Martes 31 de julio
Las Médulas
Nos vamos con lo puesto a visitar las minas
romanas de Las
Médulas, cerca de Ponferrada—bueno,
cerca pero no tan cerca. Después de ver en unos
vídeos cómo los romanos hacían lo que
llamaban ruina montium,
subimos a un mirador desde donde se veia, a modo de Gran
Cañón del Colorado, el paisaje impresionante que
dejaron los romanos... bueno, los astures, que romanos no
debía haber ninguno dando ni pico. Pero eso sí,
ahí los tenías midiendo y diseñando
canales y túneles: hasta desde 100 kilómetros
traían el agua por cumbres y riscos para hacerla llegar
hasta la cima de estos montes, y poder derrumbarlos con un sistema de
galerías. Como no tenían dinamita,
tenían que derrumbar medio monte de vez con un sistema de
galerías inundadas de repente, para aprovechar la propia
fuerza del monte derrumbándose y que cayese aún
más. Dice Plinio que el resultado era una
auténtica explosión, con onda expansiva incluida,
y un estruendo tal que no lo imagina el oído humano.
O
el
oído romano, al menos: en decibelios hemos subido el nivel
en la actualidad—pero estas minas dejan pequeñas a
las minas modernas que aún se ven alrededor en el horizonte.
Total, que después de haber subido
andando con lo
puesto sin una tarjeta de crédito siquiera por lo del peso,
resulta que nos cobraban por entrar a ver las galerías
subterráneas... y sólo ha podido pasar Alvaro con
el euro de calderilla que hemos logrado reunir. Todo por no volver a
subir, claro. Y Álvaro, va por esas galerías de
murciélagos, lo vemos aparecer como un microbio en un
túnel el frente de un acantilado, que parecía un
ojo de cíclope (así tal como en la foto), y ni lo reconocemos, el tío
ni
saluda a los del mirador de enfrente ni nada... Pensamos que ese
túnel debía dar horror a los medievales, que
probablemente ni se acercarían por allí pensando
que este paisaje sería obra del demonio. La guía
decía que de críos aún era
más impresionante ir por la cueva y salir al acantilado sin
pretil ni mirador, claro...
Total que todo el día de viaje; y mientras los
cuñados, que nos querían traspasar al abuelo para
las vacaciones, alterados porque no nos localizaban y no
sabían si volvíamos a Zaragoza... pero ya
está arreglado, y todo el mundo localizado. A mí
no es difícil localizarme, con Google está hecho,
pero a veces se ahoga uno en el exceso de tecnologías.
Recurso de
apelación
Sobre el tema de la
cátedra de 2003... aún. Me
envía esta información mi abogada.
Hoy
ha quedado presentado el recurso de apelación. El
recurso consta de
siete alegaciones, una Primera que viene a identificar los fundamentos
de la sentencia de instancia que se consideran disconformes a derecho.
Que son cuatro: Composición del Tribunal, el tema del
perfil, el
establecer la valoración de proyecto investigador como uno
de los
criterios a tener en cuenta y el tema de que los criterios de
valoración no recogen la actividad investigadora como un
mérito
prioritario.
A
la impugnación de estas cuestiones se añaden dos,
a las que no se hace
referencia en la sentencia de instancia: 1- El hecho de que
sí que se
presentó proyecto investigador, 2.- El tema sobre la
irregularidad en
las votaciones.
PS: La abogada rebate, con argumentos a mi juicio irrefutables, el
razonamiento de la sentencia de instancia, concluyendo que es
antijurídica, viciada en sus argumentos, y debe ser revocada.
Resumiendo:
-
Vicios relativos a la composición
del tribunal: La presidenta de la Comisión no es quien ha de
decidir sobre la
renuncia
presentada por uno de los miembros, sino el Rector: sin embargo, no se
dio traslado al Rector de esa renuncia. La sentencia se equivoca al dar
por buena la confusión que se hizo de
renuncia
y mera
ausencia.
-
Vicios relativos a la aplicación
del perfil: Una vez establecida la legitimidad de un perfil que
abarca la mitad de las materias de nuestra área de conocimiento,
no puede legítimamente excluírseme como
inadecuado para ese perfil —y eso sin ofrecer ninguna
explicación—habida cuenta de mi extenso currículum investigador
con reconocimiento y evaluación oficial
y en revistas y editoriales de reconocido prestigio, etc. Vamos, que no
le gustaban al tribunal, al parecer, la narratología, la
hermenéutica, el análisis del discurso o la
estilística, o no les gustaba yo, y lo resolvieron por la
vía rápida diciendo que eso no es
lingüística. Pero eso entra dentro de la
arbitrariedad del tribunal, no de
su discrecionalidad técnica.
-
Vicios relativos a la valoración
del proyecto de investigación.
El más gordo, ignorado por el juez: que aunque la
comisión dice como un solo hombre que no presenté
proyecto de investigación, allí está en los
papeles que les entregué. Ni palabra sobre el asunto tiene el
juez. Y ya es vicio, ya. Sin contar con que ni siquiera tenían
derecho a
exigir la
presentación de ese proyecto en el primer ejercicio, como reconoce a
regañadientes el propio juez.
-
Vicios relativos a "la
obligación en este tipo de procesos de que se considere la
actividad investigadora como mérito prioritario". Como argumenta
mi abogada,
"el
hecho de que la valoración de la actividad investigadora
únicamente tuviera un peso del 40%, no supone su
consideración como mérito prioritario, por cuanto un
candidato sin absolutamente ninguna actividad de este tipo, pero con
unas puntuaciones elevadas en los demás apartados, podía
superar esta primera prueba por delante de un candidato con el
máximo de puntuación en el apartado de la actividad
investigadora"—un razonamiento que pueden entender hasta los de
matemáticas.
-
Vicios relativos a irregularidades
en la votación. Aquí hace falta una pequeña cita del
recurso:
"En
relación a esta cuestión, la sentencia de instancia
guarda silencio; no obstante, se hace necesario llamar la
atención sobre la falta de conformidad de las votaciones de los
miembros de la Comisión con la puntuación otorgada al
candidato y (...) lo que es más grave, los informes razonados de
los miembros de la Comisión no se corresponden con las
votaciones otorgadas.
En este sentido, la propia sentencia de instancia, en su fundamento
octavo, señala que los miembros de la Comisión fueron
más críticos con [José Ángel García
Landa] que con el resto de candidatos, "especialmente
la señora Onega y el señor Garrudo, folios 112 y 113". Sin
embargo, el único voto
que le fue otorgado a mi mandante fue de la Sra. Onega, precisamente
uno de los miembros de la Comisión más críticos
con el Sr. García Landa".
Tras citar precedentes de sentencias que declaran antijurídica
en las oposiciones la incongruencia entre el informe razonado y la
votación,
"y
aplicado al caso que nos ocupa, el hecho de que una de las personas
más críticas en su informe otorgara su voto a mi
mandante, junto con el hecho de que parece que ese voto responde a una
traslación de la puntuación otorgada a los candidatos a
un número determinado de votos, resulta una actuación
disconforme a derecho y vulneradora de la normativa de
aplicación a este tipo de concursos".
Vamos, que si tras su actuación injusta y arbitraria la Dra.
Onega pensaba que quedaba cubierto el expediente dándome su voto
(sobre el papel, vamos) de modo gratuito e injustificado—o si
pensaba que con eso se hacía menos extraña y sospechosa
su actuación—estaba
muy equivocada.
Esperemos que la Sala de lo Contencioso Administrativo del
Tribunal Superior de Justicia de Aragón, a donde se
remitirá el asunto ahora, tenga mejor criterio que la
comisión evaluadora, que el Rector, y que el Juzgado de lo
Contencioso Administrativo Nº 2.
Esperemos—pero sin confianza alguna, visto lo visto hasta ahora,
y vistos los criterios que se llevan a misa y se lucen con toda la
tranquilidad del mundo.
Lunes 30 de julio de 2007
Mañana, de
vuelta
a Zaragoza. Que será
larga, ancha es Castilla-León. Pero para hoy me parece que
aún planeamos la última excursión a
Estaca de Vares, el norte del norte. Y entretanto tenemos
cumpleaños de Mrs. B. ¡Felicidades! Al contrario
que a mí, le encantan los cumpleaños propios y
ajenos. Pues a disfrutarlo.
La narración
conversacional
Apuntes sobre el libro Conversational
Narrative,
de Neal Norrick (Amsterdam: Benjamins, 2000). Que trata del uso de la
narración en medio de la conversación, ya sea
informando,
cotilleando o contando anécdotas personales o chistes.
(Antes
había trabajado Norrick sobre el humor en la
conversación).
El planteamiento parte de la tradición
sociolingüística de Labov, aderezada con Wallace
Chafe,
Deborah Tannen, Harvey Sacks y Livia Polyani, que son los autores
más citados—junto con los estudios de Bartlett
sobre la
memoria. Comienza el libro con planteamientos metodológicos
sobre la
estructura narrativa y sobre elementos formulaicos y repetitivos en la
narración oral, pasa luego a ocuparse del tema de los
relatos
repetidos y el acto de recontar; luego presta atención al
encuadre de los relatos en el proceso de la conversación,
clasifica los tipos de narración conversacional y compara
las
narraciones conversacionales espontáneas a casos
próximos
como el relato de chistes y los relatos en obras dramáticas.
Termina con conclusiones que sugieren posibles desarrollos de la
investigación sobre este tema.
En conjunto me ha parecido interesante aunque limitado (esto a pesar de
su
voluntad de ampliar el planteamiento metodológico,
proporcionar
un panorama más completo de la narración
conversacional,
y juntar
perspectivas diversas)—un tanto cuadriculado,
machacón y
poco especulativo; demasiado atado a su método y lo que le
permite ver. Poco tienen que ver sus análisis de los relatos
en
Shakespeare o Beckett con lo que haría un crítico
literario, que iría mucho más allá en
su
análisis del relato en contexto, con respecto a la
personalidad
del narrador, la temática de la obra, etc. El seleccionar
sólo determinados aspectos de los relatos conversacionales,
sin
embargo, sí aporta conocimientos nuevos sobre esos aspectos
en
concreto.
El capítulo introductorio señala que los
conversadores
pueden usar la narración para propósitos
distintos.
Generalmente uno toma protagonismo en el acto narrativo y asume el
papel de narrador; enfatiza Norrick que los demás sin
embargo
siguen interactuando; "El narrador (teller)
introduce la historia para asegurarse el interés de los
oyentes,
hacerse con el control del turno conversacional, y asegurar la
comprensión. Entonces el narrador debe dar forma a los
materiales que recuerda adaptándolos a una
actuación
verbal diseñada para el contexto presente. Este puede
incluir
interrupciones y comentarios de los oyentes; de hecho, los receptores
pueden intentar redirigir la línea del relato, reformular su
asunto (point)
o incluso
volverse co-narradores del relato con todas las de la ley. En cualquier
caso, los receptores del relato al parecer pueden comprender y evaluar
el relato que oyen lo suficientemente rápido como para
responder
adecuadamente a él, quizá con relatos propios a
juego.
Describir estos procesos ha de ser un objetivo fundamental de para
ofrecer una imagen completa del uso efectivo del lenguaje". (1;
traducción mía).
Critica Norrick la imagen del relato demasiado unilateral ofrecida por
los estudios de Labov y Waletzky. Al no estudiar relatos
espontáneos,
sino inducidos por el investigador, primaban el papel de un narrador al
que se escucha, sobre el proceso efectivo de la interacción
conversacional. (Vamos, que el contexto de la investigación
era
un tanto artificial). Norrick emplea grabaciones de conversaciones
espontáneas entre amigos o familiares. Para Norrick, "La
investigación sobre la narración conversacional
debería concentrarse en el proceso de cómo se
consigue
hacer interactivamente una narración entre narrador(es) y
oyent(es), observando además las diferencias entre
narraciones
efectuadas por primera vez, relatos renarrados, y relatos repetidos con
frecuencia" (2). También enfatiza más Norrick la
función actual del relato, antes que la secuencia "original"
de
acontecimientos: "Labov & Waletzky toman una secuencia de
acontecimientos como la subestructura preexistente de las narraciones
personales. Pero los relatos extraidos de conversaciones
auténticas muestran que los narradores recrean sus recuerdos
de
los acontecimientos pasados para adecuarse al contexto presente. Lejos
de simplemente recapitular la experiencia pasada, los narradores a
menudo parecen revivir, reevaluar y reconstruir la experiencia
recordada" (2).
Este planteamiento me interesa, por su relación con la
retroactividad de la retrospección—un
asunto obsesivo para mí. También promete un
planteamiento interesante para desarrollar una teoría de la
ficcionalidad (algo que me podría interesar si me decido a
hablar sobre este tema en la conferencia de París).
Lástima que esta línea de razonamiento no
está
realmente desarrollada en el libro, ni lleva a conclusiones que vayan
mucho
más allá de lo aquí dicho.
Quita énfasis, pues, Norrick a la secuencia
básica de
acontecimientos (una pérdida de énfasis que se ve
en
muchos enfoques contemporáneos sobre la narratividad).
Enfatiza,
en su lugar, algunos elementos verbales e interaccionales: "Mis propios
datos conversacionales muestran a los narradores organizando sus
intervenciones en torno a la repetición y a la formulaicidad
tanto como en torno a la secuencia: también ilustran
más
estabilidad en la evaluación y en el diálogo que
en la
secuencia de acontecimientos en las historias renarradas" (3).
En línea con los teorizadores de la recepción
(Iser,
etc.) aquí se enfatiza todavía más la
esquematicidad de la actuación narrativa: "el receptor de
una
narración conversacional debe trabajar incluso para
actualizar
un esqueleto narrativo a partir de una actuación a menudo
polifónica y discontinua" (4). El proceso narrativo
también transforma al narrador volviéndolo a
poner en
contacto con la experiencia y activando rememoraciones y llevando a
reevaluaciones de los hechos pasados a la luz de la
situación
presente. "Por tanto debemos rechazar la definición de Labov
de
la narración como un método de recapitular la
experiencia
recordada, en la medida en que suponga que el recuerdo de la
experiencia pasada permanece inalterado por la narración"
(4).
Recontar es recordar, y recordar es re-acordar lo narrado no
sólo entre sí, sino con lo sucedido
después: un
planteamiento que podría llevar a Norrick en
dirección a
la hermenéutica de la experiencia temporal, pero no lo hace,
pues se mantiene en límites disciplinarios mucho
más
concretos.
El contexto presente ayuda pues a entender la
narración
que se hace de los acontecimientos pasados: "Para entender estos
relatos espontáneos, debemos investigar los contextos
conversacionales que los ocasionan, y los propósitos que
cumplen" (5). Así, hay muchas ocasiones para la
narración
conversacional (algo que escapaba al método planteado por
Labov,
que solicitaba del sujeto una narración). Salen a la luz
con este enfoque los prólogos y
resúmenes que
utilizan los hablantes para establecer la narrabilidad de los relatos,
y para enviar señales sobre el tipo de reacción
que
esperan. También hay que estudiar la manera en que un relato
enlaza con otro propuesto a continuación por el
interlocutor. Se
obtiene un panorama distinto de la actuación narrativa
estudiando los contextos efectivos de narraciones
auténticas.
"Por consiguiente, propongo complementar la descripción
estructural de las estrcuturas narrativas que subyacen a los relatos
con un micro-análisis de las estrategias de los narradores,
para
desarrollar una retórica de la narración
conversacional
junto con una descripción de los contextos que dan lugar a
relatos conversacionales y de los efectos que tienen en la
interacción circundante" (5-6).
Además de memorizarse secuencias de acontecimientos, en la
narración se memorizan secuencias verbales
específicas,
porciones textuales, fórmulas—las historias
renarradas
muestran señales de las veces anteriores en que se han
narrado.
Utiliza Norrick la teoría de marcos siguiendo a Tannen
especialmente—aunque creo que se le podría sacar
más partido a la multiplicidad de usos que encuentra Goffman
para el concepto de marco, aplicándolos
específicamente a
la narración.
Norrick, como Chafe y otros, enfatiza el carácter "aditivo"
del
lenguaje hablado frente al carácter "subordinativo" del
texto
escrito. (11). (Me queda la duda, sin embargo, de si subestima
subordinaciones conceptuales, implícitas, marcos dentro de
marcos, etc.,—en favor de elementos superficialmente o
más visiblemente aditivos).
Al enfatizar la preeminencia de elementos formulaicos, evaluativos,
etc. sobre la secuencia de acciones, también veo un posible
problema… si las evaluaciones de un hecho cambian con la
distancia temporal, quizá las evaluaciones
también
parezcans ser candidatas para la reelaboración en distintas
renarraciones. Y las fórmulas, ¿no pueden pasar
también de unos relatos a otros distintos,
si en la renarración de esos han resultado ser eficaces?
Quizá cada análisis concreto de un relato, en
profundidad, nos proporcionaría resultados que escapan a un
método que sólo seleccione ciertos elementos para
su
valoración. Aunque sea malo para las conclusiones
generales...
(... de hecho Norrick admite, de modo a la vez interesante pero
insuficientemente desarrollado en sus conclusiones, que el propio
analista, como cualquier oyente, también ha de reelaborar
las
actuaciones verbales que analiza para extraer de ellas relatos que
pueda analizar. Pero el método analítico que
sigue para
extraer la "narración básica" a partir de una
secuencia
conversacional es de hecho el aspecto más cuadriculizante,
abstractivo y cuestionable de todo el enfoque de Norrick).
Norrick graba conversaciones con el conocimiento de los sujetos,
arguyendo que al poco rato se deja de prestar atención a la
grabadora, "nos cuesta estar pendientes de oyentes no directamente
presentes frente a frente" y "la grabadora tiene poco o
ningún
efecto" sobre las conversaciones grabadas (18). Sea como sea,
sus
datos ponen de manifiesto "que la narración surge de, y
prolifera con, el contexto conversacional concreto; hacen resaltar la
naturaleza interactiva de la narración, y el papel clave que
juega el público" y contrapesan otros datos que provienen de
tantos análisis de narraciones literarias o cuidadosamente
seleccionadas, y escritas.
Sobre este punto habría que observar que estas
conversaciones
orales siguen estando escritas, o transcritas: y que para
desarrollar ciertas direcciones del tipo de estudio que plantea Norrick
será imprescindible presentar los datos y
análisis en
formato electrónico, con vídeos y ficheros de
audio.
Aunque yo personalmente no voy a ir por ahí.
Para la transcripción, escribe Norrick sus narraciones a
modo de
versos, constituido cada uno por una unidad de entonación.
"Los
textos escritos se estructuran en torno a oraciones
completas;
mientras que el lenguaje hablado se organiza en torno a las unidades de
entonación" (20)—afirmación que se
presta, claro, a
matizaciones. Emplea signos para marcar interrupciones, superposiciones
de turnos, enlaces sin solución de continuidad entre
hablantes,
etc.
El capítulo 2, "Internal narrative structure", propone
métodos para "extraer" narraciones de modo
sistemático a
partir de las interacciones, y define algunos conceptos y
procedimientos.
"Defino elemento
narrativo como una frase con forma verbal del pasado que
describe una acción o cambio de estado; y defino narración
(narrative)
como un conjunto coherente de dos o más elementos
narrativos".
(28). (Se verá que si esto se toma al pie de la letra es una
cuadrícula artificial, y si no, el sistema
debería
reformularse. Tómese esta narración donde Juan le
cuenta
a Paco: "Esta mañana me encuentro a Pedro y le digo, oye, a
ver
si me pagas lo que me debes, y el tío me dice, eso digo yo,
a
ver si te lo pago"—Que no es una narración
según
los criterios recién expuestos. O, preguntemos
qué es
"coherente", pues la coherencia muchas veces depende del criterio de
quien es capaz de verla).
Siguiendo a Polyani, Norrick junta las intervenciones de narrador e
interlocutores para llegar a determinar una narración
coherente
para el analista; "una estrategia que tiene perfecto sentido desde mi
punto de vista, en la medida en que refleja la tarea a la que se
enfrenta un auditor que tiene que componer una estructura narrativa
coherente de una actuación conversacional
polifónica"
(29). Por otra parte, no se vé bien para qué
busca
Norrick establecer esas simplificaciones esquemáticas de
relatos—para determinar su identidad, quizá, pero
es en
todo caso son cuestionables estas "estructuras narrativas" abstractas
tanto en su interés para lo que busca Norrick (pues dejan de
lado muchos aspectos interactivos y textuales) como en
la metodología un tanto mecánica
mediante la que se
obtienen. Critica Norrick a Labov & Waletzky por su
metodología
un tanto mecánica para determinar la secuencia narrativa,
pero
su propio método tampoco parece mucho más
elástico. Sí quiere, sin embargo, prestar
atención
a elementos retóricos ajenos a la mera secuencia, como son
la
construcción de diálogo, el uso de
fórmulas, y
fallos de producción discursiva. (Elementos que curiosamente
parecen eliminados por las definiciones que ha dado).
Propone dar cuenta de relaciones semánticas (uso de
presuposiciones, etc.) acudiendo al concepto de marcos situacionales.
También hay un segundo tipo de marcos, marcos narrativos, o
macroestructuras de distintos tipos de relatos siguiendo a Quasthoff.
El capítulo 3 se plantea estudiar la formulaicidad y la
repetición en la actuación narrativa. Veo un
problema en
una interpretación demasiado simple o limitada del concepto
de
formulismo. El uso de fórmulas verbales fijas (refranes,
expresiones idiomáticas, etc.) no puede separarse del
problema
de la cuestión de grado: del hecho de que estamos hechos de
formulismos diversos, a nivel de arquetipos, macroestructuras, esquemas
retóricos, historias habituales, ideologemas, etc. Es
crucial al
tratar el problema del uso de fórmulas el ver
cómo la
simple cuestión del formulismo
lingüístico se
enraíza y se entremezcla con el problema más
general del
carácter codificado o estructurado de la
actuación en
general. Y este problema aquí no se plantea.
No carece de interés, sin embargo, el estudio de los
formulismos
verbales en sí. Norrick observa cómo se utilizan
para
orquestar o subrayar el proceso narrativo. También toma de
Tannen el concepto de formulismo local o espontáneo, con
valor de tal en el contexto de una sola interacción.
La repetición, también según Tannen,
establece
esquemas, hace reconocible la estructura, orienta el suspense y la
respuesta. Bajo "repetición", Norrick incluye paralelismos
fónicos o léxicos, pero no engarza sus ideas con
la
tradición retórica o de crítica
literaria, que ha
llevado este tipo de análisis estructurales mucho
más
lejos.
Más interesante es el capítulo sobre la
renarración. (De
hecho, yo llegué al libro de Norrick siguiendo un
interés
en la repetición y reelaboración narrativa, que
desarrollé en mi artículo "Narrating Narrating",
que
ahora está en prensa). Chafe había trabajado ya
sobre el
tema, pero "Chafe describe el relato como si fuese un proceso de
recuperar información de la memoria, seleccionarla, y
verbalizarla; pero yo veo la producción del relato como una
reconstrucción más que un simple rememorar.
Tiendo a ver
a los narradores atrapados en un contexto dinámico y en su
propia actuación, narradores que adaptan una historia
básica para adecuarla a las necesidades temáticas
presentes de la interacción. Al contar nuestras historias
personales, creamos y recreamos nuestro pasado a la luz de nuestras
necesidades y preocupaciones actuales, en lugar de simplemente
recapitular una experiencia almacenada" (69).
Los análisis concretos, sin embargo, son menos fascinantes
de lo
que promete este planteamiento, quizá porque el tipo de
análisis es demasiado rígido y atado a procesos
concretos
como para dar cabida a un estudio en profundidad de motivaciones y
actuaciones. Por ejemplo, la comparación efectiva entre los
acontecimientos originales y su narración cae por completo
fuera
de la metodología aquí planteada. Se apuntan
elementos
interesantes de los que caben en el método de Norrick: la
función de repeticiones literales y paralelismos en
distintas
versiones de un relato, por ejemplo. Pero algunos elementos
mecánicos del análisis de Norrick interfieren con
las
intuiciones que le guían o las conclusiones a las que llega:
un
análisis más libre, integral y profundo
ayudaría
más a justificar esas conclusiones, o a llevarlas
más allá.
Entre los relatos contados por segunda vez hay un tipo especial, los
que son marcados como tales (aunque toda diferencia es
cuestión
de grado, sin duda). Según Norrick, esta marca no es
sólo
una precaución del hablante para presentar material que
podría ser rechazado por conocido, sino que
también "la
mención de una historia familiar puede a veces suponer para
los
interlocutores una invitación para sumarse a contarla" (83).
Son
frecuentes en familias o grupos de amigos muy unidos: "Y aunque estos
relatos pueden narrarse principalmente para divertirse, funcionan
simultáneamente para recordar a los miembros un pasado
común y valores compartidos, de manera que refuerzan el
sentimiento de una identidad de grupo" (84). A veces se da un toma y
daca interactivo, con sucesivas fases de acuerdo gradual para llegar a
una historia, que intensifica la interacción y
relación
personal: "la co-narración modula la relación
personal de
múltiples maneras, primero porque permite a los
participantes
revivir experiencias comunes, segundo porque confirma la
unión
que comparten a largo plazo, y tercero porque la experiencia misma de
la narración colaborativa redunda en sentimientos de
pertenencia
a un grupo" (91).
El capítulo 5 atiende a la integración de los
relatos en
su contexto conversacional. "Los conversadores prologan sus relatos de
manera que justifique su narrabilidad (tellability)
y para enviar señales sobre el tipo de respuesta que
esperan"
(106). Lo importante no es la novedad o interés de por
sí
del relato sino lo que pueda aportar a la interacción, y un
relato conocido por todos vale la pena "si la co-narración
promete aportar una inmersión interactiva intensa (high involvement)"
(106). Los interlocutores pueden también enviar
señales
sobre lo apropiado o no de determinado relato, efectuar valoraciones
diversas, o indicar su voluntad de completarlo con relatos propios a
juego. Haciendo
esto, "proclaman tener experiencias parecidas, y con frecuencia
también valores y sentimientos similares" (115). En
el estudio de las co-narraciones de acontecimientos imaginarios (collaborative fantasies)
observa que "los detalles y acontecimientos propuestos están
sujetos
sólo al capricho de los co-narradores. Por consiguiente, la
creación
colaborativa de una fantasía conduce mucho a la
relación personal (rapport)"
(130);
"Las fantasías colaborativas representan la forma pura de la
charla de implicación mutua elevada, donde la
interacción
personal prevalece sobre la credibilidad y la secuencialidad"
(161)—Aunque es de observar que todos interlocutores de
Norrick son consonantes entre sí; faltan ejemplos de
respuestas disensivas, o de narraciones disonantes o
contraargumentativas.
Relatar es con frecuencia parte de una intervención
retórica más amplia. Para Norrick, "Al
presentar un
relato conversacional, el narrador a menudo hace una apuesta por ganar
al interlocutor a un determinado punto de vista sobre los
acontecimientos presentados" (116). Se podría completar este
estudio con ejemplos de lo que Michael
Toolan llama "riesgo" en el uso
de la palabra, con valoraciones problemáticas por parte del
narrador que son rechazadas, historias juzgadas inadecuadas,
o argumentaciones que fracasan y encuentran resistencia por parte del
interlocutor. Y todo ello requeriría llevar más
lejos el
análisis de la pragmática
lingüística hacia
una ética del lenguaje y una ética tout court, o
estudios
ideológico-políticos. Pero Norrick no se plantea
ir tan
lejos; y, como digo, en cualquier caso el conflicto o debate
discursivo no entran en su corpus o sus planteamientos.
Cap. 6: Variedades de la narración conversacional.
Aquí
aparecen según los encabezamientos (a) las narraciones
personales (de autoenaltecimiento, de situaciones embarazosas o
dificultades, de sueños); (b) las narraciones en tercera
persona, (c) Las experiencias recurrentes; (d) Las renarraciones
colaborativas (para ratificar la pertenencia a un grupo, para una
tercera persona, o las fantasías colaborativas); (e) Los
relatos
difusos. Parece una clasificación ad hoc, quizá
de casos
frecuentes en su corpus, pero poco sistemática
conceptualmente.
Faltan, por ejemplo, las narraciones informativas, que
podría
uno pensar serían el caso más central o neutral
(aunque
ya vimos que no según Norrick, pero de ahí a que
no
existan...). Faltan los relatos de acontecimientos curiosos, o del
interés especial del oyente o hablante... En fin, que esto
será una colección de casos, pero no una
taxonomía
razonable. Sea como sea, arguye Norrick que "las estrategias usadas por
los narradores como la repetición, uso de
fórmulas,
fallos de fluidez o construcción de diálogo
permanecen
constantes en todas los tipos de narración estudiados"
(168). Es
de suponer, sin embargo, que podrían elaborarse
clasificaciones
distintas sobre la base de diferencias interactivas efectivas: historias de engrandecimiento
personal rechazadas por el auditor, por ejemplo, junto
con las maniobras de corrección y negociación a
que esto da lugar.
El tema de la vanity de
los
narradores es fascinante para una pragmática narrativa, y
para
mí. Según Norrick, la mayoría de los
hablantes
evitan relatos vanidosos, pero los chicos jóvenes (dice de
hecho
"students—most specially the male students")—"a
menudo
cuentan relatos de auto-engrandecimiento en los que salen ganando
frente a otros compañeros o a la gente mayor" (136). Estas "put-down stories"
parecen ser especialmente frecuentes en su corpus. Sí
reconoce
Norrick (—no vayamos a asociar juventud y
egolatría—) que "Los narradores sí
pueden, sin
embargo, jactarse de modo más implícito, por
ejemplo
asociándose a nombres prestigiosos como quien no quiere la
cosa (name-dropping)
y con otras referencias aparentemente casuales a lugares y actividades
prestigiosos" ("voy a dar una conferencia en París", etc.).
Los relatos de situaciones embarazosas son aún
más
frecuentes que los jactanciosos: "La mayoría de los
narradores
en mis datos evitan relatos explícitos de engrandecimiento
personal; de hecho, es mucho más probable que cuenten
historias
de acontecimientos embarazosos, a menudo de su propio pasado bastante
distante. Sin embargo, va asociado una especie de prestigio
implícito al hecho de haber superado errores
estúpidos
del pasado. Además, la capacidad de reírse de los
puntos
débiles y errores de uno mismo evidencia un sentido del
humor,
que también cuenta como virtud. Lejos de resultar en una
pérdida de puntos sociales (loss of
face),
la narración de relatos sobre momentos personalmente
embarazosos
termina funcionando como un autoengrandecimiento implícito.
Además, este tipo de autoengrandecimiento es invulnerable,
puesto que adopta la pose de una autodenigración"
(143)—(Bueno, invulnerable... todas las estrategias
retóricas se pueden desmontar, pero sí
requeriría
el hacerlo un esfuerzo confrontacional bastante serio).
Poco tiene que decir Norrick sobre los relatos de sueños,
pues
casi todo lo que se podría decir sobre el tema escapa a sus
parámetros autoimpuestos. Sí dice que son como
relatos de
experiencias personales, pero marcados claramente como
sueños
(vaya)—y que un relato sobre sueño parece invitar
a otro
como respuesta.
Los relatos sobre acontecimientos en tercera persona parecen ser un
material conversacional flojo a juzgar por el análisis de
Norrick, que privilegia las oportunidades de interacción e
inmersión proporcionados por la narración
personal (en
primera persona, claro). No es sorprendente que muchos relatos en
tercera persona se aderecen con el relato de cómo
llegó a
nuestros oídos o cómo nos lo contaron: otra
variedad del narrated
narrating que Norrick sin embargo no investiga
aquí.
En general, echo en falta en estos análisis muchas
dimensiones
para mí interesantes de lo que supone estructurar un relato
y
organizarlo para que produzca su efecto. Como he dicho, faltan
dimensiones
éticas e ideológicas, pero también
estructurales:
Norrick no presta atención a la manipulación de
punto de
vista, al juego con el tiempo, el papel de la retrospección,
del
conocimiento privilegiado del narrador debido a su perspectiva
temporal (hindsight),
etc. Y sin embargo estas cuestiones son tan cruciales en la
narración conversacional como en el análisis de
relatos
literarios.
Una cosa que sucede menos en literatura, o de otra manera, debido a las
características del medio, es la conarración
interactiva
durante el proceso de
elaboración del relato. Como ya he dicho, Norrick enfatiza
la consonancia
más que la disonancia. "Incluso sin una coda final
que
exprese un acuerdo sobre la evaluación de un acontecimiento
pasado o sobre la cuestión clave del relato (the point of the story),
la narración colaborativa sirve para ratificar la
pertenencia a un grupo y para modular la relación personal
de
múltiples maneras, promero porque permite a los
participantes
revivir experiencias comunes destacables, segundo porque confirma la
unión que comparten desde hace tiempo, y tercero porque la
experiencia misma de la narración colaborativa produce
sentimientos de pertenencia común. Además, la
narración colaborativa ayuda a fijar la forma verbal de una
experiencia compartida para los participantes" (157).
Se echa en falta aquí una importación de
conceptos de crítica literaria tales como el resisting reader (interlocutor
resistente, diríamos aquí), la diferencia entre
receptor
implícito modelado por el discurso y receptor efectivo, uso
de
narratarios interpuestos, que también lo hay, etc.
Otro concepto interesante usado por Norrick es el de relato difuso,
emergente parcialmente sobre el trasfondo conversacional, y que permite
establecer un continuo de formas entre los elementos narrativos
aislados, con un narrador central, y la interacción
conversacional que les sirven de trasfondo y de la que pueden surgir.
(168). Lo que sí parece evidente es que cualquiera de los
otros
tipos clasificados por Norrick puede ser un relato más o
menos
difuso o más o menos bien delimitado.
Capítulo 7: Extensiones del enfoque. Aquí
se presentan análisis de otros tipos de narraciones
conversacionales más "literarios": chistes, por una parte, y
escenas de narración conversacional en Romeo y Julieta y Endgame
por otra. En los chistes, se enfatiza el riesgo de fracaso a la hora
contar chistes viejos, pues la evaluación es
inmediata—aunque para mí que muchas veces se
cuentan e
igual sirven para intensificar la relación personal, aunque
fracasen como novedades. En Shakespeare y Beckett se enfatiza la manera
en que utilizan recursos (repeticiones, variaciones, interrupciones)
propias de las narraciones reales, y de ahí su
éxito.
Aunque falta un análisis más profundo no
sólo del
papel estructural de estas narraciones en su contexto de la obra
literaria, sino también en su contexto dentro del mundo
ficticio. Como de costumbre, Norrick atiende sólo a unos
pocos
aspectos que son los que son objeto de su estudio, y se echa en falta
un análisis más global, holístico,
integracionalista, o desconstructivista, por qué no.
En las conclusiones, aparte de las recapitulaciones, se sugiere la
posibilidad de estudiar cómo la narración lleva a
rememorar y a recuperar detalles perdidos del pasado, y cómo
los
detalles concretos (aunque irrelevantes en sí) parecen tener
importancia para los narradores como modo de anclar su
narración
en la experiencia personal, y como recurso para recordar y verbalizar.
Otro día quizá analice relatos personales de los
que
oigo, o de los que transcribo aquí mismo, o de los que yo
mismo
hago. No sé lo que valdría semejante
análisis
(aparte del interés autoanalítico)—pero
apunto que
los blogs son un nuevo medio, una nueva interfaz entre la
narración interactiva y la escritura, y que pueden dar lugar
a
formas narrativas específicas que con toda seguridad
aún
están mayormente por desarrollar. Pero mi
artículo sobre
la narratología de los blogs, si llega a existir,
habrá de esperar a otra
ocasión: aquí ya he superado lo que se suele
considerar un turno aceptable para un post.
Domingo 29 de junio de 2007
Bee uncritical
Cito de La
voz de Galicia de hoy:
Las
reinas lavan el cerebro a las obreras con química. Desvelado el secreto de la
dominación en las colmenas. Según un estudio
publicado en Science,
la reina les lava el cerebro a las obreras, que sólo
encuentran
sentido a su vida sirviendo a quien ostenta el poder. Los autores de la
investigación sostienen que la reina—por cierto,
se aparea
con muchos zánganos para que la diversidad
genética
garantice la supervivencia de la colonia—expele una sustancia
química que reduce la capacidad de aprendizaje de las
obreras
jóvenes. Las bloquea para descubrir y evitar peligros (...).
En las colmenas humanas, ejércitos, partidos
políticos y
grupúsculos feudales, las cosas no funcionan a base de
química, sino a base de identificaciones con
grupos, intereses creados, espíritus de cuerpo, y
métodos
disciplinarios de exclusión e intimidación. Y
en Occidente al menos, la erótica del poder más
bien
parece excluir y sustituir a otros tipos de erotismo antes bien que a
edificarse sobre ellos—aunque casos hay para todos los
gustos,
mira Kennedy.
Sea como sea, estas analogías himenópteras tienen
su
belleza metafórica, y son precisas en un punto: los efectos
colaterales del liderazgo parecen idénticos, en lo que se
refiere al embotamiento mental producido en
los adláteres, y la proliferación de actitudes
acríticas hacia el líder. Vamos, que igual hasta
hay química de por medio.
Terroristas subvencionados
Por fin va saliendo todo a la luz. Le cuesta, pero va
saliendo.
Hoy contaban en Onda Cero y en El
Mundo que se
acaba de revelar un elemento
más del Proceso de Zapa impulsado por el gobierno
autodenominado socialista
para "acabar con la violencia de Eta". Se trataba de ponerles una pensión
a los terroristas. Ya
lo habíamos dicho aquí el año pasado,
pero alguno podía pensar que eran delirios o
manías de agoreros o
blogueros obcecados. En absoluto. La realidad, como sucede con
frecuencia, es mucho peor de lo que podrían hacer pensar los
diagnósticos más pesimistas.
Hoy salen detalles, que especifican que se iba a poner a los miembros
de la Eta una pensión de 1.500 euros mensuales, en un plan
diseñado a diez años; pero no quedaba
ahí la cosa,
pues se contaba con pedir ayudas a proyectos de la Unión
Europea. Supongo que para eso se llevó el tema de la
negociación con la Eta al Parlamento Europeo, en una de las
actuaciones más vergonzosas de esa institución.
También se estaba diseñando un plan con grupos y
asociaciones de empresarios, para fomentar la
contratación
preferente (con subvención por medio, claro) de los
asesinos,
matones, bandarras y borrokos, por encima de la gente de bien. Porque
esos se van a aguantar, pero a los facinerosos hay que tenerlos
contentos. Que si no, matan y destrozan. También
podría
contarse, por supuesto, con la colaboración del gobierno
vasco
para reubicar y proporcionar empleos y sinecuras a los criminales en
excedencia.
Hasta aquí es hasta donde les da el cerebro, y la
ética, a nuestros actuales dirigentes.
A dónde se conduce con estos planteamientos, queda para la
imaginación o inteligencia de quien sepa usarla.
Es, pues, una nueva fase del terrorismo de estado, una variante que va
más allá de tratar las declaraciones de los sesudos
gudaris
como si del oráculo de Delfos se tratase. Va mucho
más
allá de las infiltraciones con agentes dobles (criminales
también), más allá de las bandas de
matones
alternativas (tipo Gal) y más allá de la
dinámica
del árbol y las nueces ya institucionalizada en el gobierno
vasco, que con una mano reprende a la Eta y con otra la subvenciona
indirectamente, o les
desgrava a Hacienda el "impuesto revolucionario".
Pasamos ahora a la
subvención directa,
a la pensión otorgada al criminal por el mero hecho de
serlo, y
de haberse aliado con otros criminales, y de tener simpatizantes
(criminales, claro) situados en puestos políticos de
suficiente
influencia.
Hay que recalcar que
el proceso de zaP sigue
en pie. Porque
hace bien poco el PSOE, y todos sus aliados (es decir, todo el
Parlamento menos el PP) se negó a revocar su abyecta
resolución de 2005
de poner un fin al asunto etarra negociando con los terroristas en
cuanto éstos se dignen. (Ahora querrán una
pensión
más alta, claro—además de sus otras
exigencias).
Es indecente, es
patético, es
estúpido. Pero me dicen que también es normal.
Que
siempre ha sido, y siempre será así. Que el que
no se
conforma con lo que tiene, o con lo que le toca, si recurre a la
violencia, para hacerse con lo que no es suyo, siempre
saldrá
ganando de una manera u otra. Porque las leyes no sólo
están para contener a los malvados, sino también,
y
quizá principalmente, para mantener a raya a quienes se las
creen, y permitir así que quienes están
dispuestos a ir
más allá tengan un margen de ganancia suficiente.
En las
autopistas, al que va a 120 lo adelantan. Y que cada uno elija su
estrategia.
Quizá sea así. Sin embargo, creo que pocas veces
se ha
llegado a exponer este planteamiento públicamente de manera
tan
abierta, tan obscena, tan ofensiva, tan perniciosa.
La ETA, por fin, terrorismo
de Estado.
El proceso de paz del
Partido Socialista: pensiones y
trato preferente para los criminales. No lo
olvidéis—y no votéis jamás, nunca
máis,
a estos canallas y sinvergüenzas que nos gobiernan.
Denunciémoslos, antes bien, a quien quiera
oírnos—aunque está claro que la
mayoría del
personal prefiere no pensar en el tema. Así nos va.
Sábado 28 de julio de 2007
Vuelta
y media
Vamos a Negradas dando vueltas (infinitas
vueltas) por el
fondo de la ría de O Barqueiro, y llegamos hasta el lugar de
los
tres
puentes juntos que enlazan Lugo y La Coruña. El exceso de
puentes y la belleza increíble del paisaje del fondo de la
ría producían la sensación de estar
uno en una
realidad alternativa, o en otro planeta, o en un futuro interferido con
el pasado—o en Myst, como diría Álvaro.
Bajamos
hasta la playa que
está frente a O Barqueiro, vacía del todo y que
ya la
querrían pillar en las Seychelles. Subía la marea
tan
fuerte que no avanzabas nada nadando, pero bueno, nos lo planteamos
como la cinta sin fin en un gimnasio. Si te dabas la vuelta, eso
sí, ibas como un torpedo ría adentro. Y luego
volvemos
para Viveiro,
que esta tarde los nenes tienen cumpleaños del vecinito
Jairo en
la
ermita de San Roque.
Volviendo al coche, Álvaro llevaba una bolsa de
baño agarrada, y me dice:
– Mira, papá, consigo darle a esta bolsa infinitas
vueltas
en el mismo sentido, agarrada con la mano y sin soltarla un momento.
Y en efecto, hace a la bolsa girar de modo continuado, con un
hábil juego de muñeca y
hombro—y sin dar vueltas él alrededor de la bolsa,
que
sería una solución. Muy
hábil, Abo. (Puedes
probar a hacerlo, dilecto lector, a ver si das con la manera).
Así que, encantado, va Abo a presumir con el
pequeño Pibo:
— Mira, Ivo, puedo darle a esta bolsa infinitas
vueltas con la misma mano sin soltarla un momento.
— Eso es imposible—sentencia Pibo.
– Mira.
(Y repite Abo la maniobra, ante el incrédulo
Pibo—pero éste aún tiene un as en la
manga).
—Ah.– ¡Pero ahora tienes que darle infinitas
vueltas! Lo
has dicho. ¡Infinitas!
(Álvaro, pillado en pleno vuelo: ¡Aggg!).
Viernes 27 de julio de 2007
Piscina nazi
Sigo leyendo Les
Bienveillantes, de Jonathan Littell, imprescindible novela
de 900
páginas sobre el genocidio nazi, narrada de buena fuente por
el Sturmbahnführer
de las SS Max Aue. En sus viajes por el Tercer Reich, va pasando por
Berlín, París o Stalingrado—por sitios
clave, o por el
culo del mundo; conoce a personajes históricos tristemente
célebres como Eichmann, Himmler o Höss, o a
personas de a pie, que procuran sobrevivir o se aprovechan de
las
circunstancias infernales en que se atrapan unos a otros. Todo en una
Europa de pesadilla,
que dejaría a Dante sin esperanzas de pasar al purgatorio.
La
novela abunda en escenas truculentas y horripilantes que retratan los
límites de lo humanamente tolerable y hacen vacilar el
sentido
de la realidad y los parámetros de comportamiento humanos,
obligando al lector
a enfrentarse al absurdo que
está ahí mismo al alcance de la mano, cuando la
vida del otro (y por
analogía la propia) no vale nada.
Aue es según él
mismo un hombre vulgar y corriente, no un sádico ni un
carnicero
vocacional... aunque la procesión va por dentro. Sin
embargo, en
su vida cotidiana, le repugna la violencia, y procura hacer
su
trabajo
de capataz de verdugos de modo impersonal y eficaz, pensando en el
mejor funcionamiento del sistema—eso sí: sin
cuestionar
nunca el sistema ni hacer nada por cambiarlo. Y aunque está,
como todos, endurecido al crimen
por los horrores que va viendo y cometiendo, no se le escapa sin
embargo el absurdo de todo lo que le rodea. Así, durante su
visita a Auschwitz, tiene sueños o visiones en en los que el
mundo "ideal" que está ayudando a crear se le aparece ya
realizado como un inmenso campo de concentración, donde la
vida
humana es una simple cifra sin valor, y filas inmensas de internos van
del nacimiento a la tumba, pasando por el trabajo forzado, y de
ahí al horno crematorio. Vidas inútiles y
despersonalizadas, al servicio de una maquinaria que las procesa y las
consume, y que ha vaciado el mundo de sentido.
Al
despertarme, me parecía evidente que estos sueños
serenos, desprovistos de toda angustia, representaban el campo de
concentración, pero un campo perfecto, que había
alcanzado un punto de stasis imposible, sin violencia, autorregulado,
funcionando a la perfección y también
perfectamente
inútil, puesto que a pesar de todo ese movimiento no
producía nada. Pero reflexionando sobre esto más
adelante, como intentaba hacerlo mientras me tomaba mi
sucedáneo
en la sala de la Haus
der Waffen-SS,
¿no era acaso una representación de la vida
social en su
conjunto? Liberada de sus oropeles y de su vana agitación,
la
vida humana se reducía a poco más que esto: una
vez que
uno se había reproducido, se había alcanzado la
finalidad
de la especie, y en cuanto a la finalidad propia de uno, no era
más que una añagaza, una estimulación
para
levantarse por la mañana; pero si se examinaba la cosa
objetivamente, como yo pensaba que podía hacerlo, la
inutilidad
de todos los esfuerzos era patente, al igual que la
reproducción
misma, puesto que no servía sino para producir nuevas
inutilidades. Y así daba yo en pensar si el campo de
concentración, con toda la rigidez de su
organización, su
violencia absurda, su jerarquía meticulosa, no
sería
acaso más que una metáfora, una reductio
ad absurdum
de la vida corriente? (572, trad. mía).
Durante sus tareas como inspector de trabajos forzados, invitan a Aue a
una fiesta en el cuartel de las SS en Auschwitz, y tiene lugar una de
las muchas escenas donde el horror se potencia al surgir perfectamente
integrado en medio de la vida cotidiana.
Claasen
me miró: "¿Quiere venir? Hay una piscina al fondo
del
parque." Cogí otra cerveza de un cubo con hielo y
los
seguí entre los árboles: delante, oía
risas,
chapoteos. A la izquierda, corrían alambradas entre los
pinos.
"¿Qué es?" le pregunté a Claasen.
—"Es un
campo pequeño de Arbeitjuden.
El Gruppenführer los guarda allí para trabajos de
mantenimiento, el jardín, los vehículos, cosas de
esas."
La piscina estaba separada del campo de concentración por un
leve montículo de tierra; varias personas, entre ellas dos
mujeres en traje de baño, nadaban o tomaban el sol en la
hierba.
Claasen se puso en calzoncillos y se zambulló.
"¿Viene?"
exclamó al salir a la superficie. Bebí un poco
más, y luego, plegando el uniforme al lado de las botas, me
desnudé y entré en el agua. Estaba fresca, un
poco color
de té; hice algunos largos, luego me quedé en
medio,
flotando de espaldas, contemplando el cielo y las cimas temblonas de
los árboles. Detrás, oía charlar a las
dos chicas,
sentadas al borde de la piscina, batiendo el agua con los pies.
Estalló una algarada: unos oficiales habían
empujado al
agua a Wippern, que no quería desnudarse; juraba y tronaba
al
salir de la piscina con el uniforme empapado. Mientras miraba a los
otros reír, manteniendo mi posición en medio de
la
piscina con pequeños movimientos de las manos, dos Orpo con
casco aparecieron detrás del montículo, con el
fusil al
hombro, empujando delante a dos hombres muy delgados con traje a rayas.
Claasen, de pie al borde de la piscina, aún en calzoncillos
y
chorreando, llamó: "¡Franz!
¿Qué coño
estáis haciendo?" Los dos Orpo se saludaron: los detenidos,
que
andaban con la vista en el suelo, gorra en mano, se detuvieron. "Son
judetas que los han agarrao pillándose unas peladuras de
patata,
Herr Sturmbannführer, explicó uno de los Orpo con
un fuerte
acento de dialecto Volksdeutschen.
Nos
ha dicho nuestro Scharführer que los fusilemos." Claasen se
ensombreció. "Vale, pero ¿espero que no lo
vais a
hacer aquí, supongo? El Gruppenführer tiene
invitados."
"No, no, Herr Sturmbannführer, vamos más lejos, a
la
trinchera de allá." Una angustia insensata me
invadió sin
transición alguna: los Orpo iban a fusilar a los
judíos
aquí mismo y los iban a tirar a la piscina, y
tendríamos
que nadar en la sangre, entre los cuerpos flotando de espaldas.
Miré a los judíos: uno de ellos, de unos cuarenta
años, examinaba a las chicas de reojo; el otro,
más
joven, con la piel amarillenta, mantenía los ojos soldados
al
suelo. Lejos de tranquilizarme por las últimas palabras del
Orpo, tenía la sensación de una
tensión muy
fuerte, mi angustia no paraba de crecer. Mientras los Orpo se
ponían de nuevo en camino, me quedé en el centro
de la
piscina, forzándome a respirar hondo y a flotar. Pero el
agua me
parecía ahora una capa pesada, asfixiante. Este estado
extraño duró hasta que hube escuchado los dos
disparos,
un poco más lejos, apenas audibles, como el ¡pop! ¡pop! de
botellas de champán descorchándose. Lentamente,
remitió mi angustia para desaparecer del todo cuando
ví
volver a los Orpo que seguían andando con sus pasos lentos y
reposados. Nos saludaron de nuevo al paso y continuaron en
dirección al Campo. Claasen discutía con una de
las
chicas, Wippern intentaba recomponer su uniforme. Yo me dejé
ir
de espaldas, y floté. (553-54, trad. mía)
Esta visión o pesadilla de Jonathan Littell me ha
traído
a la mente un sueño que tuve hace ya unas semanas, y que me
produjo una sensación parecida. Me
he vuelto a acordar varias veces de él estos
días, pues
también era una escena de
horror inhumano asociada a la vida cotidiana—una escena en la
que
me encontraba yo en un papel similar al del nazi Aue. Voy a intentar
recomponer
lo que era el episodio central, que me parece una especie
de alegoría de esos horrores cotidianos que según
decía
Vázquez Montalbán "crucifican la Tierra en cruz
gamada".
Con lo cual no quiero decir, en absoluto, que todos seamos unos
nazis—naturalmente.
Se trataba de un supermercado, un hiper, vamos, pues había
grandes pasillos con estanterías de alimentos, y estaba yo
con la familia
haciendo la compra en la sección de carnicería.
Todo
productos envasados, en bolsas o en bandejas de corcho blanco, al modo
de los hiper. Pues íbamos pasando por unas
estanterías
refrigeradas, y voy echando al carrito que si unas chuletas con su
etiquetado, que si unas cabezas de bebé envueltas en
plástico fino. Y me paro a ver este producto, porque al modo
de
los sueños, resulta que a la vez era perfectamente normal, y
a
la vez no lo había visto nunca, o no lo había
comprado
nunca. El caso es que yo lo veía como por primera vez, o
como si
no hubiese pensado en ese asunto antes. Sin embargo conocía
perfectamente el modo de empleo; eran cabezas como cocidas ya, limpias
y sonrosaditas como las manos de cerdo; un poquito más
grandes
que un puño (eran de bebés recién
nacidos). Iban
envueltas en un plástico de esos muy finos que se adhieren
dando
varias vueltas, y casi se deshacen, que sólo hay que
desenrollarlos pues no están realmente cerrados. Un producto
fresco, listo para el consumo. A
través del plástico no se distinguían
casi los rasgos, y aunque las abrieses no parecían realmente
caras
humanas,
sino a modo de lechoncillos casi idénticos, con facciones
refrotadas, apretadas y arrugadas, y bueno, carne barata tipo
menuceles. Se
echaban en el caldo, o en el cocido, a veces pelándolas, o
sea
arrancando del cráneo la cara y la carne, que
salían muy bien, todo junto,
como digo ya iban algo precocidas; o bien se podían poner
enteras en las judías. Y yo volvía a coger del
carrito una
de las cabezas que había echado, y la miraba un poco como
Hamlet, y reflexionaba sobre lo poco que me fijo a veces en las cosas.
Porque como digo estaba cayendo en la cuenta en aquel momento, no con
horror sino con una especie de extrañeza, que si
se vendían cabezas de bebé en el hiper, es que
alguien
estaba matando bebés en plan industrial en algún
sitio.Y
me extrañaba que a esos bebés no se les diera
importancia. Que si se les hubiese dejado crecer, en otro ambiente,
etc., hubieran sido como yo, pero tal como estaba la cosa, ellos eran
para el cocido, y yo iba comprándolos con mi
carro—eso era
extraño súbitamente. Pero más me
extrañaba
el hecho de que no había yo caído en la cuenta de
este
detalle antes, que era como si se me hiciera la luz.
¿Cómo habría hecho yo para no
reflexionar sobre
todo esto hasta ese momento? Se me hacía la luz sin mayores
consecuencias,
por otra parte; seguía comprando, pero era
curioso—que no
hubiese reparado yo en que si llegaban ahí las cabezas de
bebé era porque en alguna parte (¿granjas?) las
estaban
criando y cortando y
envasando. Me quedaba un poco con la sensación de que los
hipermercados nos embotan la atención. In my dream.
No sé cómo acababa mi sueño.
Felizmente, bien
despierto, voy al hiper, y veo que por ninguna parte se venden cabezas
de bebé precocinadas. Repito, no somos todos
nazis—unas cosas son los asesinatos reales, y otra los
símbolos oníricos de sentido ambivalente.
Aunque aunque todo sean diferencias de grado, y aunque haya
cosas
desagradables en nuestra cultura que pudieran simbolizarse
así... las diferencias de grado son cruciales, y no conviene
echarnos a todos en el mismo saco. Como
amenaza con hacer este sueño o pesadilla occidental.
Jueves 26 de julio de 2007
Bloggers
Leyéndome un informe de Pew
Internet &
American Life del año pasado, Bloggers:
A Portrait of the
Internet's New Storytellers, veo
que soy un bloguero (americano) muy típico en algunos
aspectos, y muy
atípico en otros, lo cual debe sucederme con cualquier
estadística que se consulte.
Algunos de los parámetros
que miden:
- La mayoría de los bloggers no habían publicado
nada
antes en otros medios. Yo sí, como una amplia
minoría (el
44%). Dada la facilidad de la tecnología para publicar y la
accesibilidad... parece poco porcentaje el de los que se lanzan.
Teniendo en cuenta sobre todo que son mayormente
jóvenes.
- Lo de jóvenes: relativo. El 54% tienen menos de 30
años, pero eso quiere decir que el 46% tienen más
de 30
años. Tampoco críos, y menos en
España; en Francia
sería otra cosa, con los skyblogs. Aquí me dice
Álvaro que esto de los blogs es cosa de viejos (lo asocia
conmigo, claro).
- Tema del blog: el
mío, de tema múltiple y tipo diario personal, "my
life and experiences", tema
mayoritario en la blogosfera (37%) seguido de la política
(11%) —y más atrás, deportes
(6%), noticias y
actualidades (5%), negocios (5%), tecnología (4%),
y
hobbies o enfermedades personales (1%). Ahora bien, me temo que lo que
yo entiendo por "mis experiencias" no está tan generalizado.
Porque son mías, claro. Es atípico
también el
hecho de que los bloguers "ancianos", o sea mayores de 30
años,
suelen limitarse a un tema único o blog especializado,
mientras
que los jóvenes, o los inmaduros, somos más
eclécticos.
– Los bloggers son un poco más alternativos o
minoritarios, en USA. Son indistintamente hombres o mujeres, pero hay
más tendencia a bloguear entre las minorías
culturales.
Ligera.
– El tema pseudónimos, que siempre me ha
interesado. La
mayoría de los blogs son
pseudónimo-anónimos (el
55%), aunque hay una importantísima minoría de
blogs
firmados con la identidad "real" (46%)—como el
mío, pues
en contra de lo que muchos puedan suponer, no soy un ser de
ficción inventado por una bibliotecaria aburrida.
– Para la mayoría (84%) el blog es un hobby y algo
a lo
que no se dedica demasiado tiempo. Sólo uno de cada diez
blogueros pasa diez horas o más por semana
dándole al
blog, como hago yo. Un 52% escriben mayormente para el
público,
un 32% para sí mismos. Yo aquí me apunto a las
dos
respuestas—porque qué sería de
mí sin mi
público.
– Las principales razones para bloguear son la
expresión creativa y el compartir experiencias personales.
En mi caso también. Compartirlas no sé con
quién,
la verdad, pero en ello estamos. Otras motivaciones también
las
comparto: mantenerme en contacto con la familia (o más bien
al
revés), compartir conocimientos, motivar o concienciar a
otras
personas, entretener a la gente, acumular
información...
en orden descendente. Y lo que menos: conocer
a gente nueva
(??—vaya, qué pocos, yo tenía
más esperanzas, aunque),
y ganar
dinero. Aún un 7% que espera ganar dinero me
parecen un 7% de ilusos, pero bueno...
- Sólo un 34% consideran esto una forma de periodismo; el
65%
no. Yo sí, en sentido literal (es periódico como
una
sequía), aunque ya sé que no es la Reuters.
– Los blogueros son (somos) más creativos,
más
comunicativos, más enterados, más
críticos y
más intensos usuarios de internet que otros
usuarios de
Internet. Normal.
– El 87% permiten comentarios, y el 43% (¿sólo?
Extraño ) incluyen un blogroll.
– La gente no sabe (no sabía el año
pasado) lo que
es el RSS o no lo usa. Aún queda mucho por desarrollar...
Y un trocito a relacionar con la cultura de la vanidad:
"Algunos observadores
sugieren que
los blogs no son sino el siguiente paso de una cultura naciente del
narcisismo y del exhibicionismo espoleada por los reality shows y otros
elementos del ecosistema mediático actual. Pero otros
sostienen
que los blogs prometen una democratización con voces que
pueden
ahora saltarse los filtros institucionales de los medios
tradicionales. Se piensa que esta democratización tiene
implicaciones para la práctica e industria del periodismo
además de para el futuro del discurso cívico y
político."
... temas todos que me interesan. Tanto el conflicto de voces como
el lado vanitatum de la cuestión, pues ambos tienen parte de
razón. Lo que no queda claro del estudio es si los blogueros
han
notado alguna diferencia en su cultura de la vanidad, o en su
práctica política y democrática,
gracias a su
blog. Yo, bastante, aunque principalmente de puertas adentro. Las
consecuencias sociales y políticas aún
están por
desarrollar; el medio ambiente y mi público siguen en
general
sin reaccionar al nuevo medio, salvo honrosas.
Y sobre "storytellers" propiamente, poco hay en el estudio. El tema de
la narratología del bloguing queda apuntado y por
desarrollar.
Miércoles 25 de julio de 2007
Hoy día de
Santiago
Que otros por aquí dicen que en realidad empezó
la cosa
con Prisciliano, porque Santiago está en la tumba de Tierra
Santa. Todo un cuento, vamos, el camino, y el contracamino del cuerpo
santo de Padrón, y el que va desde Finisterre.
El caso es que empezamos el día de Santiago viajando a
medianoche. A los
Eduardos y las Montses los hemos dejado camino de Panxón; y
nosotros nos volvemos conduciendo
demasiado tarde, recorriéndonos toda la costa norte de
Galicia
con vueltas y revueltas. Con una escala más que indeseable
en La
Coruña, que está pésimamente
señalizada
para los forasteros y cada vez que venimos nos tiene dando vueltas como
peonzas hasta que conseguimos salir, qué cruz, y eso que se
supone que tenía un alcalde cojonudo.
Y eso, tras salir de la autopista vamos desgranando los infinitos
nombres de pueblos gallegos a cincuenta kilómetros por hora:
Álvaro, Cerdido, O Barqueiro, Chelo, Mosende, Negradas, o
cualquiera que te
puedas inventar, seguro que existe por ahí
perdido—Ronquido, pongamos. Al fin llegamos a Viveiro como a
la
una y media o las dos, y despertamos a Chelo, con quien
habíamos
quedado hacía horas, y se había quedado dormida
en el
coche delante de casa.
El día se nos va en desfasar el horario durmiendo hasta
mediodía, luego charrar charra que te charra, sin salir a
ver un
día radiante que hacía (que para eso ya nos
habíamos quemado en Fisterra, y ahora hay que ir con
cuidado).
Entre las cosas comentadas: cómo Galicia está
bajo
vigilancia policial bastante intensa. Creíamos que por los
etarras, que suelen dejar alguna bomba puesta tras pasar unos
días de vacaciones por aquí. Pero parece ser que
son
igual de temidos los islamistas, por lo del emblema de
Santiago—Santiago matamoros, el patrono un tanto vergonzante
de
España, y todavía celebrado multitudinariamente
en
Galicia. No mola Santiago en la España andalusí y
multicultural, y menos aún le mola a Al Quaeda, en la medida
en
que existan. Guerras celestiales.
Y a la caída de la tarde nos vamos a la playa de
Covas, a
darnos un chapuzón en un agua buenísima y
tranquila ("la
piscina más grande del mundo") con el sol casi de medianoche
dando aún en las colinas una luz casi verde de tan amarilla.
Y
lo a gusto que se estaba, sin nadie más que había
en todos los
kilómetros de playa, vamos, ni un moro
en la costa.
Ni tampoco hay por cierto aquí ni crimen ni nada, menuda
diferencia con Barcelona, me decía un policía con
quien
me paseaba en el coche patrulla el otro día. Viveiro
está
lejos de todas partes,
pero compensa.
Martes 24 de julio de 2007
A pedra de
avalar
Por
la mañana nos despiertan las gaviotas con su melodioso
canto, y tras
hacer desayunar a la tropa nos vamos a la "praia de afora" que le dicen
en Fisterra/Finisterre. Con unas olas impresionantes que hacen las
delicias de los pequeños, sobre todo cuando hay que rescatar
a alguno
que se lo llevaba el mar para adentro después de tumbarlo,
este Otitas,
pero es que no escarmienta, luego volvía a acercarse
demasiado. Estaba
la cosa demasiado seria como para atreverse a meterse a saltar olas:
con evitar que te cogiesen en la orilla era más que
suficiente. Pero en
fin, tras pasar la mañana contando críos,
volvemos con los mismos que
se iban, que ya es mucho.
Y por la tarde nos vamos a Muxía,
buscando, según gustan de hacer los intelectuales de medio
pelo,
restos
de tradición local bien avalados por la guía
turística. Allí en el
extremo del puerto conseguimos asomarnos a la igrexa de la Virgen de la
Barca, con todos sus exvotos de marineros,
barquitos
y plaquitas
conmemorativas. Y luego emprendemos la búsqueda de la pedra de avalar,
una piedra enorme que supuestamente se mueve de modos inesperados si te
colocas en algún punto de ella. Tras una búsqueda
infructuosa por el
promontorio, resulta ser una piedra mucho más grande de lo
esperado, de
hecho un buen trozo plano del suelo entre el roquedal que hay frente a
la iglesia—piedras enormes puestas de cualquier manera
apoyadas unas en
otras; ésta en concreto como el suelo de un cuarto de estar
pero sin
llamar la atención porque es plana y depositada sobre otra
piedra a
modo de boina deslizante.
– Mira, si la han roto. Y la han pegado otra vez. Debe ser
para no estropear el equilibrio.
– Habrán saltado demasiado encima. Pero
ahí no funciona.
– Ese no es el punto. A ver, bajaos, que me paseo por encima
a ver si doy...
– Mira, esta es la barca, y la de al lado es la vela. La
barca la llamarán porque se mueve, como una barca.
– Pues yo la veo bien fija.
– A mí no se me mueve.
– Será que os falta fe. Y la otra piedra,
ésta tan rara, es la vela.
– ¿Pero no decías que era algo para los
riñones?
– Sí, si pasas por debajo nueve veces se te pasan
los males de caderas, de caderas.
Se llama la cadera. En gallego.
– La vela, la cadera... Oye, Edu, ¿por
qué no
pasas, tú que tienes la cadera que parece un
puzzle?
– Sí, paso nueve veces por allí debajo
y ni te digo cómo me queda...
– Hombre de poca fe... Mira, tu hijo ya ha pasado siete
veces,
– .... ocho.... nueve....
– ¡Ay que se ha
movido!¡¡¿La has
visto??! Ha hecho, Flummm... flummm.. y ha vuelto a su sitio. Blanca,
¿lo has notado?
– Sí, que me ha parecido que me caía.
– Pues yo no he visto nada. A ver, vuelve a pasar.
– Yo también la he visto que bajaba.
– Pues si yo estaba delante y no he visto nada.
– Mira, ahora no lo hace. Pasa otra vez por el mismo sitio,
anda...
– Pues yo sí que lo he visto. Igual depende del
peso exacto en el punto exacto.
– Os habrá parecido.
– Es que no estaba Blanca sola por encima. Estaban
también Víctor, Oscar y demás, por
otra esquina.
– Yo lo noté—dice
Álvaro—También quiero participar en el
movimiento de la piedra.
– Dicen que a veces se mueve hasta con el viento.
– Será cosa de fe también, unos que
sí se ha movido, otros que no. En gallego.
– Es que no me lo esperaba, y Blanquita tampoco. Y de repente
la veo que baja, y que sube, whooops.
– Aquí hay cosas difíciles de demostrar.
Land's end
Pues abriendo unas vacaciones dentro de las vacaciones,
llegamos
a reunirnos con Eduardo, Monse, Lizara, Blanquita, Víctor y
Linza. Quedamos en Cée y Corcubión (que son el
mismo
sitio como quien dice). y emprendemos camino hacia la puntita de la
punta de Finisterre, tras encontrar un hotel donde quisiesen alojar a
siete críos. El agua para bañarse, helada:
estaban dentro
sólo Beatriz y un tipo con neoprenos. Mejor estaba el
paisaje: a
la puntita del Far West que nos vamos.
Por cierto, comentando con un paisano que por aquí
también pasa el Camino de Santiago, le digo que
será el
único camino de Santiago que va hacia el este, se me queda
mirando extrañado, como si le hubiese dicho que la tierra
era
redonda. Muchos japoneses iban, por cierto, andando por él,
en
dirección contraria a Santiago y contraria al Sol Naciente.
Nos llegamos pues hasta el extremo de Finisterre, extremo sur por
cierto, pasando a por los japoneses, para ver una puesta de sol
espectacular de esas dignas de Turner. Con faro y gran caída
al
mar, por supuesto. Miraban el ocaso de Occidente un gato
siamés,
unas cuantas
parejas abrazadas, y algún solitario hablando por el
móvil.
– Mirad a ver si veis el rayo verde.
– Buf, el rayo verde. Mejor la silueta de Apolo en esas
nubes, igual. Turner hacía cosas de esas.
– Esto debe ser algún tipo de santuario
precristiano. O New Age. O pagano, si te quedas en el restaurante.
– Sí, en la cumbre sagrada mira lo que
hay– una
antena. La de imágenes manga codificadas que deben estar
pasando
por aquí.
– Sí, más que admiradores de San
Martín. Y eso
que en este extremo del mundo tiene mucho predicamento San
Martín, fíjate qué de placas
conmemorativas.
– Y los rotarios, esos no faltan tampoco, mira.
– Otas, no te despeñes. Oye, te juro que
allí hay un gato siamés mirando la puesta de sol.
– Mira qué colorido. Y esa gaviota. Lo menos es
Juan Salvador Gaviota, con este ambiente.
– Siempre se llevará esto de las puestas de sol.
– Los japoneses llegan tarde para la puesta de sol, mira. Les
habrán dicho que se llegaba andando en un momento.
– Siempre
al oeste. Pero tú, Lizara, al revés:
tú siempre al este—al Sol naciente, recuerda.
– Jaja, Lizara y sus cosas japonesas. Hay que tener manga
ancha con ella.
– Menos mal que vivimos en un ambiente con manga codificado
en las ondas hertzianas, y nos bañamos en él.
Lunes 23 de julio de 2007
Otas en los Simpson
—"¿Te cuento una cosa graciosa de los
Simpson?"
A
todos les encantan, y Otas es el último que se ha apuntado a
la
Simpsonmanía. Cuando me la cuenta, arropadito en la cama,
para
las buenas noches, le digo,
—"Oye, Otas, te gustan mucho los
Simpson; ¿te gustaría salir allí? Te
sacarían todo amarillo."
—"eh... no, no."
—"Podrías salir hasta con tu osito de peluche, jua
jua....
también amarillo, claro. Les puedo escribir a ver si te
sacan
sacan en la tele."
Se queda pensando...
—"Vale, sí, que entonces podría decir
tacos".
¡... toda su ambición! Hay que ver con
qué
intensidad viven esto del crimen lingüístico los
cachorros
humanos.
La impresentable levedad
del ser
Voy traduciendo a ratos perdidos un fenomenal libro de
fenomenología, The
Philosophy of the Present,
de George Herbert Mead, donde va sacando las conclusiones de la
noción de que el pasado no existe ya, y de que el futuro no
existe aún—o sea, que el pasado no existe y el
futuro no
existe, y sólo existe el presente. Una noción de
sentido
común por una parte, pero que choca con otras nociones de
sentido común a las que también acudimos cuando
nos
conviene—también es de sentido común
por lo que se
ve el incurrir en estas contradicciones útiles. Por ejemplo,
creemos que el pasado al que nos referimos es más
real
(por haber ya transcurrido) que el futuro que imaginamos. Para Mead no
es así. Sostiene, en suma, que el
pasado, aunque existió como presente, ya no existe como tal,
y
su existencia como pasado no es ni con mucho tan sustancial como la del
presente (el de ahora o el que fue). El pasado y el futuro son
en
cierto modo imaginarios, son sólo fenómenos
mentales, y
se
ubican estrictamente hablando sólo en el presente.
Esta es la tesis de Mead, pero le he añadido hoy un par de
notas
críticas que ponen en duda incluso esta ubicación
relativa de la existencia en el presente. Tal como la veo, la
existencia va de aquí para allá sin tomar asiento
en
ninguna parte, como el pensamiento de Aute, que no puede tomar
asiento—o como un ciudadano (Ping) de una ventanilla a otra
de la
Administración (Pong). Las notas:
(xvi). Queda
claro, pues, que para Mead el pasado y el futuro no existen en el mismo
sentido en que existe el presente, sino que están
subordinados a
él. No están ubicados en la realidad sino a
través
del presente: más en concreto, son funciones
semióticas y
modalidades comunicativas de los organismos (y en especial de los seres
humanos). Podríamos preguntarnos, sin embargo, si el
presente no
es, asimismo y en primer lugar, además del espacio de
interacción de los
organismos y lugar de ubicación de la realidad
(abstraído por una observacion hipotética),
una función semiótica y modalidad comunicativa de
los
mismos, en un sentido similar al del pasado y el futuro y en mutua
delimitación con ellos.
(...)
(xix). Obsérvese,
sin embargo, que el razonamiento de Mead puede extenderse al presente,
que como apuntábamos en la nota (xvi) es también
un
constructo semiótico provisional, y en modo alguno
sustentado en
sí mismo: un constructo cuya entidad depende parcialmente
del
pasado y del futuro—del pasado y del futuro en él
mismo
contenidos. Por ejemplo, en el límite, cualquier
situación presente podría ser una
alucinación,
cualquier situación social una fabricación o
charada de
las que tan magistralmente analiza Erving Goffman en Frame
Analysis.
El presente descansa, para ser lo que es, sobre el pasado que nos lleva
a interpretarlo como lo que creemos que es, y sobre el futuro que nos
"asegura" su sustancialidad mediante el refrendo continuado de los
aspectos básicos de la identidad del presente tales como los
concebimos. Tal es la naturaleza hermenéutica y
dialéctica de la fenomenología temporal humana.
Decimos
humana, pues esta complejidad estructural de la experiencia temporal
que estructura internamente el presente por respecto al pasado y al
futuro es privativa de la especie humana, y de la complejidad de sus
sistemas de representación temporal. El presente en el que
vivimos está penetrado de futuro y organizado por la
pervivencia
del pasado de un modo mucho más intenso que el de otros
seres
inteligentes, hasta el punto que no puede considerarse como una base
estable o "real" (por móvil que sea) para sustentar el
pasado y
el futuro, como propone Mead; antes bien, el presente humano se abisma
de modo paradójico en el pasado y el futuro que
él mismo
contiene.
—al menos el mío. Una mise en
abyme paradoxale
que es nuestra realidad cotidiana, y en la que cada vez nos vemos
más inmersos, gracias a los blogs.
Domingo 22 de julio de 2007
El principio de
funcionamiento del sistema
De Les
Bienveillantes,
de Jonathan Littell, novela imponente que voy leyendo, sobre el nazismo
visto desde dentro. Aquí el narrador, oficial administrativo
de
las SS, relata las dificultades que le causa el papeleo oficial debido
a la imprecisión de las instrucciones de la
superioridad—y
cómo un amigo suyo, que tiene olfato innato para el
funcionamiento de las jerarquías fascistas, le explica una
de
las claves del funcionamiento del sistema. A extrapolar a cualquier
sistema basado en el autoritarismo, la vigilancia mutua del grupillo, y
el terror reverencial al jefe.
Me gustaba Thomas,
pero nunca le
hubiera hablado de mis problemas personales; sin embargo, para dudas
profesionales, era el mejor confidente que conocía. Una vez
me
expuso de manera luminosa el principio de funcionamiento del sistema
(debía ser en 1939, o incluso a finales de 1938, cuando los
conflictos internos que habían sacudido al movimiento tras
la Kristallnacht):
"Que las
órdenes resulten siempre vagas, es normal, es incluso
deliberado, y se deriva de la lógica misma del Führerprinzip.
Corresponde al destinatario el reconocer las intenciones del remitente,
y actuar en consecuencia. Los que insisten en recibir
órdenes
claras o que quieren medidas legislativas no han comprendido que lo que
cuenta no son las órdenes sino la voluntad del jefe, y que
corresponde al receptor saber descifrar esta voluntad e incluso
anticiparse a ella. El que sabe actuar así es un excelente
nacional-socialista, y nunca se le vendrá a reprochar su
exceso
de celo, aunque cometa errores; los otros son los que, como dice el
Führer, tienen
miedo de saltar por encima de su propia sombra."
Esto yo lo había comprendido, pero comprendía
también que me faltaba talento para penetrar las fachadas,
para
adivinar lo que de modo oculto se hallaba en juego: pues bien, ese
talento, Thomas precisamente lo poseía en grado sumo, y por
eso
circulaba por ahí en deportivo mientras yo volvía
a casa
en metro.
Sábado 21 de julio de 2007
Repertorio
passé
Hoy por la mañana, una sesión
fotográfica
en la playa de San Román, un sitio
espectacular—cuando
pueda colgaré fotos, las menos porno, por no poner las
más. Y por la tarde, paseo por el parque del Landro, o el
Valle
de los Silenciosos, como lo llamamos a veces. Como me llevo la guitarra
puesta, le damos, mientras va cayendo el sol sobre la ría, a
este
repertorio: "Blowin' in the wind", "The Times They Are a-Changin'", "We
Shall Overcome", "Freedom", "Me and Bobby McGee", "In the Early Morning
Rain", "Let It Be", "Imagine", "Bye Bye Fraülein",
"Marienbad",
"Viendras-tu avec moi", "Les chemins de traverse", "Abandoned Love",
"Balada para Adelina", "Girl from the North Country", "Ballad of
Frankie Lee and Judas Priest", "Tangled Up in Blue", "Knockin' on
Heaven's Doors", "Cobwebs and Dust", "Le
Métèque"—y
hasta "Cuéntame". Bueno, es que este año me
parece que no
hay canción del verano, o al menos no ha llegado a mis
oídos ("Baby you're out of time").
Viernes 20 de julio de 2007
Una raza malvada y cruel
Tenemos a los Simpsons de róulmodel por todas
partes:
para que no nos olvidemos de ellos, están hasta en las
galletas
que nos comemos para desayunar. Ivo ha coleccionado a la familia en
torno al tazón de leche, y Otas está examinando
los que
tiene (Homer chillando, Apu, el director Skinner...), mientras yo cojo
más galletas de la caja, y salta Otas atento a la
ocasión:
- "¿Me cambias alguno de los tuyos? A ver cuáles
tienes."
- "Ups, es que mira, ya los he echado todos de golpe a la leche, sin
mirarlos. Los mayores es que hacemos estas cosas todo el rato."
- "Sí"—dice resignado—"una raza malvada
y cruel."
El
diario de Otas
Jueves 19 de julio de 2007
Procesos -
Representaciones - Narraciones - Narratologías
Especulando sobre un posible tema para mi conferencia de
París... Aún no he aceptado ir, pero ya
le estoy
dando vueltas—será que tengo intención
de ir. Mejor
que tratar un asunto puntual me parece que voy a ir a las generalidades
más absolutas, desarrollando una idea sobre la
narración
y el tiempo que apunté aquí.
Se trataría, en resumen, de ubicar la
narración—y
la narratología—en el seno de una
teoría
emergentista/evolutiva de la realidad. Bueno, no tanto de
ubicarla, porque para mí que está allí
ubicada es
algo bastante evidente: se trataría de poner en palabras esa
ubicación, hacerla más comunicable,
más entendible
para mí mismo, y apuntar de paso la relación de
la
narración y la narratología con otros
fenómenos
naturales y culturales, y con las disciplinas que los estudian.
Naturalmente, estoy prácticamente indocumentado para
semejante
labor, que requeriría por ejemplo la cabeza que
escribió
la Fenomenología
del Espíritu, o al menos una cabeza capaz de
entender a la vez ese libro y, pongamos, la Breve Historia del Tiempo
de Stephen Hawking. Y de conectarlos con la narratología. En
fin, afición no me falta. Al menos me he leído, y
hasta
estoy traduciendo, la Filosofía del presente
de George Herbert Mead—que debería ser otra pieza
de este puzzle, o por decirlo con Shakespeare, otra cipher of this great account.
Así que baste con eso, y que perdonen al bending and 'umble author,
si le falta una musa de
fuego y se queda la historia a medio contar, o no le da
para efectos especiales.
Está de mi parte el hecho de que el relato que hay que
contar
es, en cierto modo, bien sabido. Es la historia de la
narración
como parte de la historia de la comunicación y del lenguaje,
como parte de la historia humana por tanto, como parte (así
pues) de la historia de la evolución, y en especial de la
evolución de las representaciones temporales. Pero para que
haya
representaciones temporales ha de haber primero seres capaces de
elaborar esas representaciones, y, to
cut a long story short,
primero ha de haber experiencia del tiempo, y antes de eso, ha de
haber
procesos complejos (como la vida) y antes de esos procesos ha de haber
procesos simples, o sea, tiempo que transcurra. Esperemos que
también haya tiempo para comprimir todo este tiempo en una
hora.
De momento ya me ha cabido en un párrafo.
Por resumir aún más: Hay que ver a la
narración
como una forma compleja y emergente de la experiencia
temporal—y
a la narratología como fenómeno emergente en
interacción compleja y dialéctica con la
narración
lingüística y con otras formas narrativas de la
experiencia.
Aquí puedo utilizar ciertas ideas que apunté en
mi nota
sobre emergent
narrativity.
Y otras cosas que irán emergiendo.
Un punto central para organizar todo el razonamiento y que no se escape
de las manos (en la medida de lo posible) puede ser precisamente, y
cómo no, uno de mis hobby-horses,
la retrospección.
Se
defina como se defina la narración, de modo más o
menos
inclusivo, sigue resultando que las formas narrativas más
centrales, naturales, arquetípicas, básicas,
etc., son
retrospectivas. Recuerdo aquí una de las
definiciones de
narración que utilizo en mis clases de comentario de texto: narración
es la representación secuencial, y retrospectiva, de una
serie
de acontecimientos interpretada y evaluada—lo
cual incluye
a la típica película cinematográfica,
al teatro, a
la novela, la historia, la anécdota conversacional, el
reportaje... Aunque luego haya formas marginales, o derivadas, no
retrospectivas, o que carezcan en mayor o menor medida de
acontecimientos, o de interpretación, o de
evaluación.
La retrospección, o quizá mejor la retrospectividad,
es interesante como punto de referencia precisamente por lo que supone
de retorno a una secuencia de acción ya transcurrida. Es
decir,
por lo que tiene de representación
en el sentido más literal del término, volver a
presentar
lo que ya ha transcurrido. Podríamos decir que un esquema
secuencial orientado al futuro, como un
plan,
por ejemplo, también es una "representación" en
sentido
amplio, claro—aunque su referente no se haya "presentado"
todavía—pero parece que una secuencia de signos
retrospectiva es un modo de representación más
central,
un retorno semiótico a una secuencia de acción ya
transcurrida.
No todo retorno a lo ya transcurrido es una narración,
claro. Falta el elemento de comunicación—una
narración es algo comunicado, un texto o sistema de signos o
señales que permite una disociación de la
experiencia. Y
la narración es tanto más elaborada cuanto
más
produce esa disociación de la experiencia o "realidad
virtual"—aunque no quiero decir con ello que los videojuegos
sean
la forma más elaborada del arte ahora.
Otros dos puntos a tener en cuenta:
a) las modalidades de motivación
realista
(he mencionado la focalización), que estructuran una
representación por referencia a procesos representacionales
más básicos, como la percepción - o
justifican una
narración "artificial", artística o compleja,
edificándola sobre la motivación de una
narración
natural (la novela epistolar, etc.).
b) la idea de Goffman según la cual el uso del lenguaje
descansa
sobre un iceberg sumergido de acción presupuesta, esquemas
de
comunicación social establecidos, y no verbales, sino
procedimentales. Es otra dirección en la cual buscar un
asentamiento del discurso narrativo en procesos de
organización
de acciones que le preceden.
Lo que hay que tener presente es que esta diferencia entre la secuencia
inicial de procesos perceptibles y su representación, o
entre la
secuencia de acontecimientos y la comunicación de esa
representación en un texto, no es una diferencia tajante. La
percepción es de por sí un fenómeno
semiótico, una representación, y por eso la
narratología recurre constantemente para su
organización
a la reelaboración de procesos perceptivos (por ejemplo, en
la
focalización). La memoria es ya una reelaboración
semiótica de segundo orden, y que supone una
activación
de señales en zonas cerebrales diferenciadas de las de la
percepción inmediata. (Podríamos decir que la
memoria es
más narrativa que la percepción—de
momento, ya es
retrospectiva). También es una diferencia gradual, por
tanto, la
que existe entre la comunicación y la experiencia interna.
La
memorización ya es una cierta auto-comunicación,
y la
noción pragmático-interaccionalista de auto-interacción, es
decir, de señales
que el organismo se dirige a sí mismo
es crucial para establecer puentes graduales entre procesos externos,
percepciones, representaciones memorísticas,
reelaboración mental de modelos de acción, y
narraciones
verbalizadas (o representadas con otras
tecnologías).
Es
ésta una escala ascendente y descendente, o una
vía de
doble dirección, porque el principio de
retroalimentación
cibernética se aplica en cada uno de los escalones: las
modalidades lingüísticas de narración, o
las
cinematográficas, influyen en la manera en que elaboramos
representaciones mentales de las acciones. Y las representaciones
mentales, memorísticas, o en general las señales
internas
que sirven para el procesamiento de procesos se retroalimentan sobre la
percepción.
Y, de modo más general, como decía Wilde, traemos a la vida a la
Naturaleza mediante nuestras percepciones. Así
que esta Great Chain of
Narrativity
está bien trabada de principio a fin, desde el origen del
Universo en el Big Bang hasta la teoría narrativa que nos
hace
concebir, o analizar, estos procesos.
En prensa
Ya está en la editorial (Walter de Gruyter,
Berlín) el libro que coedito con John Pier, Theorizing Narrativity. Espero
que salga después del verano—y antes del invierno,
quiero decir. Ha
pasado por fin ya todos los controles internos y externos, y los
informes detrás de los informes, y las revisiones y
re-revisiones e idas y venidas... uf. Esto de la publicación
académica de
alto standing (son libros carísimos, estos de la serie
"Narratologia") lleva su tiempo—tanto tanto, que cada vez le
dedico
menos tiempo yo, pues me fluyen mejor las ideas con menos peer review y
menos
relecturas con lupa. Aunque tiene su mérito la cosa, no
diré yo que no. Y apenas salido de una, ya me voy embarcando
en
otra—como espera el Ministerio, claro, que me dará
tramos
de investigación si hago cinco trabajos de "calidad" en seis
años. Creo que aparte de esos aún me
dará tiempo de hacer cosas de baja calidad y más
entretenidas.
En este libro, además de la edición y
el prefacio
escrito a medias, aparecerá mi artículo
"Narrating
Narrating: Twisting the Twice-Told Tale", sobre la
reelaboración
narrativa, la interacción comunicativa y la
intertextualidad.
Miércoles 18 de julio de 2007
A Special Fondness for
Beetles
Jairo:
Hola, Ivo y Oscar. Menos mal que habéis venido. Vuestra
puerta está llena de escarabajos.
Alvaro:
Sí, este año hay una plaga de escarabajos de la
patata. Hay montones.
Oscar: Pero
los vamos a echar. Siempre los echamos.
Jairo: Pero
vuelven. Aunque los mates, vuelven. Parece que revivan.
Ivo: No
son los mismos, son otros, pero es que son completamente iguales.
Jairo: Pues
a mí me parece que reviven.
Alvaro: No,
no—si los matas, no reviven. Los escarabajos no resucitan.
Oscar:
Claro, porque los únicos que resucitamos somos nosotros.
Beatriz: ¡Lo
que es la fe!
Valla cara más
dura
Escucho atónito a Zapatero, durante su visita a
México, sacar su vena zapatista, y emprenderla con el muro
que
construye Estados Unidos en la frontera. Con la voz del adalid de los
pobres y oprimidos, Zapatero suelta un lírico discurso sobre
cómo ninguna valla puede contener las aspiraciones de
libertad y
de vida mejor de los pueblos, sobre cómo no se pueden poner
muros a los sueños y a los deseos de justicia... etc.
Muy bien, aplaudamos (y van y le aplauden). Pero el caso es que si hay
una valla en Estados Unidos en un punto caliente, o de
súbitos
cambios de presión, entre el Norte y el Sur, resulta que hay
otra en España, en Ceuta y en Melilla. Que se ha reformado,
por
cierto, bajo el mandato de Zapatero, con costosos refuerzos para que
resista mejor, después de los
espectaculares asaltos a saltos que había por parte de
grupos numerosos de
subsaharianos negros, que no encontraban otra manera más
fácil de entrar en España.
Podría pensarse que lo del discurso de Zapatero es mantener
la
llama del idealismo en circunstancias difíciles—o
al menos
un esfuerzo por no perder de vista lo mejor (meliora video proboque,
deteriora sequor):
Zapatero difunde los ideales y la justicia con voz clara, aunque las
circunstancias locales, la Administración, la inercia, etc.,
le
obliguen en casa a actuar de modo diferente...
Pero creo que hay una interpretación más
plausible: a saber, que el Presidente tiene una
caradura impresionante, una hipocresía que no conoce
límites, una voluntad abierta de hacer la pelota donde se le
va
a apreciar. Es de notar que en sus viajes a Marruecos se priva, sin
embargo, de hablar en estos términos de la valla
española.
Y una cosa aún más alarmante se trasluce del
discurso de Zapatero.
Cree, sin duda, que esta demagogia de baratillo que hace con la mano
izquierda, y a la que contradicen claramente las instrucciones de su
mano derecha, va a colar, y va a vender, y le va a hacer ganar puntos.
En el México republicano, y sobre todo en España.
Porque se dirige a un
público electoral compuesto mayormente de zopencos, o de
simplistas incondicionales, o de hipócritas de su mismo
calibre. Pero lo más
tremendo de todo es... —que muy posiblemente no se equivoca.
Martes 17 de julio de 2007
Actualizando
Bueno, estos días de vacaciones irá el blog un
poco loco.
Voy escribiendo, pero cuelgo las actualizaciones cuando buenamente se
puede, cuando funciona Blogia, o mi wifi, o hay un ciber abierto. De
todas formas mi público no es que ande pidiendo
más,
precisamente, así que ya os vale con lo que va
cayendo—o
nada o cinco cosas juntas a la vez. Como en la vida misma, vamos.
Vaya, entre mucho correo basura (casi el 100% por estas fechas) me
llega una invitación—¡para dar una
conferencia en
París, con todos los gastos pagados!
Bueno, esto sí que hay que consultarlo con la almohada. El
conferencing no es lo mío, pero esto merece una
consideración. Sobre todo, considerar si tengo algo que
valga la
pena ir a decir a París.
Lunes 16 de julio de 2007
The
Stone Diaries
Es ésta una novela de Carol Shields que me he
leído con vistas a informar un artículo, bastante
bueno
por cierto, que se publicará (supongo) en el Journal of English Studies. La
verdad es que ese artículo expresaba muy bien lo que es el
planteamiento de la experiencia y la identidad humana según
esta
novela, al margen quizá de su énfasis principal,
que
buscaba en esta novela una experiencia temporal propia del cuento
(modernista), de modo no muy convincente. Así que supongo
que lo
que sigue en parte asimila ideas del artículo (y de la
novela,
claro), y en parte las lleva a mi línea de intereses.
The Stone Diaries
es la
narración de una vida, la de Daisy Goodwill, hija modosa y
luego
ama de casa, en Canadá y el norte de EE.UU.—con un
viaje
de bodas de pesadilla en Francia (muere el novio al caerse por una
ventana), un segundo matrimonio con su "tío" adoptivo
años después, una jubilación en
Florida, y un
viaje a las islas Orcadas, siguiendo la pista a su (segundo) suegro,
centenario, eso años después de la muerte de
su marido.
La novela no
está escrita a modo de diario ficticio, contra lo que su
título podría indicar. El
relato oscila impredeciblemente entre la primera y la tercera persona,
por razones que quizá escudriñemos. De diario
poco tiene,
a no ser la vida cotidiana. Hay una sección en la que se
convierte
en novela epistolar (y otra en álbum de fotos), pero el
resto es
narrado retrospectivamente, mayormente en tercera persona, y
supuestamente por su protagonista. Y sigue el despiadado orden
cronológico que indican sus capítulos: 1.
Birth, 1905; 2. Childhood, 1916; 3. Marriage, 1927; 4. Love, 1936; 5.
Motherhood, 1947; 6. Work, 1955-1964; 7. Sorrow, 1965; 8. Ease, 1977;
9. Illness and decline, 1985; 10. Death. Una
perfecta y convencional life
narrative, de las que hablábamos hace
unos días.
Las vidas
en tanto que
narraciones pueden ser narradas ya por el interesado, ya por otra
persona. Es una diferencia significativa, no sólo por la
diferencia de punto de vista, sino por el "pequeño detalle"
de
que la life narrative en
primera persona siempre está in
fieri: aunque
algún narrador muerto haya, como el amigo Manso de
Galdós, lo normal es que una narración
autobiográfica carezca de final tan definido y una clausura
tan
evaluable como la que se puede proporcionar sobre un
tercero—sobre todo evaluable ese tercero ahora que el
interfecto
está callado, y el narrador en tercera persona tiene la
última palabra.
Esa diferencia parece que sea la que mina esta novela: soi-même comme un
autre,
hablando de sí en tercera persona, como si de Julio
César
se tratase, para mostrar que hasta el narrador morirá, y que
su
muerte vista de fuera es como la de los demás: el mundo
sigue, y
apenas dedicamos unos minutos a la muerte de los demás.
Daisy
Goodwill tiene problemas para reconocerse a sí misma en
sí misma, quizá educada por la experiencia de la
vida,
quizá transformada por la experiencia de una profunda
depresión (sorrow)
de
la que sale un poquito sin reconocerse en lo que había
venido
siendo, y sin embargo continuando con ello, a falta de otro personaje
que asumir.
Sí, hay otro personaje: el del narrador. El narrador es, en
los
mundos narrados, un ente un tanto numinoso, que habla desde el cielo,
ve a todos los personajes sin que lo vean; aun cuando no sea
"omnisciente", gracias a su hindsight
tiene insight,
sabe
de lo que van los personajes mejor que ellos mismos—la barba
blanca le falta, vamos. El narrador está y no
está. Su
mera existencia produce un desdoblamiento del personaje, en yo narrado y yo narrador,
y el yo narrado sigue siendo un pobre sujeto de a pie, con su
visión limitada. De ahí a que el narrador se
separe
olímpicamente del yo narrado, degradándolo a
personaje
vulgaris, y nombrándolo en tercera persona, poco va. Sobre
todo si la
distancia entre los dos es tan grande como la de una anciana narrando
su niñez. ¿Qué tenemos que ver con
esos
niños que fuimos? Todo, o nada, según se mire.
Primera, o
tercera persona—con la misma justificación.
El narrador, en tanto que autonarrador, es por otra parte un sujeto
atípico, o una función atípica del
sujeto. Todos
narramos, sí, pero—¿una
narración a fondo,
de toda la vida, una narración exhaustiva, que le busque
sentido, que la contemple desde fuera, para no se sabe
quién?
Eso es atípico. Los escritores, en tanto que escritores,
asumen
otra personalidad. Su vida cotidiana continúa como si
tal—el escritor, con su autointeracción, queda al
margen
de las reuniones y conversaciones, trabajando en silencio. Henry James
tiene un cuento donde literaliza este desdoblamiento de la
personalidad. Quizá un exceso de reflexión nos
saque
siempre de nosotros mismos, y nos haga irreconocibles, o nos muestre a
nosotros mismos como personajes atrapados en la comedia social,
máscaras que no expresan totalmente lo que somos, o lo que
podríamos ser, o lo que creemos ser. El narrador
está out of character: no
es de
este mundo de la interacción social: pertenece al
mundo de
la interacción literaria, que es un espacio de
reflexión
solitaria. La escritura puede transformarnos, pues tanto dependemos de
las
representaciones—como dice la hija de Daisy, Alice:
The
self is not a thing carved on entablature. Not long ago I
read—probably in the Sunday papers—about an
American woman
who got up one morning and started practising a new kind of handwriting
(...) and by noon she had become someone else. (231).
Así pues, si Daisy Goodwill escribe su
autobiografía, su
acto de escritura aparece totalmente disociado de su vida: aunque
el texto es prominente para el lector, su génesis no aparece
entre los eventos narrados de la vida de Daisy el
personaje—el
personaje social, digo, en quien se reconoce sólo a medias.
La
escritura—la escritura experimental—es algo
inesperado. No
es este el relato que debería venir de esta abuelita, sino
"an
edited
hybrid version" (283). Y quizá no viene; quién
sabe de
dónde viene éste relato, o si su lugar en la
historia
narrada es sólo virtual, o hipotético. La
narración como un modo
de trascenderse, o, si no es contradictorio, de aceptar lo que se es, o
lo que se ha sido, por el procedimiento de contemplarlo desde fuera.
Incluyendo la propia muerte de Daisy—que no sabemos si es
real, o
ficticia, o un poco de todo, como la realidad, que también
tiene
mucho de ficción, o como la ficción, que tiene
mucho de
realidad. Poco espera Daisy de la vida, y de la muerte, al final:
contempla ambas con un ojo satírico, afectuosamente
distante—ha decidido no invertir mucho más en ese
personje
que es, la abuelita de pantalones de colores brillantes que
vivía en Florida, con hijas que no la entienden
bien—y
menos que entenderían esta narrative
diary-er
en la que se va convirtiendo, perdiendo la fe, alejándose de
su
personaje—casi ni se molesta en volver de tanto en tanto a la
primera persona narrativa.
Tampoco es que esta nueva perspectiva sobre sí misma la vaya
a encontrar Daisy más convincente que la simple vie quotidienne
de ama de casa. La novela reflexiona sobre los engaños de la
representación, de la visión de uno desde el otro
(o
desde sí), los trucos y falsificaciones de la
narrativización y la historia. La autenticidad que tenga
esta
autorrepresentación vendrá precisamente de esta
distancia
reflexiva. "Other accounts are required, other perspectives" (37).
Lo de "stone" alude al nombre de soltera de la madre de Daisy, Mercy
Stone, mujer gorda que se casa con el delgadito y taciturno picapedrero
Cuyler Goodwill, no sabe muy bien por qué, aunque a
él le
encanta esta abundancia de carne y le hace descubrir otras personas
dentro de sí: el enamorado, el artista... Cuyler,
como
luego Daisy, también pasa por fases que hacen de
él una
serie de personas irreconocibles: de picapedrero sin
educación a
magnate de la construcción y orador
florido—también
pasa por una serie de etapas de austeridad casta y de sexo bacanal,
primero con Mercy y muchos años después con su
segunda
esposa, una italiana que se trae de Europa. Para su primera esposa hace
Cuyler una monumental torre de piedra tallada a modo de
mausoleo—bonito, visitado (y destruido por los visitantes
años después), pero realmente poco tiene que ver
este
monumento pétreo con la carnosa Mercy, que de Stone
sólo tenía el nombre. Tampoco correrá
mejor suerte
una pirámide a escala que hace Cuyler tras su
jubilación:
allí en el fondo de la cámara central
está el
anillo de Mercy que iba a ser para Daisy, pero.. todo se pierde, y la
pirámide queda inacabada, es lo último que ve
Cuyler
cuando muere de un síncope que le da en su
jardín. Los
monumentos aere
perennius y
la vida no tienen nada que ver, e incluso los textos más
fluidos
tienen este caracter pétreo que falsifica la experiencia de
la
vida—algo sin forma estable, y sobre todo algo que pasa y no
queda. "The recounting of a life is a cheat, of course; I admit the
truth of this; even our own stories are absurdly distorted" (28).
Anótese pues el simbolismo de la piedra como un simbolismo
ambivalente: aspiramos a la condición de piedra, a esculpir
nuestro carácter, o a producir un trayecto vital ejemplar,
claro, bien definido y narrable, pero la realidad va por otro lado.
Otro personaje que hace eco a la experiencia vital de Daisy: su
"tía" adoptiva Clarentine Flett, madre de su segundo esposo.
También ella cambia de vida, saca de sí
posibilidades no
previstas, abandona a su marido—y todo para que la pille un
ciclista y se mate ella contra un bordillo. Claro que el ciclista le
dedicará una institución en su nombre, pero para
lo que
sirven todos estos monumentos y pirámides, ya lo hemos
visto.
Hasta el viejo y antipático escocés que era su
marido, el
abandonado Mr Flett, sufre extrañas transformaciones. Vuelve
a
las islas de su infancia, y se convierte en el centenario que se
sabía de memoria Jane
Eyre...
si es que la vida es un caos, todas. También la del viejo
vendedor ambulante judío que pasaba por allí y
ayudó a nacer a Daisy. También él
cambia a algo
inesperado, "We do irrational things, outrageous things" (72).
Decíamos al hablar de las
vidas narradas
que hay mojones importantes, que estructuran las vidas: momentos clave,
decisiones, matrimonios, rupturas, elecciones... pero éstos
parecen extrañamente erráticos en The
Stone Diaries:
por ejemplo los de Cuyler, "His brief marriage, his
conversion—these seem no more than curious intersections in a
life that is stretching itself forward" (73). A su segunda esposa, la
italiana, le pasa lo mismo: desaparece y se transforma en algo
impredecible. Y tanto más sucede con las etapas de la vida
de
Daisy, a la vez corrientes e incomprensibles, como los de cualquier
vida si bien se mira: "Her autobiography, if such a thing were
imaginable, would be, if such a thing were ever to be written, an
assemblage of dark voids and unbridgable gaps" (75-76).
Aun los no escritores en cierto modo viven su vida como una
narración, "written on air, written with imagination's
invisible
ink" (149). Y mientras está escrito en el aire,
aún es
fluido y cambiante. Pero las historias también nos pueden
atrapar, en la forma del personaje que acabamos siendo para los
demás. Que nunca es plenamente el real.
Daisy tiene "una historia" obvia cuando muere su primer marido de modo
tan rocambolesco en un pueblo de Francia, y eso la marca, pero
también queda atrás: "she's becoming more and
more
detached from her story's ripples and echoes and variations" (124).
Luego... la historia de un amor, va como predestinada a reencontrarse
con su "tío" Barker, el encantadoramente
abstraído
profesor Barker Flett, con quien se casará en un arrebato
súbito de amor a primera (bueno, segunda) vista, tras casi
veinte años sin verse. La historia
es romántica, extraña, arrebatadora... pero el
enamoramiento pasa, Barker es sólo un marido como los
maridos. Y
aunque su matrimonio dura, al final muere, y luego la vida de ella
dura, y dura, y dura... Se vuelve escritora (columnista
horticulturalista, vaya) y luego sufre una depresión absurda
cuando la echan del periódico. Luego no se
reconoce en ese absurdo personaje
periodístico que fue: "Mrs Green Thumb". Ni se ocupa
más
de jardines. Una abuela escéptica, más
escéptica
de lo que parece vista desde fuera.
De un libro de últimas frases memorables que leí
hace poco (Al pie de la
sepultura, de Laura Manzaneda) había una
especialmente memorable: "Continuad
sin mí".
La actitud sarcástica y resignada de esta frase parece
resumir
esta novela, y en especial el último capítulo, un
post mortem prospectivo (o narrado
desde algún limbo narrativo) en el que hay
también
bastante proyección emocional de la autora. Vuelve
a
maravillarnos ante la cercanía de la muerte lo que
maravillaba a
Daisy niña (p. 76): que las cosas siguiesen sucediendo aun
cuando
ella no estaba presente.
Es en cierto modo esta novela un ejercicio de resistencia al hindsight
bias: las
cosas no acaban tomando una forma preestablecida, ni conduciendo a
conclusiones
convincentes, ni a destinos que se veían venir. La vida es
una
sucesión de momentos y de focos de atención, no
un
argumento bien diseñado ni la expresión de una
personalidad. Todos los argumentos bien trabados, la coherencia que
parece asumir el pasado como algo que llevaba a un resultado, todo son
producto de una ilusión perspectivística
retrospectiva.
El pasado era como el presente, sólo que no nos interesa el
pasado en tanto que presente—nos interesa mejor usarlo como
ejemplo, o
coartada, y así lo falsificamos al convertirlo en pasado.
When
we think of the
past we tend to assume people were simpler in their function, and
shaped by forces that were primary and irreducible. We take for granted
that our forebears were imbued with a deeper purity of purpose than we
possess nowadays, and a more singular set of mind, believing, for
example, that early scientists pursued their ends with unbroken
'dedication' and that artists worked in the flame of some perpetual
'inspiration'. but none of this is true. Those who went before us were
every bit as wayward and unaccountable and unsteady in their longing as
people are today. The least breeze, whether it be sexual or
psychological—or even a real breeze, carrying with it the
refreshment of oxygen and energy—has the power to turn us
from
our path. (91).
Y al final... no un magno cierre de argumento, sino la vida que se
apaga (whimper). Los pisos que se cierran, el traslado a la
residencia, las
cosas que se dejan de usar:
all
Mrs. Barker
Flett's possessions accomodated now by the modest dimensions of a
little steel drawer. That three-story house in Ottawa has been emptied
out, and so has the commodious Florida condo. How is it possible, so
much shrinkage? Alice feels her heart squeeze at the thought and gives
an involuntary cry.
- 'What is it, Alice?'
- 'Nothing, mother, nothing.'
(323)
Y al final hay que cederles la palabra a los
demás,
que hablen de nosotros en el entierro, cuando ya somos de piedra y
estamos quietecitos, potencial que siempre hemos tenido, y ya se puede
por fin contar nuestra historia enterita—que digan, "nothing
isn't, you
know, much - Nothing's nothing - Amen". (356). Aunque la
única
manera de no cederles la palabra por completo es escribir lo que van a
decir—y esto es lo que hace, o quizá no hace, la
protagonista, la
narradora de esta historia que es como la vida de cualquiera. Escribir
es una manera de seguir en uso de la palabra, o no, depende quien lea,
o
no lea.
"I
am not at peace"
Daisy Goodwill's final (unspoken) words.
Domingo 15 de julio de 2007
Encerrados en el Universo
Hoy hemos estado en la playa de Xilloi, frente a Estaca de Bares, con
un tiempo que a ratos era sol y a ratos lluvia y a ratos las dos cosas,
en plan pois depende, muy galego. Volviendo paramos el coche de mala
manera frente a una panadería, bajamos un segundo... y Pibo
nos
anuncia orgulloso que nos acaba de encerrar fuera del coche, apretando
los seguros para abajo y luego saliendo con un portazo:
"¡Mira,
papá, ahora se ha quedado cerrado y no podemos entrar!"
Vaya,
para una vez que suelto las llaves... Pibo nos encierra fuera. Se
quedan dentro del coche los dos juegos de llaves... y las llaves de la
casa, y el teléfono, y la cartera ... vamos, todo
menos
nosotros y los bañadores puestos, y las madalenas
recién compradas. Y que hermético es un coche
visto desde
fuera.
Menos mal que de alguna manera habré llegado a este blog.
Y a última hora de la noche, asistimos a la
narración de
Pibo, que ya ha dejado de temblar, repasando su hazaña todo
dicharachero otra vez: "Quién lo iba a decir,
increíble, pero
cierto, ¡se puede
encerrar
fuera! Lo podríamos
contar, y pondríamos: '¡no se lo van a
creer— yo, el que
lo ha escrito, me encerré
fuera
del coche!'"
Sábado 14 de julio de 2007
Deambulando por la Myst
Hemos vuelto al mismo mar de todos los veranos, y además a
la
misma casita del barrio alto de Viveiro, camino de la ermita de San
Roque, en la que estuvimos el año pasado. Esta vez
sólo
para quince días; en Agosto estaremos en Zaragoza, que viene
el
abuelo a estar un año con nosotros, y es partidario de no
moverse.
De momento por aquí lo esperable: La sensación
esa de
volver a terreno conocido, que ha cambiado menos de lo que
debería quizá, o parece todo más
pequeño
esta vez. Bueno, como novedades, hay una plaga de escarabajos de la
patata, y los niños no tienen al lado a su amiguito Jairo,
al
menos de momento, pero lo que es Viveiro, parecido. Calas neblinosas,
selvas de eucaliptos, y playas despejadas. Bañarse, en
cuanto
ves un rayito de sol que asoma, o bien yendo a tu aire, no hacerle ni
caso al tiempo, y bañarte con niebla y lluvia fina a la vez.
Hoy hemos explorado un lugar que no conocíamos: el antiguo
cargadero de mineral, ahora mitad instalaciones abandonadas, mitad
parque de diseño posmoderno. Para Álvaro, que
lleva su
obsesión de Myst en la cabeza, era un decorado
extraído
directamente del videojuego—así que nos
desplazábamos por los rincones como quien va orientando el
paisaje con el ratón y los comandos del ordenador. Y luego
nos
hemos ido por el monte, metiéndonos por caminos medio
borrados
entre huces, eucaliptos, helechos, humedales y fiunchos, a ver
dónde terminaban los caminos estos (y terminaban en un
precipicio a pico sobre el mar, con vistas extraordinarias, eso
sí). Para un día encapotado no ha estado mal.
También hemos estado oyendo, con cuatro gatos
más, a una
banda local cantando unos boleros muy arrastraos. Lo hemos completado
viendo Dirty Dancing Dos en la tele.
Y a medianoche pasada, ya tenemos a todos en la cama: Oscar me cuenta
que ha tenido un sueño "con un exceso de sexo", cito;
soñaba que ya era mayor, él y su amigo javier, y
que la
mujer de Javier salía desnuda paseándose en lo
que
llamaban "el desfile de las pieles", y todos desnudos a darse besos y
abrazos. Aunque ha admitido que la continuación se la ha
inventado luego él una vez despierto. Si es lo que hay que
hacer, hombre.
Viernes 13 de julio de 2007
Comentario de la sentencia
Bien, ahora que ya ha pasado el juicio de la cátedra, que
tenemos sentencia desestimatoria, que hemos decidido recurrirla, y que
estamos con tiempo en nuestra casita de verano junto a la
ría,
vamos a comentar la susodicha sentencia. Para aclarar por
qué es
injusta, y recurrible.
Antecedentes,
aquí.
La sentencia la firma "El/La Sr/a. D/ña. JAVIER ALBAR
GARCIA",
magistrado-juez del Tribunal Contencioso/Administrativo nº 2
de
Zaragoza. Se viene a llamar el caso "José Ángel
García Landa contra Universidad de Zaragoza sobre Cobertura
1
plaza Catedráticos Universidad". Tiene la sentencia dos
partes
principales, una de cuestiones de procedimiento relativas a este
recurso (a) y otra de fondo—en realidad también
sobre la
forma no del recurso sino de la prueba recurrida (b).
(a). Con la
cuestión
de procedimiento estoy de acuerdo, porque
me da la razón—ojo, no porque sí, sino
porque me da
la razón
y
sus argumentos son coherentes. Viene a decir (en
contra del criterio sostenido por el abogado representante de la
Universidad)
que sí procede entrar a valorar el recurso, a pesar del
tiempo
transcurrido. Recuérdese que la Universidad no
contestó a
uno solo de mis recursos dirigidos al Rector—eso sobre el
papel.
Ni se molestó en comunicarme que se daba la decisión de la comisión
evaluadora por buena
(a pesar de esos recursos) y que podía interponer recurso
contencioso-administrativo. Silencio total y absoluto, cosa que
obviamente es un incumplimiento de sus obligaciones. Y denota, para
mí, una clara voluntad de no entrar a juzgar el asunto, por
el
procedimiento de correr un tupido velo y hacerse el longuis. Sobre todo
habida cuenta de que
el
Rector (Pétriz) prometió contestar debidamente
todas las cuestiones planteadas, y luego simplemente esperó
a
que pasase el plazo previsto para recursos, con lo cual el asunto
quedaba enterrado y
ya
no tenía que dar explicaciones.
Creía. Claro que no es todo esto lo que dice la
sentencia:
las palabras del Rector no existen a efectos administrativos. Lo que
dice la sentencia es que la Universidad incumplió su deber
de
informar, y que por tanto cabe interponer recurso contra la
resolución, pues nunca se ha cerrado el plazo. Lo cual era uno
de
mis argumentos. No es que se haya reabierto la cuestión,
sino
que como dice la sentencia, cito,
"el recurso
de alzada interpuesto el
14-11-2005 (...) no puede hacer renacer la posibilidad de recurrir, es
decir, no puede reabrir el procedimiento, pero ello es cuando el mismo
se ha cerrado, no cuando sigue abierto, como es el caso, al haberse
interpuesto un recurso en su momento, siendo de recordar que la
confusión creada se debe esencialmente a la falta de
adecuada
notificación por parte de la Universidad".
Eso para quienes crean que soy yo el que anda liando los papeles. La
Universidad, a incumplir todas sus obligaciones y encima a esperar que
el silencio lo arregle todo. Pues mira, no. Y a mí me han
perjudicado gravemente quienes han decidido incumplir así
sus
obligaciones, haciéndome perder mi tiempo, y el de otros, de
manera miserable. Pero de esto no queda ni huella, ni se piden
responsabilidades, qué va, todos con corbata al trabajo como
funcionarios modelo, que al administrado este tan protestón
ya
lo torearemos bien. Qué cara más dura. Y así se asciende.
En suma, que se puede recurrir, a pesar del silencio de la Universidad
(menos mal, faltaría más) porque
"la Ley no obliga al ciudadano a recurrir un acto presunto y
[sí] a la Administración a resolver, de forma
expresa, el
recurso presentado. (...) —no puede (...)
calificarse de
razonable una interpretación que prime la inactividad de la
Administración, situándola en mejor
situación que
si hubiera cumplido su deber de resolver y hubiera efectuado una
notificación con todos los requisitos legales".
Ahora bien, una matización. Si la Universidad no ha
contestado,
no ha sido por vagancia. Sino más bien por no colocarse en un
compromiso y verse obligada o a desautorizar o
a defender—una defensa difícil—a una
comisión
de una serie de catedráticos nombrados por el Rector. Lo
cual
para mí ya es un abuso de poder, un incumplimiento de la
normativa, y un barrer para casa, ni se sabe para qué casa,
auténticamente escandaloso. Claro que de esto tampoco sabe
nada
la sentencia. Pero en fin, me da la razón en lo importante
en
este aspecto: que la Universidad ha incumplido sus deberes al no
resolver ni responder.
Y cuando creían los responsables de esto que el asunto
estaba
muerto de muerte natural, mira, resulta que tienen que salir a dar la
cara en público por la actuación de esta
comisión
(menuda joya de la corona), y defender este expediente no
metiéndolo en un cajón, sino ante un tribunal y
de la
mejor manera que puedan. Lo primero, intentando una vez más
que
no se hable más del asunto y se inadmita el recurso, aunque
por
ahí les ha vuelto a fallar la cosa. Vaya papelón.
Pero
encima, ¡es que al final salen todos bien librados! Con lo cual,
algunos
van a
interpretar que en efecto ancha es Castilla.
(b) Cuestiones de fondo/forma. Aquí duele,
pues el tribunal
entra explícitamente a valorar las cuestiones de fondo por
las
que recurro, y las desestima. Veamos su razonamiento.
Hay que recordar antes que, aunque al expediente judicial van todos los
papeles relacionados con el asunto, los jueces se centran en las
cuestiones planteadas en "primera línea", como quien dice,
en el
recurso interpuesto dirigido a ellos. Y eso es, dados los
procedimientos y maneras judiciales, una selección de lo
realmente sucedido—una selección de lo que puede
entrar a
valorar un juez. Por ejemplo, en este caso, la Comisión
compuesta por los Dres. Susana Onega, Francisco Garrudo, Constante
González Groba, Montserrat Martínez
Vázquez (e,
in
absentia, Bernd Dietz) cometió diversos atropellos contra la
Filología; pero ahí son soberanos por ley al
entender de
la justicia, y los mayores despropósitos en cuestiones
filológicas que cometa una comisión y que sean alegados por un
recurrente serán desestimados por un juez como
argumentos no válidos, pues la Comisión tiene
discrecionalidad técnica—que
en el caso de una
comisión decidida a utilizarla, es discrecionalidad para
reinventar el conocimiento humano y la estructura del saber, si hace
falta suspender a alguien urgentemente, pongamos por caso.
Así
que estos argumentos de fondo, los más serios
quizá para
un filólogo, han de pasar a tercera fila, o desaparecer, en
un
procedimiento judicial. Tampoco aquí entraré
mucho en
ellos, por tanto, y me centraré en las cuestiones formales
que
son las que sí puede entrar a valorar un contencioso
administrativo (de ahí lo de fondo/forma). Tales son: la
composición indebida del tribunal, la
inadecuación del
perfil, la exigencia incoherente de proyecto investigador, la
sobrevaloración antijurídica de la docencia sobre
la
investigación, y el amaño de las votaciones.
Composición indebida del tribunal.
Recordemos que inmediatamente tras la constitución de la
comisión evaluadora, el Dr. Dietz presentó
renuncia por
escrito, alegando la muerte de un tío suyo (motivo no
contemplado como causa de excusa)—renuncia que fue aceptada
por
la presidenta del tribunal, dándole de baja. El Dr. Diez no
estuvo presente en ningún ejercicio de las pruebas, que no
se
retrasaron en ningún momento. No se solicitó el
nombramiento de ningún suplente, aun sabiendo antes de
empezar
las pruebas que éstas iban a tener lugar con una
comisión
de cuatro miembros.
Bien, pues la sentencia reconoce que la ausencia del Dr. Dietz no se
debió a una causa justificada. Pero concluye sin embargo,
concurriendo con la
Comisión, que "estaba la Comisión
válidamente
constituida", pues argumenta que la renuncia del Dr. Dietz,
precisamente por ser contraria a derecho, no puede considerarse una
renuncia, sino sólo una ausencia. Anecdótica,
vamos.
Esto sí que es ley del embudo. Atentos. El hecho mismo de que se
produzca
un acto antijurídico se utiliza como
justificación
suficiente para respaldar otro—y las víctimas
administrativas, que canten misa. Porque el realizar una
oposición enteramente con cuatro miembros del tribunal y no
cinco, sabiendo que hacen falta tres votos para que un candidato pase
al segundo ejercicio, compromete seriamente las posibilidades de
éxito para nadie, en el caso de una oposición
reñida.
Ahora bien, en el caso de una comisión que prefiera dejar la
plaza
vacante (como era este caso sin duda para quienes conocemos la
intrahistoria de esta plaza)—el que se vaya un miembro es una
auténtica bicoca. Puente de plata, como hizo la presidenta.
Pero
para el juez no existen, claro, por axioma, muchas cosas de las
que existen para este recurrente.
Más grave es que se ignore el
hecho de que una renuncia es una renuncia y produce efectos (para
terceras personas) de renuncia, si se acepta como tal, por muy
antijurídica que sea—y aún peor, claro,
si no se
procede a sustituir al renunciante y se trata la renuncia como una mera
ausencia a esos efectos. Pero los daños al opositor pesan
muy poquito en esta sentencia. Y los actos contra derecho cometidos por
la comisión se evaporan, sin más, sin
consecuencias. Esto
sí es típico de la Administración: o
tú
pierdes, o yo gano. Lo que no valía con el silencio
administrativo, según el juez, sí vale
aquí, al
parecer.
Sobre este tema, más cosas podría decir, pero
sólo
añadiré que, según consta en la
sentencia, "no se
aportó el justificante del fallecimiento ni del
día en el
que el mismo se produjo". Ni se aportará, claro.
Con relación a la inadecuación del perfil
El juez ha dado por bueno que la plaza llevase como perfil
"Lingüística inglesa"—algo enormente
general, en
lugar de una materia concreta. Yo entendía,
ateniéndome a
la normativa propia de la Universidad, que lo que debía
figurar
en el perfil de la plaza era una materia: pongamos, "Historia
de
la lengua inglesa", o "Gramática inglesa", o "Comentario de
textos", etc. Debo aclarar (algo que no parece captar bien la
sentencia) que yo no estaba impugnando el perfil, sólo
haciendo
notar que a mi entender no se atenía a la normativa. Sea
como
sea, si el juez considera que el perfil es válido, tampoco se lo voy a
discutir, y me doy por convencido.
El meollo de la cuestión, en lo del perfil, es que siendo
éste tan amplio, no puede excluírseme como
inadecuado
para ese perfil,
como hace la Comisión. Pues para eso tengo publicaciones
avaladas en revistas y libros y editoriales de reconocido prestigio,
sexenios de investigación, etc. Cuestiones que en
ningún
momento han sido entradas a valorar por la Comisión, que se
limita a invocar una vaga "inadecuación" o una "insuficiencia"
vaporosa de mis méritos. Esto es contabilizable: por ejemplo, los
números
de
artículos y de libros son contabilizables, y en lo referente
a
lo que entra o no en "Lingüística" hay criterios
objetivos,
internacionales, como son los de la UNESCO, y no establecidos sobre la
marcha por una comisión con un fin en mente. Pero el juez
juzga
que todo esto ya es discrecionalidad técnica. Vamos,
discrecionalidad para decir que la tierra es cúbica si hace
falta. La Comisión considera que el análisis del
discurso, la estilística, la teoría de la
narración, la teoría de la
interpretación textual,
etc.—no son lingüística. Y a correr, que
total todo
va a colar, rellena el acta y vámonos.
Pero el asunto es más grave. Esta sentencia cita otra
sentencia
según la cual sí puede entrarse a corregir la
valoración técnica de las Comisiones, a pesar de
la
famosa discrecionalidad técnica, en el caso de errores
flagrantes, o cuando las comisiones "no han tenido en cuenta
manifiestas condiciones de mérito del partícipe"
(sexenios, pongamos por caso), o cosas contra el sentido
común,
etc. Vale, el sentido común es discutible... Pero lo
curioso
es que esta sentencia, después de citar estos presupuestos,
hace
una quebrada mental y pasa a decir lo siguiente. Atentos que hay
matices.
"En el caso presente, se pretende que se sustituya el criterio de la
Comisión por el del Juzgador, que a su vez
debería
'asumir' el del recurrente, pero ello debe ser rechazado, ya que
podrá discutirse si debía o no de concretarse o
especificarse más el perfil, pero ello es una
decisión
discrecional del Tribunal, que podía haber optado bien por
admitir como plenamente aceptable el que la actividad y proyecto
investigador y docente fuese de cualquier materia encuadrable dentro de
la lingüística bien por entender que se
debía de
exigir unos conocimientos globales o generales relativos al mayor
número posible de asignaturas relacionadas con la
lingüìstica, coherentes con el presumible
carácter
polivalente que se quiso dar a la plaza con un perfil tan general,
aunque resultasen menos especializados, en el conjunto de materias que
están incluidas dentro de la
'lingüística'."
(Un inciso: en el juicio, el abogado de la Universidad dijo que en el
plan de estudios de Filología Inglesa sólo había tres
asignaturas—no dijo cuáles—que pudiesen
considerarse
de un perfil de lingüística. Esto
provocó carcajadas
del público, claro).
Bien, maticemos. Jamás he pretendido yo que se sustituya el
criterio de la Comisión por el
mío, según
sugiere
el Juez que hago—antes bien, he apelado a que se consulten
y apliquen los criterios
generales, universalmente aceptados, y establecidos por organismos
internacionales, como la UNESCO, para determinar qué es y
qué no es "lingüística"—en
lugar de una
misteriosa discrecionalidad técnica que de hecho es
arbitraria
al no estar basada en ningún criterio técnico
reconocible
ni contrastado. O sea,
no mi
criterio, sino el de la UNESCO. Que no
somos la misma persona, ojo.
El párrafo citado sigue con un argumento un tanto dudoso,
según se entienda su alcance. La discrecionalidad
técnica
de la Comisión o tribunal se extiende al parecer a redefinir
el
perfil, según el Juez. Cosa que en absoluto es
así. El
perfil estará bien dado, o mal dado (bien dado,
según
estima el juez), pero la Comisión no puede (o más
bien no
debe) valorar la prueba
como
si de otro perfil se tratase. Es
cuestionable que a una oposición con semejante perfil
(Lingüística) fuese adecuado presentar un proyecto
sobre
una materia mucho más
concreta—fonética, pongamos
por caso—aunque el juez lo dé por bueno.
Cuestionable,
digo, y quizá entre en la discrecionalidad
técnica de la
comisión, al menos tal como aquí se entiende.
Pase. Pero lo que
nunca puede hacer la Comisión es hacer un gambito lateral y,
teniendo que juzgar sobre un perfil de lingüística,
hacer
como si estuviese juzgando un perfil de gramática, o de
fonética, excluyendo arbitrariamente los méritos
que
según criterios objetivables, internacionales, no subjetivos
del
recurrente ni de la comisión, etc.—son
méritos
relativos al campo de la Lingüística. Por todo lo
cual, el
razonamiento del Juez no es adecuado para el caso aquí
presente,
pues no centra bien la naturaleza del problema, ni responde a las
objeciones que he presentado a la actuación de la
Comisión. Y que son, en sustancia, objeciones a una
actuación demostrablemente injusta. Si se atiende a la
demostración, claro, y a los criterios de validez usados por
la
propia Administración en sus evaluaciones oficiales (como son esas
clasificaciones de
materias
de la UNESCO).
Eso en el caso de que no se quiera dar por válido
el principio administrativo más general: que los
méritos
de investigación en el área de conocimiento, es
decir, en
Filología Inglesa, han de ser los determinantes en el primer
ejercicio, ya que el perfil ("lingüística") en este
caso,
se refiere únicamente a
labores
docentes por realizar en el
Departamento, y no a
investigación
realizada en el
área.
Es decir, que el Juez nunca entra a valorar lo que aquí se
recurría: es decir, si entra en la
discrecionalidad
técnica de la Comisión lo que yo digo que ni
entra ni
puede entrar: el dejar fuera de consideración, a su
voluntad, el
trabajo realizado en según qué tipos, ramas, o
modalidades de "lingüística". Admitir la
discrecionalidad
técnica para hacer esto sería admitir que el
perfil de la
oposición lo fija la Comisión evaluadora, en
lugar de ser
algo establecido por la Universidad—y esto es algo que nadie
ha
defendido abiertamente, ni dispondría de argumentos legales
para
defender.
Quiero recordar, además, que en la oposición se
me
declaró "inadecuado" a priori por lo que el secretario Dr. Garrudo
llamó el principio de los "corralitos", cuando me dijo que
yo no
era de ese "corralito"—o sea, que estaba "predestinado" por
alguna razón a no optar a ninguna plaza de la (inexistente)
"subárea" de Lingüística.
Y
que de ésta se me iba a
excluir—con muchas felicitaciones por mi
currículum, eso
sí. Pero cero que te casco (bueno, uno y
pico)—independientemente de cuál fuese mi labor
investigadora en Filología Inglesa, e independientemente de
que
la mayor parte de ella se encuadrase, según criterios
objetivables, en "Lingüística". Durante
mi ejercicio,
el Dr. Garrudo mostró una monografía
mía sobre
teoría de la narración, y leyó la
solapa donde se
me definía como especialista en teoría y
crítica
literaria— presentándo eso como la prueba del
nueve de que
yo no tenía nada que hacer en una oposición "de
lingüistica" (y sentando discrecionalmente, supongo, que la teoría de
la narración nada tiene que ver con el estudio del lenguaje). Negaba
así, además, el principio
básico de
la Filología, que es la interacción e interfaz
entre
lingüística y literatura. (Esta
interacción es algo que se da de tortas, claro,
con
la
teoría de las "subáreas" que tiene en
la Dra.
Onega a su mayor adalid. No es extraño que
últimamente
venga diciendo que la Filología es una disciplina
decimonónica que se debe suprimir).
Pero el juez también pretende resolver la sustancia de este
asunto sin que entren en consideración los principios
básicos de lo que es la Filología, lo cual nos
lleva a
una petición de principio desde el momento en que la propia
Comisión los ignora, y el juez declara esa
actuación
off
limits para la Justicia, sin acudir a ningún criterio
objetivable y de orden superior.
Con relación a la exigencia de proyecto investigador.
Admite el juez (a regañadientes) que en efecto no
tenía
yo ninguna obligación de presentar un proyecto de
investigación, según me exigía la
Comisión desconociendo la ley, sino únicamente un proyecto docente.
Recordemos que estamos hablando del primer ejercicio, pues por supuesto
yo tenía listos mis cinco proyectos de
investigación
encuadernados en pasta para presentarlos en el segundo ejercicio, el
ejercicio
relativo a un trabajo de investigación (aunque tampoco fuese
estrictamente necesario, pues lo que la ley exigía era
exponer un trabajo de
investigación).
Bien, pues los cuatro miembros de la
Comisión hacen
constar en acta que no he presentado proyecto de
investigación,
como quien hace notar una insuficiencia o irregularidad. Y el Juez pasa
a defender su actuación, arguyendo que "el que no fuese
necesario no quiere decir que no resultase posible, e incluso
aconsejable, su presentación, prueba de lo cual es que el
resto
de los concursantes sí lo presentaron". Vale—o
sea, que,
por ejemplo, por usar una analogía, puede resultar posible,
e
incluso aconsejable, aunque no sea requisito legal, hacer la
presentación del ejercicio en PowerPoint. Creo que se
admitirá, sin embargo, que resultaría
extraño que
la comisión hiciese constar en sus actas que el concursante
no
ha presentado su ejercicio con PowerPoint, como argumento para
suspenderlo.
(El ejemplo no es inocente: en la oposición de mi antiguo
doctorando el Dr. De Juan, que también acabó como
el
rosario de la aurora, la misma presidenta de la comisión,
Dra.
Onega, hizo constar en un escrito dirigido al Rector que el Dr. de Juan
no había hecho su ejercicio en PowerPoint, sistema
éste que calificó
tecnología de obligado uso en las clases, a
pesar de que ella
jamás lo haya utilizado).
Pues de igual modo, el razonamiento del Juez aquí hace una
deriva lateral de manera extraña para, en lugar de
preguntarse
por qué la Comisión desconoce las leyes que
supuestamente
está aplicando, pasar a argumentar contra el recurrente,
diciéndole también ahora el Juez que
debería haber
presentado un proyecto de investigación que no le es exigido
por
la ley. Curioso.
Más que curioso, por lo que voy a explicar un
par de párrafos más abajo.
El Juez gasta bastante tinta explicando que el proyecto investigador no
se contempla como un requisito
sine
qua non, ni es determinante en el
resultado final, etc. (No queda claro, sin embargo, por qué
no
considera que se ha vulnerado mi derecho a una evaluación
justa
al puntuar un requisito no contemplado en la normativa. O por
qué a mí no me lo puntúan, y a otros
sí).
Yo presenté un proyecto investigador, como
explicaré a
continuación, pero el Dr. Garrudo no se dio por satisfecho,
y
entró en una serie de disquisiciones diciendo que no era
suficiente la presentación del proyecto ni del trabajo de
investigación en el segundo ejercicio, sino que
debería haber presentado, además, una
memoria
de
investigación—(distinta, supongo, de la
documentación relativa a mis publicaciones y de mis
participaciones en proyectos de investigación,
documentación que sí
presenté en el currículum y anexos). De hecho
pasó un rato en la prueba el Dr. Garrudo haciendo una
disquisición y diferenciación entre los
proyectos,
referidos al futuro, y las
memorias,
referidas al pasado. Y era la
memoria de
investigación lo que echaba en
falta—al menos en ese momento. Porque
luego hizo constar como todos los miembros del tribunal que lo que yo
no había presentado era un
proyecto
de
investigación.
También es inexacto que todos los concursantes presentasen
un
proyecto investigador a la primera prueba. (Aunque no dudo que lo
hubiesen hecho, como yo también, a la segunda). Durante el
ejercicio de otro de los concursantes, el Dr. Vázquez, realizado tras
el
durísimo
enfrentamiento con la Comisión que tuvo lugar en mi
ejercicio,
me salté la normativa o etiqueta de la prueba en el momento
en
el que el Dr. Garrudo comentaba el proyecto docente del Dr.
Vázquez. Lo hice para preguntar en voz alta a la
Comisión por qué en este caso no se
exigía al
concursante un proyecto de investigación. No lo hice con el
propósito de perjudicar al Dr. Vázquez, claro
está—pues insisto en que no era requisito
presentar ese
proyecto—sino con el fin de enfrentar a la
Comisión con
sus arbitrariedades, ya que me exigían (
exigían,
Sr.
Juez, no
recomendaban,
ni
aconsejaban)
un proyecto de
investigación a mí solo, y no a todos los
concursantes.
Por eso pregunté en voz alta si en este caso no se
exigía proyecto de
investigación. Por supuesto, en lugar de responder a esta
pregunta tan improcedente desde el público, la Dra. Onega
ordenó al Secretario que no contestase y que se ignorase lo
que se
acababa de escuchar. "Creo, sin embargo, que todos me han
oído"—volví a decir. Y es que donde no
hay ley, no
hay educación tampoco—¿saben?
El Juez, en suma, aun reconociendo que la ley no exige la
presentación de un proyecto de investigación, da
por
buena la actuación de la Comisión en este punto,
minimiza
los daños hipotéticos producidos al
exigírmelo, y
pasa
por lo tanto a aceptar, como un hecho bien establecido y adecuado, la
valoración
que la Comisión hace sobre este recurrente (q.e.d.). Da
así por
muy bien fundado y procedente el hecho de que "además de ser
más
críticos los miembros de la Comisión con
él que
con el resto, especialmente la señora Ónega y el
señor Garrudo, folios 112 y 113, en el informe final se
explica
que en su exposición se desvió de la
cuestión
objeto del debate, que su actividad investigadora y docente se aleja de
las necesidades de la Universidad que se explican en la convocatoria y
que sus conocimientos no son suficientes ni adecuados a la
plaza"—
nou cóment, que si no
no avanzo.
A lo que voy, cuestión muy reveladora tanto sobre la
actuación de la Comisión como sobre la del Rector
y sobre
la del Juez. Dicen los miembros de la Comisión,
unánimemente y blanco sobre negro, que no
presenté
proyecto de investigación. Dejemos al margen la
cuestión
ya tratada de si era obligatorio exigirlo o no. Centrémonos
en
el hecho de que SÍ LO PRESENTÉ, en las carpetas
81 y 82
de la documentación listada en el currículum. Se
trataba
del proyecto en el que estaba trabajando, y que había
presentado
a las convocatorias nacional y regional de proyectos de
investigación: se titulaba "Narración,
Interacción, Interpretación", y aunque no obtuvo
subvenciones oficiales—por aquello de
no
tener bastantes
aragoneses en el equipo, etc.—sí dio
lugar a numerosas
publicaciones, y (supongo que habrá contribuido) a un
sexenio de
evaluación de la actividad investigadora. Este proyecto,
encuadernado en pasta en cinco ejemplares y con las publicaciones
aledañas y en curso, iba a ser presentado en el segundo
ejercicio caso de pasar a él. Pero ya había sido
incluido
en la documentación muy voluminosa (ahí duele)
del primer
ejercicio.
Bien, pues ni la Comisión, ni el Rector, ni el Juez, tienen
nada
que decir sobre este punto. Sencillamente, lo ignoran. La
Comisión declara unánimemente que no
presenté un
proyecto.... y es que mucho me temo que ni llegaron a examinar la
documentación. Luego, en mi recurso, hago saber este hecho
al
Rector. Un error llámese material si se quiere, o mejor
garrafal, o incontrovertible, por parte de la
Comisión—o
una falsedad si se prefiere... no, en todo caso, una
cuestión de
discrecionalidad
técnica. Pero ¿cuál es el
fallo
del Rector sobre este hecho? ¿Pone en duda la veracidad o
fiabilidad de la Comisión? ¿Va a examinar la
documentación, a ver si está ahí el
proyecto? No
padre. La respuesta es el silencio administrativo, tan socorrido y tan
útil para no saber si se va, si se viene, o si se
está de
vuelta de todo.
¿Y qué hace el juez, cuando mi abogada le vuelve
a
insistir en su exposición el día del Juicio, que
al
margen de que la Comisión exigiese o no indebidamente el
proyecto de investigación, es falso que yo no lo presentase?
Pues otro silencio, sin más. De este asunto no hay ni media
palabra en
la sentencia, que da por sentado, ateniéndose a las actas de
la
Comisión, que no se presentó proyecto de
investigación—sin la menor explicación
ni
alusión, ni a la exposición de mi abogada, ni a
los
recursos dirigidos al Rector donde exponía yo esta
circunstancia. Concluye sobre este punto el juez que "el proyecto de
investigación ni se consideró obligatorio (...)
[
¡toma ya!]
— ni fue determinante ni de la
puntuación de los demás, que sí lo
presentaron, ni
lo habría sido del recurrente, de haberlo presentado y haber
obtenido la máxima calificación"—y del
hecho de que
sí lo presenté, y que lo
ignoró el
tribunal, y
luego el Rector, y ahora el juez, ni media. Y todos tan frescos, que es
sólo un señor el recurrente al que le gusta
protestar al
parecer, y el Juez lo tiene claro.
Se pregunta uno si esto de que
sí
que presenté proyecto
de investigación lo voy a tener que publicar en
el Heraldo, o
proyectarlo a las nubes en PowerPoint. Es, como poco,
chocante—o
escandaloso—que una cuestión de forma/fondo tan
obvia, tan
flagrante, tan clara—¿igual es precisamente por
eso, por
lo clara?—sea esquivada con una especie de ceguera selectiva
súbita por los
órganos juzgadores (Comisión, Rectorado, Juez)
cuando hay
que dictarminar sobre ella, y se evapore sin más de los
papeles.
Y lo peor no es ya que la Comisión valorase o dejase de
valorar
el proyecto en sí—lo más significativo
es lo que
indica esto de la nula atención con la que la
Comisión
examinó la documentación de los opositores, o al
menos la
mía. Claro que yo ya iba excluido de entrada por "literato".
Pero
nada de todo esto es indicio de nada para el juez, que para
mí
que procesa este asunto del proyecto sin que su cerebro llegue a
procesarlo. Con estos
mimbres, no es de extrañar que estas investigaciones
judiciales
acaben incluso felicitando al tribunal si hace falta. Vaya
confabulación de chupatintas.
La última cuestión sobre la que se pronuncia el
Juez
antes de declarar que "no procede estimar el recurso" es "la
afirmación de que
se prima
antijurídicamente la docencia
sobre la investigación, en contra
del art. 8.2 a del RD
1888/1984" etc. El juez estima que esto no es así, "ya que
la
prioridad no significa en modo alguno que el
mérito deba
computarse de forma mayoritaria, y en el caso presente se
valoró
la investigación en 40% frente al 30% de la experiencia
docente
o al 10% de la experiencia en la gestión. Por otro lado, se
atribuye un 20% al proyecto docente e investigador, lo cual supone que,
a despecho de la principal argumentación del
recurrente—que consideraba que éste no era
exigible ni tan
siquiera presentable [¡¡!!]—que otro 10% correspondería a
la
investigación, si bien en este caso en su
proyección de
futuro, lo que le otorgaría un 50%".
A ver, a ver...
- ¿"
ni tan
siquiera presentable", cuando yo mismo lo
presenté? Ya será menos, Sr. Juez. Hay muchas
cosas
impresentables
en este concurso-oposición, pero un proyecto de
investigación no es una de ellas.
- Matemáticamente, mayoritario quiere decir prioritario. Hay
otras posibles computaciones, pero puestos a hacer porcentajes
priorizantes, un
porcentaje prioritario tiene que ser del 51% mínimo. Que se
lo
pregunten si no a los políticos en el Congreso,
quién tiene prioridad para formar gobierno.
- Y ahora, resulta que el juez da por buena la exigencia del
proyecto de investigación, y por hecho que el proyecto que
se ha
de presentar al primer ejercicio es docente e investigador... cuando
antes ha basado su argumentación en que en ningún
momento
se ha exigido proyecto de investigación. Pero ay, ahora
necesita
ese pequeño porcentaje para redondear su argumento, que si
no se
va a caer todo el edificio por este asunto de porcentajes.
Y voy terminando. Hay otra cosa más que el juez ha resuelto
por
el procedimiento del ignorémosla. Otra cuestion garrafal de
forma/fondo, en la que insistí detalladamente en mis
recursos,
por lo cual malamente se puede creer que ha pasado desapercibida.
Aunque ya no sé.
Se trata del
amaño de las votaciones. En el acta final, la
Comisión, no contenta con ofender a la Filología
y al
procedimiento administrativo, pasa al asalto de la Lógica.
También demuestra, de paso, desconocer qué es una
votación, o más bien estar más que
decidida a
ignorarlo.
En primer lugar, la Comisión acuerda, sin
disparidad de
criterio, una puntuación. Todos, la misma
puntuación dada
a los candidatos. (Por ejemplo, a mí, un 1'8 sobre
10—esto
con mis calificaciones máximas continuadas en la Universidad
de
Zaragoza y Brown University, mis premios de estudios e
investigación, mis sexenios de mérito investigador que alguno de ellos
no
tenía,
etc. etc. Sin complejos todos, ¿eh?).
Acto seguido, la Comisión procede a votar a los candidatos
diferenciadamente, a pesar de
la puntuación dada a todos por
acuerdo unánime. O sea, que yo, con un 1'8, no
crean,
sí que tuve un voto, el de la Dra. Onega. Claro que eran
votos
rituales, una especie de minué o
pas
de deux
de la
votación, donde los votos se distribuían de
manera que
ningún miembro de la comisión dejase de votar a
alguien,
y donde nadie pudiera obtener más de dos votos. De esta
manera
se disimulaba (no sé por qué, por
algún tipo de
falso pudor administrativo quizá) el acuerdo previo y
unánime
de la Comisión de no proponer a ningún candidato.
Con lo cual el voto no es la valoración razonada que el
candidato tiene para el miembro del tribunal. Más bien
no
tiene
nada que ver con eso. El voto es una mera pantalla destinada a
disfrazar la auténtica actuación de la
Comisión
(el voto detrás del voto), que ha acordado unánimemente (por la
puntuación previamente concedida) no proponer a
ningún
candidato, es decir, no votar a ninguno.
Este uso de los votos para disimular lo sucedido en una prueba, en
lugar de para enjuiciar la valía de los candidatos, es un
caso
clarísimo de desvío de poder.
Clarísimo, por el
hecho de que una misma puntuación dé lugar tanto
a un
voto positivo como a uno negativo por parte de la misma persona. Es,
como digo, una ofensa a la lógica, puesta al servicio de una
ofensa a la normativa administrativa.
Pero—¿hay algún intento del Juez por
defender este
procedimiento, por entenderlo con arreglo a la discrecionalidad
técnica de la Comisión, o a su buen hacer en
todos los
terrenos, o a su demostrado conocimiento de la normativa?
¿Algún intento de rescatar este proceder, por las
posibilidades y margen de maniobra que ofrece a los tribunales para un
bien quedar—bien quedar para quien se lo crea? Pues no, no
hay
ningún intento. Sencillamente se evapora esta
cuestión de
la sentencia, como si no hubiese sido nombrada. ¿Igual es
que el
juez considera obvio que es así como hay que usar el voto en
un
tribunal? Ya es que uno no sabe a qué atenerse.
Por todo lo anterior, no procede aceptar la sentencia, sino recurrirla
ante un juez que, esperemos, tenga mejor criterio. O mejores
argumentos— por muy tentador que sea para un tribunal apoyar
las
resoluciones de los tribunales, aun cuando desbarran.
Jueves 12 de julio de 2007
To the Lighthouse
Toujours à l'ouest, llegamos hasta la ría de
Viveiro y
ahí paseamos mientras los críos brincan por los
muelles.
- ¿Te acuerdas del faro? Podemos ir hacia allí.
- OK—to the lighthouse. Pasando por Alfaro, y aún
hemos llegado con luz. ¿Quién dijo miedo?
- Sabes, hace años, mi ilusión era tener un novio
torrero. Vaya trabajo descansado, una vueltita a ver si todo funciona,
tranquilidad oyendo el mar... Aunque ahora ya me quedo sin faro, claro.
- Pues ves, le dices eso mismo a un francés, que
querías
tener un novio torrero, y no se iba a enterar en la vida: "Oh,
l'espagnola, novió toguegó, clagó..."
- Jaja, pues era que una vez no me tal desde puedes aunque eso
sí bzzz bzzz...
- Perdona, ¿decías? Es que se me ha ido el santo
al
cielo, estaba pensando contar eso del torréador en mi blog,
y lo
del faro.
- Los hombres siempre en lo vuestro, en lugar de concentraros en lo que
estáis. Decía que mira qué puerto,
qué
tarde, etc.—luego se os pasa el tiempo, se os ha ido el santo
al
cielo, y adiós tarde. pero tú a escribirlo en el
blog que
queda más bonito, si no te parece que no existe, o si no le
haces una foto—a
mí me da un mal, llegar a una playa como esta, con una tarde
así, y tú con la cabeza en el
blog—¿y ahora
se puede saber qué haces?
- Ahem—le estaba poniendo la pincelada final.
On the Road
Llegando esta noche a Galicia, si el Tiempo no lo impide.
Felicides a Elsa: ¡primer cumpleaños! Que cumpla
muchos pero muuuuy despacio, porfa.
Y un mensaje a mi abogada: vamos a recurrir la cátedra que
vacante quedó. Confiando en la justicia, en el sentido de
confiar en el azar de la interpretación judicial, o en la
suerte
sin más—es la ilusión de todos los
días.
Miércoles 11 de julio de 2007
Ur-narrative
Response to a thread in the narrative list started by Michael Frank, on
the subject of primeval narrative, or narrative before narrative:
The ur-Telling of events is of course a fascinating line of
inquiry—but telling is just one aspect of narrative, because
if
narrative and narrativization are cognitive instruments, that cognitive
work begins before the telling of the story: it begins with the
perception, representation and organization of time. OK, not all kinds
of temporal representation are narrative or narratives, but if we
really go for the roots of narrative before narrative, we should begin
with the ability to represent time at all, which is of course not a
given but an evolutionary development. Or perhaps we should go to
Stephen Hawking et al. with their histories of time? Before you
rearrange time, you've got to have time to rearrange. Anyway, not to
stretch matters too far, I'll suggest that perhaps narrative theory
should begin "in the beginning", with evolutionary biology.
Here's an article on some experiences in temporal representation in the
animal kingdom:
Zimmer, Carl. "Animal Time Travelers." The Loom 2
April 2007.
http://scienceblogs.com/loom/2007/04/02/animal_time_travelers.php
Jose Angel García Landa
http://garciala.blogia.com/2007/041202-tecnologias-de-manipulacion-del-tiempo.php
Frank, Michael escribió:
>
> nancy, porter, tony, bob, usw.
>
> i'm delighted by your responses to my inquiry – and
perhaps
just a bit overwhelmed by the unexpected richness of the kinds of work
that have already been done . . . clearly i have some serious homework
ahead of me, and perhaps the responsible thing would be to read all the
recommended books and essays before pursuing the issue any further on
list . . . . . but since it is the easy livin' season, i
wonder
if i might press it just a bit more here . .
> nancy points out that according to "cognitive
psychologists
[and] cognitive archaeologists . . .
ontogenetically and
phylogenetically, narrativity (narrative thought) precedes
language" . . . but porter, in a 2000 essay, says
that "the
telling of an event" is "the commonest definition of narrative,"
implying that telling — and thus language–are
essential to
narrativity . . . moreover, i suppose that there will be
those
who argue that even an event itself does not exist until it has been
formulated in language, leading to the inescapable conclusion that the
very material of narrative -- "events" themselves " can't precede some
sort of language . . . this then is one area that
seems to
invite further comment . . .
>
> in any case, my own immediate concerns are with
narrative/narrativity as precisely the **_telling_** of events, and
with what we might guess would have characterized that telling in the
eons before humans first wrote . . . nancy concludes with the
speculation that "we can't think of narrative in prehistory in the same
way that we think of it in literary cultureâ" and while that
might be the case I'd be very interested to learn why it is or must be
the case and, if pre-historic narrative is fundamentally different,
what we might be able to say about it
>
> mike
10 de julio de 2007
Cena con velitas
Con Patricia, Myriam y Mélissa—les gens d'Agen.
Mañana se van a Madrid las tres, y luego vuelta a Francia.
Oscar
quería soplar las velas—para cumplir
años,
seguramente.
Puntualizaciones
Hoy hemos tenido la última reunión
desagradable
del año (Comisión de Postgrado del departamento),
donde
he hecho algunas puntualizaciones y otras se me han quedado en el
tintero. Vamos a sacar unas cuantas.
- Primero lo más desagradable: las alusiones personales. No
se
priva la Dra. Onega de manifestar en esta y en otras reuniones que
todas las complicaciones administrativas por las que estamos pasando se
deben, sin más, a mi carácter
destructivo—a saber,
que mi única intención en el mundo es destruir lo
que
otros construyen. Así, literal y sin empacho. Dije en la
reunión, y repito aquí, que no estoy dispuesto a
tolerar
que se me hagan semejantes character
assassinations— y
que yo también entraré a hacerlas si deriva por
allí la argumentación. Ante esta "narrativa" de
la Dra.
Onega, yo también puedo ofrecer una narrativa
alternativa—a saber, que por su voluntad deliberada y
prioritaria
de excluirme de "su"
postgrado,
la Dra. Onega se sacó de la manga una normativa ilegal,
absurda,
contraria a derecho (según ha resuelto el
Rector)—una
normativa que pretende prohibir la docencia de postgrado y la
dirección de tesis a quienes no estén en un
equipo de
investigación subvencionado. Una normativa que
jamás
habría salido de ninguna otra cabeza en este equipo, aunque
todos la apoyen por no decir que no.
Esta es una narrativa con
más visos de realidad que esa otra según la cual
yo soy
una especie de Atila de la academia. Pero dejémonos de
atribuciones de intenciones.
- Dice la Dra. Onega que un grupo de personas trabajadoras, dedicadas,
competentes, etc.—han organizado un máster
departamental
(previa exclusión de otras personas y de un debate abierto,
aunque eso no se dice). Y que si otras personas que no han hecho nada
quieren tener su máster, pues lo pueden organizar
—otro
máster, se entiende— en el seno del mismo
postgrado de
Estudios Ingleses, que para eso se le dio un nombre más
amplio
que al máster. Bien, pues puntualizaré que esa
diferenciación se logró con una
batalla que se libró
gracias a mí y a los pocos disidentes, cuando el grupo de la
Dra. Onega se quería apoderar sin más de todo el
segundo
y tercer ciclo reformados de nuestro departamento. Aquí
se cuenta la historia. Y ahora
dice
la Dra. Onega que se organicen otros másteres dentro del
postgrado, pero cuando se ha hecho la propuesta efectiva de hacerlo, se
ha opuesto en tanto que coordinadora—y
nuestro Director le ha concedido la mayor, aceptando ese veto y
proponiendo un postgrado diferente que no tenía
ningún
viso de llegar a realizarse. Pero claro, en las reuniones se habla muy
alegremente, se dice lo contrario de lo que se hace, o lo contrario de
lo que se decía hace dos días, o de lo que se
piensa hacer dentro de dos lunas, y aquí no pasa
nada. Memorias cortas, parece que tenemos—algunos. Y
así
sí que se puede reescribir la historia.
También tuvo la Dra. Onega el descaro de decir que yo
dejé de participar en las reuniones de
preparación del
Máster porque
me dio la gana.
Eso después de haber introducido esa norma que me
excluía, y naturalmente dejar de enviarme convocatorias para
esas reuniones. Pero ahí queda: primero
te excluyen,
luego dicen que te has excluido tú, y tan frescos. Y todos
callados como muertos, en las reuniones, pero eso sí,
apoyando
implícitamente todas estas falacias, como se ve a la hora de
ver
la postura de quién sale votada, y en el equipo de
quién
se está.
Qué práctico, decir una cosa o la contraria y
luego hacer
según convenga llegado el caso. Y aún se emplean
palabros
para decir que tengo poca "seriedad académica". La
experiencia
me enseña que es para echarse a temblar, cuando se empieza a
invocar en este departamento la seriedad
académica.
- Otra cosilla. Que no investigo. Que yo antes investigaba,
dice la Dra. Onega. Que me pida un proyecto. Etc. Lo escandalizada que
se quedó, dice, cuando vio que yo no había
conseguido el tercer
tramo de investigación. Ante lo cual le
puntualicé en la
reunión que sí, que lo había
conseguido.
"¡Con años de retraso!" exclamó. Bien,
pues no. Con
un año de
retraso.
Porque me olvidé de pedirlo, qué se le va a
hacer, no
estoy pensando en mis tramos ni en mis sexenios todo el día.
El
caso es que suponiendo que los tramos midan los resultados de
la investigación (y aunque sea mucho suponer), mi
investigación es tan buena como la
del vecino. Y eso sin subvenciones millonarias. O sea, rendimiento
input-output, o inversión-resultados, infinitamente mejor a
mi
favor. Porque me dice la Dra. Onega que no tengo proyecto, pero
ahí confunde proyecto
con subvenciones
conseguidas por presentar ciertos papeles en concierto con un grupo de
dependientes. Y
un proyecto es un proyecto; yo tengo proyectos, y
resultados—aunque no subvenciones. Porque se pueden tener
muchos
proyectos que acaben
en algo, o en nada, pero lo importante son los resultados, no los
proyectos. Y me cansa repetir este razonamiento, por lo obvio.
- Ahora bien, ya que tanto me lo dicen. ¿Por qué
no tengo
proyecto? Pues, por ejemplo, porque las convocatorias de proyectos
imponen unas condiciones excluyentes,
abusivas, absurdas y, sobre todo, FEUDALES.
Donde los proyectos están pensados ad
maiorem gloriam Directorem.
Todos bien aherrojaditos trabajando para el Dire, que es el
Investigador Principal—oh, cerebro—y se les
penaliza si
abandonan el equipo. Los equipos han de agruparse en torno a su
Investigador Principal, y auparlo como castellers, todos para uno, y
uno sobre todos. Y luego, en las oposiciones, te exigen no investigación,
sino dirección
de investigación—toma
ya. No me extraña que le encante el planteamiento a la Dra.
Onega, que lleve a rajatabla las sugerencias de la ANECA o las suyas
propias, y que esté feliz ahora que le dan otro proyecto por
el
mero hecho de haber dirigido muchos. A mí no me hace tanta
gracia el sistema. También quiero recordar que el
último
proyecto que pedí me lo denegaron por no tener bastantes aragoneses en el
equipo. Riau riau.
- En la reunión, dijo la Dra. Herrero, presidenta de la
comisión de postgrado del departamento, que había
conseguido una copia de la
resolución del Rector sobre el
Postgrado (es curioso, como si fuese una cosa tan
difícil de
conseguir, cuando la repartimos a todo el mundo en el
penúltimo
Consejo de Departamento, con la oposición del Subdirector de
Ordenación Académica, por cierto). Pero que
no entendía esa resolución,
y había acudido al Secretario General a que se la explicase.
Este le dio una interpretación—que se nos
podía
excluir del postgrado a los no pertenecientes a grupos de
investigación, pero no de entrada, sino priorizando
simplemente
a los que sí pertenecen. Vaya—una tercera
interpretación. A la que se iba a atener la Dra. Herrero,
dijo, aunque
supusiese un cambio en la postura mantenida hasta ahora por el
Departamento, que era excluirnos
de entrada.
Ante lo cual he puntualizado que era por tanto evidente que no
había criterios claros en el Departamento sobre este punto
(ni
legales)—y que por eso habíamos recurrido al
Rectorado.
- Así que la Dra. Herrero propuso que, al no haber
presentado la
Dra. Penas y yo los currícula que se nos
solicitaban, sino
en su lugar un recurso al Rectorado, procedía confirmar la
propuesta docente del Departamento (o sea, confirmar a los que ya
estaban "dentro del Máster").
Ante lo cual puntualicé que no era preciso confirmarles su
asignación docente, pues de hecho ya se les había
asignado esa docencia en firme, y no condicionalmente como a
mí
y
a la Dra. Penas. O sea que ya estaba decidido todo de antemano.
También lo prueba el hecho de, puntualizo, a nadie
más
que a mí y a la Dra. Penas se le pidió que
presentara el
currículum y toda la documentación a esta
reunión
(así en plan Oposiciones). Y no se le había
pedido a
nadie porque en
esta reunión no se tenía ninguna
intención de
comparar los currícula, sino una vez más de
continuar con
el acoso administrativo a los disidentes, marear la
perdiz, excluirnos de entrada y seguir defendiendo el corralillo contra
los
indeseables que vienen recordando sus derechos. Qué
manía, los derechos, ¿eh?
Pero hoy en día este tipo de mangoneos tienen un recorrido
muy
corto. Están fuera de sitio. Y de puro empecinarse en Follow
the
Führer, aun cuando el jefe desbarre, se va a ir a pique todo
el
invento. Me temo.
Lunes
9 de julio de 2007
El día en que
perdí el Juicio
Me lo dice mi abogada por teléfono mientras me
paseaba
por la Aljafería. Resulta que he perdido el famoso juicio de
la
cátedra—en el sentido de que se desestiman los
cargos
contra la Universidad. El juez ha admitido el recurso (casi
parecía lo más difícil), pero ha
desestimado
explícitamente las cuestiones de fondo, entrando a
rebatirlas.
Superficialmente, claro. En fin, pocas sorpresas—perdido
está el juicio y así queda cerrado el asunto por
fin. Ya
lo comentaré más detalladamente, que a estas
horas tengo
mejores cosas que hacer.
Domingo 8 de julio de 2007
Souvenir
Y
es que volviendo a ir
por las afueras del pueblo de paseo vuelves a pasar por los mismos
sitios, y te acuerdas de lo que te pasó ahí hace
años... Y así íbamos de paseo con
Myriam, Pibo y
Otas por Arás, cuando Pibo me dice, un tanto desmemoriado
para
lo que es él:
- Oye, papá, ¿Aquí es donde salvaste a
tu hermanito que se cayó al río?
- ¿Quéeee?? Pero si yo nunca he salvado a un
hermanito que...
- Il te dit quoi?
- ¡Ah, ya! No, no, si no lo salvé yo, lo salvaron
otros,
Pibocho, pero mira que te acuerdas. Te lo conté
aquí,
¿verdad? Heu... c'est une histoire que j'ai dû lui
raconter la dernière fois qu'on est venus par ici, il a une
de
ces mémoires ce gosse. Alors, ça fait
très
longtemps; on était venus ici mon frère et moi,
et deux
copains à lui, pour nager dans la rivière. Tu
l'as pas vu
celui-là. Ben tu vois, alors on sautait d'ici en bas
parfois,
c'est très dangereux, et mon frère
était en train
de sauter. Moi je faisais pas cela souvent; j'étais
allongé au soleil lorsque j'entends, ¡plac!, je me
lève, "qu'est-ce qui arrive?", et je vois les deux copains
à mon frère qui le portent, l'un des bras,
l'autre des
jambes, la tête pendante, brisée et pleine de sang
qui
ruisselait...
- Oh non! aïe!
- Et ouais—j'ai eu le coeur qui me fait baoumm!
—¡Alfonsooo! — et j'allais courir
chercher un
médecin ou quelque chose, lorsque qu'ils lâchent
mon
frère, qui se relève, en riant, hahaaha, on t'a
bien eu,
haaha...
- Mais il n'avait pas de mal alors?
- Si, il s'était fracassé la tête
contre un rocher,
il avait une brèche grosse comme ça dans le
crâne,
et les cheveux et la figure pleins de sang... mais c'est un blagueur,
et il s'est dit, voilà l'occasion d'effrayer mon
frère
pour de bon, on va profiter....
- Haha! Mais quelle idée, dis donc...
- Ben, c'est ce qu'il y a. C'était alors ou jamais, tu vois.
C'était
une vraie blague, mais une vraie brèche aussi bien entendu. Et
alors je m'en souviens encore, naturellement.
Sábado 7 de julio de 2007
Torpemán
Viajando a Biescas (siete en el coche, con Lizara y
Myriam) al
pequeño Oscar se le hacía demasiado largo el
viaje al
parecer, porque de repente ha exclamado:
"¡Dios, saca tu puñal y
mátame!"
Qué niño. Siempre hablando de Satán
(estilo "a
mí me gustan los tipos musculosos, y Satán es
musculoso")—y luego es un encanto. Oliendo florecillas iba
por el
camino de la Conchada, todo concentrado en sus cosas. Todo
imaginación, el chavalín. Su creación
de hoy, para
dar saltos a la piscina: Torpemán.
"¡Allá va el
salto de Torpemán!"
Viernes
6 de julio de 2007
Ocular Proof
Hoy,
como ver ver en plan ocular proof, hemos visionado en DVD el musical de
Roméo
& Juliette de Gérard Presgurvic. Le ha
molado mazo a nuestra hablante nativa Myriam.
Me acabo de leer un libro sobre adaptaciones
cinematográficas de Shakespeare, Shakespeare
in the Cinema:
Ocular Proof, de
Stephen M. Buhler (State University of New York Press, 2002). Es cierto
que las adaptaciones de Shakespeare son todo un subgénero
dentro del cine: tienen una intertextualidad especialmente
intensa porque se trata de una familia de películas
procedentes del mismo texto literario, y que se adaptan y readaptan y
varían una vez y otra, siempre por referencia inevitable al
texto inicial, y también a la tradición
dramática que lo ha mediado, y por supuesto a las
películas anteriores. Es un caso bastante peculiar, sobre
todo dado que parece previsible que continuará la ola de
adaptaciones recientes, y que las versiones y versiones de versiones
harán un mosaico cada vez más complejo, pues
aunque la mayoría se ignoran entre sí (un tema
este de la ignorancia que no da mucho juego hablando de
intertextualidad) sí que hay una tendencia irresistible a
que aparezcan fenómenos que cada vez complican
más el producto final cuando al juego complejo entre textos
se añade la interacción con la
atmósfera cultural de cada momento y con los
códigos culturales de personajes y situaciones (o ideas
recibidas). Buhler analiza muy bien esta complejidad de factores que
entran en cada película y que van más
allá del texto original. Bueno, original... se pueden volver
a repescar las fuentes, sean literarias o arquetípicas, del
texto shakespeariano, en un rewind; o se puede hacer fast-forward y
hacer esas reelaboraciones y resituaciones que llevan a Shakespeare
otros ecos históricos, o lo sitúan en la
actualidad—el caso más atrevido, el del Hamlet de
Almereyda, y el del Titus
de Taymor, dos de mis adaptaciones favoritas, si no las
favoritas.
La idea de presentar a Shakespeare como un guionista avant la lettre et la
caméra tiene una curiosa plasmación,
observa Buhler, en el corto promocional Master Will Shakespeare
de 1936, que acompañaba a los Romeo
y Julieta
avejentados de la Metro. Allí, "Shakespeare is cast in a
prophetic role, preparing the way for the technology, techniques, and
dominant presentational modes of Hollywood cinema" (38). Claro que
podíamos decir que Shakespeare tenía una
relación polémica con la configuración
de ese realismo convencional—como puede verse en el
prólogo a Enrique
V, que puede leerse o como un anhelo de
técnicas más cinematográficas, o como
un manifiesto teatral de la convencionalidad de todo intento de
ilusionismo. Otro que tenía una relación igual de
ambivalente con la cámara era Laurence Olivier, que
creía que Shakespeare había ido más
allá de las limitaciones del teatro de su tiempo, y dice sin
cortarse nada por el hindsight bias: "Shakespeare, in a way, 'wrote for
the films' His splitting up of the action into a multitude of small
scenes is almost an anticipation of film technique, and more than one
of his plays chafe against the cramping restrictions of the stage."
(Buhler 74). Bueno, si Shakespeare reaccionó contra las
limitaciones del teatro de su época, también lo
transformó inmensamente, gracias a esa reacción,
con lo cual es difícil decir (resulta una especie de
pescadilla que se muerde la cola) si ese teatro "de su
época" tenía limitaciones, en Shakespeare, o si
ya se abría con él al play
unlimited.
Jueves 5 de julio de 2007
A bout de souffle
Vaya día que llevo. Con decir que es el primer
día
que no escribo en el blog desde hace meses o años... Y es
que el
fin de curso aprieta, aun sin ir mucho por la Universidad. A ver:
asuntos organizativos del seminario
sobre Lingüística y Comunicación
Persuasiva,
paseos por la ciudad con nuestra francesita invitada; los primos que
vienen a visitarnos y hasta nos quitan el ordenador, compra de Kilos y
Kilos de Libros (luego hay que leérselos...),
reunión
durante horas sobre el tema del Diccionario
Conceptual Zirano,
con su autor y antiguo maestro mío; moto paquí,
moto
pallá... coche paquí, coche pallá...
Redacción, durante horas y horas y horas, de un nuevo
recurso
contra las
arbitrariedades de nuestro Reino de Taifas
en el Departamento de Filología Inglesa y Alemana. He estado
en
el MacDonalds, en la Librería París y en la
Cálamo, en el Torreón de la Zuda, en el Deutsche
Bank, en
el Tubo, en el Café Universal. Y aún
tenía
previsto ir a la piscina y ver Parque
Jurásico III; se
ha quedado la cosa en ver un concierto de Sarah Brightman.
Qué
día, vaya. Y aún queda la noche por delante.
Miércoles 4 de julio de 2007
El sexenio fantasma
Otra cosa del Consejo de
Departamento de ayer. Nos
recordaron la Dra. Onega y el Dr. Collado que existe una normativa
propia de la Universidad que requiere
que
todo profesor que imparta
docencia en másteres oficiales debe tener un sexenio de
investigación reconocido.
Es útil saberlo, porque hay tantas normas por
ahí, y se
hace un uso tan abusivo de los sexenios éstos, que se nos
puede
haber escapado este detalle a algunos. Claro que la
intención al
recordárnoslo no era muy buena quizá, pues lo
que intentaban era desautorizar la participación en
un
máster de una compañera que al parecer no debe
tener
sexenio. Pero en fin, el saber no ocupa lugar, y tendremos en cuenta
esta normativa que desconocíamos. Lástima que ni
la Dra.
Onega ni el Dr. Collado pudiesen citar el lugar exacto donde se
establece esta norma. Tampoco aparece, creo, en
la
normativa de estudios de postgrado de la Universidad.
¿Alguien podría arrojar alguna luz sobre este
requisito?
¿Dar la referencia exacta? En la Academia, se agradece esta
precisión. Porque si citamos así de memoria y a
lo loco
nos podrían acusar de
sembrar
confusión—como
le dijeron a nuestra colega cuando aseguró desconocer la
normativa esa. Y eso que tampoco tenía noticia de esa norma
la
Dirección del departamento.
Martes 3 de julio de 2007
Mí no
comprender
Último consejo de departamento del año. Donde
otra vez
los nervios están a flor de piel. Está claro que
a
nuestros catedráticos les saco de quicio: hay que ver
cómo se ponían, qué voces y alaridos,
sólo
por exponer yo mi punto de vista: subiéndose por las
paredes,
vamos. Está visto que hay poca costumbre de
disensión, y
que el "sí bwana" gusta mucho más, a
dónde va a
parar. Parte de la estrategia de defensa de los catedráticos
es
sugerir que este que escribe es un tipo destructivo, o que le ha dado
una calentura en la cabeza, o que sus motivos para protestar son
resentimientos personales arrastrados de un remoto pasado—y
no
vulneraciones de derechos presentes, que esas conviene cubrirlas con un
tupido velo.
En fin, que el punto único era la asignación de
docencia,
y en mi caso y el de la Dra. Penas no se nos ha asignado, pues hemos
solicitado una vez más docencia en el postgrado del
departamento, recordando que la abusiva normativa interna por la que se
nos venía excluyendo ha sido anulada ya dos veces por el
Rector.
Un momento difícil, ese, para la Dirección, el de
decidir
qué normativa aplicar ahora (aunque a la
Dirección le da
todo más o menos igual)—y para la
Subdirección de
Ordenación Académica (aunque en el caso de la
Subdirección, con aferrarse a lo que le mandan hacer, lo que
le
mandan a nivel de departamento digo, solucionado).
Bueno, pues las respuestas ante esta encrucijada han sido varias y
variadas. Primero unos aspavientos a voces del Dr. Collado, exponiendo
que la gente civilizada no pide docencia que haya impartido otra
persona antes, que a quién se le ocurre solicitar una
docencia
ya asignada. (Asignada el curso pasado contrariamente a derecho, le
recordamos.... ) Y, además...
añadimos—si no
está asignada; si estamos precisamente
asignándola.
Bueno, pues que no, que no se puede, dice el Doctor; que si a
él
se le ocurre pedir mi asignatura, ¿qué?
—Pues ahora
es el momento de hacerlo, le digo. (Ya cogería yo la que
él soltase, y punto).
En fin, que lástima que la noble voluntad del Dr Collado de
"evitar el caos", según ha dicho, sea contradictoria con la
idea
misma de un Plan de Ordenación Docente (he tenido que
explicar
que un "plan" se refiere al futuro, no al pasado), y con la existencia
de una normativa para dirimir conflictos de solicitud en la
asignación de docencia.
Otra estrategia ha sido la seguida por la Dra. Onega: como viene
haciendo últimamente, sencillamente ha declarado desconocer
ninguna resolución del Rector anulando los criterios de
asignación docente de "su" postgrado. Ni tenía
noticia,
ni la había leído. Nadie, por cierto, ha tenido
la
gentileza ni de apoyarla ni de corregirla: todos callados como muertos,
incluida la Dirección. Así que los disidentes de
siempre
hemos pedido que se haga llegar una
copia de la resolución del Rector a la Dra. Onega,
aunque seguramente algún mecanismo de bloqueo mental le
impedirá percibirla.
Y aún otra estrategia ha seguido el Subdirector de
Ordenación Docente, Dr. Guillén. Tras admitir que
sí había habido una resolución del
Rector
(¡bravo!) ha dicho no comprenderla, no entender a
qué
aspectos de la normativa departamental se refería, ni
cuáles anulaba—y que hubiese agradecido mucho al
Rector
que le dijese (en lugar esa vaguedad asignar la docencia "conforme a
derecho") qué párrafos en concreto eran los que
había que tachar.
Le he sugerido que probase con eso de reservar la docencia en segundo
ciclo a los miembros de los equipos de investigación.
Debería el Subdirector releer, si no comprende en una
primera
lectura. Pero está visto que la Subdirección
está
decidida a subdirigir sin salir de sus dudas, pues tampoco se nos ha
dicho que se haya pedido aclaración al Rectorado ante estas
dudas: simplemente se ha ignorado la resolución del Rector,
una
vez más.
Ante lo cual hemos decidido los disidentes que vamos a impartir
más o menos la docencia que nos dé la gana, y si
no,
ninguna—pidiéndole al Rector que dirima al
respecto. Y
luego, siguiendo el ejemplo que nos dan nuestros
catedráticos,
oiremos o desoiremos las respuestas del Rector según nos
convenga. Como no pasa nada y todo da igual....
Si hacerse el tonto o el sordo va a dar resultado en la Universidad, y
producir efectos académicos, es algo que conviene aprender a
hacer pero ya.
Lunes 2 de julio de 2007
El Día del
Juicio
Visto para sentencia ha quedado, el juicio de la
cátedra
que desierta se dejó. Es la primera vez que estoy
en un juicio,
y vaya, por lo menos no he sido el reo, aunque sí parte
interesada. Más interesada que la otra parte, ciertamente,
pues
en el caso José Ángel García Landa
versus
Universidad de Zaragoza el interés de la Universidad ha
sido,
hasta la fecha, ciertamente limitado. En respuesta a todos los
recursos, denuncias, quejas y papeles que envié al Rector
desde
el día que se celebró el concurso,
sólo obtuve una
mísera notita dando a entender que si hubiera sabido
defenderme
los debería haber llevado a contencioso administrativo mucho
antes.
Así que los llevé, los llevé. Con un
éxito
que se promete más que dudoso, pero era una
cuestión de
principios, el que por mí no vaya a quedar la cosa. Mi
abogada
se ha batido el cobre en los términos que ha juzgado
más
beneficiosos para la causa, y le ha contestado el abogado de la
Universidad. Que esta vez sí se ha tomado la molestia de
enviar
un abogado al juicio, algo es algo...
Cada uno ha expuestos argumentos irrebatibles para un profano
según los cuales es evidente que todo es irregular y debe
anularse (según sostenemos con mi abogada) o que todo
está fetén y conforme a los más
rancios principios
del derecho (según el abogado universitario). Este
último ha detallado con una cierta (sólo una
cierta)
exhaustividad la lista de mis escritos al rector, no con
ánimo
de apoyarme sino para dejar claro que este caballero protesta demasiado
y con poco conocimiento del derecho: y es cierto que más
vale
protestar una sola vez con abogado que ciento sin asesoramiento legal,
y que una protesta que dice "recurso" sin decir "de alzada"
está
jurídicamente out, etc.. Pero es que entonces hay que acudir
a
las oposiciones ya con el abogado puesto—y es lo que
recomiendo a
todo candidato. Sobre todo si ya ha recibido del tribunal, como los
recibí yo, avisos de que hacía muy mal en
presentarme
porque infringía algunas leyes no escritas.
Claro que aquí nos hemos tenido que atener a lo escrito. Con
lo
cual, lo comentábamos en la caña post-Juicio, lo
que es
el proceso legal y lo que ha sucedido realmente son dos relatos que se
cruzan casi sin tocarse, todo lo más en algún
punto clave
se intersectan para después seguir sus lógicas
propias.
Por ejemplo, la historia de por qué se retrasa tanto la
interposición del recurso, hasta el punto en que es casi de
Tribunal Constitucional saber si debe admitirse o inadmitirse.
Evidentemente, si esperé y esperé, no fue por
vicio (ni
por viciar el proceso), sino porque el rector Pétriz se
había comprometido a investigar detalladamente todo el
asunto y
a dar cumplida respuesta a mis denuncias y alegaciones. Lo que no
aclaró el taimado Rector es que podía darme por
cumplidamente respondido, a su juicio al menos, con el silencio
administrativo.
Y eso que hasta se abrió un expediente informativo en la
Universidad: me lo abrieron a
mí el expediente,
pues dijo el Rector que era la mejor manera de investigar el asunto,
esperando quizá desanimarme—pero le dije:
adelante, si la
única manera en que se vaya a investigar todo esto es
abriéndome un expediente, que se me abra. Y se
abrió, y se
cerró, sin condenarme a nada, pero también sin
poner ni
una línea por escrito de respuesta a mis denuncias. Es
más: tras meses y meses de marear la perdiz, la
contestación que se dio por fin cuando se exigió
una
respuesta a través del Defensor Universitario fue esa
escueta
notita, al efecto de que me podía dar por respondido o por
no
respondido (tanto da) desde el principio, retroactivamente. Menuda
faena, pero de esas de
las que no dejan huella visible. Claro, de todas las palabras del
Rector, ninguna consta en ningún papel, y así
parece que
este lerdo del Sr. García se deja pasar los plazos porque es
corto, o pardillo, sin más—mira que fiarse de la
palabra
del Rector, adónde va. Cuando lo aconsejable
(según la
propia Universidad) es llevarlos a juicio directamente y sin avisar.
Otra ficción legal, el tema del proyecto de
investigación. Que si había que presentarlo, que
si no...
Y en lo que no entra nadie es que, frente a la declaración
unánime por escrito de los miembros del tribunal de que no
presenté un proyecto de investigación,
allí
están en el sótano del Rectorado, desde hace
años,
todos los documentos de la oposición, donde en los
clasificadores 81 y 82 está el proyecto de
investigación.
Entre otros documentos que les entregué y que ni llegaron a
mirar los miembros de la comisión juzgadora de la plaza. Son
pequeños detalles materiales, de esos que sobrevuela
velozmente la justicia,
que tampoco tiene ninguna intención de agacharse a mirar a
ver
si en efecto está allí el proyecto dichoso, por
ejemplo.
Vamos, que relatos posibles sobre lo que allí
sucedió hay
muchos. Pero relato bueno bueno, sólo uno: lo que va a misa
es
lo que consta en los papeles—y si no coincide con la
realidad,
pues ya se ajustará la realidad, oye, que lo contrario
distorsionaría mucho el funcionamiento habitual de la
Administración. Ya
se sabe: los performativos, how
to do things with words... ¡Tantos
ejemplos de Austin vienen del ámbito jurídico!
Domingo 1 de julio de 2007
Madre asfixiante
De
El
Tío Tungsteno: Recuerdos de un químico precoz,
autobiografía del neurólogo Oliver Sacks
(Anagrama, 2003, cap. 19).
Durante
los años treinta, mi madre abandonó la medicina
general y
pasó a dedicarse a la ginecología y a la
obstetricia.
Nada había que le gustara más que un parto
complicado—que un bebé se presentara de brazo, o
de
nalgas—con una conclusión satisfactoria. Pero de
vez en
cuando traía a casa fetos malformados
anencefálicos, con
unos ojos saltones en lo alto de sus cabezas aplanadas y sin cerebro, o
con espina bífida, en los que toda la médula
espinal y el
encéfalo estaban a la vista. Algunos habían
nacido
muertos, y a otros mi madre y la comadrona los habían
ahogado en
silencio al nacer ("como un gatito", dijo una vez), pues les
parecía que si vivían no tendrían
ninguna vida
consciente o mental. Deseosa de que yo aprendiera anatomía y
medicina, diseccionó para mí varios de esos
fetos, y
aunque sólo tenía once años,
insistió en
que yo también diseccionara. Creo que jamás se
dió
cuenta de lo mucho que eso me afectaba, y probablemente
imaginó
que sentía el mismo entusiasmo que ella. Aunque yo, de
manera
natural, había diseccionado por mi cuenta lombrices, ranas y
mi
pulpo, la disección de fetos humanos me llenaba de
repugnancia.
Mi madre a menudo contaba que, siendo yo bebé, le
había
preocupado el crecimiento de mi cráneo, que las fontanelas
se
hubieran cerrado demasiado pronto, y que, a consecuencia de ello, me
transformara en un idiota microcefálico. De este modo, vi en
esos fetos lo que (en mi imaginación) yo también
podía haber sido, lo cual hacía que me fuera
más
difícil distanciarme de ellos, e incrementaba mi horror.
Aunque quedó entendido, casi desde mi nacimiento, que
sería médico (y concretamente, deseaba mi madre,
cirujano), esas experiencias precoces me predispusieron en contra de la
medicina, me hicieron querer huir de ella y dedicarme a las plantas,
que no tenían sentimientos, a los cristales, los minerales y
elementos químicos, sobre todo, pues ellos
existían en un
reino propio inmortal, donde la enfermedad, el sufrimiento y la
patología eran desconocidos.