La mirada de una maestra

Poco después de dejar la escuela, animada por su hijo José Manuel, y sumida en la ausencia de Manuel Ontañón, su marido, María Sánchez Arbós comenzó a revisar y a seleccionar las notas que había tomado en un cuaderno que la acompañaba desde que empezó a ejercer como maestra. Con aquel material podía componer un libro sencillo y transparente, que recogiera su manera de entender la escuela, sus preocupaciones, sus afanes y sus dudas. Como en aquella época en España nada era fácil, el libro se editaría en México. Según reza el colofón, Mi diario se terminó de imprimir el 8 de marzo de 1961 en la tipográfica Mercantil de la calle de San Ildefonso de la ciudad de México DF. Sólo se hicieron 100 ejemplares que María Sánchez Arbós numeró y dedicó cuidadosamente. Ella valoró siempre los detalles sutiles y delicados que diferencian a una maestra de otra, a una escuela del resto de las escuelas. Mi diario era un regalo para sus amigos más próximos y para sus familiares, un regalo para sí misma porque al recorrer sus páginas volvía a sentir la emoción que palpitaba en la escuela cuando ante las niñas, sentada en la mesa de la maestra, escribía en su cuaderno unas líneas que le recordaran sus sentimientos y sus sensaciones. Palabras que nos hablan de educación, de amor por la enseñanza, de sus ilusiones, de sus empeños y de sus frustraciones, de alegrías y sinsabores y, en definitiva, palabras que nos muestran su pasión por la escuela y por la educación. Ahora, cuarenta y cinco años después, este libro es también un regalo para todos nosotros.

Cuando terminó de seleccionar los fragmentos que compondrían Mi diario, decidió incluir una serie de reflexiones personales sobre los problemas que le había sugerido su trabajo, sus inquietudes y sus proyectos, creyendo que quizá pudieran ser útiles para otras personas preocupadas por la educación. Estos textos formaban la segunda parte de Mi diario titulada “Los problemas de la escuela”, una colección de artículos publicados durante la II República, entre 1932 y 1936, en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza. Estos veintidós artículos constituyen la ampliación de la segunda edición de Mi diario que ahora se presenta, respecto a la que la Consejería de Educación Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón hizo en junio de 2000. En ellos, María Sánchez Arbós proyecta su mirada sobre la escuela, su mirada de maestra preocupada por los niños, por el acceso a la cultura y por mejorar la sociedad. Sólo una maestra podía escribir sobre la necesidad de conquistar al niño, sobre el respeto que el niño merece, sobre el procedimiento para dominar la clase o sobre la importancia de encontrar tiempo para perder el tiempo. Quien ha aprendido a mirar como mira una maestra puede escribir que los niños no vienen a la escuela sólo para aprender a leer sino para aprender a vivir y a formarse una personalidad que todavía no tienen.

En estos veinticuatro artículos se resume gran parte del pensamiento pedagógico de María Sánchez Arbós: el concepto de maestro, la manera de entender la infancia, la importancia de la intervención de los padres en la escuela, el sentido de los trabajos manuales, el potencial educativo de la lectura, la promoción de curso, el programa de la escuela rural, la metodología, el horario y la asistencia escolar, la colocación de los niños en el aula, la sesión única, la biblioteca, el juego, la gestión y gobierno de una clase, el arte de perder el tiempo, la conquista del niño o la influencia del maestro.

Imagino a esta joven maestra junto al señor Cossío en aquellas tardes de palabras, sueños y confidencias cuando acudía a la Institución Libre de Enseñanza en busca de consuelo, de ánimo o cuando sólo pretendía compartir con él las dudas, el entusiasmo y los momentos de desaliento que se presentaban en su quehacer de maestra. Durante toda su vida María Sánchez Arbós recordó la voz firme y cariñosa de Manuel Bartolomé Cossío cuando le decía: “Alma, alma, María”.

María Sánchez Arbós fue una maestra convencida de serlo. Cuando escribió estos textos era la inquieta directora del Grupo Escolar Francisco Giner de Madrid. Poner en funcionamiento esa escuela exigiría de ella una buena dosis de entusiasmo, de tenacidad y de sentido común. En esta escuela cuestionó permanentemente sus ideas sobre la coeducación, los trabajos manuales, la promoción y el agrupamiento de los alumnos, el sentido de los programas escolares, los horarios, la función social de la escuela en una barriada obrera…

Los problemas de la escuela que analiza María Sánchez Arbós son, en gran parte, los problemas que nuestra escuela aún tiene planteados. Porque hoy más que nunca precisamos maestros que conozcan a sus alumnos, maestros comprometidos con la enseñanza, maestros que se hagan preguntas, que no se dejen llevar por lo comúnmente aceptado, por la metodología que en cada ocasión esté más de moda.

Si algo queda claro con la lectura de Mi diario es la vigencia de las ideas de María Sánchez Arbós, la profundidad de sus argumentos que nos recuerdan los lazos invisibles que terminan uniendo para siempre a los maestros y a los niños, las complicidades que nacen de las palabras pequeñas, frágiles y siempre vivas que dan sentido a las jornadas escolares en la intimidad del aula.

Víctor M. Juan Borroy

Marzo de 2006