Reseña de

Roger D. Sell, LITERATURE AS COMMUNICATION: THE FOUNDATIONS OF MEDIATING CRITICISM (Pragmatics and Beyond: New Series, 78) Amsterdam y Filadelfia: John Benjamins, 2000. 384 pp.

 

José Ángel García Landa.

Universidad de Zaragoza, 2003

Edición en red 2004

 

[Reseña aparecida originalmente en Miscelánea 25 (Language and Linguistics Issue, 2002, publicada en 2003). 183-88]

 

Roger Sell, profesor de la universidad Åbo Akademi ("Åbo" es Turku, en Finlandia) es bien conocido en el campo de la pragmalingüística, sobre todo como editor de un volumen sobre Literary Pragmatics y como partidario de aplicar una versión extendida de la teoría de la cortesía lingüística al análisis de la comunicación literaria. Este volumen no recoge trabajos anteriores, sino que desarrolla de forma sistemática la teoría propugnada por Sell, y constituye como tal un hito crucial en su carrera intelectual, y una intervención de primera fila en el campo de la pragmática literaria y la teoría crítica, campos éstos que pretende fundir y redefinir. Se presenta también como un proyecto fundamentalmente humanista y defensor de la validez presente y futura de los ideales centrales de la Ilustración (conocimiento experto, tolerancia, arbitraje racional, responsabilidad individual, ética de la cooperación), frente a ciertas corrientes de pensamiento postmoderno que proclaman prematuramente la defunción del proyecto ilustrado y de su arsenal conceptual.

El libro plantea la necesidad de una teoría de la crítica literaria como mediación: mediación entre autor y lector, o mediación entre diversas épocas, lecturas y contextos culturales. Es una función de la crítica crucial y que Sell ve desatendida por la teoría literaria de las últimas décadas del siglo XX, si bien no siempre por la práctica de los críticos. El propósito de este libro es proporcionar el fundamento teórico del cual carece en la actualidad la crítica entendida como mediación. Para ello, Sell expone en su introducción las líneas generales de dicha teoría en el contexto de los estudios literarios actuales, teniendo en cuenta el papel interdisciplinario que jugaría esa teoría, su función en el marco del actual panorama cultural postmoderno y muy en concreto su relación con una pragmática literaria adecuadamente entendida. La justificación de la necesidad de la teoría se plantea mediante el panorama crítico ofrecido en los capítulos 2 y 3. En el capítulo 2, "A-Historical De-Humanization" se revisan las insuficientes bases teóricas de, respectivamente, los formalismos lingüísticos y literarios y la estética modernista a ellos asociada (lingüistica estructural, teoría de los actos de habla, Nueva Crítica, estructuralismo literario). Todos ellos pecan de una deshumanización que va unida a la falta de conciencia histórica. Sell critica también la herencia formalista de los primeros acercamientos a la pragmática literaria, una crítica que sienta las bases de una teoría pragmática de la literatura más ampliamente entendida, y más cercana también a la práctica crítica humanista. Es muy recomendable la lectura de Sell para quienes entienden la pragmática literaria de manera restringida como el análisis, por ejemplo, de los actos de habla internos a una obra. Sell propone una pragmática que rige todos los niveles de análissi del texto, desde el mundo representado pasando por las voces ficcionalmente construidas hasta la interacción comunicativa entre autores y lectores; en este sentido va mucho más allá de las propuestas de Fish, Ohmann, Pratt o Petrey, por no hablar de Austin o Searle. Es una propuesta de análisis pragmático comparable a la que presento en mi libro sobre teoría de la narración (1998). El capítulo 3 de Literature as Communication, "The Historically Human", revisa las insuficiencias de la crítica y lingüística postestructuralista, terminando en una crítica del estancamiento postmodernista, y abogando por una pragmática "histórica pero no historicista." El capítulo 4, "Literature as Communication", expone algunos de los conceptos básicos de tal pragmática, como son: un reconocimiento de los elementos interactivos del fenómeno literario; una consciencia de que las lecturas efectivas de una obra no han de confundirse con la lectura implícita, o con el contexto de lectura ideal invocado por el texto, sino que tienen lugar en una multiplicidad de contextos con una multiplicidad de funciones; una concepción de la existencia social, y dentro de este marco, de la interacción literaria, como un proceso de coadaptación, basado en una concepción flexible y proteica del yo, y en un uso proyectivo pero no rígidamente determinista de los sujetos o roles comunicativos propuestos por el texto (en particular el sujeto textual conocido como lector implícito). Uno de los vicios críticos más elocuentemente denunciados por Sell es precisamente la "presuposición del contexto unitario", es decir, la reducción de los múltiples contextos posibles de recepción a uno sólo, el presupuesto por el crítico. Es crucial también en la teoría literaria de Sell (algo en lo que recuerda y complementa a T. S. Eliot y C. S. Lewis) la proyección imaginativa del yo hacia el otro, proyección temporal o condicional pero que sin embargo puede llevar a redefinir el yo que la practica. Todo ello lleva en el capítulo 5, "Interactive Consequences", a repensar el papel de otros procesos y conceptos críticos bien conocidos, como la problemática del círculo hermenéutico y de la ética de la lectura, el papel de las convenciones genéricas, el problema de la interferencia del elemento biográfico en la lectura estética del texto, la teoría de la cortesía lingüística (y no lingüística) aplicada a la literatura, y el asunto de la distancia histórica entre texto y lector. En todos estos aspectos tiene Sell algo de interés que aportar, y con frecuencia el tratamiento de un asunto que comienza de manera desconcertante o en apariencia irrelevante resulta al final ser certero, iluminador e inmensamente entretenido de leer. El capítulo final (6, "Mediating Criticism"), pasa a tratar de modo directo lo que Sell entiende como función mediadora de la crítica y el papel de los conflictos críticos, y establece una tradición de crítica mediadora en la que destacan figuras como C.S. Lewis o T. S. Eliot. De hecho es uno de los aspectos más interesantes de libro la manera en que Sell comenta los precursores y antecedentes de su proyecto de crítica mediadora y los integra en una visión global: ahí encontramos desde Keats y su "negative capability", pasando por el dialogismo de Bajtín, hasta Gerald Graff y su proyecto de incluir en la enseñanza los conflictos críticos, o la hermenéutica de Gadamer con su noción de fusión de horizontes. También se recuperan en cierta medida, aparte de la tradición humanista ya mencionada, ciertos aspectos de las perspectivas críticas anticuadas como la Nueva Crítica; así el interés por la construcción estética como un valor descuidado por lo que Sell denomina crítica "barthesiana" (y que sería mejor llamar crítica (post)estructuralista y político-cultural). También en este complejo de perspectivas críticas criticadas halla Sell, haciendo justicia a su teoría mediadora, mucho que aprovechar, aparte de las limitaciones que denuncia.

Trabajando en el área de la narratología como fenómeno comunicativo he encontrado en el libro de Roger Sell una perspectiva que comparto en gran medida y que tiende a una integración radical, y no superficial como en muchos estudios estilísticos, de perspectivas de análisis lingüisticas y literarias, en el marco de una semiótica cultural más orgánica, plenamente capaz de apreciar los logros obtenidos en el análisis textual por teorizadores y críticos literarios. Los integra en una concepción comunicativa global, y también ve sus limitaciones. Desde este terreno común con Sell (en el que encuentro mejor pensadas y desarrolladas muchas líneas de pensamiento a las que me llevaba mi propio trabajo en el área), deseo también exponer algunos interrogantes metodológicos sobre el proyecto en general o sobre algunas cuestiones más puntuales.

En cuanto a lo que el proyecto tiene de semiótica de la literatura, es difícil disentir de las propuestas de Sell. Ofrecen una continuidad muy interesante con trabajos recientes en pragmalingüística que ponen el énfasis en la interacción (por ej. Jenny Thomas, Meaning in Interaction o Michael Hoey, Textual Interaction) y con el análisis integracionalista desarrollado por Michael Toolan en Total Speech. Sell, por cierto, va mucho más allá de las propuestas analíticas de muchos de los lingüistas que han teorizado sobre la comunicación textual, precisamente en la medida en que está atento al contexto histórico y cultural de los textos y su recepción, y en la medida en que integra el debate teórico-crítico sobre la literatura en una propuesta pragmalingüística. En este sentido, este libro trata la comunicación textual a un nivel de complejidad y sutileza que libros de "lingüística textual" como el de Hoey ni siquiera alcanzan a atisbar.

El lado endeble de la propuesta de Sell sería, en todo caso, la medida en que ese proyecto semiótico de análisis comunicativo de la literatura y la crítica requiere en última instancia también una praxis crítica determinada, una praxis mediadora que, por definición, será más satisfactoria para interlocutores que no se encuentren en fase de conflicto agudo. Los críticos mediadores encontrarán un público receptivo entre los observadores no involucrados, y por supuesto no quiero descartar que una mediación crítica más metodológicamente consciente no vaya a ser más eficaz a la hora de limar posturas extremas o traer a un terreno de diálogo a algunos empecinados. Pero una pragmática literaria debe reconocer igualmente el conflicto de las interpretaciones como irreducible y generador de significado, precisamente en la medida en que los contextos críticos no serán nunca reducibles a uno solo-aquí casi se podría acusar a Sell de proponer como medicina el mismo vicio que tanto denuncia en el libro, la falacia del contexto unitario. Pero con ello no se haría justicia a la cautela, agudeza y moderación de las propuestas de Sell, que realmente han de ser leídas directamente y no a través de una reseña para ser apreciadas en su justo valor. Queda la objeción, sin embargo, de que si algunos usos de la literatura se benefician de una mediación crítica, otros se benefician del conflicto abierto y rehuirán toda mediación, especialmente si está bien argumentada.

La teoría de la crítica como mediación es útil en tanto que enfatiza un papel muy importante de la crítica. Pero hay otros papeles que no conviene descuidar, y que pueden quedar oscurecidos por un énfasis en la mediación. Así la crítica también es comprensión, o explicación de los fenómenos literarios, y muchas veces al ofrecer una explicación (con argumentos psicológicos, semiológicos, sociológicos, etc.) tiene que ir más allá del proyecto intencional del autor, y más allá de una labor de mediación. No creo que en este caso se escape a la función interactivo-comunicativa de la crítica, sino sólo que esta interacción se da también en múltiples contextos, no sólo en el contexto comunicativo autor-lector. En la crítica académica, por ejemplo, prima la interacción comunicativa entre críticos sobre la base de la obra, y allí puede pasar a un segundo plano o presuponerse como objeto de análisis la interacción autor-lector que en este libro aparece como la más prominente. También el énfasis en la comprensión de Sell puede parecer a veces en exceso intencionalista-entiéndase, no es que haya que rechazar el intencionalismo, sino sólo el intencionalismo demasiado esquemático, que ignora los muchos niveles de intencionalidad posibles (intenciones implícitas, inconscientes, ideológicamente enmarcadas, etc.) y el papel de la interpretación crítica en la generación de sentido, entre otras maneras dando una formulación explícita a fenómenos intencionales implícitos. La tradición humanista de la que parte Sell podría aquí enriquecerse con una concepción de intención modificada por el (post)estructuralismo y el psicoanálisis, sin que ello supusiera ignorar el ingrediente comunicativo que hay en la interpretación.

Hay algún otro caso en que Sell puede ser acusado de simplificación excesiva, a fin de cuentas con fines polémicos un tanto ajenos al impulso mediador que anima el libro. Así por ejemplo cuando ofrece una versión de la estética kantiana que ignora el papel de las consideraciones éticas en la teoría kantiana del arte. (Es decir, en la estética kantiana no todo en el arte consiste en lo puramente estético, aunque el elemento puramente estético aislado por Kant sea lo más característico de la Crítica del Juicio y sea indebidamente generalizado al conjunto de la experiencia artística por algunos seguidores). También en exceso esteticistas son los Nuevos Críticos descritos por Sell, una caracterización que no se sostiene examinando la práctica crítica de Yvor Winters ciertamente, pero tampoco la de R. P. Blackmur ni la de Richards, o Wimsatt, ni la de de ningún "nuevo crítico" destacado, al margen de los New Critics abstractos utilizados como saco de boxeo en muchos manuales. Tampoco encuentro satisfactorio el escaso reconocimiento concedido por Sell a Wayne C. Booth. La importancia de Booth para la fundamentación de una perspectiva como la que Sell propone es tal que es tentador diagnosticar las referencias escasas o displicentes a él como un caso de anxiety of influence. Quizá toda argumentación implique una cierta simplificación de la postura del otro, y Sell no escapa del todo a esa dinámica por mucho que propugne e intente practicar una crítica mediadora. En cualquier caso, recomiendo a todo lector que disfrute leyendo Literature as Communication la lectura de Critical Understanding de Booth.

A pesar de múltiples comentarios de textos literarios y críticos específicos, todavía queda un tanto desdibujado en este libro lo que sería una crítica mediadora en acción, en la práctica de intervenir en conflictos de interpretación. Es una labor que Sell ha desarrollado más por extenso en otro libro que según nos anuncia en Literature as Communication es un volumen animado por el mismo proyecto, dedicado a la práctica de la crítica como mediación, y que ya se ha publicado también (Mediating Criticism: Literary Education Humanized. Amsterdam/Philadelphia: John Benjamins, 2001. Está en prensa mi reseña de este segundo libro para la revista Language and Literature).

Literature as Communication se completa con un glosario de términos críticos redefinidos desde esta perspectiva, una bibliografía e índices onomásticos y temáticos que hacen al libro muy manejable. Recomiendo encarecidamente su lectura a toda persona que trabaje en teoría literaria, pragmática de la literatura o estilística crítica. El libro irradia buena voluntad y sentido común en tal medida que estas virtudes démodées (unidas a una cierta tendencia a la repetición) podrían hacerlo parecer un tanto descafeinado a veces, si no fuera por lo certero de los juicios críticos de Sell sobre tantos fenómenos y actitudes crítico-literarios que hemos visto muchas veces pero comprendemos por primera vez aquí en un contexto teórico mucho más amplio-una comprensión que es también una forma de placer, como explica y ejemplifica de modo magistral este libro. Puede leerse otra reseña favorable del mismo en Language and Literature (Briffa 2002).

 

 

Obras citadas

 

BOOTH, Wayne C. 1979. Critical Understanding: The Powers and Limits of Pluralism. Chicago: U of Chicago P.

BRIFFA, Charles. 2002. Reseña de Literature as Communication: The Foundations of Mediating Criticism. Por Roger D. Sell. Language and Literature 11.2 (Mayo): 189-91.

GARCÍA LANDA, José Angel. 1998. Acción, relato, discurso: Estructura de la ficción narrativa. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.

HOEY, Michael. 2000. Textual Interaction: An Introduction to Written Discourse Analysis. Londres: Routledge.

KANT, Immanuel. (1790) 1984. Crítica del Juicio. Madrid: Espasa-Calpe.

SELL, Roger, ed. 1991. Literary Pragmatics. Londres: Routledge.

THOMAS, Jenny. 1995. Meaning in Interaction: An Introduction to Pragmatics. Harlow: Longman, 1995.

TOOLAN, Michael. 1996. Total Speech: An Integrational Linguistic Approach to Language. Durham (NC): Duke UP.