Esta noche me ha dado insomnio, y mientras daban las
cuatro y las cinco y las seis, me he puesto a leer una revista
académica que había acarreado conmigo hasta el
pueblo, y vaya, veo que—ostrás—aparezco
nombrado en ella; habla de un artículo que debí
escribir por el 2000, resultado de lecturas y preocupaciones que
habían empezado cinco años atrás.
Increíblemente retrasado el volumen (la academia va a paso
pausado), el artículo acabó apareciendo en 2005,
y la reseña en 2006, y yo me la leo ahora. Dice
ahí que mi artículo es
"iluminador"—viene bien esa iluminación para los
night thoughts. Y me lo leo ávidamente a ver qué
más dice de mí. Qué bien, descubrir
una reseña favorable así por sorpresa, sobre todo
teniendo en cuenta que llevaba esa revista en la cartera a dondequiera
que iba desde hace meses y aún no me la había
leído.
Pero mientras sonaban las horas del reloj de la iglesia, casi notaba yo
que no me animaba la reseña. Cierto, decía poco
más de mí, hablando de un volumen colectivo
Supongo que me incluye entre la lista de "distinguished contributors"
que colaboraron con la editora del volumen. Si me hubiese dado
más jabón la reseña, igual me hubiera
animado la noche. Pero más que nada me entra un sentimiento
de vacío que creo que al menos, ese sí, me
dará tema para un post. Un poco de vacío por el
hecho de que mis relaciones con la editora, catedrática de
mi departamento, hayan ido de mal en peor en estos años
desde que escribí este artículo.
Y me veía yo leyendo esta escueta reseña sobre
mis actividades, que no creo que anime a nadie a leerme por favorable
que sea. Era triste, verme leyendo la reseña con insomnio en
mi pueblo, sin que nadie supiera nada del asunto. Quizá el
reseñista también estaba insomne, leyendo una
reseña sobre él. Quizá ni siquiera
fuese favorable esa reseña. Una vez me leí un
libro del reseñista, hace años: un libro sobre
ficción futurista. Ahora se me hacía raro que
él hubiese leído algo mío, y sobre
todo que yo estuviese leyendo sobre esa lectura con tal sentimiento de
la vanidad de todas las cosas (incluida la vanidad). Se me
hacía poca cosa, incluso siniestra, que hubiese cosas que yo
hubiese escrito y que estuviesen almacenadas en estantes oscuros, en
una biblioteca cerrada. O, en América (estaba publicado en
Nueva York el libro) quizá abiertas aún las
bibliotecas… no, ya es de noche también en
América, y en cualquier caso, los libros estarán
cerrados, siempre está el texto a oscuras en un libro
cerrado. Y qué pocas veces se abrirá, y
qué escaso efecto tendrá cuando se abra.
No creo (aunque igual me equivoco) que se escriban muchas
más reseñas sobre mis libros; los libros tienen
su momento y su efecto, y luego pasan a la noche de los tiempos. La
literatura es una ilusión que nos mantiene escribiendo, pero
el escrito, la mayor parte de las veces, ya acaba de morir en el
momento en que sale de tus dedos; el texto queda ahí al
acecho por si alguien quiere pensarlo, pero normalmente nadie
querrá. Dejamos tras de nosotros una estela de texto
(creemos) pero pronto vuelve el agua a quedarse tranquila, y la
biblioteca, sumergida.
Y el artículo… ¿de qué iba?
Me acuerdo de que comentaba el cuento "Navidad" de Nabokov,
cómo un padre estaba atormentado por su hijo que acababa de
morir, y pensaba angustiado en las pisadas que aún quedaban
marcadas de sus juegos, enterradas bajo la nieve. Había otra
imagen: las colecciones de mariposas que dejó Nabokov en
Rusia al irse, y cómo esperarían sin que nadie se
ocupase de ellas durante años, o serían
destrozados los clasificadores de cristal. Como para animar a
cualquiera: me daba la impresión de que todo lo que
escribimos es como dejar colecciones de mariposas almacenadas (o de
sellos, casi igual de siniestro—me encuentro en el estante
con la colección de sellos que empecé a hacer de
crío, no la había visto en treinta
años). Cuántos años coleccionando
sellos para nada. Por lo menos me entretuve mientras los despegaba de
las cartas, pero ahora apenas me reconozco en ese filatelista.
Y he pensado en mirar esta noche de insomino, con esta
sensación de vacío que me había dejado
mi reseña, los álbumes de fotos que
había al lado del de los sellos, pero no lo he hecho. Tanto
tiempo congelado; nos da la ilusión de que está
almacenado en alguna parte. Pero es la realidad que sólo
existe en cuanto la miramos (como decía Berkeley, y dicen
ahora unos cuantos cuánticos, que sucede con toda la
realidad). Alguna noche de insomnio existe esta realidad de los libros
que normalmente no abrimos y de las fotos que normalmente no miramos, y
de los recuerdos que normalmente olvidamos. Si todo va a pasar al
olvido, normalmente aplicamos la estrategia de que pase cuanto antes.
Es la vida que es un suicido simultáneo—pasando
directamente al olvido, por no dar una vida póstuma a los
resucitados que a veces se levantan en medio de la noche. Para
qué haremos tantas fotos, tantos vídeos caseros,
si la experiencia de verlos es terrorífica. El pasado que va
con nosotros nos transforma en muertos vivientes—sobre todo
cuando nos encontramos inesperadamente con viejos conocidos, primos con
quienes no nos tratamos desde hace tiempo. En los funerales
pasa—todos somos los difuntos.
- ¿Y cómo les has contado la
historia ésta?
- Les he dicho que de repente has oído el tintineo de la
perla
que se caía, a cien kilómetros de distancia.
Qué
oído tan fino, pero cómo la ha oído
tan lejos.
Bueno, pues la ha oído tan lejos porque se había
caído hace rato. Y ha terminado de oírlo cuando
se ha
llevado la mano a la oreja y se ha dado cuenta de que no
tenía
la perla. Y entonces es cuando ha oído el tintineo de la
perla
en el suelo.
- Pensarán que estoy loca. O que no me llegan las cosas al
cerebro.
- Bueno, pues ha tardado en llegarte al cerebro, ¿no?
Más de una hora.
- ¿Estará la perla? Si ha seguido lloviendo,
igual no la ha visto nadie.
- Por tener esperanzas no tengas muchas. Quiero decir que no te lleves
desilusión si no está. Pero bueno, claro que
pensamos que
también es probable que esté. Por eso vamos,
supongo.
- Pero hay una cosa más. Estamos repitiendo una historia.
Esto
ya ha pasado antes. A mi madre le ha pasado. Era con el anillo; se lo
había dejado en la playa, y volvió a por
él. Le
dijeron que igual aún lo encontraba. Menudo disgusto que se
llevó. Y cuando volvió al sitio donde se lo
había
dejado, resulta que había subido la marea. Lo que pudo
llorar mi
madre. Pero le dijeron, Herminia, que igual aún lo
encuentras. Y
en efecto, al bajar la marea, se lo encontró, que se
había enganchado a una caracola. A una piedra, o a una
caracola.
Caracola, dijo mi madre.
- Pues caracola sería. "Laaa caracooooo-laaaa."
- Así que por esto tengo la sensación de que lo
vamos a
encontrar. La gente dice que son leyendas urbanas, pero son historias
que se repiten también. Es la suerte o porque Dios quiere.
- O la narratividad más bien. Si se encuentra, se cuenta.
Pero eso no prueba nada.
- Lo vamos a encontrar. A eso vamos. No me lo creeré cuando
te
apees del coche y vayas directo a donde está la perla, y que
no
la haya visto nadie, y que me la enseñes, me
parecerá que es una broma.
- La lluvia trabaja a nuestro favor. Si aún llueve en
Zaragoza.
Como llueva como aquí, nadie saldrá a la calle.
Qué manera de llover, por Dios.
Llegamos a Zaragoza, hay mucha gente por la calle, ya no llueve. Vamos
directamente al lugar donde se oyó el tintineo de la perla,
y
paramos el coche delante. Me apeo, voy directamente a la perla pasando
entre la gente, y sin buscarla la recojo del suelo, mojada por la
lluvia. Se la enseño a su dueña—le
parece que es
una broma.
Me ha tocado (o me han regalado) una semana en Capadocia,
con
todos los gastos pagados en una serie de hoteles; para dos personas.
Lástima que no me hayan regalado también el viaje hasta Capadocia.
Cuánto mejor hubiera sido—pero eso no toca
nunca—una
semana con gastos pagados en el Gran Hotel, enfrente de mi casa. O un
viaje, todos gastos pagados, a mi pueblo, donde me voy esta tarde.
Porque a Capadocia no tengo la menor intención de ir.
Gracias de
todos modos.
...
Pero cualquiera prevé los viajes que va a hacer, y
cómo
acaban. Voy a Biescas, me quedo allí cinco minutos, vuelvo a
Zaragoza, me apeo del coche en la lluvia, me abro paso entre los
viandantes, y recojo del suelo una perla del tamaño de un
garbanzo. Allí estaba esperándome.
—A cuál más desconocida
por Espagne.
Por fin localizo en YouTube una canción de Arielle, cantante
francesa
del género "indi-alternativo" pongamos, una de mis favoritas
en esa línea. Aquí canta "Je suis si mince", de
su
disco Mortelle. No
es la canción que más
me gusta suya, pero a cambio el vídeo de Gaspar Noe es una
obra de arte también bastante indialternativa:
Y la segunda Arielle, a no confundir con la anterior (algo imposible
por otra parte):
Arielle Dombasle, Caballero de la Legión de
Honor, y además esposa del filósofo Bernard-Henri
Lévy. Este caballero (Arielle, digo) ya salía en
las
películas
de Eric Rohmer en los setenta... y aquí la tienen a la
cantactriz, treinta años después, tan campante y
en absoluto calva. El vídeo (T.
Gizolme) también es
una obra de
arte de otro género muy alternativo al primero.
¿Alguien se acuerda de
"Rockollection"?—Del original de Laurent Voulzy, digo
(—si es que existe un original de estas cosas)... pues mira
que salieron imitaciones.
Quién nos iba a decir a los dieciséis
años, cuando ya hacíamos el nostálgico
con esta canción, que aquí estaríamos
en el asilo con la mantica y la silla de ruedas, recordando nuestros
primeros ejercicios de nostalgia... En Francia aún se ha
vuelto a oír esta canción, pero en
España la experiencia de resucitarla es un poquito
más fuerte. Sobre todo teniendo en cuenta que la nostalgia
de Voulzy se remontaba diez o quince años, pero ahora han
pasado treinta desde que poníamos "Rockollection" en la
sinfonola... Acordarse con nostalgia de "Rockollection", eso es
nostalgia elevada al cuadrado, pour de vrais aficionados à
la nostalgie.
Aquí hay otra versión—modificada,
claro, es el estado natural de esta
canción—cantada por Les Enfoirés en
2001:
Esas canciones que hablan de canciones... en realidad hablan del tiempo
en que se oían esas canciones; por accidente
creíamos que
se oían. Ahora su relación con ese tiempo ya no
es
accidental sino necesaria, como nuestra relación con nuestro
pasado, tan contingente que era mientras era sólo un
presente.
Le jour où je
vais partir je sens bien que ça va faire mal Ma mère
n'aime pas mon blouson et les franges de mon futal Le long des autoroutes
il y a de beaux paysages J'ai ma guitare dans le
dos et pas de rond pour le voyage Et Bob Dylan chantait Et Bob Dylan chantait Un truc qui m'colle
encore au cœur et au corps
Au printemps 76 je suis
tombé fou amoureux Ça m'a fait
plutôt mal j'avais de l'eau dans les yeux Ma p' tite
poupée je t'emmène dans le pays de mes langueurs Elle fait douceur
douceur la musique que j'ai dans le cœur Toute la nuit on s'aimait Quand Donovan chantait Un truc qui m'colle
encore au cœur et au corps
Maintenant j'ai une
guitare et je voyage organisé Je me lève
tous les jours trop tard Et je vis aux
Champs-Elysées Je suis parti je ne sais
où mais pas où je voulais aller Dans ma tête y
a des trous je me souviens plus des couplets Y a des rêves
qui sont cassés Des airs qui partent en
fumée Des trucs qui m'collent
encore au cœur et au corps
Me acabo de apuntar a Facebook no porque tenga la menor
intención de usarlo (creo) sino por ver qué era.
Parece
ser la sensación entre los estudiantes de otros sitios:
aquí en España me parece que aún
está por
aterrizar si llega a aterrizar jamás. La idea al
parecer
es que agregas allí toda tu existencia
electrónica y te
haces un seguimiento minuto a minuto. A mí, desde
luego, me va a
sobrar, porque no pertenezco a un club de amigos enamorados que se van
siguiendo todo el día uno a otro—que por lo que
veo parece
el uso más propio del aparato este. O más bien
parece
servir para dedicarle más tiempo al control informatizado de
la
vida social que a la vida social—y para eso ya tengo suficiente
tecnología.
Parece que (al contrario que en tantos blogs) la convención
básica aquí es que apareces con tu propio nombre.
Supongo
que la gente hace lo le dicen que haga, básicamente, y
aquí se lleva lo de aparecer cada uno con su supuestamente
auténtica faz.
Incidentally, tiene este Facebook un absorbedor de blogs,
así
que ahí irá apareciendo, supongo, la
tercera o cuarta o
quinta o sexta versión de este blog. (Si contamos
el de la
universidad, el de Blogger, el de Blogia, el de Generación
XXI,
el de Planeta Aragón....). Se nos multiplican las entidades,
como a Ocam las ces y las haches. Y las kas.
Me he
leído/releído/requeteleído el cuento
de Poe "La carta robada" y la retahíla de comentarios
críticos a que dio lugar coleccionados en The Purloined Poe: Lacan,
Derrida, and Psychoanalytic Reading
(ed. John P. Muller y Brian J. Richardson; Johns Hopkins UP, 1988). En
efecto, el cuento va sobre ocultación, desvelamiento e
interpretación, y se ha convertido en un caso
célebre o
piedra de toque para teorías interpretativas, especialmente
desconstructivas y psicoanalíticas. El
cuento va de un astuto ministro que le roba a la reina una carta
comprometedora, dándole el cambiazo por otra ante las
narices
del rey cuando ambos entran sin avisar en sus aposentos. La reina
contaba con
ocultar la carta a los ojos del rey por el procedimiento de no intentar
esconderla, pero el ministro se da cuenta, se lleva la carta
tranquilamente y chantajea a la reina. La reina intenta que el
inspector jefe de policía recupere la carta, pero no hay
manera
de dar con ella en casa del ministro. Entra en escena el detective
aficionado Dupin, trasunto de Poe. Intuyendo los procedimientos y modo
de razonar del ministro, pronto descubre que la carta estaba a la
vista, apenas vuelta del revés y disfrazada de otra carta.
Con
una distracción que prepara, la recupera, dándole
el cambiazo por otra
carta parecida. En la que indica al ministro de manera velada el final
que le
espera, y le recuerda una venganza personal que tenía
pendiente—eso con las palabras de una tragedia sobre Atreo:
"—Un dessein si
funeste
S'il n'est digne d'Atrée, est digne de Thyeste"
Jacques Lacan analiza el cuento como una especie de alegoría
(o
manifestación) de lo que llama el "itinerario del
significante":
los diversos sujetos se subordinan en efecto al papel que juegan en una
estructura de repetición (compulsiva). Así pues,
el cuento
consta de dos escenas o momentos en los que los personajes se desplazan
a una nueva posición en la cadena interpretativa, y pasan a
ocupar el lugar que antes ocupaba la víctima de sus planes.
En la primera escena, el rey ocupa la posición de la
ceguera (A); no ve la carta ni que la reina lo engaña o
conspira
contra él. La reina está en la postura en que
está (B)
porque ve que el rey no ve, y saca partido a ese privilegio
perspectivístico—que aquí
llamaré topsight
o
vista global de la situación. Pero el hecho mismo de que
saque
partido a esa ceguera del rey (dejando la carta a la vista) hace que
caiga víctima de un personaje con una visión
todavía más global (C): el tercero en discordia,
el Ministro,
que viene a completar el triángulo de posiciones. Lo que ve
el
ministro es que la Reina, desde su posición de topsight,
se vuelve vulnerable: se cree invisible para un tercero por el hecho de
que lo era para el primero, o más bien no cuenta con un
tercero.
Por eso este tercero coge la carta (objeto de deseo, símbolo
del
texto a poseer mediante la interpretación) y se la lleva.
Y a su vez, repite compulsivamente la maniobra que tan
hábilmente había sabido intepretar. Pierde
nuevamente el topsight,
como lo había perdido la reina. Se
confía—tan listo
es—que deja la carta escondida en plena vista, para que la
oculte
su propia obviedad. Y funciona la maniobra con la policía
(enviada por la reina, y ciega ahora por definición). El
ministro cree que está aún en el
vértice C del
triángulo estructural número 1 (A: rey, B: reina:
C:
ministro)—pero en realidad ya ha pasado a ocupar la
posición B, la posición de los que
confían en su topsight:
mientras
observa satisfecho la ceguera de la policía de la reina (A)
no
se da cuenta de que ya está en (B), y que Dupin, desde (C),
ha
constituido un nuevo triángulo desde el cual observa sus
maniobras y estrategias.
Jacques Derrida mostraba cómo el analista mismo
(Lacan)
queda atrapado en este circuito interpretativo, y cómo al
analizar las maniobras de Dupin ofrece un flanco vulnerable a quien
observe, desconstructivamente, este proceso de lectura. Ya Dupin era un
analista, y nos anunciaba que no podía escapar al circuito
que
analiza—no es posible el metalenguaje crítico no
contaminado por el lenguaje objeto que está siendo analizado.
Pero Barbara Johnson señala que el análisis de
Derrida ya
estaba anunciado, o ya realizado, en Lacan, si no en Poe. Que la
desconstrucción no añade gran cosa al cuento,
pues este
ya estaba autodesconstruido. Llega tarde Derrida—y Johnson,
presumiblemente también—para observar una ceguera
que no
es tal, pues el relato, amplificado por el análisis, ha
sacado a
la luz el mecanismo compulsivo que rige la dialéctica
ocultación/desvelamiento.
El cuento se convierte así en un reto para los
intérpretes (que observan desde su posición de topsight
la ceguera de quienes creen estar dominando la ceguera de un tercero).
Y a la vez en una alegoría de que es inútil que
lleven
sus esfuerzos más allá: no harán sino
repetir
compulsivamente una estructura prefijada y seguir paso a paso el
itinerario indicado ya por los personajes del relato.
Podría pues seguir indefinidamente la serie de mutuas
desconstrucciones sin por ello iluminar mucho más el relato.
En
este libro hay lecturas de Marie Bonaparte, de Shoshana Felman, de
Irene Harvey, de Jane Gallop, de Ross Chambers, de Norman Holland, de
Liahna Klenman Babener, de François Peraldi, y de John
Muller.
Yo también hice mis pinitos interpretando la lectura
desconstructiva-lacaniana de este cuento desde el punto de vista de la
interacción comunicativa, en
este artículo sobre "La espiral hermenéutica".
Venía a decir yo allí que un acto interpretativo
atiende
a ciertos elementos significativos del objeto: sus aspectos
intencionales, y sus aspectos textuales, y algunos no intencionales, y
algunos contextuales, para integrarlos mediante un
sistema explicativo que dé cuenta tanto del plan consciente
ofrecido por el autor (del texto objeto) como de los elementos
inconscientes que ha percibido el intérprete cuando se
recontextualiza el texto—elementos que interpreta a
modo de síntomas, o de lenguaje gestual no conceptualizado y
que
sólo ahora, en esta interpretación, alcanza una
fase
verbal. El
estilo, los elementos expresivos, "gratuitos" o no integrados en el
modelo consciente de la obra ofrecido por la interpretación,
son
como la gestualidad textual. Cualquier interpretación puede
elegir replicar sólo a la intención comunicativa
percibida en la obra (o en el complejo formado por la obra y una
lectura anterior)—es lo que llamamos crítica
comprensiva,
o colaboradora. O puede elegir interpretar como síntomas
parte
de la significación no integrada en ese complejo
comunicativo, y
ver la obra (o el complejo formado por la obra e interpretaciones
anteriores, o la obra en un nuevo contexto) desde el cogote, o desde el
vértice C del
triángulo. Es lo que llamo crítica
crítica, o unfriendly
criticism.
Por ejemplo, para ser unfriendly
con las diversas interpretaciones del cuento de Poe ofrecidas en The Purloined Poe,
podríamos señalar algún elemento que
obstaculice
la figura textual tan limpita constituida por los críticos
(en este caso la
doble triangulación señalada por Lacan).
Observemos que
los dos triángulos o episodios del cuento no son exactamente
una repetición uno
del otro. En la primera escena, el ministro ve que la reina ve que el
ministro ve que la reina ve que el rey no ve, y ve el ministro (a la
vez) que la reina no ha previsto maniobras de defensa para quien vea
eso, y que se encuentra atrapada en su propia estrategia. En la segunda
escena, hay similaridades, pero enfrentado a Dupin, el ministro no ve
que Dupin se está llevando la carta. Posiblemente ni
siquiera
sabe que está enfrentado a Dupin; tampoco sabe (como sabe la
reina para mortificación suya) que está atrapado
en su
propia estrategia.
Podríamos elaborar una interpretación
alegórica
que utilizase este elemento que queda al margen de las
interpretaciones. Quizá Derrida ya haya señalado
en esta
dirección general, claro, a pesar de que otros han venido y
vienen a criticarle y a robarle la carta...
Es fácil ser (o intentar ser) excesivamente ingenioso a la
hora
de reutilizar, o alegorizar, este cuento. Es lo que le pasó
a
Derrida (según Johnson) por no aplicarse el cuento. Y eso
que ya
nos avisa Poe desde la primera palabra, el epígrafe
pseudo-senequista: "nil
sapientiae odiosius acumine nimio" (nada hay más aborrecible
para la sabiduría que un exceso de ingenio). El
cuento nos da a entender, entre líneas, que el protagonista
Dupin no escapa a esta ironía del destino o
repetición
compulsiva: al
figurarse a sí mismo como Atreo vengándose de
Tiestes, en
las palabras que cierran el cuento, sugiere el relato que
caerá
sobre él (y que poco se lo sospecha) la maldición
que
asoló la casa de Atreo.
Quien tiene un esquema interpretativo tiene un plan. En mi clase de
análisis narrativo, les digo a mis alumnos que siempre hay
que
tener un plan, porque quien tiene un plan tiene topsight,
contempla desde la atalaya de su superior información a los
pobres sujetos que van haciendo sus cosas sin plan. Ahora bien, todo
plan falla, y un esquema habitual para la narración es
estructurarla como la
historia del fracaso de un plan.
(Y no es
decir que no consigan a veces objetivos locales, los planes). Aunque
tengan éxito, los planes tienen éxito de maneras
no
previstas; fracasan siempre más o menos, normalmente
más
que menos. Y esto sólo puede contarse desde una
posición
de topsight
superior a la que ostentaba el planificador original—desde la
atalaya de la retrospección.
Del mismo
modo, toda estrategia interpretativa es desconstruible cuando es vista
desde otro
proyecto interpretativo: vemos desde ahí lo que no permite
ver
el ojo crítico en cuestión—el cogote
del primer
intérprete. Especialmente en el caso de la
crítica
crítica—pues la crítica amistosa
más bien mira
con el intérprete, desde su perspectiva o lo más
cerca de
ella, o le añade a esa visión crítica
un
instrumento óptico que la refuerce. La crítica
crítica, por el contrario, busca identificar el punto ciego
de
la lectura de otro (y no es inmune, como demuestra una lectura de Paul
de Man, Blindness and
Insight, a sufrir una ceguera parecida a la que contempla
en el otro).
Mi argumento sobre el cuento de Poe guarda, pues, cierta
analogía
con el de Ross Chambers, quien extrae del cuento la
conclusión de
que el sentido no está propiamente en el texto (en la carta)
sino en la
situación de ese texto en un contexto intepretativo,
un
sistema de relaciones en torno a ese texto:
"for all its insistence on
textual drift and the absent signifier, "The
Purloined Letter" does not deny meaning. Rather, it situates it, not in
the domain of signs, but in the world of the relationships that signs
serve to mediate. Dupin has 'a quarrel on hand . . . with some of the
algebraists of Paris', and his disagreement with these specialists in
signs (whose discipline depends precisely on the equivalence and
substitutibility of signs) stems from the fact that
'occasions
may occur where x2+px
is not
altogether equal to q',
or, in other words, that situations alter the value of signs and
meaning is contextual."
También Ross Chambers admite que un
artículo
interpretativo como el suyo parece ponerse en la posición de
Dupin, pero acaba reconociendo la superioridad del texto de Poe,
más allá de los intérpretes
anteriores.
(Aunque, ¿no es ese texto más rico por las
lecturas
recibidas?).
Del mismo modo, Norman Holland (a quien explicaba hoy en clase)
reconoce el elemento de vanidad,
de competitividad masculina e infantil, que tiene cuento en su justa de
ingenios—una competitividad o vanidad contagiosa para los
lectores:
"I share the ambition Poe
reveals in Dupin's disquisition on
mathematics, the feeling that his own intellect has powers not granted
to lesser beings. How intelligent I thought myself when I was reading
this story at thirteen; and I am not entirely over that vanity yet, as
you can see by my choosing to write about a story that two major French
thinkers have analyzed. They are all to be outwitted, all these fathers
like the Prefect or the Minister, or, for that matter, Lacan or
Derrida."
Para Holland, la lectura de Derrida surge de una necesidad de no creer, de
desconfiar—podríamos pensar en la
hermenéutica de la
sospecha. Pero
hasta esta ausencia se convierte paradójicamente en
presencia,
dice: "Disbelief is itself a belief in disbelief". Cada cual sigue en
la interpretación un trayecto que para Holland es una
función de su personalidad, y le lleva a defender su crítca transaccional,a
saber, "a criticism in which the critic works explicitly from his
transaction of the text". La ventaja de reconocer esta
transacción personal, para Holland, es que usamos las
diferencias entre diversas lecturas para enriquecer la experiencia
mutua del
texto. Tanto más, diría yo, si a
través de
nuestra transacción personal reconocemos elementos que
están necesariamente presentes (aunque ignorados) en
cualquier
otra transacción personal con el texto.
Queda por ver cómo en otros casos (que atiendan menos a la
generalidad de la experiencia) podemos absorber frente a lo que vemos
—positivamente—
en el texto, cómo podemos absorber, digo, la negatividad
que supone la lectura de otro—la que no es la nuestra. Tanto
más problema supone esto si somos transactivos, en
efecto—¿cómo hacerle lugar a la
transacción
de otro? Parece que
habremos de negarnos a nosotros mismos, con esa negatividad, o
absorberla de algún modo, e integrarla en la manera en que
vemos
el texto finalmente, tras la-Lectura-Que-Hizo-el-Otro.
(Quizá: el texto una vez transformado por el Otro).
Es especialmente interesante por eso el análisis de la
negatividad que hace John Muller en "Negation in 'The Purloined
Letter': Hegel, Poe, and Lacan". La interpretación se nos
aparece así como una fenomenología del
espíritu en
términos hegelianos. Hegel, por cierto, era otro que se
veía a sí mismo con topsight
absoluto
sobre la evolución del Espíritu y de la
comprensión.
¿Por qué, se pregunta Muller, han de cambiar de
lugar los
sujetos en la estructura triangular A-B-C, una vez entran en
posesión de la carta? Y responde interpretando esa
tríada
en términos de la tríada hegeliana tesis -
antítesis - síntesis. La consciencia progresa
mediante la
negatividad de la antítesis y su subsiguiente
negación en
una síntesis interpretativa.
"Each moment of this
complex process is
initially given as if its truth were known with certainty; but as the
assumed truth is examined, it is incommesurate with ongoing experience,
it is negated and given up in dismay, and a new perspective takes its
place" (345).
Hegel presenta este proceso dialéctico de superación de la
negatividad (Aufhebung)
como una serie triádica, cuyas posiciones se definen como el
"en-sí", el "para-sí" y el
"para-nosotros"—naturalmente, el nuevo esquema de consciencia
que
emerge como la estructura de las cosas es un esquema para nosotros, dice
Hegel que "no es conocido para la consciencia que estamos observando"
—lo cual nos coloca en una posición de topsight. Esto
tiene un precio, dice Hegel, que es vencer las resistencias del ego,
que tiende a fijarse en su postura y a resistir el cambio o la
asimilación de la negatividad. Prefiere las cosas familiares
antes que el cambio a una mayor comprehensión: es la postura
narcisista de la consciencia, feliz con lo que es y lo que tiene.
Pero una consciencia mayor es también un mayor
reconocimiento de
la intersubjetividad, a traves de la asimilación de ese
momento
negativo que supone la visión ajena. También para
Hegel,
señala Muller, es en la intersubjetividad donde se
constituye la
experiencia humana—así dice en la Fenomenología
del
Espíritu:
"La naturaleza humana sólo existe realmente de hecho en la
consecución de una comunidad de mentes". Es algo que
podríamos relacionar el interaccionismo
simbólico, y su
búsqueda del sentido en una transacción
comunicativa
permanente, y no en el objeto semiótico en sí (no
en la
carta robada, sino en el uso que se hace de ella).
El efecto de verdad necesita
para su mejor aparición contrastarse con una falsa
conciencia a la que contemplamos como superada (topsight, aufhebung).
La verdad, en tanto que desvelamiento de relaciones ocultas, necesita
contemplarse panorámicamente, desde fuera. Aparece la
estructura
semiótica que la genera, en toda su visibilidad, cuando la
vemos
en los efectos que tiene para otro,
para alguien cuya visión está atrapada por ese
sistema
semiótico, en tanto que nosotros contemplamos,
olímpicamente, tanto el sistema que genera sentido como el
ojo
del otro posicionado en él. A este nivel
semióticamente
superior es a lo que llama Lacan lo
simbólico (vértice B de la
triangulación) reservando el nombre de lo
imaginario
(vértice C) para el sistema parcial e insuficiente que
está contenido por nuestro propio sistema. (Lo "real", por
cierto, sería el vértice A, punto ciego o
desestructurado). Para Jane Gallop, "It is the imaginary as
imaginary which constitutes the symbolic"—es decir, la
percepción de un sistema semiótico como producto
de una
situacionalidad, un posicionamiento, un deseo... algo sólo
visible en sus consecuencias desde
afuera, desde una posición simbólica
más elaborada, o un marco interpretativo más
abarcador.
La posición imaginaria participa del narcisismo al pretender
reducir el mundo al sistema percibido—no ve cómo
ese
sistema (imaginario) adquiere nuevo sentido al ser recontextualizado:
el antiguo intérprete con ojo de lince es ciego al nuevo
contexto. En última instancia, el sentido es lo que tenemos
delante de las narices: el contexto global, y es esa misma generalidad
lo que nos impide verlo. Stanley Rosen, en su libro sobre Hegel que
cita John Muller, dice algo parecido cuando observa que "la esencia de
la visibilidad, lo visible en tanto que visible, por tanto lo que lo es
de modo más pleno o efectivo, es invisible" (1974, 146;
traduzco). Pero este surgimiento a la visibilidad del sentido
es
el primer paso para su negación o superación
desde una
consciencia superior. Cita Muller la Fenomenología
del
Espíritu de Hegel:
"Ya que lo que
apareció en primer lugar como objeto se ha hundido para la
consciencia al nivel inferior de la
manera que ella tiene de conocerlo, y ya que el
en-sí se convierte en un ser-para-la-consciencia
del en-sí, es esto lo que deviene el nuevo objeto para la
consciencia. Con esto una nueva modalidad de consciencia aparece en
escena, para la cual la esencia es algo diferente de lo que era en el
estadio previo. Es este hecho el que guía toda la serie de
fases
de consciencia en su secuencia necesaria". (Hegel, Phenomenology 1977:
56; traduzco, enfatizo, parafraseo...)
Esta objetualización de la otra consciencia es para Hegel
analítica—crítica, podríamos
decir; o crítica
crítica,
pues no se limita a reproducir la estructura de la primera mirada
consciente B sobre el objeto A, sino que capta esa
percepción
como un nuevo objeto (C).—Objeto... objeto será
para un
cuarto en discordia (D), de momento no es objeto sino la verdad de la
relación A-B tal como se manifiesta al topsight
de C. La verdad es por tanto un constante proceso o
aparecer—el
pensamiento que según Aute "no puede tomar asiento / Que el
pensamiento es estar / Siempre de paso".
El pensamiento estárá de paso, pero nosotros nos
quedamos
fijos (especialmente en nuestros textos) en una de esas actitudes
narcisistas, parciales y objetualizables, mientras que el pensamiento
va más allá y nos convierte en objeto de
interpretación y análisis para ojos que nos
observan sin
que percibamos esa mirada.
Claro que este fenómeno está sucediendo en una
multiplicidad de contextos locales—no sólo en la
gran
síntesis hegeliana de la idea que culmina, oh casualidad, en
Hegel mismo como fin de la historia... —¿No le
atacaría a Hegel la sospecha o temor de que era un objeto local,
en lugar de ser la proa de la Idea abriéndose paso en el
Absoluto? Hoy parece inevitable tener muy presente esta
diseminación, que lleva también a relativizar la
percepción superior de C sobre B y A. C ve la
relación
entre A y B, pero quizá no esté viendo otras
cosas que ve
B, o que ve A, por no hablar de las que ve D, otro miope o
hipermétrope.
Volviendo a la interpretación hegeliana de Muller, podemos
ver
"The Purloined Letter" como un síntoma o
intuición de
esta negatividad que estructura la relación entre la
acción y su interpretación. (Hay que tener en
cuenta que
la negatividad lingüística, para Muller, y
Benveniste, y
otros, a la vez señala
y conserva lo negado, llamando la atención sobre ello como
punto de referencia
—a la vez que lo niega). Es cierto que hay una
proporción
desproporcionada de elementos negativos en el detalle
lingüístico de este relato, y además la
negatividad
también organiza su macroestructura y la secuencia de
acciones
relatada:
"When we examine the
story's action from this perspective of negation, we find that the
story proceeds as
a series of negating actions: that is, each action is a precise
negation of a previous action of another and is, in turn, negated in
the dialectical shifting of actors' positions. But in each negation the
truth of the previous position is preserved. The Queen negates the
King's power but preserves its role in her secretiveness as she turns
the letter over and puts it down. (...)." (364).
Muller también alegoriza la carta (atento a su propio
contexto
interpretativo) cuando la ve en su carácter
dinámico como
un "puro significante" de la negación y emblema de la
represión que conserva la experiencia en el hecho mismo de
reprimirla de la consciencia. Este sistema de represión es
identificado (lacanianamente) con los procesos simbólicos;
el
sujeto se acota y limita en la acción simbólica,
que
conlleva por tanto este elemento de negatividad y de
delimitación frente a la consciencia del otro.
"Psychic structure is
established only
through that negation to which the subject must submit upon entering
the register of the symbolic, and this fundamental splitting of the
subject into an sich
and für sich
may be understood as constituting primary repression." (366).
Un sistema interpretativo es para Muller también un sistema
de
establecimiento de límites y de fijación de
sentidos—de constitución de una verdad que resiste
cualquier otro sistema de verdad, y las verdades que ese otro sistema
hace aparecer. Las verdades son para Hegel (en esta
interpretación que lo aproxima a los pragmatistas, o a los
interaccionalistas simbólicos) un efecto comunicativo
generado
en el seno de una comunidad:
"For Hegel, truth is
always embedded in
a community that rests on the structure of language whose history
includes 'the seriousness, the suffering, the patience, and the labour
of the negative' (1977, 10)." (Muller 367).
Esto es para consolarse cuando le dicen a uno que es muy negativo— Poe
también era negativo, nos dice Muller.
"For Poe—as for
Hegel and
Lacan—negation is the dynamic corollary of the ego's
self-assured
notions about reality" (367).
Normalmente ya tenemos a los demás para que nos hagan la
labor
negativa de corregir nuestro ego. Aunque hay quien es tan impaciente
que va quemando etapas o autodesconstruyéndose sin esperar a
que
otro le haga la labor negativa. Es lo que Solger y Schlegel denominaban
en poesía la ironía
romántica—la
relativización de las propias posturas asumidas por el
sujeto
poético, la ruptura de marco que nos muestra a un sujeto
dinámico escapando de sus determinaciones autoimpuestas
Mañana tenemos elecciones sindicales en la
Universidad, y
supongo que votaré a cualquier sindicato aburrido como CSIF,
limitado a la defensa de los intereses de los sindicados y el colectivo
profesional en cuestión (poca novedad aquí, y
poco ambicioso para un
sindicato, pero es lo que más propiamente le va).
Votaría gustoso en otras circunstancias a uno de los
"sindicatos
mayoritarios", pero es algo que no pienso volver a hacer por el
momento, debido a un incidente que tuve con ellos en la
última
huelga general, hace unos años. Fue la ocasión de
esta
carta que dirigí al Decano de la Facultad de
Filosofía y
Letras, al Rector de la Universidad de Zaragoza y al director del
Heraldo de Aragón, y en ella se explica el "incidente".
Deseo
poner en su
conocimiento un grave suceso que tuvo lugar en el
Campus Universitario de la Plaza de San Francisco ayer, día
20 de
junio, relacionado con la huelga general convocada por los sindicatos
Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores, con el
fin de que
los responsables universitarios tomen las medidas oportunas para
salvaguardar los derechos constitucionales que deben amparar la
actividad universitaria.
Vaya por delante mi posición sobre
dicha huelga, posición que está legitimada por la
Constitución y por lo
que entiendo que es el sentir más generalizado al respecto:
respeto
tanto el derecho de huelga como el derecho al trabajo, y rechazo todo
tipo de presión y violencia que intente restringir tanto uno
como otro.
Ayer me dirigía a mi puesto de trabajo en la Facultad de
Filosofía y Letras cuando me encontré la entrada
bloqueada por un
contenedor de basuras atado a ella. Intenté apartar este
obstáculo. Es,
por cierto, una labor que no me debería corresponder a
mí sino al
personal de limpieza, o, dado el contexto de la jornada, al servicio de
seguridad contratado por la Universidad. En cualquier caso, al momento
se abalanzaron sobre mí unas veinte personas que
entre empujones
(suyos) e insultos (suyos) me impidieron el acceso al
edificio. Estas
personas llevaban los distintivos de los sindicatos convocantes de la
huelga, en su mayoría los de Comisiones Obreras, y se
autocalificaron
como un “piquete informativo”. Al solicitarles
información sobre qué
derecho les amparaba para actuar como lo hacían, me
contestaron con los
insultos, groserías y despropósitos con los que
está familiarizada toda
persona que haya seguido los acontecimientos de este día:
“fascista,”
“cabrón,”
“esquirol,” etc., y se me aseguró que no
se iba a permitir a
nadie la entrada al edificio. La postura defendida por dicho piquete,
en la medida en que se pueda atender a las palabras emitidas por un
grupo de exaltados que parecían pensar a base de consignas,
era que si
ellos hacían huelga debía hacerla todo el mundo,
y que el orden
constitucional al que yo apelé no existía para
ellos, sino que por el
contrario, en su opinión, cada persona actúa como
quiere: que ellos
querían impedirme la entrada y podían porque
tenían la fuerza para
ello. También se me informó de que
podía agradecer que se tratase de un
piquete “informativo” porque de lo contrario me
hubieran dado, cito,
“de hostias.”
No nos corresponde a los universitarios resolver
los asuntos a empujones e insultos, pero sí tenemos el deber
de dejar
claros los principios de nuestra actuación, y esa es la
razón de este
escrito. No se me escapa que este asunto puede despacharse con una
sonrisa por lo bajo (“a quién se le ocurre ir a la
Facultad el día de
la huelga general”, etc.). Creo, sin embargo que tampoco se
escapará a
Vds. que es posible una lectura más inquietante de esta
anécdota, una
lectura según la cual la universidad aparecería
como pasiva y
oportunista, una presa fácil y cobarde, dócil e
interesadamente ciega
(me refiero aquí al desfase existente siempre entre la
cifras de
profesores que secundan oficialmente la huelga aceptando un descuento
de su salario y la cifra de profesores que acuden a su trabajo o lo
intentan). Esta interpretación de los hechos nos
podría llevar a pensar
que en efecto hay, si no fascismo, sí dejación y
carne de fascismo en
potencia tanto entre los universitarios como entre los sindicalistas.
Es en este sentido en el que califico el asunto de grave. Ignoro si mi
caso se repitió en diversas ocasiones, o si fui la
única persona que
intentó ir al trabajo, al margen de los servicios
mínimos. En cualquier
caso, sea este escrito el único en este sentido o uno
más del montón,
está aquí en juego, en un sentido y medida que
creo entiende cualquier
persona formada, el estado de derecho que nos ampara. Creo que la
Universidad, como otras instituciones públicas de
relevancia, no debe
tolerar estas actuaciones, y si bien ya no es posible atender al orden
público efectivo del día de ayer, sí
es de la mayor importancia que se
sienten bien claramente las posturas
ético-políticas que dieron lugar a
estos sucesos, y que quede claro que actuaciones como la que he
descrito tienen consecuencias en el caso de que no haya una
retractación. Sí es posible enmendar lo sucedido
ayer en el orden de
los principios y los valores, que es el que importa en
última instancia.
Solicito por tanto del Sr. Decano que, como responsable
máximo del
Centro que fue clausurado por la fuerza ayer, actúe como
sigue en
defensa de los principios que nos amparan, o cuide de que la instancia
universitaria correspondiente lo haga en su nombre:
a) Que se
envíe una nota de protesta al Heraldo
de Aragón
y El
Periódico de
Aragón, como medios de comunicación
representativos de nuestra
comunidad, denunciando la actuación violenta de los piquetes
sindicales
en el campus de la Plaza de San Francisco, y anunciando la
correspondiente investigación. No sería de recibo
que se informe sin
más que los piquetes cerraron un centro, como puede verse en
el Heraldo
de hoy, y que los responsables de ese centro no tengan nada que decir
al respecto en ese u otro medio de comunicación.
b) Que
comunique este escrito a los sindicatos UGT y Comisiones Obreras, y se
les solicite, en nombre de los responsables universitarios, que
expongan por escrito su postura respecto de las actuaciones del piquete
que he descrito.
c) Que se solicite de dichos sindicatos que
desautoricen por escrito y de manera pública las actuaciones
de dicho
piquete. Este es un punto de la máxima importancia, pues
para salvar
las cuestiones de principio debe quedar claro si según los
sindicatos
ese piquete queda avalado en sus actuaciones, es decir, si era un
piquete apoyado por el sindicato o un simple grupo de gamberros. Parece
claro que si los sindicatos niegan o dicen no conocer esa
situación el
piquete queda implícitamente desautorizado. Si se niegan a
dar una
respuesta por escrito, caso harto probable, estarán jugando
a tirar la
piedra y esconder la mano, y tampoco se estarán haciendo
responsables
de las actuaciones del piquete. Entiendo que en ambos casos la
cuestión
de principio queda salvada desde el punto de vista de la Universidad.
Es crucial (en el sentido antes expuesto) que el Sr. Decano determine
si los sindicatos avalan la actuación de su piquete y se
hacen
responsables de la la clausura de dicho edificio. En cuanto a los
sindicatos, les convendría reflexionar seriamente sobre si
es más ético
para ellos retratarse del lado de la ley o del lado de sus piquetes, y
sobre el deleznable valor ético de las medias tintas y las
evasivas en
este sentido.
d) Que, en el caso de que los sindicatos
convocantes avalen por escrito la actuación de dicho
piquete, se
proceda a través del departamento jurídico de la
Universidad a
interponer una denuncia contra los mismos ante los tribunales por
alteración del orden público.
e) Que, en el caso de que los
sindicatos no se hagan responsables de esta actuación en un
plazo de
tiempo razonable, se envíe una nota a los
periódicos mencionados,
haciendo saber que tras una consulta con los sindicatos convocantes la
Universidad ha determinado que la clausura por la fuerza de la Facultad
de Filosofía y Letras el día 20 de junio no fue
obra de los sindicatos
sino de un grupo de gamberros que hacían un uso inadecuado
de los
distintivos sindicales.
Entiendo que escribiendo esta
instancia actúo, en la medida en que me corresponde, en
defensa de las
libertades tan mal interpretadas ayer por los sindicatos.
Sería
deseable que los responsables de los órganos de gobierno de
la
Universidad actúen igualmente en la medida que les
corresponde, lo que
a mi juicio significa proceder de la manera que he expuesto.
Solicito asimismo del Ilmo. Sr. Decano que dé lectura a este
escrito
en la próxima Junta de Facultad, y envío copia
del mismo al Ilmo. Sr.
Director del Departamento de Filología Inglesa y Alemana, al
que
pertenezco, para que también lo dé a conocer al
Consejo de
Departamento, así como al Sr. Director del Heraldo de
Aragón, rogándole
que publique este escrito en la sección de Cartas al
Director. Apelo al
Excmo. y Mfco. Sr. Rector, como garante de los derechos y libertades de
los universitarios en el marco del presente ordenamiento
constitucional, para que vele por la defensa de unos principios que no
deben tomarse a la ligera ni darse por hechos, sino que deben
defenderse cada día y en cada contexto. Y ruego
también a V. E. M.
disculpe lo que podría interpretarse como insolencia de
dirigir un
escrito a la vez al Rector y a un medio público, por ser
infinitamente
más importante en este caso la cuestión de
principio que subyace.
Es gracia que espera alcanzar del recto proceder de V. E. M./V.I.
Dirigí esta carta, como digo, dando cuenta de los hechos, y
solicitando un gesto de protesta, al Decano de la Facultad, al Rector y
al Director del Heraldo de Aragón. Ninguno de los tres se
dignó contestarme, ni por supuesto hacer nada de lo
sugerido, ni
publicar la carta, en el caso del periódico (que era
dirigido
sin embargo por un profesor de la Facultad cerrada por matones). Un
incidente insignificante (bah, que unos matones cierren la Universidad,
pasa cualquier día, no es para darle importancia). A estos
señores no les pareció digno de mayor comentario.
Pero
que a mí me ha hecho ver de manera muy distinta a estos
sindicatos dispuestos a usar la fuerza bruta contra los argumentos y
contra las leyes, en cuando no les convienen. Me refiero en
concreto a UGT y Comisiones Obreras, que fueron los que cerraron el
campus con cadenas, y plantaron barricadas delante de la facultad y
pusieron piquetes intimidatorios no para gritar a quien se acercase por
allí, sino para echarlos de allí a empujones.
O a hostias, como me amenazó el portavoz del
piquete con
darme; ante lo cual no me pude reprimir y le solté la frase
de
Shrek:
– ¿Ah, sí?
¿Tú?... ¿y cuántos
más?
Al CSIF, pongamos, no me lo imagino yo bien mandando matones
uniformados a estos menesteres. A UGT y Comisiones, ya los he visto en
acción, in first person.
¿Y a estos les voy a encomendar yo la
defensa de mis derechos? ¿A
éstos, que los pisotean en cuanto les pasa por las narices,
y se
restregan leyes y respeto cívico por el arco triunfo? Que me
esperen sentados al lado de la urna.
Aparte de reflexionar sobre la financiación, que era la
tarea
que tenía encomendada, la Comisión en
cuestión
decidió hacer una reflexión amplia, radical,
sobre la
Universidad. Radical pero radical. Progresiva, la llaman ellos.
Progreso... a marcha de cangrejo, que diría Umberto Eco.
Empezamos con una evaluación del capital humano y el capital
tecnológico (—El capital terminológico
también es de no perdérselo, ojo al vocabulario).
El
modelo procurará adaptarse a las "tendencias internacionales
recientes"—ya tiemblo; igual habría que hacer lo
posible
por cambiarlas más bien. Como siempre, el planteamiento de
base
de la responsabilidad social de la Universidad es que la Universidad
debe responder a las demandas de la sociedad, entendiendo por tal no
la sociedad, sino la Sociedad-menos-la-universidad:
es decir, la filosofía de base es reducir la universidad a
los
intereses de la sociedad no universitaria
(¿valdría
decir: la eliminación de la universidad en cuanto tal?). La
sociedad fuera de la universidad no demanda, que yo sepa, mayor
conocimiento del Lineal B, o de la enfiteusis en la
República
Romana, o de la semiótica de la interacción
textual.
Así que fuera todas estas chorradas—(simplifico).
La
sociedad-menos-la-universidad quiere Formación Profesional,
no
quiere Universidad. Quiere rentabilidad social, entendida como eso,
rentabilidad, no sé si me captan, las palabras son
expresivas. Y
Formación Profesional y rentabilidad, esto es lo que le
quieren
dar estos expertos comisionados...
—¿universitarios?
Todo esto en el contexto de la Sociedad del Conocimiento, donde la
componente tecnológica se vuelve primordial… etc
etc.
Pero alto, no voy a discutir más las ideas financiadoras,
quizá otro día. A lo que voy es al
auténtico
concepto de Universidad Tecnocrática, o Universidad Digital,
digital a dedo, que pretenden promover estos Expertos. Expertos en
desactivación de opiniones y en desmontaje de procesos
democráticos. La calidad, a su entender, no se lleva bien
con el
pensamiento crítico y el gobierno democrático,
eso parece
claro.
Hay que desregular para que las universidades se autoseleccionen en
centros docentes, centros investigadores, etc. Pero esta
desregulación debe acompañarse de una
regulación
complementaria, que desactive los órganos
democráticos de
las universidades y transforme a nuestra penosa universidad actual en
la Universidad Digital del fin de la historia, gobernada por la
sinergia entre su financiación y su implantación
social,
a modo de empresa floreciente y especializada en un nicho del
mercado—y dirigida, como digo, con criterios netamente
digitales,
o digitocráticos. Abrevio, que es para leérselo
en vivo:
Se propone aquí seguir el modelo de ciertas reformas
"progresivas" que se han dado en Europa, pues a pesar de la nueva LOU
vamos a la cola y con leyes atrasadas. Cito esas reformas "progresivas":
- Mayor
autonomía
institucional de las universidades para fijar objetivos y estrategias,
y mayor capacidad ejecutiva para gestionarlas.
(No se menciona aquí la cara B de esta
desregulación,
claro, en cuanto a qué objetivos podrían
considerarse
inaceptables generalmente, o qué procedimientos de
gestión podrían atentar contra principios
garantizados
por la función pública, o por
legislación laboral
de la cual quedarían quizá exentas estas
autónomas
universidades).
- Reducción
del peso de los
colectivos académicos en la elección de los
responsables
ejecutivos principales de la universidad.
(Sí, han leído bien. Si no eligen los colectivos
académicos a sus responsables, alguien se los
elegirá,
claro... Dígito político – empresarial).
-
Participación creciente de
directivos externos a las universidades, con bajo perfil
político, en los máximos órganos de
dirección.
(Los famosos gestores—¿externos?
¿Deslocalizados quizá?
(¿¿¿???)—leer A
Corporatization Checklist, —algo que nos va a pasar
cada vez más).
-
Designación directa de los decanos y los directores de
departamento por el rector, presidente, etc.
(RELEAN. Sí, esto es lo que recomiendan al parecer nuestros
"democráticos" rectores del Consejo de
Coordinación
Universitaria. Pero bueno—¿en qué
país
vivimos? ¿Vamos a volver ahora a la universidad franquista,
o
peor?
—¿¿¿¿¿PERO
ESTOS TIPOS
QUE SE HAN CREÍDO?!!!!! ¿ESTO VA A PASAR SIN
COMENTARIO
NI LLAMADAS A CAPÍTULO A LOS RECTORES??? — ¿¿¿¿Representan
estas ideas o estos individuos a la Universidad?????
¡Menudo golpe de mano desde dentro!)
- Importancia creciente
de los
órganos consultivos académicos en la fase de
formación de la toma de decisiones.
(Ah. Pero... visto lo visto, a estas alturas ya no sé si se
refieren a una consultoría especializada en temas
académicos, o en un órgano consultivo designado
por el
propio Pachá-Rector, sabios consejeros elegidos a dedo
también, o qué).
-
Profesionalización creciente de los directivos de la
gestión universitaria.
(Más de lo que venimos viendo. Pero mucho más
piden, creo).
- Importancia creciente
de la rendición de cuentas y reducción sustancial
de los controles ex – ante.
(Donde dice cuentas, léase cuentas. Donde dice
reducción
sustancial de controles, léase reducción
sustancial de
controles).
Otro día, más... Hoy quería llamar la
atención sobre este preámbulo, que pretende, ni
más ni menos, cargarse los sistemas de control
democrático interno de la universidad, para convertirla en
un
instrumento más dócil a los dictados y decisiones
que
lleguen piramidalmente desde arriba, a modo de gran empresa eficaz
donde El Jefe está subordinado únicamente a los
avatares
del Beneficio. Y esta propuesta, si nadie dice nada en contra, es lo
que emana del propio Consejo de Universidades, descontento con una LOU
y una LOMLOU que obviamente se han quedado cortas a su juicio: queremos
más formación profesional, más
business-school por
todo; menos actividad específicamente universitaria, y menos
democracia interna. La Universidad Digital a Dedo, y si es posible
controlada por ordenador para mejor seguimiento automatizado de los
criterios de calidad: que sea Doblemente Digital.
¿Vamos
a aguantar como borregos que nos lleven por allí nuestros
supuestos representantes?
Algunas fotos
nuevas
cuelgo en Flickr,
varias de la fiesta de San Jorge de esta mañana, al lado de
casa. Pongo aquí otra, una de las más quedonas,
en mi
línea de fotos raritas. Esta la hice ayer con la ayuda de
Evita:
Oscarello es mi crítico (y autocrítico)
más duro; me dice:
"Ya no tengo tanta imaginación como cuando tenía
cinco
años. He perdido cinco años de
imaginación. Y
cuando tenga siete años, habré perdido un
año
más de imaginación. Tu tampoco tienes ahora tanta
imaginación. Por eso te quedas clavado en el ordenador".
La vanidad
de Shakespeare,
destilada y hecha poesía, se confiesa en un soneto dedicado
no
sólo a su joven amigo, sino también a sus futuros
lectores. De la vanidad de ellos vive, se recarga y justifica la
vanidad de él. Shakespeare ya sabe que tras su muerte se
transformará en sus admiradores, y que éstos
cojearán del mismo pie que él. Y que el joven
amigo.
Reflejos textuales para reflexionar; vanidad trascendida mediante la
reflexión.... pero no eliminada, sino elevada a una nueva
dimensión, una vez eliminada la pequeña
objeción
de la mortalidad. Cada uno se consuela con lo que tiene.
Sin of
self-love possesseth all mine eye,
And all my soul, and all my every part;
And for this sin there is no remedy,
It is so grounded inward in my heart.
Methinks no face so gracious is as mine,
No shape so true, no truth of such account,
And for my self mine own worth do define,
As I all other in all worths surmount.
But when my glass shows me my self indeed
Beated and chopt with tanned antiquity,
Mine own self-love quite contrary I read:
Self, so self loving were iniquity.
'Tis thee (my self) that for my self I praise,
Painting my age with beauty of thy days.
Pecado de amor propio es
el dueño de mi vista, Y de mi alma toda, y de
cada parte mía; Y es pecado
éste que no tiene curación, Así
está de enraizado dentro de mi corazón. Pienso que no hay rostro
agraciado como el mío, Ni tipo tan bien hecho,
ni verdad que cuente tanto; Y hecha a mi medida la
defino, mi valía, Por superar a los
demás en lo que valgo. Pero cuando mi espejo me
retrata de verdad, Batido, hecho pedazos,
como cuero repujado, Mi amor propio lo leo
entonces muy contrario: Amar a un yo
así engreído sería una iniquidad.
Eres tú (yo, pues) lo que alabo cuando presumía,
Pintando en mi edad antigua la belleza de tu día.
Vaya película tan desagradable. Bueno, no digo
que no sea
como la vida misma, pero vaya si es desagradable. Asunto
básico:
lesbiana sexagenaria (Barbara, Judi Dench), amargada profesora de
instituto cuya agenda social es un "desierto ártico", se
hace
amiga siniestra de una colega novata (Sheba, Cate Blanchett). Decide
apropiársela como araña a mariposa; la
telaraña se
la proporciona la propia novata, cuando descerebradamente se enrolla
con un alumno y es descubierta por Barbara. La cosa es complicada en
términos legales, y más porque Sheba es casada,
tiene un
marido mayor (antiguo profesor suyo) y una parejita de hijos,
niña en la edad del pavo y un niño con
síndrome de
Down muy cargante. Aunque ellos lo llevan esto del Down con buen humor
y soltura, al final... down down down. Peta la madre de familia bajo
presiones psicológicas y frustraciones inconfesas,
sueña
con recuperar su vida donde la dejó cuando la sedujo su
profesor
(Bill Nighy) que también era casado... A esto se suman las
frustraciones profesionales, con estudiantes extremadamente
multirraciales en ambiente tenso, drogas, nulo pero nulo
interés
por el estudio... así que sin saber cómo se ve la
pobre o
la tonta enrollándose con un quinceañero muy
hormonado
que le tira los tejos. No se presenta esto como una historia de amor,
sólo como una válvula de escape sexual para la
tensión interna acumulada, pero menuda válvula
que crea
más tensión... Como se ve, la novelista y el
guionista
gustan de recrearse en las fragilidades o incoherencias humanas, y no
es precisamente para apiadarse de ellas, sino para mostrar
cómo
interactúan. Su plato fuerte es, naturalmente, la solterona
Barbara, que al descubrir al affair de su "amiga" le va apretando las
tuercas, amenazándola con denunciarla a la vez que se le va
aproximando, haciéndose imprescindible, haciendo manitas...
y lo
más incoherente de la película (aunque ni se
puede decir
esto con seguridad, tan descoyuntados internamente están los
personajes) es que Sheba responde a la chantajista favorablemente, casi
echándosele en los brazos, a la vez que guarda la distancia,
claro, porque las fantasías de amistad lesbiana a lo
Virginia
Woolf son todo pajas mentales de Barbara. Esta narra voz en off, porque
lleva un diario, desprecia a todos, es sarcástica, agresiva,
y a
la vez románticamente tonta como esas niñas de
doce
años con amiga favorita, pero se ha arrugado y amargado...
Como
se supondrá, Judi Dench ha trabajado su cara durante toda la
vida para llegar a este personaje, y lo hace a la perfección
(como los demás actores principales, por otra parte). Al
sentirse minusvalorada, desata Barbara el escándalo haciendo
correr un rumor. Significativamente, elige insinuárselo a
uno de
los muchos profesores a quienes se les cae la baba por la bella
Sheba... al más vil, envidioso y rastrero. Que
será
naturalmente el que tire la primera piedra, aunque él era el
primero que quería sondear a ver si Sheba estaba disponible
para
un rollete... Y así todo. Bajezas humanas, vilezas, y no me
refiero precisamente al affair entre la profe y el niño
(implausible gran amante, por cierto). Este pecado venial es voceado
por la familia, los colegas, la prensa nacional, el poder judicial:
hordas de reporteros van siguiendo a Sheba cuando su marido la echa de
casa; decididamente algo va mal con la hipocresía ambiente
de un
país cuando semejante asunto se convierte en
sensación
mediática. Loud Rumour. Sheba es sólo un chivo
expiatorio, porque estos casos no son precisamente raros. Ahora bien,
una de las cosas más curiosas de la película es
que ni
juzga esto ni deja de juzgarlo ni lo relativiza: sólo lo
utiliza
como su medio ambiente para análisis de caracteres y
relaciones
envenenados. Vaya, si al final resulta que hasta me habrá
gustado la película. Pero no, algo falla: es desagradable.
Creo
que la película es tan mezquina y asfixiante, a su manera,
como
los personajes que retrata; por ahí va la cosa. A veces cae,
sintomáticamente, en el melodrama más mezquino y
la
caricatura (y hasta la alegoría—con deciros que se
llama
Covett la chupóptera moral...). El espectáculo,
sin
embargo, es educativo. Si
Barbara es una narradora no fiable en su diario-voz en off, resulta que
tampoco es mucho más fiable ningún otro
personaje, ni el
guionista, ni el director, ni el compositor; y eso nos deja sin muchos
puntos de referencia; la vida vista a
través de esta película es una tragicomedia
grotesca y
absurda. Y además, a todos nos interesa el
escándalo: si
no no la iríamos a ver. Así que pasen y vean.
Notes
on a Scandal. Dir: Richard Eyre. Screenplay by Patrick
Marber, based on the novel by Zoë Heller. Cast: Judi Dench, Andrew
Simpson, Bill Nighy, Cate Blanchett. UK, 2006.
Sábado 21 de abril de 2007
La página 148
Qué cruz, llevo diecisiete años
haciendo una bibliografía gigantesca (ésta),
y de muchos libros no hay fin, dijo el sabio, todo vanidad. La
última vez que la intenté imprimir, me
salían
cuarenta tomos tamaño tesis. No sólo es que no
lleve
camino de acabar, porque la gente sigue escribiendo libros a
más
velocidad de la que yo los apunto. Encima, resulta que desde que
inicié la bibliografía se han multiplicado las
tecnologías de edición, sobre todo la Web, pero
es que
además, la web ha hecho aumentar exponencialmente la
capacidad
de todo quisque para colaborar en la edición de montones de
libros. La gente que antes intentaba malamente clavar un peipa en una
revista académica, ahora se junta y
—zaca!—Libro que
te casco. A ficharlo, corre, que sale el siguiente.
Estamos interconectados. Para mí, problema, porque cada vez
estoy más lejos de ponerme al día. Otro efecto
que ha
tenido la web en mi bibliografía es su reducción
al
absurdo. Que ya era absurda desde el principio, supongo (sobre todo en
tanto que empeño vital)—pero es que ahora de
repente ha
salido, plaf, la Wikipedia, que como la hacen entre varios millones y
está mejor planteada desde el principio, pues no hay quien
compita con ella como herramienta bibliográfica. O con
Amazon.
Sin contar con otros varios miles de bibliografías
más o
menos ambiciosas que han ido apareciendo en la güeb a la vez
que
la mía. De hecho la misma Web es el libro universal que
remite a
sí mismo, ya es a la vez el fichero y el libro; Google y
Amazon
y los buscadores han dejado obsoletos los proyectos acumulativos del
estilo de mi bibliografía. Única ventaja, que
desde que
tuve acceso a Internet, pude hacerla accesible allí, y en la
red
lleva doce años la bibliografía, en ediciones
sucesivas
cada vez más enormes y más obsoletas.
Aparte de reducir este trabajo al absurdo, la web me ha descuajeringado
el sistema de trabajo. Yo hacía listas caóticas
de
libros, artículos, etc. (¡ahora también
tengo que
incluir las páginas web!) en un ordenador, y las iba
ordenando
en otro. Ahora todas mis listas atrasadas están acumulando
polvo
imaginario, decenas de miles de títulos... porque se me
ocurrió abrir una lista aparte para las cosas más
urgentes, en vista de que no daba abasto a poner todo. Y (era de
esperar) se me ha inflado hasta límites desproporcionados la
lista de urgencias; los otros pacientes ya harán cola para
siempre. El año pasado, visto que la lista de urgencias
ocupaba
doscientas cincuenta páginas, le pegué un tajo,
pasé las urgencias menos urgentes a la sala de los pasos
perdidos, y la dejé en cien páginas. Pero claro,
en vez
de encoger, siguió creciendo. Porque por un lado le quito y
por
otro le pongo, aquí mismo en el ordenador cuando me pongo a
trabajar me aparecen cien referencias interesantes, blogs, libros
anunciados, artículos electrónicos... pues hale,
a la
lista, uf, y llevo ya meses intentando que no se pase la lista de la
página 150, pero estoy atascado día tras
día en la
148, es un pulso inhumano. Siento como su estuviese tapando con el dedo
el boquete de una presa y que se me va a derrumbar todo el
día
que quite el dedo...
Acabará mi empresa archivadora archivada un día
de estos, sin duda, como el
Mundaneum de Paul Otlet (también conocido como el
Internet de tarjetas bibliográficas), otro proyecto
imposible, otro sueño de "el
libro
universal" (vía Tecnología
Obsoleta
)... Bueno, de ahí salió la
Clasificación Decimal
Universal; de aquí ni eso, por supuesto. Y para llegar a
doce
millones de referencias también me falta aún un
poquito. Tant d'heures
perdues au mirage des mots. Le voy a sugerir al de Tecnología Obsoleta
que escriba un artículo sobre mí. Entretanto, le
echo
otra referencia más para clasificar al montón.
Es curioso. Me he estado leyendo la
LOMLOU,
(Ley Orgánica de Modificación de la Ley
Orgánica
de Universidades) que es la nueva versión de la normativa
que
nos regula, y no habla nunca
de exámenes. Sí habla ochenta y ocho veces de evaluación, pero
es siempre y en todo caso la evaluación de los
profesores
y sobre todo de las titulaciones y programas. Quizá sea de
esperar en una ley general. Sí alude una vez de pasada a la
verificación de los conocimientos de los estudiantes... pero
digamos que el acento no recae ahí.
¿O será, más bien...
que
hay mucha presuposición en todo el asunto? Ya se
sabe para
qué están las universidades; para impartir
clases, hacer
exámenes, expender títulos. Entre el nivel de
presuposición existente al respecto, y los planes de
transformación radical que vamos oyendo (pues se nos ha
llegado
a decir que no se van a evaluar conocimientos, sino trabajo realizado)...
no sé si va a haber un punto de encuentro medianamente
coherente. Variedad, desde luego, sí parece que va a haber.
Será crucial para el estudiante (aún
más que
ahora) saber a qué universidad va a ir, lo que le van a dar
ahí (título más o menos
rápido, más
o menos prestigioso, más o menos formación de tal
o cual
tipo), lo que le van a pedir (más o menos dinero,
más o
menos esfuerzo)... y actuar en consecuencia. Con la voluntad que hay de
atender a la "relevancia social" y a la relación con el
"entorno
productivo" y la imbricación con la empresa... es de prever
que
los auténticos evaluadores con
autoridad van a ser en última instancia los empresarios. Y
que
los conocimientos y habilidades que no interesen a los empresarios van
a perder relevancia y autoridad, y que va a descender correlativamente
el nivel de exigencia en esas materias. Hombre, a cambio, me felicito
de que aparezcan referencias a la importancia del "pensamiento
crítico" y su relevancia en la universidad. Peor
sería
que se estimulase por ley el conformismo: ese ya anda bastante bien
servido.
Es llamativa, con respecto a la LOU, la aparición de
criterios
que atienden a la presencia equilibrada de mujeres y hombres en
órganos colegiados, equipos de investigación y en
comisiones evaluadoras. No especifica, sin embargo, que deba haber
igual número de rectoras que de rectores en el Consejo de
Universidades; ay, se queda corto. Tampoco tiene para nada en cuenta a
las minorías de orientación sexual, ni a los
gitanos, ni
a los inmigrantes (no se les asegura ninguna presencia equilibrada, y
mira que son colectivos deprimidos...). Por no hablar de personas con
hijos o sin hijos, o minusválidos físicos y
psíquicos... Ni calvos y con pelo, que hay demasiados calvos
en
la universidad. De todos modos creo que se queda esto de las mujeres y
los hombres a nivel un tanto testimonial, a menos que los estatutos
desarrollen medios muy precisos de priorizar a unos investigadores
sobre otros por ser mujeres, u hombres, o de retirar a alguno de los
candidatos más votados por estar ocupando una plaza para
mujeres... en fin, de todo veremos.
Por lo menos ahora sí que les han puesto nombre en la ley a
las
titulaciones: Grado, Máster y Doctorado. Han quedado
licenciadas
permanentemente las licenciaturas. También se unifican todas
las
Escuelas Universitarias, Politécnicas, etc., en "Escuelas".
Desaparecen
los profesores colaboradores, corta fue su vida, y se reducen los
cuerpos docentes. Una cosa que sigue igual, en cambio, es la
relación entre Profesores
Titulares de Universidad y Catedráticos de Universidad.
Ahora
han quedado sólo estos dos cuerpos de funcionarios docentes,
al
desaparecer los catedráticos y titulares de escuelas
universitarias. Y aquí no cambian sus funciones. Para quien
no
lo sepa: los catedráticos van antes en la
jerarquía de
prelación, pero no tienen funciones docentes ni
investigadoras
distintas de los Profesores Titulares. Ninguna. La única
diferencia es que a) cobran más; b) pueden presentarse a
elecciones de Rector (pero pocos son los llamados, jeje... y menos los
elegidos); c) tiene que ir a las oposiciones de su cuerpo y a las del
cuerpo vecino, menuda bicoca, aunque hay a quien le encanta; d) pueden
formar parte de la comisión de reclamaciones.
¿Para esto
tanto jaleo? Está el sueldo, no lo olviden. Y luego el
prurito,
claro; el pequeño objeto a; el
privilegio
de pertenecer al pequeño club de quienes entienden
las diferencias entre líneas, y los procedimientos demasiado
sutiles para que la ley se entere de ellos... cuestiones de
fidelidades, y mutuos entendimientos, y tomas y dacas, y corralitos de
poder—unas labores imprescindibles para la universidad. Cosas
que
sin duda se dan en el cuerpo de titulares... pero
¿quiénes son los expertos en el asunto y lo
organizan?
Eso no hay que buscarlo en la LOU ni en la LOMLOU, y no queda derogado
en las disposiciones transitorias, por cierto.
No se aprecia ninguna modificación apocalíptica
que nos
obligue a insertarnos en grupos de investigación, si bien se
menciona ese como uno de los marcos de la investigación.
Pues en
nuestro departamento demasiado se ve a los grupos apretar a la gente y
a las normas y a la lógica para subordinarlos a sus
intereses...
por lo que se ve, con una base legal que va a seguir siendo
insuficiente para justificar tanto aspaviento de que nos encontramos en
un nuevo mundo con nuevas reglas. Si no entiendo mal la
lógica
de las cosas, la evaluación que tan prominentemente va
apareciendo aquí se seguirá realizando en base a resultados, y no en
base a proyectos de
investigación. O mal camino llevaremos.
También se nos auguraban cosas como la
desaparición de
las áreas de conocimiento. (Ná menos). Y
sí se
flexibiliza un tanto su aplicación, hablando de
"ámbitos"
(que están por regular, supongo)—Los departamentos
se organizan ahora en torno a los ámbitos,
no a las áreas. Pero allí siguen
las áreas para ubicar a los profesores y sus plazas, y el
catálogo de áreas de siempre. Oséase
que en mi gremio seguimos siendo, como antes, profesores de Filología Inglesa,
y ahí seguiremos... mal que les pese a algunos filólogos
con poca vocación de filólogos, no se
han removido los
cimientos del saber humano de unos meses a esta parte.
Desde que entró en vigor la LOU, ha bajado escandalosamente
la
participación de los estudiantes en los órganos
de
gobierno. Me dicen que en todos, pero remitiéndome al que
más conozco, el Consejo de mi departamento (donde tienen
representación garantizada por ley)—han dejado totalmente de
asistir los representantes, que antes iban alguno que otro, siempre
menos (por supuesto) del número elegido. La generosa
representación que en tiempos les daba la LRU se
recortó
a una fracción, con los nuevos aires aznarianos
más que
con la nueva ley, y ahora no lleva camino de cambiar la cosa. Pero,
sobre todo, ha habido un cambio ambiental: los
estudiantes parecen haber decidido que lo suyo es ir sacando la carrera
(aprender, iba a decir, pero no confundamos medios con fines) y que
allá se las ventilen los profesores con sus historietas.
Pero es
que es terrible y se dice pronto, pero es así: ni un representante va
jamás al Consejo. Ni
representante, ni representanta: aquí sí hay
paridad
absoluta. A nadie le preocupa el tema, por supuesto—yo
aquí sólo lo hago constar, y me preocupa
sólo en
abstracto.
Pues no sé si ganará Rajoy estas
próximas
elecciones, pero para cuando las gane ya se perfila en el horizonte una
nueva modificación que anunció de todo el sistema
educativo, incluida la Universidad: La LOMLOMLOU, supongo que
será. Tendremos que acostumbrarnos al todo fluye, aunque
sigue
habiendo cosas que no cambian—eso también, para
bien y
para mal.
El que va a hacer falta para cuadrar el balance fin de mes
de aquí al verano, y además
irnos de vacaciones. Que ya están más o
menos
apañadas: otra vez a la puntita nortenorte de
España, lo
más cerca posible de Britannia, como John
Dutton.Entretanto, hay que pagarle a
los albañiles y carpinteros que estuvieron haciendo
y deshaciendo por aquí, a my dentist
is rich,
a Hacienda... ay, no, que ayer estuve Haciendo la
declaración
(otra vez por la web) y me devuelven más de mil euros. Para
la
perfección del sistema, sólo faltaría
que te los
pudieses imprimir con la impresora, o que apareciesen en tu cuenta zas,
al decir que "confirmas" el borrador. Otra cosa que trabaja a favor de
mi balance: que me han nombrado por obligación para corregir
los
exámenes de selectividad (yawn...). En fin, con eso igual
pago
el recibo de la comunidad, y así vamos tirando. Como
está
el balance que no cuadra, les he escrito a Médicos sin
Fronteras
que se olviden de mi cuenta durante una temporada y que reduzcan los
suculentos recibos que me venían pasando: los negritos del
Sudán pagaran el pato, supongo. A cambio me han enviado un
paquete de postales sin preguntar, como suelen hacer, el Club de
Pintores con la Boca y con el Pie, para que les eche una mano
de
pintura, y algo habrá que darles... Entretanto,
aquí
me quedo sin viajar ni hacer puenting, para ahorrar un poco. Aparte,
les decía a los nenes hoy que viajamos demasiado los
occidentales—the
occidental tourist, y no lo digo por mí
precisamente, que yo sí que soy accidental,
pero intento compensar los insensatos desplazamientos de mis
compatriotas moviéndome lo menos posible. Porque los que
sí se han tomado puente, desde ya, son mis alumnos: hoy
viernes,
y me han venido sólo tres
alumnos a clase... ya preparando el lunes, fiesta magna del libro, y de
San Jorge, y de Cervantes, y de Shakespeare, y del turismo ocasional. Y
de la Fura del Baus, que creo que también van a hacer un
curioso
balancing act
en mi barrio,
colgados de numerosos cables para quien los vaya a ver. Bueno, igual
hasta el Paseo Independencia sí que hago un extra y me
estiro
hasta allí, que es barato. Menos mal que ni quiero comprarme
nada (ataraxia) ni tengo ganas de hacerle un regalo a nadie: a Miss
Antropía, si acaso... No, en realidad ni a mí.
Paso por
ejemplo de comprarme las tan pregonadas Nuevas Obras Completas de
Shakespeare (que son las viejas reviejas, menudo truco
márketing
lasnarices). Así que poco de nuevo sub sole... mientras el
Estado va reponiendo gota a gota mis finanzas maltrechas
aquí
seguiremos agazapados haciendo memorias del subsole. De momento no me
busco un pluriempleo. Mientras me pase como a Rajoy, que no
sé
cuánto gano, pues tan mal no puede ir la cosa.
Este señor que aquí veis, Robert de Beaugrande,
no
sólo tiene un estilo propio en el vestir, sino
también en
cuestiones de lingüística y crítica.
Además
de un filólogo como la copa de un pino, es un
espíritu
independiente y original, autor de estudios que han abierto nuevos
caminos en lingüística del texto y en el
análisis
crítico del discurso. Ya en 1981 publicaba junto con
Wolfgang
Dressler Introduction to Text Linguistics,
un libro que en su capacidad de integración estaba a
años
luz de lo que se solía llevar por entonces. No contento con
romper muchos moldes teóricos, y estando ya de vuelta de
todo,
decició ya hace años pasar de los editores
académicos y sus reglamentaciones y exigencias y protocolos
y
copyrights, y ha pasado a reeditar y regalar sus obras completas o casi
en su sitio web, http://www.beaugrande.com
Su planteamiento: "If I advocate "freedom of access to knowledge and
society', I cannot reach out by means of expensive or
hard-to-find
books". Una lástima, supongo, es que sus publicaciones han
dejado repentinamente de tener calidad
al pasar al estado de samizdat.
Porque la calidad la otorga, como todo el mundo sabe, el editor, no el
autor.
¡Enhorabuena, Dr. Beaugrande, y gracias! A ver si cunde el
ejemplo. No creo.
Le pongo el siguiente comentario al artículo
deRetiario"No
hay más evolución",
donde PP Cervera sostiene que todos los seres (bacterias,
chimpancés y humanos) están igualmente
evolucionados....
y que es una falacia creer que hay progreso en la evolución:
Estimado
PP:
Creo que hay
equívocos en el artículo, referidos al uso del
término "evolucionado".
1) Todos los seres vivos
existentes
actualmente (o la inmensa mayoría) son igualmente
evolucionados
en un sentido muy básico que Vd. señala: que
descienden de
otros seres que existieron hace millones de años, a
través de una larguísima cadena evolutiva. Y
están
cada uno adaptado a su medio ambiente actual, etc. OK.
2) Sin embargo,
"evolucionado"
también tiene otro sentido en el que SÍ hay
"más
evolución" en unos que en otros: la complejidad. Hay seres
más simples y seres
más complejos. Por ejemplo, hay seres muy "evolucionados" en
el
sentido (1), tanto como cualquier otro, que no son tan complejos como
otros igualmente evolucionados en el sentido (1). Por ejemplo, no
constituyen sociedades, no escriben blogs, etc.
La escala de la
complejidad no es
imaginaria ni mítica, pues ni la vida ni nadie
más puede
edificar sino sobre lo ya existente. (Es lo que se llama emergencia). En ese sentido, sí
hay
especies más evolucionadas que otras, es decir,
más
complejas (o que exhiben más y más
complejos fenómenos emergentes). Y el
ser humano es la especie
más compleja. Entre
otras cosas (pero no sólo por eso) porque la
descripción
de esa complejidad nos embarca, al ser nosotros los que ponemos el
instrumento de descripción, en un regressus in infinitum.
Pero tranquilo:
¡mi comentario termina aquí mismo!
Le han vuelto a romper el escaparate al
Comercio Sol, una
tienda china al lado de la Universidad. Bueno, lo que le rompieron el
año pasado fue la puerta. Me pregunto si será por
casualidad, y me contesto que es improbable. Que seguramente (y
especulo) tiene algo que ver con alguien que les tiene manía
a
los comercios chinos. Al menos nunca he visto otro negocio que le hayan
roto dos veces las lunas tan seguido. Si me preguntan a mí,
hay
xenofobia por allí (llamadlo racismo si queréis),
y
mucho. Otra cosa, o la misma, es que a la gente le alarme o disguste lo
mucho que trabajan los chinos. Que igual viene por allí la
cosa.
Envidia, y competencia desleal (la del que rompe el escaparate del
vecino, digo).
Me acabo de empezar a leer el
último premio Goncourt, Les
Bienveillantes,
de Jonathan Littell, una impresionante novela sobre el genocidio nazi,
y la participación en él del narrador, viejo nazi
y
genocida, buen burgués discreto, y jamás
represaliado.
Viene a sacar las últimas consecuencias de lo que Hannah
Arendt
llamaba "la banalidad del mal" en su libro Eichmann en Jerusalén.
Ya no es sólo que Eichmann fuese un tipo vulgar, en lugar de
un
demente psicópata; lo malo es que a fuerza de vulgaridad,
todos
somos como Eichmann. Que Eichmann es, como su nombre
indica...—Everyman.
Lo terrible, nos muestra la novela, no son tanto los asesinos locos,
como el de la Universidad de Virginia de ayer, sino la gente de orden
que sigue la corriente, y que yendo donde va la gente, acaba cometiendo
las mayores atrocidades: por inercia, por disciplina, por indiferencia,
por cobardía, por interés, por comodidad, por
autoengaño, por seguidismo... Por no sacar los pies del
tiesto,
básicamente. Ya no digo los que seguían a Hitler,
sino
los que siguen a Bush en sus guerras preventivas, o a los terroristas
en sus "procesos de paz", o a Ibarreche camino de su roble, o al
cacique de turno... El madera de psicópata o el
líder iluminado al frente, los borregos detrás, o
quizá los borregos aupando al psicópata por el
proceso
natural de las cosas. Y así pasa siempre lo que pasa. Pocos
se
libran, o nadie. Hasta Hannah Arendt fue amante primero, y amiga
íntima siempre, del rector nazi Heidegger.
Se abre la novela con una autojustificación inicial,
bastante
escalofriante, en la que el narrador nos pide a todos ("hermanos
humanos" nos llama este individuo) que no lo juzguemos precipitadamente
como una bestia abyecta—pues no es ni mejor ni peor que
nosotros.
Para ser un unreliable narrator, un narrador poco fiable, nos deja
bastante poco satisfechos. No podemos fiarnos ni de su poca
fiabilidad—vamos, que argumenta que todos somos tan poco
fiables
como él. Que él es un tipo normal, que es como
nosotros,
sin más. Y nos deja casi convencidos de que en efecto es
así.... Qué digo casi. A mí me deja
convencido de
que soy la peste.
Adivino vuestros pensamientos: He aquí un hombre bien
malvado,
os decís, un mal hombre, abreviando, un tipo sucio se mire
como
se mire, que debería pudrirse en la cárcel mejor
que
endosarnos su filosofía confusa de viejo fascista medio
arrepentido. En lo de fascismo, no confundamos todas las cosas, y en lo
que se refiere a mi responsabilidad penal, no prejuzguéis,
aún no he contado mi historia; en cuanto a la
cuestión de
mi responsabilidad moral, permitidme algunas consideraciones. Los
filósofos políticos han observado a menudo que en
tiempos
de guerra el ciudadano, varón al menos, pierde uno de sus
derechos más elementales, el derecho a vivir, y eso desde la
Revolución Francesa y la invención del
reclutamiento
obligatorio, principio ahora universalmente admitido, o casi. Pero rara
vez han observado que ese ciudadano pierde a la vez otro derecho, igual
de elemental y para él quizá todavía
más
vital, en lo referente a la idea que se hace de sí mismo
como
persona civilizada: el derecho a no matar. Nadie te pide tu
opinión. El hombre que está de pie sobre la fosa
común, en la mayor parte de los casos, no ha pedido estar
ahí—igual que no lo ha pedido el que
está tumbado,
muerto o agonizante, en el fondo de esa misma fosa. Me
objetaréis que matar a otro militar en combate no es la
misma
cosa que matar a un civil desarmado; las leyes de la guerra permiten
una cosa y la otra no; la moral corriente lo mismo. Un buen argumento
en abstracto, ciertamente, pero que en absoluto tiene en cuenta las
condiciones del conflicto en cuestión. La
distinción
completamente arbitraria establecida después de la guerra
entre
las "operaciones militares" por una parte, equivalentes a las de
cualquier otro conflicto, y las "atrocidades" por otro, llevadas a cabo
por una minoría de sádicos y de chiflados, es,
como
espero mostrar, una fantasía consoladora de los
vencedores—de los vencedores occidentales, debería
especificar, puesto que los soviéticos, con toda su
retórica, siempre entendieron de qué iba la cosa:
Stalin,
después de mayo de 1945 y pasados ya los primeros gestos
para la
galería, se mofaba infinitamente de una "justicia" ilusoria;
quería mano dura, lo concreto, esclavos y material para
levantar
y reconstruir, no remordimientos ni lamentaciones, porque
sabía
tan bien como nosotros que los difuntos no oyen el llanto, y que los
remordimientos no ponen judías en el puchero. No
invocaré
a la Befehlnotstand, la
obediencia debida a las órdenes tan apreciada por nuestros
buenos abogados alemanes. Lo que hice, lo hice con pleno conocimiento
de causa, pensando que se trataba de mi deber y que era necesario que
se hiciese, por desagradable y miserable que fuese. La guerra total es
eso también: el civil ya no existe, y entre el
niño
judío gaseado o fusilado y el niño
alemán muerto
bajo las bombas incendiarias, no hay sino una diferencia de medios:
esas dos muertes eran igualmente vanas, ninguna de las dos
abrevió la guerra ni un segundo; pero en los dos casos, el
hombre o los hombres que los mataron creían que era justo y
necesario; si se equivocaron, ¿a quién hay que
culpar? Lo
que digo sigue siendo cierto aunque se distinga artificialmente de la
guerra eso que el abogado judío Lempkin ha bautizado como el
genocidio, haciendo notar que en nuestro siglo al menos no ha habido
nunca un genocidio sin guerra, que el genocidio no existe fuera de la
guerra, y que como la guerra, se trata de un fenómeno
colectivo:
el genocidio moderno es un proceso infligido a las masas, por las
masas, y para las masas. Es también, en el caso que nos
ocupa,
un proceso segmentado por las exigencias de los métodos
industriales. Del mismo modo que, según Marx, el obrero
está alienado con respecto al producto de su trabajo, en el
genocidio o en la guerra total en su foma moderna, el ejecutor
está alienado con respecto al producto de su
acción. Esto
vale incluso en el caso en el que un hombre coloca un fusil contra la
cabeza de otro hombre y acciona el gatillo. Porque la
víctima ha
sido traída allí por otros hombres, su muerte ha
sido
decidida por otros más, y el tirador también sabe
que no
es sino el último eslabón de una cadena muy
larga, y que
no tiene que hacerse más preguntas de las que se hace un
miembro
de un peloton que en la vida civil ejecuta a un hombre debidamente
condenado por las leyes. El tirador sabe que es el azar el que hace que
sea él quien dispare, que su camarada esté de
centinela,
y que un tercero conduzca el camión. Todo lo más
podrá intentar cambiar su puesto con el guarda o el
chófer. Otro ejemplo, sacado de la abundante literatura
histórica y no de mi experiencia personal: el del programa
de
exterminación de los discapacitados severos y de los
enfermos
mentales alemanes, conocido como programa "Eutanasia" o "T-4", llevado
a efecto dos años antes del programa "Solución
final".
Aquí, los enfermos seleccionados en el marco de un
dispositivo
legal eran acogidos en un edificio por enfermeras profesionales, que
los apuntaban en el registro y los desnudaban; había
médicos que los examinaban y los conducían a un
cuarto
cerrado; un obrero administraba el gas; otros limpiaban; un
policía extendía el certificado de
defunción.
Interrogada tras la guerra, cada una de esas personas dice:
¿Culpable,
yo? La enfermera no mató a nadie; no ha hecho más
que
desnudar y calmar a los enfermos, gestos ordinarios de su
profesión. El médico tampoco ha matado,
simplemente
confirmó un diagnóstico según
criterios
establecidos por otras instancias. El encargado que abre el grifo del
gas, el que está por tanto más cercano al
asesinato en el
tiempo y el espacio, efectúa una función
técnica
bajo el control de sus superiores y de los médicos. Los
obreros
que vacían la cámara proporcionan una trabajo
necesario
de saneamiento, que además es bastante repugnante. El
policía sigue su procedimiento, que es constatar un
fallecimiento y dejar constancia de que ha tenido lugar sin
violación de las leyes vigentes.
¿Quién es
culpable, pues? ¿Todos, o ninguno? ¿Por
qué el obrero
asignado al gas habría de ser más culpable que el
obrero
asignado a las calderas, al jardín, a los
vehículos? Lo
mismo sucede con todas las facetas de esta inmensa empresa. El
guardaagujas del ferrocarril, por ejemplo, ¿es culpable de
la
muerte de los judíos que él dirige hacia un campo
de
concentración? Ese operario es un funcionario, hace el mismo
trabajo desde hace veinte años, cambia las agujas de la
vía según un plan, no tiene por qué
saber lo que
hay dentro. No es por su culpa si se transporta a esos
judíos,
vía su cambio de agujas, de un punto A a un punto B, donde
los
matan. Y sin embargo ese guardaagujas juega un papel crucial en el
trabajo de exterminación: sin él, el tren de
judíos no puede llegar al punto B. Lo mismo el funcionario
encargado de requisar apartamentos para los siniestrados por los
bombardeos, el impresor que prepara los carteles de
deportación,
el suministrador que vende cemento armado o alambre de espino a las SS,
el suboficial de intendencia que hace el reparto de gasolina a un
Teilkommando de la SP, y Dios en las alturas que permite todo esto.
Claro, se pueden establecer niveles de responsabilidad penal
relativamente precisos, que permiten condenar a unos y de dejar a todos
los otros a su conciencia propia, a poco que la tengan; tanto
más fácil cuanto que se dictan las leyes tras los
hechos,
como en Nuremberg. Pero incluso allí hicieron más
o menos
lo primero que salió. ¿Por qué colgar
a Streicher,
ese mierda impotente, pero no al siniestro von dem Bach-Zelewski?
¿Por qué colgaron a mi superior, Rudolf Brandt, y
no al
de él, Wolff? ¿Por qué colgar al
ministro Frick y
no a su subordinado Stuckart, que le hacía todo el trabajo?
Un
hombre con suerte, este Stuckart, que nunca se manchó las
manos
más que con tinta, nunca con sangre. Repito, aclarando: no
intento decir que no soy culpable de tal o cual acción. Soy
culpable, vosotros no—vale. Pero deberíais sin
embargo ser
capaces de deciros que lo que he hecho yo, también vosotros
lo
habríais hecho. Quizá con menos celo, pero
quizá
también con menos desesperación, sea como sea lo
habríais hecho de un modo u otro. Creo que se me puede
permitir
concluir como un hecho establecido por la historia moderna que todo el
mundo, o casi, en un conjunto de circunstancias dado, hace lo que le
dicen, y, con perdón, hay pocas probabilidades de que usted
sea
la excepción, como no lo fui yo. Si habéis nacido
en un
país o en una época donde no sólo no
viene nadie a
matar a vuestra esposa, a vuestros hijos, sino que además
nadie
viene a pediros que matéis a las esposas o hijos de otros,
bendecid al Señor y os podéis ir en paz. Pero
quedaos
siempre con este pensamiento en el espíritu:
quizá haya
tenido usted más suerte que yo, pero no es usted mejor.
Porque
si tiene usted la arrogancia de pensar que sí lo es,
allí
empieza el peligro. Se acostumbra a oponer el Estado, totalitario o no,
al hombre ordinario—chinche o junco. Pero se olvida entonces
que
el Estado está compuesto de hombres, todos más o
menos
ordinarios, cada uno con su vida, su historia, la serie de casualidades
que han hecho que un día se encontró en el lado
bueno del
fusil o de la hoja de papel mientras que otros se encuentran en el
malo. Este recorrido muy rara vez es objeto de una elección,
ni
siquiera de una predisposición. Las víctimas, en
la
inmensa mayoría de los casos, no fueron torturadas o matadas
porque fuesen buenos; del mismo modo, sus verdugos no los atormentaron
porque ellos fuesen malos. Sería un poco ingenuo creer eso,
y basta con estar familiarizado con cualquier burocracia,
incluso
la de la Cruz Roja, para convencerse. Stalin, por cierto,
proporcionó una demostración elocuente de esto
que digo,
tranformando a cada generación de verdugos en
víctimas de
la generación siguiente, sin que por eso llegasen a faltarle
jamás verdugos. Pues bien, la maquinaria del Estado
está
hecha de la misma aglomeración de arena frágil
que lo que
va moliendo grano a grano. Existe porque todo el mundo está
de
acuerdo para que exista, incluso (a menudo hasta el último
minuto) sus víctimas. Sin los Höss, los Eichmann,
los
Goglidze, los Vychinski, pero también sin los guardaagujas
de
los trenes, los fabricantes de cemento armado y los contables de los
ministerios, un Stalin o un Hitler no son más que un odre
inflado de odio y de terrores impotentes. Decir que la amplia
mayoría de los gestores de los procesos de
exterminación
no eran sádicos o anormales es ahora casi un lugar
común.
Sádicos, pirados, los hubo, claro, como en todas las
guerras, y
cometieron atrocideades sin nombre, es cierto. También es
cierto
que las SS podrían haber intensificado sus esfuerzos por
controlar a esta gente, aunque hizo más de los que se suele
pensar; y eso no es evidente: id a preguntarles a los generales
franceses, buenos problemas que les daban, en Argelia, sus
alcohólicos, sus violadores, sus asesinos de oficiales. Pero
el
problema no está allí. Chiflados los hay por
todas
partes, a todas horas. Por nuestros pacíficos barrios
residenciales pululan los pedófilos y los
psicópatas, por nuestros refugios nocturnos, los locos
furiosos
megalómanos; algunos de hecho se convierten en un problema,
matan a dos, a tres, a diez, incluso a cincuenta
personas—luego,
ese mismo Estado que los utilizaría sin pestañear
en caso
de guerra, los aplasta como mosquitos inflados de sangre. Esos hombres
enfermos no son nada. Pero los hombres ordinarios que constituyen el
Estado—sobre todo en tiempos inestables—esos son el
auténtico peligro. El auténtico peligro para el
hombre
soy yo, es usted. Y si no le convence esto, es inútil que
siga
leyendo. No entenderá usted nada, y se enfadará,
sin
provecho para usted ni para mí.
Siguiendo el hilo
de un
post de ifBook sobre los comics en red llego al
artículo de la wikipedia sobre Web Comics
y a la teoría del comic en forma de comicI
Can't Stop Thinking!de
Scott McCloud. Muy secuencial y uniforme parece ser la
reinvención que propone McCloud; será que yo
tampoco
puedo parar de pensar, pero se me ocurre que cada viñeta
podría conducir verticalmente, u horizontalmente, o
hipertextualmente (o sea en profundidad) a otra viñeta, o a
un
texto que continuase la historia narrándola, o a una
película que la animase (del propio autor o de YouTube), o a
fotografías e imágenes periféricas de
esa escena,
o a diversas músicas de fondo, materiales originales o
ready-made de todo tipo reciclados o a medio deglutir... la obra de
arte narrativo total, vamos, dentro de los límites del web.
Con
añadidos de grupos de discusión, foros,
flashmobs,
expansiones colaborativas o alternativas, tipo fanfiction, o por
qué no, una narración wikimultimediada hecha por
cientos
de personas.... me parece que debo estar describiendo Second Life
en cierto modo, cuando se le añadan ciertas potencialidades
y
detalles, por ejemplo la web dentro de la web. O igual estoy
describiendo First
Life. Una
narración tan total como la que digo sería
inacabable e
indiseñable (poco narrativa en suma) aunque pudiese contener
episodios de intensa narratividad, como la vida misma.
¿Es un diario una narración?—les
preguntaba yo hoy
a los alumnos en clase de comentario de texto. Un diario no es tan
retrospectivo como... una novela en forma de diario ficticio, por
ejemplo. Me contesta una alumna enfatizando la diferencia de
retrospectividad que se da para el escritor del diario (con el futuro
todavía por escribir) y para quien lo lee con distancia, una
vez
terminado o avanzado (y con el futuro ya escrito). Gran parte de la
retrospectividad que hace aumentar la narratividad no está
en el
texto de por sí, sino que estará, o no
estará,
según los azares de lo que la vida, el autor y el
lector
hacen con ese texto.
En cierto sentido esto de los blogs personales es una
narración
multimedia en curso. Con miles de puertas de salida, una por enlace...
pero que a pesar de todo mantiene su precaria secuencia y entidad. Y
con sus propias recurrencias, coherencias, incoherencias e
ironías, voluntarias e involuntarias. Una
narración
multimedia de las aventuras de la mente (como diría Anatole
France),
con imagen y música e historietas, vamos. La historia del
mundo
pasado por uno mismo. Si alguien lo relee en el futuro, cosa improbable
como no sea yo mismo. En todo caso, sigue la historia, y estoy de
acuerdo con McCloud en que no está claro dónde
está el final. Aunque el último post de la
mayoría
de los blogs suele caer de improviso, por lo que tengo observado.
Una de las mejores películas del
2005, de Fernando
Mirelles con guión de John LeCarré. Se presenta
como un
ataque contra las políticas abusivas, racistas y
neocoloniales
de las compañías farmacéuticas,
utilizando a los
africanos como conejillos de indias para sus productos antes de su
comercialización oficial. Todo con la previsión
(o
esperanza) de que haya una pandemia de tuberculosis en el futuro
próximo, y se forre quien sobreviva y tenga la medicina a
punto.
Según dice LeCarré en los
créditos finales,
aún ha suavizado mucho la realidad... y eso que la de la
película incluye sobornos masivos, tratos con mafias,
asesinatos
de voluntarios ONG entrometidos, y connivencia entre las embajadas de
Occidente y los negocios sucios oficiales y extraoficiales.
El "jardinero fiel" es el protagonista, Ralph Fiennes,
diplomático de segunda, que vive feliz siguiendo la
corriente a
sus superiores, no metiéndose donde no le llaman y
dedicándose a la jardinería. Quizá sea
esto de la
jardinería una alusión al Cándido de
Voltaire, que al final desesperaba de arreglar el mundo y adoptaba la
máxima de "cultivar su jardín". Aquí
la
filosofía de Fiennes, si era esa, sigue el camino inverso: a
través de su esposa, ricacha metida a voluntaria
investigadora
anticapitalista, se ve envuelto en la intriga de destapar a los
diplomáticos corruptos y a las multinacionales asesinas, en
especial cuando la asesinada es ella y su colaborador africano (y gay,
aunque a Fiennes le presionaban con anónimos denunciando un
affaire entre ellos).
Pasa pues Fiennes de diplomático escurridizo a investigador
comprometido, y rompe con ello todas las reglas de etiqueta
diplomática y los sobreentendidos y old school
ties de la
embajada; pasa de europeo con campo de fuerza protector a
víctima voluntaria, que va a que lo asesinen al mismo sitio
donde habían matado a su mujer. Ésta a su vez
pasa de
ligeramente histérica y mala cabeza, e incluso sospechosa de
frivolité, a ser una santa inspiradora que se le aparece a
Fiennes en flashbacks y le recuerda su auténtica
misión:
comprometerse de verdad con lo poco que se pueda hacer, ya que todo no
lo van a poder salvar. Abandona el jardinero su jardín, sin
por
ello perder el escepticismo y pasar a creer que el mundo tiene remedio.
No lo tiene, los malos son demasiados poderosos, pero hay que morir
luchando. Y eso requiere, en su caso, dejar de ser un
británico protegido por los sobreentendidos del
postcolonialismo, para ser un hombre sin patria (mi patria eres
tú, le dice al fantasma mental de su esposa) y sacar las
consecuencias de que las vidas y caras negras que ve pasar todo el
día por delante de él son seres con la misma
dignidad y
derecho a la vida que él. Abre los ojos para darse cuenta de
que
la violencia tiránica, la opresión abusiva y
genocida,
está en sus mismas narices si elige verla.
Es, sobre todo una película sobre (y contra) los
sobreentendidos
que rigen los tratos entre los gobiernos y los poderosos. El mayor
sobreentendido: que no hay que salirse del tiesto y cuestionar las
maneras de hacer que nos vienen dictadas por nuestros superiores, ni
cuestionar sus acciones ni métodos aunque nos parezca que no
cuadran con lo que predican. Sobre eso va el primer flashback de la
película, cuando Fiennes conoce a su esposa Weisz. El
leía una conferencia de su jefe (la voz de su amo, vamos)
alabando la diplomacia y la democracia. Y desde el público
le
interpela Weisz: "¿Diplomacia? ¿Democracia? Y
qué
hacemos declarando la guerra a un país (Irak) por seguidismo
a
los americanos?" —Pues sí, qué pregunta
tan
incómoda, verdad... Aquí en
España, al PP a
estas alturas aún le entra por un oído y le sale
por el
otro, esa pregunta. Aunque lo de "haz lo que diga el jefe, sin chistar,
y tu criterio te lo guardas en el bolsillo" se lleva mucho en todas
partes—qué tal si empezamos por mirarnos al
espejo, y no hablo por mí, claro.
Peca de fatalismo o derrotismo la película cuando va Fiennes
a
que lo maten al lago donde mataron a su mujer. (Matones negros, claro,
triste ironía). Es romántico, pero es sentimental
y
derrotista. Aquí no gustar. En cuanto a méritos,
aparte
de meterse en camisas de once varas con una valentía que
pocas
películas tienen (me acuerdo sin embargo de El señor de la guerra),
no es el menor de los méritos de esta película la
manera
en que está filmada, con mucho juego de imágenes
pregrabadas en el ordenador, flashbacks que mantienen la intriga e
incertidumbre sobre las acciones y motivos de Weisz simultaneadas para
el protagonista y para el espectador. Y un retrato de
África inolvidable, con el colorido increíble y
la mezcla
caótica de primitivismo y modernidad, la pobreza atroz y las
caras sonrientes, con mafiosos embrutecidos y pobres infelices pillados
por enmedio, todo filmado a modo de documental, para recordarnos que la
mayoría de esas caras que vemos en el trasfondo no son
actores,
precisamente. Mejor la próxima vez me cojo una de Woody
Allen—los occidentales tenemos donde elegir.
Domingo 15 de abril de 2007
Las profecías fallidas
Se leen desde el trono de la ironía
retrospectiva. Por ejemplo, este
artículo de 1938que
argumenta la ineficacia de la aviación como arma de guerra y
lo dudoso de una repetición de una guerra global. Lo
más
gracioso es que se presenta como un análisis de
profecías
fallidas que se hacían unos años antes: que un
avión sería capaz de hundir un barco de guerra,
que un
bombardeo podría destruir una ciudad... Pues ya ven; quien
ríe el último, tropieza en la misma piedra.
Nos dan
semejantes profecías la ilusión de que nosotros,
en
cambio, sí conocemos el futuro—cuando, en
realidad, no
tenemos ni idea, como ellos. Aquí hay más cosas
que darán que hablar en el futuro: "Revolution,
Flashmobs and Brain Chips. A Grim Vision of the Future"
—unas profecías del ejército
británico que
(como las del cambio climático de la ONU) esperemos sean
igualmente erróneas.... para bien (vía Retiario, "El
futuro oscuro").
Es interesante el planteamiento de este
blog irónico-retrospectivo, Modern Mechanix: Yesterday's
Tomorrow, Today. Todo un ejercicio de
circulación temporal para futuros lectores (y otra
profecía fallida, ésta, seguro).
Una profecía (cumplida, para mayor desgracia) de La traición de los
clérigos, de
Julien Benda, un libro que ataca el funesto crecimiento de los
entusiasmos, ideologías y prédicas nacionalistas
y
antidemocráticas en su época (1927):
Si nos preguntamos, en
efecto,
adónde se dirige una humanidad en la que cada grupo se
abisma
con más saña que nunca en la consciencia de su
interés en cuanto particular y escucha por parte de sus
moralistas que es sublime en la medida en que no conoce más
ley
que este interés, incluso un niño
hallaría la
respuesta: se dirige hacia la guerra más total y
más
perfecta que el mundo habrá conocido, ya sea una guerra
entre
naciones, ya sea entre clases.
Tuvo Benda la lucidez y el triste acierto de
pronosticar la Segunda Guerra Mundial.
Y no es que fuese un pacifista, lejos de ello: el pacifismo es para
él otra forma de la traición de los
clérigos, una
renuncia al deber intelectual y moral de defender la justicia.
Así, critica al pacifista Romain Rolland, que "al
tener que juzgar entre dos pueblos en lucha, de los cuales uno se
había lanzado sobre el otro frente a todos sus compromisos y
el
otro se defendía, no supo más que salmodiar "Odio
la
guerra", y condenar a ambos sin zanjar la cuestión. No
sabríamos exagerar las consecuencias de un gesto que
habrá mostrado a los hombres que la mística de la
paz, al
igual que la de la guerra, puede extinguir totalmente en quienes
están aquejados de ella el sentimiento de lo justo".
Critica Benda a los "clérigos" o intelectuales
que se
vuelven voceros o instrumentos políticos olvidando su
vocación dedicada a asuntos no prácticos. Por
ello mismo
está en contra del ideal platónico del "gobierno
de los
sabios" y aboga en su lugar por una separación de funciones.
Los
"clérigos" a sus prédicas que no son de este
mundo; esa
es su función social (en esto recuerda a
Arnold)—los
políticos, a lo suyo. Ve en el crecimiento desmesurado de
las
pasiones políticas y nacionalistas, y en la
traición de
los intelectuales que se someten a esas bajas pasiones, una triste
señal de la modernidad y un anuncio de cosas peores:
el final
lógico de este
realismo integral profesado por la humanidad actual es la matanza
organizada de las naciones o de las clases.
Los valores
propiamente intelectuales ("clericales") son estáticos,
desinteresados
y racionales. Es propio del clérigo predicar el ideal fuera
de toda
consideración práctica.
Muchos son sus enemigos: en el prefacio de 1946 a La traición
ataca el pensamiento "débil" que diríamos ahora:
el pensamiento
procesual, que cuestiona el principio de identidad (desconstrucciones
avant la lettre, pongamos), el "pensamiento dinámico"
bergsoniano, los
conceptos "fluidos", la verdad científica concebida como
cambio
ininterrumpido... todo son para él maneras de minar la
razón, pues de
suyo el pensamiento "tiene
una vez más por esencia proceder por articulaciones
tangibles y asignables" (81).
El
papel de los clérigos es precisamente proclamar esa
idealidad y ponerse
a aquellos que sólo quieren ver las necesidades materiales
del hombre y
la evolución de su satisfacción. (90).
Políticamente, Benda es un demócrata liberal
combativo,
un antitotalitario furibundo y desilusionado, que sabe que no es
realista creer en la democracia:
El
único sistema político que puede adoptar el
clérigo si se mantiene fiel
a sí mismo es la democracia, puesto que con sus valores
soberanos de
libertad individual, de justicia y de verdad, no
es práctica. (95).
Y a la democracia se opone el crecimiento de las pasiones
políticas, sea el nacionalismo o el sectarismo totalitario,
que invaden
todos los aspectos de la vida y someten a la personalidad:
Añadamos
que el individuo confiere una personalidad mística al
conjunto del cual
se siente miembro, le profesa una adoración religiosa que,
en el fondo,
no es más que la deificación de su propia
pasión, e incrementa en no
poco su potencia.
No habla Benda de la conjunción de
fútbol y
política, o de los sectarismos religiosos, pero seguro que
también tendría algo que decir al respecto. Tampoco es
optimista con el desarrollo de
una "religión de la humanidad" (a la Comte) que racionalize
la
sociedad y supere sus fragmentaciones. Se puede llegar a esto por
racionalismo, por organización, pero la
racionalización
organizada es una carga para el espíritu libre, es una
fábrica de voluntades prefabricadas—es el terreno
de lo
práctico, no de lo ideal. Esta humanidad racionalizada,
universalizada y espiritualmente mediocre (que cree llegará)
es
su versión del Mundo Feliz de Huxley o de la humanidad
Macdonaldizada:
Llegaremos así a una "fraternidad universal", pero que,
lejos de
suponer la abolición del espíritu de
nación con
sus apetitos y sus orgullos, será por el contrario su forma
suprema, ya que la nación pasará a ser el Hombre
y el
enemigo pasará a ser Dios. Y entonces, unificada en un
inmenso
ejército, en una inmensa fábrica, no conociendo
más que heroísmos, disciplinas, invenciones,
despreciando
toda actividad libre y desinteresada, de vuelta de haber situado elbien
más allá del mundo real y no teniendo
más dios que
ella misma y sus deseos, la humanidad alcanzará grandes
cosas,
quiero decir, una dominación verdaderamente grandiosa sobre
la
materia que la rodea, cuna consciencia verdaderamante feliz de su
poderío y su grandeza. Y la historia sonreirá al
pensar
que Sócrates y Jesucristo murieron por esta especie.
Decididamente
difícil de contentar, este Benda... (Claro que la sonrisa de
la
Historia es una pura proyección de los deseos del autor.
Nadie
sonreirá, y eso es lo más siniestro). Jesucristo,
desde
luego, no hubiera contado a Benda entre los tibios a los que
despreciaba. He aquí otro pronunciamiento que muestra que
era
hombre de su época (éste de Un
régulier dans le
siècle, 1937):
En cuanto a
mí, considero que,
por su moral, la colectividad alemana moderna es una de las pestes del
mundo y si sólo tuviese que apretar un botón para
exterminarla totalmente, lo haría de inmediato, llorando
sólo por los pocos justos que caerían en la
operación.
¿Excesos verbales nada más? Al final ya no sabe
si
quedarse uno con Hitler o con el exterminador de hitlerianos... Me
quedo antes con Hitler cuando aspira a pintor que con Benda cuando
fantasea con el genocidio.
Más me gusta, dentro de su cinismo idealista, si
cabe la
expresión, esta otra profesión de fe en los
grandes
humanistas y filósofos:
Gracias a ellos podemos
decir que,
durante dos mil años, la humanidad hacía el mal,
pero
honraba el bien. Esta contradicción era la honra de la
especie
humana y constitutía la fisura por la que podía
filtrarse
la civilización. (150)
Que siempre ha sido escasa y precaria, nos recuerda Benda, y nunca ha
estado,
ni estará seguramente, a salvo de la recaída en
la
barbarie. La civilización, dice Benda,
es un feliz accidente en
el
desarrollo del hombre (...). Ni que decir tiene que si la humanidad
llega a perder este ornamento hay pocas posibilidades de que lo vuelva
a encontrar; por el contrario, hay muchas de que no lo vuelva a
encontrar, al igual que si un hombre hubiese encontrado un
día
una piedra preciosa en el fondo del mar, y luego la hubiese dejado caer
de nuevo, habría muy pocas posibilidades de que la volviese
a
encontrar jamás.
(La ilustración: unas flores pintadas por Adolf Hitler en
sus
momentos más contemplativos y menos orientados a la vida
práctica y organizativa).
Ponían
esta canción en la radio, a dúo entre Bob Dylan y
Johnny Cash, a modo de tangueros country.
- ¿Por qué la quitas, que es tan bonita?
- Ya la pongo otra vez. Antes tenía yo este disco.
- Es genial; ¿y ahora no lo tienes?
- No.
- ¿Te lo dejaste por ahí?
- Ahá. Por suerte
está YouTube, la televisión donde todo permanece:
Meha
gustado esta historia de un experimento periodístico en USA;
el Washington Post
convenció a un genio del violín a que tocase en
el metro
en plan músico callejero, por ver cuánta gente le
hacía caso y si recaudaba más dinero de lo
habitual... y
nada. La gente pasaba a cientos, casi ninguno se paraba, alguno echaba
una monedilla... como a todo quisque, aunque el músico eraJoshua
Bell con un Stradivarius.
Me ha recordado a ese otro experimento reciente, la periodista que
coló en ARCO un cuadro pintado por un colegio de
párvulos, y arrancaba sesudas interpretaciones (y fuertes
estimaciones de precio) a los espectadores y críticos.
Pollock
tampoco lo hacía mucho mejor, es cierto.
Se podría decir lo de margaritas a los cerdos, pero creo que
la
auténtica lección es otra. El texto
(artístico o
intelectual), sin su contexto, es nada o muy poco. Los protocolos de
recepción, la actitud reverente preestablecida en un
contexto
socialmente respetable (una universidad, una sala de conciertos, un
museo...), es la mitad del efecto del arte; el resto lo hace
la
obra, pero ni siquiera ese cincuenta por ciento se deja oír
fuera de contexto. Un genio tocando en el contexto de un
músico
callejero se vuelve un músico callejero.
Están equivocados quienes trabajan el texto y creen que con
eso
basta. Lo esencial es el ritual completo de la comunicación,
y
todo ritual necesita su catedral y sus fieles devotos. Hay que trabajar
el contexto de recepción: aparecer en un contexto
reconocido, o
crear un torbellino de atención en torno a la obra de uno. Y
eso
no lo hace la obra (a no ser por azar); eso lo hace una red de
comunicación, distribución y relaciones de poder
e
influencia. Ni siquiera el informe a ciegas sobre el texto es
garantía: esas cegueras tienen muchos agujeros, y la
retórica local lo es casi todo. Que se lo pregunten a
Sokal...
Es una insensatez publicar nada en un blog sin eco mediático
(siquiera sea blogosférico). Como siempre, la diferencia no
estará en el medio (cualquier medio es bueno o malo o muy
poco
en sí) sino en su ubicación en la red de
comunicaciones.
Claro que siempre podemos consolarnos pensando que lo nuestro es un
Stradivarius.
El
Foro Ermua y Convivencia Cívica Catalana denuncian el acoso
de
nacionalistas y socialistas catalanes contra el uso de la lengua
española en Cataluña
Bilbao y Barcelona.
13 de abril de
2007. Los nacionalistas catalanes y vascos llevan
décadas
imponiendo medidas, frecuentemente ilegales, para arrinconar el uso de
la lengua española en sus respectivas regiones, persiguiendo
colocar a los castellanohablantes en condición de ciudadanos
de
segunda categoría. Esta discriminación
anticonstitucional, a la que ellos cínicamente denominan normalización
lingüística,
constituye un elemento esencial del proyecto nacionalista
para
imponer una sociedad uniformizada en la que todo vestigio de
pensamiento discrepante y de “lo
español” hayan sido
denigrados y arrinconados.
Como muestra de esta
política de discriminación, hace una semana el
nuevo
tripartito de Cataluña ha vuelto a negar la posibilidad de
que
los padres de los alumnos de enseñanza primaria puedan
solicitar
que sus hijos reciban la educación en lengua
española el
próximo curso. Sencillamente, en los formularios para la
preinscripción de 2007-2008 que ha repartido la Generalitat
no
figura una casilla en la que optar por la enseñanza en la
lengua
materna española. De este modo, todos los padres
están
forzados a aceptarla en catalán. Este derecho fundamental
les es
negado, nuevamente, por el gobierno del PSC, ERC e IC (IU). Esta
discriminación empezó ya en la época
de los
gobiernos nacionalistas de CiU. Las sentencias en contra de este
atropello adoptadas por el Tribunal Superior de Justicia de
Cataluña en más de una ocasión fueron
incumplidas
abiertamente por el Gobierno del socialista Pascual Maragall y, ahora,
por el también socialista José Montilla.
Ningún
ciudadano,
político o partido democrático de
España puede
permanecer callado e indiferente ante este atropello repetido a un
derecho básico de los ciudadanos de Cataluña,
como es la
elección de la lengua en la que sus hijos han de recibir la
mayor parte de las clases. Esta tradicional política
discriminatoria de los nacionalistas, ahora es plenamente asumida y
practicada por los nuevos conversos a la ideología
nacionalista:
los socialistas del PSC, PSE, PSG, etc. apoyados expresamente
por
Rodríguez Zapatero. Los dirigentes o militantes de base
socialistas que aun permanezcan fieles al pensamiento
histórico
socialista deberían levantar su voz y colocarse del lado de
quienes en Cataluña reclaman el reconocimiento de tan
elemental
derecho. El futuro de las libertades en España
también se
está jugando ahora en este frente.
Las
hipocresías ya no
resultan convincentes. Los únicos responsables de esta
polémica en torno al uso de las lenguas en
Cataluña son
los nacionalistas y socialistas que incumplen sentencias judiciales y
vulneran derechos fundamentales con sus acciones de gobierno.
Me
pedían en
Generación Red, con quienes quizá colabore en
plan
frílans, un currículum para la red, y he
concoccionado
este, mezclando los currícula oficial y personal de mi
página de datos personales.
¿Estaré alcanzando una personalidad integrada?
Aunque de
momento prefiero mantener una cierta dualidad Dr. Je / Mr. Id.
José
Ángel GARCÍA LANDA (Biescas, Huesca, 1961) es Master
of Artsen
Inglés por la Universidad Brown (Providence, Rhode Island,
USA)
y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de
Zaragoza.
Es
Profesor Titular de Filología Inglesa en la Universidad de
Zaragoza
(España) desde 1992. Imparte clases en la licenciatura de
Filología Inglesa, tanto en primer ciclo, en la asignatura
de
Comentario de textos literarios ingleses, como en segundo ciclo
(Shakespeare y Crítica literaria inglesa y norteamericana).
También suele impartir un curso de doctorado en el Tercer
Ciclo,
sobre literatura, teoría crítica o
narratología,
que son sus principales líneas de investigación.
Es autor
de los libros
Samuel Beckett y la narración reflexiva
(Prensas Universitarias
de Zaragoza, 1992) y Acción, Relato, Discurso:
Estructura de la
ficción narrativa (Ediciones Universidad de
Salamanca, 1998).
Ha coeditado Narratology (Longman Critical Readers;
Addison Wesley
Longman, 1996) y Gender, I-deology: Essays on Theory, Fiction
and Film
(Rodopi, 1996). Fue director (1992-99) de la revista Miscelánea:
A Journal of English And American Studies (Universidad de
Zaragoza),
y ha publicado artículos en diversas
revistas de Filología, así como varios
capítulos
de libros académicos. (Algunas de estas
publicaciones pueden encontrarse aquí).
Actualmente trabaja en A
Bibliography of Literary Theory, Criticism and Philology,una
base
de datos bibliográfica de libre acceso a través
de Internet recientemente incluida en el Oxford Text Archive.
Algunos datos personales que imprimen carácter: soy hijo de
maestro y maestra, Ángel y Dolores, y me crié en
Biescas
hasta los dieciocho años (con instituto en
Sabiñánigo). Tengo muchos hermanos y
hermanas—montones. En los años sesenta y setenta
veraneaba
mucho en Francia con mis abuelos (exiliados o emigrantes
allí);
fui muchos años un niño obediente, un estudiante
modelo y
un
auténtico fanático del dibujo: luego se
me fue pasando. Estoy casado (recasado) con Beatriz
Penas, colega de la Universidad, con quien trabajamos en the Pragmatics of Understanding
and Misunderstanding—ella
tiene coche, yo moto. También tenemos tres niños
de
primera, Álvaro, Ivo y Oscar. Vivimos en el centro de
Zaragoza,
cerca de la Plaza de los Sitios. Hacemos visitas ocasionales a Biescas
y a Galicia, la tierra de Beatriz. ¿Que
qué
aspecto tengo? A veces salgo en mi fotoblog,
buscad por ahí. Mis aficiones han sido, en
retrovisión,
el modelismo (años 60 y 70), el dibujo (años 70 y
80), la
guitarra y el coleccionismo de libros (años 80 y 90), y las
compilaciones
bibliográficas y el coleccionismo de música
cantada
(años
90 y 00); lecturas y cine siempre. Ahora también el blogueo.
Tengo
recuerdos
de mucho esquí y bicicleta en el pasado remoto, pero suenan
a
recuerdos
de otra persona, y tal vez lo sean.
Sigo presentando a mis cantantas favoritas,
en este caso Marisa Monte, muy en su salsa, tal y como la ví
hace unos años en un concierto cantando esta
canción, "Amor I love you". Paciencia hasta que hace MM la
entrada al concierto, porque va precedida de una sesión
fotográfica con susurros de Birkin y Gainsbourg
(atención: subir el
volumen cuando acaba la pareja parisina, porque está alto de
más al principio y bajo de más cuando empieza
Marisa
Monte). Del
disco Memórias,
Crônicas e Declarações de
Amor—qué
tiempos aquellos de las declaraciones; crónicas
podríamos
escribir. Memorias... eso me recuerda algo. En fin, Marisa Monte:
Ayer me dio un arrebato y me compré, tras larga abstinencia,
una
remesa
de discos imprescindibles: el último de esta Marisa Monte,
el
último de Haris Alexiou, el último de Loreena
McKennitt, el último de Teresa Salgueiro, el
último de Savina Yannatou.... Uf, un exceso. Dí
que no me
importa subvencionarlas—lo poco que les llegue de vender
discos,
vamos.
Y en otro orden de cosas, siguen por aquí las medias
vacaciones... con madrugón para llevar a los
críos al
cole, eso las deja muy cojas. Y aunque no trabajo mucho, he recuperado
la
memoria.
También he contactado (gracias a la
bibliografía) con el nuevo traductor argentino de las obras
de
Shakespeare que se van publicando ahora, Pablo Ingberg, que acaba de
traducir los Sonetos,
entre otras cosas.
Aquí va uno sin traducir (Soneto 15)—todos dicen I
love you:
When I consider
everything that grows
Holds in perfection but a little moment,
That this huge stage presenteth nought but shows
Whereon the stars in secret influence comment;
When I perceive that men as plants increase,
Cheered and checked even by the self-same sky:
Vaunt in their youthful sap, at height decrease,
And wear their brave state out of memory,
Then the conceit of this inconstant stay
Sets you most rich in youth before my sight,
Where wasteful time debateth with decay
To change your day of youth to sullied night.
And all in war with Time for love of you,
As he takes from you, I engraft you new.
Cuando tenemos un rato libre, o nada que decir, podemos
hablar
del tiempo. Además llueve. A ver si decimos del tiempo algo
que
nadie haya dicho nunca: difícil, pero. Podemos tomar como
punto
de referencia (así me ha venido a la cabeza) estas
minirrecopilaciones de artículos de biología
sobre la
representación temporal en The Loom
("Animal
Time Travelers") y The
Neurocritic ("Mental
Time Travel"). Pasamos allí desde la
percepción temporal de los pájaros, pasando por
la de las ratas y la
de los primates, hasta el tiempo complejo y variado de los hombres.
Aunque dentro de estos, se da todo tipo de experiencia temporal
acumulada en la evolución, desde el tiempo mínimo
de la
organización de las sensaciones presentes hasta el tiempo
largo
y complejo de un historiador o de un primate
of the Church.
Si nuestro tiempo es complejo, es porque nuestra realidad es
más
compleja e inclusiva que la de los animales (—las plantas no
creo
que tengan tiempo para sí); y si nuestra realidad es
más
compleja es porque nuestro cerebro es más complejo, y
viceversa.
El cerebro (cuando no es una gelatina fría, o unos sesicos
fritos) es un extraordinario generador de representaciones; una
fábrica de realidades (a este cartesiano nivel de
generalidad
tanto da, realidad o representación). Entre ellas, genera
distintos tipos de realidades
o representacionestemporales.
El tiempo no está allí afuera, previo a la
experiencia, o
no lo está en un sentido en el que podamos hablar mucho de
él. El tiempo tal como lo conocemos es una compleja
relación entre representaciones generada y orquestada por el
cerebro. O más bien toda una colección de esos
sistemas
complejos, pues como hemos visto, el tiempo del arrendajo no es el
mismo que el del babuino o que el del humano. No viven en el mismo
medio ambiente temporal que nosotros, pues no tienen nuestra capacidad
de articular experiencias complejas (aunque estos estudios parecen
señalar que va a haber que afinar mucho entre las
capacidades
propias de cada especie, pues mal se puede creer que los animales viven
en un presente continuo indiferenciado). Los animales construyen
representaciones de complejidad variable según sus
capacidades,
necesidades e intereses alimentarios, reproductivos, sociales sin
duda... Aunque no se pueden comparar en complejidad a las experiencias
temporales humanas.
Quizá los animales que viven más cerca del
presente
inmediato se acerquen más a la "realidad" del tiempo en un
cierto sentido, en el sentido de que el transcurrir presente tiene una
sustancialidad real que no tienen el pasado y el futuro—puros
juegos de representaciones, éstos. En cualquier caso, lo
que entendemos los humanos por "presente"
poco tiene que ver con la experiencia del presente de los animales;
nuestro presente es multidimensional y complejo también,
pues
muchos de sus aspectos están estructurados en
relación al
pasado y al futuro; nuestro presente está hecho con estos
otros
ingredientes menos sólidos. Y también con una
variedad de
aspectos verbales: el iterativo, el durativo, el repetitivo, el
incoativo... A lo que voy es que nuestro tiempo no está
meramente organizado como experiencias de un cerebro complejo, y de
circuitos cerebrales especializados en la elaboración de la
experiencia y la estructuración de la memoria, sino que
está además estructurado por una serie de
tecnologías complejas de manipulación
temporal—empezando
por el lenguaje.
La
narración es
una de esas herramientas o tecnologías de
manipulación
temporal: no es sólo un acto lingüístico
(aunque
algo tiene de eso a veces) sino una plataforma multimedia, una interfaz
semiótica de manipulación temporal de lenguaje y
representaciones de acciones (recuerdos). He ahí, en esta
naturaleza mediadora y multimedia, una de las bases originarias de la
división narratológica entre historia
y discurso, o entre acción (nivel
no verbal) y texto
narrativo
(nivel verbal), con distintas variaciones en distintas
teorías
narratológicas. He ahí también por
qué
tantos aspectos de la narración escapan a quienes estudian
este
fenómeno desde un punto de vista excesivamente disciplinar,
ya
partan de la literatura, del cine, o de la
lingüística.
La narración se apoya, originariamente, en los rituales de
interacción social esperados y esperables (estructuras no
verbales de la acción), y por otra en la
representación
lingüística. Voz
y gesto,
también en el origen de la narración, como en el
origen
del lenguaje, son elementos originarios y también en
permanente
reestructuración mutua, en interacción continuada
y
complejificada a lo largo de su desarrollo histórico.
Otras tecnologías narrativas se han sumado al lenguaje, con
el
desarrollo cultural que ha permitido la elaboración de
narraciones en imágenes. Las primeras tal vez puedan
encontrarse
en las paredes de las cavernas, en interacción con el ritual
y
la palabra, pero apenas podemos intuir allí su
dimensión
narrativa. No es que sea precisa una secuencia de imágenes
para
crear una narración en imágenes, pues muchas
narraciones
tempranas (y tardías) recurren a la síntesis
iconográfica
de distintos momentos significados en una sola imagen significante.
Ahora bien, el desarrollo de la tecnología de la imagen pasa
por
la elaboración de complejas secuencias representacionales,
y, en
el caso del cine, por el ajuste preperceptual y mecanizado entre la
acción representada y el texto de la
representación. La
experiencia del cine enfatiza
el carácter narrativo de nuestra experiencia
vital, nos hace más conscientes de la multidimensionalidad y
manipulabilidad del tiempo.
El cine es, por supuesto, una de nuestras más elaboradas
máquinas del tiempo. (Aunque le están vedados
muchos
matices propios de la estructuración de la narrativa
escrita...). Más allá de la tecnología
de
película química, bobinas, focos y carretes,
está la tecnología de
la estructuración narrativa—la ligazón
entre
narración, punto de vista, experiencia presente, flashback, tensión
argumental...donde
tantos elementos tiene en común el cine con la
narración literaria. Más que en un nuevo modelo
de
objetivo, o una nueva técnica de generación de
imagen, es
en una nueva figura semiótica o narrativa donde hay
que
buscar un desarrollo de la tecnología de
manipulación
temporal. Mediante una alusión intertextual, mediante un uso
de
imágenes dentro de imágenes... se
engarzan entre
sí experiencias temporales (acumuladas en esas
imágenes
previas, tiempo sedimentado que se usa como ingrediente en la nueva
imagen) y se crean nuevas experiencias de percepción
y
representación temporal, antes inexistentes. O raras, o poco
subrayadas. Porque no hay una frontera clara entre lo inexistente, lo
mal percibido o deficientemente articulado, y lo poco difundido (por
ser marginal o estar en fase experimental). El cine educa al ojo y al
cerebro a
ver cosas que antes no se veían, y a establecer relaciones
temporales que antes no se establecían—vale tanto
como
decir, a vivir en un tiempo que no existía antes del cine.
En
esto, como en todo, miramos desde hombros de gigantes.
Y lo mismo sucede con cualquier tecnología de
manipulación narrativa, de imágenes o lenguaje.
Un libro es el
lenguaje de los muertos que quiere perdurar;
la escritura tiene algo de fúnebre. Pero gracias a ella
sigue
viva, o existe siquiera, la historia pasada. La historia, lejos de
tener la sustancia depositada casi en estratos sólidos que
le
atribuimos a veces, es un puro juego comunicativo, complejo eso
sí, un
gigantesco sistema de disciplinas que regulan la
representación
del tiempo, sus imágenes, textos, valoraciones... un
artefacto
semiótico-narrativo para experiencias temporales complejas.
Y cada vez más complejas, a medida que se desarrollan nuevas
modalidades, nuevas tecnologías, nuevos usos y protocolos de
representación y estructuración temporal. Antes,
por
ejemplo, podíamos tener nostalgia por el pasado
sólo;
ahora podemos sentir también nostalgia
por el futuro. El futuro (no realizado) del pasado, o el pasado del futuro
todavía futuro para nosotros; el efecto
directo, o la distorsión
retrospectiva(hindsight
bias)...
son otras tantas experiencias de temporalidad compleja desarrolladas
mediante la manipulación semiótica
práctica, y la
elaboración teórica que la acompaña.
Últimamente vivimos un frenesí
tecnológico de
tratamiento de la imagen y la palabra, y por tanto vivimos en un tiempo
descolocado, múltiple, disperso y un tanto impredecible,time out of joint
multimediado. El
teléfono (móvil),
pongamos: transforma nuestro uso del lenguaje y la presencia, por tanto
también nuestra manera de vivir el tiempo. O
también
aquí, en esta cosa misma que llamamos blog,
se ha transformado la relación entre el tiempo y el lenguaje,
gracias a la herramienta física; y queda ese nuevo horizonte
de
posibles experiencias esperando nuevas herramientas conceptuales que
lleven esa iniciativa más lejos, y nos hagan vivir en un
tiempo
más complejo. ¿Cuándo ha estado una
conversación abierta de esta manera durante años?
No
así, y no tanto como ahora. El tiempo global, colectivo, ya
no
sólo el de unos pocos, se va haciendo más
complejo con
las tecnologías de manipulación temporal.
Estimado cliente en línea de las actividades
bancarias,
Ya desde la primera
línea me suenan raro esas actividades.
Gracias por usar el servicio en línea de la
transferencia del Banco la Caixa.
¿Será
que es
catalanoparlante este mosso? Aunque lo del "Banco la Caixa" tiene que
sonar aún más raro en catalán.
Para aprobar su transacción, necesitamos
información adicional. Tener acceso por favor a su cuenta
bancaria en línea para verificar que la
información
está correcta y terminar tu inscripción.
Aclárese usted, ¿me tutea o no me tuteas
tú? Yo no
fiarme—la gramática no está correcta.
Si no oímos de ti en el plazo de las 24 horas
próximas, cancelaremos tu servicio en Lнnea Abierta.
The tell-tale н....
Si
es que se les ve el plumero; ni un sketch parodia de mafiosos rusos lo
haría mejor. Así que cancelen, pero de verdad.
Chascar aquí para las actividades bancarias en
línea.
Me gustaría
saber si es que
chascan en algún lugar de Latinoamérica. Aunque
para
chasco, el de los cirílicos.
Si tienes preguntas, visitar por favor nuestro Web site en
www.lacaixa.es/.
Hombre, pues tener
tener... pero yo no fiarme de la respuesta.
¡Gracias por usar el Banco la Caixa!
De nada. Ya me pueden
esperar sentados en un Banco, o en una caixa.
Zapatero tendrá un segundo mandato...
así empieza
la profecía de Voto en Blanco, con la que me temo que estoy
plenamente de acuerdo. Leedlo
aquí para saber lo que va a pasar de
aquí al 2012, en líneas generales, claro.
He encontrado por YouTube este trocito de Dido y Eneas de
Purcell, de una versión filmada en Hampton Court, con Maria
Ewing. Una de mis sopranos favoritas, que aparte de cantar
maravillosamente, se anima a hacer estas
versiones para cine a veces.
También tengo una excelente Carmen protagonizada
por ella. Aquí hay una escena: "Les tringles des sistres
tintaient":
Y aquí
hay un vídeo recién
añadido donde la podéis ver cantando en
plan travestí el
"Voi che
sapete"de Mozart—¡muy muy bonito!
Incluso amnésico, podría decir. He
perdido la memoria. Hasta hoy tenía memoria, la usaba sin
prestarle mayor atención, y de repente... nada. No me
acuerdo de dónde la he puesto, claro, cómo me voy
a acordar, si me acordase no la habría perdido. Pues ya me
fastidia, porque tenía ahí memorizado mi
último trozo traducido de LaFilosofía
del
Presente,y me moría de ganas de
colgarlo.
Tendré
que volver a traducirlo, como una repetición del presente o
un eterno presente. Frente a mi puerta del despacho, tengo un
cartel que pone: ¿Te acuerdas de
llevarte LA MEMORIA? Porque ya
había apreciado cierta tendencia a traspapelarla...
Está visto que me tendré que poner cartelitos de
esos por todo. Y escribirme recordatorios por la piel, como en Memento. On se
gadgette, pero ni por esas: debería implantarme una memoria
directamente en la sien; con la mienne está visto que no me
apaño. Ya he interrogado a los nenes: "Otas, te has llevado
tú mi memoria?" Y nada, me juran. Pero sí me
dicen que la habían visto por ahí tirada;
así que cualquier rato me vendrá alguien (espero)
mientras estoy con la mirada perdida, waiting for the day:
"¿Es ésta tu memoria?" "Ay, sí,
contiene bonitos recuerdos— ¿dónde
estaba?". Me pregunto si alguien que la encuentre (si se me
ha perdido por la calle) podrá decir que es mía
examinando su contenido... Qué razón
tenía Hume, que decía que sin la memoria no somos
nadie.
En la tele no me veréis más que en
esta foto, aunque me proponían hoy meterme a presentador de
un programa de televisión... pero nada, si sale
adelante
el
programa, tendrá que ser con alguien más
telegénico que yo... o no saldrá. Porque me temo
que
ahí alcanzaría yo mi nivel de incompetencia, o lo
alcanzaría de nuevo con una vuelta de ventaja.
Aquí hay más
fotos nuevas de las vacaciones de SS, que aún
duran.
You scored as Hedonism. Your life
is guided by the principles of Hedonism: You
believe that pleasure is a great, or the greatest, good; and you try to
enjoy life’s pleasures as much as you can.
Creo que no le tienen bien pillado el punto a la cosa (o a
mí).
Aquí iba a estar yo haciendo blogs y rellenando
cuestionarios, si fuera hedonista... You
scored as hedonism,
buena frase. Me
consolaré con que no tengo nada de
dogmático-religioso ni
de nihilista.
Hasta hoy no había visto el manifiesto anti-Eta
presentado por Fernando Savater, y apoyado por el Colectivo de
Víctimas del Terrorismo, Basta Ya y el Foro Ermua. Se puede
leer
(o escuchar) y firmar en
la web de Basta ya.
Hay que manifestarse contra la Eta. Sé que da miedo firmar
un
manifiesto contra la Eta, cuando el mismo gobierno (ná
menos) ve
con malos ojos a quienes se oponen a la banda terrorista, y busca
desacreditarlos. Pero ese mismo miedo que lleva a no firmar estas
cosas, y esa misma actitud del gobierno, son la medida de lo grave que
es la cuestión. Cuando el gobierno elige no luchar contra el
terrorismo, se convierte en cuestión urgente para todos el
provocar una reacción de alarma.
Los cuatro gatos que se atreven a oponerse a la Eta en el
País
Vasco merecen un apoyo. Has firmado, sin duda, muchos manifiestos
igualmente útiles o inútiles en favor de perros
abandonados o contra la especulación urbana. La inutilidad
no es
excusa: sólo el miedo insuperable. Firma el
manifiesto
contra la Eta, y pasa la voz para que otros lo firmen. Si
estás
contra la Eta, claro. Y si te atreves. Si no te atreves, el mal
está ya muy avanzado.
Una
vida por delante Si os pide el cuerpo ver una bonita película
sobre el
perdón (a los demás y a uno mismo), la
reconciliación, el fin del luto, la aceptación de
la
muerte, el desbloqueo emocional y el la recuperación de la
esperanza tras una crisis… pues aquí hay una.
También es una película sobre el maltrato y la
culpa
interiorizada de la mujer maltratada. Cuando la protagonista (Jennifer
Lopez, "Jean") deja a su pareja harta ya del maltrato, el malo la
persigue, e intenta secuestrar a la hija de ella. Está bien
llevado el tema, con aproximación gradual primero y retorno
esperado y repentino al final. Y para alivio del espectador, al
maltratador le sacuden entonces a gusto y la catarsis es satisfactoria.
En la vida pasa menos, y normalmente se da más el ritual ya
establecido de degollar a la mujer y luego intento de suicidio
(allí ya les falla más la mano).
También es una película con oso insistente, para
quienes
les gusten las películas con oso insistente (Anthony Hopkins
tiene una muy buena). Naturalmente, hay un paralelismo entre el oso
insistente y el maltratador: los dos son pelirrojos. Oso sugerir
además un tercer elemento para la triangulación
simbólica: el oso es el peso del pasado que nos atrapa en
sus
garras una y otra vez, y que vuelve como un return of the repressed:
así ve venir Morgan Freeman ("Mitch") al oso que le
había
atacado y dejado inválido el año anterior, como
una
pesadilla que se repite, corriendo hacia él,…
pero no,
esta vez el pasado se va al monte.
Morgan es el viejo trabajador fiel de la granja de Robert Redford
("Einer"), un sueco cascarrabias, resentido con su antigua nuera (la
maltratada) porque su hijo murió en accidente de
tráfico
conduciendo ella, hace años. Ahora viene la maltratada a
refugiarse a su casa, con la nieta que ni conocía el abuelo,
y
la recibe de muy mala gana. Sólo Morgan (en su papel de
negro,
la autenticidad emocional) trabaja a favor de la
reconciliación,
y al final lo consigue. De hecho Morgan era el único que
mantenía atado a Redford a la vida, porque se
sentía
obligado a cuidarlo y freírlo a inyecciones de morfina.
Cuando
el oso le atacó, estaba Redford deprimido y zorro como una
cuba.
Ahora su remordimiento es grande, y a la vez que despotrican uno contra
otro, hace todo lo que le ordena o sugiere Morgan Freeman. "Libera al
oso" (que estaba en el zoo local), le ordena. "Vale". Y lo libera, y el
oso, pasado traumático, regresa por la carretera a por
Morgan… pero como digo ya estaba el trauma en
vías de
curación, menos mal.
En parte se supera el trauma porque el oso también le
magulla a
Redford. Arriesga éste su vida por salvar a su nieta del oso
(la
había adoptado como sustituta de su hijo, y le
hacía
hacer labores de chico, pero mete ella la pata mientras liberaban al
oso…). En fin, con su castigo en el cuerpo, ya
está
Redford más curado. También va superando su
misoginia
aceptando a la nieta primero, y a la exnuera Jennifer poco a poco. Toda
una reeducación emocional a los setenta años.
"Entiérrame con tu hijo", le dice Morgan. "Te
pensarás
morir primero, ¿no?" le contesta Redford. Pero como se ve,
la
comunidad armoniosa final pasa por integrar a los negros en la familia
(y a los hispanos, supongo). Es esa la América
política
de esta película, cuando Freeman se atreve a bantear con su
patrón llamándole advenedizo, "inmigrante de
segunda
generación".
El trauma luctuoso de Redford requiere repetir el pasado con las
posiciones cambiadas, para ser superado. Su hijo murió por
accidente, lo ha de aceptar ahora que la niña, por
accidente, lo
compromete a él con el oso. Así perdona Redford a
la
madre Jennifer, y acepta que se eche de novio al sheriff del pueblo;
también en eso hay final feliz (otro tío decente
en su
vida, por fin, después de autocastigarse yendo con
castigadores). Durante toda la película iba RR a intervalos
regulares a hablarle a su hijo a la tumba, donde pone en la
lápida An
unfinished life (título inglés de la
película). Ahora terminará esa vida por
fin, suponemos, y si vuelve Redford a hablar con la tumba de su hijo ya
no será en
el mismo tono; la muerte volverá a estar por delante de
Redford
(por ejemplo la de Freeman, o la suya) y ya no anclándolo al
pasado, viviendo un tiempo pernicioso postmortem de luto inacabable.
Mientras esté la muerte por delante, también lo
estará la vida (de ahí el título
español), en lugar de ser
algo que tuvo lugar en otro momento, antes de que llegase esa muerte
que paralizó el tiempo.
Una película sobre trauma, por tanto; y que necesita una
catarsis para volver a poner las relaciones y la esperanza en
movimiento. No sorprenderá que la catarsis sea
también a
base de tortas, las que recibe Redford del oso, y las que le arrea al
otro oso, al maltratador. Primero lo despacha del pueblo a punta de
rifle cuando rondaba a su exnuera, con un diálogo de
enmarcarlo
en esa escena, mientras se baja del coche del maltratador, con rifle, y
le dice que siga camino y no vuelva. Este le contesta
- Me parece que ha visto
demasiadas películas del oeste, abuelo.
- Quizá. Pero
eso no trabaja precisamente a favor tuyo.
No captando la frase, el maltratador vuelve… y aunque los
tiros
se los lleva su coche, RR le parte la cara a base de bien; y entendemos
que esta vez no volverá más. Ni él, ni
el oso que
sube monte arriba, más allá de la tumba del hijo,
con
Redford mirándolo con cara de aceptación de
cómo
son las cosas.
Una película, pues, sobre cómo el trauma bloquea
el
tiempo y nos enreda en una fenomenología temporal
perniciosa, de
las que analiza Gary Saul Morson en Narrative
and Freedom.
Las relaciones humanas, reelaboradas, resimbolizadas, repetidas con
diferencia, desplazadas, vienen a ser aquí una psicoterapia
viviente, un simbólico de las emociones que buscan su lugar
adecuado mediante fusiones de los símbolos de lo deseado y
de lo
abyecto, desplazamientos simbólicos que buscan reestablecer
una
relación sana con la propia vida y con los demás,
y
permitir que las emociones fluyan hacia los vivos, en lugar de hacia
los muertos (lo cual viene siempre a ser dirigirlas hacia nosotros
mismos). Así supera Reford su egoísmo, gracias al
puente
que le tiende Freeman hacia la humanidad que lo necesita.
Y hace falta lo suyo para el flujo de emociones, porque en el ambiente
de pueblo rutinario
en que vive Redford (vivir en un pueblo es casi vivir en el
día
de la marmota, y esto lo capta muy bien la película), las
relaciones no se basan en comunicación
abierta, sino en sobreentendidos—lo que permite por ejemplo
el banter
despiadado con Freeman. No es un sitio muy propicio a hablar las cosas
directamente, sino que se presta precisamente más bien a lo
que hace la
película: mostrar cómo pequeños gestos
significativos simbolizan lo que se empieza a sentir pero no se
querrá confesar nunca. Yo es que también soy de
pueblo.
De hecho, hasta el paisaje de Wyoming de esta película se
parece
bastante al de mi pueblo; quizá por eso me haya gustado
tanto la
película.
An
Unfinished Life. Dir.
Lasse Hallström. Screenplay by Mark Spragg and Virginia Korus
Spragg. Cast: Robert Redford, Jennifer Lopez, Morgan Freeman, Becca
Gardner, Josh Lucas, Damian Lewis. Cinematography by Oliver Stapleton.
Prod. des. David Gropman. Art dir. Karen Schulz Gropman, James Steuart.
Ed. Andrew Mondshein. Music by Deborah Lurie. Exec. prod. Su Armstrong
et al. Prod. leslie Holleran, Alan Ladd Jr., Keliann Ladd. 2005.
- Qué cruz, unos gamberros me han tirado la
moto por el
suelo. Esto no es una experiencia multimedia (no voy a colgar foto)
pero quiero que conste aquí mi protesta. Desgraciaos
antisociales. Australopitecos con vaqueros. Borrachuzos con
subidón de testosterona. Un asco. A mí el
capitán
Haddock.
- En Biescas se nos escapan los críos por el pueblo, por el
monte. Hace falta implantarles un chip. Con localización
GPS. Al
tiempo. Móvil ya tienen algunos, nos falta sólo
un
empujoncillo tecnológico.
- Mono, tienen mono de ordenador. Interactúan con sus primos
por
PC-- no por Messenger, sino jugando juntos a videojuegos digo. Pero ya
es cosa seria esto; entre mal tiempo que hace y los mayores que hacemos
largas sesiones de café, en el momento que no los vigilas,
hale,
al ordenata. Como son los únicos de su clase que no tienen
Nintendos, aquí se desfogan.
- Y de qué hablamos los mayores. Pues del tiempo, y de
puntos
wifi, y del cambio climático y las orientaciones a tomar en
previsión de. Y de lo preocupante que es esto de la
ciberadicción de los críos (mientras ellos le dan
a la
tecla). De las lluvias, y los pantanos de Franco, y de las
expropiaciones abusivas de aquellos tiempos... No tenían
información, ni organización. Otro gallo les
canta hoy a
los pantanos: los paran con pleitos. Información.
- Me leo un ensayo sobre el e-mail de Anne Fadiman. En sustancia: que
el e-mail es un paso adelante en la economía postal,
unificación tarifaria a nivel planetario, como el Black
Penny de
la época victoriana. Práctico. Pero no tiene
aura, no es
un objeto que pueda tener historia sentimental. (¿Que no? Al
tiempo).
- Rin. Suena el cronómetro. Niños, cerrad el
videojuego.
"Es que tío Eduardo nos deja un poquito, que no hemos jugado
mucho".
- Hay que abrirles a los críos un Second Life donde jueguen
sus avatares en el parque virtual. Algo será algo.
- Oscar me cuenta sus Imposible Creatures "mira, es una
mutación
que es una mezcla de jirafa y langosta..." y Álvaro me
informa
sobre nuevos desarrollos en OGame, con la introducción de
acorazados. Tiene humildes aspiraciones allí, su planetita
es
pequeño, su flota invasora es modesta.
- A mi padre le informo sobre los chinos reales que hay ganando dinero
de verdad en las minas de oro virtuales de World of Warcraft. "Vivimos
en un mundo desquiciado".
- Y él me cuenta cómo sube a esquiar y pasa por
múltiples controles electrónicos en cada remonte,
y luego
puede consultar en una página web el trayecto que ha hecho,
los
kilómetros que ha esquiado, el total de este
año...
Vamos, deporte por control remoto casi. Le digo que de ahí
al
satélite Gran Hermano con láser selectivo media
el cantar
de un vizcaíno.
- Leo sobre la Eva Mitocondrial en el National Geographic.
Sólo
con ordenadores se llega a semejantes contabilizaciones: todos los
humanos nos remontamos a una única hembra que
vivió en
África hace unos 150.000 años. Dicen. A
mí no me
terminan de casar las fechas.
- Me llega alguna consulta sobre la bibliografía por email,
y
noticias sobre el libro de la narratividad que coedito, a punto de
salir en Alemania.... "¿Quieres editar libros en ediciones
limitadas? En Internet lo tienes fácil. - Ya, pero primero
hay
que escribirlos".
- Me recuerda mi tío las series de la BBC que escuchaba hace
treinta años... las tiene grabadas en cassette.
¿Se
podrán pasar a CD? Los ordenadores estos de Biescas
están
desfasados, no tienen grabador. Son de hace dos años.
- Llama Luis Alberto por teléfono. Está en
Bélgica- no, está pasando ahora por
París, manda
una foto de la torre Eiffel iluminada. ¿De qué
hora es?
De hace cinco minutos la foto.
- Hablo con Pili "Lacaja" un rato seguido por primera vez desde hace
años, cómo pasa el tiempo. Me cuenta que se va a
trabajar
muchas veces a Milton Keynes, al mismo sitio donde trabajaba Turing
para la inteligencia británica. El de la máquina
de
Turing.
- El móvil.... no, no hay SMS. Para qué
enviarlos, son
postales de vacaciones pero también cruces de cables en las
emociones.
- Blanquita, escribe en tu blog. Que te pondré comentarios.
Blanqui y yo somos los únicos blogueros de la familia, a fin
de
cuentas.
- Como estamos casi todos, la abuela no da abasto; cuando no estamos,
está en el Messenger, con la webcam y su
colección de
iconitos, uno para cada ordenador de la familia. Ahora puede ver a
Franquita en Amsterdam todos los días, hasta que brota de la
pantalla y entra por la puerta: "Hola yaya".
- En Biescas suenan los teléfonos simultáneamente
en
varias partes de la casa. Además hay varios
teléfonos
distintos, sin contar los móviles de los visitantes
circulantes,
que son muchos. Todo es un politono continuo. Quién ha
llamado.
Dónde está tal. Ya ha llegado cual. No, ese
timbre es de
la puerta, ábrela. ¿Ya te vas? Pues desenfunda el
móvil y seguimos hablando.
Aún no me he hecho con el último
disco de Loreena Mackenitt, pero todo llegará. Desde luego
no lo perdonaré, como tampoco he perdonado ningún
concierto de los que he pillado en Zaragoza. Entretanto aquí
os dejo una canción de The
Book of Secrets, donde se aprecia claramente
además que Loreena es el vivo retrato—con peluca
rubia o teñido—de.... ¿de
quién? Bueno, no lo diré, porque tengo prohibido
escribir ese nombre. Pero una pista os daré: no anda muy
lejos de aquí.
Oscar se queja de que no descansa por las noches, y no me
extraña, con estos sueños que parecen sacados de
un
videojuego. Hasta por la noche se acordaba y venía con su
narración:
- ¿Te cuento mi sueño? Era un sitio con un puente
y una
fortaleza que estaban todo niños, lo que son todos los
niños del mundo. Yo era el jefe. Sergiopueyo y Javi,
¿te
digo lo que eran?–eran guerreros vigilantes. Y los
demás
eran guerreros y campesinos, y también albañiles.
Y
campesinos, claro. ¿Y te digo lo que me mandaban los malos?
Como
rayas, mantas que iban por el aire ahí, mantas de agua que
iban
por debajo de la tierra y por aire, y también una especie de
onyx (es un pokémon de piedra pero con un curerno en la
cabeza)—algo parecido, pero eran bloques de hierro y
diamante. Y
a los guerreros te digo lo que hacían para luchar;
—a
algunos les tiraban lianas pero lianas que hacían
precisamente
CRRAasccksss… Les tiraban al ojo. Casi me da una manta
—en
el ojo— pero Javi con un hacha le corta un ala y
explota su
cuerpo el de la manta, y a mí me deja todo manchado de
riñones y sangre de la criatura. Porque era una criatura,
mágica. Luego les soltábamos tigres, contra esas
rayas.
Algunos se ponían encima y les quitaban las alas con las
garras
y otros les quitaban los sueños.
- ¿Y cómo terminaba el sueño?
- En que escalábamos, porque venían un
montón de
esas criaturas parecidas a Onyx y derrumbaban el puente, pero al final
Sergiopueyo y Javi y yo, te digo qué pasaba entonces, que
sergio
tenía demasiados brazos que no podía controlar, y
nos los
pasaba a nosotros. Podía sacar brazos como quiera,
¿te
imaginas con cuatro brazos más? Los controlaba con el cuerpo.
- ¿Y cómo terminaba?
-Pues que yo sacaba dos sables más allí, con
cuatro
brazos, los tiraba, me montaba en una de esas criaturas parecidas a
Onyx que no sé cómo se llamaban, y
venían arqueros
desenmascarados y tíos con ametralladoras se los cargaban. Y
también bazookas láser…
(Me parece que si le sigo preguntando seguiría
soñando ad infinitum…)
Qué bonita pieza me acabo de leer en el New Yorker,"The
Typing Life", de Joan Acocella, una reseña de un
libro sobre la máquina de escribir: The Iron Whim: A Fragmented
History of Typewriting (Cornell UP), por Darren
Wershler-Henry. Este autor estudia el "discurso" de la
mecanografía como algo distinto de la plumigrafía
o boligrafía. Según él (en la
línea macluhaniana, supongo, aunque se remite más
a Derrida, Foucault o Baudrillard), la tecnología transforma
la escritura que de ella sale. Aparte de McLuhan o
a Walter Ong, me ha recordado al Hugh Kenner de The Mechanical Muse. Vamos,
que la tesis de D.W-H. es que los escritores mecanógrafos
(Nietzsche o Mark Twain entre los primeros) escribían como
si fuese al dictado... de la musa mecánica, será.
Henry James dictaba a una mecanógrafa, lo cual lleva a que
Acocella se interrogue sobre si la relación entre la
complejidad del estilo de James y la nueva tecnología es tan
directa como eso... desde luego, la composición oral parece
que debería llevar a más simplicidad, a menos que
sostengamos que la musa mecánica ya está
totalmente interiorizada y que nos afecta por la misma presencia del
instrumento.
Describe Acocella muy bien el fílin de la
mecanografía, la manera en que la máquina
estructura el proceso de trabajo, con su mecánica de carro,
metralla de tecleo, salto de línea (¡rrrraaaaas!)
y hoja nueva—a ajustarla bien recta—y trae
recuerdos a quienes usábamos esa caduca
tecnología en tiempos. Aún
tenemos alguna máquina de escribir archivada por
algún armario.... pero no la volveremos a usar,
parece. Yo empecé mi carrera de escritor profesional a mano
(claro) y a máquina; en un par de años o tres
pasé de la máquina manual a la
eléctrica, a la electrónica, y al procesador de
texto, el primer Mac que tuve, a mediados de los ochenta (los PCs
anteriores los había rechazado por lo feo del texto en la
pantalla: blanco sobre negro,
o verde sobre negro, puaj...).
Oímos hablar en esta pieza del origen del teclado QWERTY, de
los chimpancés que inventan versos de Shakespeare apretando
teclas, a una escala de probabilidad que recuerda a la Biblioteca de
Babel; de máquinas de escribir tirolesas hechas de madera,
de Jack Kerouac drogado y su ataque mecanográfico a un rollo
continuo de papel... Según Acocella, todo ha cambiado con el
ordenador: a pesar de los parecidos, nuestra relación con el
teclado es ahora una caricia, y no una pelea a puñetazos.
(Aún recuerdo, en los ochenta, época de
transición, los viajes que le arreaba la gente al teclado de
los ordenadores, creyendo que estaban ante una Olivetti... y, al
revés, la flojera que hace presa de nuestros dedos si
intentamos ahora volver a escribir a máquina). ¿Cambia la tecnología nuestra
relación con el texto? Por supuesto... pero no
sólo directamente y de la manera más visible. La
cambia transformando los géneros, convenciones, y el tipo de
texto que se hace posible pensar. Es decir, que la cambia desde dentro;
la
musa mecánica nos transforma la cabeza, el software interno,
no sólo el hardware de los hierros o dedos que hacen
efectivamente el texto. La limpieza inmaculada de una hoja impresa a
ordenador.... de repente éramos todos expertos
mecanógrafos profesionales. Qué chapuceros
parecen ahora los documentos mecanografiados cuando los encontramos. A
cambio, dicen, está la chapuza del contenido, menos cuidado
y fácilmente improvisado antes de pasar a la
tecnología: véase por ejemplo este blog, o mejor
otro cualquiera. Lo que aparece en la pantalla no es ni será
nunca una obra, es un work in progress, o
un ensayo permanente. Esa fluidez también
transforma los géneros, y si los blogs no son muy
cuidadosos, a cambio son inmediatos, e interactivos. La
máquina de escribir pasa a ser la máquina de
escribirnos. Que es donde estamos ahora—los dos,
¿eh? Al
menos en teoría.
Y, en todo caso, la relación entre instrumento, escritura,
lectura, recepción y respuesta, es tan inmediata que eto
hace cambiar la escritura desde dentro. Aunque nadie nos escriba, nos
escribimos a nosotros mismos—como cuando me
entretenía yo a los quince años, ante el bloc de
notas, practicando escritura automática, y sacando a la
consciencia lo que aún estaba sin terminar de pensar.
Aún me acuerdo de la sensación que
causó el estreno original de Jesucristo
Superstara principios
de
los setenta... lo comentaban quienes habían visto
la película (yo no la ví hasta mediados de los
ochenta en realidad)—eso de que Judas era negro, y lo bien
que cantaba, y lo bueno que estaba Jesucristo decían las
chicas, y esos amores con la Magdalena, huy huy.... Luego
salió la versión española, con Camilo
Sesto de Jesucristo, y me acuerdo lo bien que cantaba un
compañero de instituto, Pulido se llamaba, la
canción de "Getsemaní", incluido el gritito
imposible. Pero es que, además, me acuerdo que
salía una foto y pequeño comentario de Jesucristo Superstar
en el libro de texto de literatura que yo llevaba en la escuela de mi pueblo... que
anda que era eso en tiempos de Franco. Bueno, desde luego, si no
ví la película entonces, no sé
cómo me libré, y la música
bien que la oía porque era música ambiental.
Pues hace unos años me compré la nueva
versión de Jesus
Christ Superstar,
mismas melodías y letras,
pero distintos arreglos, montaje y actores, pero la había
aparcado y no la había visto hasta hoy. Y es realmente
impresionante el acierto, la precisión con que van
conjuntadas la música de Andrew Lloyd Webber y la letra de
Tim Rice, y ahora este nuevo montaje para Really Useful Films, con
Glenn Carter, Rik Mayall y Renée Castle. Que conste que me
gusta
mucho la primera película, la de Norman Jewison. Pero si el
primer Judas era impresionante, éste, interpretado por
Jérôme Pradon,
es también de no perdérselo. O Poncio Pilato, en
plan
magnate
mafioso del show business.... Cada gesto escénico, cada eco
cultural invocado por el montaje, cada movimiento de los actores,
contribuye a hacer una obra de arte impresionante. Se presenta la
película como teatro filmado, no como una
película "de verdad", lo cual es de nuevo un acierto
redondo... porque en cierto modo es su ambiente natural, el teatro
musical. Está basada en una nueva producción de
Broadway;
se ajusta más al criterio de Andrew Lloyd Webber, y desde
luego
está filmada la producción con todo el arte
combinado del director teatral y del director fílmico. No ha
tenido mucho eco este remake, ciertamente, seguramente debido a su
toque "teatral"—aunque ganó un Emmy en
2001—pero no
os lo perdáis si podéis
verlo. En YouTube, por ejemplo—que para eso lo han puesto,
para
ver lo
que quiera uno ver y no lo que le echen.
Pongo aquí un videoclip, con Jesucristo camino de la cruz y
Judas, resucitado, interrogándole a modo de
Satanás o de bufón irónico
shakespeariano. El histrionismo grotesco, el uso del periodismo
sensacionalista y de la transmisión en directo de
imágenes en el trasfondo, todo contribuye a un
espectáculo postmoderno y que reflexiona sobre sobre la
postmodernidad. El detalle de subirse Judas a la cruz es absolutamente
genial. Y mientras Jesucristo y su mensaje quedan perdidos entre el
show business y la histeria mediática: la
película se desconstruye a sí misma, pues siendo
una película inteligente conoce bien su lugar en el ruido
ambiental. Pues eso, que hay peores maneras de pasar el Viernes Santo.
Crucificado, por ejemplo.
Every
time I look at you I don't
understand Why you let the things
you did get so out of hand. You'd have managed
better if you'd had it planned. Why'd you choose such a
backward time in such a strange land? If you'd come today you
could have reached a whole nation. Israel in 4 BC had no
mass communication. Don't you get me wrong. I only want to know.
Jesus Christ, Jesus
Christ, Who are you? What have
you sacrificed? Jesus Christ Superstar, Do you think you're what
they say you are?
Tell me what you think
about your friends at the top. Who'd you think besides
yourself's the pick of the crop? Buddha, was he where
it's at? Is he where you are? Could Mohammed move a
mountain, or was that just PR? Did you mean to die like
that? Was that a mistake, or Did you know your messy
death would be a record breaker? Don't you get me wrong. I only want to know.
Jesus Christ, Jesus
Christ, Who are you? What have
you sacrificed? Jesus Christ Superstar, Do you think you're what
they say you are?
Mi selección musical para hoy: más
Emma Shapplin. Las canciones, por cierto, son de Jean-Patrick
Capdevielle, que le pegaba al rock urbano hasta que
descubrió otros horizontes.
Y otro vídeo de Emma Shapplin, "La notte etterna". Atentos a
la salida del miriñaque. Hay que
ver lo poco que se corta esta mujer. Más le vale, vista la
mezcla de aplausos y abucheos que le cae encima cada vez que abre la
boca. Hay que decir que el vestido no está mal en la medida
en que lo hay, pero lo que más me gusta es el peinado.
Me invitaban a dar una charla el año que viene
en el
congreso anual sobre narración en los USA, la Narrative
Conference, en Austin. Por desgracia he tenido que decir que no (con lo
cual igual ganan con el cambio de speaker, vanidades aparte), pues no
tengo hasta ahora la costumbre de ir a congresos a nivel
interplanetario, ni me lo planteo. Me faltan circunstancias de diverso
tipo, y entre ellas el dinero. Sin financiación de
algún
generoso proyecto, te puede resultar muy expensiva la asistencia a un
congreso de estos—o le echas cara (y tienes éxito)
o te
sale cara. Bueno, me consolaré pensando que me
podría
haber unido (hipotéticamente) a la
compañía de
anteriores invitados como Porter Abbott, Seymour Chatman, Jonathan
Culler, Monika Fludernik, David Herman, Brian McHale, Uri Margolin,
Brian Richardson, Marie-Laure Ryan, Shlomith Rimmon-Kenan, etc. etc.
Vamos, que no está allí Aristóteles
sólo
por problemas de fechas. Una penica, pero decididamente mi carrera no
lleva trazas de saltar a la jet-set académica—como
no me
toque la lotería (y un transplante de cerebro incluido, o un
tonel de ginseng).
- Los asesinos del tiro en la nuca siguiendo a sus víctimas:
el
gobierno quitando hierro al asunto. Se va instalando, a nivel de toda
España, el
discurso v-asco.
- El PSOE y gobierno, ahora exentos de amenazas. Un paso más
hacia el terrorismo de estado (esta vez de la mano de la ETA, no del
GAL). El Pacto de Perpiñán se extiende a los
"socios" del
proceso de paz. Que sigue rodando aun parado, como nos dijo el
ministro de "Justicia".
- El ayuntamiento de Ermua, más exactamente el grupo
socialista
liderado por Totorika (antiguo miembro del Foro Ermua) y los partidos
nacionalistas, ha exigido al Foro Ermua que no utilice en su
denominación el nombre de esta localidad. Es parte de las
maniobras de acoso del complejo nacional-socialista a todo lo que huela
a defensa de la constitución española y del
estado de
derecho en
construcción y en destrucción
conocido
como España. La bajeza no conoce límites. (El
Foro Ermua
les ha sugerido que patenten primero el nombre y vayan
después a
los tribunales).
- 400 curas vascos se ofrecen como mediadores en el Proceso de
Paz, y abogan por el diálogo con la Eta y los derechos
colectivos de "nuestros herrialdes". ¿Se han juntado alguna
vez
400 curas vascos para condenar los asesinatos de la Eta?
Sinvergüenzas— Claro que criticar a los asesinos
sería "crispar". Es más cristiano poner la otra
mejilla,
y la otra nuca. La del vecino, digo.
- Los movimientos de distracción y aspavientos (cortinas de
humo
todo) del Fiscal General del Estado, que ahora aparece como el gran
castigador de batasunos. Pero ya lo conocemos: por la puerta trasera
los hará pasar. A la vez sigue retirando cargos contra el
aliado Otegi y dándole trato de favor.
- Y mientras Moratinos en buen rollito con sus "amigos" castristas
mientras
declaran que en Cuba no hay prisioneros políticos.
Cuánta vileza junta, en primera plana y sin buscar demasiado.
- En lo relativo a la docencia, me comunica la Comisión de
Evaluación y Control de la Docencia que "elevará
propuesta de informa positivo acerca de la labor docente por Vd.
realizada en el citado curso [2005/06]".
- En investigación, me paga Pearson Education dieciocho
libras
en concepto de royalties. Oye, menos da una piedra. Peor
sería
dieciocho euros.
- Y me regalan un libro, Lyrik
und Narratologie, de la serie "Narratologia" que ayudo a
editar en Alemania.
- Pasamos la tarde redactando un nuevo recurso... contra los nuevos
criterios ad hoc que acaba de aprobar nuestro departamento para
regirse. (La satisfacción es que, con la
práctica, en una
tarde se despacha ya el asunto). A cambio, el congreso en el que se me
había propuesto como miembro del
comité científico, organizado por mi
departamento, recibe
un remojón
por parte del Consejo de departamento, y se replantea su
organización.
Veremos en qué queda. Siempre hay marea de fondo en el
Consejo.
Hoy
hasta me han acusado de franquista por recordar los criterios
aplicables en la función pública
(jerarquía y
antigüedad en el cuerpo).
Porque antes de Franco no había funcionarios, supongo; si no
igual me
llaman republicano. Qué cara más dura tienen
algunos—eso sí, sus
propias prerrogativas, que no se las toquen.
- Nuestras propuestas en el consejo, como siempre, derrotadas por
amplia mayoría democrático-feudal. Especialmente
feo este
episodio: cuando el Consejo ha sido llamado por los
catedráticos
a cerrar filas para impedir que una profesora no permanente y sin
contrato estable organizase un congreso (según se
había
acordado previamente), y han pasado las cohortes a votar en contra
masivamente para anular ese acuerdo. Cosa que en absoluto
habrían hecho la mayoría de los allí
presentes (ni
se les hubiera ocurrido planteárselo) de no ser por
indicaciones
recibidas de arriba. Indicaciones libremente asumidas, por
supuesto—aquí todos somos gente con criterio.
- Y no me vienen los alumnos a la clase de la tarde, adelantando las
vacaciones. Esto también lo pongo en el capítulo
de
satisfacciones por no ponerlo en el de frustraciones.
Fotos nuevas he puesto en flickr. Aunque
las veo un poco soleadas. Para ir al día,
deberían ser
lluviosas. Entre el tiempo, y que tenemos las vacaciones cambiadas de
día con los críos, ellos esta semana, nosotros la
siguiente, pues no sé si nos vamos a mover mucho de
Zaragoza.
Trataremos de disfrutar de ls procesiones de cofradías. Hoy
de
momento tenemos reunión de consejo de departamento.
Película que en español le pusieron
el título de Mis
dobles, mi mujer y yo
o algo así. Es una comedia sobre tensiones matrimoniales
entre
Andie MacDowell, que quiere trabajar, y Michael Keaton, que ya no daba
abasto y van y le suben el cupo de tareas caseras. Así que
para
llegar a atender sus múltiples facetas se clona, y se
reclona, y
el clon se clona... bueno, ahí para la
multiplicidad. No es
de ciencia ficción ni de clonaje, por supuesto, sino de
personalidades reprimidas que salen a la luz, o más bien al
revés; va sobre la disciplinación de los yos
posibles y
la consecución de una identidad idealmente sólida
y
unificada. Al volverse insostenible la proliferación de
clones,
y sin que llegue a descubrirse el pastel (ni se clone la chica a su
vez), decide Keaton enviarlos a que vivan su vida a otra parte y volver
a una relación equilibrada y razonable, y centrarse en un
ego
tolerable para la monogamia heterosexual. Porque un yo era hipermacho,
workohólico y a la vez tipo cerveza/eructo; otro era
encantador,
su lado femenino, pero demasiado dulce y modosito y metrosexual; el
tercero (el clon de clon) era la tentación de sacar el
tarugo
que algunos tendrán dentro. Da para lucimiento de efectos
especiales multiplicadores, y de estilos de actuación de
Keaton;
también se apunta el motivo de los mundos posibles
superpuestos.
En cuanto a entradas y salidas y equívocos, tiene la
película la dinámica de un vodevil naturalmente,
pero sin
mucho lío de faldas; y en suma es un canto al equilibrio
emocional con los demás y consigo que da la monogamia.
Aunque
como bien sabemos—to our cost— los
monógamos,
más bien sucede al revés—aun sin llegar
a la
esquizofrenia de la bigamia—y es que esto es una comedia.
Más que exteriorizarse y expulsarse, los clones o simulacros
se
interiorizan y asumen, o se vuelve uno más bien su propio
clon.
La procesión, o precesión, ya se sabe... por
dentro, y
por fuera.
Multiplicity.
Dir. Harold
Ramis. Cast: Michael Keaton, Andie MacDowell, Harris Yulin, Richard
Masur, Eugene Levy, Ann Cusack, Brian Doyle-Murray. Panavision. USA,
1996.
Es éste un libro de César Vidal
publicado por Grijalbo, si hemos de creer la fecha que lleva impresa,
en
"abril de 2007", o sea hoy. Se trata de una fantasía sobre
la
vida de Shakespeare, que mezcla datos conocidos con otros inventados,
como toda novela "histórica" en sentido amplio. Menos
aceptable
es que se dedique a veces a contradecir gratuitamente los hechos
históricos por conveniencia del argumento, y que de hecho
toda
la vida que cuenta esté distorsionada por la idea que lleva
el
autor en mente, una historia de infidelidad y celos que tiene bien poco
que ver con el Shakespeare histórico.
La novela está narrada por la hija mayor de Shakespeare,
Susanna, que inmediatamente tras la muerte del Bardo en 1616 cuenta
cómo uno de los actores que asistieron a la lectura del
testamento de Shakespeare la citó para contarle secretos que
desconocía sobre su padre y su familia. En esa
conversación retransmitida (narración narrada)
consiste
el grueso de la novela, salpicada por muchas citas shakespeareanas
memorizadas por el actor y aplicadas a propósito. En el
testamento Shakespeare nombró a Susanna heredera de la
práctica totalidad de sus bienes, a la vez que desheredaba a
efectos prácticos a su esposa Anne (le da sólo
"mi
segunda mejor cama") y a su hija Judith (mal casada en
opinión
de su padre). Estos hechos testamentarios reales le dan pie a
Vidal para elaborar una historia de infidelidad no de Shakespeare (que
podría parecer abundantemente documentada por su vida y
obra)
sino de su esposa (lo cual es pura invención).
La novela también abunda en epígrafes y citas
shakespearianas responsabilidad del autor. Por ejemplo, "El hombre no
pasa de ser un asno si va por ahí contando lo que ha
soñado" (El
sueño de una noche de verano IV.1)
Al saber de la infidelidad de su esposa, al saber que sus hijos gemelos
no son hijos suyos (otro engendro de César Vidal),
Shakespeare
cita a Otelo y sale de Londres para vengarse, pero por accidente oye,
ya cerca de Stratford, la predicación de un pastor
protestante
sobre la perdición del alma, y recapacita. En su lugar se
limitará a hacer testamento, a escribir Otelo,y
seguirá manteniendo a su mujer, a Susanna y a su
hermana("stra")
Judith, a pesar de las acusaciones de tacañería
de una
Anne mentirosa además de engañadora. A cambio de
ennegrecer su carácter, Vidal convierte a Anne Hathaway en
una
mocita adolescente, más joven que el autor, cuando se
casaron, y
en el amor de su vida durante mucho tiempo, cosa que desafía
la
suspensión de incredulidad.
Como en Shakespeare in
Love, o como en otras ficciones shakespearianas (y como
en las biografías,
si bien allí normalmente con más recato), se
atribuyen
aquí a la vida y experiencia propia del autor muchos
sentimientos, frases y situaciones de sus obras—hasta el
pañuelo de Otelo.
Con variaciones, a veces, claro: Otelo lo
escribe por inversión, como consuelo imaginativo, para
"alterar
lo que sucedió hace años con el dominio
prodigioso de la
palabra". También de esa
ficcionalización
compensatoria de la propia vida surge
La Tempestad, historia
de un hombre traicionado en su confianza, aislado del mundo con su
única hija (imagen aquí de Susanna) y que elige
el
perdón en lugar de la venganza. Como le dice el
actor-narrador a
la dudosa Susanna, "Vos, como yo, como vuestro padre, como
Próspero y Miranda, estáis creada de la misma
sustancia
sutil con que se tejen los sueños" (212). Así
también interpreta Vidal el arrepentimiento y sermoneo que
dedica Próspero/Shakespeare en esta obra a Miranda sobre "la
desgracia que puede recaer sobre una mujer que se entrega a un hombre
antes de contraer matrimonio y en la comedia os insistió
para
que no desatarais el nudo virginal antes de llegar al altar" (213).
(Aunque aquí las fechas no peguen mucho tampoco).
El actor/narrador se volatiliza y le deja a Susanna un ejemplar de La Tempestad (de
una edición perdida o fantasmal será). Susanna
descubre
mientras la lee que su padre, a modo de "mago" benévolo, ha
venido financiando su matrimonio con John Hall. Y al interrogar a su
marido descubre que John es un puritano, de esos que cuando iba a
vengarse le hicieron cambiar de idea con sus predicaciones (Susanna,
por cierto, no es católica aquí, hablando de
religiones).
También descubre Susannarradora que el actor vestido de
verde
con el que se ha entrevistado era una aparición: Ariel
invisible
(a pesar de ser un poco gordo de más, este Ariel, como
Vidal).
El último capítulo, narrado por Susanna en 1619,
con
ocasión de la inauguración del monumento
funerario a su
padre, también trastoca algunos hechos
históricos, como
el asunto extramatrimonial de su cuñado Thomas, marido de
Judith—asunto que sucedió años antes,
que ya era
conocido de Shakespeare y de hecho le llevó a modificar el
testamento. También se pierde Vidal una bonita
ocasión de
usar la historia del anillo de Shakespeare... que se quedará
esperando a otro novelista quizá. En suma, queda Shakespeare
como "un autor que se valía del teatro para dar salida a sus
sentimientos más hondos del tipo que fueran, un hombre
profundamente enamorado, un ser engañado que
logró
perdonar y, por encima de todo, un padre amoroso" (252).
(También Vidal dedica la Tempestad ésta
a su hija Lara—¿any personal investment here?). Y
termina
la novela con la confianza de Susanna en la paz del alma de su padre y
en la salvación prometida por Cristo, que es el mejor lector
de
Shakespeare, el que lee su corazón (mejorando lo presente).
Bueno, miento, termina la obra con una profesión de fe de
Vidal
donde
sostiene la plausibilidad de esta conjetura, asegura (con cierta
inexactitud) que todos los datos históricos atestiguados son
exactos, y
la firma en "Madrid, Día de la Reforma 2006". Aunque Vidal
no
llega a hacerlo protestante de vocación como a su yerno, del
Shakespeare
criptocatólico no hay aquí ni rastro, claro.
Es posible que Shakespeare hubiese desarrollado una aversión
notable a su esposa. Otros
lo han creído;
aunque no lo dice Vidal, se ha interpretado el epígrafe de
este
libro, la inscripción funeraria "Maldito sea el que mueva
mis
huesos", como una prohibición del autor de que se enterrase
con
él a su mujer. Y sin embargo, leyendo leyendo a Shakespeare
se
queda uno con la duda de si no serían sus propias
propensiones,
sus prioridades vitales y obsesiones las principales causantes del
fracaso del matrimonio, y no tanto la vilipendiada Anne. En
todo
caso no se dedicó Shakespeare a ennegrecerla tanto como hace
Vidal aquí; como digo parece haber bastante de
fantasía
interesada y autoproyección alegórica en todo el
asunto.
Del Shakespeare bisexual o mujeriego no hay aquí rastro; ni
de
su hipotético hijo ilegítimo Davenant, ya
puestos, por
supuesto. Es un casto varón sin tacha, cosa que
desafía
la credulidad y la probabilidad histórica, y nos hace
sospechar
de un Shakespeare "rebosante de sabios refranes" pero cortado a medida
del autor y de las necesidades del proyecto. Es interesante sin embargo
este asunto de la proyección de la vida en la obra. Si
supiese
algo más de César Vidal, podría
analizarlo mejor;
aunque tras leerlo, creo saber algo más—a menos
que me lo
esté imaginando.