Más cuento que Calleja

Ruiz Berrio, J., Martínez Navarro, A., Colmenar, C. y Carreño, M. (2002): La editorial Calleja, un agente de modernización educativa en la Restauración. Madrid: UNED, pp. 238.

 

Cuando, con apenas 15 años, Saturnino Calleja Fernández (1853-1915) cambió la tranquilidad de la ciudad de Burgos para establecerse en Madrid, no podía imaginar la influencia que en la vida de muchos niños y de muchos jóvenes, y en el trabajo de los maestros iba a tener a lo largo de los años. En 1876, el mismo año de la fundación de la Institución Libre de Enseñanza, Saturnino Calleja abrió su propia editorial, que pronto superaría el carácter de mero negocio de elaboración de libros y material escolar para convertirse en un agente de modernización educativa y cultural. Aunque la editorial funcionó desde 1876 hasta 1958, en esta obra se estudia la etapa que va de 1876 a 1929, un período de la historia de España muy importante desde cualquier punto de vista que quiera analizarse.

Este libro, editado por la Universidad Nacional de Educación a Distancia en la serie Proyecto MANES -un proyecto de investigación que tiene como objetivo el estudio de los manuales escolares producidos en España, Portugal y América Latina durante los siglos XIX y XX-, es una buena muestra de la preocupación de los autores por buscar nuevas fuentes o de reinterpretar las ya utilizadas para reconstruir la historia de las instituciones educativas, la historia del curriculum, la historia de las ideas, etc.

Desde una concepción moderna de la historia, los autores defienden la necesidad de atender al trabajo que desarrollaron editoriales, libreros, autores de material escolar para entender qué fue la escuela, o la educación popular de un país. Los manuales escolares han sido el elemento más importante en la concreción del currículum porque han determinado el trabajo realizado por los maestros en las escuelas.

Saturnino Calleja fue un editor pionero en muchos aspectos relacionados con el negocio editorial. Por ejemplo, entendió, antes que ningún otro editor de cuantos dirigían sus ediciones a las escuelas, el valor de la publicidad, la importancia de dar a conocer sus productos, la necesidad de diversificar la edición, la conveniencia de combinar calidades y precios. Llevado de este instinto empresarial, practicó las ventas al por mayor que le reportaban importantes beneficios incluso abaratando los precios. Estas ganancias le permitieron poner a disposición del gran público ediciones que conjugaban adecuadamente la calidad con unos precios realmente populares. Además, Calleja fue el precursor de la necesidad de cautivar al niño tanto por la estética del libro, como por las historias fantásticas que de modo manifiesto se alejaban del mero didactismo, de la moralina fácil tan presente en los libros de lecturas escolares de la época. Calleja entendió que primero había que cautivar al niño para hacer de él un lector. Podemos afirmar que Calleja pretendió conquistar lectores y se sirvió magistralmente de la seducción de la imagen, de la cuidada tipografía, de las historias maravillosas, etc.

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Ejes básicos de la producción educativa de la Editorial Calleja

En primer lugar, los autores de esta obra distinguen los textos didácticos o manuales escolares. El análisis de estos textos nos descubre un modo de entender cada una de las disciplinas, una manera particular de entender la enseñanza y el aprendizaje. La tipografía y la combinación de textos e ilustraciones nos hablan de la concepción que se sostiene en cada época del aprendizaje, del papel que se atribuía al maestro y al alumno en el proceso de enseñanza, etc. Normalmente, Calleja editaba tres grados para cada una de las materias: epítomes, compendios y tratados, según la profundidad con la que se consideraban los asuntos.

En segundo lugar, los libros de lectura y cuentos. Saturnino Calleja, y posteriormente, e incluso en mayor medida, su hijo Rafael, supieron rodearse de los mejores ilustradores del momento: Méndez Bringas, Penagos, Zamora, Ribas, etc. La editorial puso a disposición del público varias colecciones de obras literarias: Cuentos fantásticos, Cuentos para niños, Cuentos de hadas, Cuentos de color de rosa, o la serie Biblioteca Perla.

En último lugar, la Casa Editorial Calleja comercializó material escolar: mapas, láminas, útiles para la escritura, cuerpos geométricos, compases, etc. La evolución del material –cada material encierra una teoría de la enseñanza- es una muestra de la evolución de las teorías psicológicas, de las teorías didácticas, de la concepción del niño y de la enseñanza.

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El lema de la editorial (Todo por la ilustración) presidió desde el principio al fin los negocios de una familia unida incluso en el refranero a la historia educación popular. Podemos decir que Saturnino Calleja participaba del ideal educativo de los regeneracionistas que sostenían que había que rehacer, por la cultura y la educación, el país entero.

La editorial Calleja, un agente de modernización educativa en la Restauración no es una obra exclusivamente dirigida a los historiadores de la educación. La reflexión que suscita la lectura de este texto sobre los materiales, los libros, la historia de la cultura, la autonomía del profesorado, la homogenización de los procesos de enseñanza y aprendizaje o el papel de las editoriales en la extensión de la cultura son asuntos nucleares para cualquier persona que pretenda entender adecuadamente la educación. Estamos ante un trabajo pionero por la metodología empleada y por las fuentes utilizadas para reconstruir el pasado más inmediato. Necesitamos más estudios como éste que nos ayudan, en definitiva, a entendernos un poco mejor.

 

Víctor M. Juan Borroy