salvajes y de la fruta
estará, está claro, siempre oscilando de un lado a otro de ese número
medio que pueda mantener el lugar en cuestión. Aunque, mediante una
producción artificial mejorada sin cesar, una raza superior
continuamente altere el límite que las condiciones externas le ponen a
la población, sin embargo siempre hay una retención de la población en
el límite temporal que se haya alcanzado." (§ 457).
Es decir, el ser humano, en sus culturas avanzadas, sí modifica
deliberadamente su entorno, y lo construye según sus necesidades. Esta
concepción proactiva del entorno pasa fácilmente de un contexto
económico humano a un contexto adaptativo en general: "Tanto en el
organismo individual como en el organismo social, la equilibración de
funciones genera equilibraciones de estructuras" (§ 458). Spencer no
llega a formular esta teoría con precisión en lo que respecta a la
relación entre las especies y su entorno. Su definición de la adaptación enfatiza
que "las fuerzas nuevas que han venido a actuar sobre el sistema, han
sido compensadas por las fuerzas opuestas que han despertado" (§ 452).
Esta definición no deja claro si, en el caso de un ser vivo en un
entorno, el entorno queda modificado,
o meramente contrarrestado.
Pero sí podría considerarse que la teoría de la adaptación del
ambiente al ser vivo se deduce, implícitamente, de la formulación
general que da Spencer de los múltiples efectos a que da lugar una
colisión de fuerzas (en este caso, la del ser vivo y la de su entorno).
Según esa definición general, la acción provoca una reacción que
transforma la fuerza inicial: en este caso, que transforma el entorno.
Una fuerza externa modifica una entidad determinada (un "agregado",
dice Spencer), pero los resultados de esta composición de fuerzas son
complejos, y resultan cambios que afectan a la fuerza incidente,
cambios tan numerosos como los que se producen sobre el objeto sobre el
cual actúa la fuerza. (First
Principles § 156).
La teoría de la evolución de Spencer, por tanto, favorece, por tanto,
un concepto complejo y recíproco de la relación entre el organismo y el
entorno, que resulta en una modificación mutua: algo que se vuelve muy
claro en el caso de la acción intencional humana sobre el entorno. Esta
concepción quedará más explícitamente desarrollada en la teoría del
entorno expuesta por G. H. Mead en The
Philosophy of the Present,
que enfatiza el papel de la consciencia, incluidos los niveles de
consciencia básicos, en la interacción dinámica y proactiva del ser
vivo con su entorno.
Este es un comentario de la sentencia de fecha 1 de julio del Tribunal
Superior de
Justicia de Aragón, recurso de apelación contra el procedimiento
abreviado 459/06, de José Ángel García Landa contra la Universidad de
Zaragoza. El asunto se refiere a una oposición a cátedra de Filología
Inglesa a la que me presenté, que fue dejada vacante en 2003 por una
comisión evaluadora presidida
por la catedrática Dra. Onega.
La sentencia del TSJA va sin numerar ni firmar (al margen de un
garabato,
uno, mal totoñado) por los Ilustrísimos Señores D. Jaime Servera
Garcías (presidente), D. Eugenio Ángel Esteras Iguácel (magistrado) y
D. Fernando García Mata (ponente de esta sentencia). La inopia
administrativa que esto demuestra va a juego con la pobreza del
tratamiento jurídico dado a este caso. Pobreza por no decir algo más,
pues este documento merecería un suspenso no ya en primero de Derecho,
sino en primero
de bachillerato. Es una sentencia que me es desfavorable, pero no
la comento aquí porque me sea desfavorable (—"yo no soy Tonto"—), sino
porque el exponerla a la luz pública les es desfavorable a estos
magistrados, y al tribunal de oposición que pudiera sentirse
justificado en su actuación por semejante sentencia.
Es una sentencia plagada de despropósitos jurídicos y lógicos. Sólo una
voluntad
insensata
de querer dar la razón a la Administración, aunque soplen chuzos,
podría servir para entender de dónde puede salir esta... cosa, viniendo
de gente con estudios. Digo con estudios, y no con criterio, pues de
ése ya se verá su talla. Presento la sentencia, pues, como documento
autoexplicativo de por qué he perdido el caso, y como un ejemplo
acabado
del mal hacer de nuestro sistema judicial: es una vergüenza para el
Aragón y la Justicia que supuestamente representan estos magistrados—un
pequeño modelo a escala (por lo irrelevante del caso) de las honduras a
que puede descender lo judicial en este país. Tiembla uno de pensar
cómo actuarán en casos de mayor trascendencia estos Togados.
Pondré el nombre de los jueces al lado de su obra en cada uno de los posts. Lo
siento, pero hoy en día todo va a Internet. Ya no estamos en los años
en que estas cosas dignas de verse y
exhibirse se pudrían en el fondo de un legajo.
Esto no es sino un capítulo (no el menos vergonzoso) de una larga
historia. Aquí
pueden leerse algunos episodios previos. Una comprensión completa
de todo el caso requeriría publicar,
cum commento, los detallados
recursos enviados al Rectorado de la Universidad de Zaragoza. Estos
fueron desoídos, y contestados por el rector Pétriz con silencio
administrativo, antes de llegar el caso a los tribunales de lo
contencioso-administrativo (—que llegó, pese a las triquiñuelas de la
Universidad). Quizá un día publique esos recursos presentados al
Rector. Pero ahora, por atenerme a
los antecedentes inmediatos, me limitaré al recurso de apelación que ha
resuelto esta segunda sentencia de lo contencioso administrativo. En su
momento ya comenté la primera
sentencia, del juez Javier Albar—también sentencia de traca. Puede
leerse aquí el comentario.
El recurso de apelación que presenté a esa primera sentencia lo
transcribiré al pie de este post, antes de pasar, en una serie de posts
sucesivos, al comentario detallado de cada uno de los puntos del
razonamiento, por así llamarlo, de los magistrados del Tribunal
Superior de Justicia de Aragón, en su respuesta al mismo.
Recuérdese que en todo este caso sólo pueden someterse a recurso
irregularidades formales, es decir, atentados contra el correcto
proceso administrativo. Atentados contra la Filología, por parte de los
miembros del tribunal, los hubo todavía más graves, pero ahí están
resguardados los miembros por la cláusula de discrecionalidad técnica que
ampara a las comisiones juzgadoras: ya se utilice para aplicar
criterios de especialista, como deberían, o para hacer de su capa un
sayo, cuando así lo deciden. Así que no entraremos para nada en las
cuestiones de fondo (de filología y de lingüística): toda esta
discusión se refiere únicamente a las numerosas irregularidades de
forma y procedimiento que se alegaron contra la comisión juzgadora
compuesta por los Dres. Francisco Garrudo, Bernhard
Dietz, Constante González Groba y Montserrat Martínez Vázquez, y
presidida por la Dra. Susana Onega, catedrática de mi departamento. Los
jueces han sentenciado que no hubo irregularidad. Un lector atento
puede, sin embargo, hacerse su propia opinión sobre la cuestión. Sobre
todo si conoce cómo se cuecen las habas en la Universidad, o en los
juzgados.
AL JUZGADO DE
LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO Nº DOS DE ZARAGOZA
Dña. PAULA
HORMIGON SOLAS,
abogada del R. e I. Colegio de Abogados de Zaragoza, colegiada nº 4375,
con despacho abierto en esta Ciudad, Plaza de los Sitios, nº 18 - 3º
Izda., ostentando la representación de D. JOSÉ ANGEL GARCÍA
LANDA, tal y como tengo
acreditado en autos de recurso contencioso administrativo que se siguen
ante el Juzgado
de lo Contencioso-Administrativo nº Dos de Zaragoza con el nº 459/2006-BM, ante dicho Juzgado comparezco y, como
mejor en derecho proceda, DIGO:
Que con fecha 6 de julio de 2007
me ha sido notificada la sentencia nº 224 de ese Juzgado, dictada en
los presentes autos el día 3 de julio anterior, por la que se procede a
desestimar el recurso interpuesto por D. José Ángel García Landa contra
la resolución desestimatoria presunta del recursode alzada interpuesto
el 14 de noviembre de 2005 contra resolución de 7 de febrero de 2003
que había declarado desierta la plaza nº 1 del Cuerpo de Catedráticos
de Universidad del Área de Conocimiento de Filología Inglesa en la
Universidad de Zaragoza, convocada por Resolución de 25 de octubre de
2001.
Que, comoquiera que esta parte
considera, dicho sea con el debido respeto, que la sentencia de
referencia no es acorde a derecho y resulta ser lesiva para sus
legítimos intereses, formula, al amparo de lo dispuesto en los
artículos 81 y siguientes de la vigente Ley Jurisdiccional, el presente
RECURSO
DE APELACIÓN que basa en
las siguientes
ALEGACIONES
PRIMERA.-
Preliminar
La sentencia de instancia, después
de rechazar la causa de inadmisión opuesta de contrario, desestima el
recurso contencioso-administrativo formulado por esta parte. Las causas
de denegación se recogen en cuatro fundamentos jurídicos de la
sentencia. El primero de ellos viene a considerar que la composición
del ribunal fue en todo momento conforme a derecho, el segundo de ellos
considera que las cuestiones alegadas en relación al perfil formaban
parte de la discrecionalidad técnica de la Comisión Juzgadora, el
tercero considera que la valoración del proyecto investigador no
suponía una vulneración de la normativa aplicada a este tipo de
procesos, y el cuarto entiende que el establecer como prioritario el
mérito de la actividad investigadora no implica que éste sea el mérito
mayoritario.
A la impugnación de estos
fundamentos, junto con dos cuestiones más, alegadas a lo largo del
procedimiento, pero a las que no se ha dado respuesta en la sentencia
de instancia, como es el hecho de que mi mandante sí que presentó
proyecto de investigación, junto con las irregularidades a la hora de
las votaciones por parte de la Comisión Juzgadora, se dedican las
siguientes Alegaciones.
SEGUNDA.-
Incorrecta interpretación por parte de la sentencia de instancia de la
normativa reguladora de la composición de las Comisiones Juzgadoras
En
relación a la composición de la Comisión Juzgadora, los hechos
acaecidos son los siguientes: En fecha de 3 de febrero de [2003] se
procede a constituir la Comisión encargada de juzgar el concurso para
la provisión de una plaza de Catedrático. En el Acta de Constitución de
la Comisión (folio 97 del expediente) figura la presencia de los cinco
miembros de la misma. Ese mismo día se fijan los criterios de
valoración del proceso selectivo. En el acta correspondiente (folio 98
del expediente) sigue figurando la presencia de todos los miembros de
la Comisión. Ese mismo día se realiza el acto de presentación de los
concursantes admitidos, los cuales hacen entrega de la documentación
correspondiente a la primera prueba; la Comisión hace constar orden de
actuación de los aspirantes, así como el lugar y hora para la
realización de las mismas. Todo esto figura en el Acta de Presentación
(folio 100 del expediente) donde siguen figurando las firmas de los
cinco miembros de la Comisión juzgadora del proceso.
El día siguiente, 4 de febrero de
2003 (folio 102 del expediente) se levanta un Acta Incidental en la
cual figura que "Concluido
el Acto de Presentación del Concuros para la provisión de la plaza para
el Cuerpo de Catedráticos de Universidad correspondiente al área de
conocimiento de Filología Inglesa convocada por resolución de 25 de
octubre de 2001 (BOE de 12 de noviembre) y ausentándose
D. Berndhard Dietz Guerrero, por fallecimiento de un familiar, del acto
de Remisión de Informes, procedo en mi condición de Presidenta, a
determinar su cese como miembro de la Comisión de conformidad con lo
dispuesto en el artículo 7.6 del Real Decreto 1888/1984 de 26 de
septiembre".
A dicha Acta
incidental se adjuntaba escrito del Sr. Dietz (folio 103 del
expediente)
en el cual literalmente manifiesta y hace constar "su renuncia
al citado tribunal, en el día de hoy, 4 de febrero de 2003, se ha
producido el fallecimiento en Madrid de un tío suyo, motivo por el cual
excusa su participación en los trabajos (...)"
El incorrecto tratamiento por
parte de la Comisión Juzgadora primero, y de la sentencia de instancia,
después, en relación a la diferencia entre ausencia y renuncia, viene a
ser uno de los motivos de impugnación de la misma.
El Juzgador de instancia considera
conforme a derecho que aunque el Sr. Dietz manifestara su renuncia, el
tratamiento que diera la Comisión fuera el de ausencia injustificada,
aplicando el procedimiento del artículo 7.5 del RD 1888/1984 y
procediendo a cesarle en su condición de vocal. A partir de lo
anterior, el hecho de que durante todo el proceso la Comisión estuviera
constituida por cuatro de sus miembros resultaba, según el juzgador de
instancia, conforme a la legalidad.
Ante esta cuestión, hay que
señalar la importancia que tiene la diferencia entre la renuncia de un
miembro a seguir formando parte de una Comisión y lo que supone la
ausencia de un miembro a alguna de las pruebas del proceso. El
procedimiento a seguir difiere,
y en el presente caso se trató como una ausencia lo que en realidad era
una renuncia, hecho [que] constituye una actuación disconforme a
derecho, lo que produce que en la realización de las pruebas la
Comisión Juzgadora estuviera incorrectamente constituida.
Como venimos manifestando, el
tratamiento que la normativa realizaba de la renuncia y de la ausencia
es diferente.
En este sentido el Real Decreto
1888/1984, de 26 de septiembre, por el que se regulan los concursos
para las plazas de los Cuerpos docentes universitarios, en su redacción
dada por el Real Decreto 1427/1986 establecía en relación a la Renuncia en el apartado 10 del artículo sexto
que "el
nombramiento como miembro de una Comisión es irrenunciable, salvo
cuando concurra una causa justificada que impida su actuación como
miembro de la misma. En este caso, la apreciación de la causa alegada
corresponderá al Rector de la Universidad que convoca la plaza, que
deberá resolver en el plazo de cinco días, a contar desde la recepción
de la renuncia, actuándose a continuación en su caso, según el
procedimiento establecido en el apartado 12 de este artículo". Por su parte el apartado 12 de este
mismo artículo establece que "En
los casos de abstención, recusación o de causa justificada que impidan
la actuación de los miembros de la Comisión Titular, serán sustituidos
por sus respectivos suplentes".
Por su parte y en relación a la Ausencia de alguno de los miembros de la
Comisión, el artículo 7.5 del RD 1888/1984 establece que "Los
miembros de la Comisión que estuvieran ausentes en alguna de las
pruebas correspondientes a alguno de los concursantes cesarán en su
calidad de miembros de la misma, sin perjuicio de las responsabilidades
en que pudieran haber incurrido".
La diferencia entre renuncia y
ausencia en el marco de un proceso selectivo es que la primera se
refiere a la voluntad de un miembro de la Comisión de dejar de
participar como miembro de la misma a partir de un determinado momento
(luego habrá de determinarse por el Rector si la causa alegada es
justificada o no); sin embargo la ausencia se refiere a la no
concurrencia de un miembro a alguna de las pruebas.
En palabras del Diccionario la Renuncia es la "Dimisión o dejación voluntaria de algo que
se posee, o del derecho a ello." La Ausencia es la "Acción de ausentarse o estar ausente.
Tiempo en el que se está ausente. Falta de alguna cosa."
La renuncia deberá ser cursada por escrito, la ausencia no. Por cuanto,
tal y como establece el artículo 6.10 del RD 1888/1984 de constante
referencia, el Rector tiene cinco días desde la recepción de la
renuncia para resolver sobre la causa alegada por el miembro del
Tribunal que desea renunciar. Sin embargo, la ausencia de algún miembro
es la falta de asistencia del mismo a alguna de las pruebas, ésa es la
razón de que ésta pueda conllevar responsabilidad del que se ha
ausentado.
En el caso que nos ocupa, por lo tanto, nos encontramos ante la
renuncia del Vocal Sr. Dietz a ser miembro de la Comisión que juzgaba
el concurso para la provisión de la plaza para el Cuerpo de
Catedráticos de Universidad correspondiente al Área de Conocimiento de
Filología Inglesa, por cuanto lo que hace constar en su escrito el Sr.
Dietz es "su
renuncia al citado Tribunal"; además "excusa su
participación en los trabajos". En todos los trabajos, por
cuanto su voluntad es dejar de formar
parte de la Comisión Juzgadora.
El Sr. Dietz renunció a ser miembro de la Comisión Juzgadora del
proceso de referencia.
En este marco, la Presidenta de la Comisión no podía considerar como
ausencia lo que constituía una renuncia; a este respecto, en la
sentencia de instancia, se manifiesta que posiblemente la razón de que
se tratara como ausencia lo que era una renuncia era porque "posiblemente
no se estaba ante una causa justificada, ya que se trataba de un
familiar no directo y no se aportó el justificante del fallecimiento ni
del día en que el mismo se produjo".
Sin embargo, el órgano competente para juzgar si se trataba de una
ausencia justificada, no era
ni la Presidente ni los
demás miembros de la Comisión, sino el Rector de la Universidad de
Zaragoza.
En este sentido, la actuación correcta por parte de la Comisión debía
de haber comportado la remisión del escrito de renuncia al Rector,
órgano encargado de apreciar si concurría causa justificada para ello
(artículo 6.10 del RD 1888/1984), circunstancia que no aconteció en el
proceso selectivo de referencia, donde fueron los demás miembros de la
Comisión los que decidieron calificar a la renuncia como ausencia y
seguir el procedimiento para esta última establecido en el artículo 7.5
del RD 1888/1984.
El que la sentencia de instancia considere conforme a derecho esta
actuación de la Comisión, dicho con el debido respeto, supone una
incorrecta aplicación de las normas que regulan las Comisiones
Juzgadoras en este tipo de procedimientos (RD 1888/1984).
En resumen y en relación a esta cuestión, hay que manifestar que la
sentencia de instancia realiza una incorrecta interpretación de los
artículos 6.10 y 7.5 del Real Decreto 1888/1984, de 26 de septiembre,
por el que se regulan los concursos para la provisión de plazas de los
Cuerpos docentes universitarios, por cuanto otorga una potestad no
reconocida a las Comisiones Juzgadoras como es cursar como ausencia lo
que en realidad es una renuncia; y en segundo lugar como es el juzgar
si se está ante una causa justificada o no, cuando no es el órgano
encargado para ello.
La consecuencia de la actuación de la Comisión tratando como ausencia
lo que era una renuncia fue importante, por cuanto determinó que las
pruebas las juzgaran cuatro personas, cuestión a resaltar cuando
estamos en procesos selectivos donde hacen falta tres votos para poder
ser propuesto para la plaza objeto de provisión.
TERCERA.-
Incorrecta valoración de la sentencia de instancia en relación a la
aplicación del perfil a los méritos de los concursantes por parte del a
Comisión Juzgadora.
La sentencia de instancia viene a entender que la actuación de la
Comisión Juzgadora en relación al perfil de la plaza se enmarca en la
discrecionalidad técnica que poseen todas las Comisiones Juzgadoras. En
este sentido, viene a entender que la Comisión Juzgadora del proceso
selectivo de referencia, aun a sabiendas de que el perfil establecido
de "lingüística inglesa" era un perfil amplio (por cuanto englobaba
muchas asignaturas de la licenciatura) no había querido limitar dicho
perfil, por un posible carácter polivalente que se le quería dar a la
plaza en cuestión.
Pero es que la cuestión que se dilucidaba en relación al perfil de la
plaza, no se circunscribía únicamente a esto.
Una cosa cierta es que el perfil que se había fijado para la plaza en
cuestión no respetaba la definición que a este respecto establecía el
Real Decreto 1888/1984, de 26 de septiembre, por el que se regulan los
Concursos para la provisión de Plazas de cuerpos docentes
universitarios, que viene a definir el perfil de la plaza como las
actividades docentes e investigadoras concretas que deberá realizar
quien obtenga la plaza que la Universidad convoca. Es decir, que el
perfil de la plaza no se correspondía con ninguna asignatura de la
licenciatura de filología inglesa.
En el presente caso, el perfil propuesto venía a encuadrar casi la
mitad de las asignaturas que comprenden la licenciatura de referencia.
Sin embargo, y en lo que constituye una actuación arbitraria, la
Comisión, en sus informes, manifiesta una inadecuación de los méritos
de mi mandante al perfil de la plaza.
Esta manifestación de inadecuación al perfil de la plaza resulta
arbitraria, por cuanto contraviene los hechos. Hechos que avalan la
trayectoria de mi mandante en el ámbito de la lingüística. En este
sentido figuran sus publicaciones avaladas en revistas, libros y
editoriales de reconocido prestigio, Sexenios de Investigación, etc.
La Comisión Juzgadora parece haber procedido a limitar el perfil tan
amplio fijado a priori, estableciendo que el currículum de mi mandante
no se correspondía con tal perfil, eso sí, sin dar ninguna explicación
que motive tal decisión.
El perfil de la plaza se fija en la convocatoria del proceso selectivo
del que se trate; en este caso, y a juicio de esta parte, el pefil no
se ajustaba a la normativa puesto que no se corresponde con ninguna
asignatura del plan de estudios, sino a un conjunto de las mismas. Pero
una vez fijado dicho perfil, la Comisión Juzgadora no puede proceder a
limitarlo a su antojo, como realizó en el presente proceso selectivo,
donde procedió a manifestar que el currículum de mi mandante no se
correspondía a la Cátedra objeto de provisión, sin dar ninguna
argumentación, y cuando esto contraviene los propios méritos de mi
mandante puestos de manifiesto tanto en los sexenios de investigación,
como en los artículos, revistas, libros, etcétera, publicados en
editoriales de reconocido prestigio.
Establecido lo anterior, habrá que colegir que según la interpretación
que da la propia sentencia de instancia en relación a los límites de la
discrecionalidad técnica de las Comisiones Juzgadoras, la actuación de
la Comisión Juzgadora no se adecuó al perfil de la plaza, actuación que
resulta disconforme a derecho tal y como se ha manifestado.
En resumen, teniendo en cuenta la amplitud del perfil de la plaza
fijado en la convocatoria de referencia, perfil que como se ha
manifestado, y quedó probado en la fase de prueba del procedimiento de
referencia, no se corresponde con ninguna asignatura en concreto de la
licenciatura, sino que puede enmarcar casi la mitad de las mismas, el
hecho de que varios miembros de la Comisión manifestaran que el
currículum de mi mandante no resultaba acorde con el perfil de la plaza
resulta totalmente arbitrario, y absolutamente ausente de motivación,
más, cuando, como se viene manifestando, dicha afirmación contrasta con
los sexenios de investigación y demás méritos que ostenta mi mandante.
CUARTA.- Incorrecta valoración por
parte del juzgador de instancia en relación a la valoración del
proyecto de investigación en este tipo de concursos.
En relación a la exigencia de proyecto investigador, la
sentencia de instancia viene a reconocer que la normativa de aplicación
al proceso selectivo de referencia no exigía la presentación de
proyecto de investigación. Sin embargo, viene a manifestar que el que
no fuera necesario no quiere decir que no fuera aconsejable su
presentación.
Sobre este particular se manifiesta que aunque es cierto que la
referencia al proyecto investigador desapareció tras la modificación
realizada por el RD 1427/1986, el hecho de que en el punto 9.2 se haga
referencia a dicho proyecto investigador, lo hace compatible con una
valoración del mismo.
Sin
embargo,
una interpretación sistemática del articulado nos permite afirmar que
la normativa no recogía la valoración de proyecto de investiga[ción]
para la primera prueba de esta clase de procesos selectivos, hecho que
reservaba para el segundo de los ejercicios.
En este sentido, si se trae a colación el punto tercero de este
artículo nueve del RD 1888/1984, se observa que éste contempla en
relación a la primera prueba lo siguiente:
"La primera prueba de estos concursos será pública y consistirá en la
exposición oral por el concursante, en el tiempo que estime oportuno,
de los méritos alegados y la defensa del
proyecto docente presentado. Seguidamente la Comisión debatirá
sobre sus méritos, historial académico e investigador y proyecto
docente presentado. Esta prueba tendrá carácter eliminatorio
para todos aquellos concursantes que no obtengan en la misma, al menos
tres votos".
Es decir, que el hecho de que se haga referencia al proyecto docente e
investigador en el punto segundo del artículo 9.2 del RD 1888/1984,
sólo puede imputarse a una incorrección de la técnica legislativa, en
el sentido de que la modificación llevada a cabo por el RD 1427/1986 no
tuvo en cuenta que en el apartado segundo del artículo 9 se hacía
también referencia a dicha cuestión.
No obstante, y como se viene manifestando, una lectura sistemática de
la normativa relativa a los concursos regulados en los artículos 35 a
38 de la Ley de Reforma Universitaria sólo puede llevar a la conclusión
de que la primera de las pruebas de este tipo de concursos no contempla
la valoración de un proyecto investigador. Y el hecho de que se
contemplara como uno de los criterios de valoración en primer lugar, y
valorando negativamente su no aportación por parte de la Comisión,
supone un comportamiento totalmente disconforme a derecho.
En este sentido, se hace necesario recordar que los criterios de
valoración recogían la valoración del proyecto investigador como uno de
los requisitos a tener en cuenta para la provisión de la plaza en
cuestión. Y los miembros de la Comisión recriminaron su no presentación
al Sr. García Landa, tal y como consta en los informes razonados.
En relación a esta cuestión, la sentencia de instancia viene a
entender que es posible la interpretación que suponga la valoración de
un proyecto de investigación aunque no sea obligatoria su presentación
en este tipo de procedimientos. Sin embargo, esta afirmación, dicho sea
con el debido respeto, no puede considerarse conforme a derecho.
Y esto por cuanto y como se ha manifestado, este criterio estaba
contemplado en la normativa de aplicación a los concursos regulados por
los artículos 35 a 38 de la Ley de Reforma Universitaria (sin embargo,
sí que estaba contemplado para los concursos regulados en el apartado 3
del artículo 39 de la Ley de Reforma Universitaria).
En relación a esta cuestión, se trae a colación la sentencia de la Sala
Segunda del Tribunal Constitucional nº 138/2000, de 29 de mayo (rec.
3061/1996) que señala lo siguiente:
"los
criterios que para la valoración de las pruebas ha de fijar y hacer
pública la Comisión evaluadora deben respetar y ser compatibles en todo
caso con las normas reguladoras del procedimiento selectivo, las
cuales, en consecuencia, no pueden ser desconocidas e ignoradas en el
establecimiento e interpretación de tales criterios"
Esta conclusión trae causa en una argumentación anterior
en relación a los criterios exigibles en un concurso para acceder a
profesor titular de universidad, que a la sazón también estaba regulado
en el artículo 9 del RD 1888/1984, de 26 de septiembre, por el que se
regulan los concursos para la provisión de plazas de los Cuerpos
docentes universitarios en la redacción dada por el RD 1427/1986. En
este sentido, la sentencia entiende que hay que respetar la normativa
reguladora de los procesos respetando los límites que ésta impone. En
la sentencia traída a colación, se otorga el amparo al recurrente por
cuanto en el proceso al que se había presentado se había aplicado el
mérito de la experiencia docente como requisito encubierto para acceder
a la plaza.
En relación a esta cuestión, esta sentencia, en su Fundamento Noveno,
señala lo siguiente:
"No
cabe duda, ciñéndonos al caso que ahora nos ocupa, que la experiencia
docente, a tenor de lo dispuesto en los arts. 37.2 LORU y 9.3 y 4 del
Real Decreto 1888/1984, de 26 Sep., en la relación dada por el Real
Decreto 1427/1986, puede ser uno de los méritos aportados por los
candidatos a plazas de Profesor Titular de Universidad y que ha de ser
valorado por la Comisión evaluadora en la selección de los aspirantes
en el marco de la primera de las pruebas del concurso junto
con otros méritos, el historial académico e investigador y el proyecto
docente presentado por cada candidato."
En lo que aquí interesa, llamamos la atención sobre que el
Tribunal Constitucional, en este tipo de procesos (como el que nos
ocupa) regulados en los artículos 35 a 38 de la Ley de Reforma
Universitaria, y en virtud de lo establecido en el artículo 9 del RD
1888/1984, en la redacción dada por el RD 1427/1986, considera como
méritos valorables: la experiencia docente, historial académico e
investigador, proyecto docente presentado, y otros méritos.
Es decir, que no se
contempla como mérito la valoración de proyecto investigador, ni por
la normativa de aplicación ni por
la jurisprudencia que la interpreta.
Establecido lo anterior, habrá que afirmar con rotundidad la total
disconformidad a derecho de que en los criterios de valoración se
contemplara como mérito a valorar el proyecto investigador. Por lo
tanto, la sentencia de instancia, al considerar la posibilidad de
valoración del proyecto de investigación como mérito, vulnera la
normativa de aplicación (RD 1888/1984, en la redacción dada por el RD
14271986), así como la jurisprudencia.
Una vez determinado lo anterior, se hace necesario señalar que, dicho
con el debido respeto, el Juzgador de instancia minimiza el alcance que
hay que darle a esta cuestión, señalando que como en el apartado en el
que se valoraba el proyecto investigador se compartía también la
valoración del proyecto docente y era de un 20%, la máxima puntuación
que se podía obtener por este concreto apartado era de 10.
Sin embargo, la incidencia de un incorrecto criterio de valoración no
se limita a la puntuación asignada al mismo (puntuación que además no
se hubiera limitado a lo manifestado en la sentencia, por cuanto el
porcentaje indebidamente asignado a este criterio hubiera recrecido a
otro) sino que el hecho de haber incluido incorrectamente como mérito
la valoración de un proyecto [investigador] supone una actuación
irregular de la Comisión Juzgadora del proceso selectivo de referencia,
lo cual permite afirmar que existe una quiebra de la presunción de
legalidad de la actuación de esta Comisión en el concurso para la
provisión de una plaza de Catedrático en el Área de Conocimiento de
Filología Inglesa en la Universidad de Zaragoza.
Pero es que, en relación a esta cuestión, aún hay más.
Consta en el expediente administrativo cómo desde el principio mi
mandante ha sostenido que en la voluminosa documentación que se entregó
a la primera prueba del proceso selectivo de referencia sí que se
incluía proyecto investigador; este hecho también se puso de relieve en
el acto del juicio.
En este sentido, consta en las carpetas 81 y 82 de la documentación
listada en el currículum el proyecto investigador que tiene como título
"Narración, Interacción e Interpretación".
Es decir, que mi mandante sí que
presentó proyecto investigador.
Por lo tanto, resulta doblemente arbitraria la actuación de la
comisión, en primer lugar incluyendo como mérito a valorar un proyecto
investigador cuando esto no lo permite la normativa de aplicación a
este
tipo de concursos, y en segundo lugar por cuanto, si se observa la
documentación que se acompañó a la prueba del proceso de referencia, se
observa cómo sí que había proyecto investigador; por tanto resultan
arbitrarias las afirmaciones de los Informes razonados de los miembros
de la Comisión que manifiestan su inexistencia.
Por lo tanto y también por esta razón procede la revocación de la
sentencia de instancia.
QUINTA.-
Incorrecta interpretación por parte de la sentencia de instancia de la
normativa de aplicación en relación a la obligación en este tipo de
procesos de que se considere la actividad investigadora como mérito
prioritario.
En relación a esta cuestión, hay que recordar que los criterios
de valoración otorgaban un 40% a la actividad investigadora, un 30% a
la experiencia docente, un 10% a la experiencia de gestión, y un 20% a
la valoración del proyecto docente e investigador.
Dice la sentencia de instancia que la prioridad no puede interpretarse
como que el mérito deba computarse de forma mayoritaria; en este
sentido además considera que si tenemos en cuenta la valoración del
proyecto investigador, las cuestiones relacionadas con la investigación
llegan al 50%.
A este respecto, hay que manifestar con rotundidad que no puede
considerarse conforme a derecho la valoración como mérito en este tipo
de procesos del proyecto de investigación; por lo tanto, no puede
resultar conforme a derecho su inclusión como mérito investigador. Por
otra parte, una cosa es un proyecto de investigación, y otra la
actividad investigadora desarrollada por un candidato.
El artículo 8.2 del RD 1888/1984 establece con relación a los
criterios, además de que al primer ejercicio deberá asignársele como
mínimo un valor doble y como máximo un valor triple que al segundo
ejercicio, también que se deberá
evaluar como mérito prioritario las actividades de investigación.
En este sentido, habrá que considerar, tal y como establece la
jurisprudencia, que mérito prioritario supone, de algún modo, que esta
actividad investigadora representa una prima adicional en el conjunto
de méritos de cada uno de los concursantes, y que se incorpora como un
factor valuable privilegiadamente en comparación con el resto de su
actividad y su currículum profesional.
En este sentido, la actividad investigadora no puede contemplarse por
parte de la Comisión como un mérito más de entre todos los que deben de
tenerse en cuenta.
Siguiendo con lo anterior, el hecho de que la valoración de la
actividad investigadora únicamente tuviera un peso del 40% no supone su
caracterización como mérito prioritario, por cuanto un candidato sin
absolutamente ninguna actividad de este tipo, pero con unas
puntuaciones elevadas en los demás apartados, podía superar esta
primera prueba por delante de un candidato con el máximo de puntuación
en el apartado de la actividad investigadora.
Esta circunstancia precisamente es la que se pretende evitar con el
establecimiento como mérito prioritario de la actividad investigadora
en el artículo 8.2 del RD 1888/1984; por lo tanto, la interpretación
que sobre esta cuestión realiza el juzgador de instancia tampoco
resulta conforme a derecho.
SEXTA.-
Incongruencia omisiva de la sentencia de instancia en relación a la
irregularidad en la votación de la primera prueba por parte de la
Comisión Juzgadora.
En relación a esta cuestión, la sentencia de instancia guarda silencio.
No obstante, se hace necesario llamar la atención sobre la falta de
conformidad de las votaciones de los miembros de la Comisión con la
puntuación otorgada al candidato y con, lo que es más grave, los
informes razonados de los miembros de la Comisión, [que] no se
corresponden con las votaciones otorgadas.
En este sentido, la propia sentencia de instancia, en su fundamento
octavo, señala que los miembros de la Comisión fueron más críticos con
[el Sr. García Landa] que con el resto de candidatos, "especialmente
la señora Onega y el señor Garrudo, folios 112 y 113". Sin
embargo, el único voto
que le fue otorgado a mi mandante fue de la Sra. Onega, precisamente
uno de los miembros de la Comisión más críticos con el Sr. García Landa.
Y es que una cosa es la valoración que se realice de los méritos de los
concursantes para motivar la decisión de la Comisión, y otra que, como
parece desprenderse de la actuación de la Comisión, ésta haya
trasladado dicha puntuación a un número determinado de votos, cuestión
que resulta disconforme a derecho.
Mientras que en la primera prueba los miembros de la Comisión pueden
votar a todos los candidatos o a alguno de ellos, en la segunda de las
pruebas deben seleccionar a uno de los mismos, en orden a proponerlo
para la provisión de la misma.
Como se ha manifestado, el hecho de que precisamente una de las
personas más críticas con mi mandante en su informe razonado ha sido la
que le ha otorgado el voto, resulta un comportamiento arbitrario y por
lo tanto vedado en nuestro ordenamiento jurídico.
En este sentido, y tal y como señala el TSJ de Cataluña en su sentencia
de 8 de marzo de 2006, dictada al recurso 673/2002:
"(...)
una cosa es el voto para superar el primer ejercicio y otra diferente
es la puntuación que cabe otorgar al mismo. La primera prueba del
concurso tiene carácter eliminatorio, según dispone el art. 9.3 del RD
1888/1984, por lo que los miembros de la Comisión han de votar si
estiman que los concursantes han "aprobado" la primera prueba, por
reunir los méritos suficientes para ocupar la plaza convocada;
lógicamente, en esta primera prueba, los miembros de la Comisión pueden
votar a todos los concursantes según consideren que reúnen méritos
suficientes para ocupar la plaza, a diferencia de la segunda prueba
donde el voto sólo puede ser otorgado a uno de los concursantes, que es
el finalmente elegido por cada miembro de la Comisión en el
procedimiento de concurrencia competitiva".
Sobre este particular, también se puede traer a colación [la]
sentencia de la sala de lo contencioso-administrativo del TSJ de
Galicia de 4 de marzo de 2002, dictada al recurso 877/2000
Esta sentencia se enmarca en un procedimiento sobre provisión de plaza
de Catedrático en la Universidad de Santiago de Compostela. En la misma
se procede a desestimar el recurso planteado contra la propuesta de la
Comisión de Reclamaciones de la Universidad, en la cual, estimando las
alegaciones de uno de los concursantes, no ratifica la propuesta de la
Comisión Juzgadora.
En este sentido, precisamente uno de los argumentos de la no
ratiticación de la propuesta era la incoherencia entre los informes y
votos emitidos por los miembros de la Comisión Juzgadora.
Pronunciándose en los siguientes términos:
"(...)
el Presidente tras calificar de "Brillante" y "Excelente" el currículum
del aspirante Sr. E., vota sin embargo al Sr. U. cuyo currículum había
calificado de "Meritorio" o "Bueno". El Vocal 3º que, por un lado,
calificó la exposición y defensa del currículum y proyecto docente del
Sr. E. como "Muy buena" y la exposición y defensa del proyecto de
investigación como "Aceptable" y, por otro, calificó, por iguales
apartados, al actor Sr. S. con las calificaciones de "Aceptable" y "Muy
buena", teniendo en cuenta el valor doble o triple de la primera prueba
tendría que haber votado a favor del Sr. E. y, sin embargo, lo hizo a
favor del Sr. S. Al recurrente se le valora negativamente la exposición
de su proyecto docente y, pese a ello, le otorgan cinco votos y una
calificación global de 7,4 puntos."
Dicho lo cual, la sentencia de este Tribunal entiende que en
dicho proceso selectivo se habían producido irregularidades de magnitud
suficiente, para afirmar que habían alterado los principios de
igualdad, mérito y capacidad que deben regir en estos procedimientos de
selección, razón por la cual estimaban conforme a derecho la no
ratificación por parte de la Comisión de Reclamaciones de la propuesta
realizada por la Comisión Juzgadora.
Por lo tanto, y aplicado al caso que nos ocupa, el hecho de que una de
las personas más críticas en su informe otorgara su voto a mi mandante,
junto con el hecho de que parece que este voto responde a una
traslación de la puntuación otorgada a los candidatos a un número
determinado de votos, resulta una actuación disconforme a derecho y
vulneradora de la normativa de aplicación a este tipo de concursos.
De todo lo anterior se infiere que la sentencia de instancia no ha
interpretado correctamente la normativa de aplicación a este tipo de
procesos (Ley de Reforma Universitaria y RD 1888/1984, modificado por
el 1427/1986), por cuanto la actuación de la Comisión Juzgadora del
concurso de referencia resutó arbitraria y vulneradora de los
principios de igualdad de mérito y capacidad que deben concurrir en
todo proceso selectivo.
En este sentido y teniendo en cuenta que los Tribunales
jurisdiccionales pueden y deben controlar que no exista interdicción de
la arbitrariedad de la Administración en el ejercicio de sus potestades
discrecionales, procede la estimación del presente recurso, con la
consiguiente revocación de la sentencia de instancia.
SÉPTIMA.- Conclusión
En resumen de todo lo expuesto, habrá que colegir que la sentencia de
instancia, dicho con el debido respeto, debe ser revocada por cuanto
adolece de vicios de antijuridicidad.
En este sentido, dicha sentencia realiza una incorrecta interpretación
de las normas reguladoras de los procesos selectivos regulados por los
artículos 35 a 38 de la Ley de Reforma Universitaria, aplicados al
proceso selectivo en el que participó mi mandante para una plaza de
Catedrático en el Área de Conocimiento de Filología Inglesa en la
Universidad de Zaragoza.
En primer lugar, y en relación a los criterios de valoración, la
sentencia de instancia realiza una aplicación incorrecta del requisito
contemplado en el artículo 8.2 del RD 1888/1984, en relación a que los
criterios de valoración de este tipo de procesos selectivos deben tener
en cuenta la actividad investigadora como mérito prioritario. Asimismo,
la sentencia de instancia, al considerar conforme a derecho que los
criterios de valoración incluyeran como mérito a valorar el proyecto
investigador, también incurren en vulneración de lo establecido a este
respecto en el artículo 9 del RD 1888/1984, en la redacción dada por el
RD 1427/1986, así como en la jurisprudencia que se ha traído a colación.
En segundo lugar, también la sentencia de instancia resulta incorrecta
en relación a la aplicación del perfil de la plaza a los méritos de los
concursantes. En este sentido, y aun siendo que había un perfil muy
amplio (por cuanto se corresponde con la mitad de las asignaturas de la
licenciatura) la Comisión había procedido a limitar en su aplicación el
perfil, considerando que los méritos de mi mandante no se
correspondían al mismo, cuando éste en ese ámbito tiene sexenios de
investigación, así como multitud de artículos publicados en revistas de
reconocido prestigio. La sentencia, de forma incorrecta, a juicio de
esta parte, da por buena la aplicación realizada del perfil a los
méritos de los concursantes en el proceso selectivo de referencia.
En tercer lugar, la sentencia de instancia realiza una incorrecta
interpretación de la normativa en relación a la constitución de las
Comisiones Juzgadoras, a partir de la renuncia de uno de sus miembros.
Tal y como se ha traído a colación, resultó antijurídico el
procedimiento seguido por parte de la Comisión ante la renuncia del
vocal Sr Dietz. A juicio de esta parte, la sentencia a este respecto
vulnera lo establecido en el artículo 6.10 del RD 1888/1984, de
constante referencia.
En cuarto lugar y por último, también se ha hecho referencia a la falta
de pronunciamiento por parte de la sentencia en relación a dos
cuestiones. Sobre el hecho de que mi mandante sí que presentó proyecto
de investigación (documentos nº 81 y 82 del currículum) lo cual
contraviene lo establecido por los miembros de la Comisióin en sus
informes razonados, y en segundo lugar en relación a la falta de
pronunciamiento de la sentencia sobre la arbitrariedad en los puntos
otorgados por la Comisión, sobre todo en relación a que el único voto
otorgado al Sr. García Landa fue por la Sra. Onega, que había sido uno
de los miembros más críticos con el mismo (tal y como reconoce la
propia sentencia de instancia).
Establecido todo lo anterior, se está en condiciones de exigir una
sentencia estimatoria del presente recurso de apelación, por la cual se
proceda a la revocación de la sentencia de instancia, anulando la
resolución recurrida, nombrando una nueva Comisión Juzgadora y
procediendo a la retroacción del proceso selectivo al momento en que
debieron de fijarse los criterios de selección.
Por lo expuesto,
SUPLICO AL JUZGADO PARA LA SALA, que
teniendo por presentado este escrito se sirva admitirlo, tenga por
interpuesto recurso de apelación contra la sentencia nº 224/2007 de
este Juzgado, dictada en los presentes autos el día 3 de julio de 2007,
y, en su virtud y previos los trámites pertinentes, proceda a remitir
los autos a la Sala de lo Contencioso
Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Aragón,de
la que se solicita dicte en su día sentencia estimatoria del presente
recurso de apelación por la que, con revocación de la sentencia de
instancia, proceda a anular las resoluciones recurridas, y nombrando
una nueva Comisión Juzgadora, se proceda a retrotraer el procedimiento
al momento en que debieron de fijarse los criterios de valoración. Y
todo ello con imposición de las costas a la Administración demandada.
(...)
Es justicia que pido en Zaragoza a 26 de julio de 2007.
El problema del origen del lenguaje requiere relacionarlo con la
biología de nuestra especie. Si somos la única especie con lenguaje,
hay que estudiar en qué modo está inserto éste en la biología humana, y
cómo su desarrollo es parte de la evolución humana (y no una "invención
cultural" cualquiera). La teoría de la construcción de nichos
ecológicos permite
repensar esta cuestión.
El neo-darwinismo imperante durante la segunda
mitad del siglo XX enfatizaba la adaptación al medio. La teoría de
construcción de nichos enfatizará más bien la adaptación del medio:
es "una teoría que hace jugar a los animales mismos un papel vital en
su propia evolución" (93), y da así un papel más proactivo a los seres
vivos (en especial, diría yo, a los
más inteligentes):
"Entre sus muchas virtudes, esta teoría
puede explicar tanto las rápidas cascadas de cambios que dieron lugar a
la teoría del equilibrio puntuado de Stephen Jay Gould, como la
emergencia ocasional de factores que parecen ser al principio
totalmente novedosos (el lenguaje es sólo uno de entre muchos
ejemplos)." (93).
Por ejemplo, los castores se construyen de modo obvio su propio
entorno, y también se han hecho a él. Es una adecuación tal la que se
da en tantas especies entre estructura corporal y entorno, que la
explicación darwinista clásica no parecía suficiente a muchos (y de ahí
la tentación del Diseño Inteligente): algo faltaba por añadir a la
presión ambiental y la selección natural.
Bickerton habla de "la
evolución de la evolución": Lamarck, el primer gran zoólogo
evolucionista, quedó atrás al ser insuficientes sus explicaciones.
Darwin propuso unos mecanismos evolutivos más flexibles y variados
(¡incluyendo los lamarckistas!) pero si hoy hablamos de darwinismo es
sobre todo por la exitosa combinación de sus teorías con la ciencia
genética de Mendel, la "nueva síntesis" darwinista del siglo XX: "Los
genes no son lo único, claro, aunque sería perdonable el pensar que lo
son. En el consenso neodarwinista que ha dominado la biología durante
un siglo, los animales son sólo vehículos para sus genes" (95)—son ante
todo una fuente de variación genética sometida a un entorno activo y a
unos genes hiperactivos. El comportamiento se hace depender
implícitamente de los genes. Pero en realidad, con mayor frecuencia, el
cambio de comportamiento se da primero, y los cambios genéticos van a
remolque.
Un ejemplo es la tolerancia a la lactosa en los humanos adultos. Es
producto de una mutación, pero una mutación que se ha difundido gracias
a un cambio cultural. Antes hubiera sido disfuncional. Hoy, la práctica
totalidad de los suecos y la inmensa mayoría de los americanos blancos
son tolerantes a la lactosa: pero sólo un pequeño porcentaje de chinos,
y no lo son los indios americanos. Esta diferencia genética se debe a
un comportamiento cultural: a la cultura del
pastoreo en los antepasados.
"Lamarck se había equivocado en su
elección de mecanismo: el motor que impulsa la evolución son los genes,
no los logros vitales del individuo. Pero su intuición de que son los
propios animales quienes guían su evolución era certera. Porque es la
interacción de los genes y del comportamiento la que hace arrancar el
motor evolutivo, y la retroalimentación entre los genes y el
comportamiento es lo que lo mantiene en marcha. Es la comprensión de
esto lo que hizo nacer la teoría de la construcción de nichos." (97)
Esta teoría fue desarrollada por John Odling-Smee, Marcus Feldman y
Kevin Laland (se expone en su libro Niche
Construction: The Neglected Process in Evolution,
Princeton UP, 2003). Contribuyó algunos aspectos Richard Dawkins en The Extended Phenotype
(aunque en conjunto es muy crítico con la teoría, y un defensor de la
predominancia del factor genético); también antes había ideas de
Waddington, Lewontin, y otros estudiosos del comportamiento y la
ecología.
"La idea básica que hay que tener en
mente es que los propios animales modifican los entornos en que
habitan, y que estos entornos modificados, a su vez, causan la
selección de más variaciones genéticas del animal. Así empieza un
proceso de retroalimentación, una vía de doble sentido en la que el
animal va desarrollando el nicho, y el nicho va desarrollando al
animal, hasta que se llega al ajuste como entre una llave y una
cerradura que hace que la gente diga: '¡Pero es que tiene que haber un diseñador!' Los
animales no son sólo vehículos pasivos para sus genes; desempeñan un
papel activo en el diseño de su propio destino". (100).
Los nichos ecológicos tienen tres componentes esenciales: un hábitat o
entorno físico, un tipo de alimentación, y los medios de obtenerla. Se
suele concebir el medio como algo a lo que el animal se adapta: pero en
realidad muchísimas especies construyen activamente su nicho, adaptando
el ambiente a sí mismas: los castores, las hormigas cultivadoras de
hongos, las lombrices. Darwin mismo mostró cómo las lombrices
(descendientes de gusanos acuáticos) construyeron el suelo cultivable.
Y la construcción de nichos por parte de una especie puede alterar
significativamente el hábitat de otras especies.
Bickerton propone que la construcción de nichos es la clave para
entender el origen del lenguaje, algo que faltaba en las teorías
anteriores, especialmente en las de los lingüistas: "uno de los
aspectos más flojos de de los estudios sobre la evolución del lenguaje
era que no estaban integrados en una explicación global de cómo había
evolucionado la especie humana en su conjunto" (103). La habilidad
simbólica de nuestra especie es simplemente un caso de construcción de
nicho ecológico, como lo son las capacidades especiales de otros seres
para desenvolverse en su entorno (y no sólo casos como las "culturas"
de los chimpancés, etc.): "la teoría de la construcción de nichos liga
a los humanos con otros seres de una manera mucho más amplia y válida
que las afirmaciones sobre la cultura de los chimpancés" (105). Esta
teoría nos permite ver cómo el hiperdesarrollo de comportamientos
aprendidos que se da en los humanos es un caso de construcción de
nicho, y está basado en un instinto, el instinto del lenguaje,
desarrollado evolutivamente: fue un comportamiento que guió un cambio
genético, y continuó como cambios genéticos que guiaban el
comportamiento. El lenguaje es tanto cultural como biológico, pero
hasta ahora faltaba una teoría que permitiese integrar adecuadamente la
interacción de biología y cultura que permitió la aparición del
lenguaje.
Hay que buscar el origen del lenguaje, algo que no compartimos con
otras especies, no en lo que compartíamos originalmente (el material
genético) sino en lo que hacía a nuestros antepasados diferentes: es
mucho más probable que la diferencia se hallase en el nicho ecológico
construido por nuestros ancestros, un nicho muy distinto del de todos
los demás simios. Bickerton propone identificar ese nicho y cómo
contribuyó al origen del lenguaje y a la humanización.
Ya es firme la sentencia por la cual se anulan los criterios
propios usados en el postgrado de Estudios Ingleses, introducidos a
instancia e
inspiración de su coordinadora, la Dra. Susana Onega. Tales
criterios impedían el acceso a la enseñanza en
Máster y a la dirección de tesis doctorales —cosa
inaudita— a quien no perteneciera a su equipo de
investigación, o al de sus socios en la coordinación: los
Dres. Vázquez y Deleyto, así como el Dr. Collado, han
apoyado como un solo hombre esta normativa, a pesar de nuestras
reiteradas denuncias de su ilegalidad, y a pesar de que ya hace
años la anuló el Rectorado.
El asunto llegó a los tribunales, visto que la normativa
seguía allí impertérrita, y visto que
seguía surtiendo efectos: a los "disidentes" no se nos
incluía en el programa de doctorado (aún no se nos ha incluido), y se
desestimaba nuestra
solicitud de docencia en el Máster: sin baremar méritos
ni nada, se nos pasaba a la cola detrás de profesores más
recientes sólo porque ellos sí eran de los grupos de
investigación de los coordinadores.
Esto venía hecho por la coordinadora y sus co-coordinadores,
pero era votado en el Consejo de departamento de Filología Inglesa y
Alemana por todos los grupos y
apoyado por el Director, a pesar de nuestras protestas, y a pesar de
las
órdenes del Rector. Salía la cosa con pocos votos, muchas abstenciones,
muchas
ausencias (según costumbre en nuestro departamento), pero con
todos los grupos de investigación votando juntos, salía aprobado,
"democráticamente". Poca cultura democrática
hay allí donde no se respetan las leyes.
Ahora la
sentencia del juzgado de lo contencioso administrativo es firme: se
ordena anular estos criterios
inauditos, y retrotraer la ordenación docente de los dos
últimos años (que es a lo que llega la sentencia desde
que se presentó el contencioso, aunque el asunto éste de
las exclusiones empezó en 2005).
Inexplicable es, por tanto, que una labor de coordinación que
por su irregularidad ha tenido que llegar a los tribunales y ser
corregida por orden judicial, se vea ahora avalada por el Rectorado,
nombrando de nuevo a la Dra. Onega coordinadora del máster (bajo la
nueva
normativa aprobada en mayo). O confirmándola en el puesto, si se
quiere. Con esta actuación, el Rectorado parece venir a avalar la tesis
feudal de que los másteres, o doctorados, o estudios son propiedad de alguien,
de algún capo local que organiza la cosa y que es quien corta el
bacalao,
caiga quien caiga. Esto de las propiedades particulares se lo oí
decir, tal cual, a una antigua directora de nuestro departamento, en el
caso que nos ocupa: "Te guste o no", me dijo, "el departamento le pertenece a Susana".
El Rector, desde luego, parece que comparta esta opinión, tan
obscena en una institución de enseñanza pública.
Que alguien incumpla la normativa de modo público, reiterado,
recalcitrante, en oposición a las órdenes del propio
rectorado, y que se le reafirme en el puesto, parece todo un
espaldarazo al sistema feudal que tanto caracteriza a la universidad
española. Si ni siquiera con sentencias judiciales en contra se
reconsidera la cuestión de quién se elige para
realizar una labor, y quién hace de su capa un sayo, pues
entonces poco remedio hay: queda claro que lo que ha de contar son las
normas no escritas. Al menos para la Universidad de Zaragoza. Ya dio
muestras de esta manera de actuar el Rectorado cuando se personó
en los juzgados para defender la postura del Departmento que nos
excluía, en lugar de insistir en la aplicación de sus
propias resoluciones, como pedían la lógica y la ley. Si ésta es
la manera en que el Rectorado entiende la "descentralización" de
funciones en la Universidad—que quien manda mande a su aire en su
corralillo local—pues vamos aviados.
Así que aquí va nuestro brindis al sol:
Excmo
Sr. Rector Mgfco.
Por la presente deseamos interponer RECURSO DE REPOSICIÓN contra
la resolución de fecha 26/06/2009 por la que se nombra
coordinador(a) del Máster Universitario en Estudios Textuales y
Culturales en Lengua Inglesa, nombramiento que recae en la Dra. Susana
Onega Jaén.
La Dra. Onega venía actuando como coordinadora del postgrado de
Estudios Ingleses en los cursos anteriores, tanto en el máster
como en el programa de Doctorado, y en ambos ha incurrido repetidamente
en actuaciones antijurídicas, que han supuesto repetidas veces
la anulación de los criterios de asignación docente del
Máster y del Doctorado, tanto por parte del Rectorado
(resoluciones de fecha 22/12/2006 y 14/5/2007) como por los juzgados de
lo contencioso administrativo.
En fecha inmediatamente anteriores a este nombramiento, los juzgados de
lo contencioso administrativo de Zaragoza nº 2 (sentencia 268/09,
de fecha 16/6/2009) y nº 3 (sentencia 00203/2009, de fecha
23/06/2009) han dictado que los criterios aceptados por el Departamento
de Filología Inglesa y Alemana para su uso en Máster y
Doctorado (criterios por los que se nos ha venido excluyendo a los
aquí recurrentes de manera reiterada) son antijurídicos.
Los tribunales han ordenado nuestra inclusión en el
Doctorado, anular los criterios antijurídicos
introducidos, y retrotraer la ordenación docente del
Máster de los dos últimos años. Estos criterios
contrarios a derecho surgieron de las propuestas de la Dra. Onega, que
aun hoy continúa defendiéndolos.
Recordamos a V.E.M. que este Departamento tiene decenas de profesores
funcionarios plenamente capacitados por ley en igualdad de condiciones,
y con trayectoria docente e investigadora acreditada, para ejercer este
cargo.
Rogamos por tanto a V.E.M. que, habida cuenta de estos antecedentes, se
anule el nombramiento de la Dra. Onega como coordinadora del
Máster de Estudios Textuales y Culturales en Lengua Inglesa, y
se proceda a nombrar a otro profesor o profesora que no haya creado
tantos conflictos con su normativa particular.
No es que pensemos que el Rector vaya a deshacer nada de lo hecho;
hasta ahí ya llegamos. Pero
tenemos que presentar este recurso, porque en la Administración,
quien calla, otorga. Y no podemos aceptar sin protestar la manera en
que ejerce la coordinación la Dra. Onega, pues ha convertido la
cuestión de excluirnos del postgrado de Estudios Ingleses en una
prioridad absoluta, un proyecto personal. Un proyecto que narturalmente
no puede fundarse en derecho, sino sólo valerse de maniobras
torticeras y normativas locales ilegales, que no conducen sino a
envenenar el ambiente laboral. Pues se crea una red de intereses y
presiones por la que los miembros del departamento acaban viéndose
embarcados (muy irresponsablemente por su parte, dicho sea de paso) en
un apoyo a estos criterios inauditos por los que nunca se había
regido nada hasta entonces, ni se rige en ningún otro caso ni en
ningún otro máster de este departamento. Ni de éste ni de ningún otro:
somos caso muy especial.
Foto hecha en la costa norte de Galicia, "hoy".
Antes, terminamos el año académico, interponiendo un
último recurso contra la organización del Máster
de Estudios Textuales y Culturales en Lengua Inglesa en Zaragoza.
He puesto cuatro
fotos de Biescas en mi fotoblog. Y también he seleccionado las que
podrían ser mis
mejores fotos de 2009, las
mejores de 2008, y
las
mejores de 2007. Mucho verano hubo también ese año. Vale la pena
hacer álbumes en Flickr
sólo por ver los arreglos tan bonitos que resultan de las miniaturas de
las fotos. Como que dan ganas irresistibles de volver a colgar en
Flickr un pantallazo de sí mismo. Y así sucesivamente.
Aparece este pasaje sobre la semiótica de los subgestos en la
novela El hombre duplicado,
de José Saramago,
un excurso con ocasión de una reunión de profesores
de instituto, tras una perorata del protagonista Tertuliano Máximo
Afonso, cargante él como yo: la alocución versaba sobre el estudio de
la Historia, "si debemos enseñarla desde detrás hacia delante o, como
es
mi opinión, desde delante hacia atrás" (58). Se puede argumentar
ciertamente que si la Historia la vemos desde el presente, quizá sería
más honesto enseñarla explicítamente de esta manera, menos sujeta a la
falacia narrativa. Sea como sea, Tertuliano observa los
efectos que tiene su rollo sobre la retrospección en los profesores:
"Los efectos de la perorata fueron
los de siempre, suspiros de mal resignada paciencia del director,
intercambios de miradas y murmullos entre los profesores. El de
Matemáticas también sonrió, pero su sonrisa fue de amistosa
complicidad, como si dijera, Tienes razón, nada de esto se puede tomar
en serio. El gesto que Tertuliano Máximo Afonso le envió con disimulo
desde el otro lado de la mesa significaba que le agradecía el mensaje,
aunque, al mismo tiempo, algo que iba adjunto y que, a falta de un
término mejor, designaremos como subgesto, le recordaba que el episodio
del pasillo no había sido olvidado del todo. En otras palabras, a la
vez que el gesto principal se mostraba abiertamente conciliador,
diciendo, Lo que pasó, pasó, el subgesto, de pie detrás, matizaba, Sí,
pero no del todo. En este medio tiempo la palabra había pasado al
profesor siguiente y, mientras éste, al contrario que Tertuliano Máximo
Afonso, discurre con facundia, y competencia, aprovechemos para
desarrollar un poco, poquísimo para lo que exigiría la complejidad de
la materia, la cuestión de los subgestos, que aquí, por lo menos hasta
donde llega nuestro conocimiento, se expone por primera vez. Se suele
decir, por ejemplo, que Fulano, Zutano o Mengano, en una determinada
situación, hicieron un gesto de esto, de eso, o de aquello, lo decimos
así, simplemente, como si el esto, el eso o el aquello, duda,
manifestación de apoyo o aviso de cautela, fuesen expresiones forjadas
en una sola pieza, la duda, siempre metódica, el apoyo, siempre
incondicional, el aviso, siempre desinteresado, cuando la verdad
entera, si realmente quisiéramos conocerla, si no nos contentásemos con
las letras gordas de la comunicación, reclama que estemos atentos al
centelleo múltiple de los subgestos que van detrás del gesto como el
polvo cósmico va detrás de la cola del cometa, porque los subgestos,
para recurrir a una comparación al alcance de todas las edades y
comprensiones, son como las letritas pequeñas del contrato, que cuesta
trabajo descifrar, pero están ahí. Aunque resguardando la modestia que
las conveniencias y el buen gusto aconsejan, nada nos sorprendería que,
en un futuro muy próximo, el análisis, la identificación y la
clasificación de los subgestos llegaran, cada uno por sí y
conjuntamente, a convertirse en una de las más fecundas ramas de la
cencia semiológica en general. Casos más extraordinarios que éste se
han visto. El profesor que hacía uso de la palabra acaba de concluir su
discurso, el director va a seguir con la ronda de intervenciones, pero
Tertuliano Máximo Afonso levanta enérgicamente la mano derecha, en
señal de que quiere hablar. El director le preguntó si lo que tenía que
comentar estaba relacionado con los puntos de vista que acababan de ser
expuestos, y añadió que, en caso de ser así, las normas asamblearias en
uso determinaban, como él no ignoraba, que se aguardase hasta el final
de las intervenciones de todos los participantes, pero Tertuliano
Máximo Afonso respondió que no señor, no es un comentario ni tiene que
ver con las pertinentes consideraciones del estimado colega, que sí
señor, conoce y siempre ha respetado las normas, tanto las que están en
uso como las que han caído en desuso, lo que simplemente pretendía era
pedir licencia para retirarse porque tenía asuntos urgentes que tratar
fuera del instituto. Esta vez no fue un subgesto sino un subtono, un
armónico, digamos, que vino a dar nueva fuerza a la incipiente teoría
arriba expuesta sobre la importancia que deberíamos dar a las
variaciones, no sólo segundas y terceras, también cuartas y quintas, de
la comunicación, tanto gestual como oral. En el caso que nos interesa,
por ejemplo, todos los presentes habían percibido que el subtono
emitido por el director expresaba un sentimiento de allivio profundo
bajo las palabras que efectivamente pronunció, Faltaría más, usted
manda, a su servicio. Tertuliano Máximo Afonso se despidió con un
ademán amplio de mano, un gesto para la asamblea, un subgesto para el
director, y salió." (58-60).
Hasta aquí la semiótica del subgesto de Saramago. Podría relacionarse
con esta teoría un episodio clave de la novela: cuando Tertuliano le
envía una barba postiza a su doble Daniel, el gesto
de por sí ya es indirecto, le indica que es él, Daniel, el actor, el
imitador, que Tertuliano es el "doble" original, metafísicamente más
sólido, y que le conviene a Daniel disfrazarse. El subgesto podríamos
decir, o el acto indirecto
(acto de comunicación, aunque no de habla como los de Searle) es un
insulto o incluso un desafío, que da lugar a un enfrentamiento del cual
saldrán los dos mal parados.
Esta cuestión de los subgestos podría relacionarse por tanto con los actos de habla indirectos
de la teoría de los actos de habla, rama de la semiótica que en efecto
(como sospechaba o no sospechaba Saramago) ha dado mucho que hablar,
directa e indirectamente. Una vez un sentido locucionario está lingüísticamente
asentado, puede utilizarse de modo indirecto para transmitir sentidos ilocucionarios
que no guardan correspondencia estricta con su sentido literal. Más
allá de este nivel ilocucionario, también comunicativo, puede
calcularse, un tanto maquiavélicamente, la producción en el oyente de
efectos perlocucionarios que
(dada la situación) causarán nuestras palabras. Aunque los cálculos
siempre son arriesgados, y los efectos perlocucionarios, que en
cualquier caso se producen, están sujetos a probabilidades e
imponderables.
Pongamos, por ejemplo, puedo afirmar algo—sentido locucionario,
afirmación—sabiendo que será captado como una amenaza por mi
interlocutor—sentido ilocucionario, amenaza. Con la finalidad
perlocucionaria de asustarlo—pero quizá el efecto perlocucionario
efectivo, y no buscado, sea que se ría de mí.
En suma, que un signo siempre puede servir de apoyatura
para construir sobre él sentidos suplementarios en una situación dada.
Lo
teorizado sobre los actos de habla indirectos es aplicable en principio
a otros actos comunicativos o rituales de interacción más o menos
codificados: una vez establecido su sentido principal, abstracto, o de
referencia,
puede éste reutilizarse o reorientarse sin por ello desaparecer del
todo, usándose como
apoyatura o instrumento para sentidos secundarios o contextuales. Y ésa
sería una dirección posible por la que encaminar el estudio de la
semiótica del subgesto.
Hay aún otra teoría semiótica en la que ubicar este estudio de los
subgestos: el análisis que realiza Erving Goffman de los múltiples
canales de comunicación que se superponen en una situación dada (en
libros como Strategic Interaction
o Frame Analysis). Goffman,
por ejemplo, distingue entre lo que se comunica intencionalmente y lo
que se interpreta a partir de
expresiones,
por ejemplo cuando dos sujetos (aquí Harry y su oponente) están
enzarzados en una situación de juego o competición que implica la
manipulación del otro. Harry debe evaluar la situación, pero su
evaluación ha de incluir al otro y sus acciones:
"Podemos considerar que este segundo
jugador, el otro u oponente, contribuye de dos maneras a esta
evaluación. Primero, puede emitir
expresiones
que, cuando son recogidas por Harry, permiten a éste interpretar algo
de lo que está pasando, y preecir en cierto modo lo que sucederá. (En
esto el oponente, presumiblemente, no es mejor que los animales
inferiores e incluso que los objetos inanimados, pues todos ellos
pueden servir como fuente de información). Segundo, el oponente puede transmitir comunicaciones, es
decir, trasladar declaraciones lingüísticas (o sustitutos de ellas).
Estas Harry las puede recibir (y se supone abiertamente
que ha de recibirlas), y se supone que ha de ser informado por ellas." (Strategic Interaction 102).
El libro de Goffman está dedicado a la manera en que tanto las
supuestas expresiones exudadas involuntariamente por el sujeto, como la
información lingüística intencional, pueden desviarse de su sentido
primario, y
utilizarse para anticipar y manipular la respuesta del otro. Las
señales supuestamente naturales, expresivas, son susceptibles de
volverse intencionales, e incluso comunicativas a un segundo nivel,
ofrecidas a la interpretación del otro con esperanza de manipularlo,
haciéndole creer que tiene el dominio perspectivístico (o topsight)
de la situación interaccional. Los signos "naturales", expresivos,
pueden construirse artficialmente: las emociones, simularse, las
huellas inconscientes,
plantarse deliberadamente. Es lo que Goffman llama la degeneración de la expresión.
Pero esa degeneración puede también recuperarse comunicativamente, y
volverse manejable como parte de la situación mutuamente entendida. Por
aquí podríamos acercarnos al tratamiento de la cuestión de los subgestos, que en el texto de
Saramago aparecen funcionando justo en la frontera donde la expresión
se vuelve comunicación.
Los subgestos son analizables de la misma manera que son analizables
los cambios de tono en el discurso, o sus paréntesis, con la teoría de
los marcos de Goffman. A veces ponemos entre comillas una palabra, o la
subrayamos, por ejemplo para expresar ironía, "huy qué cosa tan interesante", y
ésto se puede hacer con cualquier marca gráfica o fónica, con la
cursiva que he utilizado, o con un cambio de tono al pronunciarlo. O
con el gesto de las comillas, levantando y moviendo dos dedos en cada
mano. Son
señales de que un marco de referencia diferente al principal está
activo; señales
quizá incompletas, claro, pues requieren del oyente adecuado para
completarlas: no están gramaticalizadas, sino que son esencialmente
situacionales. Aunque se pueda desarrollar, hasta cierto punto, una
gramática de las situaciones, o de las transformaciones de señales,
como hace Goffman.
Goffman distingue varios canales de comunicación que pueden estar
activos en una situación dada. Puede haber uno principal: la situación
socialmente codificada en la que diversos sujetos interactúan (por
ejemplo la reunión de profesores del libro de Saramago). Pero alrededor
de éste pueden surgir canales secundarios: una comunicación subordinada
"extraoficial" entre dos sujetos, o fenómenos de interpretación
expresiva como los ahora mencionados. Habrá que considerar por tanto en
qué nivel se produce el subgesto: puede ser más o menos abierto para
todos los interlocutores, o restringido en un canal comunicativo
subordinado, accesible sólo para algunos. O bien puede ser un subgesto
no
intencional, que sea significativo para el intérprete, pero no emitido
deliberadamente por el gesticulador. En otro lugar he observado
que la
teoría del sujeto de Goffman presupone una internalización de la
interacción: el sujeto humano y complejo se constituye mediante la
división interna de roles y actitudes, interiorizando en un teatro
interno de la consciencia las voces y papeles socialmente definidos. Es
interesante que, de la misma manera, los subgestos de Saramago, que
originalmente parecen un gesto subordinado a la interacción principal,
pueden devenir, según una interpretación à la Goffman, un gesto que es
"extraoficial" con respecto al propio gesto del sujeto, una vez este
sujeto se ha convertido él mismo en una
compañía teatral viviente que
desempeña papeles secundarios, además de los principales.
Los subgestos sí que han sido observados por otros, además de Saramago,
y esto nos permite un breve apunte sobre su genealogía. En The First Word,
Christine Kenneally remite a las investigaciones de Michael Tomasello
sobre los gestos de los primates. Los gestos de los simios, dice
Tomasello, caen en dos grupos principales: uno, gestos para atraer la
atencion; dos, los movimientos de intención. Estos últimos parecen
parientes (o antepasados antropoides) de los subgestos de Saramago.
"Los movimientos de intención son los principios de un movimiento
efectivo, como levantar un puño para indicar una amenaza entre los
humanos" (The First Word 124).
Según Tomasello, estos gestos evolucionan entre los individuos de modo
interactivo, como sigue: "yo hago de verdad una cosa, tú llegas a
anticiparla, yo me fijo en tu anticipación, así que ya sólo hago el
principio del movimiento" (125)—es decir, un principio de codificación
de la comunicación gestual. (Y una de las raíces para el desarrollo del
lenguaje). Estos gestos no están restringidos a los
simios, claro. Los humanos, como los simios, y como otros mamíferos,
hacen a veces fintas, movimientos amagados, que bastan para establecer
una interacción comunicativa en un contexto dado.
Y también son a veces intencionales, y a veces subconscientes, como el
gesto de los babuinos nerviosos al pasarse la mano por el morro, o el
de los humanos mentirosos al tocarse la nariz. Pero no porque los
subconscientes sean subconscientes para el sujeto, dejan de ser
interpretables, ya sea espontánea o reflexivamente, por los demás.
Un subgesto presupone, como señala Saramago, el gesto principal.
Por
tanto es una variación o modulación del gesto principal. Es
decir, que los subgestos, aparte de ir subordinados a "otro" gesto
que es el principal, pueden considerarse a su vez derivados o
atenuaciones de un tercer gesto—otro
gesto
principal, o mejor original, que no es realizado sino de forma
transformada, a través del subgesto. (Por ejemplo, en lugar de tocarnos
la nariz tras mentir, podríamos sólo amagar este gesto). Esta
modulación será más interpretable como tal (podrá afinarse más la
comunicación) entre quienes conozcan las características gestuales e
interaccionales del sujeto gesticulante: es decir, los subgestos, como
otros matices
de la comunicación indirecta o de la interpretación elaborada,
encuentran su lugar más propio entre sujetos que guardan entre sí una
estrecha familiaridad, que son capaces de captar los matices o de
modularlos en base a interacciones anteriores y gramáticas locales.
Desarrolladas por sujetos que se tienen estudiados, y han desarrollado
una larga familiaridad entre sí, o consigo mismos. Es una de las
apoyaturas de aquél relato de Nabokov sobre un viejo matrimonio, "Signs
and Symbols". Son grandes lectores de signos y símbolos, y de
subgestos, los viejos matrimonios.
Sigo subiendo mis vídeos a
Vimeo, aunque allí no los mira nadie, sigh. Este es una canción de
Francis Cabrel, de antes de que me diese la cosa
paralizante esa que me ha dado en la mano izquierda; igual llega hasta
aquí mi carrera de guitarrista online. Aunque si bien los dedos están
insensibles, aún aprietan teclas. Y hasta trastes, si hace falta.
El libro de Saramago El
hombre duplicado
tiene premisa de libro de Saramago (qué pasaría si cayese una plaga de
ceguera, qué pasaría si todas las mujeres se creyesen hombres, etc.).
En esta ocasión un poquito endeble de planteamiento, pues se trata
únicamente de un señor, Tertuliano Máximo Afonso, un soporífero
profesor de instituto, que descubre en una película un actor secundario
igual que él. Lo investiga, sigue la pista (con demasiada lentitud) al
actor, un tal Daniel Santa Clara (o Antonio Claro), y descubre que en
efecto son
idénticos en todo. Digo que la premisa es floja porque yo veo mucha
gente idéntica por la calle (aunque es cierto que no soy bueno con las
caras), y hay hermanos gemelos (aquí ignorados), y clones en Star Wars,
y no parece que les suponga una crisis existencial tremenda como la que
les da a estos dos personajes. En suma, que demasiada sobrerreacción
para poco motivo (y demasiada novela para un argumento de cuento corto
o de novella a todo tirar).
Sobre todo porque luego resulta que no son tan idénticos, o no más que
cualquier par de machetes precipitados, chulescos y desagradables (que
también pueden parecerle idénticos a cualquiera, en la circunstancia
adecuada). En fin, el argumento consiste en intentar demostrarse uno al
otro quién tiene más sustancia original y quién es la copia, problema
irresoluble e incluso implanteable a no ser en la mente de un Autor,
estos personajes parecen metafísicos sin reconocerlo. Pero metafísica
mema, porque buscan la confirmación cómo no en las interioridades de
las señoras, parece que su entidad y su Ser sustancial vienen unidos a
ligarse a la
mujer del otro, haciéndose pasar por él, uno pensaría que eso les haría
dudar más de su sustancia, en lugar de afirmarla, pero vamos, yo es que
aunque soy géminis no me identifico para nada con estos personajes y me
parecen cargantes y llenos de actitudes innecesarias y estúpidas sin
más; también suelo ver a gente idéntica a mí por la calle, y no por eso
me obsesiono con ir a ligarme a su señora; como digo, la ocasión parece
desproporcionada. Más alarmante, digo yo, podría ser encontrar a un
duplicado que
hiciese exactamente lo que tú, trabajar en lo mismo usando las mismas
herramientas, escribir artículos con las mismas ideas, cantar canciones
del mismo cantante, y tener hijos idénticos a los tuyos. En este punto
no se parecen en nada Tertuliano y Daniel, desde luego; sus vidas no
tienen mucho que ver, y su alarma
parece fuera de lugar totalmente. Tras los rocambolescos
intercambios de pareja Daniel muere en accidente mientras reñía con
Mari Paz, la novia a quien Tertuliano trataba despectivamente: ella
acababa de descubrir el intercambio tras una noche, viendo la huella
del anillo de casado que se había quitado Daniel (mira, en eso no eran
idénticos en señales, se fastidió la premisa). Y Tertuliano, que
mientras ha pasado la noche, naturalmente, con la esposa de Daniel,
vuelve arrepentido a confesarse con ella y acabarán juntos, y acabará
usurpando la identidad de Daniel (pues Tertuliano "ha muerto" se supone
en el accidente). Un poco como el Enrique
IV de
Pirandello, que se ve obligado a continuar para siempre interpretando
su papel en el
que no creía; Tertuliano se vuelve realmente actor al ocupar el lugar
del actor Daniel. Mucho arrepentimiento pero ni siquiera va al entierro
de Mari Paz, por cierto, y a su madre inválida parece que la ha de
partir un rayo. Hay aquí como una extraña fantasía desplazada de
adulterio, y de la "otra identidad" o la vida alternativa que
proporciona el adulterio. Las historias de gemelos idénticos, aunque no
sean gemelos como en este
caso, parecen pedir a gritos los intercambios y confusiones de parejas
(desde Twelfth Night a Dead Ringers). Curioso que sea el
anillo de casado, o más bien su huella, lo que determina la única
diferencia corporal entre los personajes. Tertuliano no quería casarse
con su ligue Mari Paz; y es justo cuando ha decidido irse a vivir con
ella cuando aparece el alter ego
Daniel a interponerse, para hacerlo imposible–él que
sí se había
casado, con la mima mujer con quien acabará casado Tertuliano.
Quizá en
la manera en que se expresa este
tema, la duplicidad que producen el engaño y el distanciamiento
de la
pareja, en la manera de expresarlo por medio de circunloquios e
indirecciones, bloqueos mentales, y símbolos materializados en
la
persona de los dos
dobles, está lo mejor de la novela de Saramago. Como
historia de dobles y obsesión me gustó más Desesperación,
de Nabokov. (Como clásicos, están "William Wilson" de Poe y los dobles
de Dostoievski y de los románticos alemanes. Tengo en mi bibliografía
toda una sección sobre dobles y alter-egos...). Y eso que en
cierto modo El hombre duplicado es
muy entretenida e interesante: se lee muy bien, porque (o
a pesar de que) está llena de excursos a veces un tanto innecesarios o
desconectados de los personajes, como por ejemplo la alusión a la
semiótica de los subgestos, o la teoría de Tertuliano Máximo Afonso
de
que la Historia debería enseñarse al revés, partiendo del presente, y
no del pasado. Como digo a veces los personajes salen con cosas
interesantes u originales que decir o pensar, y sin embargo estas cosas
no llegan a caracterizarlos, siguen siendo personajes sin vida,
desvaídos, pues sospechamos que esas ideas no las piensan ellos sino su
autor. En la construcción del personaje, Saramago parece buscar, y
desde luego consigue, personajes anodinos, desconocidos que no nos
interesan, y que siguen siendo desconocidos en cierto modo por mucho
que los sigamos día a día; no nos interesa conocerlos, no les ponemos
cara tampoco. Quizá se echa de ver demasiado que la historia ésta del
hombre duplicado sí se ha escrito del final hacia atrás, como la
historia de Tertuliano (el cambio de identidades en que ha de culminar)
y eso hace que todos los gestos sean un poco innaturales aun en lo que
habría de ser imprevisible. Me recordó esta historia, por cierto, a la
de Ian
McEwan encontrando a su hermano desaparecido, y también a otra que
se produjo hace unos meses, en que alguien presentó a dos personas que
conocía tras un tiempo en que venía asegurándoles que eran idénticos.
Resultaron ser gemelos descolocados en el hospital el día que nacieron
(uno tenía un gemelo que resultó ser falso gemelo). En la novela de
Saramago no se buscan explicaciones creíbles o increíbles como éstas,
sus duplicados son gemelos kafkianos, metafísicos, a la vez que no son
en absoluto gemelos. Y se resiente el tema por el anodino tratamiento
que da a los personajes: en realidad, todos podrían ser gemelos en
Saramago, igual sale de ahí la hostilidad que se despiertan mutuamente.
Bonito artículo de Arcadi Espada, "Todo va
bien, menos el futuro".
Contra el pesimismo crónico de los acomodados europeos, que creen que
viven mejor que sus padres pero que sus hijos van a vivir peor que
ellos. Improbable para Arcadi, pero....
"Sin embargo ahí está la percepción
de las cosas. Obstinada. E incorporando el riesgo de la profecía
autocumplida. Confirmando el agudo pronóstico del economista Julian
Simon que no me cansaré de repetir, aunque sea sintetizándolo
groseramente, y que el estudio francés reafirma: en los próximos siglos
las cosas irán cada día mejor pero mucha gente creerá que van a peor.
Simon, que yo sepa, no aclaró las causas de ese pesimismo inasequible
al aliento. Mucho menos lo voy a hacer yo. Pero algún día habrá que
preguntarse hasta qué punto ha contribuido el dictamen (¡durante dos
siglos!) de que las buenas noticias no son noticia y el camuflaje del
meditable reverso: esto es, que el mal es anómalo." También NN Taleb termina su libro sobre catástrofes económicas,
cataclismos imprevistos, y torbellinos informativos, El cisne negro, con una llamada a
disfrutar de lo que somos y tenemos:
"dejemos de preocuparnos por
menudencias. No seamos como el ingrato al que le regalan un castillo y
se preocupa por la humedad del cuarto de baño. Dejemos de mirarle los
dientes al caballo regalado: recordemos que somos un Cisne Negro."
Es altamente probable que nos sucederán desgracias: un cien por cien de
boletos tenemos. Pero hey, que también nos pasarán cosas buenas
imprevistas, como el email y el iphone que dice Arcadi. Por no poner
otro ejemplo.
"Adjunto le remito Resolución de
fecha 26 de junio de 2009, del Rector de la Universidad de Zaragoza,
por la que se nombra a Doña Susana Ónega Jaén Coordinadora del Máster
Universitario en Estudios Textuales y Culturales en Lengua Inglesa."
A los cargos de los catedráticos también se les aplica el
efecto Mateo
de "tened y se os dará". Aunque, como en el caso de la Dra. Onega, sus
criterios de coordinación del Máster hayan tenido que ser anulados
repetidas veces por el Rectorado, por ser contrarios a derecho al
favorecer indebidamente a los miembros de los grupos de investigación,
y también seguidamente por los juzgados de lo contencioso
administrativo.
Nada nuevo de todos modos, porque la Dra. Onega lleva años ejerciendo
la coordinación del máster, o su dirección
deberíamos decir en este caso, antes de que se refundase puesto o cargo
académico, con el nuevo reglamento de titulaciones.
Está bien tener criterio propio, mientras esto no suponga que se
vulneran las normas que se supone rigen para todos. Pero si a quien se
salta las normas se le confirma en el puesto... por este camino seguirá
habiendo ocasiones de contencioso, eso parece claro.
Parece ser que los coordinadores de los másteres (y grados) van a tener
amplias prerrogativas, comparables a las de director de departamento.
Pero es de suponer que hasta en ese caso tendrán que atenerse a la
normativa. Y además, como decía Supermán, con grandes poderes llegan
grandes responsabilidades.
Cursillo
en el ICE de Zaragoza
sobre sistemas de mandos para uso educativo. Un sistema tecnológico
para interacción computerizada en el aula, con mandos a distancia
parecidos al de zapear en la tele. Este sistema se ha probado para
introducirlo en encuestas de evaluación para las nuevas titulaciones en
la Universidad de Zaragoza, y se han adquirido equipos para quien lo
quiera introducir en la docencia. Un kit completo para un aula viene a
salir por unos 50 euros por mando (la versión más sencilla) incluyendo
el receptor. Mandos con pantalla, teclado, etc. son más caros.
El sistema consta de un receptor de señales (infrarrojas o de
radiofrecuencia), que se conecta al ordenador del profesor, una serie
de mandos de respuesta repartidos para los estudiantes del aula, y
(opcionalmente) un proyector para que toda la clase vea las respuestas
(si no, se ven en el ordenador del profesor). El sistema se instala con
un disco en el ordenador del profesor, o bien se baja de la red: de
todo esto se encuentran las últimas versiones siempre en la página de
H-ITT.
Cada mando va individualizado, y su respuesta queda registrada por el
sistema.
En el ordenador del profesor hay que configurar una clase, y luego se
eligen tipos de preguntas. El mando del profesor se preconfigura para
que la respuesta que da ése sea considerada la correcta. Hay opciones
para mostrar u ocultar a la clase la respuesta correcta (ocultándola al
primer intento, por ejemplo).
Aparece una modalidad preconfigurada para respuestas de elección
múltiple con cinco opciones: al pulsar aparecen en la pantalla del
proyector (o del ordenador del profesor) las respuestas identificadas
con el últímo dígito del mando. Se pueden reconfigurar con más
respuestas. O bien se eligen respuestas de sí/no, verdadero/falso...
Con otro tipo de mandos hay teclado para introducir palabras, textos
breves como respuesta, etc. Entre las modalidades de configuración está
el asignar los nombres de los estudiantes, o su NIP, etc. a cada uno de
los mandos.
El profesor determina cuándo se puede empezar a contestar y cuándo se
termina. El sistema elabora inmediatamente gráficos de barras con la
frecuencia de cada respuesta. Se puede configurar también el número de
correcciones posibles a las respuestas (ninguna, dos, varias,
ilimitadas...).
Otras opciones son para habilitar otros tipos de examen: que el
estudiante sea quien pueda pasar a la siguiente pregunta, por ejemplo
(útil si se les da un examen en papel para que contesten con el mando,
cada cual a su marcha).
O bien para añadir etiquetas (se pueden añadir a cada pregunta, o al
conjunto de la clase....). Otra opción activable sirve para que el
estudiante pueda determinar el "nivel de confianza" con el que
selecciona cada respuesta. Se pueden también determinar grupos de
alumnos bloqueando la respuesta de los mandos para cada grupo,
estableciendo listas. Así se pueden adaptar los mandos a diversos tipos
de examen.
Con el programa Analyzer se pueden analizar los datos obtenidos. Queda
registro informático de toda la información intercambiada por los
aparatos (en archivos CSV). Luego se pueden exportar los datos, para
hacerlos disponibles a otros programas de bases de datos como File,
Excel, etc., o como archivos de texto. También se puede guardar
simultáneamente una copia en otro formato de datos. O activar una
opción para enviar los datos por correo electrónico de modo automático.
Se va a ir implementando la comunicación entre plataformas: con
Blackboard/WebCT, con Moodle, y también para el OpenCourseWare, para
poder integrar este sistema a los sistemas utilizados por la
Universidad de Zaragoza. El sistema en sí tiene opción de utilizar una
variedad de formatos para diseñar las preguntas: archivos html, texto,
powerpoint, etc... (en la opción "slides" del menú "Options"). Podemos
llevar un Powerpoint preparado e interconectarlo a los mandos. El
sistema H-ITT también se integra fácilmente con la red: se puede partir
la pantalla en dos, mostrando una página web en la mitad de arriba de
la pantalla (donde tengamos materiales: ejercicios en red, encuestas,
etc) y se responden en la parte inferior de la pantalla con el sistema
de mandos. Así se pueden contestar materiales en red cuando no hay
ordenadores disponibles para todos los alumnos, si hay mandos.
Esencial: comprobar que todo funciona al principio de cada sesión. Y
llevar pilas de repuesto.
El "efecto Mateo" es una ley de distribución y redistribución de
bienes y atenciones, que con más justicia podría llamarse "el efecto
Jesucristo". Viene la cosa del evangelio de San Mateo, donde dice
aquéllo de "A quien tiene, se le dará más; y a quien no tiene, se le
quitará aun lo que tiene." Una cita que no creo que sea del gusto de
esos que veían en Cristo una especie de socialista utópico... aunque
cabe que no esté describiendo una utopía, sino una realidad.
Me he leído un libro que podríamos decir que es de estadística, si de
algo en concreto va: El cisne negro,
de Nassim Nicholas Taleb, subtitulado "sobre el impacto de lo altamente
improbable". Lo altamente improbable va desde los cisnes negros (en
aquellos tiempos en los que se suponía que todos eran blancos), pasando
por sucesos catastróficos imprevistos, o torbellinos de información
inexplicables, hasta fenómenos tan extraños e improbables como tú
mismo, hipócrita lector. Todos ellos son sucesos que desafían la
probabilidad y la estadística, pero son sin embargo muy reales y causan
efectos que desequilibran las previsiones formalizadas.
De esas previsiones formalizadas, Taleb les tiene tirria especial a los
modelos matematizados de inversiones económicas y cálculos de
inversiones y beneficios supuestamente "científicos"; y sobre todo a
una bestia negra de su libro, no un cisne sino una campana, la campana
de Gauss, emblema de lo que él llama "Mediocristán":
"el aspecto principal de la campana de
Gauss es (...) que la mayor parte de las observaciones se sitúan en
torno a lo mediocre, la media, mientras que las probabilidades de una
desviación disminuyen de forma cada vez más rápida (exponencialmente) a
medida que nos alejamos de la media." (El
cisne negro 356)
Según los habitantes de este Mediocristán, podemos ignorar esas
excepciones. Pero en realidad, nos dice Taleb, no habitamos en
Mediocristán, sino en Extremistán.
En teoría evolutiva, diríamos que vamos regidos por fenómenos extremos
como la explosión
de la vida, o del lenguaje, o por las catástrofes y extinciones
masivas. Y rige Extremistán, muy en especial, en lo referente a todos
los fenómenos que tienen que ver con la información—desde el arte a
Internet o a las inversiones en bolsa: y allí la campana de Gauss es
una engañadora.
Por lo que veo, la campana de Gauss se pega de narices con la otra
curva que define y organiza la realidad—en especial la realidad de la
información y la de la red: la cola
larga. Aquí las tengo superpuestas,
comparando por ejemplo lo que supondrían en un factor como la venta de
libros, o los éxitos musicales, o la popularidad y fama mundial, o las
citas académicas:
Con éxitos me refiero, en el ejemplo de los libros, a
bestsellers. Hay relativamente muy pocos, y su éxito no es, como diría
Taleb, escalable. Forman la alta cabeza de la larga cola (verde). Del
primero al segundo de la lista podría haber una diferencia de
centenares de millones de ejemplares vendidos. La mayoría de los libros
(sigamos con el ejemplo típico de fenómeno informativo, tipo
Extremistán) venden pongamos mil ejemplares, o quinientos, o los que
sean: son el grueso de la campana (que es la línea roja del gráfico).
Según cómo midamos, el fenómeno más significativo podría parecer ese
gran bloque central de libros que venden ni mucho ni poco. Pero desde
otros parámetros, son los poquísimos libros de la parte izquierda del
gráfico (los fenómenos extremos) los que crean influencia, moda,
opinión, orientación, beneficios espectaculares, etc.
Es concebible, claro, que para distintos tipos de fenómenos
informativos, la curva superior de la campana esté más o menos escorada
hacia la derecha o hacia la izquierda: tienen desfases
variables.
Los torbellinos de información, que crecen hasta extremos
incalculables, por efectos azarosos, se encuentran en la parte
izquierda del gráfico, y son los que se rigen por lo que hemos llamado
el efecto Mateo ("tened y se os dará
aún más"). La expresión viene del
sociólogo de la ciencia Robert K. Merton ("The Matthew Effect in
Science", Science 159, 1968:
56-63). Otro caso que observa Taleb que se
rige por el efecto Mateo es el uso de las lenguas francas: el
crecimiento del inglés como lengua franca también viene regido por este
efecto—es su propia difusión la que hace que continúe siendo la lengua
franca preferida, en progresión creciente. Pero me ha gustado
especialmente la aplicación del fenómeno a las citas académicas y a las
reputaciones intelectuales:
"Imaginemos que alguien escribe un
artículo académico en el que cita a cincuenta personas que han
trabajado en el tema y han aportado materiales de fondo para su
estudio; supongamos, para hacerlo sencillo, que todas ellas reúnen los
mismos méritos. Otro investigador que trabaje exactamente en el mismo
tema citará de forma aleatoria a tres de esas cincuenta personas en su
bibliografía. Merton demostró que muchos académicos citan referencias
sin haber leído la obra original: leen un artículo y sacan sus propias
citas de entre las fuentes de ese artículo. De modo que un tercer
investigador que lea el segundo artículo selecciona para sus citas a
los tres autores antes citados. Estos tres autores recibirán cada vez
mayor atención ya que sus nombres se van asociando con mayor derecho al
tema en cuestión. La diferencia entre los tres ganadores y los otros
miembros del grupo original es, en su mayor parte, cuestión de suerte:
fueron escogidos inicialmente no por su mayor destreza, sino
sencillamente por la forma en que sus nombres aparecían en la
bibliografía anterior. Gracias a su fama, estos académicos de éxito
seguirán escribiendo artículos y les será fácil publicar su obra. El
éxito académico es en parte (pero en parte importante) una lotería."
(315)
La idea central es que el éxito informativo no depende sustancialmente
del valor intrínseco o de las destrezas especiales de quienes triunfan.
Habrá que admitir que juegan con más cartas quienes tienen un mínimo, y
no siempre triunfa un Bienvenido, Mr
Chance—pero
en gran medida el éxito de quien llega, de quien llega a vender, a
sonar, a triunfar—es producto del azar y de los torbellinos de
información creados en torno a estas ventajas acumulativas. El
mundo académico es especialmente dado a ellas, y cada vez más,
según priman criterios como los famosos "índices de impacto" de las
publicaciones:
"a los eruditos se les juzga ante todo
por las veces que su obra es citada en la de otras personas, y así se
forman las camarillas de personas que se citan mutuamente (es aquello
de 'si me citas, te cito')." (316)
Lo mismo sucede, supongo, en el mundo de los blogs.
Y el arte, aunque los artistas juegan a ignorarse unos a otros, no está
sin embargo exento de procesos demenciales de acumulación informativa;
es lo que llamamos las grandes obras, o el canon, o las obras de éxito.
Se creó un vistoso torbellino en torno a El Código Da Vinci; y el
último torbellino descontrolado se ha formado en torno a las novelas de
Stieg Larsson, que son como cientos de otras. Así nos explica Taleb
estos fenómenos:
"el arte, dada su dependencia del boca
a boca, es extremadamente propenso a estos efectos de ventaja
acumulativa. (...) Nuestras opiniones sobre el mérito artístico son el
resultado del contagio arbitrario, más aún de lo que lo son nuestras
ideas políticas. Una persona escribe una reseña de un libro; otra la
lee y escribe un comentario que usa los mismos argumentos. Enseguida
tenemos varios cientos de reseñas que en realidad se reducen, por su
contenido, a no más de dos o tres, porque hay mucho solapamiento. Para
un ejemplo anecdótico, léase Fire
the Bastards!, cuyo autor, Jack Green, recoge sistemáticamente
las críticas de la novela de William Gaddis The Recognitions.
Green demuestra claramente que los autores de las críticas del libro
anclan éstas en otras críticas, y revela una potente influencia mutua,
incluso en su forma de redactar. Este fenómeno recuerda la actitud
gregaria de los analistas financieros...." (317)
En fin, argumentación suficiente como para poner entre comillas los
"índices de impacto" y otras mediciones metódicas y matematizadas de la
calidad intelectual o artística de nuestros escritos. A menos que
incluyamos como parte de la calidad intelectual o artística (y de hecho
lo incluimos) el efecto producido a posteriori, efecto quizá deseado
pero incalculable a priori: a saber,—la subida disparatada del valor
informativo de las acciones. Parte esencial del razonamiento de Taleb
en El Cisne Negro es el
efecto del hindsight bias, la
distorsión
retrospectiva
que afecta a nuestros juicios y valoraciones una vez se ha producido el
fenómeno de la distribución informativa; en ese sentido es un libro
altamente recomendable para los interesados en estudiar la falacia
narrativa—y en aprender a desconfiar de ella.
Cada vez que tengo un disgusto... o me voy al MacDonalds, o me compro
un
Mac. Bueno, exagero, y tampoco es que tenga la casa llena de Macs...
pero esta
vez tengo la excusa de que mi portátil de estética ya cyberpunk, con
desgastes, remiendos, bisagras rotas, esparadrapo y que me da
garrampas, ha ido al hospital. Así que entretanto vuelve a casa, lo
sustituyo, que el disgusto se lo lleve él. Me he comprado un MacBook
Pro de diecisiete pulgadas.
Además el acontecimiento ha dado lugar a una obra de arte del
cinéma-vérité: El Desembalaje del
Mac, con Ivo a la cámara, Álvaro de protagonista, y Oscar
poniendo la banda sonora.
Oscar se las promete muy felices creando monstruitos en el Spore
Creature Creator, su juego favorito desde hace tiempo. Yo prefiero lo
de la webcam con micrófono incluida, la wifi, la tarjeta gráfica
Nvidia, y todo lo
demás que lleva incorporado en su cintura de avispa de un centímetro. Y
que no me dé garrampas.
Ya nos dicen los gitanos que pocas cosas se consiguen con
pleitos. Sobre todo si los pierdes. Aunque para mí, perder un
pleito
sobre una cuestión de oposiciones es poco significativo: está el tema
tan blindado, entre las maquinaciones de la Comisión, el blindaje de
silencio administrativo del Rectorado, las limitaciones impuestas por
la discrecionalidad técnica,
y la renuencia general de la administración a corregirse a sí misma,
que milagro sería conseguir algo en ese terreno.
Así pues no me he llevado mucha sorpresa con la sentencia del Tribunal
Superior de Justicia de Aragón sobre la cátedra que
quedó vacante, aunque
no deja de caerse la mandíbula al ver la mísera categoría, por no decir
calaña, de los argumentos a que se ven obligados a recurrir sus
Ilustrísimas para correr un tupido y mandar el caso al archivo de los
pleitos perdidos. Con sello, eso sí: es lo esencial, los papeles en su
sitio, y las quejas por los atropellos lógicos y jurídicos, al maestro
armero.
Más mérito tiene lograr que la Administración sí intervenga sobre sí, y
mande deshacer algo de lo hecho, como ha pasado en el otro juicio
contencioso administrativo, el motivado por las maniobras de los Grupos para
apropiarse del máster y el doctorado. Aquí en
Ibercampus explico un poco más el tema.
La cuestión es que a estas alturas aún no sabemos qué asignaturas
daremos el año que viene: si el Departamento va a obedecer la orden del
juez, tratarnos sin discriminaciones ilegales, y rehacer el plan de
ordenación docente de los dos últimos años, o si van a intentar torear
la resolución del juez, como ya hicieron en su día con la del Rector.
Por supuesto habíamos advertido a la Dirección del departamento, y a
los coordinadores del máster, y a nuestros compañeros que les votan,
por activa y por pasiva, que por ese camino no iban a ninguna parte,
más que a estrellarse contra un muro. Pero bueno, ellos habrán
considerado que iban mejor aconsejados siguiendo al Líder.
De momento la cosa sí ha cambiado algo: quizá gracias a nuestra
resistencia, hemos conseguido que se nos empiece a tener en cuenta. Así
como en años anteriores primero ni siquiera se nos tenía en cuenta a la
hora de solicitar docencia en máster, o se nos eliminaba sin baremarnos
diciendo que no éramos de los equipos de investigación, este año ya
empieza a cambiar la cosa. Se empieza a seguir un sistema con visos de
legalidad, albricias. Este año hemos solicitado docencia por orden de
jerarquía y antigüedad (como toda la vida) y no se nos ha dicho que no
estábamos capacitados ni cosas parecidas. Y han tenido que ser los
profesores más recientes que ahora están en el máster, quienes
gracias a la normativa ilegal se nos habían colado puesto, quienes
aleguen que también quieren dar esa
docencia ya elegida por nosotros.
Una pequeña cuestión de orden formal. Aunque el resultado es, también,
que de momento no se nos ha asignado docencia en postgrado.
Ahora se supone que el conflicto
éste lo tiene que dirimir, mediante un informe de "idoneidad", a ver
quién es más "idóneo", la Comisión de
Docencia. Pero lo primero que ha hecho la Comisión de Docencia es
pasarle la pelota a la Comisión de Postgrado. Ya veremos en qué queda
la cosa. De momento, lo que queda claro de la sentencia del juez (si se
opta por acatarla) es que la "idoneidad" se habrá de determinar por
criterios que sean
a) objetivos,
y
b) justos. Porque "la pertenencia a grupos de investigación subvencionados"
es un criterio objetivo, pero lo ha anulado sin embargo el juez, como
todos los criterios que se establecían en postgrado en base a
consideraciones especiales por la orientación de la investigación
etcétera... y lo ha anulado "por incurrir exactamnte en la misma
antijuridicidad que se denunció y resolvió en la resolución de
12-5-2007 del Rector". Ya anuncia el juez que la normativa
departamental de "resolución de conflictos" es de "díficil aplicación
por lo confuso y contradictorio".
En efecto, resulta que si ahora un profesor de los que no tienen
docencia fijada se queda sin la que ha solicitado, por no ser "idóneo",
pues entonces no queda claro si puede desplazar a otro de los que ya
han elegido docencia, con lo cual se crea otro conflicto, otra
propuesta de resolución, y vuelta a empezar. Por eso digo que es un
procedimiento de generación de
conflictos, no de resoluciones, eso de que un profesor pueda
solicitar la docencia que otro ya ha elegido en base a su mayor
antigüedad.
Luego está por ver cómo se aplica el baremo de resolución de
conflictos: porque ya se hizo un baremo para esto hace años, pero jamás
se ha aplicado. Parece que in extremis siempre se encuentra la manera
de no recurrir a baremar méritos. Dicho sea que, aparte de todo,
baremar es todo un arte, y el mismo baremo se puede aplicar de mil
maneras distintas, unas más objetivas y otras más subjetivas.
Y también está por ver si nuestra dirección, nuestra coordinadora del
Doctorado, nuestras comisiones y nuestro Consejo optan por hacer caso
al otro juez, el que
les ha ordenado que incluyan nuestros nombres en el programa de
doctorado visto que es contrario a derecho excluirnos (otra cosa que
también les ordenó el Rector, y que si quieres). Por lo que
se resisten desde hace años a hacerlo, la coordinadora y sus
co-coordinadores,
debe ser muy doloroso, pero que muy
doloroso, eso de incluirnos. O igual es por eso que decía
la Dra. Onega, que había una aplicación informática que le impedía
hacerlo.... Igual están pidiendo asesoramiento a algún ingeniero
informático.
Si es que cuando pleiteamos es por algo, no por afición a los juzgados.
Y cuando pleiteamos contra la Universidad de Zaragoza, no es para jorobar a la Universidad,
ni por afán destructivo,
sino para que la Universidad aplique su propia normativa y sea lo que
tendría que ser. Para que sea un sitio donde hay normas, no dobles
raseros; para que no sea un cúmulo de intrigantes inventando
protecciones
especiales para sus feudos y corrillos. Mis buenos euros me cuesta
pleitear, así que considérenlo un servicio público.
FALLAMOS: Primero: Desestimamos
el recurso de apelación interpuesto por Don José Angel García Landa,
contra la sentencia 224/2007, de 3 de julio, del Juzgado de lo
Contencioso-Administrativo nº 2 de Zaragoza, recaída en el
Procedimiento Abreviado 459/06. Segundo: Imponemos las costas a la parte apelante. Así lo acuerdan y firman los Ilmos.
Señores anotados al margen.
Aunque en el margen no hay nada anotado, hay que entender que son los
que figuran en el encabezamiento:
ILUSTRÍSIMOS SEÑORES
PRESIDENTE:
D. Jaime Servera Garcías
MAGISTRADOS:
D. Eugenio Ángel Esteras Iguácel
D. Fernando García Mata —son jueces del Tribunal Superior de Justicia de Aragón, Sala de
lo Contencioso-Administrativo (Sección 2ª), fallando sobre el "Rollo de
apelación nº 2306 del año 2007", en un caso más de la serie "José
Ángel García Landa contra Universidad de Zaragoza". La sentencia
ésta es del 1 de julio, y me ha llegado hoy la notificación.
Termina así, supongo, un largo proceso que empezó en 2003, con la
malhadada oposición a cátedras a que me presenté en el Departamento de
Filología Inglesa y Alemana de la Universidad de Zaragoza (la vacante
dejada por la jubilación de la Dra. Olivares). Que vacante quedó en la
oposición, y vacante sigue, y vacante seguirá hasta que se presente
alguien más del agrado (discrecional) de los catedráticos de nuestro
departamento.
Como se dice aquí, ya perdí un primer juicio sobre esta cuestión en
primera instancia, hace un par de años. En
su momento ya comenté esa sentencia.
El juez consideró, con argumentos de muy baja categoría lógica, ética y
jurídica, que la Comisión evaluadora constituida por los catedráticos
Dres. Garrudo, Dietz, González Groba y Martínez Vázquez, y presidida
por la Dra. Onega, no cometió irregularidades. Y la presente sentencia
de los magistrados del TSJA corrobora esa postura, con argumentos de solidez similar.
Como el asunto lo merece, iré comentando puntos de esta sentencia por
partes, en una serie de posts. Sin mucha prisa.
Para mí vale la pena volver al tema, porque en mi trabajo y mi carrera
este asunto de la cátedra ha sido un antes y un después. Para empezar,
me ha desilusionado de intentar promocionarme, en un sistema donde lo
que cuenta realmente no son los méritos objetivos, sino los sistemas de
alianzas, y donde toda la parafernalia de las oposiciones es una
pantalla
destinada a ocultar las auténticas razones por las cuales se aprueba o
se suspende a un candidato. A eso ya no juego más, una vez conocidas
las reglas invisibles.
Por otra parte, todas las personas que se trataban conmigo en la
Universidad antes de la oposición dejaron de tratarse después, haciendo
piña alrededor de la catedrática y presidenta del tribunal de
oposiciones. Salvo tres o cuatro colegas con quienes mantengo trato,
ninguno de los profesores de mi departamento se ha interesado en ningún
momento por saber si el procedimiento de la oposición había sido
correcto o no, o qué razones tenía yo para recurrir y sentirme
agraviado por el resultado de esa oposición. Todos han dado por bueno
que, tras una carrera académica brillante, un tribunal me cascase así
porque sí, por discrecionalidad, una calificación de uno coma ocho sobre diez, no para
darle la plaza a otro (ni siquiera para eso), sino para dejarla vacante.
Eso, en un departamento que por entonces tenía unos noventa profesores
y una sola catedrática—la Dra. Onega, presidenta del tribunal. Ha sido
un proceso de cierre de filas espectacular—como trazar una raya en el
suelo y hacer que la gente se posicione a un lado o a otro. Sin
necesidad ninguna aparente de hacerlo—y sin que la gente, a la hora de
posicionarse, estudie el tema así con el cerebro o con el criterio,
claro: el posicionamiento se da sólo por motivos de estrategia y
conveniencia. Son cosas que, naturalmente, le abren a uno los
ojos sobre las personas y las maneras de actuar.
Aparte, estos grupos han cerrado filas alrededor de la catedrática
desde entonces también en otros casos, apoyando decisiones contrarias a
derecho tomadas por ella y que me perjudicaban directamente. Así, una
normativa impulsada por la Dra. Onega como coordinadora del postgrado
de Estudios Ingleses ha llevado a excluir del máster o del doctorado a
quien no pertenezca a los "grupos de investigación" de los
coordinadores, sin entrar a baremar sus méritos ni respetar su
jerarquía ni capacitación profesional. Este asunto también
ha acabado en los tribunales de lo contencioso administrativo, con
mejor fortuna de momento.
De los miembros del tribunal de oposiciones de la cátedra, sólo diré
que el proceso estuvo plagado de irregularidades de todo tipo, de fondo
y de forma, y que en ningún momento han intentado justificar su
actuación o sus criterios con argumentos sostenibles públicamente, ni
administrativos ni filológicos. Yo sí justifico, dando razones, por qué
digo que la oposición fue una merienda de negros. El debate es público:
está aquí, o donde decidan iniciarlo ellos. Pero es más seguro atenerse
al silencio. Porque es muy de temer que no tengan argumentos más
sólidos que los que aportan estos jueces en sus sentencias.
Y la categoría de estos argumentos (la categoría jurídica y la
intelectual) la vamos a ir viendo en detalle aquí, punto por punto.
Después de Billy,
Belle. Aquí las estoy pasando canutas
ensayando mi versión pòvera para guitarra de la canción de Notre Dame de Paris,de
Plamondon y
Cocciante. De un musical plagado de canciones perfectas es quizá la
mejor; y fue elegida en una ocasión como la mejor canción del
siglo XX... pero claro, es complicada y endiabladamente difícil. Le
tendré que poner una vela a Lucifer para que me inspire...
Y también para que se me pase una pequeña parálisis que me ha dado en
dos dedos
de la mano izquierda. Así no hay quien toque bien.
El gran pensador evolucionista del siglo XIX fue Herbert
Spencer, hoy injustamente menospreciado y prácticamente ignorado. Suele
considerársele un epígono de Darwin, cosa pasmosamente injusta para
quien conozca su obra. En First Principles sienta las bases de una
filosofía que hoy se llamaría "consiliente", una sistema unificador de
la realidad y de las disciplinas del conocimiento, una especie de
metafísica fenomenológica, que tras dividir el ámbito de la realidad
entre lo cognoscible y lo incognoscible, establece principios de
conocimiento e interpretación para lo cognoscible. Por ejemplo, la ley
del mínimo esfuerzo, o la ley de la complejidad y unificación
progresiva de las formas en su evolución.
En este capítulo, llamado la "Ley de la Evolución", nos plantea su
narratología particular. Ya nos ha hablado de las formas lingüísticas,
cómo progresan de formas simples o parcialmente integradas al
desarrollo de complejas estructuras de integración—que muchas veces
conllevan una aparente simplificación de las formas gramaticales: pero
al nivel sintáctico y discursivo, observa Spencer, la complejidad e
integración se hacen mayores en las lenguas de pueblos desarrollados.
"Si comparamos, por ejemplo, las
Escrituras hebreas con los escritos de los tiempos modernos, se aprecia
una marcada diferencia de agregación entre los grupos de palabras. En
el número de proposiciones subordinadas que acompañan a la principal;
en los varios complementos de los sujetos y predicados; y en las
numerosas oraciones modificadoras—todas ellas unidas formando un todo
complejo—muchas oraciones en las composiciones modernas exhiben un
grado de integración que no se encuentra en las antiguas." ( § 113)
También presta atención Spencer a las estructuras narrativas y
argumentales propiamente dichas, en las obras de arte literarias:
"Una vez más las artes del diseño
literario, narrativas y dramáticas, nos proporcionan ejemplos. Los
relatos de tiempos primitivos, como esos con los que los contadores de
historias orientales todavía siguen entretendiendo a su audiencia,
están hechos de sucesivos acontecimientos, en general fantásticos, que
no guardan conexiones naturales: son sólo otras tantas aventuras
puestas juntas sin secuencia necesaria. Pero en una buena obra de
imaginación contemporánea, los acontecimientos son producto adecuado de
personajes que viven en circunstancias determinadas, y no se puedn
cambiar en su género o en su orden sin estropear o destruir el efecto
general. Es más, los propios personajes , que en las obras de ficción
tempranas desempeñan su papel sin mostrar que sus mentes se vean
modificadas unas por otras, o por los acontecimientos, ahora se nos
presentan como sujetos unos a otros por complejas relaciones morales, y
actuando y reaccionando a las naturalezas de los demás" (§ 114)
Se me dirá que esto ya lo dijo Aristóteles en la Poética,
cuando hablaba de la unidad de argumento y de la superioridad de Homero
a los demás poetas épicos. Y en cierta medida, así es: antes de
Spencer, mucho antes, tenemos que ir a Aristóteles a buscar no sólo las
raíces de la narratología, sino también las de la narratología
evolucionista.
Pero la diferencia es en realidad la que explica Spencer: una
diferencia de integración. El principio evolutivo de la narración está
aquí integrado como parte coherente de toda una filosofía de la
realidad que es de naturaleza evolutiva, como no podía serlo en
Aristóteles.
Para Spencer, lo simple deriva de lo complejo—es el principio central
del evolucionismo—de un modo no sólo conceptual sino histórico y genético.
Su filosofía aplica este principio interpretativo sistemáticamente,
para explicar la génesis de los astros, de las formas vivas, de los
niveles de consciencia, de las instituciones culturales, de las
relaciones económicas (pasando de las sociedades primitivas a la
economía globalizada), de la política—predice Spencer la creación de
una federación europea— o de la tecnología, pues las máquinas
complejas son diseñadas a partir de una composición de máquinas
simples. Y el mismo principio aplica, según vemos, al
pensamiento, a la narración y al discurso. Incluyendo, de modo
reflexivo, su propia filosofía.
Es díficil imaginar una base conceptual más amplia y sólida para un
estudio de la historia y estructura del discurso o para la narratología
evolucionista.
Gonna Change My Way of Thinking Aquí haciendo probatinas para la canción de Dylan, con mi
guitarra chatarrosa. Igual un día la toco entera, ya no digo bien.
Gonna change my way of
thinking, Make myself a different set of rules. Gonna change my way of thinking, Make myself a different set of rules. Gonna put my good foot forward, And stop being influenced by fools.
On a tous dans le cœur la version de 1977, pero esta nueva es
casi conmovedora: las transiciones están mejor llevadas, y la
canción-marco absorbe energía de sí misma, al haberse vuelto un clásico
celebrándose a sí mismo, uno más de los hits de aquellos tiempos que
recopila y recuerda.
Ayer tuvimos consejo de departamento, el último del año espero, y nos
informaron de que ya hay una propuesta de titulación de Grado en
Estudios Ingleses de la
Universidad de Zaragoza, elaborada por la comisión
correspondiente. Comisión que según los estatutos de la Universidad ha
sido nombrada a dígito por el Rector—claro que el Rector recibe
inspiración telefónica consultando al director del Departamento y a las
fuerzas vivas que estime oportuno.
Sistema piramidal total. Esto parece mucho menos democrático que dejar
que sean los departamentos implicados quienes elijan a representantes
para elaborar el grado, pero bueno,
son los estatutos que eligió darse la Universidad. Y el resultado viene
a ser el mismo.
Aún le faltan muchos trámites por pasar al plan de estudios, pero esta
es la estructura general que probablemente tendrá:
Resumen por materias
1. Bases lingüísticas y culturales de los estudios
ingleses 12 ECTS (12 básicos)
2. Lengua inglesa 36 ECTS (18 básicos, 18
obligatorios)
3. Segunda lengua (Alemán, Francés, Italiano, Árabe o
Catalán) 12 ECTS (12 básicos)
4. Inglés académico 18 ECTS (12 obligatorios, 6
opcionales)
5. Gramática inglesa 18 ECTS (12 obligatorios, 6
opcionales)
6. Literatura inglesa 42 ECTS (30 obligatorios, 12
opcionales)
7. Literatura norteamericana 30 ECTS (24
obligatorios, 6 opcionales)
8. Comentario de textos literarios y audiovisuales en lengua
inglesa 18 ECTS (12 básicos, 6 obligatorios)
9. Historia de la lengua inglesa 18 ECTS (6
obligatorios, 12 opcionales)
10. Historia y cultura de los países de habla inglesa
18 ECTS (12 obligatorios, 6 opcionales)
11. Fonética y fonología del inglés 12 ECTS (12
obligatorios)
12. Lingüística aplicada a la lengua inglesa 12 ECTS
(6 obligatorios, 6 opcionales)
13. Otras literaturas en lengua inglesa 12 ECTS (6
obligatorios, 6 opcionales)
14. Tendencias y contextos del cine en lengua inglesa
12 ECTS (12 opcionales)
15. Lingüística contrastiva 18 ECTS (18 opcionales)
Y entre las asignaturas optativas:
Géneros literarios en la literatura inglesa I
Tendencias y contextos del cine en lengua inglesa I
Lingüística contrastiva aplicada a la traducción
Traducción de textos literarios y audiovisuales
Cultura popular en los países de habla inglesa
Pragmática de la comunicación
Inglés moderno
Géneros literarios en la literatura inglesa II
Tendencias y contextos del cine en lengua inglesa II
Traducción de textos profesionales y académicos
Diseño de actividades de aprendizaje del inglés como lengua extrajera
Narrativa estadounidense contemporánea
Literatura irlandesa
Variedades geográficas de la lengua inglesa
Comunicación y lingüística intercultural
Observo que "mi" asignatura de teoría y crítica se ha evaporado
del plan. Es lo que pasa cuando no está uno mismo en la comisión.
Aunque claro, es una asignatura minoritaria que bien podría entenderse
que esté mejor a nivel de máster, según cómo se entiendan las
prioridades de una carrera de "Estudios" (que al no ser ya Filología ya
no son necesariamente estudios filológicos,
supongo). Echo en falta Derecho inglés, Economía inglesa, Cocina
inglesa (yeuch), Política inglesa, Historia inglesa, Arte inglés,
Filosofía inglesa, Tecnología y Ciencia inglesa, Geografía Inglesa,
Televisión y periodismo ingleses, Matemática inglesa, y Música
celestial inglesa. O hacemos Filología, o no hacemos filología, right?
Va a haber un plazo de exposición pública, para realizar
alegaciones, etc. E incluso se publicarán en la web de la Universidad.
Lo malo es que el plazo será durante el verano, mire usted qué mala
suerte, después de tantos años de planificación.
Harry Thompson, This Thing of Darkness: Narrative
Anchoring
Envié este artículo a la Evolutionary
Review, pero
les parece largo, académico en exceso (aburro a las ovejas), y lo que
publicarán será una versioncilla ligera, donde se pierde toda la
sustancia de la teoría del anclaje narrativo que lo justifica.
Allí se quedará en una reseña de la novela Hacia los confines
del mundo. Lástima—pero
ya se sabe, lo que otros te publican es al gusto de ellos. Por eso opto
una vez más por la autopublicación del texto completo, visto que a lo
que aparecerá en la revista no lo va a reconocer ni su padre, entre las
sugerencias del editor y sus recortes. En español lo puse aquí (sí, está en español, a pesar de las
apariencias...). Pero volveremos a la carga con el anclaje narrativo—o,
dicho de otro modo, cómo combinamos todas las historias de las cosas en
una gran historia de todo. Es un conocimiento de la realidad como
proceso, y por tanto un conocimiento narrativo, la zona de intersección
de la teoría narrativa y del evolucionismo. Como dice Herbert Spencer,
"una historia completa de todo ha de incluir su aparición a partir de
lo imperceptible y su desaparición en lo imperceptible". Esta novela
hace mucho por mostrar no sólo a la teoría de la evolución como una
teoría de cómo surgen las cosas, sino que también sitúa esa teoría
históricamente de modo que nos muestra el surgimiento de la propia
teoría evolutiva... visto desde hoy, desde su futuro. Por volver a
Spencer,
"Si el pasado y el
futuro de cada objeto es un ámbito de conocimiento posible; y si el
progreso intelectual consiste en gran medida, si no principalmente, en
ampliar el conocimiento que tenemos de ese pasado y de ese futuro; es
obvio que el límite hacia el que progresamos es una expresión de todo
el pasado y de todo el futuro de cada objeto y del conjunto de
los objetos" (First Principles § 93).
No es que Thompson nos explique la
Historia de Todo (eso no lo hace ni Spencer), pero sí explica mucho—y
de paso nos hace vivir una aventura inolvidable. ¿Quién da más?
________________________ Abstract
- This paper articulates an "evolutionary" reading of
Harry Thompson's novel This Thing of
Darkness, a historical fiction on
Darwin's Beagle
voyage and the life of Captain FitzRoy. Special attention is paid to
the novel's narrative anchoring of its events within the grand
narratives of modernity and imperialism, of scientific and cultural
development, and of human evolution at large.
***
This paper will examine the novel This Thing of Darkness (2005) by
Harry Thompson (1960-2005), which is a historical fictionalisation of
Darwin's Beagle
voyage and of the life of vice-Admiral Robert FitzRoy, then captain of
the Beagle. Special attention will be paid to what I will call the
narrative anchoring of these events within the master narratives of
modernity and imperialism, of scientific and cultural development and,
more generally, the all-encompassing "grand sequence of events", in
Darwin's phrase, of human evolution.
It was the Turner illustration on the cover of the Headline Review
edition of This Thing of Darkness
that made me buy the book. Also the Shakespeare quote in the
title—(although the American edition has been retitled To the Edge of the World). "This
thing of darkness I / Acknowledge mine", says Prospero in The Tempest, referring
to Caliban, the barely human native of the island he rules.
Shakespeare's play has been read as an allegory, commentary or symptom
of colonialism, a subject which is also prominent in Thompson's
novel—Thompson's outstanding novel,
all too brief at 875 pages.
Harry Thompson was an active television producer, celebrated in Britain
for his humour series (see Wikipedia,
"Harry Thompson"). But this novel, written in the tradition of critical
realism, some would say of neo-Victorianism, shows a very different
side of his talent. It deals with British imperialism and colonialism,
with Western attitudes towards indigenous peoples, and with the
genocides perpetrated in Patagonia and Oceania. It is, also, a
first-rate sea novel, which will delight the followers of Patrick
O'Brian and of this quintessentially British genre. But This Thing of Darkness
also depicts the intellectual impact of evolution theory—another reason
why I bought it on impulse is that Charles Darwin was one of its
protagonists. The novel dramatizes the religious and
philosophical conflict unleashed by the advance of science and
rationalism in the 19th century, leading to a crisis of faith and to
skepticism in Darwin's case, and to pessimistic disenchantment in
Robert FitzRoy.
The breadth of the novel is panoramic, almost planetary, ranging from
first contacts with primitive peoples to sophisticated English salons;
from unspoken tensions between colleagues in the office, to the
grandeur of South American landscapes and vividly described tropical
storms—to immense horizons. And to a grand timescape, as well. The
centerpiece is Darwin's voyage round the world in FitzRoy's Beagle, and thus the novel is to
some extent a "remake" of Darwin's own narrative in The Voyage of the Beagle.
But the narrative also includes the preliminaries of former Beagle
expeditions—it begins with the former captain's suicide in
Patagonia—then goes back to Britain, retaking the celebrated debate on
human evolution between Thomas Henry Huxley and a primate of the
Church, Bishop Wilberforce, with FitzRoy playing a slightly ridiculous
or impotent role… And yet the dignity and gravity of FitzRoy's
character is vividly portrayed in all his actions, as a captain
dedicated to his mission and his men, as a stern but just colonial
administrator in New Zealand, and as a scientist dedicated to the
development of weather prediction. A life story ending in FitzRoy's own
suicide, a remarried widower who misses his first wife. He is
disappointed with his fortune and his career, tormented by a sense of
impotence, and by the advance of skepticism and of a modern world he
sees as devoid of sense unless it should be designed by a benevolent
deity.
And FitzRoy's belief in the Deity's benevolence is severely shaken. The
natives he tries to civilize and christianize are unpredictable: the
results are sometimes almost too good, with the Fuegian Jemmy Button
adopting British values and manners almost to the point of
caricature—or alternatively the natives may be incomprehensible, brutal
and enigmatic. Whenever FitzRoy manages to reach an understanding with
the natives, it is the Europeans that become a problem, with their
single-mindedness, their brutal greed and their contempt for the
natives' life and interests.
Although he is more often than not in the position of the leader of a
small community, or perhaps because of that, FitzRoy finds only an
uneasy fit in social life. He navigates from isolation to despond, with
occasional bouts of dementia. Although he had managed to marry, after
many years of solitude, the woman who took his breath away (a regular
angel in the house, moreover), she dies prematurely. FitzRoy's projects
to develop techniques of weather prediction are hampered by
bureaucratic absurdities and by the ignorance of authorities; his
attempt to grant British judicial guarantees to the natives, when he is
named Governor of New Zealand, clashes with the double standard his
superiors and the colonists apply, and which they also expect him to
apply.
FitzRoy believes in an ordered world in which everyone has their
appointed place. In contrast, the world inaugurated by Darwin's thought
justifies the superiority of Western man, and foresees the eventual
extinction of "inferior races" in a selective struggle for survival,
embodied here at a worldwide scale in British imperialism—and, by
extension, in American or Western contemporary postcolonial imperialist
practices, through a transparent analogy established by the author: the
words used by General Rosas to justify his war on the Indians in
Argentina are lifted from Tony Blair's speeches on the so-called "War
on Terror." In this novel, Darwin is an out-and-out social Darwinist:
while he doesn't endorse the genocide by any means, he predicts that
the primitive peoples and the great apes alike will be exterminated in
order to deepen the difference between civilised man and the animals.
Much to his disgust, FitzRoy finds himself linked by association to
Darwin's doctrines, and cannot prevent his own actions from
contributing to globalizing ends he did not wish to endorse. Fitzroy
was an explorer, not a conqueror, and he is nauseated by the rapacious
progress of the machinery of Empire.
Moreover, his initial friendship with Darwin, his companion in the
lengthy Beagle voyage, cools down, and ends up as a spiritual conflict
of almost cosmic proportions—of emblematic proportions, anyway. Darwin
demotes God and installs himself, an old primate, in his stead, growing
a long white beard in order to underline the parody. His initially
harmless biological observations, a gentleman's pastime, develop into a
whole theory of reality, of the structure of the natural world, and of
the origin and place of mankind—a theory repellent and horrifying for
FitzRoy, who did not expect that his own search for enlightnenment and
knowledge would yield this result. The novel dramatizes therefore
the confrontation between two world-views: on the one hand, a cosmos
designed and overseen by God, seen from the prism of an aristocrat
whose mindset was at home in eighteenth-century assumptions and
attitudes; on the other, the universe of twentieth-century science, as
anticipated in Darwin's insights, a world devoid of transcendental
meaning, in which human phenomena are only the complex outcome of
physical processes.
Fiztroy closes the circle with his suicide—a man financially bankrupt
by his benevolent undertakings, prematurely aged, emotionally detached
from his wife, and disillusioned by the advance of a bureaucratic,
mechanistic, regimented civilization, one lacking in any ideals he
might share.
When I was young, thought FitzRoy, I
was a voyager, traversing unknown seas, the master of my own destiny.
The wind and the waves may have dashed themselves against me, but I
fought through to discover new shores and unknown worlds. Then I became
part of a machine, a mere cog in a wheel. They took away my liberty, my
independence. But at least my toil served to smooth the way for other
travellers, who followed in my footsteps. Now, they have removed even
that small comfort from me. I must voyage once more, to the furthest
shore. I must undertake the ultimate journey. A journey without maps.
(p. 852)
Fizroy dreams that he will maybe see again one day his beloved first
wife Mary, and Jemmy Button, the native who befriended him with
loyalty, and his young sailors who drowned while doing their duty. Will
he see them again, or is Darwin right? Was FitzRoy merely just another
evolved primate, too complex for his own good?
This Thing of Darkness is a
magnificent historical novel. But it is not just a novel whose
characters and events have been drawn from history, in order to be
masterfully portrayed and dramatized. It is also a novel about human
history, about the place of human history in a wider evolutionary
process. It offers immense temporal and geographical horizons,
encompassing the origin and sense of mankind, of modernity and of the
Western expansion through the globe, in exploration and conquest; it
deals with the grand narratives of globalization and of the
Enlightenment, of the development of sciences and of empires—great
narratives whose slow-moving progress can nevertheless be seen and felt
from our limited vantage point. Thompson grasps the mode in which
the small narratives of people's lives—but these are big narratives for
the people involved, too—are embedded in those wider historical and
indeed geological processes, are intersected by them, and historical
processes become especially visible as the clash of the different time
frames of different cultures collapses whole ages of mankind together,
in the experience of a single individual, in a telling moment of
perception, in a gesture or a detail which assumes a symbolic
proportion, the way a galaxy can be seen though a keyhole. A
life, FitzRoy's life, is grounded in a world of human significance
built through history, and the ideals and achievements of a life, of a
moment, can be gauged against the background of this gigantic process
of world-making. FitzRoy is sorry he has been instrumental in bringing
the plague of modernity through the world, and in desecrating the world
by furthering Darwin's conceptions much against his will. In the one
major moment of public recognition FitzRoy gets for his efforts in
weather prediction, his life achievement turns sour and irrelevant:
Still in a daze, FitzRoy stumbled
forward. Everyone was looking at him, applauding. The Prince de la Tour
d'Auvergne was beaming at him, and thrusting a little wooden box
towards him. He took it, and opened it. Inside, nestled on a meagre bed
of straw, lay a small, mass-produced, bedside travelling clock. (846)
Any development, any experience, any perception in the narrative of
everyday life is shaped by the greater lines of force of the greater
narratives in which human lives are embedded. In this sense, this novel
effects an exemplary exercise of what I have elsewhere called (García
Landa 2008) narrative anchoring, a
notion which requires some additional unfolding at this point.
It is to be noted that what I understand by narrative anchoring, in
spite of some areas of overlap, refers to something different from
David Herman's "contextual anchoring" in narrative (2002, ch. 9).
Herman defined this contextual anchoring as the cognitive process
whereby narratives ask their interpreters to search for analogies
between the semiotic model built by the narrative on one hand, and
cognitive models of the world in which the interpretation takes place,
on the other (Herman 2002: 331). It is clear that these models
may be narrative or non-narrative—it is also apparent that "my"
narrative anchoring may take place "inside" a narrative (e.g. in the
characters' own cognitive and narrativizing moves) and not necessarily
refer to the contextualizing maneuvers of the interpreter. Therefore,
Herman's "contextual anchoring" only partially overlaps with what I
call narrative anchoring.
Narrative anchoring is the process whereby a narrative refers us to
other narratives and to the prenarrative and metanarrative phenomena it
is embedded in. Narratives refer us to (1) processes and sequences of
events, (2) to their mental representations, to (other) narratives (3),
and finally to (4) narratologies or metanarrative phenomena, as four
phases or emergent levels of narrative complexity.
Let us take, as a global unifying frame, and as the background or
groundwork of any narrative, the most encompassing master narrative of
our culture. This is the global process of Time. I am referring here to
the only existing Time, apart from the pseudo-times of theoretical or
fictional worlds which are anyway embedded in it—real time, linked to
the existence of the Universe, as the ultimate seabed for narrative
anchoring. There are many possible "histories of (human) Time"—a
mode of narrative, level 3 (take, for instance, Plato's Timaeus, or Stephen
Hawking's Brief History of Time),
and, faced with them, a possible role for students of narrative
anchoring is the intertextual projection of cosmic histories upon one
another; to situate them, articulate and map them with respect to one
another, and—why not—to choose one of them as as a main frame, as the
true history of time, at least insofar as it is the most adequate
modelling of Time that we can devise; a true history of events which
contains everything and includes the other histories of time as
individual narrative events, as ideological versions or historically
situated approximations to the history of Time.
This formulation suggests some degree of heuristic relativism, which is
perhaps inevitable given the contentious nature of ultimate narratives
about the origin and sense of the universe. But, more to the point, an
intellectually significant narratology can hardly be grounded on
mythical versions of cosmic processes; it will have to deal with the
narratives of contemporary science as a one of its preliminary
components. It is with science, and on science, that a methodological
and philosophical dialogue needs to be established, or rather with the
sciences of Time in its different aspects—with cosmological and
astronomical, physical, biological, psychological and cognitive
approaches to time. One must take in to account, too, that there is a
science of science, that is, cultural theories of the functions and
proper limits of science, and of the historical unfolding of scientific
(meta)theories. As a consequence, a narratological approach to level
(1), processes and sequences of events, must have a
philosophical-scientific orientation, and be aware of this reflexive
meta dimension: of the histories of histories (and the histories of
theories)—and of the theories of histories (and the theories of
theories).
Narrative anchoring is one prime mode of cognitive mapping,
both in building a narrative and in trying to make sense of it. Any
given narrative (a novel, a piece of conversation) may, or may not,
present anchoring points at an initial level, at what might be called a
cosmological level, through an explicit mapping of its own small model
or representation of temporality with reference to more widely known
narratives (e.g. traditional or culturally authoritative ones). This
referring may range from common assumptions about situational scripts
or shared histories—as any human interactional sequence is a
continuation of previous interactions, or acquires sense on the
background of those interactions—to more explicitly ideological
assumptions about versions of social and political processes or
historical narratives. The latter are what is usually referred to as
"great narratives". But there are greater narratives than the
narratives of human culture and history—such as the "grand sequence of
events" of human evolution. Darwin uses this expression in a key (and
ambiguously self-critical) passage of The
Descent of Man:
"The birth both of the species and of the individual are equelly parts
of that grand sequence of events, which our minds refuse to accept as
the result of blind chance" (in Appleman 2001: 249). Taking a
panoramic view, it can be argued that discourses about human evolution
and the rise of human cultures and civilizations serve as an interface
between the discourses of historical disciplines and the humanities on
the one hand, and the discourses of scientific disciplines such as
biology, geology and cosmology on the other. A consilient view of
the overall development of physical phenomena must acknowledge some
kind of narrative anchoring as a basic cognitive instrument in relating
to one another the overarching narratives of science and those relative
to specific human experiences and social phenomena.
Anchoring may be explicit or implicit, in a grading scale. The notion
of an "explicit" narrative anchoring begs the question of explicitness
(of how such a relatively novel notion might be explicit in human
communicational interaction). My point being of course that I may be
using a relatively new name or trying to isolate the phenomenon, giving
it a sharper focus and making it so to speak fully explicit—but that
the phenomenon itself is hardly new and "we do it all the time without
thinking about it". For instance, a complaint about stress in
city life may lead to a reference about the way things were "before",
in a semi-historical, semi-mythical village life, or in
rural/traditional ways of living, or olden times, which is one of the
many stories we share, and refer to, as basic narrative patterns.
Reference to specific historical processes or episodes may be even more
explicit, of course, as we all share a common temporal frame and a
calendar, or calendars we can match to one another.
One should also take into account that narrative anchoring (which might
be contemplated as a mode of extended intertextuality) is subject to
the dynamics of dialogism and interaction. Even when it is present in a
latent or implicit sense in a given speaker's discourse or in a given
text, the interlocutor may respond to that element of anchoring and
expand on it, making it more explicit, e.g. A says "I can't stand
travelling by bus, I mean, it's not just that I keep losing my balance
at the bends, it's that it gets on my nerves" and B says "Yes it's city
life at its worst, I wish I lived somewhere I could just walk to work,
the way people did before"—etc.
A discourse analyst's bringing out into relief the anchoring dynamics
in narratives under analysis, whether in a literary, sociological or
anthropological context, is just another manifestation, or an
extension, of this interactional dynamics. For instance, in my
discussion, most of the groundwork for the analysis of the narrative
anchoring of evolutionary theory and of FitzRoys's colonial experiences
in This Thing of Darkness has
been laid by the novel itself. Narratives build on previous narratives,
just as discourse is a response to earlier discourse and builds on
it. The element of anchoring in a narrative may be incipient, a
mere allusion to a narrative frame, or a suggestion that an event might
be narrativized into a sequence or a plot. Bakhtin's notion of the chronotope
(1981a) overlaps in part with this conception of narrative
anchoring—narratives may be anchored, or may become anchored through
interaction, to a specific place, so that narrativity is attached to
space or settings—places remind us of stories linked to them, and so
forth: "There's a story in everything", and narrative anchoring is the
way we have of bringing out these stories, sorting them, and mapping
them into one another. Bakthin also extended his notion of the
chronotope, in a rather imperialistic way, to account for "the shapes
of time" articulated through different narrative modes. —But a more
extensive comparison of the notion of narrative anchoring with
Bakthinian ideas need not concern us at this point. Suffice it to say
that narratives enter fully into dialogic play in modes which are
specific to them. Being a device to shape and structure time,
narratives call for further narratives—to correct, complete or contrast
with them, to nest themselves into larger structures, or to branch into
multiple lines of action, alternative viewpoints or "takes", or into
hypothetical, nonrealized temporalities. Uri Margolin's (2009) analysis
of the modes of "non-factivity" in narrative (hypothetical narratives,
non-realized developments, etc.) is relevant in this respect.
Actually, our phrase "there is a history in everything" might be
reworked into an side take, "there is history in everything". Herbert
Spencer's evolutionary philosophy argued that "the past and the future
of each object is a sphere of possible knowledge; and if intellectual
progress consistes largely, if not mainly, in widening our acqauintance
with theis past and this future; it is obviou that the limit towards
which we progres is an expression of the whole past and the whole
future of each object and the aggregate of objects" (1937: 247).
Spencer's thought provides, therefore, a well-articulated philosophical
grounding for a theory of narrative anchoring. But there are many other
narratives, and narratologies, in other influential philosophical
interpretations of reality.
Historical materialism and other schools of historical thought have
taught us to see any cultural object, any human ideologeme, social mode
of interaction, or structure of feeling, as historically grounded and
generated—a product of history. The historicity of human phenomena can
be extracted through critical analysis—squeezing out the history of
objects or situations, or perhaps restoring it to our perception (to
use another image), is a major dimension of narrative anchoring. The
main thesis of Georg Lukács's The
Historical Novel
may be taken to be a theoretical undepinning for a specific mode of
narrative anchoring: the representation of individual lives against the
backdrop of historical processes—imperialist expansion, modern
nationalism, or the dissolution of feudal social structures with the
advance of capitalism.
Any narrative initiates the work of narrative anchoring—perhaps through
its very existence, and its implied invocation of narrative patterns
and procedures which will make it readable or understandable for the
addressee. But intentional or explicit narrative mapping—which shades
off into the built-in intentionality of signs—can be expanded or
supplemented through the receiver's own strategies of narrative
anchoring. A receiver's (or a critic's) response need not stick to the
intentional narrative mapping put forward by the narrative. Bakhtin's
dialogics is again relevant at this point—more specifically his notion
of conflicting discourses (Bakhtin 1981b). For instance, a mythological
narrative may be countered with a demythologizing narrative, proposing
a for instance a scientific account of human phenomena—or of nature and
of the world—instead of a mythical or traditional narrative. Which
leads us back to Darwin as a prime example of natural narratologist,
substituting the scientific narrativity of non-teleological natural
selection for previous teleological narrative accounts of the way in
which human nature came into being.
We can see more clearly now the sense in which This Thing of Darkness
presents the narratives of its characters' lives as narratively
anchored in historical processes—some of them specific to its
nineteenth-century immediate context, some of them much larger:
European imperial ventures, globalization, civilization, and the whole
human history considered as a process of cultural and scientific
development. And, beyond that, it is anchored in the evolutionary
processes in which Darwinian theories situate the origin of mankind. In
the last instance, this element acquires a reflexive dimension in the
novel, insofar as we are dealing with narrative self-knowledge, through
a focus on the development of a "grand narrative" as self-knowledge. Of
course, as the novel shows as well the conflict between this great
narrative of evolutionary theory and another influential
mythical-religious narrative, Christianity or theism (a.k.a.
"intelligent design"), which provides a completely different account of
the origin and place of man in the world, a more traditional grand
narrative or grand myth. As the conflict is artfully portrayed both in
its 19th-century and its 21st-century intellectual relevance, the
novel's operation of narrative anchoring can only be described as rich,
complex, and significant.
This Thing of Darkness is a
historical novel which goes beyond its confines, to open vast narrative
vistas of globalization, civilization, evolution and geological time. A
novel about history, and a novel for history, too—Harry Thompson's only
one, as he died of cancer soon after the publication of his book.
Silence would seem to be an adequate sequel to a book which sets out to
sum up a life, an age, history itself and, why not, the human odyssey
of species—and which somehow gets the wind it needs to pull these
worlds inside worlds into motion, and sail along on an adventurous
journey of discovery.
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