zeppelinBlog de notas de José Ángel García Landa (Biescas y Zaragoza) - Julio 2007

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Martes 31 de julio

Las Médulas

Nos vamos con lo puesto a visitar las minas romanas de Las Médulas, cerca de Ponferrada—bueno, cerca pero no tan cerca. Después de ver en unos vídeos cómo los romanos hacían lo que llamaban ruina montium, subimos a un mirador desde donde se veia, a modo de Gran Cañón del Colorado, el paisaje impresionante que dejaron los romanos... bueno, los astures, que romanos no debía haber ninguno dando ni pico. Pero eso sí, ahí los tenías midiendo y diseñando canales y túneles: hasta desde 100 kilómetros traían el agua por cumbres y riscos para hacerla llegar hasta la cima de estos montes, y poder derrumbarlos con un sistema de galerías. Como no tenían dinamita, tenían que derrumbar medio monte de vez con un sistema de galerías inundadas de repente, para aprovechar la propia fuerza del monte derrumbándose y que cayese aún más. Dice Plinio que el resultado era una auténtica explosión, con onda expansiva incluida, y un estruendo tal que no lo imagina el oído humano.
Las MédulasO el oído romano, al menos: en decibelios hemos subido el nivel en la actualidad—pero estas minas dejan pequeñas a las minas modernas que aún se ven alrededor en el horizonte.

 
Total, que después de haber subido andando con lo puesto sin una tarjeta de crédito siquiera por lo del peso, resulta que nos cobraban por entrar a ver las galerías subterráneas... y sólo ha podido pasar Alvaro con el euro de calderilla que hemos logrado reunir. Todo por no volver a subir, claro. Y Álvaro, va por esas galerías de murciélagos, lo vemos aparecer como un microbio en un túnel el frente de un acantilado, que parecía un ojo de cíclope (así tal como en la foto), y ni lo reconocemos, el tío ni saluda a los del mirador de enfrente ni nada... Pensamos que ese túnel debía dar horror a los medievales, que probablemente ni se acercarían por allí pensando que este paisaje sería obra del demonio. La guía decía que de críos aún era más impresionante ir por la cueva y salir al acantilado sin pretil ni mirador, claro...

Total que todo el día de viaje; y mientras los cuñados, que nos querían traspasar al abuelo para las vacaciones, alterados porque no nos localizaban y no sabían si volvíamos a Zaragoza... pero ya está arreglado, y todo el mundo localizado. A mí no es difícil localizarme, con Google está hecho, pero a veces se ahoga uno en el exceso de tecnologías.

Aventuras en Bañales






Recurso de apelación

Sobre el tema de la cátedra de 2003... aún. Me envía esta información mi abogada.

Hoy ha quedado presentado el recurso de apelación.  El recurso consta de siete alegaciones, una Primera que viene a identificar los fundamentos de la sentencia de instancia que se consideran disconformes a derecho. Que son cuatro: Composición del Tribunal, el tema del perfil, el establecer la valoración de proyecto investigador como uno de los criterios a tener en cuenta y el tema de que los criterios de valoración no recogen la actividad investigadora como un mérito prioritario.

A la impugnación de estas cuestiones se añaden dos, a las que no se hace referencia en la sentencia de instancia: 1- El hecho de que sí que se presentó proyecto investigador, 2.- El tema sobre la irregularidad en las votaciones.

PS: La abogada rebate, con argumentos a mi juicio irrefutables, el razonamiento de la sentencia de instancia, concluyendo que es antijurídica, viciada en sus argumentos, y debe ser revocada. Resumiendo:

- Vicios relativos a la composición del tribunal: La presidenta de la Comisión no es quien ha de decidir sobre la renuncia presentada por uno de los miembros, sino el Rector: sin embargo, no se dio traslado al Rector de esa renuncia. La sentencia se equivoca al dar por buena la confusión que se hizo de renuncia y mera ausencia.

- Vicios relativos a la aplicación del perfil: Una vez establecida la legitimidad de un perfil que abarca la mitad de las materias de nuestra área de conocimiento, no puede legítimamente excluírseme como inadecuado para ese perfil —y eso sin ofrecer ninguna explicación—habida cuenta de mi extenso currículum investigador con reconocimiento y evaluación oficial y en revistas y editoriales de reconocido prestigio, etc. Vamos, que no le gustaban al tribunal, al parecer, la narratología, la hermenéutica, el análisis del discurso o la estilística, o no les gustaba yo, y lo resolvieron por la vía rápida diciendo que eso no es lingüística. Pero eso entra dentro de la arbitrariedad del tribunal, no de su discrecionalidad técnica.

- Vicios relativos a la valoración del proyecto de investigación. El más gordo, ignorado por el juez: que aunque la comisión dice como un solo hombre que no presenté proyecto de investigación, allí está en los papeles que les entregué. Ni palabra sobre el asunto tiene el juez. Y ya es vicio, ya. Sin contar con que ni siquiera tenían derecho a exigir la presentación de ese proyecto en el primer ejercicio, como reconoce a regañadientes el propio juez.

- Vicios relativos a "la obligación en este tipo de procesos de que se considere la actividad investigadora como mérito prioritario". Como argumenta mi abogada, "el hecho de que la valoración de la actividad investigadora únicamente tuviera un peso del 40%, no supone su consideración como mérito prioritario, por cuanto un candidato sin absolutamente ninguna actividad de este tipo, pero con unas puntuaciones elevadas en los demás apartados, podía superar esta primera prueba por delante de un candidato con el máximo de puntuación en el apartado de la actividad investigadora"—un razonamiento que pueden entender hasta los de matemáticas.

- Vicios relativos a irregularidades en la votación.  Aquí hace falta una pequeña cita del recurso:

"En relación a esta cuestión, la sentencia de instancia guarda silencio; no obstante, se hace necesario llamar la atención sobre la falta de conformidad de las votaciones de los miembros de la Comisión con la puntuación otorgada al candidato y (...) lo que es más grave, los informes razonados de los miembros de la Comisión no se corresponden con las votaciones otorgadas.

En este sentido, la propia sentencia de instancia, en su fundamento octavo, señala que los miembros de la Comisión fueron más críticos con [José Ángel García Landa] que con el resto de candidatos, "especialmente la señora Onega y el señor Garrudo, folios 112 y 113". Sin embargo, el único voto que le fue otorgado a mi mandante fue de la Sra. Onega, precisamente uno de los miembros de la Comisión más críticos con el Sr. García Landa".

Tras citar precedentes de sentencias que declaran antijurídica en las oposiciones la incongruencia entre el informe razonado y la votación,

"y aplicado al caso que nos ocupa, el hecho de que una de las personas más críticas en su informe otorgara su voto a mi mandante, junto con el hecho de que parece que ese voto responde a una traslación de la puntuación otorgada a los candidatos a un número determinado de votos, resulta una actuación disconforme a derecho y vulneradora de la normativa de aplicación a este tipo de concursos".

Vamos, que si tras su actuación injusta y arbitraria la Dra. Onega pensaba que quedaba cubierto el expediente dándome su voto (sobre el papel, vamos) de modo gratuito e injustificado—o si pensaba que con eso se hacía menos extraña y sospechosa su actuación—estaba muy equivocada.

Esperemos que la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Aragón, a donde se remitirá el asunto ahora, tenga mejor criterio que la comisión evaluadora, que el Rector, y que el Juzgado de lo Contencioso Administrativo Nº 2.

Esperemos—pero sin confianza alguna, visto lo visto hasta ahora, y vistos los criterios que se llevan a misa y se lucen con toda la tranquilidad del mundo.


Comentario de la sentencia


Lunes 30 de julio de 2007

Mañana, de vuelta

a Zaragoza. Que será larga, ancha es Castilla-León. Pero para hoy me parece que aún planeamos la última excursión a Estaca de Vares, el norte del norte. Y entretanto tenemos cumpleaños de Mrs. B. ¡Felicidades! Al contrario que a mí, le encantan los cumpleaños propios y ajenos. Pues a disfrutarlo.

Bringing It All Back Home


La narración conversacional

Apuntes sobre el libro Conversational Narrative, de Neal Norrick (Amsterdam: Benjamins, 2000). Que trata del uso de la narración en medio de la conversación, ya sea informando, cotilleando o contando anécdotas personales o chistes. (Antes había trabajado Norrick sobre el humor en la conversación).

El planteamiento parte de la tradición sociolingüística de Labov, aderezada con Wallace Chafe, Deborah Tannen, Harvey Sacks y Livia Polyani, que son los autores más citados—junto con los estudios de Bartlett sobre la memoria. Comienza el libro con planteamientos metodológicos sobre la estructura narrativa y sobre elementos formulaicos y repetitivos en la narración oral, pasa luego a ocuparse del tema de los relatos repetidos y el acto de recontar; luego presta atención al encuadre de los relatos en el proceso de la conversación, clasifica los tipos de narración conversacional y compara las narraciones conversacionales espontáneas a casos próximos como el relato de chistes y los relatos en obras dramáticas. Termina con conclusiones que sugieren posibles desarrollos de la investigación sobre este tema.

En conjunto me ha parecido interesante aunque limitado (esto a pesar de su voluntad de ampliar el planteamiento metodológico, proporcionar un panorama más completo de la narración conversacional, y juntar perspectivas diversas)—un tanto cuadriculado, machacón y poco especulativo; demasiado atado a su método y lo que le permite ver. Poco tienen que ver sus análisis de los relatos en Shakespeare o Beckett con lo que haría un crítico literario, que iría mucho más allá en su análisis del relato en contexto, con respecto a la personalidad del narrador, la temática de la obra, etc. El seleccionar sólo determinados aspectos de los relatos conversacionales, sin embargo, sí aporta conocimientos nuevos sobre esos aspectos en concreto.

El capítulo introductorio señala que los conversadores pueden usar la narración para propósitos distintos. Generalmente uno toma protagonismo en el acto narrativo y asume el papel de narrador; enfatiza Norrick que los demás sin embargo siguen interactuando; "El narrador (teller) introduce la historia para asegurarse el interés de los oyentes, hacerse con el control del turno conversacional, y asegurar la comprensión. Entonces el narrador debe dar forma a los materiales que recuerda adaptándolos a una actuación verbal diseñada para el contexto presente. Este puede incluir interrupciones y comentarios de los oyentes; de hecho, los receptores pueden intentar redirigir la línea del relato, reformular su asunto (point) o incluso volverse co-narradores del relato con todas las de la ley. En cualquier caso, los receptores del relato al parecer pueden comprender y evaluar el relato que oyen lo suficientemente rápido como para responder adecuadamente a él, quizá con relatos propios a juego. Describir estos procesos ha de ser un objetivo fundamental de para ofrecer una imagen completa del uso efectivo del lenguaje". (1; traducción mía).

Critica Norrick la imagen del relato demasiado unilateral ofrecida por los estudios de Labov y Waletzky. Al no estudiar relatos espontáneos, sino inducidos por el investigador, primaban el papel de un narrador al que se escucha, sobre el proceso efectivo de la interacción conversacional. (Vamos, que el contexto de la investigación era un tanto artificial). Norrick emplea grabaciones de conversaciones espontáneas entre amigos o familiares. Para Norrick, "La investigación sobre la narración conversacional debería concentrarse en el proceso de cómo se consigue hacer interactivamente una narración entre narrador(es) y oyent(es), observando además las diferencias entre narraciones efectuadas por primera vez, relatos renarrados, y relatos repetidos con frecuencia" (2). También enfatiza más Norrick la función actual del relato, antes que la secuencia "original" de acontecimientos: "Labov & Waletzky toman una secuencia de acontecimientos como la subestructura preexistente de las narraciones personales. Pero los relatos extraidos de conversaciones auténticas muestran que los narradores recrean sus recuerdos de los acontecimientos pasados para adecuarse al contexto presente. Lejos de simplemente recapitular la experiencia pasada, los narradores a menudo parecen revivir, reevaluar y reconstruir la experiencia recordada" (2).

Este planteamiento me interesa, por su relación con la retroactividad de la retrospección—un asunto obsesivo para mí. También promete un planteamiento interesante para desarrollar una teoría de la ficcionalidad (algo que me podría interesar si me decido a hablar sobre este tema en la conferencia de París). Lástima que esta línea de razonamiento no está realmente desarrollada en el libro, ni lleva a conclusiones que vayan mucho más allá de lo aquí dicho.

Quita énfasis, pues, Norrick a la secuencia básica de acontecimientos (una pérdida de énfasis que se ve en muchos enfoques contemporáneos sobre la narratividad). Enfatiza, en su lugar, algunos elementos verbales e interaccionales: "Mis propios datos conversacionales muestran a los narradores organizando sus intervenciones en torno a la repetición y a la formulaicidad tanto como en torno a la secuencia: también ilustran más estabilidad en la evaluación y en el diálogo que en la secuencia de acontecimientos en las historias renarradas" (3). 

En línea con los teorizadores de la recepción (Iser, etc.) aquí se enfatiza todavía más la esquematicidad de la actuación narrativa: "el receptor de una narración conversacional debe trabajar incluso para actualizar un esqueleto narrativo a partir de una actuación a menudo polifónica y discontinua" (4). El proceso narrativo también transforma al narrador volviéndolo a poner en contacto con la experiencia y activando rememoraciones y llevando a reevaluaciones de los hechos pasados a la luz de la situación presente. "Por tanto debemos rechazar la definición de Labov de la narración como un método de recapitular la experiencia recordada, en la medida en que suponga que el recuerdo de la experiencia pasada permanece inalterado por la narración" (4). Recontar es recordar, y recordar es re-acordar lo narrado no sólo entre sí, sino con lo sucedido después: un planteamiento que podría llevar a Norrick en dirección a la hermenéutica de la experiencia temporal, pero no lo hace, pues se mantiene en límites disciplinarios mucho más concretos.

 El contexto presente ayuda pues a entender la narración que se hace de los acontecimientos pasados: "Para entender estos relatos espontáneos, debemos investigar los contextos conversacionales que los ocasionan, y los propósitos que cumplen" (5). Así, hay muchas ocasiones para la narración conversacional (algo que escapaba al método planteado por Labov, que solicitaba del sujeto una narración). Salen a la luz  con este enfoque los prólogos y resúmenes que utilizan los hablantes para establecer la narrabilidad de los relatos, y para enviar señales sobre el tipo de reacción que esperan. También hay que estudiar la manera en que un relato enlaza con otro propuesto a continuación por el interlocutor. Se obtiene un panorama distinto de la actuación narrativa estudiando los contextos efectivos de narraciones auténticas. "Por consiguiente, propongo complementar la descripción estructural de las estrcuturas narrativas que subyacen a los relatos con un micro-análisis de las estrategias de los narradores, para desarrollar una retórica de la narración conversacional junto con una descripción de los contextos que dan lugar a relatos conversacionales y de los efectos que tienen en la interacción circundante" (5-6).

Además de memorizarse secuencias de acontecimientos, en la narración se memorizan secuencias verbales específicas, porciones textuales, fórmulas—las historias renarradas muestran señales de las veces anteriores en que se han narrado.

Utiliza Norrick la teoría de marcos siguiendo a Tannen especialmente—aunque creo que se le podría sacar más partido a la multiplicidad de usos que encuentra Goffman para el concepto de marco, aplicándolos específicamente a la narración.

Norrick, como Chafe y otros, enfatiza el carácter "aditivo" del lenguaje hablado frente al carácter "subordinativo" del texto escrito. (11). (Me queda la duda, sin embargo, de si subestima subordinaciones conceptuales, implícitas, marcos dentro de marcos, etc.,—en favor de elementos superficialmente o más visiblemente aditivos).

Al enfatizar la preeminencia de elementos formulaicos, evaluativos, etc. sobre la secuencia de acciones, también veo un posible problema… si las evaluaciones de un hecho cambian con la distancia temporal, quizá las evaluaciones también parezcans ser candidatas para la reelaboración en distintas renarraciones. Y las fórmulas, ¿no pueden pasar también de unos relatos a otros distintos, si en la renarración de esos han resultado ser eficaces? Quizá cada análisis concreto de un relato, en profundidad, nos proporcionaría resultados que escapan a un método que sólo seleccione ciertos elementos para su valoración. Aunque sea malo para las conclusiones generales...

(... de hecho Norrick admite, de modo a la vez interesante pero insuficientemente desarrollado en sus conclusiones, que el propio analista, como cualquier oyente, también ha de reelaborar las actuaciones verbales que analiza para extraer de ellas relatos que pueda analizar. Pero el método analítico que sigue para extraer la "narración básica" a partir de una secuencia conversacional es de hecho el aspecto más cuadriculizante, abstractivo y cuestionable de todo el enfoque de Norrick).

Norrick graba conversaciones con el conocimiento de los sujetos, arguyendo que al poco rato se deja de prestar atención a la grabadora, "nos cuesta estar pendientes de oyentes no directamente presentes frente a frente" y "la grabadora tiene poco o ningún efecto" sobre las conversaciones grabadas (18). Sea como sea,  sus datos ponen de manifiesto "que la narración surge de, y prolifera con, el contexto conversacional concreto; hacen resaltar la naturaleza interactiva de la narración, y el papel clave que juega el público" y contrapesan otros datos que provienen de tantos análisis de narraciones literarias o cuidadosamente seleccionadas, y escritas.

Sobre este punto habría que observar que estas conversaciones orales siguen estando escritas, o transcritas: y que para desarrollar ciertas direcciones del tipo de estudio que plantea Norrick será imprescindible presentar los datos y análisis en formato electrónico, con vídeos y ficheros de audio. Aunque yo personalmente no voy a ir por ahí.

Para la transcripción, escribe Norrick sus narraciones a modo de versos, constituido cada uno por una unidad de entonación. "Los textos escritos se estructuran en torno a  oraciones completas; mientras que el lenguaje hablado se organiza en torno a las unidades de entonación" (20)—afirmación que se presta, claro, a matizaciones. Emplea signos para marcar interrupciones, superposiciones de turnos, enlaces sin solución de continuidad entre hablantes, etc.

El capítulo 2, "Internal narrative structure", propone métodos para "extraer" narraciones de modo sistemático a partir de las interacciones, y define algunos conceptos y procedimientos.

"Defino elemento narrativo como una frase con forma verbal del pasado que describe una acción o cambio de estado; y defino narración (narrative) como un conjunto coherente de dos o más elementos narrativos". (28). (Se verá que si esto se toma al pie de la letra es una cuadrícula artificial, y si no, el sistema debería reformularse. Tómese esta narración donde Juan le cuenta a Paco: "Esta mañana me encuentro a Pedro y le digo, oye, a ver si me pagas lo que me debes, y el tío me dice, eso digo yo, a ver si te lo pago"—Que no es una narración según los criterios recién expuestos. O, preguntemos qué es "coherente", pues la coherencia muchas veces depende del criterio de quien es capaz de verla).

Siguiendo a Polyani, Norrick junta las intervenciones de narrador e interlocutores para llegar a determinar una narración coherente para el analista; "una estrategia que tiene perfecto sentido desde mi punto de vista, en la medida en que refleja la tarea a la que se enfrenta un auditor que tiene que componer una estructura narrativa coherente de una actuación conversacional polifónica" (29). Por otra parte, no se vé bien para qué busca Norrick establecer esas simplificaciones esquemáticas de relatos—para determinar su identidad, quizá, pero es en todo caso son cuestionables estas "estructuras narrativas" abstractas tanto en su interés para lo que busca Norrick (pues dejan de lado muchos aspectos interactivos y textuales) como en la metodología un tanto mecánica mediante la que se obtienen. Critica Norrick a Labov & Waletzky por su metodología un tanto mecánica para determinar la secuencia narrativa, pero su propio método tampoco parece mucho más elástico. Sí quiere, sin embargo, prestar atención a elementos retóricos ajenos a la mera secuencia, como son la construcción de diálogo, el uso de fórmulas, y fallos de producción discursiva. (Elementos que curiosamente parecen eliminados por las definiciones que ha dado).

Propone dar cuenta de relaciones semánticas (uso de presuposiciones, etc.) acudiendo al concepto de marcos situacionales. También hay un segundo tipo de marcos, marcos narrativos, o macroestructuras de distintos tipos de relatos siguiendo a Quasthoff.

El capítulo 3 se plantea estudiar la formulaicidad y la repetición en la actuación narrativa. Veo un problema en una interpretación demasiado simple o limitada del concepto de formulismo. El uso de fórmulas verbales fijas (refranes, expresiones idiomáticas, etc.) no puede separarse del problema de la cuestión de grado: del hecho de que estamos hechos de formulismos diversos, a nivel de arquetipos, macroestructuras, esquemas retóricos, historias habituales, ideologemas, etc. Es crucial al tratar el problema del uso de fórmulas el ver cómo la simple cuestión del formulismo lingüístico se enraíza y se entremezcla con el problema más general del carácter codificado o estructurado de la actuación en general. Y este problema aquí no se plantea.

No carece de interés, sin embargo, el estudio de los formulismos verbales en sí. Norrick observa cómo se utilizan para orquestar o subrayar el proceso narrativo. También toma de Tannen el concepto de formulismo local o espontáneo, con valor de tal en el contexto de una sola interacción.

La repetición, también según Tannen, establece esquemas, hace reconocible la estructura, orienta el suspense y la respuesta. Bajo "repetición", Norrick incluye paralelismos fónicos o léxicos, pero no engarza sus ideas con la tradición retórica o de crítica literaria, que ha llevado este tipo de análisis estructurales mucho más lejos.

Más interesante es el capítulo sobre la renarración.
(De hecho, yo llegué al libro de Norrick siguiendo un interés en la repetición y reelaboración narrativa, que desarrollé en mi artículo "Narrating Narrating", que ahora está en prensa). Chafe había trabajado ya sobre el tema, pero "Chafe describe el relato como si fuese un proceso de recuperar información de la memoria, seleccionarla, y verbalizarla; pero yo veo la producción del relato como una reconstrucción más que un simple rememorar. Tiendo a ver a los narradores atrapados en un contexto dinámico y en su propia actuación, narradores que adaptan una historia básica para adecuarla a las necesidades temáticas presentes de la interacción. Al contar nuestras historias personales, creamos y recreamos nuestro pasado a la luz de nuestras necesidades y preocupaciones actuales, en lugar de simplemente recapitular una experiencia almacenada" (69).

Los análisis concretos, sin embargo, son menos fascinantes de lo que promete este planteamiento, quizá porque el tipo de análisis es demasiado rígido y atado a procesos concretos como para dar cabida a un estudio en profundidad de motivaciones y actuaciones. Por ejemplo, la comparación efectiva entre los acontecimientos originales y su narración cae por completo fuera de la metodología aquí planteada. Se apuntan elementos interesantes de los que caben en el método de Norrick: la función de repeticiones literales y paralelismos en distintas versiones de un relato, por ejemplo. Pero algunos elementos mecánicos del análisis de Norrick interfieren con las intuiciones que le guían o las conclusiones a las que llega: un análisis más libre, integral y profundo ayudaría más a justificar esas conclusiones, o a llevarlas más allá.

Entre los relatos contados por segunda vez hay un tipo especial, los que son marcados como tales (aunque toda diferencia es cuestión de grado, sin duda). Según Norrick, esta marca no es sólo una precaución del hablante para presentar material que podría ser rechazado por conocido, sino que también "la mención de una historia familiar puede a veces suponer para los interlocutores una invitación para sumarse a contarla" (83). Son frecuentes en familias o grupos de amigos muy unidos: "Y aunque estos relatos pueden narrarse principalmente para divertirse, funcionan simultáneamente para recordar a los miembros un pasado común y valores compartidos, de manera que refuerzan el sentimiento de una identidad de grupo" (84). A veces se da un toma y daca interactivo, con sucesivas fases de acuerdo gradual para llegar a una historia, que intensifica la interacción y relación personal: "la co-narración modula la relación personal de múltiples maneras, primero porque permite a los participantes revivir experiencias comunes, segundo porque confirma la unión que comparten a largo plazo, y tercero porque la experiencia misma de la narración colaborativa redunda en sentimientos de pertenencia a un grupo" (91).

El capítulo 5 atiende a la integración de los relatos en su contexto conversacional. "Los conversadores prologan sus relatos de manera que justifique su narrabilidad (tellability) y para enviar señales sobre el tipo de respuesta que esperan" (106). Lo importante no es la novedad o interés de por sí del relato sino lo que pueda aportar a la interacción, y un relato conocido por todos vale la pena "si la co-narración promete aportar una inmersión interactiva intensa (high involvement)" (106). Los interlocutores pueden también enviar señales sobre lo apropiado o no de determinado relato, efectuar valoraciones diversas, o indicar su voluntad de completarlo con relatos propios a juego. Haciendo esto, "proclaman tener experiencias parecidas, y con frecuencia también valores y sentimientos similares" (115).
En el estudio de las co-narraciones de acontecimientos imaginarios (collaborative fantasies) observa que "los detalles y acontecimientos propuestos están sujetos sólo al capricho de los co-narradores. Por consiguiente, la creación colaborativa de una fantasía conduce mucho a la relación personal (rapport)" (130); "Las fantasías colaborativas representan la forma pura de la charla de implicación mutua elevada, donde la interacción personal prevalece sobre la credibilidad y la secuencialidad" (161)—Aunque es de observar que todos interlocutores de Norrick son consonantes entre sí; faltan ejemplos de respuestas disensivas, o de narraciones disonantes o contraargumentativas.

Relatar es con frecuencia parte de una intervención retórica más amplia. Para Norrick, "Al presentar un relato conversacional, el narrador a menudo hace una apuesta por ganar al interlocutor a un determinado punto de vista sobre los acontecimientos presentados" (116). Se podría completar este estudio con ejemplos de lo que Michael Toolan llama "riesgo" en el uso de la palabra, con valoraciones problemáticas por parte del narrador que son rechazadas, historias juzgadas inadecuadas, o argumentaciones que fracasan y encuentran resistencia por parte del interlocutor. Y todo ello requeriría llevar más lejos el análisis de la pragmática lingüística hacia una ética del lenguaje y una ética tout court, o estudios ideológico-políticos. Pero Norrick no se plantea ir tan lejos; y, como digo, en cualquier  caso el conflicto o debate discursivo no entran en su corpus o sus planteamientos.

Cap. 6: Variedades de la narración conversacional. Aquí aparecen según los encabezamientos (a) las narraciones personales (de autoenaltecimiento, de situaciones embarazosas o dificultades, de sueños); (b) las narraciones en tercera persona, (c) Las experiencias recurrentes; (d) Las renarraciones colaborativas (para ratificar la pertenencia a un grupo, para una tercera persona, o las fantasías colaborativas); (e) Los relatos difusos. Parece una clasificación ad hoc, quizá de casos frecuentes en su corpus, pero poco sistemática conceptualmente. Faltan, por ejemplo, las narraciones informativas, que podría uno pensar serían el caso más central o neutral (aunque ya vimos que no según Norrick, pero de ahí a que no existan...). Faltan los relatos de acontecimientos curiosos, o del interés especial del oyente o hablante... En fin, que esto será una colección de casos, pero no una taxonomía razonable. Sea como sea, arguye Norrick que "las estrategias usadas por los narradores como la repetición, uso de fórmulas, fallos de fluidez o construcción de diálogo permanecen constantes en todas los tipos de narración estudiados" (168). Es de suponer, sin embargo, que podrían elaborarse clasificaciones distintas sobre la base de diferencias interactivas efectivas: historias de engrandecimiento personal rechazadas por el auditor, por ejemplo, junto con las maniobras de corrección y negociación a que esto da lugar.

El tema de la vanity de los narradores es fascinante para una pragmática narrativa, y para mí. Según Norrick, la mayoría de los hablantes evitan relatos vanidosos, pero los chicos jóvenes (dice de hecho "students—most specially the male students")—"a menudo cuentan relatos de auto-engrandecimiento en los que salen ganando frente a otros compañeros o a la gente mayor" (136). Estas "put-down stories" parecen ser especialmente frecuentes en su corpus. Sí reconoce Norrick (—no vayamos a asociar juventud y egolatría—) que "Los narradores sí pueden, sin embargo, jactarse de modo más implícito, por ejemplo asociándose a nombres prestigiosos como quien no quiere la cosa (name-dropping) y con otras referencias aparentemente casuales a lugares y actividades prestigiosos" ("voy a dar una conferencia en París", etc.).

Los relatos de situaciones embarazosas son aún más frecuentes que los jactanciosos: "La mayoría de los narradores en mis datos evitan relatos explícitos de engrandecimiento personal; de hecho, es mucho más probable que cuenten historias de acontecimientos embarazosos, a menudo de su propio pasado bastante distante. Sin embargo, va asociado una especie de prestigio implícito al hecho de haber superado errores estúpidos del pasado. Además, la capacidad de reírse de los puntos débiles y errores de uno mismo evidencia un sentido del humor, que también cuenta como virtud. Lejos de resultar en una pérdida de puntos sociales (loss of face), la narración de relatos sobre momentos personalmente embarazosos termina funcionando como un autoengrandecimiento implícito. Además, este tipo de autoengrandecimiento es invulnerable, puesto que adopta la pose de una autodenigración" (143)—(Bueno, invulnerable... todas las estrategias retóricas se pueden desmontar, pero sí requeriría el hacerlo un esfuerzo confrontacional bastante serio).

Poco tiene que decir Norrick sobre los relatos de sueños, pues casi todo lo que se podría decir sobre el tema escapa a sus parámetros autoimpuestos. Sí dice que son como relatos de experiencias personales, pero marcados claramente como sueños (vaya)—y que un relato sobre sueño parece invitar a otro como respuesta.

Los relatos sobre acontecimientos en tercera persona parecen ser un material conversacional flojo a juzgar por el análisis de Norrick, que privilegia las oportunidades de interacción e inmersión proporcionados por la narración personal (en primera persona, claro). No es sorprendente que muchos relatos en tercera persona se aderecen con el relato de cómo llegó a nuestros oídos o cómo nos lo contaron: otra variedad del narrated narrating que Norrick sin embargo no investiga aquí.

En general, echo en falta en estos análisis muchas dimensiones para mí interesantes de lo que supone estructurar un relato y organizarlo para que produzca su efecto. Como he dicho, faltan dimensiones éticas e ideológicas, pero también estructurales: Norrick no presta atención a la manipulación de punto de vista, al juego con el tiempo, el papel de la retrospección, del conocimiento privilegiado del narrador debido a su perspectiva temporal (hindsight), etc. Y sin embargo estas cuestiones son tan cruciales en la narración conversacional como en el análisis de relatos literarios.

Una cosa que sucede menos en literatura, o de otra manera, debido a las características del medio, es la conarración interactiva durante el proceso de elaboración del relato. Como ya he dicho, Norrick enfatiza la consonancia más que la disonancia. "Incluso sin una coda final que exprese un acuerdo sobre la evaluación de un acontecimiento pasado o sobre la cuestión clave del relato (the point of the story), la narración colaborativa  sirve para ratificar la pertenencia a un grupo y para modular la relación personal de múltiples maneras, promero porque permite a los participantes revivir experiencias comunes destacables, segundo porque confirma la unión que comparten desde hace tiempo, y tercero porque la experiencia misma de la narración colaborativa produce sentimientos de pertenencia común. Además, la narración colaborativa ayuda a fijar la forma verbal de una experiencia compartida para los participantes" (157).

Se echa en falta aquí una importación de conceptos de crítica literaria tales como el resisting reader (interlocutor resistente, diríamos aquí), la diferencia entre receptor implícito modelado por el discurso y receptor efectivo, uso de narratarios interpuestos, que también lo hay, etc.

Otro concepto interesante usado por Norrick es el de relato difuso, emergente parcialmente sobre el trasfondo conversacional, y que permite establecer un continuo de formas entre los elementos narrativos aislados, con un narrador central, y la interacción conversacional que les sirven de trasfondo y de la que pueden surgir. (168). Lo que sí parece evidente es que cualquiera de los otros tipos clasificados por Norrick puede ser un relato más o menos difuso o más o menos bien delimitado.

Capítulo 7: Extensiones del enfoque. Aquí se presentan análisis de otros tipos de narraciones conversacionales más "literarios": chistes, por una parte, y escenas de narración conversacional en Romeo y Julieta y Endgame por otra. En los chistes, se enfatiza el riesgo de fracaso a la hora contar chistes viejos, pues la evaluación es inmediata—aunque para mí que muchas veces se cuentan e igual sirven para intensificar la relación personal, aunque fracasen como novedades. En Shakespeare y Beckett se enfatiza la manera en que utilizan recursos (repeticiones, variaciones, interrupciones) propias de las narraciones reales, y de ahí su éxito. Aunque falta un análisis más profundo no sólo del papel estructural de estas narraciones en su contexto de la obra literaria, sino también en su contexto dentro del mundo ficticio. Como de costumbre, Norrick atiende sólo a unos pocos aspectos que son los que son objeto de su estudio, y se echa en falta un análisis más global, holístico, integracionalista, o desconstructivista, por qué no.

En las conclusiones, aparte de las recapitulaciones, se sugiere la posibilidad de estudiar cómo la narración lleva a rememorar y a recuperar detalles perdidos del pasado, y cómo los detalles concretos (aunque irrelevantes en sí) parecen tener importancia para los narradores como modo de anclar su narración en la experiencia personal, y como recurso para recordar y verbalizar.

Otro día quizá analice relatos personales de los que oigo, o de los que transcribo aquí mismo, o de los que yo mismo hago. No sé lo que valdría semejante análisis (aparte del interés autoanalítico)—pero apunto que los blogs son un nuevo medio, una nueva interfaz entre la narración interactiva y la escritura, y que pueden dar lugar a formas narrativas específicas que con toda seguridad aún están mayormente por desarrollar. Pero mi artículo sobre la narratología de los blogs, si llega a existir, habrá de esperar a otra ocasión: aquí ya he superado lo que se suele considerar un turno aceptable para un post.

Blogs: La conservación de la conversación






Domingo 29 de junio de 2007

Bee uncritical

Cito de La voz de Galicia de hoy:

Las reinas lavan el cerebro a las obreras con química. Desvelado el secreto de la dominación en las colmenas. Según un estudio publicado en Science, la reina les lava el cerebro a las obreras, que sólo encuentran sentido a su vida sirviendo a quien ostenta el poder. Los autores de la investigación sostienen que la reina—por cierto, se aparea con muchos zánganos para que la diversidad genética garantice la supervivencia de la colonia—expele una sustancia química que reduce la capacidad de aprendizaje de las obreras jóvenes. Las bloquea para descubrir y evitar peligros (...).

En las colmenas humanas, ejércitos, partidos políticos y grupúsculos feudales, las cosas no funcionan a base de química, sino a base de identificaciones con grupos, intereses creados, espíritus de cuerpo, y métodos disciplinarios de exclusión e intimidación. Y en Occidente al menos, la erótica del poder más bien parece excluir y sustituir a otros tipos de erotismo antes bien que a edificarse sobre ellos—aunque casos hay para todos los gustos, mira Kennedy.

Sea como sea, estas analogías himenópteras tienen su belleza metafórica, y son precisas en un punto: los efectos colaterales del liderazgo parecen idénticos, en lo que se refiere al embotamiento mental producido en los adláteres, y la proliferación de actitudes acríticas hacia el líder. Vamos, que igual hasta hay química de por medio.

La táctica de Don Recesvinto



Terroristas subvencionados

Por fin va saliendo todo a la luz. Le cuesta, pero va saliendo. Hoy contaban en Onda Cero y en El Mundo que se acaba de revelar un elemento más del Proceso de Zapa impulsado por el gobierno autodenominado socialista para "acabar con la violencia de Eta". Se trataba de ponerles una pensión a los terroristas. Ya lo habíamos dicho aquí el año pasado, pero alguno podía pensar que eran delirios o manías de agoreros o blogueros obcecados. En absoluto. La realidad, como sucede con frecuencia, es mucho peor de lo que podrían hacer pensar los diagnósticos más pesimistas.

Hoy salen detalles, que especifican que se iba a poner a los miembros de la Eta una pensión de 1.500 euros mensuales, en un plan diseñado a diez años; pero no quedaba ahí la cosa, pues se contaba con pedir ayudas a proyectos de la Unión Europea. Supongo que para eso se llevó el tema de la negociación con la Eta al Parlamento Europeo, en una de las actuaciones más vergonzosas de esa institución.

También se estaba diseñando un plan con grupos y asociaciones de empresarios, para fomentar la contratación preferente (con subvención por medio, claro) de los asesinos, matones, bandarras y borrokos, por encima de la gente de bien. Porque esos se van a aguantar, pero a los facinerosos hay que tenerlos contentos. Que si no, matan y destrozan. También podría contarse, por supuesto, con la colaboración del gobierno vasco para reubicar y proporcionar empleos y sinecuras a los criminales en excedencia.

Hasta aquí es hasta donde les da el cerebro, y la ética, a nuestros actuales dirigentes.

A dónde se conduce con estos planteamientos, queda para la imaginación o inteligencia de quien sepa usarla.

Es, pues, una nueva fase del terrorismo de estado, una variante que va más allá de tratar las declaraciones de los sesudos gudaris como si del oráculo de Delfos se tratase. Va mucho más allá de las infiltraciones con agentes dobles (criminales también), más allá de las bandas de matones alternativas (tipo Gal) y más allá de la dinámica del árbol y las nueces ya institucionalizada en el gobierno vasco, que con una mano reprende a la Eta y con otra la subvenciona indirectamente, o les desgrava a Hacienda el "impuesto revolucionario".


Pasamos ahora a la subvención directa, a la pensión otorgada al criminal por el mero hecho de serlo, y de haberse aliado con otros criminales, y de tener simpatizantes (criminales, claro) situados en puestos políticos de suficiente influencia.

Hay que recalcar que el proceso de zaP sigue en pie. Porque hace bien poco el PSOE, y todos sus aliados (es decir, todo el Parlamento menos el PP) se negó a revocar su abyecta resolución de 2005 de poner un fin al asunto etarra negociando con los terroristas en cuanto éstos se dignen. (Ahora querrán una pensión más alta, claro—además de sus otras exigencias).

Es indecente, es patético, es estúpido. Pero me dicen que también es normal. Que siempre ha sido, y siempre será así. Que el que no se conforma con lo que tiene, o con lo que le toca, si recurre a la violencia, para hacerse con lo que no es suyo, siempre saldrá ganando de una manera u otra. Porque las leyes no sólo están para contener a los malvados, sino también, y quizá principalmente, para mantener a raya a quienes se las creen, y permitir así que quienes están dispuestos a ir más allá tengan un margen de ganancia suficiente. En las autopistas, al que va a 120 lo adelantan. Y que cada uno elija su estrategia.

Quizá sea así. Sin embargo, creo que pocas veces se ha llegado a exponer este planteamiento públicamente de manera tan abierta, tan obscena, tan ofensiva, tan perniciosa.

La ETA, por fin, terrorismo de Estado.

El proceso de paz del Partido Socialista: pensiones y trato preferente para los criminales. No lo olvidéis—y no votéis jamás, nunca máis, a estos canallas y sinvergüenzas que nos gobiernan. Denunciémoslos, antes bien, a quien quiera oírnos—aunque está claro que la mayoría del personal prefiere no pensar en el tema. Así nos va.

Impeach Rodríguez Z



Sábado 28 de julio de 2007

Vuelta y media

Vamos a Negradas dando vueltas (infinitas vueltas) por el fondo de la ría de O Barqueiro, y llegamos hasta el lugar de los tres puentes juntos que enlazan Lugo y La Coruña. El exceso de puentes y la belleza increíble del paisaje del fondo de la ría producían la sensación de estar uno en una realidad alternativa, o en otro planeta, o en un futuro interferido con el pasado—o en Myst, como diría Álvaro. Bajamos hasta la playa que está frente a O Barqueiro, vacía del todo y que ya la querrían pillar en las Seychelles. Subía la marea tan fuerte que no avanzabas nada nadando, pero bueno, nos lo planteamos como la cinta sin fin en un gimnasio. Si te dabas la vuelta, eso sí, ibas como un torpedo ría adentro. Y luego volvemos para Viveiro, que esta tarde los nenes tienen cumpleaños del vecinito Jairo en la ermita de San Roque.

Volviendo al coche, Álvaro llevaba una bolsa de baño agarrada, y me dice:

– Mira, papá, consigo darle a esta bolsa infinitas vueltas en el mismo sentido, agarrada con la mano y sin soltarla un momento.

 Y en efecto, hace a la bolsa girar de modo continuado, con un hábil juego de muñeca y hombro—y sin dar vueltas él alrededor de la bolsa, que sería una solución.  Muy hábil, Abo.
(Puedes probar a hacerlo, dilecto lector, a ver si das con la manera).

Así que, encantado, va Abo a presumir con el pequeño Pibo:

— Mira, Ivo, puedo darle a esta bolsa infinitas vueltas con la misma mano sin soltarla un momento.

— Eso es imposible—sentencia Pibo.

– Mira.

(Y repite Abo la maniobra, ante el incrédulo Pibo—pero éste aún tiene un as en la manga).

—Ah.– ¡Pero ahora tienes que darle infinitas vueltas! Lo has dicho. ¡Infinitas!

(Álvaro, pillado en pleno vuelo: ¡Aggg!).






Viernes 27 de julio de 2007

Piscina nazi

Sigo leyendo Les Bienveillantes, de Jonathan Littell, imprescindible novela de 900 páginas sobre el genocidio nazi, narrada de buena fuente por el Sturmbahnführer de las SS Max Aue. En sus viajes por el Tercer Reich, va pasando por Berlín, París o Stalingrado—por sitios clave, o por el culo del mundo; conoce a personajes históricos tristemente célebres como Eichmann, Himmler o Höss, o a personas de a pie, que procuran sobrevivir o se aprovechan de las circunstancias infernales en que se atrapan unos a otros. Todo en una Europa de pesadilla, que dejaría a Dante sin esperanzas de pasar al purgatorio. La novela abunda en escenas truculentas y horripilantes que retratan los límites de lo humanamente tolerable y hacen vacilar el sentido de la realidad y los parámetros de comportamiento humanos, obligando al lector a enfrentarse al absurdo que está ahí mismo al alcance de la mano, cuando la vida del otro (y por analogía la propia) no vale nada.

Aue es según él mismo un hombre vulgar y corriente, no un sádico ni un carnicero vocacional... aunque la procesión va por dentro. Sin embargo, en su vida cotidiana, le repugna la violencia,  y procura hacer su trabajo de capataz de verdugos de modo impersonal y eficaz, pensando en el mejor funcionamiento del sistema—eso sí: sin cuestionar nunca el sistema ni hacer nada por cambiarlo. Y aunque está, como todos, endurecido al crimen por los horrores que va viendo y cometiendo, no se le escapa sin embargo el absurdo de todo lo que le rodea. Así, durante su visita a Auschwitz, tiene sueños o visiones en en los que el mundo "ideal" que está ayudando a crear se le aparece ya realizado como un inmenso campo de concentración, donde la vida humana es una simple cifra sin valor, y filas inmensas de internos van del nacimiento a la tumba, pasando por el trabajo forzado, y de ahí al horno crematorio. Vidas inútiles y despersonalizadas, al servicio de una maquinaria que las procesa y las consume, y que ha vaciado el mundo de sentido.

Al despertarme, me parecía evidente que estos sueños serenos, desprovistos de toda angustia, representaban el campo de concentración, pero un campo perfecto, que había alcanzado un punto de stasis imposible, sin violencia, autorregulado, funcionando a la perfección y también perfectamente inútil, puesto que a pesar de todo ese movimiento no producía nada. Pero reflexionando sobre esto más adelante, como intentaba hacerlo mientras me tomaba mi sucedáneo en la sala de la Haus der Waffen-SS, ¿no era acaso una representación de la vida social en su conjunto? Liberada de sus oropeles y de su vana agitación, la vida humana se reducía a poco más que esto: una vez que uno se había reproducido, se había alcanzado la finalidad de la especie, y en cuanto a la finalidad propia de uno, no era más que una añagaza, una estimulación para levantarse por la mañana; pero si se examinaba la cosa objetivamente, como yo pensaba que podía hacerlo, la inutilidad de todos los esfuerzos era patente, al igual que la reproducción misma, puesto que no servía sino para producir nuevas inutilidades. Y así daba yo en pensar si el campo de concentración, con toda la rigidez de su organización, su violencia absurda, su jerarquía meticulosa, no sería acaso más que una metáfora, una reductio ad absurdum de la vida corriente? (572, trad. mía).

Durante sus tareas como inspector de trabajos forzados, invitan a Aue a una fiesta en el cuartel de las SS en Auschwitz, y tiene lugar una de las muchas escenas donde el horror se potencia al surgir perfectamente integrado en medio de la vida cotidiana.

Claasen me miró: "¿Quiere venir? Hay una piscina al fondo del parque." Cogí otra cerveza  de un cubo con hielo y los seguí entre los árboles: delante, oía risas, chapoteos. A la izquierda, corrían alambradas entre los pinos. "¿Qué es?" le pregunté a Claasen. —"Es un campo pequeño de Arbeitjuden. El Gruppenführer los guarda allí para trabajos de mantenimiento, el jardín, los vehículos, cosas de esas." La piscina estaba separada del campo de concentración por un leve montículo de tierra; varias personas, entre ellas dos mujeres en traje de baño, nadaban o tomaban el sol en la hierba. Claasen se puso en calzoncillos y se zambulló. "¿Viene?" exclamó al salir a la superficie. Bebí un poco más, y luego, plegando el uniforme al lado de las botas, me desnudé y entré en el agua. Estaba fresca, un poco color de té; hice algunos largos, luego me quedé en medio, flotando de espaldas, contemplando el cielo y las cimas temblonas de los árboles. Detrás, oía charlar a las dos chicas, sentadas al borde de la piscina, batiendo el agua con los pies. Estalló una algarada: unos oficiales habían empujado al agua a Wippern, que no quería desnudarse; juraba y tronaba al salir de la piscina con el uniforme empapado. Mientras miraba a los otros reír, manteniendo mi posición en medio de la piscina con pequeños movimientos de las manos, dos Orpo con casco aparecieron detrás del montículo, con el fusil al hombro, empujando delante a dos hombres muy delgados con traje a rayas. Claasen, de pie al borde de la piscina, aún en calzoncillos y chorreando, llamó: "¡Franz! ¿Qué coño estáis haciendo?" Los dos Orpo se saludaron: los detenidos, que andaban con la vista en el suelo, gorra en mano, se detuvieron. "Son judetas que los han agarrao pillándose unas peladuras de patata, Herr Sturmbannführer, explicó uno de los Orpo con un fuerte acento de dialecto Volksdeutschen. Nos ha dicho nuestro Scharführer que los fusilemos." Claasen se ensombreció. "Vale, pero ¿espero que no lo vais a hacer aquí, supongo? El Gruppenführer tiene invitados." "No, no, Herr Sturmbannführer, vamos más lejos, a la trinchera de allá." Una angustia insensata me invadió sin transición alguna: los Orpo iban a fusilar a los judíos aquí mismo y los iban a tirar a la piscina, y tendríamos que nadar en la sangre, entre los cuerpos flotando de espaldas. Miré a los judíos: uno de ellos, de unos cuarenta años, examinaba a las chicas de reojo; el otro, más joven, con la piel amarillenta, mantenía los ojos soldados al suelo. Lejos de tranquilizarme por las últimas palabras del Orpo, tenía la sensación de una tensión muy fuerte, mi angustia no paraba de crecer. Mientras los Orpo se ponían de nuevo en camino, me quedé en el centro de la piscina, forzándome a respirar hondo y a flotar. Pero el agua me parecía ahora una capa pesada, asfixiante. Este estado extraño duró hasta que hube escuchado los dos disparos, un poco más lejos, apenas audibles, como el ¡pop! ¡pop! de botellas de champán descorchándose. Lentamente, remitió mi angustia para desaparecer del todo cuando ví volver a los Orpo que seguían andando con sus pasos lentos y reposados. Nos saludaron de nuevo al paso y continuaron en dirección al Campo. Claasen discutía con una de las chicas, Wippern intentaba recomponer su uniforme. Yo me dejé ir de espaldas, y floté. (553-54, trad. mía)

Esta visión o pesadilla de Jonathan Littell me ha traído a la mente un sueño que tuve hace ya unas semanas, y que me produjo una sensación parecida. Me he vuelto a acordar varias veces de él estos días, pues también era una escena de horror inhumano asociada a la vida cotidiana—una escena en la que me encontraba yo en un papel similar al del nazi Aue. Voy a intentar recomponer lo que era el episodio central, que me parece una especie de alegoría de esos horrores cotidianos que según decía Vázquez Montalbán "crucifican la Tierra en cruz gamada". Con lo cual no quiero decir, en absoluto, que todos seamos unos nazis—naturalmente.

Se trataba de un supermercado, un hiper, vamos, pues había grandes pasillos con estanterías de alimentos, y estaba yo con la familia haciendo la compra en la sección de carnicería. Todo productos envasados, en bolsas o en bandejas de corcho blanco, al modo de los hiper. Pues íbamos pasando por unas estanterías refrigeradas, y voy echando al carrito que si unas chuletas con su etiquetado, que si unas cabezas de bebé envueltas en plástico fino. Y me paro a ver este producto, porque al modo de los sueños, resulta que a la vez era perfectamente normal, y a la vez no lo había visto nunca, o no lo había comprado nunca. El caso es que yo lo veía como por primera vez, o como si no hubiese pensado en ese asunto antes. Sin embargo conocía perfectamente el modo de empleo; eran cabezas como cocidas ya, limpias y sonrosaditas como las manos de cerdo; un poquito más grandes que un puño (eran de bebés recién nacidos). Iban envueltas en un plástico de esos muy finos que se adhieren dando varias vueltas, y casi se deshacen, que sólo hay que desenrollarlos pues no están realmente cerrados. Un producto fresco, listo para el consumo.
A través del plástico no se distinguían casi los rasgos, y aunque las abrieses no parecían realmente caras humanas, sino a modo de lechoncillos casi idénticos, con facciones refrotadas, apretadas y arrugadas, y bueno, carne barata tipo menuceles. Se echaban en el caldo, o en el cocido, a veces pelándolas, o sea arrancando del cráneo la cara y la carne, que salían muy bien, todo junto, como digo ya iban algo precocidas; o bien se podían poner enteras en las judías. Y yo volvía a coger del carrito una de las cabezas que había echado, y la miraba un poco como Hamlet, y reflexionaba sobre lo poco que me fijo a veces en las cosas. Porque como digo estaba cayendo en la cuenta en aquel momento, no con horror sino con una especie de extrañeza, que si se vendían cabezas de bebé en el hiper, es que alguien estaba matando bebés en plan industrial en algún sitio.Y me extrañaba que a esos bebés no se les diera importancia. Que si se les hubiese dejado crecer, en otro ambiente, etc., hubieran sido como yo, pero tal como estaba la cosa, ellos eran para el cocido, y yo iba comprándolos con mi carro—eso era extraño súbitamente. Pero más me extrañaba el hecho de que no había yo caído en la cuenta de este detalle antes, que era como si se me hiciera la luz. ¿Cómo habría hecho yo para no reflexionar sobre todo esto hasta ese momento? Se me hacía la luz sin mayores consecuencias, por otra parte; seguía comprando, pero era curioso—que no hubiese reparado yo en que si llegaban ahí las cabezas de bebé era porque en alguna parte (¿granjas?) las estaban criando y cortando y envasando. Me quedaba un poco con la sensación de que los hipermercados nos embotan la atención. In my dream.

No sé cómo acababa mi sueño. Felizmente, bien despierto, voy al hiper, y veo que por ninguna parte se venden cabezas de bebé precocinadas.  Repito, no somos todos nazis—unas cosas son los asesinatos reales, y otra los símbolos oníricos de sentido ambivalente. Aunque aunque todo sean diferencias de grado, y aunque haya cosas desagradables en nuestra cultura que pudieran simbolizarse así... las diferencias de grado son cruciales, y no conviene echarnos a todos en el mismo saco.
Como amenaza con hacer este sueño o pesadilla occidental.

Los esclavos de Mansfield Park








Jueves 26 de julio de 2007

Bloggers

Leyéndome un informe de Pew Internet & American Life del año pasado, Bloggers: A Portrait of the Internet's New Storytellers, veo que soy un bloguero (americano) muy típico en algunos aspectos, y muy atípico en otros, lo cual debe sucederme con cualquier estadística que se consulte.

Algunos de los parámetros que miden:

- La mayoría de los bloggers no habían publicado nada antes en otros medios. Yo sí, como una amplia minoría (el 44%). Dada la facilidad de la tecnología para publicar y la accesibilidad... parece poco porcentaje el de los que se lanzan.  Teniendo en cuenta sobre todo que son mayormente jóvenes.

- Lo de jóvenes: relativo. El 54% tienen menos de 30 años, pero eso quiere decir que el 46% tienen más de 30 años. Tampoco críos, y menos en España; en Francia sería otra cosa, con los skyblogs. Aquí me dice Álvaro que esto de los blogs es cosa de viejos (lo asocia conmigo, claro).

- Tema del blog: el mío, de tema múltiple y tipo diario personal, "my life and experiences", tema mayoritario en la blogosfera (37%) seguido de la política (11%) —y más atrás, deportes (6%), noticias y actualidades (5%), negocios (5%), tecnología (4%),  y hobbies o enfermedades personales (1%). Ahora bien, me temo que lo que yo entiendo por "mis experiencias" no está tan generalizado. Porque son mías, claro. Es atípico también el hecho de que los bloguers "ancianos", o sea mayores de 30 años, suelen limitarse a un tema único o blog especializado, mientras que los jóvenes, o los inmaduros, somos más eclécticos.

– Los bloggers son un poco más alternativos o minoritarios, en USA. Son indistintamente hombres o mujeres, pero hay más tendencia a bloguear entre las minorías culturales. Ligera.

– El tema pseudónimos, que siempre me ha interesado. La mayoría de los blogs son pseudónimo-anónimos (el 55%), aunque hay una importantísima minoría de blogs firmados con la identidad "real" (46%)—como el mío, pues en contra de lo que muchos puedan suponer, no soy un ser de ficción inventado por una bibliotecaria aburrida.

– Para la mayoría (84%) el blog es un hobby y algo a lo que no se dedica demasiado tiempo. Sólo uno de cada diez blogueros pasa diez horas o más por semana dándole al blog, como hago yo. Un 52% escriben mayormente para el público, un 32% para sí mismos. Yo aquí me apunto a las dos respuestas—porque qué sería de mí sin mi público.

– Las principales razones para bloguear son la expresión creativa y el compartir experiencias personales
. En mi caso también. Compartirlas no sé con quién, la verdad, pero en ello estamos. Otras motivaciones también las comparto: mantenerme en contacto con la familia (o más bien al revés), compartir conocimientos, motivar o concienciar a otras personas,  entretener a la gente, acumular información... en orden descendente. Y lo que menos: conocer a gente nueva (??—vaya, qué pocos, yo tenía más esperanzas, aunque), y ganar dinero. Aún un 7% que espera ganar dinero me parecen un 7% de ilusos, pero bueno...

- Sólo un 34% consideran esto una forma de periodismo; el 65% no. Yo sí, en sentido literal (es periódico como una sequía), aunque ya sé que no es la Reuters.

– Los blogueros son (somos) más creativos, más comunicativos, más enterados, más críticos y más  intensos usuarios de internet que otros usuarios de Internet. Normal.

– El 87% permiten comentarios, y el 43% (¿sólo? Extraño ) incluyen un blogroll.

– La gente no sabe (no sabía el año pasado) lo que es el RSS o no lo usa. Aún queda mucho por desarrollar...

Y un trocito a relacionar con la cultura de la vanidad:

"Algunos observadores sugieren que los blogs no son sino el siguiente paso de una cultura naciente del narcisismo y del exhibicionismo espoleada por los reality shows y otros elementos del ecosistema mediático actual. Pero otros sostienen que los blogs prometen una democratización con voces que pueden ahora saltarse los filtros institucionales de los medios tradicionales. Se piensa que esta democratización tiene implicaciones para la práctica e industria del periodismo además de para el futuro del discurso cívico y político."

... temas todos que me interesan. Tanto el conflicto de voces como el lado vanitatum de la cuestión, pues ambos tienen parte de razón. Lo que no queda claro del estudio es si los blogueros han notado alguna diferencia en su cultura de la vanidad, o en su práctica política y democrática, gracias a su blog. Yo, bastante, aunque principalmente de puertas adentro. Las consecuencias sociales y políticas aún están por desarrollar; el medio ambiente y mi público siguen en general sin reaccionar al nuevo medio, salvo honrosas.

Y sobre "storytellers" propiamente, poco hay en el estudio. El tema de la narratología del bloguing queda apuntado y por desarrollar.

(Blog de status no situable)


Miércoles 25 de julio de 2007

Hoy día de Santiago

Que otros por aquí dicen que en realidad empezó la cosa con Prisciliano, porque Santiago está en la tumba de Tierra Santa. Todo un cuento, vamos, el camino, y el contracamino del cuerpo santo de Padrón, y el que va desde Finisterre.

El caso es que empezamos el día de Santiago viajando a medianoche.
A los Eduardos y las Montses los hemos dejado camino de Panxón; y nosotros nos volvemos conduciendo demasiado tarde, recorriéndonos toda la costa norte de Galicia con vueltas y revueltas. Con una escala más que indeseable en La Coruña, que está pésimamente señalizada para los forasteros y cada vez que venimos nos tiene dando vueltas como peonzas hasta que conseguimos salir, qué cruz, y eso que se supone que tenía un alcalde cojonudo.

Y eso, tras salir de la autopista vamos desgranando los infinitos nombres de pueblos gallegos a cincuenta kilómetros por hora: Álvaro, Cerdido, O Barqueiro, Chelo, Mosende, Negradas, o cualquiera que te puedas inventar, seguro que existe por ahí perdido—Ronquido, pongamos. Al fin llegamos a Viveiro como a la una y media o las dos, y despertamos a Chelo, con quien habíamos quedado hacía horas, y se había quedado dormida en el coche delante de casa.

El día se nos va en desfasar el horario durmiendo hasta mediodía, luego charrar charra que te charra, sin salir a ver un día radiante que hacía (que para eso ya nos habíamos quemado en Fisterra, y ahora hay que ir con cuidado).

Entre las cosas comentadas: cómo Galicia está bajo vigilancia policial bastante intensa. Creíamos que por los etarras, que suelen dejar alguna bomba puesta tras pasar unos días de vacaciones por aquí. Pero parece ser que son igual de temidos los islamistas, por lo del emblema de Santiago—Santiago matamoros, el patrono un tanto vergonzante de España, y todavía celebrado multitudinariamente en Galicia. No mola Santiago en la España andalusí y multicultural, y menos aún le mola a Al Quaeda, en la medida en que existan. Guerras celestiales.

Y a la caída de la tarde nos vamos a la playa de Covas, a darnos un chapuzón en un agua buenísima y tranquila ("la piscina más grande del mundo") con el sol casi de medianoche dando aún en las colinas una luz casi verde de tan amarilla. Y lo a gusto que se estaba, sin nadie más que había en todos los kilómetros de playa, vamos, ni un moro en la costa.

Ni tampoco hay por cierto aquí ni crimen ni nada, menuda diferencia con Barcelona, me decía un policía con quien me paseaba en el coche patrulla el otro día. Viveiro está lejos de todas partes, pero compensa.





Martes 24 de julio de 2007

A pedra de avalar

Por la mañana nos despiertan las gaviotas con su melodioso canto, y tras hacer desayunar a la tropa nos vamos a la "praia de afora" que le dicen en Fisterra/Finisterre. Con unas olas impresionantes que hacen las delicias de los pequeños, sobre todo cuando hay que rescatar a alguno que se lo llevaba el mar para adentro después de tumbarlo, este Otitas, pero es que no escarmienta, luego volvía a acercarse demasiado. Estaba la cosa demasiado seria como para atreverse a meterse a saltar olas: con evitar que te cogiesen en la orilla era más que suficiente. Pero en fin, tras pasar la mañana contando críos, volvemos con los mismos que se iban, que ya es mucho.

Y por la tarde nos vamos a Muxía, buscando, según gustan de hacer los intelectuales de medio pelo, restos de tradición local bien avalados por la guía turística. Allí en el extremo del puerto conseguimos asomarnos a la igrexa de la Virgen de la Barca, con todos sus exvotos de marineros, barquitos y plaquitas conmemorativas. Y luego emprendemos la búsqueda de la pedra de avalar, una piedra enorme que supuestamente se mueve de modos inesperados si te colocas en algún punto de ella. Tras una búsqueda infructuosa por el promontorio, resulta ser una piedra mucho más grande de lo esperado, de hecho un buen trozo plano del suelo entre el roquedal que hay frente a la iglesia—piedras enormes puestas de cualquier manera apoyadas unas en otras; ésta en concreto como el suelo de un cuarto de estar pero sin llamar la atención porque es plana y depositada sobre otra piedra a modo de boina deslizante.

– Mira, si la han roto. Y la han pegado otra vez. Debe ser para no estropear el equilibrio.
– Habrán saltado demasiado encima. Pero ahí no funciona.
– Ese no es el punto. A ver, bajaos, que me paseo por encima a ver si doy...
– Mira, esta es la barca, y la de al lado es la vela. La barca la llamarán porque se mueve, como una barca.
– Pues yo la veo bien fija.
– A mí no se me mueve.
– Será que os falta fe. Y la otra piedra, ésta tan rara, es la vela.
– ¿Pero no decías que era algo para los riñones?
– Sí, si pasas por debajo nueve veces se te pasan los males de caderas, de caderas. Se llama la cadera. En gallego.
– La vela, la cadera... Oye, Edu, ¿por qué no pasas, tú que tienes la cadera que parece un puzzle?
– Sí, paso nueve veces por allí debajo y ni te digo cómo me queda...
– Hombre de poca fe... Mira, tu hijo ya ha pasado siete veces,
– .... ocho.... nueve....
– ¡Ay que se ha movido!¡¡¿La has visto??! Ha hecho, Flummm... flummm.. y ha vuelto a su sitio. Blanca, ¿lo has notado?
– Sí, que me ha parecido que me caía.
– Pues yo no he visto nada. A ver, vuelve a pasar.
– Yo también la he visto que bajaba.
– Pues si yo estaba delante y no he visto nada.
– Mira, ahora no lo hace. Pasa otra vez por el mismo sitio, anda...
– Pues yo sí que lo he visto. Igual depende del peso exacto en el punto exacto.
– Os habrá parecido.
– Es que no estaba Blanca sola por encima. Estaban también Víctor, Oscar y demás, por otra esquina.
– Yo lo noté—dice Álvaro—También quiero participar en el movimiento de la piedra.
– Dicen que a veces se mueve hasta con el viento.
– Será cosa de fe también, unos que sí se ha movido, otros que no. En gallego.
– Es que no me lo esperaba, y Blanquita tampoco. Y de repente la veo que baja, y que sube, whooops.
– Aquí hay cosas difíciles de demostrar.



Land's end

Pues abriendo unas vacaciones dentro de las vacaciones, llegamos a reunirnos con Eduardo, Monse, Lizara, Blanquita, Víctor y Linza. Quedamos en Cée y Corcubión (que son el mismo sitio como quien dice). y emprendemos camino hacia la puntita de la punta de Finisterre, tras encontrar un hotel donde quisiesen alojar a siete críos. El agua para bañarse, helada: estaban dentro sólo Beatriz y un tipo con neoprenos. Mejor estaba el paisaje: a la puntita del Far West que nos vamos.

Por cierto, comentando con un paisano que por aquí también pasa el Camino de Santiago, le digo que será el único camino de Santiago que va hacia el este, se me queda mirando extrañado, como si le hubiese dicho que la tierra era redonda. Muchos japoneses iban, por cierto, andando por él, en dirección contraria a Santiago y contraria al Sol Naciente.

Nos llegamos pues hasta el extremo de Finisterre, extremo sur por cierto, pasando a por los japoneses, para ver una puesta de sol espectacular de esas dignas de Turner. Con faro y gran caída al mar, por supuesto. Miraban el ocaso de Occidente un gato siamés, unas cuantas parejas abrazadas, y algún solitario hablando por el móvil.

– Mirad a ver si veis el rayo verde.
– Buf, el rayo verde. Mejor la silueta de Apolo en esas nubes, igual. Turner hacía cosas de esas.
– Esto debe ser algún tipo de santuario precristiano. O New Age. O pagano, si te quedas en el restaurante.
– Sí, en la cumbre sagrada mira lo que hay– una antena. La de imágenes manga codificadas que deben estar pasando por aquí.
– Sí, más que admiradores de San Martín. Y eso que en este extremo del mundo tiene mucho predicamento San Martín, fíjate qué de placas conmemorativas.
– Y los rotarios, esos no faltan tampoco, mira.
– Otas, no te despeñes. Oye, te juro que allí hay un gato siamés mirando la puesta de sol.
– Mira qué colorido. Y esa gaviota. Lo menos es Juan Salvador Gaviota, con este ambiente.
– Siempre se llevará esto de las puestas de sol.
– Los japoneses llegan tarde para la puesta de sol, mira. Les habrán dicho que se llegaba andando en un momento.
– Siempre al oeste. Pero tú, Lizara, al revés: tú siempre al este—al Sol naciente, recuerda.
– Jaja, Lizara y sus cosas japonesas. Hay que tener manga ancha con ella.
– Menos mal que vivimos en un ambiente con manga codificado en las ondas hertzianas, y nos bañamos en él.




Lunes 23 de julio de 2007

Otas en los Simpson

—"¿Te cuento una cosa graciosa de los Simpson?"

A todos les encantan, y Otas es el último que se ha apuntado a la Simpsonmanía. Cuando me la cuenta, arropadito en la cama, para las buenas noches, le digo,
—"Oye, Otas, te gustan mucho los Simpson; ¿te gustaría salir allí? Te sacarían todo amarillo."
—"eh... no, no."
—"Podrías salir hasta con tu osito de peluche, jua jua.... también amarillo, claro. Les puedo escribir a ver si te sacan sacan en la tele."
Se queda pensando...
—"Vale, sí, que entonces podría decir tacos".

¡... toda su ambición! Hay que ver con qué intensidad viven esto del crimen lingüístico los cachorros humanos.


La impresentable levedad del ser

Voy traduciendo a ratos perdidos un fenomenal libro de fenomenología, The Philosophy of the Present, de George Herbert Mead, donde va sacando las conclusiones de la noción de que el pasado no existe ya, y de que el futuro no existe aún—o sea, que el pasado no existe y el futuro no existe, y sólo existe el presente. Una noción de sentido común por una parte, pero que choca con otras nociones de sentido común a las que también acudimos cuando nos conviene—también es de sentido común por lo que se ve el incurrir en estas contradicciones útiles. Por ejemplo, creemos  que el pasado al que nos referimos es más real (por haber ya transcurrido) que el futuro que imaginamos. Para Mead no es así. Sostiene, en suma, que el pasado, aunque existió como presente, ya no existe como tal, y su existencia como pasado no es ni con mucho tan sustancial como la del presente (el de ahora o el que fue). El pasado y el futuro son en cierto modo imaginarios, son sólo fenómenos mentales, y se ubican estrictamente hablando sólo en el presente.

Esta es la tesis de Mead, pero le he añadido hoy un par de notas críticas que ponen en duda incluso esta ubicación relativa de la existencia en el presente. Tal como la veo, la existencia va de aquí para allá sin tomar asiento en ninguna parte, como el pensamiento de Aute, que no puede tomar asiento—o como un ciudadano (Ping) de una ventanilla a otra de la Administración (Pong). Las notas:

(xvi). Queda claro, pues, que para Mead el pasado y el futuro no existen en el mismo sentido en que existe el presente, sino que están subordinados a él. No están ubicados en la realidad sino a través del presente: más en concreto, son funciones semióticas y modalidades comunicativas de los organismos (y en especial de los seres humanos). Podríamos preguntarnos, sin embargo, si el presente no es, asimismo y en primer lugar, además del espacio de interacción de los organismos y lugar de ubicación de la realidad (abstraído por una observacion hipotética), una función semiótica y modalidad comunicativa de los mismos, en un sentido similar al del pasado y el futuro y en mutua delimitación con ellos.

(...)

(xix). Obsérvese, sin embargo, que el razonamiento de Mead puede extenderse al presente, que como apuntábamos en la nota (xvi) es también un constructo semiótico provisional, y en modo alguno sustentado en sí mismo: un constructo cuya entidad depende parcialmente del pasado y del futuro—del pasado y del futuro en él mismo contenidos. Por ejemplo, en el límite, cualquier situación presente podría ser una alucinación, cualquier situación social una fabricación o charada de las que tan magistralmente analiza Erving Goffman en Frame Analysis. El presente descansa, para ser lo que es, sobre el pasado que nos lleva a interpretarlo como lo que creemos que es, y sobre el futuro que nos "asegura" su sustancialidad mediante el refrendo continuado de los aspectos básicos de la identidad del presente tales como los concebimos. Tal es la naturaleza hermenéutica y dialéctica de la fenomenología temporal humana. Decimos humana, pues esta complejidad estructural de la experiencia temporal que estructura internamente el presente por respecto al pasado y al futuro es privativa de la especie humana, y de la complejidad de sus sistemas de representación temporal. El presente en el que vivimos está penetrado de futuro y organizado por la pervivencia del pasado de un modo mucho más intenso que el de otros seres inteligentes, hasta el punto que no puede considerarse como una base estable o "real" (por móvil que sea) para sustentar el pasado y el futuro, como propone Mead; antes bien, el presente humano se abisma de modo paradójico en el pasado y el futuro que él mismo contiene.

—al menos el mío. Una mise en abyme paradoxale que es nuestra realidad cotidiana, y en la que cada vez nos vemos más inmersos, gracias a los blogs.

Bajtín, autoobjetivización, blogs



Domingo 22 de julio de 2007

El principio de funcionamiento del sistema

De Les Bienveillantes, de Jonathan Littell, novela imponente que voy leyendo, sobre el nazismo visto desde dentro. Aquí el narrador, oficial administrativo de las SS, relata las dificultades que le causa el papeleo oficial debido a la imprecisión de las instrucciones de la superioridad—y cómo un amigo suyo, que tiene olfato innato para el funcionamiento de las jerarquías fascistas, le explica una de las claves del funcionamiento del sistema. A extrapolar a cualquier sistema basado en el autoritarismo, la vigilancia mutua del grupillo, y el terror reverencial al jefe.

Me gustaba Thomas, pero nunca le hubiera hablado de mis problemas personales; sin embargo, para dudas profesionales, era el mejor confidente que conocía. Una vez me expuso de manera luminosa el principio de funcionamiento del sistema (debía ser en 1939, o incluso a finales de 1938, cuando los conflictos internos que habían sacudido al movimiento tras la Kristallnacht): "Que las órdenes resulten siempre vagas, es normal, es incluso deliberado, y se deriva de la lógica misma del Führerprinzip. Corresponde al destinatario el reconocer las intenciones del remitente, y actuar en consecuencia. Los que insisten en recibir órdenes claras o que quieren medidas legislativas no han comprendido que lo que cuenta no son las órdenes sino la voluntad del jefe, y que corresponde al receptor saber descifrar esta voluntad e incluso anticiparse a ella. El que sabe actuar así es un excelente nacional-socialista, y nunca se le vendrá a reprochar su exceso de celo, aunque cometa errores; los otros son los que, como dice el Führer, tienen miedo de saltar por encima de su propia sombra." Esto yo lo había comprendido, pero comprendía también que me faltaba talento para penetrar las fachadas, para adivinar lo que de modo oculto se hallaba en juego: pues bien, ese talento, Thomas precisamente lo poseía en grado sumo, y por eso circulaba por ahí en deportivo mientras yo volvía a casa en metro.

(Shakespeare, Trillo, y las ficciones del poder)






Sábado 21 de julio de 2007

Repertorio passé

Hoy por la mañana, una sesión fotográfica en la playa de San Román, un sitio espectacular—cuando pueda colgaré fotos, las menos porno, por no poner las más. Y por la tarde, paseo por el parque del Landro, o el Valle de los Silenciosos, como lo llamamos a veces. Como me llevo la guitarra puesta, le damos, mientras va cayendo el sol sobre la ría, a este repertorio: "Blowin' in the wind", "The Times They Are a-Changin'", "We Shall Overcome", "Freedom", "Me and Bobby McGee", "In the Early Morning Rain", "Let It Be", "Imagine", "Bye Bye Fraülein", "Marienbad", "Viendras-tu avec moi", "Les chemins de traverse", "Abandoned Love", "Balada para Adelina", "Girl from the North Country", "Ballad of Frankie Lee and Judas Priest", "Tangled Up in Blue", "Knockin' on Heaven's Doors", "Cobwebs and Dust", "Le Métèque"—y hasta "Cuéntame". Bueno, es que este año me parece que no hay canción del verano, o al menos no ha llegado a mis oídos ("Baby you're out of time").






Viernes 20 de julio de 2007

Una raza malvada y cruel

Tenemos a los Simpsons de róulmodel por todas partes: para que no nos olvidemos de ellos, están hasta en las galletas que nos comemos para desayunar. Ivo ha coleccionado a la familia en torno al tazón de leche, y Otas está examinando los que tiene (Homer chillando, Apu, el director Skinner...), mientras yo cojo más galletas de la caja, y salta Otas atento a la ocasión:
- "¿Me cambias alguno de los tuyos? A ver cuáles tienes."
- "Ups, es que mira, ya los he echado todos de golpe a la leche, sin mirarlos. Los mayores es que hacemos estas cosas todo el rato."
- "Sí"—dice resignado—"una raza malvada y cruel."

El diario de Otas


Jueves 19 de julio de 2007

Procesos - Representaciones - Narraciones - Narratologías

Especulando sobre un posible tema para mi conferencia de París...  Aún no he aceptado ir, pero ya le estoy dando vueltas—será que tengo intención de ir. Mejor que tratar un asunto puntual me parece que voy a ir a las generalidades más absolutas, desarrollando una idea sobre la narración y el tiempo que apunté aquí.

Se trataría, en resumen, de ubicar la narración—y la narratología—en el seno de una teoría emergentista/evolutiva  de la realidad. Bueno, no tanto de ubicarla, porque para mí que está allí ubicada es algo bastante evidente: se trataría de poner en palabras esa ubicación, hacerla más comunicable, más entendible para mí mismo, y apuntar de paso la relación de la narración y la narratología con otros fenómenos naturales y culturales, y con las disciplinas que los estudian.

Naturalmente, estoy prácticamente indocumentado para semejante labor, que requeriría por ejemplo la cabeza que escribió la Fenomenología del Espíritu, o al menos una cabeza capaz de entender a la vez ese libro y, pongamos, la Breve Historia del Tiempo de Stephen Hawking. Y de conectarlos con la narratología. En fin, afición no me falta. Al menos me he leído, y hasta estoy traduciendo, la Filosofía del presente de George Herbert Mead—que debería ser otra pieza de este puzzle, o por decirlo con Shakespeare, otra cipher of this great account. Así que baste con eso, y que perdonen al bending and 'umble author, si le falta una musa de fuego y se queda la historia a medio contar, o no le da para efectos especiales.

Está de mi parte el hecho de que el relato que hay que contar es, en cierto modo, bien sabido. Es la historia de la narración como parte de la historia de la comunicación y del lenguaje, como parte de la historia humana por tanto, como parte (así pues) de la historia de la evolución, y en especial de la evolución de las representaciones temporales. Pero para que haya representaciones temporales ha de haber primero seres capaces de elaborar esas representaciones, y, to cut a long story short, primero ha de haber experiencia del tiempo, y antes de eso, ha de haber  procesos complejos (como la vida) y antes de esos procesos ha de haber procesos simples, o sea, tiempo que transcurra. Esperemos que también haya tiempo para comprimir todo este tiempo en una hora. De momento ya me ha cabido en un párrafo.

Por resumir aún más: Hay que ver a la narración como una forma compleja y emergente de la experiencia temporal—y a la narratología como fenómeno emergente en interacción compleja y dialéctica con la narración lingüística y con otras formas narrativas de la experiencia. Aquí puedo utilizar ciertas ideas que apunté en mi nota sobre emergent narrativity.

Y otras cosas que irán emergiendo.

Un punto central para organizar todo el razonamiento y que no se escape de las manos (en la medida de lo posible) puede ser precisamente, y cómo no, uno de mis hobby-horses, la retrospección. Se defina como se defina la narración, de modo más o menos inclusivo, sigue resultando que las formas narrativas más centrales, naturales, arquetípicas, básicas, etc., son retrospectivas. Recuerdo aquí una de las definiciones de narración que utilizo en mis clases de comentario de texto: narración es la representación secuencial, y retrospectiva, de una serie de acontecimientos interpretada y evaluada—lo cual incluye a la típica película cinematográfica, al teatro, a la novela, la historia, la anécdota conversacional, el reportaje... Aunque luego haya formas marginales, o derivadas, no retrospectivas, o que carezcan en mayor o menor medida de acontecimientos, o de interpretación, o de evaluación.

La retrospección, o quizá mejor la retrospectividad, es interesante como punto de referencia precisamente por lo que supone de retorno a una secuencia de acción ya transcurrida. Es decir, por lo que tiene de representación en el sentido más literal del término, volver a presentar lo que ya ha transcurrido. Podríamos decir que un esquema secuencial orientado al futuro, como un plan, por ejemplo, también es una "representación" en sentido amplio, claro—aunque su referente no se haya "presentado" todavía—pero parece que una secuencia de signos retrospectiva es un modo de representación más central, un retorno semiótico a una secuencia de acción ya transcurrida.

No todo retorno a lo ya transcurrido es una narración, claro. Falta el elemento de comunicación—una narración es algo comunicado, un texto o sistema de signos o señales que permite una disociación de la experiencia. Y la narración es tanto más elaborada cuanto más produce esa disociación de la experiencia o "realidad virtual"—aunque no quiero decir con ello que los videojuegos sean la forma más elaborada del arte ahora.

Otros dos puntos a tener en cuenta:
a) las modalidades de motivación realista (he mencionado la focalización), que estructuran una representación por referencia a procesos representacionales más básicos, como la percepción - o justifican una narración "artificial", artística o compleja, edificándola sobre la motivación de una narración natural (la novela epistolar, etc.).
b) la idea de Goffman según la cual el uso del lenguaje descansa sobre un iceberg sumergido de acción presupuesta, esquemas de comunicación social establecidos, y no verbales, sino procedimentales. Es otra dirección en la cual buscar un asentamiento del discurso narrativo en procesos de organización de acciones que le preceden.

Lo que hay que tener presente es que esta diferencia entre la secuencia inicial de procesos perceptibles y su representación, o entre la secuencia de acontecimientos y la comunicación de esa representación en un texto, no es una diferencia tajante. La percepción es de por sí un fenómeno semiótico, una representación, y por eso la narratología recurre constantemente para su organización a la reelaboración de procesos perceptivos (por ejemplo, en la focalización). La memoria es ya una reelaboración semiótica de segundo orden, y que supone una activación de señales en zonas cerebrales diferenciadas de las de la percepción inmediata. (Podríamos decir que la memoria es más narrativa que la percepción—de momento, ya es retrospectiva). También es una diferencia gradual, por tanto, la que existe entre la comunicación y la experiencia interna. La memorización ya es una cierta auto-comunicación, y la noción pragmático-interaccionalista de auto-interacción, es decir, de señales que el organismo se dirige a sí mismo es crucial para establecer puentes graduales entre procesos externos, percepciones, representaciones memorísticas, reelaboración mental de modelos de acción, y narraciones verbalizadas (o representadas con otras tecnologías).

Es ésta una escala ascendente y descendente, o una vía de doble dirección, porque el principio de retroalimentación cibernética se aplica en cada uno de los escalones: las modalidades lingüísticas de narración, o las cinematográficas, influyen en la manera en que elaboramos representaciones mentales de las acciones. Y las representaciones mentales, memorísticas, o en general las señales internas que sirven para el procesamiento de procesos se retroalimentan sobre la percepción.

Y, de modo más general, como decía Wilde, traemos a la vida a la Naturaleza mediante nuestras percepciones. Así que esta Great Chain of Narrativity está bien trabada de principio a fin, desde el origen del Universo en el Big Bang hasta la teoría narrativa que nos hace concebir, o analizar, estos procesos.

Gell-Mann: Consciencia, reducción y emergencia






En prensa

Ya está en la editorial (Walter de Gruyter, Berlín) el libro que coedito con John Pier, Theorizing Narrativity. Espero que salga después del verano—y antes del invierno, quiero decir. Ha pasado por fin ya todos los controles internos y externos, y los informes detrás de los informes, y las revisiones y re-revisiones e idas y venidas... uf. Esto de la publicación académica de alto standing (son libros carísimos, estos de la serie "Narratologia") lleva su tiempo—tanto tanto, que cada vez le dedico menos tiempo yo, pues me fluyen mejor las ideas con menos peer review y menos relecturas con lupa. Aunque tiene su mérito la cosa, no diré yo que no. Y apenas salido de una, ya me voy embarcando en otra—como espera el Ministerio, claro, que me dará tramos de investigación si hago cinco trabajos de "calidad" en seis años. Creo que aparte de esos aún me dará tiempo de hacer cosas de baja calidad y más entretenidas.

 En este libro, además de la edición y el prefacio escrito a medias, aparecerá mi artículo "Narrating Narrating: Twisting the Twice-Told Tale", sobre la reelaboración narrativa, la interacción comunicativa y la intertextualidad.



Miércoles 18 de julio de 2007

A Special Fondness for Beetles

Jairo: Hola, Ivo y Oscar. Menos mal que habéis venido. Vuestra puerta está llena de escarabajos.
Alvaro: Sí, este año hay una plaga de escarabajos de la patata. Hay montones.
Oscar: Pero los vamos a echar. Siempre los echamos.
Jairo: Pero vuelven. Aunque los mates, vuelven. Parece que revivan.
Ivo: No son los mismos, son otros, pero es que son completamente iguales.
Jairo: Pues a mí me parece que reviven.
Alvaro: No, no—si los matas, no reviven. Los escarabajos no resucitan.
Oscar: Claro, porque los únicos que resucitamos somos nosotros.
Beatriz: ¡Lo que es la fe!




Valla cara más dura

Escucho atónito a Zapatero, durante su visita a México, sacar su vena zapatista, y emprenderla con el muro que construye Estados Unidos en la frontera. Con la voz del adalid de los pobres y oprimidos, Zapatero suelta un lírico discurso sobre cómo ninguna valla puede contener las aspiraciones de libertad y de vida mejor de los pueblos, sobre cómo no se pueden poner muros a los sueños y a los deseos de justicia... etc.

Muy bien, aplaudamos (y van y le aplauden). Pero el caso es que si hay una valla en Estados Unidos en un punto caliente, o de súbitos cambios de presión, entre el Norte y el Sur, resulta que hay otra en España, en Ceuta y en Melilla. Que se ha reformado, por cierto, bajo el mandato de Zapatero, con costosos refuerzos para que resista mejor, después de los espectaculares asaltos a saltos que había por parte de grupos numerosos de subsaharianos negros, que no encontraban otra manera más fácil de entrar en España.

Podría pensarse que lo del discurso de Zapatero es mantener la llama del idealismo en circunstancias difíciles—o al menos un esfuerzo por no perder de vista lo mejor (meliora video proboque, deteriora sequor): Zapatero difunde los ideales y la justicia con voz clara, aunque las circunstancias locales, la Administración, la inercia, etc., le obliguen en casa a actuar de modo diferente...

Pero creo que hay una interpretación más plausible: a saber, que el Presidente tiene una caradura impresionante, una hipocresía que no conoce límites, una voluntad abierta de hacer la pelota donde se le va a apreciar. Es de notar que en sus viajes a Marruecos se priva, sin embargo, de hablar en estos términos de la valla española.

Y una cosa aún más alarmante se trasluce del discurso de Zapatero. Cree, sin duda, que esta demagogia de baratillo que hace con la mano izquierda, y a la que contradicen claramente las instrucciones de su mano derecha, va a colar, y va a vender, y le va a hacer ganar puntos. En el México republicano, y sobre todo en España. Porque se dirige a un público electoral compuesto mayormente de zopencos, o de simplistas incondicionales, o de hipócritas de su mismo calibre. Pero lo más tremendo de todo es... —que muy posiblemente no se equivoca.

Por favor que venga Freud






Martes 17 de julio de 2007

Actualizando

Bueno, estos días de vacaciones irá el blog un poco loco. Voy escribiendo, pero cuelgo las actualizaciones cuando buenamente se puede, cuando funciona Blogia, o mi wifi, o hay un ciber abierto. De todas formas mi público no es que ande pidiendo más, precisamente, así que ya os vale con lo que va cayendo—o nada o cinco cosas juntas a la vez. Como en la vida misma, vamos.

Vaya, entre mucho correo basura (casi el 100% por estas fechas) me llega una invitación—¡para dar una conferencia en París, con todos los gastos pagados!

Bueno, esto sí que hay que consultarlo con la almohada. El conferencing no es lo mío, pero esto merece una consideración. Sobre todo, considerar si tengo algo que valga la pena ir a decir a París.

Mis visitas y lectores





Lunes 16 de julio de 2007

The Stone Diaries

Es ésta una novela de Carol Shields que me he leído con vistas a informar un artículo, bastante bueno por cierto, que se publicará (supongo) en el Journal of English Studies. La verdad es que ese artículo expresaba muy bien lo que es el planteamiento de la experiencia y la identidad humana según esta novela, al margen quizá de su énfasis principal, que buscaba en esta novela una experiencia temporal propia del cuento (modernista), de modo no muy convincente. Así que supongo que lo que sigue en parte asimila ideas del artículo (y de la novela, claro), y en parte las lleva a mi línea de intereses.

The Stone Diaries es la narración de una vida, la de Daisy Goodwill, hija modosa y luego ama de casa, en Canadá y el norte de EE.UU.—con un viaje de bodas de pesadilla en Francia (muere el novio al caerse por una ventana), un segundo matrimonio con su "tío" adoptivo años después, una jubilación en Florida, y un viaje a las islas Orcadas, siguiendo la pista a su (segundo) suegro, centenario, eso años después de la muerte de su marido. 

La novela no está escrita a modo de diario ficticio, contra lo que su título podría indicar. El relato oscila impredeciblemente entre la primera y la tercera persona, por razones que quizá escudriñemos. De diario poco tiene, a no ser la vida cotidiana. Hay una sección en la que se convierte en novela epistolar (y otra en álbum de fotos), pero el resto es narrado retrospectivamente, mayormente en tercera persona, y supuestamente por su protagonista. Y sigue el despiadado orden cronológico que indican sus capítulos: 1. Birth, 1905; 2. Childhood, 1916; 3. Marriage, 1927; 4. Love, 1936; 5. Motherhood, 1947; 6. Work, 1955-1964; 7. Sorrow, 1965; 8. Ease, 1977; 9. Illness and decline, 1985; 10. Death.  Una perfecta y convencional life narrative, de las que hablábamos hace unos días.

Las vidas en tanto que narraciones pueden ser narradas ya por el interesado, ya por otra persona. Es una diferencia significativa, no sólo por la diferencia de punto de vista, sino por el "pequeño detalle" de que la life narrative en primera persona siempre está in fieri: aunque algún narrador muerto haya, como el amigo Manso de Galdós, lo normal es que una narración autobiográfica carezca de final tan definido y una clausura tan evaluable como la que se puede proporcionar sobre un tercero—sobre todo evaluable ese tercero ahora que el interfecto está callado, y el narrador en tercera persona tiene la última palabra.

Esa diferencia parece que sea la que mina esta novela: soi-même comme un autre, hablando de sí en tercera persona, como si de Julio César se tratase, para mostrar que hasta el narrador morirá, y que su muerte vista de fuera es como la de los demás: el mundo sigue, y apenas dedicamos unos minutos a la muerte de los demás. Daisy Goodwill tiene problemas para reconocerse a sí misma en sí misma, quizá educada por la experiencia de la vida, quizá transformada por la experiencia de una profunda depresión (sorrow) de la que sale un poquito sin reconocerse en lo que había venido siendo, y sin embargo continuando con ello, a falta de otro personaje que asumir.

Sí, hay otro personaje: el del narrador. El narrador es, en los mundos narrados, un ente un tanto numinoso, que habla desde el cielo, ve a todos los personajes sin que lo vean; aun cuando no sea "omnisciente", gracias a su hindsight tiene insight, sabe de lo que van los personajes mejor que ellos mismos—la barba blanca le falta, vamos. El narrador está y no está. Su mera existencia produce un desdoblamiento del personaje, en yo narrado y yo narrador, y el yo narrado sigue siendo un pobre sujeto de a pie, con su visión limitada. De ahí a que el narrador se separe olímpicamente del yo narrado, degradándolo a personaje vulgaris, y nombrándolo en tercera persona, poco va. Sobre todo si la distancia entre los dos es tan grande como la de una anciana narrando su niñez. ¿Qué tenemos que ver con esos niños que fuimos? Todo, o nada, según se mire. Primera, o tercera persona—con la misma justificación.

El narrador, en tanto que autonarrador, es por otra parte un sujeto atípico, o una función atípica del sujeto. Todos narramos, sí, pero—¿una narración a fondo, de toda la vida, una narración exhaustiva, que le busque sentido, que la contemple desde fuera, para no se sabe quién? Eso es atípico. Los escritores, en tanto que escritores, asumen otra personalidad. Su vida cotidiana continúa como si tal—el escritor, con su autointeracción, queda al margen de las reuniones y conversaciones, trabajando en silencio. Henry James tiene un cuento donde literaliza este desdoblamiento de la personalidad. Quizá un exceso de reflexión nos saque siempre de nosotros mismos, y nos haga irreconocibles, o nos muestre a nosotros mismos como personajes atrapados en la comedia social, máscaras que no expresan totalmente lo que somos, o lo que podríamos ser, o lo que creemos ser. El narrador está out of character: no es de este  mundo de la interacción social: pertenece al mundo de la interacción literaria, que es un espacio de reflexión solitaria. La escritura puede transformarnos, pues tanto dependemos de las representaciones—como dice la hija de Daisy, Alice:

The self is not a thing carved on entablature. Not long ago I read—probably in the Sunday papers—about an American woman who got up one morning and started practising a new kind of handwriting (...) and by noon she had become someone else. (231).

Así pues, si Daisy Goodwill escribe su autobiografía, su acto de escritura aparece totalmente disociado de su vida: aunque el texto es prominente para el lector, su génesis no aparece entre los eventos narrados de la vida de Daisy el personaje—el personaje social, digo, en quien se reconoce sólo a medias. La escritura—la escritura experimental—es algo inesperado. No es este el relato que debería venir de esta abuelita, sino "an edited hybrid version" (283). Y quizá no viene; quién sabe de dónde viene éste relato, o si su lugar en la historia narrada es sólo virtual, o hipotético. La narración como un modo de trascenderse, o, si no es contradictorio, de aceptar lo que se es, o lo que se ha sido, por el procedimiento de contemplarlo desde fuera. Incluyendo la propia muerte de Daisy—que no sabemos si es real, o ficticia, o un poco de todo, como la realidad, que también tiene mucho de ficción, o como la ficción, que tiene mucho de realidad. Poco espera Daisy de la vida, y de la muerte, al final: contempla ambas con un ojo satírico, afectuosamente distante—ha decidido no invertir mucho más en ese personje que es, la abuelita de pantalones de colores brillantes que vivía en Florida, con hijas que no la entienden bien—y menos que entenderían esta narrative diary-er en la que se va convirtiendo, perdiendo la fe, alejándose de su personaje—casi ni se molesta en volver de tanto en tanto a la primera persona narrativa.

Tampoco es que esta nueva perspectiva sobre sí misma la vaya a encontrar Daisy más convincente que la simple vie quotidienne de ama de casa. La novela reflexiona sobre los engaños de la representación, de la visión de uno desde el otro (o desde sí), los trucos y falsificaciones de la narrativización y la historia. La autenticidad que tenga esta autorrepresentación vendrá precisamente de esta distancia reflexiva. "Other accounts are required, other perspectives" (37).

Lo de "stone" alude al nombre de soltera de la madre de Daisy, Mercy Stone, mujer gorda que se casa con el delgadito y taciturno picapedrero Cuyler Goodwill, no sabe muy bien por qué, aunque a él le encanta esta abundancia de carne y le hace descubrir otras personas dentro de sí: el enamorado, el artista...  Cuyler, como luego Daisy, también pasa por fases que hacen de él una serie de personas irreconocibles: de picapedrero sin educación a magnate de la construcción y orador florido—también pasa por una serie de etapas de austeridad casta y de sexo bacanal, primero con Mercy y muchos años después con su segunda esposa, una italiana que se trae de Europa. Para su primera esposa hace Cuyler una monumental torre de piedra tallada a modo de mausoleo—bonito, visitado (y destruido por los visitantes años después), pero realmente poco tiene que ver este monumento pétreo con la carnosa Mercy, que de Stone sólo tenía el nombre. Tampoco correrá mejor suerte una pirámide a escala que hace Cuyler tras su jubilación: allí en el fondo de la cámara central está el anillo de Mercy que iba a ser para Daisy, pero.. todo se pierde, y la pirámide queda inacabada, es lo último que ve Cuyler cuando muere de un síncope que le da en su jardín. Los monumentos aere perennius y la vida no tienen nada que ver, e incluso los textos más fluidos tienen este caracter pétreo que falsifica la experiencia de la vida—algo sin forma estable, y sobre todo algo que pasa y no queda. "The recounting of a life is a cheat, of course; I admit the truth of this; even our own stories are absurdly distorted" (28). Anótese pues el simbolismo de la piedra como un simbolismo ambivalente: aspiramos a la condición de piedra, a esculpir nuestro carácter, o a producir un trayecto vital ejemplar, claro, bien definido y narrable, pero la realidad va por otro lado.

Otro personaje que hace eco a la experiencia vital de Daisy: su "tía" adoptiva Clarentine Flett, madre de su segundo esposo. También ella cambia de vida, saca de sí posibilidades no previstas, abandona a su marido—y todo para que la pille un ciclista y se mate ella contra un bordillo. Claro que el ciclista le dedicará una institución en su nombre, pero para lo que sirven todos estos monumentos y pirámides, ya lo hemos visto. Hasta el viejo y antipático escocés que era su marido, el abandonado Mr Flett, sufre extrañas transformaciones. Vuelve a las islas de su infancia, y se convierte en el centenario que se sabía de memoria Jane Eyre... si es que la vida es un caos, todas. También la del viejo vendedor ambulante judío que pasaba por allí y ayudó a nacer a Daisy. También él cambia a algo inesperado, "We do irrational things, outrageous things" (72).

Decíamos al hablar de las vidas narradas que hay mojones importantes, que estructuran las vidas: momentos clave, decisiones, matrimonios, rupturas, elecciones... pero éstos parecen extrañamente erráticos en The Stone Diaries: por ejemplo los de Cuyler, "His brief marriage, his conversion—these seem no more than curious intersections in a life that is stretching itself forward" (73). A su segunda esposa, la italiana, le pasa lo mismo: desaparece y se transforma en algo impredecible. Y tanto más sucede con las etapas de la vida de Daisy, a la vez corrientes e incomprensibles, como los de cualquier vida si bien se mira: "Her autobiography, if such a thing were imaginable, would be, if such a thing were ever to be written, an assemblage of dark voids and unbridgable gaps" (75-76).

Aun los no escritores en cierto modo viven su vida como una narración, "written on air, written with imagination's invisible ink" (149). Y mientras está escrito en el aire, aún es fluido y cambiante. Pero las historias también nos pueden atrapar, en la forma del personaje que acabamos siendo para los demás. Que nunca es plenamente el real.

Daisy tiene "una historia" obvia cuando muere su primer marido de modo tan rocambolesco en un pueblo de Francia, y eso la marca, pero también queda atrás: "she's becoming more and more detached from her story's ripples and echoes and variations" (124). Luego... la historia de un amor, va como predestinada a reencontrarse con su "tío" Barker, el encantadoramente abstraído profesor Barker Flett, con quien se casará en un arrebato súbito de amor a primera (bueno, segunda) vista, tras casi veinte años sin verse. La historia es romántica, extraña, arrebatadora... pero el enamoramiento pasa, Barker es sólo un marido como los maridos. Y aunque su matrimonio dura, al final muere, y luego la vida de ella dura, y dura, y dura... Se vuelve escritora (columnista horticulturalista, vaya) y luego sufre una depresión absurda cuando la echan del periódico.  Luego no se reconoce en ese absurdo personaje periodístico que fue: "Mrs Green Thumb". Ni se ocupa más de jardines. Una abuela escéptica, más escéptica de lo que parece vista desde fuera.

De un libro de últimas frases memorables que leí hace poco (Al pie de la sepultura, de Laura Manzaneda) había una especialmente memorable: "Continuad sin mí". La actitud sarcástica y resignada de esta frase parece resumir esta novela, y en especial el último capítulo, un post mortem prospectivo (o narrado desde algún limbo narrativo) en el que hay también bastante  proyección emocional de la autora. Vuelve a maravillarnos ante la cercanía de la muerte lo que maravillaba a Daisy niña (p. 76): que las cosas siguiesen sucediendo aun cuando ella no estaba presente.

Es en cierto modo esta novela un ejercicio de resistencia al hindsight bias:  las cosas no acaban tomando una forma preestablecida, ni conduciendo a conclusiones convincentes, ni a destinos que se veían venir. La vida es una sucesión de momentos y de focos de atención, no un argumento bien diseñado ni la expresión de una personalidad. Todos los argumentos bien trabados, la coherencia que parece asumir el pasado como algo que llevaba a un resultado, todo son producto de una ilusión perspectivística retrospectiva. El pasado era como el presente, sólo que no nos interesa el pasado en tanto que presente—nos interesa mejor usarlo como ejemplo, o coartada, y así lo falsificamos al convertirlo en pasado.

When we think of the past we tend to assume people were simpler in their function, and shaped by forces that were primary and irreducible. We take for granted that our forebears were imbued with a deeper purity of purpose than we possess nowadays, and a more singular set of mind, believing, for example, that early scientists pursued their ends with unbroken 'dedication' and that artists worked in the flame of some perpetual 'inspiration'. but none of this is true. Those who went before us were every bit as wayward and unaccountable and unsteady in their longing as people are today. The least breeze, whether it be sexual or psychological—or even a real breeze, carrying with it the refreshment of oxygen and energy—has the power to turn us from our path. (91).

Y al final... no un magno cierre de argumento, sino la vida que se apaga (whimper). Los pisos que se cierran, el traslado a  la residencia, las cosas que se dejan de usar:

all Mrs. Barker Flett's possessions accomodated now by the modest dimensions of a little steel drawer. That three-story house in Ottawa has been emptied out, and so has the commodious Florida condo. How is it possible, so much shrinkage? Alice feels her heart squeeze at the thought and gives an involuntary cry.
- 'What is it, Alice?'
- 'Nothing, mother, nothing.'  (323)

Y al final hay que cederles la palabra a los demás, que hablen de nosotros en el entierro, cuando ya somos de piedra y estamos quietecitos, potencial que siempre hemos tenido, y ya se puede por fin contar nuestra historia enterita—que digan, "nothing isn't, you know, much - Nothing's nothing - Amen". (356). Aunque la única manera de no cederles la palabra por completo es escribir lo que van a decir—y esto es lo que hace, o quizá no hace, la protagonista, la narradora de esta historia que es como la vida de cualquiera. Escribir es una manera de seguir en uso de la palabra, o no, depende quien lea, o no lea.

"I am not at peace"
                                                                                                                Daisy Goodwill's final (unspoken) words.

Poe-tics of Topsight







Domingo 15 de julio de 2007

Encerrados en el Universo

Hoy hemos estado en la playa de Xilloi, frente a Estaca de Bares, con un tiempo que a ratos era sol y a ratos lluvia y a ratos las dos cosas, en plan pois depende, muy galego. Volviendo paramos el coche de mala manera frente a una panadería, bajamos un segundo... y Pibo nos anuncia orgulloso que nos acaba de encerrar fuera del coche, apretando los seguros para abajo y luego saliendo con un portazo: "¡Mira, papá, ahora se ha quedado cerrado y no podemos entrar!" Vaya, para una vez que suelto las llaves... Pibo nos encierra fuera. Se quedan dentro del coche los dos juegos de llaves... y las llaves de la casa, y el teléfono, y la cartera ...  vamos, todo menos nosotros y los bañadores puestos, y las madalenas  recién compradas. Y que hermético es un coche visto desde fuera.

Menos mal que de alguna manera habré llegado a este blog.

Y a última hora de la noche, asistimos a la narración de Pibo, que ya ha dejado de temblar, repasando su hazaña todo dicharachero otra vez: "Quién lo iba a decir, increíble, pero cierto, ¡se puede encerrar fuera!  Lo podríamos contar, y pondríamos: '¡no se lo van a creer— yo, el que lo ha escrito, me encerré fuera del coche!'"

Con críos ni al cielo II


Sábado 14 de julio de 2007

Deambulando por la Myst

Hemos vuelto al mismo mar de todos los veranos, y además a la misma casita del barrio alto de Viveiro, camino de la ermita de San Roque, en la que estuvimos el año pasado. Esta vez sólo para quince días; en Agosto estaremos en Zaragoza, que viene el abuelo a estar un año con nosotros, y es partidario de no moverse.

De momento por aquí lo esperable: La sensación esa de volver a terreno conocido, que ha cambiado menos de lo que debería quizá, o parece todo más pequeño esta vez. Bueno, como novedades, hay una plaga de escarabajos de la patata, y los niños no tienen al lado a su amiguito Jairo, al menos de momento, pero lo que es Viveiro, parecido. Calas neblinosas, selvas de eucaliptos, y playas despejadas. Bañarse, en cuanto ves un rayito de sol que asoma, o bien yendo a tu aire, no hacerle ni caso al tiempo, y bañarte con niebla y lluvia fina a la vez.

Hoy hemos explorado un lugar que no conocíamos: el antiguo cargadero de mineral, ahora mitad instalaciones abandonadas, mitad parque de diseño posmoderno. Para Álvaro, que lleva su obsesión de Myst en la cabeza, era un decorado extraído directamente del videojuego—así que nos desplazábamos por los rincones como quien va orientando el paisaje con el ratón y los comandos del ordenador. Y luego nos hemos ido por el monte, metiéndonos por caminos medio borrados entre huces, eucaliptos, helechos, humedales y fiunchos, a ver dónde terminaban los caminos estos (y terminaban en un precipicio a pico sobre el mar, con vistas extraordinarias, eso sí). Para un día encapotado no ha estado mal. También hemos estado oyendo, con cuatro gatos más, a una banda local cantando unos boleros muy arrastraos. Lo hemos completado viendo Dirty Dancing Dos en la tele.

Y a medianoche pasada, ya tenemos a todos en la cama: Oscar me cuenta que ha tenido un sueño "con un exceso de sexo", cito; soñaba que ya era mayor, él y su amigo javier, y que la mujer de Javier salía desnuda paseándose en lo que llamaban "el desfile de las pieles", y todos desnudos a darse besos y abrazos. Aunque ha admitido que la continuación se la ha inventado luego él una vez despierto. Si es lo que hay que hacer, hombre.

En el ciber







Viernes 13 de julio de 2007

Comentario de la sentencia

Bien, ahora que ya ha pasado el juicio de la cátedra, que tenemos sentencia desestimatoria, que hemos decidido recurrirla, y que estamos con tiempo en nuestra casita de verano junto a la ría, vamos a comentar la susodicha sentencia. Para aclarar por qué es injusta, y recurrible. Antecedentes, aquí.

La sentencia la firma "El/La Sr/a. D/ña. JAVIER ALBAR GARCIA", magistrado-juez del Tribunal Contencioso/Administrativo nº 2 de Zaragoza. Se viene a llamar el caso "José Ángel García Landa contra Universidad de Zaragoza sobre Cobertura 1 plaza Catedráticos Universidad". Tiene la sentencia dos partes principales, una de cuestiones de procedimiento relativas a este recurso (a) y otra de fondo—en realidad también sobre la forma no del recurso sino de la prueba recurrida (b).

(a). Con la cuestión de procedimiento estoy de acuerdo, porque me da la razón—ojo, no porque sí, sino porque me da la razón y sus argumentos son coherentes. Viene a decir (en contra del criterio sostenido por el abogado representante de la Universidad) que sí procede entrar a valorar el recurso, a pesar del tiempo transcurrido. Recuérdese que la Universidad no contestó a uno solo de mis recursos dirigidos al Rector—eso sobre el papel. Ni se molestó en comunicarme que se daba la decisión de la comisión evaluadora por buena (a pesar de esos recursos) y que podía interponer recurso contencioso-administrativo. Silencio total y absoluto, cosa que obviamente es un incumplimiento de sus obligaciones. Y denota, para mí, una clara voluntad de no entrar a juzgar el asunto, por el procedimiento de correr un tupido velo y hacerse el longuis. Sobre todo habida cuenta de que el Rector (Pétriz) prometió contestar debidamente todas las cuestiones planteadas, y luego simplemente esperó a que pasase el plazo previsto para recursos, con lo cual el asunto quedaba enterrado y ya no tenía que dar explicaciones. Creía.  Claro que no es todo esto lo que dice la sentencia: las palabras del Rector no existen a efectos administrativos. Lo que dice la sentencia es que la Universidad incumplió su deber de informar, y que por tanto cabe interponer recurso contra la resolución, pues nunca se ha cerrado el plazo. Lo cual era uno de mis argumentos. No es que se haya reabierto la cuestión, sino que como dice la sentencia, cito,

"el recurso de alzada interpuesto el 14-11-2005 (...) no puede hacer renacer la posibilidad de recurrir, es decir, no puede reabrir el procedimiento, pero ello es cuando el mismo se ha cerrado, no cuando sigue abierto, como es el caso, al haberse interpuesto un recurso en su momento, siendo de recordar que la confusión creada se debe esencialmente a la falta de adecuada notificación por parte de la Universidad".

Eso para quienes crean que soy yo el que anda liando los papeles. La Universidad, a incumplir todas sus obligaciones y encima a esperar que el silencio lo arregle todo. Pues mira, no. Y a mí me han perjudicado gravemente quienes han decidido incumplir así sus obligaciones, haciéndome perder mi tiempo, y el de otros, de manera miserable. Pero de esto no queda ni huella, ni se piden responsabilidades, qué va, todos con corbata al trabajo como funcionarios modelo, que al administrado este tan protestón ya lo torearemos bien. Qué cara más dura. Y así se asciende.

En suma, que se puede recurrir, a pesar del silencio de la Universidad (menos mal, faltaría más) porque

"la Ley no obliga al ciudadano a recurrir un acto presunto y [sí] a la Administración a resolver, de forma expresa, el recurso presentado. (...)  —no puede (...) calificarse de razonable una interpretación que prime la inactividad de la Administración, situándola en mejor situación que si hubiera cumplido su deber de resolver y hubiera efectuado una notificación con todos los requisitos legales".

Ahora bien, una matización. Si la Universidad no ha contestado, no ha sido por vagancia. Sino más bien por no colocarse en un compromiso y verse obligada o a desautorizar o a defender—una defensa difícil—a una comisión de una serie de catedráticos nombrados por el Rector. Lo cual para mí ya es un abuso de poder, un incumplimiento de la normativa, y un barrer para casa, ni se sabe para qué casa, auténticamente escandaloso. Claro que de esto tampoco sabe nada la sentencia. Pero en fin, me da la razón en lo importante en este aspecto: que la Universidad ha incumplido sus deberes al no resolver ni responder.

Y cuando creían los responsables de esto que el asunto estaba muerto de muerte natural, mira, resulta que tienen que salir a dar la cara en público por la actuación de esta comisión (menuda joya de la corona), y defender este expediente no metiéndolo en un cajón, sino ante un tribunal y de la mejor manera que puedan. Lo primero, intentando una vez más que no se hable más del asunto y se inadmita el recurso, aunque por ahí les ha vuelto a fallar la cosa. Vaya papelón.

Pero encima, ¡es que al final salen todos bien librados! Con lo cual, algunos van a interpretar que en efecto ancha es Castilla.


(b) Cuestiones de fondo/forma. Aquí duele, pues el tribunal entra explícitamente a valorar las cuestiones de fondo por las que recurro, y las desestima. Veamos su razonamiento.

Hay que recordar antes que, aunque al expediente judicial van todos los papeles relacionados con el asunto, los jueces se centran en las cuestiones planteadas en "primera línea", como quien dice, en el recurso interpuesto dirigido a ellos. Y eso es, dados los procedimientos y maneras judiciales, una selección de lo realmente sucedido—una selección de lo que puede entrar a valorar un juez. Por ejemplo, en este caso, la Comisión compuesta por los Dres. Susana Onega, Francisco Garrudo, Constante González Groba, Montserrat Martínez Vázquez (e, in absentia, Bernd Dietz) cometió diversos atropellos contra la Filología; pero ahí son soberanos por ley al entender de la justicia, y los mayores despropósitos en cuestiones filológicas que cometa una comisión y que sean alegados por un recurrente serán desestimados por un juez como argumentos no válidos, pues la Comisión tiene discrecionalidad técnica—que en el caso de una comisión decidida a utilizarla, es discrecionalidad para reinventar el conocimiento humano y la estructura del saber, si hace falta suspender a alguien urgentemente, pongamos por caso.

Así que estos argumentos de fondo, los más serios quizá para un filólogo, han de pasar a tercera fila, o desaparecer, en un procedimiento judicial. Tampoco aquí entraré mucho en ellos, por tanto, y me centraré en las cuestiones formales que son las que sí puede entrar a valorar un contencioso administrativo (de ahí lo de fondo/forma). Tales son: la composición indebida del tribunal, la inadecuación del perfil, la exigencia incoherente de proyecto investigador, la sobrevaloración antijurídica de la docencia sobre la investigación, y el amaño de las votaciones.

Composición indebida del tribunal.

Recordemos que inmediatamente tras la constitución de la comisión evaluadora, el Dr. Dietz presentó renuncia por escrito, alegando la muerte de un tío suyo (motivo no contemplado como causa de excusa)—renuncia que fue aceptada por la presidenta del tribunal, dándole de baja. El Dr. Diez no estuvo presente en ningún ejercicio de las pruebas, que no se retrasaron en ningún momento. No se solicitó el nombramiento de ningún suplente, aun sabiendo antes de empezar las pruebas que éstas iban a tener lugar con una comisión de cuatro miembros.

Bien, pues la sentencia reconoce que la ausencia del Dr. Dietz no se debió a una causa justificada. Pero concluye sin embargo, concurriendo con la Comisión, que "estaba la Comisión válidamente constituida", pues argumenta que la renuncia del Dr. Dietz, precisamente por ser contraria a derecho, no puede considerarse una renuncia, sino sólo una ausencia. Anecdótica, vamos.

Esto sí que es ley del embudo. Atentos. El hecho mismo de que se produzca un acto antijurídico se utiliza como justificación suficiente para respaldar otro—y las víctimas administrativas, que canten misa. Porque el realizar una oposición enteramente con cuatro miembros del tribunal y no cinco, sabiendo que hacen falta tres votos para que un candidato pase al segundo ejercicio, compromete seriamente las posibilidades de éxito para nadie, en el caso de una oposición reñida. Ahora bien, en el caso de una comisión que prefiera dejar la plaza vacante (como era este caso sin duda para quienes conocemos la intrahistoria de esta plaza)—el que se vaya un miembro es una auténtica bicoca. Puente de plata, como hizo la presidenta. Pero para el juez no existen, claro, por axioma, muchas cosas de las que existen para este recurrente.

Más grave es que se ignore el hecho de que una renuncia es una renuncia y produce efectos (para terceras personas) de renuncia, si se acepta como tal, por muy antijurídica que sea—y aún peor, claro, si no se procede a sustituir al renunciante y se trata la renuncia como una mera ausencia a esos efectos. Pero los daños al opositor pesan muy poquito en esta sentencia. Y los actos contra derecho cometidos por la comisión se evaporan, sin más, sin consecuencias. Esto sí es típico de la Administración: o tú pierdes, o yo gano. Lo que no valía con el silencio administrativo, según el juez, sí vale aquí, al parecer.

Sobre este tema, más cosas podría decir, pero sólo añadiré que, según consta en la sentencia, "no se aportó el justificante del fallecimiento ni del día en el que el mismo se produjo". Ni se aportará, claro.

Con relación a la inadecuación del perfil
 
El juez ha dado por bueno que la plaza llevase como perfil "Lingüística inglesa"—algo enormente general, en lugar de una materia concreta. Yo entendía, ateniéndome a la normativa propia de la Universidad, que lo que debía figurar en el perfil de la plaza era una materia:  pongamos, "Historia de la lengua inglesa", o "Gramática inglesa", o "Comentario de textos", etc. Debo aclarar (algo que no parece captar bien la sentencia) que yo no estaba impugnando el perfil, sólo haciendo notar que a mi entender no se atenía a la normativa. Sea como sea, si el juez considera que el perfil es válido, tampoco se lo voy a discutir, y me doy por convencido.

El meollo de la cuestión, en lo del perfil, es que siendo éste tan amplio, no puede excluírseme como inadecuado para ese perfil, como hace la Comisión. Pues para eso tengo publicaciones avaladas en revistas y libros y editoriales de reconocido prestigio, sexenios de investigación, etc. Cuestiones que en ningún momento han sido entradas a valorar por la Comisión, que se limita a invocar una vaga "inadecuación" o una "insuficiencia" vaporosa de mis méritos. Esto es contabilizable: por ejemplo, los números de artículos y de libros son contabilizables, y en lo referente a lo que entra o no en "Lingüística" hay criterios objetivos, internacionales, como son los de la UNESCO, y no establecidos sobre la marcha por una comisión con un fin en mente. Pero el juez juzga que todo esto ya es discrecionalidad técnica. Vamos, discrecionalidad para decir que la tierra es cúbica si hace falta. La Comisión considera que el análisis del discurso, la estilística, la teoría de la narración, la teoría de la interpretación textual, etc.—no son lingüística. Y a correr, que total todo va a colar, rellena el acta y vámonos.

Pero el asunto es más grave. Esta sentencia cita otra sentencia según la cual sí puede entrarse a corregir la valoración técnica de las Comisiones, a pesar de la famosa discrecionalidad técnica, en el caso de errores flagrantes, o cuando las comisiones "no han tenido en cuenta manifiestas condiciones de mérito del partícipe" (sexenios, pongamos por caso), o cosas contra el sentido común, etc. Vale, el sentido común es discutible... Pero lo curioso es que esta sentencia, después de citar estos presupuestos, hace una quebrada mental y pasa a decir lo siguiente. Atentos que hay matices.

"En el caso presente, se pretende que se sustituya el criterio de la Comisión por el del Juzgador, que a su vez debería 'asumir' el del recurrente, pero ello debe ser rechazado, ya que podrá discutirse si debía o no de concretarse o especificarse más el perfil, pero ello es una decisión discrecional del Tribunal, que podía haber optado bien por admitir como plenamente aceptable el que la actividad y proyecto investigador y docente fuese de cualquier materia encuadrable dentro de la lingüística bien por entender que se debía de exigir unos conocimientos globales o generales relativos al mayor número posible de asignaturas relacionadas con la lingüìstica, coherentes con el presumible carácter polivalente que se quiso dar a la plaza con un perfil tan general, aunque resultasen menos especializados, en el conjunto de materias que están incluidas dentro de la 'lingüística'."

(Un inciso: en el juicio, el abogado de la Universidad dijo que en el plan de estudios de Filología Inglesa sólo había tres asignaturas—no dijo cuáles—que pudiesen considerarse de un perfil de lingüística. Esto provocó carcajadas del público, claro).

Bien, maticemos. Jamás he pretendido yo que se sustituya el criterio de la Comisión por el mío, según sugiere el Juez que hago—antes bien, he apelado a que se consulten y apliquen los criterios generales, universalmente aceptados, y establecidos por organismos internacionales, como la UNESCO, para determinar qué es y qué no es "lingüística"—en lugar de una misteriosa discrecionalidad técnica que de hecho es arbitraria al no estar basada en ningún criterio técnico reconocible ni contrastado. O sea, no mi criterio, sino el de la UNESCO. Que no somos la misma persona, ojo.

El párrafo citado sigue con un argumento un tanto dudoso, según se entienda su alcance. La discrecionalidad técnica de la Comisión o tribunal se extiende al parecer a redefinir el perfil, según el Juez. Cosa que en absoluto es así. El perfil estará bien dado, o mal dado (bien dado, según estima el juez), pero la Comisión no puede (o más bien no debe) valorar la prueba como si de otro perfil se tratase. Es cuestionable que a una oposición con semejante perfil (Lingüística) fuese adecuado presentar un proyecto sobre una materia mucho más concreta—fonética, pongamos por caso—aunque el juez lo dé por bueno. Cuestionable, digo, y quizá entre en la discrecionalidad técnica de la comisión, al menos tal como aquí se entiende. Pase. Pero lo que nunca puede hacer la Comisión es hacer un gambito lateral y, teniendo que juzgar sobre un perfil de lingüística, hacer como si estuviese juzgando un perfil de gramática, o de fonética, excluyendo arbitrariamente los méritos que según criterios objetivables, internacionales, no subjetivos del recurrente ni de la comisión, etc.—son méritos relativos al campo de la Lingüística. Por todo lo cual, el razonamiento del Juez no es adecuado para el caso aquí presente, pues no centra bien la naturaleza del problema, ni responde a las objeciones que he presentado a la actuación de la Comisión. Y que son, en sustancia, objeciones a una actuación demostrablemente injusta. Si se atiende a la demostración, claro, y a los criterios de validez usados por la propia Administración en sus evaluaciones oficiales (como son esas clasificaciones de materias de la UNESCO).

Eso en el caso de que no se quiera dar por válido el principio administrativo más general: que los méritos de investigación en el área de conocimiento, es decir, en Filología Inglesa, han de ser los determinantes en el primer ejercicio, ya que el perfil ("lingüística") en este caso, se refiere únicamente a labores docentes por realizar en el Departamento, y no a investigación realizada en el área.

Es decir, que el Juez nunca entra a valorar lo que aquí se recurría:  es decir, si entra en la discrecionalidad técnica de la Comisión lo que yo digo que ni entra ni puede entrar: el dejar fuera de consideración, a su voluntad, el trabajo realizado en según qué tipos, ramas, o modalidades de "lingüística". Admitir la discrecionalidad técnica para hacer esto sería admitir que el perfil de la oposición lo fija la Comisión evaluadora, en lugar de ser algo establecido por la Universidad—y esto es algo que nadie ha defendido abiertamente, ni dispondría de argumentos legales para defender.

Quiero recordar, además, que en la oposición se me declaró "inadecuado" a priori por lo que el secretario Dr. Garrudo llamó el principio de los "corralitos", cuando me dijo que yo no era de ese "corralito"—o sea, que estaba "predestinado" por alguna razón a no optar a ninguna plaza de la (inexistente) "subárea" de Lingüística. Y que de ésta se me iba a excluir—con muchas felicitaciones por mi currículum, eso sí. Pero cero que te casco (bueno, uno y pico)—independientemente de cuál fuese mi labor investigadora en Filología Inglesa, e independientemente de que la mayor parte de ella se encuadrase, según criterios objetivables, en "Lingüística".  Durante mi ejercicio, el Dr. Garrudo mostró una monografía mía sobre teoría de la narración, y leyó la solapa donde se me definía como especialista en teoría y crítica literaria— presentándo eso como la prueba del nueve de que yo no tenía nada que hacer en una oposición "de lingüistica" (y sentando discrecionalmente, supongo, que la teoría de la narración nada tiene que ver con el estudio del lenguaje). Negaba así, además, el principio básico de la Filología, que es la interacción e interfaz entre lingüística y literatura. (Esta interacción es algo que se da de tortas, claro, con la teoría de las "subáreas" que tiene en la Dra. Onega a su mayor adalid. No es extraño que últimamente venga diciendo que la Filología es una disciplina decimonónica que se debe suprimir).

Pero el juez también pretende resolver la sustancia de este asunto sin que entren en consideración los principios básicos de lo que es la Filología, lo cual nos lleva a una petición de principio desde el momento en que la propia Comisión los ignora, y el juez declara esa actuación off limits para la Justicia, sin acudir a ningún criterio objetivable y de orden superior.

Con relación a la exigencia de proyecto investigador.

Admite el juez (a regañadientes) que en efecto no tenía yo ninguna obligación de presentar un proyecto de investigación, según me exigía la Comisión desconociendo la ley, sino únicamente un proyecto docente. Recordemos que estamos hablando del primer ejercicio, pues por supuesto yo tenía listos mis cinco proyectos de investigación encuadernados en pasta para presentarlos en el segundo ejercicio, el ejercicio relativo a un trabajo de investigación (aunque tampoco fuese estrictamente necesario, pues lo que la ley exigía era  exponer un trabajo de investigación). 

   Bien, pues los cuatro miembros de la Comisión hacen constar en acta que no he presentado proyecto de investigación, como quien hace notar una insuficiencia o irregularidad. Y el Juez pasa a defender su actuación, arguyendo que "el que no fuese necesario no quiere decir que no resultase posible, e incluso aconsejable, su presentación, prueba de lo cual es que el resto de los concursantes sí lo presentaron". Vale—o sea, que, por ejemplo, por usar una analogía, puede resultar posible, e incluso aconsejable, aunque no sea requisito legal, hacer la presentación del ejercicio en PowerPoint. Creo que se admitirá, sin embargo, que resultaría extraño que la comisión hiciese constar en sus actas que el concursante no ha presentado su ejercicio con PowerPoint, como argumento para suspenderlo.

(El ejemplo no es inocente: en la oposición de mi antiguo doctorando el Dr. De Juan, que también acabó como el rosario de la aurora, la misma presidenta de la comisión, Dra. Onega, hizo constar en un escrito dirigido al Rector que el Dr. de Juan no había hecho su ejercicio en PowerPoint, sistema éste que calificó tecnología de obligado uso en las clases, a pesar de que ella jamás lo haya utilizado).

Pues de igual modo, el razonamiento del Juez aquí hace una deriva lateral de manera extraña para, en lugar de preguntarse por qué la Comisión desconoce las leyes que supuestamente está aplicando, pasar a argumentar contra el recurrente, diciéndole también ahora el Juez que debería haber presentado un proyecto de investigación que no le es exigido por la ley. Curioso.

Más que curioso, por lo que voy a explicar un par de párrafos más abajo.

El Juez gasta bastante tinta explicando que el proyecto investigador no se contempla como un requisito sine qua non, ni es determinante en el resultado final, etc. (No queda claro, sin embargo, por qué no considera que se ha vulnerado mi derecho a una evaluación justa al puntuar un requisito no contemplado en la normativa. O por qué a mí no me lo puntúan, y a otros sí).

Yo presenté un proyecto investigador, como explicaré a continuación, pero el Dr. Garrudo no se dio por satisfecho, y entró en una serie de disquisiciones diciendo que no era suficiente la presentación del proyecto ni del trabajo de investigación en el segundo ejercicio, sino que debería haber presentado, además, una memoria de investigación—(distinta, supongo, de la documentación relativa a mis publicaciones y de mis participaciones en proyectos de investigación, documentación que sí presenté en el currículum y anexos). De hecho pasó un rato en la prueba el Dr. Garrudo haciendo una disquisición y diferenciación entre los proyectos, referidos al futuro, y las memorias, referidas al pasado. Y era la memoria de investigación lo que echaba en falta—al menos en ese momento. Porque luego hizo constar como todos los miembros del tribunal que lo que yo no había presentado era un proyecto de investigación.

También es inexacto que todos los concursantes presentasen un proyecto investigador a la primera prueba. (Aunque no dudo que lo hubiesen hecho, como yo también, a la segunda). Durante el ejercicio de otro de los concursantes, el Dr. Vázquez, realizado tras el durísimo enfrentamiento con la Comisión que tuvo lugar en mi ejercicio, me salté la normativa o etiqueta de la prueba en el momento en el que el Dr. Garrudo comentaba el proyecto docente del Dr. Vázquez. Lo hice para preguntar en voz alta  a la Comisión por qué en este caso no se exigía al concursante un proyecto de investigación. No lo hice con el propósito de perjudicar al Dr. Vázquez, claro está—pues insisto en que no era requisito presentar ese proyecto—sino con el fin de enfrentar a la Comisión con sus arbitrariedades, ya que me exigían (exigían, Sr. Juez, no recomendaban, ni aconsejaban) un proyecto de investigación a mí solo, y no a todos los concursantes. Por eso pregunté en voz alta si en este caso no se exigía proyecto de investigación. Por supuesto, en lugar de responder a esta pregunta tan improcedente desde el público, la Dra. Onega ordenó al Secretario que no contestase y que se ignorase lo que se acababa de escuchar. "Creo, sin embargo, que todos me han oído"—volví a decir. Y es que donde no hay ley, no hay educación tampoco—¿saben?

El Juez, en suma, aun reconociendo que la ley no exige la presentación de un proyecto de investigación, da por buena la actuación de la Comisión en este punto, minimiza los daños hipotéticos producidos al exigírmelo, y pasa por lo tanto a aceptar, como un hecho bien establecido y adecuado, la valoración que la Comisión hace sobre este recurrente (q.e.d.). Da así por muy bien fundado y procedente el hecho de que "además de ser más críticos los miembros de la Comisión con él que con el resto, especialmente la señora Ónega y el señor Garrudo, folios 112 y 113, en el informe final se explica que en su exposición se desvió de la cuestión objeto del debate, que su actividad investigadora y docente se aleja de las necesidades de la Universidad que se explican en la convocatoria y que sus conocimientos no son suficientes ni adecuados a la plaza"—nou cóment, que si no no avanzo.

A lo que voy, cuestión muy reveladora tanto sobre la actuación de la Comisión como sobre la del Rector y sobre la del Juez. Dicen los miembros de la Comisión, unánimemente y blanco sobre negro, que no presenté proyecto de investigación. Dejemos al margen la cuestión ya tratada de si era obligatorio exigirlo o no. Centrémonos en el hecho de que SÍ LO PRESENTÉ, en las carpetas 81 y 82 de la documentación listada en el currículum. Se trataba del proyecto en el que estaba trabajando, y que había presentado a las convocatorias nacional y regional de proyectos de investigación: se titulaba "Narración, Interacción, Interpretación", y aunque no obtuvo subvenciones oficiales—por aquello de no tener bastantes aragoneses en el equipo, etc.—sí dio lugar a numerosas publicaciones, y (supongo que habrá contribuido) a un sexenio de evaluación de la actividad investigadora. Este proyecto, encuadernado en pasta en cinco ejemplares y con las publicaciones aledañas y en curso, iba a ser presentado en el segundo ejercicio caso de pasar a él. Pero ya había sido incluido en la documentación muy voluminosa (ahí duele) del primer ejercicio.

Bien, pues ni la Comisión, ni el Rector, ni el Juez, tienen nada que decir sobre este punto. Sencillamente, lo ignoran. La Comisión declara unánimemente que no presenté un proyecto.... y es que mucho me temo que ni llegaron a examinar la documentación. Luego, en mi recurso, hago saber este hecho al Rector. Un error llámese material si se quiere, o mejor garrafal, o incontrovertible, por parte de la Comisión—o una falsedad si se prefiere... no, en todo caso, una cuestión de discrecionalidad técnica. Pero ¿cuál es el fallo del Rector sobre este hecho? ¿Pone en duda la veracidad o fiabilidad de la Comisión? ¿Va a examinar la documentación, a ver si está ahí el proyecto? No padre. La respuesta es el silencio administrativo, tan socorrido y tan útil para no saber si se va, si se viene, o si se está de vuelta de todo.

¿Y qué hace el juez, cuando mi abogada le vuelve a insistir en su exposición el día del Juicio, que al margen de que la Comisión exigiese o no indebidamente el proyecto de investigación, es falso que yo no lo presentase?

Pues otro silencio, sin más. De este asunto no hay ni media palabra en la sentencia, que da por sentado, ateniéndose a las actas de la Comisión, que no se presentó proyecto de investigación—sin la menor explicación ni alusión, ni a la exposición de mi abogada, ni a los recursos dirigidos al Rector donde exponía yo esta circunstancia. Concluye sobre este punto el juez que "el proyecto de investigación ni se consideró obligatorio (...) [¡toma ya!] — ni fue determinante ni de la puntuación de los demás, que sí lo presentaron, ni lo habría sido del recurrente, de haberlo presentado y haber obtenido la máxima calificación"—y del hecho de que sí lo presenté, y que lo ignoró el tribunal, y luego el Rector, y ahora el juez, ni media. Y todos tan frescos, que es sólo un señor el recurrente al que le gusta protestar al parecer, y el Juez lo tiene claro.

Se pregunta uno si esto de que sí que presenté proyecto de investigación lo voy a tener que publicar en el Heraldo, o proyectarlo a las nubes en PowerPoint. Es, como poco, chocante—o escandaloso—que una cuestión de forma/fondo tan obvia, tan flagrante, tan clara—¿igual es precisamente por eso, por lo clara?—sea esquivada con una especie de ceguera selectiva súbita por los órganos juzgadores (Comisión, Rectorado, Juez) cuando hay que dictarminar sobre ella, y se evapore sin más de los papeles. Y lo peor no es ya que la Comisión valorase o dejase de valorar el proyecto en sí—lo más significativo es lo que indica esto de la nula atención con la que la Comisión examinó la documentación de los opositores, o al menos la mía. Claro que yo ya iba excluido de entrada por "literato". Pero nada de todo esto es indicio de nada para el juez, que para mí que procesa este asunto del proyecto sin que su cerebro llegue a procesarlo. Con estos mimbres, no es de extrañar que estas investigaciones judiciales acaben incluso felicitando al tribunal si hace falta. Vaya confabulación de chupatintas.

La última cuestión sobre la que se pronuncia el Juez antes de declarar que "no procede estimar el recurso" es "la afirmación de que se prima antijurídicamente la docencia sobre la investigación, en contra del art. 8.2 a del RD 1888/1984" etc. El juez estima que esto no es así, "ya que la prioridad no significa en modo alguno que el mérito deba computarse de forma mayoritaria, y en el caso presente se valoró la investigación en 40% frente al 30% de la experiencia docente o al 10% de la experiencia en la gestión. Por otro lado, se atribuye un 20% al proyecto docente e investigador, lo cual supone que, a despecho de la principal argumentación del recurrente—que consideraba que éste no era exigible ni tan siquiera presentable [¡¡!!]—que otro 10% correspondería a la investigación, si bien en este caso en su proyección de futuro, lo que le otorgaría un 50%".
 
A ver, a ver...

- ¿"ni tan siquiera presentable", cuando yo mismo lo presenté? Ya será menos, Sr. Juez. Hay muchas cosas impresentables en este concurso-oposición, pero un proyecto de investigación no es una de ellas.

- Matemáticamente, mayoritario quiere decir prioritario. Hay otras posibles computaciones, pero puestos a hacer porcentajes priorizantes, un porcentaje prioritario tiene que ser del 51% mínimo. Que se lo pregunten si no a los políticos en el Congreso, quién tiene prioridad para formar gobierno.

- Y ahora, resulta que el juez da por buena la exigencia  del proyecto de investigación, y por hecho que el proyecto que se ha de presentar al primer ejercicio es docente e investigador... cuando antes ha basado su argumentación en que en ningún momento se ha exigido proyecto de investigación. Pero ay, ahora necesita ese pequeño porcentaje para redondear su argumento, que si no se va a caer todo el edificio por este asunto de porcentajes.

Y voy terminando. Hay otra cosa más que el juez ha resuelto por el procedimiento del ignorémosla. Otra cuestion garrafal de forma/fondo, en la que insistí detalladamente en mis recursos, por lo cual malamente se puede creer que ha pasado desapercibida. Aunque ya no sé.

Se trata del amaño de las votaciones. En el acta final, la Comisión, no contenta con ofender a la Filología y al procedimiento administrativo, pasa al asalto de la Lógica. También demuestra, de paso, desconocer qué es una votación, o más bien estar más que decidida a ignorarlo.

En primer lugar,  la Comisión acuerda, sin disparidad de criterio, una puntuación. Todos, la misma puntuación dada a los candidatos. (Por ejemplo, a mí, un 1'8 sobre 10—esto con mis calificaciones máximas continuadas en la Universidad de Zaragoza y Brown University, mis premios de estudios e investigación, mis sexenios de mérito investigador que alguno de ellos no tenía, etc. etc. Sin complejos todos, ¿eh?).

Acto seguido, la Comisión procede a votar a los candidatos diferenciadamente, a pesar de la puntuación dada a todos por acuerdo unánime. O sea, que yo, con un 1'8, no crean, sí que tuve un voto, el de la Dra. Onega. Claro que eran votos rituales, una especie de minué o pas de deux de la votación, donde los votos se distribuían de manera que ningún miembro de la comisión dejase de votar a alguien, y donde nadie pudiera obtener más de dos votos. De esta manera se disimulaba (no sé por qué, por algún tipo de falso pudor administrativo quizá) el acuerdo previo y unánime de la Comisión de no proponer a ningún candidato.

Con lo cual el voto no es la valoración razonada que el candidato tiene para el miembro del tribunal. Más bien no tiene nada que ver con eso. El voto es una mera pantalla destinada a disfrazar la auténtica actuación de la Comisión (el voto detrás del voto), que ha acordado unánimemente (por la puntuación previamente concedida) no proponer a ningún candidato, es decir, no votar a ninguno.

Este uso de los votos para disimular lo sucedido en una prueba, en lugar de para enjuiciar la valía de los candidatos, es un caso clarísimo de desvío de poder. Clarísimo, por el hecho de que una misma puntuación dé lugar tanto a un voto positivo como a uno negativo por parte de la misma persona. Es, como digo, una ofensa a la lógica, puesta al servicio de una ofensa a la normativa administrativa.

Pero—¿hay algún intento del Juez por defender este procedimiento, por entenderlo con arreglo a la discrecionalidad técnica de la Comisión, o a su buen hacer en todos los terrenos, o a su demostrado conocimiento de la normativa? ¿Algún intento de rescatar este proceder, por las posibilidades y margen de maniobra que ofrece a los tribunales para un bien quedar—bien quedar para quien se lo crea? Pues no, no hay ningún intento. Sencillamente se evapora esta cuestión de la sentencia, como si no hubiese sido nombrada. ¿Igual es que el juez considera obvio que es así como hay que usar el voto en un tribunal? Ya es que uno no sabe a qué atenerse.

Por todo lo anterior, no procede aceptar la sentencia, sino recurrirla ante un juez que, esperemos, tenga mejor criterio. O mejores argumentos— por muy tentador que sea para un tribunal apoyar las resoluciones de los tribunales, aun cuando desbarran.

Linguistics in this narrow sense






Jueves 12 de julio de 2007

To the Lighthouse

Toujours à l'ouest, llegamos hasta la ría de Viveiro y ahí paseamos mientras los críos brincan por los muelles.
- ¿Te acuerdas del faro? Podemos ir hacia allí.
- OK—to the lighthouse. Pasando por Alfaro, y aún hemos llegado con luz. ¿Quién dijo miedo?
- Sabes, hace años, mi ilusión era tener un novio torrero. Vaya trabajo descansado, una vueltita a ver si todo funciona, tranquilidad oyendo el mar... Aunque ahora ya me quedo sin faro, claro.
- Pues ves, le dices eso mismo a un francés, que querías tener un novio torrero, y no se iba a enterar en la vida: "Oh, l'espagnola, novió toguegó, clagó..."
- Jaja, pues era que una vez no me tal desde puedes aunque eso sí bzzz bzzz...
- Perdona, ¿decías? Es que se me ha ido el santo al cielo, estaba pensando contar eso del torréador en mi blog, y lo del faro.
- Los hombres siempre en lo vuestro, en lugar de concentraros en lo que estáis. Decía que mira qué puerto, qué tarde, etc.—luego se os pasa el tiempo, se os ha ido el santo al cielo, y adiós tarde. pero tú a escribirlo en el blog que queda más bonito, si no te parece que no existe, o si no le haces una foto—a mí me da un mal, llegar a una playa como esta, con una tarde así, y tú con la cabeza en el blog—¿y ahora se puede saber qué haces?
- Ahem—le estaba poniendo la pincelada final.

Northward Ho






On the Road

Llegando esta noche a Galicia, si el Tiempo no lo impide.

Felicides a Elsa: ¡primer cumpleaños! Que cumpla muchos pero muuuuy despacio, porfa.

Y un mensaje a mi abogada: vamos a recurrir la cátedra que vacante quedó. Confiando en la justicia, en el sentido de confiar en el azar de la interpretación judicial, o en la suerte sin más—es la ilusión de todos los días.

Estos días por Galicia




Miércoles 11 de julio de 2007

Ur-narrative

Response to a thread in the narrative list started by Michael Frank, on the subject of primeval narrative, or narrative before narrative:

The ur-Telling of events is of course a fascinating line of inquiry—but telling is just one aspect of narrative, because if narrative and narrativization are cognitive instruments, that cognitive work begins before the telling of the story: it begins with the perception, representation and organization of time. OK, not all kinds of temporal representation are narrative or narratives, but if we really go for the roots of narrative before narrative, we should begin with the ability to represent time at all, which is of course not a given but an evolutionary development. Or perhaps we should go to Stephen Hawking et al. with their histories of time? Before you rearrange time, you've got to have time to rearrange. Anyway, not to stretch matters too far, I'll suggest that perhaps narrative theory should begin "in the beginning", with evolutionary biology.  Here's an article on some experiences in temporal representation in the animal kingdom:
Zimmer, Carl. "Animal Time Travelers." The Loom 2 April 2007.
   http://scienceblogs.com/loom/2007/04/02/animal_time_travelers.php

Jose Angel Garcí­a Landa
http://garciala.blogia.com/2007/041202-tecnologias-de-manipulacion-del-tiempo.php



Frank, Michael escribió:
>
> nancy, porter, tony, bob, usw.
>
> i'm delighted by your responses to my inquiry – and perhaps just a bit overwhelmed by the unexpected richness of the kinds of work that have already been done . . . clearly i have some serious homework ahead of me, and perhaps the responsible thing would be to read all the recommended books and essays before pursuing the issue any further on list  . . . . . but since it is the easy livin' season, i wonder if i might press it just a bit more here . . 
> nancy points out that according to  "cognitive psychologists [and]  cognitive archaeologists . . .  ontogenetically and phylogenetically, narrativity (narrative thought) precedes language"  . . .  but porter, in a 2000 essay, says that "the telling of an event" is "the commonest definition of narrative," implying that telling — and thus language–are essential to narrativity  . . . moreover, i suppose that there will be those who argue that even an event itself does not exist until it has been formulated in language, leading to the inescapable conclusion that the very material of narrative -- "events" themselves " can't precede some sort of language . . .   this then is one area that seems to invite further comment . . .
>
> in any case, my own immediate concerns are with narrative/narrativity as precisely the **_telling_** of events, and with what we might guess would have characterized that telling in the eons before humans first wrote . . . nancy concludes with the speculation that "we can't think of narrative in prehistory in the same way that we think of it in literary cultureâ" and while that might be the case I'd be very interested to learn why it is or must be the case and, if pre-historic narrative is fundamentally different, what we might be able to say about it
>
> mike


Interacción internalizada: El desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico


10 de julio de 2007

Cena con velitas

Con Patricia, Myriam y Mélissa—les gens d'Agen. Mañana se van a Madrid las tres, y luego vuelta a Francia. Oscar quería soplar las velas—para cumplir años, seguramente.

A bout de souffle


Puntualizaciones

Hoy hemos tenido la última reunión desagradable del año (Comisión de Postgrado del departamento), donde he hecho algunas puntualizaciones y otras se me han quedado en el tintero. Vamos a sacar unas cuantas.

- Primero lo más desagradable: las alusiones personales. No se priva la Dra. Onega de manifestar en esta y en otras reuniones que todas las complicaciones administrativas por las que estamos pasando se deben, sin más, a mi carácter destructivo—a saber, que mi única intención en el mundo es destruir lo que otros construyen. Así, literal y sin empacho. Dije en la reunión, y repito aquí, que no estoy dispuesto a tolerar que se me hagan semejantes character assassinations— y que yo también entraré a hacerlas si deriva por allí la argumentación. Ante esta "narrativa" de la Dra. Onega, yo también puedo ofrecer una narrativa alternativa—a saber, que por su voluntad deliberada y prioritaria de excluirme de "su" postgrado, la Dra. Onega se sacó de la manga una normativa ilegal, absurda, contraria a derecho (según ha resuelto el Rector)—una normativa que pretende prohibir la docencia de postgrado y la dirección de tesis a quienes no estén en un equipo de investigación subvencionado. Una normativa que jamás habría salido de ninguna otra cabeza en este equipo, aunque todos la apoyen por no decir que no.

Esta es una narrativa con más visos de realidad que esa otra según la cual yo soy una especie de Atila de la academia. Pero dejémonos de atribuciones de intenciones.

- Dice la Dra. Onega que un grupo de personas trabajadoras, dedicadas, competentes, etc.—han organizado un máster departamental (previa exclusión de otras personas y de un debate abierto, aunque eso no se dice). Y que si otras personas que no han hecho nada quieren tener su máster, pues lo pueden organizar —otro máster, se entiende— en el seno del mismo postgrado de Estudios Ingleses, que para eso se le dio un nombre más amplio que al máster. Bien, pues puntualizaré que esa diferenciación se logró con una batalla que se libró gracias a mí y a los pocos disidentes, cuando el grupo de la Dra. Onega se quería apoderar sin más de todo el segundo y tercer ciclo reformados de nuestro departamento. Aquí se cuenta la historia. Y ahora dice la Dra. Onega que se organicen otros másteres dentro del postgrado, pero cuando se ha hecho la propuesta efectiva de hacerlo, se ha opuesto en tanto que coordinadora—y nuestro Director le ha concedido la mayor, aceptando ese veto y proponiendo un postgrado diferente que no tenía ningún viso de llegar a realizarse. Pero claro, en las reuniones se habla muy alegremente, se dice lo contrario de lo que se hace, o lo contrario de lo que se decía hace dos días, o de lo que se piensa hacer dentro de dos lunas, y aquí no pasa nada. Memorias cortas, parece que tenemos—algunos. Y así sí que se puede reescribir la historia.

También tuvo la Dra. Onega el descaro de decir que yo dejé de participar en las reuniones de preparación del Máster porque me dio la gana. Eso después de haber introducido esa norma que me excluía, y naturalmente dejar de enviarme convocatorias para esas reuniones. Pero ahí queda: primero te excluyen, luego dicen que te has excluido tú, y tan frescos. Y todos callados como muertos, en las reuniones, pero eso sí, apoyando implícitamente todas estas falacias, como se ve a la hora de ver la postura de quién sale votada, y en el equipo de quién se está.

Qué práctico, decir una cosa o la contraria y luego hacer según convenga llegado el caso. Y aún se emplean palabros para decir que tengo poca "seriedad académica". La experiencia me enseña que es para echarse a temblar, cuando se empieza a invocar en este departamento la seriedad académica.

-
Otra cosilla. Que no investigo. Que yo antes investigaba, dice la Dra. Onega. Que me pida un proyecto. Etc. Lo escandalizada que se quedó, dice, cuando vio que yo no había conseguido el tercer tramo de investigación. Ante lo cual le puntualicé en la reunión que sí, que lo había conseguido. "¡Con años de retraso!" exclamó. Bien, pues no. Con un año de retraso. Porque me olvidé de pedirlo, qué se le va a hacer, no estoy pensando en mis tramos ni en mis sexenios todo el día. El caso es que suponiendo que los tramos midan los resultados de la investigación (y aunque sea mucho suponer), mi investigación es tan buena como la del vecino. Y eso sin subvenciones millonarias. O sea, rendimiento input-output, o inversión-resultados, infinitamente mejor a mi favor. Porque me dice la Dra. Onega que no tengo proyecto, pero ahí confunde proyecto  con subvenciones conseguidas por presentar ciertos papeles en concierto con un grupo de dependientes.  Y un proyecto es un proyecto; yo tengo proyectos, y resultados—aunque no subvenciones. Porque se pueden tener muchos proyectos que acaben en algo, o en nada, pero lo importante son los resultados, no los proyectos. Y me cansa repetir este razonamiento, por lo obvio.

- Ahora bien, ya que tanto me lo dicen. ¿Por qué no tengo proyecto? Pues, por ejemplo, porque las convocatorias de proyectos imponen unas condiciones excluyentes, abusivas, absurdas y, sobre todo, FEUDALES. Donde los proyectos están pensados ad maiorem gloriam Directorem. Todos bien aherrojaditos trabajando para el Dire, que es el Investigador Principal—oh, cerebro—y se les penaliza si abandonan el equipo. Los equipos han de agruparse en torno a su Investigador Principal, y auparlo como castellers, todos para uno, y uno sobre todos. Y luego, en las oposiciones, te exigen no investigación, sino dirección de investigación—toma ya. No me extraña que le encante el planteamiento a la Dra. Onega, que lleve a rajatabla las sugerencias de la ANECA o las suyas propias, y que esté feliz ahora que le dan otro proyecto por el mero hecho de haber dirigido muchos. A mí no me hace tanta gracia el sistema. También quiero recordar que el último proyecto que pedí me lo denegaron por no tener bastantes aragoneses en el equipo. Riau riau.

- En la reunión, dijo la Dra. Herrero, presidenta de la comisión de postgrado del departamento, que había conseguido una copia de la resolución del Rector sobre el Postgrado (es curioso, como si fuese una cosa tan difícil de conseguir, cuando la repartimos a todo el mundo en el penúltimo Consejo de Departamento, con la oposición del Subdirector de Ordenación Académica, por cierto). Pero que no entendía esa resolución, y había acudido al Secretario General a que se la explicase. Este le dio una interpretación—que se nos podía excluir del postgrado a los no pertenecientes a grupos de investigación, pero no de entrada, sino priorizando simplemente a los que sí pertenecen. Vaya—una tercera interpretación. A la que se iba a atener la Dra. Herrero, dijo, aunque supusiese un cambio en la postura mantenida hasta ahora por el Departamento, que era excluirnos de entrada.

Ante lo cual he puntualizado que era por tanto evidente que no había criterios claros en el Departamento sobre este punto (ni legales)—y que por eso habíamos recurrido al Rectorado.

- Así que la Dra. Herrero propuso que, al no haber presentado la Dra. Penas y yo los currícula  que se nos solicitaban, sino en su lugar un recurso al Rectorado, procedía confirmar la propuesta docente del Departamento (o sea, confirmar a los que ya estaban "dentro del Máster").

Ante lo cual puntualicé que no era preciso confirmarles su asignación docente, pues de hecho ya se les había asignado esa docencia en firme, y no condicionalmente como a mí y a la Dra. Penas. O sea que ya estaba decidido todo de antemano. También lo prueba el hecho de, puntualizo, a nadie más que a mí y a la Dra. Penas se le pidió que presentara el currículum y toda la documentación a esta reunión (así en plan Oposiciones). Y no se le había pedido a nadie porque en esta reunión no se tenía ninguna intención de comparar los currícula, sino una vez más de continuar con el acoso administrativo a los disidentes, marear la perdiz, excluirnos de entrada y seguir defendiendo el corralillo contra los indeseables que vienen recordando sus derechos. Qué manía, los derechos, ¿eh?

Pero hoy en día este tipo de mangoneos tienen un recorrido muy corto. Están fuera de sitio. Y de puro empecinarse en Follow the Führer, aun cuando el jefe desbarre, se va a ir a pique todo el invento. Me temo.

Repaso de Doublethink







Lunes 9 de julio de 2007

El día en que perdí el Juicio

Me lo dice mi abogada por teléfono mientras me paseaba por la Aljafería. Resulta que he perdido el famoso juicio de la cátedra—en el sentido de que se desestiman los cargos contra la Universidad. El juez ha admitido el recurso (casi parecía lo más difícil), pero ha desestimado explícitamente las cuestiones de fondo, entrando a rebatirlas. Superficialmente, claro. En fin, pocas sorpresas—perdido está el juicio y así queda cerrado el asunto por fin. Ya lo comentaré más detalladamente, que a estas horas tengo mejores cosas que hacer.

El día del Juicio





Domingo 8 de julio de 2007

Souvenir

Y es que volviendo a ir por las afueras del pueblo de paseo vuelves a pasar por los mismos sitios, y te acuerdas de lo que te pasó ahí hace años... Y así íbamos de paseo con Myriam, Pibo y Otas por Arás, cuando Pibo me dice, un tanto desmemoriado para lo que es él:
- Oye, papá, ¿Aquí es donde salvaste a tu hermanito que se cayó al río?
- ¿Quéeee?? Pero si yo nunca he salvado a un hermanito que...
- Il te dit quoi?
- ¡Ah, ya! No, no, si no lo salvé yo, lo salvaron otros, Pibocho, pero mira que te acuerdas. Te lo conté aquí, ¿verdad? Heu... c'est une histoire que j'ai dû lui raconter la dernière fois qu'on est venus par ici, il a une de ces mémoires ce gosse. Alors, ça fait très longtemps; on était venus ici mon frère et moi, et deux copains à lui, pour nager dans la rivière. Tu l'as pas vu celui-là. Ben tu vois, alors on sautait d'ici en bas parfois, c'est très dangereux, et mon frère était en train de sauter. Moi je faisais pas cela souvent; j'étais allongé au soleil lorsque j'entends, ¡plac!, je me lève, "qu'est-ce qui arrive?", et je vois les deux copains à mon frère qui le portent, l'un des bras, l'autre des jambes, la tête pendante, brisée et pleine de sang qui ruisselait...
- Oh non! aïe!
- Et ouais—j'ai eu le coeur qui me fait baoumm! —¡Alfonsooo! — et j'allais courir chercher un médecin ou quelque chose, lorsque qu'ils lâchent mon frère, qui se relève, en riant, hahaaha, on t'a bien eu, haaha...
- Mais il n'avait pas de mal alors?
- Si, il s'était fracassé la tête contre un rocher, il avait une brèche grosse comme ça dans le crâne, et les cheveux et la figure pleins de sang... mais c'est un blagueur, et il s'est dit, voilà l'occasion d'effrayer mon frère pour de bon, on va profiter....
- Haha! Mais quelle idée, dis donc...
- Ben, c'est ce qu'il y a. C'était alors ou jamais, tu vois.
C'était une vraie blague, mais une vraie brèche aussi bien entendu. Et alors je m'en souviens encore, naturellement. 

Desde el Salto de Roldán






Sábado 7 de julio de 2007

Torpemán

Viajando a Biescas (siete en el coche, con Lizara y Myriam) al pequeño Oscar se le hacía demasiado largo el viaje al parecer, porque de repente ha exclamado:

 "¡Dios, saca tu puñal y mátame!"

Qué niño. Siempre hablando de Satán (estilo "a mí me gustan los tipos musculosos, y Satán es musculoso")—y luego es un encanto. Oliendo florecillas iba por el camino de la Conchada, todo concentrado en sus cosas. Todo imaginación, el chavalín. Su creación de hoy, para dar saltos a la piscina: Torpemán. "¡Allá va el salto de Torpemán!"

El avatar Cachalotito



Viernes 6 de julio de 2007

Ocular Proof

Hoy, como ver ver en plan ocular proof, hemos visionado en DVD el musical de Roméo & Juliette de Gérard Presgurvic. Le ha molado mazo a nuestra hablante nativa Myriam.

Me acabo de leer un libro sobre adaptaciones cinematográficas de Shakespeare, Shakespeare in the Cinema: Ocular Proof,  de Stephen M. Buhler (State University of New York Press, 2002). Es cierto que las adaptaciones de Shakespeare son todo un subgénero dentro del cine: tienen una  intertextualidad especialmente intensa porque se trata de una familia de películas procedentes del mismo texto literario, y que se adaptan y readaptan y varían una vez y otra, siempre por referencia inevitable al texto inicial, y también a la tradición dramática que lo ha mediado, y por supuesto a las películas anteriores. Es un caso bastante peculiar, sobre todo dado que parece previsible que continuará la ola de adaptaciones recientes, y que las versiones y versiones de versiones harán un mosaico cada vez más complejo, pues aunque la mayoría se ignoran entre sí (un tema este de la ignorancia que no da mucho juego hablando de intertextualidad) sí que hay una tendencia irresistible a que aparezcan fenómenos que cada vez complican más el producto final cuando al juego complejo entre textos se añade la interacción con la atmósfera cultural de cada momento y con los códigos culturales de personajes y situaciones (o ideas recibidas). Buhler analiza muy bien esta complejidad de factores que entran en cada película y que van más allá del texto original. Bueno, original... se pueden volver a repescar las fuentes, sean literarias o arquetípicas, del texto shakespeariano, en un rewind; o se puede hacer fast-forward y hacer esas reelaboraciones y resituaciones que llevan a Shakespeare otros ecos históricos, o lo sitúan en la actualidad—el caso más atrevido, el del Hamlet de Almereyda, y el del Titus de Taymor, dos de mis adaptaciones favoritas, si no las favoritas.

La idea de presentar a Shakespeare como un guionista avant la lettre et la caméra tiene una curiosa plasmación, observa Buhler, en el corto promocional Master Will Shakespeare de 1936, que acompañaba a los Romeo y Julieta avejentados de la Metro. Allí, "Shakespeare is cast in a prophetic role, preparing the way for the technology, techniques, and dominant presentational modes of Hollywood cinema" (38). Claro que podíamos decir que Shakespeare tenía una relación polémica con la configuración de ese realismo convencional—como puede verse en el prólogo a Enrique V, que puede leerse o como un anhelo de técnicas más cinematográficas, o como un manifiesto teatral de la convencionalidad de todo intento de ilusionismo. Otro que tenía una relación igual de ambivalente con la cámara era Laurence Olivier, que creía que Shakespeare había ido más allá de las limitaciones del teatro de su tiempo, y dice sin cortarse nada por el hindsight bias: "Shakespeare, in a way, 'wrote for the films' His splitting up of the action into a multitude of small scenes is almost an anticipation of film technique, and more than one of his plays chafe against the cramping restrictions of the stage." (Buhler 74). Bueno, si Shakespeare reaccionó contra las limitaciones del teatro de su época, también lo transformó inmensamente, gracias a esa reacción, con lo cual es difícil decir (resulta una especie de pescadilla que se muerde la cola) si ese teatro "de su época" tenía limitaciones, en Shakespeare, o si ya se abría con él al play unlimited.

The Cambridge Companion to Shakespeares





Jueves 5 de julio de 2007

A bout de souffle

Vaya día que llevo. Con decir que es el primer día que no escribo en el blog desde hace meses o años... Y es que el fin de curso aprieta, aun sin ir mucho por la Universidad. A ver: asuntos organizativos del seminario sobre Lingüística y Comunicación Persuasiva, paseos por la ciudad con nuestra francesita invitada; los primos que vienen a visitarnos y hasta nos quitan el ordenador, compra de Kilos y Kilos de Libros (luego hay que leérselos...), reunión durante horas sobre el tema del Diccionario Conceptual Zirano, con su autor y antiguo maestro mío; moto paquí, moto pallá... coche paquí, coche pallá... Redacción, durante horas y horas y horas, de un nuevo recurso contra las arbitrariedades de nuestro Reino de Taifas en el Departamento de Filología Inglesa y Alemana. He estado en el MacDonalds, en la Librería París y en la Cálamo, en el Torreón de la Zuda, en el Deutsche Bank, en el Tubo, en el Café Universal. Y aún tenía previsto ir a la piscina y ver Parque Jurásico III; se ha quedado la cosa en ver un concierto de Sarah Brightman. Qué día, vaya. Y aún queda la noche por delante.

German interlude



Miércoles 4 de julio de 2007

El sexenio fantasma

Otra cosa del Consejo de Departamento de ayer. Nos recordaron la Dra. Onega y el Dr. Collado que existe una normativa propia de la Universidad que requiere que todo profesor que imparta docencia en másteres oficiales debe tener un sexenio de investigación reconocido. Es útil saberlo, porque hay tantas normas por ahí, y se hace un uso tan abusivo de los sexenios éstos, que se nos puede haber escapado este detalle a algunos. Claro que la intención al recordárnoslo no era muy buena quizá, pues lo que intentaban era desautorizar la participación en un máster de una compañera que al parecer no debe tener sexenio. Pero en fin, el saber no ocupa lugar, y tendremos en cuenta esta normativa que desconocíamos. Lástima que ni la Dra. Onega ni el Dr. Collado pudiesen citar el lugar exacto donde se establece esta norma. Tampoco aparece, creo, en la normativa de estudios de postgrado de la Universidad. ¿Alguien podría arrojar alguna luz sobre este requisito? ¿Dar la referencia exacta? En la Academia, se agradece esta precisión. Porque si citamos así de memoria y a lo loco nos podrían acusar de sembrar confusión—como le dijeron a nuestra colega cuando aseguró desconocer la normativa esa. Y eso que tampoco tenía noticia de esa norma la Dirección del departamento.

Esto no es un cortijo





Martes 3 de julio de 2007

Mí no comprender

Último consejo de departamento del año. Donde otra vez los nervios están a flor de piel. Está claro que a nuestros catedráticos les saco de quicio: hay que ver cómo se ponían, qué voces y alaridos, sólo por exponer yo mi punto de vista: subiéndose por las paredes, vamos. Está visto que hay poca costumbre de disensión, y que el "sí bwana" gusta mucho más, a dónde va a parar. Parte de la estrategia de defensa de los catedráticos es sugerir que este que escribe es un tipo destructivo, o que le ha dado una calentura en la cabeza, o que sus motivos para protestar son resentimientos personales arrastrados de un remoto pasado—y no vulneraciones de derechos presentes, que esas conviene cubrirlas con un tupido velo.

En fin, que el punto único era la asignación de docencia, y en mi caso y el de la Dra. Penas no se nos ha asignado, pues hemos solicitado una vez más docencia en el postgrado del departamento, recordando que la abusiva normativa interna por la que se nos venía excluyendo ha sido anulada ya dos veces por el Rector. Un momento difícil, ese, para la Dirección, el de decidir qué normativa aplicar ahora (aunque a la Dirección le da todo más o menos igual)—y para la Subdirección de Ordenación Académica (aunque en el caso de la Subdirección, con aferrarse a lo que le mandan hacer, lo que le mandan a nivel de departamento digo, solucionado).

Bueno, pues las respuestas ante esta encrucijada han sido varias y variadas. Primero unos aspavientos a voces del Dr. Collado, exponiendo que la gente civilizada no pide docencia que haya impartido otra persona antes, que a quién se le ocurre solicitar una docencia ya asignada. (Asignada el curso pasado contrariamente a derecho, le recordamos.... ) Y, además... añadimos—si no está asignada; si estamos precisamente asignándola. Bueno, pues que no, que no se puede, dice el Doctor; que si a él se le ocurre pedir mi asignatura, ¿qué? —Pues ahora es el momento de hacerlo, le digo. (Ya cogería yo la que él soltase, y punto).

En fin, que lástima que la noble voluntad del Dr Collado de "evitar el caos", según ha dicho, sea contradictoria con la idea misma de un Plan de Ordenación Docente (he tenido que explicar que un "plan" se refiere al futuro, no al pasado), y con la existencia de una normativa para dirimir conflictos de solicitud en la asignación de docencia.

Otra estrategia ha sido la seguida por la Dra. Onega: como viene haciendo últimamente, sencillamente ha declarado desconocer ninguna resolución del Rector anulando los criterios de asignación docente de "su" postgrado. Ni tenía noticia, ni la había leído. Nadie, por cierto, ha tenido la gentileza ni de apoyarla ni de corregirla: todos callados como muertos, incluida la Dirección. Así que los disidentes de siempre hemos pedido que se haga llegar una copia de la resolución del Rector a la Dra. Onega, aunque seguramente algún mecanismo de bloqueo mental le impedirá percibirla.

Y aún otra estrategia ha seguido el Subdirector de Ordenación Docente, Dr. Guillén. Tras admitir que sí había habido una resolución del Rector (¡bravo!) ha dicho no comprenderla, no entender a qué aspectos de la normativa departamental se refería, ni cuáles anulaba—y que hubiese agradecido mucho al Rector que le dijese (en lugar esa vaguedad asignar la docencia "conforme a derecho") qué párrafos en concreto eran los que había que tachar.

Le he sugerido que probase con eso de reservar la docencia en segundo ciclo a los miembros de los equipos de investigación. Debería el Subdirector releer, si no comprende en una primera lectura. Pero está visto que la Subdirección está decidida a subdirigir sin salir de sus dudas, pues tampoco se nos ha dicho que se haya pedido aclaración al Rectorado ante estas dudas: simplemente se ha ignorado la resolución del Rector, una vez más.

Ante lo cual hemos decidido los disidentes que vamos a impartir más o menos la docencia que nos dé la gana, y si no, ninguna—pidiéndole al Rector que dirima al respecto. Y luego, siguiendo el ejemplo que nos dan nuestros catedráticos, oiremos o desoiremos las respuestas del Rector según nos convenga. Como no pasa nada y todo da igual....

Si hacerse el tonto o el sordo va a dar resultado en la Universidad, y producir efectos académicos, es algo que conviene aprender a hacer pero ya.

Feudalismos y sociedades feudales











Lunes 2 de julio de 2007

El Día del Juicio

Visto para sentencia ha quedado, el juicio de la cátedra que desierta se dejó. Es la primera vez que estoy en un juicio, y vaya, por lo menos no he sido el reo, aunque sí parte interesada. Más interesada que la otra parte, ciertamente, pues en el caso José Ángel García Landa versus Universidad de Zaragoza el interés de la Universidad ha sido, hasta la fecha, ciertamente limitado. En respuesta a todos los recursos, denuncias, quejas y papeles que envié al Rector desde el día que se celebró el concurso, sólo obtuve una mísera notita dando a entender que si hubiera sabido defenderme los debería haber llevado a contencioso administrativo mucho antes.

Así que los llevé, los llevé. Con un éxito que se promete más que dudoso, pero era una cuestión de principios, el que por mí no vaya a quedar la cosa. Mi abogada se ha batido el cobre en los términos que ha juzgado más beneficiosos para la causa, y le ha contestado el abogado de la Universidad. Que esta vez sí se ha tomado la molestia de enviar un abogado al juicio, algo es algo...

Cada uno ha expuestos argumentos irrebatibles para un profano según los cuales es evidente que todo es irregular y debe anularse (según sostenemos con mi abogada) o que todo está fetén y conforme a los más rancios principios del derecho (según el abogado universitario).  Este último ha detallado con una cierta (sólo una cierta) exhaustividad la lista de mis escritos al rector, no con ánimo de apoyarme sino para dejar claro que este caballero protesta demasiado y con poco conocimiento del derecho: y es cierto que más vale protestar una sola vez con abogado que ciento sin asesoramiento legal, y que una protesta que dice "recurso" sin decir "de alzada" está jurídicamente out, etc.. Pero es que entonces hay que acudir a las oposiciones ya con el abogado puesto—y es lo que recomiendo a todo candidato. Sobre todo si ya ha recibido del tribunal, como los recibí yo, avisos de que hacía muy mal en presentarme porque infringía algunas leyes no escritas.

Claro que aquí nos hemos tenido que atener a lo escrito. Con lo cual, lo comentábamos en la caña post-Juicio, lo que es el proceso legal y lo que ha sucedido realmente son dos relatos que se cruzan casi sin tocarse, todo lo más en algún punto clave se intersectan para después seguir sus lógicas propias. Por ejemplo, la historia de por qué se retrasa tanto la interposición del recurso, hasta el punto en que es casi de Tribunal Constitucional saber si debe admitirse o inadmitirse. Evidentemente, si esperé y esperé, no fue por vicio (ni por viciar el proceso), sino porque el rector Pétriz se había comprometido a investigar detalladamente todo el asunto y a dar cumplida respuesta a mis denuncias y alegaciones. Lo que no aclaró el taimado Rector es que podía darme por cumplidamente respondido, a su juicio al menos, con el silencio administrativo.

Y eso que hasta se abrió un expediente informativo en la Universidad: me lo abrieron a mí el expediente, pues dijo el Rector que era la mejor manera de investigar el asunto, esperando quizá desanimarme—pero le dije: adelante, si la única manera en que se vaya a investigar todo esto es abriéndome un expediente, que se me abra. Y se abrió, y se cerró, sin condenarme a nada, pero también sin poner ni una línea por escrito de respuesta a mis denuncias. Es más: tras meses y meses de marear la perdiz, la contestación que se dio por fin cuando se exigió una respuesta a través del Defensor Universitario fue esa escueta notita, al efecto de que me podía dar por respondido o por no respondido (tanto da) desde el principio, retroactivamente. Menuda faena, pero de esas de las que no dejan huella visible. Claro, de todas las palabras del Rector, ninguna consta en ningún papel, y así parece que este lerdo del Sr. García se deja pasar los plazos porque es corto, o pardillo, sin más—mira que fiarse de la palabra del Rector, adónde va. Cuando lo aconsejable (según la propia Universidad) es llevarlos a juicio directamente y sin avisar.

Otra ficción legal, el tema del proyecto de investigación. Que si había que presentarlo, que si no... Y en lo que no entra nadie es que, frente a la declaración unánime por escrito de los miembros del tribunal de que no presenté un proyecto de investigación, allí están en el sótano del Rectorado, desde hace años, todos los documentos de la oposición, donde en los clasificadores 81 y 82 está el proyecto de investigación. Entre otros documentos que les entregué y que ni llegaron a mirar los miembros de la comisión juzgadora de la plaza. Son pequeños detalles materiales, de esos que sobrevuela velozmente la justicia, que tampoco tiene ninguna intención de agacharse a mirar a ver si en efecto está allí el proyecto dichoso, por ejemplo.

Vamos, que relatos posibles sobre lo que allí sucedió hay muchos. Pero relato bueno bueno, sólo uno: lo que va a misa es lo que consta en los papeles—y si no coincide con la realidad, pues ya se ajustará la realidad, oye, que lo contrario distorsionaría mucho el funcionamiento habitual de la Administración.  Ya se sabe: los performativos, how to do things with words...  ¡Tantos ejemplos de Austin vienen del ámbito jurídico!

El contencioso de la cátedra












Domingo 1 de julio de 2007

Madre asfixiante

De  El Tío Tungsteno: Recuerdos de un químico precoz, autobiografía del neurólogo Oliver Sacks (Anagrama, 2003, cap. 19).

Durante los años treinta, mi madre abandonó la medicina general y pasó a dedicarse a la ginecología y a la obstetricia. Nada había que le gustara más que un parto complicado—que un bebé se presentara de brazo, o de nalgas—con una conclusión satisfactoria. Pero de vez en cuando traía a casa fetos malformados anencefálicos, con unos ojos saltones en lo alto de sus cabezas aplanadas y sin cerebro, o con espina bífida, en los que toda la médula espinal y el encéfalo estaban a la vista. Algunos habían nacido muertos, y a otros mi madre y la comadrona los habían ahogado en silencio al nacer ("como un gatito", dijo una vez), pues les parecía que si vivían no tendrían ninguna vida consciente o mental. Deseosa de que yo aprendiera anatomía y medicina, diseccionó para mí varios de esos fetos, y aunque sólo tenía once años, insistió en que yo también diseccionara. Creo que jamás se dió cuenta de lo mucho que eso me afectaba, y probablemente imaginó que sentía el mismo entusiasmo que ella. Aunque yo, de manera natural, había diseccionado por mi cuenta lombrices, ranas y mi pulpo, la disección de fetos humanos me llenaba de repugnancia. Mi madre a menudo contaba que, siendo yo bebé, le había preocupado el crecimiento de mi cráneo, que las fontanelas se hubieran cerrado demasiado pronto, y que, a consecuencia de ello, me transformara en un idiota microcefálico. De este modo, vi en esos fetos lo que (en mi imaginación) yo también podía haber sido, lo cual hacía que me fuera más difícil distanciarme de ellos, e incrementaba mi horror.

Aunque quedó entendido, casi desde mi nacimiento, que sería médico (y concretamente, deseaba mi madre, cirujano), esas experiencias precoces me predispusieron en contra de la medicina, me hicieron querer huir de ella y dedicarme a las plantas, que no tenían sentimientos, a los cristales, los minerales y elementos químicos, sobre todo, pues ellos existían en un reino propio inmortal, donde la enfermedad, el sufrimiento y la patología eran desconocidos.

La misteriosa llama de la reina Loana






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