Viva san Lamberto

(y san Valero)

29 de enero de 2003

 

Hoy en Zaragoza se celebra san Valero, el patrón de la ciudad. Fue un obispo, un hombre de orden bien considerado por sus superiores.

Si yo pudiera elegir un santo como patrón de esta ciudad, elegiría, sin dudarlo, a san Lamberto: un santo labrador que salió una mañana -como canta José Antonio Labordeta- a entrecavar tomates, a cuidarse de su huerta. Entonces, se cruzó en su camino un centurión y le advirtió que estaba transitando por tierras imperiales, y cuando Lamberto se negó a reconocer la autoridad de Roma, el soldado le cortó de un tajo la cabeza. Hasta aquí todo es normal: aragoneses que no reblan y soldados que creen imponer su voluntad a la fuerza. Pero lo sorprendente, lo que no ocurre casi nunca, es que Lamberto, ese labrador que no quiso entender de fronteras, cogió su cabeza y anduvo -lo siento, pero yo tengo que escribir andó- unas cuantas leguas con la cabeza en la mano.

Y no me interpreten mal: me parece bien este san Valero ventolero y rosconero, pero si yo pudiera elegir, elegiría, sin dudarlo, a san Lamberto, el santo labrador que no cedió ante los caprichos del imperio.

Hoy Lamberto llevaría a pastar sus ovejas a san Gregorio y a las Bardenas, a ese lugar que para el imperio sólo es un campo para hacer maniobras, pegar tiros y poner a prueba las máquinas de la guerra. Lamberto estaría contra el trasvase -por huevos- de un río que tampoco entiende de fronteras, estos días Lamberto estaría, por ejemplo, con Gonzalo González en Porto Alegre. Si yo pudiera elegir...

 

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