Understanding Misreading:

Hermenéutica de la relectura retrospectiva

 

 

José Angel García Landa

Universidad de Zaragoza, 1996

Edición en red 2004

 

Los que no releen están condenados a leer siempre la misma historia.

(Barthes 1974: 16, imitando a Oscar Wilde)

 

Quiero presentar una serie de razonamientos críticos pertenecientes a diversas escuelas y relativos a diversos objetos de estudio, para ilustrar un elemento común, un elemento que quizá se haga visible conforme avanzamos, y quizá emerja con mayor claridad de la misma confrontación entre esos razonamientos. Quizá sea un ejercicio parecido al de trazar líneas entre estrellas para formar una constelación, permiténdonos ver una figura que no era visible antes. Es bien sabido que una constelación como forma existe sólo en la mente de quien la ve; pero las ideas sueltas que vamos a ver podrían formar parte además de un sistema más sustancial, una galaxia de intérpretes quizá. El elemento común que une a estas reflexiones críticas es el tema de la relectura retrospectiva de una narración y sus consecuencias para la hermenéutica. Podríamos sintetizar estas consecuencias diciendo que el paso del tiempo todo lo cambia, hasta el pasado mismo.

 

El tema de Borges y Eliot

Dice Borges,

Yo premedité alguna vez un examen de los precursores de Kafka. A éste, al principio, lo pensé tan singular como el fénix de las alabanzas retóricas; a poco de frecuentarlo, creí reconocer su voz, o sus hábitos, en textos de diversas literaturas y de diversas épocas....

En cada uno de esos textos está la idiosincrasia de Kafka, en grado mayor o menor, pero si Kafka no hubiera escrito, no la percibiríamos; vale decir, no existiría.... El hecho es que cada escritor crea a sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro. (Borges 1984: 107, 109).

Recordemos que para T. S. Eliot, a quien nos remite Borges, la tradición poética hace que la historia no sólo se mueva hacia adelante, sino también se vea alterada retrospectivamente:

The existing monuments (=great literary works) form an ideal order among themselves, which is modified by the introduction of the new (the really new) work of art among them. The existing order is complete before the new work arrives; for order to persist after the supervention of novelty, the whole existing order must be, if ever so slightly, altered. . . . [The past is] altered by the present as much as the present is directed by the past. (Eliot 1951: 15)

Jugando con esta idea, David Lodge hace que uno de los personajes de su novela Small World escriba una tesis sobre "La influencia de T. S. Eliot sobre la obra de Shakespeare."

La tradición literaria es una forma de narración histórica, y la obra maestra es después de todo un acontecimiento histórico. Por eso es relevante ver estas ideas en el contexto de la hermenéutica de la historia, que subyace a cualquier reflexión sobre la historia literaria.

 

Hermenéutica de la historia y la narración

Para este segundo hilo crítico, nos centraremos en la obra de Paul Ricoeur, que efectúa una síntesis de las teorías narrativistas y estructuralistas de la historia. Ricoeur ve en la historia un género literario (ojo: no ficticio). La historia como género descansa en última instancia en la labor del historiador, quien configura un argumento narrativo que permita entender los hechos del pasado.

La discusión sobre la función del argumento narrativo suele remontarse a la Poética de Aristóteles. Ricoeur parte, pues, de la noción aristotélica según la cual el argumento tiene una función estructuradora de la acción:

emplotment is the operation that draws a configuration out of a simple succession. (Ricoeur 1984: 65)

Interpretando más libremente la noción aristotélica, Ricoeur define el argumento como la operación que efectúa una síntesis entre elementos discordantes permitiendo así llegar a una conclusión inteligible:

To follow a story is to move forward in the midst of contingencies and peripeteia under the guidance of an expectation that finds its fulfilment in the "conclusion" of the story. This conclusion is not logically implied by some previous premises. It gives the story an "end point." which, in turn, furnishes the point of view from which the story can be perceived as forming a whole. To understand the story is to understand how and why the successive episodes led to this conclusion, which, far from being foreseeable, must finally be acceptable, as congruent with the episodes brought together by the story. (1984: 66-67)

Esta función estructurante de la conclusión, lo que Kermode llamaba "the sense of an ending", se vuelve más perceptible cuando releemos una narración (cf. Ricoeur 1984: 67). Así vemos el final con anticipación por así decirlo, y tenemos una extraña experiencia temporal: conocemos el futuro, avanzamos por el tiempo pero sabiendo hacia dónde nos dirigimos, privilegio que rara vez tenemos en nuestra vida personal. En una novela de detectives, en cambio, cada acción trivial del mayordomo lo delata una vez sabemos que es él el asesino.

the repetition of a story, governed as a whole by its way of ending, constitutes an alternative to the representation of time as flowing from the past toward the future, following the well-known metaphor of the "arrow of time." It is as though recollection inverted the so-called "natural" order of time. In reading the ending in the beginning and the beginning in the ending, we also learn to read time itself backwards, as the recapitulation of the initial conditions of a course of action in its terminal consequences. (Ricoeur 1984: 67-68)

La teoría de la acción desarrollada por Dray y von Wright tiene en cuenta la acción indirecta: la indirección intencional y las consecuencias no intencionales. Esto es esencial al escribir historia, según Ricoeur. Un testigo contemporáneo de los acontecimientos narrados por la historia no podría ser un historiador en el sentido de Ricoeur aunque conociera perfectamente todas las circunstancias y puntos de vista, todos los hechos e intenciones de los agentes históricos, porque le faltaría la perspectiva temporal necesaria, que nos permite ver los resultados no calculados de los acontecimientos contemporáneos.

"What transforms actions into histories?" asks a philosopher. Precisely those factors that escape a simple reconstruction of the calculations made by the agents of the action. (Ricoeur 1984: 229)

Según Mink (1965), la historia no es la escritura de una narracion de hechos, sino su reescritura. La labor del historiador no es la de un testigo; más bien es necesariamente retrospectiva, mostrando el pasado como un esquema de relaciones comprensible.

This retrospective intelligibility rests upon a construction that no witness could have put together when the events were occurring, since this backward way of proceeding would be unavailable to any contemporary witness. (Ricoeur 1984: 157, parafrasea a Mink 1965)

Así, el historiador explica el pasado mediante herramientas conceptuales inexistentes en aquel momento, como la sociología o el psicoanálisis, y utiliza conceptos en cierto modo anacrónicos, como cuando hablamos del "proletariado romano" (Ricoeur 1984: 256 n. 43). Y para Danto, a quien también comenta Ricoeur, las frases narrativas utilizadas al escribir historia implican tres temporalidades: la del acontecimiento, la de sus consecuencias, y la del historiador (que no es un testigo directo):

the whole truth concerning this event cannot be known until after the fact and long after it has taken place. This is just the sort of story only a historian can tell. (Ricur 1984: 145)

En Danto falta la noción de un argumento articulado más allá de la frase, aunque Danto presente ya sus frases narrativas como un argumento en miniatura. Gallie coloca el énfasis en la macroestructura narrativa al insistir en la "followability", la "seguibilidad" de un argumento:

What, then, is a story? and what does it mean "to follow" a story?

A story describes a sequence of actions and experiences done or undergone by a certain number of people, whether real or imaginary. These people are presented either in situations that change or as reacting to such change. In turn, these changes reveal hidden aspects of the situation and the people involved, and engender a new predicament which calls for thought, action, or both. This response to the new situation leads the story toward its conclusion. (Ricoeur 1984: 150, parafrasea a Gallie 1968: 22)

En la conferencia de ayer, Leo Hickey resaltaba que también en una narración como el chiste la conclusión efectúa una síntesis de elementos discordantes (como dobles sentidos de las palabras), normalmente en la mente del oyente. La conclusión de un chiste debe ser congruente, aunque esa congruencia no debe ser predecible si el chiste ha de causar su efecto. Algo comparable sucede con la narración histórica o cualquier otra narración:

Rather than being predictable, a narrative's conclusion has to be acceptable. (Ricoeur 1984: 150)

Desde una perspectiva, una narración tiene la forma de un juicio implícito (juicio en el sentido kantiano de síntesis). Las narraciones son secuencias de acontecimientos junto con su explicación, pero suelen dejar al lector la tarea de extraer la explicación a partir de la secuencia. El acto de seguir una narración es también una labor de construcción de una síntesis, de interpretación. Observemos el parentesco entre estas concepciones con la definición de argumento como organización de elementos discordantes que Ricoeur extrae de Aristóteles.

 

Teoría del misreading

El misreading o lectura errónea es una noción asociada a la escuela de desconstrucción de Yale. Podíamos sintetizarla diciendo que todo acto de escritura se basa en una imperfecta comprensión del propio texto o de un texto anterior, y que todo acto de crítica es también un "misreading", una lectura basada en un error de base. Se puede criticar esta noción como una falacia desde un punto de vista hermenéutico tradicional. O podríamos arguir que si no existe la posibilidad de "reading", si no hay interpretación correcta, no tiene sentido hablar de "misreading", sería simplemente la condición normal de lectura. No hay una lectura correcta en el sentido de ser la única lectura. Sí la hay correcta en el sentido de cumplir adecuadamente una función institucional en un momento dado. Aunque hay su parte de verdad en estas críticas, es conveniente prestar atención a esta teoría deconstructiva, tan discordante con la hermenéutica clásica o con la materialista, para ver si contiene también su parte de verdad, y para ver si estos elementos discordantes pueden llegar a una síntesis parcial que nos permita terminar esta ponencia. Veamos en más detalle, pues, la teoría del misreading según la escuela de Yale en Paul de Man, Harold Bloom y J. Hillis Miller.

Para Paul de Man, el autor puede ser ciego a lo que hace el lenguaje de su texto; no entiende su propio texto, que parece decir una cosa, pero en realidad hace otra: la retórica implícita del texto deshace entre líneas lo que el autor parece estar diciendo. El crítico señala ese punto ciego. Ahora bien, de Man parece sostener que ese punto ciego está en el texto absolutamente, y que el crítico simplemente nos da a conocer esa existencia. de Man no está interesado en la consciencia del lector sino en el texto en sí.

it follows from the rhetorical nature of literary language that the cognitive function resides in the language and not in the subject. The question as to whether the author himself is or is not blinded is to some extent irrelevant. (de Man 1983: 137)

Es difícil compartir esta noción de un lenguaje que significa independientemente de cualquier sujeto consciente. Aceptamos que el texto y la interpretación están dialécticamente ligados, pero de Man deja fuera de este esquema al sujeto que efectúa o refrenda la interpretación (en este caso se deja fuera a sí mismo). Esto parece un momento de ceguera crítica de aquellos que según de Man van extrañamente unidos siempre a los hallazgos más significativos de cada crítico.

Todavía más paradójicamente: de Man habla de otros autores, como Rousseau, cuyos textos no tienen puntos ciegos. Son sus críticos (como Derrida) quienes los malinterpretan, haciendo necesaria la labor de un segundo crítico (de Man) que señale cómo esas áreas de ceguera están en el texto del primer crítico, no en el del autor. Hay aquí algo de bardolatría, pero sobre todo hay una noción esencialista de la interpretación y de la ideología que parece ir en contra de lo que, supuestamente, es el programa de la desconstrucción. Quizá no estemos sino añadiendo un texto a la cadena de desconstrucciones, pero debemos señalar lo siguiente:

a) si el sentido es el resultado de una interacción entre texto y lectura, no podemos hablar a priori de textos con puntos ciegos y textos sin puntos ciegos. Los puntos ciegos no están en el texto al margen de una lectura del mismo. En términos estructuralistas, podríamos decir que no hay por qué representar como una estructura textual sincrónica la interacción de ceguera y lucidez que tiene lugar secuencial o diacrónicamente.

b) de modo más general, el texto en su conjunto como fenómeno de sentido tampoco está en ninguna parte al margen de una lectura del mismo.

c) la ideología de un texto, de modo general, no es una sustancia contenida en el texto, sino una relación entre texto e intérprete. Si alguien dice, "la desconstrucción es una teoría de extrema derecha" sería imprudente tomar esta afirmación al pie de la letra sin tener en cuenta a la vez la ideología de quien dice eso y nuestra propia ideología al interpretarlo.

De Man, sorprendentemente, parece reificar la estructura y el significado textual, y mantener el texto inmune al proceso de la interpretación. Como corolario, el texto se mantiene al margen del proceso de cambio histórico. Los cambios históricos pueden reflejarse en las interpretaciones posteriores pero difícilmente se hallarán en el texto en sí considerado al margen de la historia o separado asépticamente de la historia de su recepción. De la lectura que de Man hace de Derrida podría deducirse que Derrida, a pesar de sus aciertos de otro orden, leyó mal a Rousseau; que de Man, en cambio, lo ha leído bien; y que Rousseau permanece intocado por estas lecturas.

La tesis central de su libro Blindness and Insight es que la labor crítica no es tan lúcida sobre sí misma como parece. Este libro se dedica a la desconstrucción de otros críticos, y sostiene que la crítica tiene sus mejores aciertos cuando es literaria y no literal, cuando debemos leerla entre líneas y ver cómo su sentido profundo contradice sus aserciones literales.

The reader is given the elements to decipher the real plot hidden behind the pseudo-plot, but the author [critic] himself remains deluded.... it is left to the reader to draw a conclusion that the critics cannot face if they are to pursue their task. (de Man 1983: 104)

Es decir, la ceguera del crítico es la condición necesaria para la lucidez:

Critics' moments of greatest blindness with regard to their own critical assumptions are also the moments at which they achieve their greatest insight. (de Man 1983: 109)

No queda claro, sin embargo, a quién pertenece ese insight o lucidez: no es el del autor, porque hemos visto que es ciego a lo que en realidad dice su texto. Yo sostendría que es la lucidez de de Man, que al desconstruir el texto de Derrida muestra la ceguera de éste. Pero ya hemos dicho que de Man ignora estas atribuciones subjetivas, silencia su labor como crítico y objetiva esa lucidez diciendo que pertenece "al texto". Pero, ¿a qué "texto"? No será, digo yo, al que escribió el autor, y no al que leen otros lectores que no ven ni siquiera esta problemática. El texto no es un hecho en bruto; es un texto leído por alguien. La lucidez señalada por de Man sólo pertenece al texto leído por de Man, al que nos enseña a leer de Man. El insight es el de Paul de Man leyendo el texto, y el nuestro al seguir su lectura. Y, de manera correlativa, se crea un punto ciego retrospectivamente: algo que no existía antes de la lectura de de Man existe ahora, y existe en el texto que otros leían sin percibir ese punto ciego. El texto se ha visto transformado por la lectura crítica, aunque de Man tiene lo que a mi entender es un momento de ceguera y no lo ve así.

Podríamos suponer, por supuesto, que de Man encomienda a sus lectores la labor de desconstruirlo a él y encontrar sus puntos ciegos, pero no deja de ser inquietante que su propio texto no discuta explícitamente por qué se coloca en un lugar privilegiado inmune a la desconstrucción que efectúa sobre los demás-borrando la posición desde la cual habla.

Es bien conocido que el ejercicio de la desconstrucción se presta a la regresión al infinito. Un crítico (Derrida) desconstruye a un autor (Rousseau), pero a su vez es desconstruido por otro crítico (de Man) cuya lectura es desconstruida por otros. Hillis Miller describe este fenómeno como lo que es, una secuencia narrativa, proporcionándonos así un componente más que unir a nuestra constelación de lecturas retrospectivas.

The failure to read . . . takes the form of a further, secondary or tertious, narrative superimposed on the first deconstructive narrative. This supplementarity narrative shows indirectly, in the form of a story, someone committing again the "same" linguistic error that the deconstructive narrative has lucidly identified and denounced. (Miller 1987: 47)

Para de Man, siempre revelamos lo que intentamos esconder (Miller 1987: 51). La cuestión es, a quién lo revelamos? Hay críticos que dicen ahora que la teoría de de Man era una ocultación de las simpatías nazis de su pasado (por ejemplo, Newton 1990: 95). Ahora el texto de de Man es leído retrospectivamente como una maniobra de penitencia o de evasión. Pero yo creo que esos sentidos no estaban "en el texto" hasta que la historia o la diferencia cultural enseñan su lección y alguien ve esos sentidos, o los establece posteriormente. Recordemos aquí que según Ricur no podemos definir lo que es la historia sin conceder el papel necesario aunque oculto del historiador (Ricur 1984: 99). Es decir, que el historiador no es un suplemento o accidente sino un elemento central en la estructura de la historia. Lo mismo queremos señalar en el área de la interpretación con respecto al intérprete o lector: no es un mero observador del sentido, sino que constituye con su actividad el sentido del texto.

Un caso práctico de análisis desconstructivo puede servir de ejemplo adicional a este tema central al que continuamos volviendo, la constitución retrospectiva del sentido. Se trata de las relecturas de Henry James en sus prólogos, analizadas por Hillis Miller en The Ethics of Reading. James organiza sus relatos en torno a una visión que desea expresar, y esa visión termina de ser perfilada en la interpretación que él nos da a posteriori, en sus prólogos, de ese acto de invención y configuración que fue la escritura de la novela. Una buena lectura permite ver con más claridad el tema, perfilar la visión todavía más. De esta manera, la obra en sí y su relectura crítica ofrecen dos puntos de vista (separados temporalmente) que permiten una visión estereoscópica sobre el tema: el "tema" tiene una existencia ideal, no es ni la obra ni su lectura crítica, pero ambas permiten intuirlo. ¿A quién? A un tercer lector, evidentemente. James asignaba el mismo papel estereoscópico a las ilustraciones de las novelas: sólo eran aceptables para él si no se referían directamente a la historia o a los personajes. En lugar de esto, una ilustración debe armonizar con algo que se encuentra detrás o en las profundidades del texto, el 'tema' al que aluden tanto la novela como la ilustración. (Miller 1987: 118).

To re-read is to be forced by an irresistible necessity that is not in the text he once wrote and now re-reads, but appears to come from the matter that text represented in a way he now finds inadequate. But if he is coerced, he is, strangely, also free. (Miller 1987: 115)

Recordemos que para el propio Miller la desconstrucción no crea el sentido que libremente quiere el crítico, sino el que emerge del texto en su lectura (Miller 1987); hay también aquí una ley o compulsión. La lectura hace emerger la diferencia entre lo que el texto dice y lo que representa o alegoriza (Miller 1987: 117). Por tanto,

reading is subject not to the text as its law, but to that law to which the text is subject. This law forces the reader to betray the text or deviate from it in the act of reading it, in the name of a higher demand that can yet be reached only by way of the text. This response creates yet another text which is a new act. (Miller 1987: 120)

Cualquier texto es un "misreading" en el sentido de que se desvía de o traduce mal la "cosa" o "asunto", el tema evasivo y sutil que James busca expresar (Miller 1987: 121). El ejemplo de Henry James o la desconstrucción son aquí paradigma de cualquier acto de lectura. Una imagen ideal, evasiva, también surge cuando Miller compara esta imagen ideal del tema que surge detrás de los textos de James a otro objeto ideal resultado de una confrontación entre dos textos: el sentido ideal que surge entre un texto original y su traducción, según la teoría de Walter Benjamin:

Both original [1] and translation are inadequate translations of an original [2] which can never be given as such. (Miller 1987: 123)

Observaremos que el segundo uso de la palabra "original" debería aquí leerse irónicamente: el "original" número 2 sólo existe como un efecto virtual del original número 1 y de su traducción. Es un caso claro en el que se ha creado retrospectivamente una causa virtual, como un efecto de lectura. No está claro si Miller es consciente de que estos objetos virtuales, como la "ley" compulsiva que según él gobierna la lectura, son ejemplos de causas retroactivas creadas por el proceso de lectura, y de ahí tienen ese aspecto fantasmal o misterioso. Le podíamos haber preguntado la semana pasada, porque estuvo aquí dando una conferencia, pero la retrospección no nos ayuda en este caso. Sea como sea, un objeto tan numinoso y etéreo como esa ley que gobierna la lectura según Miller debería ser desconstruido.

Harold Bloom, para terminar, también define la crítica as "misprision" or "creative misreading" (Poetry and Repression 4, cit. por Newton 1990: 89). En su teoría, el misreading es un elemento de defensa, de ansiedad ante los precursores que dificultan nuestra originalidad porque ya han hablado antes. El tercer elemento falta en Bloom como faltaba en de Man: el lector que reconstruye narrativamente esta historia para nosotros. La teoría de Bloom, aunque es como él reconoce, hiperbólica, tiene la ventaja de traer a primer plano la cualidad intertextual de la literatura, y el elemento de ocultación que va unido a ella (si la identidad del objeto literario fuese evidente no habría necesidad de críticos). Necesitamos, sin embargo, a Bloom para que saque a la luz a todos los precursores cuidadosamente disimulados por la ansiedad del autor.

 

Conclusión provisional sobre la interpretación literaria

Hemos visto cómo establecer concordancia entre elementos discordantes es una función del acto de elaborar y seguir un argumento (Ricoeur 1984: 43, comentando a Aristóteles). Esta definición de Ricoeur puede aplicarse también a la labor de la interpretación. La crítica tiene una cualidad esencialmente narrativa, igual que la escritura de la historia, probablemente debido a la cualidad esencialmente temporal y narrativa de la existencia humana en su conjunto. Hacer concordar interpretaciones discordantes o partir en busca del sentido (como la consecución arquetípica de un objeto más o menos mágico escondido dentro del texto) son también funciones narrativas. Al menos en el sentido de narración definido por Hayden White, para quien

a narrative is any literary form in which the voice of the narrator rises against a background of ignorance, incomprehension, or forgetfulness to direct our attention, purposefully, to a segment of experience organized in a particular way. (White 1972: 13; cit. en Ricoeur 1984: 258, n. 59)

"Qué significa" una obra puede entenderse doblemente: en el sentido de "significado dentro de una tradición" o "valor", como en nuestros ejemplos de Borges y Eliot, y en el sentido "significado, sentido, mensaje". Las dos empresas críticas van ligadas, y las dos tienen un sentido narrativo. Una interpretación coloca la obra dentro de un argumento histórico, aunque sea de modo implícito, reconfigurándola, señalando lo que aparece en ella a la luz de otras lecturas, otros (con)textos. Algunas obras recientes (Kiely 1993, Readings 1993, Freeman 1993) muestran más aplicaciones prácticas de esta perspectiva crítica. La labor del contexto de lectura y del intérprete no puede quedar ignorada, pues la obra que no es leída ha dejado de existir y de crecer. O, dicho de otra manera, los poetas muertos aún viven y siguen escribiendo. Pero sólo en nosotros y para nosotros, y sólo mientras los leemos y releemos.

 

 

Obras citadas

 

  • Barthes, Roland. 1974. S/Z. 1970. Trans. Richard Miller. New York: Hill and Wang.
  • Benjamin, Walter. 1969. "The Task of the Translator: An Introduction to the Translation of Baudelaire's Tableaux Parisiens." 1923. In Benjamin, Illuminations. Trans. Harry Zorn. Introd. Hannah Arendt. New York: Schocken. 69-82.
  • Bloom, Harold. 1980. A Map of Misreading. 1975. London: Oxford UP.
  • - - -. 1976. Poetry and Repression: Revisionism from Blake to Stevens. New Haven: Yale UP, 1976.
  • Borges, Jorge Luis. 1985. "Kafka y sus precursores." 1951. In Borges, Otras inquisiciones. Madrid: Alianza, 1985. 107-9.
  • de Man, Paul. 1983. Blindness and Insight: Essays in the Rhetoric of Contemporary Criticism. 1971. 2nd. ed.: Minneapolis: U of Minnesota P.
  • Danto, Arthur C. 1965. Analytic Philosophy of History. New York: Cambridge UP.
  • Eliot, T. S. 1951. "Tradition and the Individual Talent." 1919. Rpt. in Eliot, Selected Essays. 3rd. ed. London: Faber. 13-22.
  • Freeman, Mark. 1993. Rewriting the Self: History, Memory, Narrative. London: Routledge.
  • Gallie, W. B. 1968. Philosophy and the Historical Understanding. New York: Schocken.
  • Kermode, Frank. 1967. The Sense of an Ending. Oxford: Oxford UP.
  • Kiely, Robert. 1993. Reverse Tradition: Postmodern Fictions and the Nineteenth-Century Novel. Cambridge (MA): Harvard UP.
  • Lodge, David. 1985. Small World: An Academic Romance. 1984. Harmondsworth: Penguin.
  • Miller, J. Hillis. 1987. The Ethics of Reading: Kant, de Man, Eliot, Trollope, James, Benjamin. New York: Columbia UP.
  • Mink, Louis O. 1966. "The Autonomy of Historical Understanding." 1965. In Philosophical Analysis and History. Ed. William H. Dray. New York: Harper and Row. 160-92.
  • Newton, K. M. 1990. Interpreting the Text: A Critical Introduction to the Theory and Practice of Literary Interpretation. Hemel Hempstead: Harvester Wheatsheaf.
  • Readings, Bill, and Bennet Schaber, eds. 1993. Postmodernism across the Ages: Essays for a Postmodernity that Wasn't Born Yesterday. Syracuse: Syracuse UP.
  • Ricoeur, Paul. 1984. Time and Narrative, vol. 1. 1983. Trans. Kathleen McLaughlin and David Pellauer. Chicago: U of Chicago P.
  • White, Hayden. 1972. "The Structure of Historical Narrative." Clio 1: 5-19.
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    (Comunicación presentada al IX Seminario Susanne Hübner: Pragmatics of Understanding and Misunderstanding. Universidad de Zaragoza, Departamento de Filología Inglesa y Alemana, noviembre de 1996).