Blog de notas de Josť Ńngel GarcŪa Landa (Biescas y Zaragoza) - 26-31 mayo 2006

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Blog de notas de Josť Ńngel GarcŪa Landa (Biescas y Zaragoza) - Mayo 2006

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MŕSICA que viene: - Dans un autre monde (Cťline Dion) Que se va: Ah mon Die (Savina Yannatou) - Que vuelve: «a valait la peine (Coralie Clťment)


Miťrcoles 31 de mayo de 2006 

Les 45 coups

Vaya, acaban de hacerme caer en que maŮana es mi cumpleaŮos . . .  y caen cuarenta y cinco. Por favor, que no se moleste nadie en felicitarme, no hay de quť. Soy de los que lo llevan mal. Cualquier tiempo mejor fue pasado. Pamplinas, ya lo sť, pero no hablo de datos comprobables, ni de creencias intelectuales, sino de un unaccountable feeling.
 

Nel golden mezzo

 

 

La mort en direct 
Poursuivant une vieille obsession avec la focalisation, avec The Lady of the Lake et, oui, avec la mort en direct, j'ai dťnichť ce film de Bertrand Tavernier (1980) que j'avais ratť ŗ l'ťpoque. D'aprŤs la prťsentation du DVD, "c'est l'histoire d'un homme, Roddy, qui a une camťra greffťe dans le cerveau et qui filme donc tout ce qu'il regarde. C'est l'histoire d'une femme, Katherine Mortenhoe, qui s'enfuit pour 'mourir libre'. Voulant ťchapper aux mťdias, en l'occurrence une ťmission de tťlťvision, elle ne sait pas qu'elle est aidťe dans sa fuite par celui qui la filme . . . "

On voit bien que c'est un film qui anticipe certains des dťveloppements les plus intťressants de la mťtafiction cinťmatographique contemporaine: l'envahissement de la rťalitť par les mťdias, l'usage rťflexif de la trash-TV et l'ambivalence de l'image revue par le spectateur, dont on ne sait pas au juste ŗ l'occasion s'il s'agit d'un signal interne au film ou bien de l'image extradiťgťtique, avec de belles possibilitťs d'ambiguÔtť. Ce n'est pas dire que Tavernier les exploite ŗ fond, mais il y a lŗ certainement bien d'ťlťments intťressants pour nous qui sommes friands de la virtualisation de la rťalitť par les mťdias. On trouve de belles idťes qui pourraient aboutir ŗ des directions telles que The Truman Show, ou bien eXistenz, ou encore The Matrix.

Ceci dit, il y a bien d'ťlťments absurdes dans le script, ŗ commencer (ou finir) par la mort de l'hťroÔne. Y avait pas de quoi mourir et puis Romy Schneider, magnifique, n'arrive cependant pas ŗ jouer la mourante—elle joue plutŰt l'ťlťgance dans la mort. Hťlŗs, elle allait mieux faire bientŰt— c'est presque la mort en direct pour de vrai, de ce point de vue, il y a des scŤnes un peu uncanny si l'on pense ŗ Romy Schneider, bientŰt suicide dans le film et dans la vie, en train de recevoir d'un docteur la 'fausse' nouvelle, "Vous allez mourir", sous le regard des espions derriŤre le faux miroir, et derriŤre les faux yeux —et derriŤre l'ťcran... nous mÍmes.

Il y a ŗ craindre, aussi, que beaucoup de spectateurs trouveront ŗ peine supportable le choix initial de prťsenter un hypothŤtique futur dans lequel "on ne meurt plus comme avant" sous l'habit d'un prťsent complŤtement plat, sans aucune concession au look sci-fi. Surtout lorsque ce prťsent-lŗ devient un rťtro-futur, vu un quart de siŤcle aprŤs... et, est-ce vrai que les gens s'habillaient et se peignaient ainsi en 1980? C'est bel et bien les seventies, ou encore les sixties.

Pour Harvey Keitel, c'est une expťrience transformatrice que de jouer la camťra vivante dans cette charade, et il reviendra (comme Catherine) au passť, ŗ sa premiŤre femme. Mais Romy choisit la mort plutŰt que vivre sous l'œil de la camťra. Hťlŗs, il faut bien s'y habituer, bientŰt on aura tous un webcam sous la paupiŤre, ou devant elle.

La Mort en Direct. Dir. and coprod. by Bertrand Tavernier. Written by David Rayfiel and Bertrand Tavernier. Cast: Romy Schneider, Harvey Keitel, Harry Dean Stanton, ThťrŤse Liotard, Caroline Langrishe, William Russel, Vadim Glowna, Eva Maria Mbinere, Bertrand Wicki, Max von Sydow. Photog. Pierre William Glenn. Sound by Michel Desrois. Sets by Tony Pratt and Bern Lepel. Costumes by Judy Moorcroft. Ed. Armand Psenny and Michael Ellis. Music by Antoine Duhamel. Prod. des. Louis Wipf. Exec. prod. Jean Serge Breton. Selta Films / Little Bear / Sarra Films / Gaumont / Antenne 2 / TV 14 Munich, 1980. DVD. StudioCanal, 2005.


Cachť

 

 

Martes 30 de mayo

 

Embarazo comunicado

ŃVaya! Alguien se ha embarazado. . .  y no me dejan decir quiŽn. Pero bueno, tranquilidad, que no soy yo. De momento est‡ la cosa reciente, pero con un poco de perspectiva temporal se vio que en efecto no hab’a ninguna raz—n para el p‡nico. Menos mal que, contra lo que se sol’a decir, no se embarazaba una de golpe, sino poco a poco; y as’ pasito a pasito, en unos meses la premam‡ ya luc’a una hermosa barriga, y tan a gusto. As’ hab’a tiempo de hacerse a la idea y organizar el asunto. ŃEnhorabuena!

 

Planning Management

 

 

 

 

Seccionando el Departamento

Hoy hemos tenido un maratoniano Consejo de Departamento regido por la confusi—n, el hast’o, la repetici—n y el enfascamiento en normas administrativas mal entendidas o mal aplicadas. . . una pesadilla sartreana, verse huis clos con tanta gente hablando fuera de turno de palabra, examinando innumerables actas llenas de procedimientos administrativos err—neos o contradictorios, cada cual ciego con su tema particular, y todo el proceso bajo el manto de la Confusi—n. . . buf.

Nuestro Director ha presentado un informe de gesti—n que, sometido a votaci—n secreta, ha sido aprobado por un estrecho margen (muchos votos en contra, que junto con varios votos en blanco sumaban m‡s que los votos positivos). He solicitado yo la votaci—n secreta, como vengo haciendo con cierta frecuencia para asuntos departamentales. A veces los resultados que se obtienen con votaci—n secreta sorprenden por sus espectaculares diferencias con respecto a los que hubieran sido de esperar si cada persona hubiera tenido que expresar su opini—n abiertamente. As’ va la Administraci—n.

La decisi—n m‡s importante que se ha tomado ha sido la de establecer secciones departamentales. La ceremonia de la confusi—n hasta que se ha llegado a la votaci—n, y el resultado tambiŽn es curioso. El reglamento de la Universidad prevŽ que se establezcan secciones atendiendo a tres razones: 1) la ubicaci—n geogr‡fica de los centros (son las secciones que hab’a hasta ahora, en Huesca y Teruel, pero han quedado suprimidas), o bien por ‡reas de conocimiento, o bien por organizaci—n de la docencia

Pues ‡reas de conocimiento tenemos dos, Filolog’a Inglesa y Filolog’a Alemana, pero se ha denegado a los de Filolog’a Alemana la posibilidad de constituirse en secci—n aparte. TambiŽn se han ignorado los criterios geogr‡ficos (luego veremos quŽ consecuencias tiene esto para repartir la docencia, que Arag—n es grande. . .)

Yo propon’a, aparte de conservar las secciones geogr‡ficas por su pertinencia evidente, establecer estas secciones:

- Filolog’a alemana

- Filolog’a inglesa en la Facultad de Filosof’a y Letras

- InglŽs para Educaci—n (Facultad de Educaci—n)

-  InglŽs para fines espec’ficos (resto de los centros, cerca de 20).

Y en cambio se ha introducido el criterio de las "sub‡reas": Lengua y LingŸ’stica inglesa por un lado, Literatura y Cultura por otro. . . y un tercer grupo, Lengua para fines espec’ficos, donde han ido a parar los de alem‡n y centros dispersos. O sea que se ha institucionalizado la divisi—n "extraoficial" que se ven’a aplicando para algunas cosas en el Departamento. . . para algunas cosas, pero no precisamente para la organizaci—n de la docencia, porque Žsa la hacen las dos supuestas "sub‡reas" conjuntamente. En fin, que no sŽ quŽ uso se pretender‡ hacer de esta divisi—n que ni parece operativa ni justificada por la normativa.

Pero es lo que ha decidido la mayor’a, con oscuro criterio. . . as’ que a misa. S’ responde a una voluntad bastante arraigada en nuestra la profesi—n de identificarse como "lingŸistas" o "literatos", pero en ningŌn caso como "fil—logos". Establecer una divisi—n interna en Filolog’a Inglesa es prioritario con respecto a cualquier otra consideraci—n. A m’ que no me pregunten por quŽ. . . pero al ser una divisi—n imaginaria a nivel de la reglamentaci—n oficial, tiene la gran ventaja de que puede aplicarse (ateniŽndose a nuestras normas) o ignorarse (ateniŽndose a normas administrativas de categor’a superior) segœn convenga en cada caso. Se ha venido usando desde hace tiempo como un demonio de Maxwell que permite orientar la circulaci—n de part’culas departamentales en las direcciones deseadas por los estrategas. Por lo menos ahora lo tenemos sobre el papel para verle la cara: hasta ahora funcionaba de modo totalmente extraoficial.

Durante la reuni—n del Consejo he intervenido en distintas ocasiones, pero dos merecen menci—n:

- Una. Se ten’an que presentar alegaciones a las nuevas titulaciones propuestas por el Ministerio, entre ellas, a la titulaci—n que se nos impone para suprimir nuestra titulaci—n propia de Filolog’a Inglesa, la llamada "Lenguas y Literaturas Modernas". Existe un consenso nacional, al cual se ha sumado nuestro departamento, para rechazar esta titulaci—n como sustituta de nuestra titulaci—n propia de inglŽs. Pues bien, esto no se iba ni siquiera a mencionar si atendemos a las alegaciones que presentaba nuestra Comisi—n de Planes de Estudio; alegaban que no nos ped’an opini—n sobre eso. . . Ńpues claro! — les he dicho. Ese es precisamente el asunto, que jam‡ se nos va a pedir opini—n al respecto. Se va a suprimir nuestra titulaci—n con nuestro visto bueno impl’cito, al no existir ningœn acto administrativo donde el Departamento pueda expresar su disconformidad. Y tras muchas resistencias he conseguido que el Departamento acceda a expresar en este momento, a la hora de opinar sobre las nuevas carreras propuestas, su oposici—n a que se suprima nuestra titulaci—n espec’fica de Filolog’a Inglesa sin sustituirla por otra nueva igualmente espec’fica. Esto es surrealista, pero es as’: a la hora de opinar sobre la nueva carrera, el Departamento ni siquiera iba a mencionar el "peque–o detalle" de que no queremos que se suprima la carrera de inglŽs que imparte y que le es propia por su ‡rea de conocimiento. Esta ceguera de los funcionarios haciendo sus funciones delante del ‡rbol y perdiendo de vista el bosque no es local, sino sistem‡tica. De hecho, a nivel nacional la profesi—n no ha cerrado filas en torno a la defensa de su licenciatura de Filolog’a Inglesa, lejos de ello. . . sino que, aceptando la mayor, que la Filolog’a Inglesa era una antigualla a suprimir, propon’an la creaci—n de una nueva carrera de "Estudios Ingleses". Bueno, algo es algo. De hecho, la mayor’a no se consideran fil—logos. Pero partiendo de ese nivel de autoconciencia, as’ nos est‡ yendo.

TambiŽn solicitŽ, y se acept—, que en las alegaciones a las propuestas de t’tulos, donde diga "formaci—n en una segunda lengua no nacional de interŽs cient’fico" o cosa semejante, digamos (ya que somos el ‡rea de inglŽs), formaci—n en inglŽs (u otra lengua de interŽs cient’fico). Si hasta Zapatero habla de que va a subvencionar el aprendizaje de inglŽs hoy en el Debate sobre el Estado de la Naci—n. Claro que m‡s le valdr’a a Zapatero decirle a sus ministras que no lo supriman como carrera universitaria, visto que es Žl quien establece el mapa de las titulaciones de Filolog’a.

- Dos. Con ocasi—n de la implantaci—n del nuevo m‡ster para el a–o que viene, he querido recordar al Departamento que el a–o pasado (y el anterior) se inhibi— de afrontar coherentemente la organizaci—n de su nuevo plan de estudios.  Sin tratar nunca el tema oficialmente y donde correspond’a, en el Consejo o en la Comisi—n de Planes de Estudio (que no se reuni— en a–os, prudentemente desconvocada), se dej— en manos de grupos de profesores y de intereses espec’ficos el dise–o de propuestas de M‡ster. Y de esa dejadez interesada ha salido el resultado que tenemos ahora: que cuando nuestro primer ciclo de Filolog’a Inglesa ya no ser‡ probablemente una titulaci—n propia, el segundo ciclo se ha convertido en un m‡ster de literatura y cultura inglesa, un m‡ster que responde a los intereses de algunos profesores influyentes, pero que no es el tipo de m‡ster que necesita ni Arag—n, ni la Universidad, ni este Departamento para formar coherentemente a los estudiantes. Ahora bien, si se deja que actœen las fuerzas vivas, sin debate pœblico, y a la hora de votar va todo el mundo a pi–—n fijo. . . pues es lo que acaba pasando. Supongo que muchos estar‡n encantados, claro, esto es cuesti—n de opiniones; lo triste es que la mayor’a ni sabe ni contesta, ni opina, por si acaso, y el debate sobre estos peque–os detalles de quŽ tipo de carrera de inglŽs queremos ense–ar, etc., brilla por su ausencia en el Departamento. Salvo en petit comitŽ, si es que el petit comitŽ se lo plantea en esos tŽrminos.

En fin, con esto de los m‡steres a la americana en el contexto espa–ol, lo que estoy viendo es que est‡ desapareciendo o fosiliz‡ndose lo mejor del ‡mbito administrativo pœblico donde se supone que se deb’a decidir sobre la organizaci—n de los estudios (el Consejo de Departamento, la Junta de Facultad) y que se ha cedido este ‡mbito de di‡logo de los especialistas sobre una base de igualdad, para reforzar la influencia de las c‡tedras y sus satŽlites, corrillos y c’rculos de contactos y relaciones endog‡micas y personales, a las camarillas que deciden quiŽn est‡ "in" y quiŽn est‡ "out", por su mejor o peor inserci—n en el equipo, esp’ritu de colaboraci—n o armon’a con los objetivos del grupo. Y las cosas, a discutirlas en grupos de enteradillos, o de boca de druida a oido de druida. De momento, muchos estar‡n as’ m‡s contentos, no me cabe duda. Pero no sŽ si esto entraba en los c‡lculos de los reformistas, si Žstos prevŽn que sea una fase transitoria o si ha de regirse as’ la universidad de calidad esa del futuro que nos anuncian, en plan survival of the fittest interpretado en clave del corralillo nacional. 

Otra noticia que me llega por el correo, tambiŽn s’ntoma de los tiempos supongo:

El Rector de la Universidad de Zaragoza  ( . . . ) cambiar‡ cigarrillos por chupa-chups y piruletas de chocolate MA„ANA miŽrcoles a las 10,00 horas en el Campus de la Plaza San Francisco.

Es pintoresco, es americano, es el futuro. L‡stima que aqu’ nos pilla esto sin radical innocence.

 

Yes Master

 

 

 

 

Interculturalism

 

 Acaba de salir, publicado por Peter Lang (Berna) este libro: Interculturalism: Between Identity and Diversity,  una colecci—n de peipas entre la fenomenolog’a y la filolog’a, editada por Beatriz (Penas Ib‡–ez) y MĽ Carmen L—pez S‡enz. ŃEnhorabuena! —que le llevan dando desde 2003, y antes incluso.  Y enhorabuena tambiŽn a m’, que tengo un capitulillo en el.


Contiene:


MĽ Carmen L—pez S‡enz y Beatriz Penas Ib‡–ez, "Between Identity and Diversity: An Introduction to Intercultural Communication Studies"

MĽ Carmen L—pez S‡enz (Universidad Nacional de Educaci—n a Distancia, Madrid), "La parole as a Gesture of the Originating Differentiation"

Susan M. Purviance (University of Toledo, Ohio), "Personal identity and Multiplicity in Shaftesbury, Hume, and Reid"

Javier San Mart’n (Universidad Nacional de Educaci—n a Distancia, Madrid), "The Life-World: What Is Common and What Is Different"

Karina P. Trilles Calvo (Universidad de Castilla-La Mancha), "Dialoguing with the Other: Some Notes from Maurice Merleau-Ponty"

Amin Asadollahi (UniversitŠt Stuttgart), "Truth and Identity: The Collapse of Diversity in Contemporary Reality"

Jesus M. D’az Álvarez (Universidad Nacional de Educaci—n a Distancia, Madrid), "The Foundation of Morality and Normative-Cultural Differences: A Phenomenological Approach"

Kathrin Hšnig (Universidades de ZŸrich y St. Gallen). "Intercultural Diversity and Translation: Remarks on Incommensurability and Tolerance from a Semantic Perspective"

Jef Verschueren (Universidad de Amberes), "Identity as a Denial of Diversity"

Elvira Burgos (Universidad de Zaragoza), "Vulnerable Identity and Agency: Judith Butler"

Ángeles de la Concha (Universidad Nacional de Educaci—n a Distancia, Madrid), "The Body as Discursive Locus of Female Identity"

JosŽ Ángel Garc’a Landa (Universidad de Zaragoza), "Rereading(,) Narrative(,) Identity(,) and Interaction"

Beatriz Penas Ib‡–ez (Universidad de Zaragoza), "The Signifiers of Self: A Sociopragmatic Account of Linguistic Diversity and the Discursive Construction of Identities."


Igual un d’a, con el tiempo y una ca–a, voy traduciendo al espa–ol mi cap’tulo, empezando por el t’tulo, "Relectura, Narraci—n, Identidad, Interacci—n".

 

Relectura y nuevos significados

 

 

 

Lunes 29 de mayo

 

ŃHal‡, Penas!

- Pap‡, ņsabes que nadie, pero absolutamente nadie en el colegio lleva zapatos?

- Vaya. . . quŽ raro. Bueno, pero tœ vas c—modo con zapatos, ņno?

- S’, pero me dicen, ņa d—nde vas con zapatos? Hasta Juan me lo dice. Y sabes, Juan, no habla m‡s que de videojuegos ahora. Sale al recreo, y se pone a hablar de videojuegos, de uno que juega Žl, que se llama Patrician, todo el rato. Y los dem‡s hacen un corro alrededor, y se ponen a hablar todos de videojuegos. Menos yo, y todos est‡n mir‡ndose en un c’rculo, y hablando de Patrician, hasta que de repente—psch—uno se vuelve hacia atr‡s, y me ve, y dice... "Penas, ņde verdad que no tienes ningœn videojuego?" o "Penas, ņde verdad que no tienes Windows"? Y entonces todos se vuelven y me miran de repente, y me se–alan, y dicen, "Hal‡ Penas, desde luego...!" y se vuelven a poner en c’rculo, y murmuran entre ellos, y me miran de reojo...

- ņY arquean la espalda?

- S’, exactamente, tambiŽn arquean la espalda.

ņQuŽ dibujas, Gottax?

 

 

X-Men: The Last Stand

Nos vamos con Alvarete a ver esta pel’cula, que es la tercera y la que m‡s le gusta de la serie. A m’ no, realmente; me parece mucho m‡s eficaz la direcci—n de las primeras; aqu’ se aprecian fallos de ritmo, de continuidad y de coreograf’a en la acci—n mœltiple de las batallas, por destacar los m‡s evidentes. Pueden verse aqu’ adem‡s varias rese–as de fans descontentos por la manera en que se trata a los personajes; aunque una cosa es segura: no hay manera de dejar contento a la vez al pœblico friki y al que ignora la relaci—n con los c—mics; en ese sentido esta pel’cula, como toda la serie, es m‡s bien un Žxito rotundo que otra cosa. Y, por supuesto, los efectos son magn’ficos, y hay escenas admirablemente logradas; en conjunto, para ser justos, pocas terceras partes fueron tan buenas.

 

Yo era fan de la "Patrulla X" ya en los a–os 70; de hecho los conoc’a incluso en su versi—n original, a travŽs de comics que me pasaban los americanos de la base de Zaragoza, y me puse morado de dibujarlos, hasta me hac’a mis propios c—mics con los personajes, tambiŽn con historias de Magneto intrigando y de rebeliones y guerras de mutantes secesionistas. . . el argumento est‡ndar de los X-Men, a saber, el debate entre la integraci—n y la confrontaci—n entre las minor’as estigmatizadas y el conjunto de la comunidad social.

the endLas historias de mutantes expresaban en los a–os 60, de forma desplazada simb—licamente, las luchas por los derechos civiles de la comunidad negra, y las dificultades de la integraci—n. No es casual que vuelvan a convertirse en un s’mbolo poderoso hoy en d’a, con el debate abierto en frentes tales como el multiculturalismo, el terrorismo, la disidencia social y sexual, o las tecnolog’as del cuerpo (clonaci—n, manipulacion genŽtica, transplantes, etc.).

En un gui—n que tiene algunos peque–os fallos de tratamiento (quiz‡ por querer atender a demasiados frentes y personajes) es sin embargo un acierto global el plantear como problema central de esta pel’cula, de la manera m‡s directa, el debate sobre la integraci—n como supresi—n de las diferencias ("la cura" que har‡ perder a los mutantes sus poderes y diferencia espec’fica, y que lleva aqu’ al debate primero, a "la decisi—n" como dicen en la traducci—n espa–ola, la decisi—n de cada cual de someterse a "la cura" o no, y en œltima instancia, lleva a que prenda la confrontaci—n pœblica y abierta, liderada por Magneto, el Bin Laden de los mutantes.

 

Me centrarŽ en el asunto Žste de "la cura". Los mutantes son negros, homosexuales, sidosos, superdotados, deformes estigmatizados. TambiŽn son agentes secretos, discapacitados (acordaos de Acci—n Mutante), musulmanes en Occidente, jud’os marcados para el Holocausto. Son adolescentes soci—patas, terroristas, miembros de una secta peligrosa, tribus urbanas. Son todo menos mutantes (que haberlos no los hay). Son un s’mbolo ambivalente, multidireccional, de la disidencia, el estigma y la exclusi—n social. El mismo c—ctel que reœne categor’as tan diversas es una manera (postmodernista, podr’amos decir) de a la vez iluminarlas por interpretaci—n mutua, y de recargarlas de abyecci—n. Naturalmente, las dos alternativas se presentan superpuestas, y asociadas, la primera al punto de vista favorecido por la narraci—n, el de los mutantes "buenos" partidarios de la colaboraci—n con los dem‡s humanos; el punto de vista abyecto, asociado a los mutantes de Magneto, partidarios no s—lo de la secesi—n de comunidades, sino de la agresi—n abierta.

 

Est‡ claro que para cada una de estas posibles lecturas simb—licas, y para cada uno de los personajes y grupos de la pel’cula, "la cura" representa algo diferente. Es un acierto de la pel’cula la manera en que se trata este tema. Hay muchos mutantes an—nimos que eligen "la cura"; entre el grupo de los protagonistas, es la opci—n de P’cara, que se ve’a sexualmente impedida por sus "poderes". En este caso, la cura es una cura. Pero para el mutante que es como el miembro de una comunidad negra, "la cura" es un insulto, es como Michael Jackson volviŽndose blanco. Para el mutante queer, la cura supone la amenaza de la uniformidad de la sociedad liberal-capitalista, que, a pesar de presentarse como abierta a todas las opciones, trabaja efectivamente por privilegiar unas y marginar otras. Los mutantes como superdotados sufren la tentaci—n de la vulgaridad, de renunciar a su diferencia que les provoca aislamiento y sufrimiento a cambio de una superioridad de dudosa utilidad para la interacci—n social, pero "la cura" es aqu’ un empobrecimiento del potencial global de la humanidad. El terrorista ve en la cura la mayor amenaza, la que lleva a su integraci—n sin problemas al orden establecido, y reduce al absurdo su proyecto de transformaci—n por la fuerza; as’, responder‡ a ella con la violencia.

 

Es sintom‡tico que la pel’cula no favorece en absoluto "la cura" como una opci—n: los mutantes de Xavier son, y ser‡n, una comunidad aparte, aunque en buenas relaciones con el Gobierno. La transformaci—n de "la cura" en un arma (no letal, claro, pero letal para la diferencia) se ve cuanto menos como una torpeza pol’tica. Estados Unidos, en una lectura pol’tica del film, no quiere presentarse como un "melting pot" que reduce las diferencias Žtnicas, ideol—gicas, culturales, etc. a un proyecto sociocultural uniforme, sino m‡s bien como un espacio pœblico de comunicaci—n en el que, respetando las reglas pœblicas del juego, cada individuo y cada comunidad puede mantener su especificidad sin humillaciones ni privilegios. Es el mismo proyecto que plantea la pel’cula para el orden mundial, como puede verse con el simb—lico nombramiento de La Bestia como embajador ante las Naciones Unidas.

 

Ahora bien, no se tolerar‡ a mutantes con potencial de destrucci—n masivo y que no negocien su integraci—n al orden general. FŽnix ha de morir. Cuidado, Ir‡n. (Hoy dice el New York Times que Estados Unidos est‡ buscando cabezas de pl‡stico no nucleares para sus misiles bal’sticos lanzados desde submarinos).

 

Pero tened cuidado tambiŽn con FŽnix. Como el retorno de lo reprimido, el fŽnix siempre vuelve a renacer en Oriente Medio.

Hulk


Domingo 28 de mayo

Muertes paralelas / No se fusila en domingo

 

Me acabo de comprar Muertes paralelas, libro en el que Fernando S‡nchez Drag— reconstruye la muerte de su padre Fernando (S‡nchez) Monreal, asesinado por los falangistas en el verano de 1936, y vuelve sobre la manera en que ese hecho ha marcado su vida irremediablemente.

Me lo he comprado porque mi abuelo, Ángel Garc’a Benedito, maestro nacional y hombre bueno, fue tambiŽn asesinado por los falangistas ese mismo verano de 36, dos meses antes, a pocos d’as del infame 18 de julio. Promete ser una lectura interesante. Todas las familias espa–olas est‡n marcadas por la Guerra Civil, as’ que no creo que haya una afinidad tan espectacular en este caso, ni en el paralelismo de su padre con JosŽ Antonio Primo de Rivera que da t’tulo al libro de S‡nchez Drag—. Pero s’ hay claro, elementos en comœn. TambiŽn cosas que matizar.

Se pregunta S‡nchez Drag— por los asesinos de su padre:

ņDe quŽ Falange estamos hablando? ņEn quŽ medida eran falangistas autŽnticos, camisas viejas, los energœmenos y reciŽn llegados que impusieron por doquier, en toda la extensi—n de la zona nacional, durante los dos primeros meses de la guerra, su inicua ley del gatillo? ņA quŽ tipo, a quŽ facci—n, a quŽ clase de Falange, en suma, pertenec’an los asesinos de Fernando Monreal y Luis Carre–o?

    Responde Juli‡n Casanova, catedr‡tico de Historia Contempor‡nea en la Universidad de Zaragoza y autor de varios libros sobre la guerra civil (Entre ellos, escrito a medias con Santos Juli‡, V’ctimas de la Guerra Civil, Madrid, 1999), en una entrevista de enero de 2003 recogida por Montse Armengou y Ricard Belis en su obra, ya citada por m’, Las fosas del silencio. ƒste es su testimonio:

     "Cuando se produce la sublevaci—n militar en julio del 36, Falange es un grupo minoritario que, a diferencia de otros partidos fascistas europeos, como el italiano y el alem‡n, no ha creado una organizaci—n de masas ni ha tenido Žxito en la movilizaci—n pol’tica dentro del sistema democr‡tico. A partir de julio del 36, Falange es un partido que crece en tromba, porque mucha gente —cat—licos, ex-votantes de la CEDA, etc.— se sienten protegidos por este partido que crea una imagen de violencia y exterminio de los rojos. Hay una parte de imagen y otra que es real. Sin ninguna duda, Falange es un partido de promoci—n de la violencia, que la pone en pr‡ctica durante el llamado terror caliente del verano del treinta y seis. Actœan de verdugos de muchas de las v’ctimas que estamos analizando en los œltimos a–os. El ejŽrcito tiene que intervenir algunas veces, porque los falangistas se est‡n extralimitando en sus funciones." (Ob. cit., pp. 53 y 54).

    Y a–aden de su cosecha los autores del libro citado:

"Falange Espa–ola era un grupœsculo pol’tico que en las elecciones de febrero de 1936 recibi— tan s—lo cuarenta y cinco mil votos y no obtuvo ningœn diputado. Su estŽtica uniformada, el culto a JosŽ Antonio Primo de Rivera y la utilizaci—n que Franco hizo de ella inflaron la presencia y la influencia de la formaci—n. No es de extra–ar que algunos investigadores opinen que aquel partido de estilo fascista y paramilitar se cre— a medida para el golpe del 18 de julio. Ello resulta veros’mil si pensamos en el papel que los camaradas de Falange desempe–aron en detenciones, torturas, violaciones, paseos, mareos, limpias y toda la terminolog’a inventada para designar una sola cosa: asesinatos en los cuales se disputaban el protagonismo con los militares y la Guardia Civil. Joan M. Thomas, historiador que ha investigado a fondo la Falange, cree que una mayor’a del partido particip— con entusiasmo y por iniciativa propia en la represi—n, sobre todo en los primeros tiempos de la guerra." (Ob. cit. pp. 54 y 55).

(S‡nchez Drag—, Muertes paralelas 222-24)

 

Sobre la descripci—n de Casanova, aclararŽ que no la cito, (ni yo ni S‡nchez Drag—, supongo) con ‡nimo de negar que grupos criminales/terroristas del bando contrario hayan cometido actos comparables— probablemente incluso m‡s numerosos antes de la guerra, y menos reprimidos Žsos por las autoridades del Frente Popular. S’ matizar’a, estando de acuerdo con esta descripci—n en tŽrminos generales, que el calificativo de "verdugo" (aplicado hoy con frecuencia tambiŽn a los terroristas etarras o islamistas) est‡ invariablemente mal empleado. Un verdugo ejecuta a un reo por mandato legal tras un proceso judicial; estos falangistas eran grupos terroristas no amparados por ninguna legalidad que ni yo, ni Casanova, ni S‡nchez Drag— supongo, reconozcamos. De ah’ que el tŽrmino estŽ mal utilizado para describir a esas pandillas falangistas: eran asesinos, no verdugos. Un verdugo es lo que hubieran merecido ellos, en un mundo mejor ordenado. 

Continœa inmediatamente S‡nchez Drag—, comentando la exposici—n de Las fosas del silencio:

Bien. . . o mal. O las dos cosas. Separemos el trigo de los datos de la paja de las opiniones. Todo lo que dice Juli‡n Casanova es cierto, o lo parece, aunque no sobrar’a recalcar que la promoci—n de la violencia llevada a cabo por la Falange fue posterior al Alzamiento [tch tch, ese lenguaje . . . ] y no —en contra de lo que la propaganda izquierdista, [sic la coma] ha conseguido infundir en muchas molleras de Žsas, tan abundantes, a las que nada importa deglutir ruedas de molino- anterior a Žl. Al Alzamiento, dec’a. . . [re-sick] (S‡nchez Drag—, 224).

Supongo que cada uno cuenta la guerra segœn le va. Pero deber’a informarse m‡s S‡nchez Drag— antes de pontificar as’ sobre la inocencia original de la Falange. A m’ desde luego me deja un tanto escŽptico . . .

Tampoco es de recibo, sino que antes bien suscita indignaci—n, la m’a al menos, lo que Armengou y Belis hacen al dar por buena —no es de extra–ar, dicen— la delirante opini—n, sostenida, al parecer, por algunos investigadores, cuyos nombres no citan (aunque con esta observaci—n no estŽ poniendo yo en duda su existencia, seguro que los hay, y a chorro) de que la Falange se cre—,  vivir para o’r, Ńa medida para el golpe del 18 de julio! Ni que decir tiene que los signos de indignaci—n, que no, en modo alguno, de admiraci—n, son m’os. (S‡nchez Drag—, 224)

Aqu’ critica S‡nchez Drag— el hindsight bias que supone el ver en la fundaci—n de la Falange una prefiguraci—n de la Guerra Civil. Y pasa a culpar al vandalismo del Frente Popular el crecimiento del desorden que llev— a la espiral de violencia. Bien, desde luego la fecha del 18 de julio no aparece en el acta fundacional de la Falange. Pero, habida cuenta de los precedentes fascista y nazi, ņalguien puede dudar que estaba entre los sue–os, delirantes quiz‡ entonces, de la Falange, el hacerse con el poder al estilo camisa parda, negra, o azul, y arramblando con el rŽgimen, comunista o dem—crata, que hubiese en su momento? ņSe iban a suprimir los partidos, y "el capitalismo", y se iba llevar a cabo el programa joseantoniano, sin usar la violencia? Vamos, hombre. . .  menos indignaci—n, y m‡s clarividencia, que est‡s escribiendo memoria hist—rica, no desmemoria. Los dem—cratas escaseaban en el 36, tanto en la derecha como en la izquierda; ambas estaban m‡s que dispuestas a hacerse con el poder por la fuerza, y a llevar a cabo lo que ambas denominaban una Revoluci—n—que ya se sabe que no son pac’ficas. Y quienes s’ eran dem—cratas en teor’a, y deb’an haber sabido mantener la ley y gobernar con justicia, tampoco lo supieron hacer, y se dejaron llevar por sectarismos y favoritismos. E indultaron a golpistas de toda especie.

Pero lo de S‡nchez Drag— es un caso de trauma pol’tico profundo—para acabar en este libro declarando su admiraci—n a la Falange actual y a la de JosŽ Antonio, a las que por una extra–a maniobra mental no asocia apenas con la Falange que realmente exist’a en 1936. Sobre las ra’ces de esta pirueta conceptual, y de la simbolog’a traumatizada que subyace a ella, puede verse mi comentario en el art’culo "Paralelismos traum‡ticos".

Pero quieras que no, tiene que reconocer S‡nchez Drag— algunas dur’simas verdades . . .  que de eso va su libro, se supone:

Pero es, efectivamente, y por desgracia, exacto lo que los dos autores en cuesti—n dicen acerca del triste y b‡rbaro papel que motu propio [proprio, mŗs propriamente] desempe–— la Falange, o quienes por falangistas se despachaban [ņņ?? —ah. ņigual eran rojos, o esperantistas?], en los primeros meses del conflicto.

    Ser‡, concluyen Armengou y Belis, "posteriormente cuando comiencen las discrepancias al ver algunos falangistas que el objetivo de Franco de exterminar al enemigo se perpetœa: algunos camisas azules creen que esa aniquilaci—n puede ser contraproducente para el partido y para su proyecto de Espa–a, m‡s integrador [tras la desintegraci—n del enemigo y del chivo expiatorio, ser‡]; el propio Manuel Hedilla, jefe de la Junta Provisional de Falange, dirige a sus subordinados una circular en la que les advierte:

'Insisto con el m‡ximo interŽs en que las operaciones de represi—n se controlen con todo celo, no cumpliendo otras —rdenes que las dictadas por las autoridades competentes [tiene chiste esto de las 'autoridades competentes']. Es menester evitar que sobre la Falange se eche una fama sangrienta que pueda perjudicarnos en el porvenir. No se castigar‡ a nadie sin averiguaci—n de sus antecedentes y sin orden de la autoridad competente'." (Ob. cit., p. 55)

Lo malo —lo malo, se sobrentiende, para mi padre y, en consecuencia, tambiŽn para m’ —es que la circular de Hedilla no se curs— hasta el 29 de septiembre. ŃDemasiado tarde, una vez m‡s, para que de ella se beneficiaran Monreal y Carre–o! [ņy m‡s gente, se sobreentiende? Aunque los criterios de Hedilla para el asesinato organizado administrativamente eran tambiŽn muy inclusivos]. Pero, en todo caso, y por eso cito lo que cito, siguen cuadrando al dedillo las cuentas relativas a lo cerca —horas, d’as, dije— que anduvo mi padre de salvar el pellejo.  Ya sŽ que los quej’os de pla–idera emitidos a pit—n pasado no sirven para nada, ni, menos aœn, resucitan al difunto, pero una y otra vez, tenaz, machacona, estalla y tabletea, dentro de m’ esa pueril exclamaci—n, m‡s propia de espectadores de partidos de fœtbol o de jugadores de loter’a que de adultos dotados de sentido comœn y criterio, que reza:
—ŃHuy! ŃPor un pelo!
O por un palo: el de la porter’a.

En el caso de mi abuelo, ni pelo ni cabellera. Fue el primer asesinato de la comarca. Quiz‡ hubiera podido escapar a Francia, como mi otro abuelo, con la cuadrilla de requetefachas pis‡ndole los talones. . .  Pero claro, no ten’a ninguna raz—n para escapar de nadie—de nadie racional. Y mucho conf’a S‡nchez Drag— en el "orden" que puso Hedilla (n‡ menos . . . ). No deber’a. Los fusilados por orden de la Autoridad golpista est‡n igual de fusilados.

Y es que, por infantil que parezca mi reacci—n, eso es exactamente lo que me sugiere el cœmulo de datos y opiniones, procedentes de los dos bandos en liza, con los que sin proponŽrmelo, y en desorden, al hilo de la concepci—n y la elaboraci—n de este libro, me he ido topando hasta llegar a la convicci—n —la tengo— de que en la zona nacional, como m’nimo y quiz‡ tambien en la otra, pero de eso hoy por hoy no estoy seguro (m‡s bien me inclino por lo contrario), la represi—n ciega, indiscriminada, injustificada, indocumentada, de quienes no eran combatientes sino pueblo a secas, y vest’an de paisano, se detuvo muy pronto, en la segunda mitad del mes de septiembre, debido a la confluencia de tres vectores: la llegada a las c‡rceles de los efectivos de la Cruz Roja, el fŽrreo control establecido a partir de un determinado momento por las fuerzas armadas y la toma de conciencia de los mandos de la Falange genuina [ņņlos buenos?? ņņya hab’a dos Falanges??] respecto a las atrocidades que como perros rabiosos sin correa, vacuna ni bozal estaban perpetrando sus supuestos conmilitones. [El supuestos juro que es de S‡nchez Drag—; el Times 18 es m’o).

Wikipedia: En 1944 fuentes del Ministerio de Justicia aseguraron que unos 190.000 prisioneros murieron o fueron ejecutados en prisi—n. Como se ve, hay opiniones para todo. . . La represi—n y exterminio, ya no desorganizados, sino sistem‡ticos, continuaron durante a–os. A m’ el convencimiento aparente de S‡nchez Drag— de que tras unos meses s—lo hubo muertos en combate, o la cortina de humo que se echa ante los ojos con las ejecuciones legales del franquismo, no sŽ, me parecen un tanto pasmosos. 

"ņConmilitones? Bueno, bueno . . .  DejŽmoslo, con grima y rima f‡cil, en matones, en killers,  en sicarios a sueldo, que en muchos casos, aunque no, desde luego, en todos, ni siquiera pod’an esgrimir en su descargo el nauseabundo atenuante de que obedec’an —rdenes o la coartada ideol—gica, aœn m‡s repulsiva, de que actuaban as’ para extirpar la mala hierba del pa’s, orear la atm—sfera y salvar la patria. Lo digo con la autoridad que para ello me confiere otro dato, otra certeza casualmente aportada por el zigzagueo de las lecturas, conversaciones e investigaciones que preceden o corren paralelas al alumbramiento de este libro. Me refiero a la horripilante hoja de pagos reproducida por Armengou y Belis en su tantas veces por m’ citada obra y relativa a la contabilidad llevada a cabo por la delegaci—n de Falange Espa–ola en el pueblo sevillano de Los Corrales durante varias semanas del a–o de 1936 (Ob. cit., p. 264). En ella, taxativa y contundentemente, con modos, modales, pelos y se–ales que no dejan mucho espacio para la duda, se incluyen "listados con nombres de personas que reciben dinero de la tesorer’a local de la Falange. Llama la atenci—n que algunas personas percibieran en distintas Žpocas unas cantidades que eran considerables en la Žoca, pero aœn sorprende m‡s que la cifra de treinta y cinco pesetas, que se repite con frecuencia, fuera el precio que se consideraba que correspond’a cobrar por asesinar a alguien. Si tenemos en cuenta que en Los Corrales murieron asesinadas setenta y ocho personas y que los nombres de quienes cobran son los que distintos testimonios apuntan como los de quienes se ocupaban de llevar a los detenidos al cementerio —donde los ejecutaban despuŽs de haberles hecho cavar su propia fosa— el documento resulta revelador en lo tocante a la responsabilidad de elementos de la Falange en aquellos cr’menes". (Ob. cit., p. 56)

     ŃSiete duros! Un past—n. Se entiende que hubiese tantos animales dispuestos a convertirse en asesinos. Todo necio confunde valor y precio.

     Ń'No, no! ŃquŽ digo! ņSiete duros? Muchos m‡s, porque Žse era el precio per c‡pita, y pod’an ser bastantes las cabezas de ganado —como a tales, de hecho, las consideraban y trataban— que en cada limpia, en cada operaci—n de higiene ideol—gica, eran conducidas al matadero.

     Me pregunto si cobraron los asesinos de mi padre esa u otra cantidad y lo que, caso de ser as’, hicieron con ella. . . ņIrse de putas? Seguro que no. Iban, entonces, muy baratas, y para eso, adem‡s ya dispon’an, y por a–adidura gratis, de sus respectivas madres.

     Aunque fuesen unas santas.

     "Pablo Uriel ten’a veintid—s a–os y la carrera de mŽdico reciŽn acabada cuando, aquel aciago julio de 1936, se desencaden— la guerra. . . "

     Pertenecen estas l’neas al pr—logo a–adido por Ian Gibson a la excelente obra de narrativa autobiogr‡fica No se fusila en domingo (Pre-Textos, Valencia, 2005), en la que el mŽdico citado —que era, por cierto, de Soria, como yo lleguŽ a serlo, ya talludo, por v’a de generosa decisi—n municipal— evoca las vicisitudes de su existencia, y algunas de las de Espa–a durante el mismo per’odo, en los a–os de la guerra civil. Viene a cuento, me parece, reproducir ahora algunos p‡rrafos de su libro: (S‡nchez Drag—, 226-28)

Con este testimonio de Pablo Uriel narra S‡nchez Drag—, por v’a interpuesta, el asesinato de su padre, mejor que en propia voz. Es sorprendente en el texto que sigue, valiente y estremecedor, y a la vez consciente de la importancia del lenguaje, c—mo continœa, sin embargo utilizando el vocabulario de los terroristas para describir sus cr’menes, a la vez que denuncia esa infecci—n del lenguaje ("verdugos", "paseos", "ejecuciones"). Y con esos p‡rrafos de No se fusila en domingo termino yo este post tan largo y tan hablado por v’a interpuesta. Son Žstos:

    "El papel de verdugos y ejecutores se asign— en Zaragoza a los falangistas y a la Guardia Civil. En la ciudad exist’an pocos falangistas antes del 18 de julio, pero sus filas fueron engrosadas r‡pidamente por miembros de otras organizaciones de derechas. Se pod’a seguir muy bien el proceso mental que les conduc’a a la pendiente de las ejecuciones. En la pr‡ctica, todo falangista intervino alguna vez en esos asesinatos, considerados por sus jefes como actos de servicio a la patria. Si el acto daba lugar a una conmoci—n ps’quica de rechazo o repulsi—n, el hombre se enrolaba en seguida en alguna unidad combatiente y marchaba al frente, ansiando una lucha m‡s noble. Aquellos que descubr’an en disparar sobre un hombre indefenso una fuente de placer quedaban adscritos de modo permanente a las escuadras de verdugos. [Verdugos a sueldo de un rŽgimen fascista, asesino y traidor, repito: no verdugos sin m‡s]. Poco a poco, por un mecanismo de selecci—n, fueron quedando en la retaguardia agrupaciones de j—venes s‡dicos a los que se dio amplios poderes para la limpieza. Ellos usaron y abusaron de estos poderes, entre la complacencia hip—crita de las personas de orden, que no mancharon sus manos de sangre pero se–alaron a las v’ctimas, desentendiŽndose luego de la suerte que pudieran correr.

    "En sus cuartelillos, estos j—venes degenerados elaboraban la lista de sus v’ctimas cada noche; a estas listas se a–ad’an otras, facilitadas por la polic’a o el ejŽrcito. Al anochecer iniciaban sus correr’as, recogiendo de las c‡rceles o de sus domicilios a las piezas sobre las que iban a disparar. Al volante de sus camiones o de grandes turismos Buick o Chrysler de los a–os treinta, disfrutaban en sus cortos viajes del contacto estremecedor con sus v’ctimas, en un placer anticipado del agudo y supremo goce de disparar sobre aquellos hombres, mujeres o ni–os que mor’an de una manera tan f‡cil.

    "Al principio quedaban los cuerpos all’, en las canteras o en las cunetas de las carreteras, a la vista de todos. Luego intervino ya la m‡quina administrativa y esos cuerpos eran recogidos y enterrados en los cementerios pr—ximos o llevados a la fosa comœn del de Zaragoza.

     "Otros pasaron antes por la sala de anatom’a de la Facultad de Medicina de Zaragoza, donde sus datos fueron registrados, y de all’ salieron en su œltimo viaje al cementerio o la incineraci—n Los que dejaban su nombre en el registro necrol—gico de la facultad ten’an siempre el mismo diagn—stico: traumatismo craneal.

     "Todos los vencedores colaboraron con los verdugos falangistas con su conformidad. Los muertos no ten’an un nombre, ni unas circunstancias personales; eran 'rojos'. Las muertes no eran muertes, eran 'paseos'. Y la fuerza de las palabras desempe–— un buen papel en aquella conformidad.

     "Los hombres que no ejecutaban denunciaban, y, al enterarse de que el denunciado hab’a sido paseado, imaginaban en seguida que su denuncia habr’a servido para descubrir en la v’ctima otros horrendos delitos. Aquel denunciado hab’a resultado ser un rojo perdido, y la hora de la justicia hab’a sonado en Espa–a.

     "La aquiescencia de la Iglesia cost— miles de vidas. Conoc’a mejor que nadie la cuant’a de v’ctimas cada noche, puesto que los sacerdotes asist’an a las ejecuciones. Jam‡s se pregunt— si aquellas muertes ilegales eran o no l’citas. No se habl— de ello en los pœlpitos, y si algœn sacerdote lo hizo fue pronto llamado al orden por sus superiores. Si reincidi— fue detenido. Algunos religiosos de un convento pr—ximo a la c‡rcel ingresaron en las celdas porque se hab’an permitido pedir clemencia desde sus pœlpitos y porque sus palabras llenaron el templo de fieles que buscaban un consuelo.

     "Aunque es muy triste decirlo, muchos de estos sacerdotes encontraron en las ejecuciones un placer inconfesable. Algunos por curiosidad, otros por deleite y unos pocos por cumplir all’ una misi—n trascendente, acud’an de buena gana a presenciar los asesinatos.  Esta colaboraci—n gustosa s—lo se vio enfriada por algœn incidente peligroso, como el ocurrido durante unas ejecuciones en las canteras de Casablanca. Uno de aquellos rojos, en el momento cr’tico, pas— sus manos esposadas por encima del haz de los faros del coche que iluminaba la escena. Los verdugos, ya nerviosos por la ceremonia, se asustaron ante aquel revuelo inesperado, y dispararon generosamente sus fusiles. Aquel sacerdote muri— abrazado a su rojo.

    "Algunos de estos falangistas, al regreso de sus org’as, acud’an a un confesor ya designado para ellos. All’ vert’an la confidencia de sus pecados de esa noche y recib’an la absoluci—n. No eran confesiones muy ortodoxas, puesto que no se les exig’a la contrici—n indispensable, pero la conciencia quedaba as’ adormecida y las org’as pod’an continuar en noches sucesivas. El confesor sol’a preguntar a su confidente si hab’a sentido odio hacia aquellos hombres que se hab’a visto obligado a matar en cumplimiento de su deber patri—tico. La respuesta era siempre negativa, ņpor quŽ raz—n iba a sentir odio por aquel desconocido?

     "El ejŽrcito, salvo en los pocos casos de consejos de guerra, no intervino directamente en las ejecuciones, al menos en Zaragoza. Pero cuando deseaba deshacerse de algœn soldado pol’ticamente desafecto, no vacilaba en entreg‡rselo a la Falange para que lo castigase de la œnica forma como sab’a. El EjŽrcito s’ es culpable del asesinato de prisioneros de guerra, sobre todo si Žstos pertenec’an a las Brigadas Internacionales. En este caso el fusilamiento era inmediato y autom‡tico. (Ob. cit., pp. 63 y 66)

[S‡nchez Drag—: ] Hasta aqu’, la de cal. M‡s adelante, en el mismo libro, la de arena . . .

     "Las primeras horas ese d’a hab’an sido una confirmaci—n gozosa de todas mis previsiones. El comportamiento del ejŽrcito republicano con sus prisioneros era exactamente el que yo hab’a esperado: el que hab’a anunciado a todos los que tem’an caer en manos del enemigo.

    "Pero a partir de las nueve o nueve y media de la maana, me enfrentŽ de pronto con unos hechos para los que no estaba preparado. El comportamiento bochornoso del ejŽrcito republicano me proporcion— una decepci—n que es, sin duda alguna, la mayor que he sufirdo en mi vida. Yo estaba preparado psicol—gicamente para soportar la crueldad de los franquistas; la encontraba consecuente con los esquemas previos. Pero encontrar esa misma brutalidad en el campo de mis amigos fue una experiencia cuyas consecuencias pesaron sobre m’ durante muchos a–os." (Ob. cit., p. 371)

    Sobran las apostillas. Sobran tambiŽn, y m‡s, si cabe, las bander’as, los sectarismos, los posicionamientos ideol—gicos.

    'ŃQuŽ asco!

(S‡nchez Drag—, Muertes paralelas 226-31, citaba No se fusila en domingo, de Pablo Uriel)

 

(PS: pongo este comentario en el Blog de Fernando S‡nchez Drag—:

Sobre el paralelismo de las muertes, comparto y respeto la voluntad de Vd. de evitar partidismos, cainismos, etc. etc. y dar estopa a ambos bandos, que en ambos hubo muchos que la merecen.

Sin embargo, creo que los paralelismos est‡n mal elegidos, y m‡s para elegir figuras emblem‡ticas para la portada. Es excesiva la desigualdad entre una pandilla de fascistas dando "paseos", es decir, asesinando a ciudadanos no combatientes, y un poder leg’timamente elegido, en tiempo de guerra, condenando a muerte al l’der de una banda fascista, golpista y terrorista. Aunque se estŽ en contra de la pena de muerte; aunque el juicio no tuviese garant’as.

No es lo mismo, y no es un paralelismo aceptable. A mi abuelo tambiŽn lo asesinaron los falangistas, y si escribiese un libro podr’a ponerlo en la portada, en "paralelo", con algœn pobre cura asesinado por milicianos, pongamos. Nunca, por supuesto, con JosŽ Antonio Primo de Rivera, jefe de los que tanta gente asesinaron. En fin, prefiero pensar que es un exceso de ecuanimidad por su parte, si tales excesos son posibles.

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post-scriptum, 2009. Setenta a–os despuŽs:

El eco de las descargas

Si los asesinos de las milicias de izquierdas se ensa–aron con los curas, los falangistas y dem‡s fascistas escogieron a los miembros de los sindicatos y a los maestros como v’ctimas favoritas para su campa–a de terror.  Estas s’ son muertes parelelas—las historias de asesinatos de maestros guardan un triste parecido. Hace poco se hizo en Zaragoza un peque–o acto de homenaje a los maestros asesinados en Arag—n. Entre ellos estaba mi abuelo Ángel Garc’a Benedito, residente en Biescas y por entonces maestro de Escuer. Hab’a sido el gran impulsor del traslado del pueblo de Escuer Alto y su refundaci—n en el valle, ayudando y aconsejando a los vecinos que se reubicaban all’, para intentar mejorar sus penosas condiciones de vida. Otros muchos maestros se implicaron en mejoras sociales m‡s de lo que gust— a los caciques, poderosos y conservadores, y su papel ejemplarizador hizo que los fascistas decidiesen utilizarlos para dar la œltima lecci—n, como dec’a Castelao:

mestre
Fueron, como dice el t’tulo del libro de Mar’a Antonia Iglesias sobre ellos, "los otros santos, los otros m‡rtires" de la guerra.

Uno de los relatos del asesinato de mi abuelo apareci— en un libro que describe la represi—n en la Jacetania y el alto G‡llego—El eco de las descargas, de Esteban C. G—mez, editado por el autor (Barcelona, 2002). Aqu’ hay unos pasajes.

Tras ver frenado su Golpe de Estado contra la Repœblica por la actuaci—n del pueblo y de las instituciones republicanas, los militares sediciosos, lejos de deponer las armas, comienzan a organizar con mŽtodos fascistas la vida municipal de los lugares ca’dos bajo su dominio; asimismo se disponen a controlar la retaguardia ediante la violencia y el terror.
    Aunque sus afines gozaban de una autonom’a casi ilimitada para organizar y reprimir, en œltima instancia todo se subordinaba a los dictados de los militares. La jerarqu’a, la disciplina y la exaltaci—n de la violencia eran los valores imperantes.
    Inmediatamente comienza la movilizaci—n para la guerra.
    EL PIRINEO ARAGONƒS, con fecha 01-08-1936, desvela lo que se avecina:

"Llegaron varias escuadras fascistas de Logro–o y requetŽs de Pamplona, que, en entusiasta colaboraci—n con las fuerzas militares, hacen los servicios correspondientes y atrevidas exploraciones por la comarca.
(...)
Regimiento de Galicia, Guardia Civil, Carabineros, polic’a, voluntarios de Jaca y veraneantes, milicias fascistas de Logro– y requetŽs de Pamplona siguen circulando con ‡vido entusiasmo por las calles de nuestra ciudad. MuŽstranse incansables en sus respectivos servicios dentro de la poblaci—n y en sus constantes excursiones de vigilancia por alejados lugares de nuestra comarca".

(...)

El domingo d’a 2, despuŽs de haber o’do 'misa de campa–a', entre soflamas y cantos, un grupo de aquellos falangistas que mencionaba EL PIRINEO ARAGONƒS colaboraban entusiastas con las fuerzas militares para suministrar y nutrir a las fuerzas sublevadas acantonadas en Biescas y desplegadas en Gav’n. Al llegar a Escuer uno de los autos se detiene y de Žl descienden requetŽs y falangistas en alegre camarader’a siendo recibidos, brazo en alto, por el nuevo alcalde (Inocencio Pœertolas). Otros convecinos los rodean y asaetean a preguntas en demanda de informaci—n. All’, una persona 'de orden' y entusiasta del 'movimiento salvador de Espa–a', les da el 'soplo' de que el maestro, Ángel Garc’a Benedito, es de Izquierda Republicana y de ideas muy progresistas. Los falangistas, al llegar a Biescas, donde tambiŽn les han dicho que vive el maestro de Escuer, preguntan por Žste. La plaza del Ayuntamiento se encuentra muy animada, con la presencia de soldados, requetŽs y falangistas entremezclados con algunos vecinos del pueblo que la transitan. Las autoridades democr‡ticas han hu’do; muchos j—venes han ido a YŽsero, donde los primeros focos de resistencia se organizan. El capit‡n Cabrerizo, jefe militar de la plaza, ha reemplazado a las autoridades civiles con gente de su absoluta confianza, resucitando el antiguo caciquismo. Ahora, quienes hacen y deshacen dejando su impronta en los designios de la villa son: Salvador Lacasa, nombrado Alcalde; JosŽ Mar’a Estaœn; Lorenzo IpiŽns; Antonio Rosal’; Antonio Marcos Boira; y mosŽn JosŽ Aranda.
    El maestro de Escuer, que viv’a en la misma plaza, tras ser detenido, fue vejado, pateado y humillado entre crueles risotadas y cantos patri—ticos. Quienes pod’an hacer algo por Žl, no lo hicieron: lo aceptaron y callaron. Cuando los falangistas retornaron a Jaca, lo tomaron consigo y a 2 km lo asesinaron a orillas de la carretera en las inmediaciones del barranco de Ar‡s. Era el segundo maestro que ejecutaban y el primero del mes m‡s sangriento de toda la guerra, con 79 fusilados.
    Ese mismo d’a escrib’a en su diario el profesor Florent’n Ara:

"QuŽ concepto de la vida y de la moral tienen estas gentes que hoy nos esclavizan? Misas, novenas, medallas, escapularios, pl‡ticas, mentiras, robos, atropellos, asesinatos, crueldades, insultos, violencias, blasfemias, suciedades y cantos con la mœsica de la 'Cucaracha': ese es el programa de los de 'Dios, Patria, Familia, Orden...' Todo el programa y toda la realizaci—n de una Espa–a de Inquisici—n y Pandereta; de curas, chulos y prostitutas, de rosario y navaja; de sangre y de cieno; de vergŸenza y lenocinio. ŃAh! el gran pecado de las izquierdas ha sido siempre [—no siempre, no siempre, ay las generalizaciones....—] el respeto a la legalidad y el af‡n de convivencia, evitando rozamientos y gestos agrios. La lecci—n que estamos recibiendo es demasiado seria para que la olvidemos. ņQuŽ respeto tienen ellos por la propiedad, por la vida humana, por la conciencia individual, hacia nada de lo que significa conquistas de nuestro tiempo? Espada para hacer y deshacer y altar para purificar lo que la raz—n, la justicia y el derecho condenan. ŃEsas son las derechas espa–olas, hechas a la m‡s negra obstinada reacci—n, sin sentido, ni idea de que el tiempo corre! ŃQuŽ bien va esto!: misas al aire libre y mœsica a todo pasto; mientras tanto, las ejecuciones en masa".

En una pensi—n de Jaca se alojaron los falangistas que mataron a mi abuelo, esos luceros de la patria. Uno de ellos al parecer estaba avergonzado de s’ mismo y arrepentido. Los otros segu’an "enteros", le contaron a una t’a m’a quienes supieron de ellos.  Mi abuela nunca super— el golpe. Adem‡s fue expulsada del cuerpo de maestros, como todos los dem‡s.  Luego reingresar’a como maestra, pero vivi— sin asimilar nunca lo sucedido, traumada para siempre por este episodio—por as’ llamarlo, pues es un episodio de esos en los que se para el tiempo. Aunque quizŠ sŪ lo superů a su manera, usando las fuerzas que tuvo, para abrirse camino en la nueva y siniestra EspaŮa por la ķnica vŪa que encontrů— sacando adelante a sus tres hijos, y dŠndoles estudios.

Muchos m‡s a–os tendr’an que pasar hasta que se recordase debidamente la memoria de mi abuelo, tanto marcaba la Žpoca. Y de hecho el eco de esas descargas llega, m‡s de setenta a–os despuŽs, hasta aqu’ mismo.

Disimulando el franquismo

 


Sŗbado 27 de mayo

 

ygolotarraN

 

Me ha llegado una solicitud de un profesor egipcio que quiere traducir al ŗrabe el libro de teor’a narrativa que coeditŽ en Longman hace (Áya!) diez a–os, Narratology.  Para cuando lo publiquŽ a Longman se la hab’a comido Addison Wesley, y para cuando lo pasaron a versi—n electr—nica, a Addison Wesley Longman se la hab’a tragado Pearson Education; y all’ he remitido al egipcio. Espero que no haya venido un pez mŗs gordo entretanto, uno puede perderse por esos pasillos multinacionales. TambiŽn cogieron una vez un cacho y lo tradujeron al turco; all’ se llama Anlat1bilime Giris.

Fatigando los estantes

 

El obsceno blog

 

Un blog es un engendro obsceno. No me refiero a los techno-blogs, ni a los web-blogs, ni a los newsblogs, ni a los blogs literarios, ni a los blogs temŗticos en general. Ni siquiera a los blogs pornogrŗficos. Me refiero bŗsicamente a tres tipos de blogs: a los boboblogs rosas (o de otros colores), a los diarios ’ntimos en red, y a los blogs "blogs" que tienen un poco de todo y mucho de nada.

 

De estos tres tipos me interesa sobre todo, como imaginarŽis, el m’o, que no entra, por mucho que algunos digan lo contrario, en la categor’a de los boboblogs, ni en la de los diarios ’ntimos, sino en la de los blogs.

 

ňQuŽ es obsceno en el blog? Bueno, ligeramente obsceno - tampoco voy a decir que el m’o destaque precisamente por su obscenidad.

Pues lo obsceno es la mezcla de niveles de realidad, de roles, de ŗmbitos sociales y de gŽneros comunicativos - o gŽneros vitales y emocionales, si vale el tŽrmino. Un escritor acadŽmico serio, por ejemplo, nunca ventila sus opiniones sobre pol’tica en pŌblico, y menos aŌn en el mismo foro en el que expone sus ideas sobre la materia que le proporciona su "aura acadŽmica". Tampoco tienen sitio en el art’culo acadŽmico las pifias de los nenes, ni (viceversa) en el diario familiar las aburridas disquisiciones sobre pol’tica departamental.

 

El blog contradice directamente el consejo de Horacio, a saber, que tus escritos jamŗs te apresures a publicarlos, sino que los eches al fondo de un caj—n durante largos a–os, y que s—lo tras su relectura, con perspectiva, sean publicados. El apresuramiento tambiŽn es obsceno, y ya la publicaci—n misma (aun de gruesos tomos) tiene su lado de obscenidad, al permitir contrastar incongruentemente lo que dec’as en el libro con lo que eres tŌ y tu existencia f’sica y tu cara y tus conversaciones chorras. Todo esto se potencia en el blog.

 

Si algo tiene de experimental la escritura en un blog, es precisamente esta superposici—n ca—tica de momentos, roles, impresiones, imŗgenes propias y ajenas, introduciendo en el orden de la escritura pŌblica algo que hasta hace poco se reservaba a los cuadernos de notas, borradores, cajas de zapatos y en fin, a la visi—n entre bambalinas que tiene cada cual de s’ mismo y de sus diferentes papeles teatrales y sociales, laborales, privados, de su ocio y de sus obsesiones que no tienen por quŽ ser conocidas del vecino.

ÁExistimos en el mundo! Y tenemos otros rostros, otros c’rculos, opiniones, ideas perdidas. . .  Esto es para algunas personas bastante ofensivo. Y por supuesto, es no tanto la coexistencia de estas perspectivas y marcos de realidad distintos, cuanto su publicaci—n, la que supone una cierta alteraci—n obscena del orden pŌblico. Y aŌn dirŽ mŗs. . . no tanto su publicaci—n, sino el hecho de que quede escrito, y accesible inmediatamente, a–adiendo a la superposici—n obscena de perspectivas y rostros sociales, la supersposici—n obscena de tiempos, el pasado privado con el presente pŌblico, o viceversa. Quizŗ se vea demasiado el andamiaje de lo que es una persona, lo que las imŗgenes pŌblicas de respetabilidad (selectivas como una cŗmara en Hollywood) tienden a disimular, para ofrecer una visi—n pŌblica de nosotros mŗs unitaria, mŗs acabada, glossy que dicen los americanos, menos obscena al ser mŗs selectiva. (Hasta los fotoblogs de japonesas desnudas son selectivos en este sentido).

 

Aunque tampoco es una obscenidad demasiado grande la del blog, repito, no vamos a exagerar. Y en realidad el pŌblico prefiere otros tipos de obscenidad.

Blogs acadŽmicos

 

Ars brevis, vita brevis

 

SegŌn un estudio de Lulu.com (v’a BoingBoing), en los Ōltimos 40 a–os la esperanza de vida de un bestseller ha bajado a la sŽptima parte de lo que era. Al ser la edici—n un fen—meno cada vez mŗs globalizado, sigue la tendencia general de los fen—menos globalizados, y de la web: la "cola larga", the long tail, que cada vez se alarga mŗs y cada vez levanta mŗs la cabeza y arquea mŗs la espalda. . .. Nos dicen en Lulu.com que estŗ cerca la revoluci—n de la edici—n como resultado de las nuevas tecnolog’as. . . aunque yo creo que en edici—n y tratamiento de textos, la revoluci—n permanente es donde estamos instalados always already desde hace a–os. Habr’a que ver si la misma norma de aceleraci—n se aplica a los clŗsicos, ademŗs de a los bestsellers: me temo que tambiŽn, aunque el ritmo sea mŗs lento, y las ventas mŗs bajas (o menos sŌbitas).

Literatura y cibercultura

 

Viernes 26 de mayo

 

Culpable defensa

 

Casos (seguramente mŗs frecuentes de lo admitido, todo tiene su parte de cortina de humo) de soldados americanos que van matando civiles indiscriminadamente en Irak (como sus colegas de los misiles, vamos). Ya va llegando la cosa a juicio y a admisi—n pŌblica; lo cuenta el New York Times. Muchos lo han contado antes, c—mo a veces le disparaban a cualquiera que se moviese. Por moro, supongo.

 

Bueno, pues hoy Bush y Blair se reŌnen de nuevo (sin Aznar, pastor de burros) a decir que hicieron bien en emprender la guerra de agresi—n ilegalmente, a pesar de algunos peque–os fallos (Abu Ghraib, Guantŗnamo  ay, no, que Guantŗnamo no estŗ entre los defectillos; aunque hoy estrenan aqu’ la pel’cula de Michael Winterbottom, igual la deb’a ver Bush).

 

Y es que claro, la intenci—n era buena, las —rdenes eran las correctas, lo que pasa es que a nuestros hombres a veces se les va la mano, ya sabe usted. . .

 

Este razonamiento lo describ’a muy bien Shakespeare, cuando muestra a su rey trepa e imperialista eficaz, Enrique Quinto, amedrentando a los franceses de Harfleur, ciudad a la que tiene sitiada tras haber emprendido una guerra ilegal de agresi—n contra ese pa’s. Enrique, por cierto, tambiŽn estŗ "restaurando la legitimidad" del gobierno de un pueblo al que "ama":

 

REY ENRIQUE: ňQue decide el Gobernador de la ciudad?

Esta es la Ōltima vez que parlamentamos.

As’ que entregaos a nuestra mejor merced,

O como hombres orgullosos de la destrucci—n

Desafiadnos a lo peor. Porque como soldado que soy,

Nombre que a mi entender es el que mejor me cuadra,

Si empiezo el asalto una vez mŗs

No dejarŽ a Harfleur a medio conquistar

Hasta que yazca enterrada en sus cenizas.

Las puertas de la piedad se cerrarŗn del todo,

Y el recio soldado, ŗspero y duro de coraz—n,

Con mano libre y sangrienta irŗ suelto

Con su conciencia amplia como el infierno, segando como hierba

A vuestras tiernas v’rgenes hermosas y a la flor de vuestra infancia.

ňQuŽ mŗs me da a m’ si la guerra imp’a

Ataviada de llamas como el pr’ncipe del mal

Hace, con el rostro tiznado, todas las acciones inhumanas

Que en cadena traen la desolaci—n y la devastaci—n?

ňY a m’ quŽ mŗs me da, puesto que vosotros mismos sois la causa,

Si vuestras puras doncellas caen en mano

De violaci—n ardiente y forzadora?

ňQuŽ rienda puede sujetar a la maldad desmandada

Cuando emprende una feroz carrera cuesta abajo?

Igual de inŌtil ser’a malgastar nuestras vanas —rdenes

En los soldados fuera de s’ con el bot’n

Como darle instrucciones al leviatŗn

De que viniera a la orilla. As’ que, hombres de Harfleur,

Apiadaos de vuestra ciudad y de vuestras gentes

Mientras mis soldados aŌn estŗn bajo mis —rdenes,

Mientras la brisa fresca y templada de la misericordia

Puede alejar las nubes sucias y pestilentes,

La borrachera de asesinatos, saqueos y villan’as.

Si no - pues, en un momento, esperad ver

Al ciego soldado cubierto de sangre, con mano inmunda

Mancillar la cabellara de vuestras hijas que chillan,

Ver c—mo a vuestros padres, agarrados por sus barbas plateadas,

Les rompen las reverendas cabezas de golpe contra los muros,

Ver a vuestros ni–os desnudos ensartados en picas,

Mientras las madres enloquecidas con sus aullidos desconcertados

Rompen las nubes, como las esposas de los jud’os

Ante los matarifes de Herodes que ven’an a la caza sangrienta.

ňQuŽ dec’s? ňQuerŽis rendiros, y evitar esto?

ňO, con culpable defensa, ser destruidos as’?

         (Henry V, III.3)

Enriques Quintos y la guerra de agresi—n

 

Los barrios de Zaragoza y sus blogs

 

En el Blog ciudadano de Zaragoza, clasificado por barrios, creo detectar una proporcionalidad directa entre el nŌmero de blogs de un barrio, o la fecha de actualizaci—n mŗs reciente del barrio, tanto da, y el nivel de renta medio de cada barrio. Aproximado, todo aproximado, claro.

 

Los blogs, pasatiempo de ricos. Mŗ o meno.

Otra tarta lingŔ’stica

 

Artefactos autodesconstruidos

 

La libertad de expresi—n no estŗ garantizada en las Universidades. Esta vez en la Universidad Aut—noma de Barcelona, grupos nacional-fascistas tratan de reventar una charla organizada por grupos opuestos a la independencia. "Boicotean", dice la noticia de La Raz—n. Pero boicotear es "no colaborar con algo, hacerle el vac’o como manera de presi—n" - y quŽ mŗs quisieran los de Ciutadans de Cayalunya o de Socialistas en Positivo que los esquerros y los boixos nois estos les hicieran el vac’o. Pero no, lo que hacen es llenar la facultad de carteles y pintadas, e intentar impedir que se celebre la conferencia con gritos, insultos y apoderŗndose del espacio pŌblico por la fuerza, cuando no tirando ladrillos y dando garrotazos, como en la mejor tradici—n de los guerrilleros de Cristo Rey. Claro que en esta ocasi—n, la cosa tiene su dosis de justicia poŽtica: "Al inicio de la conferencia, los radicales irrumpieron en la sala disfrazados con banderas espa–olas y fascistas con gritos e insultos". Intentando parodiar al adversario, se retratan a s’ mismos: el negativo de un negativo, retrato clavado. Esto s’ que es the return of the repressed, o encontrar al Otro dentro de uno mismo. . . una autorrepresentaci—n por abyecci—n incorporada.

 

Es un caso bastante frecuente entre grupŌsculos radical-fascistoides, este uso expresivo de sus propias imŗgenes abyectas para caracterizar al supuesto enemigo. Por la Universidad se suelen ver carteles de este pelaje:

 

- "Skins contra el fascismo": Y sale un rapado vociferante, que no se sabe si representa lo deseable o lo indeseable, al skin contra el fascismo o al fascismo.

- "Fuera el PP, fuera el fascismo de la Universidad, Okupaci—n" - Aparece en el cartel un personaje armado para la lucha callejera, con bate de bŽisbol y casco, no se sabe si es el fascista al que hay que echar o el que va a okupar su puesto cuando lo eche.

- "Acci—n Direkta, contra las fuerzas represivas" - estŽtica anarcoestalinista, en rojo y negro, movimientos confusos de masas con porras, que no estŗ claro si representan la deseable rebeli—n o la indeseable represi—n. . . que le pregunten al kartelero, pero seguro que ni Žl lo sabe, tanto da.

 

Estas autodesconstrucciones tienen su gracejo intelectual, pero por muy chistosas que sean hay que tener en cuenta que lo que se autodesconstruye sobre el papel puede producir efectos indeseables en la realidad. Cuidado que estos "(anti-)fascistas" no se nos apoderen del orden pŌblico, como sucede, con demasiada frecuencia, demasiado cerca.

Goldstein / Laden

JosŽ Mar’a Calleja: Algo habrŗ hecho

Acabo de leerme el libro de JosŽ Mar’a (Fernŗndez) Calleja Algo Habrŗ Hecho: Odio, Muerte y Miedo en Euskadi (Madrid: Espasa / Fundaci—n Victimas del Terrorismo, 2006). Compart’a bŗsicamente su perspectiva sobre el asunto antes, y quizŗ mŗs tras haberlo le’do. No es que estŽ magistralmente escrito: estŗ hecho deprisa, un poquito desorganizado, repetitivo a veces, pero directo, claro, y efectivo, con unas curiosas salidas de tono ocasionalmente, que sin embargo son indicativas a su manera de los absurdos que percibe el autor y el cabreo que lleva acumulado. Un cabreo muy lŌcido, sin embargo.

Me ha gustado mucho lo que tiene de anŗlisis de actitudes y de lenguaje; una especie de anŗlisis cr’tico del discurso del terrorismo, y del discurso que genera a su alrededor. . . ňpero quŽ lingŔista universitario hace este tipo de anŗlisis? Lagarto lagarto. . .

El contenido nos lo sabemos todos en l’neas generales, aunque muchos detalles sorprenden. Iba a poner el ’ndice, pero se me va transformando en rese–a. Por supuesto recomiendo el libro como un excelente estudio, anŗlisis y testimonio a la vez, sobre el terrorismo y sobre la ideolog’a nacional-fascista, y sobre sus efectos sociales, psicol—gicos y discursivos. Es, ademŗs, un libro que requiere gran valor por parte de su autor para publicarlo. Hasta ese punto atenaza el terrorismo la libertad de pensamiento y de expresi—n no ya en el Pa’s Vasco, sino en el pa’s entero).

Introducci—n: el miedo, los nacionalistas vascos, la iglesia y cierta izquierda.

Resume el contenido del libro: Eta usa el miedo no al azar ni gratuitamente, sino de forma calculada y efectiva para amedrentar a los opositores y derrotar a su enemigo: el estado espa–ol. El nacionalismo "que no mata" a la vez condena la violencia y se beneficia de su existencia para llevar adelante su proyecto pol’tico. La izquierda ha errado creyendo a eta "antifranquista" cuando s—lo era antiespa–ola; y gran parte de la izquierda (y, a–adir’a yo, de la derecha en el caso del Pa’s Vasco) ha mirado hacia otro lado concediendo a los etarras un inexplicable crŽdito, y castigando a las v’ctimas de eta con la indiferencia o el desprecio.

1. Nacimiento e historia de los productores de odio: del d’a de San Ignacio al golpe de Bidart.

"Eta fija oficialmente la fecha de su creaci—n un 31 de julio de 1959, fiesta de San Ignacio de Loyola" (22) (Fea, cat—lica y sentimental. . .  - con abundantes cat—licos y curas entre ellos, mezclados con leninistas, etc. Pero siempre nacionalistas, subraya Calleja: Nacional-socialistas en sentido estricto, entonces). "Eta no era antifranquista porque le gustaran las libertades, no; eta era, sobre todo, antiespa–ola. No es que fuera dem—crata y por eso no le gustaba la dictadura: es que eta quer’a ser como Franco: quer’a instaurar otra dictadura adobada de nacionalismo etnicista, empanada marxista y cuarto y mitad de revoluci—n castrista" (31).

2. Odio a Espa–a, "espa–ol" como insulto y "perro" para nombrar a las personas enemigas.

"En la [Comunidad Aut—noma Vasca], durante a–os, el terrrorismo nacionalista vasco ha forjado una identidad asesina (Maalouf). Ha distorsionado la historia, la ha inventado, llegado el caso, para forjarse una identidad de v’ctima respecto de los espa–oles enemigos y culpables" (53).

3. La "firma" del acto terrorista. El asesinato es poder y publicidad.

Las pintadas y las manifestaciones: "Eta, mŗtalos" - apoyo pŌblico colectivo y consentido.

"Eta lanzaba su mensaje de muerte, el pueblo lo recog’a con tal pasi—n como para vociferarlo por las calles, y ante ese clamor popular a eta es que ya no le quedaba mŗs remedio que o’r al pueblo y asesinar al se–alado previamente por la organizaci—n terrorista, pero con la legitimidad a–adida de hacerlo para dar satisfacci—n a las demandas de la calle" (60).

Y, digo yo, si quienes regentan el espacio pŌblico permiten que se utilice de ese modo, con pintadas de apoyo al terrorismo, con impunidad para manifestaciones que incitan al asesinado. . . ňno estamos hablando de TERRORISMO DE ESTADO? De estado auton—mico y descentralizado, claro. . . Eta no es un epifen—meno en el Pa’s Vasco. La han hecho, y a su vez les hace, en c’rculo dialŽctico y vicioso, vicioso por lo creciente. "La sociedad vasca estŗ moldeada por la violencia" (Savater, cit. en 61). "De manera que mŽtodos terroristas y fines totalitarios forman un todo indisoluble. No hay fin bueno y mŽtodos malos" (63). "Hasta tal punto al muerte es el elemento que define a eta y que le permite aparecer como una forma de poder, que cuando no mata, este hecho se interpreta como un s’ntoma de debilidad, de ausencia de ese poder" (65). "Hist—ricamente, las invitaciones al 'diŗlogo', 'toma de temperatura', 'acercamiento', 'exploraci—n' y otras semejantes --que con estas expresiones u otras parecidas se han planteado- han sido entendidas por la banda terrorista como un s’ntoma que confirmaba la correcci—n de sus posiciones, la utilidad de haber practicado la llamada lucha armada que, a base de persistir, terminaba por forzar al Gobierno a hablar con los terroristas para darles toda o parte de la raz—n" (66)

Calleja no habla del actual "proceso de paz" tras el "alto el fuego" de la Eta, pero evidentemente es la versi—n elevada al cubo de lo que aqu’ dice. Y quŽ rollo de comillas, todo por los medios de comunicaci—n de masas que adoptan el lenguaje de los terroristas y no nos permiten saber de quŽ hablamos. Sin comillas: Calleja no habla de la actual tomadura de pelo colectiva tras el anuncio manipulador acordado conjuntamente por la banda y el gobierno. . . puaj, pero quŽ asco. Casi mejor vuelvo a las comillas, si no las arcadas me impiden escribir.

Kepa Aulestia tambiŽn argumenta que en toda circunstancia "Aproximarse a eta es un error, es dar mŗs recursos a los terroristas" (cit. en Calleja 66): todo esto refuerza y perpetŌa sus posiciones y su dinŗmica envenenada.

"La muerte de los odiados persigue, en el plan de los terroristas, un efecto disuasorio y ejemplar. Disuasorio, para que los seguidores del asesinado abandonen sus ideas, o, al menos, las sometan a la clandestinidad, no se atrevan a expresarlas en pŌblico y permitan as’ el triunfo del ideario de los asesinos, allanadas las resistencias. Ejemplar, para impedir que sigan el camino del l’der asesinado aquellos dispuestos a emularlo por simpat’a o identificaci—n con su ideario y que, ante el miedo a morir, se autoimpongan un ejercicio de prudencia, de autocontrol, de pasividad; abandonen la defensa pŌblica de sus ideas" (Calleja 67).

"El miedo es la consecuencia perseguida finalmente por los terroristas, y para lograr el estado de miedo se empieza por la distribuci—n del odio y se sigue con la reiteraci—n de la muerte" (67).

No hay "muertes inŌtiles," en contra de lo que se suele decir:

"nada mŗs Ōtil, desde el punto de vista del terrorismo nacionalista, que la muerte; no hay nada mŗs eficaz, para la didŗctica dle terrorismo nacionalista, que asesinar a uno para clausurar a miles, que matar a un l’der que piensa y actŌa de forma no tolerada por el nacionalismo vasco, para atemorizar a todos aqueillos vascos que hayan pensado seguir sus ideas y sus gestos" (68)

El terrorismo es ante todo "una gigantesca mŗquina publicitaria":

"No hay terrorismo si el acto terrorista es silenciado, si los destinatarios del mensaje inherente a la muerte - la sociedad - no se enteran de que el atentado se ha producido, si los medios de comunciaci—n no lo contamos, si el autor no lo firma ante la opini—n pŌblica" (69-70)

As’ dec’a Sŗnchez Ferlosio en La homil’a del rat—n:

"haciendo de la sangre simple accesorio de la afrenta, el terrorismo da lugar a una forma de acci—n desnaturalizada, en la que inhumanamente se pervierten la conmnsurabilidad y la incidencia de la materia con el contenido; una acci—n distorsionada, equ’voca y profundamente oscura.

Al no valer la acci—n segŌn su efecto interno y su contenido propio y natural, sino Ōnicamente en su restituci—n bajo especie de noticia, se invierte la relaci—n entre noticia y hecho, y este es quien pasa a ser funci—n de la primera; as’ pues, el designio exclusivo bajo cuyo impulso llega a ser prefigurado, proyectado y producido el hecho es dar lugar a su notificaci—n, esto es, engendrar una noticia" (Sŗnchez Ferlosio, cit. en Calleja 70).

Sŗnchez Ferlosio opone as’ el soldado, que mantiene la proporci—n entre violencia y noticia, al terrorista. Se le pasa por alto, creo, que si bien el soldado no reivindica (dentro de un orden) sus actos de violencia, s’ los reivindica el Estado que lo env’a a matar. El Estado necesita hacer propaganda de la efectividad de su violencia para mantener el orden que lo constituye. No se me entienda decir que "el estado es terrorista", sin embargo. El terrorista es terrorista, porque se erige en Estado dentro del Estado: porque no acepta las leyes que constituyen a la sociedad. Y es terrorista, y no Estado, hasta que los Estados lo reconocen como Estado. Llevamos ya un camino avanzado. Para la existencia del terrorismo, es esencial la existencia de dos legitimidades incompatibles, la que tiene la fuerza y la que quiere hacerse con ella. De estas reflexiones se mantiene alejado Sŗnchez Ferlosio. Calleja, siguiendo a Sŗnchez Ferlosio, interpreta el atentado como un "anuncio publicitario de inserci—n obligatoria en todos los medios de comunicaci—n" (71): "El primer objetivo de los terroristas es provocar el espanto en los propios periodistas, para que estos lo contagien de forma instintiva a los ciudadanos, les hagan part’cipes del horror por ellos sentido" (71). Pues en esto he de decir que en lo que se refiere al periodismo televisivo al menos, fracasan bastante, pues los periodistas normalmente dan las noticias de los atentados sin muestras especiales de horror, ni de sorpresa, por no hablar de indignaci—n. Se describen los hechos como si hubiesen sucedido entre hormigas, y desde luego con escrupulosa neutralidad informativa: estŗ claro que al periodista televisivo y a su cadena ni le va ni le vienen esas peleas y explosiones, ni esos encuentros entre "grupos armados" de abertzales y polic’as.

"El atentado terrorista es un anuncio publicitario de tal coste econ—mico que ninguna marca comercial se lo puede permitir" (71).. Huy que no. . . Sume usted los anuncios de la coca-cola o de Microsoft o de Adidas en metros cuadrados o l’neas, y verŗ que ocupan mucho mŗs que la noticia de cualquier atentado. La vida humana vale muy poco en tŽrminos econ—micos, sobre todo si es la del vecino. Ya lo saben bien los etarras, cuando dicen a las viudas de sus v’ctimas "DevuŽlvenos la bala". Otro gallo les cantar’a, claro, si se la devolviesen bien devuelta. Que es a lo que llevan las pol’ticas de laissez-faire en estas cuestiones. En fin, de esta funci—n propagand’stica del terrorismo extrae Calleja esta reflexi—n:

"si cada atentado es como un anuncio de difusi—n automŗtica, los periodistas debemos plantearnos c—mo cumplir con nuestro trabajo profesional, con nuestra funci—n social; c—mo buscar la verdad y contar las cosas que pasan, sin hacer de caja de resonancia, de difusores, de propagandistas a–adidos de los fines de los terroristas." (72)

Entiendo a Arcadi Espada cuando dice que "La perversidad estŗ en esa voluntad de hacer racional al terrorismo, y hasta de comprometerlo con la belleza asesina de determinadas metŗforas" (77 - quizŗ la "terrible beauty" de Yeats. . .). Y sin embargo, lo que se desprende es que el terrorismo es perfectamente racional. La racionalidad del maquiavelismo, claro, una racionalidad de la que se ve excluida la v’ctima. . . pero una raz—n de peso para todos. Vae victis.

Y a la publicidad del tiro o la bomba no deja de unirse, claro, la del comunicado, la firma:

"Los comunicados en los que la banda terrorista asume los cr’menes cometidos estŗn llenos de referencias vejatorias, de insultos, mentiras o insidias con las que se justifican esos asesinatos. Ese tipo de acusaciones son tomadas como verdad incuestionable para los seguidores de la banda, siembran dudas y sospechas entre buena parte de la poblaci—n y, en muchos casos, son reproducidos de forma acr’tica por los medios de comunicaci—n. Baste como dato el hecho de que algunos peri—dicos siguen diciendo "ETA reivindica" en lugar de "ETA se responsabiliza" o "ETA asume", cuando el grupo terrorista da cuenta de sus cr’menes. Reivindicar es hacer una reclamaci—n justa, razonable, basada en el sentido comŌn. No parece que se puedan reivindicar el asesinato, el secuestro o los actos de intimidaci—n." (79).

Esto me recuerda una carta que escrib’ una vez a Newsweek, creo que cuando mataron a Miguel �ngel Blanco, que segŌn Newsweek hab’a sido "ejecutado". Les hice notar que el uso de ese verbo no es neutral, sino que implica un reconocimiento de la legalidad del brazo ejecutor. Que la Eta no ejecuta, que asesina. Depende para quiŽn, claro. Pero que si quieres; como un solo hombre, los periodistas nos muestran "ejecuciones" de rehenes, "luchas armadas," "abertzales", "Euskalherria". . . Har’a falta que tuviesen la conciencia lingŔ’stica de que da muestra Calleja en este libro, aunque quede raro hablar de eta en minŌsculas (muy deliberadas). A m’ siempre me ha sonado mejor decir "la Eta" que "ETA". La carta no me la imprimieron, claro. Y hace poco sacaban en portada a Zapatero como alguien que sabe lo que se hace con la Eta. . . as’ que ya te digo. Donde menos te lo puedas esperar, campa el oportunismo y el fait accompli.

4. La muerte busca el miedo y el silencio. La red de chivatos y el pŗnico a quedarse solo.

"La existencia de eta, y su corolario de red de chivatos, ha creado una sociedad enferma, que siente pŗnico por decir en voz alta lo que piensa si ello es contrario al terrorismo nacionalista o discrepante con el rŽgimen nacionalista.

La permanencia en el tiempo de eta ha creado una sociedad atravesada de silencios, miradas y delaciones; poblada de sujetos enfermos, que jerarquizan a los vecinos en funci—n de su expl’cita adhesi—n o rechazo al movimiento nacionalista; con centenares de chivatos que vigilan quŽ coche se compra el vecino, cuŗnto gasta, ad—nde viaja y si se le puede pedir la extorsi—n.

Muchos habitantes de la CAV se han sentido protagonistas de la historia y han alcanzado su minuto de gloria cuando han pasado informaci—n a la organizaci—n terrorista sobre algŌn ciudadano contrario al terrorismo, algŌn cargo pŌblico de la UCD, del PP, del PSOE, o algŌn polic’a o supuesto colaborador de la polic’a; algŌn empresario extorsionable (. . .)" (87).

Con este panorama que pinta calleja, la famosa frase "vascos s’, Eta no" que se gritaba cuando las manifestaciones multitudinarias y multipartidistas contra Eta (que han pasado a la historia, por cierto) . . . parece demasiado general y generosa. Habr’a que preguntar, quizŗ, quŽ tipo de vascos se refiere usted cuando dice "vascos s’"? Porque "Eta no" nos deja muchos vascos fuera. . . Miles y miles. Y miles. (Bueno, que no me explique nadie la frase, por favor. Que ya la entiendo. Pero ya me entienden).

"eta crea una espiral de la que parece imposible salir: al seguir asesinando incrementa el nŌmero de presos, de etarras que tarde o temprano serŗn detenidos y encarcelodos, con sus correspondientes familias movilizadas y con nuevos argumentos para no dejar de matar" (90).

Esta situaci—n parece ser la que (en una lectura benŽvola) hace m’nimamente comprensibles los planes del gobierno de tratar a la banda con mano izquierda (y no pu–o izquierdo, como har’a una mejor tradici—n del PSOE o del PCE). ňSerŗ un intento de cortar la espiral, aflojando la presi—n por el lado de la prisi—n? Sea como sea, no es una fuerza que se aplique gratuitamente. Si funciona, y si se tienen atenciones especiales con los presos de la Eta, se habrŗ cumplido una vez mŗs esa vieja tradici—n vasca (vasco-navarra, que aqu’ s’ que hay comunidad de privilegios) por la cual lo m’o es m’o, y lo tuyo, de los dos; y el embudo, que estŽ siempre bien orientado. O sea, que con el "proceso de paz" de Zapatero estar’amos siguiendo las mŗs a–ejas tradiciones forales.

"La pervivencia de eta se explica tambiŽn por el considerable nŌmero de vascos que se manifiestan conformes con el estado de cosas impuesto por la reiteraci—n de la muerte y el miedo. Gente que estŗ de acuerdo con eta y gente que, por miedo, no se atr3eve a decir que no estŗ de acuerdo con eta y se comporta como si lo estuviera" (90).

Vamos, el Pa’s Asco dentro del Pa’s Vasco.

"Para No‘lle-Neumann, Tocqueville fue el primer observador consciente de la espiral del silencio", en referencia al anticlericalismo en el siglo XVIII: era opini—n de minor’a, pero esa minor’a se impuso segŌn Tocqueville en un proceso de temor y una espiral revolucionaria. Esto se me hace curioso, pues en casi cualquier contexto la opini—n de la mayor’a silenciosa es religiosa mŗs bien que antirreligiosa, y son mŗs bien los laicos quienes han de andar con cuidado para expresar sus ideas. Y espirales de silencio las ha habido en otras Žpocas orquestadas por las autoridades eclesiŗsticas y gubernamentales (no vascas) contra los jud’os y conversos, por ejemplo, y contra otros disidentes. Pero de todo ha habido, claro (por ejemplo, en la RepŌblica).

"As’ pues, el miedo a quedarse solo, el miedo a descolgarse de las opiniones de la mayor’a, de lo que estŗ socialmente aceptado, no se inaugura en la Comunidad Aut—noma Vasca, aunque funcione de manera habitual y especialmente intensa en la historia de los Ōltimos a–os de esta comunidad aut—noma" (. . .). "En la Comunidad Aut—noma Vasca, durante muchos a–os, los simpatizantes de eta han llevado la iniciativa en cuanto a visibilidad" (92).

Y s’, quizŗ ser’a injusto culpar de esto al gobierno del PNV ("terrorismo de estado", etc.) mŗs que a una atm—sfera generalizada impuesta por amplios y difusos sectores de toda la sociedad vasca. Aunque no sŽ quŽ es peor. Desde luego el gobierno vasco (ni el espa–ol) han hecho gran cosa por quitar la posesi—n de la calle al sector pro-etarra: pintadas, txalapartas, desfiles, consignas "antifascistas" (-antifascistas! JUA JUA!!! ay por favor. . .!), carteles, asociaciones kulturales. . . y la madre que los pari—, la madre patria.

"Frente a esta avalancha obsesiva y cotidiana de imŗgenes a favor de los partidarios de la muerte, los defensores de la vida, los contrarios a la violencia terrorista, no exist’an prŗcticamente. Era (ňERA? - ES) imposible ver durante a–os y a–os un solo cartel que denunciara a los criminales, que apoyara a las v’ctimas, que respaldara, siquiera moderadamente, a las Fuerzas de Seguridad del Estado, cuyos miembros eran asesinados de forma regular, implacable y en medio del silencio ominoso de la mayor’a de los vascos" (93).

Claro, eran las "fuerzas de ocupaci—n". . . y mientras tanto, cosa peor, las fuerzas de okupaci—n les iban okupando el alma y la konzienzia. . . Y no se pierdan esta descripci—n de las fiestas populares, con simpŗtica tradici—n carnavalesca del chivo expiatorio, que luego, desdichadamente, se lleva de la efigie a la prŗctica:

"Esta invasi—n obsesiva de la iconograf’a criminal llega al Žxtasis con motivo de las fiestas de pueblos y ciudades. En San Sebastiŗn se celebra desde hace a–os la fiesta grande de la ciudad, el 20 de enero, con la plaza de la Constituci—n abarrotada de gente que no tiene mŗs remedio que ver los enormes carteles a favor de los presos etarras que cuelgan de las fachadas mŗs visibles para las televisiones que retransmiten la tamborrada, la izada y arriada de la bandera. En medio del jolgorio, de gente que salta y que r’e, se pueden ver mu–ecos que simbolizan a guardias civiles y que aparecen ahorcados de cuerdas que ocupan la plaza de lado a lado. Es habitual que el alcalde y los medios de comunicaci—n repitan de forma mecŗnica que las fiestas se han celebrado en un clima de 'normalidad', en medio de ese ambiente, que produce espanto a cualquiera que no estŽ narcotizado por el paisaje ic—nico y por el miedo que aventan los terroristas" (94).

En estas circunstancias, si no de terrorismo de Estado, o de Comunidad Aut—noma, s’ se puede hablar al menos de terrorismo de terru–o. De la Espa–a profunda, tan profunda que hasta el nombre pierde, el nombre que le recordar’a que hay algo mŗs allŗ de un ombliguismo y provincianismo tan cejijunto. Esto s’ que es hasŽun corrŗ, un corralillo. . . con la ikurri–a y con su ikurri–o.

5. La imposible vida cotidiana. La socializaci—n del sufrimiento

"Nadie que viva en libertad resalta el hecho de poder comprar el pan, tomar un cafŽ en el sitio habitual, salir con los amigos o charlar sin miedo en un bar. Todas esas actividades, as’ como muchas otras, se realizan de forma mecŗnica, sin valorar el hecho de poder hacerlas en libertad. En la [Comunidad Aut—noma Vasca] esto no esp posible para los que de forma pŌblica se han enfrentado al terrorismo y estŗn marcados por ello" (97)

"Esa pol’tica basada en la fe y en el odio y en una autoestima sentimental colectiva de su propia raza y naci—n, de la que habla Burleigh respecto del nazismo, sirve tambiŽn en este aspecto, para definir al nacionalismo vasco" (100).

El nacionalismo sectario y sus simpatizantes, o la mayor’a silenciosa (el silencio entre los chopitos, digo) prefiere no pensar en quŽ significa que tantos conciudadanos vivan amedrentados y amenazados de muerte: ňuna reflexi—n que no se han planteado?

"O si se han planteado esa reflexi—n podemos decir que han llegado a la conclusi—n de que les viene bien esa situaci—n excepcional, extraen ventajas - para su Gobierno, para ensanchar su hegemon’a - del hecho de que todos los que se opongan pŌblicamente al terrorismo nacionalista podrŗn ser asesinados, amenazados, atacados o intimidados." (101)

"La difusi—n sistemŗtica y planificada del odio busca estos objetivos:

Cosificar a las v’ctimas, diluir su condici—n humana. Anestesiar moralmente a una parte importante de la sociedad vasca para que no simpatice y no sufra con ellas. Suministrar argumentos y prestigiar a los que asesinan. Dejar indiferentes respecto de los asesinatos a cuantos mŗs vascos, mejor." (103)

Esta didŗctica, claro, no se acaba en el Pa’s Vasco. Quizŗ insista Calleja poco, comprensible por el Žnfasis central de su libro, centrado en la sociedad vasca, que en un grado mŗs diluido sucede lo mismo en el resto del pa’s. Y con esto llegamos al cap’tulo central y mŗs memorable, en un libro que ciertamente no deja indiferente.

6. Algo habrŗ hecho, o la gangrena moral de muchos vascos durante demasiados a–os.

"Eta era percibida por muchos vascos como un juez infaliblemente justo, invariablemente ecuŗnicme. La v’ctima de eta era merecedora del trato recibido. Si eta la hab’a elegido, era por algo. Que lo explicara, que dijera por quŽ la hab’an matado; para ver si despuŽs de atreverse a dar sus argumentos segu’a siendo merecdora del tiro en la nuca" (114)

"La expresi—n Algo habrŗ hecho define ya todo un comportamiento social, moral, Žtico y pol’tico. Resume de manera exacta lo que ha ocurrido en la Comunidad Aut—noma Vasca en relaci—n con el terrorismo y el respeto a las v’ctimas. Retrata la actitud de miles de vascos, su inhibici—n o su apoyo expl’cito al terrorismo. Con esta expresi—n se remataba a las v’ctimas y quienes la pronunciaban pretend’an poner a salvo a los criminales y ponerse a salvo ellos mismos, justificar su pasividad ante el terrorismo o su apoyo expl’cito a los criminales.

Esa frase era acogida sin rechazo por los vascos, a los que, sencillamente, no les importaba que se matara, sobre todo porque estaban seguros de que siempre mataban a otros. Vascos que no consideraban que el asesinato de sus vecinos, o de los miembros de la Guardia Civil o de la Polic’a Nacional, fuera su problema.

Algo habrŗ hecho era la frase que muchos vascos nacionalistas quer’an imprimir en la lŗpida de las v’ctimas; la etiqueta colgada en el cuello del muerto con la que ellos se quedaban tranquilos; el latiguillo con el que despejar a c—rner su responsabilidad Žtica" (114).

"Algo habrŗ  hecho son las tres palabras que reflejan hasta quŽ punto ha calado durante a–os en muchos vascos la influencia de otras tres palabras tambiŽn cargadas de perversi—n: odio, muerte y miedo.

Algo habrŗ hecho, una frase que refleja como pocas el grado de indigencia moral, de desprecio a la vida y a la libertad, de colaboracionismo con los asesinos, de estulticia moral, en fin, que han gangrenado a demasiados vascos durante muchos a–os" (116)

Bien dicho. . . pero vascos, y no vascos tambiŽn. Muchos millones, quizŗ. El nŌcleo de apoyo a la eta estŗ en el Pa’s Vasco, pero se difumina hasta te–ir el resto del pa’s, y buena parte del extranjero tambiŽn, por cierto.

"no es casual que todav’a haya comunicadores y pol’ticos que sostienen, de forma pŌblica, que 'eta no miente'" (115)

La eta recibe un trato reverencial, como si estuviese imbu’da de profunda sabidur’a. "a eta se la defin’a como 'la organizaci—n'. Era una forma de presentarla con autoridad, como si fuera la organizaci—n por antonomasia" (115).

"La muerte violenta, organizada de forma sistemŗtica por un grupo terrorista, irrumpe de forma brutal en la vida de una sociedad y marca una terrible l’nea divisoria:

- los que pueden ser asesinados;

- los que hacen todo lo posible por llevarse bien con los asesinos con el fin de que estos no les quiten la vida." (117)

"Eta es hoy un fin en s’ mismo, una organizaci—n que, ademŗs de buscar el poder y la independencia, persigue desesperadamente la justificaci—n de la necesidad de que su existencia era y es algo ineluctable." (117).

Muchos de los etarras encarcelados reflexionan y comprenden lo estŌpido y criminal de sus acciones, pero el c’rculo vicioso continŌa con quienes les apoyan desde fuera.

"ňEs mucho pedir a todos los etarras que han pasado por ese proceso que expliquen a los j—venes que de mayores quieren ser etarras la perversi—n de la violencia, la necesidad de hacer pol’tica sin matar a nadie? ňCuŗntas vidas mŗs nos tiene que costar el proceso de maduraci—n de estos memos criminales?" (118)

 

"El terrorismo de eta crea un clima de miedo que solo se puede romper a base de tener mŗs dignidad que miedo, y quien as’ actŌa salva la cara a todos los vascos, muchos de los cuales viven atenazados por el miedo" (131).

7. La primera v’ctima fue un bebŽ.

Bego–a Urroz (1960). De mi generaci—n. La eta preferir’a que se pensase que la primera v’ctima fue el torturador Melit—n Manzanas, pero no es as’. La lista de muertos incluye a polic’as, militares, pol’ticos y civiles de toda gama, unos asesinados deliberadamente, otros al azar, porque pasaban por all’. . . todos para aterrorizar, claro. Hasta ha matado a algŌn miembro o simpatizante del PNV: por ser disidentes expl’citos, no por simpatizar con el PNV, claro. Y, significativo, "eta no ha matado a ningŌn cura vasco" (142). SegŌn Gesto por la paz, hay mŗs de 42.000 personas directamente perseguidas - y miles y miles de personas forzadas al exilio para poder sobrevivir o llevar una vida normal.

8. La eficacia policial y la movilizaci—n ciudadana rompen la espiral del miedo.

Los nacionalistas vascos siempre han criticado y denunciado "la v’a policial" de lucha contra Eta, argumentando "la complejidad" del problema:

"Las conclusiones que se presentaban como l—gicas tras enunciar reiteradamente estas dos premisas eran evidentes:

- Eta es imbatible

- la v’a policial no es la soluci—n.

Ambas desembocaban en un corolario que duarnte a–os ha marcado la vida pol’tica vasca como si de un axioma se tratara:

- hay que negociar con eta.

Negociar, claro, de igual a igua: el Estado espa–ol, por un lado, y en el otro lado de la mesa, en una posici—n equivalente, los dirigentes de la organizaci—n terrorista." (159)

Pues, a pesar del t’tulo optimista del cap’tulo. . . me temo que con el acuerdo del Parlamento del a–o pasado autorizando al gobierno a abrir negociaciones con los terroristas, y el actual "proceso de paz" que dicen nuestra abducida vicepresidenta y nuestro autoabducido presidente, este tipo de razonamiento estŗ en sus horas mŗs altas ahora mismo. Lamentablemente. Lo peor es que lloviendo tan sobre mojado, nada nos autoriza a creer que cuando vuelvan las tornas, y la realidad se imponga, no se vuelva a repetir ad infinitum el mismo proceso. PatŽtico beyond words. Quizŗ, lejos de desaparecer, el miedo haya llevado ya a muchos millones de ciudadanos a apoyar este "proceso de paz". El miedo que segŌn Jean Delumeau lleva a

"comportamientos aberrantes y suicidas de los que ha desaparecido la pareciaci—n correcta de la realidad" (cit. en Calleja 166).

Campa–as contra el miedo. El lazo azul en 1993: "aquel s’mbolo contra el terrorismo que permiti— a miles de vascos salir del armario del miedo y del silencio en el que hab’an estado recluidos y sumidos durante a–os" (170); entonces "se produjo uno de los fen—menos mŗs relevantes de la reciente historia vasca: la visibilidad en los espacios pŌblicos de aquellos vascos contrarios al terrorismo, al asesinato, al chantaje del secuestro" (169).

Lo triste es que tenga que marcarse expl’citamente el pertenecer a ese grupo, que no sea ese grupo el que va sin distintivos. Como lo es en cualquier estado de cosas normal. Pero en el Pa’s Vasco se pod’a presuponer, correctamente, lo contario, dado el silencio ambiental: que todo el que no dice nada es porque apoya a la Eta. Porque los simpatizantes de la Eta eran los due–os del espacio pŌblico visible.

"Los que luchan contra el miedo: hŽroes a su pesar". (176)

9. El terrorismo en los medios. ňHay que dar cadŗveres o no?

El debate con ocasi—n del 11-S y el 11-M, teniendo en cuenta la voluntad mediŗtica del terrorismo.

"En mi opini—n, el terrorismo es un mal y como tal hay que mostrarlo. Hay que mostrar las consecuencias de ese mal y, por lo tanto, hay que emitir imŗgenes y fotograf’as de las v’ctimas mortales y de los heridos provocados por el terrorismo. Al mismo tiempo, las imŗgenes no pueden ser una caja de resonancia que magnifique la actividad terrorista, que es lo que buscan los criminales. . . .  Los periodistas debemos debatir, caso por caso, quŽ emitir, de quŽ forma y con quŽ frecuencia. Debemos hacerlo guiados por un criterio profesional: mostrar la realidd; c’vico: no magnificar a los terroristas; y Žtico: evitar da–os a–adidos al da–o irreparable de la muerte." (186)

Las palabras crean la realidad. El anŗlisis de tres peri—dicos.

"Las palabras no solo sirven para describir la realidad; tambiŽn la crean" (186).

"El periodista, al elegir la primera palabra con la que encabeza el titular de la informaci—n, estŗ, por un lado, describiendo la realidad desde determinado punto de vista, pero estŗ creando ademŗs una concreta realidad, que es la que ofrece al lector, al oyente o al televidente; adopta tambiŽn una determinada mirada, una postura ante esa realidad que describe.

Ese en ese sentido perverso que el periodismo construye, destruyŽndola, la realidad [Espada, 2002: 77]" (186)

La jerigonza terrorista y el contagio en algunos medios de comunicaci—n

"No es lo mismko hablar de 'la organizaci—n' - como si fuera la organizaci—n por antonomasia, o la Organizaci—n Nacional de Ciegos - que escribir eta, con minŌsculas" (190)

"Durante a–os el lenguaje de los terroristas se ha impuesto sobre el vocabulario de los dem—cratas. Durante demasiados –aos, los criminales han creado y vendido su realidad a base de emplear palabras de nueve mil’metros parabellum, mientras los que defend’an a las v’ctimas se las ve’an y deseaban para poner en pie, y tratar de conseguir extender su uso, un vocabulario que tuviera un m’nimo de dignidad, que contar la verdad y lo hiciera con una mirada de sensibilidad hacia las v’ctimas" (190)

Parece dif’cil hacerlo. . . hasta en este cap’tulo Calleja mismo propone que en lugar de "eta reivindica" se diga que "la organizaci—n terrorista se reconoce culpable de sus Ōltimos cr’menes" (191) - pues algŌn alma cŗndida podr’a pensar que eso implica que se han arrepentido. Calleja se refiere a los anŗlisis de Klemperer en su estudio sobre el lenguaje en el Tercer Reich. "La fascinaci—n del criminal. El criminal suele ejercer una fascinaci—n que no suscita la v’ctima. El terrorista clandestino plantea preguntas al ciudadano normal: 'ňc—mo serŗ?'" (204). Vaya, es lo que le preguntaba Zapatero a Ibarretxe hace poco a prop—sito de Otegi. Para fascinado, el presidente. Le va el olor a pantera negra, como dec’an en el blog de Arcadi Espada. Jungle fever.

10. Los ataques de eta y del PNV a los medios de comunicaci—n adictos al esp’ritu nacionalista.

El papel aglutinador y de liderazgo social de los medios de comunicaci—n al servicio del terrorismo nacionalista vasco. - Una sociedad paralela. V’ctimas de la mentalidad de grupo.- El miedo consigue la autocensura. La persecuci—n a periodistas por parte de eta y del PNV.- El miedo, redactor jefe adjunto.- Los ataques de Arzallus, de Ibarretxe y de eta a los periodistas.- La tarea del periodista.- "La obligaci—n de los periodistas es buscar la verdad" (230). "Sin libertad no hay periodismo en sentido estricto. Con miedo no se puede ejercer el periodismo" (231). Un dŽficit en la atenci—n informativa a las v’ctimas del terrorismo.- El caso de los socialistas vascos de marzo de 2002 (La oposici—n con escolta).- C—mo conciben los terroristas el trabajo period’stico. Los periodistas no afines son enemigos.- El caso de los carteles de Jarrai contra periodistas.- La ponencia "Hormigas" de KAS contra los periodistas.- Casos de periodistas que han sufrido atentados o han tenido que irse de la CAV.- ”rganos de agitaci—n y propaganda.-

11. El plan Ibarretxe, el Pacto de Lizarra, la connivencia entre nacionalistas: vascos comunicantes.

El pacto del PNV con eta: el frente nacional de Lizarra.- La colaboraci—n entre eta y el PNV: el afŗn compartido por desprestigiar a la democracia espa–ola.- El frente nacional y el plan Ibarretxe.-

12. La izquierda espa–ola y el terrorismo de eta.

El asesinato de Carrero Blanco: "Muy posiblemente, de no haberse justificado aquel magnicidio por su supuesta utilidad, no se hubieran producido luego tantos atentados terroristas en la democracia en un clima de comprensi—n o de ausencia de condena" (Calleja 281). "Por haber confundido utilitarismo de corto alcance con consecuencialismo se dio a eta una cobertura moral que todav’a hoy estamos padeciendo" (JosŽ Ram—n Recalde, cit. en Calleja, 281).

La masacre de la calle Correo (y Eva Forest): "La matanza fue de tal envergadura que provoc— no solo que el grupo terrorista no se responsabilizara de ella; dio lugar tambiŽn a una escisi—n en el seno de la banda terrorista entre eta-m y eta-pm (.  . . ). Eva Forest, como su marido, Alfonso Sastre, encausado tambiŽn como responsable de la matanza, fueron expulsados del PCE tras el atentado, y no cabe establecer ninguna responsabilidad de este partido en el mŌltiple crimen, ideado por Eva Forest" (290).

Eta, entronizada. "Una vez mŗs, eta emplea la sinŽcdoque al dar por sentado que un juicio contra un grupo de simpatizantes etarras, una parte de los vascos, se convierte automŗticamente en un proceso contra la sociedad vasca en su conjunto, el todo. El proceso judicial contra un pu–ado de delincuentes, presentado como un juicio contra toda la sociedad vasca. La parte por el todo. Una estrategia habitual no solo por parte de los terroristas, sino tambiŽn empleada por el resto de nacionalistas vascos" (293).

La izquierda y las primeras v’ctimas de eta. "El PCE de Euskadi s’ protagoniz— movilizaciones de atentados terroristas, en no pocas ocasiones en solitario, con muy pocosa asistentes y rompiendo el miedo y el silencio, desafiando a quienes apoyaban a los criminales. Pero la izquierda del resto de Espa–a, el PCE y el PSOE, no hicieron suya la causa de las v’ctimas del terrorismo hasta muy entrada la democracia" (297).

(QuiŽn les ha visto y quiŽn les ve, pues. . .).

"Jon Juaristi establece una vinculaci—n estructural, y con antecedentes hist—ricos, entre comunismo y nacionalismo. ( . . . ) (300)

'Como vectores de secularizaci—n, los nacionalismos no tienen rivales comparables. Al situar la naci—n sobre cualquier otro valor, se constituyen en sucedŗneos emocionales de las religiones trascendentes. La cr’tica marxista de la religi—n dif’cilmente habr’a podido competir con los paganismos nacionalistas (las nuevas religiones sacrificiales de la naci—n) en la descristianizaci—n de las poblaciones ( . . . ).' (Jon Juarist, cit. en Calleja 301-302).

13. Eta, la iglesia vasca y el reiterado incumplimiento del quinto mandamiento. Pecar por acci—n y por omisi—n.

"El discurso de la Iglesia en la [Comunidad Aut—noma Vasca] no ha sido ni siquiera neutral entre v’ctimas y verdugos, ha estado siempre mŗs cerca de quienes practicaban la violencia terrorista de quienes la sufr’an" (303).

Los curas vascos que apoyan a eta. El colectivo Herria 2000 Eliza. Las relaciones de la Iglesia vasca con eta y el nacionalismo vasco: el caso de la homil’a de Juan Mar’a Uriarte. Ausencia de compasi—n respecto de las v’ctimas: El caso de la misa de la tregua. El peregrinar de la familia Ord—–ez cada 23 de enero desde 1995 (buscando una iglesia para un funeral). El obispo SetiŽn pasa sin mirar por delante de los familiares del secuestrado por eta JosŽ Mar’a Aldaya Etxeburua. SetiŽn y la falta de apoyo a la concejala del PP Mar’a San Gil. ("S’, a ustedes les matan, pero a otros les encarcelan"). Una reacci—n escasa y tard’a. La persecuci—n contra los insumisos al terror: El caso del cura de Maruri. La diferencia respecto de los curas nacionalistas vascos: El caso de Fernando Sebastiŗn, obispo de Pamplona.

"Estos nacionalistas vascos que ejercen de curas han puesto de moda Ōltimamente un latiguillo que ha hecho furor entre buena parte de su feligres’a: los que estŗn frente a eta tienen que hacer un esfuerzo y renunciar a cosas en aras del fin del terrorismo. La respuesta a esa petici—n es bien sencilla: estamos dispuestos a renunciar a que nos maten. Esa serŗ nuestra mejor contribuci—n al logro de la paz y de la libertad" (332).

Pues el mensaje nacionalista/etarra a que alude Calleja parece que ha prosperado Ōltimamente hasta extremos desproporcionados: el fin del terrorismo exige concesiones, se nos dice, y ahora el gobierno espa–ol (y hasta el Parlamento, quizŗ) han hecho suya esta tesis. Las concesiones exigidas por los etarras las conocemos: presos a la calle, Navarra al Pa’s Vasco, y autodeterminaci—n. De momento no se habla de aceptarlas, claro, pero es que las "negociaciones" en s’ no han empezado, estamos en los "contactos". Lo que el gobierno tenga pensado conceder en el "diŗlogo" que estŗ entablando no se nos ha comunicado (bien pronto se nos dirŗ que un acuerdo requiere cesiones "por ambas partes"). Nuestro iluminado presidente y nuestro iznogudesco ministro del Interior nos aseguran que tienen un plan para terminar con eta, pero que va a costar mucho dolor y sacrificio a los espa–oles. No se sabe si tambiŽn a los etarras y a los separatistas vascos: parece que no tanto.

Els sesgadors

 

Mŗs atrŗs: 2006/4