Alguien hizo colocar en la quicio de la puerta de entrada a su casa esta cara con los ojos tapados por un velo. No querer ver. Una decisión tomada desde un profundo pozo de espesos rencores. Negar la palabra y negar la mirada, que es otra forma de hablar. Estar tan cerca y no querer verse. Daría cualquier cosa por no verte más.  La negación del otro. Un NO transmitido de padres a hijos. En la vida real, nada es tan fácil como en el chat. "ignorar a mi vecino", multiplicarlo por cero. Hacer zapping, cambiar de canal cuando él se cruce en mi vida. Ningunear. Transparentar al otro. Por eso, hace diez años, en mi primera visita a Ciudadela (Menorca), me impresionó este rostro que expresa la firme voluntad de no querer saber nada del otro. Hay mucha soledad en quienes, condenados a vivir cerca, eligen el aislamiento total.

[Julio de 2003]