Blog de notas de José Ángel García Landa (Biescas y Zaragoza) - AGOSTO 2008

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Domingo 31 de agosto de 2008

Y recobrar todo lo que perdí

Cosas perdidas con mi memoria USB, en el Ciber Dobleclic: 

- Casi todas mis publicaciones, éditas e inéditas, en versión original. ¡La Obra de mi vida, en edición de bolsillo! Por suerte no creo que me robe mis escritos el ladrón que se quedó con mi memoria, pues hasta la fecha no han despertado ningún interés entre los ladrones. Más bien borrará todo para hacer sitio a vídeos porno. Por otra parte, yo ya había puesto todos esos textos a libre disposición del público, aquí. Así que más se perdió en Cuba.

- Todavía no colgada: la traducción de La Filosofía del Presente que ya tenía tan avanzada y que tardará en volver a su estado presente—presente en algún sitio. Aunque me imagino que el feliz nuevo propietario habrá borrado todos mis archivos para ponerse empetreses de Pereza. Habrá que tomárselo con filosofía.

- He reconstruido, en cambio, la versión en Word que he perdido, de mi artículo sobre Crítica Acrítica, Crítica Crítica (por suerte éste acababa de colgarlo en PDF). Otro de los trabajitos de este verano, a falta de hacerme kilómetros de agua salada a nado—que estaba fría.

- He perdido también todo el blog de agosto y mitad del de julio. Suerte que también estaba colgado en la red, en otra versión. Para algo sirve hacer copias de seguridad, y más que debería hacer.

Otra cosa que pensaba hacer y no he hecho es leerme En busca del tiempo perdido... a cambio, "je me suis couché de bonne heure".

Hoy es el último día en Portonovo, que viene a ser Sanjenjo en menos pijo—un sitio agradable donde no hay gran cosa que hacer. Aunque de hecho he estado casi más tiempo en Pontevedra, en el fisioterapeuta. El resto del tiempo, leer y poco más—pasear, poco puedo. Veremos si vuelvo a buenas con los aceites y emplastos de hierbas y masajes y ejercicios que me han recetado. En todo caso, mañana bajamos de la Axiom y volvemos a la tierra, gordos pero morenos. Hoy apuramos hasta el último día de las vacaciones. Aunque nos toca batallón de limpieza.

Hoy comemos con unos amigos de por aquí. Aparte, la vida social veraniega es una ruina—una burbuja de irrealidad, como digo. A cambio llevo varias noches soñando con escenas y ambientes del curro. El cerebro también busca su propia adaptación gradual, para evitar el síndrome de la gravedad súbita.

Un sueño con Eudimorphodons




Sábado 30 de agosto de 2008

Wall.E

Es esa película tan bonita sobre un PC enamorado de un Mac. Está ambientada en un mundo invadido por la basura, solo habitado por una cucaracha y por un robotito limpiador y suciete, una especie de arquetipo porque le suena a todo el mundo haberlo visto antes, quizá en algún plano trasero de La Guerra de las Galaxias. Comienza un poco a la manera de Soy Leyenda, pero con el último robot habitando en su mundillo de rutinas, en lugar del último hombre. También es una historia de la existencia rutinaria alterada y transformada por el enamoramiento, de una robota diseño tipo Apple llamada Eve, porque aquí como en todas partes los robots tienen sexo. Wally es tierno y moderadamente torpe e incompetente; ella es eficaz y supercarrierista: como un currantillo de a pie que se liga a una ejecutiva agresiva. Ella cumple con su misión de encontrar vida en el planeta, y tras muchos avatares y con la ayuda de WallE cumple su misión programada: dar la noticia de que el planeta puede soportar vida, y que podemos empezar a ensuciarlo de nuevo...  Los humanos la enviaban desde una nave gigantesca ("Axiom") donde llevan siglos navegando, en una especie de crucero de placer donde todos se han vuelto gordos y borregos, y han perdido el sentido de las cosas, cuidados por sus robots. El malo de la peli es otra vez Hal 9000, que quiere que no se implemente el plan de volver a la tierra y que la humanidad siga idiotizándose gradualmente en su transatlántico espacial mientras él se hace con el control de la nave: o sea, otra variante del robotic takeover. Pero se sobrepone el capitán de la nave y toma una decisión que lo hace otra vez humano y responsable: vuelven los gordos a la tierra, ayudados por los robots buenos, y vuelven a andar, y reconstruyen la civilización quizá en círculo de eterno retorno, que se nos narra en los créditos finales.

Está logradísima por todas partes, desde el mensaje ecologista hasta las alusiones intertextuales y el diseño gráfico inmejorable (hay que ver los reflejos en la ipódica Eva para creerlo). Está llena de detalles simpáticos, y muy lograda está la expresividad de los robots con elementos gestuales minimalistas. Y la ironía sobre sí misma, presentándose al final de los créditos la película como producida por la misma corporación siniestra que acabará por hacerse con el control de toda la economía y convertir el planeta en una basura espacial; un toque inquietante. Y es que también hay (cómo no) un elemento de resignación ante el mundo-basura: la vida sigue, aunque sea en precario (hasta entre los gordos en sus sillones flotantes) e incluso los robots siguen siendo humanos, por mucho que se degrade el entorno. Por otra parte, no va sobre el futuro, sino sobre el presente: la imagen del Axiom con sus gordos flotantes es la América vista por los ojos de un inmigrante del Tercer Mundo. Es Wally (quizá negro, quizá inmigrante, en todo caso currante marginal) quien representa esa perspectiva no americana, una visión de cordura que ve el crucero distópico de la Axiom como una demencia inhumana y degradante—la América de la realidad virtual, y el consumismo insensato, y el supersize me. Aunque lo mismo que hace, deshace, la película: en el mundo que nos retrata, parece que sólo existen los americanos y su nave espacial capitalista autosuficiente, como  si ésta en realidad fuese despegable del planeta y tuviese la opción real de dejarlo atrás hundido en la basura. Brilla por su ausencia la humanidad no americana: el problema de la Tierra es una actitud americana, aquí, una cuestión de mentalización. No sé si los gordos volveremos a la tierra, pero lo que está claro es que a los sillones flotantes los hace flotar algo; en Walle nos venden, a la vez que la denuncia, la fantasía de que flotan solos.

The Self-Begettor

Viernes 29 de agosto de 2008

Fotos del verano

Por fin he conseguido colgar unas cuantas fotos de Galicia, donde aún estamos hasta el fin de semana... Veo que algunas me salen estropeadas, pero bueno, ya las cambiaré. A los nenes les gustan también las estropeadas, dicen que parecen sacadas de un comic. Bueno, pues eso, fotos con mucha playa y niebla aquí:

http://www.flickr.com/photos/garciala/



Mitos y mitocondrias

Leo en un libro de Punset, Cara a cara con la Vida, la Mente y el Universo, un dato curioso que desconocía. Resulta que la información que nos constituye a los humanos y demás animales sexuados no la heredamos al cincuenta por ciento de la madre y del padre. Ya sabíamos que el padre pone parte de la información, y la madre pone la chicha. Pero resulta que la madre pone mucha más información que el padre: la información del ADN mitocondrial (ese mismo que por transmitirse por vía materna nos permite llegar a la Eva primigenia), que la despreciamos porque no nos da características como los ojos que se parecen al padre o la nariz que se parece al tío Frutos. Información es, y es la que permite construir las células y que funcionen, nada menos. O sea, que somos más matrilineales que patrilineales. Para compensar están los apellidos, y las mitologías machistas.

Por cierto, el libro de Punset también lo acabo de perder, en la consulta de mi fisioterapeuta, mientras no se demuestre lo contrario. Como mi memoria, que pronto ya no me quedará memoria que perder, como no sea la que se conserve en las mitocondrias.

Ideology and Evolution


Jueves 28 de agosto de 2008

Perder la memoria

Qué desgracia, ser tan desmemoriado que me he dejado la memoria (llamada "Bolsillo") en un ciber. Y siendo la gente lo que son de media (micos carroñeros) no le importa a nadie dejarte sin doscientas megas de documentos personales, o sacarte un ojo si hace falta, por sacarse ellos diez euros. So it goes. Creo que lo reconstruiré todo, sin embargo. O casi. Si no me puede la desgana, y si me acuerdo.

Maldición gitana, por la presente, recaiga sobre el que se echó mi Bolsillo al suyo.

Disparando a las estrellas (shooting stars)


Miércoles 27 de agosto de 2008

Dialéctica de la crítica

Aparte de tumbarme en la playa y que me den masajes, este verano he estado reescribiendo en inglés, ensamblando y limando un artículo sobre teoría de la interpretación, a partir de cosas que escribí antes para el blog. Quizá aparezca en algún libro el año que viene o dentro de dos, pero de momento lo cuelgo en el SSRN con este título "Acritical Criticism, Critical Criticism: Reframing, Topsight and Critical Dialectics": http://ssrn.com/abstract=1259696

Según su abstract inicial, este artículo teoriza las lecturas críticas desde una perpectiva interaccional/argumentativa, proporcionando un análisis semiótico y fenomenológico de la escala que va de la crítica consonante, "simpática", a la crítica disonante, confrontacional o "antipática". Examinamos a la luz de esta concepción de la crítica varias teorías críticas importantes (de G.W.F. Hegel, Oscar Wilde, Jacques Lacan, Erving Goffman, Norman Holland, Jacques Derrida, Stanley Fish, Paul Ricoeur, Judith Fetterley, John Muller, Alan Sinfield, y H. Porter Abbott) y las situamos en el marco de una pragmática interaccional, de la dialéctica de la comunicación, y de una teoría semiótica de la verdad y de la consciencia.

(Y, por cierto, veo que si sigo así pronto entraré en el 10% superior de los autores más leídos del Social Science Research Network. El diez mil de cien mil, sin opción a medalla).

Poética de la consciencia subliminal




Martes 26 de agosto de 2008

El rayo verde

rayo verde
Por si la película de Rohmer había sembrado dudas de si existe o no... aquí hay una segunda oportunidad de ver el rayo verde.

Hoy era el cumpleaños de Oscar, y hemos estado por Pontevedra. El rayo verde lo hemos visto en la playa de Areas, ya de vuelta.

Otas y el Discurso Académico




Lunes 25 de agosto de 2008

Septorrinoplastia

—Dice la Casa Real que por problemas respiratorios.

—Ya.

—Y lo de la barbilla, dirán que para equilibrar la cara, por haber tocado la nariz le tenían que retocar la barbilla.

—La barbilla. Lla.

—Es que Letizia es muy guapa de frente, pero menos de perfil.

—Ahora más. Como la habían diseñado para el Telediario, allí tenía que salir sólo de frente. Y ahora en la Zarzuela, como tiene que mirar a un lado, y luego a otro...

PSOEicoanálisis de la Castración Trascendental

 



Domingo 24 de agosto de 2008

House of Leaves, by Z.

Esta novela de Mark Z. Danielewski les ha gustado mucho a los chavales por sus extravagancias tipográficas: páginas con tipografía expresiva y descolocada, un poco al estilo Geronimo Stilton, o párrafos tachados, páginas en blanco, fotos e ilustraciones de sentido indeterminado... Esta atención a la "forma física del libro" le gustó mucho también a N. Katherine Hayles, y a partir de allí se ha convertido House of Leaves en parte del canon postmodernista. Ivo ha hecho una serie de dibujos donde entre sus batallas de gormitis y dragones aparece el libro, al que llama "House of Leaves: El libro tonto". Lo cual es francamente exagerar—Ahora que también es exagerar el hacer de él un libro de culto o la última obra maestra de la literatura del siglo XX—aunque algunos van más allá y lo colocan como la gran novela experimental del siglo XXI—para lo cual le faltan varios meses y varios hervores.

Entre los aspectos tontos del libro está su vocación de desconcertar incluyendo materiales innecesarios e irrelevantes—parece que además de la historia central, o de las dos historias centrales, el autor ha cogido unos cuantos papelillos y fotos que tenía guardados en el cajón y los ha incluido como cartas, poemas, anexos que no quedan extraordinariamente bien integrados al conjunto. Su capacidad de sorpresa, desde luego, no está a la altura de su irrelevancia, y poco parece memorable en estas divagaciones y petardillos finales del libro.

En cuanto a la historia principal, es en sustancia una historia de casa encantada, minimalista, pero envuelta en abundante texto adicional, a modo de aparato editorial. Tratemos, por partes, con la historia y con sus envoltorio por turnos.

 Will Navidson es un famoso fotógrafo y reportero cinematográfico, que tras una carrera coronada por el Pulitzer se retira a vivir una vida tranquila con su mujer Karen y dos pequeños. Acaban de comprar una casa supuestamente tranquila de Virginia, como concesión a las ansias de vida familiar de ella—aunque Navidson no puede evitar llenar la casa de cámaras, rodando imágenes de la familia que luego empleará en un documental. Pero resulta que la casa empieza a comportarse de modo extraño. Parece medir más por dentro que por fuera, y empieza a sufrir cambios primero pequeños, luego alarmantes. Aparece un armario que no estaba antes. Y de repente, un fenómeno más que intrigante: aparece un pasillo imposible, que lleva desde dentro de la casa a un espacio que no existe fuera de ella. Navidson, en lugar de mudarse inmediatamente como querría Karen, decide explorar ese pasillo.  Primero solo (casi se pierde en la oscuridad) y luego contratando un equipo de aventureros especialistas. Van poniendo señales por el camino, y siguen un hilo de pescar para no perderse. Pero la aventura termina mal: el pasillo conduce a un laberinto al parecer ilimitado de salas, pasillos y escalinatas, todo en la oscuridad total—pasan los días, y la desorientación y angustia llevan al jefe a disparar contra sus acompañantes, y luego a suicidarse. Uno de ellos se salva. Las tensiones en la familia son ahora mayores: y mientra hacían las maletas para irse, la casa les ataca, con violentos cambios de forma—casi mueren los niños, y el que sí muere es un hermano de Navidson, Tom, que le había ayudado en sus exploraciones. Ahora sí que se mudan de casa los Navidson, y la cierran. El episodio también lleva a una separación de hecho de la pareja. Unos meses después, Navidson vuelve solo a la casa, decidido a explorarla él mismo y a filmar lo que vea. Va en bicicleta, arrastrando un carrito de provisiones. Y recorre cientos de kilómetros de pasillos y llanuras subterráneas, en una dimensión de la realidad a la que sólo se accede a través de la casa. Vive el viaje como un viaje a los límites de la realidad, de sus temores y de la desesperación, y llega al límite del laberinto perdiéndolo todo, a un sitio donde no hay sino la oscuridad y sus propios pensamientos, sin suelo ni paredes ni luz, y allí filma sus últimas imágenes. Pero repentinamente (como ya sucedió antes) el laberinto se abre de repente y lo echa fuera, esta vez porque su mujer (his estranged wife) ha venido a buscarlo—. Se salva Navidson de esta experiencia inexplicable, aunque lesionado; y vuelven a cerrar la casa, y se enfrentan, unidos y castigados por la vida, a los años de su madurez. Con las grabaciones de Navidson se elabora un documental sobre la casa y su exploración, The Navidson Record, que tiene cierto éxito de público y un gran éxito de crítica.

Esta historia está narrada indirectamente en House of Leaves: el texto principal de la novela es una descripción y comentario de The Navidson Record escrito por un tal Zampanò, un viejo intelectual de origen europeo; se encuentra el manuscrito en su desordenada casa o el almacén donde vivía en América, tras su muerte. Zampanò aparece como el autor ficticio de House of Leaves—una de sus condiciones para la publicación del manuscrito. Pocas cosas sabemos de Zampanò, al margen de su amplia cultura: el comentario de The Navidson Record muestra familiaridad con una amplia tradición literaria y crítica; combina el tono narrativo, la descripción (no de la acción, sino de "una película que narra la acción") y el comentario crítico, donde se especula sobre el significado simbólico que adquiere la casa en la película, sobre arquitectura, sobre la estilística fílmica de Navidson, sobre los conceptos de espacio, de eco, de laberinto, de los límites de la representación, etc. Todo esto mezclando fuentes críticas reales (como Bachelard, Derrida) con fuentes ficticias—artículos de prensa, ensayos, análisis y tratados de la supuestamente amplísima literatura crítica inspirada por The Navidson Record en los años 90.

Pero este libro de Zampanó, que podemos llamar "House of Leaves by Zampanò" o sea, el que se presenta como comentario crítico real de una película realmente existente, se presenta anotado y comentado a su vez por un editor: Johnny Truant. Johnny no es un editor académico: nos cuenta básicamente cómo localizó el manuscrito, y que no puede dar fe de la existencia real de The Navidson Record. Aunque lo respeta y admira, no entiende a Zampanò, tiene menos cultura que él, y en realidad sus notas son la excusa para contarnos su propia historia—una novela en primera persona, o más bien una secuencia caótica de sus problemas con las drogas, sus encuentros sexuales ocasionales con chicas que están de muerte, y su lento descenso del proletariado fashion (trabaja en tatuajes) a la marginalidad, el caos y la locura. A Johnny lo acechan ataques de pánico y traumas mal curados de su niñez—era un niño adoptado, antes maltratado y a la vez querido por su madre; una historia que se va contando en anexos, cartas y notas al pie que en efecto vienen a convertir House of Leaves en dos historias alternas que se intercalan sin tocarse mucho: la aventura de Navidson con su casa de pesadilla, y el descenso de Johnny al caos de la marginalidad y el desequilibrio mental. Como se ve, puede establecerse una relación simbólica o de analogía entre ambas historias... pero no da para mucho más, y el efecto es a veces más bien el de materiales acumulados caóticamente, o mal cosidos, que el de una obra cuidadosamente diseñada como dos historias alternas. Entrecruzadas, poco se entrecruzan, como no sea cuando Johnny localiza a antiguas "lectoras" que trabajaban con Zampanó, o a "traductoras" que le ayudan con sus notas, y luego echan unos polvos de antología. Poco tiene esto que ver con la edición de manuscritos encontrados (al menos in my experience).

Las relaciones entre Zampanó y The Navidson Record, así como entre Johnny Truant y Zampanò, se presentan como reales: Navidson existe para Zampanò, y Zampanò existe para Johnny. Sin embargo, la existencia de Navidson y su película ya es más dudosa para Johnny, como si la mediación fuese así de indeterminizante y de poco fiable. Ello lleva a figurar esta novela como un núcleo de ficción y de misterio (la casa) rodeada por capas de transmisión tanto más inciertas a medida que nos acercamos a la oscuridad central del laberinto.

Todavía hay capas más externas: unos supuestos editores que conocen a "Mr. Truant" editan sus materiales literarios, que han ido circulando de manera fragmentaria o desordenada (como la película The Navidson Record, rodeada de una serie de cortos complementarios, fragmentos previos, trozos sin editar, etc.).  A veces, un comentario o nota de Zampanó sobre The Navidson Record es anotado por Johnny, y luego reanotado (o es corregida la anotación) por los editores.

De estos editores y su reorganización de los fragmentos del libro de Johnny se pasa casi imperceptiblemente a los editores de un texto de Mark Z. Danielewski, titulado House of Leaves (o quizá House of Leaves, by Zampanò), que también acumula materiales heterogéneos, y también ha ido apareciendo fragmentariamente por aquí y por allá antes de esta edición... Bueno, se nos anuncian diferentes ediciones, según incluyan más o menos convenciones tipográficas, colores o ilustraciones. La cuestión es que hay un fundido entre la realidad y la ficción, una transición por una serie de pasos que nos lleva desde el libro físico y real que tenemos (me consta la existencia de Danielewski, porque lo he visto por videoconferencia), hasta los acontecimientos fantásticos y siniestros en el núcleo de la casa.

Como se verá es una estructura y planteamiento literario con bastantes posibilidades para la complicación experimental—casi diseñada para encandilar a los críticos. Y la novela se nos presenta (a modo de The Navidson Record) como algo que tiene un respetable éxito de público y un enorme éxito de crítica—un proceso casi ya prefigurado en la propia novela, y al parecer deseado por ella. También tiene esto un cierto regusto de fenómeno mediático autoconstruido, o de libro con instrucciones para convertirlo en libro de culto. Lo cual es un tanto irritante (como si la novela soñase con generar por anticipado la exhaustiva literatura crítica que genera The Navidson Record en su ficción)—pero no deja de tener su interés como forma y fenómeno narrativo. Si a esto le añadimos la tipografía expresiva, el resultado prometía ser irresistible. Lástima que también tenga muchos elementos que trabajen en contra: el efectismo de sus efectos tipográficos, la indirección del método narrativo, que distancia a los personajes, y no logra interesarnos mucho por ellos toda la literatura psicológica que se nos cita sobre sus relaciones (que sugiere un caso serio de sobrecomentario). Tampoco se vuelve más interesante la historia de sexo y drogas de Johnny por aparecer en notas al pie inconexas con el texto, ni su caos se acaba de volver forma.  Sí son más interesantes los aspectos de reflexividad de la novela—que para eso se ha escrito de esta manera, claro; para casas siniestras ya tenemos a Stephen King. Cuyos comentarios ficticios sobre esta historia o casa aparecen, junto con los de Harold Bloom, Camille Paglia, y toda una colección de personajes reales ficcionalizados. También se encuentra Johnny consigo mismo entre sus páginas, y Danielewski como el gran relojero detrás de la máquina, cuya presencia es intuida por Johnny. Esperando, desde ese cierto endiosamiento, el éxito viral que tuvieron The Navidson Record y el libro de Johnny, y que se muere de ganas de tener esta novela. Lo invoca como puede.

William Gibson, Pattern Recognition



Sábado 23 de agosto de 2008

Bernhard Schlink, El lector

Esta novela, de 1995, presenta una especie de apólogo o alegoría del trauma alemán con el nazismo. Es la historia en primera persona de un adolescente que se hace amante precoz de Hanna, una mujer de mediana edad, que súbitamente desaparece de su vida pero dejándolo marcado por la obsesión erótica con ella. La reencuentra años más tarde, siendo estudiante de derecho, como acusada en un proceso contra criminales de guerra nazis, al cual él asiste. Ella había sido guardiana en las SS, y era responsable de haber seleccionado prisioneros para Auschwitz, y más en concreto de haber dejado que se quemasen vivos un grupo de prisioneros atrapados en un incendio, antes que desobedecer sus órdenes y liberarlos. Se comportan allí como dos desconocidos, pero cuando ella es condenada a cadena perpetua él mantiene con ella el mínimo contacto de enviarle (sin más comentario) grabaciones de libros leídos por él. Continuaba así una costumbre del tiempo en que fueron amantes—pero ahora lo hace porque ha caído en la cuenta de que ella era analfabeta, y que algunas de sus acciones inexplicables (como autoinculparse en el juicio) se debían en parte a su determinación de que no se supiese eso. El narrador está permanentemente desconcertado por el lugar de esta mujer, Hannah, primero por el erotismo prematuro aislado del resto de su vida, luego por las acciones desconcertantes de ella y el recuerdo que ha dejado, y luego por la imposibilidad de unificar en una misma persona a la criminal nazi y a la mujer que él amó. Finalmente, tras casi veinte años de cárcel, ella es indultada, y él la visita por primera vez antes de su salida. Ahora es una anciana a la que no reconoce y que le repugna—tampoco sabe qué hacer con ella, aunque está dispuesto a ayudarla al salir. Pero se le ahorra el esfuerzo, al suicidarse ella (también sin explicación) la noche anterior a su liberación. Le ha nombrado, sin embargo, albacea en cierto modo: debe encargarse el narrador de hacer llegar los ahorros de Hannah a una superviviente de entre sus antiguas víctimas. Y ésta, aun desconfiando de un acto simbólico de perdón, acepta que se done el dinero, de parte de Hannah, a una asociación judía de alfabetización—con lo que hay un amago de rehabilitación al final. El narrador visita entonces por primera y última vez la tumba de la que fue su amante nazi.

Al contrario que los nazis conocidos o arquetípicos, ésta Hanna se había interesado (una vez aprendió a leer) por la literatura del Holocausto, y desea que se le acepte algún gesto de arrepentimiento. Es sin embargo muy inexpresiva con toda esta cuestión—vemos también en ella la encarnación de esa banalidad del mal que decía Hannah Arendt, pues hace su trabajo de verduga como simple peón eficaz sin imaginación ni iniciativa ni crueldad especial. Y es la imposibilidad de conjuntar el cuerpo erótico con este personaje lo que marea y desconcierta al narrador.

Hannah y su jovenzuelo amante se convierte así en cierto modo en la encarnación de la herencia Alemania nazi traumando, desconcertando y aturdiendo a las generaciones posteriores de alemanes—pasmados de la manera que bien describe el narrador:

Ya por entonces me llamaba la atención ese aturdimiento, y especialmente el hecho de que no afectara sólo a los criminales y a las víctimas, sino también a nosotros—los jueces, jurados, fiscales o meros espectadores encargados de levantar acta, involucrados a posteriori—, cuando comparaba entre sí a los criminales, las víctimas, los muertos, los vivos, los supervivientes y los nacidos más tarde, no me sentía bien, ni me siento bien ahora tampoco. (...) ¿Es ése nuestro destino, enmudecer presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad? ¿Con qué fin? No es que hubiera perdido el entusiasmo por revisar y esclarecer con el que había tomado parte en el seminario y en el juicio: sólo me pregunto si las cosas debían ser así: unos pocos condenados y castigados, y nosotros, la generación siguiente, enmudecida por el espanto, la vergüenza y la culpabilidad. (99)

A ello se suman los remordimientos de conciencia del narrador por sus traiciones a Hannah: primero manteniéndola al margen de su vida cuando eran amantes, y luego manteniéndose a distancia de ella una vez descubre su pasado:

Pero al mismo tiempo quería comprender a Hanna: no comprenderla significaba volver a traicionarla. No conseguí resolver el dilema. Quería tener sitio en mi interior para ambas cosas: la comprensión y la condena. Pero las dos cosas al mismo tiempo no podían ser. (148).

Quizá Hanna, con sus limitaciones, era no muy distinta de todo el mundo, y por tanto era injusto en cierto modo juzgarla hacia 1970 como si todavía fuese la persona que era una pieza en la maquinaria nazi. En la novela aparece como una víctima a su pesar de un sistema infernal—que le pasa cuentas con años de retraso, cuentas que el narrador ve como necesarias en sus juicios explícitos—pero la novela viene a relativizar más que él la diferencia entre verdugos y víctimas en semejante sistema. Eso se ve de modo simbólico en el bote de té donde guardaba Hanna los ahorros, que se la queda la judía que no acepta el dinero para ella—porque le recuerda a una cajita que tenía en el campo de concentración y le quitaron. "—El bote me lo quedo yo".

Por tanto creo que ocupa un lugar entre las narraciones alemanas que intentan en cierto modo explicar o justificar cómo fue posible el crimen colectivo del nazismo—y hacerlo siempre tiene algo de comprender o disculpar a los individuos que participaron en él, muchos de ellos en gran medida víctimas e instrumentos arrastrados por la corriente, además de responsables, y marcados quieran o no por su puesto en la historia, del cual nadie escapa.

Sophie Scholl

Viernes 22 de agosto de 2008

No Bruxo

En Pontevedra me voy a ver si me arreglan lo de la cojera que cogí en un centro de fisioterapia famoso aquí—el Bruxo, lo llaman. Me han recetado una buena sesión de masajes y de fomentos de hierbas. El diagnóstico es que vengo a tener algo así como una tendinitis de la cual he abusado. Aunque de todas maneras aunque hubiese ido a más médicos es posible que me hubiera quedado como estoy—me dicen que la medicina oficial ignora la manera de tratar lo que me pasa, y en efecto esa es mi experiencia, mal que me pese.

Y aprovechando el viaje me compro una buena colección de discos, incluyendo uno de Jakob Dylan; y en la librería Michavila un libro de Searle sobre el libre albedrío, otro de Camilo José Cela y Francisco Ayala sobre la evolución humana, y otro de Armand Marie Leroy, Mutantes.

De vuelta entramos en Portosanto, por una debilidad que tiene un miembro de nuestra expedición por la teoría de que Colón era gallego, y de la ría de Pontevedra por más señas. Allí está la "casa de Colón", una ruina que ahora vemos que están haciendo amago de convertir en casa-museo.

Y a última hora vuelta a la playa.

Colom... rara avis

 


Jueves 21 de agosto de 2008

Baño nocturno en el Far West

Aquí estoy tecleando en mi balconcillo frente a la ría de Pontevedra, con las Cíes al fondo, jo qué lujo de rato, reescribiendo mi artículo de próxima aparición sobre "crítica acrítica, crítica crítica". Pero me interrumpe Beatriz para que nos vayamos a dar un baño en la playa de abajo—aprovechando que no hay nadie. Baño que sería nocturno si no por la hora de desfase que llevamos aquí en el Far West. Allá vamos, golfiños.

- - -

Pues estaba el baño de vicio, y el paisaje de la ría increíble, crepúsculo con niebla y arco iris, y con los últimos rayos del sol iluminando los barcos a ras del agua. Lástima de foto: esa es de las que se quedan fotografiadas en la mente, sin embargo.

Reflejos



Miércoles 20 de agosto de 2008

Narración de la catástrofe

Seguimos en directo la narración del accidente del avión de Hispanair en Barajas—la reconstrucción narrativa de una catástrofe en curso.

- Primero por la radio. Primeras noticias : un accidente de avión. Nos situamos mentalmente evaluando la distancia que nos separa del suceso. Evaluamos la probabilidad (muy baja) de que haya familiares involucrados. Se imaginan posibles guiones (accidente leve, gran catástrofe, etc.), y una vez sabido el núcleo de la cuestión, se queda a la espera de ir rellenando el esquema narrativo con detalles. Con muertos, sobre todo.

- Cambio de medio, a la televisión. Aparece en forma de informativo especial, género que prepara para acontecimientos excepcionales y catástrofes. Se cotejan versiones, teletipos y fuentes diversas: Número de pasajeros - y 7 muertos  - o cuarenta - o veinte - o cincuenta y cinco. Se dan nuevas pinceladas al cuadro de la catástrofe, y también se esbozan áreas de incertidumbre que se han de aclarar. Al principio con distintas versiones, gradualmente con noticias fiables. El público especula sobre si los informadores ya saben que hay más muertos, sobre si dosifican la información.

- La programación ordinaria de la televisión (Amar en tiempos revueltos) se ha interrumpido, pero no dejan de hacerse pausas para anuncios entre capítulo y capítulo de la catástrofe. La excusa, claro, es esperar nuevas noticias y evitar un exceso de repetición. También hay pequeñas dudas y fallos del directo, producto de la premura y de la dificultad de orquestar distintos materiales en una única narración emitida por la pantalla.

- Es sin embargo una narración esencialmente repetitiva, o más bien en retornos y ampliaciones: se ofrecen nuevas dimensiones, se resuelven incertidumbres que a la vez requieren más ampliación. La multidimensionalidad de la catástrofe se va expandiendo así a medida que se ahonda en ella: también crece la implicación emocional del espectador y de los narradores. (Vamos por 45 muertos según unas fuentes, según otras).

- La imagen va ofreciendo su propia narración simultánea. Algunos aspectos son resaltados por los presentadores, otros simplemente se ven, aunque no es mucho lo que se ve, aparte de ambulancias moviéndose, helicópteros y humo.

- Entran nuevos personajes en escena: conocidos (políticos) y desconocidos (los dos bebés, los familiares entrevistados, etc.). Iremos sabiendo más de algunos, de otros no.

- Se van perfilando los números de los efectivos utilizados - se narran planes de socorro. La narración se va extendiendo al futuro, con prospectivas, y al pasado, con analogías, con raíces del asunto. Teléfonos de ayuda a los familiares - servicios de ayuda y lugares habilitados (se recuerda al 11-M).

- Se narra una y otra vez el hecho central, y se van añadiendo datos. Sobre la avería y la maniobra. Sobre el modelo del avión. Llevaba una hora de retraso para despegar. Se han recuperado las cajas negras. Cada dato abre posibles líneas de desarrollo y de hilazón posteriores.

- Se va entrevistando a responsables más informados, con más vaivenes de incertidumbres y versiones. El objeto en sí, el avión siniestrado, está fuera del alcance de cámaras y periodistas.

- Se apuntan lecturas morales y se estudian reacciones de distintas personas. Muchos pasajeros parecen más preocupados por el atasco que por la posibilidad de accidentarse ellos.

- Los políticos suspenden sus vacaciones. (Se imaginan, quizá, críticas y ataques oportunistas, si no lo hacen).

- Se va evaluando, primero implícitamente, luego explícitamente, la responsabilidad de la compañía aérea. Se está atento a sus reacciones; se valoran éstas.

- Se ofrecen reacciones de familiares, comentarios angustiados - Pero los familiares tienen asistencia psicológica, con lo cual hay un apunte del esquema narrativo problema / solución.

- La mayor ansiedad de los informadores es el número de víctimas, que ubicará esta catástrofe en el lugar que le corresponde (numéricamente) en la secuencia de catástrofes que van recordando y extrayendo de los archivos. Una vez se determine ese número, quedará cerrada la mayor causa de ansiedad narrativa del acontecimiento para el medio televisivo. Quedará el rastreo de las causas. Nadie ha hablado aún de atentado.

- El género televisivo, narración en directo, busca la saturación espontánea de la noticia.

- Se leen indicios. No llegan muchas ambulancias a los hospitales—señal de que puede haber más muertos y menos heridos de lo que se dice. El término "desaparecidos" se interpreta pronto como un eufemismo.

- Se personalizan las historias individuales — aún dentro de un anonimato. Se dan datos de los heridos que se han visto.

- Se cambia de una dirección informativa a otra, de una fuente a otra, de una perspectiva a otra, de un corresponsal a otro, en búsqueda frenética de la saturación narrativa (saturación que como digo está lejos de llegar, pues cada vez se abren nuevos frentes de interés a tener en cuenta).

- La temporalidad de una narración en curso de construcción es un vaivén frenético. Se cuenta lo que ha sucedido (seguro). Lo que pudo haber sucedido. Lo que se sabrá pronto. Lo que lo causó. La evaluación que se hará en un futuro. Vuelta a los preliminares, y a lo que se sabe... Todavía más inestable que el tiempo es el status factual o hipotético de lo que se cuenta, sujeto a reevaluación y modificación constante.

- Van apareciendo, conforme se expande el relato, las formas elaboradas de la narratividad. La especulación sobre otras narraciones que se harán. La evaluación mutua de los comunicadores por su labor (primero felicitaciones a los colegas, luego formas más críticas).

- Los objetos innombrados o no vistos van apareciendo o nombrándose poco a poco. Aparecerá la carcasa quemada, en un acercamiento cada vez mayor al corazón del accidente. A la vez se va haciendo un acercamiento a las cuestiones de intencionalidad y responsabilidad. Un piloto descarta totalmente la posibilidad de error humano de su colega. En un futuro ya se matizará. Acechan (innombradas) las compañías de seguros, a ver si el relato que judicialmente se determine favorece a unos o a otros aseguradores.

- Y poco a poco cede la intensidad y se va alternando la narración con otras historias—el fútbol, las olimpiadas; se diluye e integra en el ritmo informativo habitual, y así se va hilando la catástrofe en la vida cotidiana, y en las demás historias del presente, al menos en la representación pública que de ella se da.

(PS, 21 de julio: Va tomando forma una narración en las páginas de la prensa: 152 muertos y subiendo, por fin, y mala gestión de la información en un principio; la crisis de la compañía como un factor a tener en cuenta en la catástrofe. La denuncia de los pilotos (que habían anunciado huelga) en un manifiesto, diciendo que la presión de la compañía les llevaba a descuidar las medidas de seguridad. La intención anunciada hace poco de reemplazar más de una decena de aviones de este modelo para el mes que viene. El avión de segunda mano. El copiloto que iba a ser despedido antes de dos meses. El error humano que ha de tenerse en cuenta en toda una constelación de causas).


La historia del fracaso del plan


Martes 19 de agosto de 2008

Teoría paranoica de la observación mutua

Es la expuesta por Erving Goffman en Strategic Interaction (1969). El primer ensayo, "Expression games", es muy muy típico de la Guerra Fría, pues se basa en la tesis de que las acciones y estrategias de los espías no son diferentes en naturaleza sino únicamente en grado o intensidad de las que aplicamos constantemente en la vía cotidiana. Los espías son como nosotros, porque nosotros somos como los espías. Simulamos, observamos, ajustamos nuestro comportamiento calculando la interpretación del otro, y construimos la superficie de la naturalidad como algo que nos permita luego actuar con información previa, habiendo preparado el terreno, y presentar así una espontaneidad construida que nos permita una actuación redonda, llevando adelante nuestro personaje con sprezzatura.

Así pues, la vida cotidiana es una especie de guerra fría, y nuestras parejas, familiares, amigos y allegados son objeto de nuestra infiltración—como nosotros los somos de la suya. Naturalmente, esta infiltración en lo más cercano lleva a una estructura de personalidad marcada por esa infiltración: para espiar a los demás convincentemente debemos observarnos también nosotros, vernos desde fuera, interiorizar la división sujeto/objeto, la observación disimulada, y la actuación (con ensayos mentales previos) ante sí mismo, antes de exteriorizarla convenientemente preparada ante los demás.

Recomiendo leer el ensayo de Goffman junto con otra pieza paranoica, también modélica de la Guerra Fría, el cuento de Donald Barthelme "Game" de Unspeakable Practices, Unnatural Acts o Sixty Stories—donde dos encargados de accionar simultáneamente el botón nuclear se observan, cada uno armado, cada uno paranoico, sospechando los dos de la cordura del otro, y simulando naturalidad y despreocupación.

Veamos todo esto más detenidamente.

El ensayo de Goffman estudia "la capacidad del individuo para adquirir, revelar y ocultar información" (4, traduzco). Cuida bien Goffman de distinguir la información de la comunicación. La comunicación es transmisión intencional de información, pero el sujeto exuda información interpretable, aparte de la comunicada—por su manera de comunicar y por todo lo demás que hace. En especial cara a cara, pero también por toda la pragmaestilística, ceremonial y materialidad de la interacción, aun si ésta es por escrito.

Antes de emplear un término vago como "verdad" para caracterizar la comunicación del sujeto, hay que determinar si nos referimos a algo que el sujeto cree, o a algo que es cierto, o a algo que el sujeto cree y  que es cierto. 

Pero aparte de la información comunicada están como decimos los aspectos expresivos de la interacción: los gestos e información no codificada que emplea el sujeto observado. La idea central del libro de Goffman es que como resultado de la interacción y de la observación mutua, estos gestos en principio no codificados pueden, primero, interpretarse; luego, una vez el observado sabe que pueden interpretarse, pueden codificarse y presentarse como una espontaneidad construida; y tercero, esa construcción o gramaticalización puede a su vez ser descubierta. El juego de codificación y descodificación puede continuar (por ejemplo, estableciendo un segundo plano de comunicación mutuamente entendible pero no confesada abiertamente),  con complicaciones sucesivas, tanto más complejas cuanto fino sea el conocimiento que las partes observada y observadora tienen una de otra—pero se vuelve cada vez más incierto, y la información obtenida menos utilizable y más azarosa.

Aquí teoriza Goffman la interpretación "sintomática" (crítica o unfriendly) como estrategia de lectura del mensaje, tanto del contenido comunicado como de su periferia estilística:

Just as the process of communicating information itself expresses information, so also a corpus of communicated signs has expressive aspects. Discursive statements seem inevitably to manifest a style of some kind, and can never be apparently free of "egocentric particulars" and other context-tied meanings. [Note 8: A point recently argued by H. Garfinkel and H. Sacks in their work on conversational settings.] Even a written text examined in terms of the semantic meaning of the sentences can be examined for expression that derives from the way a given meaning is styled and patterned, as when Izvestia and Pravda are read by our intelligence people "symptomatically," for what the Russians do not know they are exuding thorough the print. [Note 9: A useful illustration of this sort of textual analysis is available in A. George, Propaganda Analysis (White Plains: Row, Peterson, 1959)]. Indeed, the very sense of a message depends on our telling whether it is conveyed, for example, seriously, or sarcastically or tentatively, or as an indirect quotation, and in face-to-face communication this "framing" information typically derives from paralinguistic cues such as intonation, facial gestures, and the like—cues that have an expressive, not semantic, character. (9).


Esto se extiende a todo tipo de información contextual no comunicada intencionalmente. Al leer al otro, no nos limitamos a recibir pasivamente su información, sino que interpretamos el contexto para obtener información suplementaria. Y eso lleva a que esa información suplementaria y originalmente no controlada busque ser controlada, primero por el sujeto observador, luego por el sujeto observado, para limitar la capacidad de observación del observador y obtener una ventaja en la situación interactiva:

Just as it can be assumed that it is int hte interests of the observer to acquire information from a subject, so it is in the interests of the subject to appreciate that this is occurring and to control and manage the information the observer obtains; for in this way the subject can influence in his own favor responses to a situation which includes himself. Further, it can be assumed that the subject can achieve this end by means of a special capacity—the capacity to inhibit and fabricate expression. (10)

Veremos que esta competencia o guerra de ingenios entre el observador y el sujeto observado lleva a los dos a convertirse en imágenes especulares (infinitamente especulares en potencia), ambos observador y observado. El proceso de observación y de interpretación de los signos obtenidos se transforma así en una lucha por obtener la posición de topsight— el dominio perspectivístico del panorama de la acción, disponiendo de la información más fiable. Y, visto que la labor del sujeto observador no es únicamente pasiva, sino también activa, fabricando la realidad que ha de ser observada, se convierte este enfrentamiento también en una lucha por el control de la realidad: ¿cuál de los dos sujetos sabe qué es lo real, cuál sabe distinguir lo realmente espontáneo de lo construido, de lo que se ha amañado o preparado para que pase por natural? ¿Cuál construirá una realidad a la vez más controlada y más aparentemente inocente? ("Tanta casualidad no puede ser casual" canta Carmen París). Es un combate casi metafísico—habida cuenta sobre todo de que el Otro al que nos enfrentamos es el Otro-en-nosotros, es la interpretación que hacemos de lo que el Otro puede interpretar, tal como lo entendemos desde nuestro punto de vista. Las posibilidades de empatía crecen a la vez que las de competencia (tema para buenos argumentos de espionaje)—y si el sujeto se construye mediante la reflexión y la internalización de la interacción, podemos decir que este tipo de distancias cortas son un espacio de primera categoría para el desarrollo de la experiencia subjetiva.

Aunque Goffman lo tenía a huevo para utilizar una analogía heisenbergiana (por aquello de que la presencia del observador afecta a la situación observada) se desentiende explícitamente de ello (p. 11) y distingue entre la observación de seres inanimados, indiferentes a ser observados, y la de seres animados, en los que la observación desencadena una reacción.  Pasa a clasificar los tipos de movimiento interactivo posibles:

1) unwitting move, cuando la actividad del objeto observado no va orientada al sujeto observador, cuando es digamos "natural", iniciando así el juego (pero sin jugar).

2) naïve move, la interpretación que hacemos de un objeto cuando damos por hecho que el sujeto observado puede interpretarse tal como aparece, en sentido literal digamos—que sus acciones son unwitting moves.

3) control move, cuando el objeto (también sujeto observador) produce expresiones que considera mejorarán su situación si son interpretadas como unwitting moves por un observador crédulo: "The subject appreciates that his environment will create an impression on the observer, and so attempts to set the stage beforehand" (12).

Los movimientos de control se diversifican a su vez de modos interesantes, dando lugar a las artes de "1) concealment or cover, 2) accentuated revealment, and 3) misrepresentation" (14). Esto tiene consecuencias interesantísimas en la complicación de la realidad que produce: la realidad antes inocente pasa a ser algo calculado y fabricado; se abre un segundo nivel de significación no literal. Por otra parte, aunque Goffman no lo presenta en estos términos, tiene un importante dimensión narrativa: la realidad se narrativiza intensamente, con argumentos hipotéticos de detección y ocultamiento, se llena de historias posibles que se materializarán o no, y el futuro pasa a ser planificado desde el presente. Se siembran las semillas de la acción futura que luego se hará pasar por espontánea: toda una historia. Aquí se juntan predicción, retroacción (desde la predicción) y una intensa reflexividad empática. Goffman se refiere a G. H. Mead cuando nos dice que "the subject turns on himself and from the point of view of the observer perceives his own activity in order to exert control over it" (12).

Este paso, aunque intensamente interactivo, no es propiamente comunicativo:

The various processes of control do not strike at the observer's capacity to receive messages, but at something more general, his ability to read expressions. Thus, when the subject employs verbal means to convey information about his intended course of action, the observer—if he is properly to judge the significance of these communications—will have to attend to the expressive aspects of the transmission as a check upon semantic content. Similarly, in trying to conceal while communicating, the subject, too, will have to attend to his own expressive behavior. A message, then, functions merely as one further aspect of the situation which must be examined carefully and controlled carefully because of the contest of assessment between the subject and the observer. (13-14).

Otra dimensión narrativa del análisis de Goffman aparece en su definición de las explicaciones y relatos: "The subject, in addition to feigning and feinting, can provide the observer with 'accounts' and 'explanations' , these being verbal techniques for radically altering the assessment that the observer would otherwise make" (16). Habría que aclarar que el observador también construye (ha construido) una estructuración narrativa de los hechos, y que la narración explícita del sujeto observado es una contranarración, una narración en un concurso de narraciones que explican o interpretan la realidad de maneras diferentes.

Una vez establecido el movimiento 3.1 (covering move) puede abrirse paso al movimiento interactivo número 4: uncovering move, mediante exámenes o revisiones. El juego de encubrimiento y descubrimiento puede ser especialmente intenso en un contexto específico que sea bien conocido tanto por el observador como por el observado (el encubrimiento y descubrimiento de la ignorancia académica, entre profesores y alumnos, es un ejemplo). Y tras el 4 viene el 5: counter-uncovering move, el paso final de complicación que Goffman considera útil distinguir en este análisis del maquiavelismo cotidiano.

Un elemento a tener en cuenta es que, habida cuenta de la observación mutua y del deseo de cada uno de los actores de tener el dominio informativo sobre la situación, un paso especialemente recomendable es simular que no se tiene ese dominio: "The best advantage for the subject is to give the observer a false sense of having an advantage—this being the very heart of the 'short con'." (20). El sujeto se halla en posición especialmente favorable si controla al controlador, si puede ofrecer un aspecto ya sea de inatención descuidada, de "naturalidad" de quien no se siente observado. O, en una segunda fase, de incompetencia— simulando torpes maniobras de ocultación que en realidad buscan despistar al espía, que creerá haber desvelado las patéticas defensas que el sujeto levanta contra la posibilidad de ser espiado. Son dos fases similares (una naturalidad construida), una fingiendo ignorar al observador, otra fingiendo que se le considera menos compentente en su obtención de información de lo que en realidad se le considera. Claro que si este juego se descubre se pasa rápidamente a un terreno indeterminado en el que todo pasa a ser engañoso y toda apariencia es potencialmente una construcción.

La realidad inocente peligra, con esto que Goffman llama la "corrupción de la expresión". Una vez el sujeto se embarca en la simulación de expresiones emocionales, descubre que toda señal espontánea puede ser imitada y controlada para controlar así a quien la observe. Así la expresión facial antes espontánea, los rasgos corporales que traicionan la emoción interna, y que  pueden ahora ser ensayados, etc. Los espías internacionales pueden así construirse una identidad falsa con abundancia de indicios "periféricos" que proporcionan lo que Barthes llamaría un efecto de realidad. Pero la vigilancia se extiende rápidamente a otros terrenos y contextos:

"con los recientes avances rápidos en la tecnología de la vigilancia, ha habido una notable extensión de los tipos de contexto social que pueden sospecharse de modo realista que son inseguros, es decir, sujetos a observacion: y con esto podemos esperar un aumento del cuidado en lo relativo a ciertas expresiones y un aumento de la voluntad de verse expuesto, con respecto a otras expresiones". (28)

Vamos, que estamos en terreno móvil continuamente: lo que hace poco era incontestablemente natural puede hoy ser al menos en potencia el teatro público de una monitorización universal.

Pero no hace falta llegar a refinamientos tecnológicos para que se "corrompa la expresión". En la interacción ordinaria, tanto el observador como el sujeto observado monitorizan la expresión de éste, y evalúan lo que podría ser creíble como manifestación espontánea o como fabricación—y el propio sujeto observado altera su expresión de acuerdo con estas evaluaciones. Así por ejemplo con señales de atención como la dirección de la mirada:

"Constant monitoring occurs, whereby everyone checks up on the stability of the situation by noting the propriety of the persons in it, this itself accomplished by checking up on the allocation of involvement manifest by everyone present. The perceivable direction of an individual's gaze provides perhaps the chief source of information concerning his involvements. Given these circumstances, it is understandable that an individual who feels he is improperly involved will try to conceal the direction of his gaze and otherwise mask his involvement" (32).

Mirando o no mirando a las piernas de las chicas, por ejemplo. Es interesante este asunto de la dirección de la mirada si se tiene en cuenta que en el ser humano es eminentemente evaluable (por la visibilidad de la posición relativa del iris y el blanco de los ojos) si se compara con la de otros animales. Es en efecto un instrumento interactivo de primer orden—tanto la mirada de reojo como su interpretación y su control. Sugiere Goffman que si bien es esperable un cierto control sobre la expresividad, el control completo es imposible: "subjects cannot be counted on to maintain complete strategic control over their expressive behavior" (33)—y de allí que sea útil estudiarlo, y necesario aventurar interpretaciones siempre inciertas en cuanto a los límites de ese control.

Es difícil sobrevalorar la importancia semiótica de estos fenómenos: signos espontáneos que se captan primero en un proceso de interacción, y que luego pasan a fabricarse, una vez esa captación es captada a su vez—todo un ejercicio de atención a la semiosis de la realidad, "an intentional shifting into the explicit focus of attention of what is ordinarily obligatorily disattended" (35). Este ejercicio de atención también lleva a desarrollar una perspectiva holística sobre el sujeto, visto que la riqueza de información viene precisamente de la multiplicidad potencial del individuo, irreducible a una sola dimensión comunicativa, o a un solo papel interaccional. La actuación es guiada en principio por el interés predominante de un individuo, pero los individuos son multidimensionales, no tienen un único interés—su papel en cuanto actores en una determinada línea de acción no es sino uno de sus posibles avatares. Las líneas de acción y los sujetos no coinciden. De allí que distintos sujetos puedan formar equipo para un objetivo determinado, o que un mismo sujeto se vea dividido en sus distintos aspectos o roles, el que está comprometido con el objetivo, y otros yoes que tienen intereses divergentes:

"it can never be said that an individual has only one interest. Individuals aren't like that. Ordinarily, of course, the individual will be officially active in connection with one set of interests, and there will be some understanding and agreement that his other interests are temporarily set aside although unscheduled appearance itself can be oficially allowed for under certain circumstances (....). By acutely awakening the subject's ordinarily latent interests he, in effect, becomes split in two, with one of these interest-serving persons forming a coalition with the enemy". (37).

Otra complicación interactiva de esta fragilidad o borrosidad del sujeto es que estas debilidades pueden volverse un inconveniente para el propio observador. Así por ejemplo, las confesiones obtenidas bajo tortura no resultan informativamente fiables, y de hecho son desacreditadas en los sistemas judiciales modernos. Y esta misma debilidad conocida puede ser reciclada, reutilizada y utilizada por el sujeto como una baza en el juego, de manera calculada (41). Nos cuenta Goffman historias fascinantes de espionaje: de bandos que ocultan información a sus propios miembros a los que saben vigilados, para así poder manipular mejor al enemigo que así interpretará su ignorancia, o su fe en la información amañada, como auténtica y no fingida. Espías, y agentes dobles, y triples y cuádruples, cuyas maniobras son cada vez más ambiguas y azarosas. Y va clasificando distintos tipos de limitaciones al juego de la expresión: factores físicos, conocimiento especializado, características de la naturaleza humana, y normas sociales. Por ejemplo, ésta muy interiorizada, que nos indica que no hay que mentir y se asegura de que de hecho no lo hagamos:

"Thus, many persons are willing to tell a bald lie, but few persons can manage to do so without expressing in some way that they are not telling the truth." (45)

Todos llevamos un polígrafo incorporado. Pero ahí ya entra el juego entre las partes de si se quiere interpretar realmente, o si se sabe, o de si es meramente suficiente para esa interacción en concreto una verbalización de la verdad oficial, sea lo que sea lo que trasluzca de los mensajes expresivos del sujeto. De esto hay mucho en política, donde se lanzan mensajes de todo tipo a distintos niveles. Como señala Goffman, aun habiendo reglas del juego, éstas pueden seguirse, o no seguirse, y eso por una variedad de motivos, tanto buenos como malos.

En la sección sobre propiedades estratégicas del juego, Goffman diferencia entre los movimientos interactivos reales y los virtuales o tácitos.  Esto se debe al hecho de que, visto que la acción va a dar lugar a una respuesta, esta respuesta se anticipa y modifica ya la acción antes de que ésta se produzca (G. H. Mead)—podríamos decir que la acción humana es inherentemente dialéctica, o dialógica, en este sentido. O, por decirlo de otra manera, que como toda acción va a ser respondida, ya viene ajustada a esa hipotética respuesta, ya la incorpora por adelantado (y es a la vez una respuesta a esa respuesta, y quizá a la reacción subsiguiente del interlocutor). Toda acción es ya interacción, por lo mismo que toda palabra (como decía Bajtín) es diálogo implícito, y viene ya modulada de antemano por las presuposiciones del interlocutor (o más bien por lo que presuponemos que son sus presuposiciones).

"As G. H. Mead argued, when an individual considers taking a course of action, he is likely to hold off until he has imagined in his mind the consequence of his action for others involved, their likely response to this consequence, and the bearing of this response on his own designs. He then modifies his action so that it now incorporates that which he calculates will usefully modify the other's generated response. In effect, he adapts to the other's reponse before it has been called for, and adapts in such a way  that it never does have to be made." (47).

Es decir, que la realidad está interpenetrada de realidades posibles, de ficción y de historias que no llegan a materializarse pero que rodean como virtualidades y potencialidades lo que en efecto sucede—sin contar con que están constantemente sometidas a reescritura. Incluye todas esas irrealidades, es más, está conformada por ellas. La interacción maquiavélica supone pues toda una narratividad implícita, o una hermenéutica de la acción estratégica del sujeto. Respondemos por anticipado a a una acción del contrario que no se ha producido, y que de hecho no se producirá, precisamente debido a nuestra respuesta. Podría parecer un mundo de acciones fantasmales, pero es el mundo en el que vivimos la vie quotidienne, un mundo de cálculo, estrategia, y control de la expresión.

La realidad, sin embargo, se resiente, cómo no. Y nos entra una paranoia de la autenticidad. Podemos dudar de si lo que se nos ofrece es inocente y literal, o si es un fingimiento mal intencionado, o si es una "inocencia" construida, un estudiado ajuste a las expectativas destinado a facilitar la interacción. Observa Goffman que una coartada demasiado perfecta, una representación demasiado buena, puede inducir sospechas de ser lo contrario de verdadera. Y que tampoco son fiables en cualquier caso sus versiones imperfectas—todo depende de la situación. Hay criterios para distinguir la autenticidad, sí: por ejemplo, el entramado irrepetible de detalles—pero nunca son válidos los mismos criterios siempre y en todo lugar. Esto es como el arte de la guerra de Sun Tzu:

"It might be thought that an observer who suspected the manipulation of fugitive signs and substantive ones would have one recourse: he could perceive that the world is real, its multitude of little events in real connection with others, and that when a multitude of independent signs tell the same story, this can be taken for the way things are. But this belief about the meshing of events can be exploited too." (61).

Y es que tratándose de un juego de a la vez identificación y competencia con el contrario, se instala una relación perniciosa que impide la estabilización del sentido:

"The very fact that the observer finds himself looking to a particular bit of evidence as an incorruptible check on what is or might be corrupted is the very reason why he should be suspicious of this evidence; for the best evidence for him is also the best evidence for the subject to tamper with." (63).

Y no hay solución buena: ni pensar que el adversario es más ciego, y que ya estamos un paso por delante de él, ni pensar que es tan vivo como nosotros, pues podemos utilizar estrategias hiperrefinadas que podrían ser incluso contraproducentes al ser ignorados nuestros esfuerzos por un adversario mucho menos hermeneuta y más directo que nosotros (fools rush in where angels fear to tread...). Y así nos instalamos en la paranoia hermenéutica, en terreno violentamente oscilante e incierto:

"The consequence of this degeneration of assessment is well known. The point is not that what seems to be the case comes to be questioned, but rather that a demoralizing oscillation of interpretation can result: the player will feel at one moment that he is being oversuspicious and that he should take the other at face value or, at worst, as someone who employs usual covers and, at the next, that a trap has been set for him. At one moment he can feel that he has finally hit upon indicators that can't be faked, and the next moment he can feel that this is exactly how the opponent wants him to accept these indications, and that they have been fabricated for this purpose. (...) When the situation seems to be exactly what it appears to be, the closest likely alternative is that the situation has been completely faked; when fakery seems extremely evident, the next most probable possibility is that nothing fake is present" (69).

El juego de la interacción lleva a que la mera posibilidad de ser observado por un vigilante convierta al sujeto (ya) en vigilante él mismo, inaugurando el ciclo maquiavélico de las apariencias circunstanciales y su construcción cuidadosa. El mismo comportamiento "inocente" se vuelve, cuando hay consciencia de ser vigilado, en una actuación teatral (no de otro modo pasamos ante los controles policiales).  Así pues, la realidad tal como la experimentamos es activamente construida por anticipado—y adquiere así una naturaleza dramática, y narrativa—pues contamos con que nuestra interpretación de nuestro papel será observada y evaluada según un plan que prevemos lo mejor posible. El futuro se construye por anticipado, y se prepara desde ahora (plantándola por adelantado) la mejor salida a las alternativas que los demás nos puedan presentar. Desde el momento en que el sujeto observado puede reciclar el contexto y modelarlo por anticipado para que produzca el efecto deseado, abriéndonos salidas alternativas, y haciendo lo posible por que juege a nuestro favor, dentro de lo posible, la conjunción irrepetible de circunstancias. Esta conjunción va creando espontáneamente nuevos contextos que en parte pueden haber sido amañados por adelantado, y en parte ofrecen material para futuras manipulaciones. Esta cuestión de la preparación por adelantado del futuro me interesa especialmente por lo que desvela sobre la naturaleza retroactiva del presente—la interpenetración mucho mayor de lo que solemos creer entre presente, pasado y futuro (o sea, la articulación del tiempo propiamente humano, que es una construcción a la vez intensamente semiotizada, e interactiva).

Pasa Goffman a estudiar situaciones interactivas de tres sujetos: uno que prepara una situación para que un tercero interprete en ella las acciones de un segundo—el ejemplo clásico es lo que los americanos llaman framing, el plantar pruebas incriminatorias contra alguien, pruebas del tipo exacto que un tercero o una autoridad va a apreciar como irrefutables. (De ahí el sentido más goffmaniano de framing entendido como construcción interaccional de la realidad no hay sino un paso). Otro caso de paranoias en tríos y en grupos se da en el caso de los viejos amigos, cuando cada cual va sabiendo (y diciendo a unos sí y a otros no) cosas de los demás que no deberían saberse, o revelarse. Esto lleva a que sea un alivio librarse de estas relaciones, o a echar en falta los tiempos iniciales donde todo el mundo tenía menos información utilizable.

En fin, que nuestra identidad pública, como la de los espías, siempre es una construcción parcialmente ficticia y frágil, sujeta a revelaciones, desenmascaramientos, exposición de contradicciones y de actitudes incompatibles. Es otro aspecto de lo que Goffman llamaba "rostro" en su famoso ensayo "On Face-work". Y no sólo somos espías, sino que vivimos rodeados de ellos:

"In every social situation we can find a sense in which one participant will be an observer with something to gain from assessing expressions, and another will be a subject with something to gain from manipulating this process" (81).

Al parecer Goffman era un observador con algo que ganar, y como tal temido por sus colegas y allegados—aun cuando únicamente reunía datos y ejemplos para su teoría.

Goffman: El teatro de la interioridad



Lunes 18 de agosto de 2008

Luna de agosto

Menudas olas ayer en la playa—no dejamos bañarse a los niños, que les encanta saltar olas, porque estas son de las que mandan a la gente dando tumbos por el suelo, o los estampan contra el fondo. A pesar de eso, muchos se lo pasan en grande con las olazas, y un pobre señor se lo lleva la ambulancia con el cuello y una pierna torcidos. Debe ser la luna llena la que produce semejantes olas—desde casa las oímos.

Y también está el fenómeno de los crímenes de la "luna de sangre" de agosto. Dice la mitología popular que los crímenes "pasionales" son especialmente frecuentes las noches de luna llena especialmente en el mes de agosto, y desde luego esta luna de agosto no ha hecho nada por desmentirlo. Tres mujeres asesinadas en unas pocas horas: hace poco una en Ontiñente según el tradicional rito de primero la mato y luego me suicido; otra en Vigo anteayer, de una pareja de brasileños, que muere tras una paliza que le dan delante de sus niños. Y otra ayer de Europa del Este, en Tenerife, que volvió el marido con orden de alejamiento, disfrazado y con malas intenciones, con intención de "ejecutarla" según dice una feminista (Cristina Alberdi) en la radio. Se suponía que eran las mujeres las más susceptibles a la influencia de la luna. Pero parece que no andamos a falta de lunáticos tampoco.

Presunción de inocencia


Dialéctica insalubre del amo y el esclavo

En la sección IV.A de la Fenomenología del Espíritu desarrolla Hegel su análisis del reconocimiento mutuo de las consciencias. Es una de las fases una vez la consciencia alcanza el nivel de autoconsciencia:

"La autoconsciencia se enfrenta a otra autoconsciencia; ha salido fuera de sí misma. Esto es significativo en dos sentidos: primero, se ha perdido a sí misma, pues se encuentra a sí misma como un otro; en segundo lugar, al hacer esto, ha dejado atrás al otro, porque no ve al otro como un ser esencial, sino que ve en el otro su propio ser." (§ 179)

Al describir este reconocimiento mutuo, Hegel proporciona una interesante descripción del comportamiento como dialéctica en la que un sujeto está influido por la consciencia que el otro tiene de él. Podríamos decir que presenta la interacción como un componente inherente a la acción humana. Hasta el punto que la relación del sujeto consigo mismo no es "directa" sino que está mediada por el reconocimiento del otro reconociéndose en nosotros:

"Cada uno es para el otro el término medio a través del que cada uno se media a sí consigo mismo, y se une consigo; y cada uno es para sí, y para el otro, un ser inmediato de por sí, que a la vez sólo es tal en virtud de esta mediación. Se reconocen a sí mismos reconociéndose mutuamente." (§ 184)

Este tipo de análisis de la alteridad y de la mutualidad será importante, naturalmente, para asentar tanto una ética como una política (una política basada eventualmente en la ciudadanía y en el mutuo reconocimiento de la libertad del otro). Y llevará a toda una filosofía ética de la mutualidad y de la alteridad en Lévinas o en Ricœur.

Pero el primer paso de las consciencias enfrentadas entre sí da lugar a lo que se ha llamado la dialéctica del amo y del esclavo: una consciencia será así únicamente reconocida, y la otra únicamente reconocedora (§ 185). Dadas dos consciencias buscando reconocimiento mutuo, éste se halla únicamente, según Hegel, en el enfrentamiento al peligro de muerte, en la lucha por la propia libertad, y (si se sobrevive) adoptando una de estas dos posiciones, la del amo o la del esclavo. El amo es el que no teme enfrentarse a la muerte y ha triunfado dominando al esclavo, y manteniéndolo sujeto con la cadena que le recuerda su dominación y la asegura. El esclavo es el que ha preferido la vida como esclavo a la pelea y al riesgo de muerte. Y tiene ante sí al amo, a la cadena, y a su trabajo obligado para recordarle su condición de esclavo.

Para Hegel esto no supone una autonegación fecunda del espíritu, ni una superación dialéctica de la primera fase del reconocimiento mutuo, pues no conserva (la fase del reconocimiento mutuo) en el hecho de superarla:

"Su acción es una negación abstracta—no la negación que proviene de la consciencia, que supera de tal manera que conserva y mantiene lo que queda superado, y que por consiguiente sobrevive a su propia superación." (§ 188)

El amo queda definido como la consciencia que existe para sí, mientras que el esclavo verá su ser supeditado; existirá para el amo y para la satisfacción de aquél:

"existen como dos formas opuestas de la consciencia; una es la consciencia independiente cuya naturaleza esencial es ser para sí misma, la otra es la consciencia dependiente cuya naturaleza esencial es simplemente vivir o ser para otro. El primero es amo, el otro es esclavo" (§ 115)

Supuestamente la relación del amo con el esclavo le da satisfacciones (el trabajo del esclavo, sólo disfrute sin trabajo para el amo) pero también frustración, pues no puede hallar mutuo reconocimiento en el esclavo. También hay un apunte interesante sobre la relación del amo con los instrumentos de dominación utilizados para mantener al esclavo en riesgo permanente de muerte:

"El amo se relaciona mediatamente con el esclavo mediante un ser [una cosa] que es independiente, puesto que es precisamente ésto lo que mantiene al esclavo sometido; es su cadena de la cual no pudo liberarse en el combate—y así resulta ser dependiente, posee su independencia en la cosidad. Pero el amo es el poder sobre esta cosa, pues probó en el combate que es algo meramente negativo; ya que tiene poder sobre esta cosa y esto es el poder sobre el otro [el esclavo], se sigue que mantiene al otro sometido." (§190)

—Es curioso que en el análisis de Hegel en § 190 se superponen en esta "cosa" a la que se refiere tanto el instrumento de coerción que maneja el amo, como el objeto de satisfacción que el amo disfruta inmediatamente, dejando el lado sucio y el trabajo para el esclavo. Es un análisis que quizá confunda tanto como aclare las características de uno y otro objeto (suponiendo que no sean efectivamente el mismo a todos los efectos). Así, podría seguirse como corolario que el amo también goza de la cadena y del castigo en cuanto puro objeto de placer, pero que el lado trabajoso de estos instrumentos coercitivos, pues lo hay, no es el amo quien lo ejerce, sino el esclavo. Así pues, el esclavo es quien azota al esclavo, y el esclavo es quien perpetúa la esclavitud. Mientras el amo disfruta no sólo de su libertad de acción sino también tanto del castigo como del objeto que para él fabrica el esclavo (dos aspectos de lo mismo, insistiríamos). Parecería envidiable la postura del amo, pero hay un pero a la hora del reconocimiento muto; el ser amo tiene su inconveniente, decíamos, su lado de "negación abstracta":

"Pero falta el momento del reconocimiento propiamente dicho, que lo que haga el amo al otro también se lo haga a sí mismo, y que lo que el esclavo se hace a sí lo haga también al otro. El resultado es un reconocimiento que es unilateral y desigual." (§ 191).

Y de allí deduce Hegel que "la verdad de la consciencia independiente es por tanto la consciencia servil del esclavo" (§193), pues ésta queda educada por la presencia constante de la Muerte, "el Amo absoluto", y es en ese riesgo de la disolución de todo lo estable donde progresa la autoconsciencia.

En esta especie de análisis químico de las experiencias de la consciencia, Hegel se las arregla por su propio método para que no tengan sentido preguntas como "¿y qué pasa si el amo vence con tanta facilidad al esclavo que no ve en ello ningún riesgo—si el esclavo llega ya vencido?" O bien ,"¿Este amo y este esclavo están solos? ¿Dónde están los otros amos y los otros esclavos?" Cuestiones que llevarían a plantear el análisis de otra manera, claro: una consciencia realmente social y generada socialmente, y no una consciencia abstracta aislada frente a sí misma y evolucionando según pasos puramente lógicos.

En esta cuestión del reconocimiento mutuo la cuestión es especialmente grave, pues el análisis de Hegel le lleva a enfrentar obsesivamente al amo y al esclavo, como si su reconocimiento mutuo como tales dependiese únicamente de ellos. Parece claro, sin embargo, que el primer paso para ser amo es despreciar o no tener en consideración siquiera la opinión del esclavo. No parece que el amo parezca frustrado (tal como llevaría a pensar el análisis de Hegel) por no ver frente a sí, en el esclavo, una consciencia como la suya—por haber estropeado su propio plan de reconocimiento mutuo, al no tener frente a sí más que el reconocimiento de un esclavo. Para nada.

Más bien, el amo (una vez sentada su dominación y su categoría de tal, mediante los instrumentos de coerción adecuados) no busca en absoluto su reconocimiento en el esclavo. Ese "reconocimiento" lo remite a los instrumentos de coerción, y es un mero instrumento, no una forma de autorrealización buscada en síl. Lo que busca el amo es el reconocimiento como tal por parte de otros amos—en una sociedad aristocrática. Pero eso es precisamente lo que falta en el análisis de Hegel, donde no hay otros iguales, y el amo sólo se encuentra, frustrado, frente a su esclavo que no se atreve a mirarlo, concentrado en abrillantar la vajilla de plata.

Como hemos dicho, Hegel extraía de ese abrillantamiento de la plata conclusiones educativas para el esclavo, que es quien representa una vía para el desarrollo de la consciencia, y se libera de su apego a la existencia material precisamente mediante el trabajo. "Mediante el trabajo, el esclavo se vuelve consciente de lo que verdaderamente es" (§ 195), o sea, consciencia, negación de sí. "Mediante este redescubrimiento de sí mismo, el esclavo se da cuenta de que es precisamente en su trabajo, en el que parecía tener una existencia únicamente alienada, donde desarrolla una mentalidad propia" (§ 196). Y además se educa interiorizando el miedo permanente a la coerción, algo muy necesario para Hegel, y progresa en lo que también Freud nos dirá que es la esencia de la maduración y de la civilización: la renuncia a la gratificación inmediata. Mientras, la mentalidad del amo queda desdeñosamente caracterizada por Hegel como caprichosa y de corto alcance—no llega a nada; es sólo mediante la sumisión absoluta a la Necesidad ajena a uno, como puede progresar el Espíritu. (más tarde dirá Hegel algo del Estado prusiano a este respecto—encarnación del tánatos y de la disciplina. Y mejor no pensemos en su versión corregida y aumentada en el régimen nazi, donde sólo hay un Amo, encarnación del Estado y de la Necesidad...).
Zeus (Ingres)
Este privilegio dado por Hegel a la consciencia del esclavo es esperable por otra parte en una filosofía de la época de la Revolución, cuando nuevas posibilidades parecen abrirse a la Historia arrinconando en parte a los amos del Antiguo Régimen. Marx, aun en su crítica del análisis de Hegel, sigue apreciando esta realización de sí mismo posibilitada por el trabajo alienante... si se pudiese eliminar la plusvalía. Yo lo sigo viendo alienante—en el sentido que la consciencia es también afirmación de sí, no únicamente negación de sí, y la vida no es únicamente progreso espiritual, sino también disfrute de los objetos materiales, y del trabajo de los demás, aunque nos toque currar por turnos. Vamos, que le veo sus puntos a la posición del amo. Y muchos se lo han visto.

No todo ha sido irresponsabilidad y disfrute del Objeto en las sociedades de amos:  vuelven a plantearse allí de modo continuo los problemas del reconocimiento muto, esta vez entre amos—mantener el status, asegurar la coerción, buscar alianzas. Pero no todo va a parar en una lucha a muerte y en el esclavizamiento del otro, y es por ahí por donde la necesidad de reconocimiento mutuo de los amos lleva a desarrollar formas de relación social diferentes de la relación entre amo y esclavo. Es la historia de la emergencia de las sociedades que nos contaba Vico—en la Ciencia nueva también mostraba cómo las estructuras sociales han evolucionado como sociedades de amos y aristócratas, antes de ser sociedades de ciudadanos.

Con el análisis abstracto de Hegel pasa un poco como con las matemáticas de Einstein, que decía que "cuando las proposiciones matemáticas se refieren a la realidad, no son exactas; cuando son exactas, no se refieren a la realidad". No es negar que no haya situaciones de dominación y de esclavitud en estado muy puro y ejemplar—pero sí recordar que las relaciones humanas siempre son en cada situación concreta más complejas y multilaterales. El esclavo a veces es el amo de su casita, y tiende a reproducir esas relaciones de dominación en cuanto puede (capataces, oficinistas, maridos) adoptando actitudes de amo. Por cierto, también convendría sexar al Amo y al Esclavo, pues una de las primeras, básicas y primigenias, relaciones de dominación y esclavitud es precisamente la dominación patriarcal. Y luego las madres tienen hijos...

En fin, que (relativizando la relación claustrofóbica, asfixiante y obsesiva del Amo y el Esclavo, esas caricaturas beckettianas) creo que también quedan relativizadas otras lecciones que Hegel hace que extraigan uno y otro.


Interacción internalizada: el desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico




Domingo 17 de agosto de 2008

De verbena

Qué foto me he perdido. En la verbena del pueblo, una orquesta verbenera buenísima, actuando con sus luces y humos y coreografías sincronizadas—y se lo trabajaban, los tíos, bailando y girando y paso palante y paso patrás y hop, saltando de medio lado...  todo delante de una explanada vacía, con sólo una niña delante mirándolos y bailoteando consigo misma.

Hubiera corrido a por la cámara (pero bah, tengo la descripción)—sólo que estaba cojo, aún. Aunque también hemos contribuido luego a hacerles un poco de aprecio a la banda, y entre el cojo y unos jubilados que se han sumado al baile, pues ya se iba animando la cosa cuando ha empezado a llover.
 

Shakespeare y los eclipses






Sábado 16 de agosto de 2008

Mapas de otro planeta

Llegamos a Portonovo (otro Portonovo) a eso de las once de la noche, después de rodar con nuestros huesos por la aldea del abuelo, Vilar de Ferreiros, en la Galicia profunda, donde vemos la capillita de San Roque donde hacía de monaguillo. Y más santos, o non sanctos: paramos en Santiago de Compostela, donde había que abrazar al apóstol, o a Prisciliano, o a quien sea que allí yaga o yaciera. Y nos diluvia por el camino, y vemos muchas vacas y muchas carreterillas laberínticas, y muchos eucaliptos y muchos sitios con nombres repetidos, como decía Giles Tremlett en Ghosts of Spain: "The result, however, is that, as you meander, lost, through pastures and eucalyptus groves, you can find yourself passing through such delightful sounding places as Goo, Zoo, Pin or Bra" (379).

Y hasta cambiamos el aceite de nuestro sufrido coche, pues lo habíamos agotado totalmente según costumbre, y ya iba renqueando. Y más carreterillas y más vacas:

Ivo—Mira, vacas de las de mapa.

Oscar—Sí, a ver qué mapas son... Hum. Son mapas de otro planeta.

Y aunque no consultamos mucho el mapa (que tampoco es que sea fiable) acabamos llegando. A Portonovo, digo, y diluviando. Qué sitio es ese, mañana lo veremos.

A pedra de avalar






Viernes 15 de agosto de 2008

Los amigos del novio

Aquí en Viveiro hay un video club muy simpático, de baja intensidad, donde se niegan a pronunciarse sobre cuándo hay que devolverlas: "Bueeeno.... unos días, non sé". Y allí encontramos esta comedia ambientada en un barrio residencial de Nueva York, aunque casi parece esto un pueblo. Está centrada en un grupo de amigos y sus actitudes ante la boda de uno de ellos, que se va a casar de penalti.  El novio tiene dudas ante la boda, o al menos se las ve la novia, y lo pone firmes, haciéndole elegir entre sus amigos y ella (como suelen hacer las novias), aunque sin renunciar totalmente a ellos. Otros amigos se dan cuenta de la importancia de tener una familia con hijos, ya adentrándose en los treinta y something; hay crisis con parejas y ex-parejas, una sorpresa con un viejo amigo perdido de vista durante años, que vuelve para la ocasión y resulta ser gay, para sorpresa de algunos... Y en fin, una historia de personajes que están dejando atrás su juventud a la vez que están marcadísimos por ellos, y tienen que seguir avanzando. Alguno parece que se va a quedar anclado allí, y viviendo en casa como a los quince años: de esos hay siempre alguno, y cada vez más, dicen.En fin, que está muy recomendable, con personajes genialmente retratados y vivísimos, conversaciones divertidas y para nada increíbles, y unas crisis y tensiones a la hora de madurar y sentar cabeza que muchos reconocerán sin duda en su experiencia propia. O en la de ese grupo de amigos heredados del instituto, que todos deberíamos tener, puesto que lo reconocemos como si fuera nuestro, aunque el nuestro se nos haya perdido por el camino—exactamente como si nos hubiéramos vuelto gays.

Los amigos del novio. Comedy. Written and dir. Edward Burns. Cast: Edward Burns, Heather Burns, Donal Logue, Jay Mohr, John Leguizamo, Brittany Murphy, Matthew Lillard, Shari Albert, Jessica Capshaw, Arthur Nascarella, John O'Donohue, Spencer Fox. Music by Tracy McKnight, Robert Gary, O.T. Walkley. Photog. William Rexter II. Ed. Jamie Kirkpatrick. Prod. Des. Dina Goldman. Exec. Prod. David Gorton, Karinne Behr, Walter Josten.  Prod. Philippe Martinez. Prod. Margot Bridger, Edward Burns, Aaron Lubin. USA: Bauer Martinez Studios / Defender Films / Marlboro Road Gang, 2005. Spanish DVD: Los amigos del novio. SAV / DeAPlaneta.


Time fighters



Francamente...

Me estoy terminando los Mitos de la Guerra Civil de Pío Moa, que me ha parecido excelente dentro de su abierta simpatía hacia el bando franquista: es un libro muy informado y crítico, y para nada la bazofia pseudohistórica que dicen Preston y otros—un juicio sectario éste, que de repente me los vuelve a ellos menos fiables, una vez leída la cuestión. Cuando Preston llama a Moa terrorista o fascista, dice que sus libros consisten en insultos y tergiversaciones, o cuando se niega despectivamente y "por principio" a debatir con él—ahora ya veo quién se autodescalifica a sí mismo por actitudes tendenciosas y sectarias.

Un detalle del final de la guerra: Negrín, escribiéndole a Indalecio Prieto, dice:

"Sea usted franco y un poquitín generoso, no lo he hecho tan mal..."

¿Será un lapsus, o ganas de cabrear? La interpretación es libre.

Y otra salida inesperada de Negrín—a quien Pío Moa reconoce sin embargo cierta coherencia en su opción deliberada por el estalinismo. Dice Negrín de los líderes del PNV y de los nacionalistas catalanes:

"Aguirre no puede resistir que se hable de España. En Barcelona afectan no pronunciar siquiera su nombre. Yo no he sido nunca lo que llaman españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas, me indigno. Y si estas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos las entenderíamos nosotros o nuestros hijos, o quien fuere. Pero estos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco."


Nada menos que Negrín. Esto según Azaña, en sus Memorias, volumen II.

También dijo Negrín, por cierto, que no fueron los franquistas quienes derrotaron a la República, sino "las asechanzas de unos cuantos malandrines", refiriéndose a las guerras intestinas y sublevaciones dentro del bando republicano. Es una opinión, y, francamente, las hay menos informadas.


–––––––––––––––––––––

Moa es abucheado de modo casi unánime por la historiografía profesional universitaria, normalmente sin entrar a debatir sus interpretaciones ni datos, simplemente en una especie de ritual de chivo expiatorio.  No parece la opción más inteligente a tomar en un estudio histórico, y así se revela un cierto consenso sectario en torno a qué interpretaciones son admisibles y cuáles no son ni siquiera discutibles.  Una cierta reacción al respecto se apunta en este comentario de Pablo Sánchez León ("La objetividad como ortodoxia: los historiadores y el conocimiento de la Guerra Civil Española", en Guerra Civil: Mito y Memoria, ed. Julio Aróstegui y François Godicheau (Pons, 2006):

"son precisamente los pies de barro extraintelectuales de la historiografía sobre la guerra civil española los que incitan al revanchismo entre los excluidos de la ortodoxia dominante. El relativo best-seller que ha supuesto al obra de Pío Moa apunta en esta dirección: se trata de una obra que aspira a dar la vuelta a casi todas las convenciones sobre los orígenes de la guerra civil española. Escrita con ánimo de enjuiciar negativamente la labor de la izquierda política durante la República, hasta considerarla causante de la guerra, el valor de la obra no reside en la coherencia de sus hipótesis, sino en el público al que representa, esto es, una parte de la opinión pública que no se siente identificada con la actual interpretación ortodoxa de la guerra civil. Pero se trata de una obra que cumple los mínimos metodológicos para ser considerada un producto historiográfico: la interpretación de los hechos que hace no es mucho más parcial y subjetiva que las que se han impuesto durante los últimos treinta o cuarenta años". (128)


Paul Preston en Zaragoza



Jueves 14 de agosto de 2008

Pasados por agua

En nuestra excursión a San Ciprián. Así que nos refugiamos en el Ciber Pío.

Por cierto, los huevos pasados por agua parecen ser un plato que ha pasado a la historia. Con las cantidades que nos comíamos en los años sesenta.

Envenenamientos




Miércoles 13 de agosto de 2008

Precisión

Nos vamos, por último día me temo, a la playa de Xilloi, donde nos lo pasamos bomba con las olas y las cámaras de fotos.

Y luego a ver la puesta de sol a Estaca de Vares. Al fondo, el cabo Ortegal:

sunset en Bares

Oscar: ¿Para qué gastamos gasolina extra, en excursiones inútiles?
Yo: Jeje, este Oscar ataca donde duele y no falla, eh, eso es precisión.
Ivo: Eso, que la gasolina ha costado sesenta y tres euros con dos céntimos.
Yo: Pues te jorobas, Ivo, que los dos céntimos me los han perdonado.


Northward Ho


Martes 12 de agosto de 2008

En galego, con retranca

Tapia con pintada pintada, en Burela:


 en galego


Lenguas en guerra

 

Realpolitik

Los rusos invaden Georgia, con miles de muertos, masacres de civiles, etc. Pero por aquí no nos alteramos mucho (como ya pasó con lo de Chechenia). Nos importa menos que la ilegal guerra de Irak. Porque al parecer:

— No se trata de la Georgia capital Atlanta, sino de la otra, un país que hay en el Cáucaso. A esos ni caso—por muy caucásicos que sean.

— Consideramos, en Realpolitik, que un país tiene cierto derecho a invadir y bombardear a sus vecinos—al ámbito de su influencia directa.

— Sobre todo si sus vecinos no son nuestros vecinos. Es de suponer que si invadiesen una nación más vecina nuestra, o más vecina nuestra que de ellos, como Holanda, o Cataluña, nos pondríamos más nerviosos.

— Consideramos, por tanto, que el refrán de "las barbas del vecino" no se aplica en este caso. Ni el apólogo de "como yo no era judío no dije nada". Esto que se lo apliquen en Estonia, Letonia o Lituania. Esos sí pueden darse por judíos.

— Las masacres de los rusos siempre son en principio menos criticables, o menos criticadas, que las de otros genocidas o imperialistas. Aquí nos remitimos a la evidencia histórica, o a la costumbre.

— Otra de costumbres: Georgia perteneció, como Rusia, a la URSS (¿o perteneció Georgia a Rusia? ¿O perteneció la URSS a Rusia?). En fin, que como ya les invadieron antes, pues hay cierta justificación histórica para que lo vuelvan a hacer, o por lo menos cierta costumbre. Vamos, que extrañar, no extraña.

— Es una fuente de complejas lecciones morales, que nos mantienen meditando: quien se secesionó siempre encuentra a alguien que a su vez se le secesiona; Quien a hierro mata a hierro muere; Un enemigo pequeño puede tener un primo de Zumosol, etc.

— Además Rusia tiene muchos misiles apuntándonos, y Georgia no. Y Estados Unidos tampoco. Espero. (Creo que debería haber puesto esta razón la primera).

— No conviene, no, dar al traste con nuestras relaciones comerciales con Rusia. Con Georgia, ni sé si hay.

— Y por supuesto Aznar nunca invadió Georgia (Georgetown está en otra parte).

Aplicando estos principios yo creo que se entenderá mejor la postura de española ante esta guerra.

Y además, con lo entretenidos que están los Juegos Olímpicos—eso sí es armonía universal y concordia simbólica, o violencia simbólica, de los pueblos. Que no estamos en una selva. Mejor centrarse en lo positivo.

¿1700 negros muertos? Pscháaa... una notita...








Lunes 11 de agosto de 2008

Excursión por la Mariña

barcofarobarco


Excursión del lunes—

Desde el monte San Roque - En el castillo del Mariscal Pardo de Cela - y por Burela:

Cuando tenga mejor conexión, irán a Flickr más fotos que me estoy hinchando de tomar. De momento lo tengo atrasado ese blog—pero bueno, a quien le guste ver fotos, ahí tiene más.

My photostream



Domingo 10 de agosto de 2008

La mar océana

area

La Innombrable me dice que evite nombrarla en el blog. Pero de fotos no me ha dicho nada. Aquí está en la playa de Area, que en conjunto creo que es nuestra favorita. Es curioso cómo la isla Coelleira, y los barcos grandes, se ven reposando justo en el horizonte, y ni un milímetro más abajo. Cualquiera que mire eso y piense un minuto se da cuenta, antes de que venga Colón a decírselo, de que la tierra es redonda. Y pequeña.

La Gloriosa y los ríos sagrados



Sábado 9 de agosto de 2008
abo 14
Fourteenager

Catorce cumpleaños de Álvaro—ya. Yo me acuerdo que de crío mirando un folleto de la reforma de la educación, allá hacia el 1970, veía planificados los años académicos 1974-75, y pensaba: uf, entonces tendré catorce años ya—un vejestorio, mi vida estará por detrás de mí. No parece que sea una sensación muy extendida por lo que me han dicho. Nos vamos a comer al mesón Boa Vista, y le escribimos una tarjeta entre todos. De regalos le han caído una suscripción al Muy Interesante y libros—ya ha empezado Los Pilares de la Tierra, que lo eligió él, y le encanta. Pibo ha aprovechado la ola de regalos para hacerse con su primera memoria USB, que la lleva al cuello como si fuese una medalla. Luego una buena tarde de playa en Area (aunque los niños querían ir a Xilloi: Area representa la realidad, Xilloi el sueño). Y al final vamos a ver La Momia III: La tumba del Emperador Dragón, que naturalmente les encanta. Por lo que se ve Rachel Weisz estaba como yo hasta el gorro de momias, así que había una nueva mami para el hijo del protagonista—y crisis de los cincuenta para su padre (había una escena alusiva al respecto, supuestamente comparando armas de fuego). Volvemos a casa a ver estrellas fugaces, con Otas repitiéndonos escenas de la película y haciendo variaciones fumadas sobre ellas. Y otra cosa: así de paso hemos visto hoy un piso sobre la ensenada, que quizá lo compremos y quizá no. Nos ha hecho muy buena impresión. Pero cómo saber lo que conviene invertir en un futuro determinado. Es como darle un empujón demasiado fuerte a ese sobre otros que están esperando en las incubadoras del tiempo. Y de hecho ninguno gusta. Gimme the present, any day.

Last words that last




Viernes 8 de agosto de 2008

Lo último de Carla Bruni

Que no, que no va a dejar de gustarme Carla Bruni así por cosí, porque se haya casado con Sarkozy. Me refiero a sus canciones. Así que voy y me compro su disco, que decían que no vendía un clavel porque es el típico material de descarga por internet. Pues yo, como quien no quiere la cosa, voy y la subvenciono, hala. Si esto no es un lujo asiático, echarle unos durillos a Mme. la République, pues ya me dirán.

Además me parece genial que (como Sonsoles) siga con su carrera musical como si tal cosa, tras la boda real. Qué poco Letizia, mira si podía seguir presentando las noticias en el telediario (o en los programas del corazón—por ejemplo, "Se rumorean desavenencias entre los príncipes de Asturias por la decisión de la princesa de continuar su carrera televisiva...").

Lo último mío es que el agua ha subido un poquito de temperatura últimamente, y se puede uno bañar bastante. Que mañana es el cumpleaños de Álvaro, y que sigo trabajando en mis cosas pero muchas no las puedo colgar por mala conexión wifi—tengo mi portátil incomunicado. Pero aparte no pasa gran cosa. Mucha lectura, mucha playa, y mucho paseo con la familia por el pueblo y por la costa. Aparte de a Carla Bruni, oímos mucho a Carmen París (Incubando), Teresa Salgueiro, y Juliette Noureddine. Y a Sarah Brightman, que ahora mismo estará cantando en la inauguración de los juegos de Pekín. Por las tardes vemos en la tele "Hipólito", o sea, el serialón de siempre, Amar en tiempos revueltos, y los miércoles La mujer biónica. Me estoy leyendo cosas como Los mitos de la guerra civil de Pío Moa, Strategic Interaction de Goffman y House of Leaves de Mark Z. Danielewski. Y seguimos con Hegel también, con la Fenomenología del Espíritu, que no todo va a ser verano y playa y Carla Bruni.

Recuerdos a Teresa Force si lee esto, en Córcega o donde sea.

Lo de Carla Bruni

 


Jueves 7 de agosto de 2008

Aparece El Teatro

Leía hoy en La Voz de Galicia que un equipo de arqueólogos del Museo de Londres ha encontrado los restos del primer teatro en el que se representaron las obras de Shakespeare—el teatro por antonomasia, The Theatre. Está en una calle del barrio de Shoreditch, al norte de la City, donde iban a construir precisamente un nuevo teatro. El Teatro, que había sido edificado por James Burbage antes del comienzo de la carrera de Shakespeare, en 1576. Algunos decían que era el primer teatro fijo que hubo en Londres, pero al parecer no es así. Y hay un espacio dudoso entre patios de posadas y corrales para ver espectáculos de lucha y números de circo. Desde luego, si no teatros, teatro venía habiendo desde hacía siglos. La consolidación y transformación de la práctica teatral le llevó a un auge en esta época, y eso llevó a diseñar nuevos edificios específicos para esta función. Burbage era un empresario teatral, y estaba detrás de la compañía de los Earl of Leicester’s Men. Shakespeare parece haber estado asociado a ellos, quizá tras su paso por Stratford, y varios actores de esta compañía irían a parar a la compañía de Shakespeare, los Lord Chamberlain’s Men, una vez se fundó ésta en 1594. Richard Burbage, el actor principal que encarnaría los principales personajes de Shakespare, era hijo de James Burbage. Las primeras obras de Shakespeare aparecen asociadas a diversas compañías, así que su relación con la compañía de los Earl of Leicester’s Men no parece exclusiva—aunque pocos biógrafos lo hacen pasearse por tantas compañías como hace Peter Ackroyd. Los restos de El Teatro hallados ahora no serán gran cosa, apenas los cimientos: The Theatre era de madera, y fue desmantelado en 1599. Es curioso que El Teatro se desmanteló al expirar un leasing del solar en el que estaba edificado. El propietario al parecer se las prometía felices quedándose el edificio que había construido Burbage en su solar, pero éste había dejado claro en el contrato que la madera le pertenecía a él. Así que a toda prisa una noche, y sin dar tiempo a reacciones ni desavenencias, hizo desmantelar el edificio y llevar las piezas a Bankside, al sur del Támesis. Allí edificaron el nuevo teatro de la compañía, The Globe, que se haría más famoso, con su lema de todo el mundo hace el payaso, o todos somos actores que representamos nuestros papeles, según se traduzca. En éste Shakespeare sí era uno de los accionistas y propietarios—que así es como hizo su fortuna, y no escribiendo literatura, que eso no da para mucho ni aunque escribas Hamlet.

Ackroyd’s Shakespeare




Miércoles 5 de agosto de 2008

On Chesil Beach

Es la última novela de Ian McEwan, otra historia de malentendidos trágicos y amores arruinados, como Atonement, pero esta vez sencilla y directa, sin juegos metaficcionales. Es la historia de una pareja joven, un aspirante a historiador y una violinista, que por un malentendido se separan en su noche de bodas, en 1962. Una pelea tonta, si bien unida a una reacción visceral de ella, de rechazo al sexo. Lo más "experimental" que hay en la novela es el silencio sobre una cuestión que motiva ese rechazo de ella—abusos sexuales que había sufrido por parte de su padre, se trasluce, y que están tan borrados de su memoria como de la novela. Pero eso es sólo un factor más que se añade al malentendido, y quizá no determinante. Hay otras cuestiones (todas muy bien retratadas) de diferencia de clase—ella viene de un medio social más acomodado y culto, ha aportado más dinero a la pareja, y eso crea obstáculos que no se ven hasta el momento de la crisis, cuando surgen y hacen más difícil la reconciliación. Y el orgullo, y la impaciencia, y la falta de capacidad para poner palabras a lo que se siente, y la inmadurez... En suma, una historia sobre una pelea que sería irrelevante en sí (y quizá pronto superada, a pesar de los traumas subyacentes). Eso si no hubiera acabado siendo trágico el suceso, al echar a perder l una vida futura juntos que quedó en nada, lo que iba a ser ese matrimonio del cual sin embargo no se librarán en el resto de su vida. Así termina la historia (p. 166):

Even in his sixties, a large, stout man with receding white hair and a pink, healthy face, he kept up the long hikes. His daily walk still took in the avenue of limes, and in good weather he would take a circular route to look at the wildflowers on the common at Maidensgrove or the butterflies in the nature reserve in Bix Bottom, returning through the beech woods to Pishill church, where, he thought, he too would one day be buried. Occasionally, he would come to a forking of the paths deep in a beech wood and idly think that this was where she must have paused to consult her map that morning in August, and he would imagine her vividly, only a few feet and forty years away, intent on finding him. Or he would pause by a view over the Stonor valley and wonder whether this was where she stopped to eat her orange. At last he could admit to himself that he had never met anyone he loved as much , that he had never found anyone, man or woman, who matched her seriousness. Perhaps if he had stayed with her, he would have been more focused and ambitious about his own life, he might have written those history books. It was not his kind of thing at all, but he knew that the Ennismore Quartet was eminent, and was still a revered feature of the classical music scene. He would never attend the concertos, or buy, or even look at, the boxed sets of Beethoven or Schubert. He did not want to see her photograph and discover what the years had wrought, or hear about the details of her life. He preferred to preserve her as she was in his memories, with the dandelion in her buttonhole and the piece of velvet in her hair, the canvas bag across her shoulder, and the beautiful strong-boned face with its wide and artless smile.
    When he thought of her, it rather amazed him, that he had let that girl with her violin go. Now, of course, he saw that her self-effacing proposal was quite irrelevant. All she had needed was the certainty of his love, and his reassurance that there was no hurry hen a lifetime lay ahead of them. Love and patience—if only he had had them both at once—would surely have seen them both through. And then what unborn children might have had their chances, what young girl with an Alice band might have become his loved familiar? This is how the entire course of a life can be changed—by doing nothing. On Chesil Beach he could have called out to Florence, he could have gone after her her. He did not know, or woul not have cared to know, that as she ran away from him, certain in her distress that she was about to lose him, she had never loved him more, or more hopelessly, and that the sound of his voice would have been a deliverance, and she would have turned back. Instead, he stood in cold and righteous silence in the summer's dusk, watching her hurry along the shore, the sound of her difficult progress lost to the breaking of small waves, until she was a blurred, receding point against the immense straight road of shingle gleaming in the pallid light.

 
Ian McEwan, Saturday
 

Ivo y las TesMartes 5 de agosto de 2008

Niños libres

En los mercados de piedras que han instituido los críos delante de casa, con Jairo y Mateo, para vendérselas a los chavales del barrio, hay alguna negociación sobre lo que conviene hacer o no hacer, para mejorar el producto con los materiales de a bordo. A Jairo le piden Ivo y Oscar una cosa de su casa, para limpiar las piedras, pero no puede ser....

Jairo (póngase acento gallego): No, éso no lo puádo sacár, que nú me déja mi mádre...

Oscar: ¿Ah no? Pues nosotros somos niños libres.

Chafado lo deja, a Jairo. Pero luego intercepta su madre a Oscar por el camino, cuando sacaba un barreño para lavar piedras....
 
Jairo (desconcertado): Pero buáno, ¿no decíais que árais niñus líbres u qué?

Dibujando guarradas

Lunes 4 de agosto de 2008

A Hyperborean Brew

No llegan los calores africanos hasta estos países nórdicos (42º 40,5 Norte, latitud; 7º 35,4 Oeste, longitud), pero aun con todo a veces hay dificultades para dormir, y nos aquejan los insomnios, y luego los somnios—despertándome a las cinco y volviéndome a echar a las ocho, levantándome a las doce... uf. Bueno, hablo por mí—los demás parecen sufrir sólo de una cura de sueño sin más.

Y aparte del sueño, están los sueños, interesantes mescolanzas que me tienen ocupado primero soñándolos y luego descifrándolos, o especulando sobre ellos. Por ejemplo, esta noche examinaba el mueble viejo de la tele cuando vivía en la calle Ramón y Cajal—parece que no salgo de allí, ahora vivo en la casa de Ramón y Cajal. Y buscaba yo con afán papeles viejos de esos que nunca me habían interesado pero que sabía que estaban allí porque siempre habían estado—manuales de los años cuarenta, novelas de los años sesenta, guías con hojas manuscritas enmedio, mi álbum de sellos viejo, de esos que empezaban con una página entera con sellos de Franco de todos los precios—Y buscaba y rebuscaba y no encontraba lo que quería, era como si no tuviese bastante sustancia el papeleo amontonado. Lo que sí encontraba eran montones de cuentos de crío inutilizables por los desvencijado y apilado en exceso; pero no eran mis cuentos, sino los de mis hijos, esperando una relectura o reciclaje de otra generación. Y el cuarto de estar era pequeño, a la antigua. En unos cajones esperaba yo encontrar papeles, pero no había más que mantelería. Y tenía cuidado para no despertar a mis padres con el ruido de la búsqueda, pero no había peligro: dormían, como siempre, en el último cuarto del fondo del pasillo, y allí no llegaba el ruido. Y más sueños, sueños de una recurrencia incomprensible, de episodios pausados y repetidos que llevaban de una viñeta a otra y de la otra a la una, como un círculo vicioso, o como esas escenas de Myst, ese videojuego tan estático que le gusta a Álvaro. Más sueños, entre insomnio e insomnio: me casaba otra vez, o más bien me hubiera casado si hubiese acudido la novia a la boda, pero aunque la veía pasar por delante (una desconocida) tenía a los invitados esperando, y yo fuera a la espera, hasta que venía el cura y bueno, pasaba yo a que me casase a mí, ya la casaría a ella cuando decidiese venir... Y luego venía, en efecto, y nos volvía a casar el cura, no sin una declaración mía de que únicamente repetía la ceremonia porque la primera vez no había sido válida. A los invitados les agradecía su paciencia y su presencia. Y seguía soñando, esta vez furioso, porque me paseaba por la biblioteca de la Facultad buscando libros, pero todo el mundo estaba fumando, y yo me enfadaba, les señalaba los carteles: "¡Aquí no se puede fumar!", y cuando me miraban como una molestia, ya me cabreaba y me subía por las mesas de estudio brincando de una a otra: "Ah, pues yo también haré lo que me dé la gana". La directora de la biblioteca llamaba a un guardia, pero se le fundían los plomos cuando le decía que le dijese a la gente que primero dejase de fumar... Y no encontraba mis libros, que estaban en una sección aparte, e iba por la biblioteca gritando: "¡Que apaguen los cigarrillos, coño! ¡Que esto parece la batalla del Marne!" (estaban todas las salas de estudio llenas de nubes espesas de humo). Y jaleaba a los no fumadores: "¡Exigirles a estos que dejen de fumar—por vuestra propia salud! ¡La de ellos, por mí que los parta un rayo!"—Por cierto, me felicitaba Celestino por mi contundencia al pedir la aplicación de la ley.

Y aún más sueños se acumulan... Nos han quitado los despachos, todo está en ruinas y apenas puedo creer que nos hayan asignado a este cuartucho desconchado con todo el mundo acumulado en confusión. Hay que pedir permiso para pasar. En mi ordenador se ha sentado Marta, pero le digo que no se moleste en levantarse, que me voy a una reunión (—je, tiene chiste lo de la reunión, ahora que lo pienso, con todo el mundo allí como en un tranvía). Al bajar (era una especie de ático) observo que ha habido un terremoto y ha desplazado los escalones y ha hecho una grieta enorme en la pared de la iglesia de Biescas, o en el velo del templo, no sé—entro con unos colegas al coro, veo que se ha acumulado mucha quincallería con los años, y también que ahora los curas tienen unas pantallas digitales alargadas para dar instrucciones y agradecimiento a los fieles. Luego me viene a afeitar a navaja un sirviente oriental, no muy hábil por cierto. Y hay unas escenas desagradables con unas arañas blancas y gordas que tenían invadidos los armarios. Una de ellas la echo fuera, perdonándole la vida (como me pasó ayer con una en el cuarto de los niños)—tiene comportamiento inteligente, se mueve como un pequeño robot humanoide japonés, de hecho al caer al balcón de los niños de abajo se metamorfosea en un Madelman que continúa esquivando a los perseguidores.

En fin, escenas que tienen la virtud de parecerse, por semejanza o por inversión, a las historias que nos van pasando. O de no parecerse a ellas, que también es mérito.

Ivo, por su parte, está quemando etapas de la civilización—tras descubrir a Lucky Luke, se está dedicando a los hermanos Marx, y también está redescubriendo por experiencia propia los principios básicos de la economía. Había en la tele un documental muy ilustrativo sobre el dinero en las sociedades primitivas—unas conchitas cuyo valor decidía arbitrariamente el Alan Greenspan de la tribu, un nativo avispado que trasteaba e intercambiaba y buscaba conchas e iba variando su precio y se las cambiaba a los demás por cosas de valor. Ahora Ivo repite la maniobra, y descubre la generación espontánea del dinero: ha instituido un mercado de venta de piedras, con carteles publicitarios y todo, y les está vendiendo a los chavales del barrio, a cincuenta céntimos, las piedras de la calle que selecciona, y va animándoles a hacer colecciones e intercambiarlas. Como quien les hace sopa de piedra, vamos. Ahora mismo lo oigo negociar. Esto no es sueño, sino una repetición acelerada de la evolución histórica y del desarrollo de las formas culturales: no deja de recordarme al relato de Jack London "A Hyperborean Brew". Cualquier día reinventa Ivo la religión, o les infla un perro. Esperemos que no nos lo denuncien por estafador, y tengamos que salir de aquí por piernas.

Parece que va amaneciendo... Me voy a ver si duermo un poco.

Tres sueños: Solo ante el Juicio - Los carteles - El alojamiento rural

Domingo 3 de agosto de 2008
beach
Diez mil millones de años luz de evoluciones

—Y aún diréis que este post es largo...


Diez años tiene la edición original este volumen que me acabo de leer sobre Evolución: Sociedad, ciencia y universo, editado por Andrew C. Fabian (Tusquets, 2001).  Supongo que algunas ideas sobre la evolución habrán evolucionado también, o habrán sido desplazadas por nuevas especies entretanto... Pero aquí tomo nota de algunos puntos interesantes, ya que a mí ya me interesan desde hace un tiempo las relaciones entre procesos de desarrollo (y sus narraciones) a nivel cósmico, biológico y cultural. Por seguir un orden cronológico.

Aunque la consciencia de estos procesos de cambio ha ido muy entremezclada en cada uno de estos niveles. Las culturas siempre han sido conscientes de cambios en ellas con respecto a sus antepasados—de ahí los mitos primero, y las historias después. Podría decir alguno que en las sociedades sin historia hay una discontinuidad entre el tiempo mítico y el tiempo real, pero esa discontinuidad se da más bien con el tiempo del antropólogo que estudia el mito. La sociedad que tiene el mito por referente lo vive precisamente como una manera de relacionar su experiencia cotidiana con procesos cósmicos o con la institución de la propia sociedad. También hay en esta experiencia del mito, como en tantas otras de nuestras actividades, un anclaje narrativo que relaciona unos procesos con otros. Y en filósofos supuestamente poco historicistas como Platón hay (en el Timeo por ejemplo) mitos del origen del universo, o sobre un estado de la sociedad previo a nuestro encumbrado presente, cuando las cosas no han sido siempre como son ahora. O sobre el desarrollo de formas culturales a partir de formas más simples (pienso en la Poética de Aristóteles). Siempre ha habido un cierto evolucionismo, pues viviendo inmersos en procesos y evoluciones, raro sería que no hubiese habido siempre una cierta consciencia de ello.

Por supuesto, habiendo habido siempre esto, también son importantes los matices, y las concepciones que han permitido formular el evolucionismo contemporáneo. En Vico, por ejemplo, se encuentra formulada una teoría evolucionista y emergentista de la cultura. No habla Vico de una continuidad genealógica entre hombres y animales, pero sí acude a figuras míticas para hablarnos de una sociedad ciclópea en tiempos primigenios—no distinta en nada de los animales, a no ser por el desarrollo cultural que habría de experimentar en un futuro. Esa sociedad (o ausencia de sociedad más bien según Vico) es el producto de una degeneración cultural—es la manera de Vico de preservar intacta la línea de demarcación entre lo humano y lo animal—. Y la humanización de esos seres es precisamente, para Vico, el desarrollo de lazos sociales, básicos en primer lugar, la familia, y a partir de allí de instituciones políticas, relaciones sociales complejas, y un desarrollo histórico ya detectable en su secuencia necesaria durante la era clásica.

Pero derivo. Paso a anotar algunas ideas de este libro oxoniense, Evolución, que se ocupa de las ideas actuales sobre procesos hoy en día. Cierto es que el engranaje entre unos procesos evolutivos y otros (en cultura, biología y universo) lo tendremos que poner más nosotros desde fuera, con instrumentos como nuestro "anclaje narrativo", porque cada uno de estos especialistas está más atento a su propia disciplina que a relacionar un tipo de proceso evolutivo con otro. Este libro, que se mueve en una escala desde la evolución de teorías y disciplinas, pasando por procesos sociales e históricos, hasta la evolución de las especies, de la vida y del cosmos, es perfecto para ver que las llamadas grandes narrativas no sólo no están de capa caída (al contrario de lo que decía Lyotard) sino que por el contrario están cada vez más sólidamente formuladas en sus propios términos, y más firmemente engarzadas o ancladas unas en otras para constituir una única gran narración de la realidad Pocos libros he visto más adecuados que éste para ofrecer esta perspectiva global de un modo panorámico. Para ver en perspectiva tanta narración, haría falta en el libro la perspectiva de un narratólogo (que aquí procedemos a incluir desde fuera)—aunque sí está la de una estudiosa de las relaciones entre evolución y literatura, Gillian Beer—la única de estos ponentes a la que he visto en persona, en una conferencia en Cambridge hace—uf, diecisiete años. Volver a los diecisiete...

Stephen Jay Gould, uno de mis autores favoritos, no volverá ya allí—aunque cuando escribió este capítulo aún estaba por publicar su magna Estructura de la Teoría de la Evolución. Aquí nos habla "Sobre la transmutación de la ley de Boyle en la revolución darwiniana". La teoría de la adaptación entre función y órgano, central en el darwinismo, ya venía siendo una característica del pensamiento británico sobre historia natural. Hay pues una cierta continuidad ("evolutiva" quizá, dentro de lo "revolutivo") entre creacionismo y evolucionismo en este sentido: "Los aspectos realmente revolucionarios de la selección natural se entienden mejor si se la considera como una inversión explicativa dentro de un marco inalterado, en el que la adaptación es el fenómeno básico que debe explicar cualquier teoría aceptable de la historia de la vida" (24).

El papel de intervención directa de la divinidad se había restringido cada vez más al establecimiento de las leyes de la naturaleza en un principio (en cierto sentido ahí seguimos, nos dice Stephen J. Hawking, al ser posible la ciencia sólo en un cierto ámbito de medición). La divinidad en teoría puede hacer milagros, pero en la práctica se retira detrás de su creación... continuadamente, no hubo que esperar a Darwin para eso. La trabazón de causalidades va hilando la narración de la ciencia, un relato en el que Dios está siempre al margen. Por causa hoy nos referimos sólo a las causas eficientes aristotélicas, pero

"No obstante, la causa final era todavía una noción legítima para los científicos de la generación de Boyle (a pesar de la famosa desaprobación de Francis Bacon)." (27)


Y la causa final se aprecia bien, para Boyle, no a nivel químico o a nivel astronómico, donde no es distinguible del azar, sino en medio, en el diseño de animales y plantas. Que tienen las formas adaptadas a sus funciones por la previsión de Dios. Pero en este contexto llegará luego Darwin, nos dice Gould: "Sustituyamos la previsión de Dios por la selección natural y este argumento sobre la función se parecerá asombrosamente al que formularía un adaptacionista darwiniano" (31).

El darwinismo introducirá una secuencia histórica donde para Boyle había sólo un abanico de formas adaptadas. Se resuelven así problemas como el siguiente: "cómo explicar una función que tiene una utilidad actual para un organismo, pero que debería interpetarse como la consecuencia secundaria de una función principal u original diferente" (43)—los célebres spandrels y exaptaciones de Gould. Pero evidentemente Boyle necesitaba hacer coincidir diseño y designio (design) como prueba y salvaguardia de la evidencia y benevolencia de la divinidad—y viceversa.

Frente a esta perspectiva funcionalista y adaptativa de la biología británica, la tradición de la historia natural continental siempre ha sido más "estructuralista"—y admite Gould que "Quizá la perspectiva continental es más correcta y la mayor parte de las adaptaciones son modificaciones particulares de estructuras subyacentes producto de reglas de transformación y regularidades" (45). Pero el "ultradarwinismo" basado en un adaptacionismo a ultranza sigue dominante en la ortodoxia angófona, prueba de un deseo bastante irracional por una "cosmovisión simple y exhaustiva" (—esto es algo que creo que ha cambiado muy radicalmente en tiempos recientes con el auge de la genética evolucionista y molecular). También reflexiona Gould que si una persona tan brillante como Boyle no podía sino pensar dentro de los moldes del pensamiento de su época, eso debería hacernos reflexionar que seguramente también nosotros tenemos preconcepciones que serán rechazadas por científicos posteriores. Es curioso que sea Dawkins a quien Gould pone como ejemplo del ultradarwinismo—visto que la teoría de Dawkins no es precisamente adaptacionista. Otros "ultradarwinistas" a su juicio son Daniel Dennett y también los psicólogos evolucionistas, "cuando proponen un origen adaptativo para todos los comportamientos humanos universales, mientras que la auténtica alternativa sería reconocer la riqueza de los medios no adaptativos en virtud de los cuales surgen tales comportamientos" (enjutas, etc.) (48). Vamos, que ni Darwin, aun siguiendo la tradición adaptacionista nacional, era tan darwinista como los ultradarwinistas. En la última edición del Origen de las especies escribe que "puse en lugar bien visible (a saber, al final de la Introducción) las siguientes palabras: 'Estoy convencido de que la selección natural ha sido el principal, pero no el exclusivo medio de modificación'. Esto no ha servido de nada. Grande es el poder de la tergiversación continuada" (49).

(Aun dentro del marco común de explicar la adaptación entre forma y función, Boyle (y otros creacionistas) ofrece una narrativa muy distinta de la de Darwin—en resumen, una es mítica y otra es histórica. Es una narrativa la de Boyle en la que el diseño anatómico no es producto espontáneo de la selección natural sino obra intencional y consciente de un diseñador (Dios).  Este tipo de planteamiento lleva a sobreestimar la adecuación entre forma y función, al no tener en cuenta los accidentes históricos que se arrastran en el diseño. La multifuncionalidad de los órganos (base de una posible exaptación para funciones colaterales) tiende a perderse de vista en la perspectiva creacionista. La adaptación es en la narrativa de Darwin 1) un fenómeno natural, producto de un proceso "ciego" de selección natural, y 2) la constatación de dicho fenómeno por el naturalista—a posteriori. En la de Boyle es 1) un plan trazado a priori, antes del fenómeno. 2) El fenómeno natural (del cual el animal es inconsciente), 3) El reconocimiento del fenómeno natural, y del plan divino, por parte del naturalista—en este reconocimiento a posteriori es esencial el reconocer el carácter prospectivo del plan divino. Son dos tipos de narratividad muy diferentes).


Lewis Wolpert escribe sobre "La evolución del desarrollo celular", que es para él el paso más difícil y mayor logro de la evolución. Relaciona muy sugestivamente evolución de las especies y desarrollo del individuo: "Los procesos del desarrollo son fundamentales para la evolución de los seres pluricelulares. La evolución avanza mediante modificaciones en el programa de desarrollo del embrión, que a su vez determinan las características del organismo adulto" (53). Para François Jacob, la evolución hace chapuzas con los embriones, utilizando sus piezas para construir nuevas estructuras. "La evolución puede contemplarse como la modificación del desarrollo. Así pues, es esencial comprender tanto el desarrollo mismo como su evolución" (55). El desarrollo de una única célula, el huevo, es el proceso general de formación de un organismo: y los cambios en el desarrollo son cambios en la disposición de las capas celulares, con la creación de cavidades digestivas y diferenciación básica de estructuras (gastrulación). "Toda esta estructuración implica un número relativamente pequeño de células, y las interacciones celulares son de carácter local. Una vez se ha establecido el plan corporal básico, el desarrollo de órganos específicos, como los ojos o las extremidades, es relativamente autónomo. Los cambios diferenciales de crecimiento a partir de la fase embrionaria son un modo básico de creación de formas adultas diferentes. Las células adquieren identidades posicionales que las llevan a desarrollarse de modo diferente y a crear patrones de crecimiento según su posición relativa.

"Una característica importante de este mecanismo de estructuración es que no hay una relación simple entre la especificación posicional y la estructura final, sino que ambas están disociadas. Es mas, una de las características más atractivas de la información posicional es que las mismas identidades posicionales pueden especificar un gran número de estructuras, lo cual está apoyado por numerosas observaciones. El carácter de cada estructura depende de la manera en que las células interpretan su información posicional. (...). Es más, las mismas señales e identidades posicionales pueden utilizarse para generar estructuras bastante diferentes, cuya variedad reflejaría tanto la constitución genética de la célula como la historia de su desarrollo." (59).


Las proporciones de proteínas y de localización del ARN especifican la identidadd de las células. Las bandas de actividad de los genes quedan especificadas por la concentración local de los "factores de transcripción" que actúan en la región controlada por los genes. Existe en los genes una "caja homeótica" común a casi todos los animales, una manera económica que ha encontrado la evolución de especificar diferencias posicionales y así información de desarrollo. "Todos estos complejos génios tienen su origen en algún antepasado primitivo, y los cuatro complejos de los vertebrados deben haber surgido mediante duplicaciones de esos mismos genes en un antepasado posterior" (62) aunque aún no se conoce el mecanismo de señalización que liga la caja homeótica a la posición correcta de desarrollo celular. Sí se ve la economía del mecanismo: "una misma señal de posición puede actuar en diferentes etapas del desarrollo" (63) para especificar diferentes partes del cuerpo. De ahí la posibilidad de injertar genes que produzcan duplicaciones de regiones o desarrollos atípicos de órganos en otras posiciones.  "Genes similares están implicados en el desarrollo de los ojos de insectos y vertebrados" (64). Hay en animales y plantas muchos mecanismos que establecen ejes de desarrollo en el huevo—pero en el fondo los mecanismos morfogenéticos se repiten una y otra vez, combinándose cn cambios de forma y crecimiento. El cerebro humano no es ningún desarrollo atípico en cuanto a los mecanismos que usa.

Una célula es, relativamente, más compleja que un embrión. "El desarrollo del embrión no es más que el resultado de actividades celulares modificadas de forma coordinada" (65). Y "Los procesos básicos (diferenciación, organización espacial, cambio de forma y crecimiento) ya estaban presentes en la célula eucariota" (66). La mitosis permite diferenciar células hijas distintas mediante la distribución desigual de los componentes celulares en la división. 2 teorías sobre el origen de los seres pluricelulares: a) agregación de células, b) crecimiento celular con establecimiento de fronteras. Wolpert propone una variante de (b). Una división celular sin separación permitiría fenómenos como el canibalismo celular: en medios sin alimento, una célula puede servir de alimento a la otra, lo cual proporcionaría una ventaja selectiva. Propone una variante del "efecto Baldwin" formulado por Conrad Waddington. "Este mecanismo implica la inclusión en el programa de desarrollo de un efecto de origen ambiental a través del reemplazo de la señal ambiental por una señal embrionaria" (69). (Podríamos decir que en cierto modo es una "gramaticalización" de la señal ambiental, incorporándola al programa de la comunicación celular y elevando así a una fase superior la semiótica celular).

El desarrollo es la generación de diferencias entre las células. Se podría llegar a la codificación de estas diferencias, para un desarrollo secuencial, introduciendo señales similares a las señales ambientales que ayudan a ejemplificar ejes embrionarios —por ejemplo mediante el contacto con el sustrato. Así se podría producir la primera gastrulación con la correlativa diferenciación de células internas y externas en el organismo.

El desarrollo embrionario, una vez constituido, es un campo de experimentación privilegiado para la evolución biológica. Al tener lugar en un medio "no competitivo" puede desarrollar variaciones que no sean objeto de selección negativa, así el embrión puede "explorar" nuevos caminos morfogenéticos.

Los mecanismos morfogenéticos básicos se seleccionaron por generar variedad con relativa facilidad y ser reutilizables en muchos patrones diferentes. "Todo ello, junto con la posición evolutivamente privilegiada del embrión, pudo facilitar el desarrollo de organismos cada vez más complejos" (76).

(En suma, una perspectiva "evolucionada" y muy sugerente sobre las relaciones entre ontogenia y filogenia—dos tipos de "evolución" que siempre se han visto sospechosamente relacionados, aunque no acabemos aún de entender totalmente cuál es esa relación. La inclusión de ambos procesos en una narrativa común, mostrando sus relaciones sin confundir un proceso con otro más de lo debido, es uno de los retos a que se enfrenta toda teoría evolucionista. Narrativamente hablando, la ontogénesis está más "planificada" que la filogénesis, pues al ser un fenómeno múltiples veces repetido, se puede prever su desarrollo y determinar su codificación. Es un proceso interior al organismo mismo, una "evolución" en el sentido de desenvolverse de algo previamente establecido. La génesis de una especie, por el contrario, es un fenómeno único, y exógeno, pues se produce por interacción entre una especie madre, o una población determinada, y un medio ambiente en el cual es importante la interacción con otras especies. Sí hay elementos parelos, claro: aunque el origen de una especie es un estudio más "histórico", por menos generalizable, también hay elementos en común y procesos similares en el origen de las especies (mutaciones, selección natural, aislamiento de una población, extinción, etc.). Y la génesis de un individuo dado también es una "historia", no sólo biología—en especial si se trata de un individuo atípico. Algunos de los hitos evolutivos se habrán producido en individuos específicos, en los que se confunden las historias de la génesis del individuo y la de la especie).


Jared Diamond escribe sobre "La evolución de los gérmenes y las armas de fuego." Da una explicación de por qué han sido las culturas euroasiáticas las que se han impuesto sobre el resto de las poblaciones humanas, y no al revés. "Salta a la vista que las diferencias existentes en el año 1500 fueron la causa directa de las desigualdades del mundo moderno.  Los imperios de la edad del hierro conquistaron y exterminaron a las tribus de la edad de piedra. Ahora, ¿cómo se llegó a la situación del mundo en el año 1500?" (80). Basa su explicación no en argumentos racistas ni (dice) en una exaltación del progreso, sino en factores sociogeográficos. Aclara que está por demostrar que el progreso sea bueno para la mayoría de la humanidad, y que no se pronuncia sobre ello. Que las culturas avanzadas producen individuos menos estimulados, con atrofia mental irreversible (esto parece cuestionable, aunque sí podría defenderse que se favorece un crecimiento mental menos equilibrado y más especializado, como más especializadas —pero no atrofiadas— son las funciones sociales desempeñadas).

En suma, los nativos del nuevo mundo fueron exterminados no directamente por los europeos, sino por sus enfermedades. La mayor resistencia de los eurasiáticos a las enfermedades se debe a su inmunización por la convivencia con gran variedad de animales domésticos, mientras que los animales domésticos de otros continentes son pocos. En parte por accidentes de la zoología, la extinción y la capacidad de domesticación, y en última instancia por el mayor eje transversal de la zona templada eurasiática, que permite el intercambio y difusión de tecnologías, animales domesticables y plantas cultivables. El desarrollo agrícola es básico, pues una población de agricultores puede desarrollar tecnologías más avanzadas, y son entre 10 y 100 veces mayores que las poblaciones de cazadores-recolectores. Los excedentes alimenticios permiten la especialización social de funciones, castas de artesanos, el desarrollo de la escritura, la creación de ejércitos permanentes...  La geografía produce superioridad en plantas y animales, y de allí en gérmenes, en agricultura y escritura, en organización política, en armas de fuego...

Un proceso parecido explica la expansión europea sobre América, Africa y Australia. Es llamativo en este último caso el efecto del aislamiento cultural. Los desiertos del norte de Australia impidieron la difusión de las culturas agrícolas de Indonesia y Nueva Guinea. Y los tasmanios son un caso especial: aislados con respecto a Australia, tenían la cultura más atrasada del planeta, sin herramientas compuestas ni dominio del fuego.  "Así pues, la historia de Tasmania es un caso de aislamiento humano sin precedentes fuera de la ciencia ficción, un aislamiento absoluto que duró 12.000 años" (98). El aislamiento genera atraso: la comunicación permite difusión de tecnologías que si no llegan a perderse, al no poderse recuperar éstas, tras una fase de abandono, por importación de los vecinos.

"Si lo demás no cambia, las innovaciones aumentan y las pérdidas culturales disminuyen en las áreas ocupadas por numerosas sociedades en competencia mutua, populosas y en contacto con pueblos foráneos" (...). (100)


(Esto también explicaría el auge de Europa, y no, por ejemplo, de China o Japón o Corea, algo en lo que Diamond no entra. La competencia, comercio e intercambio, así como la comunicación, era mayor en Europa. No habría que subestimar aquí la importancia acumulada del imperio romano, del latín, de la Iglesia, y de la imprenta—así como de las guerras de religión y de la fragmentación lingüistica competitiva. Factores especialmente poderosos de unión y de conflicto competitivo a la vez).

"La conclusión general que se desprende de este vertiginoso viaje por la historia humana es que ésta ha sido modelada por el entorno" (100). (Bueno, tanto más modelada cuanto más parte de la misma sociedad incluimos dentro del concepto de entorno. Automodelada, también, dentro de un entorno). Diamond termina defendiendo la historia como ciencia dentro de un concepto más generalizado (y clásico) de ciencia como conocimiento racional, no como "experimentación".

(Habría que afinar más, como de hecho hace la Historia, a la hora de distinguir y demarcar estos procesos evolutivos que combina Diamond en un todo global—y volver a hacer sitio a la consciencia y a la intencionalidad. Porque (por ejemplo) el desarrollo de una resistencia a los gérmenes es un fenómeno en gran medida espontáneo (mal entendido, para empezar) hasta el desarrollo de las vacunas y de la microbiología. El desarrollo tecnológico, en cambio, está mucho más orientado por procesos conscientes. Por no hablar de las decisiones políticas de invadir tal o cual territorio, competir, pactar, etc. La consciencia, estoy de acuerdo, es sólo la punta del iceberg en los fenómenos humanos, pero no por ello deja de ser trascendente y activa, y debe incluirse en la explicación de los fenómenos evolutivos en tanto en cuanto los interpreta, actúa sobre ellos y los orienta, o procura hacerlo. Más sobre esto enseguida).


Richard Rogers escribe sobre "La evolución de Londres". A modo de organismo que se adapta al entorno para sobrevivir.  Londres, como las ciudades occidentales en general, está en periodo crítico:

"Su futuro no puede dejarse en manos de los procesos de mutación aleatoria, en los que las fuerzas del mercado determinan las políticas y dan forma a su entramado físico. Se necesita una planificación inteligente, un diseño que se adelante a los acontecimientos y una intervención gubernamental que evite los procesos de decadencia gradual y extinción final que afectaron a otras culturas urbanas del pasado" (105).


(Matizando, habría que subrayar que la ciudad siempre ha crecido como una forma en parte planificada y en parte aleatoria. Hay diferencias de grado, sí: pero ninguna planificación global puede anticipar procesos de desarrollo exógenos ni tener en cuenta todos los factores. La diferencia entre evolución guiada conscientemente y evolución caótica no es nunca absoluta).

Rogers propone dar a Londres un metabolismo sostenible, un desarrollo que cuente con las generaciones futuras y les deje un capital natural sostenible y aumentado. (Claro que no es cosa de Londres, sino de Occidente, de la modernidad y el desarrollo en conjunto...).

Frente a los espacios multifuncionales  de la ciudad tradicional, que tenían función integradora para la comunidad, las ciudades modernas han privilegiado espacios monofuncionales (Michael Walzer). En el caso de Londres fue pernicioso desmantelamiento entre 1975 y 1995 del Greater London Council, que había planificado la ciudad de modo racional tras la guerra. Es especialmente importante la reordenación de espacios abandonados en los muelles en lugar de dejarlo al caos, y la racionalización del transporte público. El coste de un sistema eficaz de transporte público debe evaluarse a largo plazo. (Ah, hoc opus, hic labor, el hacer políticas a largo plazo o a corto plazo. A los políticos se les suele evaluar a corto plazo, y es uno de los gajes y ventajas de la democracia). Se requeriría recuperar y utilizar el Támesis (Como el Ebro en Zaragoza, que ha sido ignorado hasta hace un par de años). Crear ambientes urbanos compactos y bien comunicados que eviten la degradación de suburbios. Rogers ve posibilidades de ciudades más racionales en la era postindustrial de las comunicaciones.

(Siempre me ha llamado la atención la ciudad como una especie de hongo humano, donde se ve el resultado a veces caótico a gran escala de las pequeñas acciones planificadas por los individuos particulares o por los políticos. Y cómo adoptan formas adaptadas (o mal adaptadas, a veces) a su entorno geográfico y ambiental.  En realidad no es diferente el caso de todo producto humano, planificado en parte, hasta donde nos llega la vista, pero fuera de control de una intención definida en última instancia. Una política potente es una política planificadora, que evalúa, dirige y controla, haciendo la ciudad de modo activo, una narración de objetivos y consecuciones, no sólo de resultados evaluables y comprensibles únicamente a posteriori. Ahora que los magnos planes también suelen perder el contacto con la realidad y con las fuerzas que habrían de llevarlos a cabo. La clave está en una conjunción realista entre planificación urbana central y orientación adecuada de los esfuerzos económicos individuales de la población en general—pero todo estos son diagnósticos difíciles de hacer, y narraciones enfrentadas).


Tim Ingold: "La evolución de la sociedad". Casi nada...
Comienza Ingold recordándonos que a Darwin no le gustaba el término "evolución" porque entonces sugería un desarrollo predeterminado (como el del embrión) o el avance general de la vida y el cosmos en la teoría de Spencer. Para Darwin la selección natural no produce progreso o avance necesariamente. (Sin embargo, sí habría que admitir que en la evolución biológica los fenómenos complejos o emergentes sí proceden necesariamente de fenómenos más simples (aunque también puede haber regresiones, etc.), y en ese sentido no es tan ajena la teoría de Darwin a un evolucionismo en el sentido de Spencer). Ingold ve al progresivismo evolucionista de Spencer como un error perpetuado en la síntesis moderna de Dobzhansky y Julian Huxley. (Volvemos a la diferencia entre ontogenia y filogenia, que no deben confundirse:)

"[El desarrollo ontogenético del embrión,] determinado por un programa único codificado en los genes del organismo, puede describirse como un despliegue progresivo de complejidad organizada al que se le puede aplicar con propiedad el concepto de evolución. La descendencia con modificación [término preferido por Darwin] no se ajusta a ningún programa, sino que se debe a las imperfecciones en la replicacón de la información genética de una generación a la siguiente." (132)


Desde el punto de vista darwinista, sólo se pueden aplicar estos conceptos al cambio social si no es un proceso evolutivo. (Y claro que no lo es, pues intervienen múltiples factores exógenos. Pero eso tampoco hace más adecuada la trasposición de conceptos biológicos, que mal será otra cosa que una metáfora). No se puede decir que la sociedad actual sea producto de un proceso selectivo. (¿¿?? ¿Cómo que no? Claro que se puede. Las formas económicas y sociales más viables se hacen predominantes y arrinconan a las otras (los supermercados a las tiendas del barrio, etc.). Pero eso no quiere decir que sea un proceso de "descendencia con modificación" o una selección "natural"). Ingold sí quiere una teoría común para los humanos y el resto del mundo animal, pero no considera que el darwinismo sea suficiente: "Aunque Darwin pudo explicar la selección natural, ¡la selección natural no puede explicar a Darwin!" (134). (Bueno, Darwin no reducía todo a selección natural. Y estudiaba el origen de las especies, no el desarrollo de la cultura, o sea que este planteamiento es un tanto inoportuno. Y en la medida en que Darwin contribuye a explicar la evolución humana, es injusto decir que "no puede explicarse a sí mismo". En este post intentamos explicarnos a nosotros mismos, considerando procesos evolutivos a la vez más amplios y más locales que los estudiados por Darwin).

Analiza Ingold la evolución del concepto de "sociedad". En la época moderna, la sociedad como "comunidad en su globalidad" es desplazada por la sociedad como "sociedad civil", que se contrapone al poder del Estado. Es un concepto capitalista-comercial, en el que cada individuo busca su beneficio particular, y "Según este modelo, la sociedad no era más que una suma de transacciones individuales" (135). (Reconocemos aquí tanto el concepto de la fábula de las abejas de Mandeville (virtudes públicas derivadas de vicios privados) como la mano invisible del mercado teorizada por Adam Smith—así como el dicho de la Sra. Thatcher de que "la sociedad no existe"). "Muchos cronistas de los siglos XVIII y XIX lamentaron qeu la instauración de la sociedad civil acarreara una pérdida del sentido de comunidad" (135). (Pensemos en los críticos de la economía política británica, no digo tanto Marx como Carlyle, Ruskin o Dickens).

"Otros teóricos, sin embargo, identificaban la sociedad con las instituciones reguladoras y, por consiguiente, con el estado. Según éstos, las transacciones motivadas por el interés propio eran puramente económicas (como las mercantiles) y, por lo tanto, no eran propiamente sociales. (...) En este caso, el concepto de sociedad no se construye por oposición a la sociedad o al estado, sino por oposición al individuo." (137).


Es la visión de Durkheim, que (frente a Spencer que—como Thatcher—identifica los propósitos de la sociedad con los de los individuos que la constituyen) ve en la sociedad una mente colectiva de carácter superior, una conciencia colectiva "que restrinja y castigue la búsqueda de la satisfacción de los deseos innatos en nombre del conjunto de la sociedad" (137).  En suma, el concepto de sociedad se mueve en un espacio que puede oscilar más hacia uno u otro de los vértices de un triángulo delimitado por los conceptos de "Estado", "Comunidad popular" o "Sociedad civil".  Y (según Eric Wolf) las descripciones de la sociedad no son simples enunciados de hechos brutos sino que construyen activamente un estado de cosas (son "performativas" diríamos).

El mundo social de los cazadores-recolectores se fundamenta en las relaciones cara a cara, no mediadas pro cargos administrativos ni jerarquías. Es muy distinto al individualismo de la sociedad civil, que concibe al individuo como constituido previamente a su entrada en la interacción social: "la autonomía del cazador-recolector es relacional, en el sentido de que su capacidad de actuar por [cuenta] propia es el resultado de una historia de implicación continua con los demás, en contextos de actividad práctica conjunta" (141). Las sociedades de cazadores-recolectores no tienen para sí otro nombre que "personas" o "gente"—los nombres que les dan los antropólogos son los insultos que les ponen sus vecinos. El principio de su socialidad es no sólo previo o ajeno, sino fundamentalmente contrario a la noción de Estado.

La antropología decimonónica presuponía un mayor desarrollo cerebral en las civilizaciones avanzadas: la evolución cultural y la biológica serían un mismo proceso continuo. Pero esto se ha probado erróneo: con lo cual hemos vuelto al planteamiento próximo al XVIII:

"Existe un proceso (la evolución) que conduce desde nuestros antecesores simiescos hasta los seres humanos 'anatómicamente' modernos, mientras que otro proceso (la cultura o la historia) conduce desde el pasado primitivo de la humanidad hasta la ciencia y la civilización modernas, sin que se haya producido ningún cambio biológico." (145).


(Mediemos: Ni tanto, ni tan poco. La historia y cultura sí suponen una nueva dimensión emergente posibilitada por el desarrollo del lenguaje. Su evolución ha de medirse con parámetros distintos a los de la evolución biológica. Pero en la medida en que los fenómenos culturales tienen una manifestación biológica, y orientan las capacidades de los individuos seleccionándolos y educándolos para distintas funciones sociales, sí hay una continuidad también entre cultura y biología—muy visible en los casos en que las razones culturales tienen consecuencias biológicas: eugenesia, tecnologías corporales, racismo, genocidios, etc.  No conviene subestimar la importancia de estos factores en el arrinconamiento de determinadas poblaciones, exterminación de Neanderthales, etc.—factores que sí son "evolutivos". Por introducir una analogía cibernética, si la biología es el hardware, la cultura es el software y las redes. Y un mismo ordenador, con la misma memoria, puede realizar tareas mucho más complejas con un software más avanzado. O en red.).

Los cazadores-recolectores se encuentran así en el origen de la humanidad en el punto de intersección que concibe la antropología actual para estos dos procesos de cambio, uno evolutivo, otro histórico, cortándose a modo de coordenadas cartesianas.  Y es tema de gran debate si el ser humano actual sigue lastrado por tendencias evolucionadas y seleccionadas para una sociedad de cazadores-recolectores pero inadecuadas para la vida moderna. Ingold ve una contradicción inherente a la biología evolutiva en esta concepción de la cultura como una diferencia esencial y no sólo de grado con respecto a la evolución biológica. No hay sitio aquí para la propia biología como fenómeno:

"Aunque la biología neodarwinista proclama la continuidad evolutiva entre la humanidad y el resto del reino animal, esta continuidad se aplica a los humanos como cazadores-recolectores, no como científicos, y ambas categorías sólo pueden coexistir recuperando la distinción esencial entre la humanidad y la naturaleza, lo que compromete la tesis de la continuidad" (148).


(Quizá se resuma mejor esto diciendo que el darwinismo no está pensado como una teoría de la cultura, y que la antropología darwinista no es convincente como una teoría de la cultura.). La tarea de la antropología según Ingold es partir de la premisa del compromiso humano con el mundo, no su distanciamiento de él:

"no podemos seguir aceptando la tesis neodarwinista ortodoxa de que las capacidades humanas están especificadas de antemano, a la espera de desarrollarse, en virtud de alguna dote innata que cada individuo recibe en el momento de su concepción. Por el contrario, creo que estas capacidades son propiedades emergentes del sistema de desarrollo global que se constituye cuando la persona en ciernes se integra en un campo más amplio de relaciones, las más fundamentales de las cuales son las relaciones con otras personas." (150).

Es en el seno de ese compromiso práctico donde surgen las instituciones, incluidas las sociedades. La noción de "personas en su entorno" es más adecuada que la de "individuos autocontenidos" para disolver la dicotomía entre evolución e historia, "y la búsqueda de los orígenes de la sociedad, de la historia y de la verdadera humanidad se convierte en la búsqueda de un espejismo" (152). (Bueno... una manera menos simpática de ponerlo es decir que nos estamos humanizando (o deshumanizando) continuamente, y que no hay más continuidad fundamental entre un humano de una sociedad moderna y uno de una primitiva, de la que hay entre éste y un australopiteco o un chimpancé. Porque la humanidad es algo in fieri, y las fieras están incluso entre nosotros, no hay que ir a la sabana a por ellas.).

Termina Ingold intentando desmantelar, de modo no muy convincente, no sólo la distinción entre evolución e historia, sino también enter filogenia y ontogenia. El desarrollo ontogénico está, sí, codificado en el ADN, "pero el ADN, por sí solo, no especifica nada". Hay que tener en cuenta al organismo en su entorno, no aislar un elemento único. (Y en efecto así es, pero también necesitamos disciplinas que abstraen y aíslan, precisamente para permitir el estudio en sus propios términos (o sea en profundidad y relevancia) de los fenómenos emergentes. Hace falta poder usar el microscopio para lo que conviene estudiar al microscopio, aunque haya una continuidad entre el mundo microscópico y el macroscópico que no conviene tampoco olvidar).


Gillian Beer, "La evolución de la novela".
Y empieza diciéndonos Beer que "no creo que la novela haya evolucionado"—una valoración que no tiene ni pies ni cabeza se la mire por donde se la mire. ¿Acaso no sabría Beer distinguir una novela escrita en el siglo XVIII de una escrita en el XX? En fin... pasemos a los aspectos interesantes de su capítulo.

Nos dice que a Darwin le gustaban las novelas, aunque se avergonzaba de leerlas, y que no le gustaban mucho las más inteligentes y pesimistas, sino las de final feliz, y eso que en su propia narrativa de la evolución evita los argumentos satisfactorios y simplistas: paradójicamente, "Las historias de Darwin nunca aprueban ese confortable conservadurismo: no sobrevive ningún estado original al que se pueda retornar" (161). Contradice Beer a Ingold: Darwin no creía que los habitantes de sociedades primitivas tuvieran una capacidad cerebral menor que los determinase. Testigo fue del contacto de los fueguinos con Londres. (Una peripecia narrada también en This Thing of Darkness de Harry Thompson).

Conceptos darwinistas adaptados por otros campos: la hiperproductividad, la variabilidad y la selección. "Darwin luchó para despejar a la selección natural de sus componentes culturales: por ello la distinguió de la selección artificial y de la selección sexual" (166). (Que son, sin embargo, otras modalidades de selección igualmente activas). Los novelistas, en sus reacciones a la teoría de Darwin, suelen disentir de ellas y sacar a la luz los problemas internos de la teoría.

La idea de evolución confluyó con otras ideas de cambio como la cambio social, el desarrollo industrial... pero no siempre se implica una secuencia controlada: puede haber cambios catastróficos. "Evolución" era término tomado de la ontogenia (como hemos visto) pero al nivel de la especie no puede predecirse la evolución: no está codificada una gramática ineludible de desarrollo. Darwin no se ocupa ni del origen de la vida ni de la especie humana en el Origen—pero Beer nos recuerda que su título completo es "o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida"—(lo cual en una época de imperialismo racista no admite interpretaciones muy divergentes...). Y el lenguaje de Darwin, observa, "está repleto de términos que connotan planificación e intervención" (169). (Eso a pesar de privar a la selección natural de voluntad, planificación y agente).

"La presencia humana en el pensamiento de Darwin es ambigua: a veces parece faltar por completo. De ahí el atractivo de su teroái evolutiva." (169). El proceso de selección natural es más amplio, y ajeno a la autoestima humana. Pero los humanos tendemos a posicionar. (El concepto de anclaje narrativo, de ubicación de unas narraciones por respecto a otras, no es por cierto sino una de estas estrategias de posicionamiento). Y la novela es la forma literaria más posicionada (Podríamos decir que toda novela sustancial es a su manera una novela histórica)—

"La novela es la forma literaria más posicionada, basada en el detalle, el ejemplo y la instantaneidad. También está obsesionada, como forma, con el problema del cambio: un relato familiar en el que la progenie se diferencia de los progenitores tiene más enjundia que otro en el que los hijos se parecen a los padres" (170).


(Toda narración narra un cambio... pero los de las (grandes) novela están atentos a múltiples dimensiones históricas y contextuales. Son estudios de cambios en profundidad).

Marx leyó a Darwin e interpretó su biología en clave sociológica, como un desplazamiento de planteamientos de clase, competencia malthusiana y capitalista, al terreno de la biología. Revelador, pero "Es aún más revelador, por supuesto, que Marx sólo recogiera del discurso aquellos elementos que armonizaban con sus propias preocupaciones" (170). El pensamiento de Darwin funde teorías económicas, raciales, lingüísticas de su época—y el naturalista observa que "Dondequiera que los europeos han llegado, la muerte parece perseguir al aborigen" (Darwin, El viaje del Beagle, en Beer 171). La idea de selección natural (aunque no la aplica Darwin a la sociedad humana) viene tanto de la experiencia colonial y genocida como de la observación de pinzones y tortugas. "También influyeron en él sus lecturas de autores como Walter Scott, cuyas novelas exploran los procesos de cambio por los cuales una nación-cultura sucumbe a la pujanza de otra" (171). (Decía Lukács que la novela de Scott narra el trasfondo del desarrollo de la modernidad—sociedad burguesa, de mercado, individualista—y el arrinconamiento de las formas residuales tribales y feudales. Es un caso modélico de anclaje narrativo, y la teoría de Lukács en La novela histórica es en ese sentido también una teoría narratológica sobre el anclaje narrativo).

En suma, enfatiza Beer que el pensamiento evolucionario de Darwin no es sólo la fuente, sino también el receptor de una serie de influencias, parte de un tejido más amplio de ideas intercambiadas y circuladas entre disciplinas científicas y no científicas. Es en gran medida un pensamiento sobre la interacción y las relaciones entre las cosas, "Las relaciones le fascinan y le inquietan" (173)—analogías entre fenómenos, atención a los particulares dentro de un impulso para desarrollar una teoría general. Es un pesamiento atento a la complejidad, a la interacción, a las excepciones, y a la relevancia de lo que para otros parece marginal.

"La teoría de Darwin requiere al mismo tiempo la muerte de ingentes cantidades de seres y la intervención del individuo" (174). Angustia de Darwin en su Autobiografía al no desear creer en la evolución como un progreso pero no ver justificación para ello. Consciencia de que la energía se agota: aceptación de la postura de Huxley de que la evolución no tiene por qué implicar progreso. Cf. la novela de Wells La máquina del tiempo y su visión futura de una humanidad degenerada. Otras novelas con temas darwinistas: Jenny Disky, Monkey's Uncle (1994) sobre Darwin y FitzRoy, y también los fueguinos trasplantados a Inglaterra, el orangután Darwin, y Marx y Freud... (una fantasía filosófica, a comparar con This Thing of Darkness de Harry Thompson). El pensamiento de Darwin, por su complejidad y su rechazo de las soluciones simples, sigue siendo un reto e inspiración para los novelistas.

Freeman Dyson, "La evolución de la ciencia".
Dice uno "evolución de la ciencia" y se piensa en La estructura de las revoluciones científicas de Thomas Kuhn. Dyson presenta una crítica a Kuhn y una explicación alternativa. Pero vayamos por partes.

Establece una analogía entre procesos en la biología, en la astronomía y en la historia.  En biología son cruciales los procesos de especiación y simbiosis:

"A raíz del trabajo de la bióloga Lynn Margulis y otros precursores, la perspectiva inicialmente herética de que la simbiosis ha sido el mecanismo crucial para la evolución de la vida ha pasado a formar parte de la ortodoxia. Cuando contemplamos la evolución de la vida desde una perspectiva ecológica, y no sólo anatómica, se incrementa la importancia de la simbiosis respecto de la especiación." (185).


A nivel astronómico, podemos hablar de especiación como una transición de fase. El universo evoluciona mediante transiciones de fase, que producen estados cada vez más asimétricos: formación de nubes moleculares, de estrellas, de planetas... La aparición de la vida es otra transición de fase, otro proceso creador de mayor orden y estructura, que encaja lógicamente en la evolución del universo. Largos períodos de estabilidad son sucedidos por un cruce de umbral que da lugar a una nueva fase de especiación.

La simbiosis, que produjo las células eucariotas, tiene también su analogía astronómica: las modificaciones e interacciones mutuas entre formas cósmicas (grupos simbióticos de estrellas, planetas, etc.).  (Ver una concepción similar de la simbiosis a nivel cósmico en este párrafo de The Philosophy of the Present  de G.H. Mead). "La simbiosis adquiere cada vez más protagonismo a medida que el universo evoluciona" (192). El medio ambiente de la Tierra, en interacción simbiótica con el Sol, se transformaba continuamente mediante transiciones de fase, y así apareció y evolucionó la vida.

Pasemos a los procesos de evolución de la ciencia: hay dos tipos de revoluciones: "las revoluciones impulsadas por nuevos conceptos y las impulsadas por nuevas herramientas" (193). (Bien, siempre se ha hablado de la "revolución industrial" aunque se restrinja al campo de la producción, como si no tuviese consecuencias científicas.  Esto me recuerda un comentario de mi padre cuando manifiesta su escepticismo con la obsesión de los historiadores con la Revolución Francesa: dice "No niego que fuera importante, pero donde esté un motor—Esos tienen igual cuatrocientas revoluciones por minuto. Y eso ya son revoluciones. Los motores sí que han acabado con la esclavitud, y no la Revolución Francesa" Claro que las revoluciones impulsadas por herramientas a que se refiere mi padre son revoluciones sociales, no tanto científicas.). En su libro, Kuhn trató exclusivamente de las revoluciones causadas por conceptos, y así dio una imagen distorsionada de la evolución científica que desorientó a toda una generación.

"Las revoluciones conceptuales explican hechos conocidos de otra manera. Las revoluciones impulsadas por herramientas descubren hechos nuevos que requieren explicación." (194). En astronomía han sido constantes las revoluciones impulsadas por herramientas (telescopios, radiotelescopios, espectroscopia, etc. Trata las revoluciones de Bernhard Schmidt y Fritz Zwicky para el registro sistemático de acontecimientos con telescopios ópticos, el proyecto Hotel Vela, para detección de rayos gamma, derivado de la guerra fría, la revolución reciente de la astronomía digital, el desarrollo de misiones interplanetarias "baratas" gracias a la nueva tecnología, etc.).


Martin Rees, "La evolución del universo."

"Los cosmólogos estudian la evolución a la escala más grande de todas." (211).

Explica Rees la "alquimia cósmica", la formación de átomos más o menos pesados en distintas fases del proceso cosmológico, las estructuras de los diversos tipos de estrellas.

Las galaxias son peor comprendidas. Pero el estudio de su distribución nos permite estar seguros de que el universo es homogéneo a gran escala. (No entiendo muy bien esto de que es homogéneo y a la vez finito. Claro que Rees especula también a niveles donde la ciencia no llega, o es muy incierta, como muestra la siguiente afirmación:) "Sólo podemos observar un único universo, aunque es probable que sólo sea una pequeña parte de todo lo que existe" (217). (¿En qué sentido existe si sólo es concebible, y no observable? ¿En sentido ficticio? Hay un punto en el que la existencia de un fenómeno es sólo accesible matemáticamente, y si faltan datos para relacionar física y matemática, o hay diversas soluciones matemáticas, la solidez del fenómeno no es lo que solemos concebir como "científica"). Explica Rees el Big Bang y sus imágenes populares (no queda claro por qué le parecen sospechosas o poco fiables, en sustancia). La teoría del Big Bang se mantiene firme a finales de los 90, a pesar de sus popularizaciones. (Y a pesar de su origen formulado por un sacerdote católico belga en 1931...). "Fue Fred Hoyle quien introdujo la explicación 'Big Bang' (gran explosión) como una descripción burlona de una idea que nunca le gustó" (218). (Como no me gusta a mí, por el campo abierto que deja sin explicar, sobre causas etc. Pero qué se le va a hacer, así son la ciencia y sus límites, al menos los actuales, tal como nos lo explica también Stephen Hawking en Historia del tiempo. Ver también Paul J. Steinhardt y Neil Turok, Endless Universe: Beyond the Big Bang, Doubleday, 2007).

"Apostaría a que la teoría [del Big Bang] es correcta al menos en un 90%. Pero la consistencia no garantiza la verdad. Nuestra satisfacción puede ser tan ilusoria como la de un astrónomo ptolemaico que acabara de ajustar un epiciclo" (Rees 222).


Futurológicamente hablando, queda mucho tiempo al Universo para progresar hacia más diversidad. No podemos predecir con seguridad la expansión indefinida o contracción del universo, por el problema de la materia oscura. Por ejemplo, "Si los neutrinos tuvieran la masa que se les atribuye, entonces contribuirían a la masa total del universo más que todas sus estrellas y nubes de gas" (225).

"Sin embargo, hay un amplio consenso en que el universo tiene una densidad exactamente igual a la crítica o quizá mayor, de modo que la extensión de su espacio-tiempo es finita." (226).  (Aquí tercia el traductor diciendo que recientes observaciones sugieren más bien un universo "abierto"—y nadie sabe nada).

"Si tuviera que resumir la evolución del universo desde la gran explosión, diría (tras respirar profundamente): 'Desde el origen, los efectos de la gravedad, contrarios al equilibrio termodinóamico, han amplificado las inhomogeneidades y creado gradientes de temperatura cada vez mayores, un prerrequisito para la emergencia de la complejidad que hoy, diez mil millones de años después, nos envuelve y de la cual formamos parte'." (229).


Los fenómenos del universo pueden reducirse a leyes conocidas, pero también derivan de "condiciones iniciales" misteriosas, tanto para nosotros como en tiempos de Newton—

"Hasta cierto punto, aún nos limitamos a decir que 'las cosas son como son porque fueron como fueron'. Lo que el progreso científico ha permitido es trasladar la cuestión más allá del origen del sistema solar, hasta el primer segundo después de la gran explosión" (229).



Más allá, no nos sirve nuestra física, pues cuando la densidad del universo era mayor que la de un núcleo de átomo. Y a ese nivel, los efectos cuánticos son relevantes para todo el sistema. "Esto sucede en el tiempo de Planck, a los 10-43 segundos después de la gran explosión" (232). Tres eras del cosmos: 1) el primer milisegundo; 2) primer milisegundo-1.000.000 de años después: era cosmológica, la más fácil de comprender; 3) la tercera, la era estudiada por los astrónomos tradicionales, con la formación de las primeras estrellas, galaxias y cuásares. "La tercera parte de la historia cósmica es difícil de estudiar por lo miso que hace complicadas las ciencias medioambientales, desde la meteorología hasta la ecología" (233).

Hay que constatar, sin embargo, que "las propias leyes físicas pudieron quedar determinadas en las primeras fases del universo primitivo" (233), en la que nuestra física es incierta. Hay, sin embargo, perspectivas de poder investigar la física de los primeros momentos a partir de las huellas y fluctuaciones de la radiación de fondo.

"En cierto sentido, el universo tiene una energía neta nula. Cada átomo tiene la energía correspondiente a su masa en reposo (la einsteniana mc2) más una energía potencial negativa causada por el campo gravitatorio del resto del universo, que equilibra exactamente su masa en reposo. Se puede decir, por lo tanto, que la expansión de la masa y la energía de nuestro universo 'no cuesta nada'. (235).


(O quizá se pueda decir que es una especie de tautología derivada de los puntos de referencia físicos que utilizamos como para la medición....). El universo surgió "de la nada" pero no hay que confundir esta nada de la física, donde todo está contenido de modo latente, con la nada filosófica.

La acción de la gravedad se hace más y más relevante con relación a la fuerza eléctrica cuanto mayor es la masa del cuerpo: para pequeños cuerpos es irrelevante. A partir del tamaño de Júpiter, ya colapsa al planeta y lo convierte en una estrella desencadenando la fusión nuclear:

"Paradójicamente, cuanto más débil es la gravedad (siempre que no sea nula) mayores y más complejas son sus consecuencias" (237)—(Supongo que esto lo vemos perfectamente bien a nuestra escala humana "intermedia"). Es curioso que otro tipo de constantes físicas, cargas eléctricas mayores, etc., darían lugar a universos abortivos, o no permitirían la emergencia de la complejidad. "Esto implicaría que la física que rige nuestro universo no podría ser distinta de la que es" (238)—(es decir, no podría serlo si ha de haber un universo con complejidad, y vida, y física que se describe a sí misma. En cierto sentido, esta frase—y también la teoría—es tautológica).  Como dice Rees, "esto se acerca peligrosamente al llamado argumento antrópico" (239). (O argumento tautológico: "Pienso, luego existe un universo capaz de generar pensamiento"—Otras posibilidades quedan naturalmente Descartadas. Otra manera de ponerlo sería: Dado que el pensamiento es representación y por tanto autorrepresentación, es inevitable que el universo que conciba como sistema organizador de la representación no sea incompatible con la existencia del pensamiento).

Especula Rees que podría quizá haber otros universos con otras constantes, cada uno regido por una física diferente, y en algunos de los cuales sería posible la complejidad.

"Según el cosmólogo ruso Andrei Linde, nuestro universo se extendería mucho más allá de los diez mil millones de años luz que podemos observar. En vez de ser 'todo lo que vemos', sería sólo una burbuja unida a otros epsacio-tiempos de un conjunto infinito y eternamente recurrente: el metauniverso. Volviendo a mi analogía anterior, el océano puede extenderse mucho más allá del horizonte (aunque esto no implica que se extienda uniformemente hasta el infinito)." (238).


(No nos da razones Rees, sin embargo, para pensar que esta teoría no sea puramente especulativa o filosófica, y no en modo alguno científica. Aunque la ciencia va perdiendo su honesto nombre en las fronteras borrosas).  Bueno, antes "se creía que una teoría basada en una gran explosión primordial nunca podría ser científica" (239) y de momento al menos lo es, aunque nos exija esto ir más allá de la física conocida para descubrir una nueva física fundamental. Y no habría que confundir el nivel de factualidad de estas teorías cosmológicas con el que tenemos de etapas más recientes, aunque antiguas, del universo. Precisamente la diferencia relativa entre un conocimiento y otro muestra que la cosmología científica ha progresado mucho, y que seguirá haciéndolo.

(La cosmología es la "gran narrativa" última en la que se asientan las demás narraciones científicas: la narración de las evoluciones de los fenómenos astronómicos, de la formación geológica de la tierra, del origen y evolución de la vida, de la aparición del ser humano, su difusión y complejificación en distintos pueblos, lenguajes y culturas. Los desarrollos que nos llevan a la modernidad: el establecimiento de sociedades y estados, el desarrollo de formas sociales, de técnicas y disciplinas de conocimiento, y —en un giro reflexivo— la aparición de disciplinas y estudios especializados que nos permiten conocer todos estos procesos y proporcionar una representación organizada de los mismos. Cada una de estos grandes procesos y cada una de las disciplinas que los estudian tiene su historia, su evolución. Con lo cual el panorama de la evolución es un blanco móvil, cambiante, incluso emergente—cuando el estudio reflexivo de nuestros instrumentos conceptuales nos lleva a entenderlos mejor y a modificarlos. Y es interesante ver cómo una visión de conjunto de estos procesos y disciplinas, rara vez conjuntados, permite entenderlos mejor de modo comparativo y ubicarlos mejor unos con respecto a otros. Que es otra aplicación del concepto de anclaje narrativo, esta vez a los aspectos narrativos de la ciencia misma).

Harry Thompson, This Thing of Darkness: Anclaje narrativo


Domingo 3 de agosto de 2008

El país de las Ts

moras

Así es como llaman los chavales a este sitio de los alrededores de Morás y Lago—un lugar de estética surrealista, y casi casi vacío de turistas... a no ser porque allí aparece el ojo de esta cámara observadora. En el fotoblog pongo más fotos de acumulaciones de Ts, y de la playa de Lago—lástima que no se aprecien los miles de peces saltando en el agua.

Fotos de Galicia

Sábado 2 de agosto de 2008

It's the Final Countdown

Comienza, o termina de confirmarse, nuestra decadencia. Ayer vivimos uno de esos momentos emblemáticos en la balística de la trayectoria vital—como cuando bates tu último record, y de allí para abajo. Resulta que en la playa de Lago, vacía como siempre, nos picamos con Álvaro y echamos una carrera. Y le gano—pero por última vez en mi vida, porque me quedo con el pie resentido, que ya lo tenía, y se demuestra que ya no estoy yo para estos trotes ligeros. Esta noche me dolía el pie como si me lo hubiese roto, y ando hoy pisando huevos... Me veía ya fastidiao para todo el verano, y tirando de muletas, pero parece que volverá a buenas el asunto, mientras no abusemos del pobre cojo. Ahora es sábado por la tarde y ya anda la Cosa tan bien como para irnos a alguna playa—alguna lejana de Viveiro, que hay un festival rock; está el pueblo invadido por una horda de heavis tatuados que parecen sacados del anuncio ese de It's the Final Countdown que tanta risa les da a los críos.

Reconstruyendo poquito a poco

Viernes 1 de agosto de 2008

Children of Men

Hace unos diez años me leí la novela de P. D. James, y me había quedado con ganas de ver la película de Alfonso Cuarón. Está muy bien adaptada, con bastantes cambios sobre el argumento, y admirablemente filmada, con unos planos secuencia larguísimos y muy bien coordinados, un pesadilla supongo a la hora de coordinarla—pero da lugar a algunas de las escenas más impactantes y bien hechas que se han visto en una pantalla, por ejemplo en la secuencia de batalla callejera al final—magistral, de lo mejor, como un documental que nunca existirá—que produce la impresión de caos y precariedad que se necesitaban allí; algo que vale la pena verlo.

El argumento versaba sobre un mundo infértil, donde no ha nacido nadie desde hace dieciocho años, y que se va sumiendo en el caos y la crisis generalizada. El centro del argumento es que de repente aparece una mujer embarazada—y hay que ponerla a salvo, llevarla hasta la gente adecuada, en medio de persecuciones de la policía y de los terroristas. Los peores fallos son de absurdos del guión: a saber, por qué hay que ocultar tanto a esta mujer, y por qué las autoridades no tienen un sistema de alfombra roja para acogerla. Y punto número dos: por qué hay que suponer que, por el hecho de que aparezca una mujer embarazada, va a solucionarse el problema global de la infertilidad universal...  En suma, claro, tiene una base endeble en la plausibilidad de las cosas, y su mayor valor es simbólico-atmosférico-alegórico. Y en ese sentido está excelentemente llevada y produce su atmósfera con eficacia y contundencia. Pero es un valor que no deja de resentirse de los absurdos argumentales, sobre todo por los ecos y tintes de "castigo divino" que acompañan a semejante planteamiento. Un castigo que tampoco queda claro por qué—por ser occidentales, supongo, o por superpoblarnos.  O por exceso de testosterona política—de ahí lo de los hombres del título, y las alegorías feministoides del argumento.

En la novela, era una virgen la que daba a luz a un niño, algo demasiado fuerte realmente, y que en la película optan por tomar a chanza. En lugar de una mujer madura con una mano deforme, cambian la tara de la madre por la raza y la nacionalidad—es una inmigrante ilegal negra, y se ha derivado el argumento hacia la cuestión del atrincheramiento de las fronteras; en lugar de los jóvenes insoportables y matonoides de la novela, tenemos aquí un sistema opresivo y carcelario, una especie de nazismo del futuro próximo que recluye a los inmigrantes en ghettos o campos de concentración, los persigue y acorrala o mata como bichos. En este sentido la película es un acierto, y nos acerca inquietantemente a cosas que pueden venir. El reciente cambio de actitud y legislación en España y en la Unión Europea hacia la inmigración ilegal nos acerca un pasito más a cosas que esperamos no tener que ver.

Aunque hay quien dice que llegará el momento en que se hundan cayucos a cañonazos....  En una Europa envejecida y atrincherada, siempre tentada por la limpieza étnica, acosada por vergüenzas del pasado reciente, y en la que la producción de niños y trabajadores se ha deslocalizado al tercer mundo, esta película es una pesadilla sintomática. Véanla y prepárense por si acaso.

Children of Men. Dir. Alfonso Cuarón. Screenplay by Alfonso Cuarón, Timothy J. Sexton, et al. Based on the novel by P. D. James. Cast: Clive Owen. Juliane Moore, Chiwetel Ejiofor, Charlie Hunnam, Clare-Hope Ashitey, Pam  Ferris, Danny Huston, Peter Mullan, Michael Caine. Photog. Emmanuel Lubezki. Ed. Alex Rodríguez, Alfonso Cuarón. Music by John Tavener et al. Exec. prod. Thomas A. Bliss, Armyan Bernstein. Prod. Des. Jim Clay, Geoffrey Kirkland. Prod. Hilary Shor, Iain Smith, Tony Smith, Mark Abraham, Eric Newman. Strike Entertainment / Hit and Run Productions / Universal. 2006. DVD. Universal, 2007.



La vida de los otros



Acomplejamientos y amnesias españolas

Giles Tremlett lleva muchos años de corresponsal extranjero en España, y ha escrito un libro sobre España para anglosajones, Ghosts of Spain (2006). Se presenta como un libro sobre el "pasado oculto" de España, y se abre en efecto con los fantasmas de la guerra civil, la transición y el pacto del olvido, pero pronto pasa a tratar otras cuestiones como el turismo, la política, el flamenco, los puticlubs, el machismo ibérico, los nacionalismos y periferias, la Eta y los desfases entre pueblerinismo y modernidad. Es una visión panorámica de España muy recomendable tanto para extranjeros como para nacionales, por eso de verse un poquito esquinado desde fuera—y aunque toca una variedad enorme de temas y aspectos de la vida del país, podría titularse muy bien "complejos y peculiaridades" de España.

Uno de los complejos es el que estamos ejerciendo aquí: Tremlett observa, agradablemente sorprendido, la importancia que se da en España a la opinión de los extranjeros, sobre todo si son corresponsales como él—tratándolos como autoridades o personas con visión privilegiada, como se hacía con Gerald Brenan, Hugh Thomas, Ian Gibson y otros hispanistas. Buscamos la aprobación del europeo, tanto más si es anglosajón.

A veces la tiene Tremlett, la perspectiva privilegiada—por ejemplo, a poca gente se le ocurre ir el 20-N al Valle de los Caídos a ver a los últimos franquistas en acción; esto es pintoresco. Y también revelador: fuera de allí, Tremlett se las ve y se las desea para encontrar algún ex-franquista en España. Hace cuarenta años, "Franco Franco" a mansalva, y hoy resulta que nadie lo quería ni lo apoyaba. Mucha hipocresía nacional se trasluce aquí—sobre todo cuando los españoles denuncian los pactos del olvido en Argentina o Chile, pero se atienen a su propio pacto del olvido como un gran logro. Claro que en esto hay diferentes opiniones... y se verá facilmente que Tremlett simpatiza a grandes rasgos con la política del actual PSOE. No en vano es corresponsal de The Guardian.

Muchas herencias del franquismo ve Tremlett, aunque ninguna en la superficie (aparte del Valle de Los Caídos). Se podría decir, sin embargo, que la misma forma de las ciudades es una huella del franquismo, aunque Tremlett también lo atribuya a un gusto especial de los españoles por vivir apiñados. Pero Franco está en el desván de la memoria:

Los españoles sentían vergüenza y sonrojo—algunos por haberlo apoyado, otros por no haber podido derrocarlo, y otros simplemente porque existía. Era como un secreto familiar, del cual era mejor no hablar, mejor echarlo al fondo del cajón y dejarlo allí que no hiciese más daño. (66).

El franquismo fue un gran promotor del silencio público, y en muchos aspectos sigue persistiendo ese silencio por debajo de la juerga y la palabrería. Sigue la pista Tremlett a los desenterradores de fosas comunes, a los maquis, y a los socialistas que vuelven a la "memoria histórica" ante la resistencia de la derecha.  La gente mayor sigue bajando la voz para hablar de la guerra civil.

"Me dijo el historiador Vinyes que los antiguos prisioneros a los que entrevistaba a veces le pedían que apagase la grabadora, o cambiaban repentinamente de tema, si aparecían sus hijos. Años de silencio forzoso habían dejado huella. 'Les asustaba contar cosas que pudiesen alterar a la familia', me explicó. 'El miedo se queda en la sangre'". (64).


Para los aspectos positivos del franquismo, desde luego mejor no consultar a Tremlett—allí no existen: habrá que acudir quizá a uno de los historiadores que cita como "franquistas", Pío Moa.

La Transición fue la continuación del silencio: se caracterizó por un pacto del silencio para no poner en cuestión los acontecimientos de los cincuenta años anteriores. Quizá esta visión de Tremlett también peque de simplista: mucho se habló de la guerra y la república, en los años de la transición. Pero cada época lo hace a su manera, y sí es significativo que sea ahora, cuando mueren los últimos protagonistas directos de la guerra, cuando se vuelve con otro ángulo al tema.

Le llama la atención a Tremlett el quijotismo español con antiguos fascistas y torturadores en otros países, y la distinta vara de medir que emplean con los de la propia España. Aunque también recuerda otra cosa que molesta a muchos aquí hoy: que muchos de los padres de la democracia fueron los propios franquistas. Aunque lo hicieron, claro, a su manera y poniendo condiciones. Amnistía, pero también amnesia—jugando con las dos palabras (76). Así pues, hubo amnistía para los crímenes "contra los derechos del pueblo" anteriores al 15 de diciembre de 1976 cometidos por "autoridades, funcionarios y agentes del orden público"—los esbirros de Franco. Aunque uno podría pensar que muchos de los esbirros (por ejemplo, los que asesinaron a mi abuelo) eran simples matones voluntarios o subcontratados, no "autoridades, funcionarios y agentes del orden público". La represión de la posguerra sí fue más "oficial", con el Estado franquista ya en su sitio. Observa Tremlett que la magnitud de la represión extrañó al propio Himmler durante una visita a Madrid en 1940. Se atiene Tremlett a la cifra de 100.000 víctimas mortales del franquismo desde 1936. Es de notar que no da cifras para el bando republicano.

Más desmemoria: Martín Villa, ahora presidente de un gran grupo mediático, mandó destruir los archivos del Movimiento Nacional en 1977. Otro franquista que sale a flote en todo clima.

Otro episodio mal comentado: el famoso Veintitrés Efe. Se recuerda mucho la frase de Tejero "Al suelo coño" pero poco se repite otro grito de los guardias: "'¡En nombre del Rey!" Para despistar, claro, se admite...

El caso es que el famoso Elefante Blanco que iba a tomar el mando nunca se ha identificado convincentemente. Los condenados no fueron los únicos conspiradores—y se les excarceló luego con sospechosa diligencia.  Y los oportunistas y chaqueteros estaban al acecho:

Pero está claro que éstos no eran los únicos conspiradores. Toda una serie de figuras militares, polícas y civiles estaban simplemente esperando a ver qué ocurría. Nunca quedó claro quiénes eran. Está claro que los conspiradores creían que tenían a Juan Carlos de parte suya. Incluso había rumores de que había políticos de la oposición dispuestos para formar un "gobierno de unidad nacional" bajo la jefatura de un misterioso jefe golpista sin identificar, llamado en clave Elefante Blanco. El golpe sigue siendo, hasta hoy, uno de los mayores misterios de la reciente historia española. (87).

Parece claro que la versión de los acontecimientos que se ha convertido en la "versión oficial" popular (el Rey como héroe nacional que deshace el golpe) es muy simplista y que la realidad fue mucho más complicada. Al margen de lo que dice Tremlett: En una reciente entrevista con Jiménez Losantos, el periodista Julián Lago, uno de los más informados durante la Transición, recordaba que hubo una reunión previa de capitostes del PSOE con el general Armada—uno de los candidatos a elefante blanco y prontamente excarcelado luego. Y que en una conversación telefónica en los días previos al 23-F oyó al rey debatir acaloradamente con un tal "Jaime" (¿Miláns del Bosch?) "¡Que no, Jaime, hombre, que eso no lo puedes hacer!". Datos, rumores, especulaciones. Lo que parece claro es que había distintos niveles y desacuerdos y desfases y contragolpes y maniobras de contención ya en los días previos, y que la "sorpresa" de entrar Tejero dando tiros fue sorpresa sólo para algunos. (Recomiendo el libro de Francisco Medina 23F: La verdad [2006]).

"Armada y Milans del Bosch parecían los dos convencidos de que tenían el respaldo del  Rey para formar un gobierno de unidad nacional dirigido por Armada" (88). Y Miláns del Bosch, a Amadeo Martínez Inglés le dijo que había hablado constantemente con el Rey, y que éste siempre le dijo "que debía confiar en Armada". Igual en esa misma conversación telefónica...

"Armada, antiguo tutor y amigo del Rey, fue condenado a treinta años de cárcel en 1983. Cinco años más tarde recibió un indulto. Esto se justificó por razones de mala salud. Sin embargo, pasó a gozar de una vejez pimpante". (88)


Lo que subraya Tremlett es que a desde el mismo desencadenamiento del golpe el 23-F el rey siempre se opuso con claridad y con valor a él, "fuese lo que fuese lo que se hubiese hablado antes".

Más muertos al armario: con Vicenç Navarro, Tremlett recuerda los pufos financieros asociados a cuatro amigos y asesores financieros del Rey, e ignorados por las televisiones. Estos acabaron en la cárcel, y extraña el silencio que rodea a estos casos, algo impensable en otras democracias. Parece ser que alguno de ellos amenazó con desvelar líos sexuales del Rey (quizá para asegurarse inmunidad)—pero tocando ahí en otro punto silenciado por la prensa, en este caso haciéndolo pasar por tolerancia o discreción o falta de interés en la vida privada de los políticos.

Y un asunto más de la Corona que se conoce pero no se comenta mucho es la muerte de un hermano del rey al recibir un disparo accidental de Juan Carlos cuando éste tenía 17 años, y su hermano Alfonsito 14. Si bien ésto se comenta y conoce, no se subraya tanto el cambio que supuso en las relaciones entre el Rey y su padre—según la biografía de Paul Preston. Y esto sí que tuvo trascendencia política.

En el capítulo del turismo, el bikini y Benidorm, es interesante la conexión que subraya Tremlett entre la financiación municipal, la construcción ("el ladrillo") y el turismo. Es una espiral de dependencia que conduce a la corrupción institucionalizada y al establecimiento de una economía mafiosa. Bueno, qué vamos a decir. Está en los telediarios todos los días. Tremlett, sorprendentemente, cree que "aunque la corrupción flota libremente en torno a los gobiernos regionales y municipales, no se ha asentado en el núcleo del estado español" (133)… Pero si el núcleo del estado español está en lo local y autonómico, y cada vez más. También trata Tremlett un poco a la ligera el tema del amiguismo, como un rasgo de cultura local o manera alternativa de organizarse y hacer las cosas. No parece plenamente consciente de la manera en que se imbrican en España el amiguismo, corrrupción, construcción y partidismo. Una espiral bastante más perniciosa de lo que parece. Quizá por eso, por la manera en que unas cosas llevan a otras, soy yo tan enemigo del amiguismo, que me produce pampurrias y sarpullidos, tantos más cuanto más simpático sea el rostro con que se presenta. Alegre pisoteo de los derechos de los demás, eso es el amiguismo y el favoritismo y el partidismo nacional. Y de ese no nos libramos—porque es la manera nacional y establecida de medrar. Y quien diga que los catalanes y vascos no son españoles, que se fije en esta manera de hacer y verá que son la España profunda—con el nacionalismo añadido para completar el cóctel de barrer para casa.

Volviendo a secretos y complots nacionales, nos narra Tremlett el GAL y luego el 11-M. Del primero se acuerda de más cosas de las que se quieren acordar los psoecialistas; del segundo nos da estrictamente la versión oficial, hasta declarando que el explosivo fue "Goma 2 Eco" y que no se usó Titandyn—a pesar de las huellas químicas inexplicables. Tampoco le intriga la destrucción de pruebas y vagones, y, en suma, nos ofrece la versión de los cuatro moros indocumentados y confidentes de la policía. Vamos, que para él el caso está perfectamente conocido y resuelto—cuando yo creo más bien que va a pasar como el GAL y el 23-F a la lista de puntos borrosos y oscuros y más complicados, mucho más complicados, que las versiones estándar de los mismos.

Sí da Tremlett una narración bastante equilibrada de la reacción del PP y de Aznar ante los atentados—una reacción poco racional, marcada en parte por el juicio un tanto ofuscado del presidente, contagiado por servilismo a sus seguidores y servicios policiales. Aunque también hubo aquí más corrientes cruzadas de las que caben en un capítulo, o en un libro. Y quizá nunca conozcamos del todo cuestiones importantes relacionadas con estos atentados. Lo que queda claro es que para Tremlett, Aznar no mintió ni engañó a nadie con esta conspiración etarra—como no fuese a sí mismo.  Paradójicamente, la visión de Aznar del extremismo islámico es para Tremlett más acertada en su diagnóstico de Bin Laden et al. que la de otros que no quieren ver esas viejas contiendas y tendencias con el Islam. Aznar como español tradicional antiislamista, y los extremistas a la reconquista de Al-Andalus, formulan en su diagnóstico de la batalla una versión de la realidad sorprendente y paradójica pero que no puede ignorarse a la ligera.

En general, como digo, está Tremlett más cercano a la visión PSOE de la vida. Así, por ejemplo, habla con aprobación de la ley española del aborto—sin interesarse, claro, por el punto de vista del feto ni por las trituradoras de bebés. Y eso que le sorprende agradablemente España como un "paraíso para criar niños", comparada con la antipática Inglaterra, tan hostil a la infancia (Tremlett es "pareja de hecho" con hijos). Bueno, aquí al que no se le tritura se le malcría... Socialmente hablando Tremlett parece aprobar la moral pública "progre", y lleva eso hasta la tolerancia a ciertas cosas que en otros países (y hasta en este en teoría) son delitos. Otra cuestión debatida y controvertida en España, y que no figura prácticamente en este libro, es la cuestión de la inmigración, legal e ilegal. Aunque sí hay una imagen de la Barcelona multicultural como algo que no tiene nada que ver con las ficciones locales de los catalanistas.

Hacia el final del libro sigue la pista Tremlett a los nacionalismos vasco y catalán, y a la ETA. Con respecto a la ETA, por supuesto, habemus postura PSOE. Después de una condena civilizada al terrorismo, tiene ciertos asomos de equidistancia o de buscar justificación a los etarras. Critica los éxitos de la política antiterrorista del PP, y pone sus esperanzas en un "proceso de paz" negociado. Ya sabemos el recorrido que tienen estos buenismos...

Los nacionalismos le parecen a Tremlett fenómenos por supuesto españoles (es de lo que va su libro, de España), característicamente españoles en su enfrentamiento con "España". En otro sitio dice que otro más de los complejos españoles es intentar comprender todo, ver el punto de vista de todos, como si todos tuviesen parte de razón—una tendencia peligrosa, dice. Bien, pues desde luego Tremlett intenta ver la parte de razón de separatistas vascos y catalanes, dedicándoles más atención de la que merecen a cerruzos, mangoneadores, batasunos y terroristas, e insuflándoles más dignidad de la debida. Romanticismo del inglés izquierdista hacia los que se resisten y luchan por su independencia... aunque también aparecen los nacionalismos en las descripciones de Tremlett en toda su egregia estupidez, bajo la mirada extrañada del inglés. Y hasta expone su carácter falsario y pervertido:

"El separatismo lo puedo entender. Es una creencia honesta y directa. La ambigüedad de los nacionalistas catalanes, sin embargo, hace imposible adivinar a dónde quieren ir. También asegura que la tensión entre Madrid y Cataluña no se pueda resolver nunca. Podría variar de grado, pero será eterna. La definición nacionalista de Cataluña así parece requerirlo." (356)


Fantasmas de España...Ya están aquí los fantasmas, y en primera línea de ellos están los nacionalistas que nos aquejan. A Tremlett le han vendido, sin embargo, ese mito nacionalista de los reyes catalanes. Demasiados años en Barcelona... aunque ahora el ambiente nacionalista le parece incómodo.

 Por suerte también hay otras actitudes y actividades en España. En el capítulo de Galicia, aparte de narcos y nacionalistas, también está la historia de éxito de Amancio Ortega, con su estilo propio e imaginativo de llevar un negocio y su desprecio olímpico a las maneras trilladas de actuar en moda, a la estupidez de la alta costura y de la publicidad.  Bravo. Y también le gusta Almodóvar, como a mí, con todas sus contradicciones, como encarnación del contraste brutal entre la España tradicional y la aceleración de la modernidad. A la vez avergonzado y enamorado de su pueblo, como España del pasado que arrastra y que le hace ser lo que es:

"Hay señales, sin embargo, de que España puede que esté llegando a un entendimiento con sus pueblos. Los atascos del domingo tarde para entrar en Madrid o Barcelona están llenos de personas que vuelven de escapadas de fin de semana a los pueblos. Muchos tienen segundas viviendas en los sitios donde nacieron sus padres o sus abuelos." (417).


Obsesión por no ser españoles—por ser europeos, por separarnos de la caspa nacional... o no por ser como somos, a la vez que nos agarramos a ello. Eso nos caracteriza, para Tremlett. Nos hace different.

Que vienen los fachas



Velocidad relativa de los chichones

Pregunta típica de Ivo—que está pasando de los Mortadelos a ampliar su cultura tebeística:

"En Lucky Luke, ¿a qué velocidad se van los chichones?"

Paseo al Pibo

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