standing stillVanity Fea - Blog de notas de José Angel García Landa (Noviembre de 2018 /2)   

 
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Viernes 16 de noviembre de 2018

Retropost (17 de noviembre de 2008): La Visión de César

El sueño que he tenido esta noche me daría para mucho rato. No voy a contar mis peripecias acarreando cubos de agua manchada de polvo de carbón, ni que me encontraba sin papeles para trabajar de siervo de l
a gleba en unas piscinas, ni mi extrañeza porque Bach hubiese compuesto un Evangelio según San Juan que yo encontraba entre mis discos, en lugar de la Pasión según San Juan. No, me centraré en el episodio de Julio César. CaesarEstaba yo traduciendo un texto de César, como en el instituto, sobre gobierno y economía, pero se volvía tan vívido y tan actual, a cuenta de sus parecidos con la crisis financiera de estos últimos días, que pronto dejaba de ser una traducción que yo escribía, y tomaba la palabra directamente César, o más bien una estatua de hierro suya, gris oscuro, un busto parlante algo idealizado (le habían puesto el típico flequillo romano y lo habían rejuvenecido un tanto).

César criticaba a la oposición, una colección de patricios intrigantes que (sin comprensión real de las dificultades del gobierno) criticaban a César por perderse en especulaciones no monetarias sino mentales, y por no hacer nada práctico por remediar los males de Roma. Esa misma inacción les reprochaba César a ellos, a la vez que exponía unas verdades poco observadas a las que había llegado en sus reflexiones sobre la economía. Había calculado César que todos los sestercios de las arcas del Estado eran muy poquita cosa, por mucho que pareciesen, si se comparaban con el dinero en circulación e imposible de controlar. Pero aún más alarmante para él, y trasladaba esta observación sorprendente a los indolentes senadores y patricios, era lo siguiente: que todos los sestercios jamás acuñados por el Estado no bastaban para comprar ni una mínima parte de las posesiones y objetos de los romanos. Que las posesiones no se podían pagar en dinero. Que en cierto modo estaban en el mercado, pues se podían comprar y vender, eran dinero, pero no había dinero para pagarlas, ni podría haberlo jamás por lo astronómico de la cantidad que suponía tanto bien en el mercado. Creo que los romanos no llegaban a captar las implicaciones de esto, y miraban a César extrañados: pero su estatua continuaba impertérrita con la explicación.

Y César (o su cabeza de hierro) hacía partícipes a los patricios y tribunos de la plebe por igual de los planes que había tenido inicialmente: planes de acuñar más moneda para poder permitir la compraventa de las cosas—o más bien de crear el equivalente de éstas en dinero, pues como digo era algo que en principio ofendía a su lógica, el que no existiese el dinero equivalente a las cosas que (paradójicamente) sí lo valían. Y había pretendido acuñar, claro, acuñar más dinero —que se me ocurre se hubiese devaluado inmediatamente— y una duda así debió asaltar al subconsciente de César, porque a continuación relataba una visión o sueño explicativo que había tenido, y que le hizo desistir: un sueño que aparecía en una pizarra ilustrado con unos gráficos casi infantiles de vaquitas y casitas y otros símbolos económicos: a saber, que el dinero era un dios o semidiós (el envoltorio de esta dream vision era un tanto mitológico) que había sido engendrado por sí mismo, y que sólo se engendraría a sí mismo, por muchas veces que se engendrase.

Aquí el sentido de la visión de César se volvía un tanto más oscuro o problemático, y (como un patricio) me he despertado, o dormido, antes de que llegase al final el discurso de su estatua.


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Javier Ortega Smith en Cantabria




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Le statut moral des animaux hybrides


Le statut moral des animaux hybrides (Savoirs ENS)

jeudi 12 octobre 2017


Descriptif

Conférence donnée par Catherine et Raphaël Larrère dans le cadre des Jeudis de l'HPS, organisés par le département de philosophie.
Cet exposé se propose, d’interroger le statut moral d’animaux issus des biotechnologies à partir d’une étude des processus techniques à l’œuvre dans leur venue au monde. Il s’agit de transgénèse, de ce qu’il est convenu d’appeler «réécriture de génomes» (utilisation de CRISPR - Cas9 pour effectuer des mutations ciblées), et du clonage des mammifères. Si l’on examine ces manipulations, on se rend compte qu’elles relèvent d’un pilotage, plus ou moins maîtrisé, de processus naturels et non d’une fabrication à partir d’un design. Le dispositif expérimental révèle ainsi des possibles naturels, par l’émergence de propriétés que l’évolution n’avait pas sélectionnées. Résultats d’une intention humaine (plus exactement de celle d’un réseau technoscientifique) les animaux qui en sont issus, pour artificiels qu’ils soient, ne cessent pas pour autant d’être naturels. Ce sont des êtres vivants et, qui plus est, des êtres dotés de sensibilité et d’un univers mental plus ou moins riche. En ce sens ils relèvent d’une éthique du respect. Mais, dans la mesure où ils n’existent que par le truchement d’une intention et d’une intervention humaine, ceux qui les ont réalisés sont responsables de leur sort et de leur comportement une fois introduits dans la communauté des vivants. D’où l’affirmation que, vis-à-vis de ces vivants artificiels, nous n’avons pas moins mais plus de devoirs. Cette argumentation est illustrée par deux exemples : le débat dans une Unité de l’INRA autour du sort à réserver à Lucifer (un taureau transgénique et cloné particulièrement agressif), et l’utilisation du forçage génétique pour éliminer les vecteurs du paludisme.
Thèmes : Philosophie , Biologie
Catégories: Les jeudis de l’HPS
Mot-clés : Biologie, maladie, biotechnologie, éthique, génétique, bioéthique, espèce, animal, pathologie, responsabilité, hybridité, génome, manipulation, CRISPR-Cas 9, modification génétique, clonage, forçage génétique

Annexes
Téléchargements :
   - Télécharger l'audio (mp3)

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En la playa
En la playa
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La pequeña amiga judía de Adolf Hitler






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40 años de franquismo - entrevista a Pío Moa




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El acoso golpista y el gobierno dejando hacer




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Girl, wave
Girl, wave

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La revolución naci-comunista de Podemos & PSOcios






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Narrative Theory and Aesthetics in Literature

Un capítulo de una enciclopedia de Oxford, en el que me cita Didier Coste:

_____. "Narrative Theory and Aesthetics in Literature." In Literature (Oxford Research Encyclopedias).*
   
    DOI:
10.1093/acrefore/9780190201098.013.116
    2018
_____. "Narrative Theory and Aesthetics in Literature." Academia (Didier Coste).*
    https://www.academia.edu/36377218/
    2018


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Carlos Madrid -  Filosofía de la Cosmología




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Retropost (16 de noviembre de 2008): No Fate

Es lo que graba en la mesa con un cuchillo Sarah Connor en Terminator 2. Esta película invierte elegantemente los presupuestos de la primera entrega de la trilogía, a la vez que los mantiene estrictamente. 


The Terminator
se basaba en dos premi
sas contrapuestas: a) el futuro se va a realizar, y es espantoso. b) Pero también se puede modificar al menos en parte, pues las historias que nos cuentan sobre él pueden no ser fiables.

El intento de modificación del futuro, en la primera película, venía primordialmente de parte de las máquinas, el malvado sistema robótico Skynet. El sistema quiere eliminar al jefe de la resistencia humana, John Connor, por el procedimiento de acabar con su madre en el pasado, antes de que nazca, y alterar así el futuro. Una premisa eminentemente narrativa, claro, pues sólo narrativamente puede corregirse el pasado de esta manera—y el viaje en el tiempo viene a ser la materialización literal de este hindsight bias.
terminator
En The Terminator fracasaba el plan, y se mantiene el futuro en los términos iniciales: es decir, con la catástrofe acechando dentro de unos años, en el horizonte al que se dirige Sarah Connor, pero con el grano de esperanza en el futuro que será su hijo que va a nacer. En Terminator (1) la mayor esperanza consiste en evitar que el futuro cambie. En algún momento del guión inicial sí se hablaba de asesinar al ingeniero que diseñará Skynet, pero esa escena se suprime y da lugar a un desarrollo más extenso en Terminator 2.

En esta película, a tono con el deshielo de la guerra fría ("los rusos son ahora nuestros amigos"), hay mayores esperanzas de evitar la hecatombe nuclear—aunque se nos retrata la misma diversas veces en las pesadillas premonitorias de Sarah Connor, mezcladas con el nivel "real" de la película de una manera antaño reservada al cine modernista europeo—estos recursos como la ambigüedad de subjetivo y objetivo, las transiciones de nivel, etc., proliferaron durante los ochenta y los noventa ya en el cine de acción; son muy útiles para controlar la identificación del espectador y guiar sus hipótesis y emociones. Bien, a lo que vamos: que en Terminator 2 el futuro ya no está escrito, "no fate": y queda de hecho modificado, cosa que no sucedía en Terminator 1,  por la destrucción del ingeniero que habría de crear Skynet y de todos los restos del futuro que podrían servir de modelo para ello, incluído el terminator Schwarzenegger, en una escena de eutanasia asistida.

La imagen inquietante de una carretera por la que la cámara va avanzando en la oscuridad a toda velocidad, con sólo un pequeño trozo de camino adelante iluminado por los faros, expresa esa imposibilidad de conocer el futuro: no hay destino, en el doble sentido de que no podemos conocer el futuro que hay delante (está negro, los faros son luces cortas) y en el sentido de que podemos actuar para cambiar el curso de las cosas que se nos anuncia en las profecías agoreras—por ominosas y bien informadas que éstas parezcan, como estos robots venidos como prueba del futuro, el futuro siempre es incierto, y siempre puede cambiar con respecto al relato que se nos da de él—y nuestra acción no es irrelevante.

La imagen de la carretera, sin embargo, es ambigua. No vemos qué hay al final de la carretera, pero la carretera sí conduce a algún sitio, y no a otro. En el caso de una narración sobre el futuro, resulta una interesante tensión. Si hay un sitio donde sí hay fate, y viajes en el tiempo, y conocimiento exacto del futuro, es en una narración futurista. La historia de Terminator 2 juega así a invertir los términos con que empieza, eliminándose a sí misma en cierto modo, fundiendo todos los rastros del futuro inexistente, y dejándonos con el mundo más o menos como lo encontramos antes de entrar en el cine. A esa experiencia del presente histórico e incierto del espectador alude la imagen del coche—pues quizá la mayoría de los espectadores, en América especialmente, hayan ido a ver la película a una sesión nocturna de cine, y en coche; por eso está bien elegida la imagen. Ya se sabe que el parabrisas del coche es un equivalente de la pantalla cinematográfica, y por eso la imagen contribuye a subrayar esa transición de una pantalla a otra, o a enfatizar la narratividad de la historia humana como una historia del desarrollo tecnológico y sus posibles consecuencias.

Terminator 3 cierra la serie—volviendo a las premisas de la primera película, cuando ya parecía conjurada la amenaza. Repentinamente vemos cómo en efecto se han creado las condiciones para que el destino escrito en esa película se cumpla efectivamente. Esta vez la amenaza de Skynet se ha ido materializando de manera más insistente en la realidad "extrafílmica"—es Internet lo que conduce a Skynet, y John Connor vive ahora como un paria social evitando todo contacto con la Red. Ya en películas como La Red se había retratado esta amenaza de vigilancia universal online. También en consonancia con el pesimismo post-11-S, se reinstaura la predicción de la catástrofe nuclear—predicción que esta vez se realiza. Es una vieja base subterránea de finales de la Guerra Fría la que permitirá sobrevivir a John Connor, como una alegoría del retorno a los viejos presupuestos catastrofistas, después de todo.

De este modo, la trilogía se completa de manera adecuada, y ominosa: reiterando la premisa inicial del futuro ya escrito, y la llamada al individuo para actuar en consecuencia sabiendo lo que se avecina, y siendo consciente de que el efecto de sus acciones es incalculable, posiblemente ínfimo, pero éticamente crucial. Siempre hay una deuda con el futuro, la de no ser indiferentes a él—por conocido o desconocido que sea. Que los cataclismos en un mundo hipertecnológico y globalizado pueden ser universales, y que las máquinas pueden mediatizar la acción humana y sus decisiones, no hace falta esta trilogía para demostrarlo. Si debajo de la carne de la humanidad, una vez consumida por el fuego y la guerra, se oculta un futuro esqueleto robótico, eso no lo sabe nadie.   

Y sin embargo sería inquietante que Arnold Schwarzenegger, de entre todo el mundo, fuese el competidor de Obama en las siguientes elecciones presidenciales norteamericanas. Habría que pensar que en efecto vivimos en Matrix y que son alegorías e interferencias de nivel que nos envían los diseñadores, para reírse de nosotros. Porque no hay destino, en efecto, hasta que se materializa de repente, llegado del pasado hasta ahora en que lo vemos, o del futuro (que es ahora) hasta entonces, hasta lo que fue "el momento decisivo" en que se determinó el destino que nos ha tocado—del pasado o del futuro qué más da—el caso es que entonces ya vemos que sí lo había, pero era invisible, porque por definición sólo se ve, vale decir que sólo existe, mirando hacia atrás. Normalmente, cuando ya es tarde.


Terminator 2: Judgment Day. Dir. James Cameron. Cast: Arnold Schwarzeneger, Linda Hamilton, Edward Furlong, Robert Patrick, Earl Boen, Joe Morton, S. Ephata Merkenson, Castulo Guerra, Danny Cooksey, Jenette Goldstein, Xander Berkeley. USA, 1991.* (Oscars for Best makeup, Sound, Sound Effects Editing, Visual Effects).




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Is Civility a Sham?




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La secta  y los 'fachas'

Un artículo de Carlos Martínez Gorriarán, sobre los nuevos creadores deliberados de fractura social.



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Jueves 15 de noviembre de 2018                     

Faro de Ons
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