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Reflexiones
sobre el monumento a Vicente Campo
Javier SAURAS VIÑUALES
Escultor
NO deseo
incorporarme a la polémica que ha crecido en Huesca, como hierba borde, en
torno a la figura de Vicente Campo y al monumento que se le iba a dedicar.
No lo deseo, pero como oscense, como escultor y como amigo de algunas de
las personas envueltas en este desgraciado asunto, pretendo, si se me
permite, hacer unas reflexiones, muy respetuosas, hacia todos los
protagonistas, así como a las razones o argumentos de unos y otros,
quienes, sin duda, han actuado con buena voluntad.
Nunca he
aceptado esa postura, para mí simplista y errónea, de un supuesto y
superficial progresismo contemporáneo, que abomina de determinados
personajes históricos, cuyas acciones han sido o fueron meritorias
objetivamente, por no haber sido demócratas, desde nuestra óptica o
sistema de valores actual. Esto es un prejuicio ridículo, anacrónico, pues
muchos de los autócratas, papas, reyes, emperadores, nobles poderosos,
faraones, déspotas ilustrados, etc, que en el mundo han sido, han hecho
más por la cultura y el desarrollo de sus estados y de su gente, en sus
respectivas épocas, que muchos intelectuales progresistas actuales, y
algunos calentadores de poltronas políticamente correctas, que pululan en
nuestro democrático estado de las autonomías desde que Franco tuvo a bien
pasar a mejor vida.
Los que ya tenemos muchos años sabemos perfectamente
que, sin ser adicta al régimen, o incluso siéndolo, mucha gente, en el
ejercicio de sus funciones y responsabilidades, tuvo que hacer grandes
ejercicios de prudencia, tacto e imaginación constructiva, para sobrevivir
y moverse dentro de las claves sociales de la larga época franquista.
Alguien me comentó que Vicente Campo lloró cuando mataron a Ramón Acín.
Vicente Campo fue alcalde con Primo de Rivera y con Franco, ¿y qué? Tuvo
que sacar Huesca adelante y lo hizo, y al parecer fue quizá el mejor
alcalde de la ciudad en el siglo pasado.
Hace muchos años que soy amigo de Fernando Elboj, me honro en ello, y doy
además fe de que nadie puede poner en duda su progresismo y sus ideas de
izquierda, de sobra conocidas. Por ello, estoy seguro de que nuestro
actual alcalde ha estado movido en ese homenaje a Vicente Campo sólo por
un equitativo y absolutamente legítimo, sentido del reconocimiento a aquel
hombre, que en momentos extremadamente difíciles, fue capaz de dar la
mejor orientación municipal a nuestra ciudad, con su talante realista y
constructivo.
También
soy amigo de la hija de Don Vicente Campo, que es una persona discreta e
intachable.
Me parece muy injusto que se esté produciendo este encarnizamiento que,
posiblemente ya está afectando en lo personal a esta señora y a este señor
que merecen todos los respetos.
La
visión del pasado, cuando se considera con la necesaria perspectiva, debe
ser objetiva y sin farisaicos debates ideológicos postizos, que, como en
este caso, cuando están desenfocados, en nada ayudan al indiscutible e
irrenunciable rigor analítico del materialismo histórico.
Por otro
lado, como colega, pienso que el escultor Gómez Ascaso no debe salir
perjudicado, moral ni materialmente, de esta incómoda situación.
Finalmente, propongo que a la hora de estos reconocimientos iconográficos
sería conveniente no olvidar a los ediles fusilados Mariano Santamaría y
Manuel Sender, ni a nuestro malogrado artista Ramón Acín.
Javier SAURAS VIÑUALES
Escultor
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