De este libro se hicieron -muchos de ustedes ya lo saben- cien ejemplares en México en 1961. No había sitio en aquella España amordazada para la educación, ni para la libertad de escribir y de leer. 

Para mí es muy importante tener este libro cerca por lo que representa, por la memoria que se deposita en los nombres, en algunos días del calendario, en objetos como este libro. Los hijos de María Sánchez Arbós me han enviado este ejemplar. Este regalo me ha emocionado mucho. Un libro que refleja nuestra mejor tradición pedagógica, que ha estado durante cuarenta años en casa de unos españoles que sufrieron el exilio y ahora estará en mi casa.