|
|
Día de la Educación en Biescas
Víctor M. Juan Borroy
Después de pasar Arguis, cuando atravieso las entrañas de la montaña, recreo en mi memoria la fotografía de Bonansa de 1932: como cada diciembre, las calles estaban cubiertas de nieve, pero todo el pueblo -los niños, las señoras casi analfabetas, los campesinos de rostros ennegrecidos por el sol, el alcalde y el maestro que sostenían la bandera republicana se reunieron en la plaza, plantándole cara al frío, para celebrar que el Patronato de Misiones Pedagógicas había traído una vitrina con centenar y medio de libros. Creo que la celebración del día de la educación esconde un profundo eco republicano, el eco del tiempo de la gran ilusión, de aquel hermoso empeño del Patronato de Misiones Pedagógicas de acercar la cultura a los pueblos. Y aunque sé que nuestra sociedad es otra sociedad, y que las escuelas ocupan un lugar distinto en la construcción de la mentalidad colectiva de los ciudadanos, necesitamos volver a recuperar aquella ilusión cultural, institucionista y gineriana. Necesitamos repensar la educación. Ya en Biescas, dejo el coche cerca de la escuela, un sólido edificio inaugurado durante la dictadura de Primo de Rivera y que por un tiempo, por un instante nada más, llevó el nombre de Telmo Mompradé el joven maestro de Caldearenas y de Canfranc que no dudó en ponerse al frente del 519º Batallón del ejército republicano, también conocido como el de la FETE (Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza), o como el batallón de La Pluma, por estar formado por maestros que quisieron defender la República amenazada. Telmo Mompradé murió el 27 de septiembre de 1937, precisamente, en la toma de Biescas. Yo recordaba el tiempo de la gran ilusión, y la ilusión, la emoción y la satisfacción de estar juntos fueron los sentimientos que destacó Luis Estaún, alcalde de Biescas, en la presentación de esta jornada organizada para celebrar el décimo aniversario de la creación del Colegio Rural Agrupado (CRA) “Alto Gállego”, donde se integraron las escuelas de Tramacastilla, Sallent, Biescas y Panticosa. La escuela rural Para todos es evidente que, en Aragón, cualquier propuesta sobre política educativa debe considerar las necesidades de las escuelas rurales. Y antes que cualquier otra cosa hay que dotarlas adecuadamente y procurar incentivar al profesorado, que es lo que más importa. La escuela rural aragonesa es, como defendía Fernando Gracia Bailo, el director del CRA “Alto Gállego”, una escuela moderna, dinámica, integradora, una escuela de calidad, como bien pudimos apreciar tanto en el vídeo que preparó Jesús Castillo sobre la vida cotidiana en la escuela, como en la exposición La escuela rural hoy. Las imágenes nos muestran una particular concepción del aprendizaje, y nos hablan de un tipo de maestro, de una manera de entender la escuela, de un modo de ser niño. Además, este tiempo detenido en imágenes explica por qué la escuela, la escuela rural, la escuela en nuestros pueblos de Aragón es una institución tan importante.
Pedro Arnal Cavero recogió en sus Refranes, dichos, mazadas… en el Somontano y la montaña oscense que “Más vale un ya lo he feito que dos ya l’on feré”. Haber hecho aquello que se que se quería hacer. Esta es la sensación que tuve al conocer a Amparo Claver Baldovinos, maestra rural durante 42 años en varios pueblos de Pirineo, desde Yosa de Sobremonte, Orós Alto, Argisal, Linás de Broto, Sabiñánigo hasta Biescas. Más de cuatro décadas de honesto trabajo en las que ha visto cómo se quedaban sin niños, sin escuela y sin futuro muchos pueblos de la montaña. Los últimos veinte años ha trabajado en la escuela de Biescas, en su pueblo, entre su gente. Este trabajo reposado explica el cariño de todas las personas que la acompañaron en la jornada, y que una niña le dijera “no sé bien qué es eso de la jubilación, pero cuando te desjubiles, quiero que vuelvas a ser mi maestra”. En el Centro Cultural “Pablo Neruda”, Concha Tovar, profesora del Instituto de Educación Secundaria “Domingo Miral” de Jaca, analizó la lenta conquista de las mujeres de un espacio social, denunció el sexismo que aún puede apreciarse en casi todos los ámbitos, y especialmente en el lenguaje, y señaló que la educación es la única herramienta para combatir esta injusta discriminación. Enrique Satué nos regaló centenares de pequeños detalles, reunidos con su amor y su pasión de etnógrafo, que nos permiten entender la vida cotidiana de los maestros del Pirineo, tanto cuando esta montaña estaba viva como cuando los pueblos fueron muriendo, como su Ainielle, el pueblo de la lluvia y la memoria amarilla, víctimas de una política que condenó a los hombres y mujeres de esta tierra al éxodo a las ciudades. Entre los asistentes reconocí a Mariano Coronas, impulsor de mil proyectos desde el colectivo Aula Libre, editor de los libros libres de los niños de la escuela de Fraga, y director de la revista El Gurrión de Labuerda; a Miguel Calvo, que inventó los talleres de sueños de la escuela Villanueva de Sijena; a Paco Romero, director del Centro de Profesores y de Recursos de Sabiñánigo; y a escritores como José Luis Acín, Cristina Grande, Carlos Castán, Ismael Grasa y Ramón Acín; a Carlos Iglesias, el alcalde de Sabiñánigo. Y a Mariví Broto, maestra y Directora General de Administración Educativa del Departamento de Educación del Gobierno de Aragón, que nos habló varias veces durante la tarde de escuelas, de maestros y de pedagogía, y lo hizo como habla quien cree lo que dice y ama lo que hace. Maestras Maestras es el título rotundo y contundente del libro que recordará para siempre este día de la educación en Biescas. Como escribe Pilar Lalaguna en el prólogo, se utiliza esta vez el género femenino para nombrar a ese grupo de profesionales, hombres y mujeres, que dejaron –y dejan- parte de sus vidas en otros. El libro comprende una treintena de relatos, de otros tantos autores, que son recuerdos de lo que fue, o de lo que pudo ser. Además del director del CRA, ha coordinado este proyecto Pilar Nivela Borau. En nombre de la editorial, Chusé Aragüés, destacó el cuidado que PRAMES ha puesto en este libro, un libro singular, un libro que difícilmente pasará desapercibido. Para terminar, el cielo recién estrellado de este día de San Juan recibía las caricias y lamentos del arpa de Ana Miranda y de la flauta de Eduardo Buerba. Y todo nos supo a poco.
|
|