Defensa de la Tesis Doctoral

"El relato en la trilogía de Beckett

Molloy, Malone Dies, The Unnamable"

 

José Ángel García Landa

Universidad de Zaragoza

1988

Edición en red 2004

 

(Texto preparado para la defensa de la tesis doctoral de José Ángel García Landa en diciembre de 1988. La tesis obtuvo la calificación de apto cum laude, y también el Premio Extraordinario de Doctorado de la Universidad de Zaragoza)

 

El trabajo que presento como tesis doctoral se titula "El relato en la trilogía de Beckett" y consta de dos partes. La primera es una teoría de la narración, y la segunda es un estudio narratológico de la trilogía novelesca de Samuel Beckett Molloy, Malone muere y El Innombrable.

El tipo de estudio que realizo es un intento de sistematización e integración de ciertas teorías lingüísticas y literarias que están teniendo gran auge actualmente: la narratología, en el campo de los estudios literarios, y la pragmática, en especial la teoría de los actos de habla, en el terreno lingüístico. La armonización de estas dos vertientes teóricas está garantizada por sus fundamentos comunes en una semiótica general.

Es, además, la continuación del trabajo que inicié en mi tesis de licenciatura. Allí estudiaba un texto más clásico que la trilogía, Hard Times de Charles Dickens, y realicé un análisis de la narración basándome en las teorías de Todorov y Genette, combinándolas con las de Wayne Booth y otros críticos formalistas. En este trabajo he intentado continuar la integración de estos enfoques, esta vez en el marco más amplio de los estudios de pragmática derivados de Austin y Searle.

Por cierto, el primer contacto que tuve con esta corriente lingüística se lo debo a la presidenta del tribunal, la doctora Olivares, cuando era su alumno en la asignatura de gramática. Todos estos enfoques se podrían calificar de estructuralistas en el sentido más amplio del término: buscan reglas generales que subyacen a la actuación o al fenómeno individual, ya sean las leyes del género o las del lenguaje.

Me parece que el enfoque pragmático puede contribuir a integrar definitivamente los estudios de literatura con la lingüística, pero una lingüística bien entendida. El estudio lingüístico de la literatura deja así de estar limitado a una estilística orientada hacia la personalidad del autor, y se extiende a cuestiones de género literario, tradición, evolución literaria, experimentación, sociología de la literatura.

La primera parte del trabajo consiste en una revisión de las teorías narratológicas del estructuralismo, viéndolas desde esta perspectiva pragmática. Es curioso que los desarrollos de la teoría de los actos de habla con vistas a los estudios literarios (como el de Mary Louise Pratt) suelen limitarse al aspecto institucional de la literatura, y no atienden a cuestiones como el estudio del narrador o el punto de vista, que también pueden beneficiarse de este enfoque.

Por eso también este enfoque es necesario para lo que antes se llamaba un estudio intrínseco de la literatura. Esta noción de enfoque intrínseco es absurda hoy; esto queda claro desde el momento en que es posible tratar estos fenómenos literarios con un método que también es aplicable a cualquier otro tipo de fenómeno semiótico. Los textos literarios son signos que modelan otras realidades, tanto extraliterarias como literarias.

Aún más, la literatura puede hacer historias con lo que en origen eran sus condiciones necesarias en cuanto fenómeno comunicativo. La trilogía de Beckett es, en este sentido, la obra más típica de la historia de la literatura.

He dividido el trabajo en cuatro capítulos; los tres primeros están dedicados a la teoría de la narración. Estos tres capítulos corresponden respectivamente al estudio de la acción , el relato y el discurso narrativo. Esta división conceptual deriva de diversos enfoques formalistas, desde Aristóteles hasta Ingarden, Genette, Bal y Segre, y corresponde a una visión del texto narrativo como algo compuesto de una multiplicidad de niveles. Esta noción es perfectamente acomodable dentro del enfoque semiótico más general ya mencionado.

El estudio de la narración literaria como fenómeno lingüístico-discursivo incluye un estudio de la acción y un estudio del relato, pero estos niveles son aplicables a otros tipos de fenómenos semióticos: la conversación corriente, el cine, el arte en general, el mito, etc. Los niveles de análisis pueden describirse como simples instrumentos metodológicos, hipótesis operativas; algo que no está en el texto, sino que es añadido por el crítico que se enfrenta a él. Es decir, están sujetos a una dosis de arbitrariedad. Pero siempre es una arbitrariedad relativa, pues el hecho de que unas distinciones tengan una aplicación más general que otras les confiere cierta estabilidad. Creo que los tres niveles de análisis principales que distingo son el mínimo necesario para una teoría de la narración literaria, pero también he tratado en términos de la teoría de los actos de habla varios subniveles del tercer gran nivel, el discurso. Principalmente los niveles del narrador, el autor textual y el autor real, que eran un tanto descuidados por la narratología de Genette o Bal.

He dicho que la pragmática tiene mucho que aportar a la teoría de la literatura. La frase podría invertirse: el análisis del discurso derivado de la lingüística moderna puede beneficiarse mucho de los estudios literarios. "Poder beneficiarse" querría que se entendiese dentro de un contexto académico concreto, el de la situación de los estudios de letras en España, donde la enseñanza de la literatura va unida a la de la lingüística. Actualmente es deseable un mínimo de convergencia entre estas dos disciplinas.

Se observará que me he interesado en buscar analogías gramaticales a los fenómenos literarios, y en trazar hasta cierto punto la historia de los conceptos, muchas veces a partir de esa analogía língüística. Quizá se trate de una deformación profesional, pues durante la redacción de la tesis estaba dando clases de historia de la crítica literaria en el departamento de inglés de esta Universidad. Sin embargo, creo que es importante subrayar que los conceptos críticos no tienen una validez eterna, sino que son intrumentos conceptuales destinados a una función particular; su evolución a través de la historia muestra esto claramente. Y la validez de una teoría de la crítica literaria no se mide por su adecuación a hechos objetivos fuera de toda circunstancia, sino por su poder explicativo para resolver un problema dado. En este sentido, me parece que hoy es especialmente interesante una integración de las técnicas analíticas tradicionalmente utilizadas en los estudios literarios con los desarrollos modernos de la pragmática y la teoría de los actos de habla. Es necesario ver a la lingüística y a la teoría de la literatura en el marco de una semiótica general, hacerles hablar el mismo lenguaje. Eso es lo que he intentado conseguir en la primera parte del trabajo, en el campo concreto y muy limitado de la teoría de la narración. Porque, por supuesto, el trabajo que se está realizando en este sentido es inmenso y afecta no ya sólo a la literatura, sino a todos los discursos sociales.

 

En la segunda parte de la tesis, que ocupa el capítulo cuarto, llevo a cabo una aproximación a la trilogía novelesca de Beckett concentrándome en sus aspectos más significativos desde el punto de vista de una pragmática literaria. Por ejemplo, estudio la manera en que la trilogía parodia el funcionamiento de la literatura sentándose a sí misma como tradición y reproduciendo en su interior la evolución hacia la reflexividad y la metaficción que se ha dado en la literatura del siglo XX. O bien, relaciono ciertas técnicas empleadas por Beckett, tales como la reducción de personajes o de acción, con lo que son las circunstancias pragmáticas de la narración literaria, vueltas sobre sí mismas, tematizadas; la desconstrucción de la obra es a la vez técnica y argumento, lo que la obra hace y lo que la obra es. Desde que conocí la obra de Beckett en las clases de la doctora Onega me fascinó su forma. Beckett es un artista de la forma literaria. Hay una frase de San Agustín que parece obsesionar a Beckett: "De los ladrones crucificados con Cristo uno se salvó: no desesperéis. El otro se condenó: no os confiéis." Beckett ha comentado esta frase incansablemente; ha dicho, por ejemplo, que un cincuenta por ciento de salvaciones es un porcentaje razonable. Pero también ha dicho la causa de su fascinación por esta frase. No le interesa su contenido, sino su forma. Su belleza formal. Este interés por la forma se traduce en sus obras por un interés en desmontar los mecanismos de la literatura, reducirla a su mínima expresión. La trilogía progresa de un volumen a otro no tanto por una continuidad temática o argumental como por una unidad de impulso: cada obra es una vuelta de tuerca que lleva más allá la labor destructiva de la anterior. El progreso no es superficial y anecdótico, sino esencial y en profundidad, un progreso que alguien ha llamado "excavatorio". Después del Innombrable no hay ya literatura posible. Sólo ignorándolo y tomando otro camino, andando por la superficie terrestre, es posible la ficción, y no sólo la ficción de la literatura, sino la ficción de la existencia humana, la ficción de la identidad personal. La grandeza terrible de la obra de Beckett está en haber hecho coincidir estas dos empresas de desenmascaramiento. Esto sólo es posible con un arte reflexivo, un arte que vive canibalizándose a sí mismo. Cuando Hegel declaró que el arte había muerto a principios del siglo pasado en favor del pensamiento reflexivo no contaba con la capacidad del arte para asimilar el pensamiento reflexivo, no como un cuerpo extraño y sobreañadido, sino como su misma condición de posibilidad. También en este sentido la obra de Beckett es ejemplar. Su forma no es accidental: es la forma del pensamiento.

La pragmática moderna, la teoría de la enunciación, es el instrumento que le faltaba a la narratología clásica para poder dar cuenta adecuadamente de esta obra. El Innombrable es el paradigma de todo hablante que crea su identidad aceptando roles discursivos, que se crea a sí mismo mediante la palabra. Es realmente inquietante que estas novelas nos digan tanto acerca de nosotros mismos, vista su trayectoria y la manera en que culminan más que concluyen, en un círculo vicioso o en una regresión al infinito sin un punto de apoyo. Es, como he dicho, una obra destructiva. Actualmente se tiende a subestimar la radicalidad del pesimismo de Beckett, y a convertir su negatividad en una forma implícita de afirmación. Por este camino pronto podríamos descubrir en él todos los valores de la civilización occidental. Yo no veo así a Beckett. Beckett es el poeta del pecado original en el siglo veinte; un pecado original que se diferencia del cristiano por el hecho de que va unido a la creación y a la existencia, y de que no tiene redención posible. Beckett no es un moralista, porque su sentimiento de culpa se sitúa más allá de toda moral. No encontramos en Beckett el triunfo del arte como el triunfo de la vida; es un artista de la destrucción. Pero la suya es una destrucción instructiva, aunque no estemos dispuestos a seguirlo hasta el final.

No cabe duda de que con esta trilogía de novelas Beckett consiguió arrancarse una espina que tenía clavada desde hace tiempo, una espina llamada James Joyce. En alguna ocasión Beckett ha calificado su obra de "work in regress", y la ha opuesto explícitamente al "work in progress" joyceano. Tras una lectura de Beckett, el "yes yes yes" de Molly Bloom con el que concluye Ulysses aparece cuanto menos precipitado y superficial; quizá en una alusión sarcástica, El Innombrable concluye con una determinación de seguir adelante que además no augura nada bueno. Se aprende mucho sobre literatura leyendo a Beckett, pero eso es algo prescindible en última instancia. No es necesario haber leído a Joyce para apreciar a Beckett, porque Beckett trabaja con materiales que están al alcance de todos. Su obra no es una lección sobre el mundo, o sobre cómo comportarnos. Si significa algo, es una lección de humildad, de humildad quizá inútil, porque es una humildad existencial, algo que no es utilizable por su misma radicalidad. Y en lo que es quizá en su gesto más típico, esta humildad de la obra de Beckett le lleva a reconocer que su negatividad, su afán de destrucción y desmitificación, sólo se puede realizar en un acto creativo que contiene una dosis inevitable de positividad; su pesimismo no puede afirmarse al margen de una dosis de optimismo, necesario para la acción humana. Beckett nos muestra que su humildad es inseparable de su soberbia.

Hay muchos acercamientos posibles a esta obra, y naturalmente no he pretendido agotarlos: me he ceñido al estudio de las estructuras de la narración y su relación con el sentido general de la literatura de Beckett. Es un tipo de estudio que estaba todavía por realizar en el marco de una teoría general de la narración, a pesar de algunos estudios de aspectos concretos como los de Christensen, Egebak, Federman y otros críticos. Exponer una teoría de la narración es en gran medida hacer explícito lo obvio, traducir a categorías semióticas más generales unos fenómenos cuyo funcionamiento ya conocemos de modo intuitivo. El ejemplificar una teoría de la narración con la obra de Beckett es, por el contrario, ver cómo es precisamente lo obvio el material más fecundo para esta obra. Beckett explota las obviedades para desfamiliarizarlas de un modo siempre sorpresivo, las de la narración como todas las demás. Quizá debería haberme extendido más mostrando con ejemplos abundantes cómo cada una de las definiciones generales de un fenómeno narrativo puede ejemplificarse con un determinado texto de Beckett y subvertirse con otro. Las ejemplificaciones son en gran medida obvias, como he dicho, y he preferido concentrarme en las estructuraciones más subversivas, consiguiendo así no llegar a las mil páginas de tesis. También querría no llegar a la media hora de exposición, y pasar pronto a la segunda parte de la defensa que será sin duda más interesante, así que termino con esto.

Sólo querría antes dar las gracias a todas las personas que me han ayudado durante la elaboración de la tesis, sobre todo a la dirección y a los profesores del departamento de Filología Inglesa y Alemana de esta universidad, que durante estos años me han dado continuamente facilidades para que pudiera dedicarme a la tesis, además de buenos consejos y toda la ayuda que he necesitado, especialmente . Y gracias sobre todo a mi directora de tesis, la doctora Onega, que me parece que respiró hondo el día que la vio encuadernada. Y por último gracias a ustedes por haber aceptado ser miembros de este tribunal y haberse sometido a la tarea algo ingrata de leer muchos folios excesivamente abstractos escritos por un principiante.


"It's Stories Still": La reflexividad en las narraciones de Samuel Beckett