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Elboj, gobierna tu casa en paz
Antón Castro,
Heraldo de Aragón (Huesca), 17 de septiembre de 2004
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CONVULSA y menuda Huesca, ¿qué ocurre en tu
interior, qué desorden te agita y te desmorona? ¿Es que acaso te gobierna
el sátrapa, el ciclón, o es que la locura desordena la lucidez de tus
moradores? Pequeña y hermosa ciudad, acariciada por los céfiros y la
sombra de las montañas, plaza íntima donde el veneno se multiplica como
ríos de lava, ¿qué sucede en tu corazón
estremecido que vives tan soliviantada y tus polémicas cruzan los montes y
el llano hasta Madrid desde donde se multiplican en un altavoz atronador?
¿Qué te apena, quién usurpa tus razones? ¿Por qué te dejas engatusar por
un hombre en el que has confiado y de golpe te vuelve la espalda, te
humilla y se humilla a sí mismo? ¿Adónde va Fernando Elboj con su soledad
sonora? ¿Es posible que en su casa, entre sus amigos, en la nómina de
consejeros o
viandantes de Huesca no encuentre a nadie que le diga: detente,
reflexiona, no la mancilles más, que así es Huesca? ¿Es posible que un
hombre, que ayer fue un intelectual y parece querer sólo hoy el símbolo de
los excesos, haya perdido de un día para otro la cordura, la ecuanimidad,
y traiciona la
historia, hasta su memoria de historiador?
¿Por qué el homenaje a Vicente Campo? ¿Era necesario insistir con un grupo
escultórico de 90.000 euros (108.000 con el IVA), para honrar a quien ya
tiene calle noble y una escultura en el parque? ¿Era imprescindible
convertir ese asunto en un incómodo debate de nada, removiendo doloridas
conciencias, penas antiguas, resquemores imborrables? De acuerdo, Vicente
Campo fue periodista que fundó "Patria", activo y contradictorio alcalde
en
dos periodos, editor de Ramón Acín, y muchísimas cosas más; creo recordar
que fue Sabio Alcutén quien descubrió que donó terrenos que debían ser
para viviendas sociales a los militares y a los curas. Pero Campo Palacio
lo tenía todo en Huesca: no fue un personaje de una pieza exactamente, y
cosechó elogios de José Beulas, Federico Balaguer, Antonio Durán Gudiol o
el propio Elboj. La ciudad lo había honrado como debía. Sin embargo, otros
personajes decisivos de la historia oscense, desde el mismo López Allué a
Manuel Sender y Ramón Acín, que tiene en Huesca una minúscula lápida
metálica y las pajaritas que él donó, pero ni una calle, cosa inverosímil
que debería avergonzar a todos los alcaldes democráticos de la ciudad, ni
una escultura homenaje. El debate no debiera ser aquí Acín o Campo, o
viceversa. No es necesario, pero el "caso" de Campo tampoco era
imprescindible: parece un acto de autoritarismo inesperado de un alcalde
que está teniendo demasiados. El del otro día en el colegio San Vicente es
un buen ejemplo. Y quien habla de buenos y malos es únicamente Elboj; los
partidos políticos no se han pronunciado. ¿Por qué? Su comparecencia hoy
en los medios ha sido más bien patética. Lo hemos oído. Defendió lo
indefendible y pareció arrogarse el deber de responder tan sólo "ante Dios
y la Historia", como han dicho sus opositores de la CHA en un comunicado.
Una ciudad tranquila, con porvenir, cargada de historia y de proyectos se
merece otra actitud. Y se la merecen sobre todo sus votantes, algunos
miles de personas que le dieron esa confianza envidiable de la mayoría
absoluta. Y algunos de ellos le han recordado sus errores, los han
denunciado, e incluso le han sugerido con amabilidad que se olvide de
Vicente Campo Palacio y que gobierne en paz, con respeto y auténtico
sentido democrático.
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