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Palmira
Plá
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viernes, 10 de
diciembre
"Llámame cuando llegues, que
estaré preocupada".
No llamé porque era muy tarde
cuando entré en casa. Me vino bien la lluvia y la distancia.
Necesitaba volver sobre sus gestos y, sobre todo, sobre sus
palabras. Y recordar su mirada. Acerté cuando decidí volver
por la autopista. Ciento cincuenta kilómetros más, pero ahorre
tiempo.
Con ella todo es fácil. Hablar o
callar. Yo sólo quería mirarla. pero ella me regaló palabras.
"La sangre, me decía, aún está en la tierra, pero ha
fructificado. Por eso se están haciendo cosas tan hermosas".
Yo sólo
quería mirarla para buscar en su rostro, más allá de las
huellas del paso del tiempo, a la joven que soñaba con ser
maestra en Teruel, a la maestra que dirigió las colonias
escolares durante la guerra civil, a la mujer que hizo frente
a las mil caras de la adversidad, a la mujer que había
mantenido firme su voluntad de “no mirar atrás” después de
superar las dificultades de las guerras y de los exilios, a la
maestra que quiso devolver parte de lo que Venezuela le dio
creando la fundación
adopal, con sede en la Universidad de Carlos III,
que otorga las becas “Palmira Plá” que permiten a jóvenes
venezolanos realizar sus estudios universitarios en España.
Por eso volví tarde y me
sentía casi feliz.
Ayer tuve el privilegio de
que
Palmira Plá
me invitara a comer en su casa.
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Teruel, 25 de noviembre de 2004
"¿Qué queréis
que os diga? Que estoy en Teruel"
"He sido mujer
de acción y mi acción ha sido siempre la escuela"
"He hecho lo
que tenía que hacer"
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Teruel tuvo que ser. Ayer
fue para mí uno de esos días que la vida, a veces, se empeña
en regalarme. Hice el viaje hasta Teruel con Herminio Lafoz,
atravesando el sorprendente paisaje del campo de Belchite y
las cuencas mineras.
Después de las intervenciones de
las personas que acompañaban a Palmira Plá en la mesa,
Ella se serenó y comenzó a hablar diciendo lo feliz que estaba
porque la escuela de Cedrillas, el pueblo donde ella hizo la
escuela y donde decidió ser maestra para hacer justo lo
contrario de lo que la maestra había hecho con ella, llevara
su nombre. "Ahora tenéis escuelas de ricos -nos dijo-, con
patios de recreo y todo-, pero entonces no teníamos nada".
Luego desgranó momentos de su vida, esos mismos momentos que
ya recogió en el libro de memorias que editó hace unos meses
la Fundación Bernardo Aladrén. Ella hablaba con tanta humildad
de lo que había vivido que parecía que nos contaba la vida de
otro. Y nosotros, la gente que llenábamos el salón de actos de
la casa de cultura de Teruel, callábamos, y a veces, nos
mirábamos.
Crónica del homenaje en el
Diario de Teruel ::::
(by Javier Díaz, Cazarabet, Mas de las Matas)
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Hay acontecimientos que sólo pueden
interpretarse desde la dimensión moral que indudablemente encierran.
Éste es el caso de la presentación de Memorias de una vida,
de Palmira Pla Pechovierto (Cretas, Teruel, 1914), el jueves
27 de mayo en la Fundación Bernardo Aladrén de Zaragoza.
Palmira Pla era una joven y entusiasta maestra a quien sorprendió la
guerra incivil en Teruel. Durante la guerra fue la delegada de
Colonias Escolares en Aragón. En 1939 cruzó la frontera francesa en
compañía de Pilar Ponzán, Manuel Latorre, y de
Caridad Olalquiaga, maestros de Jaca (Huesca). Después de la
segunda guerra mundial se exilió con su marido en Venezuela, donde
fundaron el Instituto Calicanto. A principios de los años
setenta volvieron a España. Palmira Pla fue diputada en las Cortes
Constituyentes. Con el dinero que obtuvieron de la venta del
instituto Calicalto crearon la Fundación Adopal, con sede en
la Universidad Carlos III, que concede unas becas que permiten que
jóvenes venezolanos vengan a estudiar a universidades españolas.
Palmira Pla estará en Zaragoza el
próximo jueves con Enrique Satué y con Hermino Lafoz
-las personas que más han trabajado para recuperar el testimonio de
esta maestra- y con todos aquellos que quieran participar de esta
fiesta de la inteligencia y de la memoria.
Palmira Pla
Dibujo de Roberto L'Hôtellerie para
Los niños del frente de
Enrique Satué
Viernes, 28 de mayo de 2004
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Momentos de una vida de Palmira
Pla
Todo el mundo estaba haciendo
tiempo, desgranando banalidades con la mirada puesta en la
entrada del Centro de Formación Arsenio Jimeno. Cuando ha
llegado Palmira Pla (Cretas, Teruel, 1914), se ha hecho un
respetuoso silencio. Los ojos de Palmira Pla reflejaban la
serena emoción de quien vuelve a casa después de haber vivido
largo y extenso.
Lo primero que hago con los
libros, antes de leerlos, es acariciarlos. No he tenido tiempo
de leer, ni siquiera un poco, Momentos de una vida. Lo
haré mañana. No me importa esperar. A veces los más intensos
placeres son, precisamente, los placeres demorados.
* * *
Palmira Plá Un compromiso irrenunciable.
Comentario en
Artes & Letras
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Palmira Plá |
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Firmando ejemplares de su libro |
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Con
Teresa Anadón y Herminio Lafoz |
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Preparados
para la presentación |
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