Blog de notas de José Ángel García Landa (Biescas y Zaragoza) - Agosto 2006delfines

Aguja de Marearme 

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Jueves 31 de agosto de 2006

Plegueishion

Ayer hicimos la última excursión, a ver una iglesia que se remonta al siglo sexto, San Pedro, y a andar por el Soto da Retorta. Es éste un paraje muy bonito aquí al lado de Viveiro; llegamos pasando al lado de los restos de un macrobotellón para adultos que se montan aquí a finales de agosto (lo llaman romería, pero ya, ya...). El soto es un sitio muy a la sombra, con un camino entre el río y una acequia; es una mezcla entre Arratiecho de Biescas y la selva de Tarzán, pues está lleno de eucaliptos enormes, de hasta treinta o cuarenta o cincuenta metros de alto; en Biescas bien poco habrían durado, aún me acuerdo cómo los mejores árboles del parque de la Conchada los talaron cuando yo era crío, por demasiado grandes, sin duda, o para sacarse unos duros.... y hace poco aún le pegaron otro repaso. Y de los pocos que había dentro del pueblo, han caído sistemáticamente; hay una frase que dicen allí: "huuy.... es que hacen más mal estos árboles... ". En fin, que me cabreo cada vez que lo pienso. Aquí cortan también muchos bosques, en Galicia—la mitad de la madera del país más o menos— y queman aún más... pero de momento el Soto aguanta, y está precioso; y alrededor de Viveiro se ven muchos bosques. Ójala duren. Son mayormente de eucaliptos, especie que aquí se desprecia un tanto (también "hace mal", y no es tan autóctona o nacionalista como los castaños o los robles)... pero más vale un eucalipto, sobre todo si es imponente, que nada. Los chavales se lo pasaron muy bien viendo sapitos enanos; en la realidad o en la tele, cuanto más se reduzca un bicho a cabeza, ojos, boca y patitas, más bonito les parece. ("¡Es adorable! Pero no lo adoraremos"). Y hoy ha salido un día de sol rabioso; nos hemos ido a nadar unos kilómetros a la playa de Area (aquí todo son "areas": arealonga, areatal, areacual....); pero no me despido de volver por la tarde a la playa de Covas para el último baño playero de este verano. Y creo que me voy a comprar de despedida un cuadro muy bonito que he visto en una tienda, una especie de versión expresionista de las Vistas de Londres del siglo XVII. También hemos hecho un repaso por las librerías para llevarnos libros de recuerdo: cayeron una Introducción a la Psicología de George Miller y un libro de Stanislavski, el de cómo interpretar un personaje. Álvaro se va feliz con las que le compré ayer, El Clan del Oso Cavernario y Sinuhé el Egipcio; ahora que lo que ha pillado con ganas, contra pronóstico, es la Historia Natural de Plinio el Viejo que me compré yo. Pero lo que más les ha encantado es uno que me he puesto a leerles en voz alta por las noches: la historia más antigua del mundo, el poema de Gilgamesh. Se lo han pasado genial con su amigo Enkidu, y las batallas de ambos con Huwawa el Guardián del Bosque, y con el Toro del Cielo. Viveiro nos ha gustado un montón, y el tiempo y la temperatura del agua han ido mejorando con el paso del mes. Hasta hay tentaciones de quedarnos unos días más... pero no puede ser. Tampoco creo que vayamos a Biescas como habíamos pensado, pues los abuelos se han ido al Mediterráneo. Será Zaragoza, pues, y piscinas... mientras duren.

(PS- Pues nos acaban de decir que se acaban las piscinas, pero ya, el 3 de septiembre. Qué vergüenza. Habría que darle a este Ayuntamiento de Zaragoza un calendario, para que se enteren hasta cuándo dura el verano. O un calendario escolar. Claro que los críos, y los mayores, se la traen al fresco. Menudo socialismo los cojones... Cubren el expediente para que no se note demasiado, y a correr...)


Otas, Swift, Phobos, Deimos, Titán, Brown



Ajusticiamientos

Oía ayer una entrevista en la cadena SER con una responsable del gobierno, la secretaria general de Políticas de Igualdad Soledad Murillo, comentando la oleada continua de agresiones machistas criminales, y quedándose sin saber qué decir cuando el entrevistador le exponía la incapacidad de la nueva ley de violencia de género para introducir un cambio apreciable en la situación. (Quizá sea pronto todavía para ver sus efectos, pero la Secretaria de Estado desde luego no supo qué responder–ni eso ni otra cosa coherente). Ahora que lo que me impactó de la entrevista fue la manera reiterada en que la Secretaria de Estado se refería no ya a las víctimas y sus "verdugos" (extraño que este término sea de uso corriente ya establecido para asesinos y terroristas, pues un verdugo es un agente de la ley, técnicamente hablando)—no, la Secretaria de Estado iba un paso o dos más allá en la metáfora, y decía continuamente que esos maridos, exmaridos o "compañeros sentimentales" ajustician  a sus esposas, compañeras o víctimas. Así, "ajustician", una y otra vez. Esto lleva a uno a la desesperación. No cambiaremos, nunca. Una responsable ministerial consciente de la importancia del tema, supuestamente culta, feminista, etc. etc., hablando de la importancia de la concienciación social.... y me dice una y otra vez que a las mujeres las AJUSTICIAN sus asesinos. ¿Será posible un nivel tan bajo, tan inexistente, de conciencia lingüística—o de talento, sin más?

(Pues quizá si: la ministra de cultura, Carmen Calvo, invocando los contactos culturales con los países árabes, con el ejemplo de que hasta Cervantes hizo una estancia en Argel ... ohmyGod!)

(Y una sorpresita: intentando certificar en Google la identidad de estas dos excelsas declarantes, me encuentro con que hay páginas de acceso prohibido en los servicios de internet de las bibliotecas españolas... entre ellas la página de resultados DE GOOGLE que estaba consultando! Sin palabras me quedo).

Sacré langage


El cristal con que se mira (diferencias críticas)

Si bien las ideas del libro de Stanley Fish Is There a Text in This Class (1980) van cambiando de unos ensayos a otros, el argumento central y global es que significado de los textos no existe "ya" en ellos, de por sí, sino que es generado conjuntamente por las estructuras de sentido que preexisten al texto y las que proyecta el lector durante el proceso de lectura. El significado no está en el texto en sí, es "producido" por una lectura. Es, quizá, la obra más representativa del reader-response criticism, y no se echa atrás a la hora de hacer afirmaciones exorbitantes a la hora de vaciar de sentido el texto o las estructuras lingüísticas para atribuir toda la carga de sentido al acto de interpretación. En tiempos le hice una crítica bastante dura en un artículo titulado "Stanley E. Fish's Speech Acts". Me resultaban especialmente irritantes las maniobras de Fish para evitar toda discusión centrada en estructuras lingüísticas o semióticas objetivables, disolviendo todos los niveles de sentido en una sopa primigenia de interpretaciones proyectadas por el receptor. Hoy me llama más la atención el potencial transformador y la liberación mental que no hay que negarle a Fish. Son interesantes sus críticas a la estilística formalista y a la gramática transformacional; van muy en línea con lo que poco después se conocería como lingüistica integracional, y también con el interaccionalismo simbólico: sostiene Fish que todo sentido se crea no en un marco generativo abstracto sino en una situación concreta de interacción. Las determinantes del sentido no se encuentran en una gramática: "there are such constraints; they do not, however, inhere in language but in situations, and because they inhere in situations, the constraints we are always under are not always the same ones" (292). Las frases de Chomsky, sea cual sea su utilidad en un modelo abstracto, jamás han existido en la actividad lingüística efectiva, y "a language is neither known nor describable apart from the conditions that Chomsky labels 'irrelevant'" (247); tampoco los sentidos de un texto no se pueden separar de la historia institucional de sus interpretaciones.

La crítica no deja inalterado al texto, sino que por el contrario el mero acto de describir un texto es interpretativo, y construye activamente el sentido de ese texto. No niega Fish la existencia de sentidos más "normales" o "usuales" que otros, ni pretende quitarles su validez: sólo señala que esa normalidad y esa validez no son inherentes al objeto de interpretación, sino a la perspectiva de quien interpreta; si reconocemos unas ascripciones de sentido como más "sensatas" o "válidas" que otras no es porque lo sean aparte de toda interpretación, sino porque nosotros mismos estamos insertos en una comunidad interpretativa y compartimos sus esquemas interpretativos (entre ellos sus lenguajes, sus convenciones genéricas, etc.). La teoría de la "comunidad interpretativa" de Fish falla, naturalmente, por la imposibilidad de determinar o aislar semejantes comunidades, pues son una entelequia formal tan hipotética como las estructuras profundas de Chomsky; toda "comunidad" es un cruce de múltiples comunidades, en función de cuál sea la cuestión que se halle en cuestión. Es decir, es el conflicto de intereses y de interpretaciones el que en términos prácticos señala la frontera entre dos de esas supuestas "comunidades". No hay nada "obvio" en sí, sólo "obvio" para alguien: "Whenever a critic prefaces an assertion with a phrase like 'without doubt' or 'there can be no doubt', you can be sure that you are within hailing distance of the interpretive principles which produce the facts that he presents as obvious" (341)—una frase que, por cierto, es autodescriptiva, uno de los self-consuming artifacts que le gusta estudiar a Fish.

Así pues, el texto (relevante), el contexto relevante, y la interpretación surgen a la vez como productos de la lectura efectuada por el crítico, y de sus presupuestos.  Para resolver o centrar cualquier debate hace falta  "a set of overarching principles that are not themselves the object of dispute because they set the terms within which disputes can occur" (294). Surge de aquí un modelo de debate crítico muy interesante, basado en la interacción y en el cuestionamiento de presuposiciones.  Es, por otra parte, un modelo que tiene bastantes elementos en común con la concepción interactiva y pragmática de la verdad científica que desarrolla George Herbert Mead en La filosofía del presente.  Pretende Fish explicar así el hecho singular y casi chistoso de que tras generaciones de intérpretes, todavía se pueda proponer una interpretación de un texto clásico con la pretensión de desvelar una verdad sobre el texto hasta entonces oculta, pasada por alto por todos los críticos anteriores. "The discovery of the 'real point' is always what is claimed whenever a new interpretation is advanced, but the claim makes sense only in relation to a point (or points) that had previously been considered the real one. This means that the space in which a critic works has been marked out for him by his predecessors, even though he is obliged by the conventions of the institution to dislodge them" (350). Es ésta una concepción dialógica e interactiva de la crítica que me resulta interesante; he desarrollado algunos aspectos en esta línea en mi artículo sobre "La espiral hermenéutica". Los gestos básicos del debate crítico son, pues, de dos tipos (en última instancia son el mismo para Fish): o bien, dentro de unos mismos presupuestos interpretativos, aportar datos nuevos, o bien cuestionar los presupuestos interpretativos, la base conceptual sobre la que se asienta una lectura (pero siempre habrá de realizarse este cuestionamiento, dice Fish, sobre la base de un terreno más general compartido—compartido de momento y en esta situación, no inherentemente más firme).

Para Fish, "interpretation is the only game in town", y es interesante cómo señala Fish que una de las maniobras preferidas de los críticos es ocultar ese elemento interpretativo, alegar que sólo se presentan datos objetivos: "by a logic peculiar to the institution, one of the standard ways of practicing literary criticism is to announce that you are avoiding it. This is so because at the heart of the institution is the wish to deny that its activities have any consequences" (355). Y, como para demostrar esto, el propio Fish nos asegura en el último capítulo que todo lo que ha dicho no tiene consecuencias para la práctica de la crítica: vamos, que sólo ha intentado aclarar las reglas del juego que se practica, y nunca cambiarlas. Que los críticos pueden seguir con sus interpretaciones tranquilamente, ignorándolo, porque no pasa nada. A todo tirar entendemos mejor la naturaleza de la actividad crítica, pero ésta sigue incólume, cada cual persiguiendo las verdades que son verdades desde su perspectiva... todo lo más podemos ser conscientes de que no se puede demostrar nada conclusivamente en crítica, sólo persuadir a alguien de que comparta nuestra perspectiva. En este libro el pensamiento de Fish, obviamente in fieri, no acababa de extraer plenamente las consecuencias de esta "crítica creativa" a lo Oscar Wilde. Opone el modelo clásico, según el cual habría datos objetivos ajenos a los intérpretes que servirían para establecer la validez de una interpretación, a su modelo productivo, en el que no hay hechos objetivos a los que acudir para una demostración: "a model of persuasion in which the facts that one cites are available only because an interpretation (at least in its general and broad outlines) has already been assumed" (365). Esta nueva perspectiva proporciona una visión emergentista de los objetos de conocimiento crítico que se podría poner en relación con las ideas de G. H. Mead: "In one model [se refiere al modelo clásico que rechaza] change is (at least ideally) progressive, a movement toward a more accurate account of a fixed and stable entity; in the other, change occurs when one perspective dislodges another and brings with it entities that had not before been available" (366). Entidades que antes no eran accesibles, o no existían: es decir, la crítica genera retroactivamente el objeto sobre el cual actúa, mediante sus énfasis, intertextualidad, establecimiento de relaciones, extracción de presuposiciones....  Para Fish, una ventaja de este modelo emergentista de la crítica es que explica más adecuadamente cómo siguen saliendo sentidos nuevos de los textos, sin a la vez convertir a los intérpretes anteriores en cegatos, y explica los distintos énfasis y prioridades de otras épocas de la literatura y la crítica sin reducir a esos grandes hombres (Sidney, Dryden, Pope, Coleridge, Arnold...) a personajes que no entendían bien lo que estaban estudiando. Para Fish, no sólo lo estaban estudiando, lo estaban generando, y posibilitando más tarde nuestra perspectiva diferente a la suya.

Se ha acusado a veces a los postestructuralistas de magnificar de modo presuntuoso la actividad crítica. Si es así, Fish desde luego ofrece una de las mejores defensas y justificaciones de esa crítica creativa que no teme equipararse a la literatura imaginativa en su capacidad de producción de sentido (también sobre eso escribí algo aquí). Para Fish, "el crítico ya no es  el humilde servidor de textos cuyas glorias existen independientemente de cualquier cosa que él pudiera hacer; es lo que él hace, dentro de los límites inherentes a la institución literaria, lo que trae su existencia a los textos y los hace disponibles para su análisis y apreciación. La práctica de la crítica literaria no es algo por lo cual uno tenga que pedir disculpas; es absolutamente esencial no sólo para el mantenimiento sino tembién para la producción misma de los objetos de su atención" (368). Siendo así, es difícil entender cómo Fish puede sostener que su tesis "has no consequences for practical criticism" (371). Desde luego, los teorizadores del materialismo cultural, como Jonathan Dollimore o Alan Sinfield, extraen consecuencias muy distintas de una concepción parejamente interactiva y dialéctica de la crítica. Algo parecido sucedía con Oscar Wilde y sus reflexiones que partían de la inutilidad e irrealidad del arte en "The Decay of Lying"—si el arte genera nuestra percepción de la realidad, o sea, la realidad misma, como arguye Wilde, lo que queda demostrado es su importancia trascendental, más bien que su inutilidad. De modo parecido, la teoría de Fish, en cuanto se extraen sus consecuencias prácticas, no puede sino transformar las prácticas de la institución crítica, sus objetos de atención y el tipo de atención que se les dedica. Sin contar con que lo primero que se transforma al escribir sobre algo es no tanto el objeto sobre el que se escribe como el propio escritor. Si el mundo, y el ojo, van a ser del color del cristal con que se mira, deberemos elegir bien ese cristal.

Retroalimentación anticipada










Miércoles 30 de agosto de 2006

Irène Némirovsky, Suite française

Muy recomendado viene este libro desde que le dieron el Prix Renaudot en 2004; tiene su historia excepcional, pues se escribió en 1942, poco antes de que deportasen a su autora, judía rusa exiliada en Francia, a la cámara de gas. Su marido corrió la misma suerte; sus hijas se salvaron con la asistenta, y guardaron el manuscrito durante años hasta su reciente edición. Tiene delito que quienes la arrestasen para su deportación fuesen los gendarmes franceses, que también buscaron a sus hijas sin éxito. Y casi aún más delito tiene que la madre de Irène, personaje frívolo y egoísta hasta decir vale, se negase a recibir a sus nietas en su pisazo de Niza; murió en 1989 a los 102 años de edad. Había hostilidad entre madre e hija, y parte del sarcasmo frío de la Suite Française y de otras obras de Némirovsky va dirigido contra personajes de la clase y actitudes de su madre. Incluso se han intentado buscar elementos antisemitas en su obra... por ejemplo lo intentó su marido, con la vana esperanza de defenderla ante los nazis como una conversa cristiana (que lo era, técnicamente) enemiga de los judíos (que evidentemente no lo era).

La Suite Française está inacabada; consta de dos partes de las cinco que iba a tener, si bien las notas de Némirovsky dejan claro que el argumento de conjunto apenas estaba esbozado, y que iba improvisando conforme escribía. Tenemos lo que le dio tiempo a hacer antes de su deportación: una primera parte llamada Tempête en juin, que narra la huída de Paris de grandes y pequeños burgueses ante el temor de la llegada de los alemanes en 1940; y una segunda parte llamada Dolce, sólo levemente conectada con la primera, centrada en la estancia de las tropas alemanas en un pueblo de la Francia ocupada, y en las reacciones de los vecinos a lo largo de los tres meses que dura su convivencia. En las dos partes, la voz narrativa no se explaya por cuenta propia en reflexiones ni interpretaciones, sino que más bien se atiene a reflejar los pensamientos e impresiones de diversas clases de personajes: en sus notas muestra Némirovsky una voluntad de estilo muy modernista de mostrar en lugar de decir. Lo más que se permite es poner en evidencia irónica la mezquindad, egoísmo e hipocresía de los ricachones que intentan ante todo conservar sus bienes y privilegios, mejor que ayudar a sus vecinos en apuros. Aunque de todo hay: la primera parte es una panorámica de diversos personajes y escenas, y también hay comentaristas fiables (al menos moralmente rectos) de la situación, como el matrimonio de bancarios que no consiguen huir de París y son despedidos por el típico patrón avaro Corbin (posiblemente una caricatura judaica de las que se solían achacar a Némirovsky). La mayoría de los personajes de esta primera parte pertenecen a una familia adinerada que es contemplada con bastante ironía fría, aunque varios de sus miembros mueren durante la invasión alemana. La segunda parte se centra en Lucile Angellier, una joven dama en un sofocante ambiente de provincias, esposa de un prisionero de guerra al que no ama, y que vive con su suegra en un caserón, pendiente del ausente; y su amistad romántica, casi amores, con el oficial alemán que les asignan para alojamiento. Termina esta parte con lo alemanes retirándose cantando a la lejanía, partiendo hacia las batallas de Rusia, y sin que ni el conflicto ni el amor hayan llegado a los extremos que eran de temer o de desear. Casi se les va a echar de menos...

Así pues, la obra, fuese a ser lo que fuese en tanto que novela organizada, no nos queda sino como dos fragmentos autónomos, cuyo mayor valor está en mostrar desde dentro la psicología e impresiones del tiempo de la ocupación. Lo realmente curioso de leer la Suite Française tal como se ha publicado actualmente es que a la vez que tenemos la visión de los personajes controlados por la autora, tenemos las notas de la novelista que muestran otra narración de guerra, la de su propia escritura, con reflexiones sobre cómo limitarse a retratar y crear sensaciones, comentando sobre los alemanes que su marido y ella tuvieron que alojar en el pueblo de Issy-l'Évêque donde estuvieron entre 1941 y 1942, y después las cartas desesperadas de su pobre marido buscando ayuda para liberar a su esposa, intentando demostrar su antibolchevismo, antijudaísmo... (en vano, claro; pronto sería gaseado él mismo). Las dos historias no coinciden totalmente. Por supuesto, una es ficción, con personajes inventados, etc., y la otra no, pero me refiero a que las prioridades no parecen ser las mismas. En la Suite française, los alemanes aparecen vistos un tanto exteriormente; apenas unos ejércitos que pasan en la primera parte, y unas disciplinadas tropas de ocupación en la segunda. Los malos, o los personajes caricaturizados o expuestos a la ironía de la autora, no son nunca los alemanes; siempre los franceses, sobre todo los de las clases más pudientes y más dispuestos al colaboracionismo tras el primer sofoco de terror al invasor. Los que alaban a Pétain y barren para casa mientras moralizan a los demás, o los denuncian, como hace la vizcondesa de Montmort en Dolce. Por supuesto, era prudente para la autora no criticar abiertamente a los alemanes por si se encontraba su manuscrito. Y sin embargo, he aquí que los alemanes aparecen en exceso bien parados. Poco imaginativos, en todo caso dados a un romanticismo educado; guapos, bien perfilados, pulcros, disciplinados, gente de orden, educados, cordiales con los invadidos, si bien de una cordialidad ligeramente siniestra a veces, basada como está en la fuerza que no se muestra. Hay amenazas de ejecuciones, etc., pero las únicas muertes violentas e injustas son los franceses quienes las llevan a cabo, y no los más admirables. En este sentido la novela recuerda mucho a la célebre de Vercors, Le Silence de la mer, de la misma época, donde un culto y educado oficial alemán de las fuerzas de ocupación se encontraba con el muro de silencio y el rechazo gélido que le ofrecen una joven y su padre en la casa donde se aloja. No es el caso aquí, donde Lucile casi casi es seducida por el alemán, aunque no puede vencer su rechazo interno al final, y hasta ayuda a ocultar al vecino que ha matado al alemán que le alojaban a él en casa (a traición, un gesto feo). Pero, como digo, la novela es casi germanófila, triste paradoja. Con estos encantadores alemanes, la colaboración no parece sino una conveniencia sin apenas contrapartida moral, algo más que sorprendente aunque ciertamente sí ayuda a entender la percepción y la ambivalencia de tantos franceses de entonces... Pero ni un pensamiento dedicado jamás por nadie a las políticas brutales del Reich, o a las opresiones mentales del nazismo. Podría decirse, tristemente, que es un libro desbordado por la historia, que se concentra en las pequeñas mezquindades y pasa por alto los grandes crímenes... Hasta el asesinato del alemán Bonnet se diluye convirtiéndolo en cuestión más de celos que de guerra o política. Así pues, mal puede ser ésta la gran novela de Francia en la segunda guerra mundial. La cosa que más llama la atención en la ficción la ausencia total de referencias a las persecuciones de los judíos—algo que desde luego ocupa un primerísimo plano en las notas y cartas de la autora y su marido, la novela detrás de la novela. Expulsados de París, fichados, despedidos de su empleo... y ni una la menor alusión a las "desventajas" de la política judía del Reich en la ficción. ¿Prudencia también? ¿Incredulidad, o inconsciencia, de hasta dónde podían llegar las cosas? Es curioso que el "tema judío" sólo aparezca en las notas de la autora cuando se refiere a su vida cotidiana, nunca a sus planes para la escritura. Y el desagradable Corbin sí parece ser judío... Así que, aunque la Suite française es un relato apreciable, lo es tanto más como síntoma de los tiempos, por lo que no cuenta y quizás no podía contar, y por las extrañas prioridades que muestra en lo que sí cuenta. Requiere, en todo caso, ser leída como parte de la historia y destino de su autora, pues lo que aparece en el texto marginal es tan indicativo, y tan trágico, como la novela que se premió. ¿O quizá se premió el conjunto de novela inacabada, culminando en muerte trágica de la autora? Así, inhabitualmente, en la edición de Folio se ha elegido un retrato de la autora para la portada. Es, en todo caso, un fenómeno literario de poco habitual de conjunción, y contraste, entre vida y obra.

El Hundimiento






Martes 29 de agosto de 2006

Cuando los Mundos Chocan

Por alguna razón inscrita muy hondo en mi subconsciente, siempre me han gustado las historias tipo Arca de Noé, de supervivientes encerrados en un espacio artificial cerrado, y las historias de catástrofes cósmicas, así que este clásico de la ciencia ficción (prod. George Pal, dir. Byron Haskin, 1951) lo tiene todo. A los nenes, que han visto hace poco El día de Mañana, les han encantado las escenas de destrucción universal. Y además la película se presta, como todas las de ciencia-ficción de la época de la Guerra Fría, a ser interpretada en términos de política fantasmática.

Sinopsis del argumento: unos astrónomos descubren que un planeta desconocido va pasar cerca de la Tierra, provocando catástrofes, y que días después toda la Tierra será destruida por la estrella a la que acompaña el planeta. La ONU debate el tema, pero no hay acuerdo en la comunidad científica sobre la fiabilidad de la predicción; así pues, no se hace nada. Mientras, unos generosos empresarios con visión de futuro sí han creído al astrónomo (que es además el padre de la chica), y financian la construcción de una nave que lleve a un pequeño número de elegidos hasta el planeta intruso, donde puedan empezar una nueva civilización. Dos líneas argumentales complementarias son cómo la chica cambia de novio, y cómo éste tiene reparos de conciencia porque el suegro lo quiere incluir entre los elegidos por enchufe. Al final, consiente ir de piloto suplente, medio engañado por un gesto generoso del antiguo novio. Quien se queda en tierra es el suegro, voluntariamente, y también (a la fuerza éste) un millonario egoísta que había puesto como condición para su apoyo el estar incluido entre los elegidos. Tras un intento de asalto a la nave en el último momento por parte del grupo de rechazados, ésta despega y llega felizmente al nuevo mundo, donde por suerte y casualidad la atmósfera es respirable y la temperatura ideal. Llevan en la nave, cómo no, animales domésticos, semillas, tratados de agricultura e ingeniería, y, única concesión aparente al arte, las obras de Shakespeare. La Biblia no consta, pero a cambio abre la película, con citas alusivas no a Ajenjo y el Apocalipsis, sino  a Noé y el Arca. La catástrofe cósmica es pues un castigo divino y purificación de una humanidad pecadora e imperfecta.

El simbolismo de la Bomba está a flor de piel en la película. A nivel explícito, no hay la menor alusión a tensiones internacionales de ningún tipo (aunque la inutilidad de la ONU presidida por un indio sugiere épocas más actuales de escepticismo USA para con esta institución). Lo que sí se contrapone es la incapacidad de los gobiernos frente a la visión e ímpetu de la empresa privada, y esto es naturalmente un axioma del liberalismo y de la posición de USA. Oímos hablar de otras naves similares que se construyen en otros países, pero no sabemos nada más de ninguna. Parece ser que el Nuevo Mundo será americano (el protagonista parece ser inglés, o sudafricano, obviamente no negro, pero se embarca con los americanos—esta es una empresa anglosajona). También será blanco el nuevo mundo: la raza negra no parece haberse considerado digna de perpetuar sus genes en el más allá.

La ideología pro guerra fría de la película es subliminal; probablemente también para quienes la hicieron. La colisión cósmica es, naturalmente, una versión desplazada del holocausto nuclear. Aquí adquiere la naturaleza de lo inevitable: es una cuestión de órbitas y rumbos cósmicos, un cataclismo que ha de venir, que los humanos no pueden evitar, y sólo apenas pueden encauzar de la mejor manera posible. Los temores y ansiedades de la guerra fría buscan así imágenes desplazadas que ayuden a concebir escenarios hipotéticos y posibles soluciones para la destrucción impensable con la que se estaba aprendiendo a vivir. La función de las películas es la de ofrecer soluciones imaginarias a problemas reales, como diría Fredric Jameson. La solución imaginaria es la supervivencia (es más, la hegemonía genético-cultural) de los Elegidos norteamericanos, del american way of life en otro sistema solar, tras la purificación de la carne imperfecta a la que alude el comienzo de la película. Mediante la selección del punto de vista narrativo, se nos presenta como aceptable la destrucción de miles de millones de seres, y de todo el Planeta, a cambio de la supervivencia de nuestro objeto de identificación imaginaria: en una buena narración catastrófica (lo vemos en los periódicos a diario) la lógica es siempre a favor de la vida: "terremoto en tal sitio — mueren decenas de miles, ¿tragedia?—vaya, se encuentra una niña viva bajo los escombros cuatro días después —ergo, falsa alarma, final feliz, era comedia".  Tal es la lógica narrativa de la catástrofe, hace jugar la identificación imaginativa con el protagonista contra la mera lógica de las cifras. En este sentido, los esquemas narrativos comunes son inherentemente optimistas (quizá por el Principio de Pollyana del que hablaba Leech), e inherentemente falaces, instrumentos de manipulación política que sirven para justificar los medios por desmedidos que sean. La figura de quien no delega imaginativa y políticamente en los Elegidos es convenientemente demonizada y exorcizada, en la persona del millonario paralítico y egoísta; el espectador, en cambio, está en una posición envidiable: a la vez delega imaginativamente, y sobrevive.

Se me dirá que la película habla de choques de planetas, no de choques de potencias... y que está basada en una novela de 1933, cuando no había aún bombas atómicas... Bueno, pero sí había bloques, inquietud planetaria, revolución en el aire; y sea como sea, los sentidos cambian con las adaptaciones y con el tiempo; en 1951 el peligro de un choque de planetas no era, desde luego, una hipótesis contemplada; el de la guerra nuclear, sí. Por cierto, uno de los autores de la novela original, Philip Wylie, escribía en este mismo año, 1951, una historia sobre contrabando de bombas atómicas... tema siempre actual. Visión de futuro, y de actualidad, no le faltaba.

Ni visión de las obsesiones tradicionales. La llegada al nuevo planeta, tierra deshabitada y virgen, lista para la colonización de los Padres Peregrinos, es una reedición del mito americano de la Frontera y del Nuevo Mundo, un mito utópico que ya aparecía a su manera bien perfilado en el siglo XVII en el poema Bermudas de Andrew Marvell. Podría decirse que esta película legitima, a su manera, el holocausto nuclear en el que el propio espectador habrá de perder la vida, a cambio de la identificación imaginativa con la América perfeccionada que seguirá al triunfo atómico; un mundo, por fin, blanco, angloparlante, with God on our side, y joven (ser joven es aquí más profundamente americano; Europa es vieja). Una nueva América que ocupa todo el planeta, — una América, además, corregida, limpia de indios y otros pieles rojas.


Alegorías de la Bomba



Lunes 28 de agosto de 2006

La Venus del Espejo (Reflexiones)

Sale la Venus del Espejo en el Muy Interesante que se ha comprado Álvaro, y así volvemos a hablar de ella. El cuadro es un caso de reflexividad divertido, en el que la mirada duda entre la atracción irresistible del cuerpo desnudo y la quizá todavía más irresistible de la imagen dentro de la imagen, sumada al deseo de ver el rostro oculto—quizá sea esa batalla entre dos tipos de deseo visual el tema estructural más central al cuadro. El otro día decíamos que es extraño cómo el reflejo que aparece en el espejo que le enseña Cupido no parece corresponderse, por el ángulo de orientación, con el de la cara de Venus. La explicación más sencilla es (bueno, al margen de ignorar el hecho por no menoscabar a Velázquez, que es lo que suelen hacer los críticos de arte—así, el Muy Interesante sólo dice que es un juego de espejo "de una especial delicadeza") argumentar que Velázquez se equivocó, y que calculó mal. O, siendo generosos, que torció deliberadamente el reflejo del espejo para permitir al espectador ver la cara de Venus, algo que no permiten las leyes de la física, pero sí las de la pintura. (¿Por qué no entonces orientar el espejo de otra manera? ¿Precisamente para enfatizar esa divergencia de ángulo entre lo pintado y lo reflejado?). Pero hay más. La cara que se refleja tampoco parece ser la de la Venus que mira: ni por el corte de cara, ni por el peinado, ni por el rojo de las mejillas, ni por la luz, ni por la orientación del reflejo, como digo... Vamos, que es otra cara, una cara que desde luego desmerece del culo que vemos.  Podría interpretarse que es el reflejo de una sirvienta que está mirando el cuadro (¿ars ancilla naturae?). Y sin embargo también es Venus, porque apoya la cabeza en la mano como ella, y se reflejan los paños de la cama en la que está tumbada. ¿Hizo Velázquez un reflejo imposible, una mezcla entre el reflejo de Venus y (mediante una hábil distorsión del ángulo de reflexión y del rostro) el reflejo de la dama bastante más coloradota y normalucha que iba a contemplar el cuadro? El ángulo del espejo bien podría reflejar al espectador, más que a Venus. Sabemos que Velázquez apreciaba los juegos de espejos en la pintura, por Las Meninas. Allí sí que parece incluir al espectador hipotético (los reyes) dentro del cuadro (dejándonos a la vez con la duda de qué cuadro pinta el pintor, seguramente este mismo...). ¿Podríamos suponer un juego de ideas más complejo en esta reflexión imperfecta? La broma podría ser que mientras muchas damas se miran al espejo y creen ver a Venus, Venus se mira al espejo y parece ver una dama vulgaris... O, otro tipo de broma pictórica: en un cuadro, un espejo no es un espejo, es un trozo de cuadro, o sea, un cuadro. Quizá lo que Cupido le muestra a Venus no es un espejo, sino un retrato. O algo imposible, algo que sólo puede existir en pintura, una imagen entre espejo y cuadro, entre Venus y espectadora, algo que no se puede reflejar porque sólo se puede pintar... un ejercicio reflexivo sobre la pintura. Siguiendo la ley de que algo debe construirse antes de desconstruirse, parece difícil creer que Velázquez pudiese realizar todas estas reflexiones. Aunque tantas cosas nacieron ya desconstruidas... Habrá que ver qué dice al respecto Julián Gallego en El cuadro dentro del cuadro.

Reflections (On a Drop of Dew)


Domingo 27 de agosto de 2006

A Ribadeo

Oscar es un niño agradecido: se lee sus libros, juega con sus bolos, da sus besitos, recita la lista de regalos a quienes lo llaman por teléfono para felicitarlo. Luego nos vamos de excursión a Ribadeo, y le ponemos las velitas en un trozo de tarta Contessa en un restaurante de carretera, de camino a Ribadeo. Bajamos a la Playa de las Catedrales, y nos lo pasamos en grande saltando olas, sobre todo la sección femenina, que no había quien la sacase del mar. Luego, habiendo comido como boas, se nos hacen cuesta arriba las cuestas abajo de Ribadeo. Los mejores caserones antiguos están en ruinas, sobre todo los del barrio que baja a la ría, los clásicos... sigue en pie, arriba, el del marqués de Sargadelos, el que fusilaron por afrancesado hace doscientos años. ("Seguro que fueron los del barrio de abajo los que lo denunciarion—que les pudría la envidia que ya no tenían el dinero, pero tenían la sociedad agarrada y bien agarrada"). Luego hacemos una excursión al faro (o "to the lighthouse", los hombres no tienen muy bien papel, mentes cuadradas y obsesivas frente a la poética mentalidad femenina en las excursiones a los faros).  Y de vuelta, vuelta a saltar olas, al ponerse el sol, en la playa de Reinantes, bien grande, y que la teníamos para nosotros solos; esta vez se animan hasta los pequeños a enfrentarse a los tsunamis y las brutas de animal. Las olas daban bofetadas imponentes, y Oscar, a pesar de sus flamantes seis años, acaba revolcado por los suelos y escarmentado como un pollo escaldao. Se bate en retirada, y nos mira prudente desde la orilla. Y yo, para redondear el día, piso una faneca. Otra faneca, vamos. Pero cuando se pasa el dolor de la picadura se nota un calorcillo agradable en el pie. Y rematamos el día en una pizzería con pizzero italiano y todo, donde nos cuentan toda la historia de la familia de la pizzera, y sus emigraciones y sus adopciones y la novia rusa del chico, una lagarta sin duda según la suegra... Álvaro se está leyendo Sapiens de Eudald Carbonell et al., y nos informa sobre la dieta de parántropos que gastaban los de Atapuerca. (Ivo: - "¿Qué es un Boisei?" - "Pues hombre, esos que imitabas tú tan bien... Siempre me acordaré de Pibo haciendo su imitación del Australopithecus Boisei"). Oscar redondea el día con un volantito volador que le sale en el helado; y se va a la cama satisfecho de haber cumplido años como es debido ("Con todo el dinero que tengo, me podría comprar una burra"). Por la noche, los sueños soñados incluyen 1) un atentado de la extrema derecha contra Letizia, 2) una casa-barco inestable y semiflotante, y 3) una vuelta a matricularme en la Universidad, en Hispánicas, donde me aprobaban un examen por evaluación continua; menuda sensación de back in school again... y es que ya quedan pocas vacaciones.

El Tajo de Ronda


Sábado 26 de agosto de 2006

Un exiliado: on a distant shore

Me he ido nadando hasta enfrente de la casa de John Dutton, en Covas. No es que tenga mucho mérito, porque es el pueblo de al lado de Viveiro, pero para lo que yo nado (nada) ya me he dado buena jupa. Quería comprobar una cosa: la alineación de unos escollos entre sí y con la casa. Covas se llama así por la costa rocosa, que además de cuevas tiene unas rocas muy vistosas delante de la playa llamadas Os Castelos, que se adentran casi en fila india en el mar. Bueno, pues justo detrás está el pazo do Grallal, la casa de John Dutton. Toma el nombre de las rocas, seguramente ("grallal" viene a ser como "pedregal").

Dutton era un gentilhombre inglés del siglo XVI, que a resultas de sus visitas a España terminó exiliado en Viveiro. Había formado parte del cortejo de ingleses que viajó a España para acompañar a Felipe II (entonces príncipe) a casarse con María Tudor. Ya se sabe lo mal que resultó aquel matrimonio; no tuvieron descendientes, pues los únicos embarazos de la reina eran falsos embarazos histéricos. Y sus iras las descargaba con persecuciones contra los protestantes, no sé si para hacer méritos con su marido o por vocación propia, el caso es que acabó dando nombre a un refresco, el Bloody Mary de rojo color. Al morir ella cambiaron las tornas, y pronto fueron los católicos quienes eran objeto de persecuciones bajo su hermana Isabel. Dutton al parecer se había significado lo bastante como cortesano católico e hispanófilo  como para tener que poner tierra, y agua, por medio, y la puso. Se exilió a España y se construyó un pequeño pazo aquí al lado de Viveiro. Creo que al menos algunos de los Dotones, Outones o D'Outones que por aquí merodean son descendientes suyos, con el apellido galleguizado.

La casa pertenece ahora, creo, a dos señoras mayores, y no está muy bien conservada. Tiene su propia capillita y un buen trozo de tierra cercado alrededor, con una puerta frente a la casa, al lado de la capilla, que da de frente a la playa de Covas. Lo que me llamaba la atención es la alineación de las rocas, que desde luego señalan en dirección a Inglaterra. Dutton se quedó en la parte de España más cercana a Inglaterra, el extremo norte, y la más parecida también por su clima y aspecto. Bueno, podría haberse hecho la casa en la punta de Estaca de Bares, pero le alabo más el gusto en Covas. Se construyó la casa al fondo de la ría, de manera que los promontorios que la cierran enmarcan directamente la salida que lleva en línea recta a Inglaterra. Las rocas no están perfectamente alineadas, son más bien como una fila de pisadas que se adentran en el mar. Desde frente a la casa de Dutton se ven de tal manera que las dos más altas se enmarcan entre los promontorios de la ría y rodean a la más baja. Tal que así, siendo las emes los montes de la orilla de la ría, y las Aes los arrecifes altos y pequeños, casi con esa forma además:

MMmm A a A  mmMM

 Como un punto de mira, señalando directamente al mar abierto; el próximo pueblo en esa dirección es un pueblo inglés. En la cima de la casa hay esculpida una cara que mira al mar. El hijo de Dutton, James Dutton, sí navegó una vez más hacia Inglaterra: en el buque Santiago, formando parte de la Gran Armada. Pero el viento sopló fuerte en contra del regreso.

Colom... rara avis






Viernes 25 de agosto de 2006

Cosas antiguas

Mañana es el cumpleaños de Oscar, y ya se las promete muy felices: tener seis años, está convencido, lo va a encumbrar a una categoría social muy superior a la de cinco años. Y además están los regalos....

Oscar- Mami, vamos a comprar los regalos.
Mami- Ah, no. Los regalos ya están comprados.
Ivo- ¿Qué dice?
Oscar- Que ya me ha comprado la escopeta.
Mami- Yo no he dicho eso. Yo he dicho los regalos.
Ivo- Quiero ver los paquetes. Espero que no sean cosas antiguas, porque las cosas antiguas a Oscar no le gustan nada.
Oscar- No, antiguas no.
Yo- Oscar es un tío moderno.
Oscar- Eso.
Ivo- Por ejemplo, aparece Alfredo dibujado en un dibujo antiguo: "Hola-Oscar. Hola-Oscar". Paam. Puñetazo. Se cae al suelo, y es plano. Sigue diciendo, "Hola-Oscar...".

Las modernidades que no aprendan estos crios en los dibujos animados, creo que ya no las aprenderán. Mira que le pegan al cráneo. Me acuerdo Álvaro, que a los tres años, iba en triciclo y lo veo chocar contra un árbol, queriendo, y dice "Un accidente de tráfico." Y se tira al suelo con los ojos cerrados, yo escuchando. Y hacía como convulsiones repentinas, murmurando "... me pasan por encima los coches..."

Dino saurios



Los Guardianes del Sueño

Esta tarde nos vamos a pasear por un sitio de las afueras de Viveiro donde súbitamente acaba la expansión urbana, cortada de repente por la vía del tren (es un tren de vía estrecha con unos puentes de piedra preciosos que cruzan las rías). El tren va elevado, como sobre un muro; pasamos al otro lado del muro por un túnel, y quedan atrás los coches, y tiendas, y chalés; es el fondo de la ría, remontando el río Landro, separado del resto por uno de esos puentes que digo, con arcos góticos, de hace cien años. Hay un paseo a lo largo, hecho hace poco, pero aparte todo sigue como hace muchísimos años, o siglos; con marismas que se inundan cuando sube la marea, casas de labranza sueltas por aquí y por allá, y  un valle verde que es "como Brigadoon, un lugar imaginario, o un sitio fuera del tiempo", me dice mi acompañanta. Es un valle rodeado de montañas bajas casi aisladas unas de otras, hace efecto un poco chino, sobre todo con bruma. Está todo de un verde rabioso, húmedo, bueno, más bien de todos los tonos de verde combinados, y tranquilo: no se oye nada; no hay ni lanchas ni motos de agua ni nada ni nadie en la ría. Una yegua y su potrillo, gaviotas, alguna garza. Una poza increíble para bañarse... Parece demasiado perfecto, tan cerca de la villa, como una simulación de algo imposible colocada aposta, una ilusión hiperreal. Qué casualidad, nos cruzamos a los pocos kilómetros con la señora que nos alquiló la casa. Hay un convento medieval allí cerca, al lado del arroyo, con una historia de aparición de la Virgen. Se les apareció la imagen y se la llevaron a Viveiro, pero les desapareció del altar y volvió a aparecer aquí: tenía las ideas claras, esa Virgen. Así que le hicieron el convento alrededor. Se respira una tranquilidad casi—"eerie", me dice mi compañera, "un sitio especial, sobre todo siendo que hay que entrar por esa puerta que lo separa como del resto del mundo—y con esas figuras tan inquietantes a la entrada". Es que algún artista moderno ha decorado, por encargo municipal, el túnel por donde se pasa al valle, con unas esculturas metálicas, unas siluetas humanas altas y estilizadas, de casi tres metros, plateadas, con las manos cruzadas a la espalda y la vista al frente, sin rasgos; otras siluetas parecidas a éstas, o sus sombras, están grabadas en las paredes del túnel. A Álvaro también le han impresionado las figuras éstas, y les va buscando un nombre adecuado:
—"Yo creo que podrían llamarse... los Vivientes. Así, con uve mayúscula. O Los Que Esperan—los que Pueden Aguardar. Tiene que ser todo con mayúsculas. O... hum.... 'los Contempladores'. O 'los Impasibles'. O .... los Vigilantes del Valle, o los Informadores. O quizá los Anotadores... no, los Anotadores no. Mejor 'Los Que Son', o 'los Durmientes', o 'los  Habitantes', o 'los Existentes'...

Visita a las mazmorras



Jueves 24 de agosto de 2006

La narratividad

Tengo que ir escribiendo la introducción al libro sobre narratividad que edito con John Pier para la serie Narratologia (Walter de Gruyter, Berlín). El problema es cómo (por razones prácticas) no ser redundante con ninguno de los capítulos escritos por los colaboradores, y (por razones de politesse editorial) no contradecirlos tampoco abiertamente. Aquí hay dos posibles líneas a desarrollar:

A) Una posible línea de ataque: partiendo de los tres niveles que yo distinguía en el texto narrativo (Acción, Relato, Discurso), distinguir una narratividad de la acción, otra del relato y otra del discurso. Aquí el problema sería aislar conceptualmente lo que nos viene siempre mezclado en la realidad. Está esta propuesta en la línea de otras propuestas narratológicas. como la de Nünning / Sommer (2007) que distinguen una narratividad diegética (la que atiende al narrador y su acto de narración, etc.) de una mimética (la narratividad consistente en representar una secuencia de acontecimientos).

B) Otra posible línea de enfoque. Por parafrasear a Shakespeare (Twelfth Night): Algunos textos nacen narrativos, otros se vuelven narrativos, y a otros se les echa encima a la fuerza la narratividad. (Lo mismo podría decirse de la literariedad, por ejemplo, pero con la narratividad es más chocante porque ésta sí se diría que es una propiedad formal, y no de uso o valoración de los textos. Eppur... Así, se pueden contrastar las perspectivas gramaticales frente a las perspectivas pragmáticas o constructivistas sobre la narratividad. O los mecanismos de codificación narrativa: algunos más estructurales, otros más contextuales.

De mis dos líneas propuestas, la primera es más gramatical, la segunda más pragmática.

Las definiciones "gramaticales" o estructuralistas de la narratividad son más propias de la narratología clásica; pero a ésta ha sucedido la fase postclásica de la narratología: puede verse para su caracterización contrastada el artículo de Gerald Prince "Narratologie classique et narratologie postclassique", en Vox Poetica. La narratología postclásica prefiere definiciones más interdisciplinares y más ligadas a los contextos y debates culturales. Definiciones o problematizaciones, porque por ejemplo lo que se problematiza es el concepto mismo de narratividad cuando se considera como un concepto no neutro sino definido en interrelación con cuestiones genéricas, de lenguaje estándar o no estándar, y en general como una cuestión de semiótica social (como en el artículo de Beatriz Penas en nuestro libro sobre la narratividad).

Según el glosario del reciente libro A Companion to Narrative Theory (ed. James Phelan y Peter J. Rabinowitz; Blackwell, 2005), la narratividad es:

"the formal and contextual qualities distinguishing narrative from non-narrative, or marking the degree of 'narrativess' in a discourse; the rhetorical principles underpinning the production or interpretation of narrative; the specific kinds of artifice inherent in the process of narrative representation". (p. 548)

Una definición en la cual hay amplio lugar para que la narratividad de un texto o fenómeno no venga dada sino que pueda verse sometida a reinterpretación, o ser conjuntamente construida de modo interactivo por narrador y receptor o intérprete.

Hay que tener en cuenta el concepto de narrativización (narrativisation) en conjunción con el de narratividad. Según el artículo de Jan Alber en la Routledge Encyclopedia of Narrative Theory, han tratado el tema Hayden White (con la imposición de formas argumentales en materiales históricos) y Monika Fludernik, que la define como la actividad de un lector al leer un texto como una narración, es decir, naturalizando el texto al interpretarlo ya como una serie de acontecimientos, ya como la percepción de un focalizador. Ambos conceptos son útiles: para White, es el escritor (el historiador) quien narrativiza; para Fludernik, es el lector quien aplica estrategias narrativizantes. Lástima que esta última noción vaya acompañada por la extravagante noción de narratividad de Fludernik (la famosa "experientiality": es narrativo según esta noción lo que representa la experiencia humana) que está distorsionada por una perspectiva teórica centrada en la ficción literaria.

Veamos qué añade el artículo de Prince sobre la narratividad en la Routledge Encyclopedia of Narrative Theory. Primero, es una cuestión genérica la que tratamos aquí. Habrá que acudir a conceptos básicos de la teoría del género. "Narrativehood" sería lo que diferencia a una narración de una no narración; otra cuestión es la "narrativeness" (como la llama en otros sitios), los rasgos que hacen una narración sea más o menos narrativa: cuestiones de experiencialidad, proporción acción-comentario, virtualidad-actualidad, etc.

Aparte de grados de narratividad, hay modalidades de narratividad: simple (en cuentos populares), figurativa (en la lírica, filosofía, historia…), compleja (en novelas), instrumental (en los exempla), etc.

Otros artículos relevantes en la enciclopedia son los relativos a "géneros" y "text-types" (mal diferenciados, estos conceptos). En el artículo de Alexandra Georgakopoulo sobre "Text-type approach to narrative" se nos remite a la definición de Chatman de la doble cronología necesaria para la narración. Esto de la doble cronología ya lo tenía yo superado en mi definición de la triple cronología en Acción, relato, discurso:
- Cronología de la acción (los acontecimientos narrados tal como sucedieron)
- Cronología del relato (los acontecimientos narrados tal como se nos narran)
- Cronología del discurso (los acontecimientos narrados más el propio acontecimiento de la narración, que incluye digresiones, interacción, etc.).
La "experientiality" de Fludernik se interpreta aquí de modo moderado como una "orientación hacia agentes humanos o antropomórficos".

Se ha intentado más, nos dice Georgakopoulou, diferenciar la narración de otros tipos de texto, antes que ver las relaciones entre distintos tipos de texto narrativo. Otros tipos de texto: la descripción, argumentación, exposición, explicación, instrucción, conversación (no narrativa). Algunos han ido más allá, poniendo a la narración a un nivel estructural superior a estos géneros (Bruner, Swales, Virtanen).  Vista la narración a tal nivel de generalidad tiende a perderse la perspectiva de las diferencias internas que se dan entre narraciones. Las tendencias actuales van menos hacia el análisis conceptual abstracto de elementos formales, y más hacia la imbricación entre usos de la forma y contextos sociales diversos. "One possibility would be to explore narrative as a dynamic conglomeration of more or less prototypical textual, functional, and contextual parameters" (596). Enfatiza Georgakopoulou el uso variado y la atención variada que prestan los participantes a diversos recursos disponibles a la hora de producir el discurso, así como los modos híbridos y locales en contextos y comunidades específicas.

Michael Kearns escribe en la Routledge Encyclopedia of Narrative Theory un artículo más extenso sobre "Genre theory in narrative studies". También aquí prima la concepción del género como convenciones "activadas" por el lector: "To approach a text as *narrative is to implement expectations about point, *narrative progression or transformation, *actants, and *narrator (see NARRATIVITY; TELLABILITY); in fact, any text containing a sequence of *events invites these expectations" (201). Explica los conceptos taxonómicos de género, de raíz aristotélica, y su sustitución en el siglo XX por conceptos funcionalistas que integran los géneros literarios en un marco lingüístico más general. Así, Genette redefine la narración como un "modo lingüístico" más allá de un género literario, modo que puede usarse en cualquier género. La "ley del género" de Derrida nos dice que los textos participan de géneros sin pertenecer a ellos. Esto también es por efecto de la lectura; así el narratólogo ha de estudiar cómo el lector utiliza las convenciones narrativas junto con las de otros tipos de discurso al tratar con determinado texto.

La influencia de la hermenéutica también ha limitado los enfoques genéricos fundacionalistas y absolutos, al requerir el círculo hermenéutico un vaivén y negociación entre los diferentes elementos y componentes de un discurso. Ello no quita para que la narración como esquema cognitivo, lingüístico y cultural siga teniendo un status especial y merezca estudio propio.

Hoy los teorizadores prefieren usar una multiplicidad de parámetros presentes en grado variable, antes que categorías absolutas y exclusivas, a la hora de definir los géneros y modalides discursivas.

Los géneros condicionan la producción, el procesamiento y la recepción de la narración. En lo referente a la producción: desde los esquemas cognitivos básicos, pasando por los patrones culturales ("master narratives and myths"), hasta las ideologías concretas y específicas de una época o comunidad. Por "procesamiento" entiende Kearns la lectura, que también sigue carriles genéricos a distintos niveles de generalidad. Y la "recepción" es la manera en que el texto interactúa con la cultura y sus instituciones. Muchos teorizadores enfatizan el poder ideológico de la narración en este sentido, sosteniendo que "a culture's ideology is most effectively organised and transmitted through narratives" (205).  Por último, hay una retroalimentación entre los factores que condicionan la producción, el procesamiento y la recepción.

Más allá de los géneros "narrativos" específicos, Kearns enfatiza el papel de la narración como un modo lingüístico natural y un ingrediente de muchos géneros.

La publicación más reciente que he leído sobre la cuestión de la narratividad es un artículo de Shlomith Rimmon-Kenan en "The Traveling Concept of Narrative" (2006), titulado "Concepts of narrative". Allí Rimmon-Kenan polemiza (educadamente) contra el uso generalizado del término "narrative" en psicoanálisis, en análisis crítico del discurso, y en otras disciplinas humanísticas. Aun reconociendo la presencia de elementos narrativos en muchos de los fenómenos que estas disciplinas llaman "narraciones", insiste en la necesidad de una doble secuencia temporal (la de la acción y la de su representación) y de una instancia mediadora (narrador, etc.) para poder definir a algo como una narración.

Rimmon-Kenan termina el artículo con una serie de preguntas, a las que, como no responde, puedo de momento pasar por alto para concentrarme en la propuesta más concreta de su artículo, en el penúltimo punto. La crítica fundamental que puede hacérsele es la siguiente. Cuando un analista (psicológico, social, político, etc.) llama a algo una "narración", y luego pasa a analizarla, no está presuponiendo que esa narración haya sido articulada por alguien YA. A veces el analista está realizando un doble trabajo: a la vez constituye la narración, la estructura a partir de elementos dispersos en el espacio discursivo que analiza, y seguidamente pasa a criticarla, analizarla o a proponer una contranarración. Puede haber aquí la sensación un poco de "yo me lo guiso, yo me lo como", o mejor dicho, "yo me lo guiso y no me lo como, sino que me hago otro guiso". Y sin embargo es una manera fundamental en que ha de trabajar el analista. Por ejemplo, si hablamos de "la narrativa de la derecha española sobre el 11-M", creamos en gran medida una ficción, que habrá que matizar si no queremos caer en la simplificación más grosera. En cualquier caso, estaremos realizando una selección, estructuración, etc. tanto de los discursos en torno al 11-M (extrayendo de ellos una narrativa) como del sujeto narrativo a quien atribuimos esa narrativa—"la derecha española", pongamos. Y seguramente haremos ese trabajo de estructuración narrativa con vista a, posteriormente, someter a crítica la narración que acabamos de formular.

Así pues, desde una perspectiva interaccional, postclásica, sociosemiótica de la narratividad, el analista no es un analista neutro. No sólo el proceso de su análisis está ideológicamente articulado, sino que el propio objeto de análisis está en parte constituido por el propio analista. Es el propio analista narrativo quien ha de descubrir primero la narratividad del objeto que está analizando, para después someterla a crítica. Por supuesto, un buen analista no se saca esa narratividad de la chistera, sino que ofrece una formulación clara, bien estructurada, convincentemente articulada, de fenómenos que son socialmente activos; ofrece, por seguir con nuestro ejemplo, la versión de "la derecha española sobre el 11-M" mejor articulada que la propia "derecha española" (un sujeto difuso éste, claro). Y seguidamente pasa a someter a crítica la narración que él mismo ha sacado a la luz o contribuido a articular. Lo esencial es que tanto la narración que extrae como la crítica a que la somete son ejercicios de narrativización que han de tener valor hermenéutico, y ayudar a interpretar el fenómeno que está siendo objeto de análisis, primero en su manifestación social existente, después en la crítica a que ésta se somete. Ambos pasos han de manifestar el valor emergente e interpretativo de la narración, constituyendo objetos de conocimiento donde antes no había sino fenómenos inconexos.

El analista social, pues, frente a lo que podría hacernos pensar la crítica de Rimmon-Kenan, no se encuentra con narraciones bien articuladas, con un narrador, y una doble secuencia temporal, listos para su análisis. Antes de desconstruir la narración, debe construirla. ¿Que, como he dicho, es una actividad que se presta mucho a acusaciones de ombliguismo, de distorsión interpretativa, de yo-me-lo-guiso-yo-me-lo-como? Por supuesto. Pero no podemos dejar de hacerlo. De narraciones y contranarraciones vive el debate ideológico.

Otra cuestión a tratar, relativa a la narratividad "percibida" y emergente: cómo las distintas teorías sobre la narratividad, y análisis narrativos, entendidos como otros tantos instrumentos de percepción de la narratividad, captan "longitudes de onda" narrativas que escapaban a teorías anteriores; se teorizan así, qué digo se teorizan, se perciben y se desarrollan, de modo emergente, nuevas dimensiones de la narratividad y nuevas clases de narratividad, como resultado de la interacción entre texto narrativo y metatexto narratológico.

Así pues, por ejemplo, la narratividad psicológica de secuencias de acciones, planes, etc. Podría decirse que según muchas definiciones tradicionales, aquí no hay narración, pues no hay comunicación de un sujeto a otro, no hay texto, no hay representación.... Bueno, eso de que no hay representación ya es mucho conceder. Como lo de que no hay comunicación. Precisamente la consciencia, en una concepción emergentista como la de Mead, es un proceso de autocomunicación. La noción de "self-indication", señal dirigida por el organismo a sí mismo, es crucial aquí. Una narratología que sea capaz de incluir esta narratividad de la consciencia entre los fenómenos analizados es un ejemplo de teoría que contribuye a ver narratividad donde antes no se la veía (vale casi decir que no la había).


Canon





Miércoles 23 de agosto de 2006

Poca sociabilidad

Me resultan un poco cargantes los veranos por su poca sociabilidad, o la poca mía, supongo. Suelo ir con la familia a un sitio distinto cada año, donde no conozco a nadie, y me vuelvo también normalmente sin haber hablado con nadie en todo el mes (menos con las cajeras de las tiendas: "Son 50 euros"- "Tenga"- "Adiós"). Desde luego muy dicharachero no soy, pero es que tampoco encuentro que el verano tal como lo vivo yo al menos se preste mucho para conocer gente: de lúdico-festivo y mogollónico, nada de nada. Las tómbolas y verbenas de la plaza del pueblo no me van. Todos tus conocidos están dispersos por aquí y por allá (normalmente ni te contestan al correo); y en la playa no hay ninguna razón, ni ganas, de hablar con el de la toalla de al lado. Sobre todo si, como sucede aquí, en Galicia, la toalla de al lado está a treinta metros. Nada, que igual debería apuntarme a clases de aerobic playero por socializar un poco. A la familia la veo más que todo el resto del año... en proporción únicamente: 100%. A ver: que no es que me resulte cargante la familia... lo que me resulta cargante es mi patrón establecido de sociabilidad cero. Álvaro me dice: "Los nenes se han hecho amigos de Jairo. Pero yo prefiero no hacerme amigos. Sobre todo si son amigos divertidos y que me lo paso muy bien con ellos, porque luego me voy y no los vuelvo a ver en la vida, eso ya lo sé segurísimo". Yo parecido, pero como si ya me hubiese ido. Mis amistades vienen de mis estudios o de mi trabajo. Si no estudio, y no trabajo, no tendría amistades, parece claro.  Ahora entiendo el éxito de los clubs de alpinismo, alfarería, o punto de cruz. Si aún tendré que apuntarme a uno. O a un sitio web con más movimiento que éste.

Secret Sharers


Martes 22 de agosto de 2006

Románico y rompientes

Normalmente vamos a las playas de Viveiro, donde se ve no mucha gente, la mayoría señoras y ancianos (se pregunta uno dónde está la juventud y niñez de este país—en este mar, no). Pero también exploramos las playas de pueblos vecinos y las calas que calamos. A una de esas, la playa de Portonovo (que de puerto nada, pues estaba totalmente aislada de la civilización) hemos bajado por una pista de tierra que ha puesto a prueba el coche a la subida, lo hemos tratado como si fuese un cuatro por cuatro dieciséis, y para subir nos hemos apeado los cuatro pasajeros mientras la brava conductora subía en primera a toda leche con las ruedas patinando y el coche lanzando grava y haciendo eses por la rampa arriba. No había ni chalets ni chiringuitos en varios kilómetros a la vista. Había algunas personas en la playa, bañistas y pescadores; alguno no sé si lograría sacar el coche de allí... Pero ninguna persona le prestaba atención a una cosa que hemos visto—y que no se veía a primera vista, la verdad. Es de esas cosas que sólo te fijas cuando te las dicen, y por casualidad nos hemos dado cuenta. En las guías desde luego no viene anunciada. Es una especie de capilla primitiva que hay en las rocas ya casi a la altura donde rompen las olas. La playa es pequeña, limitada por dos promontorios rocosos y otra roca saliente en medio dividiéndola en dos, y ella misma dividida por una hendidura. Pues en el promontorio de la derecha, que se adentra en el mar y donde se pone la gente a pescar, hay una cueva que sí se ve perfectamente, una cueva pequeñita, justo para que quepa una persona dentro, pero bien definida: es una cueva, no un hueco de la roca. Está a unos tres metros por encima de donde rompían las olas; con marea alta, seguro que en ocasiones llega el mar hasta ella. Justo al lado de la cueva, a la derecha, hay tres figuras esculpidas en la roca; bajorrelieves, y tan bajos que están prácticamente al nivel del mar. Apenas se distinguen las figuras, como digo, en parte porque las rocas tienen formas muy variadas, y en parte porque están casi borradas; están más o menos tan definidas de rasgos como la Venus de Willendorf, aunque tienen el tamaño de personas (les faltan las piernas). Se encuentran en una especie de hornacinas talladas en la roca, que allí es más blanda y fácil de esculpir por una veta diferente que recorre el promontorio. El aspecto general recuerda el de las tallas románicas tardías, con proporciones casi góticas pero como digo totalmente difusas y borradas. La primera figura parece un hombre, la segunda una mujer (quizá tenga un niño en brazos, no se llega a apreciar) y la tercera un niño; ésta tiene además una aureola muy clara tallada alrededor de la cabeza. Las tres miran al frente. Entre la primera y la segunda, las hornacinas están separadas por un asomo de columna tallada en la roca también, y en la columna hay como una calavera, aunque los agujeros de boca y ojos se mezclan con otros agujeros que salpican la roca. ¿Será obra inacabada de un jipi aficionado al románico, hace cuarenta años? ¿Será un viejo santuario de cuando había aquí un puerto realmente, si jamás lo hubo (que no creo)? ¿Habrá habido alguna aparición milagrosa en la cueva? ¿Será un sitio sagrado desde tiempo inmemorial, reconvertido al cristianismo? Quizá lleven allí siglo tras siglo, cada vez más borrosas y olvidadas, muerta hace cientos de años la última vieja que puso allí un cirio. Puedes imaginar lo que quieras, mirándoles la cara erosionada a las figuras y oyendo romper las olas en esta costa sin gente. 

La Gloriosa y los ríos sagrados




Lunes 21 de agosto de 2006

George Herbert Mead: La filosofía del presente

Acabo de leerme el ensayo de George Herbert Mead La Filosofía del presente,publicado póstumamente en 1932. Voy a releérmelo despacio, y de paso a traducirlo. Me ha parecido uno de los mejores ensayos filosóficos que conozco, y me extraña que no esté traducido al  español. Bueno, esto y el resto de la obra de Mead, que poco hay traducido, al menos según la base de datos del ISBN. Mead nació en South Hadley, Massachusetts, en 1863, hijo de un pastor congregacionalista, y murió en Chicago en 1931. Estudió filosofía en Harvard, Leipzig y Berlín, y enseño en la universidad de Michigan y la de Chicago, donde hizo la mayor parte de su carrera y junto con John Dewey y James Hayden Tufts constituyó el grupo de los "pragmatistas de Chicago". La idea central de su obra, y de este libro, consiste en extraer consecuencias cognoscitivas y culturales de la teoría de la evolución, integrando el desarrollo del lenguaje y de la conceptualización para explicar cómo surgen la consciencia, la mente y el sujeto, formas evolutivas complejas, a partir de las formas simples. Para Mead, este desarrollo se basa en la interacción comunicativa entre los seres, interacción perceptual en un principio, que al desarrollar formas semióticas complejas y complicar el proceso con la auto-percepción reflexiva y las señales del organismo dirigidas a sí mismo, da lugar a los fenómenos de la consciencia, al lenguaje y a la cultura. Es la llamada teoría de la emergencia, que podríamos remontar en su primera formulación moderna a la Ciencia Nueva de Vico. Mead llamaba a su filosofía behaviorismo social, aunque otros como Herbert Blumer la han llamado interaccionismo simbólico,pues la emergencia de formas complejas se basa en el desarrollo de símbolos y en la interacción comunicativa. Las implicaciones de esta línea de pensamiento para la semiótica, la lingüística o la teoría de la cultura, que por supuesto no se extrajeron inmediatamente, son inmensas. En especial, es toda una reivindicación de la importancia de las formas semióticas reflexivas y de su estudio, que a primera vista puede parecer a veces un tanto gratuito u ombliguista.

Entre estas consecuencias de la obra de Mead, me interesan especialmente las consecuencias narratológicas, en especial las que se refieren a la teoría de la retrospección y la retroacción. La filosofía de la emergencia proporciona instrumentos conceptuales esenciales para repensar nuestras ideas sobre los desarrollos temporales, sobre el círculo hermenéutico (o más bien la espiral hermenéutica) y sobre la reinterpretación de formas simbólicas anteriores a la luz de las formas emergentes que han surgido de ellas. Algún aspecto de la relación entre el interaccionismo simbólico y la teoría de la interpretación he tratado en este artículo.

Pueden encontrarse las obras de Mead en George's Page. En vida sólo publicó artículos; sus principales libros, póstumos, son The Philosophy of the Present (1932), Mind, Self, and Society from the Standpoint of a Social Behaviorist (1934), Movements of Thought in the Nineteenth Century (1936) y The Philosophy of the Act (1938). El texto que iré traduciendo viene de The Philosophy of the Present, serie "Great Books in Philosophy" (Amherst, NY: Prometheus Books, 2002). Tiene una introducción de Arthur E. Murphy y prólogo de John Dewey, y contiene ensayos adicionales: "Empirical Realism", "The Physical Thing", "Scientific Objects and Experience", "The Objective Reality of Perspectives", y "The Genesis of the Self and Social Control".

Aunque de momento comenzaré por traducir el ensayo principal, aquí:

La filosofía del presente

Y paciencia, que como no me lo ha encargado nadie, iré traduciendo al paso la burra.

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PS (Noviembre de 2008): A estas alturas aún no he terminado el tercer capítulo. Tras muchos meses de aparcar esta traducción, le di un empujón este verano y con tan mala suerte que perdí la memoria USB donde la guardaba, antes de poder colgarla. Pero más se perdió en Cuba: sobre todo porque acabo de enterarme de la existencia de una traducción ya completa, colgada en la red en 2007, en la web del Grupo de Estudios Peirceanos. Fue realizada junto con un estudio introductorio por Ignacio Sánchez de la Yncera, de la Universidad Pública de Navarra—PDF aquí: http://www.unav.es/gep/FilosofiaPresente.pdf   
    Con lo cual mi traducción corre menos prisa que nunca, y quizá se paralice o siga avanzando como hasta ahora de deprisa. Vaya, justo cuando acababa yo de recibir una propuesta para publicarla impresa... un libro que no verá la luz, sospecho por tanto, a no ser la de la pantalla.


Apostillas emergentes a los posts de ayer



Domingo 20 de agosto de 2006

Noches moviditas

Mi sueño de esta noche era que tenía que sacar un camión de un garaje inclinado (la planta estaba inclinada, no sólo las rampas), y que se me calaba y no funcionaba el freno ni ni el freno de mano, y se me iba para atrás el camión, y había que ir chocando con las columnas u otros coches para pararlo, procurando a la vez no jorobar nada... uf. Pero aun con todo, nada comparado con el sueño de Oscar, que era un fantasmita (la verdad es que le echa un aire a Casper) y andaba metiéndose dentro de las cosas, escapándose de los cazafantasmas que lo perseguían con arpones y pistolones ("que podían disparar una variación de huesos, en lugar de balas, huesos afilados"); y se metía el fantasmita Oscar dentro de un ordenador, pero lo chafaban con un mazo....  luego en la tele, luego en el enchufe, y los observaba ("y también podía leer la mente de todos: humm, dónde estará, ese fantasmita").

La palma se la lleva el sueño de Álvaro, que me lo acaba de contar:

Pues estaba yo en una especie de central nuclear abandonada, o similar, con chimeneas que echaban mucho humo, y había tenido lugar una catástrofe nuclear, y todo el mundo se había muerto, menos yo y seis o siete más, que andábamos juntos, y también habían sobrevivido otros pero esos se habían convertido en caníbales o en gigantes, vamos, en caníbales normales o en gigantes que además eran caníbales, y les habían salido dientes, y garras, y demás, y escapábamos en grupos, pero al final acababan todos devorados, menos yo, que por suerte descubría que podía volar, aunque por desgracia era con movimientos raros así con los brazos y las piernas [se agita convulsivamente de maneras grotescas e inconexas], además no sabía como controlarlo, volaba de mala manera, flop, flop, pero justo para escaparme del alcance de los caníbales, y de los gigantes que venían hacia mí con grandes zancadas de esas pesadas, pero yo me escapaba, hasta el bosque. Pensaba que era ridículo volar así, pero sólo lo pensaba después de haberme escapado. Lo malo era que también había muchos hombres lagarto, que a mis compañeros también les atacaban, y yo me subía volando como podía a una casa: ¡huuyy! flop, flop!! ¡aiinnggh! ¡qué ridiculez!— pero me asomaba y los veía subir por la pared, como salamanquesas, y asomaban sus lenguas bífidas... Yo me iba volando de una casa a otra, ay, ay, me sentaba a descansar en un tejado, apoyándome en una chimenea, pero venía un gigante con una cestita de picnic, más gigantes, cada uno con su cestita, pero las cestitas eran de tamaño normal, como cuando eran personas, las cogían con dos dedos, y hacían una merienda en mi tejado—extendiendo el mantelito, flaps, —ensaladita— y me veían, venían a por mí, eran de esos típicos gigantes torpes, y tenía que irme volando otra vez, pero era un vuelo que no controlaba... practicaba en el bosque, pero no era cosa solamente de aletear así de estas maneras ridículas, digo, era como ponerse a levitar cuando ponías los brazos y las piernas de según qué manera, las piernas las podía agitar como si tuviese alas, como un Microraptor. Ah, y también estaba por ahí Homer Simpson, en una casa blanca con una cruz roja, haciendo una sesión de desintoxicación, decía ... "cervezaaa...", tenía unas ojeras tremendas, estaba tumbado en un sillón con pintas de enfermo. En el bosque tampoco encontraba tranquilidad, porque allí me perseguía un faisán inteligente. Era irritante, me acusaba, "eh, tú, ¡asesino!" —porque me había comido a su hermano; yo me iba, y él detrás, venía andando y señalándome, era demasiado alto, iba tieso como una persona, y llevaba un gorrito con pluma de faisán—pero se lo comían unos perros salvajes que también acababan con la gente. Qué pena, aunque era muy irritante ese faisán inteligente. Yo me convertía en perro, y quería vivir en el bosque, estaba contento siendo perro, pero entonces me despertábais...  

No sé, debe ser algo que ponen en las empanadas...



Sábado 19 de agosto de 2006

Paralelismos traumáticos

Ya hablé en un post anterior de Muertes paralelas, de Fernando Sánchez Dragó, y de lo forzado que me parecía alguno de los paralelismos que sirven de base al libro. Me ha gustado, sin embargo, como libro sobre la guerra civil española y sus consecuencias y la memoria de la misma y sus traumas, ejemplificados en el propio autor.

Es el libro una self-begetting novel de las que decía Steven G. Kellman, un libro que cuenta la historia de cómo llegó a ser escrito, y que, aún más, cuenta cómo quien lo escribe llegó a ser quien es mediante la escritura de este libro. Escribe Sánchez Dragó con el siguiente planteamiento: tras muchos años de ignorar la figura de su padre, asesinado por los falangistas al comenzar la guerra civil, se ha dado cuenta, por diversas coincidencias y señales procedentes quizá del más allá, de que el destino de su padre y el suyo están estrechamente entrelazados, de que su padre es la persona más importante de su vida, "el personaje de más importancia, sustancia y trascendencia en la vida de su hijo" (583). Así, el hijo se da cuenta de que ha de escribir un libro para sacarlo del olvido, o para sacárselo del cuerpo, o para terminar de metérselo en el cuerpo quizá. Hace un seguimiento paso a paso de los últimos días de su padre, y más panorámicamente de toda su vida, y de la propia, y de la de su familia entera, con el trasfondo del país en la guerra y la posguerra. Analiza la manera en que su propia personalidad es producto de la herencia y de las circunstancias traumáticas que marcaron su infancia, y en suma busca "desamordazar y regresar" al difunto mediante un proceso de escritura intenso, superponiendo a esa escritura la investigación y la rememoración de su relación fantasmática con su padre, y de toda la carrera, personalidad y destino propios. Viene a concluir Dragó que él es quien es porque mataron a su padre—si no, es probable que hubiera seguido sus pasos en el periodismo y hubiese terminado dirigiendo la agencia Efe, y siendo un desdichado ejecutivo, o quizá un ciudadano Kane, en lugar del hippy feliz y anárquico que es. Aunque no parece haber razón para temer eso, si creemos que "todo lo que, bueno o malo, sucede a un hombre, a una persona, es culpa o mérito de su temperamento y de su conducta" (77).

Es un libro pues contradictorio, y también excesivo, divagante, desordenado, desvergonzado, que pasa de lo emotivo a lo carcajeante y a lo absurdo o ridículo de manera deliberada sin gran orden ni concierto; tan pronto es conmovedor como no puede callarse una asociación de ideas deliberadamente grotesca, o desbarra con interpretaciones disparatadas; todo con frecuentes repeticiones que van y vienen por oleadas o en espiral creciente, conforme vamos entendiendo y conociendo mejor al narrador y a su familia y obsesiones. Como digo lo he pasado bien leyéndolo, a pesar de su longitud desmedida, de las repeticiones o hipótesis inútiles, y de las abundantes ideas marulas del autor-narrador.

Me ha interesado especialmente la dimensión traumática de la historia, y el sentido de ritual funerario de la escritura:

"no es necesario (... ) abrir las fosas de la guerra civil que bajo tierra, selladas por el polvo de catorce lustros, duermen, ni encomendar a Aixa la tarea de cepillar, asear y peinar la calva calavera de su abuelo, porque éste, Fernando Monreal, periodista de brillante porvenir, director de la agencia Febus, esposo de Elena, padre del autor de esta tragedia, denunciado por un primo de su cónyuge, encarcelado y condenado por un colega, asesinado a los veintisiete años de edad por un pelotón de hijos de puta y españolito de corazón helado por la barbarie del país bicéfalo en el que tuvo, como tantos otros, la desgracia de nacer, ha sido desenterrado, salvado y liberado por su hijo, que descendió al Hades en su busca, y lo encontró, y contó su historia, y glorificó su memoria, y al hacerlo le devolvió la vida" (659).

El significado político de esta historia hoy es bien expresado por el autor cuando dice que "pocos españoles hay que no lleven un dolor semejante en el fondo de su almario" (59).

Ahora bien, el trauma familiar de Sánchez Dragó, si bien es compartido con muchos españoles, a la vez es vivido y analizado de modo muy particular por el autor. No me convence el análisis que hace de su propio trauma: hay demasiada palabrería y demasiado bailoteo hipotético alrededor, y un montón de hojarasca de sincronías y reencarnaciones y destinos que para mí no son sino síntomas de un cráneo mal amueblado y muy frívolo con las ideas y con el orden de las cosas. No voy a ponerme a analizar el carácter de Sánchez Dragó, pero creo que no sorprendo a nadie si digo que me parece arrollador, egocéntrico, narcisista, fascinado consigo mismo y que le encanta escucharse (vaya, todo eso menos lo de arrollador debería hacérmelo recomendable al menos como alma gemela). Es un libro muy hindsight biassed, que toma una historia llena de imprevistos, casualidades y contingencias, y la organiza para reelaborar un relato de trayectos vitales preorganizados en el más allá y simetrías vitales compensadas según las necesidades fantasmáticas del autor, con el fin de explicar y justificar el presente. La creencia en destinos, sobre todo destinos especiales, en coincidencias asombrosas diseñadas para enseñarle lecciones, en iluminaciones y caídas del caballo, etc., son todos síntomas de alguien que cree desde muy adentro que la realidad está organizada en torno suyo, algo de lo que evidentemente no se llega a curar mediante la escritura de este libro. 

Más interesante me ha parecido pues la manera en que Sánchez Dragó escenifica el trauma de modo espontáneo, un trauma no superado mediante la escritura, como querría hacernos creer, sino por el contrario profundamente asentado, quizá más asentado que nunca tras el proceso de escritura. Me refiero a las simpatías profundamente derechistas (hippy-falangistas, por ser más preciso) de alguien cuyo padre fue asesinado por los falangistas en la guerra. Claro que Sánchez Dragó siempre ve esa circunstancia como un tanto paradójica o contradictoria: su padre no era un "rojo", y especula que muy probablemente habría hecho rápida carrera bajo el régimen de Franco, en caso de haber sobrevivido (muy plausible suena esto).

El libro empieza con el autor en sus años mozos e inconscientes. El autor, a decir propio, no termina de hacerse adulto hasta que escribe este libro. Era entonces, a mediados de los cincuenta, un rojillo comunistoide, o más bien tenía un síndrome adolescente de revuelta contra su familia de derechas y contra el franquismo paternalista y sofocante; y es al ser arrestado por el célebre comisario Conesa cuando éste le espeta, revelación para él, que a su padre no lo mataron los rojos sino "nosotros" (sería borde el comisario), los nacionales. Segunda vuelta de tuerca al trauma. Ya no sabe el futuro autor contra quién tiene que rebelarse; en todo caso, aún no ha tenido lugar su caída del caballo y su descubrimiento del misticismo oriental, que aquí aúna con el retorno a la figura de su padre.

Primer toque de atención de los desbarres mentales del autor es su simpatía por la figura de Queipo de Llano: "Queipo, y eso le honra y, a mis ojos, le encumbra, ni era un político ni se metía en política, tanto menos en politiquerías" (105)—¡pues menos mal! Porque sólo dio un golpe de Estado, claro que eso no debe ser meterse en política para Sánchez Dragó. En Queipo reconoce una especie de anarquista de derechas como él. Pues con los jipis del calibre de Queipo, ojo, digo yo.

Pero el episodio más revelador viene con la fascinación que siente el autor por José Antonio Primo de Rivera. Lo elige para la portada de su libro, detalle que le afeé en su blog, y es de hecho la principal "muerte paralela" de las que supuestamente estructuran el libro. A decir verdad, el libro es una serie de estructuras contradictorias en pugna, porque según confiesa el autor, fracasa en su intento de escribir un auténtico libro sobre su padre y José Antonio. Así pues, esa estructura se entrecruza con otra que divide el libro en tres secciones: la primera, "el padre", la segunda "la madre" y la tercera "el hijo", o sea él mismo. Pero la sección de José Antonio Primo de Rivera se embute de manera un tanto improcedente en la sección de "la madre", con lo cual tenemos a continuación del padre real, el padre imaginario, o el doble quiástico del padre, José Antonio Primo de Rivera. Porque el autor quiere enfatizar que al igual que su padre no era de izquierdas, José Antonio no era de derechas, sino un revolucionario, y acabó fusilado por el bando revolucionario... Cuenta asimismo sus simpatía por la Falange renovada (que distingue de la franquista como el blanco se distingue del negro)... pero ay, no puede evitar el problema de que a su padre no lo mató ni esta falange renovada a la que Sánchez Dragó da conferencias, ni la falange oficialista de Franco, sino la única que existía por entonces, la de José Antonio Primo de Rivera... un hecho con el que autor pugna por no enfrentarse. Serían falsos falangistas, advenedizos, los que mataban a la gente, no auténticos falangistas, seres puros, idealistas, al menos tal como se definen a sí mismos en la obra de José Antonio... En fin. Que aquí veo yo el auténtico y profundo trauma de Sánchez Dragó: un trauma que no es un trauma, por estar ya cicatrizado y asimilado; es ya la forma del árbol, una estructura de personalidad, y unas reacciones viscerales asentadas de antaño ante la iconografía y retórica de la extrema derecha española.

Recuerdo que en la escuela de mi pueblo, en la época franquista, figuraban, a la izquierda y a la derecha del crucifijo, los retratos de Franco y de José Antonio. Franco era la realidad, lo que era (una gloriosa realidad según la autorrepresentación del régimen); José Antonio era la posibilidad frustrada, lo que podía haber sido, pero también era el más allá, el mártir, el santo, un ser de sobrenatural pureza que velaba sobre el presente desde un lugar privilegiado. Sánchez Drago, a la vez que reacciona (como casi toda España) contra la pequeñez espiritual, la mezquindad siniestra y la dantesca mediocridad de Franco, conserva intacta la otra parte del binomio, al parecer sin caer en la cuenta hasta qué punto es una construcción del propio franquismo que abomina, parte esencial de su mitología. Refuerza la figura de José Antonio con lecturas de primera mano, de las que sale tanto más convencido. Convencido a priori y por necesidad, pues José Antonio es, a un nivel profundo, y como lo demuestra al estructura de su libro, el alter ego de su padre, la dimensión sobrenatural, trascendental y secreta de su padre; lo que su padre hubiera sido si hubiera sido un gran hombre, y no sólo el que fue (un hombre dinámico, pragmático y sin ideario político). Sánchez Dragó tampoco tiene ideales políticos, abomina de España, que es una ciega pelea a bastonazos entre rojos y azules; pero si los tuviera, en esa dimensión transcendental y secreta, serían los de José Antonio, o los de la actual Falange a la que admira y desea una suerte que augura no tendrá, dada la realidad de España (que por eso, por esa realidad, es Sánchez Dragó anarco-jipi, y no falangista, pero también por su carácter, y, en fin, que su identificación con José Antonio es una identificación con un ideal imposible y sobrehumano, un superyó). Hasta intenta hacer de José Antonio, no sólo "claro varón de España" sino poeta... esos son los mejores, los de obra puramente hipotética.

Con respecto al "Alzamiento", es ambiguo Sánchez Dragó, como lo es hoy gran parte de la derecha que lo contrata (aparte de las conferencias a la Falange, la televisión de Madrid aparece como su empleo más estable recientemente). La sublevación franquista tuvo lugar "contra el gobierno legal—pero dudosamente legítimo, porque la violencia imperante y la parcialidad de sus planteamientos lo deslegitimaban" (312). También justifica las llamadas de José Antonio al uso de la violencia, intentando quitar hierro a sus frases, y aceptando al parecer que "no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la patria" o cuando se insulta a nuestros sentimientos (390). Hay que destacar también, por ser ecuánimes, que dice por otra parte que la condena a muerte de José Antonio fue, si bien injusta, comprensible dadas las circunstancias. (Tanto más me sorprende que insista pues en ponerlo de figura paralela con su padre, ejemplo de muerte a todas luces injustificable e incomprensible para quien no quiera ponerse del lado de los asesinos).

Estamos marcados por la guerra. "No son, amigo Delibes, las guerras de nuestros antepasados. Son también, las de ahora mismo y serán algún día las de nuestros descendientes. ¡Maldita Iberia!" (406). El mal nacional, la envidia, recibe esta formulación: "tienen mis compatriotas—y cualquiera que despunte en algo, yo mismo, bien lo sabe y padece—la muy puñetera y palurda manía de encasillar al prójimo y de negarle a priori, y a machamartillo, toda posibilidad de sacar los pies del plato y de transitar por caminos diferentes, aunque no por fuerza opuestos, a los que les tienen asignados" (421). Con frecuencia es elocuente Sánchez Dragó a la hora de describir los caracteres típicos nacionales, sus pequeñeces y sus abominaciones grandes y pequeñas.

Pero, revenons a nos moutons, es interesante cómo "la verdad se inventa" según dice el autor citando a Machado (448); si eso es cierto de la verdad histórica, tanto más de la "verdad" más subjetiva que necesita el narrador. Así, Sánchez Dragó se enteró siendo hombre joven de que a su padre lo habían matado los falangistas, pero la verdad que necesitaba en su esquema emocional era otra (la que había recibido, de hecho....). Tanto más a medida que desandaba simpatías políticas para volver a una derecha bastante derechista, tras su sarampión comunista. Necesitaba que su padre fuera de los buenos, no de los rojos (y no era de izquierdas... así que tanto más corregible la historia). En una novela autobiográfica, Las fuentes del Nilo (1986) imagina la huída de su madre y propia del Madrid republicano "en una avioneta falangista que volaba a ras de suelo". Es, novelando la realidad, lo que le pedía el cuerpo. Analiza cómo su madre regresó a la España de su clase social, de su entorno, de su vida entera... pero no se aplica a sí mismo ese mismo razonamiento. O se indigna con los milicianos que habían destrozado el mobiliario de su casa en Alicante al ocuparla; tras denostarlos y preguntarse "¿qué habría sido del país si semejante gentuza se hubiese llevado el gato de la victoria militar al agua?" se excusa con este sorprendente razonamiento:
"Lo siento. Sé que en la otra bandería de la guerra se perpetraron atrocidades análogas, pero no con las casas y las cosas de los míos. ¿Acaso no es lógico salir por los fueros de mi gente? Es la voz de la sangre la que aquí habla por mi boca" (499)
—esto, en una narración centrada en el asesinato de su padre por los de la otra bandería... es, como poco, un lapsus sorprendente.

Otro episodio traumático significativo es el relativo a su hermanastro. Hijo del segundo matrimonio de su madre, matrimonio sin amor, se obsesionó y enloqueció con la idea de que en realidad era hijo del primer marido de su madre. "Diciéndolo de otra forma: quería ser hijo del amor, no del desamor, como en la triste realidad lo era, y bailando en ese alambre enloqueció" (533). Una triste historia, pero que a su manera viene a reforzar los ecos traumáticos que resuenan en las propias obsesiones del autor: este también quiere ser hijo de la derecha, y no de la España roja, y de ahí su obsesión con el paralelismo y analogía entre su padre y José Antonio Primo de Rivera, y el retorno casi compulsivo e histérico a la figura de este último. Aludiendo a su hermana mayor, que murió de cianosis tras el nacimiento, lo expresa así:
"Y ese niño, que no nació azul, aunque tal fuera luego (y lo siga siendo, cada vez más) su color favorito, fue Dioni" (Dionisio es su alter ego ficcionalizado y corregido). Azul, pues, como el cuaderno de Aznar, o como la camisa de José Antonio, y por voluntad propia de darse forma a sí mismo volviendo una y otra vez al origen que era cierto poéticamente, si no literalmente.

Termina el libro entre escenas de excavaciones en las Fosas de la Memoria, con estudiosos identificando los cuerpos de fusilados anónimos en la guerra civil, y regresando a los traumas para curarlos ceremonialmente: "el familiar, para recuperarse del trauma de la desaparición del ser querido, necesita 'cerrar el duelo', y eso sólo se consigue recuperando los restos del familiar desaparecido y dándole una sepultura digna" (608). Pero el autor ya no está interesado en los restos literales de su padre; ha recogido y reelaborado a su manera sus scattered textual bones, y le da pagana sepultura en su libro, fundiéndolo de manera más satisfactoria no cabe con una recreación de su propia personalidad, la recreación a la que estaba "destinado" tras la original creación de su persona que habría de nacer póstumamente. En una imaginativa sesión de psicoanálisis mediúmico con su amigo Jodorowski, llega a la certidumbre de que si su padre no vivió la vida que parecía tener destinada, es porque la vivió reencarnado en su hijo (en versión corregida y aumentada, menos oficinista...). La identificación con el padre a través de la reencarnación es desde luego una buena solución para desenterrar y regresar al muerto, para quien se la pueda creer. Aún va más allá Sánchez Dragó, y llega a concluir lo siguiente, paradigma de la reconciliación consigo mismo y con los hechos y hasta con los actores de la muerte de su padre:

¿Significa, lo que acabas de decirme, que yo debo la buena marcha de mi vida, su encarrilamiento, los éxitos alcanzados en ella, a la muerte de mi padre?
—Sí, sí, sí...
— En ese caso, maestro Jodorowsky, estaría obligado a admitir que el crimen cometido con mi padre, malo para él, fue bueno para mí y que , desde ese punto de vista, debería, incluso, estar agradecido a las personas que lo asesinaron.

Así el libro invierte su proyecto, y pasa a celebrar y justificar la muerte del padre, incluso a recrearse en ella de modo autocrítico. Pero entre esta frase y las loas a José Antonio y la Falange hay una relación traumática que el texto, aun en sus piruetas más grotescas, evita ver. Demasiado pronto "mató al padre" Sánchez Dragó (630)—fue una muerte en falso, no conocía a su padre y así mal pudo matarlo, y por tanto sigue, matándolo imaginativamente sin lograr salir de su adolescencia ni aun en la vejez, y siempre lo mata en falso, mientras el padre fantasmático, muerto pero eternamente joven, José Antonio Primo de Rivera, lo contempla impasible desde su retrato.

Pío Baroja; Miserias de la guerra




Viernes 18 de agosto de 2006

Crítica acrítica, crítica crítica

He terminado de traducir mi artículo sobre la relectura y la repetición. Ya sé que me repito, pero al releerlo me han dado ganas de separar en un articulillo aparte, y desarrollarla, mi distinción entre la crítica propiamente crítica y la crítica acrítica, que es uno de los temas que allí trato, en estos términos (autocito mi autotraducción):

La narración es, entre otras cosas, un drama de identidades, en el cual el autor y el lector interactúan de manera compleja, a través de una interacción simbolizada entre diversos sujetos textuales: autores y lectores implícitos, narradores y narratarios, personajes. El lector es invitado, a veces mediante una compleja retórica de alocución a narratarios ficticios, a adoptar una identidad propuesta por la narración—a comportarse como el lector implícito. La posición del lector implícito es, pues, el lugar provisIonal para la instalación del lector en el intercambio discursivo—en tanto que lector, no en tanto que interlocutor plenamente autorizado. Desde el momento en que el lector se convierte en alguien más, en escritor, en crítico, etc., se plantea la elección entre dos alternativas: o bien seguir siendo un lector ideal que simpatiza con el texto, o bien delimitar una actitud fuera de los cálculos del texto, volviéndose un lector resistente.[10] La lectura resistente conlleva delimitar la posición ideológica del lector frente al texto. La lectura resistente encuentra su espacio de expresión más propio en la escritura crítica: en realidad deberíamos hablar de crítica resistente o de escritura resistente. La lectura de por sí estimula la participación, la aceptación temporal de los presupuestos del texto (excepto en el caso de texos provocativos u ofensivos). Sólo la escritura tras la relectura invita a las modalidades más sutiles de análisis ideológico y respuesta crítica considerada.

Podemos ahora reexaminar desde esta perspectiva el concepto de configuración narrativa desarrollado por teorizadores como Mink y Ricœur. Ambos insistieron en que la narración tiene una dimensión retrospectiva o aun retroactiva, haciendo resaltar un esquema interpretativo en los acontecimientos de la historia o de la experiencia personal. Así lo expresa Polkinghorne:

La actividad del argumento consiste en extraer una estructura a partir de una sucesión, y supone un tipo de razonamiento que va y viene desde los acontecimientos hasta el argumento hasta que se da forma a un argumento que a la vez respeta los acontecimientos y los comprende en un todo. Hasta la "más humilde" de las harraciones es  siempre más que una serie cronológica de acontecimientos: es la recopilación de los acontecimientos para formar una historia con sentido. (Polkinghorne 1988: 131, trad. mía)

La perspectiva hermenéutica, que considera a la narración un modo particular de conocimiento, ha resultado en una revalorización del concepto de argumento. Para Paul Ricœur, "el argumento puede aislarse de los juicios acerca de la referencia y contenido de una historia, y puede verse en lugar de eso como el sentido de una narración" (Polkinghorne 1988: 131). Naturalmente , el argumento de una narración es "el sentido" propuesto por la propia narración. El ojo de un lector resistente, de un crítico crítico o "disonante" con el texto, puede detectar la violencia que se ha usado con los acontecimientos para configurar el argumento.  Este es el tipo de razonamiento que emplean aquellas tendencias de la hermenéutica narrativa que denuncian la "distorsión retrospectiva" (hindsight bias) y las ilusiones perspectivísticas que se imponen mediante la foma narrativa, como por ejemplo la ilusión de fatalidad o la imposición artificial de esquemas interpretativos trágicos o cómicos sobre la experiencia (Bernstein 1994, Morson 1994).

La narración tiene una fuerza configuracional retrospectiva que puede llegar a ser incluso una especie de retroacción, ya que los acontecimientos pasados son "generados" en tanto que tales por las perspectivas actuales, y reciben la clase de identidad ideal que describía Hume. Lo que deberíamos enfatizar aquí es que la observación o valoración de una narración supone un nuevo tipo de reconfiguración, especialmente cuando la narración es recontextualizada críticamente.[11] Se genera un nuevo argumento, uno que incluye al observador o lector. Una de las principales tareas de la crítica (incluso de la crítica hermenéutica "consonante" con la ideología del texto) es hacer explícito lo que estaba implícito. Pero esto implica también transformar, interpretar, desplazar el énfasis, apropiarse del sentido, dar una nueva configuración a acontecimientos y relaciones.

(Notas)

[10]      El término es de Judith Fetterley (1978). Cf. las "lecturas sintomáticas" de Abbott (2002: 97ss.), y mi artículo (2004) sobre las transformaciones de las situaciones comunicativas triangulares cuando son interpretadas por un tercero (o por un cuarto). 

[11]       Cf. Kerby sobre las autonarraciones: "También aparece aquí una división o no-coincidencia en el sujeto debido a la naturaleza interpretativa de esta participación. Puede ser, por ejemplo, que uno no acepte la expresión como una representación adecuada de sí mismo, lo cual puede hacer que el ciclo continúe de nuevo. Este ciclo de significaciones y apropiaciones constantemente nuevas no es, naturalmente, sino el marco dinámico en el cual tiene lugar el desarrollo personal" (1991: 108). Estas nociones de Kerby sobre la situación circular y hermenéutica del yo, interpretándose con sus propias expresiones, están también influidas por Taylor (1985). 

Repito aquí los términos del binomio de actitudes críticas que opongo una a otra:

Crítica acrítica - Crítica crítica (términos míos)
(Lectura aquiescente) - Lectura resistente (Judith Fetterley)
Hermenéutica de la recuperación del sentido - Hermenéutica de la sospecha (Paul Ricœur)
Lectura intencionalista - Lectura sintomática (H. Porter Abbott)
Friendly criticism - Unfriendly criticism (términos míos)
Crítica simpática- Crítica antipática (podría ser la traducción de los anteriores)
Crítica (ideológicamente) consonante - Crítica (ideológicamente) disonante
Crítica constructiva - Crítica desconstructiva (o hasta destructiva)

Con lo cual no quiero decir que sea propio de una mentalidad poco constructiva el dedicarse a la desconstrucción. Los términos podrían multiplicarse, como se ve. Una de las formulaciones más influyentes de este binomio la daba Ricœur en su De l'Interprétation: Essai sur Freud. Allí la actitud hermenéutica tradicional, en la que el intérprete se acerca humildemente a un texto considerándolo como un foco de autoridad y sabiduría del cual hay que aprender, cuyo sentido ha de recuperarse por bien del propio intérprete, se contrapone a las "hermenéuticas de la sospecha" contemporáneas (marxismo, estructuralismo, psicoanálisis--también desconstrucción, feminismo, postestructuralismos diversos, etc.). Estas hermenéuticas de la sospecha son, además de suspicaces, un tanto orgullosas o engreídas, puesto que consideran al texto como ciego sobre sí mismo, y se erigen en tanto que intérpretes en depositarias de la verdad y la iluminación que ha de desentrañar los errores y cegueras del texto sobre el mundo y sobre sí mismo.

Los beneficios que reporta la humildad (crítica simpática) frente a la soberbia hermenéutica (crítica antipática) son mayores, parece sugerir Ricœur. Pero a mí me toca romper una lanza en favor de la soberbia del lector escéptico, en favor de la crítica antipática, que es (como el término sugiere) la más propiamente crítica. Primero entender, luego criticar. Tras la hermenéutica, la crítica; no en vano la hermenéutica se asocia a la reverencia debida por la tradición a los textos sagrados, y la crítica se asocia más bien a la indagación filosófica sobre el mito, al humanismo que contesta las verdades reveladas, o recibidas de la autoridad de la Iglesia, y al escepticismo hacia los sistemas explicativos que pretenden dar una versión demasiado acabada o demasiado bonita y totalizante de la realidad. Un texto propone su sistema, su interpretación de la realidad (reducida a sistema); y es labor del crítico buscar los límites de ese sistema o las falsificaciones que ha habido que imponer a la realidad para reducirla a sistema, o a texto. Como diría H. Porter Abbott, en esta modalidad interpretativa dejamos de considerar al razonamiento o argumento del texto como tal razonamiento o argumento (tan cuidadosamente estructurado) y pasamos a considerarlo como un síntoma que espera nuestro diagnóstico; y la supuesta verdad revelada por el texto ya no es sino un síndrome intelectual, un delirio de la razón, una ideología por diseccionar.

La crítica contestataria, antipática y disonante tiene su lado de soberbia, insistiendo en la visión que tiene el crítico e intentando anteponerla al texto comentado ("Os comento a Shakespeare, que es quien os interesa; pero no le hagáis caso a él, hacedme caso a mí, él no se conoce, yo lo conozco, ergo es mi texto el que os interesa, ¡leedme a mí, no leáis a Shakespeare!"). Pero la otra versión de la crítica también tiene su soberbia, más insidiosa por humilde. A su manera viene a decirnos: no hace falta indagar más en la verdad. La verdad ya la conocemos, nos ha sido revelada, o nos la transmite esta Escritura (la Biblia, Shakespeare, Derrida, etc.). Podemos añadirle glosas aclarativas, pero no, por supuesto, un comentario que contradiga sus presupuestos básicos. Eso es destrucción de la Escritura. No necesitamos críticos de la Escritura, ya tenemos la Escritura. Y nosotros estamos de su lado. Cerrad la boca, críticos, vuestras verdades no son necesarias, la Verdad ya está dicha, no hemos de hacer sino aprenderla, entenderla y aceptarla. —¿No es eso siniestro, por muy humilde y respetuoso con el texto que sea?

Por suerte, esta diferencia entre la crítica crítica y la crítica acrítica es, como todas las polaridades absolutas, ideal más que real. No es que no se manifieste a veces en estado muy puro: las reseñas de encargo por un lado, y las reseñas destructivas, por otro, se acercan bastante a la pureza. También suelen ser las modalidades de crítica menos interesantes de por sí (si bien la destructiva, especialmente, puede tener sus amenidades y ser muy divertida). El terreno más propio para la crítica reflexiva y considerada se hallará más bien en el terreno intermedio en el que la crítica, sin dejar de ser crítica, también sintoniza con las preocupaciones o argumentación del texto, en lugar de simplemente rechazarlo por irrelevante. Una crítica meramente negativa no aporta mucho al conocimiento, simplemente suprime el texto del autor y propone en su lugar otras preocupaciones, otra ideología, otra visión del mundo. Una crítica parcialmente sintónica, en cambio, puede suponer una síntesis entre la postura del crítico y la del texto. Una síntesis que es efectuada por el crítico, claro, en cuyo caso el crítico ocupa tanto la posición de antítesis como la de síntesis (y se ha llevado a sí mismo a superar su postura inicial o a ahondar en ella). La síntesis entre ambas posturas, la del texto y la del crítico, la puede efectuar si no el lector, pero es entonces al lector a quien se remite la función del crítico. La crítica más constructiva, aunque sea desconstructiva, tiene que hacer parte sustancial de ese trabajo de síntesis, si ha de ahondar en el pensamiento propuesto por el texto, y no meramente suprimirlo o declararlo improcedente.

Y en todo caso, lo que merece un crítico crítico es un poco de su propia medicina. Que le desconstruyan su texto; que le den una recepción antipática, que contesten sus presupuestos y sus conclusiones. ¿O esperaba el crítico crítico hallar interlocutores mansos y aquiescentes? Una vez roto el consenso en torno a la Escritura, no hay esperanzas de recomponerlo. Aunque constantemente se propongan nuevas Escrituras— "Silence once broken", decía Beckett en El Innombrable, "will never again be whole".

Disintiendo de los disidentes



Jueves 17 de agosto de 2006

Planetas errantes, hechos brutos y realidades virtuales

Parece ser que una convención astronómica internacional va a revisar la lista de planetas, y en lugar de los que siempre hemos aprendido en la escuela, Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón, va a dar cabida al menos a tres más: 1) al hasta ahora asteroide Ceres, entre Marte y Júpiter; 2) a Caronte, hasta ahora considerado satélite de Plutón, y que por su gran tamaño relativo pasa a formar con el un sistema planetario doble; y 3) al planeta X (o sea, Xena, como lo llama su descubridor, y hasta ahora sin nombre oficial). Claro que hay otros planetas X parecidos a éste más allá de Plutón, como el publicitado Sedna y otros pseudo-plutones, así que la lista podría alargarse... (Ver un artículo muy bueno sobre el tema en Por la la boca muere el pez, ayer). [Actualización: Bueno, pues hay sorpresa. Tras el congreso, en lugar de alargar la lista de planetas, la han acortado, expulsando al pobre Plutón, y nos dejan sólo con ocho planetas, y una serie indefinida por ahora de "planetas enanos"...].

El quid de la cuestión parece ser que hasta ahora no había una definición oficial de planeta, o sea, de criterios para determinar qué es lo que es un planeta. La lista recibida de la Antigüedad ya se había ampliado con los descubrimientos debidos al telescopio, pero claro, ahí ya había cambiado el criterio por lo bajini (para los antiguos, un planeta era ante todo algo que se veía en el cielo, no algo que no se veía). Así que las definiciones implícitas o explícitas han ido cambiando según los progresos tecnológicos y el avance del conocimiento. Los planetas nunca han sido lo que eran. Y los criterios actualmente adoptados son, por supuesto, convencionales: así, se considera que Plutón y Caronte son un sistema doble, mientras que la Tierra y la Luna no lo son (siendo que la Luna es más "planetaria" que Caronte según otros criterios)... porque el centro de gravedad del sistema doble cae en este caso dentro de la esfera terrestre. Pues valer, vale, pero vale por convención.

Así, una definición oficial no hace sino proporcionar un ámbito institucional para determinar lo que es un planeta; y los nuevos planetas lo serán dentro de los discursos que se refieran a ese ámbito institucional: influyente sin duda, pero seguramente no exhaustivo. Los planetas serán unos para determinados fines y en determinados lugares, y otros en otros ámbitos de discurso. Porque al fin y al cabo su existencia no es un hecho bruto, sino un hecho institucional. Lo mismo podríamos decir, por otra parte, de cualquier otro fenómeno: qué es y no es, por ejemplo, una mesa, o un blog. El caso de los planetas es llamativo por su carácter digamos público, allí arriba a la vista de todos, y por su magnitud y número aparentemente, sólo aparentemente, definido. Pero lo mismo podría aplicarse a los continentes, pongamos: así podríamos decir que en realidad hay sólo tres continentes: Europasiáfrica-América (unidos por el casquete polar norte), Australia, y la Antártida.  Por ejemplo.

La distinción entre hechos brutos y hechos institucionales la proponía John R. Searle en Actos de Habla. Serían hechos brutos los que existen al margen de su representación lingüística; los hechos institucionales, por el contrario, son producto de algún acto de habla, de alguna convención comunicativa en el marco de una determinada institución. (Por ejemplo, un nombramiento, un matrimonio, una promesa, etc.). 

Pero esta distinción propuesta por Searle por no se sostiene: todos los hechos del universo humano son institucionales, productos de una convención comunicativa. Por eso no sabemos cuántos planetas hay en el sistema solar, así en bruto. Tampoco se sostiene una distinción en cierto modo paralela que proponía John L. Austin al principio de How to Do Things with Words: la distinción entre actos de habla constativos y realizativos (o peformativos), es decir, la distinción entre los usos del lenguaje que, respectivamente, meramente describen el mundo, y aquéllos que "crean" la situación a la que se refieren (por ejemplo, una promesa, un acto de contraer matrimonio). El libro de Austin es en cierto modo la historia de cómo esa distinción inicial entre lenguaje constativo y lenguaje realizativo se vuelve problemática o imposible. (Más sobre esto aquí).

Un ejemplo que trata Austin es la frase "Francia es hexagonal". Esa frase, "Francia es hexagonal", es un ejemplo de lenguaje (al menos aparentemente) constativo: describe el mundo, o parte de él. Se supone que el lenguaje constativo está sometido, de un modo en el que no lo está el realizativo, a condiciones de verdad. Tiene sentido preguntar si las "constataciones" que hacemos sobre el mundo son o no ciertas. Ahora bien, ¿podemos decir, como habríamos de poder decirlo sobre una frase constativa ideal, si esta frase es verdadera o si es falsa? Según Austin, depende. Es verdadera o falsa según el contexto, o según para qué. Es suficiente para un general, quizá, pero no para un geógrafo. Esto lleva a Austin a una noción relativista de la verdad. La verdad, y los hechos constatables, son un efecto de discurso. Las cosas, o las representaciones que damos de ellas, no son de por sí verdaderas o falsas. Concluye Austin que

Es esencial darse cuenta de que "verdadero" o "falso" (...) no se refieren en absoluto a nada simple sino a una dimensión general de ser una cosa apropiada o inapropiada si se dice en tal circunstancia, ante tales interlocutores, para tal o cual propósito, y con tales o cuales intenciones. (How to Do Things with Words 144)

Es decir, una cosa sólo es cierta o falsa con respecto a una determinada "dimensión de valoración" que dice Austin, o un determinado universo discursivo. Como señala Hillis Miller en Speech acts in Literature, Austin acaba, quizás involuntariamente, reduciendo la realidad humana a efectos de discurso, y nos lleva a concluir que recreamos la realidad en la que vivimos cada vez que abrimos la boca.

Me gusta el comentario que proporciona Stanley Fish sobre Austin en Is There a Text in This Class? (198-99), y aquí lo traduzco.

A primera vista, la frase "Francia es hexagonal" es un ejemplo perfecto de enunciación constativa—una enunciación que se limita a referir, o describir o informar sobre algo—y Francia es un ejemplo perfecto de hecho bruto, un hecho que existe independientemente de cualquier cosa que se diga sobre él, pero lo que Austin descubre al final de Cómo hacer cosas con palabras es que todos los enunciados son realizativos—son producidos y entendidos con los supuestos de alguna dimensión de valoración socialmente concebida—y que por tanto todos los hechos son institucionales, son hechos únicamente en virtud de la institución previa de alguna dimensión tal. Esto quiere decir no sólo que los enunciados afirmativos sobre un objeto serán evaluados (como ciertos, falsos, relevantes o irrelevantes) según las condiciones de su enunciación, sino que el objeto mismo, en la medida en que está disponible para referirnos a él y describirlo, será un producto de esas condiciones. Hay muchísimas cosas que se pueden decir sobre Francia, incluyendo el que sea o no sea hexagonal, pero la felicidad o acierto de lo que uno diga estará en función de su relación a una u otra dimensión de valoración—ya sea esa dimensión militar, geográfica, culinaria o económica—y, además, la Francia sobre la cual lo estamos diciendo será reconocible, y por tanto describible, únicamente en términos de esa dimensión. [Aquí Fish se columpia un poco, porque lo interesante es precisamente, como dice más adelante, la multiplicidad de dimensiones o marcos de referencia que diría Goffman, y las maneras imprevisibles en que se solapan unas con otros o crean superposiciones de sentido paradójicas o conflictivas]. Es decir, lo único que no puedes decir de Francia es lo que es realmente, si por realmente te refieres a Francia tal y como existe fuera de cualquier dimensión valorativa. La Francia de la que hablas siempre será el producto del discurso sobre ella, y nunca será accesible de modo independiente. (...)
Naturalmente, no todo el mundo cree lo mismo o, para ser más exactos, las percepciones de la gente no están en función del mismo conjunto de creencias, y así habra no uno sino muchos relatos estándar en relación a los cuales el mundo se constituirá de modo diferente, con diferentes hechos, valores, maneras de argumentar, procedimientos para establecer la evidencia, y demás. Como resultado, lo que puede ser ficción para los personajes de un determinado relato estándar, será verdad obvia y de sentido común para los personajes de otro. La distinción entre lo que es verdadero y lo que es ficticio siempre se hará, pero se hará desde dentro de un relato (o dimensión de valoración) y por tanto siempre será una distinción entre lo que es verdadero y lo que no lo es desde el punto de vista de ese relato. Además, es una distinción que siempre estará sujeta a debate, porque no podrá nunca decidirse invocando a hechos independientes de algún relato.

Claro que podríamos preguntarnos si en ese caso no tiene una validez y realidad institucional la categoría de hecho bruto.Se llega por aquí a un territorio un tanto metalingüístico y paradójico, pero parece ser que tal es precisamente una de las funciones del metalenguaje: anular (imaginariamente, o convencionalmente) al lenguaje como marco productor de sentido, e instituir (o soñar) una dimensión de discurso en la que es posible la distinción entre hechos brutos y hechos institucionales. Pero obsérvese que se ha invertido aquí la relación entre ellos: no son los hechos institucionales los que se erigen un tanto arbitrariamente sobre unos cimientos de realidad bruta, sino que son los hechos brutos los que se asientan sobre unas convenciones metalingüisticas, los que aparecen, por tanto, como un determinado efecto de lenguaje (un efecto de autoanulación hipotética), un juego lingüístico e institucional delimitado discursivamente. E históricamente: ¿existían los hechos brutos antes de que Searle los invocase? ¿Existen más, o menos, luego, después de su teoría y de la evaporación de su teoría a manos de Fish, de Derrida, de Hillis Miller—y hasta de Austin? Que viene a ser como preguntar, ¿existían los planetas antes de su descubrimiento? Más allá de los planetas, ya decía Borges que el "Universo" como tal probablemente no tenía otra existencia como objeto definido al margen de la que le que daba esta ambiciosa palabra—"universo".  El universo mismo es un hecho institucional y convencional, un efecto del lenguaje.

Interesantes dimensiones narrativas y consecuencias retroactivas tiene cualquier uso del lenguaje. Pero por hoy lo dejaremos aquí, y a los planetas, hechos brutos o institucionales, los dejaremos flotando en el vacío, y si hace falta, hasta girando alrededor de un centro de gravedad que es un punto virtual.

Qué es la verdad



Miércoles 16 de agosto de 2006

Estos días por Galicia

son lluviosos, por suerte para la racha de incendios, que este año han batido récords y tienen al personal pasmado. Por aquí sin embargo, en la puntita norte, seguimos sin ver ninguno, y menos ahora que llueve y nos tenemos que quedar en casa buenos ratos. Claro que aquí la norma es cuando se ve un rayito de sol, pues corriendo a la playa, o si no a otra de al lado que puede que lo tenga, porque Viveiro parece tener un microclima que le pone una boina de nubes encima a perpetuidad. De ahí que no esté esto macroedificado, de ahí y de las comunicaciones, aunque ya vimos cómo construian la autovía que en un periquete plantará aquí a todos los madrileños que quieran huir del sol. Ayer, pues, todo el día en casa. Otra vez releyendo mi artículo sobre la repetición y la relectura, y traduciéndolo. Y viendo Bailando con Lobos, primera película que veo en la tele desde hace años, y me juro no volver a ver una, pues entre anuncios y metraje extra del director se nos fue la tarde entera, claro que llovía. Anteayer sí que hubo más movimiento, fuimos a ver la fábrica de porcelana de Sargadelos, con visita al proceso de producción (sin que los nenes acabasen metidos en algún torno de alfarero, uf) y a las exposiciones y cómo no a la tienda de recuerdos, donde me compré, quién me lo iba a decir, los poemas ingleses, en dos volúmenes, de Pessoa, y una historia de la literatura medieval galega de un tal Pena (no pariente de). Y entre eso y la feria del libro de Viveiro van cayendo libros al bolso. Al cuerpo menos; me he terminado Muertes paralelas de Sánchez Dragó, sigo con Suite Française de Irène Némirovsky; he empezado a leer O incerto señor Don Hamlet de Álvaro Cunqueiro, comprado al lado de su estatua, en Mondoñedo. Pero leo poco. Y eso que en la playa me dedico desde luego más a leer que a bañarme, se me han pasado mis años bravos de bañarme en aguas heladas, y ahora soy el típico bañista de pega que sólo se moja los pies. O casi. Hoy hay fiestas aquí; como en Biescas, aquí la ermita es de San Roque, la tenemos en un monte encima de la casa, la primera noche la tomamos por un ovni, superiluminada. Y de ahí la lluvia, de las fiestas, digo, en Biescas ya se sabe, aunque me decían que de momento se mantenía el tiempo y que los sobrinos habían hecho un desfile en carroza. Los pequeñajos aquí se dedican a saltar olas, básicamente, y a construir castillos y tirar bolas de arena al mar. Los pequeños socializan mejor que nosotros (que siempre vamos de vacaciones a sitios donde no conocemos a nadie ni al ir ni al volver). Se han hecho amigos de los niños del barrio de pescadores en que vivimos. "Este niño se llama Jaido"- bueno, es que Jairo no sabía pronunciar la D. Las fiestas tranquilas, no tienen una marcha excesiva por aquí, y nos dejan dormir y transitar por las calles. Es un sitio tranquilo y agradable, Viveiro, pero me parece que no será aquí donde se comprará nuestra compañera de viaje la casita en Galicia o segunda vivienda... seguiremos explorando. Plan para hoy, después de levantarnos a las once como es de rigor en un día de lluvia... pues poco. Hoy se va Chelo, que ha estado unos días; no parece que vayamos a tener otra visita. Los nenes se las prometen muy felices porque dicen que se van a gastar un euro en videojuegos en un ciber. Pues vaya plan. Pero bueno, ya se sabe que es vano decirle al prójimo qué es y qué no es lo que debe hacerle ilusión. ¿Y aparte? Pues bromas y juegos con los nenes. Y amores, broncas, desamores, abrazos, separaciones, reconciliaciones, añoranzas, ensoñaciones, fijaciones, y toda la parafernalia y tormentas de los sentimientos y procesiones que van por dentro y por fuera. El verano de siempre.

El tajo de Ronda


Martes 15 de agosto de 2006

Guerra civil: el vaivén de la memoria

Es el número de este verano de la Revista de Occidente. Tanto en los artículos sobre la guerra como en los otros se ventilan cuestiones interesantes desde el punto de vista de la narratología cultural.

Santos Juliá ("Bajo el imperio de la memoria") observa que para las generaciones de posguerra, "la rebeldía contra el relato recibido adquirió el contenido de una rebelión contra los padres" en el caso de los vencedores. "En esa imposibilidad de crear una comunidad de memoria que implicara a padres e hijos en la misma celebración de un pasado de guerra radica, quizá, la razón de que al rechazar el gran relato contado por la Iglesia como agencia de creación de sentido, los hijos de vencedores y vencidos no lo sustituyeran por otro; no llenaran el lugar antes ocupado por la memoria impuesta por otra memoria colectiva, la de los vencidos; en realidad, carecían de una representación del pasado con la que sustiuir a la que se les había impuesto" (13). Quienes escribieron sobre la guerra civil tras la caída de Franco no pensaron en hacer una reivindicación y rehabilitación de los derrotados. Había al parecer una cierta actitud aséptica que podríamos intepretar, digo yo, como negación del trauma, como si fuese el trauma cosa de otras generaciones (o quizá temor al pasado reciente, o temor a la repetición). El caso es que ahora sí piden muchos la recuperación de la memoria histórica como algo que sí les afecta directamente, aunque señala Juliá que "la memoria jamás podrá ser única, ni tendrá por qué existir un centro de elaboración, más que recuperación, de la memoria: ya lo hemos sufrido, de parte de los vencedores. Si nos obstinamos en llamar memoria a lo que es representación construida del pasado, entonces habrá muchas memorias que tendrán que coexistir y, si fuera posible, convivir; pero también polemizar, como varias y enfrentadas son, y no pueden dejar de ser, las representaciones de ese pasado de guerra" (19). En cuanto a consecuencias jurídicas, "las guerras civiles sólo pueden terminar en una amnistía general, una conclusión a la que llegaron muy pronto" quienes hicieron la transición (19). Ello no quita, opino, para la oportunidad de elaborar esas narraciones o ceremonias que lleven al reconocimiento y superación del trauma, donde lo haya.

Francisco José Martín ("Acontecimiento y categoría de la Guerra Civil") la ve como una tragedia anunciada, aun negándose a verla como inevitable, ni a ver en la República el preludio fatídico de una guerra inevitable. (También observa que "los ensueños republicanos de hoy tienen muy poco que ver con la realidad efectiva de los años 30"(23)). Como acontecimiento trágico, la Guerra Civil es un foco de irradiación de sentido histórico, "impone su sentido a uno y otro lado de sí" (24) "Y en esta forma conferida todo queda reducido a conflicto. También el antes y el después del hecho bélico. Nada que quede fuera, y lo que no encaje en esa forma, o no se somete a su lógica, pierde peso y desparece de la escena, queda oculto entre los márgenes del discurso, relegado a las sombras y silencios de la historia" (25). Pero esto es para Martín, podríamos decir, una falacia perspectivística; el acontecimiento trágico nos ciega y no nos deja de ver el resto de la realidad que ahí está también. "Era, pues. Y lo que era, no era otra cosa que 'dos Españas' en lucha fratricida. Esta era la evidencia. La guerra sancionaba ontológicamente la escisión" (25). Se aplica así como categoría interpretativa ubicua y total, pero eso falsifica la historia: "la Guerra Civil da cuenta sólo parcialmente, y de manera insuficiente, de la realidad histórica de la España reciente" (26)—por ello, opino, quizá sea especialmente pernicioso para la percepción narrativa e histórica el guerracivilismo obsesivo de algunos sectores especialmente militantes de las dos españas (o así autodefinidos, claro): "No fue todo la guerra, no. Pero se impuso sobre la realidad y todo tomó la forma de la guerra. O, al menos, así parece. Así aparece, en efecto, en la forma histórica dominante, ese relato vencedor estructurado alrededor del centro, o eje, de la Guerra Civil. También la historia, al cabo, una contienda de relatos. No, no fue todo la guerra, pero acabó por imponerse y cubrir con su manto la entera realidad española. Pero era sólo una cobertura" (29). Enfatiza Martín la necesidad de evitar los dualismos absolutos, y repensar el papel de los intelectuales que se quedaron o volvieron tras la guerra (no necesariamente "nacionales") o de los ciudadanos pillados por accidente en cualquier bando, o en la España franquista—ya sea el "exilio interior" o la "tercera España". "En los márgenes del discurso histórico se asoma y se insinúa la realidad sepultada por sus categorías" (33). El análisis crítico del discurso y la narratología cultural ayudan a pensar, me parece, esta distancia entre realidad y sus representaciones ideológicamente inaceptables.

Eduardo González Calleja estudia en "La otra 'batalla de la cultura'" los esfuerzos de propaganda de los dos bandos en América latina. "La movilización de la opinión pública fue la gran baza de influencia del régimen republicano frente a la actitud de una mayoría de gobiernos latinoamericanos indiferentes o veladamente hostiles" (50). Por su parte, el franquisomo hacía diplomacia personalizada, con entrevistas personales y discretas con personajes influyentes. Entre caballeros, vamos. De todas maneras, González Calleja observa que en las campañas desarrolladas por un Estado en el extranjero, "la propaganda tiene un limitado potencial de cambio en la opinión pública y que, en general, sólo contribuye a reforzar las opiniones de los ya convencidos" (59).

François Godicheau examina "La política de orden después de mayo de 1937 y la reconstrucción del Estado" en el bando republicano (que siempre fue una jaula monos a pesar de esa "reconstrucción"). Los anarquistas fueron puestos firmes y llamados al orden, y los más radicales son detenidos, con la dirección de la CNT colaborando para evitar una sublevación general. El orden republicano se volvió más y más autoritario, con duras actuaciones judiciales basadas en leyes laxas, que condenaban a fuertes penas o a muerte a quienquiera expresase opiniones desfavorables al gobierno. "La censura prohibía toda crítica al gobierno, a su presidente, al presidente de la república" y a los aliados especialmente Rusia y Méjico. Para ser supuestamente el bando "democrático", "lo que resalta es la desaparición de toda discusión política y la búsqueda de la unanimidad, la reducción a la nada del espacio público" (75). O sea, otro estado totalitario, exactamente igual a su adversario de enfrente; así que no es extraño que la disensión, en cuanto la había, se expresase directamente a tiros entre distintas facciones republicanas.

Norberto Mínguez, en "Historia y memoria en el documental español contemporáneo" sobre la guerra civil nos dice que "España posee un pasado traumático que se acerca bastante a la definición que Hayden White elabora del acontecimiento moderno, aquel que, como en los traumas infantiles de ciertas neurosis, no puede ser olvidado, pero tampoco adecuadamente recordado" ("The Modernist Event") (81).  "La transición española no sólo supuso la amnistía para los responsables de la dictadura, sino que evitó el reconocimiento y la reparación de sus víctimas. Este acuerdo injusto pero necesario favoreció una suerte de amnesia generalizada" (82). En las sociedades modernas, en principio, "la memoria ha sido conquistada e incluso erradicada por la historia" (33) pero ambas son selectivas, mediadas por signos, "Ambas realizan un trabajo de indagación sobre el pasado que permite acceder a un conocimiento más profundo de la propia identidad y, lo que es más importante, decidir lo que queremos ser en el futuro" (34). Examina Los niños de Rusia (Jaime Camino, 2001),  Las fosas del silencio (Montse Armengou y Ricard Belis, 2005), Rejas en la memoria (Manuel Palacios, 2004), El tren de la memoria (Marta Arribas y Ana Pérez, 2005), Extranjeros de sí mismos (José Luis López Linares y Javier Rioyo, 2000), Entre el dictador y yo (Juan Barrero et al., 2005), La doble vida del faquir (Elisabet Cabeza y Esteve Riambau, 2005).  Películas que merecen ser más conocidas. Valoran el testimonio y la experiencia subjetiva del pasado, la emoción; rechazan el olvido o amnesia de la transición, y dan al recuerdo una función terapéutica, además de proponer valores democráticos. "Estas películas consiguen rebatir a quienes creen que es mejor no mirar atrás" (99). Son textos necesarios los "que hablen del pasado y de su representación con rigor y honestidad: textos que reconozcan la dificultad de articualr memoria e historia, que entiendan el pasado no como un campo de batalla donde se dirimen los intereses del presente, sino como un espacio de reflexión y representación que nos ofrece la oportunidad de hacer del futuro un lugar más habitable" (99).

(Sobre el trauma o la amnesia, me interesa por implicación propia en traumas o amnesias. Mi abuelo murió durante la guerra civil, pero poco sabemos en la familia de esa historia. Quién lo mató, por ejemplo. Quizá haya que investigarlo. Durante toda mi infancia no vi una sola fotografía de mi abuelo, sólo hacia los años noventa salió una a la luz y está ahora junto a la de mi abuela, que tuvo que sacar adelante sola y en ambiente hostil a sus tres hijos pequeños. De mi abuelo mucho tiempo se habló sólo en voz baja—aunque luego le dedicaron una calle en  Escuer, el pueblo que ayudó a construir. Y, claro, por supuesto ha habido trauma de guerra civil en mi familia, que ha estado marcada por ambas ramas, en una por el asesinato cobarde de mi abuelo y en otra por el exilio hasta la vejez o hasta la muerte de mis otros abuelos y mi tío. Si con eso no hay elementos para traumas en la familia... Y también desmemoria: aunque parezca mentira, las cuestiones más evidentes pueden pasar a la desmemoria. Por voluntad de salir adelante, supongo, y necesidad de adaptarse y hacerse una vida bajo el nuevo orden, o bajo otra bandera tricolor. Sánchez Dragó ha publicado recientemente una novela autobiográfica donde narra su propia amnesia y recuperación de la memoria tras una experiencia parecida. Ya he hablado algo de ella. Pero la manera en que Sánchez Dragó manifiesta involuntariamente su trauma, a la vez que intenta analizarlo, merece un post aparte).


Sigue en la Revista de Occidente una entrevista con Anthony Beevor, autor de una historia de la guerra civil recientemente reelaborada (Crítica, 2005). Beevor sostiene que la verdad fue la primera víctima de la guerra; que la República estaba destinada a ser derrocada de una manera u otra desde que el PSOE eligió la vía de la Revolución por encima de la democracia. "Un aspecto que no ha sido tomado en cuanta al analizar las causas de la Guerra Civil es la sombra de la Revolución rusa" (105)(—hombre, que no haya sido tenido en cuenta... será que no se ha recalcado por lo evidente, en todo caso). Para Beevor, la propaganda exterior de la República fue desastrosa, mientras que los nacionales lograron el apoyo de inluyentes sectores conservadores empresariales. Y subraya también los prejuicios que a los españoles impiden el ver con claridad los hechos objetivos de la República y la guerra que sí son visibles para una mentalidad extranjera que no los vea como armas arrojadizas para su política.

Hay otros artículos en este número de la revista pero ya no versan sobre la guerra civil. Sí lo hacen las reseñas: una sobre los discursos de Miguel Hernández, donde el reseñista queda decepcionado por el enceguecimiento partidista y la violencia agresiva del poeta, comprensibles por el contexto de los discursos pero que no los hace más atractivos. Mejor olvidarse de este lado de Miguel Hernández, parece sugerir, aunque lo mismo podríamos decir lo contrario (es más educativo). Otra reseña comparando las obras de Stephen Koch y de Ignacio Martínez de Pisón sobre el asesinato de José Robles y la ruptura entre Hemingway y Dos Passos. Aunque Koch tiene una prioridad histórica, para el reseñista es bastante ignorante sobre las circunstancias del conflicto español, y se desinteresa de su tema central, José Robles. Martínez de Pisón escribe en cambio una obra sensible, emocionante, atenta a los matices y con valor literario. Sí se trasluce en la reseña también una antipatía del reseñista hacia Koch, o una cierta voluntad de enfatizar sus aspectos negativos. El que sí sale mal parado de acuerdo con todo el mundo a una es Hemingway, ególatra, oportunista, insensible e indiferente a las atrocidades cometidas por sus compañeros de viaje. Y hay otra reseña, sobre Ramiro Ledesma Ramos y el fascismo español de Ferran Gallego, "donde el autor redime al personaje de los tópicoss bajo los que yacía sepultado para devolverle toda su frescura" (218). No sé si para Ferran Gallego tiene el personaje y su obra el atractivo que sin duda tiene para el reseñista, a quien no sólo no se le oye un asomo de condena al fascismo en la reseña, sino que (peor) no se le presupone. Para mí, la frescura de los fascistas tiene otros aspectos también dignos de reseña.

Con vergüenza, con molestia, y gratitud la justa


Lunes 14 de agosto de 2006

Que florezcan cien flores

"Dejemos que florezcan cien flores, y que cien escuelas rivalicen"

—dijo Mao, anunciando una supuesta "apertura cultural" en 1956, la Campaña de las cien Flores, en la que invitaba a los intelectuales a plantear críticas a su régimen totalitario.

Cien flores no son muchas flores. Para 650 millones de chinos (por entonces), tocan a una flor para cada seis millones y medio de chinos. O una escuela para cada seis millone y medis de chinos. Para más inri, sólo rivalizaban las escuelas en hacerle la pelota a Mao... Y encima lo que vino a continuación fue la Revolución Cultural (léase Incultural) y la persecución no sólo a intelectuales críticos sino a cualquiera que tuviese estudios y educación. Parole, parole. No hay que fiarse jamás de los líderes de masas con carisma y adorados por el pueblo. Ni cuando dicen la verdad, literalmente. Menos aún si hablan de modo figurativo.

Por cierto, la mitad de los intelectuales europeos, mientras tanto, encantados con Mao—y gratis.

Michel Butor, parrhesia, intelectuales


Domingo 13 de agosto de 2006

Disparando a las estrellas (shooting stars)

Caen las Perseidas; muchos años voy a verlas con quien esté cerca. Ha venido Chelo para estarse un par de días. A medianoche subimos en pandilla al monte detrás de casa; atisbamos por entre las nubes fugaces, y se oyen comentarios reflexivos mientras murmuramos mirando al cielo.  Seen a shooting star tonight.
- Yo ya he visto una. Pero sólo da tiempo de hacer deseos retrospectivos.
- Yo deseo... ver otra estrella fugaz.
- Yo deseo verla aunque sea la única. La única vez que vea una.
- Y yo deseo que no me duela el cuello de mirar para arriba.
- ¿Por qué se llaman estrellas fugaces?
- Porque se fugan, Ivo.
- ¿Y por qué se puede pedir un deseo?
- Bueno, por pedir que no quede. Otra cosa es que se cumpla. 
- Dice Oscar Wilde que a veces, por burlarse de nosotros, los dioses hacen que se cumplan nuestros deseos. Por atormentarnos de manera más fina.
- ¿Habría que desear no desear nada entonces? ¿Es eso lo mismo que no desear nada, sin más?
- Pues yo deseo que se cumplan mis deseos.
- Yo deseo que nos caiga una encima. ¡Poooommm!
- Este niño y sus explosiones.
- Ay que ha pasado una. Tremenda. Una stella con estela, lo nunca visto.
Une passante, étoile filante. Una mirada fugaz: ô toi qui le savais.

Bob Dylan,  Shooting Star

Seen a shooting star tonight
And I thought of you.
You were trying to break into another world
A world I never knew.
I always kind of wondered
If you ever made it through.
Seen a shooting star tonight
And I thought of you.

Seen a shooting star tonight
And I thought of me.
If I was still the same
If I ever became what you wanted me to be
Did I miss the mark or
Over-step the line
That only you could see?
Seen a shooting star tonight
And I thought of me.

Listen to the engine, listen to the bell
As the last fire truck from hell
Goes rolling by, all good people are praying,
It's the last temptation
The last account
The last time you might hear the sermon on the mount,
The last radio is playing.

Seen a shooting star tonight
Slip Away.
Tomorrow will be another day.
Guess it's too late to say the things to you
That you needed to hear me say.
Seen a shooting star tonight
Slip away.


Estrella fugaz

Anoche ví una estrella fugaz
Y me acordé de tí
Intentabas entrar en otro mundo
Uno que yo nunca he conocido.
Siempre me pregunté
Si al fin lo conseguiste.
Anoche ví una estrella fugaz
Y me acordé de tí.

Anoche ví una estrella fugaz
Y me acordé de mí.
Si seguía siendo el mismo.
Si por fin me convertí en lo que querías que fuese.
¿Me perdí la señal, o
me pasé de la frontera
que sólo tú veías?
Anoche ví una estrella fugaz
Y me acordé de mí.

Escucha los bomberos, escucha la sirena,
Mientras el último camión que viene del infierno
pasa rodando, todas las buenas gentes rezan.
Es la última tentación, el recuento final,
la última vez que podrías oír el Sermón de la Montaña.
Suena la última radio.

Anoche ví una estrella fugaz
escapándose.
Mañana será otro día.
Supongo que es demasiado tarde para decirte
Las cosas que necesitabas que te dijese.
Anoche ví una estrella fugaz
escapándose.

Guess Who



Sábado 12 de agosto de 2006

Ese emeese

s ms k mnds = no t llga d vlta. Lo mlo d tner 1 móvl ncndid s q sbs tdol rto si t llamn o no.

No hay incertidumbre. O la incertidumbre se desplaza más allá, mucho más allá. El teléfono callado parpadea. Lo miras y en efecto está vacío.  El teléfono siempre presente y palpitando es la prueba de que nadie está llamando. Ah, bueno, igual llaman al fijo. Pero las sesiones de estar pendiente del teléfono ahora son ambulantes. Siempre es una liberación. La cuerda que nos ata al deseo de ser llamados es ahora infinitamente extensible. Sólo estamos atados a nosotros mismos.

Hipercomunicados y aislados


Viernes 11 de agosto de 2006

La reforma de la reforma

Nos pasaron hace unos días los representantes de la coordinadora nacional en favor de un grado de Estudios Ingleses el siguiente

RESUMEN DE LA REUNIÓN CON EL DIRECTOR GENERAL DE UNIVERSIDADES EN MADRID, 31 DE JULIO DE 2006,

que pego aquí en tinta roja y comento cuando proceda en tinta negra.

La reforma de la LOU que el MEC pretende llevar a cabo afecta primordialmente a los artículos 34 y 35, y se puede resumir en los puntos siguientes:

1. Creación de un registro de universidades y títulos.

1.1.    Desaparece el catálogo de títulos, y en su lugar se crea un registro de universidades y títulos. 

La diferencia es que el catálogo se impone a las universidades, mientras que el registro simplemente anota lo que ellas implantan. Claro que se mantiene el catálogo detrás del catálogo, para los títulos realmente oficiales.

1.2.    Se establecerán directrices para grandes ramas del saber (Humanidades, CC. Sociales, CC. Jurídicas, de la Salud, entre otras -probablemente, no más de ocho-). Por ejemplo, se podrá implantar un título que lleve por nombre Grado en Humanidades: mas lo que sea: Estudios Ingleses, Inglés y nuevas tecnologías, Literaturas comparadas, Literatura anglo-sajona,...etc.  El límite lo ponen las propias universidades y las CC. Autónomas. Es decir, el dinero.

Grandes ramas del saber, hasta ahora macroáreas de conocimiento, que adquieren ahora mayor sustancia a la hora de estructurar los tipos de títulos. Obsérvese que, si no leo mal, no habrá un "Grado en Estudios Ingleses" (etc.) como se venía pidiendo, sino un "Grado en Humanidades: Estudios Ingleses2. Que no es exactamente lo mismo. Sí se suprimen así las discriminaciones introducidas entre distintas áreas de las Humanidades: que se previese un título en Filología Vasca, por ejemplo, pero no inglesa. (Politicos—politiquillos... qué peste). Quedará por ver si no se ha pegado con esto el gran tijeretazo a las Humanidades, en plan no querías café, pues taza y media, un solo grado de humanidades. Aunque esta era una solucion que defendían no pocos dentro de las Humanidades. Cuando el río va a misa, agua lleva.

2. Diseño de los nuevos grados.

2.1 Los nuevos títulos serán oficiales y tendrán validez en todo el Estado Español.  

Sí, oficiales, pero unos más que otros, como se verá. Y ¿no debería decirse que tendrán validez en toda la Unión Europea? ¿No era esa la idea primordial de la Reforma Boloñesa? Será un lapsus calamitas. Menos mal que por lo menos no dice en la Nación Española, que esa ya  ni sabemos dónde empieza y dónde acaba.

Cada cuatro años, el MEC evaluará los nuevos títulos  (se habrán de cumplir ocho o nueve criterios) 

Sólo se apunta más adelante el criterio de que tengan alumnos. Aunque se ha hablado también de mantener estudios de "interés cultural" (y siempre se piensa en este caso en las Filologías Clásicas, pero otros habrá).

diseñados e implantados en las universidades, a quienes, además de concedérseles completa libertad y autonomía, también se les atribuye plena responsabilidad, y se confía en su “sentido común” en lo que respecta al diseño de las nuevas titulaciones, a la asignación del profesorado para la impartición de las mismas, al uso de los recursos propios, etc.

Parece ahondarse así en la autonomía universitaria. Que eso sea compatible con Bolonia, se verá. También puede resultar ser muy compatible con los criterios ad hoc y con el sentido común localmente entendido.

2.2 Los títulos de grado tendrán 240 créditos. 

Oséase que volvemos a la reforma de los primeros 90 anterior a la reforma de los últimos 90, títulos de cuatro años, pero ahora con un aligeramiento de créditos, no manteniendo el creditaje de los cinco años comprimido en cuatro, como había sucedido al menos en nuestro título de Filología Inglesa.

Habrá dos tipos de grados:

(A) Profesionales (con reserva legal para el ejercicio de una profesión, i.e. maestro, ingeniero, médico, farmacia, enfermería, etc; esta reserva legal obedece a los criterios de la U.E., por un lado (Medicina, Arquitectura, etc.), y a la decisión del gobierno español de regular otras profesiones más, como la de maestro o profesor de educación secundaria).
(B) No profesionales (sin reserva legal para el ejercicio de una profesión, como es el caso de Filología Inglesa).

The mother of the lamb. Se reproduce y ahonda así la diferencia tradicional que venía existiendo entre estudios oficiales y estudios propios de las universidades. Eso sí, ahora se llaman todos oficiales. Pero unos conducen a capacitación profesional y otros no. ¿Alguien adivina cuáles van a ser los más demandados, con limitación de plazas, con exigencia de notas altas para entrar, etc.? ¿Y cuáles se van a devaluar al introducirse un título específico que capacita para la enseñanza en secundaria, mientras que las titulaciones de humanidades no lo hacen?

2.3. El Ministerio dictará dos tipos de directrices: (a) genéricas para los grados profesionales con reserva legal para el ejercicio de la profesión; y (b) generales para grandes campos del saber, como es el caso de Humanidades. En estas directrices se establecerán las materias (no asignaturas) que deberán conocer los estudiantes.

Me gustaría saber qué materias van a establecerse como necesarias para todas las titulaciones de humanidades. Actualmente no hay ninguna, y me extrañaría que se fuese en esa dirección. Debe ser algo mal pensado todavía, o mal entendido por los informadores.  

2.4 El MEC dictará tres tipos de criterios: (a) criterios para la aprobación de los grados, (b) criterios para la implantación de los grados, y (c) criterios para la evaluación de los grados. El registro es, por lo tanto, condicional; puede suprimirse un título si no supera la evaluación o si se queda sin alumnos, pero esto último dependerá de la Comunidad Autónoma.

Perpetuum mobile de informes, acreditaciones, evaluaciones... ya lo veo venir. Como los másteres, que los tienen que proponer cada año. Ventajas debe tener cuando tantos expertos lo aconsejan, pero también lleva a regimentaciones, cuadriculaciones metodológicas, e incertidumbres sobre la estabilidad del propio trabajo y de la propia disciplina de estudio que no son en absoluto favorables a lo que se ha venido entendiendo como universidad hasta ahora.  

3. Estructura del Grado.

Los nuevos grados comprenderán 4 cursos, a razón de 60 créditos por curso (30 créditos por semestre). El MEC contempla tres componentes: 1. materias (aparecerán en las Directrices), 2. asignaturas (vinculadas a las competencias, y 3. competencias (“saber hacer”). Estas dos últimas han de estar íntimamente ligadas, puesto que no se puede exigir lo que no se da.  La Tabla 1 resume la estructura de los nuevos grados.   

Se supone que aparecerán, como venía siendo habitual, las "troncales", o sea, las materias que ha de incluir el grado en cualquier universidad en que se imparta. Pero aquí aparece una contradicción con lo dicho antes. ¿No quedábamos en que habría un solo Grado de Humanidades? Con la dificultad que señalaba yo de definir "troncales" para semejante grado. Si las directrices establecen materias, ya tenemos el supuestamente abandonado Catálogo otra vez. Por cierto, que nadie nos ha aclarado aún qué ha pasado con el trabajo de todas aquellas Anecas, Libros Blancos, Subcomisiones y Recomisiones que sacaron una serie de "fichas" para los grados. ¿No se pretenderá volver a resucitarlas en estas Directrices de no se sabe qué grados? A mí no me casa una cosa con la otra.


Tabla 1: Estructura del Grado.

Estructura del Grado    240 créditos
Primer curso    Materias generales y transversales (60 créditos)
Segundo curso    Materias específicas (60 créditos)
Tercer curso    Materias específicas (60 créditos)
Cuarto curso    Materias específicas (60 créditos)

3.1 Primer curso (60 créditos): Las materias que se incluyan en el grado se deberán traducir en una serie de asignaturas, en las que se abordarán  competencias generales y transversales.  En la Tabla 2 se ilustra de modo gráfico el diseño del primer curso.

Tabla 2: Diseño del primer curso.

                                                                    Competencia 1    Competencia 2    Competencia X
                                Asignatura 1           
                                Asignatura 2                    •                                    •   
Materias                Asignatura 3                                                                                        •       
60 créditos            Asignatura X                    •                                    •                            •   

Sobre el tema este de la invasión del lenguaje de las "competencias" frente al conocimiento no conviene perder de vista el demoledor análisis que hacía José Luis Pardo en este artículo.

El objetivo de este diseño de carácter general es facilitar el cambio de titulación a los alumnos que así lo deseen o estimen oportuno cuando hayan cursado estos primeros 60 créditos.

Los representantes del Comité Interdepartamental que asistieron a la reunión advirtieron al Sr. Vidal del peligro que este diseño excesivamente general podría entrañar, pudiéndose dar el caso, como en la actualidad ocurre en algunos planes de estudio de Filología Inglesa, que en el primer curso tan sólo se cursen dos asignaturas de la especialidad o de que los alumnos de primero tengan la sensación de estar repitiendo el segundo curso de Bachillerato. Con el fin de salvaguardar los intereses y formación académica de los futuros especialistas de Filología Inglesa o de cualquier otra especialidad, se sugirió que el MEC recomendara unos porcentajes, aunque fuesen mínimos, a saber, 60% para las asignaturas de la especialidad que los alumnos deseen cursar, y 40% para las asignaturas que permitan a los alumnos cambiarse de titulación dentro de un gran campo del saber, como Humanidades, después de haber cursado el  primer curso (60 créditos).

Lo que yo no entiendo es cómo va a haber un 40% de asignaturas comunes a todas las titulaciones de "un gran campo del saber, como Humanidades." ¿40% de ... lengua española, latín e Historia? Aquí hay algo que alguien no tiene bien pensado, o bien entendido. Porque, insistamos, tal como se supone que está la cosa ahora, hay UNA directriz general para Humanidades, no una para inglés, otra para Historia, otra para Arte, etc. etc. 


3.2 Segundo curso (60 créditos): Materias y asignaturas específicas. Su selección dependerá de cada universidad.

3.3 Cuando los alumnos hayan cursado 120 créditos, se emitirá un Certificado de Estudios Universitarios Iniciales (que no es un título ni una diplomatura), cuya función es dar a conocer al empleador los estudios que han cursado y los conocimientos y competencias que han adquirido.  Uno de los objetivos de este certificado es que los alumnos que se vean obligados a abandonar temporalmente o definitivamente los estudios puedan acreditar alguna formación, aunque ésta sea mínima, y que puedan entrar y salir de la Universidad con facilidad.

Se entiende que el mero expediente académico no acredita nada, pues, aunque especifique los créditos cursados.

3.4 Tercer curso (60 créditos): Materias y asignaturas específicas. Su selección dependerá de cada universidad.

3.5 Cuarto curso (60 créditos): Materias y asignaturas específicas. Su selección dependerá de cada universidad.

3.6 En este segundo bloque de 120 créditos se habrán de incluir obligatoriamente varios tipos de actividades docentes, profesionales y/o de investigación: (a) prácticas, (b) estudios en el extranjero (para lo que se va a intentar arbitrar un sistema de financiación adecuado), y/o (c) trabajos de investigación.

3.7 Los cuatro años del grado han de ser coherentes. Por ejemplo, en un plan de estudios de un grado en Estudios Ingleses puro, prácticamente todas las asignaturas deberían ser de este campo, excepto en el primer año, en el que se introducirían otras materias y asignaturas de Humanidades.

Bueno, pero también se quieren fomentar los títulos mixtos, Inglés e Informática, o Derecho y Equitación, pongamos... (ver punto 4). ¿Alors? Por otra parte, enseguida se nos dice que los "campos" aludidos (y no puedo entender por tales sino las áreas de conocimiento) se suprimen. ¿Cómo se van a presuponer, entonces?

3.8 No se establecerán por directrices generales las pasarelas de una titulación a otra, pero pueden establecerlas las universidades.

4. Naturaleza y contenidos de los grados. Se abre la posibilidad de plantear el diseño de títulos puros y/o mixtos, y su implantación dependerá de los recursos de cada universidad y de la financiación que se reciba del organismo competente en cada Comunidad Autónoma.  Muy importante:

4.1. Convalidación a nivel nacional e internacional: No se atenderá al ‘etiquetaje’ de lo cursado, sino a la acumulación (al número) de créditos cursados.

¿Número de créditos de qué tipo? Porque dicho así esto es absurdo. No van a convalidar créditos de Matemáticas por créditos de Enfermería, digo yo. Así que algún "etiquetaje" habrá, aunque no se considere el título de la asignatura (¿ni de la  materia?) y se suprima el área de conocimiento. (Buf). ¿Equivalente todo lo de la misma "gran rama del saber", en este caso Humanidades? Perdón, pero ni eso me creo.

4.2  Habrá grados de maestro para música, educación infantil y primaria. Y quienes, habiendo cursado Filología Inglesa u otra especialidad, deseen presentarse a Magisterio, basta con que hagan el máster en formación del profesorado (que, dicho sea de paso, insistió el Director G.U., no figura por ninguna parte que lo tengan/vayan a dar los de Educación; ni siquiera figuran áreas de conocimiento). Será un máster ‘genérico’  atendiendo, en función de los medios, a lo específico.

Bueno, áreas de conocimiento malamente pueden figurar si se supone que las suprimen. (Un absurdo, repito). ¿O sea que el Máster de Educación no lo van a dar las Facultades de Educación? Pues ya lo que me faltaba por oír. Habrá que ver qué sucede si es nuestra Facultad de Filosofía y Letras, por ejemplo, quien se autopropone para implantar este Máster. ¿Y por qué Música es tan distinta a las demás materias? No lo entiendo, pero hay tantas cosas que no entiendo en esta reforma...

5. Financiación de los grados. La financiación dependerá del resultado de la negociación entre la Universidad y su Comunidad Autónoma.

Pues Universidad de la Formación Profesional habemus. Por capítulos, claro, y por lenta estrangulación de las Humanidades no estrictamente aragonesas, o riojanas, o lo que sea. En humanidades, Arte, Historia y Cultura de la Nación de Turno para arriba, lo demás para abajo; pronto habrá que llamarla la Localidad, en lugar de la Universidad.

6. POPS y títulos de máster oficial.

6.1 Los títulos máster, que podrán ser de carácter oficial o propio, serán considerados como un mérito adicional en el currículum del estudiante. En palabras del Sr. Vidal, ‘serán un mérito, pero no un requisito’. 

¿O sea que no se va a exigir el título de Máster para ninguna profesión? Anda ya. Para empezar, ya están hablando del Máster de Profesor de Enseñanza Secundaria, como máster profesional reglado. Así que aquí alguien no ha entendido lo que se está diciendo. Tampoco se aclara, por supuesto, cuál será la diferencia en el caso de los másteres entre los oficiales y los propios (si la hay a efectos académicos y no meramente monetarios).

6.2 Doctorado. Los alumnos que deseen completar su formación académica con la investigación conducente a la confección de una tesis doctoral tendrán dos opciones: (a) haber cursado 60 créditos en algún curso diseñado por el propio departamento (no necesariamente máster) o (b) completar dichos créditos cursando parcialmente un máster oficial o varios (p.ej. 15 crs. en uno, 25 en otro, etc., dentro o fuera del departamento; en casa o en el extranjero). 

Otra vez, ¿60 créditos de lo que sea? Porque si no hay áreas de conocimiento...  Esto es un absurdo total. Supongo que la idea es que cada departamento ponga sus propios requisitos, pero semejante desregulación no tiene ni sentido ni futuro.

6.3  Habrá un Máster oficial en formación del profesorado de enseñanza secundaria que capacitará a los alumnos para ejercer su profesión docente. Dentro de este máster se incluirán materias y asignaturas de didáctica específica de la disciplina. El Director G.U., asegura que no consta en ninguna norma jurídica que lo tenga que impartir la Facultad de Educación; ni siquiera figuran áreas de conocimiento. Será un máster “genérico” atendiendo, en función de los medios a lo específico. Se le puso de relieve que existe un amplio descontento entre el profesorado de las facultades humanísticas y, en menor medida, de las de ciencias, con la actual propuesta de dicho máster, pero el Director General aseguró que no compartía las razones de ese descontento.

Habrá que ver si se requiere para las distintas especialidades de este Máster, si las hay, haber cursado Grados especializados o no, o si va a ser la continuación natural del Grado de Maestro. Todo esto parece estar totalmente en el aire.

7. Desaparecen las áreas de conocimiento.

La desaparición de las áreas de conocimiento, que sólo persistirá en las pruebas de habilitación y acreditación del profesorado, entraña importantes ventajas y desventajas para cualquier especialidad. El Sr. Vidal apeló al sentido común de las universidades, y a la evaluación final a la que todas ellas serán sometidas para velar por la calidad de los títulos y adecuación del profesorado propuesto para impartir las asignaturas.

No me creo nada. ¿O sea que las universidades no van a dotar plazas de determinada área de conocimiento, se entiende, sino sólo para impartir tal o cual materia? ¿O los departamentos no van a aglutinar una o más áreas de conocimiento? Esto de la supresión de las áreas de conocimiento ya lo oí hace tiempo, pero me hacen aún los oídos chiribitas cada vez que lo vuelvo a oír. Y es que no estamos, al parecer, a salvo de un iluminado tras otro que con una idea brillante nos viene a reformar la estructura completa del conocimiento de un plumazo. En fin, paciencia y barajar...


8. Calendario.

Noviembre 2006: directrices para las familias de campos del saber.
Diciembre 2006: directrices para las atribuciones de profesiones regladas.
Primavera 2007: Elaboración de los nuevos planes de estudio.

Panta reï. Comisiones habrá que se reúnan. Yo desde luego estaré en las menos posibles.

La Academia de Proyectistas


Jueves 10 de agosto de 2006

Narración, identidad, interacción — relectura

Será el título de la versión española de mi artículo "Rereading(,) Narrative(,) Interaction(,) and Identity". Cuelgo ahora el original inglés, que presenté en unas jornadas en Madrid en 2003, y que ha salido este año en el libro Interculturalism: Between Identity and Diversity.  La UNED va a publicar una edición española de este libro, y con ese fin comienzo ahora a autotraducir mi capítartículo. Irá apareciendo poquito a poco aquí: "Narración, identidad, interacción—relectura".  Y también pasa a engrosar mi pseudolibro en red, o colección de artículos sobre narración y retrospección, Objects in the Rearview Mirror May Appear Firmer Than They Are.

Serfaty: Los blogs y la construcción del ciberyó



Miércoles 9 de agosto de 2006

Abo 12 años

Hoy es el cumple de Abo. De regalo, le tengo guardado un modelito del Halcón Milenario, la nave de Han Solo en Star Wars. Y un libro a elegir en la mejor librería que encontremos en Viveiro. Me acuerdo de que para mí, cuando era niño, doce años era la edad ideal, la edad que soñaba con tener y que representaba la cumbre de la perfección... a partir de ahí ya me parecían los mayores demasiado voluminosos, torpes y ajenos.

Estos días también estrena su primer grano de acné, pobrecillo, ya adolece de adolescencia, aunque más bien es su cuerpo quien lo hace sin él. Él aún está a la orilla del mar de la infancia y jugando con las olas. Sobre todo estos días. Y que le duren...
 ... those first affections,
Those shadowy recollections,
Which, be they what they may,
Are yet the fountain light of all our day,
Are yet a master light of all our seeing;
Uphold us, cherish, and have power to make
Our noisy years seem moments in the being
Of the eternal Silence: truths that wake,
To perish never;
Which neither listlessness, nor mad endeavour,
Nor Man nor Boy,
Nor all that is at enmity with joy,
Can utterly abolish or destroy!
Hence in a season of calm weather
Though inland far we be,
Our Souls have sight of that immortal sea
Which brought us hither,
Can in a moment travel thither,
And see the Children sport upon the shore,
And hear the mighty waters rolling evermore.
                                   

The Diary of Álvaro G.P., age 11 1/2

Martes 8 de agosto de 2006

Nos habremos ido

En medio de la noche, saliendo del river of dreams, voy a otros paisajes que sólo se visitan a esas horas: al pasado. Abriendo los ojos a la oscuridad se vuelven a ver cosas que no veíamos desde hace tiempo. Esta noche se me aparece aquella buhardilla con la estufa de leña recién instalada; la carica de mi novia (the girl from the north country) cuando venía a esperarme a la estación de autobuses en Huesca. Tantas tardes juntos, hace veinte años. Y las reuniones con los amigos. Amigos de mi novia, serían, pues hace muchos años que no los veo, tras la separación. Pero aún los echo de menos. También de esto hace veinte años; me acuerdo que entre los juegos de salón para entretener las veladas en pandilla estaba el de componer un par de versos e intentar adivinar de cuál de los presentes eran. Una medianoche a oscuras alrededor de una mesita del salón, recuerdo que aparecieron unos versos tal que así (resultaron ser de María, la amiga de mi novia):

Mañana quedarán los cercos de los vasos en la mesa
Nada se oirá en la casa: nos habremos ido.

Qué plan sobrehumano, qué esfuerzo no se requeriría para volver a reunir a las mismas personas a quien la vida ha separado, alrededor de una misma mesa—ya no digo de la misma mesa—o volver a encender aquella estufa que a saber cuántos años llevará apagada. Y así, cada momento nos rodean unas personas a las que apenas prestamos atención, pero de las que unos años más tarde no quedarán ni los cercos de sus vasos en la mesa. Y sería inútil intentar volver a reunirnos con ellas; sería como pretender revertir la marcha del tiempo. I wish I wish I wish in vain, que decía Bob Dylan. Nunca sucederá lo que ya sucedió: nos habremos ido, a saber a dónde.Y sólo el río de los sueños, o las noches de insomnio, nos llevarán otra vez, cuando venga el día de mañana, hasta lo que ahora tenemos delante de los ojos, abiertos o cerrados.

El pretérito imperfecto

Lunes 7 de agosto de 2006

Palabra clave

¿Cómo acceder a Internet en la biblioteca? Me apunté el año pasado y ya no me acuerdo de mi nombre de usuario ni de mi palabra clave. Y mi NIF, único cartucho, ya está quemado. ¿Cuál será mi password? ¿Cómo me llamo? ¿Tendré que operarme y adquirir una nueva identidad? ¿Cómo convertirme en un nuevo usuario? Antes esto pasaba sólo con contraseñas usadas entre espías, o en el monte Sésamo, que se te podía olvidar la palabra mágica... pero ahora vivimos todos en un mundo de claves mágicas, contraseñas secretas, voces fantasmales, y visitantes anónimos desde las sombras. Sí, sí, a vosotros me refiero, lurkers. Si alguno sabe cómo adquirir una nueva identidad provisional, que me lo diga, por favor. Ni aun yendo con mi supuesta identidad auténtica estoy inmune a la levedad del ser, a las identidades de quita y pon; la identidad auténtica es, se demuestra, una más entre ellas una vez entras en la red. Y el resultado es que tengo que utilizar otra identidad que me prestan un rato personas con identidad sobrante.

Bueno, en plan más positivo, voy logrando que me funcione la conexión a la red, y he colgado el Blog de Notas. También voy actualizando poquito a poco mi reseña sobre literatura y actos de habla.

Y entre col y col, la que acabo de preparar para la comida. "Hoy tenéis coles", les digo a los nenes mientras hacen los deberes. "Tenemos coles porque tenemos que trabajar", protesta Pibo cazando la idea.

Y también un ratito de callejear, otro de playa... aunque el sol no acompaña. Por lo menos lo que hay aquí son nubes, y no humo de incendios. El sur de Galicia arde, pero este año (primera vez) aún no hemos visto ninguno en directo, ventajas de estar en lo más húmedo del norte.

Suplantaciones


Domingo 6 de agosto de 2006

Se changó la bibliografía

Vaya, disculpas; parece ser que se ha atascado el funcionamiento de mi bibliografía, me dice un oyente americano. Eso es que alguno de los administradores del servidor (servidor no es) ha pensado que había una cosita mal colocada y ha corrido a arreglarla, cuando en realidad hacía falta que estuviese "mal colocada" para que funcionase...  En fin, que para ir por la vida hay que saberse la gramática y la gramática parda, y a veces ya es demasiada gramática. Y ahora en agosto vete a localizar a nadie para que lo arregle. Así que seguramente se interrumpe el servicio hasta septiembre. Y el de mi Blog de Notas también, porque tengo grandes problemas para conectar este ordenador a la red; la conexión wifi funciona sólo cuando lo estima conveniente, y es pocas veces y al paso la burra. El Vanity Fea sí que lo iré actualizando todo el mes aunque sea a trancas y barrancas.  En fin, agosto parece ser temporada baja bajísima en el uso de la web, así que el daño no será mayúsculo.

Bibliografía, webliografía, blogblografía



Sábado 5 de agosto de 2006

Bueno y malo

Oscarelo va haciendo sus rezos nocturnos bajo supervisión:
- Oh Virgen María, botón de clavel, mi mamá me dice que te ame con fe.... Oye, de mayor voy a ser bueno, y malo. Las dos cosas. Porque hay que ser un poco de todo.
- Pero hombre, no! ¿cómo que bueno y malo? Hay que ser sólo bueno.
- Mejor bueno y malo. Un poco. La paginita de bueno, llena, y la de malo, hasta la mitad. Hem hem... pondré que he visto Padre de Familia, y House. Y hacer guarradas. Ah, y unas cuantas muertes, jugar a matar.

Lo dejó bastante impresionado, creo, Álvaro leyendo lo de las leyes de Murphy. Luego andaba Oscar inventándose pequeñas leyes de Murphy para uso casero: "Si se pierde un peine, seguro que era el favorito de mamá". Y seguro que tomó buena nota de una que deriva del famoso Fools rush in where angels fear to tread de Pope: a saber, "Los necios entran a toda prisa... y se quedan con los mejores asientos". También se quedó meditando Oscar, creo, con este chiste de su libro de chistes:
- Papá, yo de mayor quiero ser imbécil.
- Imbécil, hijo, ¿pero por qué?
- Porque tú siempre dices: "ya está ahí el imbécil de mi jefe con su Mercedes," o "mira la buenorra de la vecina, qué imbécil de novio se ha echado", o "de dónde habrá sacado el imbécil ese para el chalé que se ha comprado"...

Lo que está claro es que, sean cuales sean las influencias filosóficas de Oscar, de momento no entra en sus planes ser bueno a tiempo completo. Es más listo que la pana.

Dibujando guarradas


Viernes 4 de agosto de 2006

Leyes de Murphy de la interacción comunicativa

Está Álvaro leyendo con gran regocijo Leyes de Murphy para niños, de Arthur Bloch. El principio rector del libro es, naturalmente, que todas las expectativas se frustran, todos los planes fracasan, nada funciona ni sale como se esperaba, si algo puede salir mal, saldrá, etc. Me recuerda las tesis pesimistas y un tanto caricaturizadas de la desconstrucción: la comunicación fracasará; el sentido profundo de la obra va a contradecir al expreso e intencional; el inconsciente sacará las vergüenzas a la luz, y el lenguaje patinará y expresará un sentido contrario al deseado. Aunque de las distintas secciones del libro no hay ninguna dedicada a los fracasos de la comunicación.

A cada uno de los principios del libro se les pone un nombre pintoresco: Primera regla de patología, Corolario de Jenning, Regla de Rune. (Esta es buena: "Si no te importa dónde está, es que no se te ha perdido"). He mirado por encima el libro, por ver si de todos modos algunos de sus principios son aplicables a la interacción comunicativa. Algunos hay, por lo generales. Por ejemplo, la Ley de Whistler: "Nunca se sabe quién tiene razón, pero siempre se sabe quién manda". Esta podría juntarse con la vieja Ley de Humpty Dumpty sobre el significado de las palabras—a saber, que significan lo que dice el jefe. También esta otra ley tiene aplicaciones crítico-comunicativas: "Las únicas personas que encuentran lo que buscan en la vida son los criticones". O la Ley de Lieberman: "Todo el mundo miente pero no importa, porque nadie escucha".

Bueno, esto se ve que tiene posibilidades. Entre otras, posibilidades de exageración. Ninguna representación, ni siquiera la más pesimista, representa la realidad de modo adecuado; siempre nos da una versión provisional para uso local. De hecho, no puedo resistirme a enunciar ya el Corolario de García a la Ley de Murphy: "Ninguna Ley describe la realidad a la perfección, y todas fallan en el momento más inesperado—y la primera, la de Murphy". Yo no me fío ni de mantener la Ley de la Gravedad, como para fiarme de la Ley de Murphy.

Pero viendo el mundo, y la comunicación, con el cristal de ese color, sí podemos buscar la aplicación de la Ley de Murphy a la comunicación. La podíamos enunciar adaptando la frase del Player King de Hamlet: "nuestras palabras son nuestras; pero a dónde van a parar, quién lo sabe". O, yendo más atrás, lo decía Sócrates sobre los discursos escritos en el Fedro de Platón: un escrito no se sabe a qué manos u oídos o entendimientos va a parar; el autor dice una cosa, pero vete a saber qué es lo que entiende el lector. Paul de Man lleva este escepticismo con la comunicación textual  a un extremo: todo es indecidible, todo sentido se vuelve contra sí mismo. Nada permite suponer que la comunicación cara a cara in praesentia (otra modalidad de la ausencia) escape a este principio de pesimismo.

O sea, que nuestras palabras no tendrán el efecto deseado, ya sean espontáneas o cuidadosamente calculadas. Expresarán también, al menos a buen entendedor, lo que no queremos decir, o lo que queremos ocultar o preferimos no pensar. O, a malintencionado entendedor, serán cogidas siempre por el lado que más quema. (Ya temo los comentarios a este post). Presuposiciones molestas saldrán a la luz, y serán exhibidas por nuestro interlocutor cogidas entre dos dedos y retorciéndose. Y estaban en lo que dijimos, y no nos habíamos percatado. O quizá nuestras palabras expresaran obscenidades involuntarias, o resultarán ser, vistas en contexto y reinterpretadas, un gigantesco desliz de la lengua, un lapsus calamidad, una metedura de pata monumental, un error de comunicación. Oídos críticos poco amigables descubrirán la cara de la moneda que pretendemos ocultar, inscrita y transparentada en nuestras mismas palabras que deberían ser el instrumento de ocultación. Y todo esto sucede de modo incalculable, imprevisible, impermeable a toda estrategia. El lapsus linguae, sólo visible retrospectivamente. Inmune a cualquier planificación teórica.  Para praxis, la parapraxis.

Por su naturaleza de acontecimiento a la vez imprevisible y congruente en visión retrospectiva, el lapsus linguae nos proporciona un tema ideal para una narración. Es algo eminentemente contable, la metedura de lengua de alguien donde no debía meterla. (Muchas veces aporta justicia poética).

Pero cuidado, que la narración de cómo la lengua fue metida no escapa a la Ley de la Inevitable Metedura de Pata, o linguopatología de la vida cotidiana. Así que ojo— oJQ con la paja ajena, for what it's worth.

Y reojo, que a veces sí que nos entendemos. Cuando menos lo esperamos. Muchas veces de reojo.

Understanding Misreading

Jueves 3 de agosto de 2006

Vivir en Vivero

En Vivero hemos alquilado por mil euros una casita de pescadores; nada romántico con redes en la puerta, no vayáis a pensar, es de un grupo de "casas baratas" hechas por el sindicato vertical o el Ministerio de la Vivienda de Franco en los años cincuenta. Está en la cima de una cuesta (esto son las rías altas, y empiezan las cuestas casi a pie de playa) con lo cual el ejercicio está asegurado, aunque no nade nada, porque la caza y recolección se encuentra bajando la cuesta, uf, cuesta. El pueblo es precioso, ayer nuestra animadora cultural nos llevó a dar un paseo de varios kilómetros para dejarlo ya todo bien visto el primer día. Localizamos los puntos de interés para urgencias: la casa de Saudade, oops, de Saude, la Cruz Roja, la Opel, Turismo, el Hiper. El Ciber. La Biblioteca. Ah, sí, la playa, que yo no fui. Y la Saudade casi la estrenamos el primer día, porque Otitas se desgració un pie explorando el barrio, pero bueno, al fin mucha sangre para nada, un poco de Betadine y una venda y ya va todo pimpante y sin cojear siquiera, al frente de la expedición. Pibo se nos hizo pis en la cama para celebrar el aterrizaje; y tras una noche agitadita nos levantamos tarde como siempre que llueve, qué bien se duerme cuando llueve, a las diez y media. El tiempo promete no aburrir, cambiante como el humor. Ahora tenemos a los pequeños haciendo hortografía, y a Álvaro leyendo H. Rider Haggard, uno de sus autores favoritos ("Está muy bien, papá. Han matado al Habitante de las Aguas. Habitante con Hache Mayúscula, y Aguas con A Mayúscula"). Como no lo suelta veo que pronto va a haber que ir a la biblioteca a por más. Y yo me he venido con un estante de libros, este ordenata que veis, y nada de trabajo o casi nada, sólo marcianos para matar. Así que a eso se dedicará mi yo, mientras mi otro yo se agita oscuramente entre estas líneas, o en la parte de atrás de la cabeza. Soy géminis, ¿os lo he dicho? Sólo conozco a una amiga que le da importancia a esto de los signos del zodiaco, y esta noche he soñado que me entregaba un post sobre ella para que se lo publicase aquí, pero a la vez me revelaba que su nombre no era el que yo siempre había conocido, sino que se llamaba Claribel Pedralba o algo así, que me lo había venido ocultando por rollos que no venían al caso. Yo me veía obligado a corregir una frase del post que me daba, donde decía que siempre había sido muy sincera conmigo.

Miércoles 2 de agosto de 2006

En el ciber

M-aquí en Viveiro, donde me despierto y busco inmediatamente un cibercafé por consultar el correo electrónico, y ver si hay noticias, si me han mandado un mail por ejemplo diciendo que Su Caso Se Ha Revisado, o en esa línea. Pero no, mi caso está cerrado al parecer. Me compré una extensión Wifi por si existía eso aquí en el profundo Lugo, pero no lo hay, y moriremos al palo de los cibercafés. No sería tan raro, oye, el año pasado lo tenían en la biblioteca de Cedeira, unos metros más allá. Aquí "no conosco". Decía Walter Benjamin que para conocer una ciudad a fondo había que visitar sus librerías de viejo. Como en este país casi no las hay, habrá que actualizar el dicho y pasarlo a las bibliotecas y los cibercafés. Me voy ahora a explorar el resto, que después de chequear el mail hay que comprar víveres. En Viveiro sin vivir en mí.

(Por cierto, me he olvidado otra vez de colgar en este blog un aviso de que igual no puedo actualizar más que su versión de Blogia Vanity Fea... hasta septiembre).
Lujo zaragozano

Martes 1 de agosto de 2006

Voyage voyage

Plan de viaje para hoy: Zaragoza - Madrid - Galicia. Si todo va bien, llegaremos esta noche a Viveiro tras un bonito viaje. Si no, fue bonito mientras duró.




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