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Intereses nacionales o de clase Imprimir E-mail
Domingo, 13 de Enero de 2013 12:23

¿Intereses nacionales o de clase?

Joaé Manuel Lasierra/ Santos M. Ruesga  13/1/2013

Enlace al Periódico de Aragón

Se ha dicho que la crisis deriva de las sucesivas burbujas que ha experimentado la economía mundial pero estas no han salido de la nada. En el origen hay un gran desajuste entre países acreedores, exportadores, y deudores, básicamente importadores, a tener en cuenta para no errar en el diagnóstico.

El caso de Alemania con relación a los países periféricos es paradigmático. Para mantener activo el sector exportador alemán, el independiente BCE, abducido por los intereses del país teutón, mantuvo bajos tipos de interés, que espoleaban el consumo en los países periféricos. A esto se unía un euro sobrevalorado para estas economías y devaluado comparativamente para la estructura productiva alemana, que incrementaba sus niveles de empleo, las exportaciones y las rentas de la ciudadanía alemana, y en concreto de sus élites económicas y de sus clases altas y también clases medias. El círculo protector de estas clases se completaba con el sector social de minijobs, de entre 5 y 7 millones de personas. Se trata de trabajos con retribuciones salariales muy reducidas que se complementan con diferentes beneficios que provee el sólido estado de bienestar alemán. En estos momentos, además, se financia con holgura con los recursos, entre otros, provenientes de la huida de capitales de los países de la periferia, resultado de la elevada prima de riesgo. Así se alinean los intereses de clase con los de país: las clases altas y medias se benefician de las actividades económicas primarias y el resto del estado del bienestar alemán, capaz de atender carencias y amortiguar protestas. La disputa se queda en el marco europeo en el que cada país defiende sus intereses de acuerdo al marco institucional y jurídico establecido. Y una vez más, como señaló Marx, la cuestión nacional oculta los intereses de clase.

Cuando Alemania exige unas determinadas políticas, está protegiendo los intereses de esos sectores. No es de extrañar que, contrariamente a lo que ha ocurrido en otros países, la cancillera Merkel no tenga desgaste electoral y pueda ganar. Lógico, mucha clase media alemana se han beneficiado de estas políticas. Si se considera todo el espacio europeo, ellos son los ricos y los países del sur son, aún con sus ricos, los pobres. No ocurre igual en los países periféricos en los que las clases medias quedan depauperadas y se agrava la dualización social y la desigualdad. Por ejemplo, los minijobs alemanes son muchos de los jobs españoles pero deteriorados por los recortes en políticas sociales.

Si la ciudadanía del conjunto de la UE tuviera conciencia de espacio único, podría observarse con claridad que las políticas del Eurogrupo y del BCE favorecen a las grupos sociales europeos más pudientes, incluidos los españoles.

Desdibujado el papel de las instituciones europeas en el marasmo comunitario y la ciudadanía centrada en el ámbito nacional, las políticas en la UE parecen más de estados que de clase social; de búsqueda y protección de intereses, que de gestión de un espacio común. Son políticas conservadoras, de defensa de unos intereses de determinados grupos sociales, en general, las minorías poderosas, frente a otras. ¿Les parece trasnochado este discurso? Pues miren a alrededor.

Si la visión de la crisis es la de que determinados países han gestionado mal sus asuntos, la postura alemana aparece como la más racional y sensata para enderezar la crisis a través de los ajustes y los recortes. Con esta concepción de la crisis, las políticas de ayuda y rescate emergen como generosas acciones de la ahorradora y eficiente Alemania y de su población. Sin embargo, la realidad es que se están protegiendo los intereses de sus clases altas y medias, que para nuestros estándares españoles son altas y muy altas. Así, cuando en España nacionalizamos bancos estamos protegiendo las inversiones de los bonistas alemanes, entre otros, a costa de los contribuyentes españoles. El mundo al revés: los pobres españoles garantizando el ahorro de los ricos alemanes ¿Con otra política monetaria y de tipo de cambio en la UE padeceríamos los actuales desequilibrios? Bastante menos. No hubiéramos consumido tanto en este largo periodo de 1995-2007 (por tanto menos deuda privada estimulada por la máquina exportadora alemana), no habríamos destruido tanto tejido productivo ni perdido tanta competitividad. Es cierto que ha sido un proceso que ningún país denunció. A ver, quién era el osado que pinchaba el globo.

Sería necesaria y urgente una reflexión sobre el papel de las instituciones europeas, tanto en su actuación en los procesos como por los resultados de sus políticas. La actuación de las instituciones europeas que favorece claramente a Alemania, origina un tremendo coste social en la periferia en términos de pérdidas de empleo, fracturas sociales y políticas y depauperación de las clases medias y bajas.

Alemania no se puede considerar una generosa pagadora del dispendio de la periferia europea. Su ciudadanía ha sido y es la gran beneficiada en esta crisis. Y lo peor: cómodamente instalada en la crisis e interesadamente convencida, no ayuda a salir de la crisis sino que se aprovecha de ella y no va a cambiar de política hasta no ver el peligro.

Alemania pretende seguir dándonos unos peces, pero no nos proporciona la caña de pescar ni facilita que la construyamos. Es un mal negocio a futuro para el conjunto de Europa. Los países acreedores, que además han sido poco diligentes en sus inversiones, deben soportar algún coste de esta crisis y, pensando más en Europa y menos en sus intereses cortoplacistas, deberían contribuir a fortalecer el sistema productivo de los países del sur. Primero por una razón de justicia y, luego, porque parece económicamente más sensato y eficiente desarrollar el tejido productivo, que descapitalizarnos enviando trabajadores más cualificados a Alemania.