Es otro de los síntomas que me aquejan, y cuyo nombre ya
va siendo legión. No propiamente sordera de orejas—aunque
sí soy un poco duro de—sino una especie de sordera mental
que se manifiesta como un exceso de concentración en lo que
estoy haciendo, ensimismamiento o aislamiento del entorno a efectos
prácticos. Creo que es mi versión de lo que en la familia
llamamos "el gen"—que creo que viene de parte de padre, y tiene
efectos mucho más espectaculares y devastadores en otros
hermanos ("¡Eh, Luis, que te hablo a tí!", y ya lo puedes
sacudir del hombro, que si no está en eso, no está en
eso). Pues yo, lo mismo, pero barajado de otra manera. Hay cosas
de las que no me entero.
Me pasa un poco como al geómetra Velázquez, en Manuscrito encontrado en Zaragoza,
ese que traza curvas y líneas de fuerza para calcular los efectos de
las pasiones humanas:
—Señor Velázquez —dijo el cabalista—,
permitidme que repita que estoy muy sorprendido de veros tan experto en
historia como en geometría. Uno de esos estudios depende del
juicio, otro de la memoria, y esas dos cualidades pasan por ser
opuestas y contrarias.
—Permitidme que no comparta opinión—respondió
el geómetra. El juicio ayuda a la memoria clasificando lo que
éstar reúne, e suerte que, en una memoria bien ordenada,
cada idea se presenta siempre acompañada de todas sus
consecuencias. Pero es cierto que la memoria, como el juicio,
sólo puede aplicarse con éxito a un número
reducido de ideas. Cuando es preciso, recuerdo, por ejemplo, todo lo
que he sabido sobre las ciencias exactas, sobre la historia de los
hombres y sobre la historia de la naturaleza; pero por otro lado olvido
mis relaciones momentáneas con los objetos que me rodean. Es
decir, que no veo lo que tengo delante de los ojos ni oigo lo que me
gritan al oído, y eso hace que a veces pase por distraído.
Me perdí en sala El laberinto
del fauno por
cierta desconfianza al cine español, pero la pillamos en DVD y
resulta una sorpresa agradable: una de las mejores películas
españolas jamás vistas—y claro, tampoco es que sea
tan española. Los efectos especiales, sin dispendios
astronómicos, estan logradísimos, imprescindible en una
película de fantasía, una especie de Narnia con dos
rombos. La comparan con El Mago de Oz
por el asunto de las pruebas que tiene que pasar la niña, y
también supongo por el contraste / paralelismo entre el
mundo de fantasía y la propia realidad.
Es un tipo de películas éstas que están yendo a
más, en parte por el auge de los videojuegos: películas
que duplican metaficcionalmente lo que es la propia inmersión
que te da el cine en un mundo alternativo, pero reforzadas ahora con
los esquemas narrativos y de búsqueda característicos de
los videojuegos—que a su vez nos remiten a otras experiencias
inmersivas como la que proporcionan los libros que contienen mundos
alternativos dentro (así enMyst,
etc.).
Es todo un proceso de referencia y refuerzo de unas experiencias
inmersivas a otras, insertándolas unas en otras ya sea de modo
explícito o indirecto, en un proceso de intermedialidad agudo.
Aquí las experiencias de mundos alternativos de la niña
protagonista, Ofelia sirven de base a la oscilación de la
película entre dos géneros y dos tipos de mundo, y estas
experiencias también se inician a través de la lectura,
en este caso de cuentos infantiles de hadas, ogros y bichos encantados.
Realidades ordinarias y fantasías familiares, detrás de
las cuales acecha lo inquietante y terrrorífico, como
decían Dickens y Freud en sus comentarios sobre Das Unheimliche.
A mí las historias años cuarenta de Pinocho, Chapete,
Tintinelo, Patapón y Voltereta también me ponían
un mal cuerpo que aún me dura.
Lo característico de la película viene de la distancia en
apariencia insalvable entre los mundos superpuestos, los contrastes
dentro del horror (que así se vuelve en cada mitad
metafórico del horror de la otra), y las analogías y
transiciones sugeridas... por ejemplo, el "hombre blanco" que lo llaman
en el méikinof, aquel ogro paralizado ante un festín,
sugiere el el patriarcado paralizante que quiere imponer Vidal (cuya
misoginia es cósmica). Pues también el facha Vidal
preside una mesa llena de victuallas ante los próceres locales,
y expone ahí el ideario franquista—y el hombre blanco
recuerda a Franco decrépito, tras cuarenta años de
inmovilidad, una imagen abyecta que a la vez mezcla elementos de una
martirología católica de pesadilla, de esos tan del gusto
de la Iglesia inquisitorial y barroco-tenebrista cuando se le deja
explayarse (las llagas de Cristo combinadas con los ojos de Santa
Lucía, y con el yugo y las flechas, pongamos). El resultado,
claro, es fantástico, onírico de orinarse en la cama, y
nos remite con una precisión infalible a lo que deberían
haber sido, si es que no eran, las pesadillas que teníamos de
niños cuando Franco presidía la mesa bajo palio.
Son inolvidables los momentos de elección difícil de la
película, cuando los personajes tienen que decidir entre actuar
según su conciencia o someterse al tanático orden del
facha Vidal—es éste todo un símbolo de
época, un manojo de traumas soldados uno a otro en firme, uno de
los mejores fachas jamás vistos en la pantalla. Así, la
rebelión de la humilde sirvienta que interpreta Maribel
Verdú, el suicidio del tartamudo torturado, o la rebelión
tranquila del médico, con uno de los mejores
diálogos entre el fascista y el médico que le dice que ha
ayudado al tartamudo a morir porque no podía hacer otra cosa.
- Sí, podía haberme obedecido.
- Es que... obedecer por obedecer, así, sin pensar... eso
sólo pueden hacerlo los hombres como usted, capitán.
- (Bang).
El argumento fantástico también gira sobre el rechazo a
la obediencia ciega, y la necesidad ineludible de tomar opciones
éticas personales que nos llevan a la
tragedia—contradiciendo así los mensajes subliminales o
explícitos de los cuentos para niños y la lección
que parecía sugerir la aventura con el ogro blanco.
La película, claro, se basa en el principio del wishful thinking,
la corrección mediante la fantasía de los defectos de la
historia. O, como decía Jameson, en ofrecer soluciones
imaginarias a problemas reales. Así la niña
Ofelia—que, por cierto, ¿era o no era la auténtica
hija de Vidal?—muere en la "realidad" por el disparo del
fascista, pero alcanza en el plano fantástico el trono prometido
por Propp. Y, similarmente, los fascistas ganaron la guerra de hecho,
pero aquí son los resistentes los que triunfan (pequeña
subordinación de la historia al deseo) y se nos cuenta lo que
debió haber sido. Se le dice al facha Vidal que su hijo, lejos
de recordar a su padre, ni siquiera sabrá nunca quién es
él. Pero ay, es todo una fantasía consolatoria; la
realidad era aún más tozuda, y fue más bien Franco
quien paró el reloj y a quien hubimos de sufrir como patriarca
adoptivo: en conjunto, España se sometió al Caudillo, en
lugar de acuchillarlo, y demasiado bien sabemos quién era. La
bendita ignorancia les llega más bien a las jóvenes
generaciones, que no saben ya ni quién era Felipe
González, cuánto menos Franco. Y tampoco está tan
claro que sea buena para ellos una inocencia tan radical.
Película, pues, de reescritura de la historia al gusto
republicanizante que hoy se lleva: no en vano es Federico Luppi el rey
entronizado al final.
Y luego... qué pasa con todo esto. Que con estos ingredientes se
puede hacer una plasta insufrible o una película excelente. Y
aquí todo funciona, hace clic, todo está llevado con una
tensión infalible para ir poniéndote el corazón en
un puño: las interpretaciones de Sergi López como el
fascista Vidal o de la sirvienta Maribel Verdú, y la de la
niña protagonista, Ivana Baquero, son excelentes, las
señoras de la cocina son perfectas, las pesadillas son de
pesadilla, la textura de luz en la fotografía en la cara de la
niña es insuperable, el insecto-hada se mueve como tiene que
moverse, y la película, en fin, hay que verla.
Volviendo a la Calle del Recuerdo, nos vamos a ver el estreno de
Luces de Bohemia
en el Teatro Principal. Con Alvarete, porque esta obra solía ser
lectura obligada en el bachillerato, así que ahí va
él resignado y por obligación, un alérgico al
teatro, aunque luego le ha gustado. Y lo cierto es que estuvo amena, a
pesar de un comienzo un tanto flojo con problemas de volumen (sobre
todo por la gente que sistemáticamente llega tarde al teatro).
Lo que menos me gustó a mí de esta producción es
el vestuario y caracterización de los personajes—una
especie de intento de ambientarla a mitad de camino entre hoy y hace un
siglo, supongo, pero como a medias y a la mecagüen diez; hubiera
estado mucho mejor con trajes del 1898 remendados y con ínfulas.
Con diferencia.
Tampoco me convenció la interpretación que se hace de
muchos personajes en cuando a movimientos, gestos, acentos,
peinados… pongamos Don Latino, que aunque es un cierto logro
cómico el que vemos aquí, no me sugiere en absoluto al
personaje de Valle-Inclán. En otros personajes se echaba en
falta más caracterización y un trajeado más
diferenciado, sobre todo por la abundancia de papeles secundarios
intepretados por los mismos actores: ocho actores para unos cincuenta
personajes. Admirable es que lo consigan, pues en efecto lo
consiguen—pero claro, tiene sus límites la cosa. En lo de
los gestos, echo en falta más teatralidad y pretenciosidad, de
las que están internalizadas en el personaje, y no
añadidas por el actor—y por tanto también
más realismo.
Porque estaría bien mostrar que los espejos del Callejón
del Gato son planos, desdichadamente, por mucho que Max Estrella los
quiera creer cóncavos.
Me pareció acertadísima, sencilla y eficaz, la puesta en
escena con las pantallas móviles, a veces muro de piedra, otras
veces filas de nichos, armarios, puertas o tabiques; ayudan a hacer la
transición de escenas de una manera rápida, fluida y
clara.
Se me hizo muy curioso ver la obra con retroperspectiva. Me produjo el
efecto como de un cruce entre el Ulises
de Joyce y Esperando a Godot.
Digo Ulises
sobre todo por el contacto entre las aspiraciones de la intelectualidad
frustrada, y la realidad de la calle y las miserias cotidianas
(esplín e ideal)—pero habría que añadir,
claro, la escena de velatorio que Joyce guardaba para una obra
más tardía… era más joven que
Valle-Inclán y aún no pensaba tanto en la muerte al
escribir el Ulises.
Allí hay, sin embargo, una peregrinación urbana y un
descenso al fondo de la noche que emparentan al Bloomsday con esta
pieza, y también la misma imagen central en el proyecto
estético de ambas: la de los héroes clásicos
reflejados en un espejo deformante, que no nos produce sino un efecto
de realidad.
Este realismo se obtiene también en parte por métodos
metaficcionales, pues bien sabe Valle-Inclán que no puede
incluir una escena de sepultureros sin mencionar explícitamente
a los de Hamlet; la vida contiene a la literatura, y por eso la
literatura ha de mostrar a la vida interactuando con la literatura.
Yo leí Luces de Bohemia
en bachillerato, allí por los años setenta, cuando
Valle-Inclán era más joven, y ciertamente era, y es,
impresionante. Entonces era una obra casi atmosférica, con el
ambiente del último franquismo y de la Transición casi
retratado en los ministros prohombres y los huelguistas de la obra;
tiempos de revolution in the air. Y
analogías siempre se le pueden buscar, por supuesto, al
presente—es una obra con bastante fuerza como para volverse
actual en cada representación que la reinvente. Pero a lo que
voy—en los años setenta éramos todos más
jóvenes (de verdad) y más revolucionarios (al menos de
boquilla), y llamaban la atención unas cosas en la obra,
mientras que hoy, cuando ya tenemos nuestra pensión
gubernamental, destacan otras.
Así, por ejemplo, ayer me llamó especialmente la
atención la hostilidad antiburguesa y antisemita de Max
Estrella, y del autor por extensión, y sus llamadas a la masacre
de la burguesía y a plantar "la guillotina eléctrica" en
la Puerta del Sol. O también los planes del héroe
proletario de la obra, el preso que va ser "paseado" por los
policías como mártir simbólico de la España
negra: resulta que este representante del pueblo auténtico es
todo un pequeño Pol Pot en potencia—no se
conformaría con pasar a cuchillo a todos los judíos y
demás burgueses de Barcelona, o a poner una bomba bajo la
realidad nacional (de estos tenemos más que suficientes), sino
que pretende destruir la ciudad misma, a la camboyana. Visto con
perspectiva el resultado de estas bellas utopías—tras el
genocidio nazi, los diversos Gulags y los jemeres rojos—casi se
reconcilia uno con el asesinato extrajudicial. Me dio la
impresión que ni los actores ni el público sabían
muy bien qué hacer con estos pronunciamientos stalinazis.
En la obra, la "propiedad privada" no se menciona sino con desprecio,
como algo propio de mentalidades de tenderos mezquinos y degollables: y
se echa de ver que esa neurona le patina de modo parecido a Max
Estrella y a Valle-Inclán (antiguo carlista, y más tarde
"socialista" colocado por el Ministerio). Se insulta a la Academia,
pero se busca con desesperación un enchufe de los fondos
reservados del Ministerio... porque está claro que la propiedad
privada despreciable es sólo la de los demás—o el
dinero público, que no es de nadie. El enchufe ministerial y el
billete de lotería juegan un papel estructural similar—el
billete está ahí tan sólo para hacer transferible
y expoliable la pensión del Ministerio. Max Estrella, y
Valle-Inclán, resultan ser terreno abonado para fumar no
sólo la pipa de kif, sino sobre todo el opio de los
intelectuales, y para bendecir alegres masacres colectivas en nombre de
las Ideas, de la Revolución y del insaciable
afán—eso sí, mientras tengamos a un amigo en el
ministerio que nos pase la subvención. Síndrome del
titiritero sputnik, entregado a los totalitarismos, y lameculos del
poder con delirios de gloria laureada: todo un síntoma del siglo
XX, y de otros anteriores también. Un arquetipo, vamos.
En los años setenta, para mí Max Estrella era Max
Estrella, o en todo caso Villaespesa. Hoy es, mucho más,
Valle-Inclán, autorretratado, con mucha menos distancia y
ecuanimidad, con mucho menos control racional de la obra—que si
tiene fuerza no es por la fuerza intelectual de un cráneo
previlegiado, sino por pura expresión poética y vital,
que combina en uno solo el hiperrealismo y el esperpento, al modo en
que se combinaban en la persona y experiencia del autor. Imposible
separar lo que es juicio sopesado de lo que es una jeremíada
narcisista ("En España el talento auténtico se
desprecia", etc. etc.) o un pronunciamiento político maximalista
(off with his head), y mal se
haría atendiendo a la mirada cruda sobre la hordinariez nacional
sin atender también al instrumento óptico que la muestra.
En esto es Valle-Inclán a la vez típico e inconfundible
por la manera en que lo lleva a cabo: se nos muestra ese cristal
óptico, Max, como algo distorsionado, caprichoso,
veleidoso—menudo síntoma ambulante, Max Estrella, como
para ir haciendo diagnósticos por ahí—y a la vez
ese espejo deformado de la realidad hispana nos es exhibido en otro no
menos deformado, el del propio autor Valle-Inclán, tan
egocéntrico, ciego y lúcido a la vez como Max Estrella.
Con el resultado desconcertante de que por momentos no sabemos si las
dos deformaciones son la misma, si una exagera todavía
más la otra, o si la anula como un espejo convexo a uno
cóncavo; si la ironía vuelta sobre sí nos muestra
sin más lo que hay, en el teatro público y privado, y lo
poco en que queda al acabar la función.
(Luces de Bohemia, de
Ramón María del
Valle-Inclán. Teatro del Temple, dir. Carlos Martín,
coord. Alfonso Plou, prod. María López Insausti. Actores:
Ricardo Joven, José L. Esteban, Gabriel Latorre, Francisco
Fraguas, Rosa Lasierra, Javier Aranda, Gema Cruz, Jorge Usón).
Opinión sugerida por el reciente
sarampión de
debate sobre la ley de banderas, sobre la quema de retratos del rey,
etc. Y que vengo expresando en algunos blogs políticos que
no
me son antipáticos, como Crónicas
Bárbaras o Voto
en Blanco.
Primero: las banderas y demás símbolos
políticos
oficiales merecen respeto.
Esto no a título de opinión particular
mía, o de
sentimentalismos patrióticos (tipo "bannerita tú
ereh
rohaa, bannerita tu ereh gualdaaa") o gusto por los colores (a
mí me mola más el rojo que el morado,
etc.)—no.
Merecen un respeto neutral y de oficio, precisamente como tales
símbolos del principio de legalidad y del orden
político.
Va de por sí en la labor de un funcionario o cargo
público el hacer cumplir la legalidad, y los
símbolos
estatales simbolizan
precisamente eso: el orden social y político vigente, las
reglas
del juego.
(Y
viceversa: la transigencia de las autoridades con las ofensas a los
símbolos es en sí misma un símbolo de
que no se
desea mantener el orden mismo en virtud del cual ostentan la
autoridad—o que desean jugar con reglas no escritas,
detrás de las reglas).
Segundo: en una democracia, la disidencia y la tolerancia son parte del
contrato
político. Por eso casan mal con el espíritu
democrático las persecuciones a quienes atentan
simbólicamente contra ese orden—por muy dudoso,
opresivo o
antidemocrático que sea el sistema que a ellos se les vea
desear
en su lugar. Por ello puede parecer excesiva la ley actual que
criminaliza las ofensas a la figura del jefe del Estado de manera un
tanto vaga, pues se presta a iniciativas judiciales desmedidas o
desafortunadas, e incluso ambivalentes—como el secuestro de
la
revista El Jueves
este
verano, donde ya no se sabe si era el dibujante el ofensor, o el
fiscal, que con la boca pequeña buscaba desestabilizar a la
Corona.
Creo que es buena medida la que respeta tu derecho a quemar tu bandera
nacional, y permitir así que expreses tu antagonismo al
Estado,
sin que por ello se te multe o encarcele para nada, y puedas
así
ejercer libertad de expresión como mejor te
parezca. Eso
sí: que la bandera sea tuya, comprada con tus ahorros, y no,
por
supuesto la mía, o la bandera institucional de un edificio
público, en cuyo caso es más que oportuna una ley
mucho
más severa contra el vandalismo, con tipificación
especializada.
¿Sin consecuencias, pues, la quema de banderas? Pues
tampoco.
Hay una figura penal que es la lógica y adecuada para estos
casos: no daña económicamente al ciudadano, ni le
priva
de libertad de movimientos. Es la inhabilitación para ocupar
cargos públicos, o incluso para tener empleos públicos, y
recibir subvenciones oficiales, por el tiempo que se determinare
(¡arre!). Esto ya gusta menos a los "antisistema", que siempre lo
son
sólo para lo que les interesa, y gustan de dar patadas al
sistema sin que éste ofrezca contrapartidas. Y si es posible
recibiendo
subvención además—cosa que en la
España
Zapatera está servida.
Una persona que expresa su antagonismo al Estado, a la
Constitución y, en fin, a las instituciones garantes de la
ley,
malamente puede quejarse de que no se la considere fiable para ocupar
puestos de responsabilidad pública en ese mismo sistema que
quiere desmantelar (o dinamitar, en algunos casos). O, por hablar con
más precisión, bien puede quejarse esa persona,
pero es
un grave error por parte del Estado atender a esa queja, y permitir a
los antisistema que sean sistemáticos en la
aplicación de la ley del embudo, dejándoles nadar y
guardar la ropa, y comerse además el pastel.
¿Que
usted es independentista/secesionista? Genial; pues séalo de
un
modo civilizado, y respetando la constitución—es
decir,
trabajando por lograr un acuerdo político para reformarla al
gusto de usted, pero por
métodos
constitucionales. ¿Que prefiere quemar banderas
españolas? Vale, pero entonces debe ser que no quiere ser
concejal o diputado de un sistema tan combustible. O si quiere, que
bien puede, mal
está que el sistema se lo permita. Porque con eso el sistema se
vuelve combustible de facto, y no en efigie; un sistema que trata por
igual a sus partidarios y a sus enemigos manifiesta la
voluntad de su propia destrucción—y para eso ya
están los antisistema, ¿no?
Multarles con inhabilitación para puestos no es perseguir a los
disidentes: es hacer que su disidencia tenga
valor moral, porque tiene un pequeño precio, renunciando a
ciertas orientaciones profesionales. En otro orden de cosas, yo
también renuncio a ganar mucho dinero no
haciéndome
fontanero.
Así pues, debería impedirse ipso
facto el
ejercicio de cargo público a todo
alcalde etc. que no alce la bandera constitucional en la
institución de la cual es responsable. Por ley. Y
multar—a
ese sí, con duretes—al consistorio u órgano
administrativo en
cuestión. Opino yo.
Porque esto que digo es mi opinión sobre cómo
deberían ser las
leyes. Ahora bien: de hecho, son de otra manera que yo no he elegido,
pero que es el estado de la cuestión del consenso actual. Y
entretanto no se
cambien esas leyes, por procedimientos legales, han
de cumplirse. Con penas para quienes ofendan símbolos
patrios, sí, y
con castigo a quienes ofendan a la figura del rey. No porque lo diga
yo, no, ni porque me guste—sino porque lo dicen las leyes. Y el
consenso social sustentado en cumplir las leyes, todas y siempre, es de
carácter más básico que el que sirve de apoyo tal
o cual ley concreta.
Aberrante es, por tanto, que el ministro de Justicia diga que no se va
a cumplir la ley de banderas, y que no le preocupe esta
situación. (O, más bien, que sólo se
va a cumplir
en lo relativo a ikurriñas y banderas catalanas, y no en lo
relativo a la bandera española). Este señor, o
elemento,
debería estar haciendo
cualquier cosa menos tener un puesto de responsabilidad
política, en el que no va a hacer sino cuidar de que se
aplique
una siniestra ley del embudo, donde no hay ley sino para quienes
aceptan cumplirla. O, como dice la vicepresidenta, sólo para
quienes estén convencidos por la ley, sin forzar a nadie. Los
demás, se van de rositas o no,
según decidan los que mandan el cotarro en cada sitio.
Y esa bandera invisible, la de la ley no escrita, de la arbitrariedad y
los hechos consumados—de la ley de los poderosos y caciques
locales, y del oportunismo—esa la bandera que alza el
gobierno Zapatero, al mantener
arriada la bandera constitucional.
(Nota enviada al Rincón de Opinión de la
Universidad... a
ver si aparece. Ahora ya he solventado el misterio de quién
lo
lleva en la práctica).
La Universidad nos ha
hecho llegar
hace poco un CD-ROM con librito-resumen, titulado
"Innovación
docente, Tecnologías de la Información y la
Comunicación e Investigación Educativa en la
Universidad
de Zaragoza: Caminando hacia Europa". Dejando aparte la
cuestión
de que no tenemos por qué caminar hacia Europa porque
llevamos
allí toda nuestra vida, hay que hacer dos observaciones:
- Primero, agradecer a
la Universidad
la información que nos hace llegar y la
planificación de
estos programas de innovación docente; también
vaya el
agradecimiento a todos los que han contribuido con notable esfuerzo a
una publicación que puede resultar muy útil.
- Segundo: Observar que
los
documentos en el CD-ROM están desordenados, y no se
corresponde
su orden ni con el del índice del propio CD-ROM ni con el
del
librito adjunto. Con lo cual cuesta muchísimo tiempo
encontrar
el documento que se busca: hay muchísimos.
También se
hubiera agradecido una selección previa o
clasificación
destacada (aunque se prestase a críticas) de los trabajos
más innovadores o de interés general a juicio de
quienes
han editado este trabajo. Hay demasiadas cosas por leer en el mundo.
Como mínimo,
para permitir el
uso de este trabajo, creo que habría que desfacer el
entuerto,
que los responsables hiciesen el índice como es debido y nos
lo
pasasen al personal docente e investigador por correo
electrónico, en plan fe de erratas. Gracias.
Por cierto, hablando de ponerse las pilas: un resultado interesante de
búsqueda en Google. Buscando "Facultad
de Filosofía y Letras"
(926.000 resultados) aparece la de Zaragoza en los primeros
puestos—ahora la tercera, detrás de la de Buenos
Aires y
la de México, hace un rato la segunda. Creo que es
inmerecido,
sinceramente, un puesto tan encumbrado.
Buscando "Departamento
de Filología Inglesa"
(45.400 resultados) aparece (hoy) nuestro Departamento de
Filología Inglesa y Alemana en el último puesto
de la
primera página—uf. Aparecen antes Granada, la
Autónoma de Madrid, la Complutense, la de Jaén,
la de
Granada, la de Salamanca, la de Alicante, la del País Vasco
y la
de Málaga. (Disclaimer: también hay facultades de
letras, departamentos
de inglés...
etc.).
Y buscando "Universidad"—con
61.700.000 resultados en Google—está la
Universidad de
Zaragoza en la novena página. La primera, la de Puerto Rico.
La
primera española (Politécnica de Madrid) en el
8º
puesto y única de la la primera página. Hablamos
del
mundo hispa(no-)hablante, claro—en el cual aparece Harvard
también cerca de los primeros puestos, la séptima.
To put on the piles, que vienen arreando.
PS: Aquí
hay en PDF otra comparativa reciente sobre universidades
españolas. Y según Ibercampus,
en el ranking mundial de universidades de la Universidad de Shanghai,
llega a colarse la Universidad de Zaragoza entre las 500 mejores del
mundo... que no parece mucho decir:
"El equipo español comienza a
puntuar a partir del puesto 170 de la lista gracias a la Universidad de
Barcelona, que es la primera en aparecer. Pero no solo la catalana
tiene el lujo de estar presente, ya que le siguen también la
Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense de
Madrid, Universitat de València, la Universitat Autònoma
de Barcelona, Universitat Politècnica de València, la
Universidad de Granada, la Universidad de Sevilla y, finalmente, la
Universidad de Zaragoza."
En mejor lugar nos deja Google... aunque no he buscado en chino.
Buscando "University OR Université OR Universidad OR
Univesità OR Universitet OR Universtiät", resulta que
Google España me da todos los primeros resultados de
universidades españolas y en español... (toma ya) y
Google.com me da todo universidades inglesas y americanas. Pero vete ya
a fiar de ningún índice objetivo, claro.
Sale el volumen número uno de la nueva serie de
estudios
Filología Inglesa coeditada por la Dra. Penas para Peter
Lang:
"Spanish Perspectives on English and American Literature, Communication
and Culture". Los editores de la serie son María
José
Álvarez-Faedo, Manuel Brito, Andrew Monnickendam y Beatriz
Penas-Ibáñez. Y este primer volumen es de Juan
Jesús Zaro, de la Universidad de Málaga: Shakespeare y sus traductores:
Análisis crítico de siete traducciones
españolas de obras de Shakespeare.
(Bern - Berlin - Bruxelles - Frankfurt am Main - New York - Oxford
-Wien: Peter Lang, 2007). Enhorabuena al inaugurador y a los coeditores.
JoseAngel:
Vaya, y aquí me dedican un blog monográfico.
Lástima que no se admitan comentarios. http://elradioaficionadopatitieso.blogia.com/2007/091102-el-filosofo-desinformado.php
24 sep 07, 11:54 JoseAngel:
¿Tengo un sosia? ¿Un tocayo?
http://cat.inist.fr/?aModele=afficheN&cpsidt=17770745
24 sep 07, 11:21 JoseAngel:
Más bebotes:
me llega noticia y hasta foto de Marta, hija de Ernesto y Pili
recién nacida este septiembre. Enhorabuena, María
Luisa,
que es una suerte enorme tener herman@s!
24 sep 07, 11:19 JoseAngel:
Vaya, me dicen que
Pili, la mamá de Marco, está con fuertes dolores
de
cabeza (no causados por Marco, que sepamos). A ver si se le pasan
prontico, ánimos.
23 sep 07, 16:38 JoseAngel:
Qué buena tarde de domingo. Vamos al parque a dar un paseo.
22 sep 07, 12:15 JoseAngel:
Veo con Pibo un
tipo en Segway, digo "No sé cómo se tienen. Yo
creo que
me caería hacia adelante, o hacia atrás." Y Pibo:
"Hombre, papi: hacia adelante. La barriga."
21 sep 07, 21:57 JoseAngel:
Hoy ha firmado la
Dra. Penas el contrato del libro que coedita para Biblioteca Nueva,
"Paradojas de la interculturalidad: Filosofía, lenguaje y
discurso", en el que yo también tengo un capítulo.
No real reason for this question, except for intellectual curiosity and
a wish to get the list going after the summer. I find that the threads
here are often welcome by people who bring to them, and perhaps extract
from them, issues related to their own concerns; so getting
associations of ideas going is a good thing for many of us... Take it
as an excuse, then. My question is:
Can you think of any instances of people (writers, etc.) who have
imagined, and perhaps thus helped to bring into existence, new
narrative forms, genres or media? E.g. did anyone imagine film before
film? (This brings to mind Aldous Huxley's virtual reality films
in Brave New
World, and Matrix-like transmissions of virtual reality
programmes are imagined by Olaf Stapledon in Star Maker.
I've just begun William Gibson's Spook Country
and he invents there (I expect they're invented, one never knows) a
subculture of artists who recreate famous celebrity events in
California (or elsewhere) with virtual reality technology, on the very
spot where they took place. That's just an example.
Did anyone imagine the upsurge of fan fiction on the web before it
happened?
Has anyone invented a narrative form based on, say, the tracks left by
our searches using Google? Or is anyone doing complex multimedia
narratives on the Web, combining text, images, video, sound... or is
that just a plain old blog?
Or better, none of the above—anything I am unable to even
think
just now, because it is a kind of narrative that doesn't exist yet, and
perhaps never will, but which has been imagined in a suggestive way by
some recent science-fiction writer or filmmaker?
Jose Angel García Landa
http://www.garcialanda.net
I find that the issue of
"the
imagination of future narrative" or "future communication" if you want
is well worth pursuing, as it promises to hold complex unfoldings and
interesting interactions.
By way of interaction between list and blog, I paste here my queries
(sometimes some of the most intriguing answers) so as to provide a date
or anchoring point, I classify a bibliographical record of the entry,
and keep the whole thread in my mail folder for imaginary future use.
(Today's example of retrofuturistic technology: The Opening
Booksproject).
FROM THE ANSWERS:
Christy Dena on Sept. 24:
Great questions
Jose!
I'll tackle some. Apologies in advance for the references to my own
sites and research -- I'm adding them here in case someone finds them
helpful or interesting.
One question was whether narratives have been based on/created (?) by
Google searches etc? Just about every single technology on the web and
beyond has been employed for storytelling (but more for artworks) now.
There is blogfiction, botfiction, SMS fiction, MMS fiction, mobile
stories, online comics, search fictions, email fictions and so on. I
have a listing of some links on my del.icio.us site (which needs
updating):
http://del.icio.us/new_media_arts
There are some search fictions listed here:
http://del.icio.us/New_Media_Arts/Creative_searchfiction
There are also programs being created specifically for online
experimentation (non-artificial intelligence) with storytelling. Some
programs are covered here in my post at WRT:
http://writerresponsetheory.org/wordpress/2007/04/28/ficlets-literary-lego/
I have another question to add to your one about narratives imagined
but not materialized yet. I'd like to know if anyone has any ideas
whether the following type of emerging narrative has been prefigured:
I'm researching what I've been calling 'polymorphic narratives' --
which are narratives that are spread across media platforms. A story,
for instance, begins in print form and continues on the web. This is a
subset of my larger research which is into what media theorist Henry
Jenkins has called 'transmedia storytelling'. Judging by the
descriptions Jenkins gives, he is actually referring to a transmedia
series. A polymorphic narrative is not a series (it is not episodic):
they are the equivalent of paragraphs distributed across media
platforms. I'd love to hear if anyone has some ideas on this form being
imagined.
Emma Kafalenos on Sept.
24
Oscar Wilde in The
Picture of Dorian Gray?
Cortazar in his
story translated as "Blow-Up"? (But not Antonioni's film of
the same title.)
Artworks in one
medium that
embed artworks conceived as in another medium (whether represented in
the other medium or in the medium of the containing artwork--e.g.,
through ekphrasis) seem to have the power to represent art forms not
yet in existence. That is not to say that the writer or
artist
necessarily foresaw the later development.
My essay "The Power
of Double
Coding to Represent New Forms of Representation: The Truman Show,
Dorian Gray, "Blow-Up," and Whistler's Caprice in Purple and Gold"
(Poetics Today 24, 1 [Spring 2003]: 1-33) might be of interest.
Peggy Phelan on Sept. 25:
Thanks Emma for recalling the point about new genres and media within
Jose's question. "Machinima" (sometimes spelled machinema) is perhaps
one of the most interesting new genres to have emerged from the
underbelly of video gaming. Basically, this genre makes use of code
from games that has multiple functions but cannot be accessed through
the game itself. This 'superfluous' code is then re-programmed into new
narratives and new web-based films and visual art. Interestingly, some
of the re-coding can be done in live performances, and this in turn
creates a new kind of performance art - -so far, all collaborative and
interactive. Audiences scream out directions to programmers who are
"improving" new code from the stream of code that is being recycled and
refashioned from the gaming code. As someone primarily interested in
live art and not code, I find the performances sort of transfixing
because they are sort of mesmerizingly awkward, 'naive,' and even
'dumb' in terms of narrative complexity or dramatic arc. And yet there
is no doubt that they are completely absorbing performances --combining
elements of sampling from hip-hop, old school improv techniques, and
new media savvy in re: to gaming and coding. And the frenzy with which
the directions are thrown out from the audience is something to behold.
The best re-programmers are those who can quickly meld one
direction into another, and this requires, among other things, adroit
fingers, typing, and so on. There are now 'teams' and 'stars' as in
sports events.
Here is a wiki link for those who would like a more detailed (and
probably more accurate) description of the recycled code etc:
http://en.wikipedia.org/wiki/Machinima
My answer to the list,
Sept. 25:
Thank you all for so many interesting answers! Concerning Christy's
question about
"polymorphic" narratives—i.e. "spread across multiple media
platforms", I suppose one obvious source would be the very existence of
narratives (e.g. classical myths) which give rise to multimedia
representations, say, pictures of Odysseus or narratives about
Odysseus. It is a short (and long) step from that to the use of
different media platforms to articulate a single work of art by one
artist. Long, because although other connective strategies may be
easily devised (and perhaps have been used? any suggestions here?) one
seems to need a form unified in a digital sequence with multimedia
capacity before this kind of work becomes manageable or mainstream.
Although perhaps part of what is suggested in the word "spread out"
used by Christy refers to a much more disjointed or "distributed"
narrative—the kind of thing Jill Walker has been writing on?
One thinks of William Gibson's cult videos in Pattern Recognition
being disseminated across different websites... but then that was only
video (which can be multimedia in itself, to be sure). Or an
Amélie-like strategy for urban narrative made of clues
taking you from one piece of the artwork to the next? Anyway, one major
issue, apart from the nature of the pieces spread across multiple media
platforms, would seem to be the thread that links them together, or the
frame which holds them together: either a unified, marketable object in
digital form, or an experiential sequence to be tracked out in
different places and disconnected media. Or things in between. But I
must look closer into Christy's del.icio.us collection before indulging
any further in random musings and speculations.
Christy Dena, Sept.
25:
Hello Jose!
Thankyou for your
response.
Your suspicion is
correct: I am
concerned with the spreading or distribution of narratives across
media. I don't always employ 'distribution' (indeed I change my terms
according to my audience) because some people interpret that as a
description of the delivery of the same content across media. And yes,
I am very familiar with Jill Walker's 'distributed narratives'. Indeed,
we were delighted to catch up in person for the first time just last
week. For those unfamiliar with Walker's work, here is an abstract
description:
"Distributed
narratives don't
bring media together to make a total artwork. Distributed narratives
explode the work altogether, sending fragments and shards across media,
through the network and sometimes into the physical spaces that we live
in. This project explores this new narrative trend, looking at how
narrative is spun across the network and into our lives."
Here is her sub-page
dedicated to her investigation: http://jilltxt.net/txt/distributednarrative.html
There are other
researchers
looking at the area too, including Henry Jenkins with his 'transmedia
storytelling' and Marc Ruppel with his 'cross-sited narratives'.
Jose, you ponder: Anyway,
one
major issue, apart from the nature of the pieces spread across multiple
media platforms, would seem to be the thread that links them together,
or the frame which holds them together: either a unified, marketable
object in digital form, or an experiential sequence to be tracked out
in different places and disconnected media. Or things in between.
Oh yes, the
consistent fictional
world is one part of this binding, but there are many techniques being
employed, such as increasing the narrative dependency between the units
(narrative segmentation) and cross-media traversal techniques
(ergodics).
Thankyou for your
interest and thoughts Jose!
I would still love to
hear of any
ideas people may have about literary imaginings of the form. And I'm
still thinking, Jose, about possible literary imaginings that have not
come to fruition yet.
Envío hoy cuatro datos a REMES,http://www.redescritoresespa.com
Es un directorio de escritores en español, de
inclusión propia y voluntaria, organizado porIssa
Marcela Martínez Llongueras (México) y Luis E.
Prieto
Vázquez (España). Hay que enviar un correo
electrónico a directorio@redescritoresespa.com, con estos
datos
en un archivo adjunto Word (uff–
ya oigo desde aquí a los del softuer libre...).
Fotografía formato JPG, GIF o BMP (*)
- Apellidos y Nombre (*)
- Seudónimo
- Año, lugar y país de nacimiento (*)
- Lugar y país de residencia (*)
- Profesión
- Actividades y Premios
- Enlaces URL a publicaciones electrónicas (*)
- Bibliografía
- Página/s web del autor
- Correo/s electrónico/s (*)
(*) imprescindible
Observo que (quizá por lo de "red") juzgan más
imprescindible ya la publicación en Internet que la
"bibliografía" tradicional. Pues que no les pase nada a Issa
Marcela Martínez y Luis Enrique Prieto, como realmente se
apunten a enviar sus datos todos los "escritores" en
español, o
una centésima parte de ellos. Yo empecé a hacer
mi
bibliografía hacia 1989, llevo ya el equivalente de cuarenta
volúmenes impresos de referencias a libros y enlaces web, y
apenas he empezado, ni empezaré. La Red es la
única red
posible y a escala humana, precisamente porque no se hace a escala
humana. Claro que muy poca gente me ha enviado sus datos a
mí, y
así más bien voy incluyendo lo que más
me interesa
de lo que conozco. Que es poco lo que conozco.
Allá por los albores del milenio pusieron en
marcha el llamado Proyecto
Avempace,
para incluir y contabilizar en red los datos de la actividad
investigadora de los profesores. Con los criterios cuadriculados que
suelen aplicarse a estos casos, pero eso es lo de menos. El plan era
uno de esos proyectos de "hacer cosas y que figuren" al parecer, porque
se empezó y ahí se dejó (supongo que
una vez
presentada la memoria de actividades de aquel año). Pero
ahí sigue muerto en la web, y sin nada que lo
continúe ni
lo actualice: sólo se contemplan los años 2000,
2001 y
2002, y ni esos funcionan. Se hizo la estadística en su
momento,
y a correr, a otra cosa mariposa.
Debe ser como ese otro plan que salió hace un par de
años, según el cual se iban a duplicar todas las
enseñanzas de la Universidad de Zaragoza, para impartir un
grupo
en español y otro en inglés—y se iban a
importar
miles de estudiantes chinos para suplir el descenso de nuestras cifras
de matrícula. Otro que pasó a la historia: en
política universitaria, como en la de Zapatero, se tiende a
funcionar mucho con fuegos artificiales, globos sonda, e inauguraciones
de proyectos gaseosos.
Otro plan (este de los estatutos) era la promoción de grupos
de
investigación. Pero allí están
también
fosilizados en la página web, sin criterio discernible en
cuanto
a lo que es un grupo de investigación, aparte de la pasmosa
identificación de "grupo" con "grupo financiado en una
convocatoria determinada", y la declaración de que los
grupos
reconocidos por la Universidad serán "los grupos reconocidos
por
el Gobierno de Aragón"—¿criterio
político
será, entonces? La Universidad al parecer no tiene criterio
propio en esto. Los Estatutos (Art. 119.3) encomendaban a la
Comisión de Investigación el elaborar estos
criterios,
pero se han despachado pronto.
Otra cuestión relativa a la política
investigadora de
esta universidad es que se ocupa sólo de grupos.
Véase la
llamada Convocatoria
propia de proyectos de investigación.
(Como si los proyectos de investigación se pudiesen
convocar: la
redacción traiciona la confusión mental o
administrativa entre investigar
y obtener subvenciones
para investigar). Ahí dice que los candidatos a
ayudas deberán
pertenecer a un grupo reconocido por la Universidad de
Zaragoza. Pero
héte que la Universidad sólo reconoce a los
grupos
reconocidos (o sea,
financiados o prefinanciados) por el Gobierno de Aragón. O
sea,
"Tened y se os dará"—por lo menos no
prohíben pedir
ayudas a los que han participado en proyectos sin ser directores, como
hacía la última convocatoria nacional de
investigación.
Pero de eso que
dicen los Estatutos de la Universidad—que el apoyo a la
investigación
se realizará "tanto a los grupos como a los investigadores
individuales" (Art. 124e de los Estatutos), o que la
adjudicación de
recursos se hará "sin menoscabo de la
investigación individual" o que
"la pertenencia a grupos no podrá ser requisito absoluto o
excluyente
de adjudicación de recursos" (Art. 119.4) salvo en
convocatorias que
partan de otros organismos—pues nunca más se supo.
Los investigadores individuales no pueden tener "proyecto".
Tampoco tiene la Universidad (al menos públicamente visible)
una lista de los miembros de los grupos: sólo la
lista de los grupos, y el nombre del investigador principal.
Que si importantes son los grupos, lo realmente importante es que haya
un investigador
principal, que es el portador de méritos y
medallas. La morralla investigadora ni siquiera figura en la web.
Ni en general figura en ninguna otra parte que no sea algún
impreso en un cajón, supongo. Porque tampoco se enlaza la
lista
de grupos a las páginas web mantenidas por los
grupos—si
es que las mantienen, o dan cuenta pública de alguna manera
de
lo que hacen.
Tanta investigación con financiación
pública, y
tan poca organización y tan poco resultado visible
públicamente, y tan poca discusión. Cuando hay
tanto
medio, y tanta capacidad de información, en potencia.
Acabo de leerme la última novela de David
Lodge, autor de
tantas novelas de campus imprescindibles para bandearse por ambientes
académicos (Changing
Places, Small World, Nice Work...). La
penúltima, Thinks...
, me pareció de las menos memorables, aunque
tenía sus
cosas, como una sección escrita a base de e-mails, y un
interesante argumento en torno a la consciencia y la inteligencia
artificial. Y la seducción—a la que luego
volveremos.
Esta vez va más atrás, cien años
atrás, y
se centra en Henry James. Coincidencia: a la vez se publicaban otras
dos novelas sobre Henry James... lo cual ha llevado a Lodge a escribir
un libro sobre la cuestión y coincidencia... un libro que me
voy
a encargar ya, porque esta novela me ha gustado muchísimo, y
es
todo lo apasionante que pueda ser una novela sobre una vida tan
plácida y aburrida como la de James. Ya decía
James que
los argumentos auténticamente fascinantes se mueven en no en
torno a las aventuras, sino en torno a las razones
psicológicas.
Y Lodge muestra cómo hay todavía más
razones
psicológicas detrás de los
psicológicos argumentos
de James... La vida detrás de la obra, vamos, que si no
agota la
explicación de la obra (pues hay una parte de la vida que es
la
propia obra en sí, que también es
vida)—el resto
de la vida, vamos, sí nos hace ver la obra de
otra manera más
compleja todavía.
Traduzco la nota publicitaria del libro:
En la
última novela de David Lodge, Thinks... el
novelista Henry James estaba presente de manera invisible en citas y
alusiones. En Author,
Author está
en el centro del escenario, a veces en sentido literal.
La historia empieza en diciembre de 1915, con James moribundo rodeado
por sus parientes y servidumbre, la mayoría con sus propias
angustias personales, luego vuelve atrás a la
década de
1880, para trazar el trayecto de los "años medios" de Henry,
centrándose especialmente en su amistad con el
simpático
dibujante e ilustrador de Punch,
George Du Maurier, y en su relación de intimidad (pero
casta)
con la escritora americana Constance Fenimore Woolson. A finales de la
década, Herny está seriamente preocupado por el
hecho de
que sus libros no "venden", y decide intentar conseguir fama y fortuna
como dramaturgo, a la vez que George Du Maurier, que va perdiendo
vista, se diversifica pasando a escribir novelas. Las consecuencias,
para ambos hombres, son sorprendentes, irónicas,
cómicas
y trágicas por momentos, alcanzando un momento
climático
en los años 1894-95. Mientras la Trilby
de Du Maurier, para desconcierto del propio autor, se convierte en la
novela más vendida del siglo, Henry espera con ansiedad la
primera noche de la obra que le ha de hacer triunfar o fracasar, Guy Domville...
Presentando
una muchedumbre de
personajes vívidamente retratados, algunos con nombres
famosos,
otros rescatados de la oscuridad, Author, Author
ofrece un panorama fascinante de la vida teatral y literaria en la
Inglaterra de finales de la época victoriana, que en muchos
sentidos prefiguró la actual mezcla de arte, comercio y
publicidad. Pero es sustancialmente una novela sobre la experiencia y
actividad del autor—sobre las obsesiones, esperanzas,
sueños, triunfos y desilusiones de los que viven de su
pluma—que presenta, en el centro, una exquisita
caracterización de un escritor en concreto, retratado con
una
empatía fuera de lo común.
Supongo
que esta es la
valoración y lectura que el propio autor (Lodge) hace del
libro,
si como de costumbre es el autor el que redacta la nota publicitaria
para la cubierta... y aquí vemos la huella de Lodge (como en
el
resto del libro) utilizando las comillas típicas de James,
para
enmarcar una expresión supuestamente coloquial y en realidad
obvia—que sus libros no "venden".
No es el problema de Lodge, evidentemente, y sin embargo algo de
retrato propio tendrá este análisis de un
escritor usando
sus materiales, inspirándose en cosas que oye, proyectando
sus
propias ansiedades, retratándose a sí mismo de
manera
camuflada o parcial, para analizarse o para exorcizar ansiedades.
También debe ser Lodge mucho más generoso y menos
envidiosete que James, algo que le permite hacer el retrato
irónico
de la reacción de James ante el éxito fulminante
de su amigo Du Maurier, modesto novelista popular. Pero es que el
éxito de Trilby
es tal
que agobia, desconcierta y deprime a Du Maurier: es un
fenómeno de
marketing postmoderno fuera de lugar, por ser el primero, en la
Inglaterra victoriana y sobre todo en los USA de la Era del Oropel,
un heraldo de la cultura industrial del siglo XX, cuya vulgaridad y
simplismo y mercado masivo aterriza sobre la cabeza
del incauto autor, llevándolo (según cree James
aquí) a una muerte prematura, muerte de éxito
(—eso
que decía Oscar Wilde de los dioses que para burlarse de
nosotros nos conceden nuestros deseos). James lo ve, y sin embargo no
puede evitar envidiar a veces de modo bastante rastrero el
éxito
de su amigo —que lejos de presumir está perdido y
siente
que la obra se le ha escapado de las manos, que lo que está
teniendo éxito ya no es en realidad suyo.
A James no lo entiende ni su familia (familia intelectual, sin
embargo): hasta su hermano el filósofo William le dice que
sea
más pragmático, y que si quiere vender libros,
que los
haga más legibles para el público. Y
allí
está la contradicción en términos de
Henry James: quiere
nadar y guardar la ropa, ser artista y seguir su propio camino, pero a
la vez triunfar masivamente; algo imposible. El camino que te lleva a
tí mismo te llevará todo lo
más—si eres un
artista—a un éxito de crítica, o
póstumo, o
a los manuales de literatura y cursos universitarios, pero
jamás
te llevará —si eres ese tipo de artista que era
James—a las listas de best-sellers.
Y esa es la experiencia que aprende James de la manera más
pública posible: siendo abucheado ante el público
cuando
sale a saludar a los gritos de "¡Au-tor, au-tor!" tras la
función.
El teatro iba a ser el camino al reconocimiento popular y a la fortuna,
pero las obras de James no funcionan en escena, y no consigue sino
frustraciones y humillación. Hay que decir que James es lo
que
los ingleses llaman un prig,
un prim
prig, por no decir a
coyprick.
Su
mojigatería va a partes iguales con su inteligencia, y crea
como
un aura alrededor de sus obras—un aura de artificialidad que
al
parecer se
volvía insoportable sobre el escenario. Las obras
tenían
apoyo de sus amigos influyentes y de los críticos,
obtenían buenas reseñas con la boca
pequeña, pero
no
convencían, y se caían del cartel entre excusas
molestas
y vergüenzas ajenas, mientras Oscar Wilde triunfaba
estruendosa y escandalosamente.
Esto nos lleva a otra corriente subterránea de la novela: el
asunto sexual. Henry James vive una vida asexuada, de virgen
cincuentón, con ademanes de cura laico, horrorizado por la
idea
de llegar con nadie a semejantes intimidades como abrazarse o
desnudarse. En un mundo más
liberado, hubiera sido homosexual—pero no hubiera sido el
Henry
James que conocemos. En el mundo en el que vivió, no se le
puede calificar ni siquiera de homosexual dentro del armario, pues de
puro pánico cerval se le fundían las conexiones
cerebrales a la hora de juntar en un pensamiento a sí mismo
y a
la sexualidad: todas sus
reacciones están construidas en torno a la
evitación y
autocensura de actitudes y actividades sexuales. Estas son los
oscurísimos
secretos que no aparecen en sus novelas, tan lejos está el
meollo del problema que se ha perdido de vista, y las palabras no dejan
verlo. Un caso psicológico, en fin, como tantos
detrás de
tanta buena y mala literatura. Cuando la gente nos dedicamos a
escribir...
A lo largo de media novela, Henry James mantiene a raya a su amiga
Constance Fenimore Woolson (a quien desexualiza llamándola
"Fenimore"). Pronto le aclara, entre líneas,
cuáles no
son sus intenciones, mientras hablan de uno de sus personajes: el
matrimonio es un final convencional, y "Winterbourne is not the
marrying kind." Ella lo capta. Pero luego Henry busca su
compañía, y le hace
desear la propia, una relación un tanto malsana de apoyo
mutuo,
halago de la propia vanidad, y pura
conveniencia—manipulación a veces. Al final,
Fenimore,
dada a las depresiones, se suicida. Pero ni ella, ni James, ni el
autor, ni nosotros, queremos culpar a James. Y sin embargo...
¿supo ser su amigo, ayudarla realmente, darle lo que
parecía prometer? ¿La encandiló
inútilmente? Los muertos nos hacen sentir culpables, aunque
a
Henry lo matan más otras cuestiones más cercanas
a la
propia vanidad.
Su relación con Fenimore, como la relación con Du
Maurier, está basada en la admiración
incondicional que
ambos amigos profesan a James como Autor, como Artista, y en los
ejercicios de humildad abyecta que hacen ante
él—que los
recibe como quien no quiere la cosa. Es lo que le dan a James, aparte
de cosas más de a pie como compañía,
actividad,
conversación inteligente, amabilidad. Y él,
¿qué les da? ¿El aura del Arte? A
Fenimore, una
vaga promesa de una hermandad de las almas o del matrimonio que no
podía ser; a Du Maurier, una huída de la familia
de
él (la ruidosa familia) y un refugio momentáneo
en una
sociedad masculina de caballeros, lejos de las mujeres. Una historia
homosocial típicamente victoriana, donde ambos cotejan
(normalmente sin mencionarla muy directamente) la relación
de
uno y otro con las mujeres. Otra cuestión, aparte de la
ausencia
de
deseo, que mantenía a James soltero, era la necesidad de
mantener
su status social. De caballero solitario o buey suelto se
podía
permitir lujos, viajes, vacaciones, que le hubiesen resultado
imposibles con una familia a cuestas. Y James evidentemente
elegía la
comodidad personal y el escaparate social antes que el contacto humano
cercano. Un ave fría, que
los llaman por aquí. Y en su obra y en sus personajes deja
huella esta falta de
intimidad humana del autor, esta distancia que toma respecto a los
demás, y hasta respecto a sí mismo.
(La historia de James rechazando a Fenimore tiene un paralelo en el
libro, a modo de comedia de Lope, en la historia de los criados: el
fiel mayordomo Burgess mantiene a raya a la sirvienta Minnie, alegando
su independencia personal y su profesionalidad como sirviente, a la que
se debe—su propio "Arte". Esta historia no deja de recordar a
The Remains of the Day
de Ishiguro—y es para Lodge una manera de mostrar ciertas
limitaciones humanas de estos personajes).
Un sustituto o suplemento de ese contacto humano físico que
no
tenía en la vida lo buscaba James de modo desplazado en el
teatro, en el triunfo casi orgásmico ante el
público en directo, en las reverencias ante la sala gritando
"¡Autor, Autor!", el equivalente inglés del
"torero,
torero". De ahí la enorme frustración emocional,
casi
erótica, que representa para James el fracaso como
dramaturgo.
Volverá a las novelas, para triunfar (ante las
minorías)
en su última etapa como novelista psicológico
complejo, y
para recibir una Orden del Imperio Británico cuando ya
está gagá y próximo a la muerte. Una
reflexión
ambivalente sobre los goces de la literatura, por mucho que el autor
(Lodge, digo) nos recuerde la vida póstuma de James en
manuales y
cursos de literatura. Triunfo como protagonista de la historia
literaria, sí, pero a costa de un cierto fracaso como
persona
viva: no vivió para sí, sino para la literatura,
orientando toda su vida a esa vida póstuma de
clásico (vida en le
mirage des mots, especie de muerte en vida)
—vida de
Autor. Aunque no puede decirse que no viviese de acuerdo con sus
deseos—deseos excesivamente civilizados, hasta la
rarefacción.
La portada de la novela, seguramente elegida por Lodge, nos muestra a
James saludando ante el público (quizá
en su primer éxito modesto con The
American),
o saludándonos a nosotros, la audiencia de sus novelas (o
quizá se trate del personaje de la novela de Lodge, actor y
Autor saludando a la sala como le ordena su propio Autor con las
palabras finales de la novela:
"Henry,
wherever you are—take a bow."
(382).
Y la contraportada nos muestra un banco
vacío—seguramente
el banco donde se sentaba con su amigo Du Maurier en sus paseos, antes
de que el éxito de éste los separase un tanto...
Viene a
ser la contraportada la contrapartida y paralelo de la portada: porque
Du Maurier es lo más parecido al lector ideal que Henry
James
conoce en vida (—también Fenimore, pero era mujer,
¡lagarto lagarto!). En ese banco vivió Henry James
lo
más próximo a una historia de amor con "contacto
directo"
(sin abrazos por favor) entre el público lector y el Autor.
The Middle Years
Sobre la relación imaginaria o fantaseada de Henry James con
su
público lector, y sobre las vidas póstumas, hay
un relato
interesantísimo de James, al cual alude Lodge cuando habla
de
cómo el estilo de James florece en una "late
manner"—tras
las dudas e incertidumbres y patinazos teatrales de sus "middle years".
El relato es "The Middle Years", una historia sobre un novelista
moribundo, Dencombe, que lamenta quedarse en su "estilo medio" sin
poder llegar a desarrollar todo el potencial de su genio en una madurez
productiva, una madurez de las que para el novelista sólo
llegan
con la vejez.
Lodge también nos muestra a James escribiendo este relato,
"The Middle Years", tan
significativo por lo cerca que toca su tema—el logro
literario,
el coste para la propia vida, las frustraciones de la
ambición.
Y el desplazamiento del erotismo y el afecto a la relación
con
el público lector.
Aquí, como en otros aspectos del libro, Lodge evita
caracterizar
a James como homosexual. (Quizá para él, como
para Peter
Ackroyd en el caso de T. S. Eliot, no sean homosexuales los
homosexuales reprimidos, en especial los tan reprimidos como James). En
el epílogo del libro habla con cierta ironía de
los
proponentes de los queer studies que encuentran en James
imágenes desplazadas de cosas como anal
fisting—ver
Mapplethorpe para más información—pues
está
claro que estas vigorosas actividades no iban con James ni en sus
peores pesadillas.
Ahora bien, "The Middle Years" es en cierto sentido una
fantasía
homosexual, desplazada por supuesto, y por supuesto guardando las
distancias… homoerótica pongamos, pues, si lo de
sexual
sugiere gónadas e "intercambios de fluidos" de los que
según Lodge echaban para atrás a James.
Resumo la historia (aunque Henry James no se puede resumir, claro). El
novelista Dencombe, trasunto de James, está convaleciente en
un
balneario, Bournemouth, sentado en un banco mirando al mar
(—por
cierto, por allí mismo también ha paseado este
otro
Autor-Autor, hace… veintisiete años). Otro banco
que
podría ser el de la contarportada. El mar parece "all
surface
and twinkle, far shallower than the spirit of man. It was the abyss of
human illusion that was the real, the tideless deep" (The Figure in the
Carpet and Other Stories 235). Está flojo, siente que no va
a
vivir mucho. Lamenta no poder desarrollar su ambición, su
obra,
quedarse pequeño, morir antes de tiempo. Acaba de recibir su
última novela del editor, pero casi ni le hace
ilusión—la ha perdido, viendo lo poco que da de
sí
la vida.
Una señora ("la Duquesa" será) se sienta en su
banco a
descansar un momento, invadiendo. Va acompañada por una
pareja
más joven: su médico particular y su dama de
compañía. Dencombe y el médico cruzan
miradas como
si fuesen dos gays que van de caza—y en efecto el relato
consistirá en cómo Dencombe atrae a sí
al
médico, Doctor Hugh, separándolo de las
exigencias de su
patrona, de quien esperaba heredar, y de las garras de la dama de
compañía, ambiciosa trepa que esperaba heredar
también, a través de él.
El flechazo con el médico no es erótico-sexual,
sino erótico-literario: los dos
ven que llevan el mismo libro, The Middle Years, de
Dencombe—aún no está en las
librerías, o sea
que Dencombe intuye que no es un lector normal el que se ha topado,
sino un
lector especial, especialmente interesado. Lo mismo piensa el otro, y
busca una excusa para dar esquinazo a las damas y trabar
conversación… allí Dencombe se desmaya
cual
jovencita, y se descubre su identidad, el cuerpo del Autor, algo
más allá de sus expectativas.
Del médico Doctor Hugh espera Dencombe los halagos de un
lector
ideal—una especie de Du Maurier/Fenimore
perfeccionado—que
le jaleará en sus empeños escalando la cumbre de
su Arte.
Y también espera que le dé un
tratamiento—remedios
digo, para seguir viviendo, para poder escribir. Pero sobre todo quiere
amor, cercanía, amistad, comprensión, calor
humano que no
tiene en su vida (este Dencombe es viudo, con hijo muerto. Cosas del
pasado). Obsérvese que calor humano y lectura
ideal—y
supervivencia—se juntan en la misma figura.
Bien, tiene lugar el drama. Dencombe empeora, y en el momento
crítico, Doctor Hugh elige quedarse con él, y
descuidar a
su patrona. Despedirse, elegir. Renunciar a la fortuna y a las intrigas
de Miss Vernham, que será lesbiana o solterona despechada.
Elige
de hecho, a manera de sacrificio homosocial, matar a la Condesa, o
dejarla morir, ofreciéndola como sacrificio humano en el
altar
de la amistad masculina que lo une a Dencombe.
Had he spent those days with the Countess?
'The Countess is dead,' said Doctor Hugh. 'I knew
that in
a particular contingency she wouldn't resist. I went to her grave.'
La mata a distancia, y luego va a su tumba. Pero ha estado haciendo
otras cosas además: ha escrito una reseña que
convierte
el último libro de Dencombe (el que iba a ser una obra
mediana y
desapercibida) en un éxito. De crítica o de
público, o de los dos, no se sabe. Lo que está
claro es
que Doctor Hugh, que no puede salvar el cuerpo de Dencombe,
sí
puede salvar su corpus, puede hacer que su obra perdure. ·Es
el
Lector, que hace que el autor siga vivo después de vivo, o
el
Crítico—el Buen Crítico—que
hace que la obra
tenga una segunda vida, y que lo que no era sino un "estilo medio" siga
desarrollándose, en vida postuma, y llegue al florecimiento
complejo de la última etapa. Ese florecimiento literario que
sólo pueden alcanzar los clásicos, los que son
releídos, y que lo alcanzan no sólo por sus
propios
méritos, sino por el encuentro de dos mentes en el espacio
literario, el Autor y el Lector, creando la clase de sentido que
sólo los clásicos pueden tener. Nadie es
clásico
en vida, ni los que se creen clásicos en vida, porque ese
sentido ya va más allá del Autor, la obra se le
ha
escapado —aunque en una dirección distinta a la
Trilby de
Du Maurier.
La lectura es algo inquietante, es una psicofonía. Los
muertos
nos hablan, nos dicen cosas en directo. Es el procedimiento por el que
seguimos vivos después de muertos, y obtenemos esas
extensiones
póstumas de la vida que algunos proyectan a nebulosas
eternidades. Es la única extensión
posible—hablar
desde los textos, y que los vivos hablen de nosotros, una vida
fantasmal por la que suspiraba Dencombe, sin planteárselo
precisamente en esos términos, cuando añoraba
"another
go, a second chance", otra vida más allá de la
vida
efectiva que había tenido.
En cualquier caso, este relato alegoriza, transformándola en
amistad presencial, y en una especie de matrimonio de los
espíritus, la relación entre un autor y su
público, que por necesidad es in absentia en el caso de los
clásicos. Aquí el Autor gratifica su necesidad
emocional
de sentir esa proximidad convirtiendo a sus lectores futuros, los
lectores de su estilo tardío que sólo la Historia
le
dará, en amigos que le murmuran palabras de amor en su
lecho—aunque sea su lecho de muerte. Era contacto humano,
emoción, lo que buscaba el Autor al escribir, siquiera fuese
de
una manera tortuosa e indirecta—su manera:
'You're a great success!' said Doctor Hugh, putting into his young
voice the ring of a marriage-bell. (258)
El cuento habla de sí mismo con la voz del autor que
permanece,
el que sigue viviendo y hablando en sus escritos, y a la vez habla con
la voz del cuerpo que muere, la vida personal llena de frustraciones, y
en realidad más breve, terriblemente más breve
que el
arte.
'Frustration's only life,' said Doctor Hugh.
'Yes, it's what passes' Poor Dencombe was barely audible, but he had
marked with the words the virtual end of his first and only chance.
(258)
Pero veamos el
análisis/narración de Lodge sobre "The Middle
Years":
El
Dr. Hugh a partir de
entonces se dedicó a cuidar, y quizá a curar, al
autor enfermo, que 'elevándose
otra vez un poco sobre las débiles alas de la convalescencia
y
todavía presa de ese feliz desiderátum de un
rescate
organizado, encontró una vena de elocuencia para defender la
causa de cierto espléndido "estilo tardío", que
habría de resultar ser la ciudadela misma de su
reputación, el fuerte en el que se custodiaría su
auténtico tesoro'. Esto
era una ensoñación recurrente del propio Henry,
que
habría de cumplirse sólo cuando se hubiese
sobrepuesto a
toda idea vulgar de 'éxito' como novelista por el
procedimiento
de obtenerlo de manera tangible como dramaturgo, pero era una
ensoñación que no deseaba revelar de manera
demasiado
obvia. El decoro, tanto en el sentido ordinario como en el literario
del término, dictaba que al autor ficticio habría
de
rehusársele esta feliz consumación. Dencombe
debía
morir al final del relato, en sus años intermedios, con la
obra
de su vida incompleta. Imaginándose a sí mismo en
esta
tesitura, Henry invocó unas palabras en el lecho de muerte
tan
conmovedoras y elocuentes que le trajeron lágrimas a sus
propios
ojos mientras las transcribía: '"Una
segunda oportunidad— eso
es el espejismo. Nunca había de haber sino una. Trabajamos
en la
oscuridad—hacemos lo que podemos—damos lo que
tenemos.
Nuestra duda es nuestra pasión, y nuestra pasión
es
nuestra tarea. El resto es la locura del arte"' Ni
él mismo estaba muy seguro de lo que significaban las dos
últimas frases; como los parlamentos de Hamlet o Lear,
contenían más de lo que podía expresar
una
paráfrasis prosaica. Si hubiese de morirse
mañana, le
gustaría que se inscribiesen en su lápida.
Para intensificar lo
que se hallaba en juego en esa historia, decició que la
devoción del Dr. Hugh al autor haría que se
distanciase
de la vieja dama, su protectora, y perdiese así la
oportunidad
de casarse con la joven, compañera de ella. Releyendo el
relato,
se le ocurrió a Henry que Fenimore diría que una
vez
más estaba oponiendo las mujeres al arte, o el matrimonio al
arte—y tendría razón: la prueba estaba
de modo
innegable allí, en la última página,
cuando el
Doctor declaraba que sacrificaba voluntariamente su relación
con
la joven, y aseguraba al novelista moribundo su éxito
literario:
"'¡Has
tenido un un éxito enorme! ' dijo el Dr. Hugh, poniendo en
su voz juvenil el tono de una campana de bodas". Henry
pensó si eliminar o cambiar el tropo matrimonial
irónico,
pero lo dejó ahí. Cuando lo leyese Fenimore a la
vez se
enfadaría y sentiría que le daba la
razón, pero no
estaría de más que ella no tuviese ilusiones de
ningún tipo en lo tocante a los auténticos
sentimientos
de él. Sobre algunas cuestiones se comunicaban mejor a
través de sus ficciones que en sus conversaciones. (168-69).
Henry James, nos dice Lodge, se sentía a estas alturas muy a
gusto en compañía de sus propios Dr. Hugh
jóvenes
cultos y admirativos, discípulos admirando un maestro, una
relación platónica muy del gusto de James ahora
que
había superado (por la vía de la
supresión) los
peligros, dudas y problemas asociados con el sexo en su juventud.
Entonces había rechazado los avances del poeta homosexual
Zhukovski durante una estancia en Nápoles; ahora se
mantenía a distancia prudente del inquietante Oscar Wilde,
aunque algunos de estos jóvenes efebos que rodeaban a Henry
eran
también amigos de Wilde. Otra cosa más en la que
prefería, sin duda, no pensar mucho.
Así pues, no tiene Henry James aura de un novelista
homosexual a
pesar de los esfuerzos de los Gay Studies. Poco lo relaciona Lodge con
el tema o concepción de la homosexualidad; y lee el relato
"The
Middle Years" como un intento de mantener a raya, entre
líneas,
a Fenimore. Yo lo veo más bien como una
sublimación de
deseos inconfesables a sí mismo, y como un desplazamiento al
ámbito literario de la intimidad erótica que
James no
quería o no podía tener en su propia vida.
Porque,
¿qué experiencia de intimidad más
intensa, para un
Autor, que ser leído? ¿O qué
seducción
más seductora, que la de atraer a un lector?
Seducción para seguir viviendo, en cierto modo, como
palabras
sin cuerpo, porque un autor vive esa existencia
(¿transcendental? ¿infernal?) mientras lo lean
sus
lectores. Vivimos (en esa vida póstuma, de sombras del
Hades)
mientras hablen de nosotros, mientras se vea alguna imagen nuestra, o
mientras se piensen nuestros
pensamientos, o se lean nuestras obras. De este tema
trató James en un ensayo de hacia 1909-10 contribuido al
libro After Days.
Así resume Leon Edel la conclusión de James sobre
el
más allá y la vida después de la
muerte:
Si
por vida se entendía vida física,
creía que no la
había. La muerte era absoluta. Lo que vivía
más
allá de la vida era lo que la consciencia creativa
había
descubierto y hecho: y sólo si estaba atesorado en una forma
capaz de pervivir. (Cit. en Lodge 380).
La literatura es para James esa "acumulación del tesoro
mismo de
la consciencia" (cit. en Lodge 381), un tesoro que sólo
puede
descubrir otra consciencia, la del lector. Aunque el lector puede ser
un cristiano creyente como Lodge, o un materialista convencido y
profesor de literatura como Edel, y quizá el tesoro que
encuentren no sea exactamente el mismo. Y tampoco tiene por
qué
ser el mismo que el autor creyó que enterraba; en nuestras
obras no leen lo que pusimos; puestos a excavar tesoros,
salen montones de cosas del suelo, y ni esta vida ni la
póstuma
está garantizado que las vivamos como tenemos
planeado.
La historia inscrita
Ayer fui a la "I Jornada sobre Blogs corporativos y aragoneses" ("y"
por "o", disyuntivo, no intersectivo - quiero decir que
también
iba sobre blogs aragoneses no corporativos y blogs corporativos no
aragoneses). Lo de "corporativos" es más o menos anglicismo
("corporate") por "blog de empresa"—que aquí lo de
"corporativo" suena a colegio de médicos o sindicato
vertical. Era en el Hotel Boston, estaba la salita
(pequeña) más o menos llena, y se le
podía poner
cara a algunos de los blogs que leemos - creo que sería
práctico que cada cual llevase en la solapa una tarjeta con
el
logotipo de su blog, que le pones más cara al blog que al
bloguero. Por cierto, una de las cosas que decían sobre los
blogs de empresa: ponle foto, no anonimices, da la cara al
público. Había en los consejos poco miedo a la
apertura
pública de comentarios (un blog sin comentarios no
será
un blog quizá, pero yo creo que sí puede ser una
muy
buena herramienta de publicidad). Yo (y las empresas) opinamos que el
tema de los comentarios negativos o (y/o) malintencionados no es de
desdeñar en el mundo de la empresa, o de la
institución.
Desde luego, en lo que a mí me toca, la Universidad no
parece
tener la menor intención de fomentar la creación
blogs
institucionales para sus centros, titulaciones o productos.
Un peligro que yo veo en eso de "dar la cara por la empresa" es que tu
cara se transforma en tu empresa — o sea, que tu cara debe
adquirir una línea editorial determinada, algo muy
americano...
y que es el futuro sin duda. Las opiniones diversas, variadas,
conflictivas, contradictorias, esas, al blog anónimo, como
si
fuese el inconsciente del bloguero empresarial. La foto ha de ser
sonriente, otra cosa no es buena para el márketing.
Algunos de los ponentes hablaron de la historia de su blog,
qué
les llevó a bloguear, cómo se
desarrolló,
derivando hacia funciones nuevas, interactuando con las actividades en
apoyo de las cuales surgió, encontrando su
público... Un
momento de reflexión y reevaluación que se da a
veces en
otras ocasiones, como en los cumpleaños del blog. Se cuenta
entonces una historia que ya está grabada en la sustancia
del
propio blog, que tiene esa dimensión de historia inscrita.
Una
serie de acontecimientos que han pasado y que han dejado una huella
textual unificada, pública y desarrollada si no siempre de
modo
narrativo, sí de modo dramático, y con esa
narratividad
que supone el volver constantemente atrás a evaluar el
resultado
de las propias expectativas y acciones. O sea: una historia que ya
está contada en parte, pero que necesita volverse a contar
constantemente, incrementando así la dimensión
narrativa
del blog. Retelling
what is told. Y
a eso nos dedicamos parte del tiempo, dentro y fuera del blog, porque
si algo interesante tiene esta dimensión del blog es que lo
mismo sucede con las personas. Llevamos nuestra historia inscrita, en
parte al menos, en el cuerpo (no corporativo) y en lo que de nosotros
sabe el dominio público. Pero eso no nos impide contarla una
y
otra vez, a medida que se sigue transformando. Una dimensión
más del blog como cuerpo virtual o alternativo de unos seres
marcados por el tiempo y por las inscripciones que va dejando.
Por cierto, aconsejaban también encontrar maneras de que no
quede muerto el archivo del blog, así que supongo que estoy
acertado poniendo estos enlaces finales que llevan al pasado, siempre
al pasado, nunca al futuro. De momento.
Hemos vuelto a dirigirnos al Rector de la Universidad de
Zaragoza para ver si clarifica la situación en el postgrado
de
Estudios Ingleses, y en general en todos los
postgrados—dictaminando si es posible que estas
enseñanzas
oficiales se la apropien los grupos de investigación (grupos
de
"intereses especiales" y de apoyo mutuo) excluyendo a los no- miembros,
por muy Doctores y Profesores Titulares que sean; y la LOU que cante
misa cuando dice eso de "plena capacidad docente e investigadora". El
Rectorado contesta, pero contesta tímida y educadamente, sin
que
parezca chocarle esta apropiación indebida con pisoteo de
derechos, y pitorreo, incluidos.
Lo que se ventila es utilizar el apoyo del grupo para pasar por delante
de otros profesores más antiguos Y CON MAS CURRICULUM a la
hora
de elegir asignatura. Se les excluye por decreto, y presto, ya hemos
dado un salto en la jerarquía. (Jerarquía de
cuerpo y
antigüedad que se sigue aplicando con inflexibilidad leonina
dentro del propio grupo, por supuesto—hasta ahí
podríamos llegar). Ah, se me olvidaba. La ventaja de "estar
en
el máster", currículum y prestigios aparte, es
que te
puedes diseñar una asignatura más a medida de tus
intereses docentes. Y otro pequeño beneficio: el horario de
mañana—también te saltas turnos de
elección
de horario, así como quien no quiere la cosa. Pero claro,
estas
cosas seguro que no entran en la consideración de las almas
puras universitarias, únicamente movidas por el impulso
hacia la
Calidad. En suma, que los nuevos grupos de investigación
vienen
funcionando como las viejas cátedras
autocráticas: manda
el catedrático, y tiene sus protegidos (los miembros del
grupo)
a quienes favorecerá por encima de los que vayan por libre y
no
sean catedráticos. Vamos, feudalismo rearmado, contra la
letra
de la ley que garantiza los derechos de profesores titulares.
La Dirección del departamento deja hacer, y da por bueno
todo lo
que venga de las cátedras. Y en caso de duda, a votar: que
los
grupos bien coordinados siempre ganan las votaciones, aunque sea de un
democrático más que dudoso
eso de suprimir los derechos de alguien por votación. Sobre
todo
cuando es una norma superior la que ha establecido esos derechos. Pero
aquí sólo se entiende el tipo de democracia que
manda
quien manda. Consciencia de los derechos de los demás, que
también son los propios, y de los procedimientos legales:
NULA.
Así que hemos impugnado nuevamente las actuaciones de este
Departamento en su postgrado (postgrado de Calidad, sí, pero
Calidad sin Ley). Extracto del último escrito al Rector:
"Queremos reiterar nuestra denuncia de que la actuación del
Departamento (de fecha 15/2/07) en supuesta obediencia a la
Resolución del Rector de fecha 22/12/06 no hace sino
disimular
la exclusión continuada de los abajo firmantes y otros
profesores del Programa de Doctorado de Estudios Ingleses. Esto se
expuso a V.E.M. en un nuevo recurso de fecha 14/3/07 donde se ruega a
V.E.M. vele por la ejecución de las resoluciones del
Rectorado.
Dicho recurso todavía sigue sin respuesta.
Rogamos que en las resoluciones a estos recursos se haga
mención
explícita de nuestros nombres, del Postgrado/programa de
Doctorado de Estudios Ingleses, y de la actuación concreta
del
Departamento que resulta contraria a derecho. Rogamos que se ordene de
modo explícito nuestra inclusión en el listado de
profesores encargados de la dirección de Tesis en este
programa
de Doctorado (pues cumplimos los criterios vigentes en la Universidad
de Zaragoza), que asimismo se explicite que no puede excluirse a los
abajo firmantes de la participación en el Máster
sobre la
base de que no pertenecen a ciertos grupos de investigación.
Esta mención completamente explícita se hace
imprescindible, pues tanto los coordinadores del Máster como
la
Dirección del Departamento han manifestado repetidamente,
como
consta en las Actas, que no son claras o no se entienden las
resoluciones del Rectorado relativas a este Postgrado, y se han
escudado
en esta supuesta ambigüedad de las resoluciones del Rectorado
para
evitar su cumplimiento.
Reiteramos nuestras quejas al Rectorado por el acoso administrativo a
que venimos siendo sometidos por los coordinadores del
Máster de
Estudios Ingleses y la Dirección del Departamento de
Filología Inglesa y Alemana, que pretenden reinventar para
nuestro caso las normas generales de ordenación docente de
la
Universidad, condicionando la capacidad docente de los Profesores
Titulares, en unas enseñanzas oficiales, al hecho de que
sean
miembros de ciertos grupos de investigación—en la
práctica, de los grupos dirigidos por los coordinadores del
propio Máster."
Bien, pues aún ha habido más actuaciones en
postgrado.
(Ya lo decía Shakespeare: todo teatro, y todos actores). Hoy
había reunión, y la presidenta de la
Comisión de
postgrado del departamento de Filología Inglesa y Alemana
nos ha
vuelto a reiterar que no conocía cuáles son los
criterios
para dirección de tesis en esta universidad, y si se nos
estaba
excluyendo con razón y derecho. Pues mira que la
Comisión de Doctorado de la Universidad, y luego el
Rector, se los recordaron, y no hay más que leerse
esta
página web de la normativa universitaria donde los
pone en público y bien claritos.
Como verán, ahí no dice nada de que haya que
pertenecer a
un equipo de investigación. Pero la presidenta de la
comisión de postgrado del departamento, Dra Herrero, como el
Director del departamento Dr. Inchaurralde, siguen arguyendo que no
entienden la normativa universitaria, que se la explique el Rector un
poco más, y a la espera están de que eso suceda.
Así que se ha vuelto a desestimar nuestra solicitud de que
se
nos incluya en el programa de doctorado de Estudios Ingleses.
He constatado, sin embargo, que empiezan a desmoronarse las murallas, y
es que la necesidad aprieta. El otro día se
aprobó en
Consejo, y hoy se ha abundado en el tema, que... bueno, aunque no se
incluya a los demás doctores en el postgrado, sí
pueden
CODIRIGIR una tesis con algún doctor de dentro. Lo cual me
ha
sonado a "yo pongo el marchamo, y usted (que no le dejo tener marchamo)
pone la tesis)". Genial. Pero es sólo un primer paso, este
afloje. Porque como digo aprieta la necesidad, y si a los profesores se
les veta la entrada al programa, en cambio a los alumnos que se quieran
matricular, puente de plata, o se les caza con lazo. Se trata de
importar estudiantes y doctorandos al programa, que calidad tiene
mucha, pero
candidatos, pocos.
¿Solución? Succionemos el alumnado de otros
programas.
Por ejemplo, de este otro programa del departamento, plan viejo, no
europeo, que va a la extinción. Hoy se ha propuesto, y
votado
(con mi voto en contra) admitir al programa a todos los alumnos que
estén cursando el otro programa y así lo
soliciten,
convalidándoles todo en bloque (cuando este departamento
siempre
ha hecho morro fino y no convalidaba una asignatura de
inglés
por otra más que examinando cuidadosamente la plena
coincidencia
del programa...). Ahora se ha pasado al asalto, y desmantelamiento del
otro progama, "para beneficiar a los alumnos". Oigan, a mí
también me beneficia si de repente me convalidan la carrera
que
tengo hecha por otra más, pero no lo van a hacer,
¿verdad?
Así que quien se plantease hacer una tesis en el otro
programa..
ya sabe, a hacerla "codirigida" en este postgrado de Estudios Ingleses,
que llegó la hora de las rebajas. Supongo que por la misma
regla
de tres les regalarán los cursos de doctorado a todo el que
venga de otra universidad, del programa que sea, con tal de que se
apunte a este programa. Me pregunto si eso subirá o
bajará la calidad. Es, en todo caso, una
actuación
decidida en la lucha por la vida.
Vídeo de Álvaro siendo atacado por
una idea súbita ante el ordenador. Lo vemos a
través de la transparente pantalla. Pibo y Oscar
también están más pendientes de lo que
pasa por la cabeza de su hermano que de las cosas que les dicen.
Una vez más comenzando la asignatura de Shakespeare en
quinto curso de Filología Inglesa...
He aquí la recomendación de unos serviciales
mafiosos: Pégale un repaso a tu Shakespeare,
empieza a citarlo ya, y
todas te
harán una reverencia china hasta el suelo. ("Brush up
your
Shakespeare", de Cole Porter, Kiss
Me Kate).
MOBSTERS:
The girls today in
society Go for classical poetry, So to win their hearts
one must quote with ease Aeschylus and Euripides. But the poet of them all Who will start 'em
simply ravin' Is the poet people call The bard of
Stratford-on-Avon.
Brush up your
Shakespeare, Start quoting him now. Brush up your Shakespeare And the women you will
wow. Just declaim a few lines
from "Othella" And they think you're a
heckuva fella. If your blonde won't
respond when you flatter 'er Tell her what Tony told
Cleopaterer, And if still, to be
shocked, she pretends well, Just remind her that
"All's Well That Ends Well." Brush up your Shakespeare And they'll all kowtow.
Brush up your
Shakespeare, Start quoting him now. Brush up your Shakespeare And the women you will
wow. If your goil is a
Washington Heights dream Treat the kid to "A
Midsummer Night Dream." If she fights when her
clothes you are mussing, What are clothes? "Much
Ado About Nussing." If she says your
behavior is heinous Kick her right in the
"Coriolanus." Brush up your Shakespeare And they'll all kowtow, And they'll all kowtow, And they'll all kowtow.
Brush up your
Shakespeare, Start quoting him now. Brush up your Shakespeare And the women you will
wow.
Parece como si
aún saliésemos de ver la vieja Hairspray
de 1988, de John Waters, y nos metemos a ver la nueva
versión
musical, corregida y aumentada de talla por si hacía falta.
Travolta está divino, y los demás no se quedan
parados; los
colores son brillantes, los peinados molan, los bailes espectaculares,
las canciones buenísimas y el ritmo contagioso. Salimos del
cine
bailando como gordas, así que queda recomendada de todas
todas.
Supuestamente la película va a favor de la
integración
erótico-social de las marujas y de las tallas grandes,
contra la estética
Barbie, y a favor de la sociedad multirracial y mezclada, sin complejos
ni
apartheids legales o mentales. No sorprende que sea la batalla siempre
por ganar, y que el Baltimore racista de hace cuarenta y cinco
años, cuando éramos pequeñitos, sea
una
metáfora adecuada de la separación de facto entre
círculos blancos y negros en los USA (o en cualquier otro
sitio)
hoy en día. Muy claro quea cuando hay que protestar contra
las leyes
discriminatorias, pero yo recuerdo que en los tiempos de la primera Hairspray en
el comedor de la universidad americana Brown, que hacía gala
de
su política de affirmative
action, por supuesto los blancos se sentaban con
los blancos y los negros con los negros sin que nadie les prohibiese ni
les dijese nada; y era lo normal... no se fuese nadie
a pensar que se buscaba poner en evidencia a la gente, porque (por
racismo
invertido, o sin invertir) las minorías necesitan su
espacio, o lo tienen aunque no lo necesiten. Y
así sigue la cosa parecida en muchos aspectos.
Digo lo de que supuestamente
defiende la película, porque aunque
es explícita y elocuente en la defensa de los negros, y las
gordas, y las gordas negras, y de las amas de casa, sigue siendo el
caso que los negros tienen un papel secundario
y que las gordas juegan un papel ambivalente: por una parte siguen
siendo, como siempre, entes
inherentemente cómicos, y por otra lo llevan con
alegría
y ritmo ejemplares, algo desde luego aconsejable en cualquier caso.
También "supuestamente", digo, porque hay otra
cuestión sobre la que la película no dice nada,
sólo hace: en su llamada a la lucha contra los prejuicios y
barreras mentales, y a favor de la mezcla bailona de estilos,
subculturas y maneras de ser, no menciona nunca a las
homosexuales—cuando ahora (aunque no en 1962) son los gays y
lesbian@s y los transexuales heterosexuales (whatever that means) los
que están embarcados en una lucha por derechos
civiles. La integración
de finales del XX y principios del XXI tiene a las autoridades y al
público general desconcertados, haciendo gestos
tímidos,
o atrevidos, o contradictorios, o evitando hablar del tema en lo
posible muchas veces. Esta película, como digo, trata el
asunto
por la vía ambivalente de no mencionarlo, pero incluyendo a
Travolta, como al travestí Divine en la película
anterior, en plan gorda alocada en el papel de Edna Turnblad. Pero
claro, ahí estamos trabajando con marcos distintos de
realidad
(y se cuidan de evitar escenas de besos etc.). Así que el
alegato a la vez es y no es, sugiere pero no se pronuncia, y defiende
como sin atreverse. Pero sí hace pensar "educadamente y sin
ofender a nadie" en la analogía entre los negros
discriminados
de 1962, los homosexuales discriminados de 2002, o las gordas
discriminadas de facto si no por ley (mucho más eficaz el de
facto) en la cultura de la imagen. Aunque a veces van las gordas y a
base de sudárselo ganan Operación Triunfo. Pero
con la
energía hay que echarle, si es que hasta adelgazas por el
camino.
Hairspray.
Directed by
Adam Shankman. Screenplay by Leslie Dixon, based on John Waters's film
Hairspray and the musical play by Mark O'Donnell. Cast: Nikki Blonsky,
John Travolta, Michelle Pfeiffer, Christopher Walken, Amanda Bynes,
James Marsden, Queen Latifah Brittany Snow, Zac Efron, Elijah Kelley,
Allison Janney, Taylor Parks, Paul Dooley, Jerry Stiller. Music by Marc
Shaiman. Cinematog., Bojan Bazelli. Ed. Michael Tronick. Prod. des.
David Gropman. Art dir. Dennis Davenport. Prod. Neil Meron, Craig
Zadan. USA: Gabriel Simon / Storyline Entertainment / Ingenious Film
Partners / New Line Cinema / Zadan/Meron, 2007.
Cuanto más incierto está el futuro
de nuestra
titulación en Zaragoza, y cuanto más colapsado
debería estar el mercado de trabajo, y no se nos colocan los
egresados,y
el paro sube en España y hay superávit
de
titulados universitarios... pues resulta que entonces de repente en
nuestro departamento salen a montones plazas (sin
candidato o "bicho" dentro, no piensen) —de funcionario o de
asociado a tiempo parcial, para que escoja Vd. la más acorde
a
sus necesidades o circunstancias. Escoger dentro de un orden: porque lo
que no salen son plazas de categoría
intermedia—por
ejemplo esas nuevas ayudantías que cobran lo mismo pero
tienen
la mitad de horas que el año pasado... esas no salen a
cuenta,
así que hecha la ley, se acabó la oferta, y
nuestra
universidad por lo menos no gusta de estos ayudantes, que ayudan
poco . Además, aquí, cuanto
más
inestable esté el personal, mejor (no para ellos, claro).
Lo que sale a concurso son por ejemplo tres plazas de profesor titular
de
Universidad (Filología Inglesa)— como digo, sin
bicho
habilitado que esté a la espera. ¿Retraso,
desfase, fallo
de cálculo de un departamento que como todos suele guardar
las
plazas celosamente para la
cantera interna? El
caso es que viene pasando: ya el año pasado salió
una
plaza de Profesor Titular aquí en Zaragoza, ciudad
céntrica y expo que dice ser, y no se presentó
ningún candidato. Así que desierta
quedó, como los
Monegros. No sé si pasará lo mismo con estas
tres. Antes
decíamos que no hay doctores en paro; y parece que se
mantiene
la cosa. Al menos, doctores habilitados en paro no parece que abunden.
Lo cual tampoco es recomendar a nadie que se ponga a hacer una tesis,
cosa que en nuestro departamento te puede costar entre ocho y diez
años de media.
Para doctores con consulta, para profesores con ganas de completar el
sueldo
y para las últimas hornadas de licenciadillos,
están las
plazas más modestas: once
plazas,
once, de asociado a tiempo parcial se van a lidiar por procedimiento
de urgencia. De estas también muchas suelen quedar vacantes,
por
otra razón: el candidato tiene que ser un "profesional" que
ejerza en otro sitio—vamos, un contrato en una academia,
plaza en
instituto o cosa parecida. A los parados, nada. Que se coloquen donde
les dejen: la Universidad sólo da plazas a los ya
colocaos—que esos no tienen síndrome de
abstinencia.
Y aún se ha hablado de otro tipo de plazas más,
las congeladas, que
aquí hay plazas frescas y también congeladas. Por
primera
vez en muchas reuniones, se ha hablado de la cátedra famosa
que
quedó vacante en 2003. Se recordará que este
asunto era el que
yo el recurrí por la vía administrativa
sin obtener
respuesta (en el
silencio sólo se escuchaba / un susurro de abejas que
sonaba)
y ante el silencio del Rectorado, llevé
a contencioso
administrativo, y perdí. Hoy se ha dicho por
primera vez de modo
explícito que si no se volvía a sacar la plaza a
concurso
era porque se estaba a la espera de la resolución
judicial... lo
cual me hace pensar que la razón debe ser otra, u otras, que
cada cual tendrá las suyas. Que si esperanzas de
acreditarse,
que si a ver si este año saco la habilitación...
Pero
vamos, les he dicho que el que la plaza estuviese recurrida, y otra vez
recurrida ahora en vía judicial, era un problema
mío, que la Universidad era muy suya para darse por aludida
o no, y
hacer suyo el problema o no, y que sería buena cosa que el
departamento se plantease de modo abierto qué hacer con la
dichosa plaza congelada.
Mucho mejor para la Universidad sería que se colocase en
esta
cátedra algún bala perdida de fuera, que no le
debiese
nada a nadie aquí. Si se quería quedar en
Zaragoza,
claro, que de eso la gente no tiene muchas ganas—y los voy
comprendiendo.
Y en fin, aparte de tanta
oportunidad de colocarse,
al menos sobre el papel (porque luego a mí se me
ocurrió
presentarme y me suspendieron de la manera más expeditiva e
improcedente)—en el Consejo hemos vuelto a reiterar nuestra
cantinela, haciendo constar en acta esta apreciación:
"A fecha de 14 de
septiembre de 2007
todavía no se han ejecutado las resoluciones en firme del
Rectorado relativas al Postgrado de Estudios Ingleses, de fechas
22/12/06
y 14/05/07,
y por tanto TODAS las actuaciones del Departamento
relativas a este postgrado conculcan la normativa universitaria."
Y
también el "ruego" de
que no la sigan conculcando—aunque sabemos que
aquí no se
atiende a estos ruegos. Es sólo for
the record.
(Bueno, lo cierto es que también se nos ha comentado por los
pasillos que si adoptásemos la actitud correcta de
auténtico y no administrativo ruego,
si fuésemos tratables, simpáticos y humildes con
los
catedráticos, directores de proyecto y legítimos
propietarios del máster, poniendo nuestro trabajo a su
disposición, si fuésemos amigos de todo el mundo,
y no
insistiésemos tanto en la letra de nuestros derechos... que
esa
sería la manera de merecer, y de que nos fuesen haciendo
sitio
en el postgrado, por abajo, en el momento y lugar que decidiesen los
cortadores de bacalao).
Así que ya saben la manera de colocarse,
quienes quieran estar colocados como lotófagos.
Pero siempre siempre, porque por fin le contestado al
colega que
me invitaba a dar una conferencia sobre narratología en una École
Supérieure des Hautes Études
diciéndole que no estoy con ánimos, o ganas, o
circunstancias para ir—
Y que muchísimas gracias por invitarme... que era
además con todos los gastos pagados.
Así que no se me oirá dar una conferencia en
francés y disertar inteligentemente sobre la
narración en
el cogollito narratológico. Qué se le va a
hacer... Lo
dejaremos para otra vida posible, o imposible. No llegamos a
todo—ni siquiera a una mínima parte de todo lo que
me
gustaría hacer, en mi caso.
Las causas de la decisión son muchas, pero la de fondo es la
confusión que rodea actualmente a lo que vale o no vale la
pena
hacer en la carrera académica de uno. Cuando le ponen a uno
una
puntuación de "muy deficiente" en las oposiciones, o le
niegan
la capacidad de participar en los programas oficiales de estudios su
propio departamento, digo. ¿Vale la pena escuernarse para ir
haciendo
demostraciones de lo mucho que vale uno en realidad? Pues llego a la
conclusión de que no.
En cuanto a lo de dar conferencias, nunca lo he disfrutado realmente,
aunque creo que sí que se refocilaría mucho el
ego dando
una en París. Pero otras circunstancias no
acompañan, y
así pues nos quedaremos en casa tecleando.
La normativa de mi departamento no me considera
"asignable" para
impartir programas oficiales de postgrado. A estas alturas, y tras dos
resoluciones del Rectorado a mi favor, siguen empecinados en su
normativa al gusto de la casa.
Ayer les recordé en una
reunión de nuestra comisión de postgrado que este
asunto
va a acabar en los tribunales de justicia, como las autoridades
académicas no se molesten en ponerle remedio. Hoy
envío
al Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza
esta
carta:
Remitente:
José Angel García Landa
Destinatario: Ilmo. Sr. Decano, Facultad de Filosofía y
Letras
Asunto: Horario lectivo 2007-2008
Fecha: 13-9-07
Ilmo Sr. Decano:
Habiendo recibido,
remitida por la
Profesora Secretaria y el Vicedecano de Gestión
Académica
y Servicios, la ficha de horario lectivo que adjunto, deseo hacer saber
a V.I. que ésta no corresponde a mi solicitud de
asignación docente para el presente curso
académico, pues
no se ha incluido en ella una asignatura del postgrado de Estudio
Ingleses ("La representación") que solicité
impartir en
mi turno de elección durante la elaboración del
POD.
Esto es decir que la
asignación docente del POD efectuada por el Departamento se
hizo
de modo irregular, pues según los criterios que utiliza, no
se
me considera capacitado para impartir docencia en el postgrado de mi
área de conocimiento—algo que atenta contra la
misma
LOU— y se alega que soy un profesor "no asignable" porque no
pertenezco a un equipo de investigación. Como sabe V.I., el
Rectorado ha emitido ya dos resoluciones a recursos elevados contra
este tipo de actuaciones del Departamento de Filología
Inglesa y
Alemana, resoluciones que adjunto también, sin que la
dirección de este departamento deponga su actitud y respete
la
normativa universitaria general, que en ningún caso
contempla la
pertenencia a equipos de investigación como requisito para
la
plena capacidad docente.
Esta
actuación del
departamento, en su último Consejo celebrado el 3 de julio,
ha
sido nuevamente recurrida ante el Rectorado, sin que hasta ahora se
haya recibido respuesta a este recurso.
Lo cual le comunico
para su
conocimiento y efectos, trasladando copia al Director del Departamento
de Filología Inglesa y Alemana.
Son los reyes del tupé y uno de los grupos preferidos de los
chavales. He aquí otros que son poco
recomendables para puristas, y eso que ni entro en la
incorrección política de "Leningrad". Me basta
con el shock que produce el contraste entre el atuendo del cantante y
la estética tipo realismo socialista del documental en
blanco y
negro:
Y aún menos para puristas es su
versión de "Delilah"—esto hay que verlo por la
incongruencia excesiva del espectáculo con los coros del
Ejército Ruso. Aquí
hay un vídeo no insertable.
Lunes 10 de septiembre de 2007 Por
la Galaxia Gutenberg
Según
explica el propio autor de La
Galaxia Gutenberg, Marshall McLuhan, "La galaxia Gutenberg
trata de señalar el modo en que las formas
de
experiencia, de perspectiva mental y de expresión han sido
alteradas
primero por el alfabeto fonético, y por la imprenta
después" (McLuhan
30).
Es curioso que Woody Allen saque a McLuhan del bolsillo en Annie Hall para
taparle la boca a un crítico, diciéndole McLuhan al crítico from the horse's mouth
que no quería decir en sus obras nada de lo que el
crítico explicaba—una postura autorialista muy
propia ciertamente de
McLuhan, pero un tanto extraña al fin en un seguidor del
antiintencionalista New
Criticism y en un teorizador de los cool media, esos
que requieren la coparticipación del receptor. (Hace poco en
la MIT Press, abreviando el título de su Understanding Media
titularon un libro de McLuhan
Understanding Me). Sea como sea, si el crítico no
entendía nada,
tiene su disculpa, pues el estilo de McLuhan no es que sea un modelo de
claridad ni de orden expositivo, al menos en La Galaxia Gutenberg.
Es lo que él llamaba el "estilo mosaico" de
exposición—no
inspirado por Dios ni por Moisés, sino por el azar de las
lecturas—un estilo bastante impresionista y
bloguístico,
pero raro en un libro académico, pues va torciendo la
línea argumentativa o temática del libro de modo
un tanto
ad hoc según lo que esté
leyendo McLuhan,
según
las ideas que le crucen en la cabeza otros libros y cogitaciones. He
de decir, por mi experiencia personal, que no está mal como
sistema generador de ideas, pero que no lleva a explorarlas de modo muy
sistemático. Y en el caso de McLuhan al menos, la
conexión que a veces se postula entre las ideas que se van
exponiendo y la tesis central del libro... es tenue, o traída
por
los pelos, o digna de ser marcada como yo hago con un gran interrogante
al margen. De ahí cierta oscuridad y arbitrariedad,
superpuesta
con ideas brillantes y fecundas.
La mayor fuente de arbitrariedad: el simplismo dicotómico,
paradójicamente superpuesto a una voluntad de
complejidad multidimensional. Tomemos por ejemplo la
distinción
entre medios fríos y calientes: McLuhan coloca en extremos
opuestos una fotografía y un dibujo, sin perder mucho tiempo
en
lo relativo de la oposición entre fotografía y
dibujo, y
en la variedad de estilos transicionales de representación
que
darían al traste con una dicotomía simple. Por no
hablar
de su definición de la televisión como un medio
no
esencialmente visual, o
audiovisual, sino "táctil"... ¡en
contraposición al cine! McLuhan lleva su idea en mente, y
las
complejidades de la semiótica, de los protocolos
múltiples de representación, de las
intermedialidades...
no le inmutan lo más mínimo a la hora de
dictaminar sobre
un punto dado. Lo mismo con las características
"sensoriales"
del alfabeto: la escritura ideográfica es tribal, y
sólo
el alfabeto destribaliza. Con lo cual se simplifica toda la cultura
china y se la mete en el mismo saco de las tribus iletradas, o casi (p.
97). Y
cuando llega Gutenberg, para terminar el trabajo de
destribalización, parece hacer su trabajo de modo
instantáneo, si nos atenemos a McLuhan. En 1500, presto, ya estamos en la era
Gutenberg,
sin ningún tipo de inercia medieval al parecer, igual que en
1900, al haber ya telégrafo, ya ha quedado enterrada la era
tipográfica. En sus peores momentos parece una caricatura de
McLuhan, ciertamente.
La idea básica de La
Galaxia Gutenberg
es que la tecnología de la palabra impresa
(alfabética)
cambia el equilibrio entre los sentidos, e inaugura una nueva
relación con el mundo. Poco énfasis pone McLuhan
en los
efectos culturales, administrativos, comunicativos
en realidad, de la imprenta. Lo reduce—o más bien
lo
remite, no quiero ser yo reduccionista—a efectos
psicológicos y a hábitos de lectura. Lo que viene
a
querer decir que reduce la complejidad social de la
economía,
las disciplinas del conocimiento, los efectos organizativos de la
comunicación, a los términos de lo que cabe en su
teoría, o en los intereses más directos suyos. Y
eso es
simplificar, espectacularmente, en aras del espectáculo de
la
teoría. Si McLuhan tenía aciertos brillantes, no menos
acertados
eran los diagnósticos de sus críticos
más
demoledores.
No demoledor, aunque sí crítico, está
su
prologuista en la edición del Círculo de Lectores
(1998),
Javier Echeverría. Presenta a McLuhan como "uno de los
mayores
defensores del determinismo
tecnológico, según el cual algunas
técnicas son las causas principales de las revoluciones
culturales por las que ha pasado la humanidad"—el libro
impreso en concreto en el caso de La
Galaxia Gutenberg.
Y "muy dudoso" le parece McLuhan cuando afirma que la nueva "era
electrónica" que sucede a la "era tipográfica" es
una
regresión a formas orales y estructuras tribales. Parte de
la
inspiración para McLuhan vino del libro de su amigo Harold
Innis
Empire and Communications
(1950). La idea básica es que algunas
técnicas
cambian el sistema sensorial humano, y por ello cambian el mundo: en
concreto, "la proporción entre los sentidos cambia cundo
cualquiera de ellos o cualquier función corporal o mental se
exterioriza en forma tecnológica" (McLuhan,
17)—sucedió con la imprenta, y sucede luego con la
televisión y ahora el ordenador. Como dice
Echeverría,
"El determinismo tecnológico de McLuhan está
profuntamente mediatizado por una concepción
básicamente
sensorial del mundo.
Todas las tecnologías son
extensiones de
nuestro cuerpo: la palanca es una extensión de nuestro
brazo, el
libro de nuestro ojo, la ropa de nuestra piel, y los circuitos
electrónicos son una extensión de nuestro sistema
nervioso central" (18).
Centrándonos más en la revolución de
la escritura,
sostiene McLuhan que la palabra escrita transforma fundamentalmente la
consciencia, hace
procesar la información (toda
la
información, no sólo la escrita) de manera
diferente,
hace posible la aparición de la geometría y del
espacio
euclídeo... todo por la separación que
efectúa
entre vista y tacto, entre forma y contenido. Eso lleva a la ignorancia
de la forma, y a privilegiar el contenido (aquí
conectaría McLuhan mínimamente con la gramatología de Derrida). Para
McLuhan, la forma es mucho más importante, aunque la
perdamos de
vista: el medio es el
mensaje, afirmación que lleva a veces hasta
extremos realmente peregrinos, y que transforma luego en el medio es el masaje (the medium is the
massage),
para enfatizar las cualidades táctiles. Diría uno
que desechando el mensaje y quedándose en el medio
se pierde
McLuhan parte del mensaje al menos, o se queda a medias... Esta postura
en su extremo (que
no teme abrazar McLuhan) nos llevaría no ya a decir que "lo
importante en televisión no es lo que se diga, sino
cómo
se diga" (Echevarría 10) sino a sostener que da igual lo que
programe la televisión con tal de que esté
encendida.
Sobre la revolución de la imprenta evidentemente tiene
McLuhan
cosas importantes que decir. "La imprenta transformó el
hábito de lectura, que antes era oral y público,
y no
privado y silente, como en la era de Gutenberg" (Echeverría
20),
y esto con efectos lingüísticos y culturales colaterales.
"Anteriormente, las normas ortográficas no eran fijas y la
corrección gramatical no era excesivamente importante. Desde
que
la imprenta suscita la unificación de la
ortografía y la
gramática, la escritura ha de ser, ante todo, correcta"
(Echeverría 21). Esta asociación de la norma
lingüística con la imprenta ha sido desarrollada
por la
lingüística integracional (Harris, Wolf, Toolan, etc.) en
direcciones que
como McLuhan combinan lo penetrante con lo irritante. Antes de la
imprenta, copiar y difundir era meritorio ("como ahora sucede en
Internet" dice Echevarría curiosamente... lo malo es la
interferencia con la cultura de propiedad intelectual de la imprenta).
La era electrónica para McLuhan deshomogeneiza y descentra
la
cultura, un análisis demasiado simplista que lleva
extraña identificación de la aldea
global con...
eso, una aldea, una atomización tribal primitiva, como si
una
frase
afortunada (?) justificase el perder de vista todas las
demás dimensiones de
análisis de la globalización, excluida la
supuesta
fragmentación cultural, pues la globalización parece más bien un
movimiento de signo
contrario. Para Echevarría, aquí se equivoca McLuhanpor
completo
anunciando este retorno a la oralidad primitiva: "resulta sorprendente
que McLuhan piense que la cultura electrónica es
incompatible
con la centralización" (24).
Igualmente discutible y simplista es la manera en que aplica de modo
diferencial esta prioridad del medio a los medios fríos y
a los
calientes—por
lo ya dicho. (Puede leerse aquí a
título de ejemplo
alguna nota crítica de Noel Carroll sobre estas cuestiones: "Carroll,
McLuhan and the Electronic Future").
Y en cuando está realmente lanzado, McLuhan adopta una
visión Teilhardiana de un futuro theocyberpunk,
en
el que "los medios electrónicos hacen posible una
integración psíquica común y crean la
universalidad de la conciencia prevista por Dante"
(Echeverría
18)—pasando así más allá de
una aldea global
a una noosfera mística. En
la entrevista que dio a Playboy
McLuhan ve el futuro de la Humanidad más allá de
las
estrellas... y aún tiene la cara dura de hacerse pasar por
pesimista y escéptico ante esta evolución.
Para McLuhan, "son los medios de comunicación (desde la
Biblia a
Internet, pasando por la recitación y el libro) los que
crean la
realidad en la que actuamos los seres humanos, y por eso son
completamente fútiles los debates sobre la realidad virtual
y la
realidad 'real', entendiendo esta última como la realidad
generada por un medio obsoleto y en trance de declive"
(Echevarría 23)
—Lo
malo es que McLuhan es un tanto dado a los entierros prematuros...
Notas sobreLa Galaxia
Gutenberg:
Entre sus predecesores e influencias, cita McLuhan los estudios
sobre oralidad de Albert B. Lord, The
Singer of Tales (29);
también cita a Harold Innis (The Bias
of Communication;
Empire and Communication), a William Ivins (Art and Geometry) y
a Walter J. Ong.
Ong fue estudiante / inspirador / colaborador de McLuhan; ya comenté en
otra ocasión su teoría de la
interiorización
de tecnologías aplicada al contraste entre oralidad y
escritura,
muy en la línea de McLuhan, pero con un tratamiento menos arbitrario ("El
lenguaje como tecnología interiorizada").
De Innis dice McLuhan que todo este libro sólo le añade
una nota a pie de página (98). También J.
C. Carothers habla en un artículo de 1959 del mundo
"auditivo"
del africano y el mundo visual que el europeo debe a la escritura.
Y algunas de estas ideas derivan the David Riesman (The Lonely Crowd).
Vamos, que casi todas las ideas que se suelen atribuir a McLuhan son
atribuidas por él a otros... La combinación es
propia,
pero también es cierto que los ingredientes no siempre
combinan bien.
Karl Rodbertus y Karl Bucher, en sus estudios de economía
antigua, también observaron la transformación
social
concomitante al uso de la "tecnología" monetaria. Bucher
propuso
una especie de retrospección imaginativa,
colocándonos en
el punto de vista de los antiguos y no aplicándoles a
posteriori
nuestras categorías (—una noción sobre
el estudio
de transformaciones que tiene que ver con las críticas al hindsight
bias, como las de Herbert Butterfield, Gary Saul Morson y Michael
André Bernstein). La tecnología eléctrica invierte según McLuhan la
tendencia de
la era tipográfica en la modernidad temprana: "es el nuestro
el
inverso problema de vernos confrontados por una tecnología
eléctrica que parece dejar anticuado el individualismo y
hacer
obligada la interdependencia corporativa (29)—una
afirmación como menos sweeping
y precipitada.
La tecnología transforma a la sociedad, según
McLuhan, porque en primer lugar transforma la experiencia humana:
"El hombre ese animal que construye instrumentos, sea el lenguaje, la
escritura o la radio, se ha dedicado desde hace mucho tiempo a ampliar
uno u otro de sus órganos sensoriales, pero lo ha hecho de
tal
modo que todos los restantes sentidos o facultades han sufrido
extorsión. Si bien han pasado por tal experiencia, los
hombres
han omitido constantemente, sin embargo, hacerla seguir de
observaciones" (33).
La teoría de la transformación y
reequilibración
estructural de las secuencias cerebrales y esquemas de
actuación
como consecuencia de la tecnología se remite a J. Z. Young, Doubt and Certainty in Science. También
Edward T. Hall se refiere a las tecnologías y herramientas
como extensiones
materiales del cuerpo; a todos los cita McLuhan con
humildad: "lo que se hace en La
galaxia Gutenberg
es proseguir las meditaciones de J. Z. Young sobre este tema" (37).
Young da importancia al papel del cerebro a la hora de proporcionar
centros de
interacción para las diversas percepciones y
estímulos,
característica de la inteligencia humana. (Es
ésta una
noción muy interesante que puede cotejarse provechosamente
con
las investigaciones de Gerald Edelman, Wolf Singer, Stanislas Dehaene
et al., y Petra Stoerig reseñadas aquí: "Más
consciencia"). Quizá haya que buscar otro antecedente del
sensorialismo de McLuhan en la noción de T. S. Eliot de una dissociation of sensibility
que aquejó al hombre moderno gradualmente—aunque
Eliot no
la atribuye de modo prioritario a la imprenta. La noción de
la
recuperación del equilibrio
intelectual y emocional también responde a una cierta narrativa
primitivista
reconocible
en Eliot (para Eliot es la poesía la que nos devuelve este
equilibrio).
El desarrollo tecnológico nos hace perder a veces la
perspectiva
lingüística sobre los objetos. Así, dice
Young,
"La
palabra átomo o electrón no se usa como el nombre
de una
pieza. Se usa como parte de la descripción de las
observaciones
de los físicos. No tiene significado sino cuando la emplean
gentes que conocen los experimentos en que se revela" (cit. en McLuhan
36-37).
Para McLuhan, la tecnología con frecuencia desequilibra o
aísla las funciones cerebrales en lugar de integrarlas: y de
este desequilibrio perceptual deriva las transformaciones culturales
acarreadas por la escritura y la imprenta: "Y es que la 'sociedad
abierta' fue consecuencia del alfabeto fonético, como pronto
veremos, y hoy está amenazada de erradicación a
manos de
la tecnología eléctrica" (39). También
la
capacidad de abstracción de la mente humana moderna es obra del
alfabeto
fonético,
"y no de cualquier otra forma de escritura o tecnología"
(39).
¿Una causa universal? Parece más bien una
determinación
de simplificar por hipertrofia del objeto estudiado, de reducir la
complejidad de la realidad a un método o Causa Primera. Sin
siquiera concederle mucho papel a la interacción de efectos
entre causas secundarias... Aunque sí es cierto que reconoce
McLuhan que "La verdadera revolución se produce en esa
más tardía y prolongada fase de ajuste de toda la
vida
social y personal al nuevo modelo de percepción
establecido por una nueva tecnología" (60). Matizando su teoría de la
revolución súbita.
El análisis de El
Rey Lear
es ejemplar de ciertas maneras de McLuhan a las que nos hemos referido:
medio traído por los pelos, medio alegorizado, no es en
absoluto
convincente como síntoma de la "era
Gutenberg"—definida
como una era alfabética. Otra cosa es que se vean
síntomas de la degradación de la Cadena del Ser,
pero que
esa degradación sea obra de la imprenta, mal demostrado
queda.
"En el siglo XVI, la idea de una segmentación
homogénea de personas, relaciones y funciones solamente pudo
aparecer como la disolución de todos los vínculos
del
sentido y la razón" (47)— es insuficiente la
noción
de "segmentación homogénea" para establecer una
conexión entre Lear y la imprenta, como no sea una mera
conexión mental en quien está aplicando esta
teoría un tanto a troche y moche, trazando líneas
de
gravitación donde no hay sino un punto de vista subjetivo
como
base unificadora. Y es que la Galaxia
Gutenberg parece en estos casos más bien la Constelación
Gutenberg...
En el comentario de la escena de Gloucester en Dover
(49-50),
las invocaciones de McLuhan a un nuevo sentido de la tercera
dimensión perspectivística como una
ilusión son
también extrañamente delirantes... sobre todo si
se
piensa que se refieren a una obra dramática de Shakespeare no
primordialmente impresa, sino
audiovisual. Reducir
los efectos teatrales
de Shakespeare a una única causa, y esa causa que sea la imprenta,
no
puede responder sino a una voluntad preconcebida de
nivelación
monotemática.
Similarmente obtusas y atípicas son muchas de las
asociaciones
de McLuhan, por ejemplo cuando define la invención de la
rueda
como una abstracción sobre la base ¡de
formas animales!
Vegetales o minerales, será más bien (troncos, piedras,
etc.). Porque animales con ruedas, pocos hay.
O
veamos como caso sintomático de asociación
obsesiva en McLuhan esta lectura de Yeats:
"W. B. Yeats
escribió un epigrama que expresa en forma
críptica los temas de El
rey Lear y de Don
Quijote:
A Locke le dio un
desmayo. El jardín se
marchitó Dios ha quitado la rueca de su lado
El desmayo
de Locke fue el
trance hipnótico inducido por la intensificación
del
componente visual en la experiencia, hasta que llega a ocupar todo el
campo de la atención". (51)
Pues será... o más bien
será que no.
Sospechamos que no puede atribuirse a Yeats, en críptica
expresión, la visión que el propio McLuhan pueda
tener de
Locke, en quien hay muchos otros temas aparte de los visuales que
podrían causar ese "desmayo" tan arbitrariamente
interpretado por McLuhan. Muchas veces este oscurantismo,
como se suele decir, más que oscuridad, actúa de
modo
tiránico en su razonamiento, haciendo pensar al lector que
si
McLuhan lo ha visto, por muy traído por los pelos que
parezca,
debe ser que ahí está, y que si yo no lo veo debe
ser que
me falta insight...
Pero como
decimos, a veces parece que McLuhan va ensartando sus lecturas un
poco al azar y asociándolas mal que bien al tema que quiere
desarrollar. Lástima no poder sacar a Yeats de
detrás de
la cortina para decir que "no, Sr. McLuhan, no es eso en absoluto lo
que yo quería decir"... pero es cuestión menor:
más grave es la impresión que nos queda de que ni
lo
quería decir, ni lo dice sin querer.
Y siento que me esté saliendo tan negativa esta
relectura
de McLuhan, porque lo cierto es que el libro me había
resultado
interesante y sugerente a pesar de cierta tendencia al sweeping statement fácilmente
apreciable.
De Carothers deriva McLuhan la desacralización de la palabra
por
la escritura: "en general, las palabras, al hacerse visibles, pasan a
formar parte de un mundo de relativa indiferencia para el que las ve,
un mundo en el que la fuerza mágica de la palabra ha sido
extraída" (cit. por McLuhan, 55), —y sin embargo
esto dice
muy poco sobre la asociación de la escritura a lo sagrado en
las
primeras civilizaciones.
También es Carothers quien asocia la
internalización de
la escritura al desarrollo de la interioridad y del individualismo en
contraposición a la normativa social transmitida por
tradición o imposición pública: "En una sociedad
altamente
civilizada (...) la adecuación de la conducta en lo visible
deja
al individuo libre para desviarse interiormente. No así en
una
sociedad oral, donde la verbalización interna es conducta
social
efectiva" (McLuhan 56). Esto me hace pensar en el planteamiento de
Elizabeth I sobre la conformidad religiosa: exigía la reina
conformidad
externa, pero negaba que tuviese voluntad de ir a examinar el interior
de las conciencias de sus súbditos...
La alfabetización produce una especie de esquizofrenia, nos
dice La Galaxia Gutenberg.
Las letras se interiorizan y esto rompe el equilibrio previo de
nuestros procesos mentales. No la simple escritura, no: más
precisamente la escritura
alfabética, y además el efecto parece inmediato
(una
dudosa violencia de efectos mentales que requieren las
dicotomías y periodizaciones de McLuhan):
"Si se
introduce una
tecnología, sea desde dentro o desde fuera, en
un cultura, y dan nueva importancia o ascendencia a uno u otro de
nuestros sentidos, el equilibrio o proporción entre todos
ellos
queda
alterado. Ya no sentimos del mismo modo, ni continúan siendo
los
mismos nuestros ojos, nuestros oídos, nuestros restantes
sentidos. La interacción entre nuestros sentidos es
perpetua,
salvo en condiciones de anestesia. Pero cuando se eleva la
tensión de cualquiera de nuestros sentidos a una alta
intensidade, éste puede actuar como anestésico de
los
otros" (61-62).
"Aquellos que
padecen la primera
embestida de una nueva tecnología, sea el alfabeto o la
radio,
responden muy intensamente porque las nuevas proporciones de los
sentidos, establecidas inmediatamente por la dilatación
tecnológica del ojo o del oído, ofrecen al hombre
un
sorprendente mundo nuevo, que evoca una nueva y vigorosa
conclusión, o nuevo modelo de interacción entre
todos los
sentidos en su conjunto" (59)
Los filósofos griegos son los exponentes de esta nueva
cultura
de la abstracción fomentada por la escritura
alfabética. Y de ahí una asociación entre el
desarrollo de la escritura alfabética y el de la
filosofía.
"Los presocráticos todavía tuvieron, en
general,
una cultura analfabeta. Sócrates estuvo en la frontera entre
aquel mundo oral y la cultura visual del alfabeto" (60) (—y
es
tentador en efecto ver a Platón, con sus
diálogos, como
un puente entre la oralidad y la escritura, y a Aristóteles
como
el exponente de la extremada abstracción de una cultura
plenamente alfabética). Recuerda McLuhan ese pasaje de Fedro donde
se llama a la escritura un "fármaco" para la memoria, que
debilitaría la memoria, pero comenta (algo
sorprendentemente) que no se aprecia conciencia reflexiva en
Platón de la importancia real de esta tecnología.
Sí ve esa consciencia (no reflexiva, será) en el
mito de
Cadmo, del que hace lecturas alegóricas (y dudosas)
siguiendo a
Innis.
Un caso más de identificación precipitada: el
retorno a
la oralidad tribal hoy en día nos hace reconocer que "cuanto en mayor
grado se
penetra en los más profundos estratos de la conciencia de
los
pueblos analfabetos, se encuentran las ideas tanto más
avanzadas
y sofisticadas del arte y de la ciencia del siglo XX" (64) - !!!
Diría yo, más bien, que cuanto más
cuidadosamente
se examinan, tanto más se matizan las similitudes
esquemáticas, o las coincidencias traídas ad hoc,
para
apreciar las abismales diferencias... Pues la historia no tiene marcha
atrás ni avanza en espirales, hasta ahora, por mucho que
diga
McLuhan.
A veces los cambios detectados por McLuhan son instantáneos,
revolucionarios: otras veces reconoce la inercia de los procesos
culturales:
A menos que se produzca una
catástrofe, el influjo del
alfabeto
y la predisposición a lo visual se mantendrán
durante
largo tiempo contra la electricidad y el conocimiento de "campo
unificado" (68)
(Como inciso, hay que decir que la aparición de la Red como hipertexto eléctrico
viene a crear un cortocircuito entre las dos polaridades de McLuhan, la
visualidad alfabética y la oralidad eléctrica...
el
hipertexto global viene a ser la refutación de McLuhan tanto
como su confirmación, lo cual no dice mucho de la coherencia
de
sus categorías).
Leyenda china que toma McLuhan de Heisenberg: "He oído decir
a
mi maestro que cualquiera que emplee una máquina
hará
todo su trabajo como una máquina"—(vaya...
pues
aquí le
estamos dando en la web): el desarrollo de la civilización
produce para McLuhan esta "inseguridad en las luchas del alma". Aunque
tampoco parece consolarle su pasmosa afirmación de que los
medios eléctricos "están volviendo a crear en
nosotros
rápidamente los procesos mentales del hombre primitivo"
(71).
Pero no es sorprendente que una época de espectaculares
desarrollos tecnológicos, productores de shocks y
obsolescencias
de hábitos, encuentre en las explicaciones de McLuhan una
justificación tentadora: "Este libro tratará de
explicar
por qué la cultura de la imprenta confiere al hombre un
lenguaje
de pensamiento que lo deja totalmente desprevenido para enfrentarse
con el lenguaje de su propia tecnología
electromagnética" (71). Aunque tampoco acabo de ver a un oral tribal
diseñando tecnología para podcasts. Ni surfeando
tranquilamente por culturas distintas y simultáneas, que es
lo
que parece esperar en nuestra época multicultural donde
"compartimentar el potencial humano en culturas únicas
será pronto tan absurdo como ha llegado a serlo la
especialización en temas y disciplinas" (71-72). Y
también me temo que la especialización
irá a
más, por más que McLuhan se considere un
generalista
visionario.
Para McLuhan la propaganda soviética es tan obviamente
insincera
como la publicidad norteamericana—una asociación
chocante
y divertida, pero no se entiende que quiera reducir la primera a la
oralidad
pre-Gutenberg y la segunda a la "aldea global" eléctrica:
Los
saltos de equilibrista a través de los siglos y las
férreas dicotomías que exige esa maniobra suenan
a
manipulación por parte del teorizador.
En fin, que a pesar de algunos reflejos condicionados, no se acaba de
entender el alcance exacto de lo que quiere decir McLuhan cuando
proclama que La nueva
interdependencia electrónica vuelve a crear el mundo a
imagen de una aldea global (72). De él
podríamos decir las gentes con tendencia literaria y
crítica como de Teilhard...
Las gentes
con tendencia
literaria y crítica encuentran la estridente vehemencia de
Teilhard de Chardin tan desconcertante como su poco crítico
entusiasmo por la membrana cósmica con que la
dilatación
eléctrica de nuestros sentidos ha envuelto de pronto nuestro
planeta. Este mayor alcance externo de nuestros sentidos crea lo que
Chardin llama la noosfera o cerebro tecnológico del mundo.
En
lugar de evolucionar hacia una enorme biblioteca de
Alejandría,
el mundo se ha convertido en un ordenador, un cerebro
electrónico, exactamente como en un relato de
ciencia-ficción para niños. Y a medida que
nuestros
sentidos han salido de nosotros, el 'Gran Hermano' ha entrando en
nuestro interior. Y así, a menos que tomemos conciencia de
esta
dinámica, entraremos en seguida en una fase de terror
pánico, que corresponde exactamente a un undo de tambores
tribales, en una fase de total interdependencia y de coexistencia
impuesta desde arriba. (73)
Cita sugerente, pero la realidad es siempre más compleja.
Por
ejemplo, mirando desde la Web no hay oposición entre la nueva
Biblioteca
de Alejandría y el ordenador.
McLuhan considera al lenguaje una tecnología "constituida
por la
dilatación o expresión
(esteriorización)
simultánea de todos nuestros sentidos" (78) y que es por
tanto
muy sensible al impacto tecnológico sensorial—y
muy en
concreto al que le afecta directamente, a través de la
escritura
y la imprenta.
Muy dudosas
(por así
decirlo) son sus afirmaciones sobre la "tactilidad" del ojo en las
sociedades primitivas, identificando el procesamiento de
imágenes representadas con el de objetos. Del hecho de que
no se
entienda la retórica de las películas no puede
derivarse
una conclusion sobre la percepción visual en general.
... las sociedades
analfabetas no pueden entender películas o ver
fotografías sin un gran entrenamiento previo
(79); Los espectadores
africanos no pueden aceptar nuestro nivel de consumidores pasivos ante
una película—Sea, pero
aquí hay muchos procesos socio-interaccionales en juego, no
meros asuntos de percepción.
"con las películas, el espectador es la cámara
(...).
Pero con la televisión, el espectador es la pantalla. Y la
televisión es bidimensional y escultural en sus contornos
táctiles. La televisión no es un medio narrativo,
no es
tan visual como audiotáctil" (84)... Otra
afirmación
portentosa y difícil de seguir. Tampoco se entiende
cómo
es precisamente en la era de la fotografía y
reproducción
masiva de imágenes, del cine y de la televisión,
cuando
entra en crisis "lo visual" y se potencia "lo
auditivo/oral"—¿quizá "visual" no es la
propiamente
palabra que necesita McLuhan? Pero mira que insiste en ella...
"si una nueva tecnología extiende uno o más de
nuestros
sentidos fuera de nosotros en un mundo social, aparecen en esa cultura
particular nuevas proporciones entre todos nuestros sentidos"
(86)—aquí evidencia McLuhan una noción
estructuralista de la percepción como un sistema
interrelacionado.
"Y en tanto que el hablar es una exteriorización
(expresión) de todos nuestros sentidos al mismo tiempo, la
escritura abstrae de la palabra hablada" (89): un planteamiento
éste que puede servir de punto de partida para la
lingüística integracionalista de Harris. Un paso
subsiguiente en el divorcio de escritura y verbalización es
la
lectura rápida o vertical (90).
Nuestra época eléctrica es connatural con las
analfabetas
(! - 93). Pero no retornamos a África por el peso de la
tradición escrita, y por la potencia del alfabeto...
¡después de todo, no ha desaparecido la
escritura!:
"Ninguna cultura analfabeta puede absorber a una alfabética,
porque el alfabeto no puede ser asimilado; solmante puede liquidar o
reducir." (98).
Como análisis del contraste entre la cultura tribal y la
moderna propone a Mircea Eliade, The
Sacred and the Profane,
aunque no comparta su nostalgia por lo tribal. Eliade describe el
nacimiento de la conciencia individual interpretando en ese sentido las
palabras que los dioses invisibles dicen a los hombres en Homero: "El
héroe ha devenido un hombre escindido al ir tomando
posesión de un ego individual" (McLuhan 101).
"El
punto de vista griego, tanto
en
arte como en cronología, tiene poco en común con
el
nuestro, pero fue muy semejante al de la Edad Media" (107).
En los griegos aún se aprecia que "la
representación de
las 'apariencias naturales' es completamente anormal e imperceptible
como tal para los pueblos analfabetos" (103). "La escisión
de
los sentidos y la ruptura y alejamiento de la dimensión
visual
no se produjo hasta que tuvo lugar la experiencia de la
producción en masa de tipos exactamente uniformes y
repetibles"
(104). El influjo de la tecnología se ha hecho perceptible
hoy
para la reflexión por la posibilidad de observar tantas
culturas
diferentes y los efectos de muy distintas tecnologías (105).
Una aplicación narratológica de este
sensorialismo
tecnológico: "La línea narrativa en una
literatura
determinada es inmediatamente reveladora, al igual que la
línea
escultórica o pictórica. Dice exactamente hasta
dónde se ha desarrollado la disociación entre lo
visual y
los otros sentidos" (108). John White halla también en su
análisis de la narrativa griega un monoperspectivismo,
"todas
las formas se apoyan en un plano único. Todo el movimiento
se
produce en una sola dirección" (cit. en McLuhan
106)—y en
cambio a mí se me ocurre que la larga narración
en
segundo plano, con anacronía incluida, que hace Ulises en la
Odiseaparece desmentir o
matizar esta afirmación. Como lo hace también la
descripción del escudo de Aquiles en la Ilíada.
Van Groningen, por cierto, observa que el Ulises de Homero no explora
hacia lo
desconocido—no es como el de Tennyson—sino que
intenta
regresar a su pasado... Esta cita me interesa por su
relación
con la retrospección:
El griego sabe, y no el oriental, cuán incierto es el
futuro; un
pasado tranquilo y un próspero presente no son, de
ningún
modo, garantía de un futuro feliz. Y así,
sólo
podemos valorar una vida humana (...) cuando se ha hecho pasado, por
completo, a la muerte del hombre, como en el caso de Tello el
ateniense. (Van Groningen, cit. por McLuhan 110; recordemos
también a este respecto el fin de Edipo
Rey)
Lo que no acierto a ver su relación
con la visualidad
de McLuhan. También arguye McLuhan que la noción
de causa de Aristóteles es visual.
Pero no
queda nada claro en qué sentido.
John Hollander (The
Untuning of the Sky)
observa cómo la lírica musical griega y la
lírica
latina escansionada gráficamente responden a dos principios
distintos—como de hecho lo hacen el lenguaje hablado y el
escrito
(113). Albert Einstein, a su vez, observa la transformación
operada en la música en el Renacimiento por el efecto de imprimirla. (114).
Sigue McLuhan apoyando su noción de las transformaciones
mentales de las sociedades alfabetizadas con una lectura de Charles
Seltman, Approach to
Greek Art.
También Seltman tiene una concepción
evolucionaria de la
percepción artística, y de lo que es propio a
cada
época. Una cita interesante sobre un peligro de hindsight bias en
la valoración del arte antiguo con nociones tales como
"florecimiento" y "decadencia" de estilos:
Implícito
en tal
fórmula está el dogma de que los artistas griegos
primitivos debieron de estar todo el tiempo tratando de alcanzar el
naturalismo, de lograr una imitación de la vida que estaba
más allá de sus posibilidades. Sin embargo,
volviendo a
la comparación literaria, no es general la
pretensión de
que, en la representación dramática, Esquilo, por
ejemplo, estaba luchando por ser fiel a la vida como Menandro; o
Shakespeare tan fiel a la vida como Shaw. (Seltman, cit. en McLuhan
118).
"Una sociedad
nómada no puede experimentar el espacio cerrado", etc.
Los modos de percepción y de conceptualización de la
realidad son productos de una historia y un desarrollo cultural y
semiótico: hasta ahí de acuerdo. Por eso se hace
incomprensible, incongruente,
y—sí—
ridículo, que McLuhan en la misma página equipare
la
percepción en la sociedad contemporánea a la
prehistórica en estos términos: "Es necesario
comprender
la íntima interrelación entre el mundo
artístico
del hombre del las cavernas y la interdependencia
intensamente
orgánica del hombre de la era eléctrica" (119).
También es absurdo aislar el arte abstracto de la
cuestión de la evolución intrínseca de
los
estilos, y reducirlo a una causa única "una intensa
interacción de los sentidos, con dominio variable del
oído y del tacto" (120—¡¡sobre todo cuando
estamos hablando de
pintura!! A veces lo de
McLuhan parecen ganas de cabrear).
Durkheim (La
división del trabajo)
es otra fuente del sensorialismo evolucionista de McLuhan: "hasta el
momento en que la vida sedentaria permite cierta
especialización
de las tareas del hombre, no se da la especialización en la
vida
de los sentidos que lleva a la elevación de la intensidad
visual." (McLuhan 121).
Podríamos decir que para McLuhan la percepción es
un
fenómeno estructural, culturalmente variable y
evolutivamente
emergente (es la interfaz entre la evolución
biológica y la
evolución de las culturas)... ("No obstante, hay algunos
antropólogos, incluso en nuestros días, que
suponen
vagamente que los hombres que no conocen el alfabeto tiene
percepciones espaciales euclídeas"— 122-23)—y es
curioso
que esta teoría emergentista y evolucionista se superponga
con
el primitivismo moderno y el retorno a las oralidad de las cavernas que
ocasionalmente proclama... a la vez que critica el primitivismo del
arte moderno o de Mircea Eliade.
El nominalismo, la capacidad de abstracción, se remiten,
siguiendo a William Ivins (Prints
and Visual Communication)
a la cultura alfabética—que para McLuhan viene a
equivaler
a la cultura desacralizada de Eliade. Aristóteles abstrae
esencias y cualidades de los objetos, y esta labor
analítica,
esta capacidad de abstracción, es testimonio de la
presión de las formas escritas sobre el lenguaje y las
definiciones—haciendo visible y espacial la secuencialidad
del
lenguaje. Esto funciona de modo espontáneo, y por
así
decirlo imperceptible, hasta que la cultura electrónica, la
nueva oralidad, nos permite un distanciamiento crítico de
los
modos de percepción impuestos por la escritura, y nos
hacemos
conscientes de su efecto sobre el pensamiento (130): "una cultura puede
ser encerrada en el sueño de cualquiera de los sentidos. El
durmiente despierta cuando es requerido por cualquier otro sentido"
(132). Me parece, de todos modos, que subestima McLuhan el papel del
propio
lenguaje como secuenciador y abstractor, previamente a la escritura, y
en general subestima también la interacción multisensorial que hay en
la
comunicación en todas las épocas, por grande que
sea la
presión de una modalidad comunicativa concreta como la
escritura
o la imagen móvil.
"Hasta ahora, una cultura ha sido un hado mecánico para las
sociedades,
la interiorización automática de sus propias
tecnologías" (135). Y el
desarrollo cultural produce para McLuhan un tipo especial de
alienación:
"Es
preciso comprender que los pueblos analfabetos se identifican a
sí
mismos con el mundo en que viven mucho más intensamente que
lo hacen
los pueblos civilizados. Cuanto más
‘civilizada’ se hace una persona,
tanto más tiende a separarse del mundo en que vive" (136)
—lo cual me hace pensar que soy extremadamente civilizado.
Una
modalidad de razonamiento propia de mentalidades
“sacras” o analfabetas
está asociada a algo que en este blog tanto nos ha
obsesionado, el hindsight bias o falacia narrativa,
lo que en lógica aristotélica se llamaba post hoc non ergo propter hoc.
(A esto se dedica por cierto el capítulo de John Pier en
nuestro libro Theorizing
Narrativity). Y así lo ve McLuhan:
"Lo
inconveniente en el analfabeto no es que no sea lógico, sino
que aplica
la lógica con demasiada frecuencia, muchas veces sobre la
base de
premisas insuficientes. Generalmente supone que los sucesos asociados
están relacionados causalmente. Pero ésta es una
falacia que comete
continuamente la mayoría de las gentes civilizadas,
¡y aun se sabe que
ocurre entre científicos muy preparados!" (136)
No
parece pues que el alfabeto nos inmunice contra esta falacia
consistente en confundir secuencia y causalidad—con lo cual
su
relevancia para el caso queda en entredicho. Y en efecto la
secuencialidad de la escritura viene a introducir su propia serie de
falacias e ilusiones, al identificarse icónicamente la
secuencia visual
de signos y la secuencia narrada de acontecimientos—que
adquieren por
ello mismo una cierta aura de incuestionabilidad.
"Las técnicas
de la uniformidad y la repetibilidad fueron introducidas por los
romanos y la Edad Media"
(137). Habría quiza, por tanto, que acudir a las
técnicas de
estandarización del ejército romano o de los
constructores de vías y
acueductos, como precedentes de la industrialización moderna… Sea como
sea, el modelo más acabado y
paradigma de
repetibilidad es para McLuhan la prensa de Gutenberg, que inaugura una
nueva ola de fabricación serial en la modernidad.
Lo
"táctil", en el sentido de McLuhan, es "Lo táctil,
o interacción entre
todos los sentidos" (143)— otro término que parece
mal elegido, pues.
Parece provenir de la teoría de la pintura de Bernard
Berenson, que
asegura en 1896 que "El pintor sólo puede cumplir su
cometido dando
valor táctil a las impresiones retinianas" (144);
ahí se remite, claro,
a toda una tradición de ilusionismo realista,
perspectivismo,
representación de texturas, etc. Pero McLuhan
debería utilizar un
término más general, "multisensorial" o algo
así, para no confundir al lector.
Analiza
McLuhan el desarrollo de los procesos de lectura y su interiorización:
la
lectura en
voz alta da lugar en la Edad Moderna a la lectura silenciosa, antes
excepcional (aunque ya San Agustín observa extrañado
que San Ambrosio leía
sin hablar). El manuscrito va aún ligado a la oralidad. "La
cultura del manuscrito es conversacional, siquiera sea porque el
escritor y sus lectores están relacionados
físicamente por la forma de
la ‘publicación como ejecución’"
(147). Es decir, que la
producción de las copias va ligada a la lectura, en la
cultura
manuscrita, y en la universidad medieval, son los propios lectores
quienes multiplican el texto. Con una nueva tecnología de
producción,
la relación autor/lector cambia: “La imprenta ha
ensanchado la ‘sala’
para la interpretación del autor hasta el punto en que todos
los
aspectos del estilo han sido alterados” (149). (Del mismo
modo, los
teorizadores de la escritura
en red y de la interacción
hipertextual,
del blogging, etc., observan la transformación
estilística que surge de
esta nueva tecnología para la interacción).
H.J. Chaytor, en Script
to Print
("un libro al que el presente debe gran parte de la
razón de haber sido
escrito") observa la manera en que las culturas manuscrita e impresa
influyen en las costumbres literarias, y cita a Renan: “la
esencia de
la crítica está en saber comprender los estados
muy diferentes a aquel
en que vivimos” (cit. en McLuhan 151). Traduciendo y extrapolando,
podríamos
decir: la esencia de la
crítica
histórica es escapar al hindsight bias, no proyectar
nuestros esquemas
o tecnologías a una cultura o periodo en el que no existen,
ser
conscientes del carácter emergentista de la cultura. Esta
comprensión histórica en sentido amplio es algo a lo que ha contribuido
grandemente este libro de McLuhan.
La
antigua literatura, retórica más que propiamente
“literaria”, ligada al
recitado y la oralidad, no había incorporado
estilísticamente al
texto escrito lo que se podía hacer oralmente. Chaytor:
“En una palabra, la
historia del progreso desde el manuscrito a la prensa es una historia
de la sustitución gradual de los medios auditivos de
comunicación y
recepción de ideas por los medios visuales” (152).
Un hacerse con el nuevo medio, o ir explotando sus posibilidades
inherentes. También ve Chaytor
consecuencias de la tecnología para la
lingüística: para un individuo
dado, “su idea del lenguaje queda irrevocablemente modificada
por la
experiencia de lo impreso” (Chaytor, cit. en McLuhan 153). La
lingüística integracional viene a ser un desarrollo
analítico de esta
noción, como ya hemos apuntado.
Los niños, como los antiguos escribas y monjes, se inician
en
una cultura alfabética manuscrita,
todavía en interacción con la
oralidad (—así que ojo los
proponentes de
las pizarras
electrónicas para escuelas…
¡¡que se saltan fases evolutivas!!). “Chaytor fue el primero en
explicar por
qué la imprenta hubo
de deteriorar tan notablemente nuestra memoria, y por qué el
manuscrito
no” (159). Si Platón levantara la
cabeza… “Además, hasta la imprenta,
el lector o consumidor estaba literalmente implicado como
productor”
(164). En la producción de libros de lecciones mediante el
dictado ve
Hajnal el origen de la docencia universitaria basada en el manejo de
diversas fuentes. Aunque el escolasticismo supuso un fuerte retorno a
los debates y la enseñanza oral, situado entre dos auges de
la grammaticavisual/escrita,
en la primera Edad Media y tras el advenimiento del
libro impreso. La gramática y dialéctica
escolástica fueron
esencialmente orales. (Y hoy, con la multimedia en red, vuelve una
cierta oralidad y una cierta producción de libros ad hoc a la
experiencia del estudiante).
Un florecimiento tardío de la oralidad fue
el eufuismo, los estilos ciceronianos de enormes frases y abundantes
figuras de
dicción: la penetración de la imprenta va ligada
a la simplificación
estilística (173). Ramus, en el análisis de Ong,
representa el nuevo
espíritu mercantilista y comercial del lenguaje.
Sigue en McLuhan un
análisis largo y no siempre convincente de la
relación entre lenguaje y
visualidad en la Edad Media, que recurre a Panofsky, Smalley y otros. A
veces se corre el riesgo de contradecir la tesis principal (el influjo
arrasador y omnímodo de la imprenta) cuando se observa que
los
experimentos perspectivísticos de los pintores y el
desarrollo de la
visualidad espacial en pintura es anterior
a la imprenta. ¿De dónde sale, pues? Para hallar la respuesta hay que
acudir,
claro, a un análisis más multidimensional (o
táctil, que diría McLuhan).
También traída por los pelos a esta
discusión de
la imprenta está la cuestión de la
hermenéutica
bíblica. Citemos:
"El
estudio de la Biblia en la Edad Media logró modos de
expresión en
conflicto que resultan familiares también para el
historiador de la
economía y para el historiador social. El conflicto se
produjo entre
aquellos que decían que el texto sagrado era un complejo
unificado al
nivel literal, y aquellos que estimaban que los niveles de
significación habían de considerarse uno a uno,
con un espíritu
especialista. Este conflicto entre una tendencia auditiva y una
tendencia visual [¿¿??] raramente
alcanzó un elevado grado de
intensidad hasta después que la tecnología
mecánica y tipográfica
hubieran conferido gran preponderancia a lo visual." (187).
Antes
de ese momento, tenemos la translucidez del lenguaje, como en
arquitectura
(donde el gótico es, según Panofsky, una
‘autoexplicación’ de la propia
construcción). En el “dulce estilo
nuevo” de Dante encuentra McLuhan la
misma autoexplicación de los procesos del pensamiento (un
grado de
reflexividad, diríamos)–una
preocupación por seguir el proceso mismo de
la intelección, típicamente
escolástico: “Con Dante, como con Santo
Tomás, lo literal, la superficie, es una unidad
profunda” (McLuhan 189,
siguiendo a Paolo Milano).
Al final de la Edad Media, se
reinterpreta la cultura clásica sobre los
términos de los nuevos
conocimientos adquiridos, y surge el Renacimiento, la Modernidad como
una especie de recreación Hollywoodiense de la
Antigüedad (una idea que
viene de Wyndham Lewis, en The
Lion and the Fox; las nuevas clases medias se aficionan a
la Antigüedad y se recrean en ella como prueba de opulencia y
cultura).
Llega el turno de Kantorowicz, The
King’s Two Bodies,
y McLuhan interpreta esta tesis de los "dos cuerpos" del rey, el humano
y el político, como prueba de una tendencia crecientemente
visual (201); así el desarrollo de la iconografía real,
al
igual que “el
primer efecto de la tipografía fue la misma
transformación de la
palabra audible en palabra visual” (202). “Hoy la
visualización es
recesiva, y ello nos hace conocer sus peculiares estrategias durante el
Renacimiento” (202). Vista desde otra tecnología, se hacen
visibles las distorsiones y efectos especiales favorecidos por la
primera.
Reinsistiendo:
"La
invención de la tipografía confirmó y
extendió la nueva tendencia
visual del conocimiento aplicado, proporcionando el primer
‘producto’
uniformemente repetible, la primera línea
tipográfica y la primera
producción en masa" (203)
(Aunque aquí habría que hablar de los telares y
los talleres de las ciudades medievales, y en general de los procesos
tecnológicos estandarizados y transmitidos por los oficios).
"La
tipografía tiene mucha semejanza con el
cinematógrafo, del mismo modo
que la lectura de lo impreso puso al lector en el lugar del proyector
de películas. El lector mueve la serie de letras impresas
que tiene
delante a una velocidad adecuada para la aprehensión de los
movimientos
de la mente del autor. Esto es, con respecto al escritor, el lector de
lo que está impreso se halla en una relación
completamente distinta que
el lector de un manuscrito. Gradualmente, la imprenta fue
quitándole
sentido al acto de leer en voz alta y aceleró la lectura
hasta un grado
en que el lector podía sentirse ‘en las
manos’ del autor. [El
stream of consciousness de la novela modernista parece la
consecuencia lógica de
este razonamiento]. Veremos
que del mismo modo que lo impreso fue lo primero que se produjo en
masa, fue también el primer ‘producto’
uniformemente repetible" (203).
"La
homogeneización de hombres y materiales llegará a
ser el gran programa
de la era de Gutenberg, la fuente de riqueza y poder desconocida en
cualquier otro tiempo o tecnología" ( 207)
"El punto
de vista fijo se hace posible con la imprenta y termina la imagen como
un organismo plástico" (205).
La invención de la reproducción
perspectivística
de la imagen en la cámara oscura (y antes en la pintura renacentista)
prepara el camino para la
fotografía…
“Hoy
nos gusta pensar que la imagen-mosaico de la televisión y el
espacio
pictórico de la fotografía tienen mucho en
común. En realidad, no
tienen nada en común. Ni lo tuvieron el libro y el
manuscrito. No
obstante, el productor y el consumidor de páginas impresas
las
concibieron como una continuación directa del
manuscrito” (210).
(Y
lo fueron, claro, porque los usos sociales y los géneros, si
bien son
transformados por la tecnología, también dictan
las necesidades que hay
y las maneras de usar la tecnología. Ver más aquí,en
lo referente a los blogs… Hay, pues, más continuidades de
las que admite McLuhan con sus bandazos tecnológicos de un
extremo a otro de los sentidos).
La
tipografía es instrumento del individualismo y de la
autoexpresión;
consecuencias no evidentes, aunque sí está
más reconocido su influjo
sobre el reconocimiento de la figura del autor, de la propiedad privada
(de su obra) y de la fama y memoria eterna (—cf. la huella de esta nueva
obsesión en los sonetos de Shakespeare– esos
sí, quizá impresos por el autor, o concebidos para la imprenta, no como
su First Folio).
Paradójicamente, la cultura del manuscrito, orientada hacia
el
productor, no fomentaba el reconocimiento de autoría, y
sí lo hace la
cultura de la imprenta, orientada hacia el consumidor. (212).
E. P. Goldschmidt (Medieval
Texts and Their First Appearance in Print)
también denuncia la falacia retrospectiva de aplicar
nuestros criterios
de valor y conducta a los autores de la época manuscrita,
que
trabajaban con presupuestos y en condiciones muy distintas, y pide,
como Karl Bucher antes citado,
"cierto esfuerzo de imaginación histórica" (213).
Les sucedía a los
autores como a los actuales científicos, que no tienen
"público" sino
una pequeña comunidad de contactos.
Frente a la era de la
imprenta, "la homogeneidad es por completo incompatible con la cultura
electrónica" (217), y debemos trabajar por preservar los
valores en
peligro de la era Gutenberg (218). Este es McLuhan el humanista, no el
profeta apocalíptico de lo táctil, aunque, como
Baudrillard, a veces parece tan fascinado como horrorizado por la
modernidad que describe.
"Hasta
más de dos siglos después de la imprenta, nadie
descubrió cómo mantener
un tono o actitud particular a lo largo de una composición
en prosa"
(218)—una afirmación pasmosa, ésta, que
parece ignorar la existencia de
géneros literarios y discursivos previos a la imprenta. Como
la
doctrina de los tres estilos retóricos, sin ir
más allá. El lenguaje,
dice McLuhan, es el último arte en aceptar la
lógica visual de la
tecnología de Gutenberg, y el primero en rebotar en la era
eléctrica
(219). (Curioso, porque ¿no es la imprenta una tecnología
aplicada al lenguaje?
Parece peregrino intentar hacernos ver ver que sus efectos se
manifiesten antes en las emociones, en la percepción visual,
o en la
arquitectura antes que en la
literatura…).
La imprenta como
medio “caliente” frente al
“frío” e interactivo scriptorium:
“Y así,
con la imprenta experimentó Europa su primera fase de
consumo, porque
la imprenta no es solamente un medio y un artículo de
consumo, sino que
enseñó a los hombres cómo organizar
todas las demás actividades sobre
una base sistemáica lineal. Mostró a los hombres
cómo crear mercados y
ejércitos nacionales” (222)
—aunque lo de
los ejércitos estandarizados
no ha habido que esperar precisamente a Gutenberg, diría yo.
Pensemos
en los romanos…
El protestantismo es asociable (quizá) a la
innovación del texto tipográfico igual para
todos, además de a la difusión de las Biblias impresas; pero el
catolicismo
conserva en su liturgia señales del rompimiento del
equilibrio de los
sentidos. (224 - ¿?).
El Renacimiento y la actualidad son épocas de cambios y revoluciones
tecnológicas:
"Hoy
vivimos en la frontera entre cinco siglos de mecanicismo y la nueva
electrónica, entre lo homogéneo y lo
simultáneo. Es penoso, pero
fructífero. El Renacimiento del siglo XVI fue una edad sobre
la
frontera entre dos mil años de cultura del alfabeto y el
manuscrito, de
una parte, y la nueva mecanización de l a repetibilidad y la
cuantificación, de otra." (226).
Y hoy eso hace
que nos resulten desconcertantes la matemática y la
física modernas.
(Aunque me parece chocante lo que dice de que a este respecto los
países mal alfabetizados tienen una gran ventaja).
Sobre la interdisciplinariedad en tiempos de cambio:
"La
fase madura de la cultura de la imprenta, que actúa
segmentando y
homogeneizando situaciones, no favorecerá la
interacción entre los
campos y las disciplinas que caracterizó la primera
época de la
imprenta" (227).
¿Sucederá lo mismo con Internet?
Ujemplo de "nivelación" causada en la primera fase de la
imprenta: la noción del espacio textual de la
interpretación bíblica como algo unificado, libre
y homogéneo (criticado por Tomás Moro). La Biblia impresa sugiere
una validez superior del texto, como si estuviese independizado de la
intervención humana: asociado a la nueva autoridad dada a la
escritura sobre la tradición por los protestantes.
"Pero la
apropiación de la repetibilidad homogénea,
derivada de la página impresa, cuando se extendió
a todos los demás aspectos de la vida, condujo gradualmente
a todas esas formas de la producción y de la
organización social de las que deriva el mundo occidental
muchas satisfacciones y casi todos sus rasgos
característicos." (230).
"Pedro Ramus y John Dewey fueron los dos esquiadores
acuáticos de la educación en períodos
antitéticos: el de Gutenberg y el de Marconi, o
electrónico"(231) —así, John Dewey
reacciona contra la pasiva cultura de la imprenta, mientras que Ramus
reorganizó visualmente la cultura escolástica
para las nuevas aulas orientadas a la imprenta. Para Ramus, "es su
versión del plan de estudios lo que hace coherente el mundo"
(233) y nada sino lo incluido en el plan es usable como acceso a la
realidad. (Ramus destacó, por otra parte, por su uso abundante
de recursos tipográficos como esquemas y gráficos; ver
este volumen colectivo que continúa de modo interesante las
reflexiones de McLuhan: The Renaissance Computer: Knowledge
Technology in the First Age of Print, editado por Neil
Rhodes y Jonathan Sawday).
Las preguntas que suscitó el nuevo instrumento, el libro
impreso, frente a la cultura manuscrita y oral de la
educación medieval:
"¿Podría
un instrumento privado y portable [portátil—con
frecuencia la traducción de este libro deja que desear] como
el nuevo libro ocupar el puesto del libro que uno hacía a
mano y aprendía de memoria mientras lo hacía?"
(231).
(Uno puede preguntarse ahora sobre en qué medida el blog,
que uno hace a mano, puede ocupar como instrumento
pedagógico y recopilatorio de un trayecto formativo, puede
complementar el papel del libro, y estimular un aprendizaje activo como
el que le gustaría a Dewey. Observemos que McLuhan tiene muy
poco prevista la interacción de 'electricidad' y texto
escrito en la que se basan la textualidad electrónica y la web: ésta es
de hecho la
síntesis entre los polos antitéticos que McLuhan
gusta de oponer uno a otro).
(Sobre el libro en el XVI—o Googlepedia en el XXI:)
"'Sí,
por extraño y repugnante que pueda parecer, las nuevas
máquinas de enseñar capacitan a los estudiantes
para aprender tanto como antes. Por añadidura, parece ser
que tienen más confianza con el nuevo método,
porque les facilita los medios de adquirir nuevas clases de
conocimientos'." (231-32).
Pero esta respuesta a la nueva tecnología es criticada por
McLuhan como insuficiente, por miope. Pues los efectos van mucho
más allá, y los contemporáneos son, al
parecer por necesidad, ciegos a ellos (—aquí
habría que introducir una reflexión sobre el
papel de la retrospección en el diagnóstico de
McLuhan sobre las tecnologías). Para McLuhan, ni en el XVI
captaron la naturaleza y efectos de la palabra impresa, ni hoy se capta
cuál es el auténtico efecto de la
televisión.
"Rabelais
ofrece una visión del futuro de la cultura de la imprenta
como un paraíso del consumidor de conocimiento aplicado"
(234). "Existen, en efecto, cuatro mitos masivos de la
transformación de la sociedad causada por Gutenberg.
Además de
Gargantúa, son Don Quijote,
Dunciad
y
Finnegans Wake"
(234).
(Yo añadiría la Biblioteca de Babel de Borges, y
el libro en blanco de Mallarmé).
Elogio de la tipografía en la carta de Gargantúa
a Pantagruel:
"Las
impresiones tan elegantes y correctas al uso, que han sido inventadas
en mi época por inspiración divina, como, al
contrario, la artillería por inspiración
diabólica. Todo el mundo está lleno de gentes
sabias, de muy doctos preceptores, de muy amplias librerías,
y creo que ni en tiempos de Platón, ni de
Cicerón, ni de Papiniano, había la comodidad para
el estudio que se ve ahora" (cit. en 235).
Rabelais, situado entre la escolástica medieval y el Renacimiento
nacionalista, como hombre de transición, proporciona una
analogía para nuestra actual situación (y
aquí se explica en parte la imagen de la "galaxia" utilizada
por McLuhan en su título):
"Es
precisamente la incongruencia de estos dos mundos, cuando se mezclan y
entrelazan en el mismo lenguaje de Rabelais, lo que nos da el especial
sentido de su importancia para nosotros, que vivimos también
de un modo ambivalente en culturas distintas y separadas. Dos culturas
o tecnologías pueden pasar una al través de la
otra, como las galaxias astronómicas, sin
colisión, pero no sin cambios en su
configuración." (237-238).
Esta "interfacialidad" entre estructuras mediáticas es un fenómeno
clave del Renacimiento y del
siglo XX. "La celebrada tactilidad terrena de Rabelais es una secuela
masiva de la declinante cultura del manuscrito" (238). El elogio del
vino como conocimiento en Rabelais es elogio del texto impreso,
"producto de la nueva prensa de lagar" (242).
"En la
última época del Renacimiento se produjo un
divorcio entre el número, el lenguaje de la ciencia, y las
letras, el lenguaje de la civilización. Pero la primera fase
de este divorcio (…) fue el método ramista para
uso y conocimiento aplicado por medio de la literatura impresa."
(239-40).
La imprenta, que lleva a la mecanización de otras
actividades, "fue en sí misma un verdadero conjunto o
galaxia de tecnologías previamente perfeccionadas" (240)
como señala Usher en A
History of Mechanical Inventions.
Más allá, cosa que no
sucedió con los
chinos por su carencia de alfabeto fonético (preludio
indispensable), la tecnología de la imprenta en Occidente
"condujo a la separación analítica de las
relaciones interpersonales y de las funciones internas y externas en el
mundo occidental" (241).
"Toda tecnología inventada y exteriorizada por el hombre
tiene el poder de entumecer la conciencia humana durante el
período de su primera interiorización"
(243). En
el caso de la imprenta,
"Este
principio de traducir las cuestiones no visuales de movimiento y
energía a términos visuales es el principio mismo
del conocimiento aplicado, en cualquier tiempo o lugar. La
tecnología de Gutenberg extendió este principio a
la escritura y el lenguaje y a la codificación y
transmisión de todo género de conocimientos"
(243).
"Con Gutenberg, Europa entra en la fase
tecnológica del progreso, cuando el cambio mismo se hace la
norma arquetípica de la vida social" (246).
(Seguramente está subestimando McLuhan el papel de otros
principios convergentes de desarrollo del conocimiento aplicado y de la
segmentación de procedimientos y trabajos, como es el crecimiento de
las
ciudades, del comercio y de la industria, que también
conllevan una especialización de funciones y
división organizada del trabajo—mucho antes de la actual macdonaldización
de la sociedad. Todos estos
fenómenos interactúan, no van unidos a uno dominante como efectos de
una causa).
Contribución de la imprenta al desarrollo de la individualidad, la
subjetividad y la interioridad: "Igualmente paradójico es el
poder de la imprenta para instalar al lector en un universo
subjetivo
de ilimitada libertad y espontaneidad" (247).
En la subjetividad de Hamlet vemos el conflicto entre el
método oral de tratamiento de los problemas y el nuevo
método visual, aplicado, derivado de la imprenta
(Aquí hace falta un poco de determinación para
ver la relevancia del ejemplo de McLuhan).
"la palabra
impresa es un momento estático del movimiento mental. Leer
algo impreso es actuar al mismo tiempo como un proyector
cinematográfico y como público de una
película mental. El lector alcanza un fuerte sentimiento de
participación en la totalidad de movimientos de una mente en
actividad pensante" (de McLuhan, "Printing and Social Change", autocit.
en
249).
"Así,
la imprenta comporta el poder individualizador del alfabeto
fonético mucho más allá de lo que la
cultura del manuscrito pudo hacerlo jamás. La imprenta es la
tecnología del individualismo." (249).
"En cuanto se refiere a la técnica de la duda,
en Montaigne y Descartes, es inseparable, tecnológicamente,
como veremos, [del] criterio de repetibilidad en la ciencia. el lector
de material impreso está sujeto a una fluctuación
de blanco y negro, regular y uniforme. Esta fluctuación
alterna es igualmente el modo de proyección mismo de la duda
subjetiva y del tanteo periférico." (250).
—(Esto se ve aún más claramente, creo,
en el soneto de Shakespeare "Like
as the waves"…
en el que la forma líneas impresas van asociadas al paso del
tiempo y el flujo de las olas y de la consciencia lectora).
Paradójicamente, "el impulso a tratar espacial y
geométricamente las palabras y la lógica, en
tanto útil como un arte de la memoria, resultó
ser un cul de sac en
filosofía" (251). Según Ong,
"en el corazón de la empresa de Ramus está el
afán de reducir las palabras, más bien que otras
representaciones, a simples modelos geométricos." (Cit. en
252).
"La
tipografía tendió a tranformar el lenguaje, de
medio de percepción y exploración, en un
artículo transportable" (253).
(Con consecuencias económicas y culturales muy
notables—en las que apenas entra McLuhan. Aunque
sí señala, con Ong, lo siguiente).
"Los libros
impresos, primeros artículos en el mundo uniformes,
repetibles y producidos en masa, aportaron para el siglo XVI y los
siglos siguientes innumerables paradigmas de una cultura de
artículos uniformes, de intereses industriales" (256)
(—con este fenómeno ve relaciones exesivas en un
texto de King John
de Shakespeare, una diatriba sobre el "interés".
También subestima el papel de los objetos producidos en
serie por los talleres artesanales, y antes que ellos por la
técnica agrícola, etc. Más
evolución, creo, y menos revolución).
Sobre los efectos sociales y económicos de la
tipografía, también esto:
"La
tipografía
no sólo es una tecnología, sino
también un recurso natural o materia prima, como el
algodón, los bosques o el radio; y, como cualquier
producto, configura no solamente relaciones de sentido propio, sino
también modelos de interdependencia comunal" (256)
Pero lo esencial de la visión de McLuhan está en el efecto de la
tipografía sobre el discurso:
"La imprenta,
por decirlo así, transformó el diálogo
o discurso compartido en información empaquetada, o
artículo transportable" (256)
—y creó un cambio en la percepción
humana, y el sistema de precios, "porque el precio de un
artículo, hasta que es uniforme y repetible, está
sujeto a regateo y ajuste" (257).
Lewis Mumford (en Sticks
and Stones) recuerda que según Victor Hugo, la
imprenta destruyó la arquitectura (—pongamos
aquí un interludio de Notre
Dame de Paris: "la littérature tuera l'architecture / la Bible tuera l'Eglise / et l'homme tuera Dieu"):
Aunque más bien, dice Mumford, la imprenta
reorganizó la arquitectura, haciendo transformar sus valores (el
urbanismo del XVIII).
Otro precursor que ve relaciones entre las cosas: Harold Innis, "En su
madurez, hizo el descubrimiento de que los medios
tecnológicos, como la escritura, el papiro, la radio, el
fotograbado y otros tales constituyen en sí mismos riqueza"
(257-58).
Cita interesante de Charles F. Curtis, It's Your Law (pp. 63-66) sobre
interpretación legal:
"Las palabras de los documentos legales—no estoy hablando de
otra cosa—son simplemente delegaciones de autoridad a otras
[¿otros?], para aplicarlas a cosas y ocasiones particulares.
El único significado de la palabra significado, como yo la
estoy usando, es una aplicación a lo particular. Y cuanto
más imprecisas son las palabras, mayor es la
delegación, simplemente porque pueden ser aplicadas o no a a
más casos particulares. Éste es el
único aspecto importante de las palabras en la
delineación o interpretación legal.
Significan, por tanto, no lo que su autor
intentó que significaran, ni siquiera tienen el significado
que él intentó o esperó,
razonablemente o no, que los demás les dieran. Significan,
en primera instancia, lo que la persona a quien van dirigidas las hace
significar. Su significado es cualquier ocasión o cosa a las
que ella pueda aplicarlas o aquello a que en algunos casos pueda
solamente proponer que sean aplicadas. El significado de las palabras
en los documentos legales ha de ser buscado no en su autor o autores,
las partes de un contrato, el testador, o la legislación,
sino en los actos y conducta con que la persona a quien van dirigidas
se proponga adecuarse a ellas. Éste es el comienzo de su
significado.
En segundo lugar, pero sólo
en segundo lugar, un documento legal está dirigido
también a los tribunales. Ésta es una nueva
delegación, y una delegación de una autoridad
diferente, para decidir, no lo que la palabra significa, sino si el
inmediato destinatario tenía autoridad para hacerla
significar lo que hizo que significara, o lo que se propone hacerla
significar. En otras palabras, la cuestión ante los
tribunales no es si dio a las palabras la significación
correcta, sino si las palabras autorizaban o no que se les diera el
significado que él les dio. (259).
(La última frase contradice el sentido de lo dicho en el
párrafo al que cierra. Y cómo no… pues
si no, sería la hermenéutica de Humpty Dumpty:
que las palabras
significan lo que decide que signifiquen quien manda. Y si bien eso es
así la mayor parte de las veces, también hay un
principio de resistencia en el lenguaje y en el significado
histórico que limita el ejercicio del poder… En
cualquier caso, la
relación de este principio interpretativo con la imprenta,
relación
que parece sugerir McLuhan, es inescrutable—una de las
cuestiones que McLuhan trae a su teoría
tirándoles del pelo).
"La pasión por la medición exacta
comenzó a dominar en el Renacimiento" (260). Así el nuevo calendario
gregoriano, la aparición de las
estadísticas… fenómenos típicamente europeos,
pues en la cultura del manuscrito Europa no había sido
acusadamente distinta de Oriente, que también era una cultura
manuscrita (y eso a pesar del alfabeto). (262). Hay una nueva pasión
por
la autoobservación y anotación minuciosa—así el
Político Presunto de Ben Jonson en Volpone,
y Pepys un
poco
más tarde.
"La división causada por la imprenta entre la cabeza y el
corazón es el trauma que afecta a Europa desde Maquiavelo
hasta el presente.
Lo que pareció fantástico en
las primeras fases de la imprenta y del aislamiento de lo visual fue la
impresión de que creaba una cómica
hipocresía, o división entre cabeza y
corazón" (265).
Cobbett (A Year's
Residence in America)
opone la cultura oral inglesa a los cultos y lectores americanos,
más serenos y compuestos y reflexivos (!).
El libro impreso lleva a "la aplicación del conocimiento por
traslación y unifomidad" (268)—algo que encuentra
resistencia en cuestiones sexuales y raciales.
Alexis de Tocqueville (L'Ancient
Régime) como teorizador del proceso
de uniformización, de homogeneización de hombres
y costumbres, que va unido a la alfabetización —y
al desarrollo del consumismo. (269).
Teilhard de Chardin, otro teorizador más de la
tecnología interiorizada:
"Como explica De Chardin en su Le
Phénomène
humain, una nueva invención es la
interiorización
en el hombre de las estructuras de una tecnología anterior;
y, por tanto, es acumulativa de valores, por decirlo así.
(270).
Según Ong, "la obsesión por el método
en el Renacimiento encuentra su arquetipo en 'el proceso de la
composición con tipos tomados de la caja. En ambos casos la
composición continuada de discurso es una
cuestión de reconstrucción de raciocinio mediante
la ordenación de unas partes preexistentes en un molde
espacial'." (McLuhan 271)—y "la imprenta
estructuró las
ideas de conocimiento aplicado, por separación y
división, tendiendo siempre hacia una más neta
visualización" (McLuhan 271).
Los sociólogos Thomas y Znanecki, en
The Polish Peasant, también asocian
alfabetización e individualismo, así como a la
regulación objetiva (capitalista) de los precios del trabajo
y relaciones sociales.
Y "Dantzig explica por
qué el lenguaje de los
números tuvo que ser desarrollado para satisfacer las
necesidades creadas por la nueva tecnología de las letras"
(274—en Tobias Dantzig, Number:
The Language of Science).
"Ahora, Dantzig está completamente equivocado al suponer que
el espacio euclídeo, lineal, plano, recto, uniforme,
está enraizado en nuestras mentes en absoluto. Tal espacio
es el producto de la alfabetización, y es desconocido para
el hombre prealfabetizado o arcaico" (276). "Unidos, los
números y las letras constituyen una poderosa
máquina de sístole y diástole para
transformar y volver a transformar los modos de conocimiento humano
(…)" (277). Pero ni griegos ni romanos desarrollaron bien el
cálculo: "hasta que se dio al número un
carácter visual, espacial, y se lo abstrajo de su matriz
audiotáctil, no fue posible separarlo de su dominio
mágico" (279). "Desde el siglo XI al siglo XV, los
abaquistas disputaron con los algoristas. Esto es, las gentes de letras
disputaron con las gentes de números. En algunos lugares,
los números arábigos fueron prohibidos" (279) y
según Dantzig los números o cifras no alcanzaron una forma
estable hasta la invención de la
imprenta—conservándola hasta hoy.
"El gran divorcio ocurrido en el siglo XVI entre el arte y la ciencia
vino con el cálculo acelerado" (280). "La
religión y el arte quedan automáticamente
excluidos de un sistema de pensamiento cuantificado, uniforme y
homogéneo" (281) y dejan de ser base para el pensamiento
científico.
"Todavía no hemos empezado a preguntarnos bajo
qué nuevo hechizo estamos viviendo (…). Los
ordenadores pueden ser programados ahora para toda posible variedad de
proporciones de los sentidos" (283) y deberíamos estudiar
los efectos de esta alteración tecnológica.
"Francis Bacon ofició en la extraña boda entre el
Libro medieval de la naturaleza y el nuevo libro de tipos
móviles" (287).
"La imprenta, según lo ve Curtius, separó las
funciones de productor y consumidor. Pero creó
también los medios y el motivo del conocimiento aplicado.
Los medios crean la necesidad" (288).
El medio es pues el motivo, además del mensaje...
"¿Hasta qué punto la página impresa en
grandes tiradas llegó a convertirse en sustituto de la
confesión de boca a oído?" (292).
"La sola
existencia de la imprenta creó la necesidad y la posibilidad
de nuevos modos de expresión" (297)—y
aquí cita McLuhan a Sidney, "Look
in thy heart and write". Quizá como ejemplo de creación causado por
la ansiedad de tanto poema impreso acumulado...
"El Aretino, como Rabelais y Cervantes, proclamó que la
tipografía tiene un significado gargantuesco,
fantástico y sobrehumano" (298)—y fue Aretino
el modelo de
'pluma envenenada' que se abrió camino a su nueva manera con
el gran público, creando nuevos tipos de respuesta distintos
a los del manuscrito.
La imprenta como exposición pública de la
intimidad—(¡cf. ahora los
blogs!)—con
Shakespeare
"vendiendo barato lo más caro", por ejemplo:
"Y es este derramamiento en confesión de asuntos privados y
opiniones personales lo que pareció al Aretino y a sus
contemporáneos que justificaba la asociación de
la imprenta con la pornografía y la obscenidad" (301)
(—de nuevo como Internet hoy, vamos).
"La imprenta, como sistema de comunicación
pública que dio un enorme poder de amplificación
a la voz individual, pronto halló una nueva forma de
expresión: el drama popular isabelino" (302-3).
(Aquí disiento: esto es reducir un medio oral, teatral y
presencial a otro muy distinto. Hubo convergencias, pero no puede
reducirse el drama a un efecto de la imprenta—otra vez topamos
con el
imperialismo monotemático de McLuhan… como cuando
dice que "la vía romana fue un subproducto del papiro y de
los correos rápidos", 304. Más acertadas son las
frases siguientes:).
"La imprenta, al convertir las lenguas vulgares en medios de
comunicación o sistemas cerrados, creó las
fuerzas uniformes y centralizadoras del nacionalismo moderno"(305).
— "La lengua vulgar, al aparecer muy visualmente definida,
proporciona un vislumbre de la unidad social coextensiva con las
fronteras lingüísticas" (332).
"Al principio, todo el mundo, excepto Shakesepare, creyó que
la prensa de imprimir era una máquina capaz de dar
inmortalidad" (310). —??? Esto extraña: ¡¡cf.
el soneto 12: "Thou shouldst print more, not let that copy die"!!, o
"65, "That in black ink my love may still shine bright"—el
mismo McLuhan dice que "No es necesario hacer más que
mencionar muchos de los más populares sonetos de
Shakespeare, que dan cuerpo a las ideas aceptadas en su tiempo sobre el
tema de la inmortalidad lograda por medio de la publicación
de textos impresos en lengua vulgar" (314) y a la vez dice que no
podía convencerse a Shakespeare de que imprimiera sus
comedias. Parece contradictorio, o señala a contradicciones
en el propio Shakespeare).
"La portabilidad del libro, como la de la pintura de caballete,
contribuyó mucho al nuevo culto al individualismo" (316).
Interferencias entre los nuevos medios—como gente enviando libros
impresos al copista para que los copiase, tratándolos como
manuscritos… (¡cf. los libros impresos a partir de los blogs hoy!).
"La
uniformidad y repetibilidad de lo
impreso crearon la 'aritmética política' del siglo XVII y
el 'cálculo hedonístico' del XVIII" (318)
Con respecto a esto, precisamente leía yo hace poco un bonito ejemplo
literario, el del geómetra Pedro Velázquez en Manuscrito encontrado en Zaragoza, de
Potocki, que sin embargo también reconoce los límites del cálculo:
– Me parece –dijo
Rebeca– que conocéis perfectamente los resortes del
corazón humano, y que la geometría es el camino
más seguro para llegar a la felicidad – Señora
–contestó Velázquez–, en mi opinión
esa búsqueda de la felicidad puede compararse con la
resolución de una ecuación de grado superior.
Conocéis el último término que, como bien
sabéis, es el producto de todas las raíces. Pero antes de
agotar los divisores, llegáis a muchísimas raíces
imaginarias. Mientras, el día pasa y habéis tenido el
placer de calcular. Lo mismo sucede con la vida humana. También
llegáis en ella a cantidades imaginarias que habéis
tomado por valores reales. Pero, mientras, habéis vivido y
además habéis obrado; por lo tanto, la acción es
la ley universal de la naturaleza. Creéis que esta roca reposa
porque la tierra sobre la que descansa le opone una reacción
superior a su presión; pero si pusiéseis el pie bajo la
roca percibiríais su acción. (Potocki 363)
De ahí las analogías entre la mente humana y la
máquina, y las tecnologías de considerar a las personas o
a las capacidades de la mente y el trabajo como partes combinables y
reemplazables. Tecnologías de la estandarización del
sujeto. La individualidad se concibe desde el Renacimiento,
según Leo Lowenthal, "como un caso de desviación cuya
existencia consiste, en muy grande parte, en sus esfuerzos por afirmar
su personalidad contra las exigencias restrictivas y niveladoras de la
sociedad" (cit. en McLuhan 320). De ahí el gusto por presentar
la sociedad desde el punto de vista de un extraño, no de un
participante (Lowenthal)—así Don Quijote (o, por supuesto, las Cartas persas, Chinas
o Marruecas).
"La lógica tipográfica
hizo del extraño, del hombre enajenado o apartado de la
sociedad, el tipo de hombre integral; es decir, intuitivo e irracional"
(323)—"el arte tiende a convertirse en una compensación de
la vida demasiado cerebral" (323). La alienación del hombre a
sí mismo en sus sistemas se contrasta con la mayor autenticidad
e integración a sí mismas de las mujeres (o de los negros, en las películas
americanas, siempre hablando desde la autenticidad).
"Por todas partes se alardea de analizar segmentariamente todas las
funciones y operaciones del individuo y de la sociedad, ¡y en
todas partes amargos lamentos de que este desmenuzamiento afecte
también a la vida interior!" (325)
(Aunque veo simplista decir que los hombres se hacen
"homogéneos" con la especialización de las funciones.
También se especializan y diferencian con la división del trabajo y la
complejidad cultural. Y la cultura del
cazador-recolector o la del siervo feudal producían su propio
tipo de homogeneidad, por muy orales que fueran).
Y cuestionable me parece decir que "La orientación interior hacia fines
remotos
es inseparable de la cultura de la imprenta..." (327) —¡eso
será cierto si el más allá, por ejemplo, no es un
fin remoto! —pensando en el Islam, o el cristianismo tradicional—Por
tanto tampoco hay un contraste tan acentuado de
funciones mentales de la cultura de la imprenta (solipsista, solitaria)
con la "precisión inmediata" y "simultaneidad" que exige la
nueva cultura eléctrica—in my
opinion.
"El sistema escolar, custodio de la cultura de la imprenta, no tiene
lugar para el individuo rudo. En realidad, es la tolva homogeneizadora
en la que arrojamos a nuestros integrales párvulos para
elaborarlos" (328). —OK, aunque yo veo que la cultura eléctrica,
la del ordenador al menos, no tiene menores efectos de
elaboración y disciplina de los sentidos y funciones.
"Hasta aquí, el presente libro podría considerarse como
glosa de un solo texto de Harold Innis: 'Los efectos del descubrimiento
de la imprenta se hicieron evidentes en las salvajes guerras religiosas
de los siglos XVI y XVII. La aplicación del poder a las
industrias de la comunicación aceleró la
consolidación de las lenguas vulgares, el nacimiento del
nacionalismo, la revolución y los recientes estallidos de
salvajismo en el siglo XX'." (329).
Innis vio "el poder estructurador de los medios de comunicación
para imponer subconscientemente sus principios" (329). Y este poder de
ver relaciones le lleva a establecerlas y expresarlas de una manera que
McLuhan parece necesitar justificar, precisamente porque él
también se la apropia. Aquí se autoexplica el sentido de
qué es exactamente "la galaxia" Gutenberg. Imagen que ya hemos
visto usar metafóricamente antes, pero—¿es una
galaxia de textos? ¿de prensas de imprimir? No: es una galaxia
de conceptos asociados entre sí de modo entre certero, intuitivo
e impresionista. Casi podríamos decir una constelación,
por la importancia del golpe de vista... si no porque los elementos de
la galaxia Gutenberg sí están relacionados por fuerzas
objetivas y no ligadas a esa única perspectiva que crea (virtualmente)
una
constelación. Este fragmento justifica el estilo
"galáctico" y de apariencia arbitraria y portentosa de Innis y
McLuhan (cambio la traducción, pues el traductor de la
edición de Círculo de Lectores aquí no se luce y
malinterpreta el sentido de 'substitute', como tantos españoles):
"No hay nada forzado ni
arbitrario en la forma de expresión de
Innis. Si hubiese de traducirse a prosa perspectiva, necesitaría
no sólo un inmenso espacio, sino que se perdería la
intuición en los modos de interacción entre las formas de
organización. Su sentimiento de la urgente necesidad de
intuición hizo que Innis sacrificara su punto de vista y su
prestigio. Un punto de vista puede ser un lujo peligroso si sustituye a
la penetración y la comprensión.
A medida que Innis fue viendo claro, abandonó todo punto de
vista simple para exponer sus conocimientos. Cuando relaciona el
desarrollo de la prensa de vapor con 'la consolidación de las
lenguas vulgares' y el nacimiento de los nacionalismos y la
revolución, no está exponiendo el punto de vista de
nadie, y menos el suyo propio. Compone una configuración en
mosaico, o galaxia, para penetrar en la cuestión. El primer
efecto de la imprenta al alterar la proporción entre los
sentidos humanos fue sustituir la intuición o penetración
en la dinámica causal por el punto de vista estático.
Volveremos a considerar esta cuestión más adelante. Pero
Innis no hace ningún esfuerzo para 'descifrar' las relaciones
entre los componentes de la galaxia. En sus últimas obras no
ofrece productos empaquetados para el consumo, sino un equipo o
instrumental para que cada cual haga por sí mismo: como los
poetas simbolistas o los pintores abstractos." (330)
Casi un autorretrato en persona ajena. Esta exposición "galáctica" o
caleidoscópica
diría yo, es en parte la opción estilística del
propio McLuhan, que también busca un precedente en el estilo
asociativo del Finnegans Wake
de Joyce. En todo caso, lo que yo estoy haciendo al "usar" el texto de
McLuhan para mis propias asociaciones (a lo cual se presta el estilo
bloguístico, por lo eléctrico debe ser—a mí
me facilita el saltar sin más protocolo académico de una
idea a la siguiente—no es sino lo que McLuhan está sugiriendo
que se haga con su libro.
La expresión "La galaxia Gutenberg" parece significar, pues, "una
colección de ideas sugerentes, intuitivas, o parcialmente expuestas en
torno a la cultura de la imprenta y sus efectos indirectos o
semipercibidos".
Si el nacionalismo moderno surgió de la imprenta, en la era
eléctrica "el globo se ha contraído, especialmente, al
tamaño de una aldea grande" (333). "El
nacionalismo exige derechos iguales, tanto entre los individuos como
entre las naciones" (335).
Cromwell y Napoleón fueron los artífices militares del
nacionalismo moderno, o como dice McLuhan, de "la organización
tipográfica del ejército" (339). Y los efectos son
más perceptibles en el norte que en el sur de Europa:
"En una palabra, el mundo
inglés comprende que la imprenta significa conocimiento
aplicado, mientras que el mundo latino siempre ha mantenido la imprenta
a raya, prefiriendo usarla para avalorar el drama de las discusiones
orales o del virtuosismo militar. En ningún lugar puede verse
mejor esta enérgica repudiación del mensaje de la
imprenta que en The Structure of the
Spanish History de Américo Castro." (342).
"Los españoles han estado inmunizados
contra la tipografía por su lucha secular contra los moros" (342).—Hala
ya. Contra los herejes será, que son los que imprimían ideas
peligrosas.
Según la lectura que hace Castro de Don
Quijote
y de Ignacio de Loyola, "la preocupación por observar los
efectos de la lectura sobre los espacios vitales del lector es
característicamente española" (Castro, cit. por McLuhan
344).
"La
imprenta purificó el latín... haciéndolo desaparecer" (346) (....) "La tipografía extendió su
carácter a la regulación y fijación de las lenguas" (348)
—Aquí McLuhan anticipa el "determinismo
tecnológico" de la lingüística integracional, que ve
en la escritura una tecnología constitutiva y transformadora del
lenguaje. Así, dice de manera un tanto maximalista que antes de
la imprenta, no eran posibles los diccionarios, ni siquiera del latín:
el escritor medieval se
consideraba libre para definir sus propios términos
progresivamente, a medida que iba cambiando su pensamiento en el
contexto. La idea de una palabra con un significado definido,
establecido por un léxico, no pudo ocurrírseles,
sencillamente. Del mismo modo, antes de la escritura, las palabras no
tienen ningún "signo" externo, referencia o
significación. La palabra roble
es roble, se dice el analfabeto. ¿Qué otra cosa podría evocarle la idea
de roble? (349)
—es ésta una noción sugerente, que habría
que matizar por ejemplo con la existencia del multilingüismo, que
es una manera de "escribir" en el aire; de la escritura manuscrita
también; y por último, de la misma forma
lingüística oral considerada à la Derrida como
inscripción o escritura primigenia—el always
already
de la desconstrucción nos haría moderar los
pronunciamientos sobre novedades o revoluciones tecnológicas.
Más efectos según McLuhan:
"La
imprenta alteró no solamente la ortografía y la
gramática, sino también la acentuación y la
flexión de las lenguas, e hizo posibles las faltas gramaticales"
(351)
La flexión es natural en la cultura oral o auditiva, porque es
un modo de simultaneidad. La cultura alfabética tiende con gran
fuerza a reducir la flexión en favor de la gramática
posicional visual. Edward P. Morris ha hecho una lúcida
exposición de este principio en On
Principles and Methods in Latin Syntax (353).
Según Morris, "la
relación sólo puede asociarse con una partícula
cuando es sentida con un alto grado de claridad. La relación
entre conceptos ha de convertirse en un concepto. En esta medida, la
evolución hacia la expresión de relaciones por medio de
partículas es una evolución hacia la precisión"
(cit. por McLuhan 353).
Aunque este efecto no puede reducirse a la escritura o
tipografía como única causa, ni mucho menos. Un ejemplo
que no considera McLuhan: la desaparición de flexión se
dio en las lenguas romances, no escritas, mientras que el
latín, lengua escrita, conservó mal que bien las
flexiones.
El rechazo del principio del decoro, de los juegos de palabras y
estilos floridos, el desarrollo del lenguaje científico,
será el programa de Sprat y la Royal Society en el siglo XVII: se trata
de
"homogeneizar cualquier clase de situación, a fin de poner toda
la cultura en relación con el potencial de la tecnología
de la imprenta" (355).—Hay consecuencias estilísticas
indirectas. Separación y segmentación, principios del
conocimiento aplicado, contra la teoría clásica del
decoro estilístico de estilos distintos para temas distintos.
La
imprenta creó la
uniformidad nacional y el centralismo gubernamental, pero creó
también el individualismo y la oposición al gobierno en
cuanto tal. (357)
(—Y quizá tambien, pues, el ateísmo: "la
Bible tuera l'église, et l'homme tuera Dieu", como dice la
canción de Plamondon en Notre Dame
de Paris).
Sobre la "lengua y el imperio", como diría Nebrija, cita McLuhan a Karl
Deutsch, Nationalism and Social
Communication:
"Una nacionalidad es un pueblo
que se esfuerza por adquirir un medio efectivo de control de la
conducta de sus miembros (…) las nacionalidades se hacen
naciones cuando adquieren el poder de respaldar sus aspiraciones.
Finalmente, si sus miembros nacionalistas triunfan y ponen a su
servicio una organización estatal, antigua o moderna, entonces
al fin se ha hecho la nación soberana y surge una
nación-estado" (cit. en McLuhan 357).
—y pregunto, ¿hay algo de esto que no haya sucedido ya en
Cataluña? Usando el instrumento de la lengua como "medio
efectivo de control". El nacionalismo va unido para McLuhan al control
de los medios de comunicación de masas, empezando por la
imprenta en el Renacimiento:
"Porque si la imprenta
convirtió las lenguas vulgares en medios de comunicación
de masas, también fueron éstas medios de gobierno
centralizado de la sociedad" (357-8).
Hoy, por supuesto, son las ondas el objeto preferente de control y
atención para los nacionalistas. El mensaje de la imprenta como
primer medio de comunicación de masas "es smplemente que el
soberano tiene derecho a imponer a la sociedad normas uniformes de
conducta" (358). En Tocqueville, La
democracia en América, se alternan los puntos de vista de la
uniformidad impuesta desde arriba, por el gobierno, y la creada por el
mercado.
Esta polémica comentada por McLuhan por el control de las
comunicaciones recuerda también, por supuesto, los recientes
debates sobre si la Red puede o debe ser controlada por los poderes
públicos (o, más específicamente, por los Estados
Unidos):
"Los no conformistas, inclinados
del lado del lector o consumidor, interpretaro que el significado de la
imprenta era privado o individual. Los conformistas se inclinaron del
lado del autor-editor, dueño de la nueva fuerza. Puede ser o no
ser significativo que la mayor parte de la literatura inglesa, desde la
imprenta, haya sido creada por esta minoría de
orientación gubernamental." (359).
Con la imprenta y el espacio comunicativo centralizado aparece
también la idea de la corrección lingüística
y gramatical, y las campañas de uniformización del
lenguaje.
"Nadie ha cometido jamás
un error gramatical en una sociedad analfabeta" (361)—otro
principio que sin duda suscribirían los integracionalistas. La
trampa de la corrección gramatical es "el abismo entre los modos
visual y oral" (362).
A la vez, se vuelve señal de refinamiento "la reducción
de la cualidad táctil" del lenguaje (364), por ejemplo de la
aliteración sajona, tarde recuperada en poesía.
Más aún,
"El hombre tipográfico tiene un
nuevo sentido del tiempo: cinemático, secuencial y pictórico" (364).
Los momentos de Shakespeare, o las instantáneas de su
experiencia mental de Montaigne en los Ensayos ("no pinto el ser, pinto
el pasar"), como precedente de la secuenciación fragmentaria de
la experiencia que anticipa el cine. La existencia deja de ser
estática para ser flujo de la consciencia, como dice Poulet
comentando la captura de instantes en Montaigne:
"Pero renunciar a pintar el ser para pintar el pasar no es sólo
una empresa de denudación sin precedentes, es una tarea de
extremada dificultad. Pintar el pasar no es simplemente captar el yo en
un objeto que se desvanece y que al hacerse borroso permite al yo
aparecer más distintamente; no es pintar un autorretrato, que
sería tanto más fiel por la desaparición de todas
las trazas de las ocasiones que habían llevado a su
creación. Es captar el yo en el instante en que las ocasiones le
quitan su forma antigua y le imponen una nueva" (Poulet, cit. en
McLuhan 366)
"Y así el yo se disuelve,
no sólo de instante en instante, sino incluso en medio del
instante-paso, en un juego prismático, como el del agua rociada"
(McLuhan 367).
Esta experiencia de la representación del yo anticipa el
impresionismo, y el cine. (Las tecnologías de
representación del yo, y por tanto la misma experiencia del yo,
se ven alteradas por la imprenta). La tecnología de la
repetición y reiteración mecánicas llevan a
imágenes como la de Shakespeare (soneto LX, "Like as the
waves."). Y de este tipo de representación de la consciencia
surge el moderno inconsciente:
"el inconsciente es una
creación directa de la tecnología de la imprenta, el
montón de escoria, cada vez más alto, de la consciencia
rechazada" (370).
¿Podemos emanciparnos críticamente de esta influencia
subconsciente de la tecnología? Hay primero que tomar
cuenta de esta influencia:
"Porque es absurdo e innoble ser
conformado por tales medios. El conocimiento no extiende, sino que
restringe las áreas del determinismo" (373)
Un equilibrio crítico que requiere el equilibrio de los
sentidos, no la desproporción a favor de uno que promueve
cada nueva tecnología.
"Heidegger hace esquí
acuático sobre la ola electrónica tan triunfalmente como
Descartes cabalgó la ola mecánica"
(373)—He
aquí la famosa imagen de surfing en la ola mediática,
introducida por McLuhan. Nada que ver con surfear por la red, sino
más bien dar una expresión ideológica adecuada al
impacto mediático de la época. Y si
Heidegger hizo surf, bien a pesar suyo sería: le faltan
pectorales playeros. Arguye McLuhan que el éxito de la
lingüística de Heidegger se debe a nuestra inmersión
en el medio electrónico; por la misma razón descartamos
intuitivamente el mecanicismo de Descartes. Y ni tanto, ni tan calvo,
dice McLuhan:
"La tesis de este libro no es
que haya algo bueno o malo en la imprenta, sino que la inconsciencia de
los efectos de cualquier fuerza es un desastre, especialmente de una
fuerza que hemos creado nosotros mismos" (374).
Aunque por lo dicho antes, el desastre es inevitable: no parecería que
a fuerza de
apretarnos las meninges vayamos a hacer factible una visión
crítica que sólo puede aparecer (decía McLuhan)
como efecto de la distancia histórica y del surgimiento
preponderante de un nuevo medio que desplace al actualmente
predominante. Parecería ser así, pero de hecho no
conviene olvidar (como tiende a hacer McLuhan) que un medio no desplaza
al anterior, sino que coexiste con él, y entra con él en
complejas relaciones de intermedialidad. Somos, siempre, más
multimedia y menos desequilibrados en un sentido de lo que nos dice
McLuhan.
Gutenberg, nos dice, ha ido extinguiendo la voz humana, y la cualidad
audiotáctil de la experiencia:
"Es un lugar común
mencionar que el hombre se hizo centro vía Gutenberg,
sólo para ser reducido en seguida por Copérnico al estado
de una nota marginal. Suspendido durante siglos de un extremo de la
cadena del ser, la linealidad del hombre fue interrumpida por la de
Darwin, que iluminó el segmento que faltaba en la secuencia. En
todo caso, Darwin rompió la conciencia antropocéntrica,
como Copérnico había hecho con el espacio. Sin embargo,
hasta Freud, el hombre se aferró a un resto de intuición
que tiñó la conciencia de espontaneidad. Pero Freud puso
fin a esto con su imagen del espíritu como una ondulación
en el océano del inconsciente" (377-78).
Frente al mecanismo del universo newtoniano, al sistema del mundo
completamente cerrado, la nueva física restaura la incertidumbre
y antideterminismo. No todas las cadenas de causación se pueden
remontar mecánicamente a una única causa original.
Citando a Sir Edmund Whittaker, Space
and Spirit:
Por el contrario, la corriente
moderna del pensamiento físico (como resulta evidente de lo que
se ha dicho sobre el principio de causalidad) está a favor de la
tesis de que, en el dominio de la física, hay una
sucesión continua de intrusiones de nuevas creaciones. El
universo está muy lejos de ser una mera consecuencia
matemática de la disposición de sus partículas en
el momento de la Creación, sino que es un lugar mucho más
interesante y lleno de imprevisto de lo que imagina cualquier
determinista. (Cit. por McLuhan, 379).
(Nota: según McLuhan, esta reflexión sobre la
multiplicidad y entrecruzamiento de las causas explica además
"el título y el procedimiento de este libro"
(379)—afirmación enigmática).
Pero citemos más a Whittaker sobre la indeterminación del
principio de causalidad, contra el pensamiento mecanicista:
"En el argumento [mecanicista]
generalmente esgrimido, el lenguaje empleado es adecuado al caso cuando
cada efecto no tiene más que una causa, y cada causa un solo
efecto, de modo que todas las cadenas de la causación son
simplemente secuencias lineales. Pero si tomamos ahora en
consideración el hecho de que un efecto puede ser producido por
la acción conjunta de varias causas distintas, y también
el hecho de que una causa puede originar más de un efecto, las
cadenas de causación pueden ramificarse y unirse unas a otras;
pero como sigue vigente la regla de que la causa siempre precede al
efecto en el tiempo, es evidente que la prueba no queda esencialmente
afectada. Por añadidura, el argumento no exige que todas las
cadenas de causación, cuando se siguen hacia atrás, hayan
de terminar en el mismo punto final: en otras palabas, no lelva
necesariamente a la conclusión de que el universo
adquirió todos sus materiales en una sola remesa de la
Creación, y que no ha recibido nada más desde entonces.
Esto no apoya la tesis, tan común entre los newtonianos
deístas del siglo XVIII, de que el sistema del mundo es un
sistema completamente cerrado, y ha evolucionado según leyes
puramente mecánicas, de modo que todos los acontecimientos de la
historia estaban implícitos en su especificación desde el
instante primero." (378-379 – y aquí
sigue seguido la cita
de arriba).
Más sobre determinismo y causalidad (y análisis invertido
de la causalidad) en este post a cuenta de la teoría de Gustavo
Bueno: "Crítica
de la causalidad".
Por cierto, este razonamiento de Whittaker refutador de una
única línea de causalidad tiene un paralelo interesante
en la evolución de las teorías de la evolución
humana: desde las teorías lineales y teleológicas, o
árboles bien organizados, hasta los complicados matorrales de
ramas entrecruzadas a que tienden las teorías modernas como la de
Stephen Jay Gould.
Para McLuhan, "hemos pasado de la 'causa' a la 'configuración'
en todos los campos de estudio y análisis" (379)—un tipo
de razonamiento a relacionar con el Zeitgeist estructuralista.
Efectos perceptuales de la alfabetización/imprenta: Junto con el
"espacio cerrado" de la cosmología, el espacio euclídeo,
producto del alfabeto, nace la idea de que los cuerpos físicos
tienen que estar "contenidos" en algo—en ese espacio. Y
paralelamente, aparece la idea de que los textos tienen un "contenido":
"El efecto del alfabeto
fonético al transformar el mundo audiotáctil en un mundo
visual fue, tanto en física como en literatura, crear la falacia
del contenido" (380).
(Y sirva esto como ejemplo de peligroso razonamiento à la
McLuhan o línea trazada para hacer constelación de dos
estrellas distantes… porque desde luego, ya que hablamos de la
teoría de las múltiples causas, no pueden atribuirse a
UNA causa única y comùn estos dos fenómenos tan
dispares).
"La
galaxia Gutenberg quedó disuelta teóricamente en 1905,
con el descubrimiento del espacio curvo, pero en la práctica
había quedado invadida por el telégrafo dos generaciones
atrás" (380).
(También aquí es contradictorio el razonamiento de
McLuhan al suponer efectos tan drásticos y devastadores primero
al alfabeto, y luego a un invento utilizado sólo para una
pequeña parte de la comunicación social, o a una
teoría desconocida para todos menos un puñado de
mortales. Ni tanto, ni tan drástico, como hemos apuntado antes. Esto es
la teoría
maximalista de los bandazos culturales, o las revoluciones invisibles).
"Con el
fin de las
especializaciones lineales y de los puntos de vista fijos, el
conocimiento compartimentado se hizo tan inaceptable como poco
pertinente había sido siempre. (…) Y lo que nos hemos
esforzado en explicar en este libro es cómo se ha hecho posible
la ilusión de la segregación del conocimiento por el
aislamiento del sentido visual por medio del alfabeto y la
tipografía. Quizá nunca lo repitamos bastante. Esta
ilusión puede haber sido una cosa buena o una cosa mala. Pero
sólo un desastre puede surgir de la ignorancia de las
causalidades y efectos inherentes en nuestras propias
tecnologías." (381)
Una ignorancia necesaria, decíamos antes, por otra parte… En
su entrevista de Playboy,
McLuhan confiesa ser un producto, partidario y nostálgico de la
cultura de la imprenta. Teoriza los nuevos medios, pero no va con
él ser tan cool, nos dice. Y
que no se droga.
El shock de las nuevas tecnologías:
"A fines del siglo XVII se
profujo una gran alarma y revulsión ante la creciente cantidad
de libros impresos. Las primeras esperanzas acerca de una gran reforma
del hombre por medio del libro habían quedado chasquedas, y en
1680 escribía Leibniz: (….) "al
final, el desorden se
hará casi insuperable" (382).
"'The
Dunciad', de Pope, acusa al
libro impreso como agente de una renovación primitivista y
romántica. La cantidad puramente visual evoca la mágica
resonancia de la horda tribal. La taquilla aparece como un retorno a la
cámara de resonancia del sortilegio de los bardos." (383).
Wow. Por cierto, nunca he visto traducido el título de la obra
de Pope: "Dunce" ahora es un vurro, pero en tiempos de Pope
tenía una fuerte connotación de pedante pretencioso (viene
de "Duns" Scoto, escolástico razonador, y ha derivado hacia
abajo). "Burro pedante y pretencioso", significa pues; quizá "La
Pedantíada" es en suma la mejor traducción del
título. Según McLuhan,
"Un sentimiento similar anima The Tale of a Tub y The Battle of the Books
[del deán] Swift. Pero es a The
Dunciad donde hemos de volvernos
en busca de la epopeya de la palabra impresa y sus beneficios a la
humanidad. Porque allí se encuentra un estudio explícito
de la zambullida del espíritu humano en el cineo de un
inconsciente generado por el libro. La posteridad no ha podido ver, de
conformidad con la profecía que aparece al final del libro IV,
por qué la literatura precisamente ha de ser acusada de
embrutecer al género humano, y de introducir
mesméricamente al mundo civilizado en el primitivismo, en el
África interior, y, sobre todo, en el inconsciente. La simple
clave de esta operación es la que hemos tenido en mano a lo
largo de todo este libro; la creciente separación de la facultad
visual y el resto de los sentidos en su interacción condujo al
rechzo por la conciencia de gran parte de nuestra experiencia, y a la
consecuente hipertrofia del inconsciente. Pope llama a este dominio que
crece sin cesar el mundo 'del Caos y de la Noche antigua'. Es el mundo
tribal, no alfabetizado, cantado por Mircea Eliade en The Sacred and the Profane". (384).
La última frase, evidentemente, es insensata y contradictoria
incluso en términos de la propia teoría de McLuhan. En
cuanto al desarrollo del inconsciente por efecto de la
alfabetización… ¿quizá la sátira de
Swift sobre la Mechanical
Operation of the Spiritsería un lugar interesante donde
mirar?
"No se ha reconocido a Pope el mérito que le corresponde como
serio analista de la malaise intelectual de Europa. (…). Pope vio el nuevo inconsciente colectivo
como el embalse acumulado de la autoexpresión individual" (388).
(Sobre la estupidez y vanidad potenciadas por los liblogs, y sobre la
analogía entre la marea de texto impreso y el tsunami
blogosférico ya
hemos hablado, o hablaremos).
"Pope dijo al mundo
inglés lo que Cervantes había dicho al mundo
español, y Rabelais al francés, en relación con la
imprenta. Es un delirio. Es una droga transformadora y
metamorfoseadora, capaz de imponer sus postulados en todos los niveles
de la consciencia. Mas para nosotros, en la década de 1960 a
1970, la imprenta tiene mucho de ese extraño carácter
retrógrado del cine y del ferrocarril. Al reconocer
tardíamente sus poderes ocultos, podemos aprender a intensificar
las virtudes positivas de la imprenta y, sobre todo, comprender mejor
las formas, mucho más potentes y recientes, de la radio y la
televisión." (390).
Recuerdo que cuando era un lector compulsivo, en los años
setenta, mi padre me hacía salir a ver la calle, cuando me pillaba
leyendo: "ya
estás aquí otra vez con la droga". Ahora soy adicto al
blog, claro—droga por droga. Y me ufano de que no lo soy a la
televisión o a los videojuegos, como lo es toda Zaragoza. Los
parques están vacíos las tardes soleadas. Ya lo cantaba bien Francis
Cabrel: "Verrouillez les portes des
conversations / Et allumez les
postes de télévision"...
"Pope, como Harold Innis en The Bias of Communication,
supone que la acción toda de la imprenta sobre nuestras vidas no
sólo es inconsciente, sino que por esta misma razón
agranda sin medida el dominio del inconsciente." (390).
Tal como lo veo yo, la alfabetización y la
interiorización de las tecnologías de la
comunicación es posible que agranden el inconsciente, pero
expanden y complican en su conjunto toda la actividad mental.
Más inconsciente, pero también más consciente, y
estructurado de maneras más complejas. Como ejemplo, la manera
en que fragmentos de intertextualidad o patrones de imágenes
estructuran nuestras percepciones y la producción de nuestro
discurso, muchas veces de modo totalmente inconsciente. Por otra
parte, se posibilitan tipos de experiencia consciente más
compleja, como la distinción entre múltiples planos de
realidad y representación. Los esquemas o frames de Goffman,
básicos en nuestra estructuración de la realidad, tienen
un material de construcción de primera clase en la multiplicidad
de medios de comunicación y en la imbricación de unos con
otros que llamamos intermedialidad.
Una experiencia intermedial
compleja es por supuesto inaccesible o incomprensible para una
mentalidad no educada en este tipo de operaciones semióticas.
Por tanto: quitaría yo un toque de alarmismo a este "crecimiento
del inconsciente" de McLuhan.
"Todo el cuarto libro de The Dunciad tiene que ver con el
tema de La Galaxia Gutenberg;
la traducción o reducción de modos diversos a un único modo de cosas
homogeneizadas." (391).
También aquí quitaría yo alarmismo, y la
sugerencia de alienación. Es tan posible estar alienado en la
horda primigenia como estarlo de trabajador en las pirámides o en la
cadena de montaje. Pero la complejidad de la experiencia posible no es
la misma en cada circunstancia y sociedad. Con el desarrollo de los
medios no hay reducción u homogeneización sino
complejificación, multimedialidad, intermedialidad. Cierto es
que la imprenta puede tener mucho poder absorbiendo y comunicando
experiencias, o la televisión; y que el formato digital
sí es en cierto modo "la traducción o reducción de
modos diversos a un único modo de cosas
homogeneizadas"—pero ahí están los decodificadores
y ordenadores para volver a transformar en señales distintas y
multimedia lo que se había homogeneizado digitalmente. Ni los
gestos, ni la conversación, ni la retórica desaparecen
con la imprenta, ni la imprenta desaparece con la cultura de la imagen.
Pero McLuhan, como tantas veces, tiende al Mcsimalismo.
"Apoyado por la
tecnología creada por Gutenberg, el poder de los lerdos para dar
forma y anublar el espíritu humano es ilimitado. Los esfuerzos
de Pope por aclarar este punto básico han sido vanos. Su gran
preocupación por la pauta de acción de su horda de
nulidades armadas ha sido mal interpretada como rencor personal.
[¡Bué-nó! – malinterpretada… ¡Es que hay que leerse La Pedantíada!]. [El] Pope [de
McLuhan]
sólo estaba preocupado por la pauta formalística y el
poder penetrante y configurador de la nueva tecnología." (394).
En la medida en que la obra de Pope es satírica y
deliberadamente grotesca y distorsionadora, habrá que moderar
las pretensiones del diagnóstico que quiere extraer McLuhan. Y
vaya medida… Pope también utilizaba la imprenta,
creativamente, para enriquecerse. Es otra perspectiva.
"Reestructuración de la galaxia o la
condición del hombre-masa en una sociedad individualista" (395).
McLuhan aplica a la ampliación tecnológica de los procesos mentales la
intuición de Blake en Jerusalem:
"Si los órganos de percepción
cambian, parecen variar los objetos perdidos.
Si los órganos de percepción se cierran, también parecen
cerrarse sus objetos." (Jerusalem,
cap. 34).
"Blake deja bien aclarado que cuando varía la
proporción entre los sentidos, el hombre varía. La
proporción entre los sentidos cambia cuando cualquera de ellos o
cualquier función corporal o mental se exterioriza en forma
tecnológica (…). La imaginación es aquella
proporción entre las percepciones y las facultades que se da
cuando no están encamadas o exteriorizadas en tecnologías
materiales. Cuando así se exteriorizan, cada sentido o facultad
se convierte en un sistema cerrado. antes de darse tal
exteriorización, hay una completa interacción de
experiencias. Esta interacción o sinestesia es una especie de
tactilidad, tal como Blake la buscó en la línea de
contorno de la forma escultórica y del grabado.
Cuando la perversa ingenuidad [no, traductor: el
perverso ingenio]
del hombre ha exteriorizado alguna parte de su ser en una
tecnología material, se altera totalmente la proporción
entre sus sentidos. Entonces se ve compelido a contemplar ese fragmento
de sí mismo 'encerrado, como en acero'. Y al percibir esta cosa
nueva, el hombre se ve compelido a convertirse en ella. Tal fue el
origen del análisis lineal, fragmentado, con su cruel poder de
homogeneización:
El Espectro Razonador
se alza entre el Hombre Vegetativo y su Imaginación Inmortal
" (395).
Una observación ciertamente sugerente—y sugestiva
incluso—pero que debería matizarse y más que
matizarse con lo que ya hemos dicho contra los sistemas cerrados.
La multimedialidad de la experiencia, la pervivencia no sólo
residual sino floreciente de las viejas modalidades de
percepción y de los medios "superados", así como el
desarrollo de complejas experiencias intermediales, todo esto mantiene
a esos "sistemas sensoriales" abiertos y dinámicos, no cerrados,
y en interacción permanente, contra lo que diga McLuhan. ¿De
dónde, si
no, surge la crítica al Espectro Razonador? La
Imaginación Inmortal se halla no sólo en la experiencia
primigenia, sino también en la complejidad asociativa de las
experiencias elaboradas, intertextuales e intermediales.
"Las leyes newtonianas de la
mecánica, latentes en la tipografía de Gutenberg, fueron
traducidas por Adam Smith para regir las de la producción y el
consumo. De acuerdo con lo que Pope había predicho acerca de la
enajenación automática o 'robo-centrismo', Smith
declaró que las leyes mecánicas de la economía
eran de aplicación, igualmente, a las cosas del espíritu:
'En las sociedades opulentas y comerciales, pensar o razonar viene a
ser, como cualquier otra actividad, un negocio privado, llevado por
unos cuantos, que suministran al público todo el pensamiento y
la razón que poseen las vastas multitudes que trabajan'."
(401).
O más bien que no posseen. Esto suena un tanto siniestro en
palabras de McLuhan (la creciente alienación de la sociedad
capitalista, etc.). Pero relativicemos. Ya he hablado antes de la
imaginación espontánea y pensamiento libre de los
campesinos egipcios o de los mujiks. A nivel de las necesidades
cotidianas de interacción y percepción todos somos lo
creativos o imaginativos que nos dé nuestra medida
personal—aquí y en la horda primigenia. Pero una sociedad
avanzada también desarrolla pensamiento avanzado—como el
de Adam Smith. Y no es una alienación el que esto lo hagan unos
pocos, "juntando fuerzas"—también las Pirámides las
pensaban unos pocos. Las vastas multitudes que trabajan nunca han
destacado, ni destacarán, en filosofía. El obrero
industrial ni siquiera se apropia del
pensamiento de Adam Smith, porque sus preocupaciones son otras. Pero
hace falta una sociedad capitalista avanzada para desarrollar el
pensamiento de Adam Smith (o el de Marx)—que es una ganancia, no
una pérdida de espontaneidad ni un robo de cerebros a las multitudes.
"parece ser que Smith siente que
el nuevo papel del intelectual es servir de espita de la consciencia
colectiva de las 'vastas multitudes que trabajan'" (401).
—el nuevo vate de la sociedad capitalista, para McLuhan:
"La visión será tribal y
colectiva, la expresión, privada y comercializable" (401).
Bueno: sigamos matizando. Algunos intelectuales expresan (por
división de papeles y roles) la experiencia de las masas. Otros no:
Adam
Smith no expresa la experiencia de las masas, sino que la teoriza. Es
distinto. El papel del intelectual no es únicamente visionario,
sino también tecnológico. Ingeniero de las tecnologías del
conocimiento, como McLuhan. Aunque McLuhan también es
visionario, qué duda cabe…
"Como sintió Joyce,
nuestra liberación de este dilema puede venir de la nueva
tecnología electrónica, con su profundo carácter
orgánico. Porque lo eléctrico pone de lleno la
dimensión mítica o colectiva de la experiencia humana en
el mundo despierto al día y consciente." (402).
Lo dicho: ni tanto, ni tan calvo. Ni tan liberadora la
televisión, ni tan esclavizadora la imprenta. Otros han
invertido los términos, con la misma arbitrariedad que McLuhan.
No conviene perder de vista que nunca hay una cárcel tecnológica
de los sentidos (mito McLuhaniano) y que por tanto la liberación
de esa cárcel es otro mito.
Karl Polanyi, The Great
Transformation, detecta paralelismos entre el pensamiento
newtoniano y económico en el XVIII y XIX. Hasta entonces,
"Donde los mercados estaban
más desarrollados, como en el sistema mercantil, prosperaron
bajo el control de una administración centralizada que
fomentó la autarquía, tanto de los hogares campesinos
como de la vida nacional. La regulación y los mercados crecieron
juntos, en efecto. El mercado autorregulador era desconocido; en
realidad, el nacimiento de la idea de autorregulación fue una
inversión completa del curso de desarrollo. (Polanyi, en McLuhan
403).
El principio newtoniano de la autorregulación se detecta en las
ideas de Pope con su "todo lo que es es perfecto" y de Swift en la
"operación
mecánica del espíritu"; y "el principio
de no-interferencia en el orden natural llega a ser la
conclusión paradójica del conocimiento aplicado" (403):
la idea de que "todo mal parcial es un bien universal" como base de la
autorregulación, y automatización de la consciencia. Es
el auge de la teoría del libre mercado:
"De ahí que no
sólo haya de haber mercados para todos los elementos d la
industria, sino que no debe apoyarse ninguna medida o política
que puediera interferir en el funcionamiento de esos mercados. Ni los
precios, ni los stocks, dni la demanda deben ser fijados o regulados;
sólo son correctas aquellas medidas o políticas que
ayuden a asegurar la autorregulación del mercado al crear
condiciones que hagan de él la única fuerza
organizadora de la esfera económica" (Polanyi, en McLuhan 403).
Y, dice Polanyi, al tratar la mano de obra y la tierra como
mercancías, se subordina la sustancia misma de la sociedad a las
leyes de mercado.
McLuhan ve en todo esto la consecuencia de "un sistema visual cerrado":
"Los mismos postulados
presidieron la formación del espacio, el tiempo y la
mecánica newtonianos. Así, la literatura, la industria, y
la economía quedaron fácilmente acomodadas dentro de la
esfera newtoniana." (404).
"Cuando una sociedad está
circunscrita dentro de una proporción de los sentidos fija y
particular, es completamente incapaz de encarar otro estado de cosas."
(McLuhan 405).
"La fórmula de la hipnosis es 'un sentido cada vez'. Y
las tecnologías nuevas tienen el poder de hipnotizar porque
aíslan los sentidos. Luego, como dice la fórmula de
Blake, 'se convirtieron en lo que observaban'. Toda tecnología
nueva disminuye así la interacción de los sentidos y la
consciencia, precisamente en la nueva zona de novedad donde se produce
una especie de identificación entre el observador y el objeto.
Esta conformación sonambulística del observador a la
nueva estructura hace a aquéllos más profundamente
inmersos en una revolución tanto menos conscientes de su
dinámica" (406).
Las especulaciones de McLuhan sobre la "prosa equitona", la
uniformización del estilo en prosa, "equivalente auditivo del
punto de vista, fijado mecánicamente, en el campo de la
visión" (407) son poco convincentes, pues normas de uniformidad
genérica y convenciones han existido desde los clásicos.
Teoriza también la mayor importancia dada al efecto sobre el
público, que según Goldsmith es en el XVIII el
único mecenas de los poetas. Addison, Kames, Hume, etc., analizan la
experiencia del lector, y esto va junto con el descubrimiento de nuevas
dimensiones de la función del arte.
"Retrospectivamente,
tal vez nos veamos obligados a reconocer que ha sido la era de los
mercados de masas la que ha creado los medios para un orden mundial,
tanto en belleza como en artículos de consumo" (411).
"fue el método de
Gutenberg, de segmentación homogénea, [para] el que siglos de
alfabetización fonética prepararon el terreno psicológico, el que ha
trazado los rasgos del mundo moderno. La numerosa galaxia de
acontecimientos y prductos de tal método de mecanización de los oficios
manuales es meramente accidental al método en sí." (412).
Pero esto ha cambiado, y hoy estamos libres de esa perspectiva:
"Hoy,
nuestra ciencia y nuestro método no tienden hacia el punto de vista,
sino a descubrir cómo no tener punto de vista; no es el nuestro el
método del espacio cerrado y la perspectiva, sino el de campo abierto y
[suspensión del juicio]. Tal es hoy el único método viable, bajo las
condiciones eléctricas del movimiento de información simultánea y total
interdependencia de los humanos." (412).
"Hoy," nos dice, está superada la hipnosis "newtoniana" o
"visual"… aunque hoy,
años más tarde no
queda claro en qué medida la reducción mucho más
drástica de toda la información a formato digital no vaya
a tener un efecto librecambista mucho más drástico y
directo. Por supuesto, la Red se utiliza a favor y en contra de la
globalización del capitalismo, a favor y en contra de la
ideología capitalista, pero la estructura en sí, su misma
existencia y las dinámicas que favorece, trabajan
implacablemente a favor de la globalización económica. E
hipnotizar… la pantalla hipnotiza bastante.
"No podríamos mencionar
un ejemplo más extremado de esta ilusión que nuestra
imagen actual de la televisión como una variación
corriente, sobre el modelo mecánico, cinematográfico, de
tratar la experiencia por repetición. De aquí a pocos
decenios será fácil descubrir la revolución en la
percepción y en la motivación humanas que se
producirá como consecuencia de la contemplación de la
nueva red en mosaico que es la imagen televisiva. Hoy es fútil
en absoluto discutirla." (407).
El gran descubrimiento, en el siglo XIX del método de
invención, expuesto con detalle por primera vez en la obra de
Poe:
"consiste, bien simplemente, en
la técnica de comenzar al final de cualquier operación de
que se trate, y operar hacia atrás desde ese punto de partida.
Es el método inherente en la técnica gutenberguiana de
segmentación homogénea, pero hasta el siglo XIX no fue
extendido el método desde la producción al consumo."
(312).
Lleva a la masificación de la experiencia del consumidor, en literatura
también:
"No sólo es la novela
policíaca el gran ejemplo popular de operar hacia atrás,
de efecto a causa, sino que es también la forma literaria en que
el lector se ver profundamente implicado como coautor." (413)
(—reflexiones interesantes para cotejar con la teoría de
la narración en retrocesión que
comentábamos hace
unas semanas). "El consumidor de arte popular fue invitado por las
nuevas formas artísticas a participar en el proceso
artístico" (414).
Pero no sólo esto en literatura popular: la teoría del
correlato objetivo de T. S. Eliot también presupone una
formulización semejante de la experiencia lectora. Y parecido en
la narración de la experiencia:
"El alfabetismo había
hecho del individuo instruido un sistema cerrado, y estableció
un vacío, entre la apariencia y la realidad, que terminó
con descubrimientos tales como la corriente de consciencia." (415).
Impersonalidad, suspensión del juicio también, como
característica del arte y la ciencia del siglo XIX, como
desarrollo de la cadena de montaje del XIX.
Pero estas consecuencias de la tecnología mecánica serán
reinterpretadas en la era eléctrica:
"La nueva galaxia
eléctrica de acontecimientos ha entrado ya profundamente en la
galaxia Gutenberg. Incluso sin colisión, tal coexistencia de
tecnologías y consciencias causa trauma y tensión en toda
persona viva. Nuestras actitudes más corrientes y convencionales
parecen súbitamente deformadas como gárgolas o figuras
grotescas." (415).
Por eso estamos aquí haciendo blogs, en lugar de escribir artículos
académicos, seguramente.
Y si también aparecen a veces distorsionadas como una
gárgola las intuiciones de McLuhan sobre la
interpenetración de medios y mensajes, eso se debe en parte a la
retrospección que hoy efectuamos sobre una
prospección de McLuhan en los años sesenta—sobre un tipo de crítica y
teoría prospectivo e innovador, que a la vez tiene la humildad
de presentarse como una nota a pie de página o comentario sobre
lo ya dicho. Todos lo somos, supongo—pero unos menos que otros.
Otro libro que debí empezar a leer hace
años, y que me termino de acabar, o me acabo de terminar: English Love Stories.
El amor no se debe dar bien en la nublada Inglaterra, si nos atenemos a
esta selección. O al menos al editor, John Sutherland,
parecen
gustarle más las historias de amor fracasado o
engañoso.
Que quizá sea el destino de casi todos los amores, no lo
niego,
pero desde luego no es una antología hecha por un enamorado
del
amor. Tengo la costumbre de marcar, en los libros de autoría
colectiva, la valoración que me merece cada
capítulo en
el índice: "MB", "B", "RB" (regular-bien), "R", "RM", "M",
"MM".
Observo últimamente la baja calidad de lo que se antologa,
hasta
en una antología de Oxford como ésta (OUP, 1997).
Hay
abundancia de erres, y sólo tres cuentos con un MB, tres
cuentos
de desamor, o de amor, que vale la pena leer. Aquí va su
planteamiento:
Olive's lover,
de "C. C. K.
Gonner", autor(a) desconocid@. Amor en una familia burguesa
decimonónica. Una de las hijas, Olive, conoce en un viaje a
un
pretendiente, a toda prisa éste le pide compromiso por carta
antes de salir para las Antípodas... pasa el tiempo, y va
dando
largas en las cartas. Al final que sí, que parece que
vuelve,
pero con retrasos inexplicables, excusas peregrinas, se va acercando
pero no acaba de llegar, toda la familia sobre ascuas... hasta que
reciben la noticia de que, ya en Londres, ha muerto. Con esquela en el
periódico y todo. Pero cuando van novia y padre a visitarle
al
cementerio, concluyen que no está enterrado allí.
La
prometida/viuda se va poniendo mala desmaya, y muere ella misma al poco
tiempo. Pero al poco la familia descubre que las cartas supuestamente
recibidas del extranjero, y toda huella de noticia relativa al novio, o
no existían o eran de mano de la propia Olive. Caso extremo
del
ilusionismo del amor, que nos hace vivir en un mundo imaginado, con una
persona que muchas veces no existe sino en nuestra
imaginación—mayor la sorpresa, a veces, cuando
parecía tener carne y hueso.
Blind
Love,
de V. S. Pritchett. Una divorciada de carácter decidido
oculta
un secreto: tiene una mancha enorme e irregular de color rojo oscuro
por el pecho, y fue la causa de que su marido la abandonara a los pocos
días de casados (ya digo que ella tenía
carácter
decidido). Ahora es solitaria ama de llaves en casa de un
ricachón, ciego, educadísimo, muy inteligente y
bastante caprichosete. Se tratan con
cortesía exquisita y respeto, hasta que por esas ncesidades
de la
vida, acaban siendo amantes. Ella lo informa de lo de su mancha tanto
como lo había hecho con el primer marido, esta vez
creyéndose a salvo. Pero el vecindario maledicente se ha
enterado de todo;
la ha visto tomar el sol desnuda, y van a malmeter con el ciego... Ella
los trata con desprecio, pero observa que el patrono/amante
está
raro con ella, como ofendido. Al final clarifican la cosa y viven tan
felices: para él no significa nada—pero
nada—lo de
la deformidad de ella, si deformidad es la palabra: sólo
estaba
dolido por la falta de confianza de ella. Y le dice que
además ya lo
sabía. Sí nos hace sentir
este relato de modo muy vívido que a veces vivimos en
universos paralelos,
aunque es importante que los puntos en que se cruzan sean
habitables. El amor de este cuento es sin embargo muy
británico
en el peor sentido del término, muy de conveniencia, una
tibia
amistad sexual parece, más que blind
love.
Fifty Pounds,
de A. E.
Coppard. Una mísera pareja malvive en Londres, un
escritorzuelo
con ínfulas de genio incomprendido, tratado con
ironía
cruel por el autor, y una infeliz que lo quiere, y que se resigna a
seguirle la corriente en su tren de vida... que no sólo
exige no
trabajar en nada más que en sus escritos invendibles, sino
que
además requiere que ella no trabaje, por dignidad personal
de
él. Y eso que no están casados. Al fin ella, no
enfadada
sino usando la cabeza, le dice que no puede seguir así y que
lo
deja al menos de momento, harta de miseria y muerta de hambre; que se
va a Glasgow a un trabajo que le dan. El con chantaje moral a tope, que
no se vaya, etc. Pero la chica va subiendo puntos para el autor y para
el lector a medida que progresa la historia. El caso es que antes de
irse se entera ella de que ha heredado una pequeña cantidad
que
les permitirá seguir juntos... y cambia de plan sin decirle
nada
a él. Para halagar su vanidad, le envía cincuenta
libras
de parte de "un lector anónimo, admirador con otros de su
talento"... y espera ansiosa el anuncio triunfante de él.
Pero
no llega el anuncio. Hasta comprueba el acuse de recibo en Correos, y
sí, sí, él tiene las cincuenta libras
pero
está callado como un muerto, bueno, con su chantaje
emocional
que sigue. Así que ella también mantiene el plan,
y se va
a Glasgow volviéndose en la calle para saludarle en la
ventana.
Lo que digo, si esto es amor... es amor mal encarado. O la
selección es dudosa, o el amor—el amor
"enamoramiento/pareja" es más virtual y quimérico
de lo
que solemos creer. Quizá, incluso amando en
compañía, amamos mucho más solos de lo
que nos
parece.
Me acabo de leer (cuando digo me acabo de leer me refiero
a
acabar, no a acabar de leer de un tirón—a veces
cojo un
libro y lo voy dejando durante años) la novela de Graham
Greene The End of the
Affair.... Lo que se llevaba Greene en nuestros tiempos,
que si le
darían el Nobel, que si no... y luego te mueres y te pasas
de
moda. Esta novela la republicaron para el centenario en
Penguin
Classics, con introducción de Michael Gorra (2004).
Son interesantes los comentarios del editor sobre el
carácter
religioso de la novela. En la novela, el incrédulo Bendrix
narra
la historia de su relación adúltera con Sarah, la
esposa
de su "amigo" Henry. Sarah pone fin a la relación por una
promesa que le hace a Dios—si salva a Bendrix de un
bombardeo,
esto es en Londres durante la guerra. Sarah desarrolla una
extraña fe católica casi insensata,
existencialista y
descreída, pero se agarra a ella como a un clavo ardiendo
para
dejar de ver a Bendrix y seguir con su patético esposo a
quien
no quiere. Según Michael Gorra, esta promesa que se hace a
sí misma al margen de su matrimonio "la marca como un
personaje
emblemático de mediados del siglo 20, tan representativa de
sus
tiempos como Emma Bovary de los suyos: alguien definido por lo que
Morton Dauwen Zabel llaama la 'pasión por una identidad
moral
propia', una figura que toma 'la integridad indestructible de la vida
individual' como la medida de la justicia y la ley. (...) El trato de
Sarha con Dios es sobre todo un trato consigo misma. Lo que viene a ser
como decir que El final
de la historia destaca como la novela religiosa de una
época fundamentalmente laica" (xx-xxi).
Desde luego, vista desde fuera la elección de Sarah
podría parecer muy interesada: típica ama de casa
burguesa, sin hijos, no deja las comodidades de la casa de su marido,
un funcionario bien aposentado, para irse a la incierta y miserable
vida en un cuartucho con su amado. Es como para que le salgan
escrúpulos religiosos a cualquiera. Sarah desarrolla una fe
religiosa como quien construye un baluarte para el yo con puro aire, y
donde no hay nada donde asentarlo. Adúltera compulsiva, los
engaños y dobleces le minan el sentido de la realidad, y
necesita con desesperación una realidad absoluta sobre la
que
centrarse y sujetarse—ser un sujeto en lugar de una
colección de apariencias—y
—presto—
aquí está Dios para darle esa entidad.
Pero no se ve ella así, claro, ni la ve así
Bendrix, ni
el autor—aunque así la retrate. Para Bendrix,
narrador no
fiable, la conversión religiosa de Sarah es incomprensible,
una
especie de enfermedad contagiosa que se va apoderando de ella hasta
matarla (y convertirla en santa milagrera). Ella vive su
relación con Dios como un combate contra lo sobrenatural
desde
el descreimiento, y su conversión presagia la de
Bendrix—tanto menos fiable parece el narrador, cuando la
posición del catolicismo doliente y agónico es
bendecida
por el autor, y Bendrix ya está en la fase de maldecir a
Dios
como a un rival amoroso—poco le falta para su propia crisis,
y de
hecho acaba compartiendo casa con Henry el marido de Sarah, una
relación homosocial a dos o a tres, si contamos a Dios.
Porque
en realidad la relación homosocial de Bendrix con Henry
sirve
sólo de contrapunto a la relación homosocial con
su
auténtico rival: Henry se relaciona con Dios por
mediación de Sarah y el sexo, una relación
tormentosa de
amor-odio donde las haya. Y apreciamos que para Greene, autor no
fiable, también está la salvación, o
al menos la
vida tal como merece la pena vivirse, en la combinación de
intriga, pasión, disimulo, alcohol, sexo, pecado y
arrepentimiento en la que viven sumergidos los personajes, siempre con
sus superficies en tensión y a punto de llevarnos a la
vuelta de
la esquina a revelar tumultuosas relaciones consigo y con los
demás.
No me extraña que el catolicismo de Greene pareciese a
más de uno sospechoso y herético: es un
catolicismo
anglosajón, que sirve para añadir intensidad
moral al
individuo y acentuar sus paradojas, en lugar de reconciliarlo con el
medio ambiente oficial. Es un católico que sólo
se
realiza plenamente pecando, para tener más profunda
conciencia
de la salvación. Es significativo que a la vez que
escribía Greene esta novela estaba llevando una
relación
adúltera con la persona que le inspiró el
personaje de
Sarah, Catherine Walston, cuyo marido también se llamaba
Henry.
Era un caso casi patológico de tentar a la suerte, o de
jugar
con el riesgo de la revelación a la manera de sus
personajes. Greene reparte sus actitudes entre la conversa
Sarah
y el descreído pero existencialmente atormentado Bendrix, y
pone
fin al asunto en la dimensión ficcional, con una promesa a
Dios:
pero en la realidad la promesa existe sólo para romperse, y
vivir más intensamente la vida pecadora, de
pasión y
riesgo. Es característico que en esta novela se compara
comprar
un crucifijo, como acto vergonzante, a la compra de condones. Aunque en
este caso sospechamos que el crucifijo es (al menos para el autor) un
acicate erótico, más que un mal necesario.
Visto como proyección de la vida real, en medio de una
historia
real, y no en el final de una ficticia, y jugando peligrosamente con la
revelación de secretos, adquiere otro tono el principio
memorable de la novela. En él Bendrix va a abordar a Henry,
su
cornudo particular, a gozar de la superioridad sobre él que
le
da su secreto; triste consuelo, porque Henry ha conservado, al menos
sobre el papel, a Sarah:
Una historia no tiene
principio ni
final: arbitrariamente uno elige el momento de la experiencia desde el
cual mirar hacia atrás o hacia adelante. Digo que "uno
elige"
con el orgullo inexacto de un escritor profesional que—en las
pocas veces en que ha sido considerado con seriedad— ha sido
alabado por su destreza técnica, ¿pero acaso elijo
yo con mi propia voluntad esa noche negra y húmeda de enero
en
el parque, en 1946, la visión de Henry Miles atravesando de
cruzado la amplio río de lluvia, o me eligen a mí
esas
imágenes? Es conveniente, es correcto según las
reglas de
mi oficio empezar justo allí, pero si hubiese
creído
entonces en un Dios, también podría haber
creído
en una mano, dándome en el codo, sugiriendo
"Háblale: no
te ha visto todavía".
Los adúlteros, como otros fabricantes de
realidades
alternativas, detentan la llave de la realidad auténtica, y
eso
proporciona cierta ilusión de dominio, pero a la vez minan
la
propia solidez del universo en que viven. Es una relación
vertiginosa con la realidad, y Greene evidentemente la
sentía de
modo intenso al escribir esta novela. Pero observamos ya en esta escena
un juego de perspectivas: en realidad, Henry no es tan ciego como
parece, y simplemente mantiene las apariencias, intentando evitar el
detonante que ponga fin a su matrimonio. Y Bendrix no creía
en
Dios entonces, cuando
era
personaje. Ahora que es narrador, su posición ha cambiado,
ha
sido azotado por el Supremo y está más cercano al
credo impossibile
del autor. Por tanto, hay realidades detrás de realidades, y
el
final de una historia es ya la parte de enmedio de otra historia que
había empezado sin que nos enterásemos
apenas—en
este caso la de la conversión del descreído
narrador.
Aquí sólo Dios es el detentador de la estructura
final de
la realidad—que es tanto como decir que la realidad es
paradójica e inescrutable.
Me acabo de leer las Obras de William Drummond, al menos
la
mayoría de las publicadas, en la edición de R. H.
MacDonald (William Drummond of Hawthornden, Poems and Prose,
Scottish Academic Press, 1976).
Es uno de los sonetistas neoplatónicos del Renacimiento
(entre
sus poetas cita a Garcilaso y Boscán), con un toque
pesimista muy barroco. Aquí está el
soneto XXIV de
sus Poems
de 1614-16.
In my Minds pure Glasse when I my selfe behold,
And vively see how my best Dayes are spent,
What Clouds of Care above my Head are roll'd,
What comming Harmes, which I can not prevent:
My begunne Course I (wearied) doe repent,
And would embrace what Reason
oft hath told,
But scarce thus thinke I, when Love hath contrould
All the best Reasons Reason
could invent.
Though sure I know my Labours End is Griefe,
The more I strive that I the more shall pine,
That only Death can be my last Reliefe:
Yet when I thinke upon that Face divine,
Like one with Arrow shot in
Laughters Place
Malgre my Hart I joye in my
Disgrace.
Cuando en el espejo puro
de la mente me contemplo,
Nítidamente me veo echando a perder mis días,
Qué nube de cuidados ya se agolpa en torno mío,
Qué males están por llegar y que detener no puedo,
Así de lo ya emprendido (ya cansado) me arrepiento,
Y bien optaría por lo que la Razón tanto aconseja.
Pero al punto ha llegado y dominado Amor
Todas cuantas razones la Razón invente.
Aunque sé por cierto que he de terminar dolido
De todos mis trabajos, y que a más que pene
Me doleré más, que el único alivio es
la muerte,
Cuando pienso sin embargo en ese rostro divino,
Es como un tiro de flecha en el punto de la risa:
Y mal que quiera ha de ser que en esta desgracia
ría.
(A response to a thread in the Narrative-List
asking for suggestions:)
In a study of trauma and race, I would suggest including Stephen
Crane's "The Monster"— I once wrote a
paper
on the black protagonist's disfigurement as a traumatic displacement of
racial/ethical tensions. Not that it is a trauma depicted under the
author's control, I think. In dealing with traumatic narratives, of
course, there is the issue of whether it is the critic who brings the
trauma to light, or whether the narrative is a narrative of trauma
acknowledged and dealt with by the author, or whether the traumatic
situation is "always already" analyzed in a narrative which on the face
of it would seem to be a mere traumatic expression. And all the shades
of grey in between.
Sí, me han subido un poco la nómina,
con otro complemento más, satelizado en torno al sueldillo.
Pero no, me refería a que
además me han subido un poco el ego (sí, se
puede), nominándome Magda en Apostillas
Literarias(¡gracias Magda!) como uno
de los cinco blogs que
te hacen pensar.
¿Es
un meme? ¿Es un premio? ¿Es
Supermán? Bueno, pues me
parece que me voy a sumar a la cadena y nominar a cinco blogs que me hagan
pensar... mejor
que instituir uno de esos premios con cheque en blanco-blanco, o
accésits sin premio. O
vale, llámenlo I Premio Vanity
Fea, si quieren... y hago como esos blogueros que
instituyen un premio
... y la primera impresión es que, si bien
sí leo
algunos buenos blogs regularmente, esto me hace pensar lo mal que
conozco la blogosfera, a pesar de estár zanganeando por
ahí la mitad del día. En fin, cuando
llegue a
alguna conclusión sobre mis cinco nominados, que no deben
nominarme a su vez, aquí los pondré. Para
más
información sobre el meme, ir al blog de Magda
arriba... y
los avisos los pasa Technorati. Es que no soy aficionado a los memes,
pero hay que reconocer que este, además de trabajar a mi
favor,
tiene un interés crítico evidente. O lo
tendría si
fuese yo un experto en blogs que me dejen pensativo...
... y oye, ya que estamos dándole al ego, si hay blogs que
me
hacen pensar, ¿igual parte del mérito corresponde
a este
pensador? Ya lo decía Wilde,
"from
subjects of little or
no importance (...) the true critic can, if it be his pleasure so to
direct or waste his faculty of contemplation, produce work that will be
flawless in beauty and instinct with intellectual subtlety. Why not?
Dulness is always an irresistible temptation for brilliancy, and
stupidity is the permanent Bestia
Trionfans
that calls wisdom from its cave. To an artist so creative as the
critic, what does subject-matter signify? No more and no less than it
does to the novelist and the painter. Like them, he can find his
motives everywhere. Treatment is the test. There is nothing that has
not in it suggestion or challenge." (The
Critic as Artist).
Pero aparte de mi propia aportación observadora, entre los
que
me motivan para bien, están, sin orden cierto ni concierto...
– ¿porque quién dijo que no
podía votarse
uno mismo? Ahora, y sólo ahora, no me puedo volver a votar.
PS: Además de
nominado, estoy
nombrado. Me ha pasado un colega de la Uni un periódico del
mes
pasado donde hablaba de mí David Ballota en su columna del
Heraldo de Aragón "Cosas de blogueros", en un
artículo
titulado "Los libros se sienten y se ven en la blogosfera"... aunque ya
avisa que "algunos de los libros sobre los que postea García
Landa no son para todos los públicos". Bueno, ninguno lo es,
en
realidad, por mucho que quieran hacer ver que sí.
(Más
gracias a David, por ponerme tan destacadamente en este
artículo).
Por si hace falta que la presente, es Kate Bush. Hablando
de la
gente que nos obliga a salir de nosotros mismos... con lo bien que
estamos ahí, leshes.
Extrañas conexiones
las que introduce
Internet entre la gente. Y extrañas reconexiones. Si se
hiciese
una lista de las personas cuyos nombres gugleamos... Google la tiene,
claro, o podría tenerla. "The Database of Intentions", la
llamaba John Battelle a la colección de búsquedas
y de
pistas dejadas en la red. Igual la podría haber llamado "The
Database of Desires" --pues se busca lo que se desea, ¿no?
Esos
enlaces mentales a los que vuelve la cabeza una y otra vez, ahora a
tiro de una tecla: "Send". ¿Le damos a la tecla, o no le
damos?
Muchos le han dado, y las consecuencias son imprevisibles. La
contingencia de las relaciones personales aumenta exponencialmente.
Esto es una reseña de La
Carta Esférica
de Arturo Pérez Reverte, con guión y
dirección de
Imanol Uribe, interpretada por Aitana
Sánchez-Gijón y
Carmelo Gómez. En breve: para pasar el rato, y poco
más;
apta para echar el domingo por la tarde en la tele.
Se le ha criticado que si es poco espectacular, que si el ritmo no
arranca, que si es demasiado estereotípica en sus
diálogos; es cierto que con frecuencia no suena como gente
conversando sino como pesonajes exponiendo una historia para
ilustración del espectador. Da impresión de estar
hecha
con pocos medios, tan pocos los buscadores de tesoros como los
buscadores de tesoros cinematográficos; se les
debió ir
el presupuesto en cenar langosta ("langosta verde") en lugar de echarlo
en la película. Pero bueno, no me quejo de los mafiosos con
pocos medios, por lo menos tenían buena jeta de mafiosos.
El asunto va de un rescate ilegal de un tesoro hundido, del barco
jesuita Dei Gloria, a
manos de los protagonistas, con competencia por parte de una empresa
dudosa con base en Gibraltar. Al final lo localizan calculando la
desviación en base a ciertos errores en un mapa y gracias a
un
sistema de referencia secreto que empleaban los jesuitas, dato que les
da un catedrático (posible víctima de los
encantos de la
protagonista).
Se le ocurre a uno que el reciente caso que sucedió y que
tuvo
tanto eco en los noticiarios nacionales debió ser en parte
una
estrategia de lanzamiento de esta película, a
través de
algún contacto con los noticiarios. Aunque no dudo que
piratas
hay en Gibraltar, y en todas partes. Hasta en el Ministerio, vamos,
porque la Aitana, aquí "Tánger", hace de
funcionaria del
Museo de la Marina que, con financiación oficial, se dedica
a
barrer para casa y llevarse las esmeraldas, estafando a todo el mundo
por el camino: a su ex (el gibraltareño, bueno,
italo-gibraltareño Nino Palermo), a su sicario a quien
soborna,
a su pareja el marinero protagonista Carmelo Gómez
/ "Coy"
y al socio de ambos "Piloto"... menos mal que el tal Coy cambia las
esmeraldas de sitio en el último momento, y la deja con un
palmo
de narices llevándose un cargamento de piedrecitas.
¿Volverá Tánger a por las esmeraldas,
a cambio de
más sexo? Nos quedamos con la duda, no despejada por la
narración retrospectiva. Quizá las mejores escenas son las que aparecen
las viñetas de El
Tesoro de Rackham el Rojo,de
Tintín, pero hasta esas son bastante glaciales. La
película es fría hasta en las escenas de
orgasmos,
orgasmos a golpe de guión. Claro, que la
impresión que le dejaría a cualquiera la
señora
funcionaria ésta sería
más bien glacial, pero se supone que el marinero
tenía
otros parámetros
y su narración debería ser más
apasionada.
En cuanto a mí, lo que me apasiona y me deja frío
a la
vez es la fascinación del protagonista, y del autor y
guionista,
por las tías malas remalas—eso sí,
mientras
estén buenas rebuenas, que sin un culo a juego el mal no
tiene
el menor atractivo. Uno piensa que una elementa tan vendida, mentirosa
y manipuladora como la Tánger-Aitana ésta
habría
que tenerla apartada con un palo largo, pero no, el sueño
del
marino Coy es que se vuelva a meter algún día en
su vida,
como un elemento turbio de pasión y feminidad insondable,
que le
atrae como las profundidades marinas al Dei Gloria. Como
digo, el mismo encanto femenino le veo yo al mafioso italiano y a su
sicario, y es posible si nos pasamos a la vida real que la
señora recupere las esmeraldas por el procedimiento de
romperles
las piernas a la pareja de nostálgicos que se acuerdan de
ella
conversando por el puerto al final. Que la mafia es la mafia.
Ella proyecta mejor idea de sí misma, como mujer de rompe y
rasga: cuenta que en las películas de vaqueros hay dos tipos
de
mujeres, las que chillan cuando vienen los indios, y las que cogen el
rifle—y que ella decidió ser de las segundas. Pero
del
argumento se desprende más bien que prefiere ser de los
indios.
O más bien podríamos ponerla como emblema de la
cultura
del pelotazo de los 90: desde el puesto oficial, y con
financiación ministerial, pero a barrer para casa sin
contemplaciones. Y tal es el oscuro objeto de deseo que se nos hace
oscilar ante las narices, encarnados en nuestro Coy-avatar. Hemos de
tenerla. Veamos: señoras fantásticas que vemos
pasar y
con las que no nos acostaremos, son el 100% de ellas, así
redondeando o sin redondear. ¿Por qué entonces
tenía Tánger "algo especial"? Yo le veo al
protagonista,
o más bien al autor a través del protagonista,
ese mismo
deseo de ser piel roja—dividido entre la honestidad ya no
ético-política, sino personal-amorosa (guardemos
las
medidas) con la que actúa, y las ansias de libertad total,
para
robar, traicionar, no tener ataduras de ningún tipo que no
sean
las del egoísmo más desmesurado, destructivo e
insensato.
Que es atractivo, pero para sentirlo como atractivo hay que verlo desde
fuera. Y encarnado en una tía buena. Vamos, que el
protagonista/guionista/autor, sus ansias de ser piel roja las expresa
por vía sexual, y se apropia de la ilegalidad de la vida
dándole un cuerpo que se pueda penetrar con violentos
embates
físicos. ¿Es misoginia, es machismo, esta
encarnación de la amoralidad absoluta en la mujer, que con
un
chasis bien asentado queda absuelta de responsabilidad
ética, o
más bien invierte los parámetros y se convierte
en lo
absolutamente deseable? Bueno, es ese tipo especial de misoginia que se
combina con la atracción sexual y con una buena dosis de
sadomasoquismo. Y
machismo, todos muy machos, eh. Hasta ella. Esto es todo un psicodrama
del machismo y un catálogo de síndromes
varoniles.
Con estos planteamientos queda claro que "para poder quererte / es
mejor que tú no estés" como decía
Gurruchaga; donde se está bien de verdad es en la
pequeña sociedad homosocial, con un colega tan castigado
como
tú, hablando de ellas y de lo que nos hacen sufrir, y de
cómo las toreamos, y de lo remalas que son cuando son tan
duras
y tan ellas a la vez, y qué atractiva que es la maldad en
cueros, y quién fuese un piel roja...
Sábado
1 de septiembre de 2007
Nombres, Personas, Autores
Qué dudas salen haciendo un índice
de autores para un libro, de esos que tan poco abundan en los libros
españoles y tanto en los anglosajones, y que indican en
qué página se nombra a tal autor. O a personas,
en realidad, puesto que si bien la mayoría son referencias
bibliográficas, también hay alusión en
este índice a personajes históricos. Claro que no
incluyo los personajes de ficción: esos caen bajo la
referencia del autor que los creó.
Las dudas que me salen son: ¿debo incluir a Dios
entre los autores o personas? Aunque sea el Autor de todo, digo, y
aunque tenga tres personas a falta de una. Por una parte es
útil ver cuándo se le nombra, por otra es
ligeramente irreverente o humorístico incluir a Dios en un
índice de autores, aunque se suponga que haya dictado la
Biblia, o de nombres, aunque Dios sea en cierto modo un nombre.
Parecido me pasa con otros dioses: todos tienen cabida en un
índice temático, pero ¿en un
índice de nombres? Si incluyo a Dios, no sé por
qué voy a dejar fuera a Zeus. ¿Se restringen al
universo humano, estos nombres? Porque desde luego no hay consenso de
que Dios pertenezca al universo de la ficción, y no se sigue
que si no incluyo a Hamlet ni a Aquiles (que de hecho sí
existieron, seguramente) tenga de igual modo que excluir a todo dios.
Además, lo malo de esto es que es un continuo. Si incluyes
en el índice a personajes históricos, has de
incluir a Jesucristo, a Moisés, a Abraham, y seguir
avanzando por las nieblas del tiempo hasta que te dé
apuro. Lo cierto es que Jesucristo desentona menos que Dios
en un índice de autores y nombres, aunque tampoco haya
escrito nada salvo en los oídos de la gente. Por la misma
regla de tres tampoco Sócrates debería figurar.
Estoy viendo que estos criterios no tienen nada de objetivos, y que los
que de hecho se emplean son maneras de cortar por lo sano y no entrar
en cuestiones ideológicas ni retratarse demasiado.