Blog de notas de José Ángel García Landa (Biescas y Zaragoza) - Septiembre 2007

Critique de la Vie Quotidienne

Aquí mi clon para poner comentarios.
También se pueden enviar comentarios no públicos a vanityfea@garcialanda.net
o por SMS al 685056264

BLOG DE HOY

Archivos: 2007/8  2007/7  2007/6  2007/5 2007/4  2007/3  2007/2 2007/1  2006/12 2006/11 2006/10 2006/9 2006/8 2006/7
2006/6 2006/5 2006/4 2006/3 2006/2 2006/1 2005/3 2005/2 2005/1 2004

Voy  leyendo...
 FOTOBLOG  Enlaces y blogs Mi web Indice Free counter and web stats Estadísticas

Música
que viene:
 Au bout de la route (Gilbert Bécaud) - Y vuelve - L'amour flou (Juliette Gréco) - y vuelve: Por qué te vas (Jeanette)


Domingo 30 de septiembre de 2007

¿Día mundial de la qué?

Es otro de los síntomas que me aquejan, y cuyo nombre ya va siendo legión. No propiamente sordera de orejas—aunque sí soy un poco duro de—sino una especie de sordera mental que se manifiesta como un exceso de concentración en lo que estoy haciendo, ensimismamiento o aislamiento del entorno a efectos prácticos. Creo que es mi versión de lo que en la familia llamamos "el gen"—que creo que viene de parte de padre, y tiene efectos mucho más espectaculares y devastadores en otros hermanos ("¡Eh, Luis, que te hablo a tí!", y ya lo puedes sacudir del hombro, que si no está en eso, no está en eso).  Pues yo, lo mismo, pero barajado de otra manera. Hay cosas de las que no me entero.

Me pasa un poco como al geómetra Velázquez, en Manuscrito encontrado en Zaragoza, ese que traza curvas y líneas de fuerza para calcular los efectos de las pasiones humanas:

    —Señor Velázquez —dijo el cabalista—, permitidme que repita que estoy muy sorprendido de veros tan experto en historia como en geometría. Uno de esos estudios depende del juicio, otro de la memoria, y esas dos cualidades pasan por ser opuestas y contrarias.
    —Permitidme que no comparta opinión—respondió el geómetra. El juicio ayuda a la memoria clasificando lo que éstar reúne, e suerte que, en una memoria bien ordenada, cada idea se presenta siempre acompañada de todas sus consecuencias. Pero es cierto que la memoria, como el juicio, sólo puede aplicarse con éxito a un número reducido de ideas. Cuando es preciso, recuerdo, por ejemplo, todo lo que he sabido sobre las ciencias exactas, sobre la historia de los hombres y sobre la historia de la naturaleza; pero por otro lado olvido mis relaciones momentáneas con los objetos que me rodean. Es decir, que no veo lo que tengo delante de los ojos ni oigo lo que me gritan al oído, y eso hace que a veces pase por distraído.

—con razón.


To the Lighthouse





Sábado 29 de septiembre de 2007

El laberinto del fauno

Me perdí en sala El laberinto del fauno por cierta desconfianza al cine español, pero la pillamos en DVD y resulta una sorpresa agradable: una de las mejores películas españolas jamás vistas—y claro, tampoco es que sea tan española. Los efectos especiales, sin dispendios astronómicos, estan logradísimos, imprescindible en una película de fantasía, una especie de Narnia con dos rombos. La comparan con El Mago de Oz por el asunto de las pruebas que tiene que pasar la niña, y también supongo por el contraste / paralelismo entre el mundo de fantasía y la propia realidad.

Es un tipo de películas éstas que están yendo a más, en parte por el auge de los videojuegos: películas que duplican metaficcionalmente lo que es la propia inmersión que te da el cine en un mundo alternativo, pero reforzadas ahora con los esquemas narrativos y de búsqueda característicos de los videojuegos—que a su vez nos remiten a otras experiencias inmersivas como la que proporcionan los libros que contienen mundos alternativos dentro (así en Myst, etc.). Es todo un proceso de referencia y refuerzo de unas experiencias inmersivas a otras, insertándolas unas en otras ya sea de modo explícito o indirecto, en un proceso de intermedialidad agudo. Aquí las experiencias de mundos alternativos de la niña protagonista, Ofelia sirven de base a la oscilación de la película entre dos géneros y dos tipos de mundo, y estas experiencias también se inician a través de la lectura, en este caso de cuentos infantiles de hadas, ogros y bichos encantados. Realidades ordinarias y fantasías familiares, detrás de las cuales acecha lo inquietante y terrrorífico, como decían Dickens y Freud en sus comentarios sobre Das Unheimliche. A mí las historias años cuarenta de Pinocho, Chapete, Tintinelo, Patapón y Voltereta también me ponían un mal cuerpo que aún me dura.

Lo característico de la película viene de la distancia en apariencia insalvable entre los mundos superpuestos, los contrastes dentro del horror (que así se vuelve en cada mitad metafórico del horror de la otra), y las analogías y transiciones sugeridas... por ejemplo, el "hombre blanco"laberinto del fauno que lo llaman en el méikinof, aquel ogro paralizado ante un festín, sugiere el el patriarcado paralizante que quiere imponer Vidal (cuya misoginia es cósmica). Pues también el facha Vidal preside una mesa llena de victuallas ante los próceres locales, y expone ahí el ideario franquista—y el hombre blanco recuerda a Franco decrépito, tras cuarenta años de inmovilidad, una imagen abyecta que a la vez mezcla elementos de una martirología católica de pesadilla, de esos tan del gusto de la Iglesia inquisitorial y barroco-tenebrista cuando se le deja explayarse (las llagas de Cristo combinadas con los ojos de Santa Lucía, y con el yugo y las flechas, pongamos). El resultado, claro, es fantástico, onírico de orinarse en la cama, y nos remite con una precisión infalible a lo que deberían haber sido, si es que no eran, las pesadillas que teníamos de niños cuando Franco presidía la mesa bajo palio.

Son inolvidables los momentos de elección difícil de la película, cuando los personajes tienen que decidir entre actuar según su conciencia o someterse al tanático orden del facha Vidal—es éste todo un símbolo de época, un manojo de traumas soldados uno a otro en firme, uno de los mejores fachas jamás vistos en la pantalla. Así, la rebelión de la humilde sirvienta que interpreta Maribel Verdú, el suicidio del tartamudo torturado, o la rebelión tranquila del médico,  con uno de los mejores diálogos entre el fascista y el médico que le dice que ha ayudado al tartamudo a morir porque no podía hacer otra cosa.

- Sí, podía haberme obedecido.
- Es que... obedecer por obedecer, así, sin pensar... eso sólo pueden hacerlo los hombres como usted, capitán.
- (Bang).

El argumento fantástico también gira sobre el rechazo a la obediencia ciega, y la necesidad ineludible de tomar opciones éticas personales que nos llevan a la tragedia—contradiciendo así los mensajes subliminales o explícitos de los cuentos para niños y la lección que parecía sugerir la aventura con el ogro blanco.

La película, claro, se basa en el principio del wishful thinking, la corrección mediante la fantasía de los defectos de la historia. O, como decía Jameson, en ofrecer soluciones imaginarias a problemas reales.  Así la niña Ofelia—que, por cierto, ¿era o no era la auténtica hija de Vidal?—muere en la "realidad" por el disparo del fascista, pero alcanza en el plano fantástico el trono prometido por Propp. Y, similarmente, los fascistas ganaron la guerra de hecho, pero aquí son los resistentes los que triunfan (pequeña subordinación de la historia al deseo) y se nos cuenta lo que debió haber sido. Se le dice al facha Vidal que su hijo, lejos de recordar a su padre, ni siquiera sabrá nunca quién es él. Pero ay, es todo una fantasía consolatoria; la realidad era aún más tozuda, y fue más bien Franco quien paró el reloj y a quien hubimos de sufrir como patriarca adoptivo: en conjunto, España se sometió al Caudillo, en lugar de acuchillarlo, y demasiado bien sabemos quién era. La bendita ignorancia les llega más bien a las jóvenes generaciones, que no saben ya ni quién era Felipe González, cuánto menos Franco. Y tampoco está tan claro que sea buena para ellos una inocencia tan radical. Película, pues, de reescritura de la historia al gusto republicanizante que hoy se lleva: no en vano es Federico Luppi el rey entronizado al final.

Y luego... qué pasa con todo esto. Que con estos ingredientes se puede hacer una plasta insufrible o una película excelente. Y aquí todo funciona, hace clic, todo está llevado con una tensión infalible para ir poniéndote el corazón en un puño: las interpretaciones de Sergi López como el fascista Vidal o de la sirvienta Maribel Verdú, y la de la niña protagonista, Ivana Baquero, son excelentes, las señoras de la cocina son perfectas, las pesadillas son de pesadilla, la textura de luz en la fotografía en la cara de la niña es insuperable, el insecto-hada se mueve como tiene que moverse, y la película, en fin, hay que verla.

La misteriosa llama de la reina Loana




Viernes 28 de septiembre de 2007

Cráneo previlegiado

Volviendo a la Calle del Recuerdo, nos vamos a ver el estreno de Luces de Bohemia en el Teatro Principal. Con Alvarete, porque esta obra solía ser lectura obligada en el bachillerato, así que ahí va él resignado y por obligación, un alérgico al teatro, aunque luego le ha gustado. Y lo cierto es que estuvo amena, a pesar de un comienzo un tanto flojo con problemas de volumen (sobre todo por la gente que sistemáticamente llega tarde al teatro).

Lo que menos me gustó a mí de esta producción es el vestuario y caracterización de los personajes—una especie de intento de ambientarla a mitad de camino entre hoy y hace un siglo, supongo, pero como a medias y a la mecagüen diez; hubiera estado mucho mejor con trajes del 1898 remendados y con ínfulas. Con diferencia.

Tampoco me convenció la interpretación que se hace de muchos personajes en cuando a movimientos, gestos, acentos, peinados… pongamos Don Latino, que aunque es un cierto logro cómico el que vemos aquí, no me sugiere en absoluto al personaje de Valle-Inclán. En otros personajes se echaba en falta más caracterización y un trajeado más diferenciado, sobre todo por la abundancia de papeles secundarios intepretados por los mismos actores: ocho actores para unos cincuenta personajes. Admirable es que lo consigan, pues en efecto lo consiguen—pero claro, tiene sus límites la cosa. En lo de los gestos, echo en falta más teatralidad y pretenciosidad, de las que están internalizadas en el personaje, y no añadidas por el actor—y por tanto también más realismo.

Porque estaría bien mostrar que los espejos del Callejón del Gato son planos, desdichadamente, por mucho que Max Estrella los quiera creer cóncavos.

Me pareció acertadísima, sencilla y eficaz, la puesta en escena con las pantallas móviles, a veces muro de piedra, otras veces filas de nichos, armarios, puertas o tabiques; ayudan a hacer la transición de escenas de una manera rápida, fluida y clara.

Se me hizo muy curioso ver la obra con retroperspectiva. Me produjo el efecto como de un cruce entre el Ulises de Joyce y Esperando a Godot. Digo Ulises sobre todo por el contacto entre las aspiraciones de la intelectualidad frustrada, y la realidad de la calle y las miserias cotidianas (esplín e ideal)—pero habría que añadir, claro, la escena de velatorio que Joyce guardaba para una obra más tardía… era más joven que Valle-Inclán y aún no pensaba tanto en la muerte al escribir el Ulises. Allí hay, sin embargo, una peregrinación urbana y un descenso al fondo de la noche que emparentan al Bloomsday con esta pieza, y también la misma imagen central en el proyecto estético de ambas: la de los héroes clásicos reflejados en un espejo deformante, que no nos produce sino un efecto de realidad.

Este realismo se obtiene también en parte por métodos metaficcionales, pues bien sabe Valle-Inclán que no puede incluir una escena de sepultureros sin mencionar explícitamente a los de Hamlet; la vida contiene a la literatura, y por eso la literatura ha de mostrar a la vida interactuando con la literatura.

Yo leí Luces de Bohemia en bachillerato, allí por los años setenta, cuando Valle-Inclán era más joven, y ciertamente era, y es, impresionante. Entonces era una obra casi atmosférica, con el ambiente del último franquismo y de la Transición casi retratado en los ministros prohombres y los huelguistas de la obra; tiempos de revolution in the air. Y analogías siempre se le pueden buscar, por supuesto, al presente—es una obra con bastante fuerza como para volverse actual en cada representación que la reinvente. Pero a lo que voy—en los años setenta éramos todos más jóvenes (de verdad) y más revolucionarios (al menos de boquilla), y llamaban la atención unas cosas en la obra, mientras que hoy, cuando ya tenemos nuestra pensión gubernamental, destacan otras.

Así, por ejemplo, ayer me llamó especialmente la atención la hostilidad antiburguesa y antisemita de Max Estrella, y del autor por extensión, y sus llamadas a la masacre de la burguesía y a plantar "la guillotina eléctrica" en la Puerta del Sol. O también los planes del héroe proletario de la obra, el preso que va ser "paseado" por los policías como mártir simbólico de la España negra: resulta que este representante del pueblo auténtico es todo un pequeño Pol Pot en potencia—no se conformaría con pasar a cuchillo a todos los judíos y demás burgueses de Barcelona, o a poner una bomba bajo la realidad nacional (de estos tenemos más que suficientes), sino que pretende destruir la ciudad misma, a la camboyana. Visto con perspectiva el resultado de estas bellas utopías—tras el genocidio nazi, los diversos Gulags y los jemeres rojos—casi se reconcilia uno con el asesinato extrajudicial. Me dio la impresión que ni los actores ni el público sabían muy bien qué hacer con estos pronunciamientos stalinazis.off with her head

En la obra, la "propiedad privada" no se menciona sino con desprecio, como algo propio de mentalidades de tenderos mezquinos y degollables: y se echa de ver que esa neurona le patina de modo parecido a Max Estrella y a Valle-Inclán (antiguo carlista, y más tarde "socialista" colocado por el Ministerio). Se insulta a la Academia, pero se busca con desesperación un enchufe de los fondos reservados del Ministerio... porque está claro que la propiedad privada despreciable es sólo la de los demás—o el dinero público, que no es de nadie. El enchufe ministerial y el billete de lotería juegan un papel estructural similar—el billete está ahí tan sólo para hacer transferible y expoliable la pensión del Ministerio. Max Estrella, y Valle-Inclán, resultan ser terreno abonado para fumar no sólo la pipa de kif, sino sobre todo el opio de los intelectuales, y para bendecir alegres masacres colectivas en nombre de las Ideas, de la Revolución y del insaciable afán—eso sí, mientras tengamos a un amigo en el ministerio que nos pase la subvención. Síndrome del titiritero sputnik, entregado a los totalitarismos, y lameculos del poder con delirios de gloria laureada: todo un síntoma del siglo XX, y de otros anteriores también. Un arquetipo, vamos.

En los años setenta, para mí Max Estrella era Max Estrella, o en todo caso Villaespesa. Hoy es, mucho más, Valle-Inclán, autorretratado, con mucha menos distancia y ecuanimidad, con mucho menos control racional de la obra—que si tiene fuerza no es por la fuerza intelectual de un cráneo previlegiado, sino por pura expresión poética y vital, que combina en uno solo el hiperrealismo y el esperpento, al modo en que se combinaban en la persona y experiencia del autor. Imposible separar lo que es juicio sopesado de lo que es una jeremíada narcisista ("En España el talento auténtico se desprecia", etc. etc.) o un pronunciamiento político maximalista (off with his head), y mal se haría atendiendo a la mirada cruda sobre la hordinariez nacional sin atender también al instrumento óptico que la muestra. En esto es Valle-Inclán a la vez típico e inconfundible por la manera en que lo lleva a cabo: se nos muestra ese cristal óptico, Max, como algo distorsionado, caprichoso, veleidoso—menudo síntoma ambulante, Max Estrella, como para ir haciendo diagnósticos por ahí—y a la vez ese espejo deformado de la realidad hispana nos es exhibido en otro no menos deformado, el del propio autor Valle-Inclán, tan egocéntrico, ciego y lúcido a la vez como Max Estrella. Con el resultado desconcertante de que por momentos no sabemos si las dos deformaciones son la misma, si una exagera todavía más la otra, o si la anula como un espejo convexo a uno cóncavo; si la ironía vuelta sobre sí nos muestra sin más lo que hay, en el teatro público y privado, y lo poco en que queda al acabar la función.

(Luces de Bohemia, de Ramón María del Valle-Inclán. Teatro del Temple, dir. Carlos Martín, coord. Alfonso Plou, prod. María López Insausti. Actores: Ricardo Joven, José L. Esteban, Gabriel Latorre, Francisco Fraguas, Rosa Lasierra, Javier Aranda, Gema Cruz, Jorge Usón).

Sonetos de amor y otros delirios





Jueves 27 de septiembre de 2007

Those Were the Days

¿Cuáles? ¡Pues estos, claro!

Aquí una versión de "Dorogoï dlinayu" con Jean-Jacques Goldmann, Nolwenn Leroy, Bénabar, Liane Foly, Karen Mulder y Julie Zenatti.





¿Alguien da más? Sí—¡los Leningrad Cowboys!





Tu viens me visiter




Miércoles 26 de septiembre de 2007

Opinión sobre símbolos políticos

Opinión sugerida por el reciente sarampión de debate sobre la ley de banderas, sobre la quema de retratos del rey, etc. Y que vengo expresando en algunos blogs políticos que no me son antipáticos, como Crónicas Bárbaras o Voto en Blanco.

Primero: las banderas y demás símbolos políticos oficiales merecen respeto. Esto no a título de opinión particular mía, o de sentimentalismos patrióticos (tipo "bannerita tú ereh rohaa, bannerita tu ereh gualdaaa") o gusto por los colores (a mí me mola más el rojo que el morado, etc.)—no. Merecen un respeto neutral y de oficio, precisamente como tales símbolos del principio de legalidad y del orden político. Va de por sí en la labor de un funcionario o cargo público el hacer cumplir la legalidad, y los símbolos estatales simbolizan precisamente eso: el orden social y político vigente, las reglas del juego.

(Y viceversa: la transigencia de las autoridades con las ofensas a los símbolos es en sí misma un símbolo de que no se desea mantener el orden mismo en virtud del cual ostentan la autoridad—o que desean jugar con reglas no escritas, detrás de las reglas).

Segundo: en una democracia, la disidencia y la tolerancia son parte del contrato político. Por eso casan mal con el espíritu democrático las persecuciones a quienes atentan simbólicamente contra ese orden—por muy dudoso, opresivo o antidemocrático que sea el sistema que a ellos se les vea desear en su lugar. Por ello puede parecer excesiva la ley actual que criminaliza las ofensas a la figura del jefe del Estado de manera un tanto vaga, pues se presta a iniciativas judiciales desmedidas o desafortunadas, e incluso ambivalentes—como el secuestro de la revista El Jueves este verano, donde ya no se sabe si era el dibujante el ofensor, o el fiscal, que con la boca pequeña buscaba desestabilizar a la Corona.

Creo que es buena medida la que respeta tu derecho a quemar tu bandera nacional, y permitir así que expreses tu antagonismo al Estado, sin que por ello se te multe o encarcele para nada, y puedas así ejercer  libertad de expresión como mejor te parezca. Eso sí: que la bandera sea tuya, comprada con tus ahorros, y no, por supuesto la mía, o la bandera institucional de un edificio público, en cuyo caso es más que oportuna una ley mucho más severa contra el vandalismo, con tipificación especializada.

¿Sin consecuencias, pues, la quema de banderas? Pues tampoco. Hay una figura penal que es la lógica y adecuada para estos casos: no daña económicamente al ciudadano, ni le priva de libertad de movimientos. Es la inhabilitación para ocupar cargos públicos, o incluso para tener empleos públicos, y recibir subvenciones oficiales, por el tiempo que se determinare (¡arre!). Esto ya gusta menos a los "antisistema", que siempre lo son sólo para lo que les interesa, y gustan de dar patadas al sistema sin que éste ofrezca contrapartidas. Y si es posible recibiendo subvención además—cosa que en la España Zapatera está servida.

Una persona que expresa su antagonismo al Estado, a la Constitución y, en fin, a las instituciones garantes de la ley, malamente puede quejarse de que no se la considere fiable para ocupar puestos de responsabilidad pública en ese mismo sistema que quiere desmantelar (o dinamitar, en algunos casos). O, por hablar con más precisión, bien puede quejarse esa persona, pero es un grave error por parte del Estado atender a esa queja, y permitir a los antisistema que sean sistemáticos en la aplicación de la ley del embudo, dejándoles nadar y guardar la ropa, y comerse además el pastel.  

¿Que usted es independentista/secesionista? Genial; pues séalo de un modo civilizado, y respetando la constitución—es decir, trabajando por lograr un acuerdo político para reformarla al gusto de usted, pero por métodos constitucionales. ¿Que prefiere quemar banderas españolas? Vale, pero entonces debe ser que no quiere ser concejal o diputado de un sistema tan combustible. O si quiere, que bien puede, mal está que el sistema se lo permita. Porque con eso el sistema se vuelve combustible de facto, y no en efigie; un sistema que trata por igual a sus partidarios y a sus enemigos manifiesta la voluntad de su propia destrucción—y para eso ya están los antisistema, ¿no?

Multarles con inhabilitación para puestos no es perseguir a los disidentes: es hacer que su disidencia tenga valor moral, porque tiene un pequeño precio, renunciando a ciertas orientaciones profesionales. En otro orden de cosas, yo también renuncio a ganar mucho dinero no haciéndome fontanero.

Así pues, debería impedirse ipso facto el ejercicio de cargo público a todo alcalde etc. que no alce la bandera constitucional en la institución de la cual es responsable. Por ley. Y multar—a ese sí, con duretes—al consistorio u órgano administrativo en cuestión. Opino yo.

Porque esto que digo es mi opinión sobre cómo deberían ser las leyes. Ahora bien: de hecho, son de otra manera que yo no he elegido, pero que es el estado de la cuestión del consenso actual. Y entretanto no se cambien esas leyes, por procedimientos legales, han de cumplirse. Con penas para quienes ofendan símbolos patrios, sí, y con castigo a quienes ofendan a la figura del rey. No porque lo diga yo, no, ni porque me guste—sino porque lo dicen las leyes. Y el consenso social sustentado en cumplir las leyes, todas y siempre, es de carácter más básico que el que sirve de apoyo tal o cual ley concreta.

Aberrante es, por tanto, que el ministro de Justicia diga que no se va a cumplir la ley de banderas, y que no le preocupe esta situación. (O, más bien, que sólo se va a cumplir en lo relativo a ikurriñas y banderas catalanas, y no en lo relativo a la bandera española). Este señor, o elemento, debería estar haciendo cualquier cosa menos tener un puesto de responsabilidad política, en el que no va a hacer sino cuidar de que se aplique una siniestra ley del embudo, donde no hay ley sino para quienes aceptan cumplirla. O, como dice la vicepresidenta, sólo para quienes estén convencidos por la ley, sin forzar a nadie. Los demás, se van de rositas o no, según decidan los que mandan el cotarro en cada sitio.

Y esa bandera invisible, la de la ley no escrita, de la arbitrariedad y los hechos consumados—de la ley de los poderosos y caciques locales, y del oportunismo—esa la bandera que alza el gobierno Zapatero, al mantener arriada la bandera constitucional.

La justicia es... adivinen







Martes 25 de septiembre de 2007

Mucha tecnología de la información y

(Nota enviada al Rincón de Opinión de la Universidad... a ver si aparece. Ahora ya he solventado el misterio de quién lo lleva en la práctica).

La Universidad nos ha hecho llegar hace poco un CD-ROM con librito-resumen, titulado "Innovación docente, Tecnologías de la Información y la Comunicación e Investigación Educativa en la Universidad de Zaragoza: Caminando hacia Europa". Dejando aparte la cuestión de que no tenemos por qué caminar hacia Europa porque llevamos allí toda nuestra vida, hay que hacer dos observaciones:

- Primero, agradecer a la Universidad la información que nos hace llegar y la planificación de estos programas de innovación docente; también vaya el agradecimiento a todos los que han contribuido con notable esfuerzo a una publicación que puede resultar muy útil.

- Segundo: Observar que los documentos en el CD-ROM están desordenados, y no se corresponde su orden ni con el del índice del propio CD-ROM ni con el del librito adjunto. Con lo cual cuesta muchísimo tiempo encontrar el documento que se busca: hay muchísimos. También se hubiera agradecido una selección previa o clasificación destacada (aunque se prestase a críticas) de los trabajos más innovadores o de interés general a juicio de quienes han editado este trabajo. Hay demasiadas cosas por leer en el mundo.

Como mínimo, para permitir el uso de este trabajo, creo que habría que desfacer el entuerto, que los responsables hiciesen el índice como es debido y nos lo pasasen al personal docente e investigador por correo electrónico, en plan fe de erratas. Gracias.

Por cierto, hablando de ponerse las pilas: un resultado interesante de búsqueda en Google. Buscando "Facultad de Filosofía y Letras" (926.000 resultados) aparece la de Zaragoza en los primeros puestos—ahora la tercera, detrás de la de Buenos Aires y la de México, hace un rato la segunda. Creo que es inmerecido, sinceramente, un puesto tan encumbrado.

Buscando "Departamento de Filología Inglesa" (45.400 resultados) aparece (hoy) nuestro Departamento de Filología Inglesa y Alemana en el último puesto de la primera página—uf. Aparecen antes Granada, la Autónoma de Madrid, la Complutense, la de Jaén, la de Granada, la de Salamanca, la de Alicante, la del País Vasco y la de Málaga. (Disclaimer: también hay facultades de letras, departamentos de inglés... etc.).

Y buscando "Universidad"—con 61.700.000 resultados en Google—está la Universidad de Zaragoza en la novena página. La primera, la de Puerto Rico. La primera española (Politécnica de Madrid) en el 8º puesto y única de la la primera página. Hablamos del mundo hispa(no-)hablante, claro—en el cual aparece Harvard también cerca de los primeros puestos, la séptima.

To put on the piles, que vienen arreando.

PS: Aquí hay en PDF otra comparativa reciente sobre universidades españolas. Y según Ibercampus, en el ranking mundial de universidades de la Universidad de Shanghai, llega a colarse la Universidad de Zaragoza entre las 500 mejores del  mundo... que no parece mucho decir:

"El equipo español comienza a puntuar a partir del puesto 170 de la lista gracias a la Universidad de Barcelona, que es la primera en aparecer. Pero no solo la catalana tiene el lujo de estar presente, ya que le siguen también la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid, Universitat de València, la Universitat Autònoma de Barcelona, Universitat Politècnica de València, la Universidad de Granada, la Universidad de Sevilla y, finalmente, la Universidad de Zaragoza."

En mejor lugar nos deja Google... aunque no he buscado en chino. Buscando "University OR Université OR Universidad OR Univesità OR Universitet OR Universtiät", resulta que Google España me da todos los primeros resultados de universidades españolas y en español... (toma ya) y Google.com me da todo universidades inglesas y americanas. Pero vete ya a fiar de ningún índice objetivo, claro.

La Universidad Digital, Reloaded



Lunes 24 de septiembre de 2007

Serie Spanish Perspectives

Sale el volumen número uno de la nueva serie de estudios Filología Inglesa coeditada por la Dra. Penas para Peter Lang: "Spanish Perspectives on English and American Literature, Communication and Culture". Los editores de la serie son María José Álvarez-Faedo, Manuel Brito, Andrew Monnickendam y Beatriz Penas-Ibáñez. Y este primer volumen es de Juan Jesús Zaro, de la Universidad de Málaga: Shakespeare y sus traductores: Análisis crítico de siete traducciones españolas de obras de Shakespeare. (Bern - Berlin - Bruxelles - Frankfurt am Main - New York - Oxford -Wien: Peter Lang, 2007). Enhorabuena al inaugurador y a los coeditores.

Qué poco traducen los ingleses




Del Chatterbox...

JoseAngel: Vaya, y aquí me dedican un blog monográfico. Lástima que no se admitan comentarios. http://elradioaficionadopatitieso.blogia.com/2007/091102-el-filosofo-desinformado.php
24 sep 07, 11:54
JoseAngel: ¿Tengo un sosia? ¿Un tocayo? http://cat.inist.fr/?aModele=afficheN&cpsidt=17770745
24 sep 07, 11:21
JoseAngel: Más bebotes: me llega noticia y hasta foto de Marta, hija de Ernesto y Pili recién nacida este septiembre. Enhorabuena, María Luisa, que es una suerte enorme tener herman@s!
24 sep 07, 11:19
JoseAngel: Vaya, me dicen que Pili, la mamá de Marco, está con fuertes dolores de cabeza (no causados por Marco, que sepamos). A ver si se le pasan prontico, ánimos.
23 sep 07, 16:38
JoseAngel: Qué buena tarde de domingo. Vamos al parque a dar un paseo.
22 sep 07, 12:15
JoseAngel: Veo con Pibo un tipo en Segway, digo "No sé cómo se tienen. Yo creo que me caería hacia adelante, o hacia atrás." Y Pibo: "Hombre, papi: hacia adelante. La barriga."
21 sep 07, 21:57
JoseAngel: Hoy ha firmado la Dra. Penas el contrato del libro que coedita para Biblioteca Nueva, "Paradojas de la interculturalidad: Filosofía, lenguaje y discurso", en el que yo también tengo un capítulo.

Me dan un sexenio más







Domingo 23 de septiembre de 2007

Future Narratives

A question sent today to the Narrative-L:

Dear members of the Narrative List:

No real reason for this question, except for intellectual curiosity and a wish to get the list going after the summer. I find that the threads here are often welcome by people who bring to them, and perhaps extract from them, issues related to their own concerns; so getting associations of ideas going is a good thing for many of us... Take it as an excuse, then. My question is:

Can you think of any instances of people (writers, etc.) who have imagined, and perhaps thus helped to bring into existence, new narrative forms, genres or media? E.g. did anyone imagine film before film? (This brings to mind Aldous Huxley's virtual reality films in Brave New World, and Matrix-like transmissions of virtual reality programmes are imagined by Olaf Stapledon in Star Maker.

I've just begun William Gibson's Spook Country and he invents there (I expect they're invented, one never knows) a subculture of artists who recreate famous celebrity events in California (or elsewhere) with virtual reality technology, on the very spot where they took place. That's just an example.

Did anyone imagine the upsurge of fan fiction on the web before it happened?

Has anyone invented a narrative form based on, say, the tracks left by our searches using Google? Or is anyone doing complex multimedia narratives on the Web, combining text, images, video, sound... or is that just a plain old blog?

Or better, none of the above—anything I am unable to even think just now, because it is a kind of narrative that doesn't exist yet, and perhaps never will, but which has been imagined in a suggestive way by some recent science-fiction writer or filmmaker?

Jose Angel Garcí­a Landa
http://www.garcialanda.net

I find that the issue of "the imagination of future narrative" or "future communication" if you want is well worth pursuing, as it promises to hold complex unfoldings and interesting interactions.

By way of interaction between list and blog, I paste here my queries (sometimes some of the most intriguing answers) so as to provide a date or anchoring point, I classify a bibliographical record of the entry, and keep the whole thread in my mail folder for imaginary future use.

(Today's example of retrofuturistic technology: The Opening Books project).

FROM THE ANSWERS:

Christy Dena  on Sept. 24:

Great questions Jose!

I'll tackle some. Apologies in advance for the references to my own sites and research -- I'm adding them here in case someone finds them helpful or interesting.

One question was whether narratives have been based on/created (?) by Google searches etc? Just about every single technology on the web and beyond has been employed for storytelling (but more for artworks) now. There is blogfiction, botfiction, SMS fiction, MMS fiction, mobile stories, online comics, search fictions, email fictions and so on. I have a listing of some links on my del.icio.us site (which needs updating):
http://del.icio.us/new_media_arts
There are some search fictions listed here:
http://del.icio.us/New_Media_Arts/Creative_searchfiction

There are also programs being created specifically for online experimentation (non-artificial intelligence) with storytelling. Some programs are covered here in my post at WRT:
http://writerresponsetheory.org/wordpress/2007/04/28/ficlets-literary-lego/

I have another question to add to your one about narratives imagined but not materialized yet. I'd like to know if anyone has any ideas whether the following type of emerging narrative has been prefigured:

I'm researching what I've been calling 'polymorphic narratives' -- which are narratives that are spread across media platforms. A story, for instance, begins in print form and continues on the web. This is a subset of my larger research which is into what media theorist Henry Jenkins has called 'transmedia storytelling'. Judging by the descriptions Jenkins gives, he is actually referring to a transmedia series. A polymorphic narrative is not a series (it is not episodic): they are the equivalent of paragraphs distributed across media platforms. I'd love to hear if anyone has some ideas on this form being imagined.


Emma Kafalenos on Sept. 24

Oscar Wilde in The Picture of Dorian Gray?

Cortazar in his story translated as "Blow-Up"?  (But not Antonioni's film of the same title.)

Artworks in one medium that embed artworks conceived as in another medium (whether represented in the other medium or in the medium of the containing artwork--e.g., through ekphrasis) seem to have the power to represent art forms not yet in existence.  That is not to say that the writer or artist necessarily foresaw the later development.

My essay "The Power of Double Coding to Represent New Forms of Representation: The Truman Show, Dorian Gray, "Blow-Up," and Whistler's Caprice in Purple and Gold" (Poetics Today 24, 1 [Spring 2003]: 1-33) might be of interest.



Peggy Phelan on Sept. 25:

Thanks Emma for recalling the point about new genres and media within Jose's question. "Machinima" (sometimes spelled machinema) is perhaps one of the most interesting new genres to have emerged from the underbelly of video gaming. Basically, this genre makes use of code from games that has multiple functions but cannot be accessed through the game itself. This 'superfluous' code is then re-programmed into new narratives and new web-based films and visual art. Interestingly, some of the re-coding can be done in live performances, and this in turn creates a new kind of performance art - -so far, all collaborative and interactive. Audiences scream out directions to programmers who are "improving" new code from the stream of code that is being recycled and refashioned from the gaming code. As someone primarily interested in live art and not code, I find the performances sort of transfixing because they are sort of mesmerizingly awkward, 'naive,' and even 'dumb' in terms of narrative complexity or dramatic arc. And yet there is no doubt that they are completely absorbing performances --combining elements of sampling from hip-hop, old school improv techniques, and new media savvy in re: to gaming and coding. And the frenzy with which the directions are thrown out from the audience is something to behold. The best re-programmers are those who can quickly meld one  direction into another, and this requires, among other things, adroit fingers, typing, and so on. There are now 'teams' and 'stars' as in sports events.
Here is a wiki link for those who would like a more detailed (and probably more accurate) description of the recycled code etc: http://en.wikipedia.org/wiki/Machinima


My answer to the list, Sept. 25:

Thank you all for so many interesting answers!

Concerning Christy's question about "polymorphic" narratives—i.e. "spread across multiple media platforms", I suppose one obvious source would be the very existence of narratives (e.g. classical myths) which give rise to multimedia representations, say, pictures of Odysseus or narratives about Odysseus. It is a short (and long) step from that to the use of different media platforms to articulate a single work of art by one artist. Long, because although other connective strategies may be easily devised (and perhaps have been used? any suggestions here?) one seems to need a form unified in a digital sequence with multimedia capacity before this kind of work becomes manageable or mainstream. Although perhaps part of what is suggested in the word "spread out" used by Christy refers to a much more disjointed or "distributed" narrative—the kind of thing Jill Walker has been writing on? One thinks of William Gibson's cult videos in Pattern Recognition being disseminated across different websites... but then that was only video (which can be multimedia in itself, to be sure). Or an Amélie-like strategy for urban narrative made of clues taking you from one piece of the artwork to the next? Anyway, one major issue, apart from the nature of the pieces spread across multiple media platforms, would seem to be the thread that links them together, or the frame which holds them together: either a unified, marketable object in digital form, or an experiential sequence to be tracked out in different places and disconnected media. Or things in between. But I must look closer into Christy's del.icio.us collection before indulging any further in random musings and speculations.

Christy Dena, Sept. 25:

Hello Jose!

Thankyou for your response.

Your suspicion is correct: I am concerned with the spreading or distribution of narratives across media. I don't always employ 'distribution' (indeed I change my terms according to my audience) because some people interpret that as a description of the delivery of the same content across media. And yes, I am very familiar with Jill Walker's 'distributed narratives'. Indeed, we were delighted to catch up in person for the first time just last week. For those unfamiliar with Walker's work, here is an abstract description:


"Distributed narratives don't bring media together to make a total artwork. Distributed narratives explode the work altogether, sending fragments and shards across media, through the network and sometimes into the physical spaces that we live in. This project explores this new narrative trend, looking at how narrative is spun across the network and into our lives."

Here is her sub-page dedicated to her investigation:
http://jilltxt.net/txt/distributednarrative.html

There are other researchers looking at the area too, including Henry Jenkins with his 'transmedia storytelling' and Marc Ruppel with his 'cross-sited narratives'.

Jose, you ponder:
Anyway, one major issue, apart from the nature of the pieces spread across multiple media platforms, would seem to be the thread that links them together, or the frame which holds them together: either a unified, marketable object in digital form, or an experiential sequence to be tracked out in different places and disconnected media. Or things in between.

Oh yes, the consistent fictional world is one part of this binding, but there are many techniques being employed, such as increasing the narrative dependency between the units (narrative segmentation) and cross-media traversal techniques (ergodics).

Thankyou for your interest and thoughts Jose!

I would still love to hear of any ideas people may have about literary imaginings of the form. And I'm still thinking, Jose, about possible literary imaginings that have not come to fruition yet.

Best,
Christy


Innovative concepts or tools





Red Mundial de Escritores en Español

Envío hoy cuatro datos a REMES, http://www.redescritoresespa.com
Es un directorio de escritores en español, de inclusión propia y voluntaria, organizado por Issa Marcela Martínez Llongueras (México) y Luis E. Prieto Vázquez (España). Hay que enviar un correo electrónico a directorio@redescritoresespa.com, con estos datos en un archivo adjunto Word (uff– ya oigo desde aquí a los del softuer libre...).

Fotografía formato JPG, GIF o BMP (*)
- Apellidos y Nombre (*)
- Seudónimo
- Año, lugar y país de nacimiento (*)
- Lugar y país de residencia (*)
- Profesión
- Actividades y Premios
- Enlaces URL a publicaciones electrónicas (*)
- Bibliografía
- Página/s web del autor
- Correo/s electrónico/s (*)

(*) imprescindible

Observo que (quizá por lo de "red") juzgan más imprescindible ya la publicación en Internet que la "bibliografía" tradicional. Pues que no les pase nada a Issa Marcela Martínez y Luis Enrique Prieto, como realmente se apunten a enviar sus datos todos los "escritores" en español, o una centésima parte de ellos. Yo empecé a hacer mi bibliografía hacia 1989, llevo ya el equivalente de cuarenta volúmenes impresos de referencias a libros y enlaces web, y apenas he empezado, ni empezaré. La Red es la única red posible y a escala humana, precisamente porque no se hace a escala humana. Claro que muy poca gente me ha enviado sus datos a mí, y así más bien voy incluyendo lo que más me interesa de lo que conozco. Que es poco lo que conozco.

La página 148








 
Sábado 22 de septiembre de 2007

La red investigadora pierde fuelle

Me he dedicado un rato, un tanto perversamente, a rellenar impresos electrónicos caducados, o fosilizados, en la web de gestión de la investigación de la Universidad de Zaragoza.

Allá por los albores del milenio pusieron en marcha el llamado Proyecto Avempace, para incluir y contabilizar en red los datos de la actividad investigadora de los profesores. Con los criterios cuadriculados que suelen aplicarse a estos casos, pero eso es lo de menos. El plan era uno de esos proyectos de "hacer cosas y que figuren" al parecer, porque se empezó y ahí se dejó (supongo que una vez presentada la memoria de actividades de aquel año). Pero ahí sigue muerto en la web, y sin nada que lo continúe ni lo actualice: sólo se contemplan los años 2000, 2001 y 2002, y ni esos funcionan. Se hizo la estadística en su momento, y a correr, a otra cosa mariposa.

Debe ser como ese otro plan que salió hace un par de años, según el cual se iban a duplicar todas las enseñanzas de la Universidad de Zaragoza, para impartir un grupo en español y otro en inglés—y se iban a importar miles de estudiantes chinos para suplir el descenso de nuestras cifras de matrícula. Otro que pasó a la historia: en política universitaria, como en la de Zapatero, se tiende a funcionar mucho con fuegos artificiales, globos sonda, e inauguraciones de proyectos gaseosos.

Otro plan (este de los estatutos) era la promoción de grupos de investigación. Pero allí están también fosilizados en la página web, sin criterio discernible en cuanto a lo que es un grupo de investigación, aparte de la pasmosa identificación de "grupo" con "grupo financiado en una convocatoria determinada", y la declaración de que los grupos reconocidos por la Universidad serán "los grupos reconocidos por el Gobierno de Aragón"—¿criterio político será, entonces? La Universidad al parecer no tiene criterio propio en esto. Los Estatutos (Art. 119.3) encomendaban a la Comisión de Investigación el elaborar estos criterios, pero se han despachado pronto.

Otra cuestión relativa a la política investigadora de esta universidad es que se ocupa sólo de grupos. Véase la llamada Convocatoria propia de proyectos de investigación. (Como si los proyectos de investigación se pudiesen convocar: la redacción traiciona la confusión mental o administrativa entre investigar y obtener subvenciones para investigar). Ahí dice que los candidatos a ayudas deberán pertenecer a un grupo reconocido por la Universidad de Zaragoza. Pero héte que la Universidad sólo reconoce a los grupos reconocidos (o sea, financiados o prefinanciados) por el Gobierno de Aragón. O sea, "Tened y se os dará"—por lo menos no prohíben pedir ayudas a los que han participado en proyectos sin ser directores, como hacía la última convocatoria nacional de investigación.

Pero de eso que dicen los Estatutos de la Universidad—que el apoyo a la investigación se realizará "tanto a los grupos como a los investigadores individuales" (Art. 124e de los Estatutos), o que la adjudicación de recursos se hará "sin menoscabo de la investigación individual" o que "la pertenencia a grupos no podrá ser requisito absoluto o excluyente de adjudicación de recursos" (Art. 119.4) salvo en convocatorias que partan de otros organismos—pues nunca más se supo. Los investigadores individuales no pueden tener "proyecto".

Tampoco tiene la Universidad (al menos públicamente visible) una lista de los miembros de los grupos: sólo la lista de los grupos, y el nombre del investigador principal. Que si importantes son los grupos, lo realmente importante es que haya un investigador principal, que es el portador de méritos y medallas. La morralla investigadora ni siquiera figura en la web.

Ni en general figura en ninguna otra parte que no sea algún impreso en un cajón, supongo. Porque tampoco se enlaza la lista de grupos a las páginas web mantenidas por los grupos—si es que las mantienen, o dan cuenta pública de alguna manera de lo que hacen.

Tanta investigación con financiación pública, y tan poca organización y tan poco resultado visible públicamente, y tan poca discusión. Cuando hay tanto medio, y tanta capacidad de información, en potencia.

Investigación en grupo (o tribu)




Viernes 21 de septiembre de 2007

Author, Author

Acabo de leerme la última novela de David Lodge, autor de tantas novelas de campus imprescindibles para bandearse por ambientes académicos (Changing Places, Small World, Nice Work...). La penúltima, Thinks... , me pareció de las menos memorables, aunque tenía sus cosas, como una sección escrita a base de e-mails, y un interesante argumento en torno a la consciencia y la inteligencia artificial. Y la seducción—a la que luego volveremos.

Esta vez va más atrás, cien años atrás, y se centra en Henry James. Coincidencia: a la vez se publicaban otras dos novelas sobre Henry James... lo cual ha llevado a Lodge a escribir un libro sobre la cuestión y coincidencia... un libro que me voy a encargar ya, porque esta novela me ha gustado muchísimo, y es todo lo apasionante que pueda ser una novela sobre una vida tan plácida y aburrida como la de James. Ya decía James que los argumentos auténticamente fascinantes se mueven en no en torno a las aventuras, sino en torno a las razones psicológicas. Y Lodge muestra cómo hay todavía más razones psicológicas detrás de los psicológicos argumentos de James... La vida detrás de la obra, vamos, que si no agota la explicación de la obra (pues hay una parte de la vida que es la propia obra en sí, que también es vida)—el resto de la vida, vamos, sí nos hace ver la obra de otra manera más compleja todavía.

Traduzco la nota publicitaria del libro:

En la última novela de David Lodge, Thinks... el novelista Henry James estaba presente de manera invisible en citas y alusiones. En Author, Author está en el centro del escenario, a veces en sentido literal.

La historia empieza en diciembre de 1915, con James moribundo rodeado por sus parientes y servidumbre, la mayoría con sus propias angustias personales, luego vuelve atrás a la década de 1880, para trazar el trayecto de los "años medios" de Henry, centrándose especialmente en su amistad con el simpático dibujante e ilustrador de Punch, George Du Maurier, y en su relación de intimidad (pero casta) con la escritora americana Constance Fenimore Woolson. A finales de la década, Herny está seriamente preocupado por el hecho de que sus libros no "venden", y decide intentar conseguir fama y fortuna como dramaturgo, a la vez que George Du Maurier, que va perdiendo vista, se diversifica pasando a escribir novelas. Las consecuencias, para ambos hombres, son sorprendentes, irónicas, cómicas y trágicas por momentos, alcanzando un momento climático en los años 1894-95. Mientras la Trilby de Du Maurier, para desconcierto del propio autor, se convierte en la novela más vendida del siglo, Henry espera con ansiedad la primera noche de la obra que le ha de hacer triunfar o fracasar, Guy Domville...

Presentando una muchedumbre de personajes vívidamente retratados, algunos con nombres famosos, otros rescatados de la oscuridad, Author, Author ofrece un panorama fascinante de la vida teatral y literaria en la Inglaterra de finales de la época victoriana, que en muchos sentidos prefiguró la actual mezcla de arte, comercio y publicidad. Pero es sustancialmente una novela sobre la experiencia y actividad del autor—sobre las obsesiones, esperanzas, sueños, triunfos y desilusiones de los que viven de su pluma—que presenta, en el centro, una exquisita caracterización de un escritor en concreto, retratado con una empatía fuera de lo común.

Supongo que esta es la valoración y lectura que el propio autor (Lodge) hace del libro, si como de costumbre es el autor el que redacta la nota publicitaria para la cubierta... y aquí vemos la huella de Lodge (como en el resto del libro) utilizando las comillas típicas de James, para enmarcar una expresión supuestamente coloquial y en realidad obvia—que sus libros no "venden".

No es el problema de Lodge, evidentemente, y sin embargo algo de retrato propio tendrá este análisis de un escritor usando sus materiales, inspirándose en cosas que oye, proyectando sus propias ansiedades, retratándose a sí mismo de manera camuflada o parcial, para analizarse o para exorcizar ansiedades.

También debe ser Lodge mucho más generoso y menos envidiosete que James, algo que le permite hacer el retrato irónico de la reacción de James ante el éxito fulminante de su amigo Du Maurier, modesto novelista popular. Pero es que el éxito de Trilby es tal que agobia, desconcierta y deprime a Du Maurier: es un fenómeno de marketing postmoderno fuera de lugar, por ser el primero, en la Inglaterra victoriana y sobre todo en los USA de la Era del Oropel, un heraldo de la cultura industrial del siglo XX, cuya vulgaridad y simplismo y mercado masivo aterriza sobre la cabeza del incauto autor, llevándolo (según cree James aquí) a una muerte prematura, muerte de éxito (—eso que decía Oscar Wilde de los dioses que para burlarse de nosotros nos conceden nuestros deseos). James lo ve, y sin embargo no puede evitar envidiar a veces de modo bastante rastrero el éxito de su amigo —que lejos de presumir está perdido y siente que la obra se le ha escapado de las manos, que lo que está teniendo éxito ya no es en realidad suyo.

A James no lo entiende ni su familia (familia intelectual, sin embargo): hasta su hermano el filósofo William le dice que sea más pragmático, y que si quiere vender libros, que los haga más legibles para el público. Y allí está la contradicción en términos de Henry James: quiere nadar y guardar la ropa, ser artista y seguir su propio camino, pero a la vez triunfar masivamente; algo imposible. El camino que te lleva a tí mismo te llevará todo lo más—si eres un artista—a un éxito de crítica, o póstumo, o a los manuales de literatura y cursos universitarios, pero jamás te llevará —si eres ese tipo de artista que era James—a las listas de best-sellers.

Y esa es la experiencia que aprende James de la manera más pública posible: siendo abucheado ante el público cuando sale a saludar a los gritos de "¡Au-tor, au-tor!" tras la función. El teatro iba a ser el camino al reconocimiento popular y a la fortuna, pero las obras de James no funcionan en escena, y no consigue sino frustraciones y humillación. Hay que decir que James es lo que los ingleses llaman un prig, un prim prig, por no decir a coy prick. Su mojigatería va a partes iguales con su inteligencia, y crea como un aura alrededor de sus obras—un aura de artificialidad que al parecer se volvía insoportable sobre el escenario. Las obras tenían apoyo de sus amigos influyentes y de los críticos, obtenían buenas reseñas con la boca pequeña, pero no convencían, y se caían del cartel entre excusas molestas y vergüenzas ajenas, mientras Oscar Wilde triunfaba estruendosa y escandalosamente.

Esto nos lleva a otra corriente subterránea de la novela: el asunto sexual. Henry James vive una vida asexuada, de virgen cincuentón, con ademanes de cura laico, horrorizado por la idea de llegar con nadie a semejantes intimidades como abrazarse o desnudarse. En un mundo más liberado, hubiera sido homosexual—pero no hubiera sido el Henry James que conocemos. En el mundo en el que vivió, no se le puede calificar ni siquiera de homosexual dentro del armario, pues de puro pánico cerval se le fundían las conexiones cerebrales a la hora de juntar en un pensamiento a sí mismo y a la sexualidad: todas sus reacciones están construidas en torno a la evitación y autocensura de actitudes y actividades sexuales. Estas son los oscurísimos secretos que no aparecen en sus novelas, tan lejos está el meollo del problema que se ha perdido de vista, y las palabras no dejan verlo. Un caso psicológico, en fin, como tantos detrás de tanta buena y mala literatura. Cuando la gente nos dedicamos a escribir...

A lo largo de media novela, Henry James mantiene a raya a su amiga Constance Fenimore Woolson (a quien desexualiza llamándola "Fenimore"). Pronto le aclara, entre líneas, cuáles no son sus intenciones, mientras hablan de uno de sus personajes: el matrimonio es un final convencional, y "Winterbourne is not the marrying kind." Ella lo capta. Pero luego Henry busca su compañía, y le hace desear la propia, una relación un tanto malsana de apoyo mutuo, halago de la propia vanidad, y pura conveniencia—manipulación a veces. Al final, Fenimore, dada a las depresiones, se suicida. Pero ni ella, ni James, ni el autor, ni nosotros, queremos culpar a James. Y sin embargo... ¿supo ser su amigo, ayudarla realmente, darle lo que parecía prometer? ¿La encandiló inútilmente? Los muertos nos hacen sentir culpables, aunque a Henry lo matan más otras cuestiones más cercanas a la propia vanidad.

Su relación con Fenimore, como la relación con Du Maurier, está basada en la admiración incondicional que ambos amigos profesan a James como Autor, como Artista, y en los ejercicios de humildad abyecta que hacen ante él—que los recibe como quien no quiere la cosa. Es lo que le dan a James, aparte de cosas más de a pie como compañía, actividad, conversación inteligente, amabilidad. Y él, ¿qué les da? ¿El aura del Arte? A Fenimore, una vaga promesa de una hermandad de las almas o del matrimonio que no podía ser; a Du Maurier, una huída de la familia de él (la ruidosa familia) y un refugio momentáneo en una sociedad masculina de caballeros, lejos de las mujeres. Una historia homosocial típicamente victoriana, donde ambos cotejan (normalmente sin mencionarla muy directamente) la relación de uno y otro con las mujeres. Otra cuestión, aparte de la ausencia de deseo, que mantenía a James soltero, era la necesidad de mantener su status social. De caballero solitario o buey suelto se podía permitir lujos, viajes, vacaciones, que le hubiesen resultado imposibles con una familia a cuestas. Y James evidentemente elegía la comodidad personal y el escaparate social antes que el contacto humano cercano. Un ave fría, que los llaman por aquí. Y en su obra y en sus personajes deja huella esta falta de intimidad humana del autor, esta distancia que toma respecto a los demás, y hasta respecto a sí mismo.

(La historia de James rechazando a Fenimore tiene un paralelo en el libro, a modo de comedia de Lope, en la historia de los criados: el fiel mayordomo Burgess mantiene a raya a la sirvienta Minnie, alegando su independencia personal y su profesionalidad como sirviente, a la que se debe—su propio "Arte". Esta historia no deja de recordar a The Remains of the Day de Ishiguro—y es para Lodge una manera de mostrar ciertas limitaciones humanas de estos personajes).

Un sustituto o suplemento de ese contacto humano físico que no tenía en la vida lo buscaba James de modo desplazado en el teatro, en el triunfo casi orgásmico ante el público en directo, en las reverencias ante la sala gritando "¡Autor, Autor!", el equivalente inglés del "torero, torero". De ahí la enorme frustración emocional, casi erótica, que representa para James el fracaso como dramaturgo. Volverá a las novelas, para triunfar (ante las minorías) en su última etapa como novelista psicológico complejo, y para recibir una Orden del Imperio Británico cuando ya está gagá y próximo a la muerte. Una reflexión ambivalente sobre los goces de la literatura, por mucho que el autor (Lodge, digo) nos recuerde la vida póstuma de James en manuales y cursos de literatura. Triunfo como protagonista de la historia literaria, sí, pero a costa de un cierto fracaso como persona viva: no vivió para sí, sino para la literatura, orientando toda su vida a esa vida póstuma de clásico (vida en le mirage des mots, especie de muerte en vida) —vida de Autor. Aunque no puede decirse que no viviese de acuerdo con sus deseos—deseos excesivamente civilizados, hasta la rarefacción.

La portada de la novela, seguramente elegida por Lodge, nos muestra a James saludando ante el público (quizá en su primer éxito modesto con The American), o saludándonos a nosotros, la audiencia de sus novelas (o quizá se trate del personaje de la novela de Lodge, actor y Autor saludando a la sala como le ordena su propio Autor con las palabras finales de la novela:

"Henry, wherever you are—take a bow." (382).

Y la contraportada nos muestra un banco vacío—seguramente el banco donde se sentaba con su amigo Du Maurier en sus paseos, antes de que el éxito de éste los separase un tanto... Viene a ser la contraportada la contrapartida y paralelo de la portada: porque Du Maurier es lo más parecido al lector ideal que Henry James conoce en vida (—también Fenimore, pero era mujer, ¡lagarto lagarto!). En ese banco vivió Henry James lo más próximo a una historia de amor con "contacto directo" (sin abrazos por favor) entre el público lector y el Autor.

The Middle Years

Sobre la relación imaginaria o fantaseada de Henry James con su público lector, y sobre las vidas póstumas, hay un relato interesantísimo de James, al cual alude Lodge cuando habla de cómo el estilo de James florece en una "late manner"—tras las dudas e incertidumbres y patinazos teatrales de sus "middle years". El relato es "The Middle Years", una historia sobre un novelista moribundo, Dencombe, que lamenta quedarse en su "estilo medio" sin poder llegar a desarrollar todo el potencial de su genio en una madurez productiva, una madurez de las que para el novelista sólo llegan con la vejez.

Lodge también nos muestra a James escribiendo este relato, "The Middle Years", tan significativo por lo cerca que toca su tema—el logro literario, el coste para la propia vida, las frustraciones de la ambición. Y el desplazamiento del erotismo y el afecto a la relación con el público lector. 

Aquí, como en otros aspectos del libro, Lodge evita caracterizar a James como homosexual. (Quizá para él, como para Peter Ackroyd en el caso de T. S. Eliot, no sean homosexuales los homosexuales reprimidos, en especial los tan reprimidos como James). En el epílogo del libro habla con cierta ironía de los proponentes de los queer studies que encuentran en James imágenes desplazadas de cosas como anal fisting—ver Mapplethorpe para más información—pues está claro que estas vigorosas actividades no iban con James ni en sus peores pesadillas.

Ahora bien, "The Middle Years" es en cierto sentido una fantasía homosexual, desplazada por supuesto, y por supuesto guardando las distancias… homoerótica pongamos, pues, si lo de sexual sugiere gónadas e "intercambios de fluidos" de los que según Lodge echaban para atrás a James.

Resumo la historia (aunque Henry James no se puede resumir, claro). El novelista Dencombe, trasunto de James, está convaleciente en un balneario, Bournemouth, sentado en un banco mirando al mar (—por cierto, por allí mismo también ha paseado este otro Autor-Autor, hace… veintisiete años). Otro banco que podría ser el de la contarportada. El mar parece "all surface and twinkle, far shallower than the spirit of man. It was the abyss of human illusion that was the real, the tideless deep" (The Figure in the Carpet and Other Stories 235). Está flojo, siente que no va a vivir mucho. Lamenta no poder desarrollar su ambición, su obra, quedarse pequeño, morir antes de tiempo. Acaba de recibir su última novela del editor, pero casi ni le hace ilusión—la ha perdido, viendo lo poco que da de sí la vida.

Una señora ("la Duquesa" será) se sienta en su banco a descansar un momento, invadiendo. Va acompañada por una pareja más joven: su médico particular y su dama de compañía. Dencombe y el médico cruzan miradas como si fuesen dos gays que van de caza—y en efecto el relato consistirá en cómo Dencombe atrae a sí al médico, Doctor Hugh, separándolo de las exigencias de su patrona, de quien esperaba heredar, y de las garras de la dama de compañía, ambiciosa trepa que esperaba heredar también, a través de él.

El flechazo con el médico no es erótico-sexual, sino erótico-literario: los dos ven que llevan el mismo libro, The Middle Years, de Dencombe—aún no está en las librerías, o sea que Dencombe intuye que no es un lector normal el que se ha topado, sino un lector especial, especialmente interesado. Lo mismo piensa el otro, y busca una excusa para dar esquinazo a las damas y trabar conversación… allí Dencombe se desmaya cual jovencita, y se descubre su identidad, el cuerpo del Autor, algo más allá de sus expectativas.

Del médico Doctor Hugh espera Dencombe los halagos de un lector ideal—una especie de Du Maurier/Fenimore perfeccionado—que le jaleará en sus empeños escalando la cumbre de su Arte. Y también espera que le dé un tratamiento—remedios digo, para seguir viviendo, para poder escribir. Pero sobre todo quiere amor, cercanía, amistad, comprensión, calor humano que no tiene en su vida (este Dencombe es viudo, con hijo muerto. Cosas del pasado). Obsérvese que calor humano y lectura ideal—y supervivencia—se juntan en la misma figura.

Bien, tiene lugar el drama. Dencombe empeora, y en el momento crítico, Doctor Hugh elige quedarse con él, y descuidar a su patrona. Despedirse, elegir. Renunciar a la fortuna y a las intrigas de Miss Vernham, que será lesbiana o solterona despechada. Elige de hecho, a manera de sacrificio homosocial, matar a la Condesa, o dejarla morir, ofreciéndola como sacrificio humano en el altar de la amistad masculina que lo une a Dencombe.

Had he spent those days with the Countess?
   'The Countess is dead,' said Doctor Hugh. 'I knew that in a particular contingency she wouldn't resist. I went to her grave.'

La mata a distancia, y luego va a su tumba. Pero ha estado haciendo otras cosas además: ha escrito una reseña que convierte el último libro de Dencombe (el que iba a ser una obra mediana y desapercibida) en un éxito. De crítica o de público, o de los dos, no se sabe. Lo que está claro es que Doctor Hugh, que no puede salvar el cuerpo de Dencombe, sí puede salvar su corpus, puede hacer que su obra perdure. ·Es el Lector, que hace que el autor siga vivo después de vivo, o el Crítico—el Buen Crítico—que hace que la obra tenga una segunda vida, y que lo que no era sino un "estilo medio" siga desarrollándose, en vida postuma, y llegue al florecimiento complejo de la última etapa. Ese florecimiento literario que sólo pueden alcanzar los clásicos, los que son releídos, y que lo alcanzan no sólo por sus propios méritos, sino por el encuentro de dos mentes en el espacio literario, el Autor y el Lector, creando la clase de sentido que sólo los clásicos pueden tener. Nadie es clásico en vida, ni los que se creen clásicos en vida, porque ese sentido ya va más allá del Autor, la obra se le ha escapado —aunque en una dirección distinta a la Trilby de Du Maurier.

La lectura es algo inquietante, es una psicofonía. Los muertos nos hablan, nos dicen cosas en directo. Es el procedimiento por el que seguimos vivos después de muertos, y obtenemos esas extensiones póstumas de la vida que algunos proyectan a nebulosas eternidades. Es la única extensión posible—hablar desde los textos, y que los vivos hablen de nosotros, una vida fantasmal por la que suspiraba Dencombe, sin planteárselo precisamente en esos términos, cuando añoraba "another go, a second chance", otra vida más allá de la vida efectiva que había tenido.

En cualquier caso, este relato alegoriza, transformándola en amistad presencial, y en una especie de matrimonio de los espíritus, la relación entre un autor y su público, que por necesidad es in absentia en el caso de los clásicos. Aquí el Autor gratifica su necesidad emocional de sentir esa proximidad convirtiendo a sus lectores futuros, los lectores de su estilo tardío que sólo la Historia le dará, en amigos que le murmuran palabras de amor en su lecho—aunque sea su lecho de muerte. Era contacto humano, emoción, lo que buscaba el Autor al escribir, siquiera fuese de una manera tortuosa e indirecta—su manera:

'You're a great success!' said Doctor Hugh, putting into his young voice the ring of a marriage-bell. (258)

El cuento habla de sí mismo con la voz del autor que permanece, el que sigue viviendo y hablando en sus escritos, y a la vez habla con la voz del cuerpo que muere, la vida personal llena de frustraciones, y en realidad más breve, terriblemente más breve que el arte.

'Frustration's only life,' said Doctor Hugh.
'Yes, it's what passes' Poor Dencombe was barely audible, but he had marked with the words the virtual end of his first and only chance. (258)

Pero veamos el análisis/narración de Lodge sobre "The Middle Years":

El Dr. Hugh a partir de entonces se dedicó a cuidar, y quizá a curar, al autor enfermo, que 'elevándose otra vez un poco sobre las débiles alas de la convalescencia y todavía presa de ese feliz desiderátum de un rescate organizado, encontró una vena de elocuencia para defender la causa de cierto espléndido "estilo tardío", que habría de resultar ser la ciudadela misma de su reputación, el fuerte en el que se custodiaría su auténtico tesoro'. Esto era una ensoñación recurrente del propio Henry, que habría de cumplirse sólo cuando se hubiese sobrepuesto a toda idea vulgar de 'éxito' como novelista por el procedimiento de obtenerlo de manera tangible como dramaturgo, pero era una ensoñación que no deseaba revelar de manera demasiado obvia. El decoro, tanto en el sentido ordinario como en el literario del término, dictaba que al autor ficticio habría de rehusársele esta feliz consumación. Dencombe debía morir al final del relato, en sus años intermedios, con la obra de su vida incompleta. Imaginándose a sí mismo en esta tesitura, Henry invocó unas palabras en el lecho de muerte tan conmovedoras y elocuentes que le trajeron lágrimas a sus propios ojos mientras las transcribía: '"Una segunda oportunidad— eso es el espejismo. Nunca había de haber sino una. Trabajamos en la oscuridad—hacemos lo que podemos—damos lo que tenemos. Nuestra duda es nuestra pasión, y nuestra pasión es nuestra tarea. El resto es la locura del arte"' Ni él mismo estaba muy seguro de lo que significaban las dos últimas frases; como los parlamentos de Hamlet o Lear, contenían más de lo que podía expresar una paráfrasis prosaica. Si hubiese de morirse mañana, le gustaría que se inscribiesen en su lápida.
    Para intensificar lo que se hallaba en juego en esa historia, decició que la devoción del Dr. Hugh al autor haría que se distanciase de la vieja dama, su protectora, y perdiese así la oportunidad de casarse con la joven, compañera de ella. Releyendo el relato, se le ocurrió a Henry que Fenimore diría que una vez más estaba oponiendo las mujeres al arte, o el matrimonio al arte—y tendría razón: la prueba estaba de modo innegable allí, en la última página, cuando el Doctor declaraba que sacrificaba voluntariamente su relación con la joven, y aseguraba al novelista moribundo su éxito literario: "'¡Has tenido un un éxito enorme! ' dijo el Dr. Hugh, poniendo en su voz juvenil el tono de una campana de bodas". Henry pensó si eliminar o cambiar el tropo matrimonial irónico, pero lo dejó ahí. Cuando lo leyese Fenimore a la vez se enfadaría y sentiría que le daba la razón, pero no estaría de más que ella no tuviese ilusiones de ningún tipo en lo tocante a los auténticos sentimientos de él. Sobre algunas cuestiones se comunicaban mejor a través de sus ficciones que en sus conversaciones. (168-69).

Henry James, nos dice Lodge, se sentía a estas alturas muy a gusto en compañía de sus propios Dr. Hugh jóvenes cultos y admirativos, discípulos admirando un maestro, una relación platónica muy del gusto de James ahora que había superado (por la vía de la supresión) los peligros, dudas y problemas asociados con el sexo en su juventud. Entonces había rechazado los avances del poeta homosexual Zhukovski durante una estancia en Nápoles; ahora se mantenía a distancia prudente del inquietante Oscar Wilde, aunque algunos de estos jóvenes efebos que rodeaban a Henry eran también amigos de Wilde. Otra cosa más en la que prefería, sin duda, no pensar mucho.

Así pues, no tiene Henry James aura de un novelista homosexual a pesar de los esfuerzos de los Gay Studies. Poco lo relaciona Lodge con el tema o concepción de la homosexualidad; y lee el relato "The Middle Years" como un intento de mantener a raya, entre líneas, a Fenimore. Yo lo veo más bien como una sublimación de deseos inconfesables a sí mismo, y como un desplazamiento al ámbito literario de la intimidad erótica que James no quería o no podía tener en su propia vida. Porque, ¿qué experiencia de intimidad más intensa, para un Autor, que ser leído? ¿O qué seducción más seductora, que la de atraer a un lector?

Seducción para seguir viviendo, en cierto modo, como palabras sin cuerpo, porque un autor vive esa existencia (¿transcendental? ¿infernal?) mientras lo lean sus lectores. Vivimos (en esa vida póstuma, de sombras del Hades) mientras hablen de nosotros, mientras se vea alguna imagen nuestra, o mientras se piensen nuestros pensamientos, o se lean nuestras obras.  De este tema trató James en un ensayo de hacia 1909-10 contribuido al libro After Days. Así resume Leon Edel la conclusión de James sobre el más allá y la vida después de la muerte:

Si por vida se entendía vida física, creía que no la había. La muerte era absoluta. Lo que vivía más allá de la vida era lo que la consciencia creativa había descubierto y hecho: y sólo si estaba atesorado en una forma capaz de pervivir. (Cit. en Lodge 380).

La literatura es para James esa "acumulación del tesoro mismo de la consciencia" (cit. en Lodge 381), un tesoro que sólo puede descubrir otra consciencia, la del lector. Aunque el lector puede ser un cristiano creyente como Lodge, o un materialista convencido y profesor de literatura como Edel, y quizá el tesoro que encuentren no sea exactamente el mismo. Y tampoco tiene por qué ser el mismo que el autor creyó que enterraba; en nuestras obras no leen lo que pusimos; puestos a excavar tesoros, salen montones de cosas del suelo, y ni esta vida ni la póstuma está garantizado que las vivamos como tenemos planeado. 

J. Hillis Miller, Speech Acts in Literature







Jueves 20 de septiembre de 2007

La historia inscrita
jagl2007
Ayer fui a la "I Jornada sobre Blogs corporativos y aragoneses" ("y" por "o", disyuntivo, no intersectivo - quiero decir que también iba sobre blogs aragoneses no corporativos y blogs corporativos no aragoneses). Lo de "corporativos" es más o menos anglicismo ("corporate") por "blog de empresa"—que aquí lo de "corporativo" suena a colegio de médicos o sindicato vertical.  Era en el Hotel Boston, estaba la salita (pequeña) más o menos llena, y se le podía poner cara a algunos de los blogs que leemos - creo que sería práctico que cada cual llevase en la solapa una tarjeta con el logotipo de su blog, que le pones más cara al blog que al bloguero. Por cierto, una de las cosas que decían sobre los blogs de empresa: ponle foto, no anonimices, da la cara al público. Había en los consejos poco miedo a la apertura pública de comentarios (un blog sin comentarios no será un blog quizá, pero yo creo que sí puede ser una muy buena herramienta de publicidad). Yo (y las empresas) opinamos que el tema de los comentarios negativos o (y/o) malintencionados no es de desdeñar en el mundo de la empresa, o de la institución. Desde luego, en lo que a mí me toca, la Universidad no parece tener la menor intención de fomentar la creación blogs institucionales para sus centros, titulaciones o productos.

Un peligro que yo veo en eso de "dar la cara por la empresa" es que tu cara se transforma en tu empresa — o sea, que tu cara debe adquirir una línea editorial determinada, algo muy americano... y que es el futuro sin duda. Las opiniones diversas, variadas, conflictivas, contradictorias, esas, al blog anónimo, como si fuese el inconsciente del bloguero empresarial. La foto ha de ser sonriente, otra cosa no es buena para el márketing.

Algunos de los ponentes hablaron de la historia de su blog, qué les llevó a bloguear, cómo se desarrolló, derivando hacia funciones nuevas, interactuando con las actividades en apoyo de las cuales surgió, encontrando su público... Un momento de reflexión y reevaluación que se da a veces en otras ocasiones, como en los cumpleaños del blog. Se cuenta entonces una historia que ya está grabada en la sustancia del propio blog, que tiene esa dimensión de historia inscrita. Una serie de acontecimientos que han pasado y que han dejado una huella textual unificada, pública y desarrollada si no siempre de modo narrativo, sí de modo dramático, y con esa narratividad que supone el volver constantemente atrás a evaluar el resultado de las propias expectativas y acciones. O sea: una historia que ya está contada en parte, pero que necesita volverse a contar constantemente, incrementando así la dimensión narrativa del blog. Retelling what is told. Y a eso nos dedicamos parte del tiempo, dentro y fuera del blog, porque si algo interesante tiene esta dimensión del blog es que lo mismo sucede con las personas. Llevamos nuestra historia inscrita, en parte al menos, en el cuerpo (no corporativo) y en lo que de nosotros sabe el dominio público. Pero eso no nos impide contarla una y otra vez, a medida que se sigue transformando. Una dimensión más del blog como cuerpo virtual o alternativo de unos seres marcados por el tiempo y por las inscripciones que va dejando.

Por cierto, aconsejaban también encontrar maneras de que no quede muerto el archivo del blog, así que supongo que estoy acertado poniendo estos enlaces finales que llevan al pasado, siempre al pasado, nunca al futuro. De momento.

The Blog's Body 



Miércoles 19 de septiembre de 2007

Un Marco Incomparable

No creo que se parezca mucho— ¡Pero no por eso se va a quedar sin su cancioncita el pequeño sobrino Marco, que acaba de llegar!



Y para Elsa, para que no vaya a tener envidietas, este vídeo de Elsa:





(Nota: el papá es éste que salía conmigo en la foto de los cromañones).



Pilindrín en portada


Actuaciones en postgrado

Hemos vuelto a dirigirnos al Rector de la Universidad de Zaragoza para ver si clarifica la situación en el postgrado de Estudios Ingleses, y en general en todos los postgrados—dictaminando si es posible que estas enseñanzas oficiales se la apropien los grupos de investigación (grupos de "intereses especiales" y de apoyo mutuo) excluyendo a los no- miembros, por muy Doctores y Profesores Titulares que sean; y la LOU que cante misa cuando dice eso de "plena capacidad docente e investigadora". El Rectorado contesta, pero contesta tímida y educadamente, sin que parezca chocarle esta apropiación indebida con pisoteo de derechos, y pitorreo, incluidos.

Lo que se ventila es utilizar el apoyo del grupo para pasar por delante de otros profesores más antiguos Y CON MAS CURRICULUM a la hora de elegir asignatura. Se les excluye por decreto, y presto, ya hemos dado un salto en la jerarquía. (Jerarquía de cuerpo y antigüedad que se sigue aplicando con inflexibilidad leonina dentro del propio grupo, por supuesto—hasta ahí podríamos llegar). Ah, se me olvidaba. La ventaja de "estar en el máster", currículum y prestigios aparte, es que te puedes diseñar una asignatura más a medida de tus intereses docentes. Y otro pequeño beneficio: el horario de mañana—también te saltas turnos de elección de horario, así como quien no quiere la cosa. Pero claro, estas cosas seguro que no entran en la consideración de las almas puras universitarias, únicamente movidas por el impulso hacia la Calidad. En suma, que los nuevos grupos de investigación vienen funcionando como las viejas cátedras autocráticas: manda el catedrático, y tiene sus protegidos (los miembros del grupo) a quienes favorecerá por encima de los que vayan por libre y no sean catedráticos. Vamos, feudalismo rearmado, contra la letra de la ley que garantiza los derechos de profesores titulares.

La Dirección del departamento deja hacer, y da por bueno todo lo que venga de las cátedras. Y en caso de duda, a votar: que los grupos bien coordinados siempre ganan las votaciones, aunque sea de un democrático más que dudoso eso de suprimir los derechos de alguien por votación. Sobre todo cuando es una norma superior la que ha establecido esos derechos. Pero aquí sólo se entiende el tipo de democracia que manda quien manda. Consciencia de los derechos de los demás, que también son los propios, y de los procedimientos legales: NULA.

Así que hemos impugnado nuevamente las actuaciones de este Departamento en su postgrado (postgrado de Calidad, sí, pero Calidad sin Ley). Extracto del último escrito al Rector:

"Queremos reiterar nuestra denuncia de que la actuación del Departamento (de fecha 15/2/07) en supuesta obediencia a la Resolución del Rector de fecha 22/12/06 no hace sino disimular la exclusión continuada de los abajo firmantes y otros profesores del Programa de Doctorado de Estudios Ingleses. Esto se expuso a V.E.M. en un nuevo recurso de fecha 14/3/07 donde se ruega a V.E.M. vele por la ejecución de las resoluciones del Rectorado. Dicho recurso todavía sigue sin respuesta.

Rogamos que en las resoluciones a estos recursos se haga mención explícita de nuestros nombres, del Postgrado/programa de Doctorado de Estudios Ingleses, y de la actuación concreta del Departamento que resulta contraria a derecho. Rogamos que se ordene de modo explícito nuestra inclusión en el listado de profesores encargados de la dirección de Tesis en este programa de Doctorado (pues cumplimos los criterios vigentes en la Universidad de Zaragoza), que asimismo se explicite que no puede excluirse a los abajo firmantes de la participación en el Máster sobre la base de que no pertenecen a ciertos grupos de investigación. Esta mención completamente explícita se hace imprescindible, pues tanto los coordinadores del Máster como la Dirección del Departamento han manifestado repetidamente, como consta en las Actas, que no son claras o no se entienden las resoluciones del Rectorado relativas a este Postgrado, y se han escudado en esta supuesta ambigüedad de las resoluciones del Rectorado para evitar su cumplimiento.

Reiteramos nuestras quejas al Rectorado por el acoso administrativo a que venimos siendo sometidos por los coordinadores del Máster de Estudios Ingleses y la Dirección del Departamento de Filología Inglesa y Alemana, que pretenden reinventar para nuestro caso las normas generales de ordenación docente de la Universidad, condicionando la capacidad docente de los Profesores Titulares, en unas enseñanzas oficiales, al hecho de que sean miembros de ciertos grupos de investigación—en la práctica, de los grupos dirigidos por los coordinadores del propio Máster."

Bien, pues aún ha habido más actuaciones en postgrado. (Ya lo decía Shakespeare: todo teatro, y todos actores). Hoy había reunión, y la presidenta de la Comisión de postgrado del departamento de Filología Inglesa y Alemana nos ha vuelto a reiterar que no conocía cuáles son los criterios para dirección de tesis en esta universidad, y si se nos estaba excluyendo con razón y derecho. Pues mira que la Comisión de Doctorado de la Universidad, y luego el Rector, se los recordaron, y no hay más que leerse esta página web de la normativa universitaria donde los pone en público y bien claritos.

Como verán, ahí no dice nada de que haya que pertenecer a un equipo de investigación. Pero la presidenta de la comisión de postgrado del departamento, Dra Herrero, como el Director del departamento Dr. Inchaurralde, siguen arguyendo que no entienden la normativa universitaria, que se la explique el Rector un poco más, y a la espera están de que eso suceda. Así que se ha vuelto a desestimar nuestra solicitud de que se nos incluya en el programa de doctorado de Estudios Ingleses.

He constatado, sin embargo, que empiezan a desmoronarse las murallas, y es que la necesidad aprieta. El otro día se aprobó en Consejo, y hoy se ha abundado en el tema, que... bueno, aunque no se incluya a los demás doctores en el postgrado, sí pueden CODIRIGIR una tesis con algún doctor de dentro. Lo cual me ha sonado a "yo pongo el marchamo, y usted (que no le dejo tener marchamo) pone la tesis)". Genial. Pero es sólo un primer paso, este afloje. Porque como digo aprieta la necesidad, y si a los profesores se les veta la entrada al programa, en cambio a los alumnos que se quieran matricular, puente de plata, o se les caza con lazo. Se trata de importar estudiantes y doctorandos al programa, que calidad tiene mucha, pero candidatos, pocos.

¿Solución? Succionemos el alumnado de otros programas. Por ejemplo, de este otro programa del departamento, plan viejo, no europeo, que va a la extinción. Hoy se ha propuesto, y votado (con mi voto en contra) admitir al programa a todos los alumnos que estén cursando el otro programa y así lo soliciten, convalidándoles todo en bloque (cuando este departamento siempre ha hecho morro fino y no convalidaba una asignatura de inglés por otra más que examinando cuidadosamente la plena coincidencia del programa...). Ahora se ha pasado al asalto, y desmantelamiento del otro progama, "para beneficiar a los alumnos". Oigan, a mí también me beneficia si de repente me convalidan la carrera que tengo hecha por otra más, pero no lo van a hacer, ¿verdad?

Así que quien se plantease hacer una tesis en el otro programa.. ya sabe, a hacerla "codirigida" en este postgrado de Estudios Ingleses, que llegó la hora de las rebajas. Supongo que por la misma regla de tres les regalarán los cursos de doctorado a todo el que venga de otra universidad, del programa que sea, con tal de que se apunte a este programa. Me pregunto si eso subirá o bajará la calidad. Es, en todo caso, una actuación decidida en la lucha por la vida.

Masterminds




Idea súbita

Vídeo de Álvaro siendo atacado por una idea súbita ante el ordenador. Lo vemos a través de la transparente pantalla. Pibo y Oscar también están más pendientes de lo que pasa por la cabeza de su hermano que de las cosas que les dicen.



Dibujando guarradas



Martes 18 de septiembre de 2007

Brush up your Shakespeare

Una vez más comenzando la asignatura de Shakespeare en quinto curso de Filología Inglesa...

He aquí la recomendación de unos serviciales mafiosos:  Pégale un repaso a tu Shakespeare, empieza a citarlo ya, y todas te harán una reverencia china hasta el suelo. ("Brush up your Shakespeare", de Cole Porter, Kiss Me Kate).


MOBSTERS:

The girls today in society
Go for classical poetry,
So to win their hearts one must quote with ease
Aeschylus and Euripides.
But the poet of them all
Who will start 'em simply ravin'
Is the poet people call
The bard of Stratford-on-Avon.

Brush up your Shakespeare,
Start quoting him now.
Brush up your Shakespeare
And the women you will wow.
Just declaim a few lines from "Othella"
And they think you're a heckuva fella.
If your blonde won't respond when you flatter 'er
Tell her what Tony told Cleopaterer,
And if still, to be shocked, she pretends well,
Just remind her that "All's Well That Ends Well."
Brush up your Shakespeare
And they'll all kowtow.

Brush up your Shakespeare,
Start quoting him now.
Brush up your Shakespeare
And the women you will wow.
If your goil is a Washington Heights dream
Treat the kid to "A Midsummer Night Dream."
If she fights when her clothes you are mussing,
What are clothes? "Much Ado About Nussing."
If she says your behavior is heinous
Kick her right in the "Coriolanus."
Brush up your Shakespeare
And they'll all kowtow,
And they'll all kowtow,
And they'll all kowtow.

Brush up your Shakespeare,
Start quoting him now.
Brush up your Shakespeare
And the women you will wow.

Brush up your Shakespeare
And they'll all kowtow.

La noche de La Tempestad






Lunes 17 de septiembre de 2007

Doppelgängers and half brothers

E. A. Poes

Poe a sí (poesía)






Domingo 16 de septiembre de 2007

Hairspray

Parece como si aún saliésemos de ver la vieja Hairspray de 1988, de John Waters, y nos metemos a ver la nueva versión musical, corregida y aumentada de talla por si hacía falta. Travolta está divino, y los demás no se quedan parados; los colores son brillantes, los peinados molan, los bailes espectaculares, las canciones buenísimas y el ritmo contagioso. Salimos del cine bailando como gordas, así que queda recomendada de todas todas. Hairspray

Supuestamente la película va a favor de la integración erótico-social de las marujas y de las tallas grandes, contra la estética Barbie, y a favor de la sociedad multirracial y mezclada, sin complejos ni apartheids legales o mentales. No sorprende que sea la batalla siempre por ganar, y que el Baltimore racista de hace cuarenta y cinco años, cuando éramos pequeñitos, sea una metáfora adecuada de la separación de facto entre círculos blancos y negros en los USA (o en cualquier otro sitio) hoy en día. Muy claro quea cuando hay que protestar contra las leyes discriminatorias, pero yo recuerdo que en los tiempos de la primera Hairspray en el comedor de la universidad americana Brown, que hacía gala de su política de affirmative action, por supuesto los blancos se sentaban con los blancos y los negros con los negros sin que nadie les prohibiese ni les dijese nada; y era lo normal... no se fuese nadie a pensar que se buscaba poner en evidencia a la gente, porque (por racismo invertido, o sin invertir) las minorías necesitan su espacio, o lo tienen aunque no lo necesiten. Y así sigue la cosa parecida en muchos aspectos. 

Digo lo de que supuestamente defiende la película, porque aunque es explícita y elocuente en la defensa de los negros, y las gordas, y las gordas negras, y de las amas de casa, sigue siendo el caso que los negros tienen un papel secundario y que las gordas juegan un papel ambivalente: por una parte siguen siendo, como siempre, entes inherentemente cómicos, y por otra lo llevan con alegría y ritmo ejemplares, algo desde luego aconsejable en cualquier caso.  

También "supuestamente", digo, porque hay otra cuestión sobre la que la película no dice nada, sólo hace: en su llamada a la lucha contra los prejuicios y barreras mentales, y a favor de la mezcla bailona de estilos, subculturas y maneras de ser, no menciona nunca a las homosexuales—cuando ahora (aunque no en 1962) son los gays y lesbian@s y los transexuales heterosexuales (whatever that means) los que están embarcados en una lucha por derechos civiles. La integración de finales del XX y principios del XXI tiene a las autoridades y al público general desconcertados, haciendo gestos tímidos, o atrevidos, o contradictorios, o evitando hablar del tema en lo posible muchas veces. Esta película, como digo, trata el asunto por la vía ambivalente de no mencionarlo, pero incluyendo a Travolta, como al travestí Divine en la película anterior, en plan gorda alocada en el papel de Edna Turnblad. Pero claro, ahí estamos trabajando con marcos distintos de realidad (y se cuidan de evitar escenas de besos etc.). Así que el alegato a la vez es y no es, sugiere pero no se pronuncia, y defiende como sin atreverse. Pero sí hace pensar "educadamente y sin ofender a nadie" en la analogía entre los negros discriminados de 1962, los homosexuales discriminados de 2002, o las gordas discriminadas de facto si no por ley (mucho más eficaz el de facto) en la cultura de la imagen. Aunque a veces van las gordas y a base de sudárselo ganan Operación Triunfo. Pero con la energía hay que echarle, si es que hasta adelgazas por el camino.

Hairspray. Directed by Adam Shankman. Screenplay by Leslie Dixon, based on John Waters's film Hairspray and the musical play by Mark O'Donnell. Cast: Nikki Blonsky, John Travolta, Michelle Pfeiffer, Christopher Walken, Amanda Bynes, James Marsden, Queen Latifah Brittany Snow, Zac Efron, Elijah Kelley, Allison Janney, Taylor Parks, Paul Dooley, Jerry Stiller. Music by Marc Shaiman. Cinematog., Bojan Bazelli. Ed. Michael Tronick. Prod. des. David Gropman. Art dir. Dennis Davenport. Prod. Neil Meron, Craig Zadan. USA: Gabriel Simon / Storyline Entertainment / Ingenious Film Partners / New Line Cinema / Zadan/Meron, 2007.

The Pursuit of Happyness








Sábado 15 de septiembre de 2007

De la Prehistoria

—parece venir directamente esta foto. Sin embargo, debe ser el año 1982 o algo así:

jagl&ajgl


(Álvaro me dice: "Si le pones este título al pie de la foto ya parecería de la prehistoria total: '¡Yo ser Jagl!' '¡Y yo ser Ajgl!'")


Tarde de piscina








Viernes 14 de septiembre de 2007

A colocarse

Cuanto más incierto está el futuro de nuestra titulación en Zaragoza, y cuanto más colapsado debería estar el mercado de trabajo, y no se nos colocan los egresados,y el paro sube en España y  hay superávit de titulados universitarios... pues resulta que entonces de repente en nuestro departamento salen a montones plazas (sin candidato o "bicho" dentro, no piensen) —de funcionario o de asociado a tiempo parcial, para que escoja Vd. la más acorde a sus necesidades o circunstancias. Escoger dentro de un orden: porque lo que no salen son plazas de categoría intermedia—por ejemplo esas nuevas ayudantías que cobran lo mismo pero tienen la mitad de horas que el año pasado... esas no salen a cuenta, así que hecha la ley, se acabó la oferta, y nuestra universidad por lo menos no gusta de estos ayudantes, que ayudan poco . Además, aquí, cuanto más inestable esté el personal, mejor (no para ellos, claro).

Lo que sale a concurso son por ejemplo tres plazas de profesor titular de Universidad (Filología Inglesa)— como digo, sin bicho habilitado que esté a la espera. ¿Retraso, desfase, fallo de cálculo de un departamento que como todos suele guardar las plazas celosamente para la cantera interna? El caso es que viene pasando: ya el año pasado salió una plaza de Profesor Titular aquí en Zaragoza, ciudad céntrica y expo que dice ser, y no se presentó ningún candidato. Así que desierta quedó, como los Monegros. No sé si pasará lo mismo con estas tres. Antes decíamos que no hay doctores en paro; y parece que se mantiene la cosa. Al menos, doctores habilitados en paro no parece que abunden. Lo cual tampoco es recomendar a nadie que se ponga a hacer una tesis, cosa que en nuestro departamento te puede costar entre ocho y diez años de media.

Para doctores con consulta, para profesores con ganas de completar el sueldo y para las últimas hornadas de licenciadillos, están las plazas más modestas: once plazas, once, de asociado a tiempo parcial se van a lidiar por procedimiento de urgencia. De estas también muchas suelen quedar vacantes, por otra razón: el candidato tiene que ser un "profesional" que ejerza en otro sitio—vamos, un contrato en una academia, plaza en instituto o cosa parecida. A los parados, nada. Que se coloquen donde les dejen: la Universidad sólo da plazas a los ya colocaos—que esos no tienen síndrome de abstinencia.

Y aún se ha hablado de otro tipo de plazas más, las congeladas, que aquí hay plazas frescas y también congeladas. Por primera vez en muchas reuniones, se ha hablado de la cátedra famosa que quedó vacante en 2003. Se recordará que este asunto era el que yo el  recurrí por la vía administrativa sin obtener respuesta (en el silencio sólo se escuchaba / un susurro de abejas que sonaba)  y ante el silencio del Rectorado, llevé a contencioso administrativo, y perdí. Hoy se ha dicho por primera vez de modo explícito que si no se volvía a sacar la plaza a concurso era porque se estaba a la espera de la resolución judicial... lo cual me hace pensar que la razón debe ser otra, u otras, que cada cual tendrá las suyas. Que si esperanzas de acreditarse, que si a ver si este año saco la habilitación... Pero vamos, les he dicho que el que la plaza estuviese recurrida, y otra vez recurrida ahora en vía judicial, era un problema mío, que la Universidad era muy suya para darse por aludida o no, y hacer suyo el problema o no, y que sería buena cosa que el departamento se plantease de modo abierto qué hacer con la dichosa plaza congelada.

Mucho mejor para la Universidad sería que se colocase en esta cátedra algún bala perdida de fuera, que no le debiese nada a nadie aquí. Si se quería quedar en Zaragoza, claro, que de eso la gente no tiene muchas ganas—y los voy comprendiendo.

Y en fin, aparte de tanta oportunidad de colocarse, al menos sobre el papel (porque luego a mí se me ocurrió presentarme y me suspendieron de la manera más expeditiva e improcedente)—en el Consejo hemos vuelto a reiterar nuestra cantinela, haciendo constar en acta esta apreciación:

"A fecha de 14 de septiembre de 2007 todavía no se han ejecutado las resoluciones en firme del Rectorado relativas al Postgrado de Estudios Ingleses, de fechas 22/12/06 y 14/05/07, y por tanto TODAS las actuaciones del Departamento relativas a este postgrado conculcan la normativa universitaria."

Y también el "ruego" de que no la sigan conculcando—aunque sabemos que aquí no se atiende a estos ruegos. Es sólo for the record.

(Bueno, lo cierto es que también se nos ha comentado por los pasillos que si adoptásemos la actitud correcta de auténtico y no administrativo
ruego, si fuésemos tratables, simpáticos y humildes con los catedráticos, directores de proyecto y legítimos propietarios del máster, poniendo nuestro trabajo a su disposición, si fuésemos amigos de todo el mundo, y no insistiésemos tanto en la letra de nuestros derechos... que esa sería la manera de merecer, y de que nos fuesen haciendo sitio en el postgrado, por abajo, en el momento y lugar que decidiesen los cortadores de bacalao).

Así que ya saben la manera de colocarse, quienes quieran estar colocados como lotófagos.

Mí no comprender





















Jueves 13 de septiembre de 2007

Siempre nos quedará París

Pero siempre siempre, porque por fin le contestado al colega que me invitaba a dar una conferencia sobre narratología en una École Supérieure des Hautes Études diciéndole que no estoy con ánimos, o ganas, o circunstancias para ir—

Y que muchísimas gracias por invitarme... que era además con todos los gastos pagados.

Así que no se me oirá dar una conferencia en francés y disertar inteligentemente sobre la narración en el cogollito narratológico. Qué se le va a hacer... Lo dejaremos para otra vida posible, o imposible. No llegamos a todo—ni siquiera a una mínima parte de todo lo que me gustaría hacer, en mi caso.

Las causas de la decisión son muchas, pero la de fondo es la confusión que rodea actualmente a lo que vale o no vale la pena hacer en la carrera académica de uno. Cuando le ponen a uno una puntuación de "muy deficiente" en las oposiciones, o le niegan la capacidad de participar en los programas oficiales de estudios su propio departamento, digo. ¿Vale la pena escuernarse para ir haciendo demostraciones de lo mucho que vale uno en realidad? Pues llego a la conclusión de que no.

En cuanto a lo de dar conferencias, nunca lo he disfrutado realmente, aunque creo que sí que se refocilaría mucho el ego dando una en París. Pero otras circunstancias no acompañan, y así pues nos quedaremos en casa tecleando.

A Road not Taken


No soy asignable

La normativa de mi departamento no me considera "asignable" para impartir programas oficiales de postgrado. A estas alturas, y tras dos resoluciones del Rectorado a mi favor, siguen empecinados en su normativa al gusto de la casa.

Ayer les recordé en una reunión de nuestra comisión de postgrado que este asunto va a acabar en los tribunales de justicia, como las autoridades académicas no se molesten en ponerle remedio. Hoy envío al Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza esta carta:

Remitente: José Angel García Landa
Destinatario: Ilmo. Sr. Decano, Facultad de Filosofía y Letras
Asunto: Horario lectivo 2007-2008
Fecha: 13-9-07


Ilmo Sr. Decano:

Habiendo recibido, remitida por la Profesora Secretaria y el Vicedecano de Gestión Académica y Servicios, la ficha de horario lectivo que adjunto, deseo hacer saber a V.I. que ésta no corresponde a mi solicitud de asignación docente para el presente curso académico, pues no se ha incluido en ella una asignatura del postgrado de Estudio Ingleses ("La representación") que solicité impartir en mi turno de elección durante la elaboración del POD.

Esto es decir que la asignación docente del POD efectuada por el Departamento se hizo de modo irregular, pues según los criterios que utiliza, no se me considera capacitado para impartir docencia en el postgrado de mi área de conocimiento—algo que atenta contra la misma LOU— y se alega que soy un profesor "no asignable" porque no pertenezco a un equipo de investigación. Como sabe V.I., el Rectorado ha emitido ya dos resoluciones a recursos elevados contra este tipo de actuaciones del Departamento de Filología Inglesa y Alemana, resoluciones que adjunto también, sin que la dirección de este departamento deponga su actitud y respete la normativa universitaria general, que en ningún caso contempla la pertenencia a equipos de investigación como requisito para la plena capacidad docente.

Esta actuación del departamento, en su último Consejo celebrado el 3 de julio, ha sido nuevamente recurrida ante el Rectorado, sin que hasta ahora se haya recibido respuesta a este recurso.

Lo cual le comunico para su conocimiento y efectos, trasladando copia al Director del Departamento de Filología Inglesa y Alemana.

Zaragoza, 13 de septiembre de 2007

José Angel García Landa


La institución del VERDUGO

Miércoles 12 de septiembre de 2007

Un sueño con Eudimorphodons

Ya llevaba Álvaro media hora narrándome su sueño de esta noche cuendo le doy a la tecla de la webcam...






Noches moviditas



Martes 11 de septiembre de 2007

Leningrad Cowboys

Son los reyes del tupé y uno de los grupos preferidos de los chavales. He aquí otros que son poco recomendables para puristas, y eso que ni entro en la incorrección política de "Leningrad". Me basta con el shock que produce el contraste entre el atuendo del cantante y la estética tipo realismo socialista del documental en blanco y negro:




 Y aún menos para puristas es su versión de "Delilah"—esto hay que verlo por la incongruencia excesiva del espectáculo con los coros del Ejército Ruso. Aquí hay un vídeo no insertable.

Atylantos - Capdevielle - Shapplin






Lunes 10 de septiembre de 2007

Por la Galaxia Gutenberg

Según explica el propio autor de La Galaxia Gutenberg, Marshall McLuhan,  "La galaxia Gutenberg trata de señalar el modo en que las formas de experiencia, de perspectiva mental y de expresión han sido alteradas primero por el alfabeto fonético, y por la imprenta después" (McLuhan 30).

Es curioso que Woody Allen saque a McLuhan del bolsillo en Annie Hall para taparle la boca a un crítico, diciéndole McLuhan al crítico from the horse's mouth que no quería decir en sus obras nada de lo que el crítico explicaba—una postura autorialista muy propia ciertamente de McLuhan, pero un tanto extraña al fin en un seguidor del antiintencionalista New Criticism y en un teorizador de los cool media, esos que requieren la coparticipación del receptor. (Hace poco en la MIT Press,  abreviando el título de su Understanding Media  titularon un libro de McLuhan Understanding Me).

Sea como sea, si el crítico no entendía nada, tiene su disculpa, pues el estilo de McLuhan no es que sea un modelo de claridad ni de orden expositivo, al menos en La Galaxia Gutenberg. Es lo que él llamaba el "estilo mosaico" de exposición—no inspirado por Dios ni por Moisés, sino por el azar de las lecturas—un estilo bastante impresionista y bloguístico, pero raro en un libro académico, pues va torciendo la línea argumentativa o temática del libro de modo un tanto ad hoc según lo que esté leyendo McLuhan, según las ideas que le crucen en la cabeza otros libros y cogitaciones. He de decir, por mi experiencia personal, que no está mal como sistema generador de ideas, pero que no lleva a explorarlas de modo muy sistemático. Y en el caso de McLuhan al menos, la conexión que a veces se postula entre las ideas que se van exponiendo y la tesis central del libro... es tenue, o traída por los pelos, o digna de ser marcada como yo hago con un gran interrogante al margen. De ahí cierta oscuridad y arbitrariedad, superpuesta con ideas brillantes y fecundas.

La mayor fuente de arbitrariedad: el simplismo dicotómico,  paradójicamente superpuesto a una voluntad de complejidad multidimensional. Tomemos por ejemplo la distinción entre medios fríos y calientes: McLuhan coloca en extremos opuestos una fotografía y un dibujo, sin perder mucho tiempo en lo relativo de la oposición entre fotografía y dibujo, y en la variedad de estilos transicionales de representación que darían al traste con una dicotomía simple. Por no hablar de su definición de la televisión como un medio no esencialmente visual, o audiovisual, sino "táctil"... ¡en contraposición al cine! McLuhan lleva su idea en mente, y las complejidades de la semiótica, de los protocolos múltiples de representación, de las intermedialidades... no le inmutan lo más mínimo a la hora de dictaminar sobre un punto dado. Lo mismo con las características "sensoriales" del alfabeto: la escritura ideográfica es tribal, y sólo el alfabeto destribaliza. Con lo cual se simplifica toda la cultura china y se la mete en el mismo saco de las tribus iletradas, o casi (p. 97). Y cuando llega Gutenberg, para terminar el trabajo de destribalización, parece hacer su trabajo de modo instantáneo, si nos atenemos a McLuhan. En 1500, presto, ya estamos en la era Gutenberg, sin ningún tipo de inercia medieval al parecer, igual que en 1900, al haber ya telégrafo, ya ha quedado enterrada la era tipográfica. En sus peores momentos parece una caricatura de McLuhan, ciertamente.

La idea básica de La Galaxia Gutenberg es que la tecnología de la palabra impresa (alfabética) cambia el equilibrio entre los sentidos, e inaugura una nueva relación con el mundo. Poco énfasis pone McLuhan en los efectos culturales, administrativos, comunicativos en realidad, de la imprenta. Lo reduce—o más bien lo remite, no quiero ser yo reduccionista—a efectos psicológicos y a hábitos de lectura. Lo que viene a querer decir que reduce la complejidad social de la economía, las disciplinas del conocimiento, los efectos organizativos de la comunicación, a los términos de lo que cabe en su teoría, o en los intereses más directos suyos. Y eso es simplificar, espectacularmente, en aras del espectáculo de la teoría. Si McLuhan tenía aciertos brillantes, no menos acertados eran los diagnósticos de sus críticos más demoledores.

No demoledor, aunque sí crítico, está su prologuista en la edición del Círculo de Lectores (1998), Javier Echeverría. Presenta a McLuhan como "uno de los mayores defensores del determinismo tecnológico, según el cual algunas técnicas son las causas principales de las revoluciones culturales por las que ha pasado la humanidad"—el libro impreso en concreto en el caso de La Galaxia Gutenberg. Y "muy dudoso" le parece McLuhan cuando afirma que la nueva "era electrónica" que sucede a la "era tipográfica" es una regresión a formas orales y estructuras tribales. Parte de la inspiración para McLuhan vino del libro de su amigo Harold Innis Empire and Communications (1950). La idea básica es que algunas técnicas cambian el sistema sensorial humano, y por ello cambian el mundo: en concreto, "la proporción entre los sentidos cambia cundo cualquiera de ellos o cualquier función corporal o mental se exterioriza en forma tecnológica" (McLuhan, 17)—sucedió con la imprenta, y sucede luego con la televisión y ahora el ordenador. Como dice Echeverría,

"El determinismo tecnológico de McLuhan está profuntamente mediatizado por una concepción básicamente sensorial del mundo.
    Todas las tecnologías son extensiones de nuestro cuerpo: la palanca es una extensión de nuestro brazo, el libro de nuestro ojo, la ropa de nuestra piel, y los circuitos electrónicos son una extensión de nuestro sistema nervioso central"  (18).

Centrándonos más en la revolución de la escritura, sostiene McLuhan que la palabra escrita transforma fundamentalmente la consciencia, hace procesar la información (toda la información, no sólo la escrita) de manera diferente, hace posible la aparición de la geometría y del espacio euclídeo... todo por la separación que efectúa entre vista y tacto, entre forma y contenido. Eso lleva a la ignorancia de la forma, y a privilegiar el contenido (aquí conectaría McLuhan mínimamente con la gramatología de Derrida). Para McLuhan, la forma es mucho más importante, aunque la perdamos de vista: el medio es el mensaje, afirmación que lleva a veces hasta extremos realmente peregrinos, y que transforma luego en el medio es el masaje (the medium is the massage), para enfatizar las cualidades táctiles. Diría uno que desechando el mensaje y quedándose en el medio se pierde McLuhan parte del mensaje al menos, o se queda a medias... Esta postura en su extremo (que no teme abrazar McLuhan) nos llevaría no ya a decir que "lo importante en televisión no es lo que se diga, sino cómo se diga" (Echevarría 10) sino a sostener que da igual lo que programe la televisión con tal de que esté encendida.

Sobre la revolución de la imprenta evidentemente tiene McLuhan cosas importantes que decir. "La imprenta transformó el hábito de lectura, que antes era oral y público, y no privado y silente, como en la era de Gutenberg" (Echeverría 20), y esto con efectos lingüísticos y culturales colaterales. "Anteriormente, las normas ortográficas no eran fijas y la corrección gramatical no era excesivamente importante. Desde que la imprenta suscita la unificación de la ortografía y la gramática, la escritura ha de ser, ante todo, correcta" (Echeverría 21). Esta asociación de la norma lingüística con la imprenta ha sido desarrollada por la lingüística integracional (Harris, Wolf, Toolan, etc.) en direcciones que como McLuhan combinan lo penetrante con lo irritante. Antes de la imprenta, copiar y difundir era meritorio ("como ahora sucede en Internet" dice Echevarría curiosamente... lo malo es la interferencia con la cultura de propiedad intelectual de la imprenta). La era electrónica para McLuhan deshomogeneiza y descentra la cultura, un análisis demasiado simplista que lleva extraña identificación de la aldea global con... eso, una aldea, una atomización tribal primitiva, como si una frase afortunada (?) justificase el perder de vista todas las demás dimensiones de análisis de la globalización, excluida la supuesta fragmentación cultural, pues la globalización parece más bien un movimiento de signo contrario. Para Echevarría, aquí se equivoca McLuhanpor completo anunciando este retorno a la oralidad primitiva: "resulta sorprendente que McLuhan piense que la cultura electrónica es incompatible con la centralización" (24).

Igualmente discutible y simplista es la manera en que aplica de modo diferencial esta prioridad del medio a los medios fríos y a los calientes—por lo ya dicho.  (Puede leerse aquí a título de ejemplo alguna nota crítica de Noel Carroll sobre estas cuestiones: "Carroll, McLuhan and the Electronic Future").

Y en cuando está realmente lanzado, McLuhan adopta una visión Teilhardiana de un futuro theocyberpunk, en el que "los medios electrónicos hacen posible una integración psíquica común y crean la universalidad de la conciencia prevista por Dante" (Echeverría 18)—pasando así más allá de una aldea global a una noosfera mística. En la entrevista que dio a Playboy McLuhan ve el futuro de la Humanidad más allá de las estrellas... y aún tiene la cara dura de hacerse pasar por pesimista y escéptico ante esta evolución.

Para McLuhan, "son los medios de comunicación (desde la Biblia a Internet, pasando por la recitación y el libro) los que crean la realidad en la que actuamos los seres humanos, y por eso son completamente fútiles los debates sobre la realidad virtual y la realidad 'real', entendiendo esta última como la realidad generada por un medio obsoleto y en trance de declive" (Echevarría 23)

—Lo malo es que McLuhan es un tanto dado a los entierros prematuros...

Notas sobre La Galaxia Gutenberg:

Entre sus predecesores e influencias, cita McLuhan los estudios sobre oralidad de Albert B. Lord, The Singer of Tales (29); también cita a Harold Innis (The Bias of Communication; Empire and Communication), a William Ivins (Art and Geometry) y a Walter J. Ong.

Ong fue estudiante / inspirador / colaborador de McLuhan; ya comenté en otra ocasión su teoría de la interiorización de tecnologías aplicada al contraste entre oralidad y escritura, muy en la línea de McLuhan, pero con un tratamiento menos arbitrario ("El lenguaje como tecnología interiorizada"). De Innis dice McLuhan que todo este libro sólo le añade una nota a pie de página (98). También J. C. Carothers habla en un artículo de 1959 del mundo "auditivo" del africano y el mundo visual que el europeo debe a la escritura. Y algunas de estas ideas derivan the David Riesman (The Lonely Crowd). Vamos, que casi todas las ideas que se suelen atribuir a McLuhan son atribuidas por él a otros... La combinación es propia, pero también es cierto que los ingredientes no siempre combinan bien.

Karl Rodbertus y Karl Bucher, en sus estudios de economía antigua, también observaron la transformación social concomitante al uso de la "tecnología" monetaria. Bucher propuso una especie de retrospección imaginativa, colocándonos en el punto de vista de los antiguos y no aplicándoles a posteriori nuestras categorías (—una noción sobre el estudio de transformaciones que tiene que ver con las críticas al hindsight bias, como las de Herbert Butterfield, Gary Saul Morson y Michael André Bernstein).

La tecnología eléctrica invierte según McLuhan la tendencia de la era tipográfica en la modernidad temprana: "es el nuestro el inverso problema de vernos confrontados por una tecnología eléctrica que parece dejar anticuado el individualismo y hacer obligada la interdependencia corporativa (29)—una afirmación como menos sweeping y precipitada.

La tecnología transforma a la sociedad, según McLuhan, porque en primer lugar transforma la experiencia humana:

"El hombre ese animal que construye instrumentos, sea el lenguaje, la escritura o la radio, se ha dedicado desde hace mucho tiempo a ampliar uno u otro de sus órganos sensoriales, pero lo ha hecho de tal modo que todos los restantes sentidos o facultades han sufrido extorsión. Si bien han pasado por tal experiencia, los hombres han omitido constantemente, sin embargo, hacerla seguir de observaciones" (33).

La teoría de la transformación y reequilibración estructural de las secuencias cerebrales y esquemas de actuación como consecuencia de la tecnología se remite a J. Z. Young, Doubt and Certainty in Science. También Edward T. Hall se refiere a las tecnologías y herramientas como extensiones materiales del cuerpo; a todos los cita McLuhan con humildad: "lo que se hace en La galaxia Gutenberg es proseguir las meditaciones de J. Z. Young sobre este tema" (37). Young da importancia al papel del cerebro a la hora de proporcionar centros de interacción para las diversas percepciones y estímulos, característica de la inteligencia humana. (Es ésta una noción muy interesante que puede cotejarse provechosamente con las investigaciones de Gerald Edelman, Wolf Singer, Stanislas Dehaene et al., y Petra Stoerig reseñadas aquí: "Más consciencia").

Quizá haya que buscar otro antecedente del sensorialismo de McLuhan en la noción de T. S. Eliot de una dissociation of sensibility que aquejó al hombre moderno gradualmente—aunque Eliot no la atribuye de modo prioritario a la imprenta. La noción de la recuperación del equilibrio intelectual y emocional también responde a una cierta narrativa primitivista reconocible en Eliot (para Eliot es la poesía la que nos devuelve este equilibrio).

El desarrollo tecnológico nos hace perder a veces la perspectiva lingüística sobre los objetos. Así, dice Young,

"La palabra átomo o electrón no se usa como el nombre de una pieza. Se usa como parte de la descripción de las observaciones de los físicos. No tiene significado sino cuando la emplean gentes que conocen los experimentos en que se revela" (cit. en McLuhan 36-37).

Para McLuhan, la tecnología con frecuencia desequilibra o aísla las funciones cerebrales en lugar de integrarlas: y de este desequilibrio perceptual deriva las transformaciones culturales acarreadas por la escritura y la imprenta: "Y es que la 'sociedad abierta' fue consecuencia del alfabeto fonético, como pronto veremos, y hoy está amenazada de erradicación a manos de la tecnología eléctrica" (39). También la capacidad de abstracción de la mente humana moderna es obra del alfabeto fonético, "y no de cualquier otra forma de escritura o tecnología" (39).

¿Una causa universal? Parece más bien una determinación de simplificar por hipertrofia del objeto estudiado, de reducir la complejidad de la realidad a un método o Causa Primera. Sin siquiera concederle mucho papel a la interacción de efectos entre causas secundarias... Aunque sí es cierto que reconoce McLuhan que "La verdadera revolución se produce en esa más tardía y prolongada fase de ajuste de toda la vida social  y personal al nuevo modelo de percepción establecido por una nueva tecnología" (60). Matizando su teoría de la revolución súbita.

El análisis de El Rey Lear es ejemplar de ciertas maneras de McLuhan a las que nos hemos referido: medio traído por los pelos, medio alegorizado, no es en absoluto convincente como síntoma de la "era Gutenberg"—definida como una era alfabética. Otra cosa es que se vean síntomas de la degradación de la Cadena del Ser, pero que esa degradación sea obra de la imprenta, mal demostrado queda.  "En el siglo XVI, la idea de una segmentación homogénea de personas, relaciones y funciones solamente pudo aparecer como la disolución de todos los vínculos del sentido y la razón" (47)— es insuficiente la noción de "segmentación homogénea" para establecer una conexión entre Lear y la imprenta, como no sea una mera conexión mental en quien está aplicando esta teoría un tanto a troche y moche, trazando líneas de gravitación donde no hay sino un punto de vista subjetivo como base unificadora. Y es que la Galaxia Gutenberg parece en estos casos más bien la Constelación Gutenberg...

En el comentario de la escena de Gloucester en Dover (49-50), las invocaciones de McLuhan a un nuevo sentido de la tercera dimensión perspectivística como una ilusión son también extrañamente delirantes... sobre todo si se piensa que se refieren a una obra dramática de Shakespeare no primordialmente impresa, sino audiovisual. Reducir los efectos teatrales de Shakespeare a una única causa, y esa causa que sea la imprenta, no puede responder sino a una voluntad preconcebida de nivelación monotemática.

Similarmente obtusas y atípicas son muchas de las asociaciones de McLuhan, por ejemplo cuando define la invención de la rueda como una abstracción sobre la base ¡de formas animales!  Vegetales o minerales, será más bien (troncos, piedras, etc.). Porque animales con ruedas, pocos hay.

O veamos como caso sintomático de asociación obsesiva en McLuhan esta lectura de Yeats:

"W. B. Yeats escribió un epigrama que expresa en forma críptica los temas de El rey Lear y de Don Quijote:

A Locke le dio un desmayo.
El jardín se marchitó
Dios ha quitado la rueca
de su lado

El desmayo de Locke fue el trance hipnótico inducido por la intensificación del componente visual en la experiencia, hasta que llega a ocupar todo el campo de la atención". (51)


Pues será... o más bien será que no. Sospechamos que no puede atribuirse a Yeats, en críptica expresión, la visión que el propio McLuhan pueda tener de Locke, en quien hay muchos otros temas aparte de los visuales que podrían causar ese "desmayo" tan arbitrariamente interpretado por McLuhan. Muchas veces este oscurantismo, como se suele decir, más que oscuridad, actúa de modo tiránico en su razonamiento, haciendo pensar al lector que si McLuhan lo ha visto, por muy traído por los pelos que parezca, debe ser que ahí está, y que si yo no lo veo debe ser que me falta insight... Pero como decimos, a veces parece que McLuhan va ensartando sus lecturas un poco al azar y asociándolas mal que bien al tema que quiere desarrollar. Lástima no poder sacar a Yeats de detrás de la cortina para decir que "no, Sr. McLuhan, no es eso en absoluto lo que yo quería decir"... pero es cuestión menor: más grave es la impresión que nos queda de que ni lo quería decir, ni lo dice sin querer.

 Y siento que me esté saliendo tan negativa esta relectura de McLuhan, porque lo cierto es que el libro me había resultado interesante y sugerente a pesar de cierta tendencia al sweeping statement fácilmente apreciable.

De Carothers deriva McLuhan la desacralización de la palabra por la escritura: "en general, las palabras, al hacerse visibles, pasan a formar parte de un mundo de relativa indiferencia para el que las ve, un mundo en el que la fuerza mágica de la palabra ha sido extraída" (cit. por McLuhan, 55), —y sin embargo esto dice muy poco sobre la asociación de la escritura a lo sagrado en las primeras civilizaciones.

También es Carothers quien asocia la internalización de la escritura al desarrollo de la interioridad y del individualismo en contraposición a la normativa social transmitida por tradición o imposición pública: "En una sociedad altamente civilizada (...) la adecuación de la conducta en lo visible deja al individuo libre para desviarse interiormente. No así en una sociedad oral, donde la verbalización interna es conducta social efectiva" (McLuhan 56). Esto me hace pensar en el planteamiento de Elizabeth I sobre la conformidad religiosa: exigía la reina conformidad externa, pero negaba que tuviese voluntad de ir a examinar el interior de las conciencias de sus súbditos...

La alfabetización produce una especie de esquizofrenia, nos dice La Galaxia Gutenberg. Las letras se interiorizan y esto rompe el equilibrio previo de nuestros procesos mentales. No la simple escritura, no: más precisamente la escritura alfabética, y además el efecto parece inmediato (una dudosa violencia de efectos mentales que requieren las dicotomías y periodizaciones de McLuhan):

"Si se introduce una tecnología, sea desde dentro o desde fuera, en un cultura, y dan nueva importancia o ascendencia a uno u otro de nuestros sentidos, el equilibrio o proporción entre todos ellos queda alterado. Ya no sentimos del mismo modo, ni continúan siendo los mismos nuestros ojos, nuestros oídos, nuestros restantes sentidos. La interacción entre nuestros sentidos es perpetua, salvo en condiciones de anestesia. Pero cuando se eleva la tensión de cualquiera de nuestros sentidos a una alta intensidade, éste puede actuar como anestésico de los otros" (61-62).

"Aquellos que padecen la primera embestida de una nueva tecnología, sea el alfabeto o la radio, responden muy intensamente porque las nuevas proporciones de los sentidos, establecidas inmediatamente por la dilatación tecnológica del ojo o del oído, ofrecen al hombre un sorprendente mundo nuevo, que evoca una nueva y vigorosa conclusión, o nuevo modelo de interacción entre todos los sentidos en su conjunto" (59)

Los filósofos griegos son los exponentes de esta nueva cultura de la abstracción fomentada por la escritura alfabética. Y de ahí una asociación entre el desarrollo de la escritura alfabética y el de la filosofía.  "Los presocráticos todavía tuvieron, en general, una cultura analfabeta. Sócrates estuvo en la frontera entre aquel mundo oral y la cultura visual del alfabeto" (60) (—y es tentador en efecto ver a Platón, con sus diálogos, como un puente entre la oralidad y la escritura, y a Aristóteles como el exponente de la extremada abstracción de una cultura plenamente alfabética). Recuerda McLuhan ese pasaje de Fedro donde se llama a la escritura un "fármaco" para la memoria, que debilitaría la memoria, pero comenta (algo sorprendentemente) que no se aprecia conciencia reflexiva en Platón de la importancia real de esta tecnología. Sí ve esa consciencia (no reflexiva, será) en el mito de Cadmo, del que hace lecturas alegóricas (y dudosas) siguiendo a Innis.

Un caso más de identificación precipitada: el retorno a la oralidad tribal hoy en día nos hace reconocer que "cuanto en mayor grado se penetra en los más profundos estratos de la conciencia de los pueblos analfabetos, se encuentran las ideas tanto más avanzadas y sofisticadas del arte y de la ciencia del siglo XX" (64) - !!! Diría yo, más bien, que cuanto más cuidadosamente se examinan, tanto más se matizan las similitudes esquemáticas, o las coincidencias traídas ad hoc, para apreciar las abismales diferencias... Pues la historia no tiene marcha atrás ni avanza en espirales, hasta ahora, por mucho que diga McLuhan.

A veces los cambios detectados por McLuhan son instantáneos, revolucionarios: otras veces reconoce la inercia de los procesos culturales:

A menos que se produzca una catástrofe, el influjo del alfabeto y la predisposición a lo visual se mantendrán durante largo tiempo contra la electricidad y el conocimiento de "campo unificado" (68)



(Como inciso, hay que decir que la aparición de la Red como hipertexto eléctrico viene a crear un cortocircuito entre las dos polaridades de McLuhan, la visualidad alfabética y la oralidad eléctrica... el hipertexto global viene a ser la refutación de McLuhan tanto como su confirmación, lo cual no dice mucho de la coherencia de sus categorías).

Leyenda china que toma McLuhan de Heisenberg: "He oído decir a mi maestro que cualquiera que emplee una máquina hará todo su trabajo como una máquina"—(vaya... pues aquí le estamos dando en la web): el desarrollo de la civilización produce para McLuhan esta "inseguridad en las luchas del alma". Aunque tampoco parece consolarle su pasmosa afirmación de que los medios eléctricos "están volviendo a crear en nosotros rápidamente los procesos mentales del hombre primitivo" (71).

Pero no es sorprendente que una época de espectaculares desarrollos tecnológicos, productores de shocks y obsolescencias de hábitos, encuentre en las explicaciones de McLuhan una justificación tentadora: "Este libro tratará de explicar por qué la cultura de la imprenta confiere al hombre un lenguaje de pensamiento que lo deja totalmente desprevenido para enfrentarse  con el lenguaje de su propia tecnología electromagnética" (71). Aunque tampoco acabo de ver a un oral tribal diseñando tecnología para podcasts. Ni surfeando tranquilamente por culturas distintas y simultáneas, que es lo que parece esperar en nuestra época multicultural donde "compartimentar el potencial humano en culturas únicas será pronto tan absurdo como ha llegado a serlo la especialización en temas y disciplinas" (71-72). Y también me temo que la especialización irá a más, por más que McLuhan se considere un generalista visionario.

Para McLuhan la propaganda soviética es tan obviamente insincera como la publicidad norteamericana—una asociación chocante y divertida, pero no se entiende que quiera reducir la primera a la oralidad pre-Gutenberg y la segunda a la "aldea global" eléctrica: Los saltos de equilibrista a través de los siglos y las férreas dicotomías que exige esa maniobra suenan a manipulación por parte del teorizador. 

En fin, que a pesar de algunos reflejos condicionados, no se acaba de entender el alcance exacto de lo que quiere decir McLuhan cuando proclama que La nueva interdependencia electrónica vuelve a crear el mundo a imagen de una aldea global (72). De él podríamos decir las gentes con tendencia literaria y crítica como de Teilhard...

Las gentes con tendencia literaria y crítica encuentran la estridente vehemencia de Teilhard de Chardin tan desconcertante como su poco crítico entusiasmo por la membrana cósmica con que la dilatación eléctrica de nuestros sentidos ha envuelto de pronto nuestro planeta. Este mayor alcance externo de nuestros sentidos crea lo que Chardin llama la noosfera o cerebro tecnológico del mundo. En lugar de evolucionar hacia una enorme biblioteca de Alejandría, el mundo se ha convertido en un ordenador, un cerebro electrónico, exactamente como en un relato de ciencia-ficción para niños. Y a medida que nuestros sentidos han salido de nosotros, el 'Gran Hermano' ha entrando en nuestro interior. Y así, a menos que tomemos conciencia de esta dinámica, entraremos en seguida en una fase de terror pánico, que corresponde exactamente a un undo de tambores tribales, en una fase de total interdependencia y de coexistencia impuesta desde arriba. (73)

Cita sugerente, pero la realidad es siempre más compleja. Por ejemplo, mirando desde la Web no hay oposición entre la nueva Biblioteca de Alejandría y el ordenador.

McLuhan considera al lenguaje una tecnología "constituida por la dilatación o expresión (esteriorización) simultánea de todos nuestros sentidos" (78) y que es por tanto muy sensible al impacto tecnológico sensorial—y muy en concreto al que le afecta directamente, a través de la escritura y la imprenta.

Muy dudosas (por así decirlo) son sus afirmaciones sobre la "tactilidad" del ojo en las sociedades primitivas, identificando el procesamiento de imágenes representadas con el de objetos. Del hecho de que no se entienda la retórica de las películas no puede derivarse una conclusion sobre la percepción visual en general.

... las sociedades analfabetas no pueden entender películas o ver fotografías sin un gran entrenamiento previo (79); Los espectadores africanos no pueden aceptar nuestro nivel de consumidores pasivos ante una película—Sea, pero aquí hay muchos procesos socio-interaccionales en juego, no meros asuntos de percepción.

"con las películas, el espectador es la cámara (...). Pero con la televisión, el espectador es la pantalla. Y la televisión es bidimensional y escultural en sus contornos táctiles. La televisión no es un medio narrativo, no es tan visual como audiotáctil" (84)... Otra afirmación portentosa y difícil de seguir. Tampoco se entiende cómo es precisamente en la era de la fotografía y reproducción masiva de imágenes, del cine y de la televisión, cuando entra en crisis "lo visual" y se potencia "lo auditivo/oral"—¿quizá "visual" no es la propiamente palabra que necesita McLuhan? Pero mira que insiste en ella...

"si una nueva tecnología extiende uno o más de nuestros sentidos fuera de nosotros en un mundo social, aparecen en esa cultura particular nuevas proporciones entre todos nuestros sentidos" (86)—aquí evidencia McLuhan una noción estructuralista de la percepción como un sistema interrelacionado.

"Y en tanto que el hablar es una exteriorización (expresión) de todos nuestros sentidos al mismo tiempo, la escritura abstrae de la palabra hablada" (89): un planteamiento éste que puede servir de punto de partida para la lingüística integracionalista de Harris. Un paso subsiguiente en el divorcio de escritura y verbalización es la lectura rápida o vertical (90).

Nuestra época eléctrica es connatural con las analfabetas (! - 93). Pero no retornamos a África por el peso de la tradición escrita, y por la potencia del alfabeto... ¡después de todo, no ha desaparecido la escritura!:

"Ninguna cultura analfabeta puede absorber a una alfabética, porque el alfabeto no puede ser asimilado; solmante puede liquidar o reducir." (98).

Como análisis del contraste entre la cultura tribal y la moderna propone a Mircea Eliade, The Sacred and the Profane, aunque no comparta su nostalgia por lo tribal. Eliade describe el nacimiento de la conciencia individual interpretando en ese sentido las palabras que los dioses invisibles dicen a los hombres en Homero: "El héroe ha devenido un hombre escindido al ir tomando posesión de un ego individual" (McLuhan 101).

"El punto de vista griego, tanto en arte como en cronología, tiene poco en común con el nuestro, pero fue muy semejante al de la Edad Media" (107).

En los griegos aún se aprecia que "la representación de las 'apariencias naturales' es completamente anormal e imperceptible como tal para los pueblos analfabetos" (103). "La escisión de los sentidos y la ruptura y alejamiento de la dimensión visual no se produjo hasta que tuvo lugar la experiencia de la producción en masa de tipos exactamente uniformes y repetibles" (104). El influjo de la tecnología se ha hecho perceptible hoy para la reflexión por la posibilidad de observar tantas culturas diferentes y los efectos de muy distintas tecnologías (105).

Una aplicación narratológica de este sensorialismo tecnológico: "La línea narrativa en una literatura determinada es inmediatamente reveladora, al igual que la línea escultórica o pictórica. Dice exactamente hasta dónde se ha desarrollado la disociación entre lo visual y los otros sentidos" (108). John White halla también en su análisis de la narrativa griega un monoperspectivismo, "todas las formas se apoyan en un plano único. Todo el movimiento se produce en una sola dirección" (cit. en McLuhan 106)—y en cambio a mí se me ocurre que la larga narración en segundo plano, con anacronía incluida, que hace Ulises en la Odiseaparece desmentir o matizar esta afirmación. Como lo hace también la descripción del escudo de Aquiles en la Ilíada.

Van Groningen, por cierto, observa que el Ulises de Homero no explora hacia lo desconocido—no es como el de Tennyson—sino que intenta regresar a su pasado... Esta cita me interesa por su relación con la retrospección:

El griego sabe, y no el oriental, cuán incierto es el futuro; un pasado tranquilo y un próspero presente no son, de ningún modo, garantía de un futuro feliz. Y así, sólo podemos valorar una vida humana (...) cuando se ha hecho pasado, por completo, a la muerte del hombre, como en el caso de Tello el ateniense. (Van Groningen, cit. por McLuhan 110; recordemos también a este respecto el fin de Edipo Rey)

Lo que no acierto a ver su relación con la visualidad de McLuhan. También arguye McLuhan que la noción de causa de Aristóteles es visual. Pero no queda nada claro en qué sentido. 

John Hollander (The Untuning of the Sky) observa cómo la lírica musical griega y la lírica latina escansionada gráficamente responden a dos principios distintos—como de hecho lo hacen el lenguaje hablado y el escrito (113). Albert Einstein, a su vez, observa la transformación operada en la música en el Renacimiento por el efecto de imprimirla. (114).

Sigue McLuhan apoyando su noción de las transformaciones mentales de las sociedades alfabetizadas con una lectura de Charles Seltman, Approach to Greek Art. También Seltman tiene una concepción evolucionaria de la percepción artística, y de lo que es propio a cada época. Una cita interesante sobre un peligro de hindsight bias en la valoración del arte antiguo con nociones tales como "florecimiento" y "decadencia" de estilos:

Implícito en tal fórmula está el dogma de que los artistas griegos primitivos debieron de estar todo el tiempo tratando de alcanzar el naturalismo, de lograr una imitación de la vida que estaba más allá de sus posibilidades. Sin embargo, volviendo a la comparación literaria, no es general la pretensión de que, en la representación dramática, Esquilo, por ejemplo, estaba luchando por ser fiel a la vida como Menandro; o Shakespeare tan fiel a la vida como Shaw. (Seltman, cit. en McLuhan 118).

"Una sociedad nómada no puede experimentar el espacio cerrado", etc. Los modos de percepción y de conceptualización de la realidad son productos de una historia y un desarrollo cultural y semiótico: hasta ahí de acuerdo. Por eso se hace incomprensible, incongruente, y—sí— ridículo, que McLuhan en la misma página equipare la percepción en la sociedad contemporánea a la prehistórica en estos términos: "Es necesario comprender la íntima interrelación entre el mundo artístico del hombre del las cavernas  y la interdependencia intensamente orgánica del hombre de la era eléctrica" (119). También es absurdo aislar el arte abstracto de la cuestión de la evolución intrínseca de los estilos, y reducirlo a una causa única "una intensa interacción de los sentidos, con dominio variable del oído y del tacto" (120—¡¡sobre todo cuando estamos hablando de pintura!! A veces lo de McLuhan parecen ganas de cabrear).

Durkheim (La división del trabajo) es otra fuente del sensorialismo evolucionista de McLuhan: "hasta el momento en que la vida sedentaria permite cierta especialización de las tareas del hombre, no se da la especialización en la vida de los sentidos que lleva a la elevación de la intensidad visual." (McLuhan 121).

Podríamos decir que para McLuhan la percepción es un fenómeno estructural, culturalmente variable y evolutivamente emergente (es la interfaz entre la evolución biológica y la evolución de las culturas)... ("No obstante, hay algunos antropólogos, incluso en nuestros días, que suponen vagamente que los hombres que no conocen el alfabeto tiene percepciones espaciales euclídeas"— 122-23)—y es curioso que esta teoría emergentista y evolucionista se superponga con el primitivismo moderno y el retorno a las oralidad de las cavernas que ocasionalmente proclama... a la vez que critica el primitivismo del arte moderno o de Mircea Eliade.

El nominalismo, la capacidad de abstracción, se remiten, siguiendo a William Ivins (Prints and Visual Communication) a la cultura alfabética—que para McLuhan viene a equivaler a la cultura desacralizada de Eliade. Aristóteles abstrae esencias y cualidades de los objetos, y esta labor analítica, esta capacidad de abstracción, es testimonio de la presión de las formas escritas sobre el lenguaje y las definiciones—haciendo visible y espacial la secuencialidad del lenguaje. Esto funciona de modo espontáneo, y por así decirlo imperceptible, hasta que la cultura electrónica, la nueva oralidad, nos permite un distanciamiento crítico de los modos de percepción impuestos por la escritura, y nos hacemos conscientes de su efecto sobre el pensamiento (130): "una cultura puede ser encerrada en el sueño de cualquiera de los sentidos. El durmiente despierta cuando es requerido por cualquier otro sentido" (132). Me parece, de todos modos, que subestima McLuhan el papel del propio lenguaje como secuenciador y abstractor, previamente a la escritura, y en general subestima también la interacción multisensorial que hay en la comunicación en todas las épocas, por grande que sea la presión de una modalidad comunicativa concreta como la escritura o la imagen móvil.

"Hasta ahora, una cultura ha sido un hado mecánico para las sociedades, la interiorización automática de sus propias tecnologías" (135). Y el desarrollo cultural produce para McLuhan un tipo especial de alienación:

"Es preciso comprender que los pueblos analfabetos se identifican a sí mismos con el mundo en que viven mucho más intensamente que lo hacen los pueblos civilizados. Cuanto más ‘civilizada’ se hace una persona, tanto más tiende a separarse del mundo en que vive" (136)

—lo cual me hace pensar que soy extremadamente civilizado.

Una modalidad de razonamiento propia de mentalidades “sacras” o analfabetas está asociada a algo que en este blog tanto nos ha obsesionado, el hindsight bias o falacia narrativa, lo que en lógica aristotélica se llamaba post hoc non ergo propter hoc. (A esto se dedica por cierto el capítulo de John Pier en nuestro libro Theorizing Narrativity). Y así lo ve McLuhan:

"Lo inconveniente en el analfabeto no es que no sea lógico, sino que aplica la lógica con demasiada frecuencia, muchas veces sobre la base de premisas insuficientes. Generalmente supone que los sucesos asociados están relacionados causalmente. Pero ésta es una falacia que comete continuamente la mayoría de las gentes civilizadas, ¡y aun se sabe que ocurre entre científicos muy preparados!" (136)

No parece pues que el alfabeto nos inmunice contra esta falacia consistente en confundir secuencia y causalidad—con lo cual su relevancia para el caso queda en entredicho. Y en efecto la secuencialidad de la escritura viene a introducir su propia serie de falacias e ilusiones, al identificarse icónicamente la secuencia visual de signos y la secuencia narrada de acontecimientos—que adquieren por ello mismo una cierta aura de incuestionabilidad.

"Las técnicas de la uniformidad y la repetibilidad fueron introducidas por los romanos y la Edad Media" (137). Habría quiza, por tanto, que acudir a las técnicas de estandarización del ejército romano o de los constructores de vías y acueductos, como precedentes de la industrialización moderna… Sea como sea, el modelo más acabado y paradigma de repetibilidad es para McLuhan la prensa de Gutenberg, que inaugura una nueva ola de fabricación serial en la modernidad.

Lo "táctil", en el sentido de McLuhan, es "Lo táctil, o interacción entre todos los sentidos" (143)— otro término que parece mal elegido, pues. Parece provenir de la teoría de la pintura de Bernard Berenson, que asegura en 1896 que "El pintor sólo puede cumplir su cometido dando valor táctil a las impresiones retinianas" (144); ahí se remite, claro, a toda una tradición de ilusionismo realista, perspectivismo, representación de texturas, etc. Pero McLuhan debería utilizar un término más general, "multisensorial" o algo así, para no confundir al lector.

Analiza McLuhan el desarrollo de los procesos de lectura y su interiorización: la lectura en voz alta da lugar en la Edad Moderna a la lectura silenciosa, antes excepcional (aunque ya San Agustín observa extrañado que San Ambrosio leía sin hablar). El manuscrito va aún ligado a la oralidad. "La cultura del manuscrito es conversacional, siquiera sea porque el escritor y sus lectores están relacionados físicamente por la forma de la ‘publicación como ejecución’" (147). Es decir, que la producción de las copias va ligada a la lectura, en la cultura manuscrita, y en la universidad medieval, son los propios lectores quienes multiplican el texto. Con una nueva tecnología de producción, la relación autor/lector cambia: “La imprenta ha ensanchado la ‘sala’ para la interpretación del autor hasta el punto en que todos los aspectos del estilo han sido alterados” (149). (Del mismo modo, los teorizadores de la escritura en red y de la interacción hipertextual, del blogging, etc., observan la transformación estilística que surge de esta nueva tecnología para la interacción).

H.J. Chaytor, en Script to Print ("un libro al que el presente debe gran parte de la razón de haber sido escrito") observa la manera en que las culturas manuscrita e impresa influyen en las costumbres literarias, y cita a Renan: “la esencia de la crítica está en saber comprender los estados muy diferentes a aquel en que vivimos” (cit. en McLuhan 151). Traduciendo y extrapolando, podríamos decir: la esencia de la crítica histórica es escapar al hindsight bias, no proyectar nuestros esquemas o tecnologías a una cultura o periodo en el que no existen, ser conscientes del carácter emergentista de la cultura. Esta comprensión histórica en sentido amplio es algo a lo que ha contribuido grandemente este libro de McLuhan.

La antigua literatura, retórica más que propiamente “literaria”, ligada al recitado y la oralidad, no había incorporado estilísticamente al texto escrito lo que se podía hacer oralmente. Chaytor: “En una palabra, la historia del progreso desde el manuscrito a la prensa es una historia de la sustitución gradual de los medios auditivos de comunicación y recepción de ideas por los medios visuales” (152). Un hacerse con el nuevo medio, o ir explotando sus posibilidades inherentes. También ve Chaytor consecuencias de la tecnología para la lingüística: para un individuo dado, “su idea del lenguaje queda irrevocablemente modificada por la experiencia de lo impreso” (Chaytor, cit. en McLuhan 153). La lingüística integracional viene a ser un desarrollo analítico de esta noción, como ya hemos apuntado.

Los niños, como los antiguos escribas y monjes, se inician en una cultura alfabética manuscrita, todavía en interacción con la oralidad (—así que ojo los proponentes de las pizarras electrónicas para escuelas ¡¡que se saltan fases evolutivas!!). “Chaytor fue el primero en explicar por qué la imprenta hubo de deteriorar tan notablemente nuestra memoria, y por qué el manuscrito no” (159). Si Platón levantara la cabeza… “Además, hasta la imprenta, el lector o consumidor estaba literalmente implicado como productor” (164). En la producción de libros de lecciones mediante el dictado ve Hajnal el origen de la docencia universitaria basada en el manejo de diversas fuentes. Aunque el escolasticismo supuso un fuerte retorno a los debates y la enseñanza oral, situado entre dos auges de la grammaticavisual/escrita, en la primera Edad Media y tras el advenimiento del libro impreso. La gramática y dialéctica escolástica fueron esencialmente orales. (Y hoy, con la multimedia en red, vuelve una cierta oralidad y una cierta producción de libros ad hoc a la experiencia del estudiante).

Un florecimiento tardío de la oralidad fue el eufuismo, los estilos ciceronianos de enormes frases y abundantes figuras de dicción: la penetración de la imprenta va ligada a la simplificación estilística (173). Ramus, en el análisis de Ong, representa el nuevo espíritu mercantilista y comercial del lenguaje.

Sigue en McLuhan un análisis largo y no siempre convincente de la relación entre lenguaje y visualidad en la Edad Media, que recurre a Panofsky, Smalley y otros. A veces se corre el riesgo de contradecir la tesis principal (el influjo arrasador y omnímodo de la imprenta) cuando se observa que los experimentos perspectivísticos de los pintores y el desarrollo de la visualidad espacial en pintura es anterior a la imprenta. ¿De dónde sale, pues? Para hallar la respuesta hay que acudir, claro, a un análisis más multidimensional (o táctil, que diría McLuhan).

También traída por los pelos a esta discusión de la imprenta está la cuestión de la hermenéutica bíblica. Citemos:

"El estudio de la Biblia en la Edad Media logró modos de expresión en conflicto que resultan familiares también para el historiador de la economía y para el historiador social. El conflicto se produjo entre aquellos que decían que el texto sagrado era un complejo unificado al nivel literal, y aquellos que estimaban que los niveles de significación habían de considerarse uno a uno, con un espíritu especialista. Este conflicto entre una tendencia auditiva y una tendencia visual [¿¿??] raramente alcanzó un elevado grado de intensidad hasta después que la tecnología mecánica y tipográfica hubieran conferido gran preponderancia a lo visual." (187).

Antes de ese momento, tenemos la translucidez del lenguaje, como en arquitectura (donde el gótico es, según Panofsky, una ‘autoexplicación’ de la propia construcción). En el “dulce estilo nuevo” de Dante encuentra McLuhan la misma autoexplicación de los procesos del pensamiento (un grado de reflexividad, diríamos)–una preocupación por seguir el proceso mismo de la intelección, típicamente escolástico: “Con Dante, como con Santo Tomás, lo literal, la superficie, es una unidad profunda” (McLuhan 189, siguiendo a Paolo Milano).

Al final de la Edad Media, se reinterpreta la cultura clásica sobre los términos de los nuevos conocimientos adquiridos, y surge el Renacimiento, la Modernidad como una especie de recreación Hollywoodiense de la Antigüedad (una idea que viene de Wyndham Lewis, en The Lion and the Fox; las nuevas clases medias se aficionan a la Antigüedad y se recrean en ella como prueba de opulencia y cultura).

Llega el turno de Kantorowicz, The King’s Two Bodies, y McLuhan interpreta esta tesis de los "dos cuerpos" del rey, el humano y el político, como prueba de una tendencia crecientemente visual (201); así el desarrollo de la iconografía real, al igual que “el primer efecto de la tipografía fue la misma transformación de la palabra audible en palabra visual” (202). “Hoy la visualización es recesiva, y ello nos hace conocer sus peculiares estrategias durante el Renacimiento” (202). Vista desde otra tecnología, se hacen visibles las distorsiones y efectos especiales favorecidos por la primera.

Reinsistiendo:

"La invención de la tipografía confirmó y extendió la nueva tendencia visual del conocimiento aplicado, proporcionando el primer ‘producto’ uniformemente repetible, la primera línea tipográfica y la primera producción en masa" (203)

(Aunque aquí habría que hablar de los telares y los talleres de las ciudades medievales, y en general de los procesos tecnológicos estandarizados y transmitidos por los oficios).

"La tipografía tiene mucha semejanza con el cinematógrafo, del mismo modo que la lectura de lo impreso puso al lector en el lugar del proyector de películas. El lector mueve la serie de letras impresas que tiene delante a una velocidad adecuada para la aprehensión de los movimientos de la mente del autor. Esto es, con respecto al escritor, el lector de lo que está impreso se halla en una relación completamente distinta que el lector de un manuscrito. Gradualmente, la imprenta fue quitándole sentido al acto de leer en voz alta y aceleró la lectura hasta un grado en que el lector podía sentirse ‘en las manos’ del autor. [El stream of consciousness de la novela modernista parece la consecuencia lógica de este razonamiento]. Veremos que del mismo modo que lo impreso fue lo primero que se produjo en masa, fue también el primer ‘producto’ uniformemente repetible" (203).

"La homogeneización de hombres y materiales llegará a ser el gran programa de la era de Gutenberg, la fuente de riqueza y poder desconocida en cualquier otro tiempo o tecnología" ( 207)

"El punto de vista fijo se hace posible con la imprenta y termina la imagen como un organismo plástico" (205).

La invención de la reproducción perspectivística de la imagen en la cámara oscura (y antes en la pintura renacentista) prepara el camino para la fotografía…

“Hoy nos gusta pensar que la imagen-mosaico de la televisión y el espacio pictórico de la fotografía tienen mucho en común. En realidad, no tienen nada en común. Ni lo tuvieron el libro y el manuscrito. No obstante, el productor y el consumidor de páginas impresas las concibieron como una continuación directa del manuscrito” (210).

(Y lo fueron, claro, porque los usos sociales y los géneros, si bien son transformados por la tecnología, también dictan las necesidades que hay y las maneras de usar la tecnología. Ver más aquí,en lo referente a los blogs… Hay, pues, más continuidades de las que admite McLuhan con sus bandazos tecnológicos de un extremo a otro de los sentidos).

La tipografía es instrumento del individualismo y de la autoexpresión; consecuencias no evidentes, aunque sí está más reconocido su influjo sobre el reconocimiento de la figura del autor, de la propiedad privada (de su obra) y de la fama y memoria eterna (—cf. la huella de esta nueva obsesión en los sonetos de Shakespeare– esos sí, quizá impresos por el autor, o concebidos para la imprenta, no como su First Folio). Paradójicamente, la cultura del manuscrito, orientada hacia el productor, no fomentaba el reconocimiento de autoría, y sí lo hace la cultura de la imprenta, orientada hacia el consumidor. (212).

E. P. Goldschmidt (Medieval Texts and Their First Appearance in Print) también denuncia la falacia retrospectiva de aplicar nuestros criterios de valor y conducta a los autores de la época manuscrita, que trabajaban con presupuestos y en condiciones muy distintas, y pide, como Karl Bucher antes citado, "cierto esfuerzo de imaginación histórica" (213). Les sucedía a los autores como a los actuales científicos, que no tienen "público" sino una pequeña comunidad de contactos.

Frente a la era de la imprenta, "la homogeneidad es por completo incompatible con la cultura electrónica" (217), y debemos trabajar por preservar los valores en peligro de la era Gutenberg (218). Este es McLuhan el humanista, no el profeta apocalíptico de lo táctil, aunque, como Baudrillard, a veces parece tan fascinado como horrorizado por la modernidad que describe.

"Hasta más de dos siglos después de la imprenta, nadie descubrió cómo mantener un tono o actitud particular a lo largo de una composición en prosa"  (218)—una afirmación pasmosa, ésta, que parece ignorar la existencia de géneros literarios y discursivos previos a la imprenta. Como la doctrina de los tres estilos retóricos, sin ir más allá. El lenguaje, dice McLuhan, es el último arte en aceptar la lógica visual de la tecnología de Gutenberg, y el primero en rebotar en la era eléctrica (219). (Curioso, porque ¿no es la imprenta una tecnología aplicada al lenguaje? Parece peregrino intentar hacernos ver ver que sus efectos se manifiesten antes en las emociones, en la percepción visual, o en la arquitectura antes que en la literatura…).

La imprenta como medio “caliente” frente al “frío” e interactivo scriptorium:

“Y así, con la imprenta experimentó Europa su primera fase de consumo, porque la imprenta no es solamente un medio y un artículo de consumo, sino que enseñó a los hombres cómo organizar todas las demás actividades sobre una base sistemáica lineal. Mostró a los hombres cómo crear mercados y ejércitos nacionales” (222)

—aunque lo de los ejércitos estandarizados no ha habido que esperar precisamente a Gutenberg, diría yo. Pensemos en los romanos…

El protestantismo es asociable (quizá) a la innovación del texto tipográfico igual para todos, además de a la difusión de las Biblias impresas; pero el catolicismo conserva en su liturgia señales del rompimiento del equilibrio de los sentidos. (224 - ¿?).

El Renacimiento y la actualidad son épocas de cambios y revoluciones tecnológicas:

"Hoy vivimos en la frontera entre cinco siglos de mecanicismo y la nueva electrónica, entre lo homogéneo y lo simultáneo. Es penoso, pero fructífero. El Renacimiento del siglo XVI fue una edad sobre la frontera entre dos mil años de cultura del alfabeto y el manuscrito, de una parte, y la nueva mecanización de l a repetibilidad y la cuantificación, de otra." (226).

Y hoy eso hace que nos resulten desconcertantes la matemática y la física modernas. (Aunque me parece chocante lo que dice de que a este respecto los países mal alfabetizados tienen una gran ventaja).

Sobre la interdisciplinariedad en tiempos de cambio:

"La fase madura de la cultura de la imprenta, que actúa segmentando y homogeneizando situaciones, no favorecerá la interacción entre los campos y las disciplinas que caracterizó la primera época de la imprenta" (227).

¿Sucederá lo mismo con Internet?

Ujemplo de "nivelación" causada en la primera fase de la imprenta: la noción del espacio textual de la interpretación bíblica como algo unificado, libre y homogéneo (criticado por Tomás Moro). La Biblia impresa sugiere una validez superior del texto, como si estuviese independizado de la intervención humana: asociado a la nueva autoridad dada a la escritura sobre la tradición por los protestantes.

"Pero la apropiación de la repetibilidad homogénea, derivada de la página impresa, cuando se extendió a todos los demás aspectos de la vida, condujo gradualmente a todas esas formas de la producción y de la organización social de las que deriva el mundo occidental muchas satisfacciones y casi todos sus rasgos característicos." (230).

"Pedro Ramus y John Dewey fueron los dos esquiadores acuáticos de la educación en períodos antitéticos: el de Gutenberg y el de Marconi, o electrónico"(231) —así, John Dewey reacciona contra la pasiva cultura de la imprenta, mientras que Ramus reorganizó visualmente la cultura escolástica para las nuevas aulas orientadas a la imprenta. Para Ramus, "es su versión del plan de estudios lo que hace coherente el mundo" (233) y nada sino lo incluido en el plan es usable como acceso a la realidad. (Ramus destacó, por otra parte, por su uso abundante de recursos tipográficos como esquemas y gráficos; ver este volumen colectivo que continúa de modo interesante las reflexiones de McLuhan: The Renaissance Computer: Knowledge Technology in the First Age of Print, editado por Neil Rhodes y Jonathan Sawday).

Las preguntas que suscitó el nuevo instrumento, el libro impreso, frente a la cultura manuscrita y oral de la educación medieval:

"¿Podría un instrumento privado y portable [portátil—con frecuencia la traducción de este libro deja que desear] como el nuevo libro ocupar el puesto del libro que uno hacía a mano y aprendía de memoria mientras lo hacía?" (231).

(Uno puede preguntarse ahora sobre en qué medida el blog, que uno hace a mano, puede ocupar como instrumento pedagógico y recopilatorio de un trayecto formativo, puede complementar el papel del libro, y estimular un aprendizaje activo como el que le gustaría a Dewey. Observemos que McLuhan tiene muy poco prevista la interacción de 'electricidad' y texto escrito en la que se basan la textualidad electrónica y la web: ésta es de hecho la síntesis entre los polos antitéticos que McLuhan gusta de oponer uno a otro).

(Sobre el libro en el XVI—o Googlepedia en el XXI:)

"'Sí, por extraño y repugnante que pueda parecer, las nuevas máquinas de enseñar capacitan a los estudiantes para aprender tanto como antes. Por añadidura, parece ser que tienen más confianza con el nuevo método, porque les facilita los medios de adquirir nuevas clases de conocimientos'." (231-32).

Pero esta respuesta a la nueva tecnología es criticada por McLuhan como insuficiente, por miope. Pues los efectos van mucho más allá, y los contemporáneos son, al parecer por necesidad, ciegos a ellos (—aquí habría que introducir una reflexión sobre el papel de la retrospección en el diagnóstico de McLuhan sobre las tecnologías). Para McLuhan, ni en el XVI captaron la naturaleza y efectos de la palabra impresa, ni hoy se capta cuál es el auténtico efecto de la televisión.

"Rabelais ofrece una visión del futuro de la cultura de la imprenta como un paraíso del consumidor de conocimiento aplicado" (234). "Existen, en efecto, cuatro mitos masivos de la transformación de la sociedad causada por Gutenberg. Además de Gargantúa, son Don Quijote, Dunciad y Finnegans Wake" (234).

(Yo añadiría la Biblioteca de Babel de Borges, y el libro en blanco de Mallarmé).

Elogio de la tipografía en la carta de Gargantúa a Pantagruel:

"Las impresiones tan elegantes y correctas al uso, que han sido inventadas en mi época por inspiración divina, como, al contrario, la artillería por inspiración diabólica. Todo el mundo está lleno de gentes sabias, de muy doctos preceptores, de muy amplias librerías, y creo que ni en tiempos de Platón, ni de Cicerón, ni de Papiniano, había la comodidad para el estudio que se ve ahora" (cit. en 235).

Rabelais, situado entre la escolástica medieval y el Renacimiento nacionalista, como hombre de transición, proporciona una analogía para nuestra actual situación (y aquí se explica en parte la imagen de la "galaxia" utilizada por McLuhan en su título):

"Es precisamente la incongruencia de estos dos mundos, cuando se mezclan y entrelazan en el mismo lenguaje de Rabelais, lo que nos da el especial sentido de su importancia para nosotros, que vivimos también de un modo ambivalente en culturas distintas y separadas. Dos culturas o tecnologías pueden pasar una al través de la otra, como las galaxias astronómicas, sin colisión, pero no sin cambios en su configuración." (237-238).

Esta "interfacialidad" entre estructuras mediáticas es un fenómeno clave del Renacimiento y del siglo XX. "La celebrada tactilidad terrena de Rabelais es una secuela masiva de la declinante cultura del manuscrito" (238). El elogio del vino como conocimiento en Rabelais es elogio del texto impreso, "producto de la nueva prensa de lagar" (242).

"En la última época del Renacimiento se produjo un divorcio entre el número, el lenguaje de la ciencia, y las letras, el lenguaje de la civilización. Pero la primera fase de este divorcio (…) fue el método ramista para uso y conocimiento aplicado por medio de la literatura impresa." (239-40).

La imprenta, que lleva a la mecanización de otras actividades, "fue en sí misma un verdadero conjunto o galaxia de tecnologías previamente perfeccionadas" (240) como señala Usher en A History of Mechanical Inventions. Más allá, cosa que no sucedió con los chinos por su carencia de alfabeto fonético (preludio indispensable), la tecnología de la imprenta en Occidente "condujo a la separación analítica de las relaciones interpersonales y de las funciones internas y externas en el mundo occidental" (241).

"Toda tecnología inventada y exteriorizada por el hombre tiene el poder de entumecer la conciencia humana durante el período de su primera interiorización" (243). En el caso de la imprenta,

"Este principio de traducir las cuestiones no visuales de movimiento y energía a términos visuales es el principio mismo del conocimiento aplicado, en cualquier tiempo o lugar. La tecnología de Gutenberg extendió este principio a la escritura y el lenguaje y a la codificación y transmisión de todo género de conocimientos" (243).

"Con Gutenberg, Europa entra en la fase tecnológica del progreso, cuando el cambio mismo se hace la norma arquetípica de la vida social" (246).

(Seguramente está subestimando McLuhan el papel de otros principios convergentes de desarrollo del conocimiento aplicado y de la segmentación de procedimientos y trabajos, como es el crecimiento de las ciudades, del comercio y de la industria, que también conllevan una especialización de funciones y división organizada del trabajo—mucho antes de la actual macdonaldización de la sociedad. Todos estos fenómenos interactúan, no van unidos a uno dominante como efectos de una causa).

Contribución de la imprenta al desarrollo de la individualidad, la subjetividad y la interioridad: "Igualmente paradójico es el poder de la imprenta para instalar al lector en un universo subjetivo de ilimitada libertad y espontaneidad" (247).

En la subjetividad de Hamlet vemos el conflicto entre el método oral de tratamiento de los problemas y el nuevo método visual, aplicado, derivado de la imprenta (Aquí hace falta un poco de determinación para ver la relevancia del ejemplo de McLuhan).

"la palabra impresa es un momento estático del movimiento mental. Leer algo impreso es actuar al mismo tiempo como un proyector cinematográfico y como público de una película mental. El lector alcanza un fuerte sentimiento de participación en la totalidad de movimientos de una mente en actividad pensante" (de McLuhan, "Printing and Social Change", autocit. en 249).

"Así, la imprenta comporta el poder individualizador del alfabeto fonético mucho más allá de lo que la cultura del manuscrito pudo hacerlo jamás. La imprenta es la tecnología del individualismo." (249).

"En cuanto se refiere a la técnica de la duda, en Montaigne y Descartes, es inseparable, tecnológicamente, como veremos, [del] criterio de repetibilidad en la ciencia. el lector de material impreso está sujeto a una fluctuación de blanco y negro, regular y uniforme. Esta fluctuación alterna es igualmente el modo de proyección mismo de la duda subjetiva y del tanteo periférico." (250).

—(Esto se ve aún más claramente, creo, en el soneto de Shakespeare "Like as the waves"… en el que la forma líneas impresas van asociadas al paso del tiempo y el flujo de las olas y de la consciencia lectora).

Paradójicamente, "el impulso a tratar espacial y geométricamente las palabras y la lógica, en tanto útil como un arte de la memoria, resultó ser un cul de sac en filosofía" (251). Según Ong, "en el corazón de la empresa de Ramus está el afán de reducir las palabras, más bien que otras representaciones, a simples modelos geométricos." (Cit. en 252).

"La tipografía tendió a tranformar el lenguaje, de medio de percepción y exploración, en un artículo transportable" (253).

(Con consecuencias económicas y culturales muy notables—en las que apenas entra McLuhan. Aunque sí señala, con Ong, lo siguiente).

"Los libros impresos, primeros artículos en el mundo uniformes, repetibles y producidos en masa, aportaron para el siglo XVI y los siglos siguientes innumerables paradigmas de una cultura de artículos uniformes, de intereses industriales" (256)

(—con este fenómeno ve relaciones exesivas en un texto de King John de Shakespeare, una diatriba sobre el "interés". También subestima el papel de los objetos producidos en serie por los talleres artesanales, y antes que ellos por la técnica agrícola, etc. Más evolución, creo, y menos revolución).

Sobre los efectos sociales y económicos de la tipografía, también esto:

"La tipografía no sólo es una tecnología, sino también un recurso natural o materia prima, como el algodón, los bosques o el radio; y, como cualquier producto, configura no solamente relaciones de sentido propio, sino también modelos de interdependencia comunal" (256)

Pero lo esencial de la visión de McLuhan está en el efecto de la tipografía sobre el discurso:

"La imprenta, por decirlo así, transformó el diálogo o discurso compartido en información empaquetada, o artículo transportable" (256)

—y creó un cambio en la percepción humana, y el sistema de precios, "porque el precio de un artículo, hasta que es uniforme y repetible, está sujeto a regateo y ajuste" (257).

Lewis Mumford (en Sticks and Stones) recuerda que según Victor Hugo, la imprenta destruyó la arquitectura (—pongamos aquí un interludio de Notre Dame de Paris: "la littérature tuera l'architecture / la Bible tuera l'Eglise / et l'homme tuera Dieu"):






Aunque más bien, dice Mumford, la imprenta reorganizó la arquitectura, haciendo transformar sus valores (el urbanismo del XVIII).

Otro precursor que ve relaciones entre las cosas: Harold Innis, "En su madurez, hizo el descubrimiento de que los medios tecnológicos, como la escritura, el papiro, la radio, el fotograbado y otros tales constituyen en sí mismos riqueza" (257-58).

Cita interesante de Charles F. Curtis, It's Your Law (pp. 63-66) sobre interpretación legal:

"Las palabras de los documentos legales—no estoy hablando de otra cosa—son simplemente delegaciones de autoridad a otras [¿otros?], para aplicarlas a cosas y ocasiones particulares. El único significado de la palabra significado, como yo la estoy usando, es una aplicación a lo particular. Y cuanto más imprecisas son las palabras, mayor es la delegación, simplemente porque pueden ser aplicadas o no a a más casos particulares. Éste es el único aspecto importante de las palabras en la delineación o interpretación legal.
   Significan, por tanto, no lo que su autor intentó que significaran, ni siquiera tienen el significado que él intentó o esperó, razonablemente o no, que los demás les dieran. Significan, en primera instancia, lo que la persona a quien van dirigidas las hace significar. Su significado es cualquier ocasión o cosa a las que ella pueda aplicarlas o aquello a que en algunos casos pueda solamente proponer que sean aplicadas. El significado de las palabras en los documentos legales ha de ser buscado no en su autor o autores, las partes de un contrato, el testador, o la legislación, sino en los actos y conducta con que la persona a quien van dirigidas se proponga adecuarse a ellas. Éste es el comienzo de su significado.
    En segundo lugar, pero sólo en segundo lugar, un documento legal está dirigido también a los tribunales. Ésta es una nueva delegación, y una delegación de una autoridad diferente, para decidir, no lo que la palabra significa, sino si el inmediato destinatario tenía autoridad para hacerla significar lo que hizo que significara, o lo que se propone hacerla significar. En otras palabras, la cuestión ante los tribunales no es si dio a las palabras la significación correcta, sino si las palabras autorizaban o no que se les diera el significado que él les dio. (259).

(La última frase contradice el sentido de lo dicho en el párrafo al que cierra. Y cómo no… pues si no, sería la hermenéutica de Humpty Dumpty: que las palabras significan lo que decide que signifiquen quien manda. Y si bien eso es así la mayor parte de las veces, también hay un principio de resistencia en el lenguaje y en el significado histórico que limita el ejercicio del poder… En cualquier caso, la relación de este principio interpretativo con la imprenta, relación que parece sugerir McLuhan, es inescrutable—una de las cuestiones que McLuhan trae a su teoría tirándoles del pelo).

"La pasión por la medición exacta comenzó a dominar en el Renacimiento" (260). Así el nuevo calendario gregoriano, la aparición de las estadísticas… fenómenos típicamente europeos, pues en la cultura del manuscrito Europa no había sido acusadamente distinta de Oriente, que también era una cultura manuscrita (y eso a pesar del alfabeto). (262). Hay una nueva pasión por la autoobservación y anotación minuciosa—así el Político Presunto de Ben Jonson en Volpone, y Pepys un poco más tarde.

"La división causada por la imprenta entre la cabeza y el corazón es el trauma que afecta a Europa desde Maquiavelo hasta el presente.
   Lo que pareció fantástico en las primeras fases de la imprenta y del aislamiento de lo visual fue la impresión de que creaba una cómica hipocresía, o división entre cabeza y corazón" (265).

Cobbett (A Year's Residence in America) opone la cultura oral inglesa a los cultos y lectores americanos, más serenos y compuestos y reflexivos (!).

El libro impreso lleva a "la aplicación del conocimiento por traslación y unifomidad" (268)—algo que encuentra resistencia en cuestiones sexuales y raciales.

Alexis de Tocqueville (L'Ancient Régime) como teorizador del proceso de uniformización, de homogeneización de hombres y costumbres, que va unido a la alfabetización —y al desarrollo del consumismo. (269).

Teilhard de Chardin, otro teorizador más de la tecnología interiorizada:

"Como explica De Chardin en su Le Phénomène humain, una nueva invención es la interiorización en el hombre de las estructuras de una tecnología anterior; y, por tanto, es acumulativa de valores, por decirlo así. (270).

Según Ong, "la obsesión por el método en el Renacimiento encuentra su arquetipo en 'el proceso de la composición con tipos tomados de la caja. En ambos casos la composición continuada de discurso es una cuestión de reconstrucción de raciocinio mediante la ordenación de unas partes preexistentes en un molde espacial'." (McLuhan 271)—y "la imprenta estructuró las ideas de conocimiento aplicado, por separación y división, tendiendo siempre hacia una más neta visualización" (McLuhan 271).

Los sociólogos Thomas y Znanecki, en The Polish Peasant, también asocian alfabetización e individualismo, así como a la regulación objetiva (capitalista) de los precios del trabajo y relaciones sociales.

Y "Dantzig explica por qué el lenguaje de los números tuvo que ser desarrollado para satisfacer las necesidades creadas por la nueva tecnología de las letras" (274—en Tobias Dantzig, Number: The Language of Science). "Ahora, Dantzig está completamente equivocado al suponer que el espacio euclídeo, lineal, plano, recto, uniforme, está enraizado en nuestras mentes en absoluto. Tal espacio es el producto de la alfabetización, y es desconocido para el hombre prealfabetizado o arcaico" (276). "Unidos, los números y las letras constituyen una poderosa máquina de sístole y diástole para transformar y volver a transformar los modos de conocimiento humano (…)" (277). Pero ni griegos ni romanos desarrollaron bien el cálculo: "hasta que se dio al número un carácter visual, espacial, y se lo abstrajo de su matriz audiotáctil, no fue posible separarlo de su dominio mágico" (279). "Desde el siglo XI al siglo XV, los abaquistas disputaron con los algoristas. Esto es, las gentes de letras disputaron con las gentes de números. En algunos lugares, los números arábigos fueron prohibidos" (279) y según Dantzig los números o cifras no alcanzaron una forma estable hasta la invención de la imprenta—conservándola hasta hoy.

"El gran divorcio ocurrido en el siglo XVI entre el arte y la ciencia vino con el cálculo acelerado" (280). "La religión y el arte quedan automáticamente excluidos de un sistema de pensamiento cuantificado, uniforme y homogéneo" (281) y dejan de ser base para el pensamiento científico.

"Todavía no hemos empezado a preguntarnos bajo qué nuevo hechizo estamos viviendo (…). Los ordenadores pueden ser programados ahora para toda posible variedad de proporciones de los sentidos" (283) y deberíamos estudiar los efectos de esta alteración tecnológica.

"Francis Bacon ofició en la extraña boda entre el Libro medieval de la naturaleza y el nuevo libro de tipos móviles" (287).

"La imprenta, según lo ve Curtius, separó las funciones de productor y consumidor. Pero creó también los medios y el motivo del conocimiento aplicado. Los medios crean la necesidad" (288).

El medio es pues el motivo, además del mensaje...

"¿Hasta qué punto la página impresa en grandes tiradas llegó a convertirse en sustituto de la confesión de boca a oído?" (292). "La sola existencia de la imprenta creó la necesidad y la posibilidad de nuevos modos de expresión" (297)—y aquí cita McLuhan a Sidney, "Look in thy heart and write". Quizá como ejemplo de creación causado por la ansiedad de tanto poema impreso acumulado...

"El Aretino, como Rabelais y Cervantes, proclamó que la tipografía tiene un significado gargantuesco, fantástico y sobrehumano" (298)—y fue Aretino el modelo de 'pluma envenenada' que se abrió camino a su nueva manera con el gran público, creando nuevos tipos de respuesta distintos a los del manuscrito.

La imprenta como exposición pública de la intimidad—(¡cf. ahora los blogs!)—con Shakespeare "vendiendo barato lo más caro", por ejemplo:

"Y es este derramamiento en confesión de asuntos privados y opiniones personales lo que pareció al Aretino y a sus contemporáneos que justificaba la asociación de la imprenta con la pornografía y la obscenidad" (301)

(—de nuevo como Internet hoy, vamos).

"La imprenta, como sistema de comunicación pública que dio un enorme poder de amplificación a la voz individual, pronto halló una nueva forma de expresión: el drama popular isabelino" (302-3). (Aquí disiento: esto es reducir un medio oral, teatral y presencial a otro muy distinto. Hubo convergencias, pero no puede reducirse el drama a un efecto de la imprenta—otra vez topamos con el imperialismo monotemático de McLuhan… como cuando dice que "la vía romana fue un subproducto del papiro y de los correos rápidos", 304. Más acertadas son las frases siguientes:).

"La imprenta, al convertir las lenguas vulgares en medios de comunicación o sistemas cerrados, creó las fuerzas uniformes y centralizadoras del nacionalismo moderno"(305). — "La lengua vulgar, al aparecer muy visualmente definida, proporciona un vislumbre de la unidad social coextensiva con las fronteras lingüísticas" (332).

"Al principio, todo el mundo, excepto Shakesepare, creyó que la prensa de imprimir era una máquina capaz de dar inmortalidad" (310). —??? Esto extraña:  ¡¡cf. el soneto 12: "Thou shouldst print more, not let that copy die"!!, o "65, "That in black ink my love may still shine bright"—el mismo McLuhan dice que "No es necesario hacer más que mencionar muchos de los más populares sonetos de Shakespeare, que dan cuerpo a las ideas aceptadas en su tiempo sobre el tema de la inmortalidad lograda por medio de la publicación de textos impresos en lengua vulgar" (314) y a la vez dice que no podía convencerse a Shakespeare de que imprimiera sus comedias. Parece contradictorio, o señala a contradicciones en el propio Shakespeare).

"La portabilidad del libro, como la de la pintura de caballete, contribuyó mucho al nuevo culto al individualismo" (316).

Interferencias entre los nuevos medios—como gente enviando libros impresos al copista para que los copiase, tratándolos como manuscritos… (¡cf. los libros impresos a partir de los blogs hoy!).

"La uniformidad y repetibilidad de lo impreso crearon la 'aritmética política' del siglo XVII y el 'cálculo hedonístico' del XVIII" (318)

Con respecto a esto, precisamente leía yo hace poco un bonito ejemplo literario, el del geómetra Pedro Velázquez en Manuscrito encontrado en Zaragoza, de Potocki, que sin embargo también reconoce los límites del cálculo:

– Me parece –dijo Rebeca– que conocéis perfectamente los resortes del corazón humano, y que la geometría es el camino más seguro para llegar a la felicidad
– Señora –contestó Velázquez–, en mi opinión esa búsqueda de la felicidad puede compararse con la resolución de una ecuación de grado superior. Conocéis el último término que, como bien sabéis, es el producto de todas las raíces. Pero antes de agotar los divisores, llegáis a muchísimas raíces imaginarias. Mientras, el día pasa y habéis tenido el placer de calcular. Lo mismo sucede con la vida humana. También llegáis en ella a cantidades imaginarias que habéis tomado por valores reales. Pero, mientras, habéis vivido y además habéis obrado; por lo tanto, la acción es la ley universal de la naturaleza. Creéis que esta roca reposa porque la tierra sobre la que descansa le opone una reacción superior a su presión; pero si pusiéseis el pie bajo la roca percibiríais su acción. (Potocki 363)

De ahí las analogías entre la mente humana y la máquina, y las tecnologías de considerar a las personas o a las capacidades de la mente y el trabajo como partes combinables y reemplazables. Tecnologías de la estandarización del sujeto. La individualidad se concibe desde el Renacimiento, según Leo Lowenthal, "como un caso de desviación cuya existencia consiste, en muy grande parte, en sus esfuerzos por afirmar su personalidad contra las exigencias restrictivas y niveladoras de la sociedad" (cit. en McLuhan 320). De ahí el gusto por presentar la sociedad desde el punto de vista de un extraño, no de un participante (Lowenthal)—así Don Quijote (o, por supuesto, las Cartas persas, Chinas o Marruecas).

"La lógica tipográfica hizo del extraño, del hombre enajenado o apartado de la sociedad, el tipo de hombre integral; es decir, intuitivo e irracional" (323)—"el arte tiende a convertirse en una compensación de la vida demasiado cerebral" (323). La alienación del hombre a sí mismo en sus sistemas se contrasta con la mayor autenticidad e integración a sí mismas de las mujeres (o de los negros, en las películas americanas, siempre hablando desde la autenticidad).

"Por todas partes se alardea de analizar segmentariamente todas las funciones y operaciones del individuo y de la sociedad, ¡y en todas partes amargos lamentos de que este desmenuzamiento afecte también a la vida interior!" (325)

(Aunque veo simplista decir que los hombres se hacen "homogéneos" con la especialización de las funciones. También se especializan y diferencian con la división del trabajo y la complejidad cultural. Y la cultura del cazador-recolector o la del siervo feudal producían su propio tipo de homogeneidad, por muy orales que fueran).

Y cuestionable me parece decir que "La orientación interior hacia fines remotos es inseparable de la cultura de la imprenta..." (327) —¡eso será cierto si el más allá, por ejemplo, no es un fin remoto! —pensando en el Islam, o el cristianismo tradicional—Por tanto tampoco hay un contraste tan acentuado de funciones mentales de la cultura de la imprenta (solipsista, solitaria) con la "precisión inmediata" y "simultaneidad" que exige la nueva cultura eléctrica—in my opinion.

"El sistema escolar, custodio de la cultura de la imprenta, no tiene lugar para el individuo rudo. En realidad, es la tolva homogeneizadora  en la que arrojamos a nuestros integrales párvulos para elaborarlos" (328). —OK, aunque yo veo que la cultura eléctrica, la del ordenador al menos, no tiene menores efectos de elaboración y disciplina de los sentidos y funciones.

"Hasta aquí, el presente libro podría considerarse como glosa de un solo texto de Harold Innis: 'Los efectos del descubrimiento de la imprenta se hicieron evidentes en las salvajes guerras religiosas de los siglos XVI y XVII. La aplicación del poder a las industrias de la comunicación aceleró la consolidación de las lenguas vulgares, el nacimiento del nacionalismo, la revolución y los recientes estallidos de salvajismo en el siglo XX'." (329).

Innis vio "el poder estructurador de los medios de comunicación para imponer subconscientemente sus principios" (329). Y este poder de ver relaciones le lleva a establecerlas y expresarlas de una manera que McLuhan parece necesitar justificar, precisamente porque él también se la apropia. Aquí se autoexplica el sentido de qué es exactamente "la galaxia" Gutenberg. Imagen que ya hemos visto usar metafóricamente antes, pero—¿es una galaxia de textos? ¿de prensas de imprimir? No: es una galaxia de conceptos asociados entre sí de modo entre certero, intuitivo e impresionista. Casi podríamos decir una constelación, por la importancia del golpe de vista... si no porque los elementos de la galaxia Gutenberg sí están relacionados por fuerzas objetivas y no ligadas a esa única perspectiva que crea (virtualmente) una constelación. Este fragmento justifica el estilo "galáctico" y de apariencia arbitraria y portentosa de Innis y McLuhan (cambio la traducción, pues el traductor de la edición de Círculo de Lectores aquí no se luce y malinterpreta el sentido de 'substitute', como tantos españoles):

"No hay nada forzado ni arbitrario en la forma de expresión de Innis. Si hubiese de traducirse a prosa perspectiva, necesitaría no sólo un inmenso espacio, sino que se perdería la intuición en los modos de interacción entre las formas de organización. Su sentimiento de la urgente necesidad de intuición hizo que Innis sacrificara su punto de vista y su prestigio. Un punto de vista puede ser un lujo peligroso si sustituye a la penetración y la comprensión. A medida que Innis fue viendo claro, abandonó todo punto de vista simple para exponer sus conocimientos. Cuando relaciona el desarrollo de la prensa de vapor con 'la consolidación de las lenguas vulgares'  y el nacimiento de los nacionalismos y la revolución, no está exponiendo el punto de vista de nadie, y menos el suyo propio. Compone una configuración en mosaico, o galaxia, para penetrar en la cuestión. El primer efecto de la imprenta al alterar la proporción entre los sentidos humanos fue sustituir la intuición o penetración en la dinámica causal por el punto de vista estático. Volveremos a considerar esta cuestión más adelante. Pero Innis no hace ningún esfuerzo para 'descifrar' las relaciones entre los componentes de la galaxia. En sus últimas obras no ofrece productos empaquetados para el consumo, sino un equipo o instrumental para que cada cual haga por sí mismo: como los poetas simbolistas o los pintores abstractos." (330)

Casi un autorretrato en persona ajena. Esta exposición "galáctica" o caleidoscópica diría yo, es en parte la opción estilística del propio McLuhan, que también busca un precedente en el estilo asociativo del Finnegans Wake de Joyce. En todo caso, lo que yo estoy haciendo al "usar" el texto de McLuhan para mis propias asociaciones (a lo cual se presta el estilo bloguístico, por lo eléctrico debe ser—a mí me facilita el saltar sin más protocolo académico de una idea a la siguiente—no es sino lo que McLuhan está sugiriendo que se haga con su libro.

La expresión "La galaxia Gutenberg" parece significar, pues, "una colección de ideas sugerentes, intuitivas, o parcialmente expuestas en torno a la cultura de la imprenta y sus efectos indirectos o semipercibidos".

Si el nacionalismo moderno surgió de la imprenta, en la era eléctrica "el globo se ha contraído, especialmente, al tamaño de una aldea grande" (333). "El nacionalismo exige derechos iguales, tanto entre los individuos como entre las naciones" (335). Cromwell y Napoleón fueron los artífices militares del nacionalismo moderno, o como dice McLuhan, de "la organización tipográfica del ejército" (339). Y los efectos son más perceptibles en el norte que en el sur de Europa:

"En una palabra, el mundo inglés comprende que la imprenta significa conocimiento aplicado, mientras que el mundo latino siempre ha mantenido la imprenta a raya, prefiriendo usarla para avalorar el drama de las discusiones orales o del virtuosismo militar. En ningún lugar puede verse mejor esta enérgica repudiación del mensaje de la imprenta que en The Structure of the Spanish History de Américo Castro." (342).

"Los españoles han estado inmunizados contra la tipografía por su lucha secular contra los moros" (342).—Hala ya. Contra los herejes será, que son los que imprimían ideas peligrosas.

Según la lectura que hace Castro de Don Quijote y de Ignacio de Loyola, "la preocupación por observar los efectos de la lectura sobre los espacios vitales del lector es característicamente española" (Castro, cit. por McLuhan 344).

"La imprenta purificó el latín... haciéndolo desaparecer" (346) (....) "La tipografía extendió su carácter a la regulación y fijación de las lenguas" (348)

—Aquí McLuhan anticipa el "determinismo tecnológico" de la lingüística integracional, que ve en la escritura una tecnología constitutiva y transformadora del lenguaje. Así, dice de manera un tanto maximalista que antes de la imprenta, no eran posibles los diccionarios, ni siquiera del latín:

el escritor medieval se consideraba libre para definir sus propios términos progresivamente, a medida que iba cambiando su pensamiento en el contexto. La idea de una palabra con un significado definido, establecido por un léxico, no pudo ocurrírseles, sencillamente. Del mismo modo, antes de la escritura, las palabras no tienen ningún "signo" externo, referencia o significación. La palabra roble es roble, se dice el analfabeto. ¿Qué otra cosa podría evocarle la idea de roble? (349)

—es ésta una noción sugerente, que habría que matizar por ejemplo con la existencia del multilingüismo, que es una manera de "escribir" en el aire; de la escritura manuscrita también;  y por último, de la misma forma lingüística oral considerada à la Derrida como inscripción o escritura primigenia—el always already de la desconstrucción nos haría moderar los pronunciamientos sobre novedades o revoluciones tecnológicas. Más efectos según McLuhan:

"La imprenta alteró no solamente la ortografía y la gramática, sino también la acentuación y la flexión de las lenguas, e hizo posibles las faltas gramaticales" (351)

La flexión es natural en la cultura oral o auditiva, porque es un modo de simultaneidad. La cultura alfabética tiende con gran fuerza a reducir la flexión en favor de la gramática posicional visual. Edward P. Morris ha hecho una lúcida exposición de este principio en On Principles and Methods in Latin Syntax (353).

Según Morris, "la relación sólo puede asociarse con una partícula cuando es sentida con un alto grado de claridad. La relación entre conceptos ha de convertirse en un concepto. En esta medida, la evolución hacia la expresión de relaciones por medio de partículas es una evolución hacia la precisión" (cit. por McLuhan 353).

Aunque este efecto no puede reducirse a la escritura o tipografía como única causa, ni mucho menos. Un ejemplo que no considera McLuhan: la desaparición de flexión se dio en las lenguas romances, no escritas, mientras que el latín, lengua escrita, conservó mal que bien las flexiones.

El rechazo del principio del decoro, de los juegos de palabras y estilos floridos, el desarrollo del lenguaje científico, será el programa de Sprat y la Royal Society en el siglo XVII: se trata de "homogeneizar cualquier clase de situación, a fin de poner toda la cultura en relación con el potencial de la tecnología de la imprenta" (355).—Hay consecuencias estilísticas indirectas. Separación y segmentación, principios del conocimiento aplicado, contra la teoría clásica del decoro estilístico de estilos distintos para temas distintos.

La imprenta creó la uniformidad nacional y el centralismo gubernamental, pero creó también el individualismo y la oposición al gobierno en cuanto tal. (357)

(—Y quizá tambien, pues, el ateísmo: "la Bible tuera l'église, et l'homme tuera Dieu", como dice la canción de Plamondon en Notre Dame de Paris).

Sobre la "lengua y el imperio", como diría Nebrija, cita McLuhan a Karl Deutsch, Nationalism and Social Communication:

"Una nacionalidad es un pueblo que se esfuerza por adquirir un medio efectivo de control de la conducta de sus miembros (…) las nacionalidades se hacen naciones cuando adquieren el poder de respaldar sus aspiraciones. Finalmente, si sus miembros nacionalistas triunfan y ponen a su servicio una organización estatal, antigua o moderna, entonces al fin se ha hecho la nación soberana y surge una nación-estado" (cit. en McLuhan 357).

—y pregunto, ¿hay algo de esto que no haya sucedido ya en Cataluña? Usando el instrumento de la lengua como "medio efectivo de control". El nacionalismo va unido para McLuhan al control de los medios de comunicación de masas, empezando por la imprenta en el Renacimiento:

"Porque si la imprenta convirtió las lenguas vulgares en medios de comunicación de masas, también fueron éstas medios de gobierno centralizado de la sociedad" (357-8).

Hoy, por supuesto, son las ondas el objeto preferente de control y atención para los nacionalistas. El mensaje de la imprenta como primer medio de comunicación de masas "es smplemente que el soberano tiene derecho a imponer a la sociedad normas uniformes de conducta" (358). En Tocqueville, La democracia en América, se alternan los puntos de vista de la uniformidad impuesta desde arriba, por el gobierno, y la creada por el mercado.

Esta polémica comentada por McLuhan por el control de las comunicaciones recuerda también, por supuesto, los recientes debates sobre si la Red puede o debe ser controlada por los poderes públicos (o, más específicamente, por los Estados Unidos):

"Los no conformistas, inclinados del lado del lector o consumidor, interpretaro que el significado de la imprenta era privado o individual. Los conformistas se inclinaron del lado del autor-editor, dueño de la nueva fuerza. Puede ser o no ser significativo que la mayor parte de la literatura inglesa, desde la imprenta, haya sido creada por esta minoría de orientación gubernamental." (359).

Con la imprenta y el espacio comunicativo centralizado aparece también la idea de la corrección lingüística y gramatical, y las campañas de uniformización del lenguaje.

"Nadie ha cometido jamás un error gramatical en una sociedad analfabeta" (361)—otro principio que sin duda suscribirían los integracionalistas. La trampa de la corrección gramatical es "el abismo entre los modos visual y oral" (362).

A la vez, se vuelve señal de refinamiento "la reducción de la cualidad táctil" del lenguaje (364), por ejemplo de la aliteración sajona, tarde recuperada en poesía. Más aún,

"El hombre tipográfico tiene un nuevo sentido del tiempo: cinemático, secuencial y pictórico" (364).

Los momentos de Shakespeare, o las instantáneas de su experiencia mental de Montaigne en los Ensayos ("no pinto el ser, pinto el pasar"), como precedente de la secuenciación fragmentaria de la experiencia que anticipa el cine. La existencia deja de ser estática para ser flujo de la consciencia, como dice Poulet comentando la captura de instantes en Montaigne:

"Pero renunciar a pintar el ser para pintar el pasar no es sólo una empresa de denudación sin precedentes, es una tarea de extremada dificultad. Pintar el pasar no es simplemente captar el yo en un objeto que se desvanece y que al hacerse borroso permite al yo aparecer más distintamente; no es pintar un autorretrato, que sería tanto más fiel por la desaparición de todas las trazas de las ocasiones que habían llevado a su creación. Es captar el yo en el instante en que las ocasiones le quitan su forma antigua y le imponen una nueva" (Poulet, cit. en McLuhan 366)

"Y así el yo se disuelve, no sólo de instante en instante, sino incluso en medio del instante-paso, en un juego prismático, como el del agua rociada" (McLuhan 367).

Esta experiencia de la representación del yo anticipa el impresionismo, y el cine. (Las tecnologías de representación del yo, y por tanto la misma experiencia del yo, se ven alteradas por la imprenta). La tecnología de la repetición y reiteración mecánicas llevan a imágenes como la de Shakespeare (soneto LX, "Like as the waves."). Y de este tipo de representación de la consciencia surge el moderno inconsciente:

"el inconsciente es una creación directa de la tecnología de la imprenta, el montón de escoria, cada vez más alto, de la consciencia rechazada" (370).

¿Podemos emanciparnos críticamente de esta influencia subconsciente de la tecnología?  Hay primero que tomar cuenta de esta influencia:

"Porque es absurdo e innoble ser conformado por tales medios. El conocimiento no extiende, sino que restringe las áreas del determinismo" (373)

Un equilibrio crítico que requiere el equilibrio de los sentidos,  no la desproporción a favor de uno que promueve cada nueva tecnología.

"Heidegger hace esquí acuático sobre la ola electrónica tan triunfalmente como Descartes cabalgó la ola mecánica" (373)—He aquí la famosa imagen de surfing en la ola mediática, introducida por McLuhan. Nada que ver con surfear por la red, sino más bien dar una expresión ideológica adecuada al impacto mediático de la época. Y si Heidegger hizo surf, bien a pesar suyo sería: le faltan pectorales playeros. Arguye McLuhan que el éxito de la lingüística de Heidegger se debe a nuestra inmersión en el medio electrónico; por la misma razón descartamos intuitivamente el mecanicismo de Descartes. Y ni tanto, ni tan calvo, dice McLuhan:

"La tesis de este libro no es que haya algo bueno o malo en la imprenta, sino que la inconsciencia de los efectos de cualquier fuerza es un desastre, especialmente de una fuerza que hemos creado nosotros mismos" (374).

Aunque por lo dicho antes, el desastre es inevitable: no parecería que a fuerza de apretarnos las meninges vayamos a hacer factible una visión crítica que sólo puede aparecer (decía McLuhan) como efecto de la distancia histórica y del surgimiento preponderante de un nuevo medio que desplace al actualmente predominante. Parecería ser así, pero de hecho no conviene olvidar (como tiende a hacer McLuhan) que un medio no desplaza al anterior, sino que coexiste con él, y entra con él en complejas relaciones de intermedialidad. Somos, siempre, más multimedia y menos desequilibrados en un sentido de lo que nos dice McLuhan.

Gutenberg, nos dice, ha ido extinguiendo la voz humana, y la cualidad audiotáctil de la experiencia:

"Es un lugar común mencionar que el hombre se hizo centro vía Gutenberg, sólo para ser reducido en seguida por Copérnico al estado de una nota marginal. Suspendido durante siglos de un extremo de la cadena del ser, la linealidad del hombre fue interrumpida por la de Darwin, que iluminó el segmento que faltaba en la secuencia. En todo caso, Darwin rompió la conciencia antropocéntrica, como Copérnico había hecho con el espacio. Sin embargo, hasta Freud, el hombre se aferró a un resto de intuición que tiñó la conciencia de espontaneidad. Pero Freud puso fin a esto con su imagen del espíritu como una ondulación en el océano del inconsciente" (377-78).

Frente al mecanismo del universo newtoniano, al sistema del mundo completamente cerrado, la nueva física restaura la incertidumbre y antideterminismo. No todas las cadenas de causación se pueden remontar mecánicamente a una única causa original. Citando a Sir Edmund Whittaker, Space and Spirit:

Por el contrario, la corriente moderna del pensamiento físico (como resulta evidente de lo que se ha dicho sobre el principio de causalidad) está a favor de la tesis de que, en el dominio de la física, hay una sucesión continua de intrusiones de nuevas creaciones. El universo está muy lejos de ser una mera consecuencia matemática de la disposición de sus partículas en el momento de la Creación, sino que es un lugar mucho más interesante y lleno de imprevisto de lo que imagina cualquier determinista. (Cit. por McLuhan, 379).

Aquí procede poner un enlace a mi reseña de la Historia del Tiempo de Stephen Hawking.

(Nota: según McLuhan, esta reflexión sobre la multiplicidad y entrecruzamiento de las causas explica además "el título y el procedimiento de este libro" (379)—afirmación enigmática).

Pero citemos más a Whittaker sobre la indeterminación del principio de causalidad, contra el pensamiento mecanicista:

"En el argumento [mecanicista] generalmente esgrimido, el lenguaje empleado es adecuado al caso cuando cada efecto no tiene más que una causa, y cada causa un solo efecto, de modo que todas las cadenas de la causación son simplemente secuencias lineales. Pero si tomamos ahora en consideración el hecho de que un efecto puede ser producido por la acción conjunta de varias causas distintas, y también el hecho de que una causa puede originar más de un efecto, las cadenas de causación pueden ramificarse y unirse unas a otras; pero como sigue vigente la regla de que la causa siempre precede al efecto en el tiempo, es evidente que la prueba no queda esencialmente afectada. Por añadidura, el argumento no exige que todas las cadenas de causación, cuando se siguen hacia atrás, hayan de terminar en el mismo punto final: en otras palabas, no lelva necesariamente a la conclusión de que el universo adquirió todos sus materiales en una sola remesa de la Creación, y que no ha recibido nada más desde entonces. Esto no apoya la tesis, tan común entre los newtonianos deístas del siglo XVIII, de que el sistema del mundo es un sistema completamente cerrado, y ha evolucionado según leyes puramente mecánicas, de modo que todos los acontecimientos de la historia estaban implícitos en su especificación desde el instante primero." (378-379 – y aquí sigue seguido la cita de arriba).

Más sobre determinismo y causalidad (y análisis invertido de la causalidad) en este post a cuenta de la teoría de Gustavo Bueno: "Crítica de la causalidad".

Por cierto, este razonamiento de Whittaker refutador de una única línea de causalidad tiene un paralelo interesante en la evolución de las teorías de la evolución humana: desde las teorías lineales y teleológicas, o árboles bien organizados, hasta los complicados matorrales de ramas entrecruzadas a que tienden las teorías modernas como la de Stephen Jay Gould.

Para McLuhan, "hemos pasado de la 'causa' a la 'configuración' en todos los campos de estudio y análisis" (379)—un tipo de razonamiento a relacionar con el Zeitgeist estructuralista.

Efectos perceptuales de la alfabetización/imprenta: Junto con el "espacio cerrado" de la cosmología, el espacio euclídeo, producto del alfabeto, nace la idea de que los cuerpos físicos tienen que estar "contenidos" en algo—en ese espacio. Y paralelamente, aparece la idea de que los textos tienen un "contenido":

"El efecto del alfabeto fonético al transformar el mundo audiotáctil en un mundo visual fue, tanto en física como en literatura, crear la falacia del contenido" (380).

(Y sirva esto como ejemplo de peligroso razonamiento à la McLuhan o línea trazada para hacer constelación de dos estrellas distantes… porque desde luego, ya que hablamos de la teoría de las múltiples causas, no pueden atribuirse a UNA causa única y comùn estos dos fenómenos tan dispares).

"La galaxia Gutenberg quedó disuelta teóricamente en 1905, con el descubrimiento del espacio curvo, pero en la práctica había quedado invadida por el telégrafo dos generaciones atrás" (380).

(También aquí es contradictorio el razonamiento de McLuhan al suponer efectos tan drásticos y devastadores primero al alfabeto, y luego a un invento utilizado sólo para una pequeña parte de la comunicación social, o a una teoría desconocida para todos menos un puñado de mortales. Ni tanto, ni tan drástico, como hemos apuntado antes. Esto es la teoría maximalista de los bandazos culturales, o las revoluciones invisibles).

"Con el fin de las especializaciones lineales y de los puntos de vista fijos, el conocimiento compartimentado se hizo tan inaceptable como poco pertinente había sido siempre. (…) Y lo que nos hemos esforzado en explicar en este libro es cómo se ha hecho posible la ilusión de la segregación del conocimiento por el aislamiento del sentido visual por medio del alfabeto y la tipografía. Quizá nunca lo repitamos bastante. Esta ilusión puede haber sido una cosa buena o una cosa mala. Pero sólo un desastre puede surgir de la ignorancia de las causalidades y efectos inherentes en nuestras propias tecnologías." (381)

Una ignorancia necesaria, decíamos antes, por otra parte… En su entrevista de Playboy, McLuhan confiesa ser un producto, partidario y nostálgico de la cultura de la imprenta. Teoriza los nuevos medios, pero no va con él ser tan cool, nos dice. Y que no se droga.

El shock de las nuevas tecnologías:

"A fines del siglo XVII se profujo una gran alarma y revulsión ante la creciente cantidad de libros impresos. Las primeras esperanzas acerca de una gran reforma del hombre por medio del libro habían quedado chasquedas, y en 1680 escribía Leibniz: (….) "al final, el desorden se hará casi insuperable" (382).

"'The Dunciad', de Pope, acusa al libro impreso como agente de una renovación primitivista y romántica. La cantidad puramente visual evoca la mágica resonancia de la horda tribal. La taquilla aparece como un retorno a la cámara de resonancia del sortilegio de los bardos." (383).

Wow. Por cierto, nunca he visto traducido el título de la obra de Pope: "Dunce" ahora es un vurro, pero en tiempos de Pope tenía una fuerte connotación de pedante pretencioso (viene de "Duns" Scoto, escolástico razonador, y ha derivado hacia abajo). "Burro pedante y pretencioso", significa pues; quizá "La Pedantíada" es en suma la mejor traducción del título. Según McLuhan,

"Un sentimiento similar anima The Tale of a Tub y The Battle of the Books [del deán] Swift. Pero es a The Dunciad donde hemos de volvernos en busca de la epopeya de la palabra impresa y sus beneficios a la humanidad. Porque allí se encuentra un estudio explícito de la zambullida del espíritu humano en el cineo de un inconsciente generado por el libro. La posteridad no ha podido ver, de conformidad con la profecía que aparece al final del libro IV, por qué la literatura precisamente ha de ser acusada de embrutecer al género humano, y de introducir mesméricamente al mundo civilizado en el primitivismo, en el África interior, y, sobre todo, en el inconsciente. La simple clave de esta operación es la que hemos tenido en mano a lo largo de todo este libro; la creciente separación de la facultad visual y el resto de los sentidos en su interacción condujo al rechzo por la conciencia de gran parte de nuestra experiencia, y a la consecuente hipertrofia del inconsciente. Pope llama a este dominio que crece sin cesar el mundo 'del Caos y de la Noche antigua'. Es el mundo tribal, no alfabetizado, cantado por Mircea Eliade en The Sacred and the Profane". (384).

La última frase, evidentemente, es insensata y contradictoria incluso en términos de la propia teoría de McLuhan. En cuanto al desarrollo del inconsciente por efecto de la alfabetización… ¿quizá la sátira de Swift sobre la Mechanical Operation of the Spirit sería un lugar interesante donde mirar?

"No se ha reconocido a Pope el mérito que le corresponde como serio analista de la malaise intelectual de Europa. (…). Pope vio el nuevo inconsciente colectivo como el embalse acumulado de la autoexpresión individual" (388).

(Sobre la estupidez y vanidad potenciadas por los liblogs, y sobre la analogía entre la marea de texto impreso y el tsunami blogosférico ya hemos hablado, o hablaremos).

"Pope dijo al mundo inglés lo que Cervantes había dicho al mundo español, y Rabelais al francés, en relación con la imprenta. Es un delirio. Es una droga transformadora y metamorfoseadora, capaz de imponer sus postulados en todos los niveles de la consciencia. Mas para nosotros, en la década de 1960 a 1970, la imprenta tiene mucho de ese extraño carácter retrógrado del cine y del ferrocarril. Al reconocer tardíamente sus poderes ocultos, podemos aprender a intensificar las virtudes positivas de la imprenta y, sobre todo, comprender mejor las formas, mucho más potentes y recientes, de la radio y la televisión." (390).

Recuerdo que cuando era un lector compulsivo, en los años setenta, mi padre me hacía salir a ver la calle, cuando me pillaba leyendo: "ya estás aquí otra vez con la droga". Ahora soy adicto al blog, claro—droga por droga. Y me ufano de que no lo soy a la televisión o a los videojuegos, como lo es toda Zaragoza. Los parques están vacíos las tardes soleadas. Ya lo cantaba bien Francis Cabrel: "Verrouillez les portes des conversations / Et allumez les postes de télévision"...

 "Pope, como Harold Innis en The Bias of Communication, supone que la acción toda de la imprenta sobre nuestras vidas no sólo es inconsciente, sino que por esta misma razón agranda sin medida el dominio del inconsciente." (390).

Tal como lo veo yo, la alfabetización y la interiorización de las tecnologías de la comunicación es posible que agranden el inconsciente, pero expanden y complican en su conjunto toda la actividad mental. Más inconsciente, pero también más consciente, y estructurado de maneras más complejas. Como ejemplo, la manera en que fragmentos de intertextualidad o patrones de imágenes estructuran nuestras percepciones y la producción de nuestro discurso, muchas veces de modo totalmente inconsciente. Por otra parte, se posibilitan tipos de experiencia consciente más compleja, como la distinción entre múltiples planos de realidad y representación. Los esquemas o frames de Goffman, básicos en nuestra estructuración de la realidad, tienen un material de construcción de primera clase en la multiplicidad de medios de comunicación y en la imbricación de unos con otros que llamamos intermedialidad. Una experiencia intermedial compleja es por supuesto inaccesible o incomprensible para una mentalidad no educada en este tipo de operaciones semióticas. Por tanto: quitaría yo un toque de alarmismo a este "crecimiento del inconsciente" de McLuhan.

"Todo el cuarto libro de The Dunciad tiene que ver con el tema de La Galaxia Gutenberg; la traducción o reducción de modos diversos a un único modo de cosas homogeneizadas." (391).

También aquí quitaría yo alarmismo, y la sugerencia de alienación. Es tan posible estar alienado en la horda primigenia como estarlo de trabajador en las pirámides o en la cadena de montaje. Pero la complejidad de la experiencia posible no es la misma en cada circunstancia y sociedad. Con el desarrollo de los medios no hay reducción u homogeneización sino complejificación, multimedialidad, intermedialidad. Cierto es que la imprenta puede tener mucho poder absorbiendo y comunicando experiencias, o la televisión; y que el formato digital sí es en cierto modo "la traducción o reducción de modos diversos a un único modo de cosas homogeneizadas"—pero ahí están los decodificadores y ordenadores para volver a transformar en señales distintas y multimedia lo que se había homogeneizado digitalmente. Ni los gestos, ni la conversación, ni la retórica desaparecen con la imprenta, ni la imprenta desaparece con la cultura de la imagen. Pero McLuhan, como tantas veces, tiende al Mcsimalismo.

"Apoyado por la tecnología creada por Gutenberg, el poder de los lerdos para dar forma y anublar el espíritu humano es ilimitado. Los esfuerzos de Pope por aclarar este punto básico han sido vanos. Su gran preocupación por la pauta de acción de su horda de nulidades armadas ha sido mal interpretada como rencor personal. [¡Bué-nó! – malinterpretada… ¡Es que hay que leerse La Pedantíada!]. [El] Pope [de McLuhan] sólo estaba preocupado por la pauta formalística y el poder penetrante y configurador de la nueva tecnología." (394).

En la medida en que la obra de Pope es satírica y deliberadamente grotesca y distorsionadora, habrá que moderar las pretensiones del diagnóstico que quiere extraer McLuhan. Y vaya medida… Pope también utilizaba la imprenta, creativamente, para enriquecerse. Es otra perspectiva.

"Reestructuración de la galaxia o la condición del hombre-masa en una sociedad individualista" (395).

McLuhan aplica a la ampliación tecnológica de los procesos mentales la intuición de Blake en Jerusalem:

"Si los órganos de percepción cambian, parecen variar los objetos perdidos.
Si los órganos de percepción se cierran, también parecen cerrarse sus objetos." (Jerusalem, cap. 34).

"Blake deja bien aclarado que cuando varía la proporción entre los sentidos, el hombre varía. La proporción entre los sentidos cambia cuando cualquera de ellos o cualquier función corporal o mental se exterioriza en forma tecnológica (…). La imaginación es aquella proporción entre las percepciones y las facultades que se da cuando no están encamadas o exteriorizadas en tecnologías materiales. Cuando así se exteriorizan, cada sentido o facultad se convierte en un sistema cerrado. antes de darse tal exteriorización, hay una completa interacción de experiencias. Esta interacción o sinestesia es una especie de tactilidad, tal como Blake la buscó en la línea de contorno de la forma escultórica y del grabado.
  Cuando la perversa ingenuidad [no, traductor: el perverso ingenio] del hombre ha exteriorizado alguna parte de su ser en una tecnología material, se altera totalmente la proporción entre sus sentidos. Entonces se ve compelido a contemplar ese fragmento de sí mismo 'encerrado, como en acero'. Y al percibir esta cosa nueva, el hombre se ve compelido a convertirse en ella. Tal fue el origen del análisis lineal, fragmentado, con su cruel poder de homogeneización:

El Espectro Razonador
se alza entre el Hombre Vegetativo y su Imaginación Inmortal

" (395).

Una observación ciertamente sugerente—y sugestiva incluso—pero que debería matizarse y más que matizarse con lo que ya hemos dicho contra los sistemas cerrados. La multimedialidad de la experiencia, la pervivencia no sólo residual sino floreciente de las viejas modalidades de percepción y de los medios "superados", así como el desarrollo de complejas experiencias intermediales, todo esto mantiene a esos "sistemas sensoriales" abiertos y dinámicos, no cerrados, y en interacción permanente, contra lo que diga McLuhan.  ¿De dónde, si no, surge la crítica al Espectro Razonador? La Imaginación Inmortal se halla no sólo en la experiencia primigenia, sino también en la complejidad asociativa de las experiencias elaboradas, intertextuales e intermediales.

"Las leyes newtonianas de la mecánica, latentes en la tipografía de Gutenberg, fueron traducidas por Adam Smith para regir las de la producción y el consumo. De acuerdo con lo que Pope había predicho acerca de la enajenación automática o 'robo-centrismo', Smith declaró que las leyes mecánicas de la economía eran de aplicación, igualmente, a las cosas del espíritu: 'En las sociedades opulentas y comerciales, pensar o razonar viene a ser, como cualquier otra actividad, un negocio privado, llevado por unos cuantos, que suministran al público todo el pensamiento y la  razón que poseen las vastas multitudes que trabajan'." (401).

O más bien que no posseen. Esto suena un tanto siniestro en palabras de McLuhan (la creciente alienación de la sociedad capitalista, etc.). Pero relativicemos. Ya he hablado antes de la imaginación espontánea y pensamiento libre de los campesinos egipcios o de los mujiks. A nivel de las necesidades cotidianas de interacción y percepción todos somos lo creativos o imaginativos que nos dé nuestra medida personal—aquí y en la horda primigenia. Pero una sociedad avanzada también desarrolla pensamiento avanzado—como el de Adam Smith. Y no es una alienación el que esto lo hagan unos pocos, "juntando fuerzas"—también las Pirámides las pensaban unos pocos. Las vastas multitudes que trabajan nunca han destacado, ni destacarán, en filosofía.  El obrero industrial ni siquiera se apropia del pensamiento de Adam Smith, porque sus preocupaciones son otras. Pero hace falta una sociedad capitalista avanzada para desarrollar el pensamiento de Adam Smith (o el de Marx)—que es una ganancia, no una pérdida de espontaneidad ni un robo de cerebros a las multitudes.

"parece ser que Smith siente que el nuevo papel del intelectual es servir de espita de la consciencia colectiva de las 'vastas multitudes que trabajan'" (401).

—el nuevo vate de la sociedad capitalista, para McLuhan:

"La visión será tribal y colectiva, la expresión, privada y comercializable" (401).

Bueno: sigamos matizando. Algunos intelectuales expresan (por división de papeles y roles) la experiencia de las masas. Otros no: Adam Smith no expresa la experiencia de las masas, sino que la teoriza. Es distinto. El papel del intelectual no es únicamente visionario, sino también tecnológico. Ingeniero de las tecnologías del conocimiento, como McLuhan. Aunque McLuhan también es visionario, qué duda cabe…

"Como sintió Joyce, nuestra liberación de este dilema puede  venir de la nueva tecnología electrónica, con su profundo carácter orgánico. Porque lo eléctrico pone de lleno la dimensión mítica o colectiva de la experiencia humana en el mundo despierto al día y consciente." (402).

Lo dicho: ni tanto, ni tan calvo. Ni tan liberadora la televisión, ni tan esclavizadora la imprenta. Otros han invertido los términos, con la misma arbitrariedad que McLuhan. No conviene perder de vista que nunca hay una cárcel tecnológica de los sentidos (mito McLuhaniano) y que por tanto la liberación de esa cárcel es otro mito.

Karl Polanyi, The Great Transformation, detecta paralelismos entre el pensamiento newtoniano y económico en el XVIII y XIX. Hasta entonces,

"Donde los mercados estaban más desarrollados, como en el sistema mercantil, prosperaron bajo el control de una administración centralizada que fomentó la autarquía, tanto de los hogares campesinos como de la vida nacional. La regulación y los mercados crecieron juntos, en efecto. El mercado autorregulador era desconocido; en realidad, el nacimiento de la idea de autorregulación fue una inversión completa del curso de desarrollo. (Polanyi, en McLuhan 403).

El principio newtoniano de la autorregulación se detecta en las ideas de Pope con su "todo lo que es es perfecto" y de Swift en la "operación mecánica del espíritu"; y "el principio de no-interferencia en el orden natural llega a ser la conclusión paradójica del conocimiento aplicado" (403): la idea de que "todo mal parcial es un bien universal" como base de la autorregulación, y automatización de la consciencia. Es el auge de la teoría del libre mercado:

"De ahí que no sólo haya de haber mercados para todos los elementos d la industria, sino que no debe apoyarse ninguna medida o política que puediera interferir en el funcionamiento de esos mercados. Ni los precios, ni los stocks, dni la demanda deben ser fijados o regulados; sólo son correctas aquellas medidas o políticas que ayuden a asegurar la autorregulación del mercado al crear condiciones que hagan de él  la única fuerza organizadora de la esfera económica" (Polanyi, en McLuhan 403).

Y, dice Polanyi, al tratar la mano de obra y la tierra como mercancías, se subordina la sustancia misma de la sociedad a las leyes de mercado.

McLuhan ve en todo esto la consecuencia de "un sistema visual cerrado":

"Los mismos postulados presidieron la formación del espacio, el tiempo y la mecánica newtonianos. Así, la literatura, la industria, y la economía quedaron fácilmente acomodadas dentro de la esfera newtoniana." (404).

"Cuando una sociedad está circunscrita dentro de una proporción de los sentidos fija y particular, es completamente incapaz de encarar otro estado de cosas." (McLuhan 405).

"La fórmula de la hipnosis es 'un sentido cada vez'. Y las tecnologías nuevas tienen el poder de hipnotizar porque aíslan los sentidos. Luego, como dice la fórmula de Blake, 'se convirtieron en lo que observaban'. Toda tecnología nueva disminuye así la interacción de los sentidos y la consciencia, precisamente en la nueva zona de novedad donde se produce una especie de identificación entre el observador y el objeto. Esta conformación sonambulística del observador a la nueva estructura hace a aquéllos más profundamente inmersos en una revolución tanto menos conscientes de su dinámica" (406).

Las especulaciones de McLuhan sobre la "prosa equitona", la uniformización del estilo en prosa, "equivalente auditivo del punto de vista, fijado mecánicamente, en el campo de la visión" (407) son poco convincentes, pues normas de uniformidad genérica y convenciones han existido desde los clásicos. Teoriza también la mayor importancia dada al efecto sobre el público, que según Goldsmith es en el XVIII el único mecenas de los poetas. Addison, Kames, Hume, etc., analizan la experiencia del lector, y esto va junto con el descubrimiento de nuevas dimensiones de la función del arte.

"Retrospectivamente, tal vez nos veamos obligados a reconocer que ha sido la era de los mercados de masas la que ha creado los medios para un orden mundial, tanto en belleza como en artículos de consumo" (411).

"fue el método de Gutenberg, de segmentación homogénea, [para] el que siglos de alfabetización fonética prepararon el terreno psicológico, el que ha trazado los rasgos del mundo moderno. La numerosa galaxia de acontecimientos y prductos de tal método de mecanización de los oficios manuales es meramente accidental al método en sí." (412).

Pero esto ha cambiado, y hoy estamos libres de esa perspectiva:

"Hoy, nuestra ciencia y nuestro método no tienden hacia el punto de vista, sino a descubrir cómo no tener punto de vista; no es el nuestro el método del espacio cerrado y la perspectiva, sino el de campo abierto y [suspensión del juicio]. Tal es hoy el único método viable, bajo las condiciones eléctricas del movimiento de información simultánea y total interdependencia de los humanos." (412).

 "Hoy," nos dice, está superada la hipnosis "newtoniana" o "visual"… aunque hoy,  años más tarde no queda claro en qué medida la reducción mucho más drástica de toda la información a formato digital no vaya a tener un efecto librecambista mucho más drástico y directo. Por supuesto, la Red se utiliza a favor y en contra de la globalización del capitalismo, a favor y en contra de la ideología capitalista, pero la estructura en sí, su misma existencia y las dinámicas que favorece, trabajan implacablemente a favor de la globalización económica. E hipnotizar… la pantalla hipnotiza bastante.

"No podríamos mencionar un ejemplo más extremado de esta ilusión que nuestra imagen actual de la televisión como una variación corriente, sobre el modelo mecánico, cinematográfico, de tratar la experiencia por repetición. De aquí a pocos decenios será fácil descubrir la revolución en la percepción y en la motivación humanas que se producirá como consecuencia de la contemplación de la nueva red en mosaico que es la imagen televisiva. Hoy es fútil en absoluto discutirla." (407).

(Pero ver más arriba…).

El gran descubrimiento, en el siglo XIX del método de invención, expuesto con detalle por primera vez en la obra de Poe:

"consiste, bien simplemente, en la técnica de comenzar al final de cualquier operación de que se trate, y operar hacia atrás desde ese punto de partida. Es el método inherente en la técnica gutenberguiana de segmentación homogénea, pero hasta el siglo XIX  no fue extendido el método desde la producción al consumo." (312).

Lleva a la masificación de la experiencia del consumidor, en literatura también:

"No sólo es la novela policíaca el gran ejemplo popular de operar hacia atrás, de efecto a causa, sino que es también la forma literaria en que el lector se ver profundamente implicado como coautor." (413)

(—reflexiones interesantes para cotejar con la teoría de la narración en retrocesión que comentábamos hace unas semanas). "El consumidor de arte popular fue invitado por las nuevas formas artísticas a participar en el proceso artístico" (414).

Pero no sólo esto en literatura popular: la teoría del correlato objetivo de T. S. Eliot también presupone una formulización semejante de la experiencia lectora. Y parecido en la narración de la experiencia:

"El alfabetismo había hecho del individuo instruido un sistema cerrado, y estableció un vacío, entre la apariencia y la realidad, que terminó con descubrimientos tales como la corriente de consciencia." (415).

 Impersonalidad, suspensión del juicio también, como característica del arte y la ciencia del siglo XIX, como desarrollo de la cadena de montaje del XIX.

Pero estas consecuencias de la tecnología mecánica serán reinterpretadas en la era eléctrica:

"La nueva galaxia eléctrica de acontecimientos ha entrado ya profundamente en la galaxia Gutenberg. Incluso sin colisión, tal coexistencia de tecnologías y consciencias causa trauma y tensión en toda persona viva. Nuestras actitudes más corrientes y convencionales parecen súbitamente deformadas como gárgolas o figuras grotescas." (415).

Por eso estamos aquí haciendo blogs, en lugar de escribir artículos académicos, seguramente.

Y si también aparecen a veces distorsionadas como una gárgola las intuiciones de McLuhan sobre la interpenetración de medios y mensajes, eso se debe en parte a la retrospección que hoy efectuamos sobre una prospección de McLuhan en los años sesenta—sobre un tipo de crítica y teoría prospectivo e innovador, que a la vez tiene la humildad de presentarse como una nota a pie de página o comentario sobre lo ya dicho. Todos lo somos, supongo—pero unos menos que otros.


Retroalimentación anticipada





Domingo 9 de septiembre de 2007

Cançao do mar / Harem

Para los que odian las versiones y las comparaciones...

Dulce Pontes, evidentemente insuperable:

Y aquí Sarah Brightman, azote de puristas, en plan Princesa Kimera total:


Brightman, Beethoven

Sábado 8 de septiembre de 2007

Tres cuentos de amor

Otro libro que debí empezar a leer hace años, y que me termino de acabar, o me acabo de terminar: English Love Stories. El amor no se debe dar bien en la nublada Inglaterra, si nos atenemos a esta selección. O al menos al editor, John Sutherland, parecen gustarle más las historias de amor fracasado o engañoso. Que quizá sea el destino de casi todos los amores, no lo niego, pero desde luego no es una antología hecha por un enamorado del amor. Tengo la costumbre de marcar, en los libros de autoría colectiva, la valoración que me merece cada capítulo en el índice: "MB", "B", "RB" (regular-bien), "R", "RM", "M", "MM". Observo últimamente la baja calidad de lo que se antologa, hasta en una antología de Oxford como ésta (OUP, 1997). Hay abundancia de erres, y sólo tres cuentos con un MB, tres cuentos de desamor, o de amor, que vale la pena leer. Aquí va su planteamiento:

Olive's lover, de "C. C. K. Gonner", autor(a) desconocid@. Amor en una familia burguesa decimonónica. Una de las hijas, Olive, conoce en un viaje a un pretendiente, a toda prisa éste le pide compromiso por carta antes de salir para las Antípodas... pasa el tiempo, y va dando largas en las cartas. Al final que sí, que parece que vuelve, pero con retrasos inexplicables, excusas peregrinas, se va acercando pero no acaba de llegar, toda la familia sobre ascuas... hasta que reciben la noticia de que, ya en Londres, ha muerto. Con esquela en el periódico y todo. Pero cuando van novia y padre a visitarle al cementerio, concluyen que no está enterrado allí. La prometida/viuda se va poniendo mala desmaya, y muere ella misma al poco tiempo. Pero al poco la familia descubre que las cartas supuestamente recibidas del extranjero, y toda huella de noticia relativa al novio, o no existían o eran de mano de la propia Olive. Caso extremo del ilusionismo del amor, que nos hace vivir en un mundo imaginado, con una persona que muchas veces no existe sino en nuestra imaginación—mayor la sorpresa, a veces, cuando parecía tener carne y hueso.

Blind Love, de V. S. Pritchett. Una divorciada de carácter decidido oculta un secreto: tiene una mancha enorme e irregular de color rojo oscuro por el pecho, y fue la causa de que su marido la abandonara a los pocos días de casados (ya digo que ella tenía carácter decidido). Ahora es solitaria ama de llaves en casa de un ricachón, ciego, educadísimo, muy inteligente y bastante caprichosete. Se tratan con cortesía exquisita y respeto, hasta que por esas ncesidades de la vida, acaban siendo amantes. Ella lo informa de lo de su mancha tanto como lo había hecho con el primer marido, esta vez creyéndose a salvo. Pero el vecindario maledicente se ha enterado de todo; la ha visto tomar el sol desnuda, y van a malmeter con el ciego... Ella los trata con desprecio, pero observa que el patrono/amante está raro con ella, como ofendido. Al final clarifican la cosa y viven tan felices: para él no significa nada—pero nada—lo de la deformidad de ella, si deformidad es la palabra: sólo estaba dolido por la falta de confianza de ella. Y le dice que además ya lo sabía.  Sí nos hace sentir este relato de modo muy vívido que a veces vivimos en universos paralelos, aunque es importante que los puntos en que se cruzan sean habitables. El amor de este cuento es sin embargo muy británico en el peor sentido del término, muy de conveniencia, una tibia amistad sexual parece, más que blind love.

Fifty Pounds, de A. E. Coppard. Una mísera pareja malvive en Londres, un escritorzuelo con ínfulas de genio incomprendido, tratado con ironía cruel por el autor, y una infeliz que lo quiere, y que se resigna a seguirle la corriente en su tren de vida... que no sólo exige no trabajar en nada más que en sus escritos invendibles, sino que además requiere que ella no trabaje, por dignidad personal de él. Y eso que no están casados. Al fin ella, no enfadada sino usando la cabeza, le dice que no puede seguir así y que lo deja al menos de momento, harta de miseria y muerta de hambre; que se va a Glasgow a un trabajo que le dan. El con chantaje moral a tope, que no se vaya, etc. Pero la chica va subiendo puntos para el autor y para el lector a medida que progresa la historia. El caso es que antes de irse se entera ella de que ha heredado una pequeña cantidad que les permitirá seguir juntos... y cambia de plan sin decirle nada a él. Para halagar su vanidad, le envía cincuenta libras de parte de "un lector anónimo, admirador con otros de su talento"... y espera ansiosa el anuncio triunfante de él. Pero no llega el anuncio. Hasta comprueba el acuse de recibo en Correos, y sí, sí, él tiene las cincuenta libras pero está callado como un muerto, bueno, con su chantaje emocional que sigue. Así que ella también mantiene el plan, y se va a Glasgow volviéndose en la calle para saludarle en la ventana.  

Lo que digo, si esto es amor... es amor mal encarado. O la selección es dudosa, o el amor—el amor "enamoramiento/pareja" es más virtual y quimérico de lo que solemos creer. Quizá, incluso amando en compañía, amamos mucho más solos de lo que nos parece.

Las Vírgenes Vigilantes











Viernes 7 de septiembre de 2007

The End of the Affair

Me acabo de leer (cuando digo me acabo de leer me refiero a acabar, no a acabar de leer de un tirón—a veces cojo un libro y lo voy dejando durante años) la novela de Graham Greene The End of the Affair.... Lo que se llevaba Greene en nuestros tiempos, que si le darían el Nobel, que si no... y luego te mueres y te pasas de moda.  Esta novela la republicaron para el centenario en Penguin Classics, con introducción de Michael Gorra (2004).

Son interesantes los comentarios del editor sobre el carácter religioso de la novela. En la novela, el incrédulo Bendrix narra la historia de su relación adúltera con Sarah, la esposa de su "amigo" Henry. Sarah pone fin a la relación por una promesa que le hace a Dios—si salva a Bendrix de un bombardeo, esto es en Londres durante la guerra. Sarah desarrolla una extraña fe católica casi insensata, existencialista y descreída, pero se agarra a ella como a un clavo ardiendo para dejar de ver a Bendrix y seguir con su patético esposo a quien no quiere. Según Michael Gorra, esta promesa que se hace a sí misma al margen de su matrimonio "la marca como un personaje emblemático de mediados del siglo 20, tan representativa de sus tiempos como Emma Bovary de los suyos: alguien definido por lo que Morton Dauwen Zabel llaama la 'pasión por una identidad moral propia', una figura que toma 'la integridad indestructible de la vida individual' como la medida de la justicia y la ley. (...) El trato de Sarha con Dios es sobre todo un trato consigo misma. Lo que viene a ser como decir que El final de la historia destaca como la novela religiosa de una época fundamentalmente laica" (xx-xxi).

Desde luego, vista desde fuera la elección de Sarah podría parecer muy interesada: típica ama de casa burguesa, sin hijos, no deja las comodidades de la casa de su marido, un funcionario bien aposentado, para irse a la incierta y miserable vida en un cuartucho con su amado. Es como para que le salgan escrúpulos religiosos a cualquiera. Sarah desarrolla una fe religiosa como quien construye un baluarte para el yo con puro aire, y donde no hay nada donde asentarlo. Adúltera compulsiva, los engaños y dobleces le minan el sentido de la realidad, y necesita con desesperación una realidad absoluta sobre la que centrarse y sujetarse—ser un sujeto en lugar de una colección de apariencias—y —presto— aquí está Dios para darle esa entidad.

Pero no se ve ella así, claro, ni la ve así Bendrix, ni el autor—aunque así la retrate. Para Bendrix, narrador no fiable, la conversión religiosa de Sarah es incomprensible, una especie de enfermedad contagiosa que se va apoderando de ella hasta matarla (y convertirla en santa milagrera). Ella vive su relación con Dios como un combate contra lo sobrenatural desde el descreimiento, y su conversión presagia la de Bendrix—tanto menos fiable parece el narrador, cuando la posición del catolicismo doliente y agónico es bendecida por el autor, y Bendrix ya está en la fase de maldecir a Dios como a un rival amoroso—poco le falta para su propia crisis, y de hecho acaba compartiendo casa con Henry el marido de Sarah, una relación homosocial a dos o a tres, si contamos a Dios. Porque en realidad la relación homosocial de Bendrix con Henry sirve sólo de contrapunto a la relación homosocial con su auténtico rival: Henry se relaciona con Dios por mediación de Sarah y el sexo, una relación tormentosa de amor-odio donde las haya. Y apreciamos que para Greene, autor no fiable, también está la salvación, o al menos la vida tal como merece la pena vivirse, en la combinación de intriga, pasión, disimulo, alcohol, sexo, pecado y arrepentimiento en la que viven sumergidos los personajes, siempre con sus superficies en tensión y a punto de llevarnos a la vuelta de la esquina a revelar tumultuosas relaciones consigo y con los demás.

No me extraña que el catolicismo de Greene pareciese a más de uno sospechoso y herético: es un catolicismo anglosajón, que sirve para añadir intensidad moral al individuo y acentuar sus paradojas, en lugar de reconciliarlo con el medio ambiente oficial. Es un católico que sólo se realiza plenamente pecando, para tener más profunda conciencia de la salvación. Es significativo que a la vez que escribía Greene esta novela estaba llevando una relación adúltera con la persona que le inspiró el personaje de Sarah, Catherine Walston, cuyo marido también se llamaba Henry. Era un caso casi patológico de tentar a la suerte, o de jugar con el riesgo de la revelación a la manera de sus personajes.  Greene reparte sus actitudes entre la conversa Sarah y el descreído pero existencialmente atormentado Bendrix, y pone fin al asunto en la dimensión ficcional, con una promesa a Dios: pero en la realidad la promesa existe sólo para romperse, y vivir más intensamente la vida pecadora, de pasión y riesgo. Es característico que en esta novela se compara comprar un crucifijo, como acto vergonzante, a la compra de condones. Aunque en este caso sospechamos que el crucifijo es (al menos para el autor) un acicate erótico, más que un mal necesario.

Visto como proyección de la vida real, en medio de una historia real, y no en el final de una ficticia, y jugando peligrosamente con la revelación de secretos, adquiere otro tono el principio memorable de la novela. En él Bendrix va a abordar a Henry, su cornudo particular, a gozar de la superioridad sobre él que le da su secreto; triste consuelo, porque Henry ha conservado, al menos sobre el papel, a Sarah:

Una historia no tiene principio ni final: arbitrariamente uno elige el momento de la experiencia desde el cual mirar hacia atrás o hacia adelante. Digo que "uno elige" con el orgullo inexacto de un escritor profesional que—en las pocas veces en que ha sido considerado con seriedad— ha sido alabado por su destreza técnica, ¿pero acaso elijo yo con mi propia voluntad esa noche negra y húmeda de enero en el parque, en 1946, la visión de Henry Miles atravesando de cruzado la amplio río de lluvia, o me eligen a mí esas imágenes? Es conveniente, es correcto según las reglas de mi oficio empezar justo allí, pero si hubiese creído entonces en un Dios, también podría haber creído en una mano, dándome en el codo, sugiriendo "Háblale: no te ha visto todavía".

 Los adúlteros, como otros fabricantes de realidades alternativas, detentan la llave de la realidad auténtica, y eso proporciona cierta ilusión de dominio, pero a la vez minan la propia solidez del universo en que viven. Es una relación vertiginosa con la realidad, y Greene evidentemente la sentía de modo intenso al escribir esta novela. Pero observamos ya en esta escena un juego de perspectivas: en realidad, Henry no es tan ciego como parece, y simplemente mantiene las apariencias, intentando evitar el detonante que ponga fin a su matrimonio. Y Bendrix no creía en Dios entonces, cuando era personaje. Ahora que es narrador, su posición ha cambiado, ha sido azotado por el Supremo y está más cercano al credo impossibile del autor. Por tanto, hay realidades detrás de realidades, y el final de una historia es ya la parte de enmedio de otra historia que había empezado sin que nos enterásemos apenas—en este caso la de la conversión del descreído narrador. Aquí sólo Dios es el detentador de la estructura final de la realidad—que es tanto como decir que la realidad es paradójica e inescrutable.

Poe-tics of topsight





Jueves 6 de septiembre de 2007

Shot in Laughters Place

Me acabo de leer las Obras de William Drummond, al menos la mayoría de las publicadas, en la edición de R. H. MacDonald (William Drummond of Hawthornden, Poems and Prose, Scottish Academic Press, 1976).

Es uno de los sonetistas neoplatónicos del Renacimiento (entre sus poetas cita a Garcilaso y Boscán), con un toque pesimista muy barroco. Aquí está el soneto XXIV de sus Poems de 1614-16.

In my Minds pure Glasse when I my selfe behold,
And vively see how my best Dayes are spent,
What Clouds of Care above my Head are roll'd,
What comming Harmes, which I can not prevent:
My begunne Course I (wearied) doe repent,
And would embrace what Reason oft hath told,
But scarce thus thinke I, when Love hath contrould
All the best Reasons Reason could invent.
Though sure I know my Labours End is Griefe,
The more I strive that I the more shall pine,
That only Death can be my last Reliefe:
Yet when I thinke upon that Face divine,
     Like one with Arrow shot in Laughters Place
     Malgre my Hart I joye in my Disgrace.


Cuando en el espejo puro de la mente me contemplo,
Nítidamente me veo echando a perder mis días,
Qué nube de cuidados ya se agolpa en torno mío,
Qué males están por llegar y que detener no puedo,
Así de lo ya emprendido (ya cansado) me arrepiento,
Y bien optaría por lo que la Razón tanto aconseja.
Pero al punto ha llegado y dominado Amor
Todas cuantas razones la Razón invente.
Aunque sé por cierto que he de terminar dolido
De todos mis trabajos, y que a más que pene
Me doleré más, que el único alivio es la muerte,
Cuando pienso sin embargo en ese rostro divino,
   Es como un tiro de flecha en el punto de la risa:
   Y mal que quiera ha de ser que en esta desgracia ría.


Grave grabación de ultratumba






Miércoles 5 de septiembre de 2007

Boli Bic Negro

Cartel visto en el campus:

VENDO BOLI BIC
Y REGALO ENTRADA
PARA EL CONCIERTO
DE HEROES DEL SILENCIO
INTERESADOS LLAMAR
AL TELEFONO talycual...

Hecha la ley, hecha la trampa.

Sara te quiero






Narratives of trauma and race

(A response to a thread in the Narrative-List asking for suggestions:)

In a study of trauma and race, I would suggest including Stephen Crane's "The Monster"— I once wrote a paper on the black protagonist's disfigurement as a traumatic displacement of racial/ethical tensions. Not that it is a trauma depicted under the author's control, I think. In dealing with traumatic narratives, of course, there is the issue of whether it is the critic who brings the trauma to light, or whether the narrative is a narrative of trauma acknowledged and dealt with by the author, or whether the traumatic situation is "always already" analyzed in a narrative which on the face of it would seem to be a mere traumatic expression. And all the shades of grey in between.


Out of character



¡Nominado!

Sí, me han subido un poco la nómina, con otro complemento más, satelizado en torno al sueldillo.
Egolatry
Pero no, me refería a que además me han subido un poco el ego (sí, se puede), nominándome Magda en Apostillas Literarias (¡gracias Magda!) como uno de los cinco blogs que te hacen pensar.

¿Es un meme? ¿Es un premio? ¿Es Supermán?  Bueno, pues me parece que me voy a sumar a la cadena y nominar a cinco blogs que me hagan pensar... mejor que instituir uno de esos premios con cheque en blanco-blanco, o accésits sin premio.  O vale, llámenlo I Premio Vanity Fea, si quieren... y hago como esos blogueros que instituyen un premio

...
y la primera impresión es que, si bien sí leo algunos buenos blogs regularmente, esto me hace pensar lo mal que conozco la blogosfera, a pesar de estár zanganeando por ahí la mitad del día.  En fin, cuando llegue a alguna conclusión sobre mis cinco nominados, que no deben nominarme a su vez, aquí los pondré. Para más información sobre el meme, ir al blog de Magda arriba... y los avisos los pasa Technorati. Es que no soy aficionado a los memes, pero hay que reconocer que este, además de trabajar a mi favor, tiene un interés crítico evidente. O lo tendría si fuese yo un experto en blogs que me dejen pensativo...

... y oye, ya que estamos dándole al ego, si hay blogs que me hacen pensar, ¿igual parte del mérito corresponde a este pensador?  Ya lo decía Wilde,

"from subjects of little or no importance (...) the true critic can, if it be his pleasure so to direct or waste his faculty of contemplation, produce work that will be flawless in beauty and instinct with intellectual subtlety. Why not? Dulness is always an irresistible temptation for brilliancy, and stupidity is the permanent Bestia Trionfans that calls wisdom from its cave. To an artist so creative as the critic, what does subject-matter signify? No more and no less than it does to the novelist and the painter. Like them, he can find his motives everywhere. Treatment is the test. There is nothing that has not in it suggestion or challenge." (The Critic as Artist).

Pero aparte de mi propia aportación observadora, entre los que me motivan para bien, están, sin orden cierto ni concierto...

Diarios

Crónicas bárbaras

The Loom

Making Light

Van cuatro...  lo que veo es que no empleo la blogosfera realmente para pensar... Ah, pero me olvidaba del blog que más pensativo me deja:

¡Vanity Fea!

– ¿porque quién dijo que no podía votarse uno mismo? Ahora, y sólo ahora, no me puedo volver a votar.

PS: Además de nominado, estoy nombrado. Me ha pasado un colega de la Uni un periódico del mes pasado donde hablaba de mí David Ballota en su columna del Heraldo de Aragón "Cosas de blogueros", en un artículo titulado "Los libros se sienten y se ven en la blogosfera"... aunque ya avisa que "algunos de los libros sobre los que postea García Landa no son para todos los públicos". Bueno, ninguno lo es, en realidad, por mucho que quieran hacer ver que sí. (Más gracias a David, por ponerme tan destacadamente en este artículo).

Heraldo



En el fondo no estoy tan mal



Martes 4 de septiembre de 2007

Them Heavy People

Por si hace falta que la presente, es Kate Bush. Hablando de la gente que nos obliga a salir de nosotros mismos... con lo bien que estamos ahí, leshes.

Sophie B. Hawkins, "I Want You"


Lunes 3 de septiembre de 2007

Extrañas conexiones

Extrañas conexiones las que introduce Internet entre la gente. Y extrañas reconexiones. Si se hiciese una lista de las personas cuyos nombres gugleamos... Google la tiene, claro, o podría tenerla. "The Database of Intentions", la llamaba John Battelle a la colección de búsquedas y de pistas dejadas en la red. Igual la podría haber llamado "The Database of Desires" --pues se busca lo que se desea, ¿no? Esos enlaces mentales a los que vuelve la cabeza una y otra vez, ahora a tiro de una tecla: "Send". ¿Le damos a la tecla, o no le damos? Muchos le han dado, y las consecuencias son imprevisibles. La contingencia de las relaciones personales aumenta exponencialmente.

John Battelle, The Search




Domingo 2 de septiembre de 2007

Deseos de ser piel roja

Esto es una reseña de La Carta Esférica de Arturo Pérez Reverte, con guión y dirección de Imanol Uribe, interpretada por Aitana Sánchez-Gijón y Carmelo Gómez. En breve: para pasar el rato, y poco más; apta para echar el domingo por la tarde en la tele.

Se le ha criticado que si es poco espectacular, que si el ritmo no arranca, que si es demasiado  estereotípica en sus diálogos; es cierto que con frecuencia no suena como gente conversando sino como pesonajes exponiendo una historia para ilustración del espectador. Da impresión de estar hecha con pocos medios, tan pocos los buscadores de tesoros como los buscadores de tesoros cinematográficos; se les debió ir el presupuesto en cenar langosta ("langosta verde") en lugar de echarlo en la película. Pero bueno, no me quejo de los mafiosos con pocos medios, por lo menos tenían buena jeta de mafiosos.

El asunto va de un rescate ilegal de un tesoro hundido, del barco jesuita Dei Gloria, a manos de los protagonistas, con competencia por parte de una empresa dudosa con base en Gibraltar. Al final lo localizan calculando la desviación en base a ciertos errores en un mapa y gracias a un sistema de referencia secreto que empleaban los jesuitas, dato que les da un catedrático (posible víctima de los encantos de la protagonista).

Se le ocurre a uno que el reciente caso que sucedió y que tuvo tanto eco en los noticiarios nacionales debió ser en parte una estrategia de lanzamiento de esta película, a través de algún contacto con los noticiarios. Aunque no dudo que piratas hay en Gibraltar, y en todas partes. Hasta en el Ministerio, vamos, porque la Aitana, aquí "Tánger", hace de funcionaria del Museo de la Marina que, con financiación oficial, se dedica a barrer para casa y llevarse las esmeraldas, estafando a todo el mundo por el camino: a su ex (el gibraltareño, bueno, italo-gibraltareño Nino Palermo), a su sicario a quien soborna, a su pareja el marinero protagonista Carmelo Gómez / "Coy" y al socio de ambos "Piloto"... menos mal que el tal Coy cambia las esmeraldas de sitio en el último momento, y la deja con un palmo de narices llevándose un cargamento de piedrecitas. ¿Volverá Tánger a por las esmeraldas, a cambio de más sexo? Nos quedamos con la duda, no despejada por la narración retrospectiva.

Quizá las mejores escenas son las que aparecen las viñetas de El Tesoro de Rackham el Rojo,de Tintín, pero hasta esas son bastante glaciales. La película es fría hasta en las escenas de orgasmos, orgasmos a golpe de guión. Claro, que la impresión que le dejaría a cualquiera la señora funcionaria ésta sería más bien glacial, pero se supone que el marinero tenía otros parámetros y su narración debería ser más apasionada.


En cuanto a mí, lo que me apasiona y me deja frío a la vez es la fascinación del protagonista, y del autor y guionista, por las tías malas remalas—eso sí, mientras estén buenas rebuenas, que sin un culo a juego el mal no tiene el menor atractivo. Uno piensa que una elementa tan vendida, mentirosa y manipuladora como la Tánger-Aitana ésta habría que tenerla apartada con un palo largo, pero no, el sueño del marino Coy es que se vuelva a meter algún día en su vida, como un elemento turbio de pasión y feminidad insondable, que le atrae como las profundidades marinas al Dei Gloria. Como digo, el mismo encanto femenino le veo yo al mafioso italiano y a su sicario, y es posible si nos pasamos a la vida real que la señora recupere las esmeraldas por el procedimiento de romperles las piernas a la pareja de nostálgicos que se acuerdan de ella conversando por el puerto al final. Que la mafia es la mafia.

Ella proyecta mejor idea de sí misma, como mujer de rompe y rasga: cuenta que en las películas de vaqueros hay dos tipos de mujeres, las que chillan cuando vienen los indios, y las que cogen el rifle—y que ella decidió ser de las segundas. Pero del argumento se desprende más bien que prefiere ser de los indios. O más bien podríamos ponerla como emblema de la cultura del pelotazo de los 90: desde el puesto oficial, y con financiación ministerial, pero a barrer para casa sin contemplaciones. Y tal es el oscuro objeto de deseo que se nos hace oscilar ante las narices, encarnados en nuestro Coy-avatar. Hemos de tenerla. Veamos: señoras fantásticas que vemos pasar y con las que no nos acostaremos, son el 100% de ellas, así redondeando o sin redondear. ¿Por qué entonces tenía Tánger "algo especial"? Yo le veo al protagonista, o más bien al autor a través del protagonista, ese mismo deseo de ser piel roja—dividido entre la honestidad ya no ético-política, sino personal-amorosa (guardemos las medidas) con la que actúa, y las ansias de libertad total, para robar, traicionar, no tener ataduras de ningún tipo que no sean las del egoísmo más desmesurado, destructivo e insensato. Que es atractivo, pero para sentirlo como atractivo hay que verlo desde fuera. Y encarnado en una tía buena. Vamos, que el protagonista/guionista/autor, sus ansias de ser piel roja las expresa por vía sexual, y se apropia de la ilegalidad de la vida dándole un cuerpo que se pueda penetrar con violentos embates físicos. ¿Es misoginia, es machismo, esta encarnación de la amoralidad absoluta en la mujer, que con un chasis bien asentado queda absuelta de responsabilidad ética, o más bien invierte los parámetros y se convierte en lo absolutamente deseable? Bueno, es ese tipo especial de misoginia que se combina con la atracción sexual y con una buena dosis de sadomasoquismo.
Y machismo, todos muy machos, eh. Hasta ella. Esto es todo un psicodrama del machismo y un catálogo de síndromes varoniles.

Con estos planteamientos queda claro que "para poder quererte / es mejor que tú no estés" como decía Gurruchaga;  donde se está bien de verdad es en la pequeña sociedad homosocial, con un colega tan castigado como tú, hablando de ellas y de lo que nos hacen sufrir, y de cómo las toreamos, y de lo remalas que son cuando son tan duras y tan ellas a la vez, y qué atractiva que es la maldad en cueros, y quién fuese un piel roja...

Borrachera de poder






Sábado 1 de septiembre de 2007

Nombres, Personas, Autores

Qué dudas salen haciendo un índice de autores para un libro, de esos que tan poco abundan en los libros españoles y tanto en los anglosajones, y que indican en qué página se nombra a tal autor. O a personas, en realidad, puesto que si bien la mayoría son referencias bibliográficas, también hay alusión en este índice a personajes históricos. Claro que no incluyo los personajes de ficción: esos caen bajo la referencia del autor que los creó.

 Las dudas que me salen son: ¿debo incluir a Dios entre los autores o personas? Aunque sea el Autor de todo, digo, y aunque tenga tres personas a falta de una. Por una parte es útil ver cuándo se le nombra, por otra es ligeramente irreverente o humorístico incluir a Dios en un índice de autores, aunque se suponga que haya dictado la Biblia, o de nombres, aunque Dios sea en cierto modo un nombre. Parecido me pasa con otros dioses: todos tienen cabida en un índice temático, pero ¿en un índice de nombres? Si incluyo a Dios, no sé por qué voy a dejar fuera a Zeus. ¿Se restringen al universo humano, estos nombres? Porque desde luego no hay consenso de que Dios pertenezca al universo de la ficción, y no se sigue que si no incluyo a Hamlet ni a Aquiles (que de hecho sí existieron, seguramente) tenga de igual modo que excluir a todo dios.

Además, lo malo de esto es que es un continuo. Si incluyes en el índice a personajes históricos, has de incluir a Jesucristo, a Moisés, a Abraham, y seguir avanzando por las nieblas del tiempo hasta que te dé apuro.  Lo cierto es que Jesucristo desentona menos que Dios en un índice de autores y nombres, aunque tampoco haya escrito nada salvo en los oídos de la gente. Por la misma regla de tres tampoco Sócrates debería figurar.

Estoy viendo que estos criterios no tienen nada de objetivos, y que los que de hecho se emplean son maneras de cortar por lo sano y no entrar en cuestiones ideológicas ni retratarse demasiado.

Ajusticiamientos








www.flickr.com
garciala1's photos More of garciala1's photos
IBSN: Internet Blog Serial Number 0-000-00000-1

(también tengo el IBSN 0-000-0000-1
... ná menos)

Más atrás: agosto 2007

BLOG DE HOY