Inexplicable homenaje

Carlos Castán Andolz

 

Cuando los socialistas -aunque seriamente enfermos de tanto golf y del glamour de Vogue- intentan en otras partes del estado recuperar la llamada memoria histórica y restituir simbólicamente la dignidad de los vencidos tras el levantamiento militar de julio de 1936, llenando de flores las fosas del olvido, Huesca vuelve a ser diferente y planea calladamente todo lo contrario: a contracorriente de sus correligionarios, se empecinan aquí en homenajear a bombo y platillo a ese pusilánime servidor de los verdugos que fue Vicente Campo Palacio, con la excusa de que dio desde su cuartel- ayuntamiento las órdenes oportunas para la construcción de un parque municipal, acción que no debió de servir para acallar su conciencia en aquella infame posguerra, ni nos sirve hoy en día a nosotros para restar un ápice de la vergüenza colectiva ante tan inexplicable (e inexplicado) homenaje. Me temo que una vez más, para muchos, el champán de esa celebración injusta va a resultar muy amargo.