Francisco Giner de los Ríos

 

La Institución Libre de Enseñanza

Y la renovación de la cultura española

 

Víctor M. Juan Borroy

Laberintos, Nº 4, diciembre de 2001, pp. 58-62


 

Ya he escrito en alguna ocasión que el siglo XX, desde el punto de vista educativo, no empezó, como hubiera sido lo más lógico, en 1900. La contemporaneidad se inició en 1876 cuando, intentando superar el asfixiante ambiente intelectual que imponía la Restauración, un grupo de profesores aglutinados alrededor de Francisco Giner de los Ríos fundó la Institución Libre de Enseñanza. Aquel fue el germen, como veremos, de las más fecundas realizaciones educativas del primer tercio del siglo XX y, posteriormente, la destrucción, el desmantelamiento y el desprestigio de aquellas ideas, de aquella sensibilidad fue uno de los objetivos principales de la política educativa del régimen totalitario inaugurado por el general Franco tras su victoria en la guerra civil (1936-1939).

La Ley General de Educación de 1970 ya recogía, tímidamente, algunos de los ideales educativos de la Institución Libre de Enseñanza. A partir de entonces, se ha producido una recuperación, al menos teórica, del patrimonio pedagógico que fue silenciado, ocultado y, lo que fue más grave, tergiversado por los vencedores de la guerra civil.

El inicio de la Institución Libre de Enseñanza

El 26 de febrero de 1875 se publicaron un Real Decreto y una Circular que firmaba el marqués de Orovio, titular de la cartera de Fomento, que suponían un ataque frontal a la libertad de cátedra: el Estado pretendía controlar los libros de texto y los programas que los profesores impartían en la Universidad. Un significativo grupo de catedráticos de Universidad y algunos profesores de instituto, por decoro intelectual, por respeto a la ciencia, por amor a la libertad se negaron a someter sus programas y sus enseñanza al dogma de la Iglesia católica. Entonces, fueron separados de sus cátedras, alejados de las aulas, encarcelados, desterrados….

Durante los meses de junio y julio de 1875 Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate, Juan Uña, Luis Silvela y Nicolás Salmerón mantuvieron una intensa correspondencia epistolar sobre la posibilidad de abrir una universidad libre en Gibraltar del estilo de la de Bruselas, pero diversos inconvenientes (problema de soberanía, escasa influencia del centro en comparación con la Universidad de Madrid, etc.), hicieron fracasar esta idea. No sabemos con certeza si la iniciativa partió de Salmerón, de Giner o de ambos, pero lo cierto es que éste es el germen de la Institución Libre de Enseñanza, concebida, en primer lugar, como un centro de estudios superiores –la intención era implantar estudios de Derecho y más tarde los de Filosofía y Letras-. Finalmente, a partir de 1878, el proyecto universitario fue abandonado y en la Institución se cursaron estudios de primera y segunda enseñanza.

El 18 de marzo de 1876 se redactó el proyecto para la creación de un establecimiento de enseñanza libre. La Junta organizadora estaba integrada por Laureano Figuerola, Eugenio Montero Ríos, Segismundo Moret, Nicolás Salmerón, Francisco Giner de los Ríos, Augusto González de Linares, Gumersindo de Azcárate, Laureano Calderón, Juan Antonio García Labiano y Jacinto Messía. Ya se contaba con 175 socios, que habían adquirido acciones por valor de 201 reales.

Lo más importante de aquel centro educativo estaba resumido en el artículo 15 de sus estatutos donde se afirmaba: "La Institución Libre de Enseñanza es completamente ajena a todo espíritu e interés de comunión religiosa, escuela filosófica o partido político; proclamando tan solo el principio de la libertad e inviolabilidad de la ciencia, y de la consiguiente independencia de su indagación y exposición respecto de cualquiera otra autoridad que la de la propia conciencia del profesor, único responsable de sus doctrinas".

Entre los miembros de la Junta Facultativa de la Institución ya se encontraba Joaquín Costa, que había iniciado su carrera universitaria, pero tras cuatro meses y veinte días, renunció al título de profesor auxiliar de la Universidad de Madrid, por solidaridad con Giner. En 1880, Joaquín Costa se integró en la ILE, donde enseñó Historia y se encargó de dirigir el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza (BILE). Participó, representando a la ILE, en el Congreso Pedagógico de 1882. Allí, en una intervención improvisada, sustituyendo a Rafael Torres Campos, Costa defendió la necesaria transformación radical de la escuela.

Como vemos, por una parte, la Institución fue hija de la decepción, de la soledad, de la impotencia, de la intransigencia de las autoridades y, al mismo tiempo, de la utopía y de la ilustración.

Francisco Giner de los Ríos y Manuel Bartolomé Cossío

Si hubiéramos de representar el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza en dos personas, éstas serían, sin ninguna duda, Francisco Giner y Cossío. José Castillejo escribió que Giner (Ronda (Malaga), 10 de octubre de 1839-Madrid, 18 de febrero de 1915) "Tenía cuerpo y cara de árabe, el poder sugestivo y la aguda lógica de un Sócrates moderno, serenidad estoica combinada con una pasión ardiente y romántica, dignidad aristocrática andaluza mezclada con un ágil ingenio y modales simples y democráticos, un temperamento asceta oculto bajo un amor a la vida y a las relaciones sociales, y una viva e insaciable curiosidad por la ciencia, el arte, la naturaleza y la humanidad".

Catedrático de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional en la Universidad Central de Madrid. Se integró en el círculo filosófico que se había formado en torno a Sanz del Río: los kruasistas.

A la muerte de Giner, Manuel Bartolomé Cossío (Haro (Logroño) 1857- Madrid, 1935) se convirtió en el alma de la Institución. El Sr. Cossío, como todos le llamaban, fue el alumno predilecto de Giner. Primer ciudadano de Honor de la II República, fecundo viajero, especialista en El Greco, primer catedrático de pedagogía de la universidad española, director, desde su fundación, del Museo Pedagógico, Presidente del Patronato de Misiones Pedagógicas… En la primavera de 1931 le propusieron que aceptara la presidencia de la II República: "Lerroux empezó a hacer campaña para que fuera aceptado por todos como primer presidente de la II República, una propuesta que fue bien acogida por los políticos de la ILE y que el mismo Azaña vio con buenos ojos".

Pío Bajora destacó que "Cossío, como su amigo y maestro don Francisco Giner, era hombre de espíritu franciscano. Tendían, tanto uno como el otro, en un país como el nuestro, áspero y de dogmatismos violentos, hacia una obra de paz. Ninguno de ellos tuvo un sistema único y cerrado de filosofía o pedagogía. Eran hombres más bien de una tendencia al sincretismo, que pensaban y querían aprovechar diversas teorías y principios en un sentido pragmatista".

 

La influencia de la Institución Libre de Enseñanza

La Institución no fue, exclusivamente, el reducido número de profesores y de alumnos que coincidieron en este empeño educativo. Por encima de todo, la ILE fue la savia que vitalizó y transformó la cultura en la España contemporánea. La institución fue un territorio para las ideas, para la tolerancia, para la ilustración, para la ciencia, para el progreso… Los institucionistas no pretendían una reforma educativa, sino la reforma de la sociedad española en su conjunto y entendían –lo tuvieron presente en todo momento—que aquella sería una tarea lenta, comparable a una siembra silenciosa. Así, podemos hablar de una "institución difusa", que ha tenido mucha más importancia que los docentes y los alumnos que pasaron por sus aulas.

Durante el primer tercio del siglo XX, por influencia de intelectuales, profesores y políticos vinculados a la Institución Libre de Enseñanza, se encendieron algunas luces, y la cultura y la educación del país iniciaron un proceso de transformación. Nacieron algunos centros, florecieron algunas iniciativas que iluminaron la vida intelectual del primer tercio del siglo XX español. Aquellas luces se multiplicaron durante el breve tiempo de la II República y se apagaron después de la guerra civil.

Ya funcionaba desde 1882 el Museo Pedagógico Nacional que dirigió Manuel Bartolomé Cossío. El propio Cossío inauguró la Cátedra de Pedagogía en el curso 1904-1905 en la Universidad Central, y en ella se jubiló en 1929. La pedagogía fue en esta cátedra, por primera vez, una disciplina universitaria. Hasta 1932 no se inauguró la Facultad de Pedagogía en la Universidad Central de Madrid.

En 1907 se creó la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, cuyo patronato presidió Santiago Ramón y Cajal. Los objetivos que perseguía esta institución eran dos: por una parte, se buscaba formar rigurosamente al profesorado para reformar la educación y, por otra, se pretendía fomentar la cultura española enviando al extranjero a los mejores universitarios. En veintinueve años de vida de la Junta se concedieron unas mil seiscientas pensiones de las diez mil solicitadas para seguir estudios de once disciplinas distintas: Derecho, Medicina, Higiene, Veterinaria y Farmacia, Ciencias exactas, físicas y naturales, Ingeniería y Enseñanzas técnicas, Sociología, Economía y Hacienda, Bellas Artes, Artes industriales y Arquitectura, Filosofía y Psicología, Historia y Geografía, Pedagogía, Filología y Literatura, Comercio y varios.

La Escuela de Estudios Superiores del Magisterio (1909-1932) nació con el objetivo de dotar al profesorado de las Escuelas Normales y a inspectores de una preparación adecuada a las exigencias culturales de la época.

La dirección de la Residencia de Estudiantes (1910) se le encomendó Alberto Jiménez Fraud. Dependiente de la Junta para Ampliación de Estudios, este centro contaba con bibliotecas, laboratorios, publicaciones propias, cursos... Fue el lugar de encuentro de los más espléndidos intelectuales del momento: Alberti, Lorca, Menéndez Pidal, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Unamuno, Ortega y Gasset, Dalí, Moreno Villa, Buñuel, Jorge Guillén, Salinas Azorín, Maeztu... En 1915 se inauguró la Residencia de Señorías, dirigida por María de Maeztu, que compartía con la Residencia de Estudiantes objetivos y preocupaciones.

El Instituto-Escuela (1918) se inauguró con un carácter experimental para ensayar la unidad de la enseñanza primaria y secundaria. Se pusieron en práctica en este centro algunas de las innovaciones pedagógicas que se estaban desarrollando en Europa.

El Patronato de Misiones Pedagógicas (1931) era una antigua aspiración institucionista que acercó a los pequeños núcleos rurales bibliotecas, lecturas, conferencias, audiciones de música coral y de discos, exposiciones circulantes con reproducciones de pinturas célebres, proyecciones fijas y cinematográficas, representaciones teatrales –García Lorca al frente de La Barraca-, guiñol… Según el profesor Tuñón de Lara fueron, precisamente, las Misiones Pedagógicas la muestra más clara de ese "tiempo de la gran ilusión", que representaron los primeros meses republicanos.

Y además podemos recordar el movimiento de Extensión Universitaria, las colonias de vacaciones, el Protectorado del Niño Delincuente (1916) o la Dirección General de Primera Enseñanza (1911) que le fue encomendada al prestigio institucionista Rafael Altamira.

La guerra civil fue una gran cicatriz que partió en dos la historia de España. Desde el punto de vista cultural, los vencedores devolvieron al país al antiguo régimen. Se satanizaron tanto las personas como las realizaciones de la II República, tal y como puede apreciarse en la orden de 7 de diciembre de 1936, cuando al analizar las causas de la situación en que se encontraba el país, no se dudaba en señalar que eran precisamente los profesores y los intelectuales próximos a la Institución Libre de Enseñanza quienes más responsabilidades tenían: "los individuos que integran esas hordas revolucionarias, cuyos desmanes tanto espanto causan, son sencillamente los hijos espirituales de catedráticos y profesores que a través de instituciones como la llamada Institución Libre de Enseñanza, forjaron generaciones incrédulas y anarquistas".

La política educativa del nacional-catolicismo encontraba su sentido en la destrucción, en el desmantelamiento de toda la obra anterior. En 1938, Pedro Sainz Rodríguez, el primer ministro de educación del régimen del general Franco, recordaba en una intervención dirigida al magisterio, un fragmento de un discurso de Fernando de los Ríos, Ministro de Instrucción Pública de la II República:

"Las ilusiones de los discípulos de Giner de los Ríos se injertaron en la organización pedagógica española en el mayor silencio. La Escuela Superior del Magisterio, la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, la Escuela de Criminología y hasta la Residencia de Estudiantes han sido los gérmenes de la nueva España. Éstos han sido gérmenes que han posibilitado en advenimiento de un régimen nuevo. La simiente está tirada silenciosamente en el surco. La República española recoge los resultados aquellos".

Estas palabras –concluía Pedro Sainz Rodríguez- son tan preciosas para nosotros como si fuesen un mapa donde hubieran señalado las fortificaciones que tenemos que bombardear (Risas y aplausos)".

La Institución Libre de Enseñanza hoy

La Institución Libre de Enseñanza fue disuelta por un BOE de 28 de mayo de 1940. En 1978, tras casi cuarenta años de silencio, de destierro, de dolor… volvió a la actividad la Fundación Giner de los Ríos y en 1985 se produjo la devolución del emblemático local de la ILE de la calle Martínez Campos de Madrid. Recuperar en un estado muchas veces ruinoso parte del patrimonio –físico y simbólico- incautado a la Institución tras la guerra civil ha sido un proceso largo y lleno de dificultades.

En ningún momento se planteó la posibilidad de volver a abrir un centro educativo: demasiadas dudas y demasiadas dificultades: inversiones económicas, especialización... Hoy la Institución Libre de Enseñanza es un espacio para la reflexión: la Fundación Giner de los Ríos, la Agrupación de Antiguos Alumnos, la segunda época del BILE. Hoy la Institución Libre de Enseñanza es, por encima de cualquier otra cosa, un referente que resume lo mejor de nuestra tradición pedagógica. En estos días en los que no se encuentran modelos, los ideales de ilustración de los hombres y mujeres de la Institución continúan tan vigentes como su ideario pedagógico que podría resumirse en los siguientes conceptos: "trabajo intelectual sobrio e intenso, juego corporal al aire libre, larga y frecuente intimidad con la naturaleza y con el arte, contra el sistema corruptor de exámenes, de emulación, de premios y castigos", la libertad en educación, neutralidad, la coeducación y la educación femenina, la educación estética, la educación física, la educación moral, la escuela activa, la escuela unificada, la importancia de las bibliotecas escolares. Respecto a los libros, resulta muy esclarecedor un texto de Manuel B. Cossío:

"La Institución aspira a que sus alumnos puedan servirse pronto y ampliamente de los libros como fuente capital de cultura; pero no emplea los llamados de texto, ni las lecciones de memoria al uso, por creer que todo ello contribuye a petrificar el espíritu y a mecanizar el trabajo de clase, donde la función del maestro ha de consistir en despertar y mantener vivo el interés del niño, excitando su pensamiento, sugiriendo cuestiones y nuevos puntos de vista, enseñando a razonar con rigor y a resumir con claridad y precisión los resultados".

Hace 125 años, el 29 de octubre de 1876, Laureano Figuerola, primer rector de la Institución Libre de Enseñanza, leyó el discurso de apertura de las cátedras. Han pasado, pues, 125 años desde que un grupo de profesores de la Universidad española decidieron buscar la libertad, decidieron embarcarse en una aventura que les permitiera soñar la educación que necesitaban. Y lo hicieron creyendo en la educación como un medio de revolución social. Personalmente, creo que hoy más que nunca es necesario recuperar la utopía que encierra la educación.