El pedagogo aragonés Domingo Tirado Benedí

Notas sobre su vida y obra

Víctor Manuel Juan Borroy

Doctor en Ciencias de la Educación

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Artículo en Anales IX. Anuario del Centro de la Universidad Nacional de Educación a Distancia en Calatayud, pp. 117-128, 2001

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Del pedagogo aragonés Domingo Tirado Benedí [Campillo de Aragón (Zaragoza), 7 de septiembre de 1898-México, D.F., 1 de enero de 1971] sabíamos, hasta ahora, muy poco. En Aragón, frecuentemente unimos su nombre al de Santiago Hernández Ruiz [Atea (Zaragoza), 1 de mayo de 1901-Valderrobres (Teruel), 7 de abril de 1988], quizá debido a que tanto su trayectoria profesional como la vital discurrieron en paralelo. Los dos fueron maestros rurales -en pueblos de aquella España del primer tercio del siglo XX- que, tras varios años de ejercicio, ganaron plaza de inspectores en la misma convocatoria de oposiciones (1934), ambos colaboraron en el magnífico Diccionario de Pedagogía Labor (1936) que dirigió Luis Sánchez Sarto, tras la guerra civil, los dos se exiliaron en México, juntos redactaron La Ciencia de la Educación para la Editorial Atlante; y, por fin, se integraron, después de trabajar en varios colegios que los españoles republicanos fundaron en México, en el sistema educativo de aquel país. Pero mientras que Santiago Hernández, a partir de 1961, pasó algunas temporadas en España, Tirado Benedí moriría en el exilio.

La educación durante el primer tercio del siglo XX: el despertar de la pedagogía

Si José Carlos Mainer se refiere a este período de la historia contemporánea como la edad de plata de la cultura española, considerando la evolución de la pedagogía posiblemente pudiéramos decir que las realizaciones de aquellos educadores nos sitúan en la edad de oro de la pedagogía. A este despertar educativo y cultural contribuyeron una larga serie de factores. En primer lugar, la crisis de 1898, que tanto pesimismo despertó entre los intelectuales fue, para la educación, un revulsivo. Todos los grupos sociales harían suyo el lema regeneracionista de salvar España por la escuela, aunque cada sector ideológico tuviera un modelo bien distinto de lo que suponía "regenerar la patria". Pero resulta innegable que la educación se convirtió en una preocupación social. Así, recién estrenado el siglo, se creaba el Ministerio de Instrucción Pública y, desde entonces, los asuntos relacionados con la enseñanza tenían, por primera vez, su propio departamento ministerial. Poco después, con la creación de la Junta para la Ampliación de Estudios (1907) presidida por Cajal y que auspiciaba viajes de científicos, investigadores de todas las ramas y también de maestros, inspectores, profesores de escuelas Normales y de universidades al extranjero, España se abría, como en ninguna otra época de nuestra historia, a las nuevas tendencias que llegaban de Europa y, en menor medida, de América. Estas influencias terminararían transformando el panorama cultural e intelectual de un país que se habían empeñado en vivir de espaldas a todo lo que viniese de fuera. Durante las primeras décadas del siglo XX, se cosechaban los frutos del trabajo de aquel grupo de intelectuales aglutinados en torno a la Institución Libre de Enseñanza que entendieron que el problema español era un problema educativo. Además, la Pedagogía alcanzaba mayor rango que el que se ofrecía en las escuelas Normales a través de la creación de la cátedra de Pedagogía en la Universidad Central (1904) en la que profesó Manuel Bartolomé Cossío; a la inauguración de la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio (1909), aunque hay que esperar hasta que durante la II República se creara la Facultad de Pedagogía (1932); en 1910 se creó la Residencia de Estudiantes con el objetivo de ayudar a la mejora y reforma de la vida universitaria española. El centro contaba con bibliotecas, laboratorios, publicaciones propias, organizaba conferencias, cursos, etc. De esta manera, jóvenes intelectuales tuvieron a su disposición importantes recursos y se convirtió en el lugar de encuentro para figuras de nuestra cultura como Lorca, Dalí, Buñuel, Alberti, Menéndez Pidal, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Unamuno, Ortega y Gasset, Americo de Castro, Jorge Guillén, Salinas, Azorín, Maeztu... Además, intelectuales de la talla de Bergson, Einstein o Falla... no pasaban por Madrid sin acudir a la Residencia. En sus laboratorios trabajaron sabios como Ramón y Cajal, Achucarro, Calandre o Sacristán.

Más tarde se realizaron ensayos como el Instituto Escuela (1918) que pretendía unir la primera y la segunda enseñanza. Ya durante la II República, la creación del Patronato de Misiones Pedagógicas intentó llevar la cultura por la España más rural y más dormida al progreso. El Patronato de Misiones pedágógicas contó con la colaboración de La Barraca de Lorca, colecciones y reproducciones de arte, biblioteca, cinematógrafo, etc. Paradójicamente, todo aquel despertar de la ilustración terminó con la explosión de la irracionalidad, con un terrible episodio que negaba todo el valor de la educación: una guerra civil. Después, la primera tarea de la política educativa del franquismo fue arrasar, silenciar e intentar borrar todo vestigio de lo sembrado anteriormente.

Maestros

Para entender lo que ser maestro representaba en el primer tercio del siglo XX, hay que considerar la historia de la cultura, la historia social y las ínfimas condiciones económicas que soportaba la mayor parte de la población. Obviamente un análisis de ese estilo desborda los objetivos de este trabajo. Bástenos apuntar algunas ideas generales sobre lo que ser maestro significaba. Quizá, en primer lugar, podamos destacar que muchos de los pertenecientes a este grupo profesional entendieron que tenían un compromiso con la sociedad, sobre todo en los pequeños núcleos rurales donde el maestro representaba el progreso, la modernidad, la cultura, el saber. Frente a las declaraciones de políticos, lo más frecuente era encontrar maestros abandonados a su propia suerte. Sobre la escuela recayó la formación de los más jóvenes, sobre todo en lo que hacía referencia a costumbres, comportamientos y educación moral. Algunos grupos políticos e ideológicos temían que el maestro pudiera ejercer una influencia poco conveniente para el orden social establecido. De ahí todo el discurso republicano sobre la importancia de ser maestro, sobre este sacerdote laico. Las mismas razones explican todo el peso represivo que cayó sobre este grupo profesional.

Durante el primer tercio del siglo XX, en Aragón ejercieron un buen número de maestros y maestras que elevaron la consideración del maestro y de la escuela: Guillermo Fatás Montes, Orencio Pacareo, Pedro Arnal Cavero, Miguel Sánchez de Castro, Felipe Castiella, Tomás Alvira, Santiago Hernández Ruiz, Eulogia Lafuente, Marcelino López Ornat, Ana Mayayo, Pedro Orós, Andresa Recarte, Patrocinio Ojuel... Muchos de ellos prestaron su colaboración en ámbitos que superaban el marco del aula y se proyectaron en la sociedad a través de los libros, de las conferencias o de sus artículos en la prensa diaria. Algunos, tras la guerra civil, iniciaron largos y dolorosos exilios; otros continuaron trabajando en la ciudad, aunque las ausencias y el dolor, las huellas físicas de la contienda les recordarían que nada podría ser ya lo mismo.

Tirado Benedí y Hernández Ruiz son, pues, dos representantes de lo que fue la pedagogía española pudo haber sido. Por otra parte, su trabajo es una buena muestra de lo mucho que los exiliados republicanos hicieron en México donde llevaron su pedagogía y allí pudo continuarse, a pesar de las contradicciones, una trayectoria que ya en España empezaba a ser muy prometedora. Si generosa fue la actitud de las autoridades mexicanas, no menor fue el fructífero trabajo de aquellos hombres y mujeres que, como señalaba Santiago Hernández en sus memorias, hacían bueno el dicho: "el español es un tipo de hombre único para hacer a España fuera de España".

De Campillo de Aragón a México, D.F.

Como ya hemos señalado, Domingo Tirado Benedí, nació en Campillo de Aragón en la casa de unos agricultores. En 1913 se trasladó a Zaragoza para matricularse como alumno oficial de la Escuela Normal de Maestros, estudios que concluyó en 1917 con un expediente muy brillante. Hasta el 25 de septiembre de 1925 no obtuvo el título de maestro de primera enseñanza, quizá por no satisfacer los derechos del título hasta esa fecha.

En 1929, siendo maestro de Cubullejo de Lara (Burgos) publicó un artículo en la Revista de Pedagogía, que dirigía Lorenzo Luzuriaga y en la que colaboraron los más prestigiosos pedagogos españoles y extranjeros del momento. Como puede apreciarse en el fragmento que reproducimos seguidamente, ya mostraba un gran interés por todas las cuestiones relacionadas con la educación y, con escasez de medios, procuraba formarse y experimentar las nuevas aportaciones de la psicología. Este interés por lo experimental, por lo objetivo, por los estudios de aplicación práctica es una muestra del empeño por superar un discurso meramente especulativo que había caracterizado a la pedagogía. Muchos maestros participaron de este debate, y se mostraron muy activos en la elaboración de esta joven ciencia:

"He de hacer numerosos ensayos, arreglos y estadísticas, así como comprobaciones y rectificaciones en la ordenación y confección de pruebas para los diagramas funcionales. Había de extender el radio de acción de mis experiencias a gran número de niños. Téngase en cuenta que trabajo en una aldea de mínimo censo, con una matrícula de 15 niños de ambos sexos y que me hallo aislado y sin relación con personas que se ocupan de esta clase de trabajo, que he de aprovechar para orientarme de las escasas obras por mi adquiridas a fuerza de privaciones (a más no alcanza mi modesto sueldo) y que, en fin, mi ensayo sólo se halla en sus comienzos, y aunque no desconozco las dificultades que tengo que vencer, me anima la esperanza de poder continuar mis esfuerzos en años ulteriores y, sin pretender hacer una obra original, aprovecharé cuantas sugestiones, indicaciones y advertencias me proporcione el estudio asiduo de las obras científicas y los resultados obtenidos por grandes maestros en este orden de investigaciones. Pienso así aportar mi pequeño grano de arena al montón ya considerable de la obra eficiente y práctica de la psicopedagogía moderna".

Poco antes, justamente el 4 de agosto de 1928, contrajo matrimonio con Sotera Lázaro Alonso, natural, como el propio Tirado Benedí, de Campillo de Aragón.

Tirado Benedí obtuvo destino en Biota (Zaragoza). Allí nació su hijo Luis. Después pudo volver nuevamente a Campillo de Aragón, y aunque trabajar cerca de la familia y de los amigos representa ventajas adicionales, decidió aprovechar la posibilidad de promocionarse profesionalmente firmando las oposiciones al cuerpo de inspección. En diciembre de 1934, la revista profesional zaragozana La Educación publicaba una nota de felicitación para los maestros aragoneses que habían ganado plaza de inspectores en las oposiciones que acababan de resolverse:

"Triunfos merecidos. Con verdadera satisfacción leemos la noticia de haber obtenido plaza en las oposiciones a inspectores de primera enseñanza nuestro distinguido compañero D. José Cestafé, maestro de esta capital, esposo de la culta inspectora de esta provincia Dª Elena Gil; D. Domingo Tirado Benedí, maestro de Campillo de Aragón, en esta provincia, con quien nos une una antigua amistad; y nuestro fraternal amigo D. Santiago Hernández, director del Grupo Escolar Tirso de Molina de Madrid, colaborador en estas columnas y presidente de la Asociación Nacional del Magisterio".

En enero de 1935 Domingo Tirado Benedí recibió como despedida el homenaje de los maestros del partido de Ateca y, pocos días después, se incorporó al servicio de inspección de la provincia de Lérida.

Preocupado por todas las cuestiones relacionadas con la profesión, Domingo Tirado Benedí fue el impulsor de la Cooperativa Pedagógica Española. Aquel fue un intento más para superar la escasa eficacia de las asociaciones y lograr la imposible unión del magisterio. Rodolfo Llopis, primer director general del Ministerio de Instrucción Pública de la II República, estaba afiliado a esta cooperativa.

En plena Guerra Civil, Domingo Tirado Benedí fue director de una Colonia Escolar en la provincia de Barcelona, que cobijaba niños procedentes, principalmente, del País Vasco. Aunque afiliado a Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza (FETE) no fueron razones exclusivamente políticas las que le llevaron a abandonar España. En 1938 fue movilizada por el Gobierno de la República la última quinta, la de los muy jóvenes -por esta razón se llamó "la quinta del biberón"- y también la de personas de cuarenta años, los que tenía Domingo Tirado Benedí en este momento. En 1939 cruzó la frontera francesa con sus compañeros de batallón y fue destinado al campo de refugiados de Livron, cerca de la costa mediterránea.

México, la fraternal acogida

En Livron se reunió toda la familia Tirado Lázaro y allí pasaron unos meses hasta que se organizó la salida de estos refugiados hacia países que garantizaban su acogida. A mediados de julio se trasladaron a Burdeos y embarcaron en el Mexique con destino a Veracruz, donde llegaron el día 27 de julio de 1939 después de 14 días de travesía. Podemos encontrar referencias de este viaje en las memorias de Santiago Hernández Ruiz:

 

"Aunque hacinada, la gente iba contenta, entonando sin cesar canciones españolas y mexicanas, entre las que predominaban Asturias patria querida y La Adelita. A mí, me cupo el honor de relatar la biografía de Hernán Cortés, lo que hice con plena autenticidad, es decir, sin impertinentes alardes patrióticos ni concesiones a leyendas indignas. Algunos de nuestros acompañantes mexicanos, que no recuerdo, porque ni los conocía ni los volví a ver, nos hablaron de los principales héroes de la Independencia y de la Reforma y Revolución mexicanas, magnificando a Hidalgo y Juárez, pero sin una idea clara de la magnitud política ni de la idea nacional de Morelos, la figura suprema de la Historia de México, porque su concepto social y moral de la nueva nación superaba los modelos de los Estados Unidos y de la primera República Francesa.

Provisionalmente, nos quedamos en el barco durante nuestra estancia en Veracruz, ciudad entrañable y fraterna, de la que fuimos saliendo por grupos hacia México, plaza escogida como centro de distribución".

La situación de los exiliados en México, sólo puede entenderse si se considera que fue un exilio familiar y, por consiguiente, llegaron muchos niños. Se encontraron con un sistema educativo poco evolucionado y, además, un colectivo importante de los españoles que llegaron a aquel país eran docentes. Para entender cómo se organizaron aquellos exilados, hay que considerar la creación de dos organismos que nacieron para apoyar a los españoles que perdieron la guerra. En marzo de 1939 se constituyó el SERE (Servicio de Evacuación de los Republicanos Españoles) y, algunos meses más tarde, en julio de 1939, la Diputación de las Cortes Españolas, reunida en París, acordó crear la JARE (Junta de Ayuda a los Refugiados Españoles), en la que iba a gozar de gran poder de decisión el socialista Indalecio Prieto. El primer objetivo de ambas organizaciones, cuya convivencia no fue fácil por cuestiones relacionadas con el reparto de presupuestos y la delimitación de competencias, fue sacar a los republicanos de España. Cuando Francia dejó de ser un lugar seguro para los refugiados españoles, comenzó el éxodo a otros lugares y, fundamentalmente, a México, que dio cobijo a buen número de maestros, profesores, intelectuales y técnicos para una economía en fase desarrollista.

Los refugiados españoles llegaron por oleadas. En primer lugar 500 niños, a los que el gobierno quiso evitar los sufrimientos de la guerra, desembarcaron en el puerto de Veracruz el 7 de junio de 1937. Fueron los niños de Morelia que salieron de España por iniciativa de un grupo de mujeres que habían creado el Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español, con sede en la capital mexicana. Más tarde, llegó un primer grupo de intelectuales. Para darles una mejor acogida se había fundado, el 20 de agosto de 1938, la Casa de España en México. El 25 de mayo de 1939 partió la primera gran expedición del puerto de Sète en Francia en el buque Sinaia, al que siguieron otros (Mexique, Ipanema...). Aunque es difícil establecer cifras concretas, algunos datos apuntan que entre 1939 y 1940 llegaron a México unos 10.000 españoles. La guerra europea trajo consigo importantes dificultades para los españoles refugiados en Francia. Algunos de ellos fueron detenidos y devueltos a España donde se enfrentaron a las cárceles franquistas y, en algunos casos, a un destino más trágico. Hasta febrero de 1942 no volvió a embarcarse un número importante de refugiados.

La JARE otorgó ayudas para impulsar la creación de iniciativas empresariales (metalurgia, carpintería, explotaciones agrícolas, laboratorios farmacéuticos, constructoras, etc.). Los dos organismos que se constituyeron para ayudar a los refugiados (SERE y JARE) organizaron, fundaron y sostuvieron mediante una amplia política de becas sus propios colegios.

Domingo Tirado Benedí fue profesor de inglés en el Instituto Luis Vives, que se fundó en agosto de 1839, siendo el primer centro fundado por los exiliados en México por iniciativa del Comité Técnico del SERE. Allí coincidiría, entre otros, con Joaquín Xirau, Agustín Miralles, Juana de Ontañón y con el antiguo profesor de Filosofía de la Universidad de Zaragoza, José Gaos, que era, además, vocal del patronato rector del centro. Se trataba de reproducir los objetivos y métodos de la Institución Libre de Enseñanza.

Pese a todos estos apoyos, los primeros años del destierro no fueron fáciles. Muchos maestros dieron clases particulares, colaboraron en la prensa local, se embarcaron en aventuras editoriales, etc. En el caso de Domingo Tirado Benedí, gracias al conocimiento que tenía fundamentalmente del inglés, realizaba traducciones comerciales.

Muy pronto publicó, en colaboración con Santiago Hernández Ruiz, La ciencia de la Educación en la Editorial Atlante. Santiago Hernández Ruiz relata en Una vida española del siglo XX cómo se creó la Editorial Atlante:

Mi labor publicitaria fue intensa esta década. Vivía aún en la calle de Atlixco, cuando Manolo Sánchez Sarto, exdirector técnico e insuperable traductor del alemán de la Editorial Labor de Barcelona, creó la Editorial "Atlante", en unión del Ingeniero Estanislao Ruiz Ponsetí, que lo había sido de la "Gilí" de Barcelona; el sabio geógrafo Leonardo Martín Echeverría, y el técnico bancario Juan Grijalbo, ignoro con qué bases económicas; pero cuales quiera que fuesen, fecundada por los talentos organizadores de los citados dirigentes, aunque el segundo no duró mucho en la empresa, ya que fue llamado por el poderoso editor, genial empresario José González Porto, para entregarle la gerencia de la UTEHA (Unión Tipográfica Editorial Hispano-Americana), formidable compañía, con sucursales florecientes en casi todos los países de América Central y del Sur. La Editorial Atlante rompió el fuego con dos obras de gran aceptación continental; la Geografía de España de Martín Echeverría y La Ciencia de la Educación, que redacté en colaboración con mi colega de la inspección de primera enseñanza de España, Domingo Tirado Benedí. Ambos habíamos sido en la década anterior asiduos colaboradores del Diccionario de Pedagogía Labor; quizá los que habíamos redactado o adaptado el mayor número de artículos.

Pocos años después de llegar a México, Domingo Tirado Benedí ingresó en el sistema educativo mexicano, concretamente en la Secretaria de Educación Pública, después de obtener la nacionalidad mexicana (1942). También fue profesor de la Escuela Normal de Maestros y, más tarde, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Santiago Hernández narra en sus memorias que cuando a finales de 1947 él y Domingo Tirado Benedí recibieron la invitación de Francisco Larroyo para colaborar en la recién creada Dirección de Enseñanza Normal, él abandonó el Colegio Madrid e ingresó en la enseñanza oficial mexicana, pero Domingo Tirado Benedí ya estaba ella desde 1943, con el cargo de pedagogo A.

Tirado Benedí era un hombre reflexivo, poco dado a las publicidades, reconcentrado en su trabajo. Lector insaciable de los más variados temas. Hasta el final de su vida, el inmenso dolor de una herida abierta le impedía hablar de España. Siempre sintió nostalgia de su tierra de sus gentes, pero no aceptó que el espléndido florecimiento que la II República supuso para España fuese convertido, por la imposición de unos pocos, en el regreso a la Edad Media. Quizá por haber conocido tan de cerca la barbarie, ese talante liberal, abierto y tolerante lo recomendaba a los estudiantes que se formaron con él advirtiéndoles que el científico debía despojarse de prejuicios, pero reconocía que:

"…esto es más fácil de aconsejar que de hacer. Aquí se sacuden las fibras más íntimas de nuestra personalidad y se siente uno bamboleado en todas direcciones por los apetitos, las aspiraciones, los deseos y las pugnas ideológicas de todas las sectas, doctrinas y partidos. Se sale a veces de una para caer en otra y es imposible para el espíritu verdaderamente objetivo tomar una posición sólida. En todo caso yo me atreveré a dar un consejo: tómese siempre la posición más humana y justa, aquella que, evitando el mayor número de males, traiga para la Humanidad el mayor número de bienes".

Su obra

Varios detalles sorprenden de la producción bibliográfica de Domingo Tirado Benedí. En primer lugar podemos preguntarnos dónde adquirió la formación necesaria para traducir obras del latín, del alemán, o sus conocimientos de psicometría, probabilidad, estadística... No hizo una formación académica reglada, unos estudios formales en la universidad. Nos encontramos ante un caso más de autodidactismo. Un afán insaciable de saber; un gusto supremo por la lectura. Para explicar el conocimiento que Tirado Benedí tenía de varios idiomas, su hijo escribía que: "En cuanto a idiomas, conocía griego, latín, francés, italiano, portugués, alemán, catalán, esperanto. Aprendió el ruso en Francia, en el campo de concentración: acordó con un brigadista polaco enseñarse mutuamente español y ruso. Pienso que salvo en este caso, y tal vez, las lenguas clásicas, los demás idiomas los hubiera adquirido también de manera autodidacta, aunque él mencionaba que tuvo ayuda económica del obispo de Zaragoza.

Estos españoles encontraron en México, en Hispanoamérica en general, un ambiente propicio y receptivo para sus obras. Además encontraron en México, una industria editorial en expansión que aprovechó el talento de los recién llegados. En el caso de Domingo Tirado Benedí ya hemos destacado la relación con los hermanos Sánchez Sarto, primero en la Editorial Labor y después, ya en México, en Atlante. A estas editoriales hay que añadir otras prensas que publicaron libros de Tirado Benedí como la editorial Herrero, Luis Fernández, las prensas universitarias de la UNAM, de la UNESCO y de la Secretaría de Educación Pública.

La Oficina Latinoamericana de Agología

Tirado Benedí sostenía que la ciencia de la educación era la agología que implicaba todos los factores relacionados con la educación. En enero de 1941, Tirado Benedí propuso a varios significados educadores mexicanos y a las autoridades educativas la constitución de una entidad particular dedicada a la investigación pedagógica. Este proyecto fue tenido en cuenta y se constituyó oficialmente por la Secretaría de Educación Pública el 1 de enero de 1942 con el nombre de Oficina Latinoamericana de Agología. Centro particular de Investigación, Documentación e Información sobre Ciencia de la Educación y sus aplicaciones.

Entre los objetivos de este centro podemos destacar: fomento de la investigación educativa, asesoramiento técnico, contribuir al perfeccionamiento y dignificación del profesorado. Entre otros servicios ofrecía los siguientes: servicio de investigación, servicio de documentación, servicio de información; servicio de enseñanza y divulgación (conferencias públicas, cursos breves, emisiones radiofónicas...).

Fue traductor emérito de la UNESCO. En el libro Problemas de organización escolar (México, D.F., Ediciones Nueva España, 1945) se ofrecía un breve curriculum de Tirado Benedí en el que se destacaba que había traducido las siguientes obras: Del alemán: Artículos diversos en el Diccionario de Pedagogía Labor; Metodología de la Aritmética, A. Rude; Metodología de la Geometría, A. Rude; La enseñanza de las Ciencias Naturales, A. Rude; La enseñanza de la Música, W. Witzke; Metodología de la Educación Física, H. Harte; Teoría de la Educación, George Kerschensteiner. Del Inglés: Agenda para el mundo de la post-guerra, J. B. Condliffe; Cuerpos de la Victoria en las escuelas Secundarias, Oficina de Educación de los Estados Unidos; Las Naciones Unidas en marcha. Principios y directivas políticos, Henry Bonnet; Experimentos sobre el empleo de la Radio-difusión en las escuelas de California, Oficina de Educación de los Estados Unidos; El americano tal como es, Murray Butler; Fundamentos del desenvolvimiento mental, Wheele y Perkins; Psicología de la Educación, Skinner. Del francés: Iniciación en el trabajo manual, Bruniquel; Unificación de las medidas psicotécnicas, Weinberg; Los tipos somáticos, Weinberg; Los tipos psicológicos, Weinberg; La garantía jurisdiccional de la Constitución (La justicia constitucional), Hans Kelsen. Después de 1945, fecha de la publicación de Problemas de organziación escolar, Tirado Benedí traduciría otras obras.

Su primera obra en el exilio -La ciencia de la Educación- la redactó en colaboración con Santiago Hernández Ruiz. La primera edición (1940) para Atlante. Las dos siguientes para Herrero Editorial (1953, 1958). De sus obras se hicieron copiosas ediciones que alcanzaron, algunas de ellas, varias tiradas de 3000 ejemplares.

La enseñanza de las ciencias de la naturaleza. México, Luis Fernández editor, 1958. Con prólogo de Santiago Hernández Ruiz. Colección Ensayos Pedagógicos.

Antología Pedagógica de San Agustín. México, Fernández editores, 1963. Este libro conoció una tercera edición en 1968. Domingo Tirado Benedí era supervisor de la enseñanza técnica superior, adscrito a la Dirección de Enseñanza Normal y Catedrático de la Escuela Nacional de Maestros. Ofrecía en este ensayo íntegro el diálogo El Maestro y fragmentos escogidos del tratado De la Doctrina Cristiana, de La Ciudad de Dios, del tratado sobre El Orden, del libro Contra los Académicos y el de La Catequización de los ignorantes, que eran para Tirado Benedí las obras agustinianas de mayor contenido pedagógico.

El problema de los fines generales de la educación y de la enseñanza. México, Fernández editores, 1960. Abordaba Domingo Tirado Benedí en este libro el problema de los fines de la educación en un momento en que la teorías pedagógicas más extendidas apuntaban la necesidad de dejar libertad al niño. Éste ha sido un debate siempre incómodo en educación y Tirado Benedí hacía un alegato contra el afinalismo y la no planificación. Sostenía que las sociedades, los educadores -profesionales o naturales- debían tener bien claro hacia donde encaminaban la educación de los más jóvenes. Para educar es necesario tener un proyecto, un modelo que sirviera de ejemplo. Ética, política, economía se dan cita al plantear un tema tan complejo. Tirado Benedí recurría a toda la tradición ilustrada, a toda la filosofía -esencialmente alemana- para apoyar la necesidad de contempalar el problema de los fines de la educación.

Sociología de la educación. México, Fernández editores, 1962. El contenido de este ensayo se fue elaborando durante los diez años que esta disciplina estuvo a cargo de Tirado Benedí en el Conservatorio Nacional de Música, en la preparación de maestros especialistas en esta rama del arte.

Juan Enrique Pestalozzi: Cómo Gertrudis enseña a sus hijos, México, Luis Fernández, 1955.

Cómo enseñar la Aritmética y la Geometría. México, Ediciones Educación, 1944.

Métodos de educación y de enseñanza. México, editorial Orión, 1945. En un breve pero significativo proemio Joaquín Xirau retrataba a Domingo Tirado Benedí: "En España y en México ha trabajado con esfuerzo incansable al servicio de la educación popular. Pertenece a una amplia minoría selecta de educadores que, tras cinco generaciones de heróico y callado entusiasmo, había logrado formar España y en la que poníamos todos las más seguras esperanzas. Fue maestro en el campo y en la ciudad. En la práctica de la enseñanza adquirió la destreza que sólo el largo ejercicio otorga. Ascendió a inspector de escuelas primarias en virtud de sus relevantes méritos, realizó brillantes campañas para la elevación del nivel escolar y adquirió la perspectiva necesaria para darse cuenta, por experiencia propia, de las necesidades y de los obstáculos que se ofrecen en la organización de amplios conjuntos escolares".

Problemas de la educación mexicana. México, Secretaría de Educación Pública, 1955. En este ensayo Domingo Tirado Benedí analizaba el sistema educativo mexicano: fines, medios y organización; las relaciones que debían existir entre escuela y hogar y el papel que correspondía a la prensa como poderoso medio de difusión cultural y de educación.

Tirado Benedí, Domingo, Hernández Ruiz, Santiago; Sabugal Sierra, Paulino: La escuela en acción. Desarrollo íntegro en conocimientos y actividades el programa oficial vigente del sexto año de la escuela primaria. México, Ediciones Magisterio, 1948. Esta obra tenía la misma estructura que las tradicionales enciclopedias.

Larroyo, Francisco; Filho, Laurenco; Mantovani, Juan; Dottrens, Robert; Tirado Benedí, Domingo; Ballesteros Usano, Antonio: Fundamentos de la Educación, Unesco, 1966. En esta obra colectiva patrocinada por la UNESCO, Domingo Tirado Benedí desarrollaba el tema "El Educador"

Cooperativas, talleres, huertos y granjas escolares. México, Editorial Atlante, 1940.

Psicotecnia de la Educación. México, Ediciones de la Secretaría de Educación Pública, 1946.

Psicotecnia de la Educación. México, Librería Herrero Editorial, 1957.

Técnica de la investigación pedagógica. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1967.

Marco Terencio Varrón: De las cosas del campo. Introducción, versión española y notas de Domingo Tirado Benedí. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1945. Domingo Tirado Benedí realizó la introducción, versión española y notas de esta obra clásica para la Bibliotheca scriptorum graecorum et romanorum mexicana. Preparó una edición muy cuidada, un riguroso trabajo de traducción.

Tirado Benedí, Domingo: Problemas de organización escolar. México, D.F, Ediciones Nueva España, Fondo de Publicaciones Agológicas, 1945.

 

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Cada vez que me acerco a la vida y a la obra de educadores como Domingo Tirado Benedí, experimento, junto al dolor por lo que podía haber sido y no fue, la sensación de que tenemos –todavía, tantos años más tarde- una deuda con aquellos españoles a los que una guerra injusta les llevó tan lejos. Aquellos maestros representan la prometedora trayectoria de la educación española antes de la guerra civil. Si en algo se empeñó el régimen del general Franco fue, precisamente, en borrar todo vestigio que recordara la labor de unos hombres y mujeres que creyeron en la transformación de una sociedad y de un país. De ahí la represión, el silencio, el sometimiento, la humillación y el olvido. A los educadores y a los responsables de la política educativa de la República se les hizo directamente responsables de la situación que "llevó a España al caos y al abismo".

Domingo Tirado Benedí falleció el 1 de enero de 1971 en México, D.F. sin regresar a España. Como me señalaba su hijo Luis, se había prometido no volver a su patria mientras Franco estuviera al frente de la nación.

Muchos exiliados sólo tuvieron palabras de agradecimiento para México, país que consideraron como su verdadera patria. Como escribió el propio Tirado Benedí en julio de 1945:

"Y no queremos terminar esta introducción sin declarar nuestro reconocimiento sincero a este México querido, nuestra patria adoptiva, que nos ha brindado la ocasión de poder ser útiles al mundo y de realizar una obra provechosa. Con este motivo queremos dejar constancia de nuestro eterno agradecimiento a este país noble y acogedor y hacer votos por su engrandecimiento y progreso. Nuestros amores predilectos son España y México, que, al fin y al cabo, son una misma alma y un mismo corazón, y, dentro de nuestra alma y de nuestro corazón, una misma cosa. Aquí hemos encontrado el cariño y el estímulo que en nuestra Patria nativa, bajo el dominio de traidores, vendidos al enemigo extranjero, a los representantes del mal a que aludíamos al principio, se nos ha negado. Felizmente nuestra esperanza de reconstruir lo allí perdido se realizará muy pronto. Y ello se lo debemos a México que nos acogió fraternalmente, y eso no se olvidará nunca".

En el Distrito Federal de México, desde 1981, una escuela lleva el nombre de Domingo Tirado Benedí, este pedagogo aragonés tan injustamente desconocido entre nosotros. Y esta escuela es un emocionante homenaje vivo a quien tanto empeño puso en la extensión de la cultura y de la educación.