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CARTA DEL ESCULTOR GÓMEZ ASCASO
Heraldo de Huesca, 22-09-04.
Quisiera dirigirme a mis amigos. Aunque lo mío no sea la palabra sino la
escultura, parece que por esta vez sólo vamos a poder hablar con
palabras. Pero quisiera hablar sólo para mis amigos, los que podemos
formar un nosotros entre los que no sea necesario chillar. Si quiero que
hablemos es porque me habéis preguntado, pues sabéis que no soy de los
que van vociferando por las calles buscando público. Quisiera dirigirme a
nosotros desde mi taller, desde el silencio, desde la introspección y la
libertad, con la misma sinceridad con que trabajo. Como dice uno de mis
amigos, yo sólo cuento con mis manos, mi corazón y mi inteligencia, con
ellas trabajo y con ellas hablo, despacio, sin estridencias, sin ruido,
sin aspavientos. Hablemos así, si os parece, y olvidémonos, por un
momento siquiera, de quienes todavía creen que por más chillar se tiene
más razón.
Quisiera dirigirme sólo a mis amigos, a quienes no me habéis mandado
anónimos a casa, a los que no habéis mentido y calumniado sin saber, sin
pensar, sin entender nada. Ojalá esos no nos escuchen ahora, pues no
tengo nada que decirles, sólo quisiera que nos dejaran en paz, que nos
dejaran pensar, que nos dejaran trabajar, quizás algo que ellos
desconocen, no lo sé. Nada tengo que decir a justicieros enmascarados sin
rostros y sin nombre, a los que hubieran querido ser jueces y
afortunadamente no lo son, a quienes se erigen portavoces y líderes
espirituales de los muertos.
Sólo quisiera dirigirme a mis amigos, a los que sabemos de la fascinante
complejidad de la vida y de la muerte, a los que sabemos que las cosas no
son blancas o negras y que la vida, como la muerte, no se reduce a una
película de buenos y malos.
Siento de verdad que no podáis llegar a ver lo que para nosotros he
estado haciendo durante algo más de un año. Desde mi silencio para
vuestros momentos de silencio, desde lo más profundo de mí para lo más
profundo de cada uno de vosotros. La escultura habla a todos pero en voz
baja y de uno en uno, como un susurro, o una caricia.
Lamentablemente el ruido no nos ha dejado escucharnos. Sí, esta vez sólo
quiero hablaros a vosotros, nosotros, porque mi error ha sido, con mi
obra, pretender compartirla con todos.
La ciudad, nosotros, nos hemos quedado sin un conjunto escultórico,
alguien nos lo ha robado. Sin duda no saben lo que hacen, no pueden
saberlo, sólo vosotros, amigos, sabéis escuchar el silencio, sabéis mirar
al horizonte, la luz sin bajar la vista, sólo nosotros sabemos hablarle
al alma sin juzgar, podemos poner en juego nuestra vida a cada momento, a
riesgo de perderla, porque no estamos al servicio de nadie, porque no
pretendemos la certeza y la razón, que se la queden, nosotros tenemos la
libertad.
Por mi parte, pondré rumbo a otros parajes, otras aventuras me esperan, y
quién sabe, quizás un día nos encontremos y podamos seguir la
conversación que tuvimos que dejar a medias, tal vez entonces hayamos
aprendido a defender lo que es nuestro y sepamos acallar los ladridos que
en la noche no nos dejan ahora descansar, ni soñar.
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