Vanity Fea - Blog de notas de José Angel García Landa (Julio de 2018)    durerocaballero

 
Que yo
  sólo pasaba  (2)

(—no se me levanten, por favor, caballeros—)

Que yo solo pasaba (1)
View My Stats
Mi web    Indice    Fotoblog    Videoblog    Lecturas    Enlaces y blogs    Bibliografía 


— Música que viene: De paso (Luis Eduardo Aute)

Y vuelve: Passer (Sol en Si)
- Y vuelve: Figlio perduto (Brightman/Beethoven)

___________________________                                                                               



Viernes 20 de julio de 2018

La justicia alemana y la española se desautorizan mutuamente

Los jueces alemanes han viciado la Euroorden vaciándola de contenido, y manifestando patentemente su rechazo a la justicia española y su apoyo a las tesis del supuesto perseguido político Puigdemont. Ante este despropósito y esta desautorización de nuestro país, no queda sino aplaudir la decisión del juez Llarena, que equivale a una desautorización a su vez de una justicia europea que desprecia la defensa propia de España como no lo haría en ningún país. A Puigdemont y sus secuaces les queda el exilio voluntario, o aceptar someterse a juicio como hacen los demás españoles —menos los etarras.


No hay alternativa a esta decisión del juez Llarena. Es eso o declararnos directamente colonia judicial de Alemania. Que sería, sin duda, la opción preferida por nuestro gobierno traidor e hipotecado al golpismo catalán.



—oOo—



Un nombramiento sectario e infamante para el Instituto Cervantes




Me dirán que de Izquierda Unida y comunistas hay mucha gente—OK. Pero no todos han escrito un artículo defendiendo a la madrastra asesina Ana Julia Quezada, solidarizándose con ella y llamando racistas a los españoles por rechazarla. Sólo este miserable majadero, que sube como el corcho blanco gracias a otro miserable majadero.

—oOo—






Retropost (20 de julio de 2008): Escritura e inmersiones


Una foto de Flickr

La mente inmersa en la escritura se crea su propio espacio de orientación, no digo ya en el mundo descrito por la escritura, sino en la misma interfaz que comunica el mundo físico con ese otro mundo significado. Y así el papel, y especialmente la pantalla, se convierten en un espacio donde uno se orienta y se mueve, y que recorre también, asociado al tiempo de la escritura. Supongo que los adictos a los videojuegos tienen experiencias de inmersión mucho más vívidas, pero es curiosos que hasta en un entorno sin imágenes ni virtualidad, sólo de palabras, enlaces, ventanas y espacio en la pantalla, se dé este tipo de inmersión. El aspecto más llamativo es cuando se proyecta al revés, y pasa a otros aspectos de la experiencia— y tienes sueños de navegación en la red, o es el mundo físico el que se textualiza o se cibernetiza, y espontáneamente pasas a establecer relaciones asociativas entre tus movimientos en el mundo y los movimientos en la pantalla.  No me pasa sólo a mí—según parece son cosas por las que van pasando las personas como un trayecto repetido una vez se embarcan en la escritura y en la pantalla. Veo dos ejemplos llamativos, asociados a la natación, en los comentarios de autores de diarios electrónicos en Cher écran de Philippe Lejeune. Una diarista, Nicole Ollier, dice haber reemplazado los largos de piscina, va y ven, por la escritura del diario: "Simple changement de lignes!" y ve que ocupa una función similar en su vida que el rato del baño en la piscina: función de retiro consigo misma, meditación o "inmersión" en un elemento distinto. Otro diarista también observa la misma asociación que se produce en su mente entre la inmersión en el agua y en el espacio de la pantalla en blanco. Pero lo mismo podría decirse de la página. La escritura personal, especialmente la diarística o meditativa, es un espacio de auto-interacción, y en tanto que tal, representa la inmersión en un marco de referencia distinto. No es de extrañar por eso que los diaristas presten especial atención al espacio de interfaz—la calidad del papel en el que escriben, el color de la tinta, los trazos físicos de la escritura manuscrita—o, en el ordenador, la personalización del sitio web con un estilo particular. Es otro espacio en el que entramos a veces, y puede asociarse también a otros espacios propios: el momento del paseo a solas, o el jogging, que también trazan un trayecto. Correr, especialmente, a la vez que es una actividad bien delimitada por movimientos diferentes de los habituales, además también nos sumerge en una dimensión temporal distinta: si corremos, viajamos un poco en el tiempo, hacemos que todo a nuestro alrededor suceda más despacio, y al parar de correr la marcha habitual del tiempo nos atrapa otra vez, nos ponemos al ritmo temporal del resto de la realidad. Con la escritura sobre uno mismo también se entra en otro espacio y en otro tiempo. 


—oOo—





La incómoda verdad sobre el caso de 'La Manada'








—oOo—





Jueves 19 de julio de 2018

Refoto
Refoto



—oOo—





Visto desde África







—oOo—





Puigdemont, al exili






—oOo—



La España de la Edad Media

La España de la Edad Media

—oOo—






Buenos Días España 19/8/17





—oOo—





Los nuevos tractorianos




—oOo—





Ça marche (7)








—oOo—






Jaula de Grillos / Los 7 Pecados Capitales


Jaula de grillos / 7 pecados capitales
—oOo—




Logrillos de julio 1

Logrillos de julio 1



—oOo—






Crece la inmigración ilegal con SancheZPedro





—oOo—





Pelea de frailes en el golpismo catalán

dallavenezia3




Jiménez Losantos, Federico. "Federico a las 7: ERC estalla contra JuntsXCat por Puigdemont." EsRadio 19 July 2018















—oOo—




El banco de la polaca
El banco de la polaca


—oOo—




Retropost (19 de julio de 2008): Carrera

Sigo leyendo Ghosts of Spain de Giles Tremlett, y este trozo me ha hecho acordarme otra vez del tío Víctor—mi tío abuelo Víctor Carrera, tío de mi madre y de otro tío Víctor que tenía, Víctor Landa. Habla de los maquis, de la amnesia nacional, y de la resistencia antifranquista.

"Tenía yo curiosidad. Aquí había, a fin de cuentas, un grupo de resistentes que habían combatido contra un régimen dictatorial de derechas dirigido por un aliado de Hitler y de Mussolini. De niño en la Gran Bretaña de los años 60 y 70, había crecido fascinado por historias de hombres y mujeres así. En cómics, revistillas, películas y novelas baratas, la Resistencia de Francia, Italia, Yugoslavia y Grecia figuraban a menudo como los aliados clave de algún héroe británico terriblemente heroico y ligeramente sentimental. Aun hoy, estos leales partisanos hacen alguna aparición ocasional en las novelas británicas—como la Charlotte Gray de Sebastian Faulks.

En la mayoría de los países, los miembros de la Resistencia son héroes nacionales. Tienen medallas, monumentos y museos. Pero en la mente de los españoles los maquis están en general olvidados. Un puñado de ex-combatientes, historiadores locales, y gente de la extrema izquierda ha impedido que desaparezca su recuerdo. Pero no tenían sitio en el panteón de héroes de la nación. Ni siquiera los socialistas que lucían su antifranquismo como seña de identidad en los años 60 y 70, y que habían pasado a dirigir la España democrática en los 80, se habían molestado en interesarse por este grupo de hombres y mujeres ancianos y derrotados. Irónicamente, algunos de ellos, exiliados de la España de Franco, podían considerarse héroes en Francia, al haber luchado con la Resistencia de allí durante la Segunda Guerra Mundial. Los tanques que hicieron entrar a la Francia Libre a París en 1944 llevaban los nombres de ciudades y pueblos españoles como Zaragoza, Guadalajara y Belchite, e iban conducidos por españoles." (Ghosts of Spain 56-57)

 El tío Víctor debió nacer hacia 1900, y a los siete años lo mandaron de pastorcico. Por la escuela poco pasó: no aprendió a leer y escribir hasta mucho más tarde, en la cárcel de Franco, haciendo tiempo entre que lo fusilasen o lo soltasen. Cuando se fue a trabajar fuera del pueblo, no sabía ni cómo se llamaba, me dijo: le preguntaban y decía: "Vítor"—"¿Víctor qué?" —"Pues no sé... ¡Vítor!". Tuvieron que escribir al pueblo para informarle de su apellido... Y me decía, de viejo, "¡Qué vergüenza, que no supiese yo ni cómo me llamaba! ¡Cómo estaba el país, para que hubiese tanta miseria y yo fuese tan ignorante! Eso es lo que queríamos cambiar los comunistas."

Se fue a Francia a los diecisiete años para no hacer la mili, y buscando mejores condiciones de trabajo, supongo. Aunque de hacer milis no se libró en su vida, y trabajar trabajó siempre como un mulo el pobre. El caso es que en Francia acabó pasando la mayor parte de su vida.

Es divertida la anécdota de la maleta. Resulta que estaba trabajando en el sur de Francia, y de repente le dijeron a él y a su cuadrilla que les dejaban subirse a un camión para un trabajo muy bueno en el norte. No le dio tiempo ni a recoger sus cosas de la pensión en la que estaba, y en el camión que se fue. Total, que estuvo años trabajando en el norte. Y pasaron años, y se casó, y los alemanes invadieron Francia, y estuvo en la Resistencia luchando contra los nazis, y pasó con los maquis a España, y estuvo encarcelado durante años, y murió su mujer, y cuando lo soltaron volvió a Francia, y pasó por el mismo pueblo donde había estado y la misma pensión... y allí le dijeron "¡Oiga, que aquí le guardamos una maleta!"

Con mi abuelo Severiano trabajó muchos años en una granja que arrendaron junto con mi abuela en el centro de Francia, cerca de Vichy. Antes habían sido leñadores también (mi abuelo navatero en el valle del Roncal), y en los años sesenta y setenta se hallaban en la cumbre de su fortuna, con una motoreta vieja, con tractor a veces, y con conejos, cerdos, patos, vacas, perros (Sultán y Rita, y luego Kiki 1 y Kiki 2). Y pintadas, y pavos, y gallinas y huertos de patatas y judías y tomates, y peras que metían en botella mientras aún estaban en la rama del árbol. Y había una cuadra y un pajar y cobertizos fascinantes llenos de herramientas y trastos, y desván y bodega que según Bachelard debe tener toda casa Arquetípica. Y un columpio enorme en un árbol enorme. Tenían dos curiosos dialectos chapurriados, de español salpicado de francés y viceversa—y así los pavos eran dindas, los patos canas, el cartero era el factor, y el balde de fregar era la lesivosa. Allí, a Petits Nauds y luego a Les Gouets, pueblos perdidos del Allier, fuimos varios veranos a aprender francés y chapurriao, y a echar de comer a las gallinas. Mi abuela hacía mantequilla en unos moldes con flores en relieve y la vendía los días de mercado. Esa ya no la probamos otra vez, hélàs.

Tanto mi abuelo como mi tío eran miembros del Partido Comunista—del francés, claro, que eran franceses ahora—y L’Humanité era su órgano de referencia. Los dos tenían una pensioncilla de jubilación de Francia. Alguna vez que vino el tío a España de vacaciones en los años setenta hubo que llevarlo de urgencia a Francia a votar en las elecciones. No a votar a Mitterrand—que para él los socialistas eran peores que la derecha—sino a Marchais, claro.

El último tiempo que pasé continuado con el tío Víctor fue mientras hice la mili en Huesca en 1985-86. Tras la muerte de mi abuelo volvieron mi abuela y el tío y alquilaron un piso donde yo estuve de "pernocta" como decían en el cuartel. Después de tantos años de hortelano en Francia, ahora tenía una buena colección de macetas en la terraza, y su mayor entretenimiento era cuidarlas. Eso, y despotricar del Capital y de los socialistas—que eran lo único que lo ponía de mal temple, porque persona más amable y bienhumorada no se ha visto nunca. Aún lo oigo canturrear por lo bajo mientras regaba las plantas, o en Francia, en Chez Gouet, mientras ataba una carretilla (o una brueta que diría él) cargada de hierba, tirando de la hierba y trenzándola hasta que salía una cuerda... "lailolailo lailo lailooooo... tititiroritititiii"....

No tuvo hijos, y casi parecía más un tión que un tío. A los sobrinos-nietos nos parecía extraño que hubiese estado casado (sobre todo llevando ese bigote propio de Hitler que llevaba en las fotos viejas). Pero aunque los tíos son una especie que deja poca huella en la tierra, sí que nos acordamos bastante del tío Víctor. "¡¡Víiitoooor!!", le llamaba mi abuela en la granja, cuando necesitaba algo.

Bajo dos tricolores

 

—oOo—








Retropost (19 de julio de 2008): El Incidente

Justo acabábamos de ver una bandada de cuervos posados observándonos al lado de la playa, y hablábamos de Los Pájaros de Hitchcock—películas que tenemos que volver a ver, éstas de Hitchcock. En su lugar nos cruzamos el puente de piedra de la ría y nos vamos a unos cines bien majos y bien vacíos al lado del Landro, a ver esta película de M. Night Shyamalan, El incidente, pariente próxima y heredera.  Esta vez no hay pájaros en la cabeza de una mujer, aunque sí que hay un argumento secundario de crisis matrimonial; el subtexto misterioso lo ponen la histeria terrorista y los pájaros de la cabeza del director Shyamalan, con una historia de árboles que se vengan de los humanos o los atacan. Vamos, que hay una oleada masiva de suicidios en el noreste de USA, con un viento que le da a la gente, que entonces pasa a automasacrarsede la manera más rápida; y la cosa queda a medio explicar un poco a la mecagüen diez, con esa teoría de la vegetación. Ya se nos prepara desde el principio cuando el protagonista (profesor) habla en su clase de ciencias de actos inexplicables de la Naturaleza (por no mentar a Dios). Podían haberse ahorrado lo de las plantas, y quizá con eso habría eliminado algún aspecto ridículo la película, dejándolo en simple misterio, e insinuaciones sobrenaturales.  Es facilón el final, con la repetición del comienzo tras la aparente resolución feliz (con embarazo incluido). Y vamos, otros momentos torpes también tiene que serían quitables, plumeros que se ven por aquí y allá—como el anuncio del iPhone que nos cuelan. (Por cierto, que el iPhone no lo venden en todas las tiendas de Movistar, sólo en algunas, las "premium" o no sé qué. Hemos intentado comprarlo, y nada, ni aunque nos lo vendan por el cine. Vaya fiasco de campaña de marketing). En conjunto la película está visible, y se sigue con suficiente tensión la huída campo a través del matrimonio en crisis, con una niña que les han colocado unos amigos, y que acabarán adoptando al morir éstos. Muchas de las conversaciones de esta película resultan forzadas, mal coreografiadas, dependientes de un solo personaje; éstos también tienen a veces reacciones absurdas. No se por qué habría de parecer loca la señora que vivía sola, sólo por tener una muñeca de película de terror. Allí se menciona El Exorcista.  Está bien la música de James Newton Howard.  Hay alguna escena espectacular y lograda, como el suicidio de los obreros de la construcción al principio. Pero a fin de cuentas viene a ser una película derivada y forzadilla, con una voluntad de originalidad de autor tan limitada como el autocameo de Shyamalan al estilo de Hitchcock. Necesitaría interacciones menos forzadas entre los personajes al moverse—esto de ponerse de acuerdo unos desconocidos con otros alrededor del protagonista parece clave en las de Shyamalan, y flojean por allí. Y una actitud menos oportunista y más reflexiva hacia el tema de la histeria terrorista y la paranoia americana. Pero claro, eso es lo que precisamente la hace más americana, esa mezcla de exposición de la histeria y de participación desvergonzada en ella. En lo que no se equivoca el guionista Shyamalan es en que veremos más episodios de éstos de terror colectivo; y más películas en esta línea seguro que también, e incidentes de masacres masivas que por suerte o por desgracia serán más explicables para los que queden vivos.




—oOo—








Inesperada excursión a Montserrat

Viene a ser nuestra nueva parroquia tras el traslado de la Facultad de Filosofía y Letras. Esta foto la hice para un grupo de Facebook de seguidores de La Moreneta.

Un bastión de Catalonia


—oOo—










Miércoles 18 de julio de 2018

Tertulia política de desenterradores y sepultureros




—oOo—





Buenos Días España 18/7/2018




—oOo—










El cuadro de la chica de pelo verde

El cuadro de la chica de pelo verde



—oOo—


FJL: Sánchez propondrá un nuevo Estatut y más pasta a Cataluña








—oOo—





Retropost (18 de julio de 2008): Refutación de la vanidad


O: Hegel y el egotismo intelectual. Siempre me llamó la atención en el sistema filosófico de Hegel su lado megalómano.  Es un proyecto intelectual ciertamente ambicioso e interesante, el de ver todas las producciones intelectuales y culturales del ser humano como un gigantesco proceso necesario, en el que las fases anteriores son imperfectas realizaciones del conocimiento, y éste sólo llega a su culminación al final de la historia. Representa un paso conceptual crucial, el ver otros sistemas, religiones, ideologías, etc., no como errores sino como fases necesarias del desarrollo espiritual, que sin embargo han de ser superados en el proceso de un conocimiento más totalizante. Abre una vía muy interesante esta concepción para una teoría evolucionaria o emergentista de la cultura y la consciencia—ciertamente ya muy trabajada en Vico—en el que una fase avanzada de la cultura o del conocimiento no puede surgir de modo gratuito sino siempre "a hombros de gigantes", como fenómeno emergente de una fase anterior. El problema que me llamaba la atención, como digo, es que por pura lógica y de modo bien argumentado, semejante sistema tenía un fallo que amenazaba con desacreditarlo: el hecho de colocarse a sí mismo, y a la mente de Hegel por tanto, como la culminación del proceso cósmico del Espíritu, y ápice de la historia de la materia pensante. Conclusión que si bien no era descartable, también tenía su lado cómico.

Bien, pues he aquí cómo Hegel se enfrenta (elegantemente) a la objeción que podría plantearle el argumento del egotismo intelectual o de la historia del pensamiento entendida como un concurso de cráneos privilegiados. Es el párrafo ochenta de la memorable introducción a la Fenomenología del Espíritu, sobre el proceso y fin del conocimiento:

"Pero su objetivo queda fijo para el conocimiento de modo tan necesario como la progresión secuencial; es el punto en el que el conocimiento ya no necesita ir más allá de sí mismo, en el que el conocimiento se encuentra a sí mismo, en el que la Noción corresponde al objeto y el objeto a la Noción. Por tanto, el progreso hacia esta meta también es incesante, y en tanto no se llega a ella no se encuentra satisfacción en ninguna etapa del camino. Cualquier cosa que quede confinada en los límites de una vida natural no puede por su propio esfuerzo ir más allá de su existencia inmediata; pero algo distinto la empuja más allá, y este desenraizamiento conlleva su muerte. La consciencia, sin embargo, es algo que va más allá de los límites, y puesto que estos límites son los suyos propios, es algo que va más allá de sí. Con el establecimiento de una simple particularidad queda también establecido el más allá para la consciencia, aun si sólo se halla juntamente con el objeto así limitado, como en el caso de la intuición espacial. Así, la consciencia sufre esta violencia a manos de sí misma; estropea hasta su propia satisfacción limitada. Cuando la consciencia siente esta violencia, bien puede ser que su angustia la haga retraerse de la verdad, y esforzarse por mantenerse apegada a lo que se encuentra en peligro de perder. Pero no puede hallar la paz. Si desea mantenerse en un estado de inercia irreflexiva, entonces el pensamiento turba ese mismo rechazo al pensamiento, y su propia inquietud altera su inercia. O, si se atrinchera en el sentimentalismo, que nos asegura que encuentra todas las cosas buenas en su género, entonces esta certidumbre también sufre violencia a manos de la Razón, porque precisamente en tanto que algo es meramente un género, la Razón encuentra que no es bueno. O, también puede ser, su temor a la verdad puede llevar a la consciencia a esconderse a sí misma, y a esconderse a los demás, tras el fingimiento de que su ardiente celo por la verdad hace que sea difícil o incluso imposible encontrar otra verdad que no sea la verdad única de la vanidad—la de ser uno por lo menos más listo que cualquier pensamiento que uno pueda obtener de sí mismo o de los demás. Este engreimiento que entiende cómo empequeñecer cualquier verdad, para volverla contra sí misma y regocijarse sobre la propia capacidad de comprensión—que sabe disolver todo pensamiento y encontrar siempre el mismo Ego estéril en lugar de contenido alguno—ésta es una satisfacción que habremos de dejar a sí misma, pues huye de lo universal, y busca sólo encerrarse en sí misma." (51-52).


Lo cual, si no es una refutación total de la vanidad—pues admite su existencia y sus efectos en el discurso filosófico—sí señala que lo filosóficamente importante y debatible se halla al margen del elemento de egotismo que en este y otros discursos se pueda encontrar.

Por cierto, ahora que estamos con la vanidad a vueltas, me pasa José Luis Gamboa un meme que pide explicar el nombre de mi blog. Mi blog tiene muchos nombres, y creo que esa multiplicidad se explica por el carácter cambiante y evolutivo y multiforme del género en sí. Podría explicarlos todos, pero me llevaría una jornada. Así que me centraré en explicar el nombre más estable que tiene mi blog en su edición de Blogia, “Vanity Fea”. Me parece autoexplicativo, pero quizá no sobre aclararlo.

Es un título irónico, una versión Spanglish del título de la revista “Vanity Fair”. “Fair” quiere decir cosa bonita, hermosa, pero curiosamente su homófono español, “Fea”, es todo lo contrario. Y es que encuentro esa misma ambivalencia en el carácter personal de los blogs, tanto ventajas que ofrece ese centrarse en el propio universo, como inconvenientes. Por supuesto es un título que apunta a la condición de blog de lo titulado: una especie de versión pobrecita y ególatra de lo que sería una revista de cultura y sociedad como Vanity Fair, pero reducida al estrecho círculo de uno mismo y sus limitaciones. Y siendo muy consciente de ello, y haciendo gala de ello (vanidosamente) en la justa medida espero. Por otra parte hay que señalar que el título de la revista americana es ya él mismo una alusión, a la irónica novela de Thackeray (hace poco una vistosa película con Reese Witherspoon), y más allá al origen de la cita, al relato alegórico de John Bunyan Pilgrim’s Progress (siglo XVII), que presenta la vida humana como el viaje de un peregrino que va pasando distintas etapas y visitando paisajes tan alegóricos como él mismo. Uno de esos sitios es la Feria de las Vanidades, donde se podría decir que estamos cada vez que elegimos presentarnos en público ante los demás y ofrecer una imagen favorable, y cultivar así el ego. Es un ingrediente inescapable en los blogs, como en la filosofía de Hegel. Pero sería un error limitarnos a ese componente.

 

Un post lleva a otro

 


—oOo—






Visca lo que nos digan







—oOo—





Los nuevos franceses




—oOo—







Trabajando para los Rolling Stones

Me cobran derechos de autor por esta canción de los Rolling. Bueno, eso si llega a generar algún tipo de ingresos, cosa que dudo.





—oOo—




Martes 17 de julio de 2018

Defendiendo a España en el Tribunal Supremo





—oOo—




Retropost (17 de julio de 2008): Espectros de España por aquí


Me empiezo el libro de Giles Tremlett Ghosts of Spain (Londres: Faber and Faber, 2006). Sobre la memoria histórica y la desmemoria precedente: los crímenes de la Guerra Civil, el olvido pactado de la Transición, y el súbito interés en volver sobre estas cuestiones mal resueltas a comienzos del siglo XXI.  Empieza el primer capítulo, "Secretos a voces", con la exhumación de tres "rojas" fusiladas en Poyales del Hoyo y dejadas enterradas en la cuneta hasta 2002—y sigue con más enterramientos y desenterramientos masivos de víctimas civiles de la guerra. Estos de rojos, aunque también los hay del otro bando—y ya pasamos al capítulo de las acusaciones mutuas, las apropiaciones republicanistas del asunto, las ambivalencias (cuando no posturas claras) de la derecha al respecto...

Tremlett toma partido claramente por los derechos del bando republicano a rememorar y enterrar dignamente a sus muertos, algo que el régimen franquista, y luego la Transición, hicieron sólo de modo superficial y por cubrir el expediente, dejando muchas heridas tapadas pero todavía abiertas—primero por miedo sin más, y luego en nombre de una actitud constructiva de no mirar atrás.

Establece una diferencia entre la barbarie oficial promovida por Mola o Franco durante la guerra (sembrar el terror, exterminar a los disidentes) y la actitud diferente de los republicanos—cita a "un historiador" no nombrado que dice que "Ni las autoridades republicanas, ni los partidos políticos de izquierda sancionaron las represalias. Por contra, la represión salvaje perpetrada por el bando nacional fue una estrategia oficial, sistemática y calculada".

En esta diferenciación pecan de parciales Tremlett y su historiador (—Vicenç Navarro es una de sus fuentes favoritas). Cualquiera que estudie el asunto con objetividad verá que hubo tanta barbarie organizada en un bando como en otro, y tanta hipocresía y uso extraoficial de la brutalidad entre los partidos y dirigentes republicanos como entre los "alzados". Con mucho lenguaje noble e idealista en los dos bandos, también.

En todo caso, sobre un punto no hay mucha disputa, y es quién ganó la guerra, y quién tuvo cuarenta años para decir la última palabra—última por entonces, claro. Y por eso no se puede disputar el planteamiento básico del libro de Tremlett expuesto así:

"En las tumbas de Pilar, Virtudes y Valeriana—y en cientos más como ellas—se halla la prueba de un silencio que ha sido tanto colectivo como voluntario. Uno de los pueblos más habladores y discutidores de Europa sencillamente ha elegido apartar la mirada de una parte vital de su historia cuya presencia espectral y aterradora se encuentra bajo unos pocos palmos de tierra" (24).

Es la postura de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que en su petición al Parlamento expuso que el conflicto entre las dos españas no se cerrará realmente hasta que se recupere la verdad de los hechos y se dé sepultura digna a los muchos asesinados del bando republicano que no han tenido ocasión de tenerla nunca.

"Los que perdieron la guerra se vieron condenados al silencio, que les impuso la dictadura, y que aceptó la democracia con la Ley de Amnistía de 1977. Esa condena ha llegado ahora a la tercera generación de estas familias... Hoy hay gente que todavía siente la necesidad de bajar la voz o hasta de cerrar las ventanas cuando hablan de estos hechos, como si ellos mismos estuvieran haciendo algo clandestino" (26)

Reconoce Tremlett el extraño giro de los partidos de izquierda tan interesados en hacer uso político de esta cuestión ahora como desinteresados estaban hace unos años. Pero para muchas personas, dice, no es una cuestión de enfrentamientos partidistas:

"La venganza no está en su vocabulario. La justicia que buscan es histórica. Por tanto, no ha habido presión para llevar a juicio a los viejos asesinos en masa, ni, hasta ahora, de exponerlos a la reprobación pública. Eso sería tensar demasiado el pacto de no agresión sobre el que está fundada la moderna democracia española. Lo que exigen es la verdad, y el derecho a enterrar sus muertos con decencia—dos derechos que hace tiempo que se concedieron a las víctimas del bando vencedor" (32). Y a veces no se trata en realidad de derechos o de obstáculos legales, sino de traumas y actitudes y tabúes enraizados ya en la historia colectiva y personal.

Es una historia que nos suena, pues ha sido la historia de nuestra familia, como de tantas otras. Aunque no tenga yo, que yo sepa, ningún antepasado enterrado por las cunetas.

Mis abuelos maternos tuvieron que vivir en el exilio. Mi abuelo cruzó la frontera perseguido a tiros por una cuadrilla de matarifes de esos que iban fusilando gente por los pueblos. Y mi abuela tuvo que dejar el pueblo, Sigüés, cuando otros vecinos le hicieron la vida imposible. Las posesiones las fueron perdiendo por el camino, claro, y claro, alguien sacaría algo en limpio del asunto.

El otro día nos contaba mi madre cómo se quedó ella sin madre. Bueno, ya la habían mandado a vivir con mi tía, repartiendo fuerzas, a Borrés, donde la tía Felisa era la ama de llaves de Mosén Benito, que fue más tarde el que procuró que mi madre acabase Magisterio.  Bueno, pues a veces en Jaca y a veces en Borrés con la tía, mi madre recuerda que mi abuela procuraba reunirse con mi abuelo en Francia, donde había más oportunidades y menos miseria. Era la cocinera del general de la Ciudadela de Jaca, y éste le daba buenas palabras, que le darían un pasaporte, pero nada. Y se acuerda mi madre que ella le llevaba la comida a la Ciudadela al general ("y qué bien olía...") pero de eso no podía probar, y a malvivir esperando mejores años. Mi abuela había visto a mi abuelo en alguna ocasión en una fiesta que se hacía, y todavía se hace, en el valle del Roncal, una tradición antigua que reúne a franceses y españoles un día al año. Fue allí con mi tío Víctor, su hermano, que había estado en la cárcel por haber entrado en España con los maquis, y de milagro se libró de de que lo fusilasen. Mi tío la animó el mismo día de la fiesta a que se fuesen a Francia sin permiso ni pasaporte, y así lo hicieron, llevándose a Encarnita, la hija pequeña. Se volvió para Jaca su hermano mayor que las había acompañado, y que no se fue para no ser prófugo—y le dijo a mi madre "Oye, Dolorines" (o como la llamase), "que mamá no va a volver, que se ha ido a Francia". Hablábamos el otro día (era su 48 aniversario de bodas) de cómo mi padre conoció a los suegros en el viaje de bodas que hicieron a Francia, en 1960.   En verano los íbamos a ver a veces, ya tenían la vida hecha allí. Y en Francia está enterrado mi abuelo, aunque mi abuela volvió a España en los ochenta.

En la familia de mi padre la historia es más sangrienta, pues a mi abuelo paterno lo mataron al principio de la guerra: una historia que se ha vivido en silencio durante muchos años, de la manera que tan bien describe el libro de Tremlett.

Mi abuelo paterno era maestro en Escuer, cerca de Biescas, y movió todo el asunto (junto con el cura del pueblo) para trasladar el pueblo de sitio, desde el monte al llano. Veía la miseria de la gente que bajaba del pueblo aún de noche a trabajar al valle, andando horas, para deslomarse trabajando "de estrella a estrella" en las obras públicas, y volver a casa de noche cerrada. Hizo el abuelo los papeles necesarios en Madrid, una pesadilla administrativa, buscó créditos, y hasta le prestó dinero a alguno que no podía acometer el traslado de su casa él solo. Y Aún se ven hoy las ruinas del Escuer viejo, pero al final todos acabaron viviendo al lado de la carretera, donde el pueblo ha tenido una oportunidad, y hasta le dedicó una calle a mi abuelo en los años ochenta.

Por esos años reapareció también el retrato de mi abuelo, junto al de mi abuela—yo no lo había visto nunca de niño. El trauma de mi abuela era tan tremendo que nunca pudo hablar de esto ni mucho menos superarlo. Murió en 1972, una de esas mujeres de negro que eran como un símbolo de la España de tiempos de Franco. Mi abuelo nació el 2 de agosto, en los años 70 del siglo XIX, y el 2 de agosto de 1936 lo mataron. Fue una cuadrilla de pistoleros a buscarlo a casa, se lo llevaron de Biescas y a las afueras del pueblo lo mataron a tiros. Cuando se enteró mi abuela se quedó tan horrorizada y espantada que no fue ni siquiera a verlo—temiendo que la matasen a ella y a sus hijos también. Por fin se encargó alguien, del bando contrario al parecer, de que lo recogiesen y lo llevasen al cementerio de Jaca. Allí tiene tumba, pero no lápida. Fue mi padre a preguntar por el sitio donde estaba enterrado, y le dijeron: "Imposible, de esa fecha no hay nadie de esta comarca"—que ya traían por entonces muertos de Navarra y demás, pero que allí aún no habían matado a nadie, hacía sólo unos días del "Alzamiento" en Marruecos. Pero sí, mirando mirando, allí constaba, puesto de refilón entre dos tumbas. El primer muerto de la comarca, por algún enemigo que lo tenía enfilado—desde luego él no había matado a nadie ni mucho menos, antes bien había intentado mejorar la vida de mucha gente.  Negocio no hizo, desde luego—ganancias netas, seis pies de tierra.

De mi abuelo también se habló durante muchos años en voz baja. Y queda tan atrás su memoria que poco más se dirá de él seguramente. Aunque una antigua alumna suya, octogenaria ahora, tiene muy buen recuerdo de él y nos dicen que escribe cosas sobre aquellos años. Pero hay tantas cosas que pasan al olvido sin contarse nunca—y aunque se cuenten, al final todas. Sus hijos casi no lo conocieron, pues eran pequeños cuando murió y cayó sobre ellos el nubarrón de la desmemoria activa que fomentaba el Régimen. Además del régimen alimenticio bajo mínimos y la miseria que apretaba y las prioridades para sobrevivir y salir adelante—el estudio, el trabajo sin parar. Mi abuela no pudo reivindicar la memoria de mi abuelo, pero sí que consiguió en cambio, partiendo de casi nada (pues además fue maestra represaliada por el Régimen), sacar adelante a tres hijos y darles estudios. Y de allí hasta estas cumbres de cultura y bienestar, pasando por los disciplinados años cincuenta y sesenta, y los setenta que ya apretaron menos según recuerdo yo.

A mi abuelo le pusieron una calle los socialistas—aunque sus hijos insistieron en que no hubiese nada "de política" en el homenaje. Pero con calle y todo, resulta que el nombre coincidía con uno de los sublevados de Jaca, "Angel García"—además de coincidir con el de mi padre, y ya no se sabía la calle para quién era. Y la placa se fue moviendo de una casa en derribo a otra... total que ya no se sabe si tiene calle o no. Lápida aún no tiene su tumba, ni tendrá quizá. Pero con estos afloramientos de la memoria histórica, todo se mueve, y su familia va a ponerle este verano una lápida, con setenta y dos años de retraso... no en Jaca, sino en Escuer, en el cementerio del pueblo que él trazó. Sólo con su nombre y sus fechas de nacimiento y muerte—por no recordar su asesinato. Un capítulo más de la memoria y el olvido, que llega hasta aquí mismo, donde digo poco y aún digo demasiado. Es ésa una sensación que producen los espectros del pasado, nunca se sabe si se les debe mentar o no, qué es mejor, qué es peor. La sensación no es que sea mía, es atmosférica.

Yo a veces he pensado, como quien piensa cosas por perder el tiempo, que quizá consten en algún archivo de Falange los nombres de los nobles patriotas que asesinaron al abuelo éste desconocido, con los recibos del sueldo que cobraron por la faena—es cosa que tal vez se podría investigar; hacerles un seguimiento, ver qué ha sido de ellos. Ponerles una denuncia por asesinato (que nadie les ha puesto nunca) a ver qué pasa... O darle de leches a algún nonagenario, quizá... Son cosas que uno no puede evitar pensar. O por lo menos ver si sus hijos saben quiénes fueron esos individuos—de quiénes son hijos. Serían tareas que sin duda tendrían su lado educativo, para mí y sobre todo para ellos, nunca es tarde para aprender. Gratificantes serían menos, me parece; y frustrantes, seguro.

En cualquier caso, hasta mí llega la desmemoria activa, y así no voy ni iré a los archivos ni a los juzgados, como cosa que no vale la pena, o poco seria, o demasiado seria; y todo va quedando atrás, y todo pasa y todo se sucede, y todo queda en la memoria y en la desmemoria.






—oOo—





Archivadas todas las denuncias contra la actuación de la Policía el 1-O





—oOo—






Lunes 16 de julio de 2018

Javier Ortega Smith en Los Intocables







—oOo—



Atrás queda el valle

El valle queda atrás

—oOo—




Retropost (16 de julio de 2008): Un pequeño volantazo


Ya listos para salir para Viveiro, con nuestras trece bolsas más guitarra, descubrimos que no podemos sacar el coche del garaje, porque el montacargas del garaje (nuestro coche sube en montacargas) no funciona. Hale, a esperar que los señores Boetticher y Navarro, o el señor Schindler, o alguno de esos, lo arregle, y por fin emprendemos viaje a la una y media. Sin incidentes gracias a Dios, y a nuestra habilidad al volante. Esta queda sin embargo un poco en entredicho cuando (gajes de no llevar ni mapa ni el el gepe ese ni el tomtomgou ese) al llegar a León damos un pequeño volantazo de través y nos vamos a Oviedo en vez de irnos a Lugo...  cierto es que tardamos bastantes kilómetros en enterarnos, y sólo caemos en la cuenta viendo cómo las montañas se volvían demasiado montañosas. Lo que es las indicaciones de la carretera no nos dan ninguna pista porque no había ni mención de cuántos kilómetros faltaban para llegar a donde fuese.

— Mira, un autobús. Tiene wifi, dice.
— Ya te gustaría consultar el Paleofreak mientras lo adelantamos, ¿eh?
— Lee el cartel de delante, a ver si dice a dónde va.
— Dice dice... "Madrid-Oviedo". Pues nos hemos equivocado.

Bueno, a cambio vemos paisajes espectaculares, montañas neblinosas dignas de El Señor de Los Anillos, puentes en construcción dignos de Myst. Por Gijón también pasamos. Bastante en construcción, la autovía del nororeste; estas noticias siempre nos llegan en directo, por información fiable. Oscar durante el viaje se desepera porque su madre no quiere parar en ningún sitio: amenaza con el suicidio: "¡¡¡Estoy agotado, hambriento, destrozado, y tengo pis!!!" —("Qué mono", dice Álvaro).

Y en fin, que así veo el último trocito de la cornisa cantábrica que me faltaba por ver, de Cudillero a Ribadeo. En Cudillero estuve hace años, más de veinte pongamos, en una curiosa expedición con los amigos donde al final cada cual acabó volviendo por su lado, en una especie de riña implícita o descomposición de la expedición. Bonito sí que era. Mientras duró.

Y Viveiro sigue donde lo dejamos. Volvemos a donde siempre, a casa de la Sra. Oca.  El pueblo, perfecto; investigando ya hemos visto una casa que venden en el centro: ochenta kilos, que no tenemos, a no ser de grasa corporal. Los niños se han encontrado otra vez con su amigo y vecino Jairo de otros años, y la nube sigue colocada sobre la villa, casi permanente—hay que salir a las afueras para coger más ratos de sol. Aún estamos desempaquetando y organizando cosas, y viendo qué dan de sí los recursos informáticos que nos hemos traído. Álvaro me va a enseñar a editar vídeos de sonido con imágenes, aprovechando que no me he traído la webcam; algo aprenderemos unos de otros. Ya pondremos fotos de las que hagamos; y mañana más.

PS: Casi me olvido: Felicidad.es


—oOo—












































.

AQUÍ  MI  FOTOBLOG



Otros sitios:

- El Gran Teatro del Mundo
- Narratología Evolucionista
- Retrospection
- Garcialandia

- y mi Faceboook.

 

Loading...
.

IBSN: Internet Blog Serial Number 0-000-00000-1

También tengo el IBSN 0-000-0000-1

—nada menos. 

Archivos:


2017-2019   



















2018-1
2018-2
2018-3
2018-4/1        2018-4/2
2018-5/1     z18-5/2
2018-6/1     2018-6/2
2017-7
2017-8
2017-9
2017-10
2017-11
2017-12
2017-1
2017-2
2017-3
2017-4
2017-5
2017-6



  2014-16         

2016-7 2016-8 2016-9 2016-10 2016-11 2016-12
2016-1
2016-2
2016-3
2016-4 2016-5 2016-6
2015-7
2015-8
2015-9
2015-10
2015-11
2015-12
2015-1
2015-2
2015-3
2015-4
2015-5
2015-6
2014-7
2014-8
2014-9
2014-10
2014-11
2014-12
2014-1
2014-2
2014-3
2014-4
2014-5
2014-6

2011-2013:         

2013-7
2013-8
2013-9
2013-10
2013-11
2013-12
2013-1
2013-2
2013-3
2013-4
2013-5
2013-6
2012-7
2012-8
2012-9
2012-10
2012-11
2012-12
2012-1
2012-2
2012-3
2012-4
2012-5
2012-6
2011-7
2011-8
2011-9
2011-10
2011-11
2011-12
2011-1
2011-2
2011-3
2011-4
2011-5
2011-6

2008 - 2010:      
2010-7
2010-8
2010-9
2010-10
2010-11
2010-12
2010-1
2010-2
2010-3
2010-4
2010-5
2010-6
2009-7
2009-8
2009-9
2009-10
2009-11
2009-12
2009-1
2009-2
2009-3
2009-4
2009-5
2009-6
2008-7
2008-8
2008-9
2008-10
2008-11
2008-12
2008-1
2008-2
2008-3
2008-4
2008-5
2008-6

     2005 - 2007:    


2007-7
2007-8
2007-9
2007-10
2007-11
2007-12
2007-1
2007-2
2007-3
2007-4
2007-5
2007-6
2006-7
2006-8
2006-9
2006-10
2006-11
2006-12
2006-1
2006-2
2006-3
2006-4
2006-5
2006-6
2005-1   (1-5)

2005-2      (6-8)

2005-3 (9-12)