Un compromiso irrenunciable

Plá Pechovierto, Palmira, Momentos de una vida, Zaragoza, Fundación Bernardo Aladrén, 2004, pp. 454.

Víctor M. Juan Borroy, en Artes & Letras,17.06.2004.

suplemento de Heraldo de Aragón dirigido por Antón Castro

Hubo en España una generación irrepetible de maestros en la edad de oro de la Pedagogía, que fueron las luces de la República, como decía el padre de Moncho en La lengua de las mariposas, el estremecedor cuento de Manuel Rivas. Palmira Plá Pechovierto (Cretas, 1914) hizo frente a las mil caras de la adversidad, desde la poliomielitis que sufrió a los dos años, hasta la serenidad con la que aguantó las provocaciones de los partidarios del general Franco durante los momentos más difíciles de la Transición, pasado por su firme voluntad de cursar los estudios de maestra, la convicción con la que trabajó para levantar su escuela en Venezuela, o su manera de “no mirar atrás” después de superar las dificultades de las guerras y del exilio. Quizá nazca del compromiso irrenunciable de Palmira Plá con la educación y con la libertad, la dignidad que proyecta hoy su mirada.

Siendo estudiante de magisterio en Teruel, Palmira Plá acudía a la Casa del Pueblo para enseñar a leer a mujeres que, como era frecuente, no habían asistido durante su infancia a la escuela. Allí inició su relación con el Partido Socialista Obrero Español y con la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza (FETE).

Durante la II República, fue alumna del Plan Profesional, el mejor plan de formación de maestros del siglo XX, pero apenas tuvo tiempo de ejercer el magisterio y de poner en práctica las ideas que en la Escuela Normal de Teruel le transmitía Rodolfo Tomás y Samper, el profesor que más influyó en ella, porque la sublevación militar de julio de 1936 le robó la juventud y la posibilidad de seguir trabajando en un oficio que la cautivaba.

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La dimensión moral de la palabra

Más allá del valor literario de estos textos en los que una persona recrea, dibuja o inventa parte de su vida, lo que importa es el testimonio que el autor proporciona de hechos y acontecimientos que han sido significativos en su vida. Conocemos de esta manera episodios que no conoceríamos de otro modo. Aunque hay una gran diferencia entre diarios, memorias, dietarios, epistolarios, etc., todos ellos son documentos que iluminan una parcela de la realidad, narraciones que sirven de refugio al yo.

En el caso de Palmira Pla, Momentos de una vida tiene, además, una evidente dimensión moral porque se trata de la recuperación del testimonio de una mujer a quien una guerra injusta llevó lejos de su familia, de su casa y de su patria. Este libro es la celebración de la recuperación de la memoria arrebatada.  Afortunadamente, en Aragón disponemos del testimonio de maestros como Santiago Hernández Ruiz (Una vida española del siglo XX. Memorias (1901-1988), Zaragoza, Instituto de Ciencias de la Educación) o María Sánchez Arbós, (Mi diario, Zaragoza, Consejería de Educación del Gobierno de Aragón, 2001).

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En Caspe, Palmira Plá fue la responsable de las colonias escolares que se organizaron para proteger a la infancia de los horrores de la guerra, como ha estudiado Enrique Satué, autor del prólogo de estas memorias, en Los niños del frente (Huesca, 2003). Cuando la situación se hizo insostenible en Aragón, Palmira Plá se dirigió a Cataluña y de allí al exilio.

En Francia -donde los republicanos españoles eran considerados como rien, nada, niente-, esta joven maestra conoció la solidaridad de los perdedores, de los perseguidos porque recibió el amparo y la protección de judíos, de polacos o de rusos que compartieron con ella cuanto tenían. También sintió de cerca el odio y el desprecio por la vida que pueden anidar en el corazón del ser humano cuando el maestro Francisco Ponzán Vidal le pidió que acudiera a Toulouse para ayudarle. Ella le llevaba ropa limpia y comida a la cárcel hasta que, dos días antes de que los alemanes abandonaran la ciudad, el 17 de agosto de 1944, asesinaron de una manera brutal a Ponzán.

En noviembre de 1946 Palmira Plá se casó con Adolfo Jimeno Velilla, un joven socialista de Zaragoza a quien conoció durante la guerra civil. Unos meses más tarde, embarcaron en el “Colomby” rumbo a Venezuela. Salvadas las dificultades iniciales, comenzaron a dar forma al sueño de su vida: el Instituto Escuela-Calicanto, que empezó a funcionar en Maracay con quince niños, pero que multiplicaba anualmente la matrícula.

En 1974, una grave enfermedad de su marido hizo que regresaran a España, buscando un clima más favorable. Ella solicitó el reingreso en el magisterio y le adjudicaron la escuela de Valdealgorfa (Teruel) y después la de Almazora (Castellón). Invitada por Felipe González, se presentó a las elecciones y fue diputada por el PSOE en las Cortes Constituyentes.

Con el dinero que obtuvieron de la venta del Instituto Escuela Calicanto, Palmira Plá y Adolfo Jimeno crearon una fundación, Adopal, con sede en la Universidad Carlos III de Madrid, que concede las becas “Palmira Plá” para que universitarios venezolanos puedan estudiar es España.

Sólo han pasado unas semanas desde que Palmira Plá estuvo en Zaragoza presentando Momentos de una vida, un libro que nos permite recuperar la trayectoria de una maestra aragonesa, y que nos acerca al ambiente pedagógico de una época. Además de la propia vida de Palmira Plá, estas memorias están tejidas con retazos de otras vidas, de otros sufrimientos y de otras pasiones como las de los maestros Paco Ponzán, Caridad Olalquiaga o Manuel Latorre; la de su propio padre, Miguel Plá, guardia civil fiel al gobierno de la República; la del líder socialista Arsenio Jimeno. Junto a las historias de exiliados, de víctimas y de supervivientes, desfilan por las páginas de esta obra crónicas de compromisos, de lealtades y de amores imposibles. Lean este libro porque la lectura de Momentos de una vida es un alegato contra el olvido.