Ayer hicimos la última excursión, a
ver una
iglesia que se remonta al siglo sexto, San Pedro, y a andar por el Soto
da Retorta. Es éste un paraje muy bonito aquí al
lado de
Viveiro; llegamos pasando al lado de los restos de un
macrobotellón para adultos que se montan aquí a
finales
de agosto (lo llaman romería, pero ya, ya...). El soto es un
sitio muy a la sombra, con un camino entre el río y una
acequia;
es una mezcla entre Arratiecho de Biescas y la selva de
Tarzán,
pues está lleno de eucaliptos enormes, de hasta treinta o
cuarenta o cincuenta metros de alto; en Biescas bien poco
habrían durado, aún me acuerdo cómo
los mejores
árboles del parque de la Conchada los talaron cuando yo era
crío, por demasiado grandes, sin duda, o para sacarse unos
duros.... y hace poco aún le pegaron otro repaso. Y de los
pocos
que había dentro del pueblo, han caído
sistemáticamente; hay una frase que dicen allí:
"huuy....
es que hacen más mal estos árboles... ". En fin,
que me
cabreo cada vez que lo pienso. Aquí cortan
también muchos
bosques, en Galicia—la mitad de la madera del país
más o menos— y queman aún
más... pero de
momento el Soto aguanta, y está precioso; y alrededor de
Viveiro
se ven muchos bosques. Ójala duren. Son mayormente de
eucaliptos, especie que aquí se desprecia un tanto
(también "hace mal", y no es tan autóctona o
nacionalista
como los castaños o los robles)... pero más vale
un
eucalipto, sobre todo si es imponente, que nada. Los chavales se lo
pasaron muy bien viendo sapitos enanos; en la realidad o en la tele,
cuanto más se reduzca un bicho a cabeza, ojos, boca y
patitas,
más bonito les parece. ("¡Es adorable! Pero no lo
adoraremos"). Y hoy ha salido un día de sol rabioso; nos
hemos
ido a nadar unos kilómetros a la playa de Area
(aquí todo
son "areas": arealonga, areatal, areacual....); pero no me despido de
volver por la tarde a la playa de Covas para el último
baño playero de este verano. Y creo que me voy a comprar de
despedida un cuadro muy bonito que he visto en una tienda, una especie
de versión expresionista de las Vistas de Londres del siglo
XVII. También hemos hecho un repaso por las
librerías
para llevarnos libros de recuerdo: cayeron una Introducción a la
Psicología
de George Miller y un libro de Stanislavski, el de cómo
interpretar un personaje. Álvaro se va feliz con las que le
compré ayer, El
Clan del Oso Cavernario y Sinuhé el Egipcio; ahora
que lo que ha pillado con ganas, contra pronóstico, es la Historia Natural
de Plinio el Viejo que me compré yo. Pero lo que
más les
ha
encantado es uno que me he puesto a leerles en voz alta por las noches:
la historia más antigua del mundo, el poema de Gilgamesh. Se
lo han pasado genial con su amigo Enkidu, y las batallas de ambos con
Huwawa el Guardián del Bosque, y con el Toro del Cielo.
Viveiro
nos ha gustado un montón, y el tiempo y la temperatura del
agua
han ido mejorando con el paso del mes. Hasta hay tentaciones de
quedarnos unos días más... pero no puede ser.
Tampoco
creo que vayamos a Biescas como habíamos pensado, pues los
abuelos se han ido al Mediterráneo. Será
Zaragoza, pues,
y piscinas... mientras duren.
(PS- Pues nos acaban de decir que se
acaban las piscinas, pero ya, el 3 de septiembre. Qué
vergüenza. Habría que darle a este Ayuntamiento de Zaragoza
un calendario, para que se enteren hasta cuándo dura el verano.
O un calendario escolar. Claro que los críos, y los mayores, se
la traen al fresco. Menudo socialismo los cojones... Cubren el
expediente para que no se note demasiado, y a correr...)
Oía ayer una
entrevista
en la cadena SER con una responsable del gobierno, la secretaria
general de Políticas de Igualdad Soledad Murillo, comentando
la
oleada continua de agresiones machistas
criminales, y quedándose sin saber qué decir
cuando el
entrevistador le exponía la incapacidad de la nueva ley de
violencia de género para introducir un cambio apreciable en
la
situación. (Quizá sea pronto todavía
para ver sus
efectos, pero la Secretaria de Estado desde luego no supo
qué
responder–ni eso ni otra cosa coherente). Ahora que lo que me
impactó de la entrevista fue la manera reiterada en que la
Secretaria de Estado se refería no ya a las
víctimas y
sus "verdugos"
(extraño que este término sea de uso corriente ya
establecido para asesinos y terroristas, pues un verdugo es un agente
de la ley, técnicamente hablando)—no, la
Secretaria de
Estado iba un
paso o dos más allá en la metáfora, y
decía
continuamente que esos maridos, exmaridos o "compañeros
sentimentales" ajustician
a
sus esposas, compañeras o víctimas.
Así,
"ajustician", una y otra vez. Esto lleva a uno a la
desesperación. No cambiaremos, nunca.
Una responsable ministerial consciente de la importancia del tema,
supuestamente
culta, feminista, etc. etc., hablando de la importancia de la
concienciación social.... y me dice una y otra vez que a las
mujeres las AJUSTICIAN
sus
asesinos. ¿Será posible un nivel tan bajo, tan
inexistente, de conciencia lingüística—o
de talento,
sin más?
(Pues quizá si: la ministra de cultura, Carmen Calvo,
invocando los contactos culturales con los países
árabes,
con el ejemplo de que hasta Cervantes hizo una estancia en Argel ... ohmyGod!)
(Y una sorpresita: intentando certificar en Google la identidad de
estas dos excelsas declarantes, me encuentro con que hay
páginas
de acceso prohibido en los servicios de internet de las bibliotecas
españolas... entre ellas la página de resultados
DE
GOOGLE que estaba consultando! Sin palabras me quedo).
Si bien las ideas del libro de Stanley Fish Is There a Text in This Class (1980)
van cambiando de unos ensayos a otros, el argumento central y global es
que significado de los textos no existe "ya" en ellos, de por
sí, sino que es generado conjuntamente por las estructuras
de
sentido que preexisten al texto y las que proyecta el lector durante el
proceso de lectura. El significado no está en el texto en
sí, es "producido" por una lectura. Es, quizá, la
obra
más representativa del reader-response
criticism, y
no se echa atrás a la hora de hacer afirmaciones
exorbitantes a
la hora de vaciar de sentido el texto o las estructuras
lingüísticas para atribuir toda la carga de sentido
al acto
de interpretación. En tiempos le hice una
crítica
bastante dura en un artículo titulado "Stanley
E. Fish's Speech Acts".
Me resultaban especialmente irritantes las maniobras de Fish para
evitar toda discusión centrada en estructuras
lingüísticas o semióticas objetivables,
disolviendo
todos los niveles de sentido en una sopa primigenia de interpretaciones
proyectadas por el receptor. Hoy me llama más la
atención
el potencial transformador y la liberación mental que no hay
que
negarle a Fish. Son interesantes sus críticas a la
estilística formalista y a la gramática
transformacional;
van muy en línea con lo que poco después se
conocería como lingüistica integracional, y
también
con el interaccionalismo simbólico: sostiene Fish que todo
sentido se crea no en un marco generativo abstracto sino en una
situación concreta de interacción. Las
determinantes del
sentido no se encuentran en una gramática: "there are such
constraints; they do not, however, inhere in language but in
situations, and because they inhere in situations, the constraints we
are always under are not always the same ones" (292). Las frases de
Chomsky, sea cual sea su utilidad en un modelo abstracto,
jamás
han existido en la actividad lingüística efectiva,
y "a
language is neither known nor describable apart from the conditions
that Chomsky labels 'irrelevant'" (247); tampoco los sentidos de un
texto no se pueden separar de la historia institucional de sus
interpretaciones.
La crítica no deja inalterado al texto, sino que por el
contrario el mero acto de describir un texto es interpretativo, y
construye activamente el sentido de ese texto. No niega Fish la
existencia de sentidos más "normales" o "usuales" que otros,
ni
pretende quitarles su validez: sólo señala que
esa
normalidad y esa validez no son inherentes al objeto de
interpretación, sino a la perspectiva de quien interpreta;
si
reconocemos unas ascripciones de sentido como más "sensatas" o
"válidas" que otras no es porque lo sean aparte de toda
interpretación, sino porque nosotros mismos estamos insertos
en
una comunidad interpretativa y compartimos sus esquemas interpretativos
(entre ellos sus lenguajes, sus convenciones genéricas,
etc.).
La teoría de la "comunidad interpretativa" de Fish falla,
naturalmente,
por la imposibilidad de determinar o aislar semejantes comunidades,
pues son una entelequia formal tan hipotética como las
estructuras profundas de Chomsky; toda "comunidad" es un cruce de
múltiples comunidades, en función de
cuál sea la
cuestión que se halle en cuestión. Es decir, es
el
conflicto de intereses y de interpretaciones el que en
términos
prácticos señala la frontera entre dos de esas
supuestas
"comunidades". No hay nada "obvio" en sí, sólo
"obvio"
para alguien: "Whenever a critic prefaces an assertion with a phrase
like 'without doubt' or 'there can be no doubt', you can be sure that
you are within hailing distance of the interpretive principles which
produce the facts that he presents as obvious" (341)—una
frase
que, por cierto, es autodescriptiva, uno de los self-consuming artifacts
que le gusta estudiar a Fish.
Así pues, el texto (relevante), el contexto relevante, y la
interpretación surgen a la vez como productos de la lectura
efectuada por el crítico, y de sus presupuestos.
Para
resolver o centrar cualquier debate hace falta "a set of
overarching principles that are not themselves the object of dispute
because they set the terms within which disputes can occur" (294).
Surge de aquí un modelo de debate crítico muy
interesante, basado en la interacción y en el
cuestionamiento de
presuposiciones. Es, por otra parte, un modelo que tiene
bastantes elementos en común con la concepción
interactiva y pragmática de la verdad científica
que
desarrolla George Herbert Mead enLa filosofía
del presente. Pretende
Fish explicar así el hecho singular y casi chistoso de
que tras generaciones de intérpretes, todavía se
pueda
proponer una interpretación de un texto clásico
con la
pretensión de desvelar una verdad sobre el texto hasta
entonces
oculta, pasada por alto por todos los críticos anteriores.
"The
discovery of the 'real point' is always what is claimed whenever a new
interpretation is advanced, but the claim makes sense only in relation
to a point (or points) that had previously been considered the real
one. This means that the space in which a critic works has been marked
out for him by his predecessors, even though he is obliged by the
conventions of the institution to dislodge them" (350). Es
ésta
una concepción dialógica e interactiva de la
crítica que me resulta interesante; he desarrollado algunos
aspectos en esta línea en mi artículo sobre "La
espiral
hermenéutica". Los gestos básicos del debate
crítico son, pues, de dos tipos (en última
instancia son
el
mismo para Fish): o bien, dentro de unos mismos presupuestos
interpretativos, aportar datos nuevos, o bien cuestionar los
presupuestos interpretativos, la base conceptual sobre la que se
asienta una lectura (pero siempre habrá de realizarse este
cuestionamiento, dice
Fish, sobre la base de un terreno más general
compartido—compartido de momento y en esta
situación, no
inherentemente más firme).
Para Fish, "interpretation is the only game in town", y es interesante
cómo señala Fish que una de las maniobras
preferidas de
los críticos es ocultar ese elemento interpretativo, alegar
que
sólo se presentan datos objetivos: "by a logic peculiar to
the
institution, one of the standard ways of practicing literary criticism
is to announce that you are avoiding it. This is so because at the heart
of the institution is the wish to deny that its activities have any
consequences" (355). Y, como para demostrar esto, el propio Fish nos
asegura en el último capítulo que todo lo que ha
dicho no tiene
consecuencias
para la práctica de la crítica: vamos, que
sólo ha
intentado aclarar las reglas del juego que se practica, y nunca
cambiarlas. Que los críticos pueden seguir con sus
interpretaciones tranquilamente, ignorándolo, porque no pasa
nada. A todo tirar entendemos mejor la naturaleza de la actividad
crítica, pero ésta sigue incólume,
cada cual
persiguiendo las verdades que son verdades desde su perspectiva... todo
lo más podemos ser conscientes de que no se puede demostrar nada
conclusivamente en crítica, sólo persuadir a
alguien de que comparta nuestra perspectiva. En este libro el
pensamiento de Fish, obviamente in
fieri,
no acababa de extraer plenamente las consecuencias de esta
"crítica creativa" a lo Oscar Wilde. Opone el modelo
clásico, según el cual habría datos
objetivos
ajenos a los intérpretes que servirían para
establecer la
validez de una interpretación, a su modelo productivo, en el
que
no hay hechos objetivos a los que acudir para una
demostración:
"a model of persuasion
in
which the facts that one cites are available only because an
interpretation (at least in its general and broad outlines) has already
been assumed" (365). Esta nueva perspectiva proporciona una
visión emergentista de los objetos de conocimiento
crítico que se podría poner en
relación con las
ideas de G. H. Mead: "In one model [se refiere al modelo
clásico
que rechaza] change is (at least ideally) progressive, a movement
toward a more accurate account of a fixed and stable entity; in the
other, change occurs when one perspective dislodges another and brings
with it entities that had not before been available" (366). Entidades que antes no eran
accesibles, o no existían: es decir, la
crítica generaretroactivamente
el objeto sobre el cual actúa, mediante sus
énfasis,
intertextualidad, establecimiento de relaciones, extracción
de
presuposiciones.... Para Fish, una ventaja de este modelo
emergentista de la crítica es que explica más
adecuadamente cómo siguen saliendo sentidos nuevos de los
textos, sin a la vez convertir a los intérpretes anteriores
en
cegatos, y explica los distintos énfasis y prioridades de
otras
épocas de la literatura y la crítica sin reducir
a esos
grandes hombres (Sidney, Dryden, Pope, Coleridge, Arnold...) a
personajes
que no entendían bien lo que estaban estudiando. Para Fish,
no
sólo lo estaban estudiando, lo estaban generando, y
posibilitando más tarde nuestra perspectiva diferente a la
suya.
Se ha acusado a veces a los postestructuralistas de magnificar de modo
presuntuoso la actividad crítica. Si es así, Fish
desde
luego ofrece una de las mejores defensas y justificaciones de esa crítica creativa
que no teme equipararse a la literatura imaginativa en su capacidad de
producción de sentido (también sobre eso
escribí
algo aquí).
Para Fish, "el crítico ya no es el humilde
servidor de
textos cuyas glorias existen independientemente de cualquier cosa que
él pudiera hacer; es lo que él hace, dentro de
los
límites inherentes a la institución literaria, lo
que
trae su existencia a los textos y los hace disponibles para su
análisis y apreciación. La práctica de
la
crítica literaria no es algo por lo cual uno tenga que pedir
disculpas; es absolutamente esencial no sólo para el
mantenimiento sino tembién para la producción
misma de
los objetos de su atención" (368). Siendo así, es
difícil entender cómo Fish puede sostener que su
tesis
"has no consequences for practical criticism" (371). Desde luego, los
teorizadores del materialismo cultural, como Jonathan Dollimore o Alan
Sinfield, extraen
consecuencias muy distintas de una concepción parejamente
interactiva y dialéctica de la crítica. Algo
parecido
sucedía con Oscar Wilde y sus reflexiones que
partían de
la inutilidad e irrealidad del arte en "The Decay of
Lying"—si el arte genera nuestra percepción de la
realidad, o sea, la realidad misma, como arguye Wilde, lo que queda
demostrado es su importancia trascendental, más bien que su
inutilidad. De modo parecido, la teoría de Fish, en cuanto
se
extraen sus consecuencias prácticas, no puede sino
transformar
las prácticas de la institución
crítica, sus
objetos de atención y el tipo de atención que se
les
dedica. Sin contar con que lo primero que se transforma al escribir
sobre algo es no tanto el objeto sobre el que se escribe como el propio
escritor. Si el mundo, y el ojo, van a ser del color del cristal con
que se mira, deberemos elegir bien ese cristal.
Muy recomendado viene este libro desde que le
dieron el
Prix Renaudot en 2004; tiene su historia excepcional, pues se
escribió en 1942, poco antes de que deportasen a su autora,
judía rusa exiliada en Francia, a la cámara de
gas. Su
marido corrió la misma suerte; sus hijas se salvaron con la
asistenta, y guardaron el manuscrito durante años hasta su
reciente edición. Tiene delito que quienes la arrestasen
para su
deportación fuesen los gendarmes franceses, que
también
buscaron a sus hijas sin éxito. Y casi aún
más
delito tiene que la madre de Irène, personaje
frívolo y
egoísta hasta decir vale, se negase a recibir a sus nietas
en su
pisazo de Niza; murió en 1989 a los 102 años de
edad.
Había hostilidad entre madre e hija, y parte del sarcasmo
frío de la Suite
Française y
de otras obras de Némirovsky va dirigido contra personajes
de la
clase y actitudes de su madre. Incluso se han intentado buscar
elementos antisemitas en su obra... por ejemplo lo intentó
su
marido, con la vana esperanza de defenderla ante los nazis como una
conversa cristiana (que lo era, técnicamente) enemiga de los
judíos (que evidentemente no lo era).
La Suite
Française
está inacabada; consta de dos partes de las cinco que iba a
tener, si bien las notas de Némirovsky dejan claro que el
argumento de conjunto apenas estaba esbozado, y que iba improvisando
conforme escribía. Tenemos lo que le dio tiempo a hacer
antes de
su deportación: una primera parte llamada Tempête en juin,
que narra la huída de Paris de grandes y pequeños
burgueses ante el temor de la llegada de los alemanes en 1940; y una
segunda parte llamada Dolce,
sólo levemente conectada con la primera, centrada en la
estancia
de las tropas alemanas en un pueblo de la Francia ocupada, y en las
reacciones de los vecinos a lo largo de los tres meses que dura su
convivencia. En las dos partes, la voz narrativa no se explaya por
cuenta propia en reflexiones ni interpretaciones, sino que
más
bien se atiene a reflejar los pensamientos e impresiones de diversas
clases de personajes: en sus notas muestra Némirovsky una
voluntad de estilo muy
modernista de mostrar
en lugar de decir. Lo
más que se permite es poner en evidencia irónica
la
mezquindad, egoísmo e hipocresía de los
ricachones que
intentan ante todo conservar sus bienes y privilegios, mejor que ayudar
a sus vecinos en apuros. Aunque de todo hay: la primera parte es una
panorámica de diversos personajes y escenas, y
también
hay comentaristas fiables (al menos moralmente rectos) de la
situación, como el matrimonio de bancarios que no consiguen
huir
de París y son despedidos por el típico
patrón
avaro Corbin (posiblemente una caricatura judaica de las que se
solían achacar a Némirovsky). La
mayoría de los
personajes de esta primera parte pertenecen a una familia adinerada que
es contemplada con bastante ironía fría, aunque
varios de
sus miembros mueren durante la invasión alemana. La segunda
parte se centra en Lucile Angellier, una joven dama en un sofocante
ambiente de provincias, esposa de un
prisionero de guerra al que no ama, y que vive con su suegra en un
caserón, pendiente del ausente; y su amistad
romántica, casi amores, con el
oficial alemán que les asignan para alojamiento. Termina
esta
parte con lo alemanes retirándose cantando a la
lejanía,
partiendo hacia las batallas de Rusia, y sin que ni el conflicto ni el
amor hayan llegado a los extremos que eran de temer o de desear. Casi
se les va a echar de menos...
Así pues, la obra, fuese a ser lo que fuese en tanto que
novela
organizada, no nos queda sino como dos fragmentos autónomos,
cuyo mayor valor está en mostrar desde dentro la
psicología e impresiones del tiempo de la
ocupación. Lo
realmente curioso de leer la Suite
Française
tal como se ha publicado actualmente es que a la vez que tenemos la
visión de los personajes controlados por la autora, tenemos
las
notas de la novelista que muestran otra narración de guerra,
la de su propia
escritura, con reflexiones sobre cómo limitarse a retratar y
crear sensaciones, comentando sobre los alemanes que su marido y ella
tuvieron que alojar en el pueblo de Issy-l'Évêque
donde
estuvieron entre 1941 y 1942, y después las cartas
desesperadas de su pobre
marido buscando ayuda para liberar a su esposa, intentando demostrar su
antibolchevismo, antijudaísmo... (en vano, claro; pronto
sería gaseado él mismo). Las dos historias no
coinciden
totalmente. Por supuesto, una es ficción, con personajes
inventados, etc., y la otra no, pero me refiero a que las prioridades
no parecen ser las mismas. En la Suite
française,
los alemanes aparecen vistos un tanto exteriormente; apenas unos
ejércitos que pasan en la primera parte, y unas
disciplinadas
tropas de ocupación en la segunda. Los malos, o los
personajes
caricaturizados o expuestos a la ironía de la autora, no son
nunca los alemanes; siempre los franceses, sobre todo los de las clases
más pudientes y más dispuestos al
colaboracionismo tras
el primer sofoco de terror al invasor. Los que alaban a
Pétain y
barren para casa mientras moralizan a los demás, o los
denuncian, como hace la vizcondesa de Montmort en Dolce.
Por supuesto, era prudente para la autora no criticar abiertamente a
los alemanes por si se encontraba su manuscrito. Y sin embargo, he
aquí que los alemanes aparecen en exceso bien parados. Poco
imaginativos, en todo caso dados a un romanticismo educado; guapos,
bien perfilados, pulcros, disciplinados, gente de orden, educados,
cordiales con los invadidos, si bien de una cordialidad ligeramente
siniestra a veces, basada como está en la fuerza que no se
muestra. Hay amenazas de ejecuciones, etc., pero las únicas
muertes violentas e injustas son los franceses quienes las llevan a
cabo, y no los
más admirables. En este sentido la novela recuerda mucho a
la
célebre de Vercors, Le
Silence de la mer,
de
la misma época, donde un culto y educado oficial
alemán de las fuerzas de ocupación se encontraba
con el
muro de silencio y el rechazo gélido que le ofrecen una
joven y
su
padre en la casa donde se aloja. No es el caso aquí, donde
Lucile casi casi es seducida por el alemán, aunque no puede
vencer su rechazo interno al final, y hasta ayuda a ocultar al vecino
que ha matado al alemán que le alojaban a él en
casa (a
traición, un gesto feo). Pero, como digo, la novela es casi
germanófila, triste paradoja. Con estos encantadores
alemanes,
la colaboración no parece sino una conveniencia sin apenas
contrapartida moral, algo más que sorprendente aunque
ciertamente sí ayuda a entender la percepción y
la
ambivalencia de tantos franceses de entonces... Pero ni un pensamiento
dedicado jamás por nadie a las políticas brutales
del
Reich, o a las opresiones mentales del nazismo. Podría
decirse,
tristemente, que es un libro desbordado por la historia, que se
concentra en las pequeñas mezquindades y pasa por alto los
grandes crímenes... Hasta el asesinato del
alemán Bonnet se diluye convirtiéndolo en
cuestión
más de celos que de guerra o política.
Así pues,
mal puede ser ésta la gran novela de Francia en la segunda
guerra mundial. La cosa que
más llama la atención
en la ficción la ausencia total de referencias a las
persecuciones de los judíos—algo que desde luego
ocupa un
primerísimo plano en las notas y cartas de la autora y su
marido, la novela detrás de la novela. Expulsados de
París, fichados, despedidos de su empleo... y ni una la
menor
alusión a las "desventajas" de la política
judía
del Reich en la ficción. ¿Prudencia
también?
¿Incredulidad, o inconsciencia, de hasta dónde
podían llegar las cosas? Es curioso que el "tema
judío"
sólo aparezca en las notas de la autora cuando se refiere a
su
vida cotidiana, nunca a sus planes para la escritura. Y el desagradable
Corbin sí parece ser judío... Así que,
aunque
la Suite
française es
un relato apreciable, lo es tanto más como
síntoma de los
tiempos, por lo que no cuenta y quizás no podía
contar, y por las extrañas prioridades
que muestra en lo que sí cuenta. Requiere, en todo caso, ser
leída como parte de la historia y destino de su autora, pues
lo
que aparece en el texto marginal es tan indicativo, y tan
trágico, como la novela que se premió.
¿O
quizá se premió elconjunto
de novela inacabada, culminando en muerte trágica de la
autora? Así, inhabitualmente, en la
edición deFolio
se ha elegido un retrato de la autora para la portada. Es, en todo
caso, un fenómeno literario de poco habitual de
conjunción, y contraste, entre vida y obra.
Martes
29 de agosto de 2006 Cuando los Mundos Chocan
Por alguna razón inscrita muy
hondo en mi
subconsciente, siempre me han gustado las historias tipo Arca de
Noé, de supervivientes encerrados en un espacio artificial
cerrado, y las historias de catástrofes cósmicas,
así que este clásico de la ciencia
ficción (prod. George
Pal, dir. Byron Haskin, 1951) lo tiene todo. A los nenes, que han visto
hace poco El
día de Mañana,
les han encantado las escenas de destrucción universal. Y
además la película se presta, como todas las de
ciencia-ficción de la época de la Guerra
Fría, a
ser interpretada en términos de política
fantasmática.
Sinopsis del argumento: unos astrónomos descubren que un
planeta
desconocido va pasar cerca de la Tierra, provocando
catástrofes,
y que días después toda la Tierra será
destruida
por la estrella a la que acompaña el planeta. La ONU debate
el
tema, pero no hay acuerdo en la comunidad científica sobre
la
fiabilidad de la predicción; así pues, no se hace
nada.
Mientras, unos generosos empresarios con visión de futuro
sí han creído al astrónomo (que es
además
el padre de la chica), y financian la construcción de una
nave
que lleve a un pequeño número de elegidos hasta
el
planeta intruso, donde puedan empezar una nueva
civilización.
Dos líneas argumentales complementarias son cómo
la chica
cambia de novio, y cómo éste tiene reparos de
conciencia
porque el suegro lo quiere incluir entre los elegidos por enchufe. Al
final, consiente ir de piloto suplente, medio engañado por
un
gesto generoso del antiguo novio. Quien se queda en tierra es el
suegro, voluntariamente, y también (a la fuerza
éste) un
millonario egoísta que había puesto como
condición
para su apoyo el estar incluido entre los elegidos. Tras un intento de
asalto a la nave en el último momento por parte del grupo de
rechazados, ésta despega y llega felizmente al nuevo mundo,
donde por suerte y casualidad la atmósfera es respirable y
la
temperatura ideal. Llevan en la nave, cómo no, animales
domésticos, semillas, tratados de agricultura e
ingeniería, y, única concesión
aparente al arte,
las obras de Shakespeare. La Biblia no consta, pero a cambio abre la
película, con citas alusivas no a Ajenjo y el Apocalipsis,
sino
a Noé y el Arca. La catástrofe
cósmica es
pues un castigo divino y purificación de una humanidad
pecadora
e imperfecta.
El simbolismo de la Bomba está a flor de piel en la
película. A nivel explícito, no hay la menor
alusión a tensiones internacionales de ningún
tipo
(aunque la inutilidad de la ONU presidida por un indio sugiere
épocas más actuales de escepticismo USA para con
esta
institución). Lo que sí se contrapone es la
incapacidad
de los gobiernos frente a la visión e ímpetu de
la
empresa privada, y esto es naturalmente un axioma del liberalismo y de
la posición de USA. Oímos hablar de otras naves
similares
que se construyen en otros países, pero no sabemos nada
más de ninguna. Parece ser que el Nuevo Mundo
será
americano (el protagonista parece ser inglés, o sudafricano,
obviamente no negro,
pero se embarca con los americanos—esta es una empresa
anglosajona). También será blanco el nuevo mundo:
la raza negra no parece haberse considerado digna de perpetuar sus
genes en el más allá.
La ideología pro guerra fría de la
película es
subliminal; probablemente también para quienes la hicieron.
La
colisión cósmica es, naturalmente, una
versión
desplazada del holocausto nuclear. Aquí adquiere la
naturaleza
de lo inevitable: es una cuestión de órbitas y
rumbos
cósmicos, un cataclismo que ha de venir, que los humanos no
pueden evitar, y sólo apenas pueden encauzar de la mejor
manera
posible. Los temores y ansiedades de la guerra fría buscan
así imágenes desplazadas que ayuden a concebir
escenarios
hipotéticos y posibles soluciones para la
destrucción
impensable con la que se estaba aprendiendo a vivir. La
función
de las películas es la de ofrecer soluciones imaginarias a
problemas reales, como diría Fredric Jameson. La
solución
imaginaria es la supervivencia (es más, la
hegemonía
genético-cultural) de los Elegidos norteamericanos, del american way of life
en otro sistema solar, tras la purificación de la carne
imperfecta a la que alude el comienzo de la película.
Mediante
la selección del punto de vista narrativo, se nos presenta
como
aceptable la destrucción de miles de millones de seres, y de
todo el Planeta, a cambio de la supervivencia de nuestro objeto
de identificación imaginaria: en una buena
narración
catastrófica (lo vemos en los periódicos a
diario) la
lógica es siempre a favor de la vida: "terremoto en tal
sitio —
mueren decenas de miles, ¿tragedia?—vaya, se
encuentra una
niña viva bajo los escombros cuatro días
después —ergo, falsa alarma, final feliz, era
comedia". Tal es la
lógica
narrativa de la catástrofe, hace jugar la
identificación
imaginativa con el protagonista contra la mera lógica de las
cifras. En este sentido, los esquemas narrativos comunes son
inherentemente optimistas (quizá por el Principio de
Pollyana
del que hablaba Leech), e inherentemente falaces, instrumentos de
manipulación política que sirven para justificar
los
medios por desmedidos que sean. La figura de quien no delega
imaginativa y políticamente en los Elegidos es
convenientemente demonizada y exorcizada, en la persona del millonario
paralítico y egoísta; el espectador, en cambio,
está en una posición
envidiable: a la vez delega imaginativamente, y sobrevive.
Se me dirá que la
película habla de choques de planetas, no de choques de
potencias... y que está basada en una novela de 1933, cuando
no
había aún bombas atómicas... Bueno,
pero sí
había bloques, inquietud planetaria, revolución
en el
aire; y sea como sea, los sentidos cambian con las adaptaciones y con
el tiempo; en 1951 el peligro de un choque de planetas no era, desde
luego, una
hipótesis contemplada; el de la guerra nuclear,
sí. Por
cierto, uno de los autores de la novela original, Philip Wylie,
escribía en este mismo año, 1951, una historia
sobre
contrabando de bombas atómicas... tema siempre actual.
Visión de futuro, y de actualidad, no le faltaba.
Ni visión de las obsesiones tradicionales. La llegada al
nuevo planeta, tierra deshabitada y virgen, lista para la
colonización de los Padres Peregrinos, es una
reedición
del mito americano de la Frontera y del Nuevo Mundo, un mito
utópico que ya aparecía a su manera bien
perfilado en el
siglo XVII en el poema Bermudas
de Andrew Marvell. Podría decirse que esta
película
legitima, a su manera, el holocausto nuclear en el que el propio
espectador habrá de perder la vida, a cambio de la
identificación imaginativa con la América
perfeccionada
que seguirá al triunfo atómico; un mundo, por
fin,
blanco, angloparlante, with
God on our side, y
joven (ser joven es aquí más profundamente
americano;
Europa es vieja). Una nueva América que ocupa todo el
planeta, —
una América, además, corregida, limpia de indios
y otros pieles rojas.
Sale la Venus del Espejo en el Muy Interesante
que se ha comprado Álvaro, y así volvemos a
hablar de
ella. El cuadro es un caso de reflexividad divertido, en el que la
mirada duda entre la atracción irresistible del cuerpo
desnudo y la quizá todavía más
irresistible de la imagen dentro de la imagen, sumada al deseo de ver
el rostro oculto—quizá sea esa batalla entre dos
tipos de deseo visual el tema estructural más central al
cuadro. El otro día decíamos que es
extraño
cómo el reflejo que aparece en el espejo que le
enseña
Cupido no parece corresponderse, por el ángulo de
orientación, con el de la cara de Venus. La
explicación
más sencilla es (bueno, al margen de ignorar el hecho por no
menoscabar a Velázquez, que es lo que suelen hacer los
críticos de arte—así, el Muy Interesante
sólo dice que es un juego de espejo "de una especial
delicadeza") argumentar que Velázquez se
equivocó, y que
calculó mal. O, siendo generosos, que torció
deliberadamente el reflejo del espejo para permitir al espectador ver
la cara de Venus, algo que no permiten las leyes de la
física,
pero sí las de la pintura. (¿Por qué
no entonces
orientar el espejo de otra manera? ¿Precisamente para
enfatizar
esa divergencia de ángulo entre lo pintado y lo reflejado?).
Pero hay más. La cara que se refleja tampoco parece ser la
de la
Venus que mira: ni por el corte de cara, ni por el peinado, ni por el
rojo de las mejillas, ni por la luz, ni por la orientación
del
reflejo, como digo... Vamos, que es otra cara, una
cara que desde luego desmerece del culo que vemos.
Podría interpretarse que es el reflejo de una sirvienta que
está mirando el cuadro (¿ars
ancilla naturae?). Y sin embargo también es
Venus,
porque apoya la cabeza en la mano como
ella, y se reflejan los paños de la cama en la que
está
tumbada. ¿Hizo Velázquez un reflejo imposible,
una mezcla
entre el reflejo de Venus y (mediante una hábil
distorsión del ángulo de reflexión y
del rostro)
el reflejo de la dama bastante más coloradota y normalucha
que
iba a contemplar el cuadro? El ángulo del espejo bien
podría
reflejar al espectador, más que a Venus. Sabemos que
Velázquez apreciaba los juegos de espejos en la pintura, por
Las Meninas.
Allí sí que parece incluir al espectador
hipotético (los reyes) dentro del cuadro
(dejándonos a la
vez con la duda de qué cuadro pinta el pintor, seguramente
este
mismo...). ¿Podríamos suponer un juego de ideas
más complejo en esta reflexión imperfecta? La
broma podría ser que mientras muchas damas se
miran al espejo y creen ver a Venus, Venus se mira al espejo y parece
ver una dama vulgaris... O, otro tipo de broma pictórica: en
un
cuadro, un espejo no es un espejo, es un trozo de cuadro, o sea, un
cuadro. Quizá lo que Cupido le muestra a Venus no es un
espejo,
sino un retrato. O algo imposible, algo que sólo puede
existir en pintura, una imagen entre espejo y cuadro, entre Venus y
espectadora, algo que no se puede reflejar porque sólo se
puede
pintar... un ejercicio reflexivo sobre la pintura. Siguiendo la ley de
que algo debe construirse antes de desconstruirse, parece
difícil creer que Velázquez pudiese realizar
todas estas reflexiones. Aunque tantas cosas nacieron ya
desconstruidas... Habrá que ver qué dice al
respecto Julián Gallego en El cuadro dentro del cuadro.
Oscar es un niño agradecido: se lee sus libros,
juega con
sus bolos, da sus besitos, recita la lista de regalos a quienes lo
llaman por teléfono para felicitarlo. Luego nos vamos de
excursión a Ribadeo, y le ponemos las velitas en un trozo de
tarta Contessa en un restaurante de carretera, de camino a Ribadeo.
Bajamos a la Playa de las Catedrales, y nos lo pasamos en grande
saltando olas, sobre todo la sección femenina, que no
había quien la sacase del mar. Luego, habiendo comido como
boas,
se nos hacen cuesta arriba las cuestas abajo de Ribadeo. Los mejores
caserones antiguos están en ruinas, sobre todo los del
barrio
que baja a la ría, los clásicos... sigue en pie,
arriba,
el del marqués de Sargadelos, el que fusilaron por
afrancesado
hace doscientos años. ("Seguro que fueron los del barrio de
abajo los que lo denunciarion—que les pudría la
envidia
que ya no tenían el dinero, pero tenían la
sociedad
agarrada y bien agarrada"). Luego hacemos una excursión al
faro
(o "to the lighthouse", los hombres no tienen muy bien papel, mentes
cuadradas y obsesivas frente a la poética mentalidad
femenina en
las excursiones a los faros). Y de vuelta, vuelta a saltar
olas,
al ponerse el sol, en la playa de Reinantes, bien grande, y que la
teníamos para nosotros solos; esta vez se animan hasta los
pequeños a enfrentarse a los tsunamis y
las brutas de
animal. Las
olas daban bofetadas imponentes, y Oscar, a pesar de sus flamantes seis
años, acaba revolcado por los suelos y escarmentado como un
pollo escaldao. Se bate en retirada, y nos mira prudente desde la
orilla. Y yo, para redondear el día, piso una faneca. Otra
faneca, vamos. Pero cuando se pasa el dolor de la picadura se nota un
calorcillo agradable en el pie. Y rematamos el día en una
pizzería con pizzero italiano y todo, donde nos cuentan toda
la
historia de la familia de la pizzera, y sus emigraciones y sus
adopciones y la novia rusa del chico, una lagarta sin duda
según
la suegra... Álvaro se está leyendo Sapiens
de Eudald Carbonell et al., y nos informa sobre la dieta de
parántropos que gastaban los de Atapuerca. (Ivo: -
"¿Qué es un Boisei?" - "Pues hombre, esos que
imitabas
tú tan bien... Siempre me acordaré de Pibo
haciendo su
imitación del Australopithecus Boisei"). Oscar redondea el
día con un volantito volador que
le sale en el helado; y se va a la cama satisfecho de haber cumplido
años como es debido ("Con todo el dinero que tengo, me
podría comprar una burra"). Por la noche, los
sueños
soñados incluyen 1) un atentado de la extrema derecha contra
Letizia, 2) una casa-barco inestable y semiflotante, y 3) una vuelta a
matricularme en la Universidad, en Hispánicas, donde me
aprobaban un examen por evaluación continua; menuda
sensación de back
in school again... y es que ya quedan pocas vacaciones.
Me he ido nadando hasta enfrente de la casa de John
Dutton, en
Covas. No es que tenga mucho mérito, porque es el pueblo de
al
lado de Viveiro, pero para lo que yo nado (nada) ya me he dado buena
jupa. Quería comprobar una cosa: la alineación de
unos
escollos entre sí y con la casa. Covas se llama
así por
la costa rocosa, que además de cuevas tiene unas rocas muy
vistosas delante de la playa llamadas Os Castelos, que se adentran casi
en fila india en el mar. Bueno, pues justo detrás
está el
pazo do Grallal, la casa de John Dutton. Toma el nombre de las rocas,
seguramente ("grallal" viene a ser como "pedregal").
Dutton era un gentilhombre inglés del siglo XVI, que a
resultas
de sus visitas a España terminó exiliado en
Viveiro.
Había formado parte del cortejo de ingleses que
viajó a
España para acompañar a Felipe II (entonces
príncipe) a casarse con María Tudor. Ya se sabe
lo mal
que resultó aquel matrimonio; no tuvieron descendientes,
pues
los únicos embarazos de la reina eran falsos embarazos
histéricos. Y sus iras las descargaba con persecuciones
contra
los protestantes, no sé si para hacer méritos con
su
marido o por vocación propia, el caso es que
acabó dando
nombre a un refresco, el Bloody Mary de rojo color. Al morir ella
cambiaron las tornas, y pronto fueron los católicos quienes
eran
objeto de persecuciones bajo su hermana Isabel. Dutton al parecer se
había significado lo bastante como cortesano
católico e
hispanófilo como para tener que poner tierra, y
agua, por
medio, y la puso. Se exilió a España y se
construyó un pequeño pazo aquí al lado
de Viveiro.
Creo que al menos algunos de los Dotones, Outones o D'Outones que por
aquí merodean son descendientes suyos, con el apellido
galleguizado.
La casa pertenece ahora, creo, a dos señoras mayores, y no
está muy bien conservada. Tiene su propia capillita y un
buen
trozo de tierra cercado alrededor, con una puerta frente a la casa, al
lado de la capilla, que da de frente a la playa de Covas. Lo que me
llamaba la atención es la alineación de las
rocas, que
desde luego señalan en dirección a Inglaterra.
Dutton se
quedó en la parte de España más
cercana a
Inglaterra, el extremo norte, y la más parecida
también
por su clima y aspecto. Bueno, podría haberse hecho la casa
en
la punta de Estaca de Bares, pero le alabo más el gusto en
Covas. Se construyó la casa al fondo de la ría,
de manera
que los promontorios que la cierran enmarcan directamente la salida que
lleva en línea recta a Inglaterra. Las rocas no
están
perfectamente alineadas, son más bien como una fila de
pisadas
que se adentran en el mar. Desde frente a la casa de Dutton se ven de
tal manera que las dos más altas se enmarcan entre los
promontorios de la ría y rodean a la más baja.
Tal que
así, siendo las emes los montes de la orilla de la
ría, y
las Aes los arrecifes altos y pequeños, casi con esa forma
además:
MMmm A a A mmMM
Como un punto de mira, señalando directamente al
mar
abierto; el próximo pueblo en esa dirección es un
pueblo
inglés. En la cima de la casa hay esculpida una cara que
mira al
mar. El hijo de Dutton, James Dutton, sí navegó
una vez
más hacia Inglaterra: en el buque Santiago, formando
parte de la Gran Armada. Pero el viento sopló fuerte en
contra del regreso.
Mañana es el cumpleaños de Oscar, y
ya se las promete muy
felices: tener seis años, está convencido, lo va
a
encumbrar a una categoría social muy superior a la de cinco
años. Y además están los regalos....
Oscar- Mami,
vamos a comprar los regalos. Mami- Ah,
no. Los regalos ya están comprados. Ivo- ¿Qué
dice? Oscar- Que
ya me ha comprado la escopeta. Mami- Yo no
he dicho eso. Yo he dicho los regalos. Ivo- Quiero
ver los paquetes. Espero que no sean cosas antiguas, porque las cosas
antiguas a Oscar no le gustan nada. Oscar- No,
antiguas no. Yo- Oscar
es un tío moderno. Oscar- Eso. Ivo- Por
ejemplo, aparece
Alfredo dibujado en un dibujo antiguo: "Hola-Oscar. Hola-Oscar". Paam.
Puñetazo. Se cae al suelo, y es plano. Sigue diciendo,
"Hola-Oscar...".
Las modernidades que no aprendan estos crios en los dibujos animados,
creo que ya no las aprenderán. Mira que le pegan al
cráneo. Me acuerdo Álvaro, que a los tres
años,
iba en triciclo y lo veo chocar contra un árbol, queriendo,
y dice "Un
accidente de tráfico." Y se tira al suelo con los ojos
cerrados,
yo escuchando. Y hacía como convulsiones repentinas,
murmurando
"... me pasan por encima los coches..."
Esta tarde nos vamos a pasear por un sitio de las afueras
de
Viveiro donde súbitamente acaba la expansión
urbana,
cortada de repente por la vía del tren (es un tren de
vía
estrecha con unos puentes de piedra preciosos que cruzan las
rías). El tren va elevado, como sobre un muro; pasamos al
otro
lado del muro por un túnel, y quedan atrás los
coches, y
tiendas, y chalés; es el fondo de la ría,
remontando el
río Landro, separado del
resto por uno de esos puentes que digo, con arcos góticos,
de
hace
cien años. Hay un paseo a lo largo, hecho hace poco, pero
aparte
todo sigue como hace muchísimos años, o siglos;
con
marismas que se
inundan cuando sube la marea, casas de labranza sueltas por
aquí
y por allá, y un valle verde que es "como
Brigadoon, un
lugar imaginario, o un sitio fuera del tiempo", me dice mi
acompañanta. Es un valle rodeado de montañas
bajas casi
aisladas unas de otras, hace efecto un poco chino, sobre todo
con
bruma. Está todo de un verde rabioso, húmedo,
bueno,
más bien de todos los tonos de verde combinados, y
tranquilo: no
se oye nada; no hay ni lanchas ni motos de agua ni nada
ni nadie en la ría. Una yegua y su potrillo, gaviotas,
alguna
garza. Una poza increíble para bañarse... Parece
demasiado perfecto,
tan cerca de la villa, como una
simulación de algo imposible colocada aposta, una
ilusión
hiperreal. Qué casualidad, nos cruzamos a los pocos
kilómetros con la
señora que nos alquiló la casa. Hay un convento
medieval
allí cerca, al
lado del
arroyo, con una historia de aparición de la Virgen. Se les
apareció la imagen y se la llevaron a Viveiro, pero les
desapareció del altar y volvió a aparecer
aquí:
tenía las ideas claras, esa Virgen. Así que le
hicieron
el convento alrededor. Se respira una tranquilidad
casi—"eerie",
me dice mi compañera, "un sitio especial, sobre todo siendo
que
hay que entrar por esa puerta que lo separa como del resto del
mundo—y con esas figuras tan inquietantes a la entrada". Es
que
algún
artista moderno ha decorado, por encargo municipal, el
túnel por donde se pasa al valle, con unas esculturas
metálicas, unas siluetas humanas altas y estilizadas, de
casi
tres metros, plateadas, con las manos cruzadas a la espalda y la vista
al frente, sin rasgos; otras siluetas parecidas a éstas, o
sus
sombras, están grabadas
en las paredes del túnel. A Álvaro
también le han
impresionado las figuras éstas, y les va buscando un nombre
adecuado:
—"Yo creo que podrían llamarse... los Vivientes.
Así, con uve mayúscula. O Los Que
Esperan—los que Pueden Aguardar.
Tiene que ser todo con mayúsculas. O... hum.... 'los
Contempladores'. O
'los Impasibles'. O .... los Vigilantes del Valle, o los Informadores.
O quizá los Anotadores... no, los Anotadores no. Mejor 'Los
Que
Son', o 'los Durmientes', o 'los Habitantes', o 'los
Existentes'...
Tengo que ir escribiendo la introducción al libro sobre
narratividad que edito con John Pier para la serie Narratologia (Walter
de Gruyter, Berlín). El problema es cómo (por razones
prácticas) no ser redundante con ninguno de los capítulos
escritos por los colaboradores, y (por razones de politesse editorial)
no contradecirlos tampoco abiertamente. Aquí hay dos posibles
líneas a desarrollar:
A) Una posible línea de ataque: partiendo de los tres niveles que yo distinguía en el texto narrativo (Acción, Relato, Discurso),
distinguir una narratividad de la acción, otra del relato y otra
del discurso. Aquí el problema sería aislar
conceptualmente lo que nos viene siempre mezclado en la realidad.
Está esta propuesta en la línea de otras propuestas
narratológicas. como la de Nünning / Sommer (2007) que
distinguen una narratividad diegética (la que atiende al
narrador y su acto de narración, etc.) de una mimética
(la narratividad consistente en representar una secuencia de
acontecimientos).
B) Otra posible línea de enfoque. Por parafrasear a Shakespeare (Twelfth Night):
Algunos textos nacen narrativos, otros se vuelven narrativos, y a otros
se les echa encima a la fuerza la narratividad. (Lo mismo podría
decirse de la literariedad, por ejemplo, pero con la narratividad es
más chocante porque ésta sí se diría que es
una propiedad formal, y no de uso o valoración de los textos.
Eppur... Así, se pueden contrastar las perspectivas gramaticales
frente a las perspectivas pragmáticas o constructivistas sobre
la narratividad. O los mecanismos de codificación narrativa:
algunos más estructurales, otros más contextuales.
De mis dos líneas propuestas, la primera es más gramatical, la segunda más pragmática.
Las definiciones "gramaticales" o estructuralistas de la narratividad
son más propias de la narratología clásica; pero a
ésta ha sucedido la fase postclásica de la
narratología: puede verse para su caracterización
contrastada el artículo de Gerald Prince "Narratologie classique et narratologie postclassique", en Vox Poetica.
La narratología postclásica prefiere definiciones
más interdisciplinares y más ligadas a los contextos y
debates culturales. Definiciones o problematizaciones, porque por
ejemplo lo que se problematiza es el concepto mismo de narratividad
cuando se considera como un concepto no neutro sino definido en
interrelación con cuestiones genéricas, de lenguaje
estándar o no estándar, y en general como una
cuestión de semiótica social (como en el artículo
de Beatriz Penas en nuestro libro sobre la narratividad).
Según el glosario del reciente libro A Companion to Narrative
Theory (ed. James Phelan y Peter J. Rabinowitz; Blackwell, 2005), la
narratividad es:
"the formal and contextual qualities distinguishing narrative from
non-narrative, or marking the degree of 'narrativess' in a discourse;
the rhetorical principles underpinning the production or interpretation
of narrative; the specific kinds of artifice inherent in the process of
narrative representation". (p. 548)
Una definición en la cual hay amplio lugar para que la
narratividad de un texto o fenómeno no venga dada sino que pueda
verse sometida a reinterpretación, o ser conjuntamente
construida de modo interactivo por narrador y receptor o
intérprete.
Hay que tener en cuenta el concepto de narrativización
(narrativisation) en conjunción con el de narratividad.
Según el artículo de Jan Alber en la Routledge
Encyclopedia of Narrative Theory, han tratado el tema Hayden White (con
la imposición de formas argumentales en materiales
históricos) y Monika Fludernik, que la define como la actividad
de un lector al leer un texto como una narración, es decir,
naturalizando el texto al interpretarlo ya como una serie de
acontecimientos, ya como la percepción de un focalizador. Ambos
conceptos son útiles: para White, es el escritor (el
historiador) quien narrativiza; para Fludernik, es el lector quien
aplica estrategias narrativizantes. Lástima que esta
última noción vaya acompañada por la extravagante
noción de narratividad de Fludernik (la famosa
"experientiality": es narrativo según esta noción lo que
representa la experiencia humana) que está distorsionada por una
perspectiva teórica centrada en la ficción literaria.
Veamos qué añade el artículo de Prince sobre la
narratividad en la Routledge Encyclopedia of Narrative Theory. Primero,
es una cuestión genérica la que tratamos aquí.
Habrá que acudir a conceptos básicos de la teoría
del género. "Narrativehood" sería lo que diferencia a una
narración de una no narración; otra cuestión es la
"narrativeness" (como la llama en otros sitios), los rasgos que hacen
una narración sea más o menos narrativa: cuestiones de
experiencialidad, proporción acción-comentario,
virtualidad-actualidad, etc.
Aparte de grados de narratividad, hay modalidades de narratividad:
simple (en cuentos populares), figurativa (en la lírica,
filosofía, historia…), compleja (en novelas),
instrumental (en los exempla), etc.
Otros artículos relevantes en la enciclopedia son los relativos
a "géneros" y "text-types" (mal diferenciados, estos conceptos).
En el artículo de Alexandra Georgakopoulo sobre "Text-type
approach to narrative" se nos remite a la definición de Chatman
de la doble cronología necesaria para la narración. Esto
de la doble cronología ya lo tenía yo superado en mi
definición de la triple cronología en Acción,
relato, discurso:
- Cronología de la acción (los acontecimientos narrados tal como sucedieron)
- Cronología del relato (los acontecimientos narrados tal como se nos narran)
- Cronología del discurso (los acontecimientos narrados
más el propio acontecimiento de la narración, que incluye
digresiones, interacción, etc.).
La "experientiality" de Fludernik se interpreta aquí de modo
moderado como una "orientación hacia agentes humanos o
antropomórficos".
Se ha intentado más, nos dice Georgakopoulou, diferenciar la
narración de otros tipos de texto, antes que ver las relaciones
entre distintos tipos de texto narrativo. Otros tipos de texto: la
descripción, argumentación, exposición,
explicación, instrucción, conversación (no
narrativa). Algunos han ido más allá, poniendo a la
narración a un nivel estructural superior a estos géneros
(Bruner, Swales, Virtanen). Vista la narración a tal nivel
de generalidad tiende a perderse la perspectiva de las diferencias
internas que se dan entre narraciones. Las tendencias actuales van
menos hacia el análisis conceptual abstracto de elementos
formales, y más hacia la imbricación entre usos de la
forma y contextos sociales diversos. "One possibility would be to
explore narrative as a dynamic conglomeration of more or less
prototypical textual, functional, and contextual parameters" (596).
Enfatiza Georgakopoulou el uso variado y la atención variada que
prestan los participantes a diversos recursos disponibles a la hora de
producir el discurso, así como los modos híbridos y
locales en contextos y comunidades específicas.
Michael Kearns escribe en la Routledge Encyclopedia of Narrative Theory
un artículo más extenso sobre "Genre theory in narrative
studies". También aquí prima la concepción del
género como convenciones "activadas" por el lector: "To approach
a text as *narrative is to implement expectations about point,
*narrative progression or transformation, *actants, and *narrator (see
NARRATIVITY; TELLABILITY); in fact, any text containing a sequence of
*events invites these expectations" (201). Explica los conceptos
taxonómicos de género, de raíz
aristotélica, y su sustitución en el siglo XX por
conceptos funcionalistas que integran los géneros literarios en
un marco lingüístico más general. Así,
Genette redefine la narración como un "modo
lingüístico" más allá de un género
literario, modo que puede usarse en cualquier género. La "ley
del género" de Derrida nos dice que los textos participan de
géneros sin pertenecer a ellos. Esto también es por
efecto de la lectura; así el narratólogo ha de estudiar
cómo el lector utiliza las convenciones narrativas junto con las
de otros tipos de discurso al tratar con determinado texto.
La influencia de la hermenéutica también ha limitado los
enfoques genéricos fundacionalistas y absolutos, al requerir el
círculo hermenéutico un vaivén y
negociación entre los diferentes elementos y componentes de un
discurso. Ello no quita para que la narración como esquema
cognitivo, lingüístico y cultural siga teniendo un status
especial y merezca estudio propio.
Hoy los teorizadores prefieren usar una multiplicidad de
parámetros presentes en grado variable, antes que
categorías absolutas y exclusivas, a la hora de definir los
géneros y modalides discursivas.
Los géneros condicionan la producción, el procesamiento y
la recepción de la narración. En lo referente a la
producción: desde los esquemas cognitivos básicos,
pasando por los patrones culturales ("master narratives and myths"),
hasta las ideologías concretas y específicas de una
época o comunidad. Por "procesamiento" entiende Kearns la
lectura, que también sigue carriles genéricos a distintos
niveles de generalidad. Y la "recepción" es la manera en que el
texto interactúa con la cultura y sus instituciones. Muchos
teorizadores enfatizan el poder ideológico de la
narración en este sentido, sosteniendo que "a culture's ideology
is most effectively organised and transmitted through narratives"
(205). Por último, hay una retroalimentación entre
los factores que condicionan la producción, el procesamiento y
la recepción.
Más allá de los géneros "narrativos"
específicos, Kearns enfatiza el papel de la narración
como un modo lingüístico natural y un ingrediente de muchos
géneros.
La publicación más reciente que he leído sobre la
cuestión de la narratividad es un artículo de Shlomith
Rimmon-Kenan en "The Traveling Concept of Narrative" (2006), titulado "Concepts of narrative".
Allí Rimmon-Kenan polemiza (educadamente) contra el uso
generalizado del término "narrative" en psicoanálisis, en
análisis crítico del discurso, y en otras disciplinas
humanísticas. Aun reconociendo la presencia de elementos
narrativos en muchos de los fenómenos que estas disciplinas
llaman "narraciones", insiste en la necesidad de una doble secuencia
temporal (la de la acción y la de su representación) y de
una instancia mediadora (narrador, etc.) para poder definir a algo como
una narración.
Rimmon-Kenan termina el artículo con una serie de preguntas, a
las que, como no responde, puedo de momento pasar por alto para
concentrarme en la propuesta más concreta de su artículo,
en el penúltimo punto. La crítica fundamental que puede
hacérsele es la siguiente. Cuando un analista
(psicológico, social, político, etc.) llama a algo una
"narración", y luego pasa a analizarla, no está
presuponiendo que esa narración haya sido articulada por alguien
YA. A veces el analista está realizando un doble trabajo: a la
vez constituye la narración, la estructura a partir de elementos
dispersos en el espacio discursivo que analiza, y seguidamente pasa a
criticarla, analizarla o a proponer una contranarración. Puede
haber aquí la sensación un poco de "yo me lo guiso, yo me
lo como", o mejor dicho, "yo me lo guiso y no me lo como, sino que me
hago otro guiso". Y sin embargo es una manera fundamental en que ha de
trabajar el analista. Por ejemplo, si hablamos de "la narrativa de la
derecha española sobre el 11-M", creamos en gran medida una
ficción, que habrá que matizar si no queremos caer en la
simplificación más grosera. En cualquier caso, estaremos
realizando una selección, estructuración, etc. tanto de
los discursos en torno al 11-M (extrayendo de ellos una narrativa) como
del sujeto narrativo a quien atribuimos esa narrativa—"la derecha
española", pongamos. Y seguramente haremos ese trabajo de
estructuración narrativa con vista a, posteriormente, someter a
crítica la narración que acabamos de formular.
Así pues, desde una perspectiva interaccional,
postclásica, sociosemiótica de la narratividad, el
analista no es un analista neutro. No sólo el proceso de su
análisis está ideológicamente articulado, sino que
el propio objeto de análisis está en parte constituido
por el propio analista. Es el propio analista narrativo quien ha de
descubrir primero la narratividad del objeto que está
analizando, para después someterla a crítica. Por
supuesto, un buen analista no se saca esa narratividad de la chistera,
sino que ofrece una formulación clara, bien estructurada,
convincentemente articulada, de fenómenos que son socialmente
activos; ofrece, por seguir con nuestro ejemplo, la versión de
"la derecha española sobre el 11-M" mejor articulada que la
propia "derecha española" (un sujeto difuso éste, claro).
Y seguidamente pasa a someter a crítica la narración que
él mismo ha sacado a la luz o contribuido a articular. Lo
esencial es que tanto la narración que extrae como la
crítica a que la somete son ejercicios de narrativización
que han de tener valor hermenéutico, y ayudar a interpretar el
fenómeno que está siendo objeto de análisis,
primero en su manifestación social existente, después en
la crítica a que ésta se somete. Ambos pasos han de
manifestar el valor emergente e interpretativo de la narración,
constituyendo objetos de conocimiento donde antes no había sino
fenómenos inconexos.
El analista social, pues, frente a lo que podría hacernos pensar
la crítica de Rimmon-Kenan, no se encuentra con narraciones bien
articuladas, con un narrador, y una doble secuencia temporal, listos
para su análisis. Antes de desconstruir la narración,
debe construirla. ¿Que, como he dicho, es una actividad que se
presta mucho a acusaciones de ombliguismo, de distorsión
interpretativa, de yo-me-lo-guiso-yo-me-lo-como? Por supuesto. Pero no
podemos dejar de hacerlo. De narraciones y contranarraciones vive el
debate ideológico.
Otra cuestión a tratar, relativa a la narratividad "percibida" y
emergente: cómo las distintas teorías sobre la
narratividad, y análisis narrativos, entendidos como otros
tantos instrumentos de percepción de la narratividad, captan
"longitudes de onda" narrativas que escapaban a teorías
anteriores; se teorizan así, qué digo se teorizan, se
perciben y se desarrollan, de modo emergente, nuevas dimensiones de la
narratividad y nuevas clases de narratividad, como resultado de la
interacción entre texto narrativo y metatexto
narratológico.
Así pues, por ejemplo, la narratividad psicológica de
secuencias de acciones, planes, etc. Podría decirse que
según muchas definiciones tradicionales, aquí no hay
narración, pues no hay comunicación de un sujeto a otro,
no hay texto, no hay representación.... Bueno, eso de que no hay
representación ya es mucho conceder. Como lo de que no hay
comunicación. Precisamente la consciencia, en una
concepción emergentista como la de Mead, es un proceso de
autocomunicación. La noción de "self-indication",
señal dirigida por el organismo a sí mismo, es crucial
aquí. Una narratología que sea capaz de incluir esta
narratividad de la consciencia entre los fenómenos analizados es
un ejemplo de teoría que contribuye a ver narratividad donde
antes no se la veía (vale casi decir que no la había).
Me
resultan un poco cargantes los veranos por su poca sociabilidad, o la
poca mía, supongo. Suelo ir con la familia a un sitio
distinto
cada año, donde no conozco a nadie, y me vuelvo
también
normalmente sin haber hablado con nadie en todo el mes (menos con las
cajeras de las tiendas: "Son 50 euros"- "Tenga"- "Adiós").
Desde
luego muy dicharachero no soy, pero es que tampoco encuentro que el
verano tal como lo vivo yo al menos se preste mucho para conocer gente:
de lúdico-festivo y mogollónico, nada de nada.
Las tómbolas y verbenas de la plaza del pueblo no me van.
Todos
tus conocidos están dispersos por aquí y por
allá (normalmente ni te contestan al correo); y en la playa
no
hay ninguna razón, ni ganas, de hablar con el de la toalla
de al
lado. Sobre todo si, como sucede aquí, en Galicia, la toalla
de
al lado está a treinta metros. Nada, que igual
debería
apuntarme a clases de aerobic playero por socializar un poco. A la
familia la veo más que todo el resto del año...
en
proporción únicamente: 100%. A ver: que no es que
me
resulte cargante la familia... lo que me resulta cargante es mi
patrón establecido de sociabilidad cero. Álvaro
me dice:
"Los nenes se han hecho amigos de Jairo. Pero yo prefiero no hacerme
amigos. Sobre todo si son amigos divertidos y que me lo paso muy bien
con ellos, porque luego me voy y no los vuelvo a ver en la vida, eso ya
lo sé segurísimo". Yo parecido, pero como si ya
me
hubiese ido. Mis amistades vienen de mis estudios o de mi trabajo. Si
no estudio, y no trabajo, no tendría amistades, parece
claro.
Ahora entiendo el éxito de los clubs de alpinismo,
alfarería, o punto de cruz. Si aún
tendré que
apuntarme a uno. O a un sitio web con más movimiento que
éste.
Normalmente vamos a las playas de Viveiro, donde se ve no
mucha
gente, la mayoría señoras y ancianos (se pregunta
uno
dónde está la juventud y niñez de este
país—en este mar, no). Pero también
exploramos las
playas de pueblos vecinos y las calas que calamos. A una de esas, la
playa de Portonovo (que de puerto nada, pues estaba totalmente aislada
de la civilización) hemos bajado por una pista de tierra que
ha
puesto a prueba el coche a la subida, lo hemos tratado como si fuese un
cuatro por cuatro dieciséis, y para subir nos hemos apeado
los
cuatro pasajeros mientras la brava conductora subía en
primera a
toda leche
con las ruedas patinando y el coche lanzando grava y haciendo
eses por la rampa arriba. No había ni chalets ni
chiringuitos en
varios kilómetros a la vista. Había algunas
personas en
la playa, bañistas y pescadores; alguno no sé si
lograría sacar el coche de allí... Pero ninguna
persona
le prestaba atención a una cosa que hemos visto—y
que no
se veía a primera vista, la verdad. Es de esas cosas que
sólo te fijas cuando te las dicen, y por casualidad nos
hemos
dado cuenta. En las guías desde luego no viene anunciada. Es
una
especie de capilla primitiva que hay en las rocas ya casi a la altura
donde rompen las olas. La playa es pequeña, limitada por dos
promontorios rocosos y otra roca saliente en medio
dividiéndola
en dos, y ella misma dividida por una hendidura. Pues en el promontorio
de la derecha, que se adentra en el mar y donde se pone la gente a
pescar, hay una cueva que sí se ve perfectamente, una cueva
pequeñita, justo para que quepa una persona dentro, pero
bien
definida: es una cueva, no un hueco de la roca. Está a unos
tres
metros por encima de donde rompían las olas; con marea alta,
seguro que en ocasiones llega el mar hasta ella. Justo al lado de la
cueva, a la derecha, hay tres figuras esculpidas en la roca;
bajorrelieves, y tan bajos que están
prácticamente al
nivel del mar. Apenas se distinguen las figuras, como digo, en parte
porque las
rocas tienen formas muy variadas, y en parte porque están
casi
borradas; están más o menos tan definidas de
rasgos como
la Venus de Willendorf, aunque tienen el tamaño de personas
(les
faltan las piernas). Se
encuentran en una especie de hornacinas talladas en la roca, que
allí es más blanda y fácil de esculpir
por una
veta
diferente que recorre el promontorio. El aspecto general recuerda el de
las tallas románicas tardías, con proporciones
casi
góticas pero como digo totalmente difusas y borradas. La
primera
figura parece un hombre, la segunda una mujer (quizá tenga
un
niño en brazos, no se llega a apreciar) y la tercera un
niño; ésta tiene además una aureola
muy clara
tallada alrededor de la cabeza. Las tres miran al frente. Entre la
primera y la segunda, las hornacinas están separadas por un
asomo de columna tallada en la roca también, y en la columna
hay
como una calavera, aunque los agujeros de boca y ojos se mezclan con
otros agujeros que salpican la roca. ¿Será obra
inacabada
de un jipi aficionado al románico, hace cuarenta
años?
¿Será un viejo santuario de cuando
había
aquí un puerto realmente, si jamás lo hubo (que
no creo)?
¿Habrá habido alguna aparición
milagrosa en la
cueva? ¿Será un sitio sagrado desde tiempo
inmemorial,
reconvertido al cristianismo? Quizá lleven allí
siglo
tras siglo, cada vez más borrosas y olvidadas, muerta hace
cientos de años la última vieja que puso
allí un
cirio. Puedes imaginar
lo que quieras, mirándoles la cara erosionada a las figuras
y
oyendo romper las olas en esta costa sin gente.
Acabo de leerme el ensayo de George Herbert Mead La Filosofía del
presente,publicado
póstumamente en 1932. Voy a releérmelo
despacio, y de paso a traducirlo. Me ha parecido uno de los mejores
ensayos filosóficos que conozco, y me extraña que
no
esté traducido al español. Bueno, esto
y el resto
de la obra de Mead, que poco hay traducido, al menos según
la
base de datos del ISBN. Mead nació en South Hadley,
Massachusetts, en 1863, hijo de un pastor congregacionalista, y
murió en Chicago en 1931. Estudió
filosofía en
Harvard, Leipzig y Berlín, y enseño en la
universidad de
Michigan y la de Chicago, donde hizo la mayor parte de su carrera y
junto con John Dewey y James Hayden Tufts constituyó el
grupo de
los "pragmatistas de Chicago". La idea central de su obra, y de este
libro, consiste en extraer consecuencias cognoscitivas y culturales de
la teoría de la evolución, integrando el
desarrollo del
lenguaje y de la conceptualización para explicar
cómo
surgen la consciencia, la mente y el sujeto, formas evolutivas
complejas, a partir de las formas simples. Para Mead, este desarrollo
se basa en la interacción comunicativa entre los seres,
interacción perceptual en un principio, que al desarrollar
formas
semióticas complejas y complicar el proceso con la
auto-percepción reflexiva y las señales del
organismo
dirigidas a sí mismo, da lugar a los fenómenos de
la
consciencia, al lenguaje y a la cultura. Es la llamada
teoría
de la emergencia,
que podríamos remontar en su primera formulación
moderna a la Ciencia
Nueva de Vico. Mead llamaba a su filosofía behaviorismo social,
aunque otros como Herbert Blumer la han llamado interaccionismo
simbólico,pues
la emergencia de formas complejas se basa en el desarrollo de
símbolos y en la interacción comunicativa. Las
implicaciones de esta línea de pensamiento para la
semiótica, la lingüística o la
teoría de la
cultura, que por supuesto no se extrajeron inmediatamente, son
inmensas. En especial, es toda una reivindicación de la
importancia de las formas semióticas reflexivas y de su
estudio,
que a primera vista puede parecer a veces un tanto gratuito u
ombliguista.
Entre estas consecuencias de la obra de Mead, me interesan
especialmente las consecuencias narratológicas, en especial
las
que se refieren a la
teoría de la retrospección y la
retroacción.
La filosofía de la emergencia proporciona instrumentos
conceptuales esenciales para repensar nuestras ideas sobre los
desarrollos
temporales, sobre el círculo hermenéutico (o
más bien la
espiral hermenéutica) y sobre la reinterpretación
de formas
simbólicas anteriores a la luz de las formas emergentes que
han
surgido de ellas. Algún aspecto de la relación
entre el
interaccionismo simbólico y la teoría de la
interpretación he tratado en
este artículo.
Pueden encontrarse las obras de Mead en George's Page.
En vida sólo publicó artículos; sus
principales libros, póstumos, son The Philosophy of the Present
(1932), Mind, Self, and
Society from the Standpoint of a Social Behaviorist
(1934), Movements of
Thought in the Nineteenth Century (1936) y The Philosophy of the Act
(1938). El texto que iré traduciendo viene de The Philosophy of the Present, serie
"Great Books in Philosophy" (Amherst, NY: Prometheus Books, 2002).
Tiene una introducción de Arthur E. Murphy y prólogo de
John Dewey, y contiene ensayos adicionales: "Empirical Realism", "The
Physical Thing", "Scientific Objects and Experience", "The Objective
Reality of Perspectives", y "The Genesis of the Self and Social
Control".
Aunque de momento
comenzaré por traducir el ensayo principal, aquí:
Y paciencia, que como no me lo ha encargado
nadie, iré traduciendo al paso la burra.
****
PS (Noviembre de 2008): A estas alturas aún no he terminado el
tercer capítulo. Tras muchos meses de aparcar esta
traducción, le di un empujón este verano y con tan mala
suerte que perdí la memoria USB donde la guardaba, antes de
poder colgarla. Pero más se perdió en Cuba: sobre todo
porque acabo de enterarme de la existencia de una traducción ya
completa, colgada en la red en 2007, en la web del Grupo de Estudios
Peirceanos. Fue realizada junto con un estudio introductorio por
Ignacio Sánchez de la Yncera, de la Universidad Pública
de Navarra—PDF aquí: http://www.unav.es/gep/FilosofiaPresente.pdf
Con lo cual mi traducción corre menos prisa que
nunca, y quizá se paralice o siga avanzando como hasta ahora de
deprisa. Vaya, justo cuando acababa yo de recibir una propuesta para
publicarla impresa... un libro que no verá la luz, sospecho por
tanto, a no ser la de la pantalla.
Mi
sueño de esta noche era que tenía que sacar un
camión de un garaje inclinado (la planta estaba inclinada,
no sólo las rampas), y que se me calaba y no
funcionaba el freno ni ni el freno de mano, y se me iba para
atrás el camión, y había que ir
chocando con las columnas u otros coches para pararlo, procurando a la
vez no jorobar nada... uf. Pero aun con todo, nada comparado con el
sueño de Oscar, que era un fantasmita (la verdad es que le
echa un aire a Casper)
y andaba metiéndose dentro de las cosas,
escapándose de
los cazafantasmas que lo perseguían con arpones y pistolones
("que podían disparar una variación de huesos, en
lugar
de balas, huesos afilados"); y se
metía el fantasmita Oscar dentro de un ordenador, pero lo
chafaban con un mazo.... luego en la tele, luego en el
enchufe, y
los observaba ("y también podía leer la mente de
todos:
humm, dónde estará, ese fantasmita").
La palma se la lleva el sueño de Álvaro, que me
lo acaba de contar:
Pues estaba yo en una
especie de
central nuclear abandonada, o similar, con chimeneas que echaban mucho
humo, y había tenido lugar una catástrofe
nuclear, y todo
el mundo se había muerto, menos yo y seis o siete
más,
que andábamos juntos, y también habían
sobrevivido
otros pero esos se habían convertido en caníbales
o en
gigantes, vamos, en caníbales normales o en gigantes que
además eran caníbales, y les habían
salido
dientes, y garras, y demás, y escapábamos en
grupos, pero
al final acababan todos devorados, menos yo, que por suerte
descubría que podía volar, aunque por desgracia
era con
movimientos raros así con los brazos y las piernas [se
agita convulsivamente de maneras grotescas e inconexas],
además no sabía como controlarlo, volaba de mala
manera,
flop, flop, pero justo para escaparme del alcance de los
caníbales, y de los gigantes que venían hacia
mí
con grandes zancadas de esas pesadas, pero yo me escapaba, hasta el
bosque. Pensaba
que era ridículo volar así, pero sólo
lo pensaba después de haberme escapado. Lo
malo era que también había muchos hombres
lagarto, que a
mis compañeros también les atacaban, y yo me
subía
volando como podía a una casa: ¡huuyy! flop,
flop!!
¡aiinnggh! ¡qué ridiculez!—
pero me asomaba y
los veía subir por la pared, como salamanquesas, y asomaban
sus
lenguas bífidas... Yo me iba volando de una casa a otra, ay,
ay,
me sentaba a descansar en un tejado, apoyándome en una
chimenea,
pero venía un gigante con una cestita de picnic,
más
gigantes, cada uno con su cestita, pero las cestitas eran de
tamaño normal, como cuando eran personas, las
cogían con dos dedos, y hacían una
merienda en mi tejado—extendiendo el mantelito, flaps,
—ensaladita— y me veían,
venían a por
mí, eran de esos típicos gigantes torpes, y
tenía
que irme volando otra vez, pero era un vuelo que no controlaba...
practicaba en el bosque, pero no era cosa solamente de aletear
así de estas maneras ridículas, digo,
era como
ponerse a levitar cuando ponías los brazos y las piernas de
según qué manera, las piernas las
podía agitar
como si tuviese alas, como un Microraptor. Ah, y también estaba
por ahí Homer Simpson, en una
casa blanca con una cruz roja, haciendo una sesión de
desintoxicación, decía ... "cervezaaa...",
tenía
unas ojeras tremendas, estaba tumbado en un sillón con
pintas de
enfermo. En
el bosque tampoco
encontraba tranquilidad, porque allí me perseguía
un
faisán inteligente. Era irritante, me acusaba, "eh,
tú,
¡asesino!" —porque me había comido a su
hermano; yo
me iba, y él detrás, venía andando y
señalándome, era demasiado alto, iba tieso como
una
persona, y llevaba un gorrito con pluma de
faisán—pero se
lo comían unos perros salvajes que también
acababan con
la gente. Qué pena, aunque era muy irritante ese
faisán inteligente. Yo me
convertía en perro, y quería vivir en el bosque,
estaba
contento siendo perro, pero entonces me despertábais...
No sé, debe ser algo que ponen en las empanadas...
Sábado 19 de agosto de 2006
Paralelismos
traumáticos
Ya hablé en un post anterior de Muertes paralelas,de Fernando Sánchez Dragó, y de lo
forzado que me parecía alguno de los
paralelismos que sirven de base al libro. Me ha gustado, sin embargo,
como libro sobre la guerra civil española y sus
consecuencias y la
memoria de la misma y sus traumas, ejemplificados en el propio autor.
Es el libro una self-begetting
novel
de las que decía Steven G. Kellman, un libro que cuenta la
historia de
cómo llegó a ser escrito, y que, aún
más, cuenta cómo quien lo escribe
llegó a ser quien es mediante la escritura de este libro.
Escribe
Sánchez Dragó con el siguiente planteamiento:
tras muchos años
de ignorar la figura de su padre, asesinado por los falangistas al
comenzar la guerra civil, se ha dado cuenta, por diversas coincidencias
y señales procedentes quizá del más
allá, de que el destino de su padre
y el suyo están estrechamente entrelazados, de que su padre
es la
persona más importante de su vida, "el personaje de
más importancia,
sustancia y trascendencia en la vida de su hijo" (583). Así,
el hijo se da
cuenta de que ha de escribir un libro
para sacarlo del olvido, o para sacárselo del cuerpo, o para
terminar
de metérselo en el cuerpo quizá. Hace un
seguimiento paso a paso de los
últimos días de su padre, y más
panorámicamente de toda su vida, y de la
propia, y de la de su familia entera, con el trasfondo del
país en la guerra y la
posguerra. Analiza la manera en que su propia personalidad es producto
de la herencia y de las circunstancias traumáticas que
marcaron su
infancia, y en suma busca "desamordazar y regresar" al difunto mediante
un proceso de escritura intenso, superponiendo a esa escritura la
investigación y la rememoración de su
relación fantasmática con su
padre, y de toda la carrera, personalidad y destino propios. Viene a
concluir Dragó que él es quien es porque mataron
a su padre—si no, es
probable que hubiera seguido sus pasos en el periodismo y hubiese
terminado dirigiendo la agencia Efe, y siendo un desdichado ejecutivo,
o quizá un ciudadano Kane, en lugar del hippy feliz y
anárquico que es.
Aunque no parece haber razón para temer eso, si creemos que
"todo lo
que, bueno o malo, sucede a un hombre, a una persona, es culpa o
mérito de su temperamento y de su conducta" (77).
Es
un libro pues contradictorio, y también excesivo, divagante,
desordenado,
desvergonzado, que pasa de lo emotivo a lo carcajeante y a lo absurdo o
ridículo de manera deliberada sin gran orden ni concierto;
tan pronto es conmovedor como no
puede callarse una asociación de ideas deliberadamente
grotesca, o
desbarra con interpretaciones disparatadas; todo con frecuentes
repeticiones que van y vienen por oleadas o en espiral creciente,
conforme vamos entendiendo y conociendo mejor al narrador y a su
familia y obsesiones. Como digo lo he pasado bien leyéndolo,
a pesar de
su longitud desmedida, de las repeticiones o hipótesis
inútiles, y de
las abundantes ideas marulas del autor-narrador.
Me ha
interesado especialmente la dimensión traumática
de la historia, y el sentido de ritual funerario de la escritura:
"no es necesario (... ) abrir las fosas de la guerra civil que bajo
tierra, selladas por el polvo de catorce lustros, duermen, ni
encomendar a Aixa la tarea de cepillar, asear y peinar la calva
calavera de su abuelo, porque éste, Fernando Monreal,
periodista
de brillante porvenir, director de la agencia Febus, esposo de Elena,
padre del autor de esta tragedia, denunciado por un primo de su
cónyuge, encarcelado y condenado por un colega, asesinado a
los
veintisiete años de edad por un pelotón de hijos
de puta
y españolito de corazón helado por la barbarie
del
país bicéfalo en el que tuvo, como tantos otros,
la
desgracia de nacer, ha sido desenterrado, salvado y liberado por su
hijo, que descendió al Hades en su busca, y lo
encontró,
y contó su historia, y glorificó su memoria, y al
hacerlo
le devolvió la vida" (659).
El significado político de esta historia hoy es bien
expresado por el autor cuando dice que "pocos
españoles hay que no lleven un dolor semejante en el fondo
de su
almario" (59).
Ahora
bien, el trauma familiar de Sánchez Dragó, si
bien es compartido con
muchos españoles, a la vez es vivido y analizado de modo muy
particular
por el autor. No me convence el análisis que hace de su
propio trauma:
hay demasiada palabrería y demasiado bailoteo
hipotético alrededor, y
un montón de hojarasca de sincronías y
reencarnaciones y destinos que
para mí no son sino síntomas de un
cráneo mal amueblado y muy frívolo
con las ideas y con el orden de las cosas. No voy a ponerme a analizar
el carácter de Sánchez Dragó, pero
creo que no sorprendo a nadie si
digo que me parece arrollador, egocéntrico, narcisista,
fascinado
consigo mismo y que le encanta escucharse (vaya, todo eso menos lo de
arrollador debería hacérmelo recomendable al
menos como alma gemela).
Es un libro muy hindsight
biassed,que
toma una historia llena de imprevistos, casualidades y contingencias, y
la organiza para reelaborar un relato de trayectos vitales
preorganizados en el más allá y
simetrías vitales
compensadas según las necesidades fantasmáticas
del
autor, con el fin de explicar y justificar el presente. La creencia en
destinos, sobre todo destinos especiales, en
coincidencias asombrosas diseñadas para enseñarle
lecciones, en
iluminaciones y caídas del caballo, etc., son todos
síntomas de alguien
que cree desde muy adentro que la realidad está organizada
en
torno
suyo, algo de lo que evidentemente no se llega a curar mediante la
escritura de este libro.
Más interesante me ha parecido pues la
manera en que Sánchez Dragó escenifica el trauma
de modo espontáneo, un
trauma no superado mediante la escritura, como querría
hacernos creer,
sino por el contrario profundamente asentado, quizá
más asentado que
nunca tras el proceso de escritura. Me refiero a las
simpatías
profundamente derechistas (hippy-falangistas, por ser más
preciso) de
alguien cuyo padre fue asesinado por los falangistas en la guerra.
Claro que Sánchez Dragó siempre ve esa
circunstancia como un tanto
paradójica o contradictoria: su padre no era un "rojo", y
especula que
muy probablemente habría hecho rápida carrera
bajo el régimen de
Franco, en caso de haber sobrevivido (muy plausible suena esto).
El
libro empieza con el autor en sus años mozos e
inconscientes. El autor, a decir
propio, no termina de hacerse adulto hasta que escribe este libro. Era
entonces, a mediados de los cincuenta, un rojillo comunistoide, o
más bien tenía un síndrome
adolescente de revuelta contra su familia de derechas y contra el
franquismo paternalista y sofocante; y es al ser arrestado por el
célebre comisario
Conesa cuando éste le espeta, revelación para
él, que a su padre no lo
mataron los rojos sino "nosotros" (sería borde el
comisario), los nacionales. Segunda vuelta de
tuerca al trauma. Ya no sabe el futuro autor contra quién
tiene que
rebelarse; en todo caso, aún no ha tenido lugar su
caída del caballo y
su descubrimiento del misticismo oriental, que aquí
aúna con el retorno a la
figura de su padre.
Primer toque de atención de los desbarres
mentales del autor es su simpatía por la figura de Queipo de
Llano:
"Queipo, y eso le honra y, a mis ojos, le encumbra, ni era un
político
ni se metía en política, tanto menos en
politiquerías" (105)—¡pues
menos mal! Porque sólo dio un golpe de Estado, claro que eso
no debe
ser meterse en política para Sánchez
Dragó. En Queipo reconoce una
especie de anarquista de derechas como él. Pues con los
jipis del
calibre de Queipo, ojo, digo yo.
Pero el episodio más
revelador viene con la fascinación que siente el autor por
José Antonio
Primo de Rivera. Lo elige para la portada de su libro, detalle que le
afeé en su blog, y es de hecho la principal "muerte
paralela" de
las
que supuestamente estructuran el libro. A decir verdad, el libro es una
serie de estructuras contradictorias en pugna, porque según
confiesa el
autor, fracasa en su intento de escribir un auténtico libro
sobre su
padre y José Antonio. Así pues, esa estructura se
entrecruza con otra
que divide el libro en tres secciones: la primera, "el padre", la
segunda "la madre" y la tercera "el hijo", o sea él mismo.
Pero
la
sección de José Antonio Primo de Rivera se embute
de
manera un tanto
improcedente en la sección de "la madre", con lo cual
tenemos a
continuación del padre real, el padre imaginario, o el doble
quiástico
del padre, José Antonio Primo de Rivera. Porque el autor
quiere
enfatizar que al igual que su padre no era de izquierdas,
José
Antonio
no era de derechas, sino un revolucionario, y acabó fusilado
por
el
bando revolucionario... Cuenta asimismo sus simpatía por la
Falange
renovada (que distingue de la franquista como el blanco se distingue
del negro)... pero ay, no puede evitar el problema de que a su padre no
lo mató ni esta falange renovada a la que Sánchez
Dragó da
conferencias, ni la falange oficialista de Franco, sino la
única
que
existía por entonces, la de José Antonio Primo de
Rivera... un hecho
con el que autor pugna por no enfrentarse. Serían falsos
falangistas,
advenedizos, los que mataban a la gente, no auténticos
falangistas,
seres puros, idealistas, al menos tal como se definen a sí
mismos en la
obra de José Antonio... En fin. Que aquí veo yo
el
auténtico y profundo
trauma de Sánchez Dragó: un trauma que no es un
trauma,
por estar ya cicatrizado y asimilado; es ya la forma del
árbol, una
estructura de personalidad, y unas reacciones viscerales asentadas de
antaño ante la
iconografía y retórica de la extrema derecha
española.
Recuerdo
que en la escuela de mi pueblo, en la época franquista,
figuraban, a la
izquierda y a la derecha del crucifijo, los retratos de Franco y de
José Antonio. Franco era la realidad, lo que era (una
gloriosa
realidad
según la autorrepresentación del
régimen);
José Antonio era la
posibilidad frustrada, lo que podía haber sido, pero
también era el más
allá, el mártir, el santo, un ser de
sobrenatural
pureza que velaba sobre el presente desde un lugar privilegiado.
Sánchez
Drago, a la vez que reacciona (como casi toda España) contra
la
pequeñez espiritual, la mezquindad siniestra y la dantesca
mediocridad
de Franco, conserva intacta la otra parte del binomio, al parecer sin
caer en la cuenta hasta qué punto es una
construcción del
propio
franquismo que abomina, parte esencial de su mitología.
Refuerza
la
figura de José Antonio con lecturas de primera mano, de las
que
sale
tanto más convencido. Convencido a priori y por necesidad,
pues
José
Antonio es, a un nivel profundo, y como lo demuestra al estructura de
su libro, el alter ego de su padre, la dimensión
sobrenatural,
trascendental y secreta de su padre; lo que su padre hubiera sido si
hubiera sido un gran hombre, y no sólo el que fue (un hombre
dinámico,
pragmático y sin ideario político).
Sánchez
Dragó tampoco tiene ideales
políticos, abomina de España, que es una ciega
pelea a
bastonazos entre
rojos y azules; pero si los tuviera, en esa dimensión
transcendental y
secreta, serían los de José Antonio, o los de la
actual
Falange a la
que admira y desea una suerte que augura no tendrá, dada la
realidad de
España (que por eso, por esa realidad, es Sánchez
Dragó anarco-jipi, y
no falangista, pero también por su carácter, y,
en fin,
que su
identificación con José Antonio es una
identificación con un ideal
imposible y sobrehumano, un superyó). Hasta intenta hacer de
José Antonio, no sólo
"claro varón de España" sino poeta... esos son
los
mejores, los de obra
puramente hipotética.
Con respecto al "Alzamiento", es ambiguo
Sánchez Dragó, como lo es hoy gran parte de la
derecha
que lo contrata
(aparte de las conferencias a la Falange, la
televisión de
Madrid
aparece como su empleo más estable recientemente). La
sublevación
franquista tuvo lugar "contra el gobierno legal—pero
dudosamente
legítimo, porque la violencia imperante y la parcialidad de
sus
planteamientos lo deslegitimaban" (312). También justifica
las
llamadas
de José Antonio al uso de la violencia, intentando quitar
hierro
a sus
frases, y aceptando al parecer que "no hay más
dialéctica admisible
que la
dialéctica de los puños y las pistolas cuando se
ofende a
la justicia o
a la patria" o cuando se insulta a nuestros sentimientos (390). Hay que
destacar también, por ser ecuánimes, que dice por
otra
parte que la condena a muerte de José Antonio fue,
si bien injusta, comprensible dadas las circunstancias. (Tanto
más me
sorprende que insista pues en ponerlo de figura paralela con su padre,
ejemplo de muerte a todas luces injustificable e incomprensible para
quien no quiera ponerse del lado de los asesinos).
Estamos marcados por la guerra. "No son,
amigo Delibes, las guerras de nuestros antepasados. Son
también, las de
ahora mismo y serán algún día las de
nuestros descendientes. ¡Maldita
Iberia!" (406). El mal nacional, la envidia, recibe esta
formulación:
"tienen mis compatriotas—y cualquiera que despunte en algo,
yo mismo,
bien lo sabe y padece—la muy puñetera y palurda
manía de encasillar al
prójimo y de negarle a priori, y a machamartillo, toda
posibilidad de
sacar los pies del plato y de transitar por caminos diferentes, aunque
no por fuerza opuestos, a los que les tienen asignados" (421). Con
frecuencia es elocuente Sánchez Dragó a la hora
de describir los
caracteres típicos nacionales, sus pequeñeces y
sus abominaciones
grandes y pequeñas.
Pero, revenons a nos moutons, es
interesante cómo "la verdad se inventa" según
dice el autor citando a Machado
(448); si eso es cierto de la verdad histórica, tanto
más de la "verdad" más subjetiva que
necesita el narrador. Así, Sánchez
Dragó se enteró siendo hombre joven
de que a su padre lo habían matado los falangistas, pero la
verdad que
necesitaba en su esquema emocional era otra (la que había
recibido, de hecho....).
Tanto más a medida que desandaba simpatías
políticas para volver a una
derecha bastante derechista, tras su sarampión comunista.
Necesitaba que su
padre fuera de los
buenos, no
de los rojos (y no era de izquierdas... así que tanto
más
corregible la historia). En una novela autobiográfica, Las fuentes del Nilo
(1986) imagina la huída de su madre y propia del Madrid
republicano "en una
avioneta falangista que volaba a ras de suelo". Es,
novelando la realidad, lo que le pedía el cuerpo. Analiza
cómo su madre regresó a la España de
su clase social, de su entorno, de
su vida entera... pero no se aplica a sí mismo ese mismo
razonamiento. O
se indigna con los milicianos que habían destrozado el
mobiliario de su
casa en Alicante al ocuparla; tras denostarlos y preguntarse
"¿qué
habría sido del país si semejante gentuza se
hubiese llevado el gato de
la victoria militar al agua?" se excusa con este sorprendente
razonamiento:
"Lo siento. Sé que en la otra bandería de la
guerra se
perpetraron atrocidades análogas, pero no con las casas y
las cosas de
los míos. ¿Acaso no es lógico salir
por los fueros de mi gente? Es la
voz de la sangre la que aquí habla por mi boca" (499)
—esto, en una narración centrada en el asesinato de su padre
por los de la otra bandería... es, como poco, un lapsus
sorprendente.
Otro
episodio traumático significativo es el relativo a su
hermanastro. Hijo
del segundo matrimonio de su madre, matrimonio sin amor, se
obsesionó y
enloqueció con la idea de que en realidad era hijo del
primer marido de
su madre. "Diciéndolo de otra forma: quería ser
hijo del amor, no del
desamor, como en la triste realidad lo era, y bailando en ese alambre
enloqueció" (533). Una triste historia, pero que a su manera
viene a
reforzar los ecos traumáticos que resuenan en las propias
obsesiones
del autor: este también quiere ser hijo de la derecha, y no
de la
España roja, y de ahí su obsesión con
el paralelismo y analogía entre
su padre y José Antonio Primo de Rivera, y el retorno casi
compulsivo e
histérico a la figura de este último. Aludiendo a
su hermana mayor, que
murió de cianosis tras el nacimiento, lo expresa
así:
"Y ese niño, que no nació azul, aunque tal
fuera luego (y lo siga siendo, cada vez más) su color
favorito, fue Dioni" (Dionisio es su alter ego ficcionalizado
y corregido). Azul, pues, como el cuaderno de Aznar, o como la camisa
de José Antonio, y por voluntad propia de darse forma a
sí mismo volviendo una y otra vez al origen que era cierto
poéticamente, si no literalmente.
Termina
el libro entre escenas de excavaciones en las Fosas de la Memoria, con
estudiosos identificando los cuerpos de fusilados anónimos
en la guerra
civil, y regresando a los traumas para curarlos ceremonialmente: "el
familiar, para recuperarse del trauma de la desaparición del
ser
querido, necesita 'cerrar el duelo', y eso sólo se consigue
recuperando
los restos del familiar desaparecido y dándole una sepultura
digna"
(608). Pero el autor ya no está interesado en los restos
literales de
su padre; ha recogido y reelaborado a su manera sus scattered textual bones,
y le da pagana sepultura en su libro, fundiéndolo de manera
más
satisfactoria no cabe con una recreación de su propia
personalidad, la
recreación a la que estaba "destinado" tras la original
creación de su
persona que habría de nacer póstumamente. En una
imaginativa sesión de
psicoanálisis mediúmico con su amigo Jodorowski,
llega a la certidumbre
de que si su padre no vivió la vida que parecía
tener destinada, es
porque la vivió reencarnado en su hijo (en
versión corregida y
aumentada, menos oficinista...). La identificación con el
padre a
través de la reencarnación es desde luego una
buena solución para
desenterrar y regresar al muerto, para quien se la pueda creer.
Aún va
más allá Sánchez Dragó, y
llega a concluir lo siguiente, paradigma de
la reconciliación consigo mismo y con los hechos y hasta con
los
actores de la muerte de su padre:
—¿Significa,
lo que acabas de decirme, que yo debo la buena marcha de mi vida, su
encarrilamiento, los éxitos alcanzados en ella, a la muerte
de mi
padre?
—Sí, sí, sí...
— En ese caso, maestro Jodorowsky,
estaría obligado a admitir que el crimen cometido con mi
padre, malo
para él, fue bueno para mí y que , desde ese
punto de vista, debería,
incluso, estar agradecido a las personas que lo asesinaron.
Así el libro invierte su proyecto, y pasa a
celebrar y
justificar la muerte del padre, incluso a recrearse en ella de modo
autocrítico. Pero entre
esta frase y las loas a José Antonio y la Falange hay una
relación
traumática que el texto, aun en sus piruetas más
grotescas, evita ver.
Demasiado pronto "mató al padre" Sánchez
Dragó
(630)—fue una muerte en falso, no conocía a su
padre y
así mal pudo matarlo, y por tanto sigue,
matándolo
imaginativamente sin lograr salir de su adolescencia ni aun en la
vejez, y siempre lo mata en falso, mientras el padre
fantasmático, muerto pero eternamente joven, José
Antonio
Primo de Rivera, lo contempla impasible desde su retrato.
He terminado de traducir mi artículo sobre la
relectura y
la repetición. Ya sé que me repito, pero al
releerlo me
han dado ganas de separar en un articulillo aparte, y desarrollarla, mi
distinción entre la crítica propiamente
crítica y
la crítica acrítica, que es uno de los temas que
allí trato, en estos términos (autocito mi
autotraducción):
La narración es,
entre otras cosas, un
drama de identidades, en el cual el autor y el lector
interactúan de manera compleja, a través de una
interacción simbolizada entre diversos sujetos textuales:
autores y lectores implícitos, narradores y narratarios,
personajes. El lector es invitado, a veces mediante una compleja
retórica de alocución a narratarios ficticios, a
adoptar
una identidad propuesta por la narración—a
comportarse
como el lector implícito. La posición del lector
implícito es, pues, el lugar provisIonal para la
instalación del lector en el intercambio
discursivo—en
tanto que lector, no en tanto
que interlocutor plenamente autorizado. Desde el momento en que el
lector se convierte en alguien más, en escritor, en
crítico, etc., se plantea la elección entre dos
alternativas: o bien seguir siendo un lector ideal que simpatiza con el
texto, o bien delimitar una actitud fuera de los cálculos
del
texto, volviéndose un lector resistente.[10]La lectura resistente
conlleva delimitar la posición
ideológica del lector frente al texto. La lectura resistente
encuentra su espacio de expresión más propio en
la
escritura crítica: en realidad deberíamos hablar
de crítica
resistente
o de escritura
resistente. La
lectura de por sí estimula la participación, la
aceptación temporal de los presupuestos del texto (excepto
en el
caso de texos provocativos u ofensivos). Sólo la
escritura tras la relectura invita a las modalidades
más sutiles de análisis ideológico y
respuesta crítica considerada.
Podemos ahora
reexaminar desde esta perspectiva el concepto de
configuración
narrativa desarrollado por teorizadores como Mink
y Ricœur. Ambos insistieron en que la narración
tiene una
dimensión retrospectiva o aun retroactiva, haciendo resaltar
un
esquema interpretativo en los acontecimientos de la historia o de la
experiencia personal. Así lo expresa Polkinghorne:
La
actividad del argumento consiste en extraer una estructura a partir de
una sucesión, y supone un tipo de razonamiento que va y
viene
desde los acontecimientos hasta el argumento hasta que se da forma a un
argumento que a la vez respeta los acontecimientos y los comprende en
un todo. Hasta la "más humilde" de las harraciones
es
siempre más que una serie cronológica de
acontecimientos:
es la recopilación de los acontecimientos para formar una
historia con sentido. (Polkinghorne 1988: 131, trad. mía)
La perspectiva hermenéutica, que considera a la
narración
un modo particular de conocimiento, ha resultado en una
revalorización del concepto de argumento. Para Paul
Ricœur, "el argumento puede aislarse de los juicios acerca de
la referencia y contenido de una historia,
y puede verse en lugar de eso como el sentido
de una narración" (Polkinghorne 1988: 131). Naturalmente ,
el
argumento de una narración es "el sentido" propuesto por la
propia narración.
El ojo de un lector resistente, de un crítico
crítico o
"disonante" con el texto, puede detectar la violencia que se ha usado
con los acontecimientos para configurar el argumento. Este es
el
tipo de razonamiento que emplean aquellas tendencias de la
hermenéutica narrativa que denuncian la
"distorsión
retrospectiva" (hindsight
bias)
y las ilusiones perspectivísticas que se imponen mediante la
foma narrativa, como por ejemplo la ilusión de fatalidad o
la
imposición artificial de esquemas interpretativos
trágicos o cómicos sobre la experiencia
(Bernstein 1994,
Morson 1994).
La narración tiene una fuerza configuracional retrospectiva
que
puede llegar a ser incluso una especie de retroacción, ya
que
los acontecimientos pasados son "generados" en tanto que tales por las
perspectivas actuales, y reciben la clase de identidad ideal que
describía Hume. Lo que deberíamos enfatizar
aquí
es que la observación o valoración de una
narración supone un nuevo tipo de
reconfiguración,
especialmente cuando la narración es recontextualizada
críticamente.[11]Se genera un nuevo
argumento, uno que incluye al observador o lector.
Una de las principales tareas de la crítica (incluso de la
crítica hermenéutica "consonante" con la
ideología
del texto) es hacer
explícito lo que estaba implícito.
Pero esto implica también transformar, interpretar,
desplazar el
énfasis, apropiarse del sentido, dar una nueva
configuración a acontecimientos y relaciones.
(Notas)
[10]El
término es de Judith Fetterley (1978). Cf. las
"lecturas sintomáticas" de Abbott (2002: 97ss.), y mi
artículo (2004) sobre las transformaciones de las
situaciones
comunicativas triangulares cuando son interpretadas por un tercero (o
por un cuarto).
[11]Cf. Kerby
sobre las
autonarraciones: "También aparece aquí una
división o no-coincidencia en el sujeto debido a la
naturaleza interpretativa de esta participación. Puede ser,
por
ejemplo, que uno no acepte la expresión como una
representación adecuada de sí mismo, lo cual
puede hacer
que el ciclo continúe de nuevo. Este ciclo de
significaciones y
apropiaciones constantemente nuevas no es, naturalmente, sino el marco
dinámico en el cual tiene lugar el desarrollo personal"
(1991:
108). Estas nociones de Kerby sobre la situación circular y
hermenéutica del yo, interpretándose con sus
propias
expresiones, están también influidas por Taylor
(1985).
Repito aquí los términos del binomio de actitudes
críticas que opongo una a otra:
Crítica
acrítica - Crítica crítica (términos
míos) (Lectura aquiescente) -
Lectura resistente (Judith Fetterley) Hermenéutica
de la recuperación del sentido - Hermenéutica de
la sospecha (Paul Ricœur) Lectura intencionalista
- Lectura sintomática (H. Porter Abbott) Friendly criticism -
Unfriendly criticism (términos míos) Crítica
simpática- Crítica antipática
(podría ser la traducción de los anteriores) Crítica
(ideológicamente) consonante - Crítica
(ideológicamente) disonante
Crítica constructiva - Crítica desconstructiva (o
hasta destructiva)
Con lo cual no quiero decir que sea propio de una
mentalidad
poco constructiva el dedicarse a la desconstrucción. Los
términos podrían multiplicarse, como se ve. Una
de las
formulaciones más influyentes de este binomio la daba
Ricœur en su De
l'Interprétation: Essai sur Freud. Allí
la actitud hermenéutica tradicional, en la que el
intérprete se acerca humildemente a un texto
considerándolo como un foco de
autoridad y sabiduría del cual hay que aprender, cuyo
sentido ha
de recuperarse por bien del propio intérprete, se contrapone
a
las "hermenéuticas de la sospecha" contemporáneas
(marxismo, estructuralismo,
psicoanálisis--también
desconstrucción, feminismo, postestructuralismos diversos,
etc.). Estas hermenéuticas de la sospecha son,
además de
suspicaces, un tanto orgullosas o engreídas, puesto que
consideran al texto como ciego sobre sí mismo, y se erigen
en
tanto que intérpretes en depositarias de la verdad y la
iluminación que ha de desentrañar los errores y
cegueras
del texto sobre el mundo y sobre sí mismo.
Los beneficios que reporta la humildad (crítica
simpática) frente a la soberbia hermenéutica
(crítica antipática) son mayores, parece sugerir
Ricœur. Pero a mí me toca romper una lanza en
favor de la
soberbia del lector escéptico, en favor de la
crítica
antipática, que es (como el término sugiere) la
más propiamente crítica. Primero entender, luego
criticar. Tras la hermenéutica, la crítica; no en
vano la
hermenéutica se asocia a la reverencia debida por la
tradición a los textos sagrados, y la crítica se
asocia
más bien a la indagación filosófica
sobre el mito,
al humanismo que contesta las verdades reveladas, o recibidas de la
autoridad de la Iglesia, y al
escepticismo hacia los sistemas explicativos que pretenden dar una
versión demasiado acabada o demasiado bonita y totalizante
de la realidad. Un
texto propone su sistema, su interpretación de la realidad
(reducida a sistema); y es labor del crítico buscar los
límites de ese sistema o las falsificaciones que ha habido
que
imponer a la realidad para reducirla a sistema, o a texto. Como
diría H. Porter Abbott, en esta modalidad interpretativa
dejamos
de considerar al razonamiento o argumento del texto como tal
razonamiento o argumento (tan cuidadosamente estructurado) y pasamos a
considerarlo como un síntoma que espera nuestro
diagnóstico; y la supuesta verdad revelada por el texto ya
no es
sino un síndrome intelectual, un delirio de la
razón, una ideología por
diseccionar.
La crítica contestataria, antipática y disonante
tiene su
lado de soberbia, insistiendo en la visión que tiene el
crítico e intentando anteponerla al texto comentado ("Os
comento
a Shakespeare, que es quien os interesa; pero no le hagáis
caso
a él, hacedme caso a mí, él no se
conoce, yo lo conozco,ergo
es mi texto el que os interesa, ¡leedme a mí, no
leáis a
Shakespeare!"). Pero la otra versión de la
crítica
también tiene su soberbia, más insidiosa por
humilde. A
su manera viene a decirnos: no hace falta indagar más en la
verdad. La verdad ya la conocemos, nos ha sido revelada, o nos la
transmite esta Escritura (la Biblia, Shakespeare, Derrida, etc.).
Podemos añadirle glosas aclarativas, pero no, por supuesto,
un
comentario que contradiga sus presupuestos básicos. Eso es
destrucción de la Escritura. No necesitamos
críticos de
la Escritura, ya tenemos la Escritura. Y nosotros estamos de su lado.
Cerrad la boca, críticos, vuestras verdades no son
necesarias,
la Verdad ya está dicha, no hemos de hacer sino aprenderla,
entenderla y aceptarla. —¿No es eso siniestro, por
muy
humilde y respetuoso con el texto que sea?
Por suerte, esta diferencia entre la crítica
crítica y la
crítica acrítica es, como todas las polaridades
absolutas, ideal más que real. No es que no se manifieste a
veces en estado muy puro: las reseñas de encargo por un
lado, y
las reseñas destructivas, por otro, se acercan bastante a la
pureza. También suelen ser las modalidades de
crítica
menos interesantes de por sí (si bien la destructiva,
especialmente, puede tener sus amenidades y ser muy divertida). El
terreno más propio para la crítica reflexiva y
considerada se hallará más bien en el terreno
intermedio
en el que la crítica, sin dejar de ser crítica,
también sintoniza con las preocupaciones o
argumentación
del texto, en lugar de simplemente rechazarlo por irrelevante. Una
crítica meramente negativa no aporta mucho al conocimiento,
simplemente suprime el texto del autor y propone en su lugar otras
preocupaciones, otra ideología, otra visión del
mundo.
Una crítica parcialmente sintónica, en cambio,
puede
suponer una síntesis entre la postura del crítico
y la
del texto. Una síntesis que es efectuada por el
crítico,
claro, en cuyo caso el crítico ocupa tanto la
posición de
antítesis como la de síntesis (y se ha llevado a
sí mismo a superar su postura inicial o a ahondar en ella).
La
síntesis entre ambas posturas, la del texto y la del
crítico, la puede efectuar si no el lector, pero es entonces
al
lector a quien se remite la función del crítico.
La
crítica más constructiva, aunque sea
desconstructiva,
tiene que hacer parte sustancial de ese trabajo de síntesis,
si
ha de ahondar en el pensamiento propuesto por el texto, y no meramente
suprimirlo o declararlo improcedente.
Y en todo caso, lo que merece un crítico crítico
es un
poco de su propia medicina. Que le desconstruyan su texto; que le den
una recepción antipática, que contesten sus
presupuestos
y sus conclusiones. ¿O esperaba el crítico
crítico
hallar interlocutores mansos y aquiescentes? Una vez roto el consenso
en torno a la Escritura, no hay esperanzas de recomponerlo. Aunque
constantemente se propongan nuevas Escrituras— "Silence once
broken", decía Beckett en El Innombrable,
"will never again be whole".
Planetas errantes, hechos
brutos y realidades virtuales
Parece ser que una convención
astronómica
internacional va a revisar la lista de planetas, y en lugar de los que
siempre hemos aprendido en la escuela, Mercurio, Venus, la Tierra,
Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón,
va a
dar cabida al menos a tres más: 1) al hasta ahora asteroide
Ceres, entre
Marte y Júpiter; 2) a Caronte, hasta ahora considerado
satélite de Plutón, y que por su gran
tamaño
relativo pasa a formar con el un sistema planetario doble; y 3) al
planeta X (o sea, Xena, como lo llama su descubridor, y hasta ahora sin
nombre oficial). Claro que hay otros planetas X parecidos a
éste
más allá de Plutón, como el
publicitado Sedna y
otros pseudo-plutones, así que la lista
podría alargarse... (Ver un artículo muy bueno
sobre el
tema en Por la la boca
muere el pez, ayer). [Actualización:
Bueno, pues hay sorpresa. Tras el congreso, en lugar de alargar la
lista de planetas, la han acortado, expulsando al pobre
Plutón,
y nos dejan sólo con ocho planetas, y una serie indefinida
por
ahora de "planetas enanos"...].
El quid de la cuestión parece ser que hasta ahora no
había una definición oficial de planeta, o sea,
de
criterios para determinar qué es lo que es un planeta. La
lista
recibida de la Antigüedad ya se había ampliado con
los
descubrimientos debidos al telescopio, pero claro, ahí ya
había cambiado el criterio por lo bajini (para los antiguos,
un
planeta era ante todo algo que se veía en el cielo, no algo
que
no se veía). Así que las definiciones
implícitas o
explícitas han ido cambiando según los progresos
tecnológicos y el avance del conocimiento. Los planetas
nunca
han sido lo que eran. Y los criterios actualmente adoptados son, por
supuesto, convencionales: así, se considera que
Plutón y
Caronte son un sistema doble, mientras que la Tierra y la Luna no lo
son (siendo que la Luna es más "planetaria" que Caronte
según otros criterios)... porque el centro de gravedad del
sistema doble cae en este caso dentro de la esfera terrestre. Pues
valer, vale, pero vale por convención.
Así, una definición oficial no hace sino
proporcionar
un ámbito institucional para determinar lo que es un
planeta; y
los nuevos planetas lo serán dentro de los discursos que se
refieran a ese ámbito institucional: influyente sin duda,
pero
seguramente no exhaustivo. Los planetas serán unos para
determinados fines y en determinados lugares, y otros en otros
ámbitos de discurso. Porque al fin y al cabo su existencia
no es
un hecho bruto, sino un hecho institucional. Lo mismo
podríamos
decir, por otra parte, de cualquier otro fenómeno:
qué es y no es, por
ejemplo, una mesa, o un blog. El caso de los planetas es llamativo por
su carácter digamos público, allí
arriba a la
vista de todos, y por su magnitud y número aparentemente,
sólo aparentemente, definido. Pero lo mismo
podría
aplicarse a los continentes, pongamos: así
podríamos
decir que en realidad hay sólo tres continentes:
Europasiáfrica-América (unidos por el casquete
polar
norte), Australia, y la Antártida. Por ejemplo.
La distinción entre hechos brutos y hechos institucionales
la proponía John R. Searle en Actos de Habla. Serían
hechos brutos los que existen al margen de su representación
lingüística; los hechos institucionales, por el
contrario,
son producto de algún acto de habla, de alguna
convención
comunicativa en el marco de una determinada institución.
(Por
ejemplo, un nombramiento, un matrimonio, una promesa, etc.).
Pero esta distinción propuesta por Searle por no se
sostiene:
todos los hechos del universo humano son institucionales, productos de
una convención comunicativa. Por eso no sabemos
cuántos
planetas hay en el sistema solar, así en bruto. Tampoco se
sostiene una distinción en cierto modo paralela que
proponía John L. Austin al principio de How to Do Things with Words: la
distinción entre actos de habla constativos y realizativos
(o
peformativos), es decir, la distinción entre los usos del
lenguaje que, respectivamente, meramente describen el mundo, y
aquéllos que
"crean" la situación a la que se refieren (por ejemplo, una
promesa, un acto de contraer matrimonio). El libro de Austin es en
cierto modo la
historia de cómo esa distinción inicial entre
lenguaje
constativo y lenguaje realizativo se vuelve problemática o
imposible. (Más sobre esto aquí).
Un ejemplo que trata
Austin es la frase "Francia es hexagonal". Esa frase, "Francia es
hexagonal", es un ejemplo de lenguaje (al
menos aparentemente) constativo: describe el mundo, o parte de
él. Se supone que el lenguaje constativo está
sometido,
de un modo en el que no lo está el realizativo, a
condiciones de
verdad. Tiene sentido preguntar si las "constataciones" que hacemos
sobre el mundo son o no ciertas. Ahora bien, ¿podemos decir,
como habríamos de
poder decirlo sobre una frase constativa ideal, si esta frase es
verdadera o si es falsa? Según Austin, depende. Es verdadera
o
falsa según el contexto, o según para
qué. Es
suficiente para un general, quizá, pero no para un
geógrafo. Esto lleva a Austin a una noción
relativista de
la verdad. La verdad, y los hechos constatables, son un efecto de
discurso. Las cosas, o las representaciones que damos de ellas, no son
de por sí verdaderas o falsas. Concluye Austin que
Es esencial darse
cuenta de que
"verdadero" o "falso" (...) no se refieren en absoluto a nada simple
sino a una dimensión general de ser una cosa apropiada o
inapropiada si se dice en tal circunstancia, ante tales interlocutores,
para tal o cual propósito, y con tales o cuales intenciones.
(How to Do
Things with Words
144)
Es decir, una cosa sólo es cierta o falsa con respecto a
una determinada "dimensión de valoración" que
dice
Austin, o un determinado universo discursivo. Como señala
Hillis
Miller en Speech acts
in Literature, Austin acaba, quizás
involuntariamente, reduciendo la
realidad humana a efectos de discurso, y nos lleva a concluir que
recreamos la realidad en la que vivimos cada vez que abrimos la boca.
Me gusta el comentario que proporciona Stanley Fish sobre Austin en Is There a Text in This Class? (198-99),y aquí
lo traduzco.
A primera vista, la
frase "Francia
es hexagonal" es un ejemplo perfecto
de enunciación constativa—una
enunciación que se
limita a referir, o describir o informar sobre algo—y Francia
es
un ejemplo perfecto de hecho bruto, un hecho que existe
independientemente de cualquier cosa que se diga sobre él,
pero
lo que Austin descubre al final de Cómo
hacer cosas con palabras
es que todos los enunciados son realizativos—son producidos y
entendidos con los supuestos de alguna dimensión de
valoración socialmente concebida—y que por tanto
todos los
hechos son institucionales, son hechos únicamente en virtud
de
la institución previa de alguna dimensión tal.
Esto
quiere decir no sólo que los enunciados afirmativos sobre un
objeto serán evaluados (como ciertos, falsos, relevantes o
irrelevantes) según las condiciones de su
enunciación,
sino que el objeto mismo, en la medida en que está
disponible
para referirnos a él y describirlo, será un producto
de esas condiciones. Hay muchísimas cosas que se pueden
decir
sobre Francia, incluyendo el que sea o no sea hexagonal, pero la
felicidad o acierto de lo que uno diga estará en
función
de su relación a una u otra dimensión de
valoración—ya sea esa dimensión
militar,
geográfica, culinaria o económica—y,
además,
la Francia sobre la cual lo estamos diciendo será
reconocible, y
por tanto describible, únicamente
en términos de esa dimensión. [Aquí Fish se
columpia un poco, porque lo interesante es precisamente, como dice
más adelante, la multiplicidad
de dimensiones
o marcos de referencia que diría Goffman, y las maneras
imprevisibles en que se solapan unas con otros o crean superposiciones
de sentido paradójicas o conflictivas]. Es
decir, lo
único que no puedes decir de Francia es lo que es realmente, si por realmente
te refieres a Francia tal y como existe fuera de cualquier
dimensión valorativa. La Francia de la que hablas siempre
será el producto del discurso sobre ella, y nunca será accesible de
modo independiente. (...) Naturalmente, no todo
el mundo
cree lo mismo o, para ser más exactos, las percepciones de
la
gente no están en función del mismo conjunto de
creencias, y así habra no uno sino muchos relatos
estándar en relación a los cuales el mundo se
constituirá de modo diferente, con diferentes hechos,
valores,
maneras de argumentar, procedimientos para establecer la evidencia, y
demás. Como resultado, lo que puede ser ficción
para los
personajes de un determinado relato estándar,
será verdad
obvia y de sentido común para los personajes de otro. La
distinción entre lo que es verdadero y lo que es ficticio
siempre se hará, pero se hará desde dentro
de un relato (o dimensión de valoración) y por
tanto
siempre será una distinción entre lo que es
verdadero y
lo que no lo es desde el punto de vista de ese relato.
Además,
es una distinción que siempre estará sujeta a
debate,
porque no podrá nunca decidirse invocando a hechos
independientes de algún relato.
Claro que podríamos preguntarnos si en ese caso no tiene una
validez y realidad institucional
la categoría de hecho
bruto.Se
llega por aquí a un territorio un tanto
metalingüístico y paradójico, pero
parece ser que
tal es precisamente una de las funciones del metalenguaje: anular
(imaginariamente, o convencionalmente) al lenguaje como marco productor
de sentido, e instituir (o soñar) una dimensión
de
discurso en la que es posible la distinción entre hechos
brutos
y hechos institucionales. Pero obsérvese que se ha invertido
aquí la relación entre ellos: no son los hechos
institucionales los que se erigen un tanto arbitrariamente sobre unos
cimientos de realidad bruta, sino que son los hechos brutos los que se
asientan sobre unas convenciones metalingüisticas, los que
aparecen, por tanto, como un determinado efecto de lenguaje (un efecto
de autoanulación hipotética), un juego
lingüístico e institucional delimitado
discursivamente. E
históricamente: ¿existían los hechos
brutos antes
de que Searle los invocase? ¿Existen más, o
menos, luego,
después de su teoría y de la
evaporación de su
teoría a manos de Fish, de Derrida, de Hillis
Miller—y
hasta de Austin? Que viene a ser como preguntar,
¿existían
los planetas antes de su descubrimiento? Más allá
de los
planetas, ya decía Borges que el "Universo" como tal
probablemente no tenía otra existencia como objeto definido
al
margen de la que le que daba esta ambiciosa
palabra—"universo".
El universo mismo es un hecho institucional y convencional,
un efecto del lenguaje.
Interesantes dimensiones narrativas y consecuencias retroactivas tiene
cualquier uso del lenguaje. Pero por hoy lo dejaremos aquí,
y a
los planetas, hechos brutos o institucionales, los dejaremos flotando
en el vacío, y si hace falta, hasta girando alrededor de un
centro de gravedad que es un punto virtual.
son
lluviosos, por suerte para la racha de incendios, que este
año
han batido récords y tienen al personal pasmado. Por
aquí
sin embargo, en la puntita norte, seguimos sin ver ninguno, y menos
ahora que llueve y nos tenemos que quedar en casa buenos ratos. Claro
que aquí la norma es cuando se ve un rayito de sol, pues
corriendo a la playa, o si no a otra de al lado que puede que lo tenga,
porque Viveiro parece tener un microclima que le pone una boina de
nubes encima a perpetuidad. De ahí que no esté
esto
macroedificado, de ahí y de las comunicaciones, aunque ya
vimos
cómo construian la autovía que en un periquete
plantará aquí a todos los madrileños
que quieran
huir del sol. Ayer, pues, todo el día en casa. Otra vez
releyendo mi
artículo sobre la repetición y la relectura,
y traduciéndolo. Y viendo Bailando con Lobos,
primera película que veo en la tele desde hace
años, y me
juro no volver a ver una, pues entre anuncios y metraje extra del
director se nos fue la tarde entera, claro que llovía.
Anteayer
sí que hubo más movimiento, fuimos a ver la
fábrica de porcelana de Sargadelos, con visita al proceso de
producción (sin que los nenes acabasen metidos en
algún
torno de alfarero, uf) y a las exposiciones y cómo no a la
tienda de recuerdos, donde me compré, quién me lo
iba a
decir, los poemas ingleses, en dos volúmenes, de Pessoa, y
una
historia de la literatura medieval galega de un tal Pena (no pariente
de). Y entre eso y la feria del libro de Viveiro van cayendo libros al
bolso. Al cuerpo menos; me he terminado Muertes paralelas de
Sánchez Dragó,
sigo con Suite
Française de
Irène Némirovsky; he empezado a leer O incerto señor Don
Hamlet
de Álvaro Cunqueiro, comprado al lado de su estatua, en
Mondoñedo. Pero leo poco. Y eso que en la playa me dedico
desde
luego más a leer que a bañarme, se me han pasado
mis
años bravos de bañarme en aguas heladas, y ahora
soy el
típico bañista de pega que sólo se
moja los pies.
O casi. Hoy hay fiestas aquí; como en Biescas,
aquí la
ermita es de San Roque, la tenemos en un monte encima de la casa, la
primera noche la tomamos por un ovni, superiluminada. Y de
ahí
la lluvia, de las fiestas, digo, en Biescas ya se sabe, aunque me
decían que de momento se mantenía el tiempo y que
los
sobrinos habían hecho un desfile en carroza. Los
pequeñajos aquí se dedican a saltar olas,
básicamente, y a construir castillos y tirar bolas de arena
al
mar. Los pequeños socializan mejor que nosotros (que siempre
vamos de vacaciones a sitios donde no conocemos a nadie ni al ir ni al
volver). Se han hecho amigos de los niños del barrio de
pescadores en que vivimos. "Este niño se llama Jaido"-
bueno, es
que Jairo no sabía pronunciar la D. Las fiestas tranquilas,
no
tienen una marcha excesiva por aquí, y nos dejan dormir y
transitar por las calles. Es un sitio tranquilo y agradable, Viveiro,
pero me parece que no será aquí donde se
comprará
nuestra compañera de viaje la casita en Galicia o segunda
vivienda... seguiremos explorando. Plan para hoy, después de
levantarnos a las once como es de rigor en un día de
lluvia...
pues poco. Hoy se va Chelo, que ha estado unos días; no
parece
que vayamos a tener otra visita. Los nenes se las prometen muy felices
porque dicen que se van a gastar un euro en videojuegos en un ciber.
Pues vaya plan. Pero bueno, ya se sabe que es vano decirle al
prójimo qué es y qué no es lo que debe
hacerle
ilusión. ¿Y aparte? Pues bromas y juegos con los
nenes. Y
amores, broncas, desamores, abrazos,
separaciones, reconciliaciones, añoranzas,
ensoñaciones,
fijaciones, y toda la parafernalia y tormentas de los sentimientos y
procesiones que van por dentro y por fuera. El verano de siempre.
Es el número de este verano de la Revista de Occidente. Tanto
en los artículos sobre la guerra como en los otros se
ventilan
cuestiones interesantes desde el punto de vista de la
narratología cultural.
Santos Juliá ("Bajo el imperio de la memoria") observa que
para
las generaciones de posguerra, "la rebeldía contra el relato
recibido adquirió el contenido de una rebelión
contra los
padres" en el caso de los vencedores. "En esa imposibilidad de crear
una comunidad de memoria que implicara a padres e hijos en la misma
celebración de un pasado de guerra radica, quizá,
la
razón de que al rechazar el gran relato contado por la
Iglesia
como agencia de creación de sentido, los hijos de vencedores
y
vencidos no lo sustituyeran por otro; no llenaran el lugar antes
ocupado por la memoria impuesta por otra memoria colectiva, la de los
vencidos; en realidad, carecían de una
representación del
pasado con la que sustiuir a la que se les había impuesto"
(13).
Quienes escribieron sobre la guerra civil tras la caída de
Franco no pensaron en hacer una reivindicación y
rehabilitación de los derrotados. Había al
parecer una
cierta actitud aséptica que podríamos intepretar,
digo
yo, como negación del trauma, como si fuese el trauma cosa
de
otras generaciones (o quizá temor al pasado reciente, o
temor a
la repetición). El caso es que ahora sí piden
muchos la
recuperación de la memoria histórica como algo
que
sí les afecta directamente, aunque señala
Juliá
que "la memoria jamás podrá ser única,
ni
tendrá por qué existir un centro de
elaboración,
más que recuperación, de la memoria: ya lo hemos
sufrido,
de parte de los vencedores. Si nos obstinamos en llamar memoria a lo
que es representación construida del pasado, entonces
habrá muchas memorias que tendrán que coexistir
y, si
fuera posible, convivir; pero también polemizar, como varias
y
enfrentadas son, y no pueden dejar de ser, las representaciones de ese
pasado de guerra" (19). En cuanto a consecuencias jurídicas,
"las guerras civiles sólo pueden terminar en una
amnistía
general, una conclusión a la que llegaron muy pronto"
quienes
hicieron la transición (19). Ello no quita, opino, para la
oportunidad de elaborar esas narraciones o ceremonias que lleven al
reconocimiento y superación del trauma, donde lo haya.
Francisco José Martín ("Acontecimiento y
categoría
de la Guerra Civil") la ve como una tragedia anunciada, aun
negándose a verla como inevitable, ni a ver en la
República el preludio fatídico de una guerra
inevitable.
(También observa que "los ensueños republicanos
de hoy
tienen muy poco que ver con la realidad efectiva de los años
30"(23)). Como acontecimiento trágico, la Guerra Civil es un
foco de irradiación de sentido histórico, "impone
su
sentido a uno y otro lado de sí" (24) "Y en esta forma
conferida
todo queda reducido a conflicto. También el antes y el
después del hecho bélico. Nada que quede fuera, y
lo que
no encaje en esa forma, o no se somete a su lógica, pierde
peso
y desparece de la escena, queda oculto entre los márgenes
del
discurso, relegado a las sombras y silencios de la historia" (25). Pero
esto es para Martín, podríamos decir, una falacia
perspectivística; el acontecimiento trágico nos
ciega y
no nos deja de ver el resto de la realidad que ahí
está
también. "Era, pues. Y lo que era, no era otra cosa que 'dos
Españas' en lucha fratricida. Esta era la evidencia. La
guerra
sancionaba ontológicamente la escisión" (25). Se
aplica
así como categoría interpretativa ubicua y total,
pero
eso falsifica la historia: "la Guerra Civil da cuenta sólo
parcialmente, y de manera insuficiente, de la realidad
histórica
de la España reciente" (26)—por ello, opino,
quizá
sea especialmente pernicioso para la percepción narrativa e
histórica el guerracivilismo obsesivo de algunos sectores
especialmente militantes de las dos españas (o
así
autodefinidos, claro): "No fue todo la guerra, no. Pero se impuso sobre
la realidad y todo tomó la forma de la guerra. O, al menos,
así parece. Así aparece, en efecto, en la forma
histórica dominante, ese relato vencedor estructurado
alrededor
del centro, o eje, de la Guerra Civil. También la historia,
al
cabo, una contienda de relatos. No, no fue todo la guerra, pero
acabó por imponerse y cubrir con su manto la entera realidad
española. Pero era sólo una cobertura" (29).
Enfatiza
Martín la necesidad de evitar los dualismos absolutos, y
repensar el papel de los intelectuales que se quedaron o volvieron tras
la guerra (no necesariamente "nacionales") o de los ciudadanos pillados
por accidente en cualquier bando, o en la España
franquista—ya sea el "exilio interior" o la "tercera
España". "En los márgenes del discurso
histórico
se asoma y se insinúa la realidad sepultada por sus
categorías" (33). El análisis crítico
del discurso
y la narratología cultural ayudan a pensar, me parece, esta
distancia entre realidad y sus representaciones
ideológicamente
inaceptables.
Eduardo González Calleja estudia en "La otra 'batalla de la
cultura'" los esfuerzos de propaganda de los dos bandos en
América latina. "La movilización de la
opinión
pública fue la gran baza de influencia del
régimen
republicano frente a la actitud de una mayoría de gobiernos
latinoamericanos indiferentes o veladamente hostiles" (50). Por su
parte, el franquisomo hacía diplomacia personalizada, con
entrevistas personales y discretas con personajes influyentes. Entre
caballeros, vamos. De todas maneras, González Calleja
observa
que en las campañas desarrolladas por un Estado en el
extranjero, "la propaganda tiene un limitado potencial de cambio en la
opinión pública y que, en general,
sólo contribuye
a reforzar las opiniones de los ya convencidos" (59).
François Godicheau examina "La política de orden
después de mayo de 1937 y la reconstrucción del
Estado"
en el bando republicano (que siempre fue una jaula monos a pesar de esa
"reconstrucción"). Los anarquistas fueron puestos firmes y
llamados al orden, y los más radicales son detenidos, con la
dirección de la CNT colaborando para evitar una
sublevación general. El orden republicano se
volvió
más y más autoritario, con duras actuaciones
judiciales
basadas en leyes laxas, que condenaban a fuertes penas o a muerte a
quienquiera expresase opiniones desfavorables al gobierno. "La censura
prohibía toda crítica al gobierno, a su
presidente, al
presidente de la república" y a los aliados especialmente
Rusia
y Méjico. Para ser supuestamente el bando
"democrático",
"lo que resalta es la desaparición de toda
discusión
política y la búsqueda de la unanimidad, la
reducción a la nada del espacio público" (75). O
sea,
otro estado totalitario, exactamente igual a su adversario de enfrente;
así que no es extraño que la
disensión, en cuanto
la había, se expresase directamente a tiros entre distintas
facciones republicanas.
Norberto Mínguez, en "Historia y memoria en el documental
español contemporáneo" sobre la guerra civil nos
dice que
"España posee un pasado traumático que se acerca
bastante
a la definición que Hayden White elabora del acontecimiento
moderno, aquel que, como en los traumas infantiles de ciertas neurosis,
no puede ser olvidado, pero tampoco adecuadamente recordado" ("The
Modernist Event") (81). "La transición
española no
sólo supuso la amnistía para los responsables de
la
dictadura, sino que evitó el reconocimiento y la
reparación de sus víctimas. Este acuerdo injusto
pero
necesario favoreció una suerte de amnesia generalizada"
(82). En
las sociedades modernas, en principio, "la memoria ha sido conquistada
e incluso erradicada por la historia" (33) pero ambas son selectivas,
mediadas por signos, "Ambas realizan un trabajo de
indagación
sobre el pasado que permite acceder a un conocimiento más
profundo de la propia identidad y, lo que es más importante,
decidir lo que queremos ser en el futuro" (34). Examina Los niños de Rusia
(Jaime Camino, 2001), Las
fosas del silencio (Montse Armengou y Ricard Belis, 2005),
Rejas en la memoria
(Manuel Palacios, 2004), El
tren de la memoria (Marta Arribas y Ana Pérez,
2005), Extranjeros de
sí mismos (José Luis
López Linares y Javier Rioyo, 2000), Entre el dictador y yo
(Juan Barrero et al., 2005), La
doble vida del faquir
(Elisabet Cabeza y Esteve Riambau, 2005).
Películas que
merecen ser más conocidas. Valoran el testimonio y la
experiencia subjetiva del pasado, la emoción; rechazan el
olvido
o amnesia de la transición, y dan al recuerdo una
función
terapéutica, además de proponer valores
democráticos. "Estas películas consiguen rebatir
a
quienes creen que es mejor no mirar atrás" (99). Son textos
necesarios los "que hablen del pasado y de su representación
con
rigor y honestidad: textos que reconozcan la dificultad de articualr
memoria e historia, que entiendan el pasado no como un campo de batalla
donde se dirimen los intereses del presente, sino como un espacio de
reflexión y representación que nos ofrece la
oportunidad
de hacer del futuro un lugar más habitable" (99).
(Sobre el trauma o la amnesia, me interesa por implicación
propia en traumas o amnesias. Mi abuelo murió durante la
guerra
civil, pero poco sabemos en la familia de esa historia.
Quién lo
mató, por ejemplo. Quizá haya que investigarlo.
Durante
toda mi infancia no vi una sola fotografía de mi abuelo,
sólo hacia los años noventa salió una
a la luz y
está ahora junto a la de mi abuela, que tuvo que sacar
adelante
sola y en ambiente hostil a sus tres hijos pequeños. De mi
abuelo mucho tiempo se habló sólo en voz
baja—aunque luego le dedicaron una calle en Escuer,
el
pueblo que ayudó a construir. Y, claro,
por supuesto ha habido trauma de guerra civil en mi familia, que ha
estado marcada
por ambas ramas, en una por el asesinato cobarde de mi abuelo y en otra
por el exilio hasta la vejez o hasta la muerte de mis otros abuelos y
mi tío. Si con eso no hay elementos para traumas en la
familia... Y también desmemoria: aunque parezca mentira, las
cuestiones
más evidentes pueden pasar a la desmemoria. Por voluntad de
salir adelante, supongo, y necesidad de adaptarse y hacerse una vida
bajo el nuevo orden, o bajo
otra bandera tricolor.
Sánchez Dragó ha publicado recientemente una
novela
autobiográfica donde narra su propia amnesia y
recuperación de la memoria tras una experiencia parecida. Ya
he hablado algo de ella.
Pero la manera en que Sánchez Dragó manifiesta
involuntariamente su trauma, a la vez que intenta analizarlo, merece un
post aparte).
Sigue en la Revista de
Occidente una entrevista con Anthony Beevor, autor de una
historia de la
guerra civil recientemente reelaborada (Crítica, 2005).
Beevor
sostiene que la verdad fue la primera víctima de la guerra;
que
la República estaba destinada a ser derrocada de una manera
u
otra desde que el PSOE eligió la vía de la
Revolución por encima de la democracia. "Un aspecto que no
ha
sido tomado en cuanta al analizar las causas de la Guerra Civil es la
sombra de la Revolución rusa" (105)(—hombre, que
no haya
sido tenido en cuenta... será que no se ha recalcado por lo
evidente, en todo caso). Para Beevor, la propaganda exterior de la
República fue desastrosa, mientras que los nacionales
lograron
el apoyo de inluyentes sectores conservadores empresariales. Y subraya
también los prejuicios que a los españoles
impiden el ver
con claridad los hechos objetivos de la República y la
guerra
que sí son visibles para una mentalidad extranjera que no
los
vea como armas arrojadizas para su política.
Hay otros artículos en este número de la revista
pero ya no versan
sobre la guerra civil. Sí lo hacen las reseñas:
una sobre
los discursos de Miguel Hernández, donde el
reseñista
queda decepcionado por el enceguecimiento partidista y la violencia
agresiva del poeta, comprensibles por el contexto de los discursos pero
que no los hace más atractivos. Mejor olvidarse de este lado
de
Miguel Hernández, parece sugerir, aunque lo mismo
podríamos decir lo contrario (es más educativo).
Otra
reseña comparando las obras de Stephen Koch y de Ignacio
Martínez de Pisón sobre el asesinato de
José
Robles y la ruptura entre Hemingway y Dos Passos. Aunque Koch tiene una
prioridad histórica, para el reseñista es
bastante
ignorante sobre las circunstancias del conflicto español, y
se
desinteresa de su tema central, José Robles.
Martínez de
Pisón escribe en cambio una obra sensible, emocionante,
atenta a
los matices y con valor literario. Sí se trasluce en la
reseña también una antipatía del
reseñista
hacia Koch, o una cierta voluntad de enfatizar sus aspectos negativos.
El que sí sale mal parado de acuerdo con todo el mundo a una
es
Hemingway, ególatra, oportunista, insensible e indiferente a
las
atrocidades cometidas por sus compañeros de viaje. Y hay
otra
reseña, sobre Ramiro
Ledesma Ramos y el fascismo español
de Ferran Gallego, "donde el autor redime al personaje de los
tópicoss bajo los que yacía sepultado para
devolverle
toda su frescura" (218). No sé si para Ferran Gallego tiene
el
personaje y su obra el atractivo que sin duda tiene para el
reseñista, a quien no sólo no se le oye un asomo
de
condena al fascismo en la reseña, sino que (peor) no se le
presupone. Para mí, la frescura de los fascistas tiene otros
aspectos también dignos de reseña.
"Dejemos que
florezcan cien flores, y que cien escuelas rivalicen"
—dijo Mao,
anunciando una supuesta "apertura cultural" en 1956, la Campaña
de las cien Flores, en la que invitaba a los intelectuales a
plantear críticas a su régimen totalitario.
Cien
flores no
son muchas flores.
Para 650 millones de chinos (por entonces), tocan a una flor
para cada seis millones y medio de chinos. O una escuela para cada seis
millone y medis de chinos. Para más inri, sólo
rivalizaban las escuelas en
hacerle la pelota a Mao... Y encima lo que vino a
continuación fue la
Revolución Cultural (léase Incultural) y la
persecución no sólo a
intelectuales críticos sino a cualquiera que tuviese
estudios y
educación. Parole,
parole. No hay que fiarse jamás de los
líderes de masas con carisma y
adorados por el pueblo. Ni cuando dicen la
verdad, literalmente. Menos aún si hablan de modo figurativo.
Por cierto, la mitad de los intelectuales europeos, mientras tanto,
encantados con Mao—y gratis.
Caen las Perseidas; muchos años voy a verlas
con quien
esté cerca. Ha venido Chelo para estarse un par de
días.
A medianoche subimos en pandilla al monte detrás de casa;
atisbamos por entre las nubes fugaces, y se oyen comentarios reflexivos
mientras murmuramos mirando al cielo. Seen a shooting star
tonight.
- Yo ya he visto una. Pero sólo da tiempo de hacer deseos
retrospectivos.
- Yo deseo... ver otra estrella fugaz.
- Yo deseo verla aunque sea la única. La única
vez que vea una.
- Y yo deseo que no me duela el cuello de mirar para arriba.
- ¿Por qué se llaman estrellas fugaces?
- Porque se fugan, Ivo.
- ¿Y por qué se puede pedir un deseo?
- Bueno, por pedir que no quede. Otra cosa es que se cumpla.
- Dice Oscar Wilde que a veces, por burlarse de nosotros, los dioses
hacen que se cumplan nuestros deseos. Por atormentarnos de manera
más fina.
- ¿Habría que desear no desear nada entonces?
¿Es eso lo mismo que no desear nada, sin más?
- Pues yo deseo que se cumplan mis deseos.
- Yo deseo que nos caiga una encima. ¡Poooommm!
- Este niño y sus explosiones.
- Ay que ha pasado una. Tremenda. Una stella con estela, lo nunca visto.
Une passante, étoile filante. Una mirada fugaz: ô
toi qui le savais.
Bob
Dylan, Shooting
Star Seen a shooting star tonight
And I thought of you.
You were trying to break into another world
A world I never knew.
I always kind of wondered
If you ever made it through.
Seen a shooting star tonight
And I thought of you.
Seen a shooting star tonight
And I thought of me.
If I was still the same
If I ever became what you wanted me to be
Did I miss the mark or
Over-step the line
That only you could see?
Seen a shooting star tonight
And I thought of me.
Listen to the engine, listen to the bell
As the last fire truck from hell
Goes rolling by, all good people are praying,
It's the last temptation
The last account
The last time you might hear the sermon on the mount,
The last radio is playing.
Seen a shooting star tonight
Slip Away.
Tomorrow will be another day.
Guess it's too late to say the things to you
That you needed to hear me say.
Seen a shooting star tonight
Slip away.
Estrella
fugaz
Anoche
ví una estrella fugaz
Y me acordé de tí
Intentabas entrar en otro mundo
Uno que yo nunca he conocido.
Siempre me pregunté
Si al fin lo conseguiste.
Anoche ví una estrella fugaz
Y me acordé de tí.
Anoche ví una estrella fugaz
Y me acordé de mí.
Si seguía siendo el mismo.
Si por fin me convertí en lo que querías que
fuese.
¿Me perdí la señal, o
me pasé de la frontera
que sólo tú veías?
Anoche ví una estrella fugaz
Y me acordé de mí.
Escucha los bomberos, escucha la sirena,
Mientras el último camión que viene del infierno
pasa rodando, todas las buenas gentes rezan.
Es la última tentación, el recuento final,
la última vez que podrías oír el
Sermón de la Montaña. Suena la
última radio.
Anoche ví una estrella fugaz
escapándose.
Mañana será otro día.
Supongo que es demasiado tarde para decirte
Las cosas que necesitabas que te dijese.
Anoche ví una estrella fugaz
escapándose.
s ms k mnds = no t llga d vlta.
Lo mlo d tner 1
móvl
ncndid s q sbs tdol rto si t llamn o no.
No hay incertidumbre. O la
incertidumbre se desplaza más allá, mucho
más
allá. El teléfono callado parpadea. Lo miras y en
efecto está
vacío. El teléfono siempre presente y
palpitando es la prueba de
que nadie está llamando. Ah, bueno, igual llaman al fijo.
Pero las sesiones de estar pendiente del
teléfono ahora son ambulantes. Siempre es una
liberación.
La cuerda que nos ata al deseo de ser llamados es ahora infinitamente
extensible. Sólo estamos atados a nosotros mismos.
Nos
pasaron hace unos días los representantes de la coordinadora
nacional en favor de un grado de Estudios Ingleses el siguiente
RESUMEN
DE LA REUNIÓN CON EL DIRECTOR GENERAL DE UNIVERSIDADES EN
MADRID, 31 DE JULIO DE 2006,
que pego aquí en
tinta roja y comento cuando proceda en tinta negra.
La reforma de la LOU que el MEC pretende llevar a cabo afecta
primordialmente a los artículos 34 y 35, y se puede resumir
en
los puntos siguientes:
1. Creación de un registro de universidades y
títulos.
1.1. Desaparece el catálogo de
títulos,
y en su lugar se crea un registro de universidades y
títulos.
La
diferencia es que el catálogo se impone a las universidades,
mientras que el registro simplemente anota lo que ellas implantan.
Claro que se mantiene el catálogo
detrás del catálogo, para los
títulos realmente
oficiales.
1.2.
Se establecerán directrices para grandes ramas del saber
(Humanidades, CC. Sociales, CC. Jurídicas, de la Salud,
entre
otras -probablemente, no más de ocho-). Por ejemplo, se
podrá implantar un título que lleve por nombre
Grado en
Humanidades: mas lo que sea: Estudios Ingleses, Inglés y
nuevas
tecnologías, Literaturas comparadas, Literatura
anglo-sajona,...etc. El límite lo ponen las
propias
universidades y las CC. Autónomas. Es decir, el dinero.
Grandes
ramas del saber, hasta
ahora macroáreas de conocimiento, que adquieren ahora mayor
sustancia a la hora de estructurar los tipos de títulos.
Obsérvese que, si no leo mal, no habrá un "Grado
en
Estudios Ingleses" (etc.) como se venía pidiendo, sino un
"Grado
en Humanidades: Estudios Ingleses2. Que no es exactamente lo mismo.
Sí se suprimen así las discriminaciones
introducidas
entre distintas áreas de las Humanidades: que se previese un
título en Filología Vasca, por ejemplo, pero no
inglesa.
(Politicos—politiquillos...
qué
peste). Quedará por ver si no se ha pegado con esto el gran
tijeretazo a las Humanidades, en plan no querías
café,
pues taza y media, un solo grado de humanidades. Aunque esta era una
solucion que defendían no pocos dentro de las Humanidades.
Cuando el río va a misa, agua lleva.
2. Diseño de los nuevos grados.
2.1 Los nuevos títulos serán oficiales y
tendrán validez en todo el Estado
Español.
Sí,
oficiales, pero unos más que
otros, como se
verá. Y ¿no debería decirse que
tendrán
validez en toda la
Unión Europea?
¿No era esa la idea primordial de la Reforma
Boloñesa?
Será un lapsus calamitas. Menos mal que por lo menos no dice
en
la Nación Española, que esa ya ni
sabemos
dónde empieza y dónde acaba.
Cada
cuatro años, el MEC evaluará los nuevos
títulos (se habrán de cumplir ocho o
nueve
criterios)
Sólo se
apunta más adelante el
criterio de que
tengan alumnos. Aunque se ha hablado también de mantener
estudios de "interés cultural" (y siempre se piensa en este
caso
en las Filologías Clásicas, pero otros
habrá).
diseñados
e implantados en las universidades, a quienes, además de
concedérseles completa libertad y autonomía,
también se les atribuye plena responsabilidad, y se
confía en su “sentido común”
en lo que
respecta al diseño de las nuevas titulaciones, a la
asignación del profesorado para la impartición de
las
mismas, al uso de los recursos propios, etc.
Parece
ahondarse así en la autonomía universitaria. Que
eso sea
compatible con Bolonia, se verá. También puede
resultar
ser muy compatible con los criterios ad hoc y con el sentido
común localmente entendido.
2.2 Los títulos de grado tendrán 240
créditos.
Oséase
que volvemos a la reforma de los primeros 90 anterior a la reforma de
los últimos 90, títulos de cuatro
años, pero ahora
con un aligeramiento de créditos, no manteniendo el
creditaje de
los cinco años comprimido en cuatro, como había
sucedido al menos en nuestro
título de Filología Inglesa.
Habrá
dos tipos de grados:
(A) Profesionales (con reserva legal para el ejercicio de una
profesión, i.e. maestro, ingeniero, médico,
farmacia,
enfermería, etc; esta reserva legal obedece a los criterios
de
la U.E., por un lado (Medicina, Arquitectura, etc.), y a la
decisión del gobierno español de regular otras
profesiones más, como la de maestro o profesor de
educación secundaria).
(B) No profesionales (sin reserva legal para el ejercicio de una
profesión, como es el caso de Filología Inglesa).
The
mother of the lamb. Se reproduce y ahonda así la diferencia
tradicional que venía existiendo entre estudios oficiales y
estudios propios de las universidades. Eso sí, ahora se
llaman
todos oficiales. Pero unos conducen a capacitación
profesional y
otros no. ¿Alguien adivina cuáles van a ser los
más demandados, con limitación de plazas, con
exigencia
de notas altas para entrar, etc.? ¿Y cuáles se
van a
devaluar al introducirse un título específico que
capacita para la enseñanza en secundaria, mientras que las
titulaciones de humanidades no lo hacen?
2.3. El Ministerio dictará dos tipos de directrices: (a)
genéricas para los grados profesionales con reserva legal
para
el ejercicio de la profesión; y (b) generales para grandes
campos del saber, como es el caso de Humanidades. En estas directrices
se establecerán las materias (no asignaturas) que
deberán
conocer los estudiantes.
Me
gustaría saber qué materias van a establecerse
como
necesarias para todas las titulaciones de humanidades. Actualmente no
hay ninguna, y me extrañaría que se fuese en esa
dirección. Debe ser algo mal pensado todavía, o
mal
entendido por los informadores.
2.4 El MEC dictará tres tipos de criterios: (a) criterios
para
la aprobación de los grados, (b) criterios para la
implantación de los grados, y (c) criterios para la
evaluación de los grados. El registro es, por lo tanto,
condicional; puede suprimirse un título si no supera la
evaluación o si se queda sin alumnos, pero esto
último
dependerá de la Comunidad Autónoma.
Perpetuum
mobile de informes, acreditaciones, evaluaciones... ya lo veo venir.
Como los másteres, que los tienen que proponer cada
año.
Ventajas debe tener cuando tantos expertos lo aconsejan, pero
también lleva a regimentaciones, cuadriculaciones
metodológicas, e incertidumbres sobre la estabilidad del
propio
trabajo y de la propia disciplina de estudio que no son en absoluto
favorables a lo que se ha venido entendiendo como universidad hasta
ahora.
3.
Estructura del Grado.
Los nuevos grados comprenderán 4 cursos, a razón
de 60
créditos por curso (30 créditos por semestre). El
MEC
contempla tres componentes: 1. materias (aparecerán en las
Directrices), 2. asignaturas (vinculadas a las competencias, y 3.
competencias (“saber hacer”). Estas dos
últimas han
de estar íntimamente ligadas, puesto que no se puede exigir
lo
que no se da. La Tabla 1 resume la estructura de los nuevos
grados.
Se supone que
aparecerán,
como venía siendo habitual, las "troncales", o sea, las
materias
que ha de incluir el grado en cualquier universidad en que se imparta.
Pero aquí aparece una contradicción con lo dicho
antes.
¿No quedábamos en que habría un solo
Grado de
Humanidades? Con la dificultad que señalaba yo de definir
"troncales" para semejante grado. Si las directrices establecen
materias, ya tenemos el supuestamente abandonado Catálogo
otra
vez. Por cierto, que nadie nos ha aclarado aún
qué ha
pasado con el trabajo de todas aquellas Anecas, Libros Blancos,
Subcomisiones y Recomisiones que sacaron una serie de "fichas" para los
grados. ¿No se pretenderá volver a resucitarlas
en estas
Directrices de no se sabe qué grados? A mí no me
casa una
cosa con la otra.
Tabla 1: Estructura del Grado.
Estructura del Grado 240
créditos
Primer curso Materias generales y
transversales (60 créditos)
Segundo curso Materias
específicas (60 créditos)
Tercer curso Materias
específicas (60 créditos)
Cuarto curso Materias
específicas (60 créditos)
3.1 Primer curso (60 créditos): Las materias que se incluyan
en
el grado se deberán traducir en una serie de asignaturas, en
las
que se abordarán competencias generales y
transversales. En la Tabla 2 se ilustra de modo
gráfico el
diseño del primer curso.
Sobre
el tema este de la invasión del lenguaje de las
"competencias"
frente al conocimiento no conviene perder de vista el demoledor
análisis que hacía José Luis Pardoen
este artículo.
El objetivo de este diseño de carácter general es
facilitar el cambio de titulación a los alumnos que
así
lo deseen o estimen oportuno cuando hayan cursado estos primeros 60
créditos.
Los representantes del Comité Interdepartamental que
asistieron
a la reunión advirtieron al Sr. Vidal del peligro que este
diseño excesivamente general podría
entrañar,
pudiéndose dar el caso, como en la actualidad ocurre en
algunos
planes de estudio de Filología Inglesa, que en el primer
curso
tan sólo se cursen dos asignaturas de la especialidad o de
que
los alumnos de primero tengan la sensación de estar
repitiendo
el segundo curso de Bachillerato. Con el fin de salvaguardar los
intereses y formación académica de los futuros
especialistas de Filología Inglesa o de cualquier otra
especialidad, se sugirió que el MEC recomendara unos
porcentajes, aunque fuesen mínimos, a saber, 60% para las
asignaturas de la especialidad que los alumnos deseen cursar, y 40%
para las asignaturas que permitan a los alumnos cambiarse de
titulación dentro de un gran campo del saber, como
Humanidades,
después de haber cursado el primer curso (60
créditos).
Lo que yo no entiendo
es cómo
va a haber un 40% de asignaturas comunes a todas las titulaciones de
"un gran campo del saber, como Humanidades." ¿40% de ...
lengua
española, latín e Historia? Aquí hay
algo que
alguien no tiene bien pensado, o bien entendido. Porque, insistamos,
tal como se supone que está la cosa ahora, hay UNA directriz
general para Humanidades, no una para inglés, otra para
Historia, otra para Arte, etc. etc.
3.2 Segundo curso (60 créditos): Materias y asignaturas
específicas. Su selección dependerá de
cada
universidad.
3.3 Cuando los alumnos hayan cursado 120 créditos, se
emitirá un Certificado de Estudios Universitarios Iniciales
(que
no es un título ni una diplomatura), cuya función
es dar
a conocer al empleador los estudios que han cursado y los conocimientos
y competencias que han adquirido. Uno de los objetivos de
este
certificado es que los alumnos que se vean obligados a abandonar
temporalmente o definitivamente los estudios puedan acreditar alguna
formación, aunque ésta sea mínima, y
que puedan
entrar y salir de la Universidad con facilidad.
Se entiende que el mero
expediente académico no acredita nada, pues, aunque
especifique los créditos cursados.
3.4 Tercer curso (60 créditos): Materias y asignaturas
específicas. Su selección dependerá de
cada
universidad.
3.5 Cuarto curso (60 créditos): Materias y asignaturas
específicas. Su selección dependerá de
cada
universidad.
3.6 En este segundo bloque de 120 créditos se
habrán de
incluir obligatoriamente varios tipos de actividades docentes,
profesionales y/o de investigación: (a)
prácticas, (b)
estudios en el extranjero (para lo que se va a intentar arbitrar un
sistema de financiación adecuado), y/o (c) trabajos de
investigación.
3.7 Los cuatro años del grado han de ser coherentes. Por
ejemplo, en un plan de estudios de un grado en Estudios Ingleses puro,
prácticamente todas las asignaturas deberían ser
de este
campo, excepto en el primer año, en el que se
introducirían otras materias y asignaturas de Humanidades.
Bueno,
pero también se quieren fomentar los títulos
mixtos,
Inglés e Informática, o Derecho y
Equitación,
pongamos... (ver punto 4). ¿Alors? Por otra parte, enseguida
se
nos dice que los "campos" aludidos (y no puedo entender por tales sino
las áreas de conocimiento) se suprimen.
¿Cómo se van a presuponer, entonces?
3.8 No se establecerán por directrices generales las
pasarelas
de una titulación a otra, pero pueden establecerlas las
universidades.
4. Naturaleza y contenidos de los grados. Se abre la posibilidad de
plantear el diseño de títulos puros y/o mixtos, y
su
implantación dependerá de los recursos de cada
universidad y de la financiación que se reciba del organismo
competente en cada Comunidad Autónoma. Muy
importante:
4.1. Convalidación a nivel nacional e internacional: No se
atenderá al ‘etiquetaje’ de lo cursado,
sino a la
acumulación (al número) de créditos
cursados.
¿Número
de créditos de
qué tipo? Porque
dicho así esto es absurdo. No van a convalidar
créditos
de Matemáticas por créditos de
Enfermería, digo
yo. Así que algún "etiquetaje" habrá,
aunque no se
considere el título de la asignatura (¿ni de la
materia?) y se suprima el área de conocimiento.
(Buf).
¿Equivalente todo lo de la misma "gran rama del saber", en
este
caso Humanidades? Perdón, pero ni eso me creo.
4.2 Habrá grados de maestro para
música,
educación infantil y primaria. Y quienes, habiendo cursado
Filología Inglesa u otra especialidad, deseen presentarse a
Magisterio, basta con que hagan el máster en
formación
del profesorado (que, dicho sea de paso, insistió el
Director
G.U., no figura por ninguna parte que lo tengan/vayan a dar los de
Educación; ni siquiera figuran áreas de
conocimiento).
Será un máster
‘genérico’
atendiendo, en función de los medios, a lo
específico.
Bueno,
áreas de conocimiento malamente pueden figurar si se supone
que
las suprimen. (Un absurdo, repito). ¿O sea que el
Máster
de Educación no lo van a dar las Facultades de
Educación?
Pues ya lo que me faltaba por oír. Habrá que ver
qué sucede si es nuestra Facultad de Filosofía y
Letras,
por ejemplo, quien se autopropone para implantar este
Máster.
¿Y por qué Música es tan distinta a
las
demás materias? No lo entiendo, pero hay tantas cosas que no
entiendo en esta reforma...
5. Financiación de los grados. La financiación
dependerá del resultado de la negociación entre
la
Universidad y su Comunidad Autónoma.
Pues
Universidad de la
Formación Profesional habemus. Por capítulos,
claro, y
por lenta estrangulación de las Humanidades no estrictamente
aragonesas, o riojanas, o lo que sea. En humanidades, Arte, Historia y
Cultura de la Nación de Turno para arriba, lo
demás para
abajo; pronto habrá que llamarla la Localidad, en lugar de
la
Universidad.
6.
POPS y títulos de máster oficial.
6.1 Los títulos máster, que podrán ser
de
carácter oficial o propio, serán considerados
como un
mérito adicional en el currículum del estudiante.
En
palabras del Sr. Vidal, ‘serán un
mérito, pero no
un requisito’.
¿O
sea que no se va a exigir el título de Máster
para
ninguna profesión? Anda ya. Para empezar, ya
están
hablando del Máster de Profesor de Enseñanza
Secundaria,
como máster profesional reglado. Así que
aquí
alguien no ha entendido lo que se está diciendo. Tampoco se
aclara, por supuesto, cuál será la diferencia en
el caso
de los másteres entre los oficiales y los propios (si la hay
a
efectos académicos y no meramente monetarios).
6.2 Doctorado. Los alumnos que deseen completar su formación
académica con la investigación conducente a la
confección de una tesis doctoral tendrán dos
opciones:
(a) haber cursado 60 créditos en algún curso
diseñado por el propio departamento (no necesariamente
máster) o (b) completar dichos créditos cursando
parcialmente un máster oficial o varios (p.ej. 15 crs. en
uno,
25 en otro, etc., dentro o fuera del departamento; en casa o en el
extranjero).
Otra
vez, ¿60 créditos de lo que sea? Porque si no hay
áreas de conocimiento... Esto es un absurdo total.
Supongo
que la idea es que cada departamento ponga sus propios requisitos, pero
semejante desregulación no tiene ni sentido ni futuro.
6.3 Habrá un Máster oficial en
formación del
profesorado de enseñanza secundaria que
capacitará a los
alumnos para ejercer su profesión docente. Dentro de este
máster se incluirán materias y asignaturas de
didáctica específica de la disciplina. El
Director G.U.,
asegura que no consta en ninguna norma jurídica que lo tenga
que
impartir la Facultad de Educación; ni siquiera figuran
áreas de conocimiento. Será un máster
“genérico” atendiendo, en
función de los
medios a lo específico. Se le puso de relieve que existe un
amplio descontento entre el profesorado de las facultades
humanísticas y, en menor medida, de las de ciencias, con la
actual propuesta de dicho máster, pero el Director General
aseguró que no compartía las razones de ese
descontento.
Habrá
que ver si se requiere para las distintas especialidades de este
Máster, si las hay, haber cursado Grados especializados o
no, o
si va a ser la continuación natural del Grado de Maestro.
Todo
esto parece estar totalmente en el aire.
7. Desaparecen las áreas de conocimiento.
La desaparición de las áreas de conocimiento, que
sólo persistirá en las pruebas de
habilitación y
acreditación del profesorado, entraña importantes
ventajas y desventajas para cualquier especialidad. El Sr. Vidal
apeló al sentido común de las universidades, y a
la
evaluación final a la que todas ellas serán
sometidas
para velar por la calidad de los títulos y
adecuación del
profesorado propuesto para impartir las asignaturas.
No me creo nada.
¿O sea que las universidades
no van a
dotar plazas de determinada área de conocimiento, se
entiende,
sino sólo para impartir tal o cual materia? ¿O
los
departamentos no van a aglutinar una o más áreas
de
conocimiento? Esto de la supresión de las áreas
de
conocimiento ya lo oí hace
tiempo, pero
me hacen aún los oídos chiribitas cada vez que lo
vuelvo
a oír. Y es que no estamos, al parecer, a salvo de un
iluminado
tras otro que con una idea brillante nos viene a reformar la estructura
completa del conocimiento de un plumazo. En fin, paciencia y barajar...
8. Calendario.
Noviembre 2006: directrices para las familias de campos del saber.
Diciembre 2006: directrices para las atribuciones de profesiones
regladas.
Primavera 2007: Elaboración de los nuevos planes de estudio.
Panta
reï. Comisiones habrá que
se reúnan. Yo desde luego estaré en las menos
posibles.
Hoy
es el cumple de Abo. De regalo, le tengo guardado un modelito del
Halcón
Milenario, la nave de Han Solo en
Star Wars. Y
un libro a elegir en la mejor librería que encontremos en
Viveiro. Me acuerdo de que para mí, cuando era
niño, doce
años era la edad ideal, la edad que soñaba con
tener y
que representaba la cumbre de la perfección... a partir de
ahí ya me parecían los mayores demasiado
voluminosos,
torpes y ajenos.
Estos días
también estrena su primer grano de
acné,
pobrecillo, ya adolece de adolescencia, aunque más bien es
su
cuerpo quien lo hace sin él. Él aún
está a
la orilla del mar de la infancia y jugando con las olas. Sobre todo
estos días. Y que le duren...
... those first affections, Those shadowy recollections, Which, be they what they may, Are yet the fountain light of all our day, Are yet a master light of all our seeing; Uphold us, cherish, and have power to make Our noisy years seem moments in the being Of the eternal Silence: truths that wake, To perish never; Which neither listlessness, nor mad endeavour, Nor Man nor Boy, Nor all that is at enmity with joy, Can utterly abolish or destroy! Hence in a season of calm weather Though inland far we be, Our Souls have sight of that immortal sea Which brought us hither, Can in a moment travel thither, And see the Children sport upon the shore, And hear the mighty waters rolling evermore.
En medio de la noche, saliendo
del river of dreams,
voy
a otros paisajes que sólo se visitan a esas
horas: al pasado. Abriendo los ojos a la oscuridad se vuelven a ver
cosas que no veíamos desde hace tiempo. Esta noche se me
aparece aquella
buhardilla con la estufa de leña recién
instalada; la carica de mi novia (the girl from the north country)
cuando venía a esperarme a la estación de
autobuses en
Huesca. Tantas tardes juntos, hace veinte años. Y las
reuniones con los amigos. Amigos de mi novia,
serían, pues hace muchos años que no los veo,
tras la
separación. Pero aún los echo de menos. También de esto hace veinte
años; me acuerdo que
entre los juegos de salón para entretener las veladas en
pandilla estaba
el de componer un par de versos e intentar adivinar de cuál
de
los presentes eran. Una medianoche a oscuras alrededor de una mesita
del salón, recuerdo que aparecieron unos versos tal que
así (resultaron ser de María, la amiga de mi
novia):
Mañana quedarán los cercos de los vasos en la mesa
Nada se oirá en la casa: nos habremos ido.
Qué plan sobrehumano, qué esfuerzo no se
requeriría para volver a reunir a las mismas personas a
quien la
vida ha separado, alrededor de una misma mesa—ya no digo de la
misma mesa—o volver a encender aquella estufa que a saber
cuántos años llevará apagada. Y
así, cada
momento nos rodean unas personas a las que apenas prestamos
atención, pero de las que unos años
más tarde no
quedarán ni los cercos de sus vasos en la mesa. Y
sería
inútil intentar volver a reunirnos con ellas;
sería como
pretender revertir la marcha del tiempo. I wish I wish I wish in vain,
que decía Bob Dylan. Nunca sucederá lo que
ya sucedió: nos
habremos ido, a saber a dónde.Y
sólo el río de los sueños, o las
noches de
insomnio, nos llevarán otra vez, cuando venga el
día de mañana, hasta lo que ahora tenemos delante
de los ojos, abiertos o cerrados.
¿Cómo acceder a Internet en la biblioteca? Me
apunté el año pasado y ya no me acuerdo de mi
nombre de usuario ni de mi palabra clave. Y mi NIF, único
cartucho, ya está quemado. ¿Cuál
será mi password? ¿Cómo me llamo?
¿Tendré que operarme y adquirir una nueva
identidad? ¿Cómo convertirme en un nuevo usuario?
Antes esto pasaba sólo con contraseñas usadas
entre espías, o en el monte Sésamo, que se te
podía olvidar la palabra mágica... pero ahora
vivimos todos en un mundo de claves mágicas,
contraseñas
secretas, voces
fantasmales, y visitantes anónimos desde las sombras.
Sí, sí, a vosotros me refiero, lurkers. Si alguno
sabe cómo adquirir una nueva identidad provisional, que me
lo diga, por favor. Ni aun yendo con mi supuesta identidad
auténtica estoy inmune a la levedad del ser, a las
identidades
de quita y pon; la identidad auténtica es, se demuestra, una
más entre ellas una vez entras en la red. Y el resultado es
que
tengo que utilizar otra identidad que me prestan un rato personas con
identidad sobrante.
Bueno, en plan más positivo, voy logrando que me funcione la
conexión a la red, y he colgado el Blog de Notas.
También
voy actualizando poquito a poco mi reseña sobre
literatura y actos de habla.
Y entre col y col, la que acabo de preparar para la comida. "Hoy
tenéis coles", les digo a los nenes mientras hacen los
deberes.
"Tenemos coles porque tenemos que trabajar", protesta Pibo cazando la
idea.
Y también un ratito de callejear, otro de playa... aunque el
sol
no acompaña. Por lo menos lo que hay aquí son
nubes, y no
humo de incendios. El sur de Galicia arde, pero este año
(primera vez) aún no hemos visto ninguno en directo,
ventajas de
estar en lo más húmedo del norte.
Vaya, disculpas; parece ser que
se ha atascado el
funcionamiento
de mi bibliografía, me dice un oyente americano. Eso es que
alguno de los administradores del servidor (servidor no es) ha pensado
que había una cosita mal colocada y ha corrido a arreglarla,
cuando en realidad hacía falta que estuviese "mal colocada"
para
que funcionase... En fin, que para ir por la vida hay que
saberse
la gramática y la gramática parda, y a veces ya
es
demasiada gramática. Y ahora en agosto vete a localizar a
nadie
para que lo arregle. Así que seguramente se interrumpe el
servicio hasta septiembre. Y el de mi Blog de Notas también,
porque tengo grandes problemas para conectar este ordenador a la red;
la conexión wifi funciona sólo cuando lo estima
conveniente, y es pocas veces y al paso la burra. El Vanity Fea
sí que lo iré actualizando todo el mes aunque sea
a
trancas y barrancas. En fin, agosto parece ser temporada baja
bajísima en el uso de la web, así que el
daño no
será mayúsculo.
Oscarelo va haciendo sus rezos nocturnos bajo
supervisión:
- Oh Virgen María, botón de clavel, mi
mamá me
dice que te ame con fe.... Oye, de mayor voy a ser bueno, y malo. Las
dos cosas. Porque hay que ser un poco de todo.
- Pero hombre, no! ¿cómo que bueno y malo? Hay
que ser sólo bueno.
- Mejor bueno y malo. Un poco. La paginita de bueno, llena, y la de
malo, hasta la mitad. Hem hem... pondré que he visto Padre
de
Familia, y House. Y hacer guarradas. Ah, y unas cuantas muertes, jugar
a matar.
Lo dejó bastante impresionado, creo, Álvaro
leyendo lo de
las leyes de Murphy. Luego andaba Oscar inventándose
pequeñas leyes de Murphy para uso casero: "Si se pierde un
peine, seguro que era el favorito de mamá". Y seguro que
tomó buena nota de una que deriva del famoso Fools rush in where angels fear
to tread
de Pope: a saber, "Los necios entran a toda prisa... y se quedan con
los
mejores asientos". También se quedó meditando
Oscar,
creo, con
este chiste de su libro de chistes:
- Papá, yo de mayor quiero ser imbécil.
- Imbécil, hijo, ¿pero por qué?
- Porque tú siempre dices: "ya está
ahí el
imbécil de mi jefe con su Mercedes," o "mira la buenorra de
la
vecina, qué imbécil de novio se ha echado", o "de
dónde habrá sacado el imbécil ese para
el
chalé que se ha comprado"...
Lo que está claro es que, sean cuales sean las influencias
filosóficas de Oscar, de momento no entra en sus planes ser
bueno a tiempo completo. Es más listo que la pana.
Está
Álvaro leyendo con gran
regocijo Leyes de
Murphy para niños, de
Arthur Bloch. El principio rector del libro es, naturalmente, que todas
las expectativas se frustran, todos
los planes fracasan, nada funciona
ni sale como se esperaba, si algo puede salir mal, saldrá,
etc.
Me recuerda las tesis pesimistas y un tanto caricaturizadas de la
desconstrucción: la comunicación
fracasará; el
sentido profundo de la obra va a contradecir al expreso e intencional;
el inconsciente sacará las vergüenzas a la luz, y
el
lenguaje patinará y expresará un sentido
contrario al
deseado. Aunque de las distintas secciones del libro no hay ninguna
dedicada a los fracasos de la comunicación.
A cada uno de los principios del libro se les pone un nombre
pintoresco: Primera
regla de patología,Corolario de Jenning, Regla de
Rune.
(Esta es buena: "Si no te importa dónde está, es
que no
se te ha perdido"). He mirado por encima el libro, por ver si de todos
modos algunos
de sus principios son aplicables a la interacción
comunicativa.
Algunos hay, por lo generales. Por ejemplo, la Ley de Whistler:
"Nunca se sabe quién tiene razón, pero siempre se
sabe
quién manda". Esta podría juntarse con la vieja
Ley de
Humpty Dumpty sobre el significado de las palabras—a saber,
que significan
lo que dice el jefe. También esta otra ley tiene
aplicaciones
crítico-comunicativas: "Las únicas personas que
encuentran lo que buscan en la vida son los criticones". O la Ley de Lieberman: "Todo
el mundo miente pero no importa, porque nadie escucha".
Bueno, esto se ve que tiene posibilidades. Entre otras, posibilidades
de exageración. Ninguna representación, ni
siquiera la
más pesimista, representa la realidad de modo adecuado;
siempre
nos da una versión provisional para uso local. De hecho, no
puedo resistirme a enunciar ya el Corolario de García a la
Ley
de Murphy: "Ninguna Ley describe la realidad a la
perfección, y
todas fallan en el momento más inesperado—y la
primera, la
de Murphy". Yo no me fío ni de mantener la Ley de
la
Gravedad, como para fiarme de la Ley de Murphy.
Pero viendo el mundo, y la comunicación, con el cristal de
ese
color, sí podemos buscar la aplicación de la Ley
de
Murphy a la comunicación. La podíamos enunciar
adaptando
la frase del Player King de Hamlet:
"nuestras palabras son nuestras; pero a dónde van a parar,
quién lo sabe". O, yendo más atrás, lo
decía Sócrates sobre los discursos escritos en el
Fedro de
Platón: un escrito no se sabe a qué manos u
oídos
o entendimientos va a parar; el autor dice una cosa, pero vete a saber
qué es lo que entiende el lector. Paul
de Man
lleva este escepticismo con la comunicación textual
a un
extremo: todo es indecidible, todo sentido se vuelve contra
sí
mismo. Nada permite suponer que la comunicación cara a cara
in
praesentia (otra modalidad de la ausencia) escape a este principio de
pesimismo.
O sea, que nuestras palabras no tendrán el efecto deseado,
ya
sean espontáneas o cuidadosamente calculadas.
Expresarán
también, al menos a buen entendedor, lo que no queremos
decir, o
lo que queremos ocultar o preferimos
no pensar. O,
a malintencionado entendedor, serán cogidas siempre por el
lado que más quema. (Ya temo los comentarios a este post).
Presuposiciones molestas saldrán a la luz, y
serán
exhibidas por nuestro interlocutor cogidas entre dos dedos y
retorciéndose. Y estaban en lo que dijimos, y no nos
habíamos percatado. O quizá nuestras palabras
expresaran
obscenidades involuntarias, o resultarán ser, vistas en
contexto
y reinterpretadas, un gigantesco
desliz de la lengua, un lapsus calamidad, una metedura de pata
monumental, un error de comunicación. Oídos
críticos poco amigables descubrirán la
cara de la
moneda
que pretendemos ocultar, inscrita y transparentada en nuestras mismas
palabras que deberían ser el instrumento de
ocultación. Y
todo esto sucede de modo incalculable, imprevisible, impermeable a toda
estrategia. El
lapsus linguae, sólo visible retrospectivamente. Inmune a
cualquier planificación teórica. Para
praxis, la
parapraxis.
Por su naturaleza de acontecimiento a la vez imprevisible y congruente en
visión retrospectiva,
el lapsus linguae nos proporciona un tema ideal para una
narración. Es algo eminentemente contable, la metedura de
lengua
de alguien donde no debía meterla. (Muchas veces aporta
justicia
poética).
Pero cuidado, que la narración de cómo la lengua
fue
metida no escapa a la Ley de la Inevitable Metedura de Pata, o
linguopatología de la vida cotidiana. Así que
ojo— oJQ con
la paja ajena, for
what it's worth.
Y reojo, que a veces sí que nos entendemos. Cuando menos lo
esperamos. Muchas veces de reojo.
En Vivero
hemos alquilado por
mil euros una casita de pescadores; nada romántico con redes
en
la puerta, no vayáis a pensar, es de un grupo de "casas
baratas"
hechas por el sindicato vertical o el Ministerio de la Vivienda de
Franco en los años cincuenta. Está en la cima de
una
cuesta (esto son las rías altas, y empiezan las cuestas casi
a
pie de playa) con lo cual el ejercicio está asegurado,
aunque no
nade nada, porque la caza y recolección se encuentra bajando
la
cuesta, uf, cuesta. El pueblo es precioso, ayer nuestra animadora
cultural nos llevó a dar un paseo de varios
kilómetros
para dejarlo ya todo bien visto el primer día. Localizamos
los
puntos de interés para urgencias: la casa de Saudade, oops,
de
Saude, la Cruz Roja, la Opel, Turismo, el Hiper. El Ciber. La
Biblioteca. Ah, sí, la playa, que yo no fui. Y la Saudade
casi
la estrenamos el primer día, porque Otitas se
desgració
un pie explorando el barrio, pero bueno, al fin mucha sangre para nada,
un poco de Betadine y una venda y ya va todo pimpante y sin cojear
siquiera, al frente de la expedición. Pibo se nos hizo pis
en la
cama para celebrar el aterrizaje; y tras una noche agitadita nos
levantamos tarde como siempre que llueve, qué bien se duerme
cuando llueve, a las diez y media. El tiempo promete no aburrir,
cambiante como el humor. Ahora tenemos a los pequeños
haciendo
hortografía, y a Álvaro leyendo H. Rider Haggard,
uno de
sus autores favoritos ("Está muy bien, papá. Han
matado
al Habitante de las Aguas. Habitante con Hache Mayúscula, y
Aguas con A Mayúscula"). Como no lo suelta veo que pronto va
a
haber que ir a la biblioteca a por más. Y yo me he venido
con un
estante de libros, este ordenata que veis, y nada de trabajo o casi
nada, sólo marcianos para matar. Así que a eso se
dedicará mi yo, mientras mi otro yo se agita oscuramente
entre
estas líneas, o en la parte de atrás de la
cabeza. Soy
géminis, ¿os lo he dicho? Sólo conozco
a una amiga
que le da importancia a esto de los signos del zodiaco, y esta noche he
soñado que me entregaba un post sobre ella para que se lo
publicase aquí, pero a la vez me revelaba que su nombre no
era
el que yo siempre había conocido, sino que se llamaba
Claribel
Pedralba o algo así, que me lo había venido
ocultando por
rollos que no venían al caso. Yo me veía obligado
a
corregir una frase del post que me daba, donde decía que
siempre
había sido muy sincera conmigo.
Miércoles
2 de agosto de 2006
En el ciber
M-aquí
en Viveiro, donde me despierto y busco inmediatamente un
cibercafé por consultar el correo electrónico, y
ver si
hay noticias, si me han mandado un mail por ejemplo diciendo que Su
Caso Se Ha Revisado, o en esa línea. Pero no, mi
caso
está cerrado al parecer. Me compré una
extensión
Wifi por si existía eso aquí en el
profundo Lugo,
pero no lo hay, y moriremos al palo de los
cibercafés. No
sería tan raro, oye, el año pasado lo
tenían en la
biblioteca de Cedeira, unos metros más allá.
Aquí "no conosco". Decía Walter
Benjamin que
para conocer una ciudad a fondo había que visitar sus
librerías de viejo. Como en este país
casi no las
hay, habrá que actualizar el dicho y pasarlo a las
bibliotecas y los cibercafés. Me voy ahora a
explorar el
resto, que después de chequear el mail hay que
comprar
víveres. En Viveiro sin vivir en
mí.
(Por cierto, me he olvidado otra
vez de colgar en este blog un aviso de
que igual no puedo actualizar más que su versión
de
Blogia Vanity Fea... hasta
septiembre).
Plan de viaje para hoy: Zaragoza
- Madrid - Galicia. Si
todo va
bien, llegaremos esta noche a Viveiro tras un bonito viaje. Si no, fue
bonito mientras duró.