Vivir en subjuntivo
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Hace un año que no nos vemos. Ya sé que piensas que llevo una vida demasiado desordenada, pero es que comparada con la tuya, hasta la vida de maese erizo resulta una pirueta trepidante. Se acaba el año, y siguiendo una antigua costumbre, ni voy a hacer balances, ni formularé propósitos para el 2003. Y sé que hay cosas que debería hacer, y no haré, y otras que hago y seguiré haciendo, a pesar de lo que me digan, o quizá justo por eso. Estoy pensando volver a fumar. Procuraré, eso sí, vivir en subjuntivo, el tiempo del deseo: Que sepa decir no cada día de un modo más claro Que mis amigos sientan que pueden contar conmigo Que me escuches y que me mires Que no termine la música Y que no se apague nunca la luz Y no. No seré un puntualizador. Cada día me gustan más las ies que van por la vida sin su puntito, pero cuando llegue la hora de estar enfrente, me gustará estar ahí. Con la cara dispuesta para que me la rompan cuando sea preciso. A veces toca... y qué bien sienta. Ser capaz de dar la cara, sobre todo por otros, por las personas que quieres. Y que te la rompan... hay pocas cosas que nos hagan mejores. Hombre, ya sé, están los besos, me dirás, que siempre sientan mejor que las hostias. Sí, pero unos y otras vienen tantas veces juntas, como si se dieran la mano... Y más. Que no me detenga en cosas que no merecen la pena, Y que dedique mi tiempo a entretenerte. Que vea las hadas en los ojos de quienes me miran Y que el silencio sea una hermosa música. Es todo. víctor juan (enero de 2003)
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